El modelo japones
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  • 1. Jorge Schvarzer El modelo japonésEditorial CIENCIA NUEVA
  • 2. Los libros de Ciencia Nueva Portada: Isabel Carballo C 1973 by Editorial Ciencia Nueva SRL Avda. Pte. Saenz Peña 825, Buenos Aires Hecho el depósito de leyImpreso en Argentina - Printed en Argentina
  • 3. Jorge Schvarzer es ingeniero civil (lí)(>2) y ferroviario(19Í>5) de la Universidad de Buenos Aires. Consultor especializado en problemas de distribución yorganización, ha sido asesor de distintas empresas ydocente en varias instituciones. Ha trabajado como exper-to en economía de transportes en Europa y Argentina. Actualmente es interventor del Departamento deEconomía de la Eacultad de Ingeniería de la Universidadde Buenos Aires.
  • 4. Introducción Este libro tuvo su origen en una preocupación personal por los problemas del desarrollo y, en especial, por el análisis del modelo japonés y de las implicancias y conclusiones que podían obtenerse de ese estudio para el caso argentino.El autor tuvo la oportunidad de concretar algunas de sus ideas so- bre el desarrollo japonés en una serie de notas periodísticas,que se publicaron entre los meses de diciembre de 1972 y febrero de 1973 en el periódico El Economista de esta capital. Naturalmente, al reunir todo el material para presentarlo en la forma de este libro, se hicieron evidentes algunas limi- taciones y fallas del tono periodístico, lo que hizo necesario reformular el texto, agregando una serie de consideraciones y notas. El texto final difiere por eso profundamente del material publicado; sin embargo, como las leyes de la herencia son ineluctables, no puede negar su ya lejano origen quese refleja en la estructura de la obra y quizás en elestilo general. El autor espera que esa herenciaperiodística sirva para hacer más fácil la lectura yse consuela pensando que este libro no pretende seruna tesis original sobre el desarrollo japonés, sinomás bien una reflexión ordenada sobre algunos delos aspectos que considera claves en ese proceso. Este libro trata sobre el desarrollo de la economíajaponesa desde la última posguerra hasta la actuali-
  • 5. 6 dad. Eso no implica ignorar que el fenómeno japonés comenzó mucho antes y se apoyó en una serie de características sociales y organizativas cuya importancia histórica puede evaluarse por los resultados obtenidos. Es que, si bien las causas fundamentales del proceso económico son —valga la tautología— económicas, las formas de ese proceso, e incluso su ritmo, pueden variar enor- memente bajo la influencia del carácter nacional, la tradición, las características y selección de los grupos gobernantes, así como su capacidad de im- ponerse sobre los gobernados, etc. Si no fuera así, distintos pueblos podrían copiar mecánicamente las políticas económicas exitosas de sus vecinos para lograr los mismos efectos, decisión que nunca llevó a buenos resultados; la experiencia corrobora laafirmación teórica de que los resultados de lamisma política aplicada en medios y períodosdistintos son más diferentes de lo esperado por losanálisis puramente cuantitativos de los datoseconómicos. La importancia de los factores nacionales men- cionados hace necesario decir dos palabras sobre algunas características históricas de la sociedad japonesa. Una tradición intelectual curiosamente adoptada casi por unanimidad por la mayor parte de los estudiosos de la misma, los lleva a iniciar su análisis en la etapa conocida como era Meiji, comenzada en 1867, que puso al país en el camino del desarrollo industrial al mismo tiempo que decidía la abolición de los viejos vínculos feudales bajo la égida de un gobierno reformador y dinámico. Con el mismo criterio con que se elige esa fecha, el análisispodría desplazarse mucho más atrás en el tiempo,porque las transformaciones de la era Meiji nofueron un rayo en un cielo sereno, sino el resultadoparticular de la estructura social sobre la que aquelemperador se apoyó para modificar al Japón. Eléxito de las reformas se debió,en última instancia,alextenso poder de un gobierno fuertemente centrali-zado, cuyo origen debe buscarse a su vez en lascaracterísticas especiales de la sociedad feudaljaponesa que lo precedió. Durante por lo menos unpar de siglos anteriores a la dinastía Meiji, elfeudalismo japonés ofreció un carácter netamente
  • 6. y dependiente del emperador, con una estructura social y económica que concedía marcados pri- vilegios al poder central; a tal punto, que debe di- ferenciárselo netamente del modelo clásico asigna- do a la sociedad feudal, consistente en una serie de pequeñas unidades productivas autosuficientes y aisladas entre sí, dependientes de la protección de un señor que cobraba los tributos en su propio bene- ficio. Ese fue el caso de Europa Occidental, e in- cluso del gran vecino asiático del Japón, la China, que tuvo un feudalismo de aldea, con escasos vínculos entre sus diversas unidades y carente de un poder central efectivo, cuya dispersión social, política y económica era muy superior a lo conocido en la propia Europa antes de la Revolución Industrial. Esa diferencia en la concentración del poder entre las dos naciones asiáticas provocó pro- fundas consecuencias cuando se produjo la irrup- ción de las fuerzas occidentales en ambos países en el siglo XIX: en China favoreció el desmem- bramiento del imperio y su reparto en distintas porciones entre los imperios invasores; todavía hoy se notan las cicatrices de esa división, porque aún permanecen ciertos puntos estratégicos de sus costas formando parte de un imperio extracontinen- tal. Japón, en cambio, reaccionó a la penetración europea cerrándose sobre sí mismo, concentrando sus fuerzas para dar el gran salto. En lugar de di-visión, la influencia exterior produjo mayor unidad.Si el desarrollo posterior no puede entenderse sinuna referencia a la era Meiji, ésta a su vez es laconsecuencia de la organización feudal y adminis- trativa de los siglos anteriores, que produjo unareacción positiva y nacional ante el catalizadorforáneo. Uno de los elementos que facilitaron ese refor-zamiento interno de la sociedad japonesa fue laextraordinaria extensión de su clase privilegiada,Se ha estimado que a mediados del siglo XIX, laclase dominante abarcaba de un 5 a un 6% de la po-blación total del país: una proporción que debecompararse con el ínfimo 0,5% en que se estimabala proporción de la nobleza francesa antes de laRevolución de 1789, o bien con la cifra de alrededordel 1% estimado para los grupos privilegiados de
  • 7. 8 China a mediados del siglo XIX. La fuerza de la clase dominante, derivada tanto de su número como de su cohesión detrás del Estado, fueron un activo importante en el balance de medios para el progreso. Naturalmente que la economía no hace milagros, y la existencia de una clase privilegiada indica una producción de riqueza relativamente elevada para mantenerla. En otras palabras, mientras en la Francia del siglo XVIII se necesitaban doscientas personas para producir el excedente necesario para mantener a un miembro de la nobleza o del clero, en el Japón sólo se requerían veinte. A pesar de la falta de datos comparables para la época, puede suponerse que el feudalismo japonés, además de centralizado, era relativamente "rico" —hoy diríamos "desarrollado"— en cuanto podía producir ese excedente económico necesario para sostener a los grupos privilegiados. Japón, como casi toda el Asia, fue despertado a la vida moderna por el impacto de las cañoneras ex- tranjeras que buscaban nuevos mercados para las mercaderías sobrantes en los países capitalistas avanzados. Era la época del ascenso de la parte Occidental de Europa y del surgimiento de los Esta- dos Unidos; y también, del crecimiento vertiginoso de la producción como fruto de la Revolución Industrial y Social que permitió a una parte de la humanidad destacarse del resto mediante un gigantesco salto adelante. Hasta entonces las di- ferencias económicas y técnicas en el mundo habíansido prácticamente despreciables respecto a las quese producirían vertiginosamente en los siglos XIX yXX. Europa y Asia, que no son en realidad más queuna enorme masa continental continua, se habíanmantenido alejadas fundamentalmente por el pesodélas enormes distancias. Entonces, luego de siglosde contactos esporádicos y lejanos entre los doscontinentes, la Revolución Industrial los acercócomo nunca antes, al mismo tiempo que concedíaprivilegios especiales a los dueños de los armamen-tos más poderosos. Los chinos habían inventado lapólvora hacía siglos y le enseñaron sus secretos a loseuropeos que llegaban a sus tierras y se asombra-ban ante los avances del Imperio de Oriente; ahora
  • 8. 9 China recibía un pago diferido a sus enseñanzas en la forma de cañonazos que derribaban murallas y fortificaciones con el solo fin de abrir nuevos merca- dos. Europa había aprendido el uso de la pólvora al mismo tiempo que acumulaba el poder necesario para utilizarla en función de sus propios objetivos. La Revolución Industrial reducía las distancias con el mismo ritmo que aumentaban las diferencias económicas y de poder, ligando a todas las regiones del mundo a la expansión de los países más po- derosos. La necesidad de éstos de desplegarse sobre el globo terráqueo era tan grande en aquella época sucia y gloriosa que un ministro se permitía decir en pleno parlamento inglés que: "Las principales oficinas del Estado están ocupadas con problemas comerciales... El Foreign Office y el Colonial Office están ocupados fundamentalmente en encontrar nuevos mercados y en defender los existentes. La War Office y el Almiralty están especialmenteocupados en los preparativos para la defensa de esos mercados y la protección de nuestro comer-cio... Por eso, no es mucho decir que el comercio es el más grande de nuestros intereses políticos". Los ingleses no estaban solos en la organizaciónde una armada adaptada a sus necesidades co-merciales y mucho menos en el Océano Pacífico, sobre cuyas costas se desplegaba una nueva poten-cia por el lado del Nuevo Continente. Precisamentelos primeros en llegar a las costas del Japón fueronlos norteamericanos. En 1853 el comodoro Perry forzó con sus ca-ñoneras la entrada al imperio oriental y abrió elcamino que impuso los tratados de 1858 y 1866 conce-diendo derechos extraterritoriales al extranjero.Las concesiones japonesas a los Estados Unidosfueron extendidas rápidamente a las potenciaseuropeas,incluyendo a Rusia. En todos los casos, lasestipulaciones eran similares: Japón se comprome-tía a abrir su economía y su comercio exterior y a noimponer más del 5% de derechos aduaneros a lasmercaderías que arribaban; en otras palabras, de-bía ofrecer su mercado internó al comercio ex-tranjero. La presencia de los acorazados europeos en elPacífico y de los barcos mercantes cargados de
  • 9. 10 mercaderías que los seguían, señalaba la consumación del largo proceso histórico de for- mación del mercado mundial, por obra del capi- talismo naciente. Desde entonces, toda la economía mundial estaría ligada por lazos cada vez más es- trechos y lo mismo ocurriría consecuentemente con los fenómenos políticos y sociales; ningún país po- dría darse el lujo de escapar a las exigencias que imponía el mercado exterior dominado por las po- tencias más desarrolladas. En ese fenómeno se inscribe todavía la problemática del sistema polí- tico y social de nuestro tiempo y que, sin duda, se mantendrá mientras no se modifiquen sus coor- denadas» básicas: un país se desarrolla hasta ad- quirir un poder suficiente o permanece dependiente del extranjero de una u otra forma. La industriali- zación a marcha forzada de la sociedad soviética luego de diez años de vacilaciones posre- volucionarias refleja la presión del mercado mundial sobre una sociedad socialista, de la misma manera que la actual tendencia a la unidad de Europa Occidental en el Mercado Común Europeo demuestra que el problema es el mismo en todo el globo. La federación de fuerzas menores es una alternativa tan lógica como la industrialización y el desarrollo acelerado para responder a las exigencias de un mundo que se ha unificado de acuerdo a ciertas leyes económicas mucho antes deque lograra un equilibrio estable entre sus diversoscomponentes. Mientras las condiciones del mercadomundial se mantengan igual que en la actualidad, lagama de respuestas se recjuce a la forma deaumentar el poderío económico e industrial del paísdependiente. No son bien conocidas las reflexiones japonesas alrespecto durante el siglo XIX; lo cierto es que elpaís respondió al desafío del exterior con extraor-dinaria rapidez, con una profunda decisión y conenorme claridad sobre los objetivos a cumplir.Apenas un año después de firmado el segundo de lostratados ya mencionados, el viejo régimen eradestronado para dar paso a las reformas necesariaspara fortalecer la sociedad nacional. Desde elmismo comienzo de la era Meiji, el gobierno fue elfactor dinámico del proceso de desarrollo tomando a
  • 10. 11 su cargo las inversiones necesarias; su empuje lo llevó a efectuar nada menos que el 40% de la for- mación total de capital en la economía nacional durante la década de 1880. Es una verdad demasiado repetida que el desarrollo requiere inversiones en capital humano tanto como inversiones en equipos y maquinarias; la masa de conocimientos acumulados por la po- blación es un bien difícil de medir, pero no por eso menos importante. La materia gris es a la producti- vidad lo que el acero a la industrialización. En el siglo XIX, esa idea no era suficientemente reconoci- da y la educación superior seguía en cierta medida los vaivenes del mercado. Por eso es más destaca- ble la visión del gobierno japonés que no trepidó en destinar partidas importantes del presupuesto para contratar miles de técnicos extranjeros, pagados a buen precio, destinados a formar los equipos humanos necesarios para la industrialización; las autoridades no dudaron tampoco, en enviar numerosos súbditos a estudiar a los centros másdesarrollados del mundo con el mismo objeto. Es conveniente destacar que la decisión japonesa de industrializarse rápidamente, de tener una ar- mada poderosa y un ejército respetado, no se reflejó en un chauvinismo retrógrado sino en la convicciónde que había que tomar lo mejor de Occidente paraenfrentar el desafío de Occidente. Otros países pre-tendieron encerrarse en un nacionalismo culturalque significaba en última instancia dejar intactoslos antiguos privilegios precapitalistas y, enconsecuencia, se mantuvieron y se mantienen en ladependencia y el atraso; un atraso que termina poranular naturalmente los valores culturales ynacionales que pretendían verbalmente defender.En cambio, Tokio, sin olvidar su milenaria tradicióncultural se preocupó de reemplazar al antiguo ar-tesano por la máquina moderna, que convertía alsiervo de siglos en obrero industrial. El desarrollo económico puede seguirse deacuerdo a distintos regímenes políticos, sociales yeconómicos, cada uno de los cuales tiene su propialógica. Japón eligió copiar a las potencias existentesde una manera tal que ya a partir de 1890 comienzasu propia política expansionista sobre China y
  • 11. 12 Corea: pero todavía era demasiado débil para imponer sus intereses sobre los de otras potencias y en 1895 pierde una parte de los beneficios arranca- dos a los nuevos territorios por la intervención conjunta de Rusia, Alemania y Francia. En 1905, como revancha, va a mostrar que aprendió la ex- periencia y que esos diez años no pasaron en vano yderrota a Rusia en forma decisiva en pocos meses, obteniendo así completa libertad de acción en Coreay en la parte meridional de Manchuria, donde va a instalar una enorme base industrial aprovechando las riquezas minerales de la zona. Los intereses económicos se hacen sentir sobre las posiciones políticas y militares que a su vez refuer- zan las tendencias expresadas por los primeros. La lógica de un desarrollo que desbordaba las fronteras nacionales se impuso con un ritmo que envidiarían las viejas potencias coloniales. En las primeras décadas del siglo XX, el Japón, que hacía poco más de una generación era un sistema feudal, aparecía dominado por una oligarquía económica y militar preocupada por el desarrollo industrial y la absorción de nuevas zonas de influencia. En su época de mayor auge y mediante la ocupación mili- tar durante la guerra, el Japón domina Corea, Manchuria, la costa occidental de China y la isla de Formosa, toda la península de Indochina,Tailandia y Birmania, la península malaya y los archipiélagos indonesio y filipino. Prácticamente todo el sudeste de Asia se encontraba bajo el mantoimperial. Pero Japón estaba lejos aún de haberlogrado la potencia industrial de los grandes paísescapitalistas de Occidente a los que enfrentó militar-mente en la década del cuarenta. La descarga dedos bombas atómicas sobre sendas ciudades delarchipiélago, puso fin a una aventura expansionistay militar condenada por anticipado al fracaso.Nunca como entonces la ciencia y la técnica habíanllegado a demostrar su poder de una manera tanabrumadora y los dirigentes japoneses extraeríanlas consecuencias lógicas de aquella experiencia. El intenso desarrollo industrial japonés se habíainsertado en las antiguas estructuras feudales conlas cuales estaba asociado a causa de Ta propinpolítica gubernamental en ese sentido, y es probable
  • 12. 13 que lós intentos expansionistas buscasen compensar las deficiencias de la estructura productiva interior que se hacían sentir más profundamente a medida que crecía la producción. El país apenas había llegado a producir 7 millones de toneladas de acero en el período de la última guerra y mantenía una po- blación campesina que todavía representaba más del 40% de la población total. Los pilotos de Kamika- zes que en su marcha suicida sembraban el terror entre las tropas enemigas, compensaron numerosas veces con su sacrificio personal la mayor debilidad productiva de su nación; pero, al mismo tiempo, su actitud era un indicador preciso de que el proceso modernizador no había llegado al fondo de las conciencias donde predominaban resabios feudales profundamente arraigados. La ocupación norteamericana de posguerra fue un nuevo impacto traumático para las clases dirigentes del país. Se repetía a un siglo de distancia la experiencia del comodoro Perry, pero multiplica- da en su efecto. Ahora había tropas de ocupación, justificadas por una guerra que conmoviera al mundo, y que establecían una serie de imposiciones sobre lo que podía y no podía hacer el Japón, frente a las cuales los tratados del siglo pasado parecían un juego de aiños. Mac Arthur, el general nor- teamericano, actuó como un auténtico procónsul, llevado por su convicción de que el mundo debía ser de una sola manera: la fijada por la práctica nor- teamericana. Al impacto económico de la destrucción física de buena parte de las instalaciones industriales y laconsiguiente desarticulación productiva, seagregaron algunas medidas de las autoridades deocupación que provocaron nuevos cambios. Algunastuvieron escaso efecto, como las normas sobre di-visión de los monopolios que dominaban la vida delpaís; al poco tiempo las tendencias a la concen-tración reconstruirán una situación similar a la depreguerra en un nuevo marco económico. Encambio, una medida mucho más significativa y demayor alcance fue la reforma agraria ordenada porlos norteamericanos para eliminar la fuerza de lospropietarios terratenientes, una transformaciónque tendría profunda resonancia en la evolución
  • 13. 14 futura del país. Como ocurrió otras veces en la historia, la intervención militar del extranjero pue- de reemplazar a las fuerzas sociales internas en el cumplimiento de las tareas de cambio social. La guerra es a veces un substituto para la revolución; y en el caso japonés, la intervención norteamericana cumplió el papel de eliminar definitivamente a laoligarquía terrateniente. Los rigores de la ocupación se diluyeron rápi- damente debido a los cambios que se estaban pro-duciendo en el sudeste de Asia. En 1949, pese a losesfuerzos de los consejeros norteamericanos y laayuda masiva que le prodigaron, el régimen deChiang Kai Shek huía a Formosa para dejar paso alprimer gobierno unificado de toda China con poderreal después de varios siglos. China surgía de unlargo período de dependencia y guerras civiles bajoun gobierno que alzaba las banderas del comunismoy comenzaba una reforma de implicancias pro-fundas para el país y el mundo, impulsado por ladinámica de sus propias fuerzas sociales internas.Para ese entonces ya había comenzado la lucha enVietnam, entre el régimen de Ho Chi-Minh, que ha-bía logrado el poder en la resistencia contra losjaponeses, y las tropas francesas que pretendíanmantener el control del Imperio. Al año siguiente, elestallido de la guerra de Corea indicaba que la si-tuación en Asia estaba lejos de la estabilidad y queOccidente necesitaba aliados para su política decombatir el avance del comunismo. Al mismo tiempo que relajaban los controlespolíticos y económicos sobre el Japón para conver-tirlo en una base segura para la lucha global contrael comunismo, los norteamericanos lo utilizaroncomo una base de retaguardia para la guerra deCorea. Las demandas de equipo, alimentos y alo-jamientos del ejército yanki ; fueron un nuevo incen-tivo para la economía del país que estaba en plenoproceso de reconstrucción y ayudaron a su despegueposterior. En cierta forma, podría decirse que losnorteamericanos se retiraron muy temprano delJapón; al menos, antes que el auge económico lespermitiera evaluar la potencialidad de aquellanación para sus empresas y negocios. Y en esesentido se quedaron muy atrás de lo realizado por el
  • 14. 15 comodoro Perry,que veía ese mercado con criterio de futuro. Dos décadas después, los responsables norteamericanos comprenderían su error, pero ya era demasiado tarde; una nación fuerte, con el desarrollo económico más impetuoso del mundo, organizada detrás de un Estado sólido y compacto, se disponía a competir con el gigante que la había logrado vencer y dominar. Hasta ahora esa compe- tencia se realiza pacíficamente pero con una feroci- dad económica con tan pocos precedentes como las sonrisas y la suavidad diplomática que acompañan las discusiones. Ahora sí, Japón ha logrado realizar los intentos comenzados el siglo pasado, pero esta vez en contraposición a la experiencia anterior, cuando su expansión militar superó a su posibilidad económica hasta llevarlo al fracaso; ahora su ex- pansión económica es única en el mundo en el senti-do de que no ha ido acompañada de poder militar.Hasta qué punto sus sonrisas diplomáticas frente alas presiones norteamericanas ocultan la dis-posición a armarse más tarde o más temprano, o lacertidumbre de que es necesaria una salida pací-fica, es un problema que resolverá el futuropróximo. Para analizarlo es necesario estudiarprimero el fenómeno del desarrollo japonés deposguerra, cuyas líneas principales son el objeto deeste libro.
