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Empleo adulto mayores s. escobar 1
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Empleo adulto mayores s. escobar 1

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  • 1. Informe Final Consultoría HelPage Internacional Los adultos mayores en elmundo del trabajo urbano Silvia Escóbar Consultora de CEDLA La Paz, mayo de 2010 1
  • 2. Índice Introducción 1. Envejecimiento y trabajo 2. Contexto demográfico y laboral 2.1 Características sociodemográficas de los adultos mayores 2.2 Situación del mercado de trabajo urbano 3. Los adultos mayores frente a la actividad económica 3.1 Participación en la actividad económica 3.2 Desempleo e inactividad 3.3 Fuentes de ingreso 4. Trabajo y condiciones laborales 4.1 Formas de inserción laboral 4.2 Condiciones laborales 4.2.1 Lugar de trabajo 4.2.2 Estabilidad laboral 4.2.3 Jornadas de trabajo 4.2.4 Salarios e ingresos 4.2.5 Protección social 4.2.6 Precariedad laboral extrema 5. Valoración del trabajo en la edad adulta mayor 6. El trabajo doméstico no remunerado 7. El núcleo familiar: solidaridad y reciprocidad 8. Reflexiones finales 2
  • 3. Introducción El envejecimiento y la actividad laboral de las personas es un tema que ha sido poco estudiado en el país pero también en otros países de la región. Mientras tanto, las tendencias demográficas que emergen del aumento en la esperanza de vida después de los 60 años, han llevado a la extensión del tiempo de permanencia en el trabajo de un porcentaje cada vez mayor de los trabajadores y, más todavía, cuando la cobertura de los sistemas de protección social es limitada o su calidad es insuficiente para asegurar la subsistencia. Estos cambios plantean la necesidad de un mejor conocimiento de esta realidad tanto para determinar la magnitud y características de la incorporación de los adultos mayores en el mundo del trabajo como para avanzar en la comprensión de las condiciones económicas y sociales en las que se encuentra este grupo de la población. Si bien se considera como parte de ésta a las personas de 60 años y más, se incluye en el análisis a la cohorte de población en edades de transición a la vejez (45 a 59 años), no solo para examinar los efectos de las nuevas condiciones de funcionamiento del mercado laboral sobre distintas generaciones de trabajadores, sino para identificar las nuevas tensiones que se derivan del avance de la desprotección social en el país, en un futuro próximo. El análisis está circunscrito al ámbito urbano y específicamente a las principales ciudades del país: La Paz, Cochabamba, Santa Cruz y El Alto que en conjunto abarcan al 80% de la población de las ciudades capitales de departamento. Tiene como referencia temporal un solo momento en el tiempo, el año 2010, sin embargo, más allá de la situación coyuntural, el análisis que se presenta ha buscado retratar los procesos estructurales que han marcado la vida laboral de los adultos mayores y las formas en las cuáles se proyectan en la vejez, en comparación con otros grupos de edad y en el contexto más amplio del funcionamiento del mercado de trabajo en las últimas décadas. Luego de una breve referencia conceptual para el abordaje del tema y la descripción a grandes rasgos del contexto demográfico y laboral, en este documento se analiza en forma integral y detallada la situación laboral de los adultos mayores, buscando responder, entre otras, a las siguientes preguntas: ¿Cuál es la importancia de su participación en la actividad económica y cuáles son sus principales determinantes? ¿Cómo ha evolucionado con el tiempo en comparación con las personas de otros grupos de edades? ¿Cuál es su nivel de desempleo? ¿Cuáles son sus formas de incorporación en el mundo del trabajo? ¿Cómo son sus condiciones 3
  • 4. laborales y como afectan a su calidad de vida? ¿Además del trabajo en el ámbito mercantil, cuál es su rol en el trabajo doméstico no remunerado y su aporte a la reproducción de la fuerza de trabajo familiar? ¿Cuál es el papel del trabajo-remunerado y no remunerado- para enfrentar la pobreza en la edad adulta? Para cumplir con este propósito, se ha recurrido al uso de técnicas cuantitativas y cualitativas. La fuente principal de datos estadísticos proviene de la Encuesta Urbana de Empleo (ECEDLA), realizada por el Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario entre junio y julio de 2010 en las ciudades del eje, complementada con la información que proviene de las encuestas de hogares del INE para el análisis de algunas tendencias. Adicionalmente, se realizaron 16 entrevistas en profundidad para conocer las trayectorias laborales y la opinión de los adultos mayores sobre el trabajo en la vejez, así como la forma que adoptan los arreglos familiares y las relaciones de solidaridad y reciprocidad para asegurar el bienestar de las personas mayores y, en general, la reproducción material y social de la fuerza de trabajo familiar. Esperamos este nuevo aporte de HelpAge y CEDLA al conocimiento de este tema de particular relevancia para el bienestar actual y futuro de los trabajadores contribuya a un debate amplio en la sociedad, para su incorporación en la agenda pública y su consideración como una cuestión prioritaria en la formulación de las políticas públicas. 4
  • 5. 1. Envejecimiento y trabajo Este trabajo se orienta por un enfoque conocido como economía política de la vejez, cuya tesis central plantea que la vejez es más una construcción social que un fenómeno psico-biológico y, por tanto, son las condicionantes sociales, económicas y políticas las que determinan y conforman las condiciones de vida de las personas mayores(Rodríguez, 1995). La vejez como una condición socialmente construida presenta rasgos específicos en función de la división del trabajo y la estructura de desigualdad existente en diferentes momentos históricos de toda sociedad (Araníbar, 2001); en esta perspectiva, “la vejez no será sino lo que quiera que sea la sociedad que la crea”(Pérez Ortiz, 1999, pp. 97). Bajo este enfoque, los factores estructurales -como la clase social, el género, la etnia o la generación, son importantes a considerar en la determinación de las características sociales e históricas de las personas que integran cada grupo de edades. De este modo, la vejez como fenómeno social puede ser considerada en sus características comunes con cualquier otro grupo de edad, como en sus propias especificidades, (Perez Ortíz, 1999). La opción por colocar en primer plano la dimensión estructural ─y por lo tanto política─ del tema no significa dejar de ladoel abordaje de las manifestaciones concretas de las diferentes dimensiones del envejecimiento entre las personas de distinto grupos sociales y a sus posibles cambios en el tiempo; de igual manera a las formas- individuales o colectivas- en las que los adultos mayores enfrentan a los factores estructurales que determinan su calidad de vida. Como en el transcurso de la vida, en la edad adulta mayor las personas conforman grupos sociales heterogéneos diferenciados en función de su posición socioeconómica o de clase y su condición sexual que repercuten en desigualdades de ingreso y condiciones de vida. Una veta importante de análisis para dar cuenta de esta diferenciación es su participación en la actividad económica, las formas en que transcurre su inserción laboral, los ingresos que generan y otras condiciones en las que trabajan, así como la relación entre su permanencia en el mundo laboral y su acceso al sistema previsional. Por otra parte, dado que la mayor parte de los adultos mayores vive en hogares compuestos (multi-generacionales), cuando no aportan ingresos─y aún cuando lo hacen─parte de las tareas domésticas y funciones de cuidado recaen sobre ellos, en particular sobre las mujeres. Esta forma de trabajono responde a una lógica mercantil pero asegura la subsistencia propia y generalmente, la de otros miembros de la familia. Además, teniendo en cuenta que las relaciones desiguales de género establecen un lugar subordinado para las mujeres en la sociedad asignándoles la responsabilidad del trabajo doméstico, será preciso visibilizar 5
  • 6. sucontribución específica a la reproducción de fuerza de trabajo y, por lo tanto, a la acumulación de capital en la edad adulta mayor. Con una perspectiva más amplia, además de indagar sobre el papel activo de los adultos mayores en la generación de ingresos laborales, es pertinente considerar otras fuentes de recursos para cubrir los costos de la subsistencia como la jubilación o renta de vejez, las pensiones no contributivas y otros ingresos no laborales (transferencias, remesas, alquileres, etc.), así como sus roles dentro de las redes familiares, para revisar la visión ampliamente difundida que concibe a las personas adultas mayores como económicamente dependientes. La hipótesis que aquí se plantea es que en el contexto de una limitada cobertura del sistema previsional, el trabajo y los ingresos que provienen del trabajo así como el trabajo doméstico no remuneradosiguen teniendo un papel central en el bienestar o vulnerabilidad social de las personas mayores, coadyuvado por los arreglos familiares basados en la solidaridad y reciprocidad que buscan asegurar la reproducción material y social de la fuerza de trabajo. 2. Contexto demográfico y laboral 2.1 Características socio demográficas de los adultos mayores El envejecimiento de la población es uno de los fenómenos demográficos más importantes de la época; según la CEPAL, el nivel de envejecimiento que Europa logró en dos siglos lo alcanzará América Latina en apenas cincuenta años a causa de un cambio acelerado en su fecundidad y mortalidad (CEPAL, 2001). Esta tendencia también se presenta en Bolivia donde el porcentaje de personas de 60 años crece a un ritmo mayor al de la población total. Comparado con otros países de América Latina este crecimiento es relativamente pausado lo que lleva a la consideración del país como uno de transición demográfica moderada. De acuerdo con la información del censo de 2001, ese año las personas adultas mayores representaban el 7% de la población total, mientras se estima que su peso aumentará al 8,9% el 2025 y al 16,4 el 2050 (CELADE, 2002). En las ciudades del eje, los adultos mayores conformaban el 7,5% de la población el 20101, 6,8% entre los hombres y 8,1% entre las mujeres. En las edades de transición a la vejez (45-59 años) el porcentaje de población es notablemente más elevada (13, 6%) y, dado el cambio en los factores que determinan la progresión demográfica, marca la pauta de un aumento irreversible del peso demográfico de las personas de 60 y más años, en un plazo relativamente corto2. Estimaciones de la ECEDLA, 2010 con base en las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística-INE. reciente publicación del INE señala un descenso en el porcentaje de la población de 60 o más años en las proyecciones realizadas para el 2009 (respecto al 2001); esto exige revisarlas para estimar la verdadera magnitud de este grupo de la población ( INE, Mujeres y Hombres de Bolivia en Cifras, 2009.) 1 2Una 6
  • 7. En el proceso de envejecimiento las mujeres tienen mayores probabilidades de llegar a las edades más avanzadas, el índice de masculinidadse reduce progresivamente hasta llegar a solamente 76,4 hombres por cada 100 mujeres a partir de los 60 años.En un elevado porcentaje tanto los hombres como las mujeres forman parte de hogares nucleares con hijos o compuestos (multi-generacionales) donde el reconocimiento de la jefatura de hogar recae generalmente sobre los adultos mayores; en primer lugar en los hombres─ independientemente de la edad y de su rol económico en el hogar ─siendo reemplazado por el de las mujeres en su ausencia, lo que ocurre con mayor frecuencia a los 70 años o más. Este hecho es un indicador de la reproducción cultural de las redes familiares de apoyo que, por lo general, contribuyen a la subsistencia de los adultos mayores y viceversa. Por último, la información disponible muestra que se trata de una población con menores niveles de escolaridad promedio (5,5 años), menos de la mitad del promedio general, debido a su acceso limitado al sistema educativo en comparación con las nuevas generaciones; la discriminación de las mujeres en el acceso al saber se traduce en una brecha de 1,4 años de estudio respecto a los hombres, apenas por encima de la que se encuentra para el conjunto de la población y en las edades en transición, lo que indica que las concepciones asociadas con el género siguen actuando en su contra-igual que en tiempos pasados- cuando se trata de la educación y como veremos luego, del trabajo(Cuadro 1). Cuadro 1 Ciudades del eje: Indicadores socio-demográficos de los adultos mayores por sexo, 2010 Grupos edad TOTAL menos 45 45-59 60-69 70 y más % PAM Jefatura Hogar % % Transición a PAM Total 100 79,0 13,6 4,5 3,0 7,5 24,9 Hombre 100 80,0 13,2 4,2 2,6 6,8 43,6 Mujer 100 78,0 13,9 4,8 3,4 8,1 7,9 (H/M) 91,0 93,4 87,5 80,0 71,3 76,4 5,1 53,2 93,0 18,4 4,3 % PAM Años estudio Promedio Transición a PAM PAM 55,3 89,5 29,4 2,3 11,5 9,3 5,5 12,4 11,0 7,0 11,2 8,5 5,0 1,1 1,3 1,4 Fuente: ECEDLA, 2010. Elaboración propia 7
  • 8. 2.2 Situación del mercado de trabajo urbano Los estudios realizados en diferentes países de la región y en Bolivia muestran que el trabajo en cualquiera de sus formas es la principal fuente de ingresos para más del 70% de los hogares (CEPAL, 2000), pero también su principal fuente de vulnerabilidad, tal como se evidencia al analizar los principales rasgos de funcionamiento del mercado laboral en las principales ciudades del país3. Desde, el 2004 Bolivia ingresa a un nuevo ciclo de recuperación del crecimiento económico (4% promedio anual), asentado básicamente en la dinámica de las actividades primario exportadoras (hidrocarburos, minería)y la producción agroindustrial. Esta nueva fase de expansión del producto no estuvo acompañada de la ampliación, diversificación o mejora de la capacidad productiva capaz de impulsar la demanda de trabajo, reducir el desempleo y mejorar la calidad de los puestos de trabajo. El 2010, como reflejo del atraso tecnológico de la base productiva el 63% de la fuerza laboral urbana se desempeñaba en un puesto de trabajo no calificado. En ausencia de políticas públicas y decisiones empresariales a favor de la inversión y la producción con mayor valor agregadoen todos los sectores de la actividad económica, las trabas estructurales que impiden elevar la productividad y generar más y mejores empleos, se profundizaron al final de la década. Como resultado, persisten elevados niveles de desempleo, subempleo y precariedad laboral queafectan a las condiciones de vida de gran parte de los trabajadores de las ciudades y el campo. En las ciudades del eje, el desempleo abierto llegaba al 8,8% el 2010, 7,9% entre los hombres y 9,9% entre las mujeres, un nivel cercano al observado durante el ciclo económico recesivo de los primeros años de la década; la composición del desempleo y su duración prolongada expresan las enormes dificultades que tienen los cesantes y las personas que buscan ingresar a la actividad económica para acceder a un empleo acorde con sus calificaciones y experiencia. Cada vez más el desempleo afecta a los jóvenes con mayores niveles educativos y a las mujeres, en particular, a los que pertenecen a los grupos socioeconómicos más desfavorecidos de la sociedad-entre éstos los adultos mayores- agravando el proceso de empobrecimiento que se origina en el ámbito del trabajo. Las ciudades del eje concentran al 80% de la población y de la fuerza de trabajo de las ciudades capitales del país. 3 8
  • 9. Junto al desempleo, el subempleo -por insuficiencia de horas trabajadas o de ingresos-continúa creciendo, reforzado por la continuidad de las políticas y prácticas de flexibilidad laboral. El 2010, cerca del 15% de los ocupados trabajaba a tiempo parcial y el 60% percibía ingresos inferiores al costo de una canasta normativa alimentaria, el trabajo temporal aumentó hasta el 40% y se ampliaron las modalidades de contratación sin derechos laborales. Los salarios bajos4 y la mayor incertidumbre en el empleo afectaron drásticamente la capacidad de consumo de la mayor parte de los hogares y, por esa vía, incidieron en un fuerte deterioro de los ingresos medios y otras condiciones laborales de los trabajadores independientes. En este contexto, se consolidó una estructura ocupacional fuertemente asentada en las actividades terciarias (65%)─comercio y los servicios tradicionales (educación, salud, financieros y personales diversos)─y, en el llamado sector informal urbano5,que concentra al 63% de los trabajadores, 39% en el sector familiar y 24% en el sector semiempresarial. Mientras tanto los sectores empresarial (24%) y estatal (9,8%) con algunas variaciones anuales, no lograron elevar su participación en el empleo de las ciudades del eje. Hacia el 2010, la precarización de las condiciones laborales se había generalizado en todos los sectores del mercado de trabajo, afectando tanto a los hombres como a las mujeres y reproduciendo en el “fondo del pozo” las brechas de género que provienen de la división sexual del trabajo y las múltiples formas de discriminación y segregación laboral a las que las mujeres se hallan estructuralmente expuestas. El índice de precariedad laboral6, muestra que ese año solamente el 17,6% de los ocupados en las ciudades del eje tenía un trabajo estable, adecuadamente remunerado y socialmente protegido (cobertura previsional), el 34, 3% tenía un trabajo precario moderado (déficit en alguna de las condiciones)y un abrumador 48,1% tenía un trabajo precario extremo (déficit en las tres condiciones). Con el avance de la precariedad laboral en el sector empresarial e incluso en el sector estatal ya eraimposible asociar trabajos de calidad exclusivamente con el sector formalytrabajosprecarios con el sector informal. El 2010 el salario mínimo y el salario promedio en Bolivia eran los más bajos de la región (CEDLA, 2010). Considerando como criterios de segmentación a la propiedad de los medios de producción, la disociación entre trabajo y capital y la existencia o no de relaciones salariales, se identifican al menos cuatro formas de organizativas en el aparato productivo y el mercado de trabajo: estatal, empresarial, semiempresarial y familiar. Por sus características tecnológicas, de organización del trabajo, los sectores estatal y empresarial pueden asimilarse a la noción de “sector moderno o formal”, en tanto que por los mismos factores, las formas semiempresariales (en las que no existe disociación entre propietarios del capital y del trabajo-el titular es también un trabajador directo-) y el sector familiar donde no existen relaciones salariales (cuenta propias que trabajan solos o con apoyo de otros miembros del hogar), pueden asimilarse al llamado “sector informal”. Las actividades de servicio doméstico que se realizan en hogares ajenos son consideradas como un segmento específico del mercado de trabajo (Escóbar S. y Guaygua G, 2008). 4 5 Este índice ha sido construido a partir de tres variables: estabilidad laboral, salarios e ingresos con referencia al costo de la canasta normativa alimentaria (CNA) y cobertura de las prestaciones de seguridad social. 6 9
