Ética posmoderna (resumen)

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La visión ética de la postmodernidad planteada por Zygmunt Bauman.

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Ética posmoderna (resumen)

  1. 1. Resumen ÉTICA POSMODERNA Zygmunt BaumanINTRODUCCIÓNPor Byron RabeEl libro es una excelente invitación a reflexionar sobre las contradiccioneséticas y morales. Y es que Bauman sugiere algunos referentes de lacondición moral desde la perspectiva posmoderna, entre ellos afirmacionespolémicas como que el ser humano debe ser guiado para actuar de acuerdocon su naturaleza, o que los fenómenos morales son en principio “noracionales”. Desde esta perspectiva del “orden racional”, la moralidad es yserá irracional. Adicionalmente establece que la moralidad no es universal,es relativa en función de tiempo, lugar y cultura. Al contrario de la opiniónpopular sobre lo que señalan algunos autores posmodernos, o lo que sepercibe popularmente como el triunfalismo de “todo se vale”, Baumanenfatiza en que la perspectiva posmoderna, sobre todo de los fenómenosmorales, no revela un relativismo de la moralidad. Aunque su obra se tornaconfusa por la gran cantidad de planteamientos, en los cuales a veces serefiere al modernismo y otras al posmodernismo, deja en claro el criterio deque la moral posmoderna se enfoca en una responsabilidad individual que nopuede achacarse a ninguna institución desacreditada. El comportamientoético en la posmodernidad se evalúa como razonable desde el punto de vistaeconómico o moralmente adecuado y hasta políticamente correcto. Noobstante se señala que las acciones pueden ser correctas en un sentido peroequivocadas en otro según el criterio con que se apliquen. Aunque estaconcepción no es novedosa, pues ha sido parte del devenir histórico político,es obvio que las acciones en el referente moderno fueron manejadas conmayor discreción que en el posmoderno. Basta con referirnos al caso deWikileaks para entender que los comportamientos han existido y, si son delconocimiento o sospecha pública, caben en el fenómeno del lo posmodernoque ha propiciado mayor información y un conocimiento más claro, enespecial por la disposición e interés de los medios de comunicación.
  2. 2. Pero la ética posmoderna se ve trastocada por una serie de criterios que noeran concebibles años atrás, por ejemplo los diversos problemas morales quesurgen de las distintas y novedosas relaciones de pareja, los fenómenos desexualidad abierta, las nuevas concepciones sobre las relaciones familiares.Los acatamientos o no, de nuevas y liberales normas por las institucionestradicionales. Si bien esto es determinante en esta época, también lo es queexisten tradiciones y criterios de identidad que no se pliegan a los modelos dela globalidad, en especial en nuestros países, en donde esta discusión semantiene y muchas "tradiciones" sobreviven, o se están reinventando.Quizás para replantear una postura ante el mundo, para enfatizar en elsentido de identidad cultural, o quizás para obtener lealtad territorial yautoridad para guiar comportamientos. En alguna medida pueden seresfuerzos para recuperar terreno en el papel moralista del estado y demásinstituciones. Incluso la iglesia en sus diferentes manifestaciones, ha activadointernamente en los últimos años, tratando de enfrentar al avance sobre lalibertad individual y reclamar autoridad para guiar la conducta de sus siervos.Pero el posmodernismo según Bauman defiende el eclecticismo cultural, ladescentralización de la autoridad intelectual y científica y los metarrelatos quebuscan una globalidad totalizante. Se ha evidenciado que existe una mayoremancipación hacia las normas morales, alejamiento hacia el deber y unadecadencia de la responsabilidad moral.Bauman resume la ética contemporánea en una maraña de experiencias enla que no hay jerarquías de valores y existe una desatención hacia lasnormas. Y esto se debe en gran parte a que se desconfía de cualquierautoridad. Postula que en la posmodernidad, el comportamiento éticocorrecto se evalúa en función de términos económicos sin criterios únicos,sino convenientes a cada situación. Este enfoque situacional hace ver unacrisis moral que afecta la sociedad, sobre todo porque existe una nuevatendencia orientada hacia la conveniencia individual, pareciera ser que sesobrepone el bien individual sobre el bien común. La pregunta es ¿No hasido este el comportamiento humano a través de la historia? Quizás ladiferencia es que ahora se hace más evidente. Es notoria la transformaciónque a sufrido el concepto público de moralidad, visto desde cualquier ámbito,sea este filosófico, intelectual, cultural o político. Se ha pasado de una
