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Tengo Un Monstruo en el bolsillo, graciela montes
 

Tengo Un Monstruo en el bolsillo, graciela montes

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literatura infantil argentina

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    Tengo Un Monstruo en el bolsillo, graciela montes Tengo Un Monstruo en el bolsillo, graciela montes Presentation Transcript

    • TENGO UN MONSTRUO EN EL BOLSILLO UN CUENTO DE GRACIELA MONTES
    • En este capitulo cuento cosas de mi para que me vayan conociendo. Hoy descubrí que tengo un “ monstruo en el bolsillo”… Me voy a presentar: tengo once años, me llamo Inés, soy flaquita, un poco dientuda, con el pelo que siempre se me escapa del peinado. Mi mejor amiga se llama Paula. Verónica es la cancherita del grado y esta historia comienza un día lunes…
    • Ese lunes mi mamá me obligó a ir a la escuela con una polera amarilla. En el recreo me encontré con Paula, le conté cosas de Martín, un chico que me parecía muy pasable. Pensé que lo único que me faltaba era que aparecieran él y Verónica del brazo. Así que cuando los vi entrar, se me vino el alma al suelo, como dice mi abuela Julia.
    •  
    • Ese día empezábamos a ensayar para el acto del 25 de mayo. Estaba muy feliz porque Federico y yo éramos los autores y la obrita había salido bastante bien. El personaje principal era Gerónima, una criolla valiente y yo lo iba a interpretar. Ya tenía el vestuario , todos en mi familia me habían conseguido algo.
    • EN ESTE CAPITULO APARECE MI MONSTRUO Estaba llena de rabia. La seño Betti decidió que mi papel de Gerónima era para Verónica que había conseguido un mejor vestuario… Paso algo Maravilloso, Terrible y extraordinario… El bolsillo de mi delantal recién planchado se hinchaba e hinchaba… Mire de reojo y vi una especie de pelota peluda.
    • Mi monstruo entra en acción y yo me ligo un buen reto. Todo el mundo dice" Inesita es buena”. Esto se los cuento por lo sucedió.. Ahí me di cuenta que mi monstruo podía serme útil. Esa mañana me despertaron los gritos de mi mamá. Yo la escuchaba pero no entendía nada de nada. -No pienso comprarte otra polera, ¿entendiste?
    • Yo realmente no entendía nada paro ahí estaba mi polera amarilla tirada en el piso deshilachada e irreconocible… Mamá desde la cocina seguía retándome . Corrí a mirar el bolsillo de mi delantal…
    • Ahí estaba mi monstruo. Peludo como siempre pero un poco cambiado. Me pareció más azul y sobre todo un poquito más grande: ya abultaba como un pañuelo arrugado. “ ¿Fuiste vos?” pensé y sin darme cuenta lo acaricié despacito. Mi polera… Mi papá también me retó. Supongo que tenía que haber dicho: no fui yo, fue mi monstruo… Pero ya saben que yo…Escribiendo soy muy buena pero hablando…
    • Este capítulo está dedicado a mi tía Raquel y al dulce de membrillo. Mi tía Raquel vino porque fue el cumpleaños de mi mamá. Y siempre que viene trae una pastaflora.( Nena se dice pastafrola) PERO a mi me sale “ pastaflora”
    • “ Pastaflora” … porque ella la trae en una fuente de loza con florcitas, una fuente tan linda que yo no puedo dejar de mirarla.
    • Pero me olvidé de contarles que la pastaflora de mi tía Raquel es espantosa y no sólo a mi me parece horrible sino que también le parece horrible a mi papá, y eso que a mi papá le encanta el dulce de membrillo.
    • -¡Inesita ! Vení a saludar a la tía Raquel. ¡ Mirá que suerte!¡ Trajo pastafrola!
    • ¡Mirá que suerte! ¡Trajo pastafrola! NO SE ¿ porqué mi mamá siempre se preocupa por decirles cosas amables a las visitas?
    • ¡ Hola Inés !’ ¡Pero nena cada día más flaca y mucho mas velluda! “ En una de esas “ belluda” quiere decir hermosa”- pensé… Pero me parecía raro que me dijera algo amable.
