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Hermosas criaturas

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Un libro de Kami Garcia y Margareth Sthol... Una saga de las 16 lunas.. Muy interesante, que si te cuento un poco, no tendrá chiste leerlo... …

Un libro de Kami Garcia y Margareth Sthol... Una saga de las 16 lunas.. Muy interesante, que si te cuento un poco, no tendrá chiste leerlo...

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  • 1. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Grupo de Traducción: Rania, Evelin, Caty, Clo, Sawi, romi.i, y PaolaS. Transcripción: Andrea. Grupo de Corrección: Gemma, Anne2426, Rossmary, Aleexa.mp y Lily*~. Recopilación: Gemma. Diseño: Liz. El presente documento fue elaborado en el Foro Purple Rose, el cual tiene como finalidad impulsar la lectura hacia aquellas regiones de habla hispana en las cuales son escasas o nulas las publicaciones, cabe destacar que dicho documento fue elaborado sin fines de lucro, así que se le agradece a todas las colaboradoras las cuales pusieron su granito de arena para sacar adelante este proyecto. También van dirigidos agradecimientos especiales a todas las lectoras que se interesan en nuestras traducciones no oficiales. 2
  • 2. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas 3
  • 3. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas FRAGMENTO _______________________________________________________________________________________ 5 CAPITULO 1 _____________________________________________________________________________________ 6 CAPITULO 2 _____________________________________________________________________________________ 8 CAPITULO 3 ____________________________________________________________________________________ 14 CAPITULO 4 ____________________________________________________________________________________ 22 CAPITULO 5 ____________________________________________________________________________________ 35 CAPITULO 6 ____________________________________________________________________________________ 43 CAPITULO 7 ____________________________________________________________________________________ 51 CAPITULO 8 ____________________________________________________________________________________ 65 CAPITULO 9 ____________________________________________________________________________________ 83 CAPITULO 10 __________________________________________________________________________________ 106 CAPITULO 11 __________________________________________________________________________________ 114 CAPITULO 12 __________________________________________________________________________________ 124 CAPITULO 13 __________________________________________________________________________________ 142 CAPITULO 14 __________________________________________________________________________________ 155 CAPITULO 15 __________________________________________________________________________________ 165 CAPITULO 16 __________________________________________________________________________________ 175 CAPITULO 17 __________________________________________________________________________________ 193 CAPITULO 18 __________________________________________________________________________________ 213 CAPITULO 19 __________________________________________________________________________________ 220 CAPITULO 20 __________________________________________________________________________________ 235 CAPITULO 21 __________________________________________________________________________________ 254 CAPITULO 22 __________________________________________________________________________________ 260 CAPITULO 23 __________________________________________________________________________________ 266 CAPITULO 24 __________________________________________________________________________________ 277 CAPITULO 25 __________________________________________________________________________________ 289 CAPITULO 26 __________________________________________________________________________________ 303 CAPITULO 27 __________________________________________________________________________________ 318 CAPITULO 28 __________________________________________________________________________________ 339 CAPITULO 29 __________________________________________________________________________________ 342 CAPITULO 30 __________________________________________________________________________________ 350 CAPITULO 31 __________________________________________________________________________________ 365 CAPITULO 32 __________________________________________________________________________________ 392 CAPITULO 33 __________________________________________________________________________________ 401 CAPITULO 34 __________________________________________________________________________________ 414 CAPITULO 35 __________________________________________________________________________________ 438 BIOGRAFIA ______________________________________________________________________________________ 446 4
  • 4. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas 5
  • 5. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Antes EN MEDIO DE LA NADA H abía sólo dos tipos de personas en nuestro pueblo. —Los estúpidos y los atascados—. Mi padre había clasificado afectuosamente a nuestros vecinos. —Los que están obligados a quedarse o los que son muy imbéciles para marcharse. Todos los demás encuentran una razón para irse. No quedaba duda del grupo en el que él se encontraba, pero nunca tuve el valor para preguntar por qué. Mi padre es un escritor y nosotros vivimos en Gaitlin, Carolina del Sur, porque los Wates siempre lo han hecho, desde que mi tátara—tátara—tátara abuelo, Ellis Wate, luchó y murió del otro lado del río Santee durante la guerra civil. La gente de aquí abajo eran los únicos que no la llamaban Guerra Civil. Todas las personas menores de sesenta años la llaman la Guerra entre los Estados, mientras que cualquiera de más de sesenta la llama la Guerra de la Agresión Norteña, como si alguien del norte hubiera envuelto al sur en una guerra por una mala cosecha de algodón. Todos, y eso quiere decir todos, excepto mi familia. Nosotros la llamamos Guerra Civil. Otra razón por la que no podía esperar para largarme de aquí. Gaitlin no es como los pequeños pueblos que ves en las películas, a menos que sea una película de hace cincuenta años. Estábamos demasiado lejos de Charleston para tener un Starbucks o un Mc Donald‘s. Todo lo que teníamos era el Rey de los lácteos, y el 6
  • 6. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas nombre del local estaba incompleto en el aviso, ya que los Gentrys habían sido demasiado tacaños para comprar todas las letras. La biblioteca aún funcionaba con un sistema de fichas, la escuela aún tenía pizarras con pintura verde, y nuestra piscina pública era el lago Moultrie, con todo y su agua turbia y tibia. Podías ver una película en el Cineplex más o menos en la misma época que salía a la venta el DVD, pero para eso tendrías que conseguir que te llevaran hasta Summerville, hasta la Universidad del estado. Las tiendas estaban en la calle Main, las casas bonitas en River y todos los demás vivíamos al sur de la ruta nueve, donde el pavimento se desintegraba en pequeñas piedritas de concreto— terribles para caminar—, pero perfectas para lanzárselas a las zarigüeyas rabiosas, los animales más malvados que existen. Uno nunca ve eso en las películas. Gaitlin no era un lugar complicado, Gaitlin era simplemente Gaitlin. Los vecinos vigilaban desde sus porches durante los insoportables veranos, sofocándose sin razón. No tenía sentido. Nada cambiaba nunca. Mañana sería mi primer día en la escuela Stonewall Jackson, y ya sabía todo lo que iba a pasar— dónde me iba a sentar, a quién le iba a hablar, las bromas, las chicas, quién iba a parquear y dónde. No había sorpresas en el Condado de Gaitlin, nosotros estábamos en medio de la nada. Por lo menos eso era lo que yo pensaba, mientras cerraba mi gastada copia de Casa del terror 5, apagaba mi iPod y desconectaba la luz, ese último día de verano. Resultó que no podía estar más equivocado. Había una maldición. Había una chica. Y al final, había una tumba. Yo nunca lo vi venir. 7
  • 7. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas 02 de Setiembre SOÑANDO —¡E than! Ella me llamó, y tan sólo el sonido de su voz hizo que mi corazón se acelerara. — ¡Ayúdame! Ella estaba cayendo también. Yo estiré mi brazo, tratando de atraparla. Lo intenté, pero todo lo que alcancé fue aire. No había suelo debajo de mis pies, y yo estaba aferrándome al lodo. Las puntas de nuestros dedos se tocaron y vi chispas verdes en la oscuridad. Entonces ella se resbaló entre mis dedos, y todo lo que pude sentir fue pérdida. Limones y romero. Podía olerla incluso entonces. Pero no pude atraparla. Y yo no podía vivir sin ella. Me senté de un salto, tratando de normalizar mi respiración. — ¡Ethan Wate! ¡Despierta! No voy a permitir que llegues tarde el primer día de clase— Yo podía oír la voz de Amma llamándome desde abajo. Mis ojos se enfocaron en un halo de luz que atravesaba la oscuridad. Podía escuchar el tamborileo de la lluvia resonando contra nuestra vieja plantación. Debe estar lloviendo. Debe ser por la mañana. Yo debo estar en mi habitación. 8
  • 8. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Mi habitación estaba caliente y húmeda, por la lluvia. ¿Por qué estaba mi ventana abierta? Mi cabeza estaba matándome. Caí de nuevo en la cama, y el sueño retrocedió como siempre lo hacía. Estaba seguro en mi cuarto, en nuestra antigua casa, en la misma cama de caoba en la que probablemente habían dormido seis generaciones de Wates antes que yo, donde la gente no caía en pozos hechos de lodo, y nunca pasaba nada en realidad. Me quedé mirando el techo de yeso, pintado del color del cielo para evitar que las abejas carpinteras aniden en el. ¿Qué me está pasando? He estado teniendo este sueño por meses. Incluso cuando no puedo recordarlo todo, la parte que recordaba siempre era la misma. La chica estaba cayendo. Yo estaba cayendo. Yo tenía que aguantar, pero no podía. Si me soltaba, algo terrible iba a pasarle a ella. Pero esa era la cosa. Yo no podía soltarme. No podía perderla. Era como si estuviera enamorado de ella, aunque no la conocía. Casi como amor antes de la primera vista. Lo que parecía bastante loco porque ella era tan sólo una chica en un sueño. Ni siquiera sabía cómo se veía. Había tenido el mismo sueño durante meses, pero en todo este tiempo nunca he visto su cara, o no podía recordarla. Todo lo que sabía es que el mismo sentimiento horrible lo tenía cada vez que la perdía. Ella se deslizaba entre mis dedos, y yo sentía mi estómago caer—de la forma en que sientes cuando estás en una montaña rusa y el auto toma una bajada profunda—. Mariposas en tu estómago. Esa era una metáfora bastante mala. Mis audífonos estaban aún enredados en mi cuello, y cuando mire mi iPod, vi una canción que no reconocía. Dieciséis Lunas. ¿Qué era eso? Presioné el botón. La melodía era obsesionante. No podía identificar la voz, pero me sentía como si la hubiera escuchado antes. Dieciséis lunas, dieciséis años. Dieciséis de tus miedos más profundos. Dieciséis veces tú soñaste con mis lágrimas. Cayendo, cayendo a través de los años. Tenía un humor cambiante, tétrico—casi hipnótico. —¡Ethan Lawson Wate!— Podía oír a Amma gritar sobre la música. La apagué y me senté en mi cama, quitándome de encima las cobijas. Mis sábanas se sentían como si estuvieran llenas de arenas, pero yo sabía lo que pasaba. 9
  • 9. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Era tierra. Y mis uñas estaban llenas de lodo negro, justo como la última vez que tuve el sueño. Arrugué la sábana, dejándola debajo de la camisa sudorosa del entrenamiento de ayer. Me metí en la ducha y traté de olvidarlo mientras frotaba mis manos, y las últimas marcas negras de mi sueño desaparecían en el desagüe. Si no pensaba en eso, no estaba pasando. Pero no era así cuando se trataba de ella. No podía evitarlo. Siempre pensaba en ella. Seguía regresando al mismo sueño, incluso cuando no podía explicarlo. Así que ese era mi secreto, todo lo que había para contar. Yo tenía dieciséis años, estaba enamorándome de una chica que no existía y estaba enloqueciendo lentamente. Sin importar que tan fuerte me fregara, no podía hacer que mi corazón dejara de acelerarse. Y sobre el olor del jabón de marfil y del Shampoo Stop & Shop, podía olerlo. Sólo un poco, pero sabía que estaba ahí. Limones y romero. Bajé al primer piso, a la reconfortante igualdad de las cosas. En la mesa del desayuno, Amma servía en la misma vieja vajilla azul y blanca —Platos dragón, como la llamaba mi mamá— huevos fritos, tocino, tostadas con mantequilla y sémola de maíz estaban en frente mío. Amma era nuestra ama de llaves, pero era más como mi abuela, excepto que era más inteligente y rara que mi verdadera abuela. Amma prácticamente me había criado, y ella sentía que su misión personal era hacerme crecer al menos otros treinta centímetros, incluso cuando ya medía 1,87. Esta mañana estaba extrañamente hambriento, como si no hubiera comido durante una semana. Me serví un huevo y dos piezas de tocino en mi plato, sintiéndome mejor. Le sonreí con mi boca llena. —No te preocupes por mi Amma. Es el primer día de escuela.— Ella descargó un vaso gigante de jugo de naranja y uno aún más grande de leche— leche entera, del único tipo que consumimos por aquí — frente a mí. — ¿Se acabó la leche chocolatada?— Yo tomaba leche chocolatada de la misma forma en que algunas personas tomaban Coca cola o café. Incluso en la mañana, siempre estaba en busca de mi próxima dosis de azúcar. —A.C.O.S.T.Ú.M.B.R.A.T.E. — Amma tenía un crucigrama para todo, entre más larga la palabra, mejor, y a ella le gustaba usarlos. La forma en que te deletreaba las palabras letra por letra, se sentía como si te estuviera acariciando la cabeza, cada vez. —Como en, acostúmbrate. Y ni se te ocurra poner un píe fuera de esa puerta hasta que te bebas la leche que te serví. —Si señora. 10
  • 10. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —Veo que te arreglaste—. No lo había hecho. Estaba usando jeans y una camisa desteñida, como casi todos los días. Todas ellas decían cosas diferentes; la de hoy era de Harley Davidson. Y las mismas Converse que había usado durante los últimos tres años. —Pensé que ibas a cortarte ese cabello— Ella lo dijo con una pequeña mueca, pero yo lo reconocía por lo que era: simple y viejo cariño. — ¿Cuándo dije eso? — ¿No sabes que los ojos son la ventana del alma? —Tal vez no quiero a nadie asomándose a la mía. Amma me castigó con otro plato de tocino. Ella medía apenas 1,50 y era probablemente más vieja que los Platos Dragón, aunque en cada cumpleaños ella insistía en que apenas tenía cincuenta y tres. Pero Amma era cualquier cosa excepto una cálida ancianita. Ella era la autoridad absoluta en mi casa. —Bien, no creas que vas a salir con el cabello mojado en este clima. No me gusta cómo se siente esta tormenta. Como si algo malo hubiera molestado al viento, y no hay forma de detener un día así. Tiene voluntad propia. Yo rodé mis ojos. Amma tenía una forma particular para referirse a las cosas. Cuando ella estaba de ese humor, mi mamá solía llamarlo irse a la oscuridad — la religión y la superstición mezcladas, como sólo se podía hacer en el sur. Cuando Amma estaba oscura, era mejor simplemente mantenerse fuera de su camino. Igualmente era mejor dejar sus amuletos en las ventanas y las muñecas que hacía en los cajones donde las dejaba. Yo engullí otra carga de huevo y terminé mi desayuno de campeones — huevos, jamón y tocino, todo embutido en un sándwich tostado—. La puerta del estudio de mi padre estaba cerrada. Mi papá escribía toda la noche y dormía en el viejo sofá de su estudio durante el día. Así había sido desde que mamá murió el pasado Abril. Él bien podría ser un vampiro; eso es lo que mi tía Caroline dijo después de quedarse con nosotros esa primavera. Probablemente había perdido mi posibilidad de verlo hasta mañana. No había forma de abrir esa puerta después de que fuese cerrada. Escuché un claxon desde la calle. Link. Agarré mi desgastada mochila negra y corrí desde la puerta hacia la lluvia. Podrían haber sido las siete de la noche tan fácil como las siete de la mañana, así de oscuro estaba el cielo. El clima había estado extraño los últimos días. El auto de Link, el Beater, estaba en la calle, su motor ronroneando, la música a todo volumen. Yo había ido con Link a la escuela desde el Jardín de infancia, cuando nos 11
  • 11. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas convertimos en mejores amigos después de que él me diera la mitad de su Twinkie en el bus escolar. Sólo fue después cuando descubrí que lo había dejado caer al suelo. Aún cuando los dos habíamos obtenido nuestras licencias este verano, Link era el único que tenía un auto, y ese era el fin de la historia. Por lo menos el motor del Beater estaba a salvo de la tormenta. Amma se paró en el porche, sus brazos cruzados desaprobatorios. —No pongas esa música ruidosa aquí, Wesley Jefferson Lincoln. No creas que no voy a llamar a tu mamá para contarle lo que estuviste haciendo el verano de cuando tenías nueve años en el sótano. Link parpadeó. No muchos lo llamaban por su nombre real, excepto su madre y Amma. —Si señora. La puerta se cerró con un estruendo. El se rió, girando sus ruedas sobre el asfalto mientras salía de la entrada. Como si estuviéramos escapándonos, lo que describía bastante bien la forma en que conducía siempre. Excepto que nunca nos íbamos lejos. — ¿Qué hiciste en mi sótano cuando tenías nueve años? — ¿Qué no hice en tu sótano cuando tenía nueve años?— Link le bajó el volumen a la música, lo que era bueno, porque era terrible y el estaba a punto de preguntarme si me gustaba, cómo lo hacía todos los días. La tragedia de su banda, Quién le disparó a Lincoln, era que ninguno de sus integrantes podía tocar realmente un instrumento ni cantar. Pero él siempre estaba hablando de tocar la batería y mudarse a Nueva York después de la graduación y contratos de grabación que probablemente nunca iban a firmarse. Y por probablemente, me refiero a que él es más propenso a hundirse en una esquina del parqueadero del gimnasio, totalmente borracho. Link no quería ir a la universidad, pero aún así tenía las cosas más claras que yo. El sabía lo que quería hacer, incluso cuando era bastante difícil. Todo lo que yo tenía era una caja de zapatos llena de panfletos de Universidades que no le podía enseñar a mi papá. No me importaba de cual se tratara, mientras estuvieran por lo menos a mil millas de Gaitlin. Yo no quería terminar como mi papá, viviendo en la misma casa, en el mismo pequeño pueblo en el que crecí, con la misma gente que nunca ha intentado irse de aquí. A cada lado de nosotros, viejas casas Victorianas delineaban las calles, casi igual a cuando fueron construidas hace cien años. Mi calle se llamaba Cotton Bend porque esas casas viejas solían preceder millas y millas de campos de algodón. Ahora ellas 12
  • 12. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas simplemente precedían la Ruta 9, lo que era casi la única cosa que había cambiado por aquí. Tomé una dona glaseada de la caja que estaba en el suelo del auto. — ¿Tú subiste esa rara canción a mi iPod anoche? — ¿Cuál canción? ¿Qué piensas de esta?— Link puso su último demo. —Creo que necesitas trabajar en ella. Como todas tus canciones— Era lo mismo que le decía todos los días, más o menos. —Sí, bien, tu cara va a necesitar que trabajen en ella después de que te de una buena golpiza—. Era lo mismo que él respondía todos los días, más o menos. Yo busqué en mi lista de reproducción. —La canción, creo que se llamaba Dieciséis lunas o algo así. —No sé de qué estás hablando. No estaba ahí. La canción había desaparecido, pero yo acababa de escucharla esta mañana. Y sabía que no me la había imaginado, porque aún la tenía en mi cabeza. —Si quieres escuchar una canción, te pondré una nueva. — Link miró hacia abajo buscando la canción. —Hey, hombre, mantén tus ojos en la carretera. Pero él no lo hizo, y de reojo, vi un extraño auto pasar frente a nosotros... Durante un segundo, los sonidos de la carretera y la lluvia y Link se disolvieron en el silencio, y pareció como si todo estuviera moviéndose en cámara lenta. No podía apartar mis ojos del auto. Era simplemente un sentimiento, nada que pueda describir. Y entonces, nos sobrepasó, girando hacía otra vía. No reconocí el auto. Nunca lo había visto antes. Ustedes no pueden imaginarse lo imposible que es eso, porque conozco cada uno de los autos del pueblo. En esta época del año no había turistas. Ellos no se arriesgarían en plena temporada de huracanes. Este auto era largo y negro, como un coche fúnebre. De hecho, estaba bastante seguro de que eso es lo que era. Tal vez era una premonición. Tal vez este año iba a ser peor de lo que me imaginaba. —Aquí está. —Pañuelo Negro—. Esta canción me va a convertir en una estrella. Para cuando el levantó la mirada, el auto había desaparecido. 13
  • 13. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas 02 de Setiembre CHICA NUEVA O cho calles. Esa era la distancia que había para llegar a la curva de Cotton Bend en la secundaria Jackson. Resulta que yo podía vivir toda mi vida, subiendo y bajando esas ocho calles, y ocho calles eran lo suficiente como para poner un extraño coche fúnebre fuera de tu mente. Tal vez es por eso que no se lo mencione, a Link. Pasamos por el Stop & Shop, también conocido como el Stop & Steal. Era la única tienda de comestibles en la ciudad, y lo más cercano que teníamos a un 7—Eleven. Así que cada vez que salías con tus amigos, había que esperar no encontrarte con la mamá de alguien más haciendo las compras para la cena. O peor aún, a Amma. Me di cuenta que el Grand Prix estaba estacionado en frente. —Uh—oh. El gordito esta acampado ya. — Estaba sentado en el asiento del conductor, leyendo las listas de estrellas. —Tal vez no nos vio — Link miraba el espejo retrovisor, tenso. —Tal vez estamos jodidos —. El gordito era el oficial de ausencias para la escuela Jackson y un miembro orgulloso de la de la policía de Gatlin. Su novia, Amanda, trabaja en el Stop & Steal, y el Gordo se estacionaba en frente la mayoría de las mañanas, esperando a que los productos recién horneados se entregarán. Lo cuál era bastante incómodo si tú siempre llegabas tarde, como Link y yo. No se podía ir a la escuela Jackson sin conocer acerca de la rutina del gordito, así como su horario de clases. Hoy, el gordito nos saludó, sin ni siquiera levantar la vista de la sección de deportes. Él nos estaba dando un pase. 14
  • 14. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas — Sección de deportes y un bollo pegajoso. ¿Sabes lo que eso significa? —Tenemos cinco minutos. — Hicimos rodar al auto en neutro al estacionamiento de la escuela, con la esperanza de poder pasar inadvertidos más allá de la Oficina de Asistencia. Pero todavía andábamos fuera de tiempo, al momento en que entramos en el edificio, nuestras zapatillas de deporte estaban empapadas y producían un chirrido tan fuerte que simplemente deberíamos dejarlas ahí. — ¡Ethan Wate!, ¡Wesley Lincoln!— Nos quedamos en la oficina, esperando nuestra detención. — Tarde en el primer día de escuela. Tu mamá tendrá que elegir muy bien unas pocas palabras para usted, Sr. Lincoln. Y no aparente estar satisfecho, Sr. Wate. Amma freirá su pellejo. La señorita Hesterhgn tenía razón. Si es que ya Amma no sabía que había llegado cinco minutos tarde este día. Mi madre solía decir: Carlton Eaton, el administrador de correos, leía cualquier carta que le pareciera medio interesante. Ni siquiera se molestaba en sellarla de nuevo. No es que no existiera alguna noticia real. Cada casa tenía sus secretos, pero todos en la calle lo sabían. Ese no era ningún secreto. — Señorita Hester, yo sólo conduje lento a causa de la lluvia — Link trató de parecer encantador. La señorita Hester se bajó un poco las gafas y miró a Link, desencantada. La cadena que sostenían sus gafas alrededor de su cuello se balanceaban de adelante atrás. — En este momento no tengo tiempo para conversar con ustedes. Estoy ocupada preparando sus detenciones de esta tarde—, dijo, mientras nos daba cada uno un papelito azul. Estaba ocupada si correcto. Se podía oler el esmalte de uñas, incluso antes de dar vuelta a la esquina. Bienvenido de nuevo a Gatlin, el primer día de escuela en realidad nunca cambiaba. Todos los maestros, se conocían de la iglesia, y habían decido si eras estúpido o inteligente desde que estabas en kinder. Yo era inteligente, porque mis padres eran profesores. Link era estúpido, porque había comido sobre las páginas de un buen Libro durante la clase de escritura, y vomitó una vez durante el Desfile Navideño. ¿Porque yo era inteligente?, Porque escribía buenas notas, ¿por qué Link era estúpido?, porque el conseguía hacer malas notas. Supongo que nadie se molestó en leerlas. A veces él escribía cosas al azar en medio de mis ensayos, sólo para ver si mis profesores decían algo. Nadie lo hizo. Por desgracia, el mismo principio no se aplica a las pruebas de selección múltiple. 15
  • 15. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas En el primer período de Inglés, descubrí a uno de mis siete profesores era un maestro centenario, cuyo nombre en realidad era el Sr. De Inglés, había esperado que durante el verano nosotros leyéramos Matar a un ruiseñor, por lo que yo no lo hice. Yo había leído el libro hace dos años. Fue uno de los favoritos de mi mamá, pero eso fue hace tiempo y los detalles eran borrosos. Un hecho que pocos conocían acerca de mí: he leído todo el tiempo. Los libros eran la única cosa que me sacaban fuera de Gatlin, aunque fuera sólo por un rato. Yo tenía un mapa en la pared, y cada vez que leía sobre un lugar al que quería ir, lo marcaba en el mapa. Nueva York era el principal. En medio del salvaje Alaska. Cuando en el camino seguí leyendo agregué Chicago, Denver, L.A., y Ciudad de México. Uno puede comprar prácticamente en todas partes. Cada mes, tracé una línea para conectar las marcas. Una delgada línea verde que trazaba un camino para el viaje un verano antes de la universidad, si es que alguna vez salía de esta ciudad. Guardé el mapa y todo referente a la lectura sólo para mí. Porque aquí, los libros y el baloncesto no se mezclaban. Química no era mucho mejor. El Sr. Hollenback me había condenado a ser compañero de Ethan. Él estaba con Emily, también conocida como Emily Asher, quien me había despreciado formalmente el año pasado, cuando cometí el error de usar mis zapatos Converse con mi traje formal y deje que mi papá nos llevara en el Volvo oxidado. La ventana estaba rota permanentemente y había destruido su perfecto pelo rizado y rubio, cuando llegamos al baile en el gimnasio se parecía a María Antonieta. Emily no me habló por el resto de la noche. La ponchera era una fuente interminable de diversión para los chicos, que esperaban vernos juntos de nuevo. Lo que ellos no sabían era que yo no estaba con chicas como Emily. Era bonita, pero eso era todo. Y sólo por mirarse bien no justificaba que tenía que escuchar lo que salía de su boca. Yo quería a alguien diferente, alguien con quien pudiera hablar de algo distinto que conseguir ser coronada en el baile formal de invierno. Una chica que fuera inteligente, divertida, o al menos una decente compañera de laboratorio. Tal vez una chica así que fuera un verdadero sueño, un sueño, que seguía siendo mejor que una pesadilla. Incluso si la pesadilla llevaba una falda de porrista. Sobreviví a química, pero mi día empeoró aun más desde ahí. Al parecer este año, estaba llevando nuevamente Historia de los EE.UU. y la historia que enseñaban en la escuela Jackson, sólo era redundante. Yo iba a pasar por segundo año consecutivo, estudiando de la `Guerra del norte y la agresión´. No tenía ninguna relación con él. Pero como todos sabemos, el espíritu del Sr. Lee era famoso por estar en la confederación general de sí mismo. El Sr. Lee era uno de los pocos profesores que realmente me odiaban. El año pasado, en un desafío, yo había escrito un artículo llamado `La guerra del sur y la agresión´, y el Sr. Lee me había dado una calificación `D´ (Ósea una nota de 6). Los profesores en realidad no leían los artículos, después de todo. 16
  • 16. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Encontré un asiento en la parte de atrás junto a Link, tomaba nota de cualquier clase en la que él no se durmiera. Pero dejó de escribir tan pronto como me senté. —Amigo, ¿has oído? —Hey, ¿Sobre qué? —Hay una chica nueva en Jackson. —Hay un montón de chicas nuevas, una la clase de primer año, no soy idiota. —No estoy hablando de las estudiantes de primer año. Hay una chica nueva en nuestra clase. En cualquier otra Escuela secundaria, una chica nueva en la clase de segundo año no sería noticia. Pero esto era Jackson, y no habíamos tenido una chica nueva en la escuela desde el tercer grado, cuando Kelly Wix vino a vivir con sus abuelos después de que su padre fuera detenido en un sótano en Lake City jugando. — ¿Quién es ella? —No lo sé. Tuve clase de cívica en el segundo período con todos los chiflados de la banda, y no sabían nada, salvo que toca el violín, o algo así. Me pregunto si ella es ardiente—. Link tenía esos pensamientos en su mente, como la mayoría de los chicos. La diferencia era que Link llevaba esos pensamientos directamente a su boca. — ¿Así que ella es una chiflada de la banda? —No. Un músico. Tal vez ella comparte mi amor por la música clásica. — ¿Música clásica?— La única música clásica que Link había oído era mientras estaba en la oficina del dentista. —Tú sabes, los clásicos. Pink Floyd. Black Sabbath. The Stones. —Comencé a reír. —Sr. Lincoln. Sr. Wate. Lamento interrumpir su conversación, pero me gustaría comenzar si está bien por ustedes, muchachos. — El tono del Sr. Lee era tan sarcástico como el año pasado, y llevaba un peinado grasiento. Pasó las copias del mismo programa que probablemente había estado utilizando durante diez años. Este requería de una participación en una verdadera guerra civil. Por suerte para mí, terminaría pidiendo prestado el uniforme de uno de mis familiares que participaron por diversión los fines de semana en este tipo de representaciones. Después de sonar la campana, Link y yo nos quedamos en el pasillo junto a los armarios, con la esperanza de obtener un vistazo de la chica nueva. Él hablaba de ella como si ya fuera su alma gemela y futura compañera de banda. Pero la única cosa a la 17
  • 17. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas que le echamos un vistazo fue a la falda jean de Charlotte Chase, dos tallas más pequeñas. Lo que significaba que no íbamos a saber nada hasta la hora del almuerzo, porque nuestra próxima clase era ASL, lenguaje Americano de señas y está estrictamente prohibido hablar durante clase. Nadie era lo bastante bueno como para deletrear las palabras `chica nueva´, especialmente desde que ASL era la clase que teníamos en común con el resto del equipo de baloncesto de Jackson. Yo había estado en el equipo desde octavo grado, cuando crecí seis pulgadas en un verano y terminé por lo menos una cabeza arriba sobre todos los demás en mi clase. Además, había que hacer algo normal cuando tus padres eran profesores. Resultó que era bueno en baloncesto. Siempre parecía saber dónde los jugadores del otro equipo iban a pasar el balón, Esto me brindó un lugar para sentarme en la cafetería todos los días. En Jackson, esto era algo que valía la pena. Este día el asiento valía mucho más la pena porque Shawn Bishop, nuestro punto de guardia había visto realmente a la chica nueva. Link hizo la única pregunta que a todos ellos les importaba. —Así que, ¿es ardiente? —Muy ardiente. — ¿Savannah nueve ardiente?— Savannah era una chica de la escuela y la forma como se medía a todas las otras chicas en Jackson. Cuando Emily entró en la cafetería, tomada del brazo de Ethan Hating, todos miramos porque la Savannah de ella era de 5'8 —, era una calificación a las piernas más perfectas que he visto. Emily y Savannah eran casi una persona, incluso cuando no estaba en uniforme de porrista. Pelo rubio, bronceado falso, sandalias, y faldas Jean tan cortas que podrían pasar por cinturones. ¡¡Savannah tenía unas piernas!! Pero Emily era a la que todos los chicos trataban de echar un vistazo durante el verano en el lago, a su parte superior del bikini. Nunca parecía llevar ningún libro, sólo pequeñas bolsas metálicas bajo el brazo, con espacio suficiente como para un teléfono celular y para las pocas ocasiones en que efectivamente Emily dejaba mensajes de texto. Sus diferencias se reducían a sus respectivas posiciones en el equipo de las animadoras. Savannah era la capitana, y una base `una de las chicas que sostenían dos niveles de porristas en la famosa pirámide de los Wildcats´. Emily era un volante, la niña en la parte superior de la pirámide, la que era lanzada unos cinco o seis metros en el aire para completar una vuelta o algún otro alegre y loco truco que fácilmente podría resultar en una fractura de cuello. Emily correría el riesgo de cualquier cosa para permanecer en la cima de esa pirámide. Savannah no lo necesitaba. Cuando Emily era 18
  • 18. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas lanzada, la pirámide seguía sin ella. Cuando Savannah se movía un centímetro, todo se venía abajo. Ethan Hating y Emily se fijaron en nosotros y fruncieron el ceño al verme. Los chicos rieron. Emory Watkins me dio una palmadita en la espalda. —Es casi igual a un pecado. Sabes Emily, entre más te mira, más le importas. Hoy no quiero pensar en Emily. Yo quería pensar en lo contrario a Emily. Desde que Link había sacado el tema en historia, este se había quedado conmigo. La chica nueva. La posibilidad de alguien diferente, de un lugar diferente. Tal vez alguien con más vida que la nuestra, y, supongo que la mía. Tal vez incluso alguien con quien yo había soñado. Sabía que era una fantasía, pero yo quería creer en ello. — ¿Ya todos escucharon sobre la chica nueva?— Savannah se sentó en el regazo de Earl Petty. Earl, él era nuestro capitán del equipo y Savannah, era su novia. Él frotó las manos en sus piernas color naranja, lo suficientemente alto y entonces tú ya no sabías hacia dónde mirar. —Shawn nos dijo que ella está que arde. ¿Vas a ponerla en el equipo? —Link tomó un par de papas empanizados de mi bandeja. —Difícilmente. Tú deberías ver como es ella— Strike Uno. — ¿Y cuan pálida está?— Strike Dos. Tú no podías estar demasiado delgado, o muy bronceado, algo por lo que Savannah estaba preocupada. Emily se sentó al lado de Emory, inclinándose un poco sobre la mesa. — ¿Te dijo quién es ella? — ¿Qué quieres decir?— Emily hizo una pausa para un efecto dramático. —Ella es la sobrina de Ravenwood el Anciano—. No necesitaba hacer una pausa para esto. Era como si el aire hubiera sido extraído de la habitación. Un par de chicos comenzaron a reír. Ellos pensaban que estaba bromeando, pero podría decir que ella no lo estaba. Strike tres. Ella estaba fuera. A partir de este momento, ya no podía imaginármela más. La posibilidad de la chica de mis sueños había desaparecido, antes de que pudiera imaginarme nuestra primera cita. Que estaba condenada a ser tres años después de la que había tenido con Emily. Macon Melquisedec Ravenwood, él era como una ciudad cerrada. Digamos, me recuerda lo suficiente al personaje amargado del libro matar al ruiseñor. El Viejo Ravenwood hacía que Boo Radley se viera como una mariposa social. Vivía en una 19
  • 19. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas estropeada casa antigua, sobre la plantación más vieja e infame como la mayor parte de Gatlin y no creo que alguien en la ciudad lo hubiera visto desde antes de que yo naciera, tal vez mucho más. — ¿En serio?—, Preguntó Link. —Totalmente. Carlton Eaton se lo dijo a mi mamá ayer, cuando le llevó nuestro correo—. Savannah asintió. —Mi mamá escuchó lo mismo. Se fue a vivir con el viejo Ravenwood hace un par de días, viene de Virginia o Maryland, no me acuerdo. Todos hablaban de ella, su ropa, su pelo y que probablemente su tío era un monstruo. Eso es lo que más odiaba de Gatlin. La forma en que todo el mundo tenía algo que decir sobre todo lo que haces, o, en este caso, lo que llevas. Me quedé mirando los fideos de mi bandeja, nadaban en un líquido color naranja que no se parecían mucho a que fuera de queso. Dos años, ocho meses. Tenía que salir de esta ciudad. Después de la escuela, el gimnasio estaba siendo utilizado para las pruebas de animadoras. La lluvia finalmente había dejado de caer, así que la práctica de baloncesto era en el patio exterior, estaba agrietado y tenía charcos de agua por la lluvia de la mañana. Había que tener cuidado de no golpear las fisuras que corría por el medio, eran como el Gran Cañón. Aparte de eso, podías ver casi todo el estacionamiento, y mirar la mayor parte de la primordial acción social de la secundaria Jackson mientras calentabas. Hoy he tenido la mano caliente. Yo tenía siete por siete la línea de tiros libres, pero también la tenía Earl, me preparé para disparar mi tiro. Swish. Ocho. Parecía como si sólo pudiera mirar a la red, y la pelota se balanceaba. Algunos días eran así. Swish. Nueve. Earl se molestó. Me di cuenta por la manera en que rebotaba la pelota, cada vez lo hacía con más dificultad. Él era nuestro otro centro. Nuestro silencioso acuerdo era: lo dejo a tu cargo, y él no me causaba problemas si yo no tenía ganas de pasar un rato en el Stop & Steal cada día después de la práctica. Había tantas maneras en que se podía hablar acerca de las mismas chicas y tantos Slim Jim que comer. Swish. Diez. Yo no podía fallar. Tal vez era sólo la genética. Tal vez era otra cosa. No me había dado cuenta, pero desde que mi madre murió, yo había dejado de intentarlo. Era un milagro que llegara a la práctica. Swish. Once. Earl gruñó detrás de mí, rebotando la pelota aún con más dificultad. Traté de no sonreír y miré hacia el estacionamiento cuando tomé el siguiente tiro. Vi una maraña de cabello largo y negro, detrás del volante de un coche largo y negro. Un coche fúnebre. Me quedé helado. Luego, se volvió y, a través de la ventana abierta, pude ver a una chica mirar en mi dirección. Al menos, pensé que lo hacía. La pelota golpeó el aro y rebotó hacia la 20
  • 20. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas valla. Detrás de mí, escuché el sonido familiar. Swish. Doce. Earl Petty ya podía relajarse. Cuando el coche arrancó, miré a través de la cancha. El resto de los muchachos estaban ahí de pie, como si hubieran visto un fantasma. — ¿Esa fue…?— Billy Watts, asintió con la cabeza, agarrándose de la cerca de alambre con una mano. —La sobrina del viejo Ravenwood —. Shawn tiró la pelota. —Sí. Justo como ellos dicen, conduce un coche fúnebre — Emory, sacudió la cabeza. —Ella es sexy. Qué desperdicio. —Volvieron a jugar a la pelota, pero por el momento Earl tomó su próximo lanzamiento, justo cuando había comenzado a llover de nuevo. Treinta segundos más tarde, estábamos atrapados en un aguacero, era la lluvia más fuerte que habíamos visto en todo el día. Me quedé ahí, dejando que la lluvia martillara sobre mí. Mi cabello mojado colgaba sobre mis ojos, bloqueando el resto de la escuela y el equipo. El mal augurio no era solamente un coche fúnebre. Era una chica. Durante unos minutos, había perdido la esperanza sobre que tal vez este año no sería igual, que tal vez en dos años algo iba a cambiar. Que iba a tener a alguien con quien hablar. Pero todo lo que tenía fue un buen día en la cancha, y nunca había sido lo suficiente. 21
  • 21. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas 02 de Setiembre UN AGUJERO EN EL CIELO P ollo frito, puré de papas, salsa, habichuelas, y galletitas—todo puesto con enfado, impersonalmente y congelado sobre la estufa donde Amma los había dejado—. Por lo general, ella mantenía mi cena caliente para mí hasta que llegaba a casa de la práctica, pero no hoy. Estaba en un montón de problemas. Amma estaba furiosa, sentada a la mesa comiendo Red Hots (caramelos), y marcando lejos el crucigrama del New York Times. Mi papá se suscribió secretamente a la edición del domingo, porque los de The Stars and Stripes tenían demasiadas faltas de ortografía, y los de Reader‘s Digest eran demasiado cortos. No sé cómo logró pasarlo a Carlton Eaton, quien se habría asegurado que el pueblo entero supiera que éramos demasiado buenos para el Stars and Stripes, pero no había nada que mi papá no hiciera por Amma. Ella deslizó el plato en mi dirección, mirando hacia mí sin mirarme. Empujé el frío puré de papas y pollo dentro de mi boca. No había nada que Amma odiara como la comida dejada en tu plato. Intenté mantener mi distancia del punto de su especial lápiz negro #2, usado sólo para sus crucigramas, mantenido tan puntiagudo que podía en realidad extraer sangre. Esta noche podría hacerlo. Escuché el golpeteo constante de la lluvia sobre el techo. No había otro sonido en la sala. Amma golpeteó el lápiz sobre la mesa. 22
  • 22. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —Ocho letras. Confinamiento ó dolor exigido por maldad. — Ella me lanzó otra mirada. Empujé otra cucharada de papas dentro de mi boca. Sabía lo que venía. Ocho horizontal. —C A S T I G A R— Al igual que en, reprender. Al igual que en, si no puedes llegar a la escuela a tiempo, no dejarás esta casa. Me pregunté quien la había llamado para decirle que había llegado tarde, ó más probablemente quién no la había llamado. Ella le sacó punta a su lápiz, a pesar que ya estuviera puntiagudo, afilándolo dentro de su viejo sacapuntas automático sobre el mostrador. Todavía estaba intencionalmente No Mirando hacia mí, lo que era aún peor que mirarme fijamente directo a los ojos. Me acerqué a donde ella estaba afilando y puse mi brazo alrededor suyo, dándole un buen apretón. —Vamos, Amma. No estés enojada. Estaba lloviendo torrencialmente esta mañana. No querrías que aceleráramos en la lluvia, ¿no? Levantó una ceja, pero su expresión se suavizó. —Bueno, parece que va a llover desde ahora hasta el día posterior a que te cortes ese cabello, así que mejor que encuentres una manera de llegar a la escuela antes de que suene el timbre. —Sí, señora. —Le di un último apretón y volví a mis papas frías. —Nunca creerás lo que pasó hoy. Tuvimos una chica nueva en nuestra clase—. No sé por qué lo dije. Creo que todavía estaba en mi mente. — ¿Piensas que no sé acerca de Lena Duchannes?—. Me ahogué con mi galletita. Lenna Duchannes. Pronunciado, en el Sur, para rimar con lluvia. De la manera en que Amma lo extendió, hubieras pensado que la palabra tenía una sílaba extra. Du—kay— yane. — ¿Ese es su nombre? ¿Lena?—Amma empujó un vaso de chocolatada en mi dirección. —Sí y no, y no es un asunto tuyo. No debes meterte con cosas de las que no sabes nada, Ethan Wate. Amma siempre hablaba con enigmas, y nunca te daba más que eso. No había ido a su casa en Wader‘s Creek desde que era un niño, pero sabía que la mayoría de las personas en el pueblo lo habían hecho. Amma era la tarotista más respetada dentro de un centenar de kilómetros de Gatlin, al igual que su madre antes que ella y su abuela antes que ella. Seis generaciones de lectoras de cartas. Gatlin estaba lleno de Bautistas temerosos—de—Dios, Metodistas, y Pentecostales, pero no podían resistir la tentación 23
  • 23. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas de las cartas, la posibilidad de cambiar el curso de sus propios destinos. Porque eso es lo que creían que una poderosa lectora podía hacer. Y Amma no era nada sino una fuerza a tener en cuenta. A veces encontraba uno de sus amuletos de fabricación casera en mi cajón de calcetines ó colgando por encima de la puerta del estudio de mi padre. Sólo una vez había preguntado para qué eran. Mi padre se burlaba de Amma cada vez que encontraba uno, pero noté que nunca sacó ninguno de ellos. —Más vale prevenir que lamentar. — Supongo que se refería a salvo de Amma, quien podía hacerte lamentarlo mucho. —¿Escuchaste algo más acerca de ella? —Ten cuidado. Un día vas a elegir un agujero en el cielo y el universo va a caer a través de él. Entonces todos estaremos en un aprieto. Mi padre caminó arrastrando los pies dentro de la cocina en pijama. Se sirvió una taza de café y tomó una caja de Shredded Wheat (cereal) de la despensa. Pude ver los tapones de cera amarillos todavía pegados a sus oídos. El Shredded Wheat significaba que su día estaba por empezar. Los tapones significaban que en realidad todavía no había empezado. Me incliné hacia delante y le susurré a Amma: —¿Qué escuchaste? Jaló de mi plato y lo llevó al fregadero. Enjuagó algunos huesos que lucían como paleta de cerdo, lo que era extraño ya que habíamos tenido pollo esta noche, y lo puso en un plato. —Eso no es de tu incumbencia. Lo que me gustaría saber es por qué estás tan interesado. Me encogí de hombros. —No lo estoy, en realidad. Sólo curiosidad. —Sabes lo que dicen acerca de la curiosidad. — Metió un tenedor en mi porción de pastel de suero de leche. Entonces me lanzó la Mirada, y se fue. Aún mi padre notó la puerta de la cocina balanceándose en su estela, y sacó un tapón de su oreja. — ¿Cómo estuvo la escuela? —Bien —¿Qué le hiciste a Amma? — Llegué tarde a la escuela. 24
  • 24. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Estudió mi cara. Yo estudié la suya. —¿Número 2? Asentí. —¿Afilar? — Empezó afilado y luego ella lo afiló. — Suspiré. Mi padre casi sonrió, lo que era raro. Sentí un gran alivio, tal vez incluso un logro. — ¿Sabes cuántas veces me senté en esta vieja mesa mientras ella ponía un lápiz en mí, cuando era un niño?— preguntó, aunque no era en realidad una pregunta. La mesa, mellada y salpicada con pintura y pegamento y marcas de todos los Wates que me precedieron, era una de las cosas más viejas en la casa. Sonreí. Mi papá tomó su tazón de cereal y agitó la cuchara en mi dirección. Amma había criado a mi padre, un hecho que siempre me era recordado cada vez que siquiera pensaba en hablarle descaradamente cuando era un niño. — M.I.R.I.A.D.A. — Deletreó la palabra mientras depositaba su tazón en el fregadero. — P.L.É.T.O.R.A. Al igual que, más que tú, Ethan Wate. Cuando caminó dentro de la luz de la cocina, la media sonrisa desapareció a un cuarto, y luego se había ido. Se veía peor que lo usual. Las sombras de su rostro eran más oscuras, y podías ver los huesos debajo de su piel. Su rostro era verde pálido por nunca dejar la casa. Parecía un poco como un cadáver viviente, como lo había hecho desde hace meses. Era difícil recordar que era la misma persona que solía sentarse conmigo durante horas en las costas del Lago Moultrie, comiendo sándwiches de ensalada de pollo y enseñándome como arrojar una línea de pesca. — Ida y vuelta. Diez y dos. Diez y dos. Como las agujas de un reloj— Los últimos cinco meses habían sido duros para él. Realmente había amado a mi madre. Pero así también yo. Mi papá tomó su café y empezó a arrastrar los pies nuevamente hacia su estudio. Era el momento de enfrentarse a los hechos. Tal vez Macon Ravenwood no era el único encerrado del pueblo. No creía que nuestro pueblo fuera lo suficientemente grande para dos Boo Radleys (Personaje del libro — Matar al Ruiseñor— , Amargado y extraño). Pero esto era lo más cercano que habíamos tenido en meses a una conversación, y no quería que se vaya. —¿Cómo va el libro?— Solté. Quédate y habla conmigo. Eso es lo que quería decir. Me miró sorprendido, luego se encogió de hombros. — Está yendo. Todavía queda mucho trabajo para hacer. — No podía. Eso es lo que quería decir. 25
  • 25. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —La sobrina de Macon Ravenwood se acaba de mudar al pueblo. — Dije las palabras justo cuando él se ponía nuevamente los tapones de los oídos. Fuera de sincronía, nuestra conexión habitual. Ahora que lo pienso, esa había sido mi conexión con la mayoría de las personas últimamente. Mi padre se sacó uno de los tapones, suspiró, y se sacó el otro. —¿Qué?— Él ya estaba caminando de regreso a su estudio. El medidor de nuestra conversación se estaba acabando. — Macon Ravenwood, ¿qué sabes de él? — Lo mismo que todos los demás, supongo. Es un ermitaño. No ha dejado la casa solariega Ravenwood en años, hasta donde sé. — Abrió la puerta del estudio y pasó por encima del umbral, pero no lo seguí. Sólo me quedé parado en la puerta. Nunca daba un paso dentro. Una vez, sólo una vez, cuando tenía siete años, mi papá me había encontrado leyendo su novela antes que la hubiera terminado de revisar. Su estudio era oscuro, un lugar aterrador. Había una pintura que siempre mantenía cubierta con una sábana sobre el raído sofá victoriano. Sabía que nunca debía preguntar qué era lo que estaba debajo de la sábana. Más allá del sofá, cerca de la ventana, estaba el escritorio de mi padre de caoba tallada, otra antigüedad que había sido pasada con la casa, de generación en generación. Y libros, viejos libros encuadernados en cuero que eran tan pesados que descansaban sobre un soporte de madera cuando eran abiertos. Esas eran las cosas que nos mantenían unidos a Gatlin, y unidos al Desembarco de los Wate, así como habían unido a nuestros antepasados por más de cien años. Sobre el escritorio estaba su manuscrito. Había estado apoyado allí, en una caja de cartón abierta, y yo sólo tenía que saber lo que estaba allí dentro. Mi padre escribía terror gótico, así que no había mucho de lo que él escribía que fuera apropiado para leer para un chico de siete años. Pero todas las casas en Gatlin estaban llenas de secretos, al igual que el propio Sur, y mi casa no era la excepción, incluso en aquel entonces. Mi papá me había encontrado, acurrucado en el sillón de su estudio, con las páginas todas desparramadas a mí alrededor como si un cohete hubiera estallado en su caja. No sabía lo suficiente como para cubrir mis huellas, algo que aprendí bastante rápido después de eso. Sólo recuerdo a él gritándome, y a mi mamá salir para encontrarme llorando en el viejo árbol de magnolia en nuestro patio trasero. — Algunas cosas son privadas, Ethan. Incluso para los adultos. Yo sólo quería saber. Ese siempre había sido mi problema. Aun ahora. Quería saber porqué mi papá nunca salía de su estudio. Quería saber porque no podíamos dejar 26
  • 26. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas esta vieja casa sin valor solamente porque un millón de Wates habían vivido aquí antes que nosotros, especialmente ahora que mi madre no estaba. Pero no esta noche. Esta noche sólo quería recordar los sándwiches de ensalada de pollo y los diez y dos y un tiempo en el que mi papá comía su Shredded Wheat en la cocina, bromeando conmigo. Me quedé dormido recordando. Antes incluso que sonara el timbre al día siguiente, Lena Duchannes era todo de lo que todos en Jackson podían hablar. De alguna manera entre las tormentas y los cortes de energía, Loretta Snow y Eugenie Asher, las madres de Savannah y Emily, habían logrado cenar en la mesa y llamar a casi todos en el pueblo para dejarles saber que la `pariente´ del loco Macon Ravenwood estaba conduciendo por el pueblo en su coche fúnebre, que estaban seguros que él usaba para transportar cadáveres cuando nadie estaba mirando. Desde allí simplemente se enloquecía más. Había dos cosas con las que siempre podías contar en Gatlin. Uno, puedes ser diferente, incluso loco, siempre y cuando salgas de la casa cada tanto, para que los pueblerinos no piensen que eres un asesino del hacha. Dos, si hay una historia que contar, puedes estar seguro que habrá alguien que la cuente. Una chica nueva en el pueblo, mudándose en la Mansión Encantada con el encerrado de la ciudad, ésa era una historia, probablemente la historia más grande que golpeó Gatlin desde el accidente de mi mamá. Así que no sé porqué estaba sorprendido cuando todos estaban hablando de ella——— todos excepto los chicos. Ellos tenían asuntos que atender primero. —Entonces ¿qué tenemos, Em?— Link cerró de un golpe la puerta de su casillero. —Contando las pruebas de las porristas, parece como cuatro 8‘s, tres 7‘s, y un puñado de 4‘s. — Emory no se molestó en contar las chicas de primer año que calificó por debajo de cuatro. Cerré la puerta de mi casillero de un golpe. — ¿Esto es noticia? ¿No son éstas las mismas chicas que vemos en el Daree Keen todos sábados?— Emory sonrió, y me palmeó el hombro. — Pero están en juego ahora, Wate. — Miró hacia las chicas en el corredor. — Y estoy preparado para jugar. Emory era mayormente todo palabras. El año pasado, cuando éramos estudiantes de primer año, todo lo que escuchábamos era acerca de las calientes estudiantes de último año que pensaba engancharse ahora que había entrado al equipo universitario junior. Em era tan delirante como Link, pero no tan inofensivo. Él tenía una veta mezquina; todos los Watkinses la tenían. 27
  • 27. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Shawn sacudió su cabeza. — Como sacar melocotones de la parra. — Los melocotones crecen en árboles. — Yo ya estaba molesto, quizás porque me había reunido con los chicos en el puesto de revistas Stop & Steal antes de la escuela y fui sometido a esta misma conversación mientras Earl hojeaba temas de la única cosa que siempre leía—revistas exhibiendo chicas en bikinis, yaciendo sobre las capotas de los coches. Shawn me miró, confundido. — ¿De qué estás hablando? No sé porqué siquiera me tomaba la molestia. Era una conversación estúpida, del mismo modo que era estúpido que todos los chicos tuvieran que reunirse antes de la escuela la mañana de los miércoles. Era algo que había llegado a considerar como el pasar lista. Se esperaban algunas cosas si eras parte del equipo. Te sentabas en grupo en el comedor. Ibas a las fiestas de Savannah Snow, invitabas a una porrista al evento formal de invierno, te reunías en el Lago Moultrie en el último día de escuela. Podías abandonar casi cualquier otra cosa, si aparecías para el pase de lista. Sólo que me estaba resultando más y más difícil aparecer, y no sabía por qué. Todavía no había llegado a la respuesta cuando la vi. Aún si no la hubiera visto, hubiera sabido que estaba allí porque el corredor, el cual por lo general estaba atiborrado de personas corriendo a sus casilleros e intentando llegar a clase antes del segundo timbre, se despejó en cuestión de segundos. Todos en realidad se hicieron a un lado cuando ella vino por el pasillo. Como si fuera una estrella de rock. Ó una leprosa. Pero todo lo que podía ver yo era una hermosa chica en un largo vestido gris, bajo una chaqueta deportiva blanca con la palabra Munich cosida en ella, y destartaladas Converse negras asomando por debajo. Una chica que usaba una larga cadena plateada alrededor de su cuello, con toneladas de cosas que pendían de ella—un anillo de plástico de una máquina de chicle, un alfiler de seguridad, y un montón de otra basura que estaba demasiado lejos para ver. Una chica que no se veía como que perteneciera a Gatlin. No podía sacarle los ojos de encima. La sobrina de Macon Ravenwood. ¿Qué estaba mal conmigo? Se metió sus oscuros rizos detrás de las orejas, uñas pintadas de negro capturaban la luz fluorescente. Sus manos estaban cubiertas de tinta negra, como si hubiera escrito en ellas. Caminó por el corredor como si fuéramos invisibles. Tenía los ojos más verdes que hubiera visto jamás, tan verdes que podrían haber sido considerados como algún color completamente nuevo. 28
  • 28. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas — Sí, ella es ardiente, — dijo Billy. Sabía lo que estaban pensando. Por un segundo, ellos estaban pensando en abandonar a sus novias por la oportunidad de seducirla. Por un segundo, ella era una posibilidad. Earl le dio la mirada de arriba abajo, luego cerró la puerta de su casillero. — Si ignoras el hecho que ella es un fenómeno. Había algo en el modo en que lo dijo, ó más bien, la razón porque lo dijo. Ella era un fenómeno porque no era de Gatlin, porque no estaba luchando para entrar al equipo de porristas, porque no le había dado una segunda mirada a él, ó siquiera una primera. Cualquier otro día lo hubiera ignorado y hubiera mantenido mi boca cerrada, pero hoy no me sentía como para callarme. — Así que ella es automáticamente un fenómeno, ¿por qué? ¿Por qué no tiene puesto el uniforme, cabello rubio y una falda corta? La cara de Earl era fácil de leer. Esta era una de esas veces cuando se suponía que debía seguir su ejemplo, y no estaba cumpliendo con mi parte de nuestro acuerdo tácito. — Porque ella es una Ravenwood. El mensaje era claro. Ardiente, pero ni siquiera lo pienses. Ella ya no era una posibilidad. Aun así, eso no evitaba que ellos siguieran mirando, y todos estaban mirando. El corredor, y todos en él, se habían cerrado sobre ella como si fuera un venado atrapado en el punto de mira. Pero ella simplemente siguió caminando, con su collar tintineando alrededor de su cuello. Minutos después, me paré en la puerta de mi clase de inglés. Allí estaba ella. Lena Dunchannes. La chica nueva, quien aun sería llamada así dentro de cincuenta años, si aun no era llamada la sobrina del Viejo Ravenwood, entregándole un papel rosado de trasferencia a la Sra. English, quien entrecerró los ojos para leerlo. — Ellos desordenaron mi horario y no tenía una clase de Inglés, — estaba diciendo. — Tuve Historia de los EE.UU por dos períodos, y ya había tomado Historia de EE.UU en mi vieja escuela. — Ella sonaba frustrada, y traté de no sonreír. Ella nunca había tenido Historia de los EE.UU, no de la manera que la enseñaba el Sr. Lee. — Por supuesto. Toma cualquier asiento disponible. — La Sra. English le dio una copia de To Kill a Mockingbird. El libro lucía como si nunca hubiera sido abierto, lo cual probablemente era así ya que lo habían convertido en una película. 29
  • 29. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas La chica nueva levantó la vista y me atrapó mirándola. Aparté la vista, pero fue demasiado tarde. Intenté no sonreír, pero estaba avergonzado, y eso sólo me hizo sonreír más. Ella no pareció notarlo. — Está bien, traje el mío. — Ella sacó una copia del libro, de tapa dura, con un árbol grabado en la cubierta. Parecía realmente viejo y gastado, como si lo hubiera leído más de una vez. — Es uno de mis libros favoritos. — Ella solamente lo dijo, como si no fuera raro. Ahora yo estaba mirando fijamente. Sentí una aplanadora estrellándose contra mi espalda, y Emily empujó por la puerta como si yo no estuviera parado allí, la cual era su manera de decir hola y esperar que la siguiera hasta el final del salón, donde nuestros amigos estaban sentados. La chica nueva se sentó en un asiento vacío en la primera fila, en la Tierra De Nadie enfrente del escritorio de la Sra. English. Mala jugada. Todos sabían que no debían sentarse allí. La Sra. English tenía un ojo de vidrio, y la audición terrible que obtienes si tu familia maneja el único campo de tiro en el país. Si te sentabas en cualquier otro sitio que no fuera justo enfrente de su escritorio, ella no podía verte y no te llamaría. Lena iba a tener que responder preguntas por la clase entera. Emily parecía entretenida y salió de su camino para pasar más allá de su asiento, pateando el bolso de Lena, haciendo que sus libros se deslicen por el pasillo. — Upsss. — Emily se agachó, recogiendo un estropeado anotador de espiral que estaba a un rasgón de perder su cubierta. Ella lo sostuvo como si fuera un ratón muerto. —Lena Duchannes. ¿Es ése tu nombre? Pensé que era Ravenwood. Lena levantó la vista, lentamente. —¿Puedes darme mi cuaderno?— Emily pasó las páginas, como si no la hubiera escuchado. —¿Es esté tu diario? ¿Eres una escritora? Eso es tan sensacional. Lena extendió su mano. — Por favor. Emily cerró el libro de golpe, y lo sostuvo lejos de ella. — ¿Puedo tomar prestado esto sólo por un minuto? Me encantaría leer algo que escribiste. —Me gustaría que me lo devolvieras ahora. Por favor. — Lena se puso de pie. Las cosas iban a ponerse interesantes. La sobrina del Viejo Ravenwood estaba a punto de enterrarse a sí misma en la clase de agujero de la cual no se podía salir; nadie tenía una memoria como Emily. 30
  • 30. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —Primero tendrías que ser capaz de leer. — Le saqué el diario de las manos a Emily y se lo devolví a Lena. Luego me senté en el escritorio a su lado, justo allí en Tierra de Nadie. Buena—Vista Lateral. Emily me miró con incredulidad. No sé por qué lo hice. Estaba tan sorprendido como lo estaba ella. Nunca me había sentado en el frente de ninguna clase en mi vida. El timbre sonó antes que Emily pudiera decir algo, pero no importaba; supe que lo pagaría más tarde. Lena abrió su anotador y nos ignoró a ambos. — ¿Podemos empezar, gente?— La Sra. English levantó la vista desde su escritorio. Emily se escabulló a su asiento habitual en el fondo, tan suficientemente lejos del frente que no tendría que responder ninguna pregunta en todo el año, y hoy, lo suficientemente lejos de la sobrina del Viejo Ravenwood. Y ahora, lo suficientemente lejos de mí. Lo que se sentía en cierto modo liberador, incluso si tenía que analizar la relación de Jem y Scout por cincuenta minutos sin haber leído el capítulo. Cuando sonó el timbre, me giré hacia Lena. No sé lo que pensé que le iba a decir. Tal vez estaba esperando que me diese las gracias. Pero no dijo nada mientras empujaba nuevamente los libros dentro de su bolso. 156. No era una palabra la que había escrito en el dorso de su mano. Era un número. Lena Dunchannes no me habló nuevamente, ni ese día, ni esa semana. Pero eso no me impidió pensar en ella, ó verla prácticamente en todas partes que intentaba no mirar. No era solamente ella lo que me estaba molestando, no exactamente. No se trataba de su aspecto, el cual era lindo, aunque siempre estuviera vistiendo la ropa equivocada y esas destartaladas zapatillas. Se trataba de lo que había dicho en clase—por lo general algo en lo que nadie más hubiera pensado, y si lo hubieran hecho, algo que no se hubieran atrevido a decir. No era que ella era diferente a todas las chicas en Jackson. Eso era obvio. Era que ella me hizo dar cuenta de lo mucho que me parecía al resto de ellos, incluso si quería fingir que no lo era. Había estado lloviendo todo el día, y yo estaba sentado en alfarería, también conocido como UGA, — una garantizada A—, ya que la clase era calificada en el esfuerzo. Me había inscripto en alfarería la primavera pasada porque tenía que cumplir con mi requisito de artes, y estaba desesperado por quedarme fuera de la banda, la cual estaba practicando ruidosamente en el piso de abajo, dirigida por la locamente flaca y más 31
  • 31. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas que entusiasta Srta. Spider. Savannah se sentó a mi lado. Yo era el único chico en la clase, y ya que era un chico, no tenía idea de lo que hacer a continuación. — Hoy es todo acerca de la experimentación. No van a ser clasificados en esto. Sientan la arcilla. Liberen su mente. E ignoren la música de abajo. — La Sra. Abernathy se estremeció cuando la banda despedazó lo que sonaba como — Dixie. — Caven profundo. Sientan el camino a sus almas. Giré en la rueda de alfarería y miré fijamente la arcilla mientras comenzaba a girar enfrente de mí. Suspiré. Esto era casi tan malo como la banda. Luego, cuando el cuarto se tranquilizó y el zumbido de las ruedas de alfarería ahogó el murmullo de las filas traseras, la música de abajo cambió. Escuché un violín, ó quizás uno de esos grandes violines, una viola, creo. Era hermoso y triste al mismo tiempo, y era inquietante. Había más talento en la voz novata de la música de lo que la Srita. Spider había tenido el placer de dirigir alguna vez. Miré alrededor; nadie más parecía notar la música. El sonido se arrastraba justo debajo de mi piel. Reconocí la melodía, y en segundos pude escuchar las palabras en mi mente, tan claramente como si estuviera escuchando mi Ipod. Pero esta vez, las palabras habían cambiado. Dieciséis lunas, dieciséis años El sonido del trueno en mis oídos Dieciséis millas antes que ella se acerque Dieciséis buscan lo que dieciséis temen… Mientras miraba la arcilla girar enfrente de mí, el bulto se volvió un borrón. Cuanto más me centraba en ello, más se disolvía el cuarto alrededor, hasta que la arcilla parecía estar girando el aula, la mesa, y la silla junto con ella. Como si todos estuviéramos unidos en este torbellino de movimiento constante, asignados al ritmo de la melodía del salón de música. El cuarto estaba desapareciendo a mí alrededor. Lentamente, estiré una mano y arrastré la punta de un dedo por la arcilla. Entonces un flash, y el cuarto giratorio se disolvió en otra imagen——— Yo estaba cayendo. Nosotros estábamos cayendo. Estaba de regreso en el sueño. Vi su mano. Vi mi mano agarrando la suya, mis dedos cavándose en su piel, su muñeca, en un intento desesperado de aguantar. Pero ella se estaba resbalando; podía sentirlo, sus dedos tirando a través de mi mano. 32
  • 32. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —¡No te sueltes! Quería ayudarla, sostenerla. Más de lo que alguna vez hubiera deseado nada. Y entonces, ella cayó a través de mis dedos… —Ethan, ¿qué estás haciendo?— La Sra. Abernathy sonaba preocupada. Abrí los ojos, y traté de enfocar, para traerme de regreso. Había estado teniendo los sueños desde que había muerto mi mamá, pero ésta era la primera vez que había tenido uno durante el día. Miré mi gris y embarrada mano, cubierta de arcilla seca. La arcilla sobre la rueda de alfarería mantenía la huella perfecta de una mano, como si acabara de aplastar lo que sea que estaba trabajando. Lo miré más de cerca. La mano no era mía, era demasiado pequeña. Era la de una chica. Era la de ella. Miré bajo mis uñas, donde pude ver la arcilla que había agarrado de su muñeca. — Ethan, podrías al menos intentar hacer algo. — La Sra. Abernathy puso su mano en mi hombro, y salté. Fuera de la ventana del aula, escuché el estruendo de un trueno. — Pero Sra. Abernathy, creo que el alma de Ethan se está comunicando con él. Se rió Savannah, inclinándose hacia delante para obtener una mejor vista. — Creo que te está diciendo que consigas una manicura, Ethan. Las chicas a mi alrededor comenzaron a reír. Machaqué la huella de la mano con mi puño, convirtiéndola nuevamente en un trozo de nada gris. Me puse de pie, secándome las manos en los jeans mientras sonaba el timbre. Agarré mi mochila y salí corriendo del cuarto, resbalando en mis zapatillas de caña alta cuando doblé la esquina y casi tropezando con mis desatados cordones mientras bajaba corriendo los dos pisos por escaleras que estaban entre el cuarto de música y yo. Tenía que saber si lo había imaginado. Empujé las puertas dobles del salón de música con ambas manos para abrirlas. El escenario estaba vacío. La clase me estaba pasando en fila. Yo iba en el camino equivocado, dirigiéndome río abajo cuando todos los demás subían. Tomé un aliento profundo, pero supe lo que iba a oler antes de olerlo. Limones y romero. Allí en el escenario, la Srta. Spider estaba recogiendo las partituras, dispersas a lo largo de las sillas plegables que ella usaba para la pobre orquesta Jackson. La llamé: — Discúlpeme, señora. ¿Quién estaba tocando recién esa———esa canción? 33
