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El sidur El sidur Document Transcript

  • EL SIDUR – LIBRO DE ORACIÓN JUDÍO Introducción La plegaria es el hombre hablando con D's. Es la reflexión acerca del significado y del propósito de la vida, en la medida que tiene lugar la presencia de D's. El estudio de la Toráh es oración. Es la comunicación con D's y Su mundo. La plegaria judía es tan antigua como el judaísmo. Se basa en la intimidad con D's que se atreve a interrogar y a desafiar. Un hombre puede pedir, pero debe saber que D's determina cuanto puede ser concedido a la breve vida del mortal. Las cualidades de D's son reveladas para que el hombre pueda tenerlo como guía, y crea en El y en Su poder. La oración judía es un diálogo con D's, Quien es infinitamente misericordioso en la sumisión de Su voluntad, Cuyo amor es infinito. La plegaria judía es reflexión. La oración judía puede ser espontánea, surgida del corazón. Tan importante es la plegaria que el Templo de Salomón está dedicado no al ritual y al sacrificio, sino a la oración, a la sencilla efusión que brota del corazón de aquellos que llegan para manifestar su reverencia. No sólo la oración del judío sino toda la plegaria dirigida a D's merece una respuesta. La oración fluye por las páginas de la Toráh como una trama de seda, manteniendo unidos al pueblo con su historia y ligando al hombre con D's. La oración y también la súplica, es siempre afirmación. Aquel que pide, expresa la afirmación de D's a quien se dirige. Por eso el Libro de los Salmos se llama Tehilim, el libro de las alabanzas. Podría haber sido denominado Libro de Oraciones pero esto hubiera limitado la significación de la plegaria, porque toda oración es alabanza. El judaísmo no necesitó de la teología en su más estrecho sentido, ni "Ciencia de D's", ni filosofía; la oración ocupó ese lugar. Aquel que ora sabe a quién ora, conoce Su gloria, Su poder, Su majestad, Su amor. Era D's simplemente. La plegaria formal fue el sistema de la filosofía judía, convertida en accesible para todos. Para traducir en vida esta filosofía los rabinos rodearon de oraciones la existencia de los judíos. Individualmente el judío podía obedecer a los impulsos de su corazón hallando las palabras mediante las cuales podía llegar a D's. Al mismo tiempo se elaboró una fórmula para la oración: la Bendición. Ésta constituye la unidad de la plegaria y una forma definida: "Bendito eres Tú Adonai, D's nuestro y Rey del universo". Esto no es formalismo ya que el pensamiento del hombre gira alrededor de D's. La oración refleja una fe incondicional que combina el respeto con el amor, la reverencia con la intimidad. Es la relación del hijo con el padre, ya que en cualquier circunstancia de la vida el judío es consciente de que D's es su Padre.
  • Orar no es simplemente recitar. Es cantar. La Toráh y los profetas se leen a la congregación por medio de un canto basado en tonadas que se usan en diferentes y variadas combinaciones. El canto libre de la Toráh no tiene limitación ni medida sino que responde al fluir de las palabras. Para decir las oraciones se usan melodías similares. Como en el recitado de la Toráh, algunas de ellas son antiguas y se les dieron nombre. Durante la Edad Media los cantores eran a menudo autores de la letra escribiendo poemas para las ocasiones especiales y agregándolas a las distintas secciones del servicio religioso público. También se han encontrado Rabínos que escribieron para determinados servicios himnos, lecturas alternadas y meditaciones. Algunos eran de gran valor literario; otros seguían meramente el estilo que existía en su país y eran producciones transitorias. Estos poemas se llaman Piyutim, todavía existen y se usan, por ejemplo Adon Olam. Fue así como los poetas ayudaron a dar expresión de la individualidad de cada momento y de cada día sagrado y los cantores crearon melodías especiales para cada ocasión. Orígenes de los libros de oraciones El renacimiento de las investigaciones hebreas y bíblicas ejerció una profunda influencia sobre lo que es el ritual en una sinagoga. “No es posible entender cabalmente ninguna religión del mundo, si no se toma en consideración su culto normal y cotidiano de D’s, pues es aquí donde se ausculta el auténtico pulso de toda religión genuina” (Frederick C. Grant). Esto se aplica doblemente al judaísmo del periodo postalmúdico, en el cual la importancia de la sinagoga aumentaba constantemente, mientras que declinaba el número de judíos y su condición social. La sinagoga era fruto de la comunidad de la diáspora que, alejada del Beit Hamikdash, rendía allí sus cultos a D’s. (El Beit Hamikdash durante su existencia les quitaba importancia a las sinagogas y luego de su destrucción