Texto de platón
Upcoming SlideShare
Loading in...5
×
 

Texto de platón

on

  • 1,235 views

Comentario de texto

Comentario de texto

Statistics

Views

Total Views
1,235
Views on SlideShare
377
Embed Views
858

Actions

Likes
0
Downloads
0
Comments
0

4 Embeds 858

http://atenearte.wordpress.com 846
https://atenearte.wordpress.com 8
http://www.google.es 3
https://www.google.es 1

Accessibility

Categories

Upload Details

Uploaded via as Microsoft Word

Usage Rights

© All Rights Reserved

Report content

Flagged as inappropriate Flag as inappropriate
Flag as inappropriate

Select your reason for flagging this presentation as inappropriate.

Cancel
  • Full Name Full Name Comment goes here.
    Are you sure you want to
    Your message goes here
    Processing…
Post Comment
Edit your comment

Texto de platón Texto de platón Document Transcript

  • Comentario de un texto de Platón (República, Libro VII) TEXTO “Pues bien -dije-, esta imagen hay que aplicarla toda ella, ¡oh amigo Glaucón!, a lo que se ha dicho antes; hay que comparar la región revelada por medio de la vista con la vivienda-prisión, y la luz del fuego que hay en ella, con el poder del sol. En cuanto a la subida al mundo de arriba y a la contemplación de las cosas de éste, si las comparas con la ascensión del alma hasta la región inteligible no errarás con respecto a mi vislumbre, que es lo que tú deseas conocer, y que sólo la divinidad sabe si por acaso está en lo cierto. En fin, he aquí lo que a mi me parece: en el mundo inteligible lo último que se percibe, y con trabajo, es la idea de bien, pero, una vez percibida, hay que colegir que ella es la causa de todo lo recto y lo bello que hay en todas las cosas; que, mientras en el mundo visible ha engendrado la luz y al soberano de esta, en el inteligible es ella la soberana y productora de verdad y conocimiento, y que tiene por fuerza que verla quien quiera proceder sabiamente en su vida privada o pública. -También yo estoy de acuerdo –dijo-, en el grado en que puedo estarlo” 1. DEFINICIÓN DE TÉRMINOS- Debemos asegurarnos del conocimiento de los términos que aparecen en el texto pues su significado es, a menudo, bastante distinto al significado del lenguaje común. Esto significa no sólo que tengamos una idea aproximada, sino que seamos capaces de definir y explicar cada concepto expresando el significado que tiene para cada pensador. Alma: Constituye la auténtica esencia o naturaleza del hombre. Es una entidad inmaterial, distinta y contrapuesta al cuerpo, al que está unido de un modo accidental. Ésta es un alma prisionera dentro de un cuerpo (sóma) que es también su sepultura. Platón distingue tres partes o funciones del alma: alma racional, alma irascible y alma apetitiva a las que corresponden otras tantas virtudes: sabiduría o prudencia, valentía y templanza. Mediante la educación, el alma racional debe orientarse desde lo sensible hacia lo inteligible Idea de Bien: Es la idea que en el mundo inteligible ocupa el primer lugar en cuanto a su valor. La idea de Bien es causa de todas las cosas buenas que admiramos en el mundo visible y en el inteligible es la que domina sobre el resto de las ideas. Es pues la máxima realidad, por tanto esta es la verdadera meta del filósofo. Para alcanzarla es preciso llevar a cabo una conversión que nos lleve desde nuestra ignorancia hasta la ciencia suprema o noesis que utiliza la dialéctica como método. Sólo puede ser verdaderamente sabio quien es capaz de descubrir la idea de Bien. Mundo visible: Platón distingue dos realidades con características contrapuestas. Por un lado el mundo inteligible, que constituye la verdadera realidad, la de las esencias o ideas; por otro el mundo visible o sensible, sujeto a la generación, mundo de la multiplicidad y el cambio. Este mundo participa o imita el mundo ideal. Dado que está en continuo cambio y son los sentidos los que nos informan, no podemos poseer una verdadera ciencia de él, sino sólo opinión.
