La logica de las ciencias sociales (popper, adorno, dahrendorf, habermas)

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La logica de las ciencias sociales (popper, adorno, dahrendorf, habermas)

  1. 1. Popper, Adorno, Dahrendorf, Habermas LA LÓGICA DE LASCIENCIAS SOCIALES coiofo/j
  2. 2. Popper, Adorno,Dahrendorf, Habermas LA LÓGICA DE LASCIENCIAS SOCIALESCOLOFÓ/J ¿ A . DE C.V.
  3. 3. TraducciónJacobo Muñoz© Colofón S.A. de C.V., 2008 Franz Hals núm. 130 Alfonso XIII, 01460 México, D.F.ISBN: 978-968-867-362-1Prohibida su reproducción por cualquier medio mecánicoo electrónico sin la autorización escrita de los editores.Impreso en México
  4. 4. INDICEPresentaciónLa lógica de las ciencias socialesKarlR. PopperSobre la lógica de las ciencias socialesTheodor W. AdornoAnotaciones a la discusión de las ponenciasde Karl R. Popper y Theodor W. AdornoRalfDahrendorfTeoría analítica de la Ciencia y la DialécticaJürgen Habermas
  5. 5. 9 PRESENTACIÓNEl presente volumen recoge una importantísima polémicasobre la lógica de las ciencias sociales en la que se abordancuestiones metodológicas fundamentales. Los participan-tes principales en la disputa son Karl R. Popper y TheodorW. Adorno. El primero ha designado su posición filosóficacomo "racionalismo crítico", expresión con la que pretendemarcar su oposición a todo racionalismo dogmático. En elterreno de las ciencias sociales, Popper sostiene la imposibili-dad de una ciencia de la totalidad social, pues sólo se puedenconocer, a juicio suyo, aspectos concretos de la realidad so-cial. Esto le lleva a propugnar, en el terreno de la política, latransformación mediante reformas de aspectos concretos (ocomo él le llama "la ingeniería social"). Adorno representala interpretación del marxismo postulada por la Escuela deFrankfurt, nombre con el que se denomina a un grupo de fi-lósofos y sociólogos que tratan de elaborar una "teoría críticade la sociedad" (a dicha escuela pertenece también Haber-mas). La Escuela de Frankfurt sostiene la relatividad de todoconocimiento por estar mediado por la praxis social. En su ponencia, Popper sostiene que "el método pura-mente objetivo en las ciencias sociales" es la "lógica de lasituación" de los hombres y cuya conducta puede explicarsea partir de la situación misma. Adorno postula una visiónde la sociedad como totalidad. Apuntando implícitamentea Popper, afirma: "No hay valor para pensar el todo porque
  6. 6. se duda de poder transformarlo". Dahrendorf y Habermasintervienen con sus comentarios en la polémica. El pensa-miento dialéctico lo entiende Habermas como "el intento deconcebir en todo momento el análisis como parte del procesosocial analizado y corno su posible autoconciencia crítica".Sobre los autoresPopper: nació en 1902 en Viena, Austria, y murió en 1994,en Londres, Reino Unido. Entre sus obras principales es-tán: La lógica, de la investigación científica, 1934; La socie-dad abierta y sus enemigos, 1945; La miseria delhistoricismo,1957, y Conjeturas y refutaciones, 1963. Adorno: nació en 1903 en Frankfurt, Alemania, y murióen 1969, en Suiza. Entre sus obras destacan: Dialéctica dela ilustración, 1947; Tres estudios sobre Hegel, 1963; La jergade la autenticidad, 1964; Dialéctica negativa, 1966. Dahrendorf: nació en 1929 en Hamburgo, Alemania.Autor entre otras obras de: Homo sociologicus, 1959; Socie-dad y libertad, 1961; Sociedad y democracia en Alemania,1965; Caminos de utopía, 1967. Recibió el Premio Príncipede Asturias de Ciencias Sociales en 2007. Habermas, nació en 1929 en Düsseldorf, Alemania. Au-tor de obras cómo Historia y crítica de la opinión pública,Elpensamiento postmetafísico y Ensayosfilosóficosentre otros.En 2001 obtuvo el Premio de la Paz que conceden los li-breros alemanes y en 2003 recibe el Premio Príncipe deAsturias de Ciencias Sociales
  7. 7. LA LÓGICA DE LAS CIENCIAS SOCIALES Karl R. PopperPonenciaEn mi ponencia sobre la lógica de las ciencias sociales mepropongo partir de dos tesis que expresan la contradicciónexistente entrenuestro saber y nuestra ignorancia. Primera tesis: Sabemos gran cantidad de cosas - y no sólodetalles de dudoso interés intelectual—, cabe subrayar, ade-más de su importancia práctica, el profundo conocimientoteorético y la asombrosa comprensión del mundo que nosprocuran. Segunda tesis: Nuestra ignorancia es ilimitada y decepcio-nante. Es precisamente el gigantesco progreso de las cienciasnaturales (al que alude mi primera tesis) el que nos poneuna y otra vez frente a nuestra ignorancia, a nuestra igno-rancia en el propio campo de las ciencias naturales. La ideasocrática de la ignorancia adquiere un carácter diferente. Acada paso que avanzamos y a cada problema resuelto no so-lamente se nos descubren nuevos problemas pendientes desolución, sino que se nos impone la evidencia de que inclusoallí donde creíamos estar sobre suelo firme y seguro todo es,en realidad, inseguro y vacilante. . Mis dos tesis sobre el conocimiento y la ignorancia estánen contradicción sólo aparentemente, por supuesto. La apa-
  8. 8. rente contradicción se debe, sobre todo, al hecho de que enla primera a los términos "sabiduría" o "conocimiento" lescorresponde un significado totalmente diferente al que os-tentan en la segunda. De todos modos, ambos significadosy ambas tesis son importantes; tanto que voy a formularloen la siguiente tesis. Tercera tesis: Una tarea fundamentalmente importante eincluso la piedra angular de toda teoría del conocimiento esque haga justicia a nuestras dos primeras tesis e ilumine larelación existente entre nuestro conocimiento asombroso yen constante crecimiento, y nuestra convicción -asimismocreciente— de que, en realidad, no sabemos nada. Si se medita un poco, parece casi por completo evidenteque la lógica del conocimiento haya de hundir sus raícesen la tensión entre el conocimiento y la ignorancia. En micuarta tesis formulo una importante consecuencia de estaconvicción. De todos modos, antes de exponer dicha tesisdeseo disculparme brevemente por las muchas que irán vi-niendo. Mi disculpa radica en la sugerencia que se me hizode exponer sintéticamente mi ponencia en forma de tesis(con el fin de facilitar al coponente la tarea de aguzar almáximo sus antítesis críticas). Debo decir, no obstante, quedicha sugerencia me pareció muy útil, aunque la forma encuestión pueda provocar cierta impresión de dogmatismo. Cuarta tesis: En la medida en que quepa en absolutohablar de que la ciencia o el conocimiento comienzan enalgún punto tiene validez lo siguiente: el conocimiento nocomienza con percepciones u observación o con la recopi-
  9. 9. lación de datos o de hechos, sino con problemas. No hayconocimiento sin problemas —pero tampoco hay ningúnproblema sin conocimiento. Es decir, que éste comienzacon la tensión entre saber y no saber, entre conocimiento eignorancia: no existe problema sin conocimiento ni proble-ma sin ignorancia. Porque todo problema surge del descu-brimiento de que algo no está en orden en nuestro presuntosaber; o, lógicamente considerado, en el descubrimiento deuna contradicción interna entre nuestro supuesto conoci-miento y los hechos; o expresado quizá más adecuadamen-te, en el descubrimiento de una posible contradicción entrenuestro supuesto conocimiento y los supuestos hechos. Frente a mis tres primeras tesis, que por su carácterabstracto pueden dar quizá la impresión de estar un tantoalejadas de mi tema, es decir, de la lógica de las cienciassociales, en la cuarta es mi intención afirmar que precisa-mente con ella llegamos al centro mismo de nuestro tema.Lo cual puede ser formulado como sigue. Quinta tesis: Al igual que todas las otras ciencias, tam-bién las ciencias sociales se ven acompañadas por el éxitoo por el fracaso, son interesantes o triviales, fructíferas oinfructíferas, y están en idéntica relación con la importan-cia o el interés de los problemas que entran en juego; y, porsupuesto, también en idéntica relación respecto de la hon-radez, linealidad y sencillez con que estos problemas seanabordados. Problemas que en ningún modo tienen por quéser siempre de naturaleza teorética. Serios problemas prácti-cos, como el de la pobreza, el del analfabetismo, el de la
  10. 10. i4opresión política y la inseguridad jurídicas, han constituidoimportantes puntos de partida de la investigación científi-co-social. Pero estos problemas prácticos incitan a meditar,a teorizar, dando paso así a problemas teoréticos. En todoslos casos, sin excepción, son el carácter y la cualidad de losproblemas -conjuntamente, desde luego, con la audacia ysingularidad de la solución propuesta— lo que determina elvalor o falta de éste en el rendimiento científico. De manera, pues, que el punto de partida es siempre elproblema; y la observación únicamente se convierte en unaespecie de punto de partida cuando desvela un problema;o, con otras palabras, cuando nos sorprende, cuando nosmuestra que hay algo en nuestro conocimiento —en nues-tras expectativas, en nuestras teorías- que no está del todoen orden. Las observaciones sólo conducen a problemas,en la medida en que contradicen algunas de nuestras ex-pectativas conscientes o inconscientes. Y lo que en tal casose convierte en punto de partida del trabajo científico noes tanto la observación en sí como la observación en susignificado peculiar, es decir, la observación generadora deproblemas. Con ello accedo al punto en que me es posible formularmi tesis principal, la cual consiste en lo siguiente: Sexta tesis (tesis principal): a) El método de las ciencias sociales, al igual que el de las ciencias naturales, radica en ensayar posibles solu-
  11. 11. ciones para sus problemas —es decir, para esos proble- mas en los que hunden sus raíces. Se proponen y critican soluciones. En el caso de que unensayo de solución no resulte accesible a la crítica objetiva,es preciso excluirlo por su carácter no científico, aunquesólo provisionalmente. b) Si es accesible a una crítica objetiva, intentamos refutarlo; porque toda crítica consiste en intentos de refutación. c) Si un ensayo de solución es refutado por nuestra crí- tica, buscamos otro. d) Si resiste la crítica, lo aceptamos provisionalmente; y, desde luego, lo aceptamos principalmente como digno de seguir siendo discutido y criticado. e) El método de la ciencia es, pues, el de la tentativa de solución, el del ensayo (o idea) de solución sometido al más estricto control crítico. No es sino una prolon- gación crítica del método del ensayo y del error (trial and error). f ) La llamada objetividad de la ciencia radica en la ob- jetividad del método crítico; lo cual quiere decir, sobre todo, que no hay teoría que esté liberada de la crítica, y que los medios lógicos de los que se sirve ésta - l a categoría de la contradicción lógica- son objetivos.