siguió eclipsándolas con la esperanza de su reconstrucción). Los amoraim del siglo III, procuraron fortalecerla y concederle mayor dignidad alentando la concurrencia a ella y elaborando nuevas oraciones para sus servicios. Pero ni siquiera ellos dudaron en anteponer las academias a la casa de culto. Cuando las academias declinaron en los siglos VI y VII, las sinagogas emergieron como el pilar de la vida judía. Toda la vida pública empezó a nuclearse en torno de la casa de culto, que por regla general albergaba la escuela, las organizaciones filantrópicas y el tribunal de justicia. Los acontecimientos del mundo exterior aumentaron la estima por las sinagogas. Las comunidades judías sometidas a la dominación bizantina y luego árabe ya no realizaban sacrificios, por el contrario, las asambleas litúrgicas se convirtieron entonces en el centro mismo de la vida pública judía, estimulada por la aceptación general que tenía en los mundos cristiano y musulmán el culto colectivo, principios que habrían dado origen a la sinagoga. Dejaron de existir los rabinos y dirigentes destacados que se abstenían de concurrir a la sinagoga y preferían las devociones privadas (fenómeno bastante común en la era talmúdica).
  • Para las masas de judíos que no tenían posibilidades de educación, que estaban bastante inactivos desde el punto de vista comunitario, la participación diaria en el culto público era la principal expresión de lealtad religiosa. Por lo tanto el periodo entre el 500 y el 800 de la era común se caracterizó por los esfuerzos destinados a reunir y consolidar los tesoros litúrgicos acumulados. Le siguió un periodo memorable de creatividad literaria, que alcanzó su apogeo en la poesía sacra de los inmortales españoles. No obstante, en el periodo anterior hubo también sobresalientes logros creadores en las formas específicas de la poesía litúrgica (Piyut), como así tampoco se completó la obra de consolidación en ese periodo. En realidad, sólo los cuatros siglos subsiguientes contemplaron la compilación de los grandes clásicos litúrgicos judíos, tanto en forma de libros de oraciones como de códigos litúrgicos (escritos por Amram, Saadía, Rashi, Simjá de Vitry y Maimónides o atribuidos a ellos. Los judíos estaban convencidos de la antigüedad inmemorial de las bendiciones que atribuyeron su composición a Abraham, Isaac, y Jacob. Los autores de los poemas litúrgicos dieron sencillamente por sobreentendido este criterio. Una tradición gueónica pretendía que ya la primera comunidad los judíos habían recitado diariamente estas tres bendiciones así como las otras dos de la Amidá, los Diez mandamientos, el Shemá, y su plegaria adjunta, Emet ve-iatsiv (verdadero y firme). Los problemas lingüísticos también eran graves. Los sabios antiguos, al comprender que las oraciones hebreas por sí solas no podían satisfacer los anhelos espirituales del sector mayoritario de los judíos del mundo - que hablaban arameo y griego-, permitieron que las oraciones se entonaran en cualquier idioma. En realidad lo que querían era evitar que el hebreo se olvidara. Pero luego hasta los mismo maestros judíos componían plegarias arameas, como por ejemplo la famosa oración de los dolientes, el Kadish que tenía evidentes afinidades con el Padre Nuestro de los cristianos primitivos. El desplazamiento gradual del arameo por el árabe en el habla de las masas, combinado con el renacimiento de los estudios hebreos lingüísticos, complicó la tarea de unificación. Los dirigentes intelectuales alentaron a las comunidades a enriquecer sus rituales incorporando a ellos selecciones del acervo cada vez más rico de la poesía sagrada hebrea, aunque esta aprobación contrariaba las sospechas que alentaban respecto de los piyutim existentes. El renacimiento del hebreo impulsó a cuestionar las formas litúrgicas consagradas desde hacía mucho tiempo. Algunos lectores locales dudaban en emplear la palabra kales en el Kadish, pues si bien la misma reflejaba la connotación talmúdica de alabanza, en hebreo bíblico tenía el sentido opuesto (el de culpa). Se explicó que a menudo el significado de una palabra está determinado por su contexto. El criterio rabínico se apartó por completo de la antigua actitud de tolerancia, e insistió en que se tenía que recitar tanto como el Shemá como la Amida en hebreo, aunque no se entendiera su significado. Las transformaciones económicas y el desarrollo del alfabetismo fueron armas de doble filo, que estimulaban y complicaban simultáneamente la tarea de consolidación. La creciente urbanización ayudó a formar una clase ociosa bastante nutrida, e incluso muchos mercaderes y artesanos ya estaban en condiciones de dedicar proporcionalmente más tiempo a los servicios cotidianos.
