Cuentos y parábolas
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Cuentos y parábolas Cuentos y parábolas Document Transcript

  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 251CUENTOS YPARÁBOLASLos cuentos y parábolas no son cosa deniños. Con mucha sencillez nos hacendescubrir grandes tesoros de lo cotidia-no. No es raro que fuese el estilo queutilizase habitualmente Jesús.Lo que sí hace falta es espíritu de niños,de maravillarse ante cosas simples quenos enseñan realidades bien profundas.818. CUENTOSYo no sé muchas cosas, es verdad.Digo tan sólo lo que he visto.Y he visto: que la cuna del hombrela mecen con cuentos, los ahogan con cuentos,que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,que los huesos del hombrelos entierran con cuentos,y que el miedo del hombre...ha inventado todos los cuentos.Yo sé muy pocas cosas, es verdad,pero me han dormido con todos los cuentos...y sé todos los cuentos.Ahora estoy de regreso, he llegado hace poco,Soy nuevo en la ciudad... Y esto quiero decir:Me durmieron con un cuento...y me he despertado con un sueño.Es un sueño sin lazos, Sin espejos, sin anillos,sin redes, sin trampas y sin miedo.León Felipe819. {TC “”} EL ABRAZO DE DIOSUn hombre santo, orgulloso de serlo, ansiabacon todas sus fuerzas ver a Dios. Un día Dios lehabló en un sueño: “¿Quieres verme? En lamontaña, lejos de todos y de todo, te abrazaré”.Al despertar al día siguiente comenzó a pensarqué podría ofrecerle a Dios. Pero ¿qué podíaencontrar digno de Dios?“Ya lo sé”, pensó. “Le llevaré mi hermoso jarrónnuevo. Es valioso y le encantará... Pero nopuedo llevarlo vacío. Debo llenarlo de algo”.Estuvo pensando mucho en lo que metería en elprecioso jarrón. ¿Oro? ¿Plata? Después detodo, Dios mismo había hecho todas aquellascosas, por lo que se merecía un presente mu-cho más valioso.“Sí”, pensó al final, “le daré a Dios mis oracio-nes. Esto es lo que esperará de un hombresanto como yo. Mis oraciones, mi ayuda y servi-cio a los demás, mi limosna, sufrimientos, sacri-ficios, buenas obras...”.Estaba contento de haber descubierto justamen-te lo que Dios esperaría y decidió aumentar susoraciones y buenas obras, consiguiendo unverdadero récord. Durante las pocas semanassiguientes anotó cada oración y buena obracolocando una piedrecita en su jarrón. Cuandoestuviera lleno lo subiría a la montaña y se loofrecería a Dios.Finalmente, con su precioso jarrón hasta losbordes, se puso en camino hacia la montaña. Acada paso se repetía lo que debía decir a Dios:“Mira, Señor, ¿te gusta mi precioso jarrón? Es-pero que sí y que quedarás encantado contodas las oraciones y buenas obras que heahorrado durante este tiempo para ofrecértelas.Por favor, abrázame ahora”.Al llegar a la montaña, oyó una voz que descen-día retumbado de las nubes: “¿Quién está ahíabajo? ¿Por qué te escondes de mí? ¿Qué haspuesto entre nosotros?”“Soy yo. Tu santo hombre. Te he traído esteprecioso jarrón. Mi vida entera está en él. Lo hetraído para Ti”.“Pero no te veo. ¿Por qué has de escondertedetrás de ese enorme jarrón? No nos veremosde ese modo. Deseo abrazarte; por tanto, arró-jalo lejos. Quítalo de mi vista”.No podía creer lo que estaba oyendo. ¿Rompersu precioso jarrón y tirar lejos todas sus piedre-citas? “No, Señor. Mi hermoso jarrón, no. Lo hetraído especialmente para Ti. Lo he llenado demis...”“Tíralo. Dáselo a otro si quieres, pero líbrate deél. Deseo abrazarte a ti. Te quiero a ti”.Pedro Ribes. “Parábolas y fábulas...”, p. 31820. {TC “”} ACCIÓN DESINTERE-SADA“Lo que más me deprime es la absoluta vulgari-dad de mi existencia. Jamás en la vida he hechonada tan importante como para merecer la aten-ción del mundo”.“Te equivocas si piensas que es la atención delmundo lo que hace que una acción sea impor-tante”, dijo el Maestro.Siguió una larga pausa.“Bueno, pero es que tampoco he hecho nadaque haya influido en alguien, ni para bien ni paramal...”“Te equivocas si piensas que es el influir en losdemás lo que hace que una acción sea impor-tante”, volvió a decir el Maestro.“Pero, entonces, ¿qué es lo que hace que unaacción sea importante?”“El realizarla por sí misma y poniendo en ellotodo el propio ser. Entonces resulta ser unaacción desinteresada, semejante a la actividadde Dios”.Anthony de Mello. “Un minuto para el absurdo”.Sal Terrae.821. {TC “”} ACTITUDESDice una antigua leyenda que, cuando Diosestaba creando el mundo, se le acercaron cua-tro ángeles, y uno de ellos le preguntó: “Quéestás haciendo?”; el segundo le preguntó: “¿Por
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 252qué lo haces?”; el tercero: “¿Puedo ayudarte?”;y el cuarto: “¿Cuánto vale todo esto?”El primero era un científico, el segundo un filó-sofo, el tercero un altruista, el cuarto un agenteinmobiliario.Un quinto ángel se dedicaba a observar y aaplaudir con entusiasmo. Era un místico.Antohny de Mello. “La oración de la rana. 2”822. ACTUAR DE DIOSUn hombre se hallaba en el tejado de su casadurante unas inundaciones y el agua le llegabaa los pies.Poco después, pasó un individuo remando enuna canoa y le gritó:- “¡Oiga! ¿Quiere que le lleve a un sitio másalto?”.- “No, gracias - replicó el hombre -. Tengo fe enel Señor y Él me salvará”.Pasó el tiempo, y el agua le llegaba al hombrehasta la cintura. Entonces pasó por allí unalancha de motor.- “¿Quiere que le lleve a un sitio más alto?” -gritó el que la llevaba.- “No, gracias - respondió el hombre -. Tengo feen el Señor y Él me salvará”.Más tarde, cuando el nivel del agua le llegabahasta al cuello del individuo, llegó un helicópte-ro.- “¡Cójase a la cuerda - gritó el piloto -. Yo lesubiré”.- “No, gracias - dijo el hombre por tercera vez -.Tengo fe en el Señor y Él me salvará”.Desconcertado, el piloto dejó a aquel hombre enel tejado, casi cubierto por las aguas. Despuésde haber pasado horas allí, el pobre hombre nopudo resistir más, se ahogó y fue a recibir surecompensa.Mientras aguardaba en las puertas del Paraíso,se halló frente al Creador y se quejó de lo ocu-rrido:- “Señor - le dijo -, yo tenía total fe en que Tú mesalvarías y me abandonaste. ¿Por qué?”A lo cual le replicó el Señor:- “¿Qué más quieres? ¡Te mandé dos lanchas yun helicóptero”.823. {TC “”} ACUMULARCuando el gorrión hace su nido en bosque, noocupa más que una rama. Cuando el ciervoapaga su sed en el río, no bebe más que lo quele cabe en la panza.Nosotros acumulamos cosas porque tenemos elcorazón vacío.Anthony de Mello. “La oración de la rana (2ºtomo)”, p. 83824. ADORAR AL VERDADERODIOSEl maestro preguntó al discípulo:- ¿Por qué no adoras a los ídolos?El discípulo respondió:- Porque el fuego los quema.- Entonces adora al fuego.- En todo caso adoraría al agua, capaz de apa-gar al fuego.- Adora entonces al agua.- En todo caso adoraría las nubes, capaces deapagar el fuego.- Adora las nubes.- No, porque el viento es más fuerte que ellas.- Entonces adora el viento que sopla.- Si debiera adorar al viento, adoraría al hombreque tiene poder de soplar.- Adora entonces al hombre.- No, porque muere.- Adora la muerte.- Lo único digno de adorarse es el Dueño de lavida y de la muerte.El maestro alabó la sabiduría del discípulo.Anónimo judío825. {TC “”} LA ALFORJAUn día Júpiter bajó a la tierra, convocó a todoslos animales, incluido el hombre, y les dijo:- Quiero que viváis en armonía y contentos. Asíque, si alguien tiene alguna queja, que la digasin temor y enseguida le pondré el remedio.- Nadie expuso nada. Júpiter entonces se dirigióal mono- ¿Qué? ¿Tú estás contento?- Claro, - respondió el mono - tengo cuatro pati-tas que son un tesoro y tengo un tipo que todosme envidian. Yo no tengo motivos para envidiara nadie... Comparado con el oso, tan feo, soyuna maravilla. Él sí tendrá de qué quejarse.Los otros animales pensaban como el mono yesperaban la queja del oso. No hubo tal queja.Al contrario, con tono de orgullo dijo:- Yo me veo fuerte, bien proporcionado, concierto aire señorial. Comparado con el elefante,que es un monstruo, una masa de carne queparece que se cae a trozos, soy un encanto. Nome quejo de nada.El elefante tomó la palabra y dijo:- ¡Ah!, pues yo no me quejo absolutamente denada, me siento fuerte, sólido, como un rey conmucho poder. Mucho peor es la ballena queparece una masa informe.La ballena no se quejó; se veía mejor que lajirafa, larguirucha y desgarbada. La jirafa sesentía esbelta, fina, señorial, no como la hormi-ga, insignificante y rastrera. La hormiga se veíacomo una reina comparada con el mosquito. Yel mosquito se vio ágil, se defendía muy bien...Así todos hasta que llegó el hombre. Éste seentretuvo en contar todas sus cualidades y
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 253encantos. Luego siguió hablando sobre losdefectos de los otros. Y se reía de ellos.Júpiter, que había estado en silencio, se dirigióa todos de nuevo y les dijo: Bien, veo que cadauno lleva dos bolsas: en la de atrás metéis vues-tras faltas y en la de delante las faltas de losotros.Alfonso Francia. “Educar con fábulas”, p. 35826. {TC “”} AMANTE Y ACTIVISTAUn activista regresó al monasterio para averi-guar de qué clase de luz tenía aún necesidad.“La luz que todavía necesitas - le dijo el Maestro- es la que te permita conocer la diferencia entreun amante y un activista. El amante toma parteen una sinfonía”.“¿Y el activista?”“El activista sólo oye el sonido de su propiotambor”, dijo el Maestro.Anthony de Mello. “Un minuto para el absurdo”.827. {TC “”} AMAR LO QUE SO-MOSLos animales del bosque se dieron un cuenta undía de que ninguno de ellos era el animal per-fecto: los pájaros volaban muy bien, pero nonadaban ni escarbaban; la liebre era una estu-penda corredora, pero no podía volar ni sabíanadar... Y así todos los demás.¿No habría una manera de establecer una aca-demia para mejorar la raza animal? Dicho yhecho. En la primera clase de carrera, el conejofue una maravilla, y todos le dieron sobresalien-te; pero en la clase de vuelo subieron al conejoa la rama de un árbol y le dijeron: “¡Vuela, cone-jo!”. El animal saltó y se estrelló contra el suelo,con tan mala suerte que se rompió dos patas yfracasó también en el examen final de carrera.El pájaro fue fantástico volando, pero le pidieronque excavara como el topo. Al hacerlo se lasti-mó las alas y el pico y, en adelante, tampocopudo volar; con lo que ni aprobó la prueba deexcavación ni llegó al aprobadillo en la de vuelo.Convenzámonos: un pez debe ser pez, un estu-pendo pez, un magnífico pez, pero no tiene porqué ser pájaro. Un hombre inteligente debesacarle punta a su inteligencia y no empeñarseen triunfar en deportes, en mecánica y en arte ala vez. Una mucha fea difícilmente llegará a serbonita, pero puede ser simpática, buena y unamujer maravillosa... porque sólo cuando apren-damos a amar en serio lo que somos, seremoscapaces de convertir lo que somos en una ma-ravilla.Anthony de Mello828. {TC “”} AMOR ENTRE PÁJA-ROSEl pájaro manso vivía en la jaula y el pájaro libreen el bosque.Mas su destino era encontrarse, y había llegadola hora.El pájaro libre cantaba: “Amor, volemos al bos-que”.El pájaro preso decía bajito: “Ven tú aquí, viva-mos los dos en la jaula”.Decía el pájaro libre: “Entre rejas no puedenabrirse las alas”.- Ay, decía el pájaro preso, ¿sabré yo posarmeen el cielo?El pájaro libre cantaba: “Amor mío, pía cancio-nes del campo”.El pájaro preso decía: “Estáte a mi lado, teenseñaré la canción de los sabios”.El pájaro libre cantaba: “No, no, nadie puedeenseñar las canciones”.El pájaro preso decía: “Ay, yo no sé las cancio-nes del campo”.Su amor es un anhelo infinito, mas no puedenvolar ala con ala. Se miran y se miran a travésde los hierros de la jaula, pero es en vano sudeseo. Y aletean nostálgicos y cantan: “Acérca-te más, acércate más”.El pájaro libre grita: “¡No puedo! ¡No puedo!¡Qué miedo me da tu jaula cerrada!”El pájaro preso canta bajito: “¡Ay!, no puedo.¡Mis alas se han muerto!”829. ANTE UN ELEFANTEUn príncipe oriental, para dar una lección a sussúbditos sobre la búsqueda de Dios, hizo reunirun día a muchos ciegos. Después ordenó quese les mostrase el mayor de sus elefantes sindecirles qué animal tenían delante. Cada ciegose acercó al elefante y le tocaron en diversaspartes de su cuerpo. Al final el príncipe preguntóqué había palpado cada uno.El que había tocado las piernas dijo que untronco arrugado de un árbol.El que había tocado la trompa, una gruesa ramanudosa. El que había tocado la cola, una ser-piente desconocida. Un muro, dijo el que habíatocado el vientre. Una pequeña colina, el quehabía tocado el lomo.Como no se ponían de acuerdo entre ellos,comenzaron a discutir. El príncipe interrumpió ladiscusión:- Esta pequeña muestra os hacer ver cómo delas grandes cosas conocemos muy poco, y deDios casi nada.Parábola hindú830. {TC “”} ANTICREACIÓNAl fin, el hombre destruyó el cielo y la tierra.La tierra era bella y fértil,la luz brillaba en las montañas y los mares,y el espíritu de Dios llenaba el universo.Y el hombre dijo:“Posea yo todo el poderen el cielo y en la tierra”.
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 254Y vio que el poder era buenoy llamó “grandes jefes”a quienes detentaban el poder,y dio el nombre de débilesa los que buscaban la reconciliación.Así fue el sexto día antes del fin.Y el hombre dijo:“Haya una gran división entre los pueblos:y póngase a un ladolas naciones que están por míy al otro lado las que están contra mí”.Y hubo buenos y malos.Así fue el día quinto antes del fin.Y el hombre dijo:“Juntemos nuestras fortunas en un lugary creemos instrumentos para defendernos:la radio y la televisiónpara controlar los espíritus de los hombres,la movilización y el registropara controlar los cuerpos de los hombres,los uniformes para dominarlas almas de los hombres”.Y así fue. El mundo quedó divididoen dos bloques, en guerra.El hombre vio que tenía que ser así.Así fue el cuarto día antes del fin.Y el hombre dijo: “Haya censurapara distinguirnuestra verdad de la de los demás”.Y fue así:el hombre creó dos grandes instituciones:una para ocultar la verdad en el extranjero.Y otra,para defenderse de la verdad dentro de casa.El hombre lo vio y lo encontró normal.Así fue el tercer día antes del fin.Y el hombre dijo:“Fabriquemos armas que puedan destruira distancia ingentes multitudes”.De este modo perfeccionóla guerra bacteriológica,perfeccionó los arsenalesde muerte submarinos,los proyectiles teledirigidos.El hombre lo vio y se enorgulleció.Entonces los bendijo, diciéndoles:“Sed numerosos y grandes sobre la tierra,llenad las aguas del mary los espacios celestes, multiplicaos”.Así fue el día segundo antes del fin.Y el hombre dijo: “Hagamos a Diosa nuestra imagen y semejanza,digamos que Diosobra como nosotros obramos,que piensa como nosotros pensamos,que quiere lo que nosotros queremos,que mata como nosotros matamos”.El hombre creó un Dios a su medida.Y lo bendijo diciendo:“Muéstrate a nosotrosy pon la tierra a nuestros pies:no te faltará nada, si haces nuestra voluntad”Y así fue:el hombre vio todo lo que había hechoy estaba muy satisfecho de todo ello.Así fue el día antes del fin.De pronto se produjo un gran terremotoen toda la superficie de la tierra,y el hombrey todo lo que había hecho dejaron de existir.Así acabó el hombrecon el cielo y con la tierra.La tierra volvió a serun mundo vacío y sin orden;toda la superficie del océanose cubrió de oscuridady el Espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas.831. {TC “”} EL ÁRBOL GENERO-SOÉrase un árbol copudo, denso, fuerte; sobretodo fuerte frente a la lluvia y los vientos hura-canados que desmelenaban salvajes su frondo-sa cabellera verde.Pero el árbol tenía una debilidad: un niño, aquien amaba más allá de sí mismo. Lo amabadesde que la madre del recién nacido venía,casi todos los días, con el bebé en brazos, lomecía y lo dormía contándole nanas entraña-bles, apoyada en su tronco rugoso, sentadasobre sus raíces vegetales. El corazón del árbolcreció, casi sin sentirlo, al aire de aquellas deli-cadas nanas, haciéndose a la medida del cora-zón inmenso de aquella mujer.Un día, la madre murió; el niño tenía cuatroaños. Y fue precisamente entonces cuando elcorazón de madera del árbol sintió que le madu-raban por dentro las entrañas de la madre muer-ta. Amar es tener algo hermoso y querer com-partirlo.Tomó cariño al niño, tanto que cuando le veíavenir, agotaba jubiloso sus ramas y le gritaba:- Ven, ¿quieres jugar? Vas a ser el rey de laselva. Toma mis flores y mis hojas, trenza unacorona, colócala en tu cabeza.Y el niño pasea por los senderos del bosque.¡Y el árbol fue feliz con la ofrenda de su fronda!Nadie puede detener la vida. El niño creció,otras instancias llenaron su corazón. Ya noquería jugar a ser el rey de la selva; su corazónquería cosas, cosas, cosas... pero no las tenía,y su rostro languidecía de tristeza.- ¿Por qué estás triste? - le preguntó el árbol.- Porque necesito cosas y no tengo dinero paracomprarlas.- No sufras por eso. Ven: súbete en mis brazos,están cargados de manzanas, toma las quequieras, llévalas al mercado, véndelas y tendrásel dinero que necesitas.¡Y el árbol fue feliz con la ofrenda de sus frutosen sazón!Pasó el tiempo, tiempo de soledad para el árbol;pero una mañana su corazón volvió a estreme-cerse de alegría. El niño de otros tiempos, hom-bre ahora, volvió junto a él, eso sí, serio, pensa-tivo:
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 255- ¿Qué te pasa? - le preguntó el árbol -. ¿Porqué estás triste?- Porque quiero hacerme una casa y no tengomadera.- No sufras por eso: toma tu hacha y corta misramas más robustas, hazte una casa y sé feliz.El niño de otros tiempos, hombre ahora, tomó elhacha y fue segando los brazos henchidos desavia del árbol. Y se hizo una casa al borde delbosque.¡Y el árbol fue feliz con la ofrenda de su madera!Pero el corazón del hombre no se llena concosas. Hastiado de vivir en su casita de maderaal borde del bosque, el niño de otros tiempos,hombre maduro ahora, volvió a internarse en lamaraña de la selva. Cuando el árbol lo divisó alo lejos, se estremeció de gozo y le preguntó:- Te veo de nuevo triste, ¿qué te pasa, no te hallegado la madera?- Sí, pero estoy aburrido de ver siempre el mis-mo paisaje, de oír siempre el eco de mis pasosresonando sobre la madera. Me han dicho quelejos, muy lejos, hay mares bellísimos, paisajesde ensueño, gentes extrañas, y quiero conocer-las... pero no tengo barca.- No sufras por eso. Empuña de nuevo el hacha,tala mi tronco a raíz del suelo y hazte una barca.Luego, con las pocas ramas que me quedan,lábrate unos remos y vete a navegar: conocerásesos mares bellísimos, paisajes de ensueño ygentes extrañas.¡Y el árbol fue feliz con la ofrenda de su tronco!Pasó mucho tiempo, tanto que el viejo árbolgeneroso apenas respiraba ya por algunosretoños verdes. Hasta que un día, empinándosesobre la hierba, vio que llegaba su antiguo ami-go. Casi no le reconoció: volvía encanecido,vacilante el paso, envejecido.- Ven, viejo amigo - invitó el árbol -. Y ahora,¿qué necesitas?- Nada, no necesito nada. Estoy cansado detanto viajar. Ahora no busco más que un lugartranquilo donde sentarme, volver la vista atrás yreposar.- Acércate a mí, - replicó el viejo árbol agotado -.Ven, siéntate en el tronco que cortaste a ras detierra: es lo único que puedo ofrecerte... Des-cansa.Y el niño de otros tiempos, anciano ahora, sesentó y descansó.¡Las raíces del árbol morían alegres con la últi-ma ofrenda de su viejo muñón!LÓPEZ ARRÓNIZ, Prudencio. “Más allá...”832. {TC “”} ARREPENTIMIENTO“¿Por qué no aconsejas nunca el arrepentimien-to?”, preguntó el predicador.“¡Pero si no enseño otra cosa...!”, replicó elMaestro.“¡Pues yo nunca te he oído hablar del dolor porlos pecados!”“El arrepentimiento no consiste en afligirse porel pasado. El pasado ha muerto y no merece unsolo momento de aflicción. Arrepentirse es cam-biar de mente; es ver la realidad de un modoradicalmente distinto”.Anthony de Mello. “Un minuto para el absurdo”.833. {TC “”} AZRAEL, EL ÁNGELDE LA MUERTECuentan que en la ciudad de Bagdad, cierto díaun joven charlaba en el jardín de su suntuosopalacio con dos ancianos mercaderes. Éstos sequejaban de su incierta vida, siempre viajandoentre peligros y fatigas. El joven, en cambio, sesiente feliz, porque llegará a la vejez gozandode su palacio. De repente aparece Azrael, elángel de la muerte, que mira con extrañeza aljoven: desaparece después.El joven, espantado, monta en su mejor caballoy huye; al cabo de unas horas de loca carrera,sufre, cerca de Damasco, una caída y en ellaencuentra la muerte.Pasado algún tiempo uno de los ancianos ve aAzrael y le pregunta por qué mostró aquellaextrañeza ante el joven; el ángel de la muerterespondió: porque estaba gozoso en Bagdad yyo debía llevármelo poco después en Damasco.Manuel Sánchez Monge. “Parábolas como dar-dos”, p. 112834. EL BANQUETE DEL PRIMERMUNDOÉrase una vez un grupo de personas. Estabaninvitados a un banquete en un castillo medieval.Era una fiesta espléndida. Los mejores manja-res. Los vinos más costosos. No faltaba la or-questa. Los invitados tenían buen apetito. Y unavez saciados, en lugar de ir a casa, continuabandegustando alimentos.Eran tan voraces que se acabó la comida. Eldueño de la casa envió a sus criados, apoyadospor los guardias de seguridad, a buscar másalimentos entre los pobres campesinos del en-torno. También el gas empezó a escasear, y loscocineros ordenaron a algunos criados quecortaran madera de las columnas y del tejadopara hacer fuego y continuar cocinando. Pasadoun buen rato las columnas cedían y aparecíangrietas en el techo. Pero los siervos y los co-mensales estaban tan absorbidos en lo suyoque no se daban cuenta de las consecuenciasde sus acciones.Misión Abierta, nº 8 de octubre de 1996835. LA BOLSA DE SEMILLASEn una tienda de flores hay una bolsa de semi-llas. Mientras esperan que alguien las compre,hablan entre sí. Una de las semillas quisiera quela comprara un campesino y que, después deser plantada, el viento la arrancara y así poder
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 256viajar por todo el mundo. Otra desearía serplantada en un jardín para que los niños jue-guen entre las flores. Una tercera quisiera estaren una maceta, en el balcón de una abuelitapara alegrarla. La cuarta dice que ella prefierequedarse dentro de la bolsa y así no sufrir mo-lestias. La última en hablar, finalmente, quiereser plantada y dar como fruto muchas flores quea su vez produzcan nuevas semillas.836. {TC “”} BUENA NOTICIAEl Reino de los cielos es semejante a dos her-manos que vivían felices y contentos, hasta querecibieron la llamada de Dios a hacerse discípu-los.El de más edad respondió con generosidad a lallamada, aunque tuvo que ver cómo se desga-rraba su corazón al separarse de su familia y dela muchacha a la que amaba y con la que soña-ba casarse. Pero, al fin, se marchó a un paíslejano, donde gastó su propia vida al servicio delos más pobres. Se desató en aquel país unapersecución de resultas de la cual fue detenido,falsamente acusado, torturado y condenado amuerte.Y el Señor le dijo: “Muy bien, siervo fiel y cum-plidor. Me has servido por el valor de mil talen-tos. Voy a recompensarte con mil millones detalentos. ¡Entra en el gozo de tu Señor!”La generosidad del más joven fue menor. Deci-dió ignorar la llamada, seguir su camino y ca-sarse con la muchacha a la que amaba. Disfrutóde un feliz matrimonio, le fueron bien los nego-cios y llegó a ser rico y próspero. De vez encuando daba una limosna a algún mendigo o semostraba bondadoso con su mujer y sus hijos.También de vez en cuando mandaba algunapequeña suma de dinero a su hermano mayorque se encontraba en un remoto país, adjuntán-dole una nota que decía: “Tal vez con esto pue-das ayudar mejor a aquellos pobres diablos”.Cuando le llegó la hora, el Señor le dijo: “Muybien, siervo fiel y cumplidor. Me has servido convalor de diez talentos. Voy a recompensarte conmil millones de talentos. ¡Entra en el gozo de tuSeñor!”El hermano mayor se sorprendió al oír que suhermano iba a recibir la misma recompensa queél. Pero le agradó sobremanera. Y dijo: “Señor,aun sabiendo esto, si tuviera que nacer de nue-vo y volver a vivir, haría por Ti exactamente lomismo que he hecho”.Anthony de Mello. “El canto del pájaro”, p. 151837. BURROS, MÁS QUE BURROSDos burros estaban atados entre sí. A uno y otrolado, a cinco metros aproximadamente, su due-ño había puesto dos montones de verde y ricaalfalfa. Torpes, como burros que eran, acucia-dos por el hambre, se empeñaron en comercada uno del montón que tenían más cerca.Tantas eran las ansias por comer, tanto el es-fuerzo al tirar cada uno por su lado, tanta laobcecación y la cabezonería y tanto su egoís-mo, que se agotaron sin probar bocado. A puntoestuvieron, cada uno por su lado, de tocar consu hocico la hierba de enfrente pero no lo logra-ron. Eso aumentó más su sufrimiento, su angus-tia y su esfuerzo inútil.Pasaron así una hora, hasta que, extenuadospor el hambre, el trabajo y la rabia, cayeron alsuelo a dos dedos (¡a dos dedos tan sólo!) de laalfalfa.Dos vacas que pasaban por allí, en maravillosacamaradería, se pararon y, con parsimoniainteligente, liquidaron uno de los montones y,después, con idéntico entendimiento, acabaroncon el segundo.Alfonso Francia. “Historias de la vida”.838. {TC “”} BUSCAR A DIOSDONDE SE ENCUENTRAEl ermitaño, en oración oyó claramente la vozde Dios. Le invitaba a acudir a un encuentroespecial con Él. La cita era para el atardecer deldía siguiente, en la cima de una montaña lejana.Temprano se puso de camino; necesitaba todala jornada para llegar al monte y escalarlo. Antetodo, quería llegar puntual a la importante entre-vista.Atravesando un valle, se encontró a varios cam-pesinos ocupados en intentar controlar y apagarun incendio declarado en el bosque cercano,que amenazaba las cosechas y hasta las pro-pias casas de los habitantes. Reclamaron suayuda porque todos los brazos eran pocos.Sintió la angustia de la situación y el no poderdetenerse a ayudarles. No debía llegar tarde ala cita y, menos aún, faltar a ella. Así que conuna oración que el Señor les socorriera, apresu-ró el paso, ya que había que dar un rodeo acausa del fuego.Tras ardua ascensión, llegó a la cima de la mon-taña, jadeante por la fatiga y la emoción. El solcomenzaba su ocaso; llegaba puntual, por loque dio gracias al cielo en su corazón.Anhelante esperó, mirando en todas las direc-ciones. El Señor no aparecía por ninguna parte.Por fin descubrió, visible sobre una roca, algoescrito. Leyó: “Dispénsame, estoy ocupadoayudando a los que sofocan el incendio”.Entonces comprendió dónde debía encontrarsecon Dios.Vidal Ayala. “La voz del bosque”. PS.839. {TC “”} BUSCAR EN LUGAREQUIVOCADOUn vecino encontró a Nasrudim cuando ésteandaba buscando algo de rodillas.“¿Qué andas buscando?“Mi llave. La he perdido”.Y arrodillados los dos, se pusieron a buscar lallave perdida. Al cabo de un rato dijo el vecino:
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 257“¿Dónde la perdiste?”“En casa”“¡Santo Dios! Y entonces, ¿por qué la buscasaquí?”“Porque hay más luz”.¿De qué vale a buscar a Dios en lo lugaressantos si donde lo has perdido ha sido en tucorazón?Anthony de Mello. “El canto del pájaro”, p. 42840. {TC “”} EL CABALLO QUE NOTENÍA SED¿Qué hay que hacer para que beba un caballoque no tiene sed? Salvando las distancias, ¿quéhacer para devolver la sed y el gusto de Dios alos hombres que lo han perdido? ¿Y a los quese contentan sólo con licores, la tele o el auto?¿A bastonazos? El caballo es más testarudoque nuestro bastón. Además ese antiguo méto-do ha sido declarado demasiado directivo porlos educadores modernos.¿Hacerle tragar sal? Aún peor por lo que tienede tortura psiquiátrica.¿Cómo hacer beber, pues, a ese caballo respe-tando su libertad?Sólo hay una contestación: encontrar otro caba-llo que tenga sed... y que beba mucho delantede su congénere, con alegría y voluptuosidad. Yesto, no para darle buen ejemplo, sino ante todoporque tenga sed, porque de verdad tenga sed,simplemente sed.Un día, quizás su hermano, lleno de envidia, sepregunte si no haría mejor metiendo también élsu hocico en el cubo de agua fresca.Hacen falta hombres con sed de Dios, que sonmás eficaces que todas las necedades dichassobre Él.Jacques Loew. “Fábulas y parábolas”, p. 30.841. {TC “”} CAMBIAR LA PERS-PECTIVA“Según cuál sea tu percepción, así será tu ac-ción. Lo que hay que cambiar no es la acción,sino la perspectiva”.“¿Y qué debo hacer para cambiarla?”“Sencillamente, comprender que tu perspectivaactual es defectuosa”.Anthony de Mello. “Un minuto para el absurdo”.842. EL CAMINO DE LAFELICIDADEs la historia de un hombreque estaba harto de llorar.Miró a su alrededor y vioque tenía delante de sus ojos la felicidad.Estiró la mano y quería cogerla.La felicidad era una flor.La cogió.Y nada más tenerla en su mano,la flor ya se había deshojado.La felicidad era un rayo de sol.Levantó sus ojos para calentar su caray en seguida una nube lo apagó.La felicidad era una guitarra.La acarició con sus dedos,las cuerdas desafinaron.Cuando al atardecer volvía a casa,el hombre seguía llorando.A la mañana siguienteseguí buscando la felicidad.A la vera del caminohabía un niño que lloriqueaba.Para tranquilizarlocogió una flor y se la dio.La fragancia de la florperfumó a los dos.Una pobre mujer temblaba de frío,cubierta con sus harapos.La llevó hasta el sol y también se calentó.Un grupo de niños cantaba.Él les acompañó con su guitarra.También él se deleitó con la melodía.Al volver a casa de noche,el buen hombre sonreía de verdad.Había encontrado la felicidad.843. EL CAMPO DE MINASUn ex combatiente del Vietnam se hizo queridoy apreciado entre sus vecinos, después de vol-ver de la guerra y asentarse en oficio y familia,por su consideración con todos y su prontitud enayudar en cualquier momento. No parecía enca-jar tanta delicadeza con la imagen de un solda-do de vuelta de la guerra, y de tal guerra. Peroél tenía su explicación, que sus amigos íntimossabían.Su misión en la guerra había sido limpiar cam-pos de minas. Todo aquel terreno de bosques ymaleza, de escaramuzas y emboscadas, estabasembrado de minas traidoras que al menorcontacto con una rama, un alambre, una piedraen el camino podían explotar y llevarse la vidade un hombre. Y el mayor peligro era para quie-nes se adelantaban a detectar, adivinar, desac-tivar la muerte disfrazada en el terreno.Había que medir cada paso, calcular cada ges-to, arriesgar cada tirón. Varios de sus compañe-ros de equipo habían muerto así, y él sabía quelo mismo le podía ocurrir a él en cualquier mo-mento. Y eso le hizo sentir el valor de la vida.Cada paso valía una eternidad. La vida enterahabía de ser vivida entre el levantar un pie yvolver a posarlo sobre el terreno incierto. Cadainstante estaba lleno de vida porque el siguientepodía estar lleno de muerte. Todos los sentidosalerta a flor de piel, todo el corazón vivido encada latido, toda mirada abierta a la pinceladade colores que descubre el paisaje, todo sonidoanalizado en el espectro que va de la mina a lamuerte. Vida intensa en el campo de minas.Ése era su secreto. Vivir al día, vivir el minuto,vivir al instante. Vivir el presente. La vida es uncampo de minas.Carlos G. Vallés -Vida Nueva nº 2008, sept. 95
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 258844. {TC “”} EL CANTO DELJILGUEROLeyenda guaraní. Un indio oyó en la selva elcanto de un jilguero. Nunca había oído unamelodía igual. Quedó enamorado de su bellezay salió en la búsqueda del pájaro cantor. Encon-tró a un gorrión. Le preguntó: “¿Eres tú el quecanta tan bien?”. El gorrión contestó: “Claro quesí”. “A ver, que te oiga yo”. El gorrión cantó, y elindio se marchó. No era ese el canto que habíaoído.El indio siguió buscando. Preguntó a una perdiz,a un loro, a un águila, a un pavo real. Todos ledijeron que sí, que eran ellos, pero no era suvoz lo que él había oído. Y siguió buscando. Ensus oídos resonaba aquel canto único, distinto,ensoñador, y no podía confundirse con ningúnotro. Siguió buscando, y un día a lo lejos volvióa escuchar la melodía que había escuchado unavez y que desde entonces llevaba en el alma.Se paró silencioso. Sintió la dirección y midió ladistancia con sus sentidos alerta. Se acercósigiloso como un indio sabe andar en la selvasin que sus pies se enteren. Y allí lo vio. Nonecesitó preguntarle. Lo supo desde la primeranota, sació su mirada con la silueta del pájarocantor, y volvió feliz a su aldea. Ya sabía cuálera el pájaro de sus sueños.La voz del Espíritu es inconfundible en el alma.Nos quedó grabada desde que nuestro cuerpofue cuerpo y nuestra alma fue alma. Y vamospor el mundo preguntando ignorantes: “¿Erestú?”. Mientras preguntamos no sabemos. Cuan-do se oye, ya no se pregunta. Dios se revela porsí mismo, y sabemos que está ahí con fe incon-fundible. Que no se nos borre nunca el canto deljilguero.Carlos G. Vallés845. {TC “”} CANTO DEL PÁJAROLos discípulos tenían multitud de preguntas quehacer acerca de Dios. Les dijo el Maestro: “Dioses el Desconocido y el Incognoscible. Cualquierafirmación acerca de Él, cualquier respuesta avuestras preguntas, no será más que una dis-torsión de la verdad”.Los discípulos quedaron perplejos: “Entonces,¿por qué hablas sobre Él?“¿Y por qué canta el pájaro?”, respondió elMaestro.El pájaro no canta porque tenga una afirmaciónque hacer. Canta porque tiene un canto queexpresar.Anthony de Mello846. {TC “”} CARIDAD Y GRATI-TUDHace mucho tiempo ofreció Dios una fiesta atodas las virtudes, grandes y pequeñas, humil-des y heroicas. Todas ellas se reunieron en unasala del cielo espléndidamente decorada, y notardaron en disfrutar de la fiesta, porque todasse conocían entre sí, e incluso algunas de ellasmantenían estrechas relaciones.De pronto, Dios reparó en dos hermosas virtu-des que no parecían conocerse entre sí enabsoluto y daba la sensación de encontrarseincómodas la una junto a la otra. De modo quetomó a una de ellas y se la presentó formalmen-te a la otra: “Te presento a Gratitud”, dijo Dios.“Ésta es Caridad”.Pero, en cuanto Dios se dio la vuelta para aten-der a otros invitados, ellas se separaron. Así escomo ha circulado la historia de que ni siquieraDios puede hacer que haya Gratitud donde hayCaridad.Anthony de Mello. “La oración de la rana (2ºtomo)”, p. 180847. CARTA A LOS MISIONEROSHace unas semanas, el Ministerio de AsuntosExteriores pidió a los misioneros españoles queabandonaran Burundi ante el peligro que corrensus vidas. En estos momentos hay ocho sacer-dotes y seis religiosas compatriotas nuestros eneste país de los Grandes Lagos.“Queridos compañeros:Si podéis... quedaos allí. Lo entiendo desde supunto de vista. Creen que su deber es poner asalvo la vida los españoles. La vida de los afri-canos no es su problema. No cae en su jurisdic-ción. Lo suyo es “sacar a las monjitas de laselva” y a todos los españoles del polvorín deRuanda y Burundi.Pero vosotros estáis en la jurisdicción del amor.En otra onda. Lo vuestro es estar al lado de losque sufren, tratando de curarles con el bálsamode la ternura y con la sal de la comprensión y elperdón que cicatriza todas las heridas.Trato de comprender vuestros miedos, los odiosciegos que nada respetan, las sospechas injus-tas, los egoísmos sin límites y toda la mentira.Esa que tergiversa vuestras palabras y vuestrasmás puras intenciones. La verdad es que soisun estorbo para las desmesuradas ambicionespolíticas de algunos. Más aún, creo y sé quevuestra huida o muerte está calculada paraalgunos egoístas como un triunfo para “su cau-sa”... Tú lo sabes también.El miedo es humano. La prudencia también. Silas tensiones de una situación tan dura te hanperder tu paz interior y que tus nervios estén aflote... no lo dudes... vuelve a tu patria a des-cansar. Nada debe perturbar tu ilusión de amary de luchar.Pero si puedes, si la paz está contigo, con elcorazón en la mano, sigue sembrando estrellasde amor y de amistad. Seguro, la victoria estáde tu lado. Y si te derriban, sólo habrán alum-brado una luz más que seguirá irradiando amormisionero.Chicho Morales. Vida Nueva nº 2029, de febrerode 1996
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 259848. {TC “”} LA CASA EN LLAMASNo hace mucho tiempo vi una casa que ardía.Su techo era ya pasto de las llamas. Al acer-carme, advertí que aún había gente en su inter-ior. Fui a la puerta y les grité que el techo estabaardiendo, incitándoles a que salieran rápidamen-te. Pero aquella gente no parecía tener prisa.Uno preguntó, mientras el fuego chamuscabasus cejas, qué tiempo hacía fuera; si llovía, si nohacía viento y otras cosas parecidas. Sin res-ponder, volví a salir. Esta gente, pensé, tieneque arder antes que acabe con sus preguntas.Verdaderamente, amigos, a quien el suelo no lequeme en los pies hasta el punto de deseargustosamente cambiar de sitio, nada tengo quedecirle.Bertolt Brecht849. {TC “”} CASA ORIGINALNuestro Padre,no todos los hermanosle profesábamos el mismo cariño,nos dejó en herenciauna original casa redonda.No la rodeaban muros,ni rejas la aprisionaban.De color azul cambiantetenía pintados sus techosy en las habitacionesabundaba el color verde.Era grande.También los hermanos éramos muchos.La luz entraba a raudales durante el díay múltiples lamparitasdaban misterio a sus noches.Era una buena casa redonda para vivir.La calefacción funcionabapotentemente en veranoy el aire acondicionadonos hacía tiritar en invierno,pero era la mejor casa para vivirpues, en ella, podía aspirarseel perfume de las plantas,no era difícil adivinarla silenciosa huella de los animalesy convivían pacíficamenteel frescor de cumbres y marescon la sedosa tibiezade la vida palpitante.Era una casa amplia y redondacon capacidad de acogida para todosaunque, entre los hermanos,surgieron envidias, recelos y luchasque hicieron temblar sus paredes.Era la herencia de nuestro padre.Más que redonda era esféricay nunca acertamos a comprendercuáles eran sus cimientos.Marina Cuervo y Jesús Diéguez.“Al calor de las parábolas”, PPC, 1989, p. 34850. {TC “”} CASI NADAUn pájaro preguntó a una paloma: “¿Cuántopesa un copo de nieve?“Casi nada”, le contestó la paloma.Entonces el pájaro le contó esta historia: “Esta-ba en la rama de un pino cuando empezó anevar. No era una ventisca, sino una de esasnevadas suaves. Caían los copos lentos, balan-ceándose graciosamente. Como no tenía otracosa que hacer, me puse a contar los copos quecaían sobre la rama donde me encontraba.Cayeron 3.751.952 copos.Cuando muy lentamente cayó el copo3.751.953, casi nada como acabas de decir, larama se rompió...”. Y dicho esto, el pájaro semarchó volando.La paloma, toda una autoridad experta en mate-ria de la paz desde tiempos de Noé, se quedópensativa y luego dijo: “A lo mejor sólo falta unapersona para que la paz sobrevenga al mundo”.Quizá sólo faltas tú.Bruno Ferrero. “El canto del grillo”, p. 29851. {TC “”} CAZAR MONOSLos cazadores de monos han inventado unmétodo genial e infalible para capturarlos. Unavez descubierto el lugar donde suelen juntarse,entierran en el suelo unas vasijas de cuello largoy estrecho. Recubren las vasijas con tierra,dejando sólo la embocadura a ras de la hierba.Luego meten en las vasijas unos puñados dearroz y otras bayas que les gustan mucho a losmonos.Cuando se retiran los cazadores, los monosvuelven. Como son curiosos por naturaleza,examinan las vasijas y cuando se dan cuenta delas golosinas que encierran, introducen susmanos y agarran un buen puñado de arroz y debayas, cuanto más grande mejor. Pero el cuellode las vasijas es muy estrecho. La mano vacíapenetra fácilmente, pero cuando está llena nopuede salir.En ese momento salen los cazadores y los cap-turan fácilmente, porque, aunque se resistenmucho, no les viene la más mínima idea de abrirla mano y abandonar lo que aprietan en el puño.Bruno Ferrero. “El canto del grillo”, p. 57852. LA CEBOLLA“Había una vez una vieja muy mala y murió. Lamujer no había realizado en su vida ni una solaacción buena y la echaron en el lago de fuego.Pero el ángel de la guarda que estaba allí pen-só: “¿Qué buena acción podría recordar paradecírselo a Dios?” Entonces recordó algo y se lomanifestó:- Una vez arrancó de su huertecillo una cebollay se la dio a un pobre.Y Dios le respondió complacido: “Toma tú mis-mo esa cebolla y échasela al lago de forma quepueda agarrarse a ella. Si puedes lograr sacarladel fuego, irá al paraíso, pero si la cebolla serompe tendrá que quedarse donde está”.
