LA VISIÓNJavier Albalat Requena
LA VISIÓNLa vida es más simple de lo que uno quiera pensar. Paso y vista al frente.Ella no pone obstáculos, nos los ponemo...
Me quedé unos minutos observando desde las alturas y luego me senté.Bebí agua ávidamente para calmar la sed acuciante. El ...
- ¡Del mundo! -gritó el viejo mientras se agachaba hacia mí abriendounos ojos como platos.      Reconocí que estaba asusta...
- Porque dentro de muy poco bajará nuestro señor Jesucristo delcielo para castigar a Lucifer y a todos los seres humanos q...
- Pues… Tengo una relación nefasta con la iglesia. Pienso que no sepuede ser más hipócrita. Predican lo contrario a la pal...
- ¿No has pensado, joven, que quizás estés equivocado, que hay máscorazones puros de lo que puedas imaginar? -preguntó el ...
Si Dios por lo menos nos hubiera guiado cual rebaño, otro gallo hubieracantado…      Se hizo el silencio. Un silencio incó...
obra del maligno… Aunque por otro lado, la explicación quizás sea mássencilla… -dije cavilando.      - ¿Cuál es? -inquirió...
Desvié entristecido la mirada hacia mi querido pueblo, reflexionandosobre la información que había recabado hasta ahora.  ...
Miré hacia el cielo y me di cuenta de que el sol empezaba a ponerse,así que emprendí la vuelta a casa, asustado por lo que...
plano. La ciencia dice que somos un conjunto de células que nacen, viven ymueren. Y ya está. Pero el ser humano, a lo larg...
Las lágrimas brotaron de mis ojos sin permiso al mismo tiempo quereía como si hubiera recordado un viejo chiste, pero con ...
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La visión 2

  1. 1. LA VISIÓNJavier Albalat Requena
  2. 2. LA VISIÓNLa vida es más simple de lo que uno quiera pensar. Paso y vista al frente.Ella no pone obstáculos, nos los ponemos nosotros solitos en la búsquedaincesante de la verdad cuando realmente la tenemos en nuestras narices.Salto y vista al frente. Ya casi estaba. Todos queremos ser más que losdemás. La ambición es buena si no es por egoísmo o avaricia, peroqueremos una casa más grande o un coche más potente. O simplementeganar más dinero. Me paré y me di la vuelta. Impacto. Alegría. Satisfacción.Melancolía. Sensaciones que recorrieron mi cuerpo. Distinguí la torre de laiglesia, centro neurálgico de Alcublas, mi amado pueblo.
  3. 3. Me quedé unos minutos observando desde las alturas y luego me senté.Bebí agua ávidamente para calmar la sed acuciante. El sol me daba delleno. Crucé las piernas y cerré los ojos, sintiendo la gélida brisacontrarrestada por el sol, sumergiéndome en mis cavilaciones. - Hola, joven. Vengo a traerle una buena noticia -dijo una vozcascada a mis espaldas. Abrí los ojos y me di la vuelta, sorprendido. Habíaun hombre encorvado con pinta de ser muy mayor, con una barba canosatirando a blanca acabada en punta y apoyado en un bastón que mesonaba bastante. - Hola… -respondí de forma automática. - Bienvenido seas -me respondió con una sonrisa carente de dientes. Miré a mí alrededor y no veía ningún medio de transporte. ¡Quéextraño! Un hombre que debía de tener no menos de noventa años nopodía subir por una senda tan empinada como la que yo acababa de subiry con esfuerzo. - Perdone, decía algo de una buena noticia… -comenté tratando deromper el hielo. El misterioso anciano sonrió otra vez. - Te decía que traigo buenas noticias para ti -repitió. - ¿Y ha venido hasta aquí solamente para traerme una buenanoticia? -pregunté intrigado. - ¡Claro! -sonrió el hombre. El anciano me miraba sin dejar de sonreír. - Usted dirá… -le dije, con una media sonrisa, tratando de ser amable. - El final está cerca -me dijo, borrando la sonrisa de su arrugadorostro. - ¿El final de qué? -pregunté, cada vez más intrigado.
