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  • 1. SECRETARIA DE RELACIONES EXTERIORES REPUBLICA DE GUATEMALA LIBRO BLANCO CONTROVERSIA ENTRE GUATEMALA Y LA GRAN BRETAÑA RELATIVA A LA CONVENCION DE 1859, SOBRE ASUNTOS TERRITORIALES CUESTION DE BELICE GUATEMALA, C.A. OCTUBRE DE 1938
  • 2. 475 INDICE MATERIA PAGINA Preliminar............................................................................................................................................ 3 Objeto de este libro............................................................................................................................. 4 PRIMERA PARTE DESDE EL TRATADO DE GODOLPHIN EN 1670 A LA CONVENCION DE LIMITES DE 1859 13 Bajo el rubro general anterior, se comprenden las subdivisiones siguientes: a) El mismo tratado de Godolphin ................................................................................................. 14 b) Origen del establecimiento de Belice (con los pactos angloespañoles de 1763 y 1783 ............ 18 c) Convención de Londres de 1786................................................................................................ 22 d) La misma Convención in extenso .............................................................................................. 26 e) Cómo cumplió Inglaterra ........................................................................................................... 30 f) Belice vuelve a la soberanía de España en el caso hipotético de que, a consecuencia de la guerra, la Gran Bretaña hubiera estimado que estaba en sus dominios (referencia al tratado de Amiens de 1802 ........................................................................................................................................................... 40 g) Tratado Clayton-Bulwer............................................................................................................. 43 h) Tratado Dallas-Clarendon .......................................................................................................... 62 i) Artículo II adicional del mismo tratado ...................................................................................... 64 j) El tratado de comercio entre la República y la Gran Bretaña en nada afecta nuestros derechos sobre Belice (notas entre nuestra Cancillería y el Cónsul británico).................................................. 65 k) Nuestro Canciller don José Mariano Rodríguez se dirige al Consejo de Gobierno para que se estudie la cuestión sobre Belice............................................................................................................. 67 l) Nuestro Gobierno instruye en 1857 a nuestro representante en Londres para negociar un tratado de lí- mites con Belice. Desde la página 70. Siguen comunicaciones sobre el particular hasta la... 93 m) La Gran Bretaña acredita a un Diplomático en Guatemala, y el Presidente de la República nombra Ple- nipotenciario a su Ministro de Relaciones para llevar a cabo la negociación......................... 94-96
  • 3. 476 SEGUNDA PARTE DESDE LA CONVENCION DE 1859 A 1884: MATERIA PAGINA La Convención está de la página 100 y los comentarios de la 102 a la.......................................... 107 Voto adverso de las minorías de las Comisiones de Gobernación y Relaciones contra la Convención del 59..................................................................................................................................................... 108 Voto del Consejero de Estado don Pedro J. Valenzuela................................................................. 110 Voto del Licenciado don José Antonio Azmitia............................................................................. 116 Voto del Licenciado don Andrés Andreu ....................................................................................... 117 Voto de don Antonio de Aguirre .................................................................................................... 120 En la innecesaria prolijidad de detallar las mutuas argumentaciones de las dos partes contratantes en el largo y trascendental debate a que dió origen este pacto, se indica que se encuentran de la página 121 a la..................................................................................................................................................... 234 En la 235, se encuentra el texto de la no ratificada convención complementaria de 1863 y de ella en ade- lante, la discusión sobre la no construcción del camino convenido en el artículo VII de la conven- ción de 1859 y que jamás cumplió la Gran Bretaña. TERCERA PARTE De 1933 a la fecha: Contiene las enérgicas gestiones hechas en la materia por el actual régimen desde la nota británica del 21 de febrero de 1933 hasta el 7 de abril de 1938: páginas 337 a .................... 415 La página 416 trae la solidarización de la Asamblea con la patriótica actitud del Ejecutivo. CUARTA PARTE Estudio jurídico del asunto y sus consecuencias, basado en la conferencia dada en La Haya en 1918 por el gran internacionalista inglés Arnold D. Mc.Nair; en párrafos del Traité de Droit International, tomo 1º, 3ª parte, del insigne profesor Paul Fauchille; en páginas del eminente tratadista norteamericano John Bassett Moore (Digest of International Law, tomo V); International Law, tratado de L. Oppenheim, volumen 1º Paz. 5ª edición. Parte cuarta. Transacciones internacionales, Capítulo II, Tratados. (Su expiración
  • 4. 477 y disolución). Páginas 457 a ......................................................................................................... 470 QUINTA PARTE Cartografía de Belice: referencias de la página 472 a la................................................................. 474 y que contiene, adecuadamente contenidos, diez y seis mapas, la mayor parte de procedencia oficial pre- cisamente inglesa. Es la última parte de nuestro Libro Blanco.
  • 5. 478 PRELIMINAR Desde 1884, en que la legación de Guatemala dirigió al Foreign Office una nota en que dejó constancia de la protesta y de la reserva de nuestros derechos ante la tenaz actitud de la Gran Bretaña, que se negaba a cumplir con las obligaciones que le correspondían por la Convención de Límites de 30 de abril de 1859 --que en el fondo entraña una cuestión territorial-- el Gobierno de la República no había vuelto a promover el asunto, salvo algunas gestiones esporádicas, en vista de la inutilidad de sus esfuerzos. El problema resurgió, recobrando todo su interés vital, a raíz y como consecuencia de la nota, que se leerá en estas páginas, la colonia de Belice y nosotros se llevara a cabo unilateralmente por parte de ingenieros de Su Majestad, estando incumplida la Convención y por consiguiente, imperfecta. El Presidente de la República, General don Jorge Ubico, consciente de sus responsabilidades y de nuestros derechos, asumió la enérgica actitud que era de esperarse de sus sentimientos patrióticos; y ha reclamado y mantenido sin descanso, en los términos que se verán, el cumplimiento integral, por parte de la Gran Bretaña, de esa convención de 1859, por la cual Guatemala sufrió la pérdida de una rica porción de su territorio, salvó al gobierno inglés de serias dificultades con motivo del tratado Clayton-Bulwer con los Estados Unidos de América y no obtuvo siquiera la única compensación que en aquel pacto quedara solemnemente estipulada. Defensor de la nacionalidad, el Presidente, General Ubico ha dirigido esta ardua cuestión con la prudencia que ella demandaba, y deja en pie, ante la última negativa británica a continuar la discusión, la plena reserva de los derechos de Guatemala, sin perjuicio de que pueda emplear en su oportunidad los recursos que con toda amplitud le ofrece el derecho internacional. Con la historia completa de la cuestión de Belice, quede constancia en estas fidedignas páginas, de la actitud del señor Presidente Ubico, acuerpada por la opinión nacional.
  • 6. 479 OBJETO DE ESTE LIBRO Prolongada y penosa ha sido la controversia entre los gobiernos de Guatemala y de la Gran Bretaña con motivo de la cuestión de Belice, la cual radica esencialmente en el hecho de que esta última potencia se ha resistido siempre y se resiste a cumplir con las obligaciones que contrajo por el Tratado de 1859 entre ella y la República de Guatemala. Por tal tratado se determinaron los límites entre la República y el establecimiento británico de Belice, constituido desde 1783 en territorio netamente nacional, cuando Guatemala era todavía colonia de España. Guatemala perdió, en las circunstancias y por los motivos que se verán en el curso de esta obra, una zona valiosa, que al pasar a soberanía extraña cerró también la salida al Atlántico de vastas regiones suyas, que constituyen, por su incalculable riqueza, la más extensa y valiosa reserva natural de la República. Pero la Gran Bretaña contrajo a su vez en 1859 una obligación compensatoria trascendental, cuyo incumplimiento por su parte ha causado a este país serios daños, hecho nugatorio el sacrificio territorial, vulnerado la buena fe y seriedad de los pactos internacionales y dado origen a una discusión de casi ochenta años, cuyo origen, desarrollo y detalles documentados son precisamente el objeto de esta publicación. En virtud del tratado suscrito en 1783 por el conde de Aranda por una parte y el duque de Manchester por la otra, España concedió a la Gran Bretaña licencia para cortar maderas tintóreas en el pequeño sector comprendido entre los ríos Hondo y Belice; pero bajo la expresa condición de que tal permiso, contraído a su exclusivo objeto, se concedía siempre que se mantuviera inviolada la soberanía española sobre dicho sector, quedando además terminantemente prohibido a la Gran Bretaña construir en él fortificaciones, fundar poblados o cultivar tierras bajo pretexto alguno. Tres años más tarde se suscribió en Londres la convención de 1786, por la cual se amplió al sur hasta el río Sibún la extensión concedida para el usufructo, y permitiéndoles a los ingleses cortar madera de otras clases, hacer cultivos y edificar viviendas. Pero de manera terminante y absoluta volvió a ratificarse la soberanía española sobre esa zona y la promesa de Inglaterra de guardar de buena fe las obligaciones contraídas. Como se ve, esos pactos solemnes, debidamente perfeccionados, demuestran que la Gran Bretaña nunca tuvo dominio sobre las tierras de Belice y que los derechos derivados de las concesiones que se le otorgaron fueron perfectamente limitados y circunscritos, y dejando siempre en pie, en toda su plenitud, sin limitación alguna, la soberanía española. Ello no obstante, las expansiones inglesas sobre territorios allende los límites fijados, continuaron en lento pero constante avance. Era difícil impedirlo por parte de las autoridades del reino de Guatemala. La piratería sistemática ejercida principalmente por los británicos sobre las costas de Centroamérica, las había despoblado y hecho imposible la vida en ellas y sus inmediaciones. En tal estado de cosas realizó Centroamérica su emancipación en 1821 organizándose en
  • 7. 480 República Federal; y al independizarse de España asumió, como los demás países de América sobre los que ésta imperó, la soberanía de la ex metrópoli sobre los territorios de las respectivas demarcaciones coloniales. La Gran Bretaña fue una de las primeras potencias que acreditaron representación ante el gobierno centroamericano. Comprobó con ello su reconocimiento de la emancipación y sus consecuencias en lo que se refería a la sucesión, por parte de la nueva República, de los derechos que a España habían correspondido. El gobierno del Estado de Guatemala en la Federación de Centroamérica, en el legítimo ejercicio de esos derechos, otorgó diversas concesiones para explotar los bosques situados al sur del río Sibún y al norte del río Sarstún y respetó siempre el límite de las licencias otorgadas a los ingleses por los pactos de 1783 y 1786. Un mapa mandado levantar por el gobierno nacional muestra la extensión de las mencionadas concesiones españoles, así como la que habían alcanzado las usurpaciones de facto de los ingleses en tierras genuinamente centroamericanas. ¿Qué hacer ante los avances y las imposiciones de hecho por parte de una gran potencia, en aquellos tiempos en que Centroamérica, recién emancipada y presa de una larga guerra civil, que acabó por destruir la Federación, no podía por su debilidad material oponer la fuerza a la fuerza contra la usurpación?. La ocupación de hecho permitió a la Gran Bretaña extender el antiguo usufructo de que limitadamente gozaba; pero entonces no fundaba sus pretensiones en convenios con España, ni se concretaba a ocupar Belice para cortes de madera: el viejo abrigo de piratas, originalmente simple establecimiento para concretos fines, ostentaba ya abiertamente el carácter de la soberanía inglesa sobre territorios de Guatemala, en suelo centroamericano: nada significaban ya los tratados angloespañoles de 1783 y 1786 para detener la acción de la violencia. La Gran Bretaña extendía por toda Centroamérica sus pretensiones de dominio, bajo la obsesión de asegurarse la construcción del canal interoceánico por Nicaragua. Así fue cómo las Islas de la Bahía pertenecientes a Honduras, fueron ocupadas irrespetando la ajena soberanía; las costas atlánticas de Nicaragua quedaron bajo su protectorado mediante la risible ficción de un ridículo rey de la Mosquitia, escogido entre las tribus salvajes que la habitaban y con el cual había pactado la Gran Bretaña; y si la enérgica intervención de los Estados Unidos, cristalizada en el tratado Clayton-Bulwer de 1850 no hubiera obligado a los ingleses a la evacuación de los territorios ocupados, tal evacuación no sólo habría sido imposible, sino que los avances de la Gran Bretaña sobre Centroamérica habrían seguramente continuado. Por desgracia para Guatemala, el Secretario de Estado de los Estados Unidos, Mr. Clayton, signatario del tratado, admitió la reserva de Inglaterra, que exceptuaba a Belice de la desocupación, con lo cual el problema continuó pendiente para nosotros. Alegaba la Gran Bretaña haber adquirido Belice y el
  • 8. 481 territorio al sur del río Sibún ¡por conquista de sus armas! Y los avances proseguían sobre tierras de la Verapaz y las costas norteñas de la República a pesar de que en el mismo año de 1850 nuestro Gobierno dictaba algunas disposiciones para cortes de madera en tierras baldías entre los ríos Sibún y Tinto, sin protesta de la Gran Bretaña. Ante la fatalidad de la incontenible penetración, el Gobierno de Guatemala se vio en la necesidad de gestionar activamente la celebración de un tratado de límites con aquella potencia: pero tal deseo fracasó ante la resistencia inglesa para llevarlo a cabo. Ajustando el mencionado pacto de Clayton-Bulwer y seis años más tarde el conocido bajo el nombre de Dallas-Clarendon, que lo modificaba, siempre entre los Estados Unidos e Inglaterra; y urgida esta última por una de las cláusulas del segundo al arreglo de los límites con Guatemala, envió aquí como representante suyo a Mr. Charles Lennox Wyke,, con el urgente encargo de celebrar la misma convención que antes había tenazmente rechazado. El tratado Clayton-Bulwer estipulaba: Los Estados Unidos y la Gran Bretaña se comprometen a no tomar, usar, ocupar, ni ejercer dominio sobre parte alguna de la América Central, de aquí en adelante y para siempre, así como a no tener control exclusivo sobre el canal proyectado, ni a mantenerlo. Y en el tratado de Dallas-Clarendon, de 1856, se pactó lo siguiente: 1º-- Que el establecimiento de Su Majestad Británica, llamado Belice u Honduras Británica, en las costas de la bahía de Honduras, limitado al norte por la provincia mexicana de Yucatán y al sur por el río Sarstún, no estuvo ni está comprendido en el tratado celebrado entre ambas Partes Contratantes el 19 de abril de 1850; y que los límites del mencionado Belice al occidente como existían el mencionado 19 de abril de 1850, deberán, si fuere posible, ser establecidos y fijados por un tratado entre Su Majestad Británica y la República de Guatemala, dentro de dos años a contar del cambio de ratificaciones de este Instrumento; y cuyas mencionadas fronteras y límites no deberán en ningún tiempo ser ensanchadas. Los dos años fijados por el nuevo pacto habían transcurrido sin que los límites con Guatemala se determinaran. Fue solamente al cabo de este tiempo cuando Inglaterra se decidió a enviar a Guatemala a su representante el señor Lennox Wyke, con poderes para tratar del asunto. El negociador traía redactado un proyecto de convención en forma tal, que por ella Guatemala debería reconocer lisa y llanamente los límites que quiso fijar el gobierno inglés, sin que mencionara la palabra compensación ni otra alguna que pudiera dar a entender que Guatemala se consideraba, como lo era en efecto, legítima dueña del territorio de Belice. Las instrucciones del ministro Lennox Wyke eran claras, al punto de que no podían dejar duda
  • 9. 482 respecto a las intenciones de la Gran Bretaña. Las mostró confidencialmente al Ministro de Estado, señor Aycinena, que era el negociador por parte de Guatemala, a fin de convencerlo de la necesidad de no consignar en el arreglo que se llevara a cabo, nada que pudiera significar cesión de territorio y pago de compensaciones. Pero como el gobierno guatemalteco exigía el reconocimiento por parte de la Gran Bretaña, de los derechos que estaba dispuesto a ceder, sin lo cual no suscribiría la convención, el diplomático inglés convino en incluir las estipulaciones, en favor de Guatemala, del artículo VII, pero redactándolo él mismo, de conformidad con las conveniencias de su gobierno y a su entera satisfacción; aunque no sin afirmar que el verdadero sentido compensatorio del artículo a favor de Guatemala quedaba sobreentendido y que él, Wyke, haría las explicaciones necesarias a su gobierno, quien de buena fe cumpliría con lo convenido. Este artículo VII estaba concebido en términos vagos, imprecisos, sin garantía ni plazo: en una palabra, era una pieza de habilidad diplomática empleada por el poderoso frente débil. Con todo, significaba obligación precisa para Inglaterra, que debía cumplirla al mismo tiempo que Guatemala reconocía los límites con Belice. El artículo era parte integrante de la convención y daba a Guatemala lo que tanto había menester en aquel tiempo para impulsar su desarrollo general: posibilidad de comunicarse con el Atlántico y abrir camino a su prosperidad futura por vías comerciales expeditas. De modo que la convención de límites de 1859, al estipular ventajas mutuas para ambas partes contratantes --y aunque en su texto no se escribiera la palabra compensación-- a cada una de ellas fijaba terminante obligación, en lógica y fatal correspondencia de los beneficios obtenidos. Suponiendo, sin concederlo, que los pactos angloespañoles de 1783 y 1786 hubieran dado a Inglaterra soberanía sobre la región comprendida entre los ríos Hondo y Sibún, sólo sobre tal región debió precisamente versar la delimitación que iba a convenirse; pero por la convención de 1859 Guatemala renunció, además, a su legítima soberanía sobre la enorme extensión comprendida entre el río Sibún hacia el sur, hasta el río Sarstún, entre cuyas desembocaduras hay unos ciento treinta kilómetros en línea recta; y tal circunstancia obligó a Inglaterra a insertar en la mencionada convención el artículo VII que, aunque sin relación aparente con la demarcación limítrofe, es una cláusula lógicamente compensatoria. De no estimarse el artículo VII en ese sentido y como parte integrante del pacto en que Guatemala hacia cesión implícita de su dominio en favor de la Gran Bretaña de un territorio a que ésta no tenía derecho alguno, la gran potencia no tendrá cómo explicar la inserción, en un pacto puramente de límites, de la cláusula que la obliga a realizar una obra pública en país extranjero. Y no solamente en forma implícita está establecido el sentido compensatorio del artículo VII. En la correspondencia posterior oficial inglesa acerca de este asunto, queda claramente demostrado lo mismo, como podrá verse con toda amplitud en los documentos que se publican en este libro. Es evidente que se trataba de salvar las dificultades que presentaba a la Gran Bretaña el tratado Clayton-Bulwer, una de cuyas finalidades era prohibir la expansión inglesa en la América Central, la
  • 10. 483 adquisición de nuevos territorios por motivo alguno. Si en la convención del 30 de abril de 1859 se hubiera dicho expresamente que Guatemala cedía a Inglaterra el extenso territorio comprendido entre los ríos Sibún y Sarstún, Inglaterra había faltado ostensiblemente a los preceptos del tratado; si de modo categórico se hubiera dicho que la construcción del camino era compensación, también se exhibía el quebrantamiento de obligaciones que no admitían réplica. Fue necesario, en las circunstancias especiales de Guatemala, reconocer lisa y llanamente la frontera del Sarstún, como si la Gran Bretaña hubiera sido dueña del territorio delimitado por ese río, para que el tratado Clayton-Bulwer no apareciera conculcado. Esa es la génesis del artículo VII de la convención de 1859, y tal la razón de su vaguedad e imprecisión. Guatemala debía confiar en la buena fe inglesa. Mr. Lennox Wyke era el garante, bajo su honor personal, de que la concurrencia de su país en la construcción del camino pactado sería hecho indudable. Y el gobierno inglés quedó tan reconocido por las pruebas de amistad dadas por el de Guatemala --al complacerlo aceptando el artículo VII tal como lo redactó Lennox Wyke-- que el jefe del Foreign Office le dirigió calurosas expresiones de aprecio. Pronto había de comprender este gobierno cuánta había sido su ingenuidad y candorosa creencia cuando, al conocer el británico el monto del presupuesto del camino, bien ridículo por exiguo, manifestó reparos por estimar costosa la obra. Al muy rico y poderoso imperio le parecía no poder pagar por el territorio de Belice la suma de £150,000. Penoso regateo ocupa la correspondencia cruzada, para llegar a la conclusión de que era imposible para Inglaterra cumplir con el artículo VII, que su propio plenipotenciario había redactado a su sabor y arbitrio. Hubo de entrarse a nuevas pláticas para substituir el artículo VII por otra convención complementaria que el gobierno inglés pudiera cumplir. Y después de largas e intrincadas notas de cancillería, se firmó en Londres la convención complementaria de 1863, con la cual desaparecía el artículo VII y, en cambio, el gobierno de Guatemala recibiría £50,000 a plazos tales y en tales condiciones, que seguramente habría de dar motivo para cancelar toda obligación sin efectuar pago alguno. El tiempo se encargaría de justificar semejantes temores. Pero hubo necesidad de eso. Guatemala estaba comprometida en una de tantas guerras que caracterizaron el período posterior a la independencia, y no pudo ratificar la convención complementaria dentro del período de seis meses. Tampoco Inglaterra la ratificó: ante estos hechos declaró la Gran Bretaña que nada debía a Guatemala y que el artículo VII quedaba cancelado y sin valor alguno. *
  • 11. 484 * * Es interesante la doctrina inusitada que Inglaterra sostiene para excusar el cumplimiento de obligaciones bilaterales. La convención de 1859 queda sin efecto en cuanto favorece a Guatemala, pero está en todo vigor para cuanto favorece a Inglaterra. Guatemala ha sostenido, con la lógica de la razón y del sentido obvio de la convención del 59, que no habiendo sido aprobada la modificación del artículo VII, queda éste tal como consta en la convención primitiva, y debe cumplirse según la intención que se tuvo al tiempo de redactarlo. Hace setenta y nueve años que Guatemala exige el fiel cumplimiento de la convención de límites, sin resultado satisfactorio. Y no hace mucho tiempo que la Gran Bretaña, apoyándose en la misma convención, requirió a Guatemala para proceder al amojonamiento de la frontera. Como era natural, Guatemala preguntó entonces si el gobierno inglés estaba en disposición de cumplir integralmente el pacto, porque sólo en este caso estaba el de Guatemala pronto a ejecutarlo en sus últimas consecuencias. Y la respuesta fue curiosa: ¿para qué hablar del camino ambicionado en 1859 si Guatemala, desde 1908, cuenta con ferrocarril al Atlántico?. Este hecho demuestra que la falta de cumplimiento de las obligaciones de Inglaterra, impuso a Guatemala el cuantioso gasto de la construcción del ferrocarril, para aumentar la prosperidad material de la República, al tenor del propio artículo VII, y aun cuando en esta misma cláusula asome su condición compensatoria al asentarse en ella que, "quedando ahora claramente definidos los límites de los dos países, todo ulterior avance de cualquiera de las dos partes en los territorios de la otra, será eficazmente impedido y evitado para lo futuro". En el tratado Dallas-Clarendon (1856), convinieron los Estados Unidos e Inglaterra en excluir del pacto de 1850 el establecimiento de Belice. ¿En qué pudieron los ingleses fundar esta solicitud, y los Estados Unidos el acuerdo?. Posiblemente en los pactos angloespañoles de 1783 y 1786, que delimitaban el establecimiento inglés entre los ríos Hondo y Sibún. Buchanan, ministro estadounidense en la Gran Bretaña, contestaba en 1854 a Lord Clarendon que el gobierno de los Estados Unidos no aceptaba reclamo inglés alguno a Belice, a excepción de la temporal "libertad de hacer uso de la madera de diferentes clases, los frutos y otros productos en su estado natural, reconociendo plenamente que la anterior soberanía española sobre el país corresponde a Guatemala o bien a México"; y como la convención de 1859 corrió el límite muy hacia el sur, hasta el Sarstún, es evidente que una de las partes de este último convenio había perpetrado avances en territorio de la otra y que, para conservar tales avances, prometió cooperar a la prosperidad material de Guatemala y convino en que, claramente definidos los límites de los dos países, todo ulterior avance era imposible en el futuro.
  • 12. 485 Cincuenta años estuvo Guatemala sin la comunicación atlántica prometida por Inglaterra en compensación de su soberanía en Belice, desde 1859, hasta la inauguración del ferrocarril en 1908, y este hecho demuestra que la falta de cumplimiento del artículo VII, o sea la obligación de "hacer el camino", se transformó en la de daños y perjuicios, y su indemnización, como el derecho lo demanda. * * * Es absolutamente necesario traer a cuenta los beneficios alcanzados por la Gran Bretaña con la convención de 1859, es decir, con la buena voluntad de Guatemala para firmar la convención tal cual la necesitaba Inglaterra para adquirir título a la soberanía de Belice, que antes no tenía, y para evitar las responsabilidades contraídas en el tratado Clayton-Bulwer con los Estados Unidos. Guatemala exigía, como condición sine qua non, el reconocimiento de compensación adecuada a la renuncia de sus derechos sobre Belice. Se avino a suscribir la convención, suprimiendo cuanto significara manifestación expresa de cesión de territorio y recibo de compensaciones: fió y dio crédito a las promesas del negociador Lennox Wyke, Inglaterra sería leal y todo lo hablado y prometido sería fielmente ejecutado. Centroamérica sentía sobre sí la amenaza de las incursiones filibusteras y los proyectos de la creación de un estado esclavista en su seno, y fue sensible ante el cuadro desolador de las temidas invasiones, semejantes a la vencida por ella en 1856: la convención que tenía delante sería el conjuro contra los peligros, por la respetable vecindad de una dependencia del imperio británico. El gobierno guatemalteco pedía algo escrito que dejara constancia de lo que bilateralmente se convenía; pero la cautela con que habría de procederse frente al tratado Clayton-Bulwer vedaba toda constancia escrita: había de tenerse fe en la empeñada palabra inglesa. Se suscribió la convención. El gobierno inglés alega que nunca había reconocido los derechos de Guatemala sobre Belice: ante esta afirmación están la historia de la ocupación de Belice, la prohibición de ejercer soberanía en el territorio usufructuado, la limitación precisa dentro de los linderos indelebles de los ríos Hondo y Sibún, y la carencia de título lícito para apropiarse la gran porción territorial hasta el río Sarstún, correspondiente a Guatemala por derecho de herencia de la nación española. De cualquier modo que se investigue la cuestión, es evidente que Guatemala, al firmar el reconocimiento del río Sarstún como frontera meridional de Belice, hizo renuncia tácita de parte de su territorio, que pasó a Inglaterra al amparo de un título legal de reconocimiento. La Gran Bretaña ha alegado la posesión de Belice, no en virtud de los tratados angloespañoles de 1783 y 1786, sino en razón de conquista armada, durante la guerra angloespañola de 1798, ¿Cuál fue esa conquista armada? La batalla del Cayo San Jorge el 10 de septiembre de 1798, cuando el general O'Neil, gobernador de Yucatán, vio malogrado su intento de desembarcar en el puerto de Belice, porque los ingleses, contraviniendo sus compromisos solemnemente establecidos en tratados internacionales, habían fortificado la plaza y desplegado fuerzas navales en la costa. Sin considerar en este punto si tal acción de
  • 13. 486 armas podría sostenerse como fundamento para "derecho de conquista", el caso podría afectar únicamente a la parte otorgada en usufructo por España a la Gran Bretaña, la comprendida entre los ríos Hondo y Sibún: al sur de este río nunca hubo acción de armas de ingleses contra tropas españolas, y menos de la República, después de 1821. Pero aun suponiendo la efectividad de esa "conquista", de la cual no hay huellas en la historia, salvo las acometidas de piratas y aventureros, a la vista se tiene el contenido del tratado de Amiens (28 de marzo de 1802), cuyo artículo cuarto establece que: Su majestad británica restituirá a la república francesa y sus aliados, a saber: a su majestad católica y a la república bátava, todas las posesiones y colonias que les pertenecían respectivamente y han sido ocupadas por las fuerzas durante el curso de la guerra, a excepción de la isla de Trinidad y de las posesiones holandesas de la isla de Ceilán. La conquista, si la hubo, queda eliminada como título para poseer Belice. Se dirá que, no obstante, en 1850 poseía Inglaterra el territorio hasta el río Sarstún: tal confesión de Inglaterra es la mejor prueba de sus usurpaciones allende el río Sibún: la usurpación nunca fue conquista. * * * La Gran Bretaña, defensora del derecho de las naciones débiles, juez implacable de los estados agresores, se ha negado y se niega a cumplir con las obligaciones que contrajo solemnemente en la convención de 1859, y ha declarado cerrada toda discusión. Ante esta actitud inconcebible, solamente queda a la República apelar a la conciencia universal de las naciones civilizadas, para protestar contra los procedimientos de la Gran Bretaña contra una nación pequeña y débil, por su territorio y población. La justicia es imprescriptible, y a ella acudiremos con fe en nuestro derecho. Este libro será el mejor alegato que podamos presentar para formar concepto exacto del caso. Es libro de exposición no de combate: los documentos que desfilan a través de sus páginas hablarán mejor que argumentaciones legalistas e históricas. Quien lea el doloroso proceso, tendrá el criterio necesario para formar juicio personal y exacto de la cuestión: tendrá piadosa sonrisa para nuestros estadistas de 1859, tan ingenuos en su honorabilidad y buena fe. Esta publicación llegará a todas partes donde se rinda culto a la fe de los compromisos
  • 14. 487 internacionales; a los centros de cultura y de investigación histórica y, sobre todo, a la conciencia de las naciones americanas.
  • 15. PRIMERA PARTE DESDE EL TRATADO DE GODOLPHIN EN 1670 A LA CONVENCION DE LIMITES DE 1859
  • 16. 489 TRATADO GODOLPHIN, ajustado entre las coronas de España y de la Gran Bretaña, para restablecer la amistad y buena correspondencia en América Madrid, 18 de julio de 1670 La publicación de este tratado responde al deseo de presentar aquí toda la documentación diplomática en que pudiera hallarse el origen de algún derecho en que Inglaterra pretendiera fundar la defensa de su posesión de Belice. Han afirmado algunos publicistas que los derechos de Inglaterra a tierras de América nacieron de las condiciones de este pacto, y a fin de dilucidar el asunto, se da a conocer. La lucha por obtener preponderancia sobre el extenso imperio español de América, fue causa de las no interrumpidas guerras entre España e Inglaterra: en 1670 se terminó la guerra con el tratado subscrito por el plenipotenciario español don Gaspar de Bracamonte y Guzmán, Conde de Peñaranda, y el inglés, señor Guillermo Godolphin, Caballero de la Espuela Dorada. El artículo 7º de este tratado dicen en lo conducente: Demás de esto se ha convenido en que el serenísimo rey de la Gran Bretaña y sus herederos y sucesores gozarán, tendrán y gozarán perpetuamente, con pleno derecho de soberanía, propiedad y posesión, todas las tierras, provincias, islas, colonias y dominios situados en la India Occidental, o en cualquier parte de la América que el dicho rey de la Gran Bretaña y sus súbditos tienen y poseen al presente: de suerte que ni por razón de esto, ni con cualquier otro pretexto se pueda ni deba pretender jamás cosa alguna, etc.. En 1670 no tenía Inglaterra colonia ni posesión alguna en Belice: todo el territorio bañado por las aguas del golfo de Honduras pertenecía, por derecho de descubrimiento y de conquista, a la corona de España. Cristóbal Colón descubrió el golfo de Honduras durante su cuarto viaje, tocando en la isla de
  • 17. 490 Guanaja y el cabo de Honduras o Caxinas.1 El gobernador de Yucatán, Martín de Ursúa, y el capitán general de Guatemala, Jacinto de Barrios Leal, conquistaron la nación de los itzaes, que comprendía el actual departamento del Petén, de la república de Guatemala; y que durante todo el régimen de la colonia española fue provincia gobernada por el capitán general de este reino: el extenso territorio se dilataba al sur de la península de Yucatán, y abarcaba toda la parte de Belice que siempre fue de Guatemala.2 Nadie conocía en 1670 el establecimiento inglés de Belice, ni los ingleses habían penetrado para las cortas de palo de tinte, que más tarde fue modo de vida de aventureros de diferentes nacionalidades, aunque predominaban los ingleses: No está incluido tal lugar en la lista de Modyford, de las principales cortas de maderas británicas de 1672; ni se da en el memorial de la junta de comercio de 1717, como existente en 1669. El primer indicio es la declaración, en 1680, de que los españoles capturaron un barco fuera de "los cayos de Yucatán".3 En 1670 no tenía Inglaterra establecimiento alguno en Belice, y en consecuencia, nunca pudo referirse a él el tratado Godolphin. Al contrario, este plenipotenciario ha dejado documentación oficial terminante acerca de la carencia de derechos de súbditos británicos a cortar maderas en territorios sometidos a la soberanía española. En carta de 10/20 de mayo de 1672 decía al Earl of Arlington, secretario de estado, que: "Demasiado derecho tiene España como ventaja para no discutir la propiedad de esos bosques, porque aunque no todos habitados puede esa gente justamente pretender hacer uso de nuestros ríos, montañas y ejidos, si nosotros podemos gozar cualquier beneficio de aquellos bosques. Y éste es el sentir (opinión), de todos los españoles, puesto que son distintos habitar y poseer, ni es lo primero esencial para lo último". 1 Antonio de Herrera: Historia General. 2 Gómez Carrillo: Historia de la América Central. 3 Alder Burdon: Archives of British Honduras, I, p. 2.
  • 18. 491 Manifiesta que el gobierno español objeta las cortas de maderas de los súbditos británicos en Yucatán, porque: a) el país está ya "suficientemente poblado" con españoles, quienes tienen su propio comercio de maderas de Campeche; b) la intromisión inglesa podría "abrir la puerta a cualquier intento posterior que pudiéramos tramar contra su continente". Por eso sugiere Godolphin, después de aseverar que, en opinión suya, no teníamos sombra alguna de reclamo allí, que los ingleses podrían cortar subrepticiamente la madera, "no declaradamente para no dar ejemplo y pretensión a otras naciones, sino bajo cuerda y sin efectuar penetraciones y otras depredaciones en el país". Si de otro modo no se infringe el tratado de 1670, podría (Godolphin), persuadir a España a "la connivencia" en la práctica.1 Y después de Godolphin, Lord Lexington, embajador británico ante la corte de España en 1713, a los cuarenta y tres años del tratado Godolphin, propuso al gobierno español la adición de algunos artículos al tratado de Utrecht: ... para prevenir este gran mal (la piratería), y aplicarle el más seguro, conveniente y presente remedio, se propone a su majestad católica tolerar que los súbditos de su majestad británica corten madera en el lago que se llama isla Trista (sic), o de otro modo laguna de Términos, y en la bahía de Honduras, o en cualquier otro de los mencionados sitios, a condición de que dichos súbditos habrán de portar y producir licencia de su majestad británica en cuya virtud se obliguen a no cometer hostilidad alguna... que ellos se acomodarán a las órdenes y provisiones que su majestad católica piense oportuno dictar... y que también pagarán el precio proporcionado que su majestad católica juzgue propio establecer a cada tonelada de palo de campeche.2 Lexington sugería asimismo que el rey de España erigiera aduanas para la debida colecta de esos derechos, y estableciera los límites para las actividades de las cortas. Y, volviendo al texto del tratado Godolphin, al final del artículo 7º hay una llamada que dice: 1 Alder Burdon, op. cit., I, p. 53. 2 Ibid., I, p. 62. El no haberse expresado en este artículo cuáles eran tierras, provincias, islas, colonias y dominios que los ingleses poseían en aquel tiempo en la india occidental, ha producido varias contestaciones, y la misma omisión se reconoce en los artículos V y VI de la paz con las provincias unidas en 1648; y aunque por una cédula expedida el siete de junio de 1689 num. 26 y 27, se dijo, entre otras cosas, que las islas que los ingleses tenían en la América eran la Barbada, la Nueva Inglaterra, una parte de la San Cristóbal, la Canadá y la Jamaica, se halla en un tomo en octavo compuesto en inglés por H. Richard Blome, y que traducido en francés fue impreso en Amsterdam en 1688, con el título de América inglesa o descripción de las islas y tierras del rey de Inglaterra en la América, se supone que además de las
  • 19. 492 colonias que expresó dicha real Cédula, poseían los ingleses en aquellas partes las cuatro provincias de la Nueva Jersey, Pensilvania, Mariland y la Nueva Yorck, y las islas de Nevis o Novis, Antigua, San Vicente, la Dominica, Monserrate, la Anguila, La Carolina, la Nueva Foundland, y la de Tabuco, habiendo ocupado después la llamada la Providencia: todas las cuales, y otras ocupadas últimamente por franceses, holandeses y dinamarqueses estaban bajo el dominio y posesión de esta corona en el año de 1645; pues en el synodo diocesano celebrado en el referido año en la isla de Puerto Rico, que fue aprobado por el consejo de Indias en el de 1646, e impreso en el de 1647, se halla el folio 127, que concurrieron a él, como del territorio de aquel obispado, los procuradores seculares y eclesiásticos de las islas de Barran, Santa Cruz, las Vírgenes, la Anguila, el Sombrero, San Martín, San Vicente, Sabá, Estacca, San Cristoval, Las Nieves, Redonda, Monserrate, Tilan, Taria, la Barbada, Guadalupe, la Deseada, Marigalan, Todos Santos y la Dominica, que todas son islas de barlovento; porque los de las islas de sotavento concurrirían a los synodos del obispado de Cuba, de que eran dependientes esas islas. (Abreu.) No está Belice comprendido en esa nómina de posesiones británicas; nunca reconoció España legitimidad en las pretensiones inglesas, e Inglaterra no tuvo título para basarlas. En la nota española del 30 de noviembre de 1732 se decía: "que la corta de madera es notorio y detestable abuso, resulta de no haberse permitido en ninguno de los tratados. Lejos de ello, hay varias transacciones que confirman esta prohibición, y algunas con que la corte de Inglaterra se ha justificado en el asunto, declarando que nunca ha consentido tal contravención", y que la corte de Inglaterra nunca se opuso a "las frecuentes expulsiones" de los cortadores de maderas.1 El comentador británico Sir Alder Burdon califica esta argumentación como "incontestable".2 Queda, en consecuencia, perfectamente establecido que ni al tiempo de la firma del tratado Godolphin, ni después, poseyó Inglaterra el territorio de Belice, ni tenía derecho alguno de dominio, posesión o soberanía en aquella región que pertenecía a la corona española, y cuya parte septentrional correspondía a la Nueva España y la meridional a la capitanía general de Guatemala. 1 Ibid., I, p. 68. 2 Ibid., I, p. 11.
  • 20. 493 ORIGEN DEL ESTABLECIMIENTO DE BELICE Ocupación inglesa.--Violación de los trata- dos anglo-españoles. --Soberanía de España Como en otras costas de las posesiones españolas, bucaneros y piratas ingleses se hicieron de hecho cortadores de maderas de tinte en la región noreste de Guatemala, desde el siglo XVII. (Véanse Bancroft y la Enciclopedia Británica.) Tales incursiones hicieron aquellos hombres y cometieron tantas depredaciones, que a pesar de las estipulaciones del tratado de 1763 (París), durante la guerra que estalló entre España y la Gran Bretaña en 1779 fueron los ingleses arrojados de Belice. Pactos anglo-españoles El artículo 17 del tratado de 1763 que en París puso término a la guerra empezada en 1762, dice como sigue: Artículo 17.--Su Majestad Británica hará demoler todas las fortificaciones que sus vasallos puedan haber construido en la bahía de Honduras y en otros lugares del territorio de España en aquella parte del mundo, cuatro meses después de la ratificación del presente tratado, y Su Majestad Católica no permitirá que los vasallos de Su Majestad Británica o sus trabajadores sean inquietados o molestados con cualquier pretexto que sea en dichos parajes, en su ocupación de cortar, cargar y transportar el palo de tinte o de Campeche; y para este efecto podrán fabricar sin impedimento y ocupar sin interrupción las casas y almacenes que necesitaren para sí y sus familias y efectos; y Su dicha Majestad Católica les asegura en virtud de este artículo el entero goce de estas concesiones y facultades en las costas y territorio español como queda arriba estipulado, inmediatamente después de la ratificación del presente tratado. Esta concesión sobre cortar palo de tinte y permanecer en lugares de la bahía de Honduras, además
  • 21. 494 de demostrar el ningún derecho con que antes de 1763 ocuparon los ingleses esos lugares, afirma por parte del gobierno español y reconoce por la del gobierno inglés la completa soberanía de España en todas las costas del territorio centroamericano del mar Caribe. Pero la circunstancia de que el pacto no señalara límite para las actividades de los ingleses, alentó a éstos en sus penetraciones al interior del territorio y al ejercicio del contrabando que llevaron al sur de México, a Guatemala y Honduras. Las autoridades españolas se mantuvieron en conflicto con los ingleses, a quienes trataban de mantener en la costa y exclusivamente dedicados a los cortes de madera. Al estallar la guerra de 1779, por la fuerza de las armas fueron expelidos los ingleses de la costa de Belice y huyeron a Roatán. El tratado de paz de 1783, celebrado en Versalles, establece límites a la zona donde los ingleses podían extraer palo de tinte; pero no solamente mantienen la reserva de la soberanía española en esa región, sino también llega hasta estipular que los ingleses, para edificar casas y almacenes, habrán de atenerse en cuanto a elección de los parajes a lo que las autoridades españolas determinen: Artículo 6.--Siendo la intención de las dos Altas Partes Contratantes precaver, en cuanto es posible, todos los motivos de queja y discordia a que anteriormente ha dado ocasión la corta de palo de tinte o de campeche, habiéndose formado y esparcido con este pretexto muchos establecimientos ingleses en el continente español: se ha convenido expresamente que los súbditos de Su Majestad Británica tendrán facultad de cortar, cargar y transportar el palo de tinte en el distrito que se comprende entre los ríos Valiz o Bellese y río Hondo, quedando el curso de los dichos dos ríos por límites indelebles, de manera que su navegación sea común a las dos naciones, a saber: el río Valiz o Bellese desde el mar subiendo hasta rente de un lago, o brazo muerto, que se introduce en el país, y forma un istmo o garganta con otro brazo semejante que viene de hacia río Nuevo o New River: de manera que la línea divisoria atravesará en derechura el citado istmo, y llegará a otro lago que forman las aguas del río Nuevo o New River, hasta su corriente: y continuará después la línea por el curso de río Nuevo descendiendo hasta frente de un riachuelo cuyo origen señala el mapa en río Nuevo y río Hondo, y va a descargar en río Hondo: el cual riachuelo servirá también de límite común hasta su unión con río Hondo: y desde allí lo será río Hondo descendiendo hasta el mar, en la forma que todo se ha demarcado en el mapa de que los plenipotenciarios de las dos coronas han tenido por conveniente hacer uso para fijar los dos puntos concertados a fin de que reyne buena correspondencia entre las dos naciones, y los obreros, cortadores y trabajadores ingleses no puedan propasarse por la incertidumbre de límites. Los comisarios respectivos determinarán los parajes convenientes en el territorio arriba designado para que los súbditos de Su Majestad Británica empleados en beneficiar el palo puedan sin embarazo fabricar allí las casas y almacenes que sean necesarios para ellos, para sus familias, y para sus efectos; y su Majestad Católica les asegurará el goce de todo lo que se expresa en el presente artículo; bien entendido, que estas estipulaciones no se considerarán como derogatorias en cosa alguna de los derechos de su soberanía. Por consecuencia de esto, todos los ingleses que
  • 22. 495 puedan hallarse dispersos en cualesquiera otras partes sea del continente español, y por cualquiera razón que fuere, sin excepción, se reunirán en el territorio arriba circunscripto en el término de dieciocho meses contados desde el cambio de las ratificaciones: para cuyo efecto se les expedirán las órdenes por parte de Su Majestad Británica; y por la de Su Majestad Católica se ordenará a sus gobernadores que den a dichos ingleses dispersos todas las facilidades posibles, para que se puedan transferir al establecimiento convenido por el presente artículo, o retirarse a donde mejor les parezca. Se estipula también, que si actualmente hubiere en la parte designada fabricaciones erigidas anteriormente, Su Majestad Británica las hará demoler todas, y ordenará a sus súbditos que no formen otras nuevas. Será permitido a los habitantes ingleses que se establecieren para la corta del palo ejercer libremente la pesca para su subsistencia en las costas del distrito convenido arriba, o de las islas que se hallen frente al mismo territorio, sin que sean inquietados de ningún modo por eso; con tal de que ellos no se establezcan de manera alguna en dichas islas. De la lectura de este artículo, que ilustra el mapa adjunto y que es copia fotostática del anexo al pacto, se desprende evidentemente: 1º--El acuerdo de las coronas de España e Inglaterra sobre circunscribir a zona determinada las actividades de los ingleses que en costas de América traficaban con palo de tinte; 2º--Tal zona sería la comprendida entre los ríos Belice y Hondo, cuyo curso se tendría como límite indeleble, para que los obreros, cortadores y trabajadores ingleses no pudieran propasarse por incertidumbre en cuando a límites; 3º--De tal manera se dejaba establecida la soberanía de España en Belice, que los habitantes ingleses no podían ni siquiera escoger sin autorización el paraje para construir su vivienda; 4º--El gobierno español prometía asegurar a los británicos el goce de las concesiones otorgadas, "bien entendido que estas estipulaciones no se considerarán como derogatorias en cosa alguna de los derechos de su soberanía"; 5º--Se comprometió el gobierno inglés a hacer demoler las fábricas que pudieran haberse erigido en la región de Belice, y a ordenar a sus súbditos que no construyeran otras; 6º--Como para dar énfasis a la soberanía española en la costa de Belice, sería "permitido a los habitantes ingleses que se establecieren para la corta del palo ejercer libremente la pesca", pero con la limitación elocuente de que sólo sería "para su subsistencia en las costas del distrito convenido arriba o de las islas que se hallen frente al mismo territorio"; 7º--Más aún: no serían inquietados en el ejercicio de la pesca, para su subsistencia, "con tal de que
  • 23. 496 ellos no se establezcan de manera alguna en dichas islas". En resumen: España concedió e Inglaterra aceptó, con el compromiso de hacer que sus súbditos acataran el acuerdo, la zona comprendida entre los ríos Hondo y Belice como única región donde los ingleses podrían cortar, cargar y transportar palo de tinte, y pescar para su subsistencia; pero España se reservó e Inglaterra se comprometió a mantener la soberanía española, al extremo de que los súbditos británicos ni siquiera podrían construir viviendas en parajes no autorizados al efecto.
  • 24. 497 CONVENCION DE LONDRES concluida entre Su Majestad Católica y el Rey de la Gran Bretaña, el catorce de julio de mil setecientos ochenta y seis, para ampliar, explicar y hacer efectivo lo estipulado en el artículo 6o. del tratado definitivo de paz de mil setecientos ochenta y tres, y debidamente ratificada y canjeada. Este tratado reafirma la soberanía de España en el territorio de Belice y el compromiso del gobierno inglés de respetarla y hacerla respetar. Amplía la zona de explotación del palo de tinte hasta el río Sibún y la licencia para extraer otros productos de ella; pero siempre con la reserva expresa y absoluta de la referida soberanía. La claridad de lo estipulado no deja lugar a duda porque es terminante y explícito, como puede comprobarse con el artículo segundo, que dice así: "El rey católico para dar pruebas por su parte al rey de la Gran Bretaña, de la sinceridad de la amistad que profesa a Su Majestad y a la nación británica, concederá a los ingleses límites más extensos que los especificados en el último tratado de paz; y dichos límites del terreno aumentados por la presente convención se entenderán de hoy en adelante de la manera siguiente: la línea inglesa empezando desde el mar, tomará el centro del río Sibún o Javón y por él continuará hasta el origen del mismo río: de allí atravesará en línea recta la tierra intermedia hasta cortar el río Wallis; y por el centro de éste bajará a buscar el medio de la corriente hasta el punto donde debe tocar la línea establecida ya, y marcada por los comisarios de las dos Coronas en 1783; cuyos límites según la continuación de dicha línea se observarán conforme a lo estipulado anteriormente en el tratado definitivo". Dada la precisión de los límites fijados, no hay posibilidad de confusiones no de interpretaciones diferentes. Los límites se establecen para no pasar más allá de ellos, y los ingleses estaban obligados a no invadir el territorio extraño. El mapa anexo número 2 demuestra la extensión que dio a la región otorgada para las cortas de madera, el establecimiento de esos límites en el río Sibún. La ampliación de los derechos adquiridos por la Gran Bretaña según este tratado, quedó bien establecida en el artículo 3º: "Artículo 3º--Aunque hasta ahora no se ha tratado de otras ventajas que la corta del palo de tinte, sin embargo, Su Majestad Católica, en mayor demostración de su disposición a complacer al rey de la
  • 25. 498 Gran Bretaña, concederá a los ingleses la libertad de cortar cualquier otra madera sin exceptuar la caoba, y la de aprovecharse de cualquier otro fruto o producción de la tierra en su estado puramente natural y sin cultivo, que transportado a otras partes en su estado natural pudiese ser objeto de utilidad o de comercio, sea para provisiones de boca, sea para manufacturas. Pero se conviene expresamente en que esta estipulación no debe jamás servir de pretexto para establecer en aquel país ningún cultivo de azúcar, café, cacao y otras cosas semejantes, ni fábrica alguna o manufactura por medio de cualesquiera molinos o maquinarias o de otra manera: no entendiéndose, no obstante, esta restricción para el uso de los molinos de sierra para la corta u otro trabajo de la madera, pues siendo incontestablemente admitido que los terrenos de que se trata pertenecen todos en propiedad a la Corona de España, no pueden tener lugar establecimientos de tal clase, ni la población que de ellos se seguiría". Se permitirá a los ingleses transportar y conducir todas estas maderas y otras producciones del local, en su estado natural y sin cultivo, por los ríos hasta el mar, sin excederse jamás de los límites que se les prescriben en las estipulaciones arriba concedidas y sin que esto pueda ser causa de que suban los dichos ríos fuera de sus límites en los parajes que pertenecen a España". Más que por la extensión del usufructo, tiene importancia este artículo por la insistencia de la reserva de la soberanía que el rey de España mantiene en sus concesiones y que, por el hecho de subscribir este pacto, solemnemente reconoce el monarca inglés. Pero sería pueril y ocioso comentar tan expresas y terminantes disposiciones, que hasta pecan de redundantes por la persistencia en advertir y establecer que el territorio es español, que la línea es limitada y que el favorecido no abusará jamás penetrando en tierras de ajena pertenencia. Pero hay más: se previó el caso del abuso y se dijo en el artículo 4º: "...y como pudiera abusarse mucho de este permiso, no menos contra las intenciones del gobierno británico que contra los intereses esenciales de España, se estipula aquí como condición indispensable que en ningún tiempo se ha de hacer allí la menor fortificación o defensa, no se establecerá cuerpo alguno de tropa, no habrá pieza alguna de artillería; y para que se verifique de buena fe el cumplimiento de esta condición sine qua non, a la cual los particulares pudieran contravenir sin conocimiento del gobierno británico, se admitirán dos veces al año un oficial o comisario español acompañado de un oficial o comisario inglés, debidamente autorizados, para que examinen el estado de las cosas". El artículo 5º siguiente refuerza las prohibiciones anteriores, pues al conceder el rey de España que los ingleses gozarán de libertad de carenar sus naves en una zona que se delimita, agrega: "...Pero esta concesión comprende también la condición expresa de no levantar allí en ningún tiempo fortificaciones, poner tropas, o construir obra alguna militar y que igualmente no será permitido tener de continuo embarcaciones de guerra, o construir un arsenal, ni otro edificio que pueda tener por objeto la formación de un establecimiento naval".
  • 26. 499 Y el 7º es más terminante aún. No hay nada en este tratado, en el que expresamente se ratifica el pacto definitivo de 1783, que pudiera haber dado pretexto a alegar el ejercicio de la soberanía por parte de la Gran Bretaña a menos que libre y espontáneamente se le hubiera hecho cesión del territorio, lo cual jamás sucedió. Dice así: "Todas las restricciones especificadas en el tratado de 1783 para conservar íntegra la propiedad de la soberanía de España en aquel país, donde no se concede a los ingleses sino la facultad de servirse de la madera de varias especies, de los frutos y de otras producciones en su estado natural, se confirman aquí: y las mismas restricciones se observarán también respecto de la nueva concesión. Por consecuen- cia, los habitantes de aquellos países sólo se emplearán en la corta y el transporte de los frutos, sin pensar en otros establecimientos mayores, ni en la formación de un sistema de gobierno militar ni civil, excepto aquellos reglamentos que Sus Majestades Católica y Británica tuvieren por conveniente establecer para mantener la tranquilidad y el buen orden entre sus respectivos súbditos". Los artículos octavo y noveno se refieren a la buena conservación de los bosques usufructuados, compras que los ingleses harían al gobierno español de las maderas procedentes de terrenos no cedidos y al respeto a las leyes españolas y a los intereses fiscales de España. Los décimo, undécimo y duodécimo, a la evacuación por los ingleses de los demás territorios americanos que habían ocupado para cortar maderas y su concentración en Belice, para lo cual "se mandará a los gobernadores españoles les concedan a los referidos ingleses dispersos, todas las facilidades posibles para que puedan transferirse a los establecimientos pactados en esta convención, según las estipulaciones del artículo 4º del tratado definitivo de 1783, relativas al país apropiado a su uso en dicho artículo". Entre estas estipulaciones, se lee la siguiente: "Pero si a pesar de esta declaración todavía hubiere personas tan audaces que retirándose al interior del país osaren oponerse a la evacuación total ya convenida, Su Majestad Británica, muy lejos de prestarle el menor auxilio, lo desaprobará del modo más solemne, como lo hará igualmente con los que, en adelante, intentasen establecerse en territorio perteneciente al dominio español". ¿Será posible, se preguntará cualquiera, que frente a tan claras estipulaciones, hubiera audaces que pretendieran algún derecho de soberanía y de dominio en el vedado territorio y osaran poner en entredicho, o por lo menos comprometer el honor de la Gran Bretaña?. Desgraciadamente, las prohibiciones fueron burladas, las fortificaciones fueron erigidas y la usurpación fue consumada, en quebrantamiento de la palabra empeñada y de la buena fe y protestas de lealtad amistosa comprometida en las dos convenciones que someramente se han analizado. ¿Cuál podrá ser el título que invocara la Gran Bretaña para presentarse ante el mundo como dueña del territorio que generosamente le fue concedido en usufructo, como prueba de sincera amistad hacia ella y su soberano?. Ninguno. Por el contrario, como se ha visto y se ven en numerosos pasajes de esta obra, ambos pactos son prueba irrecusable del dominio español sobre el territorio de Belice, y del dominio centroamericano después de la independencia de la Capitanía General de Guatemala.
  • 27. 500 Para que hubiera transmutación de soberanía habría sido necesario un acto jurídico según la ley internacional, que justificara el traspaso de la potestad soberana. Pero ese pacto no existe ni existió nunca, como se comprueba abundantemente con documentación irrebatible, en las páginas de este libro. Se transcribe a continuación el tratado de 1786: su simple lectura formará el criterio imparcial de quien rinda tributo a la verdad y acatamiento a la justicia.
