LOS MONJES HICIERON EUROPA

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LOS MONJES HICIERON EUROPA

  1. 1. Hace mil años, tuvo lugar un florecimiento extraordinario de la vida monástica. En aquel siglo XI vivieron san Bruno, fundador de los cartujos, san Roberto, fundador de los cistercienses, san Juan Gualberto, fundador de los vallombrosanos, san Romualdo, fundador de los camaldulenses, y tantos otros santos reformadores ascéticos de la regla de san Benito, que crearon órdenes monásticas de papel trascendental para Europa. Este dossier reconstruye sus fundaciones, las formas de vida monacal y su influencia religiosa, cultural, económica y política.San Bernardo de Claraval explica el Cantar de los Cantares (Libro de Horas de E. Chevalier, por J. Fouquet, 1453, Chantilly, Museo Condé).Ora et labora Al frente de la Reconquista Pluma, azada, espada Cécil Caby Antonio Linage Conde Julio Valdeón Santiago Cantera Montenegro
  2. 2. Ora et labora sa que algunos rigurosos autores han llegado a pen- sar que pudo no haber existido. Nació, probable- mente, a fines del siglo V en la región de Nursia y, siendo estudiante en Roma, decidió consagrarse a Dios. Después de tres años de vida eremítica, trató de integrarse en una comunidad, pero sus compa-De la regla de san Benito de ñeros trataron de envenenarle, irritados por el ex- tremo rigor que pretendía imponer.Nursia, en el siglo VI nacieron los Regla para principiantesbenedictinos. Pronto, los monjes Benito fundó varios monasterios, entre ellos, al- rededor del año 530, el de Montecassino, donde apactaron con el poder y la su muerte (547 ó 560) fue sepultado. Para Monte- cassino, que parece su primera fundación, Benitoriqueza y, como reacción, llegó la escribió “una pequeña regla para principiantes” (en expresión suya) que trataba de adaptar el mo-reforma de Cluny, los monjes delo de los padres del desierto a la concreta reali- dad de su tiempo. Por la misma época se producí-negros; tras ellos, en el siglo XI, an en otros lugar de Europa tentativas similares que tuvieron menor éxito y continuidad, como la reglauna nueva cadena de de san Isidoro de Sevilla o los intentos monacales de san Millán en Suso (Rioja) y de san Fructuoso,reformadores: los monjes en El Bierzo (León). La invasión longobarda de 568 transformó pro-blancos: cistercienses, cartujos, fundamente el panorama del monaquismo italiano. Baste decir que, en el año 577, Montecassino fuecamaldulenses... derribado y abandonado por los seguidores de Be- nito. Solamente tras la conversión de los longobar- dos al catolicismo, hacia mediados del siglo VII, re-Cécil Caby San Jerónimo llegó nacerá un monaquismo de iniciativa local.Investigador del Colegio de Francia, Roma a Roma en el año Un primer signo de este cambio se mostró en la 381 y encontró en segunda década del siglo VII, cuando el rey longo-E L MONAQUISMO SE AFIRMÓ EN TODO la alta sociedad una bardo Agilulfo invitó al gran monje Colombano a Occidente a partir del siglo IV, inspirándo- espiritualidad fundar, junto con un grupo de hermanos irlandeses, se en los ideales de vida de los ascetas de ascética dispuesta un monasterio en Bobbio. A fines de este siglo y a los desiertos de Egipto, como Antonio para acoger las lo largo de todo el siguiente, cuando el dinamismo(+356), Pacomio (+346) y Basilio (+379). En Ro- propuestas de la comunidad de Bobbio estaba ya debilitado, sema, esta influencia oriental halló terreno fértil gra- monásticas, hasta el manifestó el potente movimiento de renacimientocias a la mediación de personajes carismáticos, co- punto de que se de un monaquismo de expresión e iniciativa longo-mo san Jerónimo, y a la existencia, entre la alta so- formaron pequeños bardas, anclado en las realidades locales y estre-ciedad de la época, de una espiritualidad ascética monasterios chamente ligado al poder. En el año 705 se fundódispuesta a acoger las propuestas monásticas. Y domésticos en la abadía de Farfa, gracias al decisivo apoyo del du-también fue entre las mujeres de aquella perezosa torno a las que longobardo de Benevento; poco después, tres San Benito adaptó a a Montecassino en el año 787, en la que confirmóaristocracia romana donde Jerónimo, llegado a Ro- mansiones de nobles longobardos fundaron la abadía de San Vi- su tiempo el todas las posesiones y bienes de la abadía.ma en el año 381, encontró sus más fervientes dis- algunos cente en Volturno. En la Italia septentrional se mul- modelo de vida de Un poco posteriores son los monasterios de Sancípulos, hasta el punto de que se formaron peque- aristócratas. En la tiplicaron las fundaciones, a menudo en lugares es- los monjes del Pedro de Roda, San Cugat del Vallés y Santa Maríaños monasterios domésticos en torno a sus casas. imagen, el santo, tratégicos para controlar el territorio. Esta red mo- desierto escribiendo de Ripoll, hitos señeros de los muchos que se or- Quizá a causa de su carácter elitista e individual, representado en el nástica servía no solamente para conservar las ri- una Regla para ganizaron en la Península Ibérica bajo la regla be-esta primera forma de monaquismo doméstico y interior de la letra quezas longobardas, sino que establecía también la principiantes. nedictina entre los siglos VII-X.nobiliario tuvo poco éxito fuera de Roma. Durante capitular de un estructura de encuadramiento religioso de la pobla- Arriba, Desde fines del siglo IX, sin embargo, la vidael siglo V se produjo un movimiento más organiza- manuscrito ción, sobre todo la rural. representación del monástica se vio nuevamente perturbada, aunquedo y apoyado por la Iglesia para difundir la tradi- (Nápoles, Biblioteca santo en un fresco no interrumpida, en la Europa meridional por lasción oriental en Italia. En gran parte de Europa, so- Nacional). ¡Salvad los códices! de Spinello Aretino, incursiones de húngaros y sarracenos. Por ejem-bre todo en las penínsulas Ibérica e italiana se su- El paso del reino longobardo a los francos y a la de la serie Historias plo, los monjes de la abadía de Novalesa, en Ita-cedieron los intentos de crear un monacato y las re- dinastía carolingia no creó situaciones de ruptura de San Benito lia, se vieron obligados a huir a la vecina ciudadglas, elaboradas por los más prestigiosos eclesiásti- ni produjo cambios negativos. No solamente se (Florencia, Iglesia de Turín, salvando de los musulmanes sus seis milcos, para dotar de un plan de vida espiritual y ma- mantuvieron y desarrollaron los centros monásticos de San Miniato). códices.terial a quienes decidían buscar su santificación re- nacidos o recuperados en la época longobarda, si- Estas devastaciones agravaron antiguas dificul-tirándose del mundo y viviendo en una comunidad. no que los carolingios hicieron más. Distribuyeron tades y pusieron a las abadías en una situación de Pero nadie logró un éxito amplio y perdurable el territorio del reino en nueve fundaciones, a las debilidad, que la que se aprovecharon los señoreshasta que hizo su aparición Benito de Nursia. Su que enriquecieron con generosas donaciones y locales, que redujeron su libertad interna y su au-biografía, conocida casi exclusivamente a través de transformaron en centros culturales. Muestra señe- tonomía exterior. Tanto es así que, en vísperas dellos Diálogos de Gregorio Magno, es tan poco preci- ra de esa favor fue la visita que Carlomagno realizó segundo milenio, los desórdenes provocados por las48 49
