BRUJERIA, MITOS Y REALIDADES

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Calumniadas e idealizadas por igual, las brujas forman parte del imaginario colectivo de los europeos, también del resto de los continentes, pero es en Europa donde la leyenda ha oscurecido la historia real...

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BRUJERIA, MITOS Y REALIDADES

  1. 1. BRUJERÍA MITOS Y REALIDADES
  2. 2. BRUJERÍA, MITOS Y REALIDADES “Yo te conjuro por Barrabás y por Satanás, a que me digas la verdad de lo que te voy a preguntar” Fórmula de invocación infalible para alcanzar la intervención de oscuros poderes sobrenaturales con el fin de obtener la clarividencia. TORQUEMADA SÁNCHEZ, Mª Jesús. La Inquisición y el Diablo: supersticiones en el siglo XVIII. Ed. Universidad de Sevilla. Servicio de Publicaciones, 2000. Introducción, p. 17
  3. 3. BRUJERÍA, MITOS Y REALIDADES “Gustosas son las leyendas oídas a la orilla del fuego en una noche de invierno aldeano, pero más gustoso es llegar a trazar un exacto perfil, un dibujo ajustado de algo real. Agradable es sentirse entre los buenos frente a los malos, pero más agradable es llegar a abandonar los bandos encontrados y alcanzar una mayor comprensión de las actuaciones humanas.” Julio Caro Baroja CARO BAROJA, Julio. Inquisición, brujería y criptojudaísmo. Ed. Galaxia Gutenberg, 1996.
  4. 4. BRUJERÍA, MITOS Y REALIDADES “Desde Sherezade hasta nuestras abuelas y nuestras madres, las mujeres han almacenado historias, han sido geniales narradoras de historias.” Esther Tusquets Sherezade visitaba al sultán cada noche y gracias al arte de sus relatos no sólo logró salvarse, sino salvar la vida de cuantas muchachas habrían tenido que sucederle en su lecho... “[…] ¿Son peligrosas las mujeres que leen? Uno de los argumentos a favor de esta tesis es la frecuencia con que los hombres, a lo largo de siglos, la han suscrito y han actuado en consecuencia, coaccionando y vigilando a las mujeres para que leyeran lo menos posible y para que sólo leyeran lo que ellos elegían para ellas. Durante siglos se dificultó, pues, el acceso de la mujer a la lectura y se le prohibieron determinados libros. En 1523, el humanista español Juan Luis Vives aconsejaba a los padres y maridos que no permitieran a sus hijas y esposas leer libremente. «Las mujeres no deben seguir su propio juicio», escribe, «dado que tienen tan poco»”. BOLLMANN, Stefan. Las mujeres que leen son peligrosas. Maeva Ediciones, 2006.
  5. 5. Índice Introducción ................................... 6 Brujería, mitos y realidades……….. 14 Procesos inquisitoriales famosos...… 52 Glosario……………………….…… 61 Expertos en brujería.………….…… 64 Curiosidades.………………….…… 72 Referencias ……………………...... 84
  6. 6. INTRODUCCIÓN Todas las citas bíblicas han sido tomadas de la edición de la Biblioteca de Autores Cristianos (B.A.C.), la Editorial Católica, edición de 1961
  7. 7. Introducción Las normas que han regido –durante siglos, durante milenios– las vidas de las mujeres las han reducido al ámbito asfixiante del hogar y la maternidad. Y cuando –desde la prehistoria hasta fechas muy recientes– las mujeres parían doce, trece, veinte hijos, de los que sobrevivían a veces muy pocos, no les quedaba, aparte de lo que establecieran las normas, tiempo ni espacio para nada más. No debe de ser casual entonces que ninguna de las grandes novelistas inglesas del siglo XIX tuviera hijos. Esther Tusquets. Las mujeres que escriben también son peligrosas de Stefan Bollmann p. 9 Calumniadas e idealizadas por igual, las brujas forman parte del imaginario colectivo de los europeos, también del resto de los continentes, pero es en Europa donde la leyenda ha oscurecido la historia real. En la Edad Media se organizó en este continente una cruenta cacería con el fin de exterminarlas. Desde el sur hasta el norte y desde el este hasta el oeste, las brujas fueron perseguidas, capturadas y muertas. Sería el Santo Oficio, fundado en 1542, el encargado de extirpar de las últimas almas endemoniadas, el mal que se alojaba en sus cuerpos y en sus mentes, por medio del fuego. La historia de la brujería y la de la Iglesia medieval y moderna están inextricablemente unidas. Ésta es la otra historia de las brujas, la que nos habla de hechos, de personas de carne y hueso, pero también de mitos, de leyendas mágicas que se sitúan dentro de un amplio y complejo contexto histórico. Ofrecer una síntesis de la totalidad de la historia de la brujería en la Europa occidental, su aparición y el estado actual de la misma, así como sus creencias y costumbres, y su larga y devastadora contienda con la Iglesia católica no es posible en este trabajo. Sin embargo, es posible acercarse a su historia con una mirada atenta y curiosa que es la que viene a provocar la sola mención de una herejía que ha ejercido su extraña fascinación a través de tantos y tantos siglos…
  8. 8. Introducción A principios del siglo XI, las jerarquías eclesiásticas de Europa occidental no tenían ninguna experiencia propia de la herejía. Lo que sabían lo habían aprendido de los libros, por encima de todo de los de san Agustín, que había escrito sobre las distintas formas de la herejía, había sido oyente de los maniqueos y, como obispo de Hipona en el norte de África, había tenido que enfrentarse con los donatistas. Su actitud hacia el uso de la fuerza, moldeada por su experiencia, tuvo una importancia decisiva para el desarrollo de la represión en Occidente. Los eclesiásticos también conocían lo que había escrito san Pablo en su segunda epístola a Timoteo, cuando asoció las herejías con los peligros de la inminencia del fin del mundo. Has de saber que en los últimos días sobrevendrán tiempos difíciles, porque habrá hombres egoístas, avaros, altivos, orgullosos, maldicientes…, traidores, hinchados, amadores de los placeres más que de Dios, que con una apariencia de piedad niegan su poder. Guárdate de ésos, pues hay entre ellos quienes se introducen en las casas y se captan el ánimo de mujerzuelas cargadas de pecados, que se dejan arrastrar de diversas concupiscencias, que siempre están aprendiendo, sin lograr jamás llegar al conocimiento de la verdad.” II a Timoteo 3, 1-7 Herejía y herejes eran palabras llenas de oscuros augurios, pero siguieron siendo meramente palabras, con las Edades Oscuras proporcionando una especie de tabula rasa para la ortodoxia. El catolicismo triunfó y el arrianismo desapareció. Seguía habiendo enemigos de la fe, pero adoptaron la forma de la superstición y el paganismo: las únicas herejías que se podían encontrar o eran obra de teólogos individuales o las peculiaridades casuales de predicadores rústicos carentes de instrucción teológica.
  9. 9. Introducción No hay constancia de ninguna herejía después de la muerte de Luis el Piadoso y la disolución del Imperio carolingio. Cuando, en la primera mitad del siglo XI, la herejía reapareció en una serie de episodios, a menudo insuficientemente registrados en las crónicas o los procedimientos de los Concilios, las autoridades eclesiásticas se alarmaron y no supieron qué hacer. A partir de sus conocimientos librescos, la herejía que más conocían y temían era el maniqueísmo, una religión universalista originada en Persia el siglo III a partir de las enseñanzas de Manes, cuyos seguidores, intensamente odiados por las autoridades imperiales romanas, en parte debido a su miedo a Persia, habían sido castigados con severas penas, la de ser quemados vivos entre ellas. La instrucción que recibían los eclesiásticos los induciría a creer que la herejía era un acompañamiento normal, si bien inspirado por el diablo, de la vida de la Iglesia. Así, para Raúl Glaber, en el año 1034, la aparición de la herejía era uno de los signos de la proximidad del fin del mundo: este crédulo cronista de Cluny escribió sobre los herejes en una vena apocalíptica, usando con toda libertad términos como insania, posesión diabólica y similares cuando se refería a sus líderes y predicadores. Las descripciones de dos episodios heréticos que da en sus Histoires surgen de una visión coherente, si bien marcadamente ahistórica, de su propia época. Eran obra del diablo actuando a través de sus agentes: en ambos casos, el mal había obrado a través de mujeres, las hijas caídas de Eva. La herejía era una forma de locura contagiosa, propagada «mediante la seducción y la magia». El Diablo engañaba a la humanidad, prometiendo espléndidas recompensas, pero todas sus promesas habían resultado ser engaños y terminaron en la muerte: fueron quemadas vivas, acusadas de poseer vicios secretos y realizar prácticas mágicas… En los siglos XI y XII los vicios secretos llegaron a ser atributos naturales de todos los herejes en general. LAMBERT, Malcolm. Las pequeñas zorras (en La otra historia de los cátaros. Planeta DeAgostini, 2005)
  10. 10. Introducción La intransigencia dogmática del cristianismo medieval convertía en "hereje", con las peligrosas consecuencias prácticas que de ello se derivaban, a todo creyente inconformista y a toda aquella que no creyese en sus dogmas. Esa intransigencia religiosa llevaría a la jerarquía eclesiástica a intentar silenciar durante la Edad Media cualquier disidencia interna. Cuando el cristianismo hubo alcanzado la hegemonía social en Europa, puso en marcha una implacable represión contra tales disidentes, cuyo instrumento más eficaz sería, con el tiempo, la Inquisición. Después de que el cristianismo se convirtiese en religión oficial del Imperio, los acontecimientos determinaron también la forma en la que la Iglesia medieval afrontó la herejía. Tras la conversión de Constantino, los cristianos tuvieron el poder efectivo del Estado y, pese a algunas indecisiones, lo usaron para imponer una uniformidad de creencias. Tanto en la parte oriental como en la occidental del imperio se ordenó que los herejes pertinaces fuesen enviados al exilio, marcados con hierro candente, confiscados sus bienes o condenados a muerte. Tales disposiciones sobrevinieron a la caída del Imperio, así como la presunción del derecho de la Iglesia de recurrir al Estado para combatir la herejía.
  11. 11. Introducción La oposición del judaísmo y cristianismo como religiones representativas de dos sociedades en una época de la Historia peninsular ha quedado grabada en nuestro recuerdo a través de los documentos escritos. Una de estas sociedades, la cristiana, dispuso del monopolio del poder político y puso en marcha una máquina represiva implacable, el hondo drama a que dio lugar tal represión, por una especie de ley histórica de fatales resultados, se repetiría luego, más modernamente, en el espacio y en el tiempo. La otra, la sociedad judía (transformada previamente en una colectividad de conversos) se vio perseguida hasta la extinción, al tiempo que, como cuerpo social, provocaría una gran preocupación a sus coetáneos españoles de todas las regiones. Algunos ritos y mitos del folklore español se asemejan sorprendentemente a las creencias y prácticas de la antigüedad clásica. No debemos, por tanto, olvidar que las características de la magia negra en el mundo grecolatino, la hechicería femenina entre los pueblos germánicos y eslavos, la adoración del demonio en la Europa medieval, la extensión de la práctica del «sabbat» a partir del siglo XIV, la brujería vasca en el siglo XVI y los grandes procesos inquisitoriales de comienzos del XVII (como el de las brujas de Zugarramurdi), la crítica de la Ilustración a la concepción mágica del mundo, la persistencia en el siglo XX de ese género de creencias dentro de sectores rurales colindantes con centros urbanos e industriales altamente desarrollados, etc., existieron solamente en la imaginación de sus creadores, pero que bajo un marco común forjaron acusaciones idénticas para apresar y juzgar a infinidad de mujeres que terminarían siendo condenadas a perecer en la hoguera. Todo ello resulta especialmente útil para descubrir la función que las creencias mágicas desempeñaron en las distintas sociedades y mostrar el carácter cambiante y elástico que para los hombres de diferentes épocas y culturas tuvieron ,y aún tienen, las fronteras de la realidad…
  12. 12. Introducción Figuras institucionales, personajes históricos de la Europa medieval, funcionarios de la España de los Austrias… Hombres que de un modo u otro aportaron a la causa herética su grano de arena en una playa artificial del imaginario colectivo. «Cada palabra relacionada con títulos, cargos, oficios, profesiones y tareas humanas predispone, instintivamente, a una toma de actitud ante lo que es designado por ella», escribía Caro Baroja en su clásico El Inquisidor y otras vidas por oficio, descubriéndonos y describiéndonos en el interior de cada hoja las biografías ajustadas a los hechos de estos arquetipos medievales, examinando el estilo de vida de esos funcionarios permanentes de la Inquisición, los criterios seguidos para su incorporación y promoción, y las formas de actuación del Santo Oficio. También buceaó Caro Baroja, en éste y otros de sus libros, en el mundo de magos, hechiceras y astrólogos de nuestros siglos XVI y XVII, acercándonos a unos hombres y mujeres que son muestra de la frustración de aquella sociedad, asentada ella misma en unos presupuestos mágicos.