  • 2. ESQUEMA DEL TEXTO. TESIS: Partiendo de la distinción de dos mundos contrapuestos, Platón afirma la ascensión del alma, desde el mundo de las apariencias hasta el mundo de las ideas, que culmina con la contemplación del Bien, meta del filósofo. 1. Se compara el mundo captado por los sentidos gracias a la luz del sol con una prisión oscura en la que sólo ilumina un fuego. 2. El ascenso del alma al mundo de las ideas es comparable, a la liberación del prisionero de sus cadenas y a su salida de la caverna. 3. Nuestra conversión no terminará sino con la contemplación de la idea de Bien que resulta ser la última y más difícil de aprehender. 3.1. Esta idea es causa de las cosas buenas y bellas que existen. De la luz en el mundo sensible y de la verdad en el mundo inteligible. 3.2 Una conducta sabia o prudente sólo es posible si llegamos a alcanzar la idea de Bien. 3. CONTEXTUALIZACIÓN EN LA FILOSOFÍA DEL AUTOR El presente texto pertenece al libro VII del diálogo República, obra de madurez. Platón nos presenta a Sócrates en compañía de otros personajes de la época en una discusión sobre la forma ideal de organización de la pólis pero, además de su teoría ética y política, aparecen las principales doctrinas platónicas: su teoría del conocimiento, su doctrina del alma y naturalmente, su teoría de las Ideas que constituye el auténtico fundamento de su filosofía. Estos temas y otros están expuestos en otros diálogos platónicos como el Teeteto (conocimiento sensible e inteligible), Timeo (relación entre los dos mundos fundada en la figura del Demiurgo), Fedón (naturaleza del alma) o Fedro (donde expone la estructura del alma valiéndose del mito del carro alado), pero en la República aparecen expuestos de una manera más acabada y sistemática. En el libro VII, Platón explica cual es el estado del alma con relación a cada clase de conocimiento. Para ello se vale de la célebre alegoría de la caverna por la que concibe esta realidad como un mundo subterráneo, lleno de sombras que los humanos consideran como la única realidad verdadera. Platón expone su ideal de educación mostrando que el fin de la misma es formar buenos gobernantes para el Estado, para lo cual el alma deberá dirigirse al conocimiento de la idea de Bien. El proceso de educación es costoso y doloroso y necesita de una auténtica conversión de toda el alma. Platón diseña un currículo por el que debe pasar desde niño cualquier aspirante a gobernante: se comienza por la música y la gimnasia pero la base de la educación superior son las matemáticas, preludio de la verdadera ciencia filosófica: la dialéctica.
  • El texto es un ejemplo claro de lo que podemos denominar dualismo metafísico que se manifiesta tanto en un plano ontológico, como en un plano epistemológico. Además apunta al plano práctico de la política. Desde el punto de vista ontológico podemos resaltar la existencia de dos realidades o mundos de naturaleza completamente diferente: por un lado, nos encontramos con el que captamos por medio de los sentidos (“Hay que comparar la región revelada por medio de la vista con la vivienda-prisión, y la luz del fuego que hay en ella, con el poder del sol”). La realidad de estos objetos es múltiple, cambiante e imperfecta, están entre el ser y el no ser, constituyendo un pálido reflejo del mundo de las ideas. A decir verdad, tienen realidad sólo en cuanto que imitan o participan de las ideas; por otro lado, está el mundo de las ideas (”En cuanto a la subida al mundo de arriba y a la contemplación de las cosas de éste”) Éstas no son, como puede pensarse en un principio, conceptos puramente mentales inexistentes fuera de nuestra mente, sino que son realidades auténticas que habitan un mundo particular. Las ideas (formas o esencias) son eternas y permanecen siempre inmutables y se relacionan entre sí conforme a su valor. Destaca entre ellas la idea de Bien, representada alegóricamente por el Sol. La idea de Bien es causa última de todo lo recto y bello que existe, por lo que es la verdadera meta del filósofo. Desde el punto de vista epistemológico diremos que según Platón hay dos modos generales de conocer que se corresponden con esas