  • 33. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Ella sonrió en mi dirección. — Tenemos una maravillosa nueva audición para nuestra sección de cuerdas. Una viola. Ella se acaba de mudar al pueblo———— No. No podía ser. No ella. Giré y corrí antes que ella pudiera decir el nombre. Cuando sonó el timbre del octavo período, Link me estaba esperando enfrente de la sala de casilleros. Se pasó la mano por su puntiagudo cabello y enderezó su desteñida camiseta de Balck Sabbath. — Link. Necesito tus llaves, hombre. — ¿Qué pasa con la práctica? — No puedo hacerla. Hay algo que debo hacer. — Tío, ¿de qué estás hablando? — Sólo necesito tus llaves. — Tenía que salir de allí. Estaba teniendo los sueños, escuchando la canción, y ahora desmayándome en medio de la clase, ni siquiera podías llamarlo así. No sabía que estaba pasando conmigo, pero sabía que era malo. Si mi mamá todavía estuviera viva, probablemente le hubiera dicho todo. Ella era así, le podía decir cualquier cosa. Pero se había ido, y mi papá estaba encerrado en su estudio todo el tiempo, y Amma rociaría sal por todo mi cuarto durante un mes si le contara. Estaba por mi cuenta. Link extendió sus llaves. — El entrenador va a matarte. — Lo sé. — Y Amma va a averiguarlo. — Lo sé. — Y va a patear tu trasero todo el camino hasta la Línea del Condado. — Su mano flaqueó cuando agarré las llaves. — No seas estúpido. Me di la vuelta y salí disparado. Demasiado tarde. 34
  • 34. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas 11 de Setiembre COLISIÓN E n el momento en que llegué al coche, yo estaba completamente empapado. La tormenta se había fortalecido toda la semana. Había un aviso del tiempo en cada estación de radio de las que tenía recepción, que no decían mucho considerando que el Beater sólo contaba con tres estaciones, todas del A.M. Las nubes eran totalmente negras y desde que fuera temporada de huracanes, no era algo para tomarse a la ligera. Pero eso no importaba. Necesitaba despejar mi cabeza y comprender lo que estaba pasando, aun si no tenía idea a dónde me estaba dirigiendo. Tuve que encender las luces delanteras incluso para salir del estacionamiento. No podía ver más de tres metros por delante del coche. No era un día para estar conduciendo. Un relámpago partía el oscuro cielo delante de mí. Conté, como Amma me había enseñado años atrás— uno, dos, tres. Los truenos rugían, lo cual significaba que la tormenta no estaba lejos— tres millas de acuerdo a los cálculos de Amma. Me detuve en el semáforo cerca de Jackson, uno de los tres semáforos que tenía el pueblo. No tenía idea de qué hacer. La lluvia martillaba en el Beater. La radio estaba reducida a interferencia estática, pero podía escuchar algo. Giré el mando de volumen y la canción fluía a través de los asquerosos altavoces. Dieciséis Lunas. La canción que había desaparecido de mi lista de reproducción. La canción que nadie más parecía escuchar. La canción que Lena Duchannes había tocado en la viola. La canción que me estaba volviendo loco. 35
  • 35. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas El semáforo se puso en verde y el Beater se tambaleó cuando comencé a manejar. Estaba en camino, y no tenía ni la menor idea de a dónde iba. Un relámpago rasgó el cielo de lado a lado. Conté— uno, dos. La tormenta se estaba acercando. Encendí los limpiaparabrisas. No sirvió de nada. Ni siquiera podía ver la mitad de la cuadra. Relampagueó. Conté— uno. Un trueno resonó por encima del techo del Beater, y la lluvia comenzó en dirección horizontal. El parabrisas se sacudió como si fuera a doblarse en cualquier segundo, lo cual, considerando la condición del Beater, podría pasar. Yo no estaba persiguiendo la tormenta. La tormenta me estaba persiguiendo y me había encontrado. Apenas podía mantener las llantas en la resbaladiza carretera y el Beater empezó a zigzaguear, patinando erráticamente de ida y vuelta entre los dos carriles de la Ruta 9. No podía ver nada. Golpeé fuertemente los frenos, girando fuera de control hacia la oscuridad. La luces delanteras parpadearon, por apenas un segundo, y un par de enormes ojos verdes me miraban fijamente desde la mitad de la carretera. Al principio creí que era un venado, pero estaba equivocado. ¡Había alguien en el camino! Tiré del volante con ambas manos, tan fuerte como pude. Mi cuerpo se estrelló contra un lado de la puerta. Su mano estaba extendida. Cerré mis ojos esperando el impacto, pero nunca llegó. El Beater se detuvo bruscamente, no a más de tres pies (91.44cm) de distancia. Las luces delanteras hacían un pálido círculo de luz en la lluvia, reflejando uno de esos ponchos baratos que uno puede comprar por tres dólares en una farmacia. Era una chica. Lentamente, ella se quitó la capucha de su cabeza, dejando que la lluvia corriera por su cara. Ojos verdes, cabello negro. Lena Duchannes. Yo no podía respirar. Sabía que ella tenía ojos verdes; los había visto antes. Pero esta noche lucían diferentes— diferentes a cualquier ojos que jamás había visto. Eran enormes y extrañamente verdes, un verde eléctrico, como los relámpagos de la tormenta. Parada en la lluvia de esa manera, ella casi no parecía humana. Salí torpemente del Beater hacia la lluvia, dejando el motor encendido y la puerta abierta. Ninguno de los dos dijo una palabra, parados en la mitad de la Ruta 9 en un aguacero que sólo ves durante un huracán o una ventisca. La adrenalina bombeaba a través de mis venas y mis músculos se tensaron, como si mi cuerpo estuviera todavía esperando el choque. 36
  • 36. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas El cabello de Lena se batía rápidamente por el viento a su alrededor, chorreando agua por la lluvia. Di un paso hacia ella y el olor me golpeó. Limones húmedos. Romero húmedo. Todo a la vez, el sueño comenzó a llegar de nuevo a mí, como olas cayendo sobre mi cabeza. Sólo que esta vez, cuando ella se deslizaba a través de mis dedos— Pude ver su cara. Ojos verdes y cabello negro. Me acordé. Era ella. Ella estaba parada justo en frente de mí. Tenía que estar seguro. Agarré su muñeca. Allí estaban: los pequeños arañazos en forma de luna, justo donde mis dedos la agarraban en el sueño. Cuando la toqué, la electricidad recorrió mi cuerpo. Un rayo cayó sobre un árbol a menos de diez metros donde estábamos parados, partiendo el tronco perfectamente a la mitad. Y comenzó a arder lentamente. — ¿Estás loco O sólo eres un pésimo conductor?— Ella se alejó de mí, con sus ojos verdes brillando intermitentemente ¿con ira?, con algo. — Eres tú. — ¿Qué estabas tratando de hacer, matarme? — Eres real. — Las palabras se sentían extrañas en mi boca, como si estuviera llena de algodón. — Un cadáver real, casi. Gracias a ti. — No estoy loco. Creí que lo estaba, pero no lo estoy. Eres tú. Estás parada justo en frente mío. — No por mucho tiempo. — Ella me dio la espalda y emprendió su camino. Esto no estaba saliendo de la manera en que lo había imaginado. Corrí para alcanzarla. — Tú eres la que apareció de la nada y acabó en medio de la carretera. Ella movió el brazo dramáticamente como si estuviera espantada con la idea. Por primera vez, vi el coche negro y largo en las sombras. El coche fúnebre, con su capó. — ¿Hola? Estaba buscando alguien que me ayudara, genio. El coche de mi tío murió. Podías sólo haber pasado por delante. No tenías por que tratar de atropellarme. — Estabas en los sueños. Y la canción. La extraña canción en mi iPod. Ella se dio vuelta. — ¿Qué sueños? ¿Qué canción? Estás borracho o ¿esto se trata de algún tipo de broma? — Sé que eres tú. Tú tiene las marcas en tu muñeca. 37
  • 37. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Ella volteó su mano y la miró, confundida. — ¿Estás? Tengo un perro. Supéralo. Pero yo sabía que no estaba equivocado. Ahora podía ver la cara de mis sueños demasiado clara. ¿Era posible que ella no lo supiera? Ella se puso la capucha y emprendió su largo camino hacia Ravenwood en la torrencial lluvia. La alcancé. — Una sugerencia. La próxima vez, no salgas de tu coche en medio de la carretera durante una tormenta. Llama al 911. Ella no paró de caminar. — No estaba a punto de llamar a la policía. Ni siquiera se supone que debería de manejar. Sólo tengo un permiso de aprendizaje. De todos modos, mi celular no funciona. Claramente ella no era de por aquí. La única manera en que te detenían en este pueblo era si estabas manejando del lado equivocado de la carretera. La tormenta se estaba reanudando. Tuve que gritar por encima del rugido de la lluvia. — Sólo déjame darte un aventón a casa. No deberías estar aquí afuera. — No gracias. Esperaré a que el siguiente chico me atropelle. — No va a haber otro chico. Podrían pasar horas antes de que alguien más venga por aquí. Ella comenzó a caminar, otra vez. — No hay problema. Caminaré. No podía dejarla deambular sola en la torrencial lluvia. Mi mamá me había enseñado mejores modales. — No puedo dejar que camines hasta tu casa con este clima—. Como si fuera el momento justo, un trueno retumbo sobre nuestras cabezas. Su capucha voló. —Manejaré como mi abuelita. Manejaré como tu abuelita. — No dirías eso si conocieras a mi abuela. — El viento se estaba haciendo más fuerte. Ahora ella estaba gritando, también. — Vamos. — ¿Qué? — Al coche. Entra conmigo. Me miró fijamente, y por un segundo no estaba seguro de que ella iba a ceder. — Supongo que es más seguro que ir caminando. Contigo en el camino, de todos modos. 38
  • 38. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas El Beater estaba empapado. Link se descompensaría cuando lo viera. La tormenta parecía diferente una vez que estábamos en el coche, fuerte y silenciosa. Podía oír la lluvia golpeando el techo, pero era casi ahogada por el sonido de los latidos de mi corazón y de mis dientes rechinando. Forcé el carro para que arrancara. Estaba tan consciente de Lena sentada a mi lado, a unos cuantos centímetros de distancia en el asiento del pasajero. Le di una mirada furtiva. A pesar de que ella era una molestia, era hermosa. Sus ojos verdes eran enormes. No podía comprender por qué se veían tan diferentes esta noche. Ella tenía las pestañas más largas que jamás había visto y su piel era pálida se hacía aun más clara por el contraste de su natural cabello negro. Ella tenía una pequeña marca de nacimiento de color marrón claro en el pómulo justo debajo de su ojo izquierdo, era algo con forma de media luna. Ella no se parecía a nadie de Jackson. No se parecía a nadie que hubiera visto jamás. Ella se quitó el poncho mojado sobre su cabeza. Su camiseta negra y sus jeans se aferraban a ella como si hubiera caído a una piscina, su chaleco gris goteaba constantemente agua en el asiento de cuero. — Me estas m—mirando. Miré a otro lado, a través del parabrisas, a cualquier lugar, pero mi mirada volvía a ella. — Deberías quitarte eso. Sólo te dará más frío. Podía ver su torpeza con los delicados botones de plata en el chaleco, incapaz de controlar el temblor de sus manos. Me incliné hacia delante y ella se quedó inmóvil. Como si me hubiera atrevido a tocarla de nuevo. — Voy a subir el calor. Volvió su atención a los botones. — Gra-Gracias. Pude ver sus manos— más tinta, ahora con manchadas por la lluvia. Sólo lograba ver algunos números. Tal vez un uno o un siete, un cinco y un dos. 152. ¿De qué se trataba todo eso? Le eché un vistazo al asiento trasero buscando una vieja cobija militar que Link usualmente mantenía allí. En vez de eso había una bolsa de dormir cutre, probablemente de la última vez que Link se metió en problemas en su casa y tuvo que dormir en el coche. Olía como a humo de una fogata y a moho del sótano. Se la entregué a ella. — Mmmm. Eso está mejor. — Ella cerró los ojos. Podía sentir su alivio por la temperatura del calefactor y me relajé, con sólo mirarla. El rechinar de los dientes era más lento. Después de eso, nos fuimos en silencio. El único sonido era el de la 39
  • 39. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas tormenta y el de las llantas rodando y rociando al pasar por la carretera que se había convertido en un lago. Ella trazó algunas figuras con sus dedos en la ventana llena de niebla. Traté de mantener mis ojos en el camino, traté de recordar el resto del sueño— algún detalle, con el que pudiera demostrarle que ella era, no sé, ella, y que yo era yo. Pero cuanto más me esforzaba, todo parecía desvanecerse, entre la lluvia, la carretera y el paso de campos de acres y acres de tabaco, desperdiciados con arcaica maquinaria agrícola y la podredumbre de viejos graneros. Llegamos a los alrededores del pueblo y pude ver el desvió en el camino. Si tomabas la izquierda, hacia mi casa, llegarías al Rio que es donde están todas las casas restauradas después de la guerra. Esa era también la manera de salir del pueblo. Cuando llegamos a la bifurcación, automáticamente comencé a girar a la izquierda, por la costumbre. La única cosa a la derecha era la Plantación Ravenwood y nadie iba allí. — No, espera. Ve a la derecha, — dijo. — Oh, sí. Lo siento— Me sentí mal. Subimos por la colina hacia Ravenwood Manor, la colosal casa. Estaba tan envuelto en ella, que había olvidado quien era. La chica con la que había estado soñando durante meses, la chica de la que no podía dejar de pensar, era la sobrina de Mancon Ravenwood. Y yo estaba llevándola a su casa la Mansión Embrujada— así era como la llamábamos. Así era como yo la había llamado. Ella se miró las manos. Yo no era el único que sabía que ella estaba viviendo en la Mansión Embrujada. Me preguntaba lo que ella había oído en los pasillos. Si sabía lo que todo el mundo estaba diciendo sobre ella. La mirada incómoda en su cara decía que si. No sabía por qué, pero no podía soportar verla así. Trate de pensar en algo que decir para romper el silencio. — Así que, ¿por qué te viniste a vivir con tu tío? Por lo general las personas tratan de irse de Gatlin, nadie se viene a vivir aquí. Escuché el alivio en su voz. — He vivido en todas partes. Nueva Orleans, Savannah, Los Cayos de Florida, Virginia, por unos pocos meses. Incluso viví en barbados por un tiempo. Me di cuenta que no había respondido la pregunta, pero yo no podía dejar de pensar en lo mucho que habría matado para vivir en uno de esos lugares, incluso por un verano. — ¿Dónde están tus padres? — Están muertos. Sentí que mi pecho se apretaba. — Lo siento. 40
  • 40. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas — Está bien. Ellos murieron cuando yo tenía dos años. Incluso no puedo recordarlos. He vivido con muchos de mis familiares, sobre todo con mi abuela. Ella tenía que hacer un viaje por unos cuantos meses. Por eso me estoy quedando con mi tío. — Mi mama murió, también. Accidente de coche. — No tenía idea porque lo dije. Pasaba la mayor parte de mi tiempo tratando de no hablar acerca de eso. — Lo siento. No dije que estaba bien. Tenía la sensación de que ella era el tipo de chica que sabía que no estaba bien. Nos detuvimos frente a una curtida puerta negra de hierro forjado. Delante de mí, en el nacimiento de la colina, a pena visible a través de la manta de niebla, permanecían en pie las ruinas y los restos de la casa de plantación más antigua y conocida de Gatlin, Ravenwood Manor. Nunca había estado tan cerca de esa casa antes. Apagué el motor. Ahora la tormenta se había desvanecido a una especie de llovizna suave y constante. — Parece que los truenos se han ido. — Estoy segura de que habrán más de donde viene. — Tal vez. Pero no esta noche. Ella me miró, casi con curiosidad, — No. Creo que hemos terminado por esta noche. — Sus ojos parecían diferentes. Se habían desvanecido a un tono menos intenso de verde y estaban más pequeños de alguna manera— no pequeños, pero si tenían una apariencia más normal. Empecé a abrir mi puerta, para acompañarla a la casa. — No, no lo hagas. — Ella parecía avergonzada. — Mi tío es un poco tímido. — Esa era una descripción que se quedaba corta. Mi puerta estaba entreabierta. Su puerta estaba entre abierta. Los dos nos estábamos mojando aun más, pero sólo nos quedamos sentados sin decir nada. Yo sabía lo que quería decir, pero también sabía que no podía decirlo. No sabía porque estaba sentado aquí, empapado, en frente de Ravenwood Manor. Nada tenía sentido, pero sabía una cosa. Una vez manejara por la colina y volviera a la Ruta 9, todo cambiaría de nuevo. Todo tendría sentido. ¿Verdad? Ella habló primero. — Gracias, supongo. — ¿Por no atropellarte? Ella sonrió. — Si, por eso. Y por el aventón. 41
  • 41. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Sonreímos, casi como si fuéramos amigos, lo cual era imposible. Empecé a sentir claustrofobia, como si tuviera que salir de allí. — No fue nada. Quiero decir, es genial. No te preocupes por eso. Lancé la capucha de mi buzo de baloncesto de la manera en que Emory había hecho cuando una de las chicas con las que se había disipado trataba de hablar con él en el pasillo. Ella me miró, sacudiendo su cabeza y me tiró la bolsa de dormir, un poco duro. La sonrisa se había ido. — Lo que sea. Nos veremos por aquí. — Ella me dio la espalda, pasó por las puertas y subió la empinada y barrosa entrada que dirigía a la casa. Cerré la puerta. La bolsa de dormir estaba en el asiento. La recogí para tirarla hacia la parte trasera. Todavía tenía el olor a humo de fogata con moho, pero ahora también olía un poco a limones y romero. Cerré mis ojos, cuando los abrí, ella ya estaba en la mitad del camino hacia la entrada de la casa. Bajé la ventana. — Ella tiene un ojo de vidrio. Lena me miró. — ¿Qué? Grité, la lluvia goteaba en el interior de la puerta del coche. — La señora English. Tienes que sentarte al otro lado, o ella te hará hablar. Ella sonrió mientras la lluvia bajaba por su cara. — Tal vez me gusta hablar. — Se dio vuelta de nuevo hacia Ravenwood y subió las escaleras del porche. Di marcha atrás en el coche y volví hasta el desvío en el camino, y así poder cambiar a la forma en que usualmente me desviaba y tomar el camino que había tomado toda mi vida. Hasta hoy. Vi algo brillando desde la hendidura del asiento. Un botón de plata. Lo metí en mi bolsillo, y me pregunté qué soñaría esta noche. 42
  • 42. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas 12 de Setiembre CRISTALES ROTOS N ada. Fue un largo, sueño sin sueños, el primero que he tenido en mucho tiempo. Cuando desperté, la ventana estaba cerrada. No había barro en mi cama, no había misteriosas canciones en mi iPod. Comprobé dos veces. Incluso mi ducha sólo olía como jabón. Me quedé en mi cama, mirando el techo azul de mi cuarto, pensando en ojos verdes y cabello negro. La sobrina del Viejo Ravenwood. Lena Duchannes, que rima con lluvia. ¿Cuán lejos podría llegar un chico? Cuando Link se detuvo, estaba esperándolo en la acera. Me subí y mis zapatillas se hundieron en el tapete mojado, lo que hacía que el cacharro oliera incluso peor que de costumbre. Link sacudió su cabeza. — Lo siento, hombre. Trataré de secarlo después de la escuela. — Lo que sea. Sólo hazme un favor y bájate del tren de la locura, o todos estarán hablando de ti en vez de la sobrina del Viejo Ravenwood. Por un segundo, consideré guardarlo para mí mismo, pero tenía que decírselo a alguien. — La vi. — ¿A quién? 43
  • 43. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas — Lena Duchannes. Me miró en blanco. — La sobrina del Viejo Ravenwood. En el momento en que nos detuvimos en el estacionamiento, le había contado a Link toda la historia. Bueno, tal vez no toda la historia. Incluso los mejores amigos tienen sus límites. Y no podía decir que él creyera todo, pero entonces otra vez, ¿Quién lo haría? Yo seguía teniendo dificultades para creerlo por mí mismo. Pero incluso si él no tenía claro los detalles, mientras caminábamos para unirnos a los chicos, él tenía claro una cosa. Control de daños. — No es como si algo pasara. Tú la llevaste a su casa. — ¿Nada pasó? ¿Has tan siquiera escuchado? He estado soñando con ella por meses y ella resulto ser—— Link me cortó. — Ustedes no se acostaron ni nada. Tú no entraste en la Mansión Embrujada ¿Verdad? y nunca lo viste, ya sabes… a él. — Incluso Link no podía intentar decir su nombre. Una cosa era estar con una chica hermosa, en cualquier situación. Otra cosa era pasar el rato con el Viejo Ravenwood. Sacudí mi cabeza, — No, pero—— — Lo sé, lo sé. Estás jodido. Yo sólo estoy diciendo, que te lo guardes para ti, amigo. Todo esto es una estricta necesidad—de—conocer los principios básicos. Como en, nadie más necesita saberlo. — Yo sabía que iba a ser difícil. No sabía que iba a ser imposible. Cuando abrí la puerta de Ingles, todavía estaba pensando en todo—sobre ella, la nada que había pasado—. Lena Duchannes. Tal vez era la forma en que ella usaba ese loco collar con toda esa basura en él, como si cada cosa que tocara podría importarle o realmente le importara. Tal vez era la forma en que usaba esas desgastadas zapatillas ya fuera que llevara pantalones o vestido, como si pudiera salir corriendo, en cualquier momento. Cuando la miraba, yo estaba más lejos de Gatlin de lo que nunca había estado. Tal vez era eso. Supongo que cuando comencé a pensar, me detuve, y sentí a alguien atropellarse contra mí. Sólo que no fue una aplanadora esta vez, más bien fue un tsunami. Habíamos chocado, fuerte. Al momento en que nos tocamos, la luz del techo parpadeo sobre nosotros, y una lluvia de chispas cayó sobre nuestras cabezas. Las esquivé. Ella no lo hizo. 44
  • 44. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas — ¿Estas tratando de matarme por segunda vez en dos días, Ethan?— Se hizo un silencio muerto en el cuarto. — ¿Qué?— apenas y pude hacer salir mi voz. — Dije ¿Estas tratando de matarme de nuevo? — No sabía que estabas allí. — Eso fue lo que dijiste anoche. Anoche. La pequeña palabra que podía cambiar tu vida para siempre en Jackson. Incluso aunque había un montón de luces todavía funcionando, se podría decir que había un proyector sobre nosotros por la audiencia que teníamos. Pude sentir a mi cara tornarse roja. — Lo siento. Quiero decir—hola. — Murmuré, sonando como un idiota. Parecía divertirse. Colgó su mochila en la misma mesa en la que se había sentado toda la semana, justo en frente de la Sra. Ingles. El lugar del Ojo Bueno. Había aprendido mi lección. No había quien le dijera a Lena Duchannes donde se podía o no podía sentar. No importa lo que pienses acerca de los Ravenwoods, tenías que reconocerle eso. Me deslicé en el asiento a su lado, justo en el centro de la Tierra de Nadie. Como lo había hecho toda la semana. Sólo que esta vez ella me hablaba, y de alguna manera eso hizo todo diferente. No una mala diferencia, simplemente aterrador. Ella comenzó a sonreír pero se contuvo. Traté de pensar en algo interesante que decir, o al menos no estúpido. Pero antes de que se me ocurriera algo, Emily se sentó a mi lado, con Eden Westerly y Charlotte Chase acompañándola a su otro lado. Seis filas más cerca de lo habitual. Ni siquiera sentarme en el lugar del Ojo Bueno iba a ayudarme hoy. La Sra. Ingles levantó la mirada de su escritorio, sospechando. — Hey, Ethan. — Eden se volvió hacia mí, y sonrió, como si yo hiciera parte de su pequeño juego. — ¿Cómo te va? No me sorprendía ver a Eden seguir el ejemplo de Emily. Ella era sólo otra de las niñas bonitas que no era lo suficientemente bonita para ser Savannah. Eden era estrictamente una segunda en el grupo, en el equipo de animadoras y en la vida. No era una base, no era un volante, a veces ni siquiera estaba en la escuadra. Eden nunca dejaba de intentar hacer algo para dar el salto, sin embargo. Ella pensaba que era diferente, a excepción de, supongo, la parte de ser diferente. Nadie es diferente en Jackson. 45
  • 45. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas — No queremos que tengas que sentarte aquí solo. — Se rió Charlotte. Si Eden era segunda, Charlotte era tercera. Ella era una de las cosas que una respetable animadora de Jackson no debería ser, un poco gruesa. Charlotte nunca había perdido su grasa de bebé, y a pesar de hacer una dieta perpetua simplemente no podía deshacerse de esos últimos cuatro kilos y medio. No era su culpa; ella siempre lo intentaba. Comerse el pastel y dejar la corteza. El doble de galletas y la mitad de la salsa. — ¿Puede este libro ser más aburrido?— Emily ni siquiera miró en mi dirección. Esta era una disputa territorial. Ella podría haberme abandonado, pero al parecer no quería ver a la sobrina del Viejo Ravenwood en ningún lugar cerca de mí. — Como si yo quisiera leer sobre una ciudad llena de personas completamente locas. Tenemos suficientes por aquí. Abby Porter que por lo general se sienta en el lugar del Ojo Bueno, se sentó al lado de Lena y le dio una débil sonrisa. Lena le sonrió y pareció como si Abby le fuera a decir algo agradable, pero Emily le disparó a Abby una mirada que dejaba claro que la famosa hospitalidad sureña no se aplicaba a Lena. Desafiar a Emily Asher era un acto de suicidio social. Abby sacó su carpeta del Consejo Estudiantil y escondió su nariz en ella, ignorando a Lena. Mensaje recibido. Emily se volvió hacia Lena y con destreza le lanzó una mirada que logró abrirse camino desde la parte superior de Lena, el cabello no—tinturado, pasando la cara no— bronceada, bajando a la punta de las uñas no—pintadas de color rosa. Eden y Charlotte se dieron la vuelta en sus sillas para quedar de frente a Emily, como si Lena no existiera. La ley del hielo—era como si tuvieran quince años. Lena abrió su destartalado cuaderno argollado y comenzó a escribir. Emily sacó su teléfono y comenzó a digitar. Miré hacia abajo, a mi cuaderno, y deslicé mi cómic de Silver Surfer entre las páginas, lo cual era más difícil de hacer en la primera fila. — Muy bien, damas y caballeros, ya que parece que el resto de las luces permanecerán encendidas, no tendrán suerte. Espero que todos hayan hecho la lectura correspondiente al día de hoy. — La Sra. Ingles estaba garabateando locamente en la pizarra. — Les daré un minuto para analizar los conflictos sociales en una pequeña ciudad. Alguien debería habérselo dicho a la Sra. Ingles. A mitad de la clase, teníamos más que un conflicto social en una pequeña ciudad. Emily estaba coordinando un ataque a gran escala. — ¿Quién sabe porque Atticus está dispuesto a defender a Tom Robimson, en cara de la insignificancia y el racismo? — Apuesto a que Lena Ravenwood sabe. — Dijo Eden, sonriendo inocentemente a la Sra. Ingles. Lena miró hacia abajo, a las líneas de su cuaderno, pero no dijo nada. 46
  • 46. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas — Cállate. — Susurré, un poco demasiado fuerte. — Sabes que ese no es su nombre. — Ese bien podría ser su nombre. Ella vive con ese monstruo. — Dijo Charlotte. — Cuida lo que dices. Escuché que eran, como, una pareja. — Emily estaba sacando la artillería pesada. — Suficiente. — La Sra. Ingles volvió su ojo bueno hacia nosotros, y todos nos callamos. Lena cambió de postura, su silla chirrió con fuerza contra el suelo. Me incliné hacia adelante a propósito, tratando de convertirme en un muro entre Lena y Emily y sus secuaces como si pudiera físicamente desviar sus comentarios. No puedes. ¿Qué? Me senté, sorprendido. Miré a mi alrededor, pero nadie me estaba hablando; nadie estaba hablando en absoluto. Mire a Lena. Todavía estaba medio escondida en su cuaderno. Genial. No era suficiente soñar con chicas reales y escuchar canciones imaginarias. Ahora tenía que escuchar voces, también. Toda la cosa de Lena estaba realmente afectándome. Supongo que me sentía responsable, en cierto modo. Emily, y el resto de ellas, no la odiarían tanto si no fuera por mí. Lo harían. Ahí estaba de nuevo, una voz tan silenciosa que apenas podía oírla. Era como si viniera de la parte de atrás de mi cabeza. Eden, Charlotte y Emily siguieron disparando, y Lena ni siquiera parpadeó, como si pudiera sólo bloquearlas si continuaba escribiendo en su cuaderno. — Harper Lee parece decir que no puedes conocer realmente a alguien hasta que te pongas en sus zapatos. ¿Qué piensan de eso? ¿Alguien? Harper Lee nunca vivió en Gatlin. Mire a mí alrededor, sofocando la risa. Emily me miró como si estuviera loco. Lena levantó su mano. — Creo que significa que tienes que darle a la gente una oportunidad. Antes de que automáticamente saltes a la parte de odiarla. ¿No lo crees, Emily?— ella miró a Emily y sonrió. — Tú eres un poco extraña. — Susurró Emily en voz baja. No tienes ni idea. 47
  • 47. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Miré más de cerca a Lena. Se había dado por vencida con su cuaderno; ahora estaba escribiendo sobre su mano con tinta color negro. No tenía que verlo para saber lo que era. Otro número. 151. Me pregunté lo que significaba, y por qué no podía ir escrito en su cuaderno. Enterré mi cabeza de vuelta a Silver Surfer. — Hablemos de Boo Radley. ¿Qué los llevaría a creer el que esté dejando regalos para los niños? — Él es como el Viejo Ravenwood. Probablemente trata de atraer a esos niños hacia su casa para así poder matarlos. — Susurró Emily, lo suficientemente alto como para que Lena escuchara, pero lo suficientemente bajo para mantenerlo fuera de los oídos de la Sra. Ingles. — Después puede poner sus cuerpos en su coche fúnebre y llevarlos a la mitad de la nada y enterrarlos. Cállate. Escuché la voz en mi cabeza de nuevo, y algo más. Era un sonido crujiente. Apenas perceptible. — Y él tiene ese loco nombre de Boo Radley. De nuevo, ¿Qué es? — Tiene razón, ese espeluznante nombre Bíblico nadie lo usa hoy en día. Me puse rígido. Sabía que estaban hablando del Viejo Ravenwood, pero también estaban hablando de Lena. — Emily, ¿Por qué no te tomas un descanso?— le respondí. Ella entrecerró los ojos. — Es un monstruo. Todos ellos lo son y todos lo saben. Dije que te calles. El crujido fue cada vez más fuerte y empezó a sonar más como algo astillándose. Miré a mi alrededor. ¿Qué era ese sonido? Aunque era extraño, no se parecía a algo que hubiera oído antes—como la voz. Lena estaba mirando al frente, pero su mandíbula estaba apretada y estaba extrañamente concentrada en un punto en la pared, como si no pudiera ver nada más que ese punto. La habitación parecía hacerse cada vez más pequeña, diminuta. Escuché la silla de Lena arrastrándose de nuevo por el suelo. Ella se levantó de su asiento, se acercó a la biblioteca bajo la ventana, a un lado de la habitación. Probablemente pretendiendo afilar su lápiz, así ella podría escapar de lo inevitable, el juez y jurado de Jackson. El sacapuntas comenzó a funcionar. — Melchizedek, eso es todo. Detente. 48
  • 48. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Todavía podía escuchar el sacapuntas. — Mi abuela dice que es el nombre del mal. Detente detente detente. — Es apropiado para él, también. ¡SUFICIENTE! Ahora la voz era tan fuerte que me tapé los oídos. El sacapuntas se detuvo. Cristales salieron volando, fragmentándose en el aire, mientras la ventana se rompía de la nada— la ventana al lado derecho de nuestra fila, justo al lado de donde Lena estaba parada afilando su lápiz. Justo al lado de Charlotte, Eden, Emily y yo. Ellas gritaron y saltaron de sus asientos. Fue entonces cuando descubrí de donde había venido el sonido. La presión. Pequeñas grietas se formaban en el cristal, extendiéndose como dedos, hasta que la ventana se desplomó hacia el interior como si hubiera sido tirada por un hilo. Se armó un caos. Las niñas gritaban. Todos en la clase se escabullían de sus asientos. Incluso yo salté. — No entren en pánico. ¿Están todos bien?— dijo la Sra. Ingles, tratando de recuperar el control. Me volví hacia el sacapuntas. Quería asegurarme de que Lena estaba bien. No lo estaba. Estaba de pie junto a la ventana rota, rodeada de cristal, mirándose a sí misma con pánico. Su cara estaba incluso más pálida de lo normal, sus ojos incluso más grandes y verdes. Al igual que anoche en la lluvia. Pero parecían diferentes. Parecían asustados. Ya no se veían tan valientes. Ella extendió ambas manos. Una de ellas estaba cortada y sangrando. Gotas rojas salpicaron el linóleo del suelo. −Yo no quería ¿Había ella roto el cristal? ¿O el cristal se había roto y la había cortado? — Lena—— Ella salió disparada de la habitación, antes de que pudiera preguntarle si estaba bien. — ¿Viste eso? ¡Ella rompió la ventana! ¡Ella la golpeó con algo cuando caminó hacia allí! — Ella golpeó el cristal con su puño. ¡Lo vi con mis propios ojos! — ¿Entonces como es que ella no está llena de sangre? 49
  • 49. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas — ¿Qué eres? ¿CSI? Ella trató de matarnos. — Estoy llamando a mi papi en este momento. ¡Ella está loca, al igual que su tío! Se oían como una manada de gatos rabiosos, gritándose entre ellos. La Sra. Ingles intentaba restaurar el orden, pero pedía lo imposible. — Que todo el mundo se calme. No hay razón para entrar en pánico. Los accidentes ocurren. Es probablemente algo que puede ser explicado, como una vieja ventana y viento. Pero nadie creía que eso pudiera ser explicado como una vieja ventana y viento. Más bien la explicaban como la sobrina del Viejo y una tormenta eléctrica. La tormenta de ojos verdes que acababa de llegar al pueblo. El huracán Lena. Una cosa es segura. El clima ha cambiado, es cierto. Gatlin nunca ha visto una tormenta como esta. Y ella probablemente ni siquiera sabía que estaba lloviendo. 50
  • 50. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas 12 de Setiembre GREENBRIER N o lo hagas. Podía oír su voz en mi cabeza. Al menos pensaba que podía. No vale la pena, Ethan. Lo hacía. Ahí fue cuando empujé mi silla hacia atrás y corrí por el pasillo tras ella. Supe lo que había hecho. Había escogido un lado. Estaba en un tipo diferente de problema ahora, pero no me importaba. No era sólo Lena. Ella no era la primera. Los había visto hacerlo, toda mi vida. Se lo hicieron a Allison Birch cuando su eccema se puso tan mal que nadie se sentaba a su lado en la mesa del almuerzo, y al pobre Scotter Richman porque era el peor tocando trombón en toda la historia de la orquesta sinfónica de Jackson. Aunque nunca había tomado un marcador y escrito PERDEDOR a través de un casillero por mí mismo, me había limitado a observar, un montón de veces. De cualquier manera, siempre me había molestado. Sólo que nunca lo suficiente como para salir de la habitación. Pero alguien tenía que hacer algo. Toda una escuela no podía sólo acabar con una persona así. Todo un pueblo no podía sólo acabar con una familia. Excepto, por supuesto, que ellos podían, porque lo habían estado haciendo siempre. Tal vez por eso Macon Ravenwood no había salido de su casa desde antes de que yo naciera. 51
  • 51. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Yo sabía lo que estaba haciendo. No lo sabes. Crees que lo haces, pero no. Ella estaba allí en mi cabeza de nuevo, como si siempre hubiera estado allí. Sabía a lo que me iba a enfrentar el día siguiente, pero nada de eso importaba para mí. Lo único que me importaba era encontrarla. Y no podría decir si esto era por ella o por mí. De cualquier manera, no tenía opción. Me detuve en el laboratorio de Biología, sin aliento. Link me miró y me lanzó sus llaves, sacudiendo su cabeza sin ni siquiera preguntar. Las atrapé y continúe corriendo. Estaba bastante seguro de saber dónde encontrarla. Si tenía razón, ella había ido a un lugar donde nadie iría. Al lugar donde yo hubiera ido. Había ido a casa. Incluso si su casa era Ravenwood, se había ido a su casa en Gatlin. La Ravenwood Manor apareció frente a mí. Se levantaba sobre la colina como un reto. No estoy diciendo que estaba asustado, porque esa no es exactamente la palabra para ello. Yo estaba asustado cuando la policía tocó a la puerta la noche en que murió mi madre. Estaba asustado cuando mi papá desapareció en su estudio y me di cuenta que en realidad, nunca volvió a salir. Tenía miedo cuando era un niño y Amma se puso oscura, cuando descubrí que las pequeñas muñecas que hacía no eran juguetes. No tenía miedo de Ravenwood, incluso si resultaba ser tan espeluznante como se veía. Lo inexplicable era una clase de presunción en el Sur; todo pueblo tiene una casa embrujada, y si le preguntabas a la mayoría de los habitantes, al menos un tercio de ellos han visto un fantasma o dos en su vida. Además, he vivido con Amma, cuyas creencias incluyen pintar nuestras cortinas de azul fantasma para dejar los espíritus fuera, y cuyos embrujos están hechos de crin de caballo y tierra. Así que estaba acostumbrado a lo inusual. Pero el Viejo Ravenwood, eso era otra cosa. Caminé hacia la puerta y vacilante puse la mano en el hierro destrozado. La puerta se abrió. Y entonces, no pasó nada. Ningún trueno, ninguna combustión, ninguna tormenta. No sabía lo que esperaba, pero si había aprendido algo de Lena hasta ahora, era esperar lo inesperado, y a proceder con cautela. Si alguien me hubiera dicho hace un mes que caminaría a través de estas puertas, subiría esa colina, y pondría un pie en la tierra de los Ravenwood, le hubiera dicho que estaba loco. En un pueblo como Gatlin, donde puedes ver todo lo que viene, no había visto esto. La última vez, sólo había llegado hasta las puertas. Mientras más me acercaba, más fácil era ver como todo se estaba desmoronando. La gran casa, Ravenwood Manor, se veía igual a las estereotipadas plantaciones del Sur que la gente del Norte esperaba ver después de los años en películas como Lo que el Viento se llevó. 52
  • 52. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas La Ravenwood Manor era aun impresionante, al menos en gran escala. Flanqueada por palmas pequeñas y cipreses, se veía como si pudiera haber sido el tipo de lugar donde la gente se sentaba en el porche bebiendo cócteles de menta y jugando cartas todo el día, si no se estuviera cayendo a pedazos. Si no fuera Ravenwood. Fue un renacimiento griego, lo cual era raro en Gatlin. Nuestro pueblo estaba lleno de estilo federal y casas de plantaciones, lo que hacía que Ravenwood destacara más como el dolor en el pulgar que era. Grandes, blancas y rústicas columnas, con la pintura descascarada por los años de abandono, soportaban un techo que se inclinaba bruscamente hacia un lado, dando la impresión de que toda la casa estuviera inclinada como una anciana reumática (que sufre de artritis). La cubierta del porche estaba astillada y completamente separada de la casa, amenazaba con derrumbarse si te atrevías a poner tan siquiera un pie sobre ella. La hiedra era tan espesa en las paredes exteriores que en algunos lugares se hacía imposible ver las ventanas bajo ella. Como si la tierra se hubiera encargado de tragarse la casa, tratando de llevarla de vuelta, desapareciéndola en la misma tierra donde había sido construida. Había un dintel, la parte de la viga que se encuentra sobre la puerta en algunos edificios realmente antiguos. Pude ver una especie de tallado en el dintel. Símbolos. Parecían como círculos y medias lunas, tal vez las fases de la luna. Di un tentativo paso sobre la quejumbrosa escalera para verlos más de cerca. Yo sabía algo sobre dinteles. Mi madre había sido una historiadora de la Guerra Civil, y me los había señalado en nuestras innumerables peregrinaciones a cada sitio histórico a un día de camino de Gatlin. Ella decía que eran muy comunes en las viejas casa y castillos, en lugares como Inglaterra y Escocia. Los cuales eran algunos de los lugares de donde venían algunas de las personas de por aquí, bueno, antes de que fuesen de por aquí. Nunca había visto uno con símbolos tallados en él antes, sólo palabras. Esos eran más como jeroglíficos, que rodeaban lo que parecía una sola palabra, en un idioma que no reconocía. Probablemente significaban algo para las generaciones de Ravenwood que vivían aquí antes de que el lugar se cayera a pedazos. Tomé aire y salté el resto de escalones del porche, dos a la vez. Calculé que aumentarían mis probabilidades de caer a través de ellos un cincuenta por ciento si sólo tocaba la mitad de ellos. Alcancé el anillo de bronce suspendido de la boca de un león que servía como aldaba, y llamé a la puerta. Toqué una vez, otra vez. Ella no estaba en casa. Me había equivocado, después de todo. Pero entonces la escuché, la melodía familiar. Dieciséis lunas. Ella estaba aquí en alguna parte. Golpeé con el anillo de bronce sobre la puerta. Se quejó, y escuché un brusco salto de respuesta al otro lado de la puerta. Me preparé para ver a Macon Ravenwood, a quien 53
  • 53. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas nadie había visto en el pueblo, no en mi vida de todos modos. Pero la puerta no se abrió. Miré el dintel, y algo me dijo que lo intentara. Quiero decir, ¿qué era lo peor que podría suceder? ¿Qué la puerta no se abriera? Instintivamente, estiré mi mano y toqué el centro del tallado por encima de mi cabeza. La luna creciente. Cuando lo presioné, pude sentir la madera dando paso bajo mi dedo. Era una especie de gatillo. La puerta se abrió sin siquiera un sonido. Di un paso por el umbral. No había vuelta atrás ahora. La luz inundaba las ventanas, lo que parecía imposible teniendo en cuenta que las ventanas en el exterior de la casa estaban completamente cubiertas por hiedra y escombros. Sin embargo, dentro estaba iluminado, brillante y de alguna manera nuevo. No habían muebles antiguos o cuadros de los Ravenwoods que habían vivido antes que el Viejo Ravenwood, ni reliquias de antes de la guerra. Este lugar se veía más como una página de un catálogo de muebles. Mullidos sofás, sillas y mesas de cristal con libros apilados en ellas. Todo era tan suburbano, tan nuevo. Yo todavía esperaba ver el camión de reparto estacionado afuera. — ¿Lena? La escalera de caracol parecía llevar a un loft; se veía increíblemente alta, muy por encima del rellano del segundo piso. No podía ver la cima. — ¿Sr. Ravenwood? — Pude escuchar el eco de mi propia voz contra el alto techo. No había nadie aquí. Al menos, nadie interesado en hablar conmigo. Escuché un ruido detrás de mí, y salté, casi tropezando con una silla de gamuza. Era un perro negro azabache, o tal vez un lobo. Algún tipo de mascota de miedo, porque llevaba un pesado collar de cuero del cual colgaba una luna de plata que sonó cuando se movió. Se quedó mirándome como si estuviera planeando su próximo movimiento. Había algo extraño en sus ojos. Eran demasiado redondos, demasiado humanos. El lobo—perro gruñó y me enseñó los dientes. El sonido se volvió alto y estridente, más como un grito. Hice lo que haría cualquiera. Corrí. Me tropecé con la escalera antes de que mis ojos se hubieran adaptado a la luz. Continué corriendo, por el camino de grava, lejos de la Ravenwood Manor, lejos de la aterradora casa con mascotas y esos extraños símbolos en la puerta, de vuelta a la segura, débil y real luz de la mañana. El camino seguía y seguía, serpenteando a través de los bosques y los descuidados árboles sin cultivar, salvajes con zarzas y arbustos. No me importaba a donde llevara, siempre y cuando fuera lejos. 54
  • 54. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Me detuve y me incliné, con las manos en las rodillas, mi pecho explotándose. Mis piernas eran de goma. Cuando levanté la vista, vi una desmoronada pared de roca frente a mí. Apenas y podía ver la copa de los árboles al otro lado de la pared. Olí algo familiar. Limoneros. Ella estaba allí. Te dije que no vinieras. Lo sé. Estábamos teniendo una conversación, salvo que no lo estábamos haciendo. Pero al igual que en clase, podía escucharla en mi cabeza, como si estuviera parada a mi lado susurrándome al oído. Sentí que me movía hacia ella. Había un jardín amurallado, tal vez incluso un jardín secreto, como algo sacado del libro que mi madre había leído al crecer en Savannah. Este lugar debería ser realmente viejo. La pared de piedra estaba desgastada en algunos lugares y completamente rota en otros. Cuando me abrí paso entre la cortina de la vid que ocultaba el viejo y podrido arco de madera, pude escuchar el bajo sollozo de alguien llorando. Miré a través de los árboles y arbustos, pero aun no podía verla. — ¿Lena?— Nadie respondió. Mi voz sonaba extraña, como si no fuera mía, rebotando contra los muros de piedra que rodeaban el bosquecillo. Agarré el arbusto más cercano a mí y arranqué una rama. Romero. Por supuesto. Y en el árbol encima de mi cabeza, allí estaba: un perfecto y suave limón de un extraño color amarillo. — Soy Ethan.— Mientras los sollozos crecían, supe que me estaba acercando. — Vete, te lo dije.— Sonó como si tuviera un resfriado; ella probablemente había estado llorando desde que salió de la escuela. — Lo sé. Te he oído.— Era verdad, y no podía explicarlo. Me acerqué con cuidado alrededor del romero, tropezando con las raíces de maleza. — ¿En serio?— Ella sonó interesada, momentáneamente confusa. — En serio.— Era como los sueños. Podía oír su voz, salvo que estaba aquí, llorando en un jardín escondido en medio de la nada, en vez de cayendo entre mis brazos. Separé una gran maraña de ramas. Allí estaba, ovillada entre la hierba, mirando el cielo azul. Ella tenía un brazo sobre su cabeza, y otro aferrado a la hierba, como si pensara que pudiera salir volando si se soltaba. Su vestido gris yacía en un charco a su alrededor. Su cara estaba llena de lágrimas. — ¿Entonces porque no lo hiciste? 55
  • 55. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas — ¿Qué? — ¿Irte? — Quería asegurarme de que estuvieras bien.— Me senté a su lado, el suelo estaba sorprendentemente duro. Pasé la mano por debajo de mí y descubrí que estaba sentado sobre una lisa losa de piedra plana, oculta por la tierra. Justo cuando me acosté, ella se sentó. Me senté, y ella se acostó de nuevo. Torpes. Así eran todos mis movimientos, cuando estaba cerca de ella. Ahora, los dos estábamos acostados, mirando el cielo azul. Que se estaba volviendo gris, el color del cielo de Gatlin durante la temporada de huracanes. — Todos me odian. — No todos. Yo no. ni Link, mi mejor amigo. Silencio. — Ni siquiera me conoces. Dale tiempo; probablemente me odiarás también. — Casi te atropello, ¿recuerdas? Tengo que ser amble contigo, así no harás que me arresten. Era una mala broma. Pero allí estaba, la sonrisa más pequeña que posiblemente había visto en mi vida. — Está justo en la parte superior de mi lista. Te reportaré a ese gordo hombre que se sienta en frente del supermercado todo el día.— Volvió a mirar hacia el cielo. Yo la miré. — Dales una oportunidad. No todos son tan malos. Quiero decir, lo son, justo ahora. Sólo están celosos. Lo sabes, ¿verdad? — Sí, seguro. — Lo están.— La miré, a través de la alta hierba. — Lo estoy. Ella sacudió su cabeza. — Entonces estás loco. No hay nada que envidiar, al menos que te guste almorzar sólo. — Has vivido en todas partes. Ella se puso pálida. — ¿Y entonces? Tú probablemente has ido a la misma escuela y vivido en la misma casa toda tu vida. — Lo he hecho, ese es el problema. — Créeme, ese no es un problema. Yo conozco de problemas. — Has ido a lugares, visto cosas. Mataría por hacer eso. 56
  • 56. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas — Sí, todo sola. Tú tienes un mejor amigo. Yo tengo un perro. — Pero no le temes a nadie. Actúas de la manera que quieres y dices lo que quieres. Todo el mundo aquí tiene miedo de ser ellos mismos. Lena recogió un poco de mugre con su dedo índice. — A veces desearía actuar como todos los demás, pero no puedo cambiar lo que soy. Lo he intentado. Pero nunca uso la ropa correcta o digo las cosas correctas, y algo siempre sale mal. Sólo desearía ser yo misma y todavía tener amigos que noten si estoy en la escuela o no.— — Créeme, ellos lo notaron. Al menos, lo hicieron hoy.— Ella casi se rió, casi. — Quiero decir, de una buena manera.— Miré hacia otro lado. Yo lo noto. ¿Qué? Si estás o no en la escuela. — Entonces supongo que estás loco.— Pero cuando dijo las palabras, sonó como si estuviera sonriendo. Mirándola, no me importaba tener una mesa para almorzar nunca más. No podía explicarlo, pero ella era, esto era, más que eso. No podía sentarme y verlos destruirla. No a ella. — Sabes, siempre es así.— Ella le estaba hablando al cielo. Una nube flotaba en el oscuro gris—azul. — ¿Nublado? — En la escuela, para mí.— Levantó su mano y la agitó. La nube parecía arremolinarse en la dirección en que su mano se movía. Se secó sus ojos con su manga. — No es como si realmente me importara si les gusto. Sólo quisiera que no me odiaran automáticamente.— Ahora la nube era un círculo. — ¿Esos idiotas? En unos meses, Emily tendrá un auto nuevo y Savannah tendrá una nueva corona y Eden se teñirá su cabello de un nuevo color y Charlotte tendrá, no lo sé, un bebé o un tatuaje o algo, y esto será historia antigua.— Estaba mintiendo, y ella lo sabía. Lena agitó su mano de nuevo. Ahora la nube se veía más como un círculo ligeramente abollado, y entonces quizás una luna. — Sé que son idiotas. Por supuesto que son idiotas. Todo ese cabello teñido de rubio y todos esos bolsos metálicos que combinan. — Exacto, son estúpidos. ¿A quién le importa? 57
  • 57. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas — A mí. Ellos me molestan. Y por eso soy estúpida. Eso me hace exponencialmente más estúpida que estúpida. Soy una estúpida con el poder de la estupidez.— Ella agitó su mano. La luna voló lejos. — Esa es la cosa más estúpida que he oído.— La miré por el rabillo del ojo. Ella trataba de no sonreír. Ambos simplemente nos quedamos allí por un minuto. — ¿Sabes que es estúpido? Tengo libros bajo mi cama.— Acababa de decirlo, como si fuera algo que dijera todo el tiempo. — ¿Qué? — Novelas. Tolstoy. Salinger. Vonnegut. Y los leo. Ya sabes, porque me gustan. Ella se dio la vuelta, apoyando su cabeza en el codo. — ¿Si? ¿Qué piensan tus atléticos amigos sobre ello? — Digamos que me lo guardo para mí mismo. — Sí, bueno. En la escuela, me di cuenta que te gustan los cómics.— Ella trataba de sonar casual. — Silver Surfer. Te vi leyéndolo. Justo antes de que todo pasara. ¿Lo notaste? Podría haberlo hecho. No sabía si estábamos hablando, o si sólo me lo estaba imaginando todo, salvo que no estaba tan loco todavía. Ella cambió el tema, o más exactamente, regresó al anterior. — Yo también leo. Poesía más que todo. Podía imaginármela tendida en su cama leyendo un poema, aunque tenía problemas para imaginarme esa cama en Ravenwood Manor. — ¿Si? He leído a este tipo, Bukowski.— Lo cual era verdad, si dos poemas contaban. — Tengo todos sus libros. Sabía que ella no quería hablar de lo que había sucedido, pero no podía soportarlo más. Tenía que saberlo. — ¿Vas a contármelo? — ¿Contarte qué? — ¿Qué fue lo que pasó? Hubo un largo silencio. Se sentó y alejó la hierba a su alrededor. Se dejó caer sobre su estómago y me miró directamente a los ojos. Ella estaba a sólo unos centímetros de mi cara. Me quedé allí, congelado, tratando de concentrarme en lo que decía. — Realmente no lo sé. A veces sólo me pasan cosas como esa. No lo puedo controlar. 58
  • 58. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas — Como los sueños.— La miré a la cara, buscando tan siquiera un parpadeo de reconocimiento. — Como los sueños.— Ella lo dijo sin pensar, luego se estremeció y me miró, arrepentida. Yo había estado en lo cierto. — Tú recuerdas los sueños. Escondió su cara en sus manos. Me senté. — Sabía que eras tú, y tú sabías que era yo. Sabías de lo que estaba hablando todo el tiempo.— Alejé sus manos de su cara para verla, y un zumbido recorrió mi brazo. Tú eres la chica. — ¿Por qué no dijiste nada anoche? No quería que lo supieras. Ella no me miraba. — ¿Por qué?— La palabra resonó en el silencio del jardín. Y cuando me miró, su cara estaba pálida, y se veía diferente. Asustada. Sus ojos eran como el mar antes de una tormenta en la costa de Carolina. — No esperaba que estuvieras aquí, Ethan. Pensé que era sólo un sueño. No sabía que eras una persona real. — Pero cuando supiste que era yo, ¿por qué no dijiste nada? — Mi vida es complicada. Y no quería que tú, no quiero que nadie se mezcle en ella.— No tenía ni idea de lo que estaba hablando. Todavía estaba tocando su mano; estaba tan consciente de ello. Pude sentir la rugosa roca bajo nosotros, y me agarré del borde de ella, sosteniéndome a mí mismo. Sólo que mi mano se cerró alrededor de algo pequeño y redondo, atrapado en el borde de la piedra. Un escarabajo, o tal vez una piedra. Salió de la piedra hacia mi mano. Entonces la impresión me golpeó. Sentí la mano de Lena apretarse alrededor de la mía. ¿Qué está pasando, Ethan? No lo sé. Todo cambió a mí alrededor, y fue como si estuviera en otro lugar. Estaba en el jardín, pero no en el jardín. Y el olor de los limones cambió, a olor a humo. 59
  • 59. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Era medianoche, pero el cielo estaba en llamas. Las llamas alcanzaban el cielo, impulsando masivos puños de humo, tragándose todo a su paso. Incluso la luna. El suelo se había convertido en pantano. Las cenizas de lo que se quemaba empapaba la tierra como lluvia que venía del fuego. Si sólo hubiera llovido hoy. Genevive tragó el humo que quemó su garganta hasta que le dolía respirar. El barro se aferraba a la parte inferior de su falda, haciéndola tropezar cada pocos metros con los voluminosos pliegues de tela, pero se obligaba a si misma a seguir moviéndose. Era el fin del mundo. De su mundo. Y ella podía oír los gritos, mezclados con los disparos y el incesante rugido de las llamas. Podía oír a los soldados gritar las órdenes para asesinar. — Quemen esas casas. Que los Rebeldes sientan el peso de su derrota. ¡Quémenlo todo! Y una por una, los soldados de la Unión encendían las grandes casas de plantación, con sus propias cargas de keroseno, sábanas de cama y cortinas. Una por una, Genevive veía las casas de sus vecinos, de sus amigos y familia, entregándose a las llamas. Y en las peores circunstancias, muchos de esos amigos y familiares se rendían también, siendo comidos vivos por las llamas en las casas en las que habían nacido. Eso era por lo que corría, entre el humo, hacia el fuego, justo hacia la boca de la bestia. Ella tenía que llegar a Greenbrier antes que los soldados. Y no tenía mucho tiempo. Los soldados eran metódicos, trabajaban a su manera para quemar las casa de Santee una por una. Ya habían quemado Blackwell; Dove's Crossing era la siguiente, luego Greenbrier y Ravenwood. El General Sherman y su ejército habían iniciado la campaña de quema cientos de kilómetros antes de llegar a Gatlin. Habían quemado a Columbia hasta la tierra, y continuaban marchando hacia el este, quemando todo a su paso. Cuando alcanzaran las afueras de Gatlin las banderas de la Confederación continuarían agitándose, el segundo viento que necesitaban. Fue el olor lo que le dijo que era muy tarde. Limones. El ácido olor de los limones mezclado con las cenizas. Estaban quemando los limoneros. La madre de Genevive amaba los limones. Así que cuando su padre visitó una plantación en Georgia cuando era niña, le había traído a su madre dos limoneros. Todo el mundo dijo que no crecerían, que el frío de las noches de invierno en Carolina del Sur los mataría. Pero la madre de Genevive no los escuchó. Ella plantó los árboles justo en frente de la plantación de algodón, cuidándolos ella misma. En las frías noches de invierno, cubría los árboles con mantas de lana y apilaba tierra en los bordes para mantener fuera la humedad. Y los árboles crecieron. Crecieron tan bien a través de los años, que el padre de Genevive le trajo veintiocho árboles más. Algunas de las otras damas del pueblo le pidieron a sus esposos 60
  • 60. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas limoneros, y algunas de ellas incluso tenían un árbol o dos. Pero ninguna logró descubrir cómo mantener los árboles con vida. Los árboles sólo parecían florecer en Greenbrier, en las manos de su madre. Nada había sido capaz de matar esos árboles. Hasta hoy. — ¿Qué acaba de suceder?— Sentí como Lena alejaba de un tirón su mano de la mía, y abrí mis ojos. Ella temblaba. Miré hacia abajo y abrí mi mano para revelar el objeto que había agarrado inadvertidamente de debajo de la piedra. — Creo que tiene algo que ver con esto.— Mi mano se había acurrucado alrededor de un viejo y maltratado camafeo, negro y ovalado, con la cara de una mujer grabada en marfil y perla. El trabajo en su cara era complicado y detallado. En un lado, descubrí una pequeña protuberancia. — Mira, creo que es un relicario. Empujé la protuberancia, y el camafeo se abrió para revelar una pequeña inscripción. — Sólo dice Greenbrier. Y una fecha. Ella se sentó. — ¿Qué es Greenbrier? — Debe ser esto. Esto no es Ravenwood. Es Greenbrier, la plantación de al lado. — Y esa visión, el fuego, ¿la viste también? Asentí. Era demasiado horrible para hablar de ello. — Esto debe ser Greenbrier, lo que queda de ello, de todos modos. — Déjame ver el relicario.— Se lo entregué con cuidado. Se veía como algo que había sobrevivido a mucho, incluso tal vez el incendio de la visión. Le dio la vuelta en sus manos. — 11 de febrero de 1865. Dejó caer el relicario, palideciendo. — ¿Qué está mal? Ella miró hacia abajo, a la hierba. — El once de Febrero es mi cumpleaños. — Así que es una coincidencia. Y un regalo de cumpleaños por adelantado. — Nada en mi vida es una coincidencia. Cogí el medallón y le di la vuelta. En la parte trasera había dos pares de iníciales grabadas. — ECW & GKD. Este relicario debió pertenecer a uno de ellos.— Hice una pausa. — Eso es extraño. Mis iníciales son ELW. — Mi cumpleaños, tus iníciales. ¿No crees que es un poco más que extraño?— Tal vez tenía razón. A no ser que... 61
  • 61. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas — Debemos intentarlo de nuevo, para que podamos descubrirlo.— Era como un anhelo que tenía que tachar. — No lo sé. Podría ser peligroso. Realmente sentí como si estuviera allí. Mis ojos todavía me arden por el humo. — Tenía razón. No habíamos dejado el jardín, pero se había sentido como si estuviéramos allí en medio del incendio. Podía sentir el humo en mis pulmones, pero no importaba. Tenía que saberlo. Sostuve el medallón en mi mano. — Vamos, ¿no eres más valiente que eso? — Era un desafío. Ella hizo girar sus ojos, pero tomó mi mano al mismo tiempo. Sus dedos rozaron los míos, y sentí el calor de su mano propagándose hacia la mía. Se me puso la piel de gallina. No sé de qué otra forma describirlo. Cerré mis ojos y esperé, nada. Abrí mis ojos. — Tal vez sólo lo imaginamos. Tal vez se le acabaron las baterías. Lena me miró como si fuera Earl Petty en Algebra, por segunda vez. — Tal vez no le puedes decir a algo que hacer, o cuando hacerlo.— Se puso de pie y se sacudió. — Me tengo que ir. Hizo una pausa, mirándome. — Sabes, no eres lo que esperaba.— Se dio la vuelta y comenzó a buscar su camino de vuelta a través de los limoneros, hacia el otro lado del jardín. — ¡Espera! — La llamé, pero ella siguió su camino. Traté de alcanzarla, tropezando con las raíces. Cuando alcanzó el último limonero, se detuvo. — No. — ¿No qué? Ella no me miraba. — Sólo déjame sola, mientras todo sigua bien. — No entiendo de que estás hablando. En serio. Estoy intentándolo. — Olvídalo. — ¿Crees que eres la única persona complicada en el mundo? — No, pero, es mi especialidad.— Se volvió a ir. Dudé, y puse mi mano sobre su hombro. Estaba caliente por el desaparecido sol. Pude sentir el hueso bajo su camisa, y en ese momento ella parecía frágil, como en los sueños. Lo que era extraño, porque cuando me miraba, todo lo que podía pensar era en lo fuerte que se veía. Tal vez tenía algo que ver con sus ojos. Nos quedamos así por un momento, hasta que finalmente se rindió y se dio la vuelta. Lo intenté de nuevo. — Mira. Algo está pasando aquí. Los sueños, la canción, el olor, y ahora el medallón. Es como si debiéramos ser amigos. 62
  • 62. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas — ¿Acabaste de decir el olor?— Se veía horrorizada. — ¿En la misma oración que la palabra amigos? — Técnicamente, creo que fue una frase diferente. Ella miró fijamente mi mano, y la quité de su hombro. Pero no podía dejarla ir. La miré directamente a los ojos, realmente la miré, tal vez por primera vez. El abismo verde parecía estar tan lejos que no podía alcanzarla, ni siquiera en toda una vida. Me pregunté lo que la teoría de Amma — los ojos son la ventana del alma— haría con esto. Es demasiado tarde, Lena. Ya eres mi amiga. No puedo serlo. Estamos en esto juntos. Por favor. Tienes que creerme. No lo estamos. Ella rompió el contacto con mis ojos, apoyando su cabeza en el limonero. Se veía triste. — Sé que no eres como el resto de ellos. Pero hay cosas que no puedes entender sobre mí. No sé como conectamos de la forma que lo hicimos. No sé porque tuvimos el mismo sueño, no más que tú. — Pero quiero saber que está pasando... — Cumpliré dieciséis en cinco meses.— Levantó su mano, entintada con un número como de costumbre. 151. — Ciento cincuenta y un días.— Su cumpleaños. Los números cambiantes que escribía en su mano. Ella estaba haciendo una cuenta regresiva de su cumpleaños. — No sabes lo que significa, Ethan. No sabes nada. Puede que ni siquiera esté aquí después de eso. — Estás aquí ahora. Ella miró más allá de mí, hacia Ravenwood. Cuando finalmente habló no me estaba mirando. — ¿Te gusta ese poeta, Bukowski? — Sí.— Respondí, confundido. — No lo intentes. — No lo entiendo. — Eso es lo que dice, en la tumba de Bukowski.— Ella desapareció a través de la pared de piedra y se había ido. Cinco meses. No tenía ni idea de lo que estaba hablando, pero reconocí ese sentimiento en mi estómago. Pánico. 63
  • 63. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas En el momento en que atravesé la puerta en la pared, ella había desaparecido como si nunca hubiera estado allí, dejando sólo la brisa que flotaba con olor a limones y romero detrás de ella. Lo curioso era, que mientras más corriera, más decidido estaba a seguirla. No lo intentes. Estaba bastante seguro que mi tumba diría algo diferente. 64
  • 64. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas 12 de Setiembre LAS HERMANAS L a mesa de la cocina estaba aún puesta cuando regresé a casa. Afortunadamente para mí, porque Amma me hubiera matado si me perdía la cena. Lo que no había considerado era la cadena telefónica que debía haberse activado en el momento justo en que dejé la clase de inglés. No menos de medio pueblo debe haber llamado a Amma, para la hora en que llegué a casa. —¿Ethan Wate? ¿Eres tú? Porque si lo eres estás en graves problemas. Escuché un sonido de golpeteo familiar. Esto era peor de lo que había pensado. Pasé por la puerta hacia la cocina. Amma estaba aún esperando en el mesón con su delantal industrial de jean, el cual tenía catorce bolsillos para utensilios y podía sostener hasta cuatro taladros. Ella estaba sosteniendo su cuchillo chino, el mesón estaba lleno de pilas de zanahorias, repollo y otros vegetales que no pude identificar. Los rollitos primavera requerían picar más que cualquier otra receta del libro de Amma. Si ella estaba preparando rollitos primavera, sólo tenía un significado, y no era precisamente que le gustara mucho la comida china. El entrenador llamó esta tarde, y el Sr. Ingles y el Director Harper, y la mamá de Link y la mitad de las señoras de la HRA. Y tú sabes cuánto odio hablar con esas mujeres. Malvadas como el pecado, cada una de ellas. Gaitlin estaba lleno de damas dispuestas a ayudar, pero la HRA era la madre de todas ellas. 65
  • 65. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Fieles a su nombre, para ingresar a las Hijas de la Revolución Americana, tenías que demostrar que estabas emparentado con un verdadero patriota de la revolución americana para ser considerado como miembro. Ser miembro, aparentemente te daba derecho a decirle a todos tus vecinos de la calle River de qué color pintar sus casas, además de ser mandón en general, esparcir chismes y juzgar a todos los habitantes del pueblo. A todos menos a Amma. Eso me gustaría verlo. —Todos ellos dicen lo mismo. Que huiste de la escuela, en medio de una clase, persiguiendo a esa chica Duchannes. Otra zanahoria rodó atravesando la tabla de cortar. —Lo sé, Amma, pero... La zanahoria se partió a la mitad. —Así que yo dije, no, mi chico no se iría de la escuela sin permiso ni faltaría a la práctica. Debe tratarse de un error. Debe ser algún otro chico faltándole al respeto a sus profesores y manchando el nombre de su familia. No puede tratarse de un chico al que yo crié, uno que vive en esta casa. Cebollas verdes volaron a través del mesón. Había cometido el peor de los crímenes, avergonzarla. Lo peor de todo, ante los ojos de la Sra. Lincoln y las mujeres de la HRA, sus enemigas juradas. —¿Qué puedes decir para defenderte? ¿Qué podría justificar que escaparas de la escuela como si estuviera en fuego? Y no quiero escuchar que lo hiciste por alguna chica. Respiré profundamente. ¿Qué podía decir? ¿Qué he estado soñando con una chica misteriosa durante meses y que esa chica resultó ser la sobrina de Macon Ravenwood? Entonces, en adición a los sueños terroríficos sobre esta chica, tuve una visión de alguna otra mujer, una que definitivamente no conozco, que vivió durante la guerra civil. Sí, eso me sacaría de este problema, al mismo tiempo que el sistema solar estallara y el sistema solar muriera. —No es lo que piensas, los chicos en nuestra clase estaban haciendo sentir mal a Lenna, molestándola con su tío, diciendo que ella transporta cadáveres en su coche fúnebre, y ella se enojó mucho y salió corriendo de clase. 66
