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Gran torino
 

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Críticas sobre esta película.

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    Gran torino Gran torino Document Transcript

    • Gran TorinoPara analizar el Gran Torino, la obra póstuma como actor deClint Eastwood (son sus palabras) hemos acudido a dosbuenos comentaristas de cine, Carlos Revirigo a JusnOrellana, cuyas críticas ofrecemos a continuación. ClintEastwood se lo merece y se lo merece igualmente el éxito detaquilla que la película está teniendo en Estados Unidos yen todo el mundo. Clint hace reflexionar a Amércia y sientaen el banquillo a los innumerables prejuicios de aquellasociedad y a la amoralidad rampante que se apoderado de lasnuevas generaciones. No se la pierdan.Por Carlos Reviriego · El Cultural. El estreno de unapelícula de Clint Eastwood siempre es un acontecimientocinematográfico. Gran Torino es el título del filme quellega hoy a las salas, pocas semanas después de Elintercambio. El cineasta regresa a la interpretación en unpapel que, según él, es su último trabajo como actor: el deun veterano de guerra racista y chapado a la antigua cuyoreverso conoceremos cuando entra en contacto con unosvecinos de origen asiático. Para celebrar la llegada delfilme —que ha arrasado en la taquilla y la crítica de EEUU—El Cultural ha enfrentado dos visiones que arrancan todoslos matices del prolífico genio estadounidense.El pasaje final, que sella con las palabras “tengo luz”,recogen una lúcida relectura del espacio moral deljusticiero en la sociedad civil, al tiempo que estableceuna resonante metáfora de la colisión de la América deObama con el imaginario fílmico de Eastwood, quien no dudaen detonar su propia leyenda desde dentroHay algo en las grandes películas testamentarias que escapaa los juicios cinematográficos. La corriente del filmetransborda el caudal fílmico y se convierte en unaexpresión íntima y desnuda, atravesada por imágenes dedespedida que quedan impresionadas a fuego en la retina. Noolvidamos el último gesto fílmico de Antonioni, cruzando lacatedral de San Pietro en el limbo digital de Lo sguardo diMichelangelo (2004); o el plano final de Robert Altman, unángel blanco de la muerte atravesando la cámara en Elúltimo show (A Praire Home Companion, 2006); tampoco elsereno recorrido de una casa habitada por ánimas en Losmuertos (The Dead, 1987), la última obra (maestra) de JohnHuston. Son películas que atesoran el sueño de la lucidezal final del camino. Hay algo arrolladoramente conmovedoren su paz espiritual, en cómo sus autores sentían el finaly lo aceptaban. Las películas-testamento imponen la
    • sensación de que asistimos a un bello crepúsculo y nuncaqueremos que termine. Eso sucede con Gran Torino.Ya desde su primer western, Infierno de cobardes (HighPlains Drifter, 1976), muchas películas de Eastwood formanun tipo especial de cine necrofílico, dominado por lasrelaciones entre los muertos y los vivos. En Gran Torino,estas tensiones son especialmente significativas. ClintEastwood lo ha dejado claro. El protagonista de GranTorino, un inolvidable carcamal llamado Walt Kowalski,representa su última incorporación como actor y por tantosu aparición final. Lo deja todavía más claro en lapelícula: se filma repetidamente como un fantasma surgiendode las tinieblas, y en último travelling su cuerpo descansaen un ataúd. En los títulos de cierre, su voz quebradaarrastra con aliento de ultratumba la afligida canción deltítulo que él mismo ha compuesto. En el caso de otrocineasta, una película como Gran Torino —-con toda la“incorrección” que corre por sus venas— no sería tansignificativa, pero tratándose de Eastwood, adquiere unaposición crucial en diversos frentes.En su dimensión documental, es un conmovedor broche a unacarrera interpretativa labrada desde las barricadas delanti-establishment; en el terreno histórico, es el destinológico de una cierta lectura del mito masculino en elwestern y el triller de los últimos 40 años, al tiempo quese ofrece como camino de redención y puesta al día de loque el Eastwood-personaje representa en el imaginariopolítico, social y cultural norteamericano. El viejoKowalski es el alma y la carne de Gran Torino. Es un viudoque no soporta a su hijos y nietos, ex veterano de laguerra de Corea y ex trabajador de la fábrica Ford, ungruñón literal, un misántropo, un racista que vive en lossuburbios de Detroit en un vecindario con etnias y razasdiversas. Las tirantes relaciones con sus vecinos de laetnia Hmong tomarán otra dirección cuando se enfrenta a ungrupo de street boys y se transforma en el héroejusticiero, en el mentor de un joven asiático que será elreceptor de su legado. No deja de asombrar cómo a partir deun guión del novel Nick Schenk, Eastwood construye unpersonaje que es suma y compendio de su corpuscinematográfico, palimpsesto gestual de una maneraintransferible de “ser” y de “estar”. Parecían justificadoslos rumores de que Eastwood preparaba el regreso de HarryCallahan, pues hay mucho de Harry el Sucio en Kowalski,pero también de Josey Wales (El fuera de la ley), de RedStovall (Honkytonk Man), de Tom Highway (El sargento dehierro), de William Munny (Sin perdón), de Frankie Dunn(Million Dollar Baby)… hasta el punto de que el viejo