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 260El ángel corrió hasta donde estaba la mujer y lealargó la cebolla: “Toma, mujer, agárrate fuerte,vamos a ver si te puedo sacar”.Y comenzó a tirar con cuidado. Cuando ya casila había sacado del todo, los demás pecadoresque estaban en el lago de fuego se dieron cuen-ta y empezaron todos a agarrarse a ella parapoder también salir de allí. Pero la mujer eramala, muy mala, y les daba patadas diciendo:“Me van a sacar sólo a mí, no a vosotros: es micebolla, no la vuestra”.Pero apenas había pronunciado estas palabras,cuando la cebolla se rompió en dos y la mujervolvió a caer en el lago de fuego. Allí arde hastael día de hoy.El ángel se echó a llorar y se fue”.F. Dostoievski853. {TC “”} CHINO LOCOÉrase que se era un chino, padre honrado defamilia y trabajador de un pequeño campo porlas regiones del norte del país.Su casita estaba situada en un paraje maravillo-so entre verdes praderas y arroyos de agualimpísima. Pero, ¡oh desgracia!, la enorme molede una montaña hacía sombra continuamente ala casa, de manera que, ni en verano ni en in-vierno, podía entrar por las ventanas ni un rayode sol...- ¡Qué casa más oscura! - decían las personasque venían a visitar al buen chino.- ¡Qué casa más triste! - repetía cada día elchino cuando, al levantarse y abrir la ventana,se encontraba ante las narices aquella monta-ñona inmensa que le ocultaba el sol...Pero, ¿qué hacer? Una de dos: o cambiar lacasa de sitio, o cambiar de sitio la montaña...El chino lo pensó bien y se decidió por estoúltimo. ¡Sí! trasladaría aquella gigantesca molede piedra a otro lugar...Pero... ¿cómo?Paletada a paletada. Espuerta a espuerta...Así se lo comunicó a sus hijos.- “Hijos míos - les dijo -, esta casa, que yo here-dé de mi padre y él de mi abuelo, es muy triste.Yo quiero dejaros a vosotros una casa másalegre. Por eso he decidido que, desde mañana,saldremos al campo con pico y pala e iremosdemoliendo lentamente la montaña y trasladan-do su tierra a otra parte...”Los hijos no se asustaron del trabajo que elpadre les presentaba y dijeron que sí. Y al díasiguiente, comenzaron su trabajo.Pero los habitantes de las fincas vecinas, alenterarse, se echaron a reír:- “¡Están locos! - decían - ¿Quién puede contrala montaña? ¡No conseguirán nada...!”Y todos los días venían a comprobar si la mon-taña desaparecía. Pero la montaña seguía im-pasible en el mismo sitio, pues solamente habí-an conseguido arrancarla unas pocas espuertasde tierra...Pero el chino tenaz se dirigió a sus vecinos:- “Ya sé que las montañas son muy grandes.Pero... ¡no crecerán más! Cada paletada que lesarranquemos, no la repondrán jamás. Yo memoriré, es cierto, sin ver desaparecer la monta-ña; pero mis hijos continuarán la tarea; y, cuan-do ellos mueran, la continuarán mis nietos... Yalgún día, no sé cuando, la montaña habrádesaparecido y el sol podrá entrar en nuestracasita. ¿No es mejor hacer algo, aunque seapoco cada día, que lamentarse todos los díassin hacer nada?”854. {TC “”} CIELO E INFIERNOCierto día, un sabio visitó el infierno. Allí, vio amucha gente sentada en torno a una mesaricamente servida. Estaba llena de alimentos, acuál más apetitoso y exquisito. Sin embargo,todos los comensales tenían cara de hambrien-tos y el gesto demacrado. Tenían que comercon palillos; pero no podían, porque eran tanlargos como un remo. Por eso, por más queestiraban su brazo, nada conseguían llevarse ala boca.Impresionado, el sabio salió del infierno y subióal cielo. Con gran asombro, vio que también allíhabía una mesa llena de comensales y coniguales manjares. En este caso, sin embargo,nadie tenía la cara desencajada; todos los pre-sentes lucían un semblante alegre; respirabansalud y bienestar por los cuatro costados. Y esque, allí, en el cielo, cada cual se preocupabade alimentar con los largos palillos al que teníaenfrente.Manuel Sánchez Monge. “Parábolas como dar-dos”, p. 79855. {TC “”} CINCO ALPINISTASUn grupo de cinco montañeros amigos estabanescalando un pico alto y remoto después de unalarga preparación. Para la ascensión se habíanatado los cinco en una cordada, como es derigor, ya que así, si uno de los cinco resbalaba,podrían izarlo y salvarlo, como tenían bien en-sayado. Todo hizo falta en la ardua ascensión,pues la cumbre era escarpada y cualquier caídasobre el valle, lejano desde tanta altura, habíade resultar necesariamente fatal. Paso a pasoavanzaban hacia el vértice blanco, con firmevoluntad de conquista segura.Todo fue bien hasta que uno de los cinco resba-ló y cayó con fuerza hacia el vacío. En su caídaarrastró al compañero más cercano, que nadapudo hacer por detenerlo, y éste a su vez arras-tra al siguiente, hasta que los cinco amigos,atados aún por la firme cuerda, comenzaron sudescenso vertiginoso hacia una muerte segura.La roca no tuvo piedad y, tras la larga y solidariacaída, los cinco amigos perecieron en su aven-tura.
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 261Allá en el cielo, san Pedro se aprestó a recibirlosy, como había presenciado con mucho interéssu arriesgado alpinismo, decidió hacerles unasola pregunta, la misma a todos, para decidir sipodía admitirlos en el cielo o no. Llegó el prime-ro de la cordada, y san Pedro le preguntó: “Hevisto que has caído desde una gran altura a unasoledad de piedra, y la caída ha sido larga, yaque estabais a punto de alcanzar la cumbrecuando caísteis. Dime, pues, y dime con since-ridad, pues de tu respuesta dependerá tu suerte,¿en qué pensabas mientras caías por el airedesde la cumbre hasta el valle en que encon-traste la muerte? ¿Qué pensamientos pasaronpor tu mente?El primer alpinista contestó: “En cuanto medesprendí de la roca, caí en la cuenta de queaquello era el fin, y todo lo que pensé fue lotonto que había sido al embarcarme en unalocura que bien sabía yo que habría de acabarmal. Pero me dejé convencer, y tenía que pagarlas consecuencias. Me dio mucha rabia, y conesa rabia me estrellé”. San Pedro le dijo: “Losiento, pero no puedes entrar”.El segundo contestó: “Yo me vi caer y, aunquecomprendí que la situación era desesperada, noperdí toda esperanza y traté, según caía, de versi había algún saliente que pudiera agarrar conlas manos o con la cuerda para quedar engan-chado allí y salvar mi vida y las de mis compa-ñeros. Pero ya ves que no lo conseguí, y aquíestoy”. San Pedro reflexionó un momento ysentenció: “Tampoco tú puedes entrar aquí”.El tercero contestó: “Yo no pensé en mí mismo,sino en mi mujer y mis hijos. Me dio gran penapensar que con mi muerte mi mujer quedaríaviuda, y mis niños huérfanos. Con esa pena enel alma morí”. San Pedro lo miró con cariño ycomprensión, pero luego le dijo suavemente:“Está bien, pero no puedes entrar”.El cuarto contestó: “Desde el primer momentode la caída, yo pensé en Dios. Le encomendémi alma, le pedí perdón por todos mis pecadoscon contrición sincera y, aunque no tenía muchosentido hacer propósitos de enmienda y prome-ter no pecar más cuando sabía que ya no habíade tener ocasión, sí expresé mi dolor por haberofendido a Dios y me entregué a su misericor-dia”. San Pedro se rascó la cabeza pensativo y,por fin, dijo: “En eso hiciste bien, pero fue unpoco tarde. Tampoco tú puedes entrar”.El quinto contestó: “Yo vi desde el primer mo-mento que me quedaban sólo unos instantes devida. Abrí los ojos y vi a mi alrededor la vidamás bella que el hombre puede imaginar. Mien-tras escalábamos la cumbre, estaba demasiadopreocupado con la ascensión y agotado por elesfuerzo para fijarme en la belleza del paisaje;pero, una vez libre de toda preocupación enaquella soberbia caída, pude dedicarme a dis-frutar con toda el alma del espectáculo único delas montañas, la nieve, el valle y las nubes, todovisto desde la perspectiva privilegiada del vuelodel pájaro que por unos instantes fue mío. Conesos felices sentimientos estaba cuando mellegó el fin”. San Pedro le puso la mano en elhombro y le dijo: “Adelante, hijo mío. Este reinoes para ti”. Entraron los dos juntos en el cielo yse cerró la puerta.Al cerrar la puerta del cielo, murmuró san Pedropara sus adentros: “Pero ¿cómo voy a dejarentrar en el cielo a quien no ha sabido disfrutaren la tierra? ¿Cuándo se enterarán lo de ahíabajo?”Carlos García Valles. “Salió el sembrador...”.856. {TC “”} CINCO MADEJASEl rey, en su avaricia, había apresado y encar-celado a Háyarat Isa, a quien todo pueblo vene-raba y reverenciaba como a hombre de Dios yprofeta de su pueblo, e hizo saber que no lopondría en libertad hasta que el pueblo pagaseuna muy elevada cantidad de dinero por surescate. Una manera un poco primitiva y salvajede cobrar impuestos. El rey sabía que el puebloveneraba al santo, y pagaría.Pagaron mucho, en efecto, pero la cantidadrecaudada no llegaba aún a lo estipulado. Unaviejecita de un pueblo muy lejano se enterótambién de lo que sucedía y quiso contribuir ensu pobreza. Era hilandera, y todo su capital enaquel momento eran cinco madejas recién hila-das. Las tomó y se encaminó a palacio a entre-garlas para el rescate.La gente, al verla pasar, se contaban unos aotros su caso, y no podían menos de sonreírseante la ingenuidad de su gesto y la inutilidad desu esfuerzo. ¿Qué valían cinco madejas de hiloen un rescate de millones? Algunos incluso se lodecían a la cara y la disuadían de su empeño.Pero ella seguía su camino y contestaba: “No sési pondrán en libertad a Háyarat Saheb o no. Loúnico que pretendo es que cuando Dios en sujuicio me pregunte qué hice yo cuando HáyaratSaheb estaba en la cárcel, no tenga yo quebajar los ojos avergonzada”. Y presentó suofrenda.El rey, a cuyos oídos había llegado ya su histo-ria, liberó al hombre de Dios.Sabemos que el alma de la humanidad está enla cárcel. ¿Cuándo nos pondremos en caminocon nuestras cinco madejas?Carlos G. Vallés857. {TC “”} LA CITA DE UNAESTRELLAJuntos vivían los dos monjes en lo alto de lamontaña: entrado en años uno, joven el otro. Lafigura del viejo ermitaño más parecía una gavillade sarmientos: alto, seco, comida parca, sueñocorto, duro consigo mismo. Antes de rayar elalba, ya estaba en oración. Cómo resplandecíasu rostro de gozo cuando cada mañana ilumina-ba el sol la cumbre del monte y él, desde su altocoro de piedra, cantaba sobre el valle, todavíadenso en brumas:
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 262- Montes y cumbres, manantiales y ríos, cuantogermina en la tierra, bendiga al Señor.El monje joven, en cambio, era todo ojos paraver, todo oídos para escuchar cuanto hacía ydecía el Maestro. Sentía verdadera veneraciónpor él, porque más que un hombre, evocabaotra Presencia: la de Dios.Aquella cumbre era el lugar adecuado para suempeño contemplativo: lejanía del barullo de laciudad, silencio creador, aire puro.Cierto, era el lugar más adecuado. Sólo tenía unpequeño inconveniente: periódicamente debíandescender al valle, avituallarse de provisiones yemprender de nuevo la marcha, pendiente arri-ba, cargados de alimentos.A mitad del repecho bullía una fuente. Eso sí,cada vez que el viejo monje asceta en su fatigo-sa ascensión se acercaba a la fuente, ofrecía sused a Dios... y pasaba de largo. Y Dios, que nose deja vencer en generosidad, se lo agradecíacada noche, haciendo aparecer una estrella. Eracomo la sonrisa de Dios, aceptando la renunciade su fiel servidor.Pero aquel día, el venerable anciano dudaba.No es que a él le importara mucho beber: todasu vida había sido una larga cadena de renun-cias; pero aquel novicio... Lo miraba y veía su-doroso, fatigado, los labios resecos, cargadocon el pesado saco de alimentos. Dudaba...- ¿Qué hago? ¿Bebo... o no bebo? Si bebo,Dios no me sonreirá esta noche tras la estrella;pero si no bebo, tampoco beberá él. ¿Y llegaráa la cumbre? ¿No desfallecerá por el camino?Era mediodía: quemaban las piedras del monte.- Pues beberé, se decidió al fin el viejo monjeasceta: antes es el amor. Dios mismo lo hadicho.Inmediatamente el joven novicio se deshizo desu fardo pesado de alimentos, se arrodilló ybebió largamente. Cuando hubo saciado su sed,refrescó rostro y muñecas con el agua fría, sevolvió sonriente al Maestro y le dijo:- Gracias... ya no podía más: me estaba mu-riendo de sed. De verdad, se lo agradezco.Reemprendieron la marcha. Pero ahora, la querepentinamente se nubló fue el alma del viejoasceta:- No debía haber bebido... Treinta años pasandojunto a la fuente, privándome de beber... Tantasy tantas sonrisas de Dios... Hice mal. ¡Estanoche no se me aparecerá Dios tras la estrellaamiga!Llegaron tarde a la cumbre. Anochecía. Turbadocomo estaba, el monje anciano apenas probóbocado. Se retiró pronto a orar. Sus ojos no seatrevían a mirar al horizonte. Seguro, aquellanoche no acudiría Dios a la cita de la estrellaamiga.Entrada ya la noche, a hurtadillas, como dereojo, miró. Sí, miró y gritó. No se pudo conte-ner. Sus ojos asombrados no veían una estrella:veían dos.Su viejo corazón de ermitaño se desbordaba:- Gracias por la lección.... ¡Gracias, Señor!LÓPEZ ARRÓNIZ, Prudencio. “Más allá...”858. {TC “”} CLUB DEL REFUGIOEra una costa peligrosa. Golpeada por el oleajey los grandes huracanes. La costa había sidotestigo d innumerables naufragios. La fama de lazona era reconocida por todo el mundo. Loscapitanes de los grandes barcos procuraban nopasar cerca de esa costa por el peligro de nau-fragio. Sin embargo, cada año, varios barcos sehundían en las rocas y arrecifes por esos luga-res.Los que vivían en esa parte, siendo misericor-diosos, decidieron establecer un pequeño ran-cho sencillo en la costa, con un equipo de sal-vavidas. Hicieron campañas, año tras año, pararecoger fondos y así poder sostener el humilderefugio. El equipo de salvavidas se volvió exper-to con mucha práctica y el número de personasperdidas iba disminuyendo.La fama del pequeño refugio creció y variosricos de buena voluntad dejaron en herenciadinero para mantenerlo. Al final, se notó que losfondos del refugio eran muchos. Fue necesarionombrar un tesorero y comité para controlarbien el dinero. Así lo hicieron...Un día, un barco de primera categoría - conpasajeros ricos - se hundió cerca del refugio.Los salvavidas salieron con sus lanchas parasalvar a los pasajeros. Cuando los llevaron alrefugio, tenían vergüenza de las condiciones tanpobres del lugar. En la próxima reunión delcomité pro mantenimiento, decidieron mejorarlas condiciones del refugio para poder servirmejor a los pobres náufragos. A la vez, tomaronla decisión de dar sueldos a los salvavidas (an-tes eran voluntarios) para poder servir mejor aesos mismos náufragos. Se creó un “comité promejoramiento del refugio”. Ellos resolvieronconseguir un decorado interior para hacer elrefugio más presentable y poder recibir mejor alos pobres náufragos. El decorador hizo bien sutrabajo y el edificio resultó muy bello.La fama del refugio iba creciendo. Mientrastanto, muchas personas pidieron ser miembrosdel equipo salvavidas aunque fuera comomiembros honorarios. Contribuyeron ellos confondos propios para mantener el lugar. Uno deellos hizo una bandera especial para el refugio yotro - con mucha iniciativa creadora - sugirió unlema y un cambio de nombre del refugio, asícomo un reglamento específico. Así, la institu-ción pasó a llamarse “El Club del Refugio”.El comité hizo un libro especial, reuniendo todoslos reglamentos y las tradiciones más importan-tes para los miembros. Fue igualmente organi-zado un rito de iniciación para admisión de losnuevos miembros del Club.
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 263La fama de “El Club del Refugio” creció aúnmás. En el sitio se ubicó un gran restaurantepara atender a los socios. Progresivamenteaparecieron canchas de tenis, salones de fies-tas, etc.Un día, durante la reunión almuerzo de losmiembros, ocurrió un naufragio. El equipo desalvavidas salió para salvar a las víctimas.Cuando llegaron, estaban mojados, sucios.Entre los náufragos había blancos, negros,amarillos - gente de toda clase - porque la naveque se había hundido era un barco que llevabatrabajadores pobres que buscaban trabajo enotra parte. Al ver a las víctimas, la dirección delClub del Refugio se reunió en asamblea deurgencia y proporcionó el garaje para alojamien-to de los náufragos, por un corto período, ya queel sitio sería pronto usado para recibir a losinvitados a las fiestas nocturnas del Club.Esa noche, en una sesión extraordinaria, sedecidió que si algunos miembros querían hacerentrar tales tipos en el refugio, sería mejor cons-truir un pequeño rancho sencillo más allá de lacosta, para salvar náufragos nocturnos.José DAVID. “Juegos y trabajo social”.859. {TC “”} EL COMERCIOUn joven soñó que entraba en un comercio. Eldependiente era un ángel.- ¿Qué es lo que se vende aquí? - preguntó eljoven.- Todo lo que desees - respondió el ángel.- Quiero el fin de todas las guerras del mundo,más justicia para los explotados, tolerancia ygenerosidad para los extranjeros, trabajo paralos parados y...- Lo siento - le interrumpió el ángel -. Usted nome ha entendido. Aquí no vendemos frutos, sinosólo semillas.Bruno Ferrero. “La silla vacía...”, p. 19860. {TC “”} COMPARTIR EL ME-JOR MAÍZUn agricultor, cuyo maíz siempre había obtenidoel primer premio en la Feria del estado, tenía lacostumbre de compartir sus mejores semillas demaíz con todos los demás agricultores de loscontornos.Cuando le preguntaron por qué lo hacía, dijo:“En realidad, es por puro interés. El viento tienela virtud de trasladar el polen de unos campos aotros. Por eso, si mis vecinos cultivaran un maízde clase inferior, la polinización rebajaría lacalidad de mi propio maíz. Ésta es la razón porla que me interesa enormemente que sólo plan-ten el mejor maíz”.Todo lo que das a otros te lo estás dando a timismo.Anthony de Mello. “La oración de la rana (2ºtomo)”, p. 167861. {TC “”} COMPETITIVIDADEl Maestro deploraba los males que acarreabala competitividad.“¿Acaso el competidor no hace aflorar lo mejorque hay en nosotros?”, le preguntaron.“Todo lo contrario: hace aflorar lo peor, porquete enseña a odiar”.“¿Odiar... qué?”“Odiarte a ti mismo, por permitir que tu actividadvenga determinada por tu competidor, no por tuspropias necesidades y limitaciones; y odiar a losdemás, porque lo que buscas es triunfar a sucosta”.“¡Pero eso suena a una especie de réquiem porel cambio y el progreso!”, protestó alguien.“El único progreso que hay - dijo el Maestro - esel progreso del amor y el único cambio digno deproducirse es el cambio del corazón”.Anthony de Mello. “Un minuto para el absurdo”.862. {TC “”} COMPRAR A UN HIJOUna joven pareja entró en el mejor comercio dejuguetes de la ciudad. Ambos se entretuvieronmirando los juguetes alineados en las estanterí-as. Había de todo tipo. No llegaban a decidirse.Se les acercó una dependienta muy simpática.- Mira, - le explicó la mujer - tenemos una niñamuy pequeña, pero estamos casi todo el díafuera de casa y, a veces, hasta de noche.- Es una cría que apenas sonríe - continuó elhombre -. Quisiéramos comprarle algo que lahiciera feliz, algo que le diera alegría aun cuan-do estuviera sola...- Lo siento - sonrió la dependienta con gentileza-. Pero aquí no vendemos padres.Bruno Ferrero. “La silla vacía...”, p. 42863. {TC “”} CON TODAS TUSFUERZASUn padre estaba observando a su hijo pequeñoque trataba de mover una maceta con floresmuy pesada. El pequeño se esforzaba, sudaba,pero no conseguía desplazar la maceta ni unmilímetro.“¿Has empleado todas tus fuerzas”, le preguntóel padre.“Sí”, respondió el niño.“No”, replicó el padre, “aún no me has pedidoque te ayude”.Bruno Ferrero. “Historias para acortar el cami-no”, p. 23864. CONOCERSE Y CONOCER LAREALIDADUn gallo estaba convencido de que era la po-tencia y belleza de su canto quien hacía desper-tar al sol cada mañana. Y que si, por desgracia,un día dejase de cantar, el sol y ano saldría.
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 264Pero la realidad era muy diferente de aquellaque el gallo suponía. Porque un día, agotado, sequedó dormido y descubrió que eran los rayosdel sol quienes hacían posible el amanecer y nosu canto.Raúl Berzosa, “Parábolas para una nueva evan-gelización”, p. 141865. {TC “”} LOS CONSTRUCTO-RESEn Antioquía, donde el río Assi corre a encon-trarse con el mar, se construyó un puente paraacercar una mitad de la ciudad a la otra mitad.Fue construido con enormes piedras cargadasdesde lo alto de las colinas sobre el lomo de lasmulas.Cuando el puente fue terminado se grabó sobreel pilar en griego y en arameo: “Este puente fueconstruido por el Rey Antíoco II”.Una tarde, un joven, tenido por algunos como unloco, descendió hasta el pilar donde se habíangrabado las palabras, y las cubrió con carbón yescribió por encima: “Las piedras del puentefueron traídas desde las montañas por las mu-las. Al pasar de ida o de vuelta sobre el puenteestán cabalgando sobre los lomos de las mulasde Antioquía, constructoras de este puente”.Y cuando la gente leyó lo que el joven habíaescrito, algunos se rieron y otros se maravilla-ron. Pero una mula dijo a otra: “¿No recuerdas,acaso, que verdaderamente nosotras acarrea-mos esas piedras? Y, sin embargo, hasta ahorase decía que el puente lo había construido elRey Antíoco.Kahlil Gibrán. “Obras completas (tomo 2)”866. {TC “”} CONSTRUYENDOUNA CATEDRALUn transeúnte se detuvo un día ante una cante-ra en la que trabajaban tres compañeros.Preguntó al primero: “¿Qué haces, amigo?”Y éste respondió sin alzar la cabeza: “Me ganoel pan”.Preguntó al segundo: “¿Qué haces, amigo?”Y el obrero, acariciando el objeto de su tarea,explicó: “Ya lo ves, estoy tallando una hermosapiedra”.Preguntó al tercero: “¿Qué haces, amigo?”Y el hombre, alzando hacia él unos ojos llenosde alegría, exclamó: “Estamos edificando unacatedral”.Y el caso es que los tres estaban realizando lamisma tarea.867. CONTAMOS CONTIGOCuando el sol se escondía detrás de las monta-ñas, preguntó:- ¿Hay alguien que quiera sustituirme?- Se hará lo que se pueda, respondió la lámparade aceiteR. Tagore868. {TC “”} CONTEMPLAR UNAGUJEROUn avaro enterró su oro al pie de un árbol quese alzaba en su jardín. Todas las semanas lodesenterraba y lo contemplaba durante horas.Pero, un buen día, llegó un ladrón, desenterró eloro y se lo llevó. Cuando el avaro fue a contem-plar su tesoro, todo lo que encontró fue un agu-jero vacío.El hombre comenzó a dar alaridos de dolor, alpunto que sus vecinos acudieron corriendo aaveriguar lo que ocurría. Y, cuando lo averigua-ron, uno de ellos preguntó: “¿Empleaba ustedsu oro en algo?”“No”, respondió el avaro. “Lo único que hacíaera contemplarlo todas las semanas”.“Bueno, entonces”, dijo el vecino, “por el mismoprecio puede usted seguir viniendo todas lassemanas y contemplar el agujero”.No es nuestro dinero, sino nuestra capacidad dedisfrutar, lo que nos hacen ricos o pobres.Antohny de Mello. “La oración de la rana. 2”869. {TC “”} CORAZÓN DE CEBO-LLAHabía una vez un huerto lleno de hortalizas,árboles frutales y toda clase de plantas.Como todos los huertos, tenía mucha frescura yagrado. Por eso daba gusto sentarse a la som-bra de cualquier árbol a contemplar todo aquelverdor y a escuchar el canto de los pájaros.Pero de pronto, un buen día, empezaron a nacerunas cebollas especiales. Cada una tenía uncolor diferente: rojo, amarillo, naranja, morado...El caso es que los colores eran irisados, des-lumbradores, centelleantes, como el color deuna mirada o el color de una sonrisa o el colorde un bonito recuerdo.Después de sesudas investigaciones sobre lacausa de aquel misterioso resplandor, resultóque cada cebolla tenía dentro, en el mismocorazón (porque también las cebollas tienen supropio corazón), una piedra preciosa. Ésta teníaun topacio, la otra un aguamarina, aquella unlapislázuli, la de más allá una esmeralda... ¡Unaverdadera maravilla!Pero por alguna incomprensible razón se empe-zó a decir que aquello era peligroso, intolerable,inadecuado y hasta vergonzoso.Total, que las bellísima cebollas tuvieron queempezar a esconder su piedra preciosa e íntimacon capas y más capas, cada vez más oscurasy feas, para disimular cómo eran por dentro.Hasta que empezaron a convertirse en unascebollas de lo más vulgar.
