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Lectio Divina
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Transcript

  • 1. 
 
 1
 Lectio
Divina
 
 Oremos
con
la
Palabra
de
Dios
por
la
paz
en
Siria,
en
nuestra
Patria
y
todos
los
pueblos
de
 la
Tierra,

proponemos
tres
textos
bíblicos
con
el
método
de
la
Lectio
Divina
en
sus
cuatro
 movimientos:
 
 ‐
“Buscar
leyendo”
 ‐
“Hallarás
meditando”
 ‐
“Llamar
orando”
 ‐
“Y
se
te
abrirá
contemplando”
 
 Textos
bíblicos:

 
 Juan
20,
19‐23:
“La
paz
con
ustedes”

 Efesios
2,
14‐2:
“Él,
que
de
los
dos
pueblos
hizo
uno”
 Efesios
4,
1‐6:
“Conservar
la
unidad
con
el
vínculo
de
la
paz”
 
 1. Preparación
para
entrar
en
la
Lectio
Divina.
 
 La
preparación
es
decisiva
para
el
éxito
de
la
Lectio
Divina.
Para
escuchar
a
Otro,
primero
 hay
que
bajar
el
tono
de
la
voz,
hacer
silencio,
concentrarse;
es
decir,
callar
el
ruido
de
 tantas
voces
que
nos
invaden
para
captar
el
dulce
silbido
del
Espíritu
en
la
Palabra
de
 Dios.
Ser
conscientes
de
la
presencia
amorosa
de
Dios
que
viene
a
nuestro
encuentro
con
 el
don
de
su
Palabra
viva
y
eficaz,
que
penetra
hasta
el
fondo
de
nuestro
corazón
para
 formarnos
como
constructores
de
Paz
en
nuestras
realidades.
 
 2. Invocación
del
Espíritu.

 
 El
Espíritu
Santo
que
inspiró
al
escritor
Sagrado
nos
explicará
la
Palabra
de
Dios.
Se
puede
 realizar
con
una
oración
elaborada
“Ven,
Espíritu
Creador”
por
ejemplo,
con
una
simple
 invocación
en
forma
de
jaculatoria,
con
un
canto
o
con
el
salmo
119(118).
 
 3. “Buscar
leyendo”
(Primer
movimiento)
 Leer
lentamente
el
texto
desde
el
comienzo
hasta
el
final,
releerlo
y
volver
a
hacerlo
una
 vez
más.
Poco
a
poco
los
detalles
van
apareciendo
y
cada
palabra
va
haciéndose
sentir.
 Preguntarnos:

 
 

  • 2. 
 
 2
 ¿Qué
dice
el
texto?
 a) Captar
las
ideas
principales
(ayuda
el
subrayar
en
el
texto
o
escribir
tus
notas)
:
 ‐
Distinguir
quién
habla
y
de
qué
habla
 ‐
tratar
de
intuir
qué
es
lo
fundamental


 b)

Profundizar:
 ‐
Consultar

algún
comentario
que
te
ayude
a
conocer
mejor
el

 


sentido
del
texto.
 c) Sentir
el
texto:
 ‐
Dar
espacio
a
nuestra
propia
emoción,
identificar
una
palabra
o
frase
que
te
haya

 impactado
y
aprópiatela.
Dios
te
habla
en
ella.
 
 4. “Hallarás
meditando”
(segundo
movimiento)
 
 El
pueblo
de
la
Biblia
sabía
meditar
“atando
cabos”,
tratando
de
descubrir
cómo
se
 empata
una
cosa
con
otra,
escrutando
el
sentido
de
los
acontecimientos,
la
lógica
 del
actuar
de
Dios
en
medio
de
todo.
 Para
meditar
nos
dejamos
orientar
por
la
pregunta
clave:

 
 ¿Qué
me
(nos)
dice
el
texto?
 a) La
asociamos
con
la
vida.
 ‐
Nos
vemos
a
la
luz
de
Dios,
con
la
mirada
de
Dios.
Emerge
si
nuestro
caminar
es
 en
dirección
de
Dios
o,
tal
vez,
contravía.
 b)

La
asociamos
con
otros
textos
ya
conocidos.
 ‐
Se
puede
hacer
una
“colecta”
de
otros
textos
bíblicos
relacionados
al
que
 estamos
meditando
para
que
la
Palabra
se
haga
aún
más
viva
y
más
clara.
 
 5. “Llamar
orando”
(tercer
movimiento)
 
La
oración
brota
espontáneamente
de
la
meditación.

La
Escritura
ha
sido
la
 nodriza
que
nos
ha
llevado
de
la
mano
hasta
la
inmediatez
de
la
voz
de
Dios
(Cfr.
 Juan
10,4)

 ¿Qué
me
(nos)
hace
decir
el
texto?
 
