ENCUENTRO
NACIONAL
DE
PASTORAL
SOCIAL

                   Cuautitlán
Izcalli,
Edo
de
Mex.,
9
de
agosto
de
2010



        ...
en
 continua
 conversión,
 y
 así
 contribuir
 a
 la
 reconstrucción
 del
 tejido

         social
siendo
constructores
de...
(DA
30)
y
tenemos
la
certeza
de
que
la
decisión
de
acoger
del
don
de
la
Vida
que
nos

ofrece
Jesucristo
no
nos
hace
menos
...
defendemos
 demasiado
 nuestros
 espacios
 de
 privacidad
 y
 disfrute,
 y
 nos
 dejamos

contagiar
 fácilmente
 por
 el
 ...
unidad
vital
de
la
acción
evangelizadora
y
la
unidad
vital
del
sujeto
e
interlocutor
que

son,
la
comunidad
y
la
persona.
...


Las
 estructuras
 pastorales
 son
 un
 conjunto
 de
 relaciones
 y
 servicios,
 distribuidos
 y

dispuestos
en
interrela...
unidos
los
grandes
desafíos
de
la
inseguridad
y
violencia
ponen
a
la
misión
de

              la
Iglesia
en
la
construcció...
distintos
 enfoques
 para
 sensibilizarnos
 en
 este
 tema
 que
 debemos
 colocar
 con

urgencia
en
la
agenda
de
nuestra
p...
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La dimensión social de la misión continental

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La dimensión social de la misión continental

  1. 1. ENCUENTRO
NACIONAL
DE
PASTORAL
SOCIAL
 Cuautitlán
Izcalli,
Edo
de
Mex.,
9
de
agosto
de
2010
 
 
 LA
DIMENSION
SOCIAL
DE
LA
MISION
CONTINENTAL
 Palabras
de
bienvenida

 
 +
Gustavo
Rodríguez
Vega
 Obispo
de
Nuevo
Laredo
 Presidente
de
la
CEPS
 
 Estimado
Hermano
Domingo,
Arzobispo
de
Tulancingo,
 Estimado
Sr.
Dr.
Mauricio
Limón
Aguirre,

 Subsecretario
de
la
SEMARNAT
 Estimados
y
Estimadas,
hermanos
todos:
 
 
 Al
 congregarnos
 una
 vez
 más
 en
 este
 lugar
 para
 tener
 nuestro
 encuentro
 anual
 de
 animadores
de
la
pastoral
social
en
las
Diócesis
de

México,
en
los
Institutos
de
Vida
 Consagrada
y
en
los
Organismos
que
impulsan
el
apostolado
de
los
laicos,
les
doy
la
 más
cordial
bienvenida,
saludándolos
con
profundo
gozo
y
sincero
afecto,
recordando
 las
palabras
del
salmo
«Qué
alegría,
qué
delicia,
que
los
hermanos
convivan
reunidos»
 (Cf.
Sal

133).
 
 Nos
 hemos
 reunido
 para
 convivir,
 haciendo
 un
 alto
 en
 nuestro
 diario
 caminar
 y
 encontrarnos
como
hermanos
y
hermanas,
convocados
por
un
sólo
Señor,
unidos
en
 una
 misma
 fe,
 partícipes
 de
 un
 mismo
 Bautismo,
 hijos
 e
 hijas
 de
 un
 mismo
 Dios
 y
 Padre
 (Cf.
 Ef.
 4,5)
 y
 así
 
 fortalecer
 nuestra
 identidad
 de
 discípulos
 misioneros
 de
 Jesucristo
comprometidos
en
la
animación
de
la
pastoral
social.
 
 Convocamos
 a
 este
 encuentro
 los
 Obispos
 que
 hemos
 recibido
 de
 la
 Conferencia
 del
 Episcopado
Mexicano
la
encomienda
de
integrar
la
Comisión
de
Pastoral
Social
para
el
 trienio
2009‐2012
con
la
tarea
de
servir
en
primer
lugar
al
colegio
episcopal
para
que
 cada
Obispo
en
el
cumplimiento
de
su
misión
sea
un
verdadero
padre
de
los
pobres
y
 abogado
 de
 la
 justicia
 y
 en
 segundo
 lugar
 servir
 subsidiariamente
 a
 las
 Diócesis
 y
 Provincias
Eclesiásticas,
en
la
promoción,
desarrollo
y
animación
de
la
Pastoral
Social.
 