  • 15. Esbozo rápido de un éxito La economía mundial ha pasado a través de cambios tan violentos como intensos en el curso deeste siglo; guerras devastadoras, profundos cambios tecnológicos, revoluciones sociales y cambios políticos actuaron desordenadamente hasta cambiar la faz de la Tierra. Y sin embargo, las tendencias básicas de laeconomía mundial se han mantenido constantes enmedio del cambio durante el cual las zonas indus-triales del planeta continuaron progresando a unritmo más rápido que el de las más atrasadas encuanto a evolución técnica y económica, ampliandola brecha entre ambos. Quizá, la mejor manera deevaluar la profundidad de esa inercia histórica deldesequilibrio mundial, consiste en imaginarse larespuesta que habría dado un observador inteligen-te a principios del siglo, a la pregunta de cuálesserían los países más desarrollados del mundo se-tenta años después; es muy probable que, eseprematuro analista prospectivo —como se llamaríahoy— hubiera señalado casi todas las potenciasr e a l m e n t e e x i s t e n t e s en la a c t u a l i d a d .Seguramente, dicho observador no habrá podidoprever la magnitud del cambio, las guerras quede¡ vastarían a Europa ni la aparición de la energíaatómica, pero es muy probable que hubiera señala-do a los Estados Unidos como una potencia futura y
  • 16. 18que hubiera supuesto el mantenimiento de una ra-zonable primacía económica para el Viejo Continen-te. Tampoco cabe duda que habría agregado a Rusia en la lista de futuras potencias. El gigante del Este de Europa —dominado en aquel entonces por un go- bierno absolutista— no parecía llamado a ser el primer país donde triunfase una revolución comunista, pero sus potencialidades naturales y humanas eran de tal magnitud que todos los exper- tos le asignaban un gran porvenir. En cambio, es bastante difícil que nuestro imaginario observador de principios de siglo hubiera mencionado a Japón entre los países con futuro en el concierto internacional. En parte, la causa de esa omisión sería el desprecio tradicional de Occidente por el continente asiático: en parte porque aquel país ofrecía todavía una imagen mili- tar y feudal bastante diferente a los elementos quecomenzaban a identificarse en Occidente comosímbolos de progreso y desarrollo. Es cierto que en1895 Japón había vencido militarmente a China yque en 1905 derrotaría a Rusia, ocupando la pe-nínsula de Corea y formando una zona de influenciaeconómica en Manchuria. Pero todavía se tratabade victorias contra potencias de segundo orden. EnEuropa, esos movimientos se interpretaban a vecescomo un símbolo del "despertar" de un país, peroque a lo sumo se usaban para señalarlos comocontraste con el estancamiento chino; pocos se atre-verían a suponer una evolución importante delJapón a partir de aquellas victorias. Durante laSegunda Guerra Mundial, el gobierno de Tokio sehizo conocer nuevamente como una potencia travésde las acciones a que lo llevaron sus ambicionesanexionistas y su esfuerzo militar y por primera vezenfrentó agresivamente a las principales potenciasoccidentales. La respuesta aliada fue aplastante:más de dos millones de muertos entre militares y ci-viles, la destrucción del 40% de las ciudades, del30% de las instalaciones industriales, del 30% de lascentrales térmicas, del 58% de las refinerías, del80% de la flota naval. La mayor parte de la in-fraestructura económica y social había sido re-ducida a polvo por los bombardeos sistemáticos queculminaron con el lanzamiento de la bomba atómica
  • 17. 19 sobre Hiroshima y Nagasaki. La ocupación nor- teamericana de posguerra va a ejercerse sobre un país completamente desvastádo que intenta cerrar dificultosamente sus heridas. Nuevamente, es difícil que en aquel entonces alguien hubiera supuesto un futuro siquiera pasa- blemente bueno para el país que se había titulado orgullosamente "Imperio del Sol Naciente. Los empresarios norteamericanos recuerdan ahora con profunda frustración que uno de los funcionarios económicos enviado con las fuerzas de ocupación les aconsejaba no invertir capitales en Japón: según el banquero J. Dodge, la economía del archipiélago no ofrecía ninguna posibilidad atractiva, ni a corto ni a largo plazo. Los norteamericanos se caracterizaron his- tóricamente por su capacidad para distorsionar en más las perspectivas potenciales de su propia nación, y para distorsionar negativamente las posi- bilidades de los demás. Su autocentrismo nacional y su escasa visión histórica, les jugarían esta vez una mala pasada, haciéndoles perder la oportunidad que les ofrecía el derecho de guerra y la ocupación mili- tar del país. Tardarían bastante en enterarse de su error. Entre 1945 y 1952, Japón evolucionó como un apéndice de la política norteamericana en el Sudeste Asiático. Esta se basaba en algunos criterios fun- damentales; desde el principio de la posguerra, los Estados Unidos se fijaron como objetivo preservar al país de la amenaza comunista, fortaleciendo las instituciones democráticas y apoyando la rehabili- tación económica. Ellos exigieron y lograron la aplicación de una profunda reforma agraria, llama- da a tener gran importancia en el proceso posterior,e impusieron la disolución de los enormes cartels empresarios reforzados en el período de guerra. A partir de 1950, la guerra de Corea provoca un auge en la economía japonesa y la perspectiva de un cambio de fuerzas en la región que decide a losEstados Unidos a otorgarle la independenciapolítica. Hacia 1955, Japón logra alcanzar o superar los ni-veles de preguerra en todas las ramas productivasi m p o r t a n t e s . Los o b s e r v a d o r e s p r e d i c e n
  • 18. 20 una reducción del ritmo de crecimiento. Todavía nadie se atreve a ser demasiado optimista respecto al futuro económico del país. El gobierno comienza entonces a desarrollar planes para impulsar la acti- vidad económica hasta lograr un éxito totalmente inesperado en su política: entre 1955 y 1961 el pro- ducto bruto crece a una tasa anual de 14,2%, una ci- fra que coloca al país como al de más rápidocrecimiento del mundo, en una época en que otras naciones se enorgullecían de la tasa de desarrollodel 7 u 8%. La tasa de desarrollo es equivalente auna tasa de interés compuesto, y su mantenimientoen el tiempo provoca resultados sorprendentes; con 14% anual del crecimiento del producto bruto unpaís duplica su actividad económica en sólo cincoaños, pero precisa casi 15 años si la tasa baja al 5%anual. Japón iba a demostrar prácticamente elsignificado de estos cálculos. Para alentar a los empresarios a invertir demanera que continúe el auge económico, el gobiernoprepara lo que parece ser un ambicioso plan dedesarrollo para el período 1960-70. Ese plan tiene elcurioso mérito de marcar la última ocasión en quelas previsiones para el futuro japonés resultan in-feriores a la realidad. Los objetivos previstos paracumplirse en una década se alcanzan prácticamenteen los primeros 4 años debido a la magia multiplica-dora de una tasa de crecimiento más alta de lapropuesta, y ya en 1964, se hace necesario prepararnuevos planes con metas más elevadas. El plandemasiado optimista de 1960 resulta ser demasiadopesimista apenas 4 años después. El ritmo de crecimiento resulta tan aceleradoque, entre 1955 y 1969, el producto bruto trepa de 270dólares por cabeza a una magnitud de 1.630, alcan-zando los promedios correspondientes a los paísesdesarrollados. En términos relativos, el ingreso percápita, que era sólo 11% del norteamericano en 1955,salta a 35% del mismo en 1969. Las expectativaspara éste año suponen que llegará al 50% del paísmás rico del mundo. Por la magnitud del productototal, Japón ha superado a todos los países deEuropa Occidental tomados individualmente, y secoloca tercero en el orden mundial. Los actuales desórdenes monetarios y la
  • 19. 21 consiguiente revaluación del yen que se ha ido pro- duciendo en estos años, hacen suponer que en términos reales el desarrollo japonés podía estar — incluso— subvaluado. En efecto, como el ingreso por cabeza de cada país se obtiene dividiendo elvalor calculado en su moneda interna por la coti-zación del dólar de la misma, resulta que el casi 30%de revaluación del yen respecto del dólar producidoen los últimos 18 meses (agosto 1971-febrero 1973) haaumentado el ingreso nacional del país en esosmismos términos; incremento que se agrega al desu continuo desarrollo económico. El éxito económico ha transformado el pesimismo de otras épocas en un optimismo generalizado e irrefrenable. En el exterior,.los expertos mundialesen una ciencia que no tiene expertos —la prospecti-va— ubican al Japón como la "potencia del sigloXXI" ; en el interior, los programas nacionales delpaís tienen como objetivo nada menos que alcanzaro sobrepasar a las dos grandes potencias en unaserie de ramas productivas. Lo está logrando. Laproducción de acero llegó a 93 millones de toneladasen 1970; es decir que sus equipos siderúrgicos arro-jan el doble de la producción alemana y casi cuatroveces la producción inglesa. En la industria naval,Japón ha estado botando nada menos que la mitadde la producción mundial de barcos. En la electró-nica su avance parece incontenible; ya duplica laproducción de los Estados Unidos en receptores deradio y está alcanzando una ventaja igual en tele-visores y equipos para el hogar, buena parte de loscuales son arrojados en el mercado ávido de aquelpaís. En la industria automotriz bate records comoen un i carrera; superó las unidades producidas porItalia en 1963, por Francia en 1964, por Gran Bretañaen 1966 y por Alemania en 1967. Ya hay muchos quese preguntan cuándo alcanzará a los Estados Unidoscuyas usinas arrojan nada menos que 10 millones deunidades anuales. Toyota, la principal empresa deautomóviles del Japón, anunció orgullosa quevenció a Volkswagen en septiembre de 1971,colocándose tercera detrás de los dos gigantes:General Motors y Ford: la segunda empresajaponesa (Nissan) parece haberse conformadohasta ahora con superar a las demás empresas
  • 20. 22 mundiales hasta colocarse en el quinto puesto. Acero, mecánica, industria pesada, electrónica, pero también química y plásticos, cámaras fotográ- ficas y relojes. La estrategia industrial del Japón abarca ramas diversas y triunfos múltiples en lacompetencia internacional. Su evolución lo hacolocado ya en una situación especial en cuanto a ni-vel de desarrollo económico. En esta época en que todo el mundo habla de " m i l a g r o s " y adjudica ese calificativo alcrecimiento económico de cualquier país quemuestra una coyuntura significativamente buena,sería necesario encontrar otro adjetivo para aludiral único milagro económico que mantiene constantesu crecimiento económico durante décadas en tornoal 10% anual. El asombro de los investigadores detodo el mundo ha llevado a una producción de librosexplicando ese fenómeno, que ya se acumulan en lasestanterías con un ritmo "a la japonesa", y de loscuales éste es un pálido ejemplar; es que nadiealcanza a comprender claramente las raíces delproceso o a aceptar las explicaciones simplistas delos fabricantes de recetas aplicables a todo tiempo ylugar. Para los norteamericanos en su pragmatismoingenuo y simplificador, la respuesta parece muysimple: ellos hablan de "Japan Corporation",aludiendo de un solo golpe mediante esa fórmulafeliz, al espíritu de empresa y a la unidad reveladapor aquel país para alcanzar ciertos objetivosdenominados nacionales. Pero los nombres y slogans, por ingeniosos quesean, no alcanzan a satisfacer las necesidades in-telectuales de explicarse ese fenómeno particular.Para los argentinos, en especial, la explicación de-bería contener algunos de los elementos que puedenservir como un modelo para nuestro país, no paraadoptarlo como tal, sino para replantear las estra-tegias propias. Con ese fin es conveniente analizar en detallealgunos de los aspectos salientes de la evolucióneconómica e industrial del milagro japonés.
  • 21. La estrategia industrial del Japón A pesar del desarrollo económico e industrialexperimentado por el Japón antes de la SegundaGuerra Mundial, la estructura de su economía separecía apreciablemente a la de los países en etapasmedias de desarrollo de la actualidad. El país pro-ducía acero y también barcos y equipos, pero suindustria principal era la textil que, además deabastecer el mercado interno, proveía la mayorparte de las divisas generadas por las exportacionesal resto del mundo. En efecto, la producción de losdiferentes artículos textiles aportaba el 31% del pro-ducto industrial, y sus ventas al exterior llegaron asignificar el 57,4% del total de las exportaciones delpaís entre los años 1934 a 1936. Ya entonces, la bara-tura de la mano de obra era considerada el elementoprincipal para vender a buen precio en el exterior,puesto que las exportaciones de materias primaseran escasas debido a la falta de recursos naturalessuficientes en el territorio nacional. La guerra, al destruir la mayor parte del equipoproductivo existente, dio al país la ocasión de elegirun nuevo camino de desarrollo económico no limita-do por una estructura tradicional. A partir de enton-ces, la industria textil, típica de las primeras etapasde la industrialización de un país atrasado, se
  • 22. 24 recuperó, trabajando en un medio económico distin- to y sin volver jamás a ocupar su posición pri- vilegiada anterior. Su participación actual en la producción industrial sólo alcanzaba un 8,5% del to- tal en los últimos años y a un 15% en lo que respecta a valor de las exportaciones; de estas últimas, por otra parte, un volumen substancial corresponde a la producción y exportación de tejidos sintéticos en reemplazo de los productos tradicionales, productos que ya no se ajustan exactamente a las caracterís- ticas de la industria textil clásica. El ocaso relativo de la industria textil japonesa indica por contraste, los caminos seguidos por el desarrollo económico e industrial de aquel país en las últimas dos décadas de expansión acelerada. Después de la guerra, el crecimiento económico se concentró en las industrias químicas, metalúrgicas y de maquinarias, que habían alcanzado a aportar —ya en 1957— al 55% del valor total añadido por la industria manufacturera. Durante la primera déca- da del despegue japonés, el desarrollo se basó en la industria pesada, aún en detrimento de las indus- trias de bienes de consumo; luego, aproxima- damente a partir de 1957, también comenzaron a crecer con intensidad estas últimas ramas, pero apoyadas de tal manera en el crecimiento ya logra- do por las primeras que se logró la evolución armó- nica del sector industrial en su conjunto. Actual- mente, la economía industrial japonesa se basa en una industria pesada plenamente desarrollada que permite y facilita la expansión de las nuevas ramas industriales que surgen continuamente. La industria llamada pesada —y en especial la de acero y de construcción de maquinaria— tiene la ventaja de que a partir de ella se pueden construir los equipos a instalaciones para realizar cualquierotra industria. Su existencia permite la autonomía de decisiones del país que la posee e impulsar laevolución industrial en forma relativamente in-dependiente del aprovisionamiento de los mercadosdel exterior; es decir, de posibles situacionesoligopolistas de la oferta así como de posibles es-trangulamientos en el balance de pagos, ambos conefecto de "frenado" sobre la dinámica industrial. Fin la prioridad acordada a la industria pesada - y
  • 23. 25 probablemente sólo en eso— el desarrollo japonés de posguerra se asemeja a las vías seguidas por la Unión Soviética a partir de 1930, cuando Stalin impuso, a través de los planes quinquenales, el desarrollo de la industria básica a costa de la indus- tria liviana y de la postergación de los productos de consumo más o menos prescindibles. La Unión Soviética se vio obligada a tomar esa decisión ante la imposibilidad de abastecerse en el mercado mundial por el "cerco sanitario" que le tendieron las grandes potencias, y la situación permanente de enfrentamiento —frío o directo— con ellas. En el Japón, la decisión parece haber tenido objetivos generales de independencia nacional, siguiendo el mismo camino ya recorrido por los países avanza- dos, que no provenían de un apremio directo, pero sí de una experiencia histórica de un siglo de supedi- tación a Occidente. En virtud de las condiciones existentes en el mercado mundial, donde los precios se fijan por el predominio de la oferta de bienes de los países in- dustrializados, la industria pesada difícilmente pue-de aparecer como rentable en las etapas de susurgimiento. Las categorías del mercado conspiran contra ella a través de los beneficios comparados que ofrecen las distintas ramas industriales; ésa es una de las razones por la que la industrializacióncomienza en general por la industria textil u otrasque se presentan como más redituables. Pero se hainsistido poco sobre el hecho de que todas esasindustrias se pueden instalar antes que las otras siun país está ligado al mercado mundial donde seproducen los equipos y máquinas necesarios; que laindustria puede nacer-"al revés" en un país sub-desarrollado en base al aprovisionamiento deequipos del exterior, en base a la existencia de unaindustria proveedora fuera de las fronterasnacionales y a la ligazón económica con ellas. En elcaso de la Unión Soviética, la ruptura de los contac-tos comerciales dejó poco lugar a los mecanismosdel mercado que fueron reemplazados pordecisiones de las jerarquías gubernamentales; en eJapón se resolvió mediante políticas que permitieran disminuir la influencia del mercado mundialo actuar sin considerar sus datos económicos.
