Your SlideShare is downloading. ×
0
1
2
Sinopsis
ailey Gray está cansada de su perfecta vida planificada. Todo
sobre su vida ha sido organizado y vivido por las...
3
Indice
Sinopsis
1 Perfectamente Planeado
2 Lo Desconocido
3 Ingenua
4 Lista de cosas por hacer antes de morir
5 Partiend...
4
17 Estupidez
18 Peligroso amor
19 Deseo
20 Mentiras
21 Perdido
22 Verdad
23 Amor Peligroso
24 Arrepentimientos
25 Por mi...
5
1
Perfectamente Planeado
Bailey Gray
Traducido por ƸӜƷKhaleesiƸӜƷ y Lizzie
Corregido por amiarivega
uando la luz atravie...
6
Suspirando, me volví en el alféizar para mirar por encima de mi
habitación salpicada de recuerdos de una infancia que no...
7
Una vez pasé tres horas arreglando mi cámara en la playa para
fotografiar el atardecer, planeando el momento exacto en q...
8
Ahora sé que parece que tengo un montón de frustración reprimida,
pero si vivieras en mi casa, lo entenderías.
Mi pequeñ...
9
tenía el aspecto de ir con ello, cabello castaño-rubio, ojos chocolate y una
coqueta sonrisa llena de vida.
—Oh Bailey, ...
10
Mi padre dijo que era porque usaba gasolina ilegal en él, pero no sabía
a ciencia cierta ni me importa para el caso. Dy...
11
¿Cómo podía no serlo? Dylan era Dylan. Fue mi primer amor. Incluso
a los siete años sabía que lo amaba. Fue mi primer b...
12
trece horas de distancia y una parte de mí estaba bien con eso. Sinceramente,
no estaba segura de que nuestra relación ...
13
la cabeza inclinada hacia delante con una mano en el bolsillo y la otra
sosteniendo el cigarrillo.
Eso no fue lo que me...
14
—Gracias a todos. —Sonreí y tomé una respiración profunda para
prepararme. Tenía un discurso planeado pero una vez que ...
15
pensamiento de que estaba viendo rojo. A Jeff Gray no le gustaban las
sorpresas.
Aunque no quería mirarlo, miré a Dylan...
16
—¡Qué está mal contigo señorita! —ladró encaminándome detrás del
estrado lejos de los demás. Grandes cortinas drapeadas...
17
—¿Qué fue eso? ¡Te das cuenta de la cantidad de problemas en que vas
a estar! —Él también alcanzó mi brazo tratando de ...
18
Entrecerrando los ojos por el sol filtrado a través de la gruesa capa de
algodón, mis ojos los encontraron en la distan...
19
—No la toques. —Estaba furioso, creando distancia entre su padre y
yo.
Eric me alcanzó llevándome a su pecho, sus brazo...
20
—Ven conmigo.
Fue entonces cuando Eric tomó un firme agarre en mí. Sus ojos
buscaron mi cara por algo, una emoción, una...
21
Tal vez me iba a matar.
Has visto demasiado Mentes Criminales. Me dije a mí misma tratando
de relajarme.
Eso no hizo na...
22
—¿Qué estás haciendo conmigo? —preguntó cuidadosamente,
sacudiendo su cabeza—. Solo vete.
—No sé lo que estoy haciendo ...
23
Ropa, ropa interior... ¿qué más? Cámara, definitivamente debía agarrar
eso. Me preguntaba qué era el estilo de equipaje...
24
sol, planificado y no planificado, predecible, espontáneo, todo tenía un
significado. Solo que yo no sabía cuál era ese...
25
2
Lo Desconocido
Bailey Grey
Traducido por Maru Belikov y atenea
Corregido por Lizzie
on las ventanas abajo y el frío a...
26
Dylan estuvo callado la mayor parte. Ocasionalmente cambiaba la lista
de canciones de su iPod pero aparte de eso, decía...
27
Tratando de romper la incomodidad, decidí preguntarle a dónde
íbamos.
—¿A dónde deberíamos ir?
Él no giró su cabeza per...
28
—Dejé de contar hace unos años. —Se rió, finalmente riéndose.
No me sorprendía en lo más mínimo que Dylan no supiera cu...
29
fuera, en algún lugar, a cualquier lado y quizá a nada en específico. Tampoco
podía evitar el nerviosismo creciendo en ...
30
—¿Cuántas habitaciones les gustarían? —preguntó la mujer detrás del
mostrador, mirando boquiabierta hacia Dylan y luego...
31
—La habitación. —El ascensor olía como humo rancio y ropa sucia.
Tomó todo lo que tenía para no atragantarme y creo que...
32
Debimos habernos quedado mirando a esa maldita cama por unos
buenos cinco minutos.
Sé lo que estás pensando. Aquí está ...
33
¿Has perdido la cabeza? No puedo creer que solo te vayas así. ¿Esto
quiere decir que terminamos? De seguro parece de es...
34