  • 10. Lo que interesa destacar, sin embargo, es que la pérdida creciente de la calidad del trabajo responde a una lógica de acumulación asentada en la sobreexplotación directa e indirecta de la fuerza de trabajo fue aumentando con el tiempo y se sintetiza en la distribución desigual del ingreso generado en la producción: la parte del ingreso que queda en manos de los trabajadores se redujo desde el 35% a inicios de la década hasta el 24% el 2008, mientras el excedente o ganancia de la que se apropian los capitalistas se eleva desde el 49% al 55% ( INE, 2009). Esto refleja que la correlación de fuerzas adversa a los intereses de los trabajadores se ha visto reforzada, tanto por el debilitamiento de las organizaciones sindicales como por el aumento del excedente de fuerza de trabajo frente a las necesidades del capital, así como por la orientación de las políticas públicas que actúan en contra de la posibilidad del ejercicio de los derechos laborales por parte de los trabajadores. En este escenario, la vulnerabilidad social que proviene del mundo del trabajo se manifiesta en el mayor empobrecimiento de la población, lo queobliga también a las personas adultas mayores a trabajar hasta edades avanzadas para garantizar la subsistencia individual y familiar. 3. Los adultos mayores frente a la actividad económica 3.1 Participación en la actividad económica En los últimos diez años la tasa global de participación en la actividad económica7 en las ciudades capitales del país ha seguido una tendencia declinante hasta situarse en 56,7% el 2010. Este comportamiento fue similar entre los hombres y las mujeres con algunas diferencias que no modifican el trayecto observado. Además de los factores estructurales que inciden en la baja generación de empleo yel aumento de la inactividad en ciertos grupos de la fuerza laboraljóvenes y mujeres desalentados- esta evolución refleja los efectos de la migración transnacional masiva que tuvo lugar desde comienzos de la década. Solamente entre 2002 y 2007 se estima que cerca de 600.000 personas se fueron del país ocasionando la disminución de la población activa en edades centrales en los centros urbanos. Con un menor volumen estos flujos continúan hasta ahora8, frenando el aumento en las tasas de participación (CEDLA, 2009) (Gráfico1). La Tasa global de participación se define como la relación porcentual entre la población económicamente activa (ocupados y desocupados) y la población en edad de trabajar (10 años y más). 8 Desde 2008 cuando raíz de la crisis internacional algunos países de destino (España, Estados unidos) restringieron el ingreso de nuevos flujos migratorios, éstos se orientaron nuevamente hacia los países limítrofes (Brasil, Argentina) aunque en menores volúmenes. 7 10
  • 11. Gráfico 1 Ciudades capitales: tasas de participación por sexo, 2001-2010 67,6 67,1 63,5 57,1 56,7 54,7 48,1 50,8 2001 2007 2010 Hombres 60,9 Total Mujeres Fuente: INE, 2001, 2007, 2010. Elaboración CEDLA Con esta aproximación general a lo que acontece en las ciudades capitales, en lo que sigue el análisis estará centrado en las ciudades del eje (La Paz, El Alto, Cochabamba y Santa Cruz), debido a la falta de información oficial actualizada para dar cuenta de los cambios en los principales indicadores laborales por grupos de edades9. En general, los estudios realizados en diversos países deAmérica Latina muestran que a menor grado de desarrollorelativo de un paísmayor es la participación laboral de las personas de edad avanzada, una situación que está estrechamente asociada con la escasa cobertura de la previsión social que caracteriza a las sociedades menos desarrolladas (CEPAL/CELADE, 2003). En Bolivia, la posibilidad de contar con la protección de una pensión de jubilación al momento del retiro del trabajo es una realidad que alcanza solamente al 20% de la población de 60 años y más y entre éstas solamente una de cada cinco es una mujer10. A la falta de previsión social se suman los bajos montos de lasprestaciones sociales11y las restricciones impuestas por la privatización del sistema de pensiones de 1997 para el acceso a la jubilación antes de los 65 años12,para que las personas mayores se vean obligadas a trabajar hasta edades avanzadas a fin de cubrir con sus ingresos los costos de subsistencia. La información para el 2010 proviene de la encuesta urbana de empleo realizada por CEDLA en julio de ese año. Para los fines de comparación la variable condición de actividad ha sido estimada siguiendo la definición de las encuestas de hogares del INE. 10 El 2009 habían solamente 151.000 jubilados titulares en el sistema de reparto y el nuevo sistema (seguro social obligatorio-SSO) (Autoridad de Pensiones, 2010). 11 El 2007, el 80% de los jubilados reportaba una pensión inferior al costo de una canasta normativa alimentaria (4,3 personas en promedio) que alcanzaba a 1.290 Bs (160 dólares). 12La reforma del sistema de pensiones significó el tránsito desde el sistema de reparto al sistema privado de capitalización individual amplió la edad de jubilación desde los 55 años (hombres) y 50 años (mujeres) hasta los 65 años y eliminó principio de solidaridad, haciendo depender la jubilación exclusivamente de los magros aportes de 9 11
  • 12. Esta situación es similar tanto en el campo como en las ciudades, lo que no significa desconocer que existen personas que optan por permanecer activas mientras sus capacidades lo permiten por la importancia que tiene el trabajo como fuente de identidad, pertenencia y de ingresos para el bienestar personal y familiar. La concurrencia de estos factores determina un alto nivel de permanencia de los adultos mayores en la actividad económica y su aumento en el tiempo. El 2001,la tasa de participación (TP) de las personas mayores las ciudades del eje era del 38,4% y se elevó hasta el 44% el 2010 y este comportamiento fue similar entre los hombres y las mujeres. En el 2010, más de la mitad de los hombres y un tercio de las mujeres de 60 años y más permanecían en el mundo del trabajo. Durante ese mismo período las TP en las edades centrales (25-59) apenas se modificaron para los hombres y comenzaron a disminuir para las mujeres; estas tendencias estuvieron acompañadas de una significativa caída en la participación de los jóvenes en el mercado laboral. Si bien a medida que avanza la edad las TP van perdiendo importancia─se observa un fuerte quiebre en el grupo de 60 y más respecto del grupo de 45 a 49 años─el rasgo a destacar es el efecto compensación que se da entre el retiro de los jóvenes de ambos sexos y el aumento de la participación de los adultos mayores de ambos sexos. Es decir, en el contexto socioeconómico actual,el desempleo que afecta a los jóvenes se traduce cada vez más en desaliento e inactividad, mientras que la urgencia por contribuir a los gastos de subsistencia familiar parece recaer con mayor fuerza en las posibilidades de trabajo de los adultos mayores13 (Gráfico 2). las personas en su vida activa. Bajo el nuevo sistema solamente las personas con mayores ingresos laborales pudieron acceder a la jubilación antes de la edad fijada. Al respecto ver informe social. 13 Un estudio realizado sobre 16 países de América Latina a mediados de la década del 2000 ya mostraban a Bolivia como uno de los países con las mayores proporciones de adultos mayores insertos en la actividad económica (Bertranou, 2005). 12
  • 13. Gráfico 2 Ciudades del eje: Tasas de participación por edad y sexo, 2001 94,6 68,7 62,0 55,8 85,8 94,7 68,4 82,7 50,8 77,5 71,7 38,2 59,6 38,4 51,6 80,3 56,5 73,0 67,2 44,1 34,6 27,4 Total Total 38,3 33,8 29,5 95,4 83,4 94,9 42,9 40,5 Ciudadesdel eje: Tasas de participación por edad y sexo, 2010 Menos de 25 25 a 44 Mujeres Total 45-59 Menos de 25 25 a 44 45-59 60 y más 60 y más Hombres Mujeres Total Hombres Fuente: INE, 2001; ECEDLA, 2010. Elaboración CEDLA. Es importante tener en cuenta que las TP de los adultos mayores presentan una disminución a partir de los 70 años, cuando la mayoría pasa a la inactividad debido a que aumentan los problemas de salud y─ más allá de la necesidad─ porque las oportunidades se restringen, marcando una etapa de transición a la dependencia económica del núcleo familiar, cuando no se cuenta con jubilación y no existen políticas de protección social como sucede en el país. Además de la edad y el sexo, otro determinante de la concurrencia de los adultos mayores a la actividad económica es el nivel socioeconómico de sus hogares14. A mayor nivel socieconómico mayor es la probabilidad de que las personas sigan participando en la actividad económica, ya sea por su mayor nivel educativo, la relativa estabilidad de su trayectoria laboral previa que les permite permanecer ocupados o por su mayor disponibilidad de recursos para desarrollar actividades por su cuenta. La comparación de las TP de tomando como referencia la que presentan las personas que pertenecen al estrato alto, ilustra este comportamiento (Gráfico 3). Sin embargo, se encuentran marcadas diferencias en esta relación dependiendo del sexo. Entre los hombres, quienes pertenecen a los hogares de nivel socioeconómico muy bajo, medio y medio alto tienen las menores TP. Puede decirse que los primeros debido a su menor grado de escolaridad, la falta de oportunidades y/o ahorros para hacerlo por su cuenta─lo que repercute a su vez en la pobreza de sus hogares─. Los segundos, por su mayor acceso a una pensión jubilatoria o, al menos, a un cierto apoyo familiar que les permite permanecer como 14 Este indicador ha ido construido con base en el ingreso y el nivel educativo de los jefes de hogar. 13
  • 14. inactivos. Las tasas más altas se encuentran entre los hombres que pertenecen al nivel socioeconómico alto─ seguramente los más calificados, con trayectorias laborales estables hasta ahora y para quienes el trabajo es una opción más que una necesidad─y los del nivel bajo, entre éstos algunos prejubilados y los que lograron ciertos ahorros para realizar alguna actividad propia. En contraste, entre las mujeres el comportamiento es inverso. A menor nivel socioeconómico mayor es su participación en la actividad económica, expresando la mayor urgencia que tienen para generar ingresos.Esta diferencia respecto a los hombres ─desde las más pobres hasta el estrato medio alto inclusive─ se explica tanto por su inserción predominanteen el sector informal ya sea por su cuenta o como propietarias de pequeños negocios, lo que es permite permanecer en actividad hasta que su salud les obligue a retirarse, como por su menor acceso a la jubilación y la falta de recursos para la subsistencia. Mientras tanto las mujeres de los niveles socioeconómicos más altos pueden optar con mayor facilidad por la inactividad por la existencia de ingresos jubilatorios o laborales en sus hogares. Grafico 3 Ciudades del eje: TP de los adultos mayores según nivel socioeconómico, 2010 Alto =1 1.30 0.97 1 1.01 1.07 0.86 0.77 0.84 0.94 1 0.79 0.48 0.78 0.83 1 Mujeres Hombres Total Muy bajo Bajo Medio Medio alto Alto Fuente: ECEDLA, 2010. Elaboración propia 14
  • 15. Trabajar hasta que llegue la muerte Juan 60 años, casado Tengo 60 años.Yo he hecho de todo en la vida, he sido albañil, he sido agricultor, he sido minero y después artesano. Yo he nacido en los corrales de los corderos, desde niño he trabajado en el campo. Ya de joven trabajé en la albañilería hasta que una vez, como mi maestro era contratista, hemos ido a realizar algunas construcciones en un centro minerouna empresanos contrataba, pero no nos aseguraba, en esa empresa minera yo trabajé de albañil unos 14 a 15 años. Allí también algo trabajé en la mina. En las minas grandes nomás son asegurados, la mayor parte de las minas son pequeñas y ésas no conocen los contratos, los seguros. Hay minas, incluso cooperativas donde uno muere como perro, sin atención, no hay seguro, porque en las minas del sur, de estaño y de oro son diferentes a las minas de La Paz, acá la mayor parte son auríferas, y en estas minas auríferas no hay ingresos grandes, todas son pequeñas, son cooperativas, algún empresario privado se anima a invertir, pero la mayor parte son pequeñas, yo he trabajado bastante tiempo en minas. De todo hice, de todo he trabajado. Ahora eso queda como historia, algún día contaré sobre mi vida. Actualmente trabajo como confeccionista, tengo mi pequeño taller, es mi único medio de trabajo desde hace muchos años, ahora me gusta, antes no me gustaba. Pero por la necesidad hay que laburar. Yo también he aprendido de otro artesano, y las personas artesanas trabajan hasta su muerte, hasta que ya no puedan moverse, esa es la vida de un artesano. No es un trabajo difícil pero es duro, hay jovencitos que quieren aprender y les resulta difícil, se aburren porque no se gana, al ayudante antes se pagaba ahora tienen que ir a institutos, y salen de ahí y no saben nada. Este trabajo no tiene horario, cerca a las fiestas tenemos que amanecer para entregar el trabajo, en esas épocas hasta hay que comprarse pastillitas para no dormir. Lo que se gana no alcanza, apenas para lo primordial. No queda otra pues, si no trabajamos no hay plata para vivir, porque mientras más mayor eres más es el gasto. Para nosotros que hemos vivido de las artesanías hablar de jubilación es una cosa lejana, no existe. Esa es la vida de un independiente, y creo que la mayor parte trabaja así.A esta edad creo que se trabaja más, aunque no se produce en la medida que produce un joven, porque sin trabajar es como otra enfermedad. ¿Se da cuenta? En la forma en la que he aprendido a vivir, yo tendría que trabajar siempre hasta que llegue la muerte en cualquier momento.Yo sé que mis hijos son buenos, pero yo no les pido porque quién sabe en qué condiciones vivirán ellos también. 3.2 Desempleo e inactividad La participación de los adultos mayores en la actividad económica no siempre se traduce en ocupación efectiva sino también en desempleo abierto que en el 2010 llegó a una tasa de 5,4% siendo más alta entre los hombres (6,1%)por su mayor propensión a trabajar bajo relaciones de dependencia laboral. En un escenario de limitadas oportunidades de empleo sobre todo para los jóvenes menores de 25 años y en menor grado para las personas de 25 a 44 años, la medida 15
  • 16. de la discriminación de las personas adultas en el mercado laboral se encuentra en el nivel de su tasa de desocupación (TD) respecto al de las personas de 45 a 59 años. La mayor presión de los hombres por el acceso a un empleo asalariado se traduce en nivel de desempleo adulto mayor que duplica al que presentan los hombres de 45 a 59 años. En cambio, entre las mujeresa la dificultad por encontrar un empleo asalariado le sigue generalmente la inactividad más que el desempleo abierto, lo que oculta la verdadera magnitud del desempleo femenino en todas las edades. No obstante, se debe destacar que las mujeres adultas mayores presentan TD más elevadas en comparación con el grupo de 45 a 49 años(Gráfico 4)15. En cifras absolutas el 2010 los mayores de 60 años que buscan activamente un trabajo llegaban a 6.873 personas solamente en las ciudades del eje, de las cuales 4.919 eran hombres y 1.954 eran mujeres. Gráfico 4 Ciudades del eje: Tasas de desempleo por edad y sexo, 2010 14.8 13.2 11.9 7.2 6.5 8.0 6.2 7.0 5.5 5.4 3.0 2.8 3.3 Total Menos de 25 Total 25 a 44 Hombres 45-59 6.1 4.4 60 y más Mujeres Fuente: ECEDLA, 2010. Elaboración propia. 15 Las tasas de desempleo han sido calculadas con base en la ECEDLA 2010 con base en las definiciones del INE para mantener la coherencia en el manejo de las variables de la condición de actividad. 16
