Homenaje a Antonio Machado
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    Homenaje a Antonio Machado Homenaje a Antonio Machado Document Transcript

    • HOMENAJE A D. ANTONIO MACHADO FOTO: ARCOS DE S. JUAN DE DUERO – SORIA- AMIGOS ESCRITORES 2010
    •     Hola Antonio:     Somos un grupo de amigos escritores que queremos rendirte homenaje. Alguno de nosotros ha nacido o vivido en esa tierra castellana que tanto amaste. No tenemos una tertulia de bar. Ya quisiéramos. Nos comunicamos a través de una máquina que no llegaste a conocer. El ordenador. Imagina una mezcla de máquina de escribir y cinematógrafo. Teclas y pantalla que nos acercan el mundo a la sala de estar. Las cartas llegan con sólo tocar una de esas teclas. Accedemos a museos, diccionarios, santuarios, tierras y mares. Volamos sin volar. La noche pasada, en no más de una hora, viajé de Soria a Colliure. Allí siguen tus caminos. Sobreviven al tiempo y a las obras públicas porque aún hay pies que los recorren. Los pies de los que gustan escuchar el ruido que hace la hierba al crecer. Las campanas no han dejado de dar las horas en las torres de los pueblos y la gente espera al anochecer el crotorar de las cigüeñas. He visto los olmos y las golondrinas jugando. A pesar de la contaminación feroz.   Eran casi las nueve cuando llegué a Colliure, Antonio. El mar insistía en acercarse a las piedras milenarias. Me recibieron callejones empinados con geranios en los peldaños. Colores muy alegres en barcas y fachadas. Y tu tumba.   Sigue...(Pág. 1de 2)
    • Fin (Pág. 2)   Al entrar, a la derecha en el pequeño cementerio. Vestida con la bandera republicana. Cubierta la lápida con pétalos, con recaditos sujetos por piedras. Tu nombre. Y el de tu madre. Piedra y cemento remozados por suscripción popular. La máquina moderna me enseñó también fotos. Ganas mucho sin sombrero. Espléndida, la belleza de Guiomar. Tu último recorrido entre nosotros. A hombros de milicianos catalanes. La soledad digna del ataúd reposando sobre dos sillas.           Parece que descansas, Antonio. Acompañado, como bien decías en aquel verso furtivo, por estos días azules y este sol de la infancia Mecido por el mediterráneo Tú, que navegaste cien mares y atracaste en cien riberas.   Recibe un fuerte abrazo y nuestro respeto.         Mariluz (Mª Luz Fernández Llames) Febrero 2010
    • I   El Duero se adorna mece barquichuelas   junto a la orilla se besan amores en cada verbena   que la vida pasa Machado que la vida vuela   la arboleda sueña paseas tu pena     II   San Polo fuego fuerza     San Saturio agua aire tierra     III   El santero cuenta una noche vio   de remota tierra un hombre llevó   una mujer muerta el Duero abrazó   No saben quién era     IV   “ Soy quien esto escribe , que por fin descanso en mi amada tierra”   Carmen Salgado Romera (Mara)   Piñorra FOTO: CARMEN SALGADO ROMERA VESTIDA DE PIÑORRA EN EL DÍA DE CALDERAS”-LA DEHESA-SORIA
    • Barcas flotantes Primavera y amores Duero adornado. - Junto a la orilla Resuena la orquesta Baile de parejas. - Pasa la vida Piensa el poeta, mira, Vuela la vida. - Buscador de huellas De antiguos templarios Entre el polvo. - Sube a San Polo Visita el monasterio Capta su fuerza. - El santero cuenta Lo que vio una noche Desde San Saturio. - Triste, melancólico, Un hombre silencioso, Llega a la corriente. - Pone su beso Sobre la urna amada Y la sumerge. - Nota : Variación sobre un poema de MARA Homenaje a ANTONIO MACHADO. Mª Evelia San Juan Aguado FOTO: DUERO- SORIA- Haikus del Duero en Soria Niebla y soledad Le acompañan más tarde A su morada.
    • y al son de la brisa se mecen y enredan cohetes al aire la música cesa las parejas buscan bajo las estrellas el rumor del río y la luna llena que en él se refleja ya de madrugada se van a las eras un lecho de espigas doradas tersas acoge sus cuerpos de fuego y tormenta de regreso a casa huérfanos de estrellas con polvo en los pies los cabellos mesan Pepa Rubio Bardón Amor de Verano Al lado del Duero de oro la pradera es día del patrón romería verbena que el Verano es luz calor fiesta los enamorados al bailar se besan rojas amapolas jalonan la vega y al despedirse con el alma en pena “ Carpe diem” se dicen que Caronte espera ágiles los remos la barca dispuesta FOTO: S. POLO- SORIA-
    • Soria, 5 de Septiembre de l907     El viaje en tren, desde Madrid, ha sido un preludio de la tierra que me espera: Seca, áspera, rocosa, apenas dotada de una vegetación de matorral que subsiste al verano. El calor del vagón se combate con la bota de vino que generosamente ofrecen uno y otro de mis vecinos, antes de beber ellos, mirando con ojos suspicaces la largura del chorro que refresca el gaznate ajeno. Las gallinas cloquean en sus jaulas, y a lo largo del pasillo hay diseminadas cestas de hortalizas y víveres. Me rodean gentes humildes, con sus boinas y chaquetas ajadas y perdidas la color original, quedando un tono gris monocorde que se unifica al ambiente.   Algún collado, alguna sierra, el cauce seco de algún regato y sus márgenes bordeadas de un verde parduzco…y después…kilómetros de tierra yerma, grandes piedras y hierba amarilla, el triunfo de la naturaleza agreste.   De vez en cuando aparecen pequeños pueblos que testimonian, con la torre de su iglesia y las casas circundantes, con las tierras peinadas en diferentes posturas, que en este páramo hay vestigios de vida humana.   Mis compañeros de viaje miran disimuladamente la libreta donde tomo estas notas, el pudor de la educación, que les impide preguntar, demuestra su respeto.   Las siete y media de la tarde. Estación de los Pajarillos. La gran locomotora de carbón para entre chirridos de las ruedas en el carril y los chorros de presión de su vapor. El jefe de estación, firme, uniformado y uniformante, observa el descenso de viajeros y mercancías; dos carretilleros acuden a bajar baúles y maletas del vagón de equipajes.   Desciendo en penúltimo lugar, ayudando a bajar a una anciana rolliza que con sus faldas apenas vislumbra los tres peldaños de hierro que nos separan del andén.   La estación, con el alto techo de su zaguán, guarda un relativo frescor que se agradece. Al otro lado, unos pocos coches de caballos se ofrecen al transporte: “Mire usted que está lejos” insiste un cochero delgado y seco, imperturbable, dejándome a mi destino. -No importa, iré andando- contesto escueto, pensando en estirar las piernas mientras tomo el tiento a esta ciudad tan diferente a lo que ya conozco.   Sigue...(Pág. 1de 2)