  12. 12. 16 La idea básica que subyace en mi tesis principal tambiénpodría ser quizá sintetizada como sigue: Séptima tesis: La tensión entre el conocimiento y la ig-norancia lleva al problema y a los ensayos de solución.Pero no es superada jamás, ya que nuestro conocimientoes sólo tentativo, propuestas provisionales de solución,hasta el punto de conllevar de manera fundamental laposibilidad de evidenciarse como erróneo y, en conse-cuencia, como una auténtica ignorancia. De ahí que laúnica forma de justificación de nuestro conocimiento seaigualmente provisional: tiene su raíz en la crítica, o másexactamente, en la resistencia de nuestros ensayos de so-lución a nuestra crítica más acerada. No hay justificación positiva alguna que vaya más lejosde esto. Nuestros ensayos de solución, sobre todo, no pue-den revelarse como probables (en el sentido del cálculo deprobabilidades). Este punto de vista podría recibir quizá el calificativo decriticista. Con el fin de iluminar un tanto el contenido de estatesis principal mía y su importancia para la sociología, nodeja de ser útil una confrontación de la misma con ciertasotras tesis de una metodología muy extendida y a menudoabsorbida de manera plenamente inconsciente. Tenemos, por ejemplo, el erróneo naturalismo o cien-tificismo metodológico, que exige que las ciencias socialesaprendan por fin de las ciencias naturales lo que es el mé-todo científico. Este errado naturalismo impone exigencias
  13. 13. 17Mimo éstas: comienza con observaciones y mediciones, es<lec:ir, con sondeos estadísticos, por ejemplo, y avanza in-ductivamente a posibles generalizaciones y a la formacióni lo teorías. De este modo te aproximarás al ideal de objeti-vidad científica en la medida de lo posible en las cienciassociales. Al mismo tiempo, sin embargo, debes ser perfecta-mente consciente de que en las ciencias sociales la objetivi-dad es mucho más difícil de alcanzar (si es que puedeilegara serlo) de lo que lo es en las ciencias naturales; porque laobjetividad equivale a neutralidad valorativa 4 , y sólo en ca-sos muy extremos logra el científico social emanciparse delas valoraciones de su propia capa social accediendo a ciertaobjetividad y asepsia respecto a los valores. En mi opinión, todas y cada una de las frases que acabode poner en boca de dicho erróneo naturalismo son radical-mente falsas y descansan en una errónea comprensión delmétodo científico-natural, es más, en un mito, demasiadoextendido - p o r desgracia— e influyente del carácter induc-tivo del método de las ciencias naturales y del carácter de laobjetividad científico-natural. A continuación me propon-go dedicar una pequeña parte del valioso tiempo del quedispongo a elaborar una crítica de dicho naturalismo. Aunque no cabe duda de que buena parte de los cientí-ficos sociales se opondría a una y otra de las diversas tesis4 Traducimos Wertfreiheit, la célebre expresión w e b e r i a n a c u y a tra- d u c c i ó n literal sería "libertad de valores", por "neutralidad valorati- va" o, también, por "desvinculación axiológica". (N. d e l T . )
  14. 14. de este erróneo naturalismo, resulta también innegable quedicho naturalismo disfruta en las ciencias sociales —fuera dela economía política— de una auténtica supremacía, por lomenos en los países anglosajones. Me propongo formularlos síntomas de esta victoria en mi próxima tesis. Octava tesis: En tanto que antes de la Segunda GuerraMundial la idea de la sociología aún era la de una ciencia socialteorética general -comparable quizá a la física teorética- y laidea de la antropología social era la de una sociología aplicadaa sociedades muy especiales, es decir, a sociedades primitivas,esta relación se ha invertido actualmente de manera asom-brosa. La antropología social o etnología se ha convertido enuna ciencia social general; y parece que la sociología se en-cuentra en vías de convertirse en una rama de la antropologíasocial, aplicada a una forma muy especial de la sociedad enuna antropología de las formas de sociedad altamente indus-trializadas de Occidente. Para repetirlo de manera más breve:la relación entre la sociología y la antropología se ha invertidopor completo. La antropología social ha avanzado hasta con-vertirse en una ciencia especial aplicada a una ciencia básica,y el antropólogo ha pasado a convertirse, de en un modestoy algo miopefieldworker,en un teórico social de vastas mirasy hondo aliento, así como en un psicólogo social profundo.El viejo sociólogo teórico debe darse, de todos modos, porsatisfecho con encontrar su actual acomodo como fieldworkery especialista: observando y describiendo los tótems y tabúesde los naturales de raza blanca de los países de Europa Occi-dental y de Estados Unidos.
  15. 15. I ~>e todos modos, no hay porqué tomarse demasiado en i rio esta mutación en el destino de los científicos sociales;•¡obre todo porque no hay cosa-en-sí que sea una especiali-il.id científica. Lo cual da lugar a la próxima tesis. Novena tesis: Una especialidad científica - t a l y como sele llama- no es sino un conglomerado delimitado y cons-i mido de problemas y ensayos de. solución. Lo realmenteexistente, no obstante, son los problemas y las tradiciones< ¡entíficas. A pesar de esta novena tesis, la citada transformación delas relaciones entre sociología y antropología es extrema-damente interesante; y no en virtud de las especialidades0 de sus nombres, sino porque constituye una muestra del1 riunfo del método pseudo-científiconatural. Así llego a mitesis número diez. Décima tesis: El triunfo de la antropología es el triunfode un método pretendidamente basado e n j a observación,descriptivo, supuestamente más objetivo y, en consecuen-cia, aparentemente científico-natural. Pero se trata de unavictoria pírrigabun triunfo más de este tipo, y estamos per-didos - e s decir, lo están la antropología y la sociología. Reconozco abiertamente que mi décima tesis está con-cebida en términos quizá excesivamente rigurosos. Nopretendo en modo alguno negar que debemos a la antro-pología social el descubrimiento de cosas interesantes e im-portantes, ni que es una de las ciencias sociales de mayoréxito. Reconozco, asimismo, de buen grado que para loseuropeos no deja de ser muy interesante y atractiva la posi-
  16. 16. bilidad de observarnos y examinarnos a nosotros mismos através del prisma del antropólogo social. Ahora bien, aun-que este prisma es quizá más coloreado que otros, no porello es más objetivo. El antropólogo no es ese observadorde Marte que cree ser y cuyo papel social intenta represen-tar no ocasionalmente ni a disgusto; tampoco hay ningúnmotivo para suponer que un habitante de Marte nos veríamás "objetivamente" de lo que por eiemplo nos vemos anosotros mismos. Quiero aludir, en este contexto, a una historia que pue-de parecer, sin duda, extrema, pero que de cierto modoconstituye algo aislado o excepcional. Es una historia ver-dadera, pero lo que en el contexto actual importa no esprecisamente eso. En el caso de que les parezca en excesoimprobable les ruego que la acepten como una libre inven-ción, como una ilustración fabulada que con la ayuda decrasas exageraciones no pretende sino iluminar un puntoimportante. Hace unos cuantos años tuve la ocasión de participar enun congreso de cuatro días de duración, organizado porun teólogo y en el que participaban filósofos, biólogos,antropólogos y físicos - u n o o dos representantes de cadaespecialidad-; en total éramos unos ocho participantes.Como tema: "Ciencia y Humanismo". Superadas algunasdificultades iniciales y, sobre todo, eliminado un intentode impresionarnos a fuerza de profundidades sublimes, seconsiguió, a los tres días del congreso y gracias a los es-fuerzos conjuntos de cuatro o cinco de los participantes,
  17. 17. —i lrvar la discusión a un nivel de altura realmente desusada.Nuestro congreso había accedido así - o al menos tal melo parecía a mí— a ese estadio en el que todos teníamos lasensación satisfactoria de aprender algo unos de otros. Ennido caso, estábamos metidos de lleno en materia cuandoel antropólogo social allí presente tomó la palabra. "Quizá les haya parecido extraño, —dijo—, que hasta estemomento no haya pronunciado palabra en el congreso encurso. Ello se debe a mi condición de observador. Comoantropólogo he venido a este congreso no tanto para parti-cipar en su conducta verbal, como para observarla. Cosaque efectivamente, he hecho. Al hacerlo no me ha sido po-sible seguir siempre sus discusiones objetivas; pero quiencomo yo ha estudiado docenas de grupos de discusión sabeque al qué, es decir, a la cosa, no le corresponde demasiadaimportancia. Nosotros, los antropólogos, -decía casi lite-ralmente el citado congresista—, aprendemos a observar se-mejantes fenómenos sociales desde fuera y desde un ángulode visión mucho más objetivo. Lo que nos interesa es elcómo; es, por ejemplo, el modo como éste o aquél intentandominar el grupo y cómo sus intentos son rechazados porotro, bien solo, bien con ayuda de una coalición de fuerzas;cómo al cabo de diversos intentos de este tipo se forma unorden jerárquico de rango y, con él, un equilibrio de gruposy un ritual en la actividad verbal de los grupos. Cosas todaséstas que son siempre muy similares, por diferentes que pa-rezcan los planteamientos de los problemas elegidos comotema de discusión".
  18. 18. Escuchamos a nuestro antropológico visitante de Martehasta el final, y acto seguido le pregunté dos cosas: primero,si tenía alguna observación que hacer a nuestras conclusio-nes objetivas, y segundo, si no creía en la existencia de algoasí como razones o argumentos objetivos susceptibles de serverdaderos o falsos. Contestó que se había visto demasiadoobligado a concentrarse en la observación de nuestro com-portamiento grupal como para poder seguir con detalle elcurso de nuestras discusiones objetivas. Por otra parte, dehaber hecho esto último hubiera peligrado su objetividad,ya que no habría podido evitar verse envuelto en nuestrasdiscusiones, dejándose al final llevar por ellas, hasta el puntode convertirse en uno de nosotros, lo que habría supuestola anulación de su objetividad. Había aprendido, además, ano enjuiciar literalmente el comportamiento verbal, o a notomárselo demasiado en serio en el plano literal (utilizabauna y otra vez expresiones como " verbal behaviour" y " ver-balization). Lo que importa, nos dijo, es la función socialy psicológica de este comportamiento verbal. Y añadió losiguiente; "Si bien a ustedes, en su calidad de participantesen la discusión, lo que les impresiona son las razones y ar-gumentos, a nosotros lo que nos importa es el hecho de laimpresión mutua o la influencia que pueden ejercer unossobre otros, y, fundamentalmente, los síntomas de dichainfluencia; nuestro interés se centra en conceptos como in-sistencia, vacilación, transigir y ceder. En lo que respecta alcontenido real de la discusión, sólo puedo decirles que nonos incumbe; lo que verdaderamente nos importa es el cur-
  19. 19. 23 so de la discusión, el papel que juega cada uno de ustedes en ella, el cambio dramático en cuanto a tal; el llamado argu- mento no es otra cosa que una forma de comportamiento verbal, y no más importante que otras. Es una mera ilusión subjetiva creer que es posible distinguir tajantemente entre argumentos y otras verbalizaciones susceptibles de ejercer una gran impresión; ni siquiera es tan fácil distinguir entre argumentos objetivamente válidos y objetivamente invá- lidos. A lo sumo cabe dividir los argumentos en grupos correspondientes a los que en determinados sectores y en determinadas épocas han sido aceptados como válidos o in- válidos. El elemento temporal resulta igualmente visible en el hecho de que ciertos argumentos - p o r así llamarlos— que acepta un grupo de discusión como el presente, pueden ser posteriormente atacados o dejados de lado por uno u otro de los participantes." No voy a continuar describiendo aquel incidente. Por otra parte, en este círculo no sería necesario hacer dema- siado hincapié en el hecho de que el origen, en el ámbito de la historia de las ideas, del talante un tanto extremo de mi amigo antropológico no sólo acusa la influencia del ideal de objetividad propio del behaviorismo, sino asimis- mo de ideas crecidas en suelo alemán. Me refiero al rela- tivismo en general, al relativismo histórico que considera que la verdad objetiva no existe, que sólo existen verdades, para tal o cual época histórica, y al relativismo sociológico que enseña que hay verdades o ciencias para éste o aquél grupo o clase, que hay, por ejemplo, una ciencia burguesa
  20. 20. 24 o una ciencia proletaria; pienso asimismo que la llamada sociología del conocimiento juega un papel importante en la prehistoria de los dogmas de mi antropológico amigo. Aunque no deja, desde luego, de parecer innegable que mi antropológico amigo asumió en aquel congreso una pos- tura realmente extrema, no por ello puede negarse que di- cha postura, sobre todo si se la suaviza algo, es todo menos infrecuente y menos relevante. Pero dicha posición es absurda. Como ya he sometido en otro lugar a crítica detallada el relativismo histórico y sociológico y la sociología del conocimiento, renuncio aquí a repetirme. Voy a referirme brevemente tan sólo a la in- genua y equivocada idea de la objetividad científica que subyace a todo ese estilo de pensamiento. Undécima tesis: Es de todo punto erróneo conjeturar que la objetividad de la ciencia depende de la objetividad del científico. Y es del todo erróneo creer que el científico de la naturaleza es más objetivo que el científico social El cien- tífico de la naturaleza es tan partidista como el resto de los hombres y, por regla general, es - s i no pertenece al escaso número de los que constantemente producen ideas nue- vas- en extremo unilateral y partidista en lo concerniente a sus propias ideas. Algunos de los más descollantes físicos contemporáneos han fundado incluso escuelas que oponen una fuerte resistencia a toda idea nueva. M i tesis también tiene, de todos modos, una cara posi- tiva, y ésta es más importante. Constituye el contenido de mi tesis número doce..