  • 17. Trayectorias laborales discontinuas: desempleo e inactividad forzosa Clementina, 60 años, viuda Antes no nos dejaban las mamás estudiar, solo hasta primero de primaria (estudié), nada más, y eso que uno entraba grande a la escuela, ahora entran de 5 años, antes uno tenía que tener 9 o 10 años para poder entrar a la escuela. Por eso desde chica he trabajadode todo, a veces por mi cuenta, otras veces me empleaba también. Primero atendía a pensionistas, cuando dejé de atender a los pensionistas he trabajado en escoger café, después hacía terminados de chompas de alpaca en una fábrica que sigue actualmente funcionando, yo sacaba a domicilio las chompas para el terminado, en eso he trabajado bastante tiempo, me pagaban por prenda pero no estaba asegurada. Cuando todavía vivía mi esposo también le ayudaba a trabajar o hacía cualquier otro trabajo, tejía chompas, algo hacía, varias cosas hacía. Ahora ya no trabajo, deben ser casi unos 10 años, desde que tenía 50 años, porque mi esposo estaba enfermo y necesitaba cuidarle. Dejé de trabajar por cuidarlo a él. Desde que murió mi esposo quise volver a trabajar, y mucho, pero nos rechazan por la edad, dicen por ejemplo que hasta las manos se ponen mal, no se puede hacer las cosas rápido, por eso ya no nos contratan. La verdad es que prácticamente ya no se trabaja con ese entusiasmo, estamos cansados, ahora ya no puedo trabajar como antes. Una le podría dedicar unas 7 u 8 horas haciendo un esfuerzo, pero otros no quieren también así, te hacen pasar una o dos horas y eso es mucho. Por ahora estaba cuidando a mis nietos, ya están grandes y me necesitan menos. Me gustaría cuidar niños, o algo que sea fácil, puedo trabajar los cinco días pero menos horas, pero ya no he buscado donde emplearme. Por lo menos conseguir un puestito donde pueda vender caramelos, algo para vender, creo que eso es lo único que haría...pero son más bien mis deseos. Las personas que permanecen fuera de la actividad económicamanifiestan motivos de inactividad que expresan situaciones diferenciadas entre hombres y mujeres. Los hombres en mayores proporciones señalan que no buscan trabajo por contar con una jubilación, por enfermedad o pérdida de fuerzas o capacidades y porque ya no creen poder encontrar un trabajo. En cambio, las mujeres atribuyen la inactividad principalmente a responsabilidades en la esfera del trabajo doméstico, luego a condiciones asociadas a la salud o pérdida de capacidades y a la discriminación en el acceso a empleos asalariados,pocas se remiten al hecho de contar con una jubilación. Estas diferencias sugieren que la división sexual del trabajo y los roles de género que han limitado las trayectorias laborales de las mujeres no se modifican con la edad, por cuanto son las mujeres quienes aún en edades avanzadas realizan las tareas que en muchos casos facilitan la salida de otros miembros del hogar al mercado laboral. La posibilidad de que las personas mayoresno se vean obligadas a incorporarse a la actividad económicadepende de dos factores: i) del acceso a la jubilación o renta de vejez; el porcentaje de personas que trabajan o buscan trabajo estando jubilados no supera al 5% y, ii) de la existencia de redes familiaresque permitentransferir o compartir los escasos recursos disponibles para la subsistencia, ya sea porque viven en pareja con y sin los hijos o por que pueden integrarse a los hogares de los hijos; solamente un reducido porcentaje vive en soledad. Sin embargo, se encuentran evidencias respecto a que los adultos mayores se allegan con los hijos no necesariamente pasan a ser dependientes económicamente, sino que sus ingresos por 17
  • 18. jubilación y/o su aporte al trabajo doméstico no remunerado suelen ser una importante contribución al sostenimiento de la familia. Así, se observa por ejemplo, que los inactivos mayores de 70 años que viven con otros miembros de su familia han accedido a una pensión jubilatoria en mayores porcentajes que la generación anterior y cuentan con un ingreso estable que contribuye a cubrir los gastos del hogar (Gráfico 5) Gráfico 5 100,0 Ciudades del eje: nucleo familiar de los adultos mayores, 2010 90,0 80,0 70,0 60,0 50,0 40,0 30,0 20,0 10,0 0,0 Solo Pareja c/s Hijos Hijos c/s otros 3.3. Fuentes de ingreso Una vez conocida la participación económica de los adultos mayores es posible establecer un cuadro de situación respecto a sus principales medios de vida. Para este propósito se distingue entre los que obtienen ingresos por jubilación o renta de vejez, ingresos por trabajo o ingresos que combinan ambas fuentes (mixtos) y a los que no tienen un ingreso propio para la subsistencia. En las ciudades del eje, solo el 21,3% de los adultos mayores tiene como principal fuente de ingresos a la jubilación o renta de vejez, el 35,8% vive exclusivamente de los ingresos que provienen de su trabajo, el 32,4% restante no cuenta con ingresos propiosy solo el 5,5% tiene ingresos mixtos, es decir que cuando las personas tienen jubilación o renta de vejez por lo general ya no presionan por un empleo. Los hombres se encuentran en mejores condiciones para enfrentar la subsistencia mediante el acceso a distintas fuentes de ingreso (87,5%) donde el trabajo tiene un papel central; en 18
  • 19. contraste, la mayor parte de las mujeres se caracteriza por no tener ingresos (52%). Las desigualdades de género en el mercado de trabajo se trasladan a la vejez en la forma de una mayor vulnerabilidad social, dependencia y pobreza para las mujeres quienes desde las edades de transición a la vejez (45 a 59 años) presentan mayores restricciones para la generación de ingresos propios, tanto por la inactividad como por sus mayores tasas de desempleo (Gráfico 6) En el caso de las mujeres mayores el tema se torna más complejo. Las trayectorias inestables y su concentración en actividades del sector informal durante el ciclo de vida, repercuten fuertemente en estaetapa. Si bien un reducido porcentaje ha logrado acceder a una pensión de vejez por derecho propio o como derecho habiente (14,2%)─por cuanto sus cónyuges tuvieron mayor acceso a la seguridad social durante el período previo a la instauración de las políticas de libre mercado ─ dada la baja cuantía de las prestaciones sociales,la carencia de recursos continúa siendo un importante factor deinequidad para las mujeres de este grupo etario. Gráfico 6 Ciudades del eje: Fuentes de ingreso de los adultos mayores, 2010 Total 60 y más 37.4 Mujeres 21.3 52.7 Hombres 17.5 Total 45 a 59 Hombres 35.8 27.8 46.3 30.5 20.8 74.6 6.5 Mujeres 0% Solo trabajo 40% 5.7 2.0 1.7 61.5 20% 5.3 2.1 2.5 89.8 33.1 Sin ingresos 14.2 5.5 60% Solo jubilacion 2.1 3.3 80% 100% Jubilacion y trabajo Fuente: ECEDLA,2010. Elaboración propia La situación de vulnerabilidad de un importante porcentaje de los adultos mayores no es parte de las cuestiones centrales de la agenda pública, mientras tanto la persistencia de factores estructurales que se originan en el mundo del trabajo y que se traducen en la falta de protección social en la vejez amenazan con agravar el cuadro de situación.Por lo tanto, la necesidad de formular políticas públicas y acciones estatales para que su vejez transcurra con independencia de recursos y buena salud, asumiendo que la seguridad social es un derecho 19
  • 20. universal y una responsabilidad colectiva, se vuelve un imperativo. Mientras tanto, destaca la centralidad del trabajo-pasado y actual- como fuente principal de bienestar económico y social de los adultos mayores. En una reciente reforma de la ley de pensiones vigente desde 1997 (Seguro Social ObligatorioSSO) se incorporó como parte del sistema al bono dignidad, un beneficio universal no contributivo otorgado a las personas de 60 años y más por un monto de 200 Bs mensuales (no jubilados) y 150 Bs (jubilados). Asimismo, se creó el seguro universal de salud para las personas de la tercera edad que, con limitaciones derivadas de la insuficiencia de financiamiento, viene cubriendo sus demandas de atención en los centros urbanos. Ambas medidas de protección social, son la base que permitiría avanzar en la mejora de las condiciones para el ejercicio de sus derechos a la seguridad social. 4. Trabajo y condiciones laborales En este apartado se desarrolla el cuerpo central del análisis con relación a las características ocupacionales de los adultos mayores y las condiciones laborales en las que desarrollan su actividad principal. En las ciudades del eje, el universo estimado de los adultos mayores que se encontraba trabajando el 2010 era de 96.129 personas de las cuales 52.448 eran hombres y 43.679 eran mujeres (ECEDLA, 2010); a pesar su menor tasa de participación destaca la elevada proporción de mujeres entre los ocupados (45%) lo que es consistente con su mayor esperanza de vida luego de los 60 años.En general, se trataría de personas que venían trabajando antes de llegar a los 60 años reflejando que han logrado enfrentar la discriminación por motivos de la edad para la permanencia o accesoen empleos asalariados ó que han alcanzado un umbral de sostenibilidad de las actividades económicas por cuenta propia que realizan. Esta hipótesis se verifica a través de su antigüedad en el empleo u ocupación que tienen actualmente, medida a través de la mediana de años que indica el tiempo por encima o por debajo del cual se encuentra el 50% de los ocupados16Igual que en la etapa de transición a la vejez, los hombres y las mujeres mayores presentan una mediana de antigüedad que se sitúa entre los 10 y los 14 años; la antigüedad se mantiene en torno a los 10 años entre los asalariados y entre los independientes. Esto quiere decir que una de las condiciones que permite a la mayoría de las personas continuar trabajando hasta edades avanzadas, es haber logrado una cierta estabilidad en el trabajo desde la etapa de transición a la vejez, lo que no significa desconocer que la urgencia por cubrir los costos de subsistencia lleva a que algunas personas que ya no trabajaban e incluso que nunca trabajaron ─como es el caso de muchas mujeres afectadas por la viudez─ contribuye a elevar el volumen de personas mayores incorporadas al mundo del trabajo. 16 Se utiliza la mediana en lugar del promedio para controlar los sesgos que provienen de los valores extremos. 20
  • 21. El hecho a destacar es que las posibilidades de lograr esta condición son cada vez más inciertas para la mayor parte de los trabajadores que se acercan a las edades de transición. Así por ejemplo, los que se encuentran en el tramo de 40 a 49 años ─en particular los asalariados, hombres y mujeres─arrastran el peso de la inestabilidad en el trabajo ocasionado por las políticas y prácticas de libre contratación que a futuro limitarán todavía más suinserción laboral en la edad adulta mayor, peor aún si no disponen de ahorros y conocimientos que les permitan realizar alguna actividad por su cuenta (Gráfico 7). Gráfico 7 Ciudades del eje: Tiempo de trabajo de los ocupados (mediana/años), 2010 10 10 12 10 10 5 2 3 3 Total 2 0.5 1 1 10 a 19 años 2 1.5 2 2 4 3 3 3 20 a 29 años 30 a 39 años 5 6 10 14 10 10 No asal Asal 12 Mujeres Hombres 40 a 49 años 50 a 59 años 60 + años Fuente: ECEDLA, 2010. Elaboración propia 4.1 Formas de inserción laboral Existen distintos indicadores para aproximarse a las formas de inserción laboral de los trabajadores, entre éstos el sector de actividad económica, la ocupación que realizan, la categoría ocupacional o relaciones de producción a las que se hallan sujetos y en estrecha relación con éstas, el sector del mercado de trabajo en el que se incorporan.En términos generales, los adultos mayores presentan un perfil ocupacional asentado en las actividades terciarias y ocupaciones que demandanmenores calificaciones para su desempeño, con un bajo grado de asalariamiento y, por lo tanto, concentrado en el llamado sector informal urbano. a) Perfil asentado en las actividades terciarias 21
  • 22. Cerca de dos tercios de la estructura económicay el empleo en las principales ciudades del país están asentados en las actividades terciarias (comercio, servicios personales, sociales y financieros, además del transporte públicos); las actividades secundarias o productivas como la industria manufacturera, construcción, electricidad, gas y agua, además de otras con menor peso en el ámbito urbano (minería, agricultura),contribuyen con el otro tercio. En este escenario, no resulta extraño que cerca del 70% de los adultos mayores también se ocupe en actividades terciarias, el 42,6% en el comercioy el 27,1% en los servicios personales diversos, en la administración pública y los servicios sociales (educación y salud). En esta última actividad existe un grupo relativamente amplio de personas que permanecen ocupadas esperando la mejora en la calidad de las prestaciones sociales para jubilarse17. Una vez que esto ocurra, las personas mayores ocupadas en los servicios tenderán a concentrarse en las actividades menos calificadas del rubro, ya que las nuevas generaciones podrán jubilarse a menor edad con el auxilio de la renta solidaria. La manufactura, el transporte y la construcción son en ese orden, otras actividades donde se desempeña el 30% restante. Esta estructura de la ocupación por actividad económica es distinta a la que presentan los trabajadores en la etapa de transición a la vejez quienes se distribuyen en porcentajes relativamente similares en las actividades productivas y terciarias. Por lo tanto, el mayor grado de concentración en las actividades terciarias y dentro de éstas en las menos calificadas─con las que se asocian condiciones de trabajo desventajosas y en las que deben competir con un gran número de ocupados de todas las edades─ marca el rasgo específico de la inserción en la estructura económica a medida que avanza la edad. Esta configuración se explica por el retiro laboral de las personas que habiendo tenido ocupaciones de mejor calidad logran jubilarse, a procesos de movilidad ocupacional descendente debido a factores de discriminación laboral, al aumento de inserciones laborales precarias de personas con trayectorias discontinuas o sin experiencia laboral etc.(Gráfico 8 ). Gráfico 8 En la reciente reforma del sistema de pensiones se ha incorporado la modalidad de pensión solidaria para aumentar el monto de las jubilaciones bajas y estimular el retiro de las personas a partir de los 58 años. Esta pensión solidaria está financiada también por los fondos de previsión de riesgos de los propios trabajadores más un 0,5% adicional de los afiliados al sistema y la reposición del aporte patronal en un porcentaje del 3% sobre la planilla, entre otros. 17 22
  • 23. Ciudades del eje: ocupados por actividad económica, 2010 42.6 29.5 16.9 12.5 34.2 27.1 45 a 59 años 8.27.0 8.9 7.8 60 y más 2.43.1 Fuente: ECEDLA, 2010. Elaboración propia Los hombres tienen una inserción relativamente diversificada; manteniendo su concentración en el sector terciario (54%), se encuentran en porcentajes parecidos en la manufactura, la construcción y el transporte, actividades que demandan un mayor esfuerzo físico pero que, al mismo tiempo, permiten hacer uso de las capacidades y experiencias previamente adquiridas, ya sea como asalariados o como independientes. En cambio, entre las mujeres es notorio el predominio de la ocupación en actividades terciarias (88,1%), principalmente en el comercio (61,9%), ya sea porque continúan un trayecto laboral previo o por las menores barreras de acceso que presenta al ingreso de nuevos ocupados (Gráfico 9). Gráfico 9 23
  • 24. Ciudades del eje: mujeres ocupadas por actividad económica, 2010 Ciudades del eje: Hombres ocupados por actividad económica,2010 70.0 30 26.4 28.1 27.8 25 20 15 50.0 19.7 18.0 14.7 14.6 12.8 26.2 30.0 4.35.0 5 0 20.0 15.5 9.9 10.0 0.30.0 0.0 45 a 59 años 41.6 41.5 40.0 15.4 13.4 10 61.9 60.0 60 y más 0.9 1.1 45 a 59 años 0.20.9 60 y más Fuente: ECEDLA, 2010. Elaboración propia. b) Predominio de ocupaciones no calificadas La mirada a las principales ocupaciones o tareas que realizan los adultos mayores entrega nuevas evidencias respecto a la hipótesis de permanencia en la misma ocupación que desempeñaban en la etapa previa a la vejez, pues el perfil que presentan no se modifica desde la etapa de transición; asimismo, ratifica su concentración en las ocupaciones no manuales y manuales menos calificadas (73%)18(Gráfico 10). Este es otro rasgo estructural asociado con un desarrollo capitalista atrasado19 que configura un tipo de demanda de trabajo en la que predominan los puestos o tareas de baja calificación, mientras que los factores individuales─la edad o el nivel educativo alcanzado─ solamente refuerzan esta forma de inserción ocupacional. En las ciudades del eje, cerca de dos tercios del conjunto de ocupados pertenece a los estratos no calificados y, en la edad adulta mayor, este porcentaje se incrementahasta el 73%.Este perfil ocupacional es similar entre hombres y mujeres, aunque la proporción de éstas últimas en trabajos no calificados llega hasta el 77%. 18 Se considera trabajadores no calificados a los ocupados en el comercio, los servicios personales diversos no profesionales o técnicos; a los operarios no calificados de la industria y la construcción. 19 El 94% de los establecimientos económicos que ocupan a la fuerza laboral de las ciudades tiene menos de 5 trabajadores (ECEDLA, 2010), un rasgo que permanece inalterable desde el último censo de actividades económicas de 1992. 24