  • 28. 501 CONVENCION concluida entre Su Majestad Católica y el Rey de la Gran Bretaña, para explicar, ampliar y hacer efectivo lo estipulado en el Artículo 6o. del tratado definitivo de paz del año de 1783. Los Reyes de España y de Inglaterra, animados de igual deseo de afirmar por cuantos medios pueden la amistad que felizmente subsiste entre ambos y sus Reinos; y deseando de común acuerdo precaver hasta la sombra de desavenencia que pudiera originarse de cualesquiera dudas, malas inteligencias y otros motivos de disputas entre los súbditos fronterizos de ambas monarquías, especialmente en países distantes, cuales son los de América: han tenido por conveniente arreglar de buena fe en un nuevo convenio los puntos que algún día pudieran producir aquellos inconvenientes, que frecuentemente se han experimentado en tiempos anteriores. A este efecto ha nombrado el Rey Católico a don Bernardo del Campo, Caballero de la distinguida Orden de Carlos III, Secretario de ella, y del Supremo Consejo de Estado, y su Ministro Plenipotenciario cerca del Rey de la Gran Bretaña; y Su Majestad Británica ha autorizado igualmente al muy noble y muy excelente señor Francisco, Barón Osborne de Kiveton, Marqués de Carmarthen, su Consejero privado actual, y principal Secretario de Estado, del Departamento de Negocios Extranjeros, etcétera, etcétera, quienes habiéndose comunicado mutuamente sus respectivos poderes, dados en debida forma, se han convenido en los artículos siguientes: Artículo 1º-- Los súbditos de Su Majestad Británica, y otros colonos que hasta el presente han gozado de la protección de Inglaterra, evacuarán los países de Mosquitos igualmente que el continente en general, y las islas adyacentes, sin excepción, situadas fuera de la línea abajo señalada, como que ha de servir de frontera a la extensión del territorio concedido por Su Majestad Católica a los ingleses para los usos especificados en el artículo 3º de la presente Convención, y en aditamento de los países que ya se les concedieron en virtud de las estipulaciones en que convinieron los comisarios de las dos coronas el año de 1783. Artículo 2º--El Rey Católico, para dar pruebas por su parte al Rey de la Gran Bretaña de la sinceridad de la amistad que profesa a S. M. y a la Nación Británica, concederá a los ingleses límites más extensos que los especificados en el último Tratado de Paz; y dichos límites del terreno aumentado por la presente Convención se entenderán de hoy en adelante del modo siguiente:
  • 29. 502 La línea inglesa, empezando desde el mar, tomará el centro del río Sibún o Javón, y por él continuará hasta el origen del mismo río: de allí atravesará en línea recta la tierra intermedia hasta cortar el río Wallis; y por el centro de éste bajará a buscar el medio de la corriente hasta el punto donde debe tocar la línea establecida ya, y marcada por los comisarios de las dos coronas en mil setecientos ochenta y tres: cuyos límites, según la continuación de dicha línea, se observarán conforme a lo estipulado anteriormente en el Tratado Definitivo. Artículo 3º--Aunque hasta ahora no se ha tratado de otras ventajas que la corta del palo de tinte; sin embargo S. M. Católica, en mayor demostración de su disposición a complacer al Rey de la Gran Bretaña, concederá a los ingleses la libertad de cortar cualquiera otra madera, sin exceptuar la caoba y la de aprovecharse de cualquiera otro fruto o producción de la tierra en su estado puramente natural y sin cultivo, que transportado a otras partes en su estado natural pudiese ser un objeto de utilidad o de comercio, sea para provisiones de boca o sea para manufacturas. Pero se conviene expresamente en que esta estipulación no debe jamás servir de pretexto para establecer en este país ningún cultivo de azúcar, café, cacao, u otras cosas semejantes, ni fábrica alguna o manufactura, por medio de cualesquiera molinos o máquinas, o de otra manera: no entendiéndose no obstante esta restricción para el uso de los molinos de sierra para la corta y otro trabajo de la madera; pues siendo incontestablemente admitido que los terrenos de que se trata, pertenecen todos en propiedad a la corona de España, no pueden tener lugar establecimientos de tal clase, ni la población que de ellos se seguiría. Será permitido a los ingleses transportar o conducir todas estas maderas y otras producciones del local, en su estado natural y sin cultivo, por los ríos hasta el mar, sin excederse jamás de los límites que se les prescriben en las estipulaciones arriba concedidas, y sin que esto pueda ser causa de que suban los dichos ríos fuera de sus límites en los parajes que pertenecen a la España. Artículo 4º--Será permitido a los ingleses ocupar la pequeña isla conocida con los nombres de Casino o St. George's Key o Cayo Casina, en consideración a que la parte de las costas que hacen frente a dicha isla consta ser notoriamente expuesta a enfermedades peligrosas. Pero esto no ha de ser sino para los fines de una utilidad fundada en la buena fe; y como pudiera abusarse mucho de este permiso, no menos contra las intenciones del Gobierno Británico, que contra los intereses esenciales de la España, se estipula aquí como condición indispensable que en ningún tiempo se ha de hacer allí la menor fortificación o defensa, ni se establecerá cuerpo alguno de tropa, ni habrá pieza alguna de artillería; y para que se verifique de buena fe el cumplimiento de esta condición sine qua non, a la cual los particulares pudieran contravenir sin conocimiento del Gobierno Británico, se admitirá dos veces al año un oficial o comisario español acompañado de un oficial o comisario inglés, debidamente autorizados, para que examinen el estado de las cosas. Artículo 5º--La Nación Inglesa gozará la libertad de carenar sus naves mercantes en el triángulo meridional comprendido entre el punto Cayo Casina y el grupo de pequeñas islas situadas en frente de la parte de la costa ocupada por los cortadores a ocho leguas de distancia del Río Wallis, siete de Cayo Casina y tres del Río Sibún; cuyo sitio se ha tenido siempre por muy a propósito para dicho fin. A este
  • 30. 503 efecto se podrán hacer los edificios y almacenes absolutamente indispensables para tal servicio. Pero esta concesión comprende también la condición expresa de no levantar allí en ningún tiempo fortificaciones, poner tropas, o construir obra alguna militar; y que igualmente no será permitido tener de continuo embarcaciones de guerra, o construir un arsenal ni otro edificio que pueda tener por objeto la formación de un establecimiento naval. Artículo 6º--También se estipula que los ingleses podrán hacer libre y tranquilamente la pesca sobre la costa del terreno que se les señaló en el último Tratado de Paz, y del que se les añade en la presente convención; pero sin traspasar sus términos limitándose a la distancia especificada en el artículo precedente. Artículo 7º--Todas las restricciones especificadas en el Tratado de 1783 para conservar íntegra la propiedad de la soberanía de España en aquel país, donde no se concede a los ingleses sino la facultad de servirse de las maderas de varias especies, de los frutos, y de otras producciones en su estado natural, se confirman aquí; y las mismas restricciones se observarán también respecto a la nueva concesión. Por consecuencia los habitantes de aquellos países sólo se emplearán en la corta y el transporte de las maderas, y en la recolección y el transporte de los frutos, sin pensar en otros establecimientos mayores, ni en la formación de un sistema de gobierno militar ni civil, excepto aquellos reglamentos que SE. MM. Católica y Británica tuvieren por conveniente establecer para mantener la tranquilidad y el buen orden entre sus respectivos súbditos. Artículo 8º--Siendo generalmente sabido que los bosques se conservan y multiplican haciendo las cortas arregladas y con método, los ingleses observarán esta máxima cuanto les sea posible; pero si a pesar de todas sus precauciones sucediese con el tiempo que necesiten del palo de tinte, o de madera de caoba, de que las posesiones españolas abundaren, en este caso el Gobierno español no pondrá dificultad en proveer de ella a los ingleses a un precio justo y razonable. Artículo 9º--Se observarán todas las precauciones posibles para impedir el contrabando, y los ingleses cuidarán de conformarse a los reglamentos que el Gobierno español tuviere a bien establecer entre sus súbditos en cualquiera comunicación que tuvieren con ellos; bajo la condición de que se dejará a los ingleses en el goce pacífico de las diversas ventajas insertas a su favor en el último tratado, o en las estipuladas en la presente convención. Artículo 10.--Se mandará a los Gobernadores españoles concedan a los referidos ingleses dispersos todas las facilidades posibles para que puedan transferirse a los establecimientos pactados en esta convención, según las estipulaciones del artículo 4º del Tratado Definitivo de 1783 relativas al país apropiado a su uso en dicho artículo. Artículo 11.--Sus Majestades, Católica y Británica, para evitar toda especie de duda tocante a la verdadera construcción del presente convenio. juzgan necesario declarar que las condiciones de esta
  • 31. 504 convención se deberán observar según sus sinceras intenciones de asegurar y aumentar la armonía y buena inteligencia que tan felizmente subsisten ahora entre Sus Majestades. Con esta mira se obliga Su Majestad Británica a dar las órdenes más positivas para la evacuación de los países arriba mencionados por todos sus súbditos, de cualquiera denominación que sean. Pero si a pesar de esta declaración, todavía hubiere personas tan audaces que retirándose a lo interior del país, osaren oponerse a la evacuación total ya convenida, Su Majestad Británica muy lejos de prestarle el menor auxilio o protección, lo desaprobará en el modo más solemne: como lo hará igualmente con los que en adelante intentasen establecerse en territorio perteneciente al dominio español. Artículo 12.--La evacuación convenida se efectuará completamente en el término de seis meses después del cambio de las ratificaciones de esta Convención. o antes, si fuere posible. Artículo 13.--Se ha convenido que las nuevas concesiones escritas en los artículos precedentes en favor de la Nación Inglesa tendrán lugar así se haya verificado en un todo la sobredicha evacuación. Artículo 14.--Su Majestad Católica, escuchando sólo los sentimientos de su humanidad, promete al Rey de Inglaterra que no usará de severidad con los indios mosquitos que habitan parte de los países que deberán ser evacuados en virtud de esta Convención, por causa de las relaciones que haya habido entre dichos indios y los ingleses, y Su Majestad Británica ofrece por su parte que prohibirá rigurosamente a todos sus vasallos suministren armas o municiones de guerra a los indios en general, situados en las fronteras de las posesiones españolas. Artículo 15.--Ambas Cortes se entregarán mutuamente duplicados de las órdenes que deban expedir a sus Gobernadores y Comandantes respectivos en América, para el cumplimiento de este convenio; y se destinará de cada parte una fragata u otra embarcación de guerra proporcionada para vigilar juntas y de común acuerdo, que las cosas se ejecuten con el mejor orden posible, y con la cordialidad y buena fe de que los dos Soberanos han tenido a bien dar el ejemplo. Artículo 16.--Ratificarán esta Convención SE. MM. Católica y Británica, y se canjearán sus ratificaciones en el término de seis semanas, o antes si pudiere ser. En fe de lo cual Nos los infrascritos Ministros Plenipotenciarios de SE. MM. Católica y Británica, en virtud de nuestros respectivos plenos poderes, hemos firmado la presente Convención y hecho poner en ella los sellos de nuestras armas. Hecho en Londres, a 14 de julio de 1786 (L. S.) El Caballero del Campo. (L. S.) Carmarthen.
  • 32. 505 COMO CUMPLIO INGLATERRA Aunque Guatemala tiene a mano copiosa documentación para demostrar la forma en que el gobierno inglés y sus súbditos dieron cumplimiento a los solemnes pactos internacionales de 1783 y 1786, hemos preferido apelar al testimonio de una autoridad de indudable crédito por tratarse de Sir John Alder Burdon, ex-gobernador de Belice, quien escribió la obra "Archives of British Honduras", editada por Sifton Praed & Co. Ltd. en Londres, en época contemporánea (1931 a 1934). De ese importante libro hemos tomado muchos elementos que exhiben cómo cumplió la Gran Bretaña los compromisos contraídos en que su buena fe quedó comprometida. Las ideas y conceptos aquí escritos pertenecen exclusivamente al ex-gobernador de Belice. La calidad de inglés del autor y su posición oficial dan a sus palabras una veracidad limpia de toda sospecha de parcialidad. El tratado de 1783 garantizaba la permanencia en Belice a los cortadores de madera, y al mismo tiempo garantizaba la seguridad de los territorios españoles adyacentes al campo de la concesión. Después de la firma de aquel tratado y antes de suscribirse la convención de 1786, hubo entre los ingleses residentes grande alarma por la noticia de la llegada del barco "Mercury" con un cargamento de convictos, para venderlos en Belice. A pesar de sus protestas, fueron desembarcados los convictos en condición tal, que "muy pronto serán impelidos a actos de desesperación por los gritos del hambre y de la desnudez". Un año después se hacía otra remesa con instrucciones de Lord Sidney para "ejecutar órdenes que a sus encargados comunicara Mr. George Moore", según carta de Evan Napean al superintendente de Belice, fechada el 15 de septiembre de 1785. Había sido nombrado superintendente el coronel Despard. La situación del establecimiento era difícil en cuanto al exacto cumplimiento del tratado de 1783 porque "la mayor parte de ellos no atienden las líneas limítrofes, sino cortan donde quieren, especialmente en el río Belice, y es en vano advertirles una violación del tratado y las consecuencias que le darían los españoles". Llegado Despard y posesionado de la superintendencia, se aplicó a procurar el estricto cumplimiento del tratado de 1783, y al efecto estuvo en leal colaboración con las autoridades españolas,
  • 33. 506 aun cuando éstas, en cumplimiento del tratado, arrasaron las siembras que encontraron en el establecimiento y requirieron la disolución de una corte de magistrados que había sido constituida. Al comunicar la destrucción de las plantaciones a Lord Sidney, aun cuando nuestro enérgico desacuerdo con el mal ocasionado a los residentes, explica la severa actitud de los españoles con el desacato continuo de los ingleses a las estipulaciones de tratado. (Páginas 171 y 172 del tomo I. de Archives of British Honduras). Despard fue destituido de su cargo porque a las autoridades inglesas les era difícil explicar "la irregularidad de todos los procedimientos" con el comisionado español. Se decía que España había dado su consentimiento para hacer siembras y cultivos. En la página 173 se hace el resumen de una nota de 30 de mayo en que el conde de Floridablanca informa al ministro del departamento de Indias haber comunicado órdenes a los gobernadores de Mérida y Bacalar sobre señalar a los ingleses lotes donde cultivar jardinería, papas, maíz y legumbres para su consumo. Tal licencia incluía la prohibición de cultivar productos comerciales. Así queda demostrado con el testimonio de las autoridades inglesas y españolas de aquella época, que España conservaba la soberanía sobre Belice y que los ingleses ejercían derechos de simples usufructuarios. En nota del 9 de octubre de 1789, el duque de Leeds, Secretario del Exterior, se dirigió a Mr. Merry, Ministro británico en Madrid, dándoles instrucciones para pedir al canciller español que nombrara a alguien que en unión del coronel Hunter, sucesor de Despard, estableciera alguna forma de gobierno para el distrito, declarando expresamente que este sistema no ha de entenderse derogatorio de la soberanía de España; y en la página 182 de Archives of British Honduras se hace mención a las seguridades del gobierno inglés al de Madrid sobre mantener el resto de esa misma soberanía española en Belice. Al tiempo del arribo de Hunter comenzó el gobierno inglés la sigilosa organización militar del territorio, a despecho de las solemnes cláusulas de los dos pactos angloespañoles de 1783 y 1786 y de las protestas de lealtad que a propósito de la designación del nuevo superintendente mandó hacer el gobierno de Madrid. En seis de mayo de 1790, el secretario de estado Grenville se dirigió al gobernador de Jamaica Effighan, dándole instrucciones para estar listo a enviar tropas a la Bahía inmediatamente que se de la noticia del comienzo de hostilidades contra España. Pág. 186. Aunque en los pactos de 1783 y 1786 comprometió Inglaterra su palabra en el sentido de que "en ningún tiempo se ha de hacer allí la menor fortificación o defensa, ni establecerá cuerpo alguno de tropas, ni habrá pieza alguna de artillería", Hunter fortificaba Belice en noviembre de 1790: cinco plataformas fueron construidas al lado sur de la boca del río Wallis (Belice) algunas casas fueron reparadas con "troneras" de defensa y los habitantes se adiestraban diariamente en movimientos tácticos. El gobernador de Yucatán así lo decía al superintendente coronel Hunter denunciándole las violaciones de los tratados.
  • 34. 507 Página 190. Los súbditos de Su Majestad británica se habían armado y organizado militarmente con el apoyo de las autoridades de Jamaica, con elementos y provisiones enviadas desde Inglaterra. En las páginas 223 y 224 del libro oficial británico a la vista, aparece el nombramiento oficial del mayor Barrow para comandar en jefe a los súbditos de Su Majestad. Como los tratados vigentes obligaban a Inglaterra, y ésta no estaba en guerra con España, Barrow debería atar un peso a estas instrucciones y su nombramiento especial para echarlos al agua en caso de caer entre enemigos durante el viaje; pero no debería arrojar "en ningún caso" su nombramiento de superintendente ni las instrucciones públicas. Pág. 224. En cuanto a la prisa de consumar "la conquista" de Belice, se dan por vía de información los siguientes datos contenidos en las instrucciones comunicadas por el gobernador de Jamaica al coronel Barrow: "...espera que el establecimiento suministre 171 reclutas de entre los esclavos bien portados, quienes durante el servicio recibirán paga equivalente a la de soldado británico, y liberación al ratificarse la paz con España. Si no se pueden obtener en esos términos, se podrán pagar £15.15.0 a los hombres libres de color o negros libres que se alisten. Si no se logran suficientes hombres libres, £70 pueden pagarse a los propietarios de cada esclavo, si el título es bueno y válido". Pág. 243. Así fue como los ingleses "conquistaron" el territorio donde con la venia del gobierno español se habían instalado, con el compromiso de mantener allí la soberanía española y la formal promesa del gobierno inglés de no armar hombres ni construir fortificaciones en ningún tiempo. En cuanto a la Paz de Amiens, pasa el cronista brevemente; pero consigna el siguiente comentario: "Marzo-1802. Paz de Amiens, restituyendo a España territorios conquistados u ocupados en la guerra". Nada más dice la cronología, porque al punto de vista británico no convenía recordar que en aquel tratado la Gran Bretaña renunció a la "conquista" de Belice, toda vez que España e Inglaterra convinieron en que ésta únicamente conservaría la isla de Trinidad, y, en consecuencia, se mantendría la soberanía española en Belice, sobre todo porque la Paz de Amiens revalidaba el tratado de 1783 y la convención de 1786. Y el gobierno inglés se hallaba convencido de esto, según se deja ver por las siguientes sugestivas líneas de la página cinco, que contiene efemérides del año de 1805: "Diciembre. Lord Castlereagh declaró que el establecimiento está dentro de territorio y jurisdicción extraña, y en consecuencia, no es colonia. La guarnición sólo es medida en tiempo de guerra, y ahora al concluirse la paz, debe reducirse".
  • 35. 508 La documentación británica que nos ofrece Sir Burdon es su libro "Archives of British Honduras", demuestra que, a pesar de las continuas violaciones de los pactos angloespañoles por parte de los ingleses, el gobierno inglés se consideraba obligado por ellos y en cierto punto los hizo respetar. En las efemérides que se contienen en el tomo II de la obra de Burdon. se leen las siguientes: "1809. Enero. Tratado de Londres, que asegura el olvido de todos los actos de hostilidad entre Inglaterra y España durante las últimas guerras. 1813. Octubre. Reclamo de España por cortes de madera allende los límites de los tratados 1783-1786. El Secretario de Estado da instrucciones sobre hacer cesar esa práctica. 1815. Julio. Manifestación del Secretario de Estado sobre que el rey no tenía derechos territoriales en el establecimiento, y por eso, ningún poder para establecer tribunales; pero el superintendente podría expeler a las personas peligrosas, en virtud de su nombramiento militar. Ni aun cuando desde 1815 se tenían noticias de la revolución de las colonias españolas, se había dejado de considerar la soberanía española en la concesión de los tratados. En enero de 1821, dicen las efemérides (Pág. 23): "El Secretario de Estado se refiere a la conveniencia de poner al establecimiento, en cuanto sea posible, sobre el pie de colonia británica". 1825. Mayo. Recomendación de que el reconocimiento de los límites de la colonia debe estipularse en todos los tratados con los "nuevos estados sudamericanos". (Pág. 27). 1826. Diciembre. En el tratado con México se confirman al establecimiento los derechos y límites otorgados por la convención de 1786 con España. Tres puntos de importancia capital quedan perfectamente establecidos con la documentación británica fidedigna suministrada por Archives of British Honduras, constituida por extractos y sumarios, hechos por un comité, de los documentos públicos que existen en la colonia, editados por John Alder Burdon, ex gobernador de la misma. 1.-- Al efectuarse la independencia de Guatemala (Centroamérica), en 1821, se consideraban los ingleses, a pesar de sus pretensiones y deseos, como simples usufructuarios del territorio de Belice; 2.-- Como título a su permanencia en Belice, invocaban los pactos angloespañoles y, en consecuencia, el tratado y la convención estaban en vigor y exclusivamente a ellos habría de referirse cualquier arreglo con Guatemala, del mismo modo que se hizo con México en 1826; 3.-- Los ingleses no habían traspasado la frontera del río Sibún después de 1821 y, como en virtud de la independencia de Centroamérica se extendía la soberanía de Guatemala desde
  • 36. 509 ese río al sur, todo avance de los ingleses constituía fatalmente acto usurpatorio. En 1827 Guatemala envío un crucero a las costas de Belice para alejar los barcos británicos que navegaban al sur del río Sibún. Esto lo refiere Burdon en la página 29 del tomo II de su cronología. En 1832, dice el mismo ex gobernador, el ministro de la guerra del gobierno de Guatemala notificó que Belice estaba representando una manifiesta usurpación del territorio guatemalteco. En 1834 el coronel Galindo, comandante en jefe de las tropas de Centroamérica (sic), hizo notificación a las autoridades inglesas de la concesión de tierras a su favor, hecha por el gobierno de Guatemala en el límite occidental del establecimiento, desde la confluencia de Black Creek con el río Belice. No consta en las efemérides de Belice compiladas por el gobernador Burdon, el más leve indicio de que las autoridades del establecimiento ni las de Londres, hayan hecho la menor protesta ante las manifestaciones guatemaltecas de soberanía en la región situada al sur del río Sibún, no con motivo de la declaración de que Belice representaba usurpación de territorio nacional. El gobierno de Londres y su representante en Belice no parecían muy convencidos de su derecho, como lo demuestra la condicionalidad a que sujetaban las concesiones que otorgaban, remitiéndolas a cualquier tratado futuro con España. (Pág. 30). Es también sintomática la declaración hecha por el Secretario de Estado en octubre de 1832, de que la constitución de la colonia no tenía estatuto legal. (Pág. 33). En 1833 los colonos pedían que se removieran las restricciones de concesión de tierras para cultivos, con informe del superintendente, haciendo observar que desde hacía muchos años, tales limitaciones eran los únicos puntos de los tratados de 1783 y 1786 que se observaban. La respuesta del gobierno inglés en 1834 fue que no era momento favorable para discutir ese punto con España. En mayo de 1834 el superintendente dio opinión, naturalmente oficial, de que el establecimiento estaba "fuera" de los dominios británicos. Pág. 35. Si Londres respetaba como válidos los pactos angloespañoles, los límites del establecimiento y los de la "colonia" no podían ser diferentes de los en ellos establecidos, es decir, los ríos Hondo y Sibún. Sabida desde 1822 la independencia de Centroamérica, y reconocida por Inglaterra la personalidad internacional de Guatemala por varios actos, sobre todo, por el nombramiento de su cónsul general señor John O'Reilley, se manifiesta en varias ocasiones la autoridad de la República al sur del río Sibún. Todo avance inglés en esta dirección, o al oeste, en el Petén, era un acto premeditado en daño del territorio nacional de Guatemala.
  • 37. 510 Debe notarse que esos avances al sur del río Sibún comenzaron a manifestarse doce años después de la independencia centroamericana, a pesar de los límites existentes y a sabiendas de que ese territorio ya no pertenecía a la corona de España, cuando Belice estaba fuera del imperio británico y cuando el mismo Secretario de Estado de Inglaterra declaraba que (Belice) carecía de estatuto legal, por lo cual no pudo el gobernador Burdon reproducir en sus efemérides protesta alguna de Londres ni de Belice por la "amenazante visita hostil" de un crucero de Guatemala, que en 1827 alejó los barcos británicos que operaban al sur del río Sibún. Es interesante hacer notar que en la página 35 de las efemérides del gobernador de Belice, correspondientes a noviembre de 1834, se sugiere lo siguiente: "Noviembre.--Recomendación de que los límites deberían fijarse finalmente entre los ríos Hondo y Sarstún, unidos al oeste por una línea que corriera al norte y al sur de los rápidos de Garbutt". La recomendación era para el futuro, porque antes de 1834 Inglaterra carecía de título alguno para extenderse más allá del río Sibún. No podía Inglaterra alegar quieta posesión, cuando se había recomendado especialmente al superintendente no provocar cuestiones respecto a los territorios invadidos. ¡Quieta posesión, cuando las autoridades de Belice ni aun podían ejercer ciertos actos de soberanía en las tierras de cultivo, necesarios al fomento de lo que es propio!. En marzo de 1835 se instruye al embajador en Madrid sobre tratar de obtener cesión a la Gran Bretaña de la soberanía de Honduras británica hasta el río Sarstún. Mr. Miller fue enviado a España para asistir a las negociaciones. La gestión se planteaba como cuestión de cortesía más bien que de reconocimiento de derecho alguno por parte de España. Claro está: España ya no tenía derechos en tierras de Centroamérica desde la declaratoria de independencia de las colonias españolas. La soberanía había pasado a las nuevas nacionalidades. Siempre confundieron los ingleses, seguramente sin malicia, los términos Belice y Honduras. Los derechos de "conquista" se referían a Honduras y Honduras Británica y sus anexos, como las islas de la Bahía y la Mosquitia, que comprendería toda la región costera desde Yucatán hasta el río San Juan de Nicaragua. Como el gobierno inglés no había ejercido acto alguno de soberanía al sur del Sibún, un mes después de las instrucciones al embajador en Madrid y pese a los "doscientos años de ocupación" se hizo en abril la "recomendación de que las pretensiones de Guatemala se invalidaran, aplicando al área en disputa el reglamento de tierras, como prueba de determinación de establecer el título británico". Pág. 37.
  • 38. 511 En 25 de abril de 1835, dicen las efemérides, el superintendente escribía a Mr. Miller: "aprobando el memorándum sometido al subsecretario de estado. El efecto del envío de los barcos de guerra a Belice ha sido excelente y los estados centroamericanos no han hecho efectivo el aumento de los derechos (de aduana) con que amenazaron. Pide autorización para hacer grandes presentes a los indios mosquitos a fin de retener su amistad". (Pág. 376) Los ingleses pretendían extender sus avances muy al oeste de donde habíanse establecido y, en varias ocasiones, intentaron llegar hasta El Petén, la extensa provincia de Guatemala en donde jamás se había visto un solo inglés. En mayo de 1838, el cónsul británico en San Salvador recomendaba que un buque de guerra ascendiera por el río Belice a fijar la posición de El Petén. (Pág. 40). Más tarde, de manera más concreta, los ingleses intentaron llegar hasta la isla que está en la laguna del Petén (Isla de Flores). Tales son los títulos y los derechos británicos al territorio de Belice, mostrados por la documentación oficial menos sospechosa, como que procede de los archivos del gobierno de Su Majestad. Los pactos angloespañoles fueron revalidados por el gobierno de la Gran Bretaña, en tratados formales con España en 1802 y 1814, en los cuales no se ensancharon los confines de la concesión de 1786. En el tomo II de la obra de Sir Burdon, y en las páginas 367/374 se da la historia de toda esta cuestión hasta 1840, con detalles elocuentísimos para formar opinión de la manera cómo Inglaterra se iba aprovechando de las lamentables circunstancias políticas de los estados centroamericanos. Tal seguridad tenían los ingleses de sus derechos al sur del río Sibún, que el coronel Cockburn comunicaba en 1833 la sugestión de comprar a la República de Guatemala, el territorio, por la suma de $150,000. (Pág. 372). A continuación se da la traducción literal del extracto del estudio que sobre la cuestión de Belice hizo en 1835 Mr. Gladstone, subsecretario de estado. Aparece en las páginas mencionadas en el párrafo anterior. Nada hay que debamos comentar respecto a los procedimientos ingleses en relación con los derechos territoriales de Centroamérica, porque las notas de Mr. Gladstone se comentan por sí mismas. Se disponía del territorio como de cosa propia y la "conquista" de los ingleses se hacía llegar al corazón del departamento del Petén, hasta la ciudad situada en la isla de Flores, en donde existe hoy la ciudad capital del rico departamento. Para todo lo relativo a las cuestiones limítrofes no debía tomarse en cuenta a Centroamérica ni permitirle que se entrometiera en los asuntos de Su Majestad.
  • 39. 512 Después de la restauración de los habitantes en 1786 (fueron echados del establecimiento en 1779) se revalidó el antiguo código de leyes con algunas adiciones. Las negociaciones con España parecen haberse interrumpido por la disputa con ella acerca de las costas norteamericanas, en 1790. Cuando se ajustaron estas disputas no se reavivó la cuestión de Honduras. Se interrumpió la paz del establecimiento en 1798 por el descenso de una flotilla española que fue batida por las tropas británicas y los habitantes que el territorio ocupaban. Fue desde entonces mantenido por derecho de conquista. Se estimaban exonerados de las obligaciones de los tratados. La comisión española cesó de visitar el establecimiento durante la guerra, y los habitantes exentos de observación y vigilancia, extendieron gradualmente su ocupación (¿conquistando?) hacia el oeste, y hacia el sur hasta el Sarstún. Esas penetraciones no parecen haber sido objeto de reclamaciones por parte de España, después de la restauración de la paz. Las únicas cuestiones territoriales surgidas en años posteriores fueron las provocadas por los Estados Unidos de México y la República de Guatemala, según el resumen que sigue: Línea Septentrional: la margen sur del río Hondo, desde su fuente, y a la latitud 18° 9' y 87° 17' de longitud. Línea Occidental: desde la fuente del río Hondo cruzando el río Wallis o Belice, a la distancia de 70 millas de la costa, dígase longitud 89° 19' hasta la fuente del Gorda. Línea Meridional: desde la fuente del Gorda. latitud 15° 37', longitud 89° 49' hasta su boca, y de allí a latitud 16° 40', longitud 87° 17'. Línea Oriental: desde dichas latitud y longitud, a norte franco hasta latitud 18° 9' y longitud 87° 17'. Estos límites, durante una serie de veinte años o más, se consideraron uniformemente como fronteras del establecimiento. Las cartas de Mr. Marshall Bennett se enviaron al Secretario del Exterior para su información y para que se emplearan cuando se entrara en arreglo con los gobiernos de Guatemala y Honduras, respecto a límites. En ocho de julio de 1825, el superintendente, general Codd, envió otro mapa que representaba los límites hasta donde los habitantes se habían extendido desde 1798, que consideran haber adquirido por
  • 40. 513 derecho de "conquista". Ese mapa representa los ríos Hondo y Sarstún como límites septentrionales y meridionales, de hecho. Sugiere el general Codd que el pueblo de Petén1 podría tomarse como frontera occidental o trasera en cualquier nuevo tratado. En 23 de septiembre consideraba Lord Bathurst que en cualquier tratado que pudiera concluirse con el estado de Guatemala, los límites del territorio de Honduras, como existen de hecho, debían asegurarse para la corona de la Gran Bretaña. El 24 de noviembre de 1827 informó el general Codd que el gobierno mexicano había nombrado una comisión para visitar personalmente e inspeccionar la línea fronteriza de "los establecimientos británicos". Declaraba además el general Codd que el gobierno mexicano, sintiéndose consolidado al estar reconocido por la Gran Bretaña, se volvía ambicioso de extender sus dominios. El coronel Cockburn, sucesor de Codd, se refería a la comisión mexicana de investigación, y preguntaba cómo actuar también en la cuestión relativa a Guatemala. En veinte de octubre de 1829, inquirió el Foreign Office si se debían dar nuevos pasos sobre fronteras, y decidió que en cuanto a México se nombrara comisión para encontrar y determinar la propuesta línea de demarcación. En cuanto a Guatemala el asunto era diferente. El gobierno de Su Majestad nunca había tratado con Guatemala como estado independiente y no podía admitir el derecho de ese país a entrometerse con los súbditos británicos en porción alguna de territorio que fuera ocupación de la Gran Bretaña; y había de darse instrucciones a los habitantes sobre resistir, de ser necesario por la fuerza, cualquier intento de intervención de las autoridades de Guatemala. El cónsul británico en Guatemala, Mr. Hall, informó que "se había publicado un manifiesto del ministro de guerra al congreso, al cual pedía deliberar sobre los peligros a que el Gobierno de Guatemala estaba expuesto por la proximidad del establecimiento, y declaraba que éste era manifiesta usurpación del territorio de la república; que se dan facilidades al contrabando, y criminales y enemigos de la república hallan protección allí; y otras quejas de parecida naturaleza, de las cuales se deduce la conclusión de que el establecimiento es enemigo declarado de Guatemala". 1 El pueblo de Petén, inocentemente mencionado como frontera occidental de Belice, no es otro que la ciudad Flores, en el lago del Petén. Contiene el tomo II de la obra de Burdon, copia reducida del "Sketch of that part of Yucatan at present possesed by the British. 1826",-Plano anexo a carta dirigida el 29 de abril de 1826 por un Mr. Cooke al Srio. Canning: allí aparece la línea supuesta como frontera occidental, pero comunicado con el río Belice un camino imaginario que conduce a un gran lago con tres islas, bajo la mayor de las cuales se lee: "Petén". Lord Palmerston, al contestar una carta (1834) de la junta de comercio, relativa a la cuestión limítrofe con Guatemala, manifiesta: Hasta qué extensión pueden los sucesos acaecidos desde los tratados con España de 1783 y 1786, tenerse justamente como modificadores de la naturaleza de la posesión británica de Honduras, es cuestión que puede a su debido tiempo ser objeto de discusión con "España"; pero piensa que solamente con España puede la Gran Bretaña considerar aquella cuestión debida o conveniente.
  • 41. 514 El mismo Lord Palmerston, al comunicar un despacho de Mr. Chatfield, manifiesta la opinión que sería oportuno ordenar al enviado de Su Majestad en Madrid, sobre representar al Gobierno de España que el Gobierno británico desea obtener de él reconocimiento de los derechos en el establecimiento de Honduras como colonia británica, para evitar la posibilidad de futura disputa entre Inglaterra y Guatemala respecto a los límites de la posesión británica. Tales son las circunstancias que caracterizan los procedimientos de "conquista" de parte del territorio guatemalteco; --por gran suerte, la conquista no llegó a la ciudad de Flores, como se había sugerido; y con idénticas razones pudo la nación agresora decir que su conquista había llegado aún más allá--. Guatemala no tenía porqué entrometerse en estos asuntos relacionados con su territorio. Eso había de arreglarse con España... Como se ve, los sucesos acaecidos a que se refiere este capítulo, han sido descritos y narrados por autoridades inglesas. Nunca tendrá Guatemala cómo pagar al gobernador de Belice, Sir Burdon, la información detallada que hace en su obra "Archives of British Honduras" y que nos ponen en condiciones de apreciar el valor de los títulos ingleses que han permitido su permanencia en Belice.
  • 42. 515 BELICE VUELVE A LA SOBERANIA DE ESPAÑA EN EL CASO HIPOTETICO DE QUE, A CONSECUENCIA DE LA GUERRA, LA GRAN BRETAÑA HUBIERA ESTIMADO QUE ESTABA EN SUS DOMINIOS (Tratado de Amiens.--25 de marzo de 1802) Las convenciones de 1783 y 1786 demuestran plenamente, como se ha visto, que Belice era español. La Gran Bretaña reconoció la soberanía de España en aquellos territorios, no obstante el usufructo concedido para cortar maderas de tinte y otras más, con las limitaciones de no organizar colonias, ni hacer fortificaciones, ni ejercer acto alguno que significara soberanía. Nuevas guerras alteraron las relaciones de amistad entre las dos potencias, y la Gran Bretaña se apoderó de muchas de las posesiones españolas de América. Por tener el usufructo de Belice, podría estimarse que también ese territorio quedaba comprendido en las ocupaciones inglesas durante la guerra. Pero no es pertinente considerar que Inglaterra haya adquirido por victoria de sus armas el territorio de Belice, porque ya lo tenía a consecuencia de los pactos angloespañoles de 1783 y 1786, a título de usufructuaria. Y, aun suponiendo que Belice hubiera estado comprendido en las ocupaciones bélicas inglesas, había debido restituirlo la Gran Bretaña a España, en cumplimiento del tratado de paz de Amiens. subscrito el 25 de marzo de 1802 entre Francia y sus aliados (España y Holanda), por una parte, y la Gran Bretaña por la otra. Se reproduce de nuevo el artículo cuarto de ese pacto:
  • 43. 516 "Su Majestad Británica restituirá a la República francesa y sus aliados, a saber: a Su Majestad Católica y a la República bátava, todas las posesiones y colonias que les pertenecían respectivamente y han sido ocupadas por las fuerzas durante el curso de la guerra, a excepción de la isla de Trinidad y de las posesiones holandesas de la isla de Ceilán". Cesaron, pues, de manera legal y solemne los pretendidos derechos de conquista alegados por la Gran Bretaña con motivo de su triunfo en Belice en 1798; los cuales, además, desaparecieron por el tratado anglo-español subscrito en Madrid en 1814, que restituyó las cosas a los términos de los de 1783 y 1786. La Gran Bretaña no ponía en duda, en posteriores tiempos, que Belice estaba fuera de sus posesiones y dominios. Más aún: cuidó de hacer cumplir por sus súbditos de Belice las estipulaciones de los tratados que constituyeron el usufructo condicional en 1783 y 1786, según queda constatado por actos suyos y por correspondencia sostenida con el superintendente del establecimiento, tal y como en numerosos pasajes de esta obra se demuestra precisamente con documentación oficial británica. El Parlamento inglés, en 1817 y 1819, reconoció en actos explícitos que Belice "no estaba dentro de los límites y dominios de su majestad británica" (Bassett Moore-III-156); y en 1834, en relación a correspondencia sobre el nombramiento de un notario público, declaraba el superintendente de Belice: No tenía yo intención alguna de poner en duda el poder del arzobispo para otorgar facultades dentro del dominio británico; pero, por cuanto considero a Belice fuera de los dominios británicos, estimé conveniente expresar mis dudas en cuando al poder de su ilustrísima para extenderse a ello.1 Por consiguiente, queda eliminada la aserción de que, por conquista de las armas en 1798, había pasado Belice al dominio y soberanía de la corona de Inglaterra. Es sumamente sugestivo el texto de la nota diplomática dirigida por Lord Rochefort, embajador inglés, al ministro Squilace: No podéis tener inconveniente en conceder lo que al primer punto se refiere (establecimiento de los colonos en Belice), porque, si más tarde no estuvieseis satisfechos de nuestro modo de portarnos, podréis, cuando queráis, obrar lo mismo que ahora y expulsarnos nuevamente de río Hondo, puesto que es de vosotros; pero puedo aseguraros que nuestra intención no es ni será jamás obrar de modo que se justifique la repetición de las mismas escenas.2 Algún escritor inglés, establecido en Belice, se expresa así: 1 Alder Burdon: "Archives of British Honduras", tomo II, página 354 2 Coxe. De la obra de Alejandro Villaseñor, México, 1894
  • 44. 517 Este año (1798), es de eterna recordación en los anales de Honduras Británica (Belice). A los acontecimientos que en él ocurrieron se debe la consolidación y legitimidad de aquel establecimiento, como fracción del imperio británico, fijando sus límites por el derecho indudable de conquista, ya no por tratados con España, y dejando de existir como hasta entonces, en calidad de simple ocupación tolerada para determinados fines.3 Sin duda se refería Robertson a la fracasada expedición de O'Neil, que el gobernador de Yucatán organizó en 1798 para expulsar a los ingleses de Belice. Pero no pudo realizar ese intento precisamente por haber encontrado poderosamente fortificada la entrada del río, en demostración del hecho de la violación británica de los tratados de 1783 y 1786, que prohibían levantar fortificaciones, estacionar tropas y tener armas de clase alguna. El gobernador O'Neil iba a exigir el cumplimiento de lo solemnemente pactado por Inglaterra con España. Además, debe tenerse presente que la expedición de O'Neil procedía de la capitanía general de Yucatán, en la parte de Belice que a la Gran Bretaña correspondía en forma condicionada; y que era muy distinta la jurisdicción de la capitanía general de Guatemala, bajo la cual estaba comprendido el territorio situado entre los ríos Hondo y Sibún. La expedición de O'Neil iba a expulsar a los ingleses de Bacalar y tierras adyacentes, allende los límites septentrionales de la concesión para cortas de maderas. Dentro de la jurisdicción de Guatemala no hubo acción de armas en 1798. Y aun cuando la hubiera habido y con éxito, por parte de los ingleses, ningún título habría sido para éstos, porque la violación de los tratados nunca ha legitimado lo que Robertson llama "derecho de conquista". Y ni en asuntos de régimen interior del establecimiento de Belice consideró el gobierno de Londres la violación de los tratados como base de soberanía: en 1821 consultaba el superintendente si legalmente se podían importar esclavos de otras posesiones británicas de las Antillas, y el secretario de estado le contestó, el 22 de septiembre: que, no siendo Belice colonia británica, aparte lo que la ley permite, cualquier importación de esclavos de colonia británica a posesión extranjera es ilegal, y que el único transporte de negros de colonia británica a posesión extranjera que se ha autorizado es la de esclavos al servicio de sus amos o de la familia de sus amos.1 Pero, a mayor abundamiento, y aunque a consecuencia de la guerra de 1798 se hubiera apoderado Inglaterra del territorio de Belice, éste retornó a la soberanía de España en virtud del tratado de paz de 1802, llamado de Amiens, según se ha demostrado. Así queda eliminado el título de "conquista", que algunos autores han imaginado para excusar la usurpación violatoria de la buena fe de solemnes obligaciones establecidas en tratados internacionales. 3 Robertson: "British Honduras", página 53, op. cit. 1 Alder Burdon, op. cit., tomo II, página 240
  • 45. 518 TRATADO CLAYTON-BULWER (19 DE ABRIL, 1850) Como en el estudio de los demás pactos internacionales aquí considerados, y para inspirar estas líneas en la mayor imparcialidad, se recurre de preferencia --y cuando es posible, exclusivamente--, a documentación anglosajona. Bassett Moore presta cuidadosa atención a este tratado, y a la vista se tiene el tomo III de su Digest of International Law, páginas 130 y siguientes. Muy conocido es el tratado Clayton-Bulwer, suscrito en Washington el 19 de abril de 1850 por el Secretario de Estado de los Estados Unidos, Mr. John M. Clayton, y el ministro de Inglaterra, Sir Henry Lytton Bulwer, para establecer la posición de ambas potencias en relación con la probable construcción de un canal interoceánico en tierras de la América Central. El imperio colonial inglés cedía en este continente a las interpretaciones de la doctrina de Monroe, que los estadounidenses daban a la declaración así llamada del Presidente de los Estados Unidos ante el Congreso de la Unión en 1823; y, en tal virtud, el tratado venía a limitar las pretensiones inglesas en la región del continente donde el canal habría de construirse. En el artículo primero declararon los dos gobiernos que ninguno de ellos obtendría ni mantendría para sí exclusiva intervención en el canal ni erigirían ni mantendrían fortificaciones en sus proximidades, ni ocuparían, fortificarían, colonizarían ni asumirían o ejercerían dominio alguno sobre Nicaragua, Costa Rica, la costa de los Mosquitos, ni parte alguna de Centroamérica; no otorgarían protección ni harían alianza con estado o pueblo alguno con el fin de erigir o mantener tales fortificaciones, ni ocupar, fortificar o colonizar Nicaragua, Costa Rica, la costa de los Mosquitos ni parte alguna de Centroamérica, ni asumir o ejercer dominio en ella. Al efectuar el canje de las ratificaciones del tratado el 29 de junio de 1850, el plenipotenciario inglés, Sir Henry Bulwer, manifestó que había recibido instrucciones
  • 46. 519 para declarar que Su Majestad no entiende los compromisos de aquella Convención aplicables al establecimiento de Su Majestad en Honduras ni sus dependencias. Se canjea por Su Majestad la ratificación de dicha Convención, con la declaración explícita arriba mencionada. El Secretario de Estado aceptó así la ratificación; pero el 4 de julio manifestó por escrito al ministro inglés que entendía que Belice no estaba incluido en el tratado del día 19 de abril anterior; pero que al mismo tiempo declinaba cuidadosamente afirmar o negar el título británico a su establecimiento o sus supuestas dependencias. El Gobierno de los Estados Unidos se preocupaba ante la política imperialista de la Gran Bretaña en Centroamérica: en 1848 daba instrucciones a Mr. Elijah Hise, nombrado Encargado de Negocios en Guatemala, sobre obtener información en cuanto a la naturaleza y extensión de las penetraciones británicas en Centroamérica, especialmente en el territorio de los Mosquitos y en Belice, para que los Estados Unidos pudieran decidir sobre una línea de política. Se informaba entonces que la Gran Bretaña había tomado posesión del puerto de San Juan de Nicaragua, o Greytown, con miras a lograr mando en la ruta para ferrovía o canal entre los océanos Atlántico y Pacífico por el lago de Nicaragua. El tratado Clayton-Bulwer eliminó, como se ha visto, cualesquiera pretensiones de la Gran Bretaña en Centroamérica, a excepción de Belice y sus "supuestas dependencias". Copiosa correspondencia diplomática provocó la determinación de los límites y el estatuto del establecimiento británico de Belice. El 2 de mayo de 1854 decía Lord Clarendon, Secretario de Estado, a Mr. Buchanan, ministro de los Estados Unidos en Londres, que una vez convenida la no aplicación del tratado a Belice, la única cuestión relativa a este establecimiento y sus dependencias en referencia con el tratado, que ahora puede surgir, se refiere a lo que son el establecimiento de Belice y sus dependencias o, en otras palabras, que son Honduras Británica y sus dependencias. Ciertamente, entendió el Gobierno de Su Majestad que el establecimiento de Belice, como aquí se alude, es el establecimiento de Belice como se encontraba en 1850; y está más garantizado en esta conclusión por el hecho de que los Estados Unidos habían, en 1847, enviado un Cónsul a este establecimiento, Cónsul que obtuvo su exequátur del Gobierno británico; circunstancia que constituye reconocimiento por el Gobierno de los Estados Unidos, del establecimiento de Honduras Británica bajo Su Majestad, como entonces existía. Desde luego manifiesta esto el Gobierno de Su Majestad, porque nota que Mr. Buchanan restringe dicho establecimiento dentro de los límites a que fue confinado por el
  • 47. 520 tratado de 1786; en tanto que el Gobierno de Su Majestad no solamente ha de repetir que los tratados con la antigua España no pueden mantenerse, por de contado, como obligatorios respecto a todas las diferentes porciones desprendidas de la antigua monarquía hispano- americana, sino también ha de observar que el tratado de 1786 tuvo fin por subsiguiente estado de guerra entre la Gran Bretaña y España; que durante esa guerra se ensancharon los límites del establecimiento británico en cuestión; y que cuando la paz se restableció entre la Gran Bretaña y España, ningún tratado de naturaleza política, ni relativo a límites territoriales, revalidó los tratados entre la Gran Bretaña y España que previamente existían.1 El Gobierno de Su Majestad, al manifestar este hecho, declara terminantemente, al mismo tiempo, que no tiene proyectos de ambición política o engrandecimiento respecto al referido establecimiento; y que su objeto será llegar a algún pronto, leal y amistoso arreglo con los estados vecinos de Honduras Británica para arreglar los límites que habrán de dársele y que en lo venidero no habrán de extenderse allende los límites a ellos asignados ahora. Como se ve, los Estados Unidos, al aceptar la reserva británica al Tratado Clayton-Bulwer, manifestaron no aceptar ni rechazar el título británico de Belice, y, al mismo tiempo, trataban de definir lo que era Belice. El ministro Buchanan hizo, el 22 de julio siguiente, las siguientes observaciones a la manifestación del Secretario de Estado inglés: Respecto al propio Belice, confinado dentro de sus legítimas fronteras conforme a los tratados de 1783 y 1786, y limitado al usufructo especificado en estos tratados, sólo es necesario decir algunas pocas palabras. El Gobierno de los Estados Unidos no insistirá al presente en la evacuación de ese establecimiento por la Gran Bretaña, siempre que todas las demás cuestiones entre ambos gobiernos concernientes a Centroamérica puedan ajustarse amistosamente. Lo han influido para seguir esta norma, en parte la declaración de Mr. Clayton, de 4 de julio de 1850, pero principalmente en consecuencia de la prórroga de la licencia, otorgada por México a la Gran Bretaña en el tratado de 1826, para cuyo término aún no ha dado pasos aquella República.2 1 Documentación británica producida por el ya citado Sir John Alder Burdon, demuestra evidentemente que la Gran Bretaña revalidó esos pactos, y durante muchísimos años los respetó y obligó a su cumplimiento a los impacientes "cortadores de maderas del establecimiento". En otro capítulo de este libro se examina la obra de Sir Alder Burdon, Archives of British Honduras; aquí bastarán algunas citas relacionas con la vigencia de los pactos angloespañoles: 1802. 27 de marzo. Paz de Amiens. Madrid, 28 de agosto de 1814. Tratado Wellesley-duque de San Carlos 2 El artículo XIV del tratado de amistad, comercio y navegación suscrito el 26 de diciembre de 1826 entre México y la Gran Bretaña, dice, traducido de la página 292 del tomo II de Archives of British Honduras: Los súbditos de su majestad británica no serán, con motivo ni pretexto alguno, perturbados ni molestados en la pacífica posesión y ejercicio de cualesquiera derechos, privilegios e inmunidades que en cualquier tiempo hayan gozado dentro de los límites descritos y establecidos en una convención firmada entre su dicha majestad y el rey de España el 14 de julio de 1786;sin embargo, ambas partes contratantes reservan, para mejor oportunidad, el arreglo posterior de este artículo, ya sea que tales derechos, privilegios e inmunidades hayan de derivarse de las estipulaciones de dicha convención o de cualquier otra concesión que en cualquier tiempo hayan podido hacer el rey de España, o sus predecesores, a súbditos británicos y colonos residentes y dedicados a sus ocupaciones legales dentro de los límites antedichos.
  • 48. 521 Sin embargo, debe entenderse claramente que el gobierno de los Estados Unidos no acepta reclamo alguno de la Gran Bretaña a Belice, excepto la temporal "libertad de hacer uso de las maderas de diferentes clases, los frutos y otros productos en su estado natural", y reconoce plenamente que la anterior soberanía española del país pertenece ya sea a Guatemala o a México. En conclusión, el Gobierno de los Estados Unidos, muy cordial y ardientemente se une al deseo expresado por "el Gobierno de Su Majestad, no solamente de mantener intacta la Convención de 1850, sino de consolidarla y fortalecerla, mediante el fortalecimiento y consolidación de las amistosas relaciones que en ella se calcularon cimentar y perpetuar". Terminantemente se manifestó la opinión del gobierno de los Estados Unidos, de que el único título --condicionado--, de la Gran Bretaña en Belice, eran los pactos angloespañoles de 1783 y 1786: el gobierno de los Estados Unidos sostenía, además, la doctrina hispanoamericana de que la soberanía del imperio hispanoamericano fue heredada, dentro de sus propias jurisdicciones, por las Repúblicas independientes. La misma Inglaterra reconoció expresamente esta doctrina, al acordar con México, en 1826, prórroga de las concesiones de 1783 y 1786. El gobierno de los Estados Unidos insistió en ella en 1856, en carta dirigida el 26 de julio al ministro estadounidense en Londres; decía el Secretario de Estado Mr. Marcy: La Gran Bretaña no tenía, al tiempo de la convención del 19 de abril de 1850, "posesión de derecho alguno en Centroamérica, salvo solamente el usufructuario establecimiento de Belice, si realmente está eso en Centroamérica"; y al mismo tiempo, "si alguno tenía, estaba obligada por el expreso tenor y verdadera construcción de la convención, a evacuarlo para quedar precisamente en el mismo pie que los Estados Unidos". Buena lógica empleaba el gobierno de los Estados Unidos al invocar los pactos angloespañoles de 1783 y 1786 en demostración de que la soberanía española pasaba por herencia a los nuevos estados hispanoamericanos. En este argumento basó también la demostración de que las islas de la Bahía correspondían a Honduras y la costa de los Mosquitos a Nicaragua: "no abrigamos duda de que era justo el título de España a la costa de los Mosquitos y que sus derechos han pasado a sus antiguas colonias adyacentes a ella", decía el Secretario de Estado Mr. Clayton al ministro estadounidense en la Nueva Granada, M. Foote, en nota del 19 de julio de 1849. En mayo había dicho Mr. Clayton al Ministro ante la corte de Londres, Mr. Bancroft, que los derechos de España a esa región (Mosquitia), han sido repetidamente reconocidos por la Gran Bretaña en solemnes tratados públicos con aquella potencia; que todos los derechos territoriales en sus antiguas posesiones americanas pasaron a los estados constituidos en esas posesiones, y deben mirarse como aún pertenecientes a ellos en todo caso en que puedan no haber sido voluntariamente abandonados o cancelados por conquista seguida de adversa posesión.