  21. 21. 25 Duodécima tesis: Lo que puede ser calificado de objetivi-dad científica radica única y exclusivamente en la tradicióncrítica. Esa tradición que a pesar de todas las resistencias per-mite a menudo criticar un dogma dominante. Expresadode otra manera, la objetividad de la ciencia no es exclusiva delos diversos científicos, sino el asunto social de su críticarecíproca, de la amistosa-enemiga división de trabajo de loscientíficos, de su trabajo en equipo y también de su trabajopor caminos diferentes e incluso opuestos entre sí. De ahíque dependa parcialmente de esa vasta serie de relacionessociales y políticas que en cuanto a tal crítica la hacen po-sible. Decimotercera tesis: La llamada sociología del saber, quecifra la objetividad en la conducta de los diversos científicosaisladamente considerados y explica la no objetividad enfunción de la posición social del científico, se ha equivo-cado totalmente en este punto decisivo - m e refiero al hechode la única y exclusiva fúndamentación de la objetividad enla crítica. Lo que la sociología del conocimiento ha pasadopor alto no es otra cosa que la propia sociología del co-nocimiento; es decir, la teoría de la objetividad científica.Ésta sólo puede ser explicada a partir de categorías socialescomo, por ejemplo, la de competencia (tanto entre los di-versos científicos como entre las diversas escuelas), la detradición (es decir, la tradición crítica), la de las institucio-nes sociales (como, por ejemplo, publicaciones en periódi-cos opuestos o en editoriales entre las que hay establecida
  22. 22. una auténtica competencia, discusiones en congresos, etc.), la del poder estatal (me refiero a la tolerancia política de la libre discusión). En realidad, pequeñeces como, por ejemplo, la de la po- sición social o ideológica del investigador acaban por elimi- narse a sí mismas con el paso del tiempo, aunque a corto plazo jueguen siempre, como es obvio, su papel. De manera similar a como hemos procedido con el pro- blema de la objetividad podemos hacerlo también con el llamado problema de la neutralidad valorativa, solucionán- dolo con mayor libertad de la usual. Decimocuarta tesis: En la discusión crítica distinguimos entre problemas como: 1) El problema de la verdad/ie una afirmación; el de su relevancia, de su interés y de su signi- ficado respecto de los problemas que en ese momento nos ocupan. 2) El problema de su relevancia, de su interés y de su significado en relación con diversos problemas extra- científicos, como, por ejemplo, el problema del bienestar humano o el de naturaleza muy distinta de la defensa na- cional, el de una política nacional agresiva, el del desarrollo industrial o el del enriquecimiento personal. Es, por supuesto, imposible excluir tales intereses extra-¡y científicos de la investigación científica; y no deja de ser imposible excluirlos tanto de la investigación científico-natu- ral - d e la física, por ejemplo-, como de la científico-social. Lo que es posible e importante y confiere a la ciencia su carácter peculiar no es la exclusión, sino la diferenciación entre aquellos intereses que no pertenecen a la búsqueda
  23. 23. de la verdad y el interés puramente científico por ésta. Peroaunque constituye el valor científico rector, no por ello esel único: la^ relevancia, el interés y el significado de unaafirmación en orden a una situación problemática pura-mente científica son, asimismo, valores científicos de pri-mer rango e igual ocurre con valores como el de la riquezade resultados, el de la fuerza explicativa, el de la sencillez yel de la exactitud. Con otras palabras, hay valores positivos y negativospuramente científicos y hay valores positivos y negativos ex-tracieniíficos. Y aunque no es posible mantener totalmenteseparado el trabajo científico de aplicaciones y valoracionesextracientíficas, combatir la confusión de esferas de valory, sobre todo, excluir las valoraciones extracientíficas de losproblemas concernientes a la verdad constituye una de lastareas de la crítica de la discusión científica. Esto no puede, desde luego, llevarse a cabo de una vezpara siempre por decreto, sino que es y seguirá siendo unade las tareas duraderas de la crítica científica recíproca. Lapureza de la ciencia pura es un ideal, al que acaso quepaconsiderar inalcanzable, pero por el que la crítica lucha yha de luchar ininterrumpidamente. En la formulación de esta tesis he calificado de prácti-camente imposible el intento de desterrar los valores ex-tracientíficos del quehacer de la ciencia. Ocurre lo mismoque con la objetividad: no podemos privar al científicode su partidismo sin privarle también de su humanidad.De manera harto similar ocurre que tampoco podemos
  24. 24. 28privarle de sus valoraciones o destruirlas sin destruirlecomo hombre y como científico. Nuestras motivaciones ynuestros ideales puramente científicos, como el ideal de lapura búsqueda de la verdad, hunden sus raíces más pro-fundas en valoraciones extracientíficas y, en parte, reli-giosas. El científico objetivo y "libre.de valores" no es elcientífico ideal. Sin pasión la cosa no marcha, ni siquieraen la ciencia pura. La expresión " a m o r a la verdad" no esuna simple metáfora. De manera, pues, que hay que ser conscientes no sólode que no hay, en la práctica, científico alguno al que laobjetividad y la neutralidad valorativa le resulten alcan-zables, sino de que incluso la objetividad y la neutralidadvalorativa constituyen en sí valores. Y como la neutrali-dad valorativa es en sí misma un valor, la exigencia de unatotal ausencia de valores, de una completa neutralidadvalorativa resulta paradójica. Esta objeción no es precisa-mente muy importante, pero sí importa observar, no obs-tante que la paradoja desaparece por sí misma solo que enlugar de exigir neutralidad valorativa exijamos como unade las tareas más significativas de la crítica científica, ladesvelación de las confusiones de esferas^de_yalor y la se-paración de cuestiones concernientes a valores puramentecientíficos como la verdad, la relevancia, la sencillez, etc.,de problemas extracientíficos. Hasta este momento he intentado desarrollar la tesis deque el método de la ciencia radica en la elección de pro-blemas-y en la crítica de nuestros ensayos de solución,
  25. 25. ensayos a los hay que considerar siempre como tentativasprovisionales. Y he intentado asimismo, mostrar a la luz dedos problemas metodológicos harto discutidos de las cien-cias sociales, que esta teoría de un método criticista (comopuedo llamarlo) lleva a resultados metodológicos no pocorazonables. Pero aunque haya podido decir un par de pala-bras sobre teoría o lógica del conocimiento y aunque hayapodido decir asimismo un par de palabras críticas sobre lametodología de las ciencias sociales, no he dicho, en reali-dad, sino bien poco de positivo sobre mi tema, la lógica delas ciencias sociales. No quiero, de todos modos, perder el tiempo aducien-do motivos o justificaciones de por qué considero tan im-portante identificar desde un principio método científico ymétodo crítico. En lugar de ello prefiero entrar directamen-te en algunos problemas y tesis puramente lógicos. Decimoquinta tesis: La función más importante de la ló-gica puramente deductiva es la de constituir un órgano dela crítica. Decimosexta tesis: La lógica deductiva es la teoría de lavalidez del razonamiento lógico o de la inferencia lógica.Una condición necesaria y decisiva para la validez de unainferencia lógica es la siguiente: si las premisas de un razo-namiento válido son verdaderas, entonces la conclusión hade ser asimismo verdadera. Esto puede ser expresado también así: la lógica deductivaes la teoría de la transferencia de la verdad de las premisasa la conclusión.