  • 25. Gráfico 10 Ciudades del eje: adultos mayores por grupo de ocupación, 2010 40 32,4 33,1 28,2 25,5 30 14,4 15,9 20 10 6,16,4 14,8 14,3 4,24,9 0 45-59 60 y más Fuente: ECEDLA, 2010. Elaboración propia Entre las principales ocupaciones que realizan los hombres y mujeres mayores se encuentran en orden de importancia los siguientes: Ocupaciones masculinas Ocupaciones femeninas Comerciantes o vendedores Artesanos y operarios en distintos rubros Conductores de transporte público Profesores Porteros, cuidadores y afines Directivos y gerentes Comerciantes o vendedoras Cocineras en restaurantes Profesoras c) Bajo grado de asalariamiento Como en otros países de la región, el cambio más importante en la adulta mayor se observa en la distribución de los ocupados entre el trabajo asalariado y no asalariado. Las oportunidades pararealizar una actividad bajo relación de dependencia se reducen drásticamente con la edad lo que lleva a un claro predominio del trabajo por cuenta propia que se realiza en forma unipersonal o con el apoyo de otros miembros del núcleo familiar y como titulares de una empresa o negocio (74%). 25
  • 26. El tránsito hacia el trabajo independiente se verifica desde la etapa de transición a la vejez, pero se intensifica a partir de los 60 años, cuando ocho de cada diez mujeres y seis de cada diez hombres dependen de sus propias iniciativas para seguir trabajando. Solamente un reducido porcentaje de las personas que tenía una ocupación asalariada como las de gerente, profesional o técnico,logra permanecer en la misma posición en la edad avanzada. Esta es una muestra de que la vejez es también una categoría social que se desvaloriza en el mercado laboral a medida que las condiciones para la venta de su fuerza de trabajo son menos rentables para el capital.Asimismo, del traslado de las condiciones para la reproducción material de los adultos mayores a su exclusiva responsabilidad, en particular en el caso de las mujeres, por la ausencia de políticas públicas integrales dirigidas al apoyo de sus esfuerzos en el ámbito económico productivo. En efecto, mientras la mitad de la población ocupada en las ciudades del eje es asalariada- dos tercios entre los hombres y un tercio entre las mujeres- esta proporción se reduce a 38,8% en la etapa de transición a la vejez y decrece hasta el 26,0% a partir de los 60 años. La discriminación por edad en el acceso a empleos asalariados es una práctica que se ha acentuado en los últimos diez años tanto en el sector público como privado y afecta a las personas mayores de 40 años quienes sufren largos períodos de cesantía cada vez que pierden un empleo, mientras el acceso a uno nuevo generalmente supone aceptar condiciones laborales degradadas. Esta tendencia es diferente para hombres y mujeres ya que en la cohorte de transición el grado de asalariamiento se había reducido notablemente entre los hombres (48,7%) y en menor grado para las mujeres (26, 8%). El mayor peso que tienen los primeros en las actividades productivas y de servicios –estatales y privados- y la mayor presencia de las mujeres en los servicios sociales del Estado (salud, educación) donde existe la carrera profesional tienden a frenar un mayor descenso para ellas. Notoriamente, es recién en las edades adultas mayores cuando el grado de asalariamiento disminuye significativamente al 34,7% entre los hombres y al 15,6% entre las mujeres(Gráfico 11). Gráfico 11 26
  • 27. Ciudades del eje: Adultos mayores por Categoría ocupacional y sexo, 2010 84.4 74.0 73.2 65.3 61.2 48.7 51.3 38.8 34.7 26.8 26.0 15.6 45 a 59 60 y más Fuente: ECEDLA, 2010. Elaboración propia. La forma de inserción según categorías ocupacionales específicas se modifica en las edades avanzadas en comparación con la etapa de transición a la vejez. El 2010, los asalariados eran básicamente empleados (trabajadores no manuales) en diferentes ramas de actividad, con un reducido porcentajecomo empleados en hogares ajenos; en cambio, la posibilidad de permanecer en puestos de trabajo como obreros tiende a desaparecer.Claramente, el factor que lleva a que los mayores- en particular los hombres- puedan seguir trabajando como asalariados es que la mayoría (dos de cada tres)siguen cotizando al sistema de pensiones y postergaron lo más posible el momento del retiro para acceder a una pensión de jubilación que les asegure buenas condiciones de vida durante la vejez. Entre los que se ocupan en actividades no asalariadas, la posición como trabajadores por cuenta propia tanto para los que venían de ese trayecto como para los desplazados de otras categorías ocupacionales cobra importancia. De esta manera el 62,4% de los adultos mayores de esta posición eran trabajadores por cuenta propia, algo más del 15% en comparación con la etapa de transición a la vejez; en cambio, la posibilidad de permanecer en las posiciones de profesionales independientes y como dueños de empresas o negocios se reducen, aunque en este último caso, en menor grado(Gráfico 12). Gráfico 12 27
  • 28. Ciudades del eje: Adultos mayores por categoría ocupacional desagregada, 2010 62.4 47.6 11.6 4.8 26.5 20.4 2.3 1.3 9.8 8.7 2.2 2.3 45 a 59 60 y más Fuente: ECEDLA, 2010. Elaboración propia. La indagación sobre los motivos para trabajar como asalariado o como independiente realizada por el INE el 2007, muestra la influencia de la trayectoria laboral sobre forma de inserción en la vejez. El 85% de los asalariados argumenta que siempre trabajó bajo relación laboral, mientras que el resto valora la seguridad en el ingreso o los mayores montos salariales que pueden obtener para presionar por un empleo, por lo tanto, cada vez que pierden un empleo siguen presionando por otro similar. Sin embargo, más allá de la voluntad de los individuos,son los factores estructurales- baja demanda de empleo, discriminación y segregación por factores de edad y sexo-los que en definitiva determinan su concreción y más temprano que tarde tienden a ser excluidos de esta posibilidad. Esto explica el reducido porcentaje de mayores en condición de asalariados (26%); más que en otros grupos de edades la búsqueda exclusiva de ésta posición laboral se traduce en desempleo o inactividad involuntaria. 28
  • 29. Tengo mi aval en las empresas: ellos me llaman Casimiro, 68 años, casado En realidad yo tuve varias actividades, fui músico de profesión, toqué la trompeta, después se me presentó la posibilidad de aprender relojería, entonces aprendí relojería pensando que tal vez este oficio alguna vez me iba a servir, empecé arreglando relojes despertadores a cuerda, mi propósito siempre fue el continuar con mis estudios, entonces bajo esa actividad me hice socio de una cooperativa de la Bolsa de Estudios, he estudiado agronomía en Tarija por unos cinco o seis años; después me vine a La Paz a seguir estudiando en la UMSA, hacía trabajos dentro el comedor, eran dos horas por día, ya sea barriendo o lavando platos, eso me daba la posibilidad de tener almuerzo, cena y a veces desayuno. En ese tiempo cerraron la universidad y me quedé colgado, sin trabajo. Empecé a trabajar en relojería por mi cuenta. Con hojitas de afeitar y horquillas empecé a arreglar relojes, después reuní capital y me fui a comprar herramientas que hasta ahora las conservo como recuerdo. Un día un amigo me recomendó con un relojero, y ahí trabajé un buen tiempo; después me contacté con dos relojerías, llevaba el trabajo a casa, gracias a Dios nunca han desconfiado, me daban relojes con mallas de oro de 18 quilates; acordé con ellos y me pagaban el cincuenta por ciento de lo que cobraban, siempre era mi meta hacer buenos trabajos; después de mis clases empezaba arreglar los relojes en una mesita, me quedaba hasta las tres o cuatro de la mañana, era sacrificado y además ya tenía un hijo que mantener. He trabajado así hasta los 45 o 48 años. Dejé de trabajar en la relojería porque en esa época invadieron los relojes electrónicos, que tenían un precio muy barato, también empezaron a aparecer las fantasías chinas y entonces quebré yo y el joyero también, ya nadie compraba oro de 18 quilates. Estuve desocupado por un tiempo. Como a mis 50 años, comencé a trabajar como encuestador en una empresa grande, era un paliativo, porque no había de donde obtener dinero, allá trabajé como 25 años; los encuestadores que trabajábamos ahí, éramos bien acogidos luego en cualquier otra empresa. Siempre tuve un contrato eventual, tal vez querían ofrecerme algo fijo, porque me pidieron que aliste mis papeles, pero de ahí no mencionaron nada más. Luego cerraron la empresa, pasamos a distintas empresas...yo ya tengo mi aval en las empresas, ellos me llaman, pero esta actividad no me renta mucho, de momento me sirve para sobrevivir. Tengo otros proyectos todavía, pues sin trabajar sería una persona inútil, claro que ya la edad un poquito afecta. Por su parte, las personas que trabajan como independientes refieren motivos asociados con trayectorias laborales más diversas. Menos de la mitad (44,7%) señala que siempre realizó actividades por cuenta propia, en parte para continuar una tradición familiar; otros argumentan motivos asociados con la dificultad de acceder a un empleo asalariado (20,4%) o para cumplir con las exigencias que éste impone─ como sujetarse a un horario o a las órdenes que ya no pueden o no están dispuestos a aceptar (17,5%) ─.Estos últimos, además de la necesidad de contar con un ingreso, ven en el trabajo independiente un medio de emancipación que les permite combinar el uso de sus fuerzas y capacidades con el goce de tiempos libres y la toma de decisiones propias. El resto (17,4%) señala razones asociadas con la necesidad de realizar cualquier actividad para generar ingresos por muy reducidos o inestables que sean, pudiendo tratarse de personas queanteriormente fueron inactivas o que no tuvieronestabilidad laboral por lo que no cuentan con una pensión o renta de vejez (Gráfico 13). 29
  • 30. Gráfico 13 Ciudades del eje: Motivos para trabajar por su cuenta, 2007 Ciudades del eje: Motivos para trabajar como asalariado, 2007 Siempre fue asalariado 5.83.84.7 Ingresos estables 85.7 17.4 5.8 11.7 Mayores ingresos Otros 14.6 30.1 20.4 Siempre trabajó por su cuenta No consigue trabajo asalariado Tradición familiar Horario Flexible Prefiere no tener jefe Otros Fuente, INE, EH- 2007 He sabido administrar mis pequeñas ganancias Marcelino, 73 años,viudo Yo estaba en el campo y he venido a los siete años a La Paz, entonces aquí he entrado a la escuela pero mi sufrimiento ha sido grave porque no he estudiado, apenas al primer curso llegué pero con profesores buenazos. Desde los 7 a los 12 años llegaba hasta la Camacho trabajaba como aparapita (cargador), como ya me han conocido las señoras con eso me he mantenido, por ahí también sacaba la basura de las casas por unos centavos. Por eso, aquellos que dicen que no hay trabajo, es mentira, hay trabajo de todo, si ahora alguien me diría trabájamelo, yo lo hago, solo que el cuerpo no rinde. Un poco más joven empecé a trabajar como albañil. Me gustaba trabajar en la construcción, trabajé como jornalero después ya me independicé, me he vuelto contratista; trabajé bien pero he sufrido mucho. Por eso entré a trabajar en una embotelladora, como asalariado he trabajado en la empresa, también a uno le explotan y el sueldo no te alcanza, por eso allí trabajaba día y noche para ganar alguito más. Otra vez volví a trabajar en una constructora como dos años más. En estos trabajos estaba aportando para la jubilación, a mí me descontaban todo y la obligación de aportar también la tenía la empresa, pero no lo habían hecho. Entonces cuando voy a revisar apenas tenía tres años y medio de aportes, eso nomás, me pedían que una cosa, que otra cosa, que traiga papeles para demostrar, hasta que me aburrí y dije para qué voy hacer trámites burocráticos para tan poco, entonces ahí he perdido la jubilación, pero ahora no me quejo de no ser jubilado. Cuando yo trabajaba como independiente en la construcción de ahí me ha caído una pequeña ganancia que he sabido administrar gracias a mi Dios, mi bendición. Con eso hice mi casita y desde que dejé de 30
  • 31. trabajar como albañil, como hace 10 años, he abierto una ducha pública que para mí es una distracción, vienen clientes o amistades y me hablan, así me distraigo y olvido la muerte de mi señora. Claro que también es mi actividad para no vivir de otros, como ya me sacrifiqué ahora estoy viviendo bien, saco más o menos Bs 1500 de ingreso fijo. No le pido nada a nadie, más bien yo algo dejaré a mis hijos. d) Concentración en el sector informal Como en otros países de la región, el predominio de trabajadores independientes entre los adultos mayores remite al sector informal como condición de posibilidad para seguir trabajando.El 2010, el 78,9% de los mayores, el 70% de los hombres y casi el 80% de las mujeresse ocupaba en este sector, contando con dotaciones diferenciadas de capital y conocimientos para hacerlo en unidades económicas familiares o como propietarios y asalariados en pequeños establecimientos económicos semiempresariales. Comparativamente, en la etapa de transición menos de la mitad de los trabajadores se ocupaba en el sector familiar, mientras que en la edad adulta mayor esta proporción se eleva hasta el 63,9% marcando un cambio irreversible; asimismo, cerca del 16% se ocupaba en el sector semiempresarial─titulares y asalariados de pequeños talleres y negocios─mientras que un porcentaje menor permanecía en el mismo después de los 59 años. Entretanto, las oportunidades para permanecer o acceder a un nuevo empleo en el sector empresarial o estatal,que se encuentran al alcance del menos del 30% de los adultos mayores, parecen estar reservadas para los hombres y, entre éstos, para los que tienen un mayor nivel de instrucción. Los ocupados en ambos sectores tienen una mediana de escolaridad que varía entre 14 y 16 años de estudio, tres veces superior a la que exhiben los ocupados en el sector informal (5 años). Esto significa que a la segregación ocupacional por cuestiones de género se añade la discriminación por edad para la exclusión casi definitiva de las mujeres adultas del acceso al empleo en estos sectores, aún cuando cuentan con un mayor nivel educativo. Por último, la ocupación en actividades domésticas en hogares ajenos (servicio doméstico) realizadas casi exclusivamente por las mujeres también pierden importancia como fuente de empleo a medida que avanza la edad, aunque el 3% de las mujeres permanecen en estas actividades hasta la vejez (Gráfico 14). Gráfico 14 31
  • 32. Ciudades del eje: ocupados por sector del mercado de trabajo, 2010 75.9 80 70 60 50 40 30 20 10 0 64.3 63.9 54.0 48.8 36.1 29.9 19.8 17.0 17.5 3.0 60 y más S.Doméstico Familiar Semiempresarial Empresarial Estatal 11.2 11.8 4.2 4.9 4.4 6.3 Mujeres S.Doméstico Familiar 45 a 59 14.0 1.4 0.2 0 0 Semiempresarial 2.1 00 Estatal 13.5 9.6 Hombres 2.0 S.Doméstico Familiar Semiempresarial Estatal Total 7.2 16.0 11.5 14.9 Empresarial 19.3 Empresarial 13.7 Fuente: ECEDLA, 2010. Elaboración propia 4.2 Condiciones laborales En un contexto caracterizado por el avance de la precariedad laboral en todos los sectores del mercado de trabajo y actividades económicas,un reducido núcleo de los trabajadores asalariados ─de los cuales depende la continuidad y productividad de los procesos de trabajo─ puede lograr condiciones laborales diferenciadas por su calidad. Cabe entonces indagar si la permanencia de los adultos mayores en el trabajo asalariado tiene lugar en condiciones laborales adecuadas o si por el contrario solo es posible a expensas de su mayor explotación. De igual manera, teniendo en cuenta que gran parte de los mayores trabajan en el sector familiar, es pertinente conocer las condiciones en las que realizan su trabajo y hasta qué punto éste representan una seguridad o amenaza para su bienestar. 4.2.1 El lugar de trabajo Un primer aspecto a considerar es el espacio físico donde los adultos mayores realizan su trabajo. Como efecto del desplazamiento hacia el trabajo independiente, solamente un tercio de los adultos mayores continúa trabajando en un establecimiento destinado exclusivamente a la actividad, el 21,4% utiliza su propia vivienda como espacio productivo yel 42,8%opera en las vías públicas (transportistas, comerciantes, prestadores de servicios a domicilio, etc.) y en otros espaciosque también conllevan riesgos para la salud como son las obras de construcción (Gráfico 15). Los lugares de trabajo entre los hombres y mujeres se distribuyen en esta misma forma, 60 % en espacios tipo local y 40% en las calles en puestos fijos, ambulantes, obras o las vías 32
  • 33. públicas, con algunas diferencias importantes asociadas con las principales ocupaciones que realizan. Así, las mujeres utilizan con más frecuencia un espacio de su propia vivienda y puestos fijos instalados en calles y mercados, es decir activos que han logrado obtener en el transcurso de su vida y que, con algún capital de trabajo, todavía son utilizados como medios de producción.Con todo, el 20% trabaja en el comercio ambulatorio y prestando servicios diversos a domicilio. En cambio los hombres trabajan predominantemente en establecimientos exclusivos para la actividad, en las vías públicas y obras de construcción. Gráfico 15 Ciudades del eje: Adultos mayores según lugar de trabajo, 2010 43.7 35.7 21.6 21.4 24.1 17.4 10.2 Local exclusivo En su vivienda 45-49 12.8 En puesto fijo 7.1 5.9 En obras En vía pública 60 y más Fuente: ECEDLA, 2010. Elaboración propia 4.2.2 Estabilidad laboral Uno de los rasgos característicos de la mayor explotación del trabajo en las ciudades del eje es el aumento del porcentaje de asalariados sujetos a contrataciones temporales o eventuales (40%, el 2010). En este contexto caracterizado por la pérdida de estabilidad laboral, destaca el peso que tienen los contratos por tiempo indefinido entre los adultos mayores que laboran como asalariados (66%), una tendencia que se verifica desde la etapa de transición a la vejez y que beneficia más a los hombres que a las mujeres; la continuidad en el empleo previo para mantenerse como asalariado parece ser, al mismo tiempo, una garantía para la estabilidad laboral. Para las personas que trabajan como asalariados ─temporales o eventuales─ que son el 34% restante, la situaciónes diferente puesto que siguen sigan transitando con frecuencia entre la ocupación y del desempleo, con la angustia que acarrean la incertidumbre y el riesgo de perder la principal y a veces única fuente de ingresos para la subsistencia. Dado el 33
