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Por una parte, encarnan la inocencia; por otra, recuerdan la sexualidad inherente en lainfancia.        Occidente ha espec...
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No obstante, es en el cine animado donde reaparece el dulce sabor de laidealización de arquetipos de hombres y mujeres que...
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Lolit@s. Esos pequeños objetos de deseo

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  1. 1. Lolit@s: Esos pequeños objetos de deseo Arquetipos hipereotizados Por Ángel Román Desde la aparición de la mujer en el escenario social, se le ha representado demuchas maneras para postergar su estatus sexual en el imaginario masculino. La culminación de un paisaje hipersexualidado, que enlaza la belleza con lajuventud, tiene como cruce de caminos la figura de la lolita. Imagen que representa porsí misma la construcción de una idealización sexual truncada sobre los parámetros de laemergencia de la liberación femenina. Desde la configuración de una inocencia etérea, la sexualidad femenina haevocado paisajes en el imaginario visual que van desde la represión más misógina, hastala liberación más absoluta. Así, la cosmovisión de una mujer se forja sobre la identidadsexual masculina que pretende emular una perdición erótica y eyaculadora. Las lolitas proceden del mundo clásico, más en concreto de las ninfas, seresmitológicos femeninos que mantienen un libre albedrío sexual más allá de la voluntadmasculina. En otras palabras, son representaciones de mujeres que mantienen relacionessexuales más allá de los límites prefijados culturalmente. Empoderan su libertad enfavor de la conquista de su propio deseo. La complejidad de las lolitas entronca con la delicada frontera que personalizan.
  2. 2. Por una parte, encarnan la inocencia; por otra, recuerdan la sexualidad inherente en lainfancia. Occidente ha especulado con la niñez como un hecho inconsciente de lohumano, espacio metafórico de la esencia que nos define. Contenedor puro, peroabstracto. En tan solo un siglo hemos pasado del “hombre es un lobo para el hombre” deHobbes, en pleno siglo XVII, a decir que “el hombre es bueno por naturaleza” deRousseau, a finales del XVIII. Diferencias en el trato de lo humano que marcan elcompás de un mundo que se torna cada vez más civilizado (entiéndase esto comourbano). Sistemáticamente se ha acorralado a la infancia como ese refugio donde eladulto gira hacia atrás su mirada para aplazar el acceso al mundo adulto. Desde finales del siglo XIX, ya no se mira igual a la infancia, Freud diseñó yalteró radicalmente la sexualidad humana, calificándola de permanente. El sexo escongénito desde el nacimiento. Una brecha que ha cimentado un tabú en la civilizaciónoccidental incuestionable sobre la sexualidad infantil, y su lado más perverso, lapedofilia y/o pornografía infantil. Pero no se miró de igual manera la sexualidad de laniña que la del niño.Fig. 1, 2, 3: Louise Brooks interpretando a Lulú en Pandora´s Box (Die Büchse derPandora, Dir. Georg Wilhelm Pabst, Alemania, 1929) La sexualidad de las mujeres en el siglo XX ha vivido bajo múltiples capas,todas ellas supervisadas atentamente por la mirada del varón. Pero el lolitismo que vivela cultura occidental me obliga a reflexionar sobre la figura de la mujer-niña en loscontextos visuales modernos. Una infancia edulcorada bordea mi mente actualmente con el sabor de que lostiempos pasados fueron mejores, encerrando un misterio, por considerar que los sueñosse instalan en los primeros años de nuestra vida, para después convertirse en pesadillas.Es como imaginar un futuro retorcido por los recuerdos de una niñez devorada por elplacer de una nostalgia melancólica. Es la infancia el sitio de mi recreo –palabra deAntonio Vega- donde el mundo adulto en pleno siglo XXI posiciona su madurez. Existeun intento sexual-político-social-cultural normativo que apesta a negación temporal,¿será que Occidente se siente viejo y necesita retratarse joven? Desde las pasarelas de