  • Muchas veces estas plegarias privadas se infiltraron finalmente en los servicios religiosos colectivos. Cada individuo recitaba al concluir la Amidá una oración propia y muchos incorporaron la oración que actualmente está al final de la Amidá que dice: "D's mío, preserva mi lengua de la calumnia y mis labios de la mentira" compuesta por "Mar" bar Rabina en el siglo V. Parece que el muy discutido Alenu le-Shabeaj, que combinaba la exaltación del D's único de Israel con una dura crítica a las naciones incrédulas, fue compilado por Rab a partir de frases litúrgicas que provenían de diversos periodos y luego fue intercalado entre las plegarias que precedían al toque del Shofar el día de Año Nuevo. Sin embargo, en la Europa medieval, los dirigentes judíos decidieron recitarlo al finalizar cada servicio (costumbre que se prologa hasta la actualidad) y se aferraron a él desafiando los ataques cada vez más violentos que los provocadores antijudíos le lanzaron desde el siglo XIV en adelante. Se suponía que las plegarias humanas también influían sobre la conducta y el destino de las huestes celestiales. Los individuos devotos continuaron recitando a menudo una vieja oración al concluir sus devociones matutinas: "Sea Tu voluntad, Oh Señor nuestro D's, concertar la paz entre la familia celestial y la familia terrenal, y entre los discípulos que estudian Tu Toráh, la estudien por ella misma o por razones externas, sea Tu voluntad que la estudien por ella misma". Es cierto que muchos rabinos destacaban la superioridad de las oraciones de Israel respecto de las huestes divinas. Por razones análogas, un sabio talmúdico había argumentado que los ángeles sólo cantan en la noche, dejando el día expedito para la devoción terrenal de los judíos piadosos. La convicción de los judíos de que sus oraciones debían ocuparse cada vez más de la "familia" celestial prosperó. Especialmente la Kedushá comenzaba con la frase: "Santificaremos Tu nombre en el mundo así como ellos lo santifican en los cielos sublimes". Los servicios originales, bastante breves y sencillos, sólo reclamaban una pequeña intervención profesional, pues la repetición constante ayudaba a memorizar las oraciones básicas y se alentaba a cada individuo a agregar plegarias en su propio idioma. Para conservar la espontaneidad de las oraciones, los rabinos se abstuvieron de introducir fórmulas obligatorias. A medida que los servicios litúrgicos se estiraban en el periodo talmúdico, se concedía al "mensajero del pueblo" considerable libertad para seleccionar nuevas oraciones y al mismo tiempo debía vigilar la correcta transmisión del texto. Como esta tarea cada vez era más complicada para que cualquier persona la realizara, las grandes congregaciones comenzaron a confiarla a profesionales con dedicación exclusiva. Sin alterar la ley que reconocía a todo varón mayor de trece años el derecho a conducir los servicios, estas congregaciones preferían que lo hicieran personas calificadas, salvo alguna excepción. Profesional o laico, el "mensajero del pueblo" leía en voz alta las oraciones estipuladas en reemplazo de los fieles que no estaban en condiciones de recitarlas por sí mismos. Esta función continuó, aún cuando ya el libro de oraciones había hecho su aparición, ya que en ese momento, el "mensajero del pueblo", seguía leyendo las oraciones para los analfabetos. Se supone que el autor litúrgico tomaba conceptos y leyendas que ya habían sido desarrollados en los Midrashim y los adornaba con algunas imágenes poéticas. Sin Embargo, dicha teoría subestima la chispa creadora de los poetas litúrgicos. Maimónides no se equivocó del todo cuando habló indiscriminadamente de "composiciones de los cantores, predicadores, y otros que se creen capaces de hacer poemas". En algunos