  • 49. 522 Tal era el explícito punto de vista del gobierno de los Estados Unidos en relación con las ocupaciones inglesas en territorio centroamericano, Belice inclusive, en cuanto a las consecuencias del Tratado Clayton-Bulwer. Más terminantemente lo define el Secretario de Estado, Mr. Marcy, en comunicación al ministro Buchanan, de 2 de julio de 1853: Era la intención, y naturalmente la consecuencia del tratado de 19 de abril de 1850, colocar a la Gran Bretaña en la obligación de terminar sus intromisiones en los asuntos de Centroamérica y confinarla al goce de sus derechos limitados en Belice. Se ha obligado, por el tratado de 1850, a no ocupar ni colonizar parte alguna de Centroamérica ni ejercer dominio alguno allá. "El honor británico requiere que esos tratados con España (los de 1783 y 1786), sean fielmente observados; y de la historia contemporánea ninguna duda surge de que así se haya hecho", decía el ministro estadounidense Buchanan en su manifestación de 6 de enero de 1854 al Earl of Clarendon, Secretario británico de Estado, refiriéndose a las ocupaciones inglesas de Belice, las islas de la Bahía y la Mosquitia. Y, en cuanto al caso concreto de Belice, se extractan los siguientes conceptos de esa manifestación: ¿En qué tiempo renovó la Gran Bretaña sus pretensiones "al país de los Mosquitos, tanto como al continente en general, y las islas adyacentes sin excepción"? No fue ciertamente en 1802, cuando, por el tratado de Amiens, adquirió de España la isla de Trinidad, sin mención alguna de otras adquisiciones en América. No fue, por cierto, en 1809, cuando entró en pacto de alianza ofensiva y defensiva con España, para resistir al emperador Napoleón en su intento de conquistar la monarquía española. Ciertamente no fue en 1814, cuando los tratados comerciales que anteriormente habían existido entre ambas potencias, inclusive, es de presumirse, los de 1783 y 1786, se revalidaron... No fue en 1817 y 1819, cuando actos del Parlamento británico (57 y 59 Geo. III), claramente reconocieron que el establecimiento británico de Belice "no estaba dentro del territorio y dominio de Su Majestad", sino era meramente "establecimiento para ciertos fines en posesión y bajo protección de Su Majestad", evidenciando así el propósito determinado de observar con la más escrupulosa buena fe los tratados de 1783 y 1786, con España. ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... Así continuaron las cosas hasta considerable período posterior a 1821, año en que las provincias españolas que integraban la Capitanía General de Guatemala proclamaron y mantuvieron su independencia de España. Sería labor de superfluidad intentar probar, en este período de historia mundial, que habiendo esas provincias, por revolución con éxito, devenido estados independientes, heredaron dentro de sus respectivos límites todos los derechos territoriales de España. Ciertamente no lo negará el Gobierno británico, que tomó
  • 50. 523 tan noble y prominente parte en asegurar la independencia de todas las provincias hispanoamericanas. Seguramente ha reiterado la Gran Bretaña su adhesión a este principio de Derecho Internacional en su tratado de 26 de diciembre de 1826 con México, entonces colonia española recientemente rebelada. En ese tratado, lejos de pretender derecho alguno allende el usufructo que se le había concedido por la convención de 1786 con España, reconoce su continuada existencia y efecto obligatorio entre ella y México al obtener y aceptar del Gobierno de ésta la estipulación de que los súbditos británicos no serán "inquietados ni molestados en la pacífica posesión y ejercicio de cualesquiera derechos, privilegios e inmunidades que han gozado en todo tiempo dentro de los límites señalados" por aquella convención. Seriamente puede discutirse si la anterior soberanía española sobre Belice, sujeta al usufructo británico, pasa por derecho a México o a Guatemala; pero en ambos casos, es igualmente concluyente este reconocimiento de la Gran Bretaña. Y aquí puede ser oportuno observar que la Gran Bretaña aún continúa en posesión, no solamente del distrito entre los ríos Hondo y Sibún, dentro del cual le había otorgado el rey de España licencia para cortar caoba y otras maderas, sino que los colonos británicos han extendido esa posesión hacia el Sur, hasta el río Sarstún, grado y medio de latitud allende "los límites descritos y fijados" por esta convención. Presúmese que las intrusiones de esos colonos al Sur del Sibún se han hecho sin autorización ni sanción de la corona británica, y que no existirá dificultad en su remoción. El 2 de mayo contestaba Lord Clarendon que ni por el tratado con México ni de otro modo había la Gran Bretaña reconocido como principio que los compromisos entre ella y España, fueran necesariamente transferidos a las fracciones de la monarquía española que vinieron a existir sobre distintas e independientes bases: que la Gran Bretaña meramente había estipulado en el tratado con México que los súbditos británicos no estarían en mayor desventaja en México independiente que en México, provincia española. ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... Que los límites del establecimiento británico de Belice no podrían restringirse a los del tratado de 1786, no solamente porque los tratados con la antigua España no podrían tenerse como necesariamente obligatorios respecto a las porciones disgregadas de la antigua monarquía, sino también porque el tratado de 1786 halló fin en el subsecuente estado de guerra entre la Gran Bretaña y España, durante la cual se ensancharon las fronteras el establecimiento inglés en cuestión.1_cia el norte,--"las porciones meridionales de nuestro territorio nunca han sido exploradas, y, según el ingeniero de la corona, contienen habitantes
  • 51. 524 que, creo, aún no han sido vistos por europeos ni criollos", informa el libro azul de establecimiento en 1858. Tal era la "ocupación" inglesa que la convención de 1859 con Guatemala reconoció a la Gran Bretaña como base para la demarcación limítrofe entre la república y Belice. No logró la Gran Bretaña cesión alguna de soberanía por parte de España, y, por la controversia con los Estados Unidos se vio Inglaterra compelida a obtenerla de la única parte que podría concedérsela, Guatemala. Y Guatemala cedió esa soberanía, y en la convención de límites se insertó la imprescindible cláusula compensatoria, el artículo VII que Inglaterra se niega a cumplir. -bernado por leyes ordinarias sino por reglamento admitido por consentimiento de los habitantes que manejan sus negocios con tal autorización (página 142). En proclama del superintendente, de 14 de julio de 1812, se advertía a los habitantes de Belice que por los términos del tratado con España, sólo individualmente pueden poseer tierras (página 155). Lord Bathurst comunicó el 13 de octubre de 1813 al superintendente de Belice que el rey Fernando VII de España se ha quejado de que los colonos ingleses del establecimiento de Wallix (sic) han estado cortando madera allende los límites otorgados a ellos por los tratados de 1783 y 1786, esto es, a la margen septentrional del Hondo y a la margen meridional del Sibún. Recomienda al superintendente dar pasos para terminar esa práctica (página 165). El 17 de febrero de 1814 y en junta de magistrados comunicó el superintendente representaciones del embajador español en Londres sobre que los colonos ingleses del "establecimiento de Wallis" varias veces habían transgredido las fronteras que les asignaban los tratados del 83 y el 86, y habían estado en el hábito de derribar y recoger madera al lado norte del río Hondo y a la margen sur del Sibún, en contravención de las provisiones de aquellos tratados (página 167). Lord Bathurst escribía al mayor Arthur, con fecha 18 de julio de 1815, después de autorizarlo a permitir el ingreso de españoles que buscaran asilo, siempre que se comportaran bien, que no teniendo su majestad derechos territoriales y en consecuencia ningún poder para establecer tribunales, el superintendente, en virtud de su nombramiento militar, puede
  • 52. 525 expeler a cualquier persona cuya conducta amenace la tranquilidad de los habitantes, y en tal caso ha de enviarse minucioso informe al gobierno de su majestad (página 180). El 3 de julio de 1816 se leyó en junta pública a la cual asistieron treinta y cuatro personas, un oficio del superintendente, quien consideraba noticias de Inglaterra sobre decomiso de un cargamento de caoba por las aduanas de su majestad, por informes de que se cortó fuera de los límites británicos del establecimiento, según los establece el tratado convención (sic) de 1786; y que en lo futuro tal caoba estará sujeta a derechos sobre (importación) extranjera (página 184). Lord Bathurst, en carta de 7 de noviembre de 1818, contesta al superintendente un memorial en que los habitantes solicitaban el establecimiento de un tribunal: manifiesta que, no teniendo su majestad derechos territoriales, está fuera del poder del gobierno británico acceder al pedido; pero manifiesta que se ha solicitado el auxilio del gobierno español (página 214). En junta pública celebrada el 10 de julio de 1820, a la cual asistieron 23 personas, se hizo notar que conforme al tratado de paz de 1783 y a la convención de 1786 con España, la corta de caoba y palo de tinte es el único privilegio otorgado a los habitantes del establecimiento (página 231). Vigentes estaban y, por lo menos ostensiblemente respetados por el gobierno de la Gran Bretaña los pactos angloespañoles, tanto en lo referente a las limitaciones de las actividades de sus habitantes en Belice, como en lo relativo a las fronteras convenidas en esos pactos: a propósito de las continuas fugas de esclavos hacia el departamento del Petén, y en junta de magistrados y 16 cortadores de caoba, efectuada el 24 de febrero de 1823, recomendó el superintendente dar pasos para calmar el descontento. Se recomendaron puestos militares en el curso superior de los ríos Belice y Sibún y representaciones ante las autoridades españolas, pidiendo la restitución de los esclavos fugos. (Página 272). R. Wilmot Horton, de la oficina colonial de Londres, envió el 3 de julio de 1823 al superintendente copia de un proyecto de ley presentado al parlamento en relación con la creación de un juzgado en el establecimiento para asuntos civiles; pedía la opinión de personas fidedignas del establecimiento y al mismo tiempo expresaba esperanzas de que al discutirse las condiciones del establecimiento con la corte de España
  • 53. 63 podría obtenerse alguna concesión respecto al derecho abstracto de legislación para la colonia (página 274). Aun cuando las usurpaciones británicas se hubieran manifestado en las selvas de la Verapaz y el Petén, el gobierno británico y el del establecimiento se abstenían de manifestar pretensión formal alguna que contraviniera los pactos angloespañoles de 1783 y 1786: los territorios situados al sur del río Sibún pertenecían al estado de Guatemala, y por eso no resultó reclamación alguna cuando, en diciembre de 1827, amenazaba un crucero guatemalteco alejar a cualquier barco británico que hallara cargando madera al sur del río Sibún (página 297); y, en carta de 26 de julio de 1833, pedía el superintendente al Secretario de Estado una ley del parlamento para el mejor gobierno del establecimiento, en especial en cuanto a la autoridad del superintendente, que es "tan vaga e indefinida"; la constitución legal de los tribunales "cuyos poderes son tan discutibles, que arrojan duda y dificultad en el curso de cuantas investigaciones legales ha de emprender" (página 347). De la actitud de España dependía, cuarenta y siete años después de la convención del 86, y cuarenta y cinco después de la paz de Amiens, la resolución de los más elementales y urgentes problemas interiores de Belice: en contestación a una solicitud de licencia para cultivar el suelo, dice el secretario de estado al superintendente, el 15 de abril de 1834, que no es favorable el momento para discutir la cuestión con España (página 353). Más evidencias como las anteriores hay en las páginas 375, 392 y 408 del tomo segundo y en las 77, 78, 113, 123, 139/40, 141, 144, 158 y 173 del tomo III de Archives of British Honduras: en esta última página se da el extracto de una comunicación del superintendente al gobernador de Jamaica, de 15 de noviembre de 1853 --tres años después del tratado Clayton-Bulwer-- en la cual se queja de que mientras la condición política del establecimiento permanezca inalterada y la soberanía territorial de España exista, será difícil definir en qué extensión prevalecen la prerrogativa y la autoridad de la corona británica. De hecho, es el establecimiento poco más que protectorado cuyos principales funcionarios nombra la corona. ¡Y Lord Clarendon decía, en 1854, que la guerra posterior a 1786 había puesto fin a la convención de dicho año, que nada se había pactado después entre España e Inglaterra, y ésta poseía la soberanía, el imperio y el dominio sobre Belice!. TRATADO DALLAS-CLARENDON Los Estados Unidos de América y la Gran Bretaña pactan en relación
  • 54. 64 con Belice y se refieren a sus límites con la República de Guatemala, sin su noticia ni conocimiento. Guatemala estaba deseosa de concluir un tratado de límites con la Gran Bretaña, para impedir las usurpaciones territoriales de los cortadores ingleses de maderas. La Gran Bretaña se resistía a convenir en el tratado, manifestando que no le interesaba ni consideraba de importancia el territorio de Belice, lo cual era todo lo contrario, según vino a demostrarlo, con posterioridad, la insistencia con que se gestionó ante el gobierno de Guatemala para celebrarlo. El interés no sólo existía por el espíritu expansionista inglés en cualquier parte del mundo, sino también por la importancia de otros órdenes que contemplaba la nación británica. Los Estados Unidos habían insistido en la desocupación de los territorios detentados por Inglaterra en tierras de la América Central; y fue pactado en el tratado Clayton-Bulwer de 1850. No obstante, fue exceptuado a Belice de la desocupación, al ser ratificado el tratado por el gobierno de los Estados Unidos. Así, una nueva dificultad se presentaba frente a los derechos de Guatemala. El Tratado Dallas-Clarendon, de 17 de octubre de 1856, agravó aún más la situación de Guatemala, debilitando su defensa legal, porque en el artículo II adicional se convino entre las dos potencias (Estados Unidos y Gran Bretaña): "Que el establecimiento de Su Majestad Británica llamado Belice u Honduras Británica, en las costas de la bahía de Honduras, limitado al Norte por la provincia mexicana de Yucatán y al Sur por el río Sarstún, no estuvo ni está comprendido en el tratado celebrado entre ambas partes contratantes el 19 de abril de 1850, y que los límites del mencionado Belice al Occidente como existían el mencionado 19 de abril de 1850, deberán, si fuere posible, ser establecidos y fijados por un tratado entre Su Majestad Británica y la República de Guatemala, dentro de dos años a contar del cambio de ratificaciones de este instrumento; y cuyas fronteras y límites no deberán en ningún tiempo ser ensanchados en lo futuro". Los límites de la concesión otorgada por España a Inglaterra estaban claramente fijados por el tratado de 1786, con terminante prohibición de ensancharlos; y, no obstante, ahora las dos potencias contratantes disponían que los límites llegarían al río Sarstún por el sur, con lo cual se mutilaba el territorio nacional en una grande y rica extensión.
  • 55. 65 Queda así explicado el interés que mostró Inglaterra en la conclusión del tratado de límites, siendo así que con anterioridad manifestara que no tenía interés. Tristes comentarios cabe hacer frente a la situación de Guatemala cuando disponía de su territorio por extraños poderes, sin consultarla ni oírla. Sólo así puede explicarse, aunque jamás justificarse, la celebración del tratado de 30 de abril de 1859, por el cual Guatemala cedió parte de su territorio, sin que le fuera permitido decir que lo cedía, aunque esa era la verdad. Jurídicamente, ante la ley internacional, a nada obliga a Guatemala lo que respecto de su suelo disponían Inglaterra y los Estados Unidos; pero, debe colocarse quien haya de juzgar los hechos, en el medio ambiente de aquellos tiempos dolorosos, en que el poderío triunfante disponía de los pueblos y de sus destinos. A lo expuesto hay que agregar la lucha centroamericana que en aquellos momentos tomaba la defensa de la soberanía de Nicaragua, atropellada por los filibusteros norteamericanos comandados por William Walker, vencido y fusilado por los defensores de la dignidad e integridad nacional. Guatemala, y con ella Centroamérica, expone ante el mundo el penoso proceso de su mutilación y el reclamo reivindicatorio de la justicia internacional ultrajada.
  • 56. 66 TRATADO DALLAS-CLARENDON ESTADOS UNIDOS-GRAN BRETAÑA 17 octubre, 1856 ARTICULO II (ADICIONAL) Y por cuanto las relaciones de amistad que existen entre las Partes Contratantes y la neutralidad de todas y cada una de las comunicaciones por canal o camino de hierro a través del Istmo que une el Norte con el Sur de América y a cuyas comunicaciones por canal o camino de hierro han prestado o prestarán su protección, puede ser asegurada más eficazmente por medio de un arreglo expreso de otras dos cuestiones sobre las cuales ha habido discusión, están de acuerdo y convienen en lo siguiente: 1º--Que el establecimiento de Su Majestad Británica llamado Belice u Honduras Británica, en las costas de la Bahía de Honduras, limitado al Norte por la provincia mexicana de Yucatán y al Sur por el río Sarstún, no estuvo ni está comprendido en el Tratado celebrado entre ambas Partes Contratantes el 19 de abril de 1850, y que los límites del mencionado Belice al Occidente como existían el mencionado 19 de abril de 1850, deberán, si fuere posible, ser establecidos y fijados por un Tratado entre Su Majestad Británica y la República de Guatemala, dentro de dos años a contar del cambio de ratificaciones de este Instrumento; y cuyas mencionadas fronteras y límites no deberán en ningún tiempo ser ensanchados.
  • 57. 67 El Tratado de Comercio suscrito por la República con la Gran Bretaña, no afecta en nada los derechos de Guatemala sobre Belice. Terminante nota de la Cancillería de Guatemala al Cónsul de Su Majestad Británica. Guatemala, julio 8 de 1847. Señor Cónsul General y Plenipotenciario de S. M. B. en Centro América.- Presente. Señor Cónsul: Aunque al ajustarse el tratado de amistad, comercio y navegación, firmado con fecha 25 de junio próximo anterior, entre V. S. como plenipotenciario por el Gobierno de S. M. B. y el infrascrito como Secretario de Relaciones Exteriores del Gobierno de la República de Guatemala, no se ha creído que dicho tratado pudiese afectar en nada, ni implicar los derechos de la República de Guatemala en la cuestión pendiente con el Gobierno británico sobre límites, por lo que hace a las concesiones en el terri- torio de Belice; es éste un punto que conviene fijar con claridad, tanto más que esto se hace necesario a consecuencia del contenido del artículo 14 del tratado celebrado entre la Inglaterra y la República Mejicana, en que se da a entender o se supone, que la última tiene derechos en los territorios de las concesiones de Belice, lo cual no es exacto, y por consiguiente, el Gobierno de Guatemala no ha podido convenir jamás en aquel concepto, lo que tampoco debe pasar en silencio al firmar un acto tan solemne y público como es el tratado con la Inglaterra; para que en ningún caso ni tiempo alguno pueda interpretarse o quiera deducirse consentimiento o tolerancia respecto de aquel concepto. Con tal objeto dirijo a V. S. la presente comunicación, por orden de S. E. el señor Presidente, a fin de consignar expresamente la inteligencia en que se ha procedido y procede, considerando que el tratado firmado en 25 de junio en nada implica ni afecta los derechos de la República de Guatemala en el asunto
  • 58. 68 sobre límites respecto a las concesiones en el territorio de Belice, a que dicen relación el tratado de 1783 y la convención de 1786 entre S. M. Británica y S. M. Católica. Esperando que se sirva V. S. darme la conveniente contestación de quedar impuesto y estar de acuerdo con los expresados conceptos, tengo la honra de reproducirle las consideraciones de atención y aprecio con que me suscribo de V. S. atto. y S. S., (f) J. Mariano Rodríguez. Respuesta a la nota anterior: Guatemala, 19 de julio de 1847. Al señor don J. Mariano Rodríguez, etc., etc., etc. He tenido el honor de recibir la nota de V. S. de 8 del presente mes referente a los límites de esta República con el Establecimiento de Su Majestad Británica en Honduras, y que será sometida al Gobierno de Su Majestad. Careciendo de instrucciones, no puedo dar opinión sobre este asunto. Sin embargo, y cumpliendo con sus deseos, puedo manifestarle que el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación que últimamente suscribimos de parte de nuestros respectivos Gobiernos, no afecta en nada ningún arreglo que el de esta República quiera en el futuro hacer con la Gran Bretaña respecto a límites. Tengo la honra, etc.. (f) Fred. Chatfield.
  • 59. 69 El Secretario de Relaciones Exteriores don José Mariano Rodríguez, se dirige al Gobierno de Guatemala para que sea estudiada la cuestión de Belice y se determinen los derechos legítimos de la República. En el año de 1847 el gobierno de Guatemala dispuso celebrar un tratado de comercio con Inglaterra y comisionó para el caso al señor José Mariano Rodríguez, Secretario de Relaciones Exteriores. Las atenciones que demandaba la organización de la República no habían permitido estudiar las cuestiones de fronteras. Las guerras civiles habían absorbido las actividades del Estado, dejando para mejor ocasión los límites territoriales con las naciones vecinas y con el establecimiento de Belice. Tales circunstancias aconsejaron no tratar con la Gran Bretaña la cuestión de la frontera con Guatemala y concretarse a pactar un tratado de comercio únicamente, como en efecto así se hizo. Sin embargo, el Secretario de Relaciones, señor Rodríguez, con clara visión, se dirigió al gobierno aconsejando el cuidadoso estudio del asunto de Belice e hizo recuerdo de las únicas convenciones que daban a Inglaterra algunos derechos sobre aquel territorio nacional, de conformidad con los tratados de 1783 y 1786 y el de 1814. El dictamen del señor Rodríguez fue el primer documento oficial que abrió capítulo acerca de los derechos de Guatemala en Belice y planteó el problema que tantos daños y menoscabos habría de traer a la nación guatemalteca, además de los ya sufridos por las usurpaciones realizadas en detrimento de nuestra integridad territorial y soberanía. El señor Rodríguez terminaba su exposición aconsejando someter el estudio a la consideración del Consejo de Gobierno, para que fueran dilucidados lo en que lo resume, como se ve en la transcripción literal siguiente: Señor Presidente: Cuando fui autorizado para concluir y firmar el tratado de amistad, comercio y navegación con la
  • 60. 70 Gran Bretaña, creí de mi deber, y procuré imponerme de lo conducente a la naturaleza, estado y circunstancias en la cuestión que tiene el Gobierno de Guatemala con el de Inglaterra por lo respectivo al establecimiento de Belice; y a este efecto, traje a la vista varios de los escritos que se han publicado sobre este asunto, y con especialidad las estipulaciones que dicen relación a él, y de las que tiene origen la concesión de aquel punto para los objetivos convenidos, y con arreglo a cuyas disposiciones debía tratarse el negocio: tales con el tratado definitivo de paz entre la Gran Bretaña y la España, firmado en Versalles el 3 de septiembre de 1783; la convención entre las mismas potencias, firmada en Londres el 14 de julio de 1786; el tratado concluido entre las propias partes y firmado en Madrid el 5 de julio de 1814; y los tres artículos adicionales a este mismo tratado, firmados en Madrid en 28 de agosto del mismo año de 1814. Del examen de dichos documentos y de otros escritos, formé el juicio de que la cuestión no estaba examinada debidamente, y que de la manera que en general se entendía y aun se había escrito acerca de ella no era exacta, por cuyos motivos el negocio demandaba un serio y detenido estudio, para poder fijar con claridad lo que competía en derecho a la República de Guatemala; y lo que conviniera hacer sobre el particular. Lo expuse así al Gobierno, manifestándole, además, mi opinión, sobre que por este asunto no debía embarazarse la conclusión del tratado de amistad, comercio y navegación con la Inglaterra, cuyo acto era de la mayor importancia y en el que, atendida su naturaleza, no consideraba yo indispensable comprender el arreglo o decisión de lo concerniente a Belice, pudiendo dejarse esto para ser tratado y terminado en una convención separada; pero que para fijar este concepto y garantizar, en todo caso, los derechos de la República, se hiciese por parte del Gobierno la declaratoria y protesta correspondiente, recabándose el consentimiento expreso sobre el particular de parte del plenipotenciario de la Gran Bretaña. Esta idea fue adoptada por el Gobierno, y en su consecuencia, se firmó el tratado, haciéndose la declaratoria y protesta mencionada, a que dio contestación, de acuerdo, el plenipotenciario del Gobierno de S. M. B., cuyos documentos obran en la Secretaría de mi cargo. Es oportuno advertir que, a los motivos indicados, se agregó otra consideración, por haberse estimado conveniente o necesaria la referida protesta, a saber, que por el contenido del artículo 14 del tratado celebrado el año de 826 entre la Inglaterra y la República Mexicana se da a entender, o se supone, que la última tiene derecho en los territorios de las concesiones en Belice; y no siendo esto exacto, ni pu- diendo convenir el Gobierno de Guatemala en tal concepto, no debía pasarlo en silencio al firmarse un acto tan solemne y público, para que en ningún tiempo pudiera interpretarse en su contra o argüirse de un consentimiento tácito. Debiendo reunirse el Consejo de Gobierno mandado establecer, me parece sería conveniente se tomase en consideración este asunto, a fin de prepararlo para cuando se reúna el C. L. y a este efecto consultarle los puntos siguientes: 1º--Sobre el estado actual de esta cuestión y verdadero aspecto por donde deba ser considerada. 2º--Acerca de los derechos que corresponden a esta República mediante la naturaleza de las concesiones en Belice, condiciones de ellas y la manera con que se hayan cumplido por parte de las autoridades y súbditos de la Gran Bretaña. 3º--Sobre lo que corresponda hacer más
  • 61. 71 convenientemente al Gobierno para el arreglo de este asunto, y venir a un término que precava en lo sucesivo inconvenientes o abusos en el mismo negocio. Con tal objeto, he creído deber presentar de nuevo este asunto a la consideración del Gobierno, por si estimase conveniente acordar de conformidad, o lo que parezca mejor. Guatemala, marzo 6 de 1848. (f) J. Mariano Rodríguez.
  • 62. 72 El Gobierno de Guatemala da instrucciones a su Ministro en Londres para negociar un tratado de límites entre el establecimiento de Belice y Guatemala. 1857 Las usurpaciones inglesas en territorio nacional de Guatemala amenazaban extenderse a la Verapaz y el Petén. La despoblación de las provincias del norte hacía difícil el control y la vigilancia. El usufructo concedido por España a la Gran Bretaña para explotar maderas en la zona comprendida entre los ríos Hondo y Sibún, era ostensiblemente inobservado. Los límites demarcados que habían de ser indelebles nada significaban ante los hechos conculcatorios. Centroamérica, convulsionada por las guerras intestinas, carecía de medios adecuados para hacer respetar su soberanía; y se quiso poner fin a los peligros de las agresiones, mediante un tratado de límites. No se pensaba en las justas reivindicaciones territoriales frente a la violencia de los hechos; pero se creía que la fijación de una frontera protegería el resto del territorio contra las invasiones del agresor. Ante la evidencia de que la Gran Bretaña carecía de título para ejercer dominio, había de serle útil y conveniente adquirir ese título si Guatemala se lo daba libremente mediante las debidas compensaciones. Tendría título pleno en la zona comprendida entre los ríos Hondo y Sibún, en donde no tenía sino el título precario de un uso limitado por solemnes pactos internacionales; y adquiriría también la soberanía de la sección limitada por los ríos Sibún y Sarstún, por la cesión que Guatemala le hiciera. Se ordenó al ministro don J. de Francisco Marín que abriera las negociaciones del caso y que exigiera la justa compensación a tan liberal propuesta. Legalizar lo que había sido resultado de una ocupación ilegítima no parecía a Guatemala que fuera repudiado por una nación rica y poderosa. Aunque la ética internacional de aquellos tiempos no fuera más exigente que la de otros posteriores, era de equidad natural recompensar la enajenación de un exuberante territorio de donde habían sido extraídas enormes cantidades de madera, durante la ocupación ilegal.
  • 63. 73 El ministro señor Martín quedó enterado de las instrucciones recibidas, según se comprueba con la nota de catorce de febrero de 1857, que dirigió desde París al Ministro de Relaciones Exteriores del Gobierno de Guatemala. Solicitaría la justa compensación, pero no se alucinaba con exageradas esperanzas. Obtendría, no obstante, "ventajas muy grandes" de su conclusión. Queremos acentuar las instrucciones recibidas por el plenipotenciario guatemalteco, porque si bien es cierto que el gobierno estaba en disposición de ceder parte de su territorio, no era menos cierto que no pensaba en hacer una donación gratuita. Habría de haber recíprocas prestaciones, bilateralmente consentidas, pues un tratado requiere el consentimiento de ambas partes, para que sea un contrato, y no un acto unilateral. El documento a que nos referimos dice así, literalmente: Nuestro plenipotenciario pasará a Londres a negociar el tratado.--Ante una potencia como Inglaterra, nuestro derecho es nuestra única fuerza. De la Legación en Inglaterra a la Cancillería. París, 14 de febrero de 1857. Señor: Pienso trasladarme a Londres a fines de marzo o principios de abril para iniciar la negociación de un tratado de límites, y solicitar una justa compensación al territorio invadido indebidamente por los ingleses en Belice. Sin alucinarme con esperanzas exageradas, no dejo de creer que cualesquiera que sean las condiciones de este tratado, la República sacará siempre ventajas muy grandes de su conclusión. Entre tanto, he escrito a Madrid, aprovechando la presencia allá de mi hijo político, el marqués de San Carlos, que goza de bastante influencia en el Gabinete del duque de Valencia, con el objeto de reunir todos los datos necesarios, de que sin duda está provisto el archivo español, y hacer patente cuanto más se pueda nuestro buen derecho, pues en él únicamente está nuestra fuerza, faltándonos los recursos de otra clase de respetabilidad para una potencia como la Inglaterra. Solicitaré también en Londres con el mismo objeto los datos que puedan encontrarse en el archivo de las colonias. Soy de U., etc.. (f) J. de Francisco Martín
  • 64. 74 Nota de la Cancillería de Guatemala a la Legación en Londres Varios años habían pasado desde que el gobierno de Guatemala gestionaba, sin éxito, la conclusión de un tratado de límites con Inglaterra para contener los constantes avances de los cortadores de maderas de Belice sobre territorio guatemalteco. El imperio británico no parecía urgido en la celebración de tal ajuste de límites y mostraba una resistencia pasiva; y ahora en que han sido despejadas incógnitas que hacen ver claro lo que antes era nebuloso e incomprensible, ya se comprende la causa de aquellas resistencias. Tal actitud de la Gran Bretaña hacía ver a Guatemala que efectivamente no había interés en la fijación de los límites territoriales. Entre tanto, los avances darían mayores ventajas a la nación detentadora, pues el título que ostentaba Inglaterra era la conquista de nuestro suelo. Además, la indiferencia aparente ameritaría rehusar cualquier compensación, ya que no había interés en concluir un tratado de límites. Frente a esa situación, el gobierno de Guatemala había instruido a su legación en Londres para que gestionara el estudio y conclusión del tratado. La cancillería decía al ministro: "Realmente, es doloroso el ver que nuestros más sagrados intereses se discuten y deciden en Europa inauditam partem; y allá a Londres, fue el ministro de Guatemala mendigando la dádiva de otorgarnos el bien de firmar un tratado que nos mutilaba. Esta nota del señor Aycinena sirve hoy para dar una idea del medio ambiente de aquellos tiempos y de la actitud despectiva con que se trataba a una nación que no acertaba a reclamar sus derechos a causa de su debilidad. Un rayo de luz iluminaba al señor Aycinena al recibir la vaga noticia, no confirmada, de la suscripción del tratado Dallas-Clarendon, mediante el cual Inglaterra disponía de dos años para arreglarse con Guatemala. La nota, que obra en el archivo de la Secretaría de Relaciones Exteriores, es como sigue:
  • 65. 75 Guatemala, 2 de marzo de 1857. Señor Ministro: La nota de V. E. número 63, me informa de que se proponía, tan luego como su salud se lo permitiera, trasladarse a Londres para estrechar sus relaciones con el Gobierno de S. M. B. y entablar la negociación con respecto a límites entre esta República y el Establecimiento británico de Belice. He remitido ya a V. E., con mi nota número 34, del 2 de diciembre, los datos que pudieron reunirse con respecto a este asunto, y no dudo que con ellos V. E., con el interés que toma siempre por todas nuestras cosas, habrá hecho cuanto le sea posible para ajustar un arreglo tan ventajoso como le fuese dable. El tratado entre la Inglaterra y los Estados Unidos, con respecto de los asuntos de Nicaragua (el Dallas- Clarendon), si es tal como dicen algunos diarios, nos proporciona una oportunidad de arreglar esta cuestión de límites, ya que en él se dice que se tratará este asunto con nosotros. De todos modos, me pa- rece muy oportuna la idea de V. E. de interesar a los Ministros de los Estados Unidos y de Francia, cuyos buenos oficios pueden sernos útiles. Realmente, es doloroso el ver que nuestros más sagrados intereses se discuten y deciden en Europa inauditam partem; y ojalá, como V. E. dice, fuese dable poner término a estas cosas. El proyecto a que V. E. alude de establecer una especie de liga o conferencia de las Repúblicas hispanoamericanas va formalizándose, pues según ya sabrá V. E., se firmó en Washington en noviembre último un tratado que firmaron los representantes de la Nueva Granada, Guatemala, El Salvador, Perú, México, Costa Rica y el Ecuador. La Gaceta de El Salvador publicó esa convención, y con esto creímos conveniente insertarla aquí en nuestra Gaceta, donde la habrá visto V. E.. Le reitero, etc.. (f) P. de Aycinena
  • 66. 76 El Ministro de Guatemala en Londres soñaba con la posibilidad de que la compensación que diera Inglaterra fuera la ayuda para la defensa contra las invasiones filibusteras. Londres, 16 de junio de 1857. Señor Ministro: Según avisé a V. E. el 15 del pasado, pocos días después me trasladé a esta capital. Luego que llegué lo avisé a Lord Clarendon, pidiéndole una entrevista, pero a consecuencia de tener S. E. que acompañar a la Reina en Osborne y permanecer a su lado hasta después de la partida del Gran Duque Constantino de Rusia que vino a hacerle una visita, no volvió a Londres Lord Clarendon hasta el dos del corriente y en este día me recibió en el Ministerio; y tuve con Su Excelencia una conferencia larga sobre la situación de Centro América, por la que, como siempre, ha manifestado sus buenas disposiciones, especialmente con respecto a los Gobiernos de Guatemala y Costa Rica. Habiéndole hecho presente que estaba pendiente a ocuparme inmediatamente del tratado de límites entre Guatemala y el Establecimiento de S. M. B. en Belice, siendo éste uno de los principales objetos que me había traído a Londres, me ofreció avisarme cuándo podría verle de nuevo a este fin. El 13 he tenido otra conferencia con Lord Clarendon, en la que habiéndome manifestado que para facilitar y acelerar el trabajo en que debíamos ocuparnos del tratado de límites, deseaba que yo le permitiese introducir a mi conocimiento al Superintendente de Belice que actualmente se encuentra en Londres, con quien podría yo conferenciar sobre dichos límites y después que nos hubiéramos entendido al efecto, seguiría la negociación con S. E. hasta concluirla. Convine con su deseo, y ha quedado en avisarme cuándo deberíamos tener la primera reunión en el Ministerio, para lo que había pedido todos los antecedentes al Ministro de las Colonias. Espero que en esta semana tendré la primera entrevista con el Superintendente, y que diariamente nos ocuparemos de este negocio, hasta ponerlo en estado de ocuparme de él con Lord Clarendon y entrar en la negociación definitiva, en la que procuraré obtener todas las ventajas posibles, siendo una de ellas, si fue- re asequible, la de obtener la ayuda del Gobierno de S. M. B. para impedir con sus buques de guerra en uno y otro mar, la invasión de filibusteros; de todo lo que espero poder dar cuenta a V. E. en el mes próximo. Ruégole, etc., (f) J. de Francisco Martín.
  • 67. 77 La Cancillería de Guatemala instruía al Ministro Martín para que, al ajustar el tratado de límites con Inglaterra conviniera en mantener extinguida la esclavitud. Una de las primeras disposiciones de la legislación constitucional de Centroamérica, al organizarse como nación libre e independiente, fue la que extinguió para siempre la esclavitud. El venerable diputado Simeón Cañas había hecho la iniciativa generosa y la naciente República se había honrado altamente, consignando aquel hermoso principio que reconocía la libertad de los esclavos propios y de los que, procedentes de otras partes, pisaran su suelo. Esclavos fugos de Belice habían llegado a Guatemala buscando amparo contra la esclavitud imperante en los territorios ingleses y en Belice; y el gobierno nacional había sido objeto de las primeras reclamaciones diplomáticas por los agentes de la Gran Bretaña. Parecía al gobierno de Guatemala muy oportuna la ocasión para que en el tratado de límites fuera consignado el convenio bilateral de mantener perpetuamente las leyes que extinguían la esclavitud. De esa manera, el país se vería exonerado de las irritantes reclamaciones sobre recuperación de los esclavos. No hay en los archivos ningún dato respecto del resultado de las instrucciones dadas al representante negociador del tratado; pero no debe haber tenido éxito, porque el tratado de 30 de abril de 1859 nada expresa sobre el particular. Es motivo de legítima satisfacción para un Estado incipiente que no acertaba a defenderse de pérdidas materiales, que tratara de invitar a la Gran Bretaña a consignar la libertad de los esclavos que mantenía en Belice. En este caso, la derrota fue señalada victoria. El silencio del tratado responde mejor que el más elocuente discurso. He aquí la nota:
  • 68. 78 Guatemala, 2 de julio de 1857. Señor Ministro: El Gobierno desearía que bien en el convenio de límites con el establecimiento de Belice que V. E. va a negociar o bien con cualquier otro motivo, se pudiese hacer una estipulación con la Inglaterra que ligase a esta República a mantener perpetuamente y no alterar las leyes que en ella rigen aboliendo para siempre la esclavitud. En el convenio sobre límites parece que cabría muy bien este compromiso, porque debiendo quedar lindantes los dos territorios, si en el uno fuese admitida la esclavitud y en el otro no, se reproducirían inevitablemente con el tiempo entre ellos las dificultades graves que hay por este motivo en los Estados Unidos entre los Estados de esclavos y los que no los admiten. Aquí mismo se ofreció ya una seria dificultad cuando se dio la ley aboliendo la esclavitud: entonces existía aún en las colonias inglesas y por consiguiente, en Belice. Muchos esclavos huyeron y se asilaron aquí, lo que dio motivo a las primeras reclamaciones que se hicieron a este Gobierno por los agentes de la Gran Bretaña. Lo digo a V. E. para que le sirva de instrucción, confiando que en este punto como en todos los demás pendientes, V. E. procederá con el celo e inteligencia de costumbre. Renuevo a V. E., etc.. (f) P. de Aycinena
  • 69. 79 ANTEPROYECTO del Ministro de Guatemala en Londres, para establecer las compensaciones a que tenía derecho Guatemala por la cesión de su soberanía en el territorio que en Belice usufructuaba la Gran Bretaña y el territorio al Sur del río Sibún en donde se habían verificado los avances ilegales. Este documento prueba que el Gobierno de Guatemala, desde 1857 pugnaba por reclamar legítimas compensaciones en cambio del reconocimiento de los hechos consumados por Inglaterra.--Guatemala ostentaba una soberanía de jure y estaba dispuesta a cederla, mediante prestaciones que compensaran el sacrificio.--Anexo con referencia al proyecto de convención.--Algunas consideraciones históricas y jurídicas. Londres, julio 17 de 1857. El Gobierno de Guatemala desea, lo mismo que el de S. M. B., regularizar la situación respectiva del Establecimiento de Belice y de la República, respecto a soberanía y límites por medio de un arreglo decoroso y equitativo. Para llevar a cabo este objeto importante hay que establecer los siguientes puntos, que forman la base misma de la negociación: Colocándose en el terreno del Gobierno de Guatemala, hay que asumir en primer lugar el hecho de que la posesión en que se halla la Gran Bretaña del Establecimiento de Belice, no tiene ni ha tenido el carácter de una propiedad perfecta. No hay conquista ni tratados que establezcan semejante propiedad, antes bien hay tratados que establecen lo contrario; pero el alegato que pudiera hacerse de que guerras ha habido que los destruyen, no pudiera conducir a otra deducción lógica y conforme al derecho de gentes, sino a ésta: la guerra ha establecido las cosas en un estado ante bellum, es decir, en el estado, para Inglaterra respecto a Belice, de posesión precaria y condicional. Además, dichos tratados fueron restablecidos en su fuerza y vigor por el tratado con España de 1814, artículo adicional 1º y reconocidos después explícitamente en otro tratado con México, en 1826, artículo 14.
  • 70. 80 Admitido este primer punto, resta saber a quién la Inglaterra debe responder por el derecho superior, que no le compete, de propiedad y soberanía sobre los terrenos que ocupa en las costas de la República de Guatemala. Claro es que no puede ser ya a España. Será, pues, a la República de Guatemala. De otro modo, Inglaterra entraría en el goce de un derecho al que no tiene título alguno. Sin embargo, el Gobierno de Guatemala renuncia desde ahora a la discusión de principios que estos puntos promueven, se declara convencido de la propia conveniencia en aceptar los hechos consumados; se siente honrado y satisfecho con la vecindad de una nación tan poderosa e ilustrada, se complace en reconocer la comunidad de intereses que resulte de dicha vecindad entre la Inglaterra y Guatemala y se congratula al pensar que por tan plausibles motivos puede sacar ventajas, que valdrían tanto acaso para él, en las circunstancias presentes, que su reintegración en la posesión y soberanía de todo el territorio objeto de la presente negociación. Desde luego el Gobierno de Guatemala espera que, teniéndole en cuenta su renuncia y sus vivos deseos de complacer a la grande nación británica, el de S. M. la Reina no se negará a ofrecerle alguna compensación. El Gobierno de Guatemala convendría en tal caso en reconocer los actuales límites del Establecimiento de Belice como definitivos, ofreciendo su cooperación para determinarlos geográficamente. Por su parte, el de S. M. indemnizará a la República, tanto por su renuncia a la soberanía que le corresponde legítimamente sobre todo el territorio que formó antes las concesiones hechas por el Rey de España en 1783 y 1786, como por los avances que han ido haciendo sucesivamente los súbditos de S. M. B. ocupados en traficar y cortar maderas en dicho Establecimiento y especialmente por los avances de mucha consideración que se han hecho posteriormente a la independencia de Centro-América. Esta indemnización puede ser pecuniaria, pero el Gobierno de Guatemala prefiere que el de S. M. B. la consienta en forma de garantía contra los peligros exteriores que amagan la quietud y hasta la nacionalidad de los pueblos confiados a su celo. Lejos de sus pretensiones está que la Inglaterra la proteja contra enemigos cualesquiera que fuesen, que vinieran a hacerle la guerra con bandera desplegada y conforme a los usos de las naciones civilizadas; pero sí contra bandidos o filibusteros, que son el oprobio de este siglo y cuyos crímenes llaman la justa reprobación de todos los Gobiernos, autorizando su interferencia tanto, sino más legítimamente, que cuando se trata de estorbar y castigar el infame tráfico de esclavos. Nada más sencillo que esta garantía. El ejemplo de lo que acaba de pasar en Nicaragua basta para indicar los medios de evitar semejante escándalo en Guatemala. Si la Inglaterra y las demás naciones hubiesen reconocido desde antes como un principio internacional que el hecho de invadir un territorio independiente por partidas armadas sin carácter nacional, como hicieron Walker y sus compañeros, constituye un ultraje al derecho común y merece, si no castigo, por lo menos abierta y enérgica oposición de parte de las naciones civilizadas por todos los medios de que éstas disponen; y si, en consecuencia de
  • 71. 81 tal reconocimiento, todas ellas o una solamente se hubiese opuesto al desembarco de los reclutas que vinieron sucesivamente a reforzar las huestes de dicho aventurero, es claro que la guerra lamentable de Nicaragua no hubiera durado tanto tiempo. Es una garantía de esta clase por medio del reconocimiento del precitado principio internacional lo que pide la República de Guatemala como compensación de las concesiones que hace a la Inglaterra respecto a las tierras ocupadas por el Establecimiento de Belice. Para hacerla efectiva, el Gobierno de S. M. no necesita de más fuerzas que las que mantiene constantemente en las costas americanas para la protección de su comercio y de sus nacionales. Podrá expresarse en esta forma: el Gobierno de S. M. B. reconoce: 1º--Que la invasión de filibusteros o sea de aventureros que sin carácter nacional efectivo ni aparente se apoderan a viva fuerza de parte o de todo el territorio de una nación en paz con todo el mundo y admitida en el concierto de las naciones civilizadas, constituye una violación del derecho común y me- rece, cuando menos, una oposición abierta y enérgica. 2º--Que si bien las potencias de primer orden no están obligadas a defender a las demás en el caso precitado aunque conozcan la justicia de él, pueden, cuando lo juzguen útil y conveniente, prestarle la protección que reclama su debilidad, impidiendo dicha violación. Por consiguiente, y en consideración a la renuncia que hace la República de Guatemala de su derecho de propiedad y soberanía sobre las tierras ocupadas actualmente por el Establecimiento de Belice, el Gobierno de S. M. B. reconoce como propiedad incuestionable y absoluta de la referida República, todo el territorio comprendido entre los límites actualmente establecidos, y se compromete, siempre que lo requiera el caso, a impedir que dicho territorio sea invadido y ocupado por aventureros de la clase mencionada, empleando al efecto las fuerzas que destina en las costas de América a la protección de su comercio y de sus nacionales.
  • 72. 82 El Gobierno de Guatemala aprueba el proyecto de tratado propuesto al de la Gran Bretaña por su Ministro en Londres. Se insiste en la justa compensación que se pide. Aunque el gobierno aprobó el proyecto de tratado y el memorándum preparado por el señor Martín, y así lo manifiesta el Ministro de Relaciones Exteriores en su nota de dos de septiembre de 1857, teme que "a pesar de lo moderado de nuestras pretensiones expresadas en el proyecto", no sean aceptadas por las complicaciones que podrían sobrevenir a la Gran Bretaña en sus dificultades con los Estados Unidos. Esas dificultades no eran otras que las que nacían de las obligaciones pactadas en el tratado Clayton-Bulwer de 1850. A Inglaterra le estaba vedado obtener nuevos territorios en tierras de Centroamérica; y por el tratado estaba adquiriendo lo que antes no tenía: la soberanía sobre la zona concedida solamente en usufructo por los tratados con España de 1783 y 1786, más el territorio lentamente ocupado e indebidamente explotado y poseído, comprendido entre los ríos Sibún y Sarstún. Ciertamente, Inglaterra no podía aceptar la cesión que Guatemala le hiciera abiertamente, sin quebrantar la fe prometida en el tratado de 1850. Pero Guatemala no podía, al mismo tiempo, hacer la cesión sin obtener, en cambio, las indemnizaciones necesarias que justamente reclamaba. Estas acotaciones a los sucesos históricos de aquel tiempo, explican perfectamente el silencio guardado en el tratado de límites de 30 de abril de 1859, respecto a la naturaleza compensatoria de la cláusula VII. Se estipuló una compensación, pero se rogó que no se consignara la calidad de compensatoria: bastaba establecer la obligación de la Gran Bretaña, lo cual satisfacía a Guatemala, y eso era bastante. Bajo la fe y el honor del negociador, debería Guatemala estar tranquila: Inglaterra cumpli- ría lealmente sus compromisos internacionales.
  • 73. 83 Ya se verá en el curso de este proceso histórico cómo cumplió Inglaterra esos compromisos y cuál fue el resultado de la buena fe con que Guatemala suscribió el tratado. La nota de la cancillería de Guatemala es así: Guatemala, 2 de septiembre de 1857. Señor Ministro: He tenido el honor de recibir la carta confidencial de V. E. número 89, de fecha 15 de julio y relativa al arreglo de límites del establecimiento de Belice. El proyecto de tratado y el memorándum que V. E. presentó a Lord Clarendon y de que se sirve acompañarme copias, están perfectamente concebidos y corresponden a todos los deseos del Gobierno. No habiendo dificultad para la fijación de límites, por encontrarse conformes las cartas con el pequeño mapa que remití a V. E. y las observaciones con que lo acompañé, no queda más dificultad que la compensación que parece justo se nos haga. No parece exacto lo que aseguró a V. E. el señor Stevenson sobre que desde antes de la independencia se habían extendido los cortes de madera hasta el río Sarstún, y fácil sería comprobar que después de 821 es cuando se fue avanzando en el territorio y traspasando los límites fijados en los tratados con España. Como V. E. observa, es de temerse que a pesar de lo moderado de nuestras pretensiones, expresadas en el proyecto de V. E. con tanta delicadeza y tino, no sean aceptadas por el miramiento que el Gobierno inglés ha manifestado por no contraer compromisos y complicar sus dificultades con los Estados Unidos. Si en efecto ellas no fueren realizadas y se propusiere alguna otra compensación, quedo entendido que V. E. trasmitirá lo que le conteste Lord Clarendon, dejando en suspenso el negocio hasta que con conocimiento de dicha respuesta pueda aquí el Gobierno comunicar a V. E. nuevas inspiraciones. Entre tanto, el gobierno aprueba en un todo lo que V. E. ha practicado en este negocio y tiene entera confianza en su celo e inteligencia para seguirlo conduciendo; esperando que según la respuesta que reciba de Lord Clarendon se sirva hacerme las indicaciones que crea convenientes, las cuales serán siempre consideradas como de mucho peso en cualquier resolución que se tome por nuestra parte. De V. E., etcétera. (f) P. de Aycinena
  • 74. 84 Inglaterra no está dispuesta a dar compensaciones por el territorio de Guatemala que ha tomado de hecho.--Aparenta no tener interés en Belice ni da importancia a dicho establecimiento. La sagacidad inglesa estuvo de manifiesto en las conversaciones previas al tratado que había de pactarse con Guatemala. Inglaterra aparecía sin ningún interés en Belice. Así lo manifestara Lord Clarendon a nuestro ministro diplomático. No sacaban partido alguno de aquel establecimiento, al cual no daban importancia. Esto era lo que se decía ante las gestiones de Guatemala, siendo así que, al mismo tiempo, estaba corriendo el término de dos años convenido en el tratado Dallas-Clarendon para ajustar tratado. La importancia que Belice tenía para Inglaterra era tal, que motivó la exclusión de Belice de las posesiones y territorios ocupados por los ingleses al tiempo de ser firmado el tratado Clayton-Bulwer en 1850. A la vista estaba la ingenua sinceridad de nuestra cancillería en la posición adoptada frente a la Gran Bretaña, hasta el extremo de proponerle que, siendo tan justa la compensación reclamada, dejaría a la magnificencia y equidad inglesa fijar el monto de la indemnización. Y, claro está, el gobierno inglés vería que lo justo y equitativo sería legalizar las ocupaciones territoriales de los cortadores de maderas, adquirir títulos legales de dominio y soberanía en el Belice de 1786 y pasar a su propiedad soberana la sección del territorio guatemalteco desde el Sibún al Sarstún. Estas reflexiones se deducen de la nota del señor Martín a la cancillería, que se copia a continuación: París, 15 de septiembre de 1857. Señor Ministro:
  • 75. 85 Creo que no será posible obtener del Gobierno inglés las compensaciones que yo he solicitado en el proyecto que presenté de tratado de límites con el territorio de Belice; y por lo que he hablado con Lord Clarendon y el Subsecretario Mr. Hamond, tampoco creo que estarían dispuestos a dar una compensación pecuniaria, pues ellos no dan importancia alguna al Establecimiento, ni sacan partido de él. Harían con gusto un tratado de límites sólo para legalizar la situación. Ellos creen que también a Guatemala conviene fijar sus límites, tanto con Belice como con México. Sé que han invitado al Gobierno para hacer un tratado de límites entre la provincia de Yucatán y el Establecimiento de Belice. Yo he dejado sin mover la negociación, esperando recibir nuevas instrucciones del Gobierno. Si éste desea que de todos modos haga el tratado, volveré a Londres para activarlo y veré si puedo sacar una ventaja cualquiera, y procuraré no concluirlo sin compensación. (f) J. de Francisco Martín.
  • 76. 86 RESPUESTA A LA NOTA ANTERIOR El terreno ocupado tiene un valor considerable en maderas, del que se ha privado a la República y no se alcanza ninguna razón para que pretendan apropiárselo sin más título que la debilidad del país. El ministro Aycinena esperaba saber la respuesta de Lord Clarendon al memorándum presentado por el representante de Guatemala, bien penetrado de la ninguna esperanza que podía haber de que conviniese en pagar alguna indemnización por los territorios ocupados traspasando los límites de las concesiones que obtuvo Inglaterra del gobierno español. Se dolía el canciller guatemalteco que en cuanto a la indemnización, se mostrara el gobierno inglés con tan poca justicia. Si ese gobierno estimaba que el territorio de Guatemala, ocupado de hecho, no tenía importancia, debía devolverlo lisa y llanamente, conservando lo que le dio España, es decir, el usufructo condicional en el sector comprendido entre los ríos Hondo y Sibún. Cada nota cruzada entre la cancillería y el ministro Martín revela el proceso seguido por la Gran Bretaña para la retención de parte del suelo guatemalteco. De la Cancillería a la Legación Guatemala, 2 de noviembre de 1857. Señor Ministro: Respecto al tratado de límites, ya dije a V. E. lo que nos ocurría cuando se recibió la copia del proyecto y memorándum presentado por V. E. a Lord Clarendon, y que esperábamos saber lo que le hubiese contestado para resolver definitivamente, bien penetrados de la ninguna esperanza que podía
  • 77. 87 haber de que conviniesen en hacer alguna indemnización por los territorios que han ocupado, traspasando los límites de las concesiones que obtuvieron del Gobierno español. Es verdaderamente extraño que en esto se muestre por el Gobierno inglés tan poca justicia respecto a Guatemala, porque no hay duda que esos territorios por lo menos tienen un valor considerable en maderas de que se ha privado a esta República, y no se alcanza ninguna razón para que pretendan apropiárselo, sin más título que haber querido ocuparlo y la debilidad de este país, que no ha permitido que se les obligase a permanecer en sus límites primitivos. Si no le parece al Gobierno británico que tienen importancia estos territorios, podía devolverlos lisa y llanamente, conservando lo que le cedió la España. (f) P. de Aycinena
  • 78. 88 El Ministro de Guatemala en Londres informa al Gobierno que teme no esté dispuesto el Foreign Office a pagar las justas compensaciones que exige Guatemala por la cesión de su territorio en Belice. El diligente ministro de Guatemala don J. de Francisco Martín contestó la nota de la cancillería guatemalteca respecto a pactar en el tratado de límites los principios establecidos respecto de la abolición de la esclavitud, así como en cuanto a las compensaciones por la ocupación del territorio comprendido entre los ríos Sibún y Sarstún. No era de sorprender la actitud inglesa, porque se ajustaba a su política tradicional. El silencio había sido la respuesta a las gestiones del ministro de Guatemala. La inseguridad de la situación, los temores de nuevas invasiones filibusteras, la falta de orientación y de conocimiento de lo que pasaba en el mundo en relación con los Estados Unidos y la Gran Bretaña, hasta el punto de que la cancillería guatemalteca ignoraba que se había firmado el tratado Dallas- Clarendon; todas esas penosas circunstancias restaban fuerzas para reclamar con energía nuestro derecho y rechazar con vigor las pretensiones expansionistas de los colonos ingleses en Belice. La nota del señor Martín, aunque revela alguna esperanza de éxito, reflejaba la debilidad y timidez de la Secretaría de Relaciones Exteriores de Guatemala. Tal era el medio en que se desenvolvían los trabajos diplomáticos para fijar la frontera, como defensa contra ulteriores usurpaciones. De la Legación a la Cancillería París, 15 de septiembre de 1857. Señor Ministro:
  • 79. 88 Según informé a V. E. el 13 de agosto, al siguiente día 14 salí de Londres para esta capital y llegué a ella el 15 a medio día. Pocos días después recibí las comunicaciones de V. E. de 2 y 3 de julio último, señaladas con los números 20 a 23. Al negociar con el Gobierno de S. M. B. el tratado de límites entre la república y el Establecimiento de Belice, tendrá muy presente la prevención que me hace V. E. en su nota de 2 de julio número 20, para introducir en dicho tratado una estipulación que ligue a esa República a mantener perpetuamente las leyes que hoy rigen a ella aboliendo para siempre la esclavitud, cuya condición cuidaré sea mutua para uno y otro, que lo que me lisonjeo que no habrá inconveniente por parte del Gobierno de S. M. B., al cual por el contrario le será agradable. Ciertamente que en el convenio de límites es donde puede hacerse la citada estipulación sin que se llame la atención sobre ella, y como cosa natural al tratado y a los principios establecidos por uno y otro Gobierno respecto a la abolición de la esclavitud. Todavía no he tenido respuesta alguna de Lord Clarendon respecto al memorándum y proyecto de tratado sobre límites con el Establecimiento de Belice, que le presenté el 8 de julio último y de lo que envié a V. E. copia en 15 del mismo, bajo el número 84. Este silencio me hace temer que no están dispuestos a aceptar las condiciones que establecí como compensación debida a Guatemala por la cesión del territorio a que extendieron el Establecimiento de Belice más allá de la concesión hecha por el Rey de España en el tratado de 1786. Por lo que particularmente hablé con el Lord Clarendon y con el Subsecretario de Estado Mr. Hamond, en agosto último, juzgo que el Gobierno inglés no se prestará a contraer el empeño que yo establecí en los artículos 5 y 6 del proyecto de tratado, temeroso de que ello le traiga compromisos que no serán aceptados por el Parlamento. Según dije a V. E. en 15 de julio, no he instado sobre el arreglo de los citados límites ni lo haré hasta recibir nuevas instrucciones de V. E. que me hagan conocer los deseos del gobierno a este respecto, y si es su intención que de todos modos se negocie el tratado de límites para fijar éstos y evitar posteriores usurpaciones, obténgase o no la compensación que se ha pedido. En el caso que haya de hacerse el dicho tratado, aunque no se obtenga dicha compensación, aseguro a V. E. que yo haré los esfuerzos que estén a mi alcance para procurar alguna ven- taja para la República al celebrar el nuevo convenio. (f) J. de Francisco Martín. El Subsecretario Hamond juzga ventajoso para Guatemala la
  • 80. 89 celebración de un tratado de reconocimiento simple de las ocupaciones inglesas. Considera de utilidad para Guatemala un tratado en tales términos para protegerse contra otros avances y, además, contar con la simpatía de Inglaterra. El silencio del Foreign Office era pertinaz. El ministro de Guatemala decía al señor Aycinena que si él no promovía alguna gestión, nada se adelantaría. Hacía referencia a las conversaciones habidas con el Subsecretario Hamond y dedujo que dicho Subsecretario juzgaba ventajoso para Guatemala fijar de una vez los límites "para evitar que se hicieran nuevas incursiones por la parte del interior inculta y casi desierta, lo que con el tiempo diera derecho de posesión a los que se introduzcan por aquellos parajes", no siendo fácil que el gobierno de Su Majestad hiciera compensación alguna no teniendo mayor interés en el Establecimiento (de Belice). Creía también el señor Hamond que el tratado de límites contribuiría "a mantener y aumentar las simpatías del citado gobierno con respecto a Guatemala". Se deduce del juicio de Mr. Hamond que Guatemala estaba amenazada de nuevas usurpaciones; y cabe aquí la reflexión sobre de dónde vendrían esos amenazantes avances. De la parte interior inculta y casi desierta, decía el Subsecretario. Y, ¿quién controlaba esa parte interior e inculta?. Precaverse de nuevos avances ya era una gran ventaja para Guatemala si se avenía a reconocer los límites de las anteriores usurpaciones, a juzgar por la información del señor Martín. Pero, sobre todo, obtendría la simpatía de la gran nación británica. "Temo que el gobierno de Su Majestad no se ocupe de la citada negociación si yo no la promuevo", decía el ministro Martín en nota de catorce de noviembre de 1857. El Foreign Office, con otros estadistas ingleses, afirmaba que las ocupaciones territoriales estaban consumadas antes de 1821, época de la independencia de Centroamérica; y el ministro Martín pedía comprobaciones a su gobierno para demostrar la inexactitud de lo afirmado. Ninguno estaba mejor convencido de que los avances se realizaron después de la independencia, que el propio gobierno inglés. Muchas y elocuentes declaraciones oficiales inglesas existían respecto del particular. En 1820 el Almirantazgo británico había publicado un mapa que, por su procedencia debía considerarse como mapa oficial. La segunda edición de esa carta geográfica fue hecha en Londres en 1825; y en esa probanza
  • 81. 90 eminentemente objetiva y gráfica, se exhibía a Belice con límites hasta el río Sibún, de conformidad con la convención de 1786. Al norte de Sibún se lee: British Territories; y al sur, está la leyenda "Verapaz". La provincia de Verapaz era en aquellos tiempos la que colindaba con Belice hacia el occidente del Establecimiento. Sin embargo, cabe imaginar cuál sería la argumentación británica en contra de sus propios mapas oficiales: el mapa revelaba la situación de jure; pero la elaboración de los procedimientos en práctica está en la gestación adecuada para acrecentar los dominios de Su Majestad. Los cortadores ingleses penetraban como un taladro incontrastable en territorio de Guatemala, elaborando el argumento de la "posesión" que más tarde invocaría el Subsecretario Hamond como título de soberanía y de dominio. El derecho internacional inglés de aquellos tiempos tenía una fuente inagotable de derechos que oponer a la posesión y soberanía de Centroamérica. A continuación está la comunicación del ministro señor Martín. De la Legación a la Cancillería París, 14 de noviembre de 1857. Señor Ministro: He tenido el honor de recibir las comunicaciones de V. E. de 1º y 2 de septiembre último, bajo los números 24 a 28. Veo con satisfacción, por la nota número 24, que había merecido la aprobación del Gobierno el contenido del memorándum y proyecto de tratado que presenté a Lord Clarendon en julio último para fijar los límites entre esa República y el Establecimiento de Belice. Esta negociación se encuentra en el mismo estado en que la dejé al salir de Londres en agosto último, sin que hasta ahora haya recibido comunicación alguna de Lord Clarendon a ese respecto. Ello me hace creer lo que he dicho a V. E. en otras ocasiones, que aunque el Gobierno inglés tiene el deseo de arreglar por un tratado los límites del Establecimiento de Belice con esa República y la de México, no está dispuesto a hacer compensación alguna por el territorio a que han extendido dicho Establecimiento más allá de lo que les estaba concedido por el Gobierno español. De las diversas conversaciones que tuve en Londres con el Subsecretario de Estado M. Hamond, respecto a dicho tratado de límites, deduje que él juzgaba era ventajoso para Guatemala fijarlos de una vez por un tratado público para evitar que se hicieran nuevas incursiones por la parte del interior inculta y casi desierta, las que dieran con el tiempo derecho de posesión a los que se introduzcan por aquellos para-
  • 82. 91 jes; y que no sería fácil que el Gobierno de S. M. B. hiciera compensación alguna no teniendo en el día mayor interés en el Establecimiento. Creía también el señor Hamond que el tratado de límites contribuiría a mantener y aumentar las simpatías del citado Gobierno con respecto a Guatemala, lo que sería útil en cualquier acontecimiento como el que yo quería prever por las estipulaciones que pedí como compensación de la cesión de territorio. Temo que el Gobierno de S. M. B. no se ocupe de la citada negociación si yo no la promuevo, y para hacerlo he creído prudente aguardar a conocer si el Gobierno cree conveniente el que de todos modos se haga el tratado fijando los actuales límites, pues con este conocimiento yo volvería a Londres a promover y llevar a cabo la negociación, en la que emplearé todos los medios persuasivos que estén a mi alcance para sacar alguna ventaja en favor de la República, si me fuere posible persuadir a Lord Cla- rendon de la justicia que hay para ello y de lo honroso que sería para la nación británica el que apareciera que en dicho tratado ha sido justa y liberal con Guatemala, sin aprovecharse de su debilidad respecto al poder de la Gran Bretaña. Muy conveniente sería en su caso para el mejor éxito de la negociación, que yo tuviera los medios de comprobar que es después de 1821 que los súbditos ingleses han extendido su ocupación al territorio de Guatemala, excediendo la demarcación que les estaba trazada por el tratado celebrado con la España en 1786. Todos los informes, noticias y aun documentos que pudiera V. E. enviarme a este respecto, serían muy útiles para borrar las impresiones que han debido hacer en el ánimo de Lord Clarendon las aseveraciones de Mr. Stevenson, de que desde mucho antes de 1821 se habían extendido los cortes de madera hasta el río Sarstún, pues aunque dicha usurpación no les da derecho, sea cual fuere el tiempo en que se hubiere hecho, siempre sería conveniente hacer conocer que los súbditos ingleses se habían aprovechado de las circunstancias en que estuvo colocado el Gobierno de la República después de la independencia para aprovecharse de los cortes de madera más allá de los límites que les estaban trazados por el tratado de 1786, que respetaron mientras dominó el Gobierno español. (f) J. de Francisco Martín.