  4. 4. - ¡Del mundo! -gritó el viejo mientras se agachaba hacia mí abriendounos ojos como platos. Reconocí que estaba asustado por un señor de unos noventa años,con una especie de cayado que me era familiar de haberlo visto en otraparte. Nos quedamos mirándonos fijamente durante unos segundos paraluego recobrar la compostura. El hombre levantó su bastón hacia el horizonte, hacia la Serranía. - Dentro de poco todo este paisaje tan verde y fértil se convertirá enfuego y muerte -aseguró. - ¿Y eso por qué…? -pregunté atónito.
  5. 5. - Porque dentro de muy poco bajará nuestro señor Jesucristo delcielo para castigar a Lucifer y a todos los seres humanos que hayanpredicado o hecho el mal. Lo quemará todo y el fuego arderá durante milaños -susurró el viejo con una voz áspera y sibilina que recordaba a unapersona agonizando. - Acabáramos… Con la iglesia hemos topado… -pensé molesto. Posiblemente el hombre se había escapado de algún manicomio oera uno de esos locos que van predicando la palabra del Señor puerta porpuerta. Pero el contexto en el que nos hallábamos no cuadraba. Un hombremuy mayor en la cima de una montaña, sin ningún viso de algún tipo detransporte, hablándome de Jesucristo y de un futuro más bien negro. Ante mi silencio, el viejo prosiguió: - Cuando hayan pasado mil años, nuestro señor Jesucristo volverácon sus ángeles para apagar el fuego eterno y perdonar a las almasarrepentidas. A Lucifer y sus adeptos los enviará para siempre a lasentrañas del infierno y luego… - Espere -interrumpí, levantando una mano- Mire, debo advertirleque no me interesan estas cosas. Si le soy sincero, ni creo en Dios ni en laiglesia. - Tú crees en Dios -aseveró el viejo con gesto serio, señalándome conun dedo curvo. Este hombre empezaba a ponerme nervioso. - Tal vez, pero no en la iglesia que usted representa -le espeté yamosqueado. El hombre rió como un motor que no quiere arrancar. - Esos a los que te refieres son los primeros de la lista -dijosonriéndome- Háblame sin miedo y con franqueza -me pidió con otrasonrisa. Titubeé antes de contestar:
  6. 6. - Pues… Tengo una relación nefasta con la iglesia. Pienso que no sepuede ser más hipócrita. Predican lo contrario a la palabra del Señor queusted predica. Me refiero a que me parece increíble que una instituciónque predica las sagradas escrituras sea una patraña para engañar y estafara las personas. Lobos disfrazados de piel de cordero o, más bien, de ricastelas y terciopelos, con una dieta prohibitiva, así como anillos y crucifijosde oro fastuosos… Lo siento, pero no es algo con lo que esté muy deacuerdo. No es la imagen que desearía ver Jesús, lo que han hecho con susdoctrinas, sus parábolas y sus enseñanzas. Uno lee la Biblia, censurada porla iglesia, y no puede evitar odiar a sus representantes actuales. Se handedicado a amasar enormes fortunas que podrían solucionar de unplumazo la hambruna -dije, finalizando mi argumento con un suspiro. El viejo me miraba sonriéndome, como si estuviera orgulloso de mí,como un padre lo estaría de su hijo. - Acabas de demostrarme que a pesar de tu juventud, eres sabio ysensato -dijo- Y como te he dicho antes, aquellos a los que te refieres seránlos primeros en sufrir el castigo divino. Sólo los que muestren verdaderoarrepentimiento, serán perdonados de sus pecados. - ¿Pero de qué sirve perdonar si ya se ha hecho todo el daño? -pregunté- Yo los haría sufrir por toda la eternidad. - ¡Ah! Ahí está la diferencia entre el ser humano y Dios, pues Él esgrandiosamente misericordioso. Dios nos entregó los diez mandamientospara que los cumpliéramos, para así ganarnos la eternidad en el cielo… -explicó el anciano. No pude evitar echarme a reír a carcajada limpia. El viejo me miraba con un rictus serio, apoyando las dos manossobre su bastón, como esperando a que terminara de reírme. - Perdone, no lo he podido evitar… Pero de ser esto cierto, el cielo sequedará vacío y el infierno sufrirá overbooking durante siglos, pues hoy endía el que no es pecador o es tonto de remate o es un puritano que vivepisando huevos -me defendí.