  • 24. 26 Ambos debieron comenzar entonces por las indus- trias de base. Para el logro de esos objetivos, naturalmente, aunque en menor medida que en la URSS, el Estado japonés tuvo que cumplir un rol preponderante en el proceso económico, favoreciendo las industrias deseadas mediante créditos y medidas proteccionis- tas así como ayudando en la creación del mercado necesario para sus productos. Los créditos, los subsidios, las barreras adua- neras, son eficaces para instalar una industria, pero no suficientes. Una de las condiciones básicas es un mercado adecuadamente dimensionado para absorber sus productos. La falta de ese mercado es uno de los grandes problemas que deben resolver los países medianos y pequeños que tratan de llevar adelante un proceso integral de industrialización. Japón tenía ciertas facilidades que le permitieron avanzar rápidamente en ese sentido, debido a sus características estructurales. Una de las primeras medidas importantes de la política oficial de apoyo a la industria siderúrgica (consciente o no) parece haber sido el plan de mo- dernización ferroviaria encarado a mediados de la década del 50. Japón cuenta con la particularidad deuna red ferroviaria muy densa t y relativamente importante respecto a su territorio.que se desarrollóa fines del siglo pasado para vencer los obstáculos ala comunicación impuestos por sus cadenas monta-ñosas, cuando no había otros medios conocidos detransporte masivo. En la posguerra, las líneasfueron nacionalizadas y el gobierno preparó unambicioso plan de remodelación y modernizaciónferroviaria basado en el abastecimiento de la indus-tria nacional. Por el tipo de sus instalaciones, losferrocarriles son un mercado capaz de absorbercantidades ingentes de material siderúrgico. Unaparte es consumida en la forma de laminados y pie-zas más o menos simples, como los rieles y las vigaspara puentes y estructuras; otra es incorporada enlos equipos utilizados como material rodante, enespecial locomotoras y vagones. La renovaciónferroviaria impulsaba así la industria mecánicapesada paralelamente con la siderurgia; al misólotiempo, la decisión de electrificar algunas lineas
  • 25. 27 claves favoreció a la industria de equipos eléctricos pesados. El plan de reactivación ferroviaria fue el primer plan de largo alcance preparado por el go- bierno japonés, cuyo éxito en asegurar a la industria un mercado abundante y estable tuvo sin duda un impacto considerable en las decisiones posteriores. Los proyectos se establecieron, siguiendo una tra- dición nacional, de común acuerdo entre el gobierno y los industriales japoneses. El primero indicaba su disposición a desarrollar ciertas ramas de la economía nacional y la forma de lograrlo y las segundas preparaban sus planes de inversión en función de las condiciones previstas. Los planes establecidos en esa época entre el go- bierno y los industriales japoneses se fijaron como objetivo permanente desarrollar su industria con las técnicas más modernas y adaptándolas a las si- tuaciones especiales de su economía, Una política que fue seguida, en general, con pocas vacilaciones. Por eso, a principios de la década del 60, estaban encondiciones de tender una nueva línea férrea con alardes de avanzada respecto a la técnica mundial. En ella, los trenes circulan a una velocidad de crucero de 210 dilómetros por hora, sin pasos anivel en todo el trayecto, y ofreciendo comodidadesexcepcionales —desde aire acondicionado hasta unacabina telefónica para comunicarse automá-ticamente desde el tren en marcha con cualquierabonado en todo el país. El tren une el centro de laciudad de Tokio con el centro de Osaka, un trayectode poco más de 450 km. en alrededor de 3 horasincluyendo todas las paradas intermedias; susservicios le permitieron desplazar no sólo a lacompetencia carretera sino incluso al avión. Las normas de seguridad y de control de esteservicio no son menos notables que las de confort.Un sistema eléctrico controla la velocidad de lostrenes, para evitar errores del conductor; otro in-forma permanentemente a una cabina central enTokio la posición de cada tren sobre la vía medianteuna indicación sobre un tablero luminoso queregistra en escala toda la instalación. Los controlespermanentes dé vías, cables, instalaciones, etc.,permiten eliminar hasta el más pequeño detalleperturbador del servicio. En este caso parecen ha-
  • 26. 28 ber obrado asimismo criterios de prestigio en el orden mundial y el deseo de demostrar la capacidad técnica de la industria japonesa para usarlo como argumento eficaz en el logro de nuevas expor- taciones. También debía influir el interés de desarrollar nuevos aspectos de la industria mecánica y eléctrica que se veían reclamados para llevar adelante la construcción de la línea. El desarrollo ferroviario no constituyó un hecho aislado de la economía japonesa puesto que el go- bierno fomentó en todas las formas los transportes masivos de pasajeros, que son fuertes clientes de la industria de bienes de capital. La red subterránea de Tokio, en plena expansión, está destinada a ubicarse en pocos años como la primera del mundo por su longitud; también se están construyendo fe- brilmente otras líneas subterráneas en Yokohama, Nagoya, Osaka, Kobe y Sapporo. El kilometraje de nuevas líneas inaugurado anualmente supera en mucho al de los demás países avanzados y sigue ofreciendo salidas a una industria cuyo desarrollo y experiencia le permite desde hace unos años encarar exportaciones de magnitud. Los técnicos japoneses están además ofreciendo sus servicios en el exterior en el proyecto y construcción de líneas férreas y subterráneas, donde han conseguido ponerse a la vanguardia mundial. Curiosamente, y en contraposición a la experien- cia de los demás países avanzados de Occidente, al mismo tiempo que se promovía el desarrollo del transporte masivo de pasajeros, se contenía elsurgimiento del transporte automotor y la misma producción de automóviles. En primer lugar, el go- bierno logró ese efecto no destinando fondos para la construcción de carreteras ni otorgando facilidades para dichos vehículos; a eso se agregó la total falta de incentivos acordados a la industria automotriz.El panorama comenzó a cambiar recién a principiosde la década del 60, cuando el creciente desarrollode la industria pesada reclamaba la apertura denuevas industrias consumidoras de sus productos.Entonces la producción automotriz surgió con ritmoincontenible hasta ocupar un puesto de vanguardiaen la producción industrial. Quizás una com-paración con nuestro país marque claramente la di-
  • 27. 29 ferencia de situaciones significativas para visuali- zar la diferencia de políticas y de efectos logrados en cada caso. En 1962, en virtud de los decretos promocionales de pocos años antes, la Argentina armaba (más que producía) unos 100.000 automó- viles de pasajeros y Japón alcanzaba la cifra de 270.000 unidades; la producción por cabeza fa- vorecía entonces a nuestro país puesto que Japón tiene 100 millones de habitantes. En cambio, en 1971, Argentina apenas había conseguido duplicar su pro- ducción mientras Japón alcanzaba la meta ines- perada, una década antes, de 2 millones dé automóviles, ubicándose en el segundo puesto en el ranking mundial. Dos conclusiones básicas se pueden extraer de esta experiencia; una referida a las ventajas de instalar una industria como la automotriz en un me- dio no integrado verticalmente hacia arriba —haciala producción d£ los insumos básicos— y la segundaen cuanto a la forma de evaluar la relación deseadaentre ahorro y consumo, puesto que la modificaciónde esa tasa lleva a contradicciones entre lasexigencias de la evolución industrial y las de los di-ferentes grupos sociales que se proponen el consumoinmediato. Gracias a que desarrollaron primero la industriap e s a d a b á s i c a ( a c e r o , equipos, m á q u i n a sherramientas) los japoneses pudieron desarrollarcon rapidez una industria automotriz capaz decompetir eficazmente en el mercado mundial: pro-duciendo simultáneamente con la misma calidad ycon precios inferiores a los de sus competidoresexternos. Antes de cubrir el mercado nacional, ya sepodían lanzar a la exportación y, por ejemplo, en lacosta oeste de los Estados Unidos, los.automóvilesjaponeses protagonizaron una verdadera invasión,desplazando a sus competidores con un ímpetupocas veces visto en la industria. Detrás delprograma de devaluación del dólar y de la tasaaduanera del 10% anunciada por el PresidenteNixon el 15 de agosto de 1971, en una declaración deguerra económica que conmovió al mundo, se en-cuentra en buena parte el fulgurante éxito del pe-queño Toyota en las autopistas norteamericanas,avanzando a una velocidad tal que sólo parecía posi-
  • 28. 30 ble frenarlo mediante la intervención gubernamen- tal. Los industriales japoneses consiguieron salvar la diferencia de cambio, que se redujo en 18% entre el yen y el dólar y siguieron vendiendo sus coches más pequeños a unprecio inferior a la cifra mágica de 2.000 dólares en el mercado norteamericano. En el momento de escribir estas líneas, una nueva crisis del dólar que se traduce en otra revaluación del yen demuestra que Detroit no puede competir todavía con sus poderosos rivales del exterior pese a las ventajas logradas en el llamado Acuerdo Smith- soniano. Como consecuencia de haber relegado la industria automotriz durante un largo plazo los japoneses tienen todavía un stock de vehículos relativamente reducido respecto a la población; y todavía ahora, pese al formidable salto de los últimos años, el número de automóviles por habitante es inferior en aquel país que en la Argentina. Mientras nosotros consumimos satisfechos el más caro de los bienes de consumo durables, destinando a su producción una importante magnitud de recursos económicos es- casos, los japoneses, con un ascetismo digno deconsideración, se desplazan mediante transportes públicos a medida que trepan los peldaños que los convierten en potencial mundial. Ellos lograron ampliar sus plantas hasta llevarlas a la magnitud necesaria para aprovechar las economías de escala,y supieron exportar 1 los excedentes para evitar sentirse frenados en su expansión por la tasa más modesta de crecimiento de la demanda interna.Todo lo contrario ocurrió en nuestro país debido, por un lado, a su deficiente estructura industrial, y a lafalta de una política previsora al respecto, por elotro; y esas fallas se hacen dolorosamente evidentescuando se las compara con el modelo industrialjaponés. La ineficiencia de la producción básica argentinase revela en los cálculos que afirman que los bienesy equipos producidos en el país cuestan alrededor deun 30% más que el promedio internacional ; por esarazón, nuestra tasa de ahorro del 20% del ingresonacional se ve reducida a un 14% en términos deprecios internacionales. En contraposición, los
  • 29. 31 bienes industriales japoneses cuestan de un 40 a 50% menos que el precio internacional. De esa manera el ahorro de aquel país se ve multiplicado por la economicidad de su producción nacional de equipos; no por eso dejaron de lado la importancia absoluta del ahorro y es de destacar que la formación de capital fijo no ha dejado de crecer en términos absolutos: de 21% del producto nacional en 1955, ella ha alcanzado el récord internacional de 36,5% delproducto en 1969. Si se tiene en cuenta que el produc- to bruto se ha multiplicado durante ese lapso, se llega a la conclusión de que la masa de ahorro ha crecido en forma absoluta en magnitudes im- presionantes para los observadores acostumbrados a una evolución más pausada del desarrolloeconómico. Para resumirlo en pocas palabras, puede decirseque uno de los secretos del éxito de la economíajaponesa consiste en las opciones adoptadas para sudesarrollo industrial. En primer lugar, el desarrollode las industrias básicas, con un mercado garanti-zado por una planificación estatal a largo plazo y elapoyo financiero y normativo necesario que evitóla influencia del mercado mundial; luego, sobre esabase, el desarrollo de las ramas de bienes deconsumo apoyadas en el aprovisionamiento de laindustria pesada. En todos los casos, las industriasse desarrollaron con las técnicas más modernas y lamayor productividad, en condiciones óptimasrespecto a las observadas en el mercado mundial.La postergación del consumo de cierto tipo de bienesfavoreció el proceso de industrialización y permitióincrementar la inversión en forma absoluta y relati-va, sentando las bases de una economía capaz de sa-tisfacer los nuevos requerimientos que le eranefectuados. Es conveniente insistir, como se verá másadelante, que el costo social de estas medidas fueenorme y este texto no trata de justificar sino deanalizar el modelo japonés. En cambio, puede se-ñalarse que el modelo consumista aplicado en laArgentina no sólo retrasó el desarrollo nacional,sino que ni siquiera favoreció a los sectores másnecesitados que viajan cada vez peor en lostransportes masivos de pasajeros, por ejemplo,
  • 30. 32mientras un grupo "privilegiado" se enloquece so-bre las carreteras saturadas de vehículos indivi-duales que impactan por su diseño externo, muchomás atractivo que sus posibilidades reales de mediode movilización.