  13. 13. Introducción ¿Qué es una bruja, una hechicera? ¿Cómo han atravesado estas figuras femeninas la historia cultural de Occidente y se han transformado? Basadas en obras literarias y artísticas, las brujas no fueron sino la proyección del miedo que el hombre sentía hacia la mujer, sobre todo hacia cierto tipo de mujer:.. “Su figura era temida, objeto maligno, infectado y de ella siempre se tenía una velada desconfianza. Una permanente sospecha planeaba sobre ella y su comportamiento…” Las mujeres que aparecen en la historia se muestren como seres malignos generadores de desgracias o provocadoras de catástrofes, padecen la historia más que hacerla. Son sus accesorios, los elementos pintorescos y decorativos, sus victimas lastimosas o sus servidoras perversas. Las mujeres en posesión de ciertos saberes, habiendo adquirido por medio de diversas vías sus conocimientos, todos los cuales les estaban permitidos sólo a los hombres, supusieron un problema social, político y religioso que intentó atajarse silenciándolo… RODA, Paco. La Historia de las mujeres: la mitad desconocida. 1995
  14. 14. Brujería, mitos y realidades
  15. 15. Brujería, mitos y realidades La brujería quedó incluida en el campo de acción de los inquisidores y se compiló todo un cuerpo de supuesta información sobre la naturaleza y los poderes de las brujas y sus tratos con el demonio, así como los medios para detectarlas. Desde la Vox in Rama de Gregorio IX, que daba un sello de autoridad a las calumnias dirigidas contra las mujeres herejes, se abrió un camino que llevó hasta el Malleus maleficarum, la Biblia de los cazadores de brujas, y a la obsesión por la brujería que perduraría durante toda la Reforma, ennegreciendo por igual la reputación tanto de los católicos como la de los protestantes. Los perseguidores no eran sádicos, sino concienzudos administradores y diligentes policías que se enfrentaban más a los hechos de los encuentros heréticos que a las creencias de los sospechosos que comparecían ante ellos; pero estaban dirigiendo un sistema que recompensaba y elogiaba al fisgón y al espía, y que tendía a corroer a toda la sociedad con el ácido de la sospecha. La fuerza importaba y aunque, en las primeras fases, la predicación preliminar y el período de gracia dentro de una inquisición combinaron la fuerza con la persuasión, y a pesar de que los papas del siglo XIII pudieran haber creído que los procedimientos inquisitoriales eran un mero expediente temporal para enfrentarse a una crisis de fe, de hecho habían creado una maquinaria terrible que acabó desarrollando una vida propia. Los peligros de injusticia inherentes al procedimiento de la inquisitio se volvieron aún más obvios cuando, en interés de la eficiencia y la celeridad, se prescindió de toda salvaguarda para los acusados. El inmenso poder discrecional conferido al inquisidor y la ausencia de facilidades para la defensa o derechos practicables de apelación daban oportunidad al sádico y al fanático y, aplicados a la cuestión envenenada de la herejía, con el paso del tiempo acabaron engendrando una auténtica policía del pensamiento y dieron ocasión a la fabricación consciente o inconsciente de herejías, como en el caso de la hermandad del Espíritu Libre.
  16. 16. Brujería, mitos y realidades Si recurrimos a hallazgos arqueológicos recientes –como los textos de Nag Hammadi y los Rollos del Mar Muerto– y hacemos un análisis desde el punto de vista de la historia del arte de Goya y otros pintores, de la interpretación de símbolos y de la criptografía, la brujería entreteje varias hebras originadas en los informes científicos y arqueológicos de nuestro tiempo. Al hacerlo, la historia de la brujería esboza los elementos de la mayor historia de detectives jamás contada: vivimos en una era en que se está descubriendo la auténtica evidencia sobre los orígenes humanos, así como sobre los orígenes de las ideas y creencias. El viaje de autodescubrimiento del historiador es en realidad análogo al que los lectores llevan a cabo. Las personas que habitaron la tierra en aquella época, pensaron esos pensamientos, practicaron esas costumbres. Lograr compartir los atisbos que pueden haber experimentado las mujeres sabias que se sentaban en el desierto hace dieciséis siglos o junto a la chimenea hace apenas trescientos años es una experiencia sorprendente. Descifrar sus códigos, sus saberes, sus costumbres y conocer sus vidas, sus historias y a sus descendientes, nosotras, es como descubrir nuestro ADN cultural. Con las nuevas investigaciones y nuevas herramientas científicas, bien podríamos enterarnos de lo que ellas nos trataban de decir –si es que estaban tratando de decirnos algo… Si retrocedemos en el tiempo, con ayuda de esos documentos, nos daremos cuenta de que hubo un período en el cual los signos y símbolos visuales eran muy importantes, tanto como puedan serlo para nosotros en la actualidad los iconos del ordenador… Y no es ésta la única similitud entre el pasado de aquellas mujeres y nuestro presente, pues cuanto más nos adentramos en los libros, ya sean de literatura o rigurosos ensayos y estudios acerca de las mujeres, más fuerte y más intensa e la sensación de ser asaltada por una avalancha de alusiones y metáforas a la brujería…
  17. 17. Brujería, mitos y realidades Aunque ya existiesen evidencias de represión por herejía, no fue hasta mediados del siglo XV cuando comenzó la denominada "caza de brujas", la eliminación sistemática de un nuevo tipo de herejes supuestamente aliados con el Diablo. Imagen que se forjó por obra de teólogos y juristas. Las mujeres cultas, desobedientes o sólo contrarias al dogma eclesiástico pasaron a ser brujas, seres poseídos por demonios que participaban de rituales satánicos. Pese a que aquello sólo existía en la imaginación de sus perseguidores, la caza de brujas condenó a muerte a miles de mujeres… La Europa cristiana medieval coincidió con una fuerte división y crisis religiosa. Incontables mujeres fueron juzgadas y condenadas sin haber cometido delito alguno que se pudiera demostrar. Sentenciadas a penas de muerte por crímenes imaginarios. El Santo Oficio fue el tribunal más implacable de toda Europa. Estas persecuciones tuvieron sus detractores ya entre sus propios miembros a mediados del siglo XVI. En España se organizó (Granada, 1526) un encuentro de juristas para discutir aquellos supuestos actos que se estaban atribuyendo a las brujas. Se llegó a la conclusión de que muchas de las sentencias, así como de las confesiones eran erróneas. Las acusadas de brujería habían sido torturadas previamente por jueces seglares y algunas condenas eran fruto de procesos que se habían producido de forma clandestina al margen de la Ley, como lo sería posteriormente el caso de los "estatutos de desaforamiento“, aprobados en Aragón ya en la Edad Moderna. A las denominadas brujas se les atribuían todos los males, y todo tipo de poderes sobrenaturales, se les hacía responsables de las malas cosechas, de las enfermedades, de la muerte, de la impotencia masculina, etc. Todo ello era alimentado, en gran parte, por leyendas ancestrales, tradiciones locales y un hondo temor hacia las hechiceras que provenía de narraciones como la de "El asno de oro de Apuleyo", en el que una hechicera se dedicaba a las artes ocultas, se convertía en búho y salía volando por la ventana después de haberse aplicado algunos ungüentos…
  18. 18. Brujería, mitos y realidades Fue a finales de la Edad Media, cuando aquellos seres fantásticos se encarnaron en la forma de mujeres que, por ejemplo, podían cruzar el cielo por las noches montadas a lomos de distintos animales, ramas de árboles y escobas, para reunirse con el Diablo y planear mil fechorías. Eran abundantes y diversas, según la zona geográfica, las descripciones del aquelarre. El vasco-navarro fue muy conocido, al ser una de las tradiciones más completas e impactantes. Sus testimonios fueron recogidos en el célebre proceso de las brujas de Zugarramurdi, que tuvo lugar en la localidad navarra del mismo nombre y en el que una decena de mujeres fueron llevadas a la hoguera y otras 6.000 fueron acusadas de llevar a cabo artes malignas en rituales demoniacos. Las brujas pasaron a convertirse en un chivo expiatorio de aquellas gentes incultas y envidiosas que las acusaron de todo cuanto acaeció en las aldeas, pueblos y lugares de la zona vasco-navarra. En Zugarramurdi, a las personas ignorantes y fanáticas se les sumó además un conjunto de problemas referido a las lindes y tierras, buscando a cualquiera a quien se le pudiera echar la culpa y expropiar sus posesiones. De esa manera se persiguió a miles de supuestas brujas en toda la geografía española, especialmente en Navarra y el País Vasco, pero también en otras zonas de Andalucía como bien nos indica Mª Jesús Torquemada en su libro La inquisición y el Diablo (Sevilla, 2000). A este respecto, cabe destacar también el trabajo del danés G. Henningsen en su libro El Abogado de las Brujas (Madrid, 1983), en el cual se centra en los brotes de brujería dentro del País Vasco, Navarra y la Rioja, ofreciéndonos una desapasionada versión sobre el tratamiento que la Inquisición dispensó a dichas manifestaciones, poniendo de relieve que “no hubo brujos ni embrujados en estas regiones hasta que se comenzó a tratar y escribir de ellos”, según palabras del propio inquisidor Alonso de Salazar.
  19. 19. Brujería, mitos y realidades Descubramos, poco a poco, cómo eran aquellas mujeres y cómo se acusó injustamente a muchas, también cómo surgieron otras que, haciéndose pasar por brujas, celebraban rituales supuestamente “mágicos” para lograr beneficios… Unas y otras sufrieron la delación de sus vecinos y allegados por diversos motivos, acerquémonos a su historia. ¿Cómo surgió el mito? Según las tradiciones judías, no fue Eva, sino Lilith –adaptación del demonio babilónico Lilit o Lilu-, la primera mujer creada por Dios (Bornay, 1996). Si Eva es la pecadora, Lilith –mezcla de mujer y serpiente- puede considerarse la perfecta encarnación del Diablo. La tradición judía cuenta cómo Dios la modeló exactamente igual que a Adán, sólo que, en lugar de polvo, había utilizado suciedad y heces. Lilith pronto se rebeló, e incluso se atrevió a demandar la igualdad entre sexos, al negarse a colocarse debajo de Adán durante el coito. No se dejó forzar y desapareció, libre, en el aire. "Su historia parece encarnar los más profundos temores masculinos sobre la impotencia, la debilidad y muy especialmente sobre la ‘desenfrenada’ sexualidad femenina, su afirmación y su independencia" (Bosch, Ferrer y Gili, 1999: 14). Lilith escapó al castigo divino, convirtiéndose así en la pionera de una "estirpe de diablesas" que logró sobrevivir. De este modo, rameras, diablesas y mujeres antinaturalmente rebeldes son la misma cosa, pues Lilith fue realmente el primer ejemplo de esa horrible criatura que más tarde se llamará mujer "emancipada" (Bornay, 1990). Fue la primera, pero no fue la última en causar problemas a los hombres. Betsabé impactó con su belleza al rey David, que por ella cometió adulterio y mandó matar a su marido. Para liberar a su pueblo, cercado por los asirios, sedujo Judith a Holofernes y luego lo degolló. Dalila utilizó sus encantos para reducir a Sansón, al que cortó el cabello, origen de su fuerza. Otra mujer fascinante, Salomé, desplegó todo su erotismo mientras ejecutaba la danza de los siete velos y así convenció a Herodes para que matara a Juan el Bautista. También en el Nuevo Testamento, aparte de la Virgen María, destaca por su protagonismo la figura de María Magdalena, prostituta y prototipo de pecadora.