realidades. Así, por su condición de realidad cambiante y múltiple, ningún auténtico conocimiento se ocupará del mundo visible. Nuestro conocimiento será, a este nivel, pura opinión (dóxa). La opinión, en realidad, tiene dos grados de conocimiento: la ilusión o imaginación ( eikasía), grado de conocimiento en el que se encuentra el que toma por verdadera realidad las sombras o reflejos de las cosas visibles y la creencia (pistis), situación en la que se encuentra quien toma por verdadera realidad esas mismas cosas sensibles. Por el contrario, del mundo inteligible, formado por esencias eternas, llegamos a poseer ciencia (episteme). Este se subdivide igualmente en dos grados: al conocimiento de los objetos matemáticos le corresponde el pensamiento discursivo (dianoia), mientras que de las ideas se ocupa exclusivamente la ciencia o inteligencia pura (noesis) que utiliza la dialéctica como método. A ella se hace referencia en el texto con la “ascensión del alma a la región de lo inteligible”. El alma, entidad vital y de naturaleza divina que habita accidental y provisionalmente en la cárcel de nuestro cuerpo (como muestra en el diálogo Fedón), por su propia naturaleza tiende a elevarse, a abandonar el cuerpo y reencontrarse con el mundo que anteriormente ya habitó: el mundo de las ideas. En otras palabras, es propio del pensamiento caminar por el difícil territorio de las ideas con ayuda de la dialéctica. La dialéctica es el método, el camino que sirve al propósito de ascender de la multiplicidad de lo sensible a la cima del mundo de las ideas, al Bien en sí, que se muestra como fundamento de todas las demás. Quien practica la dialéctica y ha
  • alcanzado el conocimiento del Bien debe ser capaz de mostrar qué es el Bien y defender su exposición con su arte frente a todo intento de refutación. La dialéctica tiene por tanto una doble dirección: a) Ascendente: que consiste en la indagación del principio del que dependen todas las hipótesis o supuestos, en la búsqueda de una realidad que no necesite de ninguna otra para existir, sino que sea ella misma la causa de la existencia de las demás realidades y que termina con la visión de tal principio. b) Descendente: que consiste en extraer las consecuencias de ese principio para poder vivir de manera justa; sólo los que han contemplado la idea de Bien son capaces de organizar correctamente su vida y la de los demás. El enunciado final (“tiene por fuerza que verla quien quiera proceder sabiamente en su vida privada o pública”) se refiere al aspecto práctico (ético-político) de su filosofía. En efecto, es esencial al futuro gobernante llegar a contemplar esta idea para dirigir los asuntos públicos. Los gobernantes, por ser filósofos, no tendrán en cuenta la consecución de su felicidad particular, no tendrán bienes propios ni familia para que ello no los aleje de su meta, ni estarán movidos por disputas internas. Por haber sido formados por el estado deberán promover la armonía en el mismo. Esto se logrará haciendo que cada una de las clases que existen haga aquello que le es propio, sin pretender inmiscuirse en funciones que no son las suyas. Así, los productores deberán proveer al conjunto de la polis de aquello que asegure su supervivencia; los guardianes o auxiliares la defenderán de sus enemigos externos e internos; y, finalmente, los gobernantes, en quienes predomina la virtud de la sabiduría o prudencia, deberán dirigir a las demás clases mostrándoles persuasivamente o por la fuerza la necesidad del cumplimiento de la ley y prepararán además a los futuros gobernantes. 4. CONTEXTO HISTÓRICO-CULTURAL Y FILOSÓFICO CONTEXTO HISTÓRICO El período, de unos cincuenta años, que va desde el final de las Guerras Médicas al comienzo de la Guerra del Peloponeso se corresponde con la época de mayor esplendor de Atenas y con el auge de la democracia: es la Época Clásica. En efecto, la Primera Guerra Médica tiene su origen en la rebelión de algunas colonias jonias, como Mileto, que eran tributarias del imperio persa y que fueron apoyadas en sus pretensiones por Atenas y Eritrea. Derrotadas y dominadas de nuevo estas colonias, Dario I alumbró el plan de someter a toda Grecia bajo su imperio y dirigió su enorme ejército hacia Atenas. Los atenienses, sin embargo, con unas fuerzas mucho menores y contra todo pronóstico, lo derrotaron en la llanura de Maratón. Un segundo intento lo llevó a cabo su hijo Jerjes, quien con un plan ambicioso inició la Segunda Guerra Médica. No obstante superar la defensa de las Termópilas y llegar, incluso, a incendiar Atenas, tuvo que desistir de su plan de conquista tras las victorias griegas de Salamina y Platea.