  3. 3. el más activo foco de difusión de las costumbres te en torno al cual se estableció en Montevergine, DEL EREMITORIO AL CENOBIO cluniacenses en Italia. En la Alta Edad Media his- cerca de Avellino, una comunidad de monjes liga- pana deben recordarse monasterios reformados, co- dos por un ideal eremítico-ascético pero también os son las principales co- progresivamente tiendan a primar formas mo los de Nájera, Sahagún y Carrión. presente entre el pueblo por medio de su predica- rrientes del monaquismo atenuadas de vida ascética: los eremitas, Con Cluny, sin embargo, el intento de reforma se ción. Desde Montevergine, el movimiento se expan- (del griego monos, es de- por ejemplo, se juntaban para rezar o pa- mantuvo limitado al interior del viejo monaquismo dió, en el curso del siglo XII, hacia el Reino de Si- cir, solo): el cenobitismo, o sea, la vida ra intercambiar consejos. En Occidente, benedictino. Los movimientos del siglo XI y, sobre cilia, que expandiría por todo el Medievo la zona de religiosa comunitaria, y el eremitismo (o el monaquismo es de tendencia comuni- todo, del XII, se propusieron en cambio experien- irradiación de los Verginianos. anacoretismo), que supone una expe- taria y cenobítica, sin excluir intentos ere- cias monásticas de vanguardia, variadas y llenas de Más o menos en paralelo con la evolución de es- riencia religiosa solitaria. En el mona- míticos moderados, como la experiencia creatividad: un nuevo monaquismo a todos los tas nuevas órdenes monásticas, se produjo la difu- quismo oriental de los siglos III-V, preva- cartujana de vida solitaria en el interior efectos. Todos pretendían recuperar el espíritu ori- sión del monaquismo cisterciense. Nacida al expi- lece la tendencia anacorética, aunque de una comunidad. ginal de la Regla de san Benito, pero los resultados rar el siglo XI en Borgoña, en torno a Citeaux y a sus fueron dispares: unos privilegiaban la contempla- cuatro primeras fundaciones (La Ferté, Pontigny, ción solitaria; otros, la oración común; otros, los Morimond y Claraval), la orden crece por filiación. trabajos agrarios, el estudio o la copia de libros. Este modelo de desarrollo preveía la paridad entre Se trata sobre todo de movimientos (y no de aba- la abadía hija y la abadía madre, unidas por un días aisladas) generados por la convergencia de ca- “vínculo de caridad”, la participación común en el da uno de los monjes y eremitas –así como de mo- Capítulo general y una fuerte conciencia de identi- nasterios o eremitorios enteros– hacia personajes dad cisterciense. carismáticos (Romualdo de Ravena, Pier Damiani, A partir de Liguria y Piamonte, muy pronto el mo- Giovanni Gualberto, Bruno de Colonia) o un ideal naquismo cisterciense se difunde también en Italia, religioso inspirado por un modelo (por ejemplo, el favorecido en en primer tercio del siglo XII por la pre- del Cister de Bernardo de Claraval), que adquirie- sencia personal de Bernardo de Claraval. Fue en es- ron oficialidad por el reconocimiento pontificio. tos años cuando, gracias a una donación de los ciu- dadanos de Piacenza, surgieron Claraval della Co- Los múltiples caminos de la salvación lomba y el Claraval milanés, a las puertas de Milán. Cocina del rios cistercienses hispanos: Fitero, Moreruela, Osea- Así, alrededor de Camaldoli, eremitorio fundado Estas fundaciones, en las proximidades de dos im- monasterio de ra, Santa María de Huerta, Poblet... por Romualdo de Ravena en los Apeninos toscanos portantes ciudades, son una excepción desde el pun- Poblet, contigua al La eficientísima organización agrícola y adminis- en los primeros años del siglo XI, se desarrollaron to de vista fundador. En efecto, los cistercienses pre- refectorio, siglo XIII. trativa de la que se habían dotado les llevó a dirigir hasta el XII numerosos monasterios, eremitorios e ferían los ámbitos rurales, lejos de los centros habi- Abajo, scriptorium una serie de grandes haciendas agrarias –las gran- iglesias, dispersas por la Italia central y Cerdeña, tados, más de acuerdo con su propia búsqueda de de Echternach jas– constituidas por terrenos que ocupaban sane- que adoptaron la regla camaldulense. aislamiento y el cumplimiento del trabajo manual. (Bremen, aban y explotaban intensamente. Además de culti- Paralelo a ella fue la rápida difusión de la regla Acorde con esa idea fundacional están los monaste- Staatsbibliotek). var los campos, los cistercienses se dedicaron a la de Vallombrosa, unificada por Giovanni Gualberto, cría de ganado ovino, cuya lana era vendida en bru- y de una comunidad denominada “unión de cari- to o transformada en tejidos en las mismas granjas.invasiones, las expoliaciones laicas y el relajamien- Los primeros dad fraterna”: en las primeros décadas del siglo CONSERVADORES Y FORMADORES Una lectura rigurosa de la Regla de san Benito,to de la regla hicieron imprescindibles la reorgani- monjes de la XII, se contaban ya dieciséis monasterios lombar- una liturgia sin excesos, una amplia apertura al tra-zación de los monasterios y su radical reforma. Tebaida optaron dos, establecidos generalmente en las proximida- quellas fundaciones del si- la pintura y escultura que se conservan. bajo (tanto intelectual como manual), una particu- En los siglos XI y XII las fundaciones monásticas por un modelo de des de las ciudades, donde los vallombrosianos glo XI –de muchas de las Construyeron hospitales, boticas, alber- lar atención a la acogida de huéspedes y de pobresproliferaron por doquier en Europa, proponiendo vida anacorética en propugnaban la reforma del clero. cuales apenas quedan ya gues y se encargaron de la organización fueron sus ocupaciones cardinales: no cabe dudaformas de vida monástica muy diferentes entre sí. solitario, que en Por los mismos años surgieron otras experiencias monasterios en activo– y su conti- y explotación agraria, impulsando el de que este sentido de la medida contribuyó al éxi-Pero en Italia, más que en cualquier otro sitio, los Occidente se monásticas. Tras la conversión a la vida