  • 83. 92 El Gobierno Británico se resiste a considerar compensación alguna y asevera que la ocupación hasta el río Sarstún procede de los tiempos anteriores a la independencia. Un Ministro especial vendría a Guatemala y la Cancillería intentaría arreglar directamente con él la cuestión de los límites territoriales. En enero de 1858 el gobierno británico se resistía a considerar alguna compensación por el ajuste del tratado de límites, alegando que sus avances procedían de tiempos anteriores a 1821. Así consta del oficio de dos de enero de aquel año, dirigido por el ministro de Relaciones Exteriores de Guatemala al representante en Londres señor Martín. El señor Aycinena rectifica la afirmación con el mapa inglés de Baily, de 1816, en el que consta que los límites reconocidos por Inglaterra en aquel tiempo se mantenían en el río Sibún, conforme la convención anglo-española de 1786. Suponiendo que, en efecto, los ingleses hubieren avanzado o estuvieran avanzando sobre nuestro territorio, esa confesión del gobierno británico es bastante para condenarlo como violador de ajenas soberanías y de solemnes estipulaciones internacionales. Pero no es exacto que las intromisiones hubieran llegado en 1821 hasta el Sarstún. No sólo el mapa de Baily sino, como ya lo hemos expuesto en anteriores comentarios, también el del Almirantazgo de 1825, exhibía la frontera en el río Sibún. (Véase el mapa anexo). El propio Parlamento de Inglaterra en 1817 y 1819 reconoció por actos explícitos que Belice no estaba dentro de los límites y dominios de Su Majestad británica, según comenta Bassett Moore, citado ya, en el tomo III, página 156 del Digesto de este ilustre internacionalista.
  • 84. 93 Posible es que hubiere habido penetraciones clandestinas hacia el sur del Sibún; pero ellas no pudieron ni pueden justificarse jamás como creadoras de derecho alguno, ante la ley internacional y la ética más elemental. Esa lógica está a la altura de la razón de conquista, antes alegada. La adquisición de territorios de ajena soberanía, reconocidos así por el propio gobierno inglés en documentos públicos y solemnes, hecha sin más armas que el avance del contrabandista, es una razón que vale mucho para formar conciencia del valor de las argumentaciones opuestas a un derecho incontrovertible. La Gran Bretaña aseveraba que no reconocía el derecho sucesorio de Centroamérica en los dominios que fueron de España; y así, no tomaba en cuenta la razón de nuestro derecho. Puede Inglaterra sostener los argumentos que le sean adecuados para cubrir con apariencias legales sus actos que atentan contra los postulados que regulan la existencia de veinte Repúblicas de América; pero debe hacerse cargo de que en ese terreno estará sola y que no habrá tribunal alguno ni país de este continente que no proteste contra lo que ataca un principio vital de las naciones americanas. Si Inglaterra, en virtud de su fuerza material sostiene unilateralmente que su fuerza es su derecho, Guatemala, aunque pequeña en extensión y en riquezas, sostiene que su derecho es su fuerza, ante la conciencia universal. Véase la nota del ministro Aycinena dirigida al ministro Martín: Los ingleses avanzaron grado y medio al sur del límite del río Sibún que marcó el tratado de 1786 y a expensas de Guatemala. De la Cancillería a la Legación Guatemala, 2 de enero de 1858. Señor Ministro: Acuso recibo de las comunicaciones de V. E. números 105 y 106, fechadas el 14 de noviembre próximo pasado. En la primera me habla V. E. con respecto al arreglo de límites entre esta República y el Establecimiento de Belice, cuya negociación quedó pendiente desde el mes de agosto. Veo el juicio que V. E. ha formado con respecto a este asunto y la poca disposición del Gobierno de S. M. B. a concedernos compensación alguna con motivo de las ocupaciones indebidas de territorio por los pobladores de Belice.
  • 85. 94 Pienso que no es exacta la idea de que esos avances fueron únicamente cometidos antes de 1821. Existe en este Ministerio una carta geográfica de dicho Establecimiento, levantada el año de 1816, y a la cual puede considerarse de carácter oficial. De ella aparece que en aquella época los límites de Belice llegaban solamente hasta el río Sibún, y desde entonces han ido ensanchándolos arbitrariamente hasta avanzar cerca de grado y medio, puesto que hoy ocupan los ingleses hasta el río Sarstún, y así aparece por el mapa de Mr. Bailly. Según me ha informado el señor Encargado de Negocios de S. M. B., uno de los asuntos en que debe ocuparse el Ministro especial Sir William Gore Ouseley, es este de los límites de Belice; y si es así, procuraré hacer todo lo posible para obtener un arreglo como lo deseamos. Para esto debe conservar aquí los datos que existen en el Ministerio, y aun me procuraré otros. Si no se lograre hacer el arreglo con Sir William Gore Ouseley, los remitiré a V. E. para que continúe en Londres la negociación y se haga el arreglo que fuere posible. (f) P. de Aycinena.
  • 86. 95 LA GRAN BRETAÑA ACREDITA UN MINISTRO EN GUATEMALA Mr. Charles Lennox Wyke se dirige a la Secretaría de Relaciones Exteriores proponiendo celebrar un tratado de límites. Las moratorias habidas para convenir en un tratado de límites habían preparado el ánimo del gobierno de Guatemala para celebrarlo y ponerse a salvo de nuevas conquistas y de ulteriores penetraciones clandestinas. Era una obligación de propia defensa, cualquiera que fuera el sacrificio. Los cortadores de maderas habían llegado hacia el occidente y amenazaban conquistar el Petén, rico territorio de la Verapaz. El terreno estaba preparado para inducir a Guatemala a aceptar como límite el río Sarstún si no quería que fuera más tarde el río Dulce o desaguadero del lago de Izabal. A la nota diplomática de Lennox Wyke respondió el gobierno de Guatemala con el acuerdo en que se manda dar poderes al Ministro de Relaciones Exteriores señor Aycinena, para entender en las negociaciones del caso. Legación Británica: Guatemala, 7 de abril de 1859. Señor: Deseoso el Gobierno de Su Majestad de arreglar con el Gobierno de Guatemala la cuestión de los límites entre el Establecimiento Británico de Belice y la República de Guatemala, Su Majestad me ha nombrado Plenipotenciario suyo para negociar una Convención con el Gobierno de Guatemala, en dicho sentido. En estas circunstancias tengo el honor de pedirle llevar este asunto a conocimiento del Presidente y, si Su Excelencia comparte los deseos del Gobierno de Su Majestad con referencia a este negocio, confío que entonces se servirá nombrar alguna persona provista de plenos Poderes para tratar conmigo para el arreglo final de esta cuestión.
  • 87. 96 En espera de su contestación, tengo el honor de ser, Señor, su más obediente humilde servidor. (f) Charles Lennox Wyke Al señor don Pedro de Aycinena Ministro de Relaciones Exteriores Guatemala. El Gobierno de la República nombra al Ministro de Relaciones Exteriores, Plenipotenciario para llevar a cabo la negociación Palacio de Gobierno: Guatemala, abril 12 de 1859. Con presencia de una comunicación oficial dirigida el 4 del corriente al Ministerio de Relaciones por el Señor Encargado de Negocios de S. M. B. manifestando su deseo de S. M. de arreglar con el Gobierno de Guatemala la cuestión de límites entre la República y el establecimiento británico de Belice, y anunciando haber recibido plenos poderes para negociar una convención con aquel objeto; el Presidente, deseando por su parte que se proceda a dicho arreglo, y teniendo entera confianza en la inteli- gencia y celo del Ministro de Relaciones Exteriores, Consejero de Estado don Pedro de Aycinena, acuerda: nombrarlo plenipotenciario para que lo represente con tal carácter en la negociación relativa al arreglo de límites entre la República y el establecimiento británico de Belice, invistiéndole con los poderes necesarios al efecto y extendiéndosele el correspondiente pleno poder e instrucciones del caso. Comuníquese a quienes corresponde. (Rúbrica). (f) Aycinena.
  • 88. 97 Nota: En la misma fecha la Cancillería lo comunicó al Encargado de Negocios de S. M. B. -- Las c
  • 89. 98 SEGUNDA PARTE DESDE LA CONVENCION DE 1859 A 1884
  • 90. 98 LA CONVENCION DE LIMITES DE 30 DE ABRIL DE 1859 Se inician en Guatemala las pláticas para convenir en un tratado de límites. Mr. Charles Lennox Wyke presenta sus poderes para negociarlo. Llega con instrucciones estrictas y limitadas. Mr. Charles Lennox Wyke llegó a Guatemala con poderes del gobierno inglés para ajustar una convención de límites con Belice. Muy pronto se convenció el ministro Aycinena de que sería difícil obtener compensaciones proporcionales a los sacrificios que haría Guatemala. Ya lo había insinuado el subsecretario Hammond: ustedes (dijo al ministro Martín) obtendrán la ventaja de contener las intromisiones de los cortadores de madera, evitando que más tarde exista una posesión que será fuente de derechos de dominio. El señor Aycinena escribía oficialmente a Martín, con fecha tres de mayo, la interesante carta que dice así: (Reservada) (Nº 26. pa. Martín) (Nº 13. pa. Irisarri-mayo 2). Guatemala, mayo 3 de 1859. A. S. E. el señor don Juan de Francisco Martín, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario en Francia. Señor:
  • 91. 99 Creo conveniente poner en conocimiento de V. E. que el día 30 del próximo pasado se firmó en este Ministerio una Convención entre la República de Guatemala y S. M. B., relativa a los límites de Honduras británica. El señor Wyke recibió al efecto poderes especiales de S. M.; y S. E. el Presidente tuvo a bien conferírmelos a mí de igual clase para el ajuste de esta Convención. El señor Wyke me mostró confidencialmente sus instrucciones, por las cuales me impuse del deseo de S. M. de que este asunto se arreglase en términos tales que no pudiesen dar lugar a dificultades y complicaciones con otros Gobiernos. Al efecto, S. E. el conde Malmesbury manifestaba confiar en la amistad de nuestro Gobierno hacia la Gran Bretaña. El señor Wyke recibió al mismo tiempo un borrador de la Convención que se deseaba fuese ajustada. Como el Gobierno de S. M. B. no podía convenir que se hablase en el Tratado de cesión de territorios, lo cual habría dado lugar a cuestiones con alguna otra nación, se nos pedía un simple reconocimiento del statu quo en cuanto a los límites entre la República y el Establecimiento británico de Belice. Como V. E. debe suponer, hice al señor Wyke todas las observaciones que eran del caso, exponiendo largamente la justicia de nuestros derechos y pidiendo, por lo menos, alguna compensación por su abandono. Las instrucciones del señor Wyke eran terminantes, que no se creía autorizado, a pesar de sus buenos deseos, a admitir mis indicaciones. Después de muchas conferencias, hubimos de convenir en agregar el artículo 7º de la Convención, que no estaba en el borrador remitido a Mr. Wyke, y que como V. E. verá, contiene una compensación por el abandono de nuestros derechos sobre los territorios indebidamente ocupados por los pobladores de Belice... En esta virtud, debemos considerar como una ventaja el haber definido los límites entre la República y el Establecimiento de Belice, para evitar así en lo sucesivo nuevos avances... (f) P. de Aycinena. Se comprende que el señor Lennox Wyke no venía a discutir ni estudiar un tratado conveniente a ambas partes: venía a imponer el que ya preparado trajo consigo. Después de leer la carta que se ha transcrito, se comprenderá en el acto cuál fue el proceso de las conferencias habidas entre los dos negociadores. Muchas conferencias fueron celebradas, pero Mr. Wyke, a pesar de su buen deseo, "no se creía autorizado a admitir las indicaciones del ministro de relaciones exteriores de Guatemala". Al fin hubo de aceptarse agregar el artículo VII, que no estaba en el borrador remitido a Mr. Wyke. Como V. E. verá, decía el señor Aycinena, contiene una compensación por el abandono de nuestros derechos sobre los territorios indebidamente ocupados por los pobladores de Belice. La convención no habla de compensaciones, porque no podía ser empleada la expresión correcta; pero se sobreentiende que lo pactado en el artículo VII es una compensación exigida por Guatemala y
  • 92. 100 otorgada por la Gran Bretaña. Claro es que resulta la desproporción entre lo que Guatemala da y lo que recibe. ¡Da la quinta parte de su territorio y recibe una cooperación ilusoria para hacer un camino!. Pero aunque sea exigua la compensación, es obligatoria y debe ser cumplida de buena fe. Se impone el análisis de la convención que fue suscrita el día 30 de abril de 1859. Dice así: Convención entre la República de Guatemala y Su Majestad Británica, relativa a los límites de Honduras Británica. Por cuanto: no han sido todavía averiguados y señalados los límites entre los territorios de la República de Guatemala y el Establecimiento y posesiones de Su Majestad en la bahía de Honduras; La República de Guatemala y Su Majestad la Reina del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda, deseando definir los límites referidos, con la mira de desarrollar y perpetuar las relaciones amistosas que felizmente existen entre los dos países, han resuelto celebrar una Convención con aquel objeto, y han nombrado por sus Plenipotenciarios, a saber: Su Excelencia el Presidente de la República de Guatemala, al señor don Pedro Aycinena, Consejero de Estado y Ministro de Relaciones Exteriores del Gobierno de la República; y Su Majestad la Reina del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda, al señor don Carlos Lennox Wyke, Encargado de Negocios de Su Majestad Británica en la República de Guatemala; quienes, habiéndose comunicado sus plenos poderes respectivos y encontrándolos en buena y debida forma, han convenido y concluido los artículos siguientes: Artículo 1º--Queda convenido entre la República de Guatemala y Su Majestad Británica que los límites entre la República y el Establecimiento y posesiones Británicas en la bahía de Honduras como existían antes del 1º de enero de 1850 y en aquel día y han continuado existiendo hasta el presente, fueron y son los siguientes: Comenzando en la boca del río Sarstún en la bahía de Honduras y remontando la madre del río hasta los Raudales de Gracias a Dios; volviendo después a la derecha y continuando por una línea recta tirada desde los Raudales de Gracias a Dios hasta los de Garbutt en el río Belice; y desde los Raudales de Garbutt, Norte derecho, hasta donde toca con la frontera mexicana. Queda convenido y declarado entre las altas partes contratantes de todo el territorio al Norte y Este de la línea de límites arriba señalados, pertenece a Su Majestad Británica; y que todo el territorio al
  • 93. 101 Sur y Oeste de la misma pertenece a la República de Guatemala. Artículo 2º--La República de Guatemala y Su Majestad Británica nombrarán, dentro doce meses después del canje de las ratificaciones de la presente convención, un comisionado por cada parte, con el objeto de señalar y demarcar los límites descritos en el artículo precedente. Dichos comisionados averiguarán la latitud y longitud de los Raudales de Gracias a Dios y de Garbutt, y harán que la línea divisoria entre los Raudales de Garbutt y el territorio mexicano se abra y se demarque donde sea necesa- rio, como una protección contra futuras transgresiones. Artículo 3º--Los comisionados que se mencionan en el artículo precedente se reunirán en el punto o puntos que en lo adelante se determinen, tan pronto como sea posible y conveniente después que hayan sido nombrados respectivamente; y antes de proceder a ningún trabajo, harán y firmarán una declaración solemne de que examinarán y decidirán, según su leal saber y entender, y conforme a la justicia y equidad, sin miedo, favor o afección a su propio país, todas las materias sometidas a su decisión; y tal declaración quedará sentada en el registro de sus operaciones. En seguida los comisionados antes de proceder a ningún otro trabajo, nombrarán una tercera persona que decida como árbitro o amigable componedor en cualquier caso o casos en que ellos puedan diferir de opinión. Si no logran ponerse de acuerdo para la elección de dicha persona, y en cualquier caso en que los comisionados puedan diferir de opinión con respecto a la decisión que deben dar, la suerte determinará cuál de las dos personas nombradas será el árbitro o amigable componedor en aquel caso par- ticular. La persona o personas que han de ser así elegidos, antes de proceder a funcionar, harán y subscribirán una declaración solemne, semejante en su forma a la que debe haber sido ya hecha y suscrita por los comisionados, cuya declaración será también agregada al registro de las operaciones. En caso de muerte, ausencia o incapacidad de alguno de dichos comisionados, o de algunos de dichos árbitros o ami- gables componedores; o si omitieren, declinaren o cesaren de funcionar, se nombrará otra persona de la misma manera para que funcione en su lugar, y hará y suscribirá una declaración igual a la mencionada. La República de Guatemala y Su Majestad Británica se comprometerán a considerar la decisión de los comisionados conjuntamente, o del árbitro y amigable componedor, en su caso, como final y concluyente en las materias que deben someterse respectivamente a su decisión, y a llevar inmediatamente ésta a debido efecto. Artículo 4º--Los comisionados arriba mencionados harán a cada uno de los Gobiernos respectivos una declaración o informe común y firmado y sellado por ellos, acompañado por un mapa o mapas por cuatriplicado (dos para cada Gobierno) certificando ellos ser verdaderos mapas de los límites señalados en el presente Tratado y recorridos y examinados por ellos. Artículo 5º--Los comisionados y el árbitro o amigable componedor llevarán registros exactos y minutas o notas correctas de todas sus operaciones con las fechas respectivas; y nombrarán y emplearán los agrimensores, amanuense o amanuenses, u otras personas que consideren necesarias para auxiliarlos en el arreglo de los asuntos en que puedan tener que entender.
  • 94. 102 Los sueldos de los comisionados serán pagados por sus gobiernos respectivos. Los gastos contingentes de la Comisión, incluyendo el sueldo del árbitro amigable componedor y de los agrimensores y amanuenses, serán costeados por los dos Gobiernos por partes iguales. Artículo 6º--Queda convenido, además, que las corrientes de la línea de agua divisoria descrita en el artículo 1º de la presente Convención, serán igualmente libres y abiertas a los buques y botes de ambas partes; y que cualesquiera islas que puedan encontrarse en ellas, pertenecerán a aquella parte hacia cuya banda de la corriente estén situadas. Artículo 7º--Con el objeto de llevar a efecto prácticamente las miras manifestadas en el preámbulo de la presente Convención para mejorar y perpetuar las amistosas relaciones que al presente existen felizmente entre las dos Altas Partes contratantes, convienen en poner conjuntamente todo su empeño, tomando medidas adecuadas para establecer la comunicación más fácil (sea por medio de una carretera, o empleando los ríos o ambas cosas a la vez, según la opinión de los ingenieros que deben examinar el terreno) entre el lugar más conveniente de la costa del Atlántico cerca del establecimiento de Belice y la capital de Guatemala, con lo cual no podrán menos que aumentarse considerablemente el comercio de Inglaterra por una parte, y la prosperidad material de la República por otra; al mismo tiempo que quedando ahora claramente definidos los límites de los dos países, todo ulterior avance de cualquiera de las dos partes en los territorios de la otra, será eficazmente impedido y evitado para lo futuro. Artículo 8º--La presente convención será ratificada y las ratificaciones canjeadas en Guatemala o en Londres tan pronto como fuere posible y en el espacio de seis meses. En fe de lo cual, los respectivos Plenipotenciarios la han firmado y sellado en Guatemala, a 30 de abril de 1859. (L. S.) P. Aycinena. (L. S.) Charles Lennox Wyke. Fue ratificada por el Gobierno el 1º de mayo de 1859, por Inglaterra el 12 de junio y canjeada el 12 de septiembre del mismo año. * * * Comienza la exposición de motivos por una flagrante inexactitud: "Por cuanto, no han sido todavía averiguados y señalados los límites entre los territorios de la república de Guatemala y el establecimiento y posesiones de Su Majestad en la bahía de Honduras...". Esos límites estaban averiguados y fijados en el Tratado definitivo de 1783 y ratificados y
  • 95. 103 ensanchados por la convención de 1786. En muchísimos documentos oficiales y en mapas igualmente oficiales estaban descritos los límites del sector en que la Gran Bretaña ejercía los derechos de usufructuaria, que era todo a lo que tenía derecho. Si algo más había en su posesión, eran actos violatorios de los tratados. Aquellos límites "indelebles" en que Inglaterra empeñó su buena fe no podían traspasarse, porque lo vedaba la ética y lo prohibía el derecho internacional. Cierto es que la Gran Bretaña no invocaba los tratados, sino la situación de facto; pero Guatemala no reconocía esa situación, sino que la repudiaba. Guatemala, carente de fuerza, tenía que ceder muy a su pesar, bajo pena de verse expuesta a nuevos avances, de aquellos que Mr. Hammond calificaba como "fuentes del derecho de dominio"; pero la cesión, o abandono, como decía Aycinena, requería una compensación justa. Los nuevos límites nacerían del tratado; pero entre tanto no se firmara, estaban muy bien averiguados los que existían como "indelebles". No obstante, quedó la constancia de que los límites eran ignorados, por lo cual la convención debe ser señalada de inexacta y contradictoria con documentos solemnes y oficiales. El objeto primordial del pacto tenía en mira "desarrollar y perpetuar las relaciones amistosas que felizmente existen entre los dos países", según la fraseología decorativa que lo adorna. * * * El artículo primero expresa que "queda convenido entre la república de Guatemala y Su Majestad Británica, que los límites entre la república y el establecimiento y posesiones británicas en la bahía de Honduras son como existían antes del primero de enero de 1850 y en aquel día y han continuado existiendo hasta el presente...". ¿Por qué Guatemala consentía en alterar la verdad histórica y se plegaba a confesar una ignorancia que no existía?. ¿Por qué aceptó que Inglaterra tenía en la bahía de Honduras "posesiones" que nunca habían sido reconocidas y que eran ignoradas jurídicamente?. Las posesiones en las islas de la Bahía y en la Mosquitia no podían ser a las que se refiriera la convención, porque tales tierras no pertenecían a Guatemala sino a Honduras y Nicaragua. Entonces, hemos de comprender que se refería el pacto a las islas adyacentes a Belice y a la parte comprendida entre
  • 96. 104 los ríos Sibún y Sarstún. Pero lo falso de esta declaración consiste en fijar una posesión que no existía sino después de los avances contrarios a los tratados angloespañoles de 1783 y 1786. ¡Los cortadores de madera habían traspasado los límites del Establecimiento de Belice, según confesión de las autoridades inglesas, y aún se invitaba a firmar el tratado de límites para que la penetración se convirtiera en título de dominio!. La palabra del Subsecretario Hammond había sido profética: las posesiones británicas en virtud de la penetración consentida y suponemos que alentada por Inglaterra, pasaban con título legal a su soberanía. Se dirá que Inglaterra exigió pero Guatemala accedió a reconocer lo que pudo repudiar y no lo hizo. Ciertamente, así fue; pero todas las cosas y actos tienen su causa; y la causa que obligó, con presión de lo irresistible, fue la sobreentendida promesa de la compensación que daría Inglaterra, consistente en su ayuda técnica y pecuniaria para la construcción de una vía de comunicación entre la capital de Guate- mala y su costa norte. Fue causa determinante, también, el medio en que se actuaba, hábilmente preparado para proteger la parte aún no ocupada, pero amenazada de próxima ocupación. Guatemala había urgido la celebración de la convención de límites desde años anteriores a 1859. Inglaterra resistió su celebración. Manifestó que no tenía interés en Belice; pero al mismo tiempo, los cortadores de maderas invadían y seguían adelante con ánimos de llegar al Golfo Dulce. No es nuestra mente alegar ignorancia, desconocimiento o intimidación como causas que movieron al señor Aycinena a la suscripción del tratado. El Tratado existió y debe cumplirse; pero sí es conveniente hacer el análisis del proceso doloroso de nuestra mutilación para que conste en la conciencia del mundo. Aspiramos a alcanzar la absolución de nuestros yerros; pero es justo también dejar constancia de los hechos precursores e ilegales. Guatemala, en su buena fe, no ha pedido, como pudo hacerlo antes, la inexistencia de la convención de 30 de abril de 1859, por falta de cumplimiento por parte de la Gran Bretaña, de las obligaciones bilaterales que le incumbían. Por el contrario, has sido su grito al través de ochenta años, exigir que el tratado se cumpla integralmente; y a ese grito pertinaz ha respondido la Gran Bretaña, con la siguiente pregunta: ¿para qué quieren ustedes un camino si ya tienen un ferrocarril?. Prosigue el artículo primero marcando los límites tal como dicen eran en 1850, a saber: "Comenzando en la boca del río Sarstún en la bahía de Honduras y remontando la madre del río hasta los Raudales de Gracias a Dios; volviendo después a la derecha y continuando por la línea recta tirada desde los Raudales de Gracias a Dios hasta los de Garbutt en el río Belice, desde los Raudales de Garbutt, norte
  • 97. 105 derecho, hasta donde toca con la frontera mexicana". Comparando, igualmente, el texto de esta convención con el del Tratado Clayton-Bulwer, resulta la evidencia de haber sido inobservado dicho tratado, por cuanto la Gran Bretaña no respetó los términos en que se obligó hacia los Estados Unidos de América, que le prohibían nuevas ocupaciones en América. Había necesidad de hacer constar en el tratado con Guatemala que los límites existentes eran los que había antes de 1850, es decir, antes del tratado Clayton-Bulwer; y así fue compelida Guatemala a suscribir el pacto de límites. Le estaba prohibido a Inglaterra obtener nuevos territorios por cesión de una nación americana; y por eso, el negociador inglés Mr. Lennox Wyke no pudo admitir la que le hacía Guatemala: había que reconocer hechos que se suponían haberse consumado antes de 1850. El artículo segundo estableció que "dentro de doce meses después del canje de las ratificaciones de la presente convención, un comisionado por cada parte será nombrado con el objeto de señalar y demarcar los límites descritos en el artículo precedente. Dichos comisionados averiguarán la latitud y longitud de los Raudales de Gracias a Dios y Garbutt, y harán que la línea divisoria entre los Raudales de Garbutt y el territorio mexicano se abra y se demarque donde sea necesario, como una protección contra futuras transgresiones". Esta prescripción no fue cumplida por la Gran Bretaña. Los comisionados Mr. Wray, de Inglaterra y el ingeniero Manuel Cano Madrazo, de Guatemala, dieron principio a los trabajos convenidos y fijaron las coordenadas geográficas de Gracias a Dios y Garbutt; pero cuando debieron haber continuado la determinación del meridiano que pasa por este punto enlazándolo con la frontera de México, Mr. Wray manifestó que suspendía los trabajos y se retiraba de ellos. Cano Madrazo objetó la resolución del comisionado inglés; pero, como siempre, la Gran Bretaña vio con indiferencia las justas observaciones de Guatemala y la determinación de la última parte de la frontera quedó sin ejecutarse, como lo está hasta el presente. ¿Qué causas pudieron determinar aquella repentina e inopinada suspensión? Informó Cano Madrazo que cuando proseguían el trabajo al norte de Garbutt, muchos cortadores ingleses de maderas hacían cortas al occidente del meridiano de Garbutt. Es decir, los zapadores habían penetrado a territorio guatemalteco al sur del río Sibún y operaban afanosamente en territorio de Petén (entonces Verapaz) y por ese motivo, urgía la necesidad de trazar la frontera convenida, para defenderse contra los nuevos avances. Wray se retiró definitivamente, y Cano Madrazo a Guatemala y presentó su informe.
  • 98. 106 He aquí la primera violación de la convención de 1859; convención hecha al gusto y sabor de la Gran Bretaña y que ella misma dejaba de cumplir. Esto solo habría dado derecho a Guatemala para desconocer un tratado que no se respetaba por parte de la Gran Bretaña. No lo hizo entonces, pero habría de hacerlo más tarde, con el aliento que le presta la justicia internacional. Ahora, cuando la Gran Bretaña lucha noblemente contra las naciones que ella califica de agresoras y cuando castiga con duras sanciones el avance sobre ajenas soberanías, es el tiempo oportuno para que, invocando los modernos principios de la igualdad jurídica de los Estados, se haga justicia a Guatemala. El artículo VII no existía en el borrador traído por el negociador señor Lennox Wyke. Fue incluido para compensarnos de la mutilación consintiendo en que la Gran Bretaña extendiera los límites de Belice hasta el río Sarstún en pleno territorio de Guatemala. Se convino que la cooperación inglesa para la construcción de una carretera que comunicara la capital con el Atlántico fuera el precio de ese consentimiento, es decir, de la cesión de los derechos de Guatemala. No podía expresarse claramente por las razones expuestas por Lennox Wyke; pero la cooperación técnica y pecuniaria sería prestada bajo la buena fe del negociador, quien explicaría a su gobierno las razones que tuvo para aceptar dicho artículo VII. El artículo es impreciso, sin término y sin sanciones, y no dice claramente que fuera compensatorio; pero se deduce de su redacción y de los antecedentes. Si lo que se estaba haciendo era contra el texto del tratado Clayton-Bulwer, había que usar gran prudencia que sirviera para defenderse. No obstante, aunque las palabras se hayan callado, están los hechos, que son de una elocuencia convincente. Si la Gran Bretaña no tenía derecho alguno de dominio soberano sobre Belice porque sus derechos eran de simple usufructuario dentro de los límites "indelebles" de los ríos Hondo y Belice; si Centroamérica había asumido, por la independencia de España, los derechos que a ésta correspondían, es concluyente que Guatemala, como estado de la federación de Centroamérica, tenía plenas facultades para poseer los territorios ocupados por la Gran Bretaña en virtud de la convención de Londres de 1786 y la potestad jurídica de excluir de su territorio a quien carecía de título de dominio. Además, la sección comprendida entre los ríos Sibún y Sarstún estaba fuera del usufructo pactado en 1786 y era territorio al cual no podía aspirar el usufructuario. El propio Superintendente de Belice llamó varias veces la atención de su gobierno acerca de las penetraciones de los cortadores de maderas en bosques que no les pertenecían, allende el río Sibún; y el gobierno inglés había declarado que Belice no estaba en los dominios de Su Majestad.
  • 99. 107 El hecho constatado era que los cortadores de maderas, cometiendo el delito de usurpación, habían penetrado a Guatemala y talado sus bosques. Ningún otro título aparece en el proceso de las penetraciones británicas. Los cortadores habían avanzado hacia el sur del río Sibún, de manera clandestina; y la Gran Bretaña amparaba esas penetraciones. Mr. Lennox Wyke pretendía que Guatemala legalizara mediante el tratado aquella situación ilegal y violenta; y Guatemala exigía la compensación adecuada a la cesión de parte de su territorio. Fue aceptada la fórmula del artículo VII: la Gran Bretaña tendría los títulos legales para poseer y ejercer soberanía; y Guatemala tendría la comunicación con la costa atlántica que tanto ambicionaba. Las obligaciones serían claramente pactadas, sin que hubiera necesidad de hacer cesión alguna: bastaba con que se reconociera el hecho. Tal es la génesis de la cláusula VII de la convención de límites de 1859. Guatemala tendría una carretera desde la costa hasta la ciudad capital; y la Gran Bretaña poseería a Belice, no en usufructo, sino en propiedad absoluta. Tendría también, como suyo, el territorio devastado por los cortadores de maderas, desde el río Sibún hasta el Sarstún. ¿Cómo cumplió la Gran Bretaña sus obligaciones? Los documentos que en seguida se comentarán, darán la respuesta.
  • 100. 108 Voto adverso de las minorías de las Comisiones de Gobernación y Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes. Ceder parte del territorio a una nación extranjera que no tenía ningún dominio sobre él, es un acto inconstitucional. Cámara de Representantes: La minoría de las Comisiones reunidas, de Gobernación y Relaciones que se han ocupado de la comunicación que el Gobierno ha hecho a la Cámara de la convención celebrada con el Gobierno inglés para fijar los límites territoriales entre esta República y el Establecimiento Británico de Honduras; propuso que se considere primeramente la cuestión de si el Gobierno, por si solo, pudo iniciar y ratificar aquella convención. La mayoría no creyó necesario pronunciarse sobre este punto, que es sin embargo esencial; y que como pasamos a demostrar se relaciona con la sustancia misma del negocio. El señalamiento de territorio de una Nación, es obra de una ley; y ley fundamental, tanto por que toca con el punto eminente de la soberanía, como por que decide la condición política y social de muchos individuos. Así es que, aunque en el Acta Constitutiva no se hace ese señalamiento, sí se encuentra en su artículo 3º la declaratoria de que la ley de 5 de diciembre de 1839, es parte de la fundamental; y el artículo 2º sección 1ª de esta ley establece que forman el Estado (hoy la República) todas las poblaciones situadas dentro de su territorio. Este territorio es el designado en la Constitución del Estado de 1825; la cual de acuerdo con la federal de 1824, ley o artículo 5º dice literalmente: "El territorio de la República es el mismo que antes componía el antiguo Reino de Guatemala". De consiguiente, la parte ocupada por los ingleses en la Bahía de Honduras se consideró correspondiente a Centro América, desde la independencia; sin que hubiera otra nación que en su caso pudiera disputarle ese derecho, si no es la España. Pero la España, en lugar de entrar a esta cuestión, ha reconocido expresamente el derecho de estos Estados sobre todos sus territorios; habiendo celebrado tratados con algunas de las provincias que componían el antiguo Reino de Guatemala y hoy forman los Estados de Nicaragua y Costa Rica, y está dispuesta a elevar ese reconocimiento a la categoría de una declaración solemne, por medio de un tratado, el día que otras dificultades no se opongan a su celebración. La soberanía de la España sobre el territorio ocupado por los ingleses en Honduras, es incuestionable. La historia escrita por un autor no sospechoso, lo atestigua; y si no, véase lo que sobre este particular dice Robertson, súbdito británico, en el libro 7º de su "Historia de América". Este autor habla de la primera tentativa hecha en el territorio, como una empresa de ciertos aventureros de
  • 101. 109 Jamaica, hecha con el objeto de cortar madera; e indica que no tuvo después del tratado de París, que él mismo califica de concesión humillante. Si lo era consentir solamente en el corte de madera bajo la sobriedad expresa que contiene el artículo 6º del tratado de 1783 que termina con estas palabras: "con tal que estas estipulaciones no se consideren como derogativas, en ningún modo, de los derechos de soberanía de S. M. B.". ¿Cuánto más no lo será reconocer esa soberanía como trasladada a la Corona Bri- tánica?. Y no sólo dentro de los límites que tiene señalados la España a los ingleses, sino también sobre los avances que éstos han hecho después fuera de aquellos límites, contra lo expresamente prevenido en el artículo 7º del tratado de 1786, donde no sólo volvió a recobrar la España su soberanía sobre el país en que los ingleses cortaban la madera, sino que estipuló terminantemente que éstos no meditaran en hacer más establecimientos que el definido en aquel mismo tratado. Este derecho de soberanía de la España sobre el territorio del Establecimiento de Belice es tan indisputable, que los habitantes del mismo Establecimiento en un memorial que dirigieron a Lord Glenelg, en 7 de marzo de 1833, decían lo siguiente: "El derecho de soberanía lo considera el Gobierno de S. M. B., como todavía inherente en la Corona de España"; y eso es tan positivo, que según declaraba el Secretario Mr. Steplken a Mr. Coxe, Agente de la Compañía de Verapaz, en 1836, aún tenía en pro la Inglaterra una negociación con la España, para que esta nación concediese a aquella una parte del territorio de Centro América. Nos hemos detenido en estos pormenores, por que de ellos resulta claramente que la Inglaterra no tenía el dominio eminente sobre el territorio de su establecimiento de Honduras, y menos sobre la parte que haya tomado fuera de los límites convenidos con la España: que reconocerle la soberanía de este territorio, es renunciar el derecho que Guatemala tenía a él, por haber reasumido los derechos de la Patria madre; y que de consiguiente la convención de que se trata, importa un acto legislativo, y aun constituyente, que el Gobierno no ha podido consumar por sí. Es constituyente ese acto, por que lo es el señalamiento de límites al territorio nacional; y es legislativo, por que da distinto derecho a los habitantes del territorio ahora reconocido como inglés. Ahora bien, el Gobierno no puede legislar, durante el receso de la Cámara, si no es provisoriamente y sobre materias secundarias. Menos puede, ni tampoco lo podrá esta Cámara, tocar a la legislación fundamental de la República; y aquí advertimos, salvos todos los respetos a la alta dignidad y a las relevantes cualidades del Presidente de la República, que una de las obligaciones que contrajo en su juramento solemne al encargarse del mando, fue conservar la integridad del territorio. No es necesario que nos extendamos más. Al consignar en este voto nuestros sentimientos, hacemos un homenaje de respeto al mismo Gobierno y a su ilustre Jefe que sin duda ha obrado con rectas intenciones; y que reconociendo que aunque las nuestras son también rectas, menos bien podemos habernos equivocado. Pero mientras tanto, es nuestro deber decir con franqueza lo que pensamos, sin descender a otras consideraciones; pues creyendo que no se ha podido hacer de derecho la convención citada, no importa que de hecho ésta pueda ser útil; aparte de que nuestra más íntima convicción es, que en política como en todo, lo más útil es lo más recto; pudiéndose añadir que la línea más corta para llegar a lo útil, es la que más directamente conduce a lo recto. Salvamos, pues, nuestro voto, como individuos de las Comi- siones reunidas y pedimos que el presente se inserte en las actas. (Rubricado): Urruela.--Aguilar.--Arrivillaga.--García Granados.
  • 102. 110 ANTE EL CONSEJO DE ESTADO Sometida la convención de límites al conocimiento del Consejo de Estado, los consejeros don Pedro J. Valenzuela y don José Antonio Azmitia se pronunciaron en contra de la aprobación. Las palabras proféticas del señor Valenzuela llenas de indignación y de juiciosas observaciones, a la vez que exaltadas en su juicio adverso, han sido comprobadas por los hechos sucedidos con posterioridad. No creyó que la Gran Bretaña cumpliera sus compromisos compensatorios que, por otra parte, juzgaba inade- cuados. Sensibles son las expresiones de violencia; pero, a la vez, son excusables en un patriota tan digno y tan clarividente. Hoy, después de ochenta años transcurridos, la historia recoge aquellas palabras de reprobación y las trae ante el juicio de la posteridad, para fortificar las protestas contra el incumplimiento de las obligaciones inglesas hacia Guatemala que, privada de gran parte de su territorio por haber creído en la fe de los tratados, firmó y aprobó una convención de grandes ventajas para la nación inglesa y de tristes resultados para la nación guatemalteca. Ante los requerimientos de Guatemala para que la Gran Bretaña cumpla el tratado, ésta cierra toda discusión y desconoce sus compromisos internacionales. He aquí el voto del ilustre señor Valenzuela: Trascendental voto del Consejero de Estado don Pedro J. Valenzuela contra la Convención de límites. No hay ninguna garantía para Guatemala en la vaguedad del artículo 7º, e Inglaterra no cumplirá jamás con lo pactado. Consejo de Estado: En la sesión de ayer en que os servisteis consultar al Gobierno la aprobación del tratado de límites territoriales entre el Establecimiento de Belice y nuestra República de Guatemala, celebrado por el Señor Ministro de Relaciones Exteriores y el Encargado de Negocios de S. M. B., no tuve el honor de estar de acuerdo con vuestra resolución, salvé mi voto con otros tres señores Vocales y ahora vengo, según ofrecí
  • 103. 111 en el acto de publicarse el acuerdo, a consignar por escrito las razones que manifesté de palabra en la discusión y algunas otras que la premura y perentoriedad con que se me presentó este negocio no me permitieron exponer. Me parece, en primer lugar, que haciendo, como hace dicho Tratado, una cesión en plena propiedad al Gobierno británico de una extensión muy considerable de nuestro territorio, se obra de una manera desautorizada. El Gobierno no es más que un administrador de los bienes nacionales, pero no por eso tiene el dominio absoluto de ellos para poderlos enajenar con el título de donación, cambio, venta y otro semejante, sin que para ello estuviese facultado por la misma nación o sus representantes; facultad que el Acta Constitutiva no le ha concedido, y más bien se infiere le ha negado, cuando reservó a la Cámara de Diputados todo lo relativo a rentas y contribuciones, cuando para cosas menores como para contratar préstamos exige que se previamente autorizado y cuando una de las que previene para el juramento del Presidente, es la de que se conserve la integridad de la República. Nada importa el artículo 7º de dicho convenio, en que se impone a la otra parte contratante la condición de que contribuya con la mitad del gasto en la apertura del camino carretero que debe hacerse para el comercio entre el puerto de Izabal y las poblaciones del Norte, porque a más de esto, que supone otro gasto cuantioso de parte del Gobierno, para el cual aún no está facultado, tiene el inconveniente de que semejante condición es tan indefinida por no designar tiempo, calidad, duración ni otras cir- cunstancias, que cualquiera obstáculo nacido de éstas frustraría fácilmente la empresa; si al menos se hubiese estipulado que la cesión del terreno no tendría lugar, sino que lo recobraría el Gobierno caso de no tenerlo el camino en la forma conveniente, había ya un equilibrio probable en el contrato. QUINIENTAS o más leguas cuadradas de terreno cedido, y de un terreno feraz y productivo de muchos artículos de agricultura y exportación, en lugares inmediatos a la mar, es, por más que se diga, una extensión considerable y muy suficiente para el sostén de innumerables familias, que después de hechos los cortes de madera con que se destruye la insalubridad y con que al mismo tiempo se costean los desmontes, establecerían diferentes ramos de agricultura que le atraerían mucha riqueza al país. De- sapropiarse, pues, de un territorio con tantas ventajas para la industria y comercio; desapropiarse de él en circunstancias en que la población de la república comienza a progresar y atraer sobre sí las especulaciones de los mercados extranjeros relativos a la exportación de frutos, en que empieza a notarse la inmigración de individuos de diferentes naciones, en que éstas empiezan también a conocernos y a rela- cionarse con nuestros pueblos y que por lo mismo y por ser muy reducidos los terrenos aparentes que poseemos para una agricultura variada y bien situada para el comercio exterior, como que es dar un paso retrógrado y que no podrá escaparse de la nota de imprevisión. No pasarán sin duda muchos años ni muchos acontecimientos sin que se toque con el embarazo que hoy se opone al crecimiento progresivo de nuestra población y labranza, de nuestra industria, comercio y riquezas; proporción de que ahora nos pri- vamos por ese punto del Norte y de que con mengua nuestra se aprovechará muy pronto la parte en cuyo favor se hace la cesión. Si ella no la ha hecho hasta ahora, es por que está bien persuadida del ningún derecho con que, de algunos años acá, ha ocupado esos lugares que tarde o temprano tendría que reconocerse también que el título de usurpación ni el del más fuerte en ningún derecho ni tiempo, puede
  • 104. 112 ser bastante para adquirir propiedad. Ese derecho es solamente el que proclama el filibusterismo, con el cual debe estar en eterna pugna todo gobierno civilizado y justo. Ese derecho debe combatirse donde quiera que se encuentre, y no puede tolerarse por ningún Gobierno de dignidad, que se encuentre, venga de donde viniere, ya lo ejerza un miserable pirata o un gran poder, que por lo mismo mayor será su crimen. Ese derecho, en fin, por nadie puede ser considerado o acatado sin degradación propia, por nadie transigido sin mengua suya, ni menos ratificado ni legitimado por algún acto cualquiera sin participar de los principios de la conducta atentoria. No se alegue la compensación exigida en nuestro caso respecto a los gastos de un nuevo camino, porque yo diría desde luego: ¿se necesita acaso un solemne y formal tratado de límites territoriales para propalar y convenir un Gobierno en dar territorio baldío por cierta suma de dinero?. ¿No basta entonces un simple tratado de compra y venta?. ¿Para qué entrar en negociaciones diplomáticas por lo que no es objeto sino de un simple particular contrato?. Si había necesidad de un gasto para el cual no contaba con fondos suficientes, y debía ocurrirse a otros arbitrios, tómese enhorabuena baldíos cuya venta los proporcione, fórmese una contrata y escójanse aquellos que por sus circunstancias no ofrezcan inconvenientes graves para el tiempo venidero. Pero si en vez de esto se designan y entregan aquellos mismos que han sido violentamente ocupados por la otra parte, retenidos contra todo derecho de razón y justicia y en una palabra, arrebatados y poseídos con escarnio y afrenta de su dueño legítimo; si a esto se añade la forma de todo un tratado de límites, para que la parte débil y ofendida sancione al fin los actos de su injusto presor, imposible será, señores, que puedan excusarse las notas de conformidad, condescenden- cia y asentimiento a operaciones vandálicas. Además, la compensación de que se ha tratado no es en mi concepto otra cosa que una fórmula de palabras que podrá alucinar por un momento; pero que bien visto se reduce a nada. ¿Qué garantías se exigen al Gobierno británico para que cumpla con pagar la mitad de los costos del camino proyectado?. Ninguna, por cierto. Nuestra parte queda en descubierto enteramente, mientras que la otra no sólo queda garantizada con plenitud, sino asegurada y de hecho en propiedad y posesión del terreno que se le cede. ¿Cómo hará Guatemala para exigir de la Inglaterra aquel pago, sin haberse preparado, para en caso de falta, con algún medio oportuno y el cual no pudiese quedar burlada aquella?. Librar los intereses de una nación en la simple palabra del Gobierno de otra, entregarle desde luego y con pleno dominio una parte de su terreno fronterizo sin condición alguna, no es discreto, ni propio de una autoridad previsora. Es, sí, aventurar una cosa grave e importante a los azares frecuentes del tiempo, de los Gobiernos mismos y de sus pueblos subordinados y aun en los contratos de mediana entidad y duración, celebrados entre particulares y para cuyas faltas en sus compromisos sobran los medios de justicia que los obligan a la fiel observancia. El buen sentido reprobará siempre la omisión de seguridades previas y suficientes, por que la experiencia diaria ha comprobado las fatalidades de semejantes imprevisiones. Hecha ya la Inglaterra dueña de un gran territorio guatemalteco, y asegurada en derechos que nadie podrá disputarle después, natural ha de ser que en esa nación rica, industriosa, potente y activa, establecerá al instante sus poblaciones coloniales y fortificaciones, sus vías rápidas de comunicación por
  • 105. 113 tierra hacia las Repúblicas limítrofes, entre las cuales queda situado y no podrá menos de mejorar su puerto de Belice o a más de éste, habilitar otros. Tales y tantas ventajas y comodidades precisamente han de absorber para sí, y con destrimento nuestro, el comercio interior y exterior del Norte. No podemos rivalizar con aquellos en ningún concepto, y rendirnos a un monopolio indispensable que los nuevos establecimientos formarán muy prontamente. Muy pronto la Inglaterra también necesitará ensanches para esas colonias, y nuevas ocupaciones seguirán ocupando la línea de división que se debe fijar. Se harán reclamos, se invocarán principios de justicia y de derecho de gentes; todo será en vano, como ha sido hasta ahora respecto de España antes de nuestra independencia y respecto de nosotros después de ella. ¿De qué sirvieron las gestiones, protestas y amenazas del Gobierno peninsular, y de qué las nuestras desde que fuimos emancipados?. Ojalá que sólo hubiese sido objeto de desprecio, pues la verdad es que su verdadero resultado fue el de apresurarse más a nuevos y mayores avances y multiplicar sucesivamente las usurpaciones. He oído que algunas de las razones alegadas para el Tratado y cesión de los terrenos que nos ocupan es la de que se respetarán en lo de adelante los límites que se establezcan. Es preciso olvidar la historia de los sucesos de esta lucha, y desconocer las tendencias constantes de la Inglaterra a las ocupaciones de territorios por cualquier medio, para poderse fijar en la fe de su Tratado con ella sobre este particular. La España acerca de este mismo punto de Belice, de Mosquitia, de las Islas de Roatán, Utila, Guanaja, Barbarita, Helena y Morat, de que los ingleses en diferentes tiempos se había apropiado por la fuerza, celebró con el Gobierno de éstos, después de varias declaraciones de guerra y de combates reñidos, cinco tratados solemnes por los años de 1763, 1783, 1785, 1786 y 1814, por los cuales se obligó el Gabinete invasor a no repetir sus ocupaciones en lo sucesivo. Mas todos estos convenios fueron burlados a poco tiempo de su sanción: los agentes del Gobierno británico volvieron a ocupar tenazmente aquellos puntos, y en cada ocasión con más audacia y vigor, pues los fortificaban para prevenir su defensa por medio de la fuerza, único medio que han tenido hasta ahora para escudar sus pretensiones. El mismo Gobierno, al recibir los reclamos, sostenía la conducta de sus funcionarios con diferentes pretextos y cuestiones que su Ministro suscitaba, de donde se infiere que cuanto se hacía en esto era de acuerdo con la autoridad soberana. ¿Cómo, pues, podrá descansarse en aquella fe, tantas veces prometida y otras tan- tas hollada, para suponer que el Tratado actual ponga término a ulteriores avances, cuando las poblaciones, contenidas en el terreno ahora cedido, tengan necesidad de otros?. La historia de todos los antecedentes del caso es una cadena, jamás interrumpida, de hechos que deben hacer juzgar lo contrario de la razón alegada. Mas bien podría asegurarse que la misma conducta agresora, o acaso peor, será la que observen tan luego como el interés, la necesidad o cualquier otro motivo lo exija; por que la pequeñez, la pobreza y debilidad de nuestra República no puede en concepto alguno compararse con el poder respetable de España, contra la cual se obró, sin embargo, del modo que se ha dicho. Tan claro es esto, que las mayores usurpaciones que se han verificado, tanto en las islas indicadas como en los terrenos vecinos e inmediatos a Belice, han tenido lugar después de la emancipación de Centro América. Es pre- ciso, señores, no cerrar los ojos a las luces de la experiencia. Esta nos ha enseñado muy bien que hay ciertas naciones en el globo cuyas tendencias, ilimitadamente absorbentes, nada respetan cuando se trata de engrandecer su poderío a costa de bienes de pueblos débiles e indigentes que no pueden oponer la resistencia que encontrarían en otros fuertes y orgullosos, los cuales medirían desde luego sus armas y ha- rían expiar hasta el último quilate el valor de un atentado y ofensa inferida. Estoy persuadido también de que una pronta y fácil condescendencia en la cesión de derechos legítimamente adquiridos y en la
  • 106. 114 renuncia de éstos a favor de un Gobierno siempre obstinado en desconocerlos y atacarlos, no producirá más que nuevos estímulos para nuevas agresiones, llegado el caso de algún interés que las exija; por que si anteriormente no fueron acatados los principios evidentes de la justicia y de la propiedad, preciso es juzgar que lo mismo sucederá después, haya o no estipulaciones celebradas. Nuestro caso dará además un ejemplo a otras naciones, que dominadas del mismo espíritu que el de la Inglaterra, querrán sacar de nosotros iguales partidos y ventajas que las que aquella ha sacado ahora. Cuando México quiera y pueda citarnos este ejemplo para que renunciemos a Chiapas y Soconusco en su favor por alguna indefinida y aventurada compensación, sus argumentos serán sin duda los mismos en que se ha fundado ahora el tratado de límites con el Gobierno Inglés. Por último, señores, yo desearía saber cuáles con los motivos que hay para juzgar ciegamente que la Gran Bretaña será fiel observante de dicho Tratado y que, posesionada ya con pleno dominio de las tierras que se le conceden, no aspire a tomarse otras con cualquier pretexto y hacer lo mismo que ahora ha hecho. ¿Será por ventura que ha variado de principios, de política y de conducta?. ¿Será que la Inglaterra de la época presente no es la Inglaterra de las anteriores?. Pero yo no creo que sea sí; veo, por el contrario, que sus manejos y sus sistema de usurpaciones a todo trance son los que han sido antes de ahora. Un hecho muy reciente nos convencerá de la verdad. En 1850 celebró un Tratado con el Gabinete de Washington, que se ha conocido con el nombre Clayton-Bulwer, y entre otras cosas se comprometió, en unión de la otra parte contratante, de la manera siguiente: "que ni el Gobierno de los Estados Unidos ni el de la Gran Bretaña ocuparán jamás, ni fortificarán, ni colonizarán, ni asimismo ejercerán dominio alguno sobre Costa Rica, Nicaragua, Costa de Mosquitos, o cualquiera otra parte de Centro América". Más apenas habían pasado dos años de este formal convenio, cuando todo fue olvidado. Nombróse para Belice un nuevo Superintendente, al Coronel P. E. Woodhouse, quien vino a encargarse de su destino con las instrucciones necesarias del Secretario de Estado de Colonias. Su primera ocupación después de posesionarse, fue la de visitar la isla de Roatán el 10 de agosto de 1852, pasando a ella en el bergantín de guerra de S. M. B., "Persa", a donde llevó la correspondiente comitiva. Entonces tomó posesión de Roatán e islas adyacentes en nombre de la corona británica, declarándolas anexas a la Superintendencia de Belice, bajo el título de Colonia de las islas de la Bahía. Esta declaración expresó que la Reina se había dignado constituir una colonia de las islas de Roatán, Utila y las demás referidas anteriormente, designadas con el nombre de Colonia de las islas de la Bahía. ¿Puede darse un testimonio más expreso de la infracción de un convenio cuando apenas acaba de celebrarse y firmarse?. Esto se ha verificado con la República de los Estados Unidos, cuyo poder en ningún concepto es comparable con la insignificancia y debilidad del nuestro, y de aquí podrá inferirse lo que debemos esperar del cumplimiento del Tratado con Guatemala. Este Tratado, señores, es también otro documento de la justa desconfianza que debe guiarnos en el negocio presente, porque ese mismo Tratado es otra violación del de Clayton-Bulwer, por el cual la Inglaterra se obligó a no asumir ni ejercer dominio alguno sobre ninguna parte de Centro América y lo que ahora se ha estipulado con Guatemala es literalmente un hecho por el cual la Gran Bretaña entra a asumir, esto es, a tomar en sí y para sí el territorio que poseía y ocupaba en Centro América, sin título alguno legítimo cuando se ajustó el convenio de mil ochocientos cincuenta con los Estados Unidos; sin embargo del cual, hoy ha venido a adquirir no sólo la legitimidad de dicha posesión, sino un dominio pleno cuyo derecho y ejercicio se le ha concedido. De esta manera se ha faltado igualmente a la
  • 107. 115 conservación del statu quo que por el mismo Tratado se obligaron ambas partes a mantener inalterable. El Gobierno y el pueblo de los Estados Unidos tienen puestas sus miras sobre nosotros. Nada, pues, tendría de extraño, y sería más bien una consecuencia de tan lejanos principios, de tan funesta y tan tolerante política, según hemos visto, que el Gabinete de Washington, irritado contra el Gobierno Británico, se apresurase a impedir en su origen el ingreso y progreso de un dominio que más tarde desarrollaría y haría ejercer aquel influjo que tanto combate la política anglo-sajona. ¿Y qué urgencia tenemos nosotros ahora de suministrar pretextos ni ocasiones que nos traigan conflictos, alarmas, invasiones y quién sabe que otros males de gran tamaño?. ¿Hay por ventura alguna necesidad apremiante o algún gran peligro que amenace nuestra presente quietud y bienestar, para que rodeados de tan críticas circunstancias arrojemos un combustible que al fin nos incendie?. Pienso, pues, señores, que la política de nuestro Gobierno en estas materias de suyo delicadas y comprometidas, por la atingencia que tienen con naciones poderosas y rivales, no puede ser otra por ahora que la de mantener el statuo quo de estas cuestiones, sin tocar con novedades de donde puedan fácilmente surgir otras que nos hagan perder las ventajas ciertas que hemos adquirido y vamos progresivamente adquiriendo. Tales son mis convicciones: ellas serán acaso hijas de mi ignorancia y errores en esta materia. ¡Ojalá así sea!. Guatemala, mayo 1º de 1859. EL EJECUTIVO NO TENIA FACULTADES PARA CELEBRAR LA CONVENCION DE LIMITES Voto Particular En la sesión de ayer aprobó el Consejo el tratado estipulado entre nuestro Gobierno y el Encargado de Negocios de S. M. B. para fijar los límites de nuestra República con el Establecimiento de Belice. En la discusión del negocio yo no pude atender a las observaciones que se hicieron acerca de la utilidad y conveniencia del tratado, por lo que como antes del examen de estas calidades estaba el de la autorización para hacer el convenio, que por útil y provechoso que fuera solamente podía ser hecho por
  • 108. 117 quien legalmente pudiera hacerlo, y como estuve y permanezco en la convicción de que por el Acta constitutiva no se da al Presidente la facultad de hacer tratados de límites, por que el artículo 6º no los comprende, y cuando la ley por sí misma se amplifica no es lógico extenderla a más de lo que expresa, creo que el Presidente sólo puede celebrar con otros Gobiernos tratados de alianza, amistad y comercio. Para los de límites deberían preceder bases aprobadas por la Cámara; y por permanecer en esta inte- ligencia, no di mi aprobación al tratado consultado de que dejo hecho mérito. Quiero y pido que mi voto queda consignado en el expediente. Guatemala, mayo 1º de 1859. (f) Licdo. José Antonio Azmitia.