  26. 26. Decimoséptima tesis: Podemos decir: si todas las premisasson verdaderas y la inferencia es verdadera, entonces la con-clusión ha de ser, asimismo, verdadera; y, en consecuencia,si en una inferencia válida la conclusión es falsa, no es posi-ble en tal caso que todas las premisas sean verdaderas. Este resultado trivial, pero de una importancia decisiva,puede ser igualmente expresado así: la lógica deductiva noes tan sólo la teoría de la transferencia de la verdad de laspremisas a la conclusión, sino, del mismo modo, e inver-samente la teoría de la retransferencia, de la falsedad de laconclusión a por lo menos una de las premisas. Decimoctava tesis: De este modo queda convertida la ló-gica deductiva en la teoría de la crítica racional. Porquetoda crítica racional tiene la forma de un intento por nues-tra parte de mostrar que de la tesis criticada se desprendenconsecuencias inaceptables. Si de una determinada tesis al-canzamos a inferir consecuencias inaceptables, la tesis encuestión es refutada. Decimonovena tesis: En las ciencias trabajamos con teo-rías, es decir, con sistemas deductivos. Una teoría o siste-ma deductivo constituye, en primer lugar, un ensayo deexplicación y, en consecuencia, un intento de solucionarun problema científico; en segundo, una teoría —es decir,un sistema deductivo-, es racionalmente criticable por susconsecuencias. Es, pues, un ensayo de solución sujeto a lacrítica racional, Y hasta aquí llegamos sobre el tema de la lógica formalcomo órgano de la crítica. Me he servido de los conceptos
  27. 27. fundamentales a los que aún deseo referirme brevemente:el concepto de verdad y el concepto de explicación. Vigésima tesis: El concepto de verdad resulta ineludibleal criticismo aquí desarrollado. Lo que criticamos es la as-piración a la verdad. Lo que como críticos de una teoríaintentamos mostrar es por supuesto, que su aspiración a laverdad no es justificada, que e.S falsa- La fundamental idea metodológica de que aprendemosde nuestros errores ¡no puede ser entendida sin la idea regu-lativa de la verdad: el error que cometemos radica, precisa-mente, en no haber encauzado, de acuerdo con el patrón ocriterio de medida de la verdad, la meta que nos habíamospropuesto. Decimos que un enunciado es "verdadero" sicoincide con los hechos o si las cosas son tal y como él lasrepresenta. Este es el concepto absoluto u objetivo de laverdad, concepto que cada uno de nosotros utiliza cons-tantemente. Uno de los resultados más importantes de lalógica moderna radica en su decidida e inatacable rehabili-tación de este concepto absoluto de la verdad. Esta observación presupone que el concepto de verdadhabía, sido desprestigiado. Y este desprestigio del conceptode verdad ha constituido, de hecho, el estímulo máximo delas ideologías relativistas que dominan en nuestro tiempo. He ahí por qué la rehabilitación del concepto de verdadpor el lógico y matemático (Alfred Tarski, 1956) 5 ha cons-5 El lector puede consultar a este respecto A. Tarski: "Der Wahrheits- be-griff in den formalisierten sprachen" ("El concepto de verdad en
  28. 28. 32tituido, en mi opinión, el resultado filosófico más impor-tante de la moderna lógica matemática. No puedo, naturalmente, detenerme aquí, a discutir esteresultado; sólo puedo decir —de mane;ra totalmente dog-mática- que Tarski ha conseguido explicar con mayorsencillez y mayor fuerza de convicción, en qué consiste lacoincidencia de un enunciado con los hechos. Y precisa-mente ésta era la tarea cuya desesperante dificultad dio lu-gar al relativismo escéptico -con consecuencias sociales queno puedo detenerme a describir ahora. El segundo concepto utilizado aquí por mí y que precisaser también aclarado es el concepto de explicación, o deforma más precisa, el de explicación causal. > Un problema puramente teorético —un problema deciencia p u r a - radica siempre en encontrar una explicaciónde un hecho, de un fenómeno, de una regularidad notableo de una excepción igualmente notable. Aquello que pre-tendemos o esperamos explicar recibe el calificativo de ex-plicandum, El intento de solución - e s decir: la explicación-radica siempre en una teoría, en un sistema deductivo, que los lenguajes formalizados"), en la craducción inglesa, contenida en el volumen Logic, Semantics, Metamathematics, Oxford, At the Cla- rendon Press, 1956, p. 1 5 2 y s s . Mario Bungeha incluido un traba- jo más elemental de Tarski sobre esta misma materia, especialmente orientado al lenguaje ordinario, en "La concepción semántica de la verdad y los fundamentos de la semántica" de su Antología Semán- tica, Nueva Visión, Buenos Aires, 1960. (N. delT.)
  29. 29. nos permite explicar el explicandum relacionándolo lógica-mente con otros hechos (las llamadas condiciones inicia-les). Una explicación totalmente explícita radica siempreen la derivación lógica (o en la derivabilidad) del explican-dum a partir de la teoría, en conjunto con las condicionesiniciales. El esquema lógico básico de toda explicación radica,pues, en una inferencia lógica, deductiva, cuyas premisasestán constituidas por la teoría y las condiciones iniciales ycuya conclusión es el explicandum. Este esquema básico tiene una gama asombrosa de apli-caciones. Con su ayuda cabe mostrar, por ejemplo, cuáles la diferencia existente entre una hipótesis,ad hoc y unahipótesis independientemente examinable; y cabe también,como puede que a ustedes les interese más, analizar lógi-camente de la manera más sencilla la diferencia existenteentre problemas teóricos, problemas históricos y proble-mas de aplicación.. De donde se desprende que la famosadistinción entre ciencias teóricas o nomotéticas e históricaso ideográficas puede ser plenamente justificada desde unpunto de vista lógico -entendiendo, claro es, como "cien-cia" la ocupación con un determinado tipo, lógicamentediscernible, de problemas. Termino así con la aclaración de los conceptos lógicosutilizados por mí hasta este momento. Cada uno de estos dos conceptos, eLd.e la verdad y el dela explicación, dan lugar al desarrollo lógico de nuevos con-ceptos, conceptos que desde el punto de vista de la lógica
  30. 30. del conocimiento o del de la metodología puede que seanincluso más importantes: el primero de estos conceptos esel de la aproximación a la verdad, y el segundo, el de la fuer-za explicativa o el del contenido explicativo de una teoría. Estos dos conceptos son conceptos puramente lógicosde la verdad de una proposición y del contenido de unaproposición -esto es, de la clase de las consecuencias lógi-cas de una teoría. Ambos son conceptos relativos: aun cuando toda pro-posición es, simplemente, verdadera o falsa, una propo-sición puede representar una aproximación mejor a laverdad que otra proposición. Éste puede ser el caso, porejemplo, cuando la primera proposición tiene "más"consecuencias lógicas verdaderas y "menos" consecuen-cias lógicas falsas que la segunda. (Se da qué como su-puesto que los subconjuntos verdaderos y falsos de losconjuntos de las consecuencias de ambas proposiciones.son comparables.) No es difícil mostrar, en efecto, porqué suponemos, con razón, que la teoría de Newtonconstituye una aproximación mejor a la verdad que la deKepler. De manera similar puede mostrarse que la fuerzaexplicativa de la teoría del primero es mayor que la delsegundo. Obtenemos así unos conceptos lógicos que nos guíanen el enjuiciamiento de nuestras teorías y que en rela-ción con ellas nos permiten hablar con sentido de pro-greso o de retroceso. Y con esto basta sobre la lógicageneral del conocimiento. A la lógica especial del co-
  31. 31. nocimiento de las ciencias sociales quiero dedicar aúnunas cuantas tesis. Vigesimoprimera tesis: No hay ninguna ciencia puramen-te observacional, sino sólo ciencias que más o menos cons-ciente y críticamente elaboran teorías. Esto vale tambiénpara las ciencias sociales. Vigésimosegunda tesis: La psicología es una de las cien-cias sociales, ya que nuestro pensamiento y nuestra con-ducta dependen en buena medida de las relaciones sociales.Categorías como: a) imitación, b) lenguaje, c) familia, sonevidentemente categorías sociales; y está claro que la psico-logía del aprendizaje y del pensamiento, pero también, porejemplo, el psicoanálisis, no resultan posibles sin una u otrade estas categorías sociales. Lo cual indica que la psicolo-gía presupone conceptos sociológicos; de donde podemosinferir que es imposible explicar la sociedad exclusivamen-te en términos psicológicos o reducirla a la psicología. Lapsicología no puede ser considerada, pues, como la cienciabásica de las ciencias sociales. Lo que de manera primordial nos resulta imposible ex-plicar psicológicamente y que hemos de dar por supuestoen toda explicación psicológica es el entorno social huma-no. La tarea de describir este entorno social - c o n ayuda,desde luego, de teorías explicativas, ya que, como hemosindicado, no existe una descripción absoluta- constituye,pues, la tarea fundamental de la ciencia social. Parece ade-cuado adscribir esta tarea a la sociología. En lo que siguedaremos tal empeño por aceptado.
  32. 32. Vigésimo tercera tesis: La sociología es autónoma en el sentido de que puede y debe independizarse ampliamen- te de la psicología. Lo cual se debe también, indepen- dientemente de la situación de dependencia de la psico- logía, al hecho de que la sociología se ve una y otra vez ante la tarea de explicar consecuencias sociales a menu- do indeseables de la conducta humana. Un ejemplo: la competencia es un fenómeno social que, por regla ge- neral, quienes se ven metidos en ella no desean, y que, no obstante, puede y debe ser explicada como una con- secuencia no deseada (y normalmente inevitable) de los comportamientos (conscientes y planificados) de quie- nes están sujetos a ella. A pesar de las explicaciones psicológicas que puedan darse de los sujetos de la competencia, lo cierto es que el fenómeno social de la competencia es una consecuencia so- cial no explicable psicológicamente.,1 Vigesimocuarta tesis: La sociología es también autónoma en un segundo sentido, es decir, en el sentido de ser lo que a menudo se ha llamado "sociología comprensiva".C Vigesimoquinta tesis: La investigación lógica de los mé- todos de la economía política lleva a un resultado apli- cable a todas las ciencias de la sociedad. Este resultado evidencia que hay un método puramente objetivo en las 9 ciencias sociales al que cabe muy bien calificar de méto- do objetivamente comprensivo o de lógica, d e J a situación. Semejante ciencia social objetivamente comprensiva pue- de ser desarrollada independientemente de todas las ideas
  33. 33. subjetivas o psicológicas. Consiste en analizar la situaciónde los hombres que actúan lo suficiente como para expli-car su conducta a partir de la situación misma, sin másayudas psicológicas. La "comprensión" objetiva radica ennuestra consciencia de que la conducta era objetivamenteadecuada a la situación. Con otras palabras la situaciónqueda analizada con la suficiente amplitud como para quelos momentos de inicial apariencia psicológica - c o m o porejemplo, deseos, motivos, recuerdos y asociaciones- ha-yan quedado convertidos en momentos de la situación. Elhombre que alimenta tales o cuales deseos es convertidoen un hombre a cuya situación se debe que persiga taleso cuales fines objetivos. Y un hombre con tales o cualesrecuerdos y asociaciones es convertido en un hombre acuya situación corresponde que venga objetivamente per-trechado de ésta o aquella teoría o de ésta o aquella in-formación. Lo cual nos posibilita una comprensión de sus actosa la que podemos calificar de objetiva en el siguientesentido: sin duda, que mis objetivos y mis teorías sondiferentes (a las de Carlomagno, por ejemplo); pero sihubiera estado yo en su situación - u n a situación anali-zada en éstos y aquéllos términos—, y teniendo en cuentaque la situación incluye objetivos y conocimientos, hu-biera actuado, y también hubieras actuado tú, sin duda,de manera semejante. El método del análisis situacionales, pues, un método individualista, desde luego, perono un método psicológico, ya que excluye programáti-
  34. 34. camente los elementos psicológicos sustituyéndolos porelementos situacionales objetivos. Suelo darle el nombrede "lógica de la situación" ("situacional logic" o "Logic oftbe situation").1 Vigésimosexta tesis: Las explicaciones de la lógica dela situación aquí descritas son reconstrucciones racio-nales, teóricas. Reconstrucciones supersimplificadas ysuperesquematizadas y, por ello, en general, falsas. Sucontenido puede ser, sin embargo, m u y grande, de talmodo que pueden constituir —en un estricto sentido ló-g i c o - buenas aproximaciones a la verdad, incluso supe-riores a otras explicaciones contrastables con la realidad.En este sentido, el concepto lógico de aproximación a laverdad resulta indispensable a las ciencias sociales analí-ticas de la situación. Por encima de todo, sin embargo,los análisis situacionales son racional y empíricamentecriticables y susceptibles de mejoramiento. Podemospor ejemplo, encontrar una carta de la que se despren-de que la información de que disponía Carlomagno eratotalmente diferente a lo que dábamos por supuesto ennuestro análisis. Por el contrario, las hipótesis psicológi-co-caracterológicas apenas resultan criticables medianteargumentos racionales.;,) Vigesimoséptima tesis: La lógica de la situación se hace,por lo general, cargo del mundo físico en el que discurrennuestros actos. Este mundo contiene, por ejemplo, me-dios auxiliares físicos, que están a nuestra disposición y delos que sabemos algo, y resistencias físicas de las que por
  35. 35. regla general también sabemos algo (aunque a menudopoco). La lógica de la situación ha de hacerse cargo deun entorno social en el que figuran otros seres humanos,de cuyos-objetivos sabemos algo (generalmente poco), y,además, hay que contar también con instituciones sociales.listas instituciones sociales determinan el carácter socialreal de nuestro entorno. Consisten en todas aquellas esen-cialidades del mundo social que corresponden a las cosasdel mundo físico. Un almacén de verduras, una univer-sidad, un poder policiaco o una ley son, en este senti-do, instituciones sociales. También la Iglesia y el Estadoy el matrimonio son instituciones sociales y algunos usosconstrictivos, como, por ejemplo, el hara-kiri en el Japón.En nuestra sociedad europea, sin embargo, el suicidio noes una institución en el sentido en el que utilizo aquí laexpresión y en el que afirmo que constituye una categoríaimportante. Esta es mi última tesis. Lo que sigue no es otra cosa queuna propuesta y una breve observación final. Propuesta: Como problemas básicos de la sociologíateórica pura pueden ser en principio provisionalmentéaceptados la lógica general de la situación y la teoría de lasinstituciones y de las tradiciones. Lo cual acogería proble-mas como los dos siguientes: 1 .Las instituciones no actúan; sólo actúan los individuosen o para las instituciones. La lógica general de la situaciónde estas acciones sería la teoría de las cuasi-acciones de lasinstituciones.