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 265Pasó entonces por allí un sabio, a quien gustabasentarse a la sombra del huerto y que sabíatanto que entendía el lenguaje de las cebollas, yempezó a preguntarles una por una:- ¿Por qué no eres como eres por dentro?Y ellas le iban respondiendo:- Me obligaron a ser así...- Me fueron poniendo capas... incluso yo mepuse alguna para que no dijeran...Algunas cebollas tenían hasta diez capas, y yani se acordaban de por qué se pusieron lasprimeras.Y al final el sabio se echó a llorar.Y cuando la gente lo vio llorando, pensó quellorar ante las cebollas era propio de personasmuy inteligentes. Por eso todo el mundo siguellorando cuando una cebolla nos abre su cora-zón. Y así será hasta el fin del mundo.Imágenes de la fe, 34870. {TC “”} CORAZÓN DE RATÓNHabía un ratón que estaba siempre angustiado,porque tenía miedo al gato. Un mago se com-padeció del él y lo convirtió... en un gato.Pero entonces empezó a sentir miedo del perro.De modo que el mago lo convirtió en perro.Luego empezó a sentir miedo de la pantera, y elmago lo convirtió en pantera. Con lo cual empe-zó a temer al cazador.Llegado a este punto, el mago se dio por venci-do y volvió a convertirlo en ratón, diciéndole:“Nada de lo que haga por ti va a servirte deayuda, porque siempre tendrás el corazón de unratón”.Antohny de Mello. “La oración de la rana. 2”871. {TC “”} CREENCIAS“Una creencia religiosa - dijo el Maestro - no esuna afirmación de la Realidad, sino un indicio,una pista de algo que es un Misterio y que que-da fuera del alcance del pensamiento humano.En suma, una creencia religiosa no es más queun dedo apuntando a la luna.Algunas personas religiosas nunca van más alládel estudio del dedo.Otras se dedican a chuparlo.Y otras usan el dedo para sacarse los ojos.Éstos son los fanáticos a quienes la religión hadejado ciegos.En realidad, son poquísimas las personas reli-giosas lo bastante objetivas como para ver loque el dedo está señalando. Y a estas perso-nas, que han superado la creencia, se las con-sidera blasfemas”.Anthony de Mello. “Un minuto para el absurdo”.872. {TC “”} EL CRISTO DE LOSFAVORESEl viejo Haakón cuidaba una cierta ermita. Enella conservaba un Cristo muy venerado querecibía el significativo nombre de “Cristo de losFavores”. Todos acudían a él para pedirle ayu-da. Un día también el ermitaño Haakón decidiósolicitar un favor y, arrodillado ante la imagen,dijo:- Señor, quiero padecer por ti. Déjame ocupar tupuesto. Quiero reemplazarte en la cruz.Y se quedó quieto, con los ojos puestos en laimagen, esperando una respuesta. De repentevio que el Crucificado empezaba a mover loslabios y le dijo:- Amigo mío, accedo a tu deseo, pero ha de sercon una condición: que, suceda lo que suceda yveas lo que veas, has de guardar silencio.- Te lo prometo, Señor.Y se efectuó el cambio. Nadie se dio cuenta deque era Haakón quien estaba en la cruz, soste-nido por los cuatro clavos, y que el Señor ocu-paba el puesto del ermitaño. Los devotos seguí-an desfilando pidiendo favores, y Haakón, fiel asu promesa, callaba. Hasta que un día...Llegó un ricachón y, después de haber orado,dejó allí olvidada su bolsa. Haakón lo vio, peroguardó silencio. Tampoco dijo nada cuando unpobre, que vinos dos horas más tarde, se apro-pió de la bolsa del rico. Y tampoco dijo nadacuando un muchacho se postró ante él, pocodespués, para pedir su protección antes deemprender un viaje. Pero no pudo contenersecuando vio regresar al hombre rico, quien, cre-yendo que era ese muchacho el que se habíaapoderado de la bolsa, insistía en denunciarlo.Se oyó entonces una voz fuerte:- ¡Detente!Ambos miraron hacia arriba y vieron que era laimagen la que había gritado. Haakón aclarócómo había ocurrido realmente las cosas. El ricoquedó anonadado y salió de la ermita. El jovensalió también porque tenía prisa para emprendersu viaje. Cuando por fin la ermita quedó sola,Cristo se dirigió a Haakón y le dijo:- Baja de la cruz. No vales para ocupar mi pues-to. No has sabido guardar silencio.- Señor - dijo Haakón confundido -, ¿cómo iba apermitir esa injusticia?Y Cristo le contestó:- Tú no sabías que al rico le convenía perder labolsa, pues llevaba en ella el precio de la virgi-nidad de una mujer. El pobre, en cambio, teníanecesidad de ese dinero e hizo bien en llevárse-lo. En cuanto al muchacho último, si hubieraquedado retenido en la ermita no habría llegadoa tiempo a embarcar y habría salvado la vida,porque has de saber que en estos momentos subarco está hundiéndose en alta mar.
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 266Manuel Sánchez Monge. “Parábolas como dar-dos”, p. 202873. {TC “”} CREENCIAS“Una creencia religiosa - dijo el Maestro - no esuna afirmación de la Realidad, sino un indicio,una pista de algo que es un Misterio y que que-da fuera del alcance del pensamiento humano.En suma, una creencia religiosa no es más queun dedo apuntando a la luna.Algunas personas religiosas nunca van más alládel estudio del dedo.Otras se dedican a chuparlo.Y otras usan el dedo para sacarse los ojos.Éstos son los fanáticos a quienes la religión hadejado ciegos.En realidad, son poquísimas las personas reli-giosas lo bastante objetivas como para ver loque el dedo está señalando. Y a estas perso-nas, que han superado la creencia, se las con-sidera blasfemas”.Anthony de Mello. “Un minuto para el absurdo”.874. DE OÍDODos amigos andan juntos por una calle de unagran ciudad. Los envuelve el ruido multiforme dela ciudad moderna.Los dos amigos son diferentes y se nota en suandar. Uno es alemán, hijo de la ciudad, criaturadel asfalto, ciudadano del marco. El otro es unyogui hindú. Está de visita. Lleva ropas anaran-jadas y mirada inocente. Anda con pies descal-zos que se apresuran para seguir a su amigo.De repente el yogui se para, toma del brazo a suamigo y le dice: “Escucha, está cantando unpájaro”. El amigo alemán le contesta: “No digastonterías. Aquí no hay pájaros. No te detengas”.Y sigue adelante.Al cabo de un rato el yogui disimuladamentedeja caer una moneda sobre el pavimento. Elamigo se detiene y le dice: “Espera. Se ha caídoalgo”. Sí, claro. Allí estaba la moneda sobre eladoquín.El yogui sonríe. Tus oídos están afinados aldinero, y eso es lo que oyen. Basta el sonidomínimo de una moneda sobre el asfalto paraque se llene tus oídos y se paren los pies. Estása tono con el dinero, y eso es lo que oyen tusoídos, lo que ven tus ojos y lo que desea tucorazón. Oímos lo que queremos. En cambioestás desafinando ante los sonidos de la natura-leza. Tienes muy buen oído, pero estás sordo. Yno sólo de oído, sino de todo. Estás cerrado a labelleza y a la alegría y a los colores del día y alos sonidos del aire. Andas desafinado.El pájaro sí había cantado.Carlos G. VallésVida Nueva nº 2081 de marzo del 97875. {TC “”} DEJAR PASAR LALUZTambién por allí, como fiera en celo, había pa-sado la guerra. Las casas color de tierra, elcementerio vecino, la iglesia parroquial, todomostraba el zarpazo salvaje de la furia fratricida.Una mañana, acompañando a su madre, tras-puso el niño el recinto sagrado. Aquello era unapura desolación: altares calcinados, imágenesmutiladas, sagrario desportillado, paredes rene-gridas, montones de escombros por doquier.Algo, sin embargo, se había salvado: una vidrie-ra. Una vidriera que, herida por el sol, abría elabanico mágico de sus mil colores. El niño pre-guntó:- Mamá, y aquel hombre que está arriba vestidode colores, ¿quién es?- Un santo.- Respondió la madre.Pasaron los años. En una tertulia de amigos, nosé dónde, no sé quién, lanzó esta pregunta:- ¿Qué es un santo?El niño de otros tiempos, hombre ya maduro,revolviendo en el arcón de sus recuerdos, defi-nió:- Un santo es el hombre que está muy alto y quedeja pasar la luz.Bellísima definición del cristiano. “Brille vuestraluz ante los hombres, de tal manera que veanvuestras buenas obras y glorifiquen a vuestroPadre del Cielo”.El hombre de hoy cree más a los testigos que alos maestros, a no ser que los testigos seanmaestros. Mejor, busca maestros que seantestigos... Y dejar pasar la luz.LÓPEZ ARRÓNIZ, Prudencio. “Más allá...”876. {TC “”} ¿DESEAS A DIOS DEVERDAD?Un día fue un discípulo en busca de su maestroy e dijo: “Maestro, yo quiero encontrar a Dios”.El maestro miró al muchacho, sonriéndole.El muchacho volvía cada día, repitiendo quequería dedicarse a la religión. Pero el maestrosabía muy bien a qué atenerse.Un día que hacía mucho calor, le dijo al mucha-cho que lo acompañara hasta el río para bañar-se. El muchacho se zambulló en el agua. Elmaestro lo siguió y, agarrándolo por la cabeza,se la metió en el agua un buen rato, hasta queel muchacho comenzó a forcejear para sacarla aflote. El maestro lo soltó y le preguntó qué era loque más deseaba cuando se encontraba sinrespiración dentro dl agua.- Aire - respondió el discípulo.- ¿Deseas a Dios de la misma manera? - lepreguntó el maestro -. Si lo deseas así, lo en-contrarás inmediatamente. Pero si no tienes esedeseo, esa sed, por más que luches con tuinteligencia, con tus labios y tu fuerza, no podrás
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 267encontrar esa religión que deseas. Mientras nose despierte esa sed en ti, no vales más que unateo. Incluso a veces el ateo es sincero, y tú nolo eres.877. DESEOS TORCIDOSUn santo asceta hindú llevaba años haciendopenitencia. Sabía que cuando alcanzase ciertacuota certificada de penitencias oficiales, tendríaderecho a pedirle a Dios una gracia concreta yÉste habría de concedérsela. Él le había dicho:“Deseo el don de la levitación, quedar suspendi-do del aire como hacían los santos. No lo pidopor mí, sino por Vos. Cuando la gente me veasuspendido en el aire, vendrán a mí, y yo apro-vecharé para enseñarles el camino del cielo y elculto a Vos. Por su bien y el Vuestro lo hago”.Dios no las tenía todas consigo, pues temía quelo que el asceta quería era presumir ante lagente de acrobacias místicas. Pero no tuvo másremedio. Cuando el asceta llenó la cuota, Diosaccedió a regañadientes y le dijo: “Pide lo quequieras, pero una sola gracia”.Hubo un silencio. Cuando abrió su boca, elasceta dijo: “Os pido que nunca más vuelva yo adesear la gracia de la levitación”.Dios sonrió. La penitencia había surtido su ver-dadero efecto. Había liberado al penitente detodo deseo aun aparentemente bueno. Le con-cedió la gracia de no tener ya el deseo. Y luegosí, le concedió la gracia de la levitación.Carlos G. Vallés. Vida Nueva nº 2.077878. {TC “”} EL DIAMANTEEl sannyasi había llegado a las afueras de laaldea y acampó bajo un árbol para pasar lanoche. De pronto llegó corriendo hasta él unhabitante de la aldea y le dijo: “¡La piedra! ¡Da-me la piedra preciosa!”“¿Qué piedra?”, preguntó el sannyasi.“La otra noche se me apreció en sueños el Se-ñor Shiva”, dijo el aldeano, “y me aseguró que sivenía al anochecer a las afueras de la aldea,encontraría a un sannyasi que me daría unapiedra preciosa que me haría rico para siempre”.El sannyasi rebuscó en su bolsa y extrajo unapiedra. “Probablemente se refería a ésta”, dijomientras entregaba la piedra al aldeano. “Laencontré en un sendero del bosque hace unosseis días. Por supuesto que puedes quedartecon ella.”El hombre se quedó mirando la piedra conasombro. ¡Era un diamante! Tal vez el mayordiamante del mundo, pues era tan grande comola mano de un hombre.Tomó el diamante y se marchó. Pasó la nochedando vueltas en la cama, totalmente incapazde dormir. Al día siguiente, al amanecer, fue adespertar al sannyasi y le dijo: “Dame la riquezaque te permite desprenderte con tanta facilidadde este diamante”.Anthony de Mello. “El canto del pájaro”, p. 182879. {TC “”} DIENTES DE LEÓNUn hombre que se sentía muy orgulloso delcésped de su jardín se encontró un buen díacon que en dicho césped crecía una gran canti-dad de “dientes de león”. Y aunque trató portodos los medios de librarse de ellos, no pudoimpedir que se convirtieran en una auténticaplaga.Al fin escribió al ministerio de Agricultura, refi-riendo todos los intentos que había hecho, yconcluía la carta preguntando: “¿Qué puedohacer?”Al poco tiempo llegó la respuesta: “Le sugerimosque aprenda a amarlos”.Anthony de Mello. “El canto del pájaro”, p. 90880. {TC “”} EL DINERO“Maestro, ¿qué piensa del dinero?”, preguntó eldiscípulo.“Mira a la ventana”, le dijo el maestro, ¿quéves?”“Veo una mujer con un niño, una carroza tiradapor dos caballos y una persona que va al mer-cado”.“Bien. Ahora mira al espejo. ¿Qué ves?”“¿Qué quiere que vea? Me veo a mí mismo,naturalmente.“Ahora piensa: la ventana está hecha de vidrio,lo mismo que el espejo. Basta una pequeñísimacapa de plata por detrás del vidrio para que elhombre sólo se vea a sí mismo”.Bruno Ferrero. “La silla vacía...”, p.57881. {TC “”} DIOS EN EL CORA-ZÓNEl maestro se hizo famoso mientras aún vivía.Contaban que Dios mismo había ido un día apedirle consejo: “Quiero jugar al escondite conlos hombres. He preguntado a mis ángeles cuálsería el mejor sitio para esconderse. Unos dicenque en lo profundo del océano. Otros, que en lacima de la montaña más alta. Otros que en lacara escondida de la luna o en una estrellalejana. Tú, ¿qué me aconsejas?Respondió el maestro: “Escóndete en el corazónhumano. Es el último sitio en que se les ocurriráir a buscarte”Bruno Ferrero. “El canto del grillo”, p. 49882. {TC “”} DIOS ES UN ZAPATE-ROEl viejo zapatero remendón, detrás de los crista-les de la tienda, estaba siempre trabajando,absorto, concentrado, encorvado sobre aquelloszapatos destrozados, gastados, sucios, anticua-dos, como si fuera un cirujano, que rebaja, cor-taba y recosía, curando las huellas del cansan-cio y las heridas de nuestro caminar a rastraspor la vida.
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 268Yo le llevaba alguna vez mis zapatos, mis botaspara arreglar. Le compraba plantillas. Y siempreme admiraba su labor de esperanza, de humil-dad, de realismo y paciencia. Hay quienes todolo arreglan comprando cosas nuevas y tirando loviejo, como si no tuviera ya arreglo. Tú, Padre,te arreglas con lo viejo. Solamente una vezempezaste de nuevo. Después, siempre hastomado a los hombres como son, con nuestrosrotos, miserias y pecados. En vez de tirarnos ala basura como algo inservible y estrenar otrosnuevos, prefieres arreglarnos.Desde el comienzo de la historia, trabajas sindescanso, remendando, cosiendo, abrillantandola vieja piel del hombre. Ante cada remesa quellega hasta tu tienda, recomienzas de nuevo,lleno de confianza, la paciente tarea de recons-trucción, hasta que, al fin, un día nos colocasflamantes en la vitrina de tu tienda, en el esca-parate brillante de tu Reino. Cada vez que pa-saba junto a la tienda de aquel humilde tauma-turgo, recordaba a tu Hijo, trabajando en laIglesia, recibiendo incansable toda clase deencargos, recogiendo amoroso imposibles tra-bajos, transformando lo viejo con sus divinasmanos.La Iglesia nunca dice: “Esto hay que tirarlo”.Acepta con amor cada par de zapatos que lle-van a la tienda, y recoge el encargo. Sabe queel Zapatero verá cómo arreglarlo.Revista Catequética de enero - marzo 1995883. {TC “”} DIOS PERSONALA algunos discípulos les inquietaba el hecho deque al Maestro no pareciera preocuparle dema-siado si la gente creía o no en un Dios personal.En cierta ocasión, el Maestro les citó un pensa-miento que le gustaba muchísimo y que lo habíatomado del Diario del antiguo Secretario Gene-ral de la ONU, Dag Hammarskjold:“Dios no muereel día en que dejamos de creeren una divinidad personal,sino que morimos nosotrosel día en que nuestras vidasdejan de estar iluminadaspor el continuo resplandor,renovado día a día,de un prodigio cuya fuenteexcede todo razonamiento”.Anthony de Mello. “Un minuto para el absurdo”.884. {TC “”} DISTINGUIR EL DÍADE LA NOCHEPreguntó un gurú a sus discípulos si sabríandecir cuándo acababa la noche y empezaba eldía.Uno de ellos dijo: “Cuando ves a un animal adistancia y puedes distinguir si es vaca o uncaballo”.“No”, dijo el gurú.“Cuando miras un árbol a distancia y puedesdistinguir si es un mango o un anacardo”.“Tampoco”, dijo el gurú.“Está bien”, dijeron los discípulos, “dinos cuándoes”.“Cuando miras a un hombre al rostro y recono-ces en él a tu hermano; cuando miras a la caraa una mujer y reconoces en ella a tu hermana.Si no eres capaz de esto, entonces, sea la horaque sea, aún es de noche”.Anthony de Mello. “La oración de la rana (1ºtomo)”, p. 227885. {TC “”} DOCTRINAHabía un hombre que tenía una doctrina.Una doctrina que llevaba en el pecho(junto al pecho, no dentro del pecho),una doctrina escrita que guardabaen el bolsillo interno del chaleco.La doctrina creció.Y tuvo que meterla en un arca,en un arca como la del Viejo Testamento.Y el arca creció.Y tuvo que llevarla a una casa muy grande.Entonces nació el templo.Y el templo creció.Y se comió al arca, al hombrey a la doctrina escrita que guardabaen el bolsillo interno del chaleco.Luego vino otro hombre que dijo:“El que tenga una doctrina que se la coma,antes de que se la coma el templo;que la vierta, que la disuelva en su sangre,que la haga carne de su cuerpo...y que su cuerpo seabolsillo, arca y templo.León Felipe. “Ganarás la luz”. Cátedra, p. 225886. {TC “”} DOS RANASDos ranas, jóvenes y amantes de la aventura,fueron una tarde a dar un paseo. En el caminohallaron una casa de campo. Como la ventanaestaba abierta, una de ellas dijo: “¿Qué te pare-ce? ¿Echamos un vistazo al interior?”. La otra,naturalmente, estaba de acuerdo. Dieron unsalto y se encontraron en un gran balde deleche en la habitación campestre.Aquello no era una tragedia para las ranas.Después de todo, saben nadar. Pero pronto sedieron cuenta de que la leche es más espesaque el agua y, sobre todo, que no podían salirdel balde, porque sus paredes estaban llenas degrasa. Resbalaban y se iban al fondo una y otravez.Una de las ranas era pesimista. Después deunos veinte intentos inútiles, se rindió, estiró laspatas, se fue al fondo y se ahogó.La otra, en cambio, era optimista. No se rindió.Braceó y braceó toda la noche y, cuando alamanecer entraron los primeros rayos del sol,estaba sobre algo sólido: la leche se había vuel-to mantequilla.
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 269Moraleja: no hay que desesperar ni siquiera enlas situaciones aparentemente sin vías de sali-da. De algún modo o en cualquier momento sepresenta siempre una solución que ayuda asuperar las dificultades en que nos movemos.887. {TC “”} DRAGÓN INVULNE-RABLELos dragones en China tienen el poder de trans-formarse en cualquier animal que deseen paraacercarse o alejarse de hombres y mujeres,según el caso. Sucedió una vez que un GranDragón, a quien le gustaba mucho la compañíade los seres humanos, se transformó en unapaloma blanca para estar cerca de ellos. Disfru-tó mucho en un principio revoloteando en susplazas, posándose en sus tejados, anidando enlas torres de sus pagodas y comiendo lo que lagente compasiva le echaba con cariño.Todo iba bien hasta que un día el Dragón hechopaloma se acercó inocentemente a una pandillade chiquillos traviesos y agresivos que empeza-ron a tirarle piedras a ver si le daban. La pobrepaloma no podía creerse aquello, le pareció quedebía ser una equivocación, y para cuando sedio cuenta de que los chiquillos iban de veras ytiraban a dar, y quiso elevar el vuelo y huir rápi-damente, una piedra la alcanzó en el ala y se larompió. Sobre sus blancas plumas se dibujó untrazo de sangre, y al verla supo el Dragón quetenía un serio problema. Sabía que, mientras nose restañara la sangre y curara la herida, nopodría volver a su forma original de Dragón, yaque para ello su cuerpo había de estar libre detodo defecto. Una herida en el ala de la palomase traduciría en un defecto en las patas delDragón, y eso no podía ser así, porque el Dra-gón había de ser perfecto. Él lo sabía muy bien,y tuvo miedo.Intentó volar, pero no podía remontar el vuelo.Con ayuda del ala sana corrió rauda para alejar-se de los muchachos, pero las piedras queéstos lanzaban eran más veloces que su carre-ra. Varias lo alcanzaron, y los gritos salvajes demuerte de los agresores le hicieron perder todaesperanza. En aquel momento, un hombre de lavecindad que había oído el griterío se acercó,comprendió al instante lo que pasaba, tuvocompasión de la paloma, la recogió cuidadosa-mente en sus manos y obligó a dispersarse alos muchachos. Una vez en su casa, cuidó a lapaloma, le limpió la herida, le dio de comer y lepreparó un rincón mullido para descansar. Lapaloma durmió agradecida.Día a día, siguió cuidando el buen hombre a lapaloma, acariciándola con cariño y asegurándo-se de que iba recobrando sus fuerzas y no lefaltaba nada. Pronto se le curaron las heridas,se le fortalecieron las alas y recobró el ánimo.Ya era otra vez el Gran Dragón y podía volver asu forma original cuando quisiera. Pero él tam-bién le había cogido cariño a aquella familia, alhombre que lo cuidaba, a su mujer y a sus hijose hijas, que rivalizaban en colmarle de atencio-nes. Muchas veces el Gran Dragón había senti-do su poder, y había visto a hombres y mujerestemerlo, admirarlo, venerarlo, suplicarle, peronunca se había sentido amado, cuidad, mimado.Aquello era una nueva experiencia para él. Noquería dejarla.También un Dragón tiene sus obligaciones queno debe descuidar, y el Gran Dragón, que hacíamucho faltaba de su despacho, lo sabía. Habíapeticiones que atender, necesitados a quienessocorrer, fiestas a que asistir, y ya no podíaretrasarse más. La familia que o había protegi-do, al asegurarse de que la paloma se habíarecuperado del todo, decidió devolverle la liber-tad, la llevaron al aire libre, lejos de muchachosagresivos, y la echaron a volar, La ploma volóen círculos cada vez más altos, mirando a susbienhechores con cariño hasta perderse de vistaen el cielo. Una vez allí, recobró su forma deDragón y volvió a sus actividades normales.Pero todos los años, en ese mismo tiempo, elDragón vuelve a convertirse en paloma pararecordar los días en que disfrutó del cariño deuna familia. Si aciertas a ver una paloma conuna pluma roja en el ala derecha, ése es el GranDragón que se acerca a nosotros. Si le saludas,te bendecirá.Carlos García Valles. “Salió el sembrador...”888. {TC “”} EL ELEFANTETodos los habitantes de aquella ciudad eranciegos. Un rey con su cortejo llegó cerca deaquel lugar, trajo su ejército y acampó en eldesierto. Tenía un poderoso elefante que usabapara atacar e incrementar el temor de la gente.La población estaba ansiosa por ver al elefante,y algunos ciegos de esa comunidad se precipita-ron como locos para encontrarlo.Como no conocían ni siquiera la forma y aspec-to del elefante tantearon ciegamente, para reunirinformación, palpando alguna parte de su cuer-po.Cada una pensó que sabía algo, porque pudotocar una parte de él.Cuando volvieron con sus conciudadanos, im-pacientes grupos se apiñaron a su alrededor.Todos estaban ansiosos, buscando equivoca-damente la verdad de boca de aquellos que sehallaban errados.Preguntaron por la forma y aspecto del elefante,y escucharon todo lo que aquellos dijeron.Al hombre que había tocado la oreja le pregun-taron acerca de la naturaleza del elefante. Éldijo: “Es una cosa grande, rugosa, ancha ygruesa como un felpudo”.Y el que había palpado la trompa dijo: “Yo co-nozco los hechos reales, es como un tubo rectoy hueco, horrible y destructivo”.El que había palpado sus patas dijo: “Es pode-roso y firme como un pilar”.Cada uno había palpado una sola parte de lasmuchas. Cada uno lo había percibido errónea-mente. Ninguno conocía la totalidad: el conoci-
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 270miento no es compañero de los ciegos. Todosimaginaron algo, algo equivocado.La criatura humana no está informada acerca dela divinidad. No existe camino en esta cienciapor medio del intelecto ordinario.Idries Shah. “Cuentos de los derviches”. Paidós,889. {TC “”} EN TODAS PARTESUn experto en arte pronunciaba una conferenciaen el monasterio.“El arte - decía - se encuentra en los museos,pero la belleza se halla por doquier: en el aire,en la tierra, en todas partes, a disposición detodos... y sin nombre de ninguna clase”.“Exactamente igual que la espiritualidad - dijo elMaestro al día siguiente, cuando estuvo a solascon sus discípulos -. Sus símbolos se encuen-tran en ese “museo” que llamamos templo, perosu substancia se halla en todas partes, a dispo-sición de todos, sin que nadie la reconozca y sinnombre de ninguna clase”.Anthony de Mello. “Un minuto para el absurdo”.890. ENCONTRARSE CON DIOSEl ermitaño en la oración oyó claramente la vozde Dios. Le invitaba a acudir a un encuentroespecial con Él. La cita era para el atardecer deldía siguiente, en la cima de una montaña lejana.Temprano se puso en camino, se encontró avarios campesinos ocupados en intentar contro-lar y apagar un incendio declarado en el bosquecercano, que amenazaba las cosechas y hastalas propias casas de los habitantes. Reclamaronsu ayuda porque todos los brazos eran pocos.Sintió la angustia de la situación y el no poderdetenerse a ayudarles. No debía llegar tarde ala cita y, menos aún, faltar a ella. Así que conuna oración que el Señor les socorriera, apresu-ró el paso ya que había que dar un rodeo acausa del fuego.Tras ardua ascensión, llegó a la cima de la mon-taña, jadeante por la fatiga y la emoción. El solcomenzaba su ocaso ; llegaba puntual por loque dio gracias al cielo en su corazón.Anhelante esperó, mirando en todas las direc-ciones. El Señor no aparecía por ninguna parte.Por fin descubrió, visible sobre una roca, algoescrito: “Dispénsame, estoy ocupado ayudandoa los que sofocan el incendio”.Entonces comprendió dónde debía encontrarsecon Dios.891. {TC “”} LA ENVIDIACuidaos de la envidia, porque ante el Cielo acada uno se os dio según vuestra necesidad.Y muchos diréis: “A mí no me dio el Cielo segúnmi necesidad porque paso hambre. Ni me diosegún mi necesidad porque paso falta de amor.Ni me dio según mi necesidad porque pareceque mi cuerpo atrajera todas las enfermedades”.Mas yo os diría:- Había una vez un hombre al que le fue dadoun huerto para alimentarse y pasaban los díassin que fuera a cultivarlo, y pasaban semanassin que se preocupase de labrarlo, ni abonarlo,no cortarle las malas hierbas. Llegó el tiempo dela cosecha y no recogió nada, entonces miró alCielo y enfrentándose con Él se violentó dicien-do: “¿Qué mal he hecho, ¡oh Dios!, para que metrates así? ¿Qué mal he hecho para me mandesesta desgracia? ¡Mira los campos de mi vecinoqué frondosos están y mira el mío mustio yseco!Mirad pues y meditad y no pidáis al Cielo lo queno os pedís a vosotros mismos.¿Y cuántas veces veis a un hermano y lo envi-diáis porque creéis que tiene lo que vosotrosdesearíais tener? Más yo os digo que si entra-rais en su vida, veríais que está vacío de otrascosas y sufre por no tenerlas tanto como voso-tros.No juzguéis por los ojos, ni deseéis por los ojos.Pensad que cada uno trae su carga. Y ayuda-dos unos a otros a llevarla.Cayetano Arroyo. “Diálogos con Abul-Beka”892. {TC “”} EL ESPANTAPÁJA-ROSEn un lejano pueblo vivía un labrador muy ava-ro. Era tanta su avaricia que cuando un pajaritocomía un grano de trigo encontrado en el suelo,se ponía furioso y pasaba los días vigilandopara que nadie tocara su huerto.Un día tuvo una idea: “Ya sé, construiré unespantapájaros. Así alejaré a los animales de mihuerto”.Cogió tres cañas y con ellas hizo los brazos ylas piernas, luego con paja dio forma al cuerpo.Una calabaza le sirvió de cabeza, dos granos demaíz de ojos, por nariz puso una zanahoria y laboca a una hilera de granos de trigo.Cuando terminó el espantapájaros le colocóunas ropas rotas y feas y de un golpe seco lohincó en tierra. Pero se percató de que le faltabaun corazón y cogió el mejor fruto del peral, lometió entre paja y se fue a casa.Allí quedó el espantapájaros moviéndose alritmo del viento. Más tarde un gorrión voló des-pacio sobre el huerto buscando dónde podíaencontrar trigo. El espantapájaros al verle quisoahuyentarle dando gritos, pero el pájaro se posóen un árbol y dijo:- Déjame coger trigo para mis hijitos.- No puedo. - contestó el espantapájaros. Perotanto le dolía ver el pobre gorrión pidiendo co-mida que le dijo - Puedes coger mis dientes queson granos de trigo.El gorrión los cogió y de alegría besó su frentede calabaza. El espantapájaros quedó sin boca,pero muy satisfecho de su acción.Una mañana un conejo entró en el huerto.Cuando se dirigía hacia las zanahorias, el mu-
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 271ñeco lo vio y quiso darle miedo, pero el conejo lemiró y le dijo:- Quiero una zanahoria, tengo hambre.Tanto le dolía al espantapájaros ver un conejitohambriento que le ofreció su nariz de zanahoria.Cuando el conejo se marchó, quiso cantar dealegría, pero no tenía boca, ni nariz para oler elperfume de las flores, pero estaba contento.Más tarde apareció el gallo cantando junto a él.- Voy a decirle a mi gallina que no le ponga máshuevos al dueño de esta huerta, pues nos matade hambre.- Eso no está bien, dijo el espantapájaros. Yo tedaré comida, pero tú no digas nada a tu mujer.¿De acuerdo? Coge mis ojos que son de maíz.- Bien, contestó el gallo, y se fue muy agradeci-do.Poco más tarde alguien se acercó a él y dijo:- Espantapájaros, ¿podrías darme una limosna,tú que eres tan bueno? El labrador me ha echa-do de su casa.- ¿Quién eres?, le preguntó el espantapájaros.Yo no puedo verte.- Soy un vagabundo que pido limosna.- Coge mi vestido, es lo único que puedo ofre-certe.El vagabundo, tomando las ropas viejas delespantapájaros, se marchó muy contento. Mástarde el espantapájaros notó que alguien llorabajunto a él. Era un niño que buscaba comida parasu madre. El dueño de la huerta no había queri-do ayudarle.- Toma, le dijo el espantapájaros, te doy micabeza que es una gran calabaza...Cuando el labrador fue al huerto y vio su espan-tapájaros en aquel estado, se enfadó muchísimoy le prendió fuego.Sus amigos, al ver cómo ardía, se acercaron yamenazaron al labrador, pero en aquel momen-to cayó al suelo algo que pertenecía a aquelmonigote: su corazón de pera. El labrador, rién-dose, se lo comió diciendo:- ¿Decís que todo os lo ha dado? Pues esto melo como yo.Pero sólo al morderla, notó un cambio en él. Elespantapájaros le había comunicado su bondad.Entonces el labrador dijo:- Perdonadme, desde ahora os acogeré siem-pre.Mientras tanto, el espantapájaros se había con-vertido en cenizas y el humo llegaba hasta el soltransformándose en el más brillante de susrayos.Manuel Sánchez Monge. “Parábolas como dar-dos”, p. 73893. {TC “”} LOS ESPEJOSUn día descubrió Satanás un modo de divertir-se. Inventó un espejo diabólico con una propie-dad mágica: en él se veía feo y mezquino todocuanto era bueno y hermoso y, en cambio, seveía grande y detallado todo lo que era feo ymalo.Satanás iba por todas partes con su terribleespejo. Y todos cuantos se miraban en él sehorrorizaban: todo aparecía deforme y mons-truoso.El Maligno se divertía de lo lindo con su espejo.Cuanto más repugnantes eran las cosas más legustaban. Un día le pareció tan delicioso elespectáculo que se desternilló de risa. Se riótanto que el espejo se le fue de las manos y sehizo trizas, partiéndose en millones de pedazos.Un huracán, potente y perverso, desperdigó portodo el mundo los trozos del espejo.Algunos trozos eran más pequeños que ungranito de arena y penetraron en los ojos demuchas personas. Estas personas comenzarona verlo todo al revés: sólo percibían lo que eramalo de manera que sólo veían la maldad portodas partes.¿No os habéis encontrado, acaso, con hombresde ese tipo?Cuando Dios se dio cuenta de lo que habíapasado se entristeció. Y decidió ayudar a loshombres. Se dijo: “Enviaré al mundo a mi Hijo.El es mi imagen, mi espejo. Es el reflejo de mibondad, de mi justicia y de mi amor. Refleja alhombre como Yo lo he pensado y querido”.Y Jesús vino como un espejo para los hombres.Quien se miraba en él descubría la bondad y lahermosura y aprendía a distinguirlas del egoís-mo y de la mentira, de la injusticia y del despre-cio.Muchos amaban el espejo de Dios y siguieron aJesús. Otros, en cambio, rechinaban de rabia ydecidieron romper este espejo de Dios. Y loasesinaron.Pero bien pronto se levantó un nuevo y potentehuracán: el Espíritu Santo. Arrastró los millonesde fragmentos por todo el mundo. El que recibeuna mínima centella de este espejo empezará aver al mundo y las personas como las veía Je-sús: lo primero que se refleja en ellas son lascosas buenas y hermosas, la justicia y la gene-rosidad, la alegría y la esperanza. En cambio, lamaldad y la injusticia aparecen como vencibles ycambiables.Bruno Ferrero. “La silla vacía...”, p. 17894. {TC “”} LA ESTATUACierta vez, entre las colinas, vivía un hombreposeedor de una estatua cincelada por un an-ciano maestro. Descansaba contra la puerta decara al suelo. Y él nunca le prestaba atención.