  • casos se puede documentar en la práctica hasta que punto un predicador se había inspirado en un poeta. A veces el sermón estaba elaborado en estilo poético litúrgico. Es obvio que la prohibición de explicar la Ley Oral en cualquier enseñanza formal desplazaba fácilmente la responsabilidad del sermón al poema insertado en la liturgia consagrada y por lo tanto permitido. Claro que la hostilidad cristiana contra la Ley Oral no comenzó en el siglo VI. En el clima cada vez más intolerante del Imperio Romano de Oriente, que protegía a la sinagoga en tanto que perseguía a los judíos, existían muchos incentivos para aprovechar al máximo los rasgos tanto educativos como religiosos de la liturgia de la sinagoga, cuyos principios fundamentales eran confesadamente anteriores al cristianismo. Tampoco debemos subestimar la influencia que ejercieron los contactos diarios con los vecinos de Israel. Aunque las relaciones personales entre los dirigentes judíos y cristianos estaban lejos de ser íntimas, las sinagogas de la época recibían tantos visitantes cristianos que los eclesiásticos lo interpretaran como un grave peligro para la ortodoxia cristiana. Los esfuerzos incansables de los misioneros bastaron para que algunos judíos de familiarizaran con los principios y las formas externas del culto cristiano. El tema central de algunos poemas litúrgicos cristianos debió atraer la curiosidad de los judíos. Estos poemas no sólo enfocaban temas del Antiguo Testamento como ser el sacrificio de Isaac, sino que a menudo describían acontecimientos contemporáneos, especialmente los efectos catastróficos de los terremotos o conflagraciones que los judíos locales también habían padecido. Las congregaciones judías diferían en muchos sentidos de sus contrapartes cristianas, especialmente pos el hecho de que no tuvieron libros de oraciones escritos antes del de Amram. Desde este punto de vista la liturgia judía compartió el destino de los otros rubros de la Ley Oral. Este hecho se debe al peso de la tradición, al temor de los rabinos de que la circulación de textos contradictorios por los territorios de la lejana Diáspora engendrara divergencias sectarias o la presencia de otros textos que no fueran la Biblia en manos de los fieles los hiciera vulnerables a persecuciones especiales. Esta carencia de escritos litúrgicos no fue demasiado grave mientras las comunidades judías sólo contaban con breves rituales para los días de semana, Shabatot y días festivos. Un números de fieles y en particular sus “mensajeros”, podían aprenderlos de memoria. Cada individuo, así como los dirigentes comunitarios, podían improvisar fácilmente las oraciones adicionales. La improvisación perduró en realidad como un rasgo característico de los servicios de la sinagoga durante todo el periodo talmúdico y los comienzos de la época postalmúdica, cuando sirvió en la práctica como vehículo para impartir a grande s auditorios alguna información sobre la Ley Oral. El mismo lector no siempre recordaba su improvisación después de transcurrido un tiempo, sobre todo de los servicios de la Altas Fiestas (cada año realizaban una nueva improvisación para, por ejemplo, la Amidá). Muchos “mensajeros” prolongaron sus oraciones con súplicas poéticas en las que solicitaban la tolerancia divina para sus defectos y ayuda para hallar las palabras apropiadas, capaces de expresar los profundos anhelos del pueblo. Algunas de éstas súplicas conmovedoras se han convertido en parte integral de la liturgia consagrada. Por ejemplo la frase: “Busco al Señor e imploro Su presencia. Le ruego que conceda fluidez a mi lengua”, incluida en la plegaria de Musaf del Día del Perdón, no fue originariamente
  • sino uno de estos clamores personales destinados a solicitar el auxilio divino. Esta improvisaciones no eran sino variantes en torno del tema de las peticiones de introducción largamente consagradas que cada judío recitaba antes y después de la oración silenciosa. Comenzaban diciendo “Oh Señor, abre mis labios” y concluían con la frase “Acepta mis palabras y la meditación de mi corazón, Adonai”. Para comprender los temores y titubeos con que la mayoría de los lectores encaraban sus improvisaciones, es necesario recordar el poder de la palabra, que desde los tiempos antiguos, ocupaba un lugar predominante en la mentalidad de los pueblos del Cercano Oriente. Según la creencia generalizada una palabra errónea, o incluso una palabra justa pronunciada, aunque fuera involuntariamente, en el momento equivocado, podía causar