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Inmemoriamf garavito

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  • 1. SELECCIÓN DE ARTÍCULOS DE FERNANDO GARAVITO ¿Quién era Fernando Garavito Pardo?Fernando Garavito nació en Bogotá en 1944, y se graduó como abogado en laUniversidad Javeriana; fue redactor, editor y director de varios medios de prensa. En1998 se vinculó a EL ESPECTADOR, donde escribió una prestigiosa columna deopinión, “El Señor de las Moscas”.Amenazado por los paramilitares, se vio obligado a partir al exilio el día 21 de marzo de2002 junto con su esposa y sus dos hijos menores. En una serie de columnas deprensa había atacado a las derechistas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) y serefirió al candidato presidencial Álvaro Uribe, quien encabezaba las encuestas, como aun candidato ultraderechista cuya elección podría ser peligrosa para el país. Desde elexilio continuó escribiendo su columna para el diario EL ESPECTADOR.Posteriormente a raíz de un artículo donde preguntaba “¿Por qué los autores deldesfalco a la Nación a través del Banco del Pacífico ocupan los más altos cargosadministrativos del nuevo gobierno del Presidente Uribe Vélez?”, el periódico prescindióde sus servicios.Entre sus libros se destacan “Ja”, de 1976, que la crítica consideró como un puntalimportante de la renovación del lenguaje poético en Colombia, dos antologías de susreportajes políticos y culturales: “Reportajes de Juan Mosca”, editado en 1983, y “País
  • 2. 2que duele”, de 1996, así como un volumen de periodismo literario, “El corazón de Oro”,de 1993. En el año 2001 obtuvo el Premio de Periodismo Simón Bolívar, por suinvestigación sobre la tragedia del Palacio de Justicia.En el año 2006, por selección de los jurados, la Fundación Lannan le dio el CulturalFreedom Award por su trabajo como periodista en favor de la democracia, la libertad ydel respeto a los derechos humanos.A inicios de 2010 aspiró a ser representante a la Cámara por los colombianos en elexterior, apoyado por el PDA, pero no tuvo éxito.Falleció el día 28 de octubre de 2010 en un accidente automovilístico en Nuevo México.
  • 3. 3 Ciertas yerbas del pantano [ *]27 de agosto de 2000Con bombos y platillos EL TIEMPO lanzó esta semana a Álvaro Uribe Vélez como sucandidato presidencial. Cuatro columnas en primera página, foto desplegada con puñoafirmativo y gesto intenso, preguntas concretas, respuestas ambiguas. El candidatoanunció que va a asumir la defensa de los colombianos. Muy bien. Pero, ¿quién nosdefenderá a los colombianos del candidato?Su hoja de vida es más bien una hoja de muerte. Fue estudiante pobre del colegioJorge Robledo, hijo de don Alberto Uribe Sierra, uno de esos personajes de los queestá llena la historia de Antioquia, que le ponen la trampa al centavo y viven un poco deechar el cuento, de comprar al fiado, de captar dineros, de deber un poco aquí y unpoco en la otra esquina.Pese a que don Alberto se convirtió en el corredor oficioso de finca raíz de ciertasyerbas del pantano y que era ostentoso como una catedral, con helicóptero y rejoneoincluidos, murió más pobre que el padre Casafús, quien fue tal vez el autor del milagro.Porque si no es un milagro, ¿cómo se explica que haya dejado esa inmensa y oportunariqueza que sacó de problemas a sus tres vástagos, el candidato, el ‘Carepapa’ y el‘Pecoso’, que hasta el momento habían pasado las duras y las maduras para explicar laprocedencia de algunos dinerillos?Por ese entonces el candidato ya había salido del colegio y había olvidado a ciertasyerbas del pantano que fueron sus compañeros de curso, y que sólo volvieron a saberde él por los éxitos de su carrera política, por las frecuentes noticias del periódico, y porla fotografía que lucían los orgullosos propietarios de La Margarita del Ocho en su salónprincipal, donde aparecía rodeado por las más importantes ciertas yerbas del pantano,la cual desapareció misteriosamente sin que nadie haya vuelto a dar cuenta de suparadero. Al terminar su bachillerato, el candidato estudió Derecho en la Universidad deAntioquia y comenzó a sostener a los cuatro vientos que él "algún día" llegaría a serpresidente de la República. Y claro, va a serlo, como lo señala su meteórica carrera.Primero, como representante de Guerra Serna, fue jefe de Bienes de las EmpresasPúblicas de Medellín, donde atropelló a todo aquel que no quiso vender sus tierras parael desarrollo hidroeléctrico El Peñol-Guatapé. Luego pasó sin pena ni gloria por laSecretaría General del Ministerio del Trabajo. Más adelante, en el gobierno de TurbayAyala, fue director de Aeronáutica Civil. Allá logró el más acelerado desarrollo que hayatenido la industria aérea en Antioquia. El departamento se vio de pronto cruzado pormúltiples pistas y por modernas aeronaves con sus papeles en regla. Durante eseperíodo, fue socio de su director de Planeación, el notable empresario deportivo CésarVillegas, con quien importó las casas canadienses de madera que ahora lucen contanto garbo su elegante perfil en las fincas de las más discretas ciertas yerbas del* Columna publicada en El Espectador, agosto 27, año 2000, página 14 A.
  • 4. 4pantano. Pero salió de Aerocivil a raíz de un pequeño escándalo del cual dio cuentapormenorizada el periódico que ahora apoya su candidatura, y se dedicó de lleno a lapolítica.Dejó a Guerra Serna con sus rifas de neveras y de electrodomésticos, y se hizonombrar alcalde de Medellín en el gobierno del poeta Belisario. Allá aprendió a las milmaravillas el ceremonial que oculta la ineficiencia, pero salió sin consideración a susméritos cuando visitó en el helicóptero oficial a ciertas yerbas del pantano. Despuésllegó al Congreso en compañía de su primo, Mario Uribe, electo ahora presidente delSenado sin siquiera una mención a su fervor religioso, que fue evidente a sus visitas alSeñor Caído, en La Catedral, con credo incluido. Pero ese es un cuento que otro día lescuento.El candidato fue también gobernador de Antioquia, donde se dedicó a convivirpacíficamente. Allá mostró su entusiasmo neoliberal, que hoy oculta con tanto cuidado:cerró la Secretaría de Obras, dejó cesantes a dieciséis mil empleados, privatizó lasEmpresas Departamentales de Antioquia, acabó con los hospitales regionales, e inicióla privatización de la Empresa Antioqueña de Energía, antes de dilapidar el presupuestoen contratos de pavimentación que nunca logró terminar, y en la venta de futuros de laEmpresa de Licores, todo lo cual contribuyó a dejar a Antioquia, que es inmensamenterica, en la ruina total.Estuvo en Harvard, claro está (¿quién que es candidato no ha estado en Harvard?),donde jugó tenis con Andrés Pastrana mientras Juan Rodrigo Hurtado le hacía lastareas; compró hacienda en Córdoba (¿quién que es candidato no tiene hacienda enCórdoba?) donde quedó bajo la protección de ciertas yerbas del pantano; tuvo unalmacén de alimentos y bebidas (¿quién que es candidato no ha tenido un almacén dealimentos y bebidas?) que se llamó "El gran banano"; y terminó por ser el candidato inpectore de los sectores más oscuros, peligrosos y reaccionarios del país. Los cuales,sobra decirlo, no son solamente Enrique Gómez y Pablo Victoria y compañía. Tambiénson, Dios nos ampare, las famosas y nunca bien elogiadas ciertas yerbas del pantano.
  • 5. 5 ¿Cuánto mide un metro?Febrero 11 de 2001Según parece, el tema de la corrupción se puso nuevamente de moda entre nosotros.Ya se sabe, aquí lo tomamos a la ligera, en una forma temperamental y recurrente.Ahora mismo la atención del país se centra en el caso de Termo-Río. Qué bien que laFiscalía aborde lo que se hizo y lo que se dejó de hacer en el tribunal de arbitramento,porque el hecho de que sus miembros sean transparentes no tiene por qué eximirlos deuna indagación judicial. Me parece que esa rara avis a la que se le ha dado el extrañonombre de opinión pública, ha seguido cuidadosamente los intríngulis de estedesaguisado, y que por primera vez en mucho tiempo no está dispuesta a que le metanel dedo en la boca. Ya era hora. Cualquiera se queda súpito viendo la indiferencia delpaís ante casos flagrantes de corrupción. ¿Qué habrá sucedido con Chambacú?¿Alguien indagó a fondo el enriquecimiento ilícito generado alrededor del POT? ¿Quépersonas del alto gobierno resultaron beneficiadas? ¿Por qué el responsable de laspérdidas multimillonarias en el entuerto de Dragacol es hoy el candidato in péctore a lajunta directiva del Banco de la República y actúa como delegado de nuestro lamentablecanciller para hablar del Plan Colombia ante Latinoamérica? ¿Qué oscura condiciónpermite que el Gobierno se dé por satisfecho con recuperar sólo 7 mil (¡y eso aún estápor verse!) de los 26 mil millones que se le entregaron a Reginaldo Bray comorecompensa por sus favores políticos? ¿Qué esconde la quiebra del ISS? ¿Quiénesson los socios de las empresas de salud que se han enriquecido indebidamente a costadel cierre de servicios hospitalarios y de seguridad social a lo largo y ancho del país?¿Quién permite que las tarifas máximas autorizadas para la recolección de basuras,superen en un 34 por ciento, en un 32 por ciento ¡y en un 130! por ciento lo establecidorespecto a los estratos 4, 5 y 6, de tal manera que, para poner un ejemplo cualquiera,los $13.000 previstos en el último de ellos se conviertan en $30.000? Multiplique ustedlos $17.000 de diferencia por los setenta mil usuarios de ese nivel en Bogotá ydescubrirá que las cuatro empresas de aseo, ahora asociadas, se embolsican cadames por ese sólo concepto (y únicamente en la tarifa básica), la nada despreciablesuma de $1.190 millones. ¿Quiénes son los dueños de esas empresas? ¿Cuánto robanen un año? ¿Qué hace la Superintendencia que se creó para defender a los usuarios?¿Por qué a quien ofreció por un valor insignificante la ETB a una multinacionalespecífica e hizo todo lo posible por regalarle la empresa, lo vinculan a la lista deprecandidatos a la Presidencia de la República? Todo eso forma parte del mapa de lacorrupción en Colombia, al que cada día se le agregan nuevos y complejos elementos.¿Qué tal el mico que exime a Comcel del pago de US$54 millones a la ETB y Telecom,dos empresas públicas que son propiedad de todos, el cual fue aprobado con el vistobueno del Ministro de Justicia y sancionado por Pastrana? ¿Por qué el nefasto señorNéstor Humberto Martínez sigue cogobernando en contra de los intereses del país? ¿Yen qué irá a parar dentro de uno o dos años la demanda que interpuso la sociedadencargada de la construcción de la vía Tobiagrande-Puerto Salgar contra el Estado porUS$560 millones? El ministro Canal sostiene que tudu está en urden. ¿Será verdadtanta belleza? Porque la permanente sangría a que se ha visto sometido el país no esproducto de imprevisión ni de torpeza. Detrás hay mala fe. Y es a partir de esa mala fe
  • 6. 6como los colombianos nos empobrecemos cada día, mientras que determinadosdelincuentes de cuello blanco se enriquecen a su amaño. De ahí las permanentesreformas tributarias. Y de ahí que éste sea el nuevo país de Olafo, el amargado. Parasostener el tren de la Corte llega el recaudador de impuestos con su hacha de cortarcabezas a exprimir el bolsillo de los súbditos. Y mientras éstos pasan hambre y vencómo al país lo arrasa la guerra, los cortesanos se divierten de lo lindo, van de orgía enorgía y se quedan con la boca abierta ante el traje nuevo del emperador.Ahora, quisiera señalar la importancia de llevar este tipo de investigaciones a término.Hace unos años el país se escandalizó con el tejemaneje en torno a la construcción delmetro de Medellín. En las "mordidas" por US$45 millones estuvieron directamenteinvolucrados un empresario español, Enrique Sarasola, y figuras destacadas de losgobiernos de España y Colombia. Cuando la investigación avanzaba hacia FelipeGonzález y Belisario Betancur, en Colombia se cerró el caso con la absolución que ELTIEMPO les impartió a los implicados. Pero en el exterior las cosas son a otro precio. El29 de diciembre pasado, EL COLOMBIANO publicó una discreta noticia según la cualPanamá impidió que se investigara la cuenta de Sarasola en el Merrill LynchInternational Bankdonde, que se supone, manejó los US$20 millones de comisionesque recibió por ese negocio. En el horizonte brilla una lucecita de esperanza. ¡Todavíaes posible que se aclare un negociado que le costó al país la bicoca de US$4.000millones!La experiencia de Medellín señala la importancia de cuidar y vigilar el desarrollo de lasinvestigaciones que tienen entre manos los nuevos y, supongo, eficaces juecescolombianos.
  • 7. 7 ¡Urgente! ¡Urgente! ¡Urgente! [*]20 de mayo de 2001La noticia salió perdida por allá, en un rincón del segundo cuadernillo de EL TIEMPO: elmetro de Medellín demanda ante la Fiscalía al consorcio constructor del complejo y a suabogado, Fernando Londoño, "por fraude a resolución judicial, menoscabo de laintegridad nacional y actitud subversiva". El asunto se refiere a la convocatoria deltribunal de arbitramento internacional que amenaza con reunirse de mañana en ochodías en Panamá, en contra de una categórica disposición de la Corte Constitucional,según la cual el conflicto suscitado entre las partes debe ser resuelto ante los tribunalescolombianos. El abogado del consorcio desconoció esa orden y convocó al tribunal. Setrata de una violación de la ley que, por desgracia, no puede considerarse como uncaso aislado.Londoño es un caballerete. En su prontuario figuran los 180 mil millones de pesos quedejó de percibir la DIAN cuando él era presidente del Banco del Pacífico. FiguraInvercolsa, una holding de ECOPETROL dueña de las acciones de Colgás. En unnegocio retorcido, Londoño, abogado y testaferro de José Urbina (socio de Colgás),intentó que en el momento de la privatización de la compañía le vendieran los títulosque conformaban la mayoría accionaria, alegando que tenía a su favor la primeraopción de la oferta, que en este caso pertenecía a los trabajadores. Figuran lossórdidos manejos que utilizó en la defensa de Fernando Botero, por la cual cobró milmillones de pesos. Y figura, para no abundar en ejemplos, su ominosa presencia entodas y cada una de las demandas que se formulan contra los intereses de Colombia.¿Qué pasará en el fondo oscuro de su conciencia? ¿Podrá disfrutar con tranquilidad losmillones de dólares que se gana como honorarios en incidentes judiciales que terminanpor fallarse a favor de compañías que acaban con el trabajo y el patrimonio de loscolombianos? Que lo averigüe Vargas. Pero no la Teta Vargas. Vargas, Vargas.El caos fiscal, moral, político y administrativo que ha generado esta obra esabsolutamente espeso. Se trata del segundo metro más costoso del mundo. Seconstruyó en contra de las especificaciones técnicas más elementales. La deudapública contraída para sacarlo adelante es igual a la de la totalidad de los entesterritoriales del país en este momento y amenaza con llevarnos a la quiebra definitiva.Su origen es espurio. El contrato que originó a este engendro del averno se firmó luegode que reconocidas personalidades, a punto de ser desenmascaradas, recibieroncomisiones ilegales por veinte millones de dólares. (Quien quiera conocer los nombresde los implicados puede consultar la edición de EL COLOMBIANO del pasado 28 deabril). Y ahora, para completar, estamos ad portas de un fallo arbitral en Panamá, en elque unos jueces que no ofrecen al país las garantías mínimas necesarias deimparcialidad que se requieren en un caso de tanta envergadura, decidirán si tenemosque entregarles 640 millones de dólares (más o menos el 0.5 por ciento del PIB), aunas multinacionales que violaron la ley desde un comienzo. Colombia no puede ir a* Columna publicada en la página de Opinión de El Espectador, el 20 de mayo del 2001.
  • 8. 8Panamá y esa decisión debe tomarla en el curso de esta semana. En contra de lo quepiensan los abogados de la empresa, es urgente desechar por completo la peregrinaidea de demostrar ante ese tribunal la ilegalidad de ese tribunal. Si nos hacemos partedel mismo quedaremos atados irremediablemente a unas decisiones que están porfuera de nuestro marco jurídico. Nuestro camino es el de abstenernos, reconstruir laargumentación que no logró contra toda evidencia, demostrar que el contrato es nulo detoda nulidad, denunciarlo ante la instancia competente, exigir que las pérdidasocasionadas por la obra reviertan sobre las partes implicadas (el consorcio constructory las autoridades que se empeñaron en sacar adelante ese elefante blanco contraviento y marea), respaldar la acción de quienes en este mismo momento estánempeñados dentro de los órganos de control en que el ilícito más grande que se hayacometido jamás en Colombia no quede sin castigo, y hacer un frente común conquienes no desean que el país, porque es el país entero, quede abandonado al azar deuna demanda inicua.En la solución de ese entuerto estamos involucrados todos. Nuestro proyectoeconómico inmediato no tiene por qué quedar sometido a una sentencia que puedeordenarnos entregar a unas empresas que asaltaron la buena fe de los colombianos, lopoco que queda de las finanzas públicas en Colombia. Son 640 millones de dólaresinvolucrados en la reclamación del consorcio, y 520 en la demanda por daños yperjuicios que interpuso la empresa metro contra el primero. En total, 1.160 millones dedólares, que equivalen casi centavo por centavo a lo que pagarán los Estados Unidospor los retazos de país que dejará su Plan Colombia.Necesitaríamos que el gobierno se pronunciara sobre este asunto de manera clara,enérgica y definitiva. Pero, como aquí no hay gobierno, ¿hacia dónde miramos? ¿Aquién recurrimos? La respuesta es urgente. ¿Se ha enterado el Congreso (que, sesupone, está integrado por los representantes del pueblo) de lo que aquí sucede? ¡Quehable el Congreso! ¡Que hable el país entero!
  • 9. 9 SIN TANTA PENDEJADAEnero, 2002Para lograr la paz es necesario que el país se exija a sí mismo una serie de reformasestructurales inmediatas, sin esperar que nadie le conceda nada a nadie. Hace algunosmeses sostuve en esta columna (¿a alguien podrá importarle lo que yo sostenga o dejede sostener en esta columna?) que para hacer la paz es necesario primero aprender ahacer la guerra, lo cual me llevó a pedir que se le diera a la guerrilla el estado debeligerancia para que los "soldaditos secuestrados" dejaran de estar secuestrados ypasaran a su real condición de prisioneros, y los gobiernos interesados en la solucióndel conflicto estuvieran en capacidad de reclamarle a Pastrana y a Tirofijo elcumplimiento cabal de los principios contenidos en el Derecho InternacionalHumanitario. Obvio, la única ex presidencia que tengo en mi hoja de vida es la de laAcademia de Filosofía y Letras del Colegio Mayor de San Bartolomé, por lo cual elasunto pasó sin pena ni gloria. Sin embargo, a lo largo de un año el conflicto seagudizó, la paz de Pastrana mostró el cobre y la hecatombe siguió impertérrita. Ello, yno la lánguida intervención de un ex presidente que antes – dicen - hacía pensar al paísy que ahora lo hace llorar a mares, me obliga a preguntarme si ese aprender a hacer laguerra pueda llevarnos a parte alguna. La repuesta es tristemente negativa.El zafarrancho que se armó esta semana demuestra hasta la saciedad que Colombiasigue siendo el país de Francisco de Paula. Esto no hubiera tenido importancia en1960, cuando con base en una guerrilla inspirada en la revolución rusa nos debatíamoscontra la insurgencia del capitalismo en medio de una estructura estática, rígidamenteagraria y campesina. Pero han pasado cuarenta años durante los cuales el poder, contodo lo que él significa, se ha afirmado en contravía de un país lleno de imposibilidades,de rechazos y exclusiones, pero también de movilidades que, al no ser tenidas encuenta, se han tratado de imponer por la fuerza. Tal vez ninguno de los miembros delestablecimiento se lo plantee con claridad, pero lo cierto es que la política que se haceen Colombia es esencialmente totalitaria. La formal y la informal. La de Bogotá y la delCaguán. Mientras el poder insurgente se impone por la fuerza, el del Ejecutivo se afirmasobre unos electores improvisados e incapaces de decidir por sí mismos (¿de qué otramanera podría entenderse el inusitado ascenso de Pastrana?), que termina porejercerse contra esos mismos electores. Las únicas medidas de beneficio colectivo quese han tomado durante el año y medio que lleva en el gobierno el actual presidentetienen la firma de la Corte Constitucional, porque en la Casa de Nariño sólo se piensaen rentabilidades. La imagen renovadora que echa de menos Cocopigua, tan cara alantiguo locutor de televisión, sirvió para lo que debía servir: para llegar a la meta. Y hoy,claro está, incomoda porque no conviene a los negocios. Ahora llegó el turno de serduro. Duro de cara, duro de alma, duro de cabeza.Pero volvamos al cuento. Hablábamos de cómo en Colombia los intereses del podervan en contravía de los intereses del país. Como ejemplo el Congreso. ¿Se hapresentado en esta legislatura una sola iniciativa memorable? No que yo sepa. Loscongresistas no se despegan jamás de lo inmediato y en ellos, a la manera de las
  • 10. 10sociedades primitivas, lo inmediato tiene que ver con la comida. Es triste ver que unpaís sumido en la pobreza y horrorizado por el conflicto, carezca de un Congreso que lorepresente. En ese escenario lo que importa es el grito. La señora Betancourt es unaexcelente parlamentaria porque tiene unos pulmones saludables. Y el señor Moreno deCaro también lo es porque no tiene timbre de voz sino pito de tractomula. En nuestroCongreso los árboles no dejan ver ese bosque espeso de intereses mezquinos y debanalidades. ¿Cómo hacer Congreso si Name es todavía senador de la República? ¿Yqué hacer con María Isabel Rueda sentada en el escaño que alguna vez fue de DaríoEchandía? ¿Y qué esperar de Perea como presidente de la Comisión de Presupuesto?La paz es un propósito que no puede figurar en ese quisicosismo falaz y mendicante.Y lo mismo ocurre con los partidos, con la universidad, con esa sopa que los avivatoshan dado en llamar sociedad civil y que no es nada distinto que la vieja y elementalciudadanía. Todos ellos están dispuestos a salir a la calle a gritar no más paratranquilizar su conciencia. ¿Y qué? ¿Qué significan las banderolas de Pachito, con suyo quiero la paz de pacotilla si aquí nadie la quiere? Si la quisiéramos, si la política nofuera totalitaria y tuviéramos oportunidad de expresarnos en forma colectiva, la idea dela beligerancia restringida hubiera pasado sin ningún comentario. Si quisiéramos la paz,el país ya se habría impuesto sobre el poder, sobre los jojoyes de cualquier laya, sobreel Congreso, sobre el militarismo y su homónimo, el paramilitarismo. Pero aquí nos faltavoluntad política. Para lograr la paz es necesario que el país se exija a sí mismo unaserie de reformas estructurales inmediatas, sin esperar que nadie le conceda nada anadie, sin que el celular de Galán tenga la menor importancia, sin atender a laliberación de secuestrados, sin aguardar a la opinión - siempre tortuosa - del siempretortuoso Víctor Gé. Los ciudadanos tenemos que encontrar el canal adecuado paraimponer por lo menos ocho de los cuarenta y seis puntos de la Agenda Común para elCambio: recuperación inmediata de los derechos fundamentales vulnerados por latotalidad de las partes involucradas en el conflicto; redistribución, también inmediata, dela tierra improductiva; ordenamiento territorial integral; revisión categórica del modelo dedesarrollo económico; aplicación ipso facto de una política de redistribución del ingreso;participación social en la planeación; lucha en el acto contra la corrupción; reforma ¡ya!del Congreso, del Ejecutivo y del poder local. Ése es el camino de la paz. La únicanegociación posible. Sin tanta pendejada como sale ahora a relucir, que enreda todavíamás el ya enredado tejemaneje del asunto. Partamos de un hecho cierto: los actores dela hecatombe (gobierno, militares, guerrilleros, paramilitares, delincuencia común yorganizada), no están interesados en la paz porque todas sus ganancias provienen dela guerra. Nosotros, los ciudadanos inermes, sí. Pero no nos dejemos involucrar enbanderitas y en marchas inoficiosas. Abrámosle un camino a la paz con hechos ciertos,con realidades políticas. ¿Cómo? Impongamos, sin contar con los guerreros y con losguerreristas, una consulta popular que nos lleve de inmediato a una constituyentedonde se construya otro país. Pero hagámoslo. Y que todo lo demás desaparezca ensu propia masacre.
  • 11. 11 Cuando era moscorrofio [ *]17 de febrero de 2002En este país el moscorrofismo es una norma de conducta. Pero, al igual que en la rígidaestratificación social que nos caracteriza, hay moscorrofios de primera, moscorrofios desegunda y moscorrofios de tercera. Yo, por ejemplo, soy de tercera. Nací moscorrofio,soy moscorrofio y moriré siendo moscorrofio. Mientras tanto, los moscorrofios desegunda son como Enriquito, Pachito, Rafael, Juan Manuel (ah, y Juanita y Beto) quenacieron en cuna de oro y, debido a sus desaciertos, comenzaron muy temprano suregresión a moscorrofios. ¿Y los de primera? Obvio. Los de primera son como UribeVélez, que nacieron moscorrofios y debido a sus desaciertos morirán en lecho de oro.Uribe, cuando era moscorrofio se convirtió sin querer en el protagonista de un libro. Enefecto, en la página 72 de Los jinetes de la cocaína, escrito por Fabio Castillo, se leeque "también es oriundo de Antioquia el senador Álvaro Uribe Vélez, cuyo padre,Alberto Uribe Sierra, era un reconocido narcotraficante que estuvo detenido en unaocasión para ser extraditado, pero Jesús Aristizábal Guevara, entonces secretario deGobierno de Medellín, logró que lo pusieran en libertad. Uribe Vélez le otorgó licencia amuchos pilotos de los narcos cuando fue director de Aerocivil". Y más adelante, en lapágina 76, afirma: "Álvaro Uribe Vélez hizo el lanzamiento público del programaMedellín sin tugurios", sin necesidad de añadir que ese fue el plan de viviendafinanciado por Pablo Escobar y sus secuaces.Que yo sepa, nunca el implicado desmintió tal versión. Pues bien, esta sería unaoportunidad única para hacerlo. No sustento la denuncia de Castillo. Digo simplementeque un candidato que se perfila como el próximo presidente de la República no puedellegar a la primera magistratura de la nación con esa sombra a cuestas. Candidato,cualquiera lo sabe, es una palabra que tiene su origen en la antigua Roma, donde losseñalados para ocupar un cargo público debían cubrirse con una túnica blanca parasignificar que no tenían en su vida una sola mancha de qué avergonzarse. Ese deberíaser el proceder de Uribe. Que desmienta tal especie, aun corriendo el riesgo de quealguien le recuerde el día en que lloró en el Senado.¿Que cómo es el cuento? El cuento es simple. En diciembre de 1989 el gobierno Barcopresentó ante el Congreso un proyecto de reforma constitucional al que el país, una vezaprobado, debía convalidar por referendo. En ese instante vivíamos una crisis deproporciones, provocada por el magnicidio de Luís Carlos Galán, ocurrido cuatro mesesantes. Fue entonces cuando en la Cámara de Representantes, un godo oscuro, CarlosPineda Chillán, con el aval de 21 congresistas (entre ellos Jairo Ortega Ramírez,Ernesto Lucena Quevedo, Jaime Arizabaleta Calderón, César Pérez García, TiberioVillarreal y otros de similar catadura), le colgó un mico que ordenaba incluir en eltemario del referendo un punto mediante el cual se rechazaba la extradición. El ministrode Gobierno de ese entonces, Carlos Lemos Simmonds, denunció la maniobra y en un* Columna publicada en la página de Opinión de El Espectador, el domingo 17 de febrero del año 2002.
  • 12. 12valeroso discurso sostuvo que, de aprobarse, el Congreso se entregaría a los narcos"atado de pies y manos". Pero el mico, con ponencia positiva de Mario Uribe - tenía queser -, pasó sin problemas hasta la plenaria del Senado, donde Álvaro Uribe Vélez (y noes un homónimo) lo defendió ante sus asombrados colegas con voz quebrada ylágrimas en los ojos. ¿Qué y quién se escondía detrás de sus palabras? Hasta elmomento nadie ha dicho ni pío. Sería por lo menos prudente que el candidato le diera lacara al país y contestara.¿Y en qué para el cuento? En que ante el peligro de provocar "una carnicería", comosostuvo Lemos Simmonds, el gobierno retiró su proyecto. Y todos iniciamos deinmediato nuestro proceso habitual de perdón y olvido.
  • 13. 13 El silencio del mimo [ *]Estoy aquí, inmensamente quieto, silencioso. Mi sudario brilla bajo la luz del sol, y yo, elmuerto, siento cómo la gota de sudor recorre mi mejilla dejando en ella una húmedaprofunda huella de color impreciso.Las gentes hablan interminablemente de sus solos asuntos, hay viejos y niños ymujeres embarazadas y vendedores de cachivaches, y ese áspero olor que sube desdelo más profundo de los meandros urbanos, de las alcantarillas y detritus. Sobre mipedestal asisto a su agitado ir y venir, a sus diálogos sin sentido. El viento no alcanza adespeinar sus palabras.Las mías son estas, las de adentro, las pensadas una vez y otra vez, pensado azar,pensado amor, pensado circunstancia. Afuera se hacen gesto. Aquí está la palabranecesidad, hecha de un tintineo destinado a llevar a mi anatomía hacia otra forma; lapalabra amenaza disfrazada de disparo en la esquina; la palabra sed hecha lluvia otormenta o riachuelo que corre por la memoria de mi infancia.Todo está en este sitio. El hombre, el asesino, puede ser este o este o este o aquelotro, cada cual lleva una muerte por dentro, cada cual es el odio que es, que insiste envolverse sombra y en ser Apocalipsis. Soy una inmensa mole muerta, soy todo ojosabiertos, mis oídos retumban con los pregones y el ulular de las sirenas. Estoy aquí,entre ustedes, demasiado evidente: soy el que ya no es, el mudo, el silencioso. Hablo,sobra decirlo, en mi silencio.Dejo aquí un nombre y otro nombre y otro nombre, dejo el árbol, el hecho de seriguana, de ser mosca, dejo a marzo cansado de ser marzo ¡con sus ganas de agosto!, yel pan de cada día y demás (y de menos), tal vez vea las nubes viendo ovejas y viendocorderos, y lleve el agua en el cuenco de la mano como se lleva un puñal que se clava,amargo, en el centro del corazón.Por eso quedo aquí, nadie jamás sabrá que soy el mimo, el mismo, nadie verá mispárpados cerrados cubiertos de cal y yeso, nadie sabrá si miro o no con mis ojos demuerto, estaré en mi esquina como están las esquinas (¿alguien alguna vez se hapreguntado en qué esquina habita cada esquina?), los perros harán uso de mí para suscosas, nada me inmutará, ni las noches de luna.Cuando en las calles sólo queden los seres que nadie quiere, bajaré de mi sitio parahacer gestos y hacer morisquetas, seré uno más de los menos, hecho de desperdicios,yo, estatua de sal saldré de mi sudario, heme aquí vestido de niebla y humo, yo,nocturno mimo soy un fantasma acosado por vampiros y miedos, pero, claro está,conservo para siempre mi esencia de mimo y puedo ser feliz - como Marceau -persiguiendo mariposas azules, todo lo mío será imaginario, me sacaré el sombrerodelante de la muchacha más bonita del barrio (llamada Priscilla, claro), y le declararé mi* Diario El Espectador, Bogotá, 24 de marzo de 2002.
  • 14. 14amor con una flor de amor que nunca albergará a una abeja, seré ese otro yo que todosllevamos como una condena, un otro yo que hará lo que nunca haya hecho, que bailarátregua y bailará catala e irá de cuando en vez a cine dejando los exámenes paramañana o pasado mañana, que llevará en la sangre el espíritu del sol y tratará de serfeliz sencillamente siéndolo. En mí hablará el gesto, no el silencio. ¿O el silencio y elgesto?Estatua diurna, mudo bufón nocturno, siempre aquí, siempre atento, una mosca seposa en sus ojos abiertos mientras el mimo pasa inadvertido entre los transeúntes, esindefenso, su única arma es su desgarbada figura desarmada, se defiende de laviolencia usando sombrero y usando gabardina (dice Gonzalo: cerrando las cortinas),se ríe un si es no es un poco de la vida, vive su urbana vida urbana como siempre,toma el bus y está quieto cuando debe estar quieto, la cabeza metida en undeshilachado maletín donde lleva sus clases, donde aprende lecciones, donde tiene suúnico capital, un libro, un lápiz.Este sitio está hecho de él, del espacio vacío que deja al desplazarse, la mano siguesiéndolo en su sombra de mano y el torso se dibuja donde estuvo su torso, igual que elgesto para afirmar, que la cabeza, vencida con timidez como una defensa, que loslentes, inútiles para leer lo que ocurre en Colombia, lo que sucede aquí, estruendoso yopaco. Pero algo pasa. De repente (lo escribió Juan Manuel), es aire, es fuego. Levantaentonces los brazos al cielo, y vuela. Miren.
  • 15. 15 El compinche de Dios [*]19 de mayo de 2002Tengo entendido que Pacho Santos es un tipo encantador. Alguna vez lo vi de lejos enla redacción de El Tiempo. Me pareció demasiado pequeño, algo nervioso, con unatembleque voz de mezzosoprano, y un poco en plan de llamar la atención. Pero, comomi aprehensión por los hijos de papi ha sido tremenda (y este lo era en demasía), enrealidad debía ser de otra manera. Deduje entonces que era alto, sereno, con profundavoz de bajo y con una tranquilidad acorde con su empaquetadura.En ese momento Pachito era el poderoso jefe de redacción de un periódico poderoso(convertido hoy en una piltrafa), lo que no impedía que los demás lo miraran con ciertacondescendencia. Debo confesar que jamás me expliqué esa actitud. Volví a fijarme enél: debía tener alrededor de 30 años, y ya no era el chino chiquito que llegaba a laempresa de su familia a jugar trompo montado a caballo en Carlitos Cortés. No. Sinembargo, tuve la impresión de que todos guardaban para él un gesto de ¡este chinochiquito que no sabe qué hacer con el juguete!, y que, además, estaban a laexpectativa de su próxima pataleta. Me habían dicho que estallar era su norma deconducta. La situación era un poco ridícula. De guiñol. De manera que decidíabandonar la sala, dejando a mis espaldas la tormenta. Cuando salí del edificio, lascargadas nubes que se aprestaban a lanzar contra el mundo miles de truenos y derelámpagos, se dispersaron. Supe, entonces, que Pachito se había encerrado en suoficina, y que, después de un fiiiuuu de circunstancias, tal vez los demás habían logradovolver a sus asuntos y a sus decepciones.Y, sin embargo, era un tipo encantador. Hacía poco los extraditables lo habían dejadoen libertad, y su relato rondaba en mi cabeza. Y aún ronda. Ahora, cuando él seaproxima a regir nuestros destinos colectivos (el día en que a su jefe inmediato le dé unpatatús de rabia, será él quien lleve "el timón de la patria"), he vuelto a su testimonio. Eshermoso. Es humano. Es conmovedor. Es la verdadera historia de cómo un chinochiquito conquistó el duro corazón de un grupo de desalmados. "También me preparé -cuenta él - mis propios tacos con arepa paisa. (Uno piensa: ¡él solito!)... Recuerdo queellos me veían prepararme eso y se morían de la risa. Este Papito – decían - es uncaso". Donde ellos dicen "este Papito" lean ustedes "este Pachito". Y yo añado: ¡yestos desalmados!Pues bien, esa comunión con los narcotraficantes la logró Pachito a punta de simpatía.En el mismo testimonio cuenta que comenzó a aproximarse a ellos viendo un partido defútbol. "Lo observamos en silencio", dice Pachito (yo añado: tal vez se colocó aobservar el partido en silencio). Pero, poco a poco, los conmovió hasta el fondo. Uno deellos le enseñó a jugar ajedrez (¡Pachito no sabía!), y con todos vio Tormento, "unamierda de telenovela" (mierda es la palabra que utiliza Pachito) que terminó gustándole,* Este artículo, que debía aparecer en la edición del domingo 19 de mayo del año 2002 del diario ELESPECTADOR, fue censurado por los directivos del mismo, quienes dieron la orden perentoria de nopublicarlo.
  • 16. 16y a los más aventajados les enseñó a hacer "sánduches con queso y jamón, perroscalientes y chuletas ahumadas". Hasta que, por fin, terminó hablando y riéndose contodos. Inclusive con Dios. "Me pegué unas encarretadas con Dios - cuenta Pachito -. Ély yo somos compinches". Ahora bien, no se preocupen ustedes: aunque se cuidójuiciosamente del síndrome de Estocolmo, "comprendió" a "esos muchachos", y sededicó "a conocer sus valores". "Me metí en la problemática del sicariato, y a través deellos conocí mucho de eso", dice Pachito. ¡Ese Pachito! ¡Y esos valores!Y ¿de dónde ese entusiasmo? Muy sencillo. En los primeros momentos del secuestro,él les preguntó: "Bueno, ¿en manos de quién estoy?". Y ellos le contestaron: "¿Enmanos de quién prefiere: de la guerrilla o del narcotráfico?". Y Pachito, con esa ingenuaternura que lo distingue, contestó: "Del narcotráfico". Y acertó.Pachito Santos es un tipo encantador. Y tiene claras sus preferencias electorales.
  • 17. 17 ¡Cállese ya! [*]18 de agosto de 2002Esta semana llegaron varias cartas a la Dirección de El Espectador pidiendo mi cabeza.Según esos lectores, el país vive una nueva etapa dentro de la cual un columnistacomo yo no tiene nada qué hacer. Para ellos soy un amargado, un negativo, unengendro, un despropósito. No sobra anotar que, con base en la suposición de que susopiniones podrían llegar a ser publicadas, ninguno utilizó los gruesos adjetivoscomenzados por hijue y terminados en uta que me endilgaron, seguramente ellosmismos, cuando señalé las curiosas relaciones de los nuevos príncipes con ciertasyerbas del pantano.A la postre se vino a comprobar - como lo tenía yo comprobado -, que todo era cierto,pero, según parece, esa circunstancia importa poco y nada en un universo pragmáticocomo el nuestro en el que lo único que vale la pena es echar bala. De ahí quereconozco haber perdido olímpicamente el tiempo en esa ocasión, como lo perdícuando el 20 de mayo del año 2001, denuncié al apoderado del Consorcio HispanoAlemán, señor Londoño Hoyos, por el hecho de haber formulado una demanda arbitralen Panamá en contra del metro de Medellín en la que los colombianos perderemos1.160 millones de dólares (¡mil ciento sesenta millones de dólares!) con base en unainterpretación retorcida de la ley y en un desconocimiento abierto de las disposicionesde la Corte Constitucional.Pero nada de eso les importa a los lectores de marras, como no tiene por quéimportarles que a raíz de mi posición frente al conflicto yo haya tenido que abandonar elpaís y dejar al garete todo lo mío, sometiendo a mi familia a los azares infames de unexilio sin destino. No. Lo único que a ellos les interesa es que aquí se respira un nuevoclima, que frente a la inexistencia del gobierno anterior este tiene bien amarrados lospantalones, que los paramilitares van a entrar al diálogo político, que se va a remover alCongreso para que en lugar de los testaferros que ahora ocupan el 35 por ciento de losescaños, se pueda elegir al senador Carlos Castaño, al senador Salvatore Mancuso y atodos los demás honorables senadores y representantes, que nuestra pretendidajuridicidad se va a ir al diablo, que el genocida del Palacio de Justicia ocupa ahora unalto cargo en la seguridad del Estado, que un individuo al que los Estados Unidos leretiró la visa hasta tanto no aclare su vinculación con el tráfico de precursores químicoscon destino al procesamiento de cocaína es el reconocido inventor de nuevosorganismos de espionaje, que los índices de desempleo de este pobre país se manejana través de herramientas tan imbéciles como las de convertir a un millón decolombianos en chivatos e informantes, etcétera, etcétera.Y para que nada perturbe la tranquilidad del reino, según los acuciosos amigos delPlinio y de los plinios, quienes no pensamos igual tenemos que callarnos. Pues no. Notenemos que callarnos. Y no lo haremos, porque el problema de este país no está en* Artículo publicado en la página de Opinión de El Espectador, el 18 de agosto del año 2002.
  • 18. 18sus gobernantes ocasionales, que hoy son y mañana desaparecen, o en los prestigiosmentirosos que hoy detentan y que mañana provocarán toda suerte dearrepentimientos, sino en una estructura inicua que permite mantener un statu quomiserable, hundido hasta el cuello en una hecatombe sin sentido, en el que el crimensistemático se ha convertido en una norma de conducta.Porque, si no es de esa manera, ¿quién explica el asesinato de Wilfredo Camargo, o elde Rodrigo Gamboa, o el de Roberto Rojas Pinzón, o el atentado contra AlonsoPamplona, o el secuestro de Gonzalo Ramírez, que se suman a los 93 asesinatos, onceatentados, nueve desapariciones forzosas y nueve secuestros cometidos en lo que vadel año 2002 contra un grupo de colombianos cuyo único delito es el de sertrabajadores sindicalizados?El problema, repito, no es Uribe o Samper o Pastrana. El problema es Colombia. Y, queyo sepa, sobre los problemas de este país podemos opinar, mientras tanto, todos loscolombianos. Ahora, si no es así, avísenme de inmediato. Porque, entre otras cosas, yoprefiero una y mil veces la literatura. Y la literatura me llama.
  • 19. 19 La vida es una fiesta [*]5 de enero de 2003Nota previa.Lamento informar a ustedes que El Espectador decidió prescindir de mi columna. Lohizo a través de una llamada de su nuevo director, que recibí hoy lunes, 23 dediciembre, a las 2 de la tarde. Mi último artículo no fue publicado. Ante la posibilidad deque la medida del periódico obedezca al contenido de este último, me gustaría queusted llegara a sus propias conclusiones, por lo cual se lo remito en el archivo adjunto.Entiendo que en Colombia la libertad de prensa está en peligro, mientras que, frente ala información, la libertad de empresa sigue haciendo de las suyas. No quiero que sepiense en mí como en una víctima de la represión de los poderosos grupos económicosque hoy nos manejan, ni como un cordero sacrificado en el altar del unanimismo.Soy, simplemente, una voz independiente que ha sido censurada.Cordialmente, Fernando Garavito. *************El 15 de octubre del año 2001 el representante Hernando Carvalho le dirigió a LuísAlberto Moreno, embajador de Colombia ante el gobierno de los Estados Unidos, unacarta perentoria. En ella le decía que, según noticias publicadas en Miami, Bogotá yQuito, el congresista Ronald Andrade había presentado en el Ecuador una demandapenal contra los miembros del directorio del Banco del Pacífico en los años de 1998 y1999, acusándolos de aprobar y presentar estados financieros falsos, ocultar a lasautoridades la verdadera situación del Banco, y alterar en forma fraudulenta hechos delos cuales la Superintendencia del Ecuador debería estar informada. Carvalho sostuvoque, como presidente de ese directorio, Moreno tendría que responder ante lasautoridades de dicho país y, eventualmente, ir a prisión, tal como había sucedido con elministro de Economía, Jorge Emilio Gallardo, a quien la Corte le había dictado medidade aseguramiento consistente en prisión preventiva. El delito de Gallardo, en eseentonces presidente del Banco, consistía en haber aprobado un fideicomiso por 78millones de dólares, a favor de los accionistas. Carvalho puso en evidencia alembajador. Usted - le dijo - "me respondió en tres oportunidades que los antiguosaccionistas habían perdido toda su inversión, siendo así que el fideicomiso demuestralo contrario". Ante la ausencia absoluta de una Cancillería, Carvalho le pidió la renunciaa Moreno. Este debió morirse de la risa.* Columna que debió ser publicada el 22 de diciembre del año 2002 en la página de Opinión de ELESPECTADOR, que dio origen a la censura definitiva.
  • 20. 20Pero esta es sólo la tapa de esa olla podrida. A lo largo de la investigación se demostróque la intención del embajador había sido la de montar un emporio financiero con baseen una empresa, la Westfear, de los Estados Unidos. Para ello contó con la complicidadde Luis Fernando Ramírez, ministro de Defensa de Andrés Pastrana, y de JackyBibliowicz, el cerebro de varias operaciones destinadas a enriquecer por debajo decuerda al príncipe y a sus conmilitones. Dentro de ese propósito, Moreno, Ramírez yBibliowicz, actuando en nombre propio y, posiblemente, como testaferros, lograroncontrolar el Banco del Pacífico en el Ecuador. En el año de 1998, cuando comienza lacadena de delitos, Bibliowicz fue miembro del directorio y Moreno presidente del mismo.El Banco tenía una filial en Colombia. Moreno y Ramírez lograron entonces que lasuperintendente bancaria de Pastrana, Sara Ordóñez, ordenara fusionarla con el BancoAndino. Aquella no tenía liquidez alguna, lo que llevó a que fuera intervenida. Sinimportarle para nada ese pormenor, la directora de Impuestos, Fanny Kertzman, en unaacción típicamente antijurídica y culpable, permitió recaudar allí las contribuciones quehicieron en esa época millones de colombianos. Con la autorización entre el bolsillo,Moreno y Ramírez organizaron una campaña publicitaria en la que ofrecieron el oro y elmoro a quien pagara en su entidad. Lograron recaudar 110 millones de dólares, con losque se dedicaron a conceder préstamos preferenciales a los socios de las compañíasen que tenían intereses. El presidente de la junta directiva era el señor FernandoLondoño Hoyos, quien debió cohonestar la totalidad de las maniobras. Todo lo cualterminó por desfalcar a los colombianos en una suma que puede calcularse en 35 o 36millones de dólares. Dinero suyo. Dinero nuestro. Dinero mío.Pero, como siempre ocurre, todos terminaron por lavarse las manos. El presidente de laJunta, señor Londoño, es hoy el poderoso ministro de la InJusticia. El señor Moreno fueratificado como embajador de Colombia en los Estados Unidos, cargo desde el cualcuida juiciosamente el buen suceso de sus empresas. La señora Ordóñez fue premiadacon un ministerio del que no sabía ni pío. Y la señora Kertzman fue nombradaembajadora de Pastrana en Canadá y ratificada por su excelencia.Así, la vida es una fiesta. Pero no sobraría saber qué piensan de todo esto lascancillerías ante las cuales nuestros elegantes delincuentes de cuello blanco debenpresentarse todos los días.
  • 21. 21 Apólogo del faro5 de enero de 2003Érase una vez un hombre que había sido niño muchos años atrás, tantos que ya se lehabían perdido en la bruma de la memoria. No a todos les pasa igual. Hay hombres quenunca fueron niños, que terminan siendo gerentes, y niños que nunca llegaron a serhombres, que terminan siendo políticos. Pero indagar sobre el porqué de este asuntono es el propósito de mi relato. Aquí sólo quiero contar de alguien que fue niño y quesupo conservar para siempre el sentido poético de sus primeros años.En realidad, en esta historia no hay nada que sea apasionante. Quien quiera dejarlaaquí, bien puede hacerlo. Pero si alguien la sigue tendrá que saber que al hombre legustaba hablar en la penumbra de su sillón, envuelto en nubes de palabras caídas endesuso. Cuando se le prestaba atención, contaba lo que a él le hubiera gustado ser si lavida no hubiera tomado otros rumbos. Reconozco que su deseo era extraordinario. Asícomo otros hubieran querido ser artistas o directores de orquesta o ingenieros decaminos, a él le habría gustado ser el encargado de encender las luces de un faro."Tengo un sueño obsesivo – contaba -, que ocurre en la época de los grandesnaufragios. Sueño que es de noche. El mar ruge con furia, y hay olas que se levantanmás allá de las rocas dejando en el aire una estela de espuma. A la luz oprobiosa delos relámpagos, se alcanza a ver un barco que lucha con desespero contra latempestad. Salgo a la rampa que se extiende sobre el acantilado.La fuerza del huracán amenaza con arrastrarme. En lo alto diviso la luz que encendí alcaer la noche. Es demasiado tenue. El barco se aproxima. Como puedo, gritodesesperadamente y agito los brazos para señalar que la única salida está a laizquierda. Tal vez el capitán sepa que a pocas millas de acá hay una bahía donde lafuerza de las tormentas se deshace al llegar a la playa. Pero no. Con terror veo que elbarco gira hacia la derecha, donde sé que se estrellará irremisiblemente. A lo lejosalcanzo a ver a la tripulación desconcertada, y a los pasajeros que se abrazan unos aotros.Como conozco la condición humana, estoy seguro de que algunos aprovechan losmomentos de angustia para apoderarse de joyas y de dineros, y que los más osadosasaltan la caja fuerte del navío pensando en enriquecerse a costa de la tragedia. Meparece ver esas sombras que recorren la nave. Pero de lo que sí estoy cierto es de quehay una lucha en torno a la única lancha salvavidas, a bordo de la cual unos pocosabandonan el barco que se hunde, aunque los más permanecen voluntariamenteaterrorizados sobre cubierta. Calculo que aún se podría hacer algo si los más arrojadosse decidieran por asumir el control de la situación y lograran ir contra la corriente. Latormenta no cede. Cuando llegue la madrugada, de la nave sólo quedarán unos pocosrestos desperdigados.Como puedo, vuelvo a lo alto del faro, avivo el fuego, con angustia hago sonar el roncoulular de la sirena. Sé que mañana habrá un reguero de cadáveres sobre el acantilado.
  • 22. 22Los restos de la quilla se hundirán poco a poco en el mar, y del maderamen noble quedebió pertenecer a las alacenas del comedor y al puente de mando, sólo quedaránastillas, arrastradas por la corriente. El ruido es atronador y la fuerza ciclópea de loselementos no cede un ápice. Sin embargo, y pese a la tragedia, el deseo de ser el queenciende el faro permanece en mí como la única razón de ser de mi ya larga vida".El hombre calla. Se trata de alguien que fue niño muchos años atrás y que piensa quecontra el huracán aún puede agitarse una leve brizna de luz. Una luz que cada vez brillamenos porque los faros son hoy apenas un recuerdo fugaz de lo que fue sin jamáshaber sido. ******Lamentable el retiro de los presidentes de honor de El Espectador. Quienes aprendimosa quererlos a lo largo de sus batallas, esperamos que ellos: don Alfonso y don LuísGabriel Cano, sigan siendo un norte en nuestro largo y difícil camino.
  • 23. 23 Censor y piltrafa15 de enero de 2003El domingo anterior, cuando estaba seguro de haber pasado definitivamente al olvido,el director de EL ESPECTADOR resolvió rescatarme del anonimato y devolverme alchaleco y corbata de las letras de molde. De esa manera vine a saber, y vinieron asaber sus lectores, que la decisión de prescindir de mi columna, que él habíapresentado ocho días atrás como una "renovación editorial en las páginas de opinión",era simple y llanamente una censura. Ese laberinto no lo podría sustentar nadie que noutilizara la difícil prosa del director.Después de romperme lo poco que me queda de cabeza, yo, que soy el primerinteresado, le saqué el sentido. Es este: yo no censuro, pero censuro, por lo cual sicensuro, no censuro. De esa manera, debió pensar él, quedarían incólumes lossagrados principios de la libertad de prensa, la actitud democrática del censor, elprestigio del periódico, el sabor de la cerveza, y el futuro de una actividad sobre la cualse ha dado un sonoro campanazo que por ahora sólo le ha roto los tímpanos aldirectamente involucrado.Pero el periódico respeta la opinión de los demás. Para demostrarlo, ahí estuvieron lascartas de los lectores, y el artículo de Alfredo Molano y el equilibrio de Lisandro Duque yla addenda de Ramiro Bejarano. A todos muchas gracias. A pesar de lo cual haré aquí,por una única vez, unas ligeras aclaraciones.En efecto, hablamos de algo mucho más complejo que el derecho de un individuo aexpresar su opinión en un medio del que no es accionista. A los señores de Bavaria lestiene sin cuidado que el artículo de marras sea rigurosamente exacto en lo que dice. Aellos lo que les importa es que el reajuste del precio de la cerveza no se vea afectadopor la actitud libertaria de un individuo indeseable. Al precio se le sacrifica todo, y enprimer término la verdad. ¿O me quieren decir ustedes que el negociado del Banco delPacífico no fue como quedó dicho en ese artículo, y que los principales implicados, quedeberían estar en la cárcel, no son hoy los ministros y embajadores más destacados delrégimen?Si yo llamé a esos individuos "delincuentes de cuello blanco" es porque lo son.La denominación, con base en la cual Bavaria censuró mi artículo y prescindió de micolumna, se ajusta en un todo a la verdad. Por lo menos a mi verdad. Y era mi verdadla que yo decía en mi espacio y mi verdad la que hubiera podido ser demandada porcualquiera de los implicados. Me gustaría que hubiéramos llegado a esa instancia.Que el poderoso mininjusticia o Morenito resolvieran llevarme ante los tribunales.Todavía hay jueces honorables en este país y ante uno cualquiera de ellos podríanaclararse muchas dudas, muchos malos pasos, muchas iniquidades. Pero Bavariaresolvió que no, y en el seno de su junta directiva señaló hasta qué punto llegaba la
  • 24. 24libertad de un periódico que, según cree, es de su propiedad. Como la tercera parte delpaís, porque las otras dos terceras se las reparten los otros dos poderosos gruposeconómicos, dado que el resto ("y el resto vale menos") pertenece a los paramilitares yel resto a los guerrilleros, y lo que sobra a los políticos. Para nosotros sólo el silencio. Yel exilio. Y el hambre.Delincuentes de cuello blanco. Porque si fueran de ruana y pulga tampoco estarían enla cárcel. ¡Si en este país no condenan absolutamente a nadie! Por eso aquí todossomos "presuntos". Pongamos un ejemplo cualquiera: el de los violadores sexuales.¿Cómo se les diría a los incriminados por ese delito? ¿Presuntos señores violadoressexuales?Pablo Escobar, el peor criminal que haya conocido la América Latina en toda su historia(en el norte está Kissinger), murió sin que un solo tribunal hubiera dictado contra él unasentencia condenatoria.Entonces, según el director, ¿tendría que decirle "don Pablo"? Pues no. Como no es"comandante" el próximo senador Castaño, que a pesar de la reinserción, del diálogo,del beneplácito del estrato 6, y del cómplice proceso de paz del gobierno, siempre seráun criminal desalmado, un narcotraficante confeso y un psicópata absurdo. Y como losvioladores sexuales no son "señores violadores sexuales" sino sujetos despreciables.Ahora, me pregunto, si yo hubiera calificado a Morenito y a sus secuaces como"presuntos criminales de cuello blanco", ¿conservaría mi columna? Y, en tal caso, ¿eldirector conservaría su prestigio?Les puedo asegurar que no. En todo esto importa la libertad de opinión pero tambiénimporta la verdad. El plinio tenía una opinión, pero ¿a alguien le importaba la opinióndel plinio? A muy pocos, que yo sepa. Tal vez a los generales Millán y Del Río, y aPedro Juan Moreno y a Marulanda y al chapetón Aguirre. La sola enumeración muestraalgo oscuro: esa es la sociedad de la mentira. Es necesario señalar que los medios deinformación tienen que mantener una distancia sideral respecto de los gruposeconómicos, sin que ellos mismos lleguen a convertirse en grupos económicos. Unmedio de información, pertenezca a quien pertenezca, es únicamente de sus usuarios.Colombia entera se escandalizó cuando El Espectador fue vendido al mejor postor. Enese momento, Bavaria creyó comprar una tensión espiritual, una forma de ser, unahistoria escrita con sacrificio y con verdad. Pero no. Eso no se compra jamás. El grupocompró, tal vez, unas instalaciones, y es posible que hoy sea dueño del edificio, y queel director sea tal vez el director de un señor de apellido Lesmes.Sin embargo El Espectador de verdad, ese que se grita por la calle y se recuerda comouna antorcha encendida en los días aciagos, es tan nuestro como pueden serlo el aire olas tormentas. Lo leeremos o no lo leeremos, ese es otro problema. Pero no queremosque lo sigan convirtiendo en la última piltrafa del país que ellos emborrachan cada día.
  • 25. 25 El regreso del basilisco17 de enero de 2003La tragedia de Colombia se escribe con palabras de fuego. La peor de ellas es miedo.O complicidad. O indiferencia. Pero no: la peor es silencio.Colombia es un país. "Limita al Norte con el mar Caribe", escribió Carranza. Y JorgeRojas se lo enseñó a Pablo Neruda con sombras hechas de sed y viento. Colombiaestá en las profundas cumbres de sus montañas y en el misterio de sus gentes. Y estáen su verdad.Pero no. Colombia son dos países. O tres. Posiblemente cuatro. Cuatro países. En elpaís de los cuatro países Colombia muere de hecatombe.Esta comenzó hace mucho, como la resistencia de unos campesinos despojados contraalgo extraño y lejano que se llamaba el establecimiento. Luego involucró a más grupos,a regiones enteras. Por los campos y los sembradíos comenzaron a pulular losejércitos.Hombres armados contra hombres armados. Después llegó la demencia, y los ejércitosvolvieron sus fusiles contra los indefensos.Hoy morimos en una masacre continuada. Nuestra ley es la del asesinato a sangre fría.Hace muchos años, 53 para ser exactos, vivió entre nosotros el horror. En eseentonces, un hombre tenebroso se abatió contra los demás y comenzósistemáticamente a destruirlos. Dejando un reguero de muertos a su paso llegó alpoder, y lanzó a sus ejércitos a una cruzada contra el fantasma de sus pesadillas.Alguno de los suyos precisó la consigna: "a sangre y fuego".A sangre y fuego contra todo y contra todos. El aire se llenó de tormentas y los camposde crucecitas. Trescientos mil muertos. ¡Trescientos mil muertos! En la violencia delEstado contra el país hubo trescientos mil muertos. En la nueva violencia, la quecomenzó hacia 1958, se calcula que apenas llegan a cien mil. Apenas es un decir, quetal vez quiere decir apena.Para incrementar ese número sólo nos faltaba la presencia del monstruo, del basilisco.Ahora el basilisco ha resucitado.Se sabe que los colombianos somos gentes sin memoria. Laureano Gómez bañó ensangre al país. En su época, el ejército y la policía fusilaron sin fórmula de juicio, y susbatallones paramilitares se inventaron nuevas formas macabras de demencia. Elgobierno dejó de ser una instancia de defensa para el hombre común y se convirtió ensu principal enemigo. El presidente justificó la acción de sus sicarios con base en sudeseo de pacificar al país y de moralizar las costumbres políticas. Él, precisamente él,que era la encarnación de la violencia y la personificación del mal.
  • 26. 26Esa consigna ha vuelto. En los considerandos del decreto 2002 el gobierno le declara laguerra a Colombia: "Considerando que dentro de los principales soportes de la accióndelincuencial de tales organizaciones se encuentra, por una parte, la mimetización desus integrantes dentro de la población civil y el ocultamiento de sus equipos detelecomunicaciones, armas y municiones en las poblaciones y, por la otra, el constanteabastecimiento que funciona en los lugares en que permanecen.". Esa presunción le dacarta blanca. Con base en esa norma podrá atropellar a los ciudadanos. Como quiera.Cuando quiera.Con el beneplácito del país, ¡con el beneplácito del país!, el gobierno ha dictado unanueva normatividad. Es ella la que le permite decir al ministro del Interior y de la Justicia(mininjusticia) que "en la reinserción de los grupos paramilitares a la sociedad civil elgobierno no podrá garantizar que no haya impunidad". (Entre paréntesis, dichoindividuo es experto en frases de dos negaciones, que sutilmente se convierten en unaafirmación. ¿Por qué no leer "el gobierno garantiza que en la reinserción de los gruposparamilitares habrá impunidad"?). Es ella la que puede alegarse en los tribunales. Aquíhay una norma. Y la norma, en el tercero de los cuatro países, que es el país formal, essagrada. Nadie la discute.Artículo 3º: "Procederá la captura del sospechoso sin que medie autorización judicial,cuando existan circunstancias que imposibiliten su requerimiento."El 10 de noviembre el ejército invitó a los acorralados habitantes de Saravena adivertirse en sus ferias y fiestas. "Sin problemas", les dijo. Ellos, felices, se sumergieronen esa a veces espesa rumba pueblerina. Pero no sabían lo que les esperaba: a la 1 dela mañana los cercaron, los llevaron al coliseo y los marcaron con tinta indeleble."¡Cuidado!", les advirtieron. "Este sello indica que ustedes colaboran con la guerrilla". Yno fue a trescientas personas, como dijo EL TIEMPO. Fue a tres mil. Marcados, comose marca el ganado. Como los nazis marcaban a los judíos. Marcados.En el cuarto de los cuatro países, el país del absurdo, la guerra toma otro cariz: es laguerra del Estado contra sus gentes. Atropellos, detenciones, desapariciones forzosas,secuestros, muertes, arbitrariedades. Esta semana, por ejemplo, el comandante de laBrigada Militar de Arauca ordenó detener, sin fórmula de juicio, a Ciro Peña. Ciro Peñaes un médico notable que hace cuatro años rechazó una candidatura cívica a lagobernación de su departamento. Lo acusó de concierto para delinquir. Su delitoconsistió en levantar los cadáveres de Santo Domingo. El testimonio que él prestó llevóa que se conociera la verdad de ese asesinato: no fue una bomba de los guerrilleros laque mató a 18 personas en el caserío: fue un bombardeo de los militares. El crimen fuetan aberrante, que Estados Unidos suspendió toda ayuda al batallón de la FACacantonado en Arauca hasta tanto se aclare.Pero no se va a aclarar si, a pesar de la destitución de dos oficiales comprometidos, alos testigos comienzan a amenazarlos, a procesarlos y, ojalá no, a desaparecerlos. Pordesgracia, el caso de Ciro Peña, que ha conmovido a todo el departamento, no esaislado. Él es un ejemplo más de la forma como este gobierno hará la guerra.
  • 27. 27Colombia es el país de los cuatro países. En cada uno de ellos, un oscuro jinete delApocalipsis cabalga a galope tendido hacia nuestra tragedia.
  • 28. 28 Carta circularDe: Fernando GaravitoEnero 19, 2003Apreciados amigos:Aunque este mensaje vaya con su solo nombre como destinatario, en realidad vadirigido a 35 personas. Lo que ocurre es que en los últimos días, a raíz de la censura deque fui víctima en "El Espectador", he tenido que aprender a marchas forzadas elmanejo de un universo que hasta el momento se limitaba para mí a escribir mi artículo,entrarlo a la red, remitirlo al periódico, y sanseacabó. Ahora no. Los nuevos sucesos mehan obligado a ponerme al día en grupos hotmail, grupos yahoo, páginas Web y otraserie de filigranas que necesariamente tienen que sorprender a alguien que nació en laépoca de la pizarra y el gis. En desarrollo de ese proceso de aprendizaje supe de laexistencia de las "copias ocultas", que impiden que a los computadores lleguen losúltimos gritos de la moda en zapatos tenis, desodorantes, cremas para la barba ysistemas de seguridad social. Y, claro, eché mano de ellas, para enviarles esta circularque les da cuenta de un tremendo pecado de omisión del cual sólo yo tengo la culpa.En efecto, hace algunos días (muchos días, mejor, en el caso de algunos de ustedes),recibí un mensaje de solidaridad de su parte a raíz de la supresión de mi columna. Entotal eran, hasta el viernes, 273 cartas, con base en las cuales descubrí que no sólo meleían mis dos viejas tías, Berta y Felisa, sino que algunas otras personas habíanseguido el proceso que me llevó a denunciar poco a poco las iniquidades que sepresentan entre nosotros en el ejercicio del poder. Ustedes saben que ese fue elproblema.En Colombia es obligatorio tener partido. El que no está con el gobierno y susparamilitares está con los guerrilleros, y el que no está con ninguno de los dos esconservador o liberal o demócrata cristiano o siquiera masón o del MOIR. Pero yo nopude acomodarme en ninguno de esos sitios, ni tampoco me plegué, como las estrellasdel periodismo, a ser el adulador de los poderosos. Sabía, claro está, que escribía enun medio comprado por Bavaria.¿Y qué? Siempre pensé que "El Espectador" estaba por encima de esa circunstancia yque el periodismo todavía era el espacio adecuado para romperse la piel en laspalabras.Por eso cuando nombraron como nuevo presidente de la cervecera a un españolllamado Javier Aguirre, pensé que ese hecho era la gota que rebosaba el cántaro yescribí un artículo sobre la presencia de España en nuestros negocios. A través delsistema financiero, la horrible "Madre Patria", que acabó con diez millones de indígenasen 50 años y que esclavizó a buena parte del continente africano, inició hace poco unanueva conquista. Así pues, denuncié la presencia indebida de los españoles en el metro
  • 29. 29de Medellín (en las comisiones ilegales está involucrada la familia real), en lasempresas de servicios públicos, en la banca privada, en fin, en múltiples frentes denuestra actividad económica.Ese fue el artículo que recibió en "su" periódico a Aguirre, y esa fue una pequeñaescaramuza en la que le señalé al reyezuelo que no iba a dar mi brazo a torcer enninguna circunstancia.Obvio, Aguirre me tomó un odio feroz. Varias veces pidió mi cabeza. En algunaocasión, inclusive, hice una referencia pública al propósito que animaba al grupoBavaria de prescindir de mi columna. En un determinado momento, el individuo fue a launiversidad donde yo dictaba mis clases y pidió que me despidieran. El rector lo pusoen su sitio, pero cuando algunos de mis amigos, que asistieron a ese absurdo, mecomunicaron lo que había sucedido, supe que mis días estaban contados. Y estabancontados. No importó que mis denuncias sobre la hecatombe que vive el país mehubieran acarreado el exilio.Lo que importaba era salir de mí a como diera lugar. Y lo lograron. Como ustedessaben, en la penúltima semana del año pasado, el director, que en este caso actuabasólo como mensajero, resolvió que una pregunta inocente sobre lo que había sucedidoalrededor de la investigación por la pérdida de 35 millones de dólares en el Banco delPacífico (que están en los bolsillos de ya sabemos quién), era insoportable, y que debíairme de inmediato. Fue entonces cuando comenzaron a llegar los mensajes de los queles hablo, y cuando resolví tomar algunas pocas determinaciones que aquí enumero.La primera, fue fácil: no dejarme callar. Pero a mí ningún medio escrito, ni radial nitelevisivo me va a invitar a formar parte de su nómina de colaboradores. Al fin y al caboel único que ha señalado el despropósito que representan personas como Yamid Amato Darío Arizmendi en nuestros medios de información, el absurdo que son Enriquito,Pachito, Juan Manuel, Rafael (ah, y Juanita y Beto) en el periodismo, el único que le hadicho a García Márquez, con pruebas en la mano, que se le olvidó hacer reportajes, yque ha llamado "teta Vargas" a la teta Vargas, y etcétera hasta agotar la lista, he sidoyo. Por eso no esperé nunca una mínima solidaridad. La hubo, sí, de algunas pocaspersonas.Pero Antonio Caballero, por ejemplo, que se dice tan vertical e independiente, se quedócallado. Y los medios, que chillan cada vez que alguien les roza siquiera uno de susderechos fundamentales: el del libertinaje, permanecieron mudos. Y no se tratabaúnicamente de mi caso: se trataba de la libertad de prensa que en Colombia es unespejismo. Nadie dijo nada porque, o yo representaba una competencia incómoda, uhoy todo el mundo está alrededor del príncipe, halagándolo, aplaudiéndolo, ocultándolesus iniquidades. De ahí que la única salida que encontré fue la de escribir en la red.Comencé a hacerlo sin dejar siquiera una semana de intervalo. Mi artículo desaparecióel 22 de diciembre. En la siguiente semana lo repartí hasta donde pude por Internet. Yel 2 de enero escribí un texto que llamé "Apólogo del faro", que entenderán quienesquieran entenderlo, y luego envié mi única respuesta a la censura ("Censor y piltrafa"), y
  • 30. 30esta semana escribí "El regreso del basilisco", donde ya, por fortuna, hablo de otrostemas.La segunda determinación fue la de contestar los mensajes. Lo hice en brevespalabras, dirigidas específicamente a quien me escribía. En ese empeño gastémuchísimas horas. Doscientas treinta y ocho veces pedí que nos integráramos en unapequeña comunidad de gentes dedicadas a pensar, donde no temiéramos el silencio,olvidáramos el miedo y marcáramos la diferencia. La respuesta fue muy positiva.Anuncié que repartiría mis artículos los viernes a las 7 de la noche, y me puse en eloficio. Pretendí que cada uno de los nuevos miembros de esa comunidad (que será laanticomunidad por antonomasia), llegara a ella invitado por mí. Pero comencé aatrasarme. En el fondo de una enorme lista de mensajes sin contestar (soy persona sinasesores ni secretarias) se me quedaron algunos de los mensajes más significativos.Esta madrugada, a las 3, los repasé. Resultaron 35. Volví a emocionarme con esaspalabras, provenientes de los más distintos rincones del país. Pero deduje que, si mededicada a contestarlos uno por uno, me tomaría una semana más y perdería untiempo precioso para entrar en contacto con ustedes. De manera que resolví cortar porlo sano. Tomé las direcciones, escribí una pastoral (esta) que es la que le dirijo, con mismás rendidas excusas, a… (siguen 35 direcciones e-mail).
  • 31. 31 Métale cabezaEnero 27 de 2003Sin que el país se haya dado cuenta del alud que se le viene encima, el gobierno inicióesta semana las conversaciones de paz con los paramilitares. A la mesa se sientan lasdos caras de la misma moneda. Castaño y Uribe (porque son Castaño y Uribe los queconversan) hablan el mismo lenguaje, se enfrentan a los mismos enemigos y tienen losmismos propósitos. Así pues, el diálogo será un extraño monólogo. En él, el doctorJekyll, se despojará de su careta de bondadoso y tranquilo médico londinense (o deseminarista con pestañas), para darle salida a su auténtica personalidad de místerHyde. Jekyll y Hyde son únicamente Hyde, así entre los dos no dispongan sino de unasola y triste motosierra.No hay peor ciego que el que no quiere ver. Y Colombia no quiere ver. Ahí están todoslos elementos del desastre: las raíces de lo que ahora vivimos, la perniciosanormatividad que aprobaron a marchas forzadas, la impunidad de la que habla elsórdido ministro del Interior, y la connivencia de quienes participan en este pobremelodrama. Pero nadie los ve, porque nosotros estamos sordos, ciegos, mudos yaterrorizados. Sobre todo aterrorizados.La historia no es muy vieja. Comienza cuando el actual presidente era gobernador deAntioquia. En ese momento los paramilitares habían iniciado su gran ofensiva contra elUrabá, y como en el letrero de “hoy te quiero más que ayer…”, cometía una masacremayor que la del día anterior pero menor, mucho menor, que la siguiente. Pues bien,cuando se esperaba que la administración guardara algún equilibrio frente al asunto, elgobernador le exigió a la guerrilla declarar una tregua unilateral, y guardó absolutosilencio respecto de los paramilitares. En ese silencio, más que en el impulso definitivoque les dio a las Convivir, está la clave del asunto. Y es más: a raíz de la masacre deChigorodó, en la cual fueron asesinadas 32 personas, el gobernador se salió por latangente y sostuvo ante el sorprendido presidente de la República, que el Estadodebería “tener absoluta firmeza y determinación para negociar con los principalesactores de la violencia, cuando ellos demuestren una voluntad de diálogo”.Esas, las raíces. Pero está también la normatividad. Y en ella el camino culebrero delpasado reciente se convierte en una autopista. Cuando el 28 de noviembre losparamilitares ofrecieron una tregua indefinida, lo hicieron porque sabían que en pocosdías el Congreso, manipulado por el 35 por ciento de su propiedad, eliminaría lanecesidad de reconocer en forma previa el carácter político de las organizacionesarmadas ilegales que quisieran adelantar cualquier diálogo. Y, en efecto, el proyecto deley que en ese momento cursaba en el Senado para prorrogar la vigencia de la ley 418de 1997 y modificar el contenido del artículo 8º, se aprobó sin objeción. ¿El ponente?Rafael Pardo Rueda. Cuando se convirtió en ley, le dio sustento a una acciónposiblemente pactada de antemano. Desde entonces, el diálogo que todavíaescandaliza a algunos, es legalmente posible.