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 272Un día pasó frente a su casa un hombre de laciudad, un hombre de ciencia. Y advirtiendo laestatua preguntó al dueño si la vendería.Riéndose, el dueño respondió: “¿Y quién desea-ría comprar esa horrible y sucia estatua?El hombre de la ciudad dijo: “Te daré esta piezade plata por ella”.El otro quedó atónito, pero agradado.La estatua fue trasladada a la ciudad al lomo deun elefante. Y, luego de varias lunas el hombrede las colinas visitó la ciudad y, mientras cami-naba por las calles, vio una multitud ante unnegocio y a un hombre que a voz en cuellogritaba: “Acercaos y contemplad la más maravi-llosa estatua del mundo entero. Solamente dospiezas de plata para admirar la más extraordina-ria obra maestra”.Al instante, el hombre de las colinas pagó dospiezas de plata y entró en el negocio para ver laestatua que él mismo había vendido por unasola pieza de ese mismo metal.Kahlil Gibrán. “Obras completas (tomo 2)”895. {TC “”} ¿EXISTE DIOS?Alguien le preguntó si existía un Dios. Contestó:- Te aconsejo que medites si tu comportamientovariaría según la respuesta que se diese a esapregunta. Si permaneciese inalterable, la pre-gunta sería ociosa. Si, por el contrario, tu con-ducta variase, en tal caso puedo ayudarte di-ciendo que tú mismo habrías zanjado la cues-tión: efectivamente, necesitarías ese Dios.Bertolt Brecht. “Historias de almanaque”.896. {TC “”} EXPECTATIVASCuando el Maestro oía decir a alguien: “Megustaría mucho más mi mujer si fuese de otramanera”, solía contar lo que le ocurrió a él undía mientras contemplaba una puesta de sol enel mar.- “¿No es precioso?”, le dijo entusiasmado a unapasajera que se encontraba junto a él apoyadaen la barandilla.- “Sí - dijo de mala gana la mujer -. Pero ¿nocree usted que estaría mejor con un poco másde rosa a la izquierda?”- “Todo el mundo - dijo el Maestro - te resultaencantador cuando prescindes de las expectati-vas que te habías forjado sobre cómo deberíanser”.Anthony de Mello. “Un minuto para el absurdo”.897. {TC “”} EXPLORADOREl explorador había regresado junto a los suyos,que estaban ansiosos por saberlo todo acercadel Amazonas. Pero ¿cómo podía él expresarcon palabras la sensación que había inundadosu corazón cuando contempló aquellas flores desobrecogedora belleza y escuchó los sonidosnocturnos de la selva? ¿Cómo comunicar lo quesintió en su corazón cuando se dio cuenta delpeligro de las fieras o cuando conducía su ca-noa por las inciertas aguas del río?Y les dijo: “Id y descubridlo vosotros mismos.Nada puede sustituir al riesgo y a la experien-cias personales”. Pero, para orientarles, les hizoun mapa del Amazonas.Ellos tomaron el mapa y lo colocaron en elAyuntamiento. E hicieron copias de él para cadauno. Y todo el que tenía una copia se conside-raba experto en el Amazonas, pues ¿no conocíaacaso cada vuelta y cada recodo del río, y cuánancho y profundo era, y dónde había rápidos ydónde se hallaban las cascadas?El explorador se lamentó toda su vida de haberhecho aquel mapa. Habría sido preferible nohaberlo hecho.Anthony de Mello. “El canto del pájaro”, p. 47898. {TC “”} FLEXIBILIDADEl discípulo fue a visitar al maestro en el lechode muerte.- Déjame en herencia un poco de tu sabiduría -le pidió.El sabio abrió la boca y pidió al joven que se lamirara por dentro: “¿Tengo lengua?”- Seguro - respondió el discípulo.- ¿Y los dientes, tengo aún dientes?- No - replicó el discípulo -. No veo los dientes.- ¿Y sabes por qué la lengua dura más que losdientes? Porque es flexible. Los dientes, encambio, se caen antes porque son duros e in-flexibles. Así que acabas de aprender lo únicoque vale la pena aprender.Bruno Ferrero. “La silla vacía...”, p. 24899. {TC “”} LA FÓRMULAEl místico regresó del desierto. “Cuéntanos”, ledijeron con avidez, “¿cómo es Dios?”.Pero ¿cómo podría él expresar con palabras loque había experimentado en lo más profundo desu corazón? ¿Acaso se puede expresar la Ver-dad con palabras?Al fin les confió una fórmula (inexacta, eso sí, einsuficiente), en la esperanza de que alguno deellos pudiera, a través de ella, experimentar porsí mismo lo que él había experimentado.Ellos aprendieron la fórmula y la convirtieron enun texto sagrado. Y se la impusieron a todoscomo si se tratara de un dogma. Incluso setomaron el esfuerzo de difundirla en paísesextranjeros. Y algunos llegaron a dar su vida porella.Y el místico quedó triste. Tal vez habría sidomejor que no hubiera dicho nada.Anthony de Mello. “El canto del pájaro”, p. 46900. {TC “”} GRAN MIEDOCaía la noche. El sendero se internaba en elbosque más negro que la noche. Yo estaba
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 273sólo, desarmado. Tenía miedo de avanzar, mie-do de retroceder, miedo del ruido de mis pasos,miedo de dormirme en esa doble noche.Oí crujidos en el bosque y tuve miedo. Vi brillarentre los troncos, ojos de animales y tuve mie-do, más miedo que nunca. Por fin salió de lasombra una sombra que me cerró el paso.- “¡Vamos pronto! ¡La bolsa o la vida!”Y me sentí casi consolado por esa voz humana,porque al principio había creído encontrar a unfantasma o a un demonio.Me dijo: “Si te defiendes para salvar tu vida,primero te quitaré la vida y después la bolsa.Pero si me das la bolsa solamente para salvar lavida, primero te quitaré la bolsa y después lavida.”Mi corazón se enloqueció, mi corazón se rebeló.Perdido por perdido, mi corazón se dio la vuelta.Caí de rodillas y exclamé: “Señor, toma todo loque tengo y todo lo que soy”.De pronto me abandonó el miedo y levanté misojos.Ante mí todo era luz. En ella el bosque verdecía.901. {TC “”} GRANO DE OROIba yo pidiendo de puerta en puerta por el cami-no de la aldea, cuando tu carro de oro aparecióa lo lejos como un sueño magnífico. Y, yo mepreguntaba maravillado, quién sería aquel Reyde reyes.Mis esperanzas volaron hasta el cielo, y penséque mis días malos se habían acabado. Y mequedé aguardando limosnas espontáneas, teso-ros derramados por el polvo.La carroza se paró a mi lado. Me miraste y ba-jaste sonriendo. Sentí que la felicidad de la vidahabía llegado al fin. Y de pronto, tú me tendistetu diestra diciéndome: “¿puedes darme algunacosa?”.¡Qué ocurrencia de tu realeza! ¡Pedirle a unmendigo! Yo estaba confuso y no sabía quéhacer. Luego saqué despacio de mi saco ungranito de trigo y te lo di.Pero, qué sorpresa la mía, cuando al vaciar porla tarde mi saco en el suelo encontré un granitode oro en la miseria del montón. ¡Qué amarga-mente lloré por no haber tenido corazón paradártelo todo!R. Tagore902. {TC “”} GRITAR PARA QUE-DAR A SALVOUna vez llegó un profeta a una ciudad con el finde convertir a sus habitantes. Al principio lagente le escuchaba cuando hablaba, pero pocoa poco se fueron apartando, hasta que no hubonadie que escuchara las palabras del profeta.Cierto día, un viajante le dijo al profeta:- ¿Por qué sigues predicando? ¿No ves que tumisión es imposible?Y el profeta respondió:- Al principio tenía la esperanza de poder cam-biarlos. Pero si ahora sigo gritando es única-mente para que no me cambien ellos a mí.Anthony de Mello. “El canto del pájaro”, p. 82903. HACER SALIR AL SOL“Por mucho que te esfuerces no lograrás en-mendar tu vida ni alcanzar la iluminación másque podrías hacer salir al sol por tus propiasfuerzas”, decía el Maestro.“Entonces, ¿para qué me hacéis practicar tantosejercicios de penitencia y devoción y estudio ycontemplación?, contestaba el discípulo.“Para que estés despierto cuando salga el sol”.Paradoja eterna del esfuerzo y la gracia. Para-doja bella y cierta, atrayente y desesperante,ayuda permanente y prueba irritante. Hay quehacer todo sabiendo que no sirve para nada.Carlos G. Vallés. Vida Nueva nº 2039, mayo 96904. ¿HACIA DÓNDE REZAR- Rezo siempre mirando a la Meca, maestro,porque allí me han enseñado a dirigir mis plega-rias.- Haces bien, hijo mío. Pero no puedes estartodo el día mirando hacia la Meca, y Dios estáen todas partes. Acostúmbrate a rezar tambiéntodas las direcciones.- Rezo siempre a las horas determinadas cuan-do el muecín llama a la oración desde la mez-quita.- Haces bien, hijo mío ; pero acostúmbrate arezar también cuando no llama nadie, pues Diosestá dispuesto a escucharte en cualquier mo-mento.- Yo rezo con mis labios, maestro, cuando recitoversos sagrados, con mis dedos al pasar lascuentas benditas de oración, con mis rodillas alhincarlas en el suelo en adoración, con mis ojoscuando derraman lágrimas de emoción.- Haces bien, hijo mío; pero acostúmbrate arezar también cuando tus labios no se muevan otus rodillas no estén hincadas ; cuando tus ojosmiren otros objetos y tus dedos se empleen enotros menesteres. Dios están en todas las cir-cunstancias de la vida, en todo movimiento y entoda palabra, en todo gesto y en toda mirada, yallí hemos de hallarlo si queremos estar siempreen su presencia. Las posturas rituales son sólopara recordarnos que cualquier postura nos hade llevar a pensar en Dios; y las lecturas sagra-das son sólo para recordarnos que toda palabraha de servirnos para recordar su nombre. Lamezquita está en su sitio para consagrar todo elespacio. La Meca es una para bendecir a toda latierra.- Lo acepto, maestro, ya que veo a Dios en vos.
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 274- Como yo veo a Dios en ti, hijo mío.Carlos G. Vallés. Vida Nueva nº 2025905. {TC “”} HERMANOSDos hermanos, uno soltero y otro casado, po-seían una granja cuyo fértil suelo producíaabundante grano, que los dos hermanos serepartían a partes iguales.Al principio todo iba perfectamente. Pero llegóun momento en que el hermano casado empezóa despertarse sobresaltado todas las noches,pensando: “No es justo. Mi hermano no estácasado y se lleva la mitad de la cosecha; peroyo tengo mujer y cinco hijos, de modo que, enmi ancianidad, tendré todo cuanto necesite.¿Quién cuidará de mi pobre hermano cuandosea viejo? Necesita ahorrar para el futuro muchomás de lo que actualmente ahorra, porque sunecesidad es, evidentemente, mayor que lamía”.Entonces se levantaba de la cama, acudía sigi-losamente a donde residía su hermano y vertíaen el granero de éste un saco de grano.También el hermano soltero comenzó a desper-tarse por las noches y a decirse a sí mismo:“Esto es una injusticia. Mi hermano tiene mujer ycinco hijos y se lleva la mitad de la cosecha;pero yo no tengo que mantener a nadie más quea mí mismo. ¿Es justo que mi pobre hermano,cuya necesidad es mayor que la mía, reciba lomismo que yo?Entonces se levantaba de la cama y llevaba unsaco al granero de su hermano.Un día se levantaron de la cama al mismo tiem-po y tropezaron uno con otro, cada cual con unsaco de grano a la espalda.Muchos años más tarde, cuando ya había muer-to los dos, el hecho se divulgó. Y cuando losciudadanos decidieron erigir un templo, escogie-ron para ello el lugar en el que ambos hermanosse habían encontrado, porque no creían quehubiera en toda la ciudad un lugar más santoque aquél.Anthony de Mello. Alfonso Francia. “Educar conparábolas”, p. 52906. {TC “”} EL HIJO MAYOREstaba Dios paseando por el cielo cuando, parasu sorpresa, se encontró con que todo el mundose hallaba allí. Ni una sola alma había sidoenviada al infierno. Esto le inquietó, porque¿acaso no tenía obligación para consigo mismode ser justo? Además, ¿para qué había sidocreado el infierno, si no se iba a usar?De modo que dijo al ángel Gabriel: “Reúne atodo el mundo ante mi trono y léeles los DiezMandamientos”.Todo el mundo acudió y leyó Gabriel el primermandamiento. Entonces dijo Dios: “Todo el quehaya pecado contra este mandamiento deberátrasladarse al infierno inmediatamente”. Algunaspersonas se separaron de la multitud y se fue-ron llenas de tristeza al infierno.Lo mismo hizo con el segundo mandamiento,con el tercero, el cuarto, el quinto... Para enton-ces, la población del cielo había decrecido con-siderablemente. Tras ser leído el sexto manda-miento, todo el mundo se fue al infierno, a ex-cepción de un solo individuo gordo, viejo y cal-vo.Le miró Dios y dijo a Gabriel: “¿Es ésta la únicapersona que ha quedado en el cielo?“Sí”, respondió Gabriel.“¡Vaya!”, dijo Dios, “se ha quedado bastantesolo, ¿no es verdad? Anda y di a todos quevuelvan.Cuando el gordo, viejo y calvo individuo oyó quetodos iban a ser perdonados, se indignó y gritó aDios: “¡Eso es injusto! ¿Por qué no me lo dijisteantes?”¡Ajá! ¡Otro fariseo a la vista! ¡Otro hijo mayor! ¡Elhombre que cree en recompensas y castigos yque es un fanático de la más estricta justicia!Anthony de Mello. “El canto del pájaro”, p. 156907. {TC “”} LA HOJA BLANCADijo un día una hoja blanca de papel: “Me heformado blanca, nítida, inmaculada y pura, y asíseré hasta la eternidad. Prefiero quemarme yvolverme ceniza blanca antes de permitir queme mancille la negrura y me macule la sucie-dad”.Oyó un tintero aquellas razones y se rió en sunegro corazón, pero no se atrevió a tocar aque-lla hoja blanca de papel.La oyeron también las plumas y tampoco latocaron. Y así permaneció la hoja de papelblanca, nítida, cual la nieve... pero vacía.Kahlil Gibrán. “Obras completas (tomo 1)”908. {TC “”} LA HOJA QUE NOQUERÍA AGUAHabía una vez una planta muy joven en la quese ponían grandes esperanzas. Tenía exacta-mente cuatro hojas. Cuatro bonitas hojas, res-plandecientes al rocío y al sol.Un día las cuatro hojas tuvieron (es la moda)una reunión.Una dijo que su vocación clara consistía enpermanecer unida al naciente arbolito, pero queen lo sucesivo había decidido prescindir delagua. Cuestión de proyecto personal: “Que suscompañeras estudiasen el asunto y una vezentendido respetaran su libertad”.Las otras tres hojas estaban repletas de buenasdisposiciones y decidieron aceptar lo que sucompañera les pedía.Se instaló un ingenioso sistema de paraguas:con el buen tiempo el paraguas se cerraba y seabría en cuanto amenazaba lluvia.
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 275Y he aquí que el arbolito tan prometedor diosignos de languidez y murió.Cada hoja fue llevada por el viento a un sitiodistinto.¿Qué se podía haber hecho? ¿Pedir a la hojaque no quería agua que se marchara a otrositio? ¿Llegar a un compromiso?Hay grupos en que para respetar la libertad deuno, no se respeta a los otros. Y, finalmente,termina muerto todo el grupo.Jacques Loew909. HUELLAS DE DIOSEra africano. Y creía en Dios. Alguien se propu-so tomarle el pelo y reírse de él. Y le preguntó:- ¿Cómo sabes tú que existe Dios?- ¿Y cómo sabes tú que una persona o un perroo un burro ha estado alrededor de tu choza?- Lo descubro por las huellas que deja en laarena del suelo.- También yo descubro a Dios por las huellasque deja.910. {TC “”} HUELLAS EN LAARENAUna noche soñé que iba andando por la playacon Dios. Y que se proyectaban en el cielo mu-chas escenas de mi vida. En cada cuadro veíahuellas de pisadas en la arena. A veces las dedos personas y otras sólo las de una.Observé que durante los períodos más difícilesde mi existencia se veían huellas de una solapersona. Y dije:- Me prometiste, Señor, que siempre caminaríasa mi lado. ¿Por qué cuando más te necesité noestabas conmigo?Él respondió:- Cuando viste las huellas de una sola persona,hijo mío, fue cuando tuve que llevarte en brazos.Manuel Sánchez Monge. “Parábolas como dar-dos”911. INSTRUMENTOSEn el escritorio de un famoso poeta había untintero que, por la noche, cuando las cosascobraban vida, se daba mucha importancia.Decía: “Es increíble la de cosas hermosas quesalen de mí. Con una sola gota de mi tinta sellena toda una página. ¡Y cuántas cosas magní-ficas y conmovedoras se pueden leer en ellas!”Pero sus jactancias provocaron el resentimientode la pluma: “¿No comprendes, tonto barrigudo,que tú sólo eres el que pone la materia prima?Soy yo la que con tu tinta escribo lo que hay enmí. ¡La que realmente escribe es la pluma!”Volvió el poeta que fue a un concierto y que conla música se había inspirado. Y escribió en lahoja: “¡Qué necios serían el arco y el violín sipensaran que son ellos los que tocan! Igual denecios somos los hombres cuando presumimosde lo que hacemos, olvidando que todos somossimples instrumentos de Dios”.Raúl Berzosa, “Parábolas para una nueva evan-gelización”, p. 168912. JESÚS, ADOPTADO- Anoche tuve un sueño realmente precioso.- ¿Ah, sí? ¿Qué fue?- Soñé que teníamos un hijo.- ¿Otro más? ¡Si van tres...!- Era un hijo especial. Era... ¡Jesús de Nazaret!- ¡Por Dios santo! Tú estás loca. Déjate de sue-ños y vamos a comer.Los cinco se pusieron a la mesa como siempre.Pero aquel día, ella había puesto una silla demás, como si fueran seis. Esa noche, en lacama, junto a su esposo, soñaba aún despierta.La mañana siguiente era día de fiesta. Ella es-taba radiante, como el que lleva dentro el sol deuna alegre noticia saliendo por los ojos.- ¡El sueño era verdad! Esta noche lo he vistoaún más claro. Tendremos otro niño. Será Jesúsde Nazaret.- Pero mujer, ¿ya estamos otra vez?- No es ninguna locura. Es la pura verdad. Nosharemos la cuenta de que él es otro hijo. Cuan-do les regalemos juguetes o les demos propi-nas, al comprarles los libros, la ropa, comida omedicinas, contaremos con cuatro, y una parteserá para los niños pobres. ¿No nos dio supalabra, palabra de hombre y Palabra de Dios?“Conmigo lo hicisteis”. Es como si adoptáramosal Hijo del Dios y al hijo de María. ¿No es unagran verdad?Alberto Iniesta913. {TC “”} EL JUICIO DE LACOLMENA“¡Oh, hermanas mías!”, dijo la abeja, “somoschispas del sol; nuestro cuerpo es del mismometal. Somos hijas del gran cielo; nuestras alasson del mismo cristal. La justicia reina en nues-tras ciudades: la razón nos dirige a la dicha; lamúsica acompaña nuestros actos.Nos alimentamos con luz líquida; con un azúcarincorruptible y diáfano. Somos las únicas criatu-ras que saben comer sin matar. Para nosotras,comer es unirnos a la más fina esencia de lascosas. Para nosotras, comer no es perseguiruna presa, abatir a un ser viviente, desgarrar elcadáver, arrancar y dañar el fruto; para nosotrases fecundar la flor, es hacer resurgir la vida.Mas, ¡oh hermosísimas mías! ¿Por qué no so-mos del todo perfectas como los astros sonperfectos? Sólo una cosa nos aparta de la dig-nidad de los dioses: el aguijón y el veneno quellevamos en el vientre. Y el que emplea el agui-jón muere, pero quita la vida del que mata. Si,
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 276pues el amor no os contiene, que por lo menosel temor os cohiba.En cuanto a mí, prefiero morir a manos de misenemigos que por efecto de mi propia malicia.¡Oh, reina!, te devuelvo mi aguijón y de mi pro-pio veneno haré miel”.Las obreras juzgaron y dijeron: “¿Para qué sirvela miel sin el aguijón y el veneno? Cuanta másmiel tengamos, más expuesta al robo quedaránuestra colmena. Devolver el aguijón es hacersecómplice del enemigo. ¿Quién no descubre elaguijón y el veneno de la traición en las melosaspalabras de ésta? La acusada merece la muer-te”.Los zánganos juzgaron y dijeron: “Conocemosnuestro destino, que es perecer por el aguijón.¿Pero quién sospecha que somos cobardes? Elamor y la muerte están ligados. Querer el unosin la otra es contrario a la lógica, a la costum-bre y al honor. La proposición ofende. La acu-sada merece la muerte”.La reina juzgó y dijo: “Si el razonamiento de laacusada fuese justo, señalaría el fin de la col-mena; por ende, es falso. Ella merece la muer-te”.Todos los aguijones se volvieron, pues, contra laabeja que había renunciado al suyo.Todas las que picaron murieron con valentía.Toda a colmena murió por miedo a quedarseindefensa.Lanza del Vasto. “Umbral de la vida interior”914. {TC “”} LA LECCIÓN DE UD-DALAKAEl sabio Uddalaka enseñó a su hijo a descubriral Uno tras la apariencia de lo múltiple. Y lo hizovaliéndose de “parábolas” como la siguiente:Un día le ordenó a su hijo: “Pon toda esta sal enagua y vuelve a verme por la mañana”.El muchacho hizo lo que se le había ordenado, yal día siguiente le dijo su padre: “Por favor,tráeme la sal que ayer pusiste en el agua”.“No la encuentro”, dijo el muchacho. “Se hadisuelto”.“Prueba el agua de esta parte del plato”, le dijoel padre. “¿A qué sabe?”“A sal”.“Sorbe ahora de la parte del centro. ¿A quésabe?“A sal”.“Arroja al suelo el contenido del plato”, dijo elpadre.Así lo hizo el muchacho y observó que, una vezevaporada el agua, reaparecía la sal. Entoncesle dijo Uddalaka: “Tú no puedes ver a Dios aquí,hijo mío, pero de hecho está aquí”.Los que buscan la iluminación no logran encon-trarla, porque no comprenden que el objeto desu búsqueda es el propio buscador. Al igual quela belleza, también Dios está en el yo del obser-vador.Anthony de Mello. “La oración de la rana (1ºtomo)”, p. 197915. LECHE DE LEONAEl rey enfermó, y el médico real emitió el dia-gnóstico que el rey no curaría a no ser quetomase la leche de una leona. El rey estabadispuesto a tomar la leche. ¿Pero quién traeríala leona? Se ofreció la real recompensa. ¿Seatrevería alguien?Un campesino que habitaba en la selva se ofre-ció y pidió un tiempo. Él conocía la guarida delos leones, se ganó su confianza con graduadocontacto, ofreció tierna caza a la leona y ordeñósu leche. La llevó derecho al rey y le invitó abeberla.En la corte sobran los envidiosos. Alguien gritó:¡No es leche de leona! Otro: ¡Es leche de cabra!Otro: ¡Es leche de camella! La sospecha seadueñó de todas las mentes, y el rey se dispusoa castigar al imprudente que por ganar unarecompensa real traía leche falsa. Pero el cam-pesino supo defenderse. Dijo al rey: “¿Queréissaber si es de verdad leche de leona la quetraigo? Bebedla. Si es de leona os curaréis, y sino, os quedaréis como estáis. ¿No digo ver-dad?” Calló la corte. Bebió el rey la leche y securó inmediatamente. El campesino recibió larecompensa.Mil dudas en la mente. ¿Será, no será? ¿Resul-tará, no resultará? Oración, petición, prácticaespiritual, ejercicios del alma, fe en el obrar,esperanza en el preservar. ¿Merece la pena?¿Dará fruto? ¿Será verdad? Mil dudas nos asal-tan ante las verdades y las prácticas del espíritu.Y las mil dudas tienen una solución: bebe laleche. Ora, reza, lee, medita. Daño no te hará. Ysi te cura, era leche de leona. En vez de llenar lavida de vacilaciones, tengamos sencillamente ladecisión de hacer lo que sabemos hacer. Beberde un trago. Y llega la salud.Carlos G. VallésVida Nueva nº 2004, de 5 agosto del 95916. {TC “”} EL LEÓN Y LAS HOR-MIGASUn día el león hizo que se reunieran todos losanimales de la sabana, del bosque y de la mon-taña. Cuando todos llegaron ante él, el pregone-ro se subió a un árbol y gritó la proclama: “Or-den del rey león. Todos los animales, de todogénero, especie y tamaño, deben reconocer alleón como rey, rindiéndole obediencia. Quien seniegue será castigado”.Se escuchó un gran murmullo en la asambleade los animales; después una vocecita se alzóprotestando. Era el portavoz de las hormigasguerreras: “Nosotras no aceptamos. En nuestratribu, nuestros antepasados nos dieron unareina y nosotros sólo obedecemos sus órdenes”.
