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Poesía de miguel hernández
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Poesía de miguel hernández

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  • 1. MIGUEL HERNÁNDEZ Bibliografía básica: RIQUELME, Jesucristo: Miguel Hernández: un poeta para espíritus jóvenes. Ed. Ecir, Valencia, 2009. FRADEJAS ALONSO, Pilar: Antología poética de Miguel Hernández, Sansy Edi- ciones, 2010. Artículos (todos se encuentran en el tomo VII de la Historia y crítica de la literatura española, Ed. Crítica, Barcelona, 1984): LECHNER, J.: “Características de la poesía comprometida de la preguerra”. PUCCINI,D.: “La “conversión social” de Miguel Hernández”. SÁNCHEZ VIDAL, A.: “El rayo que no cesa: la elegía a Ramón Sijé”. CHEVALIER, M.: “Los temas poéticos de Miguel Hernández”. DE LUIS et al.: “La poesía de guerra y las Nanas de la cebolla”. Material audiovisual Documental Miguel Hernández producido con la colaboración de TVE y la Fundación Pablo Iglesias. Repaso de la vida, la obra y el contexto histórico del autor de Orihuela. http://www.rtve.es/television/20101105/agonia-belleza-vida-obra-miguel-hernandez- documental/368077.shtml Audiciones de la obra poética de Miguel Hernández musicada por Joan Manuel Serrat. Power Point sobre el poeta. BIOGRAFÍA El estudio de la vida del poeta Miguel Hernández ha producido en los últimos años una buena cantidad de trabajos de investigación en los cuales hay un esfuerzo por aproximarse a la vida del poeta buscando aspectos que eran inéditos hasta el momento presente. De la imagen un tanto bucólica y melodramática que se daba de Miguel Hernández en los manuales de hace veinte años, se ha pasado a disponer de nuevas perspectivas (algunas veces un tanto contradictorias con la imagen que se había dado hasta el momento) que nos presentan a un hombre moderno inmerso 1
  • 2. en unos acontecimientos históricos dramáticos a la vez que en el plano personal buscará un sentido a su propia vida. Era típico hace unos años dibujar el perfil de Miguel Hernández como un pobre muchacho al que el padre, intransigente, manda cuidar de sus cabras pese a las evidentes dotes que tenía para el estudio. Según se confirma ahora, Miguel Hernández tuvo una educación privilegiada para su situación social y económica. Por otra parte, su padre se dedica a la compraventa de ganado y Miguel cuidad de ese rebaño, aunque no por mucho tiempo. Sin embargo, sus aptitudes hacen que encuentre apoyo en un personaje –el padre –Almacha- que le prestará los libros de su biblioteca. Hay que decir que en un primer momento Miguel Hernández tiene como auspiciadores a buena parte de las fuerzas conservadoras de Orihuela (no podía ser de otro modo, dado el carácter religioso y conservador de la ciudad). Otro personaje fundamental para Miguel será Ramón Sijé, tres años menor que él, que lo introducirá en los ambientes culturales y sociales de la Orihuela de la época. Jesucristo Riquelme traza una trayectoria vital y poética en cuatro etapas: 1. El mundo externo. La El ello Orihuela-Madrid. naturaleza como vivencia y 1910-1934 objeto de observación 2. El mundo interno El yo personal Orihuela-Madrid. introspectivo y personalista 1935-1936 del amor 3. El mundo externo: El nosotros Guerra civil. referido al nosotros 1936-1939 comprometido por la igualdad social (y la fidelidad democrática) 4. El mundo interior (el del El yo universal Las cárceles. hombre como especie) 1939-1942 trascendente y solidario sólo por amor En estas cuatro etapas podemos clasificar algunos de los libros poéticos más importantes de Miguel Hernández, teniendo en cuenta que su obra completa sólo se publicaría años más tarde. 1. Perito en lunas. Tradición neogongorina. 2. El rayo que no cesa. Poesía neorromántica. 3. Viento del pueblo y El hombre acecha. Poesía de guerra. 4. Cancionero y romancero de ausencias. Exploración interior. 2
