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Las mujeres de la biblia
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Las mujeres de la biblia

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Algunas de las mujeres que influyeron en la historia del Pueblo de Israel y en la vida de Jesús de Nazaret.

Algunas de las mujeres que influyeron en la historia del Pueblo de Israel y en la vida de Jesús de Nazaret.

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  • 1. LAS MUJERES DE LA BIBLIA <ul><li>ANTIGUO TESTAMENTO </li></ul><ul><li>SARA </li></ul><ul><li>REBECA </li></ul><ul><li>RAQUEL Y LEA </li></ul><ul><li>DEBORA </li></ul><ul><li>NOEMÍ </li></ul><ul><li>NUEVO TESTAMENTO </li></ul><ul><li>-LA MUJER ADÚLTERA </li></ul><ul><li>-MARÍA MAGDALENA </li></ul><ul><li>-LA SAMARITANA </li></ul><ul><li>-MARTA Y MARÍA </li></ul>
  • 2. SARA Sara es la primera mujer cuya fe se nos muestra para que la observemos, y esto específicamente en su función de mujer casada. Se nos presenta ya como &amp;quot;la mujer de Abraham“ y así permanece en la Biblia. Sara nos es presentada como es: como una intrigante a veces; a veces como una heroína. Se nos presenta la vida de una mujer como era en aquellos días, una vida de negación personal para las mujeres. El misterio de la fe se realiza en su corazón. Por medio de esta fe la posición de la mujer es esencialmente ennoblecida, de modo que puede ser presentada como un modelo para las mujeres cristianas. Esta fe, sin embargo, se expresa a través del curso natural de los sucesos. En realidad halla en la vida ordinaria la sustancia en la cual puede echar raíces y empezar a crecer. Cuando Abraham sale de Ur de los Caldeos para ir a Canaán, ella deja a sus amigos para ir con él a un país extraño; cuando es raptada al harén de dos príncipes extranjeros, permanece fiel a Abraham. En todo se adapta a las circunstancias. Recibe sus invitados y con ello, sin saberlo hospeda a ángeles. Y, finalmente, decide dar la preferencia a Agar antes de ver a su marido sin hijos. Luego, cuando Agar la provoca, afirma sus derechos como esposa, y Dios le dice a Abraham que debe tomar partido por Sara. Cuando Dios se apareció a ella y a Abraham, y les dice que el hijo nacerá de su matriz, ella lo duda. Sin embargo, acepta finalmente la esperanza de que el Mesías saldrá de su seno. Dios, en consecuencia, cumple dos cosas en ella. Por su Espíritu la fortalece y hace que su fe crezca. Además, crea en ella una nueva vida en su seno. De esta manera pasa a ser la madre de Isaac y a través de él, del Mesías.
  • 3. REBECA No es muy probable que el hijo de Abraham, Isaac, pudiera casarse entre gente extranjera. Abraham lo envía a sus parientes y a los de su mujer para encontrar a una compañera aceptable. Y la encuentra en la persona de Rebeca. Isaac presenta la misma actitud de su padre, cobarde en algunos momentos, sobre todo cuando está dispuesto a arriesgar la integridad de Rebeca por su propia seguridad. El papel de Isaac, aparte de engendrar a Jacob y Esaú, es pequeño en comparación con el de Rebeca. Es a Rebeca, no a Isaac, a quien Dios revela la naturaleza que lucha en su vientre, que el menor usurpará al mayor. La preferencia de Isaac por Esaú no favorece el plan de Dios, pero el amor de Rebeca por Jacob es recompensado por la venta de la primogenitura por Esaú, conseguida, eso sí, con engaños. Gracias a sus maquinaciones, es Rebeca quien sirve de instrumento a la voluntad de Dios, al obtener la bendición para Jacob en vez de para Esaú, y es Isaac quien se queda en la oscuridad ante los planes de Dios. Esaú se casa entre extranjeros, los hititas. La enemistad entre los dos hermanos, que comenzó en el vientre de Rebeca, continúa como un motivo que se repite y que causa que Jacob se refugie con los parientes de Rebeca para encontrar una esposa aceptable, Raquel.