  20. 20. Brujería, mitos y realidades Sin embargo, en los últimos años, este personaje ha sido objeto de una revisión, y hay quienes la designan como la compañera de Jesús y heredera de su legado (Grahm Brock, 2003; Gómez Acebo, 2007; Bernabé Urbieta, 1994). Desde Lilith en adelante, la Iglesia no cesó de condenar a las mujeres diabólicas, que osaron disponer libremente de su sexualidad y alcanzar la independencia respecto a los varones. El Dios del Antiguo Testamento decretó: "A la hechicera no la dejarás con vida". Sin embargo, los primeros cristianos no se lanzaron a la caza de brujas (salvo Hypatia). Carlomagno, en el 800, condenaba a muerte a quien matase a cualquier persona por brujería. En el siglo XII el papa Gregorio IX prohibía a la Inquisición perseguir a las hechiceras y durante la época medieval la Iglesia declaraba que quien afirmase haber visto brujas volando sufría alucinaciones. Fue a finales del siglo XIV cuando la Europa cristiana empezó a verse invadida por una auténtica plaga de brujas, que se convirtieron en objeto de persecución y tortura por parte de los inquisidores. En 1648 la Iglesia declaró la brujería crimen exceptum, por lo que se permitiría torturar a las acusadas antes del juicio. Pocos años más tarde, el papa Inocencio VIII mandó a la Santa Inquisición perseguir a las brujas, para lo que sería de gran utilidad la obra Malleus Maleficarum (El martillo de las brujas), escrita en 1487 por los monjes dominicos Jakob Sprenger y Heinrich Kramer, que tuvo una rápida difusión gracias a la imprenta y se convirtió en el manual de los inquisidores. "Vinculadas con la danza, la noche, la naturaleza, la luna, la sexualidad y la procreación, las brujas poseían todos los atributos que previamente se le reconocían a la diosa" (Shlain, 2000: 472-473). Las víctimas de la caza de brujas fueron en su inmensa mayoría mujeres, a las que se les atribuían vuelos nocturnos, la capacidad de convertir en animales a los humanos, etc. Solía tratarse de solteras o viudas de avanzada edad, no sometidas a hombre alguno, de escasos recursos económicos, y a veces excéntricas.
  21. 21. Brujería, mitos y realidades Sus confesiones forzadas subrayan especialmente las relaciones sexuales de las brujas con el Demonio, las orgías obscenas, los bestialismos, aunque la realidad de esas mujeres distaba mucho de las narraciones de sus perseguidores. Se trataba por lo general de sanadoras o mujeres con influencia en sus comunidades, mujeres "incómodas" y con una vida y unas ideas propias (Ehrenreich, 1988). El hecho de que fueran casi siempre féminas las acusadas de brujería se explica por su pretendida alianza con el Demonio, de quien se suponen intermediarias, por lo que constituyen una importante amenaza para los hombres, a los que se les recomienda evitar el contacto físico con ellas, que podía acarrearles consecuencias nefastas, como enfermedades venéreas, esterilidad, impotencia e incluso la castración (Grigulévich,2001; Donovan,1985). La Supuesta inferioridad física y mental de las mujeres las hace más susceptibles de sufrir la influencia del Demonio. A ello hay que unir su escasa memoria y su falta de disciplina, que las lleva a dejar de lado el deber. Sin embargo, la maldad natural femenina brota sobre todo de su lujuria insaciable, de su carnalidad, de su imperfección, pues la mujer está hecha de la costilla de Adán. Es engañosa, malévola, peligrosa, como una trampa, diabólica, según se afirma en el Malleus Maleficarum. Las que se consideraban a sí mismas brujas creían tener poderes mágicos, que empleaban fundamentalmente para realizar conjuros sobre temas amorosos. Sin embargo, se les atribuía también la capacidad de realizar otro tipo de actos, inducidas por el Diablo. Además, se condenó por brujería a curanderas, parteras, mujeres con conocimientos de medicina natural o simplemente con una forma de vida no demasiado ortodoxa, lo que algunos autores atribuyen a un intento de la incipiente comunidad científica y de la Iglesia de terminar con la autoridad y la fe del pueblo en esas mujeres, para fortalecer su propia posición.
  22. 22. Brujería, mitos y realidades Hoy en día los supuestos poderes atribuidos a las brujas pueden explicarse por el empleo de estupefacientes, que podrían estar en el origen de experiencias como la sensación de volar, o por ciertas patologías o trastornos histéricos, epilépticos o alucinatorios. Sin embargo, el temor y la escasa cultura de la población favorecieron la propagación de falsas ideas acerca de la brujería, lo que dio lugar a la persecución de esas mujeres por parte de la Inquisición, ante la convicción de que rendían culto al Diablo. La Santa Inquisición, fundada por el Papa Inocencio III en 1199, hizo las veces de verdugo e instauró así un clima de terror en el que era obligatorio delatar a las culpables, so pena de correr la misma suerte que ellas. En toda Europa se realizaron ejecuciones masivas de brujas. En Italia, entre otras muchas, destacan por su crueldad las de Brescia, donde en 1510 se dio muerte a 140 mujeres acusadas de brujería, y en la región de Como, donde murieron unas 300 en 1514. También hubo grandes juicios en ciudades como Berna, Toulouse y Heidelberg, donde ardieron las hogueras, o en North Berwick y Aberdeen, ciudades en las que se prefirió el empleo de la horca. La caza continuó en los siglos sucesivos. En Ellwangen (Alemania) fueron quemadas casi 400 brujas entre 1611 y 1618. En Nüremberg se llegó al colmo de la crueldad, al permitirse también la tortura de mujeres embarazadas y niñas, por ser consideradas herederas potenciales de las artes brujeriles de sus madres. La última ejecución oficial de una bruja tuvo lugar en Polonia en 1782. En el clima de terror que se instauró durante la época de la caza de brujas, la ancestral sabiduría femenina –en la medicina y en otros campos- acumulada con gran esfuerzo durante siglos ardió junto con las brujas" (Shlain, 2000: 482). . Fuente: Ángeles Cruzado (La mujer como encarnación del mal y los prototipos femeninos de perversidad en http://www.escritorasyescrituras.com/revista.php/8/63)
  23. 23. Brujería, mitos y realidades El género cinematográfico de terror se caracteriza por contar en multitud de ocasiones con inquietantes presencias femeninas, género que a partir de los años treinta desarrolla una estética de la fealdad y se puebla de seres monstruosos. Éstos suelen ser, casi siempre, de origen animal o, al menos, de género masculino. De hecho, la mayoría de los autores abordan las figuras femeninas en los filmes de terror en cuanto víctimas. Sin embargo, también aparece todo un elenco de mujeres monstruosas, maléficas, con una sexualidad agresiva, que a la vez seduce y aterroriza. Son figuras activas, lo que no implica que se trate de representaciones feministas. Estas imágenes de la feminidad surgen como consecuencia del temor masculino ante los nuevos modelos de mujer que brotan a raíz de los cambios sociales que se dan en esa época. Barbara Creed (1993) hace un recorrido por las distintas formas que adopta el monstruo femenino: éste aparece como bruja (Carrie, Brian de Palma, 1976), mujer poseída (El exorcista, William Friedkin, 1973), vampira (The Hunger, Tony Scott, 1983), madre ancestral (Alien, Ridley Scott, 1979), psicópata (¿Qué fue de Baby Jane?, Robert Aldrich, 1962), belleza asesina (Instinto básico, Paul Verhoeven, 1992), animal (La mujer pantera, Jacques Tourneur, 1942), castradora (I spit on your grave, Meir Zarchi, 1978), etc. La autora, siguiendo a Julia Kristeva (1980), argumenta que en la mayoría de los casos la representación de la mujer como monstruo tiene que ver con su aspecto maternal y reproductivo. Además, la concepción freudiana de la mujer como castrada ha dado lugar a la representación de féminas castradoras. Según Kristeva, la figuración del monstruo en los filmes de terror hunde sus raíces en el concepto religioso de lo abyecto ("despreciable, vil en extremo" según el D.R.A.E.), entendido como "inmoralidad sexual y perversión; alteración corpórea, descomposición y muerte; sacrificio humano; asesinato; el cadáver; residuos corporales; el cuerpo femenino y el incesto" (Creed, 1993: 9). El abyecto se sitúa en un territorio fronterizo: entre lo humano y lo animal, entre el bien y el mal, entre lo natural y lo sobrenatural; en el límite que separa los roles genéricos y el deseo sexual que se consideran normales para cada sujeto.
  24. 24. Brujería, mitos y realidades Ya en los años del mudo podemos encontrar las primeras representaciones de mujeres monstruosas en el cine de terror. En 1922 Maren Pedersen da vida a la protagonista de Häxan, un documental sobre la historia de la brujería realizado en Dinamarca por Benjamin Christensen. Se trata de un filme repleto de brujas, monstruos y ritos satánicos, del que ha bebido toda la imaginería sobre brujas posterior. En Alemania, en 1927, Henrik Galeen dirigió Mandragora, protagonizada por Brigitte Helm. En esta película, un médico insemina a una prostituta con el semen de un delincuente para engendrar a una niña que será la encarnación del mal. En 1931, Vampyr, realizada por Carl Theodor Dreyer, se sitúa en la frontera entre el cine mudo y el sonoro para hacer una adaptación de varios relatos de Sheridan Le Fanu y cuenta la historia de una bruja vampiro, que se convierte así en la primera de toda una serie de vampiras cinematográficas. El mito del vampiro tiene su origen en la leyenda de la condesa húngara Erzsébet Báthory (1560-1614), acusada de ejercer la brujería y de asesinar a cientos de muchachas para bañarse en su sangre y alcanzar así la eterna juventud. Bram Dijkstra (1994) apunta a una creencia de la época según la cual las mujeres se convertían en vampiros para recuperar la sangre perdida durante la menstruación. Otros autores identifican la mordedura del vampiro a una muchacha con la pérdida de su primera sangre menstrual, tras lo cual la víctima se transforma y se llena de vigor y energía. Cuando el vampiro es masculino, no suele ir ligada a connotación homosexual alguna, pero en el caso de las vampiras, las tendencias lésbicas suelen estar casi siempre presentes, al principio de manera más velada y, a partir de los años setenta, abiertamente, coincidiendo precisamente con el movimiento de liberación de la mujer, que hizo aumentar el miedo de los hombres ante una sexualidad femenina cada vez más agresiva. Según Creed, "[l]a de ‘lesbiana’ y ‘vampiro’ es una feliz combinación puesto que ambas figuras son representadas en la cultura popular como mujeres sexualmente agresivas" (Creed, 1993: 25). Tras Vampyr (1931) de Dreyer, una de las primeras representaciones de la vampira la encontramos en La hija de Drácula (Lambert Hillyer, 1936), filme en que Gloria Holden da vida a la Condesa Marya Zaleska, una bruja.
  25. 25. Brujería, mitos y realidades En 1960 el británico Terence Fisher dirigió Las novias de Drácula, obra mucho más explícita que las anteriores en lo sexual. Dentro del género fantástico y de terror encontramos también otro tipo de féminas monstruosas. En 1935, James Whale da a la famosa criatura de Mary Shelley una compañera, en La novia de Frankenstein, protagonizada por Elsa Lanchester. Es creada del mismo modo que él, a partir de un cadáver, por lo que su belleza se sale de los cánones clásicos, con un cabello encrespado y electrizado y canas prematuras. En ocasiones la mujer se convierte en una fiera, como en La mujer pantera (1942), de Jacques Tourneur, en la que la belleza felina de Simone Simon sirve a esta actriz para interpretar a la perfección a una diseñadora de origen serbio que cree transformarse en pantera ante cualquier hecho que encienda su sexualidad. En los años cincuenta surge un nuevo sub-género denominado por Barbara Creed ‘cinema of lost women’, protagonizado por mujeres que, quizás como una recuperación de las antiguas Amazonas, desean vivir apartadas de los hombres. En The She-Creature (Edward L. Cahn, 1956), Marla English da vida a la ayudante de un hipnotizador que desciende de un ancestral monstruo marino. Cuando su jefe la hipnotiza, se convierte en un ser destructivo y asesino. Por último, en Voodoo Woman (Edward L. Cahn, 1957), un científico loco quiere crear a una mujer que ejecute por él sus planes asesinos, pero la idea se le va de las manos y da vida a un monstruo al que es incapaz de controlar. Además de éstas, siguen surgiendo otras muchas mujeres diabólicas. En 1955 Henri- Georges Clouzot dirigió Les Diaboliques, filme protagonizado por Simone Signoret en el que dos mujeres se unen para librarse de un hombre que es a la vez el marido de una y el amante de la otra, mientras que esta última se alía con él para asesinar a la primera. Dentro del cine de terror gótico italiano destaca Mario Bava, con filmes como La máscara del demonio (1960), que cuenta la leyenda de la bruja Asa, muerta en la hoguera. Su protagonista es Barbara Steele, una de las mayores estrellas del género, que destaca por expresar una perfecta conjunción entre el sexo y la muerte.