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 277El león, con un rugido desafiante, respondió:“Tendréis vuestro castigo”.Todos se dispersaron, los hijos del león salieronde caza, cogieron un jabalí, lo escondieron trasunas ramas y fueron a llamar al rey. Las hormi-gas se reunieron desde los cuatro puntos cardi-nales y en un momento cubrieron la sabana. Sepreparaban para la gran batalla.En un momento se comieron el jabalí, dejándolesólo los huesos. Mientras tanto el sol habíadesaparecido tras el horizonte. Llegó el león,majestuoso, con su familia. Entonces en ejércitode hormigas entró en acción.De la hierba y de las hojas llovieron sobre losleones, treparon por sus patas mordiendo confuerza. Los leones rugían de dolor, se tirabansobre la hierba para frotarse, intentaron esca-par, pero no podían luchar en la oscuridad co-ntra el enemigo omnipresente.A la mañana siguiente un buitre, pasando envuelo rasante, vio esparcidos los esqueletosdesnudos de la familia de aquel que había que-rido imponerse como rey absoluto de los anima-les. Y continuando su camino solitario pensóque los poderosos no deberían nunca despre-ciar la fuerza de los pequeños cuando se unen.Fábula del pueblo bantú. Antena Misionera,marzo 1993917. {TC “”} LEYENDAAbel y Caín se encontraron después de la muer-te de Abel. Caminaban por el desierto y se re-conocieron desde lejos, porque los dos eranmuy altos. Los hermanos se sentaron en latierra, hicieron un fuego y comieron. Guardabansilencio, a la manera de la gente cansada cuan-do declina el día. En el cielo asomaba algunaestrella, que aún no había recibido su nombre. Ala luz de las llamas, Caín advirtió en la frente deAbel la marca de la piedra y dejó caer el panque estaba por llevarse a la boca y pidió que lefuera perdonado su crimen.Abel contestó:- ¿Tú me has matado o yo te he matado? Ya norecuerdo; aquí estamos juntos como antes.- Ahora sé que de verdad me has perdonado -dijo Caín -, porque olvidar es perdonar. Yo trata-ré también de perdonar.Abel dijo despacio:- Así es. Mientras dura el remordimiento dura laculpa.918. {TC “”} LA LLAVEUna tarde, el padre se encuentra a su mujerllorando ante al hijo que acaba de preparar sumaleta y se dispone a abandonar la casa.Quiere preguntarle, dialogar con él, intentarcomprenderle. Pero le paralizan las respuestasglaciales. Se queda allí, destrozado sin poderreaccionar. Segundos más tarde el hijo desapa-rece dando un portazo... Entonces, el padre daun salto en el rellano de la escalera, corre yalcanza a su hijo. Le entrega su propia llave dela casa y le dice: “Toma, cógela. Así, cuandovuelvas, no hará falta que llames”.919. {TC “”} EL LOCOFue en un jardín de un manicomio donde conocía un joven de rostro pálido y hermoso y lleno deencanto.Y sentándome a su lado sobre el banco le pre-gunté: “¿Por qué estás aquí?”Me miró asombrado y respondió: “Es una pre-gunta inadecuada, pero te contestaré. Mi padrequiso hacer de mí una reproducción de sí mis-mo; también mi tío. Mi madre deseaba quefuera la imagen de su ilustre padre. Mi herma-na mostraba a su esposo navegante como elejemplo perfecto a seguir. Mi hermano pensabaque debía ser como él un excelente atleta. Y misprofesores, como el doctor de filosofía, el demúsica y el de lógica, ellos también fueron ter-minantes y cada uno quiso que fuera el reflejode sus propios rostros en un espejo. Por esovine a este lugar. Lo encontré más sano. Almenos, puedo ser yo mismo”.En seguida se volvió hacia mí y dijo: “Pero dime,¿te trajeron a este lugar la educación y el buenconsejo?”Yo respondí: “No, soy un visitante”.Y él añadió: “Oh, tú eres uno de los queviven en el manicomio del otro lado de la pa-red”.Kahlil Gibrán. El vagabundo, p. 49-50920. {TC “”} LA LUZ EN EL PAÍSDE LA NOCHESucedía en el país de la noche. Una noche quenunca se acababa: jamás había salido el sol. Legente en este país era apocada y triste, portanta oscuridad. Ni se daban cuenta de queestaban tristes: lo veían tan normal. Para ellos,la vida era triste, oscura. Las calles y las casaseran tan oscuras como la misma boca del lobo.No existían las estrellas.Un día en aquel pueblo se presentó un niño quetenía una pequeña llama en la palma de la ma-no y se paseaba por las calles. Algunos niñosdel país de la noche salieron a los balcones ydecían a los mayores: “Aquel niño que pasa porla calle lleva una lucecita en la mano. ¿Quées?”. Y la gente mayor les respondía: “Anda,niño, métete en casa y cierra el balcón. Ha veni-do del país de la luz. Quiere hacernos daño enlos ojos”. Y cogían a los niños y los encerrabanen casa. Pero ellos, aun estando cerrados,decían: “Quiero irme al país de la luz, quieroirme con aquel niño al país de la luz”.La gente se dio las buenas noches, se acostó, ydespués se levantó para ir al trabajo. Y mira pordónde, ya de mañana, había niños que pasea-ban por el país de la noche con una lucecita enla mano. Y daban saltos cantando: “Nosotros
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 278nos hemos pasado al país de la luz”. Y estabanlocos porque el pequeño de la lucecita en lamano les había dado la llama. Y de esta manerase paseaban por los callejones del país de lanoche.Los hombres del país de la noche no querían laluz. Decían: “Eso hace daño en los ojos”. Ymurmuraban entre ellos y se enfurecían contralos niños del país de la luz porque llevaban lapequeña lucecita en la mano. Y ahora ya noeran cinco o diez; eran cientos y cientos, y entretodos llenaban de alegría y luz el país de lanoche.En la casa grande del país de la noche se re-unieron los hombres para discutir lo que haríana los niños del país de la luz. Y decidieron lla-marles, no a todos, pero sí a los cabecillas. Yles dijeron: “Ahora mismo, ante nosotros, apaga-réis vuestra luz; tener esa luz encendida vacontra nuestras costumbres sagradas de nues-tro país”. Y mandaron a los guardianes apagartodas las luces de todos los niños y a los prime-ros les mandaron al calabozo más oscuro delpaís de la noche. Muchos de los niños quehabían paseado su pequeña lucecita se pusie-ron a llorar. Y unos hombres del país de la no-che entraron en el calabozo para apagarles elresplandor, pero no podían de ninguna manera;soplaban con toda su rabia, pero la luz no seapagaba nunca; les metían las manos en loscubos de agua, pero era imposible: la pequeñalucecita no se rendía nunca. Al final, los dejaronestar... Hicieron poner en los periódicos quetodo había concluido, cerraron la puerta consiete candados, pusieron vigilantes en la entra-da y se fueron.Dentro quedaron solos los niños del país de laluz. Pero todo el país de la noche, desde elcalabozo hasta la casa del zapatero, todos vie-ron cómo en el país de la noche empezaba aclarear. ¡Quién sabe si habían descubierto quela pequeña llama había dejado en todos loscorazones un poco de resplandor!921. MAESTRO DEL MAESTROAl maestro le preguntaron: “¿Y quién fu vuestromaestro?” Él respondió: “Un perro. Lo vi al bor-de de un estanque que agua clara; jadeaba desed y no se atrevía a beber. Al acercarse a lasuperficie del agua veía su imagen reflejada,creía que era otro perro que le amenazaba yhuía sin beber. Al final, la sed pudo más que elmiedo, se arrojó al agua, con lo que desaparecióel otro perro y bebió a gusto”.“¿Y de qué le sirvió a usted ese incidente?”,insistieron los discípulos. El maestro explicó:“Entendía en aquel momento que el obstáculoque impedía al perro saciar su sed era su propioyo, es decir, la falsa imagen de la ilusión del yo.Una vez que ésta desapareció, el perro alcanzósu objetivo. Ésa es la suprema lección. El obs-táculo que te impide avanzar es tu yo. Hazlodesaparecer. Bórrate tú delante de tus ojos. Elmás mínimo apego a tu yo es una pesada cade-na que traba tus pies. Si sientes la sed de lapresencia de Dios, no vuelvas nunca a ti. El querenuncia a su yo, encuentra a Dios”.Carlos G. VallésVida Nueva nº 2055 de 7/9/96922. {TC “”} MAL QUE PRODUCEBIENDijo un día el Maestro: “No estaréis preparadospara combatir el mal mientras no seáis capacesde ver el bien que produce”.Aquello supuso para los discípulos una enormeconfusión que el Maestro no intentó siquieradisipar.Al día siguiente les enseñó una oración quehabía aparecido garabateada en un trozo depapel de estraza hallado en el campo de con-centración de Ravensburg:“Acuérdate, Señor, no sólode los hombres y mujeres de buena voluntad,sino también de los de mala voluntad.No recuerdes tan sólo el sufrimientoque nos han causado;recuerda también los frutosque hemos dado gracias a ese sufrimiento:la camaradería, la lealtad,la humildad, el valor,la generosidad y la grandeza de ánimoque todo ello ha conseguido inspirar.Y cuando los llames a juicio,haz que todos esos frutos que hemos dadosirvan para su recompensa y su perdón”.Anthony de Mello. “Un minuto para el absurdo”.Sal Terrae.923. MANIFIESTO DE LAS INDIASE INDIOS JÓVENESNosotros, la gran mayoría de las indias y de losindios jóvenes de la tribu de aquí, no tener tra-bajo y por eso no tener mondas para comprarchoza, ni para comida, ni para taparrabos, nipara plumas de colores que alegrar vida y fies-tas de vez en cuando.Así que tener que aguantar en choza de padre ymadre mientras nuestras caras envejecer y granmala leche nos invadir.Cuando trabajar, tener que ser el trabajo depocas lunas o debajo de agua y, aunque trabajoser igual o más que trabajo de indios mayores,monedas ser muchas menos.Nosotros decir que aunque no nos dejar movermanos para trabajar, necesitar mover boca paracomer, y tener derecho a monedas como todoslos indios y las indias de la tribu.Además, cuando crecer, tener que ir a la mili aperder el tiempo y hacer gilipollas y aprender ausar palo de fuego y tener que ir en canoa lejosa hacer guerra a indios pobres que no habernoshecho nada. Si decir no, o mili caca, encerrar encárcel.Culpa de todo tener gran jefe morro gordo y suclan, que sólo ayudar a rostros pálidos pasta
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 279gansa de afuera a amontonar muchas monedas,mientras nosotros morir de asco.Nosotros saber que situación chunga de ahorano tener por qué ser situación chunga siempre,sino que poder y tener que cambiar.Nosotros empezar por denunciar, ¿y tú?924. LAS MARIPOSASTres mariposas amigas vieron cierto día unalámpara de luz en una vivienda. La curiosidadpor saber qué era aquello que brillaba como elsol, pero que no era el astro, les hizo entrar enaquella habitación. La primera, intrépida, seacercó a la bombilla. Enseguida regresó dicien-do: “No he podido saber muy bien qué era por-que aquello me cegaba”.La segunda, más atrevida, se acercó más y casise quema las alas; “Es horrible, casi me destro-za las alas”.La tercera mariposa se acercó más y más, hastaquedar atrapada por el calor de la bombilla yarder con ella. La luz en aquel momento sevolvió más intensa durante algunos segundos...Sólo la tercera supo realmente qué era la bom-billa.Raúl Berzosa, “Parábolas para una nueva evan-gelización”, p. 37925. {TC “”} MILAGRO- ¿Para qué orar? Dios no me ha concedido loque le he pedido. He buscado a Dios, lo hebuscado sinceramente, con todo el ardor... peroDios no acudió a la cita.- Perdón... ¿De qué Dios me hablas? ¡Es tanfácil buscar un dios a la medida de nuestrossueños y deseos! En tu país se considera mila-gro el que Dios haga tu voluntad. Entre nosotrosse considera un milagro el que alguien haga lavoluntad de Dios.El Dios cristiano nos sorprende, nos desborda ydescascarilla nuestros falsos sueños, nuestrosfacilones mesianismos. ¡Y nos deja en la Ver-dad!Prudencio López Arróniz. “Más allá..! PS Ed.926. {TC “”} MIRAR A DIOSEl Maestro impartía su enseñanza: “El genio deun compositor se halla en las notas de su músi-ca; pero analizar las notas no sirve para revelarsu genio. La grandeza del poeta se encierra ensus palabras; pero el estudio de éstas no revelasu inspiración. Dios se revela en la creación;pero, por mucho que escudriñes la creación, noencontrarás a Dios, del mismo modo que nodescubrirás el alma por mucho que examines elcuerpo”.Llegado el momento del diálogo, alguien pre-guntó: “Entonces, ¿cómo podemos encontrar aDios?- Mirando la creación, no analizándola.- ¿Y cómo hay que mirarla?- Si un labrador intenta buscar la belleza de unapuesta de sol, lo único que descubrirá será elsol, las nubes, el cielo y el horizonte de la tie-rra... mientras no comprenda que la belleza noes una “cosa”, sino una forma especial de mirar.Buscarás a Dios en vano mientras no compren-das que a Dios no se le puede ver como una“cosa”, sino que requiere una forma especial demirar... semejante a la del niño, cuya visión noestá deformada por doctrinas y creencias prefa-bricadas.Anthony de Mello. “Un minuto para el absurdo”.927. {TC “”} LA MISMA DIREC-CIÓNUna pareja de novios preguntó al maestro:“¿Qué debemos hacer para que nuestro amordure para siempre?”“Amar juntos otras cosas”, respondió el maestro.Los amigos no se miran a los ojos, sino quemiran los dos en la misma dirección.Bruno Ferrero. “El canto del grillo”, p. 54928. {TC “”} LA MONAHabía una vez una mona que andaba saltandode árbol en árbol. Mientras saltaba vio un bellonogal. Cogió una nuez y la mordió. Como lacáscara estaba amarga, la mona la tiró y sequedó sin probar el rico bocado que tenía de-ntro.En la vida sucede lo mismo. Existen personasque comienzan a realizar una actividad: apren-der un oficio, tocar un instrumento, comenzaruna escultura, etc. Estas personas, cuandotropiezan con las primeras dificultades, abando-nan la tarea iniciada y, de ese modo, se quedansin saborear las satisfacciones que les hubieradeparado el trabajo iniciado, una vez que hubie-ran superado las dificultades del comienzo.Alfonso Francia. “Educar con fábulas”, p. 20929. {TC “”} LA MUÑECA DE SALUna muñeca de sal recorrió miles de kilómetrosde tierra firme hasta que, por fin, llegó al mar.Quedó fascinada por aquella móvil y extrañamasa, totalmente distinta de cuanto había vistohasta entonces.“¿Quién eres tú?”, le preguntó al mar la muñecade sal. Con una sonrisa, el mar respondió: “En-tra y compruébalo tú misma”.Y la muñeca se metió en el mar. Pero, a medidaque se adentraba en él, iba disolviéndose, hastaque apenas quedó nada de ella. Antes de quese disolviera el último pedazo, la muñeca ex-clamó asombrada: “¡Ahora ya sé quién soy!”.Alfonso Francia. “Educar con fábulas”, p. 53930. LA MURMURACIÓNUn día, una mujer dada fácilmente a sacar de-fectos de los demás se fue a confesar con al-guien que tenía fama de santo. Aquel confesor
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 280escuchó pacientemente a la penitente; despuésle dijo: “Como penitencia, coge una gallina yrecorre las calles más importantes de tu puebloarrancando lentamente las plumas que soltarásal viento. Después. regresa otra vez a mí”.Aquella señora obedeció. Cuando retornó alconfesor, éste le dijo: “La penitencia no ha con-cluido. Ahora debes volver a andar por las callesy recoger todas las plumas que has sembrado”.“Es imposible”, contestó la mujer.“Así es la murmuración”, respondió el confesor.Pequeños juicios sobre otras personas puedencrear situaciones irreparables.P. Righetto931. {TC “”} NI SIQUIERA TÚ ERESTUYOY dijo Buda: “Esta tierra es mía, éstos son mishijos”... son las palabras que dice el loco que nocomprende que ni siquiera él mismo es suyo.En realidad, nunca posees cosas. Tan sólo lasretienes durante un tiempo. Si eres incapaz dedesprenderte de ellas, serás agarrado por ellas.Todo cuanto atesores debes tenerlo en el huecode tu mano como si fuera agua.Trata de apresarla y desaparecerá. Intentaapropiártela y te manchará.Déjala en libertad y será tuya para siempre.Antohny de Mello. “La oración de la rana. 2932. {TC “”} NO CAMBIESDurante años fui un neurótico. Era un ser angus-tiado, deprimido y egoísta. Y todo el mundoinsistía en decirme que cambiara. Y no dejabande recordarme lo neurótico que era.Y yo me ofendía, aunque estaba de acuerdo conellos, y deseaba cambiar, pero no me convencíade la necesidad de hacerlo, por mucho que lointentara.Lo peor era que mi mejor amigo tampoco dejabade recordarme lo neurótico que estaba. Y tam-bién insistía en la necesidad de que yo cambia-ra.Y también con él estaba de acuerdo, aunquetampoco podía impedir ofenderme con él. Demanera que me sentía impotente y como atra-pado.Pero un día me dijo: “No cambies. Sigue siendotal como eres. En realidad no importa que cam-bies o dejes de cambiar. Yo te quiero tal comoeres y no puedo dejar de quererte”.Aquellas palabras sonaron en mis oídos comomúsica: “No cambies. No cambies... Te quiero”.Entonces me tranquilicé. Y me sentí vivo. Y, ¡ohmaravilla!, cambié.Ahora sé que en realidad no podía cambiarhasta encontrar alguien que me quisiera, pres-cindiendo de que cambiara o dejara de cambiar.¿Me quieres Tú de esa manera, Dios mío?Anthony de Mello. “El canto del pájaro”, p. 92933. {TC “”} NO CUENTAN LOSMÉRITOSEl joven está confuso. Su idea de la justicia noparece avenirse con lo leído en el Evangelio.Pregunta:- ¿Por qué Dios paga igual jornal a quien trabajóde sol a sol y a quien sólo trabajó una hora?El maestro pondera el valor de la justicia deDios, cuya acción está explicada por dos nuevoselementos: el amor y la gratuidad. Y prosigue:- Un padre tiene tres hijos. Uno es fuerte y sano,constituye un ejemplo de laboriosidad y entregaal trabajo familiar. El segundo es débil y desalud quebradiza, trabaja regularmente, pero nopuede con los trabajos más duros y a veces hade guardar cama. El tercero tiene parálisis des-de la infancia, es una carga en casa, ya que nopuede valerse por sí mismo. Vive gracias a loscuidados de los demás. ¿A quién de los treshijos habrá de amar más el padre?El joven, tras breves reflexión, responde en tonoseguro:- Los tres tienen igual derecho al amor del pa-dre, y en todo caso recibirá más amor aquel quetenga mayor necesidad de ser amado. El padreama sin más, no por los méritos que tenga cadauno.Vidal Ayala. “La voz del bosque”. PS.934. {TC “”} NO PESA... ES MIHERMANOEl grupo estaba de excursión cuando aparece alo lejos un niño de unos ocho años que traesobre sus hombros a otro más pequeñito, comode tres. Su rostro era ardiente, tostadito como elde todos los campesinos del lugar. Más expresi-vo quizás al pasar a nuestro lado, pero incapazde ocultar un cierto cansancio, producido sinduda por la distancia, lo difícil del camino y elpeso del niño.Para dar calor humano y aliento al pobre niño,pregunté con tono de cariñosa cercanía: “Amigo,¿pesa mucho?”. Y él, con inefable expresión decara y encogimiento de hombros, que encerra-ban una gran carga de amor, de valor y de re-signación, dice con fuerza y decisión: “No pesa,es mi hermano”, y agarrando más fuertementeal pequeño, que sonríe y saluda con su manitaderecha, echa una corta y lenta carrera hacien-do saltar con gracia a su hermanito que aúnmira una vez atrás para sonreír.935. NO SE PUEDE ENSEÑARUn rey envió a su hijo al maestro para que loformase en ciencia y en verdad. Cuando volvió,su padre le preguntó: “¿Has aprendido aquelloque no se puede enseñar?”. “No”. “Pues vuelveal maestro”.El maestro le dijo: “No te lo enseñé porque nome lo pediste y porque no se puede enseñar.
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 281Sólo se puede indicar. Mira, toma esas cuatro-cientas cabezas de ganado, vacas, bueyes,ovejas, cabras, llévalas al bosque profundodonde nadie llega, cuídalas en silencio, y cuan-do las cuatrocientas sean mil, vuelve a mí”.El muchacho partió, escogió el lugar y quedó ensolitario apacentando el ganado. Se aburrió. Sedesesperó. Se calmó. Se encontró. El silencioapagó las palabras y acalló el pensamiento. Suser entero se sintió uno con la naturaleza y losárboles y los prados y el ganado y la vida.Aprendió lo que no se podía enseñar. Vio lo queno se podía leer. Sintió lo que no se podía ex-presar. Se olvidó de contar el ganado, de perse-guir un fin, de por qué estaba allí. Alcanzó lailuminación.Un día los mugidos del ganado le hicieron caeren la cuenta de que ya no cabían en el valle.Eran ya más de mil. Sonrió al recordar la misiónque le había llevado allí. Recogió el ganado y lopastoreó sin prisas hacia la morada del maestro.Al ver al maestro, el discípulo se inclinó profun-damente ante él. Y el maestro, con la mismaelegante generosidad, se inclinó profundamenteante el discípulo. Por fin había aprendido lo queno se puede enseñar.Nada que merezca la pena puede ser enseña-do. Sólo pueden crearse situaciones en unoaprenda consigo mismo y con Dios. Ésa es lalabor del maestro.Carlos G. Vallés. Vida Nueva nº 2027, de febre-ro del 96936. {TC “”}NUEVAS DIMENSIO-NESUna vez iba una oruga paseando por la rugosasuperficie de un tronco. La vio una mariposa yposándose ante ella le dijo: “Hola, hermana delpasado. ¿Por casualidad sabes tú que vendránen el futuro días en que abandonando esa en-voltura terrena te hagas voladora como yo yasciendas hacia el cielo?”Y la oruga le dijo: “Sí. Eso es lo que me enseña-ron mis padres y a ellos les enseñaron misabuelos. Decían que después de ésta hay otravida donde podemos liberarnos de las cadenasde la tierra y ascender alados a nuevas dimen-siones. Mas yo no lo creo, y aunque en mis díasy en mis noches pienso que camino hacia algo,mi imaginación se para en este plano dondeadoro el latido de la savia y el palpitar de lashojas cuando me acarician los pies”.Entonces la mariposa se fue hacia arriba y des-apareció. Pasaron varios días, que fueron añospara la oruga, y ésta notó que se le venía elfinal. Se fue hacia una rama saliente de pino ycuando se ponía el sol hizo su tumba de seda,acostándose para esperar la venida de la muer-te.Y con el tiempo llegó la primavera de su naci-miento como mariposa, extendió sus alas yrauda se ensimismó en el aire y dio sus prime-ros aleteos hacia el sol de la mañana. Y cuandovolaba vio a una oruga que subía trabajosamen-te por un tronco y posándose delante de ella ledijo: “Hola, hermana del pasado. ¿Por casuali-dad sabes tú que vendrán en el futuro días...?”Cayetano Arroyo. “Diálogos con Abul-Beka”937. {TC “”} OJOS CERRADOS;OJOS ABIERTOSLa madre de Krishna, la encarnación del diosmás popular, cuidó de él mientras era niño,adolescente y joven con todo el cariño de madrey la sumisión de la fe. Creció Krishna y le llegóel momento de dejar su casa, su pueblo y a sumadre para predicar, ayudar y redimir a su pue-blo. Al despedirse, su madre le pidió una gracia:“Que siempre que cierre yo los ojos, te vea”.Krishna le contestó: “Te concedo una graciamejor: que siempre que abras los ojos, me ve-as”.Ver a Dios en todo. En las personas, en lascosas, en la vida. Ver a Dios con los ojos abier-tos. El andar se hace fe y el mirar se hace con-templación. Allí está Él. En cada sonido está eleco de su voz, en cada color está un destello desu mirada. Allí se esconde, o mejor dicho, allí serevela. Todo lo ha hecho Él y Él vive en todo loque ha hecho. Todo son huellas para quien bienconoce el pisar del Amado.Los ojos bien abiertos. Los hizo Él para queviéramos todos, y en todo a Él. Rostros y movi-mientos, encuentros y sucesos, naturaleza yasfalto. No hay diferencia en cuanto a su pre-sencia, porque Él está en todo. Basta con abrirlos ojos y verlo. Ver claro, ver de frente, ver deltodo. Saber reconocer rasgos eternos en paisa-jes diarios. Saber sentir la presencia divina enun apretón de manos. Saber contemplar la pre-sencia divina en un apretón de manos. Sabercontemplar la visión infinita en el horizonte delentorno constante. Saber ver.¿Por qué la gente, cuando proponemos unosminutos de oración, siempre cierra los ojos?Carlos G. Vallés. Vida Nueva, 18/3/95938. ORACIÓN “ESCUCHADA”Un piadoso musulmán rezaba todos los díasante Dios, y todos los días le suplicaba unagracia que deseaba le concediese. Se colocabasiempre para su oración en el mismo rincón dela mezquita, y tantos años pasaron y tantasveces repitió su oración que cuentan que lasseñales de sus rodillas y sus pies quedaronmarcadas sobre el mármol del suelo sagrado.Pero Dios parecía no oír su oración, parecía noenterarse siquiera de que alguien le invocaba.Un día por fin se le apareció al devoto musul-mán en su oración un ángel de Dios, y le dijo:“Dios ha decidido no concederte lo que le pi-des”. Al oír el mensaje del ángel, el buen hom-bre comenzó a dar voces de alegría, a saltar degozo, a contarles, a todos los que se reunieronal verlo, lo que le había sucedido. La gentepreguntó, sorprendida: “¿Y de qué te alegras, si
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 282Dios no te ha concedido lo que le pedías?” A loque él contestó, rebosándole el gozo sincero encada palabra: “Es verdad que me lo ha negado,pero al menos así sé que mi oración llegó hastaDios. ¡Qué más puedo desear!” Y siguió repar-tiendo alegría.Oración es saber que mi voz llegó a Dios. No esla petición, la concesión, la respuesta. O sí estodo eso, pero por dentro y por encima de todoes la fe de saber que el mensaje llegó, que mispalabras sonaron en oídos divinos, que la tierratocó el cielo. ¿Qué importa el “resultado” de laoración cuando tenemos el “contacto”? Yo es-cribí la carta, y ahora sé que la carta llegó y fueleída. Eso es lo que me interesa.El buen musulmán continuó yendo todos losdías a la mezquita, al rincón marcado por susrodillas, para dar gracias porque su oraciónhabía llegado a Dios.Carlos G. Vallés939. {TC “”}LA OVEJA PERDIDA...Parábola para educadores religiosos:Una oveja descubrió un agujero en la cerca y seescabulló a través de él. Estaba feliz de haberescapado. Anduvo errante mucho tiempo yacabó desorientándose.Entonces se dio cuenta de que estaba siendoseguida por un lobo. Echó a correr y a correr...,pero el lobo seguía persiguiéndola. Hasta quellegó el pastor, la salvó y la condujo de nuevo,con todo cariño, al redil.Y a pesar de que todo el mundo le instaba a locontrario, el pastor se negó a reparar el agujerode la cerca.Anthony de Mello. “El canto del pájaro”, p. 198940. {TC “”}LOS PADRES Y LOSHIJOSUn cabrero paseando por el campo vio un árbol.En el árbol había un nido de pajarillos. Estabansolos, pues los padres habían ido a buscar elalimento. El cabrero cogió los pajarillos y losmetió en una fría jaula de metal.Cuando llegaron los padres, viendo que noestaban sus hijos, afligidos los buscaron. Encon-traron la jaula donde la había puesto el cabreroy allí estaban los pajarillos revoloteando en suinterior.Al verlos el cabrero se dijo: “Si los padres vienena cuidar a sus hijos con tanto esmero, quiero vercómo los hijos agradecidos de tanto amor a suspadres, los cuidan a ellos”.Cogió una red y la echó sobre la pareja aprisio-nándolos. Inmediatamente abrió la puerta de lajaula y, dejando libres a los hijos, metió en ella alos padres. Los hijuelos salieron volando y envano los padres esperaron su regreso.Al cabo de un tiempo murió la pareja de hambrey dolor.Alfonso Francia. “Educar con fábulas”, p. 24941. {TC “”}PARÁBOLA DEL ME-LOCOTÓN DE SECANOEl Reino de los Cielos se parece a esos meloco-tones de secano, que son más pequeños, másfeos y menos presentables que los aguadosmelocotones del mercado. Por todas esas razo-nes no pueden competir con ellos en precio y sevenden por una nonada. Pero ¡qué sabrososson!, ¡qué delicadamente dulces!, ¡qué insospe-chadamente gratificantes cuando se los muerde,no sin cierto cuidado, porque si el bocado esmuy ávido, le entra a uno miedo de tropezar conel hueso!El reino del capital se parece a uno de esosmelocotones de cada día de cada verano, queson una maravilla de la técnica. Son preciosos,descomunales, tientan a los ojos con sus colo-res de lienzo de Sorolla, que sugieren la prome-sa de un nuevo festín de Babette. Su sola vistaparece justificar aquel eslogan antiguo y cazatu-ristas de que “España ofrece calidad”. Y, sobretodo, parece justificar cualquier precio que sepague por ellos. ¡Ellos sí que son un buen ne-gocio!Pero con ellos el festín se acaba a la hora dehincarles el diente: tienen figura y color suave ysugerencia, pero carecen de lo único decisivo: elbuen sabor. El exceso de agua que los ha hen-chido y los ha lavado, e invita a pagarlos sintemor y a morderlos sin miedo, debe ser el mis-mo que los ha vuelto insípidos. Están diciendo:“Págame y muérdeme”, pero luego no saben anada.No saben a nada, claro; pero ¡éstos sí que sonrentables! Mientras que lo del sabor es simple-mente cuestión de tiempo: dentro de pocosaños, las generaciones que suben ya se habránacostumbrado, y ya no conocerán el sabor delmelocotón de secano, ni siquiera del melocotónen general. No podrán comparar. Y donde nopuede haber comparación tampoco puede habersospecha, ni queja, ni protesta. ¡Ya veis quésencillo resulta todo!Quien tenga oídos para oír, que oiga.942. {TC “”}EL PARAÍSOEn un sueño un ferviente discípulo del Talmudfue autorizado a acercarse al templo del Paraí-so, donde los grandes sabios del Talmud pasa-ban su vida eterna. Vio que estaban sencilla-mente sentados alrededor de varias mesasestudiando el Talmud. El discípulo se preguntó:¿Estoy de verdad en el Paraíso? De pronto oyóuna voz: “Te equivocas. Los sabios no están enel Paraíso. El Paraíso está en ellos”.Manuel Sánchez Monge. “Parábolas como dar-dos”, p. 59943. PASARÁUn rey convocó a la corte a todos los magos delreino y les dijo: “Querría ser siempre un buenejemplo para mis súbditos. Presentarme siem-pre como un hombre fuerte y seguro, sereno e
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 283impasible frente a las vicisitudes de la vida. Meocurre a veces que me encuentro triste o depri-mido por una mala noticia. Otras veces unaalegría imprevista o un gran éxito me ponen enun estado de sobreexcitación anormal. Todo esono me gusta. Me hace sentirme como una briz-na que lleva el viento de la suerte. Fabricadmeun amuleto que me proteja de esos estados deánimo y estos cambios de humor”.Uno tras otro, los magos se echaron atrás. Sa-bían hacer amuletos de todas las clases paralos incautos que se acercaban a pedirles ayuda,pero no era fácil engatusar a un rey. Y a un reyque, además, pretendía un amuleto de efectotan difícil.El rey estaba a punto de estallar de ira, cuandose adelantó un viejo sabio que dijo: “Majestad,mañana te traeré el anillo que buscas. Cada vezque lo mires, si estás triste te pondrás alegre ysi te encuentras nervioso, podrás calmarte.Simplemente bastará que leas la frase mágicagrabada en el anillo”.Al día siguiente, el sabio volvió y, en medio deun silencio general, ya que todos tenían curiosi-dad por conocer la frase mágica, alargó el anilloal rey.El rey lo miró y leyó la frase grabada sobre elaro de plata: “También esto pasará”.José Joaquín Gómez Palacios. “Buenos días /2”. CCS. 1995”944. {TC “”}EL PEQUEÑO PEZ“Usted perdone”, le dijo un pez a otro, “es ustedmás viejo y con más experiencia que yo y pro-bablemente podrá ayudarme. Dígame: ¿dóndepuedo encontrar eso que llaman Océano? Heestado buscándolo por todas partes sin resulta-do”.“El Océano - respondió el viejo pez - es dondeestás ahora mismo”.“¿Esto? Pero si esto no es más que agua... Loque yo busco es el Océano”, replicó el jovenpez, totalmente decepcionado, mientras semarchaba nadando a buscar en otra parte.Deja de buscar, pequeño pez. No hay nada quebuscar. Sólo tienes que estar tranquilo, abrir tusojos y mirar. No puedes dejar de verlo.Anthony de Mello. “El canto del pájaro”, p. 26945. {TC “”}PERDÓN Y OLVIDOUn cura estaba harto de una beata que todoslos días le venía a contarle revelaciones queDios personalmente le hacía. Semana tras se-mana, la buena señora entraba en comunica-ción directa con el cielo y recibía mensaje trasmensaje. Y el cura, queriendo desenmascararde una vez lo que de superchería había en talescomunicaciones, dijo a la mujer: “Mira, la próxi-ma vez que veas a Dios dile que, para que yome convezca de que es Él quien te habla, tediga cuáles son mis pecados, esos que yo sóloconozco”. Con esto, pensó el cura, la mujer secallará para siempre. Pero a los poco días re-gresó la beata. “¿Hablaste con Dios”. “Sí”. “¿Yte dijo mis pecados?”. “Me dijo que no me lospodía decir porque los ha olvidado”. Con lo queel cura no supo si las apariciones aquellas eranverdaderas. Pero supo que la teología de aque-lla mujer era buena y profunda: porque la verdades que Dios no sólo perdona los pecados de loshombres, sino que una vez perdonados, losolvida. Es decir, los perdona del todo.Manuel Sánchez Monge. “Parábolas como dar-dos”, p. 107946. {TC “”}LA PERLADijo una ostra a otra: “Siento un gran dolor de-ntro de mí. Es pesado y redondo y me lastima”.Y la otra ostra replicó con arrogante complacen-cia: “Alabados sean los cielos y el mar. Yo nosiento dolor dentro de mí. Me siento bien pordentro y por fuera”.En ese momento, un cangrejo que por allí pasa-ba escuchó a las dos ostras, y dijo a la queestaba bien por dentro y por fuera: “Sí, te sien-tes bien e intacta; mas el dolor que soporta tuvecina es una perla de inigualable belleza”.Kahlil Gibrán. “Obras completas (tomo 2)”947. {TC “”}EL PESCADOR SATIS-FECHOEl rico industrial se horrorizó cuando vio a unpescador del Sur tranquilamente recostadocontra su barca y fumando su pipa.“¿Por qué no has salido a pescar?”, le preguntóel industrial.“Porque ya he pescado bastante por hoy”, res-pondió el pescador.“¿Y por qué no pescas más de lo que necesi-tas?”, insistió.“¿Y qué iba a hacer con ello?”, preguntó a suvez el pescador.“Ganarías más dinero”, fue la respuesta. “Deese modo podrías poner un motor a tu barca.Entonces podrías ir a aguas más profundas ypescar más peces. Entonces ganarías lo sufi-ciente para comprarte unas redes con las queobtendrías más peces y más dinero. Prontoganarías para tener dos barcas... y hasta unaverdadera flota. Entonces serías rico, como yo?”“¿Y qué haría entonces?”, preguntó de nuevo elpescador.“Podrías sentarte y disfrutar de la vida”.“¿Y qué crees que estoy haciendo en este pre-ciso momento”, respondió el satisfecho pesca-dor.Anthony de Mello. “El canto del pájaro”, p. 171
