VIGILIA DE ORACIÓN POR LA PAZ EN SIRIA 7 DE SEPTIEMBRE DE 2013
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  • 1. VIGILIA DE ORACIÓN POR LA PAZ EN SIRIA 7 DE SEPTIEMBRE DE 2013 Motivación: El pasado domingo día 1, dentro del rezo del Ángelus, el Papa Francisco hizo una llama a todos los católicos del mundo, también a los "hermanos cristianos no católicos, a los fieles de las otras religiones y a las personas de buena voluntad", para llevar a cabo el próximo día 7 sábado una vigilia de oración y ayuno por la paz “en Siria, en Oriente Medio y en todo el mundo”, motivado por el momento de grave tensión que esa zona está pasando en donde se están utilizando incluso armas químicas con efectos de destrucción masiva, y a lo que respondía el Papa fuertemente impresionado con estas palabras: "Todavía tengo en el corazón y en la mente las terribles imágenes de los pasados días. ¡Existe un juicio de Dios y de la historia del que no se puede huir". Queremos unirnos a la llamada del Papa, queremos llevarla a cabo sabiendo la fuerza y la eficacia de la oración y del ayuno, como expresión de fijar la mirada y la atención en Jesucristo, “príncipe de la paz”. A continuación proponemos un guión de oración para que sirva de ayuda a nuestras comunidades y grupos parroquiales. Asimismo, sugerimos que de ser posible, esta vigilia de oración se realice entre las 19 y las 21 horas del sábado día 7 para hacer coincidir la plegaria con la que en ese momento se está llevando a cabo en la Plaza de San Pedro. Monición de entrada: Ante las continuas agresiones contra la paz que nuestro mundo está atravesando, y que se hacen palpables de forma especial en Siria y en el resto de Oriente Medio, en donde el odio está llevando a enfrentamientos fratricidas muy graves con la utilización de armas químicas. Siguiendo la propuesta del papa Francisco de llevar a cabo en todas las comunidades una Vigilia de Oración por la paz porque, con sus palabras, “la humanidad necesita gestos de paz y oír palabras de paz”. Puesta la confianza en el Señor Jesús que llamó “bienaventurados a los que trabajan por la paz”, Nos disponemos a iniciar esta Vigilia de Oración sabiéndonos acompañados por nuestra Madre María, a la que el pueblo cristiano viene invocando como “Reina de la Paz”. Oración: Señor Jesús, tú eres nuestra paz, y con ella te identificaste resucitado ante tus discípulos: Mira al pueblo sirio y a sus vecinos de Oriente Medio, dañados por la violencia y rotos por el miedo y la inseguridad. Consuela el dolor de los que sufren. Inspira las decisiones de los que gobiernan. 1
  • 2. Toca el corazón de quienes olvidan que somos hermanos y provocan sufrimiento y muerte. Dales el don de la conversión Protege a las familias, a nuestros niños, adolescentes y jóvenes, a nuestros pueblos y comunidades. Que como discípulos misioneros tuyos, ciudadanos responsables, Sepamos ser promotores de justicia y de paz, para que en Ti, nuestros pueblos tengan vida digna. Te lo pedimos a ti, “Príncipe de la Paz”, que vives y reinas por los siglos de los siglos. AMEN. María, Reina de la paz, ruega por nosotros. Lectura de la Palabra de Dios: Carta de Santiago 3, 13-18. ¿Hay entre vosotros quien tenga sabiduría o experiencia? Que muestre por su buena conducta las obras hechas con la dulzura de la sabiduría. Pero si tenéis en vuestro corazón amarga envidia y espíritu de contienda, no os jactéis ni mintáis contra la verdad. Tal sabiduría no desciende de lo alto, sino que es terrena, natural, demoníaca. Pues donde existen envidias y espíritu de contienda, allí hay desconcierto y toda clase de maldad. En cambio la sabiduría que viene de lo alto es, en primer lugar, pura, además pacífica, complaciente, dócil, llena de compasión y buenos frutos, imparcial, sin hipocresía. Frutos de justicia se siembran en la paz para los que procuran la paz. Palabra de Dios Salmo 61: Sólo en Dios descansa mi alma, porque de El viene mi salvación; sólo El es mi roca y mi salvación, mi alcázar: no vacilaré. ¿Hasta cuando arremataréis contra un hombre todos juntos, para derribarlo como a una pared que cede o a una tapia ruinosa? Sólo piensan en derribarme de mi altura, y se complacen en la mentira: con la boca bendicen, con el corazón maldicen. 2
  • 3. Descansa sólo en Dios, alma mía, porque El es mi esperanza; sólo él es mi roca y mi salvación, mi alcázar: no vacilaré. De Dios viene mi salvación y mi gloria, él es mi roca firme, Dios es mi refugio. Pueblo suyo, confiad en él, desahogad ante él vuestro corazón, que Dios es nuestro refugio. Los hombres no son más que un soplo, los nobles son apariencia: todos juntos en la balanza subirían más leves que un soplo. No confiéis en la opresión, no pongáis ilusiones en el robo; y aunque crezcan vuestras riquezas, no les deis el corazón. Dios ha dicho una cosa, y dos cosas que he escuchado: "Que Dios tiene el poder y el Señor tiene la gracia; que tú pagas a cada uno según sus obras". Evangelio de san Juan 20, 19-23. Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros.» Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío.» Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo” Palabra del Señor Breve Homilía. Exposición del Santísimo. 3