  7. 7. - ¿No has pensado, joven, que quizás estés equivocado, que hay máscorazones puros de lo que puedas imaginar? -preguntó el anciano. - Perdone señor, pero eso casi es una utopía a día de hoy. Me explico:Desde hace muchos siglos el hombre se mueve por dinero, sexo y drogas.Por lo tanto, entre tanta depravación y una sobredosis de los siete pecadoscapitales, no se escapa ni el tato -le expliqué. Ante la mirada impasible del viejo, proseguí: - Usted mismo, a lo largo de su larga vida, seguro que lo ha vividomuchas veces. Hombres y mujeres que acaban seducidos por el ansia deser más ricos o poderosos, sin importar el precio que cueste o aún peor,segando vidas inocentes con tal de conseguir su objetivo, para al fin y alcabo, después de una relativa corta vida, morir y volver a ser polvo ycenizas… Entonces, ¿qué sentido tiene esto? Si sólo tenemos que vivir ydisfrutar de lo que disponemos o lo que se nos ofrece, ni más ni menos.Está bien que evolucionemos en otros sentidos para por ejemplo hallaruna cura para cualquier enfermedad. Pero no, hallan la cura para unsimple resfriado y las empresas farmacéuticas se llenan los bolsillos. Comoocurrió con la gripe A. ¡No es justo! -me quejé. El viejo parecía una estatua, así que continué con mi diatriba: - Si es cierto lo que usted dice, entonces deseo que Jesucristo vengacuanto antes y empiece a limpiar con su fuego toda la porquería, porqueestoy muy triste de ver en lo que se ha convertido el mundo, pero meprovoca mucha más tristeza saber en lo que se convertirá, pues no hacefalta ser muy listo para saber lo que ocurrirá. Tan sólo hay que ojear unperiódico para darse cuenta de ello. Guerras, corrupción, crímenes,violaciones y una larga lista de cosas deleznables que ocurren a diario -dirigí la mirada al horizonte con gesto derrotado- ¿Cómo hemos acabadoasí? Tal vez sea el convencimiento de que no existe ningún Dios que luegonos castigue por nuestros actos, pues, que yo sepa, el Dios del que ustedhabla tan bien no hace acto de presencia desde hace por lo menos dos milaños, por lo tanto, hemos perdido la fe y cuando digo hemos, me incluyo amí mismo, lo cual nos lleva a pecar pensando que luego no habrá castigo.
  8. 8. Si Dios por lo menos nos hubiera guiado cual rebaño, otro gallo hubieracantado… Se hizo el silencio. Un silencio incómodo pero revelador. Miré al cieloazul como buscando algo, para luego mirar al viejo ya realmente cabreado,que seguía mirándome impertérrito. - ¡¿Dónde está?! -le espeté- ¡¿Por qué permite Dios que pasen tantascosas horribles?! - La culpa es vuestra. Si nuestro señor Jesucristo no hubiera muertoen la cruz gracias a vuestra falta de fe, el mundo sería distinto -dijo contoda la tranquilidad del mundo el anciano. - Dios mío… ¡este hombre está loco de remate! -pensé, mirando alhombre. El viejo tenía la desfachatez de culpar al hombre de todos sus males.Increíble. - A ver. ¿Me está diciendo usted que por culpa de unos incrédulos ylocos que acusaron a Jesucristo llevándolo a la cruz hace como unos dosmil años, debemos pagar las generaciones venideras durante siglos ysiglos? -pregunté, perplejo. - No fue un castigo. Jesús era un regalo de Dios para la humanidad,pero en vez de agradecerlo, lo despreciasteis. ¡Imagínalo por un momento!¡Era el hijo de Dios! ¡Él lo envió a la tierra para enseñar al hombre lapalabra del Señor y no se os ocurre otra cosa que crucificarlo! ¡A su propiohijo! Jesús no vino a juzgaros y sin embargo, vosotros lo juzgasteis.Imagínate la tristeza que sintió Dios cuando vio que su propia creaciónmataba a su propio hijo. Entonces tomó la decisión de abandonar a lahumanidad un poco a su aire, pues se sintió enormemente decepcionado. - Pero buen hombre, entienda que caminar sobre el agua, resucitarmuertos, multiplicar panes y peces o curar enfermedades incurables no eraalgo muy común en aquellos tiempos. La única explicación que se meocurre es que se asustaron tanto que creyeron que aquello solo podía ser