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 284948. {TC “”}PIDE LO QUE QUIE-RASKapil Muni era pobre y desconocido antes dealcanzar la santidad que lo hizo querido y vene-rado en toda la India.Su mujer le dijo un día: “Me he enterado de queel rey da una moneda de oro al brahmán que esel primero en bendecirle”.Kapil fue a dormir a la puerta de palacio para serel primero en cuanto amaneciera el día. A medianoche le despertó la luna llena, creyó que era elsol, y se precipitó a la puerta. Los guardas loapresaron como ladrón. El rey, sin embargo, aljuzgarlo, creyó su historia y le dijo que pidiese loque quisiera.Kapil pensó: “Pediré la moneda de oro que mecorresponde. O, ya que el rey me ofrece más,pediré cinco. No, diez. Mejor veinte para cubrirtodo el año. O cien. Más seguro mil. Digamoscien mil para asegurar el porvenir de los hijos.Mejor aún un millón para vivir de los intereses.Pero el dinero solo no da seguridad. Ya que elrey no ha puesto límite a lo que puedo pedirle, lepediré la mitad de su reino. ¿Y por qué la mitadtan sólo? Le pediré el reino entero. Aunque esono sería justo para con el rey que tan bien seporta conmigo. Mejor conformarme con la mitaddel reino. Ahora que eso de la administraciónconllevaría muchas preocupaciones. Más valedejarlo en dinero. Volvamos al millón de mone-das de oro. Demasiado. La verdad es que concien mil me basta y me sobra para mí y toda mifamilia. Y también con mil. Para ser sincero voya pedir sólo cien. O veinte. O diez. O cinco. Lomejor será pedir honradamente una moneda deoro que es lo que me corresponde. ¿Y para quénecesito yo una moneda de oro? Mejor estoycomo estoy”.Cesó el deseo. Y Kapil alcanzó la iluminación.Carlos G. Vallés949. {TC “”}EL PRESO Y EL REYEn la cárcel se decía: “Un hombre está preso,pero todas y cada una de las noches sueña quees rey y vive con todas las comodidades de unrey; en cambio, muy lejos de la prisión, un reytiene cada noche el sueño opuesto, es decir,que está preso y vive penado en la cárcel.¿Quién será más feliz de los dos?” Y la respues-ta: “En invierno el preso, en verano el rey”.Bernardo Atxaga. “El hombre solo”. Ediciones B.950. {TC “”}PROBAR POR UNOMISMOUna compañía internacional pidió a un comer-ciante indio que le proporcionara muestras defrutas, incluyendo variedades para elegir a dife-rentes precios. Siguiendo sus indicaciones,preparó cinco cajas separadas, indicando elcomerciante a sus obreros que les colocaran lasetiquetas.Lamentablemente, los embaladores confundie-ron las etiquetas, por lo cual los precios y lascalidades estaban mal indicados. Cuando losimportadores abrieron las cajas y probaron lasde “calidad excelente”, lo que probaron fue enrealidad la calidad ínfima.Sin inmutarse, sin embargo, declararon queeran deliciosamente dulces, a pesar de lo ele-vado del precio, que ellos estimaron excelentepara aquella calidad. Decididamente harían unpedido grande.Al probar la siguiente clase, que realmente eranbastante mejores, pusieron gesto de desagradopor lo ácido y convinieron en que la inferioridadestaba reflejada en el precio, mucho menor.El resto, que contenía lo mejor, ni lo abrieron ylo arrojaron a un montón de basura.Algunos pájaros, que observaban de lejos, baja-ron enseguida y se dieron un festín: “¡Qué estú-pidos son los humanos! ¿Es que no puedenprobar por sí mismos la calidad en lugar deconfiar en las etiquetas?”Pedro Ribes. “Parábolas y fábulas...”, p. 81951. PROGRESOEl maestro estaba escuchando a un afamadoeconomista cómo explicaba sus ideas acercadel desarrollo. El economista defendía que lomás importante era el crecimiento económico yel bienestar. Porque todo crecimiento es buenoen sí mismo.El maestro tomó la palabra: “Si su teoría fuesecierta, habría que admitir que es lo mismo quepiensa la célula cancerosa: lo único importantees crecer, sin discernir el bien o el mal que sepudiera estar haciendo”.Raúl Berzosa, “Parábolas para una nueva evan-gelización”, p. 192952. {TC “”}LOS PUERCOESPINESEs de noche y hace frío. Y en una gran exten-sión están unos puercoespines. Como hace frío,se acercan, y como se acercan, se pinchan. Y alhacerse daño, se separan. Y así sucesivamente.Todo el juego de la vida consiste en encontrar ladistancia que nos permite al mismo tiempo ayu-darnos los unos a los otros y no hacernos dañolos unos a los otros. Aceptar que el otro no seayo, que posea caminos propios y, al mismotiempo, no aceptar la separación: intentar vivir ados.Schopenhauer953. {TC “”}¡QUÉ DIFÍCIL ES ELPERDÓN!Érase un rey que tenía tres hijos. Poseía ade-más muchas riquezas. Sobre todo un brillantede valor extraordinario, admirado en el mundoentero. ¿Para quién sería aquel brillante al re-partir la herencia? Su padre les sometió a unaprueba. Sería para el que realizase la mayorhazaña el día señalado... Al llegar la noche,
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 285cada uno relató los acontecimientos de la jorna-da.El mayor había dado muerte a un dragón quesembraba el pánico por todo el reino. El segun-do venció a diez hombres bien armados con unapequeña daga. El tercero dijo: “Salí esta maña-na y encontré a mi mayor enemigo durmiendo alborde de un acantilado... y le dejé seguir dur-miendo”.Entonces el rey se levantó de su trono, abrazó asu hijo menor y le entregó el brillante.Manuel Sánchez Monge. “Parábolas como dar-dos”, p. 116954. {TC “”}¡QUÉ MÁS QUIERES!Un hombre se hallaba en el tejado de su casadurante unas inundaciones y el agua le llegabaya a los pies. Poco después, pasó un individuoremando en una canoa, y le gritó: “¡Oiga! ¿Quie-re que le lleve a un sitio más alto?”.“No, gracias”, replicó el hombre. “Tengo fe en elSeñor y Él me salvará.Pasó el tiempo, y el agua le llegaba al hombrehasta la cintura. Entonces pasó por allí unalancha de motor. “¿Quiere que le lleve a un sitiomás alto?”, gritó el que la llevaba.“No, gracias”, respondió el hombre. “Tengo fe enel Señor, y Él me salvará”.Más tarde, cuando el nivel del agua llegaba yaal cuello del individuo, llegó un helicóptero.“¡Cójase a la cuerda!”, gritó el piloto. “Yo le sub-iré”.“No, gracias”, respondió el hombre por terceravez. “Tengo fe en el Señor, y Él me salvará”.Desconcertado, el piloto dejó a aquel hombre enel tejado, casi cubierto por las aguas. Despuésde haber pasado horas allí, el pobre hombre nopudo resistir más, se ahogó, y fue a recibir surecompensa.Mientras aguardaba ante las puertas del Paraí-so, se halló frente al Creador, y se quejó de loocurrido: “Señor, yo tenía total fe en que Tú mesalvarías, y me abandonaste. ¿Por qué?”.A lo cual replicó el Señor: “¿Qué mas quieres?¡Te mandé dos lanchas y un helicóptero”.Johnny Hart955. {TC “”}¿QUÉ PIDE DIOS DEMÍ?El viejo monasterio había sobrevivido a las di-versas vicisitudes y pruebas de su ya largahistoria. La fundación se remontaba a los tiem-pos en que la comarca estaba deshabitada, portratarse de un terreno abrupto de difícil acceso.El núcleo de la población actual nació a la som-bra del monasterio y se mantenía vinculado a él.Existía una mutua dependencia y complementa-ción. En todo tiempo hubo jóvenes del puebloque abrazaban la vida monacal. Los monjes, asu vez, dedicaban generosos esfuerzos a culti-var el espíritu del pueblo.Había destacada, en estas tareas, un ancianomonje cuya larga vida de entrega a Dios y deatención a los demás era objeto de admiracióncomún. Retirado de la actividad directa por suavanzada edad, aún era buscado por su don delconsejo.Hasta el venerado monje llegó un joven, atraídopor la fama de su ciencia y virtud. Cuando estu-vo ante él, le expuso:- Deseo que me digas, con brevedad y sin pala-bras rebuscadas, qué es lo que Dios pide acada uno; necesito saber qué quiere Dios de mí.Responde el monje:- Es muy sencillo. Jesús nos vino a mostrar, consu vida, y a decirnos lo que Dios quiere de noso-tros: simplemente lo quiere todo.Vidal Ayala. “La voz del bosque”. PS.956. {TC “”}RAÍCESUn niño que jugaba con otros niños lo vio pasary dejándolo todo se fue tras Él para escucharle.Y el Maestro señalándolo decía:- Mirad que para él, aquello que deja es tanvalioso como si vosotros dejarais vuestras casasy vuestras familias y todas vuestras posesiones.Bienaventurados vosotros que podéis dejarporque tenéis y más bienaventurados aquellosque más tienen porque más pueden dejar.Envidia os tiene la montaña, que no puede dejarde ser montaña para hacerse nube. Envidia ostiene el hermano árbol, que no puede ni por uninstante dejar de ser árbol para hacerse águila.Y la hermana rosa, ¡cuánto daría por volar comouna mariposa! Vosotros podéis dejar todo cuan-to se os dio, para probaros.Y cuando guardáis, no hacéis sino alargar laspruebas, hasta atrofiaros, como se atrofian losárboles viejos y echan raíces cada vez másprofundas.Cayetano Arroyo. “Diálogos con Abul-Beka”,957. {TC “”}RANA DEL POZOEn un pozo profundo vivía una colonia de ranas.Llevaban su vida, tenían sus costumbres, en-contraban su alimento y croaban a gusto ha-ciendo resonar las paredes del pozo en toda suprofundidad. Protegidas por su mismo aisla-miento, vivían en paz, y sólo tenían que guar-darse del pozal que, de vez en cuando, alguienechaba desde arriba para sacar agua del pozo.Daban la alarma en cuanto oían el ruido de lapolea, se sumergían bajo el agua o se apreta-ban contra la pared, y allí esperaban, conte-niendo la respiración, hasta que el pozal llenode agua era izado otra vez y pasaba el peligro.Fue a una rana joven a quien se le ocurrió pen-sar que el pozal podría ser una oportunidad enlugar de un peligro. Allá arriba se veía algo asícomo una claraboya abierta, que cambiaba deaspecto según fuera de día o de noche, y en laque aparecían sombras y luces y formas y colo-
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 286res que hacían presentir que allí había algonuevo digno de conocerse. Y, sobre todo, esta-ba el rostro con trenzas de aquella figura bella yfugaz que aparecía por un momento sobre elbrocal del pozo a arrojar el cubo y recobrarlotodos los días en su cita sagrada y temida. Ha-bía que conocer aquello.La rana joven habló, y todas las demás se leecharon encima: “Eso nunca se ha hecho. Seríala destrucción de nuestra raza. El cielo noscastigará. Te perderás para siempre. Nosotrashemos sido hechas para estar aquí, y aquí esdonde nos va bien y podemos ser felices. Fueradel pozo no hay más que destrucción absoluta.Que nadie se atreva a violar las sabias leyes denuestros antepasados. ¿Es que una rana joven-zuela de hoy puede saber más que ellos?La rana esperó pacientemente la próxima baja-da del pozal. Se colocó estratégicamente, dio unsalto en el momento en que el pozal iba a serizado y subió en él ante al asombro y el horrorde la comunidad batracia. El consejo de ancia-nos excomulgó a la rana prófuga y prohibió quese hablara de ella. Había que salvaguardar laseguridad del pozo.Pasaron los meses sin que nadie hablara de ellay nadie se olvidara de ella, cuando un buen díase oyó un croar familiar sobre el brocal del pozo,se agruparon abajo las curiosas y vieron recor-tada contra el cielo la silueta conocida de la ranaaventurera. A su lado apareció la silueta de otrarana, y a su alrededor se agruparon siete pe-queños renacuajos.Todas miraban sin atreverse a decir nada,cuando la rana habló: “Aquí arriba se está ma-ravillosamente. Hay agua que se mueve, nocomo allá abajo, y unas fibras verdes y suavesque salen del suelo y entre las que da gustomoverse, y donde hay muchos bichos pequeñosmuy sabrosos y variados, y cada día se puedecomer algo diferente. Y luego hay muchas ranasde muchos tipos distintos, y son muy buenas, yyo me he casado con ésta que está aquí a milado, y tenemos siete hijos y somos muy felices.Y aquí hay sitio para todas, porque esto es muygrande y nunca se acaba de ver lo que hay allálejos”.De abajo, las fuerzas del orden advirtieron a larana que, si bajaba, sería ejecutada por altatraición; y ella dijo que no pensaba bajar, y queles deseaba a todas que lo pasaran bien, y semarchó con su compañera y los siete renacua-jos.Abajo en el pozo hubo mucho revuelo, y huboalgunas ranas que quisieron comentar la pro-puesta, pero las autoridades las acallaron enseguida, y la vida volvió a la normalidad desiempre en el fondo del pozo.Al día siguiente, por la mañana, la niña de lastrenzas rubias se quedó asombrada cuando, alsacar el cubo con agua del pozo, vio que estaballeno de ranasCarlos García Valles. “Salió el sembrador...”958. {TC “”}REGALO, NADA MÁSAyer me encontraba en la cocina preparando lacena. Entró mi hija mayor. Me dio un papel es-crito. Apartando la comida del fuego y tomandoel papel entre mis manos comencé a leer:“Por haberme lavado los dientestoda la semana: 7 pesetas.Por ir a comprar el pan: 3 pesetas.Por traer el pan y la gaseosa: 4 pesetas.Por cuidar el hermanitocuando saliste con papá al cine: 15 pesetas.Por ir a buscar las quinielas: 7 pesetas.Por tomarmelas asquerosas medicinas: 14 pesetas.Total: 50 pesetas.Había terminado de leer. Ella estaba tan tranqui-la moviendo su bolígrafo entre los dientes. Mien-tras la miraba, algo me hizo sentir una profundapena. Y al mismo tiempo una serie de recuerdosse agolparon en mi mente. Tomando el bolígra-fo, di la vuelta al papel y comencé a escribir:Por nueve mesesque duró tu gestación: REGALO.Por ese partoque ahora dicen sin dolor: REGALO.Por las lágrimasque pude derramar: REGALO.Por mis horasde desvelo e inquietud: REGALO.Por los gastosde colegio y de profesor: REGALO.Por los objetosque rompiste de valor: REGALO.Por la ropaque te compro sin cesar: REGALO.Por los chicles,golosinas y demás: REGALO.Después de leer mi mensaje, tenía lagrimas enlos ojos. Me abrazó muy fuerte y me dijo: “Ma-má, te quiero mucho”. Tomó el papel en mismanos y en grandes letras escribió: REGALO.Regalo, regalo nada más, hija mía. Mi suma deamor te quiero regalar. Yo nunca me fijo en lasuma. ¡Qué más da!959. {TC “”}REGATEAR POR LAVIDAEn sus años jóvenes, el Maestro había viajadopor todo el mundo. Hallándose una vez en elpuerto de Sanghai, oyó un griterío cerca de subarco. Al mirar hacia allá, vio cómo un hombre,inclinado sobre la borda de un junco cercano,sujetaba por la coleta a otro hombre que sedebatía frenéticamente en el agua.El del junco sumergía al otro de vez en cuandoen el agua y lo volvía a sacar. Luego discutíanambos durante un minuto, o algo así, hasta lasiguiente zambullida.El Maestro llamó entonces al grumete y le pre-guntó de qué discutían. El muchacho sonrió ydijo: “No discuten, señor. El del junco le pide alotro sesenta yuans por no ahogarle, y éste sólole ofrece cuarenta”.
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 287Tras las lógicas risas de los discípulos, el Maes-tro dijo: “¿Hay uno solo de vosotros que no anderegateando con la única Vida que hay?”. Y todosguardaron silencio.Anthony de Mello. “Un minuto para el absurdo”.960. {TC “”}SALVAR A UNO- Con lograr salvar a un solo muchacho en estainstitución ya habrán quedado justificados losgastos y esfuerzos que se invierten en unainstitución de este tipo - dijo un experto educa-dor en el momento de inaugurar un reformatorio.Posteriormente, un miembro de la junta directivale dijo:- ¿No ha estado usted ligeramente exagerado?¿Cree de veras que el salvar a un solo mucha-cho justificaría todos los gastos y esfuerzos?- ¡Si se tratara de mi hijo, sí! - fue la respuesta.Antohny Mello. “La oración de la rana. 2”, p. 30961. {TC “”}SANTO Y PECADOREl maestro le pide al discípulo: “Encuéntrame unsanto. recorre toda la tierra y sus continentes,busca en rincones y cuevas si es necesario;tómate todo el tiempo que haga falta, pero alfinal trae a un verdadero santo a mi presencia”.El discípulo parte, busca, tarda en volver y, alfin, regresa solo. Y explica: “No lo encontré. Vi agrandes ascetas, pero me parecían cerrados ensí mismos; observé a quienes servían heroica-mente al prójimo, pero percibí una sombra devanidad en sus acciones; admiré oracionesencendidas, pero noté que e fervor no durabaen su firmeza. Ninguno me satisfizo del todo”.El Maestro cambia su mandato: “Búscame unpecador y tráelo a mi presencia”.El discípulo parte... y regresa nuevamente solo:“No encontré a un verdadero pecador. Unoshacían el mal, pero era por debilidad, no pormaldad; otros no sabían lo que hacían; y otroshacían el mal creyendo que hacían el bien”.El Maestro concluye: “Y tú, ¿qué eres?”Hay tanto de bueno en el peor y tanto de maloen el mejor que es absurdo condenar a nadie.Carlos García Vallés962. EL SECRETO DE LA FELICI-DADUna niña caminaba por el bosque cuando viouna mariposa atrapada entre las zarzas. Consumo cuidado para no romperle las alas, laliberó.La mariposa, después de volar un rato, regresóy, de improviso, se transformó en una preciosahada que le dijo: “Para agradecer tu bondad,escucharé tu mayor deseo”.La niña reflexionó un instante y después res-pondió: “Quiero ser feliz”.Entonces el hada se inclinó sobre ella, le susu-rró algo al oído y desapareció.La niña se convirtió en mujer y nadie en todo elpaís era más feliz que ella. Cuando le pregunta-ban el secreto de su alegría, se limitaba a sonre-ír y decía: “He seguido el consejo de una buenahada”.Pasaron los años y la niña se hizo vieja, peroera siempre la más dulce y feliz viejecita delpaís. Sus vecinos, y también sus nietos, temíanque pudiese morir con ella el secreto de sufelicidad. Le pidieron: “Revélanos qué te dijo elhada”.La deliciosa viejecita les respondió: “Me revelóque, incluso los que aparentan seguridad, todostienen necesidad de mí”.Herminio OteroNarraciones para la catequesis963. {TC “”}EL SECRETO DEL PA-RAÍSOUn samurai fuerte y corpulento fue a visitar a unpequeño monje: “Enséñame en qué consiste elcielo y el infierno”.El monje alzó los ojos para contemplar al impo-nente guerrero y le respondió con enorme des-precio: “¿Enseñarte a ti en qué consiste el cieloy el infierno? En verdad que no me sería posibleenseñarte nada. Eres puerco y hediondo, eresuna vergüenza, un flagelo para la casta lossamurais. Apártate de mi vista, no puedo sopor-tarte”.El samurai montó en cólera. Comenzó a tem-blar, el rostro encendido de rabia. no lograbadecir una palabra. Desenvainó la espada y lapuso en alto, dispuesto a acabar con la vida delmonje.- Eso es el infierno - murmuró el monje.El samurai estaba confundido. ¡Cuánta compa-sión y rendimiento en este hombrecillo que ha-bía ofrecido la propia vida para darle esa ense-ñanza, para demostrarle lo que es el infierno!Lentamente bajó la espada, lleno de gratitud yde una paz inesperada.- Y eso es el cielo - murmuró el monje.Bruno Ferrero. “La silla vacía...”, p. 34964. {TC “”}SENDA ESTRECHAEn cierta ocasión previno Dios al pueblo de unterremoto que habría de tragarse las aguas detoda la tierra. Y las aguas que reemplazarían alas desaparecidas habrían de enloquecer a todoel mundo.Tan sólo el profeta se tomó en serio a Dios.Transportó hasta la cueva de su montaña enor-mes recipientes de agua, de modo que no hu-biera de faltarle el líquido elemento en los díasde su vida.Y efectivamente, se produjo el terremoto, des-aparecieron las aguas y una nueva agua llenólos arroyos y los lagos y los ríos y los estan-ques. Algunos meses más tarde bajó el profetade su montaña a ver lo que había ocurrido. Yera verdad: todo el mundo se había vuelto loco y
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 288le atacaba a él y no quería tener nada que vercon él. Y hasta se convenció de que era él elque estaba loco.Así pues, el profeta regresó a su cueva de lamontaña, contento por haber tenido la precau-ción de guardar agua. Pero, a medida quetranscurría el tiempo, la soledad se le hacíainsoportable. Anhelaba tener compañía humana.De modo que descendió de nuevo a la llanura.Pero nuevamente fue rechazado por la gente,tan diferente de él.Entonces el profeta tomó su decisión: Tiró elagua que había guardado, bebió del agua nuevay se unió a sus semejantes en la locura.Cuando buscas la Verdad, vas solo. La sendaes demasiado estrecha para llevar compañía.Pero, ¿quién puede soportar semejante sole-dad?Anthony de Mello. “El canto del pájaro”, p. 120965. {TC “”}LOS SENDEROS DELA LUZUn día, al atardecer, un campesino se sentó a lapuerta de su casa a tomar el fresco, Por ahípasaba el camino en dirección al cercano pue-blo.Pasó un hombre, que al divisar al campesinosentado, pensó para sí: “Este hombre es unperezoso. No trabaja y se pasa el día sin hacernada sentado a su puerta”. Y siguió de largo.Luego pasó otro caminante en dirección al pue-blo, y al ver al campesino sentado, pensó parasí: “Ese hombre es un mujeriego. Está todo eldía sentado junto al camino para ver pasar a lasmuchachas y alternar con ellas”. Y siguió delargo.Pasó otro viajero en dirección al pueblo, y al veral campesino sentado a su puerta, pensó parasí: “Este hombre es muy trabajador. Ha trabaja-do duro todo el día, y ahora, al caer la tarde, setoma un merecido descanso”. Y siguió su cami-no.Enseñanza de la parábola: en realidad no po-demos decir mucho del carácter y costumbresdel campesino que se sentó a la puerta de sucasa. Pero sí podemos decir algo de los treshombres que pasaron por el camino: del primeropodemos decir que era un perezoso, del segun-do que era un mujeriego y del tercero que eraun hombre muy trabajador.De un apotegma de los Padres966. {TC “”}LA SERPIENTE Y LAABEJAIba una abeja volando por un campo lleno deflores y arbustos, se paró en uno de ellos yextrajo miel. Pasaba por allí una serpiente y seacercó al mismo arbusto, mordió el tronco ysacó veneno.Esto me hizo pensar que, de un libro lleno deciencia leído por dos personas, una mala y laotra buena, pueden sacar la buena miel, esdecir lo bueno del libro, y la mala el veneno.De lo que se deduce que todo depende de lasbuenas o las malas intenciones con que semiran y hacen las cosas. O dicho de otro modo:el malo lo malo ve, y el bueno ve lo bueno.Alfonso Francia. “Educar con fábulas”, p. 86967. {TC “”}SÍSIFOLos dioses habían condenado a Sísifo a ha-cer rodar una roca hasta la cima de una monta-ña, llegada a la cual, la piedra volvía a caerpor su propio peso. Pensaron, y con razón, queno existe castigo más doloroso que el trabajoinútil y sin esperanza ninguna... Ver todo elesfuerzo en tensión para elevar la enormepiedra, hacerla rodar y ayudarla a vencer lafuerza de gravedad de una pendiente, cienveces bajada y subida; ver el rostro crispadocon la mejilla pegada contra la piedra...Y al final de cada largo esfuerzo, medido porel cielo y el tiempo sin profundidad, tener laesperanza de lograr la meta. Una vez allí,Sísifo ve la piedra descender de nuevo, rápida-mente, en unos instantes, hacia ese mundoinferior de donde es necesario elevarla otra vezhacia las cimas. Vuelta a descender a las llanu-ras. Esa misma lucha hacia las cumbres bastapara llenar un corazón de hombre. Pensemosque Sísifo era dichoso.Nota.- La acción tiene valor en sí. Es lo queexalta el mito. Permite al hombre la satisfacciónde desarrollarse. Pero le falta algo muy humano:saber por qué lucha.968. SOLIDARIDADEstaba un día Diógenes plantado en la esquinade una calle riendo como un loco.“¿De qué te ríes?”, preguntó un transeúnte.“De lo necio que es el comportamiento humano”,respondió.“¿Ves esa piedra que hay en medio de la calle?Desde que llegué esta mañana diez personashan tropezado con ella y la han maldecido, peroninguna de ellas se ha tomado lo molestia deretirarla para que no tropezaran otros con ella”.Raúl Berzosa, “Parábolas para una nueva evan-gelización”, p. 109969. EL SUFRIMIENTOUn discípulo preguntó al maestro:- ¿Por qué los buenos sufren más que losmalos?.El maestro respondió:- Una vez un ciudadano tenía dos vacas, unarobusta y otra débil. ¿A cuál puso el yugo?- Ciertamente a la fuerte, respondió el discípulo.Concluyó el maestro:- Así hace el Misericordioso: para que el mundosiga adelante, pone el yugo a los buenos.
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 289Anónimo judío. “Parábolas para una nuevaevangelización”, p. 73970. EL TALISMÁNEn premio a sus servicios al maestro, el jovenrecibió un talismán con el que podría lograr todolo que desease. Sólo tenía que tener cuidado decumplir con las condiciones que imponía su uso.Podía usarse sólo para algo importante, algoque no hiciera daño a nadie sino bien a todos, yalgo que él no pudiera obtener por sus propiasfuerzas. Con esas condiciones quedaba garanti-zada la fuerza del talismán y el efecto inmediato.El joven lo guardó celosamente y esperó laocasión de usarlo. Pensó en dinero, pero eso lopodía ir consiguiendo él mismo poco a poco;pensó en el amor de una joven, pero compren-dió que era mucho más noble ganarle el cora-zón con su propia bondad y cariño; pensó enviajar por todo el mundo, pero supo que tambiéneso entraba dentro de sus propias fuerzas sirealmente lo deseaba.Al fin cayó descubrió el verdadero mensaje deltalismán. Hacerle caer en la cuenta de lo queverdaderamente deseaba y hacerle extremarsus esfuerzos pues, bien pensado, siempreestaba a su alcance lo que realmente deseaba,y era mucho más satisfactorio lograrlo con supropio esfuerzo que no con la magia de un ta-lismán extraño. El talismán tenía su fuerza en noser usado. En hacer reflexionar ante cada crisis.En sacar a flote las fuerzas ocultas que siempreson más de las que creemos tener. En entre-garnos al máximo y hacer todo lo que está ennuestra mano antes de pedir ayuda ajena. Endescubrirnos a nosotros mismos.Por eso se trata de un talismán que todos he-mos recibido. Ahora nos toca usarlo... sin usarlo.Carlos G. VallésVida Nueva nº 2051 de julio 1996971. {TC “”}EL TAPARRABOSUn gurú quedó tan impresionado por el progresoespiritual de su discípulo que, pensando que yano necesitaba ser guiado, le permitió independi-zarse y ocupar una pequeña cabaña a la orilladel río.Cada mañana, después de efectuar sus ablu-ciones, el discípulo ponía a secar su taparrabos,que era su única posesión. Pero un día quedóconsternado al comprobar que las ratas lo habí-an hecho trizas. De manera que tuvo que men-digar entre los habitantes de la aldea para con-seguir otro. Cuando las ratas también destroza-ron éste, decidió hacerse con un gato, con locual dejó de tener problemas con las ratas,pero, además de mendigar para su propio sus-tento, tuvo que hacerlo para conseguir lechepara el gato.“Eso de mendigar es demasiado molesto”, pen-só, “y demasiado oneroso para los habitantes dela aldea. Tendré que hacerme con una vaca”. Ycuando consiguió la vaca, tuvo que mendigarpara conseguir forraje. “Será mejor que cultive elterreno que hay junto a la cabaña”, pensó en-tonces. Pero también aquello demostró tenersus inconvenientes, porque le dejaba pocotiempo para la meditación. De modo que empleóa unos peones que cultivaran la tierra por él.Pero entonces se le presentó la necesidad devigilar a los peones, por lo que decidió casarsecon una mujer que hiciera esa tarea. Natural-mente, antes de que pasara mucho tiempo sehabía convertido en uno de los hombres másricos de la aldea.Años más tarde, acertó a pasar por allí el gurú,que se sorprendió al ver una suntuosa mansióndonde antes se alzaba la cabaña. Entonces lepreguntó a uno de los sirvientes: “¿No vivía aquíun discípulo mío?”Y antes de que obtuviera respuesta, salió de lacasa el propio discípulo. “¿Qué significa todoesto, hijo mío?”, preguntó el gurú.“No va usted a creerlo, señor”, respondió éste,“pero no encontré otro modo de conservar mitaparrabos”.Así crecen las organizaciones espirituales.Anthony de Mello. “La oración de la rana (1ºtomo)”, p. 110972. {TC “”}EL TAPIZ MARAVI-LLOSOUn buen hombre recibió una carta de un amigo.Le comunicaba que le iba a regalar un hermosotapiz. Era precioso, le decía, y hacía los mayo-res elogios del tapiz precioso que iba a recibirtodo él bordado en oro, representaba primoro-samente unas escenas bellísimas de cacería,los colores estaban perfectamente conseguidos.Su valor, en una palabra, era incalculable.A los pocos días llamaron a su puerta para en-tregarle el tapiz.Lo desembaló a toda prisa, y al verlo, no pudomenos de sentirse defraudado. Aquello no erasino un montón de hilos mal distribuidos sinformar dibujo alguno inteligible. Aquí y allá seveían nudos empalmados de cualquier manera.Por ningún sitio veía aquellas maravillosas es-cenas de cacería de que le había hablado. ¿Noserá fruto de la imaginación de mi amigo?, llegóa pensar. ¡Tantos elogios para tan poca cosa!De repente, y casi sin advertirlo, dio la vuelta alregalo y respiró aliviado. Desgraciadamente lohabía estado mirando del revés. Ahora sí pudoadmirar los riquísimos matices de los colores,las bellas escenas representadas... En fin, lepareció que su amigo se había quedado cortoen las alabanzas.Así nos ocurre a nosotros con el dolor. Dependede por dónde lo miremos. Mirado del lado deacá nos parece un sinsentido, un absurdo. Vistodesde los ojos de Dios puede convertirse en unaocasión maravillosa para encontrarnos con lomejor de nosotros mismos, con los demás y conel mismo Dios.
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 290Manuel Sánchez Monge. “Parábolas como dar-dos”, p. 217973. {TC “”}TE AYUDARÉ SIEM-PRE ASÍEn el patio de recreo de un centro de recupera-ción para poliomelíticos, un niño de siete añosacaba de caer al suelo y lucha por levantarse.Los músculos de sus piernas están atrofiados yagarrotados por la terrible enfermedad y seretuerce en el suelo buscando una posición quele permita utilizar las fuerzas intactas de susbrazos, para poder incorporarse.El educador pasa en esos momentos por allí y elniño, al verlo, abandona el esfuerzo y le tiendela mano gritándole: “Levántame”. Pero el edu-cador se le aproxima sonriendo y le responde:“No, Juanito, levántate tú”. El niño tiene un arre-bato de cólera, golpea el suelo con los puños,pero el educador no cede. Entonces, calmadoya, reanuda su esfuerzo. Poco a poco, encuen-tra una forma de equilibrio irguiéndose por atrásy apoyándose en los brazos muy despacio, selevanta y se mantiene de pie. Su cara se dilataen una inmensa alegría y arrojándose en brazosdel educador le grita: “Tú no me has ayudado,¿eh? Tienes que decírselo a los demás... que túno me has ayudado, que lo he hecho yo solo”.Pero después, un poquito después reflexiona unpoco y añade: “Sí, a pesar de todo, tú me hasayudado...”. El otro le responde: “Te ayudarésiempre así”.Jean Le Du974. {TC “”}TE HICE A TIUn hombre que paseaba por el bosque vio a unzorro que había perdido sus patas, por lo que elhombre se preguntaba cómo podría sobrevivir.Entonces vio llegar a un tigre que llevaba unapresa en su boca. El tigre ya se había hartado ydejó el resto de la carne para el zorro.Al día siguiente, Dios volvió a alimentar al zorropor medio del mismo tigre.En hombre comenzó a maravillarse de la granbondad de Dios y se dijo:- Voy también yo a quedarme en un rincón,confiando en el Señor, y Éste me dará cuantonecesito.Así lo hizo durante muchos días. Pero no suce-día nada. El pobre hombre estaba casi a laspuertas de la muerte cuando oyó una voz que ledecía:- Oh tú, que te hallas en la senda del error, abrelos ojos a la verdad. Sigue el ejemplo del tigre ydeja de imitar al pobre zorro mutilado.Luego, el hombre vio a una niña aterida y tiri-tando de frío dentro de un ligero vestido y conpocas perspectivas de conseguir una comidadecente. Se encolerizó y le dijo a Dios:- ¿Por qué permites estas cosas? ¿Por qué nohaces nada para solucionarlo?Durante un rato, Dios guardó silencio. Peroaquella noche, de improviso, le respondió:- Ciertamente que he hecho algo. Te he hecho ati.Manuel Sánchez Monge. “Parábolas como dar-dos”, p. 191975. {TC “”}TODO ES RELIGIÓNUn predicador norteamericano preguntó al ca-marero de un restaurante de Pekín qué era lareligión para los chinos.El camarero le hizo salir a la terraza y le pregun-tó: “¿Qué es lo que usted ve desde aquí, se-ñor?”“Veo una calle y unas casas, gente que pasea yautobuses y taxis que circulan”.“¿Y qué más?”“Árboles”.“¿Qué más”“Está soplando el viento...”El chino extendió sus brazos y exclamó: “¡Esoes la religión, señor!”¡Lo buscas como quien busca la visión con losojos abiertos! Es tan evidente que es difícil bus-carlo.Anthony de Mello. “La oración de la rana (2ºtomo)”, p. 102976. {TC “”}TONELADA DE ARROZ“Una mujer que deseaba vivamente encontrar lapaz en medio de sus quehaceres domésticos deesposa y madre, acudió al sabio Yang Zhu y lerogó le instruyera lo más rápidamente posiblepara alcanzar la iluminación enseguida y podervolver a su hogar con el ánimo ecuánime, yaque tenía plena fe en que, una vez liberada sumente de la ilusión que es la vida, podría dedi-carse plenamente a sus deberes sin que éstosturbaran en manera alguna su espíritu. Sabíaque esto era así, y estaba dispuesta a hacertodo lo que se le dijera para llegar a la liberacióninterior en el breve tiempo de que disponía.El sabio respondió: “Genuino es tu deseo, y ésaes la primera gran condición para alcanzar elfruto del espíritu. Pero también hace falta ciertainstrucción y ciertas prácticas que puedo ir en-señándote poco a poco en ratos breves, segúntengas tiempo para venir a verme. Junto con elgran deseo, la gran paciencia es también requi-sito indispensable para la iluminación. Me hasdicho que tienes un hijo. En toda su vida tu hijollegará a comerse una tonelada de arroz. Pero¿qué pasaría si le haces comerse todo esearroz de una vez? No le haría bien, sino daño.Aprende a tener gran deseo y ninguna prisa.Vuelve aquí cuando lo desees”.Carlos García Valles. “Salió el sembrador...”