 1º.
El
Objetivo
de
la
CEM
para
el
trienio
2009­2012
 
 Este
 servicio
 lo
 ofrecemos
 atendiendo
 al
 Objetivo
 que
 los
 
 Obispos
 de
 la
 CEM
 nos
 hemos
dado
para
este
trienio.
 
 “Impulsar
 la
 Misión
 Continental
 permanente
 a
 la
 luz
 de
 la
 Palabra
 de
 Dios
 y
 de
 la
 vivencia
 de
 la
 Colegialidad,
 para
 propiciar
 una
 evangelización
 que
 lleve
a
formar,

 discípulos
 misioneros
de
Jesucristo,
 1
 

  2. 2. en
 continua
 conversión,
 y
 así
 contribuir
 a
 la
 reconstrucción
 del
 tejido
 social
siendo
constructores
de
justicia
y
paz
en
el
país”.
 
 Permítanme
 destacar
 algunos
 elementos
 de
 este
 Objetivo
 que
 son
 útiles
 para
 enmarcar
nuestro
encuentro.
 
 a)
La
misión
continental
 
 Los
 Obispos
 de
 México
 hemos
 hecho
 nuestra
 el
 llamado
 de
 la
 V
 Conferencia
 del
 Episcopado
Latinoamericano
para
que
entre
nosotros
la
Iglesia
se
ponga
en
estado
de
 misión
 (Cf.
 DA
 213),
 promoviendo
 en
 comunión
 con
 todas
 las
 Iglesias
 de
 nuestro
 continente
 latinoamericano
 y
 caribeño
 una
 misión
 continental,
 precisamente
 para
 “poner
a
la
Iglesia
en
estado
permanente
de
misión”
(DA
551).
 
 El
documento
de
Aparecida
nos
dice
que
“la
Iglesia
necesita
una
fuerte
conmoción
que
 le
 impida
 instalarse
 en
 la
 comodidad,
 el
 estancamiento
 y
 en
 la
 tibieza,
 al
 margen
 del
 sufrimiento
de
los
pobres
del
continente.
Necesitamos
que
cada
comunidad
cristiana
se
 convierta
en
un
poderoso
centro
de
irradiación
de
la
vida
en
Cristo.
Esperamos
un
nuevo
 Pentecostés
 que
 nos
 libre
 de
 la
 fatiga,
 la
 desilusión,
 la
 acomodación
 al
 ambiente,
 una
 venida
del
Espíritu
que
renueve
nuestra
alegría
y
nuestra
esperanza”
(DA
362).

 
 Los
discípulos
misioneros
de
Jesucristo,
independientemente
del
estado
de
vida
en
el
 que
 realicemos
 nuestra
 común
 vocación
 bautismal,
 estamos
 llamados
 a
 asumir
 una
 actitud
 de
 permanente
 conversión
 que
 implica
 escuchar
 con
 atención
 y
 discernir
 ‘lo
 que
 el
 Espíritu
 está
 diciendo
 a
 las
 Iglesias’
 (Ap
 2,29)
 a
 través
 de
 los
 signos
 de
 los
 tiempos
 en
 que
 Dios
 se
 manifiesta”
 (DA
 366)
 y
 asumir
 la
 conversión
 pastoral
 de
 nuestras
 comunidades
 que
 nos
 exige
 pasar
 de
 una
 pastoral
 de
 mera
 conservación
 a
 una
pastoral
decididamente
misionera
(Cf.
DA
370).