  • 4. RAQUEL Y LEA Sabemos que Jacob, temeroso por su vida, y aconsejado por su madre Rebeca de que huyera a tierra de su hermano Labán, encuentra en esta tierra de Lamán seguridad y una gran bendición de Dios. Jacob llegó a casa de su tío. Encontró a Raquel en el pozo y Jacob la ayudó. Entonces ella fue a donde su padre quien al saber de Jacob fue en su búsqueda. Así que Jacob es hospedado en la casa de Lamán. Se enamora de Raquel, quien es muy hermosa y la pide como esposa. Pero como en la tierra de Lamán había una tradición, la hija mayor debía casarse primero, Labán engaña a Jacob y le da a su hija mayor ( Lea) como esposa, con la cual tiene varios hijos. Pero para Jacob el amor por Raquel no tenía precio, así que los días pasaron rápidamente para él. Convive la semana con Lea, de acuerdo a la tradición, y al terminar la semana se casa con Raquel. Jacob y Raquel se convierten en los padres de las tribus que forman el pueblo hebreo. Es a través del primer hijo de Raquel, José, que la bendición, la progenie y la tierra alcanzarán un cumplimiento intermedio en Egipto. Raquel es la verdadera esposa de Jacob, aquella que él desea y ama más, y la madre de José y Benjamín. Raquel es aquella de quien Dios se acuerda al abrir su vientre con José y accediendo a su deseo por segunda vez con Benjamín antes de su muerte en el parto. Además, su cuerpo se convierte en otra marca para reclamar Canaán, cuando Jacob la entierra en Belén . Y aunque cada tribu no está ligada a Raquel directamente, los progenitores de la prosperidad en Egipto son sus dos hijos, José y Benjamín.
  • 5. DEBORA: REINA, JUEZA, PROFETISA DE DIOS Débora es Ia Juana de Arco de la asombrosa historia de Israel. Israel cayó repetidas veces en la idolatría. En estos períodos había perdido todo sentimiento de conciencia nacional y habría renunciado a su prestigio y honor. Pero tenía también una resistencia y una elasticidad que le permitía recobrarse como ninguna otra nación. Se recobraba totalmente de lo que parecía una desintegración espiritual y política. Esta capacidad de renacer de sus cenizas era un don de Dios. Que Dios tenía destinado que Israel tenía que restaurarse, se hace evidente de modo perfecto cuando consideramos la historia de Débora y los días en que vivió. Los que vivían en las regiones de montañas como Efraín, poseían todavía una cierta organización, y habían resistido heroicamente . Débora, que vivía debajo de una palmera, entre Rama y Betel, en tierra de Efraín, los había inspirado a esta resistencia. La llamaban «la madre de Israel». Era astuta, denodada y tenía el don de la profecía y del canto. Les recordaba a sus compatriotas en las montañas la historia de la liberación de Egipto, el paso por el Sinaí, y les profetizaba días mejores en el futuro. Como juez, administraba justicia y les daba consejos. Su reputación era sólida y les inspiraba confianza. Con la ayuda de Barac organizó un ejercito pequeño permanente entre el pueblo. Entrenó e inspiró al jefe de este ejercito, Barac, y le dio instrucciones en la forma en que debía presentar batalla a Sisara, el general del ejercito de Jabín. Su capacidad militar era evidente, y lo prueba que Barac requiriera de Débora que ella le acompañara a la batalla.