  • 66. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —Estoy esperando que llegues a la parte que explica que tiene que ver todo eso contigo. —¿No eres tú la que siempre ha dicho que debo seguir el ejemplo de nuestro Señor? ¿No crees que él hubiera querido que defendiera a alguien que estaba siendo maltratado? Ahora lo había hecho. Podía verlo en sus ojos. —No te atrevas a usar la palabra del Señor para justificar el rompimiento de las reglas de la escuela, o te juro que voy afuera a buscar una vara y a marcar algo de buen sentido en tu espalda. No me importa cuántos años tengas. ¿Me escuchaste? Amma nunca me había golpeado con nada en toda mi vida, a pesar de haberme perseguido con una vara unas cuantas veces para aclarar un punto. Pero este no era el momento para recordarle eso. La situación estaba yendo rápidamente de mal a peor; necesitaba una distracción. El camafeo aún se sentía pesado en mi bolsillo trasero. Amma amaba un buen misterio. Ella me había enseñado a leer cuando tenía cuatro años usando novelas policíacas y crucigramas justo sobre su hombro. Yo era el único niño del jardín infantil que podía leer la palabra examinación en el tablero, porque se parecía mucho a examen médico. Y en cuanto a misterios, el camafeo era uno bueno. Simplemente iba a saltarme la parte de tocarlo y tener una visión de la Guerra Civil. —Tienes razón Amma. Lo siento. No debería haber dejado la escuela. Sólo estaba intentando asegurarme de que Lena estaba bien. Una ventana se rompió en el salón justo tras de ella, y ella estaba sangrando. Sólo fui a su casa para ver si se sentía bien. —¿Estuviste en esa casa? —Sí, pero ella estaba afuera. Su tío es realmente tímido, me imagino. —No necesitas decirme nada sobre Macon Ravenwood, como si supieras algo que yo no sé. La Mirada. —L.E.T.A.R.G.I.C.O. —¿Qué? —Como en, no tienes ni una pizca de sentido común, Ethan Wate. 67
  • 67. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Saqué el camafeo de mi bolsillo trasero y caminé hacia donde ella estaba aún parada al lado del fogón. —Estábamos en el jardín, atrás de la casa, y encontramos algo,— dije, abriendo mi mano para que ella pudiera verlo. —Tiene una inscripción dentro. La expresión en la cara de Amma me detuvo. Ella se veía como si algo le hubiera sacado el aire de los pulmones. —Amma, ¿Te sientes bien?— La tomé por el codo, para estabilizarla en caso de que estuviera a punto de desmayarse. Pero ella alejó su brazo antes de que pudiera tocarla, como si se hubiera quemado la mano con la manija de un recipiente. —¿De dónde sacaste eso?— Su voz era un susurro. —Lo encontramos en la tierra, en Ravenwood. —Eso no lo encontraste en la plantación Ravenwood. —¿De qué estás hablando? ¿Cómo sabes de donde salió esto? —Quédate justo ahí, no te muevas.— Dijo ella, apresurándose hacia la cocina. Pero la ignoré, siguiéndola hacia su cuarto. Este siempre había parecido más una botica que una habitación, con una cama sencilla bajita en medio de filas de armarios. En los armarios había periódicos impecablemente ordenados, Amma nunca tiraba a la basura un crucigrama resuelto, y jarras llenas de sus ingredientes para hacer hechizos. Algunos eran bastante estándar: Sal, huesos de colores, hiervas. Entonces estaban las colecciones más inusuales, como una jarra con raíces y otra con nidos de pájaros abandonados. El estante superior eran simplemente botellas con tierra. Ella estaba actuando extraño, incluso para Amma. Yo iba tan sólo un par de pasos tras ella, pero cuando entré, ya estaba buscando en los cajones. —Amma, que estás... —¿No te dije que te quedaras en la cocina? ¡No traigas esa cosa aquí!— Ella se alejó, cuando yo di un paso hacia ella. —¿Por qué estás tan molesta? Ella metió varias cosas que no pude ver muy bien en su delantal de herramientas, y se apresuró a salir del cuarto. La alcancé de nuevo en la cocina. —Amma, ¿cuál es el problema? —Toma esto.— Ella me entregó un pañuelo tejido, cuidándose de no tocar mi mano con la suya. —Ahora envuelve esa cosa en esto. Justo aquí, justo ahora. 68
  • 68. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Esto iba más allá de su lado oscuro, iba directo a la locura. —Amma... —Haz lo que te digo, Ethan.— Ella nunca decía mi nombre sin decir también mi apellido. Una vez que el camafeo estuvo totalmente envuelto en el pañuelo, ella se calmó un poco. Ella buscó en los bolsillos de debajo de su delantal, removiendo una pequeña bolsa de cuero y un vial con polvo. Yo sabía lo suficiente para reconocer uno de sus hechizos cuando lo veía. Su mano tembló ligeramente mientras ponía un poco del polvo oscuro dentro de la bolsita de cuero. —¿Lo envolviste bien? —Sí,— dije, esperando que ella me corrigiera por responderle tan informalmente. —¿Seguro? —Sí. —Ahora ponlo aquí. La bolsita de cuero se sentía cálida y suave en mi mano. —Hazlo. Ahora. Yo metí el ofensivo camafeo en la bolsa. —Ata esto alrededor.— Instruyó ella, entregándome una pieza de lo que parecía hilo normal, aunque yo sabía que nada de lo que Amma usaba para sus hechizos era normal, o lo que parecía. —Ahora llévatelo de aquí, al lugar donde lo encontraste y entiérralo. Llévalo directamente allá. —Amma, ¿qué está pasando? Ella avanzó unos cuantos pasos y me tomó de la barbilla, quitando el cabello de mis ojos. Por primera vez desde que saqué el camafeo de mi bolsillo, ella me miró a los ojos. Nos quedamos así por lo que pareció el minuto más largo de mi vida. Su expresión era extraña, incierta. —Aún no estás listo,— ella susurró, dejándome ir. —¿No estoy listo para qué? 69
  • 69. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —Haz lo que te digo. Lleva esa bolsa de regreso a donde lo encontraste y entiérralo. Entonces regresa a casa. No te quiero ver alrededor de esa chica nunca más, ¿entiendes? Ella había dicho todo lo que tenía que decir, incluso más. Pero yo nunca lo sabría porque si hay una cosa en la que Amma era mejor que en leer cartas o resolver un crucigrama, era en guardar secretos. —Ethan Wate, ¿estás despierto? ¿Qué hora era? Nueve y media. Sábado. Ya debería estar despierto, pero estaba exhausto. Anoche había pasado dos horas caminando por ahí, para que Amma creyera que había regresado a Greenbrier a enterrar el camafeo. Me bajé de mi cama y caminé por el cuarto, tropezando con una caja de Oreos rancias. Mi habitación era siempre un desastre, amontonada con tantas cosas que mi padre decía que causaba riesgo de incendio y que algún día iba a quemar toda la casa, aunque él no había estado aquí en mucho tiempo. Además de mi mapa, las paredes y el techo estaban empapeladas con pósters de lugares que esperaba conocer algún día: Atenas, Barcelona, Moscú, incluso Alaska. La habitación estaba delineada por filas de cajas de zapatos, algunas llegaban al metro de alto. A pesar de que estaban puestas al azar, yo podría decirte la ubicación de cada caja, desde la blanca de Adidas con mi colección de encendedores de mi fase pirotécnica durante el octavo grado, hasta la caja verde de New Balance con las conchas marinas y un desgastado pedazo de bandera que encontré en el Fuerte Sumter con mi mamá. Y la que estaba buscando, la caja amarilla de Nike, con el camafeo que había hecho que Amma enloqueciera. Abrí la caja y saqué la suave bolsa de cuero. Esconderlo había parecido una buena idea anoche, pero lo guardé de nuevo en mi bolsillo, por lo que ocurriera. Amma gritó desde la escalera de nuevo. —Baja aquí ya mismo o vas a llegar tarde. —Bajo en un minuto. Cada sábado, pasaba la mitad del día con las tres mujeres más ancianas de Gaitlin, mis tías abuelas Mercy, Prudence y Grace. Todos en el pueblo las llamaban Las Hermanas, como si fueran una sola entidad, lo que de cierto modo era verdad. Todas ellas estaban cerca de cumplir cien años, y ni siquiera ellas podían recordar quién era la mayor. 70
  • 70. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Las tres habían estado casadas múltiples veces, pero habían vivido más que todos sus esposos y se habían mudado a la casa de tía Grace. Y ellas eran incluso más locas que viejas. Cuando tenía doce, mi mamá comenzó a llevarme los sábados para ayudarles, y yo continué haciéndolo desde entonces. La peor parte era tener que llevarlas a la iglesia los sábados. Las hermanas eran bautistas del sur, y ellas iban a la iglesia los sábados y los domingos, y la mayoría de los otros días, también. Pero hoy era diferente. Yo estaba fuera de mi cama y en la ducha, antes de que Amma pudiera llamarme la tercera vez. No podía esperar para llegar allí. Las hermanas conocían prácticamente a todos los que vivían en Gaitlin; ellas debían, dado que entre las tres, habían estado relacionadas con la mitad del pueblo por matrimonio, en un momento u otro. Después de la visión era obvio que la G en GKD era por Genevie. Pero si había alguien que pudiera saber a que correspondían el resto de las iníciales, esas eran las tres mujeres más viejas del pueblo. Cuando abrí el primer cajón de mi armario para sacar medias, noté una pequeña muñeca que parecía un muñeco de trapo, sosteniendo una pequeña bolsa de sal y una piedra azul, uno de los hechizos de Amma. Ella los hacía para alejar los malos espíritus o la mala suerte, incluso un resfriado. Ella puso uno en la puerta del estudio de mi padre cuando comenzó a trabajar los domingos en lugar de ir a la iglesia. Incluso a pesar de que mi papá no le prestaba mucha atención cuando asistía, Amma decía que el Buen Señor le daba crédito por estar allí. Un par de meses después mi papá le compró por Internet una bruja de cocina y la colgó sobre la estufa. Amma estaba tan molesta que le sirvió sémola fría y café quemado durante una semana. Usualmente, yo no le ponía mucha atención a los pequeños regalos de Amma cuando encontraba uno. Pero había algo a cerca del camafeo. Algo de lo que ella no quería que me enterara. Había una sola palabra para describir la escena que encontré cuando llegué a la casa de Las Hermanas. Caos. Tía Mercy abrió la puerta, aún tenía sus rulos. 71
  • 71. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —Gracias a Dios que llegaste Ethan. Tenemos una E—mergencia en nuestras manos,— dijo ella, pronunciando la —E— como si se tratara de otra palabra por sí sola. La mitad del tiempo no podía entender nada de lo que decían, sus acentos eran tan densos y su gramática peor. Pero así era en Gaitlin; tú podías adivinar la edad de alguien por la forma en la que hablaban. —¿Ma‘dam? —Harlom James ha sido herido, y no estoy segura de que no se encuentre a punto de morir.— Ella susurró las últimas tres palabras como si el mismísimo Dios pudiera estar escuchando, y ella estuviera asustada de darle ideas. Harlom James era el Yorkshire terrier de tía Prudence, nombrado en honor a su último esposo fallecido. —¿Qué pasó? —Te diré lo que pasó,— dijo tía Prudence, apareciendo de la nada con un kit de primeros auxilios en su mano. —Grace trató de matar al pobre Harlom James, y él está apenas resistiendo. —No traté de matarlo,— respondió tía Grace desde la cocina. —No cuentes historias Prudence Jane. ¡Fue un accidente! —Ethan, tú ve a llamar a Dean Wilks, y dile que tenemos una E—mergencia,— tía Prudence instruyó, sacando una píldora de sales olorosas y dos curitas extra largas del kit de primeros auxilios. —¡Estamos perdiéndolo! Harlom James estaba tirado en el suelo de la cocina, viéndose traumatizado, pero para nada cerca a la muerte. Su pierna trasera estaba doblada debajo de él, y lo tiraba hacia atrás cuando trataba de pararse. —Grace, con el Señor como testigo, si Harlom James muere... —Él no va a morir, tía Prue. Creo que su pierna está rota. ¿Qué pasó? —Grace lo golpeó de muerte con una escoba. —Eso no es verdad. Te lo dije, no estaba usando mis espectáculos y él se veía justo como una de esas ratas gigantes corriendo por la cocina. —¿Como podías saber a qué se parece una rata gigante? Nunca has visto una en toda tu vida. Así que llevé a Las Hermanas, quienes estaban completamente histéricas, y a Harlom James, que a estas alturas probablemente deseaba estar muerto, a la casa de Dean Wilkes en su Cadillac de 1964. Dean Wilks dirigía la tienda de alimentos, pero era lo 72
  • 72. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas más cercano que teníamos a un veterinario en el pueblo. Afortunadamente, Harlom James sólo se había fracturado una pierna, así que Dean Wilkes estaba a la altura de la tarea. Para cuando regresamos a la casa, me estaba preguntando si el loco era yo por pensar en conseguir algún tipo de información de parte de Las Hermanas. El auto de Thelma estaba en la calle. Mi papá había contratado a Thelma para cuidar a las Hermanas después de que tía Grace casi quema su casa hace diez años, cuando puso un pie de merengue de limón en el horno y lo dejó allí toda la tarde mientras ellas iban a la iglesia. —¿Dónde estaban, chicas?— Preguntó Thelma desde la cocina. Ellas tropezaron mientras intentaban sobrepasarse mutuamente camino a la cocina para contarle a Thelma su desgracia. Me dejé caer en una de las poco combinadas sillas de la cocina cerca a tía Grace, quien parecía deprimida por ser de nuevo la villana de la historia. Saqué el camafeo de mi bolsillo, sosteniendo la cadena con el pañuelo, y lo dejé rodar unas cuantas veces. —¿Qué tienes ahí, buen mozo? Preguntó Thelma, escupiendo tabaco hacia el bote de la ventana y acumulándolo en su labio inferior, lo que se veía aún más extraño de lo que suena, dado que Thelma era bastante delicada y se parecía a Dolly Parton. —Es tan sólo un camafeo que encontré en la Plantación Ravenwood. —¿Ravenwood? ¿Qué diablos estabas haciendo allá? —Mi amiga se está quedando allá. —¿Te refieres a Lena Duchannes?— Preguntó tía Mercy. Por supuesto que ella lo sabía, todo el pueblo lo sabía. Esto se trataba de Gaitlin. —Sí, ma‘dam. Estamos en la misma clase en la escuela.— Ahora tenía su atención. — Encontramos este camafeo en el jardín que está atrás de la gran casa. No sabemos a quién le perteneció, pero parece que es realmente antiguo. —Eso no es parte de la propiedad de Macon Ravenwood. Eso es parte de Greenbrier,— dijo tía Prue, escuchándose bastante segura de sí misma. —Déjame echarle un vistazo a eso,— dijo tía Mercy, tomando sus anteojos del bolsillo de su abrigo. Le entregué el camafeo, aún envuelto en el pañuelo. —Tiene una inscripción. 73
  • 73. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —No puedo leer eso. Grace, ¿puedes verlo?— Preguntó ella, entregándole el camafeo a tía Grace. —Yo tampoco veo nada,— dijo tía Grace esforzándose bastante. —Hay dos iníciales, justo allí,— dije, señalando las marcas en el metal. —ECW y GKD. Y si giras ese disco hacia afuera, hay una fecha, 11 de febrero de 1865. —Esa fecha se escucha familiar,— dijo tía Prudence. —Mercy, ¿qué pasó en esa fecha? —¿No te casaste ese día, Grace? —1865, no 1965.— Corrigió tía Grace. Su audición no estaba mucho mejor que su vista. —11 de febrero de 1865... —Ese fue el año en que los Federales casi queman totalmente Gaitlin.— Dijo tía Grace. —Nuestro bisabuelo lo perdió todo en ese incendio. ¿No recuerdan esa historia, chicas? El General Sherman y el Ejercito de la Unión recorrieron el sur, quemándolo todo en su camino, incluyendo Gaitlin. Ellos lo llamaron El Gran Incendio. Por lo menos una parte de cada plantación en Gaitlin fue destruida, excepto Ravenwood. Mi abuelito solía decir que Abraham Ravenwood debió haber hecho un trato con el Diablo esa noche. —¿Qué quieres decir? —Es la única forma en la que ese lugar pudo haberse salvado. Los Federales quemaron cada plantación de la rivera del río, una al tiempo, hasta que llegaron a Ravenwood. Ellos simplemente la pasaron por alto, como si no estuviera allí. —Como contaba el abuelito, esa no fue la única cosa extraña a cerca de esa noche.— Dijo tía Prue, mientras le daba a Harlom James un trozo de tocino. —Abraham tenía un hermano, vivía allí con él. Y él simplemente desapareció esa noche. Nadie lo volvió a ver nunca. —Eso no parece extraño. Tal vez fue asesinado por los soldados de la Unión, o quedó atrapado en una de esas casas incendiadas.— Dije yo. —O tal vez fue algo más. Ellos nunca encontraron su cadáver. Me di cuenta que la gente venía hablando de los Ravenwood por generaciones; no había comenzado con Macon Ravenwood. Me preguntaba que más sabrían las Hermanas. —¿Qué hay a cerca de Macon Ravenwood? ¿Qué saben sobre él? —Ese chico nunca tuvo una oportunidad por ser un hijo ilegitimo. 74
  • 74. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas En Gaitlin, ser ilegitimo era el equivalente a ser comunista o ateo. —Su papi, Silas, conoció a la madre de Macon después de que su primera esposa lo dejó. Ella era una chica linda de New Orleans, creo. De cualquier forma, no mucho después Macon y su hermano nacieron. Pero Silas nunca se casó con ella, y entonces ella lo dejó también. Tía Prue la interrumpió, —Grace Ann, tú no sabes contar una historia. Silas Ravenwood era un E—xcentrico, y malvado como el día es largo. Y en esa casa pasaban cosas muy extrañas. Las luces permanecían encendidas toda la noche, y de vez en cuando un hombre con un sobrero alto y negro era visto vagando alrededor de la casa. —Y el lobo. Cuéntale sobre el lobo. No necesitaba que me contaran sobre ese lobo, lo que sea que fuera. Yo lo había visto por mí mismo. Pero no podía tratarse del mismo animal. Los perros, incluso los lobos, no vivían tanto tiempo. —Había un lobo en la casa. ¡Silas lo trataba como si fuera una mascota!— Tía Mercy sacudió la cabeza. —Pero esos chicos, ellos se mudaban una y otra vez de la casa de Silas a la de su madre, y cuando estaban con él, Silas los trataba horriblemente. Los golpeaba todo el tiempo y apenas los dejaba estar fuera de su vista. Ni siquiera los dejaba asistir a la escuela. —Tal vez sea por eso que Macon Ravenwood nunca deja su casa.— Dije. Tía Mercy sacudió su mano en el aire, como si esa fuera la cosa más tonta que hubiera escuchado en su vida. —Él sale de su casa. Lo he visto muchas veces en el edificio de la HRA, justo después de la hora de la cena.— Seguro que sí. Ese era el problema de Las Hermanas; la mitad del tiempo ellas tenían un firme contacto con la realidad, pero eso era sólo la mitad del tiempo. Nunca había escuchado de alguien que hubiera visto a Macon Ravenwood, así que dudaba que él estuviera paseándose por la HRA observando viejas pinturas y charlando con la Sra. Lincoln. Tía Grace observó el camafeo detenidamente, sosteniéndolo sobre la luz. —Puedo decirte algo. Este pañuelo de aquí, le perteneció a Sulla Treadeau, era conocida como Sulla la profetiza, por la cantidad de personas que aseguraban que ella podía ver el futuro en sus cartas. —¿Cartas de tarot?— Pregunté. 75
  • 75. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —¿Qué otro tipo de cartas hay? —Bien, hay cartas de juego, y cartas de felicitación, y cartas de acomodación para las fiestas...— Balbuceó tía Mercy. —¿Cómo sabes que el pañuelo era suyo? —Sus iníciales están bordadas justo ahí en el borde, ¿y ves eso que está ahí? Preguntó ella señalando una pequeña ave bordada debajo de las iníciales. —Eso de ahí era su marca. —¿Su marca? —La mayoría de los adivinos tenían una marca en ese entonces. Ellos marcaban sus cartas para asegurarse de que nadie se las cambiara. Un adivino es tan bueno como sus cartas. Eso es todo lo que sé.— Dijo Thelma, escupiendo dentro de una pequeña urna en la esquina de la habitación con la precisión de un tirador. Treadeau. Ese es el apellido de Amma. —¿Era familiar de Amma? —Claro que lo era. Era la tátara—tátara—abuela. —¿Y qué hay de las iniciales del pañuelo? ¿ECW y GKD? ¿Saben algo de esas? Era poco probable. No recordaba la última vez que las Hermanas habían tenido un momento de lucidez que durara tanto como este. —¿Estás burlándote de una anciana, Ethan Wate? —No ma‘dam. —ECW. Ethan Carter Wate. Él era tu tátara-tátara-tátara-tío. ¿O era tu tátara-tátaratátara-tátara-tío? —Tú nunca has sido buena con la aritmética.— Interrumpió tía Prudence. —De cualquier modo, el era el hermano de tu tátara—tátara—tátara—tátara—abuelito Elli. —El hermano de Eli Wate se llamaba Lawson, no Ethan. De él obtuve mi segundo nombre. —Ellis Wate tuvo dos hermanos, Ethan y Lawson, tú fuiste nombrado en honor a los dos. Ethan Lawson Wate. Traté de recordar mi árbol familiar. Lo había visto las veces suficientes. Y si hay algo que un Sureño conoce, es su árbol familiar. No había ningún Ethan Carter Wate en la 76
  • 76. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas copia enmarcada que colgaba en nuestro comedor. Obviamente había sobreestimado la lucidez de la tía Grace. Debo haberme visto poco convencido, porque un segundo después, tía Prue estaba parándose de su silla. —Yo tengo el árbol de la familia Wate en mi libro de genealogía. Le sigo el rastro al linaje completo para las Hermanas de la Confederación. Las Hermanas de la Confederación, el primo menor de la HRA, pero igualmente horrorífico, era algún tipo de club de costura que se remontaba a la Guerra. Hoy en día, los miembros pasaban la mayor parte de su tiempo buscando sus raíces de la Guerra Civil para documentales y miniseries de televisión. —Aquí está,— Tía Prue salió de la cocina cargando un enorme álbum de cuero, con pedazos amarillentos de papel y viejas fotografías saliéndose de los bordes. Ella buscó entre las páginas, dejando caer pedazos de papel y viejos recortes de periódico por todo el piso. —Mira eso... Burton Free, mi tercer esposo. ¿No fue él el más apuesto de todos mis esposos?— Preguntó ella, sosteniendo en alto la vieja fotografía para que todos la viéramos. —Prudence Jane, sigue buscando. Este chico está poniendo a prueba nuestra memoria.— Tía Grace estaba notablemente agitada. —Está justo aquí, después del árbol de los Statham. Me quedé mirando los nombres que conocía perfectamente del árbol familiar que estaba en el comedor de mi casa. Allí estaba el nombre, el que faltaba en el árbol familiar en la Plantación Wate, Ethan Carter Wate. ¿Por qué tendrían las Hermanas una versión diferente de mi árbol familiar? Era obvio cual era el verdadero. Estaba sosteniendo la prueba en mis manos, envuelto en el pañuelo de un profeta de ciento cincuenta años. —¿Por qué no está en mi árbol familiar? —La mayoría de las familias en el Sur están llenas de mentiras, pero estaría sorprendida si él apareciera en cualquiera de las copias del árbol de los Wate.— Dijo tía Grace, cerrando el libro y dejando libre una nube de polvo que invadió el aire. —Es sólo debido a mi excelente labor de archivo que él aparece en este,— tía Prue sonrió, mostrando toda su dentadura. Tenía que volverlas a enfocar. —¿Por qué no aparece en mi árbol familiar, tía Prue? 77
  • 77. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —Porque fue un desertor. No entendía. —¿Qué quieres decir con desertor? —Señor, ¿qué es lo que les enseñan en la escuela hoy en día? Tía Grace estaba ocupada sacando todos los pretzels del paquete de frituras mixtas. —Desertores. Los Confederados que se escaparon del General Lee durante la Guerra. Yo debí haber parecido confuso porque tía Prue sintió la necesidad de explicarse. —Había dos tipos de soldados Confederados durante la Guerra. Aquellos que apoyaban la causa de la Confederación y aquellos a los que sus familias los obligaban a enlistarse.— Tía Prue se levantó y caminó hacia el mesón, caminando de un lado a otro como un profesor de historia real dando una lección. —Para 1865, el ejercito de Lee estaba vencido, pasando hambre y superado en número. Algunos dicen que los rebeldes estaban perdiendo la fe, así que se fueron. Desertaron de sus regimientos. Ethan Carter Wate fue uno de ellos. Él fue un desertor. Las tres bajaron sus cabezas como si la vergüenza de esto fuera demasiado para ellas. —¿Así que estás diciéndome que fue borrado del árbol familiar porque no quiso morir de hambre, luchando en una guerra para el bando equivocado? —Esa es una manera de verlo, supongo. —Eso es lo más estúpido que he escuchado en mi vida. Tía Grace saltó de su silla, tanto como una persona de noventa y algo puede saltar. —No nos regañes, Ethan. Ese árbol fue cambiado mucho antes de que nosotras naciéramos. —Lo siento, ma‘dam. Ella arregló su falda y se sentó de nuevo. —¿Por qué mis padres usaron el nombre de algún tátara—tátara—tátara—tío que avergonzó a la familia? —Bueno, tu mamá y tu papi tenían sus propias ideas al respecto, gracias a todos esos libros que leían sobre la Guerra. Sabes que ellos siempre han sido liberales. ¿Quién sabe que estaban pensando? Deberías preguntárselo a tu papi. Como si hubiera alguna posibilidad de que me lo dijera. Pero conociendo las sensibilidades de mis padres, mi mamá probablemente había estado orgullosa de 78
  • 78. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Ethan Carter Wate. Yo estaba bastante orgulloso, también. Pasé mi mano sobre la descolorida página café del álbum de tía Prue. —¿Y qué hay sobre las iníciales GKD? Creo que la G podría ser por Genevie,— dije, sabiendo desde antes que así era. —GKD. ¿No saliste una vez con un chico que tenía las iníciales GK, Mercy? —No puedo recordar. ¿Tú recuerdas un GK, Grace? —GK... ¿GK? No, ninguno que recuerde. Las había perdido. —Oh mi Dios, miren la hora, chicas. Es tiempo de ir a la iglesia.— Dijo tía Mercy. Tía Grace se dirigió hacia la puerta del garaje. —Ethan, sé un buen chico y saca el Cadillac. Nosotras aún tenemos que hacer algo con nuestras caras. Conduje las cuatro cuadras hasta la eucaristía, en la Iglesia Bautista Misionera Evangélica, y empujé la silla de ruedas de la tía Mercy por la calle de gravilla. Esto tomó más tiempo que conducir hasta la iglesia, porque cada dos metros la silla se atoraba en la gravilla y yo tenía que moverla de un lado a otro para liberarla, a punto de voltearla y tirar a mi tía abuela al suelo. Para el momento en que el predicador tomó el tercer testimonio de una anciana que juraba que Jesús salvó sus rosales de los escarabajos japoneses o su mano de tejer de la artritis, yo estaba durmiéndome. Tomé el camafeo entre mis dedos, dentro del bolsillo de mis jeans. ¿Por qué nos mostró esa visión? ¿Por qué dejó de funcionar de repente? Ethan. Detente. No sabes lo que estás haciendo. Lena estaba en mi cabeza de nuevo. ¡Guárdalo de nuevo! La iglesia comenzó a desaparecer a mí alrededor y podía sentir los dedos de Lena agarrándose a los míos, como si estuviera justo a mi lado... Nada pudo haber preparado a Genevie para la vista de Greenbrier quemándose. Las llamas cubrían la casa por ambos lados, tragándose el ático y el balcón. Los soldados cargaban antigüedades y pinturas fuera de la casa, corriendo como ladrones comunes. ¿Dónde estaban todos? ¿Estaban escondidos en el bosque como ella? Las hojas sonaron. Ella sintió a alguien tras ella, pero antes de que pudiera girarse una mano 79
  • 79. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas lodosa se cerró sobre su boca. Ella tomó la muñeca de la persona con ambas manos, tratando de romper su fuerza. —Genevieve, soy yo.— La mano soltó su agarre. —¿Qué estás haciendo aquí? ¿Estás bien?— Genevie pasó sus manos alrededor del soldado, vestido con lo que fue una vez un orgulloso uniforme gris de la Confederación. —Estoy bien, querida.— dijo él, pero ella sabía que estaba mintiendo. —Pensé que tú podías estar...— Genevieve sólo había sabido de Ethan a través de cartas durante los dos últimos años, desde que él se había enlistado, y no había vuelto a recibir una carta desde la batalla en Wilderness. Genevieve sabía que muchos de los hombres que habían seguido a Lee en esa batalla nunca habían salido de Virginia. Ella se había resignado a morir solterona. Ella estaba segura de que había perdido a Ethan. Era casi inimaginable que él estuviera vivo, parado allí, esta noche. —¿Dónde está el resto de tu regimiento? —La última vez que los vi, estaban en las afueras de Summit. —¿Qué quiere decir, la última vez que los viste? ¿Todos ellos murieron? —No lo sé. Cuando me fui estaban vivos. —No comprendo. —Deserté Genevieve. No podía pelear más por algo en lo que no creía. No después de todo lo que he visto. La mayoría de los chicos que peleaban conmigo ni siquiera sabían de qué se trata todo esto, que ellos simplemente estaban derramando su sangre por algodón. Ethan tomó su fría mano entre la suya, áspera llena de cortes. —Comprendo si no quieres casarte conmigo ahora. No tengo dinero y ahora no tengo honor. —No me importa si no tienes dinero, Ethan Carter Wate. Tú eres el hombre más honorable que he conocido. Y no me importa si mi padre cree que nuestras diferencias son demasiado grandes para ignorarlas. Él está equivocado. Tú estás ahora en casa y nosotros vamos a casarnos. Genevieve lo abrazó fuertemente, asustada de que desapareciera en el aire si lo dejaba ir. El olor la trajo de nuevo al momento. El rancio olor de limones quemándose, de sus vidas quemándose. —Tenemos que ir hacia el río. Hacia allí se hubiera dirigido mamá. Ella se fue hacia el sur a la casa de tía Marguerite.— Pero Ethan no tuvo tiempo para responder. Alguien estaba acercándose. Las ramas estaban sonando como si alguien estuviera pasando por 80
  • 80. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas los arbustos. —Quédate tras de mí,— ordenó Ethan, empujando a Genevieve detrás de él con un brazo y agarrando su rifle con el otro. El arbusto se dividió y apareció Ivy, la cocinera de Greenbrier. Ella aún estaba en su ropa de dormir, negra por el humo. Ella gritó cuando vio el uniforme, demasiado asustada para notar que era gris, no azul. — Ivy, ¿estás bien?— Genevieve se apresuró a atrapar la anciana que estaba comenzando a caerse. —Señorita Genevieve ¿qué está haciendo aquí? —Estaba tratando de llegar a Greenbrier. Para advertirles a todos. —Es demasiado para eso, niña, y no haría ningún bien. Esos pájaros azules rompieron las puertas y entraron a la casa, como si fuera de ellos. Revisaron el lugar para ver que podían robar, y después comenzaron los fuegos.— Era casi imposible entender lo que decía. Estaba histérica y cada pocos segundos era interrumpida por un ataque de tos, ahogándose tanto con el humo como con sus lágrimas. —En toda mi vida nunca había visto demonios como esos. Quemando una casa con mujeres adentro. Todos ellos tendrán que responderle a Dios todopoderoso en el más allá.— La voz de Ivy se quebró. Las palabras tardaron un momento en ser registradas. —¿Qué quieres decir con que quemaron una casa con mujeres adentro? —Lo siento tanto, niña. Genevieve sintió sus piernas fallar debajo de ella. Se arrodilló en el lodo, la lluvia corriendo por su cara, mezclándose con sus lágrimas. Su madre, su hermana, Greenbrier, todos habían desaparecido. Genevieve levantó su vista al cielo. —Dios es el único que tiene que responderme por esto. La visión nos sacó tan rápido como nos había llevado a ella. Estaba mirando al predicador de nuevo y Lena se había ido. ¿Lena? Ella no respondió. Me senté en la iglesia con un sudor frío, sentado en medio de tía Mercy y tía Grace, quienes estaban buscando en sus bolsos monedas para la colecta. Quemar una casa con mujeres adentro, una casa con limoneros. Una casa donde apostaba que Genevieve había perdido su camafeo. Un camafeo grabado con el día en que Lena nació, pero cien años atrás. Con razón Lena no quería ver esas visiones. Estaba comenzando a darle la razón. Las coincidencias no existen. 81
  • 81. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas 82
  • 82. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas 14 de Setiembre EL REAL BOO RADLEY E l domingo por la noche, volví a leer El guardián en el cementerio, hasta que me sentí cansado, lo suficiente como para conciliar el sueño. Solamente que no me sentí lo suficiente cansado. Y no podía leer, porque la lectura no se sentía igual. Y no podía desaparecer en el personaje de Holden Caulfield, porque no podía perderme en la historia, no en la forma en que se debe, para convertirse en alguien más. Mi cabeza estaba llena de medallones, fuego, y las voces. Personas que no conocía, y visiones que no entendía. Puse el libro y metí las manos detrás de mi cabeza. —Lena, estás ahí, ¿verdad? Me quedé mirando el techo azul. No sirve de nada. Sé que estás ahí. Aquí. Sea lo que sea. Esperé, hasta escucharla. Su voz, se desarrollaba como un recuerdo pequeño, brillando en el más oscuro, rincón de mi mente. No. No exactamente. —¿Eres tú? ¿Has sido tú, toda la noche? —Ethan, estoy durmiendo. Sonreí. 83
  • 83. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —No, no era yo. ¿Qué estabas escuchando? —No era yo. —Sólo admítelo, eras tú. —Chicos. ¿Creéis que todo es acerca de vosotros? Tal vez me gusta ese libro. —¿Puedes venir cuando quieras, puedes ahora? Hubo una larga pausa. —No por lo general, pero sólo esta noche ha pasado. Todavía no entiendo cómo funciona. —Tal vez podemos pedirle a alguien que nos ayude. —¿Cómo a quién? —No lo sé. Supongo que tendremos que averiguarlo nosotros mismos. Al igual que todo lo demás. Otra pausa. Traté de no preguntarle si lo de —nosotros— la asustaba, en caso de que ella pudiera oírme. Tal vez fue eso, o tal vez era otra cosa, ella no quería que yo lo averiguara y menos si era algo que tuviera que ver con ella. —No lo intentes. Sonreí, y tuve que cerrar los ojos. Apenas podía mantenerlos abiertos. —Lo estoy intentando. Apagué la luz. —Buenas noches, Lena. —Buenas noches, Ethan. Tenía la esperanza de que no pudiera leer todos mis pensamientos. Baloncesto. Definitivamente iba a tener que pasar más tiempo pensando en el baloncesto. Y en cuanto pensé en el libro de jugadas de baloncesto, sentí que mis ojos se cerraron, sentí que me hundía, perdía el control... Me estaba ahogando. 84
  • 84. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Me agitaba en el agua verde, las olas rompiendo sobre mi cabeza. Mis pies dieron patadas en el fondo fangoso de un río, tal vez el Santeé, pero no había nada. Pude ver una especie de luz, rozando el río, pero no pude llegar a la superficie. Yo iba hacia abajo. —Es mi cumpleaños, Ethan. Está sucediendo. Extendí mi mano y la doblé para agarrarla a ella. Agarró mi mano, pero ella se alejó, y no podía retenerla más. Traté de gritar, mientras la veía pálida a la deriva bajando hacia la oscuridad, pero tenía la boca llena de agua y no podía hacer ningún sonido. Yo podía sentir como me asfixiaba. Estaba empezando a perder el conocimiento. —Traté de advertirte. ¡Debes dejar que me vaya! Me senté en la cama. Mi camiseta estaba empapada. Mi almohada estaba mojada. Tenía el pelo mojado. Y mi habitación estaba pegajosa y húmeda. Supuse que había dejado nuevamente la ventana abierta. —¡Ethan Wate! ¿Me estás escuchando? Será mejor que vengas aquí ahora mismo, o no tendrás desayuno en toda esta semana. Yo estaba en mi asiento, al igual que tres huevos que fácilmente se deslizaron en el plato de biscochos y salsa. —Buenos días, Amma. Ella se dio la vuelta sin ni siquiera darme una mirada. —Ahora ya lo sabes no habrá nada—. Todavía estaba enfadada conmigo, pero yo no estaba seguro si era porque me había salido de la clase o porque había traído el medallón a casa. Probablemente ambas cosas. Yo no podía culparla, aunque, no suelo meterme en problemas en la escuela. Esto fue todo un nuevo territorio. —Amma, siento mucho lo de salirme de la clase el viernes. No va a volver a suceder. Todo volverá a la normalidad. Su rostro se suavizó, sólo un poco, y se sentó frente a mí. —No lo creo. Todos toman decisiones, y esas decisiones tienen consecuencias. Espero que tú tengas tu infierno para que pagues cuando llegues a la escuela. Quizás lo inicie escuchándome a mí ahora. Quédate lejos de Lena Duchannes, y de aquella casa. No era como si Amma se llevara con todos los demás en la ciudad, teniendo en cuenta que generalmente era al revés. Me di cuenta que ella estaba preocupada por la forma en que seguía revolviendo su café, mucho tiempo después de que la leche había desaparecido. Amma siempre se preocupaba por mí y la amaba por ello, pero algo se sentía diferente desde que le mostré el medallón. Caminé alrededor de la mesa y le di un abrazo. Olía como a lápiz y a algo picante, como siempre. 85
  • 85. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Sacudió la cabeza, murmurando, —no quiero oír hablar nada sobre ojos verdes y cabello negro. Es como encontrar una nube mala este día, así que ten cuidado. Amma no sólo estaba de un humor oscuro. Hoy era de negro azabache. Pude sentir como subía sobre mí en este instante la nube mala. Link se detuvo y como siempre iba escuchando algunos temas terribles. Bajó el volumen de la música cuando me deslicé en el asiento, esa era una mala señal. —Lo sé. —Jackson tendrá un linchamiento esta mañana. —¿Qué has oído? —Lo mismo desde el viernes por la noche. Oí a mi madre hablando y he tratado de llamarte. ¿De todos modos dónde has estado?— —Estaba tratando de enterrar un medallón hexagonal en Greenbrier, por lo que Amma me mantuvo en la casa. Link se rió. Cuando de Amma se trataba él ya estaba acostumbrado a hablar de hechizos, encantamientos y el mal de ojo. —Al menos ella ya no coloca esa bolsa apestosa a cebolla alrededor de tu cuello. Eso sería repugnante. —Era ajo. Fue en el funeral de mi madre. —Fue desagradable. Lo que pasaba con Link es que él había sido mi amigo desde el día que le di un Twinkie (marca de pastelillo) en el autobús, y después de eso a él no le importaba mucho lo que decía o hacía. Incluso desde entonces, ya sabías quiénes eran tus amigos. Así era Gatlin. Todo había sucedido, hace diez años. Para nuestros padres, todo había sucedido hace veinte o treinta años. Y para la propia ciudad, parecía como si nada hubiera ocurrido hace más de cien años. Tuve la sensación de que eso estaba a punto de cambiar. Mi madre hubiera dicho que era el momento. Si había una cosa que a mi madre le gustaba, era cambiar. A diferencia de la madre de Link. La Sra. Lincoln era una adicta a la furia cuando algo cambiaba, una combinación peligrosa. Cuando estábamos en octavo grado, la señora Lincoln arrancó el cable de la pared porque encontró mirando a Link la película de Harry Potter, una vez había hecho una campaña para prohibir la Biblioteca del Condado de Gatlin porque tenía el pensamiento de que promovía la brujería. Afortunadamente, Link había logrado escapar a casa de Earl Petty, para ver la MTV. Lo que mataba a Lincoln no era en 86
  • 86. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas convertirse en el primer ministro de la secundaria en Jackson, quiero decir, a él sólo le interesaba una banda de rock. Nunca comprendí a la Sra. Lincoln. Cuando mi madre estaba viva, ella ponía los ojos en blanco y decía, —Link puede ser tu mejor amigo, pero no esperes que me una Al grupo de —DAR— y empiece a llevar una falda de aro para nuevas recreaciones. (Faldas estilo la película LO QUE EL VIENTO SE LLEVO).— Entonces, nosotros nos imaginamos a mi madre, caminando kilómetros en los campos de batalla llena de fango en busca de casquillos de bala, y cortando sus propios cabellos con tijeras de jardín, como toda una miembro del DAR, organizando ventas de comida y diciéndole a cada uno cómo decorar su casa. La Sra. Lincoln era fácil de imaginarla dentro del DAR. Ella era la Secretaria de Actas, e incluso sabía que ella estaba en la Junta con Savannah Snow y la madre de Emily Asher, mientras que mi madre pasó la mayor parte de su tiempo encerrada en la biblioteca buscando en las microfichas. Link seguía hablando y pronto me di cuenta que le empezaba a poner mayor atención. —Mi madre, la de Emily y la madre de Savannah... Se han pasado encima de las líneas telefónicas durante las últimas dos noches. Escuché a mi madre hablando acerca de la ventana rota en la clase de Inglés y cómo la sobrina del viejo Man Ravenwood tenía sangre en sus manos. Él se desvió al dar la vuelta en la esquina, sin siquiera tomar un respiro. —¿Y acerca de cómo tu novia estuvo en una institución mental en Virginia, y también que ella era huérfana, y que era algo maníaca? —Ella no es mi novia. Sólo somos amigos,— le dije de forma automática. —Cállate. Estás tan alocado que debería comprarte una silla de montar. Era algo que siempre decía sobre cualquier chica con la que hablaba o miraba en el pasillo. —No hay nada con ella. No ha pasado nada. Sólo pasamos el tiempo. —Eres una completa mierda, tú podrías pasar por un inodoro. Te gusta. Admítelo.— Link no era grandioso en cuanto a sutilezas, y no creo que él podría imaginarse estando con una chica para cualquier otra razón que tal vez no fuera tocar con ella la guitarra, a excepción de las obvias. —No estoy diciendo que no me gusta. Sólo somos amigos.— Lo cual era verdad, en realidad, no quisiera que ella lo fuera. Pero eso es otra cuestión. De cualquier manera, debo haber sonreído un poco. Fue un paso en falso. Link pretendió vomitar sobre su regazo hacia fuera del auto. Pero lo hacía bromeando. 87
  • 87. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas A Link no le importaba que ella me gustara, siempre y cuando le diera motivos para molestarme. —¿Y bien? ¿Es cierto? ¿Ella Lo hizo? —¿Ella qué? —Tú sabes. La loca caída del árbol, ¿cuando golpeó con todas las ramas hacia abajo? —Una ventana se rompió, eso es todo lo que pasó. No es un misterio. —La señora Sayin Asher dice que golpeó, o tiró algo sobre él. —Es curioso, que la señorita Emily Asher no está en mi clase de Inglés, desde la última vez que asistí. —Sí, bueno, mi madre no lo hace bien, pero ella me dijo que pasaría por la escuela hoy. —Excelente. Le guardaré un asiento en la mesa del almuerzo. —Tal vez es porque ella ha hecho esto en todas sus escuelas, y por eso permanecía por poco tiempo en una institución.— Link se puso serio, lo que significaba que había escuchado un montón de cosas desde el incidente de la ventana. Por un segundo, me acordé de lo que Lena había dicho sobre que su vida era complicada. Tal vez esta era una de esas complicaciones, o sólo una de las veintiséis mil otras cosas que no podía hablar. ¿Qué pasaría si todas las Emilys Ashers del mundo estaban en lo cierto? ¿Qué si yo había tomado el lado equivocado, después de todo? —Cuídate, hombre. Puede ser que ella tenga su propio lugar en más de una villa. —Sí, realmente creo que eres un idiota. Nos metimos en el estacionamiento de la escuela sin hablar. Me sentí molestó, aunque sabía que Link sólo estaba tratando de abrirme los ojos. Pero no podía evitarlo. Todo se sentía diferente. Salí y cerré la puerta del coche. Link me llamó después y me dijo. —Estoy preocupado por ti, amigo. Has actuado como un loco. —¿Crees que sólo se trata de tú y yo? Tal vez deberías pasar más tiempo preocupándote por no poder conseguir una chica con quien hablar, te parezca una locura o no. Se bajó del coche y miró hacia el edificio de administración. —De cualquier manera amigo, tal vez lo mejor será que te cuides especialmente este día. Mira… 88
  • 88. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas La Sra. Lincoln y la señora Asher se dirigían hacia el Director Harper. Emily estaba acurrucada junto a su madre, tratando de parecer patética. La Sra. Lincoln estaba dando una conferencia a Harper, que asentía con la cabeza como si estuviera memorizando cada palabra. El director Harper podría haber sido el que controlaba la secundaria Jackson, pero él sabía quien controlaba la ciudad. Él estaba mirando a dos de esas personas. Cuando la madre de Link terminó, Emily se sumergió en una versión especial animada sobre el incidente de la ventana rota. La Sra. Lincoln se acercó y puso su mano sobre el hombro de Emily, comprendiendo como se sentía ella. El Director Harper negó con la cabeza. Bien, este ha sido un día de nubes malas. Lena estaba sentada en el coche fúnebre, escribiendo en su destartalado cuaderno. El motor estaba apagado. La llamé sobre su ventana y saltó. Volvió a mirar hacia el edifico de administración. También miró a las madres. Le hice señas para que abriera la puerta, pero ella sacudió la cabeza. Di la vuelta al lado del pasajero. Las puertas estaban cerradas, pero ella no se iba a librar de mí tan fácilmente. Me senté en el capó de su automóvil y dejé caer la mochila junto a mí. No me marcharía a ninguna parte. —¿Qué haces? —Esperar. —Va a ser una larga espera. —Tengo tiempo. Ella me miró a través del parabrisas. Oí desbloquear las puertas. —¿Alguien alguna vez te ha dicho que estás loco? — Ella dio la vuelta a donde estaba sentado sobre el capó, tenía los brazos cruzados, como Amma cuando estaba dispuesta a reñirme. —No tan loco como, he oído que tú lo estás. Tenía el pelo recogido con un pañuelo negro de seda y con unas flores de cerezo dispersas a través de ella. Pude imaginar cómo se miraba a sí misma en el espejo, como con una sensación de que ella iba a su propio funeral, llevaba una mezcla entre camiseta y vestido negro sobre sus pantalones vaqueros y sus zapatos negros Converse. Ella frunció el ceño y miró hacia el edificio de administración. Las madres probablemente estaban sentadas en la oficina de Harper en este momento. —¿Puedes escucharlos? Sacudió la cabeza. —No es como si pudiera leer las mentes de la gente, Ethan. 89
  • 89. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —Puedes leer la mía. —No realmente. —¿Lo de anoche? —Te lo dije, no sé por qué sucede. Sólo parece ser una conexión—. Incluso esta mañana esa palabra parecía difícil pronunciarla. Ella no me miraba a los ojos. —Nunca ha sido así con nadie más. Quería decirle que sabía cómo se sentía. Quería decirle que cuando estábamos, conectados con nuestras mentes, incluso si nuestros cuerpos estuvieran a un millón de millas de distancia, me sentía más cerca de ella. Y que nunca me había sentido así con nadie más. No podía. Ni siquiera podía pensar en ella. Pensé en el libro de las jugadas de baloncesto, el menú de la cafetería, la sopa de guisantes verdes, el color del pasillo. Cualquier otra cosa. En cambio, incliné la cabeza hacia un lado. —Sí. Las chicas me lo dicen todo el tiempo.— Idiota. Me sentí más nervioso, y mis chistes lo empeoraban todo. Ella sonrió, era una, sonrisa torcida. —No trates de animarme. No va a funcionar. Pero así era. Miré hacia atrás a los escalones. —Si quieres saber lo que están diciendo, te lo puedo decir. Ella me miró con escepticismo. —¿Cómo? —Esto es Gatlin. No hay secretos aquí. —¿Qué tan grave es?— Ella miró hacia otro lado. —¿Piensan que estoy loca? —Bastante. —¿Un peligro para la escuela? —Probablemente. No miran con buenos ojos a los extraños por aquí. Y mucho menos si son más extraños que Macon Ravenwood, sin ofender.— Yo le sonreí. El primer timbre sonó. Me agarró de la manga, ansiosa. —La otra noche. Tuve un sueño. ¿Lo viste? Asentí. Ella no tenía que decirlo. Sabía que ella había estado ahí en el sueño conmigo. —Incluso con el pelo mojado. 90
  • 90. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —Yo también.— Ella me mostró su brazo. Había una marca en su muñeca, donde yo había tratado de agarrarla. Antes de que se hundiera en la oscuridad. Tenía la esperanza de que no hubiera visto esa parte. A juzgar por su cara, yo estaba bastante seguro de que ella lo sabía. —Lo siento, Lena. —No es culpa tuya. —Me gustaría saber por qué los sueños son tan reales. —Traté de advertirte. Debes permanecer lejos de mí. —Lo que sea. Me considero advertido.— De alguna manera sabía que no podía estar lejos de ella. A pesar de que estaba a punto de entrar a la escuela y enfrentar una enorme carga de mierda, no me importaba. Se sentía bien tener a alguien con quien poder hablar, sin necesidad de editar todo lo que decía. Y podía dirigirme a Lena; en Greenbrier sentí que podría haberme sentado en la maleza y hablar con ella durante días. —¿Qué pasa con tu cumpleaños? ¿Por qué dices que no podrías estar aquí después de eso? Rápidamente cambió de tema. —¿Qué pasa con el medallón? ¿Viste lo que yo vi? ¿Fue abrasador? ¿Otra visión? —Sí. Yo estaba sentado en el centro de la iglesia y casi me caí de la banca. Pero averigüé algunas cosas de las Hermanas. Las iniciales de la ECW, que representan Ethan Carter Wate. Él fue mi tátara—tátara—tátara—tátara—tío, y mis tres tías chifladas, decían que fui nombrado después de él. —Entonces, ¿por qué no reconocen las iniciales en el medallón? —Esa es la parte extraña. Nunca había oído hablar de él, y está convenientemente ausente en el árbol genealógico de mi casa. —¿Qué pasa con GKD? Es Genoveva, ¿verdad? —Parece que no lo saben, pero tiene que ser. Ella es la de las visiones, y la D debe representar a los Duchannes. Iba a preguntarle a Amma, pero cuando le mostré el medallón sus ojos casi se le salen de la cabeza. Como si fueran en triple hexagonal, penetrando en un cubo vudú, y envolviéndolo en una maldición justo a la medida. El estudio de mi padre está fuera de los límites, ahí es donde se mantienen todos los viejos libros de mi madre acerca de Gatlin y la guerra.— Estaba divagando. —¿Se podría hablar con tu tío?— —Mi tío no sabe nada. ¿Dónde está el medallón ahora? 91
  • 91. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —En mi bolsillo, envuelto en una bolsa llena de polvo que Amma vertió sobre él, cuando lo vio. Ella piensa que lo llevé a Greenbrier y que lo enterré. —Ella debe odiarme. —No más que cualquiera de mis chicas, ya sabes, los amigos. Quiero decir, amigos que son chicas. No podía creer lo estúpido que me escuchaba. —Creo que es mejor ir a clase antes de entrar en más problemas. —En realidad, estaba pensando en irme a casa. Sé que voy a tener que lidiar con ellos. Con el tiempo, pero me gustaría vivir en la negación un día más. —¿Te quieres meter en más problemas? Ella se rió. —¿Con mi tío, el infame Ravenwood Macon, que piensa que la escuela es una pérdida de tiempo y que a los buenos ciudadanos de Gatlin se deben evitar a toda costa? Estará emocionado. —Entonces, ¿por qué debería ir?— Estaba bastante seguro que Link nunca volvería aparecer en la escuela si su madre no lo persiguiera hasta afuera de la puerta cada mañana. Ella le daba vuelta a uno de los encantadores dijes de su collar, una estrella de siete puntas. —Creo que pensé que aquí sería diferente. Tal vez podría hacer algunos amigos, si me uno al periódico o algo. No lo sé. —¿Nuestro periódico? ¿El Stonewaller Jackson? —Traté de unirme al periódico en mi vieja escuela, pero dijeron que todos los puestos ya estaban completos, a pesar de que nunca tuvieron suficientes escritores para sacar el periódico a tiempo—. Ella desvió la mirada, avergonzada. —Debería ponerme en marcha. Abrí la puerta para ella. —Creo que debes hablar con tu tío sobre el medallón. Él puede saber más de lo que piensas. —Confía en mí, no lo sabe.— Cerré la puerta. Por mucho que yo quería que se quedara, una parte de mí sabía que en verdad se iba a casa. Y ahora yo iba a tener suficiente a que hacerle frente. —¿Quieres que entregue esto por ti?— Señalé el cuaderno que estaba tirado en el asiento del pasajero. —No, no es la tarea.— Ella abrió la guantera y tiró el blog de notas en su interior. —No es nada.— De todos modos ella no me diría nada sobre él. 92
  • 92. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —Es mejor que te marches antes que el Gordito comience a explorar el lugar.— Comenzó a encender el coche antes de que pudiera decir algo más, y ella me saludó cuando se apartó de la acera. Y escuché un ladrido. Me volví para ver el enorme perro negro de Ravenwood, sólo a unos pocos pies de distancia. La Señora Lincoln me sonrió. El perro gruñó. La Sra. Lincoln miraba con tal repugnancia, que pensarías que estabas mirando al mismísimo Macon Ravenwood. Era como una competencia, no estaba seguro de que uno de ellos estuviera a la cabeza. —Perros salvajes portadores de rabia. Alguien debería notificar al condado.— Sí, alguien. —Sí, señora. —¿A quién acabo de ver conducir en ese extraño auto negro? Parecías tener una larga conversación.— Ella ya sabía la respuesta. No era una pregunta. Se trataba de una acusación. —Señora. —Sí, hablando con un extraño, el Director Harper está planificando mandar a la muchacha Ravenwood con una transferencia profesional. Ella puede decidirse, entre cualquier escuela de los tres condados. Siempre que no fuese Jackson. Yo no dije nada. Ni siquiera la miré. —Es nuestra responsabilidad, Ethan. Que el director Harper y todos los padres de Gatlin. Estemos seguros de mantener a los jóvenes fuera de este tipo de incidentes. Y lejos de la gente equivocada—. Lo que significa cualquier persona como ella. Ella extendió la mano y me tocó en el hombro, tal como lo había hecho con Emily, no hace menos de diez minutos. —Estoy segura de que entiendes mi punto de vista. Después de todo, eres uno de nosotros. Tu padre nació aquí y tu madre fue enterrada aquí. Tu sitio está aquí. En donde cada uno hace. Me quedé mirándola. Ella entró en su camioneta antes de que yo pudiera decir una palabra. Una vez que llegué a clase, el día se convirtió en algo normal, extrañamente normal. No vi más padres de familia, aunque sospechaba que estaban por ahí merodeando alrededor de la oficina. Durante el almuerzo, como de costumbre me comí tres platos de pudín de chocolate con los chicos, aunque estaba claro qué no estábamos hablando. Incluso miré a Emily enviar como loca mensajes de texto en clase. También inglés y 93
  • 93. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas química parecían algún tipo de verdad universal. A excepción de la sensación que tenía acerca de que se trataban los mensajes de texto. Como he dicho, todo era muy normal. Hasta Link me dejó después de la práctica de baloncesto y me decidí a hacer algo completamente loco. Amma estaba de pie en el porche delantero, un signo seguro de problemas. —¿La has visto? Debería haber esperado algo como esto. —Ella no estuvo en la escuela hoy.— Técnicamente eso era cierto. —Tal vez eso es lo mejor. Los problemas siguen a esa niña, al igual que a Macon Ravenwood's. No quiero que te sigan a esta casa—. —Voy a tomar una ducha. ¿Está lista la cena? Link y yo tenemos que hacer un proyecto para esta noche.— Lo dije desde la escalera, tratando de parecer normal. —¿Proyecto? ¿Qué proyecto? —Historia. —¿A dónde vas y cuándo vas a volver? Dejé ir de golpe la puerta del baño antes de contestarle. Tenía un plan, pero necesitaba una historia, y tenía que ser buena. Diez minutos más tarde, sentado en la mesa de la cocina, ya lo tenía planeado. No era a prueba de todo, pero fue lo mejor que podía inventar en tan poco tiempo. Ahora sólo tenía que llevarlo a cabo. No era el mejor mentiroso y Amma no era tonta. —Link va a llevarme después de la cena a la biblioteca y vamos a estar ahí hasta que la cierren. Creo que en alrededor de las nueve o diez. —Estudiaré algo sobre el Oro de Carolina sobre mi Carne. El Oro de Carolina era sobre una masa pegajosa de salsa de mostaza, barbacoa y fue algo que hizo famoso al condado de Gatlin, por que no tenía nada que ver con la Guerra Civil. —¿La biblioteca? Mentirle a Amma siempre me ponía nervioso, así que intentaba no hacerlo tan a menudo. Y esta noche realmente lo estaba sintiendo, especialmente en mi estómago. La última cosa que quería hacer era comer tres platos de barbacoa de cerdo, pero no tenía otra alternativa. Ella sabía exactamente cuánto podía guardar. Dos platos, y despertaría sospechas. Un plato, y ella me enviaría a mi habitación con un termómetro y Ginger Ale. Asentí y me puse a trabajar en limpiar mi segundo plato. —No has puesto un pie en la biblioteca desde… 94
  • 94. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —Lo sé.— Desde que murió mi madre. La biblioteca era el hogar lejos del hogar para mi madre, y mi familia. Habíamos pasado allí cada tarde de domingo desde que era un niñito, vagando por las pilas, sacando cada libro con la foto de un barco pirata, un caballero, un soldado, o un astronauta. Mi madre solía decir: —Esta es mi Iglesia, Ethan. Así es como guardamos el sábado Santo en nuestra familia.— La jefa de la biblioteca de Gatlin, Marian Ashcioft, era la amiga más antigua de mi madre, la segunda historiadora más inteligente en Gatlin después de mi madre, y hasta el año pasado, su compañera de investigación. Ellas habían sido estudiantes de postgrado juntas en Duke, y cuando Marian terminó su Doctorado en Investigación en estudios Américo—Africanos, ella siguió a mi madre hasta Gatlin para terminar su primer libro juntas. Ellas estaban a mitad de camino de su quinto libro antes del accidente. No había puesto un pie en la biblioteca desde entonces, y todavía no estaba preparado. Pero también sabía que no había manera que Amma me detuviera de ir allí. Ella ni siquiera llamaría para comprobarlo. Marian Ashcroft era familia. Y Amma, quien había amado a mi madre tanto como lo hizo Marian, no respetaba nada tanto como la familia. —Bien, cuida tus modales y no levantes la voz. Sabes lo que tu madre solía decir. Cualquier libro es un Buen Libro, y donde quiera que ellos mantengan los buenos libros a salvo es también la Casa del Señor.— Como dije, mi madre nunca lo hubiera logrado en la DAR (Hijas de la Revolución Americana). Link tocó la bocina. Él me estaba llevando en su coche en su camino a la práctica con la banda. Huí de la cocina, sintiéndome tan culpable que tuve que luchar contra el impulso de arrojarme a los brazos de Amma y confesar todo, como si tuviera seis años nuevamente y hubiera comido toda la mezcla de gelatina de la despensa. Tal vez Amma estaba en lo correcto. Tal vez había elegido un agujero en el cielo y el universo estaba a punto de caer sobre mí. Mientras me acercaba a la puerta de Ravenwood, mi mano se apretó alrededor de la carpeta azul brillante, mi excusa para aparecerme en la casa de Lena sin invitación. Estaba visitándola para darle la asignación de Ingles que se había perdido hoy, eso era lo que planeaba decir, de todas formas. Había sonado convincente, en mi cabeza, cuando estaba de pie en mi propio porche, pero ahora que estaba en el porche de los Ravenwood, no estaba tan seguro. Por lo general no soy el tipo de chico que haría cosas como estas, pero era obvio que no había manera de que Lena fuera a invitarme alguna vez por su propia cuenta. Y tenía el presentimiento que su tío podía ayudarnos, que él podría saber algo. 95
  • 95. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Ó quizás sea lo otro. Quería verla. Había sido un largo y aburrido día en Jackson, sin el huracán Lena, y me estaba empezando a preguntar cómo atravesé alguna vez ocho períodos sin todos los problemas que ella me causaba. Sin todos los problemas que me hacía quererme causar. Pude ver la inundación de luz desde las ventanas cubiertas de vid. Escuché el sonido de música en el fondo, viejas canciones de Savannah, de esa compositora de Georgia que mi madre había amado. —En el frío frío frío de la noche. Escuché ladridos desde el otro lado de la puerta incluso antes de golpear, y en cuestión de segundos la puerta se abrió. Lena estaba parada allí descalza, y se veía diferente, vestida con un vestido negro con pájaros bordados en él, como si estuviera saliendo a cenar en un restaurante elegante. Yo me veía más como si me dirigiera al Daree Keen en mi agujereada camiseta Atari y mis jeans. Salió al porche, cerrando la puerta detrás de ella. —Ethan, ¿qué estás haciendo aquí? Levanté la carpeta, sin convicción. —Te traje tu tarea. —No puedo creer que sólo te presentaras aquí. Te dije que a mi tío no le gustaban los extraños.— Ya me estaba empujando por las escaleras. —Tienes que irte. Ahora. —Simplemente pensé que podíamos hablarle. Detrás de nosotros escuché el incómodo aclarar de una garganta. Levanté la vista para ver al perro de Macon Ravenwood, y detrás de él, Macon Ravenwood en persona. Intenté no verme sorprendido, pero estoy bastante seguro que me delató el casi saltar fuera de mi piel. —Bien, esa es una que no escucho a menudo. Y odio decepcionar, ya que no soy nada sino un caballero sureño.— Él hablaba con un acento sureño medido, pero con perfecta enunciación. —Es un placer finalmente conocerlo, Sr. Wate. No podía creer que estaba de pie enfrente de él. El misterioso Macon Ravenwood. Solamente, que en realidad había estado esperando a Boo Radley, un tipo caminando penosamente por la casa en overol, murmurando en algún tipo de lenguaje monosilábico como un Neandertal, quizás incluso babeando un poco por las comisuras de su boca. Este no era Boo radley. Este era más un Atticus Finch. Macon Ravenwood vestía impecablemente, como si fuera, no lo sé, de 1942. Su almidonada camisa blanca estaba sujeta con antiguos gemelos plateados, en lugar de botones. Su chaqueta negra de cena estaba impecable, perfectamente arrugada. Sus ojos eran oscuros y brillantes; parecían casi negros. Ellos estaban nublados, polarizados, como el vidrio de las ventanas del coche fúnebre que Lena conducía por 96
  • 96. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas el pueblo. No había vista dentro de esos ojos, ningún reflejo. Estaban fuera de su pálido rostro, el cual era tan blanco como la nieve, blanco como el mármol, blanco como, bien, lo que esperarías del encerrado del pueblo. Su cabello era canoso, gris cerca de su rostro, y tan negro como el de Lena en la parte superior. Él podría haber sido alguna clase de estrella de cine estadounidense, desde antes que se inventara el tecnicolor, ó tal vez de la realeza, de algún pequeño país que nadie por aquí hubiera escuchado alguna vez. Pero Macon Ravenwood, él era de éstos lugares. Eso era lo confuso. El Viejo Hombre Raven era el coco de Gatlin, una historia que había escuchado desde jardín de infancia. Sólo que ahora él parecía pertenecer aquí menos de lo que lo hacía yo. Él cerró el libro que sostenía, sin sacar nunca los ojos de mí. Él me estaba mirando, pero era más como si estuviera mirando a través de mí, buscando algo. Tal vez el hombre tenía visión de rayos x. Habida cuenta de la semana pasada, cualquier cosa era posible. Mi corazón latía tan fuerte que estaba seguro que él podía escucharlo. Macon Ravenwood me tenía de los nervios y él lo sabía. Ninguno de los dos sonreía. Su perro estaba tenso y rígido a su lado, como esperando la orden de atacar. —¿Dónde están mis modales? Pase, Sr. Wate. Estábamos por sentarnos a cenar. Usted simplemente tiene que unírsenos. La cena es siempre bastante el asunto, aquí en Ravenwood. Miré a Lena, deseando alguna clase de directiva. Dile que no quieres quedarte. Confía en mí, no lo quiero. —No, está bien, Sr. No quiero importunar. Sólo quise dejarle la tarea a Lena. Sostuve en alto la carpeta azul brillante por segunda vez. —Tonterías, debe quedarse. Disfrutaremos algunos Cubanos en el jardín de invierno después de la cena, ¿ó es usted más un hombre de Cigarrillos? Salvo, por supuesto, que lo incomode entrar, en cuyo caso, lo comprendo totalmente.— No pude decir si estaba bromeando. Lena deslizó su brazo alrededor de su cintura, y pude ver su cara cambiar al instante. Como el sol pasando entre las nubes en un día nublado. —Tío M, no te burles de Ethan. Él es el único amigo que tengo por aquí, y si lo espantas tendré que ir a vivir con la Tía Del, y entonces no quedará nadie para que tortures. —Todavía tendré a Boo.— El perro levantó la vista a Macon, perplejo. 97
  • 97. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —Lo llevaré conmigo. Es a mí a quien sigue por el pueblo, no a ti. Tuve que preguntar. —¿Boo? ¿El nombre del perro es Boo Radley? Macon agrietó la más pequeña de las sonrisas. —Mejor él que yo.— Lanzó la cabeza hacia atrás y se echó a reír, lo que me sorprendió, ya que no pude haber imaginado a sus facciones componer ni siquiera tanto como una sonrisa. Abrió la puerta de par en par detrás de él. —En serio, Sr. Wate, por favor acompáñenos. Amo tanto la compañía, y han pasado años desde que Ravenwood ha tenido el placer de acoger a un invitado de nuestro propio delicioso pequeño Condado Gatlin. Lena sonrió torpemente: —No seas un snob, Tío M. no es su culpa que nunca hables con ninguno de ellos.— —Y no es mi culpa tener una inclinación por la buena crianza, razonable inteligencia, e higiene personal aceptable, no necesariamente en ese orden. —Déjame adivinar. ¿Tiene algo que ver con el Director Harper?— Lena asintió. —La escuela llamó. Mientras el incidente esté siendo investigado, estoy a prueba.— Ella revoleó los ojos. —Una ‗infracción‘ más y me suspenderán. Macon rió despectivamente, como si estuviéramos hablando de algo completamente intrascendente. —¿A prueba? Qué divertido. A prueba implica una fuente de autoridad.— Nos empujó a ambos dentro de la sala delante de él. —Un Director de preparatoria con sobrepeso quien apenas finalizó la universidad, y un grupo de enojadas amas de casa con pedigrí que no podrían ser rivales para Boo Radley, difícilmente califican. Pasé por encima del umbral y me detuve en seco. El vestíbulo de entrada era alto y grande, no el modelo de casa suburbana al que había entrado hace apenas unos días atrás. Una monstruosamente enorme pintura al óleo, el retrato de una mujer terriblemente hermosa con brillantes ojos dorados, pendía sobre las escaleras, las cuales ya no eran contemporáneas, sino una clásica escalera flotante aparentemente suspendida sólo por el aire en sí mismo. Scarlett O‘Hara podría haber volado sobre ella en una falda de aro y no hubiera lucido ni un poco fuera de lugar. Arañas de cristal escalonadas estaban goteando desde el techo. El salón estaba lleno de grupos de antiguos muebles victorianos, pequeñas agrupaciones de sillas intrincadamente bordadas, mesas de mármol, y helechos agraciados. Una vela brillaba de cada superficie. Altas y puertas con postigos se abrieron; la brisa traía el aroma de gardenias, las cuales estaban colocadas en altos jarrones de plata, artísticamente colocadas sobre las mesas. Por un segundo, casi pensé que estaba de regreso en una de las visiones, excepto que el relicario estaba a salvo envuelto en el pañuelo en mi bolsillo. Lo sabía, porque lo 98