  26. 26. Brujería, mitos y realidades La actriz, a diferencia de las rubias elegidas por Hitchcock como protagonistas de sus filmes, aporta una imagen inusual hasta entonces en el género: su rostro geométrico, de grandes ojos negros, y su cabello moreno le valieron para interpretar a mujeres malvadas y, a la vez, tristes y sensibles. Las protagonistas de ¿Qué fue de Baby Jane? (Robert Aldrich, 1962) no destacan por su belleza y sensualidad, sino más bien por su fuerza, su locura y su perversidad. El filme se centra en la rivalidad entre dos hermanas: Baby Jane (Bette Davis) se consagró como estrella infantil mientras Blanche (Joan Crawford) permanecía en la sombra, pero los papeles se invirtieron. Sin embargo, esta última, tras ser misteriosamente atropellada, quedó postrada en una silla de ruedas y ambas permanecen recluidas en la misma casa, donde sus odios y rencores las someten a un enfrentamiento constante, a pesar de su mutua dependencia. Todas estas imágenes de monstruosidad femenina no son sino la expresión del miedo de los hombres ante la mujer, sobre todo en épocas en que ésta empieza a desmarcarse del rol que la sociedad patriarcal le tiene destinado. La construcción de esa feminidad monstruosa es fundamental para el mantenimiento del orden social masculino. Por tanto, la creación de un nuevo imaginario se perfila como crucial para destruir dicho orden y crear uno nuevo, en el que sí tengan cabida las necesidades y los deseos de las mujeres reales. Fuente: Ángeles Cruzado (La mujer como encarnación del mal y los prototipos femeninos de perversidad en http://www.escritorasyescrituras.com/revista.php/8/63)
  27. 27. Brujería, mitos y realidades ¿Qué fue de la santa Inquisición? Juan Pablo II, que murió en el siglo XX, pidió perdón por "los métodos no evangélicos" que utilizó la Iglesia entre los siglos XIII y XVIII para perseguir y destruir herejes. Una defensa de la fe que se valió de hogueras e instrumentos de tortura... En 1559 el Santo Oficio retiró de la Biblioteca Vaticana sus libros prohibidos, con "los errores cometidos en el servicio a la verdad recurriendo a métodos no evangélicos, actos de contención que no se extendían a ciertas imágenes difundidas en la opinión pública, con más mito que realidad". De "exageraciones" y "lugares comunes" que alteraron la supuesta verdad histórica los calificó la Santa Sede en el siglo XX, a través de su experto Agostino Borromeo, quien en una declaración pública dio las espeluznantes cifras que se exponen a continuación: los procesados por herejía, quemados vivos en los autos de fe, fueron 50.000, "la mayor parte condenados por tribunales civiles". Señaló el experto que en España, donde funcionaban los tribunales de fama más siniestra, entre 1540 y 1700, la época más intensa, "se realizaron 44.674 juicios inquisitoriales, de los que 800 (sólo el 1,8%), terminaron con la ejecución del reo". ¿Qué fue entonces el Santo Oficio o Tribunal de la Santa Inquisición, aquél que surgió en el siglo XIII para combatir herejías, que se extendió por toda Europa llegando a América a través del imperio español y que fue abolido formalmente el 10 de junio de 1820? El Santo Oficio comenzó en la Edad Media, en un mundo lleno de hambrunas, sacudido por profecías apocalípticas y convulsionado por luchas políticas, religiosas y fronterizas que defendían los enormes bienes de la Iglesia Católica, de las monarquías y de una incipiente burguesía formada por señores feudales enriquecidos por su condición de soldados a las órdenes de un rey.
  28. 28. Brujería, mitos y realidades En un mundo donde siempre se podía caer en la tentación de realizar pactos con el Diablo, donde los propios eclesiásticos combatían entre sí por la verdadera fe… Un mundo en el que tanto el poder secular como el religioso consideraban endemoniados a todos los disidentes políticos y a todos cuantos poseían concepciones religiosas que el Cristianismo no había logrado erradicar con las armas de sus Cruzados. Un mundo en que poco a poco, toda disidencia fue englobándose bajo un único nombre, el de herejía, que literalmente significa selección. El mayor pecado en el siglo XII era seleccionar y descartar algunos de los principios que integraban el conjunto de la fe católica, considerada una verdad indiscutida y la única garantía de la supervivencia no sólo de la misma Iglesia, sino también del Estado, del orden público y de las autoridades constituidas. Aunque la Iglesia prefería referirse a su institución como “necesaria para custodiar la moral y las buenas costumbres, y defender las almas de los creyentes del peligro que significan los herejes para su salvación…" La caza de brujas Las hogueras ardían calcinando los cuerpos femeninos, mientras el público medieval miraba con alivio y terror el incendio que garantizaba el triunfo del Bien sobre el Mal. Eran mujeres a las que se acusaba de pactar con el Diablo y de mantener relaciones carnales con él, de comerse a los niños, de protagonizar aquelarres y de proceder como sanadoras, es decir, curar a la gente con yerbas que sólo ellas conocían. ¿Cuántas matronas fueron quemadas por considerárseles brujas? Los expertos del Vaticano, en su afán por demostrar que la quema de brujas fue mucho más habitual en los países protestantes que en los católicos, difundieron en su día algunas cifras: en Italia, de una población de 13 millones de habitantes, terminaron en la pira 1.000 mujeres; en Francia, con 20 millones, 4.000 mujeres fueron quemadas vivas; en la Alemania de los protestantes, con 16 millones de habitantes, murieron en la hoguera 25.000 brujas…
  29. 29. Brujería, mitos y realidades La Iglesia Protestante –que junto con la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa es una de las tres confesiones del Cristianismo- tuvo su propia Inquisición, llevada a cabo con idénticos métodos que el Santo Oficio. Es un error, sin embargo, concebir la persecución a los herejes como algo impuesto por la Iglesia al Estado laico, que la miraría con repugnancia e indiferencia. No fue así. La Inquisición fue un tribunal mixto, del Estado y de la Iglesia, que se ocupó de juzgar los delitos relacionados con la Fe, y la moral y las buenas costumbres, englobados bajo el nombre de herejía. Y, como buena sociedad mixta, repartieron las tareas: los religiosos se ocupaban de inquirir, investigar y dictaminar la magnitud del pecado y los tribunales civiles aplicaban los códigos para estipular las penas merecidas. No podía haber sido de otra forma, porque la participación de la Iglesia era crucial a la hora de determinar si la herejía se debía a un error, producto de la ignorancia o si escondía aviesos motivos, porque aportaba el conocimiento técnico necesario. Por eso la búsqueda y el enjuiciamiento de los herejes fue, en un principio, competencia de los obispos. Pero pronto se vio que el obispo no podría con su tarea, porque sólo alcanzaba a su diócesis y, por tanto, estaba muy limitado como para hacer frente a un problema de nivel interregional. No tendría, además, tiempo ni medios suficientes para realizarla. De tal manera que en una bula de abril de 1233, el papa Gregorio IX comprendió la necesidad de crear un cuerpo especial fundamentado en el hecho de que los obispos estaban "oprimidos por un torbellino de vigilancias" y por unas "inquietudes abrumadoras“, afirmando que, por consiguiente, "había decidido enviar a los frailes dominicos y a los franciscanos para que libraran la batalla contra los herejes en Francia". Esta Carta, que se considera el origen fundacional de la Santa Inquisición, introdujo en la escena a los dominicos, una orden idónea para la tarea pues dichos frailes estaban libres de lazos monásticos o parroquiales, dado que además tenían elevados y aún inmaculados ideales de veneración hacia el espíritu de sus fundadores, celo misionero y grandes dotes intelectuales, especialmente entre sus predicadores. De acuerdo con lo dispuesto por el Papa, los frailes, como expertos, colaborarían con los obispos en la investigación y enjuiciamiento de casos de "perversión herética" .
  30. 30. Brujería, mitos y realidades En principio, la autoridad de los frailes dominicos se consideró coordinada con la de los obispos, pero, poco después, los obispos fueron relegados a un segundo plano, a pesar de las protestas contra la usurpación de sus poderes. De hecho, en los nuevos tribunales de la Inquisición, la figura central no era la del obispo sino la del fraile inquisidor. Si algo faltaba para terminar de delinear la cara siniestra de la Inquisición fue la bula Ad extirpanda, del papa Inocencio IV que en 1252 justificó la tortura para "aportar luz a la verdad". Así el Santo Oficio fue conocido como la Santa Inquisición porque el inquisidor era el personaje más importante en la caza de los herejes. Además de actuar como juez, fuera de las muros del tribunal actuaba como investigador, de modo tal que él y sus auxiliares también tenían a su cargo la función policial de llevar a los tribunales al delincuente que luego iba a ser juzgado. Los rasgos del método inquisitorial chocan con las más elementales concepciones modernas de justicia y equidad. Todo el peso de la prueba recaía sobre el acusado quien, al mismo tiempo, estaba privado, como recordaréis, de medios para defenderse con eficacia. La atmósfera llena de secreto, la prohibición de todo contacto entre el procesado y sus familiares y amigos; la supresión de los nombres de los testigos; la ausencia de un defensor probo y de oportunidad para las repreguntas; la tortura y la lentitud agotadora del proceso, se combinaban para que el acusado o acusada no pudiera demostrar jamás su inocencia. La detención podía darse con tal inmediatez que incluso podía tener lugar a medianoche, despertando al acusado o acusada, a quien se conducía a la prisión secreta de la Inquisición en un estado de confusión y aturdimiento que acrecentaba el terror que ya de por sí provocaba el hecho de ser acusado. En ningún caso la persona detenida sabía el delito preciso que se le imputaba ni quiénes eran sus delatores. Se apropiaban de todos sus documentos y, si el delito imputado era grave, se le confiscaban inmediatamente sus bienes en vista de que, en caso de condena -cosa que podía ocurrir después de meses y aún años, si es que ocurría-, le serían confiscados. Después de pasar la noche sola en un calabozo, se conducía a la persona acusada a la Cámara de Torturas, donde aparecía la horrible figura enmascarada del ejecutor, se le rogaba que se salvase confesando voluntariamente. Si rehusaba o manifestaba no saber nada, se lo desnudaba y se le volvía a pedir que confesara. Si, de nuevo, rehusaba, comenzaba la tortura…
  31. 31. Brujería, mitos y realidades Durante el interrogatorio inquisitorial, además del ejecutor y los frailes especializados en herejía, un notario tomaba nota meticulosamente, no sólo de lo que la víctima confesaba sino de sus gritos, llantos, lamentaciones, interjecciones entrecortadas y voces pidiendo misericordia. De ahí que los especialistas actuales aseguren que lo más impresionante de la lectura de los procesos inquisitoriales no son los relatos de las víctimas acerca de sus sufrimientos, sino los sobrios informes de los funcionarios de los tribunales que provocan una angustia y horror tal que da pavor. No pretendía su labor el conmover a quienes lo leyeran, sino precisamente todo lo contrario. A la ferocidad de sus métodos de tortura le debe la fama la Inquisición Española, que surgió mucho más tardíamente en el tiempo, en 1478. Fue creada por el papa Sixto IV, a petición de los reyes católicos, Isabel y Fernando que pretendían unificar la península bajo la fe religiosa, disgregada en comunidades dispersas que, a fuerza de una convivencia de siglos, se había integrado con judíos y musulmanes. Los inquisidores podían ser nombrados directamente por los reyes católicos. De ahí que quien fuera primer Inquisidor General y, según algunos confesor de Isabel la Católica, fray Tomás de Torquemada (1420-1498), pasó a la historia por su relación en las matanzas más cruentas que jamás se hayan relatado acerca de la Inquisición. Consiguió la expulsión de los musulmanes de los reinos de aquella España. La Inquisición Española logró la uniformidad religiosa, a pesar de su gran población judía y musulmana; logró también hacer fracasar las políticas de conversión forzada que impedían saber a ciencia cierta los sentimientos de los marranos (denominación peyorativa dada a los conversos); e infundió el miedo hacia las medidas incompletas que hacía que los falsos pervirtieran a los auténticos cristianos. La Inquisición en las colonias españolas tuvo modalidades particulares, la más importante de las cuales fue la exclusión de los indígenas de la revisión, dado que acababan de empezar a instruirlos en la fe cristiana y no podían comprender dogmas ni calificárseles de herejes. También en América del Sur, en el Virreinato del Perú -las actuales Perú, Bolivia, Chile, Argentina, Uruguay y Paraguay-, la Inquisición, creada por el rey Felipe II, entró en funcionamiento. Era el año 1570 y no fue abolida hasta el siglo XIX, en 1820, como consecuencia de la revolución española.