  • 32. 32Así pues, el Estado va a hablar de tú a tú con los asesinos de La Rochela, La Chinita yMejor Esquina; con los autores de atentados dinamiteros, de muertes selectivas, deamenazas sin cuento; con los victimarios de un desplazamiento que hoy involucra a dosmillones de personas; en fin, con quienes, mediante su acción criminal, han contribuidoa la desestabilización política del país, y han puesto en peligro su viabilidad comonación. Y no sólo va a hablar: si por boca de su súper ministro garantiza la impunidadde los criminales (porque eso es lo que dice), es porque se siente seguro de poderforzar la norma para concederles un indulto o una amnistía. De ahora en adelante nohabrá necesidad de “espulgar códigos”, como dijera con tanta gracia Carlos EduardoJaramillo. Ahora se podrá negociar abiertamente con los criminales, sin que nadiepueda decir esta boca es mía. Y ténganse de atrás. Porque el próximo paso, ya loanunció Luis Fernando Velasco, el ponente en la Cámara, es una reformaconstitucional, luego de la cual se podrá decir que Colombia es el único país del mundodonde un grupo de delincuentes comunes, armados por el narcotráfico, entrenados porel narcotráfico y ellos mismos narcotraficantes en servicio activo, imponen su ley comolos viene en gana. La reforma a la Carta buscará modificar los elementos del delito derebelión. Ya no será necesario que quien lo cometa ataque al Estado. Que nadie seescandalice entonces cuando los delincuentes comunes aleguen que ellos son unasmansas palomas que están contra el establecimiento y exijan ser indultados. El origende esa exigencia está en esta, que tendrá que conocerse en adelante por el nombre desu verdadero autor: la “ley Castaño”. Como el lunes Emiliani. Como el puente Pumarejo.Como el blazer José Gabriel. Como el descalabro Poncho Rentería.El ministro Londoño, que es un abogado mañoso, anuncia que el gobierno tendrá queestudiar “con mucha imaginación” las limitaciones de orden jurídico que se le atraviesenen el camino de buscar la paz con los paramilitares. Lo logrará, claro está. Él es expertoen subterfugios.Pero sería conveniente que alguien le explicara al país con qué cara el obispo deMontería dice que, hasta el momento, “las cosas han salido muy bien”. ¿Muy bien paraquién? ¿Para las víctimas de las masacres? ¿Para Castaño? ¿Para Colombia? ¿Paralos monseñores? Porque luego de este proceso quedaremos doblemente vencidos,únicamente con el propósito de que su excelencia recupere a alguien que en realidadnunca llegó a extraviarse. Antes de que acabe este período (si es que este períodoacaba algún día) tendremos a Castaño sentado en cuerpo y alma en el sillón delministro de Defensa, donde a veces aparece disfrazado con la polvera y los tacones dedoña Martha Lucía. Y con su título de comandante refrendado por la ConstituciónNacional y por nuestra cobardía.
  • 33. 33 Derecho a existirNueva York, 31 de enero de 2003Estas seis palabras, desnudas e indefensas, parecen escritas con fuego: todo pueblotiene derecho a existir. Habla la vieja conciencia del hombre, cada día más muda eineficaz y desolada. Todo pueblo tiene derecho a existir. Allí, la dimensión de lastragedias que se viven a diario en el planeta, el arrasamiento de las culturas, elgenocidio sistemático, el despojo y el atropello de las comunidades, el imperio deldinero como único patrón de conducta, adquieren la fuerza de la palabra y, al mismotiempo, su transparencia desarmada. Ese es su enigma: cuando la palabra dice algo,enuncia su opuesto. La palabra se erige entonces como un escudo en defensa delhombre, pero detrás de ella se acorralan la agresión y el miedo.Nuestros pueblos indígenas no tienen derecho a existir. Su único espacio real es laincomodidad que generan en "los civilizados": por lo general, están ubicados en lossitios por donde debe pasar "el progreso". Y, claro, sobran. Alfredo Molano explicó haceocho días el porqué de la matanza de los cuna. Como la carretera panamericana se vaa construir (porque se va a construir), los potentados del norte del país quierenasegurar la valorización que ella genere. Ahí no importa la anunciada masacreecológica, ni la defensa del hábitat de miles de especies únicas en el mundo. Lo queimporta es la plata. Por eso la "civilización" envía sus avanzadas. Y es entonces cuandoCarlos Castaño aparece como el nuevo conquistador que traza, imperturbable, la rutade nuestro descalabro.Veamos algunos pocos hitos de la misma. El pasado 4 de agosto los paramilitaresatacaron al cabildo de Guamez, en el Putumayo, y asesinaron a tres líderes del pueblocofán. Obencio Criollo Queta, era su guía espiritual, y trabajaba en la recuperación de lalengua materna. Un mes más tarde, el 4 de septiembre, doscientos hombres llegaron aun caserío situado en la zona rural de Riohacha. Los paramilitares - contó un periódicolocal -, "empezaron a degollar y a mutilar a víctimas escogidas y se robaron losanimales. Cincuenta adultos y cien niños sobrevivientes fueron atacados con rocketscuando corrían hacia la selva, tratando de salvarse de la masacre". El 13 de diciembre,un líder arhuaco, Jeremías Torres, pidió protección para su gente. Según él, en el cursodel año 2002 los paramilitares asesinaron a 30 miembros de su comunidad, entre ellosa cuatro líderes kankuamo. Pero todo eso resultó ser apenas la antesala de la tragediade hace diez días, cuando a diez kilómetros de la frontera con Colombia, en territorio dePanamá, los Álvaro Uribe Comandos (AUC) atacaron a las comunidades cunas dePaya y Pucuro, secuestraron, torturaron y asesinaron a cuatro de sus líderes,destruyeron el poblado, y se robaron los animales. Por fortuna, la acción no fueofensiva: fue "de vigilancia y protección". Eso dijo Castaño.Ahí están, entonces, los típicos elementos de nuestro día a día. Para comenzar, elataque fue cometido a pocos kilómetros del sitio donde el cabecilla de los forajidosconversa de paz con el gobierno de su alter ego, a través del obispo de Montería y delpsiquiatra de la ternura. Así, la presunta tregua que permite adelantar ese diálogo sólo
  • 34. 34existe en la extraña realidad-otra de los asesinos. Fue un asesinato, orientado a librar alterritorio de la presencia incómoda de los indígenas, pero a nadie se le ocurrió citarcomo testigos de excepción a los tres periodistas extranjeros del Discovery Channel:Robert Young Pelton, Mark Wedeven y Megan Smaker, que presenciaron el ataque(como consta en la denuncia que la comunidad interpuso ante el Procurador dePanamá), y los medios se limitaron a recoger las palabras con las que se despidierondel país: "fue una aventura interesante", dijo uno de ellos. Al fin y al cabo, en Discoverysólo se viven aventuras, y la muerte de cuatro líderes indígenas no tiene por qué sernada distinto de los episodios en que las mapanás devoran a los antílopes.Ahora bien, si alguien quisiera completar el cuadro macabro de la operación, bastaríaque estuviera atento a los nombres de la avanzada económica que llegará detrás de lasiniestra acción militar de Castaño. Sólo entonces se conocerá lo que esconden estasidas y venidas, estas vueltas y revueltas que, con seguridad absoluta, son de muchautilidad. No para los indígenas, claro. Para ellos.Toda agresión conlleva un miedo. Hace quinientos años, los pueblos más atrasados delmundo atravesaron el océano para iniciar un despojo que no cesa. Que yo sepa, hastaahora no se ha analizado la presencia del miedo como factor autónomo en la conquistade América. Una tesis elemental demostraría cómo los primeros pasos de los invasoresestuvieron marcados por un miedo cerval, que se trocó en miedo cultural en la medidaen que se consolidaba la muerte. Hoy, frente a la sabiduría de los arhuacos, a laorganización política de los paeces y a la medicina ancestral de los grupos amazónicos,los civilizados tienen miedo. Ellos saben que el exceso de ruido que hacen frente alsilencio milenario de pueblos que saben esperar, sólo lleva a la angustia. En un viejocortometraje colombiano, un indígena mira asombrado el perfil de la ciudad. Esentonces cuando un hombre largo y seco, en camiseta, se para a su lado con unaenorme grabadora sobre el hombro, y comienza a menear las caderas al compás de sumúsica. Oye, claro, un ruido al que le dicen vallenato. En ese instante la filmación siguesu camino. Y el espectador adquiere una conciencia momentánea de su propio ridículo.Un pueblo es una entidad autónoma, que tiene sus propias tradiciones, su lengua, sucultura. En Colombia se odia la diversidad y, odiándola, se odia a los pueblos queconviven dentro de nuestras fronteras. Cuando la Declaración de Argel, firmada en1976, sostuvo en su artículo 1º que "todo pueblo tiene derecho a existir", pensaba en unmundo superior. No pensaba en Castaño.
  • 35. 35 Habla RaimundoPara el Equipo Nizkor7 de febrero de 2003Hasta el momento, que yo sepa, nadie se ha preguntado cuál es la auténtica razón deun referendo que parece destinado a ahogarse en un océano de palabras. La respuestaes simple: mientras quienes lo apoyan, cada día más escasos, lo defienden a capa yespada con una retórica ampulosa y vacía que no le dice nada a nadie, y el liberalismo(o lo que queda del liberalismo) busca agarrarse de ese palo de náufrago parademostrar que todavía existe, y los enemigos de la fórmula se empeñan en encontrarargumentos que no hayan sido expuestos por nadie, y las organizaciones popularesdicen "no" por principio, y a nuestro alrededor brotan artículos, declaraciones,entrevistas, opiniones, tesis, propuestas, análisis, disecciones, autopsias y editoriales,mientras todo eso pasa, el gobierno habla, farfulla, musita, perora, declara, grita,argumenta, expone, discrepa, aclara, precisa, percibe, barrunta, intuye, señala, indica,duda, gestiona, desmiente y disimula… y no gobierna.Y, claro, está feliz.Porque en este país, ya se sabe, se cambia la acción por la palabra, y el actoadministrativo por el discurso, y la silenciosa tarea de gobierno por la frase derelumbrón.Pastrana, que fue el campeón indudable del disimulo, pretendió mantenernos tres añosbajo el espejismo de una paz sacada de su cubilete de mago de feria, y logró terminarun período en el que no se hizo nada pero se habló hasta por los codos.Ahora igual.Al fin y al cabo Uribe es una triste reedición de la barata mediocridad de su antecesoren el cargo. Y mientras las promesas electorales se quedan en eso: en promesaselectorales, y la hecatombe avanza incontenible, y la pretendida juridicidad pasa por lacriba de la verborrea del mininjusticia, y en un acto evidente de traición a la patria (¿aalguien le importará hoy qué cosa es traición y qué es patria?), se pide a los EstadosUnidos que nos invadan, y se asiste al derrumbe de las garantías civiles y de losderechos ciudadanos, y se pone a la seguridad como la llave del futuro, y se cierran losojos ante el ALCA y ante el FMI, y se firman acuerdos a los que se les hace pistola conlos dedos de los pies (el de Chapultepec es un buen ejemplo), y se amenaza, y secierran sin compasión los mecanismos culturales supérstites, y se utiliza un lenguajependenciero y altisonante, y se atropellan los derechos humanos de las comunidadesmarginadas, y se llega a abismos impensables del conflicto en el Chocó, en el Meta, enArauca, y se va al exterior como el representante de una extrema derecha que no tienerazón de ser en un continente que cambió a los gorilas de Argentina, a Pinochet y aFujimori, por un Chávez que defiende su dignidad, un Lula que inaugura la suya, y un
  • 36. 36Castro que se convierte en paradigma, y se atiende el cáncer de la economía conmejorales porque a nadie le interesa detener el proceso, y se amenaza a la universidad,y se busca un colapso político, y se mantiene en los cargos más destacados de laadministración a individuos señalados por su corrupción y sus artimañas, una porciónde país, que no es necesariamente el país, se distrae con el blablablá del referendo, ydiscute si es o no es inconstitucional, y espera la decisión de la Corte, y protesta porquees muy largo, y aprende la distinción entre referendo y plebiscito, y lee a López, yapuesta, como en una gallera, si el gobierno conseguirá los votos, y teme al fraude, yhace cálculos sobre los costos, y pregunta cuánto durará un elector leyendo - yentendiendo - las preguntas, y habla de la abstención activa, y encuentracontradicciones entre lo que se dijo, lo que se hace y lo que resultará, mientras elgobierno, otra vez, regresa a un sistema de análisis de hace veinte años, y sabe que ensus manos la administración nacional adquiere una vertiente de alcantarilla, y se ríe delCongreso reducido que será el mismo Congreso de siempre, y de la lucha contra lacorrupción dirigida por los eternos corruptos enquistados en sus meandros, y sereafirma en sus vicios políticos, y se frunce de hombros ante la posibilidad de que seacaben los partidos políticos, y habla, y habla, y habla, y habla, pero no gobierna,mientras el país, otra vez, o por lo menos esa porción de país que no esnecesariamente el país, sabe que las consultas de hoy no tienen nada qué ver con laspromesas de la campaña, y que son una burla, que el articulado es equívoco y productode la politiquería que dice atacar, que la corrupción seguirá en sus trece, que la Cortedudará en señalar los inocultables vicios de forma, que los electores, llevados comosiempre del cabestro, se limitarán a aprobar con una crucecita, sin percatarse de queprecisamente ahí serán crucificados, que el gobierno quiere acabar con la política, pero,ante todo, que el régimen no va a conseguir los seis millones de votos que necesita yque, sea cual sea el resultado, ante la torpeza con que ha manejado el asunto, suimagen positiva (que entre otras cosas entró en barrena) acabará por derrumbarse.Pero no importa. Lo que importa es hablar. Y entonces habla el gobierno, y habla elpaís, o por lo menos esa porción de país que no es necesariamente el país, y hablaRaimundo y habla todo el mundo. Mientras, afuera, el desnudo país desprotegido, elpobre silenciado país de cada día, sigue a la espera.¿A la espera de qué?- A la espera de nada.Porque Colombia es el país de las palabras, cosa muy distinta del urgente país de lapalabra que tanto necesitamos.En el referendo, con zancadilla a la Constitución o con abismos o llanuras entre buenosy malos, sólo se habla. Y el país, sépanlo ustedes, está hasta aquí de que nadie haganada.
  • 37. 37 Razones de la chavetaPara el Equipo Nizkor14 de febrero de 2003Aunque nadie lo ha dicho con claridad, en el atentado contra el club El Nogal estallarondos bombas.Dividamos el universo de cada una alrededor de una serie de peros. La primeradestruyó el edificio, mató a 33 personas, estremeció a esa cierta clase dirigente que escapaz de cualquier cosa, y permitió que los miembros del ghetto, vecinos de laedificación, se sintieran, siquiera por un momento, parte de un país que se desmorona,pero la segunda, que explotó instantes después, alcanzó a oírse en Washington.La primera provocó la airada reacción de los de siempre, que utilizaron el atentado paraafirmarse torpemente sobre su eterno desafío, pero la segunda - por lo menos en lo quese refiere a Colombia - pasó sin pena ni gloria. La primera acabó, sin razón, con la vidade un grupo de colombianos, pero la segunda amenaza con acabarnos a todos loscolombianos.Una y otra merecen el rechazo unánime de un país acorralado, que no encuentra cómosalir del atolladero, pero la primera se convertirá con el tiempo en parte de nuestramemoria colectiva de horrores y pesadumbres, mientras que la segunda está llamada aser nuestro Apocalipsis.Y, sin embargo, el temperamento que nos distingue es ese: enfrentados a un cáncerterminal nos dedicamos a curarnos la tos y la tristeza. "Para curar la tos y la tristeza",escribió Nicanor Parra en uno de sus poemas memorables.Quien activó la segunda bomba fue el gobierno.Ante la lógica contundente que mostró ese muchacho medio locato que de vez encuando entrevistan por la televisión, las palabras del ministro Londoño pasaron casidesapercibidas. En efecto, el locato vicepresidente Pachito, atribuyó el crimen "sin dudaalguna" a las FARC, mientras el titular del blower sostuvo que ese grupo parecía "notener la capacidad para ejecutar un atentado de tal magnitud".Todo el mundo se miró extrañado: ¿habría perdido definitivamente la chaveta? Puesno.En pocas horas todos, hasta Pachito, entendieron de qué se trataba.Se trataba de ubicar el atentado contra el club en el rango de "terrorismo internacional",para pedir la intervención de la comunidad de naciones en la solución del conflicto. Latesis es vieja.
  • 38. 38La expuso su excelencia cuando era gobernador de Antioquia. El 20 de febrero de1996, en Urabá, el mandatario seccional pidió buscar "el apoyo de fuerzasinternacionales de la ONU… ya que con los procedimientos convencionales con loscuales hemos venido enfrentando la criminalidad no hemos salido exitosos".Pero en ese entonces el problema se concentraba en torno a unos pocos obreros de lasbananeras. Gentecitas de poca monta. Mientras que ahora son personas bien. Y niñosbien. ¡Y meseros! La forma como los funcionarios dicen "meseros", subrayando elabismo social en la "e" acentuada, le resta toda eficacia al populismo de la palabra.Pero ese es otro cuento. El cuento de verdad es que ahora el presidente de laRepública insiste por tercera o cuarta vez desde el comienzo de su mandato en queColombia debe recibir un tratamiento a lo Irak. Que vengan los cascos azules. Quelleguen los misiles y los bombarderos. Que nos cerquen los portaviones y nos enfoquenlos satélites y nos amenacen los batallones y nos protejan los helicópteros y nosarrasen los tanques y nos masacren las ametralladoras y nos fumiguen los helicópterosy nos pellizquen las monjas y nos castiguen los buenos, porque esta bomba esterrorismo internacional.Eso es lo que es.Dicho por nuestros peores enemigos, que no son los guerrilleros ni los paramilitares nilos delincuentes organizados y no organizados, sino nuestros atildados funcionarios deblower y de pestañas.La tragedia de Colombia se marca con nitidez en estos despropósitos. Según eldefensor del pueblo, como no se podrá hablar con terroristas internacionales, seráimposible resolver el conflicto "por la vía de una negociación seria". Pues bien. Eso eralo que querían. Londoño declara que acá hay un episodio de terrorismo internacional, elvicepresidente Pachito hace pucheros ante la OEA, ese organismo, presidido por unuribista connotado como es el doctor Gavirica, aclama la posibilidad de que se apliqueacá la resolución de la ONU que rechaza cualquier tolerancia con grupos terroristas, suexcelencia se siente respaldada y esto se fue al diablo.Pero fíjense ustedes: unos son los demenciales guerrilleros de las FARC que seránperseguidos hasta el fin del mundo, y otros los desalmados asesinos de Castaño, conquienes se mantienen vergonzosas relaciones secretas.En efecto, según connotados testigos del establecimiento, precisamente en el clubdestruido el gobierno y Mancuso hablaban de igual a igual sobre la paz que le van aimponer a Colombia.Así las cosas, el edificio era una especie de Caguán 2, útil para ocultar la verdadverdadera, que no es precisamente la que se desarrolla en el escenario montado por elpsiquiatra de la ternura y Castaño y su cura, en una región donde gobierna Augura.
  • 39. 39Dado que la seguridad sigue siendo un espejismo, hay que convertir esas situacionesde demencia en balcones desde los cuales se pueda gritar y mostrar los dientes.Como el partido comunista promovió un acto que tenía programado para el 7 de febreroa las 6 de la tarde con un "nos vemos el 7 a las 6", Caracol Televisión, brazo informativodel régimen, le atribuye la autoría intelectual del atentado que ocurrió el 7 a las 8. Doshoras de diferencia ni quitan ni ponen.Quién iba a pensar que los dóberman de la señora Kertzman llegarían a tenersemejante importancia. Ahora uno ocupa la Presidencia de la República y el otro elMinisterio del Interior, y ambos ladran. Hay un tercero, que está en la Fiscalía, perocomo ese es gozque, no hay para qué darle un tratamiento igualitario.El ataque contra el club El Nogal va para largo. Sobre ese hecho, repudiado por todos,el gobierno se dispone a acabar con cualquier posibilidad de paz que aún podamosabrigar en Colombia.
  • 40. 40 Historia con cadáveresPara el Equipo Nizkor21 de febrero de 2003Están ahí, inmensamente gordos, tristes, silenciosos. Aunque en el fondo algunosconservan una cierta insularidad de individuos al borde, los más pertenecen a unaforma común, de manera que llegan a ser extrañamente artificiales: risas artificiales,bíceps artificiales, rubios artificiales, palabras esencialmente artificiales.Se podría pensar que no están hechos, que están fabricados en serie… conimperfectos. Porque hay una enorme cantidad de imperfectos, ínfimas estaturas,traseros monumentales, ojos ausentes, pies torcidos, papadas múltiples quedescienden sobre pechos hundidos, pieles deterioradas, barbas femeninas.Van, por lo general, detrás del carrito del supermercado, se detienen enamoradamentefrente a las latas de fríjoles y de conservas, leen con atención las etiquetas, calculan lascalorías, las suman a sus volúmenes, a sus vasos de agua. Son feos, basculan, sudan,compran cosas innecesarias, permanecen en éxtasis frente al televisor, hacencentenares de inútiles millas diarias por las carreteras, compran, compran una vez más,compran de nuevo, ya no leen la Biblia, son inseguros, creen a pie juntillas que Dioshizo el mundo en seis de nuestros días y que Eva salió de una costilla.Miran de reojo.Hace mucho dejaron de ser la canción de Piero, porque ya no tienen la gracia del chicleni de las bermudas ni de las instantáneas, y ahora andan sin luz, grises, forrados enjeans, con sus enteros labios tensos de comisuras hacia abajo.Colectivamente creen el cuento que les vende la publicidad, de manera que se ven enfigura de las saludables, atléticas muchachas de sonrisas perfectas, en figura de loselegantes hombres de negocios que viven la dura realidad de otra manera, en figura delas sólidas familias de marido perfecto, madre amorosa, hijos adorables, perro juguetón,abuelos comprensivos, pero no alcanzan a darse cuenta de que eso es apenas elsórdido y equívoco Dorian Gray, y que ellos son su destruido retrato, lleno de pústulas yde laceraciones.Antes de seguir adelante sería necesario anotar que los ingenuos habitantes del restodel mundo, encuentran en ese espejismo la síntesis de la dualidad que se da entre laimagen perfecta y la dura realidad de cada día. Y que desde acá es terrible pensar en lapobreza del ideal que proponen algunos de nuestros políticos, un ideal con pies debarro, porque esta sociedad no llena ninguna expectativa, no piensa, no razona y,aunque ahíta, no está satisfecha. Si la política neoliberal conduce a esto, es necesariocortarla de raíz, extirparla como se extirpa un cáncer.
  • 41. 41Porque lo cierto es que las oscuras, acorraladas sombras que se ocultan en este"paraíso" tienen miedo, miedo a vivir, miedo a decir, miedo a dejar de ser y acomportarse, y se limitan a masticar su frustración y sus desolaciones para hacerlas unbolo que no pueden pasar, que las ahoga, que las atraganta.Pues bien. Nosotros somos los últimos seres vivos que nos creemos el cuento de lasatléticas, sólidas, sonreídas muchachas norteamericanas, de los flexibles hombres denegocios con el mundo a sus pies, de las familias felices con perros juguetones. Laverdad es otra.En esta inmensa Comala muerta, los cadáveres han comenzado a perder lo que fue sufigura corporal para adquirir otra de organismos compuestos. Los más terminan encuatro ruedas y tienen timón y ventanillas; otros, también los más, se alargan en unacadena que concluye en perrito; algunos forman un todo único con una silla y al frenteuna caja de imágenes; varios vienen con un teclado que los lleva a una pantalla que lescuenta del mundo, aunque para ellos el mundo esté hecho de lo que los rodea, de sucalle y de su vecindario. Para estos cadáveres más allá es la nada. El mundo es latierra que pisan, nada saben del otro y no les interesa, piensan que los demás son "elenemigo", creen con fe de carbonero que la televisión les dice la verdad y que de unmomento a otro pueden ser atacados, compran máscaras y plásticos y hacen refugios yviven el terror de la muerte, el 11 de septiembre es "lo que puede pasar ahora mismo",oyen consignas y las repiten y cuelgan banderas que flamean al viento y pegan entodas partes calcomanías que dicen "Dios salve a América", sin que les importe ni poconi mucho lo despiadado de un país que los acorrala, que los vence, que los atenaza,que los domina, que los desprotege, que los abandona, que los manipula, que lesmiente, y ahora que los aterroriza, un país que los lleva del cabestro por donde quiere,que los empuja hacia donde quiere, que los equivoca, que los explota, que se ríe deellos.Uno los ve, afanados, corren de un lado a otro, protegen sus ventanas, cierran suspuertas, piensan que Osama o que Hussein van a venir por la noche a destruirlos, quelos conocen personalmente, que los van a tomar de rehenes.Pobres gordos – gordísimos - ingenuos seres manipulables, tan desprotegidos como loshabitantes de los Andes, tan silenciosos como los bogas del Magdalena, tan calladoscomo los vaqueros de la pampa, tan ásperos como los marineros del Caribe, tanhuidizos como los cocaleros de Bolivia, tan necesitados como las jineteras de LaHabana, tan ingenuos como los ladronzuelos de Jalisco.A todos ellos, a todos estos pobres gordos ingenuos seres manipulables les hanvendido la guerra como una hamburguesa, a todos los han convencido de susbondades, de su necesidad, ninguno sabe quién es el enemigo, todos piensan que elhéroe es ese pobre individuo fronterizo que grita en Washington, y aunque sienten queel mundo se hace cada vez más estrecho, no dicen nada, no levantan la voz, no miran,no oyen, no preguntan, mastican en silencio.
  • 42. 42Y, sin embargo, poco a poco comienzan a entender la sinrazón de la guerra. Y surgenmanifestaciones multitudinarias y denuncias contra los empresarios que hacen supolítica a través de peleles. Y aquí, y exactamente ahí, regresa la esperanza.
  • 43. 43 Carta circularFebrero 21, 2003Queridas amigas,Queridos amigos:¿Qué dice la gente? La gente dice infinidad de cosas, cosas importantes, sesudas,ligeras, llenas de humor, trascendentales, graves, inolvidables, perecederas. En estosdías he recibido un gran número de mensajes que me ponen en la obligación deacelerar el proceso de la página Web, en la cual el acceso igualitario de todos me quiteesta horrible sensación de ser quien depara la verdad revelada. ¿Cuál es el criterio quedebo aplicar para incluir un texto y no otro? Para mí, puntos como esos constituyen unaextensión del griego.Hace años, cuando dirigí una revista cultural en Cali, que se llamó Estravagario, abrí laspuertas y ventanas de tal manera que muchos, entre ellos yo mismo, la recordamoscomo algo extraño en nuestro hermético universo. Lo mismo intentaba hacer con elMagazín Dominical de El Espectador, cuando una torpe medida gerencial lo borró de unsolo papirotazo. Pero el único número en el que logré desaparecer como filtro y en elque la gente habló sin tapujos, como le vino en gana, con los errores que quiso tener ycon sus propios argumentos, fue de tal manera importante que, obvio, ocho días mástarde se le decretó a la revista la pena capital tajante y definitiva. Quiero decir,entonces, que los textos que hoy incluyo sólo fueron seleccionados por su brevedad. Yno digo más, para no ocupar un espacio que no es mío. Queden con ellos.1. Escribe Susana Acosta:"Nuestro propósito común es el de formar a nuestros jóvenes en unas estructurasdistintas de valores y principios, el de ayudarles a recobrar el verdadero sentido de vivirdignamente y de luchar por unos ideales, y el de contribuir a que se formen comociudadanos mayores de edad para que puedan discernir libremente, de tal manera quelos medios de información parcializados no los puedan manipular a su antojo. Eso es loque nos mantiene vitales y comprometidos en las actividades académicas. Creoademás que los futuros profesionales deben obedecer a una formación integral,humanística y fundamentalmente crítica, para que pueda existir una esperanza paranuestro país".2. Escribe un inteligente y lúcido corresponsal quien me pide reservar su nombre:"Mientras en los países desarrollados se precian de la calidad, la cobertura, la gratuidado subsidio a la salud y la educación, en Colombia (siguiendo al FM, evidentemente,pero también a "expertos" chilenos) se privatizan. Es particularmente llamativo que elalcalde de Bogotá, haya impuesto, por vía experimental, una ampliación de la jornadaeducativa, que ahora se extienda para todo el país, en unas condiciones que nomejoran la educación sino que optimizan el gasto.
  • 44. 44"Quiero llamar la atención sobre el hecho de que corrupción no es sólo la apropiacióndel dinero de otros. Es también la perversión para vender un modelo de vida, a cambiode dinero, poder etc. Con mucha pulcritud, incluso, venden la vida, al acabar a LaHortúa, mientras hacen grandilocuentes declaraciones en favor de los niños víctimas dela pólvora.En la propaganda al alcalde gastan más dinero del que se necesita para evitar el cierredel hospital. Y para mejor hacer en beneficio de la niñez, nombran a la contratista de lacompraventa de servicios en educación, secretaria distrital. Ahora los niños, no sequeman tanto, pero son más los padres y madres que mueren por hambre y otrasformas de violencia, los profesores trabajan más horas por menos salario y menosgarantías laborales, se hacen mejores negocios en educación, y los muchachos ymaestros, obligados a iniciar la jornada a las 6 a.m., parecen agotar las ganas dereflexionar, discutir, proponer o joder, dormitando más horas en los centroseducativos..."Escribo para proponer una mirada y una temática. Pero también para invitar a mirar elmundo invisible donde a pesar del establecimiento (comercio, ministerios, prensas,partidos, derechas, izquierdas, guerrillas, empresas, religiones), parecen floreceresperanzas, acciones puntuales, valores, solidaridades. Donde se están cocinandoopciones para la posguerra, para la reconstrucción. Que es lo más importante despuésque unos y otros permitan mejor movilidad. Quiero saber si hay eco para estaspropuestas o si puedo tener la oportunidad de recoger otras para sumarme a la idea deque el espacio de las moscas no lo dejaremos perder, y lo fortaleceremos por lasfacilidades que este medio da y el periódico no. Estamos aprendiendo "a caminar largoy tendido"".3. Escribe el "Observatorio de la Civilidad Colombiana": "El natural pesar causado por ladesaparición de una persona con tantas calidades humanas como las de Juan LuísLondoño, no debe hacernos perder de vista la mayor tristeza que supone saber que elhoy catalogado como prohombre público o excepcional entre los sobresalientes, hayasido un dirigente político que en vida le causó tantos daños al tejido social del país."Desde el subterfugio econométrico de trabajar por lo social, constituyó sin duda – allado del hoy presidente Álvaro Uribe Vélez -, uno de los mayores reductores de lasociedad a negocio, y ello sin perder nunca la sonrisa fácil de su semblante,evidenciando que nunca pudo comprender desde sus altas dotes académicasabstractas, el verdadero drama social que han generado sus reformas. Veamos algunosde estos dramas:* Fue el autor de la nefasta Ley 100, que acabó entre otras cosas con la asistenciahospitalaria en Colombia, entregándole la salud a los grandes pulpos económicos paraque la explotaran con corazón de hierro y como pingüe negocio. No en vano el ponentede la Ley 100 en el Congreso fue el presidente Uribe Vélez, otro enamorado deldesmantelamiento del Estado y del desmonte de su responsabilidad social (que es unacosa bien distinta a buscar su necesaria eficiencia).
  • 45. 45* Con el mismo espíritu chapucero con el que se redujo la salud a negocio, el ministroLondoño fue el creador del Sisbén, supuesto sistema de asistencia social, diseñado concriterios clientelistas para favorecer a las clientelas políticas tradicionales, cambiandovotos por favores.* Un daño más de nuestro desaparecido "prohombre" consistió en el irresponsabledesmonte indiscriminado de los aranceles durante la administración Gaviria, llevandocon ello a la ruina a los pequeños y a los medianos industriales, así como a múltiplesfamilias colombianas que derivaban de allí su sustento.* Y para finalizar este pequeño muestrario nos referiremos al último y previsible dañosocial que causará el doctor Londoño aún después de su muerte, el cual consiste encongelar los salarios del empobrecido pueblo colombiano, a la vez que desmontar elsistema pensional con unos topes máximos, lo que sólo traerá más miseria y dejarácomo nuevos menesterosos a las personas de la tercera edad.Todo esto por supuesto a través del famoso y "Reverendo Referendo".Así pues, el verdadero dolor de patria tras la muerte del ministro Londoño consiste endescubrir que carecemos de una dirigencia fuerte, consistente y realmente creativa, quesepa ir más allá de las teorías y de los cómodos discursos acomodaticios de la realidadsocial. Si así son nuestros mejores hombres ¡cómo serán los peores! “ *****Recibí varios ensayos y escritos de excelente factura y notable extensión. Sin entrar acalificarlos, y con la venia de sus autores, los pongo a disposición de quien los solicite.Son ellos:a. Los desplazados en Cúcuta, por Olga Lucía Fuentes;b. De la falacia neoliberal a la nueva política, por Darío I. Restrepo Boteroc. Algunos intelectuales y la guerra, por Humberto Vélez RamírezDentro de otros de menor extensión, quiero destacar los siguientes:a. El retorno de la generación muda, por Mario Hernán López B.b. Plan de conquista al imperio norteamericano, por Santiago Fandiño CubillosA vuelta de correo (¿se dirá aún de esa manera?) los enviaré a quien los solicite.Un cordial saludo, Fernando Garavito
  • 46. 46 El enemigoPara el Equipo Nizkor28 de febrero de 2003El enemigo es una construcción.Colectivamente lo hemos hecho a partir de una imagen borrosa, donde jueganpersistentes atavismos que muchas veces no se atreven siquiera a decir su nombre.Nuestro enemigo es el desorden, es la igualdad, es el espíritu libertario que reprimimoscon un sentimiento de culpa. El enemigo es el otro. Vivimos la obsesión de encontrarloa la vuelta de la esquina, armado de manera adecuada para aniquilarnos, paraatropellarnos, para acabar con nuestros intereses, con nuestras expectativas.La idea que de él tenemos nos es impuesta a través de mecanismos sutiles. El lenguajeque emplean los medios de comunicación, las imágenes que saltan sorpresivamentesobre las pantallas de nuestros televisores y que desaparecen con velocidad de vértigo,las palabras que se resaltan por sí solas en el torpe discurso político de las gentecitasque nos gobiernan, las sombras que proliferan más allá de los espacios iluminados porla razón, todo eso constituye la parafernalia adecuada para que nosotros vivamosnuestro pobre terror íntimo que se manifiesta en silencios y en especulaciones.Y, sin embargo, en el fondo de cada uno de nosotros quedará siempre una sombra deduda. ¿Será el enemigo el hombre de la Calle del Cartucho que se droga en público yamenaza rompernos los vidrios del automóvil con un palo? ¿Será el enemigo elsilencioso ladrón que nos despoja de todo lo nuestro, el atracador que nos atraca, elsecuestrador que nos secuestra, el asesino que nos asesina? Permítanme ustedesplantear una duda.Si trajéramos a Alberto Caeiro y lo sentáramos a dialogar con nosotros en estaconversación que no pudo interrumpir la censura, él nos explicaría con propiedad que elatracador es el atracador y el asesino el asesino y el ladrón el ladrón, pero no elenemigo, porque el enemigo sólo puede ser el enemigo. ¿Y quién es el enemigo? Elenemigo, diría él, es el lenguaje que manipula, es la razón que razona, es la verdad quemiente, es la bondad que hiere, es la mirada que no ve y el sonido que no dice y el aireque no respira.Entonces uno descubre cuánta razón tiene un poeta que nunca pensó concretamentesobre esto pero lo pensó como hacen los verdaderos grandes poetas. El enemigo no esel hombre que va regando desolación y muerte con hechos concretos como lasbombas, porque antes de él está el hombre que va regando desolación y muerte conpalabras y hechos ambiguos.
  • 47. 47Aquí hay ahora un discurso moralizante que da pedradas sin tino ni concierto, y que haresuelto regresar a la torpe y recurrente disyuntiva entre buenos y malos. Buenos losque están conmigo, dijo Bush en su momento. Malos los otros. Buenos, dice su pobreepígono doméstico, son los que apoyan el referendo. Malos los otros. En el comienzode la violencia tuvimos un gobierno semejante: buenos los católicos conservadorespartidarios del color azul. Malos los otros. Para un régimen de fuerza como ese, comoeste, todos fuimos enemigos, todos somos enemigos. Pero poco a poco él se aislará ensu deleznable pedestal de palabras, como se aisló hace cincuenta años, porque él, elpoder, es el auténtico enemigo, que nos manipula con el enemigo de ficción (el hombrede la Calle del Cartucho, el indígena, el pobre) como le viene en gana.Así las cosas, el enemigo es el instrumento de nuestro enemigo, que mantiene suposición aprovechándose de la ingenuidad que nos distingue. A lo largo de décadas hacambiado de cara varias veces, pero nunca ha perdido su extraño perfil de triunfador enciernes. Ese enemigo, cualquiera sea, está siempre ad portas de derrotarnos. Quélástima que no nos hayamos dado cuenta de la jugarreta: quien nos señala a quiéndebemos odiar y temer, siempre tiene un arma en la mano. Si pudiéramos dejar a unlado nuestro miedo, si estuviéramos en capacidad de reflexionar sin el terror que ahoranos produce el solo hecho de vivir, veríamos que al otro lado de esa ametralladora quese esgrime para protegernos sobreviven seres como nosotros, que nos odian y nostemen, rodeando a su vez a otros seres con ametralladora con la que nos amenazan ylos amenazan.Al exponer nuestra indefensión, podemos comprobar que somos un país acorralado porel horror.Vivimos (si acaso vivimos) dentro de un rechazo permanente de la diferencia, nosaterroriza cualquier cosa que escape de los parámetros que nos han dibujado comoesenciales para una convivencia que el poder ha convertido en un imposible. En unaconfrontación de poca monta, que se pierde en el origen de los tiempos, nosotros, losque tenemos la razón, somos las víctimas de la agresión, los eternamente atropelladosy amenazados con el despojo. Ese miedo nos despojó del país. Hoy no somos país.Somos un rebaño de borregos que rodean al lobo que hemos elegido para que nosproteja, el cual nos devora sin misericordia. Obvio, cada rebaño tiene su propio lobo.El agresivo lobo de las motosierras, de las masacres y de las violaciones sin cuento, esíntimo del nuestro.Cada uno, claro está, devora su propio rebaño y no permite dentelladas ajenas en suterritorio. Pero uno y otro utilizan al tercero como un espejo indispensable para laconfrontación, como un pretexto para hacernos participar en la lucha. Ese tercero, tancruel y despiadado como los otros, acorrala y es acorralado, golpea y es golpeado,asesina y es asesinado.Y en medio de ese estruendo, de esas ideologías que no son ideologías, de esosintereses que no son los nuestros, y de la corrupción generalizada que extiende sobretodos ellos su mano de ceniza, los tres asustados rebaños que podrían ser un gran
  • 48. 48rebaño único si lograran levantarse contra la opresión y la muerte, se odian empeñadosen mantener una confrontación que sólo le interesa a los poderosos de todos lospelambres y de todos los crímenes.Abramos los ojos.El enemigo es el enemigo.
  • 49. 49 Desde SodomaPara el Equipo Nizkor7 de marzo de 2003Si fuera posible hacer una transposición literal de la violencia privada que Sade dibujaen Los ciento veinte días de Sodoma, hacia la violencia pública y demencial que loscolombianos protagonizamos cada día, podríamos encontrar que nuestras violaciones,nuestros crímenes y nuestras torturas y agresiones hacen de esa fatiganteenumeración de atropellos un devocionario para niños ubicados en el borde angélico desu primera comunión.Porque Sade, con su aparente perversidad, era un libertario dedicado a luchar contra laopresión a través de la ruptura de esquemas y la denuncia de las iniquidades de unpoder ejercido con base en el crimen. Sade se planteó conscientemente la necesidadde sacudir a un grupo humano sumido con los ojos abiertos en una inicua miseria, perono lo logró porque la sociedad a la que se dirigió resolvió fascinarse ante la posibilidadde repetir el esquema.Nosotros, que superamos con creces nuestro modelo, no hemos tenido un Sade quehaga la denuncia, pero nuestro proceso ha sido el mismo. Incapaces de reaccionar demanera inequívoca, los colombianos somos hoy una caricatura de la macabraorganización que nos gobierna.Si ellos, los del poder, cometen crímenes, nosotros los cometemos peores. Si ellos, losdel poder, desfalcan al Estado en gran escala, nosotros robamos y desfalcamos en loque esté a nuestro alcance. Si ellos, los del poder, secuestran nuestra economía y nostorturan a través de esquemas económicos que no nos permiten levantar cabeza,nosotros secuestramos y torturamos y esgrimimos armas y construimos caletas paracometer nuestros mínimos desafueros y delitos.El paralelo sadiano entre la violencia privada y la pública, nos llevaría en primer términoa precisar dónde está el origen de nuestra tragedia, y luego a plantearnos la imperiosaobligación de reaccionar dentro de un esquema que no sea el que ellos nos imponen.Mientras los de siempre ejercen el poder para su exclusivo beneficio, mientras nosconvierten con sus normas en los objetos que parecemos ser, mientras asesinan al paísen cada uno de los seres ubicados por debajo de la línea de la pobreza y lo arrasanmediante una legalidad equívoca sobre la cual construyen sus ghettos y susexclusivismos, mientras nos escupen en la cara un lenguaje que han ideadocínicamente para expresar su distancia (nosotros somos los desechables, los indios, losgamines, y para nosotros está hecha esa sentencia horrenda: "negro ni el Cadillac", conla que expresan de un solo trazo su condición social, racial y mental), mientras nostorturan en las migajas que nos ofrecen de salud, de vivienda, de trabajo, de educación,de conocimiento, mientras nos someten a las desapariciones forzadas de quienes no
  • 50. 50somos viables dentro de la economía de mercado en la que ellos juegan de centrosdelanteros, mientras nos desaparecen a través del manejo macabro de una informaciónsesgada que sólo dice lo que ellos creen que se debe decir, mientras todo eso ocurre yson ellos los que violan el código penal en sus más complejos artículos y luego sepostulan para presidentes de la República y los elegimos (¡y los elegimos!), o se hacennecesarios como ministros y magistrados y parlamentarios y embajadores y generales yobispos y empresarios e industriales y comandantes y guerrilleros y narcotraficantes ydelincuentes organizados y desorganizados de cualquier laya y cualquier condición,nosotros nos hemos convertido en sus pobres epígonos, y repetimos sus esquemas, ycopiamos sus gestos y sus crímenes, e imitamos con nuestro cordobán la sobriedadmajestuosa de sus despachos y oficinas, y calcamos sobre nuestras bocas sus rictusde desprecio, y nos odiamos porque ellos nos odian, sin darnos cuenta de que apenassomos unos pobres monigotes de feria con los que se divierten de lo lindo, ¡con los quenos divertimos de lo lindo!Pero no. Ya es hora de que nos demos cuenta de quiénes somos nosotros y quiénesellos.Esta semana nosotros somos los que aparecimos enterrados en el Tolima, en una fosacomún a orillas del río Magdalena, junto a otros cincuenta cuerpos, entre ellos once delos capturados el 18 de enero por un grupo de "autodefensas". Y nosotros somos loshabitantes de la Comuna 13, que fuimos muertos y heridos en un comienzo por lasfuerzas regulares del Ejército, y nosotros los que vemos ahora, aterrorizados, cómo elcontrol de la zona "recuperada" cae en manos de los paramilitares, y nosotros los queasistimos, impotentes, al asesinato sistemático, a la tortura y la mutilación y alfusilamiento de quienes, según los criminales, simpatizan con movimientos deizquierda.Pero no somos nosotros los que esta semana terminamos con un delincuente comúnde la peor condición, la "etapa exploratoria" de un diálogo que va a legitimar suscrímenes contra la humanidad: en ese caso son ellos los que hablan con ellos.Y no somos nosotros los asesinos de los treinta y seis líderes indígenas que hanmuerto desde el comienzo del año, que EL TIEMPO publica como la más insignificantede sus noticias: son ellos, los mismos, los que los han asesinado. Y no somos nosotroslos que, sin saber por qué, desde el 14 de febrero bombardeamos sin pausa losterritorios de los cabildos indígenas del norte del Cauca: son ellos, los mismos, los quelos bombardean.Y no somos nosotros quienes manejamos la política de ECOPETROL, que le regala elgas de la Guajira a la Chevron y se inventa un pozo gigantesco en Gibraltar para lograrque la Oxy regrese triunfante al territorio sagrado de los Uwas, de donde fue expulsadaen su momento con cajas destempladas: son ellos, y sólo ellos, los que andan en esosmalos pasos.
  • 51. 51Y no somos nosotros los que amenazamos de nuevo a la población inerme de PuertoLleras, y la obligamos a desplazarse una vez más, mientras organizamos balacerasintimidatorias en las inmediaciones. Esos no somos nosotros: esos son ellos, sólo ellos.Nosotros y ellos.En nuestra tarea de precisar quiénes somos, es importante saber que no todosnosotros somos nosotros, pero que todos ellos sí son ellos.
  • 52. 52 La patriaMarzo 14, 2003En estos días se oye hablar con enorme frecuencia de la patria. Las dos sílabas llenanla boca de los soldados y de los políticos, de los reporteros de guerra y de losempresarios de la muerte, de las novias abandonadas en su soledad y en susquehaceres y de los estudiantes a quienes se les pone como tarea regresar por unmomento a los héroes y a su circunstancia.En todos esos discursos, en esas palabras vacías que se dicen a partir de uncompromiso, en ese punto de referencia hecho de colores y de himnos marciales, sebusca devolverle a algo que es sólo emoción, su chaleco y corbata de concepto. No. Lapatria no es lo que quisieron hacer de ella los intérpretes del Manifiesto. Mucho menosese sórdido esperpento en uniforme sobre el cual se basaron todos los nacionalismospara justificar sus crímenes. La patria es precisamente aquello que no pueden quitarnoslos teóricos, aquello que persistió tercamente a lo largo de setenta interminables añosdel siglo XX, y que comenzó a recuperar terreno a partir de las inconsistencias de losnazis y del stalinismo. Y, sin embargo, es esa patria del paso de ganso y del saludoridículo la que ahora vuelve por sus fueros, la que comienza a dibujarse como unoprobio más en un mundo de oprobios, la que se alega antes de sentirse, y se esgrimecomo una cárcel o como una amenaza. Esa patria de los herrajes y de las medallitas,del nudo de víboras de Franco y de Salazar y de los ridículos papagayoslatinoamericanos, es la que vuelve a las marchas y a las declaraciones. Hoy se hablacon demasiada frecuencia de una patria que parece estar hecha sólo de ideas romas ygrises, y de corporaciones. Pero no puede ser de esa patria – que es la patria de nadie,construida sobre ametralladoras y vacíos – de la que hable cuando se habla de lapatria. Hubo un tiempo en que la patria llegó a ser de mal gusto, y quienes se referían aella estaban obligados a medir sus palabras, a calcular el efecto que producían encírculos dedicados al culto de la Internacional y a la exaltación de los valores proletariosy universales. Y sin embargo, en el fondo de los hirsutos marxistas de ese entonces yde su rechazo por los nacionalismos de cualquier pelambre, quedaba siempre elrescoldo de saberse de un solo sitio único en el mundo, y de sentir que algo profundose revolvía en el ánimo y asomaba en el rostro al oír las hermosas palabras sólonuestras, al probar los sabores que comenzaban – antes de hacerse pan – en lasespigas de la tierra, al ver los verdes irrepetibles de las sabanas y los rojos de losAndes y los amarillos del sol de los venados. Por encima de todos los fastidios y decualquier esperpento, la patria conservó su acento y su misterio, y permaneció comouna heredad a la que nadie renuncia, a la que nadie puede renunciar sin ponerse enpeligro de cometer traición contra sí mismo. Sería necesario decir entonces que lapatria no es sólo un pedazo de tierra rodeado de fronteras por todas partes. Desterrado,Edipo lleva a Tebas como una llamarada sobre su corazón. La odia intensamente perola ama más intensamente aún y la necesita y la reclama y la exige y le demandarecuerdos y palabras. En el incesante exilio en que convierte su vida, Edipo oyepropuestas tentadoras. Los habitantes de Colono, ciudad a la que se ha acercado talvez para morir, esperan que permanezca en ella y se la dibujan con palabras
  • 53. 53transparentes y esplendorosas. Creonte le pide regresar, porque “la patria verdadera esaquella donde uno se ha criado”. Pero Edipo es el extranjero. Y sólo se puede ser elextranjero cuando se es la patria, cuando se la lleva en las voces y en las miradas, enlas ilusiones y en las angustias. El extranjero es un nómade que lleva la patria acuestas. Y la patria, en él, nace cada día en su voz, en sus palabras, cuando escribe,cuando piensa, cuando ama, cuando desea.Ahora mismo, bajo el ulular de las sirenas y la tecnología oprobiosa de las armas, sehabla de la patria como de un sitio que debe defenderse. Y allí, sin saber cómo, hemosvuelto a los rancios nacionalismos de otras épocas. Hubo un tiempo en que el discursopolítico se hacía sobre ese tipo de esquemas. La patria salía entonces a relucir en losmomentos más inoportunos y en las voces más ásperas. Hoy, esa patria ad usum estáde vuelta. Nadie la quiere, nadie la necesita. Pero se la saca aquí y allá, en lasdeclaraciones de quienes están empeñados en sumir al mundo en una tragediainenarrable. Hay que defender a la patria contra el enemigo, para lo cual se atraviesanmares y nevados y desiertos inexpugnables y se ataca con fuerza demoledora. “Hoy –dicen los guerreros – nuestras armas tienen una precisión 25 por ciento mayor quehace diez años”. Y todos sienten que la patria está segura en esa tecnología. La patria.Esa patria.Pero no. En un mundo que dice ser una aldea global, donde el imperio único se inventafalacias para atacar donde le conviene a su propio egoísmo, la patria vuelve por susfueros y nos hace un solo hombre que defiende con su sola endeble figura de juncopensante el derecho a la vida. Saramago nos lo enseñó. Frente al poder políticoempeñado en sus pequeños asuntos de cada día, los europeos se levantaron como unsolo ser regido por una única consigna: “Todos somos ibéricos”. Hoy todos somosiraquíes. Y en el fondo de nuestra mirada dirigida al desierto, en nosotros brilla la luz dela fe en el destino del hombre. Más allá de la guerra está la patria. Una patria dondecabe la verdad y cabe la justicia.
  • 54. 54 Ricitos de oro hace el oso21 de marzo de 2003Hasta el momento el gobierno de Uribe (o esa cuadrilla a la que le dicen “el gobierno deUribe”) había demostrado su torpeza, su intemperancia, su extremismo, su iniquidad,inclusive su ramplonería, pero no había hecho el oso. Pues bien, esta semana corrigióesa falla, y lo hizo como le gusta: en grande. Si a la declaración presidencial de que “novamos a dejar solos a nuestros aliados”, Carlos Duque pudiera añadirle unas cuantasgoticas de himno nacional, si en la parte de atrás del escenario, el doctor PachitoSantos, encargado de la utilería, colgara uno de esos trapos tricolores a los que algunavez les dimos el nombre de bandera, y si la banda municipal que antes de que entraraen funciones la nueva ministra vallenata se llamaba Orquesta Sinfónica, lanzara al aireesas dos estruendosas notas que le señalan a los no iniciados el final del espectáculo:tan–tán, el más divertido de los animales de la selva entraría para siempre a nuestrozoológico. De cualquier manera los tres osos de Ricitos de Oro: el oso grande, la osamediana y el oso chiquito, están tratando de abrirle campo, como sea, al osogigantesco que les trajo de la mano su excelencia. Y que Ricitos de Oro, una señoracolombo–norteamericana que en este momento ocupa la Cancillería, se haya dedicadoa estudiar con tanto ahínco la forma como se meterá en la boca ese cucharón lleno desopa. La cosa no es tan fácil. El cucharón es demasiado grande, la sopa está muycaliente, y Ricitos está cansadísima (aunque no se sabe bien si es la abuelita delInterior la que está cansadísima de ella), de modo que quiere irse a probar la camapequeña, la cama mediana, la cama grande y, ahora, la cama gigantesca en que podrádormir un rato mientras le llega la hora de salir corriendo. Pero me desvío. Lo cierto esque nuestro inefable señor de las pestañas hizo el oso en materia grave, y, lo que espeor, involucró al país en ese episodio ridículo. Ya se ha señalado que con el apoyo ala guerra en Irak (no a la guerra de Irak, como dicen por ahí), la posición internacionaldel país queda seriamente comprometida. Al calificar la “Declaración de las Azores”como “un significativo aporte para enfrentar la seria amenaza que representa para lapaz y la seguridad internacionales el continuado incumplimiento de Irak de lasresoluciones del Consejo de Seguridad”, el gobierno entró de lleno en la peligrosateoría de la guerra preventiva. Esa es una posición insostenible. Que los EstadosUnidos o la Gran Bretaña se lancen por la calle del medio, violen la normatividadinternacional y atropellen a los pequeños, podría explicarse dentro de la iniquidad queparece apoderarse del mundo a pasos gigantescos. Pero que lo haga Colombia, quetiene la vocación de convertirse en una de las próximas víctimas de esa doctrina, es,por decir lo menos, absurdo. En todo esto hay algo de las actitudes corrientes de lashienas.Después de que las grandes bestias sacian su hambre con los cadáveres de susvíctimas, las hienas se acercan sigilosamente a los despojos que quedan, paraaprovechar una que otra piltrafa. Nuestra política internacional, tan elogiada en estosdías por tiros y troyanos, no es más que eso. Con razón o sin ella, con el aval de lacomunidad de las naciones o sin él, con precisión en los argumentos o con simplesemotividades, nosotros hemos sido siempre el pequeño muñeco de un ventrílocuo. Por
  • 55. 55ahí ronda todavía el lamentable recuerdo de nuestra posición frente al conflicto de lasMalvinas. O el desangelado papel que hemos desempeñado con persistencia alrededorde las erguidas posiciones de Cuba.Porque, ¿no fue Colombia la que se atravesó con su candidatura de última hora paraque la isla no obtuviera la representación del continente en el Consejo de Seguridad, ala que tenía pleno derecho? ¿Y no fue ese lamentable empleado de Colombia,Valdivieso, quien hace poco entregó documentos reservados de las Naciones Unidas ala delegación norteamericana? La posición internacional de Colombia es unavergüenza. De ahí que no sea extraño que gobiernos insignificantes, como este, sesumen a la “coalición de los voluntarios”, donde ni siquiera están (¡ni siquiera están!)esas islitas acomodaticias del Caribe. Nuestra política exterior, escribe horrorizado unfuncionario de la Cancillería, es “alucinante”. Se trata de “volver a Colombia un blancopotencial del terrorismo fundamentalista”. Y no es él, el único que señala que el paíspagará caro su solidaridad con el agresor de Irak. Por lo pronto, “la posibilidad de unaparticipación viable de la ONU en la resolución de nuestro conflicto interno queda porsupuesto descartada”. Pero hay otros escenarios. Uno: si actuamos dentro de unamínima coherencia, tendremos que abandonar de inmediato el grupo de Países NoAlineados que alguna vez presidimos.Dos: ¿qué pasará con el colombiano tembleque y gris que preside la OEA? ¿Qué papelpodrá jugar esa Presidencia en un continente que, aparte de tres vergonzosasexcepciones: Colombia, Nicaragua y El Salvador, se mostró distante y digno? Y tres:¿funciona todavía ese “oscuro objeto del deseo” que se llama Comisión Asesora deRelaciones Exteriores? ¿Creerán allá, como dijo Ramírez Ocampo, que “Colombia haroto una tradición jurídica que la ha ennoblecido por muchos años”? Quizá sí, porquetoda esa gente vive de una catarata de palabras vacías. Alrededor de este incidente elrégimen de Uribe ha mostrado al mundo entero lo que es: un sindicato empresarialagresivo e irrespetuoso, que como cualquier grupo al margen de la ley actúa por fuerade las normas jurídicas, que es indiferente ante el atropello a los derechosfundamentales, y que sigue sometido al más fuerte por su falta de carácter y por sucobardía. Con este apoyo, la cuadrilla que gobierna a Colombia acaba de firmar lasentencia de muerte de Colombia.Nada más. Nada menos.
  • 56. 56 Los cuatro jinetes de nuestro apocalipsis28 de marzo de 2003Espero, con fundada esperanza, que alguien me rectifique. Pero en abono de miignorancia quiero decir que yo no vi ni leí ni oí ni supe de la airada reacción del paísfrente a las declaraciones que dio en Roma el señor vicepresidente de la República. Esmás, ni siquiera las encuentro en uno cualquiera de esos verticales medios deinformación de que disponemos los colombianos. Las encuentro, sí, en el artículo queMarta Coromina publicó en El Universal de Caracas el 23 de marzo, y que me envíaJaime Castillo. Se titula “Las barbas en remojo”. En él, la periodista habla del reportajeque le hizo a Alberto Garrido en Televen. A una pregunta de su interlocutora, Garrido serefiere a “lo dicho este jueves (20 de marzo) por el vicepresidente colombiano en Roma.El señor Santos pidió abiertamente a la comunidad internacional ‘un despliegue militarsimilar al de Irak para su país’… Sin ambages afirmó que ‘semejante despliegue paraIrak, que apoyamos, nos hace preguntarnos cuándo veremos una acción igual de lacomunidad internacional para ayudar a la democracia colombiana’”.En otras palabras, el vicepresidente de Colombia pide que Estados Unidos invadamilitarmente a Colombia. La tesis no es definitivamente suya (él jamás ha tenido unaidea que sea definitivamente suya). Ya antes la habían lanzado y practicado, algunosde sus mayores. Como abogado de las grandes multinacionales, Fernando Londoño, elactual ministro del Interior, vendió al país una y mil veces. Y detrás de él, o antes de él,o junto a él, el presidente, y el embajador de Colombia en Washington y varios validos yfuncionarios de un gobierno que, según parece, es enemigo del país que gobierna.Pero ninguno la había sostenido con la claridad con que lo ha hecho ahora elvicepresidente de la República.Veamos algunos antecedentes. Hace un año, cuando era el embajador en Washingtondel anterior / idéntico cuatrienio, una de las hienas que ahora están al frente del país, talvez la más chiquita y peligrosa, escribió en el New York Times (03/05/02) que losEstados Unidos no tendrían para qué intervenir en los conflictos de Afganistán, el MedioOriente y Asia si Colombia estaba apenas a tres horas al sur de la Florida. Nadie lodestituyó porque el presidente de antaño opinaba exactamente lo mismo. Y, es más, loratificaron porque el presidente de hogaño piensa igual. Ya se sabe que, comocandidato, el actual presidente solicitó “extender el Plan Colombia a la lucha contra laguerrilla”. Y que luego pidió enviar los cascos azules de la ONU para ayudar asolucionar el conflicto, Y que en un discurso que, pásmense ustedes, le reportó pingüesbeneficios electorales, dijo que él, como presidente, autorizaría la participación defuerzas extranjeras en la tragedia de Colombia.Todo eso es el comienzo de nuestra Troya. Porque, aunque nadie se haya dadocuenta, ya estamos metidos hasta el cuello en la nueva faceta de la hecatombe. En elpasado foro de Davos, Uribe le pidió a Estados Unidos que invadiera militarmente alAmazonas y señaló que para ese país nuestra crisis debería ser prioritaria frente a la deIrak. Esa es otra forma de exponer su peregrina tesis sobre la “regionalización del
  • 57. 57conflicto”. De ahí que no sean extrañas las declaraciones del general James Hill, jefedel Comando Sur de los Estados Unidos, quien anuncia que las intenciones de su paísfrente a la zona son por ahora las de internacionalizar el Plan Colombia. ¿Quieren otrapica en Flandes? Vale decir, con la internacionalización del Plan Colombia se abona elterreno de un asunto que, dado el inminente fracaso en Irak, ya se ve como el sustitutonecesario de dos posibles pero cada vez más lejanas confrontaciones: las de Irán yCorea.Entrar al Amazonas e invadir a Colombia, que era un absurdo hace diez años, formaparte de la agenda internacional de la superpotencia. Pero esa tesis no se expondríacon semejante caradura si no se contara con la complicidad de un grupo de apátridas.Es fácil suponer el gesto ambiguo que debe tener el embajador de Colombia cuandodeambula por los pasillos del Departamento de Estado. En ellos, según el editorial de ElHeraldo (05/03/03), ya se habla abiertamente de “una intervención estadounidense confuerzas entrenadas especialmente, armas sofisticadas y aviones de última generación”.Porque, añade el editorial, “lo cierto es que la primera potencia militar del planeta seconsidera agredida por las FARC y no se cruzará de brazos para dejar vía libre a unaorganización que busca tomarse el poder en un país que es la esquina estratégica deAmérica del Sur y tiene al lado el canal de Panamá”.¿Quién le pone el cascabel a este gato? ¿Quién les explicará a los verdaderosterroristas que ese terrorismo de que hablan es aquí el de los humillados y ofendidos,que no tienen educación ni salud ni empleo ni vivienda ni presente ni futuro? En él nocuentan para nada las decisiones de un gobierno que atropella los derechos humanos,que habla de tú a tú con delincuentes comunes, que viola con sus decretos deexcepción las garantías individuales, y al que nadie le dice nada porque, sin explicaciónde ninguna naturaleza, Colombia es cada vez más ciega, más sorda y más muda. A noser que yo esté equivocado y que ya se haya producido lo que debió producirse, de talmanera que en este mismo momento, en el Congreso curse una demanda por traición ala patria contra nuestros cuatro jinetes del Apocalipsis: Uribe, la guerra; Moreno, lapeste; Santos, el hambre; y Londoño, la muerte. Y que en los medios arrodillados ycomplacientes que hoy pululan en el país, comience a hablarse menos de los orinalesen las murallas de Cartagena y más del oficio que, de pronto, tendrán que volver adesempeñar esas murallas.
  • 58. 58 Llevados del diablo5 de abril de 2003El país está en mora de emprender un gran debate sobre la información. Esto no quieredecir que no esté también en mora de hacer un gran debate sobre las ideas, sobre lacultura, sobre la ética, sobre la política, sobre el gobierno, sobre la economía, sobre lasrelaciones internacionales, sobre la educación, sobre el modelo de desarrollo. Todoello: cultura, ética, política, economía, gobierno, se refleja necesariamente sobre elconflicto.Pero nosotros nos hemos acostumbrado a irnos por los cerros de Ubeda, como sedecía antiguamente, cuando las cosas tenían ese clásico sabor de los clásicoscastellanos.Nuestros sucesos son tan vertiginosos que sólo nos permiten apreciarlos en laconfluencia de un resultado caótico. De ahí que el conflicto se haya convertido en esehecho macizo que no se puede abordar de ninguna manera. Él va a acabar con lo pocoque queda de Colombia, sin que posiblemente lleguemos a ver jamás quién o quiénesestán entre bastidores. Para lograrlo, el camino más expedito sería el de examinar loque ocurre en torno a los medios. Planteemos entonces una primera hipótesisrelacionada con ellos: en Colombia no hay información.Veamos un solo ejemplo. Me cuenta Jorge Escobar que en el Noticiero CVN deTelePacífico, el coronel Óscar Naranjo anunció el 27 de marzo que la PolicíaMetropolitana de Cali había iniciado un programa de “Allanamientos Voluntarios”.¿Allanamientos voluntarios? Ninguno de los periodistas que rodeaban al comandanteplanteó la posibilidad de que los allanamientos no lo fuesen y ninguno lo interrogó sobrela forma como podía armonizar en una sola frase esa, en apariencia, absolutacontradicción. De manera que el oficial señaló que los operativos llegarían a laimpresionante cifra de medio millón, de los cuales, a raíz de la visita que había hecho ala ciudad esa persona a la que le dicen “presidente de la República”, ya se habíanefectuado quinientos en dos de los barrios aledaños a la base aérea Marco FidelSuárez. El noticiero se limitó a prestarle los micrófonos al coronel para que hiciera suanuncio. No interrogó, no mostró los operativos, no preguntó a los vecinos si enrealidad habían dado su consentimiento para que sus viviendas fueran ocupadas, suspertenencias examinadas y sus hijos atemorizados por un despliegue de fuerza queviola los derechos humanos más elementales. Fresco como una lechuga, el coronelsostuvo que el propósito de la Policía era el de lograr que los vecinos se conocieranentre sí. Nadie recibió la afirmación con una carcajada. Es más, supongo que nadie seatrevió a esbozar siquiera una sonrisa. Pues bien: si todo eso es cierto, el país estállevado del diablo. Y en el desfile hacia el infierno nadie dice nada, nadie pregunta,nadie protesta, nadie grita, nadie da un golpe sobre la mesa. Sólo para mí, así nadie looiga en ninguna parte, este es mi estruendoso, mi desolado golpe sobre la mesa.
  • 59. 59Ahora, sólo utilizo esta expresión de la arbitrariedad revestida de formas en que se haconvertido el ejercicio del poder en Colombia, para señalar cómo en el país no hayinformación. Según lo explicó Kapuscinski, ella se convirtió en una mercancía que sevende al mejor postor. Sobra anotar que en una sociedad primitiva como la nuestra, elmejor postor es el gobierno. Por eso cuando los empresarios manejan a su amaño a losmedios, e informan como les viene en gana lo que les viene en gana, y manipulan comoquieren a Yamid y a Julito y a sus otras marionetas, y convocan foros para analizar sien Colombia hay o no libertad de prensa, y concluyen que “se enfrentan algunosproblemas” pero que sustancialmente la hay, y oyen el apagado discurso de esapersona a la que llaman “Presidente de la República”, en el que dice exactamente locontrario de lo que hace, cuando todo eso ocurre, digo, lo que hay allí es unaasociación delictiva entre el vendedor y el comprador del producto de moda, lainformación. Las noticias, los hechos, las realidades palpables, la descarnada verdad,son asuntos que no tienen ningún oficio en un mundo donde la conciencia de cada cualforma parte de la espesa compraventa de hoy en día. No intuyo bien qué reflexiones sehagan las estrellas mediáticas que dominan nuestro firmamento doméstico al terminarsu jornada de trabajo, pero si conocen su oficio, es posible que no puedan dormir.Porque allá, en el fondo de su conciencia sabrán que con cada cheque que recibenpagado por los propietarios, o, peor, por las que deberían limitarse a ser sus fuentes,cometen una traición a sí mismos, pero ante todo a quienes constituyen la única razónde ser de su trabajo: los usuarios de los medios.De tal manera, el problema no es el de la libertad de prensa que, según losempresarios, se cumple a cabalidad en Colombia. Para ellos, la libertad de prensa essu libertad de empresa. Pero para los demás, el problema real es la falta deinformación. Porque para decir lo que hoy dicen nuestros medios, para mostrar ese sitiode algodón azucarado donde de vez en cuando se enreda una mosca, para ponerlecortapisas a una realidad de oprobio y ser los corderos que demanda un sistemamacabramente diseñado para una guerra sin fin, sólo se necesitan silencio yobediencia. La libertad no es un absoluto. Y esa libertad que nos quieren vender elrégimen y sus cómplices, es la que les conviene: por ejemplo, la necesaria paraconvencernos de que en Colombia los allanamientos son voluntarios y se hacen paraque nos conozcamos mejor.Como lo explicó Arnheim (y en ello sigo a Kapuscinski), ver no es comprender. Ni leer.Ni oír. Digámoslo de otra manera: la gran tarea de la información es hacer comprender.Y para ello se requiere algo tremendamente simple: que haya un intangible quecomienza a desaparecer en el mundo entero. Un intangible esencial que se llamainformación.------------------------------------------------------------ Llegaron las moscas – 14Envía Fernando Garavito(jotamosca@hotmail.com)
  • 60. 60Queridas amigas,Queridos amigos:Esta semana recibí un mensaje largo tiempo esperado. Sabía que Lina María Pérezestaba escribiendo un libro, pero ignoraba cuál. Lina escribe. Y escribe demasiado bien.Pues bien, el 2 de abril, cuando abrí mi buzón, allí estaba la carta. Y con las palabrastransparentes y esenciales que ella usa, decía sencillamente: “Escribir ‘para que misamigos me quieran más’ no fue una invención de Gabo para hacerse querer más desus amigos... Hace unos 90 años, Marcel Proust lo dijo primero, y la historia literaria loha probado con creces: los escritores se ocupan de este oficio fascinante y solitariopara llegarle al corazón de los amigos. “Los invito a leer en la revista NÚMERO, en suedición 36, mi cuento: ‘Ni quedan huellas en el agua’, que además se incluye en miantología RETABLO DE VOCES próxima a salir. “¿Si yo no les echo este cuento,entonces, quién?”Gracias, Lina, por el cuento. Que aquí queda contado para quien quiera oírlo y, claro,aprovecharlo. ***** Lo que compra el planDesde Barcelona, Juan Carrillo me envía copia de una carta importante que le dirigió adon Alfonso Cano. Creo que vale la pena leerla:Apreciado amigo Alfonso: He leído con interés el artículo que tuvo a bien enviarmeescrito por el periodista Fernando Garavito. Su caso me recuerda al periodista PeterArnett, despedido recientemente por declaraciones contrarias a los intereses de losEEUU. Por declarar lo que piensa sobre los horrores de la guerra contra Irak. Elproblema de hoy no está en saber la noticia, sino en saber cuál es la verdaderarealidad. Pues la censura, que ahora las democracias esgrimen como un derecho deEstado, nos oculta los hechos en beneficio del más fuerte. Estamos presenciando unaguerra esterilizada que los Estados Unidos nos quieren vender como justa y necesaria.Sabemos que la opinión pública se forma y se deforma a través de los medios decomunicación; de ahí el éxito que tiene la cadena Al Jezira mostrando la guerra tal cuales. Esta cadena televisiva será posiblemente la única capaz de mover a la tremendafuerza de convocatoria que tiene el pueblo cuando se vuelve consciente del engaño.Nuestro mundo comienza a vivir en un régimen de libertad vigilada. Estamos viviendoun Macartismo Globalizado. Es como si la locura y la servidumbre se hubieseninstalado de nuevo en nuestra sociedad a base de miedo.Hemos vuelto al viejo Oeste americano en versión mejorada, donde el más fuerte estáfuera de la ley cuando quiere y le conviene. El fondo y la intención siguen siendo losmismos desde la conquista del Oeste: les robaron la tierra a sus primitivos dueños, los
  • 61. 61exterminaron, y a los pocos sobrevivientes los confinaron en reservas indias. Ahorasiguen haciendo lo mismo en tierras ajenas repitiendo la historia con mejores armas ypeores argumentos.Preocupante pero no sorprendente es la actitud de Colombia; pues lo mismo queEspaña, que nunca había sido un país que apoyase la beligerancia, ahora ha caído enel militarismo llevándonos por inciertos caminos. España es ahora objetivo militarislámico.Con razón diría yo; pues ninguna agresión hemos recibido de aquellos países paramerecer semejante apoyo al imperialismo.No creo en la gratuidad del Plan Colombia. Esta es una inversión con usura a largoplazo. El voto a favor de la guerra de Irak estaba cantado. No podía decir no. El PlanColombia compra, por principio, voluntades y enajena la soberanía a cambio de unadudosa ayuda económica.Estados Unidos sabe de antemano que los millones del Plan no ayudarán a terminar lanarcoguerrilla, porque su objetivo siguiente (para todo habrá tiempo ) es la soberanía.Los judíos se enriquecieron en la Edad Media prestando con usura a terratenientesincapaces de pagar las deudas y así pudieron quedarse más tarde con la tierra. Fueeste y no otro el motivo de su expulsión de la Península Ibérica. No fue decidido por laCorona, sino por los nobles venidos a menos a través del ominoso préstamo. No seolvide que la Banca norteamericana es judía y que este lobby también presiona detrásde un escritorio gris.No conozco sentimiento más traidor que el miedo. En España todos los congresistasdel Partido Popular, presidido por Aznar, votaron sin excepción a favor de la guerra.Miedo, creo yo, el de los congresistas a perder la renta y el prestigio que produce unescaño en el Congreso. Es desolador presenciar por televisión este lamentableespectáculo donde, además, esos mismos congresistas aplaudieron el resultado altérmino de la votación.Hace poco escuché una frase dicha en una tertulia radiofónica que me impresionó porsu contundencia: "Cuando un hombre no protesta cuando tiene que protestar seconvierte en un cordero". Así de simple: deja de ser para entrar en la voluntad delrebaño. Como anécdota le diré que el interlocutor se lanzó en público a darle unabofetada al espontáneo filósofo cuando escuchó aquella afirmación de justicia. Talpoder tiene la palabra cuando se dice en el momento adecuado.Barcelona, habrá Ud. visto por la televisión, tiene un enorme poder de convocatoria. Lasconcentraciones en contra de la guerra han dado la vuelta al mundo. Tanto que Bushpadre llegó a decir en una reciente rueda de prensa que "no será Barcelona quien dictela política exterior de los EEUU". Sus palabras me honran por vivir precisamente enesta ciudad. Bush padre, tal vez sin meditarlo, nos ha dado un protagonismo que deotra manera hubiera sido difícil conseguir.