    • Mi exilio, mi destierro. Castilla pura. Lugar donde espero alcanzar la esencia de mi alma de poeta.   ¿Soy docente? -Me pregunto mientras el polvo del camino cambia de sitio al ser pisado-. Puedo serlo, más no vocacional; es mi tarjeta de presentación social.   Mi vida es contemplativa. Observar, asimilar, exponer. Captar la esencia que contiene un paisaje o el sonido de la risa de una moza a la que la vida aún no le ha puesto su peor cara; transmitir esa música en palabras: adagios, allegros, mazurcas…puestas sobre un folio, con la métrica de la poesía.   El folclore al que mi padre dedicó su vida, puesto en papel y tinta.   Pesa la maleta: mitad libros y mitad ropa. Escueto equipaje para quien pretende ubicarse. Madre enviará el baúl, ya preparado, a una indicación mía.   Es largo el camino. Dura cuesta que serpentea en el horizonte para tomar otra cuesta más.   A la entrada de la ciudad, alquerías humildes, con tapias de huertas hechas de piedra. Las casas, de adobe cubierto de yeso amarillento, me traen a la memoria, por oposición, las casas andaluzas, de blanco deslumbrante que reflejan su fácil alegría hiriendo la pupila.   Mientras acudo a la fonda donde espero refugio para esta noche me pregunto: ¿Soy poeta?   Sí –contesta una voz interior-. Captas la sabiduría de un rostro arrugado por el sol, la memoria de una piedra en el camino, la esencia de un pueblo en el juego de rayuela de unas niñas; y sientes la necesidad de envolverlo y transmitirlo con la música de las palabras: la poesía, partitura de frases acordadas al compás….   Sí, soy poeta, y es por esto que después de conocer las diferentes vorágines de Sevilla, Madrid y París, siento que mi alma necesita el reposo que transmiten esta tierra y estas gentes; y así demando de este frío proverbial, que induce a la introspección, para poder escuchar las ideas que surgen desde el cerebro y caen en el corazón, convirtiéndose, tras alquímico proceso, en tinta que rasga la blancura de los folios.     Soria: Mi destino y el tuyo están ligados, lo intuyo. JESÚS SALGADO ROMERA
    • Hábiles las manos, rasgan la vieja guitarra del mesón, pero la copla que canta el afamado cantor es copla que muy serena surgió de otro trovador.   Antonio, poeta hermano, enamorado del mundo qué mala suerte te cupo perdiendo tu corazón; a las orillas del Duero un buen día se paró.   Antonio, poeta grande, tu verso nos enseñó una España que camina solo en tu imaginación, que no la vieron tus ojos siempre llenos de ilusión.   Siempre amante dolorido, terno de oscuro color, tu desaliñado porte no oscureció tu razón y alzaste tu voz, poeta de la libertad a favor.   Antonio, poeta hermano, en tus versos adorados tenías mucha razón: Hay dos Españas en una y una y la otra se evitan helándome el corazón.   Luis Parreño FOTO: ARCOS DE S. JUAN DE DUERO – SORIA- ANTONIO MACHADO.
    • A orillas del Duero, El viajero, el poeta, En el entierro de un amigo Un viejo y distinguido señor De su voz, cante hondo, Recuerdo infantil.   Inventario galante, Elegía de un madrigal Los sueños malos A un horizonte de moscas Hastío, consejos, acaso... Sueño infantil.   Coplas mundanas, Sol de invierno Por tierras de España El dios ibero, el loco, La noria, jardín, el cadalso, Fantasía de una noche de abril.   Aquella tarde, La tierra, la casa, Los asesinos, El castigo, Un criminal, El sueño.  El mañana efímero Proverbios y cantares De mi bufón, parábolas Desde mi rincón A una España joven Otros días, otro viaje. Hacía tierra baja. De mi cartera Viejas canciones, Canciones de tierras altas, Canciones del alto Duero, Canciones A un olmo seco. A la luna, la sombra y el botón.   Poema de un día. A un naranjo y a un limonero, Al olivo del camino, Mis poetas Son Soledades de un maestro El viajero, el viaje, caminos...   FOTO: ERMITA DE S.SATURIO-SORIA-
    • De tu corazón fluyen sentimientos, de tus manos, poemas, de tus pensamientos, tus penas  Manuel Ángel Ortiz Martínez Naciste en Sevilla, tierra de azahar Madrid y Soria tu sueño, con Leonor fuiste dueño, y tu destino fue amar Tuviste que salir de España, en busca de otra tierra, que aquí en tu sierra, el corazón te araña Antonio, hermano de poeta, gracias por tu hermosura, de tan grandísima altura, entre místico y asceta Fuiste el más grande amado, de Sevilla al cielo, suave como un velo, mi homenaje para ti, Antonio Machado FOTOMONTAJE: ERMITA DE S.SATURIO-
    • Sigue...(Pág. 1de 2)   ¡¡¡Recuerdos!!!      Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla y un huerto donde madura el limonero. El limonero florido, el cipresal del huerto, el prado verde, el sol, el agua, el iris… ¡el agua en tus cabellos!   Recuerdo que desde muy joven, con mi hermano Manuel, empecé a escribir. Mi padre nos encaminaba hacia el folclore, pero enseguida desistió tras el primer ensayo. Pronto comprendí que solo el poeta puede mirar lo que esta lejos dentro del alma, en turbio y mago sol envuelto.   Como todo escritor que se precie, debo tener nombre y Tablante de Ricamonte es por mí el elegido. Acaban de tocar al Ángelus, del reloj arrinconado, que en la penumbra clarea, el tictac acompasado odiosamente golpea. Se ha asomado una cigüeña a lo alto del campanario girando en torno a la torre y al caserón solitario. Ya las golondrinas chillan , es la hora del paseo. Un pájaro escondido entre las ramas del parque solitario, silba burlón…   Recuerdo las tertulias con Juan Ramón Jiménez, Ramón del Valle-Inclan y Miguel de Unamuno a la sombra de un olmo viejo hendido por el rayo y como un ejército de hormigas en hilera va trepando por él y en sus entrañas urden sus telas grises las arañas. Eran tardes serenas, tardes de sol, tardes de poesía. ¡El jardín y la tarde tranquila! Suena el agua en la fuente de mármol. Si es bueno vivir, todavía es mejor soñar, y lo mejor de todo despertar. La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos.   Recuerdo que una tarde de soledad y hastío, ¡ oh tarde como tantas! , el alma mía era, bajo el azul monótono, un ancho y terso río que ni tenía un pobre juncal en su ribera.   Recuerdo los ratos de enseñanza en clase. Una tarde parda, fría de invierno. Los colegiales estudian, monotonía de lluvia en los cristales. Ayudadme a comprender lo que os digo y os lo explicare mejor, les respondía.  
    • Mi juventud, veinte años en tierras de Castilla . He andado muchos caminos he abierto muchas veredas he navegado en cien mares y atracado en cien riberas.   Recuerdo a Leonor mi amada compañera. Tus ojos me recuerdan las noches de verano, negras noches sin luna, orilla al mar salado. Dicen que el hombre no es hombre mientras no oye su nombre de labios de una mujer Poned atención, un corazón solitario no es corazón.   La calma, el amor y el día llegaron al asomarse a mi vida la bella Guiomar. Para escuchar tu queja de tus labios yo te busque en tus sueños y allí te vi. vagando en un borroso laberinto de espejos. En un jardín te he soñado, alto, Guiomar, sobre el río, jardín de un tiempo cerrado con verjas de hierro frío. ¡Solo tu figura, como una centella blanca, en mi noche oscura! Tu poeta piensa en ti…   Recuerdo a amigos inconformistas porque los que están siempre de vuelta de todo son los que nunca han ido a ninguna parte. Son buenas gentes que viven, laboran, pasan y sueñan, y un día como tantos, descansan bajo tierra.    Recuerdo la obligada huida de mi tierra . Es propio de hombres de cabezas medianas embestir contra todo aquello que no le cabe en la cabeza. Todo lo que se ignora se desprecia.   Recuerdo que de mi infancia, algunas cosas que recordar no quiero. Y ese dolor que añora o desconfía, el temblor de una lágrima reprime y un resto de viril hipocresía en el semblante pálido se imprime.   Recuerdo que mi paso por esta existencia es para eternizar lo momentáneo, capturar la onda fugitiva y transformar el poema en palabra en el tiempo. La verdad es lo que es, y sigue siendo verdad aunque se piense al revés.   Para terminar, también recuerdo que nunca perseguí la gloria ni dejar en la memoria de los hombres mi canción.      Nota: En negrita son frases y estrofas escritas por Antonio Machado.    Cecilio Soto Palomo.