    • Kowalski deja de ser un mero trasunto eastwoodiano paramostrarse como resumen de su leyenda.Si en la primera parte lleva los estereotipos de héroeeastwoodiano a un extraño lugar entre la autoparodia y lavindicación, en el tramo final bascula hacia la gravedad,la culpa y la confesión. El pasaje final, que sella con laspalabras “tengo luz”, recogen una lúcida relectura delespacio moral del justiciero en la sociedad civil, altiempo que establece una resonante metáfora de la colisiónde la América de Obama con el imaginario fílmico deEastwood, quien no duda en detonar su propia leyenda desdedentro. Frente a la tragedia que ha provocado el código dela vieja escuela, el mito toma conciencia de que el tiempoha pasado por encima de él. En el transparente movimientode regeneración ética de Gran Torino, donde la poblaciónmultirracial toma por completo el destino del relato,resuena la metáfora de un país que se abre a una nueva yreconfortante era. A todo crepúsculo le sigue unamanecer.El día que decide intervenir en una pelea entreorientales que tiene lugar en su propio jardín marcará unpunto de inflexión en su vida que ya no tendrá vueltaatrás.Aprender de quienes crees que no puedes aprender nadaPor Juan Orellana · Libertad Digital. Con guión de NickSchenk, el último film del casi octogenario Clint Eastwoodnos cuenta la historia de Walt Kowalski, un veterano de laguerra de Corea, que acaba de enviudar. Es un hombreintratable, gruñón y amargado, que tiene una relación muytensa con sus propios hijos. De mentalidadultraconsevadora, está lleno de prejuicios hacia losinmigrantes de otras razas y para más inri en el barrioestá rodeado de orientales que pertenecen a la etnia hmong,del sudeste asiático.Clint Eastwood se libera de sus propias ataduras quedurante años le tenían anclado a una cierta visión oscuradel hombre y de la vidaClint Eastwood ha visto la luz. Después de visitar tantosinfiernos, Eastwood da el paso que no quiso dar en MillionDollar Baby. El paso redentor de llevar a su personajehasta las últimas consecuencias de una conciencia íntegra.Y lo hace en un film de tono ligero, inclusoinhabitualmente humorístico, de sencilla producción yplanteamiento estético convencional. Ahí precisamente esdonde Clint Eastwood demuestra su grandeza: en la capacidadde contar una gran historia de una forma sencilla y
    • desnuda. Incluso el personaje que él encarna es un héroevestido de antihéroe, que no da importancia a su propiagrandeza.Gran Torino es en el fondo una historia de maduraciónclásica, pero en un hombre de ochenta años. Una maduraciónque consiste en abrir la mente y aprender de quien creesque no puedes aprender nada. Como le espeta el personajedel sacerdote católico: “Sabes mucho de la muerte, pero muypoco de la vida”. Hay dos figuras clave en esterenacimiento de Kowalski, el citado sacerdote -el padreJanovich-, y la joven Sue (la debutante actriz Ahney Her).Los dos saben ver más allá de la opaca apariencia delinsoportable Kowalski, ambos ven su humanidad oculta y porello serán capaces de poner en marcha el nacimiento delnuevo Kowalski, en la línea paulina de paso del hombreviejo al hombre nuevo. Esta metáfora cristiana no estátraída por los pelos, ya que al final del film losreferentes iconográficos a Cristo son evidentes. Elcatalizador de esta redención del personaje —redenciónliteral en la escena del confesionario— es el joven Thao,“el Atontado” (interpretado por otro debutante, Bee Vang),un chico que encarna la maduración del adolescente. Thao esun acobardado chaval que es introducido por Kowalski a larealidad de la vida: el trabajo, las relaciones afectivas,la autoestima… y aprende de la vida y de la muerte lo quesu mentor sólo reconoce al final de su existencia.Son ya muchos los críticos que ven en la propuestaesperanzada y redonda del film un inconveniente o undefecto, como si de esta forma Eastwood se alejase de laseriedad perpleja de su cine anterior. Pero lo cierto esque el cineasta se libera de sus propias ataduras quedurante años le tenían anclado a una cierta visión oscuradel hombre y de la vida. Gran Torino, además de la cuestiónantropológica descrita, supone una invitación a superar losprejuicios culturales que los masivos movimientosmigratorios están generando en todo Occidente. Unasuperación que, si es verdad lo que propone el film, sóloes posible si se atiende a la común humanidad necesitadaque subsiste bajo cualquier tradición o capa cultural. Enfin, una oxigenante y muy estimable película.