  • 31. La evolución de las grandes ramas industriales El viajero que llega a Tokio se asombra con frecuencia al encontrar frente a él una torre que parece una copia exacta de la famosa torre Eiffel que caracteriza a París. Cuando se le señala esa similitud a los japoneses, ellos se contentan con responder que hay algunas diferencias de estruc- tura y que la suya tiene una ventaja importante: es varios metros más alta que su similar francesa.Quizás esta anécdota sea representativa del espíritu que anima a los habitantes del archipiélago nipón y que podría resumirse corno una disposición a copiar lo existente, pero mejorándolo en algo. Esa parece haber sido una de las claves del crecimiento indus- trial del país. Ya se ha visto que Japón no era un país técnicamente avanzado en los primeros años de la posguerra. No tenía, como los alemanes, la capaci-dad suficiente para desarrollar una tecnología propia en todas las ramas de la producción indus- trial ; en cambio, sí la tenía para seleccionar las me- joras técnicas disponibles en el mercado mundialcon el objeto de implantarlas en el país. Desde 1949,los industriales japoneses comenzaron a escudriñaratentamente la oferta de tecnología en el mercado mundial y a firmar masivamente contratos delicencia con los centros empresarios del exterior: el
  • 32. 34 número de esos contratos alcanzaba a 1.670 a fines de 1961. La importancia de esas compras de co- nocimientos pueden apreciarse mejor por medio de los costos que ellas representaban al país. Los pagos abonados por ese concepto pasaron de 20 millones de dólares en 1955 a 120 millones en 1961; pero los industriales japoneses no se detuvieron y los años siguientes vieron un salto igualmente impresionante en los pagos de divisas originados en compra de tecnología, que en 1970 llegaban a 413 millones de dólares. Al mismo tiempo, se comenza- ba a notar una leve mejora de la balanza de pagos tecnológica como consecuencia de la creciente venta al exterior de licencias japonesas, producto de la política de desarrollo de la tecnología nacional so-bre la base de los conocimientos avanzados que se iban incorporando a la industria en expansión. Japón ha realizado un esfuerzo considerable para asimilar la tecnología extranjera mediante lacompra de patentes y la formación de equipostécnicos, asegura el "Libro Blanco Sobre Ciencia yTecnología" editado por el Gobierno en 1970. Ahoraesa política ha llegado a un límite y la crecienteequiparación de la tecnología japonesa con laextranjera hace cada vez "menos novedosa yatractiva" su importación. La compra de conocimientos en el exterior no esuna política buena ni mala por sí misma. Tododepende del tipo de tecnología que se compre, delprecio que se pague y del uso que se le deen el país.Japón compró tecnología a precios relativamenteadecuados? aprovechando una situación particulardel mercado internacional y cuando la brecha entrelos conocimientos nacionales y los grandes centrosdel exterior era tan grande que toda incorporaciónde conocimientos extranjeros tenía un fuerte efectomultiplicador en la economía local. Pero, a medida que avanzó en la adquisición deconocimientos, se encontró con diversas dificulta-des. En primer lugar, que los conocimientos másespecializados se encuentran a veces en poder deuna sola firma que no está dispuesta a venderlos oque demanda por ellos un precio exagerado res-pecto a su utilidad. La estrategia de numerosasgrandes firmas internacionales consiste en buena
  • 33. 35 medida en utilizar el control exclusivo de sus paten- tes como argumento para realizar beneficios en to- dos los países, ya sea mediante el comercio o la inversión directa y no están dispuestos a venderlas a bajo precio a posibles competidores. Por eso la compra masiva de tecnología, fácil de realizar durante los primeros estadios del desarrollo indus- trial, no puede continuarse cuando se llega a los ni- veles más sofisticados. En segundo lugar, los indus- triales japoneses comenzaron a encontrar fuertes rechazos de las firmas occidentales a venderles sus patentes, cuando éstas descubrieron que ese negocio daba paso a formidables competidores que se volca- ban en sus propios mercados. La arremetida comercial japonesa —sobre la cual se trata más adelante— daba justificación a los temores más lógicos como a los más irracionales de los negocios del mundo entero. Por último, el costo en divisas de la tecnología importada comenzaba a tener un peso considerable sobre la balanza de pagos del país y demandaba medidas para contenerlas, ya sea me- diante una reducción de las mismas, ya sea por unacompensación con exportaciones equivalentes depatentes japonesas. Por todas esas razones, las perspectivas guber-namentales consisten en alentar las inversiones eninvestigación y desarrollo dentro mismo del país.Esa política se apoya con ventaja en las1consecuencias de los criterios utilizados his-tóricamente por los industriales y el gobiernojaponés; porque las compras de patentes no fueronel resultado de una actitud pasiva tendiente a reci-bir como tales los productos de la investigación en elexteror, sino un esfuerzo serio para utilizarlos enfavor del desarrollo económico nacional. Japón esprecisamente el único país que ha importado tec-nología adaptándola a sus posibilidades nacionaleshasta crear una industria de vanguardia apoyadapor expertos capacitados para continuar el procesoen forma sostenida. La experiencia histórica, cuando no la teoría,demuestran que un país no puede importar ningúnbien productivo en forma positiva si no cuenta conun caldo de cultivo adecuado para que fructifiquecon el tiempo. Las críticas que se hacen en los países
  • 34. 36 subdesarrollados a la tecnología extranjera consisten muchas veces en destacar que ella no se adapta a las necesidades y posibilidades del merca- do local, sin comprender que esa adaptación puede, y en general, debe hacerse en el país mismo. Ningún receptor de tecnología puede aprovecharla íntegramente si no tiene el personal calificado para seleccionarla primero y para adaptarla después. La gran ventaja japonesa consistió precisamente en su capacidad para llevar adelante esa doble política. Los resultados pueden apreciarse en cierta medi- da a través de los datos sobre la evolución indus- trial. La productividad de la mano de obra aumentó a razón del ritmo casi increíble del 10 por ciento anual en los últimos años. Consecuentemente, el producto por obrero se multiplicó tres veces y media entre 1955 y 1970; un índice más que elocuente de las posibilidades productivas de la economía moderna. El gobierno no estuvo ausente tampoco en ese desarrollo. El poderoso Ministerio de Industria y Comercio (conocido por sus siglas MITI) y que personifica la continuación de esa curiosa relaciónempresario-estatal que caracteriza al país, fue elorganismo que controló y coordinó el proceso de adopción de tecnología. El fue el primero eñ el mundo en crear un registro permanente y completode la tecnología disponible en el mercado inter-nacional, sus características y costos. Cada vez queun industrial japonés desea firmar un contrato delicencia debe recurrir al MITI,quien le dirá si esatecnología es la más avanzada disponible y si suscostos son adecuados; de más está decir que unarespuesta negativa implica la prohibición de firmarel contrato... y el MITI, que controla los créditos, laslicencias y las normas industriales, tiene el podersuficiente para hacer imponer su opinión sobre elempresario rebelde. Aunque no se refiere directamente a la tecnología,es importante señalar que el gobierno prohibió en lamayoría de los casos la compra de marcos o diseñosque implicasen una erogación de divisas sin bene-ficio aparente para la economía local. De esamanera, el mercado japonés fue por mucho tiempouno de los más protegidos del mundo por cuanto nose veían en él la mayoría de las grandes marcas
  • 35. 37 internacionales que imponen sus nombres en todos los letreros luminosos del planeta. El gobierno supo distinguir prematuramente en este sentido lo que muchos otros gobiernos ignoraron: la diferencia entre compra de conocimientos relevantes y compra de activos comerciales, cuyo valor sólo se puede justificar en función de la apertura del mercado internacional y de los beneficios que se logren a través de él. El MITI es también el organismo encargado de regular la dirección de la actividad industrial. Ese ministerio se ocupó con ese objetivo de centrar la compra de tecnología en las industrias básicas, donde Japón ha logrado ahora un puesto de avanza- da. Un caso típico, pero que puede extenderse a otras industrias, es el de la producción siderúrgica, que está imponiendo su propio ritmo a la actividad a nivel mundial. Los japoneses no tenían una gran experiencia en la actividad y apenas habían supera- do antes de la guerra el escalón mínimo de produc- ción; luego se pusieron a la vanguardia en laaplicación de nuevos conocimientos y, en especial, fueron los primeros en adoptar masivamente losnuevos procedimientos para producir acero enhornos básicos de oxígeno. Hoy son la única po- tencia industrial que produce todo su acero con esa técnica. También aquí la desaparición casi comple- ta de la industria debido a los bombardeos, les permitía encarar nuevos proyectos partiendo de las mejores técnicas y sin preocuparse por las ins-talaciones existentes que estaban reducidas a cha- tarra. Los Estados Unidos, en cambio, al igual que lospaíses europeos, mantienen todavía equipos e instalaciones de preguerra —mucho menos produc- tivos— y que ya no existen en Japón. Por supuesto,que el desarrollo de la producción llevó a todos lospaíses a incorporar nuevas plantas con nuevastécnicas, pero esas plantas se agregaron a lasexistentes mucho más antiguas. En cambio, enJapón toda la industria es nueva y además, moder-na. Las nuevas técnicas obligaron a aumentar el nivelmínimo de las economías de escala necesaria, ynuevamente los industriales japoneses marcaron el
  • 36. 38 paso; ahora están construyendo plantas de acero integradas de una capacidad mínima de producción de 4 millones de toneladas de acero, ubicadas sobre el mar para reducir los fletes de transporte de ma- terias primas así como el costo de los productos terminados que se ve muy influido por ellos. Las modificaciones en la técnica naviera que llevaron a cabo les permite recibir el mineral de hierro de Australia, procesarlo y enviar el acero a los Estados Unidos, donde llega, después de haber recorrido tres continentes, a un precio inferior del producido localmente. La última innovación consiste en la incorporación de computadoras a la producción; ya hay 372 unida- des ayudando a aumentar la planificación y el control de la industria del acero. Japón ocupa ahora el tercer lugar por el volumen de la producción dentro de la siderurgia mundial, apenas detrás de ios Estados Unidos y la URSS,a los que espera al-canzar en breve. Hace un par de años logró unprimer éxito en ese sentido al organizar la compañíaprivada más grande del mundo en la actividad. Elnacimiento en 1969 de la New Nippon Steel Co., producto de la fusión de dos empresas existentes, diolugar a un gigante cuya producción supera a la arro-jada por la famosa U. S. Steel. El objetivo de losjaponeses consiste siempre en arrebatarle su lugaral primero, en competir en toda la línea; el criteriode una auténtica potencia mundial —como diría ungeopolítico. El tamaño de una compañía es sólo un índice delos fenómenos de industrialización, porque elcrecimiento de la producción siderúrgica japonesafue realmente espectacular. Antes de la guerra ha-bía llegado a producir en total 7 millones de tonela-das anuales, una cifra irrisoria en comparación conla correspondiente a las potencias occidentales.Luego consiguieron recuperar el mismo nivel deproducción en 1951, pero esa vez no se detuvieronallí. En 1960 alcanzaban los 22 millones de toneladasproducidas par-i saltar, en 1970, a la magnitud fa-bulosa de 93 millones (Estados Unidos y la URSSpujan por el primer puesto con aproximadamente120 millones de toneladas cada uno). En 1971, la aguda contracción del mercado inter-
  • 37. 39 nacional y sus ^repercusiones sobre la economía nacional, impidieron que la industria alcanzara la cifra mágica de 100 millones de toneladas, pero ya nadie tiene dudas que Japón será el primer produc- tor mundial en pocos años, dada su tasa vertiginosa de crecimiento en relación al semi-estancamiento de los principales productores. Uno de los inconvenientes de las estadísticas es que no siempre sirven para visualizar la magnitud de ciertos procesos. Por eso parece conveniente poner en perspectiva ese avance vertiginoso me- diante algunas comparaciones más cercanas a nuestros marcos de referencia. La producción de to- da la América Latina alcanzó en 1971 a 14 millones de toneladas; es decir que Japón, que en 1960 ya pro- ducía una cantidad mayor de acero que toda nuestra parte del continente, amplió su capacidad instalada en una década en cinco veces más que toda la existente en América Latina. Para una com- paración todavía más familiar, basta decir que nuestro país alcanzó recientemente los 2 millones de toneladas de acero, luego de largos años de esfuer- zos que algunos denominan la "batalla de acero" ; Japón instaló una capacidad igual cada tres meses. Y ese ritmo lo mantuvo en forma constante durante una década. La victoria en la siderurgia llevó a otra victoria en la industria naval. Los astilleros japoneses superaron a todos los demás países en la producción de barcos, arrojando en los últimos años nada menos que la mitad del tonelaje botado mundial- mente. También allí se pusieron a la vanguardia del progreso técnico desarrollando tanto nuevos mo- delos como nuevas formas de producir barcos. Ellosson los creadores de los superpetroleros que están comenzando a surcar los mares, los promotores de los nuevos buques de transporte de minerales y los creadores de un sistema de armado semistandardi- zado que permite reducir apreciablemente los tiempos y costos de la producción. De la misma manera que en la industria naval y siderúrgica, los japoneses comenzaron comprandolas licencias existentes en la industria electrónicapara ponerse luego a la cabeza de la producción enese ramo. Ellos no inventaron el transistor, pero
  • 38. 40tienen el mérito de haber logrado su aplicación comercial en forma masiva. Luego de varios siglos, están repitiendo al revés la historia de los des- cubrimientos asiáticos que se convirtieron en base de la supremacía occidental. Pero los nuevos conocimientos no los transportan los viajeros curiosos sino las empresas de alcance mundial. Marco Polo ha sido reemplazado por la gran cor- poración y el ritmo de cambio se ha acelerado vertiginosamente. Apenas dos décadas después del descubrimiento occidental del transistor, los japoneses son los principales productores y exporta- dores mundiales de receptores de radio y de tele- visión en negro y color, así como de los sucesivos productos que desarrolla la industria con vistas al consumo masivo. Todo ocurre como si los japoneses fueran avan-zando industria por industria para ocupar el primerpuesto en el rango mundial. Por ejemplo, ni bien ha-bían asentado su producción en las ramas men-cionadas, comenzaron a desarrollar vigorosamentela producción de cámaras fotográficas. En 1960, susplantas arrojaron 1.800.000 unidades al mercado; en1970 habían llegado a las 5.800.000 unidades de todotipo. Las exportaciones de 1971 ya absorbían la mi-tad de la producción y totalizaban nada menos que120 millones de dólares. El embate japonés obligó alos productores europeos tradicionales a tomarserias medidas de defensa para no ser desalojadosdefinitivamente del mercado. Algunas de ellas re-flejaban casi el pánico ante la imposibilidad decompetir ; su respuesta a veces se resumía direc-tamente en el cierre de la planta y otras mediante eltraslado de la producción a los países de mano deobra de bajo precio del Sudeste Asiático, perosiempre levantando barreras aduaneras en susmercados locales. Y sin embargo difícilmente sepueda decir que lograron recuperar la tranquilidad. La voz de alarma de los fabricantes europeosclásicos de productos de precisión, se difunde ahoraentre los fabricantes suizos de relojes, porque eseparece ser el nuevo campo elegido por losjaponeses: 6 millones de unidades producidas en1955; 13 en 1960; 50 millones en 1970. Las
  • 39. 41 progresiones resultan fantásticas por sus ritmos. Las exportaciones de relojes (11 millones de unida- des en 1969) proveen de 95 millones de dólares al país. En Suiza crece la preocupación de los medios oficiales y privados. Sólo una vigorosa reorgani- zación de la industria relojera de los cantones —to- davía semiartesanal y distribuida en un enorme número de pequeñas empresas— podrá frenar la competencia del nuevo gigante asiático y su produc- ción en cadena caracterizada por la aplicación de tecnología ultramoderna. Como en otros casos ya mencionados, los primeros relojes japoneses eran prácticamente copiados de los occidentales; ahora acaban de anunciar un reloj electrónico sin muelle, cuya exactitud sería tal que sólo arrojaría una di- ferencia de tiempo de un segundo en un siglo y que los colocaría a la vanguardia de la industria. Los ejemplos pueden continuarse, pero la morale-ja resulta clara. Importando tecnología foránea seleccionada por su precio y calidad, adaptándola en forma creadora y avanzando sabiamente rama por rama, a lo largo del espectro industrial, desde la producción de medios de producción hasta la de pro- ductos de consumo masivo, los japoneses lograroncrear un poder industrial sin precedentes por sudinámica y modernismo. Ahora su industria puedecompetir orgullosamente con cualquier otra, en casi todas las ramas ; y en buena parte de ellas, lleva lasde ganar. La estrategia industrial, que aquí se ha resumidoa los elementos fundamentales, no explica por sísola el milagro japonés; una serie de otras variablesinterviene eficazmente en esos logros y será anali-zada en los capítulos siguientes.
  • 40. La estrategia exportadora La avalancha exportadora japonesa sobre los mercados mundiales logro, en un lapso muy breve, imponer una serie de productos y marcas nuevas en los mayores países del globo; la presencia de esasmercancías ayudó a generar el mito de que el desarrollo económico de esa potencia asiática se basó, principalmente, en la actividad de expor- tación. En realidad, la energía irradiada hacia elexterior por aquel país no fue más que laconsecuencia lógica de su vertiginoso crecimientoen todos los campos de la producción, aunque no ca-be duda que su éxito tuvo un papel destacado en lasolución de los problemas del estrangulamientoexterno. Las restricciones de la balanza de pagos,que comenzaron a principios de la década de losaños cincuenta, fueron superadas rápidamentegracias a la exportaciones hasta plantearlas a unnuevo nivel muy superior en los años recientes, enque se enfatizan los problemas estratégicos respec-to a los económicos. Paralelamente, ese éxito sirviócomo pocos para convencer al mundo entero de quehabía surgido una nueva potencia industrial. El crecimiento de las exportaciones japonesasalcanzó el ritmo medio casi increíble de 16% por añoa lo largo de la década de los sesenta, que le permi-tía duplicar su magnitud absoluta cada cuatro añosy medio. De un total de 2.000 millones de dólares en
  • 41. 44 el año 1956, ellas alcanzaron los 19.000 millones en 1970, convirtiendo al país en uno de los principales exportadores del mundo. Su participación relativa en el comercio mundial creció, en consecuencia, del 2,6% del total en 1957 al 4,8% en 1965,para trepar hasta el 6% en 1970. En ese último año sólo tres grandes países lo superaban por el volumen de sus exportaciones: los Estados Unidos, Alemania y Gran Bretaña, aunque no son demasiado extremas las posibilidades de que alcance un segundo puesto en un futuro próximo. Pese a ese salto gigantesco, la importancia del comercio exterior japonés es relativamente peque- ña. El mismo es inferior, respecto a su producto interno, que el observado antes de la guerra, y de menor importancia que el correspondiente a la mayoría de los países industrializados. La proporción de las exportaciones respecto al produc- to bruto interno era del 20,8% en 1931 con una estruc- tura económica y una orientación de las expor- taciones muy diferente de la actual. Luego de la guerra, dos" tactores intervinieron para reducir violentamente sus operaciones con el exterior,uno deorigen interno, debido a la dislocación de su baseindustrial como resultado del conflicto, y otro de origen externo, centrado especialmente en la pérdi- da de todas sus colonias del sudeste asiático. A partir de 1950, el comercio exterior comenzó aaumentar lentamente y, en 1960, las exportaciones alcanzaban a ser un 12,8 del producto interno. Luego tendió a bajar para establecerse en un valor de alre-dedor del 12% en los últimos años. En comparación,Alemania Occidental exporta el 19% de su productobruto, igual que el Canadá, mientras un país peque-ño como Holanda —para el que las exportacionesson vitales— llega a una proporción del 33%;solamente los Estados Unidos, debido al enormepeso de su mercado interno, tienen una relación ne-tamente inferior a la japonesa (que oscila alrededordel 4% de su producto bruto). Contrariamente a una creencia extendida enOccidente, el éxito de las firmas japonesas en elextranjero es en buena parte función de una elevadademanda interna. El análisis de los diversos casos,muestra que pocos empresarios se lanzaron a L
  • 42. 45 producción en serie de aquellos productos para los que no existía previamente un mercado disponible en el interior del país, y sólo después comenzaron a buscar nuevos horizontes. En la industria, desde los paraguas hasta los transistores, el desarrollo tuvo como objetivo satis- facer el mercado nacional en plena expansión, comoconsecuencia de la mejora en el nivel de vida, o de lademanda gubernamental, o del aumento de la po-blación; y las exportaciones comenzarongeneralmente con algunos años de retraso respectoal primer gran impulso industrial. Algunos casos sintomáticos son bien representati- vos de la situación. Se ha señalado recientemente que, pese al avance de los artículos basados sobre el transistor—donde tiene una primacía indiscutible— la industria electrónica japonesa no ha logrado hasta ahora producir una buena máquina grabadora para dictado en oficinas. La razón parece ser muy simple; la escritura japonesa, que mantiene los símbolos tradicionales de épocas lejanas, no es aptapara la utilización eficiente de una máquina deescribir; en consecuencia, es muy escasa la utili-zación de las máquinas existentes (que requieren undoble movimiento vertical al mismo tiempo quehorizontal para satisfacer las necesidades derepresentación de la infinidad de signos que com-ponen su alfabeto) y menos aún el trabajo de dac-tilógrafas o estenógrafas. Esa anomalía del lenguaje escrito oriental haimpedido hasta ahora el desarrollo adecuado deequipos de oficina que ya son corrientes en Occiden-te y ha frenado el desarrollo de las exportaciones enese sector. La falta de una demanda interna ha sidoen diCi.a línea la causa principal de la dificultadpara encauzar la producción hacia el mercadoexterior. Los datos sobre la importancia de la demandainterna no deben tomarse en forma absoluta, sinocomo indicativos de, las relaciones entre el mercadoexterior y el interior. Más aún, la relación de lasexportaciones con el producto bruto no refleja laproporción correcta de su importancia económica,salvo para análisis muy limitados. En efecto, a me-dida que una economía se vuelca hacia el sector
  • 43. 46 servicios, la importancia de las exportaciones respecto al producto bruto puede decrecer mientras mantiene su valor respecto a la producción indus- trial. Por eso conviene comparar la importancia del comercio exterior respecto a la producción de las di- versas ramas industriales, donde se notan diferen- cias significativas de participación. Las expor- taciones japonesas de hierro y acero, por ejemplo, equivalen al 20% de la producción total del sector y una proporción similar se encuentra para la rama de producción automotriz. Estos parecen ser losporcentajes más altos de participación del comercioexxerior en la industria japonesa, al menos para susramas más significativas; en las demás ramas suproporción es mucho menor. En la industria electró-nica se reduce al 15% de la producción total, y parala química sólo alcanza a un pobre 7%, pese a quelas exportaciones de productos químicos se mul-tiplicaron por diez en la última década, hasta llegarpor sí solas a un valor de 1.200 millones de dólares en 1960. Prácticamente todas las exportaciones japonesascorresponden a bienes industriales con excepción dealgunas ventas menores de maderas y productosagrícolas. Además, sus ventas están concentradasen productos de hierro y acero, maquinaria ytransporte, y otras ramas tecnificadas como laelectrónica y la química. Las características de susexportaciones definen con nitidez los mercados a losque deben dirigirse, que son especialmente lospaíses en vías de industrialización o los países yadesarrollados de Occidente. En particular, las ex-portaciones a los Estados Unidos, que se destacancomo mercado natural para el Japón por su posicióngeográfica, abarcan nada menos que el 30% de susventas al exterior. De esa manera, aquel país se haconvertido en principal cliente de la industrianipona; un honor que la nación más grande delmundo no está muy conforme de disponer y frente alcual ha tomado una serie de medidas restrictivas yde control. Los norteamericanos comenzaron comprometien-do a los japoneses, mediante diversos medios depresión para que mantuvieran un sistema de cuotasmáximas de participación en el mercado estadouni-
  • 44. 47dense para una serie de productos, de manera de evitar una competencia que parece ruinosa para sus propias industrias que se encuentran a la defensiva desde hace tiempo frente a los menores precios japoneses. Ahora también exigen a Japón, además, que les compren más mercaderías para equilibrar la balanza comercial desfavorable con este país. Durante largo tiempo los industriales japoneses encontraron posible sortear las restricciones nor- teamericanas con una cuota inagotable de astucia; en el caso de la siderurgia, aceptaron limitarse en tonelaje a 10% del mercado estadounidense para de- dicarse inmediatamente a enviar aleaciones de mayor valor que les permitieron tomar un 16% del mercado en dólares, manteniendo la restricción envolumen. Como en la historia de aquel que sepresentó ante el rey vestido y desnudo al mismotiempo, los industriales japoneses cumplen al pie dela letra sus compromisos, pero se preocupan de queesa letra no afecte el desarrollo efectivo de susnegocios. Pero, últimamente, la ofensiva del go-bierno de Nixon ha tomado un carácter global quehace cada vez más difícil la penetración comercial.En una reunión con el premier japonés, el Presi-dente Nixon lo comprometió a que su país importemercaderías norteamericanas adicionales por unvalor de mil millones de dólares para compensar eldéficit de su balanza comercial. El gobierno deTokio aceptó aparentemente esperando desarmaren parte los dispositivos de control que encuentra ensu avance, aunque no parece que esta vez lo hayalogrado. A los sistemas de cuotas de importación yla amenaza permanente de imponer considerablestarifas aduaneras, se agrega la devaluación deldólar combinada con exigencias y presiones para larevaluación del yen; en un año y medio la paridadentre ambas monedas se ha visto modificada en na-da menos que 30% en perjuicio de las exportacionesjaponesas. Sin embargo, las mercancías del in-dustrioso pueblo de Oriente siguen entrando aprecios competitivos a los mercados nor-teamericanos; el porqué de ese milagro es algo quepreocupa a numerosos estudiosos y cuya solución noparece fácil.