  36. 36. 2. Cabría elaborar una teoría de las consecuencias insti-tucionales buscadas y no buscadas de las acciones efectua-das con vistas a fines. Lo cual podría dar lugar asimismo auna teoría del génesis y desarrollo de las instituciones. Para finalizar, una observación. Considero que la teoríadel conocimiento es importante no sólo para las cienciasparticulares,, sino también para la filosofía, y que eLmales-ta_r religioso y filosófico de nuestro tiempo, malestar que atodos nos atañe, sin duda, es en buena parte un malestarepistemológico-filosófico. Nietzsche lo llamó el nihilismoeuropeo y Benda la traición de los intelectuales. Yo prefie-ro calificarlo como una consecuencia del descubrimiento,socrático de que no sabemos nada, es decir, de que nuncapodremos, justificar racionalmente nuestras teorías. Peroeste importante hallazgo, que entre otros muchos malesta-res ha dado lugar también al existencialismo, es sólo mediohallazgo; y el nihilismo puede ser superado. Porque aunqueno podamos justificar racionalmente nuestras teorías nievidenciarlas siquiera como probables, sí podemos al me-nos criticarlas racionalmente. Y podemos distinguir lo quees mejor de lo que es peor. Pero esto ya lo sabía, antes incluso de Sócrates, el viejoJenójanes, al escribir estas palabras: "Ño desde un principio desvelaron los dioses todo a losmortales. Pero a lo largo del tiempo encontraremos, buscando, lomejor."
  37. 37. SOBRE LA LÓGICA DE LAS CIENCIAS SOCIALES Theodor W. AdornoCoponenciaEl coponente se ve, por regla general, forzado a elegir entrecomportarse como un pedante o como un parásito. De-seo agradecer, ante todo, al señor Popper que me exima desituación tan penosa. Puedo partir de lo dicho por él sinnecesidad de remontarme a Adán y Eva, pero también sintenerme que ceñir a tal grado al texto de su ponencia, queacabe por perder toda independencia. Tratándose de auto-res de tan distinto linaje espiritual, esto no deja de ser tansorprendente como las numerosas coincidencias objetivas.A menudo no tengo que oponer antítesis alguna a sus tesis;me basta con asumir lo dicho por él e intentar seguir re-flexionando sobre ello. Mi visión del concepto de lógica es,desde luego, más amplia que la suya; en este punto tengomás bien presente el método concreto de la sociología antesque las reglas generales del pensamiento, la disciplina de-ductiva. No es mi intención abordar aquí su problemáticaespecífica en la sociología. En lugar de eso parto de la distinción popperiana en-tre! nuestro ingente saber y nuestra ignorancia infinita.Es, harto plausible, más que cierta en la sociología. Entodo caso, se advierte insistentemente que ésta no ha
  38. 38. conseguido acceder hasta el momento a un corpus deleyes reconocidas comparable al de las ciencias natura-les. Dicha distinción contiene, sin embargo, un potencialproblemático, propio de un punto de vista usual, que noes, sin duda, el aludido por Popper. En virtud del mismo,la sociología debe limitarse, dado su asombroso atrasorespecto de las ciencias exactas, a recopilar hechos y cla-sificar métodos antes de pretender constituirse en un sa-ber vinculante y relevante a un tiempo. Consideradas asícomo una anticipación inadmisible, las reflexiones teóri-cas acerca de la sociedad y su estructura acostumbran aser eliminadas. Ahora bien, si el origen de la sociologíase cifra en Saint-Simón y no en su padrino de bautismoComte, resulta que ésta tiene ya más de 160 años de vida.De manera, pues, que más le convendría no coquetearavergonzadamente con su juventud. Lo que en ella tienetodo el aspecto de una ignorancia provisional no puedeser simplemente redimido en el curso de una investiga-ción y de una metodología progresivas mediante aquelloa lo que un término fatal y desmesurado califica de sínte-sis. La cosa se opone, por el contrario, a la brillante uni-dad sistemática de las proposiciones interrelacionadas.No me refiero a la originaria distinción —establecida porR i c k e r t - entre ciencias naturales y ciencias del espíritu,frente a la que Popper adopta una postura mucho máspositiva que la mía. No obstante, parece innegable que elideal epistemológico de la elegante explicación matemá-tica, unánime y máximamente sencilla fracasa allí donde
  39. 39. el objeto mismo, la sociedad, no es unánime, ni es sen-cillo, ni viene entregado de manera neutral al deseo o ala conveniencia de la formalización categórica, sino quees, por el contrario, bien diferente a lo que el sistemacategórico de la lógica discursiva espera anticipadamentede sus objetos. La sociedad es contradictoriá y, sin em-bargo,.determinable; racional e irracional a un tiempo, essistema y es ruptura, naturaleza ciega y mediación por laconsciencia. A ello debe inclinarse todo el proceder de lasociología. De lo contrario incurre, llevada de un celo pu-rista contra la contradicción, en la más funesta de todas:en la contradicción entre su estructura y su objetó. Tanescasamente como la sociedad se sustrae al conocimientoracional, y tan evidentes como son sus contradicciones ylas condiciones de las mismas, resultan éstas imposiblesde escamotear por postulados mentales extraídos de unmaterial indiferente al conocimiento y que no oponeresistencia alguna a los usos cientificistas que por reglageneral se acomodan a la consciencia cognoscente. Eltráfico científico-social se ve permanentemente amena-zado de errar, por amor a la claridad y a la exactitud, enaquello que se propone conocer. Popper se opone al cli-ché del conocimiento como proceso que partiendo de laobservación accede gradualmente a la ordenación, elabo-ración y sistematización de su material. Dicho cliché estanto más absurdo en la sociología cuanto que los datosde que ésta dispone no son datos incualificados,:sino ex-clusivamente, datos estructurados en el contexto general
  40. 40. de la totalidad social- La presunta ignorancia sociológicano designa en buena medida sino la divergencia existenteentre la sociología como objeto y el método tradicional;de ahí que apenas pueda pensarse en subsanarla acudien-do a un conocimiento que reniega de la estructura desu objeto en honor de su propia metodología. Por otraparte - y sin duda alguna, Popper se decidiría también areconocerlo- tampoco puede sostenerse el usual ascetis-mo empirista frente a la teoría. Sin la anticipación de esemomento estructural; del todo^xiel que apenas cabe darjusta cuenta en las observaciones singulares, ninguna ob-servación particular podría encontrar su lugar adecuado.Con lo cual no se postula nada similar a la tendencia dela cultural anthropology de trasponer el carácter centralis-ta y total de ciertas sociedades primitivas a la civilizaciónoccidental mediante un determinado sistema de coordi-nadas. Aunque se alimenten tan escasas ilusiones acercade su gravitación a formas totales y acerca de la decaden-cia del individuo como las que alimento yo, no por ellodejan de ser decisivas las diferencias existentes entre unasociedad pre-individual y una sociedad post-individuaLEn los países de administración democrática de la socie-dad industrial, la totalidad es una categoría_de la media-ción y no del dominio y de la sumisión inmediatas.; Locual implica que en una sociedad industrial basada en elprincipio del cambio no todo lo social es en modo algu-no deducible sin más de su propio principio. Acoge den-tro de sí innumerables enclaves no-capitalistas. Hay que
  41. 41. preguntarse si en las actuales relaciones de producciónno precisa para su propia perpetuación enclaves comoel de la familia, por ejemplo. Su particular irracionali-dad viene a completar a un tiempo la de la estructuraen bloque. La totalidad social no mantiene ninguna vidapropia por encinta de los componentes que suma y delos que, en realidad, viene a constar. Se produce y repro-duce en virtud de sus momentos particulares. Muchosde éstos conservan cierta autonomía, que las sociedadesprimitivas-totales no conocen o no soportan. Tan escasa-mente, sin embargo, como cabe separar dicha totalidadde la vida, de la cooperación y del antagonismo de suselementos, cabe entender uno solo de estos elementos- n i siquiera simplemente en su funcionamiento- fuerade la intelección del todo, que tiene su propia esenciaen el movimiento de lo particular. Sistema y particula-ridad son recíprocos y_ sólo en su reciprocidad resultancognoscibles. Incluso aquellos enclaves - l a s formacionessociales no sincrónicas- favoritas de una sociología quetiende a prescindir del concepto de sociedad como de unfilosofema demasiado espectacular, llegar a ser lo que sonno por sí sino en virtud de la relación con la totalidaddominante de la que derivan. Ésto no es suficientementevalorado en la concepción sociológica vigente, es decir,en la middle range theory. Frente al punto de vista generalizado a partir deComte, Popper concede la preeminencia a los proble-mas y, con ello, a la tensión entre el conocimiento y
  42. 42. la ignorancia. Con todo lo que Popper dice contra lafalsa transposición de los métodos científico-naturales,contra el "erróneo naturalismo o cientificismo metodo-lógico", estoy de acuerdo. Su reproche al antropólogosocial que por contemplar los fenómenos sociales desdefuera, escudándose en una supuesta mayor objetividad,se sustraía al problema de la verdad y de la falsedad, hacepensar en Hegel; en el prólogo a la Fenomenología delEspíritu son ridiculizados todos aquellos que se consi-deran por encima de las cosas simplemente por no estaren las cosas. Espero que los señores Konig y Popper nose enojen conmigo y tilden este diálogo de filosófico enlugar de sociológico. Pienso, efectivamente, que vale lapena aludir al hecho de que un pensador para el quela dialéctica es anatema, se vea impelido a formulacionesfamiliares al pensamiento dialéctico. La problemática dela social anthropology bosquejada por Popper no deja,por cierto de depender estrechamente de la autonomiza-ción del método frente al objeto. No deja de tener desdeluego su mérito, una teoría de las culturas primitivascomo la de Veblen, que compara las refinadas costum-bres de un país de capitalismo altamente desarrolladocon los ritos de los tobiandes, recientemente sometidos,según parece, a exámenes de todo tipo; la supuesta li-bertad en la elección del sistema de coordenadas acabapor falsear, no obstante, el objeto, en la medida en quela pertenencia de todos los miembros del país modernoal sistema económico del mismo dice mucho más acerca
  43. 43. «Ic cada uno de ellos que las más bellas analogías con eltótem y tabú. En mi adhesión a la crítica popperiana al cientificismoy a su tesis del primado del problema he de ir quizá máslejos de lo que él autorizaría. Porque el objeto de la so-ciología misma, la sociedad que se mantiene a sí mismay a sus miembros en vida y que amenaza con hundirse aun tiempo, es problema en sentido enfático. Lo cual noquiere decir, desde luego, que los problemas de la socio-logía no surjan siempre en virtud del descubrimiento "deque algo no está en orden en nuestro presunto conoci-miento..., en la evolución de una contradicción internaen nuestro presunto conocimiento". La contradicción notiene por qué ser, como Popper supone al menos aquí,una contradicción meramente "aparente" entre el sujeto yel objeto e imputable exclusivamente al sujeto en calidadde insuficiencia del juicio. Antes bien puede tener su lu-gar - u n lugar en extremo real- en la propia casa, siendo,en consecuencia, descartable del mundo por simple incre-mento de conocimiento o por mayor claridad en las for-mulaciones. El modelo sociológico más antiguo de una deestas contradicciones - u n a contradicción que de maneranecesaria se desarrolla en la cosa m i s m a - viene dado en elfamoso § 243 de la filosofía hegeliana del derecho: "Me-diante la generalización de las relaciones entre los hom-bres a causa de sus necesidades y los modos de preparar yproducir los medios para darles satisfacción, se multiplicala concentración de riquezas, ya que de esta doble gene-
  44. 44. ralidad se extrae la mayor ganancia por una de las partes,en tanto que por la otra se obtiene la individualización ylimitación del trabajo partidario y con ello la necesidady dependencia de la clase atada a este trabajo." 4 No seríadifícil reprocharme una equivocación: en Popper el pro-blema es algo de naturaleza exclusivamente epistemológicaen tanto que en mí es al mismo tiempo algo práctico, enúltimo término una circunstancia problemática del mun-do. Ahora bien, lo que está en juego es precisamente lavalidez de tal distinción. Introduciendo en la ciencia unaseparación radical entre sus problemas inmanentes y losreales, pálidamente reflejados en sus formalismos, lo úni-co que se conseguiría es un auténtico fetichichismo de lamisma. A ninguna teoría del absolutismo lógico —a la deTarski hoy no menos que a la de Husserl a y e r - le es po-sible decretar una obediencia de los hechos a principioslógicos cuyas pretensiones de validez se derivan de la puri-ficación de todo contenido material. Me veo obligado eneste punto a aludir a la crítica del absolutismo lógico de laMetacrítica de la teoría del conocimiento,5 vinculada a una4 Hcgel W W 7 " Grundlinien der Philosophie des Rechts" (Líneas funda- mentales de la filosofía del derecho), Glockner, Stuttgart ab 1927, p. 318.5 Cfr. Thcodor W. Adorno, "Zur Metakritik der Erkenntnistheorie. S¡udien über Husserl und diephánomenologischen Antinomien (Me- tacrítica de la teoría del conocimiento. Estudios sobre Husserl y las antinomias filosóficas) Stuttgart, 1956. (N. delT.)