 
 La
Iglesia
está
llamada
a
repensar
profundamente
y
relanzar
con
fidelidad
y
audacia
 su
 misión
 en
 las
 nuevas
 circunstancias
 locales,
 nacionales,
 
 latinoamericanas
 y
 mundiales.
 Se
 trata
 de
 confirmar,
 renovar
 y
 revitalizar
 la
 novedad
 del
 evangelio
 arraigado
 en
 nuestra
 historia,
 desde
 un
 encuentro
 personal
 y
 comunitario
 con
 Jesucristo,
 que
 suscite
 discípulos
 y
 misioneros.
 (Cf.
 DA
 11).
 No
 podemos
 desaprovechar
esta
hora
de
gracia.
¡Necesitamos
un
nuevo
Pentecostés!
(DA
548).
 
 b)
Misión
para
que
en
Cristo
nuestros
pueblos
tengan
Vida.
 
 Una
 de
 las
 novedades
 sobresalientes
 del
 documento
 conclusivo
 de
 la
 V
 Conferencia
 General
del
Episcopado
Latinoamericano
es
la
vigorosa
invitación
que
hace
a
la
misión
 entendida
como
comunicación
de
vida
plena
en
Cristo;
oferta
de
vida
que
integra
los
 legítimos
anhelos
de
una
vida
digna
orientándolos
hacia
una
vida
más
plena.
 
 De
esta
manera
el
contenido
fundamental
de
la
misión
propia
y
específica
de
la
Iglesia
 es
 comunicar
 la
 vida
 de
 Jesucristo
 a
 todas
 las
 personas
 (Cf
 DA
 386);
 los
 cristianos
 somos
portadores
de
buenas
noticias
para
la
humanidad
y
no
profetas
de
desventuras
 2
 

  3. 3. (DA
30)
y
tenemos
la
certeza
de
que
la
decisión
de
acoger
del
don
de
la
Vida
que
nos
 ofrece
Jesucristo
no
nos
hace
menos
felices,
ni
nos
pide
renunciar
a
nuestros
anhelos
 de
 vivir
 intensamente
 la
 vida
 en
 todas
 sus
 dimensiones,
 sino
 que
 nos
 ayuda
 a
 desarrollarnos
plenamente
y
a
disfrutar
más
y
mejor
de
la
existencia,
porque
el
Señor
 quiere
nuestra
felicidad
en
esta
tierra.
(DA
355).
 
 La
vida
plena
en
Cristo,
no
es
una
vida
que
se
encierra
en
un
sujeto,
sino
que
tiende
a
 comunicarse
 a
 otros.
 La
 vida
 feliz
 no
 se
 realiza
 en
 el
 aislamiento
 y
 en
 la
 comodidad
 individualista.
 La
 vida
 en
 plenitud
 incluye
 el
 legítimo
 disfrute
 de
 las
 cosas
 de
 este
 mundo
 (Cf.
 DA
 355)
 ya
 que
 implica
 el
 desarrollo
 pleno
 de
 la
 existencia
 humana
 en
 todas
 sus
 dimensiones:
 personal,
 familiar,
 social
 y
 cultural.
 Con
 ello
 Jesucristo
 se
 manifiesta
como
nuestro
Salvador
en
todos
los
sentidos
de
la
palabra
(Cf.
DA
356)
 
 «La
vida
en
Cristo
incluye
la
alegría
de
comer
juntos,
el
entusiasmo
de
 progresar,
el
gusto
por
trabajar
y
de
aprender,
el
gozo
de
servir
a
quien
 nos
 necesite,
 el
 contacto
 con
 la
 naturaleza,
 el
 entusiasmo
 de
 los
 proyectos
 comunitarios,
 el
 placer
 de
 una
 sexualidad
 vivida
 según
 el
 Evangelio
y
 todas
las
 cosas
que
el
Padre
 nos
regala
 como
 signos
 de
 su
 amor
sincero»
(DA
356)
 