eremítica y nuación con las órdenes de mendi- cultivo de grandes extensiones impro- to de los cistercienses.monjes asumieron un papel decisivo en el gran mo- sustituyó por la vida de la fundación de la Cartuja –en las cercanías de cantes y predicadores del XII, fueron la ductivas y formando a un campesinadovimiento de reforma de la Iglesia promovido por el religiosa en Grenoble–, Bruno de Colonia escogió para satisfa- espina dorsal de la consolidación del más competente. El abad y sus hijosPapado. comunidad. Arriba, cer sus exigencias de silencio y de ascetismo las cristianismo en Europa; en sus bibliote- Durante la Edad Media, de entre todos los cris- representación de soledades de Calabria. Lo mismo hicieron los ere- cas se conservó gran parte de la heren- tianos que se esforzaban por alcanzar el Reino deEn busca de la pureza original monjes de la mitas de San Giovanni della Torre y de Santo Ste- cia clásica; de sus scriptoria salieron Dios, el monje era considerado el más avanzado en Los primeros de estos servidores del Papado re- Tebaida, en una fano del Bosco, aprobados por el papa Urbano II en las copias de los grandes autores greco- la escala de la perfección, ya que había elegido re-formador fueron los poderosos monjes de la abadía miniatura del la última década del siglo XI. latinos y sus traducciones y comenta- nunciar a su propia voluntad para consagrar la vidafrancesa de Cluny, que en el momento de su fun- siglo XIV. Elitista e individual, el ideal de perfección de rios; aquellos monjes fueron los autores a Cristo. Los monjes, al contrario que otras catego-dación, en el año 910, había sido donada a san Pe- Bruno se alcanzaba mediante la ascesis y la con- de los textos religiosos, legales, enciclo- rías de clérigos, vivían en comunidad organizadadro y a sus sucesores, los papas. Ya a mediados del templación, en el ámbito de la comunidad de ere- pédicos, literarios y científicos que son según una Regla y por este motivo eran llamadossiglo X y a todo lo largo del siguiente, los abades de mitas que vivían aislados en celdas –en general, gran parte del legado cultural del Me- regulares. En el Occidente medieval, la Regla másCluny habían tratado de reformar los monasterios una docena por cartuja– agrupadas en un recinto dievo; los miniaturistas no sólo propor- difundida fue, sobre todo a partir del siglo IX, la deitalianos introduciendo los usos entonces en vigor llamado desierto. Tras la muerte de Bruno en cionaron a la posteridad preciosas Benito de Nursia. Sobre la base de este texto, muyen su propia abadía, y en la segunda mitad del si- 1101, el movimiento cartujo creado por él se enri- obras de arte, sino también los testimo- genérico y que más bien proponía orientacionesglo XI, se observó una notable difusión de los cen- queció con usos específicos: se estructuró como or- nios más vivos de la vida cotidiana de la que normas precisas para el comportamiento coti-tros cluniacenses. En 1077, la abadía de Polirone, den y prosiguió lentamente su expansión. El siglo época. Pusieron en pie monasterios e diano, en algunos monasterios o grupos de monas-fundada por los marqueses de Canosa, fue cedida XIV fue especialmente rico en fundaciones: cartu- iglesias –el Románico y el inicio del Gó- terios se elaboraron usos y costumbres, que definí-a Cluny por Gregorio VII; en Farfa, bajo el gran abad jas de Florencia, Siena, Pavía, Nápoles, Miraflores, tico– que hoy perduran como muestras an la observancia específica de cada orden monás-Hugo (+ 1038), ya se había promulgado un Consti- etcétera. del talento arquitectónico occidental. tica y todos los detalles de la vida cotidiana, detutum modelado sobre los usos cluniacenses; la Se ha mencionado ya la trayectoria de Guglielmo Financiaron y atesoraron gran parte de principio a fin de la jornada.Santísima Trinidad de Cava, en fin, se convirtió en da Vercelli (h. 1085-1142), un penitente itineran- El monje tenía la obligación de conocer perfecta-50 51
  4. 4. Sala capitular de la abadía de San En los scriptoria, los monjes Galgano, cerca de amanuenses se dedican a Los monasterios están Siena, levantada en copiar textos. Los libros se dotados de todos los el siglo XIII según conservan en la biblioteca, servicios para higiene. las pautas en este caso situada en la Junto a las letrinas se arquitectónicas del planta superior. encuentran los baños; Cister francés. en la planta superior, la Derecha, lavandería. representación de un monasterio benedictino de la Alta Edad Media. Más o menos grandiosa, según las posibilidades de la comunidad monástica a la quemente la Regla de Benito y los usos de su monaste- pertenece, la iglesia es el edificiorio y, después, durante el periodo –en general, de un principal.año– de preparación para la profesión monástica, elnovicio debía, bajo el severo control de un maestro,esforzarse en aprender estas nociones. Además, ca-da día, durante la reunión de todos los monjes de la En la sala capitular, en lacomunidad (el capítulo, que se reunía en la sala lla- planta baja, el abad celebramada por ello capitular), se leía y se comentaba por las reuniones administrativas.el superior un fragmento de estas leyes que organi- En la planta superior sezaban la vida comunitaria. encuentra el dormitorio de La comunidad que vivía en un monasterio no se los monjes.componía únicamente de monjes. Estaban tambiénlos novicios, muchachos que vivían en él y estabandestinados a hacerse monjes una vez cumplida laedad requerida, los laicos especializados en los tra-bajos manuales (los legos) y los simples criados. Por El claustro, con jardín yno hablar también de los huéspedes de paso, aloja- fuente, es el centro de la El claustro puede no serdos en la hospedería: nobles, benefactores del mo- vida monástica; aquí los único: en este caso, hay unonasterio, algún obispo o cardenal de regreso de una monjes meditan y para los novicios. Situado almisión, pero también simples peregrinos en viaje ha- encuentran un poco de lado sur del claustro secia Roma, Santiago de Compostela o cualquier otro esparcimiento. encuentra el refectoriosantuario. común. Todos estaban bajo la autoridad del abad o delprior, verdadero jefe del monasterio y padre de la co-munidad. Ante él, el futuro monje prometía respetarlos votos (castidad, pobreza, constancia y obedien-cia) y a él debían solicitarle los legos su sustento,alojamiento y protección, obligándose a cambio aservir al monasterio. Cada día, el abad convocaba el La hospedería ucapítulo, oía la confesión de sus hermanos, organi- hostal es el lugar de En el lado oestezaba el reparto de las tareas y de los trabajos comu- acogida de los de la abadía senitarios y, sobre todo, se encargaba de los asuntos peregrinos y de