Comparación tres novelas del xviii

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Comparación tres novelas del xviii

  1. 1. La Ilustración francesa y su difusiónEstudio de la mujer a la luz de los principios ilustrados. Comparaciónentre La religieuse, Cándido y Pamela.1
  2. 2. Hablar de Ilustración es, entre otras cosas, hablar deeducación. La filantropía aparece de forma general por primera vezen este periodo y es indudable el interés que suscita la enseñanzaentre los ilustrados. No solamente la enseñanza general sino tambiénla dedicada a los grupos que tradicionalmente estaban al margen deella. Y uno de ellos es el de las mujeres. No es momento aquí derecordar la misoginia que rodea la literatura anterior que se hace ecode aspectos tales como la marginación de la mujer ante la sociedad yen el mundo familiar. Sí es importante recalcar el paso dado por laIlustración al denunciar esos abusos y ese estado de marginación. Lanovelas de las que hacemos comentario son buenos ejemplos de laprofundidad a la que llegan las corrientes ilustradas que no seconforman con una teoría propia, sino que son capaces dereconocer los posibles fallos que un optimismo generalizado puedanproducir. La dicotomía entre el pesimismo senequista y eloptimismo “rousseauniano” se encuentran en Cándido de formasatírica y nos conduce al escepticismo. Asimismo, en La religieuse senos hace una amplia descripción del ambiente conventual que vadesde la tiranía y la opresión a la relajación más mundana con sesgossexuales. En el fondo, hay explícita en esta novela una reivindicaciónde la libertad individual pero a la vez queda plasmada la ineficacia deesta libertad que no está acompañada de una educación. Laprotagonista –Suzanne Simonin- repite incesantemente que no es suvoluntad profesar en un convento pese a no dejar de creer en laIglesia ni en Dios. Simplemente no ve su futuro entre las paredes delconvento y aún en sus momentos más plácidos, en el convento deSainte Eutrope, se niega a dejar de soñar con su libertad. Unalibertad que consigue mediante la huida, tras la cual se va a versometida a los posibles abusos del P. Morel. La diferencia entre lasdos novelas es indudable: la primera nos presenta a un personajeplano al que los posibles avatares de su existencia no hacen cambiarla visión positiva de la realidad: pese a todo, es capaz de convertirseen un asesino. La segunda novela profundiza más en el personajefemenino, le da una autonomía y una altivez bastante lejanas a larealidad social del momento, realidad que también influye en eldestino de la protagonista: su origen producto de un adulterio lamarginan y la limitan en el poder social: toda la familia se encarga deque legalmente no pueda reivindicar ningún derecho. Por otra parte,2
  3. 3. la novela de Richardson, Pamela, nos presenta igualmente a unaheroína que defiende ante todo una libertad de elección basándoseen la necesidad de mantener su virtud. La novela supone el primergran best-seller de la literatura en lengua inglesa y fue exportada aEuropa rápidamente convirtiéndose en un fenómeno literario. Supropio autor, que no pertenece a los círculos cultos y literarios –dejatraslucir su poco conocimiento de la literatura en general- aporta, sinembargo, una novedad que podríamos calificar de “literaturaburguesa” en la que está muy presente siempre, por una parte, esavirtud que estaría representada por las gentes humildes que tienen ensus firmes creencias religiosas la norma que les guía en su vida y quecontrastan con la vida disoluta que suelen representar las claseselevadas. Ese interés por lo cotidiano se presenta también en lasconversaciones que mantienen Pamela y su ya marido el señorBrandon respecto a la organización económica de su hogar. Casadosya, no hay ningún asunto económico que no quede sin resolver,sobre todo atendiendo a la enorme diferencia social que separa a loscónyuges.Pero vamos a comenzar señalando las semejanzas entre las tresnovelas. Yo diría que fácilmente podemos establecer una relaciónentre La religieuse y Pamela