  • 45. 48 Desde que los Estados Unidos comenzaron supolítica de limitaciones de las mercaderías ja-ponesas, en Europa se encendieron las señales de peligro; es probable —decían— que Japón busque descargar en el Viejo Continente los productos que ya no encuentren colocación en el mercado americano. A diferencia de los Estados Unidos, Europa tiene una barrera natural que es la grandistancia a que se encuentra del Lejano Oriente y elcosto de transporte; tiene asimismo una políticaproteccionista organizada que facilitaría el rechazode ciertos productos si el Japón intenta penetrar conímpetu en sus mercados y todas las declaracionesindican que está alerta, temerosa y preparada paraaplicarla. Los impedimentos comerciales planteados porEstados Unidos, así como las perspectivas plantea-das en Europa, están haciendo reflexionar lar-gamente a los dirigentes de Tokio sobre su futuraestrategia comercial. Los avances hacia China y laURSS, que están ya superando la timidez de losprimeros pasos, forman parte de su búsqueda en prode un nuevo equilibrio en sus relaciones econó-micas. Pero todavía esos mercados no son suficien-temente importantes para Tokio; sus exportaciones a los países del bloque comunista apenas superaron los mil millones de dólares en 1970, un escaso 5% desus operaciones totales. De ellas, la mitad fue a China Popular, y el resto a la URSS y los demás países del Este de Europa. Las posibilidades reales que ofrecen esos mercados recién se conocerándentro de unos años y es muy difícil hacer predic-ciones por el momento, aunque pueden señalarsealgunas características. El mercado más lógico yfácil para Japón, es el de China, pero ese país esdemasiado pobre todavía como para absorber unacantidad considerable de mercaderías; la únicaposibilidad a corto plazo consistiría en que Pekínpudiera entregar alguna materia prima requeridapor su poderoso vecino a cambio de máquinas yequipos. En la URSS, Japón compite ya con losEstados Unidos por la explotación de las riquezasmineras de Siberia, donde se ve desfavorecido por
  • 46. 49los acuerdos políticos y estratégicos de las dossuperpotencias. En el Este de Europa, en fin,además de la distancia debe superar la competenciade Europa Occidental que está organizando desdehace varios años su penetración económica yfinanciera de la región y goza de toda unasuperestructura ya instalada a tal éfecto. El último gran mercado disponible para Japón es el del sudeste de Asia, donde algunos pueblos se están industrializando rápidamente apoyados en una población abundante y dispuesta u obligada a trabajar por un salario escaso; las posibilidades de acción en esa región se facilitan por las contradic- ciones políticas mundiales que ofrecen un amplio margen de maniobras económicas a los más osados. Para ello, las ventas japonesas a las Filipinas, por ejemplo, son apenas inferiores en valor a las que efectúa a los mercados de Alemania Occidental o de Gran Bretaña; y las exportaciones a Corea del Sur son muy superiores a aquéllas. El avance japonés se ve facilitado por su mejor conocimiento de la mayor parte de los países de la región respecto aldemostrado por las potencias occidentales, y en algunos casos sus avances fueron notables; en varios mercados nacionales lograron ya desplazar a los Estados Unidos para convertirse en el principal proveedor. ¡ La tercera potencia industrial del mundo y la primera de Asia, parece seguir el mismo camino de expansión que intentaron sus ejércitos en la década del treinta; pero ahora bajo la forma de una in- vasión pacífica realizada con mercaderías a bajo precio en una zona donde la presencia militar norteamericana es predominante y donde fenó- menos como el comunismo chino han cambiado sus relaciones internas de poder. Pero el éxito del Japónen el Sudeste Asiático sólo será coyuntural si esospaíses no se desarrollan a un ritmo suficiente comopara absorber una masa creciente de sus mercan-cías, io que no parece muy probable; en caso con-trario, el país deberá encontrar nuevos mercados omodificar su política de crecimiento. Antes de analizar este último problema es con-veniente conocer otros elementos de la estrategia
  • 47. 50japonesa; para ello falta cerrar el estudio de laofensiva exportadora con el de los grandes com-binados de comercio exterior.
  • 48. í El abastecimiento de la mano de obra Todo proceso de desarrollo obtiene un ritmo acelerado cuando al aumento de la productividad logrado por la inversión industrial se agrega un incremento absoluto de la población trabajadora. Para el primer elemento hace falta una cierta magnitud de ahorro entre otros condicionantes; para la segunda, una reserva potencial de mano de obra de suficiente importancia y en condiciones tales que pueda ser absorbida a lo largo del proceso. Esta última experiencia se ha repetido de una manera u otra en los distintos países que pasaron por un proceso significativo de desarrollo. Los países "nuevos" como Estados Unidos, el Canadá y en cierto momento la Argentina,lograron esas masas necesarias de trabajadores mediante la atracción dé inmigrantes europeos con la oferta prometedora de progreso y bienestar en propor- ciones muy superiores a las existentes en Europa, principal emisora de población en el siglo XIX y primeras décadas del actual. En otros países el proceso se logró a través de formas más o menos combinadas. La URSS utilizó la casi inagotable masa de trabajadores que le pro- veía la organización de una agricultura arcaica y sobrecargada de campesinos que, a partir de 1930,
  • 49. 52 emigraban ordenadamente hacia las ciudades para movilizar los gigantescos complejos industriales que surgían al amparo de los planes quinquenales.La Italia de posguerra supo utilizar, en un medio de empresa privada tutelada por el Estado, las reservas de población del Sur menos desarrolladoque migraron al Norte cuando comenzó el augeindustrial. Muchos de esos emigrantes continuaronsu viaje hasta Suiza o Alemania en la medida en queaquellos países ofrecían condiciones mejores desalarios, pero otros quedaron para abastecer lascrecientes necesidades de la industria nacional enpleno auge; actualmente, hasta el cine y la li-teratura están mostrando en forma creciente elimpacto social y psicológico de esa gran trans-ferencia interna de gente, sobre el mapademográfico de Italia. En Alemania Occidental, los primeros años de posguerra vieron el aflujo ininterrumpido de los ha- bitantes de las zonas ocupadas por las tropas sovié- ticas y cuyo número sumó varios millones antes que los controles aplicados —incluido el muro de Berlín— frenasen la sangría humana que amenaza-ba reducir a la nada el potencial demográfico de la República Democrática Alemana. Más tarde, el milagro alemán atrajo fácilmente los trabajadoresde los países periféricos de Europa: los italianos delSur se mezclaban con inmigrantes turcos y griegos,al mismo tiempo que los españoles se confundíancon los portugueses que arribaban en masa paraentrar a trabajar en las instalaciones industrialesalemanas. Hoy se calcula que más del 10% de lamano de obra de ese país está formada por extran-jeros; en algunas ramas industriales la proporciónsube hasta el 20%, porcentajes que ya llaman a lareflexión a los dirigentes sindicales y gubernamen-tales alemanes por sus profundas implicanciaspolíticas y sociales. Asimismo, resulta casi ocioso recordar que eldesarrollo de Francia se basó en los últimos años enla utilización de una enorme reserva campesina quese mantenía en el régimen arcaico de la pequeñapropiedad desde antes de la Revolución Francesa yque comenzaron a movilizarse últimamente (unos 5millones emigraron en los últimos diez años a los
  • 50. 53 centros urbanos); en el arribo de colonos franceses radicados en el exterior que decidieron regresar a su patria a consecuencia de la independencia de las colonias (dos millones retornaron solamente de Argeiia después de 1960); y al arribo de extranjeros, especialmente los de habla francesá, como la creciente inmigración árabe que llega del Norte de Africa (particularmente argelinos y tunecinos), escapando de la desocupación masiva de sus patrias de origen. Japón no escapó a esta regla aunque se ve someti- do a restricciones particulares. En primer lugar, no utilizó mano de obra llegada del exterior y parece difícil que eso pueda ocurrir. Ocupando un grupo de islas superpobladas con más de 100 millones de ha- bitantes que se extienden sobre una superficie in- ferior a la que cubre la provincia de Buenos Aires, Japón no puede elegir un crecimiento permanente de su población cuando hay signos evidentes de sa- turación en ciertas regiones. Esa es también una de las razones que lo llevan a insistir sobre la necesi- dad de aumentar la productividad de la mano de obra y que presionarán, sin duda, por un cambio futuro de la política económica, como se verá más adelante. Tradicionalmente el país fue un emisor de manode obra que partía alternativamente hacia paísesnuevos o a producir en las colonias ocupadas por elImperio. Los controles en los países de inmigraciónimpidieron siempre establecer una corriente con-tinua de seres humanos como la lograda en ciertasépocas entre distintas regiones de Europa y deAmérica; en cambio, luego de la posguerra, eseexcedente potencjal de población que no encontrabahacia dónde dirigirse, sería absorbido por el intensodesarrollo económico del país. Las fuentes de la mano de obra para el desarrollojaponés de posguerra, provinieron de dos recursosdiferentes, la agricultura y las pequeñas empresas,pero especialmente de la primera. Entre 1940 y 1955la población activa ocupada en la agriculturamantuvo una participación aproximadamenteconstante en el orden del 42% de la población activatotal. En un país de escasa superficie, esa cifra revela-
  • 51. 54 ba por sí misma la existencia de una superpoblación agrícola, incluso si la demanda nacional de alimentos reclamaba una explotación intensiva del suelo. Precisamente por esa causa, el despegue manufacturero y la consiguiente atracción de las ciudades promovió una rápida migración hacia ellas. En 1970, la población activa ocupada en la agricultura se había reducido al 17% del total; esa disminución significó el desplazamiento de unos 7 millones de campesinos hacia las actividades ur-banas en sólo 15 años, a las que arrastraron —sin duda en forma definitiva— a sus hijos, algunos de los cuales comienzan a entrar en el mercado de tra- bajo. Al mismo tiempo, no debe olvidarse que la expansión de la población activa es también, encierta medida, un subproducto del crecimiento de lapoblación registrada en los últimos años luego delboom de nacimientos de posguerra, que se produjosiguiendo un curioso fenómeno en todas las nacionesque participaron en el conflicto. Actualmente, lasproyecciones demográficas indican que la poblaciónseguirá creciendo hasta aproximadamente 1990,para detenerse posteriormente con eL consiguienteestancamiento en el aprovisionamiento de mano deobra nacional. La segunda fuente, de menor importancianumérica pero de gran importancia social, es laprovista por las pequeñas empresas. En Japón hayinfinidad de ellas ocupando una o dos personas queen total suman varios millones de trabajadores. Engeneral, esos trabajadores están suficientementecalificados para el trabajo técnico y hacia ellos sedirigieron las grandes empresas para obtener elpersonal necesario. Aunque no hay datos concretos^al respecto, parece que esas empresas fueron lleva-das por las condiciones del mercado a asumir elpapel de preparar para la producción industrial a lamano de obra que^llegaba al mercado de trabajo. Deesa manera, cumplieron un papel social de granimportancia, con escaso o ningún costo de inversiónpara el Estado o para las grandes empresas. En resumen, durante la primera década y mediade progreso económico, la contracción de laagricultura y de la pequeña industria ofreciómillones de hombres al desarrollo industrial. La
  • 52. 55 oferta de mano de obra comenzó luego a reducirse hasta que, a partir de 1965 aproximadamente, se no- tan dificultades en este sentido. Se ha planteado que si Japón lograra reducir su población agrícola al porcentaje alcanzado en los Estados Unidos, que oscila en el 6%, todavía podría ofrecer varios millones de hombres a las demás actividades. El problema consiste en que la agricultura japonesa es fuertemente intensiva, para arrancar a la tierra los alimentos necesarios para la vida de la población y sus características contrastan ne- tamente con las de los Estados Unidos con exceden- tes de tierra cultivable. Por eso, la migración de la agricultura requerirá una mecanización de la misma de alta intensidad para mantener la produc- ción, lo que no parece fácil dada la característica montañosa de buena parte de la tierra cultivable ydel régimen de pequeña propiedad que conspiran simultáneamente contra las posibilidades de mecanización nacional. Al v mismo tiempo, la agricultura japonesa ha logrado obtener rendimien- tos muy elevados por hectárea que, si bien se logran a expensas de una mayor cantidad de trabajo aplicado, permiten reducir la necesidad de importar esos productos para abastecer el consumo interno. Como en% todos los otros países donde ha ocurridouna situación similar, la reducción del flujo posiblede trabajadores provocará cambios sensibles en lasituación social. Ya se ha comprobado reitera-damente que en esas condiciones los obreros tomanconciencia de su posición estratégica y se lanzan areclamar mejoras en las condiciones de trabajo y elnivel de los salarios, que aceptaban mientras la tasade desocupación los presionaba a soportar lospromedios existentes. No cabe duda que en este pro-blema también actúan condicionantes sociales dedistinto tipo, entre los que se cuentan los del origendel trabajador. Los obreros extranjeros se vengeneralmente impedidos de actuar sindicalmentepor miedo a ser expulsados del país o por las dificul-tades que pueden representar para ellos el idioma olas costumbres del lugar de llegada, cosa que ocurremás difícilmente con los obreros nacionales. En to-do caso, no parece ser puramente casual que los dosgrandes movimientos obreros de Europa Occidental
  • 53. 56 en la última década se hayan producido en Francia e Italia, los dos países con el menor porcentaje de mano de obra extranjera. En Japón hasta ahora la experiencia fue nota- blemente diferente y la paz industrial fue una de las raíces más curiosas del milagro japonés. A pesar de la fuerza de los sindicatos no se registró una sola huelga importante en toda la década de los sesenta. Más aún, en los casos menores en que se produjo, ella se limitó en la mayor parte de los casos a una paralización simbólica del trabajo, sin agitación obrera, y de manera que la producción se interrum- piera a lo sumo por algunas horas. La remarcable estabilidad del sector industrial de aquel país, que ha provocado la envidia de los dirigentes em- presarios del mundo entero, no puede explicarse por un solo factor. Sin duda, intervinieron en ella elementos psicológicos que deberían ser analizados por un conocedor profundo del país, como las consecuencias de la derrota militar, el espíritu nacionalista, la casi inexistencia de corrientes iz- quierdistas, el apoyo de las direcciones sindicales a los objetivos del desarrollo nacional, etc. También intervino la política de ingresos del go- bierno tendiente a lograr incrementos de salarios en forma continua ; el aumento acelerado de la produc- tividad del trabajo permitió lograr ese objetivo sin afectar los beneficios empresarios. Los ingresos reales de los trabajadores crecieron a un promedio del 5% anual entre 1955 y 1970, con una tendenciaclara hacia la aceleración después de 1965 (el in-cremento fue del 8,3% en 1970). Sin embargo, elcrecimiento del producto bruto fue más rápido aún,y la participación de los asalariados en el ingreso nacional se redujo del 61% en aquel año base al 50%en 1970. Obsérvese que la parte de los beneficios y,enconsecuencia, del ahorro de las empresas, aumentóhasta tener una participación en el producto brutosuperior a la de los países occidentales desarrolla-dos y que ese aumento se logró al mismo tiempo quese notaba un incremento continuo e importante delsalario real. Cuando las magnitudes de la torta, llamada in-greso nacional crecen al ritmo japonés, es posibleaumentar la parte de cada uno —aunque no sea en
  • 54. 57 forma equitativa— sin afectar los beneficios de los demás. Una experiencia muy distinta a la de la Argentina de los últimos años, donde a una tasa relativamente modesta de desarrollo se une una intensa puja por la parte correspondiente a cada sector, que se resuelve en una inflación desenfrena- da y una inestabilidad crónica. En resumen, las reservas potenciales de la mano de obra disponibles en la economía y el logro de la paz industrial —o sea de la pasividad obrera— juntocon el pleno empleo, fueron factores no desprecia- bles en el curso del milagro japonés. Las tendencias actuales señalan la dificultad que el proceso se mantenga con iguales características, aunque no por eso parecen faltar estrategias de recambio. El aumento continuo del salario real y el mantenimien- to de la elevada disciplina de los trabajadores pue-den alejar el peligro de una explosión como la sufri-da por Francia en mayo de 1968, o el "veranocaliente" de Italia al año siguiente, y ofrecen a laeconomía nacional posibilidades competitivasdesconocidas en otras regiones. Pero ese tipo deafirmaciones no pueden hacerse en abstracto, re-quieren un análisis detallado de la actitud de los tra-bajadores hacia el sistema, que se hace muy difícil alos observadores occidentales por la acción de labarrera del lenguaje y de las costumbres. En todocaso puede decirse que el milagro económicojaponés se vio favorecido por ese milagro social dela pasividad obrera, que dio vía libre a una serie deprioridades que conspiraban contra las aspiracionespopulares, como se verá más adelante.