  3. 3. sociedad que se ha centrado en orientar al individuo en normas moralesrígidas, que según Bauman han sido impuestas por unos cuantos que secreen dueños de una verdad absoluta, a una apertura moral que deja en elindividuo su propia responsabilidad de asumir un criterio moral y ético. Loque a la larga puede suponer, una mayor dificultad para el individuo.RESUMENBauman señala que una de las dimensiones prácticas de la crisis deriva de lamagnitud del poder que tenemos. Lo que hagamos puede tenerconsecuencias de largo alcance y duración, que posiblemente no veamosdirectamente ni podamos predecir con claridad. Entre los hechos y sudesenlace hay una gran distancia - tanto temporal como espacial- que esimposible imaginar con nuestra capacidad de percepción común; por ello,difícilmente podemos medir la calidad de nuestras acciones conforme a uninventario de sus efectos.En las múltiples situaciones en las que la elección de qué hacer recae ennosotros, en vano buscamos reglas sólidas y confiables que nos reafirmenque, de seguirlas, estaremos en lo correcto. Con toda el alma desearíamoscobijarnos bajo ellas, aun cuando sabemos muy bien que no nos sentiríamoscómodos si se nos obligara a cumplirlas. Parece, empero, que haydemasiadas reglas para sentirnos cómodos: hablan en diferentes voces, unaensalza lo que la otra condena. Vivimos tiempos de una fuerte ambigüedadmoral, que nos ofrece una libertad de elección nunca antes vista, aunquetambién nos lanza a un estado de incertidumbre inusitadamente agobiante.Añoramos una guía confiable para liberarnos al menos de parte del espectrode la responsabilidad de nuestras elecciones. Las autoridades en las quepodríamos confiar están en pugna, y ninguna parece tener el suficiente poderpara darnos el grado de seguridad que buscamos. En última instancia, noconfiamos en ninguna autoridad, por lo menos no plenamente ni por muchotiempo, y nos resulta inevitable sentir desconfianza de cualquiera queproclama infalibilidad y éste es el aspecto práctico más agudo y sobresalientede lo que con justicia se describe como la "crisis moral posmoderna".Pese al hecho de que la razón es propiedad de cada persona, las reglaspromulgadas en nombre de la razón deben obedecerse con la sumisión
  4. 4. debida a una poderosa fuerza externa. Y la mejor manera de concebirlas espensándolas como leyes impuestas por una autoridad armada de los medioscoercitivos para hacerlas cumplir. La libertad o la dependencia total no seencuentran en ninguna sociedad. Son polos imaginarios entre los que seencuentran y oscilan situaciones reales. La libertad - en la realidad, no en elideal- es un privilegio sujeto a acaloradas disputas, y no puede dejar de serlo.Podemos intentar salir de nosotros mismos y tratar desapasionadamente deapoyar las proposiciones [éticas] desde un punto de vista externo, objetivo.No obstante, como observa Strawson, este intento nunca ha tenido éxito, ycon razón. Si la justificación externa nos exige que nos despojemosimaginariamente de nuestros sentimientos morales para poderlos ver"objetivamente", ¿con qué recursos podríamos llevar a cabo el análisis? Parahacerle justicia al punto, debemos emplear nuestra sensibilidad moral,incluyendo nuestros sentimientos. No hay un terreno neutro. Si pretendemosdarle a la filosofía moral algún uso práctico, debemos realizar el "trabajodesde adentro", por más que quisiéramos que fuera de otra manera.Si desaparecen la obsesión moderna por el propósito y la utilidad, y lasospecha igualmente obsesiva por lo autotélico (esto es, lo que afirma ser supropio fin, y no un medio para algo más), la moralidad tendrá la oportunidadde valerse al fin por sí misma. Posiblemente se la deje de amenazar para quepresente sus credenciales y justifique su derecho a existir demostrando elbeneficio que representa para la supervivencia, el estatus o la felicidadpersonal, o el servicio que les brinda a la seguridad colectiva, a la ley y alorden.Hará medio siglo que Robert Musil meditaba en Der Mann ohneEigenschaften, esa elaborada e inconclusa despedida al siglo XIX: ¿A quiénle puede interesar ya ese absurdo y anticuado parloteo sobre el bien y el mal,cuando se ha determinado que el bien y el mal no son "constantes" sino"valores funcionales", de manera que la bondad de las acciones depende delas circunstancias históricas, y la bondad de los seres humanos de lahabilidad psicotécnica con que se explotan sus cualidades?El "hombre universal", despojado hasta la médula de su "naturalezahumana", debería ser - conforme a la expresión de Alasdair MacIntyre un "sersin ataduras", no necesariamente ajeno a las particularidades de la