  45. 45. crítica del relativismo sociológico en la que creo coincidircon Popper. El hecho, por otra parte, de que la concep-ción del! carácter contradictorio de la realidad social nosabotee su conocimiento ni lo entregue al azar, se debe ala posibilidad de concebir incluso la propia contradiccióncomo necesaria, extendiendo a ella la racionalidad. Los métodos no dependen del ideal metodológico sinode la cosa. Popper da implícitamente cuenta de ello en sutesis de la preeminencia del problema. En su constataciónde que la cualidad del rendimiento científico-social vienedirectamente relacionada a la importancia o al interés delos problemas a que se dedica, late indiscutiblemente laconsciencia de esa irrelevancia a la que parecen condena-das incontables investigaciones sociológicas en virtud desu obediencia al primado del método y no al del objeto- b i e n por el interés de desarrollar métodos como tales,bien por no elegir desde un principio sino objetos de losque cabe ocuparse con los métodos ya disponibles. En lareflexión popperiana acerca de la importancia o del interésapunta la relevancia del objeto a tratar. Únicamente seríacualificable en virtud del hecho de que tampoco sobre larelevancia de los objetos cabe emitir siempre juicios aprio-ri. Allí donde la red categórica es tan tupida que algo de loque yace bajo la misma queda oculto por convenciones dela opinión o de la ciencia, puede ocurrir que fenómenosexcéntricos aún no acogidos por dicha red adquieran, enocasiones, un peso insospechado. La penetración en sunaturaleza arroja luz también sobre aquello que tiene vi-
  46. 46. gencia como ámbito principal y que no siempre lo es. Enla decisión de Freud de ocuparse de la "escoria del mundode los fenómenos" puede que no haya dejado de jugar al-gún papel este motivo teóricocientífico; tampoco en la so-ciología de Simmel, al decidir éste, receloso de lo absolutopor sistema, entregarse a especificaciones sociales como ladel foráneo o la del actor, ha dejado en realidad de resultarfructífero. Tampoco hay que dogmatizar en lo tocante alrequisito de relevancia del problema; la elección de losobjetos de la investigación se legitima en buena medidaa la luz de lo que la sociología puede obtener del objetoescogido, sin que esto deba ser interpretado, desde luego,como justificación de esa serie innumerable de proyectosrealizados en interés exclusivo de la carrera académica yen los que se combinan felizmente la irrelevancia del ob-jeto y la miopía del técnico en research. Con cierta prudencia quiero hacer también algunasconjeturas acerca de los atributos que junto a la relevan-cia del problema adscribe Popper al método verdadero. Lahonradez:, es decir, la rigurosa abstención de todo fraude,la expresión - s i n miramiento alguno por razones tácti-cas- de aquello que se conoce, debería ser algo obvio. Enel curso real de la ciencia, sin embargo, suele abusarsecon intención terrorista de esta norma. Que uno se en-tregue limpiamente a la cosa viene a significar algo asícomo que no allegue nada propio a la misma, que se con-vierta en una máquina registradora; renuncia a la fantasíao escasez en la productividad acaban siendo presentados
  47. 47. (.orno ethos científico. No debería olvidarse lo que Cantrily Allport han aportado a la crítica del ideal de sincerityen América; como honrado suele ser considerado sobreiodo, incluso en el ámbito científico, aquel que piensa loque todos piensan, ajeno a la presunta vanidad de querervislumbrar algo especial, y por ello dispuesto a emitir losmismos berridos. Tampoco la linearidad y la sencillez sonideales absolutos en los casos de singular complejidad dela cosa. Las respuestas del sano sentido común extraen enral medida sus categorías de lo en ese momento existente,que tienden a reforzar su velo, en lugar de penetrarlo; enlo tocante a la linearidad tampoco resulta tan fácil antici-par la vía por la que se accede a tal o cual conocimiento.A la vista del actual estadio de la sociología más bien meinclinaría a poner todo el énfasis, entre los criterios decualidad científica citados por Popper, en la audacia ysingularidad de la solución propuesta —solución siempresujeta, desde luego, a nuevas críticas. Por último, no con-viene demeritar tampoco la categoría de problema. Todoaquel que controle con alguna imparcialidad su propiotrabajo, acabará por tropezar con un estado de cosas cuyaaprehensión le resultará dificultada por el tabú de la pre-sunta falta de supuestos básicos. Soluciones se tienen amenudo; uno tiene interés por algo y construye el proble-m a s posteriori. Cosa que no es en modo alguno casual: lapreeminencia de la sociedad como algo en sí clausuradoy trascendente a sus diversas manifestaciones se expresaen el conocimiento social mediante juicios que hunden
  48. 48. sus raíces en el concepto de sociedad y que en los diversosproblemas sociales de naturaleza particular únicamente setransforman en virtud de una ulterior confrontación de loanticipado con el material especial. Dicho de manera másgeneral: las teorías del conocimiento, tal y como de mane-ra relativamente autónoma han sido desarrolladas desdeBacon y Descartes por los grandes filósofos, y nos hansido transmitidas, fueron concebidas, con inclusión delempirismo, desde arriba. Sin adaptarse en modo alguno alconocimiento tal y como éste se consuma de manera viva,lo organizaban - d e acuerdo con un proyecto de cienciaajeno y exterior al m i s m o - a la manera de un continuoinductivo o deductivo. Entre las tareas necesarias de lateoría del conocimiento no sería la última - c o m o Bergsonvino a intuir— la de reflexionar acerca de cómo se conocerealmente, en lugar de describir por adelantado el rendi-miento cognoscitivo de acuerdo con un modelo lógico ocientífico al que en verdad el conocimiento productivo nocorresponde en absoluto. El concepto de problema vierte acompañado, en la arti-culación categórica popperiana, por el de solución. pro-ponen y critican soluciones. Subrayando el carácter centralde la crítica se avanza definitivamente frente a la doctri-na, en verdad primitiva y ajena a la naturaleza del conoci-miento, del primado de la observación. El conocimientosociológico es, en efecto, crítica. Pero lo importante en estecontexto son más bien los matices, ya que las diferenciasdecisivas en lo que se refiere a las posiciones científicas más
  49. 49. bien tienden a ocultarse en los matices que a tomar cuerpoen conceptos grandiosos propios de las visiones del mundo.i:i hecho de que un ensayo de solución no resulte accesiblea la crítica objetiva impide, en opinión de Popper, su califi-cación como científico, aunque sólo sea provisionalmente.Lo cual no deja de ser ambiguo. Si como tal crítica se piensaen la total redención del pensamiento por la observación, enla reducción a los llamados hechos, semejante desiderata novendría sino a nivelar el pensamiento a la hipótesis, privan-do a la sociología de ese momento de la anticipación que demanera tan esencial le pertenece. Hay teoremas sociológi-cos que en la medida en que dan cuenta de los mecanismosoperantes al otro lado de la fachada contradicen - d e modoradical y por motivos asimismo sociales— los fenómenos detal manera, que a partir de éstos no pueden ni siquiera sersuficientemente criticados. .Su crítica incumbe a la teoríaconsecuente, al pensamiento ulterior y no a la confronta-ción con enunciados protocolares (cosa que, por otra par-te, Popper tampoco formula). De ahí que tampoco en lasociedad sean los hechos lo último, aquello en lo que elconocimiento encuentra sus puntos de incidencia, ya queellos mismos vienen mediados por la sociedad. No todoslos teoremas son hipótesis; la teoría es telos¡, no vehículo dela sociología. También convendría detenerse en la equiparación decrítica e intento de refutación. La refutación sólo resultafructífera como crítica inmanente. Eso ya lo sabía Hegel.En el segundo tomo de la gran lógica figuran frases sobre
  50. 50. el "juicio del concepto" de las que sin dudar llegan al pun-to más alto de lo que desde entonces se ha dicho, más omenos oracularmente, sobre los valores: "...los predicadosbueno, malo, verdadero, hermoso, justo, etc., expresanque la cosa es en su concepto general acorde con el deberque se da, por antonomasia, como supuesto, y coinciden-te con él, o no". 6 Desde fuera todo es refutable y no lo esnada. El escepticismo conviene al juego de la discusión.Da testimonio de una confianza en la ciencia organiza-da como instancia de verdad, contra la que la sociolo-gía debería ponerse en guardia. Frente al thought controlcientífico, cuyas condiciones nombra la propia sociología,no deja de resultar especialmente importante que.Popperconfiera a la categoría de la crítica un lugar central. El im-pulso crítico viene indefectiblemente unido a la resisten-cia contra toda rígida conformidad respecto de la opinióndominante. También en Popper encontramos este moti-vo. En su duodécima tesis equipara estrictamente: .obje-tividad científica y tradición crítica, esa tradición que "apesar de todas las resistencias hace tan a menudo posiblecriticar un dogma dominante". Apela, al igual que Deweyen un pasado muy cercano y Hegel remotamente, a unpensamiento no fijado, no cosificado. Un pensamientoinseparable del momento experimentador, por no decirlúdico. De todos modos, dudaría en equipararlo sin más6 Hegel, W W 5 , Wissenschafi der logik, 2. Teil (Ciencia de la lógica, 2 a Parte) Glockner, p. 110 y ss.