  32. 32. Brujería, mitos y realidades En sus dos siglos y medio de vida, el Tribunal de la Inquisición sentenció a 1474 personas, aunque sólo 32 de ellas recibieron la pena de muerte: la mitad de ellas fueron quemadas vivas, el resto condenadas al garrote vil. De los condenados a muerte, 23 lo fueron por judaizantes, 6 por luteranos y 2 por sustentar y difundir públicamente herejías. En México, concretamente, la Inquisición se estableció en 1571 para perseguir y erradicar la bigamia, la blasfemia, la seducción y la superstición. En sus años de vida terminó con muchos hombres y mujeres, entre ellos, los líderes de la revolución de 1808, los párrocos Hidalgo y Morelos. Respecto al embarque de los moriscos en el puerto de Cartagena (1610-1614), la ausencia de registros sobre el número de personas expulsadas desde los puertos de Andalucía y Murcia complicó el estudio y valoración del destierro morisco y generó diversas hipótesis de trabajo en los últimos años. En el estudio llevado a cabo recientemente por Manuel Lomas Cortés (Universidad de Murcia: http://revistas.um.es/areas/article/view/142971) se trata de reconstruir el embarque de los moriscos en el puerto de Cartagena y reflexionar sobre la cifra final de expulsados por este enclave a partir de las noticias recogidas por el comisario Diego Hurtado de Mendoza entre 1614 y 1616. En el Virreinato de Nueva Granada (actuales Venezuela y Colombia), la sede del Tribunal se radicó definitivamente en Cartagena en 1610. La gran mayoría de los delitos denunciados en los tribunales de Lima y Cartagena procedían, en su mayoría, de la exigua población europea y hasta que tuvo lugar la inmigración de judíos portugueses, los herejes no fueron numerosos. Si algo define la brutalidad de la Inquisición Española en la metrópoli y en sus colonias es el uso de la palabra “marrano“, una calificación peyorativa, que fue aplicada por el pueblo llano a los judíos y musulmanes conversos que mantenían lazos con su antigua fe. Respecto a la fe, la católica acabó por convertirse en razón de Estado y en justicia ha de afirmarse que fue la Inquisición un capítulo oscuro de la Iglesia Católica, que ha de ser analizado en el contexto histórico en que sucedió: una Europa que se sentía amenazada, al estar aquellos lugares que consideraba santos en manos de los llamados “infieles“. Así que quien coloca la fe como razón de Estado, justifica la muerte selectiva… Fuente: Recensión
  33. 33. Brujería, mitos y realidades Al estudiar las brujas, los judíos y los moriscos Caro Baroja indica que los conceptos mutuos que se tenían de las minorías y las mayorías en la sociedad ejercían una gran influencia sobre el desenvolvimiento de sus relaciones. Al estudiar las brujas nos enseña no sólo lo que pensaban los inquisidores de las brujas y de sí mismos, sino lo que pensaban las brujas de sí mismas y de los inquisidores. Es importante porque estas ideologías mutuas a menudo definían el contexto mágico dentro del cual se enfrentan ambos grupos. En “Las brujas y su mundo” (1961) nos demuestra los cambios en la ideología oficial hacia la brujería desde la duda absoluta de su existencia a la certeza del peligro de Satanás sobre la tierra, para volver después a caer en la duda. Durante el período en que el mundo oficial creía en la eficacia de la brujería, acaeció el famoso pánico. En este sentido, la Inquisición tuvo lugar dentro de un mundo mágico cuya definición era aceptada por las brujas y los inquisidores. Era un mundo definido en un lugar definido y en un tiempo definido. Estas recíprocas ideologías mutables y las causas sociales de su mutabilidad tienen una dimensión muy importante en la brujería. Para los estudios de las brujas dependió sobre todo de los Archivos de la Inquisición. Fuente: GREENWOOD, Davydd – Julio Caro Baroja. Sus obras e ideas. p. 236 ss. Estudio escrito en 1970 que forma parte de la “Memoria de Presentación de D. Julio Caro Baroja al Premio Santiago Ramón y Cajal, 1982”, formulada por el Gobierno Autónomo Vasco y la Universidad del País Vasco. El Dr. Greenwood era profesor de Antropología de la Universidad de Cornell, Estados Unidos.
  34. 34. Brujería, mitos y realidades Todo método, por fructífero que sea, puede conducir al automatismo. (…) Entre 1930 y 1960 floreció de modo extraordinario y fructífero la investigación de campo; se multiplicaron, primero las monografías sobre grupos humanos, más o menos primitivos, de África o el Pacífico. Después, las referentes a comunidades rurales de América y de Europa. (…) Los conceptos y los vocablos empleados al estudiar comunidades de (…) australianos o pueblos del África negra, se usaron al estudiar Europa (…) pero los problemas de cada sociedad no son iguales. (…) Se acepta, al estudiar una sociedad dada, no hacer crítica exacta del vocabulario que se emplea en ella, proveniente de investigaciones distintas. Magia y mitología, por ejemplo, son palabras que usan de continuo los antropólogos en multitud de casos y de forma automática. Muchas veces no se tiene en cuenta la investigación histórica. (…) La idea platónica de los arquetipos se ha usado en muchas ocasiones y a la palabra se le han dado significados diferentes hasta incorporarse a la psicología de Jung. Aquí la voy a usar, en principio, como la han usado algunos críticos e historiadores de la literatura cuando han tratado de figuras literarias tales como la de (…) la Celestina, pero rebasando el campo de lo literario y observando las relaciones de literatura y vida social, en función de ciertos arquetipos precisamente. Usaré también el vocablo griego para referirme en especial a figuras individualizadas. De modo arbitrario si se quiere emplearé, por otra parte, la palabra «modelo», al referirme no a personas o individualidades, sino a situaciones dadas. Fuente: CARO BAROJA, Julio. Ritos y mitos equívocos. Ed. Istmo, S.A. 1989. Cap. II: Arquetipos y modelos en relación con la historia de la brujería. pp. 215-248. En el libro citado aparecen notas a pie de página que no han sido reproducidas en el presente trabajo.
  35. 35. Brujería, mitos y realidades Un modelo es una forma que se sigue en la ejecución de una obra artística, científica, etc., no sólo un ejemplar de perfección o de maldad. La noción de modelo tiene hoy una importancia grande en la teoría antropológica, como es sabido, y ahora llega la ocasión propicia para tratar de arquetipos y modelos en relación con la historia de la brujería en Europa. ¿Por dónde empezar? Acaso lo más directo sea hacerlo poniéndonos ante la primera y más expresiva imagen de la hechicera popular europea. Esta imagen, repetidas veces, se vincula a una tierra o país. Los más antiguos testimonios que tenemos acerca de la fama de las mujeres de Tesalia como hechiceras se hallan en Aristófanes y en Platón. El primero, en Las nubes una comedia que data del año 423 a. C. El viejo Strepsiades, acosado por los acreedores que producen los dispendios de su hijo, sienta plaza de discípulo de Sócrates creyendo que éste, por medio de sutilezas, le enseñará a no pagar. En uno de sus diálogos idea el arbitrio burlesco de comprar una hechicera de Tesalia que hiciera descender la luna del cielo durante la noche. Entonces él podría encerrar al satélite en un estuche y guardarlo. Así, al no aparecer la luna en el cielo, él no pagaría los intereses, porque éstos, en Atenas, parece se pagaban mensualmente. En la Atenas del siglo V a. C. aparece una figura de mujer que seguía siendo popular en el África romana de Apuleyo, nacido en Madaurus el año 125 de N. E. El testimonio de popularidad antigua lo hallamos en otro contemporáneo ilustre de Aristófanes. Platón hace que Sócrates se refiera a la desdicha que se dice ocurre a las tésalas cuando hacen descender a la luna mediante sus «encantos». La fama corrió —como digo— de los griegos a los romanos y aún puede hallarse pruebas de ella en escritos renacentistas, con regusto más o menos clásico. Ya los recordaremos más adelante. El encanto principal que se les atribuía parece que fue objeto de una pieza de teatro ya en tiempo de la «comedia nueva». Escribió, en efecto, Menandro una llamada La tésala, que se cree semejante en tema a La maga, de Teócrito. Un amante recurre a conjuros para hacerse querer. Alcifrón y Luciano aluden a las mujeres de Tesalia como expertas en la magia erótica: pero Plinio indica lo mismo que Platón al referirse a la obra de Menandro. Otros suministrarán más detalles sobre estas hechiceras de un país determinado.
  36. 36. Brujería, mitos y realidades En tiempos del rey Filipo de Macedonia, a consecuencia de esta fama, se dijo de una tésala que había usado de hechizos para enamorarle (χαταϕαρµαχευειν). Pero la mujer del rey la vio, la encontró muy bella y dijo que en su belleza estaba el ϕαρµαχον. Incluso el posible efecto del cinturón hechizado homérico, ϕαρµαχα, es, según Plutarco, menos efectivo que las cualidades naturales de una buena esposa. Pero sigamos con las hechiceras de Tesalia. Horacio dirá, de modo concreto, que era por medio de palabras como realizaban el encanto más famoso que se les atribuía: «qua sidera excantata voce Thessala lunamque caelo deripit». El procedimiento parece que se generaliza y a él alude en otra ocasión, sin referencia a Tesalia: al igual que Virgilio. También Ovidio y Tibulo. Más tarde, Séneca considerará, de todas formas, que es por medio de encantos originarios de Tesalia como se obtiene el prodigio, y después Lucano ampliará de modo magnífico nuestra visión. La larga escena en que presenta a la hechicera Erichto como un producto típico de aquel país se halla matizada por una serie de observaciones de tipo teórico y del mayor interés. Porque es probable que el poeta hispano-romano en el círculo en que se movió (algo distinto desde el punto de vista intelectual a aquel en que vivió su tío Séneca) discutiera, con frecuencia, acerca de la teoría y la práctica de las artes mágicas, en las que se mostraban interesados muchos cortesanos como él, porque no estaba apartado de ellas Nerón mismo. Acaso mejor que ningún poeta latino señala lo que la creencia mágica tiene en sí de ambiguo y contradictorio, aunque otros también se ve que estuvieron preocupados por la contradicción fundamental: la que supone el hecho de que, de un lado, sea actividad execrada por los dioses y, por otro, sin embargo, tenga la capacidad suficiente de hacer fuerza (con objetos naturales) y para dominar a los mismos dioses, o por lo menos a parte de ellos, los cuales obedecen a los conjuros, atendiendo a pasiones y miedos completamente humanos. Como es sabido, se han llevado a cabo varios ensayos para tratar de interpretar la magia, en general, a la luz de criterios intelectualistas, voluntaristas y emocionales, para lo cual se han puesto de relieve, sobre todo, ciertos procedimientos comunes de actuación. Pero juzgo que todos los viejos ensayos explicativos son muy parciales y que, por otra parte, hay que observar el contexto total del pensamiento mágico en una sociedad dada para obtener mayores precisiones.