perjuicios incalculables no sólo al disertante, sino también a su comunidad. Antes de la aparición de los textos, las plegarias dependían mucho de la memoria de los “mensajeros” o profesionales. Por esto es que cuando los servicios se prolongaron, los encargados de memorizarlos ya no podían con todas esas nuevas plegarias. Los creadores anónimos de poesías rimadas cuya influencia sobre el destino de toda la literatura occidental es inestimable, dieron un paso decisivo. Estimulados tal vez por el ejemplo que sentaron los autores antiguos de la Amidá focal -cuyas rimas probablemente involuntarias se asemejan a aquellas halladas en una canción guerrera filistea contra Sansón, en una profecía de Isaías o en Homero- Estos poetas empezaron a utilizar la rima como el medio más eficaz para asegurar tanto la memorización como la transmisión fiel. Al principio la rima era bastante simple , y en la mayoría de los casos consistía en palabras que tenían la misma terminación gramatical, se tratara del plural o de la segunda persona del género masculino o femenino. Además el mismo poeta no aplicaba necesariamente la nueva técnica a todos sus poemas, y ni siquiera a la totalidad de un único poema. Con el paso del tiempo, las rimas se hicieron más sofisticadas. Al entrar en contacto con los árabes, los autores judíos continuaron refinando sus propios métodos. De estos conflictos entre la interioridad creadora y la fidelidad a la tradición nació ese género particular de poesía litúrgica que conocemos con el nombre de Piyut. Esta designación, no describía la naturaleza peculiar de esta poesía con tanta exactitud como su sinónimo menos usual, jazanut (composiciones de lectores de sinagoga. Muchas oraciones importantes que aún recitan en las casas de culto judías, entre ellas el Alenu, deben su origen o su formulación final al talento poético y musical de Rab. (estudioso que en el siglo III fundó la academia de Sura, dotado de una bellísima voz, e improvisaba nuevas plegarias). En la recopilación de poemas escogidos de Ianai que M. Azulay publicó en 1938 figuran no menos de 138 de sus kerovot incuestionables y 38 de las dudosas, extraídas de 173 manuscritos dispersos. Desde entonces han salido a la luz otros varios poemas. Pero lo que ha atraído la atención de los especialistas en poesía hebrea medieval ha sido no sólo el número impresionante de estos poemas, sino también la forma y la calidad de la mayoría de ellos.
  • La mejor explicación para estos rasgos excepcionales de la poesía de Ianai reside en las presiones externas. Sin duda el decreto de Justiniano que prohibió la enseñanza de la Ley Oral indujo a Ianai a comunicar al auditorio de las sinagogas, dentro de la liturgia aún permitida, una serie de preceptos legales, y en particular aquellos que gobernaban la observancia de las festividades principales. Ianai reacción contra la proscripción local de la Amidá, así como contra la prohibición de la enseñanza de la Ley Oral decretada por Justiniano, y compuso numerosas Kerovot en torno de temas que le había sugerido la plegaria silenciosa. Ianai y su discípulo Kalir, que vieron en el periodo de gran tensión entre los judíos y sus amos bizantinos, insertaban a menudo en su poesía litúrgica alusiones al régimen hostil imperante y a la esperanza en su pronto derrumbe. Cuando en los siglos VIII y IX el pueblo judío recuperó por fin su voz después de la larga pesadilla de las persecuciones cristianas y de la experiencia traumática que significó el surgimiento del Islam, la liturgia judía estaba compuesta por una serie de oraciones básicas aceptadas en forma más o menos universal, y por mucho material suplementario que sólo gozaba de circulación local o regional. Las oraciones básicas tradicionalmente consagradas presentaban considerables variaciones de texto. En el caso de la Amidá, contamos con el testimonio del experto en liturgia David Abudarham del siglo XIV, quien afirmó que se había esmerado en vano por contar las palabras de esa oración, pues en el mundo no había dos lugares que usaran exactamente el mismo texto. Durante mucho tiempo los dirigentes babilónicos se preocuparon por el