  • 62. 62Desde la batalladora y pacífica Barcelona, quiero lanzar una moción de aplauso paraaquellos periodistas que han sabido mantener su convicción por encima del miedo,discrepando de la tiranía del poderoso, luchando por dar a su público la informaciónveraz y proporcionada de una guerra injusta, y combatiendo con la palabra elamancebamiento con la inmoralidad.Reciba mi cordial abrazo, Juan Carrillo ****** García por GarcíaOtro escritor, Jorge García Usta, me envía desde Cartagena el programa de las IIIJornadas Culturales “Héctor Rojas Herazo”, que se efectuarán en esa ciudad entre el25 y el 30 de abril. Habrá “conferencias sobre literatura, exposición de artes plásticas,recitales de poesía, conversatorios con artistas, presentaciones de libros, y cátedrassobre el mundo caribe. Las jornadas son organizadas por la Facultad de CienciasHumanas, la División de Bienestar y la Biblioteca Fernández de Madrid de laUniversidad de Cartagena, con la colaboración del Observatorio del Caribe y el InstitutoPiaget”.El 23 de abril, dos días antes de la inauguración, García Usta dictará una conferenciaen el Aula Máxima de la Facultad de Derecho de la Universidad de Cartagena. Su título,“Usos de la desmemoria y abusos de la memoria: una lectura polémica de ‘Vivir paracontarla’”, es el abrebocas hacia un tema de interés en medio de la asfixiante idolatríaque se respira algunas veces en Colombia. En la extensa nota de presentaciónencuentro un aparte notable para señalar el propósito de esa primera exposición sobreel tema: “…García Usta comenta la repentina contribución de García Márquez a lasimpresionantemente dilatadas o súbitamente encogidas nóminas del GrupoBarranquilla, al proceder a enlistar ahora, sin la pertinente contextualización, a Meira delMar y a Cecilia Porras como miembros actuantes del grupo. “El libro –dice García Usta–a diferencia de artículos básicos como “La literatura colombiana, un fraude a la nación”,o como sus textos de prensa de Cartagena y Barranquilla, dosifica, en formatendenciosa, el tono interpretativo. Aunque García Márquez no se ha presentado nuncacomo un ensayista, muchas de sus notas de prensa y de sus crónicas asumieron eltono o la intención de ensayo, de interpretación crítica y de disputa por determinadosvalores en la historia de nuestras letras. Ahora, en sus memorias, casi 50 años despuésde aquellas combativas y sinceras meditaciones, elige a quien interpreta o cómohacerlo, en virtud de la soberana arbitrariedad del contador de ficciones que intentavolver su subjetividad la empresa rectora de una nueva periodización literaria. Pareceque tratara de dar el acabado final a una jerarquización imposible, evidentementedestruida por la documentación de la época y por la existencia de otros valores yvisiones individuales. En medio de la bobería contagiosa que a veces despiertan las
  • 63. 63declaraciones, certeras o no, del escritor, cada estratégico retazo de recuerdo amenazacon convertirse en semilla de canon, en verdad histórica”. ******RECLAME ESTA SEMANA1. Reestructuración: reflexión para economistasÁlvaro RamírezPalabras: 10242. Parte de guerraLuis Alejandro VakéenPalabras: 7683. Guerra contra el pueblo de IrakEduardo SertanejoPalabras: 6434. Los ecos del stalinismoMario Hernán López BecerraPalabras: 5695. Acerca del matar y el morir que no se ve… (poema)Luis Ángel Parra GarcésPalabras: 3176. El discurso de BushCon una introducción de Manuel Álvaro Ramírez RojasPalabras: 1.5427. El atentado suicida: la negación “sí”Santiago Alba Rico(Enviado por Hugo Manuel Flórez Álvarez)Palabras: 2.9548. Estimado señor presidenteSobre la utilidad y eficacia de los paramilitaresRed Colnodo(Envía Javier Múnera)Palabras: 860
  • 64. 64 Quién canta aquí11 de abril de 2003El señor vicepresidente de la República ha vuelto a hablar. Y como siempre ha dicho loque debía decir, como lo debía decir, como se pensaba que lo debía decir. Porque elseñor vicepresidente de la República es un caso aparte, lo que no quiere decir (perocasi quiere decir), un caso clínico.Si acá nos diéramos cuenta de lo que tenemos, el señor vicepresidente de la Repúblicasería objeto de una atención especial, de tal manera que podría ser besado por lasreinas de belleza, y entrevistado por el doctor Yamid y el doctor Arizmendi, y alzado enhombros, y reverenciado por todas y por todos. Pero no, porque en este país nadie daun ardite por un alma de cántaro, por una inocencia de primera comunión, por unacastidad de san José, por una simplicidad de bobo del tranvía, de loca Margarita, dePachito eché. No entiendo cómo ni por qué los medios dejan de lado a este ejemplarúnico, a este laboratorio de verdades, a esta falta de trastienda, a esta inocenciainfantil. El señor vicepresidente de la República, claro está, tiene figura de cotorra yhabla como una de ellas: sin pensar. Además, digámoslo con franqueza, no sedistingue por su sagacidad, no brilla por su inteligencia, no sobresale por su rigor.Aunque suene ingenuo decirlo, es lo más parecido al padre Marianito: todo pureza, todocandor. Pero es precisamente ahí donde es tremendamente útil para los fines de laoposición… ¡si aquí hubiera oposición! Si aquí hubiera oposición, ella andaría detrás delseñor vicepresidente de la República con un micrófono, una grabadora y una libreticade mano. Porque es en esas almas de cántaro que sólo se dan de vez en cuando (elpadre Marianito, el psiquiatra de la ternura, Scooby Doo), donde está la verdad.Los medios (o esas cosas a las que en Colombia les dicen medios) sostienen que elseñor vicepresidente de la República no es interesante porque, según parece, se lapasa solitario en su despacho jugando solitario, y no sabe qué decir, ni cómo lo debedecir. ¡Pues, precisamente! Porque si no sabe qué decir ni cómo lo debe decir,terminará diciendo lo que debe decir, que es, cualquiera lo comprende, lo que no sedebe decir. De manera que el señor vicepresidente de la República va por ahí,hablando, y sin querer queriendo comprueba que este gobierno es este gobierno(¿Bouvard? ¿Pécuchet?). En una palabra, diciéndole pan al pan y al vino, vino, sinsonrojarse, sin arrepentirse, sin atemorizarse, es más, sin darse cuenta, el señorvicepresidente pasará a la historia junto a los otros personajes típicos de este país depersonajes típicos, el doctor Gabriel Antonio Goyeneche Corredor, Sabitas Pretelt,Julito Sánchez, el doctor Pachito Santos. Pero, ¡qué digo! ¡Si el doctor Pachito Santoses el señor vicepresidente de la República! ¿O no? Yo no estoy definitivamente segurode que el doctor Pachito Santos sea “Pomponio quiere queso”. Pero bien puede ser.Como sea: el señor vicepresidente de la República habló. Y dijo. Y lo que dijo lo dijo enla FM el 4 de marzo. Cuando se le preguntó por la seguridad de los periodistas enArauca, contestó: “El comisionado de paz se va a reunir esta semana con lasautodefensas, y esperamos que ellas les brinden protección”. Para que no quede
  • 65. 65ninguna duda sobre la trascripción exacta que hace de la frase el “Observatorio de laCivilidad”, que se demoró un mes largo en comprobarla palabra por palabra, la repito:“El comisionado de paz se va a reunir esta semana con las autodefensas, y esperamosque ellas les brinden protección”. De inmediato rectificó: “No, no, perdón”. Pero yaestaba dicho. De manera que, según el señor vicepresidente de la República, son losparamilitares, léase los peores criminales de este país, quienes deben proteger a loscolombianos indefensos. Como siempre, nadie dijo nada porque aquí nadie dice nada.Ni siquiera EL TIEMPO, hizo un editorial. Claro que el señor vicepresidente de laRepública es el dueño de EL TIEMPO. Pero eso no quiere decir nada. Nada quieredecir.El señor vicepresidente de la República es un auténtico tesoro. Antes de su elección,reconoció en un reportaje que se llevó casi un cuadernillo del periódico donde era jefede Redacción, que entre narcotraficantes y guerrilleros él prefería a los narcotraficantes.Por eso, supongo, está en Palacio. Y luego, el 4 de marzo, dijo lo que se dice aquí. Y,por último, el 20 del mismo mes, le pidió a Estados Unidos “un despliegue similar al deIrak” para Colombia. Tres frases que lo muestran de cuerpo entero, y que, de pasada,muestran de cuerpo entero al gobierno. Como en los juicios que el señor de la cara deyo no fui jamás saca adelante, el señor vicepresidente de la República dice acá laverdad y nada más que la verdad. ¿Para qué más?En materia de lenguas este gobierno es una maravilla. El coronel Naranjo, el de Cali, nodijo sólo lo que dije que dijo la semana pasada. Dijo más. En torno a los “allanamientosvoluntarios” que en su momento predicó el tontarrón de Mockus, sostuvo que“consideraremos antisociales a aquellos que no nos abran las puertas de su casa y lospondremos en observación oficial, con el fin de establecer qué clase de conductaesconden”. Eso, me dice Alberto Villamizar (el nuestro), es lo verdaderamente grave. Ylo es.Pero volvamos a nuestro hilo conductor. Según el señor vicepresidente de la República,la defensa de los ciudadanos de este pobre país de pacotilla, de este Pachito de mediopelo, está en manos de Castaño y su banda de facinerosos. Aunque lo dijo una de lasmás prominentes autoridades del Estado, todo el mundo se dedicó a hablar de Juanes.¡Qué muchacho! ¡Qué lujo! ¡Cómo canta! Sin darse cuenta de que aquí, el que canta noes Juanes. El que canta de verdad, verdad, es el señor vicepresidente de la República.¡Qué Juanes ni qué ocho cuartos! ***** Llegaron las moscas – 15Envía Fernando GaravitoQueridas amigas,Queridos amigos:
  • 66. 66De esta semana en adelante dividiré mi envío en dos. Los sábados, entre las 8 y las 9de la mañana les remitiré mi artículo. Y los miércoles, entre las 7 y las 8 de la noche, laentrega semanal de “Que hable la gente”. Espero que la fuga de San Quintín queconstituyó para mí salir de hotmail, comience de esa manera a dar algunos frutos.Como ustedes saben, los artículos que pueden reclamar mediante un mensaje quedirijan a mi buzón, tienden a enriquecer nuestra próxima página Web. El equipoencargado de ese programa, presidido por Gabriel Ruiz, ha trabajado con enormeeficacia. Es posible que antes del 30 de abril podamos inaugurar ese espacio, que seráde todos para todos, y en el cual yo no tendré la misma presencia que el resto de losmortales.Espero que la semana de descanso que hoy se inicia sea positiva para todos.Un cordial saludo, Fernando Garavito ******RECLAME ESTA SEMANAPresento disculpas a aquellas personas que me remitieron distintos artículos de interés,a quienes no hago aquí el reconocimiento correspondiente. Debido al apresuramientocon que debo cumplir mi trabajo, en algunas pocas ocasiones, al copiar los textos, heborrado sin querer el nombre del remitente. Mil disculpas.1. De Hitler a BushFederico FasanoPalabras: 6.9212. Armas químicas, sí pero noEntrevista a un ex inspector de armamentos de la ONU(Enviado por Omar Osvaldo Villa Monsalve)Palabras: 1.3573. Las razones de IraqSub comandante MarcosPalabras: 843Juan Fernando Naranjo - Las razones de Iraq4. Detener el genocidioAlexandra Cardona RestrepoPalabras: 1.0925. Una guerra imposible de ganarAndrés García Londoño
  • 67. 67(Enviado por César Augusto Muñoz Restrepo)Palabras: 2.1456. Una guerra sin posguerraJosé Pablo Feinmann(Enviado por Jairo Santa)Palabras: 1.3637. Elección del rector de la Universidad NacionalLa opinión del legoCarlos López TascónPalabras: 1.3748. Cartas abiertas a los rectores entrante y saliente de la Universidad Nacional(Enviadas por los profesores Carlos López Tascón y Gilberto Marrugo)Palabras: 3.1449. Lo que se irá con HusseinLucía Luna(Enviado por Juan David Cortés)Palabras: 1.85510. Conquista militar y fracasos culturalesNéstor García Canclini(Enviado por Millar Dussán Calderón) 70Palabras: 2.20111. La podadora de margaritasTexto tomado de http://madrid.indymedia.org/Palabras: 69012. ¿Trabaja Bush para Bin Laden?Entrevista con Noam ChomskiPalabras: 1.534
  • 68. 68 El eterno retorno19 de abril de 2003El correo me trae la primera desolada novela de un joven de 25 años. En ella, claroestá, se notan los titubeos, las dudas y las preguntas de una mano todavía inexperta,pero también las condiciones excepcionales que tiene el autor para entrar de lleno en eluniverso de la narrativa. Leo en las solapas que hasta el momento ha publicado un solorelato: La provincia perdida, que no conozco. Pero a partir de esta obra, Sin tierra paramorir, sé que este escritor que vela sus armas, como Don Quijote, defendiéndolas detodo y todos, podrá ser en el futuro un autor esencial. Sin entrar a hacercomparaciones, tan de mal gusto en este caso, considero (y para ello dispongo ya dealgunos elementos de juicio) que en Colombia hay un vacío, y que nuestros hechos ytragedias esperan todavía a aquel que algún día vendrá.Ignoro, claro está, si este escritor será el que algún día vendrá. Sin embargo, meatrevería a decir que aquí están los elementos indispensables de una narrativa maciza,de un lenguaje escueto y necesario. Me refiero, claro está, a una obra en proceso. Sébien que el autor no es Borges, que no es Fernando Pessoa. En ocasiones las palabrasque emplea se escapan de sus moldes y suenan levemente vacías. Pero hay untrabajo, un enorme trabajo de recuperación de visiones dramáticas de una realidad quenos agobia en el fondo de la conciencia, que nos acorrala y nos limita y nos impide serlo que deberíamos ser, como deberíamos serlo.El autor retrocede más de cincuenta años y nos dibuja la época de la violencia, o de “lagran violencia” como han dado en llamarla quienes tratan de señalar que esta queahora vivimos puede llegar a demencias aún más extremas. Unos pocos personajes,nítidamente captados, viven la tragedia de un proceso que ahora mismo se repite conminuciosidad angustiosa. Los propietarios están detrás del poder político y lo manipulana su acomodo, y unos y otros utilizan a la delincuencia común para lograr lo que seproponen. No quisiera creer que el autor hace una alegoría, pero de cualquier manera,en la dura vida rural que él dibuja con envidiable economía de palabras, en la actitudsumisa y cómplice de las autoridades, en la compra a menosprecio de las propiedadesde los desplazados, y en la impunidad de los criminales, cualquiera podría verretratados de cuerpo entero a los protagonistas de nuestra actual tragedia. Aquí estánlos verdaderos usufructuarios de la violencia, vale decir, las multinacionales y losterratenientes y nuevos terratenientes que se enriquecen enviando por delante a susbatallones de asesinos. Y están los asesinos, claro, con el antiguo método del corte defranela. Añádale el lector una motosierra al grupo de criminales, y ahí quedarándibujados de cuerpo entero los “soldados” de Castaño y Mancuso. Quítele a LaureanoGómez los ojos saltones y la boca grande y ordinaria, y sustitúyaselos por unaspestañas cuidadosamente rizadas y por unos labios delgaditos y cínicos, y ahíaparecerá el retrato del nuevo monstruo. Dele al pequeño pueblo donde se desarrolla lasucesión de crímenes sin nombre, la extensión del país entero, y ahí encontrará larespuesta a tantas preguntas que todavía no acaban de formularse. Sólo que en estelibro que nos recupera la memoria extraviada en los vericuetos del temor y la
  • 69. 69reverencia, hay que hacer dos ajustes: primero, los paramilitares son los chulavitas; y,segundo, el iracundo ministro del Interior es el corregidor Candelo que, sin decir unasola palabra, se desabotona el saco para mostrar la cacha de su revólver. Pero lodemás: la agresión del Ejército y de la Policía, las formas de la violencia, la actitudindefensa, y en cierto modo optimista, de las víctimas, el asesinato de los presospolíticos, la torpe complicidad de la jerarquía eclesiástica, el oscuro manejo delgobierno empeñado en convertir al país entero en un laboratorio de miserias, esidéntico a lo que hoy vivimos. Falta, eso sí, el corte de orejas. Pero ese pequeño errorpuede enmendarse con solo una orden tajante y perentoria.Las medidas que anuncia el gobierno, las reformas que predica, los métodos queemplea, el discurso barato que enarbola, el manejo arbitrario del poder de las armas,todo, absolutamente todo, anuncia que “la gran violencia”, está de regreso. Sin que sehaya dado cuenta, el país asiste hoy a un cambio sustancial en la tarea administrativa.A partir de la pobre – y, para completar, mentirosa – idea moralizante y de recuperaciónde los valores cristianos que tiene de su labor el presidente de la República, laadministración está llamada a convertirse dentro de poco en la enemiga acérrima delpaís, y serán los alcaldes y los gobernadores los encargados de organizar la represiónoficial contra los colombianos, que ya no tienen, que ya no tenemos, dónde mirar, aquién mirar, a quién recurrir en nuestro angustioso y desolado valle de lágrimas.Vivimos la sorda amenaza de individuos con visiones mesiánicas. Y no hay nadie quese plantee, siquiera, la urgencia de detenerlos. Tristemente, nuestra tragedia va todavíapara más largo, más ancho y más hondo.Si le damos un volantín a la historia, y dejamos de lado el hecho de que Eduardo Santahaya escrito Sin tierra para morir hace ya 49 años, podríamos decir que en esta novelase encuentra la semilla del horror que vivimos. Pero, todavía más grave, que nosotrosapenas somos hoy una nueva semilla. ******N.B. Ojalá algunos de estos asuntos pudieran esbozarse siquiera en el X Foro por losDerechos Humanos, que se reúne del 24 al 26 de abril en Bogotá bajo la guíainsustituible de José Gutiérrez, uno de los pocos próceres civiles que aún quedan enColombia. Desde mi exilio y mi silencio, deseo – y espero – que ese evento sea unpunto de partida hacia el diseño del nuevo país que necesitamos. ******Nota: Por vacaciones del autor, este artículo volverá a distribuirse el sábado 10 demayo, entre las 8 y las 9 de la mañana, y de ahí en adelante todos los sábados. “Quehable la gente” circulará los miércoles, entre las 7 y las 8 de la noche, a partir del 7 demayo.
  • 70. 70 Abre los ojos10 de mayo de 2003Desde hace algunos meses los colombianos sabemos que de un momento a otrovamos a vivir un nuevo episodio del florero de Llorente. Aún no tenemos claro cómoserá ni a quiénes afectará en forma directa. Pero lo cierto es que esa pretendidainstitucionalidad que nos sostiene al borde del abismo, está a punto de reventarse.Sobra decir que nuestra tragedia, construida sobre centenares de miles de muertos,sobre centurias perdidas y sobre millones de desplazados, puede apreciarse en el terrorque sentimos cuando se trata de enfrentar la realidad de nuestro cadáver. Porquenosotros somos un triste cadáver, divinamente maquillado, eso sí, pero cadáver. Esohace que, ante el peligro de una descomposición evidente, tengamos que enfrentar enalgún momento nuestra tremenda realidad. Y será entonces cuando alguien seconvertirá en el protagonista, posiblemente involuntario, de un nuevo episodio delflorero. ¿Dónde y cuándo surgirá? ¿En qué forma? ¿Con qué protagonistas? Nadie seatrevería a dar una respuesta. Pero en el panorama de la tragedia en que morimossabemos que ese algo va a ocurrir, y que cuando ocurra va a tener consecuenciasimprevisibles.Pues bien. Esta semana algunos creyeron que el florero había llegado con el asesinatode diez colombianos a manos de las FARC. Sin embargo, en el episodio faltaron variosde los elementos espontáneos que deben darse como requisito sine qua non enasuntos de tal naturaleza. El crimen, que se volcó inicialmente en contra de unosdelincuentes comunes que tienen la desfachatez de autodenominarse guerrilleros, seconvirtió luego en el momentáneo auto cabeza de proceso de un gobierno empeñadoen hundir al país en el remolino de una violencia de Estado inconcebible. Pese a todo,el reconocimiento de la torpeza con que se cumplió el operativo volvió a cambiar elpanorama. Y hoy tenemos a un régimen que merecería ser señalado por la opiniónpública como el coautor necesario (no digo voluntario: digo necesario) del asesinato,llevado a los altares por su modosidad de seminarista y su arrepentimiento.En este delito hubo una típica pareja criminal: el íncubo fue el gobierno, que con suestupidez condujo a los delincuentes a la acción; el súcubo, los asesinos, que apretaronel gatillo. Uno y otros igualmente culpables. Pero aquí muchos insisten en el cuento delenfrentamiento entre buenos y malos. No. Si aceptáramos una categoría moral quepoco y nada tiene qué ver en este paseo, estaríamos ante un enfrentamiento entremalos y malos. Los buenos están al margen. No son las víctimas, claro está. Ellas estáninvolucradas en el conflicto y en muchos casos se convierten en victimarios… y enhorribles victimarios. Tirofijo comenzó siendo víctima. Y Castaño. Y Uribe. Los buenosson los marginales, los olvidados de todo y todos, los silenciosos, los aterrorizados, aquienes los medios buscan convencer de las buenas intenciones del gobierno, de suinocencia absoluta, de la maldad de los guerrilleros, de la profunda tristeza de losdirigentes, de la piedad del país, de la necesidad de una respuesta. Palabras, sóloinútiles palabras.
  • 71. 71Resumamos. Aquí hubo un hecho, macizo como una roca: un comando militar sinestrategia de ninguna especie, fue al rescate de unos secuestrados. ¡Apoyado enhelicópteros! Obedeció, quiérase que no, la orden tácita de profundizar en el camino dela hecatombe, dictada por su comandante supremo, que es el presidente de laRepública.Los secuestrados murieron en la acción. Sus asesinos obedecieron, quiérase que no, laorden expresa de avanzar, dictada por su comandante supremo, el señor Tirofijo. Aquílas víctimas cuentan poco y el país cuenta menos. Lo que importa es que en este juegode apariencias que es la tragedia de Colombia, ganaron y perdieron los indeseables. Entérminos de ajedrez, hicieron tablas. Los peones, tendidos en el campo, vimos entoncescómo los contendores se estrecharon la mano y abandonaron la sala. Pero todossabemos que pronto regresarán a sacrificarnos de nuevo y a quedar una vez más entablas. Y así hasta el infinito.Dentro de este panorama de pacotilla, las declaraciones, discursos, acuerdos, frases,óhes, áhes, cartas, plegarias y condolencias, comienzan a adquirir ese olor dulzarrónde los cadáveres. A esa pretendida “sociedad civil” que sólo sirve para disimular lapobreza de un discurso que no se atreve a reconocer su ignorancia, le sabedefinitivamente a cacho tanto golpe de pecho, tanta entrevista presidencial, tantamanipulación, tanto cuento barato, tanta verdad a medias, tanta inconsistencia, tamañapamplinada. El país despierta poco a poco. Para comenzar, amplios sectores ya no lecreen una sola palabra a los medios. Tampoco al establecimiento. Mucho menos a losguerrilleros (o a esos asesinos que se autodenominan guerrilleros). Claro está quetodavía hay unos pocos ingenuos que no se dan cuenta de que el gobierno sólo actúaen nombre de los corruptos de cualquier pelambre, mientras otros creen que losguerrilleros (u, otra vez, esos asesinos que se dicen guerrilleros), son la últimaesperanza de un proceso de recuperación política y social. Pero en medio de ese caoscomienza a extenderse una sombra de duda. ¿Serán estos mequetrefes sórdidos querevolotean alrededor del poder establecido o insurgente, quienes podrán sacar aColombia del caos en que se debate? ¿Podrán ayudarla quienes regresan a la épocamacabra de los cortes de franela, de corbata y de mica, con manipulaciones sobre loscadáveres, despojo de bienes y desalojo de los indefensos? Los violentos ya no tienenforma de demostrar que no son los mismos. Durante años quisieron convencernos de locontrario. Pero los hechos señalaron palpablemente que se trata de una mentira: ellosson los mismos. Indudablemente, son los mismos.El país está cansado de que lo gobierne la sombra de oprobio de Pablo Escobar. Y quesea Pablo Escobar (llámese Jojoy o Londoño o Uribe o Castaño o Mora o Moreno, oGabino o Tirofijo) el dueño de un poder absoluto que se basa sobre el terror y el crimen.En Colombia, algunos comienzan a abrir los ojos. Aunque nadie lo crea.
  • 72. 72 El eslabón perdido14 de mayo de 2003Tanto tiempo buscándolo, por Java o por Pekín (cuando era Pekín), confundiéndolo, yconfundiéndonos, con el Australopithecus Africanus, para al fin de las cansadas venir aenterarnos de que el eslabón perdido estaba ahí, en la embajada de Colombia enWashington, y que pertenecía a una especie varias veces clasificada comoinsignificantes morenensis, o enanus sordidus. Porque ese extraño espécimen, LuisAlberto Moreno, es el eslabón. No queda ninguna duda.Los sabuesos encargados de rastrearlo encontraron hace poco un indicio importante desu existencia en la oficina del Ecuador ante el FMI. Allí se dieron de manos a boca conun prófugo de la justicia, Jorge Emilio Gallardo Zavala, ministro de Economía de esepaís en el gobierno de Gustavo Noboa, quien, como presidente de la Junta Directiva delBanco del Pacífico, constituyó de manera irregular un fideicomiso por 78 millones dedólares a favor de los accionistas, con el propósito de que pudieran recuperar suinversión. Ese hecho llevó a la Corte Suprema de dicho país a dictarle un auto deprisión preventiva.Pero, según ocurre con frecuencia entre nosotros, el auto se le notificó cuando estabaen los Estados Unidos. De manera que él hizo un escándalo, habló de pedir asilo, yresolvió permanecer fuera del territorio. Y le fue bien. Porque el principal beneficiario desus actividades dolosas, el embajador de Colombia, Luis Alberto Moreno, le consiguióun empleo amparado por visa diplomática: director por el Ecuador en el Fondo. En ello,claro está, el gobierno de Noboa – y ahora el de Gutiérrez – actuaron, por lo menos, demanera imprudente. Lo que no importa. Porque lo que importa es que Gallardo cometióun “presunto” delito al que estuvo vinculado Moreno como presidente del Banco, lo queno impidió que uno y otro conservaran su calidad de diplomáticos (y en el caso deMoreno de diplomático ratificado), y se burlaran olímpicamente de la justicia.De todo este enredo, que termina en el robo de millones de dólares pagados enimpuestos por los colombianos, comienza a hablarse ahora con mayor libertad. Ya hay,por lo pronto, el capítulo de un libro escrito por Germán Castro, y una nuevainvestigación publicada en EL ESPECTADOR por Fabio Castillo. ¡Asombroso! Hasta nohace mucho, se trataba de un tema vedado. El Grupo Bavaria decidió prescindir de micolumna en EL ESPECTADOR cuando hice en ella un resumen del caso. Pero loshechos son tozudos. En el recuento de Castro se enumeran algunos de los asuntossobre los cuales yo di en su oportunidad ciertas puntadas: tomando de aquí y de allávarios elementos, digamos que Moreno, Luis Fernando Ramírez y Moisés JacoboBibliowicz crearon la filial latinoamericana de un fondo gringo, el WestSphere, a travésde la cual compraron los bancos Andino y del Pacífico; que los convirtieron en elparaíso de los autopréstamos; que las dos entidades fueron otros tantos eslabones(¿perdidos?) de una misma cadena; que en la segunda hicieron partícipes del “negocio”a individuos sin escrúpulos, vinculados a la política, como Fernando Londoño y RodrigoLloreda; que, mediante triquiñuelas, lograron captar alrededor de 140 millones de
  • 73. 73dólares en el pago de impuestos, que desviaron hacia Miami y las islas Caimán; quemanipularon a Fanny Kertzman, directora de Impuestos, y a Sara Ordóñez,superintendente bancaria, para que se hicieran las de la vista gorda con el fin de poderculminar su tejemaneje; que terminaron por convertir en cómplice necesario al ministrode Hacienda, Juan Camilo Restrepo; que, a través de Kertzman, distrajeron la atenciónde los perjudicados interponiendo demandas contra un banco donde debían demandaral otro; y que todavía siguen manejando los hilos de ese tinglado, con el fin de lograrque uno de los más grandes robos que se haya cometido jamás en Colombia, quedeimpune. ¡Y con sus autores en las embajadas! ¡Y en los ministerios! ¡Y quién sabe enqué otros sitios de la administración, con banda terciada al pecho y banda en lasoficinas!No nos llamemos a engaño: detrás de empleados como Londoño, que salen bienlibrados de los informes con los que se pretende señalarlos (“ninguno de los préstamosvioló el Estatuto Financiero”, “el dinero se recuperará gracias a la garantía firmada porel gobierno del Ecuador”, “seamos serios…”), y detrás de los beneficiarios como elmismo Londoño (¡que obtuvo allí el préstamo para comprar las acciones deInvercolsa!), está en cualquier época Luis Alberto Moreno. Aunque no se le mencione.Y no sólo está sino que seguirá estando. Porque, en efecto, la solicitud de extradiciónque formula Colombia para que Nicolás Landes, el ecuatoriano propietario del BancoAndino, prófugo en Miami, sea detenido y remitido al país con el fin de que respondapor sus delitos, tiene el propósito de acabar de enredar la madeja. Si no es así, ¿a quéviene que la extradición sea pedida por el viceministerio de Justicia, que depende deLondoño? ¿Y por qué será el embajador en Washington, Luis Alberto Moreno, quien seencargará de adelantar los trámites ante los Estados Unidos? ¿Y por qué no semenciona para nada al Banco del Pacífico? ¿Y a qué se debe que “el gobierno de lamoralización”, que, según parece, es este de ahora, guarde absoluto silencio?En todo eso se ve la mano siniestra (que es demasiado diestra), del eslabón perdido.Landes llegará a Colombia, si es que llega, y la justicia lo pondrá en libertad por falta depruebas. Como a un jefe paramilitar de apellido Marulanda, que luego de su extradición,estuvo en la cárcel 48 horas mientras el señor de la cara de yo no fui lo declarabainocente. Y, en el entretanto, el caso del Banco del Pacífico, con informes o sininformes, con sentencias o sin ellas, se perderá definitivamente en el olvido.¿Podrá Moreno provocar este nuevo descalabro? ¿Logrará lanzar una nueva cortina dehumo sobre sus actividades irregulares? No se pierda, aquí mismo, la continuación deesta apasionante aventura.
  • 74. 74 Vuelve el terror17 de mayo de 2003La denuncia proviene del Colectivo de Abogados “José Alvear Restrepo”. En Viotá, apocos kilómetros de Bogotá, un grupo paramilitar, en complicidad con el BatallónColombia, abordó a una decena de campesinos, los acusó de ser colaboradores de laguerrilla, secuestró a dos de ellos y los asesinó en una forma macabra. “El día 1º deabril del 2003 – dice el informe –, los cuerpos sin vida de los labriegos desaparecidosfueron encontrados en la vereda El Palmar. El de Wilson Duarte fue hallado en un lugarcercano al sitio en donde se acantonó el grupo paramilitar, con indicios de tortura,decapitado y con una enorme incisión en la región abdominal, en la cual fue incrustadasu cabeza”.Días más tarde, el Colectivo, junto con el Comité Permanente para la Defensa de losDerechos Humanos, hizo un pormenorizado recuento de la situación que enfrentan loscampesinos de los municipios de Lejanías y El Castillo, en el Meta. En él se ve demanera palpable la forma como se ha deteriorado el comportamiento de los asesinos.Dos días después de la posesión del presidente de la República, se presenta el primerbombardeo aéreo. Los militares del Batallón “Vargas”, y sus paramilitares de apoyo(que forman parte de los bloques “Centauros”, “Córdoba” y “Urabá”), cumplen entoncesuna macabra operación de tierra arrasada. El 19 de agosto el ejército realiza un censode la población y penetra violentamente a las casas de los campesinos. El 26 de agostodetienen a decenas de labriegos (que son puestos en libertad cinco meses después porfalta de pruebas), y asesinan a Éder Carvajal, jornalero de 16 años. El comandante dela incursión es el capitán Wilson Lizarazo. Los campesinos comprueban, sin asombro,que en los municipios donde se desarrollan los operativos, los paramilitares convivenamigablemente con los soldados.En septiembre comienzan a aparecer los cadáveres. Y es respecto de ellos sobre losque quiero llamar la atención. Al comienzo se trata de personas que son asesinadascon disparos en el tórax o en la cabeza. Pero, poco a poco, sobre los cuerpos se ejerceuna violencia sádica. El 1º de noviembre, los aterrorizados pobladores encuentran elcuerpo del personero de El Castillo, Mario Castro Bueno, con evidentes señales detortura, apuñalado y degollado. El 2 de febrero los paramilitares abandonan el cadáverde Jesús Antonio Romero a pocos metros de la silla donde permanece su madre, unainválida de 90 años, quien se ve forzada a asistir a la descomposición del cuerpo antesde que alguien le preste auxilio. El 6 de febrero, se llevan a Rodrigo Gutiérrez, de 70años. Su cadáver aparece al día siguiente, horriblemente torturado y descuartizado. Elcuerpo de Polidoro Bernal aparece el 5 de marzo descuartizado. Y todo ello ocurre bajola mirada de los militares, con la bendición del cura párroco (que abofetea a losdetenidos e insulta a los parientes de las víctimas), y con la complicidad de la alcaldesa.Pero eso no es todo. En efecto, un grupo de entidades, encabezadas por el ConsejoRegional Indígena de Arauca, denuncia que en el resguardo de Betoyes, en elmunicipio de Tame, miembros del batallón Navas Pardo, con brazaletes de las AUC,
  • 75. 75asesinaron a cuatro personas. En ese hecho, que dio origen al desplazamiento de latribu y a la ocupación pacífica de la iglesia de Saravena, se destaca el elementomacabro de la muerte de Omaira Fernández. Ella tenía 16 años y estaba embarazada.“El pueblo guahíbo, dice la denuncia, tuvo que ver horrorizado como los supuestosparamilitares le abrían el vientre a la joven, le extraían el feto, lo trozaban, introducíansus partes en una bolsa plástica, y las arrojaban al río junto a la madre”.El 15 de mayo, EL COLOMBIANO publica una noticia que leo gracias al insuperableservicio académico y de prensa del profesor Óscar Domínguez. “La semana pasada –dice el periódico –, en la vereda La Doctora, de Sabaneta, fue hallado el cuerpo de unhombre de unos 45 años a quien, luego de darle una paliza, lo electrocutaronponiéndole cables de alta tensión en las orejas”. Más adelante la crónica cuenta que enMarinilla los paramilitares decapitaron a un ebanista y clavaron su cabeza en unaestaca. Y dentro de la misma nota el psiquiatra Jorge Montoya señala que una prácticaque se ha vuelto común en Medellín es la de decapitar los cadáveres y jugar fútbol conlas cabezas.Esa es nuestra normalidad. La normalidad de lo macabro. Poco a poco hemos vuelto alterror. Los crímenes de los chulavitas no se limitaban al asesinato del adversario. Ellosejercían sobre el cadáver una especie de práctica satánica, a los hombres les cortabanlos testículos y se los metían en la boca, a las mujeres embarazadas les sacaban el fetoy las exponían con los vientres abiertos, había los tres famosos cortes: el de franela,que consistía en hacer una incisión de hombro a hombro dejando la cabeza agarradaapenas por la piel de la nuca; el de corbata, en la que sacaban la lengua del cadáverpor la misma incisión, de manera que simulara un lazo macabro; y el de mica, en el quedecapitaban el cadáver y le ponían la cabeza sobre el pecho. Todo eso se vio enColombia durante la dictadura conservadora de Ospina Pérez y de Laureano Gómez.Pero luego esas prácticas salvajes desaparecieron. Muchos años después, MaríaVictoria Uribe distinguió entre “la gran violencia”, en la cual se manipulaba el cadáverdel enemigo, y el crimen paramilitar en el que se mataba a la gente de manera rápida yefectiva. “Disparo al tórax, y punto”, explicó ella.Pues sí pero no. Porque, según parece, el “disparo al tórax, y punto” fue una etapaintermedia entre la demencia y la demencia. Una demencia paramilitar que vuelve hoyen toda su dimensión, llevada de la mano por un gobierno enemigo.
  • 76. 76 Temblor de tierra24 de mayo de 2003Habla el presidente. Entonces la tierra, la buena y sufrida tierra latinoamericana, la queha soportado siglos de desgobierno, de miserias y de atropellos, la que ha calladohorrores y ha olvidado traiciones, tiembla. La palabra que anuncia nuevas torpezas ytropelías, queda en suspenso. Y el auditorio, aterrado, siente que ese algo profundoque es el territorio común, expresa misteriosamente lo que todos se niegan a expresar.Tiembla la tierra en Cuzco como tiembla la tierra en las olvidadas regiones deColombia, donde la palabra del presidente no es una diplomática forma de decir, sinouna terrible forma de atropellar. De esa manera, mientras los mandatarios que asisten ala asamblea del Grupo de Río comentan lo poco que se puede comentar en esoseventos, nuestro miedo toma forma de sismo y sacude la sala y los espíritus. Nosotrossomos la tierra y temblamos, porque no entendemos cómo a este salvaje que pide laintervención de los Estados Unidos en la zona amazónica y que clama por una guerrainternacional que atropelle a Colombia, los demás le sirven de interlocutores, y lo oyeny aplauden a pesar de que es, ellos lo saben, el verdugo de una nación una y mil vecesrota y destrozada. Ahora, en esos congresos llenos de frases y de cortesía poco se dicey nada se hace. Por eso la tierra se siente en la obligación de temblar. Y tiembla.Uribe es el enemigo. Hace poco, en una reunión con empresarios españoles, ofreció loque nadie, ni siquiera los desalmados inversionistas internacionales que acuden a esoseventos, esperaban que les fuera ofrecido. Hablaba de la seguridad indispensable parahacer negocios en Colombia. Y de pronto, sin que nada anunciara ese otro tremendotemblor de tierra, sostuvo que en caso de que las fuerzas militares fueran "desbordadaspor la subversión" él no dudaría en autorizar a las multinacionales para buscar "elrespaldo que crean conveniente". Traducción: ante la inseguridad que vive el país, lasempresas que inviertan en él podrán tener ejércitos privados. Y no es necesario quehagan un gran esfuerzo para ello, porque el gobierno dispone de toda una gama deparamilitares. La propuesta del presidente (o de esa persona a la que algunos ingenuostodavía llaman presidente) es insólita: vengan ustedes, hagan sus negocios, yorganicen su propio grupo de sicarios para que los defienda. Si la idea prospera, dentrode poco el ejército de Prisa se enfrentará a bala al ejército del Banco Santander porquea la primera no le gustó la forma como le negaron un préstamo. O el ejército deColsánitas (invocando a Dios y a don Juan Carlos, que es su propietario), avanzarácontra el ejército de Pepsi porque le robó a Shakira para un comercial. Esa es nuestrapolítica de Estado: armar una guerra en cada esquina, para acorralar al terrorismo. Sindarnos cuenta, claro está, de que el primer terrorista que hay en Colombia es unrégimen que le hace juego a la demencia porque no sabe para dónde va y pretendemanejar el país a sangre y fuego.Pero eso no es todo. Esta semana la Cámara de Representantes estuvo de acuerdo enentregarle poderes de policía judicial a las fuerzas armadas. Y aunque faltan todavíaseis votaciones para que el acto legislativo se convierta en ley, el resultado pone en elhorizonte una serie de oscuros nubarrones. Amnistía Internacional sostuvo el 20 de
  • 77. 77mayo que esa medida "tendrá un impacto catastrófico sobre los derechos humanos",porque "permitirá que las fuerzas armadas realicen allanamientos y escuchastelefónicas, y practiquen detenciones sin autoridad judicial, basadas únicamente enacusaciones militares en lugar de pruebas recogidas durante investigaciones judicialesindependientes e imparciales llevadas a cabo por autoridades civiles". Y advierte sobrealgo que pone los pelos de punta: "la propuesta es la pieza del rompecabezas que lefalta al decreto 128 del año 2003, para conceder amnistías a los responsables deviolaciones contra los derechos humanos".El panorama del país da, poco a poco, un giro de 90 grados. Muchos sectores aceptan,sin beneficio de inventario, un discurso de extrema derecha que califica a quienesdefienden los derechos ciudadanos como "terroristas". La manipulación de la verdad seconvierte en una tarea inicua de diaria ocurrencia. Hace poco, un magistrado de laCorte Suprema, Édgar Lombana, se negó a aceptar, "por razones de honestidadprocesal", la confesión detallada que hizo Carlos Castaño del asesinato del senadorManuel Cepeda. ¿A quién que no sea un enanito insignificante, se le ocurre semejanteexabrupto? Pero Colombia es el país de los argumentos y de los hechos peregrinos.¿Cómo es posible que un grupo de 147 militares (¡147 militares!) se roben 40 milmillones de pesos (¡40 mil millones de pesos!) de las FARC (¡de las FARC!) en lasnarices del ejército? ¿Cómo es posible que sin saber cómo regresen los cadáveresdesmembrados que llevó el río Cauca a Beltrán, en el Valle, y que aterrorizaron a lapoblación en la pasada guerra del narcotráfico? ¿Cómo es posible que nadie, salvoAurelio Suárez, diga esta boca es mía ante el anuncio de Uribe y de Londoño de queharán "llover glifosato" sobre la zona cafetera? ¿Cómo es posible que alguien (¿y quiénes ese alguien?) venda la base de datos del registro nacional a una empresa gringa, laChoice Point, y que el país siga su marcha imperturbable, mientras esta última letraspasa la información privada de 31 millones de colombianos a los organismos deseguridad de los Estados Unidos? ¿Cómo es posible que los paramilitares delCasanare acusen a los militares de la Séptima Brigada (con sede en Villavicencio), derecibir dinero y combatir hombro a hombro con los paramilitares del Meta y delGuaviare, sin que se caiga de su alto pedestal un solo general de la República?Pues, quién sabe cómo, pero todo eso es posible. Y como todo es posible, la tierratiembla. La buena, la sufrida, la silenciosa tierra colombiana.
  • 78. 78 Tantas idas y venidas31 de mayo de 2003Una de las razones del ejercicio político es la eficacia. También lo es la ética, pero esees otro cantar. Un ejercicio político ineficaz podrá convertirse, si tiene las condicionespara ello, en un divertimento intelectual o académico, o en un espectáculo, pero,perderá su real importancia. El buen político (que por lo general es un hombre horrible),logra lo que se propone. En nuestro día a día hay innumerables ejemplos que señalanla validez de este aserto. Pensemos en Ernesto Samper. Los malabares que hizo parasostenerse en la Presidencia lo muestran como un extraordinario político. Ético ocorrupto, no importa. Veraz o mentiroso, tampoco. Pero fue eficaz. Tremendamenteeficaz. Entre tanto sus contradictores, que eventualmente pudieron tener razón, fuerontorpes hasta el ridículo.Su ineficacia se mide en el hecho de que no hicieron mella en un barco herido quenaufragaba en mitad de una tormenta. Si disponían de las pruebas suficientes paraacabar con el “narco gobierno”, como ellos lo llamaban, ¿por qué no lo hicieron? Lasrespuestas podrían ser múltiples. Yo me contento con decir que Valdivieso y Frechettey todos los demás que ahora son los renovados amigos del ex presidente, fueronineficaces.Eso ocurrió esta semana en el debate al ministro Londoño. Los indicios del testaferratocon las acciones de Invercolsa eran significativos. Pero los congresistas quepromovieron la citación se contentaron con un opaco lucimiento personal de quinceminutos. Ver a la senadora Córdoba recitando una de las fábulas infantiles de Pombopara desbaratar a un gato bandido, fue risible. Hubo, claro está, argumentos lúcidos ycargas de profundidad. Pero todo eso se convirtió en un fuego de artificio. Si el debatese hubiera planteado dentro de los términos adecuados, si se hubiera demostrado(como podía demostrarse) que el mar de corrupción en el que nada el ministro es elmismo en el que el presidente y su embajador en Washington y su consejeroeconómico hacen piruetas olímpicas, Londoño sería hoy ex ministro y estaría en lacárcel, mientras que las demás personitas de este gobierno de mentirijillas enfrentaríanuna situación comprometida. Pero no. El debate se fue por el camino de lo conocido ysólo sirvió para que ese malabarista de la cuerda floja ventilara en público una serie decalidades que no tiene. Porque el ministro no es ese individuo honorable y mesuradoque promete acompañarnos hasta el 2006. No. El ministro es un triste testaferro. Eso estodo. Los senadores que hablaron bonito, buscaron aplausos y “robaron cámara”, leprestaron al país un flaco servicio. Un debate eficaz hubiera precipitado la salida deLondoño por la puerta de atrás, que es lo único que merece. Pero la senadora Córdobase limitó a demostrarnos que es versada en poesía infantil, y el senador Robledo que esun hombre ilustre que domina a las mil maravillas el universo económico, y el senadorSerrano que es un auténtico experto en el tema del petróleo, y ninguno de ellos sepreocupó por meter al testaferro de marras en el escabroso terreno del Código Penal, nininguno logró despeinar a un individuo que invariablemente actúa en el límite entre lo
  • 79. 79lícito y lo ilícito. En una palabra, fueron ineficaces. Y de ineficaces, más que de buenasintenciones, está empedrado el infierno.Este pobre Congreso ya no es, siquiera, un sobreviviente de sí mismo. Hubo una épocaen que los debates conducían a algo. A Luís Guillermo Giraldo Hurtado, coautor delescandaloso “robo a Caldas” y hoy embajador ante las Naciones Unidas, no lo dejaronposesionar como ministro de Justicia del presidente Barco dos discursos en los queotros tantos senadores hicieron un recuento de sus actividades ilícitas. En ese caso laineficacia fue parcial, porque Giraldo no pasó directamente a la cárcel, comocorrespondía. Y años atrás, una sola pregunta formulada en muy pocas palabras por unsenador que a la postre resultó vinculado a las mafias del narcotráfico, logró que VíctorRenán Barco, ministro de Justicia del presidente López, pusiera pies en polvorosa. “¿Esusted – le preguntó el Senador – el mismo Víctor Renán Barco a quien el Tribunal deManizales condenó por un delito contra la ética profesional?”. El ministro no contestó.Se limitó a salir del salón y a presentar su renuncia. Fíjense ustedes: ambos, Giraldo yBarco, políticos de Caldas y ambos ministros (o casi ministros) de Justicia. ComoLondoño: político de Caldas y ministro (o casi ministro) de Justicia. Pero Londoño saleindemne porque los promotores del debate se contentaron con hacer perfiles frente alas cámaras de televisión. Y en esto de los perfiles hay que reconocer que él se hacemejor el blower. Sólo se requería una prueba. Los senadores no la aportaron. Segúnparece, la época de los grandes sabuesos pasó a la historia. No se trataba, claro está,de convertir al Congreso en una instancia judicial. Se trataba de haber puesto enevidencia una circunstancia dolosa. ¿Existe esa circunstancia? Claro que existe. Perotodo esto se convirtió en la comedia de las equivocaciones. Y es ridículo, por decir lomenos, que el debate sólo haya servido para que un individuo mañoso y escurridizo,salte a la mitad del ruedo y cite de nuevo al toro. “Ahora sigamos con lo del Banco delPacífico – desafió –. En ese asunto nos gastaremos otras seis horas”.No. En ese asunto y en el de Invercolsa y en el del metro de Medellín y en el de lapersistente labor que este salvaje y sus compañeros de aventuras han adelantadocontra el país, no nos gastaremos las pocas horas de un debate. En esos y otrosasuntos similares, que han enriquecido ilícitamente a unos delincuentes de cuelloblanco que posan de moralistas, de rectos y de patriotas, Colombia se gasta su vidaentera. Poco a poco el cáncer que nos aqueja muestra toda su dimensión. Nuestratarea, sobra decirlo, es la de extirparlo para siempre de la faz de la tierra.
  • 80. 80 Bailo tregua y bailo catala7 de junio de 2003El asunto se percibe temprano en la mañana. Es un pequeño vértigo que hacecascabeles sin saber por qué, que sin saber por qué descubre relámpagos en el bigotede la gata.Hay un extraño ángulo agudo entre el sabor del té y la luz del sol que brilla entre lashojas de los árboles. Hoy, las palabras no dicen lo que saben decir. La palabraacantilado no dice acantilado. Dice catala, y baila tregua y baila catala, mientras llega lahora del café y el azul del cielo pierde la inocencia de la mañana y se hace profundo.Todo lo cual se dice por decir, porque hoy a ese extraño ser que escribe le ocurre noser el mismo ser de cada día, le ocurre ser recuerdo feliz o fragmento de circunstanciao silla o sílaba. Y siendo eso lo que es y lo que debe decir, se sabe entonces que esnecesario romper lo muchas veces dicho y aprendido. “Otra vez este y su cantaleta”,pensarán algunos y seguirán de largo. Pero no. Esta vez no habrá cantaleta porque porla ventana entra una rara luz, y el río brilla a lo lejos, y más lejos el mar. Bailo tregua ybailo catala. Ante todo tregua. Hoy voy a pasar de largo por la maraña de los corredoresque me cuentan que la Fiscalía le abrió a monseñor José Luis Serna un proceso penalcomo “auxiliador de la guerrilla”. No me preguntaré si ese fiscal es el mismo que le diolibertad al cerebro de un grupo paramilitar, llamado Marulanda, o el mismo queentorpeció la investigación que iba a descubrir el nudo de crímenes atroces manejadoen la jurisdicción de Rito Alejo del Río. Para qué voy a dañar el desayuno. De maneraque también dejaré de lado la noticia del asesinato de Tirso Vélez, un activista deizquierda candidato a la gobernación del Norte de Santander, y hombre admirable porsu incansable trabajo a favor de la paz. Sé, como todos, que Tirso Vélez no será unmuerto más en la lista interminable de quienes han dado su vida por Colombia, y que elcrimen de que lo hicieron víctima los paramilitares golpeará la conciencia colectiva yterminará por convertirse en una bandera. Pero ya hablaré de él mañana, porque hoyes un día para leer en García Márquez que alguna vez hubo un país que se llamóColombia, el cual quedaba, extrañamente, en un sitio llamado Barranquilla. De maneraque no voy a hundirme en nuevas tragedias y en más desolaciones. Regreso a misonrisa (debo reconocerlo, ya algo estereotipada), y golpeo con las yemas de los dedossobre la mesa. La música aún me habita. El ritmo traduce que Santa Marta, SantaMarta tiene tren, Santa Marta tiene tren pero no tiene tranvía. ¿Entonces? Entoncesnada. Que mañana será otro día, día de cantaleta, pero que hoy trataré de que sea otracosa, que no me toque el secuestro de Luz Marina Robayo, líder campesina del Meta ymilitante de la Unión Patriótica, a manos de un grupo de paramilitares. Y si eludo esesecuestro y el de otros miles de colombianos, ¿por qué habría de inquietarme el hechode que el presidente de la República proponga, diez días antes de la desmovilización(en apariencia frustrada) de mil de los 18 mil paramilitares, que los colombianos noshagamos los de la vista gorda porque si queremos la paz es necesario perdonar losdelitos atroces? Hago un esfuerzo supremo por conservar la calma, y me digo que norepetiré un argumento que ya he esgrimido varias veces, según el cual la extremamedida de perdón y olvido, que se aplicó en 1958, sólo produjo el afianzamiento de la
  • 81. 81hecatombe. Es posible que algún día me refiera a esa estupidez, que sólo puede caberen una cabeza de chorlito (o, para ser exactos, en dos cabezas de chorlito), pero noserá hoy, porque el nacimiento de la tarde conserva íntegro el esplendor de la mañanay no voy a discutir precisamente ahora si esa decisión tiene nombre propio y busca quelos colombianos olvidemos que Carlos Castaño es el más sanguinario de los asesinosque ha asolado al país, que el origen de su poderío militar se remonta a la defensa delnarcotráfico, y que las peores masacres que se hayan cometido jamás en AméricaLatina fueron ejecutadas por sicarios bajo su mando. Y no lo hago porque no. Porqueno voy a amargarme un día en el cual me apresto a dar una larga caminata por la playa,hablando con mi mujer de todo lo que fue nuestra vida en común, que estuvo llena deencantos y de encantamientos y que fue generosa así haya resuelto volverse cada vezmás estrecha y mezquina. Y como en la otra mesa me espera la historia de FloraTristán y de Gauguin, puedo sacarle el cuerpo al despido de Fabio Castillo, el jefe deinvestigaciones de EL ESPECTADOR, que constituye un violento atropello del gobiernoy del Grupo Bavaria contra la libertad de prensa. Pero luego me hundo, sin poderevitarlo, en la denuncia del pueblo guahíbo contra el batallón Navas Pardo al mando delcoronel Alberto Padilla, que desde el 5 de mayo comete asesinatos, torturas yviolaciones contra el resguardo de Betoyes, sin que los indígenas encuentren ningunadefensa en las autoridades del Arauca contra las autoridades de Arauca. Y medescalabro de una vez por todas en la angustia de cuatro mil indígenas wiwas, quehuyen ahora mismo hacia la Sierra Nevada acosados por los paramilitares, luego deque el 20 y el 21 de abril cuatro helicópteros y un avión, que no pudieron identificar, losametrallaron y bombardearon sin misericordia.Termina el día. Pero el pequeño gracioso vértigo de la mañana, que me llevó a pensaren bailar algo de tregua y algo de catala, se convierte sin saber por qué en estadesolación, en estas lágrimas.
  • 82. 82 Método y pandeyucasJunio 13, 2003La historia de Colombia (o eso que Henao y Arrubla llamaron “la historia de Colombia”),está llena de episodios ridículos.El presidente, señor Núñez, necesita que la relamida sociedad de Bogotá, vale decir: la“oligarquía” de Chávez, reciba a su esposa por lo civil en los apolillados salones dondedan visos los frufrús y crujen las muselinas. Invita entonces a un banquete en el que elarzobispo primado le ofrece el brazo a la interesada. En ese mismo momento, lasaguerridas amazonas que se han negado a dirigirle la palabra a “la barragana”,deponen sus armas y la integran a sus grupos de oración y a sus chocolatessantafereños. La paz vuelve a posarse sobre el agitado horizonte de la patria.Pocos años después, tal vez ocho o nueve, el general Pedro Nel Ospina, comandantede los ejércitos conservadores en la guerra de los mil días, se dirige al palaciopresidencial con el fin de informarle al presidente Marroquín que se ha consumado laseparación de Panamá. “Es un hecho cumplido”, le dice el general. Y don José Manuel,que escribe una de sus famosas sátiras, esta vez en alejandrinos, le contesta: “Bueno,Pedro Nel, no hay mal que por bien no venga. Se separó Panamá pero yo tengo elgusto de volverlo a ver en esta casa”.Sube el liberalismo. En el período del señor Santos nadie sabe que en un futuro todasestas personas que deambulan por los corredores serán los protagonistas de unepisodio singular. El ex mandatario se apaga en medio de sus fantasmas. El traicionadoamor que sintió por doña Lorenza no le da un momento de tregua. Afuera, susherederos no saben cómo hacer valer sus derechos. Se dice que le dejará la propiedadde EL TIEMPO al Hospital Infantil que lleva el nombre de su señora. Todos tiemblan.Entonces, Hernando Santos tiene una idea genial: ¡se disfraza de Lorencita! Y en mediode la penumbra el doctor Santos cree revivir los diálogos que mantuvo con ella. Es unaextraña señora, tal vez un poco demasiado regordeta y muy chiquita, pero las gentes deultratumba son así, y la peluca platinada es la que es y le queda divinamente. Escurioso que Lorencita le insista en favorecer a una rama de la familia a la que él no leha tenido demasiado afecto. Pero si ella lo dice, así se hará. El equilibrio de lasacciones permanece en su sitio.Muchos años después, en diciembre de 1982, Jaime Michelsen recibe una llamada. “Esel presidente”, le dice su secretaria. Pasa. “Jaime, necesito un millón de pesos para misregalos de navidad”. “De inmediato, presidente – le contesta el banquero –. En una horatendrá en su despacho una letra y el dinero en efectivo”. “El presidente de Colombia nofirma letras”, responde Belisario. “Como usted quiera”, contesta Michelsen. Un añodespués estalla el escándalo del Grupo Grancolombiano. Betancur no paga jamás elmillón de pesos.
  • 83. 83Dos años antes el whisky se apodera del ánimo de anfitriones e invitados a una fiestaque Cúcuta ofrece en honor del presidente Turbay y de su comitiva. El clima de laciudad se presta para empinar el codo más allá de la cuenta. El presidente estáenamorado y feliz. Cuando ya no puede tenerse en pie, le grita a la orquesta algo quenadie entiende. ¿Qué quiere su excelencia? Quehgdbftritjfnghdtersdncbfgkl-hotyiuasbflvorete, contesta él (el cuento es de Antonio Morales). Alguno de losedecanes, tal vez Julito Riaño, entiende de qué se trata. Y en el aire espeso de lamadrugada estallan las notas de El polvorete, un corrido (o lo que sea) en el que“racatapumchinchin el gallo sube, s’echa su polvorete, racatapumchinchin y se sacude”.Una vez, dos veces, diez veces, mientras el presidente se sacude. Rubi–obispo–anosienta su enérgica protesta. El presidente pregunta por qué está tan bravo. “Porque suexcelencia no la invitó a bailar”, es la respuesta.El 13 de junio de 1953 el país se hunde bajo un océano de sangre. La tiranía quepresiden Laureano Gómez y Roberto Urdaneta cosecha ya trescientos mil muertos. Esedía, el presidente titular ordena que se releve al comandante de las Fuerzas Armadas, yse va a la casa de su consuegro a hacer pandeyucas. Mientras tanto, el país asiste algolpe de cuartel. El comandante, general Rojas Pinilla, que no es el prócer que ahoranos quieren pintar sino un godo cerril, que antes del cuartelazo tenía en su haber lamatanza en la Casa Liberal de Cali y la amistad, por encima de todo proceso, con LeónMaría Lozano (el peor de los pájaros del Valle), se apodera del mando con el pretextode sacar al país del caos en el que se debate. Colombia sigue en su eterno caos pero elpresidente y su familia se enriquecen.Hace cincuenta años no se rompió en dos nada que valiera la pena. Hace cincuentaaños el gobierno desalmado que tenía Colombia siguió siendo el gobierno desalmadoque tenemos en Colombia. Y la miseria que vivían los colombianos siguió siendo lamiseria que vivimos los colombianos. Y el asesinato sistemático, las masacres y laprofanación de los cadáveres que protagonizaban los chulavitas de la época, siguesiendo el asesinato sistemático, las masacres y la profanación de los cadáveres queprotagonizan los criminales de Castaño y de Mancuso. Y las gentecitas detrás del trono,que en ese entonces se apellidaban Gómez, López, Santos, Ospinas y Urdanetas, asícomo las gentecitas incipientes que se conocían como Pastranas, Rojas, Turbayes yLondoños, siguen siendo exactamente las mismas gentecitas de hoy en día, con susmismos vicios y costumbres e idénticos desfalcos y crímenes e indelicadezas. Porque,tristemente, el país sigue siendo el mismo tonto de capirote al que queremos tanto. Uningenuo tonto de capirote que cree que aquí las cosas cambian. Cuando nada cambia.Cuando todo sigue y se anquilosa y se vuelve calcáreo y permanece.
  • 84. 84 Los tres viajes de García MárquezJunio 21, 2003Estas palabras están dedicadas a la amistad de Manuel Metz.Desde hace muchos años, Gabriel García Márquez vive más allá de su historia. Sesabe que forma parte de un inventario exclusivo, donde figuran los clásicos de todas lasépocas, definidos por Calvino en un libro memorable. Eso – y mucho más – lo haconvertido poco a poco en una estatua prematura de sí mismo. Y esa es la sensaciónque agobia al lector cuando se aproxima a este libro [ * ], en el que él, el lector, piensaque encontrará la clave de una escritura que tiene un poder único de convocatoria en eluniverso de la lengua castellana. Pero no. En él lo que hay es la vida de un hombre,que hizo del oficio literario una razón de ser y de existir. Como todos los libros, “Vivirpara contarla” se lee de varias maneras. Quisiera referirme a algunas de ellas, en lasque encuentro motivos para pensar y conversar, que son, al fin de cuentas, los motivosreales de los libros.La primera, la de la anécdota, es un viaje literario que fascina en su sencillez. Ahí estáel autor dentro de su propia dimensión humana, con historias que pertenecen algénesis, a su génesis. Como vivo lejos de mi biblioteca, no sé hasta qué punto algunasde ellas pertenezcan ya a la maravillosa maraña de sus palabras, y se hayan dicho yrepetido de diversa manera. Pero emociona encontrar algunas que forman parte de lamemoria común. Ahí está, por ejemplo, la casa con fantasmas. ¿Quién que de verdadhaya sido, no tiene en el fondo de su memoria una casa con un fantasma? El de LuisaSantiaga y su familia era una mujer, “con un vestido de florecitas rojas y el cabello cortosostenido detrás de las orejas con moños colorados”. Por fortuna, García Márquez tieneel buen gusto de asustarse. Y todos nos asustamos con él y con Margot cuandodespertamos con ella en la madrugada, y vemos al espanto sobre la barandilla de lacama, escrutándonos desde el más allá “con una mirada intensa”. Aquí están tambiénmuchas “primeras veces”. Y no sólo esa primera vez que todos tuvimos y que, obvio,está en el libro (ella hace la siesta en una “cama de viento” y lo toquetea “con cincodedos ágiles que se sentían como si fueran diez”), sino el primer viaje en avión, y elprimer cuento y el primer baile y la primera llamada por teléfono y la primera amante yla primera corbata (porque hubo varias) y el primer bautizo, porque fueron dos, cuandono se llamó Gabriel, a secas, sino Gabriel José de la Concordia, aunque, de tener uncalendario a mano, hubiera podido llamarse Olegario, que es el santo del 6 de marzo de1927 y del 6 de marzo de todos los años. Ese libro, repito, es un viaje a la memoriacolectiva de un país como Colombia, donde la muerte es una lección para aprender enel catecismo Astete, pero es, más allá, la visión tenebrosa de los piojos que escapandel cabello del muerto “y caminan sin rumbo por las almohadas”. Digo: esa muerte, lamuerte.* Vivir para contarla, Gabriel García Márquez, Alfred A. Knopf, Borzoi Books, Nueva York, 2002.
  • 85. 85El segundo viaje va al fondo de su obra, y se hace a través de una serie de clavesregadas a lo largo del texto. Parte de una pequeña razón de ser del realismo mágicoque llega, como una iluminación, en la clase de literatura de 5º de bachillerato. “Meatreví a pensar – escribe – que los prodigios que contaba Scherezada sucedían deveras en la vida cotidiana de su tiempo, y dejaron de suceder por la incredulidad y lacobardía realista de las generaciones siguientes”. De ahí a la asunción de Remedios,La Bella, no hay sino un paso. El paso que da una obra que se consolida lentamente, yque se recrea aquí en la morosidad. Tal vez no sea inútil decir que el resultado literarioes mejor a partir de la mayor intensidad de los recuerdos. Así, es probable que el viajepara vender la casa se convierta en el segundo tomo de las memorias en “La siesta delmartes” que es una obra perfecta. Pero todo está en las páginas iniciales de este libro,cuando puede suceder cualquier cosa. “Mi madre y yo –contará él cuarenta años mástarde – llegamos a la estación pasadas las ocho, pero el tren estaba demorado. Sinembargo, fuimos los únicos pasajeros. Ella se dio cuenta desde que entró en el vagónvacío, y exclamó con un humor festivo: ‘¡Qué lujo! ¡Todo el tren para nosotros solos!’”.En “La siesta del martes”, la mujer y la niña son “los únicos pasajeros en el escuetovagón de tercera clase”. Y lo mismo ocurre con decenas de recuerdos, que el lectorarma como un rompecabezas. El abuelo no murió cuando, luego de agarrar al loro,“resbaló en la pasarela y cayó a tierra desde una altura de cuatro metros”, porque, yase sabe, él tenía que seguir su vida con Mina Iguarán. No así el doctor Urbino, que tuvoque darle paso a una historia de amor en los tiempos del cólera.Y el tercer viaje. Sin espacio para más me limito a enunciarlo. Se trata de laconstrucción de la obra futura. Una obra que podría seguir, incesante, hasta el fin de lossiglos. Por ejemplo, la historia de la operación de la abuela, que barre el cuarto “con sumirada nueva” y enumera “cada cosa con una precisión admirable”. “El médico sequedó sin aire – cuenta él – pues sólo yo sabía que las cosas que enumeró no eran lasque tenía enfrente, en el cuarto del hospital, sino las de su dormitorio de Aracataca, querecordaba de memoria y en su orden. Nunca más recobró la vista”.Esas, las historias que nunca serán. Aunque ya hayan sido.
  • 86. 86 Teoría del bote30 de junio de 2003A lo largo de nuestros doscientos años de historia, todavía cortos, las pocasrevoluciones que hemos intentado fracasaron una tras otra. No hablo, claro está, de losgolpes de mano, que tuvieron éxito mediante argucias palaciegas, ni de la primeraguerra de los mil días (porque en Colombia no tenemos una sola sino dos, y hasta tres),que en 1860 llevó al general Mosquera a la Presidencia de la República. Hablo de lasrevoluciones que se han anunciado como tales. La primera, la revolución de loscomuneros: fracaso total. La segunda, la revolución del 20 de julio: fracaso total. Latercera, la revolución de la independencia: fracaso total, dado que los filipichines de laépoca dieron al traste con el universo político de Bolívar. La cuarta, la revolución deJosé María Melo: fracaso total. La quinta, la revolución en marcha: fracaso total enmanos, ¡quién lo creyera!, de su ideólogo, que no fue capaz de desarrollar en susegunda administración las ideas que agitó en la primera. La sexta, la revoluciónmarxista leninista, que terminó en lo que aún no ha terminado, pero que no tiene trazasde hacer nada por el pobre país. Así las cosas, lo que necesitamos aquí es unarevolución de verdad, que anule a quienes hoy se imponen sobre los demás sin razónde ser, y deciden por ellos sin tener la necesaria dimensión personal, ni ética niideológica para hacerlo.Por eso, pensando pensamientos he decidido proponer la “teoría del bote”.Que yo sepa, hasta ahora no se ha aplicado en ningún país del mundo, lo cualdemuestra que puede llegar a tener éxito. Aunque el cuento es sencillo, para entenderlomejor, podríamos llamarla también la “revolución de los segundos”. Gracias a ella,quienes hoy ocupan el segundo lugar desbancarían a los que estén al frente de lo quesea. Londoño, por ejemplo, desbancaría a Uribe, y el general Mora Rangel desbancaríaa la ministra Ramírez, y Juan Lozano desbancaría a Enriquito, Pachito, Juan Manuel,Rafael (ah, y Juanita y Beto), y Aguirre desbancaría a Santodomingo, y Jojoydesbancaría a Tirofijo, y Mancuso desbancaría a Castaño, y Santa Fe desbancaría aMillos, y Julito Sánchez desbancaría a Yamid, y así hasta el infinito, hasta tocar todoslos vericuetos de la vida nacional, en cualquiera de las actividades que en ella sedesarrollan. Pero ahí no pararía todo. Como los segundos tienen a su vez otrossegundos, Londoño y Mora y Lozano y Aguirre y Jojoy y Mancuso y Santa Fe y Julito ytodos los demás serían a su vez desbancados por los que hoy son terceros en el ordende jerarquía. Y luego los segundos de los terceros y los segundos de los cuartos y lossegundos de los quintos desbancarían a los anteriores, hasta llegar a lo que se debellegar: que la Presidencia de la República la ocupe la señora de los tintos, y que a loscargos de representación popular lleguen los que hasta hoy no han sido jamásrepresentados, y a los más altos tribunales de justicia accedan los mensajeros dejuzgados promiscuos municipales, que con seguridad saben más derecho que el doctorLombana, el enanito de la Corte Suprema, y la dirección de El Tiempo se le entregue allustrabotas que trabaja desde hace cincuenta años, de sol a sombra, en la esquina dela Jiménez con Séptima, y en el cardenalato se siente el cura párroco del último de los
  • 87. 87pueblos perdidos del Chocó, mientras que Rubi Cardenal Ano pasará a ocupar lasusodicha parroquia, y Uribe terminará de inspector de policía de cualquiera de lasveredas de Somondoco, y a Pachito Santos lo nombrarán por decreto “bobo de layuca”, y a Fernando Botero lo pondrán en el oficio de robar empanadas en la puerta deLa Picota, y así hasta el cansancio, momento en el cual la cadena se detendrámisteriosamente y el orden se invertirá, haciendo que Uribe pase en primer término auna de las inspecciones de policía del casco urbano del municipio mencionado, y sóloluego de dos o tres pasos, en lo posible bien difíciles, pueda llegar a la alcaldía. Lainestabilidad burocrática sería algo de todos los diablos, pero no peor que la de ahora,cuando a los jefes naturales (por ejemplo a López Michelsen, a quien en alguna fecharemota lo podría reemplazar Poncho Rentería), ya no se les ocurre absolutamente nadapara sacar al pobre país del caos en que se debate.¿Ven qué fácil? En ese proceso nos gastaríamos entre ochenta y cien años, de maneraque cuando Londoño vuelva a ser ministro del Interior y de la Justicia tal vez llegue conla humildad necesaria que da la sabiduría, y no intoxique a sus contertulios con suspíldoras ideológicas del doctor Ross. Y lo mismo Rubi Cardenal Ano, a quien lossufrimientos de sus parroquias pobres y de sus feligreses lo regresarían menosrubicundo al palacio cardenalicio. Y Aguirre, el presidente de Bavaria y director de ElEspectador, tal vez aprendería algo de periodismo en la emisora comunitaria decualquier población del Darién, donde saben más del asunto que él y todos sus áulicosjuntos. Y Castaño experimentaría en carne propia el uso de la motosierra, etcétera,etcétera, etcétera. Porque, se me olvidaba anotarlo, nadie saldría del espacio en queahora se desenvuelve, de manera que los políticos seguirían siendo políticos y losdeportistas, deportistas y los científicos, científicos y los artistas, artistas. ¡Qué buenosería ver al portero de RCN convertido en Yo, José Gabriel, con el mismo blazerprestado y mantecoso, mientras que Yo suda la gota gorda en la oscura portería!No sé. Son las cosas que se le ocurren a cualquiera cuando ve que el pobre Pachito(léase “el pobre país de pacotilla”), no da pie con bola y sigue en el marasmo total, en lamiseria absoluta y en la corrupción rampante.La teoría del bote está llamada a abrir un auténtico futuro a esta enredada, patética yperipatética república de Colombia. He dicho.