 La
oración
es
llevar
hacia
afuera,
por
medio
de
los
labios,
lo
que
ha
surgido
en
 nuestra
interioridad.
Y
“el
Espíritu
viene
en
ayuda
de
nuestra
flaqueza,
pues
 nosotros
no
sabemos
cómo
pedir
para
orar
como
conviene”
(Rom
8,26)

  • 3. 
 
 3
 La
oración
que
brota
es
abierta
a
la
realidad
eclesial,
a
la
vida
del
pueblo;
sus
 gemidos
son
también
nuestros.
 
 Se
puede
vivir
la
experiencia
de
oración
en
los
siguientes
cuatro
niveles
típicos:
 a) La
compunción
del
corazón.
 El
constatar
nuestra
debilidad
física,
moral
e
intelectual,
puede
llevarnos
a
 sentirnos
desproporcionados
ante
el
inmenso
amor
de
Dios.
Reconociendo
que
 no
somos
Dios,
somos
creaturas,
con
fragilidades
e
incoherencias,
necesitados
 y
autores
de
la
situación
de
violencia
que
predomina
en
nuestras
relaciones.
 
 b) La
súplica.
 Como
el
ciego
Bartimeo
clamamos:
“Ten
compasión
de
mí”
(Mc
10,47).
 Expresa
tu
petición
con
todo
el
corazón,
con
toda
el
alma,
con
todas
tus
 fuerzas.
 
 c) El
agradecimiento.
 Es
la
afirmación
de
que
Dios
se
ha
hecho
mi
prójimo.
Él
es
mi
amigo.
El
Señor
 ha
hecho,
está
haciendo
y
continuará
haciendo
maravillas
en
mí
(Lc
1,49).
 Nuestra
oración
se
hace
eucarística
y
será
aún
más
bella
cuando
la
podamos
 unir
a
la
celebración
del
Sacramento,
haciendo
la
unidad
entre
el
Pan
de
la
 Palabra
y
Pan
de
la
Eucaristía.
 
 d) La
entrega.
 Es
nuestro
“amén”
a
la
Palabra
de
Dios,
la
aceptación
total
de
su
querer
sobre
 nosotros.
La
aceptación
amorosa
de
la
Lógica
de
Dios
para
vivir
y
relacionarnos
 con
los
demás,
para
luchar
incansablemente
por
hacer
presente
el
Reino
de
 Dios
hoy.
 
 6. “Y
se
te
abrirá
contemplando”
(cuarto
movimiento)
 En
este
momento
puedes

reconocer
de
modo
pacífico,
manso,
humilde,
la
venida
 del
Señor

a
nuestra
humanidad.
Es
una
venida
que
sana
y
que
restaura.
 Buscábamos
a
Dios
y
Él
ha
venido
con
el
don
de
su
Palabra.
Ahora
no
hay
 preguntas,
sólo
el
gozo
del
recibir.
El
don
de
la
contemplación
es
el
don
de
la
visión
 como
la
que
tuvieron
los
peregrinos
de
Emaús
(Cfr.
Lc
24,31).
Contemplar
al
Señor
 crucificado‐resucitado
que
envuelve
nuestra
vida
de
oración
de
adoración
y
 alabanza
con
profundo
realismo,
es
decir
con
los
pies
bien
puestos
en
la
tierra
y
 con
la
esperanza
fundada
en
Él.

  • 4. 
 
 4
 
 7. Concluyendo
la
Lectio



 Sugerimos
terminar
con
una
breve
oración
vocal
o
con
un
canto
para
agradecerle
 al
Señor
lo
que
has
vivido
a
lo
largo
de
la
lectio.
 
 Oración
por
la
Paz

 Señor
Jesús,
tú
eres
nuestra
paz,
 y
con
ella
te
identificaste
resucitado
ante
tus
discípulos:
 Mira
al
pueblo
sirio
y
a
sus
vecinos
de
Oriente
Medio,

 dañados
por
la
violencia
y
rotos
por
el
miedo
y
la
inseguridad.
 Consuela
el
dolor
de
los
que
sufren.
 Inspira
las
decisiones
de
los
que
gobiernan.
 Toca
el
corazón
de
quienes
olvidan
que
somos
hermanos

 y
provocan
sufrimiento
y
muerte.
Dales
el
don
de
la
conversión
 Protege
a
las
familias,
a
nuestros
niños,
adolescentes
y
jóvenes,
 a
nuestros
pueblos
y
comunidades.
 Que
como
discípulos
misioneros
tuyos,
ciudadanos
responsables,
 Sepamos
ser
promotores
de
justicia
y
de
paz,
para
que
en
Ti,
 nuestros
pueblos
tengan
vida
digna.
 Te
lo
pedimos
a
ti,
“Príncipe
de
la
Paz”,

 que
vives
y
reinas
por
los
siglos
de
los
siglos.
 AMEN.
 
 María,
Reina
de
la
paz,
ruega
por
nosotros.