  51. 51. .il concepto de ensayo, adoptando el principio básico deln ial and error. En el clima en que ha surgido éste, la pala-bra ensayo es equívoca^evoca, de manera harto directa, aasociaciones científico-naturales y parece dirigir su agui-jón contra la autonomía de cualquier pensamiento queno resulte susceptible de ser sometido a una contrastaciónmuy precisa. Pero algunos pensamientos, y, en última ins-tancia, los esenciales, se evaden al test y, sin embargo, nopor ello dejan de tener un contenido de verdad bien con-creto: también Popper se aviene a aceptarlo. Es innegableque no hay experimento capaz de probar fehacientementela dependencia de todo fenómeno social respecto de latotalidad, en la medida en que el todo, que preforma losfenómenos tangibles, jamás resultará aprehensible me-diante métodos particulares de ensayo. Y, sin embargo, ladependencia del hecho o elemento social sometido a ob-servación respecto de la estructura global tiene una validezmucho más real que la de tales o cuales datos verificados- a i s l a d a m e n t e - de manera irrefutable y es, desde luego,todo menos una enloquecida elucubración mental. Si nose quiere confundir, en última instancia, la sociología conlos modelos de las ciencias naturales, el concepto de ensa-yo habrá de abarcar también ese pensamiento que, satu-rado de experiencia, apunta más allá de ella con el fin decomprenderla. A diferencia de lo que ocurre en la psico-logía, los ensayos en sentido estricto, los ensayos sin más,son, en sociología, bien poco productivos. El momentoespeculativo no es una necesidad del conocimiento social,
  52. 52. sino que es para éste, en cuanto a tal momento, ineludi-ble, por mucho que la filosofía idealista, glorificadora dela especulación, pertenezca al pasado. Cabría matizarlotambién insistiendo en la inseparabilidad de crítica y so-__lución. Las soluciones sólo eventualmente son primarias,inmediatas y hacen madurar la crítica a través de la que seintegran en el desarrollo del proceso cognoscitivo; antesbien ocurre a menudo, por el contrario, que la figura de lacrítica implica, si ha tomado cuerpo con suficiente preg-nancia, la solución; ésta apenas viene de fuera. A ello serefiere el concepto filosófico de la negación determinada,del que a pesar de su escaso amor por Hegel, Popper noestá tan lejos. En la medida en que identifica la : -objetivi-dad de la ciencia con la del método crítico, convierte aéste en el órgano de la verdad. Ningún dialéctico pediríahoy más. De ello extraigo una consecuencia de la que no se hablaen la ponencia de Popper y que ignoro si estaría dispuestoa asumir. Da a su punto de vista el calificativo de criticista,en un sentido nada kantiano. Si se interpreta la dependen-cia del método respecto de la cosa con el mismo rigor conel que viene implícita en algunas determinacioncs^poppe-rianas, como la de la relevancia y e t interés como patronesde medida del conocimiento social, no le sería posible altrabajo crítico de la sociología limitarse a la autocrítica,a la reflexión sobre sus enunciados, .teoremas, métodos yaparatos conceptuales. Es al mismo tiempo crítica del ob-jeto del que dependen todos estos momentos, localizados
  53. 53. en el lado subjetivo, en el de los sujetos vinculados a laciencia organizada. Por muy instrumentalmente que seandefinidos los momentos metodológicos, su adecuaciónal objeto, viene exigida siempre, ciertas veces de maneravelada. Los métodos sólo. sojU-improduGtivos cuando lesfalta esta adecuación. La cosa debe gravitar con todo supeso en el. método, y ostentar en él su propia vigencia;de lo cojQtxario, incluso el método más depurado resultadeficiente. Lo cual no implica menos que la necesidad deque en la complexión de la teoría aparezca la de la cosa.Cuando la crítÍ£íL_de. las categorías sociológicas se redu-ce a la crítica del método y cuando la discrepancia-entreconcepto, y cosa se produce a costa de. la cosa, que noes lo que pretende ser, lo que decide es el contenido, delteorema sujeto a crítica. La vía crítica no es meramentef o r m a l i s m o también material; si sus conceptos han deser verdaderos, una sociología crítica no puede ser, porfuerza - y a tenor de su propia idea-, sino crítica de la so-ciedad, como Horkheimer razonó en su ensayo sobre latgoría tradicional y la crítica. 7 Algo de esto tenía tambiénel criticismo kantiano. Lo que alegaba contra los juicioscientíficos acerca de Dios, de la libertad y de la inmor-talidad venía a oponerse a una situación en la que lo que7 Vid. Max Horkheimer, Traditionelle und kritische Theorie (Teoría tradicional y crítica), reeditado por Alfred Schmidt en la recopi- lación: Kritische Theorie, 2 tomos, S. Fischer Verlag, Frankfurt am Main, 1968, tomo II, p. 137. (N. del T.)
  54. 54. se intentaba era salvar estas ideas, una vez perdida ya suimperatividad teológica, mediante su ingreso en la racio-nalidad. El criticismo era ilustración militante. A su lado,sin embargo, un talante crítico detenido a las puertas de larealidad y limitado al trabajo sobre sí mismo, difícilmenterepresentaría, en cuanto a ilustración, un progreso. En lamedida en que cercena sus motivos, debería consumirseen sí mismo, como tan contundentemente viene a eviden-ciar cualquier comparación de la administrative researchcon la teoría crítica de la sociedad. Ya sería hora de quela sociología se opusiera a esa consunción atrincheradatras del intangible método. Porque el conocimiento vivede la relación con lo que él no es, de la relación c o a algodiferente de sí mismo. Y en la medida en que se produzcay ocurra de manera meramente indirecta, en una. estrictaautorreflexión crítica, esta relación no podrá serle nuncasuficiente; para ello deberá convertirse en crítica del ob-jeto sociológico. Así ocurre, por ejemplo, que cuando laciencia social - y no prejuzgo de momento nada acerca delcontenido de tales proposiciones- elabora, por una parte,un concepto de sociedad liberal en .el que las. dos-notascaracterísticas de ésta son la libertad^ la igualdad,. y, porotra, anula radicalmente el contenido de verdad de estascategorías en el marco del liberalismo dada. la. desigual-dad existente en el poder social -^ese poder que determinalas relaciones entre los hombres-, no estamos ante tales ocuáles contradicciones lógicas, eliminables mediante defi-niciones más correctas, o ante unas ulteriores limitaciones
  55. 55. o diferenciaciones empíricas de una definición inicial, sinoante la constitución estructural de la sociedad en cuanto atal. En cuyo caso la crítica no puede consistir en una merareformulación de enunciados contradictorios en aras a larecuperación de la conformidad y armonía del complejocientífico. En la medida en que desplaza los centros degravedad verdaderos, este logicismo puede resultar erró-neo. A lo que deseo añadir que este viraje afecta asimismoa los medios conceptuales del conocimiento sociológico.;una teoría crítica de la sociedad encauza en otra direcciónla permanente autocrítica del conocimiento sociológico.Me limito a recordar lo dicho acerca de la ingenua con-fianza sustentada en la ciencia social organizada como ga-rante de la verdad. Todo esto presupone, desde luego, la diferenciaciónentre verdad y no verdad a la que Popper tan rigurosa-mente se aferra. Como crítico del relativismo escépticopolemiza contra la sociología del conocimiento - y , espe-cialmente, contra la obediente a la inspiración de Paretoy de M a n n h e i m - con tanta energía, por lo menos, comoyo mismo lo he hecho tantas veces. Pero el susodichoconcepto total de ideología, y la pulverización de la di-ferencia entre verdadero y no verdadero, no resulta asi-milable a la teoría clásica de las ideologías, si se le puedellamar así. Más bien se aproxima, en realidad, al intentode privar a aquella teoría de todo su mordiente, neutra-lizándola y convirtiéndola en una rama más del negociode la ciencia. En otro tiempo, la apariencia socialmente
  56. 56. 6onecesaria recibía el nombre de ideología. La crítica dela ideología estaba vinculada a la prueba concreta de lafalsedad de un teorema o de una doctrina; la mera sos-pecha de ideología, como Mannheim la llamaba, no erasuficiente. Marx hubiera ironizado sobre ella conside-rándola, de acuerdo con el espíritu de Hegel, como unanegación abstracta,. La deducción de las ideologías pornecesidad social no ha mitigado el juicio sobre su no ver-dad. Su derivación a partir de ciertas leyes estructurales,como la del carácter fetichista de la mercancía, que danombre a la JipurTcnj^e^ióo^, se proponía subordinarlaa ese patrón de medida de la objetividad científica quetambién Popper subraya. Ya el difundido discurso sobresuperestructura e infraestructura lo trivializa. Al compor-tarse la sociología del conocimiento -mitigadora de ladiferencia entre consciencia falsa y auténtica^ como siviniera a representar un progreso en el sentido de la ob-jetividad científica, no está sino recayendo, en virtud dedicha mitigación, por detrás del concepto de ciencia tal ycomo éste es entendido, en Marx, de manera totalmenteobjetiva. Únicamente mediante fruslerías y neologismoscomo el del perspectivismo, y no mediante determina-ciones objetivas, puede distanciarse el concepto total deideología del relativismo vulgar y fraseológico de las vi-siones del mundo. De ahí el declarado o tácito subje-tivismo de la sociología del conocimiento, denunciadocon tanta razón por Popper y en cuya crítica la gran_.fi-losofía coincide con el trabajo científico concreto. Este
  57. 57. h 1 [>"jamás se ha dejado confundir seriamente por la cláusulageneral de la relatividad de todo conocimiento humano.Cuando Popper critica la asimilación de la objetividadde la ciencia a la del científico, está haciendo blanco enel concepto de ideología tal y como éste viene degradadoen su formulación total, pero no en la versión autén-tica del mismo. Éste incide en la determinación objetiva- h a r t o independiente de los sujetos individuales y de sutantas veces invocada situación— de la falsa conscieneia,aprehensible mediante el adecuado análisis de la estruc-tura social; una idea que se retrotrae, por lo demás, hastaHelvetius, por no decir hasta Bacon. El énfasis constanteen la determinación situacional de los pensadores, indi-vidualmente considerados, surge de la impotencia pararetener firmemente la, en otro tiempo alcanzada, certi-dumbre de la desfiguración objetiva de la verdad. Con lospensadores y su psicología no guarda excesiva relación.Abreviando: estoy de acuerdo con la crítica popperianade la sociología del conocimiento. La no diluida teoría delas ideologías también está, no obstante, decididamentede acuerdo con ella. El problema de la objetividad de las ciencias sociales serelacionaba, en Popper, al igual que otrora en el famosoensayo de Max Weber, con el de la neutralidad valora-tiva-(Wertfreiheit). No se le ha escapado que esta cate-goría - t a n dogmatizada-, excesivamente compatible, sinduda, con el negocio pragmatista de la ciencia, ha de sernuevamente reelaborada. La escisión entre objetividad y