    • “ España del Mesón, que hoy suenas jota”, Visión precisa de esta marioneta, En la que todos se dicen muy patriotas Y cada uno echa hilo a su cometa.   Vocación de enseñante sin medida, Diste clase por fuera de tus aulas. Quisiste darle a España otra salida, A los españolitos, darles alas.   Francés, Teatro, cartas y poemas, Amor, realidad, luz, música y arte Desde Sevilla a Soria, y ya con pena en Francia dieron, en Colliure, al traste.   Déjame aprender, Antonio, amigo, De tu visión del mundo y de tu arte. Permite que recoja tu testigo Y, humildemente, déjame cantarte. ESPAÑA DEL MESÓN Matilde Ramírez Aranda Foto:Arcos de S. Juan de Duero.
    • Champán francés en vez de cava, apuro la copa en tierra extraña no por celebración, no con España de la guerra esclava.  Al final seremos trigo, seremos tierra; fuimos flor JOSE CUETO Manumitir quiero a mis amigos dejados algunos muertos, otros desamparados ¿quién puede vivir con el peso de estos pecados? A las pruebas me remito cuando expongo mi tristeza en los versos que quisiera mitos. La culpa que siento miente, cuando el champán entra en mi boca, que poco a poco a mi mente embota olvidando en este lugar y tiempo extraño que ya no hay tumbas para mi gente. Pienso ahora en nuevos jóvenes y en ellas, las estrellas, que ya nuestra forma no divisan, pues la muerte prematura nos esconde con colores de horror en la camisa.   Mañana escaparía buscando amor en las vías que corren de vuelta a mis días.  Días en los que crecimos, en los que enamoré las estrellas, con mi juventud y dotes que creí eternas. Mil kilómetros de ensayos, poemas de maravillosos años, que en los ojos de estos franceses resultan extraños. ¡Escritura sin voz, sin aliento, sin raíz!  Canción que huyes de tu tierra, del todo español, de hemorragias de terror y venas que salpican tus anchos campos y tus pueblos bajo el sol. ¿Por qué has de huir? ¿Por qué has de dejar lo que es parte de ti? La muerte es parte de la vida, y ahí, donde acaba tu andar, a tus seres queridos luchando dejas atrás.  Vendas negras, prensas de heridas de balas que se encuentran volando hacia víctimas indefensas. Bailamos al son de nuestras tumbas, paladeamos el olor del buen vino de antaño que sacia nuestras penas soldadas por soldados. No hablo ya de olmos, de abetos y latifundios, pues de paz ya no sé palabras, sólo maldigo al infortunio. Miserable extiendo mis manos hacia el cielo, pinto mis versos, nunca más hermosos y brillantes pues han de ser ahora reflectantes de una angustia e impotencia ante la guerra.   "Estos días azules y este sol de la infancia" FOTO: ERMITA DE S. SATURIO – SORIA-
    • Anoche… cuando mis sueños cerraban los blancos recuerdos de mi patio andaluz en la cercanía de mis versos, declaro una bendita paz que adormecen las colmenas ahora, sobre mi dulce panal   Anoche… cuando mis sueños borraban Tanta eternidad, cuando la orilla del río descubre su mar En mi lecho solo camina, solo tu meloso caminar Y las alondras me llaman sobre un callado temblar   Anoche…cuando soñaba, soñando amanecer Un ardiente sol encendía mis lágrimas caer Deslumbrando vendavales solitarios, enrojecidos Despertando praderas de verde agua y jarabe de miel  ----------------------------------- 0 ------------------------------------ Caminante no existe el destino El sueño, nace al palpitar Camina despacio y descubre La dulzura de soñar Vive insistente soñando lleno de bondad Que el camino recoge fugaces Orillas, corales y olas de mar     Esther Bravo 08/02/9010 Réplicas al poeta: ANTONIO MACHADO FOTO: ARCOS DE S. JUAN DE DUERO – SORIA-
    •       Homenaje a Leonor, esa desconocida.       “ Hoy vive en mi más que nunca y algunas veces creo firmemente que la he de recobrar”.   Fragmento de la carta enviada por Machado a Unamuno tras la muerte de Leonor.       Fuiste su amor, su compañera, su cómplice. Siempre estuviste en la sombra apoyándole en sus peores días, escuchando sus poesías que te leía una y otra vez. No sólo eras su fuente de inspiración, sino que también eras la persona en quien confiaba para que le dieras tu opinión, pues sabía que era sincera y ausente de falsos halagos. Tú siempre estabas ahí, tímida, callada, reservada. Sin duda, aparte de su compañera, fuiste su musa.   Cuando te fuiste y le dejaste le costó seguir caminando solo y lo reflejó en sus poesías y cartas a sus amigos.   Nunca te olvidó y recordaba el tiempo que pasó contigo, tiempo corto pero intenso.   Hasta el final de sus días pensó en ti y quizá ahora estéis en algún lugar caminando juntos para siempre.         María Suárez López.