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 291977. {TC “”}UNO DE VOSOTROSES EL MESÍASEl gurú, que se hallaba meditando en su cuevadel Himalaya, abrió los ojos y descubrió, senta-do frente a él, a un inesperado visitante: el abadde un célebre monasterio.“¿Qué deseas?”, le preguntó el gurú.El abad le contó una triste historia. En otro tiem-po, su monasterio había sido famoso en todo elmundo occidental, sus celdas estaban llenas dejóvenes novicios, y en su iglesia resonaba elarmonioso canto de sus monjes. Pero habíanllegado malos tiempos: la gente ya no acudía almonasterio a alimentar su espíritu, la avalanchade jóvenes candidatos había cesado y la iglesiase hallaba silenciosa. Sólo quedaban unos po-cos monjes que cumplían triste y rutinariamentesus obligaciones. Lo que el abad quería saberera lo siguiente: “¿Hemos cometido algún peca-do para que el monasterio se vea en esta situa-ción?”“Sí”, respondió el gurú, “un pecado de ignoran-cia”.“¿Y qué pecado puede ser éste?”“Uno de vosotros es el Mesías disfrazado, yvosotros no lo sabéis”. Y dicho esto, el gurúcerró sus ojos y volvió a su meditación.Durante el penoso viaje de regreso a su monas-terio, el abad sentía cómo su corazón se desbo-caba al pensar que el Mesías había vuelto a latierra y había ido a parar justamente a su mo-nasterio. ¿Cómo no había sido él capaz dereconocerle? ¿Y quién podría ser? ¿Acaso elhermano cocinero? ¿El hermano sacristán? ¿Elhermano administrador? ¿O sería él, el hermanoprior? ¡No, él no! Por desgracia, él tenía dema-siados defectos...Pero resulta que el gurú había hablado de unMesías “disfrazado”... ¿No serían aquellos de-fectos parte de su disfraz? Bien mirado, todosen el monasterio tenían defectos... ¡y uno deellos tenía que ser el Mesías!Cuando llegó al monasterio, reunió a los monjesy les contó lo que había averiguado. Los monjesse miraban incrédulos unos a otros: ¿el Mesí-as... aquí? ¡Increíble! Claro, que si estaba dis-frazado... entonces, tal vez... ¿Podría ser éste...o aquél?Una cosa era cierta: si el Mesías estaba allídisfrazado, no era probable que pudieran reco-nocerle. De modo que empezaron todos a tra-tarse con respeto y consideración. “Nunca sesabe”, pensaba cada cual para sí cuando trata-ba con otro monje, “tal vez sea éste...”El resultado fue que el monasterio recobró suantiguo ambiente de gozo desbordante. Prontovolvieron a acudir docenas de candidatos pi-diendo ser admitidos en la Orden, y en la iglesiavolvió a escucharse el jubiloso canto de losmonjes, radiante del espíritu de Amor.¿De qué sirve tener ojos si el corazón está cie-go?Anthony de Mello. “La oración de la rana (1ºtomo)”, p. 58978. {TC “”}LA VANIDADÉrase una vez un científico que descubrió el artede reproducirse a sí mismo tan perfectamenteque resultaba imposible distinguir al original dela reproducción. Un día se enteró de que anda-ba buscándole el Ángel de la Muerte, y entonceshizo doce copias de sí mismo. El ángel no sabíacómo averiguar cuál de los trece ejemplares quetenía ante sí era el científico, de modo que losdejó a todos en paz y regresó al cielo.Pero no por mucho tiempo, porque, como era unexperto en la naturaleza humana, se le ocurrióuna ingeniosa estratagema. Regresó de nuevo ydijo: “Debe ser usted un genio, señor, para ha-ber logrado tan perfectas reproducciones de símismo. Sin embargo, he descubierto que suobra tiene un defecto, un único y minúsculodefecto”.El científico pegó un salto y gritó: “¡Imposible!¿Dónde está el defecto?”“Justamente aquí”, respondió el ángel mientrastomaba al científico de entre sus reproduccionesy se lo llevaba consigo.Anthony de Mello. “La oración de la rana (1ºtomo)”, p. 185979. {TC “”}LA VECINA DESALI-ÑADAUna mujer se quejaba ante una amiga que ha-bía ido a verla de lo desaliñada y poco cuidado-sa que era una vecina suya. “¡Tendrías que vercómo lleva de sucios a los niños... y cómo tienela casa! Es una auténtica desgracia tener quevivir con semejante vecindario... Echa una mira-da a la ropa que tiene tendida en el patio: fíjateen las manchas negras que tienen esas sába-nas y esas toallas...”La amiga se acercó a la ventana, miró haciaafuera y dijo: “A mí me parece que esa ropaestá perfectamente limpia, querida. Lo que tienemanchas son tus cristales”.Anthony de Mello. “La oración de la rana (2ºtomo)”, p. 154980. {TC “”}EL VENDEDOR DEGLOBOSUn niño negro contemplaba extasiado al vende-dor de globos en la feria, el cual era, evidente-mente un excelente vendedor: en un determina-do momento soltó un globo rojo, que se elevópor los aires, atrayendo a una multitud de posi-bles clientes. Luego soltó un globo azul, des-pués uno amarillo, a continuación un globoblanco. Todos ellos remontaron el vuelo hacia elcielo hasta que desaparecieron.El niño negro, sin embargo, no dejaba de mirarun globo negro que el vendedor no soltaba en
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 292ningún momento. Finalmente le preguntó: “Se-ñor, si soltara usted el globo negro, ¿subiría tanalto como los demás?”El vendedor sonrió compasivamente al niño,soltó el cordel que tenía sujeto el globo negro y,mientras éste se elevaba hacia lo alto, dijo: “Noes el color lo que hace subir, hijo. Es lo que haydentro”.981. VER AL CREADORUn filósofo dijo a un anacoreta:- Hazme ver tu Dios.El anacoreta respondió:- Alza los ojos y mira al cielo: Dios está allí.El filósofo alzó los ojos y resultó deslumbradopor la luz del sol.Entonces el anacoreta contestó:Tú me pides ver a Dios y no eres capaz siquierade soportar el resplandor de una criatura suya.Anónimo judío.982. LA VERDAD OS HARÁ LI-BRESUn joven se lanzó en busca de la Verdad. De-seaba encontrarla costase lo que costase yestuviese donde estuviese. Donde preguntaba,siempre le decían que más allá, que más arriba,que más lejos. Atravesó desiertos, cruzó ríos,escaló montañas. Y por fin, en un pico del Hima-laya, en una cueva escondida, entre hielos ynieves, encontró a la Verdad. Era una ancianadecrépita con un solo diente en la boca, rostrocon más arrugas que piel, y lacios cabellosblancos sobre sus hombros. Pero era la Verdad,y su voz clara y firme daba testimonio a su sa-ber de todo lo que había sucedido desde elprincipio del mundo.El joven comenzó a preguntarle sobre todas lasdudas que tenía, que eran muchas; y a todascontestó la Verdad con certeza indudable. Lepreguntó si los gobernantes decían la verdad.(No). Si su mujer le engañaba. (Lo mismo que éla ella). Si el pelo de su vecino era postizo. (Sí).Si los quitamanchas quitan las manchas deverdad. (No). Y así siguió preguntando sobretodo lo que se le ocurrió preguntar, y recibiósiempre la respuesta definitiva y clara a cadapregunta. Durante un año y medio estuvo pre-guntando, hasta que se le acabaron las pregun-tas y se dispuso a despedirse. Preguntó a ladama: “¿Y deseáis que les diga de vos a loshombres y mujeres de allá abajo?” A lo cual ellasonrió con viveza: “Decidles que soy joven yhermosa”. Y sonrió con su único diente. ¡LaVerdad miente! ¡Oh liberación de liberaciones!Carlos G. VallésVida Nueva nº 2.083 de marzo del 97983. VERDADERA ESCUELAUn conejo, un pájaro, un pez, una ardilla, unpato y otros animales, decidieron fundar unaescuela. Todos se pusieron a discutir qué es loque se debía enseñar. El conejo insistía en quela carrera debía figurar como asignatura. Lomismo hizo el pájaro con el vuelo, el pez con lanatación y la ardilla con la trepa de árboles.Todos los demás animales querían también quesus respectivas especialidades constasen en elrepertorio de disciplinas. Hecho de este modo,cometieron el error garrafal de que todos losanimales habían de seguir todos los cursos.El conejo se comportó magníficamente en lacarrera; ningún otro podía correr como él. Perose dijeron que enseñar a volar era algo positivo,intelectual y emocionalmente. Por tanto, seempeñaron en que el conejo aprendiese a volar.Le pusieron sobre una rama y exclamaron:“Vuela, conejo”. Y el pobre animal saltó al vacíoy se rompió la pata. Como consecuencia de lacaída ni siquiera pudo ya correr bien. En vez desobresaliente en carrera, sólo obtuvo un apro-bado, y en vuelo le suspendieron. El comité deestudios seguía entusiasmado.Con el pájaro ocurrió algo parecido: volaba a suantojo, por lo que era candidato seguro al so-bresaliente. Pero quisieron que el pájaro exca-vara agujeros como el topo. Naturalmente sequebró las alas y el pico, por lo que no pudo yavolar satisfactoriamente.F. Basaglia. “Vivir, amar y aprender”.984. {TC “”}VERÉIS LO QUE SOISUn pajarillo me dijo un día: “He volado y voladobuscando las alas que me hacen volar y la fuer-za que me mueve, y no la encuentro”.Y yo respondí: “Hermano mío, también el hom-bre anda buscando su camino y la fuerza que lohace andar y no se da cuenta que es “él mis-mo”.Y una palmera que nos escuchaba dijo: “Dejaosde filosofar y tomad mi ejemplo. Cada ser es loque da. Mirad lo que dais y veréis lo que sois”.Y después miré hacia arriba y vi que muchospajarillos dormían en su seno.Cayetano Arroyo. “Diálogos con Abul-Beka”985. {TC “”}LA ZANAHORIA ESMÍAUna anciana falleció y fue llevada por lo ángelesante el Tribunal. Pero, al examinar su historial,el Juez descubrió que aquella mujer no habíarealizado un solo acto de caridad, a excepciónde cierta ocasión en que había dado una zana-horia a un mendigo famélico.Sin embargo, es tan grande el valor de un sim-ple acto de amor que se decretó que la mujerfuera llevada al cielo por el poder de aquellazanahoria. Se llevó la zanahoria al tribunal y lefue entregada a la mujer. En el momento en queella tomó en su mano la zanahoria, ésta empezóa subir como si una cuerda invisible tirara deella. llevándose consigo a la mujer hacia el cielo.Entonces apareció un mendigo, el cual se aga-rró a la orla del vestido de la mujer y fue elevado
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 293junto con ella; una tercera persona se agarró alpie del mendigo y también se vio transportado.Pronto se formó una larga hilera de personasque eran llevadas al cielo por aquella zanahoria.Y, por extraño que pueda parecer, la mujer nosentía el peso de todas aquellas personas queascendían con ella; y además, como ella nodejaba de mirar al cielo, ni siquiera las veía.Siguieron subiendo y subiendo, hasta llegarprácticamente a las puertas del cielo. Entoncesla mujer miró para abajo, para echar una últimaojeada a la tierra, y vio toda aquella hilera depersonas detrás de ella.Aquello la indignó y, haciendo un imperiosoademán con su mano, gritó: “¡Fuera! ¡Fueratodos de aquí! ¡Esta zanahoria es mía!Pero, al hacer aquel imperioso gesto, soltó lazanahoria por un momento... y se precipitó contodos hacia abajo.Hay un solo motivo de todos los males de latierra: “¡Esto me pertenece!”.Anthony de Mello. “La oración de la rana (1ºtomo)”, p. 187986. LA ENCINA INÚTILÉrase una vez un carpintero que caminaba porel monte con uno de sus aprendices. Les llamóla atención una gran encina, rugosa, enorme,añosa, espléndida. Y el carpintero preguntó alaprendiz:- ¿Sabes por qué este árbol es grande, tanrugoso, tan añoso y espléndido?- No lo sé. ¿Por qué?- Porque es inútil, respondió el carpintero. Si laencina hubiese sido útil ya hace tiempo que lahubieran cortado para hacer mesas y sillas. Porel hecho de ser inutilizable ha podido ser tangrande y hermosa que uno puede sentarse ydescansar a su sombra.Misión Abierta nº 6 de junio del 97987. PARTIR ES LLEGARUn cuento de Frank Kafka:“Ordené que trajeran mi caballo del establo. Elcriado no me entendió, así que fui yo mismo.Ensillé el caballo y lo monté. A la distancia oí elsonido de una trompeta y pregunté al mozo susignificado. Él no sabía nada; no había oídosonido alguno. En el portón me detuvo y mepreguntó: “¿Hacia dónde cabalga, señor?” – “Nolo sé”, respondí, “sólo quiero partir”. – “¿Enton-ces conoce usted la meta?”, preguntó él. – “Sí”,contesté, “ya te lo he dicho. Partir es mi meta”.Partir es la meta. El futuro es el presente. Elsonido de la trompeta ha llegado al oído, y eneso no está todo. La esencia es partir. Dar elprimer paso. Abrir el establo. Montar en el caba-llo. Si nos paramos a preguntar, no saldremosnunca. Y si nunca salimos, nunca llegaremos.No hace falta mapas, ni itinerarios, ni brújulas.Hace falta fe para salir de casa y alegría paralanzarse al camino. La meta era salir. Ya hemossalido. Ahora cada paso será otra meta, cadaencrucijada será un comienzo, cada principioserá un fin. Salir es llegar.El diálogo insistente retrasa al viajero. ¿A dóndevas? ¿Cuál es la meta? ¿Cuándo llegarás?¿Cuándo volverás? Quien se para a responderestas preguntas se envuelve en la duda y se leparaliza el caballo. Es decir, se le paraliza lamente. Por tener que detallar a dónde llegar leresulta por fin imposible el partir. Las garantíasmatan la aventura. La seguridad ahoga el entu-siasmo. La necesidad de la certeza no permitedesplegar las alas de la posibilidad. La tiraníadel fin anula los medios.El criado del establo no había oído la trompeta.Carlos G. Vallés. Vida nueva nº 2103 de sep-tiembre 97988. ESTAR UNIDOSLos hijos de un labrador estaban peleados.Éste, a pesar de sus muchas recomendaciones,no conseguía con sus argumentos hacerlescambiar de actitud. Decidió que había que con-seguirlo con la práctica. Les exhortó a que letrajeran un haz de varas. Cuando hicieron loordenado, les entregó primero las varas juntas ymandó que las partieran. Aunque se esforzaronno pudieron; a continuación, desató el haz y lesdio las varas una a una. Al poderlas romper asífácilmente dijo: “Pues bien, hijos, también voso-tros, si conseguís tener armonía seréis invenci-bles ante vuestros enemigos, pero si os peleáis,seréis una presa fácil”.Esopo989. SOLIDARIDAD CON EL FU-TUROEl sultán sale una mañana rodeado de su fas-tuosa corte. Al poco de salir encuentran a uncampesino que planta afanoso una palmera. Elsultán se detiene al verlo y le pregunta asom-brado:- Anciano, plantas esta palmera y no sabesquién comerá su fruto... Muchos años necesitapara que madure y tu vida se acerca a su térmi-no.El anciano lo mira bondadosamente y luego lecontesta:- ¡Oh, sultán! Plantaron y comimos; plantemospara que coman.El sultán se admira de tan grande generosidad yle entrega cien monedas de plata, que el ancia-no toma haciendo una reverencia, y luego dice:- ¿Has visto, oh rey, cuán pronto ha dado frutola palmera?Más asombrado, el sultán, al ver cómo tienesabia salida para todo un hombre del campo, leentrega otras cien monedas.El ingenioso anciano las besa y luego contestaprontamente:
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 294- ¡Oh, sultán!, lo más extraordinario de todo esque generalmente una palmera sólo da fruto unavez al año y la mía me ha dado dos en menosde una hora.Maravillado está el sultán con esta nueva salida,ríe y exclama dirigiéndose a sus acompañantes:- Vamos pronto. Si estamos aquí un poco másde tiempo este buen hombre se quedará con mibolsa a fuerza de ingenio.Carolina Toval990. EL CUERVO Y LA ZORRAUn cuervo que había robado un trozo de carnese posó en un árbol. Y una zorra, que lo vio,quiso adueñarse de la carne, se detuvo y co-menzó a exaltar sus proporciones y belleza, ledijo además que le sobraban méritos para ser elrey de las aves y, sin duda, podría serlo si tuvie-ra voz. Pero al querer demostrar la a la zorraque tenía voz, dejó caer la carne y se puso a dargrandes graznidos. Aquélla se lanzó a arrebatarla carne y dijo: “Cuervo, si también tuvierasjuicio, nada te faltaría para ser el rey de lasaves”.Esopo991. EL PASTOR BROMISTAUn pastor que llevaba su rebaño bastante lejosde la aldea, se dedicaba a hacer la siguientebroma: se ponía a gritar a los aldeanos diciendoque unos lobos atacaban a sus ovejas. Dos otres veces los de la aldea se asustaron y acudie-ron corriendo, volviéndose después burlados;pero al final ocurrió que los lobos se presentaronde verdad. Y mientras su rebaño era saqueado,gritaba pidiendo auxilio, pero los de la aldea,sospechando que bromeaba según tenía comocostumbre, no se preocuparon. Y así ocurrióque se quedó sin ovejas.La fábula muestra que los mentirosos sólo ga-nan una cosa: no tener crédito aun cuandodigan la verdad.Esopo992. LA MANTAUn padre casó a su hijo y le donó toda su fortu-na. Se quedó a vivir el padre con los reciéncasados y así pasaron dos años al cabo de loscuales nació un hijo del matrimonio.Fueron luego sucediéndose los años. El abuelono podía ya andar sino apoyándose en su bas-tón y se sentía sucumbir bajo la aversión de lanuera. Ésta decía constantemente a su marido:“Me voy a morir pronto si tu padre continúaviviendo con nosotros”.El marido fue donde su padre y le dijo: “Tienesque irte. Ya te hemos mantenido durante mu-chos años”.La respuesta del padre fue: “¡Que Dios te ben-diga, hijo mío! Me voy, pero al menos dame unamanta para abrigarme pues estoy muerto defrío”.El marido llamó a su hijo, que todavía era unniño: “Baja al establo y dale a tu abuelo unamanta de los caballos para que tenga con quéabrigarse”.El niño bajó al establo con su abuelo, escogió lamejor manta, la dobló por la mitad y, haciendo elabuelo sostuviera uno de los extremos, comen-zó a cortarla sin hacer caso a lo que el ancianotristemente le decía: “¿Qué haces, niño? Tupadre te ha mandado que me la dieses entera.Voy a quejarme a él”.“Haz como quieras”, contestó el muchacho.El abuelo salió del establo y, buscando a su hijo,le dijo: “Mi nieto no ha cumplido tu orden: no meha dado más que la mitad de una manta”.El padre ordenó al muchacho: “Dásela por ente-ro”.“No, por cierto”, contestó el rapaz. “La otra mitadla guardo para dárosla a vosotros cuando yosea mayor y os arroje de mi casa”.El padre, al oír esto, llamó al abuelo que ya semarchaba: “¡Volved, padre mío! Os hago dueñoy señor de mi casa. No comeré un pedazo decarne si que vos hayáis comido otro. Tendréisun buen aposento, un buen fuego, vestidoscomo los que yo llevo...”.Y el buen anciano lloró sobre la cabeza de suhijo arrepentido.Carolina Toval993. LA RESPONSABILIDAD ESDE TODOSÉste es un cuento sobre Gente llamada Todos,Alguien, Cualquiera y Nadie. Había que hacerun trabajo importante y Todos estaban segurosde que Alguien lo iba a hacer. Cualquiera lopodría haber hecho, pero Nadie lo hizo. Alguiense enojó por esto, porque era el trabajo de To-dos. Cada uno pensó que Cualquiera lo podríahacer, pero Nadie se enteró de que Todos no loiban a hacer. Todos culparon a Alguien, cuandoNadie hizo lo que Cualquiera podía haber he-cho.994. EL QUÉ DIRÁNÉrase una vez un viejo que tenía un burro al quequería vender. Un día él y su hijo, y el burro porsupuesto, fueron al mercado.Alguien les increpó por el camino: “Qué tontossois, puesto que vais andando teniendo unburro”.El padre dijo: “Es verdad, ya que tenemos unburro, usémoslo mientras podamos”. Se subióen él y el hijo agarró el ramal para seguir elcamino.“¿No te da vergüenza, viejo?”, le dijo alguien.“Tú en burro mientras tu hijo tiene que caminar”.El anciano se sonrojó, se bajó del burro y dijo asu hijo: “Móntate un rato y yo sujetaré el ramal”.
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 295A continuación se encontraron con unas seño-ras que venían del mercado: “¿No te da ver-güenza? Un joven como tú montando en burromientras tu anciano padre va andado.La cara del joven se puso tan roja como la de supadre momentos antes. “Las señoras tienenrazón, padre. Yo no debería ir descansandomientras tú caminas”.“¿Por qué no nos montamos los dos?”, dijo elviejo. El burro siguió con los dos hombres sobreél.“¿No os da vergüenza?”, gritaron unos hombresque recogían heno en un campo cercano. “Dosadultos encima de un pobre burro. ¿Cómo po-déis ser tan crueles?”El viejo y su hijo se bajaron rápidamente. “Ya sélo que podemos hacer”, dijo el joven. “En lugarde que el burro nos lleve, nosotros llevaremos alburro”.Los hombres fueron recibidos a carcajadas deburla mientras se esforzaban en llegar al mer-cado llevando al burro sobre sus hombros.“Fíjate, dos hombres llevando un burro, cuandoel burro está hecho para llevarlos a ellos”, grita-ba la gente a coro.“Por intentar dar gusto a todos, dijo el viejo, nohemos agradado a nadie. En el futuro seremosnosotros los primeros en agradarnos”.365 cuentos para dormir995. LA NAVAJAUn día la navaja, saliendo del mango que leservía de funda, se puso al sol y vio el sol refle-jado en ella.Entonces se enorgulleció, dio vueltas a su pen-samiento y se dijo: “¿Volveré a la tienda de laque acabo de salir? De ninguna manera. Losdioses no pueden querer que tanta belleza de-genere en usos tan bajos. Sería una locuradedicarme a afeitar las enjabonadas barbas delos labriegos. ¡Qué bajo servicio! ¿Estoy desti-nada para un servicio así? Sin duda alguna queno. Me ocultaré en un sitio retirado y allí pasarémi vida tranquila”.Después de vivir este estilo de vida durantealgunos meses, salió fuera de su funda al airelibre, se dio cuenta de que había adquirido elaspecto de una sierra oxidada y que su superfi-cie no podía reflejar ya el resplandor del sol.Arrepentida, lloró en vano su irreparable des-gracia y se dijo: “¡Cuánto mejor hubiera sidogastarme en manos del barbero que tuvo queprivarse de mi exquisita habilidad para cortar!¿Dónde está ya mi rostro reluciente? El óxido loha consumido”.Leornardo da Vinci996. LA TORTUGA Y LA LIEBREUna tortuga y una liebre discutían sobre quiénera más rápida. Así, fijaron una fecha y un lugary se separaron. La liebre, por su natural rapidez,descuidó el ponerse en carrera, se tiró al bordedel camino y se durmió. Pero la tortuga, cons-ciente de su propia lentitud, no cesó de correr, yde este modo tomó la delantera de la liebredormida y se llevó el premio del triunfo.La fábula muestra que muchas veces el esfuer-zo vence a la naturaleza descuidada.Esopo997. MEJOR HACER ALGO QUELAMENTARSEUn anciano vivía en el norte de China. Su casamiraba al sur, pero ante su puerta se alzabandos enormes montañas. Le cerraban el camino.El anciano y sus hijos se pusieron manos a laobra: con pico y pala comenzaron a allanar lasmontañas.El vecino del anciano, moviendo la cabeza, dijo:"¡Qué locos estáis! Es imposible allanar estasmontañas".El anciano sonrió y luego dijo: "Cuando yo mue-ra, mis hijos continuarán. Cuando mueran mishijos continuarán mis nietos. Las montañas sonaltas, pero ya no crecen. Nuestras fuerzas pue-den crecer. Con cada palada de tierra que qui-tamos nos vamos acercando a la meta. Es me-jor hacer algo que lamentarse de que las mon-tañas no nos dejan ver el sol".Y el anciano siguió cavando con ánimo inque-brantable.Esto conmovió al mismo Dios. Y mandó a susmensajeros a la tierra para allanar las monta-ñas.Misión Abierta nº 9 de noviembre de 1997998. HISTORIA UNIVERSALAl principio, la Tierra estaba totalmente desor-ganizada. Hacerla habitable constituyó unahermosa tarea. Para atravesar ríos nos habíapuentes, no había caminos para subir montes.¿Te querías sentar? Ni siquiera un banquito a lasombra. ¿Te caías de sueño? No existían lascamas; para no pincharse los pies, ni zapatos nibotas. Si veías poco, no encontrabas unas ga-fas. Para jugar un partido no había balones.Faltaban la olla y el fuego para cocer macarro-nes y, pensándolo bien, hasta faltaban los ma-carrones. No había nada. Cero más cero, ybasta. Sólo existían los hombres, con dos bra-zos para trabajar y así los errores más grandesse pudieron remediar. No obstante, quedan aúnmuchos por corregir: ¡Remangaos, hay trabajopara todos!Gianni Rodari999. LA OSTRAEs una gracia especial la de la ostra.Cuando entras en su seno un granode arena, una chinita que le hace daño,no se echa a llorar; no se queja,ni desespera. Día a día va cambiandosu dolor por una perla: una obra
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 296maestra de la naturaleza.Bruno Forte1000. EL TOQUE DEL MAESTROEstaba maltrecho y desportillado,y el subastador pensó que no merecía la penaperder mucho tiempo con el viejo violín.Pero lo alzó en sus manos con una sonrisa:"¿Qué ofrecéis por él, buena gente? - exclamó -¡Mil pesetas, mil...! Van dos mil pesetas.¿No hay quien dé más?Dos mil, dos mil... ¿Quién ofrece tres mil?Van tres mil a la una, tres mil a las dos,Y tres mil a las... ¡pero no!"Desde el fondo de la salaun hombre de cabellos grisesse adelanta y toma el arco,limpia el polvo del viejo violín,tensa las flojas cuerdasy toca una melodía pura y celestial,celestial como el canto de los ángeles.Cesa la música, y el subastador,Con voz grave, dice:"¿Qué dais por el viejo violín?- mientras lo mantiene en alto -¡Cien mil pesetas! ¿Quién da doscientas mil?¡Doscientas mil! ¿Quién ofrece trescientas mil?Trescientas mil a la una,trescientas mil a las dos,¡y trescientas mil a las tres!"La gente aplaudía, pero algunos lloraban."No acabamos de entenderlo.¿Quién ha cambiado su valor?"Pronto llegó la respuesta:"El toque de la mano del maestro".¡Cuántos seres humanos hay,de vida desafinada,maltrechos y destrozados por el pecado,que son subastados a precios irrisoriosante una turba inconsciente!¡Lo mismo que el viejo violín!Un plato de lentejas, un vaso de vino,Una apuesta y, luego, sigue tu camino...A la una, a las dos... casi a las tres...Pero llega el Maestro...y la turba insensata nunca puede comprenderel valor de un alma y el cambio que produceel toque de la mano del Maestro.1001. MI DIOS Y YOEl petirrojo le dijo al gorrión: “Me gustaría, deveras, saber, por qué estos afanosos sereshumanos se apresuran y se preocupan tanto”.Y el gorrión le contestó: “Amigo, estoy seguro deque tiene que ser porque ellos no tienen unPadre Celestial que se cuide de ellos como secuida de ti y de mí”.1002. LA FELICIDAD VIENE DE-TRÁSUn perrito le dijo a un viejo perro: “Durante uncurso de filosofía, aprendí que lo mejor para unperro es la felicidad, y resulta que esa felicidadestá en mi rabo. Por eso trato de atraparlo; encuanto lo atrape, la tendré”.El viejo perro le replicó: “También yo pienso quela felicidad es algo bueno para un perro y queesa felicidad está en mi rabo. Pero me he dadocuenta de que, cuando voy detrás de él, seaparta de mí; pero cuando marcho a cumplir mideber, él viene detrás de mí”1003. CORRESPONSABLESEn un crudo invierno, un anciano tembloroso fuellevado ante los tribunales. Se le acusaba dehaber robado pan. Al ser interrogado, el hombreexplicó al juez que lo había hecho porque sufamilia estaba muriéndose de hambre.- La ley exige que sea usted castigado – declaróel juez -. Tengo que ponerle una multa de qui-nientas pesetas.Al mismo tiempo metió la mano en el bolsillo ydijo: “Aquí tiene usted el dinero para pagar lamulta. Y además, pongo una multa de cienpesetas a cada uno de los presentes en la salapor vivir en una ciudad donde un hombre nece-sita robar pan para poder sobrevivir”.Pasaron una bandeja por el público y el pobrehombre, totalmente asombrado, abandonó lasala con cinco mil pesetas en su bolsillo.1004. EL CAMINO DE LA FELICI-DADEl sabio está sentado bajo el árbol de siempre.La gente viene y le consulta y le pregunta y lecuenta cuitas y le pide bendiciones. Y él escu-cha y bendice y responde a cada uno según lonecesita.En esto se acerca un joven y le pregunta sobrela felicidad. Hemos nacido para ser felices. No losomos. ¿Cómo serlo? El joven pregunta y elsabio escucha. Después le dice: "Vuelve maña-na. Te espero aquí".El joven vuelve al día siguiente, pero no haynadie bajo el árbol. Se cerciora de que es elmismo árbol, el mismo sitio. Sí, lo es, pero nohay ni rastro del sabio. Espera, pero no viene.Sigue esperando, pero sin resultado.Entonces al joven se le ocurre sentarse bajo elárbol. El árbol es de todos, y allí descansará. Lohace con paz.Al cabo de un rato alguien se acerca. La gentesabe que bajo ese árbol se sienta el sabio, yvienen a consultarle, y hoy llega un hombre,toma a nuestro joven por el sabio, pues nadahay de extraño en el mundo de la sabiduría, y sepone a hacerle preguntas. El joven cae en lacuenta de la equivocación, pero decide seguir labroma. Así por lo menos pasará el tiempo. Lue-go ya se lo dirá y se reirán los dos.El hombre pregunta sobre la felicidad. Hemosnacido para ser felices. No lo somos. ¿Cómoserlo? Y el joven se encuentra con que va res-
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 297pondiendo, va diciendo cosas, y el visitanteasiente, entiende, se siente satisfecho.El joven sospecha y se fija en las facciones delvisitante. Sonríe. El visitante es el sabio disfra-zado. Le ha enseñado a que se responda a símismo. Nadie puede decirnos el camino denuestra felicidad sino nosotros mismos.Carlos G. Vallés. Vida Nueva nº 2121 de enerodel 981005. EL DILUVIOTodo el pueblo de Israel conoce el Midrashsobre los motivos del diluvio: una situación repe-titiva consentida por todos aquellos que no laconsideraban grave, si bien se aprovechabanampliamente de ella. Si un pobre tenía sólo uncesto de habichuelas para poder subsistir, cadauno le robaba una habichuela. Para él represen-taba el fin de habichuelas. Pero ellos no veníandónde estaba el mal. ¿Qué pasa? Quitarle a unouna habichuela, ¿a eso le llamáis robar? ¡Vayatontería! Y de todos modos ¿creéis que nospondrán pleito por una habichuela? No, no po-dría poneros un pleito por tan poca cosa. PeroDios califica esta actitud de violencia. Y decidiómandar el diluvio.La sentencia puede parecer muy dura e impro-pia de la misericordia de Dios. Pero este vere-dicto se hace mucho menos rígido cuando seentiende la pedagogía puesta en acción paraevitar el diluvio. Los contemporáneos de Noéfueron advertidos durante 120 años largos paraque se arrepintieran de su falsa conducta y desus técnicas de desnaturalización de la verdad.¿Por qué Dios le manda construir el arca? Paraque sus contemporáneos observaran e hicieranpenitencia. Dios le manda plantar cedros, regar-los, esperar a que crezcan, ir haciendo el arca...y la gente cuando le veía hacer aquellos le pre-guntaban y Noé respondía que si dejaban derobar habichuelas, Dios evitaría el diluvio.Pero ellos... no prestaron atención.Marie Vidal. “Un judío llamado Jesús”1006. ADÁN Y EVAEl Señor escuchó la penitencia de Adán y lerespondió: “Te perdono según tu palabra”. Ycuando el Señor vio que Adán y Eva se arrepen-tían de su pecado se llenó de compasión haciaellos y los tranquilizó para que no se sintierandesgraciados por haber sido expulsados delParaíso donde todo era bueno. No les abando-nó, sino que los amó para siempre. El Señorllamó al hombre y a la mujer y les dijo: “Sé quevendrán sobre vosotros días duros, días deangustias y males que quebrantarán vuestroespíritu. Pero sabed que Yo os amo y que nadaos ha de faltar. Por eso voy a sacar de mi tesorouna perla para vosotros. Héla aquí: ¡es unalágrima! Y cuando os encontréis con una catás-trofe, derramaréis esa lágrima de vuestros ojosy os sentiréis aliviados de vuestra tristeza”.En ese momento los ojos de Adán y Eba empe-zaron a derramar lágrimas. Y esas lágrimasrodaban y caían por tierra. Estas lágrimas eranlas primeras de mundo que humedecían la su-perficie del suelo. Adán y Eva les dieron estaslágrimas en herencia a sus hijos y a los hijos desus hijos hasta la eternidad. Pero fuera de ladescendencia de Adán, nada en el mundo formaalgo semejante para llorar con lágrimas. Desdeentonces y hasta el día de hoy, las personasvierten una lágrima en los momentos de angus-tia y de desgracia y ella aligera su carga y con-suela su corazón.Marie Vidal. “Un judío llamado Jesús”1007. LOS SEIS ABSURDOSEl Maestro dijo: "¿Has oído hablar alguna vezde los seis absurdos y sus consecuencias?"El discípulo respondió: "Nunca he oído hablar deeso".Entonces el Maestro se lo explicó: "El primerabsurdo consiste en pretender alcanzar el bienprescindiendo del estudio y su consecuencia esla decepción; el segundo consiste en intentaralcanzar la ciencia sin entregarse al estudio, loque conduce a la incertidumbre; el tercero con-siste en el deseo de ser sincero prescindiendodel estudio, lo cual provoca el engaño; el cuartoconsiste en pretender obrar rectamente sinhaber recibido la instrucción adecuada, con loque se cae en la temeridad; el quinto consisteen querer compaginar el valor con la incultura, loque da lugar a la insubordinación; finalmente, sise desea alcanzar la perseverancia prescin-diendo del estudio, se cae en la testadurez yobcecación".Carlos DíazDiez palabras clave para educar en valores1008. LIBRE HASTA EL FINSe cuenta que una vez un ejército rebeldeirrumpió en una ciudad coreana y todos losmonjes del templo budista de la localidad huye-ron. Todos, excepto el abad. Entonces el gene-ral rebelde que se pavoneaba por el templo sequedó atónito al ver que el abad no caía dehinojos inmediatamente ante él:- ¿No sabes - rugió - que estás viendo a unhombre que puede traspasarte con su espadasin un parpadeo?- ¿Y tú - replicó el abad - estás viendo a unhombre que puede ser traspasado por una es-pada sin un parpadeo!El general quedó desconcertado. Pasado unmomento, se inclinó reverencialmente y se mar-chó.Carlos DíazDiez palabras clave para educar en valores1009. LA SILLA VACÍAUn enfermo tenía una silla vacía junto a su ca-ma. Cuando llegó un sacerdote de visita, lecomentó: “He colocado a Jesús en esa silla y