  5. 5. comunidad, pero capaz de desprenderse de las raíces y lealtades comunales;de elevarse, por así decirlo, a un plano superior para lograr, desde ahí, unavisión amplia, desapasionada y crítica de las exigencias y presionescomunitarias.En una relación moral, Yo y el Otro no son intercambiables y, por ende, nopueden "agregarse" para formar el plural "nosotros". Todos los "deberes" y"reglas" que pueden concebirse en una relación moral están dirigidasúnicamente a mí, sólo me obligan a mí y me constituyen sólo a mí en tanto"Yo". Cuando están dirigidas a mí, la responsabilidad es moral, pero bienpodría perder su contenido moral en el momento en que intento darle lavuelta para atar al Otro. Como expresara concisamente Alasdair MacIntyre:"El hombre podría, sobre bases morales, rehusarse a legislar para cualquierotro que no fuera él".La soledad marca el inicio del acto moral, la unidad y la comunión señalan sufin, como la unión del "partido moral", el logro de personas morales solitariasque rebasan su soledad en el acto del autosacrificio, que es tanto el motorcomo la expresión de "ser para". No somos morales gracias a la sociedad(sólo somos éticos o cumplidores de la ley gracias a ella); vivimos ensociedad, somos la sociedad, gracias a ser morales. En el corazón de lasociabilidad, se encuentra la soledad de la persona moral. Antes de que lasociedad, quienes hacen las leyes y sus filósofos definan sus principioséticos, ya ha habido individuos morales que no han tenido las restricciones(¿o el lujo?) de contar con una bondad codificada.Por definición, señala Bauman, la razón se basa en normas, y actuarrazonablemente significa seguir ciertas reglas. La libertad, característica deun yo moral, se midió entonces por el grado de apego a dichas reglas. Y afinal de cuentas, la persona moral se liberó de las ataduras de las emocionesautónomas para someterse a reglas heterónomas. Los santos son santosporque no se esconden tras los anchos hombros de la ley. Saben, o sienten,o actúan como si sintieran que ninguna ley, por generosa o humana que sea,puede agotar el deber moral, trazar las consecuencias de "ser para" hasta suextremo más radical, hasta la elección última de vida o muerte. Esto nosignifica que para ser morales, debamos ser santos. Tampoco que laselecciones morales son siempre, diariamente, cuestiones de vida o muerte.
  6. 6. Por lo general, la vida transcurre a una prudente distancia del extremo y delas elecciones últimas. Pero sí significa que la moralidad, para ser eficaz en lavida mundana y no heroica, debe vivirse conforme a las dimensionesheroicas de los santos o, mejor dicho, tener por único horizonte la santidadde los santos. La práctica moral puede tener solamente fundamentosimprácticos. Para ser lo que es - práctica moral- debe imponerse normasinalcanzables. Y nunca podrá apaciguarse con la seguridad, propia o deotros, de que la norma se ha alcanzado.Si la posmodernidad representa un refugio de los callejones sin salida a losque llevaron las ambiciones de la modernidad, buscadas a ultranza, la éticaposmoderna readmitiría al Otro como vecino –como aquel que está cerca delcuerpo y de la mente- en lo más profundo del yo moral, en su retorno del erialde los intereses calculados al que había sido exiliado. Dicha éticarestablecería el significado moral autónomo de la proximidad; volvería a forjaral Otro como el personaje central del proceso mediante el cual el yo moralllega a serlo. En la ética posmoderna, el Otro ya no será aquel que, en elmejor de los casos, es la presa de la que puede alimentarse el yo pararecobrar la vida y, en el peor, coarta y sabotea la constitución del yo. Ahoraserá el árbitro de la vida moral. Si no actúo conforme a mi interpretación delbienestar del Otro, ¿acaso no soy culpable de una indiferencia pecaminosa?y, si lo hago, ¿hasta dónde debo seguir rompiendo la resistencia del Otro?¿Cuánta de su autonomía debo quitarle? Como dijo Bertrand Russell enalguna ocasión, el problema con este camino en el cual cada paso nos dirigeal siguiente es que no sabemos en qué paso comenzar a gritar... La líneaentre cariño y opresión es muy débil, y la trampa de la indiferencia espera aquienes la conocen, y proceden cautelosos, como si temieran transgredir unlímite.La "ética posmoderna", sugiere Marc-Alain Ouaknin, "es la ética de lacaricia". La mano que acaricia siempre se mantiene abierta; nunca se cierrapara "asir"; toca sin oprimir, se mueve obedeciendo la forma del cuerpo quese acaricia ... "En la ética de los extraños", escribió Stephen Toulmin, "elrespeto por las reglas lo es todo, y las oportunidades de discreción sonpocas", mientras que "en la ética de la intimidad, la discreción es todo, y larelevancia de las reglas es mínima".