  9. 9. obra del maligno… Aunque por otro lado, la explicación quizás sea mássencilla… -dije cavilando. - ¿Cuál es? -inquirió el viejo. - Aplicando aquello de que la explicación más sencilla suele ser lacierta. Estoy casi convencido de que no fue otra cosa que envidia. Creorecordar que los sumos sacerdotes lo entregaron a Pilatos por la envidiaque les corroía por dentro… -expuse. - ¡Ah! -sonrió el viejo, satisfecho- Ahí le has dado, muchacho, y ahí esdonde se dio cuenta de que había creado a un monstruo. - Pero vamos a ver… Vuelvo a repetir, ¿por qué hemos de pagar poralgo que ocurrió hace tantísimo tiempo? ¿Qué culpa tiene el hombre queestá allá abajo cuidando de sus almendros o yo mismo? -pregunté,tratando de aplicar algo de cordura a la conversación. El viejo se encogió de hombros. - Ya está escrito y no se puede hacer nada para cambiarlo. De todasformas, hay algo en lo que te equivocas. Dios ha hecho brevesintervenciones para evitar males mayores, pero hay cosas que ya estabanpredestinadas. Nunca ha abandonado al hombre, ni lo abandonará, perotienes que entender que han existido otras civilizaciones que handesaparecido de la faz de la tierra porque el hombre es, como vosotrosdecís, el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra y estohay que corregirlo de alguna manera, pero Dios no puede intervenir,cuando el Diablo siempre interviene y es cuando el hombre desaparececon la ayuda maligna y no la de Dios. Él nunca se cansará de darosoportunidades pues, como he dicho antes, posee una misericordia infinita.Él desea que el hombre se dé cuenta por sí mismo de sus errores y, antetodo, que renuncie al Diablo de una vez por todas pues sólo así reinarán laarmonía y el amor, haciendo de la tierra un paraíso comparable al cielo.Pero para que eso ocurra, el hombre debe tener fe en sí mismo y en elSeñor para cambiar radicalmente su forma de ver la vida y a Dios. Y paraque abráis los ojos, Él tendrá que intervenir… -sentenció el viejo, con undedo apuntando al cielo.
  10. 10. Desvié entristecido la mirada hacia mi querido pueblo, reflexionandosobre la información que había recabado hasta ahora. Al parecer este viejecito con pinta de abuelito de Heidi parecía tenerlínea directa con Dios, lo cual acrecentaba mis sospechas de que no estabamuy cuerdo que digamos. Pero por otro lado, de todo lo que había dichohabía cosas que parecían tener su propia lógica, pero posiblemente lashabía estructurado a su favor. Mi propia lógica sumada a misconocimientos adquiridos durante mi corta vida, me hacía ver que las cosaseran muy distintas de lo que el viejo trataba de convencerme. Hablo delógica racional y documentada, pues conozco las teorías sobre los orígenesdel planeta. Por eso no casan las teorías teológicas de Dios creó la tierra enseis días y al séptimo descansó con la teoría del Big Bang. Son dosfundamentos totalmente opuestos, contradictorios a más no poder. Poreso, siempre me he inclinado más por lo que puedo ver y tocar que no porun libro escrito hace casi dos mil años y, además, fuertemente censurado.La ciencia pura y dura versus el falso misticismo de la Iglesia Santa,Apostólica y Romana. Aun así, no podía evitar sentir cierta simpatía hacia el viejo, es más,me recordaba poderosamente a alguien que no precisaba recordar.Lástima que me hallara ante un demente, pues parecía atesorar una gransabiduría, pero, por desgracia, cuando se llega a una determinada edad, lamente empieza a jugar malas pasadas, como la de creer a pies juntillas queel día del juicio final está cerca. Aires de grandeza o narcisismo agudofigurarán casi con total seguridad en su expediente psiquiátrico, pero aúnasí había algo que me reconcomía por dentro, un desasosiego que crecíacada vez más. Levanté la mirada y me llevé la sorpresa de mi vida. ¡El viejo habíadesaparecido! Me puse a buscar por todos los lados, pero fuecompletamente inútil. Caminé unos metros en todas direcciones paraencontrarlo, pero se había esfumado. - Todo esto ha sido una alucinación. -pensé, recordando que habíasentido dolor al pellizcarme- No puede ser cierto…