  3. 3. moda, la cosmética, la publicidad, pasando por los medios de comunicación, el cine o eltrabajo, hasta incluso por las propias industrias funerarias, se insta a representar unajuventud idealizada y recauchutada. La era de la imagen en el nuevo milenio essinónimo de lolita. La retroinfantilidad del imaginario femenino que recorre todos los ámbitos delarte desde mediados del siglo XX, tuvo como erupción primigenia la novela deVladimir Nabokov, Lolita (1955). Obra fundamental de la conciencia de la sexualidaden la infancia de una joven de 15 años. Paglia (2001:249), respecto a la novelamenciona que, fue como una granada de mano arrojada en mitad de los cincuenta, quehizo pedazos la relación tranquila, establecida y despreocupada entre padres e hijos. EnLolita, prosigue, Nabokov creó un personaje que llegaría a simbolizar la eliminación, enlas décadas finales de este siglo, de la línea que la historia había trazado entre lainfancia y la sexualidad adulta. Medio mundo se quedó boquiabierto al contemplar como sus hijas dejaron de serniñas para convertirse de golpe y porrazo en mujeres con unos fuertes deseos de gustar(sexualmente). Nabokov creó al personaje de Lolita, pero bien es cierto, y esto no es citado porPaglia, que el arquetipo no vino precedido de la nada. Antecedentes del mundo de lamoda y del cine confirman que las mujeres han conquistado su libertad a través de latransgresión de su propio cuerpo (por visibilizarlo u ocultarlo), de los límites impuestospor los dictámenes de la cultura masculina. Establezco el cambio en la frontera del siglo XIX al XX, donde el espaciohistórico y cultural de la mujer alcanza verdaderamente su madurez estética, paraposicionarse como objeto consciente de deseo sublimado. Uso el término “consciente”pensando en el psicoanálisis y en las vivencias propias del sujeto. Sus teorías, sumadas alos cambios sociales tan profundos, derivados de las transformaciones tecnológicas, hanocasionado que la mujer reivindique sus derechos, no solo político-culturales, sinotambién sexuales y/o corporales.Flappers, las prelolitas Uno de las primeras imágenes del nuevo despertar de la mujer “libre” es ladenominada flapper. Un tipo de mujer, que a través de su forma de comportarse yvestirse, se atreve a conquistar el espacio social predominantemente masculino con unaasombrosa osadía de libertad sexual. La flapper, una palabra de origen inglés, quesignifica adolescente impúber, manifiesta con su comportamiento y vestimenta unaemancipación del varón. La primera característica de ellas es la supresión del uso del corsé (elemento dela moda que forma la típica cintura de avispa), dotando de una gracia y una movilidadinusual en la mujer a principios del siglo XX. Siempre con pelo corto, vestidos quedejan entrever el cuerpo, fumando y muy maquilladas, son algunos rasgos que lesacompañan. Louise Brooks, Theda Bera o Clara Bow lideran un escenario perfecto paraemerger una imagen de mujer moderna y liberal. Es como si se tratara de una reactualización de las ninfas, pero detrás de ellassiempre queda impregnada la huella de su juventud, inocencia e inexperiencia. Unaresistencia visual y estética que les niega el acceso al mundo adulto. Una imageningenua, quizás, pero caprichosa de conquistar el espacio público. En definitiva, ninfas, flappers y lolitas comparten el mismo estigma castrador, yes el de inconsciencia, de que son mujeres que no saben al 100% lo que hacen, sonimágenes-conceptos de chiquillas que cometen locuras, pero no suponen un peligro al
  4. 4. orden social establecido dentro del pensamiento masculino. No son totalmente mujeres,imitan serlo, pero no lo son (no les dejan serlo, por el peligro que supone vivir con tallibertad).Del cine al cartoon. Fantasías sexuales dibujadas. Betty Boop es una de las primeras flappers de la historia del cine animado,surgida a principios de los años 30. No es casualidad que sea precisamente el dibujoanimado donde aflore la estimulación visual de hombres adultos que observan lasfantasías con cierta distancia. Son ficciones que no tienen un convergencia con lo real,por eso no infringen las leyes.Fig. 4: Blanca Nieves y los siete enanitos (Snow White and the Seven Dwarfs, DavidHall, William Cottrell, Larry Morey, 1937) Betty Boop, a diferencia de Minnie Mouse, reveló su sexualidad sin pudor,aspecto que puso en alerta a más de un hombre. Pero también otras bellezas infantilespusieron cierto acento sexual a su diseño como: Blanca Nieves y los siete enanitos(Snow White and the Seven Dwarfs, David Hall, William Cottrell, Larry Morey, 1937)Deseos animados que configuran una idea “inocente” de la sexualidad en el occidentecontemporáneo sin presuponer que te gustan los/as niños/as.