  • 3. ANTOLOGÍA POÉTICA VIENTOS DEL PUEBLO ME LLEVAN catalanes de firmeza, aragoneses de casta, Vientos del pueblo me llevan, murcianos de dinamita vientos del pueblo me arrastran, frutalmente propagada, me esparcen el corazón leoneses, navarros, dueños y me aventan la garganta. del hambre, el sudor y el hacha, reyes de la minería, Los bueyes doblan la frente, señores de la labranza, impotentemente mansa, hombres que entre las raíces, delante de los castigos: como raíces gallardas, los leones la levantan vais de la vida a la muerte, y al mismo tiempo castigan vais de la nada a la nada: con su clamorosa zarpa. yugos os quieren poner gentes de la hierba mala, No soy un de pueblo de bueyes, yugos que habéis de dejar que soy de un pueblo que embargan rotos sobre sus espaldas. yacimientos de leones, desfiladeros de águilas Crepúsculo de los bueyes y cordilleras de toros está despuntando el alba. con el orgullo en el asta. Nunca medraron los bueyes Los bueyes mueren vestidos en los páramos de España. de humildad y olor de cuadra; las águilas, los leones ¿Quién habló de echar un yugo y los toros de arrogancia, sobre el cuello de esta raza? y detrás de ellos, el cielo ¿Quién ha puesto al huracán ni se enturbia ni se acaba. jamás ni yugos ni trabas, La agonía de los bueyes ni quién al rayo detuvo tiene pequeña la cara, prisionero en una jaula? la del animal varón toda la creación agranda. Asturianos de braveza, vascos de piedra blindada, Si me muero, que me muera valencianos de alegría con la cabeza muy alta. y castellanos de alma, Muerto y veinte veces muerto, labrados como la tierra la boca contra la grama, y airosos como las alas; tendré apretados los dientes andaluces de relámpagos, y decidida la barba. nacidos entre guitarras y forjados en los yunques Cantando espero a la muerte, torrenciales de las lágrimas; que hay ruiseñores que cantan extremeños de centeno, encima de los fusiles gallegos de lluvia y calma, y en medio de las batallas. Viento del pueblo 3
  • 4. ¿Qué quiere el viento de encono… ¿Qué quiere el viento de encono que baja por el barranco y violenta las ventanas mientras te visto de abrazos? Derribarnos, arrastrarnos. Derribadas, arrastradas, las dos sangres se alejaron. ¿Qué sigue queriendo el viento cada vez más enconado? Separarnos. Cancionero y romancero de ausencias ACEITUNEROS Andaluces de Jaén, aceituneros altivos, Andaluces de Jaén, decidme en el alma: ¿quién aceituneros altivos, amamantó los olivos? decidme en el alma: ¿quién, quién levantó los olivos? Vuestra sangre, vuestra vida, no la del explotador No los levantó la nada, que se enriqueció en la herida ni el dinero, ni el señor, generosa del sudor. sino la tierra callada, el trabajo y el sudor. No la del terrateniente que os sepultó en la pobreza, que os pisoteó la frente, que os redujo la cabeza. Unidos al agua pura y a los planetas unidos, Árboles que vuestro afán los tres dieron la hermosura consagró al centro del día de los troncos retorcidos. eran principio de un pan que sólo el otro comía. Levántate, olivo cano, dijeron al pie del viento. ¡Cuántos siglos de aceituna, Y el olivo alzó una mano los pies y las manos presos, poderosa de cimiento. sol a sol y luna a luna, pesan sobre vuestros huesos! 4