 Es
necesario
aplicar
esta
convicción
en
la
pastoral
ordinaria,
pues
“no
se
concibe
que
se
 pueda
anunciar
el
Evangelio
sin
que
éste
ilumine,
infunda
aliento
y
esperanza,
e
inspire
 soluciones
adecuadas
a
los
problemas
de
la
existencia”
(DA
333),
cuidando
siempre
de
 ampliar
nuestros
horizontes,
como
Jesús
lo
hizo,
“a
la
Samaritana
le
da
más
que
agua
 del
pozo,
a
la
multitud
hambrienta
le
ofrece
más
que
el
alivio
del
hambre.
Se
entrega
El
 como
la
vida
en
abundancia”
Y
esta
vida
nueva
en
Cristo
nos
hace
participar
en
la
vida
 del
amor
del
Dios
Padre,
Hijo
y
Espíritu
Santo,
que
comienza
en
el
bautismo
y
llega
a
 su
plenitud
en
la
resurrección
final.
(Cf.
DA
357)
 
 c)
La
conversión
pastoral,
una
exigencia
de
la
Misión
 
 El
 sujeto
 de
 la
 misión
 es
 la
 comunidad
 de
 discípulos
 misioneros,
 que
 están
 en
 el
 mundo
y
no
están
exentos
de
ver
diluido
el
fervor
misionero.
Ya
Pablo
VI
lo
advertía
 hace
 35
 años
 al
 hablar
 de
 “la
 falta
 de
 fervor
 que
 se
 manifiesta
 en
 la
 fatiga
 y
 en
 la
 desilusión,
en
la
acomodación
al
ambiente
y
en
el
desinterés,
y
sobre
todo
en
la
falta
de
 alegría
y
de
esperanza”
(Cf.
EN
80).
El
documento
conclusivo
de
Aparecida,
haciéndose
 eco
 del
 discurso
 inaugural
 de
 Benedicto
 XVI
 dice
 “nuestro
 mayor
 amenaza
 es
 el
 gris
 pragmatismo
de
la
vida
cotidiana
de
la
Iglesia
en
la
cual
aparentemente
todo
procede
 con
 normalidad,
 pero
 en
 realidad
 la
 fe
 se
 va
 desgastando
 y
 degenerando
 en
 mezquindad”
(Cf.
DA
12)
 
 Aparecida
 nos
 pide
 ser
 sinceros
 con
 nosotros
 mismos,
 nos
 invita
 a
 reconocer
 el
 debilitamiento
de
la
vida
cristiana
(DA
100b)
y
la
realidad
de
una
evangelización
que
 se
hace
con
poco
ardor
(DA
100c).
Esto
podría
explicarse
por
una
asimilación
de
los
 discípulos
a
una
cultura
marcada
por
una
tendencia
generalizada
a
que
cada
sujeto
se
 encierre
 en
 el
 mundo
 de
 su
 cómoda
 privacidad.
 “Suele
 suceder
 –dice
 Aparecida‐
 que
 3
 

  4. 4. defendemos
 demasiado
 nuestros
 espacios
 de
 privacidad
 y
 disfrute,
 y
 nos
 dejamos
 contagiar
 fácilmente
 por
 el
 consumismo
 individualista.
 Por
 eso,
 nuestra
 opción
 por
 los
 pobres
 corre
 el
 riesgo
 de
 quedarse
 en
 el
 plano
 teórico
 o
 meramente
 emotivo,
 sin
 verdadera
incidencia
e
nuestros
comportamientos
y
decisiones.”
(DA
397)
 
 Hoy
es
necesario
comunicar
los
valores
evangélicos
de
manera
positiva
y
propositiva
 (DA
 497),
 con
 la
 fuerza
 del
 testimonio
 
 (Cf
 DA
 159);
 con
 nuestra
 capacidad
 de
 reconocer
los
legítimos
anhelos
de
dignidad
y
de
felicidad
de
nuestros
pueblos

y
de
 mostrarles
cómo
la
misma
Palabra
de
Dios
incita
a
una
vida
digna
y
feliz;
con
nuestra
 certeza
 de
 que
 la
 vida
 cristiana
 sólo
 se
 profundiza
 y
 desarrolla
 en
 la
 comunión
 fraterna
(DA
110)
 
 La
 constatación
 de
 que
 la
 vida
 de
 muchas
 personas
 no
 corresponde
 al
 proyecto
 del
 Reino
de
la
vida
es
una
permanente
provocación
que
desafía
y
desinstala
a
quien
ha
 recibido
la
vida
en
Cristo.
 