  • 98. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas había comprobando. Y ese escalofriante perro me estaba observando desde las escaleras. Pero no tenía sentido. Ravenwood se había transformado en algo completamente diferente desde la última vez que estuve allí. Parecía imposible, como si hubiera retrocedido en la historia. Aún si no fuera real, deseaba que mi madre pudiera haberlo visto. Ella hubiera amado este lugar. Sólo que en este momento se sentía real, y sabía que así era la forma en que esta gran casa se veía, la mayor parte del tiempo. Se sentía como Lena, como el jardín amurallado, como Greenbrier. ¿Por qué no se veía así antes? ¿De qué estás hablando? Creo que lo sabes. Macon caminaba delante de nosotros. Doblamos en una esquina, dentro de lo que era la cómoda sala de estar, la semana pasada. Ahora era un gran salón de baile, con una larga mesa de patas de garra puesta para tres, como si él me estuviera esperando. El piano continuaba tocando por sí mismo en el rincón. Supuse que era uno de esos mecánicos. La escena era extraña, como si el salón debería haber estado lleno del tintinear de copas, y risas. Ravenwood estaba dando la fiesta del año, pero yo era el único invitado. Macon continuaba hablando. Todo lo que decía hacía eco en las frescas paredes gigantescas y los abovedados techos tallados. —Supongo que soy un snob. Detesto los pueblos. Detesto a los pueblerinos. Tienen mentes pequeñas y traseros gigantes. Es decir, lo que les falta en el interior lo construyen en la parte trasera. Son comida chatarra. Grasosos, pero en última instancia, terriblemente insatisfechos.— Él sonrió, pero no era una sonrisa amigable. —¿Entonces, por qué simplemente no se muda?— Sentí una oleada de fastidio que me trajo de vuelta a la realidad, cual sea la realidad en la que estaba en la actualidad. Era una cosa que yo hiciera bromas de Gatlin. Era distinto viniendo de Macon Ravenwood. Venía de un lugar diferente. —No sea absurdo. Ravenwood es mi hogar, no Gatlin.— Escupió la palabra como si fuera tóxica. —Cuando pase las ataduras de esta vida, tendré que encontrar a alguien que cuide de Ravenwood en mi lugar, ya que no tengo hijos. Siempre ha sido mi enorme y terrible propósito, mantener a Ravenwood vivo. Me gusta pensar de mi mismo como el guardián de un museo viviente. —No seas tan dramático, tío M. —No seas tan diplomática, Lena. ¿Por qué quieres interactuar con esos ignorantes pueblerinos? Nunca lo entenderé. El tipo tiene un punto. 99
  • 99. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas ¿Estás diciendo que no quieres que vaya a la escuela? No, sólo quise decir... Macon me miró. —La compañía presente excluida, por supuesto. Cuanto más hablaba él, más curioso estaba yo. ¿Quién sabría que el viejo Macon Ravenwood sería la tercera persona más inteligente del pueblo, después de mi madre y Marian Ashcrift? Ó tal vez la cuarta, dependiendo si mi padre alguna vez mostraba su cara nuevamente. Intenté ver el nombre del libro que Macon estaba sosteniendo. —¿Qué es eso, Shakespeare? —Bety Crocker, una mujer fascinante. Estaba tratando de recordar lo que los locales consideraban una cena. Estaba de humor para una receta regional esta noche. Me decidí por barbacoa de cerdo.— Más barbacoa de cerdo. Me sentía enfermo sólo de pensarlo. Macon retiró la silla de Lena con una reverencia. —Hablando de hospitalidad, Lena, tus primos están saliendo para los Días de Encuentros. Recuerda decirles a la Casa y Cocina que seremos cinco más. —¿Qué son los Días de Encuentro? —Mi familia es tan extraña. Las Jornadas de Encuentro es sólo un viejo festival de cosecha, como un Día de Gracias anticipado. Sólo olvídalo.— Nunca supe de nadie que visitara Ravenwood, de la familia o de otra clase. Nunca había visto ni un solo coche tomar ese giro en la bifurcación de la carretera. Macon parecía divertido. —Como desees. Hablando de la cocina, estoy absolutamente voraz. Voy a ir a ver que ha mezclado ella para nosotros.— Aun cuando hablaba, podía escuchar las ollas y las cacerolas traqueteando en algún cuarto lejano fuera del salón de baile. —No te vayas por la borda, Tío M. Por favor. Observé a Macon Ravenwood desaparecer a través de un salón, y entonces se había ido. Todavía podía oír el clip de sus zapatos de vestir sobre los pisos pulidos. Esta casa era ridícula. Hacía ver a la Casa Blanca como una choza de bosque. —Lena, ¿qué está pasando? —¿A qué te refieres? —¿Cómo supo para poner un lugar para mí? —Debe haberlo hecho cuando nos vio hablando en el porche. 100
  • 100. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —¿Qué hay de este lugar? Estuve en tu casa, el día que encontramos el relicario. No lucía para nada como esto. Dime. Puedes confiar en mí. Ella jugaba con el borde de su vestido. Terca. —Mi tío está en las antigüedades. La casa cambia todo el tiempo. ¿Importa en realidad?— Lo que sea que estaba pasando, ella no iba a decírmelo justo en este momento. — Okay, entonces. ¿Te importa si echo un vistazo?— Ella frunció el ceño, pero no dijo nada. Me levanté de la mesa, y caminé hacia el siguiente salón. Estaba dispuesto como un pequeño estudio, con sofás, una chimenea, y algunos escritorios pequeños. Boo Radley estaba echado frente al fuego. Él empezó a gruñir en el momento en que puse un pie en la habitación. —Lindo perrito.— Gruñó más fuerte. Retrocedí fuera de la habitación. Él paró de gruñir y agachó la cabeza en el hogar. Yaciendo en el escritorio más cercano estaba un paquete, envuelto en papel marrón y atado con un cordel. Lo levanté. Boo Radley comenzó a gruñir nuevamente. Estaba estampillado Biblioteca del Condado de Gatlin. Conocía la estampilla. Mi madre había tenido cientos de paquetes como éste. Sólo Marian Ashcroft se molestaría en envolver un libro de esta manera. —¿Tiene interés en las bibliotecas, Sr. Wate? ¿Conoce a Marian Ashcroft?— Macon apareció junto a mí, tomando el bulto de mi mano y mirándolo con deleite. —Sí, Sr. Macon, la Dra. Ashcroft, ella era la mejor amiga de mi madre. Ellas trabajaban juntas. Los ojos de Macon parpadearon, con un brillo momentáneo, luego nada. Pasó. —Por supuesto. Qué increíblemente estúpido soy. Ethan Wate. Conocí a su madre. Me congelé. ¿Cómo pudo haber Macon Ravenwood conocido a mi madre?— Una expresión extraña cruzó su rostro, como si estuviera recordando algo que había olvidado. —Sólo a través de su trabajo, por supuesto. He leído todo lo que ella ha escrito alguna vez. De hecho, si mira de cerca las notas al pie de Plantaciones & Siembras: Un Jardín Dividido, verá que varias de las fuentes primarias para sus estudios provinieron de mi colección personal. Su madre era brillante, una gran pérdida. Logré una sonrisa. —Gracias. —Estaría honrado de mostrarle mi biblioteca, naturalmente. Sería un gran placer compartir mi colección con el único hijo de Lila Evers. 101
  • 101. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Lo miré, sorprendido por el sonido del nombre de mi madre viniendo de la boca de Macon Ravenwood. —Wate. Lila Evers Wate. Él sonrió de una manera más amplia. —Por supuesto. Pero primero lo primero. Creo, por la falta de bochinche de la Cocina, que la cena ha sido servida.— Palmeó mi hombro, y caminamos de regreso dentro del gran salón de baile. Lena nos estaba esperando en la mesa, encendiendo una vela que se había apagado por la brisa de la noche. La mesa estaba cubierta con un elaborado festín, aunque no podía imaginar cómo había llegado allí. No había visto ni una sola persona en la casa, aparte de nosotros tres. Ahora había una casa nueva, un perro—lobo, y todo esto. Y yo había esperado que Macon Ravenwood fuera lo más extraño de la noche. Había suficiente comida como para alimentar al DAR, cada iglesia de la ciudad, y al equipo de baloncesto, combinados. Sólo que no era la clase de comida que alguna vez había sido servida en Gatlin. Había algo que parecía un cerdo entero rostizado, con una manzana pegada a su boca. Un costillar vertical, con pequeños sombreritos de papel en la parte superior de cada costilla, apoyado junto a lo que parecía un mutilado ganso cubierto de castañas. Había cuencos de aderezos y salsas y cremas, bollitos y panes, coliflores y remolachas y comidas que no podía nombrar. Y por supuesto, sándwiches de barbacoa de cerdo, lo que particularmente parecía fuera de lugar entre los otros platos. Miré a Lena, sintiéndome enfermo ante la idea de la cantidad que tendría que comer para ser cortés. —Tío M. Esto es demasiado.— Boo, se enroscó alrededor de las patas de la silla de Lena, golpeando la cola con anticipación. —Tonterías. Esta es una celebración. Has hecho un amigo. La Cocina estará ofendida. Lena me miró con ansiedad, como si temiera que me fuera a levantar a usar el baño y fugarme. Me encogí de hombros, y empecé a llenar mi plato. Quizás Amma me dejaría saltearme el desayuno mañana. Para el momento en que Macon vertía su tercera copa de Escocés, pareció un buen momento para traer a colación el relicario. Ahora que lo pienso, lo había visto llenar su plato con comida, pero no lo había visto comer ni una cosa. Parecía desaparecer en su plato, con sólo el más pequeño mordisco ó dos. Tal vez Boo Radley era el perro más afortunado del pueblo. Doblé mi servilleta. —¿Le importa, Sr., si le pregunto algo? Ya que parece conocer tanto de la historia, y, bien, no puedo en realidad preguntarle a mi madre. ¿Qué haces? Sólo estoy haciendo una pregunta. Él no sabe nada. 102
  • 102. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Lena, debemos intentarlo. —Por supuesto.— Macon tomó un sorbo de su copa. Metí la mano en mi bolsillo y saqué el relicario de la bolsa que Amma me había dado, con cuidado de mantenerlo envuelto en el pañuelo. Todas las velas se apagaron. Las luces se atenuaron y luego chisporrotearon hasta apagarse. Hasta la música del piano murió. Ethan, ¿qué estás haciendo? No hice nada. Escuché la voz de Macon en la oscuridad. —¿Qué es eso en tu mano, hijo? —Es un relicario, Sr. —¿Te importaría mucho volverlo a poner en tu bolsillo?— Su voz era tranquila, pero yo sabía que no lo estaba. Podía decir que le estaba costando mucho esfuerzo el mantener la compostura. Sus modales fluidos se habían ido. Su voz tenía un borde, un sentido de urgencia que estaba tratando muy duro de disfrazar. Metí el medallón de nuevo en la bolsa y lo puse en mi bolsillo. Al otro lado de la mesa, Macon tocaba los candelabros con sus dedos. Una por una, las velas en la mesa se volvieron a encender. El festín entero había desaparecido. A la luz de las velas, Macon lucía siniestro. Él también estaba callado por primera vez desde que lo había conocido, como si estuviera sopesando sus opciones en una escala invisible que de alguna forma sostenía nuestro destino en la balanza. Era hora de irse. Lena estaba en lo cierto, esta era una mala idea. Tal vez había una razón por la que Macon Ravenwood no dejaba nunca su casa. —Lo lamento, Sr. No sabía lo que pasaría. Mi ama de llaves, Amma, actuó como usted, como, si fuera en realidad poderoso cuando se lo mostré a ella. Pero cuando Lena y yo lo encontramos, no ocurrió nada malo. No le digas nada más. No menciones las visiones. No lo haré. Sólo quería averiguar si estaba en lo cierto acerca de Genevieve. Ella no tenía que preocuparse; no quería decirle nada a Macon Ravenwood. Sólo quería salir de allí. Comencé a pararme. —Creo que debería irme yendo a casa, Sr. Se está haciendo tarde. —¿Le importaría describirme el relicario?— Era más una orden que un pedido. No dije ni una palabra. 103
  • 103. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Fue Lena la que finalmente habló. —Es antiguo y maltratado, con un camafeo en el frente. Lo encontramos en Greenbrier. Macon torció su anillo de plata, agitado. —Deberías haberme contado que fuiste a Greenbrier. Esa no es parte de Ravenwood. No puedo mantenerte a salvo allí. —Estaba a salvo allí. Pude sentirlo.— ¿A salvo de qué? Esto era más que un poco sobre protector. —No lo estabas. Está más allá de las fronteras. No puede ser controlado, por nadie. Hay un montón de lo que no sabes. Y él...— Macon hizo un gesto hacia mí desde el otro extremo de la mesa. —Él no sabe nada. No puede protegerte. No deberías haberlo metido en esto. Hablé en voz alta. Tuve que hacerlo. Él estaba hablando de mí como si ni siquiera estuviera allí. —Esto se trata también de mí, Sr. Había iniciales en el reverso del relicario. ECW. ECW era Ethan Carter Wate, mi tátara-tátara-tátara-tátara-tío. Y las otras iniciales son GKD, y estamos bastante seguros que la D significa Duchannes. Ethan, detente. Pero no pude. —No hay razón para ocultarnos algo a nosotros porque lo que sea que esté ocurriendo, nos está pasando a ambos. Y guste o no, parece estar ocurriendo justo ahora.— Un vaso de gardenias salió volando por la habitación y se estrelló contra una pared. Este era el Macon Ravenwood del que todos habíamos estado contando historias desde que éramos niños. —Usted no tiene idea de lo que está hablando, joven.— Me miraba directo a los ojos, con una oscura intensidad que hacía que se me erizaran los pelos de la nuca. Él estaba teniendo problemas en mantener la compostura ahora. Lo había empujado demasiado lejos. Boo Radley se levantó y paseaba detrás de Macon como si estuviera acechando a una presa, con sus ojos obsesivamente redondos y familiares. No digas nada más. Los ojos de él se estrecharon. El glamour de la estrella de cine se había ido, reemplazado por algo mucho más oscuro. Quería correr, pero estaba clavado al suelo. Paralizado. Estaba equivocado acerca de la casa solariega Ravenwood, y Macon Ravenwood. Estaba aterrorizado de ambos. Y cuando finalmente habló, fue como si estuviera hablando para sí mismo. —Cinco meses. ¿Sabes lo lejos que iré, para mantenerla a salvo por cinco meses? ¿Lo que me costará? ¿Cómo me drenará, tal vez, me destruirá?— Sin decir una palabra, Lena se movió junto a él, y apoyó su mano sobre su hombro. Y entonces, la tormenta en sus ojos pasó tan rápido como había llegado, y recuperó la compostura. 104
  • 104. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —Amma suena como una mujer sabia. Consideraría tomar su consejo. Regresaría ese objeto al lugar donde lo encontraste. Por favor no lo vuelvas a traer dentro de mi hogar.— Macon se puso de pie y tiró la servilleta sobre la mesa. —Creo que nuestra pequeña visita a la biblioteca tendrá que esperar, ¿no lo cree? Lena, ¿puedes ver que tu amigo encuentre su camino a casa? Fue, por supuesto, una velada extraordinaria. En su mayoría iluminadora. Por favor regrese en otra ocasión, Sr. Wate. Y entonces la sala estuvo oscura, y él se había ido. No podía salir de la casa lo suficientemente rápido. Quería escapar del escalofriante tío de Lena y del espectáculo de fenómenos que tenía por casa. ¿Qué diablos acababa de suceder? Lena me llevó corriendo a la puerta, como si temiera lo que podría suceder si no me sacaba de allí. Pero mientras atravesábamos la sala principal, me di cuenta de algo que no había notado antes. El relicario. La mujer con los inolvidables ojos dorados en la pintura al óleo estaba usando el relicario. Agarré el brazo de Lena. Ella lo vio y se congeló. No estaba allí antes. ¿Qué quieres decir? La pintura ha estado colgada allí desde que era una niña. He caminado junto a ella un millar de veces. Ella nunca llevó un relicario. 105
  • 105. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas 15 de Setiembre UNA BIFURCACIÓN EN EL CAMINO E scasamente hablábamos mientras íbamos de camino a mi casa. Yo no sabía qué decir, y Lena parecía agradecida de que no dijera nada. Ella me dejó manejar, lo cual era bueno porque necesitaba algo para distraerme hasta que mi pulso se calmara. Pasamos por mi calle, pero no me importó. No estaba preparado para llegar a casa. No sabía que estaba pasando con Lena, con su casa, o con su tío, pero ella tenía que decírmelo. —Pasaste tu calle.— Esa fue la primera cosa que había dicho desde que salimos de Ravenwood. —Lo sé.— —Piensas que mi tío está loco, como todos los demás. Sólo dilo. El Viejo Loco Ravenwood.— Su voz era amarga. —Tengo que ir a casa. No dije ni una palabra cuando pasamos por el General Verde, la mancha de hierba descolorida que lo rodeaba era casi la única cosa en Gatlin que jamás aparecía en las guías—el General, una estatua de la Guerra Civil del General Jubal Anderson Early. Permanecía firme en el suelo, como siempre lo había hecho, ahora la estatua estaba en mal estado y me golpeó una mala sensación. Todo había cambiado; todo se mantenía cambiando. Yo era diferente, viendo, sintiendo y haciendo cosas que incluso hace una semana me hubieran parecido imposibles. Se sentía como si el General hubiera cambiado, también. 106
  • 106. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Di vuelta en la Calle Dove y llevé el coche fúnebre al lado de la acera, justo debajo del letrero que decía Bienvenidos a Gatlin, el hogar de las más exclusivas e históricas casas de plantación y de la mejor tarta de mantequilla del mundo. No estaba seguro sobre la tarta, pero el resto era verdad. —¿Qué estás haciendo? Apagué el coche. —Tenemos que hablar. —No me parqueo con chicos.— Era una broma, pero podía escucharlo en su voz. Ella estaba petrificada. —Empieza a hablar. —¿Sobre qué? —Estás bromeando, ¿verdad?— Estaba tratando de no gritar. Ella tiró de su collar, girando un pedazo de lata de un refresco. —No sé qué quieres que te diga. —Que tal explicar lo que pasó allá. Ella miró por la ventana, hacia la oscuridad. —Él estaba furioso. Algunas veces pierde el temperamento. —¿Perder el temperamento? ¿Te refieres a lanzar cosas sin tocarlas a través de la habitación y encender velas sin fósforos? —Ethan, lo siento.— Su voz era tranquila. Pero la mía no lo era. Aún más cuando evitaba mis preguntas, me hacía enojar. —No quiero que te disculpes. Quiero que me digas que está pasando. —¿Con qué? —Con tu tío y su extraña casa, que de alguna manera se las arregla para volver a decorar en un par de días. Con la comida que aparece y desaparece. Con toda esa charla acerca de los límites y tu protección. Elije una. Ella sacudió su cabeza. —No puedo hablar de eso. Y tú no lo entenderías, de todos modos. —¿Cómo lo sabes si no me das una oportunidad? —Mi familia es diferente a las otras familias. Créeme, tú no podrías manejarlo. —¿Qué se supone que significa eso? 107
  • 107. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —Acéptalo, Ethan. Tú dices que no eres como los demás, pero lo eres. Quieres que yo sea diferente, pero sólo un poco. No realmente diferente. —¿Sabes qué? Estás tan loca como tu tío. —Viniste a mi casa sin ser invitado y ahora estás enojado porque no te gustó lo que viste. No respondí. No podía ver por las ventanas y no podía pensar claramente, tampoco. —Y estás enojado porque tienes miedo. Todos ustedes lo tienen. En el fondo, todos son iguales.— Lena sonaba cansada, como si ya se hubiera dado por vencida. —No.— La miré fijamente. —Tú tienes miedo. Ella se rió con amargura. —Sí, claro. Las cosas que a mí me atemorizan, tú ni siquiera podrías imaginarlas. —Tienes miedo de confiar en mí. Ella no dijo nada. —Tienes miedo de llegar a conocer a alguien lo suficientemente bien como para notar si va o no a la escuela. Ella arrastró su dedo a través de la niebla de su ventana. Hizo una temblorosa línea, como un zigzag. —Tienes miedo de estar por ahí y ver qué sucede. El zigzag se convirtió en lo que parecía un rayo. —Tú no eres de aquí. Tienes razón. Y no eres sólo un poco diferente. Ella seguía mirando por la ventana, a la nada, porque no se podía ver nada allí afuera. Pero yo podía verla a ella. Podía verlo todo. —Eres inconcebiblemente, absolutamente, extremadamente, supremamente, increíblemente diferente.— Toqué su brazo, con solo las yemas de mis dedos y de inmediato sentí la calidez de la electricidad. —Sé que en el fondo, yo también creo que soy diferente. Entonces dime. Por favor. ¿Cuán diferente eres? —No quiero decírtelo. Una lágrima se derramaba por su mejilla. La alcancé con mi dedo y se consumió. — ¿Por qué no? —Porque esta podría ser mi última oportunidad para ser una chica normal, incluso si es en Gatlin. Porque eres mi único amigo aquí. Porque si te lo digo, no me creerás. O 108
  • 108. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas peor aún, lo harás.— Ella abrió sus ojos y miró fijamente los míos. —De cualquier manera, nunca vas a querer hablar conmigo otra vez. Hubo un golpe en la ventana y los dos dimos un salto. Una linterna brillaba a través del empañado vidrio. Dejé caer mi mano y bajé la ventana, maldiciendo por lo bajo. —¿Los chicos se perdieron en el camino a casa?— Era el Gordito. Estaba sonriendo como si hubiera tropezado con dos donas en el lado de la carretera. —No, señor. Estamos de camino a casa ahora mismo. —Este no es su coche, Sr. Wate. —No, señor. Alumbró con su linterna a Lena, persistentemente durante un tiempo. —Entonces muévanse y vayan a casa. No quieres tener a Amma esperándote. —Sí, señor.— Di vuelta a la llave. Cuando miré el espejo retrovisor, pude ver a su novia, Amanda, en el asiento de su coche de patrulla, riéndose. ********** Cerré la puerta del coche. Pude ver a Lena a través de la ventana del conductor, tan ansiosa en frente de mi casa. —Te veo mañana. —Claro. Pero sabía que no nos veríamos mañana. Sabía que si ella se alejaba de mi calle eso sería todo. Era un camino, justo como la bifurcación en la carretera que conduce a Ravenwood o a Gatlin. Tenía que elegir uno. Si ella no elegía uno, ahora, el coche fúnebre seguiría llevándola al otro lado de la bifurcación, pasando por delante de mí. Justo como había sido la mañana en la que por primera vez lo vi pasar. Si ella no me elegía. No puedes tomar dos caminos. Y una vez que estás en uno, no hay marcha atrás. Oí el motor rugir, seguí caminando hacia mi puerta. El coche fúnebre se alejó. Ella no me eligió. ********** Estaba acostado en mi cama, frente a la ventana. La luz de la luna fluía a través de ella, lo cual era molesto, porqué me mantenía despierto cuando todo lo que quería era que este día terminara. Ethan. La voz era demasiado suave que casi no pude oírla. 109
  • 109. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Miré a la ventana. Estaba cerrada, me había asegurado de ello. Ethan, vamos. Cerré mis ojos. El pasador de mi ventana se sacudió ruidosamente. Déjame entrar. Las persianas de madera se abrieron de golpe. Diría que era el viento, pero era obvio que no había ni siquiera una brisa. Salí de la cama y miré hacia fuera. Lena estaba parada en mi jardín en pijama. Los vecinos tendrían un día de campo y Amma tendría un ataque al corazón. —Bajas o voy a subir. Un ataque al corazón y luego una apoplejía. Nos sentamos en el escalón principal. Yo tenía puestos mis jeans, porque no dormía en pijama y si Amma hubiera salido y me encontraba con una chica en mis bóxers, probablemente hubiera sido enterrado en el césped trasero por la mañana. Lena se recostó en un escalón, mirando la blanca y despellejada pintura del porche. — Casi doy la vuelta al final de tu calle, pero estaba demasiado asustada para hacerlo.— En la luz de la luna, podía ver que su pijama era verde y morado con un toque de estilo chino. —Pero entonces en el momento en el que llegué a casa, estaba demasiado asustada para no hacerlo.— Ella estaba picando un poco su esmalte de uñas en sus pies descalzos, así fue como supe que ella tenía algo que decir. —No sé realmente como hacer esto. Nunca lo había dicho antes, así que no sé cómo va a salir todo. Me froté mi despeinado cabello con una mano. —Sea lo que sea, puedes decírmelo. Sé lo que es tener una familia loca. —Crees que conoces la locura. No tienes idea. Ella tomó un profundo respiro. Lo que fuera que estaba a punto de decir, era demasiado duro para ella. Yo podía verla luchando por encontrar las palabras. —Las personas de mi familia y yo, tenemos poderes. Podemos hacer cosas que las personas normales no pueden hacer. Nacimos de esa manera, no podemos evitarlo. Somos lo que somos. Me tomó un segundo entender lo que estaba diciendo, o al menos lo que yo creía que ella estaba diciendo. Magia. ¿Dónde estaba Amma cuando la necesitaba? 110
  • 110. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Tenía miedo de preguntar, pero tenía que saber. —¿Y qué, exactamente, son?— Eso sonaba tan loco que casi no pude decir las palabras. —Hechiceros,— dijo en voz baja. —¿Hechiceros? Ella asintió. —¿Como, *Los Lanzadores de Hechizos*?— (*Juego*) Ella asintió de nuevo. La miré fijamente. Tal vez ella estaba loca. —¿Como, brujos? —Ethan. No seas ridículo. Exhalé, momentáneamente aliviado. Por supuesto, era un idiota. ¿Qué estaba pensando? —Esa es una palabra demasiado estúpida, realmente. Es como decir cosas superficiales o tecnicismos. Es sólo un tonto estereotipo. Mi estómago se revolvió. Una parte de mí quería salir corriendo por los escalones, cerrar la puerta y ocultarme en mi cama. Pero otra parte de mí, una parte más grande, quería quedarse. ¿Por qué no había una parte más racional en mí todo el tiempo? Puede que no hubiera sabido lo que era, pero si sabía que había algo en ella, algo más grande que sólo ese raro collar y esos viejos Converse. ¿Qué estaba esperando de alguien que podía traer un aguacero? ¿Que podía hablar conmigo sin siquiera estar en la misma habitación? ¿Que podía controlar la forma en que las nubes flotaban en el cielo? ¿Que podía abrir las persianas de mi habitación desde el jardín? —¿Pueden ser llamados por un mejor nombre? —No hay una palabra que describa a todas las personas de mi familia. ¿Acaso hay una palabra que describa a la tuya? Yo quería romper la tensión, fingir que ella sólo era como cualquier otra chica. Convencerme a mí mismo de que esto podría estar bien. —Sí. Lunáticos.— —Nosotros somos Hechiceros. Esa es la definición más amplia. Todos nosotros tenemos poderes. Tenemos dones, igual a como algunas familias son inteligentes, otras son ricas, o hermosas, o atléticos. Sabía cuál era la siguiente pregunta, pero no quería responderla. Ya sabía que ella podía romper una ventana con sólo pensar en eso. Pero no sabía si estaba listo para averiguar qué más podía destrozar. 111
  • 111. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas De todos modos, estaba empezando a sentir como si estuviéramos hablando sobre alguna otra loca familia del Sur, como las Hermanas. Los Ravenwood habían existido tanto tiempo como cualquier otra familia en Gatlin. ¿Por qué deberían de ser menos locos? O al menos eso era lo que trataba de decirme a mí mismo. Lena tomó el silencio como una mala señal. —Sabía que no debería haber dicho nada. Te dije que me dejaras sola. Ahora probablemente piensas que soy un fenómeno. —Creo que eres talentosa. —Crees que mi casa es extraña. Tienes que admitir eso. —Es porque re—decoran, mucho.— Estaba tratando de mantenernos unidos. Estaba tratando de que ella sonriera, sabía que le había costado mucho decirme la verdad. Yo no podía escaparme de ella ahora. Me di vuelta y señalé el estudio iluminado encima de los arbustos de azaleas, escondido detrás de esas gruesas persianas de madera. — Mira. ¿Ves esa ventana de allí? Ese es el estudio de mi padre. Él trabaja toda la noche y duerme todo el día. Desde que mi madre murió, él no ha salido de la casa. Ni siquiera me ha mostrado que está escribiendo. —Eso es demasiado romántico,— dijo ella en voz baja. —No, es una locura. Pero nadie habla de eso, porque no hay nadie con quien hablar. Excepto Amma, que esconde encantos mágicos en mi habitación y me grita por llevar joyería antigua a la casa. Me di cuenta de que ella casi estaba sonriendo. —Tal vez eres un fenómeno. —Yo soy un fenómeno, tú eres un fenómeno. Tu casa hace que las habitaciones desaparezcan, mi casa, hace que la gente desaparezca. Tu encerrado tío está loco y mi encerrado padre es un lunático, así que no creo que eso nos haga tan diferentes. Lena sonrió, aliviada. —Estoy tratando de encontrar una manera de ver eso como un cumplido. —Lo es. La miré, estaba sonriendo en la luz de la luna, una sonrisa real. Había algo en la apariencia que tenía en ese momento. Me imaginaba inclinándome un poco más y besándola. Me esforcé por alejarme, subí un escalón más. —¿Estás bien? —Sí, estoy bien. Sólo un poco cansado.— Pero no lo estaba. Nos quedamos así, hablando en las escaleras, por horas. Me recosté en el escalón de arriba y ella se recostó en el de abajo. Miramos el cielo de la oscura noche, y luego el oscuro cielo de la mañana, hasta que pudimos escuchar los pájaros. 112
  • 112. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas En el momento en que el coche fúnebre finalmente se alejó, el sol comenzaba a elevarse. Vi a Boo Radley andar lentamente a casa después del coche. Al ritmo que iba, llegaría la puesta del sol antes de que el perro llegara a casa. Algunas veces me preguntaba por qué le molestaba. Estúpido perro. Puse mi mano en la manija de metal de mi propia puerta, pero casi no me atrevía a abrirla. Todo estaba al revés y nadie en el interior podía cambiar eso. Mi mente estaba revuelta, todo se agitaba como los huevos de Amma en un gran sartén, esa era la manera en la que mi interior se sentía desde hace días. T.E.M.E.R.O.S.O. Así es como Amma me llamaría. Ocho letras, como otro nombre para un cobarde. Tenía miedo. Le había dicho a Lena que no era gran cosa que ella y su familia – ¿fueran qué? ¿Brujos? ¿Hechiceros? Y no del tipo que mi padre me había enseñado. Sí, no es gran cosa. Yo era un gran mentiroso. Apostaría que incluso ese estúpido perro pudo haberse dado cuenta de eso. 113
  • 113. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas 24 de Setiembre LAS TRES ÚLTIMAS FILAS ¿C onoces esa expresión, —Me pegó como una tonelada de ladrillos—? Es verdad. En el momento en que ella le dio la vuelta al coche y terminó en mi puerta con su pijama color púrpura, así es como me sentía por Lena. Yo sabía que iba a venir. Sólo que no sabía que me sentiría así. Desde entonces, había dos lugares en los que quería estar: con Lena, o solo, así que podría tratar de martillear todo fuera de mi mente. No tenía palabras para lo que éramos. Ella no era mi novia; ni siquiera estábamos saliendo. Hasta la semana pasada, ella ni siquiera había admitido que éramos amigos. No tenía ni idea de cómo se sentía ella sobre mí, y no era como si pudiese enviar a Savannah para averiguarlo. No quería arriesgarme a perder lo que teníamos, lo que fuera eso. ¿Entonces, por qué pensaba en ella cada segundo? ¿Por qué estaba tan feliz en el momento en que la veía? Sentía como si tal vez ya supiera la respuesta, pero ¿Cómo podría estar seguro? No lo sabía, y no tenía ninguna forma de averiguarlo. Los chicos no hablábamos sobre cosas como esa. Sólo nos quedábamos bajo la pila de ladrillos. —Así que, ¿Qué estás escribiendo? Ella cerró el cuaderno argollado que parecía llevar a todas partes. El equipo de baloncesto no tenía práctica los miércoles, así que Lena y yo estábamos sentados en el 114
  • 114. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas jardín de Greenbrier, el cual, pensaba, era como nuestro lugar especial, aunque eso era algo que nunca admitiría, ni siquiera a ella. Había sido aquí donde encontramos el relicario. Era un lugar en el que podíamos estar juntos sin que todos nos miraran y murmuraran. Se suponía que estábamos estudiando, pero Lena estaba escribiendo en su cuaderno, y yo ya había leído el mismo párrafo sobre la estructura interna de los átomos nueve veces. Nuestros hombros se tocaban, pero mirábamos hacia diferentes direcciones. Yo estaba tumbado en el desaparecido sol; ella se sentó bajo la creciente sombra de un roble cubierto de musgo. —Nada especial. Sólo estoy escribiendo. —Está bien, no tienes que decírmelo.— Intenté no sonar decepcionado. —Es sólo que… es una estupidez. —Entonces, dímelo de todos modos. Por un minuto, no dijo nada, escribiendo en el borde de caucho de su zapato con su bolígrafo negro. —Sólo escribo poemas a veces. He estado haciéndolo desde que era niña. Sé que es extraño. —No creo que sea extraño. Mi madre era escritora. Mi padre es escritor.— Podía sentirla sonriendo, incluso aunque no la mirara. —Está bien, ese es un mal ejemplo, porque mi padre es realmente extraño, pero no puedes culpar de eso a la escritura. Esperé a ver si ella sólo me prestaba el cuaderno y me pedía que lo leyera. No tuve esa suerte. —Tal vez pueda leerlo alguna vez.— —Lo dudo.— Escuché el cuaderno abrirse de nuevo y a su bolígrafo moviéndose a través de las páginas. Miré fijamente mi libro de química, repitiendo la frase que había pasado más de cien veces por mi cabeza. Estábamos solos. El sol se desvanecía; ella estaba escribiendo poesía. Si iba a hacerlo, este era el momento. —Así que, quieres, ya sabes, ¿salir conmigo?— intenté sonar casual. —¿No es eso lo que estamos haciendo? Hundí mis dientes en la punta de una vieja cuchara de plástico que había encontrado en mi mochila, probablemente de una taza de pudín. —Sí. No. Quiero decir, no quieres, no lo sé, ¿Ir a alguna parte? —¿Ahora?— ella tomó un bocado de una barra de granola abierta, y estiró sus piernas de modo que quedaron a mi lado, sosteniéndolas cerca de mí. Sacudí mi cabeza. —No ahora. El viernes, o algo así. Podríamos ver una película.— Metí la cuchara en mi libro de química, cerrándolo. —Eso es asqueroso.— Ella hizo una mueca, y pasó de página. —¿Qué quieres decir?— Pude sentir mi cara ponerse roja. 115
  • 115. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Sólo estaba hablando de una película. Tú idiota. Señaló a mi sucia cuchara como separador de libro. —Me refiero a eso. Sonreí, aliviado. —Sí. Es un mal hábito que aprendí de mi madre. —¿Ella tenía algo con los cubiertos? —No, los libros. Ella tendría quizás veinte a la vez, por toda nuestra casa—en la mesa de la cocina, junto a su cama, el baño, nuestro auto, sus bolsos, una pila en el borde de cada escalón. Y usaba cualquier cosa que encontraba como separador. Mi calcetín perdido, un corazón de manzana, sus gafas de leer, otro libro, un tenedor. —¿Una cuchara vieja y sucia? —Exactamente. —Apuesto a que Amma se volvía loca. —Eso la volvía loca. No, espera—ella lo estaba— — inhalé profundo. — A.L.T.E.R.A.D.A. —¿Ocho vertical?— se rió ella. —Probablemente. —Esto era de mi madre.— Ella extendió uno de sus amuletos que pendía de la larga cadena que nunca se quitaba. Era un pequeño pájaro de oro. —Es un cuervo. —¿Por Ravenwood?— (Raven: cuervo) —No. los cuervos son las criaturas más poderosas en el mundo Caster. La leyenda dice que ellos pueden almacenar energía en sí mismos y liberarla en otras formas. A veces son incluso temidos por su poder.— Vi cuando ella soltó el cuervo y este cayó nuevamente en su lugar entre un disco con una extraña escritura en él y una cuenta de vidrio negro. —Tienes muchos amuletos. Se metió un mechón de cabello detrás de la oreja y miró hacia su collar. —No son realmente amuletos, sólo cosas que significan algo para mí.— Sostuvo la anilla de una lata de soda. —Esta es de la primera lata de soda de naranja que he bebido, sentada en el porche de nuestra casa en Savannah. Mi abuela me la compró cuando llegué a casa de la escuela llorando porque nadie puso nada en mi caja de zapatos de San Valentín. —Eso es lindo. 116
  • 116. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —Si por lindo quieres decir trágico. —Quiero decir, que la guardaste. —Guardo todo. —¿Qué es esta?— señalé el cordón negro. —Mi tía Twyla me lo dio. Está hecho de esas rocas que están en un área muy remota de Barbados. Ella dijo que me traería suerte. —Es un collar increíble.— Pude ver lo mucho que significaba para ella, por la forma en que sostenía cada cosa en su mano tan cuidadosamente. —Sé que sólo se ve como un puñado de basura. Pero no he vivido en un solo lugar por mucho tiempo. Nunca he tenido la misma casa, o la misma habitación por más de unos pocos años, y a veces siento como si las pequeñas piezas de esta cadena fueran todo lo que tengo. Suspiré y arranqué un puñado de hierba. —Desearía haber vivido en uno de esos lugares. —Pero tú tienes raíces aquí. Un mejor amigo de toda la vida, una casa con una habitación que siempre ha sido tuya. Tú probablemente hasta tienes uno de esos marcos de puerta con tu altura marcada en él.— Lo tenía. Lo tienes, ¿verdad? La empujé con mi hombro. —Puedo medirte en mi marco si quieres. Puedes ser inmortalizada para siempre en la casa de los Wate.— Ella sonrió en su cuaderno y empujó su hombro contra el mío. Por el rabillo del ojo, pude ver la luz del sol de la tarde golpeando un lado de su cara, una sola página de su cuaderno, el rizado borde de su cabello negro, la punta de sus Converse negras. Acerca de la película. El viernes está bien. Luego deslizó su barra de granola al medio de su cuaderno, y lo cerró. Las puntas de nuestras raídas zapatillas negras se tocaban. Mientras más pensaba en la noche del viernes, más nervioso me ponía. No era una cita, no oficialmente—lo sabía. Pero eso era parte del problema. Quería que lo fuera. ¿Qué se supone que haces cuando te das cuenta de que puedes tener sentimientos por una chica que apenas admite ser tu amiga? ¿Una chica cuyo tío te sacó a patadas de su casa, y que tampoco es totalmente bienvenida a la tuya? ¿Una chica a la que casi todos los que conoces odian? ¿Una chica que comparte tus sueños, pero tal vez no tus sentimientos? 117
  • 117. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas No tenía ni idea, por lo que no había hecho nada. Pero eso no me impidió pensar en Lena, y en casi conducir hasta su casa el jueves en la noche—si su casa no estuviera fuera del pueblo, si tuviera mi propio coche. Si su tío no fuera Macon Ravenwood. Fueron esos —si…— los que me impidieron hacer el ridículo. Cada día era como un día en la vida de alguien más. Nunca me pasaba algo a mí, y ahora todo me estaba pasando a mí—y por todo, en realidad quiero decir Lena. Una hora era ambas, rápida y lenta. Me sentía como si estuviera aspirando el aire de un globo gigante, como si mi cerebro no estuviera recibiendo suficiente oxígeno. Las nubes eran más interesantes, el comedor menos repugnante, la música sonaba mejor, los mismos chistes viejos eran más divertidos y Jackson pasó de ser un grupo de edificios industriales color verde grisáceo a un mapa de los momentos y lugares donde podría encontrarme con ella. Me sorprendí a mí mismo sonriendo sin razón, manteniendo mis auriculares puestos y reproduciendo nuestras conversaciones en mi cabeza, sólo para escuchar su voz de nuevo. Había visto este tipo de cosas antes. Sólo que nunca las había sentido. En la noche del viernes, había estado de un excelente humor todo el día, lo que significaba que lo había hecho peor que todos en clase, y mejor que todos en la práctica. Tenía que poner toda esa energía en alguna parte. Incluso el entrenador se dio cuenta, y me alejó para hablarme. —Sigue así, Wate, y podrías ser tú el único explorador el próximo año— Link me dio un aventón hasta Summerville después de la práctica. Los chicos estaban planeando ver una película, también, lo cual probablemente debería haber considerado dado que el Cineplex sólo tenía una pantalla. Pero era muy tarde para eso, y yo estaba más allá del punto en que me importara. Cuando llegamos al Beater, Lena estaba parada fuera en la oscuridad, en frente del iluminado teatro. Llevaba una camiseta purpura, con un flacucho vestido negro sobre ella que te hacía recordar lo niña que era, y destrozadas botas negras que te hacían olvidarlo. Dentro, aparte de la acostumbrada multitud de estudiantes de la Comunidad Universitaria de Summerville, estaba el equipo de animadoras reunido en la formación, pasando el tiempo en el vestíbulo con los chicos del equipo. Mi humor comenzó a evaporarse. —Hola. 118
  • 118. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —Llegas tarde. Tengo las entradas.— Los ojos de Lena estaban ilegibles en la oscuridad. Busqué dentro de ella. Estábamos fuera de un gran comienzo. —¡Wate! ¡Ven aquí!— la voz de Emory resonó sobre la galería, la multitud y la música de los ochenta que sonaba en el vestíbulo. —¿Wate, tienes una cita?— ahora Billy me molestaba. Earl no dijo nada, pero sólo porque Earl difícilmente decía algo. Lena los ignoró. Se frotó la cabeza, caminando delante de mí como si no quisiera mirarme. —Se llama vida.— Les grité sobre la multitud. Escucharía sobre esto el lunes. Alcancé a Lena. —Hey, siento mucho eso. Ella se dio la vuelta para mirarme. —Esto no funcionará si eres el tipo de chico que no quiere ver los avances. Te esperé. Sonreí. —Avances y créditos, y el chico de palomitas de maíz que baila.— (Es el que aparece al final, final de las películas.) Ella miró más allá de mí, de nuevo a mis amigos, o por lo menos, las personas que históricamente funcionaban de esa manera. Ignóralos. —¿Con mantequilla o sin mantequilla?— ella estaba molesta. Yo había llegado tarde, y ella había tenido que enfrentarse a la alta sociedad de Jackson por sí sola. Ahora era mi turno. —Mantequilla,— confesé, sabiendo que sería la respuesta equivocada. Lena hizo una mueca. —Pero te cambio la mantequilla por extra de sal.— Dije. Sus ojos miraron más allá de mí, luego de regreso. Podía escuchar la risa de Emily acercándose. No me importó. Dilo y nos iremos, Lena. —Sin mantequilla, sal, mezcladas con Milk Duds. (Leche achocolatada). Te gustará.— Dijo, sus hombros se relajaron sólo un poco. Ya me gusta. El equipo y los chicos pasaron junto a nosotros. Emily se ganó un punto al no mirarme, mientras que Savannah caminó lo más lejos de Lena que pudo, como si 119
  • 119. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas estuviera infectada con algún tipo de virus que se transmitía por el aire. Sólo podía imaginar lo que les dirían a sus madres al llegar a casa. Agarré la mano de Lena. Una corriente recorrió mi cuerpo, pero esta vez, no fue el choque que sentí esa noche bajo la lluvia. Era más como una confusión de los sentidos. Como ser golpeado por una ola en la playa y escalar bajo una tormenta eléctrica en una noche lluviosa, todo al mismo tiempo. Dejé que pasara a través de mí. Savannah se dio cuenta y le dio un codazo a Emily. No tienes porque hacer esto. Le apreté la mano. ¿Hacer qué? —Hey, niños. ¿Vieron a los chicos?— Link me tocó el hombro, llevaba unas palomitas de maíz tamaño extra gigante y un granizado gigante de color azul. El Cineplex estaba presentando una especie de misterio de asesinato, lo cual le habría gustado a Amma, dada su afición a los misterios y cadáveres. Link fue a sentarse en frente de los chicos, mirando telescópicamente a las chicas universitarias de camino. No porque él no quisiera sentarse con Lena, sino porque asumía que queríamos estar solos. Lo queríamos—al menos, yo lo quería. —¿Dónde te quieres sentar? ¿Cerca, en el medio?— esperé a que decidiera. —Justo aquí.— La seguí hasta el pasillo de la última fila. Besarse, esa era la razón de los chicos de Gatlin para venir al Cineplex, teniendo en cuenta que todas las películas que presentaban ya estaban en DVD. Pero esa era la única razón por la que te sentabas en las tres últimas filas. El Cineplex, la torre de agua, y en el verano, el lago. Aparte de eso, había unos pocos baños y sótanos, pero no muchas opciones. Sabía que no íbamos a besarnos para nada, pero incluso si habíamos venido aquí, no había traído a Lena para eso. Lena no era una de esas chicas que llevabas a las tres últimas filas del Cineplex. Ella era más que eso. Sin embargo, fue su elección, y sabía por qué lo había hecho. No podías estar más lejos de Emily Asher que en las últimas tres filas. Tal vez debería habérselo advertido. Antes de los avances, la gente ya estaba comenzando a hacerlo. Ambos miramos las palomitas de maíz, ya que no había ningún otro lugar seguro para mirar. ¿Por qué no me dijiste nada? No lo sabía. Mentiroso. 120
  • 120. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Seré un perfecto caballero. Lo prometo. Empujé todo fuera de mi mente, pensando en nada, el clima, baloncesto, y metí mi mano en el balde de palomitas. Lena metió su mano al mismo tiempo, y nuestras manos se tocaron por un segundo, enviando un escalofrió por mi brazo, caliente y frío, todo mezclado. Tomarlo y girar. Cubrir al tirador. Pasar la línea. Había tantas jugadas en el libro de balonvesto de Jackson. Esto iba a ser más difícil de lo que pensaba. La película fue terrible. Diez minutos, y ya sabía el final. —Él lo hizo.— Susurré. —¿Qué? —El chico. Él es el asesino. No sé como lo mató, pero él lo hizo.— Esa era la otra razón por la que Link no quería sentarse a mi lado: yo siempre sabía el final desde el principio y no podía guardármelo para mí mismo. Esta era mi versión de hacer el crucigrama. Esta era la razón por la que era tan bueno en los videojuegos, juegos de carnaval, juego de damas con mi padre. Podía entender las cosas, justo desde el primer movimiento. —¿Cómo lo sabes? —Sólo lo sé. ¿Cómo será este final? Sabía a lo que se refería. Pero por primera vez, no sabía la respuesta. Feliz. Muy, muy feliz. Mentiroso. Ahora pásame el Milk Duds. Ella empujó su mano dentro del bolsillo de mi sudadera, buscándolo. Sólo que estaba en el lado equivocado, y en cambio encontró lo último que esperaba. Allí estaba, la pequeña bolsa, el duro bulto que los dos sabíamos era el relicario. Lena se incorporó de un salto, sacándolo y sosteniéndolo como si fuera un ratón muerto. —¿Por qué continúas llevando esto en tu bolsillo? —Shh—estábamos molestando a las personas a nuestro alrededor, lo cual era chistoso teniendo en cuenta que ellos ni siquiera estaban viendo la película. —No puedo dejarlo en casa. Amma piensa que lo enterré. —Tal vez deberías haberlo hecho. —No importa, la cosa tiene mente propia. Casi nunca funciona. Lo has visto cada vez que lo hecho. 121
  • 121. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —¿Puedes callarte?— dijo la pareja frente a nosotros al aire. Lena saltó, dejando caer el medallón. Ambos nos agachamos por él. Vi el pañuelo deslizándose, como si estuviera en cámara lenta. Apenas y pude ver el cuadrado blanco en la oscuridad. La pantalla grande se convirtió en una insignificante chispa de luz, y ya podíamos oler el humo— Quemar una casa con mujeres en ella. No podía ser verdad. Mamá. Evangeline. La mente de Genevive estaba corriendo. Tal vez no era demasiado tarde. Ella rompió a correr, ignorando las irregulares garras de los arbustos que la instaban a volver y las voces de Ethan e Ivy la llamaban tras ella. Los arbustos se abrieron, y allí estaban dos Federales en frente de lo que quedaba de la casa que el abuelo de Genevive había construido. Dos Federales escondiendo una bandeja de plata en una mochila del gobierno. Genevive era un torrente de tela negra ondulante capturando las ráfagas levantadas por el fuego. —¿Que ray—— —Agárrala, Emmett,— le gritó el primer adolescente al otro. Genevive estaba subiendo las escaleras de dos en dos, ahogándose por el vendaval de humo que salía de la apertura de lo que había sido la puerta principal. Ella estaba fuera de control. Mamá. Evangeline. Sus pulmones estaban en carne viva. Se sintió a si misma caer. ¿Era el humo? ¿Se iba a desmayar? No, era algo más. Una mano en su muñeca, tirando de ella hacia atrás. —¿A dónde crees que vas, niña? —¡Déjeme ir!— gritó, su voz ronca por el humo. Su espalda golpeó las escaleras, una por una mientras él la arrastraba, una mancha de azul marino y oro. Su cabeza golpeó la siguiente. Calor, entonces algo empapó el cuello de su vestido. Mareo y confusión mezclado con desesperación. Un disparo. El sonido fue tan fuerte que la trajo de vuelta, cortando a través de la oscuridad. El agarre en su muñeca se relajó. Ella trató de enfocar su mirada. Otros dos disparos estallaron. Señor, por favor auxilia a Mamá y a Evangeline. Pero al final, fue demasiado pedir, o tal vez había sido la petición equivocada. Porque cuando escuchó el sonido de un tercer cuerpo cayendo, sus ojos se reorientaron lo suficiente para ver la chaqueta gris de lana de Ethan salpicada de sangre. Muerto a tiros por los soldados contra los que él se había negado a seguir luchando. Y el olor de sangre mezclado con pólvora y los limones quemados. 122
  • 122. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Los créditos estaban corriendo, y las luces estaban encendidas. Los ojos de Lena estaban todavía cerrados, y ella estaba recostada en su asiento. Su pelo estaba hecho un caos, y ninguno de los dos podía recuperar el aliento. —¿Lena? ¿Estás bien? Abrió los ojos, y subió el apoya brazos entre nosotros. Sin una palabra, descansó su cabeza en mi hombro. Podía sentirla temblando tan fuerte que ni siquiera podía hablar. Lo sé. También estuve allí. Todavía estábamos sentados así cuando Link y el resto pasaron por allí. Link me guiñó un ojo y me extendió uno de sus puños al pasar, como si fuera a chocarlo con el mío de la forma en que lo hacía cuando yo hacía un tiro difícil en la cancha. Pero él estaba mal, todos ellos lo estaban. Podríamos habernos sentado en la última fila, pero no nos habíamos besado. Podía oler la sangre y los disparos todavía resonaban en mis oídos. Acabábamos de ver morir a un hombre. 123
  • 123. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas 09 de Octubre JORNADAS DE ENCUENTRO D espués del Cineplex, no pasó mucho tiempo. Se dio a conocer que la sobrina del viejo hombre de Ravenwood andaba con Ethan Wate. Si yo no fuese el Ethan Wate a quién se le murió la madre este último año, la conversación podría haberse propagado con mayor velocidad, o más crueldad. Incluso los chicos del equipo tenían algo que decir. Sólo les llevó más de lo habitual decirlo, porque no les había dado la oportunidad. Para un tipo que no podría sobrevivir sin tres almuerzos, había estado saltándose la mitad de ellos desde el Cineplex —por lo menos, saltándose los del equipo. Pero sólo no había tantos días en los que podría conseguir un bocadillo en medio de las gradas, y sólo no hubo tantos lugares para esconderse. Porque, en realidad, no se podía ocultar. Jackson High era una versión más pequeña de Gatlin; no tenía a dónde ir. Mi acto de desaparición no había pasado desapercibido por los chicos. Como dije, tenía que aparecer para pasar lista, y si dejas a una chica en el camino de eso, sobre todo una chica que no estaba en la lista aprobada —queriendo decir, aprobada por Savannah y Emily— las cosas se complicaban. Cuando la chica era una Ravenwood, que es lo que Lena siempre sería para ellos, las cosas eran casi imposibles. Tenía que ser un hombre. Ya era hora de ir al comedor. No importaba que incluso no éramos en realidad una pareja. En Jackson, bien podrías haber estacionado detrás de la torre de agua, y estar almorzando juntos. Todo el mundo siempre supone lo peor, más bien, la mayoría. La primera vez que Lena y yo entramos al comedor, juntos, ella casi se da la vuelta y caminó afuera. Tuve que agarrar la correa en su bolso. 124
  • 124. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas — No seas loca. Es sólo un almuerzo. — Creo que me olvidé algo en mi armario. Ella se dio la vuelta, pero yo me quedé agarrando la correa. — Los amigos almuerzan juntos. — No, no lo hacen. Nosotros no. Quiero decir, no aquí. Agarré dos bandejas de plástico para comida de color naranja. —¿Bandeja? — Empujé la bandeja en frente de ella y metió un triángulo brillante de pizza en él. — Que hacemos ahora. Gallina. — ¿No crees que he intentado esto antes? — No lo has intentado conmigo. Creí que querías que las cosas fueran diferentes de lo que eran en tu vieja escuela. Lena miró a su alrededor dubitativa. Respiró hondo y dejó caer un plato de zanahorias y apio en mi bandeja. — Come esos, y yo me sentaré en cualquier lugar que desees. Miré a la zanahoria, luego al comedor. Los chicos ya estaban colgando en nuestra mesa. — ¿En cualquier lugar? Si esto fuera una película, nos sentaríamos en la mesa con los chicos, y ellos habrían aprendido alguna valiosa lección, como no juzgar a la gente por su aspecto, o que ser diferente estaba bien. Y Lena aprendería que todos los deportistas no eran estúpidos y poco profundos. Siempre parecía funcionar en las películas, pero esta no era una película. Esto era Gatlin, lo que limitó seriamente lo que podría suceder. Link llamó mi atención mientras me di la vuelta hacia la de la mesa, y comenzó a sacudir la cabeza, como en, de ninguna manera, hombre. Lena estaba a pocos pasos detrás de mí. Estaba empezando a ver cómo se iba a jugar, y digamos que nadie iba a aprender alguna lección valiosa. Casi me di la vuelta, cuando Earl me miró. Esa mirada que lo decía todo. Decía que si la trae por aquí, estás hecho. Lena debe haber visto demasiado, porque cuando me volví hacia ella, ella se fue. Ese día, después de la práctica, Earl fue nominado para hablar conmigo, lo cual era bastante divertido, ya que hablar nunca había sido lo suyo. Se sentó en el banco 125
  • 125. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas enfrente de mi casillero del gimnasio. Me di cuenta de que era un plan porque estaba solo, y Earl Petty casi nunca estaba solo. Él no perdió el tiempo. — No lo hagas, Wate. — No estoy haciendo nada, — dije sin levantar la mirada de mi armario. — Sé genial. Este no eres tú. — ¿Sí? ¿Y si es así?— Me puse mi remera de Transformers. — A los chicos no les gusta. Si recorres ese camino, no hay vuelta atrás. Si Lena no hubiese desaparecido en la cafetería, Earl lo hubiera sabido no me importa lo que ellos piensen. No me había preocupado por un tiempo. Cerré la puerta de mi armario, y me fui antes de que pudiera decirle lo que pensaba de él y de su callejón sin salida de una carretera. Tuve la sensación de que era mi última advertencia. No le echaba la culpa a Earl. Por una vez estaba de acuerdo con él. Los chicos iban por una carretera, y yo iba por otra. ¿Quién podría discutir con eso? Sin embargo, Link se negó a abandonarme. Y me fui a la práctica, la gente ni siquiera me pasó la pelota. Estaba jugando mejor de lo que nunca lo he hecho, no importa lo que ellos dijeran, o más a menudo, no lo dijeron, en el vestuario. Cuando estaba alrededor de los chicos, intenté no dar a entender que mi universo se había dividido por la mitad, que hasta el cielo se veía diferente para mí, que no me importaba si llegamos a la vida real. Lena estaba en el fondo de mi mente, no importa dónde estaba ni con quién estaba. No es que mencioné eso en la práctica, ni hoy, después de la práctica, cuando Link me alcanzó en el Stop & Steal para reabastecerse de combustible de camino a casa. El resto de los muchachos estaban allí, también, y yo estaba tratando de actuar como parte del equipo, por Link. Mi boca estaba llena de rosquillas, que casi me atraganto cuando entré a través de las puertas corredizas. Allí estaba ella. La segunda chica más bonita que jamás haya visto. Era un poco mayor que yo, aunque vagamente familiar, nunca había estado en Jackson cuando yo estaba ahí. Estaba seguro de eso. Era el tipo de chica que un tipo siempre recuerda. Ella era un chorro de música de la que nunca había oído hablar, y descansando al volante de su convertible negro y blanco Mini Cooper, que estaba estacionado al azar a través de dos espacios en el estacionamiento. La chica no parecía darse cuenta de las líneas, o no le importaba. Estaba chupando una piruleta como un cigarrillo, sus labios sensuales rojo se hicieron aún más rojo por el color cereza. 126
  • 126. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Ella nos miró, y subió la música. En una fracción de segundo, dos piernas llegaron volando sobre el lado de la puerta, y ella estaba de pie delante de nosotros, todavía chupando el caramelo. — Frank Zappa. Drowning Witch. Un poco antes de su tiempo, muchachos.— Ella se acercó, lentamente, como si nos estuviera dando tiempo para que la observemos, lo que admito, estábamos haciendo. Tenía el pelo rubio largo, con una franja rosa de espesor barrido a un lado de su cara, el viento agitaba el flequillo. Llevaba gafas de sol gigantes negras y una falda plisada corta negra, como una especie de animadora Gótica. Su camiseta blanca era tan delgada, que se podía ver la mitad de una especie de sujetador negro, y la mayoría de todo lo demás. Y había mucho que ver. Botas Negras, un anillo de vientre y un tatuaje. Era negro y tribales y rodeando su ombligo, pero no podía ver desde aquí lo que era, y estaba tratando de no mirar. — ¿Ethan? ¿Ethan Wate? Me detuve en seco. La mitad del equipo de baloncesto chocó contra mí. De ninguna manera. Shawn estaba tan sorprendido como yo cuando mi nombre salió de su boca. Él era la clase de tipo que tenía el juego. — Caliente. Link se quedó mirando, con la boca abierta. — TDB caliente. El mayor elogio que Link podría pagar por una chica, incluso superior a Savannah Nieve caliente. — Parece problema. — Las chicas calientes son un problema. Ese es el asunto entero. Se acercó hasta mí, chupando su paleta. — ¿Cuál de ustedes muchachos suertudos es Ethan Wate?— Link me empujó hacia adelante. — ¡Ethan!— Ella me echó los brazos alrededor del cuello. Sus manos se sentían sorprendentemente frías, como si hubiese estado sosteniendo una bolsa de hielo. Me estremecí y retrocedí. — ¿Te conozco? — Ni un poquito. Soy Ridley, soy la prima de Lena. Pero no te gustaría haberme conocido primero. En la mención de Lena, los chicos me lanzaron algunas miradas curiosas, y de mala gana fueron hacia sus coches. A raíz de mi conversación con Earl, habíamos llegado a un mutuo acuerdo sobre Lena, los chicos de clase sólo habían llegado. Significando, yo 127
  • 127. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas no lo había traído arriba, y ellos que no sacaban el tema, entre nosotros, de alguna manera, todos acordaron seguir así indefinidamente. No preguntes, no digas. Lo que no iba a ser por mucho más tiempo, sobre todo si los familiares de Lena comenzaban a aparecer en la ciudad. — ¿Prima? ¿Había Lena mencionado una Ridley? — ¿Para las vacaciones? ¿Tía Del? ¿Rhymes con el infierno? ¿Te suena?— Ella tenía razón; Macon lo había mencionado en la cena. Sonreí, aliviado, excepto mi estómago seguía con un nudo enorme, por lo que no debí sentir ese alivio. — Correcto. Lo siento, se me olvidó. Los primos. — Cariño, estás viendo a la prima. El resto son sólo los hijos que mi madre tuvo tras de mí. — Ridley saltó de nuevo en el Mini Cooper. Cuando dije eso, quiero decir, ella literalmente saltó sobre un lado del vehículo y cayó en el asiento del conductor del Mini. Yo no estaba bromeando acerca de lo de la animadora. La chica tenía unas piernas poderosas. Pude ver a Link sin dejar de mirar cómo se puso de pie junto a la Beater. Ridley dio unas palmaditas en el asiento junto a ella. — Súbete, novio, vamos a llegar tarde. — Yo no soy... quiero decir, no estamos—— — Realmente eres lindo. Ahora entra. No querrás que llegamos tarde, ¿verdad?— — ¿Tarde para qué?— — Cena familiar. Las Altas Fiestas. The Gathering. ¿Por qué crees que me enviaron todos hasta aquí en Gat—estiércol para encontrarte?— — No lo sé. Lena nunca me invitó. — Bueno, digamos que no hay manera de que la tía Del no compruebe al primer tipo al que Lena trajo a casa. Así que has sido convocado, y como Lena está ocupada con la cena y Macon todavía está, ya sabes, — durmiendo— , me tocó la paja más corta. — Ella no llevo a su casa. Pase una noche para dejar su tarea. Ridley abrió la puerta desde el interior. — Entra, Short Straw. 128
  • 128. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas — Lena me hubiese llamado si hubiese querido que fuera. — De algún modo sabía que iba a entrar como yo estaba diciendo. Dudé. — ¿Siempre eres así? ¿O estas coqueteando conmigo? Porque si estás jugando duro para conseguirme, me lo dices ahora y vamos a aparcar en el pantano y entra ya. Me metí en el coche. — Bien. Vamos. Ella se acercó y me apartó el pelo de los ojos con su mano fría. — Tienes unos lindos ojos, Novio. No deberías tenerlos todos cubiertos. En el momento en que llegamos a Ravenwood, no sabía lo que había sucedido. Ella siguió tocando música de la que nunca había escuchado hablar, comencé a hablar, y seguí hablando, hasta que le dije cosas que nunca le había contado a nadie, a excepción de Lena. Realmente no puedo explicarlo. Era como si hubiera perdido el control de mi boca. Le conté sobre mi madre, acerca de cómo murió, aunque casi nunca hablara de eso con nadie. Le hablé de Amma, acerca de cómo lee las cartas, sobre cómo ella era como mi madre ahora que no tenía una, salvo por los encantos, muñecas y su naturaleza en general desagradable. Le hablé de Link, de su madre, sobre cómo había cambiado últimamente que se pasaba todo el tiempo tratando de convencer a todos de que Lena estaba tan loca como Macon Ravenwood, y era un peligro para todos los estudiantes en Jackson. Le conté sobre mi padre, sobre que estaba encerrado en su estudio, con sus libros y algún cuadro secreto que nunca me permitió ver, cómo sentía que tenía que hacer lo que fuera necesario para protegerlo, aunque era algo que ya había ocurrido. Le hablé de Lena, de cómo nos conocimos en la lluvia, la forma en que parecía que nos conocíamos el uno al otro incluso antes de habernos conocido, y sobre la desordenada escena con la ventana. Casi se sentía como si estuviera chupando todo eso de mí, como chupaba la piruleta roja, la que mantenía lamiendo mientras conducía. Me tomó toda la fuerza que tenía no decirle sobre el medallón, y los sueños. Tal vez el hecho de que ella era la prima hermana de Lena acababa de hacer todo un poco más fácil entre nosotros. Tal vez fuera otra cosa. Justo cuando estaba empezando a preguntarse, llegamos a Ravenwood Manor, y apagó la radio. El sol se había puesto, la paleta se había ido, y finalmente me había callado. ¿Cuando había pasado eso? 129
  • 129. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Ridley se inclinó hacia mí, muy cerca. Podía ver mi cara reflejada en sus gafas de sol. Respiré su olor. Olía dulce y a un tipo de humedad, nada como Lena, pero todavía familiar de alguna manera. — No necesitas preocuparte, Short Straw. — Sí, ¿por qué no? — Son un verdadero asunto. — Ella me sonrió, y sus ojos brillaban detrás de los lentes, podía ver un destello de oro, como el oro de los peces que nadan en un estanque oscuro. Eran hipnóticos, incluso a través de sus sombras. Tal vez por eso se les ponía. Luego, los lentes se oscurecieron, y desordenó mi pelo. — Lástima que probablemente nunca volveré a verte de nuevo una vez que cumplan los resto de nosotros. Nuestra familia es un poco rara. — Ella salió del coche, y yo la seguí. — ¿Más rara que tú? — Infinitamente. Genial… Ella puso su mano fría sobre mi brazo, una vez más, cuando llegamos a la parte final de la casa. — Y, Novio. Cuando Lena termine la relación, lo cual hará en unos cinco meses, dame una llamada. Sabrás cómo encontrarme. — Ella enlazó su brazo con el mío, de repente extrañamente formal. — ¿Puedo? Me hizo un gesto con la mano libre. — Claro, después de ti. A medida que subía las escaleras, que gemían bajo el peso combinado. Conduje a Ridley hasta la puerta de entrada, todavía no del todo seguro de si las escaleras iban a soportarnos o no. Llamé, pero no hubo respuesta. Me estiré y sentí la luna. La puerta se abrió, lentamente. Ridley parecía tentativa. Y al cruzar el umbral, casi pude sentir la casa, como si el clima en el interior hubiese cambiado, casi imperceptiblemente. — Hola, mamá. Una mujer redonda, animada a sentar las calabazas y las hojas de oro a lo largo de la repisa de la chimenea, sorprendida, dejó caer una calabaza pequeña y blanca. El artefacto explotó en el suelo. Ella se agarró a la repisa de la chimenea para no caerse. Parecía extraña, como si llevase un vestido de hace un centenar de años atrás. — ¡Julia! — Dijo Ridley. — ¿Qué estás haciendo acá? Debo estar confundida. Pensé, pensé... 130
  • 130. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Sabía que algo andaba mal. Esto no parecía como un saludo madre—hija. — ¿Jules? ¿Eres tú? — Una versión menor de Ridley, tal vez diez, vino caminando al hall de la entrada con Boo Radley, que ahora estaba vestido con una capa azul brillante sobre su espalda. Disfrazar el lobo de la familia, como si nada estuviera pasando. Todo sobre la chica era como la luz; Tenía el pelo rubio y ojos azules, radiante, como si hubieran pequeños puntos de el cielo en una tarde soleada en ellos. La muchacha sonrió, y luego frunció el ceño. — Ellos dijeron que te fuiste. Boo comenzó a gruñir. Ridley abrió los brazos, esperando que la niña a corriera a ellos, pero la chica no se movió. Así que Ridley se sujetó las manos y se enderezó. Una piruleta roja apareció en la primera y, para no ser menos, un pequeño ratón gris con una capa de color azul brillante que hacía juego con la de Boo, olió el aire de la otra mano, como un truco barato de carnaval. La niña dio un paso adelante, tentativamente, como si su hermana tuviese el poder para tirarla a través de la habitación, sin siquiera un toque, como la luna y las mareas. Lo había sentido por mí mismo. Cuando Ridley habló, su voz era gruesa y áspera como la miel. — Vamos, Ryan. Mamá estaba tirando de tu cola para ver si chillabas. No he ido a ninguna parte. No realmente. ¿Podría tu hermana mayor favorita dejarte alguna vez? Ryan sonrió y corrió hacia Ridley, saltando hacia arriba, como si estuviera a punto de saltar a sus brazos abiertos. Boo ladró. Por un momento, Ryan se quedó suspendida en el aire, como uno de los personajes de dibujos animados que, accidentalmente, saltan a un acantilado y están allí unos pocos segundos, antes de caer. Entonces, ella se cayó, golpeando el suelo bruscamente, como si se hubiera golpeado con un muro invisible. Las luces del interior de la vivienda crecieron más brillantes, a la vez, como si la casa fuese un escenario, y la iluminación estuviese cambiando para indicar el final de un acto. A la luz, las características de Ridley eran sombras duras. La luz de las cosas cambió. Ridley levantó una mano a los ojos, llamando a la casa. — Oh Por favor, tío Macon. ¿Es realmente necesario? Boo dio un salto hacia adelante, poniéndose entre Ryan y Ridley. Gruñiendo, el perro presionando más y más cerca, el pelo de su espalda en su posición final, que le hacía, incluso más como un lobo. Al parecer los encantos de Ridley se perdieron en Boo. Ridley enrolló el brazo hacia atrás a través del mío con fuerza, y riendo, gruñendo, o algo así. El sonido no era amistoso. Traté de mantener la calma, pero mi garganta se sentía como si estuviera rellena con calcetines mojados. Con una mano en mi brazo, ella levantó la otra sobre su cabeza y tiró hacia el techo. 131