orden de las oraciones prescriptas para determinados servicios, antes que por la formulación de estas oraciones como tales. Un sabio talmúdico había acuñado esta frase colérica: “Aquellos que escriben las bendiciones son idénticos a los que queman la Toráh”. Este tipo de frases provocaban desazones a los rabinos medievales que se habían habituado a los textos litúrgicos escritos. Las compilaciones jurídicas y homiléticas, los comentarios de la Biblia, las gramáticas y los libros de oraciones, se convirtieron en los rubros principales, pero no exclusivos de la literatura rica y variada escrita tanto en prosa como en verso. El Sidur El origen del nombre “Sidur” que se le dio a esta recopilación de oraciones proviene de la palabra hebrea seder, que significa orden. El Sidur fue creado para ordenar las plegarias que se rezan en la sinagoga. Obviamente, el primer Sidur no era como en la actualidad, ya que existen muchas versiones, ya sea más completas (incluyendo lecturas de la Toráh), o más resumidas conteniendo exclusivamente las oraciones necesarias para cada servicio religioso. Los primeros Sidurim incluían sólo las oraciones básicas, ya que sólo se rezaban pocas oraciones fijas como por ejemplo La Amidá, y se inducía a la gente a que las memorizara. A partir de allí la gente rezaba inventando sus propias plegarias, muchas de las cuales forman actualmente el Sidur. Dentro de los Sidurim de los que tenemos conocimiento, está el tradicional Sidur azul, editado por el Consejo mundial de Sinagogas en 1965, supervisado por Marshall T. Meyer, que es utilizado en la mayoría de las sinagogas, y después nos encontramos con montones de adaptaciones que cada comunidad realizó de este, para facilitar la lectura
  • agregándoles fonéticas a las oraciones importantes y suprimiendo las páginas que contienen salmos que no se reciten en esa Congregación. El Sidur azul, comienza con una introducción donde Marshall Meyer explica el origen de este Sidur tomando como base un corto cuento y a partir de ahí expone varias ideas y explicaciones que se detallaron a lo largo de este trabajo en lo que podríamos llamar introducción histórica. Nos referimos al origen de las plegarias judías, y su validez en la actualidad. Inmediatamente después, hay una nota del traductor, donde nos cuenta como fue armar el “Ritual de Canciones” y habla de los tres principios fundamentales “de este Sidur: 1- El pricipio de la continuidad con la tradición litúrgica. Esta consideración, si bien no nos exime de la obligación de actualizar las formas devocionales, nos previene de no incurrir en desestima de las creaciones del espíritu, producto de la piedad de las generaciones pasadas. El hecho mismo de mantener una continuidad litúrgica puede encaminarnos a una creación constante y revitalizadora en ese terreno. [...] 2- El principio de sensibilidad hacia las necesidades espirituales de nuestra generación. Un Sidur como libro de oraciones debe expresar también nuestras propias aspiraciones e inquietudes. Por eso hemos insertado en el mismo, escritos salidos de las plumas de los mejores pensadores judíos modernos y contemporaneos, ya que creemos que ellos reflejan las inquietudes espirituales del judío del siglo XX. [...] 3- Integridad intelectual. Este punto requiere de nosotros dos cosas al mismo tiempo: no traicionar conceptos emitidos por el autor y no evadir el problema de la actualización de los valores tradicionales más antiguos. [...]” Luego comienza el Sidur propiamente dicho con las plegarias organizadas para cada servicio (razón por la cual muchas se repiten varias veces idénticas y otras veces con algunas variantes). La plegaria matutina Se divide en: Preparación: Al levantarse el judío da gracias a D's que le ha devuelto la vida. Reflexión: Por medio de los salmos (recitados por la congregación) nos preparamos le ánimo para el solemne encuentro. El llamado al culto es emitido. El oficiante entona: "Bendecid a D's pues El es digno de alabanza". La congregación responde: "Bendito sea D's hasta la eternidad". Afirmación: La congregación está consciente de hallarse en presencia de D's y afirma Su poder y Su amor.