  • 109. 118 ANTE LA CAMARA DE REPRESENTANTES La Cámara de Representantes aprobó la convención de límites con la Gran Bretaña; pero esa aprobación fue hecha por una insignificante mayoría de votos. Los diputados Andreu y Aguirre hicieron constar por escrito sus votos adversos a la aprobación. He aquí esos votos: Nada puede esperarse de Inglaterra Voto adverso del Licenciado Andrés Andreu Algunos señores Diputados que defienden los actos del Gobierno en esta Cámara, han adoptado la táctica de agriar las discusiones en los momentos en que comienza a hacerse interesante. Cualquiera que sea la manera con que los diputados hacen la oposición, es recibida suponiéndose falta de lealtad en ellas. Se usa del ridículo y se exaltan los ánimos. De esta manera se precipita la discusión; se distrae de su objeto y la mayoría de diputados calmados procuran se decida el negocio de cualquier manera para evitar un debate acalorado. Así sucedió ayer al discutirse el Tratado de Límites con Belice. Este asunto, dígase lo que se quiera, no ha sido considerado suficientemente, ni se ha resuelto con el estudio de todos los documentos, para saber hasta qué punto se han comprometido los intereses del país. No ha sido culpa ciertamente de quienes han estado contra la opinión del Gobierno, quienes pedían tiempo para ampliar la discusión. Yo he estado contra el dictamen de la Comisión, y como creo que el tratado de límites que se ha aprobado es directamente contrario a los intereses de la República, quiero salvar mi responsabilidad consignando mi voto. La cesión hecha por el Gobierno de Guatemala del territorio de Belice es contraria a la opinión pública. Un pequeño círculo sostiene aquella, sin dar razón bastante para cubrir el acto del Gobierno. No se diga que la falta de opinión nace sólo de ignorancia. Hay verdades que nacen del sentimiento, que no pueden destruir ni la diplomacia ni las razones del Estado. La razón del pueblo no es
  • 110. 119 sin fundamento, porque la Providencia ha puesto en él un instinto conservador que lo impele a evitar el peligro por remoto que parezca. Precisamente se ha negociado con el Gobierno inglés, contra cuyo pueblo el nuestro tiene una antipatía antigua, y no sin razón. Nuestro Gobierno y todos los de Centro América han sido tratados por los agentes ingleses de la manera más dura e indecorosa, y si ayer se hubiera leído en la sesión alguna parte de la correspondencia oficial de Mr. Chatfield, no habría quedado un solo diputado cuyo corazón no se indignara al recordar los ultrajes que se nos han dirigido, por motivos tal vez ligeros y por exigencias exageradas e injustas. Agréguense las ocupaciones vandálicas de las islas de la Bahía de Honduras y el ridículo protectorado de los Mosquitos, y se verá cuán fundados son los motivos de temor que tenemos para que no se permita el abrir muchas puertas legalmente a una nación cuya conducta es sólo regulada por el interés.4 Por lo que hace a mí, tengo un profundo convencimiento de que nada tenemos que esperar de la Inglaterra. La correspondencia de nuestro Ministro en Londres está demostrando que el Gobierno inglés se negó a prestarnos todo auxilio y entrar en un convenio con nuestro Gobierno cuando se le exigía en compensación a las cesiones que se le hacían, que protegiera la soberanía de nuestra República amenazada por el filibusterismo. El señor Martín manifiesta en sus notas que no había que esperar compensación de ninguna clase del Gobierno inglés; y a pesar de todo esto se le hace la cesión del inmenso territorio de Belice ocupado sin ningún título. Sí, señores: se hace esta cesión cuando el tratado Clayton-Bulwer nos ponía a cubierto de ulteriores avances; cuando la Francia, los Estados Unidos y la misma Inglaterra se han comprometido solemnemente a perseguir el filibusterismo, Guatemala abandona y cede sus derechos a un rico territorio, mientras Honduras y Nicaragua recobran sus territorios arrebatados en otro tiempo por los mismos ingleses, y mientras todos ganan, sólo Guatemala pierde. Este es el hecho. Las miras de alta política que se dice han guiado a nuestro gabinete, en la celebración del Tratado, están tan elevadas que yo no las veo. No puedo persuadirme que haya una verdadera convicción de que el Gobierno de Guatemala al celebrar el tratado de Belice, se convierta en el fiel de la balanza que mide los intereses de la Gran Bretaña y de los Estados Unidos, ni que nuestros hombres de Estado puedan creer que han venido con sus obras a regular la política de ambas naciones. ¡Tan grande presunción no cabe en nuestra pequeñez!. 4 Se reproducen estas palabras por respetar en su integridad el pensamiento del autor, que era entonces el mismo de otras distinguidas personalidades de la República No alcanzo, pues, las utilidades que ha reportado el país con la cesión de una parte de su territorio. Enhorabuena que el Austria haya cedido una parte de sus dominios en favor de Francia: los cañones del emperador de los franceses la han obligado a ello: enhorabuena que México se haya desprendido de la California en favor de los Estados Unidos: un ejército victorioso lo obligó a firmar el tratado en las puer-
  • 111. 120 tas de la capital. Nosotros no podemos citar aquellos hechos en favor de nuestra pérdida. Estamos en paz, ningún riesgo nos amenaza, ni una gran ventaja nos estimula para haber procedido de la manera que lo ha hecho nuestro Gobierno. La Gran Bretaña ha hecho una ganancia inmensa, y la manera con que Mr. Wyke ha sido condecorado por su Gobierno y la correspondencia autógrafa últimamente dirigida a nuestro Gabinete, nos están demostrando que Belice no es una costa mortífera ni un país de fango, como se dijo ayer en la sesión. Por un lodazal no hace la Inglaterra semejantes demostraciones. El tiempo nos desengañará. Dichoso yo si me equivoco y mis hijos puedan reportar los beneficios que nuestro Gobierno se ha prometido en la cesión de Belice. Pero si así no fuere; si los ingleses absorben nuestro país; si nuestro comercio es atraído hacia la nueva Inglaterra en las costas del Norte; si el protestantismo con su propaganda viene a introducir su principio disolvente en nuestros pueblos y si nuestra raza es anonadada por la anglo-germana, entonces habré salvado mi responsabilidad, sin tener el remordimiento de haber contribuido a legar males a mi patria. Suplico que este voto contra el tratado de límites de Belice que se aprobó por la Cámara en la sesión de ayer, se mande agregar el acta respectiva. Guatemala, enero 31 de 1860. (f) A. Andreu
  • 112. 121 VOTO ADVERSO DE DON ANTONIO DE AGUIRRE C. DE R. Como acabo de votar en contra del dictamen de la Comisión, en que dice que es útil y conveniente a la República la Convención celebrada con el Gobierno de S. M. B. sobre límites del Establecimiento de Belice, me ha parecido conveniente consignar en estos renglones el motivo que a ello me inclinó, con el objeto de que se agreguen a la acta. Hablando con la franqueza y con la lealtad que me es propia, juzgo esa Convención inoportuna por que, en mi humilde juicio, para iniciarla, debió esperarse la conclusión del Tratado que tenemos pendiente con la España, el cual, puede decirse, estamos en vísperas de concluir. Tal Tratado, indudablemente habría robustecido nuestros derechos, y de consiguiente podíose obtener mayores ventajas, toda vez que este era uno de los obstáculos que siempre nos opuso el Gobierno británico, como consta en pasajes que se registran en el expediente. Innecesario me parece manifestar a la Cámara lo sensible que me ha sido disentir del dictamen de la Comisión, y más aún, no poder secundar en este negocio las ideas de un gobierno que reúne todas mis simpatías. (f) Antonio de Aguirre.
  • 113. 122 El Gobierno inglés expresa la disposición en que está de cooperar con el de Guatemala para el establecimiento de una línea de comunicación entre la capital de la República y su costa atlántica; y declara "la gran satisfacción" que ha experimentado por la prueba de amistad que le ha dado la República de Guatemala. El negociador Lennox Wyke había consentido en otorgar a Guatemala la compensación que reclamaba por la cesión de su territorio y el reconocimiento de la situación de facto en Belice; pero sus instrucciones eran limitadas a suscribir una convención que se ajustara al borrador o anteproyecto que había presentado al gobierno. Sin embargo, ante la justicia con que Guatemala exigía una adecuada compensación, Wyke propuso la fórmula contenida en el artículo VII de la convención, en el que, esquivando una flagrante contravención al tratado Clayton-Bulwer, fuera complacida la República en cuanto a la compensación exigida. Lord Russel, secretario de estado, no sólo aprobó el artículo compensatorio, sino que expresó gran satisfacción por la prueba de buena amistad que significaba la actitud del gobierno de Guatemala. El cónsul británico, Mr. William Hall, así lo comunicó en nota que dice: Nº 22 con un anexo.--Señor don Pedro de Aycinena, Ministro de Negocios Extranjeros. Legación Británica: Guatemala, septiembre 12 de 1859. Señor: Me hago ahora el honor de transmitir a V. S. adjunta copia de un despacho que me ha dirigido Lord John Russell al comunicarme, con fecha 30 de junio último, las órdenes del Gobierno de Su Majestad para canjear las ratificaciones de la convención para el arreglo de los límites de Honduras británica, y en la cual Su Señoría expresa al mismo tiempo la gran satisfacción que ha experimentado del Gobierno de Su Majestad por la prueba de amistad que le ha dado la República de Guatemala con la pronta y franca conclusión de aquella convención; y Su Señoría termina expresando la disposición del Gobierno de Su Majestad de cooperar con el de Guatemala para el establecimiento de una línea de comunicación entre la capital y la costa del Atlántico, en Belice o cerca de él. Tengo el honor de ser, señor, su más obediente servidor. (f) William Hall.
  • 114. 123 Nota de Lord Russell al Cónsul británico señor Hall ordenándole notificar al Gobierno de Guatemala la aprobación del artículo VII de la Convención y el agrado con que fue recibida ésta. Foreign Office.--Junio, 30 de 1859.--Al señor don Guillermo Hall. Señor: Debo prevenir a Ud. que al cambiar las ratificaciones de la Convención para el arreglo de límites de Honduras Británica, exprese al plenipotenciario guatemalteco de orden especial del Gobierno, la alta satisfacción que ha experimentado por la prueba de amistad que le ha dado la República con la pronta y franca conclusión de aquella convención. El Gobierno de S. M. está firmemente persuadido de que el arreglo de esta cuestión será provechoso para ambas partes, pues no puede menos de afirmar y fortalecer las relaciones de amistad y buena inteligencia que existen entre ellas. Ud. manifestará también que el Gobierno de S. M. aprueba completamente el artículo admitido por Mr. Wyke en la Convención, en conformidad con el deseo del Gobierno guatemalteco, por el cual las dos partes se comprometen a cooperar al establecimiento de una línea de comunicación entre la capital de la República y la costa del Atlántico en Belice o cerca de él, y desearía se le hiciese sabe cuáles son las miras del Gobierno guatemalteco respecto al modo de hacer efectivo aquel artículo. Soy de U. S. su más obediente y humilde servidor. (f) J. Russell Esta es copia de una nota firmada por el Lord Russell, Ministro de Relaciones del G. B., que el señor Hall me dio confidencialmente al verificarse el canje de la Convención, expresando de palabra como se le previene los conceptos que ella contiene. Guatemala, septiembre 11 de 1859.
  • 115. 124 Ambas partes están de acuerdo en iniciar la obra de construcción del camino de comunicación con el Atlántico que tanto interesa a Guatemala. Nota de la Cancillería al Cónsul inglés. Guatemala, septiembre 17 de 1859. Al Sr. Cónsul General interino, Encargado de la Legación de S. M. B. Señor: Informado el Presidente de cuanto por orden especial del Gobierno de S. M. se sirvió V. S. significarme después del canje de las ratificaciones de la Convención que arregla nuestros límites con el Establecimiento de Honduras británica; S. E. aprecia en todo su valor los benévolos sentimientos del Gobierno de S. M. hacia esta República, teniendo la íntima persuasión de que el espíritu amistoso y franco con que ha procedido, afianzará y fortalecerá en beneficio de los dos países las buenas relaciones de vecindario que existen entre ellos. Ha sido muy satisfactorio a S. E. que el artículo relativo a la apertura del camino, propuesto por nuestra parte y admitido por Mr. Wyke, haya sido aprobado plenamente por el Gobierno de S. M. y desea que sin demora concurrirá sin duda al engrandecimiento de este país y al desarrollo y extensión del comercio británico. Al efecto, y respondiendo a la indicación que V. S. se sirvió hacerme sobre que el Gobierno de Su Majestad desearía saber las ideas del de Guatemala con respecto a los medios más adecuados y para llevar a efecto aquel artículo, debo decir a V. S. que convendría se dispusiese por lo pronto el envío de un oficial ingeniero, acompañado de un ingeniero de caminos práctico, para que pueda comenzarse desde los meses de noviembre o diciembre próximos, estación favorable, el reconocimiento y trazo de la línea de
  • 116. 125 comunicación entre los puntos que sean más a propósito; en el concepto de que por nuestra parte se franquearán los auxilios y facilidades que sean necesarios. Hecho el reconocimiento, el Gobierno se apresurará a comunicar al de S. M. sus ideas sobre la manera de ejecutar la obra del camino. El Presidente me ordena que al responder a la manifestación que V. S. se sirvió hacerme después del canje de las ratificaciones de la Convención de 30 de abril último, aproveche la oportunidad para manifestarle el alto aprecio con que ha recibido el testimonio de la estimación que ha merecido al Gobierno de S. M. la pronta y franca conclusión de este negocio. Soy de V. S. con toda consideración muy atento y seguro servidor. (f) P. de Aycinena
  • 117. 126 El Times, de Nueva York, en su número de 20 de septiembre de 1859, se refiere a las cuestiones de límites. "La Convención entre la Gran Bretaña y la República de Guatemala, no ha ocasionado la renovación de agrias controversias entre este país y la Gran Bretaña, como predecía la prensa inglesa. Al contrario, ambos Gobiernos están animados de la esperanza de que sus diferencias respecto de Centro América serían felizmente arregladas. La mayor parte de Belice nunca ha sido explotada prácticamente, según declaró oficialmente Lord Gray en 1836; y la referida Convención, según se dice, no hace sino fijar definitivamente sus límites territoriales, cuyo acto deseaba Guatemala para impedir futuros avances por parte de los ingleses en su territorio. Se dice que este arreglo está de acuerdo con el tratado Dallas-Clarendon, una de cuyas cláusulas consiente en efecto sustancialmente en él y fue ratificada por los Estados Unidos, sin embargo que el tratado mismo se rechazó por contener otra cláusula de carácter contrario a los esclavistas. Los otros puntos que se quiso arreglar en el mismo tratado, es decir, el referente a la isla de Roatán y abandono del protectorado de Mosquitos a favor de Nicaragua, se han encomendado a Mr. Wyke, el nuevo ministro británico, y se piensa que esas cuestiones serán arregladas por él a satisfacción de todos los interesados, habiéndose propuesto Inglaterra remover todos los obstáculos que se oponían a que tenga cumplido efecto el tratado Clayton-Bulwer. Si existe algún desagrado, es porque la Inglaterra ha arreglado primero el punto que le importaba más; pero esto puede atribuirse a una casualidad; habiéndose procurado antes Sir William Gore Ouseley abandonar el protectorado de Mosquitos en favor de Nicaragua, aunque no en términos que satisfacieran a aquella República. Lo que él no ha podido hacer, se espera con confianza que lo haga su sucesor, Mr. Wyke. Tal es en sustancia el estado de las cosas, según informes obtenidos de buena fuente. Por lo demás, si hay algunos errores involuntarios en esta breve exposición, no afectan materialmente los hechos que hemos consignado arriba. Se cree que Mr. Wyke lleva a Centro América instrucciones positivas para proponer un tratado tal que, si los centroamericanos rehusan aceptarlo, se les hará responsables por todo el mundo de prolongar un estado de cosas antinatural entre ellos por una parte, y la Inglaterra y los Estados Unidos, por otra. El único y vehemente deseo del gobierno británico es el de establecer una buena y leal inteligencia con los Estados Unidos respecto a los negocios de Centro América".
  • 118. 127 La Legación de los Estados Unidos protesta contra la celebración de la Convención de 30 de abril de 1859. La Legación norteamericana en Guatemala funda su protesta no sólo por la violación del Tratado Clayton-Bulwer celebrado entre su gobierno y el de la Gran Bretaña, sino también porque es contrario a la tradición histórica y a los propios intereses y derechos de Centroamérica. Es interesante el juicio del ministro estadounidense en relación con los antecedentes y consecuencias de la convención del 59. Alude el ministro a la excepción del verdadero Belice, hecha constar en las notas cruzadas ante Mr. Bulwer y Mr. Clayton, para entenderse que no estaba comprendido entre los territorios de los cuales había de salir la acción británica. En esas notas se han fundado algunos, dice el ministro "para considerar a Belice exceptuado de las disposiciones generales de aquella primera sección, cuya inteligencia es exacta con sus debidas limitaciones. Pero cuando se consideran los manifiestos y bien entendidos objetos a que se dirige aquel tratado, es evidente para cualquiera que no debería darse a aquella excepción una interpretación más lata que la de permitir a los súbditos británicos continuar en posesión del verdadero Belice y gozar de los privilegios señalados y definidos en los tratados españoles de 1783 y 1786". Se refería indudablemente "al Belice ocupado por la Gran Bretaña como usufructuaria, por la tolerancia de la corona española para objetos limitados y específicos, con límites claros y plenamente señalados". Agrega: "Guatemala, en su reciente entrega de su territorio, ha concedido voluntariamente que se establezca ocupación y posesión hasta 1850, y dado título a la Gran Bretaña a todo el territorio entre aquellos dos ríos, ayudando así a su propia desmembración". El ministro americano, al expresar lo que era manifiesta verdad, viene en apoyo de nuestra tesis, a saber: que Guatemala hizo una cesión de parte de su territorio a la Gran Bretaña, sin estar obligada a ello; y que la potencia cesionaria no tenía otro derecho en Belice sino el muy limitado de usufructo entre los ríos Hondo y Sibún, concedido por los tratados anglo-españoles. Como consecuencia lógica, el artículo VII de la Convención de 1859 era y es netamente compensatorio, pues carecería de sentido que Guatemala hiciera una donación de valiosos territorios sin recibir nada en pago; y si el artículo es
  • 119. 128 compensatorio debe cumplirse forzosamente por la Gran Bretaña, bajo la sanción jurídica de carecer de existencia legal la Convención, en caso de que una de las partes contratantes falte al leal cumplimiento de las obligaciones que le conciernen. Si la Gran Bretaña no cumplió, habrá derecho para estimar caducada e inexistente la convención bilateral de 1859. Continúa la protesta del ministro norteamericano: "No será suficiente descansar en esta reciente concesión de Guatemala contenida en su último tratado con la Gran Bretaña de 30 de abril de 1859 como prueba de ocupación británica y propiedad británica del territorio en cuestión. Esto no podría servir de nada: Guatemala prueba demasiado y está abiertamente opuesta no solamente a todos los actos y declaraciones de su historia entera, sino al hecho notorio de que dentro de los límites que concede hay inmensas porciones de territorio que la Gran Bre- taña nunca tuvo ni ocupó antes del 30 de abril de 1859. Por el contrario, hay extensas regiones entre el Sibún y el Sarstún que se extienden por el interior hasta las caídas de Gracias a Dios, que jamás han sido exploradas". Las afirmaciones del representante de los Estados Unidos no pueden ser más exactas y categóricas para demostrar que dimos a la Gran Bretaña algo que era muy nuestro y que ella no poseía ni siquiera exploraba. Por consiguiente, eso que hemos dado debe volver a nuestra soberanía si la convención no se cumple integralmente. La actitud de Guatemala no puede ser más correcta no más honrada: ha reclamado que se perfeccione la sentencia de su desmembración fundada en que hay un tratado obligatorio aunque inicuo que debe cumplirse; y ante esa actitud de lealtad a los pactos internacionales, la Gran Bretaña se ha negado a hacer lo que le incumbía por su parte, declarando enfáticamente que se considera libre de toda obligación. Estamos ciertos de que no habrá quien dude de cuál es la natural consecuencia de tan explícita negativa a cumplir un deber bilateral: la nulidad e inexistencia de la convención y el restablecimiento de la situación anterior al 30 de abril de 1859. Allá irá Guatemala obligada por la resistencia de Inglaterra a cumplir por su parte las obligaciones que le son propias e indeclinables como contratante. A los ochenta años contados desde que la comunicación con el Atlántico debió ser hecha con la cooperación inglesa, y después de reiteradas e inútiles gestiones, Guatemala se ve obligada a formular una conclusión análoga a la hecha por la Gran Bretaña. Esta ha declarado unilateralmente que a nada está obligada. Justo es que Guatemala declare lo mismo: no está obligada a dar su territorio, aquel territorio al que se refiere la protesta de la legación de los Estados Unidos "que la Gran Bretaña nunca tuvo ni ocupó antes del 30 de abril de 1859".
  • 120. 129 Pero el territorio está bajo el poder de la Gran Bretaña y seguramente resistirá a la devolución voluntaria, por razones obvias; más, sin embargo, ha surgido para Guatemala el derecho a la reivindicación y lo hará valer en todo tiempo, cualesquiera que sean las circunstancias que le rodeen, en la esperanza de que, cuando el derecho de las pequeñas nacionalidades sea efectivo, dentro de la convivialidad internacional, ha de volver a nuestro dominio el territorio comprendido entre el Sibún y el Sarstún con la plenitud de la soberanía, quedando el usufructo concedido por España, por los convenios de 1783 y 1786, tal cual se pactó, y tal cual fue exceptuado en el cambio de notas entre el plenipotenciario inglés Mr. Bulwer y el Secretario de Estado norteamericano Clayton. La Gran Bretaña no reconocía la sucesión hereditaria de Centroamérica, al tiempo de la consumación de la Independencia; pero contra ese parecer, que se contradice con el hecho de tratar con Guatemala sobre límites territoriales, está el derecho americano y la existencia de veinte Repúblicas que viven con el derecho que vive Guatemala. El ministro de los Estados Unidos agregaba: "Por el testimonio uniforme y concorde de entonces y de ahora de cada una de las Repúblicas que actualmente constituyen la América Central, ellas, por su feliz revolución de 1821, sucedieron a todos los derechos de soberanía y de dominio que pertenecían o correspondían en aquel tiempo a la corona de España sobre todo el país conocido como antiguo reino de Guatemala". Prosigue el diplomático norteamericano: "Si las razones y argumentos expuestos, que podrían extenderse mucho, pero que parecen suficientes en la ocasión, son sólidas y fundadas, se deduce que la Gran Bretaña, no por excepción en favor de Belice, no por el pretexto del derecho de conquista, ni por la aserción de que no está dentro de los límites de Centroamérica, tiene derecho a extender y continuar su ocupación y dominio sobre el territorio entre el Sibún y el Sarstún, y que, al hacerlo así, es y será una violación de las más claras estipulaciones del tratado de 1850 entre la Gran Bretaña y los Estados Unidos". Cierto es que el gobierno americano desautorizó a su ministro dando la razón a Guatemala cuando el secretario de Relaciones Exteriores señor Aycinena rechazó la protesta fundado en que, si había alguna violación del tratado Clayton-Bulwer, la protesta debía dirigirse contra la Gran Bretaña, y no contra Guatemala, que no había sido parte en aquel memorable tratado; pero, no obstante, subsisten las razones de orden jurídico, histórico y geográfico en que abunda la protesta norteamericana. Esta no tendría los efectos de las protestas en cuanto al país contra quien se formulan; pero quedan subsistentes las razones que la fundan, porque la verdad siempre subsiste y jamás se empaña aunque se anule el documento en que se refleja y consta.
  • 121. 130 Se transcribe íntegra la protesta anterior: Legación de los Estados Unidos de América, cerca de la República de Guatemala.--Guatemala, octubre 1º de 1859. A. S. E. Don Pedro de Aycinena, Ministro de Relaciones Exteriores. Señor: El infrascrito, Ministro residente de los Estados Unidos de América cerca de las Repúblicas de Guatemala y Honduras, por consideraciones que bien pueden comprenderse, ha diferido hasta ahora la presentación de la siguiente exposición y protesta, que pide respetuosamente sea comunicada a los departamentos Legislativo, Ejecutivo y Judicial del Gobierno de Guatemala; y registrada y conservada en los archivos del Departamento de V. E.. Durante una larga serie de años que comprende el período de la existencia de la Confederación Centro Americana; desde la disolución de aquella Federación y erección de las partes que la componían en soberanías separadas e independientes; más aún, desde la fecha de la independencia de Centro América del yugo español de 1821, ha habido continuas quejas de avances británicos en sus respectivas soberanías y territorios, y de intervención inglesa en los asuntos gubernativos e intereses de estos Estados. Tal era el estado de cosas existente, cuando el Tratado de 5 de abril de 1850, comúnmente conocido como tratado Clayton-Bulwer, fue solemnemente ajustado y formalmente proclamado por y entre los Gobiernos de la Gran Bretaña y los Estados Unidos de América. Es innecesario aludir aquí a todos los motivos que indujeron a los Estados Unidos a tomar parte en este Tratado, o detenerse a considerar largamente algunos de ellos: baste decir que fue uno de sus objetos al establecimiento de un tránsito por el territorio de Centro América del uno al otro océano, libre, seguro y no interrumpido: otro fue el abandono y cesación de toda posesión británica, fortificaciones británicas en sobre todas y cada una de las partes de Centro América, con lo cual el comercio de los Estados Unidos con nuestros mayores vecinos se aseguraría contra la intervención y depredaciones británicas, y otro el colocar a las Repúblicas Centroamericanas, y a cada parte de ellas, fuera de la sujeción e in- fluencia británicas, dejando a estas Repúblicas en el pleno y no interrumpido goce de sus completos límites y dominios, con perfecta libertad para establecer sus propias líneas interiores de división y para aceptar (sic) sus asuntos interiores de la manera que ellos considerasen mejor calculada para asegurar sus intereses, promover su felicidad y perpetuar su libertad. Se cree y se repite que todos estos objetos, tan deseables en sí mismos y propios para promover, no solamente los intereses de los Estados Unidos sino también las mayores esperanzas y la expectativa de Centro América, han sido amplia y completamente logrados por el artículo 1º de la referida Convención, que dice así: "Artículo 1º--Los Gobiernos de los Estados Unidos y la Gran Bretaña por el presente declaran que ni el uno ni el otro obtendrán o mantendrán jamás para sí mismos dominio alguno exclusivo sobre dicho canal, conviniendo en que ninguno de los dos erigirá ni mantendrá jamás fortificaciones algunas que lo
  • 122. 131 dominen o estén en su vecindario, ni ocuparán, ni colonizarán, ni adquirirán dominio alguno sobre Nicaragua, Costa Rica, la Costa de Mosquitos, o cualquiera otra parte de Centro América, ni hará uso alguno de ellos de cualquiera protección que preste o pueda prestar, o alguna alianza que tenga o pueda tener con algún Estado o pueblo, con la mira de erigir o mantener tales fortificaciones, o de ocupar, fortificar o colonizar Nicaragua, Costa Rica, la Costa de Mosquitos, o parte alguna de Centro América, o de adquirir o ejercer dominio sobre las mismas: ni se aprovecharán los Estados Unidos o la Gran Bretaña de cualquiera intimidad, ni usarán de ninguna alianza, conexión o influencia que alguno de los dos pueda tener con algún Estado o Gobierno por cuyo territorio pueda pasar dicho canal, con la mira de adquirir o poseer directamente, indirectamente, para los ciudadanos o súbditos de la una cualesquiera derechos o ventajas con respecto al comercio o la navegación por el referido canal, que no sean ofrecidos en los mismos términos a los ciudadanos o súbditos de la otra". Es verdad que se cruzaron notas entre Sir Henry Bulwer y el Honorable John M. Clayton, negociadores inglés y americano de aquel Tratado, la del primero fechada el 29 de junio de 1850 y la del segundo el 4 de julio de 1850, de las cuales acompaño copia como parte de esta exposición y protesta marcadas con los números 1 y 2. En ellas se han fundado algunos para considerar a Belice exceptuado de las disposiciones generales de aquella primera sección, cuya inteligencia es exacta con sus debidas limitaciones. Pero cuando se consideran los manifiestos y bien entendidos objetos a que se dirige aquel tratado, es evidente para cualquiera que no debería darse a aquella excepción una interpretación más lata que la de permitir a los súbditos británicos continuar en posesión del verdadero Belice y gozar de los privilegios señalados y definidos en los Tratados españoles de 1783 y 1786. ¿A qué Belice aludía sir Henry Bulwer en su referida nota a Mr. Clayton en que se llamaba su atención?. Seguramente no a aquel Belice que la República de Guatemala y la Gran Bretaña en conferencia secreta y obrando bajo influencias desconocidas, han considerado propio definir en 1859; sino al Belice ocupado por la Gran Bretaña, como usufructuaria, por la tolerancia de la Corona española para objetos limitados y específicos, con límites claros y plenamente señalados por los Tratados españoles a que se ha aludido. Si el asunto se considera bien bajo este aspecto, entonces el territorio que queda entre los ríos Sibún, Sarstún no cae bajo la excepción contenida en las notas de los negociadores; aun cuando se de a aquellas notas la inteligencia y la interpretación más liberales en favor del Gobierno británico; sino que por el contrario, cae directamente bajo las disposiciones de la sección primera del Tratado Clayton-Bulwer. En este dilema y para dar extensión a los límites señalados a Beli- ce, se invoca el auxilio de Guatemala; y Guatemala en su reciente entrega de su territorio, ha concedido voluntariamente que se establezca ocupación y posesión hasta 1850, y dado título a la Gran Bretaña a todo el territorio entre aquellos dos ríos, ayudando así a su propia desmembración. No será suficiente descansar en esta reciente concesión de Guatemala, contenida en su último Tratado con la Gran Bretaña de 30 de abril de 1859 como prueba de ocupación británica y propiedad británica del territorio en cuestión. Esto no podría servir de nada: Guatemala prueba demasiado y está abiertamente opuesta no solamente a todos los actos y declaraciones de su historia entera, sino al hecho notorio de que dentro de los límites que concede hay inmensas porciones de territorio que la Gran Bretaña nunca tuvo ni poseyó ni ocupó jamás antes del 30 de abril de 1859. Por el contrario, hay extensas regiones entre el Sibún y el
  • 123. 132 Sarstún que se extienden por el interior hasta las caídas de Gracias a Dios que jamás han sido exploradas: y hasta 1824 indios bravos y salvajes vagaban por esos lugares. Además, esta concesión viene en una forma tan cuestionable, permítaseme decirlo, que cuando se recuerdan las frecuentemente repetidas observaciones, protestas y quejas de Guatemala hasta dentro de un período corto que toca directamente con su reciente concesión y el gran cuidado en ocultar el obtenimiento de ella del representante americano en esta corte, debe ser permitido que descansando en todos los principios que regulan la admisibilidad y detención el valor del testimonio se las reciba con grande precaución, ya que no con sospecha. No podría disputarse que si la Gran Bretaña obtuviese concesiones tales que establecen los límites de Belice en la lí- nea del Salvador e incorporase así a Guatemala, pondría esta vasta región dentro de la excepción y constituiría en una parte del "Establecimiento de S. M. en Honduras o sus dependencias", pues no puede advertirse diferencia entre los dos casos. Se sabe que la Gran Bretaña sostiene una pretensión de propiedad y ocupación por conquista, sobre el territorio disputado. Si se alega que el país entre el Sibún y el Sarstún pertenece a la Gran Bretaña por derecho de conquista en razón de que el Tratado de 1786 quedó terminado por un estado de guerra subsiguiente con la España, y que durante aquella guerra se ensancharon los límites del Establecimiento británico en cuestión, y que no habiendo el subsiguiente Tratado de paz revivido los de 1783 y 1786, la Gran Bretaña tiene derecho a retener ese territorio,--la contestación es, que si esto tuvo lugar después de la fecha del Tratado de alianza entre la Gran Bretaña y la España en 1809 que terminó la guerra, el argumento carece de fundamento o apoyo. Si fue antes de 1809, la Gran Bretaña al concluir aquel Tratado, debió haber informado a la España de que intentaba convertir en un derecho absoluto los avances de los pobladores de Belice en el territorio español. Que ella no intentó entonces seguir una conducta semejante hacia un aliado que se hallaba en desgracia, apare- ce claramente de su conducta posterior. En 1814 la Gran Bretaña revivió todos sus Tratados comerciales preexistentes con la España y el privilegio que le concedía el Tratado de 1786 para cortar caoba, trozas y otras maderas de tinte en territorio español, habilitándola así para extender el comercio británico a aquellos artículos; pero esto es un privilegio comercial. Lejos de que el Tratado de 1786 hubiese quedado terminado por la guerra, su existencia hasta 1817 y 1819 fue reconocida por actos del Parlamento británico. Este declaró en muchas ocasiones que Belice no estaba dentro del territorio y dominio de S. M., sino que era "meramente un establecimiento para ciertos objetos que estaba en poder y bajo la protección de S. M.. En cuanto a la naturaleza de este "establecimiento" y al conocimiento de estos "ciertos objetos" no podemos referirnos sino a los Tratados de 1783 y 1786. La Gran Bretaña, conocien- do la debilidad de su pretendido derecho al Sarstún, fundó en las notas que se cruzaron entre los negociadores o en su pretendida conquista del país, los esfuerzos para fortalecer su posición, negando que porción alguna del territorio comprendido entre el Golfo de Honduras y el norte del río Sarstún, hubiese formado jamás parte de Centro América. Desgraciadamente para esta posición, la nota ya citada de Sir Henry Bulwer parecía admitir lo contrario; pero además de esto, y prescindiendo de la evidencia que suministrara la estructura física y geográfica del territorio, el curso conocido y no interrumpido de la historia de este país establece lo contrario. Por el testimonio uniforme y acorde de entonces y de ahora de cada una de las Repúblicas que actualmente constituyen la América Central, ellas por su feliz revolución de 1821 sucedieron a todos los derechos de soberanía y de dominio que pertenecían o correspondían en aquel tiempo a la corona de España sobre todo el país conocido como antiguo reino de Guatemala. Por la sección primera de la Constitución de la Confederación centro-americana de 22 de noviembre de 1824, el
  • 124. 133 Gobierno se titula: "la República federal de Centro América", y la sección segunda, artículo 5º de aquella Constitución, declara que el territorio de la República es el mismo que estaba comprendido antes en el antiguo reino de Guatemala, con excepción por ahora de la provincia de Chiapas. El artículo 6º del mismo documento, declara que la Federación se compone al presente de cinco Estados, a saber: Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Salvador y Guatemala; la provincia de Chiapas será considerada como Estado de la Federación cuando voluntariamente se una a ella. Hasta el día México posee a Chiapas, provincia que fue anexada por la fuerza a aquella República a la caída de Iturbide, y a Soconusco, agregado posteriormente por Santa Anna, bajo protesta de Guatemala. Esta sostiene que aquel es una parte del antiguo reino el cual sucedió ella por su feliz revolución, y que está dentro de sus límites legítimos, como uno de los Estados Soberanos de la América Central. Hay más todavía: la Confederación centro-americana sostiene no solamente que el antiguo reino de Guatemala estaba dentro de los límites de Centro América, sino que el derecho de dominio y soberanía y la propiedad del territorio que está al norte del Sibún le pertenece de derecho. Ya desde 1832 el doctor Mariano Gálvez, en su Atlas de Guatemala y las que entonces eran sus divisiones departamentales, publicado con autorización del Jefe del Estado, abraza dentro de los límites del departamento de Verapaz el territorio entero que está más allá y al norte del río Hondo. Juzgo innecesario aducir pruebas y multiplicar argumentos para refutar la proposición de que el territorio entre el Sibún y el Sarstún no estaba dentro de los límites de Centro América. Si se necesitare alguna cosa para sostener un hecho tan universalmente notorio como el contrario a esa proposición, la grande experiencia y el conocimiento familiar que V. E. tiene de Centro América, su historia y sus asuntos le suministraría sin duda ampliamente. Si las razones y argumentos expuestos, que podrían extenderse mucho, pero que parecen suficientes en la ocasión, son sólidos y fundados, se deduce que la Gran Bretaña, ni por la excepción en favor de Belice, ni por el pretexto del derecho de conquista, ni por la aserción de que no está dentro de los límites de Centro América, tiene derecho a extender y continuar su ocupación y dominio sobre el territorio entre el Sibún y el Sarstún, y que el hacerlo así es y será una violación de las más claras estipulaciones del Tratado de 1850 entre la Gran Bretaña y los Estados Unidos. No se puede dudar que todos estos hechos y consideraciones eran familiares al Gobierno de V. E., y que era sabido que todo lo que se hiciese para ayudar a complicar más las cuestiones que ahora ocupan la atención de dos poderosas naciones hermanas, con quienes Guatemala está en paz y en amistad, podría alterar y poner en peligro la existencia de las relaciones amistosas entre aquellas dos potencias. Pero a pesar de todas estas circunstancias, el reciente Tratado de 30 de abril de 1859 entre la República de Guatemala y la Gran Bretaña, es ajustado y ratificado por la primera, y la existencia de negociaciones pendientes se reserva del representante americano en Guatemala; hasta que se publica en la Gaceta de Guatemala la ratificación del Tratado y la noticia de su existencia.
  • 125. 134 Privado así de un privilegio que sostiene el infrascrito estar reconocido, no solamente por la etiqueta y la cortesía que corresponden a las relaciones diplomáticas y las arreglan; sino por la amistad, benevolencia e imparcialidad que se supone existen en favor de una potencia amiga, cuando sus derechos y sus intereses están de por medio, nada le queda, sino hacer y publicar esta su solemne protesta. "Yo, Beverly L. Clarke, Ministro Residente de los Estados Unidos de América, ahora y por el presente hago, consigno y publico esta mi solemne protesta: 1º--Contra el Tratado de 30 de abril de 1859, entre la República de Guatemala y el Gobierno de la Gran Bretaña, como una violación clara y palpable de la letra, el espíritu y las estipulaciones del Tratado entre la Gran Bretaña y los Estados Unidos de América, fechado el 5 de julio de 1850 y comúnmente conocido como Tratado Clayton-Bulwer. 2º--Contra la con- ducta del Gobierno de Guatemala al reservar cautamente y ocultar al representante americano residente entonces en esta corte y esta capital, todo conocimiento de las negociaciones pendientes que afectaban vitalmente los intereses y política de su Gobierno, privándoles de este modo del derecho y privilegio de defender aquellos derechos y sostener aquella política, como una violación de las cortesías establecidas que pertenecen y existen en las relaciones diplomáticas, y con desatención del derecho de los Estados Unidos a aquella imparcialidad que se supone existen en favor de una potencia amiga cuando los derechos y los intereses de aquella potencia están de por medio; y 3º--Contra la concesión del Gobierno de Guatemala a la Gran Bretaña de posesión y título de y al territorio señalado en dicho Tratado de 30 de abril de 1859, como opuesta a toda la historia de la Confederación Centro Americana y opuesta también a la historia entera de Guatemala hasta la fecha de dicho Tratado. Aprovecho esta ocasión para renovar a V. E. las seguridades de mi más distinguida consideración, y para suscribirme de V. E. obediente servidor. (f) Beverly L. Clarke."
  • 126. 135 El ilustre don Antonio José de Irisarri, Ministro de Guatemala en Washington, se dirige al Departamento de Estado del Gobierno norteamericano, rebatiendo la protesta de Mr. Clarke, Ministro de los Estados Unidos en Guatemala. Se ha dicho antes que el Gobierno de los Estados Unidos desautorizó a su ministro por carecer de instrucciones para formular la protesta que dirigió al gobierno de Guatemala, por la celebración de la convención de 1859. Publicamos la nota que sobre este asunto dirigió nuestro representante en Washington a la Secretaría de Estado. La nota es precisa y concluyente: Guatemala no estaba obligada a consultar respecto de sus asuntos internacionales a ningún gobierno con quien no estuviera ligada por vínculos jurídicos que la obligaran a la consulta. Procedió en uso de su soberanía y en ejercicio de su derecho como nación independiente. Hay energía en la palabra mesurada y digna. Hay claridad en la exposición del derecho y hay lógica en la conducta diplomática del representante ante el gobierno americano. La Secretaría de Estado contestó dando toda la razón a Guatemala, sin inmiscuirse en la enormidad de la lesión que ella misma infería a su integridad. Eso era asunto privativo de la república. No consta en los archivos nacionales si el gobierno de los Estados Unidos se dirigió al de la Gran Bretaña. El incidente no tuvo trascendencia respecto de Guatemala puesto que no fue consultada ni tomó participación en el tratado Clayton-Bulwer; pero la lógica que exhibe la protesta de Mr. Clarke, en cuanto a la cesión que hacía Guatemala a la Gran Bretaña, no tiene réplica. Se inserta la nota del ministro Irisarri. Dice así:
  • 127. 136 Nº 2 Relaciones Legación de Guatemala Al Excmo. Sr. Gral. Luis Cass, Secretario de Estado de los Estados Unidos. Brooklyn, 9 de julio de 1860. Excmo. Sr.: Desde los últimos días de noviembre del año próximo pasado, recibí una nota del Ministro de Relaciones Exteriores de Guatemala, en que me encarga de cuenta a S. E. de haber dirigido a aquel Gobierno el Ministro residente de los Estados Unidos de América en aquella República, en nombre del su gobierno, una "protesta", Primero: contra el tratado de 30 de abril de 1859 entre la República de Guatemala y el Gobierno de la Gran Bretaña, como una violación clara y palpable de la letra, el espíritu y las estipulaciones del tratado entre la Gran Bretaña y los Estados Unidos de América, fechado el 19 de abril de 1850, y comúnmente conocido como Tratado Clayton-Bulwer. Segundo: contra la conducta del Gobierno de Guatemala, al reservar cautamente y ocultar al representante americano, residente entonces en aquella corte y en aquella capital, todo conocimiento en las negociaciones pendientes, que afectaban vitalmente los intereses y política de su gobierno, privándole de este modo del derecho y privilegio de defender aquellos derechos y sostener aquella política como una violación de las cortesías establecidas, que pertenecen a y existen en las relaciones diplomáticas, y con desatención del derecho de los Estados Unidos a aquella imparcialidad que se supone existir en favor de una potencia amiga, cuando los derechos y los intereses de aquella potencia están de por medio; y tercero, contra la concesión del Gobierno de Guatemala a la Gran Bretaña de posesión y título de y al territorio señalado en dicho tratado de 30 de abril de 1859, como opuesta a toda la historia de la confederación centroamericana y opuesta también a la historia entera de Guatemala, hasta la fecha de dicho tratado". Como en los mismos días en que recibí yo la nota referida, esa Secretaría de Estado debía hallarse gravemente ocupada con motivo de la próxima reunión del último Congreso, suspendí mi viaje a Washington para tratar de esta materia con V. E., hasta que se hallase V. E. menos recargado de atenciones, no considerando que el negocio de que yo tenía que tratarle era de muy urgente naturaleza. Por eso esperé a que las sesiones del Congreso hubiesen terminado e iba ya a ponerme en camino para esa capital, cuando por accidente inesperado se me fracturó el pie derecho y me puso en estado de no poder calcular hasta cuando estaré en aptitud de ver a V. E. personalmente. Por esto me veo en la necesidad de evacuar por escrito el encargo que he recibido de mi Gobierno en vez de hacerlo verbalmente. El Presidente de la República de Guatemala ha creído que el Representante de los Estados Unidos de América en aquella capital hizo la protesta referida sin tener instrucciones de esta Secretaría de Estado para dar aquel paso, y lo cree así con
  • 128. 137 tanta más razón cuanto que aquel representante en su nota de 1º de octubre de 1859, en que hace la referida protesta, no dice que haya recibido instrucciones para hacerla; y no parece creíble que este Gobierno le hubiera prevenido que protestase contra el tratado de 30 de abril de 1859, celebrado entre la República de Guatemala y el Gobierno de la Gran Bretaña, como una violación del tratado entre los Estados Unidos de América y la Gran Bretaña, conocido con el nombre de tratado Clayton-Bulwer, cuan- do este tratado en nada ha podido nunca comprometer a la República de Guatemala, no habiendo sido esta República una de las partes contratantes. Si tal violación ha habido, la protesta debió haberse dirigido contra el Gobierno de la Gran Bretaña, mas nunca contra el de Guatemala, que no fue parte en las estipulaciones del llamado tratado Clayton-Bulwer. V. E. sabe muy bien que no puede acusarse de violación a aquel que a nada se ha comprometido, y mucho menos por la violación de un tratado en cuya formación no fue consultado. El Tratado Clayton-Bulwer se hizo entre los Estados Unidos de América y la Gran Bretaña el 19 de abril de 1850, y apenas hecho se advirtió que cada una de las partes contratantes le había dado muy contraria inteligencia; y aún ahora después de haber transcurrido diez años, no se ha visto ningún hecho de haberse puesto de acuerdo las dos partes contratantes sobre la verdadera inteligencia del artículo 1º del referido tratado. No había, pues, ningún motivo, ninguna razón para que el Gobierno de Guatemala dejase de usar del perfecto derecho que tenía para arreglar con el Gobierno de la Gran Bretaña las cuestiones existentes con motivo de la posesión que bien o mal tenía aquella nación en el territorio de Belice. Usó, pues, el Gobierno de Guatemala, del derecho que nadie puede disputarle de arreglar sus propios intereses, cuando por ningún tratado existente se hallaba comprometido a consultar la opinión de otra potencia extranjera, por más amiga que fuese y por más simpatías que hubiese por ella. El Gobierno de Guatemala ha creído sacar ventajas para su seguridad y sus relaciones comerciales de las estipulaciones contenidas en el tratado de 30 de abril de 1859; ha usado del derecho que tiene todo Go- bierno para hacer lo que cree más conveniente a los intereses nacionales, sin causar perjuicio a los de las otras naciones; y aunque pequeña República, debe esperar que todas las grandes naciones de la tierra respeten en ella los derechos de la soberanía, que no son más sagrados por su naturaleza en los grandes y poderosos imperios que en los pequeños Estados. Atendidas las razones que dejo expuestas, espero que el Gobierno de los Estados Unidos se sirva declarar como no hecha la protesta que dirigió el representante de este Gobierno al Ministerio de Relaciones Exteriores de Guatemala en 1º de octubre del año próximo pasado, careciendo dicha protesta de todo principio en el derecho internacional sobre qué poder fundarse; y no dudo que la contestación a esta nota, dé una prueba a todo el mundo de la justicia y de la rectitud de este Gobierno. Con la más alta consideración quedo de V. E. atento servidor, (f) A. J. de Irisarri.
  • 129. 138 La cancillería de Guatemala al ministro en Londres, acerca de la buena disposición que el Gobierno inglés manifestó, recién firmada la Convención, para cumplir la cláusula compensatoria. Al Excmo. Señor Don Juan de Francisco Martín, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Guatemala en Francia e Inglaterra. Guatemala, enero 2/860 Nº 43. Señor: Me he impuesto por la nota de V. E. del 16 de noviembre, de la conversación que tuvo V. E. con el señor Subsecretario de Estado del Gobierno de S. M. B. con respecto a la Convención de límites entre esta República y el Establecimiento de Belice; y veo en ella confirmado lo que ya se nos había expresado por medio del representante de S. M. en cuanto a lo satisfactorio que ha sido a aquel Gobierno el mencionado arreglo. Veo también la buena disposición que hay para llevar a efecto la estipulación relativa a la apertura de un camino carretero entre la costa del Atlántico y esta capital, que tan ventajosa debe ser al comercio del país, en el cual, como es bien sabido, está interesada más que ninguna otra nación, la Inglaterra. El concepto que V. E. ha formado acerca de la mente de esa estipulación y que explico al señor Subsecre- tario de Estado, es el mismo que tiene el Gobierno; y en ese mismo sentido he hablado aquí con el Sr. Wyke, tanto al ajustar la Convención, como cuando volvió de Inglaterra. El Gobierno de S. M. debe ayudarnos proporcionándonos los ingenieros y directores de la obra, como también el pago de los operarios; concurriendo por nuestra parte con los materiales necesarios y cuidando de que hay jornaleros que trabajen mediante un salario equitativo. Habiéndosenos manifestado que el Gobierno de S. M. de- seaba conocer las ideas del de Guatemala respecto a la manera de hacer efectiva la estipulación, indicamos que por lo pronto lo más necesario es el envío de ingenieros y directores de caminos prácticos
  • 130. 139 que vengan a estudiar el terreno, para ver cuales son los puntos más a propósito para abrir el camino; reservándonos el manifestar después lo que convendrá hacer para la ejecución del proyecto. Será, pues, conveniente que V. E. como lo hizo ya, explique al Sr. Ministro de Negocios Exteriores de S. M. B. cuál es la inteligencia que damos a esa estipulación y en qué concepto fue entendida con el Sr. Wyke. Espero que este señor vendrá dentro de poco tiempo de Nicaragua, y volveré a hablar con él respecto a este asunto, a fin de que cuando regrese a Inglaterra inste sobre el particular, y se remueva cualquiera especie de duda sobre la naturaleza de la cooperación que el Gobierno de S. M. deberá prestar a la obra del camino; de todo lo cual cuidaré de informar a V. E.. Reitero a V. E. las seguridades del aprecio y consideración con que soy su muy atento y seguro servidor. (f) P. de Aycinena.
  • 131. 140 La Cámara de Representantes aprueba la Convención y espera que a la mayor brevedad se cumpla lo estipulado en el artículo VII. SECRETARIA DE LA CAMARA DE REPRESENTANTES Señor Ministro de Relaciones Exteriores, Guatemala, febrero 1º de 1860 Señor: La Cámara de Representantes tomó en consideración el dictamen de las comisiones reunidas de Relaciones Exteriores y de Gobernación a las cuales pasó, para su examen, la convención celebrada entre S. E. el Presidente y S. M. B. sobre límites del Establecimiento de Belice, que Ud. acompañó con su informe de 4 del mes próximo pasado para conocimiento de la Cámara; y después de una detenida deliberación conformándose con lo propuesto por las referidas comisiones, en sesión de 30 del mismo mes, se sirvió acordar se diga al Gobierno: "que la Cámara de Representantes, después de haber exa- minado cuidadosamente la convención ajustada entre S. E. el Presidente de la República y S. M. la Reina de la Gran Bretaña en 30 de abril de año próximo pasado, la encuentra útil y conveniente a los intereses de la República y basada en principios de una sana política; confiando en que se pondrá en ejecución, cuanto antes sea posible, lo convenido respecto a la vía de comunicación de esta capital a las costas del Atlántico". Lo decimos a Ud. para conocimiento del Gobierno, devolviéndole los documentos relativos a este asunto, que Ud. remitió, reiterándoles las consideraciones de nuestros respetos. (f) Juan G. Parra. (f) Juan Andreu.
  • 132. 141 El Gobierno inglés inicia dificultades variando el sentido verdadero de la cláusula compensatoria contrariando así lo convenido con el señor Lennox Wyke. Legación de Guatemala Nº 8. Excmo. Señor don Pedro de Aycinena, Ministro de Relaciones Exteriores de la República de Guatemala. París, abril 15 de 1860. Señor Ministro: He sabido con mucha satisfacción por la comunicación de V. E. Nº 47, la feliz llegada al puerto de Izabal del Sr. Capitán de Ingenieros Reales de S. M. B. Mr. Enrique Wray en compañía de otros oficiales y zapadores, los cuales ya habían principiado a practicar el reconocimiento del terreno por donde deberá abrirse el camino carretero, de cuya construcción espera ese Gobierno tan interesantes resultados para el comercio de la República. Ya dije a V. E. en mi nota Nº 5 de 15 de marzo último de qué modo comprendía el Gobierno inglés la parte que le incumbía en la ejecución de dicho tratado. En el estado en que está mi salud, no se cuando pueda yo ir a Londres; en cuya época trataré de hablar con el Ministro para hacerle comprender el verdadero sentido del artículo 7º del tratado y el compromiso que tomó Mr. Wyke en nombre del Gobierno inglés, para que fueran de cuenta de éste el pago de los operarios y jornaleros que se emplean en la obra, pues en la última conversación que tuve con el Sr. Subsecretario de Relaciones Exteriores, éste me dijo terminantemente que el Gobierno inglés estaba en la inteligencia que su obligación era hacer todos los gastos que ocurriesen en el territorio de Belice y facilitar los ingenieros y zapadores que habían de trabajar en el territorio de Guatemala, siendo de cuenta de ese Gobierno los gastos de materiales, jornaleros, etc..