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 298estaba hablando con él hasta que llegó usted”.Algunos días más tarde, cuando falleció, la hijadel enfermo fue a visitar al cura y le dijo: “Lodejé solo un par de horas. ¡Parecía tan lleno depaz! Cuando volví de nuevo a la habitación loencontré muerto. Pero noté algo raro: su cabezano reposaba sobre la almohada de su cama,sino sobre una silla colocada junto a la cama.Antonny de MelloSadhana, un camino de oración1010. ¿HE SIDO BUENO?Una pareja iba paseando por la calle con su hijode unos cinco años. Al ver a un pobre mendi-gando en la calle dieron una moneda al niñopara que se la entregara al necesitado.Cuando éste lo hizo, volvió sonriente diciendo:¡Qué bueno he sido!¿No nos pasa a nosotros que nos creemosbuenos porque damos lo que únicamente he-mos recibido para los demás? ¿E incluso que,en lugar de darlo todo, nos reservamos unaparte de ello para nosotros mismos? ¿Somosbuenos porque lo damos todo o sólo hacemos loque tenemos que hacer? ¿Y nos damos cuentaque estamos en ese mismo momento antenuestros padres?1011. ALFABETOUn pobre campesino que regresaba del merca-do a altas horas de la noche descubrió de pron-to que no llevaba consigo su libro de oraciones.Se hallaba en medio del bosque y se le habíasalido una rueda de la carreta y el pobre hombreestaba muy afligido pensando que aquel día noiba a poder recitar sus oraciones.Entonces se le ocurrió orar del siguiente modo:“He cometido una verdadera estupidez, Señor:he salido de casa esta mañana sin mi libro deoraciones y tengo tan poca memoria que no soycapaz de recitar sin él ni una sola oración. Demanera que voy a hacer una cosa: voy a recitarcinco veces el alfabeto muy despacio, y Tú, queconoces todas las oraciones, puedes juntar lasletras y formar esas oraciones que yo soy inca-paz de recordar”.Y el Señor dijo a sus ángeles: “De todas lasoraciones que he escuchado hoy, ésta ha sido,sin duda alguna, la mejor, porque ha brotado deun corazón sencillo y sincero”.1012. LA LLAVE DEL CALABOZOEl preso está encerrado en la cárcel cuandoDios se le aparece, le da la llave de la prisión yle dice que la use para salir fuera y liberarse. Elrecluso queda fuera de sí por la emoción, cuelgala llave de la pared y le reza todos los días y leofrece incienso y se postra ante ella. Pero sigueen la cárcel.Desilusionado por el fracaso, pierde la fe enllave, en Dios, en la religión y continúa mise-rable en su calabozo. Un día un compañeroescucha su historia y le abre los ojos. Le explicael funcionamiento de la llave, cómo hay queintroducirla en el agujero que tiene la puerta,darle la vuelta a la derecha, empujar la puerta ysalir. El recluso escucha, lo intenta, lo consiguey queda libre.La llave, dice el Maestro, son los convenciona-lismos religiosos. De nada sirve la llave si no seusa. La llave no va a hacerlo por nosotros. Y denada vale el incienso y las postraciones y lasadoraciones. La llave es para abrir la puerta, nopara venerarla en sí misma. Es para practicarla.Hay quienes, sigue el Maestro, no quieren tenernada que ver con prácticas religiosas. Tiran lallave porque puede convertirse en objeto deculto, y señalan que de hecho hay gente religio-sa que hace eso precisamente y convierte lasenseñanzas en culto, las instrucciones en recita-les y las llaves en ídolos. Quizá. Pero, concluyeel Maestro, si aún te encuentras dentro de lacárcel, la llave puede ayudarte.Carlos G. VallésVida Nueva 2.135 de mayo del 981013. UNIÓN CON DIOSÉrase una vez un asceta. El solitario estabameditando en un rincón, en el campo. De prontose le presentó un ratoncillo y comenzó a olersus viejas sandalias. El asceta abrió sus ojos. Yse enfadó mucho:- ¿Por qué me molestas en mi meditación?,gritó.- Tengo hambre, dijo el ratón.- Vete de aquí, estúpido ratón, añadió el asceta,estoy buscando la unión con Dios. No me mo-lestes.- ¿Cómo quieres entrar en unión con Dios, si nisiquiera estás en unión conmigo?, preguntó elratón.Misión Abierta nº 7 de septiembre de 19981014. ¿DÓNDE NO ESTÁ DIOS?Érase una vez un místico que iba se peregrina-ción a la Meca. Hacía mucho calor y las jorna-das eran largas. Se detuvo a la sombra de unárbol y se durmió.Otro peregrino, que llevaba la misma ruta, vio elmístico dormido; le despertó y comenzó a hacer-le grandes reproches: ¡eres un desalmado, unimpío, no tienes respeto a Dios, te has dormidocon los pies hacia la Meca! ¡Deberías sentirteavergonzado!El sufí levantó la cabeza y pidió amablementeperdón. Y añadió: “¡Colócame los pies en ladirección donde no esté Dios!Misión Abierta nº 8 de octubre de 19981015. EL PAYASO SERIOSucedió una vez que se declaró un incendioentre bastidores de un teatro. El payaso salió alescenario a informar al público. Creyeron queera una broma y aplaudieron. Repitió el aviso, y
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 299aplaudieron más fuerte. Por eso creo que elmundo se acabará en medio de los aplausos detodos los graciosos que se creerán que es unabroma.Nos dicen cristianos serios que la iglesia estáperdiendo credibilidad. Y nos reímos. Nos dicenque en grandes regiones no hay apenas jóvenesque aspiren al sacerdocio y a la vida religiosa. Yno le damos importancia.Nos dicen que los jóvenes de hoy "pasan" de laiglesia. Y no nos afecta, porque sabemos que laiglesia durará para siempre.Nos dicen que impera el "cristianismo a la car-ta", donde cada cual toma lo que quiere dedogmas y mandamientos y creencias y conduc-tas, con la consiguiente confusión y anarquía ydebilitamiento de fe y costumbres. Y seguimostan tranquilos.Nos están dando los avisos más serios quepueden darse, y que son verdad porque el fuegose ha declarado ya entre bastidores. Y segui-mos riendo y aplaudiendo. Siento en el rostrodel payaso responsable su agonía en el escena-rio. A veces sueño que soy yo ese payaso.Carlos G. Vallés. Vida Nueva 2161 de noviem-bre de 19981016. EL CAMELLOEl camello se pinchócon un cardo del caminoy el mecánico Melchorle dio vino.Baltasar fue a reportar,más allá del quinto pino...e intranquilo el gran Melchorconsultaba su Longinos.- ¡No llegamos, no llegamos,y el Santo Parto ha venido!- Son las doce y tres minutos,y tres reyes se han perdido.El camello cojeando,más medio muerto que vivo,va especulando su felpa,entre los troncos de olivos.Acercándose a Gaspar,Melchor le dio al oído:"Vaya birria de camello,que en Oriente te han vendido".A la entrada de Belénal camello le dio el hipo.¡Ay qué tristeza tan grandeen su belfo y en su tipo!Se iba cayendo la mirraa lo largo del camino,Baltasar lleva los cofres,Melchor empujaba al bicho.Y a las tantas ya del alba,ya cantan los pajarillos,los tres reyes se quedaronboquiabiertos e indecisos,oyendo hablar como a un Hombrea un Niño recién nacido.- No quiero oro ni incienso,ni esos tesoros tan fríos,quiero al camello, le quiero.Le quiero, repitió el Niño.A pie vuelven los tres reyes,cabizbajos y afligidos.Mientras tanto el camello echadole hace cosquillas al Niño.Gloria Fuertes1017. VENIR SIN NADAUn día un monje fue a visitar a un maestro y ledijo: "He venido sin nada".El maestro le contestó: “Entonces, déjalo porahí”. Si tenía la sensación de venir sin nada,implica que echaba en falta algo.El monje no entendió nada y se enfadó. Enton-ces, tranquilamente, el maestro le dijo: “Te loruego, recógelo y vuelve a casa”.Catherine Clément. “El viaje de Teo”1018. LA PAJARITA DE PAPEL"Tato tenía seis años y un caballo de madera.Un día su padre le dijo:- ¿Qué regalo quieres? Dentro de poco es tucumpleaños.Tato se quedó callado. No sabía qué pedir.Entonces vio un pisapapeles sobre la mesa desu padre. Era una pajarita de plata sobre unpedazo de madera. Y sobre la madera estabaescrito:PARA LOS QUE NO TIENEN TIEMPO DE HA-CER PAJARITAS.Al leer aquello, sin saber por qué, el niño sintiótristeza por su padre y dijo:- Quiero que me hagas una pajarita de papel.El padre sonrió:- Bueno, te haré una pajarita de papel.El padre de Tato comenzó a hacer una pajaritade papel, pero ya no se acordaba. Fue a unalibrería y compró un libro. Con él aprendió ahacer pajaritas de papel. Al principio le salíanmal, pero después de una horas hizo una pajari-ta de papel maravillosa.- Ya he terminado, ¿te gusta?El niño miró la pajarita de papel y dijo:- Está muy bien hecha, pero no me gusta. Lapajarita está muy triste.El padre fue a casa de un sabio y le dijo:- Esta pajarita de papel está triste; inventa algopara que esté alegre. El sabio hizo un aparato,se lo colocó a la pajarita debajo de las alas y lapajarita comenzó a volar. El padre llevó la pajari-ta de papel a Tato y la pajarita voló por toda lahabitación.- ¿Te gusta ahora?, le preguntó. Y el niño dijo:- Vuela muy bien pero sigue triste. Yo no quierouna pajarita triste.El padre fue a casa de otro sabio. El otro sabiohizo un aparato y con él la pajarita podía cantar.
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 300La pajarita de papel voló por toda la habitaciónde Tato, y, mientras volaba cantaba una hermo-sa canción.Tato dijo:- Papá, la pajarita de papel está triste; por esocanta una triste canción. !Quiero que mi pajaritasea feliz¡El padre fue a casa de un pintor famoso. Y elpintor famoso pintó hermosos colores en lasalas, en la cola y en la cabeza de la pajarita depapel. El niño miró la pajarita de papel pintadade hermosos colores.- Papá, la pajarita de papel sigue estando triste.El padre de Tato hizo un largo viaje. Fue a casadel sabio más sabio de todos los sabios. Y elsabio más sabio de todos los sabios, despuésde examinar la pajarita, le dijo:- Esta pajarita de papel no necesita volar, nonecesita cantar, no necesita hermosos colorespara ser feliz.Y el padre de Tato preguntó:- Entonces, ¿por qué está triste?Y el sabio más sabio de todos los sabios lecontestó:- Cuando una pajarita de papel está sola, es unapajarita de papel triste.El padre regresó a casa. Fue al cuarto de Tato yle dijo:- Ya sé lo que necesita nuestra pajarita para serfeliz.Y se puso a hacer muchas pajaritas de papel. Ycuando la habitación estuvo llena de pajaritas,Tato gritó:- ¡Mira, papá!¡ Nuestra pajarita de papel ya esmuy feliz! Es el mejor regalo que me has hechoen toda mi vida.Entonces todas las pajaritas de papel, sin nece-sidad de ningún aparato, volaron y cantaron portoda la habitación.1019. TRANSFORMARSE EN FUE-GOEl sacerdote Lot fue a ver a otro sacerdote (Jo-sé) y le dijo: "Padre, de acuerdo con mis posibi-lidades, he guardado mi pequeña regla y heobservado mi humilde ayuno, mi oración, mimeditación y mi silencio contemplativo; y en lamedida de lo posible, mantengo mi corazónlimpio de malos pensamientos. ¿Qué más debohacer?En respuesta, el anciano se puso en pie, elevóhacia el cielo sus manos y apuntó hacia unasantorchas encendidas y le dijo: "Te falta trans-formarte en eso, totalmente en fuego".1020. UN SUSPIRO COMO ORA-CIÓNUn zapatero remendón acudió a un Maestrojudío, y le dijo: "No sé que hacer con mi oraciónde la mañana. Mis clientes son personas pobresque no tienen más que un par de zapatos. Yo selos recojo a última hora del día y me paso lanoche trabajando; al amanecer aún queda tra-bajo por hacer si quiero que todos ellos lostengan listos para ir a trabajar. Y mi pregunta es:¿qué debo hacer con mi oración de la maña-na?"."¿Qué has venido haciendo hasta ahora?",preguntó el Maestro judío."Unas veces hago la oración a todo correr yvuelvo enseguida a mi trabajo; pero eso mehace sentirme mal. Otras veces dejo que se mepase la hora de la oración, y también entoncestengo la sensación de haber faltado; y de vez encuando, al levantar el martillo para golpear unzapato, casi puedo escuchar como mi corazónsuspira: ¡qué desgraciado soy, pues no soycapaz de hacer mi oración de la mañana...!".Le respondió el Maestro judío: "Si yo fuera Diosapreciaría más ese suspiro que la oración".1021. DIOS NO SE OCUPA DE LOQUE PUEDES HACER TÚUn discípulo llegó a lomos de su camello ante latienda de su maestro sufí. Desmontó, entró a latienda, hizo una profunda reverencia y dijo:"Tengo tan gran confianza en Dios que he deja-do suelto a mi camello ahí fuera, porque estoyconvencido de que Dios protege los intereses delos que le aman"."¡Pues sal afuera y ata a tu camello, estúpido!",le dijo el maestro. "Dios no puede ocuparse dehacer en tu lugar lo que eres perfectamentecapaz de hacer por ti mismo".1022. MEDIACIONES DE DIOSUn hombre se perdió en el desierto. Y más tar-de, refiriendo su experiencia a sus amigos, lescontó cómo, absolutamente desesperado, sehabía puesto de rodillas y había implorado laayuda de Dios."¿Y respondió Dios a tu plegaria?", le pregunta-ron."¡Oh, no! Antes de que pudiera hacerlo, apare-ció un explorador y me indicó el camino.1023. ACTUAR COMO DIOSUn día, Abraham invitó a un mendigo a comeren su tienda. Cuando Abraham estaba dandogracias, el otro empezó a maldecir a Dios y adecir que no soportaba oír su Santo Nombre.Presa de indignación, Abraham echó al blasfe-mo de su tienda.Aquella noche, cuando estaba haciendo susoraciones, le dijo Dios a Abraham: "Ese hombreha blasfemado de mí y me ha injuriado durantecincuenta años, y sin embargo, yo le he dado decomer todos los días. ¿No podías haberlo so-portado tú durante un sólo almuerzo?".
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 3011024. ANDAR PRIMERO CON ELCORAZÓNUn anciano peregrino recorría su camino hacialas montañas del Himalaya en lo más crudo delinvierno. De pronto se puso a llover.Un posadero le preguntó: "¿Cómo has conse-guido llegar hasta aquí con este tiempo de pe-rros, buen hombre?".Y el anciano respondió alegremente: "Mi cora-zón llegó primero, y el resto de mí le ha sidofácil seguirle".1025. VIVIR ES MÁS IMPORTANTEQUE TEORIZARUn niño le preguntó a un electricista: "¿Qué esexactamente la electricidad?"."La verdad es que no lo sé, pequeño. Pero pue-do hacer que te dé luz?".(La verdad no es teórica. Fundamentalmente sele vive).1026. CARIDAD Y NO BENEFICEN-CIAUna enjoyada duquesa salió, a latas horas de lanoche, de un elegante hotel de Londres dondehabía cenado y asistido a un "baile de caridad" abeneficio de los niños abandonados.Estaba a punto de subir a su Rolls Royce cuan-do un andrajoso pilluelo se le acercó suplicante:"Por caridad, señora, déme seis peniques. Llevodos días sin comer..."La duquesa le rechazó con un gesto y le dijo:"¡Desgraciado! No te has dado cuenta de que heestado bailando para ti toda la noche?"1027. OCUPARSE DEL MUNDO EN-TEROÉrase una vez un hombre que estaba constru-yéndose una casa. Y quería que fuera la casamas hermosa, más acogedora y más conforta-ble del mundo.Entonces llegó alguien a pedirle ayuda, porqueel mundo estaba ardiendo. Pero lo que a él leinteresaba era su casa, no el mundo.Cuando, al fin, tuvo construida su casa, descu-brió que no tenía de un planeta donde colocarlo.1028. NO HAY LUGARCuando don Enrique falleció, fue directamente alcielo. Nada más llegar, llamó con fuerza y de-terminación a la puerta de san Pedro, que en-treabrió.- ¿Quién es? – preguntó una voz.- ¡Soy yo, don Enrique Fernández del Valdi-vieso! –contestó orgulloso.- ¡Vete, aquí no hay sitio para los dos!Y don Enrique tuvo que instalarse en el purgato-rio. Al cabo de un tiempo, si es que en la eterni-dad hay tiempo, volvió a ascender al cielo yvolvió a llamar, con más timidez, a la puerta.- ¿Quién es? – preguntó de nuevo la voz.- ¡Soy yo! – contestó don Enrique omitiendoesta vez sus apellidos insignes.- ¡Vete, aquí no hay sitio para los dos! – levolvió a responder la voz.Y de nuevo don Enrique tuvo que volver al pur-gatorio, y de nuevo la misma historia se repitióuna, dos, tres, cuatro, cien veces, hasta que undía al preguntarle la voz, don Enrique respondió:- ¡Soy Tú!Sólo entonces hubo sitio para él en el cielo.Julio Peradejordi “56 cuentos para buscar aDios”1029. LA TENTACIÓN- Después de vencer una serie de terriblestentaciones en mi cueva del desierto – ex-plicaba el maestro a sus discípulos – exte-nuado, desfallecido, le pregunté al Señor:- ¿Dónde estabas, Dios mío, mientras meatacaba la tentación?- Estaba en medio de tu corazón, orgulloso,viéndote combatir y vencer – me respondióel Señor.Julio Peradejordi “56 cuentos para buscar aDios”1030. LA FELe preguntaron al maestro por qué partían tan-tos barcos a la mar y por qué regresaban tanpocos, a lo cual él contestó:- La vela del barco de la existencia humanaes la fe. Mientras la vela existe y está izada,el viento conduce el barco hacia puerto.Cuando la vela no está izada o no existe,las palabras de los sabios son sólo viento.Julio Peradejordi “56 cuentos para buscar aDios”1031. LA ORACIÓN Y LA FE- ¿Hay algo más importante que la oración?– le preguntó el discípulo al maestro.- Ciertamente – respondió éste -. La fe esmás importante. La oración entre los mu-sulmanes es obligatoria cinco veces al día.La fe, para todos los hombres realmente re-ligiosos, es necesaria en todo momento.Puedes dejar de orar por fuerza de causamayor, sin embargo en los momentos difíci-les tu fe ha de ser todavía más fuerte.Además, sin la fe la oración carece total-mente de valor y de eficacia: es pura hipo-cresía mientras que la fe sin la oración nocarece de valor. Las oraciones son diver-sas, varían según los lugares, las épocas ylas religiones, pero la fe es siempre la mis-ma.
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 302Julio Peradejordi “56 cuentos para buscar aDios”1032. LA ÚNICA COSADespués que hubieran realizado todos los traba-jos que el maestro les había encomendado, yque no eran pocos, éste se acercó a ellos y lesdijo:- Todo lo que habéis hecho no sirve paranada.Sorprendidos, le preguntaron por qué, y lesrelató la siguiente historia:- Una vez un rey envió a uno de sus servido-res a hacer un pequeño recado. Dado queestaba muy lejos y suponía muchos días deviajes y un gasto elevado, el criado decidiócomunicar a sus parientes y amigos su par-tida para ver si alguien la confiaba más re-cados y así aprovechaba más el viaje. Nose equivocó: mucha gente tenía asuntosque resolver y la distancia hacía que se re-trasaran. Por eso se los confiaron al criado.Y aún más, todos ellos eran aparentementede mayor envergadura e importancia que elrecado que le había encomendado el rey. Yasí el criado partió hacia su destino, carga-do de encargos más urgentes y rentablesque el que había motivado el viaje. Cuandole tocó regresar, éstos habían tomado tantotiempo que volvió sin haber podido realizarel encargo del rey.Julio Peradejordi “56 cuentos para buscar aDios”1033. UNO MISMOEl maestro les decía: “Diez mil hombres quevienen de fuera no pueden abrir la puerta de laciudad si dentro no tienen un cómplice. Diez milpalabras que vienen de fuera son totalmenteinútiles si no son confirmadas por el interior. Siun árbol no tiene humedad en sus raíces, denada la servirán diez mil torrentes”.Julio Peradejordi “56 cuentos para buscar aDios”1034. EL ESPEJOLa mujer de Abdul era la más bella de la ciudad.En cierta ocasión en que Abdul regresaba de unlargo viaje, ésta le preguntó:- ¿Qué me has traído?- Nada más bello que tu semblante. ¿Quéiba, pues, a traerte? Sólo puedo ofrecerteeste espejo para en todo momento puedascontemplarte en él.Así pues, prosiguió el maestro después de rela-tar la historia, ¿qué creéis que le podéis ofrecera Dios?, ¿vuestros méritos?, ¿vuestros sacrifi-cios?, ¿vuestras ofrendas?, ¿vuestros conoci-mientos? ¡Él es todo conocimiento, todo mérito ytoda belleza, más que todos vosotros juntos!Sólo desea una cosa de vosotros: que en el díade la verdad le ofrezcáis un espejo puro en elque poder contemplarse.Julio Peradejordi “56 cuentos para buscar aDios”1035. EL HOMBRE QUE LLORÓEra un hombre que había nacido en la tierra deYen, pero que creció y se educó lejos de allí. Ensu ancianidad le entró nostalgia de su tierranatal y decidió volver a ella.En su viaje, sus compañeros de viaje decidierongastarle una broma. Uno le dijo al llegar a unpoblado: “Este es tu pueblo”. Y él quedó muyserio. Otro señaló un edificio y le dijo: “Este es eltemplo al que te llevaban de pequeño”. Él suspi-ró profundamente. Otro le llevó a una casaabandonada y le dijo: “Esta es la casa de tusantepasados, donde tú naciste”. El hombre seemocionó visiblemente. Por fin, otro compañerode viaje le llevó a un cementerio, le mostró unastumbas antiguas y le dijo: “Éstas son las tumbasde tus antepasados”. Ante ellas el hombre sepostró y se deshizo en sollozos y lágrimas.Viéndolo tan apesadumbrado decidieron que yaera bastante y le dijeron que todo era una bro-ma. El hombre pidió perdón por sus emociones,y no habló más por el camino.Llegaron por fin a su verdadero pueblo y allí viosu verdadera casa donde nació y las tumbas desus antepasados. Pero no se sintió mal ni lloró.El hombre había entendido que nuestras emo-ciones no son el resultado de lo que realmentees, sino de lo que nosotros creemos que es.Nuestros sentimientos no vienen de las cosasen sí, sino de nuestras creencias acerca deellas. Quien entiende eso, encuentra la paz.Carlos G. VallésVida Nueva nº2183, de mayo del 991036. LA CARAVANA EN EL DE-SIERTOUn poderoso sultán viajaba por el desierto se-guido de una larga comitiva que transportaba sutesoro favorito de oro y piedras preciosas.A mitad de camino, un camello de la caravana,agotado por el ardiente reverbero de la arena,se desplomó agonizante y no volvió a levantar-se.El cofre que transportaba rodó por la falda de laduna, reventó y derramó todo su contenido deperlas y piedras preciosas, entre la arena.El sultán, no quería aflojar la marcha; tampocotenía otros cofres de repuesto y los camellosiban con más carga de la que podían soportar.Con un gesto, entre molesto y generoso, invitó asus pajes y escuderos a recoger las piedraspreciosas que pudieran y a quedarse con ellas.Mientras los jóvenes se lanzaban con avariciasobre el rico botín y escarbaban afanosamenteen la arena, el sultán continuó su viaje por eldesierto. Se dio cuenta de que alguien seguía
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 303caminando detrás de él. Se volvió y vio que erauno de sus pajes que lo seguía, sudoroso yjadeante.- ¿Y tú - le preguntó el sultán - no te has paradoa recoger nada?El joven le respondió con dignidad y orgullo:- ¡ Yo sigo a mi rey !1037. LAS VIRTUDESCuentan que una vez se reunieron en un lugarde la tierra todos los sentimientos y cualidadesde los hombres. Cuando el ABURRIMIENTOhabía bostezado por tercera vez, la LOCURA,como siempre tan loca, les propuso:- ¿Jugamos al escondite?La INTRIGA levantó la ceja intrigada y la CU-RIOSIDAD, sin poder contenerse, preguntó: "¿Alescondite?, ¿y cómo es eso?"- Es un juego - explicó la LOCURA- en que yome tapo la cara y comienzo a contar desde unohasta un millón mientras ustedes se esconden ycuando yo haya terminado de contar, el primerode ustedes al que encuentre, ocupará mi lugarpara continuar el juego.El ENTUSIASMO bailó secundado por la EU-FORIA. La ALEGRIA dio tantos saltos que ter-mino por convencer a la DUDA, e incluso a laAPATÍA, a la que nunca le interesaba nada.Pero no todos quisieron participar. La VERDADprefirió no esconderse (¿para qué?), si al finalsiempre la hallaban, y la SOBERBIA opinó queera un juego muy tonto (en el fondo lo que lemolestaba era que la idea no hubiese sido su-ya), y la COBARDÍA prefirió no arriesgarse...- Uno, dos, tres...- comenzó a contar la LOCU-RA.La primera en esconderse fue la PEREZA que,como siempre, se dejó caer tras la primera pie-dra del camino. La FE subió al cielo, y la ENVI-DIA se escondió tras la sombra del TRIUNFO,que con su propio esfuerzo había logrado subira la copa del árbol más alto. La GENEROSIDADcasi no alcanzaba a esconderse; cada sitio quehallaba le parecía maravilloso para alguno desus amigos: que si un lago cristalino, ideal parala BELLEZA; que si el bajo de un árbol, perfectopara la TIMIDEZ; que si el vuelo de la mariposa,lo mejor para la VOLUPTUOSIDAD; que si unaráfaga de viento, magnífico para la LIBERTAD.Así que terminó por ocultarse en un rayito desol. El EGOÍSMO, en cambio, encontró un sitiomuy bueno desde el principio, ventilado, cómo-do... pero sólo para él.La MENTIRA se escondió en el fondo de losocéanos (¡mentira!, en realidad se escondiódetrás del arco iris), y la PASIÓN y el DESEOen el centro de los volcanes. El OLVIDO... ¡seme olvidó dónde se escondió!... pero es no es loimportante.Cuando la LOCURA contaba 999.999, el AMORtodavía no había encontrado un sitio para es-conderse, pues todo se encontraba ocupado,hasta que divisó un rosal y, enternecido, decidióesconderse entre sus flores.-¡Un millón!- contó la LOCURA y comenzó abuscar.La primera en aparecer fue la PEREZA, sólo atres pasos de la piedra. Después se escuchó ala FE discutiendo con Dios en el cielo sobreZoología. Y a la PASIÓN y al DESEO los sintióen el vibrar de los volcanes.En un descuido encontró a la ENVIDIA y, claro,pudo deducir dónde estaba el TRIUNFO. AlEGOÍSMO no tuvo ni que buscarlo; el solitosalió disparado de su escondite, que habíaresultado un nido de avispas.De tanto caminar sintió sed y, al acercarse allago, descubrió a la BELLEZA. Y con la DUDAresultó más fácil todavía, pues la encontró sen-tada sobre una cerca sin decidir aún de qué ladoesconderse.Así fue encontrando a todos: el TALENTO entrela hierba fresca, la ANGUSTIA en una oscuracueva, la MENTIRA detrás del arco iris y hastael OLVIDO, al que ya se le había olvidado queestaba jugando a los escondidos.Pero sólo el AMOR no aparecía por ningún sitio.La LOCURA buscó detrás de cada árbol, bajocada arroyo del planeta, en la cima de las mon-tañas y, cuando estaba por darse por vencida,divisó un rosal y las rosas... Y tomó una horqui-lla y comenzó a mover las ramos, cuando depronto un doloroso grito se escuchó. Las espi-nas habían herido en los ojos al AMOR. LaLOCURA no sabía qué hacer para disculparse;lloró, rogó, imploró y hasta prometió ser su laza-rillo.Desde entonces, desde que por primera vez sejugó al escondite en la tierra,EL AMOR ES CIEGO Y LA LOCURA LOACOMPAÑA SIEMPRE.1038. EL CIEMPIÉS- Qué complicación (exclamó el Abad viendocaminar a un ciempiés) y qué maravilla: lo hacetan bien que parece fácil.De pronto, le vino a la memoria una historietaque había escuchado no sabía dónde: "El pe-queño ciempiés sintió que debía lanzarse acaminar, y preguntó inquieto a su madre:- Para andar, ¿qué pies debo mover primero: lospares o los impares, los de la derecha o los dela izquierda, los de delante o lo de detrás? ¿Olos del centro? ¿Y cómo? ¿Y por qué?- Cuando quieras andar, hijo mío - le respondióla madre- deja de cavilar y... anda".1039. LA SEDUn joven inquieto se presentó a un sacerdote yle dijo:- Busco a Dios.
  • GOIZALDE CUENTOS Y PARÁBOLASMil textos para orar y reflexionar 304El reverendo le echó un sermón, que el jovenescuchó con paciencia. Acabado el sermón, eljoven marchó triste en busca del obispo.- Busco a Dios, le dijo llorando al obispo.Monseñor le leyó una pastoral que acababa depublicar en el boletín de la diócesis y el jovenoyó la pastoral con gran cortesía, pero al acabarla lectura se fue angustiado al papa a pedirle:- Busco a Dios.Su santidad se dispuso a resumirle su últimaencíclica, pero el joven rompió en sollozos sinpoder contener la angustia.- ¿Por qué lloras?, le preguntó el papa total-mente desconcertado.- Busco a Dios y me dan palabras dijo el jovenapenas pudo recuperarse.Aquella noche, el sacerdote, el obispo y el papatuvieron un mismo sueño. Soñaron que moríande sed y que alguien trataba de aliviarles con unlargo discurso sobre el agua.1040. DARAquella tarde, la comunidad monástica hacía, ensu oratorio, una plegaria de intercesión. Una trasotra, se escuchaban las oraciones de los mon-jes: "Señor, te pido", "Señor, te pido", "Señor, tepido". También el Abad hacía su plegaria: "Se-ñor, te pido...". Por fin, todos callaron largamen-te.Hasta que de nuevo se dejó oír la voz del Abad:"Ahora, Señor, dinos en qué podemos ayudarte;te escuchamos en silencio".Al cabo de un rato concluyó: "Gracias, Padre,porque quieres contar con nosotros". Y todos losmonjes respondieron al unísono: "Amén".(Porque habían comprendido que la oración,como el amor, tiene dos tiempos: dar y recibir, yque si falta uno de ellos, se muere.)1041. COMPASIÓNUno de los discípulos fue sorprendido en el actode robar. Lo apresaron, denunciaron, acusarony esperaron el castigo ejemplar del Maestro.Pero el Maestro no hizo nada. El descontento seintensificó entre los demás discípulos que mur-muraron, protestaron, amenazaron. Por fin, alver que no se castigaba al culpable, todos losdemás discípulos se reunieron y declararon anteel Maestro que, si el ladrón no era expulsado, seirían todos ellos.El Maestro contestó: "Podéis iros. Vosotrostenéis ya buenas costumbres y buen juicio.Sabéis discernir el bien y el mal y actuar segúnel dictamen de vuestra conciencia. Pero estepobre hermano no distingue el bien del mal.¿Quién le va a enseñar si yo no lo hago? Yoseguiré enseñándole a él, aunque todos losdemás os marchéis".El ladrón se echó a llorar. Sintió que todo deseode robar había desaparecido de sus entrañas.Hasta entonces se había mostrado arrogante,confiado al verse protegido, impenitente enbusca de la próxima ocasión para practicarimpunemente sus artes. Pero, ante la bondaddel Maestro, se le deshizo el orgullo, se le abrie-ron los ojos, se le enterneció el corazón. Y vio loque nunca había visto y entendió lo que ningunalección le podría haber hecho aprender.El ladrón no fue el único que lloró. Hubo tambiénlágrimas escondidas en ojos de muchachos quese sabían culpables de faltas encubiertas que alno ser vistas iban quedando en su concienciaapagada como no cometidas.La compasión del Maestro es la gran virtud queinspira la mejor conducta en el discípulo. Ya nohubo más robos.Carlos G. VallésVida Nueva 2189 del 12 de junio de 1999