  • 55. Los grandes combinados del comercio exterior El impacto logrado por los industriales japonesesen el mercado mundial no fue producto exclusivo de su capacidad productiva, sus precios competitivos,su potencia industrial, ni mucho menos, unaconsecuencia de la acción espontánea de las fuerzaseconómicas. Fue,en buena medida, un éxito logradoa través de una planificación cuidadosa y una or-ganización bien montada, cuya operación es motivode estudio en el mundo entero para utilizarlo comoexperiencia. La célula básica de esa operación deconquista de los mercados de ultramar está consti-tuida por un puñado de empresas comerciales ex-portadoras e importadoras, conocidas como com-binados de exportación o empresas comercialesinte gradas. La eficacia de estas compañías en el logro de susobjetivos ha provocado numerosos estudios sobresus características y funcionamiento. Uno de ellosfue realizado por la CEPAL, y se trató en la Reuniónde Expertos sobre Formulación y Ejecución deEstrategias para la Exportación de Manufacturas,realizada en Santiago de Chile en julio de 1971.Muchas de las pautas analizadas en esa reunión yotros cónclaves latinoamericanos se están poniendoen marcha en diferentes países de la región, entre
  • 56. 60 los cuales Brasil parece estar a la cabeza. La ex- periencia es fructífera y por eso conviene analizarla en detalle. El sistema japonés ocupa una posición intermedia entre la comercialización centralizada por el Estado y la realización de acuerdos de venta directamente por las compañías productoras de la nación. Consiste fundamentalmente én una docena decompañías gigantescas, que realizan la comerciali- zación de toda la gama de productos disponibles enel país, que se ven acompañadas por una gran canti- dad de empresas mucho menores, pero especializa-das en ramas o mercaderías concretas. En total, hay unas 6.000 empresas comerciales en el Japón,pero esa cifra no debe llamar a engaño, porque elfenómeno de la concentración modifica totalmentesus resultados. De ellas, las 10 más grandes reali-zaron el 46,9% de las exportaciones totales y el62,3% de las importaciones del país en el año 1969;las 17 empresas que les siguen en magnitud, reali-zaron un 20% adicional de las exportaciones y un 15% de las importaciones en el mismo año. O seaque apenas 27 empresas manejaron las tres cuartaspartes del comercio exterior de uno de los prin-cipales países exportadores del mundo, y que sólolas diez primeras alcanzaron a tener una par-ticipación superior a la mitad del total. Comparado de otra manera, puede decirse que lasprimeras empresas integradas de comercio exteriordel Japón manejan un volumen de operacionessuperior al total del comercio exterior de laArgentina. Y, puesto que su participación en losnegocios del país se mantiene, siguiendo el ritmo fe-bril del comercio japonés, es probable que este añola más grande de ellas supere por sí sola el volumende operación que corresponde a un país me-dianamente exportador como el nuestro. El peso deestas compañías en el mercado mundial resultaentonces muy superior al que tiene cualquier expor-tador o importador aislado de la Argentina. Las otras 6.000 empresas comerciales japonesas—aunque de dimensiones unitarias muy reducidas—aparentan ser sumamente competitivas y bienorganizadas; algunas de ellas ofrecen serviciosespecializados y mantienen su participación en el
  • 57. 61 mercado gracias a su capacidad y dinámica. De to- dos modos, debido a su menor importancia económica, no pueden ser comparadas con los glandes combinados de exportación en cuanto a su eficacia para desarrollar masivamente el comercio exterior del país. Uno de los primeros aspectos que llama la atención en las empresas integradas más grandes es la diversificación de sus actividades comer- ciales; prácticamente todas las empresas comer- cializan todos los principales grupos de productos. En algunas se nota todavía una preponderancia de la rama textil, por ejemplo, pero eso se debe a quetradicionalmente esas empresas comenzaron pordicha rama; la tendencia actual señala una dis-minución paulatina de esa especialización por pro-ductos y un cambio en el reparto de productos que semantiene en relación con los cambios ocurridos enel comercio exterior del Japón. Debido a que todas las empresas grandes par-ticipan en todas las ramas, se aprecia una ciertacompetencia entre ellas; pero no demasiadoenérgica porque en general cada una de ellas estáespecializada con un criterio regional. Hay em-presas que comercian casi exclusivamente con laRepública Popular China, y otras especializadas enalgunos países de Asia, o los Estados Unidos,etcétera. Esa especialización a nivel regional,combinada con su diversificación en cuanto a laoferta y demanda de productos, parece ser lacaracterística clave de los combinados de expor-tación. Ella les da la posibilidad de actuar con unaestrategia global y les permite explorar a fondo laspotencialidades de cada mercado actuando comoverdaderas puntas de lanza de la economíajaponesa. Aunque son compañías privadas, su modo deactuar es una mezcla curiosa de actitudes de dosmundos. El beneficio comercial es tan bajo que enciertos momentos parecen más bien grupos políticosque económicos. Por ejemplo, los diez primeroscombinados comerciales obtuvieron en 1969 unbeneficio sobre ventas de apenas 0,34%; una cifraque provocaría el desprecio de cualquier em-presario norteamericano o europeo, y que es utiliza-
  • 58. 62 do por éstos como elemento de prueba para acusarlos como puros y simples monopolios paraestatales. Es cierto que el elevado volumen de sus operaciones, la eficiencia de sus sistemas comerciales y la rapidez de giro de las mercaderías, les permite obtener una ganancia relativamente elevada respecto a su capital, pero no es menos cierto que esta última se justifica porque al mismo tiempo corren un riesgo apreciable por la magnitud de sus compromisos. La reducida tasa de ganancia parece ser una característica extendida a toda la actividad delcomercio exterior japonés ; el promedio de utilidad neta de todas las empresas que operan en él fue de0,9% respecto a las ventas en 1969. Esa tasa es casi tres veces superior a la obtenida por los grandescombinados y demuestra que las pequeñas compa- ñías pueden competir con un margen de beneficiosbastante superior al de aquéllas, aunque esosvalores resulten igualmente estrechos para los cri-terios occidentales. Los combinados comerciales efectúan todas lasactividades involucradas por las exigencias delcomercio, desde los estudios de mercado, paraanalizar las expectativas de consumo, hasta laevaluación de proyectos de explotación de materiasprimas en el exterior, así como la financiación delas operaciones o la firma de acuerdos comercialesa largo plazo garantizando el aprovisionamiento y elprecio de los productos. Pero su papel, por extensoque sea, no se reduce a operar en el comercio ex-terior de su país: todas ellas actúan asimismo en elmercado interno del Japón, donde participan comofinancistas, productores, distribuidores, minoristasy compradores, tal como intentan hacer en algunosmercados exteriores. Debido a esas circunstancias,su peso económico es considerable y superior al queparece deducirse de los datos sobre su participaciónen el comercio exterior. Las dos compañíasmayores superaron en 1970 el nivel de 10.000millones de dólares de operaciones; aunque no seaestrictamente comparable, esa cifra es superior a lade las ventas de cualquier empresa industrial fuerade los Estados Unidos, y sólo superada por tresempresas de este último país.
  • 59. 63 El origen de estas compañías se remonta a las últimas décadas del siglo pasado, aunque la ex- plosión de sus operaciones se registró en estos últimos años en relación con la violenta expansión de la economía nacional. Cuando Japón abrió su comercio exterior al mundo, en 1868, luego de casi tres siglos de aislamiento, esa actividad fue dominada rápidamente por las compañías extran- jeras gracias a su mayor conocimiento de los mercados internacionales; en 1870, ellas manejaban el 95% del comercio exterior de la nación. El Gobierno —aparentemente preocupado por esa si- tuación— recurrió entonces a los más importantes grupos industriales para proponerles que dieran nacimiento a compañías especializadas en operaciones internacionales de propiedad japonesa. El apoyo estatal, junto al poder económico de los grandes grupos japoneses, repitió en este campo la experiencia ya señalada para la actividad indus- trial. La unión de ambos dio vida con relativa facili- dad a estas empresas, que aparecían desligadas del negocio industrial, mientras se ligaban a él por múltiples lazos —sobre todo por los de abas- tecimiento y búsqueda de mercados para el mismo. Un objetivo que se mantuvo desde entonces, consistía en mantenerlos separados de la industria como una actividad específica, pero al mismo tiempo fuertemente asociados a ella. No es de extrañar entonces que estas compañíastuviesen incluso los mismos nombres de los antiguos zaibatsu, ni que hayan conseguido subsistir y for-talecerse hasta la actualidad. No cabe duda, que enla actualidad operan en estrecha relación con losgrandes grupos industriales así como con elGobierno, en esa interacción típica que caracterizalos negocios japoneses. Las compañías se adelantana encontrar mercados exteriores para las industriasde su país y se preocupan por lograr nuevos ymayores accesos a las fuentes de materias primasrequeridas por éstos: al mismo tiempo, dada lasformas en que concretan su actividad, no es posiblesuponer que no son consultadas por el gobierno enocasión de conversaciones comerciales con otrospaíses y especialmente con aquellos donde hanlogrado un elevado grado de participación. A su vez,
  • 60. 64el Gobierno las utiliza como punta de lanza de lapolítica general del país, al servicio de sus objetivosprioritarios en el comercio exterior. De esa manera, la elevada concentración de losnegocios, la especialización geográfica, la in-tegración con los industriales y el Estado, y laeficiencia de sus operaciones ha convertido a loscombinados de exportación en uno de los elementosclaves de la política nacional. Pero su función no selimita a los elementos comerciales como se verá enel próximo cápítulo.
  • 61. La búsqueda de materias primas Si los combinados comerciales tienen un papel importante en la estrategia exportadora del Japón, cumplen un rol mucho más decisivo en la impor- tación de materias primas para abastecer lascrecientes necesidades de su economía. Todas las observaciones señalan que los recursos mineros delarchipiélago resultan excesivamente limitados paralas exigencias provocadas por su portentosodesarrollo industrial; y, aunque en menor medida,lo mismo ocurre con la producción agrícola-gana-dera local. La elevada dependencia que genera laestructura económica de las importaciones de ma-terias primas parece preocupar profundamente alos responsables industriales y gubernamentales,puesto que no es posible aumentar la produccióninterna, ya sea por falta de yacimientos o por faltade posibilidades geográficas. En consecuencia lacontinuidad esperada del crecimiento industrialimplica un aumento de las importaciones y de ladependencia del abastecimiento externo que, por suimportancia, se convierte en una variable es-tratégica. El caso del petróleo puede ser suficientementeilustrativo de las tendencias económicas actuales.Japón no cuenta con yacimientos de ese combustibleen su territorio y debe recurrir a la importación de
  • 62. 66 la casi totalidad de su consumo. A su vez, éste creció a un ritmo superior al de la economía debido a que el proceso moderno de industrialización se basa mucho más sobre esta fuente de energía que sobre las tradicionales. En 1955, el país importaba algo menos de 300 millones de dólares de petróleo por año; en 1960, esa cifra ya se había duplicado; en 1970 importaba la magnitud casi sideral de 200 millones de toneladas a un costo total de 2.235 millones de dólares. El oro negro se convertía así en el principal rubro de las importaciones nacionales, representan- do más del 10% del total de las mismas. La respuesta japonesa a estos problemas abarca una doble estrategia. Por un lado, compensar esas importaciones con exportaciones de magnitud equi- valente y, en lo posible, dentro de ramas similares; en el caso del petróleo, por ejemplo, mediante la exportación de productos refinados y subproductos de la elaboración petrolera, aunque esta experien- cia particular haya dado hasta ahora resultados magros respecto al volumen de las importaciones. Por otro lado, consiste en asegurarse el abas- tecimiento de la materia prima mediante acuerdos con los países productores, que pueden ir desde contratos de aprovisionamiento a largo plazo hasta inversiones directas en la explotación de aquellos. En el caso del petrpleo, 80% de las importaciones provienen de fuentes controladas por los interesesinternacionales que operan en la actividad, perorealizadas a través de los grandes combinados deimportación. De ese modo, a la concentración de laoferta se opone una concentración equivalente de lademanda que permita una situación de equilibriorelativo entre ambas. Mientras tanto, el gobiernojaponés ha alentado la formación de una compañíanacional orientada a la exploración y explotacióndel petróleo en el extranjero tal cual lo hace en otrasactividades mineras. Esa compañía ya hizo suaparición en las zonas productoras más interesan-tes. Los japoneses están buscando petróleo enIndonesia y otras partes del Sudeste de Asia ycomienzan a entrar en el Medio Oriente donde seasociaron en algunas operaciones con las empresasinternacionales que ya están operando en el lugar;en el Irán, por ejemplo, firmaron un acuerdo
  • 63. 67 directamente con el gobierno para la construcción de un centro petroquímico en ese país que será pagado con petróleo. Si bien todavía es demasiado temprano para afirmarlo, el empuje japonés y su poder económico y técnico permiten predecir que su entrada en los mercados petroleros tendrá un impacto disruptor muy superior al logrado hace dos décadas por el ENI italiano cuando Enrique Mattei decidió que ha- bía que conquistar un lugar para Italia en la produc- ción de oro negro. La estrategia competitiva del ENI no sólo modificó los costos y precios del pe- tróleo, así como las regalías pagadas a los gobiernos de los países productores, sino que se insertó en un panorama político de cambio que también contri- buyó a crear, y cuya radicalización reserva un papel todavía más impactante para el momento del in- greso de las compañías japonesas. El objetivo explícito del gobierno consiste en que las empresas japonesas se establezcan en el ex- terior hasta poder suministrar al menos el 30% de cada una de las materias primas que el país necesi- ta para sus actividades. Ese objetivo está fijadopara 1985 y, teniendo en cuenta el ritmo decrecimiento de su economía y el consiguiente in-cremento de la demanda que originará en el ex-terior, puede decirse que representa un esfuerzo nodesdeñable. El acelerado crecimiento de la industria siderúr-gica convirtió al mineral de hierro en el segundogran rubro de las importaciones japonesas. Suimportación superó en 1969 los 1.200 millones dedólares procedentes de fuentes sumamente diversi-ficadas: un 25% arribó desde los yacimientosaustralianos, 15% desde la India, 20% repartido enpartes iguales entre Chile y Perú, y en menor canti-dad de otros países. Los combinados comercialesson un factor dinámico de esas importaciones comode la organización de compañías extractivas depropiedad mixta en las áreas productoras: ellosdesarrollaron el proyecto de explotación de mineralde Monte Newman,en Australia, donde tienen un10% de participación, y cuya dimensión y carac-terísticas provocaron la admiración de los técnicosmundiales. Ese proyecto es sólo uno de los
  • 64. 68 numerosos en marcha; los combinados comerciales colaboran en el desarrollo de más de 10 proyectos de explotación de mineral de hierro en el mundo en- tero, asociados con compañías locales de los países productores y, a veces, con algunas de las empresas siderúrgicas japonesas interesadas en el abas- tecimiento de esa materia prima. Sus proyectos se caracterizan por ser integrados, organizando todas las fases productivas, desde la extracción del mineral hasta su elaboración final. La magnitud de algunos proyectos y la posibilidad de encararlos en forma global ha dado lugar a es- tructuras industriales enormes que se organizan de acuerdo a una planificación general con vistas a un objetivo único. Mientras en Japón se instalaban las nuevas plantas siderúrgicas frente al mar para facilitar la recepción del mineral, en los yacimientos se instalaban equipos especiales de transporte —incluidos ferrocarriles construidos con ese fin— que llevaban su carga hasta la costa ; y to- da la operación se vio facilitada por la regularidad de una demanda en continuo crecimiento. De esa manera se logró por ejemplo hacer llegar el mineral de hierro desde Australia a Japón —atravesando el océano a costo menor o similar al del transporte de mineral dentro de Europa entre centros tan cer- canos como el Rhur y la Lorena, o aún a menor costo que el del transporte del mineral entre costa y costa en los Estados Unidos. Los proyectos no se detienen, y los técnicosjaponeses están estudiando las posibilidadeseconómicas de explotación de nuevos yacimientosen América Latina y también en los propios terri- torios de los dos grandes imperios industriales,cercanos a su país, como Alaska y la Siberia. Con sucaracterístico pragmatismo parecen estar tandispuestos a asegurar su abastecimiento conmineral producido en el país más desarrollado delmundo como con aquel obtenido en la primera po-tencia socialista, tanto como con el que se extrae enlos países menos desarrollados. Con los demás minerales ocurren situacionesparecidas a las mencionadas para el hierro. Lasimportaciones de cobre representaron en 1970 el70% de la demanda del mineral, y ya hay en marcha
  • 65. un proyecto de explotación en Canadá donde cola- boran seis compañías mineras y tres compañías comerciales. Curiosamente, una compañía esta- dounidense desechó hace un par de años la operación de esos yacimientos por no considerarlos rentables; los japoneses estudiaron el proceso, consideraron qué era viable, propusieron mejoras en las técnicas de trabajo y hasta financiaron el proyecto a cambio de un contrato de apro- visionamiento por un plazo de 10 años. En el caso del carbón también se concretó una operación de financiación propuesta a los tenedores de un yacimiento canadiense con condiciones similares a las mencionadas. Para la producción de uranio en Nigeria, en cambio, decidieron actuardirectamente y trabajan en la explotación mediante una sociedad que agrupa a nueve compañías eléc- tricas de la metrópoli con otras diez compañíasmineras y una compañía comercial. En AméricaLatina, las empresas japonesas ya desarrollan laexplotación de mineral de hierro en Chile y par- ticipan en la explotación de plomo en el Perú, y ajuzgar por la movilización de expertos y misionestécnicas en el continente, no pierden el tiempo encuanto a la exploración de otras zonas y especial-mente aquellas más prometedoras del Brasil. Los esfuerzos de los combinados comerciales nose reducen a la localización y puesta en actividad deyacimientos minerales, ellos están interviniendoactivamente en la solución de los problemas agrí-colas de otros países, mediante el envío de técnicosy hasta inversiones directas en las operaciones paraasegurar el abastecimiento a largo plazo de produc-tos alimenticios y materias primas para su nación.Los proyectos son múltiples y se desarrollan en di-versos países, aunque todavía no alcanzaron lamagnitud y el impacto que lograron algunos de losgrandes trabajos de explotación minera. Concientes que su actividad a largo plazo requiere el apoyo de los Estados donde operan, loscombinados comerciales han tomado medidas paracolaborar con aquellos en ciertos aspectos que lespermitan ofrecer algo más al país huésped al mismotiempo que mejoran su imagen. Fue así que algunospaíses del Sudeste Asiático encontraron en esas
  • 66. 70 empresas aliados inesperados para el logro de ciertos objetivos económicos largamente acaricia- dos para favorecer el desarrollo. Mediante acuerdos de envergadura, varias compañías lograron ex- portar desde Corea del Sur más de 40 millones de dólares en productos destinados a mercados distin- tos del japonés, contribuyendo a los objetivos de exportación del gobierno de aquel país y mostrandoque su interés no se reduce a abastecer al Japón. Ultimamente lograron un reconocimiento inter- nacional de importancia al firmar un contrato con el Banco de Exportación e Importación de los Estados Unidos por el que ayudarán a exportar a las industrias pequeñas y medianas de ese país, que no cuentan con medios adecuados de comercialización internacional. Los combinados comerciales japoneses aparecen así como algo muy distinto de simples empresas especializadas en negocios de exportación o impor- tación; ellos son una fuerza económica considera-ble, que actúa por diversos medios al servicio de las necesidades económicas nacionales, tal como sonsentidas por el gobierno y las grandes empresas. Suactuación en el mercado mundial, especialmente enlo que se refiere a su disposición a asegurarse ma-terias primas por todos los medios posibles, ha crea-do una verdadera competencia internacional, quefavorece a los países en desarrollo para obtener me-jores condiciones para la explotación de sus produc-tos primarios y que tiende a cambiar el panoramamundial de fuerzas en proporciones imprevisibles. El surgimiento de cada nuevo centro industrial yeconómico en el mundo ha provocado a corto o largoplazo cambios considerables en el equilibrio inter-nacional a medida que sus intereses se proyectabanal exterior. Japón, con una economía dinámica y que reclamauna fuerte ligazón con el mercado mundial, estállamado a ser uno de los ejes de futuros cambios enla escena económica y política del planeta cuyosprimeros temblores ya se comienzan a sentir. Lairrupción de los combinados comerciales es elprimer paso de una máquina eficiente y bien aceita-da, que puede estar muy satisfecha de sus éxitos enel logro de objetivos económicos.