    •   LEONOR Y EL DUERO       Cogidos de la mano contemplamos el Duero cambiantes y distintos sus acuosos versos sus aguas rumorosas su lecho un ancho espejo en el que se refleja un infinito cielo plomizo o azulete tormentoso o sereno tachonado de estrellas con sol luna y luceros es el techo del mundo y su pintura cambia depende del momento y de la circunstancia El río también muda a lo largo del año de aguas claras o espeso sereno o agitado en Primavera fuerte a causa del deshielo en Verano tacaño calor un sol de fuego en Otoño es variable y su color diverso depende de las hojas tronchadas por el viento que navegan ahora con un destino incierto el Duero en el Invierno tirita y se estremece se cubre de cristales y parece que duerme Te miro niña mía y no creo lo que veo un ángel aturdido escapado del Cielo tu olor a madreselvas a violetas y espliego se funde con el mío a tomillo y romero te sigo contemplando y me parece un sueño numerosos testigos dicen que estoy despierto los álamos del río los robles las encinas las aguas plateadas los llanos y colinas todos dicen a coro es verdad no deliras Leonor luz de mis ojos la lluvia en el estío la lumbre en el Invierno bálsamo del herido yo seré tu maestro te enseñaré el camino te evitaré quebrantos te colmaré de mimos   Pepa Rubio Bardón  18—Enero—2010. FOTO: DUERO- SORIA-
    • La niña se hizo mujer en los brazos de Antonio. Éste, que la había visto crecer, la pidió en matrimonio. En la iglesia de Sta. María La Mayor, en Soria, junto al Duero, Antonio y Leonor se dijeron el “Sí, quiero” Los álamos de la ribera fueron testigos de su felicidad, sin saber que ésta sería efímera, vencida por la enfermedad. Disfrutaron de su amor en Paris, junto al Sena, pero, al enfermar Leonor, la dicha mudó en pena. A Soria vuelven los enamorados buscando una mejoría, pero Antonio, desolado, sólo pudo ver como su esposa moría. La llevaron al camposanto un jueves, por la mañana. ¡Soria sumida en llanto! ¡Luto en la tierra castellana! Y el poeta que clama al cielo: “ Necesito su compañía, vivir sin ella no quiero, ¡Cómo pena el alma mía! ¡Mis lágrimas se lleva el Duero!” Matías Ortega Carmona FOTO: ERMITA DE S.SATURIO-SORIA- En recuerdo de Antonio y Leonor
    • Niña hermosa, en la casa de hospedaje de tu madre conocí la presteza de tus manos y tu figura breve, apenas esbozada.   Tu respeto a mi obra, a mis escritos, mimando a este huésped que se priva de cenar por escribir.   Acudías a escondidas con una cena fría que sirve de sustento. Tímida, interrogando: ¿Qué escribe usted, Don Antonio?   De pié, asintiendo, los párpados entrecerrados; como quien en domingo junto al Árbol de la Música escucha y se deleita.   Vibrando con mi poesía, ¡Cuán gran honor ante tan silente oyente!   -Siéntate -dije el primer día. -“No podría, Don Antonio”. -No me trates de usted, niña. -Niña no, entiendo tu cantar.   -¿Qué has escrito hoy, Antonio? Suave el tono, ligero anhelo. -Hoy nada escribo, asimilo, mi paseo hasta Cidones.   -¿Qué has visto mientras? -El álamo en el camino, los nombres de dos amantes en su tronco; la cerrada curva que, cual página de libro, impide ver la ermita hasta pasada. Así, poco a poco, el eco de tu voz se hizo insustituible, e intuí que mi poesía discurría por y para ti.   Negros ojos a la altura de los míos, cuando por fin consentiste tomar asiento a mi vera.   Mirada que transmite inocente sabiduría, en ella está reflejado aquello que siento y soy.   Ojos amantes de los que ya no puedo ni quiero prescindir, espejo de mi alma. Llama que enciende la hoguera de mi pasión; mi poesía podrá seguir glosando campos de Castilla, mas mi corazón canta sólo para vos.   Qué no daría yo para que siempre el brillo de tus ojos me ilumine, vida mía.   Mas si el tiempo sólo existe en presente, permanecer quiero en tu mirada insondable, sintiendo que la poesía es el mar, tus ojos, mi canoa, y este humilde servidor, vuestro remero.     Soria, a cinco de noviembre de l905  LOS OJOS DE LEONOR Jesús Salgado Romera FOTO: ARCOS DE S. JUAN DE DUERO – SORIA-
    • ANTONIO MACHADO (1875- 1939)   El otoño en París es frío, melancólico, un poco austero. Vivo a las afueras de esta romántica ciudad cerca de un bosque que está rodeado de casas de piedra en medio de extensas fincas. A este lugar lo llaman “El Bosque de los Artistas”. Tengo trece años y me gusta caminar cuando llego del Liceo. Hoy llevaré la gabardina, pues parece que va a llover. ¿Estará esperando o ya se habrá ido? Ayer tosía y no se encontraba bien. Caminé apresurada, las hierbas mojadas dejaban sus gotas sobrantes en mis calcetines grises; allí estaba, sentado y leyendo; un viejo paraguas abierto le protegía del frío y, a veces, de la lluvia. Siempre sabía donde estaba, era su lugar preferido, al sur de la casa y cerca del río.   -¿Cómo te va, Alice? ¿Quieres mermelada de arándanos? -No, D. Antonio. ¿Cómo está? Tiene mejor cara que ayer. -Mi compañera “Soledad” me ha cuidado esta noche y mi alma descansó tanto que permitió que mi alma descansó tanto que permitió que mi corazón volase en sueños hasta los campos de Castilla. ¡Qué tiempos! Me emocioné y eternicé el momento... No sé cómo contártelo, Alice.   Yo me ponía de cuclillas a su lado oyéndole divagar sus cosas. Su manera de hablar me hacía viajar donde él quería y así, sin moverme, conocí Sevilla, campos de una Castilla interminable, Soria, Segovia... y el inmenso amor que sintió por su esposa y la inmensa tristeza de su muerte.   -D. Antonio... ¿Es Ud. religioso? -Sí y no. Me preocupa la muerte, la divinidad y no quisiera morirme sin encontrarlo. -¿A quién? –dije muy bajo. -A Dios, Alice. ¿Crees que ahora estará mirándonos escondido entre esos árboles? El bosque es muy profundo, quizás esconda algo.   Suspiró y cerró el libro.   Sigue...(Pág. 1de 2)
    •   -¿Quieres leerlo? “Nuevas canciones” es el título. Me gustaría que lo hicieras, no lo ha leído nadie. Léelo despacio y lo comprenderás, es un poco sobrio para ti, pero sus palabras son verdaderas.   Estiré el brazo y le prometí que lo leería tantas veces como mi mente quisiera comprender. Ese día me habló de la poesía, de lo cerca que había que estar del espíritu para plasmarla en papel, de la emoción humana, de cómo tiene que quedar impresa igual que un cuadro: hay que eternizar el momento.   -¿Quieres un refresco? -No, me tengo que ir, me esperan para cenar. -Alice, cada día hay cosas nuevas que tienes que recordar, no te pares en las modas, suelen ser absurdas; se tú misma y mira dentro de ti, lee y tu espíritu será libre.   Volví al día siguiente, y el siguiente... el paraguas permanecía cerrado, apoyado en la pared.   Todos los días paseando y leyendo recuerdo sus campos de trigo, colinas plateadas, álamos dorados, oyendo los ruiseñores en sus ramas.   En el otoño del 62 publiqué mi primer libro.   “ A D. Antonio Machado, poeta y escritor, que supo ver más allá del profundo bosque”   Blanca Areces Sánchez