  7. 7. Una de las características medulares de la época posmoderna es que elestado ya no tiene capacidad, necesidad ni voluntad de liderazgo espiritual,incluyendo el liderazgo moral. El estado "deja ir", por decreto o por omisión,los poderes contra estructurales de la sociabilidad.De una u otra manera, el divorcio actual entre política centrada en e! estado yexistencia moral de los ciudadanos, o de manera más general, entresocialización institucional manejada por el estado y sociabilidad comunitaria,parece sumamente lejano y quizás irreversible. Una vez más, como en losprimeros años del "proceso civilizador", el campo de la sociabilidad seencuentra yermo, sin poderes en ciernes que deseen cultivarlo.El espaciamiento moral no observa las reglas que definen el espaciosocial/cognitivo; tampoco hace caso de las definiciones sociales deproximidad y distancia ni depende de un conocimiento previo o involucra laproducción de nuevo conocimiento. En última instancia, no exigecapacidades intelectuales humanas tales como análisis, comparación,cálculo, evaluación. Conforme a los estándares intelectuales propios delespaciamiento cognitivo, resulta abominablemente "primitivo": una industriacasera en comparación con una fábrica administrada científicamente.Ninguno de estos mundos --con espaciamiento cognitivo o estético-esacogedor para el espaciamiento moral. En ambos, las exigencias moralesson cuerpos ajenos y crecimientos patológicos. En el espacio social/cognitivo, porque debilitan la etérea e indiferente impersonalidad de reglas yensucian la pureza de la razón con manchas indelebles de afecto. En elespacio social estético, porque tienden a fijar e inmovilizar cosas queobtienen sus poderes de seducción de estar siempre en movimiento y listospara desaparecer en cuanto se les ordene.El "primer deber" de cualquier ética futura, afirma Hans Jonas, debe ser"visualizar los efectos de largo plazo del proyecto tecnológico". La ética, yoagregaría, difiere de la práctica común actual del manejo de crisis en quedebe enfrentar lo que aún no ha sucedido, con un futuro que endémicamentees el reino de la incertidumbre y el campo de escenarios en conflicto. Esimposible que la visualización ofrezca el tipo de certeza que los expertos, consu conocimiento científico y mayor o menor credibilidad, afirman ofrecer.El deber de visualizar el impacto futuro de la acción -llevada a cabo o no-
  8. 8. significa actuar bajo la presión de una incertidumbre aguda. La actitud moralconsiste precisamente en lograr que esta incertidumbre no se haga a un ladoni se elimine, sino se abrace conscientemente.¿Acaso la condición pos moderna es un avance frente a los logros moralesde la modernidad? La posmodernidad ha destruido las ambiciones modernasde contar con una legislación ética universal y sólidamente sustentada, pero¿habrá acabado también con las pocas oportunidades que tiene lamodernidad de mejorar moralmente? En el mundo de la ética, ¿seconsiderará a la posmodernidad un paso adelante o un retroceso?La modernidad mató dos pájaros con la sola piedra de la racionalidad: logróreconstruir como inferiores y destinar a la fatalidad aquellas formas de vidaque no ataron su dolor a la carroza de la Razón; además, obtuvo unsalvoconducto para los dolores que estaba a punto de infligirse. Amboslogros le infundieron la confianza y el valor para continuar que difícilmentehabría tenido en otras condiciones. También consiguieron que la casagobernada por las reglas, construida por la modernidad, resultara acogedorapara la crueldad que se presentaba como una ética superior.Bauman señala que es necesario estar derrotado para poder ser acusado deinmoralidad y para que el cargo sea permanente. Conforme la historiaavanza, la injusticia tiende a compensarse con la injusticia, con la inversiónde papeles. Únicamente los vencedores confunden o representanerróneamente -mientras su victoria no sea cuestionada- esa compensacióncomo el triunfo de la justicia. Una moralidad superior siempre será lamoralidad del superior.El nuevo desorden mundial, o el reespaciamiento del mundo, el importantecambio no pudo haber ocurrido en un momento menos propicio. Llega en elmomento de lo que podría llamarse la crisis del estado-nación, esa genialinvención que desde siglos atrás logró amarrar y "homogeneizar" losprocesos de espaciamiento cognitivo, estético y moral, y asegurar susresultados dentro del ámbito de la tríada de su soberanía: política, económicay militar.En todo el mundo "modernizado", la identidad debe tender a agudizarse cadavez más -y a convertirse, más que en el pasado, en una disyuntiva- a raíz del