  5. 5. Si la homosexualidad no fue solamente un tabú en las sociedades industriales,sino también fue tratado como un estigma y una enfermedad, con la llegada de lassociedades tecnológicas el problema se sitúa desde esferas de la pedofilía. Lasexualización de los dibujos animados no es algo nuevo, los japoneses con el Hentai yalo llevan haciendo desde hace bastante tiempo. Lo que sí es transgresor es el hecho deempapar todo los procesos de lo real al terreno de la juventud, un lolitismo preocupante,y no solo por ensalzar la sexualidad en la adolescencia, sino conformarla como norma. La erotización de la juventud me parece un tema preocupante en la cultura delexceso en la que vivimos inmersos. Además de inyectarla sexualidad, se le une con unconsumismo materialista, que junto con la ciencia biológica, hace posible una inmersióntotal en los valores que atacan los propiamente lo humano; la mortalidad. Juegos publicitarios y comerciales que asumen el reto de consumir la juventudcomo un estado prolongado. Peligrosa es la sociedad que hace del tiempo unexperimento vital estancado. Verdaderamente son tiempos del Kit-Kat, del paréntesisprolongado y que solo habita por y para el presente, olvidando el pasado y el futuro. Elahora ya no es el típico carpe diem moderno, en la actualidad adquiere tintes destreaming posmoderno. No es nada casual que las lolitas nacieran con los procesosindustriales altamente reproducibles; con el fordismo a mediados del siglo XX. Inevitablemente estamos en una época de trata de blancas de la juventud, pero enversión lolitas.Fig. 5: Laura Palmer, personaje creado por David Lynch para la serie de televisión TwinPeaks (1989/1990)Lolitas/lolitos posmodernas/os. Violación consumada A principios de los noventa quedé impresionado por una joven adolescentellamada Laura Palmer. Un ser totalmente consumido por su dolor. Siempre pensé que lamadurez iba a producirme un malestar congénito general, pero estaba totalmenteequivocado. Ahora es cuando veo con más claridad el presente, si lo proyecto sobre unainfancia imaginada. Con solo diez años de separación aparece en el imaginariocolectivo, la cara opuesta de Laura Palmer, Amélie Poulain. La verdadera imagen realde la inocencia del siglo XXI.
  6. 6. No obstante, es en el cine animado donde reaparece el dulce sabor de laidealización de arquetipos de hombres y mujeres que aspiran a consolidarse comodobles de Peter Pan. Y no en el cine real, Palmer y Amélie son la cara macabra de unamisma moneda, una transición al mundo de los adultos expiada por dos caminosdistintos y que son; el dolor y la fantasía. Dos opciones que liberan una misma tensión:salir de la intimidad propia para posicionarse en la esfera de lo social. El estudio de animación Pixar es víctima y culpable de una apreciación de laspoluciones cinemáticas desde un punto de vista peculiar, cuyo fenómeno social radicaen entender la infancia como un lugar mágico de los sueños de los adultos. Y esto essinónimo de NO QUERER CRECER. Borra y difumina premeditadamente el espacioque media entre uno y otro, y si no existe una transición, la confusión en brutal. Suspelículas son sospechosas de perseguir una infancia, entiéndase esto como inocencia,cómplices de un autoengaño formulado con las buenas intenciones de la filosofía delamerican way of life. Desde la saga de Toy Story hasta Buscando a Nemo, pasando por Up, ponen unacento muy marcado en hallar la huella de una identidad aplazada en la aurora de unpasado idealizado. Películas que marcan el shock de un futuro de una sociedaddesquiciada por la búsqueda del sabor del buen recuerdo, reteniendo en una neblinasimulada una negociación frustrada entre la infancia y la fantasía. Aspectos, que unidosa las teorías de Jean-Jasques Rousseau, “el hombre es bueno por naturaleza”,reinventan desde una memoria de un dibujo animado (cartoon), la capacidad dereelaborar el pasado con una mirada optimista. Porque desde la ciencia de la psicologíase mantiene que la memoria es selectiva y los humanos tendemos a seleccionar aquellosque nos transmite satisfacción. Monster, S.A., Los Increíbles o Ratatoille, rondan la infancia desde un aspectosublimado, pero no realista. Introducen en su narrativa interna el sueño comomecanismo de defensa en la experiencia vital. Hemos pasado en tan solo un siglo, de la no protección de la infancia a ladefensa a ultranza como un derecho natural en las sociedades modernas. El cine de animación de la factoría Pixar tiene como objetivo testimoniar elespejismo de un mundo adulto que se precipita al vacío, al considerar lo real desde unaperspectiva imaginaria, donde la palanca de apoyo en el recuerdo afianza las relacioneshumanas sin ser perversas y malvadas. Toy Story es la historia en tres películas del abandono del objeto de deseo (susjuguetes) de un niño hasta su partida a la universidad, que son sus juguetes. BuzzLightyear y Woody representan el punto de anclaje del recuerdo de un mundo a puntode extinguirse, y que hacen lo imposible para que nada cambie (permanecer