  • 133. 142 Debo informar a V. E. del nuevo nombramiento de Encargado de Negocios y Cónsul General de S. M. B. cerca de las Repúblicas de Guatemala y demás de Centro América, hecho en la persona de Mr. Jorge Fagan, antes secretario de la legación británica cerca de la Confederación Argentina. En esa virtud, el Sr. Wyke tendrá que retirarse de ésa, y estimo muy conveniente que, antes de que lo haga, V. E. procure sacar de dicho caballero alguna prenda escrita sobre el compromiso contraído por él en nombre de su Gobierno relativamente al camino carretero. Me repito de V. E. con consideración y respeto muy atento y seguro servidor. NOTA DE LA CANCILLERIA DE GUATEMALA AL MINISTRO EN LONDRES Las dificultades suscitadas con motivo de la inteligencia que daba el Ministro de Negocios Extranjeros al artículo VII de la Convención de 30 de abril de 1859, son eliminadas por las explicaciones que desde Nicaragua dio Mr. Wyke. Nº 53. Al Excmo. Sr. D. Juan de Francisco Martín. Guatemala, junio 10/860. Señor: Tengo el honor de acusar recibo de la comunicación de V. E. fechada el 15 de abril y marcada con el Nº 8. Quedo entendido del nombramiento hecho por S. M. la Reina de la Gran Bretaña en el Sr. D. Jorge Fagan, para Encargado de Negocios y Cónsul General en esta República. Los diarios han publicado también esta noticia; pero no han dicho si el Sr. Fagan deberá venir pronto a hacerse cargo de su nuevo destino. Agradeceré a V. E. se sirva comunicarme lo que pueda averiguar a este respecto.
  • 134. 143 Con referencia a lo que he manifestado a V. E. en mis despachos anteriores acerca de la dificultad suscitada con motivo de la inteligencia que daba el Excmo. Sr. Ministro de Negocios Exteriores de S. M. B. al artículo 7º de la Convención del 30 de abril de 1859, tengo ahora la satisfacción de participar a V. E. que el encargado de la Legación y Consulado General británico en esta capital ha recibido últimamente un despacho importante del Lord John Russell, que me ha comunicado confidencialmente en copia y que con el mismo carácter incluyo a V. E.. Se servirá ver por él que las explicaciones dadas desde Nicaragua al Ministerio de Negocios Exteriores de S. M. por Mr. Wyke, han producido el efecto que era de esperarse, manifestándose ya el Lord Russell dispuesto a cumplir el compromiso contraído por aquel caballero a nombre de su Gobierno, al conducir la referida Convención. No dudo que con las explicaciones verbales que el mismo Mr. Wyke hará a S. E., y con lo que V. E. pueda manifestar por su parte con respecto a lo que quedó entendido al incluir el artículo 7º acerca de la especie de cooperación que debía prestar el Gobierno británico a la obra del camino, todo se arreglará convenientemente. El Sr. Capitán Wray y los oficiales que lo acompañan, continúan haciendo el estudio del terreno por donde deberá abrirse el camino. Según me ha dicho, por lo que hasta aquí ha podido observar, calcula que podrá hacerse la obra con un gasto de £160,000, que es mucho más de lo que había creído; y en este caso, no pudiendo nosotros exigir al Gobierno inglés más que unas £100,000 pues eso fue lo que se convino con Mr. Wyke, tendríamos que buscar el resto de la suma, lo que no sería una dificultad insuperable. Importa, pues, en todo caso, que quede bien entendido que el compromiso del Gobierno inglés es el de proporcionarnos, además del auxilio científico para la dirección de la obra, hasta la suma de £100,000 para ayuda de los gastos. Confío en que V. E. poniéndose de acuerdo con Mr. Wyke, cuando el estado de su salud le permita pasar a Londres, empleará todo su celo en que este negocio quede bien arreglado, comunicándome lo que se adelante en el particular. Soy de V. E., etc.. (f) P. de Aycinena.
  • 135. 144 Se acentúa por el Gobierno inglés la inexacta interpretación del artículo VII. Según su punto de vista, Guatemala debe hacer los gastos de la construcción de la carretera y la Gran Bretaña cooperaría limitándose al envío de ingenieros y directores de caminos. Excmo. Señor don Juan de Francisco Martín, etc., etc., etc.. Guatemala, mayo 1º de 1860. Señor: Me he impuesto de la comunicación de V. E. fechada 15 de marzo en París, marcada con el Nº 5, contestación al despacho de este Ministerio Nº 23 del 2 de enero. No hay duda que el ministro inglés parece haber entendido que la cooperación de su Gobierno para la obra del camino entre la costa del Atlántico y esta capital, podrá limitarse al envío de ingenieros y directores de caminos, conceptuando que los demás gastos incumben al Gobierno de la República; pero según le he manifestado a V. E. en mis despachos anteriores, aquí se está en concepto muy diferente, y no puede menos que haber habido alguna equivocación en lo que ha expresado el Ministro británico. En mis referidos despachos he explicado a V. E. que lo convenido con Mr. Wyke expresamente al firmar la Convención fue que la Inglaterra proporcionaría ingenieros y directores de caminos, suministrando además los fondos necesarios para el pago de operarios, y que el Gobierno de Guatemala proporcionaría los materiales que se encuentran en el país y la gente, ganando ésta jornales módicos. Es, pues, de la mayor importancia, que ahora que Mr. Wyke ha regresado a Inglaterra, aproveche V. E. la oportunidad de que se esclarezca satisfactoriamente este interesante punto, para el cual no dudo él auxiliará eficazmente, así por que el Convenio se hizo con él, como por que me lo ha ofrecido al disponer su regreso a Inglaterra desde Nicaragua sin volver a Guatemala, como era su intención. Confío enteramente en el celo e inteligencia de V. E. que, bien impuesto como se halla en todo lo relativo a este particular, podrá lograr se haga plena justicia a este Gobierno por el de S. M. B. en la ejecución de lo estipulado respecto a la obra del camino. Reitero, etc., etc., etc..
  • 136. 145 (f) P. de Aycinena.
  • 137. 146 El texto del artículo VII comienza a ser objeto de diversas interpretaciones que lo desvían de su objeto. El Ministerio de las Colonias es adverso y hace oposición a lo convenido. La carta confidencial de Lennox Wyke dirigida al ministro Aycinena da a conocer cómo había en el Foreign Office la disposición a restringir el significado del artículo VII de la Convención, de manera que el gobierno inglés no tuviera otra obligación que la de mandar un cuerpo regular de ingenieros, oficiales y zapadores por toda cooperación. Fue necesario que el propio Lennox Wyke explicara que lo pactado era construir el camino conjuntamente para que ahora el gobierno inglés estuviera en disposición de participar en los gastos. No obstante el texto claro del artículo VII que habla de hacer un camino entre la capital de Guatemala y el lugar más conveniente en la costa del Atlántico, el gobierno inglés ya deseaba que el término no fuera la costa sino Izabal que está sobre el Golfo Dulce o lago de Izabal, modificando así lo recién convenido. Debe tenerse presente la manera cómo el subsecretario de relaciones del gobierno británico había dicho al ministro de Guatemala señor Martín, entendía que habría de hacerse los gastos. En la carta de 15 de abril de 1860, escrita en París, decía el señor Martín: "En la última conversación que tuve con el señor Subsecretario de relaciones exteriores, éste me dijo terminantemente que el gobierno inglés estaba en la inteligencia que su obligación era hacer todos los gastos que ocurrieran en el territorio de Belice y facilitar los ingenieros". Era verdaderamente extraño que el gobierno inglés creyera que el camino sería construido en el territorio de Belice y no en el de Guatemala, como explícitamente lo dice el artículo: "Convienen en poner conjuntamente todo su empeño... para establecer la comunicación más fácil entre el lugar más conveniente de la costa del Atlántico, cerca del establecimiento de Belice, y la capital de Guatemala". Para la mejor inteligencia del criterio predominante en el Foreign Office, basta copiar las siguientes palabras de la carta de Lennox Wyke al ministro Aycinena: "El único peligro que hay para nuestro proyecto consiste en la oposición que se pueda oponer por parte de ustedes a la terminación del camino en Izabal.... La oposición del ministerio de las colonias le echará a perder todo, y por tanto, usted comprenderá fácilmente que se le debe dar gusto en esta materia".
  • 138. 147 Se percibe que la oposición de que hablaba Wyke obstaculizaría el cumplimiento del artículo VII de la convención. Privado y confidencial. Londres, mayo 16 de 1860. Mi querido don Pedro: Llegué aquí hace dos días y he estado desde entonces incesantemente ocupado en el Foreign Office, dando cuenta de mi misión, que en general ha tenido buen éxito, aunque la estúpida fraseología de la modificación hecha a la Convención Mosquitia por el Congreso de Nicaragua, puso en peligro de ser desechada dicha modificación por el Gobierno de S. M.. Al llegar aquí me encontré su apreciable carta del 2 de abril, y doy a Ud. las gracias por los buenos deseos que contiene. Antes de ahora habrá Ud. sabido que mi carta escrita a Lord John desde Managua relativa a las obligaciones de los dos Gobiernos para construir el camino conjuntamente, ha producido el deseado efecto, y que el Gobierno de S. M. está ahora dispuesto a participar en los gastos que se hagan. Ayer tuve una entrevista con Lord John y le expliqué detalladamente cuales habían sido nuestras miras al firmar el tratado. Como ya he dicho a Ud., nunca había tenido una oportunidad de hacer esto personalmente con él, que realmente pensaba que nuestra parte en la obra consistía en mandar un cuerpo regular de ingenieros, oficiales y zapadores en el servicio en que ahora están empleados, y que como Ud. sabe por la constitución del ejército inglés, causa considerables gastos por si sólo. Encuentro que el Ministerio de las Colonias está muy hostil al proyecto de hacer terminar el camino en Santo Tomás, por que considera que semejante proceder lejos de ser provechoso para Belice, sería perjudicial a aquel Establecimiento, cuyos fondos podrían emplear para sufragar los gastos que deben hacerse si el camino termina en Izabal; pero ni sus habitantes, ni sus empleados darían un real si se escoge Santo Tomás. Hall recibirá por este paquete un despacho de Lord John, encargándole que informe a Ud. que el Gobierno de S. M. desea que el término del camino sea en Izabal, y esperando que Ud. se conformará a su deseo en llevar adelante un plan que ejecutado así, sería ventajoso para ambos países. Ud. sabe, pues, que tomo el mayor interés en que se lleve a cabo todo cuanto nos propusimos, y cuando don Luis Batres opinó con nosotros en que la carretera en cuestión haría tal vez con el tiempo que su República fuese escogida por los capitalistas especuladores como el mejor punto después de todo para establecer el tan deseado medio de comunicación entre los océanos; si así fuese, se vencerían todos los obstáculos naturales, la barra en la boca del río Dulce se destruiría, se abriría probablemente una comunicación Verapaz, y sus puertos en el Atlántico serían visitados y usados, resultando de esto consecuentemente una verdadera prosperidad material. Espero que Ud. habrá recibido mi carta de Panamá sobre el asunto de promover una buena inteligencia entre Uds. y nosotros en cuanto al modo de llevar a efecto las estipulaciones del Tratado tal
  • 139. 148 como es; es decir que ambos Gobiernos hagan sus mayores esfuerzos para ejecutar la obra mancomunalmente. Cualquier intención de asegurar ventajas para su Gobierno violaría el espíritu de lo que tan felizmente concluimos, lo cual seguramente produciría desastrosos resultados para toda la empresa. He dicho al Gobierno de S. M. lo que Ud. me dijo, a saber: que los gastos de toda la obra podrían cubrirse con £80,000 poco más o menos, y procurando trabajadores con jornales del Gobierno, no dudo que se puede hacer. Los detalles de cómo se han de pagar los jornales puede ser asunto de un futuro arreglo, cuando el Capitán Wray haya presentado su informe final. Apenas tengo tiempo para escribir a Ud. todo esto, porque el correo sale dentro de una hora y tengo otras cartas que hacer. El único peligro que hay para nuestro proyecto, consiste en la oposición que se pueda hacer por parte de Uds. a la terminación del camino en Izabal, que por supuesto Uds. no harán por su propio bien y consideración a la obra que se va a hacer. La oposición del Ministerio de las Colonias lo echará a perder todo, y por tanto Ud. comprenderá fácilmente que se le debe dar gusto en esta materia. Escríbame Ud. detalladamente en contestación a ésta. No iré a México sino hasta de aquí a 8 o 10 meses, de suerte que tenemos bastante tiempo para escribirnos. Ruego a Ud. que presente mis respetos al Presidente, que espero esté bueno. Salude Ud. a toda su familia, don Luis Batres y a todos los antiguos amigos. Ud. por supuesto le enseñará esta carta, pues sabe él bien el interés que tomo en el buen resultado de nuestro tratado. Los empresarios del camino de hierro de Honduras, cuando supieron la conclusión de nuestro tratado, estaban furiosos, y me han maltratado en el Ministerio de todos modos, pero felizmente sin efecto alguno. Sabiendo que su propio proyecto estaba perdido, temen que vamos a establecer una vía de competencia al través de Guatemala. Si fueran sensatos abandonarían su primer locura y se dirigirían a Uds., que les ofrecen una vía mejor y más ventajosa. Soy de Ud., mi querido don Pedro, muy sinceramente. (f) C. Lennox Wyke.
  • 140. 149 CARTA DE MR. WYKE AL CANCILLER AYCINENA Se dilucida la manera de entender la obligación contraída por el Gobierno inglés. Nº 11 Chesterfield Street, May Fair.-- London, junio 16 de 1860. Mi querido don Pedro: Acabo de volver del campo y apenas tengo tiempo para escribir a Ud. dos líneas para hacerle saber que llegó a mis manos su carta del 2 de mayo. Como el correo sale esta tarde y cierran temprano la correspondencia en el Ministerio, no puedo escribir a Ud. detallada y largamente como deseo; pero mi última carta y los despachos oficiales de Hall habrán desvanecido toda ansiedad o inquietud que Ud. y don Luis tenían respecto a la disposición en que está el Gobierno de S. M. (después de la explicación con- tenida en mi despacho a Lord John Russell) para tomar parte en los gastos de construcción del camino, suministrando los materiales y gente necesaria para llevar adelante los trabajos, que cuando estén completos no pueden dejar de producir benéficos resultados para la prosperidad futura del país; no solamente por sus propios méritos, sino por que puede, según espero en lo sucesivo, ser escogida esa parte de su istmo como la más a propósito para la grande obra que ponga en conexión los dos océanos, y facilitar el comercio del antiguo mundo con aquellas partes del nuevo que están situadas sobre o cerca del Pacífico. Espero que el pronto reconocimiento hecho por Lord John de nuestra parte de responsabilidad contraída por ambos Gobiernos en el último tratado, desvanecerá enteramente de su ánimo las sospechas que tenía de que el Gobierno de S. M. estaba tratando de zafarse de su compromiso. Cuando se le presentó la cosa claramente explicada, aceptó inmediatamente mi modo de considerar el asunto, como Ud. habrá visto.
  • 141. 150 Solamente por medio de una cordial inteligencia puede llevarse a cabo conjuntamente nuestra buena obra; en cuanto a los medios de conseguir esto, ahora que estoy aquí, con probabilidades de permanecer por algún tiempo, podemos conversar privadamente sobre el asunto, y no me cabe duda de que podremos llegar a concluir un arreglo satisfactorio. No olvide Ud., sin embargo, mi querido don Pedro, que el origen de todo lo que hemos hecho, fue el deseo por parte de Ud. de que les ayudáramos a hacer un camino carretero al Atlántico. Esto lo tendrán y suministrando Uds. los materiales y la gente, los dos Gobiernos llevarán a cabo la obra conjuntamente. Me alegro mucho de que el Capitán Wray haya escogido a Izabal para término del camino, por que de lo contrario hubiéramos encontrado la más determinada oposición por parte del Ministerio de las Colonias, que se opondría a todo el proyecto, por considerarlo más bien perjudicial que benéfico para Belice. El Capitán Wray, según sé, ha escrito un largo informe al Ministerio de Relaciones Exteriores sobre el asunto del camino, cuyo costo, según él calcula, por lo menos ascenderá, como se me ha dicho, a £160,000, lo cual es exactamente el doble de lo que Ud. pensaba, es decir, el doble de $400,000 o sean £80,000, que es lo que yo he dicho siempre que costaría, al Ministerio de Relaciones, según el cálculo que hicimos juntos en Guatemala en abril de 1859. Mr. Fagan, Secretario de Legación en Nápoles, ha sido nombrado para mi sucesor, pero ha obtenido una licencia de 6 meses antes de ir a esa. Estoy tan apresurado, que debo concluir ya, suplicándole que presente mis memorias a su familia afectuosamente, lo mismo que a don Luis y todos mis antiguos amigos, sin olvidar a don Enrique, que se ha vuelto de Tonalá. Adiós, mi querido don Pedro, escríbame Ud. pronto y créame su sincero amigo. (f) C. Lennox Wyke. P. D.--Los periódicos impondrán a Ud. de las noticias de Italia, y también de que ya soy "Sir Charles". Sé que el Capitán Wray dice que la población en la línea del camino es muy escasa para suministrar jornaleros, pero en ese caso puede Ud. conseguirlos en otras partes del país. Por lo que he podido saber, parece que está de mal humor, por alguna causa. Si se queja de que se le abandona, debe Ud. quitar todo justo motivo de queja si existe. El no me ha contestado mi última carta, lo que parece extraño. ¿Se ha apoderado de él Miguel para probarle según se temía, que Ud. y yo hemos andado equivocados en todo?. El carácter individual de un hombre puede hacer mucho bien o mucho mal en algunos casos; por tanto, debe Ud. impedir que reciba influencias de personas hostiles a la empresa.
  • 142. 151 NOTA DEL ENCARGADO DE NEGOCIOS INGLES AL MINISTRO AYCINENA El Gobierno británico propone que sea el puerto de Izabal el término del camino.--Debe saberse que Izabal no está en la costa del océano Atlántico, sino que es puerto lacustre sobre el Golfo Dulce o lago de Izabal.--El artículo VII habla de un camino de la capital a un punto de la costa atlántica cerca de Belice. Legación Británica Guatemala, junio 23 de 1860. Señor Don Pedro de Aycinena, Secretario de Estado para los Negocios Extranjeros etc., etc., etc.. Señor: Tengo el honor de informar a Ud. que he recibido del Lord John Russell un despacho fechado el 15 de marzo, manifestándome que el Gobierno de S. M. es decididamente de opinión que el puerto de Izabal ofrece tanto a la Gran Bretaña como a Guatemala mayores ventajas sobre el puerto de Santo Tomás para el término en el Atlántico del camino de Guatemala, cuya opinión tengo instrucciones de comunicar al Gobierno de Guatemala. Su Señoría agrega que no tiene duda de que aun cuando el Gobierno de Guatemala contra lo que espera el de S. M. se inclinase a ver favorablemente el proyecto de Santo Tomás, voluntariamente cedería a los deseos del Gobierno de S. M. en una materia en que es importante a los intereses de ambos Gobiernos que no exista diferencia entre ellos. Tengo el honor de ser, señor, su más obediente y humilde servidor. (f) William Hall.
  • 143. 152 GUATEMALA ACCEDE A LA ANTERIOR SOLICITUD Guatemala, julio 2/860. Al Señor don Guillermo Hall, etc., etc., etc.. Señor: He recibido la comunicación de V. S. fechada el 23 del próximo pasado, en que se sirve anunciarme que ha recibido instrucciones en un despacho de S. E. el Lord John Russell, exhibido el 16 de mayo, para comunicar a este Gobierno que los deseos del de S. M. son que el puerto de Izabal sea en el Atlántico el término del camino de Guatemala, de preferencia al de Santo Tomás, siendo su decidida opinión que, de esta manera, el camino producirá mayores ventajas, tanto a Guatemala como a la Gran Bretaña. En respuesta tengo orden de decir a V. S. que el Gobierno de Guatemala, sin dejar de reconocer las ventajas que ofrecía al comercio directo con Europa la bahía de Santo Tomás actualmente, según el estado de nuestras relaciones comerciales, su opinión es conforme con los deseos del Gobierno de S. M. y que por consiguiente está anuente a que se tome el puerto de Izabal como término del camino en el Atlántico; esperando que, incrementándose el comercio, cuando sus necesidades lo exijan, podrá ha- bilitarse la bahía de Santo Tomás, que por ahora seguirá comunicándose con Izabal por el río Dulce. Puede V. S. asegurar a S. E. el Lord John Russell al comunicar el allanamiento de Guatemala a los deseos del Gobierno de S. M., que el de esta República tiene la satisfacción de poder manifestarse deferente a sus deseos; esperando, como espera confidencialmente que, llevándose a ejecución la obra de camino en los términos convenidos, que habrá explicado extensamente Mr. Wyke a S. E. el Lord John Russell, ambos países recibirán mucho beneficio, y que esta vía destinada ahora a facilitar su comercio, podrá acaso tomar en lo de adelante mayor importancia. Soy de V. S. con toda consideración atento y seguro servidor. (f) P. de Aycinena.
  • 144. 153 El negociador de la Convención de 30 de abril de 1859 explica cuales fueron las obligaciones contraídas por la Gran Bretaña. Excmo. Señor Don Juan de Francisco Martín, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Guatemala, etc.. 11 Chesterfield Street, Londres, 4 de julio/860. Querido señor: He sentido mucho saber por su carta del 18 último, que Ud. ha estado tan indispuesto y que su reposición es tan lenta que probablemente no le será posible venir a Londres, lo cual me privará del placer de hacer conocimiento con Ud. y comunicarle de palabra algunas cosas relativas a la materia que indujo a Ud. a escribirme. Cuando yo estaba en Nicaragua en el mes de febrero último supe por don Pedro Aycinena la falta de inteligencia que existía entre el Gobierno de Guatemala y el de S. M. relativa a la obligación contraída por cada una de las partes, y en virtud de la estipulación del artículo 7º del Tratado que firmé con don Pedro el 30 de abril de 1859, por el cual se estipuló que los dos Gobiernos emplearían mutuamente sus es- fuerzos en la construcción de un camino carretero entre la capital de Guatemala y el punto de la costa del Atlántico más próximo a Belice, que escogieran los ingenieros nombrados para la mensuración del terreno. El gasto probable de esta construcción fue estimado en aquel tiempo por don Pedro de Aycinena en $400,000 ó £80,000, y nuestra idea fue que se repartiera entre los dos gobiernos del modo siguiente: Que la Inglaterra se encargaría de la dirección científica de la obra, enviando ingenieros y personas acostumbradas a mensuración de terrenos, y que Guatemala suministraría todos los materiales necesarios para la mano de obra, a precios de contrato de Gobierno para llevar a efecto el trabajo. Resta fijar definitivamente en qué proporción deben pagar las dos partes los salarios de estos hombres y yo creo que los dos Gobiernos llegarán a ponerse definitivamente de acuerdo en este punto, luego que los ingenieros empleados actualmente en la mensuración hayan determinado la línea en que debe construirse
  • 145. 154 el camino. Al saber la falta de inteligencia que existía en cuanto al modo de repartir los gastos de construcción de este camino, escribí a Lord J. Russell con fecha 7 de febrero último diciendo a su Sa. que cuando negocié el Tratado de 30 de abril de 1859 con don Pedro de Aycinena, fue entendido entre nosotros que los dos Gobiernos obraran de conjunto para llevar a efecto esta obra y por consiguiente, era claro que éramos responsables por la parte de los gastos que llegaran a hacerse. Al recibo de esta co- municación su Sa. envió sus instrucciones al H. señor Hall, Encargado ad interim del Consulado General de Guatemala, para que informara al Gobierno de aquella República que en virtud de mis explicaciones el Gobierno de S. M. consentía en obrar de acuerdo con el convenio basado en tales términos, de modo que hace mucho tiempo que don Pedro debe estar tranquilo sobre este negocio, como tal vez se lo informará a Ud. por el paquete que debe llegar el 14 del presente mes. Desde mi llegada a Inglaterra he escrito dos veces a dicho señor sobre este negocio, más me alegraría también poder tratar con Ud. si llegase a presentarse la oportunidad. Yo no seguiré a México sino hasta fines de octubre próximo y es probable que antes tenga que ir a París, para cuando espero tener el gusto de hacer conocimiento con Ud.. Créame Ud., etc., etc.. (f) Ch. L. Wyke. P. S.--Sírvase Ud. dispensarme no haber contestado a Ud. antes, pero un cúmulo de negocios me lo había impedido. Mr. Wyke escribe al señor Aycinena sobre la construcción del camino. Londres, agosto 16, 1860. Mi querido don Pedro: Aunque en víspera de partir para Escocia a donde me envía mi doctor para cambiar de aires, por haber estado mal últimamente, no quiero dejar pasar el correo de hoy sin escribir a Ud. algunos renglones
  • 146. 155 en contestación a sus cartas de 2 al 6 del pasado, que recibí hace tres días. Es muy afortunado que el reconocimiento del Capitán Wray sea tan completamente en favor de la terminación del camino en Izabal, pues en Santo Tomás no hubiera sido aceptado por el Gobierno de S. M., que desea una comunicación directa con Belice. Con respecto al modo de suministrar los gastos de esta construcción a que tan frecuentemente hemos aludido en nuestra correspondencia privada, es importante que nos entendamos los dos claramente, por que su última carta contiene un párrafo que tal vez por no entenderlo yo bien, no puedo convenir en lo que dice, según lo leo. Cuando firmamos la convención, quedamos de acuerdo, según Ud. hará memoria, en que ambos Gobiernos debían mutuamente construir el camino, que es probable será igualmente benéfico para ambas partes. El gasto en aquella época fue calculado por Ud. como de $400,000 (£80,000) debiendo suministrar Guatemala los materiales y los jornaleros que habrá que emplear, y la dirección científica y pago de la mitad de los jornales de los trabajadores el Gobierno de S. M.. Por sus cartas recibidas desde mi salida de Guatemala, parece que sobre este último punto hay una divergencia de opiniones entre nosotros, pues Ud. creyó que todos los salarios debían ser pagados por nosotros, mientras que Uds. se comprometían a suministrar la gente que debe trabajar a precios de contrato del Gobierno que son considerablemente más bajos que los que se acostumbra pagar a los jornaleros. Ahora, pues, el Capitán Wray estima el costo de la construcción en doble la suma que nosotros y el Gobierno inglés suponíamos que costaría, cuando nuestra Convención fue ratificada aquí. A esto alude Ud. en su carta del 2 de junio último, en la que dice que cualquier exceso que haya sobre £100,000 sería pagado por el Gobierno de Guatemala, y aunque les costaría a Uds. algún trabajo conseguir el dinero, sin embargo estaba seguro de poderlo obtener. Todo consiste ahora en la naturaleza del cálculo del Capitán Wray, que cuando se sepa, facilitará claramente una solución de la cuestión que existe ahora entre nosotros. Hace dos correos que escribí a Hall para que obtuviese eso del Capitán Wray por que ese oficial no comunica libremente conmigo, ni contesta mis cartas. Lo que yo deseo saber es si su cálculo incluye todos los gastos, materiales y todo, y en qué proporción se puede hacer cuenta de esos materiales. Debiendo ser éstos suministrados por el Gobierno de Guatemala, nos dará la proporción que Uds. tienen que pagar de todo el costo, que siempre he entendido, y esa ha sido mi intención en todo lo que he hecho con Ud., debía ser partido entre los dos Gobiernos. Es esencial para el debido complemento de nuestra buena obra, que no haya disputitas respecto a detalles, sino que se ventile toda la cuestión en grande y francamente (si me puedo expresar así) con buena voluntad por ambas partes, porque cuando se concluya el camino será también igualmente benéfico para ambos. El Capitán Wray me parece algo quisquilloso en cuanto a que no se metan en lo que hace, y por tanto no comunica conmigo libremente, como había esperado que hiciese. Los periódicos aseguran que Walker salió de Roatán, a donde parece que llegó como viajero, y sin
  • 147. 156 su acostumbrado séquito de aventureros vagabundos. Sé que hay crucero de S. M. para vigilarlo y así creo que no podrá hacer mucho perjuicio. Si desembarca en alguna de las islas como particular, no se puede hacer nada contra él. Confío en que mi viaje a Escocia me aproveche, por que estoy muy descompuesto; permaneceré allá probablemente 3 semanas o un mes, pescando salmón y tirando perdices. Dé a Ud. mis finas memorias a su familia, a don Luis, y a todos los antiguos amigos, sin olvidar mis respetos al Presidente, que confío esté bueno. Deseando a Ud. buena salud y felicidad, créame Ud., mi querido don Pedro, que soy sinceramente suyo. (f) C. L. Wyke. P. D.--Deseo saber si el cálculo del Capitán Wray está fundado sobre la base de lo que semejante obra costaría en Europa, o si ha tomado en consideración lo mucho más baratos que los jornales son en Centro América, y también que los materiales se encuentran en el lugar mismo.
  • 148. 157 El ministro en Londres se dirige a la cancillería de Guatemala.--El negociador Lennox Wyke visita en París al señor Martín y tratan de la cooperación de la Gran Bretaña en la obra de la carretera al Atlántico.-- Cree Mr. Wyke que el costo de los materiales que dará Guatemala puede estimarse en tanto valor como el dinero que se necesitara para el pago de jornaleros y que, por consiguiente, no habrá dificultad por parte del Gobierno inglés para dar los fondos necesarios. Legación de Guatemala París, diciembre 15 de 1860. Excmo, Señor Ministro de Relaciones Exteriores de la República de Guatemala. Señor: A mediados del mes pasado recibí las comunicaciones que me dirigió V. E. en 1º de octubre último con Nos. 64 y 65; y ayer han llegado a mi poder sus cartas oficiales de 1 y 2 de noviembre Nos. 66 y 69. Al fin el Sr. Wyke vino a esta capital, y he tenido una larga conferencia con él respecto a ese país y a los pasos que deberemos dar para establecer claramente la cooperación que ha de prestar el Gobierno de S. M. B. para la obra del camino que ha de abrirse de esa capital a la costa del Atlántico, conforme al artículo 7º de la convención de 30 de abril de 1859, sobre límites. El Sr. Wyke es de opinión que debe- mos aguardar a que el Capitán Wray haya mandado sus informes respecto a la posibilidad de construir el camino y el presupuesto del costo que tendrá la obra, con cuyos datos se podrá entrar en explicaciones con Lord John Russell, para establecer la cooperación que debe prestar el Gobierno de S. M. B. proporcionando los fondos necesarios para el pago de los peones trabajadores que ha de procurar el Gobierno de Guatemala, al precio del moderado jornal que es de costumbre cuando están empleados en servicio público. El Sr. Wyke cree que el costo de los materiales para el camino, como maderas, piedras,
  • 149. 158 etc., que ha de proporcionar el Gobierno de Guatemala, puede estimarse en tanto valor como el dinero que se necesitará para el pago de los peones jornaleros, y que por consiguiente no habrá dificultad por parte del Gobierno de S. M. B. para dar los fondos necesarios para este pago. Si, como me dice V. E. en su nota Nº 67, el Capitán Wray manda su informe y presupuesto de gastos por el correo de 2 de diciembre, y aun viniendo por el de 2 de enero, llegarán lo más tarde el 15 de febrero, cuando aún estará en Inglaterra el Sr. Wyke, y podrá influir eficazmente para que por parte del Gobierno de S. M. B. se de al artículo 7º la inteligencia que debe tener según lo que fue entendido entre V. E. y el Sr. Wyke al negociarse dicha convención. Por mi parte, V. E. puede estar cierta que haré cuanto esté a mi alcance para que claramente quede establecido que el Gobierno británico debe contribuir con los fondos necesarios para el pago de los trabajadores que se emplean en la construcción del camino, siendo además de su cargo el gasto de ingenieros, directores y sobrestantes de la obra. El Sr. Wyke me ha dicho que saldrá de aquí para el Hanover del 20 al 21 del corriente, en cuyo país debe permanecer hasta enero, que tal vez volverá a esta capital para pasar a Londres, y que no se embarcará para México hasta principios de abril del año próximo. Acepte V. E. los sentimientos de respeto, aprecio y consideración que soy su atento seguro servidor. (f) J. de Francisco Martín.
  • 150. 159 Comienzan las dificultades en relación con el artículo VII de la Convención de 30 de abril de 1859.--El negociador Lennox Wyke sale para México sin dejar arreglado en Londres cuanto había prometido al ser firmado el pacto. Londres, 16 de junio de 1861 Sr. don Pedro de Aycinena Mi apreciado amigo y Sr.: Aquí he recibido el día 13, por el vapor que llegó de Belice, la favorecida de U. de 2 de mayo, correspondiendo la mía de 15 de marzo. Veo por ella estaba Ud. impuesto de lo que me escribió el Sr. Wyke, antes de su partida para Méjico, lo que estaba de acuerdo con lo que escribió a U. el 17 de marzo. El Sr. Wyke, como lo habrá Ud. visto por mis cartas posteriores, no deja nada arreglado antes de su partida para Méjico con el Gbno. británico respecto a la inteligencia del Arto. 7º de la Convención, y del compromiso verbal que él contrajo con U. de que el Gobno. de Guatemala contribuiría para la obra con todos los materiales que proporcionase el país, y los jornaleros al precio acostumbrado en las obras públicas, y el Gobno. británico suministraría los fondos suficientes para pagar los jornales hasta la concurrencia de cien mil £.. Por el contrario, creo que ha hecho entender que habiéndose hecho por U. el cálculo de que el camino tendría un costo de 80 a 100 mil L. E., el Gobno. Británico sólo deberá contribuir con la mitad. Al día siguiente de haber llegado a ésta el 13 estuve en el Ministerio de Negocios Extranjeros para ver a Lord John Russell y hablarle de este particular; no pude verle por estar fuera del ministerio; volví ayer 15, y tampoco; pero pude hablar largamente con el Sr. Hammond, Subsecretario de Estado encargado del Despacho de los Negocios que tienen relación con Méjico y la América Central; él me informó que acababa de llegar el Mayor Wray, habiendo dicho que en los presentes meses no puede hacerse trabajo alguno por las lluvias torrenciales, y que regresaría en octubre para llegar a esa en noviembre que principia el buen tiempo: de lo que me dijo el Sr. Hammond, deduzco que el Sr. Wray ha informado que la construcción del camino es muy difícil y costosa por la naturaleza del terreno, y muy difícil también su conservación, si no se hacen gastos constantes para reparar los daños que causarán las
  • 151. 160 fuertes lluvias. Sobre todo lo que le hice las observaciones del caso y le pedí me facilitara los informes, planos y presupuestos para tomar conocimiento de lo hecho, y poder hablar al Ministro con propiedad sobre este particular, que tenía encargo de mi Gobierno de agitar para que cuanto antes principiase a tener ejecución lo estipulado en el arto. 7º de la Convención. El Sr. Hammond me dijo que él se ausentaba el 17, haciendo uso de la licencia que se le había concedido, pero que podía verme con Lord Wodehouse, Subsecretario de Estado que durante su ausencia despacharía los asuntos que estaban a su cargo, para que me diese todas las noticias que yo deseaba, y que antes hablase con Mr. Wray para obtener de él las que podría darme sobre el mismo asunto. De lo que me habló el Sr. Hammond, deduzco que en el Ministerio ven difícil la obra con los recursos del país y la ayuda del Gobno. inglés, que han considerado no han de pasar de 50 mil L.E.. Bastante tendré que luchar para hacer desaparecer estas impresiones, pero me esforzaré en ello, y como para esto pueden serme útiles las cartas que tenga U. del Sr. Wyke en las que habla de este asunto, y particularmente la que dirigió a Ud. de ésta después de haberse ratificado la Convención, me parece oportuno me las envíe Ud., pues yo no haré uso de ellas sino privadamente, en caso necesario y en con- versaciones particulares con el Subsecretario de Estado encargado de este negocio, pues ellos son los que generalmente presentan los asuntos al despacho del Ministro con su informe, y casi siempre este informe es el que sirve para dictar la resolución del Ministro. ...Es bien particular que el Sr. Wray no hubiese avisado a U. su viaje, que verificó por el mismo vapor que trajo la carta de U. de 2 de mayo; esta es una segunda falta para unirla a la que cometió de no haber dado a U. conocimiento del informe que envió a este Gobierno en diciembre del año pasado sobre el camino proyectado, planos levantados y presupuestos del costo. ...Deseo a U. completa salud, etcétera. (f) J. de Francisco Martín.
  • 152. 161 Extrañeza del gobierno de Guatemala por la conducta de Mr. Wray.-- Incertidumbre sobre la continuación de la demarcación de límites. Guatemala, julio 2 de 1861. Excmo. Señor don Juan de Francisco Martín, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Guatemala.--Londres. Señor: El despacho de V. E. Nº 14 del 15 de mayo último, contesta a mi comunicación Nº 13 y contiene observaciones muy exactas acerca de las razones que había para que el Sr. Wray hubiese comunicado al Gobierno copia del informe y planos que dirigió al de S. M. B. respecto al proyecto de camino carretero desde esta capital hasta la costa del norte. Todo lo que V. E. indica es muy puesto en el orden y no debió haberse ocultado a Mr. Wray. Sin embargo de esto, se suspendieron los trabajos de la demarcación de límites, sin que sepamos a punto fijo si se continuarán o no: la Comisión se volvió a Inglaterra y Mr. Wray no me remitió su informe, como había ofrecido hacerlo. Esta conducta es verdaderamente extraña y hace un contraste notable con la deferencia y buena voluntad que el Gobierno de Guatemala se hizo un deber demostrar al de S. M. B. en todo este negocio. Reitero a V. E. la recomendación de procurar adquirir copia de aquel documento, y de hacer cuanto esté al alcance de V. E. para arreglar con S. E. el Secretario principal de Negocios Extranjeros de S. M. B. el punto relativo a la cooperación del Gobierno de S. M. en la obra del camino sobre lo cual conoce V. E. perfectamente el espíritu de la Convención de 1859 y lo que al ajustarla fue entendido............... (f) P. de Aycinena.
  • 153. 162 El Gobierno inglés difiere en cuanto a la inteligencia del artículo VII de la Convención de 1859.--Lord Wodehouse reconoce que habría sido conveniente haber fijado claramente el compromiso. No obstante, el ministro Wyke redactó el artículo a su satisfacción prometiendo que explicaría a su gobierno el verdadero sentido de lo pactado.--El Foreign Office se niega a dar copia del informe técnico del ingeniero enviado a estudiar el trazo del camino y su costo.--Se permite su lectura al ministro de Guatemala.--Extracto del informe. Legación de Guatemala Nº 18 Excmo. Sr. Ministro de Relaciones Exteriores de la República de Guatemala. París, julio 15 de 1861. Señor Ministro: Según anuncié a V. E. en mi carta oficial escrita en Londres el 16 del pasado junio, pedí a Lord John Russell una entrevista para hablarle sobre los diversos particulares que me están encargados por mi Gobierno, y por sus ocupaciones en el Parlamento la fijó para el 28. En el entretanto vi a Lord Wodehouse, Subsecretario de Estado, encargado del despacho de los asuntos de Guatemala durante la ausencia de Mr. Hammond, que es el Subsecretario que tiene a su cargo todo lo correspondiente a los di- versos estados de la América Central y de Méjico. Hablándoles sobre el deseo y el interés que tiene el Gobierno de Guatemala para que se de principio a la obra del camino de la costa del Atlántico a la capital, y para que se fije la inteligencia del Arto. 7º de la Convención de Límites, me dijo que habiéndose recibido el informe del Sr. Wray sobre el camino, con los planos y presupuestos, se había pasado a una comisión para su examen, y que habiendo llegado por el último vapor el Mayor Wray, con su presencia se ocuparían más fácilmente de este asunto. Que del informe del Sr. Wray resultaba que el camino era practicable, calculándose un gasto de 146 a 150 mil L.E.. Que en su opinión el Gobierno británico convendría en contribuir con la mitad del gasto, aunque de los informes que en su tiempo había dado Mr. Wyke, este gasto, común a los dos Gobiernos, se había calculado no excedería de cien mil libras esterlinas. Yo le repetí lo que ya en otra vez le había manifestado de que lo que se había convenido con el Sr. Wyke, al negociarse la convención de límites,
  • 154. 163 era que el Gobierno británico contribuiría con el pago del ingeniero director, y los fondos necesarios en dinero para satisfacer a los trabajadores, en una cantidad que no excediera de cien mil L. E., siendo de cuenta del Gobierno de Guatemala procurar estos trabajadores a un precio módico y dar todos los materia- les para la construcción, como maderas, piedras y cal, lo que aunque no se había escrito, no podía menos de recordarlo el Sr. Wyke e informar de ello al Gobierno. Lord Wodehouse reconoció que habría sido conveniente, cuando se concluyó la convención, haber fijado claramente el compromiso, para que el Gobierno hubiese podido pedir al Parlamento la cantidad necesaria como una cosa estipulada, y no exponerse a una negativa de la partida en el presupuesto que debían aprobar las Cámaras. El 28 de junio tuve la entrevista con Lord John Russell, en la que nos ocupamos largamente del asunto del camino. S. E. me manifestó que el informe, planos y presupuestos formados por el Mayor Wray, habían pasado a los Lores de la Tesorería, quienes siguiendo la costumbre los enviaron a una comisión para su examen; que en este año no sería posible hacerse nada respecto a la obra, porque presentados ya los presupuestos al Parlamento y aprobados por éste, no había medio de hacer gasto alguno; pero que en el entretanto se prepararían las cosas para el año próximo. Me habló en el mismo sentido que Lord Wodehouse respecto a la parte con que contribuiría el Gobierno británico para el gasto del camino que hubiera sido conveniente se hubiese estipulado claramente. Sin haber obtenido una respuesta decisiva sobre el particular, he deducido de su conversación que temerosos de un rechazo del Parlamento, si ellos entran en un compromiso que no esté estipulado en la convención, no contraerán empeño alguno hasta que por los Lores de la Tesorería sea examinado y resuelto el asunto; y es muy posible que no se logre otra cosa que el que contribuyan con la mitad del gasto de la construcción, si es que el Gobierno de Guatemala se compromete a contribuir con la otra mitad. Con este conocimiento, el Gobierno me dará las instrucciones correspondientes para estar preparado en todo caso a convenir en la parte con que contribuirá el Gobierno de Guatemala para la obra, y poder tratar este asunto, bien sea verbalmente, o por escrito, y apurar para que se ocupen de él, y que en los presupuestos para el año próximo, que los preparan desde diciembre de este año, incluyan la partida necesaria para el gasto; y puede ser que también se logrará que los Lores de la Tesorería decretarán como extraordinario el gasto que habrá de hacerse en el año próximo, lo que en tal caso proporcionaría que pudieran empezar los trabajos desde principios de 1862 en la buena estación. Pedí a Lord Russell me permitiese leer y sacar una copia del informe del Mayor Wray, y me contestó daría la orden a Lord Wodehouse para que me hiciese ver la copia que había quedado en el Ministerio. El 29 volví a ver a Lord Wodehouse para solicitar el informe del Mayor Wray; lo tenía a la mano con este objeto, y me lo entregó para que lo leyese y me impusiese de él; pero me dijo que Lord John Russell no le había autorizado para que dejase tomar copia. Esta indicación me pareció era una indirecta para que leyese allí mismo el informe, y lo tomé para leerlo, lo que hice en la sala inmediata; el informe es larguísimo, y me ocupó su lectura por cerca de dos horas, habiendo tomado algunas notas de que haré referencia.
  • 155. 164 El Sr. Wray dice que hizo el estudio del terreno con el Sr. Van de Gehuchte, y también le ayudó don Pablo Rubio; que el camino es practicable, pudiendo llevarse por buenos terrenos, y formándose puentes a propósito para el paso de algunos ríos: que se trabajaría por divisiones de Guatemala a Guastatoya, de allí como a 6 millas de Zacapa, y de allí a Izabal por Gualán, Iguana y Barbasto, en cuyo tránsito habrá una construcción de 157 millas inglesas; para cuya construcción calcula cuatro años, em- pleando un ingeniero director, un segundo, dos asistentes, cuatro dependientes, diez taladradores, cincuenta mecánicos ingleses, mil trabajadores del país y cien mulas. Dice que en el terreno se encuentran buenas y sólidas maderas, como ocote, encino, zapotillo, madre de cacao, y también piedras, cal y ladrillos, debiendo llevar de fuera el hierro y el alquitrán. Estima que los jornaleros deberán pagarse precisamente en dinero, y escogerse buena gente, no colecticia, abonándole por jornal dos y medio reales desde Guatemala a García, y cuatro reales de García a Izabal, que es la costumbre; que sería muy difícil tener buenos trabajadores, si hubiesen de ser procurados por el Gobierno o las autoridades, pues temerosos de que no se les pague en plata, se evaden, y aun se huyen con frecuencia; y que si se hubieran de tomar peones procurados por las autoridades, la construcción iría mucho más despacio y se haría con menos solidez. Dice que él tuvo muchas dificultades con los peones, porque temían que no pagaría el jornal en dinero a pesar de sus ofertas, y que al principio algunos peones de los que empleó se huyeron sin haber esperado el pago. El presupuesto que forma el Sr. Wray es el si- guiente: para el gasto de 20 carpinteros, 10 alba- ñiles, diez herreros, diez mineros para excavacio- nes, en todo 50 mecánicos ingleses, mil peones del país, cien mulas trabajando por cuatro años, 300 días en cada año, los peones a dos y medio reales por día de Guatemala a García y a cuatro reales de García a Izabal, maderas, cal, piedras, ladrillos, hierro, alquitrán, &, $606,577.4 reales, que reduce a.. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. £121,315 Sueldo de un ingeniero director por 4 años, al respec- pecto de £1,500 por año. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. £6,000 1 ingeniero segundo, al respecto de £650 por año .. .. 2,600 2 asistentes, a £500 por año.. .. .. .. .. .. .. .. .. 4,000 4 dependientes para contabilidad etc. a £250. .. .. .. 4,000 10 trabajadores foremen, a £90 por año. .. .. .. .. .. 2,700 5 foremen más por sólo un año a £90. .. .. .. .. .. .. 450 Pasajes de los empleados anteriores. .. .. .. .. .. .. 1,200 20,950 Pasajes de los 50 mecánicos .. .. .. .. .. .. .. .. .. 3,000 Gastos de escritorio y portes de correo .. .. .. .. .. 200 Total gasto del presupuesto.. .. .. .. .. .. .. £145,465
  • 156. 165 No he podido calcular la más o menos exactitud de los 606,577 pesos 4 reales que calcula de gastos de materiales, jornales, etcétera; pero en cuanto a los sueldos de director, ingenieros, etcétera, y pasajes, me parece un poco exagerado. Un ingeniero director con el sueldo de 7,500 pesos al año parece un exceso; creo que con cinco a seis mil pesos estaría bien pagado, y en proporción los otros empleados. También los pasajes costarían menos de lo que están calculados. Me parece que el motivo que tendría Lord John Russell para no permitirme tomar copia del informe, habrá sido por lo que en él dice Mr. Wray respecto al pago de trabajadores, y la desconfianza o mala voluntad de éstos para todo servicio que sea pagado por el Gobierno; no encuentro en el informe ninguna otra cosa que quisieran reservar. El 8 del corriente volví a ver a Lord J. Russell, y a recomendarle de nuevo tomase interés en que se aprovechase la buena estación de diciembre en adelante para dar principio a la obra del camino, y me ofreció que vería con los Lores de la Tesorería lo que podría hacerse a este respecto. Renuevo a V. E. los sentimientos de consideración con que soy su atento y obediente servidor, (f) J. de Franco. Martín.
  • 157. 166 El Subsecretario Hammond manifiesta al representante de Guatemala que considera su Gobierno estar limitada a la mitad de los gastos de la carretera la obligación contraída.--El canciller guatemalteco envía un memorándum al ministro Martín, que contiene lo convenido con el negociador Wyke. Las resistencias del Foreign Office a cumplir lo convenido con Mr. Wyke son más ostensibles cada día, por estimar que el texto del artículo VII de la convención de 1859 no le obliga en la extensión que pretende el Gobierno de Guatemala. Lo convenido, realmente es vago e impreciso en el texto. Así quiso redactarlo Lennox Wyke; pero al mismo tiempo aseguró bajo el honor de su palabra personal, que su Gobierno cumpliría fielmente lo hablado y sobreentendido de buena fe. Wyke aseguraba al ministro de relaciones exteriores señor Aycinena, que había ya informado a su gobierno de cuanto significaba el artículo VII y que no dudaba sería cumplido con fidelidad. No obstante, parece ser que Mr. Wyke faltó al cumplimiento de su palabra, frente a la falta de entendimiento que sobre el fondo del asunto exponía el Foreign Office. Hay que saber quién y cómo era el señor Aycinena para hacerse cargo de su veracidad. El se perfila en la documentación por él escrita, tal cual era: sencillo, honorable, ecuánime y de absoluta buena fe. Creía en la palabra empeñada, la que consideraba como seguro sostén de lo prometido; pero, al mismo tiempo, se da a conocer como ingenuo y fácil de equivocarse en sus apreciaciones individuales. El gobierno inglés exhibe lo escrito; no entiende de otros compromisos sino de los que expresa la redacción del documento. En el anexo, puede leerse la nota que dirigió al ministro señor Martín: la nota y el memorándum a que se refiere. Guate., setiembre 2 de 1861. Nº 27. Exmo. Sr. Dn. Juan de Francisco Martín. & & &
  • 158. 167 Sr.: He leído con la atención que corresponde los interesantes pormenores que contiene la comunicación de V. E. marcada con el Nº 18 y fecha del 15 de julio, respecto a la cuestión que se ha suscitado sobre la inteligencia del artículo séptimo de la Convención para el señalamiento de límites entre la República y el Establecimiento de Belice. Veo todo lo que V. E. me dice acerca de las conferencias que tuvo con el Ministro y con el Subsecretario de Negocios Exteriores de S. M. B., y que estos Sres. in- sisten en considerar limitado el compromiso de su Gobierno para la obra del camino estipulado en dicho artículo, a contribuir con la mitad de los gastos que hayan de hacerse. Me he impuesto también de los extractos que V. E. pudo tomar y me transmite del informe del Sr. Wray, quedando entendido de lo que en dicho documento manifiesta el ingeniero respecto a la practicabilidad de la obra, su costo probable, etc.. Atendida la importancia de este negocio y la conveniencia de que se llegue a establecer un acuerdo entre los dos Gobiernos sobre la inteligencia del artículo 7º de la Convención, me ha parecido oportuno reunir en un Memorándum las razones principales en que descansa la opinión que desde el principio hemos sostenido en este asunto, V. E. está ya impuesto de esas razones por mi correspondencia mensual; pero he juzgado útil al mejor esclarecimiento de la cuestión, reunirlas en un documento separado, ex- poniéndolas en la posible extensión y claridad, para que V. E. pueda hacer de ellas el uso oportuno que sea más conducente a la consecución de nuestro objeto. Acompaño, pues, a V. E., dicho Memorándum, y debo agregar únicamente a lo que en él expongo, que es enteramente infundado lo que el Sr. Wray manifiesta en su informe respecto a los recelos que dice pudieran tener los operarios que se empleasen en la obra del camino, si hubiesen de trabajar por cuenta del Gobno. La regularidad que desde mucho tiempo se observa en el pago, que se hace en dinero efectivo, de todos los que se emplean en cualquier obra pública, aleja toda especie de desconfianza como la que indica el Sr. Wray; así es que no vacilo en considerar su indicación sobre el particular como enteramente equivocada. Por lo demás, me refiero a lo que expongo en el Memorándum, y como siempre, confío en el interés de V. E. por todo lo que conviene a la República y en lo bien penetrado que se halla de la razón que nos asiste, para esperar que hará cuanto estuviere de su parte para que se haga en este asunto lo mejor que fuere posible. En el evento de que se insista por el Gobierno británico, a pesar de nuestro buen derecho, con que los gastos del camino han de sufragarse por mitad en el sentido en que lo entiende el Lord John Russell, V. E. puede hacer en esto el arreglo equitativo que sea posible, aun cuando Guatemala tenga que contribuir con la cantidad de dinero que en tal caso se considere necesaria. Soy de V. E. con toda consideración muy Atto. y Sego. Servr. P. de Aycinena.