  • 6. NOEMÍ Es el nombre de una mujer del pueblo de Israel, en la época anterior a los reyes. Significa &amp;quot;Mi suavidad&amp;quot;, &amp;quot;Mi delicia&amp;quot;, pero pasó una época de su vida muy amarga, por lo que pidió que dejasen de llamarla Noemí y la llamasen Mara (Amargura). En efecto, a causa de una gran hambre que hubo en Israel, y concretamente en Belén donde vivía, se vio obligada a emigrar al país de Moab con su marido Elimelec y con sus dos hijos, Mahlón y Queón, que se casaron en el país de los moabitas con sendas mujeres del país: Rut y Orfa. Enviudó Noemí y al poco tiempo murieron también sus dos hijos, quedándose sola la buena mujer en un país extranjero con dos nueras también extranjeras. Comprendió que no le quedaba ya nada que hacer entre los moabitas, por lo que decidió regresar a Israel. Pero la fidelísima Rut, que sentía veneración por su suegra, le dijo que no la abandonaría, que se iría con ella a Belén, y allá que se fueron las dos en el tiempo de la siega. Rut iba tras los segadores, recogiendo las espigas que se perdían de las gavillas, para atender a su propio sustento y al de su suegra Noemí. Al verla Booz, propietario de los campos en que Rut recogía el trigo de los pobres, que además de acaudalado propietario, era pariente de Noemí, dio orden a los segadores de que cumpliesen con especial celo la ley de Moisés que mandaba no apurar los campos para que los pobres y los extranjeros tuvieran algo que llevarse a la boca. Sabedora Noemí del interés que se estaba tomando Booz por su nuera, la instruyó de manera que entre la ley del levirato, que obligaba en cierta manera a Booz, y el atractivo que sentía éste por Rut, acabase celebrándose el matrimonio entre ambos. De este modo Noemí reinsertó en su familia a su fiel nuera Rut, extranjera, lo que la hizo maravillosa a los ojos de los israelitas, que escribieron su historia en los libros sagrados y tomaron a Noemí como modelo a ser admirado y seguido por todo el pueblo de Israel a lo largo de los siglos.
  • 7. LA MUJER ADÚLTERA Dura fue la historia de la mujer adúltera. Su historia es la de una mujer débil situada en medio de una conspiración contra Jesús. Ella era pecadora sin género de dudas, pero el problema que se pretende plantear a Jesús es de mucho más calado: los escribas y fariseos buscan un pretexto para derrotar a Jesús, sorprenderle en una situación sin salida y humillarle como un falso Maestro o rechazarle como un falso Mesías. Lo cierto es que la situación es enormemente vergonzosa. Siempre la impureza lo es, pero ser sorprendido y ser juzgado en público sería una situación realmente embarazosa. Jesús, se opone a una ley inhumana, defiende a aquella mujer acosada por todos, le perdona en nombre de Dios y le propone vivir su vida con dignidad. Lo que la mujer adúltera necesitaba no eran piedras sino que alguien la ayudara y le ofreciera una posibilidad de vivir con dignidad. Vete y no peques más. Así despide el Señor a aquella mujer acosada. La deja marchar, pero le recuerda la gravedad de su pecado, y que si no lucha puede volver a reincidir. La mujer adultera acudió forzada y utilizada por un grupo de hombres con la conciencia deformada. Jesús aprovecha la maldad de aquellos hombres para intentar que vuelva a la vida recta una persona pecadora. La adúltera tiene la oportunidad de aprovechar sus errores y los de sus perseguidores en una conversión fruto de un encuentro con Jesús de lo más sorprendente. El relato de la mujer adúltera es conmovedor. Esta mujer humillada, condenada por todos, avergonzada de sí misma, sin apenas horizonte de futuro, se encuentra con Cristo. Sus palabras le van a hacer pasar de la condena al perdón, del pecado a la inocencia, de la desesperación a la esperanza. «Yo no te condeno. Anda, y en adelante no peques más.»
  • 8. MARÍA MAGDALENA Una de las mujeres más agradecidas del Señor fue María Magdalena. María Magdalena es el equivalente femenino de Pedro en el círculo que seguía a Jesús Los dos se caracterizaban por su celo y su fervor; fervor que a veces era excesivo y tenía que ser reprendido. Jesús la había libertado de siete demonios que la atormentaban. Desde ese mismo momento Magdalena dedicó su vida al servicio de Jesucristo. Siempre estaba cerca de él, no lo abandonó en su muerte y fue de las primeras en verlo resucitado. Permaneció con las mujeres que seguían a Jesús y sus discípulos, que les servían según necesitaban y que cuidaban de ellos. Necesitaban dinero, alimento, vestido. El dinero lo proveían estas mujeres, según vemos en Lucas 8:3. Pero, este servicio material no era la única prueba de lealtad de María Magdalena a su Salvador. Cuando Jesús fue a Jerusalén para sufrir y ser crucificado, María Magdalena le acompañaba. En la cruz, todos los discípulos excepto Juan, habían huido. Pero, María Magdalena permaneció y fue testigo de la muerte de Jesús. Y después de los sucesos del Gólgota, participó en los preparativos de su entierro. Fue también una de las mujeres que se dirigió al sepulcro para derramar especias sobre la tumba. Y cuando hallaron que el cuerpo no estaba allí, fue María la que fue a Jerusalén y halló a Pedro y le comunicó la noticia que lo habían robado. Regresó a la tumba, probablemente antes que los apóstoles llegaran allí. Sabemos que tuvo un encuentro con Jesús y que no le reconoció, pero fue sin duda la primera mujer que le vio. Fue necesario que Jesús la llamara por su nombre antes que sus ojos fueran abiertos. Entonces le reconoció y cayó de rodillas.