  • Petición u homenaje: Ahora en los días de semana, podemos presentar nuestras peticiones. La oración recibe el nombre de Amidá, lo que significa que la plegaria es recitada mientras que la congregación está de pie. La confesión del pecado: También es realizada los días de la semana. La palabra de D's: Es recibida al leer la Toráh en los días señalados. La señal de obediencia: Con el Kadish y el Alenu nos retiramos. Ambas plegarias serán consideradas como mayores detalles. La Plegaria Vespertina La oración vespertina, llamada Minjá, según la ofrenda especial en el Templo, es sencilla: Salmo - Amidá - Repetición de la Amidá - Confesión de los pecados - Kadish. Su importancia radica en el hecho de que induce al judío a encontrar un momento en medio de las tareas del día para apartarse de sus preocupaciones mundanas y comulgar con D's y reconocer nuevamente en su interior que todo éxito depende de la misericordia divina. La Plegaria Nocturna La oración nocturna es paralela al servicio religioso matutino. Un breve salmo introduce al creyente en el clima: "D's es clemente, perdona nuestras iniquidades y no nos destruye..." La exhortación a la devoción, tal como en la mañana, invita al creyente a afirmar que D's es el Señor de la naturaleza y Dador de la Toráh. La afirmación de fe consiste en recitar "Oye, Oh Israel". Se afirma que D's es el Señor de la Historia: "El nos redimió de Egipto de la mano de los reyes, nuestro Rey, que nos liberó de las manos de todos nuestros opresores". Hasta aquí el carácter de la plegaria nocturna es el mismo que el de la oración matutina. La tónica es algo más tranquila de acuerdo con la paz de la hora. El que reza siente que desea incluir una oración para pedir protección durante la noche y una petición especial es agregada (Oración por la paz y el bienestar del Estado de Israel, página 24) En la silenciosa Amidá, el creyente expone sus necesidades ante D's. Con el Kadish y el Alenu se retira. El día concluye. Mientras se aleja el judío da una vez más gracias a D's recitando la Afirmación de Fe, "Oye, Oh Israel, Adonai es nuestro D's, Adonai es único". Luego termina el día con el himno con que fuera iniciado y que le sirve de tema para todo lo que hace.
  • A continuación intercalamos una serie de oraciones que pertenecen al servicio del viernes por la noche, que tienen orígenes y significados que nos gustaría resaltar. Entre ellas se encuentran el Alenu, el Kadish, y la Amidá correspondientes al servicio aclarado anteriormente. Debajo de cada una de las plegarias se encuentra un breve análisis de la misma, con la explicación correspondiente a cada una de ellas. Hay tres plegarias que merecen una atención especial: La Amidá, El Kadish y El Alenu: La Amidá La Amidá consiste en una serie de cortas peticiones cada una de las cuales es una Bendición. Las preocupaciones de la petición: -La contemplación de D's: 1) El Señor de la Historia: El rige el universo y la historia del mundo. 2) D's nuestro auxiliador cotidiano: Nos volvemos a D's porque El jamás olvida las necesidades del más pequeño de sus hijos. 3) La santidad de D's: El, es único. -Homenaje a las necesidades espirituales del hombre: 1) La necesidad de comprensión 2) La necesidad de la Toráh 3) Perdón del pecado -Los males físicos del hombre: 4) Conciliación de los conflictos 5) Enfermedad y Salud 6) Necesidad y sustento -Las necesidades de Israel: 7) Oración por el rescate: Israel necesita ser salvado de la opresión constante en la vive. 8) Plegaria por la justicia 9) Abolición del mal 10) Vindicación del justo y del piadoso. -Las necesidades del mundo 11) La redención y la reconstrucción de Jerusalem
  • 12) El Mesías 13) Divina respuesta -Los bienes más preciosos del hombre: 1) La oportunidad de un servicio religioso 2) La cualidad de la gratitud 3) El don de la paz. EL KADISH Las palabras iniciales del Kadish se basan en una profecía de Ezequiel: "Yo he de magnificarme y santificarme. Me haré conocer a los ojos de muchas naciones y ellas sabrán que yo soy el Señor". Ezequiel relata los conflictos de los tiempos venideros en los que el mundo entero será empujado a la batalla. Y de él surgirá D's en toda Su gloria y Su majestad será reivindicada. Los judíos, sin esperar el fin de los días, Lo glorifican ahora. Este es el tema central del Kadish. Es una plegaria muy antigua escrita mucho antes de la destrucción del Templo, en arameo, el idioma vernacular del pueblo. En un tiempo se recitaba al terminar las conferencias rabínicas en las grandes academias y se recita hoy como proclamación de la apertura y la conclusión subrayando las secciones del servicio religioso público. Los que están de luto la dicen como evidencia de su fe en D's, porque la grandeza de D's debe permanecer más allá de la duda y no ha de ser cuestionada ni siquiera en momentos de supremo dolor. La afirmación central es el testimonio que la congregación repite al unísono: "Sea su glorioso nombre bendecido eternamente". Las palabras del Kadish muestran claramente el desenvolvimiento del culto cristiano a partir de las fuentes del judaísmo. El Kadish, al comienzo del servicio religioso, igual que Musaf o la oración vespertina, se convierten en una exhortación a la devoción y a la afirmación de la santidad de D's. El final del servicio es un rogativa por el reconocimiento universal de D's y todos los judíos deben empeñarse en ello. Al final de un periodo de estudio señala que el estudio de la Toráh no es un fin en sí mismo sino que debe conducir a la acción para la construcción del reino de D's sobre la tierra. Dotado de diferentes arreglos musicales para los diferentes días sagrados, se transforma en el tema para las festividades individuales.