 “Las
condiciones
de
vida
de
muchos
abandonados,
excluidos
e
ignorados
en
su
miseria
y
 dolor;
 contradicen
 este
 proyecto
 del
 Padre
 e
 interpelan
 a
 los
 creyentes
 a
 un
 mayor
 compromiso
a
favor
de
la
cultura
de
la
vida.
El
Reino
de
vida
que
Cristo
vino
a
traer
es
 incompatible
con
esas
situaciones
inhumanas.
Si
pretendemos
cerrar
los
ojos
ante
estas
 realidades
 no
somos
 defensores
de
la
vida
del
Reino
 y
nos
 situamos
 en
 el
 camino
 de
la
 muerte.”
(DA
358)
 
 Por
 ello
 la
 Conferencia
 del
 Episcopado
 Mexicano
 se
 propone
 como
 finalidad
 de
 su
 objetivo
«contribuir
a
la
reconstrucción
del
tejido
social
siendo
constructores
de
justicia
 y
paz
en
el
país»
 
 
 2º.
El
Objetivo
de
la
CEPS
para
el
trienio
2009­2012
 
 En
la
perspectiva
de
este
horizonte
que
orientará
los
trabajos
de
la
CEM
en
el
presente
 trienio,
 los
 Obispos
 de
 la
 Comisión
 Episcopal
 para
 la
 Pastoral
 Social
 nos
 hemos
 propuesto
 como
 objetivo:
 «Servir
 a
 la
 colegialidad
 episcopal
 y
 a
 la
 comunión
 de
 las
 Iglesias,
animando,
desarrollando
y
promoviendo
la
pastoral
social
integral,
orgánica
y
 estructurada,
 en
 el
 horizonte
 de
 la
 misión
 continental
 en
 México,
 para
 que
 en
 Cristo
 nuestro
pueblo
tenga
vida
digna.»
 
 Quisiera
destacar
algunos
elementos
de
este
objetivo.
 
 a)
Promover
la
pastoral
social
integral,
orgánica
y
estructurada
 
 Un
pastoral
social
integral
 
 La
 pastoral
 social
 en
 el
 horizonte
 de
 la
 misión
 continental
 esta
 llamada
 a
 ser
 una
 pastoral
social
integral,
esto
implica
armonizar
todas
sus
dimensiones
en
unidad
vital
 (DA
 279).
 Esta
 característica
 nos
 lleva
 a
 fijarnos
 en
 dos
 
 aspectos
 fundamentales:
 la
 4
 

  5. 5. unidad
vital
de
la
acción
evangelizadora
y
la
unidad
vital
del
sujeto
e
interlocutor
que
 son,
la
comunidad
y
la
persona.
 
 La
 unidad
 vital
 de
 la
 acción
 evangelizadora
 exige
 incluir
 todos
 los
 elementos
 constitutivos
 de
 la
 evangelización.
 “Toda
 la
 Iglesia,
 en
 todo
 su
 ser
 y
 obrar,
 cuando
 anuncia,
 celebra
 y
 actúa
 en
 la
 caridad,
 tiende
 a
 promover
 el
 desarrollo
 integral
 del
 hombre”1
 
 Al
mismo
tiempo
la
unidad
vital
de
la
acción
evangelizadora
exige
llevar
el
anuncio
del
 Evangelio
 a
 todo
 el
 hombre
 y
 a
 todos
 los
 hombres,
 promoviendo
 el
 paso
 de
 condiciones
de
vida
menos
humanas
a
condiciones
de
vida
más
humanas.
“El
auténtico
 desarrollo
 del
 hombre
 concierne
 de
 manera
 unitaria
 a
 la
 totalidad
 de
 la
 persona
 en
 todas
sus
dimensiones.”2
 
 Una
pastoral
social
orgánica
 
 La
 Iglesia
 es
 comunión
 en
 el
 amor
 (DA
 161),
 en
 ella
 la
 diversidad
 de
 carismas
 ministerios
 y
 servicios
 abre
 el
 horizonte
 al
 ejercicio
 cotidiano
 de
 la
 comunión
 y
 nos
 exige
 el
 desarrollo
 práctico
 de
 la
 unidad
 orgánica
 (DA
 162).
 