  • 131. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas — Bueno, si vas a ser grosero. — Cada luz en la casa se quedó a oscuras. La casa entera parecía en cortocircuito. La voz de Macon con calma bajaba desde la parte superior de las oscuras sombras. — Ridley, mi querida, Qué sorpresa. No te estábamos esperando. ¿No la esperaban a ella? ¿Qué estaba diciendo? — No me perdería el Encuentro por nada en el mundo, y mira, he traído a un invitado. O, supongo que se podría decir que soy su huésped. Macon caminaba por la escalera, sin apartar los ojos de Ridley. Yo estaba viendo dos círculos de leones entre sí, y estaba parado en el medio. Ridley había jugado conmigo, y yo había caído, como un tonto, como el chupetín rojo que estaba chupando en este momento. — No creo que esa es la mejor idea. Estoy seguro que está siendo esperado en otro lugar. Tiró la paleta de la boca con un estallido. — Como dije, no me lo perdería por nada el mundo. Además, no querrás que lleve a Ethan todo el camino a casa. ¿Lo que nunca íbamos a hablar? Me gustaría sugerir que nos vayamos, pero no podía pronunciar las palabras. Todo el mundo se quedó ahí en la sala principal, mirándose el uno al otro. Ridley se apoyó en uno de los pilares. Macon rompió el silencio. — ¿Por qué no le muestran a Ethan el comedor? Estoy seguro de que recuerdas dónde está. — Pero Macon…— La mujer que supuse que era la tía Del miró con pánico, y otra vez, confusa, como si ella no supiera muy bien lo que estaba pasando. — Está bien, Delphine. — Pude ver en la cara de Macon que estaba trabajando cosas, saltando paso a paso, por delante del lugar en que todos estábamos. Sin saber en lo que había tropezado, en realidad era reconfortante saber que estaba allí. El último lugar al que quería ir era el comedor. Yo quería salir de ahí, pero no podía hacer que pasara. Ridley no soltaba mi brazo, y mientras ella me estaba tocando, me sentía como si estuviera en piloto automático. Ella me llevó al comedor formal en el que había ofendido a Macon la primera vez. Miré a Ridley, aferrada a mi brazo. Esta ofensa era mucho peor. La habitación estaba iluminada por cientos de pequeñas velas negras, y filamentos de vidrio negro colgados de la araña. Había una enorme corona de flores, toda de plumas 132
  • 132. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas negras, en la puerta de la cocina. La mesa estaba puesta con plata y placas de perlas blancas, que realmente estaban hechas de perlas, por lo que sabía. La puerta de la cocina se abrió. Lena estaba pasando por la puerta, llevando una bandeja de plata enorme, con una montaña de frutos de aspecto exótico que definitivamente no eran de Carolina del Sur. Ella llevaba una chaqueta negra larga, ceñida en la cintura. Parecía extrañamente intemporal, como nada de lo que había visto en este país, o incluso en este siglo, pero cuando miré hacia abajo, Me di cuenta de que llevaba sus Converse. Se veía más bella aún que cuando tuve que venir a cenar... ¿cuándo? ¿Hace unas semanas? Mi mente se sintió nublada, como si estuviera medio dormido. Tomé una respiración profunda, pero todo lo que podía oler era a Ridley, un olor a almizcle mezclado con algo demasiado dulce, como el jarabe de burbujas en la estufa. Era fuerte y sofocante. — Estamos casi listos. Sólo unos pocos más…— Lena se congeló, la puerta siguió su medio apogeo. Ella parecía que había visto un fantasma, o algo mucho peor. No estaba seguro de si era sólo la visión de Ridley, o los dos de pie, brazo a brazo. — Bueno, hola, Cuz. Tanto tiempo sin verte. — Ridley avanzó unos pasos, me arrastraba junto a ella. — ¿No vas a darme un beso? La bandeja que Lena llevaba se estrelló contra el piso. — ¿Qué estás haciendo aquí?— la voz de Lena era apenas un susurro. — Por qué, vine a ver a mi prima favorita, por supuesto, y traje una cita. — Yo no soy tu cita— , dije sin convicción, apenas me asfixia con las palabras, aún pegado a su brazo. Sacó un cigarrillo de un paquete escondido en su bota y lo encendió, todo con su mano libre. — Ridley, por favor no fumes en la casa— , dijo Macon, y el cigarrillo de inmediato estaba fuera. Ridley se rió y lo arrojó en un tazón de algo que parecía puré de las patatas, pero probablemente no lo era. — Tío Macon. Siempre fuiste tan riguroso con las normas de la casa. — Las normas se establecieron hace mucho tiempo, Ridley. No hay nada que tú o yo pudiéramos hacer para cambiarlo ahora. Se miraron uno al otro. Macon hizo un gesto y una silla se retiró de la mesa. — ¿Por qué mejor no tomamos asiento? Lena, ¿puedes dejar saber en la Cocina que habrá dos más para la cena? Lena se quedó allí, hirviendo. 133
  • 133. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas — Ella no puede quedarse. — Está bien. Nada puede dañarte aquí— , le aseguró Macon. Sin embargo, Lena no parecía asustada. Ella parecía furiosa. Ridley sonrió. — ¿Estás seguro de eso? — La cena está lista, y sabes cómo se siente la Cocina cuando sirve comida fría. — Macon entró en el comedor. Todo el mundo se presentó detrás de él, a pesar de que apenas había habla lo suficientemente alta como para que los cuatro de nosotros en la sala pudiéramos escucharlo. Boo abrió el camino, seguida por Ryan. La tía Del seguía, del brazo de un hombre de pelo gris de la edad de mi padre. Estaba vestido como salido de uno de los libros del estudio de mi madre, con botas hasta la rodilla, una camisa con volantes, y una capa de ópera rara. Los dos parecían una exposición de un museo Smithsonian. Una chica mayor entró en la habitación. Se parecía mucho a Ridley, salvo que tenía más prendas de vestir y no parecía tan peligrosa. Tenía el pelo largo y rubio y liso con una versión más ordenada del entrecortado flequillo de Ridley. Parecía el tipo de chica que ves llevar una pila de libros de fantasía en un viejo campus de la universidad en el Norte como Yale o Harvard. La chica con los ojos fijos en Ridley, como si pudiese ver los ojos de Ridley a través de los lentes oscuros que todavía llevaba. — Ethan, me gustaría presentarte a mi hermana mayor, Annabel. Oh, lo siento, me refiero a Reece. ¿Quién no conoce el nombre de su propia hermana? Reece sonrió y habló lentamente, como si ella estuviese eligiendo cuidadosamente sus palabras. — ¿Qué haces aquí, Ridley? Pensé que tenías otro compromiso esta noche. — Los planes cambiaron. — Lo mismo ocurre con las familias. Reece extendió la mano y la agitó delante de la cara de Ridley, sólo un simple florecer, como un mago agitando la mano sobre un sombrero de copa. Me dio un respingo, y no sé lo que estaba pensando, pero por un segundo pensé que podía desaparecer a Ridley. O más de preferencia, que podría. Pero ella no desapareció, y esta vez, fue Ridley, que se estremeció y apartó la vista, como si fuera físicamente doloroso buscar los ojos de Reece. Reece miró a la cara a Ridley, como si se tratara de un espejo. — Interesante. ¿Por qué es, Rid, cuando miro en tus ojos todo lo que puedo ver es a ella? Ustedes dos son tan gruesas como los ladrones, ¿no? 134
  • 134. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas — Estás balbuceando de nuevo, hermana. Reece cerró los ojos, para concentrarse. Ridley se agitó como una mariposa clavada. Reece ondeaba la mano de nuevo, y por un momento, la cara de Ridley se disolvió en la imagen turbia de otra mujer. El rostro de la mujer era algo familiar, sólo que no pude recordar por qué. Macon dejó caer la mano pesadamente sobre el hombro de Ridley. Fue la única vez que vi a alguien tocarla, excepto yo. Ridley hizo una mueca, y yo podía sentir una punzada de dolor súbito, de su mano, por mi brazo. Macon Ravenwood claramente no era un hombre a tener a la ligera. — Ahora. Nos guste o no, el Encuentro ha comenzado. No voy a arruinarle Las Altas fiestas a nadie, no bajo mi techo. Ridley ha sido, como ella tan amablemente aclaró, invitada a unirse a nosotros. No se necesita nada más que decir. Por favor, todos tomen un asiento.— Lena se sentó, con los ojos fijos en nosotros dos. Tía Del parecía aún más preocupada que cuando llegamos por primera vez. El hombre de la ópera con capa le dio unas palmaditas en la mano para tranquilizarla. Un tipo alto como de mi edad en jeans negro, una remera negra desteñida, y botas desgastadas, vagaba, pareciendo aburrido. Ridley manejaba las presentaciones. — Ya has conocido a mi madre. Y éste es mi padre, Barclay, Kent, y mi hermano, Larkin. — Es un placer conocerte, Ethan. — Barclay dio un paso adelante como si fuera a darme la mano, pero cuando se dio cuenta de la mano de Ridley en mi brazo, dio un paso atrás. Larkin, puso su brazo alrededor de mi el hombro, sólo cuando miré por encima de su brazo se había convertido en una serpiente, con un parpadeo de su lengua dentro y fuera de su boca. — ¡Larkin! — Barclay silbó. La serpiente se convirtió en el brazo de Larkin de nuevo en un instante. — Jesús. Sólo estaba tratando de levantar el estado de ánimo de por acá. Todos sois como un puñado de quejicas. Los ojos de Larkin parpadearon amarillos, entrecerrados. Ojos de serpiente. — Larkin, dije que eso era suficiente. — Su padre le dio la clase de mirar que sólo un padre puede dar a un hijo que siempre lo está decepcionando. Los ojos de Larkin volvieron a cambiar a verde. Macon, tomó asiento a la cabeza de la mesa. 135
  • 135. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas — ¿Por qué no nos sentamos todos? La Cocina tiene una de las mejores comidas de fiestas preparadas. Lena y yo hemos sido objeto del ruido por días. — Todo el mundo se sentó a la enorme mesa rectangular. Era de madera oscura, casi negra, y tenía diseños intrincados, como de vides, talladas en las patas. Grandes velas negras ardían en el centro de la mesa. — Siéntate aquí por mí, Short Straw. Ridley me llevó a una silla vacía, frente a la explotación de la fuente de plata que había traído Lena, como si tuviera elección. Traté de hacer contacto visual con Lena, pero sus ojos estaban fijos en Ridley. Y eran feroces. Tenía la esperanza de que Ridley fuera a la única a la cual dirigiese su ira. La mesa estaba llena de alimentos, incluso más que la última vez que estuve ahí, cada vez que miraba a la mesa había más. Un asado en corona, filete atado con romero, y más platos exóticos que nunca había visto antes. Un pájaro grande relleno y las peras, en reposo en plumas de pavo reales que se disponían a parecerse como la cola abierta de un pájaro vivo. Tenía la esperanza de que no fuera un pavo real, pero teniendo en cuenta las plumas de la cola, estaba bastante seguro de que era. Y espumosos dulces, creo que, de forma exactamente igual que los caballitos de mar reales. Pero nadie estaba comiendo, nadie, salvo Ridley. Ella parecía estar disfrutando por sí misma. — Sólo amo los caballos de azúcar. — Se metió dos de los pequeños caballitos de mar oro en la boca. Tía Del tosió un par de veces, vertiendo en un vaso un líquido negro, con la consistencia de vino, de la jarra sobre la mesa. Ridley miró a Lena a través de la mesa. — Así que, ¿Cuz, grandes planes para tu cumpleaños?— Ridley introdujo los dedos en una salsa de color marrón oscuro de la salsera junto al pájaro que yo esperaba que no fuese un pavo real, y se lamió los dedos, sugerentemente. — No estamos debatiendo esta noche la celebración del cumpleaños de Lena,— Macon, advirtió. Ridley estaba disfrutando de la tensión. Se metió otro caballito de mar en la boca. — ¿Por qué no? Los ojos de Lena eran salvajes. — No necesitas preocuparte por mi cumpleaños. No serás invitada. 136
  • 136. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas — Ciertamente debería. La preocupación, quiero decir. Es un cumpleaños tan importante, después de todo. — Ridley se rió. El cabello de Lena comenzó a enrollarse y desenrollarse como si hubiera un viento en la habitación. No lo había. — Ridley, dije que es suficiente. — Macon estaba perdiendo la paciencia. Reconocí su voz como la misma que había tenido después de que tomó el relicario de mi bolsillo, durante mi primera visita. — ¿Por qué estás de su lado, el tío M? Pasé tanto tiempo contigo como Lena lo hizo, creciendo. ¿Cómo se ha convertido de repente en tu favorita?— Por un momento, casi me parecía herida. — Sabes que no tiene nada que ver con favoritos. Has sido reivindicada. Está fuera de mis manos. ¿Reivindicada? ¿Por qué? ¿Qué estaban diciendo? La neblina asfixiante a mí alrededor era cada vez más gruesa. No podía estar seguro de que estaba escuchando todo correctamente. — Pero tú y yo somos los mismos. — Estaba rogando a Macon, como un niño malcriado. El cuadro comenzó a temblar de manera casi imperceptible, el líquido negro de las copas de vino con suavidad chapoteaban de lado a lado. Entonces escuché un ritmo tocando el techo. Lluvia. Lena se estaba agarrando del borde de la mesa, con los nudillos blancos. — No sois los mismos— , dijo entre dientes. Sentí endurecer el cuerpo de Ridley contra mi brazo, que todavía estaba envuelto como una serpiente. — Crees que eres mucho mejor que yo, Lena... ¿verdad? Ni siquiera sé tu nombre real. No se dan cuenta de que esta relación de ustedes está condenada. Espera hasta que estés reivindicada y descubras cómo funcionan realmente las cosas. — Se rió, un tipo de siniestro y doloroso sonido. — No tienes idea de si somos los mismos o no. En pocos meses, podrías terminar exactamente como yo. Lena me miró, entró en pánico. El cuadro empezó a temblar más fuerte, golpeando contra las placas la madera. Hubo un crujido de fuera por los rayos y la lluvia comenzó a caer por las ventanas, como las lágrimas. — ¡Cállate! — Dile, Lena. ¿No crees que a Short Straw aquí merece saber todo? ¿Eso de que no tienes idea si estás en la Luz o la Oscuridad? ¿Qué no tienes elección? Lena se puso de pie, golpeando la silla detrás de ella. 137
  • 137. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas — ¡Dije, cállate! Ridley estaba relajada de nuevo, disfrutando de ella misma. — Dile en la forma en que vivimos juntas, en el mismo cuarto, como hermanas, que yo era exactamente igual que tu hace un año y ahora... Macon estaba a la cabeza de la mesa, agarrándose con las dos manos. Su rostro pálido parecía aún más blanco que de costumbre. — ¡Ridley, es suficiente! Voy a echarte de esta casa si dices una palabra más. — No puedes expulsarme tío. No eres lo suficientemente fuerte como para eso. — No sobrestimes tus habilidades. Ningún expulsado oscuro en la Tierra es lo suficientemente potente como para entrar en Ravenwood por su cuenta. Estoy ligado al lugar. Todos lo estamos. ¿Expulsado oscuro? Eso no suena bien. — Ah, el tío Macon. Te olvidas de la famosa hospitalidad sureña. No irrumpí. Fui invitada, del brazo de la persona más hermosa de Gat—estiércol. — Ridley se volvió hacia mí y sonreía, tirando de ella tonos en sus ojos. Estaban sólo mal, resplandecientes de oro, como si estuviesen en llamas. Eran de la forma de un gato, con aberturas negras en el centro. Una luz brillaba en sus ojos, y en esa luz, todo cambió. Ella me miró, con esa sonrisa siniestra, y su rostro se retorcía en la oscuridad y las sombras. Las características que habían sido tan femeninas y atractivas ahora eran fuertes y duras, transformándose ante mis ojos. Su piel parecía estar bajando alrededor de sus huesos, acentuando cada vena hasta que casi podía ver el bombeo de la sangre a través de ellas. Ella parecía un monstruo. Había traído un monstruo a la casa, a la casa de Lena. Casi de inmediato, la casa empezó a temblar violentamente. Las arañas de cristal se balanceaban, las luces parpadeaban. Las contraventanas de la planta se abrieron de golpe y se cerraron de nuevo y de nuevo la lluvia maltrataba el techo. El sonido era tan fuerte, que era casi imposible escuchar otra cosa, como la noche en que estuve a punto de golpear a Lena cuando ella estaba de pie en la carretera. Ridley apretó la empuñadura de hielo frío en mi brazo. Traté de agitarla, pero podía apenas moverme. El frío se estaba extendiendo, y mi brazo entero comenzaba a sentirse entumecido. Lena miró hacia arriba de la mesa, con horror. — ¡Ethan! 138
  • 138. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas La tía Del pateó el suelo de la habitación. El suelo parecía rodar por debajo de sus pies. El frío se había extendido por todo mi cuerpo. Mi garganta estaba congelada. Mis piernas paralizadas, no podía moverme. Yo no podía alejarme del brazo de Ridley, y no podía decir a nadie lo que estaba sucediendo. En unos minutos más, no sería capaz de respirar. La voz de mujer volaba a través de la mesa. Tía Del. — Ridley. Te dije que te mantengas alejada, del chico. No hay nada que podamos hacer por ti ahora. Lo siento mucho. La voz de Macon era dura. — Ridley, un año puede marcar la diferencia en el mundo. Estás reivindicada ahora. Has encontrado tu lugar en el Orden de las Cosas. No perteneces más acá. Tienes que irte. Un segundo después, él estaba de pie delante de ella. O eso, o yo estaba perdiendo la pista de lo que estaba sucediendo. Las voces y rostros estaban empezando a dar vueltas alrededor de mí. Apenas podía recuperar el aliento. Estaba tan frío, mi mandíbula congelada ni siquiera podía moverse lo suficiente como para hablar. — ¡Vamos!— , Gritó. — ¡ N o! — ¡Ridley! ¡Pórtate bien! Debes salir de este lugar. Ravenwood no es un lugar de magia negra. Este es un lugar confinado, un lugar de luz. No puedes sobrevivir aquí, no por mucho tiempo. La voz de Tía Del era firme. Ridley respondió con un gruñido. — Yo no me voy, madre, y no podes obligarme. La voz de Macon interrumpió su berrinche. — Sabes que no es verdad. — Soy más fuerte ahora, tío Macon. No puedes controlarme. — Es verdad, tu fuerza está creciendo, pero no estás lista para mí, y haré lo que sea necesario para proteger a Lena. Incluso si eso significa hacerte daño, o peor. El peso de su amenaza fue demasiado para Ridley. — ¿Me harías eso a mí? Ravenwood es un lugar oscuro de poder. Siempre lo ha sido, desde Abraham. Fue uno de los nuestros. Ravenwood debe ser nuestra. ¿Por qué la vinculaste a la luz? 139
  • 139. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas — Ravenwood es el hogar de Lena ahora. — Me pertenece a mí, tío M. Con ella. Ridley se puso de pie, arrastrándome. Los tres estaban de pie ahora Lena, Macon, y Ridley, los tres puntos de un triángulo realmente aterrador. — No tengo miedo de tu tipo. — Puede ser, pero no tienes poder acá. No contra todos nosotros, y una Natural. Ridley cacareó. — Lena, ¿una natural? Esa es la cosa más divertida que has dicho en toda la noche. He visto lo que un natural puede hacer. Lena nunca podría ser uno. — Un Catalizador y un Natural no son lo mismo. — No lo son, ¿sin embargo? Un Catalizador es un Natural que se fue a lo Oscuro, dos caras de una misma moneda. ¿Qué estaban diciendo? Yo estaba en mi cabeza. Y luego sentí mi cuerpo aprovecharse, y sabía que iba a desmayarme —que probablemente iba a morir. Era como si toda la vida me hubiese sido succionada, con el calor de mi sangre. Oí el sonido de un trueno. Uno—, entonces los rayos y la caída de la rama de un árbol en las afueras de la ventana. La tormenta estaba aquí. Justo sobre nosotros. — Estás equivocado, tío M. No vale la pena proteger a Lena, y ciertamente no es una Natural. No sabrás su destino hasta el día de su cumpleaños. ¿Crees que sólo porque ella es dulce e inocente ahora, ella será reclamada por la Luz? Eso no significa nada. ¿No era yo lo mismo años atrás? Y por lo que a Short Straw acá me ha estado diciendo, ella está más cerca de ir al Oscuro que a la Luz. ¿Las tormentas eléctricas? ¿Aterrorizando a la escuela secundaria? El viento se hizo más fuerte, y Lena se estaba poniendo más enojada. Pude ver la ira en sus ojos. Un ventana rota, al igual que en la clase de Inglés. Yo sabía a dónde iba esto. — ¡Cállate! ¡Tú no sabes de lo que estás hablando!— La lluvia comenzó a entrar en el comedor, seguido por el viento, enviando los vasos y los platos estrellarse contra el suelo, el líquido negro tiño el piso en rachas largas. Nadie se movió. Ridley se dio vuelta a Macon. — Siempre le has dado demasiado crédito. Ella no es nada. 140
  • 140. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Yo quería liberarme de Ridley, agarrarla y arrastrarla fuera de la casa por mí mismo, pero no podía moverme. Una segunda ventana rota, luego otra y otra. El vidrio se rompía en todas partes. China, copas de vino, el vidrio en cada cuadro. Los muebles se golpeaban contra las paredes. Y el viento, que era como un tornado que había aspirado la habitación con nosotros. El sonido era tan fuerte, que no pude escuchar nada más. El mantel salió de la mesa, con todas las velas, platos, y las bandejas en ella, tirando todo contra la pared. El cuarto estaba dando vueltas, creo. Todo estaba siendo arrastrado hacia el hall de la entrada, hacia la puerta de entrada. Boo Radley gritó, un grito horriblemente humano. El agarre de Ridley parecía estar flojo alrededor de mi brazo. Parpadeé duro, tratando de no perder el conocimiento. Y ahí, de pie en medio de todo, estaba Lena. Estaba inmóvil, con su pelo azotando con el viento a su alrededor. ¿Qué estaba pasando? Sentía mis piernas débiles. Así como perdí el conocimiento, sentí que el viento, un aumento de poder literalmente me arrancaba el brazo de la mano de Ridley, como si fuera succionado fuera de la habitación, hacia la puerta principal. Me desplomé en el suelo, mientras escuchaba la voz de Lena, o pensaba que lo hacía. — Aléjate un infierno de mi novio, bruja. Novio. ¿Era eso lo que era? Traté de sonreír. En su lugar, me desmayé. 141
  • 141. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas 09 de Octubre UNA GRIETA EN EL YESO C uando desperté, no sabía dónde estaba. Traté de enfocar las primeras cosas que me saltaron a la vista. Palabras. Frases escritas a mano en lo que parecía una delicada escritura con Sharpie, justo en el techo sobre la cama. ‗Los momentos aparecen todos juntos, sin un lapso de tiempo.‘ Había cientos de otros también, escritos por todas partes, fragmentos de oraciones, fragmentos de versos, una colección aleatoria de palabras. En una de las puertas del clóset estaba garabateado El destino decide. En la otra decía hasta que es retado por el condenado. Por arriba y debajo de la puerta, podía ver las palabras desesperado/ sin descanso/ condenado/fortalecido. El espejo decía ‗Abre tus ojos‘; en los vidrios de las ventanas decía ‗y echa un vistazo‘. Incluso la pálida pantalla de la lámpara estaba garabateada con las palabras Iluminalaoscuridadiluminalaoscuridad una y otra vez, en un patrón repetitivo sin fin. La poesía de Lena. Finalmente podía leer un poco de ella. Incluso si desconocías la inconfundible tinta, esta pieza no lucía como el resto de la casa. Era pequeña y acogedora, metida bajo el alero. Un ventilador de techo giraba lentamente sobre mi cabeza, pasando a través de las frases. Había pilas de cuadernos de espiral en cada superficie, y una pila de libros en el velador. Libros de poesía. Plath, Eliot, Bukowski, Frost, Cummings — por lo menos reconocía los nombres. Estaba tendido sobre una pequeña cama blanca de hierro, mis piernas se salían del borde. Esta era la pieza de Lena, y yo estaba tendido sobre su cama. Ella estaba acurrucada en una silla a los pies de la cama, con su cabeza apoyada sobre el brazo. 142
  • 142. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Me senté, aturdido. — Hey ¿Qué ocurrió? Estaba casi seguro de que me había desmayado, pero los detalles eran confusos. La última cosa que recordaba era el frío que estaba recorriendo mi cuerpo, mi garganta cerrándose, y la voz de Lena. Pensé que ella había dicho algo acerca de que yo era su novio, pero ya que estaba al borde de desmayarme en ese momento y que no había nada en verdad que hubiese pasado entre nosotros, eso era algo incierto. Me hice ilusiones, adiviné. — ¡Ethan!— Ella saltó de su silla y vino a la cama a mi lado, aunque parecía cuidarse de no tocarme. — ¿Estás bien? Ridley no iba a dejarte ir, y no sabía qué hacer. Tú lucías como si estuvieses padeciendo de mucho dolor, así que yo sólo reaccioné. — ¿Te refieres a ese tornado en la mitad de tu comedor? Ella miró a otra parte, abatida. — Eso es lo que ocurre. Siento cosas, me pongo furiosa o asustada y luego… las cosas simplemente suceden. Extendí mi mano y la puse sobre la suya, sintiendo el calor subiendo por mi brazo. — ¿Cosas como vidrios rompiéndose? Ella me miró de vuelta, y enrosqué mi mano alrededor de la de ella hasta que la estaba sosteniendo en la mía. Una grieta al azar en el viejo yeso parecía estar creciendo en la esquina detrás de ella, hasta que dobló su camino a través del techo, rodeó la araña de cristal, y giró su camino volviendo hacia abajo. Se veía como un corazón. Un corazón gigante, rizado y afeminado acababa de aparecer en la grieta del yeso del techo de su pieza. — Lena. — ¿ Si ? — ¿No crees que el techo de tu pieza esté al borde de caer sobre nosotros? Ella se dio vuelta y miró la grieta. Cuando la vio, mordió su labio, y sus mejillas se volvieron rosadas. — No lo creo. Es sólo una grieta en el yeso. — ¿Estabas intentando hacer eso? — No. Un progresivo rosado se desplegó a lo largo de su nariz y mejillas. Ella miró a otra parte. 143
  • 143. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Quería preguntarle qué era lo que había estado pensando, pero no quería avergonzarla. Sólo esperaba que tuviese algo que ver conmigo, con su mano anidada en la mía. Con la palabra que creí que le oí decir, en el momento anterior a desmayarme. Miré dubitativamente a la grieta. Un montón de cosas estaban pasando a causa de esa grieta en el yeso. — ¿Puedes deshacerlos? Esas cosas que simplemente… ¿ocurren? Lena suspiró, aliviada por poder hablar de algo más. — A veces. Depende. A veces quedo tan abrumada que no puedo controlarlo y no puedo arreglarlo, ni siquiera después. No creo que haya podido haber puesto de vuelta el vidrio de la ventana del colegio. No creo que haya podido detener la tormenta que se acercaba, el día que nos conocimos. — No creo que esa haya sido tu culpa. No puedes echarte la culpa por cada tormenta que pase por el Condado de Gaitlin. La temporada de huracanes ni siquiera se ha acabado aún. Se volcó sobre su estómago y me miró directamente a los ojos. Ella no se alejó, y tampoco lo hice yo. Todo mi cuerpo estaba estremeciéndose por el calor de su contacto. — ¿Acaso no viste lo que pasó esta noche? — Quizás a veces un huracán es sólo un huracán, Lena. — Todo el tiempo como yo ande por aquí, yo seré la temporada de huracanes en el Condado de Gaitlin. Ella intentó retirar su mano, pero eso sólo hizo que yo la agarrara más fuerte. — Eso es divertido. Para mí te pareces más a una chica. — Sí, bueno, no lo soy. Soy todo un sistema de tormentas, fuera de control. La mayoría de los Hechiceros pueden controlar sus dones para cuando tienen mi edad, pero la mitad del tiempo se siente más como que el mío me controla a mí. Señaló su propio reflejo en el espejo de la pared. La escritura del Sharpie se garabateaba a sí misma a lo largo del reflejo mientras mirábamos. ‗¿Quién es esa chica?‘ — Sigo tratando de entenderlo todo, pero a veces parece ser como que nunca lo haré. — ¿Todos los Hechiceros tienen los mismos poderes, dones, lo que sea? — No. Todos podemos hacer cosas simples como mover objetos, pero cada Hechicero tiene también habilidades más específicas relacionadas con sus dones. 144
  • 144. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas En ese preciso momento, deseé que hubiese algo así como una clase que pudiese tomar para ser capaz de entender estas conversaciones, Hechicería 101, no lo sé, porque siempre estaba como medio perdido. La única persona que conocía que tenía algún tipo de habilidad especial era Amma. Ver el futuro y protegerse de los espíritus debían contar como algo, ¿Cierto? Y por todo lo que sabía, quizás Amma podía mover objetos con la mente; ella sí que podía conseguir que mi trasero se moviera con sólo una mirada. — ¿Y qué hay acerca de la Tía Del? ¿Qué es lo que ella puede hacer?— — Ella es una Palimpsesta*. Lee el tiempo. — ¿Lee el tiempo? — Es como, tú y yo entramos a una sala y vemos el presente. Tía Del ve diferentes puntos en el pasado y en el presente, todo de una vez. Ella puede entrar a una sala y verla como es hoy en día y como fue hace diez años atrás, veinte años atrás, cincuenta años atrás, al mismo tiempo. Es como cuando tocamos el relicario. Es por eso por lo que siempre está tan confundida. Ella nunca sabe exactamente cuándo o siquiera dónde está. Pensé en cómo me sentí luego de una de las visiones, y cómo sería sentirse de esa forma todo el tiempo. — No bromees. ¿Y qué hay de Ridley? — Ridley es una Sirena (como de alarma). Su don es el Poder de la Persuasión. Ella puede poner cualquier idea dentro de la mente de cualquiera, hacerlos que le digan lo que sea, que hagan lo que sea. Si ella usase su poder sobre ti, y te dijese que saltes de un precipicio, tú saltarías. Recordé cómo me sentía en el auto con ella, como le podría haber dicho casi cualquier cosa. — No saltaría — Lo harías. Tendrías que hacerlo. Un hombre Mortal no se le compara a una Sirena. — No lo haría. La miré. Su cabello estaba flotando en la brisa que rodeaba su cara, excepto por el hecho de que no había ninguna ventana abierta en la pieza. Busqué en sus ojos algún tipo de señal de que quizás ella se estaba sintiendo de la misma forma en la que yo lo estaba haciendo. — No puedes saltar a un precipicio cuando ya has caído dentro de uno aún más grande. Escuché cómo salían las palabras de mi boca, y quería retractarme tan pronto como las dije. Habían sonado mucho mejor en mi cabeza. Ella me miro, tratando de ver si lo estaba diciendo en serio. Lo estaba, pero no podía decirlo. En lugar de ello, cambié de *Palimpsesta: Documentos (N. del T.) 145
  • 145. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas tema. — Así que, ¿Cuál es el súper poder de Reece? — Ella es una Sibila, lee las caras. Puede ver lo que has visto, a quién has visto, qué has hecho, con sólo mirarte a los ojos. Puede abrir tu cara y literalmente leerla, como a un libro. Lena seguía estudiando mi cara. — Sí, ¿Y quién era esa? ¿La otra mujer en la que Ridley se convirtió por un segundo, cuando Reece la estaba mirando fijamente? ¿Lo viste?— Lena asintió. — Macon no me lo dirá, pero debe haber sido alguien Oscuro. Alguien poderoso. Seguí preguntando. Tenía que saber. Era como descubrir que acababa de cenar con un puñado de aliens. — ¿Qué puede hacer Larkin? ¿Encantar serpientes? — Larkin es un Ilusionista. Es como un Cambiador. Pero el Tío Barclay es el único Cambiador en la familia. — ¿Cuál es la diferencia? — Larkin puede Encantar, o hacer que cualquier cosa luzca como la cosa que desee, por medio de un encanto—gente, cosas, lugares. Él crea ilusiones, pero no son reales. El Tío Barclay Convertir, lo cual significa que él puede en realidad convertir un objeto en otro, por tanto tiempo como él quiera. — Así que, ¿Tu primo cambia cómo se ven las cosas, y tu tío cambia lo que son las cosas? — Sí. En su mayoría, la Abuela decía que sus poderes son muy cercanos. Sucede a veces entre padres y sus hijos. Ellos son muy diferentes, así que siempre están peleando. Sabía lo que ella estaba pensando, que ella nunca podría saber eso por sí misma. Su cara se nubló, y yo hice un intento estúpido de levantarle el ánimo. — ¿Ryan? ¿Cuál es su poder? ¿Diseñadora de ropa para perros? — Es demasiado temprano para saberlo. Ella tan sólo tiene diez años. — ¿Y Macon? — Él sólo es…el Tío Macon. No hay nada que el Tío Macon no pueda hacer, o que no haría por mí. Pasé mucho tiempo con él, creciendo. Ella miró a otro lado, evadiendo la pregunta. Ella se estaba guardando algo para sí misma, pero con Lena, era imposible saber qué era. — Él es como mi padre, o como imagino a mi padre. Ella no tenía por 146
  • 146. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas qué decir algo más. Yo ya sabía lo que se sentía perder a alguien. Me pregunté si sería peor nunca haberlos tenido. — ¿Y qué hay de ti? ¿Cuál es tu don? Como si ella tuviese sólo uno. Como si no los hubiese visto en acción desde el primer día de escuela. Como si no hubiese estado intentando conseguir el valor para preguntarle esto desde esa noche en la que ella se sentó en mi porche en su pijama morado. Ella hizo una pausa de un minuto, recolectando sus pensamientos, o decidiendo si ella me lo diría; era imposible saber cuál de las dos. Luego me miró, con sus infinitos ojos verdes. — Soy una Natural. Por lo menos, eso es lo que creen Tío Macon y Tía Del que soy. Una Natural. Me sentía aliviado. No sonaba tan mal como una Sirena. No creo que hubiese podido manejar eso. — ¿Qué significa eso exactamente? — Ni siquiera yo lo sé. En realidad no es sólo una cosa. Quiero decir, supuestamente una Natural puede hacer muchas más cosas que los otros Hechiceros. Ella lo dijo rápidamente, casi como si ella estuviese esperando que yo no lo haya oído, pero lo hice. Más que el resto de los Hechiceros. Más. No estaba seguro acerca de cómo me sentía acerca del más. Menos, podría haberme manejado con menos. Menos habría sido bueno. — Pero como tú viste esta noche, ni siquiera sé qué puedo hacer. Tomó el edredón que estaba entre nosotros, nerviosa. Tiré de su mano hasta que ella estaba tendida en la cama a mi lado, apoyada en su codo. — No me importa nada de eso. Me gustas tal como eres. — Ethan, tú apenas me conoces. El somnoliento calor estaba recorriendo mi cuerpo, y para ser honesto, no podría haberme importado menos lo que ella estaba diciendo. Se sentía tan bien el sólo estar cerca de ella, sosteniendo su mano, sólo con el edredón blanco entre nosotros. — Eso no es verdad. Sé que escribes poesía y sé acerca del cuervo de tu collar y sé que amas la soda de naranja y de tu abuela y de los Milk Duds que mezclas con tu popcorn. 147
  • 147. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Por un segundo, pensé que ella sonreiría. — Eso es prácticamente nada. — Es un comienzo. Ella me miró directamente a los ojos, con sus verdes ojos buscando en los míos azules. — Tú ni siquiera sabes mi nombre — Tu nombre es Lena Duchannes. — Okey, bueno, para principiantes, no lo es. Me empujé hasta quedar completamente sentado, y solté su mano. — ¿De qué estás hablando? — Que no es mi nombre. Ridley no estaba mintiendo acerca de eso. Algo de la conversación que se había sostenido comenzó a volver a mi mente. Recordé a Ridley diciendo algo acerca de que Lena no sabía su nombre real, pero no creí que hubiese sido literal. — Bueno, ¿Entonces, cuál es? — No lo sé. — ¿Es eso alguna de esas cosas de Hechiceros? — No realmente. La mayoría de los Hechiceros saben sus nombres verdaderos, pero mi familia es diferente. En mi familia, no conocemos nuestro nombre de nacimiento hasta que cumplimos los dieciséis años. Hasta ese momento, nosotros tenemos otros nombres. El de Ridley era Julia. El de Reece era Anabel. El mío es Lena. — Así que, ¿Quién es Lena Duchannes? — Yo soy una Duchannes, eso es lo más que sé. Pero Lena, ese es sólo un nombre con el que mi abuela comenzó a llamarme, porque ella pensaba que yo era tan flaca como un poroto verde Lena Poroto*. No dije nada por un segundo. Estaba tratando de asumirlo todo. — Okey, entonces tú no sabes tú primer nombre. Lo sabrás es un par de meses. — No es así de simple. No sé nada acerca de mí misma. Es por eso que estoy tan loca todo el tiempo. No sé mi nombré y no sé qué les ocurrió a mis padres. — Ellos murieron en un accidente, ¿verdad? *Rima que solo funciona en inglés (N. del T.) 148
  • 148. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas — Eso es lo que me dijeron, pero nadie en realidad habla sobre ello. No puedo encontrar ningún documento acerca del accidente, y nunca he visto sus tumbas ni nada. ¿Cómo podría siquiera saber que es cierto? — ¿Quién mentiría acerca de algo tan espeluznante como eso? — ¿Has conocido a mi familia? — Correcto. — Y ese monstruo que estaba en el piso de abajo, esa bruja, ¿la que casi te mató? Lo creas o no, solía ser mi mejor amiga. Ridley y yo crecimos juntas viviendo juntas en la casa de mi abuela. Nos mudábamos tanto que incluso compartíamos la maleta. — Es por eso por lo que ustedes no tienen acento. La mayoría de la gente nunca creería que ustedes hayan vivido en el Sur. — ¿Cuál es tu excusa? — Profesores, padres, y una jarra llena de cuartos de dólar cada vez que soltaba una G. Puse los ojos en blanco. — ¿Así que Ridley no vivió con la Tía Del? — No. La Tía Del sólo hace visitas en las vacaciones. En mi familia, tú no vives con tus padres. Es demasiado peligroso. Me contuve de hacerle mis siguientes cincuenta preguntas mientras Lena proseguía, como si hubiese estado esperando para contar esta historia por cerca de un millón de años. — Ridley y yo éramos como hermanas. Dormíamos en la misma pieza y fuimos educadas en casa juntas. Cuando nos mudamos a Virginia, convencimos a mi abuela de que nos dejara ir a una escuela normal. Queríamos hacer amigos, ser normales. La única vez que hablábamos con Mortales era cuando la Abuela nos llevaba a una de sus excursiones a los museos, a la ópera, o de almuerzo al Olde Pink House. — Entonces ¿Qué ocurrió cuando fueron a la escuela? — Fue un desastre. Nuestra ropa no era la apropiada, no teníamos televisión, cumplimos con todas nuestras tareas. Éramos unas perdedoras totales. — Pero pudieron pasar el tiempo con los Mortales. Ella no me miraba. — Nunca había tenido un amigo Mortal hasta que te conocí. — ¿En serio? — Sólo tenía a Ridley. Las cosas fueron así de malas para ella también, pero a ella no le importaba. Ella estaba demasiado ocupada asegurándose de que nadie me molestara. 149
  • 149. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Fue difícil imaginar a Ridley protegiendo a alguien. La gente cambia, Ethan. No tanto. Ni siquiera los Hechiceros. Especialmente los Hechiceros. Eso es lo que estoy tratando de explicarte. Ella alejó su mano de la mía. — Ridley comenzó a actuar de forma extraña, y luego los mismos tipos que la habían ignorado, comenzaron a seguirla a todas partes, esperándola luego de la escuela, peleándose por llevarla a casa. — Sí, bueno. Algunas chicas son así. — Ridley no es cualquier chica. Te lo dije, ella es una Sirena. Ella puede hacer que la gente haga cosas, cosas que normalmente ellos no querrían hacer. Y esos chicos estaban saltando por el barranco, uno por uno. Ella enrolló su collar alrededor de sus dedos y siguió hablando. — La noche anterior al día en el que Ridley cumpliera los dieciséis, la seguí hasta la estación de trenes. Ella estaba asustada de su mente. Ella decía de que se daba cuenta de que se estaba volviendo Oscura, y que ella tenía que alejarse antes de que hiriese a alguien que amaba. Antes de que me hiriese a mí. Soy la única persona a la que en realidad Ridley alguna vez amó. Ella desapareció esa noche, y nunca la volví a ver hasta hoy. Creo que después de lo que viste esta noche, es bastante obvio que ella se volvió Oscura. — Espera un segundo, ¿De qué estás hablando? ¿A qué te refieres con volverse Oscura? Lena respiró profundamente y vaciló, como si ella no estuviese segura de si ella en verdad quería darme la respuesta. — Tienes que decírmelo, Lena. — En mi familia, cuando cumples dieciséis, eres Reclamado. Tu destino está escogido para ti, y te conviertes en Luz, como la Tía Del y Reece, o te conviertes en Oscuridad, como Ridley. Oscuridad o Luz, Blanco o Negro. No hay gris en mi familia. No podemos escoger, y no podemos deshacerlo una vez que eres Reclamado. — ¿A qué te refieres con que no pueden escoger? — No podemos decidir si queremos ser Luz u Oscuridad, buenos o malos, como los Mortales y otros Hechiceros pueden hacerlo. En mi familia, no hay un futuro libre. Está decidido para nosotros, en nuestro cumpleaños número dieciséis. 150
  • 150. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Intenté comprender qué era lo que estaba diciendo, pero era demasiado loco. Había vivido con Amma el tiempo suficiente como para saber que había magia Blanca y Negra, pero era difícil creer que Lena no tenía elección acerca de cuál de las dos era. Quién era. Intenté comprender qué era lo que estaba diciendo, pero era demasiado loco. Había vivido con Amma el tiempo suficiente como para saber que había magia Blanca y Negra, pero era difícil creer que Lena no tenía elección acerca de cuál de las dos era. Quién era. Ella seguía hablando. — Es por eso por lo que no podemos vivir con nuestros padres. — ¿Qué tiene eso que ver? — No solía ser de esa manera. Pero cuando la hermana de mi abuela, Althea, se volvió Oscura, su madre no pudo enviar a Althea lejos. En ese entonces, cuando un Hechicero se volvía Oscuro, se suponía que ellos debían abandonar su casa y a su familia, por razones obvias. La madre de Althea pensó que podía ayudarla a combatirlo, pero no pudo, y cosas terribles comenzaron a suceder en el pueblo en donde vivían. — ¿Qué clase de cosas? — Althea era una Evolucionadora. Ellos son increíblemente poderosos. Ellos pueden influenciar a la gente como Ridley, pero también ellos pueden Evolucionar, convertirse en otras personas, en cualquiera. Una vez que ella se Convirtió, accidentes inexplicables empezaron a ocurrir en el pueblo. La gente estaba herida y finalmente una chica se ahogó. Ahí fue cuando la madre de Althea finalmente la envió lejos. Pensé que habíamos tenido problemas en Gaitlin. No podía imaginar a una versión más poderosa de Ridley merodeando todo el tiempo. — Entonces, ¿Ahora ninguno de ustedes puede vivir con sus padres? — Todos decidieron que sería demasiado difícil para los padres el darle la espalda a sus hijos si ellos se volvían Oscuros. Así que desde ese entonces, los niños viven con otros miembros de la familia hasta que son Reclamados. — Entonces, ¿Por qué Ryan vive con sus padres? — Ryan es… Ryan. Ella es un caso especial. Se encogió de hombros. Por lo menos, eso es lo que dice el Tío Macon cada vez que pregunto. 151
  • 151. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Todo sonaba tan subreal, la idea de que todos en su familia poseyeran poderes sobrenaturales. Ellos lucían como yo, como cualquier otra persona en Gaitlin, bueno, quizás no como todos, pero ellos eran completamente diferentes. ¿O no lo eran? Incluso Ridley, pasando el tiempo al frente del Stop&Steal, ninguno de los chicos habría sospechado que ella fuese otra cosa que no fuese una chica increíblemente sexy, quién obviamente estaba bastante confundida si me estaba buscando. ¿Cómo funciona? ¿Cómo llegas a ser un Hechicero en vez de sólo algún chico normal? — ¿Tus padres también estaban dotados?— Odiaba traer el tema de sus padres a colación. Sabía que era como hablar sobre tu pariente muerto, pero a este punto tenía que saberlo. — Sí. Todos en mi familia lo son. — ¿Cuáles eran sus dones? ¿Eran algo parecido a los tuyos? — No lo sé. La Abuela nunca dijo nada. Te lo dije, es como si nunca hubiesen existido. Lo cual me hace pensar, tu sabes. — ¿Qué? — Que quizás eran Oscuros, y yo me convertiré en una Oscura también. — No lo serás. — ¿Cómo lo sabes? — ¿Cómo puedo tener los mismos sueños que tú tienes? ¿Cómo es que sé en cuanto entro a una sala si has estado o no en ella? Ethan. Es verdad. Toqué su mejilla, y dije en voz baja, — No sé cómo lo sé. Simplemente lo sé. — Sé qué crees en ello, pero no puedes saberlo. Yo ni siquiera sé qué me va a ocurrir. — Esa es la basura más grande que he escuchado. Era como todo lo demás de esta noche; no quise decir lo que dije, por lo menos no en voz alta, pero estaba feliz de que lo hubiese hecho. — ¿Qué? — Toda esa basura acerca del destino. Nadie puede decidir lo que te pasará. Nadie más que tú. 152
  • 152. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas — No si eres una Duchannes, Ethan. Los otros Hechiceros, ellos pueden elegir, no nosotros, no mi familia. Cuando somos Reclamados a los dieciséis años, nos convertimos en Luz u Oscuridad. No hay destinos libres. Levanté su barbilla con mi mano. — Así que eres una Natural. ¿Qué hay de malo con eso? La miré a los ojos, y supe que iba a besarla, y sabía que no había nada de qué preocuparse mientras estuviésemos juntos. Y creí, por ese segundo, que siempre lo estaríamos. Dejé de pensar sobre el libro de jugadas de básquetbol de Jackson y finalmente le dejé ver cómo me sentía, qué era lo que había en mi mente. Qué era lo que estaba a punto de hacer, y cuánto tiempo me había tomado obtener el valor para hacerlo. Oh. Sus ojos se abrieron, y se pusieron más grandes y vedes, si es que eso era posible. — Ethan —no lo sé. Me incliné y besé sus labios. Tenían un sabor salado, como sus lágrimas. Esta vez no fue calor, sino electricidad, que recorrió desde mi boca hasta los dedos de mis pies. Podía sentir un hormigueo en la yema de mis dedos. Era como hundir un lápiz en una toma de corriente, a lo cual Link me había retado cuando tenía ocho años. Ella cerró los ojos y me acercó a ella, y por un minuto, todo fue perfecto. Ella me besó, con sus labios sonriendo entre los míos, y supe que ella había estado esperándome, quizás por tanto tiempo como yo la había estado esperando a ella. Pero entonces, tan rápido como se había abierto a mí, se cerró. O más exactamente, me empujó hacia atrás. — Ethan, no podemos hacer esto. — ¿Por qué no? Pensé que sentíamos los mismo el uno por el otro. O quizás no lo hacíamos. Quizás ella no se sentía así. Estaba mirándola fijamente, desde el fin de sus manos estiradas que seguían apoyadas en mi pecho. Ella probablemente estaba sintiendo lo rápido que estaba latiendo mi corazón. — No es eso… Ella empezó a alejarse, y yo estaba seguro de que ella estaba a punto de echarse a correr como lo había hecho el día que encontramos el relicario en Greenbrier, como la noche en la que ella me dejó parado en mi porche. Puse mi mano en su muñeca, e instantáneamente sentí el calor. — Entonces, ¿qué es? 153
  • 153. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Ella me miró de vuelta, y yo intenté escuchar sus pensamientos, pero no obtuve nada. — Sé que tú crees que yo tengo una opción acerca de lo que va a ocurrirme, pero no la tengo. Y lo que Ridley hizo esta noche, eso no era nada. Ella podría haberte matado, y quizás lo habría hecho si yo no la hubiese detenido. Ella respiró profundamente, con sus ojos brillando. — Eso es en lo que yo podría convertirme, un monstruo, lo creas o no. Deslicé mis brazos de vuelta alrededor de su cuello, ignorándola. Pero ella prosiguió. — No quiero que me veas en esa forma. — No me importa. Besé su mejilla. Ella se bajó de su cama, sacando su brazo del agarre de mi mano. 122. Ciento veintidós días más, manchado con tinta azul, como si eso fuese todo lo que teníamos. — Lo entiendo. Tú estás asustada. Pero vamos a encontrar algo que hacer. Se supone que debemos estar juntos. — No. Tú eres un Mortal. Tú no puedes entenderlo. No quiero ver que salgas herido, y eso es lo que te va a ocurrir si te acercas demasiado a mí. — Demasiado tarde. Había escuchado cada palabra de lo que ella había dicho, pero yo sólo sabía una cosa. Yo estaba metido hasta el fondo. 154
  • 154. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas 09 de Octubre LOS GRANDES T enía sentido cuando una bella chica lo estaba diciendo. Ahora que estaba de vuelta en casa, solo, y en mi propia cama, finalmente lo estaba perdiendo. Incluso Link no creería nada de esto. Traté de pensar acerca de cómo pudo darse la conversación, la chica que me gusta, cuyo nombre real no conozco, es una bruja — perdón, una hechicera, de toda una familia de hechiceros, y en cinco meses va a saber, esencialmente, si es buena o mala. Y que puede hacer huracanes en el interior y romper vidrios de ventanas. Y yo puedo ver en el pasado, cuando toco el relicario loco de Amma y Macon Ravenwood, lo que no es realmente una parada en lo absoluto, me hace querer enterrarlo. Un medallón que se materializo en el cuello de una mujer en una pintura en Ravenwood, que por cierto, no es una mansión embrujada, sino una casa perfectamente restaurada que cambia por completo cada vez que voy allí, a ver a una chica que me quema y me choca y me destruye con un solo toque. A la que bese. Y ella me besó de vuelta. Era demasiado increíble, incluso para mí. Me di la vuelta. Lagrimeos. El viento estaba rompiendo mi cuerpo. Yo me agarre del árbol, mientras él me golpeaba, el sonido de su grito desgarrador en mis oídos. Todo a mi alrededor, el viento se arremolinaba, luchando entre sí, su velocidad y fuerza se multiplicaban cada segundo. El granizo llovía como el cielo se habría. Tenía que salir de aquí. Pero no había a donde ir. 155
  • 155. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas — Déjame ir, Ethan. ¡Sálvate a ti mismo! Yo no la veía. El viento era demasiado fuerte, pero la sentía. La estaba sosteniendo su muñeca con tanta fuerza, que yo estaba seguro de que la rompería. Pero no me importo, yo no la solté. El viento cambió de dirección, me levantaba del suelo. Yo me agarre del árbol más fuerte, y de su muñeca aun más apretada. Pero yo podía sentir la fuerza del viento mientras nos rasgaba aparte. Me aleja del árbol, lejos de ella. Sentí su muñeca deslizándose entre mis dedos. No podía aguantar más. Me desperté tosiendo. Todavía podía sentir la quemazón del viento en mi piel. Como si mi cercana experiencia a la muerte en Ravenwood no fuera suficiente, ahora los sueños volvían. Era demasiado para una noche, incluso para mí. La puerta de mi habitación estaba abierta, lo que era extraño, teniendo en cuenta que Yo había estado bloqueando mi puerta en la noche últimamente. Lo último que necesitaba era de Amma plantando un hechizo vudú loco en mí durante mi sueño. Estaba seguro de que la había cerrado. Miré hacia mi techo. El sueño no estaba en mi futuro. Suspiré y me recosté en todo el marco de la cama. Encendí la vieja lámpara de tormentas* junto a mi cama y saque el marcador de libros desde donde lo había dejado en — Snow Crash, cuando oí algo. ¿Pasos? Venía de la cocina, débil, pero todavía los oía. Tal vez mi papá estaba tomando un descanso de la escritura. Tal vez esto nos daría la oportunidad de hablar. Quizás. Pero cuando llegué a la parte inferior de la escalera, yo sabía que no era él. La puerta de su estudio estaba cerrada y la luz venía de la grieta debajo de la puerta. Tenía que ser Amma. Tan pronto como pase en la puerta de la cocina, la vi correteando por el pasillo hacia la sala, en la medida en que Amma pudiera corretear. Oí que la puerta transparente en la parte posterior de la casa sonar y cerrarse. Alguien venia o iba. Después de todo lo que había ocurrido esa noche, era una importante distinción. Caminé hacia el frente de la casa. Había un viejo, destartalado camión, con un horno de los cincuenta, estacionado por la acera. Amma estaba apoyada en la ventana hablando con el conductor. Le entregó su bolso y se subió a la camioneta. ¿A dónde iba en el medio de la noche? Tenía que seguirla. Ir tras la mujer que puede muy bien haber sido mi madre cuando se metía en un coche por la noche, con un hombre extraño a la conducción de un *Lámparas que prenden con gasoil o aceite (N. del T.) 156
  • 156. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Junker, era una cosa difícil de hacer si tú no tenías un coche. No tenía elección. Tuve que tomar el Volvo. Era el coche que mi mamá había estado conduciendo cuando tuvo el accidente, que era lo primero que pensaba cada vez que lo veía. Me metí detrás del volante. Olía a papel viejo y Windex, al igual que lo había hecho siempre. Conducir sin las luces encendidas fue más complicado de lo que pensaba que sería, pero sabía que la camioneta se dirigía hacia Wader's Creek. Amma debe haber estado yendo a casa. La camioneta salió de la carretera 9, hacia el país de atrás. Cuando finalmente se estaciono y tiró a un lado de la carretera, apague el motor y guíe el Volvo con el hombro. Amma abrió la puerta y la luz del interior se encendió. Mire en la oscuridad. Reconocí al conductor, era Carlton Eaton, el administrador del correo. ¿Por qué Amma le habría de pedir a Carlton Eaton un aventón en el medio de la noche? Nunca los había visto hablar entre sí antes. Amma dijo algo a Carlton y cerró la puerta. El camión se fue de nuevo a la carretera sin ella. Me bajé del coche y la seguí. Amma era una criatura de costumbres. Si algo había conseguido que se volviera tan trabajadora y que se arrastrara hacia el pantano en el medio de la noche, yo podía adivinar que esto involucraba a más de uno de sus clientes habituales. Ella desapareció en la maleza, un camino de ripio que alguien había tenido una gran cantidad de problemas para hacer. Caminó a lo largo de la ruta de acceso en la oscuridad, el crujido de grava debajo de los pies. Entré en la hierba siguiendo su ruta para evitar que el mismo sonido crujiente, que me habría delatado por seguro. Me dije que era porque quería ver por qué Amma se estaba escabullendo fuera de la casa en medio de la noche, pero sobre todo me daba miedo que me atrapara siguiéndola. Es fácil ver cómo Creek Wader obtuvo su nombre, ya que en realidad te tenías que vadear a través de estanques de agua negra para llegar, al menos la forma en que Amma nos llevaba. Si no hubiese habido luna llena, me habría roto el cuello tratando de seguirla a través del laberinto de pantano, encinas y matorrales. Estábamos cerca del agua. Podía sentir el pantano en el aire, caliente y pegajoso como una segunda piel. El borde del pantano estaba alineado con unas plataformas planas hechas de troncos de madera de ciprés atadas con cuerdas, los transbordadores de los pobres. Ellos se alineaban a lo largo de la orilla como los taxis, esperando para llevar a las personas a través del agua. Pude ver Amma en la luz de la luna, haciendo pericias para 157
  • 157. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas equilibrarse sobre una de las plataformas, empujando hacia fuera de la orilla con un largo palo que utilizaba como un remo para cruzar al otro lado. Yo no había estado en casa de Amma en años, pero me habría acordado de esto. Debemos habernos ido de otra manera en aquel entonces, pero era imposible de saber en la oscuridad. Lo único que podía ver era cómo se pudrían las plataformas, cada una parecía tan inestable como la siguiente. Así que tome una. De maniobra de la plataforma era mucho más difícil de lo que Amma lo hizo ver. Cada pocos minutos, se oía un chapoteo, cuando la cola de un caimán caía al agua, y se deslizaba en el pantano. Me alegré de que no hubiera considerado rodearlo. Empujé contra el suelo del pantano con mi propio palo largo por última vez, y toque el borde del banco de la plataforma con éxito. Cuando entré en la arena, pude ver la casa de Amma, pequeña y modesta, con una sola luz en la ventana. Los marcos de las ventanas fueron pintadas el mismo tono de azul como los demás en Wate's. La casa estaba hecha de ciprés, como si fuera parte del mismo pantano. Había algo más, algo en el aire. Fuerte y poderoso, como los limones y el romero. Y esto era poco probable, por dos razones. El Jazmín de la Confederación no florecía en el otoño, sólo en la primavera, y no crecía en el pantano. Sin embargo, allí estaba. El olor era inconfundible. Había algo imposible en el, como todo lo demás en esta noche. Vi la casa. Nada. Tal vez acababa de decidir volver a casa. Tal vez mi papá sabía que se iba, y yo estaba dando vueltas en el medio de la noche, con el riesgo de ser comido por cocodrilos para nada. Estaba a punto de devolverme atrás a través del pantano, deseando haber dejado migas de pan en mi camino hasta aquí, cuando la puerta se abrió de nuevo. Amma estaba en la luz de la puerta, poniendo las cosas que no podía ver a su buena cartera de patentes de cuero. Tenía puesto su mejor vestido de la iglesia de lavanda, guantes blancos y un sombrero a juego de fantasía con flores a su alrededor. Iba de nuevo en movimiento, en dirección hacia el pantano. ¿Iba ella al pantano usando eso? Por mucho que no gozaba de la caminata a la casa de Amma, penosamente a través de la ciénaga en mis jeans era peor. El barro era tan espeso que sentía como si estuviera tirando mis pies de cemento cada vez que daba un paso. Yo no sabía cómo Amma iba a ser capaz de pasar a través de este, con su vestido, a su edad. Amma parecía saber exactamente a dónde iba, deteniéndose en un claro de hierba alta y las malas hierbas de barro. Las ramas de los árboles de ciprés se enredaban con sauces llorones, creando un dosel. Un escalofrío recorrió mi espalda, aunque todavía 158
  • 158. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas había setenta grados aquí. Incluso después de todo lo que había visto esta noche, había algo espeluznante acerca de este lugar. Había neblina que en el agua, se filtraba desde los lados, como el vapor empujando fuera de la tapa de una olla en ebullición. Me acerqué aun más. Ella estaba tirando algo de su bolso, el cuero blanco brillaba en la luz de la luna. Huesos. Parecían huesos de pollo. Ella dijo algo sobre los huesos, y los puso en una bolsa pequeña, no muy diferente de la bolsa que me había dado para someter el poder del medallón. Pesco alrededor de la bolsa de nuevo, sacó una toalla de mano de lujo, de las que encontraría en una sala de limpieza, y la utilizó para limpiar el barro de su falda. Hubo leve luces blancas en la distancia, como luciérnagas parpadeando en la oscuridad, y la música, lenta, música sensual y la risa. En algún lugar, no tan lejos, la gente estaba bebiendo y bailando en el pantano. Miró hacia arriba. Algo le había llamado la atención, pero yo no oí nada. — Es mayo, así que muéstrate. Sé que estás ahí. Me quedé inmóvil, preso del pánico. Ella me había visto. Pero no era yo al que estaba hablando. Fuera de la bruma sofocante entró Macon Ravenwood, fumando un cigarro. Parecía relajado, como si acabara de salir de un coche con chofer, en lugar de vadear a través del agua negra y sucia. Estaba impecablemente vestido, como de costumbre, en una de sus camisas blancas y frescas. Y él estaba impecable. Amma y yo estábamos cubiertos de barro y pantano de hierba hasta las rodillas, y Macon Ravenwood estaba allí, sin ni siquiera una mota de polvo en el. — Ya era hora. Usted sabe que no tengo toda la noche, Melquisedec. Tengo que volver. Y yo no considero amable ser convocado aquí afuera, lejos del camino de la ciudad. Es simplemente de mala educación. Sin mencionar, inconveniente. Ella Olfateó. — Incómodo, querrás decir. I. N. C. O. M. O. D. O. S. — 9 Vertical. Deletreé en mi cabeza. — He tenido una noche muy agitada, Amarie, pero esta cuestión requiere nuestra atención inmediata. — Macon dio unos pasos hacia adelante. Amma retrocedió y señaló con el dedo huesudo en su dirección. — Tú te quedas dónde estás. No me gusta estar aquí contigo en esta extraña noche. No me gusta ni un poquito. Tú te quedas así mismo, y yo seguiré aquí. Dio un paso atrás casualmente, haciendo anillos de humo en el aire. 159
  • 159. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas — Como iba diciendo, algunos sucesos requieren de nuestra atención inmediata. — Exhaló, un suspiro de humo. — 'La luna, cuando es más completa, está más alejada del sol. Por Citar a nuestros buenos amigos, los Clergy. — No me hables fino y poderoso conmigo, Melquisedec. ¿Qué es tan importante que usted necesita que me salga de la cama en medio de la noche? — Entre otras cosas, el medallón de Genevieve. Amma casi gritó, sosteniendo el pañuelo sobre su nariz. Ella claramente no podía ni soportar escuchar la palabra medallón. — ¿Qué hay de eso? Te dije que lo envolví, y yo le dije a él que lo llevara de nuevo a Greenbrier y que lo enterrara. No puede causar ningún daño si está de vuelta en la tierra. — Incorrecta en el primer conteo. Mal en el segundo. Él Todavía lo tiene. Me lo mostró en la santidad de mi propia casa. Aparte de que, no estoy seguro que algo pueda detener a tan oscuro talismán. — En su casa... cuando estuvo en su casa? Le dije que se mantuviera alejado de Ravenwood. Ahora estaba visiblemente agitada. Genial, Amma iba a encontrar alguna forma para que pagara más tarde. — Bueno, tal vez usted podría considerar acortarle la correa. Evidentemente, no es muy obediente. Yo le advertí que esa amistad podría ser peligrosa, que podría convertirse en algo más. Un futuro entre los dos es imposible. Amma estaba mascullando entre dientes en la forma en que siempre lo hacía cuando yo no la escuchaba. — Él siempre me hacía caso hasta que conoció a su sobrina. Y no me culpes. Nosotros no estarían en esta situación si no la hubieses traído aquí, en primer lugar. Yo me ocuparé de esto. Le diré que él no puede verla nunca más. — No seas absurda. Son adolescentes. Cuanto más tratamos de mantenerlos separados, más tratarán de estar juntos. Esto no será un problema una vez que ella sea reclamada, si lo ponemos así de lejos. Hasta entonces, controla al chico, Amarie. Es sólo por unos pocos meses más. Las cosas son suficientemente peligrosas, sin él haciendo un lío aún mayor de la situación. — No me hable de líos, Melquisedec Ravenwood. Mi familia ha limpiado los líos de su familia durante más de cien años. Me he guardado tus secretos, al igual que has guardado los míos. 160
  • 160. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas — Yo no soy el vidente que no pudo prever la búsqueda del medallón. ¿Cómo explica eso? ¿Cómo tus amigos espíritus pudieron perder eso? — Hizo un gesto a su alrededor con su cigarro, con sarcasmo. Ella Se dio la vuelta, con los ojos salvajes. ¿No insultes a los Grandes. No aquí, no en este lugar. Tienen sus razones. Debe de haber una razón por la que no lo revelaron. — Se apartó de Macon. — Ahora no lo escuchen. Les he traído algo de camarón, grits y tarta de limón.— Ella claramente no estaba hablando con Macon. — Su favorito — , dijo, tomando la comida de los recipientes de Tupperware y organizándola sobre un plato. Dejó el plato en el suelo. Había una pequeña lápida junto a una placa, y varios otros dispersos cercanos. — Esta es nuestra Casa tátara, la casa tátara de mi familia, ¿me oyes? Mi tátara—tía Sissy. Mi tátara—tío Abner. Mi tátara—tátara—tátara—tátara—abuela Sulla. ¿No faltes el respeto a los grandes en su casa? Usted quiere respuestas, muestre un poco de respeto. — Pido disculpas. Ella esperó. — En verdad. Ella suspiró. — Y cuidado con sus cenizas. No hay ningún cenicero en esta casa. Mala costumbre. El tiró su cigarro en el musgo. — Ahora, vamos a hacer lo que debemos. No tenemos mucho tiempo. Tenemos que saber el paradero de Saraf… — Shh— , dijo entre dientes. — No digas su nombre, no esta noche. No deberíamos estar aquí. De media luna funciona para la magia blanca y luna llena para la Negra. Estamos aquí en la noche equivocada. — No tenemos elección. Hubo un muy desagradable episodio esta noche, me temo. Mi sobrina, que se transformó el día de su reclamación, se presentó esta noche en la reunión. — ¿La hija de Del? ¿Esa bebida oscura es un peligro? — Ridley. Sin invitación, obviamente. Cruzó el umbral de mi casa con el chico. Necesito saber si fue una coincidencia. 161
  • 161. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas — No es bueno. No es bueno. Esto no es bueno. — Amma se balanceaba sobre sus talones, furiosamente. — ¿Y bien? — No hay coincidencias. Usted lo sabe. — Por lo menos podemos estar de acuerdo en eso. Mi mente no encontraba sentido alrededor de todo esto. Macon Ravenwood nunca ponía un pie fuera de su casa, pero allí estaba, en el centro del pantano, discutiendo con Amma— y ni siquiera tenía idea de que se conocieran— de mí y de Lena y el medallón. Amma revolvió en su bolso de nuevo. — ¿Trajiste el whisky? Tío Abner ama a su Wild Turkey* Macon tendió la botella. — Póngalo ahí,— dijo, señalando a la tierra, — un paso atrás y allá. — Veo que aún tiene miedo de tocarme después de todos estos años. — Yo no tengo miedo de nada. Mantenlo para ti mismo. Yo no te pregunto sobre tus negocios, y yo no quiero saber nada al respecto. Puso la botella en el suelo a pocos metros de Amma. Lo recogió, vertió el whisky en un vaso, y se lo bebió. Yo nunca la había visto beber nada más fuerte a Amma que el té dulce en toda mi vida. Luego sirvió un poco del licor en la hierba, que cubría la tumba. — Tío Abner, estamos en la necesidad de tu intercesión. Llamo a tu espíritu a este lugar. Macon tosió. — Estás colmando mi paciencia, Melquisedec.— Amma cerró los ojos y abrió los brazos hacia el cielo, con la cabeza echada hacia atrás como si estuviera hablando con la luna misma. Se agachó y sacudió la pequeña bolsa que había sacado de su bolsillo. El contenido se derramó sobre la tumba. Huesos de pollo pequeños. Tenía la esperanza de que no fueran los huesos de la canasta de pollo frito que había guardado esta tarde, pero tuve la sensación de que podrían haber sido. — ¿Qué dicen?— Macon preguntó. Ella pasó los dedos sobre los huesos, aventándolos sobre la hierba. *Nombre del whisky (N. del T.) 162
  • 162. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas — No estoy recibiendo una respuesta. Su perfecta compostura comenzó a resquebrajarse. — ¡No tenemos tiempo para esto! ¿De qué sirve ser una vidente si no puedes ver nada? Tenemos menos de cinco meses antes de que cumpla los dieciséis años. Si ella se convierte, ella nos maldecirá a todos nosotros, a los mortales y los hechiceros por igual. Tenemos una responsabilidad, una responsabilidad que asumimos de buen grado mucho tiempo, mucho tiempo atrás. Tú a mortales, y yo a mis hechiceros. — Yo no necesito que me recuerdes acerca de mis responsabilidades. Y mantén tu voz baja, ¿me oyes? Yo no necesito ninguna reunión de mis clientes aquí ni que nos vean juntos. — ¿Cómo sería eso? ¿Una miembro respetable de la comunidad como yo? No líes con mi negocio, Melquisedec. — Si no encuentra dónde está Saraf, donde está ella y que está planeando, tendremos mayores problemas en las manos que tus negocios defectuosos, Amarie. — Ella es una oscura. Nunca se sabe en qué dirección el viento soplará con eso. Es como tratar de ver donde golpea un tornado. —Aun así. Necesito saber si se va a tratar de hacer contacto con Lena. — No, si. Cuando. Amma cerró los ojos, tocando el amuleto en el collar que nunca se quitaba. Era un disco, grabado con lo que parecía un corazón con algún tipo de Cruz saliendo de la parte superior. La imagen la vi miles de veces Amma frotándolo, como estaba haciendo ahora. Ella hablaba en voz baja una especie de canto en un idioma que no entendía, pero había oído antes en alguna parte. Macon paseaba impaciente. Cambié de entre la maleza, tratando de no hacer ruido. — No puedo leerlo esta noche. Esta turbia. Creo que el tío Abner está de mal ánimo. Estoy segura que fue algo que usted ha dicho. Esto debe haber sido su punto de ruptura, porque la cara de Macon había cambiado, su piel pálida estaba brillando en las sombras. Cuando se adelantó, los ángulos agudos de su cara se convirtieron en una aterradora luna. — Basta de estos juegos. Una hechicera oscura entró en mi casa esta noche, lo que en sí mismo es imposible. Llegó con su hijo, Ethan, lo que puede significar sólo una cosa. Él tiene poderes, y has estado escondiéndolo de mí. — Tonterías. Ese muchacho no tiene un poder más de lo que yo tengo una cola. 163