  • 159. 168 Memorándum de la cancillería sobre la cuestión de Belice. Estando pendiente entre la República y el Gobierno británico el señalamiento de límites con respecto a Belice, y aún sin definirse la naturaleza de la ocupación de aquel territorio, el señor Wyke recibió orden del ministerio inglés para proponer una convención, y manifestó el deseo que se tenía de que el Gobierno de Guatemala se prestase a ella como un medio de zanjar las dificultades que ofrecía la ejecución del tratado Clayton-Bulwer, tan interesante para el mantenimiento y conservación de la in- dependencia de todos los Estados de Centro América y para que cesaren los embarazos que ocasionaban a la Inglaterra el hallarse pendiente aquella cuestión y la de las Islas de la Bahía, y aun para auxiliar francamente a estos países contra las expediciones de aventureros. Por parte del Gobierno de la República se deseaba coadyuvar a aquel intento y había la mejor disposición de que se hiciese equitativa- mente el arreglo de límites; pero el proyecto que presentaba el plenipotenciario británico no ofrecía ninguna compensación a Guatemala por el abandono que se le pedía hiciese aun de la parte de territorio ocupada por los colonos de Belice después de la independencia de España, con otras consideraciones, y hubo de manifestársele que no era posible convenir en tales términos. El señor Wyke comprendió perfectamente que este Gobierno no podía ni debía proceder de otra manera, y penetrado de la importancia de que tuviese efecto la convención, resolvió prestarse sub spe rati a introducir el artículo 7º en que se estipula la apertura del camino carretero por los dos gobiernos, en el concepto de que la obra podría costar, según lo calculamos, de libras 80,000 a libras 100,000; que el Go- bierno británico proporcionaría la dirección científica y fondos necesarios para pagar los jornales, y que de Guatemala se facilitarían los materiales que proporciona el país y operarios que ganasen jornales moderados, como se acostumbra en las obras públicas. Para obviar los inconvenientes que podría ofrecer (y en esto insistió especialmente el señor Wyke) el que apareciese haber intervenido precio o compensación por el abandono implícito de ciertos derechos que contiene la convención, lo cual la habría hecho ineficaz atendidas las prevenciones del tratado anglo- americano ya citado, se dejaron correr como estaban en el proyecto las cláusulas de sus artículos, que más bien suponen no había divergencia alguna; y se ideó una manera de redacción para el nuevo artículo, que facilitase indirectamente tal compensación por parte de la Inglaterra, que el Gobierno de Guatemala estimaba indispensable, buscándose este resultado en la construcción de una obra que es de bastante interés para el comercio británico y al mismo tiempo de gran ventaja para la República. Por nuestra parte se deseaba quedase más claramente definida toda la cooperación que el Gobierno británico debía prestar a la apertura del camino, según la inteligencia en que de común acuerdo se había redactado el artículo 7º; pero el señor Wyke consideró que lo expresado era bastante, debiéndose descansar en que él haría las explicaciones necesarias y que el Gobierno británico sabría corresponder
  • 160. 169 generosamente a la confianza del de Guatemala y a la deferencia con que se prestaba a llenar sus deseos en un asunto que estimaba de gran importancia, y por muchas y justas consideraciones, por lo que se defirió a sus indicaciones y se dejó el artículo tal cual aparece. Sin embargo, al entregarle el tratado, firmado y ratificado por el Presidente, se le pidió alguna constancia (aun cuando fuese privada y para un evento fortuito) de la inteligencia que los negociadores dábamos al artículo, y no creyó necesaria esta precaución, protestando, bajo su palabra de honor más sagrada, que si el tratado no era aceptado por el ministerio inglés tal cual lo entendíamos los dos, después de hacer él las explicaciones oportunas, lo devolvería y quedaría sin efecto. Luego que el señor Wyke llegó a Londres, escribió que aunque había ocurrido cambio de Ministerio, la convención estaba aceptada por el nuevo Gabinete, y que tanto el Lord Russell como el Lord Palmerston, con quien principalmente había entrado en explicaciones más extensas, aprobaban plenamente sus miras al convenir en el artículo adicional y reconocían la importancia que podía tener para el incremento del comercio británico la apertura del camino de Izabal, por lo que había sido ratificado sin dificultades el tratado y no debía perderse tiempo en efectuar aquí el canje de las ratificaciones; y que desde luego se pidiese a aquel Gobierno al responder a la muy expresiva nota de Lord Palmerston que el Cónsul tenía orden de transcribir, el pronto envío de los ingenieros que debían reconocer el terreno y levantar los planos y presupuestos para la apertura del camino, manifestando que por nuestra parte se faci- litarían, tan pronto como hubiese de darse principio a la obra, los materiales que proporcionase el país, y operarios que ganarían los jornales de costumbre para las obras públicas. A su regreso, viniendo con la misión honrosa para el Presidente que se sirvió encomendarle S. M. la Reina, confirmó todos aquellos conceptos del modo más expresivo; más después que se había ido a Honduras y Nicaragua, a la llegada de los ingenieros a comenzar sus trabajos, pudo entenderse por avisos del señor Martín, que no se estaba en Londres en el mismo concepto que aquí respecto a la manera de cooperar de la Inglaterra a la obra del camino; y más tarde también se habló en el parlamento en el sentido de que sólo debía proporcionarse la dirección científica. Reconvenido el señor Wyke, reiteró desde Nicaragua lo que antes había asegurado, y dijo que consideraba que la circunstancia de haber tenido sus explicaciones con Lord Palmerston sería lo que habría dado lugar a aquella inteligencia equivocada, por lo que escribiría a Lord Russell para que rectificase su juicio. En efecto, algunos meses más tarde el ministerio dirigió una comunicación al Agente británico en esta República, que se transmitió al Gobierno, en la cual expresaba estar mejor impuesto de la inteligencia que debía darse al artículo 7º y que tan luego como regresase el señor Wyke a Inglaterra, se determinaría la mejor manera de proceder a la ejecución de la obra, debiendo este Gobierno confiar en que se cumpliría lo que el señor Wyke había ofrecido. Si en la convención no se expresó más claramente lo estipulado relativo a la cooperación de los dos gobiernos para la obra de que se trata, fue, como se ha indicado antes, porque el señor Wyke juzgó más prudente extender el artículo como está, por los motivos graves ya insinuados; pero leyendo con atención el expresado artículo, se puede observar que sus palabras denotan claramente que por parte de la Ingla-
  • 161. 172 terra se había de contribuir con mayor proporción. Dice: "Con el objeto... los dos Gobiernos conjuntamente emplearán sus "best means" para la ejecución de la obra". Es evidente que cada cual debe poner sus mejores medios, y en este concepto fue entendido al convenir en el artículo adicional que la Inglaterra facilitaría la dirección y el dinero que se necesitase, y Guatemala los materiales y la gente para el trabajo, ganando jornales equitativos, que es lo que está en su posibilidad. Pretender que el gasto se sufrague por mitad, es dar a la convención una interpretación contraria al sentido de sus palabras, y contraria también a la inteligencia con que fue ajustado su artículo adicional, cuya redacción, si presenta alguna vaguedad, fue a causa de las particulares consideraciones que para ello tuvo el señor Wyke, las cuales no deben hoy olvidarse, ni las demás que hubo para convenir en la estipulación del artículo 7º. El Gobierno de Guatemala descansó en las ofertas de generosidad que el representante de S. M. B. hizo al Gobierno al celebrarse la convención, y no puede esperar que ellas no sean cumplidas, cuando el mismo representante inglés puso por garante del compromiso que contrajo su fe y su honor. Si los dos gobiernos han de emplear conjuntamente sus mejores medios para lograr la formación y construcción del camino, es fuera de toda duda que siendo los de la Inglaterra infinitamente mayores, debe concurrir en su posición respectiva al logro de dicha obra, tan interesante para favorecer y fomentar su comercio con esta República, y para satisfacer en alguna manera el desprendimiento, cordialidad y amistoso proceder de Guatemala. Por tales consideraciones, parece razonable insistir en que el Gobierno británico debe proporcionar para la obra del camino la dirección científica y los fondos para el pago de operarios, dando Guatemala los materiales que ofrece el país y proporcionando la gente que deba trabajar por los jornales moderados aquí acostumbrados; entendiéndose, si el gasto de operarios no excede de libras 100,000, calculadas desde el principio, pues si pasase de esta suma, según lo que ha informado Mr. Wray a su Gobierno, entonces Guatemala sufragará lo demás que se necesite y sobre esto no debe ponerse ninguna dificultad. Para resolver este punto hubiera sido de desear que Mr. Wray, como era regular y lo había ofrecido, hubiese remitido oportunamente a este Gobierno los planos, informes y presupuestos; pues con tales datos podría determinarse la diferencia de los últimos cálculos respecto del que se hizo a tiempo de ajustarse la convención, y con el cual se aseguró por el señor Wyke estar conforme el Gobierno inglés. Si en el presupuesto de Mr. Wray están incluidos los materiales que aquí deben darse y se toma en cuenta la economía que resultare de la administración que se establezca para suministrar los jornales, es probable que aquella diferencia no sea considerable. Para mejor inteligencia de esta exposición, se acompañan copias de los dos despachos de Mr. Russell a que se hace referencia, y dos cartas confidenciales, original la una y la otra en copia, dirigidas por el señor Wyke a su llegada a Londres en 1861. El nuevo ministro inglés en Guatemala, señor George W. Mathew, expresa que la amistad de Guatemala respecto de la Gran Bretaña y el provecho que reporta de tener tal vecindad, era el fundamento de su gobierno para
  • 162. 173 esperar que Guatemala estaría anuente a reconocer la frontera pretendida por Belice.--Rechaza tres propuestas de Guatemala, y somete a la consideración del gobierno otra Convención en que se establece que la Gran Bretaña cooperaría a la obra del camino con la suma de veinticinco mil libras esterlinas. "Supone" que el artículo VII es compensatorio. Guatemala, 27 de enero de 1862. Señor: Al regresar a esta capital me encontré con la contestación del señor Secretario de Estado de su Majestad, a mi nota en la cual le daba a conocer el punto de vista del Gobierno de Guatemala con respecto a la carretera que debía construirse por la acción conjunta de los dos Gobiernos, de acuerdo con el artículo 7º de la Convención de 30 de abril de 1859. Los sentimientos de amistad que siempre han expresado los Gobiernos de esta República con respecto a la Gran Bretaña, y, además, considerando que pudiera resultar provechoso ver su frontera contigua a las posesiones de esa potencia, tal vez haya inducido a mi Gobierno a abrigar la esperanza de que el Gobierno de Guatemala estaría anuente a reconocer la línea fronteriza pretendida por Belice. Se alega que el territorio inhabitado en disputa, no era solamente reclamado por Belice y por Guatemala, sino también por México y últimamente por España; sin embargo mi predecesor convino con Vuestra Excelencia en la inserción del artículo 7, que supongo se hizo como una medida compensatoria, y, no obstante que su proceder no había sido autorizado ni esperado por el Gobierno de Su Majestad, éste otorgó su aquiescencia. Sin embargo, los términos de dicho artículo son tan vagos que una diferencia total de opinión ha existido aparentemente en cuanto a su interpretación, y por lo tanto si se procede de acuerdo con él, se necesitaría de un instrumento separado que defina las obligaciones de cada Gobierno. Su excelencia me pidió que sometiera tres propuestas separadas, a este efecto, de parte del Gobierno de Guatemala para el Gobierno de Su Majestad; pero siento manifestarle que éste declina aceptarlas. Sin embargo, el Gobierno de Su Majestad, deseando sinceramente cumplir sus compromisos, me ha autorizado para expresar su deseo de llevar a feliz término el asunto de que se trata, de la manera siguiente, la que estima honrada y justa para ambas partes; y por consiguiente, me ha remitido el texto de Convención para la firma en el caso de que sea aceptable al Gobierno de Guatemala. Vuestra excelencia observará que según parece, se le ha hecho creer (pero no por mi persona) que la carretera propuesta se puede construir de manera adecuada por una suma menor de la calculada por el
  • 163. 174 Mayor Wray. El Gobierno de Su Majestad propone que los dos Gobiernos enteren cada uno la cantidad de veinticinco mil libras esterlinas, suma destinada a sufragar los gastos que ocasione la construcción de la carretera; que la dirección científica quede exclusivamente a cargo del Gobierno de Su Majestad, mientras que el costo de suministrar el material que se requiere en los diferentes puntos, sería exclusivamente cu- bierto por el Gobierno de Guatemala. Tengo el honor de remitir, para conocimiento de Vuestra Excelencia, copia del texto de una Convención que me ha sido transmitida, elaborada de acuerdo con las bases precitadas. Abrigo la esperanza más sincera de que esta propuesta sea aceptable al Gobierno de Vuestra Excelencia y que tan importante cuestión quede así satisfactoriamente arreglada; pero es mi obligación manifestarle que no estoy autorizado para hacer ningún cambio en el texto, el cual, en el caso lamentable de no ser aceptado por el Gobierno de Vuestra Excelencia, tendría que devolver al señor Secretario de Estado de Su Majestad, en cumplimiento de mi deber. Tengo el honor de suscribirme con la más alta consideración y quedo de Vuestra Excelencia, su muy atento y seguro servidor. (f) George W. Mathew. A Su Excelencia Señor don Pedro de Aycinena. etc. etc. etc.
  • 164. 175 Se procede a demarcar la frontera. Los comisionados Manuel Cano Madrazo de Guatemala y Enrique Wray de Inglaterra inician los trabajos en el río Sarstún y remontan este río hasta encontrar los raudales de Gracias a Dios.--Establecen el mojón de Garbutt. El comisionado inglés recibe orden de su gobierno para suspender las operaciones hasta no recibir nueva instrucción que no llegó nunca. El gobierno de Guatemala cumple lealmente sus obligaciones. Informe común de los Comisionados nombrados para designar y marcar los límites entre los territorios de la República de Guatemala y el establecimiento y posesiones de Su Majestad Británica en la Bahía de Honduras. Aparte previene el artículo segundo del Convenio que la República de Guatemala y Su Majestad Británica nombre cada una un comisionado con el objeto de designar y marcar los límites descritos en el artículo primero del citado Convenio; y en su consecuencia, Su Excelencia el Señor Presidente de la República de Guatemala ha nombrado por su Comisionado a don Manuel Cano Madrazo, Teniente Coronel del Ejército de Guatemala, Correjidor y Comandante General del distrito de Izabal, y Su Majestad la Reina del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda ha nombrado por Comisionado a don En- rique Wray, Capitán del Cuerpo Real de Ingenieros de Su Majestad y Mayor del Ejército inglés, quienes nos comunicamos los respectivos poderes, los que encontramos en buena y debida forma en Izabal el día veintiséis de noviembre de mil ochocientos sesenta. De acuerdo con el artículo tercero, los dos Comisionados hicimos y firmamos la solemne declaración siguiente: "Nosotros, los abajo firmados, Comisionados declaramos por la presente que examinaremos imparcial y cuidadosamente, y decidiremos lo mejor a nuestro juicio, y conforme a justicia y equidad, sin temor, favor o afección a nuestros países, sobre todas las materias que se presenten a nuestra decisión. En cumplimiento al artículo tercero del Convenio, nombramos el mismo día a don Manuel Pérez de Lasala para que obre como árbitro o amigable componedor, y el dicho señor don Manuel Pérez de Lasala, después de haber aceptado el cargo, hizo y firmó la solemne declaración siguiente: "Yo, Manuel Pérez de Lasala, declaro que como árbitro o amigable componedor, imparcial y cuidadosamente
  • 165. 176 examinaré y decidiré lo mejor en mi juicio y conforme a justicia y equidad, sin temor, favor o afección, en todas las materias que me presenten los comisionados para mi decisión". Nosotros los Comisionados salimos de Izabal el día treinta de noviembre del año mil ochocientos y sesenta, y llegamos a la boca del río Sarstoon el día tres de diciembre del año mil ochocientos y sesenta. Empezamos la subida del río el día cuatro de diciembre, dejando al señor teniente Clayton, del Cuerpo Real de Ingenieros de Su Majestad Británica, con los zapadores ingleses para llevar un mapa del río, de su boca hasta los raudales de Gracias a Dios. Llegamos a los raudales de Gracias a Dios el día seis de diciembre del año mil ochocientos y sesenta y el día ocho, después de examinar testigos, calificamos el punto divisorio de los territorios y erigimos una pirámide de piedra de cal. Esta pirámide está situada en la orilla norte del brazo de Gracias a Dios a una distancia (poco más o menos) de 900 yardas inglesas donde se junta el brazo Gracias a Dios con el brazo "Chocón", los dos formando el río Sarstoon. La latitud de dicha pirámide es 15°53'55" Norte y se tomaron observaciones para averiguar el error, y la variación diaria del cronómetro con el objeto de determinar su longitud al Oeste de Belice. La única isla en el río es situada cerca de la boca del río, y el reconocimiento demuestra que la corriente pasa al Sur de la isla y según el artículo seis la isla pertenece a Su Majestad Británica. Las operaciones en el río se concluyeron el día diez y nueve de diciembre del año mil ochocientos y sesenta, y el día veinte salimos del río para ir a Belice. En Belice se tomaron observaciones para averiguar el error, y la variación diaria del cronómetro, por las cuales se determinó que la pirámide de Gracias a Dios tiene una longitud de 1°3'10" al Oeste de Fort George, Belice. Empezamos la subida del río Belice el día catorce de enero del año mil ochocientos sesenta y uno. El día veintitrés de enero vimos testigos sobre la posición de los raudales de Garbutt, quienes aseguraron no haber más que un raudal con el nombre de Garbutt. Fijamos el punto divisorio casi al centro del raudal, y erigimos una pirámide de piedra de cal a cada orilla del río. Las observaciones dieron la latitud a la pirámide a la orilla Sur del río, 17°3'40"8 Norte, y por longitud al Oeste de Fort George a Belice, 0°57'29".1. Se calculó el rumbo de la línea entre las pirámides de Garbutt y de Gracias a Dios, y se abrió la línea a una distancia de 6.09 millas inglesas al Sur del Raudal de Garbutt, con el objeto de fijar los límites de las cortas de caoba en aquella parte de la línea. Concluido esto, la línea al Norte del raudal de Garbutt se abrió a una distancia de 22.53 millas inglesas, de la orilla Norte del río Belice, cuando, el día diez y siete de abril no nos pareció necesario continuarla a causa de la improbabilidad del establecimiento de cortes de maderas allí, y acordamos ir al Norte para fijar por medio de observaciones puntos divisorios en los ríos Bravo y Hondo. En todos los puntos naturales bien definidos, como una quebrada grande o un camino, se pusieron pirámides según están descritas en el "Apéndice", y en toda la línea se marcaron los árboles a distancias casi de cien, cincuenta varas, aquellas, en el lado de Guatemala con una cruz y aquellas en el lado de Honduras Británica con una flecha. Los Comisionados esperábamos la llegada de un pipante de Belice con el correo y víveres, los cuales llegaron al campamento el día veintitrés de abril y el Comisionado inglés recibió de su Gobierno órdenes para suspender por su parte la demarcación de límites entre Honduras Británica y Guatemala, hasta que recibiese nuevas instrucciones. Como estas instrucciones no podrían llegar antes del fin del mes de mayo cuando empiezan las aguas y cuando las contratas con los trabajadores y por las mulas hubieren expirado, determinamos volver en seguida a Belice y después de preparar este informe, y los mapas, dar fin a los
  • 166. 177 procedimientos de la Comisión por el presente año. De acuerdo con dicha decisión, retornamos a Belice y en este momento acabamos de firmar los mapas descritos en el artículo cuarto del convenio y por la presente declaramos que los trabajos de la comisión están acabados por este año. Firmado en Belice, el día trece de mayo del año de Nuestro Señor mil ochocientos sesenta y uno.--Manuel Cano Madrazo, T. Coronel y Comisionado por el Spmo. Gbno. de Guatemala para la demarcación de límites. Se encuentra este informe subscrito también por el señor don Enrique Wray, capitán del Cuerpo Real de Ingenieros de la Inglaterra, como Comisionado por parte de Su Majestad la Reina del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda.5 5 Archivos de la Secretaría de Relaciones Exteriores de Guatemala
  • 167. 178 APENDICE DEL INFORME ANTERIOR LISTA DE LAS PIRAMIDES DE PIEDRA ERIGIDAS EN LA FRONTERA DE GUATEMALA Y HONDURAS BRITANICA Distancia de la última en yardas inglesas. Nº--Donde situadas Observaciones 1-Gracias a Dios .. .. .. .. .. .. .. En la orilla Norte del brazo Gracias a Dios distante como 900 yardas de su unión con el brazo Chocón. 2-Raudal de Garbutt .. .. .. .. .. .. En la orilla Sur del Río Belice y la línea hacia Gracias a Dios fue marcada a un ángulo de 4°29'41" al Oeste del Sur. 3-Orilla Norte del río Belice.. .. .. 334 4-Orilla Sur del río Belice. .. .. .. 38 5-Orilla Norte de tres ojos de agua.. 9823 En el monte a la orilla derecha del río Belice. 6-En la cumbre de un cerro.. .. .. .. 376 Id. Id., esta es la última pirámide al Sur. 7-Raudal de Garbutt .. .. .. .. .. .. 98 Distancia desde el número 2. Esta pirámide está situada en la parte sud del camino del Petén a una distancia de 30 yardas al Este de la boca de un arroyo grande por la parte Norte. 8-Orilla Norte de un arroyo. .. .. .. 1181 del cual el camino del Petén se guía por la distancia de casi 400 yardas. Distancia de la última en yardas inglesas. Nº--Donde situadas Observaciones 9-Inmediata a la parte Sud del camino del Petén.. .. .. .. .. .. .. .. .. 1383 El río Belice inmediatamente arriba de
  • 168. 179 raudal a una vuelta grande al Sur. 10-En un ángulo formado entre dos que- bradas secas.. .. .. .. .. .. .. .. 418 11-Cerca de la parte Sud del camino del Petén en la 2ª cruzada. .. .. .. .. 1670 12-Parte Sud del arroyo .. .. .. .. .. 1305 13-Parte Norte de un arroyo.. .. .. .. 1042 14-Parte Sud de una quebrada. .. .. .. 1471 15-Parte Sud de una quebrada. .. .. .. 1335 16-Parte Norte de una quebrada.. .. .. 199 17-Parte Sud y Oeste de una quebrada.. 1370 18-Parte Norte Sud y Oeste de un arro- yo (en una curva) .. .. .. .. .. .. 225 19-Antiguo camino para acarrear caoba a Duckrun y una laguna. .. .. .. .. 4345 20-Parte Norte de una quebrada.. .. .. 2197 21-Parte Norte de una quebrada.. .. .. 834 22-Parte Sud de un sendero de indios.. 5699 23-Parte Norte de una quebrada.. .. .. 1375 24-Parte Norte de un barranco .. .. .. 1181 25-En la cima de un monte de piedras.. 587 26-Parte Norte del Yalbach .. .. .. .. 3589 27-Parte Norte de una quebrada.. .. .. 2702 28-Parte Norte del camino a Booth river 3859
  • 169. 180 29-Parte Sud de una quebrada. .. .. .. 1528
  • 170. 181 Aunque Guatemala era parte interesada, no se le da a conocer el informe del ingeniero sobre el camino. Nº 14. Legación de Guatemala París, mayo 15 de 1861. Excmo. señor Ministro de Relaciones Exteriores de la República de Guatemala. Señor: He tenido el honor de recibir las notas de V. E. fechadas el 2 del pasado abril, con los Nos. 13 a 16. La comunicación Nº 13 me impone que el Sr. Wray no había cumplido la oferta que en su tiempo hizo a V. E. de informarle del resultado de sus estudios sobre el trazado que debía hacer para el camino carretero de esa capital a la costa del Atlántico, la más o menos facilidad de construcción y costo que aproximadamente podía tener la obra. El Sr. Wray mandó su informe al Gobierno de S. M. B. desde fines del año pasado, y tiempo sobrado tenía para haber pasado a ese despacho una copia de dicho informe y de los planos que ha trazado; cuyo conocimiento no sólo debía haber dado a V. E. por su oferta y por cortesía, sino también para tener la certidumbre de que su presupuesto está formado con exactitud; pues no será nada extraño que en tal trabajo hubiera él cometido errores, no conociendo prácticamente todas las economías que pueden hacerse en el salario de los peones y en la adquisición de materiales. Además, siendo el Gobierno de Guatemala una de las dos partes que ha de cooperar y contribuir a la obra, parece es del deber del empleado que está comisionado para la exploración del territorio y estudio del trazado del camino, darle conocimiento de sus trabajos, para que le sirva de gobierno en sus relaciones sobre el particular con la otra parte contratante. Como he informado a V. E. en mis comunicaciones anteriores, a principios del próximo junio, en que ya estará entablada la buena estación, me trasladaré a Londres, e inmediatamente veré a Lord John Russell a efecto de procurar el que quede bien entendida la cooperación que debe prestar el Gobierno de
  • 171. 182 S. M. B. para la construcción del camino, y para que se ponga en planta dicha obra lo más pronto posible en cumplimiento del artículo 7º de la Convención de 30 de abril de 1859, de cuyo resultado informaré a V. E. en oportunidad. También procuraré obtener una copia del informe y planos remitidos por el Dr. Wray, los que dirigiré a V. E. por si ese señor no ha tenido la atención de enviar a ese Despacho la copia que ofreció.... Soy de V. E. etc. etc.. (f) J. de Franco. Martín.
  • 172. 183 Crónica de la sesión del Parlamento Británico, del 16 de mayo de 1862. El Times de Londres, correspondiente al 17 de mayo de 1862, publicó la crónica de la sesión del parlamento, del día anterior; y es interesante el conocimiento de lo que se pensaba en Londres acerca de las obligaciones contraídas por el gobierno: "Se dice que en 1859 se había hecho un tratado entre el gobierno de su majestad y la república de Guatemala, cuyo objeto fue la fijación de los límites entre dicha república y las posesiones inglesas en aquella parte del mundo. Se convino en una obligación recíproca para construir el camino; y el gobierno inglés la aceptó en lo que le concernía. El Ministro de Relaciones creyó que debía tener un informe respecto de la obra y fue enviado un oficial ingeniero, quien informó que el costo sería de 150,000 libras. El Gobierno de Guatemala estaba en la inteligencia de que el Gobierno inglés debía suministrar los fondos a la república la cual, por su parte, debía suministrar los trabajadores. El Gobierno de Su Majestad estaba sorprendido con lo grande de la suma; y el de Guatemala estaba poco satisfecho, por lo pequeño. El interpelante Mr. Fitzgerald preguntaba si el gobierno tenía la intención de repudiar o de cumplir el tratado. Mr. Layard contestó que Mr. Charles Wyke había sido enviado para negociar un tratado con Guatemala porque existían algunas cuestiones importantes sin arreglar, y con especialidad el límite entre Guatemala y las posesiones británicas en la "costa opuesta"; cuestiones que estaban íntimamente ligadas con el tratado Clayton-Bulwer ajustado entre este país (Inglaterra) y los Estados Unidos. Wyke llevó consigo un proyecto de tratado; pero encontró considerable oposición por parte del aquel gobierno: pedía como equivalente la construcción por el gobierno británico, de un camino desde la ciudad de Guatemala a la de Belice, después de haberse discutido, largo tiempo la compensación pretendida. Para el gobierno de Guatemala era muy importante ese camino que le permitiría mantener sus
  • 173. 184 relaciones comerciales con el Atlántico; y dijo que si se hacía esa concesión, aceptaría los términos propuestos para fijar los límites". Esta relación de los motivos de la suscripción del tratado y de las compensaciones largamente discutidas, y la condicionalidad propuesta por Guatemala para aceptar los límites pretendidos por Wyke, está demostrando que el asunto era bien conocido, a pesar de la imprecisión y vaguedad del artículo compensatorio, y que la prolongada correspondencia cruzada para aclarar a qué se obligaron las partes, era el proceso de una exoneración inexplicable. La crónica del Times da a conocer algunos detalles y circunstancias ignoradas en la cancillería de Guatemala: Mr. Wyke tomó sobre sí la responsabilidad de introducir el artículo adicional (VII), acompañado de un despacho explanatorio. Efectivamente, Mr. Wyke había ofrecido explicar a su gobierno la causa o motivo del artículo compensatorio para que estuviera entendido de su verdadero sentido. No era, pues, ignorada la obligación que correspondía cumplir a Inglaterra; más la crónica de El Times agrega: "pero desde entonces se han suscitado otras importantes cuestiones que amenazaban producir un desacuerdo entre Inglaterra y los Estados Unidos: estando ya arregladas nuestras cuestiones de límites, este país no tenía nada que temer con respecto a sus relaciones con aquella parte de Centroamérica". El subsecretario de Relaciones de la Gran Bretaña reconoce oficialmente en una sesión del Parlamento, el carácter compensatorio del artículo 7º de la Convención de Límites. Cámara de los Comunes. Sesión de la noche del 16 de mayo. República de Guatemala. Mr. Fitzgerald preguntó si se había hecho algún convenio con el Gobierno de Guatemala respecto al camino proyectado desde la ciudad de Guatemala hasta la costa del Atlántico. En 1859 se hizo un tratado entre el Gobierno de S. M. y el de Guatemala, cuyo objeto fue demarcar o fijar los límites entre dicha República y las posesiones de S. M. en aquella parte del mundo, conviniéndose en una obligación mutua para construir el referido camino. Habiéndose aceptado esta obligación, creyó el Ministro de relaciones que se debía tener un informe respecto a la obra, y así fue que mandó a un oficial ingeniero, quien informó al Gobierno que el costo del camino, que sería de 355 millas, ascendía a libras 150,000. El Gobierno de Guatemala estaba en la inteligencia, según parece, de que el Gobierno inglés debía suministrar los fondos entregándolos en la Tesorería de la República, que por su parte debía suministrar los trabajadores. Pero parece que mientras el Gobierno de S. M. estaba sorprendido de lo grande de la suma, el de Guatemala estaba también poco satisfecho pensando que el monto era muy pequeño, creyendo que el costo del camino no bajaría de libras 300,000. Ahora, pues, tomando en consideración la posición
  • 174. 185 financiera de este país, el Canciller Exchequer (Ministro de Hacienda) se sorprendería de saber que existía esta obligación por nuestra parte, de la cual él no tenía conocimiento. Pero según otro informe, la cantidad de dinero que se necesita para la obra sería tan grande, que eso mismo haría impracticable su ejecución. En tales circunstancias, desearía saber si el Gobierno tiene intención de repudiar o cumplir el tratado. Cualquiera de las dos alternativas sería muy de sentirse. Por una parte, sería muy impropio que se incurriese ligeramente en obligación de esta especie; y por otra, sería una gran desgracia tener que repudiar un tratado ajustado con toda solemnidad. Sabía que el Gobierno había mandado a Mr. Mathew para que procurase arreglar el negocio y desearía saber si habría posibilidad de que se hiciese algún arreglo. Mr. Layard contestó que su amigo había omitido en su interpelación dos o tres puntos muy importantes. Sir Carlos L. Wyke había sido enviado para negociar un tratado con la República de Guatemala, existiendo entonces todavía algunas cuestiones importantes de límites sin arreglar, y con especialidad el límite entre Guatemala y las posesiones británicas en la costa opuesta. Estas cuestiones estaban íntimamente ligadas con el tratado Clayton-Bulwer, ajustado entre este país y los Estados Unidos. Sir Carlos L. Wyke llevó consigo un proyecto de tratado, sobre cuya base procuró negociar un tratado con el Gobierno de Guatemala; pero encontró considerable oposición por parte de aquel Gobierno a los términos que proponía para arreglar la cuestión de límites. Pedían un equivalente, el cual se discutió largo tiempo, y al fin el Gobierno de Guatemala propuso como equivalente, según su deseo, la construcción por el Gobierno británico de un camino desde la ciudad de Guatemala hasta Belice, cuyo costo se haría entre ambos, poniendo en conexión el Atlántico con el Pacífico. Para el Gobierno de Guatemala era muy importante tener un camino que le permitiese mantener sus relaciones comerciales con el Atlántico, y dijo que si se hacía esa concesión, aceptaría los términos propuestos para celebrar el tratado de límites. Sir Carlos Wyke creyó que era muy de desear obtener pronto un arreglo de aquella cuestión de límites, tanto por lo que respectaba a nuestras relaciones con la República de Guatemala como con los Estados Unidos; y por tanto tomó sobre su responsabilidad introducir un artículo adicional acompañado de un despacho explanatorio, que llegó a Inglaterra pocos días antes que Lord Malmesbury saliera del Ministerio. Lord Malmesbury, sin embargo, estaba tan deseoso de completar el arreglo de aquella cues- tión, y pensando bien sin duda, que sería un triunfo de su administración el obtener semejante resultado, pasó inmediatamente a ver a Sir Eduardo B. Lytton, Ministro de las Colonias, para preguntarle si el tratado era tal que se pudiese ratificar; y aunque el negocio exigía un desembolso de dinero público, necesitándose por tanto la sanción del Parlamento, sin embargo, sin obtener antes dicha sanción, Sir E. B. Lytton contestó que se podían cambiar las ratificaciones. Así es cómo todo el mérito de aquel tratado pertenece a Lord Malmesbury y su honorable amigo (oid, oid), y en verdad aunque el negocio no se hizo con estricta observancia de las reglas parlamentarias y por tanto no es muy justificable, aquella
  • 175. 186 administración merecía crédito por lo que había hecho sobre el particular; pero como desde entonces se han suscitado otras e importantes cuestiones que amenazaban producir un desacuerdo entre Inglaterra y los Estados Unidos, estando ya arregladas nuestras cuestiones de límites, este país no tenía nada que temer con respecto a sus relaciones con aquella parte de Centro América. Desearía que la actual administración hubiese obtenido ese crédito, pero correspondía de derecho al Gobierno de su honorable amigo, y sería un robo el querérselo apropiar. (Oid, oid y una risa). Esa era, pues la historia entera del camino de Guatemala. Cuando Mr. Mathew fue enviado hace pocos meses para terminar la cuestión, recibió plenas instrucciones para el efecto, que debía observar en su comunicación con el Gobierno de Guatemala. Ciertos acontecimientos políticos que habían tenido lugar allá desde su llegada, le habían impedido ocuparse del asunto, pero el Gobierno de S. M. esperaba saber pronto de él y entonces podría dar a su honorable amigo noticias de su hijo. (Oid y risas). (Traducido de "The Times", de Londres, del 17 de mayo de 1862).
  • 176. 187 El representante británico sugiere una convención especial que puntualizará las obligaciones de ambos países, para el cumplimiento del artículo VII. Traducción Guatemala, febrero 7 de 1862. A. S. E. don Pedro de Aycinena, etc., etc., etc.. El infrascrito, Ministro Plenipotenciario de S. M. B., tiene el honor de transcribir adjunta a S. E. don Pedro de Aycinena, Ministro de Negocios Extranjeros de la República de Guatemala, una copia del informe del Mayor Wray, de los ingenieros reales, sobre el camino entre esta capital y la costa del Atlántico, cuya construcción se estipuló en el artículo 7º de la Convención del 30 de abril de 1859, junto con los duplicados de los planos que acompañan aquel informe. Aquel artículo dice que las dos partes contratantes convienen "en poner conjuntamente todo su empeño, tomando medidas adecuadas para establecer la comunicación más fácil (sea por medio de una carretera o empleando los ríos, o ambas cosas a la vez, según opinión de los ingenieros que deben examinar el terreno) entre el lugar más conveniente de la costa del Atlántico cerca del Establecimiento de Belice y la capital de Guatemala". El primer paso de hacer un reconocimiento práctico, habiéndose ya dado en cumplimiento del deseo expresado por S. E. don Pedro de Aycinena, por parte del Gobierno de Guatemala, y estando ante el mismo el resultado para considerarlo, el infrascrito ha recibido instrucciones para pedir a V. E. que le haga saber el pensamiento de su Gobierno sobre la manera en que se deba llevar a efecto la obra del camino. El infrascrito se toma la libertad de sugerir que la mente del Gobierno de Guatemala sea expresada con precisión y en detalle, y agrega que el Gobierno de S. M. es de opinión que sería de desearse que se hiciese un convenio especial sobre este asunto, incluyendo un cálculo del costo total del camino, del modo en que se debe construir y la parte que cada gobierno debe tomar a su cargo para pagar los gastos de su construcción.
  • 177. 188 El Gobierno de S. M. propone que el proyecto de convención con este objeto, se envíe a Londres para ser firmado en el Ministerio de Negocios Extranjeros. El infrascrito está autorizado para informar a S. E. el Sr. don Pedro de Aycinena que tan pronto como los dos Gobiernos se hayan entendido sobre el particular, S. M. está dispuesta a recomendar a su Parlamento para que tome las medidas que sean necesarias para llenar el compromiso que contrajo Sir Charles Wyke en nombre de S. M.. El infrascrito aprovecha esta ocasión para renovar a S. E. el Sr. don Pedro de Aycinena las seguridades de su más alta consideración. (f) George B. Mathew.
  • 178. 189 El representante inglés desea saber la interpretación que el gobierno de Guatemala da al artículo VII. Traducción Nº 9. Guatemala, 13 de mayo de 1862. El infrascrito Ministro Plenipotenciario de Su Majestad Británica deplora vivamente tener motivos para temer, debido a la conversación con que fue favorecido tan bondadosamente por Su Excelencia don Pedro de Aycinena, que pueda existir una seria diferencia de opinión entre el Gobierno de Su Majestad y el Gobierno de Guatemala con respecto a la parte que le corresponde a cada uno en la construcción de la carretera que se proyecta rumbo al Atlántico. Como paso preliminar encaminado a facilitar las medidas ulteriores que se tomen con respecto a este asunto, estima que podría ser conveniente que Su Excelencia le indicara cuál es la interpretación que Su Excelencia da a este artículo del Tratado, deducida de sus comunicaciones con Sir Charles Wyke. Aprovecho esta ocasión para reiterar a Su Excelencia, las seguridades de su más alta consideración. (f) George W. Mathew. A Su Excelencia Don Pedro de Aycinena. Etc., etc., etc..
  • 179. 190 Respuesta del ministro de Relaciones Exteriores señor Aycinena. No obstante las explicaciones dadas por la cancillería guatemalteca al gobierno inglés, respecto de la inteligencia del artículo VII, aún se manifiesta, por Mr. Mathew, "que tiene motivos para recelar por la conversación tenida el día anterior, que pueda existir una diferencia sería de opinión entre ambos gobiernos". Si el Gobierno de Guatemala hubiera dado por terminadas las conversaciones, y con el conocimiento que se revelaba por las discusiones acerca de lo que significa el artículo VII, habría hecho un gran servicio a la República. Había motivo bastante para convencerse de que el camino no se construiría; y siendo compensatoria la obligación inglesa, procedía tener por caducada la convención bilateral de 30 de abril de 1859. Sin embargo, continuó la penosa senda de dificultades, sin que fuera posible entenderse. La Convención aclaratoria propuesta por Mr. Mathew fue suscrita en Londres, en 1863, por el propio Mr. Lennox Wyke y el ministro de Guatemala señor Martín; pero tampoco esa convención aclaró nada, sino que, por el contrario, complicó el asunto, porque el Gobierno inglés siempre estaba distanciado del punto de vista de Guatemala. Y no sólo no aclaró, sino que dio motivo para que Inglaterra declinara cumplirla y declarara que estaba cancelada la obligación que contrajo en 30 de abril de 1859. Interrogado el señor Aycinena respecto de lo convenido con Mr. Wyke al tiempo de firmar la convención del 59, el canciller contestó en los términos que expresa la nota siguiente: Guatemala, mayo 17/862. A. S. E. el Sr. Dn. Jorge B. Mathew, Ministro Plenipotenciario de S. M. B. Señor: He tenido el honor de recibir el despacho que V. E. se ha servido dirigirme, con fecha 13 del corriente, en el cual me manifiesta que tiene motivos para recelar, por la conversación tenida conmigo el día anterior, que pueda existir una diferencia seria de opinión entre el Gobno. de S. M. y el de Guatemala, respecto a la parte con que cada cual debe concurrir a la obra del camino al Atlántico. En consecuencia,
  • 180. 191 como un paso preliminar a medidas ulteriores, V. E. desea saber de mí la interpretación que doy al artículo del tratado relativo a este punto, conforme a mis comunicaciones con Sir Charles Wyke. Según tuve el honor de manifestarlo extensamente a V. E. en nuestra conversación, el Arto. 7º que se introdujo en la convención por los motivos que también le expresé, significa para nosotros, por haberse así expresamente convenido con Sir Charles Wyke, que el camino se construirá, suministrando la Inglaterra la dirección científica, y una suma aproximativa de £80 a 100,000, que el mismo Sir Charles creyó sería el máximum del costo de la obra, según el cálculo que hicimos, y la República proporcionaría los materiales que en ella se encuentran y jornaleros por el salario acostumbrado en el país. Este fue el espíritu y la inteligencia del artículo que se encuentra manifiestamente claro en varias cartas confidenciales de Sir Charles Wyke, dirigidas desde Inglaterra, y que él mismo confirmó cuando regresó a Guatemala con la misión honorífica para el Presidente, de que V. E. tiene conocimiento. Si la redacción del artículo 7º no fue más explícita y clara, V. E. está informado por mí de los motivos que para ello hubo. En el informe con que acompañó el Ministerio a la Cámara de Representantes la Convención del 30 de abril de 1859, en las primeras sesiones que tuvo este Cuerpo después que se celebró dicha Convención, se le manifestó que esa había sido la inteligencia dada al artículo 7º, empleándose las palabras que tengo el honor de copiar aquí para conocimiento de V. E.: "Respecto al camino que debe abrirse en virtud de esta Convención, y que el presidente considera de inmenso beneficio para nuestra agricultura y comercio, está entendido que debiendo ejecutarse con la cooperación de ambas partes, la Inglaterra proporcionará ingenieros y medios pecuniarios para ella, y la República los materiales y brazos que el país posee". Este informe se dio a la Cámara en 4 de enero de 1860, estando todavía el señor Wyke en Nicaragua. Cuando pudimos entender que en el Ministerio de S. M. B. no se daba esta inteligencia al artículo 7º, reclamamos de Sir Charles Wyke, quien se apresuró a satisfacernos atribuyendo a alguna mala inteligencia las palabras pronunciadas en el Parlamento, y ofreciéndonos que haría sobre esto las explicaciones necesarias. En consecuencia de esto, tuve el honor de recibir algún tiempo después comunicación confidencial de un despacho de S. E. el conde Russell a Mr. Hall, en el cual expresa que mejor impuesto del compromiso contraído por Mr. Wyke, el Gbno. de S. M. estaba siempre dispuesto a cumplirlo. Tengo el honor de ser de V. E. con toda consideración, muy atento y seguro servidor, P. de Aycinen Carta privada del ministro inglés al ministro de Relaciones exteriores,
  • 181. 192 en la que le sugiere puntos de un posible convenio. Privada. Junio 20 de 1862. Mi querido don Pedro: Siento, entre nos, alguna sorpresa de que su Gobierno, sabedor de las dificultades que debía encontrar y de la falta de recursos, no hubiese propuesto un arreglo de menor importancia en vez del camino de Izabal, como por ejemplo una suscripción de libras 15 ó 20,000 para el muelle y camino de San José. Sin embargo, como U. me invita a entrar en la cuestión del camino de Izabal, lo hago así, diciendo ante todo que me parece que sería perjudicial e inútil enviar a Europa propuestas que no fuesen probablemente aceptadas. Debo añadir también que si continúa la negociación, es de mucha importancia para Guatemala y afectará la opinión pública respecto al Gobierno que sea de una vez aprobada y comenzada. 1.--La Inglaterra está comprometida (como podemos suponer, en vista de la correspondencia de U. con Mr. Wyke) a suministrar toda la superintendencia científica y otra, cuyo costo calcula el Mayor Wray en libras 23,950. 2.--Guatemala, sentaremos, está comprometida a suministrar al jefe superior o director de la obra nombrado por este Gobierno, todos los materiales, como madera, piedra, cal que se encuentren en la República. 3.--Con respecto a los trabajadores o jornaleros, entiendo que Guatemala propone suministrar cualquier número que de tiempo en tiempo pueda necesitar el ingeniero superior, en diversos puntos, a los precios o jornales que pague comúnmente el Gobierno para las obras públicas. Debe, sin embargo, dejarse a la discreción de aquel funcionario el emplear la gente por contrata o por tarea, según le parezca, y será indispensable que una persona nombrada por él sea el pagador, comprometiéndose cada Gobierno a suministrarle siempre que pida fondos, en conformidad con la cuota estipulada que debe pagar cada uno por su parte. En consecuencia de las estaciones y de otros impedimentos que pueda haber, debe dejarse a su elección los puntos donde han de comenzar los trabajos, y continuarlos de tiempo en tiempo. Apenas considero necesario observar que Guatemala no obtendrá ningún beneficio real y positivo, ni ventaja alguna (por cuestionable que sea en cualesquiera circunstancias) para el comercio inglés, si el camino no es bien hecho, y si no se hacen estipulaciones propias para mantenerlo en buen estado.
  • 182. 193 4.--El ingeniero en jefe debe ser autorizado para solicitar de este Gobierno intérpretes. 5.--La cuota que debe pagar Guatemala para el costo y gastos, además de los de superintendencia y de materiales a que he aludido, debe ser una tercera parte, en consideración del crecido valor de los materiales, y la de la Gran Bretaña dos terceras partes, siempre que todos los gastos que tenga que hacer la Gran Bretaña, además de los de superintendencia, no excedan de libras 50,000. 6.--Guatemala, en consideración de ese exceso, se compromete a concluir la obra por sí sola hasta que esté enteramente completa y sin dilación, si el costo del camino excede la cuota que debe pagar la Gran Bretaña, según lo dicho. 7.--Con el objeto de asegurar la buena ejecución de la obra y conservación del camino, se deberá nombrar una persona competente, con el consentimiento de la Gran Bretaña, para inspector, y se establecerán los siguientes derechos y peajes (no otros) para ser cobrados; cuyo producto se publicará y se depositará en la Tesorería en cuenta común del Ministerio de Negocios Extranjeros y del Representante británico. Dicho producto se empleará solamente para pagar al inspector y para las composturas necesarias y gastos de conservación del camino, presentándose cuentas de esos gastos cada tres meses, y Guatemala se compromete a llenar el déficit que pueda resultar de la recolección de dicho peaje para el objeto indicado. Se abolirán los peajes que hoy existen cobrables en Izabal. Cada arroba de efectos exportada pagará en la aduana......................... Cada arroba de efectos importados pagará..................................... Se establecerá un guarda o portazgo en puntos situados a 2 leguas lo menos y 5 lo más de Guatemala y de Izabal, respectivamente, donde se cobrarán los siguientes peajes, una vez por día en cada carro o carruaje............................ Por cada mulo, caballo, burro, o buey sin arneses.......................................... A la expiración del presente contrato, no se concederá ninguna ventaja a cualquiera clase de buques en los puertos del Pacífico, en la República. Lea U. y medite esto. Soy de Ud., etc.. (f) G. B. Mathew.
  • 183. 194 GUATEMALA NO DESEA CONTRAER COMPROMISOS QUE LE SEAN ONEROSOS Particular Guatemala, junio 28/862. Mi querido don Jorge: Acompaño a V. la contestación que me ha parecido deber dar a la carta confidencial que me entregó antes de ayer, habiéndola extendido con presencia de las indicaciones que se sirve hacerme en su favorecida de ayer tarde. Como V. observará, todo está conforme a lo que hablamos, y solamente me ha parecido no insistir ya en que sean tres cuartas partes, en vez de dos terceras, las con que el Gobierno británico contribuya para los gastos de la obra, fuera de los que exija la dirección científica; pero en el concepto de que no se limite a £50,000, porque he creído que de otra suerte nos separaríamos del espíritu de la Convención y la República contraería un compromiso desproporcionado a los recursos que puede destinar a esta clase de mejoras. Deseo que V. encuentre razonable mi modo de ver, y que podamos terminar el arreglo de un modo satisfactorio. Soy de V. afectmo. amigo y seguro servidor, P. de Aycinena.
  • 184. 195 A instancias de la Gran Bretaña se excluyó del artículo VII todo lo que indujera a estimarlo como compensatorio.--Forma en que se aceptaría el convenio para la construcción del camino. Confidencial Junio 28 de 1862. Mi querido don Jorge: Me he impuesto de la carta que U. me entregó ayer, y con la misma franqueza con que me manifiesta su sorpresa de que no se haya propuesto un arreglo de menor importancia y dificultad que el del proyectado camino de Izabal que se estipuló, tengo que hacer a U. el simple y sencillo recuerdo de las circunstancias en que se inició la convención de límites, el interés grave que tenía el Gobierno de S. M. B. en que se arreglara ese punto por medio de un convenio y que no apareciese en sus estipulaciones cosa alguna que indujese a pensar que hubiese compensaciones por adquisiciones de territorios que no le pertenecían. Por parte de Guatemala, deseando ayudar al Gobierno británico, con quien siempre ha procurado mantener las mejores relaciones de amistad, en la alta mira que tenía, con la mayor franqueza se procedió en todo, y aun en la manera en que quedó redactado el artículo 7º de la Convención, que ahora parece ofrecer dificultades en su interpretación. Estas pocas palabras bastan para explicar porqué no se ha pensado ni antes ni ahora, en otro medio diferente que el de la formación de un camino de ruedas desde Izabal a esta capital, a pesar de las dificultades que se han originado a consecuencia de haber resultado el presupuesto mucho más elevado de lo que al principio se creía. Sin embargo, si como U. me lo insinúa, juzga pudiera hacerse alguna modificación, sustituyendo a la compensación de la obra del ca- mino otra que fuese correspondiente, yo desde luego la consideraría y la sometería al juicio del Presidente, que como U. sabe, prestó su beneplácito para la Convención, en el concepto de que la República recibiese una compensación suficiente. Entre tanto U. se sirve pensar acerca de esto, paso a decir a U. cómo considero yo pudieran quedar convenidos los puntos de su carta, señalados con los números de 1 al 7. 1º--La dirección científica, cuyo costo calcula el Mayor Wray en libras 23,950, queda entendido ser de cuenta del Gobierno británico. 2º--El director de la obra tomará todos los materiales, como madera, piedra, etc. que puedan necesitarse y en el estado natural en que se encuentren.
  • 185. 196 3º--Respecto a este punto no hay dificultad, explicándose que los jornales serán los que se acostumbran en los diferentes lugares de donde se obtengan los operarios. 4º--El Gobierno proporcionará al ingeniero en jefe los intérpretes que necesitare, incluyéndose el gasto que ocasione en los generales de los trabajos del camino. 5º--Guatemala, además de los materiales, y en consideración a la importancia de éstos, suministrará la tercera parte de los gastos y la Gran Bretaña las otras dos terceras partes, con más la dirección científica, sin la limitación de libras 50,000 que fija el Sr. Mathew, llevándose a cabo la obra en los términos expresados, que es lo que parece más conforme al espíritu de la Convención. 7º--En cuanto a la conservación del camino, imposición de peajes, sistema de establecerlos y percibirlos, el Gobierno de Guatemala piensa debe quedar con toda la libertad necesaria, a fin de proceder, según las circunstancias lo exijan; pero sí debe entenderse que el mismo Gobierno queda comprometido a dictar todas las disposiciones convenientes para que el camino pueda conservarse en buen estado, haciéndose en él todas las reparaciones necesarias. Considero también que no podría contraer compromiso alguno con relación a conceder ventajas ulteriores a cualquiera clase de buques en los puertos del Pacífico, aunque hallándose en prosperidad la línea de vapores, pienso no se prorrogarán las concesiones hechas en su favor, estando el Gobierno además dispuesto a favorecer las importaciones de los puertos del Norte, para fomentar los departamentos situados hacia esa parte de la República. Sírvase U. considerar esta respuesta y disponer de su afectísimo amigo y seguro servidor, (f) P. de Aycinena
  • 186. 197 La compensación indirecta es la razón principal que indujo a la Gran Bretaña a participar en los gastos de la carretera. No obstante las evasivas expresiones de los diplomáticos ingleses, el ministro Mathew reconoce expresamente que "la compensación" indirecta es el espíritu de la cláusula VII de la convención del 59. La comunicación dirigida al Ministro de Relaciones Exteriores de Guatemala así lo declara el 29 de junio de 1862. Es interesante la afirmación del ministro inglés cuando dice: "...no obstante de que, después de seguir una investigación en Inglaterra, no puedo variar de idea acerca de que la "región en disputa" fue conquistada a los españoles en tiempo de guerra, por los colonos de Belice con la ayuda de las fuerzas reales, y nunca fue devuelta". Poco seguro debió estar el ministro inglés en sus ideas como lo demuestra el hecho de reconocer las compensaciones indirectas a que se había obligado su gobierno y, al mismo tiempo, llamaba "región en disputa" la que motivaba la controversia, y exponía que esa región había sido conquistada por los colonos con la ayuda real. No había región en disputa, sino región usurpada mediante la penetración cautelosa e indebida de los colonos que fueron bucaneros y piratas y después recibieron el apoyo oficial para fundar el derecho de conquista. Olvidado tenía el ministro Mathew el pacto de 1802 en que se obligó la Gran Bretaña a devolver todas las posesiones españolas que hubiere ocupado durante la guerra con Francia y sus aliados, con excepción de la isla Trinidad y las posesiones holandesas de Ceylán. Si durante la guerra con España había ocupado Inglaterra algunas posesiones españolas, carecía de derecho para retenerlas; y si las retenía en contra de lo pactado, ese hecho no es conquista ni determina dominio alguno según el derecho de las naciones. La expedición frustrada del gobernador de Yucatán O'Neil sobre Belice, durante la guerra, no fue una acción aislada de Yucatán, porque Yucatán no era una personalidad internacional separada de España, sino parte integrante de sus dominios. Por consiguiente, la paz con España terminaba cualquiera ocupación en Belice. Por otra parte, Belice no fue ocupada por motivos de la guerra. Estaba dada a la Gran Bretaña en usufructo, en virtud de tratados específicos claramente deslindados y con obligaciones ineludibles.
  • 187. 198 Después de la guerra concluida en 1798, Inglaterra aún invocaba los tratados anglo.españoles de 1783 y 1786 como títulos para poseer Belice, y con posterioridad la Gran Bretaña declaró oficialmente que Belice no estaba en los dominios de Su Majestad. Deben tenerse presente las expresiones del ministro Mathew al decir: "La idea de una compensación indirecta debe ser entonces la principal razón que induce a la Gran Bretaña a participar en los gastos de este asunto; y con respecto a esta opinión estoy de acuerdo, no obstante de que, después de seguir una investigación en Inglaterra, no puedo variar de idea acerca de que la "región en disputa" fue conquistada...". Es nuestro propósito demostrar que la compensación pactada en el artículo VII de la convención del 59 fue un entendido claramente expresado por el negociador del tratado; y esa expresión se repite en la nota del ministro Mathew dirigida a la cancillería guatemalteca. Poca importancia da Mathew a testificaciones de las autoridades de Belice en orden a establecer evidentes hechos que respaldan nuestro derecho; testificaciones que el ministro atribuye a ignorancia o negligencia; y expresa que no pueden afectar una cuestión nacional. Sin embargo, en páginas anteriores nos hemos referido a la obra "Archives of British Honduras", del gobernador Sir John Alder Burdon, cuya autoridad no puede tacharse de ignorante y mucho menos de negligente. Sir Burdon es ahora el mejor defensor de los derechos de Guatemala, heredados de España, al exponer con honrada palabra las innúmeras violaciones cometidas por su gobierno, de los tratados a cuyo amparo Inglaterra tenía el usufructo limitado de Belice. Lo que sí llama poderosamente la atención es la cita equivocada, sin duda por error excusable, cuando el ministro Mathew afirmaba que los Estados Unidos habían declarado que cualquier reclamo adverso a la Gran bretaña que pudiera existir con respecto a este territorio, sería a favor de México, y no de esta República (Guatemala). Otras fueron las palabras del gobierno de los Estados Unidos, expresadas por medio de su ministro en Londres Mr. Buchanan. Hélas aquí: "Sin embargo, debe entenderse distintamente que el gobierno de los Estados Unidos no reconoce pretensión alguna de la Gran Bretaña en Belice, a excepción de la temporal libertad de hacer uso de la madera de diferentes clases, los frutos y otros productos en su estado natural, reconociendo plenamente que la anterior soberanía española sobre el país, corresponde ya sea a Guatemala o a México". Y el Gobierno de México reconoció que los derechos de Guatemala en Belice eran incontestables, según puede leerse en la exposición de motivos presentada al congreso mexicano por el Secretario de
  • 188. 199 Relaciones Exteriores don Ignacio Mariscal, al dar cuenta con el tratado de límites celebrado con la Gran Bretaña en 1893. Y es tanto más valiosa esa declaración cuanto que México, a la vez, pretendía dominio sobre Belice, o por lo menos, en su parte norte. "La cuestión de legalidad quedó intacta, cualquiera que sea el peso que corresponda en este asunto a respetable autoridad. (Se refiere a Humboldt). Lo que sí se prueba con ella, porque Humboldt no podía ignorarlo siendo un hecho constante, es que todo el terreno comprendido desde la margen meridional del Sibún hasta el Sarstún, era entonces guatemalteco, por estar asignado a la Capitanía General de Guatemala, que lo poseía o acababa talvez de poseerlo". (Informe del Secretario de relaciones Exteriores rendido ante el Senado acerca del tratado de límites entre Yucatán y Belice. Pág. 21). Prosigue el ministro británico admitiendo que la intención de una compensación indirecta era el principal objeto de la convención, aunque también era evidente que eso debía tener su límite. Lo malo fue que la redacción del artículo VII, hecha por el negociador Wyke, fue tan sutil y tan especiosa en sus conceptos, que abrió la puerta a objeciones muchísimas, ya de simple regateo, ya de fondo, negando el carácter compensatorio, después de haberlo admitido en nutrida correspondencia diplomática. Al menos, Mr. Mathew fue leal en su comunicación, al confesar que la convención tuvo por principal objeto establecer la compensación a Guatemala. El penoso proceso de la interpretación de las palabras de la convención, olvidando el "entendimiento" convenido entre Aycinena y Lennox Wyke, prosiguió por largo tiempo, hasta llegar a un impase, imposible de solucionar. Como anexo se copia la interesante comunicación del ministro británico. Confidencial 29 de junio de 1862. Mi estimado don Pedro: Al leer su nota de ayer, veo con pena que estamos lejos de llegar a un entendido perfecto con relación al asunto de la carretera. De nuevo he examinado detenidamente las estipulaciones que contiene la convención, y con toda franqueza me permito manifestarle que me dejan del todo convencido de que ambos países deben soportar una parte igual "bona fide" del gasto y de las molestias. Estoy persuadido de que ningún árbitro pudiera conceder a Guatemala una interpretación más
  • 189. 200 favorable que la precitada. En un memorándum privado, encuentro que Sir Charles Wyke manifiesta que su modo de pensar es el siguiente: que la Gran Bretaña suministraría la dirección científica y toda otra superintendencia (lo que parece ser para Guatemala el punto más importante); que la República suministraría los materiales y que la gran Bretaña además pagaría "alguna" parte del trabajo y de los gastos generales; palabras que dan a entender que esta sería una parte menor. Los beneficios que Guatemala recibiría con la construcción de la carretera, la cual hará accesible una vasta región de ricas tierras, son indiscutibles; pero ¿habrá demanda en esta capital para un solo fardo más de mercadería inglesa debido a que ingrese por la ruta de Izabal, en vez de usar las rutas del Cabo, de Panamá y de San José?. Por lo tanto, podemos esperar sólo un aumento de riqueza para los habitantes que moran a lo largo de la carretera, en el caso de que ésta se mantenga en buenas condiciones, y en el subsiguiente aumento de sus pedidos y consumo en todo aquello que represente un beneficio comercial. La idea de una compensación indirecta debe ser entonces la principal razón que induce a la Gran Bretaña a participar en los gastos de este asunto; y con respecto a esta opinión, estoy de acuerdo, no obstante de que, después de seguir una investigación en Inglaterra, no puedo variar de idea acerca de que la "región en disputa", fue conquistada a los españoles en tiempo de guerra por los colonos de Belice con la ayuda de las fuerzas reales, y nunca fue devuelta. Algunos hechos aislados a los cuales se refiere en su conversación que tuvieron su origen debido a la ignorancia o a la negligencia de las autoridades de Belice, no pueden afectar una cuestión nacional. Me permito observar que, según se desprende de los documentos diplomáticos que se presentaron al Parlamento, el Gobierno de los Estados Unidos declaró su convicción, en 1853, acerca de que cualquier reclamo adverso a la Gran Bretaña que pudiera existir con respecto a este territorio, sería a favor de México y no de esta República. Sin embargo, admitiendo como lo hago, que la intención de otorgar una compensación indirecta es el principal objeto de esta convención, también es evidente que esto debe tener su límite. Al hacerse cargo, con un gasto muy crecido, de la dirección científica y toda otra clase de superintendencia, parece que dicho objeto se hubiera llenado por completo, y el valor del territorio en cuestión, sin duda alguna, quedaría ampliamente pagado. No es de suponerse que un país autónomo, en completa paz, no pudiera conseguir los fondos necesarios para llevar a cabo una obra que le proporcionaría grandes y exclusivos beneficios y ventajas,
  • 190. 201 pues para tal fin, tengo la seguridad que Ud. admitiría sin vacilación alguna que un empréstito, una contribución, y hasta una emisión de papel moneda, sería permisible y recomendable. Estoy convencido de que, en mis últimas comunicaciones, no fui impulsado por ningún sentimiento poco amistoso, al consentir recomendar más de lo que mi Gobierno posiblemente apruebe o considere equitativo, pero habiéndolo hecho, no retiraré la primera propuesta que le hice. Sin embargo, Ud, bien sabe que cualquiera convención que se celebre debe ser firmada en Londres, de manera que mis opiniones y mis recomendaciones no obligan del todo a mi Gobierno. Por tanto, si el señor Presidente estuviere de acuerdo, estoy listo a formular las bases para una convención, sobre cualquiera de los siguientes proyectos: Primero: Que se construya la carretera propuesta de acuerdo con el plan general y disposiciones del Mayor Wray. La Gran Bretaña proporcionará la superintendencia y Guatemala los materiales, y ambas partes pagarán por igual todos los otros gastos. Segundo: Que el trabajo y gastos (sobre el costo de superintendencia y materiales) sea pagado así: una tercera parte por Guatemala, y dos terceras partes por la Gran Bretaña, hasta que la suma gastada por la Gran Bretaña llegue a L. 50,000 esterlinas, entonces el trabajo se continuará en la misma forma, por Guatemala hasta su terminación. En ambos casos debe entenderse que todo queda bajo la completa discreción y autoridad del ingeniero en jefe y que Guatemala se compromete a mantener la carretera en perfecto buen estado, bajo la vigilancia de un funcionario competente que goce de sueldo. Debo confesar que no me es posible comprender cómo la dignidad innata de la República pudiera sufrir menoscabo alguno debido a cualquiera de las estipulaciones contenidas en este punto. En el norte de Europa y especialmente en lugares donde los ferrocarriles y otras obras públicas se han llevado a cabo por medio de los recursos asociados de varios gobiernos, repetidamente se han establecido para garantizar las reparaciones, estipulaciones de naturaleza muy severa con respecto a las contribuciones, obligaciones, vigilancia, sin suscitar ninguna idea de intervenciones inadmisibles. Es justo manifestar con toda franqueza que al hacerse cargo de este trabajo, ya sea de un modo u otro, Guatemala debe estar preparada para cubrir todos los gastos que le correspondan del costo total, según el presupuesto elaborado por el Mayor Wray, y de todo otro gasto que se haga necesario. De acuerdo con el segundo plan, tendría más tiempo para efectuar sus pagos, y en ambos saldría gananciosa si el gasto resultara mayor que el calculado por el Mayor Wray. Estoy dispuesto a no discutir las ventajas existentes concedidas a los vapores que trafican en los
  • 191. 201 puertos del Pacífico, con la esperanza de que el Gobierno llegará a convencerse de los malos resultados que en lo general produce la concesión de privilegios de esa índole. Habiendo examinado así, mi estimado don Pedro, el punto en cuestión relativo a la carretera de Izabal, sobre el cual mucho me temo que tengamos opiniones bastante diferentes, permítame que ahora le conteste con respecto al otro y muy importante punto al cual Ud. se ha referido, a saber: la posibilidad de llevar a cabo de algún otro modo, dentro del espíritu de la convención y con la doble idea, de una com- pensación indirecta y de ventajas en favor del comercio británico, los propósitos generales que se tienen en mente. Según entiendo, la Gran Bretaña tiene compromiso contraído, dentro de ciertos límites y restricciones, con respecto al plan de la carretera propuesto por Guatemala, hasta que ella la exima de la obligación. Por lo tanto, corresponde al Gobierno de la República y no a la Gran Bretaña, iniciar y proponer cualquier otro plan. No me causa escrúpulo alguno expresar mi opinión personal acerca de que el establecimiento de un muelle en San José, por ejemplo, y la reparación de la carretera que va a dicho puerto, lo cual es de gran importancia para la República, me hace pensar que mi Gobierno convendría con gusto en substituir una suma determinada y moderada que se empleara para este objeto, por su compromiso del gasto conjunto para la construcción de la carretera de Izabal. Sin embargo, es justo agregar que estimo que al Gobierno de Su Majestad se le han inculcado ciertas ideas, las cuales temo mucho que, ahora por lo menos, sea exageradas y excesivas con respecto a las ventajas comerciales que puedan esperar los colonos de Belice y el comercio británico en general debido a la carretera en proyecto y que estaría listo a contribuir solamente una suma mucho menor que el desembolso conjunto propuesto, en cualquier otro plan. Quedo de Ud., mi estimado don Pedro, muy sinceramente, (f) Geo. W. Mathew. A Su Excelencia Señor Don Pedro de Aycinena. Etc., etc., etc.. El ministro inglés señor Mathew se produce en términos ofensivos para el Gobierno de Guatemala.--El ministro Aycinena a pesar de su moderación
  • 192. 202 habitual llama la atención del representante inglés. La paciente conducta oficial del ministro señor Aycinena era una garantía de su perfecta corrección en su correspondencia con el ministro británico. No puede concebirse mayor mansedumbre en sus relaciones con aquel señor representante del poderoso imperio. No obstante, tuvo que decirle: "Permítame usted expresarle la sorpresa y sentimiento con que he visto las alusiones ofensivas y enteramente extrañas al negocio que usted hace en la esquela con que me acompañó su citada carta". Al través de los años, hay elementos para hacerse cargo del medio en que operaba nuestra cancillería. La historia recoge los datos necesarios para conocer la situación en que se discutía aquel importante asunto. La nota, que tiene la leyenda: "Particular", dice así: Particular De la Cancillería a la Legación de S. M. B. Guatemala, junio 30 de 1862. Mi querido Don Jorge: Acompaño a V. la respuesta a su carta de ayer sobre lo principal del asunto del camino. Permítame V. expresarle la sorpresa y sentimiento con que he visto las alusiones ofensivas y enteramente extrañas al negocio que V. hace en la esquela con que me acompañó su citada carta. Creo, mi querido don Jorge, que para que la correspondencia confidencial y amistosa que llevamos sobre los asuntos que nos toca tratar pueda ser de alguna utilidad, debemos seguirla en un espíritu mutuamente benévolo, y guardarnos toda la consideración que nos corresponde esperar el uno del otro. De otro modo, temo que esa correspondencia, en vez de producir los buenos resultados que V. y yo nos proponemos, vendría a ser completamente inútil. Llamo la atención de V. sobre esto, y me repito suyo,
  • 193. 203 (f) P. de Aycinena.