  58. 58. valor no es tan rotunda como leemos en Max Weber, encuyos textos resulta, no obstante, mucho más cualificadade lo que su grito de guerra podría hacer esperar. Po-pper considera que la imposición de una incondicionalneutralidad valorativa es paradójica, en la medida en quetanto la objetividad científica como la propia n e u t r a l i -dad valorativa son, a su vez, valores; esta constatación,sin embargo, no es tan importante como Popper cree.También de ella podrían extraerse consecuencias teórico-científicas. Popper subraya la imposibilidad de prohibiro anular al científico sus valoraciones sin anularlo comohombre y también como científico. Con ello queda di-cho, no obstante, algo que no es de orden exclusivamen-te práctico-cognoscitivo; "anularlo como científico" en-vuelve el concepto objetivo de ciencia en cuanto a tal.La separación entre conducta valorativa y avalorista esfalsa, en la medida en que el valor, y con él la neutralidadvalorativa, son cosificaciones; es justa, en la medida enque el proceder del espíritu no puede evadirse a voluntaddel estadio de la cosificación. El llamado problema de losvalores sólo viene a constituirse en una fase en la quelos fines y los medios son, a causa de un dominio sinfricciones de la naturaleza, desgajados unos de otros; enla racionalidad el medio avanza al lado de una irraciona-lidad mitigada - o puede incluso que creciente— de los fi-nes. En Kant y Hegel aún no encontramos el concepto devalor, un concepto que tiene su morada en la economíapolítica. Hasta Lotze no toma carta de naturaleza en la
  59. 59. 63terminología filosófica; la distinción kantiana entre dig-nidad y precio en la razón práctica no sería compatiblecon él. El concepto de valor ha cristalizado en la relaciónde cambio, es un ser para otro. En una sociedad en laque todo se ha convertido en algo así, en algo tangible- e l rechazo de la verdad constatado por Popper revela elmismo estado de cosas-, este "para otro" se ha conver-tido, se ha embrujado, en un "en sí", en algo sustancial,y en cuanto a tal, no verdadero; algo muy adecuado, enconsecuencia, para que el perceptible vacío acabe siendollenado a voluntad de los intereses dominantes. Lo ul-teriormente sancionado como valor no se comporta ex-trínsecamente a la cosa, no le está xoopi^ enfrente, sinoque le es inmanente. Puede decirse que la cosa, el objetodel conocimiento sociológico, es algo libre de impera-tividad, algo meramente existente -sólo mediante loscortes de la abstracción acaba convirtiéndose en t a l - entan escasa medida como están en su sitio los valores en unmás allá, en un cielo de las ideas. El juicio sobre unacosa, que exige, sin duda alguna, espontaneidad subje-tiva, viene trazado siempre por la cosa misma, y noagota en una irracional decisión subjetiva, como Weberparece imaginarse. Tal juicio es, en el lenguaje de la filo-sofía, un juicio de la cosa sobre sí misma; su condicióndesgajada conjura a ello. Se constituye, sin embargo, ensu relación con ese todo que hay en ella, sin ser algo in-mediatamente dado, sin ser facticidad; a ello apunta lafrase de acuerdo con la cual la cosa ha de ser medida
  60. 60. 64según su propio concepto. De ahí que el problema de losvalores, que gravita sobre la sociología y otras disciplinascomo un lastre esté, en su totalidad, mal planteado. Unaconsciencia científica de la sociedad que presume_de_serlibre de valores desatiende a la cosa no menos que aquellaotra que se remite constantemente a unos .valores más omenos decretados y arbitrariamente estatuidos; rendir-se a esta alternativa es caer en antinomias. Ni siquierael positivismo ha podido evadirse; el propio Durkheim,cuyo chosisme superaba, por cierto, en talante positivistaal propio Weber —cuyo thema probandum^pertenecía, nohay que olvidarlo, a la sociología de la religión—, acep-taba la neutralidad valorativa. Popper rinde tributo a laantinomia en la medida en que, por un lado, rechazala escisión entre valor y conocimiento y, por otro, postulaque la autorreflexión del conocimiento se haga conscien-te de los valores implícitos en él; es decir, que no falsee sucontenido de verdad para demostrar algo. Ambos deside-rata son legítimos. Se tendría, simplemente, que asumiren la sociología la consciencia de su antinomia. La dico-tomía entre ser y deber es tan falsa como históricamentevinculativa; de ahí que no quepa simplemente ignorarla.Sólo resulta transparente a la penetración de su forzosi-dad con las armas de la crítica social. A decir verdad, elcomportamiento total neutral en el orden valorativo re-sulta imposible no sólo psicológicamente, sino .tambiénde manera objetivada. La sociedad, a cuyo conocimien-to ha de apuntar en última instancia la sociología, si no
  61. 61. quiere reducirse a mera técnica, sólo cristaliza efectiva-mente a la luz de una concepción de sociedad justa, entorno, en fin, a la idea de una sociedad cabal. Y ésta noha de ser contrastada con la existente como si fuera unsimple valor supuesto, por vía totalmente abstracta, sinoque surge de la crítica, esto es, de la consciencia de la so-ciedad de sus propias contradicciones y de su necesidad.Cuando Popper dice: "Porque aún cuando jamás poda-mos justificar racionalmente nuestras teorías y ni siquierapodamos revelarlas como probables, siempre podremossometerlas a crítica racional"?) está expresando algo queno vale menos para la sociedad que para las teorías acercade la misma. De donde resulta un talante que ni se afe-rra a una neutralidad valorativa, cegadora respecto delinterés esencial de la sociología, ni se deja llevar por undogmatismo valorista abstracto y estático. ^ Popper detecta el latente subjetivismo de esa sociolo-gía del conocimiento avalorista que se ufana en demasíade su cientificista carencia de prejuicios. Consecuentecon este planteamiento ataca el psicologismo sociológi-co. También en este punto coincido con él, y quizá meesté permitido hacer alusión al trabajo que publiqué enel "Homenaje a Horkheimer", en el que me ocupo de ladiscontinuidad existente entre estas dos disciplinas, quesuelen ser conjuntamente incluidas bajo el rótulo generalde ciencias humanas. Los motivos, sin embargo, que auno y a otro nos incitan a igual conclusión no son losmismos. La separación entre hombre y entorno social no
  62. 62. 1 66 V " puede menos que parecerme excesivamente tópica, de- masiado orientada de acuerdo con el viejo mapa de las ciencias - d a d o , según parece, de una vez por todas- y cuya hipóstasis Popper rechaza con tanta energía. Los sujetos a cuya investigación se compromete la psicolo- gía no están simplemente sujetos a la influencia de la sociedad, como suele llamársela, sino que vienen con- figurados por ella hasta lo más profundo. El sustrato de un hombre en sí, que estuviera enfrentado al mundo - t a l y como hemos visto revivirlo en el existeneialismo- no pasaría de constituir una vacía abstracción, El entorno social efectivo es producido a su vez, todo lo mediata e irreconociblemente que se quiera, por hombres, por la| sociedad organizada. Y a pesar de todo, la psicología no debe ser considerada como la pieza básica de las cien- cias sociales. Me limitaría a recordar, a este respecto, que las formas de socialización - l o que en el uso anglosajón del lenguaje recibe el nombre de instituciones— se han autonomizado, en virtud de su propia dinámica, hasta tal punto respecto de los hombres vivos y de su psicolo- gía, que han acabado por oponerse a éstos como algo tan ajeno y, al mismo tiempo, tan prepotente, que la reduc- ción a comportamientos humanos primarios efectuada en sus estudios por la psicología ni siquiera alcanza a los behavior patterns típicos y de plausible generalización, a los procesos sociales que se desarrollan por encima de las cabezas de los hombres. De todos modos, de la pre- minencia de la sociedad respecto de la psicología, X O me L
  63. 63. 67decidiría yo a deducir una independencia tan radical en-tre ambas como la que subraya Popper. La sociedad es unproceso total, en el que los hombres abarcados, guiadosy configurados por la objetividad reinfluyen a su vez so-bre aquélla; la psicología se disuelve tan escasamente enla sociología como el individuo en la especie biológicay en su historia natural. No cabe la menor duda de queel fascismo no puede ser explicado tan sólo por razonesde orden psicológico-social, ni era esa, a diferencia delo que, malentendiéndola, se ha dicho a veces, la inten-ción de la " A u t h o r i t a r i a n Personality"; pero si el caráctervinculado a la autoridad y necesitado de ella no hubieraestado tan extendido —por motivos sociológicos no me-nos evidentes, a su vez— el fascismo difícilmente hubieraencontrado en las masas la base necesaria para hacersedel poder en una sociedad como la de la democracia deWeimar. La autonomía de los procesos sociales no es, encuanto a tal, en sí, sino que se basa en la; cosificación;.también los procesos enajenados respecto de los hom-bres siguen siendo inhumanos. De ahí que la fronteraentre ambas ciencias sea tan escasamente absoluta comola existente entre sociología y economía, o entre socio-logía e historia. La visión de la sociedad como totalidadno deja de implicar asimismo la necesidad de que todoslos momentos efectivos en dicha totalidad, y en modoalguno totalmente reducibles unos a otros, entren en elconocimiento; no tiene por qué dejarse aterrorizar por ladivisión científica del trabajo. La preeminencia de lo so-
  64. 64. 68cial respecto de lo humano-individual se explica a partirde la cosa, de esa impotencia del individuo respecto dela sociedad, que para Durkheim constituía, precisamen-te, el criterio de los faits sociaux; la autorreflexión de lasociología también debe estar, no obstante, precavida yvigilante respecto de la herencia histórico-científica, queincita una y otra vez a exagerar la autarquía de las cien-cias más jóvenes y en Europa todavía no aceptadas conigualdad de derechos por la universitas literarum. Señoras y señores, en la correspondencia que sostuvecon él previamente a la formulación de mi coponencia,.elseñor Popper definió la diversidad de nuestras posicionesen los siguientes términos: en su opinión, vivimos en elmejor de los mundos jamás existentes —yo, en cambio,me niego a creerlo así. En lo que a él corresponde, haexagerado, sin duda, un poco, en aras del efectismo de ladiscusión. Establecer diferencias en el grado de maldadde sociedades de épocas diversas no deja de ser algo pre-cario; me cuesta mucho aceptar que no todas hayan sidosuperiores a la que hizo posible Auschwitz, y por lo menosen este punto Popper me ha caracterizado con fidelidadindiscutible. Sólo que para mí la diferencia es decidibley no lo es simplemente de puntos de vista: ambos po-dríamos sustentar igual postura negativa respecto de lafilosofía del punto de vista y, con ello, también respectode esa misma sociología. La experiencia del carácter con-tradictorio de la realidad sociáKno puede ser consideradacomo un punto de partida más entre otros varios posibles,

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