  • 88. 88 Juegan las blancas y gananJulio 5 de 2003Una de las partes de este nuevo episodio, la insignificante, ha demandado en formapública y notoria la intervención militar del imperio. El gobierno está convencido de quela agresión militar norteamericana es un imperativo categórico, y se ha propuestolograrla por cualquier medio. Los Estados Unidos “consideran seriamente” el problema:retiraron la ayuda, es verdad, pero no van a permitir que una región que para ellos esestratégica, caiga en manos de sus enemigos. De manera que, presionados por laurgencia de salvar nuevamente a la civilización occidental y cristiana, intervienen.La posible cancelación de la ayuda militar de los Estados Unidos a Colombia pasócomo un incidente más, apenas equiparable al lánguido puesto de Montoya en suúltima carrera. Uno o dos editoriales, tres noticias de primera página, el tradicionalanuncio santista de que “la situación amerita un debate a fondo”, y pare de contar. Elpresidente de la República (o ese señor al que le dicen presidente de la República) selució hablando con un cierto rin-tin-tin, y los medios se hicieron lenguas respecto de suindependencia al atreverse a decir, en las narices del imperio, que “la ayuda no puedeser con condiciones mezquinas”. Y ahí se acabó todo. Desde el viernes el Diario Oficialentró en un mutismo total, lo que indica que el asunto quedó en manos de “las altasinstancias del poder” (hoy tan chiquitas), y que el país no tiene nada qué decir sobrealgo que le interesa vitalmente, como es el desarrollo de la hecatombe en que morimos,el control de la tasa de desempleo a través de la peregrina incorporación de nuevosefectivos a las fuerzas militares, y el tradicional subsidio a la corrupción en los altosmandos, que es una especie de derecho adquirido que no tiene por qué versedisminuido de un momento a otro.Si el país estuviera informado, tendría mucho que decir. Diría, por ejemplo, que lapartida de ajedrez en la que siempre gana el gobierno ha perdido la fascinación de sumisterio. Es cierto que esta vez la jugada se pensó más allá del inmediatismotradicional. Pero el jaque mate podrá neutralizarse si el adversario, vale decir, nosotros,logramos percatarnos de las reales intenciones de nuestro enemigo, vale decir, elgobierno. Esa es la razón de ser de este artículo.El asunto es sencillo: el presidente rechaza la excepción que busca darle inmunidad alos norteamericanos frente a la Corte Penal Internacional, y mantiene una posicióndigna, extraña dentro de su indignidad, en la que participa curiosamente de la tesissustentada por Latinoamérica. Esa actitud le acarrea sanciones: los Estados Unidoscongelan cinco millones de dólares de la ayuda militar, y amenazan con desviar otros130. La región cree que el buen hijo ha vuelto a casa. Pero no. No ha vuelto. ¿Por quéese castigo, podría preguntarse cualquiera, si se trata de un gobierno obsecuente(“regalado”, como dirían los jóvenes), que acompañó al imperio en su agresión contraIrak, y si es el único que sigue al pie de la letra las indicaciones del FMI, el único queacepta que el embajador gringo intervenga en asuntos de política interna, el único quepermite que sus campos sean arrasados sin misericordia por las fumigaciones de
  • 89. 89glifosato, el perro faldero que siempre vota sí a cualquier propuesta, por peregrina quesea, y el único que pone en manos del imperio la economía, la educación, las obraspúblicas, la gestión administrativa y, para colmo, la justicia? ¿Por qué – seguiría elinterrogatorio – no se toma la misma medida con otros países, que han mantenido a lolargo de décadas una posición menos indigna?Aunque el asunto, en efecto, carece de lógica, comienza a aclararse si se piensa queuna de las partes de este nuevo episodio, la insignificante, ha demandado en formapública y notoria la intervención militar del imperio. El muñeco de ventrílocuo, señorSantos, por ejemplo, sostuvo en Roma que después de Irak los Estados Unidostendrían que pensar en Colombia como escenario para un nuevo frente de lucha contrael terrorismo, y no teme proclamar a los cuatro vientos que el país está a punto de caeren manos del comunismo internacional, un fantasma que al desaparecer de la faz de latierra buscó refugio en las acaloradas cabezas de nuestros altos (y chiquitos)burócratas. En una palabra, el gobierno está convencido de que la agresión militarnorteamericana es un imperativo categórico, y se ha propuesto lograrla por cualquiermedio. Intenta aquí, insiste allá, propone acullá, y nada. No porque el imperio semuestre retrechero, ni más faltaba (esos son asuntos de las monitas no de los monitos),sino porque una intervención descarada no tendría presentación alguna. Entonces aalguien, tal vez al míster Hyde que trabaja en el ministerio del Interior y de la Justicia, sele ocurre una jugada magistral. Colombia rechaza el tratado bilateral que garantiza lainmunidad de los norteamericanos ante la Corte Penal Internacional. Comoconsecuencia, el gobierno de los Estados Unidos le retira su ayuda militar. Losfuncionarios colombianos gritan a voz en cuello que el país será la nueva víctima delterrorismo. Los Estados Unidos “consideran seriamente” el problema: retiraron la ayuda,es verdad, pero no van a permitir que una región que para ellos es estratégica, caiga enmanos de sus enemigos. De manera que, presionados por la urgencia de salvarnuevamente a la civilización occidental y cristiana, intervienen. Pero no lo hacen en unpequeño país que, a la larga, poco y nada importa. Lo hacen en la región amazónica,desde la cual pueden dominar no sólo a Suramérica sino al mundo entero, y poner lasbases de lo que será su desarrollo futuro.Así de fácil. En la “erguida posición del presidente” (sic), que ha despertado tantoselogios, lo único que hay es una estrategia contra el país. Dentro de pocos meses nohabrá ayuda militar norteamericana: habrá intervención norteamericana. Y elestablecimiento se sentirá satisfecho. Por fin podrá acabar con el indeseable Tirofijo.Por fin podrá invitar sin tapujos al doctor Mancuso a la renovada sede del Club ElNogal, donde el héroe paramilitar le contará coloridas anécdotas de sus masacres alministro Londoño y a sus secuaces. Por fin el país será como ellos quieren que sea:todavía más arbitrario, ineficaz, discriminador e injusto de lo que lo han hecho. Y todoseguirá en un eterno y sonrosado statu quo.Juegan las blancas y ganan. O juegan las negras y ganan. Porque aquí, la única quepierde es Colombia.
  • 90. 90 Blanco es, gallina lo poneJulio 18 de 2003En Colombia todo es aparente.Hay una democracia aparente, una economía aparente, una justicia aparente, unainformación aparente. Hay, también, una política aparente. Las fuerzas militaresaparentan defender los derechos humanos, pero los atropellan con saña. El Congresoaparenta legislar, pero es apenas un apéndice del ejecutivo. El ejecutivo aparentagobernar, pero lo único que hace es obedecerles a los Estados Unidos y a los cincopropietarios del país que no piensan con el cerebro sino con la billetera. La iglesia es deuna apariencia brutal: vestida de oropeles, se ha convertido en una caricatura de símisma, en la cual lo único que parece importar es el hábito, sin tener en cuenta que elhábito no hace al monje. ¡Y la insurgencia! “El país – escribió Gonzalo Sánchez a finesdel 2001 – ya no los ve (a los soldados de las FARC) como abanderados de lasreformas que esgrimen y que han justificado su existencia, sino como el principalobstáculo a la realización de las mismas”. Su lucha por las reivindicaciones sociales,hace mucho valerosa y ahora mismo rentable, es una simple apariencia. Y así todo lodemás, hasta llegar a hacer de esta nación, con sus fronteras y sus ríos, algo aparente.Este país no es país porque no ha diseñado ni puesto en funcionamiento losmecanismos adecuados para serlo. Nosotros disimulamos nuestro cáncer con unagruesa capa de maquillaje, a cargo de los medios de comunicación, que obedecen –callados y complacientes – a una rígida censura de prensa.No hablo, claro está, del atropello policivo contra las instalaciones de los diarios y de losnoticieros, que es la imagen que conserva el viejo país, anclado en los maletines decuero de la era Eisenhower. Ya no se necesita nada de eso. Hoy la censura de prensase ejerce a través de las presiones económicas. Que una empresa cervecera sea lapropietaria de las principales cadenas de radio y televisión, y de un periódico quealguna vez fue grande, no cabe en la cabeza de nadie. Pero ahí está ese hecho, comodemostración palpable de la iniquidad que padece nuestra información. Me gustaríasaber cuántos análisis se han hecho en Caracol Radio y en Caracol Televisión y enCaracol EL ESPECTADOR sobre la decisión de un juez de los Estados Unidos, quedejó por fuera las acreencias que tiene contraídas Avianca con el Seguro Social y conla DIAN por valor de 81 mil millones de pesos. Para quienes leen este artículo en elexterior, debo explicar que Avianca, la totalidad de los caracoles y Bavaria son de unsolo propietario, el señor Santodomingo, quien en el caso de su compañía de aviación(Avianca) se acogió a un tribunal de quiebras en Nueva York, el cual aceptó sólo a sietede los 30 acreedores llamados a hacerse parte en el asunto, y dejó por fuera a lasentidades que, se supone, protegen la salud y el bienestar de los colombianos.¡Ochenta y un mil millones de pesos! Ahí, en la deuda de un solo individuo, están loshospitales que no están, las pensiones que no están, los acueductos que no están, lasescuelas que no están, en fin, todo lo que hace a un país una entidad real y no sólo unespacio de la apariencia. ¿En qué forma esos medios han denunciado semejanteiniquidad? Ya se sabe que el gobierno no va a hacer nada, salvo disimular a través de
  • 91. 91un abogado, como disimuló la señora Kertzman en el caso de los fondos perdidos delBanco del Pacífico. Entonces, la única posibilidad que queda para que el país se enterede ese despropósito, está en los medios. Pero, como los medios pertenecen a undeudor posiblemente fraudulento, ¿qué se va a decir en torno al problema? Larespuesta es tan obvia como la adivinanza del jugo de mandarina. No sé si ustedes laconozcan: “Blanco es, gallina lo pone y frito se come: ¿qué es?”. Respuesta: ¡el jugo demandarina!Sería necesario hacer un análisis pormenorizado de la censura de prensa que operacon rigidez en Colombia, pero se acabó el espacio. Déjenme entonces plantear unenunciado: en Colombia la información se ha convertido en una entretención. Y unainformación que se limita a entretener, no es información. Es, quizá, diversión. Esespectáculo. Es, en una palabra, apariencia.Nuestro periodismo está arrodillado. Lo está ante el gobierno. Las entrevistas que seles hacen a los altos funcionarios (curiosamente todos de mínima estatura), sonridículas. Preguntas hechas, previamente acordadas, ausencia de réplica eimposibilidad de debatir en pie de igualdad las afirmaciones que haga el “entrevistado”,demuestran la tremenda crisis de nuestro periodismo. Pero no sólo el gobierno lomanipula. También los violentos de cualquier pelambre. Y el raiting. En Colombia, elperiodismo es el espacio adecuado para la creación de baratos íconos mediáticos, queproducen ganancias. A través de ellos, el establecimiento enseña comportamientosequívocos, que se consolidan en el inconsciente colectivo con base en la necesidad depersistencia del héroe. Y, claro, el poder, que es el que depara seguridad, avisos ycontratos. Y las presiones económicas. Para subsistir, los periodistas que nopertenecen a las grandes cadenas informativas están sujetos a la pauta. El sistema hadiseñado una inicua forma de dominio: los propietarios de los periódicos o de lasemisoras le entregan un espacio cualquiera (una página, media hora…) que ellos debenfinanciar mediante la venta de publicidad. Así, quien pone el aviso se convierte en elpropietario del periodista.Ese es el panorama. En lo que se refiere a los medios, Colombia es hoy un país deesclavos, que sólo llegan a ellos para divertirse con la telenovela de moda, aplaudir aldeportista de moda y emborracharse con la cerveza tradicional. Y para ignorar, en elfondo, la espesa nata de corrupción que nos agobia, sin parangón alguno en la historia.Díganme ustedes, entonces, si todo esto no es una simple, una triste, una dramáticaapariencia.
  • 92. 92 El país que no era país27 de julio de 2003Ese país se retrata de cuerpo entero en las gafas de sol de su excelencia.Hasta no hace mucho, el país que es ahora país no había podido serlo. En efecto, entretodos nos habíamos encargado de mantenerlo a raya, de impedirle que tomara figuracorporal como nosotros y se dedicara a cultivar garras y pezuñas. Pero, he aquí queahora hace acto de presencia como un nuevo y agresivo habitante del vecindario, ycomienza a dar órdenes, a modificar comportamientos, a señalar culpas, a desecharpersonas, a eliminar grupos, a castigar al que se atreva a gritar por cualquier cosa, asancionar ideas, a pegarle a los más chiquitos.Ese país se retrata de cuerpo entero en las gafas de sol de su excelencia, tansignificativa y minuciosamente exactas a las de Pinochet en la oprobiosa fotografía deunos días después del golpe. Aparece también en las declaraciones triunfalistas, en lapropuesta de una reelección que, sin saber cómo ni por qué, cabe en la cabeza demuchos que olvidan el trágico ejemplo de Fujimori, el descalabro de la Argentina, elfantasma que tiranizó durante décadas a la América Central y la sumió en el abandono.Ese país es una entidad ambigua, que se impone a través de un discurso donde no hayconvicción sino miedo y donde el terror es la norma de conducta. En ese país se firmaun tratado de paz con Castaño y su horda de delincuentes comunes, y se les ofreceperdón y olvido, sin contar para nada con el hecho de que es imposible olvidar, que esimposible perdonar sus crímenes.Esa especie de amnistía demuestra ante los ojos del mundo entero, que militares yparamilitares son la misma cosa, y que unos hacen de noche, con métodos mássangrientos, drásticos y eficaces, lo que los otros no pueden hacer de día. Ahí hay unaconfesión de parte, que los miembros de la mesa de donantes deberían tener en cuentaantes de ofrecer apoyo a un régimen que no lo merece. Está bien la declaración entorno a la crisis humanitaria y la impunidad que vive Colombia, pero está mal que vengaadornada con tanto adjetivo calificativo que los medios destacan para ensalzar la figuradel nuevo héroe. Las mentiras de los medios hacen que en el país se tenga la idea deque la comunidad internacional es una nueva expresión, ciega, sorda y muda, de lostres miquitos del clásico pisapapeles.Pero no iba a eso. Iba a que este país que no era país hasta no hace mucho, no seindigna, no se mosquea, no protesta por el hecho de que el Estado considere comointerlocutor a un grupo de narcotraficantes que nacieron en las entrañas de laorganización de Pablo Escobar, de manera que el gobierno hace de las suyas y siguetan orondo sobre la cresta de la ola de un prestigio mediático que maneja a punta deencuestas sinuosamente leídas. El último invento de EL TIEMPO es el más dramáticode todos. Según sus dos mil lectores con acceso a la red, su excelencia es una especiede santo de palo, que no mata una mosca. Pero, como le dice Napoleón Franco a
  • 93. 93Óscar Delgado en un mensaje, allí sólo hay una acumulación donde nadie entiendenada y nadie saca conclusiones, lo que no obsta para que inclinemos la cabeza comocorderos listos al sacrificio.En el país que hasta hace poco no había podido ser país, manda la informaciónclasificada en el peor estilo de Édgar Hoover. Porque, si no es así, ¿de dónde acá eltrato preferencial que la Fiscalía del señor de la cara de yo no fui le ofrece al coronelRoyne Chávez, jefe de seguridad de Pastrana, involucrado en un delito común quedebió ser sancionado hace mucho? ¿Qué sabe el señor Chávez, podría preguntarsecualquier parroquiano despistado, para que su caso reciba dilación tras dilación enbúsqueda, posiblemente, de la preclusión definitiva? ¿Hay amenazas de por medio? Encualquier país, la actitud del fiscal habría provocado su estruendosa caída. Acá no. Acásomos acomodaticios y silenciosos. Y cobardes. Nuestra actitud es la de Michín, al queno le importa que la mamita le de palo mientras se acuerde de él a la hora de la comida.Nadie entiende entonces, aunque todos entienden, que el país no se amarre lospantalones y proteste por la nube de vacas que pasan volando. Nadie entiende que nohaya puesto el grito en el cielo por la inminente libertad de Luis Hernando Rodríguez, elex director de Foncolpuertos, que defraudó a la nación en 22 mil millones de pesos. Laexplicación es sencilla: resulta que este país ya es otro país, uno que estaba hacetiempo agazapado y que ahora regresa triunfante. En este país (y en el otro, para quéles digo que no, si sí) la justicia se lava las manos: ¡prescribieron los términos! Y todosfelices comiendo perdices, sobre todo Rodríguez, que podrá mandarlas preparar alvino.Aquí todo prescribe. Prescribe la ética, prescribe la justicia, prescribe el buen sentido,¡prescriben los términos! Como van a prescribir los del negociado de TermoRío. Porahora, alegrémonos de que los implicados gocen de libertad provisional. Felices ellos(Enrique Ramírez, Marino Zuluaga y Marlén Valderrama), que entrarán, por fin, adisfrutar de los sesenta millones de dólares que nadie encuentra por parte alguna. Consesenta millones de dólares el país no tendrá sesenta puestos de salud en sesentapueblos abandonados, pero doña Marlén podrá comprarse un bonito par de zapatos yotras chucherías en la Quinta Avenida.Para no hablar de la votación amarrada que se inventaron con el fin de sacar avante elreferendo, con sus cargas de profundidad en materia económica, sin que nadie oiga lasvoces que claman en el desierto de una opinión pública inexistente. Y para no hablar detodo lo demás. Porque aquí, en el nuevo país, a contrario sensu, el que otorga calla. Ytodos otorgan, para comer en silencio, satisfechos.
  • 94. 94 Decíamos Ayer...Octubre 20 de 2003Siempre he pensado que la más famosa de las frases de fray Luis de León carece desentido. La dijo, ustedes lo saben mejor que yo, cuando retomó su cátedra después decinco años de ausencia, durante los cuales sorteó con varia fortuna la acusación deherejía elevada por sus enemigos ante el tribunal de la Inquisición.Pues bien: si ese notable “Decíamos ayer…” fuera cierto, si el hambre, losinterrogatorios y las miserias de la mazmorra y la iniquidad de los carceleros hubieranpasado en vano, la historia no tendría sentido. “El propósito de abolir el pasado –escribió Borges en su ensayo sobre Nathaniel Hawthorne – ocurrió en el pasado y –paradójicamente – es una de las pruebas de que el pasado no se puede abolir. Elpasado es indestructible: tarde o temprano vuelven todas las cosas”.Sigamos entonces por ese camino. En el caso de fray Luis, el pasado volvió pronto ycon fuerza demoledora en su causa de beatificación, durante la cual el papa de turno senegó a llevarlo a los altares (así se decía una vez: “llevarlo a los altares”), alegandoque, cuando los restos fueron exhumados, su mortaja apareció horriblementedesgarrada. Los investigadores concluyeron que el candidato a santo fue enterradovivo, lo que lo llevó al desespero. Explicaron entonces que la condición esencial de lasantidad es la paciencia y, sin más, ordenaron archivar el proceso. ¿Y qué querían?¿Que se resignara y aceptara esa muerte horrible como un paso feliz hacia la gloriaeterna? Si así fuera varios santos, entre ellos San Francisco de Asís, san Judas Tadeo,santa Teresa de Jesús, santa Bárbara bendita (la destituida patrona de las tormentas),nuestro san Ezequiel Moreno y la nueva beata, la ya casi santa Teresa de Calcuta,estarían en el más profundo de los infiernos. ¿Por qué? Porque a San Francisco lodesesperó el boato del pontificado y de las órdenes religiosas; porque a san JudasTadeo lo desesperó la miseria de los ricos; porque a santa Teresa de Jesús ladesesperó la pasividad de las mujeres; porque a santa Bárbara bendita la desesperaronlos rayos y centellas que llovieron sobre su inocente cabeza; porque a san EzequielMoreno y Díaz lo desesperaron los liberales de su diócesis de Pasto; y porque a la casiya santa Teresa de Calcuta, la desesperó el hecho de recibir la condecoración del NeneDoc sin el chequecito correspondiente.Por eso, aunque este asunto de la santidad importe un pito, digo que quienesrechazaron a fray Luis en el proceso de marras se equivocaron de medio a medio. FrayLuis fue un místico de altos quilates, y el insignificante desgarramiento de un sudario notiene por qué devaluar de un solo golpe su vida austera o su inspirada traducción delCantar de los Cantares o su minuciosa Exposición del libro de Job, escrita, cómo no, enla cárcel, o sus inolvidables poemas (Noche serena, Vida retirada…) que muchosaprendimos de memoria bajo la férula de nuestros maestros. Todo lo cual no traduceque acepte sin más ni más el tontarrón “Decíamos ayer” que lo hizo famoso. Entre otrascosas porque hoy, cuando es difícil encontrar quien haya leído siquiera a trancas y amochas su versión del Cantar, sobran quienes lanzan un “Decíamos ayer” cualquiera
  • 95. 95para pasar por eruditos. Cicerón Pecueca, por ejemplo, debe estar a punto devociferarlo cuando lo exoneren por el asunto de INVERCOLSA. “Decíamos ayer que nosoy testaferro”, gritará, y muchos pensarán que esa es la puerta abierta hacia sucandidatura presidencial. O Morenito, que lo dirá cuando ponga la frente en altodespués de que se acabe la incómoda exploración en torno al desafuero del Banco delPacífico. “Decíamos ayer”, lanzará con su aire de inocencia, y todos quedaremossúpitos ante su impresionante estatura de estadista.Pero no iba a esto. Iba a que en el enredo de las palabras no se ha estudiado el meollodel asunto. ¿Fue fray Luis asesinado? La tarea de adelantar esa investigacióncuatrocientos doce años después del crimen, sólo podría emprenderla alguien comoEnrique Santos Molano. Sin embargo, los indicios son clarísimos. Para comenzar, frayLuis era insoportable. Una vez fuera de la cárcel siguió con su incansable faena encontra de la Inquisición, y avanzó sin temor por la cuerda floja entre su posiblecalificación de hereje y su condición de excelso poeta. De otro lado, pese a todas lasadversidades, jamás dio su brazo a torcer, y son esos temperamentos, precisamenteesos temperamentos, los que se dominan por la fuerza. Y, por último, las causasnaturales no podrían mantener un colapso por más de cinco días continuos, que fue eltiempo que se prolongó la ceremonia fúnebre. Planteo entonces como hipótesis que afray Luis le aplicaron un somnífero, luego de lo cual, para castigarlo, lo enterraron vivo.Años después, ante la insistencia de los agustinos que querían tener un nuevo beatocon el único propósito de derrotar numéricamente a los franciscanos, los mismosenemigos ordenaron la exhumación del cuerpo. Ya sabían lo que encontrarían. Y loencontraron. A partir de su desespero no hubo canonización, que es un procesoreservado a los avivatos de todos los tiempos, como la uva pasa esa que hasta no hacemucho vivía en Calcuta. Pero de la ya casi santa no queda nada, mientras que de frayLuis se conserva un vigoroso tronco poético, que se cuenta entre los mejores de lalengua castellana. Ahora, cuando el papa canoniza a todo el mundo (quien le rece asan José María Escrivá de Balaguer que lance la primera piedra), sería posible intentaruna reconsideración sobre esa medida a todas luces injusta. Fray Luis era un marginal,un ser distinto. Y esa diferencia no tiene por qué ponerlo por debajo de tantos Morenitoscomo los que abundan sin ton ni son en el santoral católico.En fin, todo esto para enlazar con lo que yo decía ayer. Aunque jamás lo dijera, y jamásquisiera decirlo.
  • 96. 96 ¿Y qué?Noviembre 1, 2003A la política que se hace en Colombia le falta política. Pierden unos, ganan otros, salenlos más, vuelven los menos, pero en todo ese tejemaneje lo único que percibe el electores una falta de horizonte. De vez en cuando los ciudadanos pensamos que todavíapodemos intervenir en nuestros asuntos colectivos, y salimos hasta las mesas devotación con el propósito de dar lecciones que creemos definitivas. Pero no. Mientrasvolvemos a nuestro silencio, los viejos y los nuevos políticos, los que ingresaron alescenario y los que, mientras tanto, desaparecieron para siempre, los que usaronchaquetas amarillas (con la mira puesta en el futuro himno, es necesario recordar queamarillo rima con Paramillo), o rojas o azules o variopintas, los que ganaron conestruendo en los editoriales pero fueron derrotados, con estruendo también, a la horade la verdad, se enredan en la mecánica de siempre, y pierden el norte.Aquí, pienso yo, piensa cualquiera, detrás de estas palabras y de estos gestos y deestas propuestas y de estas sonrisas y de estos regaños y de estas alegrías ydesolaciones, hay poca cosa. Hay, quizás, un episodio. El péndulo se mueve de laderecha a la izquierda y vuelve a la derecha, sencillamente porque ese es el oficio delos péndulos. Pero todo sigue igual. La misma guerra, la misma miseria, la mismaincapacidad, las mismas fauces voraces alrededor del presupuesto, en una palabra losmismos políticos, eso sí con distintas caras, con otros pelambres y apellidos, ¡condiferentes maletines! E igual desde el comienzo de los tiempos. Si algún caricaturista seatreviera a ponerle a la escuálida figura del ministro del Interior y la Justicia(minInjusticia) el tricornio y la casaca ad usum en la época de la Colonia, sería fácilcomprobar que nuestro mandamás es el virrey Messía de la Cerda (ascendiente suyopor el lado Cerda). Y si, por el contrario, pusiera a don José Manuel Marroquín entrance de yoga, veríamos que entre el autor de La Perrilla y su excelencia no hayninguna distancia. Su excelencia fue la que hace cien años vendió a Panamá por treintamonedas de plata, y el señor Marroquín acaba de motejar de politiquero perfumado almás leal – y obtuso – de sus conmilitones. Y pare ahí el experimento, porque para quécomprobar que el doctor Gavirica es Juana la loca, o que el general Mora Rangel es lamula cascorva que se turnaron los próceres de la patria boba, o que el autoproclamadoprecandidato Vargas Lleras es una edición recalentada del doctor Goyeneche. Aunqueno sobraría un fresco monumental que dejara constancia para la posteridad de variosde estos pormenores. Reconocer al doctor López Michelsen de ahora en la figura deldoctor López Michelsen que alguna vez fue el hijo del ejecutivo, sería saludable. Y aAndrés Pastrana en su condición de Lorencita Villegas de Santos, tomando té aescondidas con Gabriel Turbay (a escondidas por el té, dado que era bien visto tomarchocolate), recuperaría para la historia la razón de ser de los cabellos plateados. Y veral derrotado júnior Turbay bailando El Polvorete con monseñor Castrillón Hoyos antesde que lo elijan papa, le haría justicia a Turbay sénior. Aparte de las mil y unaposibilidades que ofrecen los protagonistas y las protagonistas de nuestra parroquia.Morenito, por ejemplo, trepado en la estaca del Banco del Pacífico con plumaje de lora,gritando “¡quiero cacao, quiero cacao!”, y abajo la académica doctora María Isabel
  • 97. 97Rueda (¿que no es académica?), corrigiéndole, en traje de don Marco Fidel: “No digausted cacao: diga cacado, no sea guache”.En fin, que aquí no pasa nada. Cambian las caras, de modo que Angelino, el ministrode Pastrana, es gobernador del Valle, ¿y qué? Y Fajardo llega a la Alcaldía de Medellína cumplir los acuerdos firmados con los paramilitares, ¿y qué? Y los de siempre lloran yhacen crujir los dientes porque Bogotá eligió a un socialista, ¿y qué? Porque en todoeso lo que hay es una epidermis, una tenue capa de maquillaje sobre nuestro cadáver.Mientras no haya partidos políticos, mientras no se dejen de lado la pereza de laideología y la ambigüedad de la imagen, mientras se acepten juegos malévolos en loslinderos del Código Penal (¿no es la propuesta frustrada de Londoño sobre laampliación del umbral una trampa idéntica a lo que hizo con los fondos de Invercolsa?),todo lo que hoy ocurra, así sea tan positivo como el derrumbe del referendo y el repuntede las opciones de izquierda, será rebasado en pocos días por la coyuntura.No quiero ser la eterna Casandra. Pero, al igual que al resto de los colombianos aquienes nos llenaron de satisfacción los resultados electorales del sábado y el domingo,me gustaría advertir en las propuestas y programas algo más que la felicidad del triunfo.Sí, se sabe que Bogotá no puede seguir siendo el Palacio del Ladrillo, como alguna vezfue el Palacio del Chunchullo y luego el Palacio del Chanchullo. Esas son las buenasintenciones. Pero ¿dónde está la estructura política que le dé proyección a losanunciados programas de salud, a la educación pública, al reordenamiento de losservicios domiciliarios, a la refinanciación con base en una renovada y equitativadistribución tributaria? ¿Hay alguna solidez detrás de tanta frase chusca, de tantoacierto verbal, de tanta propuesta administrativa? Esperemos que sí. El país necesitauna nueva clase política. Pero la clase política no puede seguir obedeciendo a laimprovisación, al desconcierto, a la ausencia de una propuesta fundamental, al caosgeneralizado.Echando mano de un viejo concepto, rebasado por las mediocridades de la época,deberíamos exigir que la política volviera a ser del pueblo. Ese podría ser un punto departida. Porque si las cosas siguen como van, los nuevos políticos de hoy simplementeserán los viejos políticos de mañana. Y si las cosas son así, lo poco que se ha logradono vale la pena.
  • 98. 98 You’ll take UrabáNoviembre 6 de 2003Quizá por falta de perspectiva, la celebración de los cien años de Panamá nos haservido para muy poco. ¿Qué dirán, qué podrán decir los atildados historiadoresbogotanos del año 2110 o del 2113 sobre lo que fue el proceso que llevó a laindependencia de la república del Urabá en medio de una aguda confrontación deintereses despiadados y de masacres sin nombre?Si intentáramos una aproximación más allá del tiempo y del espacio, veríamos cómo elpapel de su excelencia no es otro que el del señor Marroquín y su perrilla. Según se hapublicado hasta la saciedad en estos días, el quisquilloso gramático estaba máspreocupado por arrasar a los liberales que por defender la integridad del territorio, y nisiquiera el día en que le anunciaron que Panamá se había separado de Colombiapareció percatarse de la importancia del asunto. Cien años más tarde su excelenciaestá obsesionada con el triunfo sobre unas guerrillas que juegan con ella al gato y alratón (siendo ella el ratón), y no se da cuenta de que el enemigo, el verdadero enemigo,toma asiento en los consejos de gobierno por interpuesta persona, despacha en unedificio blindado lateral al de la Fiscalía, y habla hasta por los codos de asuntos que nole conciernen.Los protagonistas son otros, claro está, pero la situación es la misma. Un territorioabandonado y potencialmente importante para los intereses estratégicos del imperio,una guerra insoluble, un descalabro de la economía, una miopía generalizada dequienes tienen a su cargo los asuntos del Estado. El zarpazo no va a ser cosa de estosdías, pero permanece latente como una posibilidad digna de análisis. Hace cien años,los Estados Unidos necesitaban afirmar su dominio sobre el resto del mundo, y veían laposibilidad del canal interoceánico como un as marcado y puesto a su servicio. Sindistinción de ninguna especie, los dirigentes colombianos del momento aceptaban esahipótesis como un imperativo, y cuál más, cuál menos, todos estaban dispuestos aceder los derechos del país a cambio de un espaldarazo de Norteamérica a susexpectativas políticas domésticas. En la separación de Panamá jugó un papelimportante la manipulación de los pequeños apetitos, que Wall Street orquestó a las milmaravillas a través del señor Cromwell, pero el principal factor fue nuestro desbarajustepolítico, que les sirvió en bandeja de plata a los piratas internacionales la posibilidad dedisponer a su amaño de ese territorio.Pues bien, hoy no sucede otra cosa. La guerra ya no es lo que era, pero hay presenciasoprobiosas, cuya tarea no se acaba de dilucidar a cabalidad. Por ejemplo, la de CarlosCastaño. O la de Luis Alberto Moreno. ¿Les ha informado el mínimo embajador a lasautoridades de los Estados Unidos que el propósito del país es inequívoco en ladefensa de su integridad geográfica? Me permito dudarlo. Hace cien años el presidenteRafael Reyes, destituyó a Diego de Mendoza, su embajador en los Estados Unidos,¡cuando descubrió que intentaba defender los intereses de Colombia! En estaoportunidad no habrá destituciones de por medio, porque a su excelencia y a su
  • 99. 99embajador y a su ministro y a su cardenal y a su brazo armado y a su paramilitar y a subancada, lo único que les importa es acabar con su contrincante. Todos ellos participaníntegramente de los principios que animan a la agenda norteamericana para estospaíses, en la cual hasta el último espacio está ocupado por la lucha contra elnarcotráfico. Lo que importa allá y acá es disimular que se quiere acabar con eseflagelo a través de un equívoco que permitirá prolongar el conflicto hasta que ellosquieran y garantizará la obtención de las ganancias que deseen en el volumen que lesapetezca. Ese es el juego que jugamos. Aquí, como ocurrió hace cien años, el país esla última prioridad, y para entregárselo al peor postor se dispone de todo el tiempo delmundo. No se va a ganar la guerra contra el narcotráfico, no se va a ganar la guerracontra la guerrilla, no se van a solucionar los problemas de orden público, la crisis seprofundizará al máximo, a su excelencia la seguirá el presidente Peñalosa que mandarápavimentar el río Magdalena y al presidente Peñalosa lo seguirá el presidente Morenitoque recibirá un país y entregará tres. Todo récord, inclusive el de Marroquín, tiene a unMorenito en su futuro.Eso, desde un punto de vista macro. Porque las cosas en pequeña escala, exigen quepara reinsertar a unos delincuentes comunes como los que se quieren reinsertar acualquier precio, alguien se invente un país de bolsillo en el que Castaño pueda serpresidente de la República y Pedro Juan Moreno vicepresidente y Rito Alejo del Ríocomandante de las Fuerzas Militares y Carlos Arturo Marulanda fiscal general y Visbalmininjusticia. Ojalá dentro de cien años se cuente la verdadera historia del proceso quevamos a vivir impepinablemente, tal como ocurrió con el de Panamá, que encuentra sudimensión exacta en el libro de Ovidio Díaz Espino. Pero, sin adelantarnos a losacontecimientos, digamos que la república soberana del Urabá tendrá a su cargo unaserie de grandes y de pequeños objetivos. Los grandes, servir de punto de equilibrioglobal en una zona donde la riqueza no se mide en minas de uranio sino enbiodiversidad. Los pequeños, ponerle un punto final – y macabro – a nuestrahecatombe.Pensemos entonces en el himno, la bandera y el escudo. El himno, dos estrofasescritas y musicalizadas por Diomedes Díaz, donde se rinda homenaje a Paramillo y alos calzoncillos y a los pillos. La bandera, de color castaño con bordes morenos ymorenitos. Y el escudo, dos motosierras cruzadas sobre un campo de agramante llenode calaveras. Ah, ¡y la imagen institucional! La imagen institucional a cargo del fiscal dela cara de yo no fui y de su sartal de miserias y absoluciones.
  • 100. 100 El reino del espantoNoviembre 29 de 2003Se entrega un grupo de paramilitares que no son paramilitares, y los protagonistas delreino del espanto se estremecen de asombro. De inmediato, la desvaída figurapresidencial remonta en las encuestas, los políticos de media petaca se hacen loslocos, los jefes de las bandas de sicarios hablan del futuro colectivo en su condición denuevos próceres, el psiquiatra de la ternura anuncia un segundo tomo de su libro, elalcalde saliente de Medellín toma medidas extraordinarias que lesionan en materiagrave el presupuesto nacional (por un lado compra platos de lujo y por el otro nos dejalos platos rotos), y los medios, todos los medios, cierran los ojos para dejarse arrastrarhacia el despeñadero definitivo. Pero algo comienza a marchar mal en el tinglado. Talvez el hecho de que quienes rodean al príncipe piensen todavía que aquí nadie se dacuenta de nada. Y no. Acá, hasta las hermanitas de los pobres saben que se trata deuna farsa. Claro está que el complacido aplauso que lanzan los de siempre no deja verque, en el foso, el país que votó por su excelencia comienza a tener miedo. Un miedocerval provocado por los protagonistas (¡sobre todo por esos protagonistas!), por lo quepueda pasar a partir de una reinserción que no reinserta a nadie, por las amenazas desiempre, por las nuevas amenazas. Un miedo que paraliza porque detrás de esaextraña mezcla de lobo, zorro y súcubo que lo distingue, el gobierno, muestra lasgarras. Tonto país, inocente país, ¡pobre país! que a pesar de todas las advertenciasque se le hicieron puso el cuello en la guillotina y que hoy se aterra porque siente elinminente desprendimiento de la cuchilla.Sobra decir que en este asunto nos jugamos más que la reinserción de un grupo dedelincuentes comunes reclutados de afán, entrenados de afán, y armados de afán conlas armas que no son. Nos jugamos mucho más que el perdón y olvido para loscrímenes atroces de Castaño y Mancuso, y la estatua que le construirán en Envigado a“don Berna”, el narcotraficante que ahora lanza proclamas estridentes que caen sobreel país como una nata espesa. Tal como se plantea, esa paz es un imposible ético. Enella se elimina de un solo tajo la justicia, y el régimen político se hace a un lado paradarle cabida a la razón de la metralleta. Si las cosas siguen como van, no será extrañoque dentro de poco comiencen a desaparecer en Colombia los elementos mínimosnecesarios para que subsista esa democracia de cartón que nos distingue. No hacemucho, en un reportaje que le concedió a la agencia EFE, Javier Sanín sostuvo que elpaís avanza por el camino de la fujimorización. Grave perspectiva, y aún peor si setiene en cuenta que nuestro Montesinos desapareció – sin desaparecer – en medio desu cortina de humo, y que la perversidad de Uribe jugará al gato y al ratón con el pobreSabas. Por lo menos, dos seres del averno podían llegar a neutralizarse. Pero el pobreSabas… ¡ni siquiera se sabe qué decir del pobre Sabas!Estamos lejos de la paz. La paz es un proceso en el que juegan decenas de elementoscomplejos, y no únicamente el miedo a la violencia. Lo que tenemos ahora como basede esos monólogos a los que llaman diálogos y de esas imposiciones que se dicenacuerdos, no es otra cosa que el miedo a la inviabilidad del país. Aunque la fórmula de
  • 101. 101su excelencia es autónoma, tiene puntos de contacto con la entrega de las guerrillas delLlano en la época de Rojas Pinilla. Quienes llegaron al poder en ese entoncesamnistiaron a quienes habían actuado como sus batallones irregulares en la lucha sincuartel entre los dos partidos. No podía ser de otra manera. En esta ocasión, el Estadoreconoce que los paramilitares han sido sus batallones irregulares en la lucha sincuartel contra la guerrilla. Pero los lamentables resultados de hace cincuenta años,deberían servirnos de preaviso sobre lo que nos puede suceder en el futuro. La lecciónes clarísima: sin una justicia que repare el daño moral y económico del Estado (delhipotético Estado) y de las víctimas, y que ayude a la recuperación de la memoriaindividual y colectiva, será imposible avanzar por el camino de la paz.Hablo de amnistía sabiendo exactamente lo que digo. Aquí, duélale a quien le duela, loque hay es una amnistía, así se disfrace con otros nombres, que se repite hasta elcansancio en otros muchos episodios de nuestra vida colectiva. En este país laamnistía para los poderosos y los violentos es una norma de conducta. Porque,díganme ustedes, si la escogencia del general Ospina como comandante de lasFuerzas Militares, no es una amnistía por los crímenes de lesa humanidad quecohonestó en la IV Brigada, ¿qué cosa es esa escogencia? Y si el posiblenombramiento de Fernando Londoño como embajador en Suecia no es una amnistíapor la defraudación de INVERCOLSA y otras varias defraudaciones, ¿qué cosa es esenombramiento? Y si el silencio en torno a la sanción que le impuso la Procuraduría a laseñora Kertzman y, por consiguiente, su permanencia al frente de nuestra embajada enCanadá, no es una amnistía por su participación necesaria en el desfalcomultimillonario del Banco del Pacífico, ¿qué cosa puede ser ese silencio? Y si laexención del aumento del IVA a la cerveza (mientras se grava a las pensionesmiserables de los jubilados) no es una amnistía patrimonial a favor de Santodomingo,¿qué cosa es esa exención?La amnistía que beneficia a un grupo de desharrapados delincuentes comunes de lossectores marginales de Medellín, no es más que una burla sangrienta. Los paramilitaresde verdad, sobra decirlo, permanecen en sus trece. Por dos razones: porque elgobierno no va a salir porque sí de su ejército de sicarios, y porque nuestro oficio, ¡nofaltaba más!, es el de seguir siendo asesinados. ¿Acaso no es eso lo que siempresucede?
  • 102. 102 Breve noticia sobre la libertadMarzo 13 de 2004No son buenas las noticias que nos llegan a diario sobre la libertad.En efecto, sin darnos cuenta hemos comenzado desde hace mucho a seguir los pasosde Aladino y a cambiar nuestra lámpara vieja del derecho a existir, por la lámparanueva del simple derecho a estar dentro de un mínimo espacio de supervivencia.Para sobrevivir en las condiciones infames en que hoy sobrevivimos, lo primero que lehemos entregado al mago que pregona en nuestra puerta las maravillas de ese extrañonegocio es el oficio del pensar. Pensemos, siquiera a vuelo de pájaro, sobre el hechodel pensar. ¿Cuál sería, aquí y ahora, nuestra forma de pensar? Dicho de otra manera,¿estamos dispuestos a pensar? ¿Queremos pensar? ¿Podemos hacerlo? Voy a partirde una hipótesis sencilla: los seres humanos hemos abandonado a su suerte elejercicio del pensar. Y henos aquí, con las manos atadas, sometidos al arbitrio delpoder. No hablo del poder político, que hace mucho dejó de ser el poder. Hablo de esepoder ambiguo e inasible que se esconde detrás de mecanismos sugestivos, creadospara manipular un ente deleznable, la opinión pública, que, si existió alguna vez, sólo lohizo como excepción. En una lista que no es exhaustiva, dentro de esos mecanismosestán la publicidad, los media y las encuestas. Sin saber cómo, hemos llegado a seruna ficha más en la patética masa que existe para no darse cuenta. No voy a repetir,por elemental, la historia del hombre que sale de su trabajo y, que, sin saludar a sumujer, sin percatarse de la existencia de sus hijos, y sin comprender para nada lo que lorodea en su entorno inmediato, se sienta frente a la pantalla del televisor a masticarnoticias construidas para él con un determinado propósito, juegos deportivos cada díamás plásticos, y palomitas de maíz. A ese individuo, que es la caricatura dramática dela imposibilidad absoluta en que estamos los seres humanos de avanzar hacia unarespuesta ética de nuestra existencia, le basta tener a mano una lata de cerveza paraconsumirse con tranquilidad en su desolación. Porque él se sabe a sí mismo – y se vivea sí mismo – como la imagen de su desolación. Es analfabeta funcional. Ha perdido eluso de la palabra. Intuye que su único ejercicio es el de vegetar. Nació, si puededecirse que nació, y creció, si la adquisición de un volumen es una especie decrecimiento, y se reprodujo, si es reproducirse el hecho de tener hijos sin plantearse laurgencia de ser padre, y ese ejercicio mecánico lo ha convencido de que su única razónde ser es la muerte. Obedece entonces a ciegas las indicaciones que descubre en suinconsciente como inocuas frente a la inutilidad de su existencia, pero vive, sin saberloquizás, el desarraigo. Un íntimo desarraigo. Y es este último el que le da su razón deser ser humano y el que nos regresa al punto de partida de un proceso inicuo que esnecesario reconstruir para que no desaparezca, sin saber cómo, el ejercicio esencial dela libertad.No somos seres libres. Paso a paso el poder ha tejido a nuestro alrededor una redinextricable que nos ha alejado peligrosamente de la ética, entendida esta comoSabater la entendió alguna vez: una reflexión sobre la libertad. Sometido mediante los
  • 103. 103cantos de sirena de la sociedad contemporánea, el ser humano no se ha dado cuentade que le ha vendido su alma a un diablo que se ha revestido de autoridad. Alrededordel ejercicio ciudadano, que constituyó hace doscientos y más años el horizonte de lalibertad, se ha tendido la normatividad de un callejón sin salida. La urdimbre es sutil.Una norma lleva a otra norma y las dos normas unidas constituyen las dos premisas deun silogismo, cuya conclusión es, a la vez, la primera premisa del próximo silogismo. Unsimple registro de nacimiento prende todas las alarmas, de manera que en poco tiempoese ser que tenía la vocación de ser feliz, se encuentra con la espesa red de deberesque lo aprisionan como una telaraña. No hay documentos autónomos. Cada vez quealguien firma un papel que especifica todavía más su identidad, se hunde en unaesclavitud que le permite relacionarse con los demás siempre y cuando esté dispuestoa pagar, y a pagar abundantemente, por ello. El poder se ha convertido en un ejerciciodespiadado, al servicio de unos pocos propietarios de todo lo que nos rodea, la salud, eltrabajo, la seguridad social, la infraestructura física, y, aún más grave, el pensamiento,la palabra, la política, la ética. Lo que hasta no hace mucho nos pertenecía a todos, hoyes de unos pocos. El año pasado hubo sesenta muertos en Bolivia, cuando losindígenas quisieron rebelarse contra quienes se declararon dueños del agua. Ahora hayquienes se declaran dueños del espacio sideral, o dueños del aire, o dueños del mapagenético. ¡Dueños del mapa genético! ¡Dueños de la expectativa de conquistar algúndía a Marte! ¡Dueños de lotes en la Luna! El absurdo de una sociedad en la quedesaparecieron las ideologías, en la que – dicen – murió la historia, en la que la políticale dio paso a las corporaciones, y en la que el éxito es la única expresión posible de loverdadero y de lo bueno, se hace evidente en un universo donde los débiles carecen decualquier derecho menos el derecho a desaparecer. Miren ustedes a su alrededor. ¿Eslícito llamar sociedad a un grupo inhumano donde los viejos que no lograron en sumomento ubicarse dentro del plan de seguridad social deben trabajar hasta el mismodía de su muerte en oficios despiadados? No creo que esa sociedad, esta sociedad,merezca el nombre de sociedad. Nuestros viejos, nuestros niños, nuestros indigentes,nosotros mismos padecemos una forma cada vez más evidente de esclavitud. Ignorohasta qué punto sea ético un enunciado según el cual “el que no trabaja no come”. Porlo menos ignoro hasta qué punto lo sea ahora, porque con el prurito de combatir uno delos siete pecados capitales, el que no trabaja hoy por cualquiera de las razonespoderosas que a veces se tienen para no trabajar, no come pero tampoco tieneservicios de salud ni puede educar a sus hijos y ni siquiera tiene el derecho de morir enpaz.Durante siglos se nos enseñó que nadie debe discutir el imperio de la ley, se nos obligóa respetar la norma, a acomodarnos a las disposiciones a veces inexplicables de losgobernantes. Y sí que aprendimos la lección. Pero no nos hemos dado cuenta de que laley ya no es lo que solía ser la ley. Antes la ley estaba hecha para proteger el biencomún, se dictaba en beneficio de todos los asociados. Hoy conserva esa apariencia,pero el propósito que la anima es muy distinto. Para hacer esa afirmación me basosobre un hecho evidente: las sociedades se han polarizado entre los muy pocos que lotienen todo, y los muchos, muchísimos, que nada tienen. Hay algo que no estáfuncionando demasiado bien en ese esquema. El hombre, el “triste, solitario y final” serhumano de siempre, es el mismo en cualquier rincón del mundo por apartado que sea.Y dentro de ese género al que todos pertenecemos, dentro de esa geografía que es la
  • 104. 104nuestra, dentro de esa historia en la que estamos inmersos, no hay millones nicentenares de millones sino miles de millones de seres vivos, con verdad, coninteligencia, con conciencia, con derechos elementales, que no disponen siquiera de lascondiciones necesarias para sobrevivir. Miles de millones de seres vivos que están pordebajo de la línea de pobreza, algunos de los cuales, los que no llegan siquiera asuperar el estado de miseria, en las crueles palabras de los organismos económicosmultinacionales, no son viables. Pues bien. Un solo ser humano inviable debería seruna carga ética capaz de derrumbar cualquier estructura económica, por poderosa quefuera. Un solo niño que muera de hambre debería arrasar hasta sus cimientos acualquier imperio. Pero hemos creado un caparazón de insensibilidad alrededor deasuntos que nos afectan a todos. Con frecuencia se oye: ¡problema de ellos!¿Problema de ellos? Pienso que no tenemos por qué compartir semejante exabrupto.Para que podamos subsistir como especie debemos regresar a una vieja idea filosófica,según la cual el hombre sólo puede hacerse hombre en su relación con los demáshombres. Y sólo en caso de aceptar ese principio, podremos reencontrar el caminoperdido, cuya única vocación posible es la ética y, no sobra decirlo, la libertad.
  • 105. 105 La hermosa utopíaMarzo 20 de 2004Sin saber ni cómo ni cuándo ni por qué, la democracia desapareció como sistema. Talvez nunca llegó a ser nada más que una hermosa utopía.En 1941 Roosevelt la definió como la herramienta adecuada para garantizarles a todos“igualdad de oportunidades, empleo, seguridad social, protección de las libertadesciviles y participación en los frutos del progreso científico, dentro de un nivel de vidacreciente y compartido”. Pues bien, nada de eso fue posible en el despropósito de unmundo que se ahogó bajo la tiranía de las corporaciones. Quizá porque se sientedemasiado seguro en medio de la mediocridad que nos agobia, el poder muestra condescaro los mecanismos cada vez más baratos que utiliza para manipular a losdesposeídos. El terrorismo, por ejemplo. Mientras el verdadero terrorismo, que es lainjusticia en cualquiera de sus múltiples formas, se extiende como un fantasma por lafaz de la tierra, el poder lo disfraza con un turbante, le pone en la mano un maletín llenode explosivos y lo lleva a Madrid. Por favor, ¡ese no es el enemigo! El enemigo está enotra parte. El verdadero enemigo está en la forma como el poder extorsiona y aniquila alos débiles, como los convierte en los nuevos esclavos de una organización inicua yfría, que no se para en minucias para obtener sus objetivos. El enemigo no es, claroestá, el pobre sujeto político, que hoy es y mañana desaparece. Sería ridículo pensarque el enemigo pueda ser Bush, que es un títere, o Aznar, que fue el títere de un títere.Tal vez uno y otro lo sean para las víctimas indefensas de la avanzada mediática, quenecesitan un ser de carne y hueso que salga por la televisión para poder odiarlo ydespreciarlo como merece. Pero ese es el disfraz. Por fortuna, poco a poco los tontos ymanipulables corderos que somos todos hemos comenzado a darnos cuenta de quedetrás de las máscaras de cualquier especie que usan los asesinos, detrás de latorpeza elemental con que actúan los encargados de producir el hecho político, seesconde una sombra borrosa e indefinible que no está dispuesta a dar la cara mientrasno termine de exterminarnos. Ese es el poder. Por eso, aunque denunciemos a voces,primero a los medios, que cayeron en el abismo sin fondo de la complicidad con eldelito, y luego a los políticos, que se aprovechan de la coyuntura para sacar sus propiosy momentáneos beneficios, comenzamos a darnos cuenta de que ni los unos ni losotros son el enemigo. Medios y políticos son apenas el instrumento del que se vale elpoder para despojarnos de lo poco que todavía es nuestro. Ya no son nuestros lospaíses que alguna vez fueron nuestros. No son nuestros los espacios ideológicos, ni lasempresas culturales ni el pensamiento ni mucho menos la ajena economía. Hasta hacecien años posiblemente eran nuestras las palabras en cualquiera de susmanifestaciones, pero el poder se apropió de ellas y las hizo adjetivas. Hoy hablamosun lenguaje de algodón. Este texto está hecho de algodón, y usa formas ambiguas.¿Expresa lo que quiere expresar? Es posible que no, porque las palabras se han vueltoajenas, porque entre el lenguaje y lo que se quiere – y se debe – decir hay un espaciomuerto que pertenece al poder, al enemigo. Cuando alguien tiene la capacidad deexpresión que se nos niega con frecuencia, llega el poder y por medio del mercado seapodera de su alma. ¿Un ejemplo? Dalí es un buen ejemplo. O Pavarotti. O Christian
  • 106. 106Barnardt. O Carlos Fuentes. Todos ellos se entregaron con armas y trebejos alenemigo.En manos de esas organizaciones y personas, la democracia deja a pasos gigantescosde ser la democracia. Nunca lo fue de manera perfecta. Pero los defectos que tuvo quesoportar en el pasado, se han vuelto de tal manera sutiles que hoy aparenta tener unasalud a toda prueba, siendo apenas, como es, un pobre cadáver maquillado. El poderha construido a su alrededor el anillo gelatinoso e indestructible de la imagen. De vezen cuando nos convoca a defender la democracia. Y allá vamos, luchando a brazopartido por el interés de las corporaciones, por el bienestar de los poderosos, por laperpetuación de las iniquidades. Es urgente denunciar ese esquema. Es necesariodestruirlo.La única defensa que tenemos contra ese poder perverso y pervertido es el derecuperar las herramientas formales que le entregamos hace mucho. La información,por ejemplo. Por ejemplo las elecciones. Ni la una ni las otras pueden seguir siendomanipuladas por los agentes a sueldo del enemigo. Comencemos por entender queeste último ha convertido a la oposición en la otra cara de la misma moneda. Pero es lamisma moneda. Entendamos también que los medios son un apéndice más de lascorporaciones. Es inicuo, para poner cualquier ejemplo, que el periódico más antiguo yprestigioso de Colombia haya caído en pies de una cervecera. De esas elecciones, deesa oposición, de esos medios, de ese discurso, de esas propuestas sin contenido, nopuede esperarse nada. ¿O acaso puede esperarse algo de la nueva edición del PSOE,un partido que se derrumbó en medio del peor escándalo de corrupción que se hayaconocido en Europa en mucho tiempo? ¿Puede esperarse algo del hecho de que losrepublicanos en los Estados Unidos prometan llevar a cabo en la hipotética segundaadministración Bush las reformas que el mismo Bush torpedeó a lo largo y ancho desus primeros años? ¿Puede esperarse algo, si es que puede esperarse algo, de laszancadillas que comienza a ponerse el señor Lula?Todo eso, repito, es la apariencia. Detrás el poder, el verdadero poder se ríe acarcajadas de nosotros y de los payasos que hoy sí y mañana también nos entregacomo carnada. Pues bien. Esa democracia no es la democracia. Paradesenmascararla, comencemos por recuperar para ella su condición de utopía. Devigorosa y sólida utopía.
  • 107. 107 Los fantochesAbril 1 de 2004Los PolíticosCuando los fantoches tomaron figura corporal como nosotros, se hicieron políticoslatinoamericanos. Para precisar lo que quiero decir, valdría la pena transcribir lasacepciones que trae el Diccionario de la Real Academia. "Fantoche. 1. Títere o figurillaque se mueve por medio de hilos. 2. Sujeto aniñado de figura pequeña o ridícula. 3.Sujeto informal o vanamente presumido".Cualquiera: usted, usted... puede ubicar a su político preferido en una de las tresdefiniciones. ¿No es cierto que se ajusta a la perfección? Yo, por ejemplo, pondría aÁlvaro Uribe. Esta semana le dieron catorce segundos en la televisión gringa, cuandofue de rodillas a suplicar que prolongaran el Plan Colombia y, para lograrlo, ofreciófirmar un tratado bilateral de comercio que desde mediados de mayo tratará de acabaren un dos por tres con lo poco que queda de país. Ahí estaba, aniñado, con su figurapequeña y ridícula, dejándose mover por medio de hilos, pero presentando, eso sí, unaimagen informal y vanamente presumida. Mejor dicho, el fantoche perfecto. Y a sualrededor, otros fantoches más, todos perfectos.Ahora, una condición esencial para ser fantoche es la de vivir en la ignorancia absolutade que el interesado es fantoche. El rey de España, por ejemplo (lo que tiende ademostrar que el mal se extiende por el mundo entero como una epidemia) estáconvencido de que él es el rey. Poco a poco, en medio de la ficticia solemnidadpalaciega, el rey se convierte en una campaña publicitaria. El rey jugando tenis; el reybesando ancianitas; el rey paseando por una calle perdida de Sevilla; el rey usandoloción XX para después de la afeitada. Y como el rey, muchos otros políticos y"dirigentes". Puros fantoches, simple y llana fantochería.¿Y qué me dicen de Vargas Llosa? No hace mucho, Vargas Llosa estuvo en Bogotápara presentar su increíblemente sugestiva última novela. No sé por qué los fantochesque escriben y hacen política, siempre tienen para presentar una "última novela". Puesbien, en el caso de Vargas Llosa se trata de "El paraíso en la otra esquina", en la que,alrededor de la figura de Gauguin y de su abuela Flora Tristán, el fantoche del "boom"defiende el vigor de las culturas marginales. Bien, aplausos en la galería. Pero, claro, elfantoche es fantoche. Y he aquí que en Bogotá borró con una mano lo que escribió conla otra. En efecto, en una de sus conferencias de prensa (fantoche que se respetesiempre tiene "conferencias de prensa"), despotricó contra los indígenas. La noticia, yavieja, no la leí en ninguno de los desabridos periódicos de Colombia, cortados con lamisma tijera aséptica y enfermiza. La trajo ARGENPRESS, el 15 de noviembre, y laguardé como muchos otros recortes que conservo en el prontuario del mundo defantoches en el que nos tocó vivir. Cuenta la agencia que el escritor pidió combatir losmovimientos indígenas de Perú, Bolivia y Ecuador, que son "un peligro para lademocracia debido al desorden social que crean". Al absurdo de esa declaración se
  • 108. 108suma el despropósito de haberla formulado pocos días después de que los indígenasbolivianos sacaron a sombrerazos a Sánchez de Lozada no sólo por su posicióninsignificante frente al ALCA, sino por haber fusilado a 60 manifestantes pacíficos queexigían mejores condiciones de vida. A Vargas Llosa lo único que le interesa es el perfily la fotografía. Ah, y el Nobel. Puro fantoche.Todo esto podría demostrar que una de las condiciones esenciales del fantoche es laimbecilidad. En este terreno hay un ejemplo superior: Bush, y otra vez estoy fuera deLatinoamérica, es un fantoche con toda la barba. El 21 de febrero del 2003, UmbertoEco publicó en "El Mundo" una antología de sus frases célebres. Lean esta, captada alvuelo en una entrevista que concedió a la Associated Press el 18 de enero del 2001:"Sé que en Washington hay muchas ambiciones. Es natural. Pero espero que losambiciosos se den cuenta de que es más fácil triunfar con un éxito que con un fracaso".O esta otra, que dijo en Austin el 20 de diciembre del 2000: "El gas natural eshemisférico. Me gusta llamarle hemisférico en la naturaleza, porque es el producto quepodemos encontrar en el vecindario". ¿Qué clase de cabeza puede soportar frases desemejante calibre? Sólo hay una respuesta posible: la cabeza de un fantoche.Podría decirse que la fantochería es una enfermedad de los políticos de nuestro tiempo.Dentro de ellos, Menem, claro está, se lleva las palmas. ¡Qué presunción y quéinmenso vacío! Nadie, que yo sepa, ha perdido su tiempo en publicar su iconografía,que va de las patillas de malevo porteño a la sofisticada figura del consorte de CeciliaBolocco. Pero esa transformación esconde a un defraudador, que es otra condiciónesencial del fantoche. Vargas Llosa es un defraudador de la palabra; Bush de lainteligencia; Uribe de la ética... Menem es un fantoche defraudador de la palabra, de lainteligencia, de la ética y del tesoro público. En el primer tomo de los "Cuadernos deLanzarote", cuenta Saramago que en alguna ocasión, Menem "hablando en un actocultural cualquiera, resolvió introducir en el discurso, que obviamente no había sidoescrito por él, algo de su propia cosecha, y no encontró nada mejor que declarar que suvida había sido influida de manera profunda por la lectura de las novelas de Jorge LuisBorges... Y en otra ocasión, valientemente, afirmó que su libro de cabecera era la ObraCompleta de Sócrates". Si los periodistas fueran periodistas, alguno le debería haberpreguntado: ¿De Sócrates Contreras?, con lo cual el fantoche hubiera quedado como loque es: un fantoche. Un fantoche al que le acaban de descubrir nuevas cuentassecretas por 600 mil dólares, y dos aviones privados que jamás declaró. Y un fantocheque se casa con una ex miss universo, para ayudarla a que, dada su edad provecta,siga siendo eternamente miss.Fantoches. Los políticos son puros, llanos y auténticos fantoches.
  • 109. 109 Paramilitar para paramilitares4 de abril de 2004El 27 de febrero de 1997, los pobladores de Bijao del Cacarica, una población perdidaen el noroeste de Colombia, fueron invitados a un partido de fútbol. Quienes losconvocaron señalaron que la asistencia era obligatoria. No hubo carteles, porque enesos sitios se desconocen toda suerte de sofisticaciones, ni perifoneo, dado el mínimotamaño del casco urbano. Bastó “pasar la voz”. Uno de los equipos, el conformado porlos miembros de las Autodefensas Unidas de Colombia, se perfilaba como ganador. Elotro, el de los soldados del Ejército Nacional, buscaba de alguna manera salir avantedel compromiso. En medio del silencio sepulcral provocado por los acontecimientos delos tres últimos días, los vecinos se reunieron poco a poco bajo la sombra de losárboles. Fue entonces cuando los equipos saltaron a la cancha. Alguien preguntó cómopodría distinguirlos, si todos vestían el mismo uniforme y todos lucían la misma fachaferoz y llevaban terciados al hombro idénticos fusiles. “Tiene que fijarse en el letrero delbrazo derecho”, respondió otro. “Los que tienen letrero son de las AUC. Los otros, delEjército”.Tres días atrás, en su oficina de la XVII Brigada, con sede en Carepa, el general RitoAlejo del Río había puesto en marcha la “Operación Génesis”, contra el frente 57 de lasFARC. Con el apoyo de aviones provistos de bombas y ametralladoras, soldados yparamilitares llegaron hombro a hombro a Bijao, quemaron casas, saquearon lapoblación y amenazaron de muerte a los vecinos. Por eso, cuando estos supieron quehabría un encuentro amistoso, pensaron que la ola de terror comenzaba a ceder, y quelos intrusos regresarían pronto a sus cuarteles.Una vez reunidos, el árbitro hizo sonar su silbato. Cada uno de los equipos ocupó supuesto estratégico en el terreno de juego. Entonces, un ayudante trajo hasta el centrode la cancha una bolsa de fique, y vació su contenido en un punto equidistante entre losencargados de hacer el primer disparo. Los asistentes dejaron escapar un grito dehorror. El balón con el que jugarían los contendientes era la cabeza de Marino López,uno de sus amigos.Durante largos minutos el único ruido que pudieron percibir los habitantes fue el de laspatadas que daban los jugadores contra el cráneo destrozado. En medio del oprobiososol de esa mañana interminable, el equipo de las Autodefensas logró vencer dos vecesla portería de su adversario. Después del segundo gol el capitán del equipo vencedoranunció que el balón había sacado la mano (“sacar la mano” es una frase que se aplicaen Colombia a lo que ya no sirve), y que, por consiguiente, terminaba el partido.Los miembros del equipo del Ejército Nacional tuvieron que conformarse. No lesgustaba perder, pero el juego había sido limpio. El delantero, que estuvo a punto demeter dos o tres goles, se disculpó con sus compañeros. “El balón era pésimo”, les dijo.“Ojalá la próxima vez lo inflen antes del partido”.