otros sitúan la cocina ycotidianos del monasterio: recibimiento de los hués- huéspedes de paso. el guardarropa de Fuera de la clausura,pedes distinguidos, contratos varios, venta o adqui- Está unida al edificio la comunidad. el complejosición de bienes patrimoniales o de consumo ordina- en el que se reservado a losrio, litigios y cuestiones jurídicas que afectaban al encuentran la cantina monjes, hay muchasmonasterio, etcétera. En esta tarea le ayudaban los y la despensa. estancias dedicadasoficiales, cuyo número y cualificación variaban se- a las actividadesgún los lugares. En general, eran un prior (el segun- económicas deldo en jerarquía, tras el abad), un ecónomo y un res- monasterio.ponsable de la hospedería y de la enfermería. A los legos se les confiaban algunas funciones,particularmente las que exigían contactos con la ciu-dad (mercados, ferias, etcétera). En las abadías cis-tercienses, por ejemplo, parte de los legos residía enlas alquerías –granjas– donde desarrollaba su traba-jo bajo el control de un monje o, con frecuencia, deotro lego. Por otra parte, las abadías solían recurrir a52 53
  5. 5. funcionarios de fuera de la comunidad, en general, San Francisco lectura de textos sagrados durante las comidas en eleclesiásticos influyentes en los obispados o en Ro- predica a los refectorio, la acogida de los huéspedes que se pre-ma, laicos poderosos o expertos en derecho, a quie- animales, en un sentaban en la portería del monasterio y otras.nes confiaban sus asuntos. fresco del siglo XIII El rezo se desarrollaba principalmente en co- La jornada del monje se dividía entre el rezo y el de la basílica que munidad, en la iglesia del monasterio, durante latrabajo. A esto se añadían pequeñas tareas comuni- lleva su nombre serie de oficios litúrgicos que marcaban las horastarias como, por ejemplo, la preparación de los obje- en Asís. del día. En la sociedad medieval, el papel socialtos litúrgicos necesarios para las celebraciones, la de los monjes era el de rezar; así, se difundió en- DEL EREMITORIO AL CENOBIO eriodo de efervescencia social y es- asistían a los moribundos y custodiaban las sepul- vocas– intervenciones del Papado, las disputas piritual, el fin del siglo XII vio la turas de sus devotos. acerca de esta cuestión no se calmaron y llevaron multiplicación de nuevas experien- Esta intrusión en ámbitos tradicionalmente re- a la división interna de la Orden entre los mode- cias religiosas, algunas que rompían con la auto- servados al clero secular (curas y obispos) pro- rados –o Conventuales, que aceptaban el uso de ridad eclesiástica (valdenses, cátaros o albigen- vocaron en sus confrontaciones no pocas mani- los bienes, cuya propiedad era simbólicamente ses); otras, por el contrario, consagradas a la de- festaciones de hostilidad, tanto más cuanto que atribuida a la Iglesia– y los rigoristas, o Espiritua- fensa de la Iglesia. Aunque nacidas de un mismo los mendicantes dependían directamente del papa les, que rechazaban incluso esta forma de propie- ideal de reforma, sus posiciones con frecuencia se y no de los obispos. A esto se añadía la animosi- dad indirecta y fueron definitivamente condena- enfrentaban. Por ejemplo, tras una misión de pre- dad de los estudiantes y de los profesores univer- dos por Juan XXII (1316-1334). dicación contra los albigenses el castellano Do- sitarios, entre quienes se introdujeron muy pron- El éxito de los Dominicos no fue menor: en mingo de Guzmán (1170-1221) maduró un pro- to los franciscanos y los dominicos. En el concilio 1303 habían sido ya creados casi seiscientos yecto de comunidad formada por religiosos de de Lyon, de 1274, una parte de los prelados allí conventos, divididos en dieciocho provincias. conducta irreprochable y culturalmente prepara- reunidos se manifestó contra el crecimiento de las La Orden se especializó en la predicación mi- dos, capaces de conjurar con el ejemplo y la pre- nuevas órdenes y consiguió limitar, temporalmen- sional, en la traducción a las lenguas vulgares dicación el peligro cátaro. Esta orden, llamada de te, no solamente su número sino también su acti- de textos espirituales, a la polémica doctrinal y los frailes Predicadores o Dominicos, fue aproba- vidad pastoral. a la teología, en la que fue maestro Tomás de da por el papa Honorio III en 1216 y tuvo un in- Pero esto no impidió su desarrollo. Tras la Aquino (+ 1274). Ya en la época de santo Do- tre los laicos la costumbre de confiar la propia al- Izquierda, capitel del tos (hagiografía), la Historia (de toda la cristian- mediato éxito. muerte de Francisco, el extraordinario éxito de mingo, el estudio, como preparación necesaria ma y las de sus personas queridas a las oraciones pórtico de la abadía dad, de su región o de su abadía), los comentarios En esos años, concretamente en 1209, un jo- los Menores fue tal que se hizo difícil mantener el de la predicación, estaba incluida entre las obli- de alguna comunidad monástica, que procedía a de San Clemente de la Biblia o de los Padres de la Iglesia, etcéte- ven de Asís llamado Francisco (h. 1178-1226), equilibrio entre una regla pensada para un grupo gaciones del futuro fraile. Asimismo, por sus anotar en libros de registro los nombres de las (Casauria). Derecha, ra. La cultura monástica servía también para ges- renunciaba a la vida acomodada que le aseguraba de pocas personas y las dimensiones alcanzadas propias características, los Dominicos fueron personas (vivas o muertas) con las que se había vista panorámica de tionar el patrimonio y elaboraba libros (libri iu- su familia para seguir estrictamente los preceptos por la Orden. Fue, sobre todo, la cuestión de la muy activos en los tribunales de la Inquisición. comprometido. Este particular tipo de obras aca- San Miguel de la rium, cartularios) que recopilaban la documenta- evangélicos. En el proyecto de Francisco y de sus pobreza colectiva lo que produjo las mayores bó por adquirir para algunas órdenes, particular- Quebrada, sobre el ción sobre los derechos de propiedad de una co- primeros compañeros, los frailes debían vivir en quiebras: ¿podían revender la herencia del Pobre- Abierto a las mujeres mente la cluniacense, una importancia tal que se valle de Susa, abadía munidad sobre un terreno o una jurisdicción. total pobreza, sin propiedad alguna ni personal ni cito de Asís y, al mismo tiempo, promover la La espiritualidad de estas nuevas órdenes impuso (como enseguida se le reprochó) sobre to- fundada por Ugo de común, viviendo del trabajo y de la limosna. La construcción de conventos cada vez más grandes prendió también en mujeres. En 1212, santa Cla- dos los demás aspectos de la vida monástica. Montboissier, que se La Orden, por encima de todo Orden –llamada humildemente de los frailes me- y suntuosos o formar bibliotecas cada vez más ri- ra (1194-1253) fue acogida por Francisco en la especializaba en A partir del siglo XI, los monasterios y las abadí- nores o, por el nombre de su fundador, de los cas? A pesar de las numerosas –y no siempre uní- iglesia de San Damián en Asís, donde fundó una Con la cabeza gacha hospedar a los as dejaron de estar aislados y se reunieron en gru- franciscanos– obtuvo una primera apro- pequeña comunidad de hermanas po- Si las reglas y los usos monásticos insistían re- viajeros de alto pos con un centro de referencia común y supedita- bación verbal de Inocencio III en 1210 y bres, sucesivamente llamadas Damiani- petidamente en la obligación del trabajo, no deter- rango que se do al control de un abad (o prior) general: el abad la oficial por Honorio III en 1223. tas y Clarisas. A pesar de la expresa re- minaban que los monjes se dedicasen sistemática- dirigían a la de Cluny para la orden cluniacense, el de Citeaux Estas dos primeras órdenes mendi- serva de las órdenes mendicantes, eran mente a actividades agrarias o artesanales. Estas península itálica para los cistercienses, el de Vallombrosa para la va- cantes, nacidas casi simultáneamente, hombres los que se encargaron final- tareas se dejaban a los legos o a los laicos arrenda- desde el Norte de llombrosana, el prior de Camaldoli para los camal- fueron seguidas por otras, como los Ere- mente de la dirección de una comuni- tarios, que cultivaban las posesiones del monaste- Europa. dulenses. Por esta razón, la Regla debía en adelan- mitas de san Agustín (Ermitaños o Agus- dad femenina (Clarisas, Dominicas, rio a cambio del pago de una renta o la entrega de te definir, además de la vida cotidiana en el interior tinos), los Siervos, los Carmelitas. Agustinas, Carmelitas, etcétera), en ge- una parte de la cosecha. Los monjes realizaban, so- de cada comunidad, el funcionamiento de las rela- Todas las órdenes mendicantes se ca- neral regida por reglas tradicionales bre todo, una labor intelectual en la biblioteca o en ciones entre las diversas comunidades de una mis- raterizan por la norma básica de la po- (benedictina o agustina). Más original la sala de estudio de la abadía (scriptorium). Co- ma orden. La cohesión era reforzada por la organi- breza colectiva que se añade a la indivi- fue, por el contrario, el papel asumido piaban en códices de pergamino obras litúrgicas, zación regular (en general, cada tres años) de reu- dual –obligación ésta general en todos por las mujeres en la comunidad de ter- teológicas y morales, pero también literatura anti- niones a las que asistían los superiores de todas las los religiosos– y la práctica de la mendi- ciarios, o sea, penitentes laicos que se gua, tratados científicos (astrología, medicina, et- comunidades de una orden. Durante estos capítu- cidad en lugares públicos. Se distinguían sujetaban a unas reglas de vida contro- cétera) y tantos otros textos que se salvaron así de los generales, habitualmente convocadas en la aba- además de los monjes en que, respecto al ladas por una orden mendicante mascu- desaparecer. En este sentido las abadías contribu- día de cabecera, se examinaban los problemas de rezo y a la meditación, mostraban la vo- lina y aprobada por la Santa Sede, pero yeron a la conservación y transmisión de la cultura la orden y los modos de reforzar su cohesión; ade- luntad de imitar a Cristo particularmente sin pertenecer a todos los efectos a la clásica. La copia de los libros no consistía sola- más se elaboraba una estrategia común. Cabe ima- en el apostolado y en la vocación pasto- orden. Se trataba con frecuencia de es- mente en la traducción del texto: los códices se ginar el poder que los monjes consiguieron gracias ral. En efecto, se dedicaban a la predica- posos o de viudos que vivían o en una adornaban con miniaturas y, sobre todo, eran estu- a estas estructuras suprarregionales y, en algunos ción itinerante, sobre todo en las ciuda- pequeña comunidad o en su propia ca- diados y comentados, en los márgenes de los códi- casos (Cluny o Citeaux, ambas en Francia, por citar des, exhortando al pueblo a la penitencia sa, y que se dedicaban a la plegaria y a ces o en volúmenes separados. las más poderosas), supranacionales y con más de y a la confesión; visitaban a los enfermos, las obras de caridad. Los monjes se especializaban en algunos géne- un millar de monasterios esparcidos por todo el Oc- ros literarios, como el relato de las vidas de san- cidente europeo. n54 55
  6. 6. Desde los tiempos más tempranos del cristianis- (Hungría), quien erigió un monasterio precisamen- mo hubo antecedentes de ese monacato reglado, te en Dumio, cerca de la ciudad de Braga, que ha- Al frente de la que tuvieron lugar en la Hispania romana. Tales manifestaciones tempranas del monaquismo no se interrumpieron trágicamente – según se ha venido suponiendo– durante las “invasiones bárbaras” de la Península, pero debió producirse una detención cia 556 fue constituido en obispado, siendo san Martín su primer prelado –años después sería tam- bién arzobispo de Braga–. Él y sus monjes trabaja- ron por la auténtica conversión de los suevos al ca- tolicismo y lucharon contra las supersticiones de Reconquista del proceso y, seguramente, hubo casos de perse- raíz prerromana y romana enraizadas en la zona, cución, por lo que algunos eremitas y cenobitas op- tanto con la predicación y los escritos, como por tarían por la seguridad de lugares poco accesibles. medio de la reunión de concilios. En cuanto a su A partir del siglo VI, está documentada la exis- modelo de monacato, parece bastante claro que tencia de algunos monasterios próximos a ciudades llevó al noroeste peninsular la tradición monástica como Tarragona o el monasterio Servitano, cercano oriental de los Padres del Desierto, que había co- a Arcávica (Cuenca), y otros plenamente rurales co- Página izquierda, nocido en su peregrinación a Tierra Santa y a otras mo el de San Martín de Asán, en Arrasate (Aragón). exterior de la iglesia regiones de Oriente; así escribió, por ejemplo, las Pero, aparte de estos ejemplos cenobíticos, se co- mozárabe de Sentencias de los Padres de Egipto. nocen casos de anacoretismo, que en ocasiones lle- Peñalba de Santiago varon al surgimiento de nuevas comunidades. Tal (León). Arriba, cruz Esplendor cenobítico fue el caso de san Millán o Emiliano (¿?