  • 34. bajoporcentaje de asalariados (26%), resulta significativo que tres de cada diez hombres y cuatro de cada diez mujeres se encuentren en esta situación(Gráfico 16)20. Gráfico 16 Ciudades del eje: estabilidad en el empleo por sexo, 2010 90 80 70 60 50 40 30 20 10 0 86.2 77.6 75.1 68.3 66.1 33.9 24.9 22.3 59.1 40.9 31.7 13.8 45-59 60 y más Fuente: ECEDLA, 2010. Elaboración propia. A pesar que la encuesta de referencia no indaga sobre la estabilidad de los trabajadores por cuenta propia en su actividad, está claro que la incertidumbre proviene de los ingresos fluctuantes que obtienen por su actividad, debido a la fuerte competencia con sus similares y el comportamiento recesivo del consumo de los hogares de menores ingresos que conforman su principal clientela. Trabajo temporalmente en mi profesión Olga, 61 años, viuda Soy bachiller, después me titulé en contabilidad y secretariado comercial, trabajé desde jovencita hasta que me casé, ya mayor me casé; tuve mi hijita tenía que cuidarle a ella y dije mejor me retiro, pedí que me jubilaran y me jubilé, me dediqué íntegramente a las labores de casa. No me arrepiento pero le cuento que saco una miseria, como yo no he cumplido los 180 aportes como mínimo me pagan como 680 bolivianos de jubilación, en ese pago incluyen mi renta dignidad más; ahora, como soy viuda, recibo la renta de mi esposo también. Mi hijita está haciendo su tesis tengo que pagar a la universidad, por ahora me ayudo haciendo trabajos de contabilidad, es lo que me gusta, esa es mi profesión también. Ahora eso se me presenta de vez en cuando, pueden ser unas tres, cuatro o cinco veces al año, para personas que ya me conocen solamente hago, se gana bien nomás. Generalmente lo hago de día y tardo bastante porque no me favorece 20 No existe información disponible sobre la estabilidad en la ocupación entre los independientes 34
  • 35. mucho la vista. Puede ser que en una semana lo haga porque lo hago despacio. Puede ser todas las tardes en una semana pero hasta las seis no más hasta que sea clarito, de noche ya yo veo. Me parece que pronto ya no voy a poder seguir con este tipo de trabajo porque ya no dan mis ojos, pero me gustaría atender una oficina, eso me gustaría. 4.2 3. Jornadas de trabajo Junto a la libertad de despido en función de las variaciones de la demanda, el aumento de la jornada sin una remuneración equivalente es otro rasgo que caracteriza a las condiciones laborales de los trabajadores, quienes se ven obligados a aceptar esta situación para compensar los bajos ingresos que perciben. En las ciudades del eje, la población ocupada trabajaba durante 5,5 días a la semana dedicando 45,6 horas a su actividad en promedio, 46,4 los asalariados y 45,3 los no asalariados21; sin embargo, los hombres que se ocupaban como asalariados y las mujeres como independientes llevaban la peor parte pues tenían una jornada superior al promedio, alejándose de la normativa (48 horas y 40 respectivamente). A medida que avanza la edad la jornada promedio aumenta significativamente de manera que en la etapa de transición a la vejez llegaba a las 51 horas (con una mediana de 49 horas). Los hombres se hallaban sujetos a jornadas más prolongadas independientemente de su posición ocupacional, lo mismo que las mujeres que trabajan por cuenta propia. La exposición al trabajo por jornadas extensas─que dejan poco espacio para la vida familiar y social ─ también afecta a los adultos mayores; se verifica una tendencia al trabajo en jornadas de tiempo completo: más de 5 días a la semana con un promedio/mediana de 47 horas, por encima del promedio generaly apenas por debajo del tiempo de dedicación de los trabajadores en la etapa de transición, sin diferencias entre los asalariados e independientes. Asimismo, la mediana tiende a igualarse entre los hombres y mujeres en torno a las 45 horas, por el efecto combinado de una menor jornada entre los hombres que trabajan por cuenta propia (46 horas) y de las mujeres que se ocupan como asalariadas (40 horas). Es decir, que para la mayor parte de los adultos mayores permanecer en el trabajo supone una jornada equivalente a la de los grupos más jóvenes de la fuerza laboral22 (Cuadro 2). Este comportamientose asocia con los bajos ingreso que obtienen las personas a medida que envejecen y, por lo tanto con la necesidad que tienen de cubrir sus costos de subsistencia, lo que lleva a reflexionar sobre los efectos que esto acarrea sobre su salud y sobre su calidad de vida en general. 21 Este promedio general oculta la magnitud de la extensión de las jornadas de trabajo a causa del menor tiempo de dedicación de las personas menores de 25 años. 22 Los ocupados comprendidos en el grupo de 25 a 44 años trabajan 47 horas en promedio, igual que los adultos mayores. 35
  • 36. Cuadro 2 Ciudades del eje: Jornada semanal por categoría ocupacional y sexo, 2010 45 a59 Categoría Ocupacional Total Asalariados No asalariados Hombres Asalariados No asalariados Mujeres Asalariados No asalariados Días Horas Prom. Prom. Med. 5,5 51 49 5,5 48 48 5,5 53 49 5,6 52 50 5,7 51 49 5,6 53 51 5,5 48 47 5,5 40 45 5,4 51 48 Días Prom. 5,3 5,4 5,1 5,3 5,5 5,1 5,2 5,3 5,1 60 y más Horas Prom. Med. 47 47 46 46 47 47 48 45 52 48 45 46 45 44 40 40 46 47 Fuente: ECEDLA, 2010. Elaboración propia Paro en la tienda de lunes a lunes Selmira, 65 años, viuda Cuando era jovencita yo trabajaba haciendo ropa interior con una señora, después me casé y solo hacía labores de casa, cuidaba de mis hijos hasta que fueron grandes. Después con mi esposo teníamos una tienda en la Eloy Salmón, era de repuestos de bicicletas, nos ha ido mal, él ha fallecido y lo he vendido la tienda, me he deshecho de todo; después de eso he abierto aquí la tienda de abarrotes, la hemos vendido la casa también por una estafa que nos han hecho, con la mitad del dinero me he agarrado el anticrético y con la otra mitad hemos pagado la deuda que nosotros no hemos utilizado, una amistad nos ha hecho fraude. Ya son cinco años que estoy con la tiendita. Atiendo desde las 7:30 hasta las 10 u 11 de la noche, de lunes a lunes, a veces cuando tengo alguna cosa salgo, cierro un rato y me voy. El trabajo de la tienda es un poco pesado, el traer, el comprar la mercadería es un poco pesado, traigo de poco en poco, algunas cosas traen como el refresco, pero lo demás que siempre hay que ir a comprar. Hay algunas personas que hacen renegar, escogen el pan, no traen bolsa, me he puesto hasta letrero para que traigan bolsita pero no traen, es por el medio ambiente que hay que cuidar, pero no entiende la gente, algunos nos tratan mal; tampoco se gana bien pero me gusta vender, pancito, refresco, es bonito atender. Hay días que no hay mucha venta, entonces tengo que pagar a los que traen, para esos días tengo que estar recogiendo todo, me quedo sin un quinto, así es el negocio; hay otros días que vendo y lo recompenso, así nomas estoy haciendo dar vueltas el dinero. Con lo que vendo apenas me alcanza, con mi renta dignidad y a veces con lo que mi mamá me regala de sus rentas estiramos para nuestros gastos. Ella ya tiene 90 años yo personalmente la cuido, aquí a mi lado la tengo. Por eso mientras se pueda hay que trabajar, nomás, mientras pueda caminar todavía, porque de otra manera tendría que estar con mi mano así (hace el ademán de las personas que piden limosna). Siento que tengo que hacerlo por la necesidad de sostenerme. 36
  • 37. 4.2.4 Ingresos laborales Los bajos ingresos laborales y su fuerte desigualdad inter e intra sectorial son otro rasgo que caracteriza al mercado laboral urbano en el país. Junto al persistente desempleo, las políticas públicas de contención salarial aplicadas en las últimas décadasllevaron a la institucionalización de las prácticas empresariales de abaratamiento de costos laborales y, por lo tanto, a una nueva correlación de fuerzas adversa a los intereses y demandas de los trabajadores. El resultado fue la desvalorización de la fuerza de trabajo, es decir su remuneración muy por debajo del costo de los bienes y servicios necesarios para su reproducción física y social. Como resultado de la persistente flexibilidad salarial, en la última década, Bolivia pasó a ocupar último lugar en la región andina en cuanto al nivel que alcanzan el salario mínimo nacional y el salario promedio (CEDLA, 2011). A su vez, el mantenimiento de los salarios en un nivel extremadamente bajos incidió por la vía de consumo sobre un escaso dinamismo de los ingresos de los trabajadores independientes, agravado por el constante aumento de ocupados sin relación laboral. Este proceso estuvo acompañado de una mayor fragmentación de los trabajadores entre los permanentes y eventuales, los calificados y no calificados, los integrados en planta y los subcontratados, etc., con efectos sobre el aumento en la desigualdad de los ingresos laborales. Así el 2010 en las ciudades del eje, el 20% de los trabajadores mejor remunerados retenía para sí el 48% de la masa ingresos, mientras que el 20% más pobre solo se apropiaba del 4%. Esta situación que afecta a los ocupados en todos los grupos de edad,presenta características específicas entre los adultos mayores:i) mayor inestabilidad en los ingresos ii) salarios e ingresos inferiores al resto de la población ocupada, iii) amplias brechas de ingreso por categoría ocupacional y género; iv) fuerte desigualdad en su distribución. La inestabilidad en los ingresos se constituye en una característica distintiva de las condiciones de trabajo entre los adultos mayores que se ocupan como asalariados. Mientras en la etapa de transición el 84,2% estaba sujeto al pago de un salario fijo, en las edades avanzadas este porcentaje se reduce al 69%, con una importante diferencia dependiendo del sexo. Mientras los hombres ─quizás porque en su mayoría se mantienen en el mismo empleo─ todavía gozan de una remuneración fija (74,4%), las mujeres transitan desde empleos con sueldo o salario fijo a otros donde la forma de remuneración es a destajo (52%), es decir que la posibilidad de permanecer como asalariadas tiene lugar a expensas de su mayor explotación. Considerando a los asalariados y trabajadores independientes de manera conjunta, el 86% de los adultos mayores tenía ingresos variables o fluctuantes el 2010 (Gráfico 17) Gráfico 17 37
  • 38. Ciudades del eje: Forma de pago entre los asalariados por sexo, 2010 84.2 78.8 74.4 69.0 15.8 31.0 21.2 25.6 45-59 98.2 52.0 48.0 1.8 60 y más Fuente: ECEDLA, 2010. Elaboración propia. En cuanto al nivel de ingresos, independientemente del indicador con el que se vea los adultos mayores ganan menos que los ocupados en cualquier otro grupo de edad y, en particular, de aquellos que se encuentran en la etapa de transición (Gráfico 17). El 2010, los adultos mayores ganaban en promedio Bs 1.190, los hombres Bs1.568 y con una brecha que las distanciaba ampliamente de estos y de sus pares en los otros grupos de edad, las mujeres apenas percibían la mitad de este monto (Bs 749). Sin embargo, la disparidad en los ingresos medios no contribuye a dimensionar adecuadamente el significado del trabajo como fuente de seguridad económica. Considerando como indicador a la mediana del ingreso (el monto por debajo y por encima del cual se encuentra la mitad de los ocupados), se encuentra que el 50% ganaba menos de Bs 720, los hombres menos de Bs 1000 y las mujeres menos de Bs 560. En estos términos,la permanencia en la actividad económica durante jornadas extensas no contribuye significativamente a la seguridad económicade, al menos, la mitad de los adultos mayores y especialmente de las mujeres (Gráfico 18) Gráfico 18 38
  • 39. Ciudades del eje: ingreso promedio por tramos de edad y sexo, 2010 Ciudades del eje: mediana de ingresos por tramos de edad y sexo,2010 1,600 2,405 1,798 1,543 1,657 1,901 1,473 1,210 1,227 1,292 1,400 1,568 Promedio 1,190 Hombres Mujeres 749 1,200 800 1,400 1,200 1,400 1,000 800 960 Total 720 Hombres 560 Mujeres Total Menos 45 a 59 de 45 60 y más TotalMenos de 455 a 59 60 y más 4 Fuente: ECEDLA, 2010. Elaboración propia Otro aspecto importante a destacar es que la cuantía de los ingresos de los adultos mayores muestra una fuerte brecha a favor de los asalariados sean hombres o mujeres, tanto por la incidencia del bono de antigüedad en la conformación de sus salarios, como por su mayor presencia relativa en los sectores empresarial y estatal. Los asalariados ganan cerca del doble del monto promedio y del triple cuando se considera la mediana de ingreso; considerando que la mayor parte de las personas se ocupa como independiente estos diferenciales ponen en evidencia los escasos recursos complementarios al trabajo con los que cuentan los mayores─sobre todo capital y acceso a mercados─ lo que redunda en los bajos ingresos que obtienen (Gráfico 19) 39
  • 40. Ciudades del eje: Ingresos de los adultos mayores por categoría ocupacional y sexo, 2010 1500 1994 1600 2213 800 720 560 1235 1334 676 939 Asalariados Hombres Gráfico 19 Mujeres Media No asalariados 560 Hombres Mujeres Mediana Fuente: ECEDLA, 2010. Elaboración propia Una manera de aproximarse a la suficiencia de los ingresos laborales de los adultos mayores esusando como medida el salario mínimo nacional (SMN), fijado en Bs 675el 201023. Con el monto de un SMN ese año se podía cubrir solamente el 40,8 del costo de una Canasta Normativa Alimentaria (CNA) y el 18% de una Canasta Familiar Básica (CFB)24. Más de la mitad de los asalariados percibía un ingreso superior a los dos mínimos, con una clara ventaja de los hombres (64,8%) frente a las mujeres (42,4%); solo el 20% de los asalariados tenía una remuneración mensual inferior al SMN. En contraste, el 60,4% de los trabajadores independientes tenía un ingreso inferior al SMN─ más de la mitad entre los hombres y de dos tercios entre las mujeres─ lo que muestra que su esfuerzo laboral ni siquiera les asegura un ingreso suficiente para costear los gastos mínimos de subsistencia(Gráfico 20). 23 En el país el SMN se fija en función de la disponibilidad de recursos fiscales antes que por consideraciones relativas al costo de la fuerza de trabajo (bienes y servicios necesarios para garantizar la subsistencia del trabajador y su familia).El 2010, el SMN era equivalente a 96 dólares, siendo el más bajo entre los países de la Comunidad Andina de Naciones y otros de la región (CEDLA 2011). 24 La CNA comprende un conjunto de alimentos que permiten satisfacer las necesidades energéticas y de nutrientes a una familia tipo de 5 miembros; a su vez el costo alimentario representa el 39% del valor de la canasta básica familiar (CBF) cuyo monto total llegaba a Bs 4.274 el 2010. 40
  • 41. Gráfico 20 Ciudades del eje: Ingresos de los adultos mayores en SMN por categoría y sexo, 2010 67.0 64.8 60.4 54.3 53.2 42.4 25.3 20.4 24.7 31.6 26.0 25.2 21.6 21.6 18.0 21.6 11.4 10.5 Asalariados Hombres Mujeres Menos SMN No asalariados 1 a 2 SMN Hombres Mujeres Más 2 SMN Fuente: ECEDLA, 2010. Elaboración propia Otro indicador refinado para aproximarse a la suficiencia de los ingresos laborales de los adultos mayores es a través de comparación con el costo per cápita de la canasta normativa alimentaria (Bs 334) y la CBF (Bs 855). Así se encuentra que tres de cada cuatro asalariados ganaba lo necesario para cubrir los gastos de una canasta per cápita completa de bienes y servicios (855 Bs o más), siendo los hombres los que en mayores proporciones podrían mantenerse por su cuenta o incluso aportar a otros gastos de su hogar. En cambio, solamente la mitad de las mujeres estaba en esta misma condición, el 22% habría pasado a depender de otros miembros del hogar para cubrir parte de los gastos no alimenticios, mientras que el 25% habría pasado a depender de los demás para asegurar su alimentación (Gráfico 21) Gráfico 21 Adultos mayores: salarios en costo de canasta alimenticia y familiar per cápita, 2010 83.5 75.0 49.6 8.7 4.7 11.6 24.2 3.5 5.1 8.0 22.5 3.6 41
  • 42. Con este indicador se evidencia que para cerca del 80% de los que trabajan como independientes las condiciones son muy diferentes. Más de la mitad ni siquiera lograba cubrir el costo de una canasta alimentaria per cápita o apenas alcanzaba a hacerlo, el 9% seguía dependiendo de los demás para costear todos sus gastos de subsistencia y, solamente uno de cada tres, alcanzaba a cubrir una canasta completa e incluso aportar a otros gastos del hogar. Entre los hombres, cerca de la mitad contaba con ingresos suficientes para lograr su independencia económica y aportar a los gastos del hogar, cerca del 30% apenas alcanzaba a cubrir sus necesidades básicas de alimentación, mientras que el 24,3% ni siquiera podría hacerlo. Entre las mujeres la situación se invierte pues más de la mitad no lograban cubrir el costo de la canasta alimentaria o lo hacían de manera insuficiente, mientras solamente una de cada cuatro podía costear todos los gastos de la subsistencia y eventualmente otros gastos del hogar. Desde esta otra mirada, se pude concluir que más de la mitad de los adultos mayores, el 47 % de los hombres y el 64,7% de las mujeres que trabajan como independientes son potencialmente dependientes económicamente de otros miembros de sus hogares para asegurar la satisfacción de sus necesidades básicas. Solo el 5% de todas las personas que continúan trabajando tienen una pensión jubilatoria o renta de vejez y no son necesariamente los que laboran como independientes (Gráfico 22) Gráfico 22 Adultos mayores: Ingresos por cuenta propia en costo de canasta alimenticia y familiar, 2010 34.6 30.7 25.6 9.1 43.7 24.3 22.5 9.5 36.4 28.3 26.5 8.8 Fuente: ECEDLA, 2010. Elaboración propia Lo anterior remite a la desigualdad de los ingresos, otro aspecto estructural que caracteriza al mercado laboral, pero que se presenta en forma atenuada entre los adultos mayores. cuyos ingresos tienden a igualarse en un piso bajo, en particular entre los independientes que conforman cerca del 80% de todos los ocupados. Considerados como conjunto, el 20% más pobre de la distribución se apropia del 7,9% de la masa de ingresos, mientras que el 20% más rico concentra el 46,8%, una proporción casi 6 veces mayor que la de los pobres; siendo significativa, la desigualdad distributiva es menor en comparación con la población ocupada 42