  • 110. 110Luego, los contendientes se abrazaron y salieron a emborracharse a la tienda delpueblo. “Lo que es aquí no queda uno solo de esos bandidos”, anunció el jefe de lasautodefensas. Y todos aplaudieron.Este, claro está, es el guión necesario para una película de terror. Porque, en realidad,lo que pasó fue mucho peor.“El 27 de febrero estando allá en Bijao” – le cuenta a “Justicia y Paz” uno de los testigos– “llega un grupo de paramilitares y un militar, a eso de las 9:00 de la mañana. MarinoLópez, me dice ‘estoy con miedo, no sé si salir a Turbo’. Los paramilitares y tambiénmilitares rodearon todo el caserío. La gente ya había salido, unos más arriba, otros a LaTapa. Nos juntaron a todos, nos amenazaron. A Marino lo obligaron a bajar unos cocos.Él como con miedo, y nosotros diciéndoles, ‘ya nos vamos’. Marino les decía ‘si fuerontres días los que nos dieron’, y dijo uno ‘ustedes se van hoy’. Dos de los doce militarestomaron a Marino. Luego de entregarles los cocos, él se puso sus botas y su camisa, yles pidió sus documentos de identidad. Uno de ellos dice: ‘Ahora sí quiere el documentode identidad, guerrillero. Reclámeselos a su madre”. Y vuelven a acusarlo de guerrillero.Él les dice: ‘ustedes saben que yo no soy guerrillero’. Lo insultan, lo golpean. Uno delos criminales coge un machete y le corta el cuerpo. Marino intenta huir, se arroja al río,pero los paramilitares, lo amenazan: ‘si huye le va peor’. Marino regresa, extiende subrazo izquierdo para salir del agua. Uno de los paramilitares le mocha la cabeza con elmachete. Luego le cortan los brazos en dos, las dos piernas a la altura de las rodillas. Yempiezan a jugar fútbol con su cabeza. Todas y todos lo vimos. Ya no había nada másque decir, qué hablar. Todo estaba dicho. Endiablados, sin ninguna fe, ninguna moral.Todo gris, el alma, el cielo, la tierra. Todo se hizo silencio. Todo fue terror. Elbombardeo del cuerpo, el bombardeo del alma. La muerte se hizo un juego”.Ese fue el comienzo del año de terror que vivió la región de Cacarica en 1997. El 4 deabril, siguen los testimonios, un comando de militares y paramilitares acantonados enApartadó, le abrieron el vientre a Daniel Pino delante de observadores internacionalesque habían llegado días antes a la zona para comprobar algunas denunciasrelacionadas con los atropellos a los derechos humanos. Tratando de detener elderrame de sus intestinos, el campesino agonizó durante una hora sin que nadiepudiera auxiliarlo.El 28 de mayo del mismo año, militares y paramilitares (anoto que repetiré cuantasveces sea necesario “militares y paramilitares”) le cortaron el cuero cabelludo aEdilberto Jiménez, un vecino de Pavarandó, lo pasearon por el pueblo con el cráneocubierto de moscas y de jejenes, y lo remataron delante de la casa de sus padres. El 15de junio, en Bella Vista, Bojayá, militares y paramilitares acuchillaron en el cuello aWilmer Mena y luego le cortaron los brazos. Y después, el 26 de noviembre, militares yparamilitares sacaron de sus casas a Heriberto Areiza y a Ricaurte Monroy, vecinos deLa Balsita, les arrancaron los ojos y les llenaron de ácidos las órbitas vacías.Estos son sólo algunos ejemplos del procedimiento y de los autores materiales de la“Operación Génesis”, ideada por el general Del Río. Presionado por la comunidadinternacional, el gobierno de Andrés Pastrana lo llamó a calificar servicios. Pero en
  • 111. 111Colombia esos hechos siempre quedan impunes. Poco tiempo después, Álvaro Uribe,un político gris que quería llegar a la Presidencia de la República, le dio el título de“Pacificador del Urabá” en un banquete de desagravio. Y quedó como tal, y como tal sele conoce.Pues bien. El “Pacificador del Urabá” perdió su visa para entrar a los Estados Unidoscuando el gobierno de ese país lo acusó como sospechoso de narcotráfico y terrorismo.El pasado 12 de marzo, en su habitual rueda de prensa, el Departamento de Estadoanunció que la medida se tomó “en 1999, por los cargos mencionados, bajo ley deinmigración numerales 212 A3B y A2C”.En la misma fecha, mediante una corresponsalía generada en Washington, El Tiempo,de Bogotá, dio cuenta de algunos pormenores relacionados con el caso. “El numeralA3B, que se cita en el caso Del Río – explica el periódico – dice textualmente: ‘Se leniega la visa a cualquier extranjero que haya participado en actividades terroristas’. Elnumeral A2C, el otro que se eleva contra el general (r) hace referencia a cualquierpersona que sea narcotraficante, haya participado en el tráfico de drogas o hayacolaborado en una actividad relacionada con el narcotráfico. En el caso de terrorismo, elDepartamento de Estado se refiere a los cargos que pesaban en contra de Del Río porla supuesta conformación de grupos paramilitares cuando el general era comandantede la XVII Brigada, entre 1995 y 1997, en el Urabá antioqueño, territorio en el que sedesarrolló un agudo enfrentamiento entre las autodefensas ilegales y la guerrilla. Frentea este mismo caso la Fiscalía colombiana decidió esta semana archivar los cargoscontra Del Río por falta de méritos”.A esta medida: la preclusión de todo procedimiento contra Del Río, es a la que quisierareferirme. IIComencemos por el comienzo. La avanzada militar y paramilitar contra lascomunidades del río Atrato formó parte del desplazamiento sistemático al que han sidocondenados millones de colombianos. En este caso concreto, se trataba de desalojar aun frente guerrillero de las FARC, asentado en la zona, y de entregar el dominio delterritorio al narcotráfico y a las empresas que le han servido de fachada para que puedapresentarse en sociedad.Para quienes no estén familiarizados con la geografía de Colombia, sería necesariodecir que el río Atrato corre por una de las zonas más ricas en biodiversidad en elmundo entero. Las corrientes de agua dulce del Darién convierten a esa región en unaenvidiable reserva para el futuro.No ha sido fácil lograr que las grandes corporaciones se olviden de construir un nuevocanal interoceánico, que una al Pacífico con el Atlántico sin las dolencias y quebrantosdel canal de Panamá. Se sabe, además, que allí hay reservas de uranio capaces deabastecer a las grandes industrias durante décadas. Por todo ello, los barones de la
  • 112. 112droga resolvieron que el territorio debía ser suyo y que los habitantes tenían que salir.Desde que se conocieron los primeros testimonios sobre la ofensiva, se supo que elEjército y los paramilitares iban juntos. Las comunidades no pudieron ofrecer ningunaresistencia. Se trata de gentes indefensas, dedicadas a la agricultura de pan coger y ala pesca, sin una economía consistente, sin servicios de salud ni de educaciónadecuados, y sin forma alguna de comercializar sus productos.A partir de los testimonios que se han conocido desde siempre y que se han hechopúblicos en los últimos días, me atrevería a decir que la “Operación Génesis” sóloestuvo a cargo de ese oscuro oficial que es el general Del Río, pero que fue concebidaen más altas instancias. Ignoro si alguno de los funcionarios encargados de lainvestigación que se adelantó contra él, llegó a preguntarle por el significado de lapalabra “Génesis”, porque, con seguridad, de su respuesta habrían podido sacarsevarias interesantes conclusiones. Pero lo cierto es que Del Río fue el estratega de una“operación de limpieza” alrededor de la cual se cometieron, como mínimo, doscientosdelitos de lesa humanidad que fueron relacionados por las organizaciones de defensade los derechos humanos y presentados ante el funcionario encargado del caso el 22de agosto del año 2001.Nada de eso le mereció al fiscal general, señor Osorio, ni la más mínima consideración.En la “Declaración Pública” que firmaron 67 instituciones y personas preocupadas por ladenegación de justicia que implica ese exabrupto, se lee que “se le rogó (a Osorio) queasumiera la investigación dentro de los parámetros del derecho internacional, pues eraevidente que allí no se estaba frente a crímenes aislados o fortuitos, sino frente aprácticas sistemáticas que reproducían un mismo parámetro de agresión en diversosespacios y tiempos, respondiendo a una estrategia o política que encontraba respaldo,protección o tolerancia en agentes del Estado de diversas ramas, categorías yjerarquías. El fiscal general se negó a considerar siquiera si se aplicaban lastipificaciones penales contempladas en el derecho internacional; se negó a decretar lasconexidades exigidas por la naturaleza misma de los crímenes y su contexto; se negó avincular a otros funcionarios cuyas conductas activas u omisivas constituyeroncondiciones de posibilidad fundamentales de los crímenes denunciados; se negó aexaminar el papel que cumplieron las instituciones en el diseño, determinación,facilitación y ejecución de los crímenes; se negó a enfocar la investigación con elobjetivo primordial de hacer cesar los efectos o continuidades de las conductascriminales, como lo pide el Código de Procedimiento Penal en uno de sus principiosrectores (artículo 21) y se negó a reconocer una parte civil en calidad de Actor Popular,que invocó el artículo 45 del Código de Procedimiento Penal… Esta última negativa, sinembargo, fue corregida por la Corte Constitucional al revisar una sentencia de Acciónde Tutela por denegación de justicia (T-249/03), conceptuando en su sentencia derevisión que la búsqueda de verdad y justicia frente a crímenes tan horrendos, legitimapor sí sola la constitución en Parte Civil como Actor Popular, sin necesidad de probardaños patrimoniales”.Esa es, a todas luces, una demostración palpable de algo ante lo cual la comunidadinternacional no puede cerrar los ojos. A lo largo de meses se ha dicho con insistenciaque el gobierno de Álvaro Uribe es cómplice de la acción delictiva de los paramilitares, y
  • 113. 113se han alegado como pruebas irrefutables el macabro diseño de la política de seguridaddemocrática, los pretendidos diálogos de paz con Castaño y sus cómplices, y el hechode que las organizaciones del narcotráfico no hayan podido ser desmanteladas y quecada día ocupen mayor espacio en la vida de las comunidades. La gestión del gobiernofavorece a la delincuencia organizada. Esta semana recibí un mensaje estremecedor,que en pocas palabras dice lo que todos quisiéramos decir. So pena de alargarme másde la cuenta, transcribo el párrafo pertinente:“La Costa Atlántica y muy especialmente Córdoba, es una auténtica zona de despejeparamilitar. Debería rebautizarse PARA-guay, con capital PARA-guachón, con un ríomadre PARA-ná (en lugar de Magdalena). El gobierno central ha dejado el control delorden público en manos de los paracos, evidente en todas las ciudades y centrosurbanos, por pequeños que sean. Como en ‘El Proceso’, en Montería hay ojos y oídoshasta en el mondongo. La troncal de occidente, desde San Juan hasta el Bongo, de ElBongo a Corozal, el ramal de El Bongo a Magangué, y vías aledañas, son cerradas altráfico vehicular después de las siete de la noche. Me tocó presenciar las caravanas detres y cuatro súper camionetas de vidrios polarizados volando a 130 km/h, que pasanpor el fortificado retén del Bongo, como Pedro por su casa. Son los PARA-guayos quevan de cacería. Todo obedece a un plan perfecto, pues hace poco más de un mesÁlvaro Uribe, en solemne ceremonia en Sincelejo, dio vida a un programa de dotacióncon modernos sistemas de comunicación con celulares de alta tecnología para que ‘loshacendados y ganaderos puedan intercomunicarse y mantenerse en contacto con lafuerza pública en caso de situaciones sospechosas’. El uso de la motosierra y elmachete es generalizado para rematar a campesinos ‘presuntos’. (El domingo pasadoen la noche, cerca de San Onofre, los para-guayos dinamitaron una vivienda con unadecena de habitantes adentro, la mitad de ellos niños. Luego, los trozaron)”. IIIEse es el gobierno. Un gobierno represivo, aliado con la delincuencia común, que ponelos mecanismos jurídicos que se requieran al servicio de las organizaciones delnarcotráfico. En contra de lo que sostiene el “comandante político” de los paramilitares,esta organización, que en un comienzo fue el brazo armado de los barones de la droga,es hoy el mayor cartel que opera en Colombia, y tiene ramificaciones en el mundoentero. El 11 de febrero de este año, cuando Álvaro Uribe adelantaba su fracasada girapor Europa, el presidente de Italia y su primer ministro se negaron a recibirlo. El Quirinalni siquiera mencionó la reunión dentro de su agenda, y Berlusconi alegó tener “otroscompromisos”. Pero la respuesta que se dio soto vocce apunta al meollo del problema:las audiencias se cancelaron porque días atrás, en un embarcadero del sur de Italia, lasautoridades de Policía habían decomisado un enorme cargamento de cocaína. ¿Supropietario? Salvatore Mancuso, el “comandante militar” de las AUC, aliado delgobierno de Uribe, y uno de los actores principales en las conversaciones de paz quehoy se adelantan.¡Conversaciones de paz! En ese cascarón jurídico mentiroso bajo el cual se protegeUribe, valdría la pena recordar que el Congreso de la República, elegido en un 35 por
  • 114. 114ciento por los paramilitares, al prorrogar la vigencia de la ley 418 de 1997 eliminó elreconocimiento previo del status político de los grupos por fuera de la ley como requisitosine qua non para entablar ese tipo de diálogos. Así pues, existe la herramienta jurídica:los diálogos se cumplen dentro de un marco legal aparente. Pero se trata de un marcolegal espurio, propuesto por un grupo de delincuentes para favorecer la acción irregularde otro grupo de delincuentes. ¿O del mismo grupo de delincuentes? Porque lasnoticias que se han conocido en los últimos días apuntan cada vez más a demostrarque la organización que gobierna a Colombia es una sola, cerrada y monolítica.A lo largo de meses, se ha repetido hasta la saciedad cuál ha sido el procedimientoutilizado por la administración para entregarle el poder sobre la comunidad a losasesinos de Castaño. En consecuencia, no creo que sea necesario recordar lo queocurrió en la Comuna 13 de Medellín; o los términos del discurso de Uribe enseptiembre del año pasado, al darle posesión al nuevo comandante de la FAC; o laobstrucción a la justicia por parte del Fiscal General en la investigación de la masacrede Chengue; o la entrega de los expedientes contra el general Millán a la justicia penalmilitar; o las reuniones que mantenían Mancuso y sus secuaces con Londoño y sussecuaces en el Club El Nogal, etcétera, etcétera. Pero sí me parece pertinente referirmea dos ejemplos de última hora.Uno. El pasado 15 de marzo, la Asociación Departamental de Usuarios Campesinos delArauca denunció que el ejército había presentado “como un enfrentamiento conparamilitares” la masacre de veinte labriegos en tres territorios de esa sección del país.“Desmentimos esta versión – dice el comunicado –, pues lo que se viene presentandoen estas zonas son enfrentamientos entre el Ejército Nacional y la insurgencia, el cualen medio de esta confrontación se ha masacrado este gran número de civiles a nombrede la máscara paramilitar”. El procedimiento es clarísimo. El ejército no está dispuesto aluchar contra sus aliados naturales, de modo que, una vez decidido cuál es el nuevoterritorio que debe despejarse para uso del narcotráfico, lanza una ofensiva en la quelas víctimas son aquellas personas no involucradas de ninguna manera en el conflicto.Luego presenta el resultado dentro de los parámetros que el país quiere oír. “Muertosveinte paramilitares”. “Dados de baja catorce autodefensas”. “Avanza la lucha contra elparamilitarismo”. ¿Cuáles paramilitares? ¿Cuáles autodefensas? ¿Cuál lucha es la queavanza? Porque lo que hay aquí es un disfraz burdo de la realidad contante y sonante.El gobierno no está en manos de los paramilitares: el gobierno es paramilitar.Paramilitar para paramilitares. El presidente de la República es Castaño. Uribesimplemente lo representa en las ceremonias oficiales. Porque, ya se sabe, losasesinos de Castaño y los soldaditos de la patria comparten lecho, mesa y habitaciónen varias regiones del país, y una de los posibilidades de solución que contemplan losdiálogos que se adelantan en este momento, es el de integrar a los dos “ejércitos” en unsolo gran grupo de tropas regulares. Por fortuna, pensarán los miembros del perfumadoghetto bogotano, porque, según ellos, Castaño es el único que ha podido mostrarresultados tangibles contra la guerrilla. Cocteles adentro, los atildados gentlemen delJockey Club lo consideran como el auténtico libertador del Urabá (Del Río es sólo el“pacificador”), y el próximo salvador de Arauca y del Chocó. Que Tirofijo y sus secuacesse tengan de atrás. ¿Acaso las haciendas de Córdoba, entre ellas la de ese desvaídoseñor que vive en la Casa de Nariño, no son un ejemplo de eficiencia, de producción y
  • 115. 115de paisaje? ¿Acaso el Magdalena Medio no es hoy una tierra de paz? No nos digamosmentiras: el “comandante” es el auténtico presidente de la República, y sus estrategiasmilitares causan admiración entre unos generales que no han podido ganarle siquiera labatalla al colesterol. Las legendarias batallas de La Rochela, La Chinita, Chengue,Mapiripán y Mejor Esquina, forman parte no de un prontuario sino de una gesta heroica,equiparable sólo a las de Atila y sus exterminadores. Porque aquí también se trata decompletar un exterminio. ¿Para quién? ¿Contra quiénes? La respuesta que dan losacontecimientos de cada día es inequívoca. Colombia agoniza en manos de estosseñoritingos y de estos asesinos. Y nadie, absolutamente nadie, se inmuta. Rodeandocon altos niveles de popularidad a un mandatario inepto, los colombianos somoscómplices de nuestra propia desgracia. Y, mientras tanto, la comunidad internacional semonta en su invariable caballito de batalla: hay que luchar contra el terrorismo. Puesbien, si hay que luchar contra el terrorismo, sepan ustedes que en Colombia elterrorismo es un terrorismo de Estado, que la agresión proviene de arriba, y quequienes invocan con voces estridentes la solidaridad del mundo contra el salvajismo,son precisamente los salvajes que asesinan, masacran, roban y desalojan.Y dos. En la impresionante grabación que transcribe Cambio esta semana, de unaconversación sostenida por el general Jaime Alberto Uscátegui, principal acusado por lamasacre de Mapiripán, se oye que el oficial le dice a su interlocutor: “Se comprobó (enel juicio) una cuestión que nosotros toda la vida hemos negado, que es el vínculo de losmilitares con los paramilitares”. Y luego cuenta que dispone de trescientos documentos,sacados mediante técnicas sofisticadas del computador del Batallón París. Leo: “Lospanfletos que entregaron las autodefensas en la masacre de Mapiripán los hicieron enese computador en el batallón París. Igual hicieron con los panfletos que entregaronocho meses después en Puerto Alvira, que es un municipio de Mapiripán... Losreglamentos de las Autodefensas Unidas de Colombia los hacían en ese computador.Por ejemplo, cogían un reglamento de Régimen Disciplinario para las Fuerzas Militaresy le borraban donde decía Fuerzas Militares y le colocaban ‘Para los Miembros de lasAUC’. En ese computador hicieron una contraseña, un código de comunicaciones parael jefe de los paramilitares que actuó allá (en Mapiripán), un cabo primero del Ejército,retirado, que venía de Urabá. Los aviones que transportaron la carga y los paramilitaressalieron del aeropuerto Los Cedros en Urabá y del aeropuerto de Necoclí. En unovenían paras y en otro venía la carga. Las declaraciones de la Policía, que están allíescondidas en el proceso, dicen que los paramilitares salieron escoltados por el EjércitoNacional, o sea que el vínculo con los paramilitares no sólo era en el Guaviare, sino quevenía desde el Urabá antioqueño. ¡Berraquísimo!… En ese computador tambiénestaban las planillas de pago mensuales, las nóminas de todo el frente Guaviare de lasAUC, que eran 93 hombres y mujeres con los alias, sus cargos y lo que devengaban.Las amenazas al fiscal Virgilio Hernández Castellanos diciéndole que suspenda esainvestigación, porque si no su árbol genealógico desaparecerá del mapa. Amenazas aAlfonso Gómez Méndez tratándolo de pícaro; a ganaderos; extorsiones a los RodríguezOrejuela dándoles las gracias por la plata que ellos les han dado. Mejor dicho, uno solode esos documentos sale a los medios y es un escándalo… ¿Qué hizo la Móvil 2? Unaoperación gigantesca y aplastó a las FARC y colocó un colchón de aire o de seguridadpara que se salieran los paras. Esto es gravísimo y es un secreto. Entonces el generalMora se quedó azul y yo le dije: mire mi general, lo que yo le estoy diciendo es con
  • 116. 116pruebas. ¿Qué cara van a poner los representantes de las FARC cuando yo vaya a laCorte Suprema de Justicia y les diga: Vea, el Ejército no sólo tiene vínculos, no sólo nolos combatió, sino que combatió a las FARC para que no golpearan a los paras porhabérseles metido a su territorio?”.“Uno solo de esos documentos sale a los medios y es un escándalo”, dice Uscátegui.Pues bien, ya están, a medias, en manos de los medios. El 20 de abril, cuando el exoficial se presente a juicio, el país podrá tener una visión más certera del cáncer que locorroe. Acá no hay una lucha entre tres actores de un conflicto que no nos corresponde.Los actores son dos: el narcoparamilitarismo, que a partir de Álvaro Uribe se alzó contodas las instancias del poder, y la narcoguerrilla, que, claro está, también debe serdenunciada. La trágica situación en la que agoniza Colombia, exige que al pan lollamemos pan, y al vino, vino. De pronto un absurdo jurídico, como el de la absolucióndel señor Del Río, puede ayudar a que comience a desenredarse el ovillo.
  • 117. 117 Las razones del cero10 de abril de 2004De un tiempo para acá el número se ha apoderado de nosotros. Si nos pusiéramos enel oficio de pensar alrededor de estos asuntos que hoy no le importan absolutamente anadie, bien pronto descubriríamos que la razón de ser del 1 sólo puede ser el 2, y quees el 3 el que exige que el 1 y el 2 lo precedan en el tiempo, como una justificación delo que habrá de llegar a ser el 4 en el futuro. Borges pensaría que todo esto tiendehacia el infinito, y tendría algo de razón, pero a la inversa. Pienso que un pensamientoque se agota en la imposibilidad absoluta de lograr un objetivo, no tiene razón niexplicación alguna. Para cualquiera es claro que el avance continuo hacia una cifrainalcanzable no nos lleva a ninguna parte.¿Entonces? Si invirtiéramos nuestra mirada y regresáramos al 0, podríamos darledensidad a esa detestable hipótesis de lo que no termina. Expresado en formacomprensible para señoras de telenovela, si el 1 es el individuo, el 0 es el universo.Claro está, un universo finito. Quiero decir: si queremos controlar la demencia en quenos consumimos, tenemos que olvidarnos del 1 y volver al 0 como indispensable puntode partida.Veamos este asunto, en apariencia hermético, alrededor de las estadísticas del crimen.Alguna vez, sólo un asesinato provocó una conmoción inmensa. No hablo de la muertede esos archiduques emplumados que desataron guerras mundiales, porque en elmundo real ese tipo de personas no existen.Hablo de crímenes de verdad, provocados por razones de peso, sustantivas.Pensemos, por ejemplo, en Raskólnikov. La muerte de la vieja agiotista desató unatempestad ética. ¿Se justificaba ese crimen? Es más, ¿se trataba de un crimen? ¿Losdelitos de ese ser detestable no merecían un mayor castigo?¿Era Raskólnikov el necesario brazo armado de una justicia de verdad, enfrentada a lainjusticia de la justicia? Dostoyevski creó la realidad, y la realidad fue la importancia deun crimen. De un solo crimen. En “El Túnel”, Juan Pablo Castel ratifica esa dimensiónética de la vida. En ese entonces vivíamos todavía en el universo del 0, donde losnúmeros y las cifras y las encuestas y las estadísticas alcanzaban apenas unaimportancia relativa.Pero llegaron los números y con ellos el macabro sentido de la competencia. Del horrorprovocado por un crimen se pasó a la costumbre del crimen. Sin equivocación posible,creo que, desde un punto de vista colectivo, en este asunto asesino y asesinado jueganen pie de igualdad con la noticia. Cuando la pérdida de una sola vida humana dejó deser noticia de primera página, fueron los asesinos quienes decidieron que deberíanincrementar el volumen de sus crímenes para seguir conquistando la atención delpúblico. Alguna vez, que se pierde en el tiempo, a cualquier jefe de Redacción se leocurrió que la primera página debía reservarse para la muerte de dos personas en el
  • 118. 118mismo hecho criminal. De ahí se pasó a cinco. Luego, alguien resolvió que por masacrese entendía el asesinato simultáneo de siete personas. ¿Por qué siete? Vaya usted asaberlo. El hecho es que, siempre detrás de la primera página, de una masacre de sietepersonas se pasó a una de diez, y de una de diez a una de veinte, y de una de veinte auna de veinticinco. Hablo de Colombia, claro está, siempre hablo de Colombia. En ella,el jefe de los primitivos “chulavitas”, que, ya se sabe, despachaba en el palaciopresidencial, o Sangre Negra, o Jojoy, o Pablo Escobar, o Carlos Castaño, entraronalguna vez en la demencia de los números. “Que la próxima matanza sea de 35”. “De45”. “De 60”. Y los periódicos, y la televisión, satisfechos de esa demencia.¿Cinco muertos?¡No! No tenemos espacio para cinco muertos. Que maten diez si quieren una columna.Que maten cien si quieren un “extra”. Que maten mil si quieren figurar en el resumen defin de año.Estadísticas, cifras, competencia numérica. Hace poco recibí por la red el dramáticobalance del año 2003. Repito: en Colombia. “De los cuarenta y cuatro millones dehabitantes – decía el aterrado cable –, 36 millones están en la pobreza, y de esos 36millones, once millones se encuentran en la pobreza absoluta o indigencia. En el últimoaño, cada hora 142 colombianos ingresaron al estrato de indigencia. Más de 3 millonesestán desempleados. Más de 7 millones sobreviven del desempleo disfrazado. Dos ymedio millones de niños trabajan. De ellos, 800 mil tienen menos de 11 años. Dosmillones setecientos mil niños no van a la escuela por falta de cupos. De 700 mil niñosque nacen anualmente, 34 mil mueren antes de cumplir un año de vida.Treinta y siete mil niños duermen diariamente en las alcantarillas. El 47 por ciento delos colombianos no tiene agua potable ni servicios públicos.Más de un millón de campesinos no tienen tierra. El 1.08 por ciento de los propietariosposee el 53 por ciento de la tierra, y el 0.2 por ciento de la población el 47 por ciento delas extensiones de cultivo.El 20 por ciento más rico de colombianos es veinte veces más rico que el 20 por cientomás pobre. El 0.07 por ciento de la población posee el 68 por ciento del capitalfinanciero.Los intereses y la amortización de la deuda consumen el 70 por ciento de los ingresostotales del gobierno. Hay tres millones y medio de desplazados internos.Hay, también, más de 7 mil muertos por razones políticas cada año, o sea más de 20por día, dentro de las cuales sólo 4 mueren en enfrentamientos militares, lo que quieredecir que los 16 restantes son víctimas de la política represiva del Estado. Más de 4 milsindicalistas fueron asesinados en 10 años…”¿Cómo luchar contra esa locura?
  • 119. 119Como diría Saramago, debería bastar una sola persona asesinada para que todoshubiéramos sido asesinados; una sola persona secuestrada para que todosestuviéramos secuestrados; una sola persona con hambre para que todos pasáramoshambre y fuéramos necesitados.Dicho de otra manera: el dramatismo de las cifras debe ser reducido a su importanciarelativa. Antes importan los conceptos. Aunque los conceptos también se hayan vueltoavaros y mezquinos.Quisiera, entonces, proponer una hipótesis: un mundo que gira alrededor de las cifras,de los números, de las encuestas, de las estadísticas, se reduce necesariamente a ladefensa del más básico de los derechos, el derecho a la vida, y deja al azar la defensadel derecho a la existencia.Se trata de un absurdo, porque, ¿para qué defendemos el derecho a la vida si nosomos capaces de construir colectivamente una existencia? Una existencia implica,claro, el derecho a vivir, pero abarca también otra serie de derechos esenciales que hoyse nos niegan a los seres humanos.El derecho al trabajo, el derecho a la salud, el derecho a la educación, el derecho a lavivienda, el derecho a la tierra. Poco a poco esos derechos fundamentales comienzan apertenecer al que, dentro del rudo capitalismo, esgrime el dinero o la pistola.Y todos, a través de las sutilezas de la imagen y del sordo usufructo de la palabra porparte de los medios, nos plegamos a esa realidad y, valga la redundancia, laconsideramos un producto apenas lógico de la lógica.El número nos ha enajenado a los seres humanos el usufructo del más sustantivo, frágily quebradizo de los derechos: el derecho al pensamiento.Es insólito que regímenes de fuerza como el paramilitar que preside en Colombia unindividuo oscuro llamado Álvaro Uribe, puedan alegar que se apoyan en una poblaciónsatisfecha con el sacrificio del otro, con la muerte y desaparición del enemigo. Duelecomprobar que nosotros, que somos el enemigo, somos los primeros partidarios de ladestrucción del enemigo.Los niveles de popularidad de un gobierno que, según las encuestas, bordean el 80 porciento, recuerdan el ascenso al poder de un payaso que llegó a dominar buena parte elmundo. Ya entramos a la estrecha vía del patrioterismo, de la exaltación de valores sincontenido que apenas son cascarones vacíos.Aceptamos, sin beneficio de inventario, que el “Estatuto Antiterrorista” es la panacea, yno nos damos cuenta de que, con base en él, comenzamos a asistir a la invasiónabusiva de nuestra vida privada, que comenzamos a ser detenidos sin fórmula de juicio,que nuestras viviendas pueden ser allanadas y nuestra correspondencia violada ynuestros teléfonos interceptados. Pero todos estamos felices. Manipulados por losmedios, pensamos que por fin llegó el líder providencial que le pondrá fin a todos
  • 120. 120nuestros problemas. Nos hacemos lenguas de su religiosidad, de su moral, de suseriedad, de su disciplina.Pronto pasaremos al “Gott Mit Uns” y del “Gott Mit Uns” (“Dios está con nosotros”),llegaremos con facilidad al “Ein Volk, ein Reich, ein Führer” (“un pueblo, una nación, unlíder”), y con base en el “Ein Volk, ein Reich, ein Führer”, respaldaremos la aniquilaciónde nuestro enemigo, y avanzaremos, con los ojos cerrados, hacia el abismo.La transformación de un autócrata como el nuestro, en un “Fuhrer” como el de losalemanes de hace setenta años, es bien fácil. Es más, el número nos demuestra que yaestamos en el tiempo de ese “Fuhrer”.El poder habla y perora, y gobierna con la mano de hierro de la mentira y la violencia,mientras los demás (que somos los más) nos reducimos al espacio de los excluidos. Notenemos un territorio, no tenemos un debate, nos han marginado de los derechosfundamentales y vivimos sumidos en la hecatombe sin que el discurso del poder y lamanipulación del pensamiento nos den tregua. Como estamos sometidos a la eficaciade las imágenes, aceptamos sin beneficio de inventario que este es el tiempo de laguerra.Y nos hundimos en la guerra, y participamos en ella con nuestro silencio y nuestracomplacencia. Hace mucho dejamos de ser el contradictor necesario, aplastado bajo elimperio del número, bajo la locura de la cifra.Una democracia que no es democracia no puede consolidarse a través de mecanismosdemocráticos. Cuando el gobierno vuelva a ser de todos, y el decir verdad sea la normade conducta, y la justicia constituya el primer objetivo de la acción política, es posibleque el número recupere su razón de ser y su eficacia. Por ahora, el 80 por ciento depopularidad de un régimen de oprobio, sólo genera miedo. O risa.
  • 121. 121 Las mentiras de Varito20 de abril de 2004Mientras la clase política y los comentaristas se divierten en el circo de la reelección, elpaís sigue peor. Desde hace años, el gobierno, o eso a lo que le dicen el gobierno, seconvirtió entre nosotros en una mascarada. Pastrana, por ejemplo, se empeñó durante42 de los 48 meses de su mandato en resucitar un muerto al que bautizó “proceso depaz”. Cuando fracasó, se lanzó desde un trampolín de 30 metros (al fin y al cabo circo),y se ahogó en el balde de agua. Comenzó entonces el mismo cuento, pero al revés. Elencargado del siguiente número lo llamó “proceso de guerra”. Por ahora estamos en laescena de los trapecios. El público, encantado, aplaude con generosidad. Varias veceslos artistas han cometido errores imperdonables, pero no importa, son tan graciosos,tan ágiles, tan convincentes, que las ovaciones llueven a granel. Sin embargo, seaproxima el momento de la verdad. La banda de música hace sonar sus redoblantes, yen todos los rostros se asoma un gesto de perplejidad: ¡el menos experimentado de losvolatineros dará un salto mortal sin malla protectora! El maestro de ceremonias pidesilencio al respetable, los caballos dejan de escarbar la arena con los cascos, y lospayasos detienen en el aire la última patada voladora contra el trasero de sucontrincante. Entonces, en el fuero interno de los espectadores, surge el gusanillo de laduda. Pero ya se sabe que un comediante de mala muerte y su público de ocasión sonigualmente irresponsables. De manera que mientras todos le piden a voces llenas quesalte de inmediato, el tonto de capirote se siente en la gloria y se lanza al vacío. Y es enese momento, en ese exacto momento, cuando alguien de la galería podría plantearsela siguiente pregunta elemental: ¿vale la pena todo esto? ¿Se justifican este batiburrillo,esta barahúnda sin ton ni son, para ver cómo un pobre actor de tercera se destripacontra el pavimento? Tal vez no. Tal vez no vale la pena. Sé que es difícil eludir latrampa de la melindrosa propuesta del gobierno, pero ¿creen ustedes que un individuocomo Álvaro Uribe merece el apoyo del 60,6 por ciento de los colombianos, según laencuesta que el Diario Oficial hizo entre sus 700 lectores? Mi respuesta, como la decualquiera que no esté engolosinado por la figura pueril de ese seminarista enfunciones presidenciales, es total y definitivamente negativa. No, digo yo, dicecualquiera, no quiero que “Varito”, como lo llamaba con cariño don Fabio Ochoa, supariente con mayor jerarquía dentro del narcotráfico, pueda estar al frente del país otroscuatro años. Y no quiero (digo yo, dice cualquiera), no sólo porque Varito es unparamilitar peligroso, sino también porque es un mentiroso de siete suelas.Sé que debo entrar ya en materia, pero también sé que en mi archivo guardo losmensajes de tres personas que protestan porque, según ellas, yo no volví a escribir.Pues bien. Podría escribir, por ejemplo, sobre ese “mentiroso de siete suelas”, que esun viejo dicho posiblemente castellano. Con base en él me atrevería a intentar unaexplicación acerca del por qué nuestros políticos profesionales son seres de bajísimaestatura. Pero como no cuento con la asesoría de ningún profesor Bustillo de cabeceraque me saque de apuros gracias a su enciclopedia y me lleve, de paso, a la Academiade la Lengua, me toca deducir que el remoquete proviene de los enanos de la corte enalguna edad premoderna, quienes necesitaban verse más altos que sus súbditos para
  • 122. 122afirmar mejor su autoridad. Según su alzada, los cortesanos utilizaban en aquellasépocas de bárbaras naciones, desde una hasta siete suelas extras, todas de gruesocalibre, lo que permite deducir, a su vez, que entre más enano fuera el enano, másmentiroso debía ser. (No me atrevo a pensar cuál será el número de suelas que usaMorenito para explicar el entuerto del Banco del Pacífico, pero ese es otro cantar).Te confieso, María, y les confieso, Carlos Hernán y Alberto, que estoy feliz en esteoficio de escribir, y que podría seguir en él toda la noche. Pero no. Porque de vez encuando es necesario hundirse en el barro de lo inútil, lo tonto y lo anodino, mejor dicho,hundirse en el barro de Varito y de sus compadres y comadres, abandonando las sanasespeculaciones que casi siempre se hacen por las nubes, para volver aquí a la realidad.Démonos entonces el porrazo tanto tiempo esperado. El 14 de abril, Varito se dirigió alpaís con rostro compungido. Se trataba de explicar la matanza de los dos niños y lostres jóvenes de Cajamarca. Y allí, en medio de ese tono monocorde y seco que lodistingue, se refirió al enfrentamiento entre una patrulla del ejército y una avanzada dela policía antisecuestro, en Guaitarilla, donde murieron siete agentes y cuatro de esosindividuos que antes se llamaban personas y ahora se denominan “civiles”. Oncemuertos, ¡once! a causa del “fuego amigo”. Pues bien, Varito sostuvo que el caso aúnno se había aclarado, pero hizo toda suerte de protestas en torno a su “decisióninquebrantable” de aplicar el peso de la ley hasta sus últimas consecuencias. “Sinembargo”, añadió, “todavía no tenemos razones para fijar responsabilidades y tomardecisiones administrativas contra personal de base o de dirección. Si el Ministerio deDefensa aclara lo sucedido a través de la investigación administrativa, las decisionespertinentes serán tomadas”.Demasiadas palabras para ocultar algo que todo el mundo conocía ya con pelos yseñales. En efecto, un día antes de la alocución presidencial, El Nuevo Herald habíaseñalado que “en el trasfondo de este caso hay un cargamento de cocaína que no haaparecido y a la caza del cual, al parecer, estaban, cada cual por su lado, las tropas delEjército y las de la Policía”. Pero el cargamento sí había aparecido. El 17 de abril, tresdías después de la alocución de Varito, el Diario Oficial informó en una noticia perdidaen la 5ª página, que “había coca en los carros de la policía”. ¿Era ese el cargamentocompleto? ¿No lo era? Es posible que jamás tengamos una respuesta. Pero el silencioque guardó Varito, lleno de paréntesis y de afilados esguinces, muestra las intencionesque abrigaban los batallones del ejército y de la policía. Aquí lo que hay es una lucha amuerte entre los narcosoldados y los narcopolicías, en la que están enredados, casi conseguridad, los narcooficiales. Y me atrevo a hacer esta afirmación con base en unproceso lógico elemental.Al comienzo del período de Varito (¿del primer período de Varito?), un destacamentodel ejército, conformado por soldados rasos, encontró una caleta millonaria deRodríguez Gacha y, sin más ni más, se apoderó de ella. Cuando se enteraron, Varito ysu ministro del Interior pusieron el grito en el cielo. ¡No era posible que unos pinchessoldados se atrevieran a desprestigiar a las Fuerzas Militares de semejante manera!Pero siempre me he preguntado qué habría sucedido en caso de que detrás de esaacción hubiera estado algún oficial de alto rango. Muy posiblemente el grito hubiera
  • 123. 123quedado convertido en uno de esos pobres gritos vagabundos que alguien quiere pegary no lo dejan. Porque aquí los desfalcos están rígidamente clasificados. Si los cometenlos de siempre, no son abusos sino negocios, o golpes de buena suerte o transparentesactos de gobierno. Si los cometen los de abajo, son desfalcos, o robos o asaltos o actosilícitos. Esa es la diferencia.Entonces, ¿por qué calló Varito? ¿Por qué no sacó uno de esos estruendososprovechos personales que le encantan, máxime si ahora mismo está empeñado en sureelección? La respuesta es sencilla: porque en la “cacería” no estaban sólo lossoldados rasos y los pobres dragoneantes de la Policía que se enfrentaron a tiros, sinovaya usted a saber quién. ¿Algún capitán, oh capitán, mi capitán? ¿Algún coronel queno tiene quién le escriba? ¿Algún general de canto general? Lo sabrá Varito. AunqueVarito nunca dirá la verdad, porque él no es otra cosa que un mentiroso de siete, u ochoo nueve suelas.Pero mi historia apuntaba hacia otro camino. Como dije, el punto clave de la alocuciónde Varito era la tragedia de Cajamarca. Sus palabras fueron conmovedoras. Paracomenzar, dijo estar “convencido de la buena fe del ejército en esta equivocación”. “Sise tratara de un ejército violador de derechos humanos, quienes dispararon contra loscampesinos hubieran buscado el ocultamiento, la mentira o la desaparición de loscadáveres. Nuestros soldados y oficiales, afectados por el dolor, llamaron de inmediatoa sus superiores y comunicaron la verdad”.En primer término, quiero rechazar de manera enfática que esos soldados y oficialessean “nuestros”. Tal vez nosotros, los de abajo, tuvimos soldados alguna vez,posiblemente en la época de Bolívar. Cuando Bolívar decía “nuestros soldados”, nohablaba, claro está, del general Ospina ni del general Rito Alejo. De ahí que seafundamental exigir que Varito se los apropie para él solito. Varito solito. O casi solito,porque para eso tiene “sus” soldados y “sus” oficiales.El 16 de abril, en su emisión del mediodía, Caracol Televisión entrevistó a AlexanderMendoza, hermano de Albeiro y de Norberto Mendoza, dos de los cinco muertos deCajamarca. Ignoro cuántos millones de colombianos oyeron lo que allí se dijo, pero creonecesario referirme a algunos de los interrogantes que se desprenden de ese deslizinformativo.Habla Alexander Mendoza: “Por qué los sacaron de la casa, que se sepa quién los sacóde la casa y los mató”.Voz del periodista: “Cree que los civiles fueron sacados de la casa porque hay variassituaciones que aún no logra entender. Situaciones como las que encontró ErnestoSaraza, el primer campesino que llegó a la vivienda”.Voz de Ernesto Saraza: “Yo encontré las puertas abiertas y todo, por lado y lado habíaanimales. Yo pensé: si ellos se hubieran ido como de viaje, pensado, pues habíancerrado".
  • 124. 124Voz del periodista: “Además de esto no entiende por qué ni siquiera recogieron la ropaque tenían extendida”.Voz de Ernesto Saraza: “Encontré un plato comida, acá encontré otro, en dos ollashabía comida también”.Voz de Alexander Mendoza: “Lo que pienso yo es que esos pobres muchachos no sevinieron de allá. A ellos los sacaron, porque se estaban comiendo la comidita”.Voz del periodista: “No entiende por qué, si salieron con un bebé, no se llevaron eltetero, la pañalera y los documentos de identificación”.Voz de Alexander Mendoza: “Venían bajando por la carretera, venían todos, no dijerona donde se encontraban… A ellos los tenían debajo de aquí en la finca llamada ElPlacer”.Voz del periodista: “Otra duda es por qué estuvo prohibido el acceso al lugar donde seregistraron los hechos. Estas son algunas preguntas que hasta hoy siguen sinrespuesta. El comandante del ejército, general Martín Orlando Carreño, no quisoreferirse al tema porque dijo que las explicaciones ya fueron dadas. Aseguró que alasunto se le puso punto final cuando el presidente Uribe visitó la zona y le explicó alpaís lo sucedido”.Varito y “sus” oficiales. Varito y “su” ejército. Pero el punto final que puso Varito quedareducido en todas partes (menos en los medios de comunicación que, excepción hechade la mínima noticia que publicó “ELTIEMPO.COM” el 22 de abril, silenciaron porcompleto el asunto), queda reducido, digo, a su ridícula condición de suspensivos,cuando el asesinato del bebé, los tres adolescentes y el menor de edad de Cajamarcase ubica en el contexto de lo ocurrido en la zona en los últimos meses.En efecto, en marzo del 2003 un grupo de jornaleros sin tierra se tomaron la hacienda“La Manigua”, un enorme predio de cerca de mil hectáreas ubicado en una zonaestratégica del Tolima, que da entrada a los departamentos del Valle y del Quindío. “LaManigua”, de propiedad de Armando Echeverri Jiménez, quien en ese momento era elembajador de Colombia en Libia, tiene su asiento en la vereda Potosí, de Amaime, unode los corregimientos de Cajamarca. Cajamarca, ¿será necesario repetirlo?, es elmunicipio donde el ejército cometió el “error” que nos ocupa.Pues bien. Los campesinos entraron en conversaciones con el propietario del predio ycon el INCORA, con el fin de proponerles distintas fórmulas de compra. Sin embargo,cuando se adelantaba ese proceso, el gobierno de Varito lanzó la “Operación Pijao”, endesarrollo de la cual soldados y policías cercaron la hacienda e impidieron la entrada devíveres. De tal manera, en pocos días los invasores fueron desalojados. Cuandosalieron, los militares detuvieron a no menos de cincuenta campesinos, entre elloshombres de avanzada edad y mujeres embarazadas. Aunque semanas más tardefueron puestos en libertad, el ejército siguió ejerciendo un rígido control sobre el área.De ahí que no pueda ser ajeno a lo que ocurrió siete meses más tarde.
  • 125. 125Del 2 al 6 de noviembre un grupo de hombres armados que vestían “prendas einsignias del ejército”, detuvieron en dos acciones diferentes a Jhon Jairo Iglesias, JoséCéspedes, Wilson Quintero, Marco Antonio Rodríguez Moreno y Ricardo Espejo. Todosellos, junto con cinco campesinos más que se dieron después por desaparecidos,habían participado en la toma de “La Manigua”. Hacia el 11 de noviembre, un jornalerole contó a la fiscalía regional lo que había sucedido. Según él, los militares llevaron algrupo de hombres “hasta la parte alta de la vereda”, donde “luego de torturarlos losasesinaron y los enterraron en una fosa común”.La fiscalía se apersonó del asunto y encontró las sepulturas. Allí estaban los restosdescuartizados de Céspedes, Rodríguez Moreno y Espejo, junto al de Germán BernalVaquero. Los cuerpos de Iglesias y de Quintero jamás fueron hallados. El gobernadordel Tolima, Guillermo Alfonso Jaramillo, rechazó el crimen y afirmó que el testigo habíaseñalado “al ejército y a otras autoridades” como autores de la masacre.Desde entonces, se intensificó el éxodo de decenas de familias. Una de las pocas quepermaneció en la región fue la de Albeiro, Norberto y Alexander Mendoza. Los dosprimeros, junto con la esposa adolescente de Albeiro, el bebé de ambos y el cuñado deNorberto, fueron las víctimas de la “buena fe” del ejército.En un comunicado, el Comando de las Fuerzas Militares afirmó que era “muy posibleque estas muertes (hubieran) sucedido como consecuencia de un error, debido a lascircunstancias inminentes de combate y a las condiciones metereológicas difícilesreinantes en el área”. Ni corto ni perezoso Varito viajó a la zona con el fin de darle algeneral Carreño el espaldarazo necesario para ponerle su punto final al incidente.Gracias Varito, gracias general Ospina y gracias general Carreño por sus sabiosmensajes y sus buenas intenciones. Pero no. Por desgracia, el punto final no lo ponenustedes. El punto final lo pondrá el país cuando conozca lo que realmente ocurrió ycuando logre establecer quién fue el autor intelectual y cuál la relación que existe entrelas dos matanzas. Porque es extraño que sean la misma región, los mismosprotagonistas y la misma tragedia, y que se trate de dos hechos distintos.Ojalá todo esto no termine por convertirse en un misterio, tanto o más intrincado que elde Varito, que es al mismo tiempo el pariente consentido de don Fabio Ochoa, elparamilitar más prominente del país y el más lindo de los presidentes de la República:tres personas distintas y, fíjense ustedes, un solo Varito verdadero. IIPero sigamos adelante. Y sigamos, claro, con las mentiras de última hora. Una de ellasla del atentado a Carlos Castaño. Toda esa tragicomedia podría convertirse en ellamentable libreto para una opereta póstuma del Diomedes Díaz de Viena que, si noestoy mal, se llamaba Johann Strauss.
  • 126. 126La opinión más generalizada frente al asunto es la de creer que una balacera oscuraentre dos grupos criminales puede llegar a convertirse en un escollo para que Varitotermine de entregarle las herramientas políticas, jurídicas y económicas del Estado alos grupos de la delincuencia organizada. El obispo de Montería, por ejemplo, señalóque ese hecho “va a replantear absolutamente todo” lo relacionado con el proceso derendición del gobierno frente a los paramilitares. “Un proceso que de por sí ha sidodifícil no puede continuar sobre cuestiones oscuras”, dijo el susodicho.Leído de otra manera, la Iglesia considera que hasta el momento el asunto ha sidotransparente. “Si estos sucesos no se aclaran”, añadió el clérigo, “la presencia de laIglesia como facilitadora de las conversaciones también entraría a analizarse”.Mejor dicho, la Iglesia (y esta es la tercera vez que dudo si debo escribir esa palabracon mayúscula) le da su respaldo incondicional a Castaño, y pone sus capelos y suspúrpuras y sus copones y sus sobrinas (y sobrinos) al servicio de un individuo señaladopor todos como el autor de los peores hechos criminales en la historia del país. Peorque Pablo Escobar. Peor que Laureano Gómez. Peor que Sangre Negra y que Chispasy que Jojoy y que Efraín González.Supongo que el monseñor debe ser un convencido de que las organizaciones dederechos humanos deben volcarse a prestarle protección al genocida. Obvio, si llegaraa presentarse una situación extrema como esa, no dudaría en creer que Castaño, quees la encarnación demoníaca y a gran escala del alcalde de “Un día de estos”, tiene elderecho elemental de recibir la atención que don Aurelio Escobar le prestó en el relato asu enemigo. Pero, hoy por hoy, la situación es muy distinta que la que plantea GarcíaMárquez en su cuento. En mi opinión, lo que hay acá es un criminal que interpreta lasescenas más ridículas de “El murciélago”, y que es el único que se ríe a carcajadas desu propia y macabra bufonada.No lo dudo: hubo la balacera. Pero, ¿fue ella el atentado del que nos han queridoconvencer la esposa del delincuente y los medios de comunicación y el obispo deMontería y el comandante de la XI Brigada? Pienso que no. Pienso que Castaño, aquien Bernard-Henri Lévy describió en un ensayo memorable como un psicópatainteligente y sediento de sangre, preparó el montaje adecuado para entregarse a unpaís como los Estados Unidos, donde el sistema judicial le permite comprar suinocencia.La negativa del embajador Wood sólo sirve para confirmar el hecho. “No estamoshablando con los paramilitares – indicó el funcionario –, no estamos hablando connadie”. Y, echando mano del mejor argumento de este gobierno, esgrimido con tantoéxito por el general Carreño al referirse a la tragedia de Cajamarca, añadió: “Y punto”. Ypunto. Y santas pascuas.Pero no. Mejor no pongamos punto. Mejor leamos entre líneas lo que han publicado losperiódicos, y saquemos nuestras propias conclusiones.
  • 127. 127El 18 de abril “El Colombiano” afirmó que el “atentado” habría corrido a cargo demiembros de las autodefensas “que no estaban de acuerdo con la decisión que habríatomado (Castaño) de entregarse a las autoridades de Estados Unido, donde se leadelanta un proceso por narcotráfico”. Y, de inmediato, jugando como centro derechoen el equipo de “Los Idiotas Útiles”, integrado por un grupo de despistados periodistascolombianos, la autora de la noticia señala bajo un título conmovedor (“Hace un añoordenaron matarlo”), que “facciones de ese grupo ilegal manejadas por narcotraficantesdeclararon a Carlos Castaño como una persona ‘inconveniente’ para la organizaciónpues en reiteradas ocasiones había hablado de la conveniencia de abandonar esenegocio ilegal y desmovilizarse”.El mensaje es clarísimo. En los Estados Unidos entenderán que se trata de un próceren peligro de ser asesinado porque frente a la opción del narcotráfico y la guerra,escoge el camino de la paz. “No nos digamos mentiras”, le manda decir Castaño a susfuturos protectores, “yo soy el hombre que ustedes necesitan”. Así, poco a poco vaallanando terreno.Según el periódico, el nuevo héroe se enfrentó valerosamente a su organizacióncriminal cuando, en abril del 2001, “anunció el fin de las AUC”, lo que provocó unafisura que “se hizo más grande en junio del 2002”, momento en el cual, “a través de supágina de Internet arremetió contra los jefes del Bloque Central Bolívar, a quienescalificó como narcotraficantes”.Todo ello llevó a que el nuevo santo de palo (¿san Carlos de Mapiripán?, ¿de MejorEsquina?, ¿del Arauca vibrador?, ¿De San Carlos?, ¿San Carlos de San Carlos?),“empezara a perder el poder militar y se le marginara a la jefatura política”, dondetambién vio disminuida su influencia hasta el punto de que “el 31 de marzo pasado, sinrazón aparente, se marginó del equipo negociador de las AUC”.Mejor dicho, la única salida posible que tiene este campeón del entendimiento y laconcordia entre los colombianos, es la de viajar al exterior. En el país no lo quieren. Susantiguos amigos lo persiguen, porque no han entendido que él es un hombrebondadoso, dispuesto a sacrificarlo todo para que los malos colombianos dejen deperjudicar a la gran nación del Norte con su infame tráfico de estupefacientes.Según su esposa, que tiene nombre de país africano: Kenya, “Carlos lideró e inició elproceso de paz con las Autodefensas y por su afán de volver a la legalidad y buscar lapaz para el país está sufriendo esta persecución”. Persecución, dice doña Kenya. Ypersecución dicen los campesinos que viven en las inmediaciones de la finca donde éldesarrolla sus honestas actividades políticas, campesinos que comparten con él la vidadiaria sin preocuparse jamás porque un batallón del Ejército o de la Policía llegue algúndía a capturarlo. Porque ¿qué motivo habría para capturar a este honrado padre defamilia?Carlos y Kenya y Rosa María viven como una familia común y corriente, saludan a susvecinos, compran el pan en la tienda del pueblo y llaman por el teléfono público. Laescena es pastoril. Cuenta el Diario Oficial que doña Etelvina, la dueña de la tienda, vio
  • 128. 128cómo “el jefe paramilitar llegó el pasado viernes, a las 2 en punto de la tarde, a cumplirla cita que tenía en un lugar ubicado a unos metros de ‘Rancho al Hombro’, un granerocon facha de fonda, ubicado en el sitio Guadual del Medio. “Tras esperar varios minutossin que nadie acudiera, Castaño decidió subir hasta el granero a consultar su correoelectrónico, como lo hacía habitualmente.“Entonces, conectó su computador portátil al teléfono comunitario que permanece sobreun pupitre escolar, en un corredor cubierto por tejas de zinc y rodeado de tablasblancas…”.En ese instante sobrevino la tragedia: “Hacia las 2:20 un carro pasó veloz sin obedecerla orden de pare que impartieron los escoltas de Castaño que prestaban guardia en lacarretera. De inmediato abrieron fuego y encontraron la misma respuesta de losocupantes del vehículo”.Es el colmo, ¡disparos en medio de esa paz idílica! Los Estados Unidos tienen querecibir a este hombre bueno y perseguido, padre de una niñita de 17 meses (“hijita” lallamó tiernamente don Darío Arizmendi), que se ha sacrificado por el bienestar de lapatria. Y van a hacerlo porque se trata de un ciudadano ejemplar que, de acuerdo conlos principios calvinistas, trae una buena cantidad de dólares entre el bolsillo y estádispuesto a pagar una gruesa suma de dinero para que le devuelvan su honra perdida.Ahora, si estoy errado y Castaño murió en el atentado, de cualquier manera mereafirmo en lo dicho: era una pantomima, en la que pudo ser que uno de los actoressecundarios haya equivocado el punto de mira de su fusil. Caso en el cual valdría lapena que lo enviaran a repetir su curso en el polígono del ejército o de la policía.Porque no tendría razón de ser que la paz de Colombia dependiera de una tan malapuntería.
  • 129. 129 ¿Quién le pone el cascabel al gato?Mayo 1 de 2004 Desde el exilio, el censurado columnista de El Espectador, escribió, en exclusiva paraDirecto Bogotá, sobre por qué en Colombia no existe libertad de prensa. Diatriba de unperiodista que no calla verdades. --------------------------------Se habla de libertad de prensa. Y todos, desde el presidente de la República hasta elmás joven y desprevenido de los muchachos que acaban de recibir su título en laUniversidad, consideran que en este país ese es un principio respetado e intocable, yque la democracia, o lo que queda de democracia entre nosotros, puede sentirsesegura porque nadie se va a atrever a mover un dedo contra él. Los ejemplos sonpocos pero son contundentes. Todos estamos muy contentos de contar con unperiodista como Antonio Caballero, que dice lo que le viene en gana y que incluye ensus diatribas a la revista donde le publican sus artículos, al dueño de la revista y elpadre del dueño de la revista.Qué maravilla, teniendo en cuenta, además, que ellos son sus parientes cercanos. Perodéjenme pensar en voz alta. Para comenzar, la cosa no tiene por qué ser entreparientes. Uno no puede heredar una antipatía que se remonta a los abuelos (losabuelos de Antonio fueron desfalcados por el padre de Felipe, quien desposó a una desus adoradas y adorables sobrinas). Esta historia repite protagonistas y escenas conuna aburridora frecuencia. Sobra decir que el esposo de la sobrina es exactamenteaquel personaje en quien ustedes están pensando, que terminó por convertirse enpresidente de la República y, desde hace algunos años, en abuelo de la revista.Entonces a lo que asistimos es a una clásica sacada de clavo, que sigue haciendo delas suyas ochenta años después. Comienza el tercer milenio y nosotros somos loseternos feudatarios de los eternos señores feudales. Los barones de Tipacoque, queforma parte del reino, no pueden ver ni en pintura a los marqueses de Honda, unaborrecible sitio de "tierra caliente", que llegan a apoderarse de puestos públicos,contratos, abrigos de paño inglés y muchachas bonitas. No faltaba más. Y por ahíseguimos, encantados con la fotonovela o, mejor, con la revistonovela, porque aAntonio no le gusta que le tomen fotos y el doctor López está muy viejito y no permiteque le retraten las arrugas. Pero ninguno de ellos se da cuenta de que nosotroscomenzamos a darnos cuenta.Todos le agradecemos a Antonio Caballero quien, según parece, es un hombreextremadamente fino e inteligente, que haya representado con esa propiedad su papelde idiota útil. Tal vez un idiota útil extremadamente fino e inteligente pero, en resumidascuentas, un idiota útil. Porque cuando alguien quiere decir que en este país hay libertadde prensa, lo sacan a relucir a él, que, según parece, es un hombre extremadamentefino y de buenos apellidos con quien se puede discrepar. "¡Claro que hay libertad de
  • 130. 130prensa!", vocifera el frondoso ministro del Interior, mi compañero en la Javeriana ydesde entonces retórico integral. "Lo desafío - porque el frondoso ministro del Interiorsiempre vocifera "lo desafío" - a que me demuestre lo contrario. ¿Quiere una prueba?Ahí la tiene: ¿leyó la columna de Antonio Caballero?". Y el pobre entrevistador de turnose queda turulato. No sabe que el ministro no ha leído a Antonio Caballero porque élsólo tiene tiempo de leer a Cicerón y de repasar los complicados legajos de Invercolsa.Pero el ministro se lanza por la calle del medio porque quien ha leído a AntonioCaballero una sola vez en la vida puede decir, casi con seguridad, qué dice tres o diezo quince o treinta años después. ¡Eso se llama consistencia! De manera que elentrevistador va a la columna, lee que es el colmo que el alcalde prohíba las botas conmanzanilla en la Plaza de Toros y piensa "hombre, sí, si a este señor le dejan decirestas cosas es porque aquí hay libertad de prensa". Y en ese entendido redacta sunoticia, donde dice que el ministro del Interior es un defensor a ultranza de la libreinformación y de la libre opinión, y que en sus manos está mejor que mejor la direccióndel "programa de protección a periodistas", ideado por este gobierno. Y, claro, yo noniego que sea el funcionario indicado para el cargo. Sólo que en este país, donde todaslas verdades se dicen a medias, no se ha dicho que esa oficina es el fiel retrato de otraque dirigió Himmler en la Alemania nazi, bautizada por Hitler con el certero nombre de"programa de protección a judíos". De ahí salieron los campos de concentración y loshornos crematorios. No puedo decir que lo mismo vaya a salir de la oficina del doctorLondoño. De ella sólo saldrán decretos porque él es un legislador nato. El doctorLondoño no habla: él decreta. Todo esto suena demasiado viejo, ¿no les parece? Locierto es que el doctor Londoño habla como el indio Uribe. Pero no se asusten: no merefiero al indio Uribe de ahora. No. Me refiero al indio Uribe, que era un buen señor delsiglo XIX.Que nadie se llame a engaño. En Colombia no hay libertad de prensa. Entre nosotros,el poder es uno solo, y lo ejercen, desde distintos ámbitos pero con idénticos propósitosy resultados, el general Mora Rangel, Julio Mario Santodomingo, el Mono Jojoy,Enrique Santos Calderón, el cardenal Rubiano, Ernesto Samper y Carlos Castaño. Ah,y Antonio Caballero. Todos tienen su porción de poder, todos lo defienden, todos sepreocupan por conservarlo. Pero el poder que ejercen en este pobre país de Pachitoses el mismo y lo manejan bajo idénticos parámetros. Frente a la prensa, todos son unaeterna sonrisa hacia afuera y un campo minado por dentro. Todos saben que aquí lalibertad de prensa es una ficción digna apenas de una película de Spielberg. De ahí quetodos sean sus paladines. Para que haya unanimidad será necesario, claro está,explicarle a Castaño y al Mono Jojoy, que "paladines" no tiene nada qué ver conpalafreneros. Porque ellos no son palafreneros. Ellos son jinetes que, como siempre,van siempre muy bien montados.Aquí no hay libertad de prensa para los periodistas. Posiblemente la haya para losempresarios. Pero resulta que los empresarios son el poder y que el poder es el mismoen la Casa de Nariño, en el Caguán, en Semana y en el Nudo de Paramillo. El mismo.Ese poder tiene su verdad y los periodistas, claro, tienen toda la libertad del mundopara sustentarla. El que se atreva a salir de los parámetros que en ella se fijen, el quediga lo contrario, el que discrepe, el que investigue, el que no trague entero, está fuera.
  • 131. 131Un excelente periodista como Germán Castro Caycedo, está fuera. El hecho de que nolo hayan podido callar demuestra precisamente que entre nosotros la pauta es elsilencio. O el "mucho ruido y pocas nueces" del proceso 8.000, del Banco del Pacífico,de Dragacol, de la Hacienda Bellacruz, del general Rito Alejo. La libertad de prensaexiste hasta el momento en que el periodista acepta la decisión judicial. Y la decisiónjudicial está siempre ajustada a derecho, que es la forma más expedita de estar deacuerdo con los de siempre, de obrar de conformidad con las pautas que dicta el podery de seguir en la eterna historia de Colombia: la historia de la sujeción, del miedo, de laverdad a medias, de la injusta justicia de los códigos e incisos.Sería excelente que en un foro como éste les preguntaran a los periodistas de provinciaqué piensan de la libertad de prensa. Ellos, como cualquier ser humano, tienen quesobrevivir. (Lo digo conscientemente: nosotros apenas sobrevivimos). Hagamos unacomposición de lugar: llega el periodista de provincia a la puerta de la emisora másprestigiosa del lugar donde vive. Lo recibe el gerente. Y, cuando oye que su propósitoes el de buscar trabajo, le explica sin ambages que la situación está difícil, que eldesempleo está por las nubes, que la economía anda manga por hombro, que la guerrase lleva los ingresos, que el Fondo Monetario nos tiene ahorcados.- ¿Entonces? - pregunta el periodista.- Entonces - contesta el gerente -, lo único que puedo hacer por usted es alquilarle unespacio.Y, ante sus asombrados ojos de persona poco acostumbrada a ese juego de abalorios,despliega una gama completa de horas a su disposición. Las hay para todos los gustosy todos los presupuestos. Las de la mayor audiencia valen tanto, las de medianochetanto, las de la mañana tanto, las de fin de semana tanto y tanto.- Usted decide - dice el gerente -.Y el periodista, con hijos pequeños qué alimentar y con obligaciones de todo orden, sevende en esa nueva especie de trata de blancas (o de blancos). Toma en alquiler unespacio. De él deben salir el pago de la emisora y su sueldo y todos los gastos deoficina y los costos de los desplazamientos. Y los servicios. Y el café para los doctores.Todo. Y es él quien se echa encima de los hombros esa obligación, que debe atender apunta de exprimir a la pauta. Va entonces a la licorera (que es la única empresaboyante de la región), o a la lotería, o a la sucursal de tal o cual banco, o a la compañíade tal o cual potentado. Y entrega su alma al diablo. Cuando su programa de noticiassale al aire, que nadie se extrañe del rosario de elogios dedicados a su patrocinador.Que nadie proteste por la cadena de adjetivos oprobiosos lanzados contra lacompetencia.¿Periodismo? Pues sí, periodismo. Pero, ¿qué clase de periodismo es ése? ¿Quién leexige al propietario de la frecuencia una responsabilidad ética frente a la información?
  • 132. 132Mejor, ¿quién le pone el cascabel al gato? Nadie. Aquí nadie le pone el cascabel algato.Aquí, ya se sabe, si acaso le colocan el cascabel al gato. Y un gato con cascabelcolocado, es un gato de pacotilla. O de felpa. O de porcelana. En fin, un gato que no esel gato.Me alargo demasiado. Pero antes de terminar quisiera pedirles que para mirar elproceso de la información pusieran los pies sobre la tierra. Están bien las normas y loscódigos y los principios. Pero en el diario vivir lo que opera es el hambre. Y de otro lado,el poder. El poder se ejerce sobre los que tienen hambre. Y los que tienen hambre, perono se dejan, se mueren (en los últimos años van catorce), o se callan o se van del país.O se van del país y luego se callan, como es mi caso. No se trata, claro está, de hablarde mi caso. Se trata de pedirles que abran los ojos. Y que no le crean el cuento a nadie,comenzando por el extenso cuento de esta carta que está tal vez demasiado llena denostalgias y de distancias.
  • 133. 133 Tres horas al sur de la floridaNueva York, 2 de mayo de 2004No sé por qué, cuando pienso en la relación que tiene el país con la forma como Varitonos hunde en el despropósito, regreso a un son que tarareaban los viejos en elmomento de recibir las órdenes impartidas por sus implacables mujeres: María Cristina me quiere gobernar, y yo le sigo, le sigo la corriente, porque no quiero que diga la gente que María Cristina me quiere gobernar…Pero el presidente no es María Cristina. El presidente es Varito. Varias personas meescribieron esta semana para preguntarme de dónde salía ese apodo ridículo. Varito,sobra decirlo, es un apócope de Alvarito, y Alvarito se le dice a alguien cercano a losafectos del corazón. El testimonio en torno al asunto es de Alpher Rojas, director delInstituto del Pensamiento Liberal. En el libro que escribí bajo el extraño seudónimo deJoseph Contreras, censurado en Colombia por los cómplices del candidato para que nointerrumpiera el apacible decurso de la campaña presidencial, conté el cómo y el porqué de ese mote."En una de las lujosas ferias de Armenia - se lee en el capítulo segundo -, cuando laciudad se preparaba para su centenario, Rojas ve de lejos a Pablo Escobar, aRodríguez Gacha, a los Ochoa que asisten al espectáculo. Dairo Chica, el consentidode la mafia, presenta su espectáculo de rejoneo. Las jacas encintadas son soberbias.Fabio Ochoa, "el obeso padrino de los nuevos ricos" imparte absoluciones y comemandarinas. "Tupac Amaru", el caballo de un millón de dólares, opaca con su silueta ycon el pequeño lucero de su frente, a las otras cabalgaduras. Rodríguez Gacha,propietario del ejemplar, "disfruta las mieles de su popularidad". Y allí, en ese mismositio y hora está él, el candidato, "con sus magníficas cuadras caballares". "Allí está eldoptor Uribe, como le decía El Mexicano, o Varito, como lo motejaba cariñosamentedon Fabio. Y de ninguna manera distante, ni prejuicioso, ni tímido, sino francamentecomprometido en el negocio turbio, desde la brevedad ambigua de su atuendo maiceroy sus gafas de Harvard, intercambiando información pecuaria para modernizar y ampliarsus dehesas".Nadie ha desmentido jamás esa estrecha relación entre María Cristina y la mafia. Peroel país está ciego y sordo y mudo, y lo único que le importa es que alguien le ofrezcaganar una guerra que no es guerra sino masacre, a como dé lugar, a cualquier costo.Por eso se fascina frente al embeleco de la reelección, mientras soporta que lassoluciones a nuestra tragedia se aplacen "para después", y que multitud de asuntosgrandes y pequeños pasen desapercibidos.Se busca un tinterillo
  • 134. 134Pequeños, por ejemplo, la forma como ese individuo oscuro y peligroso que es RudolfHommes, se lavó las manos respecto a su participación en la venta de Avianca. Comofuncionario público que fue, ¿lo investiga la Procuraduría? ¿Alguno de nuestrosacuciosos tinterillos ("tinterillo", llamó Varito a su otrora jefe, Ernesto Samper, en unareunión con sus congresistas de bolsillo), lo ha demandado, siquiera por faltas contra laética? Creo que no. Porque en Colombia esos avivatos que están en la cumbre delpoder político y económico, nos tienen acostumbrados a que tiran la piedra y escondenla mano y no les pasa absolutamente nada.Como miembro de la Junta Directiva del Grupo Santodomingo, Hommes tuvo queparticipar necesariamente en la venta de la compañía, negociación que se adelantómientras "el astuto" se desempeñaba como asesor de Varito y tenía acceso a unainformación privilegiada. Pero, a última hora, cuando el jefe de los asesores estaba apunto de sacarlo a patadas de Palacio (y no precisamente por este asunto), renunció,se dio públicos golpes de pecho y habló de incompatibilidades. En ese momento lanegociación ya se había cerrado. Que no sea tan fariseo y que, de paso, no nos creatan pendejos. El país es un tonto de capirote pero no más. Hasta ahora, aunquemuchos lo han querido, nadie ha logrado pasarlo a la categoría de bobo de la yuca.Pequeños, además, el hecho de que el Congreso haya archivado el proyecto de ley quereglamenta el Acto Legislativo Nº 02 del año 2003, "por el cual se otorgan facultades depolicía judicial a las fuerzas militares", y que la bancada uribista lo haya resucitado apartir de una maniobra de tinterillo de pueblo (¿será suficiente decir "de una maniobrade Ernesto Samper"?), en abierto desafío a las normas legales. La ComisiónColombiana de Juristas dijo que "continuar el trámite del proyecto es abiertamenteinconstitucional, compromete la responsabilidad política de los parlamentarios queparticipen en el trámite viciado y contraría el ordenamiento jurídico". Pero estas son lascosas que pasan inadvertidas, mientras el país baila encantado un tango que podríallamarse "Héctor Helí y él", y para el cual yo podría aportar, si ustedes quieren, laprimera estrofa, con la música de "Adiós muchachos": Que no me hables por la radio ya te he dicho que no me hables ni me musites, si no te callas no te nombro a tus sobrinos, ni te protejo ni te miro más.Y pequeños, también, el mínimo despliegue que se le dio en Colombia a la advertenciaformulada el pasado 13 de abril, en su sexagésimo período de sesiones, por laComisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. "Las medidas tomadasdentro de la política de seguridad democrática - dijo la Comisión - no acatan lasobligaciones internacionales relativas a la promoción y protección de los derechoshumanos". Y añadió: "El estatuto antiterrorista es incompatible con los instrumentosinternacionales aplicables en esa materia". Ante esa seria advertencia, el país siguiócon su invariable actitud de tango (silencio en la noche, ya todo está en calma…), y elgobierno se limitó a responder que se trataba de una simple difamación. Los miembrosde la comunidad internacional se negaron a avalar esa explicación. Pero el país,puertas adentro, le creyó a Varito, porque el pobre tonto de capirote, en proceso de
  • 135. 135convertirse en bobo de la yuca, está dispuesto a creerle hasta que la dura realidad leabra los ojos.Los muertos que vos matáis…Pero también hay grandes sucesos inadvertidos. Comencemos, por ejemplo, con lacontradicción absoluta entre quienes creen que uno u otro de los dos contendientes enesta confrontación sanguinaria: los paramilitares (de uniforme o camuflado), y lanarcoguerrilla, encabezan las cifras de la hecatombe.El 24 de abril informa EL TIEMPO que "investigadores de la Universidad de Londresdestacaron avances del gobierno en el conflicto armado". Y a continuación señala quedos profesores, Jorge Restrepo y Miguel Spagat, del Departamento de Economía delRoyal Hollowey Collage, consultaron "la base de datos más completa" que existe en elpaís, "que recoge información de cerca de 20 mil ataques y combates en los últimosdieciséis años", para demostrar que durante el gobierno de Varito la guerrilla harealizado menos ataques en promedio, y que los muertos de hoy no son los 62 de hacealgunos meses sino sólo 52 cada treinta días.Mejor dicho, según esos dos serios eruditos de la City, el día en que la mataron Rositaestaba de suerte: de los tres tiros que le dieron sólo uno era de muerte. Porque esa esla única lectura posible cuando se comparan las cifras de nuestro conflicto con ladramática conclusión a la que llegaron los dos académicos. Dicen estos nuevosBouvard y Pécuchet, que "el gobierno, al tomar la ofensiva en la guerra, está salvandovidas". Maravillosa deducción, tomada, claro, al abrigo de la corte de su majestad, quemira por encima del hombro las tórridas regiones donde el desastre se vive en la bocade los fusiles. Las cifras, se ha dicho una vez y mil veces, son acomodaticias ymiserables. Y las de los dos profesores no se quedan atrás de las del doctor Matallana(¿recuerdan ustedes al "doctor Mata”?), quien protestó indignado cuando la prensa dijoque sus asesinatos habían sido quince. "No señores - aclaró con dignidad -, sólo fueroncatorce. El quince se los quedo debiendo para cuando salga de la cárcel".Ahora, el otro bando cree exactamente lo contrario. En un comunicado que expidieronel pasado 18 de abril, las FARC-EP dan unas cifras que no tienen nada qué ver con lasde Bouvard y Pécuchet o con las de los continuos y mentirosos boletines oficiales."En el año 2003 - dice el documento - las FARC combatieron en 4.447 oportunidadescontra la fuerza pública y los paramilitares (promedio de 12.18 diarias), en donde hubo5.291 muertos entre militares, policías y paramilitares y 4.701 heridos. Sin contabilizaren estos totales, las bajas no confirmadas en más de 919 situaciones (algunoscombates, emboscadas y minados donde es físicamente imposible hacerlo). En todasestas acciones recuperamos 356 fusiles, 7 morteros, 6 ametralladoras y 12lanzagranadas, averiamos helicópteros en 99 ocasiones y destruimos 12, derribamos 5aviones y averiamos 41, destruimos 1 piraña y averiamos 4, también destruimos 1tanqueta y averiamos 6.
  • 136. 136"En el año 2003 murieron en combate 542 guerrilleros y 77 milicianos, y fueron heridos321 lo mismo que 13 milicianos, cifras que evidencian la dureza de la confrontación."En los tres primeros meses del año 2004 los choques se han presentado de lasiguiente manera: Acciones militares 1.152 (12.8 diarias) que arrojan 1.373 muertosentre militares, policías y paramilitares y 818 heridos. De parte de las FARC hemostenido 43 muertos y 29 heridos".Y a esa guerra sin cuartel, a esa masacre continuada, es a las que se enfrenta el paísahora mismo, cuando se inicia la "nueva etapa" de la que habló Navarro Wolf enCambio (abril 18, 2004). "El nivel de los combates (sic) entre la Fuerza Pública y lasFARC - escribió, mal, el insípido precandidato - es mucho más alto de lo que se tieneconciencia en la opinión urbana". Él sabrá por qué lo dice. Pero, a partir de ahí,nosotros podríamos sacar algunas pocas conclusiones.Pachito Santos abre la bocaTomemos las cosas dentro de una mínima perspectiva histórica. El 21 de marzo de esteaño, Varito viajó a Washington con dos propósitos definidos: primero, entregar al paíscon las manos atadas a la voracidad de las corporaciones multinacionales, a través deun tratado bilateral de comercio que se firmará el 19 de mayo en Bogotá; y, segundo,buscar la ayuda indispensable para prolongar durante su segundo período de gobiernola ayuda proveniente del Plan Colombia.Como es obvio, una cosa implicaba la otra. Mientras con una mano le regalaba el país alas multinacionales, con la otra recibía la ayuda. Y así ocurrió. Bush, que conoce mejorque nadie los malos pasos iniciales de Varito, sabe que es un monigote y que lo tieneentre el bolsillo. Para comenzar, fue él, Varito, el que en el foro de Davos le pidió a losEstados Unidos que invadieran militarmente al Amazonas y que le dieran prioridad a lacrisis de Colombia frente a la de Irak.Semanas después, el 20 de marzo del 2003, el vicepresidente Santos le pidió en Romaa la comunidad internacional "un despliegue militar en Colombia, similar al de Irak".Textualmente, un individuo que por ese solo hecho debería ser demandado ante elCongreso de la República por traición a la patria, dijo: "Semejante despliegue para Irak,que apoyamos, nos hace preguntarnos cuándo veremos una acción igual de lacomunidad internacional para ayudar a la democracia colombiana".Sobra decir que el mentor de uno y otro fue Luis Alberto Moreno, defraudador de 35millones de dólares pertenecientes a la Nación y desde hace seis años embajador enWashington. En efecto, el 5 de marzo del 2002 Moreno publicó en The New York Timesun artículo en el que dijo que los Estados Unidos no tendrían para qué intervenir en losconflictos de Afganistán, el Medio Oriente y Asia, si Colombia estaba apenas a treshoras al sur de la Florida.Todos esos son movimientos de los peones del ajedrez internacional. Peones, porqueVarito y sus funcionarios no dan, siquiera, para capataces.