    • Tus ojos son dos imanes y mi corazón de hierro me atraen con tanta fuerza que separarme no puedo tus ojos un mar profundo brillantes como luceros misteriosos chispeantes su mirar de terciopelo tus ojos dos azabaches en los que yo me reflejo y unas pestañas gitanas como aureola de fuego dos carbones encendidos con los que fundir mi hierro obscuros como una noche sin luna en el firmamento tus ojos son dos saetas y su disparo certero que hacen diana en mi alma y quebrantan mi sosiego  Tus labios son dos cerezas carnosas dulces y tersas dos grosellas agridulces son gelatina de fresa son miel y a la vez acíbar mermelada de frambuesa tentación insoportable para la boca que espera quiero llenarla de besos tantos como en ella quepan   Tu pluma palabra y dardo que ilusiona o estremece que da alas o cercena que me anima o me detiene que dice sí cuando es no un no es quizá un tal vez la indefinición total una cárcel de papel   Pepa Rubio Bardón Febrero 2010 “ Recordando una por una tus palabras y tus labios y tus ojos”. “ Lunes en nuestro rincón”. Carta a Guiomar. FOTO: IGLESIA DE SANTO DOMINGO – SORIA-
    •           Pienso en ti, niña bonita, Al escribir mi poema La de los ojos tan lindos, y la melena tan negra, que en mi mente rememoro , aunque ahora no la vea. Por las tierras de Castilla, caminando lentamente, van seis carromatos llenos de una tribu de gitanos. En cabeza está el Patriarca. que es quien señala la senda. Entre tanto todos siguen al ritmo de su tristeza, que acompañan con sus cantos, lánguidos como sus penas. Les hablaron de una sabia, profetisa o curandera. Reuniría, si es preciso, los mejores de la tierra, todo para no perder a la pequeña Nerea, la niña de ojos violeta, pelo color azabache en ondulada melena, de dulzura sin igual, que es su nieta, su princesa. La niña despierta y dice: -abuelito, estoy cansada-. -Calla, que me duele el alma. Duerme, chiquilla bonita, duerme y sueña con las hadas, ellas te trasportarán muy lejos, con su embrujo y su magia, a un mundo de fantasía, donde tendrás un jardín lleno de flores y plantas. Allí olvidarás el dolor, el cansancio y la desgana. Allí luce siempre el sol, y las nubes son de plata. Es donde estarás mejor mientras esta pena pasa. -Abuelito, otra vez dice: y ¿dónde están las montañas, los verdes prados, las vacas? -Nuestra casa está muy lejos, le responde con gran calma. Esta es la Tierra de Campos, es Castilla, seca y llana. Quién sabe si aquí hallaré el milagro que buscaba. La niña calla y murmura muy quedo, nadie la entiende, y sonríe, reza y canta con una voz de cristal, las canciones de su raza, y poco a poco se duerme, y queda su rostro en calma. Mientras, las carretas siguen rodando por la cañada. -Abuelito, ¿ya llegamos…?, ya está cerca nuestra casa? -Ten confianza, criatura, le dice el gran Patriarca, que tu abuelo no te engaña, que siempre estará contigo mientras lo necesitaras. Así que pase algún tiempo  rodaremos las cañadas, contemplaremos sus campos, sus espigas tan doradas. Deslumbrarás de alegría, la enfermedad olvidada. Contentos regresaremos al pueblito que tu extrañas. Allí encontrarás prados verdes, las montañas y la playa.        Mª Ignacia Caso de los Cobos Galán   FOTO: CAPILLA DE S.SATURIO EN EL INTERIOR DE LA ERMITA – SORIA- POEMA DE LA NIÑA ENFERMA
    • Si calaba el sol risas, aguadillas, chapuzones. Tostados cuerpos. Remolinos profundos y calmados, corrientes ralas y veloces. Juegos sobre la pinchante hierba. Manzanas olorosas, Chispeante sabor.   Mar Cueto Aller  FOTO: BARCA EN LA RIBERA DEL DUERO-SORIA- “ Volver desde el Nalón” A la memoria de mi hermano Francisco Quien me enseñó por primera vez los poemas de Antonio Machado Tiempo nubloso. Desafíos trucheros. Cangrejos exquisitos. Escondite entre ruinas. Exuberante vegetación. Arándanos, miruéndanos, melados nisos.  Días de orbayo. Aventureras lecturas. Verbenas luminosas. Ritmos apretados. Pandillera nocturna caminata. Cartas y cromos. Carambolas de billar. Despedidas alegres. Regresos de la gran ciudad.    Francisco quiso ser río en La Chalana, en El Soto, El Trabanco y El Rabión. Se fundió con sus aguas para limpiar su alma y desde ellas renacer.
    •   LA ABEJA VELERA Un día de verano, lleno de sol y canícula, don Antonio Machado vio cómo una abeja se posó en una flor. Al lado, una piedra se ofrecía como asiento al caminante que buscara un lugar para descansar. Además, se sumaba a la generosa y desinteresada oferta la sombra que un árbol proporcionaba a quien, en las últimas horas de la tarde, se sentara a sus pies. El poeta se sentó y vio cómo el insecto succionaba con su trompa el néctar. Imaginó aquel lugar lleno de flores y en cada una, una abeja; oyó el ruido de las alas y se estremeció. Fijó su atención en la abeja: apenas se movía; un ligero desplazamiento, y en absoluto la actividad que estos seres despliegan siempre. Transcurrieron así dos horas; hasta que a don Antonio se le vino la hora de cenar. Cerró la libreta, en la que no había escrito nada, y regresó a casa. Como al día siguiente no tenía que dar clase, decidió preparar un bocadillo que comería junto a una fuente de agua fresca y relajante sonido. El sol estaba llegando a su cenit y, a cada momento, iba aumentando su fuerza. El camino no transcurría lejos de la flor en la que había dejado a la abeja, así que decidió acercarse. Naturalmente, no esperaba ver al insecto, pero allí estaba, moviéndose uno o dos milímetros cada vez. Claro que podía tratarse de otra abeja, pero algo le dijo que era la misma de la tarde anterior. Trató de encontrar una manera de marcar al animal; algo que le permitiera saber si siempre era el mismo. No, no supo cómo hacerlo. Fue a la fuente y disfrutó del bocadillo. Arrullado por el chorro comió con verdadera delectación. Luego, volvió junto a la flor. Allí estaba la abeja. Seguro que había pasado la noche sobre la flor –no podía imaginarse otra cosa. De nuevo buscó la manera de marcarla, pero de su cabeza no consiguió sacar una respuesta. Aunque la sombra del árbol aún no daba protección, se sentó en la piedra, sacó el pañuelo y, tras hacer un nudo en cada esquina, se lo puso en la cabeza. Preparó la libreta por si, durante la vigilancia, surgía un poema. El sudor corría por sus mejillas. Poco a poco, el sopor fue haciéndole dar cabezadas. Se le cerraron los ojos y, apoyando la cabeza en los brazos, soñó. Vio varios miles de miles de miles de abejas; volaban como un ejército: en perfecta formación. Sin embargo, no oía el zumbido que tendrían que producir millones de alas, sino una sinfonía que alguna orquesta invisible estuviera tocando cerca de allí. Al compás de la música, el gigantesco grupo empezó a dividirse en otros más pequeños que volaban a diferentes alturas, ocupando su lugar en un imaginario pentagrama. Mientras unos conjuntos giraban sobre sí mismos, otros permanecían inmóviles en el aire, esperando que sonaran las notas que les correspondían. En un momento dado, la música sonó muy baja y todos los insectos se pusieron a la misma altura, a un metro del suelo, ofreciendo así a la vista una extensísima sábana alada de unos milímetros de espesor. Sigue...(Pág. 1de 4)