  37. 37. Brujería, mitos y realidades En la antigüedad clásica es evidente que hubo conciencia de que la técnica de las magas se hallaba en gran parte basada en la existencia de un contrato, de un pacto, en suma. Hay que profundizar en el estudio de la naturaleza del pacto y en su relación con otras situaciones que podemos definir asimismo como legales o idea de envoltorio. «Bruja» se considera voz de etimología desconocida y posiblemente prerromana; pero puede reconstruirse (como otras veces se hace) una voz «volucula», con transformación similar a la de «voluculum»... y que aluda a uno de los caracteres esenciales de las así llamadas. Dejando este asunto a un lado, no cabe duda de que la imagen de la mujer que en plena nocturnidad se «unta», pronuncia unas palabras, y, más o menos transformada en ave, sale volando, da rienda a sus deseos y se dedica a cometer fechorías, fue una imagen familiar. De ella se aprovechó Apuleyo (s. I d.C.) en el libro tercero de la Metamorfosis. Antes, al comienzo del segundo, recordará, por otro lado, que Tesalia era, según el asenso de todos, la tierra nativa del arte mágico, y allí coloca a Pamphila haciendo sus encantos y hechizos, con fines eróticos ante todo: magia de la que los sepulcros no estaban libres. Mas, en todo caso, las técnicas son varias, tanto como las aplicaciones, y entre unto y unto hay diferencias sustanciales. Esta novela de ambiente mágico nos da, en efecto, otros arquetipos, empezando por el del protagonista, transformado también en asno por arte de magia mal aplicada. Sabido es que Luciano desarrolló la fábula del asno más brevemente. Pero habrá que advertir que también, de otra manera, llega a los evangelios apócrifos y sirve de base para uno de los milagros que en ellos se cuentan y que, por fin, queda el tema en la novelística y en los cuentos populares hasta el siglo XX: en Cataluña y otras partes. He aquí otra vez la imagen de las hechiceras localizadas en Tesalia, de las que Apuleyo describirá muchas acciones; he aquí la de las hechiceras greco-latinas, expertas en magia erótica; he aquí la de las ambiguas «strigae». Todas constituyen un haber hereditario en la conciencia colectiva europea. La voz «streghe» ha quedado en italiano; en portugués hay «estria». También en español «estrige» = lechuza, puede relacionarse con στριζ. La creencia en «striges», como viejas que se transforman y vuelan por las noches, se documenta en Grecia a lo largo de la Edad Media y llega a la Contemporánea. Dejemos los vocablos y sigamos con los conceptos, que duran, como vemos, del siglo V a. C. hasta hoy.
  38. 38. Brujería, mitos y realidades El término «estrige» en Gonzalo Correas, Vocabulario de refranes y frases proverbiales (Madrid, 1924), pág. 87, b, trae un largo dicho castellano, que dice: «Brujas estrigas de chipitín boca, de esta casa no llevaréis sangre ni gota, ni de ésta ni de otra, ni de siete casas a la redonda, ni de siete calles, ni villas, a la redonda; no señora… que nos echaréis a perder a todas.» El comentario dice: «Es el cuento que una señora honrada ganó la voluntad de una bruja para que la dijese cómo se defendería de las brujas; ella le dijo lo primero de este diálogo; la señora añadió: "Ni de ésta ni de otra", y concedió la bruja y segunda vez añadió la señora: "Siete casas", y tercera, "Siete calles y siete villas"; a esto volvió la bruja: "No, señora, que nos echaréis a perder a todas", y en esto último puede ser refrán; chipitín boca alude a tres etimologías de chapa, de chape, de chupar.» En realidad, lo interesante es la asociación de la palabra estriga a la de bruja y a la noción de que chupan la sangre las así llamadas. Pasemos ahora a otras categorías. Figuras poéticas o figuras literarias, todas las estudiadas tienen un carácter genérico. La Antigüedad clásica nos da otros arquetipos femeninos. También perfiles de deidades, femeninos asimismo, que se hallan más relacionadas con la hechicería que otras. A veces, en tiempos posteriores, las deidades y los arquetipos no divinos (sí heroicos, en un nivel inferior de parentesco, intermedio entre dioses y hombres) quedan confundidos por los poetas. Y de una manera u otra, los poetas y mitógrafos antiguos indican las conexiones de parentesco y trato entre tales arquetipos, asociados también en la literatura renacentista, aunque se perfilen con caracteres muy individuales. La figura de la Circe homérica se diferencia mucho de la de la Medea trágica. En el mito se las relaciona, y en ciertos textos, a Circe misma, se la emparenta y aun equipara con Hécate. Tercera figura que hay que tener en cuenta. Estudiemos ahora a la primera. Podríamos decir que existe un «complejo» de Circe, como se trata vulgarmente de otros (desde el de Edipo) y que éste es de gran universalidad, puesto que, en parte, la vida amorosa del hombre se halla condicionada por él, y puesto también que a causa de él se habla de continuo, al referirse a la acción de la mujer sobre el hombre enamorado, de encanto y hechizo.
  39. 39. Brujería, mitos y realidades En el idioma español se usa la expresión «encantadora» como en francés la de «charmante». En el siglo XIX se empleaba, acaso más que hoy, la de «hechicera». En todo caso, la noción de que la mujer tiene unos poderes de seducción que no sólo dependen de su propia belleza (pero que pueden ser complemento de ésta) ha dado lugar a muchas reflexiones, anécdotas y críticas. El relato homérico es, desde el punto de vista psicológico, más interesante que otros posteriores que se dan para perfilar la figura de Circe. Circe —según la Odisea— tiene caracteres divinos, es bella, vive rodeada de una servidumbre femenina, dedicada a pulcras faenas domésticas. Ha convertido a muchos hombres, merced a sus brebajes, en lobos y leones en lo exterior: aunque siguen siendo hombres, desde el punto de vista de los sentimientos. Circe transforma en puercos a los inexpertos marinos de Ulises, salvo a uno: el más cauto. Pero parece que está predicho que Ulises podrá dominarla. Puede hacerlo, en efecto, pero con la ayuda, el consejo, de un dios de los mayores, Hermes. Después hay una especie de pacto entre el héroe astuto y la hechicera convertida en su amante que devuelve la figura a los compañeros de aquél y que también les hace vivir plácidamente durante el invierno en su isla. Luego hay que partir otra vez. El episodio da que pensar a los moralistas muy posteriores. Plutarco, en sus preceptos conyugales, dedica un curioso pasaje a las mujeres que emplean filtros y encantos para tener dominados a sus maridos mediante el placer. Se convierten éstos, en fin, en pobres imbéciles. Y añade que los hombres hechizados por Circe no le fueron de ningún uso, después de transformados en puercos o asnos. En cambio, tuvo extraordinario amor por Ulises, que demostró gran discreción y acumen en su compañía. Partiendo de esta clase de reflexiones puede llegarse a la consecuencia de que nunca la persona que defiende la integridad de la razón frente a la pasión amorosa (u otra) quedará dominada por el hechizo de una mujer, por muy experta que sea. Pero no por eso dejará de quedar Circe como la figura de una mujer fría, calculadora, a la que nada se escapa. No en balde en la fábula helenística se dice que, como todos los descendientes de Helios, tenía una mirada que la distinguía. Las narraciones referentes a Circe, distintas de la homérica, nos dan, por otra parte, el cuadro de sus parentescos y otros detalles…
  40. 40. Brujería, mitos y realidades Resultará así que la hechicera del poema marítimo, pérfida y mimosa a la par, está emparentada con Medea, la hechicera de las tragedias, en cuya vida todo es pasión, energía y al mismo tiempo fracaso. Autora de hechizos para ayudar a Jasón cuando está perdidamente enamorada de él, los hace aún más grandes y horribles cuando, al conocer la infidelidad del marido, el amor se convierte en odio: un odio que se extiende a la rival y a los propios hijos. El genio de Eurípides hace describir a la nodriza de Medea el carácter de ésta de una forma maravillosa. El coro, de modo más brutal, aludirá a su pasión insaciable, causa de todos los horrores . Ella misma —por su parte— se presentará como un ejemplo más de la desgraciada suerte de la mujer en general. A Medea le persigue también siempre su fama de causante de grandes males, por torcidas artes, como se lo indica el rey Creón, que dicta la orden de su destierro; pero es con justicia, porque ella misma reconoce ser experta en el arte de hacer hechizos venenosos. Frente a esta personalidad tremenda, la de Jasón es vulgar y sin relieve: un hombre acomodaticio, oportunista, sin los talentos superiores de Ulises, aunque use de una dialéctica regular. Medea, que conoce también hechizos para producir la generación, usará de otros malignos para ponerlos en el peplo que regalará a su rival y, en último término, después de matar a sus hijos, evitará la venganza de Jasón y de los súbditos del anciano rey muerto, huyendo por el aire, sobre un carro, don del Sol, su abuelo. Es, pues, de «raza solar» de donde nacen las dos grandes hechiceras de la Antigüedad, con caracteres tan distintos entre sí: pero tan ilustrativos siempre en nuestra búsqueda. En ella hemos pasado del mundo de los hombres y mujeres al de los héroes y semidioses. Aun dando un paso más hemos de echar una ojeada al de los dioses, o mejor, de las diosas, propiamente dichas. La Medea de Séneca, distinta en muchos rasgos, queda sin duda también más lejos de las tradiciones antiguas. El ámbito geográfico de donde provienen los hechizos de que habla la nodriza, 673-738, viene a demostrarlo. La idea de que la frustración en un amor es causa de muchas actividades hechiceriles femeninas se halla expresada en otros textos poéticos. Así, Dido recurre a las artes mágicas, cuando se ve abandonada por Eneas…
  41. 41. Brujería, mitos y realidades Dido recurre a las artes mágicas, cuando se ve abandonada por Eneas. Una mujer del África occidental, massilia, parece que le va a ayudar. Pero, en realidad, la reina prepara su propia muerte, so capa de los hechizos (Aen., IV, 475-493). La maga, como de costumbre, invoca a Hécate y a Diana: también a trescientas divinidades del Caos y del Erebo (IV, 510-511). Hierbas, cortadas a la luz de la luna, con una hoz de cobre, y otras sustancias mágicas entran en la operación (IV, 512-516). Dido, con el hechizo, procura la venganza, antes de morir ella misma: no la satisfacción del amor. Nuevas invocaciones a Hécate, que es llamada con alaridos nocturnos en las encrucijadas, y a las Furias vengadoras (IV, 609-612). La amplificación poética hace que, de estas maldiciones, arranque el odio de cartagineses y romanos… Desde el punto de vista de la relación mujer-divinidad parece que en la Antigüedad clásica hay que distinguir, de modo claro, entre relaciones con divinidades femeninas de carácter astral y las artes mágicas según va dicho: pero Medea también considera que su divinidad soberana, la más venerada es Hécate, precisamente, puesto que preside todas sus tareas y reside en su hogar. El de invocar a Hécate es un tópico en toda la obra de arte posterior en que se representa a hechiceras. En Teócrito, diferenciada de Selene y recordada al recordar también la fuerza de los hechizos de Circe, Medea o la «rubia Perimede». En Horacio invocada por una hechicera, mientras otra se dirige a divinidad distinta. En Virgilio la tierra es la considerada como actora, bajo mando mágico. Ovidio, por fin, en su prolija descripción de los diversos hechizos de Medea, que ocupa gran parte del libro séptimo de las Metamorfosis, la pone en contacto con Hécate y sus altares: la triple, «triformis» o «tríceps». En relación con esto se hallan los nombres de «Trivia» y «Trioditis», que se le aplicaban, por pensar que podía vérsele con su séquito en las encrucijadas. Este séquito nocturno de almas en un estado particular, que son sus ministros. Con relación a los llamados festines de Hécate hay que subrayar un doble aspecto: el de sacrificios que hacían los hombres en determinados días para aplacarla, a la vez que a los muertos; a veces se echaban perros (animales consagrados a la diosa que podía asumir su forma) en el acto purificatorio…
  42. 42. Brujería, mitos y realidades En la égloga octava de Virgilio (VIII, 93: «Terra, tibi mando») Hécate es también denominada «Pharmaceutria» y está inspirada en Teócrito. El canto de Alfcsibeo no es más que un conjuro para atraer a Dafnis: Églogas, VII, 47, alusión a Medea. Empieza en el v. 64 y llega al fin (109). La conminación se repite: «Ducitc ab urbe domum, mea carmina, ducite Daphnim», VII, 68, 79, 84, 90, 94. 100. 104. Y como dato curioso en el v. 97 hay una referencia a hierbas con las que se transforma el hombre en lobo… En Eurípides, la diosa Hécate (Hel., 570), alude a la nocturnidad de las apariciones. El himno a Hécate se refiere a ellos. Así como el de magia, parisino, para mal fin y otros textos reunidos por Rohde, Psyché, traducción francesa de A. Raymond (París, 1928), págs. 611-613 (apéndice VI). Como vemos, Hécate recibe varios nombres, es asimilada a otros tipos de fantasmas, dada su capacidad de cambiar de forma. En última instancia, el cortejo que la sigue, a veces es canino, de forma que se confunde con el de Diana, la equivalente latina de la Artemis griega, de la luna. Pero si se hacen los festines de Hécate, es acaso para evitar otros horrendos que podía ella hacer; festines similares a aquellos de que también amenazan con dar pública voz las hechiceras cuando conminan a Proserpina: así, Erichto misma en la obra de Lucano: «Eloquar, immenso terrae sub pondere quae te contineant, Hennaea, dapes...» (VI, 739-740). La imaginación popular mezcló, sin duda, una y otra vez mitos y creencias. Rebajadas, restringidas en su significación quedan a veces hasta época moderna. Así, en Grecia, los folkloristas han recogido testimonio de que se cree en seres que en otro tiempo se confundieron con Hécate, aunque no aparezca ésta. Mas ya dentro de la Antigüedad hubo quienes ajustaron la «vida y costumbres» de Hécate, Circe y Medea de un modo que no deja de ser importante también en la historia de los arquetipos.