al lado delcariño de su dueño). No hay prueba más inolvidable para una persona que el momentode abandonar a sus juguetes, para jugar con “otros”, los propios del mundo adulto. Con Wall-e se busca la idea de amor idealizado y romántico, poco realista. Unsíntoma donde la emoción no ha madurado. E igualmente ocurre con Cars, unprotagonista niño-coche, que como buen infante, no tiene empatía social, ni ve más alláde su propia mirada. En las películas de Pixar, ambas realidades se confunden, todas sus historias secentran en la versatilidad de las esferas de los adultos y de la infancia. Se contaminanhasta llegar en una lucha encarnizada donde no se sabe muy bien donde acaba una ycomienza la otra. Por esta razón impactan tanto, porque prolongan, mimetizan y proyectan esaidea tan extraña que dice; “busca al niño que habita en ti”, una excusa para declinar
  7. 7. responsabilidades, además de formalizar una estructura en el pensamiento moderno debuscar en la inocencia (pureza) todo principio de verdad. En un mundo repleto de gente que tiene terapias psicoanalíticas y sesionesinterminables de regresiones a la infancia, es lógico pensar que el yoísmo narcisistacontemporáneo y occidental necesite de una buena dosis de imágenes que nos trasladena los brazos de papá y mamá. Sobre ese flashback visual asistimos al redescubrimiento de un lugar seguro quenos transmite los espacios reconocibles de lo familiar. Olores de una niñez, juegos queemulan confianza, juguetes táctiles y suaves, ambientes cálidos y tranquilos. Un síntomade una enfermedad de este tiempo, y que todo ser humano poseemos, es la incapacidadde cuestionarnos frente al espejo de la vejez, una y otra vez. Te echo de menos Laura Palmer por representar de manera sublime la violacióndel padre (símbolo del poder establecido) sobre sus congéneres. La lolita dejó de ser unobjeto de deseo para ser un sujeto sexuado, penetrado y sexual, algo que no se atrevió amostrar ni Kubrick ni Nabokov. Ni tan siquiera, el Tadzio (el reverso masculino deLolita), de Luchino Visconti se atrevió a tanto como lo hizo Lynch.Sexualidades emergentesLolitas/os conscientes, pero ficticias/os Desde la eliminación del corsé por las flappers han ocurrido muchas cosas, laprimera es la vuelta de una nueva imagen de mujer, que gracias a la película de StanleyKubrick, Lolita, se antoja sospechosamente carnal-sexual (y en movimiento). Lasegunda es la emergencia de los dibujos animados en el imaginario adulto. La tercera, yla más importante y/o preocupante, la liberación femenina no ha traído la paridad derepresentación visual de géneros, es más, ha eclosionado un sexismo pornográfico yobsceno. Cuarta, por fin se ha liberado el término lolita para designar a este tipo demujeres, ahora existen también lolitos. Si a esto, añadimos la cultura de los videojuegos y la animación, se forja unpolvorín iconográfico altamente sexual, destinado para el consumo de contenidos parahombres. El mundo lolit@ salpica a todas las áreas multimedia del mercado global. Perorealmente ¿qué nos quiere decir está modernización de las ninfas? ¿Es exclusivamenteuna puesta al día de viejos mitos? O por el contrario, existe una idea subliminal detrásde todo ello. Personalmente me decanto por entronar a la imagen de lolit@ como ese tipo demujer/hombre que ha conquistado su libertad sexual en los espacios ficticios, pero nolos reales. Un lolitismo cultural procedente del imaginario adulto, y que vertebra toda lasociedad, recreándose en el ideal de juventud como forma de vida establecida, justo enun momento en el que Occidente posee la población más envejecida del planeta. Estanegación de la arruga tiene, como primera consecuencia, una regresión por problemasno resueltos; y como última, perpetuar la legitimidad de la imagen superficial de laapariencia, sin que refleje el paso del tiempo, las tensiones o la clase social-económica ala que pertenece, en definitiva, es el paradigma de la Democracia, todos iguales pero sinserlo, aunque se pretende conseguirlo.
  8. 8. Fig. 6: Tadzio es un personaje creado por Thomas Mann en su novela Muerte enVenecia (1911), y que fue llevado al cine, con el mismo nombre, por Luchino Viscontien 1971. La cultura lolita produce un impacto sobre el concepto de juventud queenvenena la esperanza del paso del tiempo como un hecho tremendamente humano.Enfatiza una especie de falsa eternidad hecha a la medida de la civilización que laconstruye. Además representa simbólicamente la fe ciega que el género humano deposita enla ciencia mediante la angustiosa batalla contra el envejecimiento. Pero la idea quesubyace por debajo es la del PODER que otorga el sexo, el deseo y derivados. Y no alrevés como se piensa, el lolitismo no es transgresor porque usa el poder como arma dedominación, en vez de utilizar el sexo como un acto de perversión ética y moral querompa las normas establecidas.Bibliografía:PAGLIA, C.: Vamps & Tramps. Más allá del feminismo. Editorial Valdemar. Madrid,España, 2001.

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