- 574), pas- visigótica del Tesoro Ahora bien, el verdadero esplendor del monaca- tor natural de Berceo (La Rioja) que decidió mar- de Guarrazar to en la España visigoda se sitúa a finales del siglo char junto al ermitaño Félix para abrazar la vida so- (Madrid, Museo VI y en el VII, cuando no sólo se registró una im- litaria a la montaña de Bilibio, cerca de Haro, y lue- Arqueológico portante floración de cenobios, sino que también se go a los montes Distercios. Más tarde se le ordenó Nacional). Abajo, escribieron reglas monásticas de gran interés, como sacerdote por deseo del obispo de Tarazona, pero encuentro de san las de los hermanos, arzobispos sevillanos y santos, ante ciertas envidias retornó a sus soledades, en Benito con san Leandro e Isidoro o la de san Fructuoso, que regu- esta ocasión al valle de Suso, en la Sierra de la De- Romano, en un ló con gran rigor a los monjes del Bierzo leonés. manda, y allí constituyó una comunidad de monjes fresco del siglo XIII Otro aspecto que refleja el esplendor del monaca- y otra de monjas, de las cuales algunas adoptaron (por el Maestro to en el siglo VII es la proliferación de monasterios a un género muy acentuado de vida anacorética, tal Consolus, Subiaco, lo largo y ancho de la Península. Había cinco a las como el “emparedamiento”, es decir, el vivir en iglesia del Sacro afueras de Toledo (en el de Agali, fue monje san Il- una celda cerrada al exterior por una tapia. Éste fue Speco). defonso, después arzobispo toledano) y otros dos el origen del monasterio de San Millán de la Cogo- también muy próximos; en Zaragoza funcionaban al lla, que siglos después se trasladaría más abajo, a menos dos, a uno de los cuales perteneció el más Yuso, en el mismo valle. tarde obispo Tajón; en Mérida hubo como mínimo A la Gallaecia sueva –reino asentado en Galicia, tres, aparte del de Alcuéscar, en la Sierra de Mon- el norte de Portugal y el oeste de las actuales pro- tánchez; en Sevilla se abrieron por lo menos tres, en vincias de Asturias, León y Zamora– llegó a me- Córdoba dos, en Tarragona uno, en Barcelona diados del siglo VI san Martín de Dumio otro… Y en Cataluña destaca de un o de Braga (¿?-579), personaje modo especial el de Biclaro procedente de la Panonia –erigido cerca de la de-En la Península Ibérica, los Antonio Linage Conde y Santiago Cantera Montenegromonasterios no sólo sirvieron Profesores de la Universidad de San Pablo-CEU Epara cristianizar a la población de L MONACATO ES EL MOVIMIENTO ESPI- ritual organizado por los monjes y su mo-sus contornos, sino para do de vida; como monje cabe definir a la persona dedicada a la vida ascéticamenteasentarla, organizarla y, con las disciplinada y contemplativa, esto es, centrada esencialmente en la oración, pudiendo desarrollar-órdenes militares, para defender la en solitario (caso del anacoretismo o eremitismo) o en comunidad y bajo una regla determinada (ce-las fronteras nobitismo).56 57
  7. 7. sembocadura del Ebro– famoso por el his- la invasión, que fue seguida por una época de una Monasterio de San toriador Juan Biclarense. No puede olvidar- relativa tolerancia religiosa, sucedió en el siglo IX Juan de la Peña, en se la llamada “Tebaida Leonesa”, es decir, un periodo de muy dura persecución, que afectó de Huesca, fundado El Bierzo, comarca donde dio sus primeros lleno a los monasterios y a sus monjes y monjas, va- entre los siglos VIII pasos el monacato fructuosiano, en ceno- rios de los cuales sufrieron el martirio. Esto preci- y IX por la bios como Compludo, Rupiana y Visonia, pitó la decadencia del monacato mozárabe. comunidad de que se irradiaría hacia Galicia y la Bética. monjes que se En El Bierzo, y como discípulo de san Fruc- A la vanguardia de los reinos cristianos agrupó en torno a tuoso, resaltaría san Valerio. En fin, cabe En la España cristiana del Norte, donde se cons- san Voto. Es un señalar que en Britonia, la actual Mondo- tituyen los núcleos de resistencia frente al Islam y buen ejemplo del ñedo, existió una colonia bretona y al me- desde los que comenzará la Reconquista del terri- florecimiento nos un monasterio vinculado a ella. torio, se fue reorganizando el monacato, siguiendo monástico que tuvo también en los primeros tiempos, de forma bas- lugar en el Noreste Monjes emigrantes y mozárabes tante general, la tradición de época visigoda. En el peninsular por la El corte brutal en el desarrollo del monaca- reino astur-leonés, a partir de mediados del siglo influencia de la to que no produjeron las invasiones bárba- VIII, comienzan a tomar impulso algunos monaste- expansión de la ras lo causó, en cambio, la irrupción mu- rios como San Juan de Pravia y San Vicente de Regla de san Benito,Retrato de san sulmana en 711. Algunos monjes optaron por huir a Oviedo. Con el avance territorial del reino y la re- que entró a travésIsidoro atribuido a zonas retiradas, preferentemente a la montaña, para población de las zonas reconquistadas se fueron de Francia.Zitow, siglo XV poder dedicarse allí, en plena libertad, a la vida mo- fundando o restaurando cenobios, en muchas oca-(Valladolid, Museo nástica en su modalidad eremítica. Ejemplos de es- siones para consolidar la presencia cristiana, noNacional de to son san Frutos, actual patrón de la diócesis de Se- sólo la religiosa, sino también la humana, pues de-Escultura). Derecha, govia, que con sus hermanos se retiró a las Hoces del bían organizar muchas veces su entorno y asentarAlfonso II el Casto, río Duratón, cerca de Sepúlveda, o San Voto, que for- en él nuevos vecinos. Alfonso II el Casto promovióque se enfrentó a mó en torno a él una pequeña comunidad, de la que de un modo especial las comunidades monacalesCarlomagno en más tarde surgiría el monasterio de San Juan de la a la vanguardia de la repoblación y, entre los siglosRoncesvalles, según Peña, en Aragón. Pero lo que más llama la atención VIII y X, se registra el nacimiento o la reapertura deuna serie de es la salida de algunos fuera de la Península, comoretratos reales san Pirminio, que se instaló en la región del Rin,encargados por donde fundó varios cenobios y se dedicó a labores deFelipe II (Segovia, evangelización, luchando contra las supersticionesSala Real del paganas; estos monjes emigrantes llevaron a otrasAlcázar). zonas de Europa la tradición cultural isidoriana y vi- sigótica española en general, pues se llevaron consi- numerosos monasterios: Santo Toribio de Liébana en Navarra destacan San Salvador de Leyre y, al go buena parte de sus libros. (Cantabria), Sahagún y San Miguel de Escalada menos en el siglo X, Santa María de Irache. No obstante, la propia capital del valiato y luego (León), San Salvador de Valdediós (Asturias) o San El triunfo de la Regla de san Benito, cuya prime- emirato, Córdoba, contaba con varios cenobios Isidro de Dueñas (Palencia), Samos y los cenobios ra mención conocida en la Península es la de Baño- masculinos y femeninos en sus alrededores. Como del valle del Sil –comarca muy querida por los las, que data el año 822, se debe que