  • Atenas aprovechó en su favor la superioridad marítima adquirida durante la guerra y tuteló el tesoro de Delos, aportación de muchas polis griegas con vistas a la defensa común contra los persas. Se gestará aquí la supremacía naval, comercial y cultural de Atenas, lo cual provocará recelos en su vecina Esparta y conducirá, finalmente, a su mutuo enfrentamiento en la Guerra del Peloponeso. Se cree que Aristocles, llamado después Platón (quizá por sus anchas espaldas o su frente) nació en el año 427 a. C. en el seno de una familia aristocrática de Atenas, ciudad que era por entonces centro cultural del mundo griego. Su juventud transcurre en la época de la Guerra del Peloponeso (404 a. C.) que marca el fin del esplendor del siglo de Pericles. Platón recibió una esmerada educación (tal y como correspondía a los jóvenes atenienses de su categoría social). Una clave importante de su formación fue, probablemente, la familiaridad que desde muy pronto tuvo con la creación literaria de su pueblo (Homero, Píndaro, la tragedia y la comedia áticas). Parece que él mismo se dedicó en un tiempo a escribir poesías y tragedias, cosa que dejó de hacer tras conocer -con dieciocho años- a Sócrates, a quien Platón debe su despertar a la vida intelectual y la dirección que siguió en su vida, siendo el más fiel y entusiasta discípulo suyo durante ocho años. Con su maestro compartirá -frente al escepticismo y relativismo de los sofistas- la creencia en la posibilidad de un conocimiento objetivo. Como miembro de una ilustre familia, los destinos de Platón parecen unidos a la política, lo cual el tiempo no desdijo del todo ya que, si bien nunca llegó a ser un profesional de la política a causa, fundamentalmente, de las graves decepciones sufridas, sí fue un entusiasta teórico de la misma, como relata especialmente en sus cartas. Así, el ya anciano Platón, explica en su Carta VII como, siendo aún joven, le tocó vivir la citada derrota de Atenas frente a Esparta que tuvo como consecuencia la implantación en Atenas del llamado Gobierno de los Treinta Tiranos, que se encargó de reformar la constitución cambiándola de democrática en oligárquica con el beneplácito de los vencedores espartanos y de la nobleza ateniense. Algunos de los Treinta eran parientes suyos y estaban también relacionados con Sócrates (Critias, Cármides). Su juventud y el propio peso de la tradición familiar (recordemos su origen aristocrático), impidieron a Platón comprender en su justa medida la naturaleza del cambio político. Por eso, en un principio, pensó que tal cambio iba a ser beneficioso para la ciudad. Pero, poco a poco, las acciones del nuevo gobierno hicieron parecer buenas a sus ojos las injusticias del régimen democrático anterior por lo que, no obstante sus inclinaciones políticas conservadoras, se alegró cuando el Régimen de los Treinta cayó. Éste fue sustituido por un nuevo régimen democrático. Sin embargo, con ser éste mucho más benévolo, tampoco los nuevos gobernantes demostraron mayor aptitud para dirigir la polis y, por el contrario, tuvieron, a ojos de Platón, el enorme error de condenar a muerte a Sócrates (399 a.C.). Esto causó una gran amargura a Platón y una profunda decepción y aversión hacia la democracia que, en los siguientes años, le llevará a concebir que tan sólo los gobernantes que sean filósofos serán capaces de dirigir a buen término la nave del Estado. Platón hizo varios viajes, casi siempre motivados por intereses políticos. Destacan los que hizo a distintas ciudades griegas del sur de Italia y de Sicilia a partir del 388 a.C.; en