  • 194. 204 La legación británica persiste en esquivar las obligaciones contraídas en el artículo VII de la Convención.--Se mantiene el distanciamiento en cuanto a la convenida interpretación dada al artículo al tiempo de proponerlo Lennox Wyke.--Interpretación del gobierno de Guatemala. La convención que se denominó de límites por convenir así a la Gran Bretaña, deja ver en su fondo que era una verdadera cesión territorial y un reconocimiento de soberanía que nunca tuvo Inglaterra en el sector usufructuado entre los ríos Hondo y Sibún. La historia del establecimiento de Belice exhibe con evidencia palmaria que no existía derecho alguno para que Inglaterra pretendiera dominio y soberanía en las tierras usufructuadas y menos en las usurpadas. El pretexto de la "conquista" alegada era baladí e insostenible ante la historia de los acontecimientos sucedidos durante las guerras con España. Los tratados de paz en que se pactó la devolución de cualesquiera territorios ocupados por Inglaterra durante las hostilidades, no dejan lugar a dudas respecto a la obligación de devolverlos y abandonarlos a su legítimo dueño. En consecuencia, si la Gran Bretaña carecía de derecho para considerarse con dominio en Belice, y ahora adquiría el dominio y la soberanía mediante la convención de 1859, es concluyente que tal convención no era de simples límites, sino de enagenación territorial, sin importar el nombre que se diera al contrato de enagenación. Los actos jurídicos se caracterizan por sus lineamientos naturales y no por el nombre arbitrario que se quiera dárseles. Guatemala pudo muy bien rechazar la propuesta inglesa y habría entonces conservado la integridad de sus derechos en Belice. Si consintió en el traspaso territorial fue, entre otras circunstancias, por la muy caracterizada de obtener la ventaja de su comunicación con el Atlántico que tanto necesitaba para el desarrollo de su comercio y fomento de su prosperidad, como decía la convención. Así lo expresó el ministro Aycinena al congreso, en la exposición de motivos con que le envió la convención para ser considerada y aprobada por el Poder Legislativo de la nación. Así lo entendió Lennox Wyke en las conversaciones preliminares, y así prometió al ministro Aycinena que lo explicaría a su gobierno, para la exacta inteligencia de lo enmarañadamente escrito, pero claramente entendido entre los negociadores.
  • 195. 205 Por tal motivo, el ministro Aycinena se dirigió al ministro inglés, señor Mathew, en nota de 30 de junio de 1862, explicando una vez más, pero con toda claridad, cuáles eran las obligaciones pactadas y cuál era, en detalle el programa para la ejecución de la carretera al Atlántico. No podía la Gran Bretaña ignorar la penuria del gobierno de Guatemala al tiempo de la convención. Sabía que las rentas públicas eran insuficientes para mantener los servicios públicos indispensables y que era imposible que pensara en aportar capitales para la obra de la carretera. Aportaría, sí, lo que tenía: materiales, peones; pero Inglaterra aportaría la dirección científica y el dinero. Una y otra aportación completarían los elementos para concluir la obra. Pero cabe recordar aquí que el diputado don Pedro Valenzuela fue un vidente cuando decía en la Cámara de Representantes, al tiempo de discutirse el texto de la convención: ¿Cuál es la garantía que presta la Gran Bretaña, de que cumplirá fielmente lo prometido?. Y agregaba, "Inglaterra no cumplirá". Y el tiempo habría de dar toda la razón al señor diputado: Inglaterra no cumplió. Había elementos bastantes en la redacción calculada del artículo VII para pronosticar lo que habría de suceder: Guatemala no tuvo la carretera de comunicación con el Atlántico; cedió casi 10,000 millas cuadradas y recibiría la cooperación de Inglaterra valuada, por sus expertos, en ochenta o cien mil libras. Inglaterra había explotado, no sólo la sección concedida en usufructo por España, sino también la parte, mucho mayor, invadida ilegalmente y detentada con violencia. La explotación de los bosques entre los ríos Sibún y Sarstún representaba millones en numerario y, sin embargo, a la hora de cumplir lealmente los compromisos, se hacía un regateo a tal extremo, que parecía ser Guatemala la que se favorecía con el honor de tener por vecino ilustre a la colonia de un grande imperio. Véase la nota: Guatemala, junio 30/862. Mi querido don Jorge: He puesto en conocimiento del Presidente el resultado que han tenido nuestras conversaciones y correspondencia confidencial, respecto a la ejecución de la obra de que habla el Art° 7º de la Convención de límites entre Guatemala y Belice; e impuesto de las dos proposiciones que V. se sirve hacerme en su carta de ayer, considera no pueden admitirse y que lo que yo propuse a V. en mi carta del 28, es lo que sería aceptado por este Gobierno. En tal concepto, y habiéndome V. manifestado en su carta del viernes, que como la Convención debe firmarse en Londres, V. está completamente dispuesto a enviar a su Gobierno cualesquiera ideas y propuestas que yo pueda desear, parece llegado el caso que se sirva V. hacerlo así. Con el objeto de que haya una perfecta inteligencia sobre los puntos esenciales, los expresaré a continuación:
  • 196. 206 1º--La dirección científica, etcétera, cuyo costo calcula el Mayor Wray en £23,950, será de cuenta del Gobierno de S. M. B.. 2º--El Gobierno de Guatemala suministrará todos los materiales que puedan necesitarse, como madera, piedra, etc., en el estado natural en que se encuentren. 3º--El mismo Gobierno proporcionará los trabajadores o jornaleros en el Nº que se necesite y conforme los pida el Director y serán pagados según los precios de costumbre en los lugares donde trabajen. Queda también entendido que el Director podrá hacer contratas con los operarios para que trabajen por tarea o de la manera que le parezca más conveniente. 4º--El Gobierno de Guatemala proporcionará al Director los intérpretes que pueda necesitar, incluyéndose sus salarios en los gastos generales del camino. 5º--Además de los materiales, y en consideración a su valor, Guatemala sufragará la tercera parte de los gastos de la obra, y Gran Bretaña las otras dos terceras partes, con más la dirección científica, según se ha expresado, hasta la conclusión de la obra, conforme a los planos y presupuestos del Mayor Wray. 6º--La conservación del camino en perfecto estado de servicio queda a cargo del Gobierno de Guatemala, quien se compromete a tomar todas las medidas que puedan ser necesarias al efecto. 7º--El Gobierno de Guatemala, para proporcionar los fondos con que debe contribuir a los gastos de la obra en los términos que quedan expresados, tomará todas las medidas necesarias a fin de que sean entregados con la debida oportunidad al Director. Esta es la idea del Gobierno de Guatemala, según su modo de interpretar el artículo 7º de la Convención, que por los términos en que está redactado, bien da a entender que la parte con que debe contribuir el Gobierno británico, es mayor que la que toca a la República. Soy de V., mi querido D. Jorge, afectmo. amigo y seguro servidor. (f) P. de Aycinena.
  • 197. 207 Declina la posibilidad de un arreglo el señor Mathew.--Se referirán las negociaciones al Gobierno inglés. Confidencial 1º de julio de 1862. Mi estimado don Pedro: Me permito acusar recibo de su comunicación confidencial de fecha de ayer, en la cual me informa que ha elevado al conocimiento de Su Excelencia el señor Presidente, el tenor de sus recientes conversaciones y correspondencia con respecto al artículo 7 de la Convención de 30 de abril de 1859; que Su Excelencia no puede convenir con mis sugestiones y que las bases que Ud. propone en su nota de fecha 28 del corriente, sería lo aceptable para su Gobierno. Como ya he tenido el honor de explicarle, no puedo, de manera alguna, estar de acuerdo con su interpretación del artículo 7, implicando que la Gran Bretaña debe enterar una suma mayor por la parte que le corresponde en la construcción de la carretera propuesta, que la que le corresponde cubrir a la República de Guatemala; bajo estas circunstancias, no puedo asumir la responsabilidad de elaborar y recomendar a mi Gobierno una convención basada sobre esa suposición, sin que por lo menos conozca de manera definitiva la limitación de los gastos que tendría que aportar la Gran Bretaña; y por lo tanto, aunque enteramente contra mi deseo, tendré que adoptar el procedimiento que Ud. me indica en su nota, de comunicar el punto de vista asumido por el Gobierno de Guatemala y las propuestas hechas para la ejecución del trabajo, al señor Secretario de Su Majestad en el Despacho de Relaciones Exteriores, y de pedir a Su Señoría que me imparta nuevas instrucciones para mi saber y gobierno. Quedo de Ud., mi estimado Don Pedro, su muy sincero servidor. (f) George W. Mathew. A Su Excelencia Don Pedro de Aycinena. Etc., etc., etc..
  • 198. 208 En conversaciones de cancillería se habla de una modificación del artículo VII de la Convención de 1859.--El gobierno de Guatemala aceptaría la mínima suma de 50,000 libras para sustituir la compensación pactada. Confidencial Guatemala, julio 2/862. Mi querido don Jorge: En virtud de la conversación que tuvimos ayer tarde, he comunicado al Presidente el pensamiento de que pudiese substituirse a la compensación para la República que se estipuló en el artículo 7º de la Convención de límites, otra que ofreciendo menos dificultades para su ejecución, fuese provechosa a Guatemala. Puedo asegurar a V. que S. E. estaría dispuesto a admitir una suma £50,000 por parte del Gobierno británico en substitución del compromiso que ha contraído respecto a la construcción del ca- mino hacia el Atlántico, cuya suma podría el Gobierno destinar a la mejora del camino y muelles de San José, si fuese preciso, o a hacer el del Golfo, aunque no sea con toda la perfección de los planos del Mayor Wray. En tal concepto, como se sirvió V. ofrecérmelo, deseo se sirva poner en conocimiento de S. E. el Sr. Ministro de Negocios exteriores de S. M. B. mi propuesta del 30 de junio respecto a la construcción del camino, y este otro pensamiento, para que pueda resolver lo que considere más conveniente. Soy de V., mi querido don Jorge, afectísimo amigo y seguro servidor, (f) P. de Aycinena.
  • 199. 209 Criterio del ministro inglés respecto de la sustitución del artículo compensatorio. Confidencial 2 de julio/62. Mi querido Don Pedro: Antes de recibir su apreciable carta--como fue ya tarde--yo había decidido esperar la salida del vapor para Panamá, para escribir sobre el asunto del camino, y efectivamente veo que no tendría el tiempo ahora para hacerlo en concepto de su carta. Si V. insiste en las proposiciones de su primera carta--y de su presente en cuanto a £50,000--las enviaré entonces a mi gobierno pidiendo instrucciones. Pero debo decir francamente mi persuasión-- convicción más bien--que esta medida tenderá solamente a perder un tiempo importante a la República--y que mi Gobierno no podrá admitir las proposiciones sobre el camino--y que juzgará la suma de £50,000 excesiva, pues que le ha sido dada la idea--sea con error como temo, o sea con verdad--que el camino de Izabal tenderá a abrir un tiempo u otro un gran comercio a los súbditos británicos y que de esa manera tendremos una compensación para nuestros gastos. Es entonces V. y el Gobierno de la República quienes deben considerar si no sería más ventajoso enviar a mi Gobierno dos proposiciones, que es de esperar podría aceptar, tomando la que prefiera, con los arreglos necesarios para concluir el asunto al momento, y así tomando las medidas necesaria para empezar los trabajos... en octubre?. Yo no tengo interés--más que el verdadero deseo de ver un arreglo amistoso y benéfico a la República--y estoy listo a hacer lo que V. quiera. Soy de V., mi querido don Pedro, muy seguro y Afmo. amigo y servidor. (f) George W. Mathew. S. E. Don Pedro de Aycinena. Etc., etc., etc..
  • 200. 210 Se insiste en el sentido compensatorio del artículo VII de la Convención.-- El ministro inglés nunca negó que el artículo no tuviera ese carácter. Confidencial Guatemala, julio 3/862. Mi querido don Jorge: Por la favorecida de V. de ayer, me he impuesto de que resolvió V. diferir para el vapor de Panamá escribir a Londres sobre el asunto del camino; y que me lo avisaba por si se creía conveniente hacer alguna alteración en las dos propuestas que V. teme acaso no serán admitidas por el Gobierno de S. M. B.. Antes de fijarnos en ellas, meditamos bastantemente el asunto, y ahora he vuelto a hablar con S. E. el Presidente, informándole de la indicación de V.. No juzga conveniente se haga alteración, porque la propuesta relativa al camino, está fundada en el concepto que aquí se ha tenido desde el principio de la inteligencia que debía darse al artículo 7 de la Convención, y así se manifestó a la Cámara de Representantes en su oportunidad. La otra idea, teniendo por objeto se proporcione a la República la compensación que se estipuló al firmar la Convención, y evitar las dificultades y embarazos que ocasiona el aumento de costo para la obra del camino, según el informe del Mayor Wray, no sería equivalente, si se redujese la suma de £50,000 que se ha señalado. Por estas consideraciones, siento mucho no sea posible atender a sus insinuaciones, y creo se está en el caso de que V. se sirva someter las proposiciones a la consideración del Gobierno de S. M., a quien también se dirigirá nuestro representante en Inglaterra, según las instrucciones que se le remitieron por el correo de ayer. Soy de V., mi querido D. Jorge, suyo afectmo. amigo y seguro servidor. (f) P. de Aycinena.
  • 201. 211 Con presencia de las dificultades opuestas por el representante británico, Guatemala facilita los medios de llegar a un arreglo en cuanto a la construcción de la carretera. Era evidente para el negociador Lennox Wyke que el gobierno de Guatemala nunca pudo comprometerse a cooperar con dinero efectivo en la construcción del camino, porque no lo tenía. Pondría, sí, los materiales, que equivaldrían muy aproximadamente a lo que Inglaterra pusiera en dinero. Pero ya se ha visto que las objeciones siempre serían opuestas por el representante inglés quienquiera que fuese, dando a la cláusula compensatoria una significación tan diferente del verdadero sentido de lo ha- blado y convenido, que no habría de llegarse a ningún arreglo que respondiera al pensamiento que presidió en la celebración del contrato. Inglaterra estaba en posesión del territorio cedido por Guatemala y lo demás ya no le interesaba. La buena fe del ministro Aycinena provocaba irónicas sonrisas en quienes, en buen tiempo, habían predicho que Inglaterra no cumpliría. El consejero don Pedro Valenzuela, con la clara visión del conocimiento de las cosas, había pronosticado el no cumplimiento por parte de la Gran Bretaña, de las obligaciones que espontáneamente se había impuesto en la cláusula VII de la convención; y los hechos le estaban dando la razón. Las conversaciones habidas entre el ministro Aycinena y el representante Mathew nada aclaraban, a nada llegaban: la resistencia inglesa persistía. En tal estado de la controversia, el señor Aycinena dirigió al señor Mathew la nota del 5 de julio de 1862, en la que le dice estar de acuerdo en la propuesta sugerida de no haber puesto objeciones el representante inglés, y que consta en la propia nota, claramente explicada en su texto; careciendo de dineros en efectivo el gobierno de Guatemala, Inglaterra aportaría esos recursos, siendo la parte que correspondería a Guatemala suplidos por aquel gobierno en calidad de préstamo con interés. Guatemala cedía a las pretensiones inglesas; consentía en hacerse cargo de obligaciones no pactadas en la convención; pero deseaba allanar las dificultades insuperables que se presentaban y asumía deberes que no le correspondían. Se creía que cediendo parte de sus derechos convertidos en obligaciones, habría medio de entenderse con la parte opuesta y ésta cumpliría con lealtad y buen fe sus compromisos. La nota que se comenta es explícita. Se explica por sí misma, y señala otro aspecto del penosísimo proceso que se desenvolvía para que el artículo VII tuviera cumplimiento.
  • 202. 212 Se copia en seguida: Julio 5 de 1862. Mi querido don Jorge: Me preparaba a contestar a U. su carta de ayer, cuando el Sr. Echeverría me ha referido la conversación que tuvo con Ud. anoche en casa del Sr. Crosby. La idea del Sr. Echeverría, y que U. parece haber acogido como el arreglo más satisfactorio del asunto del camino, yo también la acepto por mi parte, y habiéndola propuesto al señor Presidente la ha aceptado, de manera que si U. está dispuesto a adoptar ese medio, pudiéramos escribir por el correo de mañana en ese sentido. Para mejor inteligencia, me parece conveniente fijar los términos de aquel pensamiento. La dirección científica la costeará el Gobierno de S. M. B.. Los materiales los proporcionará el de Guatemala en el concepto explicado en mis anteriores cartas. También proporcionará los trabajadores, siendo pagados los jornales a los precios acostumbrados en los lugares en donde se verifiquen los trabajos. El gasto de la obra del camino, exclusive el de la dirección científica y materiales, se hará por los dos gobiernos; pero el de S. M. B. suplirá al Gobierno de Guatemala la parte de gasto que le corresponde, reconociéndose con un interés moderado, que se pagará cumplidamente. Puede también convenirse que los peajes del camino sean moderados y convenientemente administrados, y todo lo demás que corresponda para cuidar de la conservación del mismo camino. Sírvase U. decirme si en tales términos pudiéramos arreglar el negocio que tanto nos ha ocupado. Soy de Ud., mi querido don Jorge, afectuoso amigo y seguro servidor. P. de Aycinena. El representante de la Gran Bretaña remite a su gobierno la nueva proposición del Gobierno de Guatemala, a que se refiere la nota del cinco de julio. Confidencial Mi estimado don Pedro: Acabo de recibir su muy atenta nota de fecha de este día, con respecto a la idea sugerida por don Manuel Echeverría, durante una conversación amistosa celebrada anoche, como arreglo factible a nuestra
  • 203. 213 controversia respecto a la carretera. Usted no dejará de comprender que no tengo autorización para expresar ninguna opinión decisiva con respecto a un asunto que así asume un aspecto nuevo y bastante diferente, pero no vacilo en manifestar que me causará un vivo placer si resulta del agrado de mi Gobierno y conduce a un arreglo sobre las bases contenidas en su nota, ya sea celebrado en Londres o aquí. Infiero que, con respecto a los trabajadores, Ud. propone que, como antes (aunque no lo menciona) el ingeniero director gozará de entera libertad de acción en cuanto a las cantidades y la manera de efectuar los pagos, el modo de conducir los trabajos, ya sea por jornales diarios, por tarea o por contrato. En estas circunstancias estimo conveniente transmitir a mi Gobierno la presente sugestión, juntamente con sus dos propuestas anteriores, estimando ésta como tercera propuesta formulada con la amistosa intención de tratar de reconciliar nuestros diversos puntos de vista. Quedo de Ud., mi estimado don Pedro, muy sinceramente. (f) Geo. W. Mathew. A Su Excelencia don Pedro de Aycinena.
  • 204. 214 El ministro inglés lamenta la diferencia entre los puntos de vista existentes, de la legación y la cancillería de Guatemala. Estrictamente privada Domingo. Mi estimado don Pedro: He presentado los tres proyectos a mi Gobierno y tanto en mi nota oficial como en la privada, en la cual lo hice con mayor insistencia, expresé mi preferencia por el último de dichos proyectos. Para ganar tiempo, he manifestado que abrigo la esperanza de que se arregle el asunto de modo inmediato y espero que haya Ud. dado plenos poderes a su Ministro a ese efecto. Especialmente si fuera necesario formular algunas estipulaciones con respecto al reintegro por abonos del dinero que adelantará Inglaterra, de acuerdo con el último proyecto. Al lamentar la diferencia que existe en nuestros puntos de vista, espero haber hecho justicia plena a sus deseos y a los sentimientos de amistad que siempre han existido entre nosotros durante el curso de esta correspondencia. Mañana devolveré a Palacio el informe del Mayor Wray. Quedo de Ud., estimado don Pedro, muy sinceramente. (f) Geo. W. Mathew. A Su Excelencia don Pedro de Aycinena, Etc., etc., etc..
  • 205. 215 Prosigue el regateo... El ministro británico ofrece la modesta regalía de veinticinco mil libras para cumplir con el artículo compensatorio de la Convención del 59. Privada confidencial 24 de julio de 1862. Mi estimado don Pedro: Según veo con sentimiento, sólo tengo que acusar recibo de su carta de ayer. Como es natural, me veo obligado a referir el asunto a mi Gobierno para que me den nuevas instrucciones. ¿Encontraría tentadora la suma de libras esterlinas 25,000 sin ningún compromiso para el Gobierno en cuanto a su uso?. De Ud. sinceramente, (f) Geo. W. Mathew. A Su Excelencia Don Pedro de Aycinena. Etc., etc., etc..
  • 206. 216 El gobierno inglés no acepta ninguna proposición de las enviadas por Mr. Mathew.--Cree que para Guatemala será una ventaja tener de vecino a la potencia inglesa; y espera de la buena voluntad de Guatemala que reconocería los límites fijados.--Dice el ministro Mathew que el despoblado territorio de Belice era reclamado por Honduras Británica, por México y por España a la vez que por Guatemala.--Su antecesor (Wyke) convino, sin embargo, en la inserción del artículo séptimo, CON LA MIRA DE COMPENSACION, y el gobierno le dio su aquiescencia. La comunicación del ministro Mr. Mathew no era una sorpresa. Se confirmaba el vaticinio del consejero don Pedro Valenzuela, de que la Gran Bretaña no cumpliría sus compromisos. Conviene el ministro en que el artículo séptimo era compensatorio y que su Gobierno lo había aprobado; pero le parecía que la buena vecindad de la potencia británica y la buena voluntad del gobierno de Guatemala, deberían conducir a terminar satisfactoriamente el asunto. El territorio que confiesa era despoblado, es decir, no colonizado por Inglaterra, era reclamado por México; y esa afirmación era inexacta. Cierto es que México tenía derechos en Belice; pero esos derechos territoriales terminaban en el río Hondo. Cierto también que la Gran Bretaña pretendía derechos de dominio; pero no es menos cierto que carecía de título legítimo para ello; y no es aventurado decir que ese título lo buscaba en la convención de 30 de abril de 1859. España no pretendía ningún título sobre Belice no sobre parte alguna de la América Central. Habíase consumado la independencia y la madre patria ya no pensaba en la reconquista. La Gran Bretaña, que gestionó en España para que le cediera sus derechos soberanos en Centroamérica, no obtuvo éxito en sus pretensiones: España manifestó que sus derechos habían pasado a sus viejas colonias organizadas en estados independientes. México sí tenía derechos territoriales en el norte de Belice, pues el lindero o frontera entre las capitanías generales de Yucatán y de Guatemala lo constituía el río Hondo. Así lo reconoció México más tarde, cuando suscribió con la Gran Bretaña un tratado de límites entre Belice y Yucatán. Pero si México tenía derechos en Belice hasta el río Hondo, Guatemala los tenía también desde el
  • 207. 217 río Hondo hacia el sur. En otro lugar de esta publicación se dilucidará este punto estableciendo la evidencia de que, desde los tiempos primitivos coloniales, fue fijado el paralelo 17 y minutos como línea de separación entre Nueva España y Guatemala. Legación de S. M. en Guatemala, 27 de enero de 1863. A. S. E. don Pedro de Aycinena. Señor: A mi vuelta a esta capital me he encontrado la contestación del Secretario de Estado de S. M. a mi despacho que contenía las miras del Gobierno de Guatemala sobre hacer conjuntamente los dos gobiernos lo estipulado en virtud del artículo 7º de la Convención de 30 de abril de 1859. Los sentimientos amistosos expresados siempre por el Gobierno de esta República hacia la Gran Bretaña, y la posibilidad de que pudiera ser ventajoso que su frontera estuviese cubierta por las posesiones de aquella potencia, han inducido tal vez con fundamento a mi Gobierno a esperar que el Gobierno de Guatemala reconocería de buena voluntad la línea de frontera fijada para Honduras británica. El despoblado territorio en disputa era, se dice, no solamente reclamado por Honduras británica y por Guatemala, sino también por México, y últimamente por España. Mi antecesor convino, sin embargo, con V. E. sobre la inserción del artículo 7º con una mira de compensación, según creo, y aunque su acción no fue autorizada ni esperada por el Gobierno de S. M., éste dio su aquiescencia. Pero los términos de aquel artículo son, sin embargo, tan vagos, que una diferencia total de opinión ha existido en la interpretación y que si se obra en conformidad con él, es necesario un instrumento separado para definir las obligaciones de cada Gobierno. V. E. me pidió que sometiera tres proposiciones separadas al efecto, del Gobierno de Guatemala al de S. M.; pero siento tener que decir que se ve obligado a declinar la aceptación de cualquiera de ellas. El Gobierno de S. M., sin embargo, desea sin fingimiento llenar sus compromisos, y me ha dado poder para expresar su buena voluntad para llevar adelante el objeto en mira según el siguiente plan, que le parece equitativo y justo para ambas partes, y me ha remitido un proyecto de convención para firmarlo en el evento de que se acepte por parte del Gobierno de Guatemala. V. E. percibirá que mi Gobierno ha sido inducido aparentemente (no por mí) a formar la opinión de que el camino proyectado podía hacerse de una manera adecuada por una cantidad menor que la que
  • 208. 218 calculó el Mayor Wray. El Gobierno de S. M. propone que los dos Gobiernos pagarán una suma de £25,000, veinticinco mil libras esterlinas, para los gastos de construcción del camino, y que la superintendencia científica estará exclusivamente a cargo del Gobierno de S. M. mientras que los gastos de proveer a los materiales necesarios en los diversos puntos serán exclusivamente a cargo del Gobierno de Guatemala. Tengo el honor de incluir para conocimiento de V. E. una copia del proyecto de convención sobre las bases que se me han transmitido. Abrigo la sincera esperanza de que esta propuesta será aceptable por el Gobierno de V. E. y que esta importante cuestión se arregle satisfactoriamente; pero es preciso que agregue que no tengo poder para hacer alteración alguna en el proyecto, que en el caso sensible de no ser aceptado por el Gobierno de V. E. tendré que devolverlo al Secretario de Estado de S. M.. Tengo el honor de ser, etc.. (f) Geo. W. Mathew.
  • 209. 219 RESPUESTA DE LA CANCILLERIA DE GUATEMALA Se reconstruye el proceso verbal que antecedió a la celebración del tratado.--Se recuerda que la vaguedad en la redacción del artículo VII obedeció a la cautela con que Lennox Wyke quiso defender su país de complicaciones que podrían sobrevenirle a consecuencia de las obligaciones que contrajo al suscribir el tratado Clayton-Bulwer, y que Guatemala accedió para demostrar su deferencia hacia la Gran Bretaña, no obstante los derechos que se había reservado.--No era posible que Guatemala renunciara a sus derechos sobre Belice sin obtener alguna compensación. --Se rechaza la nueva propuesta del Gobierno inglés, que desvirtuaba en absoluto el convenio de compensación pactado y entendido de buena fe. Ha podido notarse desde el principio de la penosa discusión sobre el entendido verdadero del artículo VII, cómo la cancillería guatemalteca sostenía constante y uniformemente el mismo juicio con unidad de pensamiento, sin vacilación, con la certeza de la buena fe y lo convenido con Lennox Wyke, dando a la cláusula agregada al proyecto de convención presentado por el negociador inglés el sentido en que se pactó. El artículo era compensatorio. Desde las primeras conversaciones preliminares, el señor Aycinena declaró que Guatemala reconocería la situación de hecho creada por las intromisiones en el territorio nacional, siempre que se diera una compensación justa a los sacrificios que Guatemala se imponía al renunciar a sus derechos sobre Belice. Se recordará que Lennox Wyke explicó por qué la convención no debía hablar de cesiones territoriales ni de compensaciones que dieran a conocer que se violaba el tratado Clayton-Bulwer; pero que él explicaría a su gobierno el verdadero sentido del convenio y no debía dudarse que sería cumplido, para lo cual empeñaba su honor personal. Se recordará también que el Foreing Office, al dirigir la primera nota a la cancillería de Guatemala, mostraba desconocer el fondo entendido del artículo VII y que fue necesario que Lennox se dirigiera a su gobierno desde Nicaragua dando las explicaciones necesarias, para que en seguida la cancillería inglesa manifestara a la de Guatemala su buena voluntad para cumplir lo pactado. Y no sólo se reconocía el carácter compensatorio del artículo VII, sino que se expresaba
  • 210. 220 cordialidad y aceptación indudable, de la cláusula adicional al proyecto inglés primitivo. Pero, al mismo tiempo, debe observarse la forma cada vez más evasiva con que se producía el representante inglés, disminuyendo en cada ocasión lo que ofrecía en su cantidad numeraria y en cuanto a su cooperación para construir el camino que habría de comunicar la capital de Guatemala con su costa atlántica, hasta el extremo de parecer que era Guatemala quien debía la compensación a la Gran Bretaña por haberle hecho el beneficio de mutilarla, tomando para sí el extenso territorio comprendido entre el río Sibún y el Sarstún: el beneficio que obtendría Guatemala estaría representado por la buena vecindad y por la seguridad de poner fin a los futuros avances, los cuales serían detenidos definitivamente en el río Sarstún. El ministro Aycinena hace en su nota del diez de febrero de 1863, un resumen que representa el proceso verbal preliminar de la convención y recuerda que, al dar cuenta al congreso con el instrumento firmado, explicó cuál había sido el pensamiento que lo presidiera y cómo Guatemala había obtenido el beneficio de su comunicación con el Atlántico. Y esto pasaba a la vista y presencia de Lennox Wyke, quien habría protestado o rectificado, en caso de que el ministro Aycinena hubiera alterado o entendido de diferente manera el sentido del artículo VII o dado una interpretación que no fuera la verdadera. Para Guatemala era cláusula importantísima la que establecía la obligación de Inglaterra de costear la carretera. Ambas partes se obligaban bilateralmente: Guatemala estaba renunciando aparte de su territorio en beneficio inglés; reconocía los límites de Belice hasta donde nunca habían llegado; sancionaba así la renuncia a la sección del Sibún al Sarstún: no discutía sino que consentía; y eso hablaba muy claro y significaba el reconocimiento de derechos que jamás había tenido la Gran Bretaña. Por su parte, Inglaterra se obligaba a "poner sus mejores medios" para la construcción de la carretera. Era lógico considerar que si Guatemala, país pobre, recién organizado como nación independiente y sin recursos económicos para la obra en que cifraba su prosperidad, no habría de cooperar con lo que no tenía; cooperaría, sí, con los materiales de que disponía y con el aporte de los operarios y peones que Inglaterra pagaría por que era la poseedora de los dineros. Decía el ministro Aycinena al ministro Mathew: "Consideraciones importantes que se tuvieron presentes al tiempo de redactar aquel artículo, y que el señor Wyke manifestó expondría a su Gobierno, hicieron que se concibiese en los términos un poco vagos que V. E. observa, y no permitieron tampoco que, como lo deseaba el Gobierno de Guatemala, se consignase en algún instrumento separado la inteligencia que por ambos negociadores se dio desde luego al compromiso que contraían los dos gobiernos respecto a la parte con que cada cual debía contribuir a la obra del camino". El Gobierno de Guatemala creyó que en tan importante asunto, en el cual consideraciones de un interés más elevado se oponían a que se consignase un compromiso escrito, debía descansar
  • 211. 221 completamente en la palabra del plenipotenciario de S. M. B.. No obstante, el gobierno británico manifestaba que su compromiso se extendía únicamente a contribuir con la mitad de los gastos. Esta creencia no armonizaba con el espíritu compensatorio del artículo VII. Era perfectamente conocida la situación económica de Guatemala en aquella época y no escapaba al criterio del negociador Lennox Wyke. El Gobierno de Guatemala no podía aportar dineros en efectivo, pues de haberlos tenido no hubiera pactado con Inglaterra la renuncia de sus derechos al terri- torio, no de Belice, sino del comprendido entre el río Sibún y el Sarstún, que no era Belice sino parte integrante del suelo nacional guatemalteco: habría pedido otra cosa, pero no lo que ella podía hacer con sus propios recursos. Era interesante que la Gran Bretaña se valiera de la vaguedad del artículo VII, siendo ella misma quién lo había redactado a su placer, por medio de su ministro diplomático. Ahora, en presencia de tal vaguedad, ofrecía cooperar con la quinta parte del costo de la carretera proyectada. Más tarde ofreció menos aún; y al final, declaró no estar obligada y que estaba cancelada cualquiera obligación, en el caso de que alguna hubiera existido. Se observa en el proceso de este asunto que cuando el Gobierno inglés parecía dispuesto a proceder equitativamente y justamente con Guatemala, esa buena voluntad, cambiaba radicalmente al llegar al poder un nuevo personal. La resistencia renacía; la interpretación unilateral tomaba rumbos adversos y casi se adoptaba una actitud que significaba causar verdadera molestia la impertinente reclamación de la pequeña república. Inglaterra sugiere contribuir con una quinta parte en la construcción del camino. Ministerio de Relaciones Exteriores. Guatemala, febrero 10 de 1863. A. S. E. el Sr. don Jorge W. Mathew, Ministro Plenipotenciario de S. M. B. Señor: He tenido el honor de recibir el despacho de V. E. se ha servido dirigirme, con fecha 27 del próximo pasado, manifestándome haber encontrado a su regreso a esta capital la contestación de S. E. el Secretario de Estado de S. M. B. a la nota en que V. E. le transmitió las ideas del Gobierno de Guatemala, respecto al camino que debe construirse con la cooperación de ambos gobiernos, según el artículo 7º de la convención del 30 de abril de 1859. Enseguida se sirve V. E. agregar diferentes consideraciones acerca de los motivos que pudo tener el Gobierno británico para esperar que el de Guatemala reconocería
  • 212. 222 voluntariamente la línea de frontera tomada por el Establecimiento de Honduras británica, discurriendo sobre la inserción del artículo 7º, para lo cual no estaba autorizado el antecesor de V. E., sin embargo de lo cual fue aprobado por el Gobierno de S. M.. V. E. considera que la vaguedad con que estaba redactado dicho artículo y la completa diferencia de opinión que ha existido al parecer sobre su interpretación, hacía necesario se definiesen las obligaciones de cada gobierno en un instrumento separado, y tiene a bien comunicarme que S. E. el Secretario de Estado de S. M. no ha creído conveniente aceptar ninguna de las tres proposiciones distintas presentadas al efecto por el Gobierno de Guatemala. Por último se sirve V. E. decirme que el gobierno de S. M. B. desea cumplir y llevar adelante sus compromisos; y que entendido de que el costo del camino podría ser menor que el calculado por el Mayor Wray, propone que cada gobierno contribuya a los gastos de su construcción con la suma de veinticinco mil libras esterlinas, siendo la dirección científica a cargo exclusivo del gobierno de S. M., y la obligación de suministrar los materiales de toda clase que puedan necesitarse en los diferentes puntos, a cargo exclusivo del Gobierno de Guatemala. V. E. espera sinceramente que esa propuesta parecerá aceptable al Gobierno de Guatemala, terminándose así satisfactoriamente esa importante cuestión, y se sirve remitirme el borrador de una convención sobre aquellas bases, enviado de Londres, y en el cual no podrá hacerse alteración alguna según sus instrucciones. Habiendo informado al Presidente del despacho de V. E., tuvo a bien darme, antes de su salida de esta capital, las instrucciones necesarias para contestarlo. Cuando se propuso por parte del antecesor de V. E., y en virtud de órdenes del gobierno de S. M. B., el arreglo de las cuestiones pendientes sobre límites del territorio de Guatemala y del Establecimiento de Belice, se manifestaba grande interés en el asunto, tanto por la conveniencia que a uno y otro país debía producir en señalamiento definitivo de los límites, como por que ese arreglo contribuiría a allanar cuestiones pendientes entre el gobierno de S. M. B. y el de los Estados Unidos, respecto a la interpretación del tratado conocido con el nombre de Clayton-Bulwer. La importancia que el gobierno de S. M. B. daba al asunto, puede verla V. E. en el despacho dirigido por S. E. el Lord Malmesbury al señor Wyke al remitirle el proyecto de convención y del cual me dio conocimiento el mismo Wyke. El Gobierno de Guatemala, animado siempre de un deseo sincero de mostrar su deferencia hacia el de S. M. B. y considerando por otra parte conveniente el señalamiento definitivo de límites entre el territorio de la República y el de Honduras británica que en diferentes ocasiones había promovido, juzgó de su deber dar una nueva prueba de aquellos sentimientos amistosos prescindiendo de los derechos que se había reservado al territorio de Belice, y especialmente a aquella parte del país ocupada gradualmente por los pobladores del establecimiento, después de la independencia; en virtud de cuya ocupación fueron ensanchándose considerablemente las posesiones británicas en nuestras costas del norte, agregándoseles terrenos valiosos, cubiertos de maderas, que no estaban incluidos en las concesiones hechas en otro
  • 213. 223 tiempo por la España. México pudo alegar un derecho, más o menos fundado, a la parte del establecimiento situado a la izquierda del río Hondo, limítrofe con la Península de Yucatán, pero jamás a la parte comprendida entre los ríos Sibún y Sarstún, propiedad evidente de Guatemala. En cuanto a reclamos del gobierno de S. M. B. a aquellos territorios, ningún conocimiento tiene este gobierno, y debo confesar que habrían parecido tanto más extrañas esas reclamaciones cuanto que la España ha prescindido hace mucho tiempo de sus antiguos derechos sobre cualquiera de las que fueron posesiones suyas en el continente americano. Por grande que fuera el deseo del Gobierno de Guatemala de mostrarse deferente a las indicaciones del de S. M. B. y la conveniencia que pudiera haber en establecer definitivamente los límites entre el territorio de la República y el de Belice, no era posible, atendida la naturaleza del asunto, renunciar a los derechos con que Guatemala se consideraba en el particular, sin una compensación suficiente por parte del Gobierno de S. M.. Se manifestó al negociador británico la indispensable necesidad de esa justa compensación; y convencido de que el Gobierno de S. M. no la rehusaría, convino en que se introdujese en la Convención del 30 de abril de 1859, el artículo 7º, que se agregó sub spe rati. Se buscó por ambos negociadores una compensación decorosa, destinada a un objeto que al mismo tiempo que fuese de gran ventaja para Guatemala, pudiese también ser útil al comercio británico. Consideraciones importantes que se tuvieron presentes al tiempo de redactar aquel artículo, y que el Sr. Wyke manifestó expondría a su Gobierno, hicieron que se concibiese en los términos un poco vagos que V. E. observa, y no permitieron tampoco que como lo deseaba el Gobierno de Guatemala, se consignase en algún instrumento separado la inteligencia que por ambos negociadores se dio desde luego al compromiso que contraían los dos Gobiernos respecto a la parte con que cada cual debía contribuir a la obra del camino. Quedó entendido expresamente que Guatemala suministraría los materiales y los operarios, por un jornal equitativo, y que la Inglaterra proporcionaría la dirección científica y los fondos necesarios para la obra, cuyo costo se calculó aproximadamente en ochenta a cien mil libras esterlinas. El Gobierno de Guatemala creyó que en un asunto importante y en el cual consideraciones de un interés más elevado se oponían a que se consignase un compromiso escrito, debía descansar completamente en la palabra del Plenipotenciario de S. M. B.. Pero ya sea porque el Sr. Wyke no tuvo ocasión de explicar convenientemente al Secretario de Estado de S. M. B. la verdadera inteligencia del artículo, o por cualquier otro motivo, surgió una disidencia marcada en la manera de interpretar lo estipulado en él. El Gobierno de Guatemala lo entendió desde luego en los términos convenidos con el señor Wyke que dejo indicados y lo manifestó así desde entonces a la Cámara de R. R., que dio en ese concepto su aprobación al tratado. No fue sino algún tiempo después de canjeadas las ratificaciones de la Convención del 30 de abril de 1859, que tuvimos, con mucha sorpresa, la primera noticia de la inteligencia que el Gobierno de S. M. B. daba al artículo 7º por la respuesta de S. E. el conde Russell a una interpelación que se le dirigió en el Parlamento y que vimos publicada en un diario de Londres. Estando todavía en Nicaragua el Sr. Wyke, juzgué de mi deber llamar su atención al discurso del Ministro de Negocios Exteriores de S. M. B. que estaba en completa oposición aun con el tema literal del artículo 7º de la Convención. En consecuencia, el Sr. Wyke, escribió a S. E. el conde Russell, según se sirvió manifestármelo, y poco tiempo después se
  • 214. 224 me comunicó por el Sr. Hall, encargado de la Legación británica, el despacho del 7 de abril de 1860 en que S. E. expresó que, mejor impuesto por el Sr. Wyke de lo convenido con este Gobierno, estaba en disposición de que se llenase el compromiso contraído; esperando solamente que regresase a Inglaterra el Sr. Wyke para arreglar la mejor manera de ejecutar el artículo 7º de la Convención. Aun prescindiendo de lo convenido verbalmente con el Sr. Wyke, los términos mismos de la estipulación daban a entender que no puede ser igual la parte con que la Inglaterra y Guatemala se comprometieron a contribuir a la obra del camino. Dice el artículo que ésta se hará conjuntamente por los dos Gobiernos, que emplearán al efecto sus mejores medios (the best means) y es fácil comprender que interpretando literalmente estas palabras, la Inglaterra debe contribuir en una proporción mucho mayor que Guatemala. El Gobierno de S. M. B. manifestaba, sin embargo, que su compromiso se extendía únicamente a contribuir con la mitad de los gastos; y en esta circunstancia, deseando por nuestra parte buscar alguna salida a la dificultad, se formularon las tres propuestas diferentes a que V. E. se sirve aludir en el despacho que tengo el honor de contestar; propuestas que fueron, antes de enviarse, discutidas con V. E., teniendo alguna de ellas origen en V. E. mismo. Veo con profunda pena que el Gobierno de S. M. no ha tenido por conveniente aceptar ninguna de las tres; y que en vez de ellas, se nos propone contribuir por parte de la Inglaterra a la obra del camino con la suma de veinticinco mil libras esterlinas y con la dirección científica, siendo a cargo de Guatemala la suministración de los materiales de toda especie y los gastos todos de la obra, con excepción de aquella cantidad. Suponiendo, como es natural suponer, pues así sucede generalmente en estos casos, que las erogaciones más bien excederían que no disminuirían de los cálculos hechos por el Mayor Wray, vendría a resultar que el Gobierno de S. M. contribuiría apenas con la quinta parte de los gastos de la obra, siendo el resto a cargo del Gobierno de Guatemala. V. E. conocerá fácilmente que a pesar de toda la buena voluntad que este Gobierno tiene para acoger cualquiera indicación del de S. M. B., no podría, sin contraer una grave responsabilidad, acceder a lo que se propone. V. E. se sirve manifestarme no estar autorizado para hacer alteración alguna en el proyecto de Convención que le ha enviado el Gobierno de S. M., lo cual parece desgraciadamente cerrar la puerta a toda discusión sobre el particular; pues por mi parte me veo en la necesidad de expresar a V. E. que dicho proyecto no puede ser aceptado por este Gobierno. Considero, pues, de mi deber, instruir a nuestro representante cerca del Gobierno de S. M. B. para que exponga estas consideraciones a S. E. el Secretario de Estado de S. M., apelando a su rectitud para que considerándose de nuevo el asunto, pueda encontrarse el medio de arreglarlo satisfactoriamente. Aprovecho esta oportunidad para ofrecer a V. E. la seguridad de la más distinguida consideración con que tengo el honor de ser de V. E. muy atento y seguro servidor, (f) P. de Aycinena.
  • 215. 225 Respuesta del ministro inglés a la nota anterior.--Reconoce que se trataba de una "compensación".--Dedúcese que la compensación ha de referirse a lo que Guatemala había dado. De lo contrario, la idea de "compensación" carecería de sentido lógico. Traducción A. S. E. don Pedro de Aycinena. & & Guatemala, febrero 13 de 1863. Señor: Al acusar recibo de la contestación de V. E. fechada el 10 del corriente, a mi nota del 27 del pasado, relativa al artículo 7º de la Convención de 30 de abril de 1859, es solamente necesario que note dos o tres puntos a que V. E. se ha referido con considerable extensión. Y en primer lugar, debo repetir francamente que no puedo concebir por ninguna interpretación posible de la lengua inglesa, que se debe inferir de las palabras de aquel artículo que deba incurrir en mayor gasto la Gran Bretaña que Guatemala. En las circunstancias peculiares del caso, y la posición relativa de las dos partes, lo contrario podía más bien entenderse. Sin embargo, la posición que ha tomado y el giro que ha dado V. E. al negocio, temo que lo han puesto en un terreno enteramente diferente. Se me ha informado que Sir C. L. Wyke, tan pronto como llegó a su noticia, desconoció el modo de considerar su convenio con V. E. como lo expuso V. E. en su discurso a las Cámaras. A la vez que estoy muy seguro de la estricta exactitud con que tuvo la intención V. E. de presentar sus observaciones, me tomo la libertad de observar que, aunque es perfectamente exacto que yo pude haber originado la idea de adoptar alguna otra compensación, y otro plan conciliatorio en vez del camino de Izabal, cuando encontré que las esperanzas de V. E. no eran de una naturaleza que tuviesen la posibilidad de obtener la aquiescencia de mi Gobno.. Tenía la esperanza natural de que después de los argumentos que había empleado, hubiese sugerido V. E. una suma mucho más moderada y según concibo, más equitativa que la que se mencionó. Tengo el honor, &.&.&. (f) George B. Mathew.
  • 216. 226 El ministro de Guatemala en Londres propone a Lord Russell que el aporte de la Gran Bretaña sea reducido a sesenta mil libras, es decir, a menos de la mitad del presupuesto del ingeniero Wray; y es considerado excesivo.--Se hace imposible algún entendimiento de equidad.--Proyecto de convención presentado por el ministro de Guatemala. Legación de Guatemala Nº 23 Londres, mayo 31 de 1863. Excmo. Señor Ministro de Relaciones Exteriores de Guatemala. Señor Ministro: Según avisé a V. E. el 16 del que acaba, en mi comunicación Nº 22, el 19 del mismo mes tuve una conferencia con el señor conde Russell, relativa a la ejecución del artículo 7º de la Convención de abril de 1859, y en ella presenté a S. E. un extenso Memorándum relatando la historia fiel y exacta de todos los antecedentes que dieron lugar a la mencionada Convención y su artículo 7º. Tomé la mejor parte de los hechos que referí de las noticias que me dio V. E. en 2 de septiembre de 1861, y en sus posteriores comunicaciones hasta marzo último. Con dicho Memorándum le presenté también un proyecto de Convención adicional a la de abril de 1859, estipulando en ella claramente que el Gobierno británico contribuiría para la obra del camino con el gasto de la dirección científica según el presupuesto formado por el ingeniero de S. M. B. Mayor Wray, y con sesenta mil libras esterlinas en numerario para el pago de salarios de los operarios empleados en los trabajos, y para cualquier otro gasto indispensable en conexión con dichos trabajos; y que el Gobierno de Guatemala suministraría todos los materiales, productos del país en su estado natural que sean necesarios para la construcción del camino, y proporcionará los jornaleros que se ocupen en dicha construcción en el número que se necesiten y conforme los pida el ingeniero director, quien los pagará a los precios de costumbre en los lugares donde trabajen de las 60,000 libras que deben ser suministradas por el Gobierno de S. M. B.; y que en el caso de que estas £60,000 no sean bastantes para los gastos de la terminación de dicho camino, la República de Guatemala se compromete a sufragar de sus propias rentas las sumas que se necesiten para completar el camino. Acompaño a V. E. copia del proyecto de Convención presentado por mí a Lord John Russell, y por correo
  • 217. 227 de 15 del próximo junio le enviaré, vía de Belice, copia del Memorándum, para cuando espero poder instruir a V. E. del resultado definitivo de las diligencias que estoy practicando para buscar un término satisfactorio a este asunto. En la conferencia del 19, Lord John Russell me ofreció imponerse detenidamente del Memorándum que le presenté y dho. proyecto de convención del que había de dar cuenta al Consejo de Gabinete para la resolución correspondiente, y me dijo volviese a verle pasada la Pascua, para cuando esperaba haber podido someter el asunto a la resolución del Consejo. Ayer 30 tuve una conferencia con el conde Russell sobre el particular: habiendo estado ausente Lord Palmerston de Londres, hasta el 29 aún no se había dado cuenta al Consejo del asunto de que nos ocupábamos; pero S. E. me aseguró que le daría cuenta en la semana próxima, y que tendría su resolución de modo que pudiéramos ocuparnos del negocio el sábado 6 de junio, para cuyo día me citó: en el curso de la conversación me dijo que le parecía excesiva la suma de sesenta mil libras que yo había puesto en el proyecto de Convención suministraría la Inglaterra además del gasto de la dirección científica, a lo que respondí que en mi Memorándum le demostraba que dichas sesenta mil libras son menos que la mitad del gasto que se hará según el presupuesto formado por el Mayor Wray, y que S. E. en su nota de 7 de abril de 1860 había aceptado en explicación del artículo 7º que los gastos de material y trabajo se partirían entre los dos Gobiernos; que si se había de formar un camino sólido y durable, había de hacerse con perfección y no costaría menos de la cantidad calculada por el Mayor Wray, y que el Gobierno de Guatemala esperaba que el conde Russell, obrando con la rectitud que le es característica, encontraría el medio de terminar este particular según el compromiso contraído, inclinando al Consejo a aceptar el proyecto de Convención, por el que queda a cargo de Guatemala mayor obligación de la que en justicia y equidad debería corresponderle, teniendo en cuenta sus escasos medios y los grandes de la poderosa Inglaterra. También me dijo el conde Russell que se había informado al Gobierno de S. M. que el de Guatemala había concedido un privilegio para la navegación del Motagua, que estaba formada una Compañía con tal objeto, la que iba a comenzar los trabajos, y que teniendo éstos éxito sería innecesario el camino de Izabal a Guatemala: le contesté que en efecto se había hecho la concesión de que me hablaba, pero que era dudoso su éxito, y aun teniéndolo feliz, juzgaba no hacía innecesario el camino de Izabal, pues que nada me había dicho en contrario V. E. en sus notas hasta principios de abril último, en las que me trata del particular. Si de la nueva conferencia que he de tener el 6 del próximo resulta que puedo concluir la Convención en los términos que he propuesto o que se le acerquen, me demoraré en Londres algunos días más para terminar este envejecido negocio, sometiéndolo a la aprobación del Gobierno: si observo que nada puedo hacer definitivo, estoy en el propósito de regresar inmediatamente a París, de donde daré cuenta a V. E. el 15 del resultado, y de lo que proponga al Gobierno de S. M. B.. Renuevo a V. E. los sentimientos de consideración y aprecio con que soy su obediente servidor.