  • 163. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas — Estás equivocada, Amarie. Pregúntale a los grandes. Consulte a los huesos. No hay otra explicación. Tenía que ser Ethan. Ravenwood está protegida. Una hechicera oscura nunca podría evitar ese tipo de protección, no sin alguna forma de gran alcance que la ayude. — Usted ha perdido la razón. Él no tiene ningún tipo de poder. He criado a ese niño. ¿No Crees que lo conozco? — Estás equivocada esta vez. Estás demasiado cerca de él, esta nublando tu visión. Y hay demasiado en juego ahora para los errores. Ambos tenemos nuestros talentos. Te lo advierto, hay más en el chico que cualquiera de nosotros podríamos imagina. — Voy a preguntarle a los grandes. Si hay algo para saber ellos se aseguraran de que lo sepa. Que No se te olvide, Melquisedec, tenemos que luchar tanto con los muertos como con los vivos y eso no es tarea fácil. — Ella revolvió en su bolso y sacó una cadena con pequeñas cuentas con hileras de aspecto sucio. — Huesos de Cementerio. Tómalos. Los grandes quieren que tú la tengas. Protege el espíritu de los espíritus, y, la muerte de los muertos. No sirve de nada para nosotros, la gente Mortal. Dáselo a tu sobrina, Macon. No le hará daño a ella, pero podría mantener a la hechicera oscura lejos. Macon tomó la cuerda, sujetándola entre dos dedos, y luego la dejo caer en un pañuelo, como si fuera un gusano particularmente desagradable. — Estoy agradecido. Amma tosió. — Por favor. Diles que, estoy agradecido. Mucho.— Miró a la luna como si estuviera controlando su reloj. Y luego se volvió y desapareció. Disuelto en la niebla del pantano, como si se hubiese evaporado en la brisa. 164
  • 164. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas 10 de Octubre EL SUÉTER ROJO A penas me había acostado en mi cama cuando el sol salió, y estaba cansado—cansado hasta los huesos, como diría Amma. Ahora estaba esperando a Link en la esquina. Incluso cuando era un día soleado, yo estaba cubierto por mi propia sombra personal. Y me estaba muriendo de hambre. No había sido capaz de enfrentarme a Amma en la cocina esta mañana. Una mirada a mi cara le hubiera revelado todo lo que vi anoche, y todo lo que sentía, y eso era algo a lo que no podía arriesgarme. No sabía que pensar. Amma, en quien confiaba más que nadie, tanto como a mis padres, tal vez más − me estaba ocultando cosas. Ella conocía a Macon, y los dos querían mantenernos alejados a Lena y a mí. Todo estaba relacionado con el relicario, y el cumpleaños de Lena. Y peligro. No podía relacionarlo todo, no por mí mismo. Tenía que hablar con Lena. Era todo en lo que podía pensar. Así que cuando el coche fúnebre salió a la vista en la esquina, en lugar del Beater, no debería haberme sorprendido. —Me imagino que lo escuchaste.— Me deslicé en el asiento, tirando mi mochila en el suelo en frente mío. 165
  • 165. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —¿Escuchar qué?— Ella sonrío, casi tímida, empujando una bolsa hacia mi asiento. — Escuché que te gustan las rosquillas. Podía escuchar tu estomago rugiendo durante todo el camino desde Ravenwood. Nos miramos incómodamente. Lena bajó la mirada, avergonzada, retorciendo un hilo suelto de un suéter rojo tejido, que se veía como algo que las Hermanas hubieran podido tener en algún lugar de su ático. Conociendo a Lena, no era del centro comercial en Summerville. ¿Rojo? ¿Desde cuándo usaba rojo? Ella no estaba teniendo un mal día; acababa de salir de uno. Ella no había escuchado mis pensamientos. Ella no sabía lo de Amma y Macon. Ella simplemente quería verme. Supongo que algo de lo que dije anoche quedó claro. A lo mejor ella quería que tuviéramos una oportunidad. Yo sonreí, abriendo la bolsa de papel blanco. —Espero que tengas hambre. Tuve que pelear con el policía gordo por ellas. Ella avanzó por la curva en el coche fúnebre. —Así que, ¿simplemente se te ocurrió recogerme para ir a la escuela?— Eso era algo nuevo. —Nop— Ella bajó la ventanilla, la brisa de la mañana soplaba por su cabello formando ondas. Hoy se trataba tan sólo del viento. —¿Tienes algo mejor en mente? Toda su cara se iluminó. —¿Crees que hay una mejor forma de pasar un día como este que en la escuela? Ella estaba feliz. Mientras giraba el auto, noté su mano. Sin tinta. Sin números. Sin cumpleaños. Ella no tenía preocupaciones, hoy no. 120. Lo sabía, como si estuviera escrito con tinta invisible sobre mi propia mano. Ciento veinte días faltaban, para que pasara lo que fuera que asustaba tanto a Macon y a Amma. Miré hacia la ventana, cuando giramos por la Ruta 9, deseando que pudiéramos estar así por un rato más. Para cuando llegamos a Summerville, ya sabía a dónde nos 166
  • 166. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas dirigíamos. Sólo había un lugar al que los chicos como nosotros iban a Summerville, cuando no se trataba de las tres últimas filas del Cineplex. El coche fúnebre se abrió camino por la arena detrás de la torre de agua al borde del camino. —¿Vamos a aparcar aquí? ¿En la torre de agua? ¿Ahora?— Link nunca creería esto. El motor se apagó. Nuestras ventanillas estaban abajo, todo estaba tranquilo, y la brisa entraba por su ventana hacia la mía. ¿No es eso lo que la gente hace aquí? Si, no. No la gente como nosotros. No en un día de escuela. Por una vez, ¿Podríamos se ellos? ¿Siempre tenemos que ser nosotros? Me gusta como somos. Ella soltó su cinturón de seguridad y yo el mío, acercándola y sentándola en mí regazo. Podía sentirla, cálida y feliz, extendiéndose hacia mí. ¿Así que de esto se trata aprovecharse del parqueadero? Ella se rió, inclinándose para apartar mi cabello de mis ojos. —¿Qué es eso?— Agarré su brazo derecho. Estaba colgando de su muñeca, el brazalete que Amma le había dado a Macon, anoche en el pantano. Mi estómago se retorció, y sabía que el buen humor de Lena estaba a punto de cambiar. Tenía que contárselo. —Mi tío me lo regaló. —Quítatelo. —¿Por qué?— Ella alejó su brazo de mí. —Algo pasó anoche. —¿Qué pasó? —Después de que llegué a casa, seguí a Amma hasta el Lago Wader, donde ella vive. Ella salió de su casa en medio de la noche a encontrarse con alguien en el pantano. —¿Quién? —Tu tío. —¿Qué estaban haciendo allí?— Su cara se había puesto totalmente blanca, y podía darme cuenta que la parte de aprovecharnos del parqueadero del día había terminado. 167
  • 167. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —Ellos estaban hablando sobre ti, sobre nosotros. Y el camafeo. Ahora ella estaba prestando atención. —¿Qué pasa con el camafeo? —Es algún tipo de talismán oscuro, lo que sea que eso significa, y tu tío le dijo a Amma que yo nunca lo enterré. Ellos estaban realmente asustados por eso. —¿Como supieron ellos que se trata de un talismán? Estaba comenzando a enojarme. Ella no parecía estar enfocándose en lo realmente importante. —¿Qué hay sobre cómo se conocieron, en primer lugar? ¿Tenías alguna idea de que tu tío conocía a Amma? —No, pero yo no conozco a todas las personas que él conoce. —Lena, ellos estaban hablando sobre nosotros. A cerca de mantenernos alejados del camafeo, y mantenernos alejados el uno del otro. Tengo el presentimiento de que ellos piensan que yo soy algún tipo de amenaza. Como si me estuviera interponiendo en su camino, o algo. Tu tío piensa—— —¿Qué? —Él piensa que yo tengo algún tipo de poder. Ella se río en voz alta, lo que me molestó aún más. —¿Y por qué pensaría eso? —Por qué yo llevé a Ridley a Ravenwood. Él dijo que yo necesitaba tener algún tipo de poder, para hacerlo. Ella frunció el seño. —Tiene razón. Esa no era la respuesta que yo esperaba. —Estás bromeando, ¿verdad? Si tuviera poderes, ¿no crees que lo sabría? —No lo sé. Tal vez ella no lo sabía, pero yo sí. Mi padre era un escritor y mi madre había pasado sus días leyendo los diarios de Generales de la Guerra Civil muertos. Yo estaba tan lejos de ser un Hechicero como era posible, a menos que preocupar a Amma contara como poder. Obviamente había algún tipo de falla que había permitido entrar a Ridley. Uno de los cables en el sistema de seguridad de los Hechiceros había fallado. Lena debía haber estado pensando lo mismo. —Relájate. Estoy segura de que existe una explicación. Así que Amma y Macon se conocen. Ahora lo sabemos. —No pareces muy disgustada por eso. 168
  • 168. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —¿A qué te refieres? —Ellos han estado mintiéndonos. Los dos. Encontrándose en secreto, tratando de separarnos. Tratando de que nos deshagamos del camafeo. —Nunca les preguntamos si se conocían. ¿Por qué estaba actuando así? ¿Por qué no estaba molesta, o enojada, o algo? —¿Por qué deberíamos? ¿No crees que es extraño que tu tío esté afuera en el pantano en medio de la noche con Amma, hablando con espíritus y leyendo huesos de pollo? —Es raro, pero estoy segura de que ellos sólo están tratando de protegernos. —¿De qué? ¿De la verdad? Ellos estaban hablando de algo más, también. Ellos estaban tratando de encontrar a alguien, Sara algo. Y a cerca de como tú puedes condenarnos a todos si cambias. —¿De qué estás hablando? —No lo sé. ¿Por qué no le preguntas a tu tío? A ver si te dice la verdad de una vez por todas. Me había excedido. —Mi tío está arriesgando su vida para protegerme. El siempre ha estado ahí para mí. Él me recibió incluso cuando sabe que me puedo convertir en un monstruo en unos pocos meses. —¿De qué te está protegiendo realmente? ¿Al menos lo sabes? —¡De mí misma!— Gritó ella. Eso fue todo. Ella abrió la puerta y se bajó de mi regazo, hacia el campo de afuera. La sombra de la gigante torre de agua blanca nos escudaba, pero el día ya no parecía tan soleado. Donde había habido un cielo sin nubes hace unos minutos, ahora había manchas de gris. La tormenta se estaba acercando. Ella no quería hablar sobre ello, pero a mí no me importaba. —Esto no tiene sentido. ¿Por qué se está encontrando con Amma en medio de la noche para decirle que aún tenemos el camafeo? Y más importante, ¿Por qué no quieren que estemos juntos? Éramos solo nosotros dos, gritando en un campo. La brisa estaba convirtiéndose en un fuerte viento. El cabello de Lena comenzó a girar a su alrededor. Ella gritó —No lo sé... Los padres siempre están tratando de separar a los adolecentes, es lo que hacen. Si tú quieres saber por qué, a lo mejor deberías preguntarle a Amma. Ella es la que me odia. Ni siquiera puedo recogerte en tu casa porque te preocupa que nos vea juntos. 169
  • 169. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas El nudo que se estaba formando en mi estomago se apretó. Estaba enojado con Amma, más enojado que nunca en toda mi vida, pero aún la amaba. Ella era la que había dejado cartas del hada de los dientes debajo de mi almohada, curado cada herida en mis rodillas y lanzado miles de bolas de beisbol cuando estaba tratando de entrar a la liga de menores. Y desde que mi madre murió y mi padre desapareció, Amma era la única que se preocupaba por mí, a quien le importaba o incluso notaba si faltaba a la escuela o perdía un juego. Yo quería creer que ella tenía una explicación para todo esto. —Es que tú no la comprendes. Ella cree que está... —¿Qué? ¿Protegiéndote? ¿Como mi tío está tratando de protegerme? ¿Alguna vez se te ocurrió que los dos están tratando de protegerte de lo mismo... de mi? —¿Por qué siempre tienes que decir eso? Ella se alejó de mí, parecía a punto de correr. —¿Qué más puedo decir? De eso se trata todo esto. Ellos están asustados de que te hiera a ti o a alguien más. —Estás equivocada. Esto se trata del camafeo. Hay algo que ellos no quieren que sepamos. Busqué en mi bolsillo, tratando de encontrar la familiar forma envuelta en el pañuelo. Después de lo de anoche, no había forma de que lo dejara fuera de mi vista. Estaba seguro de que Amma lo iba a buscar hoy, y si ella lo llegara a encontrar no lo volvería a ver nunca. Lo puse sobre el techo del auto. —Necesitamos saber que pasa después. —¿Ahora? —¿Por qué no? —Ni si quiera sabes si va a funcionar. Comencé a desenvolverlo. —Sólo hay una forma de saberlo. Tomé su mano, incluso cuando ella trató de alejarla. Toqué el suave metal − La luz de la mañana se volvió más y más brillante hasta que fue todo lo que podía ver. Sentí la familiar sensación de ser llevado ciento cincuenta años atrás. Entonces una sacudida. Abrí mis ojos. Pero en lugar de un campo lodoso y llamas en la distancia, todo lo que vi fue la sombra de la torre de agua y el coche fúnebre. El camafeo no nos había mostrado nada. 170
  • 170. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —¿Sentiste eso? Comenzó, y entonces se detuvo. Ella asintió, alejándome. —Creo que estoy mareada por el auto, o cualquier tipo de mareo que quieras llamarlo. —¿Estás bloqueándolo? —¿De qué estás hablando? No estoy haciendo nada. —¿Lo juras? ¿No estás usando tus poderes de Hechicera, o algo? —No, estoy demasiado ocupada tratando de desviar el poder de tu estupidez. Pero no creo que sea lo suficientemente fuerte. No tenía sentido, simplemente llevarnos adentro y entonces sacarnos de la visión de esa forma. ¿Qué lo hacía diferente? Lena se acercó, envolviendo el camafeo en el pañuelo. El brazalete de cuero sucio que Amma le había dado a Macon llamó mi atención. —Quítate eso. Metí mi dedo debajo de la tira, levantando el brazalete y su brazo al nivel de mis ojos. —Ethan, es para protegerme. Dijiste que Amma hace este tipo de cosas todo el tiempo. —No creo que este sea el caso. —¿Qué quieres decir? —Quiero decir, que tal vez esa cosa es la razón por la cual el camafeo no funciona. —Sabes que no funciona todo el tiempo. —Pero estaba comenzando a hacerlo, y algo lo detuvo. Ella sacudió su cabeza, los rizos salvajes acariciaron su hombro. ¿Honestamente crees eso? —Prueba que me estoy equivocando. Quítatelo. Ella me miraba como si estuviera loco, pero estaba considerándolo. Podía darme cuenta. —Si estoy equivocado, vuelves a ponértelo. Ella dudó por un segundo, entonces me dio su brazo para que lo desamarrara. Aflojé el nudo y puse el talismán en mi bolsillo. Tomé el camafeo, y ella puso su mano en la mía. 171
  • 171. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Cerré mi mano a su alrededor, y giramos hacia la nada— La lluvia comenzó casi inmediatamente. Lluvia fuerte, un aguacero. Como si el cielo acabara de abrirse. Ivy siempre decía que la lluvia eran las lágrimas de Dios. Hoy Genevieve lo creía. Se trataba tan sólo de unos pocos metros, pero Genevieve no podía llegar lo suficientemente rápido. Ella se arrodilló junto a Ethan y acunó su cabeza en sus manos. Su respiración era desigual. Él estaba vivo. —No, no, no este chico. Ya tomaste demasiado. Demasiado. No este chico.— La voz de Ivy alcanzó un tono afiebrado y comenzó a rezar. —Ivy, consigue ayuda. Necesito agua y Whiskey y algo para sacar la bala. Genevieve presionaba el arrugado material de su falda sobre el hoyo que el pecho de Ethan había llenado hasta hacía poco. —Te amo, y me hubiera casado contigo, sin importar lo que pensara tu familia.— susurró él. —No digas eso Ethan Carter Wate. No digas eso como si te fueras a morir. Vas a estar bien. Muy bien.— Ella repitió, tratando de convencerse tanto a ella misma como a él. Genevieve cerró sus ojos y se concentró. Flores floreciendo. Bebés recién nacidos llorando. El sol saliendo. Vida, no muerte. Ella veía las imágenes en su mente, esperando que se volvieran realidad. Las imágenes se repetían una y otra vez en su mente. Vida, no muerte. Ethan se ahogó. Ella abrió sus ojos, y sus ojos se encontraron. Por un instante el tiempo pareció detenerse. Entonces, los ojos de Ethan se cerraron, y su cabeza rodó hacia un lado. Genevieve cerró sus ojos de nuevo, visualizando las imágenes. Tenía que tratarse de un error. Él no podía estar muerto. Ella había invocado su poder. Ella lo había hecho un millón de veces antes, moviendo objetos de la cocina de su madre para hacerle bromas a Ivy, curando pichones que habían caído de sus nidos. ¿Por qué no ahora? ¿Por qué no cuando realmente importaba? —Ethan despierta, por favor despierta. Yo abrí mis ojos. Estábamos parados en medio del campo, exactamente en el mismo lugar de antes. Miré a Lena. Sus ojos estaban brillantes, a punto de romper en llanto. —Oh, Dios. Yo me incliné y toqué las hierbas sobre las que estábamos parados. Una mancha rojiza marcaba el piso a nuestro alrededor. —Es sangre. 172
  • 172. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —¿Su sangre? —Eso creo. —Tenías razón. El brazalete estaba bloqueando la visión. ¿Pero entonces, por qué diría tío Mason que era para protegerme? —A lo mejor sí. Ese no puede ser su único objetivo. —No tienes por qué tratar de hacerme sentir mejor. —Obviamente hay algo de lo que no quieren que nos enteremos, y tiene algo que ver con el camafeo, y, estoy dispuesto a apostar que también incluye a Genevieve. Tenemos que averiguar todo lo que podamos, y tenemos que hacerlo antes de tu cumpleaños. —¿Por qué mi cumpleaños? —Anoche, Amma y tu tío estaban hablando. Lo que sea que ellos no quieran que sepamos, tiene algo que ver con tu cumpleaños. Lena respiró profundamente, como si estuviera tratando de calmarse. —Ellos saben que me voy a volver Oscura. De eso se trata todo esto. —¿Que tiene que ver eso con el camafeo? —No lo sé, pero tampoco importa. Nada de esto importa. En cuatro meses, no voy a ser yo misma. Tú viste a Ridley. Eso es en lo que voy a convertirme, o peor. Si mi tío tiene razón y soy una Natural, entonces voy a hacer que Ridley parezca una voluntaria de la cruz roja. Yo la halé hacía mi, envolviendo mis brazos a su alrededor como si la pudiera proteger de algo que los dos sabíamos no podía protegerla. —No puedes pensar eso. Tiene que haber una forma de detenerlo, si esa es realmente la verdad. —Tú no lo entiendes. No hay ninguna forma de detenerlo. Simplemente pasa.— Su voz se estaba levantando. El viento estaba comenzando a arreciar. —Está bien, a lo mejor tienes razón. A lo mejor simplemente pasa. Pero vamos a encontrar una forma de que no te pase a ti. Sus ojos estaban tan nublados como el cielo. —¿No podemos simplemente disfrutar el tiempo que nos queda?— Por primera vez sentí las palabras. 173
  • 173. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas El tiempo que nos queda. No podía perderla. No lo haría. Sólo el pensamiento de no poder volver a tocarla me hacía enloquecer. Peor que perder todos mis amigos. Peor que ser el chico menos popular de la escuela. Peor que tener a Amma disgustada conmigo perpetuamente. Perderla era lo peor que podía imaginarme. Como si estuviera cayendo, pero esta vez definitivamente iba a tocar el fondo. Pensé en Ethan Carter Wate cayendo al suelo, la sangre roja en el campo. El viento comenzó a bramar. Era hora de irnos. —Nunca hables así. Vamos a encontrar una solución. Pero incluso mientras lo decía, no estaba seguro de creerlo. 174
  • 174. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas 13 de Octubre MARIAN, LA BIBLIOTECARIA H abían pasado tres días, y todavía no podía dejar de pensar en ello. A Ethan Carter le habían disparado, probablemente estaba muerto. Lo había visto con mis propios ojos. Bien, técnicamente, todos los de aquél entonces estaban muertos ahora. Pero, de un Ethan Wate a otro, estaba teniendo problemas en sobreponerme a la muerte de éste soldado de la Confederación en particular. Más bien, desertor de la Confederación. Mi tátara—tátara—tátara tío—abuelo. Pensé en ello durante Álgebra, mientras Savannah se atragantaba con su ecuación enfrente de la clase, pero el Sr. Bates estaba demasiado ocupado leyendo el último número de Armas y Municiones para darse cuenta. Pensé en ello durante la asamblea de Los Futuros Agricultores de América, cuando no pude encontrar a Lena y terminé sentándome con la banda. Link estaba sentado con los chicos unas filas detrás de mí, pero no lo noté hasta que Shawn y Emory empezaron a hacer sonidos de animales. Después de un rato, no los podía escuchar más. Mi mente seguía volviendo a Ethan Carter Wate. No era que él fuera un Confederado. Todos en Gatlin estaban relacionados al lado equivocado en la Guerra entre Estados. Estábamos acostumbrados a eso ahora. Era como nacer en Alemania después de la Segunda Guerra Mundial, ser de Japón después de Pearl Harbor, ó norteamericano después de Hiroshima. La historia era una perra a veces. No podías cambiar de dónde eras. Pero aún así, no tenías que quedarte allí. No tenías que quedarte pegado al pasado, como las damas en la DAR, o la Sociedad Histórica de Gatlin, o Las Hermanas. Y no 175
  • 175. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas tenías que aceptar que las cosas tenían que ser de la forma en que eran, como Lena. Ethan Carter no lo había hecho, y yo tampoco podría. Todo lo que sabía era, que ahora que conocíamos acerca del otro Ethan Wate, teníamos que averiguar más acerca Genevieve. Tal vez había una razón por la que nos habíamos tropezado el uno con el otro en un sueño, incluso si era más una pesadilla. Normalmente, le hubiera preguntado a mi madre qué hacer, de regreso cuando las cosas eran normales y ella estaba viva. Pero se había ido, mi padre estaba demasiado fuera de tema para ser de alguna ayuda, y Amma no estaba dispuesta a ayudarnos en nada que tuviera que ver con el relicario. Lena estaba todavía malhumorada acerca de Macon; la lluvia en el exterior era obvia. Se suponía que estuviera haciendo mi tarea, lo que significaba que necesitaba cerca de medio galón de leche chocolatada y tantas galletitas como pudiera cargar en mi otra mano. Caminé por el pasillo desde la cocina e hice una pausa enfrente del estudio. Mi padre estaba arriba tomando una ducha, que era casi la única vez que dejaba el estudio ya, así que la puerta estaría probablemente cerrada con llave. Siempre lo estaba, desde el incidente del manuscrito. Me quedé mirando la manija de la puerta, mirando a ambos lados del pasillo. Equilibrando precariamente mis galletitas sobre el cartón de leche, la alcancé. Antes de poder siquiera tocar la manija, escuché el clic de la cerradura moverse. La puerta se destrabó totalmente por sí misma, como si alguien adentro la estuviera abriendo para mí. Las galletitas cayeron al suelo. Un mes atrás, no lo hubiera creído, pero ahora sabía mejor. Esto era Gatlin. No el Gatlin que pensé que conocía, sino algún otro Gatlin que aparentemente se había estado escondiendo a simple vista todo el tiempo. El pueblo en donde la chica que me gustaba venía de una larga línea de Hechiceros, mi ama de llaves era una Vidente quien leía huesos de pollo en el pantano y convocaba a los espíritus de sus ancestros muertos, y hasta mi padre actuaba como un vampiro. Parecía no haber nada demasiado increíble para éste Gatlin. Es curioso cómo puedes vivir en lugar tu vida entera, pero no verlo realmente. Empujé la puerta, lentamente, vacilante. Pude ver sólo un vislumbre del estudio, un rincón de la construcción en los estantes, repleto con los libros de mi madre, y los restos que ella parecía recolectar a donde sea que iba. Tomé un aliento profundo e inhalé el aire del estudio. No era extraño que mi padre nunca dejara el estudio. Casi podía verla, enroscada en su vieja silla de lectura junto a la ventana. Ella estaría tipeando, justo al otro lado de la puerta. Si abría la puerta un poco más, por todo lo que sabía, ella podría estar allí ahora. Sólo que no podía escuchar ningún tipeo, y sabía que no estaría allí, y nunca lo volvería a estar. 176
  • 176. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Los libros que necesitaba estaban en esos estantes. Si alguien sabía más acerca de la historia del Condado de Gatlin que las Hermanas, era mi madre. Di un paso adelante, abriendo la puerta sólo unos centímetros más. —Dulce Hostia de Cielo y Tierra, Ethan Wate, si estás planeando poner un pie en ese cuarto, tu papi te va a llamar para que limpies la próxima semana. Estuve a punto de dejar caer mi leche. Amma. —No estoy haciendo nada. La puerta sólo se abrió. —Qué vergüenza. Ningún fantasma de Gatlin se atrevería a poner un pie en el estudio de tu madre y padre, a excepción de tu madre en sí misma.— Ella me miró desafiante. Había algo en sus ojos que me hacía preguntar si ella estaba intentando decirme algo, quizás incluso la verdad. Tal vez era mi madre, abriendo la puerta. Porque una cosa estaba clara. Alguien, algo, quería que entrara en ese estudio, tanto como que alguien quería mantenerme fuera. Amma cerró la puerta de un golpe y sacó una llave de su bolsillo, cerrándolo. Escuché un clic y supe que mi oportunidad se había cerrado de repente, tan rápido como se había abierto. Cruzó los brazos. —Es noche de escuela ¿no tienes algo que estudiar? La miré, molesto. —¿Volver a la biblioteca? ¿Terminasteis ese informe tú y Link? Y entonces vino a mí. —Sí, la librería. De hecho, allí es donde me dirijo justo ahora.— Besé su mejilla y la pasé corriendo. —Saluda a Marian de mi parte, y no llegues tarde para la cena. La buena vieja Amma. Ella siempre tenía todas las respuestas, las conociera o no, y estuviera o no dispuesta a revelarlas. Lena me estaba esperando en el estacionamiento de la Librería del Condado de Gatlin. El agrietado concreto todavía estaba húmedo y brilloso por la lluvia. Aún cuando la librería estaba abierta por dos horas más, el coche fúnebre era el único auto en el lugar, salvo por un familiar y viejo camión turquesa. Sólo digamos que este no era un gran pueblo de bibliotecas. No había mucho de lo que quisiéramos saber de cualquier ciudad además de la nuestra, y si tu abuelo o bisabuelo no podía decirte, es probable que no necesitaras saber. Lena estaba acurrucada contra el costado del edificio, escribiendo en su cuaderno. Llevaba puestos harapientos jeans, enormes botas de lluvia, y una camiseta negro suave. Trenzas minúsculas colgaban alrededor de su rostro, perdidas entre todos los rizos. Lucía casi como una chica normal. No estaba seguro si quería que fuera una chica normal. Estaba seguro que quería volver a besarla, pero tendría que esperar. Si 177
  • 177. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Marian tenía las respuestas que necesitábamos, tendría muchas más oportunidades de besarla. Revisé mi libro de jugadas nuevamente. Levanta y Lanza. —¿Estás seguro que aquí hay algo que podrá ayudarnos?— Lena me miró por encima de su cuaderno. Tiré de ella con mi mano. —No algo. Alguien. La librería en si misma era hermosa. Había pasado tantas horas en ella cuando era un niño, había heredado la creencia de mi madre que la librería era una clase de templo. Ésta biblioteca en particular era uno de los pocos edificios que habían sobrevivido a la Marcha de Sherman y al Gran Incendio. La librería y la Sociedad Histórica eran los dos edificios más antiguos de la ciudad, aparte de Ravenwood. Era una venerable Victoriana de dos pisos, antigua y curtida con descascarada pintura blanca y merecidas décadas de viñedos durmiendo por las puertas y ventanas. Olía a madera envejecida y creosota, tapas de libros de plástico, y papel viejo. Papel viejo, el cual mi madre solía decir era el aroma del tiempo en sí mismo. —No lo entiendo. ¿Por qué la biblioteca? —No es sólo la biblioteca. Es Marian Ashcroft. —¿La bibliotecaria? ¿La amiga del Tío Macon? —Marian era la mejor amiga de mi madre, y su compañera de investigación. Ella es la única otra persona que conoce tanto de Gatlin como mi madre, y es la persona más inteligente en Gatlin ahora. Lena me miró, escéptica. —¿Más inteligente que el Tío Macon? —Okey. Ella es el Mortal más inteligente en Gatlin. Nunca pude entender qué estaba haciendo alguien como Marian en una ciudad como Gatlin. —Sólo porque tú vives en el medio de la nada,— me diría Marian, sobre un emparedado de atún con mi madre, —no quiere decir que no puedas saber dónde vives.— No tenía idea de lo que quería decir. No tenía idea de lo que estaba hablando, la mitad del tiempo. Eso era probablemente por lo que Marian se había llevado tan bien con mi madre, tampoco sabía de lo que mi madre estaba hablando, la otra mitad del tiempo. Como dije, la mente más grande en la ciudad, o quizás sólo el personaje más grande. Cuando entramos en la biblioteca vacía, Marian estaba vagando por las estanterías en sus medias, gimiendo para sí misma como la loca de una tragedia griega, las cuales era propensa a recitar. Ya que la biblioteca era casi un pueblo fantasma, excepto por la 178
  • 178. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas visita ocasional de una de las damas de la DAR chequeando sobre genealogía cuestionable, Marian tenía pase libre por el lugar. —¿Sabes una cosa? Seguí su voz profunda en los estantes. —¿Has escuchado? Le di la vuelta a la esquina en la Ficción. Allí estaba, balanceándose, sosteniendo una pila de libros en sus brazos, mirando a través de mí. —O está oculto de ti…. Lena apareció detrás de mí. —…que nuestros amigos son amenazados… Marian miró desde mí hacia Lena, por encima de sus cuadradas gafas rojas de lectura. —…con el castigo de nuestros enemigos… Marian estaba allí, pero no allí. Conocía bien esa mirada y supe, que aunque tenía una cita para todo, no las escogía a la ligera. ¿Qué castigo de mis enemigos me amenazaba, o a mis amigos? Si ese amigo era Lena, no estaba seguro de querer saberlo. Leo mucho, pero no tragedia griega. —¿Edipo? Abracé a Marian, por encima de su pila de libros. Ella me abrazó con tanta fuerza que no podía respirar, una inmanejable biografía del General Sherman cortando en mis costillas. —Antígone.— Dijo en voz alta Lena desde detrás de mí. Alardeas. —Muy bien.— Marian sonrió por encima de mi hombro. Le hice una mueca a Lena, quien se encogió de hombros. —Escuela en casa. —Siempre es impresionante encontrar una persona joven que conoce a Antígone. —Todo lo que recuerdo es que ella sólo quería enterrar a los muertos. Marian nos sonrió a ambos. Metió la mitad de la pila de sus libros en mis brazos, y la mitad en los de Lena. Cuando sonrió, pareció como si pudiera haber estado en la portada de una revista. Tenía dientes blancos y una hermosa piel morena, y lucía más como una modelo que como una bibliotecaria. Tenía esa apariencia bonita y exótica, la mezcla de tantas líneas de sangre que era como mirar a la historia del Sur en sí mismo, gente de las Indias Occidentales, las Islas de Azúcar, Inglaterra, Escocia, incluso 179
  • 179. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas América, todos entremezclándose hasta alcanzar un bosque completo de árboles familiares para trazar el rumbo. A pesar de que estábamos al Sur de algún lugar y al Norte de ninguno, como Amma diría, Marian Ashcroft estaba vestida como si pudiera haber estado enseñando una de sus clases en Duke. Toda su ropa, todas sus joyas, todo lo de su firma, los brillantes pañuelos estampados parecían venir de otro lugar y complementar su involuntariamente fantástico cabello corto. Marian no era más del Condado Gatlin que Lena, y sin embargo, ella había estado aquí tanto como mi madre. Ahora ya no. —Te he extrañado tanto, Ethan. Y tú—tú debes ser la sobrina de Macon, Lena. La nueva chica famosa en la ciudad. La chica de la ventana. Oh sí, he escuchado acerca de ti. Las damas, están hablando. Seguimos a Marian nuevamente al mostrador del frente y descargamos los libros sobre el carro de re—apilamiento. —No crea todo lo que escucha, Dra. Ashcroft. —Por favor, Marian.— Estuve a punto de dejar caer un libro. Aparte de mi familia, Marian era la Dra. Ashcroft para casi todos por aquí. A Lena se le estaba ofreciendo acceso instantáneo al círculo interno, y no tenía idea del por qué. —Marian,— Lena sonrió. Aparte de Link y yo, ésta era la primera degustación de nuestra famosa hospitalidad sureña, y de otro extraño. —Lo único que quiero saber es, cuando rompiste esa ventana con tu palo de escoba, ¿sacaste la futura generación del Dar?— Marian comenzó a bajar las persianas, haciéndonos señas para que la ayudáramos. —Por supuesto que no. Si lo hice, ¿dónde conseguiría toda esa publicidad gratuita? Marian lanzó la cabeza hacia atrás y se echó a reír, poniendo su brazo alrededor de Lena. —Un buen sentido del humor, Lena. Eso es lo que necesitas para moverte en esta ciudad. Lena suspiró. —He escuchado un montón de bromas. Sobre todo acerca de mí. —Ah, pero—‗Los monumentos del ingenio sobreviven a los monumentos del poder.‘ —¿Eso es Shakespeare?— me estaba sintiendo un poco atrás. —Cerca, Sir Francis Bacon. Aunque, si eres una de las personas que piensa que él escribió las obras de Shakespeare, supongo que estabas en lo correcto la primera vez. —Me rindo. 180
  • 180. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Marian alborotó mi cabello. —Has crecido alrededor de cinco centímetros desde la última vez que te vi, EW. ¿Con qué te está alimentando Amma en estos días? ¿Pastel para el desayuno, almuerzo, y cena? Me siento como si no te hubiera visto en cien años. La miré. —Lo sé, lo siento. Simplemente no me sentía con ganas de…leer. Ella sabía que estaba mintiendo, pero sabía lo que quería decir. Marian fue hacia la puerta, y giró el letrero de ‗Abierto‘ a ‗Cerrado‘. Giró el cerrojo con un clic seco. Me recordó al estudio. —Pensé que la biblioteca estaba abierta ¿hasta las nueve?— Si no lo estaba perdería una excusa valiosa para ir a escondidas hacia lo de Lena. —No hoy. La bibliotecaria en Jefe ha declarado hoy un Día festivo de la Biblioteca del Condado de Gatlin. Ella es bastante espontánea de esa manera.— Guiñó un ojo. —Para una bibliotecaria. —Gracias, Tía Marian. —Se que no estarían aquí si no tuvieran un motivo, y sospecho que la sobrina de Macon Ravenwood es, cuanto menos, una razón. Así que, ¿por qué no vamos todos a la habitación trasera, hacemos una taza de té, y tratamos de ser razonables?— Marian amaba un buen juego de palabras. —Es más como una pregunta, en realidad.— Sentí en mi bolsillo, donde estaba el medallón todavía envuelto en el pañuelo de Sulla el Profeta. —Pregunta todo. Aprende algo. Responde nada. —¿Homero? —Eurípides. Mejor que empieces a surgir con alguna de éstas respuestas, EW, o en realidad voy a tener que ir a alguna de esas reuniones de la junta escolar. —Pero acabas de decir que no responda nada. Ella abrió con llave una puerta marcada como archivo privado. —¿Yo dije eso? Como Amma, Marian siempre parecía tener la respuesta. Como cualquier buena bibliotecaria. Como mi madre. Nunca había estado en el archivo privado de Marian, el cuarto trasero. Ahora que lo pienso, no conocía a nadie que hubiera estado alguna vez aquí atrás, excepto por mi madre. Era el lugar que ellas compartían, el lugar donde escribían, investigaban y quién sabe qué más. Ni siquiera a mi padre se le permitía entrar. Puedo recordar a Marian 181
  • 181. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas deteniéndolo en la puerta, cuando mi madre estaba examinando un documento histórico en el interior. —Privado significa privado. —Es una biblioteca, Marian. Las bibliotecas fueron creadas para democratizar el conocimiento y hacerlo público. —Por aquí, las bibliotecas fueron creadas para que los Alcohólicos Anónimos tuvieran donde reunirse cuando los Bautistas los sacaron a patadas. —Marian, no seas ridícula. Es sólo un archivo. —No pienses en mí como una bibliotecaria. Piensa en mí como una científica loca, éste es mi laboratorio secreto. —Tú estás loca. Las dos estáis mirando algunos viejos papeles en ruinas. —Si le revelas tus secretos al viento, no deberías culpar al viento por revelarlos a los árboles. —Khalil Gibran.— Disparó en respuesta. —Tres pueden guardar un secreto si dos de ellos están muertos. —Benjamín Franklin. Eventualmente hasta mi padre había desistido de intentar entrar en su archivo. Nosotros habíamos ido a casa y comido helado rocoso de la ruta, y después de eso, siempre había pensado de mi madre y Marian como una imparable fuerza de la naturaleza. Dos científicas locas, como había dicho Marian, encadenadas la una a la otra en el laboratorio. Habían producido en serie un libro tras otro, incluso una vez haciendo una pre—selección para la Voz de los Premios del Sur, el equivalente sureño de los Premios Pulitzer. Mi padre estaba muy orgulloso de mi madre, de ambas, aún cuando nosotros sólo estábamos siguiéndolas en el camino. —Alegre de mente—. Así era como solíamos describir a mi madre, especialmente cuando estaba a la mitad de un proyecto. Ahí era cuando ella estaba más ausente, y aun así, de alguna manera, cuando él parecía amarla más. Y ahora, aquí estaba yo, en el archivo privado, sin mi padre o mi madre, o incluso un tazón de helado rocoso de la ruta, a la vista. Las cosas estaban cambiando bastante rápido por aquí, para una ciudad que nunca cambió en absoluto. El cuarto estaba revestido con paneles, la habitación más aislada, sin aire y sin ventanas, del tercer edificio más antiguo en Gatlin. Cuatro mesas de roble estaban situadas en líneas paralelas en el centro del cuarto. Cada centímetro de cada pared estaba abarrotado de libros. Artillería y Municiones de la Guerra Civil. Rey Algodón: Oro Blanco del Sur. Los cajones de la estantería plana de metal tenían manuscritos, y 182
  • 182. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas gabinetes rebosantes de ficheros alineaban una pequeña sala adjunta a la parte posterior del archivo. Marian se ocupó de la tetera y la plancha de la cocina. Lena se acercó hacia una pared de mapas del Condado de Gatlin enmarcados, desmoronándose detrás del vidrio, tan viejos como las Hermanas en sí mismas. —Mira———Ravenwood.— Lena movió sus dedos por el vidrio. —Y allí está Greenbrier. Puedes ver la línea de la propiedad mucho mejor en este mapa. Caminé hacia la esquina más alejada del cuarto, donde estaba una mesa solitaria, cubierta con una fina capa de polvo y una telaraña ocasional. Una carta constitucional de la antigua Sociedad Histórica estaba abierta, con círculos en nombres, y un lápiz todavía clavado en la columna vertebral. Un mapa elaborado con papel de calco, clavado a un mapa del Gatlin de hoy en día, parecía como si alguien estuviera intentando excavar mentalmente la ciudad vieja desde debajo de la nueva. Y yaciendo encima de todo esto estaba la foto de la pintura en la entrada de Macon Ravenwood. La mujer con el medallón. Genevieve. Tiene que ser Genevieve. Tenemos que decirle, L. Tenemos que preguntar. No podemos. No podemos confiar en nadie. Ni siquiera sabemos porque estamos teniendo las visiones. Lena. Confía en mí. —¿Qué es todo esto de aquí, Tía Marian? Ella me miró, con su rostro nublándose brevemente. —Ése era nuestro último proyecto. De tu madre y mío. ¿Por qué tu madre tenía una foto de la pintura en Ravenwood? No lo sé. Lena se acercó a la mesa, y levantó la foto de la pintura. —Marian, ¿qué estaban haciendo ustedes chicas con ésta pintura? Marian nos pasó a cada uno de nosotros una buena taza de té, con un platito. Esa era otra cosa acerca de Gatlin. Usabas un platito, en todo momento, sin importar qué. —Deberías reconocer esa pintura, Lena. Pertenece a tu tío Macon. De hecho, él mismo me envió esa foto. —Pero ¿quién es la mujer? 183
  • 183. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —Genevieve Dunchannes., pero espero que sepas eso. —No lo sabía, en realidad. —¿No te ha enseñado nada tu tío acerca de tu genealogía? —No hablamos mucho acerca de mis parientes muertos. Nadie quiere traer a colación a mis padres. Marian se acercó a uno de los cajones planos del archivo, buscando algo. —Genevieve Duchannes era tu tátara—tátara—tátara—tátara— abuela. Ella era un personaje interesante, en realidad. Lila y yo estábamos rastreando el árbol completo de la familia Duchannes, para un proyecto con el que nos había estado ayudando tu tío Macon, justo hasta———— Bajó la mirada. —El año pasado. ¿Mi madre había conocido a Macon Ravenwood? Pensé que él había dicho que sólo la conocía a través de su trabajo. —En verdad deberías conocer tu genealogía.— Marian volvió algunas hojas amarillas de pergamino. El árbol familiar de Lena nos contemplaba, justo al lado del de Macon. Señalé el árbol familiar de Lena. —Eso es raro. Todas las chicas en tu familia tienen el apellido Duchannes, incluso las que estaban casadas. —Es sólo algo en mi familia. Las mujeres mantienen el nombre de la familia aún después de casarse. Siempre ha sido de esa manera. Marian dio vuelta la página, y miró a Lena. —Es por lo general el caso en líneas de sangre en donde las mujeres son consideradas particularmente poderosas. Quería cambiar de tema. No quería excavar demasiado profundo en las mujeres poderosas de la familia de Lena con Marian, especialmente considerando que Lena era definitivamente una de ellas. —¿Por qué estaban tú y mamá trazando el árbol de los Duchannes? ¿Cuál era el proyecto? Marian revolvió su té. —¿Azúcar? Apartó la vista mientras yo ponía una cucharada en mi taza. —En realidad estábamos mayormente interesadas en este medallón.— Ella señaló otra foto de Genevieve. En ésta, ella estaba usando el relicario. —Una historia en particular. Era una historia simple, en realidad, una historia de amor.— Sonrió con tristeza.—Tu madre era una gran romántica, Ethan. 184
  • 184. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Trabé los ojos con Lena. Ambos sabíamos lo que Marian estaba a punto de decir. —Interesantemente para ustedes dos, esta historia de amor involucra tanto a un Wate como a una Duchannes. Un soldado de la Confederación, y una hermosa amante de Greenbrier. Las visiones del relicario. La quema de Greenbrier. El último libro de mi madre era acerca de todo lo que habíamos visto pasar entre Genevieve y Ethan, La tátara-tátaratátara-abuela de Lena y mi tátara-tátara-tátara ti-abuelo. Mi madre estaba trabajando en ese libro cuando murió. La cabeza me daba vueltas. Gatlin era así. Nada aquí sucedía sólo una vez. Lena lucía pálida. Se inclinó hacia delante y tocó mi mano, donde descansaba sobre la polvorienta mesa. Instantáneamente, sentí el familiar pinchazo de electricidad. —Aquí. Ésta es la carta que nos hizo iniciar todo este proyecto.— Marian mostró dos hojas de pergamino en la próxima mesa de roble. Secretamente, me alegré que ella no hubiera alterado la mesa de trabajo de mi madre. Pensé en ello como una conmemoración apropiada, más parecido a ella que los claveles que todo el mundo había puesto sobre su tumba. Hasta la DAR, ellas estaban allí para el funeral, poniendo esos claveles como unas locas, aunque mi madre lo hubiera odiado. La ciudad entera, los Bautistas, los Metodistas, hasta los Pentecostales, acudían a una muerte, un nacimiento, o un casamiento. —Puedes leerlo, simplemente no lo toques. Es una de las cosas más antiguas en Gatlin. Lena se inclinó sobre la carta, sosteniendo su cabello hacia atrás para evitar que rozara el viejo pergamino. —Están locamente enamorados, pero son demasiado diferentes.— Ella escaneó la carta. —‘Una Especie Aparte‘, él los llamó. La familia de ella está intentando mantenerlos separados, y él ha ido a enlistarse, aunque no cree en la guerra, con la esperanza que pelear por el Sur le ganará la aprobación de su familia. Marian cerró sus ojos, recitando: —Bien podría ser un mono como un hombre, para todo el bien que me hace en Greenbrier. Aunque simple Mortal, mi corazón se rompe con tal dolor ante la idea de pasar el resto de mi vida sin ti, Genevieve. Era como poesía, como algo que imaginé Lena escribiría. Marian abrió los ojos nuevamente. —Como si él fuera Atlas cargando el peso del mundo sobre sus hombros. 185
  • 185. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —Todo es tan triste,— dijo Lena, mirándome. —Ellos estaban enamorados. Había una guerra. Odio decírtelo, pero terminó mal, o eso parece.— Marian terminó su té. —¿Qué hay acerca de éste medallón?— Señalé la foto, casi con miedo de preguntar. —Supuestamente, Ethan se lo dio a Genevieve, como la palabra de honor de un compromiso secreto. Nunca supimos lo que pasó con él. Nadie lo ha vuelto a ver, después de la noche en que murió Ethan. El padre de Genevieve la obligó a casarse con alguien más, pero cuenta la leyenda, que ella conservó el relicario y fue enterrado con ella. Se dice que es un poderoso talismán, el enlace roto de un corazón roto. Me estremecí. El poderoso talismán no fue enterrado con Genevieve; estaba en mi bolsillo, y un Oscuro talismán según Macon y Amma. Podía sentirlo palpitar, como si hubiera sido cocinado a las brasas. Ethan, no. Tenemos que hacerlo. Ella puede ayudarnos. Mi madre nos hubiera ayudado. Metí una mano en el bolsillo, empujando más allá del pañuelo para tocar el maltratado camafeo, y tomé la mano de Marian, con la esperanza que ésta fuera una de esas veces cuando el relicario funcionaba. El cuarto empezó a arremolinarse. —¡Ethan!— gritó Marian. Lena tomó la mano de Marian. La luz en el cuarto comenzó a disolverse en la noche. —No te preocupes. Estaremos contigo todo el tiempo.— La voz de Lena sonaba muy lejos, y escuché el sonido de disparos lejanos. En momentos, la biblioteca se llenó de lluvia——— La lluvia los apaleó. Los vientos se levantaban, empezando a sofocar las llamas a pesar que era demasiado tarde. Genevieve miraba fijamente lo que quedaba de la gran casa. Ella lo había perdido todo hoy. Mamma. Evangeline. Ella no podía perder también a Ethan. Ivy corrió a través del fango hacia ella, utilizando su falda para llevar las cosas que había pedido Genevieve. —Se me hizo demasiado tarde, Señor en el Cielo, se me hizo demasiado tarde,— Lloró Ivy. Ella miró los alrededores con nerviosismo. —Vamos, Srita. Genevieve, no hay nada más que podamos hacer aquí. Pero Ivy estaba equivocada. Había una cosa. 186
  • 186. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —No es demasiado tarde. No es demasiado tarde.— Genevieve seguía repitiendo las palabras. —Está hablando disparates, niña. Ella miró a Ivy, desesperada. —Necesito el libro. Ivy retrocedió, negando con la cabeza. —No. No puedes meterte con ese libro. No sabes lo que estás haciendo. Genevieve agarró a la anciana por los hombros. —Ivy, es la única forma. Tienes que dármelo. —No sabes lo que estás pidiendo. No sabes nada acerca de ese libro——— —Dámelo o lo encontraré yo misma. El humo negro estaba ondeando detrás de ellas, el fuego seguía escupiendo mientras se tragaba lo que quedaba de la casa. Ivy cedió, recogiendo sus harapientas faldas y dirigiendo a Genevieve más allá de lo que solía ser el limonero de su madre. Genevieve nunca había estado más allá de ese punto. No había nada allí afuera más que campos de algodón, o por lo menos eso era lo que siempre le habían dicho. Y nunca había tenido una razón para estar en esos campos, excepto las raras ocasiones cuando ella y Evangeline jugaban el juego de ocúltate y busca (las escondidas) Pero el camino de Ivy era intencional. Ella sabía exactamente donde estaba yendo. A la distancia, Genevieve todavía podía oír el sonido de disparos y los gritos desgarradores de sus vecinos, mientras observaban sus propios hogares incendiarse. Ivy se detuvo cerca de una zarza de parras silvestres, rosa—marías, y jazmines, serpenteando su camino en subida por el costado de un viejo muro de piedra. Había un arco pequeño, oculto debajo del sobrecrecimiento. Ivy se agachó y caminó por debajo del arco. Genevieve la siguió. El arco debe haber estado sujeto al muro porque la zona estaba cercada. Un círculo perfecto—sus paredes oscurecidas por los años de vides silvestres. —¿Qué es este lugar? —Un lugar del que tu mamma no quería que tú supieras nada, o sabrías lo que era. A la distancia, Genevieve podía ver pequeñas piedras que sobresalían de la alta hierba. Por supuesto. El cementerio familiar. Genevieve recordaba estar allí fuera, alguna vez, cuando era muy joven, cuando su bisabuela había muerto. Recordaba que el funeral fue a la noche, y su madre se había parado en la alta hierba, a la luz de la luna, 187
  • 187. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas susurrando palabras en un lenguaje que Genevieve y su hermana no habían reconocido. —¿Qué estamos haciendo aquí afuera?— —Dijiste que querías el libro. ¿No? —¿Está aquí afuera? Ivy se detuvo y miró a Genevieve, confundida. —¿Dónde más estaría? Más atrás, había otra estructura que era estrangulada por vides silvestres. Una cripta. Ivy se detuvo en la puerta. —Estás segura que quieres——— —¡No tenemos tiempo para esto!— Genevieve buscó el picaporte, pero no había ninguno. —¿Cómo se abre? La anciana se puso de puntillas, alcanzando por encima de la puerta. Allí, iluminada por la lejana luz de los incendios, Genevieve pudo ver un pequeño trozo de piedra lisa encima de la puerta, con una media luna tallada en ella. Ivy puso su mano sobre la pequeña luna y presionó. La puerta de piedra comenzó a moverse, abriéndose con el sonido de la piedra raspando la piedra. Ivy alcanzó algo al otro lado de la entrada. Una vela. La luz de la vela iluminó la pequeña habitación. No pudo haber sido más grande que unos pocos metros de ancho a su alrededor. Pero había viejos estantes de madera en cada costado, apilados en lo alto con pequeños frascos y botellas, llenas de flores de plantas, polvos, y líquidos turbios. En el centro del cuarto, había una mesa de piedra erosionada, con una vieja caja de madera encima. La caja era moderada para cualquier estándar, el único adorno era una diminuta media luna tallada en la tapa. El mismo tallado de la piedra sobre la puerta. —No voy a tocarla,— dijo Ivy en voz baja, como si pensara que la caja podía escucharla. —Ivy, es sólo un libro. —No hay tal cosa como sólo un libro, especialmente en tu familia. Genevieve levantó la tapa con cuidado. La solapa del libro era de cuero negro agrietado, ahora, más gris que negro. No había un título, sólo la misma luna creciente entallada en relieve en el frente. Genevieve levantó con indecisión el libro de la caja. Sabía que Ivy era supersticiosa. Aunque se había burlado de la anciana, también sabía que Ivy era sabia. Ella leía cartas y hojas de té, y la madre de Genevieve consultaba a Ivy y sus hojas de té para casi todo, el mejor día para plantar sus hortalizas para evitar la congelación, las hierbas adecuadas para curar un resfriado. El libro estaba cálido. Como si estuviera vivo, respirando. 188
  • 188. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —¿Por qué no tiene un nombre?— preguntó Genevieve. —Sólo porque un libro no tenga un título, no significa que no tenga un nombre. Ese justo allí es El Libro una Lunas. No había más tiempo que perder. Ella siguió las llamas a través de la oscuridad. De regreso a lo que quedaba de Greenbrier, y a Ethan. Hojeó las páginas. Había cientos de Hechizos. ¿Cómo encontraría el correcto? Entonces lo vio. Estaba en Latín, un idioma que conocía bien; su madre había traído un tutor especial del Norte para asegurarse que ella y su hermana Evangeline lo aprendieran. El idioma más importante en lo que se refería a su familia. El Hechizo Vinculante. Para vincular la Muerte a la Vida. Genevieve apoyó el libro en el suelo junto a Ethan, con su dedo debajo del primer versículo del encantamiento. Ivy agarró su muñeca y la sostuvo fuerte. —Ésta no es una noche para esto. Trabajar con Luna Creciente, Magia Blanca; trabajar con Luna Llena, Negra. Sin luna es completamente otra cosa. Genevieve sacudió su brazo del agarre de la anciana. —No tengo alternativa. Ésta es la única noche que tenemos. —Srita. Genevieve, necesita entender. Esas palabras son más que un Hechizo. Son un pacto. No puede usar El Libro una Lunas, sin dar algo a cambio. —No me preocupa el precio. Estamos hablando de la vida de Ethan. He perdido a todos los demás. —Ése muchacho no tiene más vida. Le han disparado por completo. Lo que usted está intentando hacer es antinatural. Y no puede haber ningún derecho en eso. Genevieve sabía que Ivy estaba en lo correcto. Su madre le había advertido con bastante frecuencia a ella y a Evangeline acerca de respetar las Leyes de la naturaleza. Ella estaba cruzando una línea que ninguno de los Hechiceros de su familia se hubiera atrevido alguna vez. Pero todos ellos se habían ido ahora. Ella era la única que quedaba. Y tenía que intentarlo. —¡No!— Lena soltó nuestras manos, rompiendo el círculo. —Ella fue a lo Oscuro ¿no lo entienden? Genevieve, ella estaba usando magia Negra. Agarré sus manos. Ella intentó alejarse de mí. Por lo general todo lo que podía sentir de Lena era una especie de alegre calor, pero esta vez ella se sentía más como un 189
  • 189. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas tornado. —Lena, ella no eres tú. Él no soy yo. Todo esto pasó hace más de cien años atrás. Ella estaba histérica. —Ella soy yo, es por eso que el medallón quiere que vea esto. Está advirtiéndome que me mantenga alejada de ti. Para que no te lastime después que yo vaya hacia lo Oscuro. Marian abrió los ojos, los cuales eran más grandes de lo que alguna vez los había visto. Su cabello corto, normalmente limpio y perfectamente en su lugar, era salvaje y volado por el viento. Se veía agotada, pero eufórica. Conocía esa mirada. Era como si mi madre la estuviera acechando, especialmente alrededor de sus ojos. —Ustedes no están Reclamados, Lena. No son ni buenos ni malos. Esto es simplemente como se siente tener quince y medio, en la familia Duchannes. He conocido a muchos Hechiceros en mi día, y un montón de Duchannes, tanto Oscuros como de Luz. Lena miró a Marian, aturdida. Marian intentó recuperar el aliento. —Tú no te estás volviendo Oscura. Eres tan melodramática como Macon. Ahora tranquilízate. ¿Cómo sabía ella acerca del cumpleaños de Lena? ¿Cómo sabía acerca de los Hechiceros? —Tenéis el relicario de Genevieve. ¿Por qué no me lo dijeron? —No sabemos qué hacer. Todos nos dicen algo diferente. —Déjame verlo. Metí la mano en el bolsillo. Lena puso su mano en mi brazo, y dudé. Marian era la amiga más cercana a mi madre, y era como familia. Sabía que no debía cuestionar sus motivos, pero entonces sólo había seguido a Amma dentro del pantano para encontrarse con Macon Ravenwood, y nunca habría visto venir eso. —¿Cómo sabemos que podemos confiar en ti?— pregunté, sintiéndome enfermo incluso haciendo la pregunta. —La mejor manera de averiguar si puedes confiar en alguien es confiando en ellos. —¿Elthon Jhon? —Cerca. Ernest Hemingway. A su manera, una especie de estrella del rock de su tiempo. Sonreí, pero Lena no estaba tan dispuesta a alejar sus dudas por arte de magia. —¿Por qué deberíamos confiar en ti cuando todo el resto nos ha estado ocultando cosas? Marian se puso seria. —Precisamente porque no soy Amma, y no soy el Tío Macon. No soy tu abuela o tu Tía Delphine. Soy Mortal. Soy neutral. Entre la magia Negra y 190
  • 190. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Blanca, Luz y Oscuridad, tiene que haber algo intermedio—algo que resista la atracción—y ése algo soy yo. Lena se apartó de ella. Era inconcebible, para ambos. ¿Cómo sabía tanto Marian de la familia de Lena? —¿Qué eres?— En la familia de Lena, ésa era una pregunta capciosa. —Soy la Bibliotecaria en Jefe del Condado de Gatlin, lo mismo que he sido desde que me mudé aquí, lo mismo que seré siempre. No soy una Hechicera. Sólo guardo los registros. Sólo guardo los libros.— Marian se alisó el cabello. —Soy la guardiana, sólo una en una larga línea de Mortales encomendada con la historia y los secretos de un mundo del que nunca podemos ser parte por completo. Siempre debe haber alguien, y ahora ese alguien soy yo. —¿Tía Marian? ¿De qué estás hablando?— Estaba perdido. —Sólo digamos que hay bibliotecas, y entonces hay bibliotecas. Sirvo a todos los buenos ciudadanos de Gatlin, sean Hechiceros o Mortales. Lo que funciona bien ya que la otra rama es un trabajo más de noche, en realidad. —¿Quieres decir———? —La Biblioteca de Hechicería del Condado de Gatlin. Yo soy, por supuesto, la Bibliotecaria Hechicera. La Bibliotecaria Hechicera en Jefe. Me quedé mirando a Marian como si la estuviera viendo por primera vez. Ella me devolvió la mirada con los mismos ojos marrones, la misma sonrisa cómplice. Se veía igual, pero de alguna manera ella era completamente diferente. Siempre me había preguntado por qué Marian se quedó en Gatlin todos estos años. Pensé que era por mi madre. Ahora me daba cuenta que había otra razón. No sabía lo que estaba sintiendo, pero sea lo que fuera, Lena estaba sintiendo lo opuesto. —Entonces tú puedes ayudarnos. Tenemos que averiguar lo que les sucedió a Ethan y a Genevieve, y qué tiene que ver con Ethan y conmigo, y lo tenemos que averiguar antes de mi cumpleaños.— Lena la miró expectante. —La Biblioteca de Hechicería debe tener registros. Quizás el Libro de Lunas está aquí. ¿Piensas que podría tener las respuestas? Marian apartó la mirada. —Tal vez, tal vez no. Me temo que no puedo ayudaros. Lo lamento. —¿De qué estás hablando?— Ella no tenía sentido. Nunca había visto a Marian negarse a ayudar a nadie, especialmente a mí. —No puedo involucrarme, aun si quisiera. Es parte de la descripción del trabajo. No escribo los libros, o las reglas, sólo los guardo. No puedo interferir. 191
  • 191. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —¿Este trabajo es más importante que ayudarnos a nosotros?— Me paré enfrente de ella, para que tuviera que mirarme a los ojos cuando respondiera. —¿Más importante que yo? —No es tan simple, Ethan. Hay un balance entre el mundo de los Mortales y el mundo de los Hechiceros, entre la Luz y la Oscuridad. El Guardián es parte de ese balance, parte del Orden de las Cosas. Si desafío las leyes por las que estoy Comprometida, ese balance es expuesto al peligro.— Ella me volvió a mirar, con su voz temblorosa. —No puedo interferir, aunque me cueste la vida. Incluso si lastima a la gente que amo. No entendía de lo que estaba hablando, pero sabía que Marian me amaba, como había amado a mi madre. Si ella no podía ayudarnos, tenía que haber una razón. —Bien. Tú no puedes ayudarnos. Sólo llévame a la Biblioteca de Hechiceros, y lo descubriré yo mismo. —Tú no eres un Hechicero, Ethan. Ésta no es tu decisión para hacer. Lena se paró junto a mí, y tomó mi mano. —Es mía. Y yo quiero ir. Marian asintió. —Está bien, te llevaré la próxima vez que esté abierta. La Biblioteca de Hechicería no funciona en el mismo horario que la Biblioteca del Condado de Gatlin. Es un poco más irregular. Por supuesto que lo era. 192
  • 192. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas 31 de Octubre LA NOCHE DE LOS ESPÍRITUS L os únicos días del año que la Biblioteca del Condado de Gaitlin estaba cerrada eran los feriados de los bancos — como Acción de Gracias, Navidad, Pascua. Como resultado esos eran los únicos días en que la Biblioteca para Hechiceros del Condado de Gaitlin estaba abierta, algo que aparentemente no era algo que Marian pudiera controlar. —Enójate con el Condado. Como dije, yo no hago las reglas—. Me preguntaba a que Condado se refería — ese en el que yo había vivido toda mi vida, o el que había estado escondido durante el mismo periodo de tiempo. Aún así, Lena parecía casi esperanzada. Por primera vez, parecía que ella creía que podía existir una forma de prevenir lo que siempre había considerado inevitable. Marian no podía darnos las respuestas, pero ella nos daba confianza en la ausencia de las dos personas en las que más confiábamos, quienes no se habían ido a ninguna parte, pero parecían tan lejos como si lo hubieran hecho. Yo no le dije nada a Lena, pero sin Amma me sentía perdido. Y sin Macon, Lena ni siquiera alcanzaba a sentirse perdida. Marian sí nos dio algo, las cartas de Ethan y Genevieve, tan antiguas y delicadas que eran casi transparentes, y todo lo que ella y mi madre habían coleccionado sobre ellos. Un gran montón de papeles en una polvorienta caja marrón, con cartón impreso a los lados para hacerlo parecer paneles de madera. 193
  • 193. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas A pesar de que Lena adoraba analizar la prosa de las cartas ——los días sin ti se desangran juntos hasta que el tiempo no es nada más que otro de los obstáculos que debemos vencer—— todo lo que parecían contener era una historia de amor con un final realmente malo y oscuro. Pero era todo lo que teníamos. Ahora todo lo que teníamos que hacer era descifrar que era lo que estábamos buscando. La aguja en el pajar, o en este caso, en la caja de cartón. Así que hicimos lo único que podíamos hacer. Empezamos a buscar. Después de dos semanas, había pasado más tiempo con Lena buscando entre los papeles del camafeo de lo que hubiera pensado posible. Entre más leíamos las cartas, más parecía que estábamos leyendo sobre nosotros mismos. En la noche, nos quedábamos despiertos hasta tarde tratando de resolver los misterios de Ethan y Genevieve, un mortal y una Hechicera, desesperados por encontrar una forma de estar juntos, en contra de todas las posibilidades. En la escuela, nos enfrentábamos a las situaciones complicadas de nuestra propia realidad, soportar ocho horas en la Secundaria Jackson, se estaba haciendo cada vez más difícil. Cada día se inventaban una nueva intriga para hacer expulsar a Lena, o para separarla de mí. Especialmente si ese día era Halloween. Halloween usualmente, era una fiesta importante en Jackson. Para un chico, cualquier cosa que involucrara disfraces era un accidente a punto de ocurrir. Y entonces, estaba el estrés de preguntarte si ibas o no a estar en la lista de invitados de la fiesta anual de Savannah Snow. Pero Halloween tomaba un significado totalmente nuevo cuando la chica por la que estabas loco era una Hechicera. No tenía idea de que debía esperar cuando Lena me recogió para ir a la escuela, a un par de cuadras de mi casa, en la esquina que nos aseguraba que estábamos a salvo de los ojos que Amma parecía tener en la espalda. —No estás vestida para la ocasión— Dije, sorprendido. —¿A qué te refieres? —Pensé que hoy usarías un disfraz, o algo— Yo supe que sonaba como un idiota un segundo después de que las palabras salieran de mi boca. —Oh, ¿tu creías que los hechiceros nos vestíamos especialmente para Halloween y volábamos por ahí en nuestras escobas?— Ella se rió. —No quise decir—— —Siento decepcionarte. Nosotros sólo nos vestimos especialmente para la cena como lo haríamos para cualquier otro día feriado. 194
  • 194. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —Entonces es un día feriado, también para ustedes. —Es la noche más sagrada del año, y la más peligrosa— la más importante de nuestras cuatro festividades principales. Es nuestra versión de la Noche de Año Nuevo, el fin de un año viejo y el comienzo de uno nuevo. —¿A qué te refieres con peligrosa? —Mi abuela dice que es la noche en la que el velo entre este mundo y el Otro Mundo, el mundo de los espíritus, se hace más delgado. Es una noche de poder y una noche de conmemoración. —¿El Otro Mundo? ¿Es como el Más allá? —Algo así. Es el reino de los espíritus. —Así que Halloween de verdad se trata de espíritus y fantasmas—. Ella puso sus ojos en blanco. —Nosotros recordamos los Hechiceros que fueron perseguidos por sus diferencias. Hombres y mujeres que fueron quemados por usar sus dones. —¿Te refieres a los juicios de Salem? —Creo que así es como los llamáis. Hubo juicios de brujas a lo largo de toda la costa oeste, no solamente en Salem. Los hubo por todo el mundo. Los juicios de brujería de Salem son tan sólo los que mencionan tus libros de texto.— Ella dijo —llamáis— como si fuera una palabra sucia, y hoy de entre todos los días, tal vez lo era. Condujimos por el Stop & Steal. Boo estaba sentado en la señal de pare de la esquina. Esperando. Él vio el coche fúnebre y corrió lentamente tras el auto. —Deberíamos llevar ese perro en el auto. Debe estar cansado, siguiéndote día y noche. Lena se asomó por el espejo retrovisor. —Él nunca entraría. Yo sabía que ella tenía razón. Pero cuando me giré para mirarlo de nuevo, podría jurar que el perro asintió. Vi a Link en el parqueadero. Estaba usando una peluca rubia y un suéter azul con un parche de los Wildcats. Incluso llevaba pompones. Se veía espantoso y de hecho se parecía un poco a su madre. El equipo de basquetbol había decidido ir disfrazado de porristas este año. Con todo lo que ha estado pasando, 195
  • 195. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas me olvidé— o al menos eso me dije a mí mismo. Yo iba a meterme en un lío por esto, y Earl tan sólo estaba esperando por una razón para atacarme. Desde que comencé a salir con Lena, había mejorado muchísimo en la cancha. Ahora yo era el lanzador central, en lugar de Earl, quien no estaba muy feliz por eso. Lena juraba que la magia no tenía nada que ver con ello, por lo menos ningún tipo de magia de Hechicero. Ella fue a un juego y yo encesté cada tiro. El inconveniente era, que ella estaba en mi cabeza durante todo el juego, preguntándome un millón de cosas sobre tiros de falta y asistencias y la regla de los tres segundos. Resultó que ella nunca había ido a un juego. Fue peor que ir con Las Hermanas a la feria del Condado. Después de eso ella decidió no volver a los juegos. A pesar de todo, yo podía sentirla escuchando cada vez que jugaba. Podía sentirla conmigo. Por otro lado, tal vez ella era la razón por la que las porristas estaban teniendo un año más difícil de lo normal. Emily estaba teniendo dificultades sosteniéndose en la cima de la pirámide durante los juegos, pero nunca le pregunté a Lena sobre eso. Hoy era difícil reconocer a mis compañeros de equipo, hasta que te acercabas lo suficiente y veías sus caras y piernas peludas. Link nos alcanzó. Él se veía peor de cerca. Había intentado maquillarse, pintalabios rosa incluido. Se levantó su falda, estirando las tirantes pantimedias que llevaba debajo. —Apestas— dijo, señalándome a través de una fila de autos. —¿Dónde está tu disfraz? —Lo siento, hombre. Lo olvidé. —Mentira. Tú simplemente no querías someterte a esta mierda. Te conozco, Wate. Te asustaste. —Lo juro, simplemente lo olvidé. Lena le sonrió a Link. —Creo que te ves fantástico. —No sé cómo lo hacéis las chicas para usar toda esta basura en vuestras caras. Pica como el demonio. Lena hizo una cara. Ella casi nunca usaba maquillaje; ella no tenía que hacerlo. —Sabes, no es como si firmáramos un contrato con Maybelline cuando cumplimos trece— Lena le dio unas palmaditas a su peluca y metió otro par de medias bajo su suéter. —Puedes decirle eso a Savannah. 196