  • primer lugar, para conocer la filosofía pitagórica de primera mano (el pitagorismo fue, junto a la de Sócrates y la de Parménides, una influencia notable en su filosofía) y, posteriormente, para tratar de poner en práctica sus ideas políticas en la Corte de Siracusa, propósito en el que fracasó por completo: en efecto, animado por sus amigos se le permite tratar de organizar la ciudad de acuerdo con sus ideas, pero el resultado no fue otro que su venta como esclavo por Dionisio I , el tirano de Siracusa. Rescatado por un amigo, vuelve a Atenas donde funda la Academia (387 a.C.) lugar en el que se reunían jóvenes de muchas ciudades griegas para dedicarse al estudio de la filosofía, de las matemáticas, de la astronomía y otras disciplinas (Aristóteles, fue discípulo suyo). Muerto el tirano, aún volverá a Siracusa en otras dos ocasiones para intentar llevar a la práctica su proyecto político, pero las luchas internas se lo impedirán. Volverá a Atenas, a la Academia, y allí se dedicará a impartir clases y a escribir hasta su muerte, que se produce en el año 347 a.C. CONTEXTO FILOSÓFICO En la filosofía griega se pueden diferenciar, a grandes rasgos, tres etapas o períodos: 1º) Período presocrático. Reúne a un conjunto amplio de filósofos de cuyas obras, en general, se conservan sólo fragmentos y algunos testimonios. Son los denominados filósofos presocráticos, preocupados sobre todo por problemas cosmológicos. Se suele incluir aquí también a los sofistas que, en realidad, tanto cronológicamente como por sus temas de preocupación pertenecen más bien a la segunda etapa. 2º) Período clásico. Se inicia con Sócrates, que es el maestro de Platón e iniciador, junto a los sofistas, del giro antropológico. Se inicia la construcción de los grandes sistemas filosóficos, de Platón y Aristóteles, que marcará una influencia decisiva en la filosofía posterior, que tendrá a estos dos autores como referencia. 3º) Período helenístico. Está constituido, fundamentalmente, por las tres grandes escuelas filosóficas de la antigüedad: estoica, epicúrea y escéptica, así como por el desarrollo de la ciencia alejandrina. La Academia y el Liceo prosiguen también sus enseñanzas. A la filosofía platónica se le pueden encontrar los siguientes antecedentes o influencias (ya señalados por su discípulo Aristóteles): En primer lugar, y por lo que se refiere a la distinción de dos realidades distintas (la realidad inteligible y la realidad sensible) y dos opuestos modos de conocer (la ciencia y la opinión), pueden señalarse como antecedentes de Platón a Heráclito quien afirmaba que los sentidos nos muestran una realidad inestable, que cambia constantemente, siendo, por tanto, malos testigos para quien no hace uso de la razón (logos). Platón conocía su filosofía a través de Cratilo que fue maestro suyo; mayor fue la influencia de Parménides, quien postula que sólo existe una única realidad inteligible: el Ser (tò ón), y que “solamente éste puede pensarse”, dejando en el terreno de lo opinable, es decir, de
  • lo inseguro, el conjunto de los fenómenos que devienen y, en consecuencia, no tienen más que una falsa realidad. En segundo lugar, podemos señalar la filosofía pitagórica que Platón conoció directamente debido a los viajes realizados a la Magna Grecia. Estos filósofos enseñaban que el verdadero principio de las cosas no es ningún elemento físico, de naturaleza material, sino formal: el número. La estabilidad de los objetos matemáticos funda la posibilidad de un conocimiento seguro a diferencia de los objetos cambiantes de la naturaleza. Es también innegable la influencia de esta escuela en la doctrina platónica del alma: Platón utiliza la creencia en la metempsicosis para mostrar que el alma conoció las ideas eternas con anterioridad a su coexistencia con el cuerpo. Finalmente, y sobre todo, hay que señalar la temprana influencia de Sócrates que fue maestro suyo durante ocho años y que es presentado en diferentes diálogos