  9. 9. creciente fracaso de los estados-nación para desempeñar su anterior papelde productores y proveedores de identidad; esto es, de gerentes/ guardiaseficientes, estables y confiables de los mecanismos de espaciamiento. Lafunción de construir identidad en que se especializaban los estados-naciónpodría elegir otro transmisor, y lo buscará con mayor fervor debido a la"suavidad" de las opciones disponibles.El desmantelamiento del estado benefactor es esencialmente un proceso de"colocar a la responsabilidad en el sitio que le corresponde", esto es, entrelos intereses privados de los individuos. Lo anterior presagia tiempos difícilespara la responsabilidad moral, no sólo por sus efectos inmediatos sobre lospobres y desafortunados que más necesitan una sociedad de personasresponsables, sino también -y quizás a la larga, fundamentalmente- por susefectos duraderos sobre los yos morales en potencia. Reformula el "ser paralos Otros", esa piedra angular de la moralidad, como una cuestión de cuentasy cálculos, de valor monetario, de pérdidas y ganancias, de lujos que nopodemos permitirnos. El proceso se autoimpulsa y acelera: la nuevaperspectiva conduce al deterioro irremediable de los servicios colectivos -calidad de servicios públicos de salud y educación, de lo que queda devivienda o transporte públicos-, e insta a quienes pueden pagarlo aabandonar los beneficios colectivos, un acto que en última instancia significa,tarde o temprano, pagar por abandonar la responsabilidad colectiva.El propósito de la sociedad es que los individuos busquen y encuentrensatisfacción a sus necesidades individuales. El espacio social es, ante todo,un pastizal; el espacio estético, un campo de juegos. Nadie concede ni pideque haya un espacio moral.Bauman considera que la perspectiva posmoderna ofrece más sabiduría peroque el entorno posmoderno dificulta actuar esa sabiduría. Esto explicabrevemente por qué se considera que el tiempo posmoderno está en crisis.La mente posmoderna es consciente de que algunos problemas de la vidahumana y social no tienen soluciones adecuadas; son trayectorias torcidasque no pueden enderezarse, ambivalencias que son más que erroreslingüísticos que piden ser corregidos, dudas cuya desaparición no puedelegislarse, agonías morales que ninguna receta dictada por la razón puedecalmar, y mucho menos curar.
  10. 10. Se ha vuelto común declarar que los problemas éticos de la sociedadcontemporánea sólo pueden resolverse - si acaso- por medios políticos. Larelación entre moralidad y política difícilmente deja de lado durante muchotiempo la agenda de los debates filosóficos y públicos. No obstante, lo que síse atiende, se somete al escrutinio público y se discute acaloradamente es lamoralidad de los políticos, no la moralidad de la política: cómo se conducenlas personas públicas, no lo que hacen; su moralidad personal, no la éticaque impulsan o dejan de impulsar; los efectos corruptores del poder político,no sus efectos socialmente devastadores; la integridad moral de los políticos,no la moralidad del mundo que promueven o perpetúan ... todo esto pareceagotar o casi agotar la agenda sobre moralidad y política.No obstante, la crisis moral del hábitat posmoderno requiere, ante todo, quela política - ya sea la política de los políticos o de los policéntricos, unapolítica dispersa que resulta más importante por ser tan elusiva eincontrolable- sea una extensión e institucionalización de la responsabilidadmoral.Los verdaderos problemas morales del mundo tecnificado rebasan conmucho el alcance de los individuos que, en el mejor de los casos, puedencomprar a título individual o entre varios el derecho a no preocuparse porellos, o bien comprar una posposición de los efectos de la negligencia. Losefectos de la tecnología son de larga distancia, al igual que las accionespreventivas y correctivas. La "ética de largo alcance" que menciona Jonassólo tiene sentido como programa político, aunque dada la naturaleza delhábitat posmoderno, hay pocas esperanzas de que algún partido político quecompita por el poder del estado esté dispuesto a tener la actitud suicida deavalar esta verdad y actuar conforme a ella.Bauman concluye diciendo que la responsabilidad moral es la más personal einalienable de las posesiones humanas, y el más preciado de los derechoshumanos. No puede ser arrancada, compartida, cedida, empeñada nidepositada en custodia. La responsabilidad moral es incondicional e infinita,y se manifiesta en la constante angustia de no manifestarse lo suficiente. Laresponsabilidad moral no busca reafirmación para su derecho de ser niexcusas para no ser. Existe antes que cualquier reafirmación o prueba, ydespués de cualquier excusa o absolución.

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