  • 5. Andaluces de Jaén, Dentro de la claridad aceituneros altivos, del aceite y sus aromas, pregunta mi alma: ¿de quién, indican tu libertad de quién son estos olivos? la libertad de tus lomas. Jaén, levántate brava Viento del pueblo sobre tus piedras lunares, no vayas a ser esclava con todos tus olivares. EL NIÑO YUNTERO con una ambición de muerte despedaza un pan reñido. Carne de yugo, ha nacido más humillado que bello, Cada nuevo día es con el cuello perseguido más raíz, menos criatura, por el yugo para el cuello. que escucha bajo sus pies la voz de la sepultura. Nace, como la herramienta, a los golpes destinado, Y como raíz se hunde de una tierra descontenta en la tierra lentamente y un insatisfecho arado. para que la tierra inunde de paz y panes su frente. Entre estiércol puro y vivo de vacas, trae a la vida Me duele este niño hambriento un alma color de olivo como una grandiosa espina, vieja ya y encallecida. y su vivir ceniciento resuelve mi alma de encina. Empieza a vivir, y empieza a morir de punta a punta Lo veo arar los rastrojos, levantando la corteza y devorar un mendrugo, de su madre con la yunta. y declarar con los ojos que por qué es carne de yugo. Empieza a sentir, y siente la vida como una guerra Me da su arado en el pecho, y a dar fatigosamente y su vida en la garganta, en los huesos de la tierra. y sufro viendo el barbecho tan grande bajo su planta. Contar sus años no sabe, y ya sabe que el sudor ¿Quién salvará a este chiquillo es una corona grave menor que un grano de avena? de sal para el labrador. ¿De dónde saldrá el martillo verdugo de esta cadena? Trabaja, y mientras trabaja masculinamente serio, Que salga del corazón se unge de lluvia y se alhaja de los hombres jornaleros, de carne de cementerio. que antes de ser hombres son y han sido niños yunteros. A fuerza de golpes, fuerte, y a fuerza de sol, bruñido, Viento del pueblo 5
  • 6. Ser onda, oficio, niña, es de tu pelo... Ser onda, oficio, niña, es de tu pelo, nacida ya para el marero oficio; ser graciosa y morena tu ejercicio y tu virtud más ejemplar ser cielo. ¡Niña!, cuando tu pelo va de vuelo, dando del viento claro un negro indicio, enmienda de marfil y de artificio ser de tu capilar borrasca anhelo. No tienes más quehacer que ser hermosa, ni tengo más festejo que mirarte, alrededor girando de tu esfera. Satélite de ti, no hago otra cosa, si no es una labor de recordarte. -¡Date presa de amor, mi carcelera! De Primeros poemas 1933 Como el toro he nacido para el luto... Como el toro he nacido para el luto y el dolor, como el toro estoy marcado por un hierro infernal en el costado y por varón en la ingle con un fruto. Como el toro lo encuentra diminuto todo mi corazón desmesurado, y del rostro del beso enamorado, como el toro a tu amor se lo disputo. Como el toro me crezco en el castigo, la lengua en corazón tengo bañada y llevo al cuello un vendaval sonoro. Como el toro te sigo y te persigo, y dejas mi deseo en una espada, como el toro burlado, como el toro. El rayo que no cesa 6
  • 7. Elegía a Ramón Sijé (En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto como el rayo, Ramón Sijé, con quien tanto quería.) Yo quiero ser llorando el hortelano sedienta de catástrofes y hambrienta. de la tierra que ocupas y estercolas, compañero del alma tan temprano. Quiero escarbar la tierra con los dientes, quiero apartar la tierra parte a parte Alimentando lluvias, caracolas, a dentelladas secas y calientes. y órganos mi dolor sin instrumentos, a las desalentadas amapolas Quiero mirar la tierra hasta encontrarte y besarte la noble calavera daré tu corazón por alimento. y desamordazarte y regresarte. Tanto dolor se agrupa en mi costado, que por doler, me duele hasta el aliento. Volverás a mi huerto y a mi higuera, por los altos andamios de las flores Un manotazo duro, un golpe helado, pajareará tu alma colmenera un hachazo invisible y homicida, un empujón brutal te ha derribado. de