Evangelio Domingo XV d.a. - Ciclo A
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Evangelio del Domingo 10 de Julio de 2011. Autora: Asun Gutiérrez.

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Evangelio Domingo XV d.a. - Ciclo A Evangelio Domingo XV d.a. - Ciclo A Presentation Transcript

  • Las parábolas tomadas de la naturaleza hacen que el Reino de Dios apele a todos los sentidos. Huelo una rosa y huelo el Reino de Dios. Gusto del pan y gusto del Reino de Dios. Camino por un colorido campo en flor y palpo el Reino en el que todo puede crecer y desarrollarse, el Reino en el que hay suficiente para todos. José Arregi Mateo 13, 1-23 // 15 Tiempo Ordinario A. Comentarios y presentación: Asun Gutiérrez. Música: Aire de la mañana.
  • 1 Aquel día, Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar. 2 Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa. 3 Entonces él les habló extensamente por medio de parábolas. Jesús sale al encuentro de las personas. Las espera, se deja encontrar. Se dirige a todos, desde el lago, en el ambiente habitual de quienes lo escuchan. No necesita un púlpito especial. Utiliza parábolas, comparaciones tomadas de la vida cotidiana, como forma corriente de enseñanza para la gente sencilla, para hacer comprensible su mensaje acerca del Reino de Dios; cómo es, cómo llega, qué produce. Son un mensaje de ánimo, fe y esperanza. Jesús, con las parábolas, convierte en buena noticia los acontecimientos de cada día.
  • Les decía: El sembrador salió a sembrar. El Reino que Jesús anunciaba sigue siendo actual. El sembrador es Jesús y nos invita a confiar en Él y en su Palabra. Jesús nos anima a ser sembradores esperanzados y nos recomienda recibir y ofrecer cada día semillas del Reino: palabras, miradas, encuentros, silencios, armonía, fraternidad, amabilidad, bondad, ayudas, comentarios constructivos, ejemplo de personas buenas, Buena Noticia...
  • 4 Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron. 5 Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida porque la tierra era poco profunda, 6 pero cuando salió el sol se quemaron y, por falta de raíz, se secaron. 7 Otras cayeron entre espinas, y éstas, al crecer, las ahogaron. Lo fundamental son las distintas actitudes con que se acoge el Evangelio. Es importante examinar qué pájaros, qué dificultades, qué zarzas: ¿la rutina, la falta de interés, la mentira, la superficialidad, el egoísmo, la prepotencia?... ahogan e impiden el crecimiento de la Palabra de Dios en mi vida. ¿Siento que Jesús siembra en mí su Palabra? ¿Siembro la Palabra? ¿La ahogo? ¿La cultivo? ¿La hago vida?
  • 8 Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta. 9 ¡El que tenga oídos, que oiga! La buena tierra son las buenas personas, que abundan en el mundo y que trabajan para lograr una vida más feliz, más justa, más solidaria para todos. Son las personas que reciben el Reino y lo hacen germinar, en forma de alegría, paz, fraternidad, compasión... Las que hacen presente el Reino en medio de la vida cotidiana.
  • 10 Los discípulos se acercaron y le dijeron: “¿Por qué les hablas por medio de parábolas?” 11 Él les respondió: “A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. 12 Porque a quien tiene, se le dará más todavía y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. 13 Por eso les hablo por medio de parábolas: porque miran y no ven, oyen y no escuchan ni entienden. Jesús describe a su auditorio en un contexto de oposición. Ante sus palabras se dan dos actitudes incompatibles, la acogida o el rechazo. Ante el Reino no caben decisiones intermedias. La Palabra nos interpela personalmente, si la dejamos resonar. Nos ilumina, nos ayuda a discernir, nos estimula, nos compromete. Nos enseña a VER y a ESCUCHAR. Es decisión libre y personal acoger o rechazar la Persona y la Palabra de Jesús. Rechazo Acogida
  • 14 De esta manera se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: Por más que oigan, no comprenderán; por más que vean, no conocerán. 15 Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido, tienen tapados sus oídos y han cerrado sus ojos, para que sus ojos no vean, y sus oídos no oigan, y su corazón no comprenda, y no se conviertan, y yo no los cure. Jesús habla para que todos lo entiendan. En las personas, y en las comunidades, que voluntariamente cierran los ojos, los oídos y el corazón a su Palabra, se cumple la profecía que anunciaba Isaías.
  • 16 Felices, en cambio, los ojos de ustedes, porque ven; felices sus oídos, porque oyen. 17 Les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven, y no lo vieron; oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron. Jesús llama dichosos a quienes abren sus ojos y sus oídos para escuchar su mensaje y ven en sus signos la llegada del reino. Jesús en todas las cosas y en todas las situaciones ve y escucha al Padre. Es cuestión de tener los oídos bien atentos y los ojos y el corazón limpios y despiertos. ¿Mis palabras, mi forma de actuar, hace que las personas oigan y vean el mensaje Jesús?
  • La explicación de la parábola pertenece a una reflexión posterior de las comunidades cristianas. Es una exhortación a los cristianos de la comunidad de Mateo, y a todas las comunidades posteriores, para que la acogida primera del Evangelio no sea ahogada por las dificultades que vayan surgiendo en el camino. Todos estamos llamados a conocer, a entender y poner en práctica el mensaje liberador de Jesús. 18 Escuchen, entonces, lo que significa la parábola del sembrador.
  • 19 Cuando alguien oye la Palabra del Reino y no la comprende, viene el maligno y arrebata lo que había sido sembrado en su corazón: éste es el que recibió la semilla al borde del camino. 20 El que la recibe en terreno pedregoso es el hombre que, al escuchar la Palabra, la acepta en seguida con alegría, 21 pero no la deja echar raíces, porque es inconstante: en cuanto sobreviene una tribulación o una persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumbe. 22 El que recibe la semilla entre espinas es el hombre que escucha la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas la ahogan, y no puede dar fruto. Para que seamos libres y felices, Jesús nos pone en guardia ante la posibilidad de que dejemos crecer en nuestro corazón otras cosas distintas de la semilla de la Palabra. Ataduras de las que nos cuesta liberarnos. El peor y más sutil rechazo del Reino es aceptarlo de palabra, pero negarlo con la forma de actuar. El Reino crece en la apertura y disponibilidad total.
  • 23 Y el que la recibe en tierra fértil es el hombre que escucha la Palabra y la comprende. Éste produce fruto, ya sea cien, ya sesenta, ya treinta por uno. Nuestra misión es sembrar con constancia, generosidad e ilusión, comunicar la Palabra liberadora, transmitir la Buena Noticia de Jesús con nuestra vida. El Sembrador se encargará de que la siembra sea eficaz y produzca fruto abundante.  
  • Semillas del Reino Sois semillas del Reino plantadas en la historia. Sois buenas y tiernas, llenas de vida. Os tengo en mi mano, os acuno y quiero, y por eso os lanzo al mundo. No tengáis miedo a tormentas ni sequías a pisadas ni espinos. Bebed de los pobres y empapaos de mi rocío. Fecundaos, reventad, no os quedéis enterrados. Floreced y dad fruto. Dejaos mecer por el viento. Que todo viajero que ande por sendas y caminos, buscando o perdido, al veros, sienta un vuelco y pueda amaros. ¡Sois semillas de mi Reino! ¡Somos semillas de tu Reino! Ulibarri Fl.