  • 137. 137Pues bien. Fue Varito a Washington y dijo que "su lucha" (Mein Kampf) contra elterrorismo (?) no podía quedar a medias. De inmediato, la administración Bush le pidióal Congreso aumentar el número de 400 marines y de 400 "contratistas civiles"autorizados a permanecer en territorio de Colombia. "Se trata de un pequeño aumentodel tope actual" dijo el general James Hill, quien está al frente del Comando Sur delEjército de los Estados Unidos. ¿A cuántos?, le preguntaron. A 800 marines y 600"contratistas", contestó. En total, 1.400 inocentes norteamericanos, que vendrían avigilar el desarrollo de la guerra contra el narcotráfico y, de paso, a echar una manoexperimentada en la lucha contra la guerrilla.(Entre paréntesis, no sé si sea necesario repetir que "contratistas" es el nombre queahora se les da a los antiguos mercenarios. Son individuos que provienen de las filas dela FBI, de la DEA o del ejército regular, que ganan el doble que un soldado común ycorriente, y que, para poner un ejemplo de cómo opera internamente el tejemaneje detodo este espeso universo, en el año 2002 se llevaron la mitad de los 370 millones dedólares que los Estados Unidos destinaron al Plan Colombia (la otra mitad, no puedodecirlo con certeza, entró al patrimonio de Royne para que le comprara a Marlene unedificio y un collar de piedras finas).Introducción a la AmazoníaOchocientos marines y seiscientos contratistas. Y miles de millones de dólares. Y unaidea peregrina, que circuló esta semana profusamente por Internet, según la cual laAmazonía "pasó a ser responsabilidad de los Estados Unidos desde mediados de losaños 80". Sé que la mayoría de ustedes pudo leer esos despachos por la red, pero voya repetirlos en caso de que a alguno le hayan pasado desapercibidos.Se trata del libro de texto para 6º grado, escrito por David Norman bajo el título"Introducción a la geografía". Gracias a él, los niños de ese país aprenden que laAmazonía debe quedar bajo la "protección" de los autores de la masacre en Irak debidoa que "está localizada en América del Sur, una de las regiones más pobres del mundo ycercada por países irresponsables, crueles y autoritarios".Y añade el libro (y aprenden los niños): "La Amazonía" fue parte de ocho paísesdiferentes y extraños, los cuales son en su mayoría, reinos de la violencia, tráfico dedrogas, ignorancia y de pueblos sin inteligencia y primitivos. La creación de la "Primerafloresta internacional de la Reserva Amazónica" (PRINFA) es, según Norman, "unamisión especial para nuestro país y un regalo para todo el mundo, visto que la posesiónde estas tierras tan valiosas en manos de pueblos y países tan primitivos condenaríanlos pulmones del mundo a la desaparición y la total destrucción en pocos años".Pero la velocidad con que se mueve el mundo es palpable en la página 76 del volumen.Una vez en poder de los Estados Unidos, las cosas cambian: "Podemos considerar -añade el libro - que esta área tiene la mayor biodiversidad del planeta, con una grancantidad de especies de todos los tipos de animales y vegetales. El valor de esta áreaes incalculable, pero el planeta puede estar seguro de que los Estados Unidos no
  • 138. 138permitirán que los países latinoamericanos exploten y destruyan esta verdaderapropiedad de toda la humanidad. PRINFA es como un parque internacional, conseveras reglas para la explotación".Y termina: "La reserva internacional forma parte de ocho países de América del Sur:Brasil, Bolivia, Perú, Colombia, Venezuela, Guyana, Surinam y Guyana Francesa,algunos de los más pobres y miserables países del mundo".Esto, que a primera vista es ridículo, no lo es tanto. Algo ocurre en Washington en tornoa esa zona de reserva para la humanidad. Partamos, entonces, de una hipótesis: en laAmazonía, la lucha contra las drogas es apenas la puerta de entrada para laconsolidación del dominio territorial sobre una zona que hoy es rica en petróleo, peroque tiene una riqueza potencial todavía mayor: el agua dulce, la biodiversidad y eloxígeno.Con todo esto pasamos del movimiento de los peones al sesgado desplazamiento delos alfiles. Dentro de veinte meses desaparece, por consunción, el Plan Colombia, peroa lo largo de este período es necesario reforzar al máximo la Iniciativa Regional Andina,que ha sido la bandera adecuada para que los Estados Unidos extiendan el conflicto ala cuenca del Amazonas. Sin embargo, Colombia no dejará de ser la dócil y aceradapunta de lanza en este panorama, primero porque desde tiempos inmemoriales se sabeque los sucesivos gobiernos del país han estado de rodillas frente a los designios delimperio, y segundo porque su posición estratégica es única y envidiable.Los intocablesDéjenme seguir en los próximos párrafos, casi textualmente y sin comillas, undocumento excepcional que preparó Alexis Ponce para Nizkor en el año 2002, y queustedes pueden consultar en la red. Su título es "Iniciativa Regional Andina: unaestrategia integral para tiempos de guerra global".La Iniciativa Regional Andina se lanzó en Washington como una estrategia antidrogas.En el documento se "narcotiza la agenda regional". No es sólo Colombia la que sedescompone. Están también otros países, como Ecuador, Perú y Bolivia, que sondefinitivamente andinos, Venezuela (que más o menos podría serlo), y Brasil y Panamá,que poco y nada qué ver.Ponce recuerda que en el primer párrafo del documento se habla de los "intereses delos Estados Unidos" y encuentra por ahí una clave importante: los indígenas delEcuador son "populistas y radicales". Ya lo había dicho el Informe Estratégico de la CIA:"Los indígenas son un factor de inestabilidad democrática". Añade, además, que en elúltimo párrafo del mismo documento se dice que la región Andina lo es de coca-naciones, y que necesita de la ayuda antidrogas.En el panfleto, continúa Ponce, se habla también de las Fuerzas Armadas Andinas. "Sedebe mejorar la capacidad militar de acción regional combinada", lo que permite intuir lacreciente posibilidad de una intervención militar de los Estados Unidos y de una "acción
  • 139. 139articulada" de los ejércitos andinos para misiones regionales, frente a un fantasma quesurge de nuevo: el del enemigo interno. La estrategia contra el enemigo interno cubretodos los Andes y la Amazonía y resucita el viejo y amenazante programa de SeguridadNacional, que tuvo graves consecuencias en América Latina en las décadas de los 60sy los 70s del siglo pasado.Las bases militares que rodean la región son fundamentales. Ponce, ecuatoriano, hablacon énfasis sobre la de Manta, en Ecuador, que permite el movimiento de avionespesados, entre ellos el 550 KW, en el que se puede transportar un batallón entero.¿Eso para qué? La respuesta la dio el general René Vargas Pazos, del Ecuador:"Quieren montar una operación de ataque militar desde el Ecuador".La base de Manta tiene una posición privilegiada para controlar la llamada "Bolsa delPetróleo" que mantienen cinco naciones del área: Ecuador, Colombia, Perú, Brasil yVenezuela, y cuenta con el apoyo táctico de la base holandesa de Curazao y de lasbases de Liberia, en Costa Rica, y Sotocano en Honduras.Pero la cadena militar se amplía con las bases de Tres Esquinas, Larandia y PuertoLeguízamo, en el Putumayo. En Perú se proyecta usar la Base de Iquitos. Y en elBrasil, la de Alcántara, cerca de Manaos, que cuenta con las Bases Satélites deTabatinga, frente a Leticia, y Yavaraté en el Río Negro.Y termina Ponce: El documento incluye una magnificación del ALCA, al que consideraun "mega-componente" regional. El ALCA es el semáforo en rojo para el resto delmundo. Esta región es una zona hegemónica para los Estados Unidos, y en esacondición es "intocable".El nuevo Irak, el nuevo VietnamTodo eso es claro y surge de una lectura rápida y atenta. Pero hay un nuevo y crucialcomponente, que es el que en primer término nos interesa a los colombianos.El 24 de abril, el Diario Oficial informó que en el curso de los próximos días el gobiernode Colombia pondrá en marcha un nuevo plan de lucha contra los guerrilleros de lasFARC que ocupan vastas zonas del sur del país, proyecto al que llamó, dentro de sustérminos de extrema derecha, "Plan Patriota".Se trata de desplegar una fuerza de quince mil hombres, para lo cual, según elperiódico, "se han producido decenas de reuniones entre el Ejecutivo y la cúpula de lasFuerzas Militares con el Comando Sur y los departamentos de Estado y Defensa de losEstados Unidos".¡Quince mil hombres! Para apoyar un proyecto en el que intervino de manera directa ydecisiva, el gobierno de los Estados Unidos, por intermedio del comandante del Ejércitodel Sur anunció que "apoyará" a Colombia con "planeación de combates terrestres,comunicaciones e inteligencia", y que está dispuesto a financiar tres años de ofensiva.
  • 140. 140Este año, la administración Bush, que necesita con urgencia un nuevo Irak, le destinaráal Plan ciento diez millones de dólares. ¿Para qué? La respuesta la da el periódico:para comprar armas y equipos de comunicación y pagar labores de entrenamiento. "Secomprarán dos aviones de combate AC-47 y cuatro aviones para el transporte de tropaC-130".Y sigue el informe: "Para el 2005 se pidieron otros 110 millones de dólares que debeaprobar el Congreso… Y ya se está elaborando el plan del 2006. Aunque no seconocen los detalles se sabe que la asistencia será cercana a los 100 millones dedólares y servirá para respaldar todo lo creado hasta la fecha".De la noticia surgen varios factores de terror y desconcierto. Comencemos por elprimero: ¿Qué ocurrirá con los derechos humanos? Es una incógnita. Pero uno de losmilitares involucrados anunció en la misma noticia que avanzar no es tan fácil porque,entre otras cosas, se trata de una zona donde "el enemigo ha estado por décadas conla población civil". Leámoslo de otra manera: la población civil forma parte del enemigo.Segundo. Demos un paso atrás y leamos de nuevo el discurso que pronunció laentonces embajadora de los Estados Unidos en Bogotá, señora Patterson, ante elCongreso de FENALCO reunido en Cartagena el 25 de octubre del 2001."Los ataques terroristas del 11 de septiembre - dijo ella - enfocaron nuestra atención enlos nexos de la violencia internacional, que incluyen el terrorismo, el narcotráfico, ellavado de dinero y el crimen organizado. Hemos visto estos nexos claramente enAfganistán. El régimen talibán no sólo le proporcionó refugio a Osama ben Laden y a suorganización terrorista, sino que hace años que ha suministrado gran parte de laheroína al mercado internacional. El régimen talibán y ben Laden han aprovechado lasinstituciones financieras internacionales para lavar dinero y continuar financiando susactividades terroristas."Existe un nexo similar en las actividades violentas de los tres grupos terroristas enColombia. A diferencia de los terroristas en Afganistán, los grupos colombianos notienen un alcance mundial directo. Sin embargo, cada uno de estos grupos ejerceterrorismo sobre los colombianos y debilita las bases de la democracia más antigua deAmérica Latina. Cada uno de estos grupos en Colombia (AUC, FARC) estáprofundamente involucrado en el narcotráfico".Ustedes acaban de leerlo: la embajadora habla de tres grupos pero sólo menciona dos.Ese no es un lapsus linguae. Simplemente no dijo que el tercer grupo es el gobierno. O,todavía más preciso, que el tercer grupo está formado por las Fuerzas Militares.Bastaría mencionar una sola palabra, Guaitarilla, para que el mundo entero sepa que lafuncionaria tenía toda la razón al cometer, tal vez voluntariamente, ese ligerodesacierto.Pero sigamos. "El año próximo (2002) es clave - dijo ella -. Con recursos y aeronavesadicionales que suministraremos, Colombia tiene una verdadera oportunidad de reducirlos cultivos de coca y los ingresos ilegales que éstos generan. Muchos colombianos me
  • 141. 141preguntan si la aspersión funciona. Sí funciona y va a funcionar aún más efectivamenteen los próximos meses. Tenemos aeronaves adicionales y podemos atacar los cultivosnuevos inmediatamente, no sólo en Putumayo sino también en el sur de Bolívar y en elNorte de Santander".La otra guerra del petróleoDigámoslo claramente: Putumayo, petróleo; Sur de Bolívar, petróleo; Norte deSantander, petróleo.Ante lo cual sería necesario señalar que no hay para qué hacer semejante escándalo.Para entregar nuestros recursos naturales, renovables y no renovables, están lasdisposiciones gubernamentales de cualquier pelambre. En el caso del petróleo, elúltimo regalo no se remonta a más de quince días. Un decreto de Varito (porque si noes un decreto de Varito, ¿de quién podría ser semejante decreto?), dispone que en elcaso de la exploración y explotación en terrenos otorgados en concesión a lascompañías extranjeras, la participación del Estado se limitará al pago de regalías y deimpuestos nacionales.De esa manera, y de un solo tajo, Varito le quitó a los colombianos, el treinta por cientode cada barril (después de descontadas las regalías), lo que equivale a considerar quenuestro petróleo viene del extranjero. Son miles de millones de dólares los que Varito leregala a las multinacionales, con el pretexto de que las reservas ya no son lo que eran,y que las compañías temen trabajar en Colombia.No es cierto ni lo uno ni lo otro. En primer término, las cifras que se manejan en elexterior muestran que la producción ha crecido en un 80 por ciento. Y, para completar,las compañías no abrigan temor alguno a partir del discurso en que Varito, al comienzode su mandato, las autorizó para montar ejércitos privados integrados por lo másselecto de los batallones paramilitares.¿Entonces? Entonces nada. Un simple y llano regalo de Varito, que es espléndido ygeneroso cuando se trata de bienes que no le pertenecen.Y tercer factor de miedo y desconcierto. Nada distinto de poner en claro que todosestos no son hechos aislados, no son palabras sin contenido. El 24 de marzo pasado, elgeneral Hill rindió una declaración ante la Comisión de las Fuerzas Armadas de laCámara de Representantes. "Los Estados Unidos – dijo - enfrentan dos tipos deamenazas en el Hemisferio Occidental: la amenaza tradicional del narcoterrorismo y porotra parte, la amenaza incipiente del populismo radical".Y es aquí donde salta la liebre. Por lo general, los militares sólo son hábiles paradisparar. "Más allá del narcoterrorismo y de la violencia de pandillas – confesó -, hayramas de organizaciones terroristas de Medio Oriente que llevan a cabo actividades derecaudación de fondos en la región, lo que incluye lavado de dinero y tráfico de drogasilícitas para luego canalizar decenas de millones de dólares al año a las organizacionesmatrices con sede en Medio Oriente".
  • 142. 142Así pues, la guerra es la misma. Un frente en Irak, un frente en Colombia o, más allá,en el Amazonas. Y, además, está el populismo radical. Se trata de una "preocupaciónincipiente". Engolosinado por lo que aprendió en su reciente curso de ascenso, elgeneral explicó que el populismo por sí solo no constituye una amenaza, pero seconvierte en ella cuando se ve radicalizado por un líder que busca suprimir los derechosindividuales. No sé en quién pensaría. ¿Tal vez en Fidel Castro? ¿O en Evo Morales?¿O en el subcomandante Marcos? Pero lo que sí puedo afirmar con seguridad es queno pensó en Varito Uribe, sobre quien se explayó en múltiples elogios.Ahora bien, el problema no es sólo Colombia. Más allá está la región andina, lasnaciones del Caribe, la América Central, el cono sur. Mejor dicho, todo lo que quedaallende el agonizante Río Grande. El Comando Sur ha hecho ingentes esfuerzos en laguerra contra el terrorismo. "Estados Unidos equipa, elabora y entrena para mejorar lacapacidad de control de fronteras, eliminación de refugios y proyección de presenciagubernamental en naciones socias. Los principales esfuerzos del Comando Surrespecto de la guerra contra el terrorismo están encaminados a mejorar la capacidad delas fuerzas armadas colombianas, operar el centro de detención de terroristas en laBahía de Guantánamo en Cuba, fomentar la cooperación en el Hemisferio y mejorar elprofesionalismo y el respeto de los derechos humanos entre las fuerzas armadas de laregión".Paramilitares, de aquí para alláDe ahí que sea urgente aumentar el número de soldados y de "contratistas". Si sedijeran las cosas por su nombre, esos "contratistas" serían el aporte paramilitar de losEstados Unidos. Pero el aporte paramilitar de Colombia es igualmente importante.El 28 de marzo del 2001, el Boston Globe publicó las declaraciones del "comandante"Wilson, uno de los jefes de ese ejército de narcotraficantes, que ahora trabaja en elPutumayo. "El Plan Colombia, dijo Wilson, sería casi imposible sin la ayuda de lasfuerzas paramilitares. Si no tomamos el control de las zonas antes que el ejército, lasguerrillas derribarían sus aviones".Wilson añadió que la "estrategia global" se planifica entre sus "superiores" y elejército… “Hay destacamentos del ejército a veinte minutos de ambos lados del puestode mando paramilitar. La ruta de tierra que cruza el valle está plagada de trincherascontroladas por centinelas paramilitares. Camiones cargados con más de 40 soldadoscamuflados, armados con metralletas y lanzacohetes, se escuchan pasar regularmentemientras se dirigen a sus misiones de búsqueda y destrucción. Desde mediados dediciembre, helicópteros Huey de la era Vietnam y aviones preparados para destruir lossembrados, donados por los Estados Unidos, sobrevuelan ruidosamente el Valle deGuamuez echando un poderoso herbicida sobre las plantaciones ilegales de coca, lamateria prima de la cocaína"."El fenómeno paramilitar en Putumayo es la punta de lanza del Plan Colombia parahacerse con el control territorial de las áreas que han de ser fumigadas y para controlar
  • 143. 143a la población civil", dijo en el mismo periódico Germán Martínez, ex defensor delpueblo en Puerto Asís.Ese es el panorama. El principal problema que enfrentan hoy los Estados Unidos es eldel suministro adecuado de petróleo. En el año 2000, el Departamento de Energíainformó que "entre 1990 y 1999 el consumo creció en 15 por ciento, pasando de 17 a19.5 millones de barriles por día". En veinte años, ese consumo crecerá todavía más:en 5 millones de barriles diarios.En contra de lo que dice el gobierno colombiano, durante el mismo período nuestraproducción creció alrededor de un 80 por ciento. Colombia es el séptimo abastecedorde los Estados Unidos. Se calcula que en sus yacimientos no explotados hay 2.6 milmillones de barriles, y cerca de 26 mil millones más en sus reservas potenciales.Primero un brazo, después una pierna…¿Entonces? Entonces nada más ni nada menos que la urgencia de la guerra. Y yaconocemos esa guerra. "La primera fase del Plan (Patriota), dice el Diario Oficial en suremitido con cara de noticia, fue la operación en Cundinamarca, que recibió el nombrede Libertad 1, calificada como la más exitosa que se recuerde en el país".¿Por qué? Porque "no se podía ir allá (a la selva) sin antes romper los lazos que losalimentan (a los guerrilleros) con centros urbanos grandes como Bogotá, Medellín yCali". Y porque, con "la incursión en ciertos municipios de Cundinamarca con enormeinfluencia histórica de la guerrilla (los militares) ensayaron, aunque en menor escala, loque pueden encontrar en las profundidades de la jungla del sur".Repitamos: Libertad 1 fue un ensayo hecho en las goteras de Bogotá para preparar laofensiva de verdad que es la que ahora comienza.¿Y cómo fue ese ensayo, o, dicho de otra manera, esa "ofensiva de mentiras"?En Cundinamarca, como en el Putumayo, como en el Norte de Santander, como enArauca, hay un esquema casi invariable: primero pasan por ahí los soldados; luego,llegan los paramilitares; y cuando estos culminan su "labor de limpieza", regresan lossoldados.En un despacho de prensa del 29 de mayo del año 2003, Dick Emanuelsson trae eltestimonio de Carlos Rubio, un anciano de 85 años, sobre la tortura y el asesinato dedos jóvenes campesinos.Los paramilitares - cuenta Emanuelsson - acamparon en la finca de Rubio… Durante lanoche, las víctimas fueron llevadas a unos sesenta metros detrás de la casa. Hasta allí,y más allá, se oyeron los gritos. De acuerdo con el testimonio de Rubio, "los cuerposmostraron machetazos en la espalda, pero eso no mató al campesino… Siguieron latortura, cortando un brazo. Cuando el campesino no pasó la información que losasesinos pedían, le cortaron el otro brazo, y después la pierna, y después la otra pierna,
  • 144. 144para terminar de cortarle a Wilson Duarte su cabeza". Treinta metros más abajo,Hernando Micán sufrió la misma muerte terrible. Los cadáveres fueron enterrados en unhoyo.De inmediato, dos mil campesinos huyeron hacia Viotá. Pero a lo largo de muchosmeses formularon algunas insistentes preguntas, que Emanuelsson transcribió entrecomillas:¿Por qué los paramilitares dijeron llegar del Casanare, un departamento que esfronterizo con Venezuela?¿Cómo es posible que unos cien paramilitares fuertemente armados, hayan podidotrasladarse más o menos mil kilómetros con su armamento, sin ser descubiertos por lafuerza pública, que tiene regados retenes de la policía y del ejército por todas partes?¿Cómo es posible que la contraguerrilla, en esa región tan militarizada, no hayadetenido un solo paramilitar?¿Por qué cuando los paramilitares cometieron sus barbaridades, el Batallón Colombia,que tiene presencia casi siempre en esta parte de Viotá, estaba muy lejos del lugar delos asesinatos y desapariciones?Pero no son sólo los paramilitares. En la semana del 29 de mayo, cuenta Emanuelsson,"se produce otro asesinato en la inspección de San Gabriel. Una patrulla del ejércitosaca un campesino de la vereda El Retén a las 6 de la mañana… lo traslada a unavereda que se llama El Roblal, y a las 11 de la mañana lo mata. La versión oficial diceque era un guerrillero que estaba armado con una escopeta y un celular. Por lo tantofue dado de baja en un combate. Pero la comunidad desmiente y dice que era unhumilde trabajador que vivía en la vereda del Retén".Pero lo peor, tal vez, es la posición del gobierno. Los concejales visitan al mandatarioseccional de ese entonces, Álvaro Cruz, para poner en su conocimiento lo que estáocurriendo en el municipio. Cuando los recibe, mirando el reloj les informa que tienendos minutos para plantear el problema. Uno de ellos toma la palabra. Cuando formulasu primera pregunta, el gobernador lo interrumpe y le dice: "Usted es un mandadero dela guerrilla". Y luego, sin más ni más, les notifica: "Es mejor que se vayanacostumbrando a convivir con los paramilitares".Si esa es la primera parte del Plan Patriota, ¿qué podrá esperarse de la segunda?¿Acaso no dicen que "nunca segundas partes fueron buenas”? ¿Serán peores estaspartes en el profundo sur del país, donde la población civil, como se le dice ahora a laspersonas que antes eran simplemente eso: personas, "han convivido durante muchosaños con el enemigo"?Tristemente, la respuesta puede darse de una vez: serán peores.
  • 145. 145 El Macho12 de mayo de 2004Afirmar que no tenemos ningún problema interno, es trasladar de un solo plumazonuestra tragedia al plano de la intervención militar extranjera. Sobra decir que eso es loque quieren el presidente y los hombres del presidente.El Nuevo Siglo, que da muestras de convertirse en la única voz de oposición seriadentro del arrobamiento que aqueja a los medios del país frente al gobierno, llama laatención sobre la exigencia que hace el "Informe Nacional de Desarrollo Humano -Colombia 2003". Según el periódico, en él se "advierte que sólo cuando se entiendan entoda su dimensión y complejidad las raíces locales del conflicto, se podrán aplicar loscambios estructurales requeridos para alcanzar una paz duradera" (Editorial, 05-12-04).Habla Perogrullo, claro está. Habla el sentido común. A todos nos interesa la paz, ytodos, colectivamente, queremos encontrar un camino eficaz que nos saque lo máspronto posible del despropósito en que morimos. Por eso, sin mirar, miramos hacia esapersona a quien algunos llaman el "primer magistrado de la Nación". ¿Pensará él - si esque piensa - en el mismo sentido? Y es ahí donde encontramos un quiebre fundamentalentre la actual administración y el país, que dibuja con nitidez el abismo al que nosestamos dejando llevar de cabestro, sin darnos cuenta del grave peligro que nosamenaza.En efecto, en su discurso del 7 de mayo ante la Escuela Superior de Guerra, el "doptorUribe", como le decía, téte-a-téte, Rodríguez Gacha, puso los puntos sobre las íes, lasáes, las óes, las úes y las ées, como a él le gusta, y al responder una pregunta que leformuló el capitán de fragata Fabio Jaimes (a quien ya debieron llamar a calificarservicios), sostuvo en palabras textuales que "aquí no hay conflicto, sino una agresióndel terrorismo contra un pueblo y contra unas instituciones democráticas".Tal cual. Según esa persona a la que algunos conocen como presidente de laRepública, en Colombia no hay ningún conflicto. Y como no lo hay, tampoco hay unproblema interno. "¿Cuál problema interno? - le vociferó al capitán Jaimes -. Nosigamos hablando del problema interno. Aquí lo que hay es un desafío terrorista".Discúlpenme ustedes: aunque me extienda ad infinitum, no quisiera interrumpir lademoledora argumentación de esa persona que se identifica como jefe supremo de lasFuerzas Militares. De manera que voy a transcribir su larga parrafada, dicha con loscachetes colorados y el sudor a flor de piel, el mismo sudor que captó el fotógrafocuando recibió el título Honoris Causa en Economía, concedido por la CorporaciónUniversitaria del Sinú, que gradúa a los más conspicuos paramilitares del país, él entreellos."La gran preocupación nuestra - dijo ese individuo al que los despalomados que nuncafaltan le dan el título de primer mandatario - tiene que ser la derrota de los terroristas.
  • 146. 146Aquí hay que pensar qué se deja primero y qué de último. Nuestra misión es cumplir laprimera tarea que es derrotarlos. Si nosotros nos aproximamos a cumplir nuestramisión, simplemente con concepciones de procesos de paz y no con vocación decombate militar, estamos perdidos."Mientras la Fuerza Pública se dedica a pensar en cómo operar un proceso de paz, losterroristas nos derrotan militarmente. Por eso aquí se necesita fundamentalmente en laFuerza Pública una actitud combativa, una actitud de mentalidad de victoria, una actitudde derrotarlos."¡Esta es la hora de definición militar para derrotarlos! Lo importante ahora, más queobservadores militares en un proceso de paz, (es) tener consejeros militares que nosayuden, si tienen consejos que darnos, a definir esto militarmente. Si nosotros nopensamos que esto hay que definirlo militarmente, estamos perdidos."No me vuelva a preguntar (¡capitán!) sobre la presencia de observadores militares enun proceso de paz en esta etapa. Dígame Presidente, nos hacen falta unos consejerosmilitares a ver cómo derrotamos esos bandidos, porque tenemos que ganar, es la horade victoria, es lo que nos está demandando el pueblo colombiano.".La situación, pues, está clara. No hay conflicto, no hay problema interno, hay un desafíoterrorista, la paz es un contrasentido, vamos a derrotar a "los bandidos" en el terreno delas armas, necesitamos consejeros militares que nos ayuden (y que ya se sabe dedónde vienen esos consejeros), esta es la hora de la victoria. Así de simple. En lacabeza de chorlito de ese sujeto al que algunos llaman "excelencia", sólo cabe laguerra. Supongo que durante el sueño le rechinan los dientes. Aquí hay que triturar,destripar, masacrar, acabar, arrasar, volver papilla. Esa es la única forma de superarnuestra tragedia.Aumentar la tragedia para acabar con la tragedia. No oía un argumento parecido desdela época de ese tontarrón marxismo que todos padecimos en los 60s. Que los ricos seenriquezcan más todavía, que los terratenientes se apoderen de todo, que los ladronessaqueen el presupuesto, que los empresarios esquilmen al pueblo hasta la última gotade sangre, para que así se agudicen las contradicciones y se precipite la revolución. Yahí estamos. Ni revolución ni nada que se le parezca. Sólo más hambre, más miseria,más degradación, más oprobio. Y los de siempre ahí, felices, robando perdices.La concepción que tiene del Estado esa persona a la que el padrino de la mafia llamabaconfianzudamente Varito, carece de matices. En ese sentido (y no sólo en ese sentido),estamos bajo la autoridad de un primitivo, que ve el mundo a partir de una ópticamaniquea. Para él, la guerra no es un vehículo hacia la paz. Aquí se hace la guerra porel sólo placer de hacer la guerra, de acabar con el contrario, de destruirlo. Y el contrariosomos nosotros mismos. Supongo que en el fondo de su equívoco perfil psiquiátrico,este pobre personaje de bodevil tiene una insuperable tendencia suicida.Pues bien, si quiere suicidarse que lo haga, pero que no nos involucre a los demás ensu aventura.
  • 147. 147Afirmar, con esa sans façon envidiable, que no tenemos ningún problema interno, estrasladar de un solo plumazo nuestra tragedia de cada día al plano de la intervenciónmilitar extranjera. Sobra decir que eso es lo que quieren el presidente (o esa persona ala que algunos llaman "el presidente") y los hombres del presidente. Los alegresmarines norteamericanos y británicos, pensarán ellos, necesitan nuevos prisioneros quepuedan degollar sin complicaciones. Es insólito que el mundo haya hecho semejanteescándalo porque algunos de esos saludables soldados y oficiales orinaron susresiduos de coca-cola sobre los iraquíes. ¿Acaso los habitantes del tercer mundo nosomos simples y llanas letrinas para los poderosos ejércitos que nos visitan de vez encuando? De modo que si protestan por esas sencillas torturas y violaciones, quepiensen en Colombia, donde somos mucho más dóciles y orinables.Ante este panorama desolador, brillan con luz propia las declaraciones que le concedióJan Egeland, subsecretario general de la ONU a Yamid Amat, y que publicó el DiarioOficial el pasado 8 de mayo. (Entre paréntesis, qué magnífica perla la del final, cuandoun analfabeto, como Amat, felicita a su personaje porque "ha hablado mucho mejorcastellano al final de la entrevista").Pues bien. Egeland pide acabar de una vez por todas con la crisis humana que enfrentael país, y compara nuestra miseria con la que ha visto en Uganda y en el Congo.Protesta, además, por la situación que viven los dos millones de desplazados internos,y señala que Colombia ocupa, "con Afganistán, el tercer lugar mundial con problemasde desplazados, después de Sudán y el Congo"."Lo terrible de Colombia - dice Egeland - es que la población civil no es la que recibe eldaño colateral de la guerra sino que es el blanco de la guerra; por eso es tan grave ytan cobarde lo que hacen". Y antes de denunciar que nuestras comunidades indígenasse enfrentan a un extermino, añade: "Colombia vive una grave crisis humanitaria. Hayque lograr compromisos humanitarios".Pues bien. Son esos compromisos humanitarios, que debemos lograr a cualquier costo,los que chocan de frente con la intemperancia y obcecación del gobierno (o de esacosa a la que algunos llaman "gobierno"). Mientras para este último sólo existe elcamino de la guerra, para Egeland, vale decir, para las Naciones Unidas, se requierencon urgencia nuevas negociaciones de paz. "No hay solución militar", dice Egeland,porque las armas pueden "debilitar pero no exterminar" a la guerrilla”.Esa es otra lectura. Un país que tiene gentes que "viven en peores condiciones que enÁfrica", no puede darse el lujo de despreciar las lecciones que el más pobre y conflictivode los continentes le ha dado al mundo a lo largo de doscientos años y más de sutragedia colectiva. Pero, según parece, nosotros tenemos que aprender en carnepropia. Nuestro Mobutu está lejos de un pensamiento elaborado. Su prototipo, Idi AmínDadá, caníbal y alharaquiento, fue un macho en toda la extensión de la palabra. ComoVarito.
  • 148. 148Pero los machos de papier maché esconden comportamientos complicados. Paraentenderlos, valdría la pena releer el estudio clásico del profesor Socarrás sobreLaureano Gómez (Psicoanálisis de un resentido), donde se ve hasta qué punto estasexplosiones de virilidad se aproximan a comportamientos secretamente femeninos.Dejemos, sin embargo, esos pormenores para otra ocasión. Porque ahora, con lacomplacencia del sesenta y pico por ciento de los colombianos, hay que destacar quenuestro presidente (o ese individuo al que algunos le dicen "nuestro presidente"), es unmacho de los machos/machos. Sin darnos cuenta de que ahí, precisamente ahí, puedeestar el origen secreto del problema.
  • 149. 149 ReeleccionesVeámoslo de esta manera: renuncié. Las razones fueron múltiples, pero la primera detodas fue, sin lugar a dudas, la impotencia. Se habla, se dice, se expresa, se opina, serepite, se insiste, se recalca, se subraya, se comprueba, se denuncia, se grita, se parla,se farfulla, se murmura, se susurra, se vocifera, se precisa, se tose, se explica, inclusivese blablablasea y se parlanchina. Y nada. Y nada. La cosa sigue igual. La voz queclama en el desierto. Claro que cuando hay una voz que clama, explicó en algún textoSaramago, el desierto se hace menos desierto.¡Uuuuuuhhhhhhhhh!, grita la voz. Y le responde el eco: !hhhhhhhhhuuuuuU¡ Yo no sé siustedes se hayan parado alguna vez en el borde de una montaña a despertar el eco. Lasensación es horrible. Grita uno con la más potente de sus voces, ¡AQUÍ ESTOY!¡ÓYEME! ¡TEN CUIDADO!, y lo único que recibe como respuesta es ADO, ADo, Ado,ado, con un tono que se hace más y más tenue hasta desaparecer por completo. Demanera que la voz va, y viene, y desaparece por completo, y el ámbito de la montañase convierte en el testigo enorme de la inutilidad, del vacío. Por eso renuncié. Por eso.Pero resulta que esta semana las cosas sucedieron al revés. Esta semana el eco meconvirtió a mí en un reflejo desvaído de otra voz, una voz profunda y poderosa quesurgió de los acantilados y me lanzó, como hoja que lleva el viento, hasta el fondo de lacaverna. Voces, voces, voces, voces, palabras cariñosas, palabras urgidas, palabrasperentorias, palabras inconformes, palabras exigentes, palabras comprensivas,palabras regañonas o acusadoras. Esperaba, quiero decirlo sin modestia, algunasolidaridad. Tal vez veinte, tal vez treinta mensajes. Pero comenzaron a llegar, a regarpor la memoria del computador recuerdos e imágenes y argumentos y coscorrones muybien puestos en el centro de la inútil cabeza. Por ellos supe de vericuetos, de caminosinsospechados, de recovecos, de curvas del camino (“Más allá de la curva delcamino…”, escribió Pessoa), de atardeceres en los que me senté a hablar con alguienalrededor de un cafecito, en cualquier taburete o pared o bolsillo o sillón o poltrona, encualquier soledad, en cualquier sinrazón o razón o silencio. Y hablamos. Yo hablé concada uno de ustedes, cada uno de ustedes me dejó cabizbajo, cada uno me dijo, congeneroso corazón, lo que le quería decir a alguien de quien se sabe que sólo quiereayudar a desmontar la estructura de hierro en que nos han encerrado sin saber cómo nicuándo ni dónde ni por qué, y que para ello sólo tiene unas débiles patas de mosca.Porque de eso se trata. Se trata de ganar la batalla que las moscas ganan en Pascal,sin cambiar de actitud, con el solo manejo del lenguaje. Y fíjense ustedes: Monterroso,de donde saco la cita, limita a las moscas de Pascal a ganar una batalla. Pero siendoPascal Pascal, no tendría nada de raro que él haya escrito que lo que las moscasterminan por ganar es la guerra. Desvaríos, elucubraciones. Y sueños. Y, claro está,zumbidos.Vamos entonces a seguir. Cada una de las personas que me escribió, me dio unargumento distinto y contundente para persistir. Siendo todos igualmente importantes ysignificativos para mí, el tiempo del que disponen ustedes sólo me permite citar dos.
  • 150. 150Gustavo Gómez me pregunta: “¿Qué haríamos en esta tierra de cadáveres sin lasmoscas?”. Y Manuel Rozental transcribe un párrafo que escribí algún día, y lo convierteen un poderoso jab, directo a la mandíbula: "Y para que nada perturbe la tranquilidaddel reino, según los acuciosos amigos del Plinio y de los plinios, quienes no pensamosigual tenemos que callarnos. Pues no. No tenemos que callarnos. Y no lo haremos,porque el problema de este país no está en sus gobernantes ocasionales, que hoy sony mañana desaparecen, o en los prestigios mentirosos que hoy detentan y que mañanaprovocarán toda suerte de arrepentimientos, sino en una estructura inicua que permitemantener un statu quo miserable, hundido hasta el cuello en una hecatombe sinsentido, en el que el crimen sistemático se ha vertido en una norma de conducta… Elproblema, repito, no es Uribe o Samper o Pastrana. El problema es Colombia. Y, que yosepa, sobre los problemas de este país podemos opinar, mientras tanto, todos loscolombianos. Ahora, si no es así, avísenme de inmediato. Porque entre otras cosas, yoprefiero una y mil veces la literatura. Y la literatura me llama”. Y añade Manuel: “¿Teavisaron? ¿Acaso has dejado la literatura? Copié el texto que escribiste porque queríaque lo leyeras. Tan profundamente lo comparto que esta vez quien lo escribió fui yo, yte lo dirijo para que me hagas el favor de leerlo, como que soy yo quien lo compuso”.Bueno, lo leí, como leí una vez y otra vez las palabras que ustedes me dirigieron, queson las mismas desoladas palabras de un país que quiere decir pero no encuentracanales para decirlo. Y concluí que este no es el tiempo de las vanidades ni de losenvanecimientos, pero tampoco de los silencios o las desolaciones. Convirtamos, pues,este asunto en un episodio más de la tristeza que de vez en cuando nos agobia atodos. Más a los viejos, claro. Si Uribe pudiera leer las 115 páginas hermosamenteescritas que me enviaron ustedes, en las que palpita una voz erguida que no se da nise dará por vencida, sabría que este país, Colombia, el país nuestro de cada día, puedeser acorralado y acosado pero por muy poco tiempo, porque está en el voraz oficio deaprender a aplicar la duda metódica (lean lo de La Gabarra bajo la lupa de la dudametódica), de aprender a mirar con la mirada crítica, de equivocarse con lacomprensión necesaria por el error, y de ser distinto con el respeto auténtico por ladiferencia. Y sabría, otra vez, que este país, Colombia, el país nuestro de cada día, va asalir adelante, por encima del crimen, más allá de su malignidad y su torpeza.Yo soy un mandatario. Como Uribe. Un mandatario de ustedes. Eso quiere decir queustedes son mis mandantes, que ustedes son quienes mandan. El mandatario no es elque manda. El mandatario es el que obedece. Llevaré en el fondo de la memoria laspalabras que ustedes me enviaron, para sacarlas a relucir en los momentos de duda yde flaqueza. Habrá muchos momentos de duda y de flaqueza. Pero nunca más habráun momento de renuncia.Ahora, necesito mayor libertad. A veces me fatigo de hablar de esas gentecitas, y en elsilencio de mi cuarto de estudio, cerca del ventanuco que amanece bajo la luz queproyectan las montañas de “Sangre de Cristo”, escribo lo que de verdad necesitoescribir. Les envío una muestra para que, quien quiera, me acompañe un momento poresos desfiladeros.
  • 151. 151Antes de terminar: esta es mi respuesta agradecida a quienes me escribieron. Quecada uno entienda, por favor, que la escribí en forma individual para cada uno, sólopara cada uno de ustedes. Los demás (y ustedes, claro) recibirán la próxima semana,mi artículo habitual. “Conservarle su honor” será la media mosca que nos faltó de la 54(¿recuerdan que “El macho” se apoderó de media mosca de la 54?), y la 55. Y en estas“Reelecciones” estarán la mosca 56 y la 57 (la acumulación de números obedece altamaño). La próxima, pues, será la 58. Y les propongo un método: por favor, quien noquiera recibir más mi artículo, ¿podría decírmelo? En esa forma le abríamos espacio aalgunos otros, porque no pienso pasar de 500 lectores directos. En eso, como en lasotras cosas, soy y seré siempre más terco que una mula.Y ahora, lo prometido. Y mi emoción. Y mi gratitud para toda la vida.
  • 152. 152 Las piedras que lleva el ríoJunio 26, 2004"La negociación entre Uribe y los paramilitares, encabezados por Salvatore Mancuso,no es una transición a favor de la paz sino a favor del narcotráfico"Empeñados, como estamos, en discutir cuál de los dos realities shows es mejor: si el deCaracol, con veinte muchachas engañadas por un presunto millonario, o el de RCN,con 35 aspirantes a un estrellato de lentejuela y papier maché, dejamos pasarinadvertidas las declaraciones del embajador de los Estados Unidos, que publicó elMiami Herald en su edición del 16 de junio. De acuerdo con el señor Wood, “lanegociación entre Uribe y los paramilitares, encabezados por Salvatore Mancuso, no esuna transición a favor de la paz sino a favor del narcotráfico”.Allí juegan, pues, las cinco palabras que hacen la vida diaria de un país en declivecomo el nuestro: paz, Uribe, Mancuso, narcotráfico, negociación. Y quien las ensamblade una determinada manera para abrir con ellas el auto cabeza de proceso de lo queserá Colombia en los próximos años, no es un guerrillero de vieja data, como “AlfonsoCano”, o un político avezado y en la oposición, como Jaime Caicedo, o un peligrososubversivo de salón, como Antonio Caballero, sino el intérprete de la divinidad, a quienel régimen no puede acusar de guerrillero ni de comunista ni de amargado, ni deninguna otra de esas pamplinadas a las que nos tiene acostumbrados. ¿O será que loes? ¿Será guerrillero el señor Wood? No tiene nada de raro. Porque si el profesorAlfredo Correa D’Andreis, maestro por antonomasia, es un rebelde y un ideólogo de lasFARC, necesariamente el señor Wood tiene que ser Jojoy disfrazado de gringo.El hecho es que el gobierno (o eso a lo que le dicen gobierno) guardó silencio. Pero laafirmación quedó ahí, monda y lironda, y en el punto exacto en el que, por lo general,saben dejar las cosas los funcionarios del Departamento de Estado. Lo que Woodinsinúa es que de este lado de la negociación hay un grupo de individuos quemantienen distintos vínculos con el narcotráfico. Pues bien. En aras de marcardistancias respecto de la maniquea y peligrosa posición de los norteamericanos,echemos mano de un ejemplo socorrido, y digamos que la relación de Uribe con el“negocio”, rebasa hoy el hecho de que haya sido hijo y hermano de narcotraficantes yque él mismo, como director de Aeronáutica Civil, sólo haya ido al aeropuerto las pocasveces en que tuvo que recibir las cuadras de caballos importadas por sus parientesnarcotraficantes, los señores Ochoa. Pero todo eso es ahora una simple anécdota sinimportancia. Porque lo que en realidad debe entenderse es que Uribe es uno de lospeones del ajedrez con los que juega un sistema económico corrupto que dependeesencialmente del narcotráfico para poder subsistir en el futuro.De esa manera, Santa Fe de Ralito es sólo el laboratorio donde se examinarán algunospormenores de la marcha del “negocio” a una escala mucho mayor de la queestábamos acostumbrados. Mancuso y sus asesinos ya cumplieron la parte sustancialde su misión. Gracias a las masacres sistemáticas que organizaron a lo largo y ancho
  • 153. 153del país, la propiedad de las mejores tierras se entregó a traficantes que actúan demanera abierta y descarada o a sus amigos y simpatizantes. Las cadenas dedistribución siguen intactas. Los resultados de la fumigación, que merecieron el aplausode la Oficina de las Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito, acabarán en pocosaños con nuestro medio ambiente, pero en lo que se refiere al control de los sembradosde coca, sólo tendrán un éxito ocasional y momentáneo. Gracias al glifosato disminuyela producción, pero como al mismo tiempo aumenta el consumo, los réditos del tráficoson cada vez mayores. A través del lavado de dólares, los barones de la droga obtienencarta de presentación ante los círculos más herméticos de lo que Chávez llamó “ladecadente oligarquía bogotana”, y en retribución por el saludo, la ponen en camino deobtener fortunas varias veces millonarias. Y ya que llegamos al tema, permítanmeustedes hacer un paréntesis: en este terreno ninguno de nuestros medios se planteósiquiera un mínimo interrogante alrededor del caso de José Dover, alias Pepe, mecenasdel ex presidente Gaviria, quien vinculó a su lavadero a no menos de noventaindustriales y empresarios colombianos de campanillas, dentro de los cuales figuranalgunos cercanos colaboradores de dicho mandatario. Ahora bien, ¿no estará esteúltimo dentro de ese paseo? Porque recuerden ustedes que él, que llegó a la primeramagistratura del Estado con una mano adelante y otra atrás, cuenta hoy, según suspropias palabras, con una colección de arte avaluada en 60 millones de dólares. Entodo este ocultamiento, en todo este disimulo, en todo este hacerse los desentendidos,juegan un papel importante los medios manipulados por el gavirismo, algunos de ellosen trance de “refinanciación”, como la revista dirigida por el antiguo ministro deComunicaciones, señor “teta” Vargas, de la que es copropietario el inefable Nobel queaplaude las atrocidades de Uribe como si se tratara de hazañas de un campeón de lajusticia. Nadie pregunta, nadie investiga, nadie informa, nadie dice nada, pero, eso sí,todos saben que ahí siguen los mismos con las mismas. O, mejor, los mismos con losmismos, dado que el ejemplo se circunscribe al equívoco y perfumado equipo deGaviria.Sé que con todo esto no hago nada más que un amasijo. Pero resulta que,precisamente, se trata de un amasijo, en el que naufragan las tragedias de un país queno cuenta con la voluntad necesaria para salir del atolladero. Nosotros somos el paraísodel narcotráfico. Tenemos un presidente (bueno: tenemos un individuo al que le dicenpresidente), que labró su fortuna en las proximidades del negocio; tenemos un ejércitoparamilitar de más de treinta mil hombres dedicado a proteger el negocio; tenemos unasociedad corrupta que va de rumba en rumba gracias a las ganancias del negocio;tenemos unos medios de información enredados sin remisión en la telaraña delnegocio; tenemos unos políticos de medio pelo que se benefician de los tentáculos másgruesos del negocio; somos una ficha más en un imperio que no está interesado enabsoluto en solucionar las perversidades del negocio; pero lo peor de lo peor es quetenemos un país ciego, sordo y mudo, que soporta sin protestar las iniquidades con quelo destruye el negocio.Ese es el panorama. Y hablamos de reelección. Y oímos las peroratas que lanza Uribecon el ojo certero de quien sabe cómo se da en el blanco. Por ejemplo, la salidacalculada contra Amnistía Internacional. De inmediato llovieron las críticas y lasadvertencias y los artículos y hubo llanto y crujir de dientes y algunos llegaron a
  • 154. 154rasgarse las vestiduras. Pero, ¿para qué advertirle a Uribe que se pone en peligro deseguir los pasos de Fujimori, si este último es su paradigma? Lo único que le falta porahora es trasladarse a vivir al Cantón Norte, porque lo demás: popularidad mediática decerca del 70 por ciento, reelección, ubicación del proyecto global del Estado dentro delesquema de seguridad democrática, control militar de todos los resquicios de la vida encomunidad, extensión del conflicto a las comunidades marginales, red de informantes,entrega de la justicia a las distintas unidades de fuerza, estatuto antiterrorista,alternatividad penal, armas para la población civil, y lucha contra un enemigo difuso quese denomina “terrorismo”, parece calcado de lo que hicieron Montesinos y Fujimori enlos años 90, siendo nuestro Montesinos mucho más hábil que su homólogo peruano,hasta el punto de haber logrado tapar la historia de su hijo rejoneador y de suspresentaciones ante la mafia, y de manejar a su amaño un pequeño universodoméstico, antes reservado a la primera dama.En fin, ya no podemos abrigar ninguna duda. El Estado se entrega con las manosatadas al crimen organizado, y entre uno y otro montan pantomimas que distraen laatención de un país que parece dormir el sueño del opio. Los primeros resultados del“Acuerdo de Santa Fe de Ralito”, firmado el 15 de julio del 2003, se vieron en ladesmovilización del Bloque Cacique Nutibara, que desde siempre fue un fiasco. Peroese fue un pequeño vientecillo si se le compara con el huracán que se avecina. El paíscomienza a adquirir una nueva fisonomía, responde a unos nuevos valores, siguesiendo el único cordero del rebaño que va – sin que lo lleven de cabestro – al matadero,cambia de conceptos y de formas de hablar, cree, con fe de carbonero, que es posibleconvivir en pie de igualdad con Mancuso y sus asesinos, sustituye la ética pública por laética del negocio, entendiendo que el único negocio posible es el que proviene delcrimen, y, sin haberlas exigido jamás, reniega de las garantías que le ofrecía el EstadoSocial de Derecho y las sustituye por el espejismo de la seguridad democrática, unaseguridad que no es seguridad y que no tiene nada de democrática.¿Qué le pasa a Colombia? Es difícil creer que se haya extraviado en el laberinto,porque la imagen más certera que da de sí misma es la de ser el Minotauro y la deestar feliz en medio de su tragedia. Sin percatarse que se trata de un terreno lleno dearenas movedizas, le presta atención al discurso del yerbatero de feria que le prometecurarle todos sus males si se aplica un ungüento de pésimo olor. Porque eso es laseguridad democrática: un ungüento de pésimo olor, que emplea a diario indiferenteante la tronera que se abre a sus pies. Pasemos por alto las situaciones de ordengeneral, y limitémonos por ahora a los dos más recientes atropellos de la dictaduracontra los derechos esenciales de los colombianos. ¿Con base en qué indicio seriopuede alguien capturar al profesor Alfredo Correa D’Andreis, que ha hecho de su vidauna docencia impecable, acusándolo de rebelión por el simple hecho de ser undefensor a ultranza de una salida política para el conflicto? Es cierto que Ploter, un exguerrillero refugiado en los Estados Unidos, señaló como ideólogo de las Farc a alguiena quien llamaban “profe”. Pero es absurdo que el fiscal haya utilizado su cabeza dechorlito para cruzar ese dato con otro según el cual al profesor Correa lo llamaban“profe”. ¡Pues claro que lo llamaban “profe”!. ¿De qué otra manera quiere elestablecimiento que llamen los alumnos a un maestro querido, que ha estado 23 y másaños en el ejercicio docente? ¿Esas son las investigaciones de la seguridad
  • 155. 155democrática? ¿A ese tipo de adivinanzas tendremos que someternos los colombianos?¿Y qué respuesta hay para los integrantes del grupo “Pasajeros”, detenidos enCopacabana cuando participaban en una jornada cultural, acusados del delito desolidaridad con los sectores populares? Ya sabemos que los agentes de seguridad nosoportan un canto que no sea bajo tortura. Pero no podemos aceptar que estos ochoversos transparentes: Con el sol a medio cielo me di cuenta que la vida le daba la bienvenida y un abrazo al compromiso. Y he seguido en la pelea aligerado de peso. Siempre volará la idea aunque se pudran mis huesos…No podemos aceptar, digo, que esos ocho versos sean revolucionarios. Para desgraciade la dictadura, desde su calabozo, los “Pasajeros” enviaron un mensaje en el queinforman que no están solos. “Efectivamente – dicen – aquí con nosotros están lasseñoras comadres del asentamiento de desplazados de La Honda y La Cruz, detenidasjunto con decenas de señores trabajadores, obreros de la construcción, presos ensimilar ejercicio de ‘seguridad democrática’ en múltiples redadas arbitrarias en la zonanororiental. Y están también algunos campesinos y pobladores de Yarumal yCampamento detenidos masivamente, acusados de terrorismo, concierto paraterrorismo, tentativa de terrorismo…”.Esas son las piedras que lleva el río. La dictadura que soporta Colombia constituye unaamenaza interna y externa. Interna, porque trabaja contra el país, y es represiva,criminal y autoritaria. Y externa, porque se va a prestar para que el gobierno de losEstados Unidos ataque a Venezuela e intente apoderarse de la zona amazónica. Uribees el enemigo. Y a los enemigos hay que desenmascararlos… aunque se pudran loshuesos.
  • 156. 156 Conservarle su honor17 de junio de 2004“Al menos una vez en la vida – dice Saramago –, cualquier cronista o literato que noacaba de dar con un tema hace su glosa personal de la puesta del sol”. Y es verdad.Anoche fue mi turno. Serían, tal vez, un poco menos de las siete de la noche, cuandoManuela y yo nos lanzamos a recorrer “las solitarias calles de la aldea”.El buen crepúsculo de Parra brillaba en todo su esplendor, y el viento levantaba su vozpara contar de las cosas más cristalinas de la vida, del canto de los pájarospreparándose para dormir, del sonido del viento entre los árboles, de presagios delángelus que ya pasó, y del ángelus que algún día volverá a ser el mismo. Había algo depoesía en el ambiente, y mientras Pip, nuestro viejo perro de toda la vida, corría de unlado a otro olisqueando conejos inexistentes, y sabíamos que en la cocina las ollascantaban en ese mismo momento su canción de olores y de sabores, algo hondopareció tocarnos con una tenue mano de soledad, de distancia, por qué no decirlo, demelancolía. Caminábamos en silencio, ella una niña que comienza apenas a convertirseen una hermosa muchacha, yo, hecho tal vez un nudo ciego de recuerdos, de vocesidas, de preguntas que jamás llegué siquiera a plantearme. De pronto, la voz de mi hijarompió el hechizo.– ¿Por qué estás triste? – me preguntó –. Mira el azul del cielo. Oye el viento. Mamános espera. Estamos juntos. Tal vez acá comencemos a ser felices. ¿Qué sucede?No tuve respuesta. En efecto, acá podríamos comenzar a ser felices. Pero entonces, lavieja palabra de mi padre surgió dentro de mí, incontenible.– Mira – le dije –, voy a cantarte una canción que me enseñó papá cuando fui sualumno en la escuela primaria. ¿Te parece?Y, sin esperar respuesta, le canté con mi quebrada voz de muchos años, el himno quealguien escribió cuando nos enfrentamos a un Perú que no era nuestro Perú sino elPerú de Sánchez Cerro: Si algún día a la frontera me llamara el deber, me llamara el deber, abrazando mi bandera, volaría sin temer, sin temer. Colombianos al mirar la bandera ondular, prometamos con valor conservarle su honor. Colombianos al mirar
  • 157. 157 la bandera ondular, prometamos conservarle su honor, con valor, conservarle su honor.Levantamos la vista: una bandera que no era la nuestra ondulaba sin cesar en elarrebolado aire de la tarde.– No estoy triste – le dije con las lágrimas pugnando por salir sin que ella se dieracuenta –.Pero lo cierto es que ya no podemos hablar del honor de nuestra bandera.Ella permaneció en silencio. Lo sé, las niñas de doce años no tienen por qué pensar enbanderas ni en honores ni en países ni en circunstancias. Piensan, creo yo, en lasmuñecas que comienzan a dejar olvidadas dentro de los armarios, y, tal vez, en lainquietud que les despierta encontrarse con un determinado muchacho mientrascaminan por los pasillos de la escuela.Entonces, sabiendo que era apenas un monólogo inaudible para ella, para todos, seguíel decurso de mi pensamiento. Afuera caían las sombras vorazmente sobre la tierra, yPip, indiferente a todo, caminaba junto a nosotros esperando ver pronto la puerta pordonde podría entrar rumbo a su plato de agua.– Ya no podemos hablar del honor de nuestra bandera – repetí en voz baja –. Es más,ya no tenemos bandera. Lo que va al frente de los batallones y de los desfiles de lossicarios de cualquier pelambre es un trapo de tres colores manchado de sangre. Labanda que se tercia sobre el pecho este palafrenero de los Ochoa que ahora dicegobernarnos, no puede ser la misma que lucieron personas transparentes como MurilloToro, como Santiago Pérez, como Darío Echandía. Me fastidia pensar que la banderaque cubrió el catafalco de Jorge Eliécer Gaitán es la misma que va a ondear dentro depoco en el campamento de los asesinos concentrados en Santa Fe de Ralito. No creoque la bandera de un Congreso donde se oyó la voz de Jorge Soto del Corral sea lamisma que preside las sesiones donde participan cerca de cien parlamentariosimpuestos por el narcotráfico.– No conozco a ninguna de esas personas – me dijo Manuela, con lo cual descubrí queyo hablaba más duro de lo que hubiera querido –. Y tampoco sé qué cosa sea unpalafrenero.– No importa – le dije –. Palafrenero es el criado que le sostiene el estribo al patrónpara que se trepe sobre el caballo. Y eso es lo que ha hecho este individuo: sostenerleel estribo a Mancuso y a sus narcotraficantes, para que se monten definitivamentesobre el pobre jumento en que se ha convertido Colombia.– Hablas muy raro – me dijo Manuela –. ¿Jumento es un burro?
  • 158. 158– Sí – le contesté –. Jumento es un burro, un asno, una bestia de carga. Pero, más allá,jumento es Colombia. Desde que ese universo oscuro de las multinacionales, convirtióal narcotráfico en la columna vertebral de la economía, Colombia pasó a ser el burro delque unos pocos se aprovechan. Yo sé que el burro está desesperado con la carga quele han puesto encima.Encima lleva la tragedia de soportar masacre tras de masacre, la tragedia de losdesplazamientos masivos, la tragedia del terrorismo de Estado, la tragedia de lacorrupción (que no es sólo administrativa), la tragedia de la miseria generalizada, latragedia de la denegación de justicia, la tragedia de la amenaza internacional, latragedia del no futuro, la tragedia del dogma inalterable y del silencio, la tragedia delmiedo. Sobre todo la tragedia del miedo. Pero eso nos ha llevado a aceptar, sin fórmulade juicio, la solución que nos propone el gobierno de Uribe, que es la de entregarnoscon las manos atadas a la delincuencia común. Ante los ojos de un mundo al que leimporta un pito qué ocurra en ese rincón plagado de conflictos, Uribe les da statuspolítico a sus amigos del narcotráfico y los convierte en sus interlocutores.Ellos se han apoderado de todo. Hoy son los dueños de las tierras, de las carreteras, dela seguridad, de la justicia, de la administración, de lo que alguna vez se llamó vida,honra y hacienda de los asociados. Pero, lo peor de lo peor, es que esos delincuentescomunes, que forman un todo con quienes nos gobiernan, con quienes nosrepresentan, con quienes manejan una economía miserable que ha llevado a uno de lospaíses más ricos y diversos del mundo a una bancarrota generalizada, son los dueñosde nuestras conciencias. No sé hasta qué punto sea lícito convivir en sana paz ycompañía con los criminales, y asistir al derrumbe del país como quien no quiere lacosa. Porque en Colombia proliferan las voces que se levantan, erguidas, contra eseestado de cosas, pero que siguen ahí, construyendo dehesas donde se los permite elnarcotráfico y el paramilitarismo, disfrutando de la vida y de la rumba barata de fin desemana, estrechando la mano manchada de sangre de los asesinos y gritando ¡quéhorror!, ¡qué horror! frente al cadáver de los asesinados. Todo eso es una gran mentira.¿Tú sabes quién es García Márquez?No me contestó. Con seguridad, mi largo discurso la había llevado a lugares dondeviven los verdaderos pensamientos de las niñitas. Pero yo seguí, como si su ausenciano tuviera que ver nada conmigo.– Bueno, pues García Márquez se reunió en México con Álvaro Uribe, con el pretextode apoyar un proceso de paz con el ELN en el que sería garante el gobierno de Fox.Hasta ahí, magnífico. Pero resulta que se prestó a asistir con el palafrenero a unaconferencia de prensa, y que, cuando este terminó su discurso, lo aplaudió ante lascámaras de los reporteros. ¡García Márquez aplaude a Álvaro Uribe! Eso no me puedecaber en la cabeza, y no lo entiendo sea cual sea el motivo último del aplauso. Comono entiendo muchas cosas, que no voy a decirte porque ese, que es nuestro asuntovital, no es asunto nuestro. Tú me entiendes.– No te entiendo – me dijo Manuela –. ¿Cómo puede ser que algo que sea asuntonuestro no sea asunto nuestro?
  • 159. 159– Mira – le contesté –, lo que es asunto nuestro es el país, no son las gentecitas quegobiernan al país. El país necesita una revolución, una auténtica revolución, que loponga patas arriba en todas sus estructuras, que le cambie su forma de pensar, dehablar, de sentir, de enterarse de los acontecimientos. Ya están hechas todas lasdenuncias, ya se han señalado todas las dolencias, ya se han diseñado todos losdiagnósticos, ya se han propuesto todas las soluciones, y seguimos cada vez peor,cada día estamos más y más hundidos en la tragedia de nuestra vida, de nuestrocomportamiento. Necesitamos una revolución contra el algodón azucarado en que losmedios envuelven las noticias. Una revolución profunda, que estremezca loscomportamientos del país, que sustituya, como un cataclismo, toda esa pequeñez quenos circunda. No necesitamos una revolución política o una revolución económica o unarevolución educativa o una revolución cultural. Necesitamos una revolución de laconciencia. Si yo tuviera treinta años menos estaría en el país desarmando los ejércitosy armando las conciencias, todas las conciencias, con imágenes, con palabras, conconceptos, con respetos, con pensamientos, con recuerdos, con proyectos, conproyecciones. Pero estoy viejo y me siento inútil y desarmado. ¿Tú sabes quién esRoberto Posada?– No tengo ni idea – me dijo Manuela.– Pues no voy a hacerte perder tu tiempo diciéndote quién es Roberto Posada. Perohace poco me describió como “el olvidado”. Y sí, tiene razón, yo soy el olvidado. Unolvidado que piensa que sus pequeñas palabras, que sus denuncias y sus rabias, quesus reflexiones y querencias, que los artículos que envía, tienen algún interés, sirvenpara algo. No. Estoy convencido de que no sirven para nada. Eso de escribir es paraMolano, ¿tú sabes quién es Molano?– No tengo ni idea – repitió Manuela.– Molano es un hombre muy valioso, que me escribe para decirme que está feliz en LaCalera y que vive cerca de sus hijos y que cuida a sus animales y que cumplió 60 años.– Como tú – anotó Manuela.– Como yo. Yo también voy a cumplir 60 años. ¡Sesenta años! Y sigo haciendo lomismo que hacía hace tiempo, cuando el país era un país que cuidaba el honor de subandera. Ya no vale la pena. He resuelto callarme. Todos los esfuerzos que he hechoterminaron por ser inútiles y anodinos.– ¿Qué cosa es anodinos? – preguntó Manuela.– ¿Anodinos? Anodinos es que no se conocen, que no le importan a nadie. Te aseguroque de las 500 personas que reciben mi artículo semanal, por lo menos 450 lo mandanal reciclaje sin abrirlo. Entonces, ¿para qué sigo en esta bobada? Esta noche voy aescribir mi último artículo, mi artículo de despedida.
  • 160. 160– ¿Estás triste? – me preguntó ella.– Tal vez. Tal vez estoy triste. Pero no estoy triste por mí. Estoy triste por Colombia. Yallegamos. ¿Quieres que te cante otra vez una estrofa de la canción que me enseñópapá?– Vale – dijo Manuela.– Ojalá te la aprendieras. Dice así: Colombianos al mirar la bandera ondular, prometamos con valor conservarle su honor. Colombianos al mirar la bandera ondular, prometamos conservarle su honor, 169 con valor, conservarle su honor.– Qué linda – dijo Manuela.– Sí – anoté yo –, es muy linda, porque es una canción que creía en Colombia. Hoy loscolombianos no creemos en nada, y los que creen no ven que detrás de sus creenciasestá el horror y la muerte y el crimen y la desgracia.– Llegamos – dijo Manuela –. ¡Entra, Pip! ¿Cierro la puerta?– Sí – dije yo –. Y no te olvides de la llave.
  • 161. 161 Escritura y exilioSe habla de escritura y exilio. Yo diría que toda escritura es un exilio. Fernando Pessoa,el gran exiliado de sí mismo, lo escribió alguna vez en dos versos memorables: Ser poeta no es una ambición mía. Es mi manera de estar solo.Ser escritor es una manera de estar solo. Hoy, la escritura vive un estruendo de tesis,de argumentos y de contradicciones. En un mundo donde la ética ha abandonado parasiempre a la política, donde el pensamiento se ha reducido poco a poco al desván delos objetos inútiles, y el decir verdad es apenas un viejo ejercicio platónico, el escritor seha visto compelido a asumir el papel de protagonista político y a lanzar rayos ycentellas, señalando aquí culpas y condenando allá culpabilidades. Me atrevería a decirque esa es una exigencia de la época, pero que el escribir obedece a otras urgencias.En 1980 Borges recordó a tres poetas admirables “que han sido relegados al olvidoporque no fueron otra cosa que admirables poetas, que no modificaron el curso de laliteratura”. La situación, querido Borges, ha empeorado desde entonces. Hoy lospoetas, que es una forma antigua de decir los escritores, son relegados al olvidocuando no modifican el curso de la historia. Y en ese ejercicio sediento de no entrar porla puerta del olvido, el escritor se pone en peligro de obedecer a normas que no son nipueden ser las suyas.Pienso que el escritor construye su utopía, habla de su realidad y se convierte entestigo de su tiempo, sólo a partir de su expresión literaria. Y es ahí donde radica elpeligro que él representa para los regímenes de oprobio que hoy se extienden por la fazde la Tierra. Ninguno de ellos, ni las tiranías que son abiertamente tiranías, ni lasdemocracias formales que pululan en América Latina, ni los gobiernos de empresariosque hacen de las suyas en las grandes potencias, serán capaces de sobrevivir frente alsereno imperio de la poesía. Están ahí, claro, y ejercen el poder con mano de hierro ycon mentira. Se perpetúan a través de mecanismos baratos que tienen que ver confantasmas que crean burdamente en el inconsciente colectivo. Al fantasma delproblema judío, que crearon los nazis hace setenta años, siguieron, de un lado elfantasma del imperialismo y del otro el fantasma del comunismo, ambos igualmenteperversos. Y luego, cuando el poder no dispuso de nuevos ángulos desde los cualespudiera amenazarse con eficacia, sacó de su sombrero de mago el fantasma delterrorismo. Para ello contó, claro está, con la torpe complicidad de los terroristas. Perolo cierto es que hoy el hombre común encuentra el terrorismo hasta en los resquiciosmás sencillos y transparentes de su vida, y vive bajo amenaza sin darse cuenta queella, la amenaza, está más en la pantalla del televisor que en las obras de cienciaficción que escriben los medios cada día.Entre el escritor y sus lectores no puede interponerse el régimen político. Ni por acciónni por omisión. Si el escritor hace su trabajo como toca, vivirá, sí, en el exilio, pero mástemprano que tarde verá cómo la fuerza de su palabra es la única capaz de demoler lasfrágiles, las deleznables murallas de la ignominia.
  • 162. 162 El último de los grandes (sic)6 de junio de 2004Dentro del proyecto “Misión la Política”, que dirigió Guillermo Solarte, escribí el 26 defebrero del año 2001 una carta dirigida al ex presidente López Michelsen, destinada apublicarse en un volumen donde, en forma epistolar, se analizaban los temas de interéspúblico en Colombia.El libro nunca se editó (siempre he pensado que Guillermo es uno de los grandesingenuos que, por fortuna, aún quedan entre nosotros), de modo que a comienzos deeste año reescribí algunos párrafos y la dejé nuevamente en salmuera, hasta que sepresentara la ocasión de publicarla. Esta vez no tuve que esperar mucho tiempo. Afinales de mayo recibí un mensaje de Alpher Rojas, quien me pedía algún texto condestino a la revista “Nueva Página”, que estaba a punto de editar el Instituto delPensamiento Liberal puesto a su cuidado. Pensé que no perdía nada con enviar micarta y supuse que, dado los términos en que estaba concebida, iba a seguir durmiendoel sueño de los justos. Pero me equivoqué. El doctor Rojas me informó que la habíasometido a la aprobación del ex presidente (cosa que me molestó pero que, al mismotiempo, me señaló en forma explícita quién tiene ¡todavía! la sartén por el mango), yque López había aceptado que se publicara. De modo que apareció en “Nueva Página”,una revista, según me dicen, excelente. Sobra decir que no mereció ninguna respuestadel patriarca en su invierno, respuesta que, por lo demás, yo no esperaba.Pues bien. El 30 de junio los sectores más reaccionarios del país le rindieron unhomenaje al ex presidente, tal vez por el hecho de haber llegado a los 91 años sin unalzheimer demasiado notorio. Con tal motivo el Diario Oficial tituló su editorial "El últimode los grandes", y el homenajeado pudo decir una nueva serie de barrabasadas, entreellas una que rompe el record de la opacidad y del descaro, como es la de considerar“un acierto” el nombramiento de Fernando Londoño como ministro del Interior. No sobradecirle a quienes leen mi artículo en el exterior, que Fernando Londoño es un individuoque, de haber justicia en Colombia, estaría en este momento condenado a varios añosde cárcel.Pienso, entonces, que mi carta puede tener interés para algunos de ustedes, por lo cualla reproduzco como una larga serie de cuatro moscas seguidas que, espero, zumbarándurante veinte minutos en los oídos de quienes quieran leerla.Bogotá, marzo 21, año 2004Señor Don ALFONSO LÓPEZ MICHELSENEx presidente de la RepúblicaCiudadSeñor ex presidente:
  • 163. 163En un período no mayor de diez años usted entrará definitivamente en la historia. Esposible que en ese momento usted, como en el poema de Eduardo Carranza, vuelva amirarse y se deje solo, abandonado en este cementerio. Es posible que no. Losgrandes hombres nunca se abandonan, nunca dudan, sólo muy pocas veces seinterrogan. Y por lo menos acá, en nuestro ámbito doméstico, usted es grande. En ellibro que le dedicaron sus amigos en 1998, Benjamín Ardila habla sobre el imperiotranquilo que usted ejerce entre nosotros. Y Carlos Lemos, siempre tan medido, señalaque es difícil encontrar en nuestra historia política un pensamiento más coherente ytransparente que el suyo. Usted declina rodeado, si bien no del cariño, sí de laadmiración de sus compatriotas. Todos sabemos que usted es hombre de arraigadasdisciplinas intelectuales, que sus conocimientos son vastos y diversos, que analiza lostemas más intrincados a partir de una arriesgada pirueta conceptual, siempre complejay siempre sorprendente. En su extensa bibliografía a usted no le faltó sino escribiralgunos poemas memorables para ser un típico político colombiano. De ahí que enocasiones sus análisis pequen, para mi gusto, de esa cierta tenue distancia que loshace tan apetecibles, tan londinenses, en un medio pacato y restringido como elnuestro. Cierta vez, cuando algún ácido comentarista criticó su primer gabineteministerial por considerarlo demasiado cercano a la vieja clase política tradicional contrala que usted había luchado buena parte de su vida, su respuesta fue demoledora.Palabras más, palabras menos, dijo “yo trabajo con lo que da la tierra”. En esa frasetajante precisó una distinción fundamental: nosotros somos lo que da la tierra. Usted,doctor López, supongo que ante todo para usted mismo, es producto de un mediosuperior. Enhorabuena.Sin embargo, permítame caer en una obviedad. A usted también lo dio esta tierra, ustedestá inmerso en ella, quiéralo o no, y es aquí donde lo hemos elegido y donde le hemosdado los elementos indispensables para que piense, para que critique, para queescriba, para que se divierta, para que juegue su agudo juego intelectual. Fíjese usted,no anoto que le hayamos dado el elemento necesario para que se desgarre, porque austed jamás lo ha desgarrado este pobre y roto país. En el terreno de lo públicosupongo que ese desgarramiento corresponda a una forma de ser muy distinta, la delos políticos de pueblo tipo Jorge Eliécer Gaitán o Gilberto Alzate o María Cano o,inclusive, Julio César Turbay Ayala o Pedro Antonio Marín, alias Tirofijo. Todos ellosforman parte de ese misterioso río profundo que se llama Colombia, el cual se precipitahacia no se sabe dónde por un desfiladero. Todos ellos, con Darío Echandía y Alberto yCarlos Lleras y López Pumarejo y el aborrecible monstruo de La Capuchina y el generalque lo derrocó y Carlos Lozano y Diego Montaña y Gerardo Molina, participanvigorosamente en un proceso en el que surgen o se hunden con todos sus pelos yseñales. Usted no. Usted tiene que inventarse canales de comunicación con eseespacio que ve ambiguo en cuanto no le pertenece. Entonces recurre al vallenato,recurre al gallo de pelea, recurre al sombrero vueltiao, recurre a la cabalgata conaquellos que de verdad surgen de la tierra. Quiero decirle que en esas situaciones seve que usted pisa en falso. ¡Y sin embargo son tan suyas! Un político avisado tiene quesaber jugar en todos los terrenos, como lo hacía usted cuando iba de gira y le salía depronto ese otro yo que aceptaba – y acepta – negándolo continuamente, ese Jekill queecha discursitos y toma aguardiente y abraza gordas y baila hasta el amanecer en las
  • 164. 164cumbiambas. Es a ese: al que lo identifica con lo que da la tierra, al que lo sumerge enel buen o mal suceso de la Asamblea de Cundinamarca, al que lo desvela con losresultados de la Costa (¿y qué pasó en la Costa?), al que lo iguala con todos lospolitiqueros que en Colombia han sido, a quien le escribo. ¿Para qué? Posiblementepara nada. Equivocadamente para mucho.Ahora bien, duele decirlo, echar discursitos y abrazar gordas es uno de los pocospuntos de contacto que mantienen nuestros políticos con su entorno. De resto cadacual va por su lado. El lado del entorno es el autismo. Un pequeño grupo decolombianos se expresa ruidosamente por medio de las armas y se empeña en unahecatombe territorial que nosotros, habitantes del país de la gramática, conocemoscomo conflicto. En él juegan factores gruesos y factores sutiles. Los factores gruesostienen que ver con lo que todos conocemos, el cerrado espacio político que heredamosde ustedes, la tremenda desigualdad social, el manejo del narcotráfico comoherramienta de dominación, la corrupción que nos arrasa, la impunidad, la obsecuenciafrente a los grandes poderes económicos… Todo ello es el pan coger de nuestro día adía, que aceptamos como una condición sine qua non del hecho de ser pobres ymarginales y tercermundistas. Ya sé que usted no lo es (que usted no es pobre nimarginal ni tercermundista), por lo cual puedo intuir su divertida sonrisa al oír de nuevoese viejo lenguaje pauperizado y seudomarxista. Pero, permítame usted: enfrentados alpobre manejo que muchas veces damos a las palabras, nuestros términos puedensonar acartonados, pero la “libertad para morirse de hambre”, el “ahí están, esos sonlos que venden la nación”, “el pueblo unido jamás será vencido” y demás paparruchasque gritaron alguna vez los otros, tristemente siguen siendo las mismas. No quisiera,sin embargo, avanzar por ese camino. La discusión política en este país se montó hacemucho en una bicicleta estática. Aquí se habla de paz, se habla de democracia, sehabla de igualdad, se habla de justicia, se habla de libertad, se habla – inclusive – defraternidad, sin que nadie se percate de que con todo ello no se dice nada. Hay quecambiar el nombre de las cosas, propuso alguna vez Nicanor Parra. Si, de pronto, lapalabra Colombia desapareciera del mapa de las palabras, si en nuestra enciclopediadoméstica se cambiaran los tradicionales mojones de los períodos presidenciales por laestatura dada y adecuada de la pantaloneta de Pambelé, si en el melindroso lenguajede los informes oficiales se emplearan de repente los términos que intercambian lasbarras bravas en los partidos de fútbol y, al revés, estas se dedicaran a hablar, conpudor, de la gloria inmarcesible y del júbilo inmortal, sería posible recuperar el uso de lapalabra del que ustedes, los políticos, nos despojaron hace marras. El único lenguajeque se habla en Colombia es el de los fusiles. Lo demás es silencio. Perdone usted queemplee un término coprológico para decirle lo que oye la gente cuando los políticoshablan de paz o de justicia o de igualdad. ¿Sabe lo que oye? Oye invariablemente lainmensa y tierna palabra con la que termina El coronel no tiene quien le escriba, lamejor de las novelas de García Márquez, que voy a repetir aquí con el propósito deinsistir hasta el cansancio en el absurdo que implica nuestro mutismo habitual. “Dimequé comemos”, preguntó la mujer. Y cuenta García Márquez: “El coronel necesitósetenta y cinco años –los setenta y cinco años de su vida, minuto a minuto – para llegara ese instante. Se sintió puro, explícito, invencible, en el momento de responder:¡Justicia!”.