  • 67. La inversión en el exterior La expansión económica en el interior del país, elcrecimiento industrial y financiero de las empresas,el empuje exportador para tomar los mercados delextranjero, la necesidad de recibir materias primasdel exterior, fueron los aspectos de un continuo quedesembocaron naturalmente en la inversión en elexterior para consolidar y mejorar las oportunida-des empresarias. Japón había comenzado suirrupción de capitales en el extranjero en la segundadécada de este siglo dirigida especialmente a laszonas que controlaba en el sudeste del Asia; en 1936sus activos en el extranjero alcanzaban un valor de5.300 millones de dólares de entonces, una magnitudno despreciable si se recuerda que la inversióndirecta norteamericana de aquella época oscilabaen los 7.000 millones de la misma moneda. Además,buena parte de la inversión japonesa consistía eninstalaciones industriales en los países donde elaprovisionamiento de materias primas lo justifica-ba económicamente en lugar de dividir el trabajo deextracción del de elaboración, como hacían otrospaíses; ellos estuvieron entre los primeros en ins-talar plantas metalúrgicas en la Manchuria, asícomo establecimientos fabriles en Corea, cuandoesas regiones estaban sometidas a sus dictados. La guerra liquidó todas las propiedades japonesasen el exterior. En China, buena parte de ellas fuerondesmontadas pollos soviéticos para trasladarlas a
  • 68. 72la URSS a promover la industrialización local; en otros lados fueron nacionalizadas o pasaron apropiedad de otros empresarios. Durante la décadaposterior al conflicto, Japón se mantuvo encerradoen sus fronteras, preocupado por adquirir el mínimode poder industrial necesario para proyectarse alexterior: luego comenzó nuevamente,pero con lenti- tud,la marcha expansiva de sus capitales. Sus obje- tivos principales, como se ha visto, consisten en laproducción de materias primas para su industria oen asegurarse mercados para la misma. Todavíahoy hace el papel del pariente pobre respecto de lasgrandes potencias occidentales por el monto de susinversiones en el exterior, pero ya la situacióncomienza a cambiar también en este aspecto. A fines de diciembre de 1971, el monto total de lasinversiones privadas en el exterior era de 4.200millones de dólares; una cifra muy inferior a la detres décadas antes —cuenta tenida de la desvalori-zación del dólar entretanto— y de ninguna maneracomparable con las correspondientes a Alemania oGran Bretaña, para no mencionar a la primera po-tencia inversora, los Estados Unidos. Si se comparael mercado exterior logrado por las exportacionescon aquél alcanzado a través de las inversiones en elextranjero, los resultados son bien elocuentes: laproducción norteamericana obtenida mediante susinversiones en el exterior es casi cuatro veces másimportante que sus exportaciones, y la relación esde 2,2 para Gran Bretaña; mientras tanto, esaproporción es de sólo 0,4 para Japón. Todavía el po-tencial industrial japonés es el puntal decisivo de suacción en el extranjero, que se maneja a través delas exportaciones. Pero si se mantiene el ritmo actual de salida decapital del país, a mediados de esta década la pro-ducción debida a sus inversiones en el exteriorsuperará al valor de sus exportaciones, para seguirluego creciendo impetuosamente. El BancoIndustrial del Japón estima que llegarán a 10.000millones de dólares en 1975, mientras el Consejo deEstructuras Industriales supone que alcanzarán unmonto de 26.000 millones en 1980. Estas cifras no soncontradictorias, más bien señalan las previsiones deun incremento acelerado. El último valor
  • 69. 73 representa más de un tercio del volumen actual de la inversión en el extranjero de los Estados Unidos y sería superior a la de cualquier otro país exportador de capitales. Para lograr ese flujo gigantesco de capitales, Japón cuenta con un superávit permanente de su comercio exterior que lo ha llevado a acumular ha- beres por una cifra de 16.000 millones de dólares a mediados del año pasado y que sigue ascendiendo continuamente. En esas condiciones, su disponibili- dad de divisas así como la capacidad de su industria para proveer todos los equipos e instalaciones para producir en el exterior, pueden provocar un vuelco como el previsto hacia la inversión exterior sin demasiado esfuerzo; y quizá, superar incluso las previsiones, como ya ocurriera en otras activida- des. Junto con las inversiones directas, Japón ha esta- blecido todo el sistema de préstamos gubernamen- tales, créditos a la exportación y ayuda financiera que caracteriza las operaciones de los países desarrollados y que sirve como poderoso apoyo para la inversión directa y para facilitar la receptividad de capitales y mercancías por el país elegido por ellas. Su crecimiento en los últimos años fueigualmente meteórico: el total de aportes oficiales yprivados al exterior pasó de 1.000 millones dedólares en 1968 a 2.100 millones en 1971. De ese total,las inversiones directas eran el 9% en el primer añomencionado y el 17% en el segundo. Japón seenorgullece de ser prácticamente el único país quedestina el 1% de su producto bruto a la llamadaayuda al exterior, como fuera recomendado por lasNaciones Unidas. De más está decir que no lo hace por beneficien-cia; los créditos y las inversiones son excelentesmedios de ganar mercados y obtener beneficios. Encambio, cabe indicar que los empresarios japonesesse han contentado en general con obtener beneficiospequeños en comparación con los acostumbradospor las compañías occidentales. Se ha calculado quelas utilidades de la inversión japonesa en el extran-jero oscilaba alrededor del 3,3% en el año 1969, unacifra que se debe comparar con el 9,8% que pro-ducen esas operaciones a las firmas estadouni-
  • 70. 74 denses, según los datos oficiales. Igual que en su propio país los industriales japoneses parecen má$ preocupados por el desarrollo a largo plazo de sus operaciones que por el beneficio inmediato que pue- den rendir las mismas, asentándose lenta pero seguramente en los nuevos negocios que encaran. Como un síntoma, una encuesta realizada en 1970, indicó que cerca de un tercio de las operaciones en el extranjero de los empresarios japoneses estaba operando de forma no rentable, pero igualmente seguían operando; una actitud que es muy difícil de encontrar entre los inversionistas de otros países. Según los observadores, esa actitud de los japoneses puede tener importantes consecuencias en los países receptores. En efecto, los inversoresnorteamericanos y, en cierta medida, los británicos, pueden caracterizarse por buscar una utilidadfinanciera (dividendos, regalías, etc.) en forma máso menos inmediata como compensación por el capi- tal o la tecnología que aportan; comprensiblemente,se muestran reticentes a compartir esos beneficioscon otros, y por eso se explica que tiendan a con-trolar exclusivamente sus inversiones en el ex-terior. En cambio, los japoneses parecen máspreocupados por integrar las empresas que instalana la producción de su país, ya sea como abastece-doras de materias primas o como receptoras departes, y en consecuencia más dispuestos a cola-borar con los capitalistas locales. Esa sería una delas razones para explicar la preferencia japonesapor las empresas mixtas y su participación relati-vamente baja en el capital de ellas. Esa conducta, que ya se señaló en algunosejemplos sobre sus operaciones de explotación dematerias primas en Australia o Canadá, puede serun elemento importante para que los industrialesjaponeses encuentren abiertas las puertas den u m e r o s o s p a í s e s donde las t e n d e n c i a snacionalistas reclaman la asociación de los capi-talistas locales con los inversores extranjeros,desplazando a inversores más antiguos e in-transigentes. En el Sudeste Asiático, en Australia y en las islasdel Pacífico se está produciendo ya ese despla-zamiento hacia la nueva metrópoli que provoca la
  • 71. 75 inversión y el comercio exterior japonés. En Taiwan (China nacionalista) la parte de la inversión japonesa sobre la inversión extranjera total pasó del 5,9% en 1965 al 26% en 1970, mientras la par- ticipación norteamericana baja del 88% al 62%; y lo mismo ocurre en Tailandia, Corea del Sur e Indonesia. El presidente del Centro de Investigaciones Económicas del Japón señaló que todos esos fac- tores hacen a estos países más y más dependientes del Japón, les guste o no a ellos y a nosotros", y pre- vino que su país tendrá que incrementar la ayuda que presta a los países asiáticos para ceder a las presiones norteamericanas en ese sentido. El go- bierno de Washington exige que Japón gaste en la defensa del Asia y su desarrollo cifras abundantes, pero no que lo haga en la forma de inversiones directas que pueden reportarle beneficios pos- teriores. Todo parece indicar que harán las dos cosas. El primer Ministro japonés mostró claramente que su gobierno es perfectamente consciente de las necesidades de volcarse al exterior de su país, y explicó (el 10 de abril de 1970) que "nuestra evolución económica traerá aparejada una intensi- ficación de la competencia con industrias extran- jeras (y) aumentará nuestras necesidades de ma- terias primas... no estamos libres de la inquietud que representa la duda si podemos asegurarnos el accedo a dichos recursos tal como sucedió en la década del sesenta. A fin de contar con tal posibili- dad, Japón deberá efectuar espontáneamente in- versiones en países extranieros" La certidumbre estatal que la inversión extran-jera es necesaria para la marcha de sus industrias,acompañada por los demás factores señalados (préstamos, ingreso en mercados del exterior me-diante los grandes combinados, búsqueda de ma- terias primas, etc.) asegura que la explosión de lasinversiones directas será uno de los fenómenos de ladécada del setenta, que habrá que tener en cuentapor su influencia sobre el equilibrio mundial, en unaépoca en que las concepciones estratégicas sobre laseguridad de los abastecimientos, convergen con losintereses económicos de la nueva potencia del Asia.
  • 72. EVOLUCION DEL PRODUCTO POR CABEZA DE DIFERENTES PAISES 1953-1968 (1963-100) Japón ha superado largamente la tasa de crecimientodel producto por cabeza de prácticamente todos los paísesdel mundo en las últimas décadas. Entre 1953 y 1968 su pro-ducto por cabeza se multiplicó por 3,5 mientras el de unpaís como Francia solo alcanzó al 1,8; el de los EstadosUnidos a 1,4 y el de la Unión Soviética se incrementó en 2,7veces. Ese resultado se debe, en gran medida, a la políticade inversión destinada a aumentar la capacidad producti-va nacional, aún en desmedro de las tendencias alconsumo.
  • 73. EVOLUCION DEL PRODUCTO Y LA INVERSION 1962-1970 (miles de billones de yens) OTROS FORMACION DE CARTAL FPO CONSUMO PRIVADOO - 1962 1964 1966 1968 1970 La parte destinada a la formación de capital crece enforma relativa a un ritmo muy superior que el productobruto japones. Como consecuencia de ese crecimientovertiginoso, el valor absoluto de la parte destinada a lainversión se ha multiplicado por tres en un período de sóloocho años, mientras el consumo privado aumentaba a unritmo menor.
  • 74. EVOLUCION DE LAS DISTINTAS RAMAS INDUSTRIALES Í936-1970 (1960-100) El análisis pormenorizado del acelerado crecimientoindustrial del Japón destaca claramente la importanciaasignada a los sectores básicos (acero, maquinaria) en laúltima década, mientras quedaban relativamente rezaga-das las ramas livianas (alimentos, textiles), cuyocrecimiento no es de ninguna manera desdeñable.Precisamente, la magnitud y la orientación de la inversiónforman parte de las explicaciones del vertiginosodesarrollo del país.
  • 75. PRODUCCION DE ACERO POR PAIS EN 1953 Y EN 1968FRANCIAALEMANIAOCCIDENTAL3APOINU.R.S.S. L.E.U.U. ^á^20wTON/ANO; 1968 J 20™TOU/4ÑO , 1953 La importancia asignada por los japoneses a la industriasiderúrgica puede apreciarse mejor cuando se compara suevolución con la de otros países desarrollados. Entre 1953 y1968 la producción japonesa de acero creció casi 9 vecesmientras los países de Europa Occidental sólo duplicaronla suya y Estados Unidos apenas la incrementó en 20%. Nisiquiera la Unión Soviética logró el ritmo de crecimientoalcanzado por Japón, pese a la preeminencia que otorgansus dirigentes a esa industria.
  • 76. PARTICIPACION DE LA INDUSTRIA NAVAL JAPONESA EN LA PRODUCCION MUNDIAL (1969) El irresistible impulso de los astilleros japoneses,,apoyados sobre la amplia base siderúrgica y mecánicanacional, así como en nuevas técnicas y criterios construc-tivos, ha colocado al país en el primer puesto en la indus-tria mundial, seguido a mucha distancia por sus prin-cipales competidores. Su participación en el total debuques botados en los últimos años se mantuvo alrededorde la mitad mundial.
  • 77. CRECIMIENTO DE LAS EXPORTACIONES JAPONESAS Y PARTICIPACION EN EL TOTAL MUNDIAL OAPON 3.6 < = E.E.U.U. 18.1 % ALEMANIA 1Q.4% O. BRETAÑA 9.5% 1961 : 118.OOO MILLONES DE DOLARES (4 QRAWDES PAISES 41.€> % ) JAPC5N 6.8 197Q : 244.000 MILLONES DE DOLARES (4 GRAMDES PAISES : 40.7 %) Entre 1961 y 1970 el comercio mundial (tomado como lasuma de las exportaciones de todos los países) se duplicó.En ese lapso, el crecimiento de las exportacionesjaponesas fue mucho más acelerado, debido a la importan-cia asignada a esa área por las autoridades económicas y alas ventajas competitivas del país; lógicamente, su par-ticipación en el total mundial hasta alcanzar un 6,8% deltotal. Ese empuje contrasta con el estancamiento relativo,y aún la declinación, de otros países avanzados.
  • 78. EVOLUCION DE LA PRODUCTIVIDAD AGRICOLA (1935-1969) • lili500020001000 195S 1946 1955 1965 1969 Tf^lGO l.lll2>OOQ 1955 1946 1955 1965 1969 RENDIMIENTO EN TON/HECTAREA Japón es uno de los países con mayor escasez de tierrasaptas para el cultivo: sólo dispone de 0,056 hectáreas porhabitante en comparación con el 0,40 que arroja el prome-dio mundial o el 0,82 de que dispone Europa Occidental.Para aliviar ese problema el país realizó un gigantescoesfuerzo para aumentar la productividad de la tierra yabastecer las necesidades de sus habitantes, cuyos efectosse pueden apreciar en el incremento de la productividad denumerosos cultivos.
  • 79. PRODUCTIVIDAD HUMANA Y AGRARIA EN DIVERSOS PAISES 1965 U^s/Ma500 • O A P C N400500200 # ITALIA ALEMANIA* *100 FRANCIA •SOTANA E&UU. • • U.R.S.9. 1000 2000 ¿OOO 4000 5000 6000 u^s/hombre La productividad agraria puede medirse con referenciaa los trabajadores agrícolas o a la unidad de tierra cultiva-da. La comparación de diversos países señala como Japóncompensa su escasez de tierra con un esfuerzo considera-ble por aumentar la productividad de la misma mediantela mecanización y la intensificación del trabajo aplicadopor unidad de superficie. En contraste, países como losEstados Unidos realizan una agricultura extensiva congran aprovechamiento del trabajo.