era fácilmen- es sabido, los cristianos que permanecieron bajo monjes– y, en el siglo X, san Rosendo fundaba el te asimilable y resultaba atractiva para las comuni- dominio musulmán son llamados mozárabes, quie- de Celanova. dades monásticas e incluso para muchos seglares de nes en gran medida supusieron una continuación En el siglo X, el condado de Castilla experimen- de la tradición hispano-visigótica. Pero a la fase de tó también una expansión importante del monaca- to, impulsada por los propios condes, tanto con fi- CENOBITAS MADRUGADORES nes religiosos como repobladores: aparecen así, ESPOSAS DE CRISTO entre otros, San Pedro de Cardeña, San Pedro de finales del siglo IV e inicios dades más, y muy singular resulta el ca- Arlanza, Santo Domingo de Silos y San Salvador de del V ya existían comuni- so de Egeria, al parecer una monja, e in- on anterioridad a la apari- do hacia el 300-302. En sus Actas, sobre Oña, mientras que en La Rioja destacan San Mi- dades cenobíticas en Espa- cluso abadesa, originaria de la Gallaecia, ción y el desarrollo en Espa- todo en los cánones 13 y 27, se incluye- llán de la Cogolla y San Martín de Albelda, en el ña: en el concilio de Zaragoza de 380 que a finales del siglo IV o principios del ña de lo que propiamente es ron las disposiciones dadas para las mu- que se hallaba en el siglo X el abad Salvo, autor de se prohibió a los monjes (es su prime- V realizó un viaje de peregrinación hasta el monacato y la vida monástica, debe se- jeres consagradas “por pacto de virgini- una Regla para monjas, que mezcla la de san Be- ra mención en España) ausentarse de su Tierra Santa, pasando por algunos luga- ñalarse otra realidad que existió desde dad”, así como para las vírgenes no con- nito, con normas penitenciales hispanas de abo- comunidad durante la Cuaresma, así co- res como la Tebaida egipcia, zona donde los mismos orígenes del cristianismo: la sagradas (canon 14). Hay que decir que lengo irlandés y tradición visigoda. mo que los clérigos pudieran pasar al había surgido el monacato cristiano a fi- consagración de algunas mujeres ofre- la virginidad consagrada era algo escogi- En el área pirenaica y más al sur también se estado monacal. Además, san Agustín, nales del siglo III y en el IV (ver La Aven- ciendo a Dios su virginidad, como espo- do libremente, nunca impuesto por la produjo un florecimiento monástico y, sobre todo, obispo de Hipona, Túnez, escribió en los tura de la Historia, nº 16, Egeria, aven- sas de Cristo. La virginidad consagrada Iglesia aunque sí ensalzado por ella co- a través de esa zona fue penetrando desde Francia primeros años del siglo V una carta al tura en Tierra Santa). en España debió de darse paralelamente mo muy meritorio y del agrado de Dios, la Regla de san Benito, que se estaba expandien- abad Eudosio y a sus monjes de la isla de Otra muestra de la importancia del a la configuración de las primeras co- y que podía suponer un cierto peligro do por Europa. Desde Cataluña y Aragón se exten- Cabrera (aunque otros la identifican con monacato en esta época es la atención munidades cristianas, pero salvo los ca- para aquella mujer que lo hacía, pues dió con bastante rapidez hacia los monasterios de la isla italiana de Caprara), y es que el que le dedicó la herejía priscilianista, la sos de algunas mártires, no contamos contravenía las leyes romanas que pena- Castilla y del reino astur-leonés. En los siglos VIII monacato debía de tener cierta impor- cual defendió en ciertas cuestiones con noticias realmente algo más abun- lizaban a los célibes y a los que no tení- y IX nacieron en los condados catalanes monaste- tancia en las Baleares, según permiten unas posturas rigoristas que dieron lu- dantes y detalladas hasta el Concilio de an hijos, las cuales serían derogadas fi- rios como San Miguel de Cuxá, San Pedro de Ro- saber otros documentos. Pero, en gene- gar a sus formas particulares de vida Elvira (o Ilíberis, actual Granada), data- nalmente por el emperador Constantino. da, Santa María de Ripoll y San Cugat del Vallés; ral, en la Península había otras comuni- monástica. en Aragón, el mencionado San Juan de la Peña y58 59
  8. 8. Orden (cluniacense) en torno a esa casa-madre y la LAS REGLAS SEVILLANAS gran dedicación a la oración litúrgica, que incluso se El monasterio cistercianse de acabó haciendo abrumadora, por el elevado número Santes Creus, a más antigua regla conoci- monasterio se compone de iglesia, sa- de horas destinadas a la celebración del Oficio Divi- Tarragona, surgió, da en la Península Ibérica cristía, dormitorio común, refectorio, no. La reforma entró en la Península a partir de 965 junto con el de es la de san Leandro, arzo- cocina, despensa, biblioteca, huerta, en- a través de Cataluña y a principios del siglo XI la in- Poblet, por bispo de Sevilla (¿?-599), que supone fermería y cementerio. trodujo en sus territorios Sancho III el Mayor de Na- iniciativa real y más un tratado de vida religiosa varra. Entre 1058 y 1109 fue adoptada en monaste- nobiliaria en la –dirigida en especial a su hermana rios como Camprodón y Caserres en Cataluña, Náje- época de Ramón santa Florentina– que una regla ra en La Rioja, y Sahagún, Carrión y Dueñas en tie- Berenguer IV. La propiamente dicha; es un texto pa- rras leonesas; después de 1109, se fundaron o se in- orden del Cister ra mujeres, para vírgenes consa- corporaron otros a la Orden, como San Juan de la Pe- había entrado en gradas a Dios, que comienza con ña y Leyre, Oña, Cardeña, Frómista, etc. Fueron muy España a través de un elogio de la virginidad, de gran importantes para este fenómeno de expansión, en Navarra, en 1140. belleza literaria. Castilla y León, los reinados de Fernando I y, sobre En cuanto a la Regla de san Isi- todo, Alfonso VI, quien consiguió que el primer arzo- doro (¿?