  • 43. total25, por el peso que tienen los trabajadores independientes entre los ocupados de mayor edad y cuyos ingresos tienden a igualarse en un piso bajo. Entre éstos, los más ricos se apropian de una masa (35,6%) que es solamente 2,8 veces más que la de los más pobres (12,4%). La mayor desigualdad y por lo tanto heterogeneidad social se encuentra entre los asalariados, el 20% mejor remunerado concentra el 61,9 % de la masa salarial, más de 35 veces por encima del 20% más pobre (Gráficos 23 y 24). Gráfico 23 Gráfico 24 Ciudades del eje: distribución del ingreso laboral de los adultos mayores, 2010 Ciudades del eje: distribución del ingreso laboral de los adultos mayores, por categoría ocupacional , 2010 46.8 61.9 15.4 35.6 18.0 11.9 12.4 7.9 1.8 I (Más pobre) II III IV V I (Más pobre) 16.4 20.3 8.8 21.7 15.2 Asalariados No asalariados 5.9 II III IV V Fuente: ECEDLA, 2020. Elaboración propia Si los adultos mayores tuvieran como única fuente de ingreso el obtienen por su trabajo la mayoría estaría expuesto a la pobreza extrema y moderada, tal como ocurre con el resto de la población ocupada26. Una aproximación a este indicador a través de la distribución de las personas por quintiles de ingreso laboral muestra que el 2010, el 57,5% pertenecía a los quintiles I y II (muy bajo y bajo); entre los no asalariados, el 67% estaba en esta posición económica reflejando que su permanencia en el trabajo no necesariamente les permite enfrentar el riesgo de caer en la pobreza. En contraste, más de dos tercios de los asalariados (68,2%) tenían un su trabajo un medio para asegurar una calidad media y alta de vida, solamente uno de cada tres pasaría a engrosar las filas de los pobres (Gráfico 25). En el conjunto de la población, el 20% más pobre se apropia del 4% de la masa de ingresos, mientras que el 20% más rico retiene el 48%, 12 veces más que los pobres (CEDLA, 2011) 26 El 2008, año para el cual se dispone de información, el 51% de los ocupados en las áreas urbanas se encontraba debajo de la línea de pobreza (UDAPE-PNUD, 2008). 25 43
  • 44. Gráfico 25 Ciudades del eje: Adultos mayores por quintiles de ingreso laboral según categoría ocupacional ,2010 44.5 17.6 37.1 I (Más pobre) 22.7 16.5 8.3 14.2 20.4 15.3 16.2 23.1 12.3 II III IV 8.0 Independientes 29.8 14.0 Asalariados V Total Fuente: ECEDLA, 2020. Elaboración propia Si esto es así, también se puede concluir que el ingreso que proviene de la pensión universal no contributiva o renta dignidad ─beneficio que cubre a todas las personas de 60 y más─ cobra una especial relevancia para costear los gastos de subsistencia para más de la mitad de los adultos mayores ─quintiles ingreso muy bajo y bajo─ en particular, de aquellos que con su ingreso laboral no logran cubrir ni siquiera su alimentación. Algunos lo utilizan como capital de operaciones para mantenerse en actividad. Al respecto, durante las entrevistas los adultos mayores hacían comentarios como los siguientes: “No alcanza para nada, solo para pequeños gastos, por eso yo cobro cada tres meses, para poder reunir y lo utilizo para comprar insumos para la comida de la casa” (Hombre, 74 años)”. “Mi renta la destino exclusivamente para los alquileres, pago 200 Bs. La renta que recibe mi pareja es solamente para ella, yo cubro otros gastos con lo que me pagan por mi trabajo” (Hombre, 68 años). “Con ese bono yo pago el teléfono, alguna vez utilizo para sacar los productos de Avon que vendo para ayudarme, depende de la necesidad del momento” (Mujer, 63 años). “Compro para la tienda algunas cositas, pero de ahí también levanto para gastar en todo lo que se necesita para la casa, todo junto no más es cuando uno trabajo en esto (Mujer, 65 años). 44
  • 45. Gano poco pero tengo mi bono y un pequeño alquiler Genaro, 63 años casado Dejé de estudiar un año antes de salir bachiller, pintaba carteles para publicidad en tela, dibujo y afiches para el cine, y también trabajaba en el cine en diferentes puestos. Estuve allí casi 10 años, aparte también pintaba carteles para otros, eso ya era por mi cuenta; cuando dejé el cine tenía clientes y me independicé. Como desde joven hice carteles publicitarios tenía que seguir trabajando en eso. Actualmente he cambiado cien por ciento de actividad, me he empleado en un billar, no sé hasta cuándo pero creo que va a ser permanente, unos dos años por lo menos quisiera estar en esto; es un trabajo fácil, solo tengo que controlar a la gente, son ocho horas de lunes a sábado, es algo divertido también, viendo cómo juega la gente aunque hay algunas cosas con las que tengo que vérmelas; a veces hay chicos que se van sin pagar, uno está distraído, los chicos de colegio especialmente se escapan. Tampoco se gana para todo los gastos de la casa, tengo mi bono y un garaje que tenemos en la casa, una persona alquila para guardar su carro; es una pequeña ayuda, pero de vez en cuandodeja unos pesos. Si no fuera esto, no sé, yo nunca pensé en la jubilación; creo que tendría que recurrir a mis hijos, todos son muy buenos chicos. Por último, la pérdida o disminución de ingresos laborales o la baja cuantía de las jubilaciones que lleva a la menor contribución de la mayor parte de los adultos mayores a la economía familiar, conduce a que sus hogares se encuentren ubicados en los escalones más bajos de la estructura social. El hecho a destacar aquí es que aún cuando siguen trabajando esta tendencia no se modifica: más de la mitad de sus hogares permanece en los niveles socioeconómicos muy bajo y bajo, casi 20% más que los hogares con personas entre 45 y 59 años. Esta es otra forma de ver cómo la transición de las personas a la edad adulta mayor, en general, es también sinónimo de su mayor empobrecimiento en el actual contexto económico y social del país(Gráfico 26). Gráfico 26 Ciudades del eje:adultos mayores ocupados según nivel socioeconómico del hogar, 2010 21.4 21.0 23.0 16.4 18.2 25.6 21.5 15.6 Bajo 20.1 22.6 Medio Medio alto Alto 18.4 Muy bajo 22.2 16.6 16.7 20.7 Total hogares 45 a 59 60 y más 45
  • 46. 4.2.5 Cobertura previsional En 1997, con la reforma de la seguridad social se reemplazó el sistema público de reparto basado en principios de solidaridad, por un sistema privado de capitalización individual (Sistema de Seguro Obligatorio-SSO). Bolivia fue uno de los pocos países de la región que optó por un modelo radical de privatización que eliminó el aporte estatal y patronal, haciendo depender la jubilación de los magros salarios de los trabajadores. Esta reforma cuyo contenido fue esencialmente financiero antes que social, se planteó tres objetivos: i) ampliar la cobertura de la protección social; ii) elevar y mantener la cuantía de las prestaciones de jubilación y, iii) lograr su sostenibilidad financiera basada en el autofinanciamiento, la eficiencia de las inversiones y su capacidad para fortalecer el mercado de valores (Ley 1732 de 1996). Todas las evaluaciones posteriores mostraron que la privatización de la seguridad social fue una reforma fracasada en sus objetivos sociales, pero además, en sus objetivos financieros (Arze, 2003). Como otros sistemas privados, el SSO se basa en el supuesto de un mercado de trabajo que genera ocupaciones estables y adecuadamente remuneradas y trayectorias laborales relativamente continuas y, por lo tanto, ahorros previsionales regulares y suficientes. Más aún, asume como supuesto que los trabajadores independientes pueden generar ahorros para cotizar regularmente al sistema y acumular un número de cotizaciones que les garanticen una jubilación. Nada más ajeno a la realidad del funcionamiento del mercado de trabajo en Bolivia donde un reducido porcentaje de trabajadores estables y los que aportaron al antiguo sistema pueden aspirar a una relativa protección social en la vejez. Hasta el 2009, un millón doscientas mil personas se habían afiliado al SSO, incluyendo las que venían aportando en el anterior sistema, sin embargo solo el 45% aportaba regularmente para su jubilación. Ese año, a nivel nacional, los cotizantes al SSO representaban el 12,7% dela población ocupada y el 27,8% de los trabajadores asalariados, con un fuerte peso urbano en su composición. En el marco de esta limitada cobertura, la desigualdad de género en el mercado de trabajo se reproduce en el SSO donde apenas 3,5 de cada 10 cotizantes era una mujer. Además, en contra de los supuestos de la reforma, un porcentaje insignificante de trabajadores independientes aportaba para su jubilación luego de más de 10 años de vigencia del SSO (4,3%). Ese mismo año, el 83% de los jubilados en el SSO provenían del régimen de reparto y su pago estaba financiado en el 90% con los aportes que realizaron en ese sistema; es decir que sus ahorros en las cuentas individuales del SSO tuvieron un rendimiento ínfimo e insuficiente 46
  • 47. para mejorar la cuantía de las pensiones, luego de 12 años de cotización(Escóbar S. y Rojas B, 2010)27 Dado el fracaso de la reforma en relación a los objetivos que se había propuesto, el 2010 se procedió a una reforma parcialque preserva el principio del ahorro individual del SSO,con cambios paramétricos dirigidos a reducir las barreras de acceso a la jubilación (edad, porcentaje del salario base, etc.) y la incorporación de un régimen semi-contributivo o solidario para los trabajadores y con ingresos bajos, financiado con aportes laborales, impuestos a ingresos personales altos y un aporte patronal para terceros. Esta reforma también integra finalmente a la renta universal de vejez (Renta Dignidad) como un componente no contributivo del sistema previsional. Si bien con estos cambios mejorará la cuantía de las pensiones de los asalariados de bajos ingresos ─a condición de haber aportado un mínimo de 15 años─por las condiciones prevalecientes en el mercado de trabajo, tanto la cobertura del sistema como los beneficios del régimen solidario no llegarán a los sectores más pobres de la población, tal como se infiere de la situaciónprevisional en las edades de transición a la vejez. En este escenario, el 12% de los adultos mayores que trabajan todavía aporta al sistema de pensiones (11.520 personas), 16% entre los hombres y apenas el 7% entre las mujeres. Todos son trabajadores asalariados entre los 60 y 65 años con una densidad de aportes que les permitirá acceder a la jubilación. Como la cuantía de las pensiones es por lo general muy baja con relación al ingreso que obtienen como activos, la mayoría ha optado por seguir trabajando hasta cuando le sea posible. Con la reforma parcial reciente, algunos podrán acceder a la fracción solidaria cumpliendo el requisito de 180 aportes, el resto podrá jubilarse con el 70% del salario mínimo nacional o algo más, dependiendo de su ahorro individual. Sumando al porcentaje de adultos mayores que ya está jubilado(26,8%) el porcentaje de personas que siguen trabajando hasta poder hacerlo en mejores condiciones (12,5%), al menos el 40% de las personas de esta generación tendría una pensión por derecho propio para costear la subsistencia. En esta situación se halla algo más de la mitad de los hombres y solamente una cuarta parte de las mujeres de esta generación, una proporción extremadamente reducida si se considera que una parte importante de su ciclo de vida el sistema de protección social y los mercados de trabajo todavía aseguraban una mayor cobertura previsional en la vejez ) Gráfico 27). Comparativamente, las personas que se encuentran en la etapa de transición –en particular en el rango inferior del grupo– presentan un riesgo de desprotección social más elevado debido a que durante su vida laboral estuvieron doblemente expuestos a inserciones laborales precarias y al margen del sistema previsional. Además de su concentración en actividades Como sucede con los asalariados, cabe de esperar que el porcentaje de los que cotizan regularmente al sistema sea todavía más reducido. 27 47
  • 48. independientes donde no cotizan para su jubilación, sus trayectorias laborales como asalariados han estado marcadas por la mayor discontinuidad por el avance de laflexibilidad laboral y la consiguiente libertad de despido28 que han caracterizado al funcionamiento del mercado laboral durante los últimos 26 años. Como se observa en el gráfico 27, las diferencias respecto a los adultos mayores son notables, solamente el 24,1% de las personas comprendidas entre los 45 y 59 años cotizan en el sistema de pensiones, cerca de 30% entre los hombres y el 17% entre las mujeres, con una cobertura muy por debajo de la que tuvo la generación actual.Mientras que uno de los objetivos de la privatización del sistema era ampliar la cobertura de la seguridad social a otros grupos de trabajadores y, en particular a los independientes, el resultado fue paradójicamente todo lo contrario. A la precariedad laboral en la vida adulta, le seguirá la mayor desprotección social en la vejez, no solamente de las personas que están en la etapa de transición, sino también de las que pertenecen a las cohortes más jóvenes29 (Gráfico 27). Gráfico 27 Ciudades del eje: adultos mayores jubilados y cotizantes y cotizantes en edades en transición, 2010 52.7 39.3 29.6 24.1 45 a 59 27.4 60 y más 17.4 Total Hombres Mujeres Fuente: ECEDLA, 2010. Elaboración propia Este proceso tuvo lugar sin una reforma de la legislación laboral vigente y todavía goza de buena salud. La falta de medidas de fiscalización y sanción para el cumplimiento de las normas por parte del Estado, pero también el debilitamiento de la acción colectiva de los trabajadores contribuyen a esta situación. 29 Sin variaciones en el tiempo, apenas una de cada cinco personas ocupadas en las ciudades del eje aportaba regularmente al sistema de pensiones el 2010. 28 48
  • 49. Me volvieron “consultor” Hugo, 64 años, divorciado Estuve trabajando hasta los 55 años, más tarde a los 60 me he jubilado, otros que recibieron el mismo trato que yo tal vez nunca tengan esa posibilidad.Era documentalista de una institución estatal pero de un momento a otro me sacaron de planilla y me volvieron “consultor”.Dependía de la misma institución solamente ha sido una maniobra que han hecho para ya no pagar beneficios sociales; o sea para no asegurarnos, pero seguía dependiendo de la misma institución con contratos temporales. Después de un tiempo ya estaba cansado de depender de jefes, quería ser independiente. Ahora hago trámites para diferentes instituciones y para terceros ante la alcaldía y ante impuestos internos en forma permanente, siempre tengo trabajo, porque si no me dedicara a algo me puedo enfermar. Me gusta organizarme bien, salgo lunes, miércoles y viernes y le dedico la mañana, exclusivamente la mañana, porque en la tarde me voy a mi casa a ver el cable (programas en tv por cable), tengo liga champions, tengo basquet, todo eso. Para mí es un trabajo sencillo, conozco bien la actividad, más bien es una distracción porque tengo muchos amigos y conocidos que me ayudan; hago relaciones sociales con la gente, me gusta el trato con la gente, estar en la calle, comentar sobre los trámites que debo hacer, preguntar dónde puedo buscar a una persona que me colabore, a veces me recomiendan dónde iry así; aunque se gane poco, es también mi actividad social. El monto de mi jubilación sí es para vivir, mi bono dignidad viene junto con mi papeleta, todo eso me sirve para comprarme víveres, ropa y a veces colaborar a mis nietos, ayudo a mi familia, ayudo a mis hijos también. 4.2.6 Precariedad laboral extrema El conjunto de indicadores presentados muestra que la calidad del empleo y el trabajo entre los adultos mayores se caracteriza por un alto grado de precariedad; este rasgo es compartido con el resto de la población ocupada en las principales ciudades del paísy sus causas se explican por las condiciones de atraso tecnológico del aparato productivo urbano, la consolidación de una estructura ocupacional concentrada en los puestos de trabajo menos calificados y la proliferación de prácticas empresariales de sobreexplotación directa e indirecta de la fuerza de trabajo. El concepto de precariedad laboral agrupa a las formas de trabajo (algunas antiguas y otras nuevas) que presentan todas o algunas de las siguientes características: i) discontinuidad del trabajo: duración corta, riesgo elevado de pérdida, incertidumbre como norma; ii) incapacidad del control sobre el trabajo: disponibilidad permanente, jornadas extensas, subordinación a las decisiones de los empleadores, elevado índice de rotación funcional; iii) desprotección social del trabajador: ausencia de prestaciones sociales, alta discriminación y segregación en el acceso a empleos; iv) bajas remuneraciones: salarios o ingresos mínimos, variables, sin promoción ni incentivos, entre otros. Para la medición del grado de precariedad laboral se consideran tres variables asociadas con este concepto: estabilidad laboral, salarios o ingresos por debajo o por encima de un nivel 49