angelicales ceras y labores. Volverás al arrullo de las rejas No hay extensión más grande que mi de los enamorados labradores. herida, lloro mi desventura y sus conjuntos Alegrarás la sombra de mis cejas y siento más tu muerte que mi vida. y tu sangre se irá a cada lado, disputando tu novia y las abejas. Ando sobre rastrojos de difuntos, y sin calor de nadie y sin consuelo voy Tu corazón, ya terciopelo ajado, de mi corazón a mis asuntos. llama a un campo de almendras espumosas, Temprano levantó la muerte el vuelo, mi avariciosa voz de enamorado. temprano madrugó la madrugada, temprano está rodando por el suelo. A las aladas almas de las rosas del almendro de nata te requiero, No perdono a la muerte enamorada, que tenemos que hablar de muchas cosas, no perdono a la vida desatenta, compañero del alma, compañero. no perdono a la tierra ni a la nada. En mis manos levanto una tormenta El rayo que no cesa de piedras, rayos y hachas estridentes, Fuera menos penado, si no fuera... Fuera menos penado, si no fuera nardo tu tez para mi vista, nardo, 7
  • 8. cardo tu piel para mi tacto, cardo, tuera tu voz para mi oído, tuera. Tuera es tu voz para mi oído, tuera, y ardo en tu voz y en tu alrededor ardo, y tardo a arder lo que a ofrecerte tardo miera, mi voz para la tuya, miera. Zarza es tu mano si la tiento, zarza, ola tu cuerpo si lo alcanzo, ola, cerca una vez, pero un millar no cerca. Garza es mi pena, esbelta y triste garza, sola como un suspiro y un ay, sola, terca en su error y en su desgracia terca. El rayo que no cesa Te me mueres de casta y de sencilla... Te me mueres de casta y de sencilla... Estoy convicto, amor, estoy confeso de que, raptor intrépido de un beso, yo te libé la flor de la mejilla. Yo te libé la flor de la mejilla, y desde aquella gloria, aquel suceso, tu mejilla, de escrúpulo y de peso, se te cae deshojada y amarilla. El fantasma del beso delincuente el pómulo te tiene perseguido, cada vez más patente, negro y grande. Y sin dormir estás, celosamente, vigilando mi boca ¡con qué cuido! para que no se vicie y se desmande. El rayo que no cesa Umbrío por la pena, casi bruno... perro que ni me deja ni se calla, siempre a su dueño fiel, pero importuno. Umbrío por la pena, casi bruno, porque la pena tizna cuando estalla, Cardos y penas llevo por corona, donde yo no me hallo no se halla cardos y penas siembran sus leopardos hombre más apenado que ninguno. y no me dejan bueno hueso alguno. Sobre la pena duermo solo y uno, No podrá con la pena mi persona pena en mi paz y pena en mi batalla, rodeada de penas y de cardos: 8
  • 9. ¡cuánto penar para morirse uno! El rayo que no cesa Canción del esposo soldado He poblado tu vientre de amor y sementera, he prolongado el eco de sangre a que respondo Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera: y espero sobre el surco como el arado espera: aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo, he llegado hasta el fondo. y defiendo tu vientre de pobre que me espera, y defiendo tu hijo. Morena de altas torres, alta luz y ojos altos, esposa de mi piel, gran trago de mi vida, Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado, tus pechos locos crecen hasta mí dando saltos envuelto en un clamor de victoria y guitarras, de cierva concebida. y dejaré a tu puerta mi vida de soldado sin colmillos ni garras. Ya me parece que eres un cristal delicado, temo que te me rompas al más leve tropiezo, Es preciso matar para seguir viviendo. y a reforzar tus venas con mi piel de soldado Un día iré a la sombra de tu pelo lejano. fuera como el cerezo. Y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo cosida por tu mano. Espejo de mi carne, sustento de mis alas, te doy vida