por la elección del personaje principal: enambos casos una joven que se ve desprotegida –por motivos biendiferentes- ante un hecho que puede cambiar su vida: en un casoprofesar en un convento; en el otro, convertirse en la amante de unpoderoso. El apoyo con el que ambas cuentan es su firme decisiónpersonal de no hacer nada que ellas voluntariamente no quieran.Para lograr conseguirlo van a tener que sufrir una serie de pruebas ydesgracias que no van a mermar, sin embargo, su decisión. Eldesenlace, sin embargo, es bien diferente en una y otra novela:mientras que en la de Diderot la muchacha consigue su empeñoaunque su falta de soporte social la dejan al arbitrio de otros (que lepuedan dar algún trabajo manual) la novela de Richardson hace quela protagonista, gracias a la transformación de la pasión del señor B.en amor, acabe, no sólo consiguiendo sus deseos sino ennoblecidasocialmente.En Cándido, por el contrario, la elección del protagonista es unjoven educado en un ambiente acomodado y culto que se verá3
  4. 4. también lanzado a múltiples desgracias por el mundo, al igual quesus amados amigos. En este caso, su extracción social, al igual que lade los otros personajes, es, diríamos, poco honorable, ya que es hijonatural probablemente de algún noble y por ello recibe una ciertaeducación, y como se verá, educación muy idealizada, práctica paravivir entre las cuatro paredes del castillo, pero inoperante cuando setrata de salir al mundo exterior. Pese a su pureza de espíritu,Cándido se ve arrojado a realizar actos execrables y llega a menudo aellos por no saber precisamente que los demás pueden procurarlealgún mal. Sus sentimientos amorosos también se ven frenados porpertenecer a distinta clase social y sólo al final, cuando las desgraciashan hecho de su amada una esclava y una concubina, podrán estarverdaderamente juntos. El tono irónico y cínico de Voltaire nopuede compararse a las otras dos novelas en las que la crítica sepuede realizar de forma indirecta, pero sin la distancia que nospropone el narrador de Cándido. La causa reside precisamente en laelección de la voz narrativa que utilizan los otros dos autores: laprimera persona, la mujer protagonista, en boca –o más biendiríamos en mano- de quien se pone la posibilidad de que escribansus memorias o la crónica de sus desdichas. Un largo memorial es loque constituye el relato de Suzanne Simonin; las cartas que Pamelaenvía a sus padres y, posteriormente, el diario de su confinamiento,son la estructura de su novela. No hay aquí lugar a la ironía porqueno puede haber la distancia necesaria entre narrador y personaje: sonuno solo.Llama también poderosamente la atención, el detallismo conque Diderot describe las experiencias sexuales en La religieuse.Experiencias que también son vistas desde el punto de vista de unajoven pura y honesta a quien no extrañan las más que demostradasmuestras de pasión que le dedica su directora. En Richardson, sinembargo, hay una cierta mojigatería a la hora de describir cualquierrelación ente Pamela y el señor B. Mientras que la joven no duda enningún momento de sus perversas (aviesas) intenciones, es sinembargo cauta a la hora de describir qué ocurre tras el matrimonio;tras una larga y excesiva situación de “tira y afloja” en la que la jovenno llega a someterse nunca, es curioso cómo no pierde su costumbrede llamarlo “amo”, costumbre que se le advierte tiene que perder.¿A qué se debe la obsesión de Pamela de ser honrada? ¿a sus4