  • EL ALENU Originalmente el servicio religioso público llegaba a su fin con el Kadish. Había, sin embargo, una oración en Musaf del día de Año Nuevo que era tan hermosa en la visión de futuro que describía, tan poética en su expresión, que fue introducida en los tres servicios cotidianos. El Alenu, refleja la tarea, la dedicación y la esperanza de cada judío. Comienza con una exhortación a Israel para que se hinque ante D's, aún cuando esté solo en un mundo pagano, y termina con la certidumbre de que llegará el día en que toda la humanidad lo adorará. La tarea: "Afirmamos nuestra fe en D's [...] al Soberano del universo, Bendito sea." La dedicación: "Él creó los cielos y la tierra [..] reina en los cielos y sobre la tierra. El es único." La esperanza: "Por lo tanto confiamos en la pronta manifestación de Tú gloria [...] Entonces el Eterno será único y Único Su nombre" Con este pensamiento termina todo el servicio religioso judío. Conclusión A partir de lo explicado anteriormente, podríamos ver que la aparición del Sidur (actual libro de oraciones), tuvo que sortear muchos obstáculos para ser aceptado. En un principio se necesitó tener los manuscritos para no olvidar las plegarias, pero luego se descubrió que la existencia de estos podría provocar la aparición de textos falsos en lugares lejanos al de origen. Las opiniones sobre tener un libro de oraciones eran contradictorias ya que, por un lado se lo necesitaba para recordar todas las oraciones correctamente y no depender de la memoria del rabino o de los llamados “mensajeros”, pero por el otro lado se querían evitar falsos textos que crearan falsas creencias en quienes los tuvieran en su poder. Por otro lado, la Ley Oral era muy defendida, pero se aceptó que había quienes no encontraban las palabras correctas para “hablar” con D´s, y estos libros los ayudarían mucho (como ya dijimos la palabra era muy importante y no podían tener errores al pronunciarlas). Finalmente se aceptó que este libro no interfería en la ley oral y que se volvió necesario para rezar todas las oraciones correctamente. Actualmente el templo Bet-El editó un nuevo sidur en el cual se modificaron las traducciones de algunos salmos con el fin de actualizarlos.
  • Como dice Marcos Edery -traductor del sidur tradicional- el hecho de actualizar las oraciones no implica quitar el significado que tuvieron para nuestros antepasados y para quienes las crearon. Creemos que la aparición de este Sidur nos facilita nuestra manera de comunicarnos con D´s. A pesar de que no nos parece errónea aquella idea de los rabinos -sobre los textos falsos- creemos que un libro de oraciones tiene muchas más cosas positivas que posibilidades negativas. Bibliografía - Historia Social y Religiosa del Pueblo Judío, Salo W. Barón - La historia de la experiencia judía, Leo Trepp - Sidur Azul de Marshal Meyer editado por Marcos Edery - Sidur Interno de la institución David Wolfsohn (edición para Kabalat Shabat) - Sidur Interno de la institución David Wolfsohn (edición resumida de los servicios de Kabalat Shabat, Shajarit le Shabat y Musaf)