    •   De pronto, los timbales hicieron vibrar los árboles y las abejas se movieron semejando las salpicaduras que una lluvia de piedras produciría en un estanque. Otra vez adoptaron la forma de la sábana y más salpicaduras. Ahora entraron los instrumentos de viento con toda la fuerza que pueden proporcionar los pulmones de una persona; la sábana se hizo más gruesa: de dos o tres metros, y empezó a agitarse como lo hace una cuerda cuando se le impulsa desde un solo extremo. En verdad, el espectáculo le subyugaba hasta el punto de ralentizar la respiración. Sobre todo cuando se preparó el final de la sinfonía. En ese instante, las abejas formaron una gigantesca, asombrosa y estremecedora bola. Al fin, una fortísima nota final hizo el efecto de una explosión y la gran bola estalló en todas las direcciones, desapareciendo los insectos. Abrió los ojos todavía asombrado por el sueño que acababa de tener, perplejo por la belleza de la ejecución. Se quitó el pañuelo de la cabeza y enjugó el sudor que cubría su cara. Miró a la flor, y allí estaba la abeja. He soñado que mientras dormía un sueño me hizo pensar que vivía, que estaba en un lugar que mi presencia, a pesar de ser una ausencia, permanecía viviendo un sueño que la vida me ofrecía. Quise quedarme en un mundo onírico, quise borrar el blanco y el negro, que solo vivos colores poblaran los sentidos, que se pudieran oír, que se pudieran oler, que se pudieran comer, que con verlos uno se sintiera arropado; para poder soñar, o mejor, para poder jugar: yo soy el verde, como una liebre que se pierde, ¿cuál eres tú? Ah, el amarillo, un río o un niño con cara de pillo, el rojo, como un elefante sabio y cojo, el azul, como un oso gordo y gandul, el rosa, como foca que, orgullosa, posa. Al despertar, vi un papel blanco. Tenía un dibujo negro. Quise volver a dormir, y soñé que despertaba. Sigue...(Pág. 2 de 4)
    •   Rompió la esquinita de la hoja de papel y con saliva, ya que no disponía de otra cosa, la pegó en el cuerpo de la abeja. De regreso a casa, recordaba cómo el papel semejaba la vela triangular de un barco velero.  Se levantó muy temprano; preparó un bocadillo y corrió a ver a la abeja velera. Pero no estaba, ni la flor tampoco, ni la piedra en la que se sentaba. En su lugar había un mimo que le hizo sonrientes gestos de bienvenida; después le indicó que lo siguiera. El mimo saltaba y saltaba, y caminaba desandando el camino, yendo hacia la derecha, hacia la izquierda y otra vez hacia atrás. Daba volteretas, hacía cabriolas y siempre sonreía. Por fin, se detuvo, y colocándose a espaldas de don Antonio, con suavidad, le tapó los ojos. Cuando apartó las manos, don Antonio pudo ver que estaba rodeado de abejas, muchas abejas, casi tantas como las de la sinfonía, solo que éstas no volaban, se desplazaban muy despacio, como si tuvieran miedo de que con un brusco movimiento la vela triangular que portaban se cayera. Se movían en círculo, girando a su alrededor al modo de un disco. El mimo le puso la mano en el hombro mientras le enseñaba el puño de la otra. Lentamente lo abrió: dentro estaba la abeja que don Antonio vio sobre la flor. ¿La flor?, se preguntó. Pues estaba en la oreja del mimo. Don Antonio buscó en sus pies la piedra, no la encontró. De nuevo el mimo le indicó la dirección en la que debía mirar. Vio la piedra y sobre ella un papel. Hacia allí se dirigió; y cada vez que tenía que pisar se formaba un hueco entre la masa de insectos. Así llegó hasta el papel; lo cogió y leyó: Contarte quiero un millar de historias; una historia por cada millar; y cada millar en una historia; siendo la misma historia diferente y siempre igual. Una flor, una abeja, una piedra y un papel. Suda un poeta bajo un árbol. Ve a la abeja sobre le flor, oye una fuente que aplaude; la flor en un papel; escrito en éste, un poema. El agua de la fuente repite su canción, viene la abeja, liba la poesía y se la lleva a la colmena.   Sigue...(Pág. 3 de 4)
    •   El mimo le tapa y destapa los ojos. Ya no están las abejas, ni la flor, ni la piedra, ni el mimo; pero tiene en la mano el papel. Continúa leyendo el poema:   La poesía en porciones se dividió por las ramas del árbol de la colmena, después en letras, y éstas en hojas de tomillo; al final, en silencios que se guardan en celdillas. Minúsculas celdillas en las que apenas cabía tu inocente mirada; mucho menos la mía. Bordones tocados por manos suaves. Las celdillas más grandes guardaban los silencios. Vuelcan sobre ellas los sonidos que golpean con fuerza las paredes. Las abejas con el silencio hacen cantares. Del río llega un viento, los arrastra y teje nubes. Sobre unas sillas de mimbre llovían los cantares, y los hombres, dando palmas, bailaban por soleares. Don Antonio buscó a su alrededor al mimo, a las abejas, a la flor, a la piedra. Nada. Bajó la vista al papel, pero había desaparecido. A medida que regresaba a casa adquiría más fuerza la idea de que todo lo que acababa de ver no había sucedido, que nunca había habido tal abeja; ¿o tal vez sí? La pregunta le asaltó al tener frente así la piedra en la que se sentara, sin embargo, no estaba el árbol, tampoco la flor. Se sentó, cansado, y apoyó la cabeza en los brazos cruzados sobre las rodillas. Cuando la levantó vio a su lado la flor y detrás el árbol. La luz era mortecina y la sombra del árbol se retiraba a descansar. Una vez en casa, sentado a la mesa escribió unos versos: Estos días azules y este sol de la infancia. No supo seguir. Arrancó la hoja y rompió el verso. Tal vez en otra ocasión…   Enrique Tejón    
    • Poeta ayer, hoy triste y pobre filosofo trasnochado, tengo en monedas de cobre el oro de ayer cambiado. (Antonio Machado) Al poeta: Poeta de ayer y siempre, con tu moneda dorada vamos comprando la vida que enseñas con tus palabras      Juan López Trujillo FOTO: S.SATURIO, IMAGEN EN EL INTERIOR DE LA ERMITA – SORIA- Cuando la verdad decía, usaba palabras viejas y nadie se la creía.    Con pétalos de las flores, estoy pintando los peces para hacerlos de colores.   Al secreto del amor se llega por vericuetos que conoce el corazón.   No digas: “no pudo ser”. Mucho mejor que quejarte es empezar otra vez.   En la raya que separa el mar y el cielo, tengo que buscar palabras para escribirte mi verso.   Dicen que fue un vividor pero se murió aprendiendo como vivir el amor.   Hablaba de libertad y bajaba la mirada. El carnet del que vivía la tenía amordazada. OTRAS NUEVAS CANCIONES PARA UN HOMENAJE A ANTONIO MACHADO
    • HAIKUS DE UN OLMO Olmo añejo, lisiado de cruel rayo, renace verde. . Abril lluvioso y mayo soleado obran milagros. . En la colina, a la vera del Duero, cumple cien años. . Musgo amarillo, corteza blanquecina, tronco roído. . Quedó silente, de pardos ruiseñores abandonado. . Suben hormigas avanzando en hilera hasta la cima. .   Nidos de arañas, refugios sosegados donde tejer. … ¿Te dará muerte con hacha desalmada un campesino? . ¿Y un carpintero convertirá tu cuerpo en carro o yugo? . Al rojo vivo tus ramas arderán en una hoguera. . Te empujará, tal vez, un torbellino, bajando el valle, . a la corriente oscura, recrecida, a descansar al mar. . Mi primavera, después de tantos años, ¡ay, si volviera! Homenaje a Antonio Machado Mª Evelia San Juan Aguado. FOTOMONTAJE: “DESDE EL MIRÓN”- SORIA-
    • Los años me vuelven más consciente De que se hace camino al andar, Que lo andado es pasado y la edad Trae los recuerdos al presente.   Cada encrucijada, una decisión, Un desvío, una opción, un azar. Una afrenta a la predestinación, Un paso tras otro sin vuelta atrás.   Quisiera borrar algunas huellas, Algunas heridas sin cerrar, Que las arrugas sean bellas Y caminar y caminar.   Atravesar campos de estrellas, Mirar al horizonte sin temor, Desangrar la luz en las tinieblas, Emborracharme con el amor SE HACE CAMINO AL ANDAR Ana Alonso Cabrera FOTOMONTAJE: PASEO JUNTO AL RÍO DUERO- SORIA-   Y al final del camino Sentir la fatiga y las ganas De descansar. Descubrir el sentido de la vida Y sonreír, tal vez soñar.