en la muerte que me dan y no tomo. Tus piernas implacables al parto van derechas, Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas, y tu implacable boca de labios indomables, ansiado por el plomo. y ante mi soledad de explosiones y brechas recorres un camino de besos implacables. Sobre los ataúdes feroces en acecho, sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa Para el hijo será la paz que estoy forjando. te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho Y al fin en un océano de irremediables huesos, hasta en el polvo, esposa. tu corazón y el mío naufragarán, quedando una mujer y un hombre gastados por los besos. Cuando junto a los campos de combate te piensa mi frente que no enfría ni aplaca tu figura, te acercas hacia mí como una boca inmensa De Viento del pueblo 1936- 1937 de hambrienta dentadura. Nanas de la cebolla Una mujer morena La cebolla es escarcha resuelta en luna cerrada y pobre. se derrama hilo a hilo Escarcha de tus días sobre su cuna. y de mis noches. Ríete, niño, Hambre y cebolla, que te tragas la luna hielo negro y escarcha cuando es preciso. grande y redonda. Alondra de mi casa, En la cuna del hambre ríete mucho. mi niño estaba. Es tu risa en los ojos Con sangre de cebolla la luz del mundo. se amamantaba. Ríete tanto Pero tu sangre, que en el alma, al oírte, escarchada de azúcar, bata el espacio. cebolla y hambre. 9
  • 10. Tu risa me hace libre, tan extendido, me pones alas. que tu carne parece Soledades me quita, cielo cernido. cárcel me arranca. ¡Si yo pudiera Boca que vuela, remontarme al origen corazón que en tus labios de tu carrera! relampaguea. Al octavo mes Es tu risa la espada con cinco azahares. más victoriosa, Con cinco diminutas vencedor de las flores ferocidades. y las alondras. Con cinco dientes Rival del sol. como cinco jazmines Porvenir de mis huesos adolescentes. y de mi amor. Frontera de los besos La carne aleteante, serán mañana, súbito el párpado, cuando en la dentadura y el niño como nunca sientas un arma. coloreado. Sientas un fuego ¡Cuánto jilguero correr dientes abajo se remonta, aletea, buscando el centro. desde tu cuerpo! Vuela niño en la doble Desperté de ser niño; luna del pecho. nunca despiertes. Él, triste de cebolla. Triste llevo la boca. Tú, satisfecho. Ríete siempre. No te derrumbes. Siempre en la cuna No sepas lo que pasa defendiendo la risa ni lo que ocurre. pluma por pluma. Cancionero y romancero de ausencias. Ser de vuelo tan alto, EL HERIDO Para el muro de un hospital de sangre. I Por los campos luchados se extienden los heridos. Y de aquella extensión de cuerpos luchadores 10
  • 11. salta un trigal de chorros calientes, extendidos en roncos surtidores. La sangre llueve siempre boca arriba, hacia el cielo. Y las heridas suenan, igual que caracolas, cuando hay en las heridas celeridad de vuelo, esencia de las olas. La sangre huele a mar, sabe a mar y a bodega. La bodega del mar, del vino bravo, estalla allí donde el herido palpitante se anega, y florece, y se halla. Herido estoy, miradme: necesito más vidas. La que contengo es poca para el gran cometido de sangre que quisiera perder por las heridas. Decid quién no fue herido. Mi vida es una herida de juventud dichosa. ¡Ay de quien no esté herido, de quien jamás se siente herido por la vida, ni en la vida reposa herido alegremente! Si hasta a los hospitales se va con alegría, se convierten en huertos de heridas entreabiertas, de adelfos florecidos ante la cirugía. de ensangrentadas puertas. II Para la libertad sangro, lucho, pervivo. Para la libertad, mis ojos y mis manos, como un árbol carnal, generoso y cautivo, doy a los cirujanos. Para la libertad siento más corazones que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas, y entro en los hospitales, y entro en los algodones como en las azucenas. Para la libertad me desprendo a balazos de los que han revolcado su estatua por el lodo. Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos, de mi casa, de todo. Porque donde unas cuencas vacías amanezcan, ella pondrá dos piedras de futura mirada y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan en la carne talada. 11