  • 50. normativo (costo de la canasta normativa alimentaria)30 y cobertura de las prestaciones previsionales. Se considera que una persona tiene un trabajo precario moderado cuando existe déficit en alguna de éstas variables y un trabajo precario extremo cuando el déficit está presente en todas; a la inversa tendrá un trabajo adecuado o no precario cuando no existe déficit en las mismas. Para la medición de este indicador entre los trabajadores independientes se utilizan solamente dos criterios: salarios y aportes al sistema previsional, debido a las dificultades de medir la noción de estabilidad laboral en esta forma de trabajo. En cualquier caso, la incertidumbre sobre la continuidad de la actividad o negocio es por sí mismo un factor que lleva implícita la precariedad. En las ciudades del eje, el 15,6% de los ocupados tenía un empleo o trabajo adecuado el 2010, esta proporción aumentaba al 19,5% entre los independientes y era del 12,6% entre los asalariados, expresando el deterioro generalizado de las condiciones laborales en el país. Entre los trabajadores afectados por la precariedad laboral, el 54,7% no tenía estabilidad laboral ni aportaba para su jubilación y sus salarios o ingresos estaban por debajo del aporte individual necesario para cubrir –con limitaciones-el costo de la reproducción de su fuerza de trabajo, es decir, tenía un trabajo precario extremo, con una mayoría de trabajadores independientes. En cambio los asalariados predominaban entre aquellos que tenían un puesto de trabajo precario moderado (58%)(uno o dos déficits). Entre los adultos mayores se verifica también un alto grado de exposición a condiciones laborales precarias. Solo el 13,2% accedía a un trabajo estable, bien remunerado y cotizaba al sistema previsional para su jubilación. Entre los demás, otro 13,8% tenía un trabajo precario moderado, mientras que el 73% tenía un trabajo precario extremo; es decir, su condición laboral era más desventajosa en comparación con el conjunto de la población ocupada, lo que está asociado con su peso en el trabajo independiente. En efecto,mientras el reducido grupo de asalariados tiene empleos precarios moderados o plenos, el 90% de los no asalariados tiene un empleo precario extremo, es decir, con déficit en los tres aspectos de las condiciones laborales (Gráfico 28). Comparativamente, las personas que se encuentran en la etapa de transición a la vejez, se diferencian del resto de los ocupados por presentar un grado de precariedad más atenuado aunque básicamente por la mayor estabilidad e ingresos entre los asalariados, pues comparten las mismas condiciones precarias cuando se trata de los independientes. Se ha adoptado este criterio considerando que existen dos ocupados en promedio por hogar y asumiendo que cada persona debiera, al menos, contribuir al ingreso familiar con el equivalente al costo de una CNA. El promedio de ocupados en los hogares de los adultos mayores es de 1,8 personas. Para los propósitos de esta análisis, se ha utilizado como indicador el ingreso per cápita en CNA. 30 50
  • 51. Gráfico 28 Ciudades del eje: adultos mayores según calidad del empleo por categoría ocupacional, 2010 87.4 73.0 74.2 58.4 52.3 24.3 50.5 23.4 13.2 26.4 27.8 23.1 13.8 13.8 45 a 59 23.1 10.3 2.8 2.3 60 y más Fuente: ECEDLA, 2010. Elaboración propia Como en otros indicadores las desigualdades en las trayectorias laborales que acarrea la división sexual del trabajo y las limitadas opciones de trabajo para las mujeres se trasladan a la vejez. Solo basta señalar que mientras casi 5 de cada 10 hombres mayores de 60 años está afectado por la precariedad extrema, en esta misma situación se encuentran 7 de cada 10 mujeres, es decir que para la mayor parte de las mujeres su trabajo es incierto y ni siquiera le permite cubrir con sus ingresos propios el costo de su alimentación (Gráfico 29). Gráfico 29 Ciudades del eje: adultos mayores según calidad del empleo por 75.0 73.0 sexo, 2010 65.5 47.1 41.1 52.3 24.3 13.2 23.4 31.0 27.9 26.8 26.2 16.4 12.6 13.8 45 a 49 18.1 12.5 60 y más Fuente: ECEDLA, 2010. Elaboración propia 51
  • 52. Esta realidad no es muy distinta entre las personas en edades de transición, mostrando que se ha configurado una estructura y funcionamiento del mercado de trabajo que tiende a agravar el cuadro social de precariedad laboral, desigualdad social y pobreza de los trabajadores. Esto lleva a que junto al aumento de la población ocupada mayor de 60 años, también aumenten las formas precarias de inserción laboral en la vejez. Esto explica que la valoración que hacen los mayores sobre su trabajo no necesariamente se remite a su dimensión económica como ente de ingresos, sino a su dimensión social como medio de interacción e integración en su entorno inmediato y en la sociedad, tal como se desprende de las opiniones recogidas durante las entrevista, las que se presentan en el siguiente apartado. 5. Valoración del trabajo en la edad adulta mayor Para cerrar el análisis de las formas de incorporación de los adultos mayores en el mundo laborales necesario tener en cuenta lo que los propios interesados piensan sobre el trabajo en la esfera del mercado a partir de sus trayectorias, experiencias, expectativas y la realidad que permea su vida cotidiana y la de sus coetáneos. Para este propósito, durante las entrevistas realizadas se consultó su opinión respecto a si las personas de su edad debieran continuar trabajando. Para la mayor parte de los entrevistados, el trabajo en edades avanzadas es reconocido como: i) una necesidad económica, cuando no se cuenta con jubilación, cuanto su cuantía es reducida, cuando no se dispone cuando de ingresos propios en el hogar o de otras fuentes de ingreso no laborales (alquileres, transferencias o remesas, etc.)y se busca asegurar un mínimo de independencia económica respecto a la pareja, los hijos y otros parientes; ii) un medio de realización personal, mediante el despliegue de experiencias y capacidades en actividades destinadas al mercado y otras de utilidad social para la familia o la sociedad, toda vez que la subsistencia se ha garantizado con ingresos propios o familiares; iii) un medio de relacionamiento social y afiliación a la sociedad, en ausencia de espacios institucionalizados de reunión para satisfacer su búsqueda común de algo vinculado con sus deseos, el uso de sus conocimientos o habilidades, su necesidad de interacción con otros, en general, para realizar actividades que les permitan mejora su calidad de vida. Las personas que se encuentran en las edades más avanzadasconsideran que seguir trabajando depende de las capacidades intelectuales y físicas, pero que el tiempo no pasa en vano y ya 52
  • 53. habrían dado lo mejor de sí a la sociedad. Por último, un grupo minoritario -que dispone de medios de subsistencia- piensa que es necesario emanciparse del trabajo en la edad adulta. Estas y otras opiniones se resumen en la voz de los propios adultos mayores. Cuando la necesidad obliga “No creo que tengamos que seguir trabajando, estamos cansados, por necesidad tal vez. En una actividad que sea liviana todavía se podría, como le digo yo quisiera conseguirme un puesto para vender caramelos, eso no es muy pesado, o cuidar niños creciditos, eso simplemente, nada más” (64 años) “Si mi esposo no tuviera jubilación pues tendría que buscar alguna actividad que me de ingresos” ( 70 años) “Yo diría que las personas no deberían trabajar en su vejez, porque uno se cansa, pero hoy en día, hay que seguir trabajando hasta que Dios nos de fuerza; pero la verdad es que cuando uno no tiene ingresos y quiere ayudarse no siempre se puede, especialmente hoy en día en que la situación está tan difícil para poder trabajar” (63 años). -“Es de acuerdo a la necesidad, porque algunos se han jubilado con muy baja renta, por ejemplo de 470Bs, eso no les alcanza; otros no tienen jubilación, ellos quieran o no tendrían que seguir trabajando” (69 años) -“Yo creo que no, bueno si hay necesidad no queda más que seguir trabajando, pero la gente ya no nos reconoce nada, siempre nos discriminan. Nosotros ya hemos aportado al país con nuestro propio sacrificio, con nuestros pulmones, hemos trabajado duro para obtener esta jubilación, pero el gobierno no nos reconoce, nos discrimina hasta con los aumentos y otras necesidades que tenemos” (73 años) “El trabajo para mí no es un fin, pero es un medio para subsistir, lamentablemente el dinero lo es todo, porque sin dinero no sabría cómo vivir, a pesar que solo hago algunos pequeños negocios, lo que gano me ayuda bastante para no depender de mis hijos o de la caridad” (68 años). “Por necesidad, qué voy a hacer; el dinero que gano es muy necesario, mi esposa, una hija y cuatro nietos, todos viven en mi casa; mi hija trabaja pero gana poquito. A mi edad imagínese, el cuerpo ya no da, si se da cuenta es algo ya muy cansador.Hay clientes malos que no entienden, que lo bajonean al obrero como si fuera cualquier cosa; no obstante que este es un oficio que cuando uno es bueno debía ser reconocido, hay gente que no sabe nada de nada (60 años). Trabajo como realización personal “Todo tiene su tiempo, ya no trabajo; en la casa nomas estoy y ahora chochando con el nieto, estoy empezando a tejer. Antes me hacían pedidos, tenía mis contratos, pero de eso también ya me he jubilado. Tal vez me gustaría tener una tienda de arreglos florales, adornos, manualidades porque no es un trabajo pesado y soy hábil para eso; lo haría creativamente, por ejemplo cuando uno va a comprar un arreglo floral te dan lo mismo para cumpleaños que para entierros, no hay diferencia. La cuestión es el factoreconómico porque tener un lugar requiere de inversión un lugar donde uno pueda ofrecer a la gente, tener el depósito y traer flores, porque las flores llegan de Colombia no son siempre de acá” (60 años). “Claro que sí me gustaría seguir trabajando por que todavía tengo fuerzas.Quizá como cajera nuevamente, porque me gusta mucho la contabilidad, yo le podría dedicar todo mi tiempo a eso” (64 años). 53
  • 54. “Mientras se pueda uno debería trabajar. A mí me gustaría tener un negocio, por ejemplo un negocio de movilidades, es lo que quisiera... pero capital se necesita, por ahora estoy bien nomás con mi jubilación” (66 años). “Es muy relativo, yo tengo la filosofía de que se debe seguir trabajando pero siempre que haya las capacidades mentales y físicas, porque hay personas mayores que se jubilan y hacen una vida sedentaria, creo que es psicológico, pero ahí llegan los achaques y se enferman. La actividad siempre es salud” (60 años) “Mientras uno es relativamente joven y puede hacerlo hay que trabajar” (61 años) “La actividad es bastante importante para las personas mayores, hacer un trabajo manual o intelectual se puede, yo creo que el intelecto humano es tan grande que da la capacidad para realizar actividades de acuerdo a la experiencia, a la profesión que uno tiene, entonces es importante seguir empleando esas facultades mentales y físicas, lógicamente disminuidas, perosi se puede se debe seguir en actividad. Tenemos un cúmulo de conocimientos y eso hay que tratar de transmitirlos y emplearlos en beneficio de otras personas, esa es la actividad más importante de la vida (77 años). El tiempo no pasa en vano “Antes sí buscaba trabajo pero ahora ya no.No tengo ya interés ni ganas de tener una ocupación.No sé, estoy tranquila en la forma que vivo, tenemos la jubilación de mi esposo” (70 años) “Yo pienso que depende de la salud, del estado que se encuentra la persona, porque hay personas de mi edad que son jóvenes y no tienen problemas de salud, y hay otras que ya no podemos trabajar” (65 años) “Yo creo que ya no hay fuerzas. Si yo me sentiría ahorita con fuerzas diría que los de mi edad deben trabajar, pero ya no es así” (73 años). “La verdad es la siguiente: si un país, si el gobierno, si las leyes estarían bien, si los trabajadores estarían bien remunerados, con buena alimentación, entonces el trabajador puede trabajar tranquilamente hasta los 65 años porque dicen que en otros paísestrabajan así. Hay países donde sus trabajadores ganan poco, entonces son gente que no está bien alimentada y pronto ya no tienen fuerzas, están cansados, se enferman. Ahora, en caso de que la remuneración económica mejore, poco a poco los trabajadores podrían trabajar más años, ahorita no es el caso para todos aquí” (69 años). “En todo caso, siempre y cuando la persona se halle capaz físicamente, yo por ejemplo me hallo capaz todavía de seguir trabajando, pero estoy impedido porque tengo ya fallas en la vista, eso es lo único que perjudica porque de otro modo estaría postulando para seguir trabajando de alguna u otra manera. De hecho después de jubilarme en el magisterio he trabajado por años en transporte internacional” (80 años). “Ya no se puede en una actividad fuerte sino en alguna cosa de acuerdo a la edad, eso quisiera yo. No fuerte porque trabajar en construcción, levantar cosas pesadas, uno ya no tiene esa fuerza. Como en el periódico sé leer, como sereno, portero, cuidadores piden; a veces llamo, “venga me dice”, pero no me animo, porque a veces tomo y puedo gritar, qué puedo hacer” (62 años). 54
  • 55. Emancipación del trabajo “Pienso quelas personas como yo deberíamos realizar alguna actividad, no necesariamente trabajar. Es muy importante estar activo para tener un poco de motricidad en el cuerpo, la mente, para relacionarse con otros, para sentirse bien. Pero así, realizar un trabajo forzado por la necesidad, directamente no creo que sea bueno para nadie, es preferible vivir estirando, con lo poco que uno tiene” (62 años). “Seguir trabajando cuando uno ya es mayor depende de varios factores. Uno, de las necesidades que a veces obligan a la gente a seguir trabajando; otros lo hacen por hobbie; hay personas que se jubilan, se encierran y envejecen rápido, se enferman, la depresión les viene, aunque no se qué depresión puede haber porque a mí me falta tiempo para otras actividades desde que me he jubilado” (60 años) “Después de jubilarme todavía he seguido trabajando en colegios privados durante 4 ó 5 años. Pero mi salud se ha ido deteriorando un poquito y me he dedicado a otras actividades que me han ayudado bastante. He ido a una universidad del adulto mayor, he estudiado música, inglés, repostería, todo lo que he podido. En mis horas libres he cuidado a mi nieto, no me he quedado inerte, porque pienso que eso no es bueno para una persona, además asisto a una iglesia evangélica y me he llenado de la palabra del Señor, eso me hace sentir muy bien” (65 años). “Hay que estar activo de cualquier manera, uno puede dedicarse a muchas actividades, a la música, puede dedicarse a trabajos manuales en el hogar, colaborar a la familia, hay miles de actividades en los que uno se puede activar, hasta que nuestras facultades sean completamente inútiles; el ser humano puede todo, lo que vale es hacer las cosas de la mejor manera” (73 años). 6. El trabajo doméstico no remunerado: lacontribución invisible de las mujeres adultas mayores El trabajo es un conjunto de esfuerzos que realizan los hombres y mujeres en el espacio público (esfera mercantil), pero también en el espacio privado (esfera doméstica); en conjunto,las actividades remuneradas y no remuneradas dirigidas a la producción de bienes y servicios, dentro y fuera del hogar constituyen el trabajo necesario para la reproducción cotidiana y el desarrollo de la sociedad. El trabajo doméstico no remunerado comprendediferentes tareas, como la elaboración de alimentos, la limpieza y arreglo de la casa o el vestuario, el cuidado de otros miembros de la familia (niños y adultos) y otras tareas de servicio personal. Estas labores de casa generan bienes y servicios para la subsistencia de los miembros del hogar,sin embargo, no son reconocidas en su verdadera contribución de modo que resultan en gran parte invisibles, económica y socialmente31; lo que se valora y, por tanto se considera trabajo en el capitalismo, es el que se realiza para el intercambio en el mercado, por sobre el trabajo para producir cosas útiles y necesarias. 31Los debates actuales sobre género y trabajo plantean que el trabajo doméstico no remunerado debe ser considerado por la economía y sus mediciones, para dar cuenta de su contribución a la generación de riqueza que permite la reproducción del sistema económico y el desarrollo de la sociedad capitalista. 55