  • 165. 165Pero, le decía, en nuestro conflicto juegan también innumerables factores sutiles. Unode ellos, el miedo. Otro, esa proclividad hacia los pífanos y los clarines que cantó contanto garbo Rubén Darío. Otro más, la reverencia hacia lo establecido. Otro, el cultoobcecado por la gramática. Desde la época del general Santander ustedesconstruyeron a este país a su imagen y semejanza. Su miedo creó el nuestro. Recuerdeel grito aterrado de la consulesa Buddenbrook: “¡Antonio, baja! ¡Cierra la puerta deentrada! ¡Ciérralo todo! ¡Es el pueblo!”. Ese es el abismo que existió desde siempreentre ustedes y nosotros, la carne de cañón. No creo que nunca, salvo su mejoropinión, el país nacional se haya sentido interpretado cabalmente por sus políticos. Aveces se han dado pequeños puentes de comunicación: en el siglo pasado con elprimer López Pumarejo, por ejemplo, con Gaitán, por ejemplo, con Uribe Uribe, porejemplo... y pare de contar. Los demás convirtieron a los partidos en esas cajas dePandora a las que rodea la curiosidad y la expectativa de todos y de las que sólosurgen epidemias y desgracias. La epidemia del clientelismo, la epidemia delsometimiento, la epidemia de la indiferencia, la desgracia de la corrupción. Es dolorosover cómo en Colombia los políticos y el pueblo (otra vez el viejo lenguaje pauperizado yseudo–marxista) van cada cual por su lado. Hace mucho ustedes se convirtieron en unelemento más del folclor, como el masato o el bullerengue. Tengo la impresión de queel país los mira como un factor exógeno e inevitable. Como ustedes están rodeados porsus áulicos y por sus medios de información de bolsillo, es posible que no sientan lacrisis que se nos vino encima, que no es la crisis de la guerra o de la muerte o deldesempleo o del hambre, sino la crisis del desánimo, de la indiferencia, del silencio, dela apatía. Estamos sentados sobre un volcán. ¡Qué fácil es decirlo! Ustedes piensanque la explosión se va a controlar cuando las fuerzas regulares del Estado triunfensobre las fuerzas regulares de la guerrilla. Están muy equivocados. La dramáticarealidad que vivimos determina que cada día se mire con mayor apatía quién puedaganar en esa confrontación, porque lo único que se sabe a ciencia cierta es que elperdedor será el país. Lo que alguna vez fue un compás de esperanza o, inclusive, deconfianza, ante el hipotético triunfo de la revolución que aquí se impone, se convirtió,por fuerza de la ineptitud de los políticos, en el espacio del bostezo. Esa guerrilla dementirijillas en que los militares de la otra facción convirtieron el espacio revolucionario,no pudo presentar sus ideales mediante un discurso coherente y nuestro, y se fue porlos cerros de Ubeda de una propuesta que pone pavor en el corazón de un todocolectivo aterrado por cualquier pellizco que pueda sufrir el dogma de la propiedadprivada. Una propiedad privada que para el 85 por ciento de los colombianos no va(cuando va) más allá de una casita y de dos aparatos eléctricos: un equipo de sonidopara oír vallenatos, y un televisor para ver la telenovela de moda. De esa pobre guerrillanuestra, que se ensimismó y se dedicó a la desoladora contemplación de su ombligo,todos esperábamos una puerta abierta hacia la igualdad, hacia una adecuadadistribución de la riqueza, hacia un presente sin oprobios. Ya sabemos que de ella novamos a recibir nada de eso. Como sabemos que de ustedes sólo recibiremos una yotra vez el sustento de esa democracia de papel que nos engolosina. El país está solo.Y está mudo. Y tiene un aire inevitable de derrota.El panorama de nuestra política – o por lo menos de eso que llamamos nuestra política– es desolador. Sin que nadie se haya percatado, su ejercicio se trasladó de losdirectorios a las juntas directivas de los grandes consorcios. Desde ellos se manejan las
  • 166. 166opiniones de los ex presidentes, las decisiones de los cuerpos colegiados, las políticasde la administración. En ellos se determina quién es viable y quién no, y cuáles debenser las modalidades de pensamiento que jalonen el discurso del país, y cuál el modusoperandi de la nueva moral. Dentro de ese panorama regido ahora por los principiosneoliberales y por la globalización, ustedes, los viejos políticos se dejaron vencer sinpresentar las armas. Ahí tiene mucho que ver, claro está, la corrupción de nuestrascostumbres, el pago en efectivo de los favores políticos, la financiación de lascampañas. Es tan grave la vinculación de los dineros de la mafia a una elecciónpresidencial, como la de aquellos que provienen de los atildados propietarios de lasgrandes empresas. Ellos todo lo pagan: conciencias, opiniones, voluntades, criterios.Poco a poco el país se entera de cuál es su nuevo frente de lucha, y poco a poco sabetambién que ustedes, los políticos, fueron cómplices en este abandono de la cosapública, que se convirtió en un simple instrumento de los intereses privados. Ustedes,que se dicen los representantes del pueblo, son unos traidores a la causa del pueblo.Ustedes repican y andan en la procesión, confundiéndolo todo, matizándolo,disimulándolo, reburujándolo. Ustedes eran los encargados de predicar entre la gente(perdone el tono bíblico de esta frase), para que esta última pudiera enfrentar, con losojos abiertos, su ardua supervivencia en el mundo moderno. Pues no. Lo que ustedeshicieron fue exactamente lo contrario. Ustedes se convirtieron en unos ilusionistas quenos hicieron ver graciosos y sonrosados conejitos donde en realidad había sanguinariostigres. ¿Qué hizo usted, personalmente, ante los desafueros del proceso deglobalización, usted que, según dicen, es el encargado de hacer pensar al país?Permítame decirle que sus ensayos sobre los problemas territoriales de Colombia sonfascinantes, que sus anécdotas sobre episodios desconocidos de nuestra historia sonprovocadoras, que sus reflexiones sobre las gestiones administrativas de suspredecesores y sucesores son lo suficientemente inoportunas para ser seductoras.Pero no se trataba de eso. Se trataba de que usted, desde su opinión privilegiada, y suscongéneres desde los balcones donde todavía peroran como peroraron nuestrosoradores del siglo XIX, previnieran a los colombianos sobre las dolencias que lesesperan en un mundo fascista que comienza a destruir con su engranaje todo aquelloque le ofrezca un mínimo escollo. No lo hicieron, por desgracia, y hoy nuestras pobresgentes no entienden por qué las decisiones no se toman en el gobierno sino en un enteextraño que es el Fondo Monetario Internacional, o porqué las oscilaciones de la Bolsade Nueva York o de Tokio tienen más incidencia sobre nuestra economía que losdecretos del gobierno. Todavía no entienden que la junta directiva del Banco Emisor esuna borona insignificante en el engranaje mundial y que nuestro suceso colectivo va yviene al capricho de las grandes multinacionales. Antes creían que usted o que elpresidente o que Tirofijo o que el ministro de Hacienda de este o de cualquier gobiernotenían alguna razón de ser en nuestro panorama doméstico. Pero ante los hechos queviven, hoy comienzan a saber que no, por la sencilla razón de que no hay un panoramadoméstico. Pero ustedes: el vanidoso ex presidente y el gobernante santurrón y elcentenario guerrillero y el despreciable ministro no les dicen las cosas como son porqueles interesa más mantenerlas sumidas en el extraño mundo de Subuso donde agonizande necesidades y de engaños. Flaco favor el que les hacen. Mientras ellas, las gentes,van en mula, ustedes viajan en Internet. Conclusión: la distancia entre unos y otras,como dice una de sus inolvidables rancheras, es cada día más grande.
  • 167. 167Permítame aquí hacer un pequeño esguince dentro de los muchos que conforman elgran esguince de esta carta. Me refiero a la reverencia que despierta en ciertos gruesostituladores de prensa su insular aticismo. Gracias a él usted marca distancias y disfrutaque, como una condición sine qua non de su relación con los colombianos, se caiga, undía sí y otro también, en ese caballito de batalla que ya sabe a cacho según el cualcada vez que usted habla “pone a pensar al país”. No quiero discutir la validez de esteaserto porque, en efecto, usted pone a pensar al país. Pero lo que sí me inquieta – einquieta también a muchos otros observadores más autorizados que yo –, es sobre quépone a pensar al país. Ya lo dije. Si nos atuviéramos a sus declaraciones, entrevistas,comunicados y artículos de prensa, los colombianos pensaríamos sobre la mecánicapolítica, sobre la historia como anécdota y sobre las fronteras. Gracias a la perversaactitud de los políticos, y a pesar de la tremenda complejidad de nuestra vida en común,nosotros seguimos siendo un país costumbrista, un país que ha roto sistemática yviolentamente las formas pero que ha conservado, inclusive agudizado, el más secretofondo de su carácter. Usted no nos hace pensar sobre lo que nosotros deberíamospensar. Nosotros deberíamos pensar a partir de profundas raigambres regionales, deagudas y casi insuperables diferencias sociales y económicas, de insobornablesdistancias culturales. No considero que en esa geografía quebrada y huidiza estemosobligados a ver una tragedia. Por el contrario, sobre tal desidentidad podremos hacer elpaís que no hemos logrado hacer hasta el momento, y es a partir de ella que debemospensar en torno a nuestras carencias y posibilidades. Cualquiera desearía, entonces,que aquel que “hace pensar al país” – sea quien sea – encuentre un hilo conductor paraenlazar esas diferencias. En un comienzo alcanzaron a intuirse en usted algunosatisbos sobre esa tarea. Pienso, por ejemplo, en Los elegidos.El planteamiento que usted hizo en torno al calvinismo de la familia de B.K. y quedesarrolló – no sé si antes o después – en su tesis sobre la estirpe calvinista denuestras instituciones, fue un elemento importante en la discusión de un paísprácticamente al margen del mundo de las ideas. Pero el debate se acalló para darlepaso a “reflexiones” las más de las veces hechas por usted, frente a la mecánicapolítica, al quisicosismo electoral, a las posiciones burocráticas, a las pequeñasalianzas estratégicas. Sin decirlo, y digo sin decirlo porque él pretende decirexactamente lo contrario, lo dice Lemos Simmonds: “Cuando el ex presidente escribesobre la crisis en el cultivo de la palma africana en Malasia, no son pocos los quededucen que se trata... de enviarle a Dios sabrá quién un mensaje cifrado sobre elcomportamiento electoral del liberalismo o de lanzarle una crítica velada a la políticaexterior de alguna administración”. El hecho de que la prensa del país gaste ríos detinta en semejantes minucias indica a las claras que su oficio de hacer pensar al paísadolece de graves fallas.Hacer pensar al país. La política – y usted es el más notable de nuestros políticos – nohace pensar al país. Mucho menos la politiquería. Ella hace reír o rabiar o sufrir al paíspero no lo hace pensar. “Tararea para no pensar”, decía Sartre de su abuela. Colombiatararea para no pensar. ¿Qué calificativo podría caberle a eso que entre nosotros sellama “la política”? Hasta el momento se han empleado algunos de prudencia ejemplar.Se dice que es oportunista, que es acomodaticia, que es de parroquia, que esfronteriza. Todo eso es cierto pero, aún más, yo diría que es cínica. A ella podría
  • 168. 168aplicarse el aserto de Stuart Mill, que cita Celine como epígrafe de Semmelweiss: “Silas verdades geométricas le hubieran resultado incómodas a los hombres, hace muchotiempo que se las habría declarado falsas”. Si las verdades geométricas les hubieranresultado incómodas a nuestros políticos, hace mucho tiempo que las habríandeclarado falsas. Ese, el cinismo de nuestros políticos. Fíjese usted, los esfuerzos queellos hacen apuntan únicamente a su supervivencia. El hecho de que el partido liberal,que avaló la gestión neoliberal del doctor Gaviria como presidente de la República yque, por consiguiente, es uno de los responsables del derrumbe de nuestra economía yde la agudización de la crisis de todo orden en que se debate el país, haya intrigadohasta el cansancio (lagarteado, se dice comúnmente) por espacio de veinte años paraque lo aceptaran como miembro de la Internacional Socialista, hasta que lo recibieronen noviembre de 1999, indica a las claras la contradicción ideológica y programática enque cumple su tarea política. Si esa es la Internacional Socialista, si en la InternacionalSocialista encuentran cobijo individuos como Gaviria, como Hommes, comoMontenegro, y del lado de los chiquitos, de los manzanillos, seres como Turbay Ayala ocomo Name o como Aurelio Iragorri, y del otro lado (porque el liberalismo, usted lo dijobien, es una coalición de matices de izquierda, ¡de izquierda!, y por consiguiente debeser un poliedro), del lado de la cueva de Rolando “personajes” como Álvaro Uribe Vélezo Plinio Apuleyo Mendoza o Rafael Pardo Rueda o tantos otros, ¿qué fuerzas formaránla internacional neonazi? Todos esos nombres, que sólo traigo a manera de ejemplo, ymuchos más que campean en la memoria y en la punta de la lengua de cualquiercolombiano, son la demostración palpable de cómo se puede ejercer la política contralos intereses de un país. Al aceptar la inclusión del liberalismo colombiano en la IS,usted dijo que “ser liberal es un estado del alma”, y habló sin sonrojo alguno de la luchade clases, de la caída del neoliberalismo, de los conquistadores españoles comopadres del Derecho Internacional Humanitario (supongo que se trate de unos españolesdistintos de los que mataron en el solo territorio de la Nueva Granada a dos millonessetecientos cuarenta mil indígenas en el curso de veinte años), de la revoluciónbiotecnológica que, según usted, va a ser un arma eficaz para combatir la pobreza, ypidió que fuera ese grupo de honrosos “compañeros” el que se pusiera a la vanguardiadel empleo de los nuevos recursos generados en la información, en la clonación ydemás avances de la ciencia. Quiero decirle que su invocación a Dios y su inquietud entorno a los conflictos morales generados en la iglesia católica por la fecundación in vitrodebieron sonar un poco charras, porque lo demás, pero sobre todo su sans façon parahablar de los atropellos a los derechos humanos y su explicación del por qué no se lesdaba en asambleas semejantes el mismo tratamiento que a las violaciones en Europa,debieron pasar desapercibidas. De lo contrario, alguno de esos serios delegadoseuropeos se hubiera visto obligado a protestar. ¿Protestó alguno? ¿O, quizás, esareunión también fue una payasada? Lo cierto es que el partido al que usted perteneceforma hoy parte de una asamblea que tiene su origen en los movimientos sindicales delsiglo XIX, precisamente aquellos que – salvo en los gobiernos de Obando, de losradicales y del primer López Pumarejo – no tuvieron eco alguno en una organizaciónpolítica reaccionaria y de derecha.El partido liberal colombiano (y hablo de él sólo a manera de ejemplo) es un sepulcroblanqueado: hacia afuera, socialista y fervoroso de las causas populares; hacia adentro,neoliberal a ultranza, represor de cualquier postura crítica y violador de los derechos
  • 169. 169humanos. Hacia afuera, con dirigentes que participan de la necesidad de unarenovación a fondo de los mecanismos de la acción política; hacia adentro, con lídereshistóricos que ofrecen su apoyo a un régimen de oprobio como es el de Álvaro Uribe.Hacia afuera, demócrata y renovador y libertario; hacia adentro, víctima de caciquesque consideran un atropello la posibilidad de elaborar listas únicas y demásconsideraciones aprobadas por la constituyente, que encontraron una oposición sorda einsuperable en los cuadros de siempre, por siempre y para siempre. Como miembro dela IS, el partido liberal es un castillo de naipes que se derrumbará con el primer levevientecillo que lo acometa.En esta reflexión elemental sobre lo que hoy es la política en Colombia, quedan porfuera una gran cantidad de situaciones y dolencias. Hubiera sido imposible enumerarlasa todas. Pero no quiero terminar sin hacer una anotación marginal. No otra que estepaís, como es, con sus tragedias diarias y sus masacres y sus atropellos y susiniquidades y sus desigualdades sin término, es el que ustedes, los políticos, nosdejaron de herencia. Y que somos nosotros, sus herederos, quienes estamos en laobligación de reconstruir esa hecatombe. De ustedes no recibimos ninguna indicación,ninguna señal sobre la forma cómo podríamos emprender con generosidad ese camino.La lección que ustedes nos dieron nos remite al egoísmo extremo, al odio entrefacciones, a la zancadilla como método, al aprovechamiento indebido de los recursos yde las posibilidades que ofrece el Estado. De ahí que sean ustedes los primeros quedeban ser rebasados, ser destituidos, ser ubicados en su exacta mediocridad ydistancia. Lástima sí que nos acometa aún ese temor reverencial hindú que nosinmoviliza: el de las vacas sagradas. Pero el tiempo de los políticos se aproxima en lamisma forma vertiginosa en que avanza, en sentido inverso, el tiempo de la política.Espero, doctor López, que lo que piensa un ciudadano del común no lo perturbe en sugrandiosidad y distancia.De usted, Fernando Garavito
  • 170. 170 La historia del Señor de las sombras y del curioso seudónimo8 de agosto de 2004No he vuelto a escribir. Considero que la situación que vive Colombia rebasa concreces la dimensión de un artículo de prensa. Por eso, he decidido empeñarme enterminar un libro que resuma en pocas páginas la tragedia de un país, que, según elDiario Oficial, respalda en un 79 por ciento la gestión de un individuo que lleva a hablaral Congreso de la República a tres asesinos y narcotraficantes confesos, querepresenta los intereses más sórdidos que se hayan dado jamás en Colombia, queactúa como comandante en jefe de un ejército que masacra a indígenas, dirigentescívicos y sindicales y ciudadanos del común por el simple hecho de pensar de otramanera, que fracasa en toda la línea en su política social y económica, y que presideuna democracia de papel, sin asidero en la realidad, seguramente popular peroilegítima.Álvaro Uribe es un despropósito ético y un imposible político. Pero ahí está, poniendolas bases de una tiranía que muestra las garras cada vez que puede sin que nadieparezca percatarse de ello. El pobre y urgido país que es Colombia juega con fuego, yva a salir de esta aventura, si es que sale de ella, horriblemente chamuscado.Pienso que, a partir de septiembre u octubre, enviaré a quienes forman parte deluniverso de las moscas un capítulo tras otro de ese futuro libro. Hoy mismo todo esoestá apenas en esquema. Y, sin embargo, me he tropezado con un escollo complicado.No otro que el de utilizar materiales que ya empleé alguna vez, y que ahora debomanejar con mayor agilidad, aunque siempre dentro del mismo contexto.Eso me lleva a resucitar un incidente que ocurrió en el año 2002 y que no rebasó,porque no quise, el ámbito de mis asuntos privados. Hablo del libro “Biografía noautorizada de Álvaro Uribe Vélez – El señor de las sombras”, que yo escribí en sutotalidad y que firmé con un extraño seudónimo: Joseph Contreras.Pues bien. Según leo ahora, el seudónimo ha vuelto a aparecer por ahí con undocumento nuevo sobre la conocida vinculación de Uribe Vélez a las mafias delnarcotráfico. Como lo señaló con acierto María Jimena Duzán en la columna quemantiene en el Diario Oficial, Contreras es un testaferro de los organismos policivos delos Estados Unidos. Hasta el más inocente de los observadores sabrá que lasautoridades norteamericanas no están satisfechas con el manejo que le ha dado elgobierno de Colombia (o eso a lo que algunos conocen como “gobierno de Colombia”) ala extradición de los narcotraficantes concentrados en San José de Ralito. Entonces,piensan esas autoridades, es necesario advertirle a la díscola marioneta que debecomportarse como es debido, y “filtran” un documento con el que le anuncian que hayotras pruebas con las que pueden acabar de enredarlo. Ese fue el triste oficio deContreras: servir de mandadero. Sobra decir que no participo de ninguna manera deesa forma de hacer periodismo.
  • 171. 171Todo eso me obliga a publicar un viejo texto, en el cual le expliqué al penalista que llevóen ese instante mi representación en Colombia, cómo fue el origen, la redacción y el líoen que terminó convertido “el libro de Contreras”. Y lo hago porque necesito libertadpara manejar los documentos que figuran en mi archivo, porque quiero precisarnítidamente mi forma de ver el problema y porque deseo dar una nueva lectura a miinterpretación sobre lo que se esconde detrás de todo este pandemonium. De locontrario hubiera permanecido en silencio. Conservo aquí la redacción original, un tantodescuidada, a la que sólo le introduje ligeras modificaciones para reservar algunosnombres que no tienen por qué aparecer (dado el peligro en que se desenvuelve la vidaen Colombia), y aclarar pormenores que, debido al transcurso del tiempo, pudieronterminar siendo confusos.Repito: la situación del país demanda que nos empeñemos en denunciar lasiniquidades del gobierno y de sus cómplices de cualquier catadura, mucho más allá delo que permite un simple artículo de prensa. Este es, pues, el comienzo de otro camino. ****** Póngale la firmaEl relato de mi aventura editorial con Guillermo Schavelzon, Joseph Contreras y JoséVicente Kataraín es como sigue:En la primera quincena de abril del 2002, tres días después de que lo conociera enMiami, Joseph Contreras, corresponsal del Newsweek en América Latina y el Caribe,me llamó con el propósito de anunciarme que tenía un proyecto importante para mí.Con alguna dificultad terminó contándome por teléfono que el asunto consistía enescribir a cuatro manos un libro con la "biografía no autorizada de Álvaro Uribe" que élpensaba titular "El señor de las sombras". Le dije, claro, que estaba interesado. Mecontó que él tenía un agente, Guillermo Schavelzon, argentino, que vendería el libro aalguna editorial española. Muy bien. Me pidió que escribiera un esquema y me invitó acomer para discutirlo.En pocas horas escribí el esquema. En la comida, a la que fui con mi hija Manuela, de10 años, se tomó cinco cervezas. Es un impresionante consumidor de cerveza. Legustó el esquema, lo untó de cerveza por todas partes, y me dijo que se lo enviaría aSchavelzon. Me preguntó por mi hoja de vida, concretamente por los libros que yohabía escrito. Le conté que había escrito catorce libros.– ¡Catorce libros! – me dijo –. No puedo creerlo. Yo no he podido escribir ni el primero.Luego le expliqué que para el éxito del proyecto necesitábamos un apoyo en Colombiay que ese tal no podía ser sino un notable periodista amigo de ambos. Se mostróelusivo.
  • 172. 172Dos o tres días después me llamó para decirme que el contacto con la primera editorialhabía fracasado. No sé cómo se llamaba esa editorial. Y luego, dos o tres días mástarde, me contó que el segundo contacto también había fracasado. Entonces le habléde Kataraín. ¡Yo le hablé de Kataraín! Me dijo que lo conocía, que era un delincuente,que él no pensaba hacer negocios con ese tipo, pero que bueno, que le preguntaría aSchavelzon.Como el libro, para que tuviera algún impacto, debía salir antes de la primera vueltaelectoral, Contreras me pidió que nos pusiéramos a trabajar. Me ofreció las oficinas deNewsweek en Miami. Fui con Manuela. El sistema de trabajo era absurdo. Yo tendríaque utilizar durante unas pocas horas su propio computador. El teclado era en inglés,sin tildes y sin eñes. Y Contreras no dejaba hacer nada. Hablaba y hablaba y hablaba yno paraba de hablar. Con Manuela comentamos que era ridículo que en la semana enque intenté trabajar con él, durante la cual nos vimos con alguna frecuencia, gritaba quetenía que hacer "una notita de nada" sobre el turismo hacia Guatemala, y que siempreestaba por terminar "esa notita".– Bueno, termino esa notita, y nos ponemos a trabajar en el libro.Me di cuenta de que era imposible. Que si me quedaba ahí no iba a poder hacer nada.A mí el asunto me interesaba no sólo porque representaba algún ingreso, importantedada mi precaria situación económica, sino, ante todo, porque era un fascinante temaperiodístico. De manera que comencé a trabajar en la casa donde vivía en esemomento, en condiciones bastante difíciles, y traté de no volver nunca por Newsweek.Contreras me entregó copia de su archivo, con algunos documentos importantes (queluego utilicé), y me dejó a mi suerte.Se suponía que él escribiría seis capítulos de los doce inicialmente previstos, y yo otrosseis. Comencé entonces a trabajar en los míos. Mientras tanto, él seguía con su"notita".Fue entonces cuando, ahorcado por una situación económica desesperada comoconsecuencia de mi reciente exilio, decidí viajar a la casa de unos parientes de mi mujerque nos ofrecían ayuda y alojamiento en el extremo norte del país. A Contreras no leexpliqué, claro, que mi primera urgencia era poner tierra por medio entre los dos. Medijo que él podía viajar un fin de semana al lugar donde yo viviría, para quetrabajáramos en el libro. Le supliqué que no. Que para eso se habían inventado la redde Internet. Me dijo "stá bien, stá bien". Esa es la respuesta que él da a cualquier cosa.Viajé. Y comencé a escribir. Yo tenía (y tengo) casi la totalidad del prontuario contraUribe. Centenares de documentos. Un día me llamó para decirme que Kataraín habíaaceptado editar el libro y que Schavelzon iba a firmar el contrato. Me preguntó si yoestaría de acuerdo con que él figurara como autor, especificando que yo lo había"asesorado". Le contesté claramente que no. Le dije que sólo aceptaba que firmáramosjuntos nuestro trabajo. Para mis adentros pensé que ese trabajo “nuestro” era sólo “mi”trabajo y que él no iba a hacer nada, pero bueno, yo necesitaba darle salida a esosdatos y no me quedaba difícil meterlo ahí, como un bulto.
  • 173. 173En ese momento necesité confrontar documentos y personas en Colombia. Le volví apedir que habláramos con nuestro amigo común. Comenzó a huir. No dijo ni sí ni no.Sencillamente me recordó que el tema era supersecreto y que era mejor no contarle anadie del proyecto para que no pudieran "abortarlo".Supongo que en esa época se firmó el contrato. Sólo mucho después conocí el texto.Me dijo que si quería, podía enviármelo para que lo firmáramos ambos, pero que, por lapremura, era mejor que él lo firmara en Miami y se lo devolviera a Schavelzonrápidamente. Le pregunté cómo irían nuestros créditos. Dijo que el libro apareceríafirmado por "Fernando Garavito y Joseph Contreras". En ese orden. Confié en él y ledije que firmara, que enviara el contrato y que, cuando pudiera, me mandara una copia.Nunca lo hizo.Yo seguí escribiendo. El ritmo era enloquecedor. Me levantaba a las tres de la mañanay me acostaba a las 11 de la noche, todos los días. Entre tanto, Contreras viajó a Cuba.Allá estuvo más de una semana. Me puse muy contento. Con él en Cuba yo terminaríael libro sin problemas. De vez en cuando me llamaba para ver en qué iba el trabajo.Como no teníamos un investigador en Colombia, recurrí a él. A lo largo del proceso lepuse unas veinte tareas de investigación. Hizo cuatro o cinco.Cuando regresó a Miami me dijo que debíamos enviar el libro ya, que Kataraín loestaba reclamando de urgencia. En ese momento me llamó por primera vezSchavelzon, un argentino, de voz muy amable, que me explicó que se necesitaban "ya"los originales. Entre otras cosas me preguntó si no era mejor que firmara sólo Contrerasy que yo apareciera como asesor.– Es por tu seguridad. Piensa que si hay demandas, a un periodista norteamericano nole pueden hacer nada, pero a un colombiano lo pueden comprometer de muy malamanera.Le expresé que yo siempre me había responsabilizado de lo que había escrito, que eraposible que se presentaran algunas demandas pero que yo estaba acostumbrado a esoy que ya había ganado varias tutelas. Me expresó su admiración (“mi admiración”, dijo),y aceptó otro argumento: – En Colombia – sostuve –, el periodista conocido soy yo. AContreras nadie lo conoce.De otra parte, le pregunté concretamente si en el contrato decía que el libro llevaría lafirma de ambos. Me dijo que sí. Luego puse mis plazos. Para mí era difícil entregar untrabajo de esa manera, porque a medida que avanzaba encontraba nuevos datos quemodificaban los capítulos ya escritos. Pero bueno, le prometí que le enviaría el primero.Y así lo hice, con copia a Contreras. A este le pareció “maravilloso”. Me dijo que sólohabía encontrado un error: donde yo escribí que Uribe había sido director de Aerocivilpor espacio de 18 meses debía decir 28, como se desprendía del texto. Le di lasgracias. Un día más tarde me llamó para preguntarme “si ya había seguido susinstrucciones”. Me pareció ridículo, pero dado que ya lo conocía como lo que es: uncharro mexicano bocón, no dije nada. Sin embargo, para sacarme la espina, le expliqué
  • 174. 174que de ahora en adelante le enviaría el material directamente a Schavelzon para que élse lo remitiera a Kataraín. Se quedó callado. Noté que no le había gustado la cosa, peroaceptó sin chistar.De ahí en adelante las cosas se volvieron vertiginosas. Me tocó eliminar los seiscapítulos que Contreras no escribió y embutirlos dentro de los que yo había escrito. Selos remití para que los leyera. Hizo varias correcciones mecanográficas. Por ahí tengoalgunas copias de sus “aportes”. No sé si sea un buen periodista, pero de lo que sípuedo dar fe es que se trata de un excelente corrector de pruebas. En dos capítuloshizo observaciones de fondo. No más de cuatro en total. Investigó algunos temas. Cadavez que era necesario hablar con un funcionario importante, estaba listo. Esa tarea sí lahacía de inmediato. Y llegaba con algunas respuestas. Gracias a él pude corregir unaspocas imprecisiones. Aparte de eso, en cada llamada me interrogaba sobre lospersonajes que yo citaba y sobre las circunstancias que acompañaban las distintasanécdotas. Recuerdo una en particular:– Ah, De Greiff – me dijo –, ¡el fiscal que fue embajador en México! – No – le corregí –,uno de los grandes poetas colombianos del siglo XX. – Stá bien – me respondió –, yonunca leo poesía. Pero yo soy yo, y seguiré siendo yo hasta el final de mis días. Paracurarme en salud, resolví entonces firmarle las dos páginas que él escribió para el libro,donde cuenta la accidentada entrevista que sostuvo con Uribe en febrero del 2002. “Sialguien lee el texto con cuidado – pensé para mis adentros –, será ahí donde descubriráque el resto es mío”. Pero digo que yo soy yo porque soy un ingenuo. Nadie leyó esepormenor que, sin embargo, figura todavía como testigo mudo de mi aserto. Está en laspáginas 203 a 207.El 9 de mayo del 2002, le dije a Schavelzon que no alcanzaba a entregar el libro. Mecontestó que era imposible. Que teníamos un contrato firmado. Me reventé esa noche.Ya había enviado el Epílogo, y los capítulos 1º al 5º. Faltaban el 6º (sobre lagobernación de Uribe), y el 7º, sobre su propuesta política. El 9 por la noche, ya norecuerdo bien porque el atafago de esos días me hace un nudo en la memoria, eliminéel 7º y ordené el material del 6º: 250 páginas. A las 3 de la mañana comencé a escribirel 6º. Yo sabía que no alcanzaba. A las 9 de la mañana me llamó Schavelzon. Le dijeque el plazo de las 3 de la tarde era imposible. Que me dieran hasta las 6 para ver sipodía terminar el 6º, y que elimináramos el 7º. Estuvo de acuerdo. Me dijo que élviajaba a Barcelona y que se lo remitiera directamente a Kataraín "antes de las 6 de latarde hora de Colombia, o sea, 7 de la noche hora tuya".A las 2:30 llamó Contreras. Estaba molesto. ¿Por qué no había enviado el últimocapítulo? Le dije que Schavelzon me había dado plazo hasta las 6. Preguntó si se lehabía avisado a Kataraín. Yo me disgusté. Le dije que me pusiera en contacto conKataraín, que no hablaría con nadie más, ni con gerentes ni con nadie que no fueraKataraín. Necesitaba que me dieran la noche para terminar el capítulo.A las 5 de la tarde me llamó Kataraín. Más o menos me preguntó qué papel jugaba yoen todo ese paseo. Extrañado, le dije que yo había escrito el libro. Que era yo el quetenía toda la información, todos los archivos. Que yo había escrito cada capítulo, es
  • 175. 175más, cada palabra. Y le pedí que me diera la noche de plazo para enviar el últimocapítulo. Me dijo que no se podía porque ya tenía montadas las redes de distribución.Me tocó aceptar. Le pedí veinte minutos para ponerle el copete a lo que estabaescribiendo (en ese momento el capítulo iba por la página 23), y le informé que tendríatodo el material a las 6 de la tarde hora de Colombia. Se mostró de acuerdo. Me sentécomo un bólido. Nunca había escrito tan rápido. La última parte del capítulo 6º va entrecomillas. Todo entre comillas. Son documentos que estaba procesando en esemomento, y que mis fuentes me habían enviado a lo largo de meses.Terminé a las 5:50 hora de Colombia. Cuando abrí la dirección de Internet para enviarel capítulo, encontré que alguien que firmaba <mipersona@hotmail.com> me habíaenviado 500 mensajes que me tenían bloqueado. Tal vez se trataba de un virus. No abríninguno de los archivos, y comencé a borrarlos, uno por uno, con angustia. Cuandoterminé de borrar cien, le envié el capítulo a Contreras, con un SOS urgente de que loretransmitiera a Colombia. Creo que me equivoqué de dirección: no sé si se lo envié ajogutierrez y no a jocontreras, que, por razones del "jo", están pegados en el directorio.Pero eso no lo he podido comprobar y no le he preguntado a jogutierrez si recibió mienvío. El hecho es que Contreras me dijo que nunca lo había recibido.Hacia las 6.00 hora de Colombia terminé de borrar a "mipersona". Conecté la revisióndel virus. Se demoró diez minutos y me informó que no tenía ninguno. Un poco mástranquilo envié el capítulo a Kataraín a las 6:11 hora de Colombia. No dejé copia. ¿Paraqué iba a dejar copia de algo que tenía idéntico en mi computador? El aparato meindicó que el envío había entrado correctamente. En ese momento bajé a comer.Manuela y mis parientes estaban esperándome con una copa de vino. Yo estaba feliz.Había cumplido. Pero me caía de sueño. Comí, brindamos por el libro, y me acosté adormir. Antes, le bajé el volumen al teléfono. Necesitaba dormir siquiera 16 horas.Pero no pude. A la mañana siguiente me desperté a las 5 (dos horas después de miritmo habitual de trabajo en esos días), entré a la red y me puse a contestar mensajes.Yo contesto todo lo que me llega. Tenía 220 mensajes atrasados. A las 8 de la mañanahice una pausa para mirar qué nuevos mensajes tenía. Encontré uno solo, deContreras, donde me decía que el capítulo no había llegado.En un dos por tres lo envié de nuevo y le remití una copia a Contreras con el ruego deque lo enviara por su lado para evitar cualquier contratiempo. En ese momento atribuí elproblema al hipotético virus. Más tarde deduje que no. Pienso todavía que fue unaargucia de Kataraín para actuar como actuó de ahí en adelante.Contreras leyó el capítulo y le hizo dos observaciones de importancia: una, sobre unafrase que había sido dicha por Uribe de otra manera en la entrevista que sostuvo con élen Bogotá; y otra, sobre el hecho de que no era Fernando Botero quien había visitado aUribe en Colombia, sino al revés, que era Uribe el que había visitado a Botero enMéxico. Después comprobé que hasta en esa pequeña tarea había resultado un fiasco:¡es Botero el que visita a Uribe en Colombia! Hice las correcciones del caso, cambié lasletras trastocadas, y envié el capítulo a Kataraín con una notica donde le decía que, si
  • 176. 176era posible, se hicieran los cambios, o si no, que se tuvieran en cuenta para la segundaedición.Ese día Contreras estaba "muy preocupado". Me preguntó si había enviado mi foto.– ¿Cuál foto? – le pregunté.– La de la carátula.– No, a mí no me pidieron ninguna foto.– No puede ser – me dijo haciéndose el loco.Y yo, como una pelota, le expliqué que era posible que Kataraín hubiera pedido unafoto mía en El Espectador, o que él mismo tuviera una en su archivo, dado que yo habíapublicado un libro con él por allá en 1989.– Debe ser así – me dijo.Eso fue todo. A las 5 de la tarde del 11 de mayo, todavía demolido de cansancio, entréa la red. Contreras me enviaba, muy secamente, una reclamación de Kataraín contranosotros. Según él, yo había incumplido con mi palabra de enviar el capítulo a la horaprevista, y la editorial había tenido pérdidas que calculaba en cien mil dólares. Porconsiguiente iniciaría contra nosotros (Schavelzon, Contreras y yo), una acciónreclamatoria por esa suma.Ese es el cuento.Portland, Maine, mayo 15, 2002Adenda del 8 de agosto del 2004: Con base en ese resumen le pedí a un penalistaamigo mío que los pusiera en su sitio. Y así lo hizo. El hecho es que me negué de planoa vender el pedazo de apartamento que todavía no he terminado de comprar y queconstituye todo mi patrimonio, para pagarle a Kataraín la publicación de un libro míoque firma otra persona.
  • 177. 177 Entrevista al periodista Fernando GaravitoPor: Equipo Nizkorhttp://www.derechos.org/nizkor/14 de junio de 2005Texto de la entrevista realizada por el equipo Nizkor al periodista javerianoFernando Garavito el día 14 de junio de 2005Audio: http://www.radionizkor.org/colombia/varito.mp3 Convenciones: Equipo Nizkor: EN Gregorio Dionis, Director del Equipo Nizkor: GD Fernando Garavito: FGEN: A continuación van a escuchar una entrevista al periodista colombiano FernandoGaravito con relación a la situación en Colombia. Fernando Garavito nació en Bogotáen 1944 y se graduó como abogado en la Universidad Javeriana; fue redactor, editor ydirector de varios medios de prensa. En 1998 se vinculó a El Espectador, dondeescribió una prestigiosa columna de opinión, “El Señor de las Moscas”. Amenazado porlos paramilitares, se vio obligado a partir al exilio. Posteriormente a raíz de un artículodonde preguntaba “¿Por qué los autores del desfalco a la Nación a través del Banco delPacífico ocupan los más altos cargos administrativos del nuevo gobierno del PresidenteUribe Vélez?”, el periódico prescindió de sus servicios. Entre sus libros se destacan“Ja”, de 1976, que la crítica consideró como un puntal importante de la renovación dellenguaje poético en Colombia, dos antologías de sus reportajes políticos y culturales:“Reportajes de Juan Mosca”, editado en 1983, y “país que duele”, de 1996. así como unvolumen de periodismo literario, “El corazón de Oro”, de 1993. En el año 2001 obtuvo elPremio de Periodismo Simón Bolívar, por su investigación sobre la tragedia del Palaciode Justicia. Fernando Garavito es entrevistado por Gregorio Dionis, Director del EquipoNizkor.GD: Hoy estamos con Fernando Garavito, que es un periodista colombiano dereconocido prestigio y de un gran estilo que se encuentra viviendo forzadamente en losEstados Unidos. Buenas noches, Fernando.FG: Buenos días a todos. Estoy muy contento de estar con ustedes, y espero aportaralgo al propósito que los anima.GD: Bien, para comenzar nos gustaría que hiciera su propia presentación y un poco dehistoria como periodista en Colombia, y cómo llega a los Estados Unidos.
  • 178. 178FG: Bueno… yo soy ya un hombre bastante mayor. Ejercí el periodismo durantemuchos años en Colombia; cerca de 35 años; y desarrollé dentro de ese trabajo todasuerte de actividades, la última de las cuales, después de que me retiré de las salas deredacción y ya podía opinar libremente sobre lo que yo consideraba que eran losproblemas centrales del país, la ocupé como columnista de El Espectador dondemantuve una columna que se llamó “El Señor de las Moscas” a partir del año de 1998.Formó alrededor de esa columna donde se dijeron una serie de cosas a las cuales unpaís tan meloso y tan acostumbrado a las zalemas como es Colombia, estaba muypoco acostumbrado… se formó una serie de polémicas y de debates, y en mi columnase dieron unos elementos que aportaron formas de juicio para aproximarse a laverdadera realidad política, económica y social que vive… o en la que agoniza, mejor,el país. El hecho es que en los últimos momentos de la campaña electoral del año 2001– 2002, yo hice una serle de denuncias en torno a la actividad paramilitar y devinculación con los “narcos” de un candidato que en el momento en que yo lo denunciéera el candidato evidentemente minoritario, Álvaro Uribe… denuncias que se fueroncomplicando porque entré ya en pormenores a partir de los documentos que pudeallegar y conocer hasta el momento en que fui amenazado… seguramente… yo no lopuedo decir con tanta seguridad, pero fui amenazado por los grupos paramilitares, muyposiblemente, aunque no digo con seguridad cercanos a esa candidatura… ysúbitamente tuve que salir del país con mi familia y exiliarme en el único sitio donde enese momento de emergencia tenía una visa para poder entrar sin esperar semanas enlas que pudiera poner mi vida y la de mi familia en peligro… en doble peligro de muerte.Desde el año 2002… desde marzo del año 2002 yo vivo en los Estados Unidos, y heseguido con mis investigaciones y con mi mirada sobre Colombia, la he ampliado unpoco, trato de hacer una aproximación a los problemas generales del país… estoytratando de escribir un libro; durante meses seguí con mi columna en El Espectadorhasta cuando fue censurada por orden de la Junta Directiva del Grupo Bavaria. Luegoseguí con ella por Internet, pero me demandaba demasiado tiempo que debo dedicar ala investigación y a la reflexión alrededor de los problemas de Colombia que es en loque he estado en el último año… espero tener mi libro aproximadamente para finalesde este año e intentaré que esté en circulación, como aportes para llegar aconclusiones, en la campaña política del 2006.GD: En los análisis que usted hace toca un tema de fondo de la estructura colombianaque es el problema del narcotráfico y su relación con el paramilitarismo. ¿Cómo loenfoca usted y desde qué punto de vista llegó a tener que analizarlo como una cuestiónbásica para entender la realidad colombiana?FG: Sí… yo no he podido todavía hacer ninguna distinción entre el narcotráfico y elparamilitarismo. Los paramilitares… hablamos de estos paramilitares de ahora… elparamilitarismo es una constante de la política de Colombia… hay paramilitares desdela época nefasta de las dictaduras conservadoras de mediados del Siglo XX, pero esteparamilitarismo de ahora surge como consecuencia de un grupo que organizaron losnarcotraficantes, que se llamó el “MAS” en el año de 1981. El “MAS”, “Muerte aSecuestradores”, fue organizado por unos parientes del actual Presidente de laRepública, los señores Ochoa en connivencia con el señor Escobar, con el señorRodríguez Gacha, y con otros individuos de la misma calaña. El “MAS” se organizó en
  • 179. 179el año de 1981, como digo, como ejércitos privados para luchar contra gruposguerrilleros que habían secuestrado en ese momento a una de las parientes del actualPresidente de la República, llamada señora Martha Nieves Ochoa, y a partir de esaorganización totalmente de los narcotraficantes, ejércitos privados de losnarcotraficantes, se fue generando y creando y aumentando el problema de eseejercicio de la seguridad privada para beneficio de un delito como es el narcotráfico,hasta llegar a convertirse en los ejércitos que hoy en día son los que administran ymanejan el asunto político en Colombia.GD: Desde muy temprano se da, según lo que usted mismo en la columna “El Señor delas Moscas” y otros periodistas colombianos han escrito… se da una relación entre lafamilia Uribe y el origen de lo que llamamos, como usted bien dice, narco-paramilitarismo, o sea que con la actividad que en otros países llamaría “actividades delcrimen organizado”. Cuéntenos un poco cómo se da esta relación.FG: Bueno… la vinculación de la familia Uribe con los grupos de narcotráfico seremonta al padre del Presidente de la República, el señor Alberto Uribe Sierra. Ese eraun personaje típico de las tabernas antioqueñas, esos individuos que ahora en lastelenovelas de Colombia o en las canciones de carrilera, salen enamorandomuchachas, y dedicados al juego y al simple “vivir diciendo”, “vivir del dicho”, “vivir delgracejo”… ese era el padre del actual Presidente de la República, y a lo largo de suvida, después de vivir una gran cantidad de azares económicos y de no poderconquistar a las muchachas que quería conquistar porque era quizás demasiado pobre,encontró una forma de negocio que era servir… de cómo se llama… de la persona queles administra y les compra y vende fincas y haciendas a los narcotraficantes, de talmanera que en un determinado momento era propietario, pero propietario ficticio de unaserie de fincas, de bienes de todo tipo, de un helicóptero; en fin, era una de esasfortunas mentirosas sobre las cuales se construyen fortunas verdaderas y sólidas comola que en este momento tiene la familia del Presidente de la República. Esa fortunamentirosa, y esos negocios del señor Uribe Sierra, lo llevaron a morir en una situaciónmuy oscura, no se sabe exactamente quién o cuál fue el grupo que le provocó la muerteen un asalto a su finca “Guacharacas” en el año de 1983, en el mes de junio; estamos apunto de cumplir 22 años de esa muerte, el 14 de junio, y en ese momento las FARC,sostiene el Presidente de la República, las FARC, sostienen los amigos del Presidentede la República, pero eso no está suficientemente claro, asaltaron la finca, y segúnparece, el señor Uribe se les enfrentó con una pistola, lo dieron de baja, hirieron a unode sus hermanos… no el narcotraficante, sino al otro hermano; el hermanonarcotraficante es Jaime Alberto, lo llamaban “El Pecoso” y afortunadamente para lahistoria lícita de la familia murió de un cáncer hace unos años, poco antes de laposesión del Presidente de la República, pero no fue ese el herido durante el atentadoa la finca sino fue el otro hermano, llamado Santiago, quien seguramente también tieneotros negocios que deberán ser objeto de análisis por parte de todas esa…investigación que ahora se ha puesto de moda. En ese asalto y en ese momento enque muere el doctor Uribe Sierra, las fuerzas de asalto dinamitan un helicóptero quesegún parece era propiedad de esa familia, helicóptero sobre el cual se pierde la pistapero que aparece un poco después cuando las autoridades colombianas adelantan la“Operación Yarí”, la famosa “Operación Yarí” en que desmantelan una gran
  • 180. 180organización de fabricación de cocaína, y el helicóptero aparece ahí en esa operación,y es decomisado por las autoridades; sobre eso jamás han dicho una palabra. Esadenuncia la hizo Ignacio Gómez con la seriedad que él hace sus denuncias, con ladocumentación absoluta con la que él respalda sus investigaciones. Ese helicópteroapareció en ese momento ahí y nunca pudieron desmentir fehacientemente que noperteneciera a la familia del ya no narcotraficante en ejercicio activo, señor Uribe Sierraque había muerto unos meses antes, sino de una familia que se llama la familia UribeVélez que era la propietaria del helicóptero; además en esa “Operación Yarí”decomisaron seis aeronaves – unos aviones y unos helicópteros – tres de esasaeronaves habían sido amparadas por licencias de funcionamiento expedidas por elDirector… no, por la Dirección de la Aeronáutica Civil en el momento en que la presidióel doctor Álvaro Uribe Vélez; él fue Director de Aeronáutica Civil entre marzo del año 80y agosto del año 82; duró 28 meses en un cargo donde la gente honorable que ocupabaese puesto antes que él no duraba más de un mes, como fue el caso de su antecesor,el doctor Fernando Uribe Senior, quien fue asesinado un mes después de su posesióncuando quiso desmantelar los aeropuertos clandestinos desde los cuales en eseentonces se exportaba marihuana, y la mafia asesinó al doctor Uribe Senior con un mesde trabajo; el doctor Uribe Vélez, y esa sería una pregunta que habría que hacer, ¡ungran político…! ¡un gran político!, realmente, porque pudo permanecer en un cargodonde nadie duraba más de unos pocos días o semanas, y había personas que salían omuy amenazadas o muertas, como el doctor Uribe Senior; él pudo permanecer 28meses en el cargo… ¿Cómo? Puede hacerse esa pregunta cualquiera… pues dandolicencias de funcionamiento como las tres licencias de funcionamiento de tres de losaviones decomisados en la “Operación Yarí”, que estaban firmadas por los funcionariosde la Aeronáutica en el momento en que el doctor Uribe Vélez era Director deAeronáutica, y el funcionario que firmaba esos permisos de funcionamiento era nadamás y nada menos que un famosísimo delincuente común que se llamó el señor CésarVillegas, a quien sus amigos… ¡sus amigos! No sus enemigos, llamaban “El Bandi”, quees el principio de la palabra “El Bandido Villegas”, y esas licencias de funcionamiento nosólo llevaban la firma del señor Villegas que era el Jefe de Planeación de la AeronáuticaCivil en el momento en que Uribe Vélez era el Director sino uno de esos aviones, unacarta de recomendación personal del señor “Bandi” Villegas exigiendo la rapidez en laentrega de las licencias de operación para uno de esos aviones. Esa es una de lasviejas historias que se van olvidando: Qué sucedió en la Aeronáutica y cómo fue lavinculación de este Presidente de la República de ahora con las mafias a través de esagestión que, como les digo, duró 28 meses; ahí ya hay muchas preguntas que se hanformulado alrededor de ese asunto, sin que se hayan respondido jamás debidamente.Ahora pululan las preguntas; hay una columna de Felipe Zuleta, donde hace las mismaspreguntas, salvo una o dos, que hice yo en un libro que escribí en el año 2002, yacuando vivía en el exilio en los Estados Unidos, sobre las actividades delincuencialesde este grupo de personas que ahora nos gobiernan, pero ahora preguntan en elmomento en que yo formulé esas preguntas nadie se preocupó y dijeron que “eseindividuo” era “un resentido”, que estaba molesto por algún motivo, o que estaba “loco”;pero no, yo tenía mis convicciones sólidas y me sorprende positivamente que ahora,cuatro años después, cuando ya no hay nada qué hacer, cuando ya el señor fue elegidoPresidente de la República, cuando le está entregando el país a los paramilitares,cuando el narcotráfico no ha sido reprimido, cuando lo que ofreció como bandera de su
  • 181. 181campaña política, que era reprimir la violencia, se ha incrementado hoy en un notableporcentaje, que esas mismas preguntas de hace cuatro años, o tres años largoscomiencen a repetirse, y a entrar dentro del espectro político e investigativo del país;sería muy bueno que ahora se volvieran a formular con la misma claridad y con lamisma documentación con que traté de hacerlo yo hace tanto tiempo, y que ahora sí elpaís se diera cuenta y se despertara, y esas preguntas lo sacudieran para demostrar ypara convencerse, mejor, de en manos de quién está, cómo se están manejando yhacia donde se están manejando, y por qué se están manejando los asuntos públicosen Colombia, un país que todos sabemos en qué manos está y hacia dónde se dirige.GD: Otra cuestión que surge de un artículo suyo es la relación con alguien que llamabaa Uribe Vélez “doctor Varito”. Me gustaría que usted nos volviera a recordar lo que tanmagníficamente escribió en un artículo que nos llamó muchísimo la atención en sumomento.FG: Es un apodo que le puso alguien que lo quería mucho. El “Patriarca” delnarcotráfico a lo largo de muchos años no fue Pablo Escobar. Pablo Escobar era elasesino del narcotráfico; el asesino miserable que acabó con… que quería acabar conel país. El “Patriarca” era Fabio Ochoa, un hombre extremadamente gordo y prototípicode ese paisa aparentemente dicharachero y bonachón que proliferaba hace unasdécadas en la región de Antioquia y de Caldas; ese individuo, Fabio Ochoa, padre delos Ochoa, uno de ellos extraditado a los Estados Unidos y en este momento detenido yprocesado o condenado, no sé bien… no he seguido ese caso, en una cárcel de Miami,ese individuo era primo segundo de la madre del Presidente de la República, doñaLaura Vélez, que formaba parte de esas familias tradicionales, campesinas deAntioquia, al igual que el señor Ochoa. Por ese lado, el “Clan Ochoa” y la familia delPresidente de la República, son parientes no demasiado cercanos, pero tampocolejanos, y no importa mucho el parentesco; lo que importa es la relación de amistad quetuvieron durante largo tiempo, relación que no ha podido ser desmentida, relación queevidentemente se reflejaba sobre una vida de negocios, que giraban alrededor de laventa y compra de caballos lujosísimos que a cualquiera se le escapa la posibilidad deimaginar siquiera que un ejemplar de esos valga un millón de dólares o sumasastronómicas que eran las que manejaba la mafia en ese momento. Don Fabio Ochoa,presidía, comiendo mandarinas, y con su figura monumental, gigantesca, era unhombre gordísimo… presidía las ferias agropecuarias de la región de Antioquia, Caldas,el Quindío, etc., y en una de ellas, en la Feria Agropecuaria de Armenia, un testigopresencial, el señor Alpher Rojas, cuenta y escribe un artículo en el cual cuenta cómo,estando él cerca de la tribuna donde el señor Ochoa preside toda esa ceremonia, enesa parafernalia caballar, aparece de pronto un individuo flaco, desgalamido, un pococon cara de seminarista, oculto bajo unas gafas negras, estilo “Harvard”, y el señorOchoa levanta la voz y dice: ¡Allá viene Varito! Y “Varito” es el diminutivo cariñoso, enAntioquia, para los Álvaros, Alvarito. Entonces Varito se acerca y en la tribuna está otro“prócer” de los narcotraficantes que es ese individuo que se llamaba Gacha, y el testigode esa reunión oye cómo Gacha le dice a Uribe: “Doptor Uribe”, y lo acercan y lorodean, y está en perfecta comunicación y comunión de negocios y de intereses conese grupo realmente nefasto para la vida del país. Ese es el actual Presidente de laRepública de Colombia, “Varito”.
  • 182. 182GD: Vista la situación actual, que usted la está siguiendo desde afuera, pero esampliamente conocida, ¿cómo definiría usted la situación actual del paramilitarismo ydel narcotráfico en Colombia, la Colombia de hoy mismo?FG: Bueno… el paramilitarismo es el dueño del país. No importa mucho, creo yo, comolo veo yo acá, un poco desde lejos, no importa mucho quien sea el presidente de laRepública, cuál sea el grupo político que llegue a gobernar al país. No importademasiado si hay o no reelección. Lo que realmente preocupa es que en estos cuatroaños de este individuo, esta persona tan estrechamente vinculada al crimen organizadoen Colombia, se le ha entregado el país a los paramilitares, se le ha entregado el país aun negocio sumamente sólido como es el negocio de las drogas, y parecería que nadiehacia adelante, a no ser que tengamos la decisión, la fuerza, el coraje, la voluntad, ladisciplina, el amor, la lucidez, que tienen por ejemplo los grupos indígenas de Bolivia,que hoy mismo, cuando grabamos este programa están discutiendo la forma como ellosvan a manejar el país; ellos son los que imponen lo que hay que hacer en la política deBolivia. Si nosotros no logramos diseñar un grupo político de esa naturaleza, un gruposindical, un grupo humano, que se enfrente con coraje y con decisión a losparamilitares, vamos a vivir 30 o 40 años bajo el paramilitarismo, pero finalmente, comoocurre en este momento con los juicios que se le están haciendo en estos momentos alas Juntas Militares de la Argentina, o como ocurre en este momento con losdescubrimientos que se han hecho a la nefasta figura de Pinochet, 30 años despuésvamos a estar condenando a unos individuos que hoy deben ser detenidos deinmediato, sin dejarlos avanzar, sin que se apoderen más del gobierno; no sería extrañoque, como ocurrió en Centroamérica, los delincuentes que hoy son el señor Báez, elseñor Mancuso… ese tipo de individuos vayan a aspirar a cargos políticos en elinmediato futuro, gobernaciones, inclusive la Presidencia de la República, quién era (noes claro) .. era una persona que había estado vinculada a grupos paramilitares y teníaen su haber una cantidad de asesinatos. No quisiera que eso le pasara a Colombiacomo consecuencia, no de la actividad paramilitar en sí sino como consecuencia de lacomplicidad y de la cobardía de un gobierno cómplice y cobarde como el que tenemoshoy en el país.GD: Para ir un poco cerrando este reportaje donde nos ha hecho hasta el momento unamagnífica descripción de la relación entre paramilitarismo y narcotráfico, nos gustaríaretomar otro episodio que tiene que ver también con Uribe, Pablo Escobar, que serefiere a que en algún momento este narcotraficante, Pablo Escobar, mandó unhelicóptero a rescatar a alguien de la familia Uribe, y paralelamente, y ya que podemosasí hacer una relación directa con la actualidad, relacionar esta situación con… laparticipación de un miembro de esta familia en el equipo de dirección… digamos, delPresidente Uribe en este momento. Y también nos gustaría ya, para que usted puedahacer un análisis más completo, que nos dé la opinión de la posición que han adoptadotanto Vicente Castaño como Don Berna con relación a pedir esa suerte de inmunidadabsoluta sobre los delitos de narcotráfico.FG: Sí. El episodio del helicóptero en el que viajó el Alcalde de Medellín a reunirse conla cúpula de la mafia es muy conocido y “muy ignorado”, y se le ha echado bastante
  • 183. 183tierra encima para que nadie lo recuerde. Pero es real. En el año de 1982, en losúltimos meses, cuando se posesiona como Presidente de la República un individuo quetambién estuvo fuertemente financiado por la mafia que se llama Belisario Betancur,que ahora es poeta… dicen que hace poemas… Para no dejar esto en el aire, el señorBetancur hizo su campaña política en un helicóptero de un individuo que se llamabaYáder o Jáder Álvarez… lo único que le faltaba a Jáder era cambiar una letra parasaber exactamente lo que hacía con la pobre Colombia… y ese individuo era el jefe del“cartel de la cocaína” en Cundinamarca. Protagonizó una tragedia horrible porque tresde sus hijitos fueron secuestrados y asesinados por los grupos mafiosos contrarios alos que él representaba, dentro de organización criminal… y él se dedicó años enterosa vengarse de ese asesinato de sus hijos. Ese Jáder Álvarez le entregó, delante detestigos excepcionales, que no podrían decir que no porque son personas que sesupone que tienen la rectitud de la verdad, como el señor Augusto Ramírez Ocampo, ocomo el señor Hernán Beltz, que eran, el uno director de la campaña y el otro era eltesorero de la campaña del señor Betancur… le entregó para financiar la campaña 20millones de pesos, que en ese momento eran sumamente altos, una gran cantidad dedinero, y le prestó su helicóptero personal, en el cual el señor Betancur hizo toda lacampaña. Es que la vinculación de la mafia y de la política en Colombia se remonta amuchísimos años, y todos los políticos o politiqueros tradicionales, esos que han estadoen la Presidencia de la República, esos que han estado en el Congreso, esos que hansido diputados o concejales, o gobernadores o alcaldes, toda esa gente tiene unenorme “rabo de paja” y no puede decir nada porque por donde se toque la pústula enque vive el país va a saltar una inmenso chorro de materia que va a contaminarlo todo.El caso de Santofimio, por ejemplo, y el asesinato de Luís Carlos Galán es apenassintomático y un pequeño síntoma de todo lo que oculta la relación mafia – narcotráfico- política – paramilitarismo, etc., etc., en Colombia. Lo que tenemos es que buscar laforma de superar ese cáncer porque nosotros nos hundimos en ese “cáncer”, noscomplacemos en el “cáncer”, queremos que ese “cáncer” nos invada todavía más elorganismo social en el que estamos agonizando y muriendo… y no tenemos la claridadsuficiente para ver de qué manera podemos superar esa tragedia. Bueno, esa erasimplemente la anotación al margen para señalar cómo una de las personas quefinanció la campaña política de Belisario Betancur en el año 82 era precisamente elseñor Alberto Uribe Sierra, padre del señor Álvaro Uribe Vélez, quien concretamente sesabe que en una subasta de arte en Medellín compró o subastó un cuadro horroroso…debía ser como todos los cuadros que salen en esas subastas, por una suma altísima,en ese momento… que si no estoy mal, ustedes me perdonarán, pero no sé bien sieran 2 o 3 millones de pesos. Dar 2 o 3 millones de pesos en el año 82 por un cuadrolamentable era simplemente vincularse a esa campaña, donde se manejaban muchos,pero muchos, intereses del narcotráfico. Y efectivamente gana el señor Betancur; sobradecir que el otro candidato, el liberal también estaba financiado por la mafia; eso sesabe y se sabe quiénes eran los que daban el dinero, y quiénes eran los que recibían eldinero; de manera que yo no quiero, de ninguna manera, atacar al señor Betancur paradefender al otro candidato… todos, absolutamente, están hundidos en esa tragedia.Efectivamente gana el señor Betancur, y le agradece al señor Uribe Sierra, nombrandoa su hijo, el señor Álvaro Uribe Vélez, como Alcalde de Medellín. Hay que decirles aquienes no conocen Colombia que Medellín es la segunda ciudad en el país, y que esmucho más que eso que han pretendido decir, que es la “Capital del narcotráfico” en el
  • 184. 184mundo. Medellín es una ciudad muy, muy importante y con unos gravísimos problemassociales, políticos, económicos, donde se manejaron muchísimas cosastrascendentales para el país, en esa administración del señor Betancur, que habíanacido a pocos kilómetros de Medellín, en una situación de extrema pobreza, de la cualpor fortuna y seguramente con base en su inteligencia y seguramente con base enalgunas de sus relaciones logró salir hasta convertirse hoy en un hombre muy poderosoeconómicamente. Ese alcalde de Medellín se posesionó en el momento en que entra enfunciones el gobernador de Antioquia; en ese entonces los alcaldes eran nombradospor el gobernador pero el Presidente de la República imponía los alcaldes de lasciudades importantes. El Presidente Betancur, en contra de la opinión del Gobernadorde Antioquia, que en ese momento era el señor Villegas Moreno, impone al señor UribeVélez, un hombre joven de 29 años de edad, y entonces ante la enemistad manifiestadel Gobernador comienza ese Gobernador y su equipo de gobierno a tratar de ponerlela “zancadilla” para ver en qué forma salen de ese funcionario que no tiene un buennombre; que ya ha pasado por la dirección de la Aeronáutica Civil, que ya ha dejado elrastro de los intereses que lo animan, y “están muy atentos”, dice Villegas Moreno…“Estemos muy atentos”, dice Villegas Moreno, para ver en qué forma podemossacudirnos de este individuo, y efectivamente en diciembre del año de 1982, apenastres meses largos o cuatro de la posición de Uribe como Alcalde de Medellín, seproduce un hecho que tendría esos testigos excepcionales… yo no sé si el señorVillegas Moreno esté todavía vivo, pero dentro de ese propósito de no mentir, sería muyinteresante recibir ese testimonio sobre cómo la mafia, presidida por Pablo Escobar, yde la que forman parte en ese momento Carlos Lehder, Rodríguez Gacha, y los primosdel Alcalde de Medellín, los señores Ochoa, se reúnen en una “cumbre”… “cumbre” sellaman esas reuniones de delincuentes, y quieren que el Alcalde de Medellín asista aesa reunión porque van a tratar, seguramente, algunos asuntos relacionados con laciudad. Y la mafia le envía al Alcalde de Medellín, señor Uribe Vélez, un helicópteropara transportarlo entre su despacho y el sitio donde se van a reunir para tratar susasuntos, y el señor Uribe Vélez, que es una persona demasiado impulsiva como lo hademostrado ahora al frente de los destinos del país, se monta tranquilamente en elhelicóptero; es la primera vez que se monta en un helicóptero de la mafia; después semontó muchas veces en el helicóptero de su papá que era también un helicóptero de lamafia, y viaja a reunirse con Escobar y con sus socios en el delito, hecho que conoce elseñor Villegas Moreno, Gobernador de Antioquia, y que pone en conocimiento delPresidente de la República. Obviamente no se puede destituir al Alcalde de Medellínpor haber utilizado un transporte de los mafiosos y por haberse reunido con losmafiosos, porque todo el mundo está rodeado por los mafiosos, y porque PabloEscobar ya comienza a apretar el gatillo como una norma de vida, y entonces seinventan una crisis política en la que el Alcalde tiene que salir por razonesaparentemente burocráticas. Pero ese hecho se ha rescatado otras veces; por ejemplo,ese periódico lamentable que dicen que es el único periódico que hay en Colombia, quepertenece a la familia Santos, que creo que se llama “El Tiempo”, le preguntó alrededorde la campaña presidencial del 2002 y a raíz de una de mis columnas… le preguntó aldoctor Uribe Vélez: “Doctor Uribe Vélez, cuéntenos cómo fue su viaje en el helicópterode la Alcaldía para reunirse con la mafia de Pablo Escobar.” Y éste contesta: “¿Yo?¿helicóptero? Yo no me monté en ningún helicóptero de la Gobernación, porque laGobernación ni siquiera tenía helicóptero.” Hay muchísimos errores en esas preguntas
  • 185. 185y en esas respuestas. El “periódico” o la “hoja esa” que llaman “periódico”, le preguntapor el helicóptero de la Alcaldía de Medellín… No, la Alcaldía de Medellín no teníahelicóptero o si lo tenía no fue en ese helicóptero donde viajó el Alcalde. El Candidatocontesta por el helicóptero de la Gobernación. No, nadie le preguntó por el helicópterode la Gobernación. La verdadera pregunta es que esa es la forma como ese señortambién lamentable, y tan vinculado al crimen organizado, que es Fernando Londoño,que fue Ministro del Interior de ese individuo le ha acostumbrado a contestar al país…son respuestas de abogado, son respuestas “abogadiles”. Se pregunta una cosa y sesorprende rápidamente y se dice con mucha energía otra cosa y todo el mundo quedatranquilo de que hubo respuesta. No. No hubo respuesta. Y la pregunta no era por el“helicóptero de la Alcaldía de Medellín”, la pregunta era por el helicóptero de la mafia, ynunca se le formuló y nunca dio respuesta. Bueno. Eso en relación con el helicóptero.No sé si la pregunta tenía un segundo aspecto.GD: Sí. Había un segundo aspecto que es muy directamente relacionado con lasituación última; la carta pública que ha hecho Vicente Castaño, y con esto podemoscerrar un poco toda la reflexión sobre la situación actual que es la solicitud deinmunidad… yo no puedo usar la palabra de amnistía en este caso… de inmunidad quesolicitan por los delitos del crimen organizado.FG: El, realmente… la Administración en Colombia está sumida en el crimenorganizado. No está subsumida por el crimen organizado. Es un crimen organizado.Nosotros hemos vivido a lo largo de muchas décadas manejados por ese fantasma, porese crimen que es el narcotráfico; nosotros los colombianos somos las víctimas delnarcotráfico. Y nosotros tenemos una claridad absoluta sobre cómo ese delito halesionado la política, la economía, el deporte, la información, la vida privada, la vidacivil, la organización total del Estado y de la sociedad, y somos unas víctimaspropiciatorias de algo que se puede resolver con una voluntad, con una decisión políticadel mundo, pero, efectivamente, no va a haber esa decisión política en el mundo. Enestas semanas me han invitado acá a dictar unas conferencias sobre un tema queobsesiona a los Estados Unidos, que es el problema de las drogas, del narcotráfico, yde la forma como la juventud de este país está perdiendo todo futuro alrededor de esatragedia. Y he podido diseñar más o menos la argumentación coherente para demostrarcómo la guerra contra el narcotráfico que organizan en este país, en los EstadosUnidos, y en la cual los narcotraficantes de Colombia que ocupan los distintos puestosde responsabilidad política y pública se consumen el mayor de los entusiasmos esaguerra, esa fumigación que está destruyendo nuestra naturaleza, ese crimen que estáacabando con nuestras comunidades, esa tragedia que está arrasando con nuestrosdesplazados, esa organización económica que está masacrando a nuestras gentespobres y a nuestras gentes del común; no a los narcotraficantes, sino a nuestroscampesinos, a nuestros labriegos, a nuestros obreros, a nuestros sindicalistas, anuestros estudiantes… cómo esa guerra está pensada divinamente como el primersustento del narcotráfico; y lo he dicho ante grupos que se quedan, en primer término,asombrados y con una cara de reacción muy negativa frente a lo que yo afirmo, peroluego de una argumentación se puede demostrar fácilmente que la “guerra contra elnarcotráfico” es el primer sustento del narcotráfico, y que el narcotráfico es lo que estáarrasando a Colombia. Y que entre paramilitares, políticos, y narcotraficantes en
  • 186. 186Colombia, no hay ninguna diferencia. Pongamos cualquier ejemplo: Santofimio,cualquier ejemplo, miremos el que sea. Siempre encontraremos ese condón umbilicalque nos señalará que la tragedia de Colombia está enraizada de tal manera que laúnica forma como podemos eludirla y superarla es sacudirnos de encima toda esagente. Colombia es un país lleno de posibilidades, lleno de inteligencia, de voluntad, siquisiera ejercerlas… y también lleno de miedo. Pero tenemos que sacudirnos a esaspersonas, a esas gentes; las mismas gentes… que están en todas las campañaspolíticas… vuelve a decir el mismo discurso, dice la misma tesis, cita las mismas cifras,dice las mismas mentiras, acaba enredada en los mismos deleznables argumentos quemaneja la clase política en el país, y nos hunden sin misericordia ni compasión ninguna.Vamos a ver en qué forma dejamos de elegir a “Pablo Escobar” como Presidente de laRepública. Una de mis columnas que yo creo que provocó mi salida… ya la escribícuando estaba en los Estados Unidos y fue; no fue esa concretamente pero sí estuvocerca de la censura que se me aplicó, es una columna en la que dije: “Colombia, desdeel año de 1982, está eligiendo sistemáticamente gente en la Presidencia de laRepública a un individuo que se llama “Pablo Escobar”, quien curiosamente murió en1991, pero lo volvimos a elegir en 1994, lo volvimos a elegir en 1998, lo volvimos aelegir en el año 2002, y si nos descuidamos lo vamos a reelegir en el año 2006, o peor,lo vamos a elegir en el año 2006, sin que podamos hacer nada contra esa figura deoprobio.GD: Una cuestión que puede cerrar tranquilamente la exposición…la brillanteexposición sobre la cuestión de fondo sobre Colombia tiene que ver con un personajeque ha desaparecido ahora de la escena que es Carlos Castaño, y yo diría la historia dela finca “La Mundial”, y se lo pregunto porque evidentemente Carlos Castaño ha jugadoun papel muy importante durante una etapa, y ahora pues tampoco sabemosexactamente si no lo sigue jugando.FG: Muy posiblemente lo sigue jugando, y no sabemos si está muy cerca de… está porestos alrededores. Pero ese asunto de la finca “La Mundial”, que se conociófragmentariamente y que toma un cuerpo importante en este extraordinario libro sobreel paramilitarismo de Estado, que acaba de publicar el Cinep… paramilitarismo deEstado entre 1988 y el 2003, lectura estremecedora que debería ser recomendada paratodas las universidades que sufren los flagelos de la organización económica y políticahoy en día. Ese asunto de la finca “la Mundial” es muy, muy diciente y yo le agradezcomucho que lo haya puesto sobre el tapete, porque ahí se ve la relación inmediata entreUribe Vélez y el paramilitarismo. Lo resumiría diciendo… bueno yo saqué algo en ellibro que publiqué durante la campaña, pero no tenía los datos tan precisos como lospublica el libro del Cinep. En el año de 1975, o sea cuando acaba de salir de launiversidad, y se apresta para ocupar su primer cargo público que es el de Jefe deBienes de las Empresas Públicas de Medellín, Uribe Vélez es propietario… éldirectamente, o por testaferrato de esa finca… se llama “La Mundial” y… en la compradurante el año de 1975 encuentra que hay allí… que funciona allí, muy bien organizado,un sindicato de trabajadores. Entonces, trata, pues, de dar salida a su posición frente alo que es frente a la organización popular, y reprime como puede ese sindicato, pero nologra nada porque están firmemente afincados en la hacienda los trabajadores; demanera que en el año de 1977, para resolver el problema, les entrega la hacienda a los
  • 187. 187trabajadores y les dice “les dejo la administración por un año para que ustedes sepaguen sus prestaciones y los salarios atrasados, para que solucionemos esteproblema.” Y vuelve en el año de 1978 a recuperar su hacienda pero exige… les exigea los trabajadores, a un sindicato, que conoce sus derechos… les exige que leentreguen la hacienda desocupada, sin trabajadores. Y el sindicato le dice: “unmomento; de ninguna manera; nosotros no podemos aceptar eso; nos hemos pagadonuestros salarios, nos hemos pagado nuestras prestaciones atrasadas, pero seguimosviviendo aquí porque entre otras cosas tenemos muchas décadas de posesión pacíficade estas tierras, y podríamos más bien entrar a discutir la propiedad, que usted, UribeVélez tiene sobre la hacienda.” El hecho es que Uribe se molesta y resuelveentregarles… regalarles la hacienda “La Mundial” a los trabajadores. Sobre esto, esehombre, Uribe, ha hecho un escándalo verdaderamente monumental. Él es unapersona preocupada por los “derechos de los trabajadores”, y “desvelada por elbienestar” de la gente que tiene alguna relación de trabajo con él. Pero no hay tal; en elaño de 1978, les entrega esa hacienda a las 55 familias que la trabajan y, de inmediato,en el año de 1980 o 1983, cuando él está como Director de Aeronáutica, comienzan ahostigar a los trabajadores las fuerzas del ejército y de la policía. En el año de 1983,dice el documento del Cinep, desaparecen a uno de los trabajadores, que se llama o sellamaba Jesús Emilio Medina, y la situación sigue complicándose; la policía exige a lostrabajadores que le devuelvan la finca que le “han robado”, entre comillas, al “doptor”Uribe, y obviamente ahí no se trata de ningún robo sino de un derecho que ejercenlos… el sindicato de trabajadores agrícolas; de manera que en 1989, ya desesperadoporque no puede recuperar su propiedad, con el embate de las aparentes fuerzasregulares de la policía y del ejército, llegan los paramilitares presididos en ese momentopor el famosísimo… por el malévolamente famoso Carlos Castaño; invaden lahacienda, ejecutan a varios trabajadores, dos, dejan heridos a otros, incendian lasviviendas y hacen que muchas de las familias tengan que huir, de la hacienda. Lasituación se sigue complicando; en el año de 1992, siendo ese individuo Gobernador deAntioquia, 5 helicópteros del ejército ametrallan los cultivos… bueno… ya sabemos queunos de los jefes de las brigadas en ese momento en que el señor Uribe es Gobernadorde Antioquia, es el tristemente célebre General Rito Alejo del Río; qué podían esperarlos trabajadores, los ametrallan con el pretexto de que entre los cañaduzales seencuentran “guerrilleros”, les destruyen los sembrados, y se desarrolla un proceso dehostigamiento que ha llevado que entre 1983 y 1997, siendo directamente responsableel propietario o ex propietario de esa hacienda, “La Mundial”, señor Uribe Vélez, hayansido asesinados, en esa hacienda, 12 personas sobre las cuales ese individuo queocupa la Presidencia de la República debería responder personalmente. ¿Quién lepone el cascabel al gato?GD: Fernando Garavito: lo que me gustaría saber es si usted quiere agregar algo másen este panorama, está a su disposición “el micrófono”, digámoslo entre comillas.FG: Muchas gracias, Gregorio. Yo soy una persona que sigue con mucho entusiasmo,admiración, cariño y respeto por todo lo que la organización de ustedes hace enbeneficio del país y de las necesidades que tiene el país de que se sepa la verdad. Yo,en este momento, estoy tratando de escribir un libro, quizá un poco teórico; quierohacer el marco teórico de nuestra tragedia; quiero llegar a la raíz, a las raíces del
  • 188. 188problema, y quiero avanzar hacia soluciones más efectivas que el simple volcarse sobreelecciones que no conducen absolutamente a nada, porque, como digo, siempreelegimos a las mismas personas, en distintas figuras, pero siempre a las mismaspersonas. Trabajo intensamente en mi libro; trataré de tenerlo a comienzos del año2006, y en ese momento sí me gustaría mucho que pudiéramos hablar y quepudiéramos desarrollar alrededor de Nizkor lo que seguramente yo dejaréesquematizado en el libro; entre otras cosas, ustedes tienen un fondo editorial y megustaría mucho discutir con el editor de mi libro, que pudiera ser publicado también porustedes.GD: Muchas gracias también por el inmerecido elogio, pero desde ya que cuenta contodo nuestro apoyo y en el momento en que el libro esté disponible, no estamosdispuestos a editarlo sino también a hacerle una entrevista de este tipo para que puedadifundirse lo más ampliamente posible.FG: Muchas gracias a todo el equipo de ustedes.