en búsqueda de definiciones universales. En la medida en que buscar la definición de algo supone el intento de encontrar lo inmutable, lo esencial de cada noción, se puede pensar que aquí está prefigurada la Doctrina de las Ideas. Las ideas son realidades objetivas que podrán servir de fundamento a leyes justas, válidas de un modo absoluto (frente a los sofistas que considerarán las leyes como puramente convencionales y con un valor relativo, pues cada pueblo tiene leyes y usos diversos). Platón, por su parte, influirá directamente sobre su discípulo Aristóteles, quien lleva a cabo una crítica de la filosofía de su maestro: elimina el jorismos existente entre mundo sensible e inteligible y da un papel distinto a las ideas (o formas). Éstas se convierten en el sistema de Aristóteles en una parte inseparable de la materia formando la verdadera realidad que no es otra que la sustancia primera, un compuesto hilemórfico. No obstante, estará de acuerdo con Platón en que el conocimiento sólo puede ser de lo universal. La forma será la que, conocida por un proceso de abstracción, dará estabilidad y universalidad al conocimiento. 5. RELACIÓN DEL TEXTO CON LA FILOSOFÍA O ACONTECIMIENTOS DE OTRAS ÉPOCAS Aquí se trata de destacar las más importantes influencias que Platón ha podido ejercer sobre otros posteriores, es decir, debemos referirnos a la trascendencia o proyección histórica de sus ideas. Ya hemos mencionado las influencias que en la antigüedad tiene la filosofía platónica. Ya en la época medieval podemos destacar a Agustín de Hipona. Este pensador desarrolla una filosofía original integrando el mensaje cristiano con elementos platónicos, o más bien neoplatónicos que proceden de Plotino. El proceso de interiorización y autotrascendimiento junto con su doctrina de la Iluminación nos recuerda el ascenso que lleva a cabo el filósofo en busca de las ideas y, especialmente, la idea de Bien que ilumina el resto de las ideas (“la subida al mundo de arriba y la contemplación de las cosas de este…”). Una gran diferencia con Platón estriba en que
  • Agustín de Hipona sitúa las ideas en la mente divina. Por otro lado, el concepto platónico de participación es utilizado por este filósofo para explicar la relación entre el ser creador y sus criaturas. A través del pensamiento agustinista esta noción de participación llegará a Tomás de Aquino (aunque este pensador sea fundamentalmente aristotélico). En la Época Moderna, Descartes encuentra en Platón un claro antecedente, especialmente en la confianza que ponen en la razón como fuente de conocimiento seguro, frente a la desconfianza que a este pensador le inspiran los sentidos. Descartes afirma que poseemos ciertas ideas innatas que nos permitirán construir una ciencia segura. También acepta el dualismo de cuerpo y alma que, a diferencia de Platón, entiende como sustancias independientes entre sí. La teoría de la polis ideal de Platón ya presente en obras de pensadores renacentistas como Moro (Utopía) y Campanella (“La ciudad del Sol”), la podemos encontrar en diferentes formas del pensamiento utópico de la época moderna y contemporánea. De los socialistas utópicos a Marx encontramos un pensamiento político que plantea la necesidad de una mejora radical de la sociedad, si bien este último filósofo lo presenta en términos materialistas, muy alejado de todo planteamiento idealista. Muchos han visto en la propiedad común de los guardianes y gobernantes de la polis un claro precedente del comunismo de Marx y Engels. En un sentido muy distinto, podemos mencionar la radical crítica de Nietzsche a la filosofía platónica. La afirmación de la razón como facultad distintiva y privilegiada del ser humano, junto con la afirmación de un mundo ideal separado de este mundo del cambio (compartida por la religión cristiana) es el mayor error de la civilización occidental, la causa de su decadencia. Finalmente, Popper (al igual que Arendt) critica su doctrina política al considerarlo el precedente de los sistemas totalitarios, enemigos de las sociedades abiertas democráticas.