 La
 comunión
 es
 misionera
 y
 la
 misión
 es
 para
 la
 comunión;
 estamos
 llamados
 a
 la
 santidad
 en
 la
 comunión
y

la
misión
(DA
163).
 
 La
Diócesis,
presidida
por
el
Obispo,
es
el
primer
ámbito
de
la
comunión
y
la
misión.
 Debe
 impulsar
 y
 conducir
 una
 acción
 pastoral
 orgánica
 renovada
 y
 vigorosa,
 de
 manera
 que
 la
 variedad
 de
 carismas,
 ministerios,
 servicios
 y
 organizaciones
 se
 orienten
en
un
mismo
proyecto
misionero
para
comunicar
vida
en
el
propio
territorio.

 
 Este
 proyecto,
 que
 surge
 de
 un
 camino
 de
 variada
 participación,
 hace
 posible
 la
 pastoral
orgánica,
capaz
de
dar
respuesta
a
los
nuevos
desafíos.
Un
proyecto
sólo
es
 eficiente
si
cada
comunidad
cristiana,
cada
parroquia,
cada
comunidad
educativa,
cada
 comunidad
 de
 vida
 consagrada,
 cada
 asociación
 o
 movimiento
 y
 cada
 pequeña
 comunidad
se
insertan
activamente
en
la
pastoral
orgánica
de
cada
diócesis.
Cada
uno
 está
llamado
a
evangelizar
de
un
modo
armónico
e
integrado
en
el
proyecto
pastoral
 de
la
Diócesis.
(DA
169)
 
 Una
pastoral
social
estructurada
 
 Si
 la
 organicidad
 de
 la
 acción
 pastoral
 asegura
 encauzar
 todas
 las
 energías
 y
 los
 esfuerzos
 apostólicos
 para
 que
 confluyan
 en
 comunión
 en
 el
 gran
 impulso
 de
 la
 evangelización,
 la
 estructuración
 de
 la
 acción
 pastoral
 asegura
 que
 la
 misión
 apostólica
 cuente
 con
 los
 servicios
 de
 la
 animación
 y
 la
 coordinación
 pastoral
 de
 acuerdo
 a
 la
 naturaleza
 de
 las
 estructuras
 eclesiales
 que
 están
 animadas
 por
 los
 principios
básicos
de
colegialidad
y
comunión.
 




























































 1 
Benedicto
XVI,
Carta
encíclica
Caritas
in
veritate,
No.
11.
 2 
Ibídem.
 5
 

  6. 6. 
 Las
 estructuras
 pastorales
 son
 un
 conjunto
 de
 relaciones
 y
 servicios,
 distribuidos
 y
 dispuestos
en
interrelación,
para
dar
soporte
y
consistencia
al
cuerpo
eclesial
y
a
su
 acción
 pastoral.
 Fortalecer
 una
 pastoral
 social
 estructurada
 implica
 situar
 esta
 tarea
 fundamental
 de
 la
 evangelización
 en
 el
 dinamismo
 y
 naturaleza
 propia
 de
 la
 parroquia,
 de
 la
 diócesis,
 de
 la
 Provincia
 eclesiástica
 y
 de
 la
 Conferencia
 del
 Episcopado
 Mexicano,
 impulsando
 conforme
 a
 la
 identidad
 de
 cada
 una
 de
 estas
 estructuras
los
servicios
de
animación
pastoral,
por
los
que
se
sostiene
en
el
aliento
de
 un
 mismo
 Espíritu
 la
 acción
 evangelizadora
 y
 los
 servicios
 de
 coordinación
 pastoral
 por
 los
 que
 se
 asegura
 que
 el
 dinamismo
 del
 Espíritu
 encuentre
 cauces
 adecuados,
 ordenados
y
operativos.
 
