HOMILIA DEL DOMINGO XXXIII DEL TO. CICLO C. DIA DE LA IGLESIA DIOCESANA
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    HOMILIA DEL DOMINGO XXXIII DEL TO. CICLO C. DIA DE LA IGLESIA DIOCESANA HOMILIA DEL DOMINGO XXXIII DEL TO. CICLO C. DIA DE LA IGLESIA DIOCESANA Document Transcript

    • DÍA DE LA IGLESIA DIOCESANA. Queridos amigos: En éste día, la Iglesia nos quiere hacer tomar conciencia de que nosotros también somos parte de ella. Si somos parte de ella, ¿es necesario que se nos tenga que recordar lo que la Iglesia vive, realiza y hace por nosotros? ¿Es necesario, en nuestra familia, que alguien nos tenga que recordar que hay personas y ámbitos olvidados, desatendidos y no tenidos en cuenta…? ¿Es necesario que alguien nos tenga que recordar con qué medios contamos para cubrir nuestras necesidades de alimentar, educar y acompañar en la fe? Quien se siente miembro de esa comunidad (a la que uno elige libremente), no es necesario tener que recordarle cuál es su aportación, cómo es su presencia, colaboración y ayuda. Quien no siente a la Iglesia como algo suyo, no esperemos que aporte su tiempo, su dedicación, parte de sus recursos ni su disponibilidad para que esa comunidad eduque en la fe, celebre, acompañe y haga caridad a los necesitados. Quien no sienta ni experimente, que la iglesia le presta unos servicio, no se verá en la responsabilidad de “arrimar el hombro”, ni de “echar una mano”, ni de colaborar en la medida de sus posibilidades. “Si perseveráis, salvaréis vuestras almas”. (Lc. 21, 14). Si perseveramos en la ayuda, en la generosidad, en echar una mano, la Iglesia ( que somos todos) podrá salvar a muchos de la desolación, del abandono, de la angustia, del hundimiento y de la desesperanza. Si perseveramos en la pertenencia a la Iglesia, hemos de saber conjugar prestaciones y contribuciones, beneficios y pérdidas, beneficencia y solidaridad. Si nos sentimos parte de la Iglesia, hemos de ayudar a que sea madre que engendra y educa en la fe a sus hijos. Hemos de saber acoger en la mesa de la Eucaristía a todos aquellos que tienen necesidad. Hemos de ayudar a que en ella se viva la hermandad compartiendo la misma vida y misión. Hemos de presentar de palabra y de obra una Iglesia servidora, sanadora del dolor, esperanzadora, hogar acogedor donde todos, aunque seamos diferentes, nos sintamos a gusto y gocemos de las mismas prestaciones y responsabilidades. Hemos de favorecer, por todos los medios a nuestro alcance, que la Iglesia sea una familia en la que no haya miembros pasivos, (que reciben pero que no aportan), sino que todos nos sintamos miembros activos, ya que todos podemos aportar algo siempre: fe, oración, presencia, ayuda, cariño, esperanza, caridad. Hemos de hacer que la Iglesia sea casa para el que llega y fiesta para la alegría de todos. Gabriel. 33º. Domingo Ordinario. Ciclo. C. Madrid. 17 de Noviembre de 2013.