  • 4. Canto eucarístico. ( Silencio intercalado con algunas oraciones sobre la paz) Del beato Juan XXIII: Señor Jesucristo, que eres llamado “Príncipe de la Paz”; que eres tú nuestra paz y reconciliación, y que a menudo dijiste: “la paz os dejo, mi paz os doy”: Haz que todos los hombres y mujeres den testimonio de la verdad, de la justicia y del amor fraternal. Destierra de nuestros corazones cualquier cosa que pudiera poner en peligro la paz. Que todas las personas de la tierra se sientan hermanos y hermanas. Que el anhelo por la paz se haga presente y perdure por encima de cualquier situación. AMÉN. De Ignacio Larrañaga: Señor Jesús, tú guías sabiamente la historia de tu Iglesia y de las naciones, escucha ahora nuestra súplica. Nuestros idiomas se confunden como antaño en la torre de Babel. Somos hijos de un mismo Padre que tú nos revelaste y no sabemos ser hermanos, y el odio siembra más miedo y más muerte. Danos la paz que promete tu Evangelio, aquella que el mundo no puede dar. Enséñanos a construirla como fruto de la Verdad y de la Justicia. Escucha la imploración de María Madre y envíanos tu Espíritu Santo, para reconciliar en una gran familia a los corazones y los pueblos. Venga a nosotros el Reino del Amor, y confírmanos en la certeza de que tú estás con nosotros hasta el fin de los tiempos. AMÉN. Del grupo de oración Santo Cura de Ars. Oh Dios, que eres el insondable abismo de la paz, el inefable mar del amor, 4
  • 5. la fuente de bendiciones y el dador de afecto, que envías paz a quienes la reciben. Ábrenos hoy el mar de tu amor, y riéganos con arroyos tormentosos de las riquezas de tu gracia y de las dulcísimos fuentes de tu bondad. Haznos hijos de tranquilidad y herederos de paz, y enciende en nosotros el fuego de tu amor. Siembra en nosotros temor de ti; fortalece nuestra debilidad con tu poder; únenos estrechamente a ti, y los unos a los otros, en firme e indisoluble vínculo de unidad. AMËN. De Mons. Oscar Arnulfo Romero Bienaventurados los liberadores que ponen su fuerza no en las armas, no en el secuestro, no en la violencia ni en el dinero, sino que saben que la liberación tiene que venir de Dios; que será la conjugación maravillosa del poder liberador de Dios y del esfuerzo de los hombres. Del Papa, Juan XXIII, en Pacem in terris. “La paz será palabra vacía mientras no se funde sobre un orden basado en la verdad, establecido de acuerdo con las normas de la justicia, sustentado y henchido por la caridad y, finalmente, realizado bajo los auspicios de la libertad . Pidámosle, con instantes súplicas al divino Redentor esta paz que El mismo nos trajo. Que El borre de los hombres cuanto pueda poner en peligro esta paz y convierta a todos en testigos de la verdad, de la justicia y del amor fraterno. Que El ilumine también con su luz la mente de los que gobiernan las naciones, para que, al mismo tiempo que les procuran una digna prosperidad, aseguren a sus compatriotas el don hermosísimo de la paz. Que, Cristo encienda las voluntades de todos los hombres para echar por tierra las barreras que dividen a los unos de los otros, para estrechar los vínculos de la mutua caridad, para fomentar la recíproca comprensión, para perdonar, en fin, a cuantos nos hayan injuriado. De esta manera, bajo su auspicio y amparo, todos los pueblos se abracen como hermanos y florezca y reine siempre entre ellos la tan anhelada paz”. 5
  • 6. Oración de la tradición cristiana: Señor Jesús, ten piedad de nosotros y concédenos la paz y la unidad, no permitas que nos soltemos de tus manos y danos un corazón capaz de amar como tu nos amas. María Madre auxílianos en estas difíciles horas de la tribulación, se nuestra fuerza y consuelo. Cúbrenos con tu manto y que la sangre de tu bendito Hijo nos proteja de todo mal. Ten piedad Señor de nosotros, los que a ti nos encomendamos, te lo rogamos por tus méritos y los de tu amorosa Madre. Ten piedad y se nuestra Roca y Baluarte. Señor no mires nuestras miserias y pecados, sino la fe de tu Iglesia que clama tu socorro. Madre Santa, dirígenos por el camino que al Señor le agrada, danos Señora las armas necesarias para hacer de este mundo un espacio de amor misericordioso, donde ningún hermano sufra. Todo esto te lo rogamos, Señor, por la