  5. 5. convencimientos religiosos? Si fuera así, no se entiende el rápidocambio de opinión que experimenta en Lincolnshire tras proponerlefinalmente matrimonio. Si ya se encontraba de camino a su casa paraver a sus “bienamados padres”, ¿por qué vuelve rápidamentecuando ya no se la obliga? ¿Es Pamela todo lo inocente que quieredejar ver o responde a un plan preconcebido? Aunque lospersonajes que la rodean se refieren a ella como “niña”, recordemosque destaca por sus sabios consejos y su sensatez; sensatez que lalleva a ser ella quien consiga lo que quiere y no el señor B. Porsupuesto que no se deja entrever que Pamela quiera desde primermomento contraer matrimonio con el señor B. Pero no puedenegarse que entre sus atractivos se encuentra su enorme fortuna.Ella lo que reivindica es la igualdad entre las personas pero siemprebajo argumentos religiosos (todos somos hijos de Dios, a todos nosllega la muerte) argumentos que ya en la Edad Media podemosencontrar en los textos. Y también argumenta que sus dotespersonales no pueden negarle su ascenso social, aunquereiteradamente hace gala de una “humildad” que llega a serexasperante. Tanto ella como Suzanne se valoran a sí mismas yreivindican su derecho a decidir y esto sí resulta novedoso,independientemente de sus fines.Uno de los elementos más criticados por los ilustrados será laeducación que reciben las jóvenes, educación que conduce sólo aacatar las normas impuestas por los padres. Esta educación lehace decir sí a Suzanne como forma de acatar los ruegos de sumadre; pero son los padres de Pamela los que no se imponen asus deseos diciéndole que tiene libertad absoluta. Es lógico pensarla necesidad de una revisión en la educación femenina. En laliteratura española existe una obra teatral El sí de las niñas, en laque se critica precisamente la disposición que de la voluntad delas hijas hacen los padres: educadas para aceptar siempre losdeseos de sus padres que buscarán para ellas un marido confortuna.Hay en la novela de Richardson unas ideas que son comunes ala literatura popular y a la cultura de masas: rechazo de losconvencionalismos sociales que hacen que personas de distinta clasesocial no puedan casarse y la defensa de una dignidad personal decada individuo, independientemente de su extracción social. Por5
  6. 6. ello a veces los privilegiados son criticados pues no responden a lasexpectativas que de ellos tienen sus inferiores. A este respectoPamela escribe:“me lamentaba de la poca consideración que la gentedistinguida a la que había apelado había mostrado por lascircunstancias de mi caso; de la maldad del mundo, queprimero daba rienda suelta a modas tan inicuas y luegoapelaba a su frecuencia para disculparse por no intentarenmendarlas, así como de la falta de sentimientos de lagente ante las aflicciones de los demás.”(pág. 304).Me imagino que los miles de lectores de la época quedaríansatisfechos al comprobar cómo la virtud de Pamela quedarecompensada con un matrimonio muy por encima de susposibilidades aunque nada objeten a la sumisión a la que elmatrimonio parece abocarla. Pamela tardará mucho tiempo enabandonar el apelativo de “amo” para dirigirse a su marido. Leer lasexigencias del Sr. Brandon acerca de cómo debe funcionar sumatrimonio puede acercarnos a la realidad que ni la propia Pamelapuede discutir. Aunque algunos puntos le parezcan difíciles decumplir, como por ejemplo, el número 6: “Debo tener paciencia conél, incluso cuando encuentre que está equivocado.-Esto puede ser algodifícil, según como se presente el caso.”. Sobre el número 2 escribe: “Deboconsiderar el que se enfade conmigo la cosa más triste que puedaocurrirme.-Así lo haré sin duda.”La aparente libertad que reivindican estas heroínas sólo sedemuestra en una actitud puntual. Pasada esta circunstancia, nadahace de ellas abanderadas de la libertad: Pamela se somete a quienantes había despreciado; Suzanne Simonin, no queriendopermanecer en el convento, está dispuesta a aceptar cualquier cosa yseguro que nos la podemos imaginar, cómo no, contrayendomatrimonio en un futuro no muy lejano.No obstante, hay un mérito en ambas novelas: pocas veces lamujer tiene plena libertad para confesar con claridad lo que quiere;el primer paso que dan es el de cuestionar el papel inicial que paraellas se escoge (el convento o el concubinato); no podemos exigirque además reivindiquen un cambio en la educación femenina queprepare a las mujeres para la independencia intelectual,6
  7. 7. acontecimiento que tendrá que esperar todavía dos siglos paraproducirse.Carmen L. Martínez Marzal.7

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