- 636), es un modelo de bispo de la sede toledana restaurada en 1085, tras claridad, orden, atención a los de- la reconquista de la ciudad, fuera el cluniacense talles, moderación, discreción, hu- Bernardo de Sauvetat. A mediados del siglo XII, y an- manidad, etc., y recuerda en mu- te la relevancia de bastantes casas españolas, se chos aspectos a la de san Benito. A creó la figura de un camerarius (camarero) o lugarte- diferencia de la de su hermano san niente del abad de Cluny para los monasterios de la Leandro, es una auténtica regla Península, que residiría en Nájera o en Carrión. Las monástica, ya que organiza la vida abadías de Cluny, como había sucedido con otras be- abades se debían reunir anualmente en el Capítulo se, e incluso en dependencia directa respecto de la del cenobio por completo. Dados nedictinas anteriores, se integraron en el mundo feu- General. Hay que señalar, además, que con el fe- Orden, debe recordarse el nacimiento de las Órdenes los horarios que presenta y la dal y constituyeron importantes señoríos, organizan- nómeno monacal cisterciense se produjo la difu- Militares, la aparición de comunidades de monjes- atención al verano, parece que se do social y económicamente su entorno. sión de su espiritualidad, en buena parte definida soldados que combinaban la vida monástica con el destinó para su aplicación en la Frente a esto, frente a la prolongada dedicación por San bernardo, y que, entre otros elementos, se combate en defensa de la fe, asumiendo el ideal de región de la Bética. Según ella, el a la liturgia y con el propósito de restaurar la aus- fijaba en la Humanidad de Jesucristo y en la devo- la caballería medieval y enfrentándose casi siempre teridad y el espíritu de la Regla benedictina y el tra- ción mariana, aunque ha habido autores que han al Islam. A impulso cisterciense y bajo la Regla de bajo manual entre los monjes, surgió también en la negado que su influencia fuera realmente grande san Benito nacieron los templarios; en España sur-San Leandro, la Europa altomedieval. Ello se debe a que, como di- zona de Borgoña la reforma del Cister, iniciada por en estos dos aspectos. Dado el color del hábito cis- gieron las órdenes de Calatrava, Alcántara y Avísarzobispo de ce su autor, estaba destinada a monjes “mediocres” san Roberto de Molesmes e impulsada luego por terciense, se les conoció como “monjes blancos”, o que comenzaban la vida monacal y también a la san Bernardo, abad de Claraval. Su expansión tuvo para diferenciarlos de los “monjes negros” clunia-Sevilla, entrega suregla de vida atención que prestaba a los pequeños detalles, a su lugar en los siglos XII y XIII, irrumpiendo con gran censes y benedictinos en general. EL RIGOR DE SAN FRUCTUOSOmonástica, la más discreción y moderación en todo, a su humanidad y fuerza en España. El Cister se configuró como otra Parece que el Cister entró en España a través deantigua conocida de su cristocentrismo . En ella adquiere gran importan- nueva Orden, con varias grandes casas fundadoras Navarra, siendo Fitero una de sus primeras funda- a Regla de san Fructuoso de trata de una regla pensada para un mo-la Península, a su cia la figura del abad, la vida de comunidad y se además de la madre de todas, situada en Cîteaux, ciones en 1140. En estos años centrales del siglo XII Braga (¿?- 665) aspiraba a nasterio, con todos los detalles de suhermana, santa ofrece la alternancia clásica entre oración, trabajo y y presentaba una organización de tipo federativo, se fue instalando en los reinos de Castilla y León: las cimas más altas del asce- organización, sino para una congrega-Florentina. Derecha, lectio divina (lectura espiritual abierta a la inspira- con autonomía de los distintos monasterios, cuyos Osera y Melón en Galicia, Sacramenia en tierras se- tismo, por lo que resulta tan exigente y ción de monasterios, la de los cenobiosefigie de Fernando ción del Espíritu Santo). govianas y Valbuena en las de Valladolid, Monsalud rigurosa, que recordaba al monacato fructuosianos del Noroeste hispano, losIII el Santo (1217- La benedictinización se forta- en la diócesis de Cuenca, Santa María de Huerta en primitivo de origen oriental. Pese a la cuales se regirían por un texto previo,1252), uno de los leció hace un milenio, coincidien- la actual provincia de Soria… En cuanto al ámbito austeridad y disciplina, la dureza del que sería casi seguro la Regla de sanreyes que mayor do en buena parte con una nueva catalán, surgieron por iniciativa real y nobiliaria, en modelo de vida y la severidad de algunas Fructuoso.afecto mostró hacia fase de restauración monástica época de Ramón Berenguer IV, los muy importantes prácticas (incluso parece que la de inte- La Regla Común afrontaba una serielos monjes blancos, tras los saqueos llevados por Al- cenobios de Santes Creus y Poblet. Y paralelamente rrumpir dos veces el escaso el tiempo de realidades y problemas que habíanen el Tumbo A de la manzor. En Cataluña impulsó la al asentamiento masculino, tuvo lugar el de las mon- adjudicado al sueño, para levantarse a ido surgiendo en ese ámbito, como loscatedral de Santiago adopción de la Regla de san Be- jas de la Orden: Cañas en La Rioja y Gradefes en tie- rezar) había hombres con fe suficiente monasterios familiares; prohibía los dú-de Compostela. nito el abad Oliva, del monasterio rras leonesas, Las Huelgas de Burgos, Vallbona de para realizar aquellas proezas, más aún plices (monasterios con dos comunida- de Ripoll y a quien se puede con- las Monjas en Cataluña… El aprecio de los reyes ha- en una zona tan dura en el invierno co- des, una masculina y otra femenina); le- siderar fundador de Montserrat. cia los monjes blancos se manifestó no sólo en las mo El Bierzo leonés a la que inicialmen- gislaba sobre la tutela de monjes de ce- En el centro y en la mitad occi- donaciones para establecer nuevos monasterios y pa- te se destinó. A diferencia de las de san nobios masculinos sobre las casas feme- dental de la Península también se ra afianzar los ya existentes, sino también en el apo- Isidoro y san Benito, la regla de san ninas; encauzaba las aspiraciones de re- crearon nuevos centros como yo para la promoción a sedes episcopales, la elección Fructuoso introduce llamadas a la vida ligiosidad seglares mediante una hospe- Santa María de Nájera. de algunos confesores reales, etc. Fernando III el solitaria en la celda, de tipo eremítico o dería especial para familias que desea- Santo, ya en el siglo XIII, fue uno de los reyes caste- semieremítico, aunque sin anular la vida ran hacer vida semimonástica. De Cluny al Cister llano-leoneses que mayor afecto mostró hacia ellos. comunitaria. Si la Regla de san Fructuoso resulta- Un fenómeno singular en el mo- Y hay que decir que, en líneas generales, durante los Con la Regla de san Fructuoso está ba muy dura por sus prácticas ascéticas, nacato fue la reforma benedictina siglos XII y XIII fueron un auténtico ejemplo de ob- emparentada la Regla Común (quizás la Regla Común llama la atención por su iniciada en la abadía francesa de servancia monástica, aun cuando poco a poco –o con obra de él mismo pues participa de su humanidad. Llama la atención la dulzura Cluny, en Borgoña, en 910. Sus cierta rapidez en algunos casos– también constituye- espiritualidad y del fenómeno monacal empleada al referirse a los niños de las características principales fueron ron señoríos alrededor de los monasterios. que impulsó desde El Bierzo); no se familias aludidas. la organización centralizada de la Unido las más de las veces al espíritu cistercien-60 61

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