  • 56. Por otra parte, la división del trabajo por sexo consolida una imagen donde laactividad masculina, desarrollada principalmente en el espacio público, es considerada productiva; mientras que las actividades desarrolladas en elespacio doméstico, asociadas a las mujeres, son catalogadas como reproductivas.En el caso que nos ocupa, aunque algunos adultos hombresrealizan tareas del hogar, el gran peso de las tareas domésticas y del cuidado de los miembros de la familia sigue a cargo de las mujeres, realicen o no una actividad económica con destino al mercado. Los relatos recogidos de los entrevistados corroboran una vez más que la asignación de las responsabilidades domésticas a las mujeres no ha sufrido grandes modificaciones para lograr que sus parejas y otros miembros de la familia asuman una parte mayor de estas actividades. Por lo tanto, el hecho que un porcentaje elevado de las mujeres adultas mayores no logre incorporarse en el mundo laboral no significa que “no trabaje”, sino que la mayoría sigue contribuyendo a la reproducción material de la familia con el trabajo doméstico no remunerado; sin embargo, como sucede en otros grupos de edad, esta actividad es pocas veces vista como trabajo, incluso por las propias mujeres. Las mujeres en edades avanzadas viven en pareja por más tiempo que los hombres y en un mayor porcentaje en hogares multigeneracionales donde se ocupan en tareas de cocina, limpieza, crianza de los nietos o el cuidado de miembroshogar de su generación, una realidad que deja atrás la idea con la que suele mirarse a este grupode personas, ya sea como “inactivas” o con relación de dependencia del resto de la familia. En contraste con su enorme contribución a la manutención de la familia y a la posibilidad de que otros miembros del hogar salgan a vender su fuerza de trabajo─ en beneficio del sistema económico que acumulaexplotando directa e indirectamente a los trabajadores ─las actividades que realizan en la esfera doméstica tiende a invisibilizarse mucho más en la edad adulta. Los testimonios de los entrevistados, mujeres y hombres, entrega múltiples evidencias de lo que oculta el concepto de trabajo cuando no se considera como tal a las tareas domésticas del hogar; reflejan su asignación social como responsabilidad casi exclusiva de las mujeres asumida así por ellas mismas y su reconocimiento como “no-trabajo” por las y los adultos mayores. Mientras tanto, la mayor parte de las personas se sienten obligadas a realizarlas, otras las ven como un medio para sentirse útiles y activas y, otras más, como una forma de reciprocidad en contra de la idea de dependencia en el hogar. Por último, los testimonios recogidos ilustran cómo el traslado de las tareas reproductivas y del cuidado (propias, de los hijos o de los padres) sigue limitando el rol de las mujeres mayores como trabajadoras en la esfera pública, como sucede siempre. Cosa de mujeres 56
  • 57. “Nunca he tenido empleada entonces me he adiestrado de alguna manera para hacer todo lo que tiene que hacer una mujer, cocino, lavo, plancho, recojo la casa, hago limpieza en general, nadie me ayuda ahora. Soy papá y mamá de mis tres hijos y ellos me ayudaban bastante mientras yo trabajaba, soy maestra jubilada y pienso que una persona tiene que valerse por sí misma a pesar de los problemas de salud que tenga. Hace un año tengo en la a mi nietito de 6 años, por razones de trabajo mi hija no lo puede tener y está conmigo, con mayor razón hay que ocuparse de todo” (64 años). “Hago pues todos los trabajos del hogar, el aseo, cocinar, limpiar a los perritos, darle la ropa al caballero, (soy) empleada sin sueldo, sin vacación y sin feriados. Las tareas de la casa siempre las he realizado yo, aún trabajando.Antes que me jubile trabajaba en una escuela, venía y atendía la casa, venía rápido a cocinar. No es que me gusten, sino que estoy obligada a hacerlas, me cansan, porque tengo cuatro vértebras lesionadas y no puedo hacer mayores esfuerzos, entonces lo hago con mucha dificultad” (60 años) “Yo tengo una educación bastante especial, fui huérfano, mi padre se fue a los tres meses de haber nacido yo; entonces mi tío político me acogió, se apoderó de mí como su hijo, yo cogí un poco la mentalidad de él que era un poco machista, no me dejaba entrar a la cocina. Comemos en el mercado, aunque eso es un poco peligroso para mí, por los contagios, en sí la señora que me acompaña-mi pareja- es la que se encarga del lavado de ropa, y de las actividades domésticas”(68 años). “Yo no más arreglo, yo nomás mantengo el lugar, qué puedo hacer porque estoy solo, tiendo la cama hago la limpieza pero no como hacía mi señora que cocinaba, limpiaba los pisos, la sala, ya no. Mayormente tampoco cocino, si no estoy pensionado voy a algún lugar a comer, como ahora que he ido por un platito que me voy a servir” (60 años). “Algunas veces tengo que sacar tiempo para hacer cosas de la casa, porque yo trabajo de seis a seis, mi esposa también hace el trabajo que se necesita en la casa; he visto a algunos padres que sufren más que un hijo, porque están cargando a los nietos, por suerte me han liberado de esa parte, ellos ya tienen sus hogares (65 años). “Bueno, yo cocino, lavo, limpio, plancho, esas serían las actividades que hago en la casa. Ir a hacer compras, organizarme y verla a mi mamá que está muy ancianita, esas son mis tareas diarias; siempre ha sido así, nunca he tenido ayuda, aunque estaba trabajando, igual no tenía ayuda” (62 años). “Hago cosas constantemente como arrinconar la casa, mover los muebles alguna vez, mejorar el ambiente, pero cocinar y otras actividades no. Como vivo con mi esposa, ella hace algunas de esas actividades” (77 años) El no-trabajo “No, no trabajo, hago los quehaceres en la casa, lavar, cocinar, cuido a los nietos con eso es con lo único que ayudo a mis hijos, nada más.Una hija que tengo que es “enfermiza” no trabaja tampoco, ella me ayuda en la casa”(63 años). “En la casa hago lo de siempre, limpiar, cocinar, todo lo que se necesita, también lavar y planchar, como estoy sin hacer nada entonces me distrae también. Sí, me gusta mantenerme ocupada. Antes me dedicaba al trabajo íntegramente porque tenía mi mami y ella me atendía, ahora yo hago lo mismo con mi hijita, ella está como auxiliar en una universidad, así que no para mucho en casa, generalmente sale” (63 años). 57
  • 58. “Yo no puedo hacer cosas en la casa, alguna vez cocino pero generalmente me hago ayudar con una persona que contrato, estoy delicada con artrosis. Me dedico más a cuidar a mi mamá, eso es toda la semana, todos los días, ella es como wawa, las dos nos acompañamos” (65 años). “Francamente a esta edad somos una carga para la familia.Les ayudo cuidando a sus hijos, yo sé que les ayudo en todo lo que puedo, pero no quisiera que mis hijos tengan problemas por mi culpa, eso es lo que me da miedo”( 62 años) Trabajo compartido: una excepción “Ese trabajo de la casa normalmente lo hacemos entre todos; a ratos somos cocineros, lavanderos, otras trabajamos. Mi esposa trabaja en comercio, todos trabajamos entonces hasta los chicos también son cocineros. A veces también en el taller todos trabajamos, ahí no hay horario, no hay feriado, no hay descanso, nada” (60 años). “Me gusta hacer las cosas de la casa, pero la cocina no tanto; antes cuando trabajaba mi esposo tenía empleada doméstica, ahora hacemos trabajo conjunto, a la fuerza tengo que cocinar y el resto de las actividades compartimos con mi esposo y mis hijos, arriba viven en un departamentito”(70 años). “Ahora me gusta preparar los alimentos, hago un poco de aseo en la casa, cuando vivía solo me dedicaba a lavar ropa, planchar camisas, todo eso, pero desde me casé me dediqué a trabajar de lleno ya muy poco me dedicaba a los quehaceres de casa (80 años) 7. El núcleo familiar: solidaridad y reciprocidad Como se ha podido constatar, la precariedad laboral, el desempleo, la disminución o la falta de ingresos, la modificación de las actividades cotidianas luego de la jubilación, la pérdida de contactos sociales y la falta de espacios de participación social son parte de la realidad que viven los hombres y las mujeres durante su vejez. Las formas de enfrentarla para asegurar su bienestar son diferentes en función de la posición socioeconómica y el género de las personas, pero tienen un denominador común: se enmarcan en el ámbito de la familia, la red más cercana con la que se establecen relaciones de solidaridad y reciprocidad. La familia entendida en su acepción restringida al concepto de hogar se refiere a una organización estructurada a partir de relaciones sociales entre personas que comparten una misma residencia y organizan en común- en armonía o conflicto-su reproducción económica y social cotidiana; en su acepción más amplia, nos remite a un ámbito social ámbito en el cual se crean y recrean relaciones de intercambio, poder, solidaridad, reciprocidad y conflicto, fundadas en una división del trabajo donde el género, el parentesco y la edad asignan funciones a sus miembros ( Lépore y Salvia, 2002). Las funciones y arreglos para la subsistencia que estructuran las relaciones familiares son heterogéneas y dependen desu inserción particular en la estructura social o de las relaciones de clase, mediadas por el ejercicio de roles específicos de cada uno de sus miembros en particular, 58
  • 59. en las relaciones sociales de producción. Si bien este aspecto no es objeto del presente estudio,los testimonios de los entrevistados muestran, en general, la importancia de las redes familiares para la subsistencia y las formas en que las personas mayores que pertenecen a diferentes grupos sociales transfieren o comparten los escasos recursos disponiblesincluyendo su trabajo no remunerado- sea en su propio hogar, integrados en hogares con los hijos, o a la distancia. Mientras la mayor parte de los adultos mayores viven en hogares inter-generacionales en las principales ciudades del país, en los relatos que hacen los entrevistados destacan situaciones como las siguientes: i) cuando viven con los hijosno necesariamente pasan a ser dependientes económicamente; ii) en ausencia de ingresos propios los intercambios están marcados por la reciprocidaddonde el trabajo no remunerado en de las múltiples tareas del hogar y del cuidado cobra especial valor; iv) los adultos mayores que viven en hogares compuestos contribuyen casi siempre con la vivienda, el principal ahorro de su vida. Gastos compartidos “Vivo con mi esposo que está jubilado y aquí en esta misma casa viven mis hijos, tenemos arriba un departamento pequeñito. Todos estamos juntos en la alimentación, y ellos dan una parte del dinero y yo otra parte para nuestro alimento. Esta es la casa de mis hijos y hay alquileres pero precisamente esa es la ayuda que ellos dan para la alimentación” (70 años) “No soy una persona dependiente aunque vivo con mi hijo y mi nuera. Hago repostería a pedido hace más de 30 años y vendo productos Avon, tengo mi bono que cobro cada dos o tres meses según mi necesidad, yo pago el teléfono, compro algunos víveres, pero en realidad hacemos los gastos entre todos” (63 años). Una suerte de reciprocidad “No me alcanza mi dinerito por eso es que vivo con mis hijos, cuido a mis nietos y, aunque no sea gran cosa, con mi bono ayudo a mi hijo para algún gasto que haga falta , un domingo compro un kilo de carne, cuarta de papa, alguna otra cosita les compro a mis nietos, guardarme para pasajes, para eso nada más, no es mucho tampoco, 200 pesos no es mucho. Claro que mis hijos no quieren que gaste, pero soy un poco delicada, en algo por lo menos hay que aportar”(68 años) “Bueno yo tramité mi renta muchísimos años, pero demoró demasiado, entonces hice que me devolvieran toda mi renta de forma global, y ese dinero lo he distribuido entre mis hijos, son ocho mis hijos, ahora ellos me envían dinero mensualmente, el uno o el otro, como si yo estuviera percibiendo una renta, entonces esa es la forma en que yo me mantengo económicamente con mi esposa. Tampoco tenemos mayores necesidades, entonces para nosotros la vida se nos hace bastante fácil por el momento” (77 años). “Como mi hija trabaja viene a almorzar de lunes a viernes. A veces ella me regala también, me lo paga la luz, el teléfono, ella me ayuda con algunos gastos y yo le ayudo con el almuerzo, a veces a mis otros hijos también. Ellos ya están trabajando, el Edwin a veces me ayuda a pagar algunas cosas, así nos colaboramos (65 años). Ayuda a los hijos y padres 59
  • 60. “¿Sabe qué pasa? la labor de una madre nunca termina, también hay que ayudar a los hijos, yo gasto en mi alimentación, en mi vivienda, en todo lo que necesito, pero también ayudo a mis hijos, a pesar de que ellos están casados (tengo dos hijos casados), pero los tengo que ayudar en todo lo que pueda, inclusive del nieto cubro todos los gastos” (62 años). “Uso mis ingresos en lo que se necesite, hago mis trabajitos porque la renta no alcanza, para qué vamos a camuflar, ahora por ejemplo hasta que mi hijo que es médico se estabilice, hasta que tenga una situación sólida lo ayudo un poco. Porque están pagando alquiler y a fin de que vivan tranquilos, hasta que la esposa tenga también su solvencia” (60 años). “Tenemos un hijo que todavía está estudiando, aunque con poco todavía lo estamos solventando a él; también vivimos con mi mamá, me he hecho cargo de ella, con la jubilación de mi esposo vemos los dos por la economía (62 años)”. “Actualmente vivo con mi mamá y mi hijo, a mi hijo nomás le ayudo con el almuerzo, mi mamá tiene su renta que le ha dejado su esposo”(65 años). “Mis cuatro hijos están en la Argentina, trabajan como costureros y allí viven como inquilinos, yo fui pero no pude acostumbrarme, me gusta vivir en mi propia casa a y a mi manera. A mi hija le ha dejado su marido por eso se fue donde su hermana, le hago giros cada mes, a veces a mi hijo también, a mis nietos les doy sus recreos, al final todo lo que uno tiene es para los hijos” (62 años). “No trabajo, estoy en mi casa, soy jubilado. He trabajado 30 años en una empresa textil de El Alto, a esta edad ya no reciben en los trabajos, mayormente jóvenes trabajan. Soy viudo, con mi hijo Juan y su familia vivo. Tengo una casa de dos pisos, entonces yo tengo mi cocina en el último piso, me cocino aparte, entonces siempre estoy con mis hijos y mis nietos, los llevo a jugar balón, a pasear, todo eso, pero me gusta mi independencia. Cada quien tiene sus propios gastos, pero a veces mi hijo me dice `papá no tengo, ya hijo te lo voy a comprar algo de ropa, cuál es tu ropa le digo`, tiene que ir bien vestido, zapatitos le regalo o alguna camisa. Tiene que estar presentable, tiene que ir a educar (es profesor) (67 años)”. Así, desde las voces de los protagonistas se puede concluir que las condiciones de vida en la vejez no solo dependen de la inserción laboral o la capacidad de pago, sino también de las características de la red familiar con la que cuentan. La información cuantitativa también entrega evidencias al respecto: la probabilidad de caer en la pobreza es mayor cuando los adultos mayores viven solos (56,8%); disminuye cuando viven en pareja sin hijos (42%) y algo más cuando viven en hogares inter-generacionales (41%). Dado que la mitad de los hogares en las principales ciudades del país se encuentra debajo de la línea de pobreza (INE, 2008), el riesgo de permanecer en esta situación durante la edad adulta no desparece, sino que se atenúa con la presencia de apoyo familiar32 (Gráfico 30). El nivel socioeconómico de los hogares ha sido definido a partir del ingreso laboral y el nivel educativo de la cabeza del hogar. 32 60
  • 61. Gráfico 30 Ciudades del eje: adultos mayores por nivel socioeconómico según tipo de hogar, 2010 56.8 42.0 43.3 41.0 41.9 30.4 14.6 12.8 17.1 60 y más Fuente: ECEDLA, 2010. Elaboración propia. Al respecto, algunos estudios realizados en América Latina afirman que la condición de pobreza no debiera asociarse directamente con la vejez, ya que en la mayoría de los países la incidencia de la pobreza es menos frecuente hogares con personas adultas mayores que sin ellas (CEPAL, 2003). Sin embargo este dato hay que observarlo con cuidado ya que la frontera entre el pobre y el no pobre en la vejez es frágil (SENAMA, 2009). En efecto, tomando como indicador el nivel socioeconómico de los hogares se puede evidenciar que, a pesar de la heterogeneidad de su posición económica, hacia el 2010 el 45% de todos los hogarescon adultos mayores ─-ocupados o no─ se encontraba en los escalones más bajos de la estructura social, un porcentaje superior al conjunto de la población urbana (41%) y, en particular, de los hogares con personas en edades de transición a la vejez (35,5%). Es decir, que las personas mayores son más vulnerables a la situación de pobreza lo que está asociado con la disminución progresiva de sus ingresos debido a la baja cobertura de la jubilación, su menor acceso a empleos u ocupaciones y cuando lo hacen su concentración en los de peor de calidad. Comparando esta situación con los hogares de las personas que se hallan en la etapa de transición a la vejez, se puede concluir como otros autores (Woolf, 1989) que la edad adulta mayor pasa a constituirse en una condición de fragilidad pues las personas descienden a los niveles de pobreza con mayor facilidad que en las etapas previas de la vida.Sin embargo, también es importante observar las diferencias dentro de la misma generación, pues un tercio de los hogares con adultos mayores ─proporción similar a la de la población total─logra mantenerse en una posición económica expectable (niveles medio alto y alto). 61
  • 62. Más que a la edad, esta heterogeneidad de condiciones responde principalmente a la reproducción de las desigualdades acumuladas durante el ciclo de la vida, que en el caso de los adultos en hogares menos vulnerables se expresan en la existencia de bienes materiales patrimoniales, educativos, oportunidades de generar ingresos laborales y, lo más importante, ingresos por concepto de jubilación (Gráfico 31). Gráfico 31 Ciudades del eje:adultos mayores ocupados según nivel socioeconómico del hogar, 2010 21.4 21.0 23.0 16.4 18.2 25.6 21.5 15.6 Bajo 20.1 22.6 Medio Medio alto Alto 18.4 Muy bajo 22.2 16.6 16.7 20.7 Total hogares 45 a 59 60 y más Fuente: ECEDLA, 2010. Elaboración propia 8. Reflexiones finales 62
  • 63. 63

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