  • 189. 189 Donde acaba la historiaJulio 4 de 2005Daniel Coronell cuenta su historia. Quisiera repetirla acá porque en ella se cuenta lahistoria contemporánea de Colombia.Desde hace meses, Coronell, un periodista notable, comenzó a ser amenazado. Sindejarse amedrentar, decidió seguir la pista de los criminales. Gracias a los mecanismostécnicos de los que hoy se dispone, pudo acercarse a su enemigo. Hasta que un día,cuando rastreaba la dirección del autor de los anónimos, el criminal se asomó a la red.Con base en esa aparición momentánea, Coronell llegó a la mansión de Carlos Náder,un potentado que no tiene historia sino prontuario, conocido por ser uno de los ejesentre los dueños del país, los políticos de medio pelo y los capos del narcotráfico.En pocas líneas, Coronell cuenta que Náder es dueño de una hacienda en Córdoba,una zona dominada por los paramilitares, que tiene propiedades en España, que estuvopreso en los Estados Unidos por narcotráfico, y que fue interlocutor de Pablo Escobar,el mafioso mayor, de infausta memoria.Pero Coronell pasa por alto una anécdota que figura en mi biografía de Álvaro Uribe, Elseñor de las sombras (Bogotá, 2002), en la que recojo una serie de datos sobre elpasado oscuro de quien poco después resultó electo como presidente de Colombia.En la página 63 de ese libro aparece Náder como uno de los sustentos fundamentalesde la campaña de Uribe, hombro a hombro con una serie de mafiosos, paramilitares ypolíticos corruptos. Allí indico que como dicho individuo no puede entrar al territorio delos Estados Unidos por su vinculación al narcotráfico, es "su esposa, Ana Trejos, [quien]aloja al candidato (Uribe) y a su familia en sus visitas a Miami". Pero ahí no se quedatodo. Porque el mafioso en persona "es su anfitrión en el lujoso apartamento quecompró en Madrid, gracias a las comisiones millonarias e ilícitas que obtuvo comoproducto de los desfalcos en la construcción de la represa de Urrá". Náder – concluyo –es un hombre oscuro que conoce muchos episodios del pasado de Uribe y que losguarda celosamente en su memoria para utilizarlos cuando lo crea útil para sus propiosintereses.Quiero decir: la historia de Coronell no termina en la lujosa mansión de un delincuentecomún. Termina en el sitio donde vive el delincuente mayor que, por desgracia para mipaís, es hoy por hoy la mansión de los presidentes de Colombia.
  • 190. 190 ¡Róbese un banco!Agosto 5 de 2005Para dirigir la política de crédito de la América Latina, la solución es fácil: róbese unbanco.A finales de julio, veinte de los veintiocho países con derecho a voto eligieron comopresidente del Banco Interamericano de Desarrollo, BID, al embajador de Colombia enlos Estados Unidos, Luis Alberto Moreno.La hoja de vida de Moreno dice que "al momento de su nombramiento en Washington(1998), se desempeñaba como socio de un fondo de inversiones con negocios enLatinoamérica". Rigurosamente cierto. Ese fondo era el WestSphere Capital Andina, delque formaba parte junto con otros políticos de medio pelo en Colombia. Él y sus sociosse hicieron al poder en 1998, en apariencia bajo la dirección de Andrés Pastrana. PeroPastrana era sólo un figurín, un caballerete. El cerebro de la organización era Moreno.De los socios de WestSphere, Moreno fue embajador en los Estados Unidos, FernandoLondoño, ministro del Interior y cerebro del régimen en el actual gobierno, LuisFernando Ramírez, ministro de Defensa, y Camilo Gómez comisionado de Paz. El otro,Moisés Jacobo Bibliowicz, permaneció en el sector privado, donde se dedicó a llevar losnegocios del grupo.Esos negocios habían comenzado de tiempo atrás cuando, en un acto de pirateríainternacional, WestSphere compró el Banco del Pacífico, una entidad con sede en elEcuador y con una importante sucursal en Colombia.Todo grupo que se respete, debieron pensar los socios, tiene un banco.Y helos aquí, propietarios de uno en bancarrota y sin que nada ni nadie pudiera salvarlode la ruina. Pero estamos en Colombia. Y ¿qué importancia puede tener semejanteminucia en un país hundido en la corrupción como Colombia?Pues bien, con la complicidad de la directora de Impuestos (que después fueembajadora en Canadá), y de la superintendente bancaria (que llegó a ser ministra deSalud), los socios lograron recibir depósitos por impuestos que sumaron 35 millones dedólares. Una vez el dinero se esfumó (porque se esfumó), el gobierno cerró el banco einició la investigación de rigor que no condujo a nada.Luego, los socios entraron a ocupar sus altos destinos, y los colombianos se quedaroncon los crespos hechos.Repito: el autor de esa masacre es ahora el nuevo y flamante presidente del BID.Cuando al señor Rodríguez, secretario de la OEA, le comprobaron manejos indebidoscomo presidente de Costa Rica, tuvo que renunciar a su cargo un mes después de
  • 191. 191posesionarse. Pero en Colombia las cosas son a otro precio. En Colombia todos soncómplices.De manera que Moreno seguirá ahí hasta que el robo (por el cual se le sigue unproceso penal en el Ecuador) pueda tener una dimensión que se acomode más a suambición que a su estatura. Y no se trata de una frase ambigua: Moreno es enano.Poner al BID en manos de Moreno, es como poner el queso en la cueva del gato.
  • 192. 192 La máquina de hablarUniversidad de Nuevo MéxicoAlbuquerque, septiembre 8, 2005Pensar se ha convertido en Colombia en un ejercicio peligroso. Cualquier fisura que nose ajuste a un esquema previo establecido por el contradictor puede estrellarse contraconsecuencias imprevisibles. Poco a poco el país se ha ido hundiendo en el silencio,donde lo único que se oye es el eco de los disparos. La razón no la tiene quien sepamanejar una dialéctica, sino quien maneje el gatillo con mayor precisión y sangre fría.Así, el lenguaje ha perdido cualquier significación, hasta el punto de que hoy se explayasobre una máquina de hablar que elimina en su estruendo cualquier sistema depensamiento.Cada día se abre más y más el abismo entre la acción y el lenguaje. Mientras la primerase ciñe a patrones específicos que tratan de consolidar el poder tal como se le concibecomúnmente, el segundo, manejado por ese poder, se debilita. A finales del siglo XIX,cuando se afirma la idea de nación, el ejercicio de pensar se enajenó en dos sectoresde la sociedad, íntimamente relacionados. En efecto, ante la ausencia de unpensamiento sistemático, el pensar se le encomendó a la religión y a la gramática. Enese entonces, los colombianos creyeron que ser católicos y conocer la estructura de lalengua eran las condiciones sine qua non del pensamiento. Obvio, el catolicismo es,ante todo, un ejercicio jerárquico. Y lo mismo el lenguaje. Podría pensarse en unaelipse, en la cual la curvatura superior representara al hecho católico, y la inferior alhecho gramatical. Partiendo de un punto cero, el presidente, con un manejo precario dellenguaje, reduce a su sitio a la jerarquía que se opone al proceso político de laindependencia: "Nuestro Señor Jesucristo –le escribe al arzobispo en 1832–… jamásinculca sobre la legitimidad o ilegitimidad de las potestades civiles. Los Césares eranunos manifiestos usurpadores de los derechos de la soberanía del pueblo romano, y elpueblo romano era un injusto conquistador de la Judea. Jesucristo se somete a laautoridad de sus magistrados; San Pedro no los arguye de incompetencia; San Pablo almismo tiempo que reprende los vicios del incestuoso Félix, no se substrae de untribunal, ni le disputa la legitimidad de su jurisdicción. ¿Sería porque no conocieron latiranía de los Césares, ni el cruel despotismo de los romanos? ¿O porque el reino deJesús es espiritual, y predicando la obediencia a las potestades, supone su legitimidaden cuanto la subordinación conduce a la salud eterna, sin entrar en cuestiones que nopertenecen a la cátedra del Espíritu Santo?". Pero los protagonistas avanzan, cada unopor su lado, envolviendo cada vez más a una sociedad que se sustrae de todo aquelloque no tenga que ver con el diario vivir. Para lo demás, el pensamiento, la política…,están los héroes. Las polémicas no vienen al caso. El país es católico y, como tal, creeen el dogma. Uno de ellos comienza a tomar cuerpo: sólo a través del lenguaje seráposible constituir una nación. Pero la jerarquía tiene también una presencia dentro deese juego: la doctrina se transmite a través de la Palabra de Dios, y la Palabra de Diosse condensa en el Verbo: "En el principio era el Verbo…". Durante décadas, lagramática es el punto de fricción ineludible en el proceso de construir un pensamiento.
  • 193. 193Comienza con timidez, a partir de la retórica del Trivium. Conocer el lenguaje es"embellecer la expresión de los conceptos". La verdadera guerra civil en la que seempeña Colombia tiene que ver con la necesidad de dejar atrás a los caudillosmilitares, incapaces de sacrificar un mundo para pulir un verso, y abrirle paso a lospresidentes civiles que han cursado leyes, dentro de las cuales han estudiado lógica,gramática y retórica como la unidad básica para concebir y expresar un pensamiento.Se trata de un proceso, claro está, no de un hecho súbito. En forma paulatina, lossoldados son sustituidos por los magistrados que manejan otro sistema de pensamientoy que, poco a poco, avanzan hacia un esqueleto ideológico que consideranindispensable para darle una forma a la nación. ¿Por qué? Porque el concepto nación,que hizo el delirio de las revoluciones burguesas, le daba una nueva entidad a unaservidumbre que encontraba en ella la frontera espacial de la que carecía para salir dela angustiosa frontera temporal que le había impuesto la doctrina. En ese proceso elpaís se desbarata, se fractura, se hunde en confrontaciones complejas que conducenhacia un punto muerto donde la elipse parece precipitarse. Ese es el marasmo que llevaa la regeneración ("regeneración o catástrofe"), que avanza de manera incontenibleporque el presidente condensa lo que el país espera encontrar en sus héroes: es poetay libertario, pero se codea con la jerarquía y triunfa en la guerra. La regeneración no esun movimiento político: es un lenguaje, que pone al poder en contacto con la realidad através de lo que Williams llamó "las formas fijas de la escritura", es decir, la gramática.Con la incorporación de la jerarquía y la reunificación del país, la elipse se cierra. Sinembargo, en contra de lo que podría pensarse, no origina otra que se apoye sobre laprimera para dar comienzo a un nuevo flujo político. Por el contrario, se devuelve. Enpocos años, la guerra de los mil días se mira en el espejo de las guerras de fin de sigloy copia sus crueldades, y del humanista católico y conservador que escribe unagramática latina, traduce a Virgilio e impone sus obsesiones ("el sufragio universal –escribe en desarrollo de un debate sobre la constitución política – debe figurar en lalista de las cosas que no existen… Es una palabra apasionada, que […] ha servido paralisonjear a la plebe"), se desciende al espíritu burlón que pierde una porción delterritorio mientras redacta un tratado de ortografía, y luego al desvelado soñador queentabla una guerra a muerte para explicar y explicarse el subjuntivo hipotético, paraterminar en el profesor de prosodia en latín, que es el último de los gramáticos y elprimero del nuevo período de los magistrados, en el cual la construcción del lenguaje sediluye en el aire, y el catolicismo desaparece bajo la banalización de las formasreligiosas. Dentro de ese proceso el pensamiento va al tuntún sin llegar a consolidarse.Su mayor aproximación a una estructura se da en el momento en que se confunde conla gramática. Pero ese esquema es un castillo de naipes. La elipse vuelve a cerrarsecon una velocidad de vértigo. Se regresa a unos pocos regímenes militares (el hechode que el presidente no luzca uniforme no quiere decir nada), que con la matanzasistemática de mediados del siglo XX, devuelven al país a los peores episodios de laguerra contra España. Y es a partir de allí, siempre en contravía, cuando se entra delleno en la colonia y la conquista. Ahora mismo estamos en la época de los virreyes,que dicen gobernar en una región que pertenece a otro imperio. Pero el proceso deglobalización es el mismo de la época de Felipe II, cuando no se ponía el sol en losdominios del rey. El hecho es que a partir de 1947 regresamos a la edad de hierrodonde el territorio es un botín. El poder hace chocar su miedo contra la fuerza de losindígenas, y los desplaza a través de un ejercicio violento de la acción militar, que no da
  • 194. 194tregua. Pero los indígenas de hoy no son sólo los indígenas. Hoy los indígenas somostodos.En medio de esta barahúnda, el lenguaje vuelve a ser un esquema paupérrimo sobre elcual se diseña lo que no llegará jamás a ser un pensamiento. Quisiera condensar enuna fórmula lo que ocurre en Colombia: hablar es pensar. Es posible que el país hayaintentado pensar por última vez durante la regeneración. En ese entonces, el incipienteliberalismo colombiano puso sobre el tapete una serie de ideas que ya habían sidoobjeto de debate en el resto del mundo, entre ellas las libertades básicas esenciales (depensamiento, de opinión, de culto, de prensa, de comercio), pero nada de eso pasó deser un ejercicio intelectual, que enriqueció la letra muerta de una normatividad aprobaday refrendada por todos pero que ni entonces ni nunca llegó a aplicarse siquiera en unamínima parte. De modo que el experimento de pensar languideció hasta desaparecer,porque en el fondo los partidos estaban totalmente de acuerdo sobre la organización dela sociedad, de la economía y de la política. Había, sí, alguna discrepancia en torno alos dogmas católicos, que se solucionaba a la hora de la muerte, cuando todosresultaban hijos de la misma iglesia, creyentes en el mismo Dios y ovejas del mismopastor. Sin embargo, esas diferencias generaron algunos últimos jirones depensamiento (Rafael Uribe Uribe y Benjamín Herrera se enfrentaron en torno a laposibilidad de ser católico y liberal al mismo tiempo, y Antonio Gómez Restrepo yGuillermo Valencia discutieron, desde el punto de vista de la inviolabilidad de la vida, laaplicación de la pena de muerte), pero, de resto, todo se redujo a una sectorización delpaís con base en las figuras históricas, alimentada más en una filiación genética que enuna vertiente filosófica. De ahí en adelante el pensamiento se redujo al régimengramatical y al hallazgo de metáforas poéticas, no memorables pero sí memorizables("eres una mentira con los ojos azules"). La filosofía en Colombia no logró generar unasola idea autónoma, una sola propuesta original, de manera que los pensadores de losque se enorgullecen los manuales no pasan de ser epígonos de segunda o tercerageneración dentro de escuelas agotadas. Fue así como el pensamiento se vio reducidoa su mínima expresión: la de los editoriales y artículos de opinión en los periódicos, quecomenzaron por debatir el discurso político, pero que con el tiempo, y EL TIEMPO y laviolencia, fueron languideciendo, hasta el punto de que desde hace muchos años eseejercicio se convirtió en una forma de conversar que no conduce a nada.Ahora bien, la ineficacia del discurso, no traduce que no diga lo poco que quiere decir.Se habla por hablar, es cierto, pero ello ocurre porque en Colombia se oye sin oír. Paraquien dice, no oír el discurso que se prodiga en abundancia implica aceptarlo. Se tratade una petición de principio alrededor de la cual podría hacerse una distinción inicial: enColombia el discurso es vacío sólo para quien no oye. Pero el significado (que paraSaussure es el concepto), está ahí, oculto como una víbora bajo la voluntaria retórica.Se habla dentro de un esquema monótono, con el único propósito de adormecer.Comencemos, entonces, por ese ejercicio: el que se dirige a quienes no tienen porquéni para qué oír, en cuanto allí no hay una idea que se debate sino una notificaciónperentoria. Pienso que ocurre de esa manera (plantear una idea sin necesidad alguna)por la pretensión que se tiene en el país de conservar una apariencia dialéctica. Puesbien. Dentro de ese propósito, la retórica se ha convertido poco a poco en un simplebarniz, que comenzó por tapar pieles envejecidas y terminó ocultando cadáveres.
  • 195. 195Cadáveres de conceptos, claro está. El juego de los conceptos agoniza sin que nadiellegue a percatarse de ello, pero no se convierte en "tierra, humo, polvo, sombra, nada",como lo expresa hermosamente Góngora, sino que se refugia en el manejo delmaquillaje, que es el ejercicio alquímico de la belleza y, por ende, de la retórica. Creonecesario insistir: todo esto es una perversión que se destina a las víctimas del sistemaeconómico. A ellas, piensa quien habla, no tiene por qué importarles lo que se dice. Loque les debe importar es quien lo dice. Así pues, para contribuir a que en ese sectornadie oiga lo que se dice, el discurso se adorna con una serie de mojones destinados aseñalar que quien habla es alguien que participa de un destino común. Parecería queen ese lenguaje no hubiera conceptos. Pero no, allí están, ocultos bajo la maraña depalabras enfermas. Son los mismos que se han expuesto muchas veces, repetitivos ysinuosos. La nada es sólo una apariencia destinada a los "pensadores de la prensa",que se expresa en palabras construidas alrededor de un ensamblaje artificial entre unnombre y un adjetivo, el cual se adapta a partir de lo que el auditorio espera que sea laactitud de quien lo interpreta en la representación de que se trate (bondad, fuerza,solidaridad, comprensión, misericordia). En cualquiera de los escenarios posibles loscambios son mínimos: todo propósito termina por ser inquebrantable, toda metairrenunciable, todo sacrificio patriótico. Pero el maquillaje exigirá que el orador no serefiera a los propósitos inquebrantables, a las metas irrenunciables y a los sacrificiospatrióticos, sino a los inquebrantables propósitos, a las irrenunciables metas y a lospatrióticos sacrificios, propios de quien quiere seducir con una elegancia artificial en elmanejo del lenguaje. Acá no se trata de solucionar nada. Quien habla quiere tan solo noparticipar ante los demás en el empobrecimiento de la palabra, y busca conjurar elproblema a partir de un trastocar sistemático del orden habitual en la construcción de lagramática. "Soy –dice el orador sin llegar a decirlo– alguien que forma parte del sentidocomún pero que es capaz de expresarlo de manera distinta". Y por allí entra de lleno ajugar en la ya larga e inútil relación que se ha mantenido en Colombia entre quien hablay quien poco escucha, de la cual sólo se han salvado en el imaginario colectivo unaserie de términos que retumban en los oídos como el eco de un tambor sin sentido. Losadjetivos rimbombantes se dirigen a los sectores más indefensos del país, que sereconocen en ellos y en ellos se reinterpretan. Frente a este grupo, al orador sólo leinteresa ser uno más, a quien la vida le ha dado la oportunidad de hablar ante esos"ilustres compatriotas" que son los "honorables senadores", que deberán oír en ese"histórico recinto" (que es el "altar de la Patria"), lo que los "indefensos colombianos",representados por ese "abanderado de la paz", tengan que decir en torno a la "magnaempresa" de rechazar la "hora trágica" en que comenzaron la "cobarde extorsión" y las"sombrías amenazas". Me atrevería a decir que esa sucesión de pequeñas fichas derompecabezas forma el ritmo indispensable para que un país que no piensa, piense queotros piensan por él. En este caso concreto, el ritmo sería el andamio que le pone unacuadrícula al aire de los lugares comunes. Antes, el lugar común estaba reservado paradesempeñarse dentro de lo cotidiano. Había un habla que recogía un sentimientocolectivo y lo manifestaba como expresión individual. Así, se participaba de un todo,que podía identificar, señalar un denominador común. Afuera quedaba lo quepertenecía al héroe. El héroe era sencillamente eso: el que no era común. En Colombia,del héroe encargado de realizar hazañas imposibles (Bolívar cruza las altas cumbres delos Andes con un ejército desnudo), se pasa al héroe capaz de emprender memorableshazañas culturales (José Jerónimo Triana, Rufino José Cuervo), pero, ya se sabe, ese
  • 196. 196tipo de heroicidad no puede prosperar en un sitio que construye su historia a partir desangrientas guerras civiles, de modo que se regresa al prototipo tradicional (UribeUribe, García Márquez), y se frustra una historia para la cual la república liberal de lasegunda mitad del siglo XIX había intentado poner unas bases diferentes (Triana yCuervo, pienso, son hijos legítimos de ese proceso). De tal manera el héroe regresa allugar de donde jamás tendría que haber salido, y vuelve aleccionado sobre laimposibilidad de romper el cáncer del sentido común. En 1923, Unamuno escribió en"La Nación" un artículo sobre Don Quijote, en el que sostuvo un punto de vista quedespués se ha desarrollado en el marco teórico de una manera poderosa. Habla de H.G. Wells, el gran novelista inglés que ya nadie lee. "Mr. Wells –escribe– nos esprofundamente simpático por lo mismo que es antipático a casi todos los idiotas. Y aquíconviene que definamos esto de idiota –en griego: hombre particular, o privado–diciendo que es el que no tiene más que sentido común, el que no discurre más quecon lugares comunes y que por tanto odia las paradojas. Mr. Wells forjó paradojas yhace luego juegos malabares, malabariza con ellas, y cuando, al fin, esas paradojashan logrado entrar en el sentido común de los idiotas, éstos las convierten en lugarescomunes, las clasifican y etiquetan y las meten en unas cajitas donde las tienenguardadas para enseñárselas a sus hijos…". Y luego, al hablar de la inmortalidad de lospersonajes literarios, añade: "…como los idiotas… son… los que no tienen más quesentido común, como carecen de sentido propio y de pasión propia, no puedenconcebir, ni menos sentir, esa especie de inmortalidad… Para los idiotas, para los delpuro y recto sentido común, no hay más que una inmortalidad común, una comunidadinmortal. Como no tienen más que individualidad corpórea, al deshacérseles el cuerpose les deshace la individualidad. Y nada pierden".Vuelvo a Colombia. En este caso, el idiota habla ante el Congreso de la República, anteel cual demuestra que ha heredado su idiotismo del sentido común de otros idiotasregados a lo largo del tiempo, y que ha sabido meterlo en una cajita para enseñárselo aun país sorprendido ante el hecho de poder pararse en ese podio (por interpuestapersona, poco importa), a ejercer su derecho sustancial de pensar. En ese momento, elidiota es el héroe. ¿Por qué? Porque en un país volcado sobre un culto falaz a lacultura, el héroe es aquel que piensa. Así ocurrió desde el comienzo de los tiempos yasí ocurre hoy en día. Pero el discurso al que me refiero no sólo está dicho por un idiotasino por un idiota que al mismo tiempo es un sicario, es más, el jefe de los sicarios,quien a través de los lugares comunes del sentido común señala que él merece elcalificativo de héroe. Tal vez por eso nadie dice nada cuando afirma, en primer término,que su lucha no es criminal sino que obedece a "un imperativo ético". Se trata, claroestá, de la ética del delincuente común, y en ese sentido su discurso es consistente.Todos tenemos la obligación de ser éticos. Hace años Savater relató en Colombia unaanécdota de Spinoza (cito de memoria): "Usted dice –le escribió un corresponsal– queno hay nada más útil para un ser humano que otro ser humano. Pero ¿qué pasa si loque yo quiero es hacerle mal a los demás?". Y Spinoza le contestó: "Si usted hareflexionado con seriedad y ha resuelto que lo mejor para usted es violar, robar yasesinar, sería muy tonto si no lo hiciera. Adelante, hágalo. Si cree que el asesinato essu camino y corresponde a una vida dentro de la ética, sígalo sin arrepentimiento. Pero,por mi parte, yo he llegado a conclusiones diferentes y no voy a discutir con quienpiense que lo mejor para él es lo que usted piensa". En su discurso, el sicario parece
  • 197. 197haber reflexionado con seriedad antes de resolver que su camino era el del crimen, lamasacre y el narcotráfico. Por consiguiente sería un idiota si no lo siguiera. Así pues, elsicario es sólidamente idiota. Pero eso no quiere decir que los demás tengamos que oírsu argumentación y que para ello el presidente lo autorice a hablarle al país a través dela televisión desde un escenario que se lesiona todavía más con su presencia.Sin embargo, debo reconocer que tal vez en muchos años no se ha producido en elpaís un documento de tanta importancia. En él, ciñéndose a la estructura habitual deldiscurso en Colombia, dejó consignado el pensamiento de nuestra pequeña burguesía,que es el que impide avanzar hacia un objetivo concreto alrededor de la paz. Pararetomar mi idea, valdría la pena señalar que él es un héroe rodeado de héroes. Suautobiografía es la de un prototipo difícilmente alcanzable. Con dos o tres trazos noscuenta que es un hombre excelente que, de niño, en su pueblo natal "del valle delSinú", fue objeto de las sanas costumbres patriarcales de educar "con el sueño deservir a la sociedad". Entre ese niño que fue y el sicario que ahora es no hay soluciónde continuidad. "Siento el corazón henchido de amor por Colombia, por sus hombres ymujeres, por sus niños y niñas orgullosos de ser colombianos…". Su enfermedad es lade la abstracción. Los muertos no son individuos sino elementos de un todo abstractoque se llama "el enemigo". El esquematismo entre el bueno y el malo regresa a una desus etapas más primitivas, sin pasar, siquiera, por el crisol condescendiente de laspelículas de vaqueros rodadas en Hollywood. Fueron los malos los que rompieron lacontinuidad idílica de una vida que estaba hecha para el servicio de la sociedad, y lo"obligaron" a salir en defensa de sí mismo, de su familia y de su "Patria". Veremos deinmediato en qué consiste esa "elección". Pero vale la pena anotar que, consciente desu impostura, él mismo plantea el divorcio entre lo que pudo ser y lo que fue, entre elservicio y la matanza. Después tratará de enmendar el yerro, calificando sus crímenescomo un "servicio prestado a la nación", pero lo cierto es que no se equivoca, y que esél el primero que sabe qué es lo que es cuando separa de su entorno el cuidadosodisfraz de las palabras.Un héroe rodeado de héroes. Dentro del mismo ámbito (orador oyentes que no oyen),hay un calificativo que asombra: el horror no es un horror, es una "causa". La palabrano admite minúscula: "Me presento ante ustedes… investido por mis compañeros deCausa"; "el juicio de la Historia reconocerá la bondad y grandeza de nuestra Causa"."La Causa" convierte la empresa criminal en un destino y condensa varios significados.Como se trata de una instancia superior, "la Causa" no tiene por qué enredarse en lospelillos de las consecuencias. En este caso, más que en ningún otro, el fin justificará losmedios. Frente al mismo la delincuencia será sólo el instrumento de una idea: combatepara que prevalezca "la Causa". El peor sacrificio que han tenido que hacer los "héroes"encargados de su defensa es el de afrontar la incomprensión. "La Nación y el Pueblo"han sido indiferentes ante el sacrificio de quienes lo dejaron todo por "la Patria", y que,por esa misma razón, son víctimas y deben ser indemnizados. Algunos de ellos estánen las cárceles por causa de los "servicios prestados a la Nación". Los criminales hanescrito una "epopeya de libertad". Pero algún día se contará la "historia mítica" de esos"colombianos valientes" que lograron, gracias a su lucha y sacrificio, que "la Naciónmarche hoy por otros rumbos", que son los de "la Paz, la Democracia, el respeto a laVida, a la Libertad y a la Dignidad de los seres humanos".
  • 198. 198La catarata de palabras martilla en los oídos de quienes, ya se sabe, sólo los abriránpara dejar entrar lo conocido. Colombia cree en Dios, pero no en un Dios cualquiera:cree en el "Dios de la Esperanza, del Amor y del Perdón". Cree también en "la libertadque nos legó Simón Bolívar". Cree en la "bendición de la iglesia católica". Cree que larevolución viene de lejos ("no podemos permitir que se idealicen revolucionesdistantes"), y que, por eso mismo, es apenas adecuada para Mongolia o la China. Pero,ante todo, cree que es una víctima. "El pueblo colombiano es una víctima", dice elsicario. Y más adelante reitera: "El pueblo colombiano es la gran víctima". Comovíctima, el pueblo colombiano es un todo que se enfrenta a otro todo que es elvictimario. En ese esquema sólo hay dos ámbitos posibles. Los criminales "salen de lasentrañas del mismo pueblo agredido", y surgen "como respuesta a problemas concretosy urgentes de Colombia". ¿Cuáles? "La defensa de la Patria… [frente al] azoteguerrillero". Ese es, pues, el panorama: de una lado las víctimas, los colombianos,dentro de quienes figuran los criminales a los que el sicario pretende servir de vocero;del otro, los victimarios, que son los enemigos de los criminales, que a su turno sonotros criminales mejor conocidos como guerrilleros. En el discurso del sicario no haysalvación. Sin saberlo, participa de una de las dos posibilidades que la crítica haadoptado frente a Aristóteles: la de la restricción. En sus clases de Lógica en laUniversidad Autónoma de México (Google, "Tercero excluido"), Maruxa Armijo resumió"los principios que gobiernan la maquinaria de la deducción lógica… establecidos porAristóteles hace más de 2.300 años…: identidad, no-contradicción y tercero excluido…El de identidad afirma que toda cosa es igual a sí misma. A es A. De P siempre seinfiere P. Según el de no-contradicción ninguna cosa puede ser y no ser [al mismotiempo]. A no puede ser B y al mismo tiempo no ser B. Dos proposicionescontradictorias (P y -P) no pueden ser las dos verdaderas. Y el del tercero excluido [fueformulado] por la lógica tradicional así: o A es B o A no es B. Ahora lo leemos delsiguiente modo: o P es verdadero, o bien lo es su negación (-P). Entre dosproposiciones contradictorias no hay una tercera posibilidad, la tercera está excluida".No seguiré a Armijo en su exploración acerca de este último principio y de la lógicamatemática, enriquecida por Brouwer con sus deducciones intuicionistas. Pero eranecesario abrir esa puerta para que sean estas nociones, ajustadas sustancialmente alpensamiento de hoy (no me atrevo a llamarlo "post moderno"), las que nos permitanalejarnos de la gruesa visión elemental de "víctima" en la que las partes en conflictoquieren involucrar al país. Ese esquema, sustentado por los victimarios, sólo muestrasu afán de formar parte del ámbito de las víctimas. Ante esa disyuntiva del sentidocomún, es urgente plantear un nuevo camino. El 17 de mayo de 1983, en su curso deVincennes, Guilles Deleuze (Google, "Tercero excluido", transcripción de FrançoisZourabichvili, traducción de Ernesto Hernández) pregunta si no será posible concebiruna raza de pensadores que reconcilien el pensamiento y lo existente dentro delespacio del tercero excluido a condición de reinterpretar el principio. Su propósito es elde "desarrollar una línea de la alternativa", una línea del "o bien… o bien", cuyosfundamentos encuentra en Pascal, en Kierkegaard y en Sartre. Se trata de hacer una"filosofía de la elección". "Pensar es elegir", dice Deleuze. Y para no caer en la tonteríade las afirmaciones vacías, pone un ejemplo sacado de Proust. El narrador encuentra aun grupo de muchachas sobre la playa, y juega: ¿De cuál voy a enamorarme? Es una
  • 199. 199apuesta, una elección. ¿De Albertine? ¿De Andrea? Pero no elige entre Albertine yAndrea. Elige "entre dos modos de existencia míos", "entre el modo de existencia quetendría si amara a Albertine… y el modo de existencia que tendría, en mi imaginación,si eligiera a Andrea". Y termina por elegir el modo de existencia que tendrá al amar aAlbertine porque con solo verla se pone celoso. "Él buscaba eso –dice Deleuze–,puesto que… lo que necesitaba era estar celoso… No podía estar celoso sin estarenamorado. Ese era su problema, el problema infame de Proust… Su problemaabyecto [era] la subordinación del amor a los celos. [Su] verdadera finalidad [eran] loscelos". Ese es "el desplazamiento del tercero excluido". La elección se da entre "dosmodos de existencia de quien elige".No sé si deba subrayar la importancia de este concepto. Lo que propone el sicario ensu discurso ante el Congreso es simple: elija usted ser sicario o ser víctima. Y el paísaterrado, atemorizado, elige ser sicario porque, en últimas, para los cobardes es mejormatar que ser asesinado. El mismo Deleuze recuerda un artículo de Sartre enLiberation, que comenzaba diciendo "Nunca hemos sido más libres que durante laocupación…". No se trata, dice Deleuze, de una paradoja de filósofo en el límite del malgusto. Se trata de decirle a Francia que, de todas maneras, era ella la que elegía:resistencia o colaboración. "Lo único que definía al colaborador, era que la elección queél hacía, no podía hacerla, finalmente, en tanto que esa elección era cínica e infame[…] No podía hacerla más que a condición de decir "pero veamos, ¡no tenemoselección!". Ya antes había anotado que "si la elección es entre dos modos de existenciade aquel que elige, a mi modo de ver uno no puede impedirse tomar conciencia –unaconciencia abominable, horrorosa, pero aterradora, vertiginosa– del hecho de que nohay elección que no se pueda hacer más que a condición de decir y de creer que unono elige". Yo no elegí ser colaborador, diría Petain. Pero fue colaborador. Yo no elijo sersicario, dirá el hacendado que financia a los grupos paramilitares, el labriego que delataa sus vecinos, el televidente que encuentra una íntima satisfacción en las masacres.Pero es sicario. Quien hace esa elección, repito con Deleuze, "no puede hacerla másque a condición de negar que elige". En Francia no eligió ser nazi o ser fascista. Eligióser colaborador. En Colombia no elige ser sicario o asesino. Elige ser colaborador.Ahora bien, el colaborador que elige ser colaborador niega haber elegido. Dirá, tal vez,"yo no elegí". Pero, como lo explica Deleuze echando mano de la lógica más elemental,la no elección es ya una elección. El que no elige, elige. No ha llegado aún el momentode reconocerlo con vergüenza. "Tuve que colaborar porque no había elección", tendráque decirse en el futuro. ¿Y cómo se colaboró? Se colaboró guardando silencio,sustentando –en ese silencio– a un gobierno de sicarios. "Estamos penetrados deextrañas elecciones y de elecciones poco gloriosas, dice Deleuze, […] elecciones quedejamos de hacer y de rehacer cada mañana, diciéndonos es porque no tengoelección... ¿De qué se trata en la elección? Se trata de elegir entre dos términos, setrata de elegir entre dos modos de existencia".Entonces, ¿no hay salida posible? Tal vez sí. Ante la demencia que protagonizan laspartes involucradas en el conflicto, Colombia no es una víctima: es un tercero excluido.Edgar Garavito lo sostuvo con precisión. En su conferencia ante el "Coloquiointernacional sobre el tema del Tercero Excluido", convocado por la Fundación deSerralves en Porto, Portugal, en noviembre de 1998, afirmó: "Yo vengo de un país,
  • 200. 200Colombia, donde el tercero excluido es quizás, a mi manera de ver, la alternativaposible frente a una situación dramática de destrucción de la población civil.Efectivamente, hay posiciones de derecha y posiciones de izquierda. Hay podereseconómicos que apuntan a la destrucción de la población civil. Hay el tercero incluido,la víctima. Pero hay la posición de fuga, de salida, la posición activa. Esa posiciónactiva corresponde a la posición del tercero excluido. Es decir, la posición de aquel quesin sentirse víctima escapa de los polos en conflicto por medio de mecanismossecretos. Al respecto de esta situación política, pudiéramos señalar que no se trata deun guerrero de derecha o de izquierda, de un guerrero minoritario que surge dentro decada uno de los colombianos que resisten a la situación de guerra y hacen devenir suexistencia como un modo de existencia minoritario, secreto, sobre todo capaz dedefender la vida en una situación conflictiva como la que enfrentan. Se trata entoncesde crear estilos que no se identifican ni con la derecha ni con la izquierda ni con lavíctima. Ellos responderían a las posiciones de tercero excluido que en una conferenciadirectamente encaminada al campo político, o en un debate posterior, pudiéramosseñalar más ampliamente". Por desgracia, no alcanzó a participar en esa conferencia nien ese debate. Tres meses después, el más innovador de los filósofos colombianos delsiglo XX murió devorado por un cáncer implacable. Pero fue él quien señaló un caminopara romper con ese esquematismo perverso que nos devora sin remedio. Se trata dedefender la vida mediante una filosofía de la elección, en la cual el no involucradopueda ejercer su resistencia como una opción real que signifique una escapatoria frentea un espacio que ha estado tradicionalmente sujeto al abuso de un poder criminal. La"posición activa del tercero excluido" tendría como resultado el aislar los focos deviolencia mediante una recuperación del lenguaje y de la forma, una nueva valoracióndel error y del otro, una lectura diferente del miedo, y una mejor comprensión deelementos corporales tales como la enfermedad y el sexo. Contra el manejo voraz yprimitivo de los principios de identidad y de no contradicción, que involucran a quienelige en su no elección, será necesario oponer aquel que ha sido "despreciado desdesiempre", el del tercero excluido, que es una brecha transversal en el consistenteuniverso de una lógica manipulada por el poder de acuerdo con su propia conveniencia.Nada de esto opera, claro está, en el universo del pensamiento en Colombia, dondeprima la identidad no como principio sino como obsesión. En nombre del sentidocomún, el sicario que se dirige al país considera que lo académico es un despropósito,que los académicos están en las nubes, que el ideal es una utopía, y que "lo necesario"(que es lo posible), debe situarse en el campo de la política y no en el de laespeculación. Mediante ese ataque frontal contra el peligroso virus de la inteligencia, elsicario sale del campo del delito y pasa al de la política, donde se muestra dispuesto a"hacer posible todo aquello que resulte necesario para salvar a la Nación". Tal vez lasmasacres. O el narcotráfico. O los asesinatos selectivos y las desapariciones ysecuestros. Porque todas esas son acciones necesarias para salvar el tipo de naciónque él tiene en la cabeza. En esa nación el enemigo es la guerrilla, pero susactividades, que son idénticas, no son lícitas porque ella no quiere "salvar a la Nación,[sino] mantener su negocio ilícito y justificar su existencia". El asunto queda claro. Haycrímenes buenos y crímenes malos. Los buenos son los que cometen los paramilitares.Los malos los que cometen los guerrilleros. Los primeros sustentan al estado que losguerrilleros pretenden sustituir. Y son necesarios dentro de un ideal donde el delito es
  • 201. 201una fuerza deseada por todos, que se ve "obligada" a resistir "para recuperar el orden"y "defender las vidas y propiedades amenazadas por la subversión". Ese estado, que élcalifica como "débil", debe indemnizar a los criminales por "los sacrificios prestados a lanación". Después, cuando los cobije la misma amnistía que llevó a los guerrilleros aocupar altas dignidades, los sicarios impondrán sin cortapisas su estilo de gobierno.Desde siempre, el país se ha acostumbrado a esa forma de pensar, hasta el punto deque hoy hace parte de una mecánica. Hay personas que tienen otra manera de pensar,pero esas no están dentro del sentido común y, por consiguiente deben ser eliminadascomo un peligro potencial. Entre aquellas que se sujetan a las dos partes del principiode identidad (en el cual A es igual a A, pero A no es necesariamente A), puedendividirse el mundo con tranquilidad. La violencia, que es el objeto de deseo de quienesparticipan en el conflicto de Colombia, podrá subsistir sin peligro. No hay necesidadentonces de invocar al enemigo, porque él existe per se como una parte esencial dequien habla, de quien actúa. No es siquiera la otra cara de la moneda, sobre la cual elsentido común podría basar su argumento demoledor, sino la misma cara que sesatisface en sí misma. Antes de la evolución del concepto, el tercero excluido fue"recusado" desde un punto de vista matemático por Jan Brouwer (v. Armijo), quiensostuvo que la negación de la negación no es la afirmación, y explicó que para llegar aesta última debe entrarse a la negación de la negación de la negación ("absurdidad deabsurdidad de absurdidad – dice – equivale a absurdidad"). Quisiera entonces, como unsimple ejercicio retórico, plantear una inquietud. Parto de un ejemplo elemental: "noquiero no ir" diría para el lógico corriente "quiero ir". Pero para Brouwer sería necesarioañadir una tercera negación: "no quiero no querer no ir", si se quiere afirmar lo que enrealidad se quiere afirmar: que quiere querer ir. Lo mismo acá. Cualquiera de lasafirmaciones del sicario podría deconstruirse de igual manera. Escojo una al azar:"Pese al abismo que separa a las guerrillas de las Autodefensas, estamos dispuestos aldiálogo civilizado entre colombianos y ponerle fin a la violencia política". ¿Qué dice?Dice: "El abismo que separa a guerrilleros y a paramilitares no impedirá los diálogos depaz". ¿Qué dice, otra vez? Dice: "No pienso no hablar". Pero en esa afirmación no diceque piense hablar. Lo que dice textualmente es que "no piensa no hablar". Para decir loque el país cree oír, sería necesario que dijera "no pienso no pensar en no hablar". Sinembargo eso, en la elaboración mental de un individuo que maneja las ideas como sussecuaces manejan la motosierra con la que destrozan los cadáveres de la poblaciónindefensa, constituye un imposible. En su discurso, el sicario da un rodeo obvio en tornoa la urgencia de decir verdad, por la sencilla razón de que el decir verdad no formaparte de los esquemas de quien piensa que pensar es hablar.
  • 202. 202 La necesidad de una convergencia política pluralHace algunos días leí la autoentrevista que firma en "El Tiempo" un sujeto aborrecibleque se llama Enriquito, Pachito, Juan Manuel, Rafael (ah, y Juanita y Beto), pero queredacta de la primera a la última letra el "entrevistado". Este, Álvaro Uribe, afirma querechaza "in-limine" la posibilidad de un tercer período, lo que traduce exactamente queya comenzó a trabajar en ese sentido. Y no tiene nada de raro que lo logre. El 62 porciento de los votos lo demuestran. Todo esto nos indica la necesidad de empeñarnos,con seriedad y acierto, en impedir que esa posibilidad convierta el futuro del país enalgo peor que el presente que ahora mismo está viviendo.Participo en gran medida del optimismo frente a los votos que obtuvo la oposición, peropienso que a los de Carlos Gaviria debemos sumar los de Serpa, que pertenecen a lossectores más dignos del liberalismo, y que es necesario conservar para la construcciónde una verdadera democracia. El hecho de que algunos dirigentes liberales entren encomponendas con el régimen, no quiere decir que arrastren con ellos los votosimpecables de quienes acompañaron a Serpa en la última contienda electoral. La épocade los rebaños debe desaparecer para siempre de la política que se hace en Colombia.Ahora bien, permítanme expresar en voz alta algunas de las dudas que abrigo. Nuestroresultado electoral le demuestra al mundo entero que la democracia puede llegar aconvertirse en un sistema perverso. Las elecciones se manipulan ahora a través de losmedios de información, de los mensajes subliminales, de la violencia directa…Colombia es un ejemplo perfecto.¿Se ha hecho un análisis de los resultados en las zonas dominadas por elparamilitarismo? Creo que no, y no tengo los elementos necesarios para emprenderlo.¿Se han planteado tareas concretas para los disidentes, dentro de la "transición [a laque asistimos] hacia la categoría de partidos políticos"? Tampoco. ¿Hay una realveeduría frente a los medios? Menos. En este último campo, nadie se ha dado cuentadel absurdo que conlleva el que el "defensor" en cada uno sea una señora nombrada adedo.Comencemos entonces por alguna parte. Por ejemplo, con la urgencia de arrasar elprurito de la propiedad privada frente a los servicios públicos. A todos los serviciospúblicos. La información es un servicio público que pertenece a los usuarios, y sonestos últimos los que deben controlar su orientación y calidad. Mientras el gobierno (oeso a lo que llaman "gobierno"), se dedica a plantear sus propios temas: la firma delTLC, la reforma de la justicia, la demolición de la Carta de 1991, los acuerdos con lasbancadas..., los colombianos no comprometidos con un sistema enfermo como el quenos rige deberíamos preparar nuestra propia agenda, en la cual la recuperación de lapropiedad colectiva de los servicios públicos tendría que ocupar uno de los primeroslugares.Pienso algo como eso en estos días. Descreo, por desgracia, de los resultadoselectorales. No tengo confianza en ellos y, poco a poco, pierdo la esperanza en ese
  • 203. 203sistema "ideal" que nos dibujaron desde la escuela. Es increíble que el derrumbe delfujimorato del Perú haya terminado en la reelección de Alan García (quien, entreparéntesis, no me parece el tipo de corrupto tradicional que dibujan los medios). Perono se trata de Alan García: se trata de los procesos colectivos, que terminan en nada.Con el nuestro va a pasar lo propio: nuestro fujimorato se derrumbará dentro de seis osiete años, nuestro Fujimori huirá hacia las Islas Caimán, o donde quieran recibirlo, ynosotros elegiremos a algún sugundón similar a Toledo, para reelegir cuatro añosdespués a cualquiera de las ratas mayores que ya ocuparon la Presidencia de laRepública. ¿Para qué y por qué nos desvelamos por todo eso?
  • 204. 204 Un camino de dignidad para ColombiaDiciembre 31 de 2009Dentro de pocas horas comenzará un año importante para Colombia. No digo definitivo.Las cosas definitivas se aproximan a la eternidad y la eternidad es siempremomentánea. Pero será importante porque en él podremos lograr algunos de loscambios que requerimos como cuerpo social para avanzar poco a poco hacia laigualdad y la justicia.Necesitamos, en primer término, una democracia. No digo "una democracia mássólida", porque eso implicaría que entre nosotros hay una democracia. Y no la hay, y nola habrá, si el régimen que dice habernos gobernado durante ocho años lograreelegirse. Frente al sistema oscuro que hoy manipula al país a su acomodo, dondeimperan el engaño y los dogmas, estamos en la obligación de consolidar un espaciopara la libertad. Ya hemos planteado algunas alternativas. Pero debemos tener claroque el cambio de los nombres no es el único que requerimos.Por eso, después de que desaparezcan de nuestro horizonte político quienes hanconvertido al gobierno en una forma más de la delincuencia organizada, y comiencen aser juzgados y sancionados, nuestra tarea común será la de realizar un programa quele dé un vuelco definitivo al gobierno, y le devuelva el poder a quien debe ejercerlo. Esees un segundo punto esencial. El abuso del poder no se da por generación espontánea.En él juegan factores como la apatía e indiferencia de que hacen gala los colombianos.Esa apatía, esa indiferencia, permiten que el gobierno sea el que es, y que el Congresolegisle a favor de los intereses particulares de unos pocos. Podría hacerse una listadetallada de las leyes que, con la apariencia de atender al beneficio colectivo,enriquecen sin medida a las corporaciones. ¿Un ejemplo cualquiera? La ley 100, de laque fue ponente el senador Álvaro Uribe. Una buena parte de la responsabilidad frentea los abismos que hoy nos separan, corresponde al Congreso. El "articulito" del quehabló uno de los prohombres del sistema, no es uno solo. Son muchos, y su constantemodificación desbarata día a día el aparato legislativo del país. Hoy, este último se haconvertido en una caricatura, que divierte a quienes reciben, precisamente de ella, losmejores beneficios.Los colombianos nos hemos separado también alrededor de una serie de puntosneurálgicos. Tenemos que fijar una agenda común. Para que podamos trabajar conversatilidad e inteligencia alrededor de los temas que nos interesan a todos (el acuerdohumanitario, la solución política del conflicto, los tratados de libre comercio, el uso delas bases militares por el ejército de los Estados Unidos), es urgente que depuremos yle demos una nueva fuerza a la información. Sin información es difícil lograr que seconsolide una opinión pública, y sin una opinión pública que conozca y participe en eldebate alrededor de los grandes temas nacionales, seguiremos entregándole a unospocos los privilegios que deben ser comunes. Buscar la forma de llegar a unainformación adecuada, objetiva y libre, sería entonces el tercero de nuestros grandespropósitos colectivos.
  • 205. 205El cuarto tendría que ver con el desplazamiento. Interno y externo. Por distintosfactores, ante todo políticos y económicos, hay millones de colombianos desarraigados,expatriados, empobrecidos, perseguidos. Estamos en la obligación de buscar unsistema que les devuelva el derecho a tener un país. No lo tenemos quienes hemossido forzados a vivir en el exterior, pero no lo tienen tampoco quienes han sidodesplazados por la violencia y el delito, y sobreviven como pueden en los cinturones demiseria de las grandes ciudades. Corregir esa iniquidad, que obedece, ante todo, a lamanipulación de la propiedad, del derecho al trabajo y de la libertad de expresión y deconciencia, es otra de nuestras tareas comunes.Y la justicia. Y las relaciones internacionales. Y la dignidad del país. Y la ética colectiva.Y el hecho y el derecho a decir verdad. Todos esos serán los temas que le darán unarazón de ser al año que comienza. Sé que este no es el momento adecuado parapensar en ese tipo de asuntos. Es posible que en el atafago de fin de año este mensajeno llegue nunca a ser leído. De cualquier manera, él les lleva mi deseo por un caminode dignidad para Colombia. Espero que esta noche, cuando brindemos por la presenciao la memoria de nuestros seres queridos, pensemos que uno de esos seres queridos esColombia. Y que estemos convencidos de que sería injusto abandonarla a su suerte.Que en el año 2010 tengamos 2.010 motivos para ser dignos y para ser felices.
  • 206. 206 Detener a UribeSanta Fe, enero 16 de 2010Ni palabras vacías ni frases de cajón. Ese debería ser el propósito de este tipo demensajes.Frente a nuestra acción, el poder ha logrado su objetivo. Nuestras palabras ya no dicen.Nuestra tarea ha perdido los dientes.Tenemos que reformar nuestro denominador común. Hasta el momento, somos ungrupo de colombianos en el exterior. Pensemos en que tal vez podamos introducirle unpequeño cambio a esa perspectiva. ¿Por qué no ser, de ahora en adelante, un solocolombiano en el exterior?Ese solo colombiano actúa con base en una serie de definiciones y de programas. Nosiempre ha estado de acuerdo, pero, después de expresar su opinión, ha aceptado, sies del caso, que su pensamiento se exprese con pequeños esguinces. Acá lo queimporta es seguir caminando. A veces le duelen los pies o le flaquean un poco lasrodillas. Pero sabe que no puede detenerse. Que su tarea es llegar a la meta.¿Cuál es esa meta? Pienso que hay varias. Unas mediatas y una inmediata.Las mediatas deben atender dos frentes.El primero, se desarrolla sobre temas que interesan a todos, en cuanto son la garantíade que el país pueda comenzar a superar la injusticia en que se debate. Tienen que vercon el estado social de derecho, con la respuesta a la desigualdad, con la búsqueda dela paz a través de un acuerdo humanitario, con la definición de lo que habrá de ser unajusticia severa frente al crimen…El segundo, debe concretarse, para nosotros, en los problemas que aquejan a loscolombianos en el exterior. Al respecto, un amplio grupo de miembros del PDA logrócondensarlas en cinco acciones en Colombia y cinco acciones en el exterior. Ellasforman parte de nuestra plataforma política, que hemos comenzado a distribuir, y queustedes conocerán en este mismo Foro. Quisiéramos que esas diez acciones fueran unaporte positivo para el debate que nos ocupa.Pero será la meta inmediata, la que nos permitirá avanzar hacia un camino de dignidadpara Colombia. Esa meta es la de detener a Uribe.Uribe, sobra decirlo, no es una persona. Uribe es un sistema, es una forma depensamiento, es la agresión persistente del más fuerte, es la miopía social, es lapobreza absoluta de ideales. Uribe es esa figura desvaída de un país que se pone lamano en el sitio donde debería tener el corazón y sólo encuentra vacío.
  • 207. 207La tarea contra las muchas acciones criminales del gobierno: el ataque a la poblacióncivil, el terrorismo de Estado, la entrega de la soberanía, el atropello a los débiles, laprofundización del abismo económico, la transformación de unas institucionesdiscutibles en instituciones indiscutibles dentro del propósito de la administración deconsolidar el crimen, puede expresarse dentro de un solo objetivo: detener a Uribe, y, aldetenerlo, detener lo que el delito representa como forma de acción política.Está bien la discusión teórica, y mi objetivo ha sido siempre el de participar de maneraactiva en el debate en torno a las dudas que se presentan y en las conclusiones a lasque pueda llegarse. Pero pienso que la urgencia del momento está en la acción, y queesa acción está en detener a Uribe.Si pudiera expresar mi opinión diría que la unidad se construye planteando metas quehablan un lenguaje común y proponen un objetivo necesario. Ahora mismo, eselenguaje, ese objetivo, no es otro que el de detener a Uribe.Este es un foro importante en el que están puestas múltiples esperanzas. Al saludar aquienes participan en él, y al desearle éxito en sus deliberaciones, no puedo menos depensar que el futuro sólo podrá comenzar a construirse cuando el país logre detener aUribe.
  • 208. 208 Lo único que queremos hacer es posarnos sobre los tenedoresEnero 28 de 2010Hacia 1910 Alberto Caeiro escribió algo que ha sido una de las directrices de mi vida:"…Procuro aproximar las palabras a la idea y no necesitar un laberinto del pensamientoa las palabras".Aproximar las palabras a la idea. Cien años después, ese ideal se ve cada día máslejano. Hoy las palabras andan por un universo extraño, donde las ideas no son ideassino cadáveres de ideas, y donde el laberinto entre unas y otras se ha convertido en unabismo. Yo, como Caeiro, procuro no dejarme arrastrar por el abismo. En el discursopolítico ese abismo es el de las promesas.Estamos acá para señalar nuestra diferencia. El espacio en el que nos desenvolvemosse desarrolla alrededor de un concepto: lo mosca, que adquiere cada día mayor nitidez.Exponemos nuestras ideas en contravía de la rutina. En ese universo, ideas y palabrasse desarrollan en una única instancia. Lo mosca es lo impertinente, en cierta manera loinsoportable. Sobre el mantel blanco del banquete nuestra presencia es un hechoincómodo. Apenas nos hacemos notorios, se nos espanta. Nuestra tarea es la depersistir, la de tocar con nuestras patas de mosca el plato inmaculado donde loscomensales exclusivos devoran lo poco que queda de país. En contra de la tragediaque quieren protagonizar quienes esgrimen armas y discursos altisonantes, nosotros loúnico que queremos hacer es posarnos sobre los tenedores. Sabemos que, deinmediato, nuestra contaminación provocará una tormenta en la cocina. Con el simplehecho de que toquemos uno solo de los elementos de la mesa servida, se fastidiaránlos comensales. Eso es lo que pretendemos. A la manera del doctor Pedro Recio quetocaba con su varilla los platos que no podía probar el gobernador Sancho Panza, a lolargo de años nosotros hemos tocado todo lo que en este país parece impecable y queno es más que una olla podrida. Le doy a este plato castellano otra connotación parapoder decir lo que quiero decir: nosotros, la mosca, hemos querido arrasar con la ollapodrida. De ahí que, como millones de colombianos, hayamos sido víctimas del exilio yel silencio.Repito, en nosotros no tienen cabida las promesas. Nosotros no hacemos promesas.Quienes las hacen están habitualmente ubicados en el sitio donde se desenvuelve elpoder, y desde allí prometen que trabajarán, que harán lo que no hicieron. Cualquierase pregunta: ¿por qué no lo hicieron en el momento en que debieron hacerlo? Nosotrosno prometemos. Simplemente seguimos trabajando en lo que hemos trabajado desdesiempre. Cuando termine este período y yo pueda, por fin, cumplir mi deseo de ir amorir como un maestro de escuela primaria en un pueblo perdido de Colombia, quienesme sigan no prometerán nada en absoluto. Se limitarán a mostrar que lo que hicimos loseguirán haciendo. Yo no estaré, tal vez, pero creo que podré continuar estando.
  • 209. 209Aquí abro un paréntesis. ¿En qué hemos trabajado nosotros? Ante todo, en recuperarun nuevo espacio ético para el ejercicio político. En eso hemos sido inflexibles. Sin laética, tal como nosotros la entendemos, no hay libertad, y por consiguiente no puedehaber justicia ni política. Permítanme ustedes repetir una lección elemental: no hay solouna ética. Hay muchísimas éticas. Pues bien, la tarea que nos hemos impuesto es la deconvencer a los demás de que nuestra ética le conviene a Colombia. Nuestra ética sebasa sobre la libertad. Cuando se atropella la libertad, como ahora ocurre, no somosatropellados en nuestra libertad: somos atropellados en nuestra ética.También hemos trabajado en la consolidación de un ambiente democrático. Desde eseángulo nos horroriza la postración en que agoniza el país. Estas palabras sólo quierenser una semilla de la democracia que queremos sembrar, y que esperamos hacercrecer como una de esas viejas ceibas centenarias de las llanuras del Tolima.Necesitamos que la política se llene de gente, tanta, que no quepa la gente en lapolítica. Hemos venido trabajando en eso. Insistir sobre esa propuesta no nos serádifícil. Lo mosca está por encima de los grupos. Lo mosca no es un partido ni muchomenos una coyuntura. Lo mosca es una forma de vida.Escribo desde fuera del país, donde permanezco por decisión de la mano de hierro quenos gobierna. Quisiera decir que hoy no es lícito permanecer callado frente aldesmoronamiento del país, a su desinterés, al autismo que se apodera de gruposhumanos que alguna vez fueron vigorosos. La única razón que tengo para reclamar elapoyo de todos ustedes, es la de darle expresión a una idea que es nuestra idea: la deempujar con nuestra pata de mosca el cuerpo macizo del viejo establecimiento hacia suprecipicio inevitable, y el de construir al mismo tiempo un espacio donde sean posibles,de verdad, la libertad y la justicia.
  • 210. En memoria de Fernando Garavito (1944-2010)Por: Fernando Araújo VélezEL ESPECTADOROctubre 28 de 2010Poeta, escritor y periodista, trabajó en El Espectador y Cromos, y publicó sietelibros. Foto: El Tiempo Garavito dos años atrás, cuando se lanzó a la Cámara de Representantes.“Este es el recuerdo de mi muerte: el asombro se apodera de mí, crece por dentro, laespalda se contrae y en mi cara el rictus del placer da paso al pánico, sabía de esteinstante, lo deseo, una sola pregunta obsesiva me golpea, detallo los detalles, mimirada va de la barba del asesino a su pistola, al dedo sobre el gatillo, a la amenaza,siento pánico bajo los brazos, en las rodillas el asombro, aún ignoro qué hacer con lasmanos, un gesto congelado se apodera de ellas pero espero salvarme, este mismotemblor sube a mis labios, pienso Dios, el miedo me pone junto a Él en su paraíso, la irase agolpa en mi memoria, estoy suspenso, ha pasado un segundo cuando suena eldisparo, soy un desecho, una piltrafa, el desperdicio que siempre creí ser, con miradade vidrio”. (Fernando Garavito, El Banquete de Cronos, 2007).
  • 211. Pero este jueves el revólver fue un auto rentado en una lejana población de EstadosUnidos, Nuevo México, y el disparo, un sueño, el sueño de no dormir, el sueño delcansancio, no aquel sueño que lo llevó a escribir y transgredir, a luchar siempre por susprincipios e ideales. Este jueves, el pánico fue despertarse en medio de la nadadespués de un choque brutal y sentir que la vida se iba, lánguida, efímera, “porque loefímero —había escrito alguna vez— rechaza la trascendencia y la solemnidad. Loefímero se da lujos que no se puede dar lo eterno. Por ejemplo, el lujo de lasocarronería, el lujo del buen humor, el lujo de las palabras que dicen tantas cosas sinquerer decir nada”. Él fue irónico, irreverente, variable, feliz y triste. Escéptico. Sólo unser humano. Un hombre efímero. Fernando como profesor de niñosFernando Garavito falleció este jueves en horas de la madrugada como consecuenciade un accidente automovilístico en una carretera de Nuevo México, reseñaron lasnoticias. Y añadieron que había sido periodista, que nació en Bogotá en el año de 1944,que publicó dos libros de poemas, Ja, en 1976, e Ilusiones y erecciones, 1989. Quetrabajó en El Tiempo, que fue director de la revista Cromos, columnista de ElEspectador y editor del Magazín Dominical. Que vivía en el exilio desde hacía ochoaños y que la Lannan Foundation le entregó el premio Cultural Freedom Award por sustrabajos en pro de la libertad de pensamiento. Fue irónico, irreverente, feliz y triste,enamorado, sorprendente, lúcido, contradictorio y nocturno.Podía lanzar una máquina de escribir por la ventana de su oficina porque alguno de susperiodistas había escrito mal la palabra “arrollar,” y a los dos minutos, garabatear en unpapel “Cuando en el principio no había todavía nada —dicen los huitoto— el Padre creólas palabras y nos las dio como nos dio la yuca. Primero el Padre, luego la Poesía. La
  • 212. poesía creó las palabras…”. Podía arremeter contra la Humanidad porque había sidoun fracaso, darle puños a su escritorio, y luego, a los 10 segundos, acurrucarse en unrincón y recordar lo humano que había sido conociendo el miedo siendo muy niño,cuando tuvo que esconderse de un ladrón durante toda una tarde, silencio contrasilencio, respiración entrecortada contra pánico. En el exilio con su familia: su esposa Priscilla (2007†), Fernando Jr., y Manuela.Un día dijo que la humanidad se dividía entre gatos y perros, que él era un perro porfiel, por leal, por sumiso y amoroso. “Tienen la cualidad de la sonrisa. Estiran los labiosimperceptiblemente, sin llegar a hacer un gesto, una mueca. Arrugan —sin arrugar— elrabillo del ojo. Luego elevan las comisuras, en un gesto maravillosamente humano,pocos nanómetros sobre la línea horizontal de la boca, y producen el milagro de larazón, aquél que debió dibujar el primer ser humano cuando se percató de su condiciónde humano. Millones de años después son ellos quienes comienzan a sonreír sin elindispensable apoyo de la cola. Nadie se ha dado cuenta. Pero ellos sonríen levemente.Luego ladran”.Sin embargo, dos o tres años más tarde, escribía sobre un gato que su hija Manuela lepidió. Cuando llegó, recordaría él, “sentí que el mundo se me venía encima. Eraidéntico al semicuasiexgozquejo de Marroquín, flaco, multicolor, escandaloso. En unapalabra, horrible. No sé si el qué belleza forzado que lancé en voz baja, haya resultadoconvincente. Pero el hecho es que esa tarde llegué con mi cargamento de olores ymaullidos a una casa que a partir de ese momento se convirtió en el albergue de laespecie más encantadora, divertida, independiente, graciosa, sagaz, gentil, cómoda,indiferente, silenciosa, cerrada y trancada por dentro, que haya existido sobre la faz dela Tierra. Los gatos. Los gatos son la razón de ser del universo encerrada en una bolsade pelos”.
  • 213. Él también fue gato. Gato feroz que se enfrentó a los máximos poderes. Gato suicidaque hurgó en las entrañas de sus enemigos ideológicos. Por eso dijo y reiteró que elpeor presidente en la historia de Colombia había sido Álvaro Uribe Vélez, y que elpolítico más nefasto fue Laureano Gómez. Y como gato se reinventó para vivir sietevidas con el nombre de Juan Mosca, su álter ego, el hombre de los reportajespunzantes, el periodista de las investigaciones comprometedoras. Mosca, decíaGaravito, nació en Parma, Italia, en el año de 1944 y murió en Perugia en enero de2007. Mosca era, al mismo tiempo, autodidacta y analfabeto, hermano de tres viejassolteronas, coleccionista de canarios, profesor de la Universidad de Berlín, hermanomedio de Juan Vicente Gómez, capitán del Ejército, soltero, casado, padre de seishijos, presbítero… Él y no él. Garavito, en cambio, según sus propias palabras, fue unasucesión de sombras de las sombras.