    • ¿Sería posible que el director que pasa por ser el ÚltimoGran Clásico del cine americano hubiera transigido con laeterna requisitoria de la Warner para volver a encarnar,una vez más, al justiciero Harry Callahan?La respuesta es “El gran Torino”, una nueva, impresionante,maravillosa y angustiosa obra maestra de Clint. Una de esaspelículas que te encogen el alma, te dejan un nudo en lagarganta y te hacen salir del cine como en una nube,impactado y roto, preguntándote cómo es posible que eseoctogenario cabrón haya sido capaz de hacerlo una vez más:dejarte absolutamente devastado por dentro con una películaque le eleva un peldaño más en el altar de los grandes
    • maestros a los que adorar y rendir pleitesía, desde hoyhasta el día del juicio final.Y no. No es Harry Callahan el protagonista de la últimapelícula de Eastwood. Pero como si lo fuera. Porque elviejo, achacoso y malhumorado Walt Kowalski al que prestasus facciones el inimitable Clint bebe de buena parte deesos personajes a los que ha interpretado a lo largo de sucarrera, del inefable y cínico Harry al oscarizado yviolento William Munny, pasando por aquel ángel vengadorque fue “El jinete pálido” y, cómo no, por sus pistolerosde gatillo rápido y asquerosos escupitajos de tabaco demascar.De todos ellos hay en un Walt Kowalski que, desde elprincipio de “El gran Torino”, se gana el favor de unosespectadores que asisten, entre atónitos y divertidos, alviejo más políticamente incorrecto que recordarse pueda.Incorrecto e incómodo con sus egoístas hijos y nietos, consu párroco y, sobre todo, con la familia de asiáticos quevive en la casa de al lado.Arisco, violento y racista, por azares del destino, Walt seenfrentará a una banda de matones, ganándose elreconocimiento de la comunidad asiática que se ha idoinstalando en el barrio. Y, poco a poco, Kowalski se iráinvolucrando más y más en la vida cotidiana de unos vecinosa los que empieza a conocer y, por tanto, a respetar. Y, deinmediato, a querer más que a sus propios hijos.Hasta llegar al final.Lo siento, pero no puedo reprimir las ganas de escribirsobre ese final.Así que, querido lector, deja de leer desde ya si noquieres que te reviente uno de los finales más prodigiososde la historia del cine.¿Vale?¿Está claro? Voy a reventar el final de la peli en lossiguientes párrafos así que, si sigues leyendo, será bajotu responsabilidad.Un final apoteósico, ya lo hemos dicho. Todos esperábamos,por supuesto, una tormenta de sangre y fuego, made inEastwood, que acabara con los macarras que habían pegado yviolado a su joven y encantadora vecina.Pero no.
    • En uno de los finales mejor ideados de la historia delcine, jugando con toda la iconografía anterior que elactor/director lleva colgada a sus espaldas, lo que haceClint es fumarse un cigarrillo y convertirse en mártir,dejándose asesinar por los malos, para que estos seandetenido y encarcelados, única forma de interrumpir unaespiral de violencia que a nada bueno podía terminar deconducir.Si la idea hubiera sido de cualquier otro director, lahabríamos alabado, por supuesto. Pero viniendo de Eastwood,se convierte en el mejor testamento cinematográfico quecualquier director ha filmado en vida.Una inmolación, un suicidio ritual, un ajuste de cuentascon todo un pasado cinematográfico que se convierte en unmomento mágico, de una intensidad tan brutal que te hacedar gracias al cielo por haber sido testigo privilegiado deun hito cinematográfico imborrable y memorable por siemprejamás.Lo mejor: lo dicho en el último párrafo y la secuencia dela doble confesión de Clint, con el cura, primero; y con sudiscípulo, el AtonTao, después.Lo peor: además del doblaje de los chavales asiáticos,infecto; la noticia de que, posiblemente, nunca volvamos aver a Clint frente a una cámara. Aunque eso es,precisamente, lo que le da todo el sentido a estamaravillosa y memorable “El gran Torino”.