  • 9. LA SAMARITANA Esta mujer no podemos decir que fuera un modelo de virtudes. El hecho de que cinco maridos se le murieran no puede achacársele como culpa suya, pero sí el que, cuando fue al pozo y encontró a Jesús, estuviera viviendo con un hombre que no era su marido. Y sin embargo, Dios, en su Providencia dirige las cosas de tal forma que esta mujer mundana, superficial y probablemente inculta, recibe una revelación extraordinaria, pues Jesús le habla de términos de gran profundidad y simbolismo, que se reservaba para ocasiones solemnes. Jesús le dice: «Dame de beber.» «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?» Jesús le respondió:«Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva .» Le dice la mujer: «Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo; ¿de dónde, pues, tienes esa agua viva? ... Jesús le respondió:«Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna . &amp;quot;Señor, dame de esa agua , para que no tenga más sed y no tenga que venir aquí a sacarla.&amp;quot; (Jn 4,15). Ahora que la samaritana le ha abierto el corazón y está a la escucha, es cuando empieza Jesús a cambiar su corazón. Primero le hace ver su pecado para salvarla. La samaritana descubre su debilidad, su necesidad de felicidad, no puede esconderse delante de Jesús. Jesús quiere enseñarle que el agua que le ofrece no es la que sale del pozo. Quiere enseñarle que ella tiene sed, pero no de agua. ¿De qué tiene sed? Sed de Dios. Jesús la escogió para convertirla y le indujo a hacer una confesión de fe. La samaritana aceptó y estaba tan emocionada que corrió a su pueblo a contar a todos lo que había descubierto y &amp;quot;Muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por las palabras de la mujer”
  • 10. MARTA Y MARÍA Nos es difícil pensar en Marta sin traer a María a escena. Las dos son diferentes, es verdad. María era una cristiana quieta, que gustaba de escuchar a Jesús, sentada a sus pies. Marta estaba en continuo trajín, afanándose por servir mejor al Maestro. Sería un error hacer el contraste entre las dos como de luz y tinieblas, bien o mal. Jesús le dijo a Marta, cuando esta le instó a que ordenara a su hermana que la ayudara, que María había escogido la buena parte, es decir algo mejor a la actividad incesante de Marta. Podríamos comparar diciendo que la una trabajaba con oro, y la otra con plata. Pero no hemos de olvidar que Dios en su soberana elección había llamado a cada una a un servicio distinto. Jesús no reprendió a Marta porque estaba ocupaba. La reprendió porque quería arrancar a María de los pies de Jesús, el lugar que había escogido su hermana. Marta probablemente miraba con desdén a su hermana escuchando a Jesús, no comprendiendo su quietud y misticismo. Para ella la vida era actividad y servicio. Pero, el servicio de ministrar misericordia y ayuda no lo es todo. En la Iglesia hay también el ministerio de la palabra. Marta, pues, tenía su trabajo particular, y estaba orgullosa de hacerlo bien. Aquí es donde tiene su punto flaco. Era una mujer íntegra, que amaba ardientemente a Jesús, que se ocupaba de lo humilde para servir al maestro. María escuchaba a Jesús, la mejor parte. Pero luego, todos ellos se sentaron a la mesa, bendecida por el Señor y servida por Marta.

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