  • 80. El costo social del modelo japones Si la marcha hacia el desarrollo fuera una carrera en la cual se reparten premios a los ganadores, no cabe duda que el Japón podría sacar la medalla de honor por las últimas dos décadas. El atleta ha mostrado la potencia y flexibilidad de sus músculos y se merece un adecuado reconocimiento. Pero el desarrollo económico no es una competencia deportiva; es el fruto de un esfuerzo social de enver- gadura cuyo sentido y virtudes sólo pueden evaluarse a partir de su capacidad para mejorar la vida del individuo y de la colectividad. En otras épocas, cuando el desarrollo era una consecuencia del proceso espontáneo del mecanismo económico, podía admitirse con más facilidad que sus resulta- dos fueran socialmente ciegos; ahora, cuando en to-•dos los casos está presente una voluntad planifica- dora más o menos eficaz, el ritmo de desarrollo no puede ni debe separarse de lo¡=; objetivos que se plantea la comunidad. De otra manera, la inteligen- cia y el esfuerzo del hombre se convierten en meros medios para el logro de fines que escapan a su control y que se deciden —cuando se deciden— de manera puramente irracional. Las cifras sobre el desarrollo japonés provocan admiración por su dinamismo y eficiencia; aquel
  • 81. 86 país ofrece un modelo económico que debe ser es- tudiado y tenido en cuenta en los países que quieren desarrollarse, para aprovechar sus enseñanzas y evitar sus errores. Pero las preguntas que debe hacerse el observador inteligente que analiza el desarrollo son: ¿qué objetivos tiene ese desarrollo? y ¿con qué medios y hacia qué fines? De lo contrario, la marcha hacia el desarrollo se con- vierte en una compulsión espontánea a batir records de producción en el menor lapso de tiempo. El costo social y los ^beneficios humanos del desarrollo deben estar en primer plano en un análisis del mismo ; por eso, es necesario señalar algunos de los escasos da- tos disponibles que indican hasta qué punto detrás de la fachada de prosperidad japonesa se están acumulando tensiones y problemas sociales cuya solución parece cada vez más difícil de lograr. En particular, los habitantes del archipiélago están pagando su éxito económico con las tasas de con- taminación más altas del mundo, con una concen- tración aguda de la población, y con una carencia devivencias que se contraponen a n los anhelos de unaexistencia mejor que deja entrever el aumento delproducto por habitante. La vivienda fue uno de los factores importantesdel desarrollo japonés debido a que los hábitos tra-dicionales de ese país se conforman con construc-ciones muy elementales. En efecto, mientras que enOccidente se requiere una vivienda relativamentecostosa y durable, que demanda destinar una parteapreciable del ahorro nacional a construirla, elJapón se caracteriza por las viviendas de madera ypoco costo. Es probable que a ello contribuyeran lascaracterísticas especiales del país: es sabido que laprotección de los terremotos que asuelan la regióndemanda una casa muy frágil que no afecte a susocupantes si se derrumban, o una construcción es-pecialmente rígida y costosa que soporte los mo-vimientos de tierra que se puedan producir. Como consecuencia de esa doble opción —que seresuelve siempre por el lado más económico—,Tokio, una de las ciudades más grandes del mundo,está cubierta de casas de madera y escasos edificiosde importancia; sólo en los últimos años, con eldesarrollo de las técnicas constructivas antisís-
  • 82. 87 micas y el incremento de la riqueza, se comenzaron a levantar las construcciones relativamente altas que caracterizan las urbes modernas. Pero no ocurrió lo mismo con la vivienda ; de las 340.000 uni- dades levantadas en la ciudad entre 1963 y 1968, un 73% estaba constituido por elementos de madera y eran de bajo precio por su calidad, destina- das a grupos de bajos ingresos que a menudo debían instalar toda una familia en una sola habitación de dimensiones reducidas. El hacinamiento de la po- blación y la baja calidad de la vivienda forman parte de los costos no contabilizables del desarrollo económico del archipiélago; un costo pesado sin duda. Si se hubiera destinado a la vivienda una masa de recursos adecuada para satisfacer en un plazo lógico las aspiraciones populares, la inversión productiva se hubiera visto afectada y, en consecuencia, el ritmo de desarrollo hubiera des- cendido. Ahora que los economistas europeos han puesto de • moda la noción de Felicidad Nacional Bruta, en contraposición a la de Producto Nacional, cabe preguntarse si la opción japonesa fue la más acerta- da para su población, aunque haya logrado unificar las voluntades en torno del desarrolló. Pero la característica de la vivienda es sólo una parte de la cuestión. La concentración urbana ha obligado a un verdadero apiñamiento de la po-blación en una zona muy reducida. El área quecubren las tres ciudades principales del Japón, unafranja que cubre unos 500 kilómetros de largo por 50de ancho entre Tokio y Osaka, pasando por Nagoya,ha ido absorbiendo la parte principal de la activi<iadeconómica e industrial nacional. Actualmente, másde la mitad de todo el personal de establecimientosindustriales y comerciales del país se concentran enesa región, que tiene una de las mayores densidadesde población del mundo. Los inconvenientes de esa gigantesca urbani-zación son bien conocidos: la vida cada vez más di-fícil de las grandes ciudades, el alojamiento adistancia del centro de trabajo, las dificultades de /transporte. Pero los fenómenos japoneses sonmucho más agudos que en otros lados. Quizás uno delos peores es el que concierne a la contaminación del
  • 83. 88 aire ; el ministerio de la Salud ha informado que to- da esa zona ha superado el nivel máximo aceptable de impurezas peligrosas en la atmósfera. Y el ambiente es cada vez más tóxico. Hace un año, cuando los hospitales de Tokio tuvieron que tratar más de 4.000 casos de irritación de la piel, los ojos y las vías respiratorias, a consecuencia de la aparición en la ciudad del smog químico producido por las emanaciones de fábricas y automóviles, las autoridades prometieron que se solucionaría rápi- damente. Seis meses después, Tokio sufría el décimosegundo smog del período, que ya llegaba a afectar a 12.000 personas. En una encuesta realiza- da en una ciudad cercana a la capital se calculó que había unos 10.000 afectados de problemas respira- torios debido a la contaminación del aire. El proceso continúa sin interrupción; el año pasado el hospital municipal de Kawasaki anunció que tenía en tra- tamiento un centenar de casos de enfermos debido a la contaminación, que tenían afectado el cerebro de una forma desconocida hasta entonces en los anales clínicos. La destrucción del ambiente comenzaba a crear nuevas enfermedades en los seres humanos. La lucha contra la contaminación no ha comenza- do en Japón con la energía que marcó su desarrollo económico. El presupuesto aprobado para comba-tirla por la ciudad de Tokio alcanzó en 1970 a sólodos millones de dólares, una décima parte de lo quese estimaba necesario; y ni siquiera se llegó agastar ese dinero. Las autoridades muestran en la ;lücha contra la contaminación una parsimonia que >se contradice con su actividad en los aspectoseconómicos e industriales. En algunos casos, in-cluso se producen retrocesos; una ley promulgadaen junio de 1971, por ejemplo, estableció que seactuaría contra las empresas que arrojasen al aireuna proporción de partículas de smog de más de 0,5por millón, subiendo el escalón exigido an-teriormente de 0,3 por millón. Y esa mayor lenidadse establece cuando solamente el smog que provocóla hospitalización de 4.000 personas alcanzó unaconcentración de 0,3 por millón. El problema se extiende a todo el territorio, dondeel desarrollo industrial lleva consigo los venenos dela nueva civilización en medio de la inercia de las
  • 84. 89 autoridades. En la pequeña aldea de pescadores de Minamata, el envenenamiento por mercurio mató a 46 habitantes y volvió paralíticos a más de setenta en los últimos años. Mientras tanto, una gran socie- dad continúa arrojando sus desechos de mercurio en la bahía... El emponzoñamiento con candió, que ataca el hígado y los ríñones, y que ¿blandá los huesos, ha provocado diversos casos mortales en la zona de Toyama a causa de las actividades de una empresa de refinación de mineral. Cuando se la acusó del envenenamiento accidental de mas de 500 personas, se produjo un juicio que duró más de tres años y que arrojó escasas indemnizaciones para las víctimas. El caso de envenenamiento por cadmio se exten- dió por todo el p^ís provocando diversas reacciones debido a que una investigación pública demostraba que el mal se propagaba rápidamente a medida que el metal se depositaba sobre las plantaciones de arroz. La actitud más curiosa fue la de! presidentede la comisión nacional de la seguridad pública ydirector general de la oficina de gestión administra- tiva, quien exhortó a los electores de su distrito a 44 tener el buen espíritu de comer el arroz con- taminado". Según las noticias, los electorestuvieron el buen espíritu de mostrarse asombrados,sin que la situación evolucionara a mayores. Los servicios públicos japoneses se encuentran enuna situación lamentable, con la probable excepciónde los transportes masivos que sirvieron al procesode industrialización. En la capital del tercer imperioindustrial del mundo, solamente el 22% de la po-blación dispone de desagües cloacales y el promediopara todas las ciudades del país apenas alcanza al35%, comparado con más del 80% para los EstadosUnidos o el 74%. para Alemania Occidental. Para más, en un país donde la contaminaciónambiental produce verdaderos estragos, las ciuda-des no tienen parques con plantas para reproducir eloxígeno necesario a la vida. Tokio tiene un metrocuadrado de parque por persona, comparado con 21metros cuadrados para Londres, la ciudad clásicapor su falta de áreas libres. Las áreas libres yparquizadas en las ciudades están creciendo im-pulsadas por la política oficial pero su ritmo no es
  • 85. 90 suficiente para alcanzar valores satisfactorios en varias décadas. Se ha señalado más arriba que el salario real crece más lentamente que eljproducto bruto, peroque esa situación era menos criticable debido a que buena parte de los recursos se destinaban a la in- versión en bienes productivos. Desde el punto de vista del desarrollo económico esa solución es inob- jetable; pero al nivel económico que ha llegado el Japón ella merece otras reflexiones. El obrerojaponés no necesita superar el hambre como buenaparte de los pueblos de su mismo continente; necesi- ta en cambio una serie de instalaciones sociales quemejoren su forma y condiciones de vida y que nopuede resolver individualmente. Pero las grandesmasas de recursos disponibles se siguen destinandoa nuevas inversiones, como si el país necesitasecontinuar su carrera hacia el crecimiento, en lugarde volcarse con otros fines distintos al progresoeconómico en su forma más ruda. Todos los malesde una industrialización acelerada llevada a cabosin objetivos sociales se evidencian por eso en elJapón. El contraste entre la riqueza del país y la pobrezade sus habitantes no puede ser solucionado sólo conaumentos de salario como los que se empiezan aproducir; requiere asimismo una gigantesca masade inversiones en obras sociales y de infraestruc-tura que plantea todos los dHfemas que tiene delantede sí la sociedad japonesa para subsistir como tal.
  • 86. Conclusión y perspectivas El desarrollo japonés de los últimos años es la consecuencia de un conjunto global de políticas económicas coherentes a las que se sumaron una serie de condiciones sociales y políticas especiales. En este libro se ha pretendido destacar la importan-cia asignada a algunos factores especialmene signi-ficativos : la prioridad concedida al desarrollo de lasindustrias básicas, como acero y maquinarias, asicomo el esfuerzo para integrarlas al mercadq inter-no mediante la creación de una demanda específicapara sus productos, como ocurrió con el for-talecimiento y modernización de las instalacionesferroviarias y navales del país. A su vezja prioridadacordada a esas industrias obligó a un cierto gradode abstinencias en otros campos, puesto que losrecursos para la inversión, por elevados que sean,no son infinitos; el retardo en la producción deciertos bienes de consumo durables como losautomóviles y las viviendas,fue una consecuencia deesa política que castigó durante un par de décadaslas expectativas consumidoras de los japoneses,mientras se avanzaba en el vertiginoso desarrolloindustrial. Naturalmente, los sacrificios sociales nose repartieron por igual entre todos los habitantes, yhay razones para suponer que los grupos másdesposeídos sufrieron especialmente los incon-
  • 87. 92 venientes resultantes; es probable que solamente debido a su historia de miseria y privaciones el campesinado japonés, así como la clase obrera, estuvieron dispuestos a aceptar estas nuevas exigencias sin reaccionar como lo hicieron esos mismos sectores en situaciones parecidas en Europa Occidental o en los Estados Unidos. Durante años, la industria japonesa recurrió al aprovisionamiento de mano de obra rural y urbana de bajo costo y que aceptaba sumisamente trabajar por un salario apenas suficiente para sus necesida- des mínimas; y sólo cuando el país había crecido apreciablemente se comenzó a notar un incremento en el salario real. Ese incremento, si bien importan- te en magnitud, se mantuvo en todos los casos por debajo de las tasas de crecimiento del producto, li- berando más y más recursos a disposición del capi- tal. Puede decirse como justificación de los em- presarios nipones que ellos destinaron y destinan la mayor parte de esas riquezas a efectuar nuevas inversiones, tratando de aumentar y mejorar la capacidad productiva del país; una actitud que contrasta fuertemente con la adoptada por los grupos poseedores de buen número de países en desarrollo que optan por la seguridad relativa de las inversiones improductivas en lugar del riesgo es- caso de las inversiones productivas, con las consecuencias conocidas de estancamiento de laproducción y creciente endeudamiento externo. La energía de los industriales japoneses se aprecia asimismo en su política de compra de tecnología extranjera, campo en el que explorarony prácticamente agotaron todas las posibilidadesofrecidas en los mercados mundiales para utilizaresos conocimientos en el desarrollo más aceleradode su producción. Hoy comienzan a exportar tec-nología propia, generada sobre la base de losconocimientos adquiridos, que les permitirárecuperar las divisas gastadas oportunamente conese fin. La balanza de pagos fue siempre uno de lospuntos débiles del país, y la política de exportaciónmasiva tiene como objetivo generar las divisasnecesarias para pagar las inmensas necesidadeslocales de materias primas y alimentos. Como se havisto, también aquí jugaron simultáneamente las
  • 88. 93 virtudes de una organización disciplinada y es- pecializada que se lanzó a la conquista de los merca- dos del exterior con productos competitivos y todas las armas comerciales necesarias. En pocas palabras, podría decirse que el desarrollo japonés es el producto de una política consecuente y enérgica dirigida a obtener un eleva- do grado de producción industrial integrada me- diante los métodos productivos más modernos; los resultados económicos de esa producción, le permi- tieron penetrar en los mercados mundiales con un empuje casi irresistible y prácticamente desconoci- do hasta entonces. Política y socialmente, esa política se vió favorecida por la fuerte ligazón empresario-estatal creada a través de una amplia comunidad de miras que extiende sus raíces desde la época del Japón feudal, y por la pasividad de los obreros japoneses que se mantuvieron durante un largo período como sujetos obedientes del proceso. Esa política ha llegado a su fin en una serie de aspectos. En primer lugar, porque el crecimiento industrial, junto con la intensificación de la concen- tración empresaria bajo la aprobación guber- namental y con el apoyo financiero de los grandes bancos oficiales y privados, creó una fuerzaeconómica poderosa y relativamente homogénea alnivel de las más grandes del mundo. Actualmente,de las 200 compañías industriales de mayor ventafuera de los Estados Unidos, según el listado deFortune, 51 eran japonesas en el año 1971, con unatendencia a participar en forma creciente a lo largode la década. Esas 51 compañías formaban el gruponacional más poderoso del listado de Fortune y sóloeran superadas —relativamente— por las empresasnorteamericanas. El ingreso directo de esas compa-ñías al mercado internacional está modificando lasituación mundial al mismo tiempo que cambiala situación del propio Japón, éste ya no es un paísen desarrollo sino una potencia mundial que inter-viene en la gran lucha por los mercados mediante laoferta de sus mercancías a los que se agrega ahorala tendencia a invertir capitales en el exterior, y quellevará a modificar las pautas del crecimiento inter-no, como ocurrió en otros países desarrollados enigual situación.
  • 89. 94 Todo ese éxito industrial y económico se logró a cambio de la agudización intensa de una serie de problemas sociales cuya solución permaneció relegada y que sólo pueden enfrentarse mediante la inversión pública. El ciudadano común no puede luchar individualmente contra la contaminación ambiental, por más que aumente su salario real, de la misma manera que un conductor aislado no puede resolver un nudo de tráfico cuando la carga de vehículos supera la capacidad de la ruta. El ejemplo japonés muestra, con una claridad sorprendente, la importancia de los factores que hacen al bienestar social y frente a los cuales el individuo aislado se siente impotente. La calidad de la vida; un aspecto social que no puede cuantificarse con la misma facilidad que el producto bruto y que queda por eso fuera del análisis económico, fue la gran derrotada de este proceso de desarrollo acelerado. Quizás,esta misma situación se produjo en todos los casos de desarrollo, pero en ninguno de los ocurridos eneste siglo resultó tan evidente como en el ejemplojaponés. La economía del archipiélago ha alcanzado un ni-vel suficiente como para satisfacer sin demasiadoesfuerzo las acuciantes necesidades sociales de lacomunidad, y es un hecho que su industria podríavolcarse a la reconstrucción del país devastado porsu propio desarrollo. Ya se conocen en ese aspectonumerosos proyectos de readaptación de tierras yregiones, de intentos de redistribución de la po-blación en forma más armónica sobre todo el terri-torio, de lucha contra la contaminación y de em-bellecimiento del paisaje, etc. Pero lasdeclaraciones se están adelantando a los hechospues el ritmo actual no alcanza siquiera a com-pensar la continua degradación del medio ambienteque se sigue produciendo. La acción para resolverestos problemas, si bien sencilla y posible, exige unproceso de reconversión industrial de cierta enver-gadura, cuya aplicación sería el surgimiento de na-da menos que un nuevo modelo social y económicode desarrollo, por sus implicancias sobre la estruc-tura actual. ¿Puede esperarse que los medios económicos ygubernamentales tomen una decisión de esa na-
  • 90. 1 4 95turaleza? Algunas promesas preelectorales en esesentido han creado un poco de optimismo en la po-blación, aunque numerosos indicios indican elmantenimiento de la política actual. El gobierno ylos líderes económicos siguen insistiendo en laimportancia de la competencia internacional y lanecesidad de continuar adelante con la producciónindustrial masiva que caracteriza su economíaactual. Como se ha mencionado, ese proyecto im-plica la resolución de una serie de problemas en elámbito internacional, así como la continuación de lapolítica de postergación de la solución de los pro-blemas internos. Esa vía tendrá, sin duda, una granrepercusión sobre la industrialización de los paísesdel Pacífico y aún sobre el equilibrio económicomundial, pero a costa del propio pueblo japonés queverá postergados sus requerimientos. La política exterior es la continuación de la política interna. Si Japón modifica su política actualde expansión hacia el exterior, hacia otra destinada a lograr el bienestar social de su población, habránacido un nuevo modelo de desarrollo; si, encambio, mantiene su política actual, habrá surgido,simplemente, otra potencia más, que se verá obliga-da —como lo muestran ya diversos síntomas— aarmarse nuevamente y a jugar un papel mundial dealcances imprevisibles. También es probable que la disparidad existenteentre el desarrollo económico y el nivel de vidapopular no pueda ser mantenida mucho tiempo; que la brecha creciente entre la capacidad de plani- ficar la producción de acero y la imposibilidad delograr la extensión de parques y plazas sea in- tensamente sentida por el pueblo japonés y se pro-duzca una fuerte reacción popular que obligue al go-bierno a optar por nuevas variantes. En ese aspecto,el impactante y casi inesperado avance de los parti-dos de izquierda en las últimas elecciones indica, talvez, los primeros síntomas de un sordo malestar quecrece en forma subterránea junto a las cifrasvertiginosas del producto bruto.
  • 91. Este libro se terminóde imprimir en PAPIROS S.A.C.t. íe.U el día 4 de agosto de 1973 La fotocomposlción fue realizada en S.A.D.E.I.* Baícarce 1086 Capital.