  43. 43. Brujería, mitos y realidades Según Diodoro de Sicilia (Bibl. Hist., IV, 45, 1-4) la genealogía de las tres se ajusta al esquema siguiente: Aites Helios Circe Persis → Hécate Medea Hécate, hija y sobrina de hombres crueles, lo fue más que ellos; gran cazadora, mataba animales y, a falta de éstos, hombres. Se ejercitó en el arte de los venenos, descubriendo el acónito y dando venenos a los extranjeros para probar su eficacia. Mata así a su propio padre y se apodera del reino y se casa con su tío, del que tiene dos hijas. Circe sobrepasa a su madre en capacidad investigadora: se casa también con un rey de los sármatas, lo mata, y sus súbditos, hartos de las crueldades y violencias que realiza, la expulsan. Su destino en el destierro se explica de varias formas. En este relato Medea aparece, en principio, como más benigna. Defendía a los extranjeros de las crueldades paternas. Al fin tiene que huir. Sólo después de encontrar a Jasón y los argonautas se presenta con los caracteres heredados y aprendidos: de su madre y hermana. Para mí, lo más interesante de esta versión es que insiste en que la hechicería femenina se hereda de madres a hijas y, a la par, es una ciencia o una técnica que puede ampliarse. Una técnica que produce el desprecio de unos y el odio de otros: «Odio a los que pretenden prolongar sus vidas por medio de comidas, bebidas y artes mágicas, desviando el curso de la naturaleza para evitar la muerte.» dirá Eurípides en sus versos (Suppl. 1.109-1.111), recordados por Plutarco, «en un lamento que respira odio a la vejez, que busca imposibles».
  44. 44. Brujería, mitos y realidades Desde el tiempo de Aristóteles se conoce el principio de asociación y también las leyes que lo regulan. La conexión de las ideas y creencias en torno a todos estos arquetipos parece haberse establecido de acuerdo conaquel principio, por contigüidades y semejanzas evidentes. Es posible realizar bastantes investigaciones partiendo de él. Podemos suponer, por otra parte, con visos de verosimilitud, que las leyes primarias de similaridad se han aplicado en otros casos que tocan a la magia y a la convicción de que las mujeres son más dadas a ella que los hombres, acaso también a toda acción maligna. Es un lugar común, antiguo, que da pie a situaciones que se repiten en formas individuales y colectivas. Examinemos algunas de las del segundo tipo. El asunto de los venenos con el que quedó Roma aterrorizada el año 331 a. C. (423 de su fundación) es uno de los que nos ilustran bien respecto a la posición de magistrados fieros ante mujeres acusadas por el rumor público y denunciadas, en última instancia, por una criada. Ciento setenta mujeres fueron condenadas. Mucho tiempo después, el año 186 a. C., hubo otro asunto de venenos y una encuesta judicial («veneficii quaestio»), a causa de la cantidad de personas que morían: en especial hombres importantes. Se decía que el cónsul C. Calpurnio había sido muerto por su mujer Quarta Hostilia, que fue condenada. Nadie que lea el texto de Livio sobre el particular podrá dudar de que se halla ante una especie de modelo de situación. El asunto de las Bacanales también se presenta en Roma como otro caso en el que los magistrados más altos actúan sin crítica, dejándose llevar por criterios políticos (demagógicos, podría añadirse) y utilizando las denuncias estereotipadas. Empiezan por las hechas por la cortesana Hispala, que informa al cónsul Postumio de una serie de horrores llevados a cabo en lugares recónditos, de noche. Las más inmundas orgías se mezclaban a sacrificios sangrientos. En ellas participaban tantas personas que se podía decir que constituían un cuerpo considerable, dentro de la población romana. Hombres y mujeres de las mejores familias participaban en los ritos nefandos. Respecto al asunto de las Bacanales, el llamado «Senatus consultus de Bacchanalibus», descubierto en Calabria el año de 1640, es un monumento importante del latín antiguo C.I.L,. I, I, 2, 581. Pese a él, en el sur de Italia se celebraron después conciliábulos…
  45. 45. Brujería, mitos y realidades Mas he aquí que llegó a la ciudad de Hispola, menos culta que otras, sin duda. Y cuando llegó los habitantes quedaron espantados, antes de que abriera la boca. Mas cuando le vieron andar a grandes pasos, alzarse sobre los coturnos, abrir una boca grandísima y cubrirse de largos ropajes, el miedo aumentó. Aún fue mayor al comenzar a declamar. La mayoría huyó, creyendo que un demonio aullaba en sus mismísimos oídos. Por esto se ve bien — añade el biógrafo siguiendo a Damis— cuan simples y primitivas eran tales poblaciones. El hecho, verdadero o falso, es significativo porque, aparte de indicar que la magia y un determinado grado de cultura siempre tienen algo que ver, expresa la idea del poder de la máscara y la acción teatral sobre cabezas sencillas y su capacidad de interpretar como realidad lo que para otros es ficción engañosa o símbolo. La pequeña sistematización llevada a cabo en las páginas anteriores está motivada por dos razones fundamentales. Cuando en el siglo XVI se plantea el problema de la brujería en sus formas más vigorosas, los textos clásicos son manejados con tanta frecuencia como soltura por los juristas y teólogos que defienden las posiciones más violentas: los que, por lo tanto, están en la línea de la credulidad absoluta. Son, en suma, como aquellos graves varones que Luciano hacía congregar para contarse los unos a los otros cuantos hechos maravillosos podían imaginarse, dándose toda clase de detalles respecto a cómo ocurrieron. Jean Bodin o Martín del Río están en la avanzada. Son hombres de una gran erudición puesta al servicio de la fe más terrible: enemigos del tipo del incrédulo o lucianesco, que también se daba en su época. La erudición clásica contribuye a formar sus conceptos por medio de asociaciones y a condicionar sus actuaciones severísimas. Otros eruditos, con intereses menos ligados con la praxis jurídica, contribuyeron también de modo poderoso a que las letras profanas pudieran quedar al servicio de las sagradas en una triste esclavitud… El miedo a cierta clase de hechizos duró a lo largo de toda la Edad Media y siendo uno de los fundamentos en que se basa el «miedo a la mujer», que se manifiesta de muchos modos: desde el sermón a la ley pasando por la sátira, el chiste popular y la novela...
  46. 46. Brujería, mitos y realidades A la magia femenina se opone un procedimiento brutal, también mágico-religioso, que es el de la «salva». Hay muchas leyes medievales que se refieren al modo por el que ha de «purgarse» la mujer acusada de haber llevado a cabo determinados actos. Tratando Ambrosio de Morales de la práctica antigua de la «purga» o «salva» por el fuego, que tenía lugar cuando se dilucidaba si había habido o no delitos como el de adulterio, indica cómo en el Fuero Juzgo (libro VI, título 1) se establece la «compurgación»» con agua caliente. Después la vuelve a registrar en el Fuero de León, leyes XX y XLI, en relación con causas medio civiles, medio criminales. También en el fuero de Sepúlveda, de Alfonso VI de Castilla. Y continúa: «Mucho más claro y más extendido se halla ya todo esto en tiempo del rey don Alonso el de las Navas, y particularmente se halla en el fuero que él dio a Baesa, como se entiende por estas leyes que hay en él: puestas aquí en el mismo lenguaje que allí se hallan todas juntas y seguidas.» » La muger que abortare sabidamentre, si malfiesto fuere, sea quemada; si non, sálvese por fierre caliente. E si alguna dixiere, que preñada es de alguno, y el varón, non lo creyere, prenda fierro caliente; e si quemada fuere, non sea creyda: mas si sana escapare del fierro, de el fijo al padre, e criel, assi como fuero es. »Muger si legare omes, o bestias, o otras cosas qual pueden legarse, sea quemada: e si negare, sálvese por fierro caliente. E si varón fuere legador, sea agotado, e sacado de la vila. E si negare, sálvese por lid. »Muger que erbolaria fuere, o fechizera, sea quemada, o se salve por fierro caliente. La muger que su marido matare, sea quemada, o se salve por fierro caliente. Toda muger que tales cosas faze, deve prender fierro: mas no por omezillo que ela faga: si non fuere provada por mala, que aya yazido con cinco omes.
  47. 47. Brujería, mitos y realidades »E las medianeras o alcahuetas sean quemadas, o si negaren, sálvense por fierro. »E1 fierro que por justicia fazer fuere fecho aya quatro pies assi altos, que la que a salvarse oviere la mano pueda meter de yuso. La influencia germánica a este respecto parece decisivo. También la judaica. Lo clásico queda como apartado. La fácil asociación con el papel de mujer perversa, bruja, fue sumisamente aceptado en el medievo, adquiriendo un sentido trágico y siendo aplicado a comienzos del XVII en circunstancias especiales. El que desarrollará de modo más peligroso esta doctrina «antifeminista» será Pierre de Lancre, que, en su tratado más conocido, dedica un capítulo entero a explicar «Pourquoy il y a plus de femmes Sarcieres que d'homes, et d'une certaine sorte de femmes qu'on tient au pays de Labourt pour Marguillieres, qu'on appelle Benedictes». El sistema asociativo llega aquí a extremos similares a los que produjo en la Antropología de fines del siglo XIX. Empezamos con la Odisea, Circe, Hécate y acabemos con las humildes «serorak», de Urrugne, o Saint Jean de Luz: ¿pero por qué se dio la misma tendencia a comparar primero y asociar después, en un juez fanático del tiempo de Enrique IV de Francia y en un antropólogo evolucionista e incrédulo del siglo XIX? El asunto tiene más enjundia de lo que pudiera parecer a primera vista. Y creo que, dejando ahora a un lado la horrenda literatura jurídica, conviene que, para aclararlo, nos metamos en el campo de la creación literaria. Del siglo XV en adelante no será difícil hallar textos poéticos que se inspiran en algunos de los clásicos citados antes. La manera de adaptarlos es, a veces, curiosa desde nuestro punto de vista. Relata el poeta un hecho de su época y al punto lo relaciona, lo «asocia», con otro similar del pasado: igual que hacían el juez y el jurista. He aquí a Juan de Mena en trance de describir, en El laberinto, una escena de hechicería ocurrida en su época. No se le ocurre cosa mejor que inspirarse en la consulta del hijo de Pompeyo a la hechicera Erichto. La de los próceres de Castilla, enemigos de don Álvaro de Luna, a una hechicera de Valladolid parece ser histórica (Menéndez Pelayo, Antología de poetas líricos, 11. Santander, 1944, pág. 171).