  • 196. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Caminamos hacia la entrada principal, y Boo estaba sentado en el campo, al lado del asta de la bandera. Estuve a punto de preguntar cómo era posible que el perro hubiera llegado a la escuela antes que nosotros, pero ahora sabía que era inútil molestarme. Los pasillos estaban llenos. Parecía que la mitad de la escuela estaba faltando al primer periodo. El resto del equipo de basquetbol estaba reunido en el casillero de Link, vestidos como mujeres, lo que era un gran éxito. Aunque a mí no me interesaba. —¿Donde están tus pompones Wate?— Emory sacudió uno en mi cara. —¿Cual es el problema? ¿Esas patas de pollo no se ven bien con una falda? Shawn terminó de ponerse su suéter. —Apuesto a que una de las chicas del equipo puede prestarte una falda. Algunos de los chicos se rieron. Emory me rodeó con su brazo, inclinándose más cerca. —¿Qué pasa, Wate? ¿O Halloween pasa a ser un día común cuando sales con una chica que vive en la mansión encantada? Lo agarré de la parte de atrás de su suéter. Una de las medias de su brasier se cayó al suelo. —¿Quieres hacer esto ahora, Em? Él se encogió de hombros. —Como quieras. Va a pasar tarde o tempranoLink se interpuso en medio. —Damas, damas. Estamos aquí para animar. Y tú no quieres arruinar esa hermosa cara, Em. Earl sacudió su cabeza, empujando a Em por el pasillo frente a él. Como de costumbre, él no dijo nada, pero yo sabía lo que significaba su mirada. Una vez que vas por ese camino, Wate, no hay forma de retroceder. Parecía que el equipo de básquet era la comidilla de la escuela, hasta que vi el verdadero equipo de porristas. Resultó que mis compañeros no fueron los únicos en decidirse por un disfraz grupal. Lena y yo íbamos camino a clase de inglés cuando las vimos. —Santa mierda— Link golpeó mi brazo con el reverso de su mano. —¿Qué? Ellas estaban marchando por el pasillo en una sola fila. Emily, Savannah, Eden y Charlotte, seguidas por cada miembro de la escuadra de porristas de los Wildcats de 197
  • 197. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Jackson. Ellas estaban vestidas exactamente igual con vestidos negros ridículamente cortos, por supuesto, botas de punta negras, y altos sombreros de bruja doblados. Pero eso no era lo peor. Ellas usaban pelucas negras rizadas en largos tirabuzones salvajes. Y con maquillaje negro, justo debajo de sus ojos tenían medias lunas dibujadas con exagerado cuidado. La inconfundible marca de nacimiento de Lena. Para completar el efecto, cargaban escobas, pretendiendo barrer frenéticamente los pies de la gente mientras caminaban por el pasillo, en procesión. ¿Brujas? ¿En Halloween? Que creativo. Yo apreté su mano. Su expresión no cambió, pero podía sentir su mano temblando. Lo siento, Lena. Si tan sólo ellas supieran. Esperé que el edificio comenzara a temblar, las ventanas a estallar, algo. Pero nada pasó. Lena simplemente se quedó de pie, agitada. La futura generación de la HRA se dirigía hacia nosotros. Decidí encontrarlas a mitad del camino. —¿Dónde está tu disfraz Emily? ¿Te olvidaste de que es Halloween? Emily se veía confusa. Entonces me sonrió, esa sonrisa dulzona de alguien que está demasiado orgulloso de sí mismo. —¿A qué te refieres Ethan? ¿No es esto lo que te gusta ahora? —Tan sólo estábamos tratando de hacer que tu novia se sienta en casa— dijo Savannah, masticando su chicle. Lena me miró. Ethan, detente. Tan sólo vas a empeorar las cosas para ti mismo. No me importa. Yo puedo soportar esto. Lo que te pasa a ti me pasa a mí. Link caminaba a mi lado, estirando sus pantimedias. —Hey chicas, pensé que hoy iban a vestirse de perras. Oh, espera, eso es todos los días. Lena le sonrió a Link a pesar de sí misma. —Cierra tu boca, Wesley Lincoln. Voy a decirle a tu madre que estás juntándote con este fenómeno, y no te dejará salir de tu casa hasta navidad. 198
  • 198. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —Sabes que significa esa cosa en su cara. ¿Verdad?— Emily sonrió, señalando la marca de nacimiento en la mejilla de Lena hacia la media luna que ella dibujó en su mejilla. — Es llamada la marca de la bruja. —¿Buscaste eso anoche en Internet? Eres aún más idiota de lo que pensé— Yo me reí. —El idiota eres tú. Tú eres el que está saliendo con ella. Yo estaba poniéndome rojo, y eso era lo último que quería que pasara. Esta no era una conversación que yo quisiera tener en frente de toda la escuela, eso sin mencionar el hecho de que no estaba seguro de que Lena y yo estuviéramos saliendo. Nos habíamos besado una vez. Y siempre estábamos juntos, de una forma u otra. Pero ella no era mi novia, por lo menos yo no pensaba que lo fuera, incluso cuando la había escuchado decirlo en la reunión. ¿Y qué se suponía que hiciera, preguntar? A lo mejor esta era una de esas cosas que si tenías que preguntar, la respuesta era probablemente, no. Había una parte de ella que aún parecía contenerse conmigo, una parte de ella que yo simplemente no podía alcanzar. Emily me pinchó con el extremo de su escoba. Podía ver como el concepto de —estaca en el corazón— le parecía atractivo, justo ahora. —Emily, porque no vas y saltas desde una ventana. Mira si puedes volar. O no. Sus ojos se achicaron. —Espero que disfrutéis estar sentados juntos en casa esta noche, mientras el resto de la escuela está en la fiesta de Savannah. Este será el último feriado que ella pase en Jackson.— Emily giró y marchó de vuelta por el pasillo hacia su casillero, con Savannah y sus esbirros siguiéndola de cerca. Link estaba bromeando con Lena, tratando de animarla, lo que no era difícil, considerando lo ridículo que se veía. Como dije, siempre podía contar con Link. —Ellas realmente me odian. Nunca van a olvidarlo. ¿Verdad?— Lena suspiró. Link comenzó una porra, saltando alrededor y agitando sus pompones. —Ellas te odian, sí señor. Ellas nos odian a todos. ¿Qué dices tú? —Yo estaría más preocupada si les gustaras— Me incliné hacia ella y la rodeé con mi brazo incómodamente, o al menos traté de hacerlo. Ella me esquivó, mi mano apenas rozó su hombro. Fantástico. Aquí no. ¿Por qué? Simplemente estás empeorando las cosas para ti. Soy un glotón del castigo. 199
  • 199. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —Suficiente con la muestra de afecto en público.— Link me dio un codazo en las costillas. —Van a hacerme sentir mal conmigo mismo, ahora que me he condenado a otro año sin una cita. Vamos a llegar tarde a clase de inglés, y tengo que quitarme estas pantimedias en el camino. Me están causando una seria comezón. —Yo tan sólo tengo que ir a mi casillero y sacar mi libro.— dijo Lena. Su cabello comenzó a ondular sobre sus hombros. Yo desconfié un poco, pero no dije nada. Emily, Savannah, Charlotte y Eden estaban paradas frente a sus casilleros, arreglándose frente a los espejos que colgaban de sus puertas. El casillero de Lena estaba a pocos metros, bajando por el pasillo. —Tan sólo ignóralas.— Le dije. Emily estaba frotando su mejilla con un kleenex. La marca en forma de media luna tan sólo estaba haciéndose más grande y negra, por más que frotaba. —Charlotte, ¿Tienes algún removedor de maquillaje? —Claro. Emily trató de limpiar su mejilla unas cuantas veces más. —Esto no quiere salir. Savannah, pensé que habías dicho que esto saldría con agua y jabón. —Así es. —¿Entonces por qué no sale?— Emily cerró la puerta de su casillero con fuerza, enojada. El drama obtuvo la atención de Link. —¿Qué están haciendo esas cuatro allá? —Parece que están teniendo problemas— dijo Lena, apoyándose contra su casillero. Savannah trató de limpiar la media luna negra de su propia mejilla. —La mía tampoco sale. Ahora la luna era una mancha que cubría la mitad de su cara. Savannah comenzó a buscar en su bolso. —Tengo el lápiz justo aquí. Emily sacó su bolso del casillero, buscando adentro. —Olvídalo. Tengo el mío en mi bolso. —Que demo—— Savannah sacó algo de su bolso. —¿Usaste un Sharpie?— Emily se rió. Savannah sostuvo el marcador frente a sus ojos. —Por supuesto que no. No tengo idea de cómo llegó esto aquí. 200
  • 200. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —Eres una tonta. Eso no va a salir antes de la fiesta de esta noche. —No puedo tener esta cosa en mi cara toda la noche. Voy a vestirme de Afrodita, la Diosa griega. Esto arruinaría totalmente mi disfraz. —Deberías haber tenido más cuidado— Emily seguía buscando en su pequeño bolso plateado. Finalmente lo puso en el suelo debajo de su casillero, labiales y esmalte de uñas rodaban por el piso. —Tiene que estar aquí. —¿De qué están hablando?— Preguntó Charlotte. —El maquillaje que usé esta mañana, no está aquí.— Ahora, Emily estaba atrayendo una gran audiencia; la gente se detenía para ver que estaba pasando. Un Sharpie rodó hacia la mitad del pasillo. —¿Tú también usaste un Sharpie? —¡Por supuesto que no!— gritó Emily, frotando su cara fanáticamente. Pero la luna negra tan sólo se hacía más grande y negra como las otras. —¿Qué diablos está pasando? —Yo sé que tengo el mío— dijo Charlotte, abriendo la puerta de su casillero. Ella lo abrió y se quedó parada durante unos segundos, mirando hacia adentro. —¿Qué pasa?— Demandó Savannah. Charlotte sacó su mano de su casillero. Estaba sosteniendo un Sharpie. Link sacudió sus pompones. —¡Las porristas son las mejores! Yo miré a Lena. ¿Sharpie? Una sonrisa traviesa apareció en su cara. Pensé que no podías controlar tus poderes. Suerte de principiante. Para el final del día, toda la escuela estaba hablando del escuadrón de porristas. Aparentemente, cada una de las animadoras que se disfrazó de Lena, de alguna manera había usado un Sharpie en lugar de delineador de ojos para dibujar la luna Creciente en su cara. Animadoras. Los chistes eran infinitos. 201
  • 201. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Todas ellas tendrían que caminar por el pueblo, cantar en el coro de la iglesia y animar en los juegos, con Sharpie en sus caras por los próximos días, hasta que desaparezca. La Sra. Lincoln y la Sra. Snow van a sufrir un infarto. Yo tan sólo deseaba estar lo suficientemente cerca para presenciarlo. Después de la escuela, acompañé a Lena hasta su auto, lo que era una simple excusa para tener su mano entre las mías por un rato más. Las intensas sensaciones físicas que sentía cada vez que la tocaba no eran tan disuasivas como uno podría imaginarse. Sin importar como se sintiera, bien fuera que estuviera ardiendo o explotando bombillas o siendo alcanzado por rayos, tenía que estar cerca de ella. Era como comer o respirar. Yo no tenía elección. Y eso era más tenebroso que un mes completo de días de Halloween, y me estaba matando. —¿Qué vas a hacer esta noche?— Mientras hablaba, ella pasaba una mano por su cabello distraídamente. Estaba sentada sobre el coche fúnebre y yo estaba parado justo en frente de ella. —Pensé que quizás quisieras venir, podríamos quedarnos en casa y abrir la puerta cuando pidan dulces. Podrías ayudarme a vigilar el patio para asegurarnos de que nadie trate de quemar una cruz en el— Yo trataba de no pensar demasiado en el resto de mi plan, que incluía a Lena y nuestro sofá y películas viejas y a una Amma ausente durante el resto de esa noche. —No puedo. Esta es una de las fiestas principales. Hay familiares visitándonos desde todo el mundo. Tío M no me dejaría salir de la casa durante cinco minutos, eso sin mencionar el peligro. Yo nunca le abriría mi puerta a extraños durante una noche con tanto poder oscuro. —Yo nunca lo había pensado de esa manera— Hasta ahora. Para cuando llegué a casa, Amma estaba alistándose para salir. Ella estaba hirviendo un pollo en la estufa y mezclando pasta de bizcochos con sus manos, —de la única forma en que cualquier mujer que se respete prepara sus bizcochos—. Yo miré sospechosamente el recipiente, preguntándome si esta comida era para nuestra cena o para la de los espíritus. Yo pellizqué un poco de masa, y ella agarró mi mano. —L.A.D.R.O.N.Z.U.E.L.O.— Yo sonreí. —Como sea, mantén tus ladronas manos alejadas de mis galletas, Ethan Wate. Hay gente hambrienta a la que tengo que alimentar.— Supongo que no comeré galletas y pollo esta noche. Amma siempre iba a casa el día de Halloween. Ella decía que era una noche especial en la iglesia, pero mi madre solía decir que era tan sólo una buena noche para los 202
  • 202. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas negocios ¿Qué mejor noche para que te lean las cartas que en la de Halloween? No podrías obtener la misma audiencia en Pascuas o el Día de San Valentín. Pero a la luz de los últimos sucesos, me pregunté si no había alguna otra razón. Quizás era también una buena noche para leer los huesos de pollo en el cementerio. No podía preguntar, y no estaba seguro si quería saber. Extrañaba a Amma, extrañaba hablar con ella, extrañaba confiar en ella. Si ella notaba la diferencia, no lo dejaba ver. Quizás ella tan sólo pensó que yo estaba creciendo, o quizás lo estaba. —¿Vas a ir a esa fiesta en la casa de los Snows? —No, me quedaré en casa simplemente este año. Ella levantó una ceja, pero no iba a preguntar. Ella ya sabía por qué no iba. Haz tu cama, será mejor que te prepares para tenderte sobre ella. No dije nada. Ya lo sabía. Ella no esperaba una respuesta. —Me estoy preparando para irme en unos minutos. Les abres la puerta a esos jovencitos cuando vengan. Tu padre está ocupado trabajando.— Como si mi padre fuese a salir de su exilio auto—impuesto para abrirles la puerta a los que hacen −dulce o travesura. —Por supuesto. Las bolsas de dulces estaban en el vestíbulo. Las desgarré y los coloqué dentro de un gran bol de vidrio. No podía sacarme las palabras de Lena de la cabeza. Una noche de tanto poder Oscuro. Recordé a Ridley parada frente a su auto, afuera del Stop & Steal, toda dulces y pegajosas sonrisas y piernas. Obviamente, identificar fuerzas Oscuras no era uno de mis talentos, o decidir a quién y a quién no debería abrirle la puerta de entrada. Como dije, cuando la chica en la que no puedes dejar de pensar es una Hechicera, Halloween toma un sentido completamente distinto. Miré el bol de dulces en mis manos. Luego abrí la puerta de entrada, puse el bol en el porche, y volví adentro. Mientras me resolvía a ver El Resplandor, me encontré extrañando a Lena. Dejé que mi mente vagara, pues normalmente encontraba una forma de vagar por dondequiera que ella estuviese, pero ella no estaba ahí. Me dormí en el sofá esperando a que ella soñase conmigo, o algo así. Me sorprendió un golpe en la puerta. Miré mi reloj. Eran cerca de las diez, muy tarde para quienes hacían dulce o travesura. —¿Amma? No hubo respuesta. Escuché golpear nuevamente. 203
  • 203. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —¿Eres tú? La sala de estar estaba a oscuras, y la única luz de la TV estaba parpadeando. Era la parte en El Resplandor cuando el padre rompía la puerta de la pieza del hotel con su hacha ensangrentada para apalear a su familia. No era el mejor momento para abrir la puerta, especialmente en Halloween. Otro golpe. —¿Link?— Apagué la TV y busqué algo que coger alrededor, pero no había nada. Cogí una vieja consola de juegos, que estaba sobre una pila de videojuegos. No era un bate de béisbol, pero era algo de decente tecnología Japonesa antigua. Debía pesar por lo menos unos 3 kilógramos (5 libras). Lo levanté por sobre mi cabeza y me acerqué un paso más a la pared que separa la sala de estar de el vestíbulo. Otro paso, y corrí la cortina de encaje que cubría los paneles de vidrio de la puerta, sólo un milímetro. En la oscuridad del porche sin luz, no podía ver su cara. Pero reconocería esa vieja van color beige, que seguía andando en la calle frente a mi casa, en cualquier parte. — Arena del Desierto,— solía decir ella. Era la madre de Link, sosteniendo un plato con brownies. Yo seguía sosteniendo la consola. Si Link me hubiese visto, no me dejaría vivir sin recordármelo. —Espere un minuto, Sra. Lincoln.— Prendí la luz del porche, y quité el pestillo de la puerta de entrada. Pero cuando intenté abrirla, la puerta se atascó. Chequeé el pestillo nuevamente, y seguía con pestillo, aunque recién se lo había quitado. —¿Ethan? Descorrí el pestillo nuevamente. Se cerró con un chasquido, antes de que pudiese sacar mi mano de él. —Lo siento, Sra. Lincoln, parece que mi puerta está trabada.— Empujé la puerta con todo mi peso, haciendo malabarismos con la consola. Algo cayó al suelo frente a mí. Me detuve para recogerlo. Ajo, envuelto en uno de los pañuelos de Amma. Si tuviese que adivinar, diría que había uno en cada puerta y en cada alféizar de las ventanas. La pequeña tradición de Halloweeen de Amma. Aún así, algo no dejaba que la puerta se abriese, así como algo había intentado abrir la puerta del estudio para mí hace sólo un par de días. ¿Cuántos pestillos en esta casa iban a simplemente correrse y descorrerse solos? ¿Qué estaba pasando? Descorrí el pestillo una vez más y le di a la puerta un último tirón. Se abrió de golpe, golpeándose contra la pared del vestíbulo. La Sra. Lincoln estaba alumbrada por detrás, una oscura figura en una piscina de pálida luz de lámpara. La silueta era inquietante. Ella fijó su mirada en la consola de juegos en mi mano. —Los videojuegos pudrirán tu cerebro, Ethan. 204
  • 204. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —Sí, señora. —Te traje unos brownies. Una oferta de paz.— Ella me los tendió expectante. Debería haberla invitado a entrar. Había una fórmula para todo. Supongo que podrías llamarlos modales, hospitalidad Sureña. Pero había intentado eso con Ridley, y no había ido tan bien. Vacilé. —¿Qué está haciendo acá afuera esta noche, señora? Link no está aquí. —Por supuesto que no está aquí. Él está en la casa de los Snows, que es donde cada respetable miembro del cuerpo estudiantil debiese ser lo suficientemente suertudo para estar. Tomó un gran número de llamadas telefónicas de mi parte para obtenerle una invitación, a la luz de su reciente comportamiento. Todavía no podía comprenderlo. Había conocido a la Señora Lincoln a lo largo de toda mi vida. Ella siempre había sido un bicho raro. Ocupada haciendo que se saquen libros de los estantes de la biblioteca, que despidan a los profesores de las escuelas, que las reputaciones se arruinen en una sola tarde. Últimamente, ella era diferente. La cruzada contra Lena era diferente. La Señora Lincoln siempre había tenido convicción, pero esto era personal. —¿Señora? Ella lucía agitada. —Te hice brownies. Pensé que podría entrar, y así podríamos hablar. Mi lucha no es contra ti, Ethan. No es tu culpa el hecho de que esa chica esté usando su hechicería en ti. Tú deberías estar en la fiesta, con tus amigos. Con los chicos que pertenecen aquí.— Ella me tendió los brownies, los pegajosos brownies de fudge con el doble de chips de chocolate eran siempre la primera cosa en ir a la Venta de Pasteles de la Iglesia Bautista. Había crecido con esos brownies. —¿Ethan? —Señora. —¿Puedo pasar? No moví ni un músculo. Mi agarre se tensó alrededor de la consola. Miré los brownies y repentinamente ya no tenía hambre en absoluto. Ni siquiera el plato, ni una miga de esa mujer era bienvenida en mi casa. Mi casa, como Ravenwood, estaba comenzando a tener su propia mente, y no había una sola parte en mí o en mi casa que la deje entrar. —No, señora. —¿Qué fue eso, Ethan? —No. Señora. Estrechó sus ojos. Ella empujó el plato hacia mí, como si fuese a entrar de todas formas, pero se sacudió como si se hubiese golpeado contra una muralla invisible entre ella y yo. Vi el plato irse abajo, cayendo lentamente al suelo hasta que se quebró en un millón de pequeños pedazos de cerámica y chocolate, todo sobre nuestro felpudo de 205
  • 205. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Feliz Halloween. A Amma le daría un ataque en la mañana. Ella se echó hacia atrás y bajó los escalones del porche con cautela, y desapareció en la oscuridad del viejo Arena del Desierto. ¡Ethan! Su voz me sacó en un segundo de mi sueño. Debo haberme quedado dormido. La maratón del horror se había acabado y la televisión se había convertido en un ruidoso y gris salvapantallas de —sin señal. ¡Tío Macon! ¡Ethan! Lena gritaba. En alguna parte. Podía oír el terror en su voz, y me dolía tanto la cabeza que por un segundo olvidé donde estaba. ¡Qué alguien me ayude, por favor! Mi puerta de entrada estaba completamente abierta, meciéndose y golpeándose con el viento. El sonido retumbaba en las paredes, como disparos. ¡Pensé que habías dicho que estaba a salvo aquí! Ravenwood. Agarré las llaves del viejo Volvo, y corrí. No puedo recordar cómo es que llegué a Ravenwood, pero sé que casi me salí del camino un par de veces. Mis ojos apenas podían enfocar. Lena estaba sometida a tanto dolor, y nuestra conexión era tan fuerte, que casi pierdo el conocimiento por sólo sentirlo a través de ella. Y los gritos. Los gritos eran continuos, desde el momento en el que desperté, hasta el momento en el que presioné la luna creciente y entré a la casa señorial de Ravenwood. Mientras la puerta de entrada se abría, pude ver que Ravenwood se había transformado nuevamente. Esta noche, era casi como un tipo de castillo antiguo. Los candelabros proyectaban extrañas sombras en la multitud vestidos de togas, vestidos, y chaquetas negras, superando el número de invitados de la Reunión. ¡Ethan! ¡Apresúrate! No puedo seguir aguantándolo… —¡Lena!— Grité. —¡Macon! ¿Dónde está? Nadie siquiera me miró. No vi a nadie a quien reconociera, aunque el vestíbulo estaba repleto de invitados, circulando de sala en sala como fantasmas en una fiesta 206
  • 206. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas embrujada. Ellos no eran de por aquí, por lo menos por cientos de años. Vi hombres en faldas oscuras y rústicas ropas Gaélicas, y a mujeres en vestidos con corsé. Todo era negro, envuelto en sombra. Pasé por entre la multitud y entré a lo que parecía ser un gran salón de baile. No podía ver a ninguno de ellos—ni a Tía Del, ni a Reece, ni siquiera a la pequeña Ryan. Las velas crepitaron en llamas en las esquinas de la sala, y en lo que parecía ser una orquesta translúcida de extraños instrumentos musicales que se movían dentro y fuera del foco, tocándose a sí mismos, mientras las oscuras parejas iban girando y deslizándose en el piso, que ahora era de piedra. Los bailarines ni siquiera parecen estar conscientes de mi presencia. La música era claramente música de Hechiceros, que conjuraba un hechizo por sí misma. Eran de cuerdas, principalmente. Podía oír el violín, la viola, el cello. Casi podía ver la telaraña que se tejía de bailarín en bailarín, la forma en que se acercaban y se alejaban los unos a los otros, como si hubiese un patrón premeditado, y todos ellos fuesen parte del diseño. Y yo no lo fuese. Ethan— Tenía que encontrarla. Hubo un repentino aumento de dolor. Su voz se estaba volviendo más silenciosa. Me tropecé, agarrándome del hombro de uno de los invitados en toga que estaba a mi lado. Todo lo que hice fue tocarlo y el dolor, el dolor de Lena, fluyó a través de mí y entró en él. Él se tambaleó, chocando contra una pareja que bailaba a su lado. —¡Macon!— Grité con todas mis fuerzas. Vi a Boo Radley estaba al comienzo de las escaleras, como si estuviese esperándome. Sus ojos redondos y humanos se veían aterrados. —¡Boo! ¿Dónde está ella?— Boo me miró, y vi los ojos nublados y de color gris acero de Macon Ravenwood; por lo menos, podría haber jurado que lo hice. Luego Boo dio media vuelta y empezó a correr. Lo perseguí, o pensé que lo estaba persiguiendo, subiendo las escaleras de espiral de piedra corriendo de lo que ahora era el Castillo de Ravenwood. En el descanso de la escalera, él esperó a que yo lo alcanzara, luego corrió hacia una oscura sala al final del pasillo. Viniendo de Boo, esto era prácticamente una invitación. Él ladró, y dos enormes puertas de roble crujieron al abrirse por sí solas. Estaban tan lejos de la fiesta que no podía escuchar la música ni el parloteo de los invitados. Era como si hubiésemos entrado a un lugar y a un tiempo distinto. Incluso el castillo estaba cambiando bajo mis pies, con las rocas desmenuzándose y las paredes volviéndose musgosas y frías. Las luces se habían convertido en antorchas que colgaban en las paredes. 207
  • 207. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Conocía lo viejo. Gaitlin era viejo. Había crecido en lo viejo. Esto era algo completamente distinto. Como Lena había dicho, un Año Nuevo. Una noche fuera de tiempo. Cuando entramos a la cámara principal, me llamó la atención el cielo. La habitación estaba completamente abierta a los cielos, como un invernadero. El cielo sobre nosotros era negro, el cielo más negro que he visto. Como si estuviésemos en el centro de una terrible tormenta, aunque la sala estaba silenciosa. Lena estaba tendida sobre una pesada mesa de piedra, doblada en posición fetal. Ella estaba empapada en su propio sudor y retorciéndose de dolor. Todos ellos estaban parados a su alrededor—Macon, Tía Del, Barclay, Reece, Larki, incluso Ryan, y una mujer a la que no reconocí, tomados de las manos, formando un círculo. Sus ojos estaban con los ojos muy abiertos, pero ellos no estaban viendo. Ellos ni siquiera se dieron cuenta de que yo estaba en la habitación. Podía ver que sus bocas se estaban moviendo, murmurando algo. Mientras me acercaba a Macon, me di cuenta de que no estaban hablando en inglés. No podría asegurarlo, pero había pasado el suficiente tiempo junto a Marian para pensar que eso era latín. —Sanguis sanguinis mei, tutela tua est. Sanguis sanguinis mei, tutela tua est. Sanguis sanguinis mei, tutela tua est. Sanguis sanguinis mei, tutela tua est. Todo lo que podía oír era el silencioso murmuro, el cántico. Ya no podía escuchar a Lena. Mi cabeza estaba vacía. Ella se había ido. ¡Lena! ¡Respóndeme! Nada. Ella estaba simplemente tendida allí, gimiendo suavemente, doblándose lentamente como si ella estuviese intentando despojarse de su propia piel. Seguía sudando, sudor mezclado con lágrimas. Del rompió el silencio, histérica. —¡Macon, haz algo! No está funcionando. —Eso estoy intentando, Delphine.— Había algo en su voz que nunca antes había oído. Miedo. —No lo entiendo. Nosotros Envolvimos este lugar juntos. Este era el único lugar en el que se suponía que estaría a salvo.— Tía Del miró a Macon buscando respuestas. —Estábamos equivocados. Aquí no hay un cielo seguro para ella.— Una bella mujer de cómo la edad de mi abuela con espirales de pelo negro habló. Ella vestía unas hebras de abalorio alrededor de su cuello, apiladas una sobre la otra, y recargados anillos de 208
  • 208. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas plata en sus pulgares. Ella tenía la misma exótica cualidad que Marian poseía, de que parece venir de algún lugar muy lejano. —Tú no sabes eso, Tía Arelia.— Dijo bruscamente Del, y volviéndose a Reece. —Reece, ¿Qué está pasando? ¿Puedes ver algo? Los ojos de Reece estaban cerrados, y las lágrimas corrían por su cara. —No puedo ver nada, Mamma. El cuerpo de Lena se contrajo y ella gritó—o por lo menos ella abrió la boca y parecía como si estuviese gritando, pero ella no emitió ningún sonido. No podía seguir con esto. —¡Hagan algo! ¡Ayudadla!— Grité. —¿Qué estás haciendo tú aquí? Ándate. No es seguro,— advirtió Larkin. La familia había notado mi presencia por primera vez. —¡Concentraos!— Macon sonaba desesperado. Su voz se elevó por sobre las otras, más y más fuerte, hasta que él estaba gritando— —¡Sanguis sanguinis mei, tutela tua est! ¡Sanguis sanguinis mei, tutela tua est! ¡Sanguis sanguinis mei, tutela tua est! ¡Sangre de mi sangre, la protección es delgada! Los miembros del círculo tensaron sus brazos como para entregarle más fuerza al círculo, pero no funcionó. Lena seguía gritando, silenciosos gritos de terror. Esto era peor que los sueños. Esto era real. Y si ellos no iban a detenerlo, yo lo haría. Corrí hacia ella, agachándome bajo los brazos de Reece y Larkin. —¡Ethan, NO! Mientras entraba al círculo, lo podía oír. Un alarido. Siniestro, inquietante, como la voz del mismísimo viento. ¿O era una voz? No podía estar seguro. Aunque estaba a tan sólo un par de pies de la mesa donde ella se encontraba tendida, se sentía como si estuviese a un millón de millas más lejos. Algo estaba tratando de empujarme hacia atrás, algo más poderoso que cualquier cosa que haya sentido antes. Incluso más poderoso que cuando Ridley me estaba congelando la vida. Empujé con todo lo que había en mí contra ello. ¡Estoy llegando, Lena! ¡Resiste! 209
  • 209. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Lancé mi cuerpo hacia adelante, estirando mi mano, como lo había hecho en los sueños. El negro abismo en el cielo comenzó a girar. Cerré mis ojos y embestí hacia adelante. Nuestros dedos apenas se tocaron. Oí su voz. Ethan. Yo… El aire dentro del círculo se azotó a nuestro alrededor como un vórtice. Arremolinándose hacia el cielo, si es que podía ser llamado cielo. Hacia la oscuridad. Hubo un aumento, como una explosión, que golpeó a Tío Macon, a Tía Del, y a todos, golpeando sus espaldas contra las paredes detrás de ellos. Al mismo tiempo, el viento que giraba dentro del círculo roto fue succionado por la oscuridad sobre nosotros. Luego se acabó. El castillo se convirtió en un ático normal, en una ventana normal, que se abrió bajo los aleros. Lena estaba tendida sobre el suelo, en una maraña de pelo, partes del cuerpo, e inconsciencia, pero ella respiraba. Macon se paró en la puerta de entrada, mirándome fijamente, asombrado. Luego caminó hacia la ventana y la cerró fuertemente. La Tía Del me miró, con las lágrimas aún corriendo por su cara. —Si no lo hubiese visto yo misma… Me arrodillé junto a Lena. Ella no podía moverse ni hablar. Pero ella estaba viva. Podía sentirlo, un pequeño latido de corazón latiendo en su mano. Puse mi cabeza al lado de la de ella. Era todo lo que podía hacer para no colapsar. La familia de Lena lentamente se contrajo a nuestro alrededor, un oscuro círculo que hablaba por sobre mi cabeza. —Te lo dije. El chico tiene poderes. —Eso es imposible. Él es un Mortal. Él no es uno de nosotros. —¿Cómo es que un Mortal pudo romper el Círculo Sanguinis? ¿Cómo es que un Mortal pudo protegerse de un Mentem Interficere tan fuerte que hizo que Ravenwood se convirtiese en todo menos un lugar Desenvuelto? —No lo sé, pero debe haber una explicación.— Del levantó una mano por sobre su cabeza.—Evinco, contineo, colligo, includo.— Ella abrió sus ojos. —La casa sigue estando Envuelta, Macon. Puedo sentirlo. Pero ella llegó hasta Lena de todas formas. —Por supuesto que lo hizo. No podemos detener el que ella venga por los niños. 210
  • 210. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —Los poderes de Sarafine van creciendo cada día. Reece puede verla ahora, cuando mira los ojos de Lena.— La voz de Del era temblorosa. —El atacarnos aquí, esta noche. Ella sólo lo hizo para plantear su punto. —¿Y cuál sería ese punto, Macon? —Que ella puede. Podía sentir una mano en mi sien. Me acariciaba, moviéndose a lo largo de mi frente. Traté de escuchar, pero la mano hizo que me diera sueño. Quería arrastrarme hasta mi casa, a mi cama. —O que ella no puede.— Miré hacia arriba. Arelia estaba frotando mis sienes, como si fuera un pequeño gorrión lastimado. De lo único que podía darme cuenta era de que ella estaba sintiendo por mí, por lo que estaba dentro de mí. Ella estaba buscando algo, hurgando en mi cabeza como si estuviese buscando un botón perdido o un calcetín viejo. —Ella fue insensata. Ella cometió un error crítico. Hemos aprendido la única cosa que en realidad necesitábamos saber,— dijo Arelia. —¿Así que concuerdas con Macon? ¿El chico tiene poderes?— Ahora, Del sonaba aún más desesperada. —Estuviste en lo correcto antes, Delphine. Debe haber alguna otra explicación. Él es un Mortal, y todos sabemos que los Mortales no pueden tener poderes por sí mismos,— dijo Macon bruscamente, como si él se estuviese intentando convencer a sí mismo tanto como al resto. Pero había comenzado a preguntarme qué si no era cierto. Él le había dicho lo mismo a Amma en el pantano, que yo tenía algún tipo de poder. Es sólo que no tenía sentido, ni siquiera para mí. Yo no era uno de ellos, por todo lo que sabía. Yo no era un Hechicero. Arelia miró a Macon. —Tú puedes envolver la casa todo lo que quieras, Macon. Pero yo soy tu madre y te digo que puedes traer a cada Duchannes, a cada Ravenwood, y hacer el Círculo tan amplio como este desolado condado si así lo deseas. Hechiza a todos los Vincula que puedas. No es la casa lo que la protege. Es el chico. Nunca había visto algo como esto. No hay un solo Hechicero que pueda separarlos. —Así parece.— Macon sonaba enojado, pero no cuestionó a su madre. Estaba demasiado cansado como para que me importara. Yo ni siquiera levanté mi cabeza. Podía oír a Arelia susurrando algo en mi oído. Sonaba como si estuviese hablando latín nuevamente, pero las palabras sonaban diferentes. 211
  • 211. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —¡Cruor pectoris mei, tutela tua est! ¡Sangre de mi corazón, la protección es delgada! 212
  • 212. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas 01 de Noviembre LA ESCRITURA EN LA PARED P or la mañana, no tenía idea de dónde estaba. Entonces vi las palabras que cubrían las paredes, la cama de hierro viejo, las ventanas y los espejos, todos los garabatos de la escritura a mano de Lena, y me acordé. Levanté la cabeza, y me limpié la baba de mi mejilla. Lena aún estaba dormida, podía ver el borde de su pie colgando sobre el borde de la cama. Me esforcé a levantarme, tenía una molestia en la espalda por dormir en el suelo. Me pregunté quién nos había traído desde el ático, y cómo. Mi teléfono celular se prendió, era la alarma predeterminada, por lo que Amma sólo tendría que gritarme desde las escaleras tres veces para que me levantara. Sólo que hoy, no sonaba a todo volumen —Rapsodia Bohemia—. Sonó la canción. Lena se incorporó, asustada, atontada. — Qu é P a s — — —Shh. Escucha. La canción había cambiado. Dieciséis lunas, dieciséis años, Dieciséis veces has soñado mis temores, Dieciséis intentarán enlazar las esferas, 213
  • 213. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Dieciséis gritos, pero sólo se oye... —¡Basta!— Ella me agarró el celular y lo apagó, pero el verso siguió sonando. —Se trata de ti, creo. Pero, ¿qué es enlazar las esferas? —Casi me muero anoche. Estoy harta de que todo sea acerca de mí. Estoy harta de todas estas cosas extrañas que me pasan. Tal vez la estúpida canción es acerca de ti, para un cambio. Tú eres realmente el único de dieciséis años aquí—. Frustrada, Lena echó una mano al aire y la abrió. Cerró el puño, y lo golpeó contra el suelo como si estuviera matando una araña. La música se detuvo. Hoy no había posibilidad de molestar a Lena. No podía culparla, para ser honesto. Ella se veía verde y tambaleante, tal vez incluso peor que Link aquella mañana después de que Savannah lo retara a tomarse la vieja botella de licor de menta de la despensa de su madre, el último día de clases antes del receso de invierno. Tres años más tarde y aún no se comía un bastón de caramelo. El cabello de Lena sobresalía en quince direcciones, y sus ojos estaban pequeños e hinchados de tanto llorar. Así que, así es como se ven las chicas por la mañana. Yo nunca había visto a una, ni de cerca. Traté de no pensar en Amma y el infierno que iba a pagar cuando llegara a casa. Me arrastré hasta la cama y tiré de Lena a mi regazo, pasando la mano a través de su loco cabello. —¿Estás bien? Cerró los ojos y hundió el rostro en mi sudadera. Sabía que para esta hora debía oler como una zarigüeya salvaje. —Creo que sí. —Podía oírte gritar, todo el camino desde mi casa. —Quién sabría que Kelting salvaría mi vida. Me había perdido algo, como de costumbre. —¿Qué es Kelting? —Así es como se llama, la forma en que somos capaces de comunicarnos unos con otros, no importa donde estemos. Algunos Hechiceros pueden hacerlo, algunos no. Ridley y yo solíamos ser capaces de hablar de una a la otra en la escuela de esa manera, pero—— —Pensé que dijiste que nunca había ocurrido antes —Nunca me ha ocurrido antes con un mortal. Tío Macon dice que es realmente raro. Me gusta el sonido de eso. 214
  • 214. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Lena me dio un codazo. —Viene de la parte Celta de nuestra familia. Es cómo los Hechiceros lograban mandarse mensajes unos a otros, durante los juicios. En los Estados Unidos, se solían llamar `Los susurradores´. —Pero yo no soy un Hechicero. —Lo sé, es muy raro. No se supone que funcione con los mortales.— Por supuesto que no. —¿No te parece que es un poco más raro? Podemos hacer eso del Kelting, Ridley logró entrar a Ravenwood, por mí, incluso tu tío me dijo que te puedo proteger de alguna manera. ¿Cómo es eso posible? Quiero decir, no soy un Hechicero. Mis padres son diferentes, pero no son ‗tan‘ diferentes. Ella se apoyó en mi hombro. —Tal vez no tienes que ser un Hechicero para tener poder. Le coloqué el pelo detrás de la oreja. —Tal vez sólo tienes que enamorarte de uno. Lo dije, así nada más. Nada de chistes estúpidos, ni de cambiar de tema. Por una vez, no estaba avergonzado, porque era la verdad. Había caído. Creo que siempre he estado cayendo. Y ella puede saberlo ahora, si es que ya no lo había descubierto, porque no había vuelta atrás. No para mí. Ella me miró, y el mundo entero desapareció. Como si no hubiese más que nosotros, como si siempre fuésemos sólo nosotros, y no necesitáramos magia para eso. Era una especie de alegría y tristeza, todo al mismo tiempo. No podría estar a su alrededor, sin sentir cosas, sin sentirlo todo. ¿Qué estás pensando? Ella sonrió. Creo que puedes descubrirlo. Puedes leer la escritura en la pared. Y como dijo, había algo escrito en la pared. Apareció, poco a poco, una palabra a la vez. Tú no eres el único enamorándose. 215
  • 215. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Se escribió a sí mismo, con la misma caligrafía negra y enroscada que cubría el resto de la habitación. Las mejillas de Lena se sonrojaron un poco, y se cubrió el rostro con las manos. —Va a ser realmente embarazoso si todo lo que pienso empieza a aparecer en las paredes. —¿No tenías la intención de hacer eso? —No. No tienes que sentirse avergonzada, L. Saqué sus manos. Porque siento lo mismo por ti. Sus ojos estaban cerrados, y me incliné para besarla. Fue un beso pequeño, un beso insignificante. Sin embargo, hizo que mi corazón se acelerara. Ella abrió los ojos y sonrió. —Quiero oír el resto. Quiero saber cómo me salvaste la vida. —Ni siquiera me acuerdo cómo llegué aquí, y luego no pude encontrarte, y tu casa estaba llena de todas esas personas escalofriantes que parecían estar en una fiesta de disfraces. —No lo estaban. —Me di cuenta. —¿Entonces me encontraste?— Apoyó la cabeza en mi regazo, mirándome con una sonrisa. —¿Entraste en la habitación en tu corcel blanco y me salvaste de una muerte segura a manos de un Hechicero Oscuro? —No bromees. Era realmente aterrador. Y no hubo ningún corcel, era más como un perro. —Lo último que recuerdo es al tío Macon hablando de la Vinculación.— Lena giró su pelo, pensando. —¿Qué era lo del Círculo? —El Círculo Sanguinis. El Círculo de Sangre. Traté de no parecer impresionado. Apenas podía soportar la idea de Amma y los huesos de pollo. No creo que pueda soportar la sangre de pollo real, al menos, esperaba que se tratara sólo de sangre de pollo. —Yo no vi la sangre. —No sangre real, idiota. La sangre como en los familiares, la familia. Mi familia entera está aquí para las vacaciones, ¿recuerdas? 216
  • 216. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —Correcto. Lo siento. —Te lo dije. Halloween es una noche poderosa para realizar hechizos. —Así que, ¿eso es lo que estaban haciendo aquí? ¿En ese círculo? —Macon quería Vincular Ravenwood. Siempre está Vinculado, pero él lo vincula de nuevo cada Halloween para el Año Nuevo. —Pero algo salió mal. —Supongo que sí, porque estábamos en el círculo, y luego oí hablar al tío Macon con la Tía Del, y entonces todo el mundo estaba gritando, y todos estaban hablando de una mujer. Sara algo. —Sarafine. Lo escuché, también. —Sarafine. ¿Era ese el nombre? Nunca lo escuché antes. —Ella debe ser una Hechicera Oscura. Todos parecían, no sé, asustados. Nunca he oído hablar a tu tío así. ¿Sabes lo que estaba sucediendo?, ¿Estaba realmente tratando de matarte?— No estaba seguro de querer saber la respuesta. —No lo sé. No recuerdo mucho, excepto esa voz, como si alguien me hubiese estado hablando realmente de muy lejos. Pero no puedo recordar lo que estaba diciendo. Ella se retorció en mi regazo, apoyándose torpemente en mi pecho. Casi parecía como si pudiese sentir su corazón latiendo sobre el mío, como un pequeño pájaro revoloteando en una jaula. Estábamos tan cerca como dos personas podrían estarlo, sin verse el uno al otro. Que, en mi opinión, era lo que los dos necesitábamos esta mañana. —Ethan. Nos estamos quedando sin tiempo. No sirve de nada. Lo que fuera, lo que fuese, ¿no crees que la razón por la que se acercó, es porque sabe que en cuatro meses voy a volverme Oscura? —No. —¿No? Eso es todo lo que tienes que decir sobre la peor noche de mi vida, cuando casi me muero?— Lena se alejó. —Piensa en ello. ¿Para qué querría esta Sarafine, quienquiera que sea, cazarte si vas a convertirte en uno de los malos? No, en ese caso los buenos serían los que te persigan. Mira a Ridley. Nadie en su familia la recibió exactamente con una alfombra de bienvenida. —Excepto tú. Idiota.— Me golpeó en broma en las costillas. 217
  • 217. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —Exactamente. Porque yo no soy un Hechicero, sólo soy un mortal insignificante. Y como dijiste tú misma, si me ordenaba que saltara desde un acantilado, lo hubiese hecho. Lena se echó el pelo hacia atrás. —Tu madre nunca te lo preguntó, Ethan Wate: ¿si tus amigos saltan por un acantilado, saltarías tú también? La rodeé con mis brazos, sintiéndome más feliz de lo que debería, después de lo de anoche. O tal vez era Lena quien se sentía mejor, y yo estaba contagiándome de ella. En estos días, una corriente tan fuerte fluía entre nosotros que era difícil separar lo que era yo, de lo que era ella. Todo lo que sabía era que quería darle un beso. Vas a la Luz. Y así lo hice. Definitivamente, a la Luz. La besé de nuevo, tirando de ella en mis brazos. Besarla era como respirar. Tuve que hacerlo. No podía evitarlo. Apreté mi cuerpo contra el suyo. Podía oír su respiración, sentir los latidos de su corazón contra mi pecho. Mi sistema nervioso parecía estar en llamas. Las puntas de mi cabello se erizaron. Su pelo negro se derramaba en mis manos, y ella se relajó contra mi cuerpo. Cada toque de su pelo era como un pinchazo de electricidad. Había estado esperando para hacer esto desde que la conocí por primera vez, desde la primera vez que soñé con ella. Era como ser alcanzado por un rayo. Éramos uno sólo. Ethan. Incluso en mi cabeza, pude oír la urgencia en su voz. Lo sentí también, como no lograba estar lo suficientemente cerca de ella. Su piel era suave y caliente. Podía sentir los pinchazos intensificándose. Nuestros labios eran brutales, no podíamos besarnos con más fuerza. La cama comenzó a temblar, y luego a levantarse. Podía sentirla balanceándose debajo de nosotros. Sentí que mis pulmones se estaban derrumbando. Mi piel estaba fría. Las luces se encendieron y se apagaron, y la habitación daba vueltas, o tal vez estaba oscureciendo, no lo podría decir y no sabía si era yo, o si fue la luz en la habitación. ¡Ethan! La cama se estrelló contra el piso. Escuché el sonido de vidrio, en la distancia, como si una ventana se hubiese roto. Escuché a Lena llorar. 218
  • 218. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Luego, la voz de un niño. —¿Qué pasa, Lena beana? ¿Por qué estás tan triste? Sentí una mano pequeña y cálida en el pecho. El calor irradiaba desde la mano, hacia mi cuerpo, y la habitación dejó de girar, y pude volver a respirar, y abrí mis ojos. Ryan. Me incorporé, mi cabeza palpitante. Lena estaba a mi lado, con la cabeza presionada contra mi pecho, en la misma posición en la que estaba una hora antes. Sólo que esta vez, sus ventanas estaban rotas, la cama se había derrumbado y una pequeña rubia de diez años, estaba de pie delante de mí con su mano sobre mi pecho. Lena, aún llorando, trató de impulsar el marco de un espejo roto lejos de mí, y lo que quedaba de su cama. —Creo que ahora sabemos que es Ryan. Lena sonrió, limpiándose los ojos. Se acercó a Ryan. —Un taumatólogo. Nunca hemos tenido una en nuestra familia. —Supongo que es el nombre elegante de los Hechiceros para un curandero—, le dije, frotándome la cabeza. Lena asintió con la cabeza y besó la mejilla de Ryan. —Algo así. 219
  • 219. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas 27 de Noviembre SIMPLEMENTE TUS TÍPICAS VACACIONES AMERICANAS L uego de Halloween, me sentí como en la calma después de la tormenta. Nos instalamos en una rutina, aunque sabíamos que teníamos poco tiempo. Caminaba hasta la esquina para esconderme de Amma, Lena me recogía en el coche fúnebre, Boo Radley nos alcanzaba en el Stop & Steal y nos seguía hasta el colegio. Con la ocasional excepción de Winnie Reid, el único miembro del grupo de Debate de Jackson, lo cual hacía que el debate fuese difícil, o de Robert Lester Tate, quién había ganado el Concurso Estatal de Deletreo dos años seguidos, la única persona que incluso se sentaba con nosotros en la cafetería era Link. Cuando no estábamos en el colegio comiendo en las gradas, o siendo espiados por el Director Harper, estábamos encerrados en la biblioteca releyendo papeles sobre el camafeo y esperando que Marian se equivocara y nos dijera algo. No hubo señales de coquetas primas Sirenas que porten un chupetín y un agarre mortífero, ni de inexplicables tormentas de 3ª Categoría o siniestras nubes negras en el cielo, ni siquiera una extraña cena con Macon. Nada fuera de lo normal. Excepto por una cosa. La cosa más importante. Estaba loco por una chica que de hecho sentía lo mismo por mí ¿En qué momento ocurrió eso? El hecho que ella fuese una Hechicera era casi más fácil de creer que el hecho de que ella existiera. Yo tenía a Lena. Ella era poderosa y hermosa. Cada día era terrorífico, y cada día era perfecto. ********* 220
  • 220. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —De todas formas, no sé por qué quieres venir a mi casa para el Día de Acción de Gracias. Es un poco aburrido.— Yo estaba nervioso. Era evidente que Amma estaba tramando algo. Lena sonrió, y yo me relajé. No había nada mejor que cuando ella sonreía. Siempre me dejaba alucinado. —No creo que suene aburrido. —Es que nunca has estado en el Día de Acción de Gracias en mi casa. —Nunca he estado en la casa de nadie el Día de Acción de Gracias. Los Hechiceros no lo celebran. Es un día festivo para los Mortales. —¿Estás bromeando? ¿No coméis Pavo? ¿Ni tarta de calabaza? —Nop. —No comiste mucho hoy, ¿cierto? —No realmente. —Entonces estarás bien. Yo había preparado a Lena de antemano para que no se sorprendiera cuando las Hermanas envolviesen galletas extra en sus servilletas y las metiesen dentro de sus carteras. O cuando mi Tía Caroline y Marian gastaran la mitad de la noche debatiendo la ubicación de la primera biblioteca pública de Estados Unidos (Charleston) o la correcta proporción para obtener —verde Charleston— (Dos partes de negro — Yankee— y una de amarillo —Rebelde—). Tía Caroline era una conservadora de museos en Savannah y ella sabía tanto de arquitectura de la época y antigüedades como mi madre había sabido acerca de municiones de la Guerra Civil y sus tácticas de guerra. Eso era para lo que Lena debía estar preparada –Amma, mis parientes locos, Marian y Harlon James siendo lanzado en buena medida. Omití un detalle que en realidad ella tenía que saber. Dado a cómo habían sido las cosas últimamente, el Día de Acción de Gracias probablemente significaba también una cena con mi padre en pijama. Pero eso era algo que simplemente no podía explicar. Amma se tomó el Día de Acción de Gracias como algo realmente serio, lo cual significaba dos cosas. Mi padre finalmente saldría de su estudio, aunque técnicamente era de noche así que no era una gran excepción, y él comería en la mesa con nosotros. No Cereal de Trigo Triturado. Ese sería lo mínimo que Amma permitiría. Así que en honor a la peregrinación al mundo en el que todos habitábamos cada día, Amma cocinaba una tormenta. Pavo, puré de patatas con salsa, judías blancas con crema de maíz, patatas dulces con malvaviscos, jamón a la miel y galletas, tarta de calabaza y limón con merengue, lo cual, luego de mi tarde en el pantano, estaba casi seguro de que estaba haciéndoselo más a Tío Abner que para el resto de nosotros. 221
  • 221. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Me detuve por un segundo en el porche, recordando cómo me sentí la primera vez que me paré en la terraza en Ravenwood la primera noche en la que me presenté allí. Ahora era el turno de Lena. Ella había apartado su oscuro pelo de su cara, y yo toqué el lugar donde se las arregló para escapar, enroscándose alrededor de su mentón. ¿Estás lista? Ella sacó su suelto vestido negro de adentro de sus pantys. Estaba nerviosa. No lo estoy. Pues deberías. Sonreí y abrí la puerta. —Aunque no estés lista.— La casa olía como a mi infancia. Como a puré de patatas y trabajo duro. —Ethan Wate, ¿eres tú?— Dijo Amma desde la cocina. —Sí, señora. —¿Traes a esa chica contigo? Tráela aquí, de forma que nosotros podamos verla. La cocina estaba sofocante. Amma estaba de pie frente a la cocina, con su delantal, y con una cuchara de madera en cada mano. Tía Prue estaba entretenida, metiendo sus dedos en los cuencos con mezclas sobre la encimera. Tía Mercy y Tía Grace estaban jugando al Scrabble en la mesa de la cocina; ninguna de las dos parecía notar que en realidad no estaban formando palabras. —Bueno, no te quedes parado allí. Tráela aquí. Cada músculo de mi cuerpo se tensó. No había forma de predecir lo que Amma, o las Hermanas, iban a decir. Seguía sin saber por qué Amma había insistido para que invitase a Lena para que viniera, en primer lugar. Lena dio un paso al frente. —Encantada de conocerlas, finalmente. Amma miró a Lena de arriba a abajo, secándose las manos con su delantal. —Así que tú eres la que mantiene a mi niño tan ocupado. El chico del correo tenía razón. Guapa es sólo una forma de decir.— Me pregunté si Carlton Eaton se lo había mencionado en su viaje a Wader‘s Creek (riachuelo). Lena se sonrojó. —Gracias. —He oído que has estado revolucionando las cosas en el colegio.— Tía Grace sonrió. — Lo cual es algo bueno, también. No sé qué es lo que les están enseñando allí. Tía Mercy bajó sus letras, una por una. A-N-C-I-O. 222
  • 222. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Tía Grace se acercó al tablero, entrecerrando los ojos. —Mercy Lynne, ¡Estás haciendo trampa de nuevo! ¿Qué tipo de palabra es esa? Ocúpala en una oración. —Ansío tener un trozo de ese queque blanco. —No es así como se escribe.— Por lo menos una de ellas sabía escribir. Tía Grace sacó una de las letras del tablero. —No se ocupa la N en Ansío.— O quizás no. No exagerabas. Te lo dije. —¿Es a Ethan a quién oigo?— Tía Caroline entró en la cocina justo a tiempo, con sus brazos completamente abiertos. —Ven aquí y dale un abrazo a tu tía.— Siempre me pillaba con la guardia baja por un segundo, por el hecho de lo mucho que se parecía a mi madre. El mismo largo pelo café, siempre peinado hacia atrás, y los mismos ojos cafés. Pero mi madre siempre había preferido andar con los pies descalzos y con jeans, mientras que Tía Caroline era más como una Belleza Sureña con sus vestidos de tiritas y pequeños suéters. Creo que a mi tía le gustaba ver la expresión en las caras de las personas cuando descubrían que ella era la conservadora del Museo de Historia de Savannah y no una simple debutante de edad. —¿Cómo van las cosas aquí en el Norte?— Tía Caroline siempre se refería a Gaitlin como —el Norte— ya que estaba al norte de Savannah. —Todo bien. ¿Me trajiste Pralinés? —¿Acaso no lo hago siempre? Tomé la mano de Lena, trayéndola más cerca de nosotros. —Lena, esta es mi Tía Caroline y mis tías abuelas, Prudence, Mercy y Grace. —Es un placer conocerlas a todas s.— Lena alargó su mano, pero en cambio mi Tía Caroline la atrajo para darle un abrazo. La puerta de entrada se cerró de un portazo. —Feliz Día de Acción de Gracias.— Marian entró cargando una cacerola y platos apilados uno sobre otro. —¿Qué me perdí? —Ardillas.— Tía Prue caminó arrastrando los pies hasta ella y rodeó con su brazo el de Marian. —¿Qué sabes de ellas? —De acuerdo, todos vosotross, despejad mi cocina. Necesito algo de espacio para trabajar en mi magia, y Mercy Statham, ya puedo verte comiendo mis Red Hots.— Tía Mercy paró de masticar por un segundo. Lena me miró, intentando no reírse. Yo podría llamar a Cocina. 223
  • 223. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Créeme, Amma no necesita ningún tipo de ayuda cuando se trata de cocinar. Ella tiene su propia magia. Todos se aglomeraron en la sala de estar. Tía Caroline y Tía Prue discutían acerca de cómo hacer crecer caquis en una terraza asoleada, y Tía Grace y Tía Mercy seguían discutiendo acerca de cómo se escribe —ansío,— mientras que Marian arbitraba. Eso era suficiente para enloquecer a cualquiera, pero cuando vi a Lena metida entre las Hermanas, ella se veía feliz, incluso contenta. Esto es agradable. ¿Bromeas? ¿Era este su concepto de un día festivo con la familia? ¿Cacerolas, Scrabble y señoras mayores discutiendo? No estaba seguro, pero esto era lo más diferente a los Días de Encuentro que podía haber. Por lo menos nadie está intentando matar a otra persona. Dales cerca de quince minutos, L. Me di cuenta de que Amma estaba observando desde la entrada de la cocina, pero no era a mí a quien estaba mirando. Era a Lena. Definitivamente, estaba tramando algo. La cena de Acción de Gracias se desarrolló de la forma en la que siempre lo había hecho. Excepto porque nada seguía siendo igual. Mi padre estaba en pijama, la silla de mi madre estaba vacía, y le estaba cogiendo la mano a una Hechicera por debajo de la mesa. Por un segundo, era abrumador—el estar feliz y triste al mismo tiempo—como si esas dos cosas estuviesen unidas de alguna forma. Pero tuve sólo un segundo para pensar en ello; apenas habíamos dicho —amén— cuando las Hermanas comenzaron a robarse los panecillos, Amma estaba echándonos cucharadas colmadas de puré de patatas y salsa en nuestros platos, y Tía Caroline empezó con la pequeña charla. Sabía qué era lo que estaba pasando. Si había suficiente trabajo, suficiente charla, suficiente tarta, quizás nadie notaría la silla vacía. No había suficiente tarta en todo el mundo para ello, ni siquiera en la cocina de Amma. De todas formas, Tía Caroline estaba determinada en mantenerme hablando. —Ethan, ¿necesitas que te preste algo para la reconstrucción? Tengo unas chaquetas entalladas en el ático que se parecen asombrosamente a las auténticas. —No me lo recuerdes.— Casi me había olvidado que tenía que vestirme como un soldado de la Confederación para la Reconstrucción de la Batalla de Honey Hill si quería aprobar historia este año. Cada Febrero, había una reconstrucción de la Guerra Civil en Gaitlin; era la única razón por la que los turistas aparecían por aquí. 224
  • 224. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Lena alargó la mano para agarrar un panecillo. —No entiendo por qué la reconstrucción es algo tan importante. Parece un gran trabajo el recrear una batalla que pasó hace más de cien años, considerando que podemos simplemente leer sobre ello en nuestros libros de estudio. Uh—oh. Tía Prue dio un grito ahogado; según ella, eso era una blasfemia. —¡Alguien debería quemar su colegio! Allí no están enseñando ningún tipo de historia. No pueden aprender acerca de la Guerra por la Independencia Sureña a través de los libros. Tenéis que verla por vosotros mismos, y cada uno de vosotros, chicos, debería; porque el mismo país que luchó unido en la Revolución Americana por la independencia, se volvió claramente contra sí mismo en la Guerra. Ethan, di algo. Cambia el tema de conversación. Demasiado tarde. Ella va a empezar a hablar de `La Bandera Llena de Estrellas´ en cualquier minuto. Marian partió un panecillo y lo untó con jamón. —La Señorita Statham tiene razón. La Guerra Civil volvió a este país contra sí mismo, a menudo, hermano contra hermano. Es un trágico episodio en la historia de América. Más de medio millón de hombres murieron, aunque la mayoría de ellos murió más por enfermedad que por una batalla. —Un trágico episodio, eso es lo que fue.— Tía Prue asintió. —Ahora, no te pongas nerviosa, Prudence Jane.— Tía Grace le dio palmaditas en el brazo a su hermana. Tía Prue apartó de un golpe la mano de su hermana. —No me digas que estoy nerviosa. Sólo estoy tratando de asegurarme de que ellos sepan esto de pies a cabeza. Soy la única aquí que les está enseñando algo. Ese colegio debería pagarme. Debí haberte advertido que no tienes que hacer que empiecen. ¿Y ahora me lo vienes a decir? Lena se movió incómodamente en su silla. —Lo siento. No quise ser irrespetuosa. Es sólo que nunca había conocido a alguien que haya estado tan informado acerca de la Guerra Civil. Ésa fue buena. Si con informada te refieres a obsesionada. —No te sientas mal, cariño. Es sólo que Prudence Jane se enfada de vez en cuando.— Tía Grace le dio un codazo a Tía Prue. Es por eso que le ponemos whiskey a su té. 225
  • 225. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —Son las consecuencias de comer turrón de maní Carlton.— Tía Prue miró a Lena pidiendo perdón. —Paso un mal rato cuando como mucho azúcar. Un mal tiempo permaneciendo lejos de la azúcar. Mi padre tosió y revolvió distraídamente su puré de patatas a lo largo de su plato. Lena divisó una oportunidad para cambiar el tema de conversación. —Ethan dice que usted es escritor, Sr. Wate. ¿Qué tipo de libros escribe? Mi padre levantó la vista hacia ella, pero no dijo nada. Probablemente ni siquiera se dio cuenta de que Lena le hablaba a él. —Mitchell está trabajando en un nuevo libro. Un gran libro. Quizás el más importante que haya escrito. Y Mitchell ha escrito una gran cantidad de libros. ¿Cuántos van, Mitchell?— Amma preguntó como si le estuviese hablando a un niño. Ella sabía perfectamente cuántos libros había publicado mi padre. —Trece,— masculló. Ella no se desalentó con las aterradoras habilidades sociales de mi padre, aunque yo sí lo había hecho. Lo miré, llevaba el pelo despeinado y círculos negros bajo sus ojos. ¿En qué momento esto se volvió tan malo? Lena siguió presionando. —¿De qué se trata su libro? Mi padre volvió a la vida, animado por vez primera en esa tarde. —Es una historia de amor. Este libro realmente ha sido un viaje. La gran novela Americana. Algunos podrían decir que es como —El Ruido y la Furia— de mi carrera, pero en realidad no puedo hablar sobre el argumento. No realmente. No a este punto. No cuando estoy tan cerca… de…— él se estaba yendo por las ramas. Luego, simplemente dejó de hablar, como si alguien hubiese movido un interruptor en su espalda. Él observó la silla vacía de mi madre mientras entraba en trance. Amma lucía ansiosa. Tía Caroline trató de distraer a todo el mundo de lo que rápidamente se estaba convirtiendo en la noche más vergonzosa de mi vida. —Lena, ¿de dónde dijiste que venías? Pero no pude oír la respuesta. No podía oír nada. En cambio, todo lo que podía ver era todo moviéndose en cámara lenta. Desdibujándose, expandiéndose y contrayéndose, de la forma en la que se ven las ondas de calor mientras se mueven por el aire. Y luego— La habitación estaba congelada, excepto por el hecho de que no estaba congelada. Yo estaba congelado. Mi padre estaba congelado. Sus ojos estaban casi cerrados, y sus labios estaban curvados para formar sonidos que no habían tenido la oportunidad de 226
  • 226. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas salir de sus labios. Aún mirando el plato lleno de puré de patatas que no había sido tocado. Las Hermanas, Tía Caroline, y Marian parecían estatuas. Incluso el aire estaba quieto. El péndulo del reloj del abuelo se había quedado parado a la mitad de una oscilación. Ethan, ¿estás bien? Intenté responderle, pero no pude. Cuando Ridley me había sostenido con su agarre mortífero, había estado seguro de que me iba a congelar hasta morirme. Ahora estaba congelado, excepto por el hecho de que no tenía frío y no estaba muerto. —¿Acaso yo hice esto?— Lena preguntó en voz alta. Sólo Amma pudo responder. —¿Conjurar un Atado del Tiempo? ¿Tú? Eso es tan probable como el hecho que este pavo esté incubando a un caimán.— Ella resopló. — No, tú no hiciste esto, hija. Esto es mucho para ti. Los Grandes se figuraron que era hora de que nosotras tuviéramos una charla, de mujer a mujer. Nadie puede escucharnos ahora. Excepto yo. Yo puedo escucharte. Pero las palabras no salieron. Las podía oír hablando, pero yo no podía hablar. Amma levantó la vista hasta el techo. —Gracias, Tía Delilah. Agradezco tu ayuda.— Ella caminó hasta el aparador y cortó un trozo de tarta de calabaza. Ella lo puso sobre un plato de fina loza china y puso el plato en el centro de la mesa. —Ahora voy a dejar este trozo para ti y para los Grandes, y asegúrate de recordar que lo hice. —¿Qué está pasando? ¿Qué les hiciste? —No les hice nada a ellos. Supongo que sólo nos traje un poco de tiempo. —¿Eres una Hechicera? —No, sólo soy una Vidente. Veo lo que necesita ser visto, lo que nadie más puede o quiere ver. —¿Detuviste el tiempo?— Los Hechiceros podían hacer eso, detener el tiempo. Lena me lo había dicho. Pero sólo los increíblemente poderosos. —Yo no hice nada. Sólo les pedí a los Grandes un poco de ayuda y Tía Delilah los obligó. Lena lucía confundida, o asustada. —¿Quiénes son los Grandes? —Los Grandes son mi familia del Otro Mundo. Ellos me dan un poco de ayuda de vez en cuando, y no están solos. Ellos tienen a otros junto a ellos.— Amma se inclinó sobre la mesa, mirando a Lena a los ojos. —¿Por qué no estás usando el brazalete? 227
  • 227. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —¿Qué? —¿Acaso Melchizedek no te lo dio? Le dije que necesitabas llevarlo. —Él me lo dio, pero yo me lo quité. —¿Y por qué harías tal cosa? —Descubrimos que estaba bloqueando las visiones. —Estaba bloqueando algo perfectamente. Hasta que dejaste de usarlo. —¿Qué era lo que estaba bloqueando? Amma alargó la mano y tomó la de Lena en las suyas, dándole vuelta para dejar a la vista su palma. —No quería ser yo la que te dijera esto, hija. Pero Melchizedek, tu familia, ellos no van a decírtelo, ninguno de ellos. Y tú necesitas saberlo. Necesitas estar preparada. —¿Preparada para qué? Amma miró al techo, murmurando por lo bajo. —Ella va a venir, hija. Ella va a venir por ti, y ella es una fuerza a tener en cuenta. Tan Oscura como la noche. —¿Quién? ¿Quién va a venir por mí? —Desearía que hubiesen sido ellos quienes te lo hubiesen dicho. No quería ser yo la que lo hiciera. Pero los Grandes, ellos dicen que alguien tiene que decírtelo, antes que sea demasiado tarde. —¿Decirme qué? ¿Quién va a venir, Amma? Amma sacó una pequeña bolsita, que pendía de un cordón de cuero que llevaba alrededor de su cuello, de debajo de su camisa y la agarró firmemente, bajando la voz como si tuviese miedo de que alguien la pudiera escuchar. —Sarafine. La Oscura. —¿Quién es Sarafine? Amma vaciló, agarrando la bolsita aún más fuerte. —Tu madre. —No lo entiendo. Mis padres murieron cuando yo era una niña, y el nombre de mi madre era Sara. Lo he visto en el árbol genealógico de mi familia. —Tu padre murió, eso es cierto, pero tu madre está viva, tan seguro como que yo me encuentro aquí. Y tú sabes lo de los árboles genealógicos aquí en el Sur, nunca son tan certeros como dicen serlo. 228
  • 228. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas El color se esfumó de la cara de Lena. Me esforcé por alargar la mano y agarrar la suya, pero lo único que pasó fue que mi dedo tembló. Yo no tenía poder. No podía hacer nada, mientras que ella caía a un lugar oscuro, sola. Como en los sueños. —¿Y ella es una Oscura? —Ella es la Hechicera viva más Oscura. —¿Por qué no me lo dijo mi tío? ¿O mi abuela? Ellos dijeron que estaba muerta. ¿Por qué motivo me mentirían? —Está la verdad y está la verdad. No son la misma cosa. Reconozco que ellos intentaban protegerte. Ellos creen que todavía pueden. Pero los Grandes, ellos no están muy seguros. No quería ser yo la que te lo dijera, Melchizedek es un tipo testarudo. —¿Por qué quieres ayudarme? Pensé—pensé que yo no te agradaba. —No tiene que ver con que me agrades o no me agrades. Ella va a venir por ti, y tú necesitas no tener distracciones.— Amma levantó una ceja. —Y no quiero que nada le pase a mi niño. Esto te supera, los supera a ambos. —¿Qué es lo que nos supera a ambos? —Todo esto. Es sólo que tú y Ethan no estáis destinados a estar juntos. Lena lucía confundida. Amma estaba hablando en clave de nuevo. —¿A qué te refieres? Amma se dio la vuelta bruscamente, como si alguien detrás de ella le hubiese dado un golpecito en el hombro. —¿Qué es lo que dices, Tía Delilah?— Amma se volvió hacia Lena. —No nos queda mucho tiempo. El péndulo del reloj empezó a moverse casi imperceptiblemente. La sala empezó a cobrar vida nuevamente. Los ojos de mi padre comenzaron a parpadear lentamente, por lo que a sus pestañas les tomó varios segundos tocar sus mejillas. —Vuelve a ponerte ese brazalete. Necesitas tener toda la ayuda que puedas. El tiempo volvió a transcurrir de forma normal— Parpadeé un par de veces, miré toda la sala a mí alrededor. Mi padre seguía mirando sus patatas. Tía Mercy seguía envolviendo un panecillo en su servilleta. Levanté mis manos frente a mi cara, moviendo mis dedos. —¿Qué demonios fue eso? —¡Ethan Wate!— Gritó Tía Grace. Amma estaba partiendo sus panecillos y rellenándolos con jamón. Ella levantó su vista hacia mí, desprevenida. Era obvio que su intención no era que yo escuchara su 229
  • 229. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas pequeña charla de chicas. Ella me dio la Mirada. Queriendo decir, mantén tu boca cerrada, Ethan Wate. —No vuelvas a ocupar ese tipo de lenguaje en mi mesa. Para mí no eres lo suficientemente viejo como para que te lave la boca con jabón. ¿Qué crees que es? Jamón y panecillos. Pavo y relleno. Ahora, he cocinado todo el día, así que espero que comas. Miré a Lena. La sonrisa se había ido. Ella estaba mirando su plato fijamente. Lena Beana. Vuelve a mí. No dejaré que nada te pase. Estarás bien. Pero ella estaba muy lejos de allí. Lena no dijo nada en todo el trayecto a su casa. Cuando llegamos a Ravenwood, abrió la puerta del auto de un tirón, la cerró con un portazo, y partió hacia la casa sin decir una palabra. Por poco no la seguí. Todo me daba vueltas. No podía imaginar cómo se estaría sintiendo. Era suficientemente malo haber perdido a tu madre, pero ni siquiera podía imaginar cómo sería descubrir que tu madre quería que murieras. Yo había perdido a mi madre, pero no me había perdido a mí. Ella me había anclado, a Amma, a mi padre, a Link, a Gaitlin, antes de que ella se fuese. La podía sentir en las calles, en mi casa, en la biblioteca, incluso en la despensa. Lena nunca había tenido eso. A ella la hicieron con un corte holgado y ahora se le estaban soltando las amarras, como diría Amma, como el pobre hombre de los ferries en el pantano. Yo quería ser su ancla. Pero en ese momento, no creo que alguien hubiese podido serlo. Lena pasó indignada al lado de Boo, quien estaba sentado en la galería del frente ni siquiera jadeante, aunque había corrido obedientemente tras nuestro auto a lo largo de todo el camino a casa. También, él se había sentado en el jardín de al frente durante toda la cena. Parecía que a él le gustaban las patatas dulces y los pequeños malvaviscos, los cuales yo había tirado frente a la puerta de entrada en cuanto Amma fue en busca de más salsa. La podía oír gritando desde adentro de la casa. Suspiré, salí del auto, y me senté en las escaleras del porche al lado del perro. Mi cabeza estaba a punto de estallar, tenía una baja de azúcar. —¡Tío Macon! ¡Tío Macon! ¡Despierta! ¡El sol está escondido, sé que no estás durmiendo! Podía oír a Lena desde el interior de mi cabeza, también. 230