 b)
En
el
horizonte
de
la
misión
continental
 
 Como
 he
 señalado
 antes,
 una
 de
 las
 dimensiones
 de
 la
 misión
 continental
 es
 la
 vida
 digna,
 en
 Cristo,
 de
 nuestros
 pueblos.
 Bastaría
 que
 nos
 detuviéramos
 a
 considerar
 atentamente
 los
 rostros
 de
 los
 pobres
 enumerados
 en
 el
 documento
 conclusivo
 de
 Aparecida
para
que
nos
veamos
desbordados
en
nuestras
capacidades
y
posibilidades
 reales
de
responder
a
los
desafíos
que
nos
presentan
las
difíciles
condiciones
para
la
 vida
digna
que
enfrentan
millones
de
hermanos
nuestros.
 
 Los
 esfuerzos
 que
 hagamos
 por
 integrar
 las
 distintas
 tareas
 y
 dimensiones
 de
 la
 pastoral
social
nos
ayudará
a
evitar
la
dispersión
de
los
esfuerzos
y
la
poca
incidencia
 de
nuestras
débiles
respuestas.
 
 Para
ello,
en
la
Comisión
Episcopal
de
Pastoral
Social
nos
hemos
propuesto
asumir
el
 criterio
de
transversalidad,
que
nos
permita
hacer
coincidir
los
esfuerzos
que
realiza
 cada
dimensión

de
la
CEPS.
Este
criterio
nos
pide
asumir
las
tareas
que
requieren
de
 una
acción
conjunta
y
que
tendrían
que
ser
abordadas
de
manera
integral,
orgánica
y
 estructurada.

 
 Ello
nos
pone
el
reto
de
no
parcializar,
ni
fragmentar;
de
superar
la
tentación
de
estar
 pensando
 “¿Quién
 es
 el
 más
 importante?”;
 de
 superar
 visiones
 reductivas
 o
 absolutistas
 de
 la
 pastoral;
 de
 articular
 nuestros
 esfuerzos
 para
 actuar
 como
 cuerpo
 eclesial
y
todo
ello
se
logrará
con
una
comprensión
compartida
de
la
naturaleza
de
la
 misión
evangelizadora
de
la
Iglesia
y
de
su
dimensión
social.
 
 Las
tareas
que
consideramos
pertinente
asumir
transversalmente
durante
este
trienio
 son:
 
 i. La
Construcción
de
la
paz.

Porque
urge
que
todos
los
discípulos
misioneros
 de
 Jesucristo,
 en
 la
 riqueza
 de
 carismas,
 ministerios
 y
 vocaciones,
 asumamos
 6
 

  7. 7. unidos
los
grandes
desafíos
de
la
inseguridad
y
violencia
ponen
a
la
misión
de
 la
Iglesia
en
la
construcción
de
la
paz.3
 
 ii. El
Cambio
climático.
Porque
la
Iglesia
tiene
una
responsabilidad
respecto
a
la
 creación
y
se
siente
en
el
deber
de
ejercerla
también
en
el
ámbito
público,
para
 defender
la
tierra,
el
agua
y
el
aire,
dones
de
Dios
Creador
para
todos,
y
sobre
 todo
para
proteger
al
hombre
frente
al
peligro
de
la
destrucción
de
sí
mismo.4
 
 iii. La
 atención
 a
 la
 pobreza.
 Porque
 Dar
 de
 comer
 a
 los
 hambrientos
 (cf.
 Mt
 25,35.37.42)
 es
 un
 imperativo
 ético
 para
 la
 Iglesia
 universal,
 que
 responde
 a
 las
 enseñanzas
 de
 su
 Fundador,
 el
 Señor
 Jesús,
 sobre
 la
 solidaridad
 y
 el
 compartir.
 Además,
 en
 la
 era
 de
 la
 globalización,
 eliminar
 el
 hambre
 en
 el
 mundo
 se
 ha
 convertido
 también
 en
 una
 meta
 que
 se
 ha
 de
 lograr
 para
 salvaguardar
la
paz
y
la
estabilidad
del
planeta.5
 
 iv. Fortalecimiento
de
la
democracia
y
de
la
participación
ciudadana.
Porque
 la
 construcción
 de
 
 un
 orden
 social
 justo,
 exige
 la
 participación
 de
 los
 discípulos
misioneros
de
Jesucristo
que
también
son
ciudadanos,
para
impulsar
 la
 participación
 de
 la
 sociedad
 civil
 en
 la
 reorientación
 y
 consiguiente
 rehabilitación
ética
de
la
política.6
 