intercesión de María Santísima, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos. AMÉN. Oración de san Francisco: Señor, haz de mí un instrumento de tu paz: donde haya odio, ponga yo amor, donde haya ofensas, ponga yo perdón, donde haya discordia, ponga yo unión, donde haya error, ponga yo verdad, donde haya duda, ponga yo fe, donde haya desesperación, ponga yo esperanza, donde haya tiniebla, ponga yo luz, donde haya tristeza, ponga yo alegría. Oh Señor, haz que no busque tanto: el ser consolado como el consolar, el ser comprendido como el comprender, el ser amado como amar. Porque dando es como se recibe, olvidándose de sí es como se encuentra, perdonando es como se es perdonado, muriendo es como se resucita para la vida eterna. AMÉN. Padre nuestro. 6
  • 7. Adoración y canto Eucarístico. Ha venido el Señor a traernos la paz Ha venido el Señor a traernos la paz. ha venido el Señor y en nosotros está. 1. Te alabamos, Señor, por tu inmensa bondad. Te alabamos, Señor, por tu cuerpo hecho pan. 2. Sólo Tú eres mi Dios, mi Señor, mi heredad. Sólo Tú eres mi Dios, mi confianza en Ti está. 3. El amor fraternal nuestro lema será, que nos haga vivir en sincera amistad. 4. Nuestras vidas, Señor, sólo en Ti se unirán: por un mundo mejor junto a Ti lucharán. 5. Ayudar y servir fue tu ejemplo, Señor; como hermanos vivir, tu postrera lección. 6. Este Pan celestial nos da fuerza y valor, nos prepara a luchar por el Reino de Dios. Oración final con el beato Juan Pablo II: Dios de infinita misericordia y bondad, con corazón agradecido te invocamos hoy por la tierra que en otros tiempos recorrió San Pablo y proclamó a las naciones la verdad de que en Cristo Dios reconcilió al mundo consigo. Que tu voz resuene en el corazón de todos los hombres y mujeres, cuando los llames a seguir el camino de reconciliación y paz, y a ser misericordiosos como tú. Señor, tú diriges palabras de paz a tu pueblo y a todos 7
  • 8. los que se convierten a ti de corazón. Te pedimos por los pueblos de Oriente Próximo. Ayúdales a derribar las barreras de la hostilidad y de la división y a construir juntos un mundo de justicia y solidaridad. Señor, tú creas cielos nuevos y una tierra nueva. Te encomendamos a los jóvenes de esas tierras. En su corazón aspiran a un futuro más luminoso; fortalece sus decisión de ser hombres y mujeres de paz y heraldos de una nueva esperanza para sus pueblos. Padre, tú haces germinar la justicia en la tierra. Te pedimos por las autoridades civiles de esa región, para que se esfuercen por satisfacer las justas aspiraciones de sus pueblos y eduquen a los jóvenes en la justicia y en la paz. Impúlsalos a trabajar generosamente por el bien común y a respetar la dignidad inalienable de toda persona y los derechos fundamentales que derivan de la imagen y semejanza del Creador impresa en todo ser humano. Te pedimos de modo especial por la autoridades de la noble tierra de Siria. Concédeles sabiduría, clarividencia y perseverancia; no permitas que se desanimen en su ardua tarea de construir la paz duradera, 8
  • 9. que anhelan todos los pueblos. Padre celestial, en ese lugar donde se produjo la conversión del apóstol San Pablo, te pedimos por todos los que creen en el evangelio de Jesucristo. Guía sus pasos en la verdad y en el amor. Haz que sean uno, como tú eres uno con el Hijo y el Espíritu Santo. Que testimonien la paz que supera todo conocimiento y la luz que triunfa sobre las tinieblas de la hostilidad, del pecado y de la muerte. Señor del cielo y de la tierra, Creador de la única familia humana, te pedimos por los seguidores de todas las religiones. Que busquen tu voluntad en la oración y en la pureza del corazón, y te adoren y glorifiquen tu santo nombre. Ayúdales a encontrar en ti la fuerza para superar el miedo y la desconfianza, para que crezca la amistad y vivan juntos en armonía. Padre misericordioso, que todos los creyentes encuentren la valentía de perdonarse unos a otros, a fin de que se curen las heridas del pasado y no sean un pretexto para nuevos sufrimientos en el presente. Concédenos que esto se realice obre todo en Tierra Santa, esta tierra que bendijiste con tantos signos de tu Providencia y donde te revelaste como Dios de amor. A la Madre de Jesús, la bienaventurada siempre Virgen María, le encomendamos a los hombres 9
  • 10. y a las mujeres que viven en la tierra donde vivió Jesús. Que, al seguir su ejemplo, escuchen la palabra de Dios y tengan respeto y compasión por lo demás, especialmente por los que son diversos de ellos. Que, con un solo corazón y una sola mente, trabajen para que todo el mundo sea una verdadera casa para todos sus pueblos. ¡ Paz! ¡Paz! ¡Paz! Amén. Bendición y reserva. Canto a la Virgen, “Reina de la paz”. 10