  48. 48. Brujería, mitos y realidades Pero es de suponer que esta hechicera no tuviera tan cerca de sí el texto de Lucano como el poeta y que no invocara a Hécate, como lo hace en El laberinto. Más adelante estos procesos de ajuste y actualización se llevan a cabo con mayor habilidad psicológica, aunque la educación clásica siempre haga que los escritores se deslicen por los campos del anacronismo. También Fernando de Rojas pone en boca de Celestina un conjuro de corte lucaniano, aunque sin mención de Hécate. No está aquí, en una copia formal, lo más curioso del caso. El talento mayor del autor de La Celestina fue, a mi juicio, el de tomar un arquetipo clásico, conocido a través de poetas eróticos y de escritores satíricos y costumbristas, trasladarlo a la España del siglo XV y convertirlo en un «personaje real» del momento: tan real que en los procesos inquisitoriales nos lo podemos encontrar representado por mujeres de carne y hueso. Es decir, que dejando a un lado cuestiones de «influencias», «paráfrasis», «copias», traducciones y adaptaciones de textos, que son las que han preocupado más a los críticos, lo que da vida a la creación literaria es la identidad o la analogía, desde el punto de vista social y psicológico. Ahí está la Celestina como ejemplo: castellana, romana, griega, del siglo XV o del tiempo de Ovidio, para el caso es lo mismo. Ahí están las brujas voladoras, de Tesalia o de Navarra. Cuando el autor de El Crotalón idea un episodio brujeril de corte lucianesco, no lo pone en Tesalia: sí, en la Navarra famosa por los procesos del tiempo de Carlos I. Por algo es. Los modelos pesan siglo tras siglo y cobran nuevos perfiles con la luz renacentista: se actualizan, para bien o para mal. Los aficionados a prodigios son tan abundantes como cuando Luciano escribió el Philopseudes. El lugar común viejo, el tópico, se refleja en la vida y hay hombres más dados a él que otros: hombres y mujeres de cierto temperamento, de cierto carácter, quedan más esclavos de las creencias que nos ocupan no por razón de miedo teológico al mal ni de escrúpulos legales, sino porque el amor como pasión avasalladora les hace quedar cerca de ellas siempre. Acaso el ejemplo más ilustrativo lo tenemos dentro de España, en la figura de Lope de Vega.
  49. 49. Brujería, mitos y realidades (…) «No sabe, aunque es discreta, lo que pasa, y así el honor de entrambos atropella, ¡cuántas casas de nobles caballeros han infamado hechizos y terceros! Fabia, que puede trasponer un monte, Fabia, que puede detener un río, y en los negros ministros de Aqueronte tiene, como en vasallos, señorío; Fabia, que deste mar, deste horizonte, al abrasado clima, al norte frío, puede llevar un hombre el aire le da liciones; ¿hay mayor donaire?» No cabe duda de que Lope tenía presentes algunos modelos clásicos al componer esta tirada: pero también es claro que su reflexión acerca de las casas de caballeros donde entraban hechizos era válida no sólo referida a la época de Juan II, en que coloca la acción del drama, sino en tiempos de Felipe IV, cuando lo compuso. La comparación con lo clásico se halla en otro pasaje. Tello, criado astuto y leído, dice hablando de Fabia: «No supo Circe, Medea ni Hécate lo que ella sabe». Las tres figuras arquetípicas van, pues, aquí unidas. La ambigüedad de la posición de amo y criado ante la hechicera se refleja no sólo en el hecho de que Tello quiera engañarla, a pesar de su ciencia, sino también en el de que don Alonso proclame, pese a todo, que no cree en hechizos: «No creo en hechicerías que todas son vanidades.» y que Tello recomiende: «Y no hagas caso de sueños y agüeros cosas a la fe contrarias». Porque Tello mismo va con Fabia a arrancar los dientes de un ahorcado... y los agüeros se cumplen.
  50. 50. Brujería, mitos y realidades La sombra, doble de don Alonso, aparece rápida. Y el caso es que éste, contra la voluntad aparente de Fabia, se va a Olmedo, y antes de ser asesinado, en el camino, oye la canción famosa en boca de un labrador... que dice habérsela oído a la misma hechicera. «Que de noche le mataron al caballero, la gala de Medina la flor de Olmedo. Sombras le avisaron que no saliese, y le aconsejaron que no se fuese. El caballero, la gala de Medina, la flor de Olmedo.» La situación contradictoria que presenta el poeta no debe explicarse en términos racionales, sino contando con las olas de pasión que dominan a don Alonso y doña Inés y también al rival de don Alonso, es decir, don Rodrigo, que llega al asesinato por envidia y celos, escudándose en rivalidad de pueblos (Medina frente a Olmedo) y en la creencia de que la desdeñosa pretendida está hechizada. La consecuencia moral puede ser la misma de La Celestina. Cuando en cuestiones de amor, como en otras cualquiera, se introduce al diablo de modo deliberado, el final tiene que ser trágico por fuerza. Es una consecuencia dentro del contexto cristiano, claro es. Se ha discutido, a veces con cómica seriedad, si Lope fue supersticioso o no.
  51. 51. Brujería, mitos y realidades Algún erudito, en su afán apologético, quiso demostrar que no lo había sido. Dejemos a los apologistas con sus obcecaciones. Lo interesante en su teatro es el acomodo de su propio carácter y temperamento a las ideas recibidas. Porque Lope, en su estimación de la mujer, sigue a los antiguos y cree como Bodin y Pierre de Lancre, sus contemporáneos, que es más dada que el hombre a todo tipo de superstición. A este respecto es bastante conocida una tirada de don Lope, en la escena XIV del acto tercero de El arenal de Sevilla, que dice: «¡Oh flaqueza de mujer, / fáciles para creer / cualquiera superstición! / Si creéis cosas como éstas / no es engañaros hazaña; / que si el demonio os engaña, / es porque os halla dispuestas. / ¿Quién cree en la Astrología judiciaria? / La mujer. / ¿Quién es fácil de creer / en la engañosa Geomancia? / La mujer. / ¿Quién en las suertes? / La mujer. / ¿Quién en el hechizo? / La mujer; / que de ellos hizo / con ignorancia, mil muertes, / siendo todo loco engaño / y contrario a nuestra fe». Pero Lope mismo, en esto, tenía rasgos que podríamos llamar femeniles siguiendo el pensamiento expuesto. Yo preferiría llamarles más bien «pasionales» que «racionales», admitiendo siempre que lo «pasional» se da más en la mujer, que no en todas y lo «racional» más en un tipo de hombre, que no en todos. La posición ambigua de Lope ante las artes divinatorias y la astrología se manifiesta clara en la comedia de ambiente Servir a señor discreto, que pasa en Sevilla, Sierra Morena y Madrid. En ella al protagonista, un don Pedro de Ibar, hidalgo pobre y arruinado por haber pretendido a una dama riquísima, hija de indiano, al volverse a Madrid se encuentra con un astrólogo, descrito en un diálogo como «Ni sé si es diablo o si es hombre…». Y la literatura hasta nuestros días continúa, con su vuelta al tópico clásico, de hechicera que muta en bestia, que muta en bella joven, que muta en una vieja, fea y alcahueta, que muta y muta y hace mutar las piedras… Fuente: CARO BAROJA, Julio. Ritos y mitos equívocos. Ed. Istmo, S.A. 1989. Cap. II: Arquetipos y modelos en relación con la historia de la brujería. pp. 215-248. En el libro citado aparecen notas a pie de página que no han sido reproducidas en el presente trabajo.
  52. 52. PROCESOS INQUISITORIALES FAMOSOS . La dendrolatría en el norte de España, en las provincias vascongadas, Santander y Asturias, tuvo siempre caracteres muy definidos a consecuencia de la vegetación forestal que hay en aquella zona. Estas formas en síntesis son tres: veneración por los árboles y bosques en general; veneración por determinados árboles y bosques en particular; veneración por los espíritus que habitan los árboles y los bosques. Tales espíritus son muchos y de diversa índole CARO BAROJA, Julio. Ritos y mitos equívocos.
  53. 53. . Margarita Porete (1250-1310) . ESCRITORA FRANCESA ENVIADA A LA HOGUERA (SIGLOS XIII-XIV) El 1 junio de 1310, en la plaza de Grève de París, donde actualmente está el Ayuntamiento, era quemada en la hoguera una joven beguina acusada de haber escrito y difundido mensajes heréticos. Era Margarita Porete, una mística defensora del amor de Dios. Margarita Porete fue una joven beguina nacida a mediados del siglo XIII que dedicó su vida a escribir sobre el amor totalmente desinteresado hacia Dios. Margarita se unía a una de las corrientes místicas medievales que se basaba en un diálogo directo con Dios y en una exaltación de su amor sin condiciones. Esta corriente nos ha dejado grandes nombres comoHildegarda de Bingen o Hadewych de Amberes. Todos sus pensamientos, sentimientos y experiencias místicas los plasmó en un libro titulado El Espejo de las Almas Simples. Con reflexiones profundas puestas en boca del Amor, el Alma o la Razón, Margarita ahondaba en la necesidad de dejarlo todo y no esperar nada en su camino de perfección. En sus propias palabras: El Alma, convertida en nada, sabe todo y no sabe nada. Las palabras de Margarita la llevarían primero a la excomunión y más tarde a la hoguera de la Inquisición. En su convencimiento de no estar cometiendo ningún acto contrario a la ortodoxia religiosa, Margarita desestimó las oportunidades que se le brindaron para retractarse de sus propias palabras, a las que fue fiel hasta su muerte. En 1306, el obispo de Cambrai, Guido II, hacía quemar en la plaza pública de Valenciennes el Espejo, lo que suponía su prohibición bajo pena de excomunión. Más tarde fue la propia Margarita la que fue perseguida. Permaneció un año y medio en prisión. Durante este tiempo en que continuó creyendo en su inocencia, se negó a comparecer ante un tribunal eclesiástico. A pesar de que hubieron algunos clérigos que defendiendo a Margarita, nada se pudo hacer para que en 1310 fuera entregada al brazo secular de la Inquisición quien la condenó a morir quemada viva, sentencia que se cumplía poco tiempo después.
  54. 54. Margarita Porete (1250-1310) . ESCRITORA FRANCESA (SIGLOS XIII-XIV) Sorprende como en un tiempo en que la Iglesia tolerara a muchas mujeres místicas, defensoras de su relación directa con Dios, sin necesidad de intermediarios, Margarita fuera condenada a la más alta pena y sus palabras prohibidas y catalogadas de herejía. Incluso algunas de ellas también hicieron duras críticas a la Iglesia establecida pero no tuvieron el desdichado fin de Margarita. Émilie Zum Brunn apunta como posibles causas de su enjuiciamiento, razones políticas y defectos de forma en el juicio a Margarita. El Inquisidor General del reino de Francia que había llevado el caso era el dominico Maestro Guillermo de París. Confesor del rey Felipe el Hermoso, Guillermo había presidido tres años antes, en 1307, el controvertido proceso contra los templarios. Según argumenta Zum Brunn, la culpabilidad de Margarita no sería más que una compensación ofrecida al papa y a la iglesia tras el espinoso asunto de los templarios. Otra de las causas pudo haber sido la lectura sesgada y sacada de contexto de los fragmentos del Espejo que los sabios de la universidad de París usaron en el proceso. Tras la condena y ejecución de Margarita, su libro no desapareció. Durante mucho tiempo aparecieron copias por distintos lugares de Europa sin apuntar su autoría. Tuvieron que pasar más de seis siglos para que en 1946 se identificara a Margarita como la autora de uno de los libros místicos más importantes de la Edad Media.  Fuente: PORETE, Margarita. Espejo de las almas simples. SIRUELA, 2005. http://books.google.es/books/about/El_espejo_de_las_almas_simples_The_Mirro.html?hl=es&id=iqvAn7XJzkgC EPINEY-BURGARD, Georgette y ZUM BRUNN, Émilie. Mujeres trovadoras de Dios. PAIDÓS, 1998 Dialnet [Artículo: La Noción de Libertad (…) A propósito de Margarita Porete, por Josep Ignasi Saranyana] http://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/2293123.pdf VV.AA. Espejo de brujas. Mujeres transgresoras a través de la historia. Ed. ABADA, 2012 http://www.abadaeditores.com/libro.php?l=316

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