  • 12. Retoñarán aladas de savia sin otoño reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida. Porque soy como el árbol talado, que retoño: porque aún tengo la vida. El hombre acecha EL TREN DE LOS HERIDOS van arrojando por el tren pedazos. Pasan dejando rastros de amargura, Silencio que naufraga en el silencio otra vía láctea de estelares miembros. de las bocas cerradas de la noche. No cesa de callar ni atravesado. Silencio. Habla el lenguaje ahogado de los muertos. Ronco tren desmayado, enrojecido: agoniza el carbón, suspira el humo Silencio. y, maternal la máquina suspira, avanza como un largo desaliento. Abre caminos de algodón profundo, amordaza las ruedas, los relojes, Silencio. detén la voz del mar, de la paloma: emociona la noche de los sueños. Detenerse quisiera bajo un túnel la larga madre, sollozar tendida. Silencio. No hay estaciones donde detenerse, si no es el hospital, si no es el pecho. El tren lluvioso de la sangre suelta, el frágil tren de los que se desangran, Para vivir, con un pedazo basta: el silencioso, el doloroso, el pálido, en un rincón de carne cabe un hombre. el tren callado de los sufrimientos. Un dedo solo, un solo trozo de ala alza el vuelo total de todo un cuerpo. Silencio. Silencio. Tren de la palidez mortal que asciende: la palidez reviste las cabezas, Detened ese tren agonizante el ¡ay! la voz, el corazón la tierra, que nunca acaba de cruzar la noche. el corazón de los que malhirieron. Y se queda descalzo hasta el caballo, Silencio. y enarena los cascos y el aliento. Van derramando piernas, brazos, ojos, El hombre acecha LA BOCA Boca que arrastra mi boca: boca que vienes de lejos boca que me has arrastrado: a iluminarme de rayos. 12
  • 13. Alba que das a mis noches Beso en tu boca por ellos, un resplandor rojo y blanco. brindo en tu boca por tantos Boca poblada de bocas: que cayeron sobre el vino pájaro lleno de pájaros. de los amorosos vasos. Canción que vuelve las alas Hoy son recuerdos, recuerdos, hacia arriba y hacia abajo. besos distantes y amargos. Muerte reducida a besos, a sed de morir despacio, Hundo en tu boca mi vida, das a la grama sangrante oigo rumores de espacios, dos fúlgidos aletazos. y el infinito parece El labio de arriba el cielo que sobre mí se ha volcado. y la tierra el otro labio. He de volverte a besar, Beso que rueda en la sombra: he de volver, hundo, caigo, beso que viene rodando mientras descienden los siglos desde el primer cementerio hacia los hondos barrancos hasta los últimos astros. como una febril nevada Astro que tiene tu boca de besos y enamorados. enmudecido y cerrado hasta que un roce celeste Boca que desenterraste hace que vibren sus párpados. el amanecer más claro con tu lengua. Tres palabras, Beso que va a un porvenir tres fuegos has heredado: de muchachas y muchachos, vida, muerte, amor. Ahí quedan que no dejarán desiertos escritos sobre tus labios. ni las calles ni los campos. Cancionero y romancero de ausencias ¡Cuánta boca enterrada, sin boca, desenterramos! Llegó con tres heridas: la del amor, la de la muerte, la de la vida. Con tres heridas viene: la de la vida, la del amor, la de la muerte. Con tres heridas yo: la de la vida, la de la muerte, la del amor. Cancionero y romancero de ausencias 13