    • Sigue...(Pág. 1de 4) LA NIEVE DE MI SORIA Homenaje a D. Antonio Machado, a quien considero, de todo corazón, tan soriano como yo. A él, a mis hijos y a mis nietas, dedico estos recuerdos de mi infancia.   Cuando caen las primeras nieves del invierno, donde quiera que me encuentre, afloran a mi memoria recuerdos de mi infancia. Tiempos de post- guerra, con cartillas de racionamiento. Como la mayor que era de cinco hermanos, mi madre me mandaba a por el pan para el desayuno. Entonces no se protestaba, aunque fuera duro el salir de casa con el aire del cierzo frío y aquellas calles blancas y heladas por tanta nieve caída silenciosamente en la noche. Procuraba caminar por veredas que los vecinos habían hecho y, agarrándome en los salientes de las casas, llegaba a la calle principal, en la cual el Excmo. Ayuntamiento encargaba echar sal, para derretir la nieve. Tiempos duros, en los que la austeridad de Castilla se acentuaba más, por aquel entonces. Las comidas eran sencillas: cocido, sopas de ajo, lentejas con algún “bicho” y la matanza que se traía del pueblo. Todo nos sabía rico, con su auténtico sabor, no se ponía peros a nada, tampoco daban a elegir entre esto y aquello. Jamás tomábamos fármacos para abrir el apetito. Lo que sí nos daban, por aquello de formar bien el esqueleto, era aceite de hígado de bacalao. Aquella cucharada antes de la comida nos molestaba y protestábamos, pero te decían “todos los niños lo tienen que tomar” y no había más explicación. Recuerdo todavía su sabor tan fuerte. Con aquellas nevadas no podíamos jugar en la calle cuando salíamos del colegio, pero teníamos imaginación para jugar en un portal que tenía escaleras de madera. Sentadas, nos imaginábamos que estábamos en un teatro y, de una en una, salíamos a interpretar alguna cosa graciosa que supiéramos.   En la plaza del mercado había un matrimonio de vendedores ambulantes que trataban de vender a la gente un producto que, según ellos, curaba todos los males. Para llamar la atención del público, cantaban una canción que yo me aprendí de memoria y que decía así: -Hola!, ¿cómo está usted, señora María? Fíjese bien como se baila hoy en día. -Haciendo así y sin decir una sola palabra. (Hacía pasos de baile). -(Ella) Jugaba a la lotería y me tocó tu persona. ¡Valiente premio señores: el gordo sin una gorda! -(Él) Yo no soy gordo, soy flaco y negarlo no podrás, que estoy hecho un Manolete, por delante y por detrás. -¡Hola!, ¿cómo está usted, señora María?...”
    • Sigue...(Pág. 2 de 4) Siempre tenía que salir a cantar aquello. Cuando nos cansábamos y el “pompis” se quedaba frío, salíamos a la calle, hacíamos bolas de nieve, que nos tirábamos y, corriendo, volvíamos a casa tan contentas. Jugábamos mucho con las mariquitas de papel, las mejores costaban treinta céntimos, teníamos una caja donde guardarlas para que no se estropearan. También llevábamos siempre en el bolsillo un alfiletero, con alfileres de colores. Cuando salíamos del colegio, jugábamos de esta manera: sacábamos un agujón y lo escondíamos en el puño de la mano y preguntábamos: “Punta o coca”. Si la amiga acertaba, se quedaba con el agujón y si no, tenía que darte uno a ti. Los domingos eran un día especial: por la mañana íbamos a Misa al colegio, de “El Sagrado Corazón de Jesús”. ¡Cuánto nos gustaba subir al coro y cantar desde allí las canciones religiosas! Yo miraba con gran encanto, las manos suaves de Sor Inés tocar el piano suavemente. Por la tarde, con aquellas nevadas que todavía seguían por varios días, íbamos al cine del colegio “Los Franciscanos” para ver una película del “Gordo y el Flaco” y nos costaba la entrada cincuenta céntimos. A la salida comprábamos castañas asadas que nos comíamos dándonos unos paseos por los soportales de “El Collao”. Marchábamos a casa sobre las ocho de la tarde. Al comenzar las vacaciones de Navidad, empezábamos a sacar las figuras del Belén. Cada año había menos y estaban mutiladas. Íbamos al campo a coger musgo, piedrecitas para poner en el río y plantas pequeñitas que poníamos como árboles. Quedaba muy original y a nosotros nos gustaba mucho. El día veinticuatro de Diciembre por la mañana, como teníamos las vacaciones de Navidad, todos queríamos ayudar a mi madre a preparar lo que íbamos a tomar en la cena. Se empezaba por hacer “el perolo”- bebida típica soriana de Nochebuena, compuesta de frutas frescas, canela, azúcar, frutos secos y vino dulce-. Todos, hasta los pequeños podíamos tomar ¡sólo esa noche! Porque, aunque sobraba, no nos daban más, por llevar algo de alcohol. A decir verdad, disfrutábamos también cuando lo tomaban las visitas de familiares o amigos que venían a casa y mis padres les decían: “ Voy a ponerte perolo”. Después de haber tomado medio vaso decían: “¡Qué rico está!”. Como un ritual, cada año se mataba el mejor gallo. Atado estaba de patas en un rincón de la cocina. Lo mirábamos con pena y con gran curiosidad. Le echábamos miguitas de pan y cuando lo iban a matar, nos íbamos de allí. Podíamos entrar cuando ya estaba escaldado con agua muy caliente y ayudábamos a pelarlo. (Yo mentalmente hacía la comparación de verlo sin plumas, a verlo todo altanero en el corral).  