  11. 11. Miré hacia el cielo y me di cuenta de que el sol empezaba a ponerse,así que emprendí la vuelta a casa, asustado por lo que había sucedido. No podía creer que una alucinación se hubiera apoderado de mí,pero no podía ser otra cosa. Pero aun así, mi cabeza seguía dando vueltas ala ficticia conversación que acababa de tener con un fantasma, si es que sele podía llamar así. En mi cabeza retumbaban las palabras del viejo comoadvertencias. Me venía a la cabeza la eterna lucha del bien y del mal, deángeles caídos y de la pugna por el poder. Estaba hecho un lío que meconsideraba incapaz de resolver, pues escapaba a mi comprensiónhumana. Tomé la decisión de tratar de olvidarme del asunto y no comentarnada a mis allegados para evitar que juzgaran seriamente mi salud mental. Pero aun así, me era imposible dilucidar un motivo o causa sobre loque había ocurrido. Partiendo de la base de que soy muy escéptico en loque se refiere a fantasmas o almas que vagan por ahí o a una hipotéticasegunda vida después de la muerte, algo que siempre he rechazado de
  12. 12. plano. La ciencia dice que somos un conjunto de células que nacen, viven ymueren. Y ya está. Pero el ser humano, a lo largo de su existencia, la hatergiversado sin parar, tratando de hallar alguna explicación a la vida,buscando consuelo cuando alguien muere con el convencimiento de quelo volverán a ver en el cielo o en el más allá, vaya usted a saber. La vida estan simple como la muerte. Pero no. Siempre hay alguien que dice que hayuna dimensión paralela a la nuestra. No, no y no. Hay que ser prácticos ypragmáticos, o dicho de otra forma: realistas. Pero aun así, había algo queno cuadraba… Unas horas más tarde, no sin dolor de cabeza, empezamos con lospreparativos de las hogueras de San Antón. Era un ambiente gélido queapenas notábamos, pues la ilusión de disponer las aliagas borrabacompletamente la palabra frío de nuestro vocabulario. El hecho de esperarel sonido de las campanas para prender las hogueras, para, de algunaforma, purificar nuestras almas, era simplemente emocionante. Luegosiempre había algún cohete pululando por ahí, pero ello no impedía a losvecinos disfrutar de unos minutos de fiesta. Aunque sea tradición, es unaalegría cumplirla, pues así honramos a los que no están y al sentir comúnde un pueblo. Después de cenar y de charlar animadamente con los amigos yvecinos, fui a la plaza mayor para presenciar la gran hoguera. Todo unpueblo alrededor, como desde la antigüedad la familia se sentabaalrededor del fuego. Todo era una fiesta, se percibía en el ambiente lapólvora quemada y el chocolate líquido esperando. Luego una traca ycomenzaba el espectáculo. A pesar de mi forma de ser, práctico ypragmático, hay un trasfondo de romanticismo y de ensoñaciones, algoque me hace mirar el fuego pensativo durante largo rato. De repente, loque hacía unos minutos había sido la cima de una gran hoguera, sedesmoronó, dejando dentro de mi campo de visión la fachada de la iglesiajunto con el aullido de sorpresa de los presentes. Algo me llamó laatención. Algo que no quería ver. En la fachada, justo encima de la puertaprincipal, había una figura que me era familiar. Abrí la boca sorprendido ylos ojos se me abrieron como platos. ¡No lo podía creer!
  13. 13. Las lágrimas brotaron de mis ojos sin permiso al mismo tiempo quereía como si hubiera recordado un viejo chiste, pero con la diferencia deque me lo habían contado desde el Reino de los Cielos….

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