  • 230. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas ¡El sol está escondido, sé que no estás durmiendo! Esperaba el día en que Lena viniera de golpe y me contara la verdad acerca de Macon, así como me había contado la verdad acerca de ella misma. Lo que sea que él era, no parecía ser un Hechicero normal, si es que eso siquiera existía. La forma en que dormía todo el día y tan sólo aparecía y desaparecía a su gusto, no necesitabas ser un genio para ver a qué iba todo eso. De todas formas, no quería ir a ese punto ese día. Boo me miraba fijamente. Alargué la mano para acariciarlo, pero él alejó su cabeza, como si quisiera decir: estamos bien así. Por favor, no me toques, chico. Cuando escuchamos que las cosas se empezaban a romper adentro, Boo y yo nos paramos y seguimos el ruido. Lena estaba golpeando la puerta de una de las habitaciones del piso de arriba. La casa había vuelto al estado al cual yo sospeché que era el preferido de Macon, una destartalada finura de la preguerra. Yo estaba secretamente aliviado de no estar en un castillo. Me hubiera gustado poder detener el tiempo y ponerlo tres horas atrás. Para ser honesto, estaría perfectamente feliz si la casa de Lena se hubiese transformado en un tráiler el doble de ancho, y que todos estuviéramos sentados frente a un bol de sobras del relleno, como todo el resto de Gaitlin. —¿Mi madre? ¿Mi propia madre? La puerta se abrió de golpe. Macon se quedó parado allí en la entrada, un desaliñado desorden. Llevaba un arrugado pijama de lino, sólo que lo que realmente era, odio decirlo, algo más parecido a un camisón. Sus ojos estaban más rojos y su piel estaba más blanca que lo usual, y su pelo estaba alborotado. Parecía como si hubiese sido atropellado por un camión Mack. A su modo, él no era tan diferente a mi padre, un lío. Tal vez un lío mejor. Excepto por el camisón; a él nunca lo encontrarían usando un vestido. —¿Mi madre es Sarafine? ¿Esa cosa que intentó matarme en Halloween? ¿Cómo me pudiste ocultar esto? Macon sacudió su cabeza y se pasó la mano por la cabeza, molesto. —Amarie.— Hubiese pagado por ver a Macon y a Amma enfrentarse en una pelea. Yo apostaría por Amma, como siempre. Macon pasó a través de la entrada, cerrando la puerta de un portazo detrás de él. Pude ver brevemente su habitación. Lucía como algo sacado de El Fantasma de la Ópera, con candelabros de hierro forjado que eran más altos que yo y una cama con dosel cubierta con un terciopelo negro y gris. Las ventanas estaban cubiertas con el mismo material, colgando desordenadamente sobre el marco negro de las persianas. Incluso las paredes estaban tapizadas con una tela deshilachada de color negro y gris que 231
  • 231. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas probablemente tenía unos cien años. La habitación estaba de un negro absoluto, negro como la noche. El efecto era escalofriante. Oscuridad, la verdadera oscuridad, era algo más que sólo la falta de luz. Mientras Macon pasaba a través de la entrada, él salió al pasillo perfectamente vestido, sin ningún pelo fuera de lugar en su cabeza, sin ninguna arruga en sus pantalones ni en su impecable camisa blanca. Incluso sus tersos zapatos de gamuza estaban sin un raspón. Él no se parecía en nada a lo que había sido un momento antes, y lo único que había hecho fue pasar por la puerta de su propia habitación. Miré a Lena. Ella ni siquiera lo había notado, y sentí frío, recordando por un momento cuán diferente debe haber sido siempre su vida con respecto a la mía. —¿Mi madre está viva? —Me temo que es un poco más complicado que eso. —¿Te refieres a la parte en que mi propia madre quiere matarme? ¿Cuándo pensabas decírmelo, Tío Macon? ¿Cuándo ya hubiese sido Reclamada? —No empecemos con eso de nuevo. No te vas a volver Oscura.— Suspiró Macon. —No sé cómo puedes pensar lo contrario. Ya que soy la hija de, y estoy citando, ‗la Hechicera viva más Oscura‘. —Entiendo que estés enfadada. Son muchas cosas las que tienes que asimilar, y debería habértelo dicho yo mismo. Pero tienes que creerme, yo sólo intentaba protegerte. Lena estaba más que enfadada ahora. —¡Protegerme! Tú me dejaste creer que lo de Halloween había sido sólo un ataque esporádico, ¡pero era mi madre! Mi madre está viva, y estaba intentando matarme, ¿y no pensaste que debería saberlo? —No sabemos si estaba intentando matarte. Los marcos de foto comenzaron a golpear las paredes. Las bombillas de las lámparas que bordeaban el pasillo hicieron cortocircuito una a una. El sonido de la lluvia repiqueteaba en las persianas. —¿Acaso no hemos tenido suficiente mal tiempo durante las últimas semanas? —¿En qué más me has estado mintiendo? ¿Qué es lo siguiente que voy a descubrir? ¿Que mi padre también está vivo? —Me temo que no.— Lo dijo como si fuese una tragedia, algo demasiado triste como para poder hablarlo. Era el mismo tono que la gente usaba cuando hablaban de la muerte de mi madre. 232
  • 232. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —Tienes que ayudarme.— Su voz se quebró. —Haré todo lo que esté a mi alcance para ayudarte, Lena. Siempre lo he hecho. —Eso no es cierto,— le escupió en respuesta. —No me has contado acerca de mis poderes. No me has enseñado cómo protegerme. —No sé el alcance de tus poderes. Eres una Natural. Cuando necesites hacer algo, lo harás. A tu modo, a tu tiempo. —Mi propia madre quiere matarme. No tengo tiempo. —Como dije anteriormente, no sabemos si está tratando de matarte. —¿Entonces cómo explicas lo de Halloween? —Hay otras posibilidades. Del y yo estamos tratando de entenderlo.— Macon se apartó de ella, como si fuese a volver a su habitación. —Necesitas calmarte. Podemos hablar sobre esto más tarde. Lena se volvió hacia un florero, sentándose en el mueble al final del pasillo. Como si estuviese siendo llevado por una soga, el florero siguió sus ojos hasta la pared cercana a la puerta de la habitación de Macon, volando a través de la pieza y rompiéndose contra el yeso. Estaba lo suficientemente lejos de Macon como para estar seguro de que no le habría pegado, pero lo suficientemente cerca como para plantear su punto. No era un accidente. No era una de esas veces en las que Lena perdía el control y las cosas simplemente pasaban. Ella había hecho esto a propósito. Ella tenía el control. Macon se giró tan rápido que ni siquiera lo vi moverse, pero él estaba parado frente a Lena. Estaba tan sorprendido como yo, y había llegado a la misma conclusión; no fue un accidente. Y la expresión que tenía su cara me dijo que ella estaba igual de sorprendida. Él lucía dolido, tan dolido como Macon Ravenwood era capaz de lucir. — Como dije, cuando necesites hacer algo, lo harás. Macon se volvió hacia mí. —Me temo que en las próximas semanas se pondrá aún más peligroso. Las cosas han cambiado. No la dejes sola. Cuando está aquí, yo puedo protegerla, pero mi madre estaba en lo correcto. Parece ser que tú también puedes protegerla, quizás incluso mejor que yo. —¿Aló? ¡Aún puedo oírte!— Lena se había recuperado de su manifestación de poder y de la mirada de Macon. Sabía que se torturaría por ello más tarde, pero en ese momento ella estaba muy enfadada como para poder ver eso. —No hables de mí como si no estuviese aquí. Una bombilla explotó detrás de él, y él ni siquiera se estremeció. 233
  • 233. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —¿Te estás escuchando a ti mismo? ¡Necesito saberlo! Soy yo la que está siendo cazada. Soy yo a quien ella desea, y ni siquiera sé por qué. Ellos se miraron fijamente, un Ravenwood y una Duchannes, dos ramas del mismo retorcido árbol de Hechiceros. Me pregunté si ése sería un buen momento para irme. Macon me miró. Su cara dijo sí. Lena me miró. La suya decía no. Ella me agarró por la mano, y pude sentir el calor quemándome. Ella estaba ardiendo, nunca la había visto tan enfadada. No podía creer que todas las ventanas de la casa aún no estuviesen hechas añicos. —Tú sabes por qué ella me está persiguiendo, ¿cierto? —Es—— —Déjame adivinar, ¿Complicado?— Se miraron fijamente. El cabello de Lena se estaba rizando. Macon estaba dándole vueltas a su anillo de plata. Boo estaba yéndose apoyado sobre su vientre. Perro inteligente. Desearía poder irme gateando del pasillo, también. La última bombilla explotó, y nos quedamos de pie en la oscuridad. —Tienes que decirme todo lo que sepas acerca de mis poderes.— Esas eran sus condiciones. Macon suspiró, y la oscuridad comenzó a disiparse. —Lena. No es como si no quisiese decírtelo. Luego de tu pequeña demostración, está claro que ni siquiera yo sé de qué eres capaz. Nadie lo es. Sospecho que ni siquiera tú.— Ella no estaba completamente convencida, pero estaba escuchando. —Eso es lo que significa ser una Natural. Es parte del don. Ella comenzó a relajarse. La batalla había terminado, y ella la había ganado, por ahora. —¿Entonces qué voy a hacer? Macon lucía inquietantemente parecido a mi padre cuando entró a mi cuarto cuando estaba en quinto grado para explicarme lo de los pájaros y las abejas. —La introducción a tus poderes puede ser un tiempo muy confuso. Quizás hay un libro sobre el tema. Si tú quieres, podemos ir a ver a Marian. Sí, seguro. Opciones y Cambios. La Guía Moderna De Chicas Para Hechizar. Mi Madre Quiere Matarme: Un Libro De Autoayuda Para Adolescentes. Serían unas pocas, pero largas semanas. 234
  • 234. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas 28 de Noviembre DOMUS LUNAE LIBRI —¿H oy? Pero no es un día feriado.— Cuando abrí la puerta del frente, Marian era la última persona que hubiera esperado ver, parada en la entrada de mi casa, con su abrigo. Ahora estaba sentado con Lena en el frío asiento del viejo camión turquesa de Marian, camino a la librería de Hechiceros. —Una promesa es una promesa. Es el día antes de acción de gracias. El viernes negro. Puede que no parezca un día feriado, pero es un feriado bancario, y eso es todo lo que necesitamos.— Marian tenía razón. Amma probablemente estaba haciendo fila en el centro comercial con un manojo de cupones desde antes del amanecer; ya estaba oscureciendo, y ella aún no había regresado. —La biblioteca del Condado de Gaitlin está cerrada, así que la Biblioteca de Hechiceros está abierta. —¿El mismo horario?— Le pregunté a Marian, mientras ella se dirigía hacia Main. Ella asintió. —De nueve a seis— Entonces, dándonos un guiño, —Nueve p.m a seis a.m. No toda mi clientela puede aventurarse a salir con la luz del día. —Eso suena muy injusto— Se quejó Lena. —Los mortales tienen tanto tiempo, y ellos ni siquiera vienen aquí a leer. Marian se encogió de hombros. —Como dije, mi sueldo lo paga el Condado de Gaitlin. Enójate con ellos. Pero ten presente cuanto tiempo pasará antes de que tu Lunae Libri esté abierta de nuevo. Yo las miré desconcertado. 235
  • 235. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —Lunae Libri. Traducido aproximadamente, Libros de la Luna. Puedes llamarlos los pergaminos de los Hechiceros. A mí no me importaba como se llamaran. No podía esperar para saber que nos dirían los libros en la Biblioteca de los Hechiceros, o un libro en particular. Porque estábamos cortos de dos cosas: respuestas y tiempo. Cuando salimos del camión, no podía creer donde estábamos. El camión de Marian estaba aparcado en el bordillo, a menos de tres metros de la Sociedad Histórica de Gaitlin, o como mi madre y Marian preferían llamarla, la Sociedad Histérica de Gaitlin. La Sociedad Histórica era también el cuartel general de la HRA. Marian había aparcado su camión más adelante, para evitar la luz de una lámpara que iluminaba el pavimento. Boo Radley estaba sentado en la acera, como si estuviera esperándonos. —¿Aquí? ¿La Lunae, lo que sea, está en el cuartel general de la HRA? —Domus Lunae Libri. La casa de los Libros de la Luna. Lunae Libri para resumir. Y no, solamente la entrada desde Gaitlin.— Yo no pude contener la risa. —Tienes la misma apreciación por la ironía que tu madre. Caminamos hacia el edificio desierto. No podríamos haber escogido una noche mejor. —Pero no es una broma. La Sociedad histórica es el edificio más viejo del Condado, junto al propio Ravenwood. Nada más se salvó durante el gran incendio— Añadió Marian. —Pero, ¿la HRA y los Hechiceros? ¿Cómo pueden tener algo en común?— Lena estaba estupefacta. —Espero que os deis cuenta de que tenéis más en común de lo que pensáis. Marian se apresuró hacia el viejo edificio de piedra, sacando su familiar llavero. —Yo por ejemplo, soy miembro de ambas sociedades. Miré incrédulo a Marian. —Soy neutral. Pensé que había sido perfectamente clara. Yo no soy como tú. Tú eres como Lila, te involucras demasiado... Podía terminar esa frase por mí mismo. Y mira lo que le pasó a ella. Marian se congeló, pero las palabras colgaban el aire. No había nada que ella pudiera hacer para retractarse. Yo me sentía entumecido, pero no dije nada. Lena me tomó de la mano, y podía sentirla tratando de alejarme de mi introversión. 236
  • 236. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Ethan. ¿Estás bien? Marian miró su reloj de nuevo. —Faltan cinco para las nueve. Técnicamente, no debería dejaros entrar aún. Pero necesito estar abajo a las nueve, en caso de que tengamos más visitantes esta noche. Seguidme. Seguimos por el oscuro camino del patio tras el edificio. Ella buscó entre sus llaves hasta que sacó lo que siempre había pensado que era un llavero, porque no se parecía a una llave en nada. Era un anillo de hierro, con una bisagra a un lado. Con mano experta, Marian giró la bisagra hasta que se dobló sobre sí misma, convirtiendo el círculo en una media luna. Una luna Hechicera. Ella empujó la llave en lo que parecía ser una rejilla de hierro, en la base del edificio. Ella giró la llave y la rejilla se abrió. Tras la rejilla estaba una escalera de piedra oscura que se dirigía hacia un lugar aún más oscuro, el sótano debajo de la HRA. Cuando giró la llave una vez más hacia la izquierda, una fila de antorchas se encendieron automáticamente a cada lado de la pared. Ahora la escalera estaba totalmente iluminada con la parpadeante luz, y yo incluso podía ver las palabras Domus Lunae Libri talladas en el arco de la entrada de abajo. Marian giró la llave una vez más, y la escalera desapareció, reemplazada una vez más por la rejilla de hierro. —¿Eso es todo? ¿No vamos a entrar?— Lena sonaba molesta. Marian pasó su mano a través de la rejilla. Era una ilusión. —No puedo Hechizar, como bien sabes, pero tenía que hacer algo. Los vagabundos intentan entrar en la noche. Macon hizo que Larkin lo hiciera para mi, y él se pasa por aquí para mantenerlo intacto de vez en cuando. Marian nos miró, sombría de repente. —Bueno, entonces. Si estáis seguros de que esto es lo que queréis hacer, no puedo deteneros. No puedo guiaros de ninguna forma, una vez que bajemos la escalera. No puedo evitar que se lleven un libro, o que regreséis uno antes de que la Lunae Libri esté abierta de nuevo. Ella puso su mano en mi hombro. —¿Lo comprendes, Ethan? Esto no es un juego. Allí abajo hay libros poderosos, libros de vinculaciones, pergaminos de Hechizos, talismanes Oscuros y de Luz, objetos de poder. Cosas que ningún mortal ha visto nunca, excepto yo y mis predecesores. Muchos de los libros están encantados, otros están malditos. Tienes que ser cuidadoso. No toques nada. Deja que Lena se encargue de los libros. El cabello de Lena estaba ondulando. Ella ya estaba sintiendo la magia de este lugar. Yo asentí, cauteloso. Lo que estaba sintiendo era menos mágico, mi estómago retorciéndose como si fuera yo el que hubiera bebido demasiado licor de menta. Me preguntaba que tan a menudo 237
  • 237. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas se paseaban la Sra. Lincoln y sus compinches en el piso de arriba, ignorando lo que se encontraba debajo de ellas. —Sin importar lo que encontréis, recordad que debemos salir antes del amanecer. Nueve a seis. Ese es el horario de la biblioteca, y la entrada sólo aparece durante ese periodo de tiempo. El sol sale exactamente a las seis; siempre lo hace en un día de biblioteca. Si no habéis subido la escalera para el amanecer, estaréis atrapados hasta el siguiente día de Biblioteca, y no tengo idea de qué forma podría un mortal sobrevivir a esa experiencia. ¿He sido totalmente clara? Lena asintió, tomando mi mano. —¿Podemos ir ahora? No puedo esperar. —No puedo creer que esté haciendo esto. Tu tío Macon y Amma me matarían si se enteran.— Marian revisó su reloj. —Después de vosotros. —¿Marian? tu le− ¿mi madre llego a ver esto?— No podía dejarlo pasar. No podía pensar en nada más. Marian me miró, sus ojos brillando extrañamente. —Tu madre fue la persona que me dio el trabajo. Y con eso, desapareció frente a nosotros, atravesando la ilusión de la rejilla, y continuó bajando hacia la Lunae Libri. Boo Radley ladró, pero era demasiado tarde para arrepentirnos ahora. Los escalones eran fríos y resbaladizos, el aire pesado. Cosas mojadas, cosas escurridizas, cosas escondidas−no era difícil imaginarlas sintiéndose cómodas aquí abajo. Traté de no pensar en las últimas palabras de Marian. No podía imaginarme a mi madre bajando por esta escalera. No podía imaginarla sabiendo nada acerca de este mundo con el que yo tropecé, o más bien, este mundo que tropezó conmigo. Pero ella lo sabía, y no podía dejar de preguntarme como. ¿Se había tropezado con el también, o alguien la había invitado? De alguna forma, lo hacía parecer todo más real, que mi madre y yo compartiéramos este secreto, incluso cuando ella ya no estaba aquí para compartirlo conmigo. Pero era yo el que estaba aquí ahora, caminando por los escalones de piedra, tallados y planos como el piso de una vieja iglesia. A cada lado de la escalera podía ver columnas de piedra en bruto, las bases de un antiguo salón que existía aquí en lugar del edificio de la HRA, mucho antes de que la propia estructura fuera construida. Miré hacia abajo de la escalera, pero todo lo que podía ver eran toscos perfiles, formas en la oscuridad. No parecía una biblioteca. Parecía más lo que probablemente era, lo que siempre había sido. Una cripta. Al fondo de la escalera, en las sombras de la cripta, incontables pequeños domos curvados allí donde las columnas se alzaban en el techo abovedado, cuarenta o 238
  • 238. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas cincuenta en total. Mientras mis ojos se ajustaban a la oscuridad podía ver que cada columna era diferente, y algunas de ellas estaban inclinadas, como viejos robles encorvados. Sus sombras hacían que la cámara circular pareciera algún tipo de silencioso y oscuro bosque. Era un lugar aterrador. No había forma de saber hasta dónde se extendía, dado que cada dirección se disolvía en la oscuridad. Marian insertó su llave en la primera columna, marcada con una luna. Las antorchas a los lados de las paredes se encendieron, iluminando la habitación con esa luz parpadeante. —Son hermosos— suspiró Lena. Podía ver su cabello aún ondulando, y me preguntaba cómo se sentía este lugar para ella, de formas que yo nunca podría entender. Vivo. Poderoso. Como la verdad, cada verdad está aquí, en algún lugar. —Recolectados alrededor del mundo, mucho antes de que yo naciera. Estambul.— Marian señaló las puntas de las columnas, las partes decoradas, las partes centrales. — Tomadas de Babilonia— Ella señaló otro punto, con cuatro cabezas de halcón saliendo de cada lado. —Egipto, el ojo de Dios.— Ella acarició otra, dramáticamente tallada con la forma de una cabeza de león. —Asiria—. También toqué la pared con mi mano. Incluso las piedras de las paredes estaban talladas. Algunas con caras de hombres, criaturas, pájaros, mirándonos desde el bosque de columnas, como predadores. Otras piedras estaban talladas con símbolos que no reconocía, jeroglíficos de Hechiceros y culturas que no conocía. Avanzamos por la cámara, fuera de la cripta, que parecía servir como algún tipo de vestíbulo, y de nuevo las antorchas se encendieron, una después de otra, como si estuvieran siguiéndonos. Podía ver que las columnas formaban un círculo alrededor de una mesa de piedra en medio de la habitación. Los estantes, o lo que yo asumí eran estantes, radiaban hacia fuera del centro del círculo como los radios de una rueda, y parecían levantarse casi hacia el techo, creando una tenebrosa masa en la que imaginaba que un Mortal podía perderse fácilmente. En esta habitación, no había nada más que las columnas, y la mesa de piedra circular. Marian tomó calmadamente una antorcha de una medialuna de hierro en la pared y me la entregó. Le entregó otra a Lena, y tomó una para ella. —Mirad alrededor. Yo tengo que revisar el correo. Puedo tener una petición de transferencia de otra sucursal. —¿Para la Lunae Libri?— No había considerado que pudieran existir otras Bibliotecas para Hechiceros. —Por supuesto— Marian se dirigió de nuevo hacia la escalera. 239
  • 239. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —Espera. ¿Cómo recibes el correo aquí?— —De la misma forma en que tu lo haces. Carlton Eaton lo entrega, llueva o relampaguee. Carlton Eaton era uno de los que sabía. Por supuesto. Eso probablemente explicaba por qué había recogido a Amma en medio de la noche. Me preguntaba si también abría el correo de los Hechiceros. Me preguntaba que más no sabía sobre Gaitlin, y la gente que vivía aquí. Ni siquiera tenía que preguntar. —No hay muchos de nosotros, pero somos más de los que crees. Tienes que recordar que Ravenwood ha estado aquí más tiempo que este viejo edificio. Este era un Condado de Hechiceros, mucho antes de convertirse en uno de mortales. —A lo mejor esa es la razón por la que todos vosotros sois tan raros por aquí— Lena me dio un golpecito con sus dedos. Yo seguía pensando en lo de Carlton Eaton. ¿Quien más sabia lo que estaba pasando en Gaitlin?, ¿en el otro Gaitlin, el que tiene Bibliotecas mágicas subterráneas y chicas que controlan el clima o que te pueden hacer saltar de un acantilado? ¿Quién más sabía de los Hechiceros, como Marian y Carlton Eaton? Como, ¿mi madre? ¿Fatty? ¿La Sra. English? ¿El Sr. Lee? —No te preocupes, cuando los necesites ellos te encontrarán. Así es como funciona, así es como siempre lo ha hecho. —Espera— Agarré a Marian del brazo. —¿Mi padre sabe? —No— Por lo menos había una persona en mi casa que no estaba viviendo una doble vida, incluso si estaba loco. Marian nos dio un último consejo. —Ahora, es mejor que empecéis. La Lunae Libri es miles de veces más grande que cualquier biblioteca que hayáis visto antes. Si os perdéis, volved sobre vuestros pasos inmediatamente. Esa es la razón por la cual todos los estantes rodean esta cámara. Si simplemente podéis ir adelante o atrás, hay menos posibilidades de que os perdáis. —¿Cómo puedes perderte si vas en una línea recta? —Inténtalo tú mismo. Ya lo verás. Lena interrumpió. —¿Qué hay al final de los estantes? Quiero decir, ¿al final de los pasillos? Marian la miró confusa. —Nadie lo sabe. Nadie ha ido lo suficientemente lejos para averiguarlo. Algunos de los pasillos se convierten en túneles. Algunas partes de la 240
  • 240. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Lunae Libri permanecen sin explorar. Hay demasiadas cosas allí que nunca he visto. Algún día, quizá. —¿De qué estáis hablando? Todo termina en algún lugar. No puede haber filas y filas de libros en túneles debajo del pueblo. ¿Qué, te detienes por un té en la casa de la Sra. Lincoln? ¿Giras a la izquierda para llevarle un libro a tía Del en el pueblo siguiente? ¿Tomas el túnel de la derecha para una charla con Amma?— Yo era escéptico. Marian me sonrió, divertida. —¿Cómo crees que Macon recibe sus libros? ¿Cómo crees que la HRA nunca ve ningún visitante entrando o saliendo? Gaitlin es Gaitlin. A sus habitantes les gusta como es, de la forma que creen que es. Los mortales sólo ven lo que quieren ver. Ha habido una vibrante comunidad Hechicera en y alrededor de este pueblo desde antes de la Guerra Civil. Esos son cientos de años, Ethan, y no es algo que vaya a cambiar de repente. No tan sólo porque ahora tú lo sabes. —No puedo creer que Tío Macon nunca me contó de este lugar. Pensar en todos los Hechiceros que han venido aquí.— Lena levantó su antorcha, sacando un grueso volumen del estante. El libro estaba empastado vistosamente, pesado en sus manos, y levantó una nube de polvo gris en el aire. Yo comencé a toser. —Hechicería, la historia breve.— Ella sacó otro. —estamos en la H, supongo. Este era una caja de cuero que se abría en la parte de arriba, para revelar el pergamino que se encontraba adentro. Lena sacó el pergamino. Incluso el polvo parecía más viejo, más gris. —Hechicería para Creación y Confusión. Este es uno antiguo. —Cuidado. Tiene más de unos cientos de años. Gutenberg no inventó la imprenta hasta 1455— Marian tomó el pergamino en sus manos cuidadosamente, como si estuviera sosteniendo un bebe recién nacido. Lena sacó otro libro, empastado en cuero gris. —Hechicería en la Confederación. ¿Los Hechiceros hicieron parte de la guerra? Marian asintió. —En ambos lados, el Azul y el Gris. Me temo que fue una de las grandes divisiones en el mundo de los Hechiceros. De igual forma en que lo fue para nosotros los mortales. Lena miró a Marian, colocando el empolvado libro de nuevo en su estante. —Los Hechiceros de mi familia, ¿Seguimos en guerra, verdad? Marian la miró entristecida. —Una casa dividida. Así es como el Presidente Lincoln lo llamó. Y si Lena, me temo que lo que dices de tu familia es verdad— Ella tocó la mejilla de Lena. —Y esa es la razón por la que estás aquí, si bien recuerdas. Ahora, será mejor que empecéis. 241
  • 241. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —Hay demasiados libros Marian. ¿No puedes señalarnos la dirección correcta? —No me mires a mí. Como dije, yo no tengo las respuestas, sólo los libros. Vayan. Aquí funcionamos con el reloj lunar, y pueden perder el sentido del tiempo. Las cosas no son exactamente lo que parecen cuando estás aquí abajo. Miré de Lena a Marian. Estaba asustada de perder de vista a cualquiera de las dos. La Lunae Libri era más intimidante de lo que había imaginado. Menos como una biblioteca y más como, bien, catacumbas. Y el Libro de las Lunas podría estar en cualquier parte. Lena y yo nos enfrentamos a los interminables estantes, pero ninguno de nosotros dio un sólo paso. —¿Cómo vamos a encontrarlo? Debe haber un millón de libros ahí. —No tengo idea. A lo mejor...— Yo sabía lo que ella estaba pensando. —¿Deberíamos intentar con el camafeo? —¿Tu lo trajiste?— Yo asentí, y saqué el cálido paquete del bolsillo de mis jeans. Le entregué la antorcha a Lena. —Necesitamos ver lo que pasa. Tiene que haber algo más— Yo desenvolví el camafeo y lo puse sobre la tabla de piedra redonda del centro de la habitación. Noté una mirada familiar en los ojos de Marian, la mirada que ella y mi madre compartían cuando encontraban algo particularmente bueno. —¿Quieres ver esto? —Más de lo que te imaginas— Marian tomó mi mano lentamente, y yo tomé la de Lena. Me incliné, con mis dedos entrelazados con los de Lena y toqué el camafeo. Una luz cegadora forzó mis ojos a cerrarse. Y entonces pude ver el humo y oler el fuego, y estábamos lejos− Genevieve levantó el libro para poder leer las palabras bajo la lluvia. Ella sabía qué decir esas palabras era ir en contra de las leyes naturales. Ella casi podía oír la voz de su madre rogándole que se detuviera— que pensara en la decisión que estaba tomando. Pero Genevieve no podía detenerse. Ella no podía perder a Ethan. Ella comenzó con el cántico. —CRUOR PECTORIS MEI, TUTELA TUA EST. VITA VITAE MEAE, CORRIPIENS TUAM, CORRIPIENS MEAM. 242
  • 242. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas CORPUS CORPORIS MEI, MEDULLA MENSQUE, ANIMA ANIMAE MEAE, ANIMAM NOSTRAM CONECTE. CRUOR PECTORIS MEI, LUNA MEA, AESTUS MEUS. CRUOR PECTORIS MEI. FATUM MEUM, MEA SALUS. —Detente niña, antes de que sea demasiado tarde— La voz de Ivy sonaba desesperada. La lluvia caía con fuerza y los rayos atravesaban el humo. Genevieve contuvo el aliento y esperó. Nada. Ella debía haberse equivocado. Se esforzó en leer las palabras más claramente en la oscuridad. Las gritó en medio de la oscuridad, en el lenguaje que conocía mejor. —SANGRE DE MI CORAZÓN, LA PROTECCIÓN ES DÉBIL. VIDA DE MI VIDA, TOMANDO LA TUYA, TOMANDO LA MIA. CUERPO DE MI CUERPO, CARNE Y MENTE, ALMA DE MI ALMA, QUE A NUESTRO ESPÍRITU ATA. SANGRE DE MI CORAZÓN, MI MÁREA, MI LUNA. SANGRE DE MI CORAZÓN, MI SALVACIÓN, MI CONDENA. Ella pensó que sus ojos estaban haciendo trucos con ella, cuando vio los párpados de Ethan luchando por abrirse. —¡Ethan!— Por medio segundo, sus ojos se encuentran. Ethan lucha por respirar, evidentemente tratando de hablar. Genevieve presiona su oído cerca de sus labios y puede sentir su cálido aliento en su mejilla. —Nunca le creí a tu padre cuando decía que era imposible para un Hechicero y un Mortal estar juntos. Nosotros hubiéramos encontrado una forma de hacerlo. Te amo, Genevieve.— Él presionó algo en su mano. Un camafeo. Y tan rápido como sus ojos se abrieron, se volvieron a cerrar, su pecho dejando de moverse. 243
  • 243. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Antes de que Genevieve pudiera reaccionar, una sacudida de electricidad recorrió su cuerpo. Ella podía sentir la sangre pulsando en sus venas. La debió haber alcanzado un rayo. Las olas de dolor se concentraron sobre ella. Genevieve trató de mantenerse consciente. Entonces todo se volvió negro. —Dulce Dios del cielo, no te la lleves a ella también. Genevieve reconoció la voz de Ivy. ¿Dónde estaba? El olor la trajo de vuelta. Limones quemados. Ella trató de hablar, pero notaba su garganta como si hubiera tragado arena. Sus ojos parpadearon. —Oh señor, ¡Gracias!— Ivy estaba mirándola, arrodillada a su lado en el lodo. Genevieve tosió y alcanzó a Ivy, tratando de acercarla. —Ethan, el está...— ella susurró. —Lo siento, niña. Él se ha ido. Genevieve luchó por abrir sus ojos. Ivy saltó hacia atrás, como si hubiera visto al mismo demonio. —¡Señor ten piedad! —¿Qué? ¿Qué está mal, Ivy? La anciana mujer luchaba por comprender lo que veía. —Tus ojos, niña. Ellos han... ellos han cambiado. —¿De qué estás hablando? —Ya no son verdes. Son amarillos, tan amarillos como el sol. A Genevieve no le importaba de qué color fueran sus ojos. Ya no le importaba nada ahora que había perdido a Ethan. Ella comenzó a llorar. La lluvia se hizo más fuerte, convirtiendo el suelo bajo sus pies en lodo. —Tienes que parar, Señorita Genevieve. Tenemos que comunicarnos con los Espíritus del Otro Mundo.— Ivy trató de ponerla de pie. —Ivy, eso no tiene sentido. —Tus ojos−Te lo advertí. Te dije lo que pasaría por culpa de la luna. Por hacerlo cuando no hay luna. Tenemos que saber lo que significa. Tenemos que consultarlo con los Espíritus. 244
  • 244. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —Si hay algo extraño en mis ojos, estoy segura de que se debe a que fui alcanzada por un rayo. —¿Qué fue lo que viste?— Ivy estaba en pánico. —Ivy, ¿Qué pasa? ¿Por qué estás actuando de forma tan extraña? —No fuiste alcanzada por ningún rayo. Eso fue otra cosa Ivy corrió hacia los campos quemados de algodón. Genevieve la llamó, tratando de ponerse en pie, pero seguía mareada. Ella inclinó su cabeza hacia atrás, sobre el espeso lodo, con la lluvia cayendo constantemente sobre su cara. Lluvia mezclada con las lágrimas de los abatidos. Ella iba y venía, saliendo y entrando de su estado consciente. Ella escuchó la voz de Ivy, suave, en la distancia, diciendo su nombre. Cuando sus ojos se enfocaron de nuevo, la anciana mujer estaba a su lado, agarrando su falda con sus manos. Ivy estaba cargando algo entre los pliegues de su falda, y ella lo soltó en el suelo al lado de Genevieve. Pequeños frasquitos y botellas de lo que parecía arena y tierra uno al lado del otro. —¿Qué estás haciendo? —Una ofrenda, a los Espíritus. Ellos son los únicos que pueden decirnos que significa todo esto. —Ivy, cálmate, estás diciendo tonterías. La anciana mujer sacó algo del bolsillo de su vestido. Era una pieza de un espejo roto. Ella lo puso frente a Genevieve. Estaba oscuro, pero no había oportunidad de pasarlo por alto. Los ojos de Genevieve brillaban. Ellos habían pasado de verde profundo a dorado brillante, y eran diferentes de sus ojos de otra evidente manera. En el centro, donde debería estar una redonda pupila negra, había unas rendijas con forma de almendra, como las pupilas de un gato. Genevieve tiró el espejo al suelo y se giró hacia Ivy. Pero la anciana no le estaba prestando atención. Ella ya había mezclado los polvos y la tierra y estaba pasándolo de mano en mano, susurrando en el viejo lenguaje de sus ancestros. —Ivy, ¿qué estás—— —Shhh— siseó la anciana. —Estoy escuchando los Espíritus. Ellos saben lo que has hecho. Ellos van a decirnos lo que significa. —De la tierra a sus huesos y de la sangre a mi sangre.— Ivy cortó su dedo con el borde del espejo roto y regó las pequeñas gotas de sangre sobre la tierra que tenía en sus 245
  • 245. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas manos. —Déjenme oír lo que ustedes oyen. Ver lo que ustedes ven. Saber lo que ustedes saben. Ivy se puso en pie, levantando sus brazos hacia el cielo. La lluvia caía sobre ella, la tierra caía por su vestido. Ella comenzó a hablar de nuevo en el extraño lenguaje, y entonces− —No puede ser. Ella no lo sabía,— Ella discutía con el oscuro cielo. —Ivy, ¿qué pasa? Ivy estaba temblando, abrazándose a sí misma y gimiendo. —No puede ser, no puede ser. Genevieve agarró a Ivy de sus hombros. —¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Que está mal conmigo? —Te dije que no usaras ese libro. Te dije que esta no era una noche para Hechizos, pero es demasiado tarde ahora, niña. No hay forma de deshacerlo. —¿De qué estás hablando? —Ahora está maldita, Señorita Genevieve. Usted ha sido reclamada. Ha sido Convertida, y no hay nada que podamos hacer para cambiarlo. Una ofrenda. Usted no puede tomar nada del Libro sin darle algo a cambio. —¿Qué? ¿Qué le di? —Tu destino, niña. Tu destino y el de todos los niños Duchannes que nazcan después de ti. Genevieve no comprendía. Pero entendía lo suficiente para saber que había hecho algo que no podía ser reparado. —¿A qué te refieres? —En la Decimosexta Luna, del Decimosexto Año, el Libro va a tomar lo que le ha sido prometido. Lo que le ofreciste. La sangre de un niño Duchannes, y ese niño va a volverse Oscuro. —¿Todos los niños Duchannes? Ivy inclinó su cabeza. Genevieve no era la única derrotada esta noche. —No todos. Genevieve parecía esperanzada. —¿Cuáles? ¿Cómo sabremos cuales? —El libro los escogerá. En la Decimosexta Luna, el cumpleaños número dieciséis del niño. 246
  • 246. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —No funcionó.— La voz de Lena sonaba estrangulada, lejana. Todo lo que podía ver era humo, y todo lo que podía escuchar era su voz. Ya no estábamos en la biblioteca, ya no estábamos en la visión. Estábamos en algún lugar intermedio y era horrible. —¡Lena! Y entonces, por un momento, vi su cara entre el humo. Sus ojos estaban gigantes y oscuros−tan sólo que ahora, el verde se veía casi negro. Su voz era más un susurro. — Dos segundos. Él estuvo vivo durante dos segundos, y entonces ella lo perdió. Ella cerró sus ojos y desapareció. —¡L! ¿Dónde estás? —Ethan. El camafeo— Podía escuchar a Marian, como si estuviera muy lejos. Podía sentir la dureza del camafeo en mis manos. Lo comprendí. Lo solté. Abrí mis ojos, tosiendo por el humo que seguía en mis pulmones. La habitación estaba girando, borrosa. —¿Qué diablos están haciendo ustedes aquí? Aclaré mis ojos y logré enfocar el camafeo. Estaba sobre el suelo de piedra, pareciendo pequeño e inofensivo. Marian soltó mi mano. Macon Ravenwood estaba de pie en medio de la cripta, su abrigo girando a su alrededor. Amma estaba a su lado, su abrigo bueno mal abotonado, aferrado a su bolsillo. No sabía cual se veía más enojado. —Lo siento Macon. Conoces las reglas. Ellos pidieron ayuda, y yo estoy obligada a dársela. Marian parecía afligida. Amma estaba furiosa con Marian, como si hubiera cubierto nuestra casa con gasolina. —En mi opinión, tú estabas obligada a cuidar del chico de Lila, y la sobrina de Macon. Y no veo que estés haciendo ninguna de las dos. Esperé que Macon le gritara a Marian, también, pero él no dijo una sola palabra. Entonces me di cuenta por qué. Él estaba sacudiendo a Lena. Ella había colapsado sobre la mesa de piedra en el centro de la habitación. Sus brazos estaban totalmente abiertos, su cara contra la dura piedra. Ella no parecía consciente. 247
  • 247. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —¡Lena!— Yo la tomé entre mis brazos, ignorando a Macon, quien ya estaba a su lado. Sus ojos aún estaban negros, mirándome. —Ella no está muerta, tan sólo está a la deriva. Creo que puedo alcanzarla.— Macon estaba trabajando en silencio. Sus ojos estaban iluminados de una forma extraña. —¡Lena! ¡Regresa!— Yo puse su cuerpo flácido en mis brazos, acostándola sobre mi pecho. Macon estaba murmurando. Yo no entendía las palabras, pero podía ver el cabello de Lena comenzando a ondularse en el ahora familiar, viento sobrenatural en el que había comenzado a pensar como en la brisa Hechicera. —Aquí no, Macon. Tus Hechizos no funcionan aquí.— Marian estaba buscando entre las páginas de un libro empolvado, su voz sonaba insegura. —No está habiendo un Hechizo, Marian. Está Viajando. Ni siquiera un Hechicero puede hacerlo. Donde ella está, sólo los de la clase de Macon pueden seguirla. Abajo.— Amma trataba de tranquilizarnos, pero no era nada convincente. Sentí el frío tomando el cuerpo vacío de Lena, y supe que Amma tenía razón. Donde fuera que ella estuviera, no era en mis brazos. Ella estaba lejos. Hasta yo podía sentirlo y yo era un simple Mortal. —Te lo dije Macon. Este es un lugar neutral. No hay ninguna Atadura que puedas crear en una habitación de tierra.— Marian estaba caminando de un lado a otro, agarrando el libro como si la hiciera sentir que estaba ayudando de alguna forma. Pero no había respuestas adentro. Ella misma lo había dicho. La Hechicería no podía ayudarnos aquí. Yo recordé los sueños, recordé cuando sacaba a Lena del lodo. Me preguntaba si este era el lugar en el que la perdía. Macon habló. Sus ojos estaban abiertos, pero no estaba viendo. Era como si sus ojos estuvieran viendo hacia adentro, hacia donde Lena estaba. —Lena. Escúchame. Ella no puede retenerte. Ella. Yo miraba los ojos vacios de Lena. Sarafine. —Tú eres fuerte, Lena; Libérate. Ella sabe que no puedo ayudarte dónde estás. Ella te estaba esperando entre las sombras. Tienes que hacerlo por ti misma. Marian apareció con un vaso de agua. Macon lo derramó sobre la cara de Lena, sobre su boca, pero ella no se movía. Yo ya no podía soportarlo. 248
  • 248. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Tomé su boca y la besé, fuertemente. El agua corría por nuestras bocas, como si le estuviera dando respiración boca a boca a una víctima ahogada. Despierta, L. No puedes dejarme ahora. Te necesito más que ella. Los ojos de Lena se movieron. Ethan. Estoy cansada. Ella volvió a la vida, ahogándose, escupiendo agua sobre su chaqueta. Yo sonreí a pesar de todo, y ella me sonrío a mí. Si de esto se trataban los sueños, habíamos cambiado la forma en que terminaban. Esta vez yo la había sostenido. Pero en el fondo de mi mente, yo lo sabía. Este no era el momento en que ella se deslizaba de mis brazos. Era tan sólo el comienzo. Incluso si eso era verdad, la había salvado esta vez. Me agaché para tomarla entre mis brazos. Yo quería sentir la familiar corriente entre nosotros. Antes de que la pudiera envolver entre mis brazos, ella se sobresaltó y se alejó. —¡Tío Macon! Macon estaba al otro lado de la habitación, recostado contra la pared de la cripta, apenas capaz de sostener su propio peso. Inclinó su cabeza hacia atrás, contra la piedra. Estaba sudando, respirando con dificultad, y su cara estaba totalmente blanca. Lena corrió hacia él, una hija preocupada por su padre. —No deberías haber hecho eso. Ella podría haberte matado.— Lo que sea que estuviera haciendo cuando estaba Viajando, lo que fuera que eso significara, el esfuerzo le había costado mucho. Así que esta Sarafine. Esta cosa. Lo que sea que ella fuera, era la madre de Lena. Si este era el resultado de un viaje a la biblioteca, no sabía si estaba preparado para lo que podría pasar en los siguientes meses. O a partir de mañana en la mañana, 74 días. Lena se sentó, aún empapada, envuelta en una manta. Parecía tener cinco años. Yo miraba la antigua puerta de roble tras ella, preguntándome si sería capaz de encontrar la salida solo. No lo creo. Habíamos avanzado como treinta pasos por uno de los pasillos, y entonces desaparecimos bajando por una escalera, a través de una serie de puertas pequeñas, hacia un acogedor estudio que al parecer era algún tipo de sala de lectura. El pasaje había parecido infinito, con una puerta cada pocos metros, como algún tipo de hotel subterráneo. 249
  • 249. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Cuando Macon se sentó, un servicio de té plateado apareció en el centro de la mesa, con exactamente cinco copas y un plato de pan dulce. A lo mejor Cocina estaba aquí, también. Miré alrededor. No tenía idea de donde estaba, pero sabía una cosa. Estaba en algún lugar de Gaitlin, y al mismo tiempo, estaba más lejos de Gaitlin que nunca. De cualquier forma, esto estaba fuera de mi liga. Traté de encontrar un sitio cómodo en una silla apoltronada que se veía como si hubiera pertenecido a Henry VII. De hecho, existía la posibilidad de que así fuera. La tapicería en la pared también parecía haber salido de un viejo castillo, o de Ravenwood. Estaba tejido con la forma de una constelación. Azul medianoche e hilos plateados. Cada vez que lo miraba, la luna aparecía en una fase diferente. Macon, Marian y Amma estaban sentados al otro lado de la mesa. Decir que Lena y yo estábamos en problemas era ponerlo de la mejor manera posible. Amma estaba mucho más allá de eso. —¿Qué te hace pensar que puedes decidir por ti misma que mi chico está listo para el Mundo Subterráneo? Lila te despellejaría con sus propias manos, si estuviera aquí. Tienes agallas, Marian Ashcroft. Las manos de Marian temblaban cuando levantó su taza. —¿Tu chico? ¿Te refieres a mi sobrino? Y creo que ella fue la atacada. Macon y Amma, habiéndonos despedazado a nosotros, estaban comenzando con los demás. Ni siquiera me atrevía a mirar a Lena. —Tú has causado problemas desde el día en que naciste, Macon. Amma se giró hacia Lena. —Pero no puedo creer que tú hayas arrastrado a mi chico a esto, Lena Duchannes. Lena no pudo más. —Por supuesto que lo arrastré a esto. Yo siempre hago cosas malas. ¿Cuándo van a comprenderlo? ¡Y solamente va a empeorar! El set de té salió volando de la mesa hacia el aire, donde se congeló. Macon se quedó mirándolo, sin parpadear. Un reto. El set completo se enderezó y aterrizó suavemente sobre la mesa. Lena miraba a Macon como si no hubiera nadie más en la habitación. —Voy a volverme Oscura, y no hay nada que puedas hacer para evitarlo. —Eso no es cierto— 250
  • 250. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —¿No lo es? Yo voy a terminar justo igual que mí—— Ella no podía decirlo. La manta cayó de sus hombros, y ella tomó mi mano. —Tienes que alejarte de mi Ethan. Antes de que sea demasiado tarde. Macon la miró, irritado. —No vas a volverte Oscura. No seas tan crédula. Eso es lo que ella quiere hacerte creer.— La forma en que él pronunciaba Ella, me recordaba la forma en que pronunciaba Gaitlin. Marian puso su taza de té sobre la mesa. —Adolescentes−para vosotros todo es tan apocalíptico. Amma sacudió su cabeza. —Algunas cosas están destinadas a ocurrir y otras tienen un proceso involucrado. Este no ha terminado. Podía sentir las manos de Lena temblar entre las mías. —Ellos tienen razón, L. Todo va a estar bien. Ella alejó su mano. —¿Todo va a estar bien? Mi madre, una Cataclista, está tratando de matarme. Una visión de hace cien años acaba de aclararme que toda mi familia ha sido maldecida desde la guerra civil. Mi cumpleaños número dieciséis es dentro de dos meses, ¿Y eso es lo mejor que se te ocurre? Tomé su mano de nuevo, gentilmente, porque ella me lo permitió. —Yo vi la misma visión que tú. El libro escoge a quien toma. A lo mejor no te escoge a ti.— Era una pequeña esperanza, pero era todo lo que tenía. Amma miró a Marian, dejando caer su platillo en la mesa. La taza giraba sobre él. —¿El Libro?— Los ojos de Macon se enfocaron sobre mí. Traté de mirarlo a los ojos, pero no pude. —El Libro de la visión. No menciones una palabra más Ethan. Tenemos que decírselo. No podemos hacer esto solos. —No es nada, Tío M. Ni siquiera sabemos que significan las visiones.— Lena no estaba dispuesta a contarles, pero después de esta noche, yo sentía que debía hacerlo. Que debíamos hacerlo. Todo se estaba saliendo de control. Sentía como si me estuviera ahogando y no pudiera salvarme, mucho menos a Lena. —A lo mejor las visiones significan que no todos en tu familia se vuelven Oscuros cuando son Reclamados. ¿Qué hay de tía Del? ¿Reece? ¿Crees que la pequeña Ryan va a volverse Oscura cuando puede curar a las personas?— dije yo, acercándome a ella. Lena se hundió de nuevo en su silla. —Tú no sabes nada a cerca de mi familia. 251
  • 251. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —Pero él no está equivocado, Lena— Macon la miraba, exasperado. —Tú no eres Ridley. Y tú no eres tu madre.— Dije yo, tan convincentemente como pude. —¿Cómo puedes saberlo? Tú no conoces a mi madre. Y por cierto, yo tampoco, excepto por los ataques psíquicos que nadie parece poder prevenir.— Macon trató de sonar tranquilo. —Nosotros estábamos poco preparados para ese tipo de ataques. Yo no sabía que ella podía Viajar. No sabía que ella compartía algunos de mis poderes. No se trata de un don destinado a los Hechiceros. —Nadie parece saber nada a cerca de mi madre, o de mí. —Esa es la razón por la que necesitamos el libro.— Esta vez, miré directamente a Macon mientras lo decía. —¿Cual es ese libro del que sigues hablando?— Macon estaba perdiendo la paciencia. No le digas, Ethan. Tenemos que hacerlo. —El libro que maldijo a Genevieve.— Macon y Amma se miraron. Ellos ya sabían lo que yo estaba a punto de decir. —El Libro de las Lunas. Si así fue como se creó el Hechizo de la maldición, algo en él debería decirnos como terminarlo. ¿Verdad?— La habitación quedó en silencio. Marian miró a Macon. —Macon—— —Marian. Mantente alejada de esto. Tú has interferido demasiado, y el sol va a salir dentro de unos pocos minutos.— Marian sabía. Ella sabía donde podíamos encontrar El Libro de las Lunas y Macon quería que mantuviera su boca cerrada. —Tía Marian, ¿dónde está el libro?— La miré a los ojos. —Tienes que ayudarnos. Mi madre nos hubiera ayudado, y se supone que tú no puedes tomar bandos, ¿verdad?— Yo no estaba jugando limpio, pero era verdad. Amma levantó sus manos, entonces las puso de nuevo sobre su regazo. Un extraño signo de rendición. —Lo que está hecho, está hecho. Ellos ya se acercaron a la amenaza, Melchizedek. Esta mujer está obligada a revelarles todo, de cualquier forma. —Macon, existen protocolos. Si ellos preguntan, estoy obligada a responderles,— dijo Marian. Entonces ella me miró. —El Libro de las Lunas no está en la Lunae Libri. —¿Cómo lo sabes? 252
  • 252. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Macon se puso de pie para marcharse, mirándonos a nosotros dos. Su mandíbula estaba tensa, sus ojos oscuros y furiosos. Cuando finalmente habló, su voz resonó por toda la cámara, sobre todos nosotros. —Porque ese es el libro en honor al que fue nombrado este archivo. Es el libro más poderoso que existe aquí y en el Otro Mundo. Es también el libro que maldijo a nuestra familia eternamente. Y ha estado perdido durante más de cien años. 253
  • 253. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas 01 de Diciembre RIMA CON BRUJA E l lunes a la mañana, Link y yo conducíamos por la ruta 9, deteniéndonos en la bifurcación en el camino para recoger a Lena. A Link le gustaba Lena, pero no había manera que condujera hasta la Mansión Ravenwood. Todavía era la mansión Embrujada para él. Si sólo supiera. El receso de Acción de Gracias sólo había sido un largo fin de semana, pero se sentía mucho más largo, considerando ese ocaso de una cena de Acción de Gracias, los floreros volando entre Macon y Lena, y nuestro viaje al centro de la Tierra, todo sin dejar los límites de la ciudad de Gatlin. A diferencia de Link, quien había pasado el fin de semana mirando fútbol, aporreando a sus primos, e intentando determinar si las bolas de queso tenían o no cebolla este año. Pero de acuerdo con Link, había problemas de otra índole elaborándose y esta mañana sonaba igualmente peligroso. La madre de Link había estado quemando las líneas por las últimas veinticuatro horas, susurrando en el teléfono con el cable largo y la puerta de la cocina cerrada. La Sra. Snow y la Sra. Asher habían aparecido después de la cena, y las tres habían desaparecido dentro de la cocina, - el Cuarto de Guerra. Cuando Link entró, pretendiendo tomar un Mountain Dew (*refresco), no captó mucho. Pero fue suficiente para adivinar el juego final de su madre. —La sacaremos de nuestra escuela, de una manera u otra.− Y su pequeño perro, también. No era mucho, pero si conocía a la Sra. Lincoln, conocía lo suficiente como para estar preocupado. Nunca podías subestimar lo lejos que las mujeres como la Sra. Lincoln podían llegar para proteger a sus hijos y su ciudad de la única cosa que odiaban más— cualquiera diferente a ellas. 254
  • 254. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas Lo debería saber. Mi madre me había contado las historias de los primeros años que ella había vivido aquí. La manera en que lo contó, ella era un criminal, incluso las damas más temerosas de Dios de la Iglesia se aburrían de informar sobre ella, que hacía el mercadeo los domingos, caía por cualquier iglesia que le gustara o por ninguna en absoluto, era una feminista (lo que la Sra. Asher a veces confundía con comunista), una Demócrata (lo que la Sra. Lincoln señalaba que tenía prácticamente —demonio— en la palabra en si misma), y lo peor de todo, una vegetariana (lo que descartaba cualquier invitación a cenar de la Sra. Snow). Más allá de eso, más allá de no ser un miembro de la iglesia correcta o la DAR o la Asociación Nacional del Rifle, estaba el hecho que mi madre era una forastera. Pero mi padre había nacido aquí y era considerado uno de los hijos de Gatlin. Así que cuando mi madre murió, todas las mismas mujeres que habían sido tan críticas con ella cuando estaba viva entregaron cazuelas con crema-de-algo, asados en ollas de barro y chili-ghetti con una venganza. Como si finalmente estuvieran obteniendo la última palabra. Mi madre lo hubiera odiado, y ellas lo sabían. Ésa fue la primera vez que mi padre fue dentro de su despacho y cerró la puerta por días. Amma y yo habíamos dejado los guisos acumulados en el porche hasta que se los llevaron y volvieron a juzgarnos, como lo habían hecho siempre. Ellas siempre tenían la última palabra. Link y yo, ambos, los sabíamos, incluso si Lena no. Lena se encontraba como un sándwich entre Link y yo en el asiento delantero del Beater, escribiendo en su mano. Yo apenas podía distinguir las desbaratadas palabras como todo lo demás. Ella escribió todo el tiempo, de la manera en que algunas personas masticaban goma de mascar o hacían girar su pelo, no creo ni siquiera que se diera cuenta. Me preguntaba si algún día me permitiría leer uno de sus poemas, si alguno de ellos era acerca de mí. Link bajó la mirada. —¿Cuándo vas a escribirme una canción? —Justo después que termine la que estoy escribiendo para Bob Dylan. —Mierda.— Link pisó el freno en la entrada del estacionamiento. No podía culparlo. La visión de su madre en el estacionamiento antes de las ocho de la mañana era aterradora. Y allí estaba ella. El estacionamiento estaba lleno de gente, mucho más que de costumbre. Y padres; a excepción de después del incidente de la ventana, no había habido un padre en el estacionamiento desde que la madre de Jocelyn Walter vino a sacarla de un tirón de la escuela durante la película acerca del ciclo reproductivo en el Desarrollo Humano. Algo estaba pasando definitivamente. 255
  • 255. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas La madre de Link le pasó una caja a Emily, quien tenía a todo el equipo de animadoras—Varsity y JV- empapelando cada coche en el estacionamiento con algún tipo de folleto de neón. Algunos estaban ondeando en el viento, pero pude ver unos pocos desde la relativa seguridad del Beater. Era como si estuvieran ejecutando alguna clase de campaña, sólo que sin un candidato. ¡DILE QUE NO A LA VIOLENCIA EN JACKSON! ¡TOLERANCIA CERO! Link se puso rojo brillante. —Perdón. Tenéis que salir.— Se agachó en el asiento del conductor, tan bajo que parecía que nadie estuviera conduciendo el coche. —No quiero que mi madre me mate a golpes enfrente de todo el pelotón de animadoras. Me escabullí hacia abajo, llegando a través del asiento para abrir la puerta para Lena. — Te veremos dentro, hombre. Agarré la mano de Lena y la apreté. ¿Lista? Tan lista como voy a estarlo. Nos agachamos entre los coches alrededor del estacionamiento. No pudimos ver a Emily, pero pudimos escuchar su voz desde atrás de la camioneta de Emory. —¡Conoce las señales!— Emily se estaba acercando a la ventana de Carrie Jensen. — Estamos formando un nuevo club en la escuela, Los Ángeles Guardianes de La Preparatoria Jackson. Vamos a ayudar a mantener a nuestra escuela segura, reportando actos de violencia o cualquier comportamiento inusual que vemos alrededor de la escuela. Personalmente, creo que es la responsabilidad de todos los estudiantes en Jackson el mantener nuestra escuela segura. Si quieres unirte, tendremos una reunión en la cafetería después del octavo período.— Mientras la voz de Emily se desvanecía en la distancia, la mano de Lena se apretó alrededor de la mía. ¿Qué quiere decir eso? No tengo ni idea. Pero lo han perdido por completo. Vamos. Intenté tirar de ella, pero me empujó hacia abajo y atrás. Se escabulló nuevamente junto a la llanta. —Sólo necesito un minuto. —¿Estás bien? —Míralos. Piensan que soy un monstruo. Formaron un club. —Simplemente no pueden soportar a los forasteros, y tú eres la chica nueva. Una ventana rota. Necesitan alguien a quien culpar. Esto es sólo una... 256
  • 256. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —Cacería de brujas. No estaba por decir eso. Pero lo estabas pensando. Apreté su mano y mis cabellos se me pusieron de punta. No tienes que hacer esto. Sí. Le permití a gente como ellos tirarme de mi última escuela. No voy a dejar que ocurra de nuevo. A medida que salíamos de la última fila de coches, allí estaban ellos. La Sra Asher y Emily estaban embalando las cajas extras de panfletos dentro de la parte trasera de la minivan. Eden y Savannah estaban repartiendo volantes a las animadoras y a cualquier tipo que quisiera ver un poco de las piernas de Savannah o su escote. La Sra. Lincoln estaba a unos pocos metros hablándoles a las otras madres, lo más probable prometiendo agregar sus casas al Tour del Patrimonio del Sur si hacían un par de llamadas telefónicas al Director Harper. Ella le entregó a la madre de Earl Petty un portapapeles con una pluma sujeta a él. Me llevó un minuto darme cuenta lo que era— no había manera. Parecía una petición. La Sra, Lincoln se percató de nosotros parados allí y se concentró en nosotros. Las otras madres siguieron su mirada. Por un segundo, no dijeron nada. Pensé que tal vez se sentían mal por mí y que iban a deponer sus volantes, empacar sus minivans y rancheras familiares, e irían a casa. La Sra. Lincoln, en cuya casa había dormido casi tantas veces como en la mía propia. La Sra. Snow, quien era técnicamente mi prima tercera en cierta medida distanciada. La Sra. Asher, quien había vendado mi mano después que me la abrí de un corte con un gancho de pesca cuando tenía diez. La Srta. Ellery, quien me dio mi primer corte real de cabello. Estas mujeres me conocían. Me habían conocido desde que era niño. No había manera de que fueran a hacer esto, no a mí. Iban a echarse atrás. Si lo decía las suficientes veces tal vez sería cierto. Va a estar bien. Pero en el momento en que me di cuenta que estaba equivocado, era demasiado tarde. Se recuperaban de su impresión momentánea de vernos a Lena y a mí. Cuando la Sra. Lincoln nos vio, sus ojos se achicaron. —El Director Harper...— Miró de Lena a mí, y agitó la cabeza. Sólo digamos que no sería invitado nuevamente a casa de Link para cenar pronto. Ella levantó la voz. —El Director Harper ha prometido su apoyo total. No toleraremos en Jackson la violencia que ha asolado las escuelas de la 257
  • 257. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas ciudad en este país. Los jóvenes están haciendo lo correcto, protegiendo su escuela, y en lo que respecta a los padres——ella nos miró a nosotros——haremos cualquier cosa que podamos para apoyarlos. Aún sosteniéndonos las manos, Lena y yo caminamos junto a ellos. Emily se paró enfrente de nosotros, empujándome un panfleto a mí e ignorando a Lena. —Ethan, ven a la reunión hoy. Los Ángeles Guardianes podrían realmente usarte. Era la primera vez que me hablaba en semanas. Recibí el mensaje. Tú eres uno de nosotros, última oportunidad. Empujé su mano lejos. —Eso es justo lo que Jackson necesita, un poco más de tu angelical comportamiento. Porqué no vas a torturar algunos niños. Arranca las alas de una mariposa. Golpea a un pajarito fuera de su nido.— Jalé a Lena pasándola. —¿Qué diría tu pobre madre, Ethan Wate? ¿Qué pensaría de la compañía que conservas?— Me volví. La Sra. Lincoln estaba de pie justo detrás de mí. Estaba vestida de la manera en que siempre lo estaba, como alguna clase de dura bibliotecaria sacada de una película, con económicas gafas de farmacia y un contrariado cabello que no podía decidir si era castaño o gris. Te tenías que preguntar, ¿De dónde había venido Link? —Te diré lo que tu madre diría. Lloraría. Ella se estaría retorciendo en su tumba. Había cruzado la línea. La Sra. Lincoln no sabía nada acerca de mi madre. No sabía que mi madre fue la que le envió al Superintendente Escolar una copia de cada fallo contra la prohibición de los libros en los Estados Unidos. No sabía que mi madre se encogía cada vez que la Sra. Lincoln la invitaba a una Mujeres Auxiliadoras o a la DAR, pero porque odiaba lo que la Sra. Lincoln representaba. Esa mente-pequeña catalogada de mujeres de liderazgo en Gatlin, como por lo que la Sra. Lincoln y la Sra. Asher eran tan famosas. Mi madre siempre había dicho: —Lo correcto y lo fácil nunca son lo mismo.— Y ahora, en este preciso instante, supe qué era hacer lo correcto, incluso si no iba a ser fácil. O por lo menos, las consecuencias no lo iban a ser. Me volví hacia la Sra. Lincoln y la miré a los ojos. —Bien por ti, Ethan. Eso es lo que mi pobre madre hubiera dicho, madame. Giré nuevamente hacia la puerta del edificio de administración y seguí caminando, jalando a Lena por el camino a mi lado. Estábamos sólo a unos pasos de distancia. Lena estaba temblando, a pesar de que no parecía asustada. Me mantuve apretando su mano, intentando reconfortarla. Su largo cabello negro se estaba enrulando y desenrulando, como si estuviera a punto de explotar, o quizá era yo quien lo estaba. Nunca pensé que estaría tan feliz de poner un pie en los pasillos de Jackson, hasta que 258
  • 258. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas vi al Director Harper de pie en la entrada. Él nos estaba mirando como si deseara no ser el director de modo que podría entregar un volante propio. El cabello de Lena resoplaba alrededor de sus hombros mientras caminábamos junto a él. Sólo que ni siquiera nos miró. Estaba demasiado ocupado mirando más allá de nosotros. —Qué demon... Me volví y miré por encima de mi hombro justo a tiempo para ver cientos de volantes verdes de neón, enrollándose lejos de los parabrisas y fuera de las pilas y cajas y camionetas y manos. Volando lejos en una repentina ráfaga de viento, como si fueran una bandada de pájaros subiendo vertiginosamente dentro de las nubes. Escapando, hermosos y libres. Algo así como la película de Hitchcock Los Pájaros, sólo que en reversa. Pudimos escuchar los alaridos hasta que las pesadas puertas de metal se cerraron detrás de nosotros. Lena se alisó el cabello. —Tiempo loco el que hace por aquí. 259
  • 259. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas 06 de Diciembre PERDIDO Y ENCONTRADO M e sentí casi aliviado de que fuera sábado. Había algo reconfortante en pasar el día con mujeres cuyos únicos poderes mágicos fueran olvidar sus propios nombres. Cuando llegué a las Hermanas, el gato siamés de la Tía Mercy, Bola Lucillelas Hermanas amaban, yo amo a Lucy-estaba `ejercitándose´ en el patio delantero. Las Hermanas tenían un tendedero que corría a lo largo del patio, y cada mañana la Tía Mercy ponía a Bola Lucille en una correa y la enganchaba en el tendedero para que el gato pudiera ejercitar. Yo había tratado de explicar que podías dejar a los gatos afuera y ellos volverían cuando quisieran, pero la Tía Mercy me había mirado como si hubiera sugerido que se mudara con un hombre casado. —No puedo simplemente permitir que Bola Lucille merodee las calles sola. Estoy segura que alguien se la apropiará.— No había habido muchos raptos de gatos en la ciudad, pero era un argumento que nunca ganaría. Abrí la puerta, esperando la conmoción de costumbre, pero hoy la casa estaba notablemente tranquila. Una mala señal. —¿Tía Prue? Oí su voz cansina procediendo de la parte trasera de la casa. —Estamos en el solario, Ethan. Me agaché por debajo de la entrada del mosquitero del porche para ver a las Hermanas caminando rápidamente alrededor del cuarto, llevando lo que parecían pequeñas ratas peladas. —¿Qué diablos es eso?— Dije sin ni siquiera pensar. 260
  • 260. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas —Ethan Wate, cuida tu boca, o la tendré que lavar con jabón. Sabes más que para usar palabrotas,— dijo la Tía Grace. Lo cual, en lo que se refería a ella, incluía palabras como bragas, desnudo, y vejiga. —Lo siento, madame. Pero, ¿qué es lo que tienen en sus manos? La Tía Mercy corrió hacia delante y forzó su mano fuera, con dos roedores durmiendo en ella. —Son ardillas bebés. Rudy Wilcox las encontró en su ático el martes pasado. —¿Ardillas silvestres? —Hay seis de ellas. ¿No son las cosas más lindas que hayas visto alguna vez? Todo lo que pude ver fue un accidente esperando a suceder. La idea de mis ancianas tías manipulando animales salvajes, bebés o de otra clase, era un pensamiento aterrador. —¿Dónde las consiguieron? —Bien, Ruby no podía hacerse cargo de ellas...— Comenzó la Tía Mercy. —Debido a ese abominable esposo suyo. No la dejará ni siquiera ir al Stop & Shop sin decírselo. —Así que Ruby nos las dio a nosotras, a cuenta de que ya teníamos una jaula. Las Hermanas habían rescatado un mapache herido después de un huracán y lo habían cuidado hasta que estuvo sano nuevamente. Después de eso, el mapache comió los periquitos de la Tía Prudente, Sonny y Cher, y Thelma puso al mapache fuera de la casa, para nunca volver a hablar de eso. Pero ellas aun tenían la jaula. —Saben que las ardillas pueden trasmitir la rabia. No pueden manipular éstas cosas. ¿Qué pasa si una de ellas las muerde? La Tía Prue frunció el ceño. —Ethan, estas son nuestros bebés y son simplemente las cosas más dulces. No nos morderán. Nosotras somos sus mamás. —Son tan mansas como lo pueden ser, ¿no lo son todas?— Dijo la Tía Grace, acariciando con la nariz a una de ellas. Todo lo que podía imaginarme era a una de esas pequeñas sabandijas atrapando el cuello de una de las Hermanas y yo teniendo que llevarlas a la sala de emergencia para que les den las veinte dosis en el estómago que obtienes si eres mordido por un animal rabioso. Dosis que estoy seguro que a su edad podría matar a cualquiera de ellas. Traté de razonar con ellas, una completa pérdida de tiempo. —Nunca se sabe. Son animales salvajes. —Ethan Wate, claramente no eres amante de los animales. Estos bebés nunca nos lastimarían. 261
  • 261. Kami García y Margaret Stohl Hermosas Criaturas La Tía Grace me frunció el ceño con desaprobación. —¿Y qué querrías que hagamos con ellas? Su mamá se ha ido. Morirán si no nos encargamos de ellas. —Puedo llevarlas al ASPCA. La Tía Mercy las apretó contra su pecho protectoramente. —¡El ASPCA! Esos asesinos. ¡Seguramente las matarán! —Suficiente charla acerca del ASPCA. Ethan, pásame ese cuentagotas de allí. —¿Para qué? —Tenemos que alimentarlas cada cuatro horas con este pequeño gotero,— explicó la Tía Grace. La Tía Prue estaba sosteniendo una de las ardillas en su mano, mientras succionaba ferozmente al final del gotero. —Y una vez al día, tenemos que limpiar sus pequeñas partes privadas con un hisopo, para que aprendan a limpiarse a ellas mismas.— Ésa era una visión que no necesitaba. —¿Cómo pueden saber eso? —Lo hemos buscado en Internet.— La Tría Mercy sonrió orgullosa. No podía imaginarme cómo mis tías sabían algo de Internet. Las Hermanas ni siquiera tenían horno tostador. —¿Cómo entraron en Internet? —Thelma nos llevó a la biblioteca y la Señorita Marian nos ayudó. Ellos tienen computadoras allí. ¿Sabías eso? —Y puedes buscar simplemente acerca de cualquier cosa, hasta fotos pornográficas. De vez en cuando, las fotos más pornográficas que alguna vez hayas visto aparecerán en la pantalla. ¡Imagínate!— Por