    • Sigue...(Pág. 3 de 4) Y ese mismo día por la noche, teníamos costumbre de ir a Misa del Gallo, con los vecinos. Hacía mucho frío, pero no importaba. Con la alegría que da una buena cena, y el perolo, nos dirigíamos a la Parroquia, pues se cantaban villancicos con panderetas, castañuelas y zambombas. La alegría mayor era preparar los dulces y frutos secos, que poníamos en una cestita de paja, y en los postres abríamos los higos, los rellenábamos con nueces y decíamos que eran bocadillos. Los turrones siempre eran de las mismas clases: Jijona, de almendra y de mazapán. Recuerdo que este último era de cuadros en color rosa y tostado. No nos lo comíamos todo: lo envolvíamos en la servilleta y cuando volvíamos de la Misa del Gallo, lo terminábamos de comer alrededor de la estufa de serrín, que casi todas las casas tenían por ser un medio de calefacción bueno y barato. En la mañana de Reyes, sus majestades nos habían dejado dentro de los zapatos que teníamos en el balcón alguna cosa, más bien poco, pues con cinco hijos, en tiempos de post- guerra, no se podía más. Sólo pedíamos un juguete, y con alegría veíamos cómo generosamente habían añadido unos caramelos, o unas pinturas o también alguna ropa que necesitábamos. ¡Qué felices éramos! Un año, en la festividad de Reyes, nos llevaron a ver una película de Blancanieves. Me impresionó bastante y de ahí partió mi afición a coleccionar los programas de cine. Conocía a todos los actores americanos, sólo por verlos tantas veces en aquellos programas de colores que siempre íbamos a pedir y nos daban amablemente. Después veíamos las carteleras, con verdadera afición, imaginándonos la película. Virginia Mayo era la que más me gustaba, por sus ojos azules y su pelo tan rubio. Una costumbre que teníamos los niños era pedir el aguinaldo por las casas del barrio y las de los familiares. Lo juntábamos todo y reunidos, comíamos las nueces y los dulces que nos habían dado. A la edad de nueve a doce años éramos algo gamberretes, pues nos divertía mucho ir al alto de la Dehesa- el parque principal de la ciudad-para hacer bolas de nieve y tirarlas a las parejas de novios. Les tirábamos una bola y salíamos corriendo y riendo de nuestra travesura. Cuando ya no reíamos era cuando algún chico nos tiraba alguna bola con mala idea, o una pandilla de chicos a la salida del colegio nos bombardeaba con más nieve. Con el frío, la nieve helada de los tejados colgaba hacia abajo, en forma de chupiteles, con una forma alargada que nos hacía recordar los “pirulís” que a veinticinco céntimos, comprábamos en “la Bollera”, pastelería muy frecuentada por la chiquillería, por sus precios populares. Nos hipnotizaban las diversas golosinas que había en el pequeño escaparate y los muy golosos hacíamos la visita a diario, aunque no compráramos nada.
    • Las manos, al romper el hielo, se nos quedaban muy frías y la mayor del grupo, nos decía: “Metedlas debajo de los sobacos, para que entren en calor, pues si se os mete el frío entre las uñas, es muy doloroso”. Nosotros obedecíamos, por aquello de que “meterse el frío en las uñas” debía de ser algo terrible, por la gravedad del tono con que lo decía. Un día lo pasamos muy bien, encontramos un perro abandonado que se vino con nosotros y tirando bolas de nieve al aire le ordenábamos que fuera a recogerlas, pero el can no se movía, el pobre tenía hambre y frío. No lo volvimos a ver más. En el santoral destacábamos los santos que de alguna forma más nos importaban: El trece de diciembre, festividad de Santa Lucía, patrona de las modistillas… esperábamos esa fecha como algo muy distinto, pues por la tarde hacían baile. La puerta estaba abierta para todos. Nos ofrecían dulces y, sentadas en un banco, veíamos cómo bailaban los mayores. Acabado enero, empezaba el mes de “febrerillo el loco” y, aunque de vez en cuando, la nieve nos visitaba, ya no estaba tantos días. Era más suave, se derretía pronto y parecía que el rigor del invierno había pasado.   El santo más destacado posterior a Santa Lucía era S. Blas, el día dos de febrero. Como tradición, aparte de ver si las cigüeñas habían llegado, era costumbre- y hoy día todavía se hace así- llevar hasta la iglesia “Del Espino” agua y dulces a bendecir, para comerlos en familia y así no tener dolor de garganta, como favor que nos concedía el santo. Los días iban siendo más largos, las mañanas más luminosas...   Feli Romera Ibáñez    
    •   Partiendo desde Vetusta viajo por Tierra de Campos, sus paisajes contemplando. Intenso azul en el cielo, en la tierra espigas rubias, y escondidas, entre ellas, amapolas coloradas. También la flor de lavanda, llenando con su perfume, dando pinceladas malva.   Nos dirigimos a Soria, queremos pisar sus plazas, admirando cuanto encuentro, disfrutando de su calma. Iglesia de Santo Domingo, con tan hermosa fachada. ¡Cuánta belleza en la noche! cuando está iluminada, luce su color bermejo, su rosetón y portada.   San Juan de Rabanera, preciosidad del románico. Las ruinas de San Nicolás; San Pedro, con su gran claustro, donde encontramos la paz. Primero fue Colegiata, y más tarde Catedral. Pienso que el tiempo ha parado, y me quedo a meditar.  Vamos a San Juan de Duero con un claustro sin igual, con arcos de medio punto, más otros arcos cruzados. Y seguimos paseando… viendo los grandes Palacios: El de los Condes de Gómara, que luce su esbelta torre, visible ya en lontananza, y una grandiosa portada.   Saliendo de la ciudad San Polo se queda a un lado, donde se remansa el Duero, junto a un paraje de álamos que invitan a reposar. La Ermita de San Saturio, colgada del roquedal, que a sus pies discurre el río. Dicen que hizo milagros, los de Soria lo sabrán.   Y así termino mi viaje. En mi interior queda ya aquello que vio Machado con su querida Leonor, que inspiró preciosos versos, ya que fue su gran amor. Esto lo mantiene vivo, porque muerto no estará aquél que deja un recuerdo que siempre perdurará.   HOMENAJE A MACHADO FOTO: ARCOS DE S. JUAN DE DUERO-SORIA- Mª Ignacia Caso de los Cobos Galán
    • Homenaje a Machado   SEÑOR, ya me arrancaste lo que yo más quería. Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar. Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía. Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar.   Carmen García Saavedra FOTO: ARCOS DE S. JUAN DE DUERO – SORIA-
    • ¡Ay, Antonio! Si supieras de tu saeta, Que de procesión sale en Pascua, Que al toque de bastón Para al Cristo que a hombros recorre las calles, Que en ocasiones, de anónima voz, Tu poema se hace canción. No imaginaste tanta gloria. Que ya no es tuya, Que voz del pueblo es. ¡Ay, Don Antonio Machado! No imaginaste tanta gloria. No imaginaste tanto honor. Que ya no son tuyos los poemas, ¡ Gran fortuna! que del pueblo son. Alejandro Alonso Cabrera ¡AY, MACHADO! ¡Ay, Machado! Si superas que cantan, No sin buena batuta, No sin corazón, Que osaron componer Con negras, bemoles, corcheas, Música para tus poemas. No imaginaste tanto honor. Que ya no son tuyos, Ahora del pueblo son.   ¡Ay, Antonio! Perdidos estaríamos si de tu mano, herrero, Las palabras forjadas se olvidaran De tu mente y de tu mano Se esculpieron tantos poemas Que no viven sólo en papel. Tus versos, juglar maestro, Recorren tus tierras como el viento. ¡Ay, Machado! En mi corazón moran, En mi cabeza sueñan, Son tus palabras verdad, Parte de mi felicidad. FOTOMONTAJE: EN EL CENTRO, FOTO DEL HOMENAJE A ANTONIO MACHADO EN SORIA, EL 5 DE OCTUBRE DE 1932, CON MOTIVO DE SU NOMBRAMIENTO COMO HIJO ADOPTIVO DE LA CIUDAD. ALREDEDOR, FOTOS DE LOS ESCRITORES QUE HAN PARTICIPADO EN EL HOMENAJE 2010 DE “AMIGOS ESCRITORES Y LECTORES” A D. ANTONIO MACHADO Y A SORIA .
    • AUTORES DE LAS FOTOS DE LOS PAISAJES QUE ACOMPAÑAN AL HOMENAJE LITERARIO: MATÍAS ORTEGA CARMONA, Mª IGNACIA CASO DE LOS COBOS GALÁN Y Mª CARMEN SALGADO ROMERA