 Junto
con
estas
cuatro
tareas,
consideramos
también
como
eje
estratégico
transversal
 la
 Comunicación
 Social.
 Pues
 la
 misión
 implica
 el
 anuncio
 del
 Mensaje
 y
 los
 mensajeros,
junto
con
su
testimonio,
no
pueden
prescindir
hoy
de
los
recursos
para
la
 comunicación
que
la
inteligencia
humana
pone
a
su
alcance.
Hoy
una
de
las
formas
de
 hacer
 pastoral
 social
 es
 incidir
 en
 la
 opinión
 pública
 y
 no
 lo
 podremos
 hacer
 si
 no
 contamos
con
habilidades
en
los
medios
de
comunicación.
 
 3º.
Nuestro
Encuentro
Nacional
2010
 
 En
este
amplio
horizonte
en
el
que
se
ubican
las
tareas
para
la
CEPS
ubicamos
nuestro
 Encuentro
 Nacional,
 espacio
 propicio
 para
 el
 fortalecimiento
 de
 la
 pastoral
 social
 en
 nuestro
 país,
 a
 través
 de
 la
 convivencia
 fraterna,
 del
 estudio
 y
 la
 oración,
 y
 del
 intercambio
de
experiencias.
 
 El
 tema
 general
 que
 abordaremos
 desde
 diferentes
 perspectivas,
 guiados
 por
 el
 criterio
 de
 transversalidad
 es
 el
 Cambio
 Climático.
 No
 me
 entretengo
 en
 él,
 porque
 juntos,
 a
 lo
 largo
 de
 esta
 semana,
 nos
 enriqueceremos
 con
 el
 conocimiento
 y
 la
 experiencia
de
muchas
personas,
de
distintos
sectores
que
compartirán
con
nosotros
 




























































 3 
Cf.
Conferencia
del
Episcopado
Mexicano,
Exhortación
pastoral,
Que
en
Cristo
nuestra
paz,
México
tenga
 vida
digna,
Nos.
230f,
252.
 4 
Cf.
Benedicto
XVI,
Carta
encíclica
Caritas
in
Veritate,
No.
51.

 5 
Cf.
Benedicto
XVI,
Carta
encíclica
Caritas
in
Veritate,
No.
27.
 6 
Conferencia
del
Episcopado
Mexicano,
Mensaje
No
hay
democracia
verdadera
y
estable
sin
participación
 ciudadana
y
justicia
social,
No.
23.
 7
 

  8. 8. distintos
 enfoques
 para
 sensibilizarnos
 en
 este
 tema
 que
 debemos
 colocar
 con
 urgencia
en
la
agenda
de
nuestra
pastoral
social.
 
 Sí
 puedo
 anticiparles
 que
 los
 Obispos
 de
 la
 Comisión
 Episcopal
 de
 Pastoral
 Social,
 estamos
preparando,
con
la
anuencia
del
Consejo
Permanente
de
la
CEM
un
mensaje
 sobre
 el
 Cambio
 Climático,
 que
 daremos
 a
 conocer
 en
 los
 próximos
 meses
 en
 el
 que
 queremos
 ofrecer
 nuestro
 discernimiento,
 iluminado
 por
 el
 evangelio
 y
 la
 doctrina
 social
de
la
Iglesia,
para
orientar
la
respuesta
de
la
pastoral
social
a
los
desafíos
que
 este
signo
de
los
tiempos
pone
delante
de
nosotros.
 
 Sean
todos
bienvenidos
y
que
los
trabajos
de
este
Encuentro
sean
para
mayor
gloria
 de
Dios.
 
 8
 


×