    • Mamá me llamó a la cocina y me pidió que pusiera la mesa para tomar el té. En cuanto empujé la puerta de la cocina me di cuenta que mi monstruo ya había estado.
    • -Ma, vení. No se que habrá pasado- mentí. Mi mamá se levantó del sillón y vino hasta la puerta, y las dos miramos juntas una destrozada mezcla de asquerosa pastaflora. Todo en miguitas, todo destrozado en mil trocitos.
    • -Eso te pasa por tener un gato en la casa. ¡Los gatos son traicioneros! Si basta con mirarles a los ojos… El pobre acababa de levantarse de su siesta numero diecisiete y estaba muy intrigado con los aritos colgantes de mi tía Raquel.
    • Llegó el día del cumpleaños de Yanina . Vimos una película de autos que se chocan, después fuimos a comer chizitos y esas cosas. Después quisieron jugar a la botella. A veces me gusta otras veces me parece que no es un lindo juego.
    • -¡ Ahora juguemos al cuarto oscuro!-gritó Sebastián. -¡Eso, eso al cuarto oscuro! Me escondí chiquita y enroscada. Sentí que algo tibio me rozaba la mano pero no me moví. Primero se oyó un chillido de ratón, un chillido y después unos gritos… Sentada en un rincón, al lado del placard, estaba Verónica, llorando…
    • Metí la mano en el bolsillo. Mi monstruo me recibió con un suspiro, se hinchaba y deshinchaba suave, despacito. Veronica todavía tenía los ojos mojados cuando vino la mamá a buscarla. La mamá de Yanina le explicó lo ocurrido a la mamá de Verónica. -¡Mentira! tenía que haber gritado yo. Pero no dije nada.
    • A mi cuando estoy nerviosa se me cierra el estómago y eso me pasó cuando volví del cumple de Yanina. Me fui corriendo a mi pieza, me puse el camisón y me metí en la cama. Lo único que quería era acostarme, taparme bien con la frazada y pensar en todo lo que me estaba pasando. A cada rato pensaba en Verónica y me decía: “Yo no tengo la culpa… Fue mi monstruo.”
    • Fue entonces cuando comencé a tener miedo de mi monstruo. No de que me hiciese daño a mi, sino de que no quisiera dejarme, de que se me pegase al bolsillo como un chicle. Tenía miedo… Era el día del acto. Cuando entré a la escuela casi se me cae el alma al suelo: todos los que actuaban en la obra se estaban disfrazando. Sentí pena. Empecé a ayudarlos hasta que escuche llorar a Verónica que hacía de Gerónima y fui a consolarla.
    • La obra “todos queremos ser libres” fue un gran éxito. Todos aplaudieron mucho, a pesar de que Verónica hablo en voz demasiado baja. Fue una lastima porque el “ ¡ Yo también quiero ser libre!” le salio tan debilucho que daba pena. Mi papá me abrazo muy fuerte y me dijo que la obra había estado muy bien. Lo abrace y le di un beso. Mi monstruo esta muy cambiado, casi no pesa. Parece una pelusa.
    • Fue una suerte que me animara a hablarle de mi monstruo a mi abuela Julia. Mientras ella me peinaba y el sol me iba entibiando la espalda, con la cabeza apoyada en los hombros de mi abuela, empecé a hablar como sin darme cuenta. -Abue, ¿sabes una cosa abue ? A veces me pasa que ….. Abue tengo un monstruo en el bolsillo. -Bueno, Inesita, eso no es nada. El que mas, el que meno tiene un monstruo en el bolsillo. Y las dos nos pusimos a reír a carcajadas.
    • El lunes siguiente, cuando me puse el delantal, mi monstruo se había achicado mucho, era casi una pelusa. Por eso este cuento termina como empieza, pero distinto: TENGO UN MONSTRUO EN EL BOLSILLO PERO ES CHIQUITO Y NO ASUSTA.
      • FUE UN TRABAJO REALIZADO POR LOS ALUMNOS DE 5º GRADO A Y B.
      • PROFESORA DE PLÁSTICA
      • CLAUDIA ORECCIO
      • MAESTRAS DE GRADO : MYRIAM MORGANTI
      • CINTIA BUSCHIAZO