Evangelio 18 de Septiembre 2011

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XXV Domingo d.a. - Ciclo a. Autora: Asun Gutiérrez.

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Evangelio 18 de Septiembre 2011

  1. 1. La única respuesta adecuada a la llegada del Reino es el amor. El modo de ser y de actuar de Dios ha de ser el programa para todos. Un Dios compasivo está pidiendo a sus hijos e hijas una vida inspirada por la compasión. Construir la vida tal como la quiere Dios sólo es posible si se hace del amor un imperativo absoluto. José Antonio Pagola. “ Jesús: aproximación histórica” Texto: Mateo 20, 1-16 // 25 Tiempo Ordinario –A- Comentarios y presentación: Asun Gutiérrez.
  2. 2. 1 Porque el Reino de los Cielos se parece a un propietario que salió muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña. 2 Trató con ellos un denario por día y los envió a su viña. Parábola exclusiva de Mateo. Muestra la situación de su comunidad, donde los judíos, que se consideraban con todos los derechos y “titulares” de la promesa, se preguntaban si debían aceptar a las personas gentiles que se iban incorporando a la comunidad. Como todas las parábolas, cuestiona, incomoda y sorprende.
  3. 3. 3 Volvió a salir a media mañana y, al ver a otros desocupados en la plaza, 4 les dijo: «Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo que sea justo». 5 Y ellos fueron. Volvió a salir al mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. 6 Al caer la tarde salió de nuevo y, encontrando todavía a otros, les dijo: «¿Cómo se han quedado todo el día aquí, sin hacer nada?». 7 Ellos les respondieron: «Nadie nos ha contratado». Entonces les dijo: «Vayan también ustedes a mi viña». El único dueño de la viña tiene trabajo para todos y a todas horas. En la viña hay cabida y tarea para todos, sin ningún tipo de privilegios, diferencias ni excepción. La viña -comunidad de Jesús- en la que sólo pueden trabajar unas pocas personas, en la que exista cualquier tipo de discriminación, tiene poco que ver con la viña que Jesús quiere y presenta en la parábola.
  4. 4. 8 Al terminar el día, el propietario llamó a su mayordomo y le dijo: «Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando por los últimos y terminando por los primeros». 9 Fueron entonces los que habían llegado al caer la tarde y recibieron cada uno un denario. Cada persona tiene su hora, su día, su edad..., de ver y aceptar su encuentro con Jesús. El dueño de la viña no paga por trabajo realizado, ni por horas, sino por la disponibilidad, por la actitud, la apertura y acogida a su invitación.
  5. 5. 10 Llegaron después los primeros, creyendo que iban a recibir algo más, pero recibieron igualmente un denario. 11 Y al recibirlo, protestaban contra el propietario, 12 diciendo: «Estos últimos trabajaron nada más que una hora, y tú les das lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el peso del trabajo y el calor durante toda la jornada». <ul><li>Las únicas personas que protestan son las que saben desde el principio lo que van a ganar. No se quejan de haber padecido una injusticia -recibieron el denario acordado-, se quejan de lo que reciben los demás. </li></ul><ul><ul><li>Sienten envidia de que todos sean tratados igual que ellos. No soportan la falta de distinción. Lo que les molesta no es recibir una paga insuficiente, sino el comprobar que el Señor es bueno con todos. Es la actitud de las personas que se creen justas, con méritos y derechos ante Dios y se relacionan con Él en términos mercantilistas, </li></ul></ul><ul><ul><li>intentando comprar SU salvación. </li></ul></ul>
  6. 6. 13 El propietario respondió a uno de ellos: «Amigo, no soy injusto contigo, ¿acaso no habíamos tratado en un denario? 14 Toma lo que es tuyo y vete. Quiero dar a este que llega último lo mismo que a ti. 15 ¿No tengo derecho a disponer de mis bienes como me parece? <ul><ul><li>La parábola va al corazón del mensaje de Jesús: el amor libre y gratuito del Padre y la forma de actuar de las personas que se creen justas ante Él. El texto no trata de dar una lección de justicia social en las relaciones laborales , sino de presentarnos, una vez más, el retrato de un Dios que es bondad y misericordia. Sobresale el valor de la justicia –se paga el salario acordado- y el de la generosidad –se da más de lo esperado-. ¿Están presentes esos valores en mi vida y en mi relación con los demás? No es una invitación a &quot;llegar tarde&quot; o a trabajar menos, sino a evitar la tentación de proyectar sobre Dios nuestros cálculos y nuestras medidas. Los caminos y los planes de Dios son distintos de los nuestros y siempre sorprendentes (Primera lectura). </li></ul></ul>
  7. 7. ¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?» La bondad de Dios desborda la justicia. Dios es bondad, pura gratuidad, pura gracia, más allá de todo interés, de toda ley. No actúa según nuestros méritos, ni nuestra lógica, sino según su bondad. Jesús, y el ejemplo que nos da con su propia vida, nos enseña e invita a vivir con un corazón generoso y bondadoso en nuestra relación con los demás. ¿Tiendo a poner barreras a la generosidad y bondad de Dios? ¿Agradezco la bondad de Dios y la contagio? ¿Soy propenso a los celos y a la envidia? ¿Pienso que merezco más premio y recompensa que los demás? ¿Alabo y valoro las acciones y cualidades de las personas? Contra todas las apariencias, sólo la bondad y la gratuidad pueden mover al mundo.
  8. 8. 16 Así, los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos. “ Los últimos y los primeros” nos puede dar una pista de la diferencia entre nuestras maneras de juzgar y valorar y la manera de juzgar y valorar de Dios. Es el cambio radical de situación que trae consigo la llegada del Reino, que propone un nuevo modelo y sistema de relación y convivencia humana, basado, no en el rendimiento y la correspondiente compensación, sino en la gratuidad, la bondad y el amor. ¿Quiénes son los últimos en nuestra sociedad, en nuestro entorno, en la Iglesia? ¿Qué hago para que sean los primeros?
  9. 9. A tu manera Saliste, Señor, en la madrugada de la historia a buscar obreros para tu viña. Y dejaste la plaza vacía –sin paro-, ofreciendo a todos trabajo y vida -salario, dignidad y justicia- Saliste a media mañana, saliste a mediodía y a primera hora de la tarde, volviste a recorrerla entera. Saliste, por fin, cuando el sol declinaba, y a los que nadie había contratado te los llevaste a tu viña, porque se te revolvieron las entrañas viendo tanto trabajo en tu hacienda, viendo a tantos parados que querían trabajo -salario, dignidad y justicia- y estaban condenados todo el día a no hacer nada. Al anochecer cumpliste tu palabra. A todos diste salario digno y justo, según el corazón y las necesidades te dictaban. Quienes menos se lo esperaban fueron los primeros en ver sus manos llenas; y aunque algunos murmuraron, no cambiaste tu política evangélica. Señor, sé, como siempre, justo y generoso, compasivo y rico en misericordia, enemigo de prejuicios y clases, y espléndido en tus dones. Gracias por darme trabajo y vida, dignidad y justicia a tu manera... no a la mía. Ulibarri Fl.

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