Ojos aprensivos brillaron con pesar, abrió la boca como si fuera a decir
algo, pero se detuvo sabiendo que su respuesta...
35
controlado y responsable para un chico de dieciocho años. Yo sabía que él
tenía que tener una falla en algún sitio.
—¿Q...
36
Pensé que el sentimiento que cayó sobre mí, pinchando mi piel sería
tristeza pero no lo era. El pinchazo que sentí era ...
37
Más pensaba en ello, más enojada estaba. En mi mente, yo sabía que
esto pasaba entre Eric y Mercedes. La peor parte era...
38
—No hice nada que ella no pidiera. —La voz de Eric era aguda como
si él indicara algo obvio—. Y por qué no le preguntas...
39
—Él no me dijo nada —le dije tratando de permanecer firme en que
yo no volvía solo porque papi lo dijo—. Le pedí irme.
...
40
—Mi papá me desheredó —dije esto despreocupadamente al principio
como si no importara, pero para mí, significaba algo. ...
41
—¿Vas a hacerlo?
Él ladeó su cabeza otra vez.
—No hay ninguna razón.
—¿Te desheredó también?
Protegido por un frente ca...
42
Empujando el dinero de vuelta a mí, negó con su cabeza.
—Tengo más que suficiente dinero. Cuando cumplí dieciocho mi
fo...
43
—Levántate. Te llevo a cenar. —Él me dijo andando alrededor de la
cama y estando de pie cerca de la puerta—. Sugiero qu...
44
3
Ingenua
Bailey Gray
Traducido por Esti y Little Jade
Corregido por Marina012
egún lo prometido, Dylan me llevó a cena...
45
—Claro que lo harán. —Él llamó a una camarera. Efectivamente, con
una sonrisa de Dylan ella vino corriendo—. Oye, ¿pode...
46
—¿Quieres jugar un pequeño juego? —sugerí. La camarera volvió con
las cervezas y las puso en el centro de la mesa junto...
47
sentidos y cuando lo veía casi todos los días, y veía la vida que viviríamos, el
pensar en elegirlo a él, me daban gana...
48
en el bar, riendo y completamente cómodos. La situación era exactamente lo
contrario de lo que estaba pasando con nosot...
49
—¿Qué? —Él se resistió, casi ahogándose con sus palabras—. ¿Fácil?
No creo que seas fácil. —Me di cuenta de que se esta...
50
No es que fuera demasiado divertido, pero me eché a reír también.
—Lo siento, perdí los estribos. Tienes razón, la mayo...
51
Sus ojos me miraron de soslayo, con la nariz arrugada en lo que
parecía ser disgusto.
—No.
Me gustó su respuesta. Haven...
52
Decidida a no empujar más mi suerte, dejé de presionarlo. Luego de
empaparlo en cerveza, mi suerte esta noche estaba pr...
53
—Si prometes no asesinarme mientras duermo, no me molestará
dormir a tu lado. —No sabía exactamente por qué, pero realm...
54
Ahogué mi risa porque sabía cómo iba a terminar esto. Alguno de los
dos se ofendería por una pregunta, haría un escánda...
55
—Ella no era mi novia, solo una amiga.
—¿Te acostaste con ella? —solté antes de poder detenerme.
No era como si no quis...
56
recuerdo—. Así que, Jenna. Nosotros… —Dylan se rió levemente ante el
recuerdo que estaba segura, no quería saber, y con...
57
—No, no estoy bromeando. Mercedes es engreída, sí… pero no puedes
negar que es linda y tiene un cuerpo increíble.
—No, ...
58
emocional, algo que jamás había visto antes, pero también estaba el deseo
ardiendo en su interior, el cual reconocía po...
59
4
Lista de cosas por hacer
antes de morir
Bailey Gray
Traducido por mariaozuna y carmen170796
Corregido por Marina012
e...
60
Me estiré un poco. La cama no era cómoda así que mi espalda estaba
dolorida y rígida.
Me di cuenta de que estaba en el ...
61
Después de recuperar un poco la compostura, me dirigí hacia el balcón
donde Dylan estaba apoyado en la barandilla. Humo...
62
Sus ojos brillaban alegremente, pero no había más que la sonrisa que él
estaba llevando adelante.
—¿Puedo unirme? —preg...
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Wfy ss
Upcoming SlideShare
Loading in...5
×

Wfy ss

1,236

Published on

0 Comments
0 Likes
Statistics
Notes
  • Be the first to comment

  • Be the first to like this

No Downloads
Views
Total Views
1,236
On Slideshare
0
From Embeds
0
Number of Embeds
1
Actions
Shares
0
Downloads
14
Comments
0
Likes
0
Embeds 0
No embeds

No notes for slide

Transcript of "Wfy ss"

  1. 1. 1
  2. 2. 2 Sinopsis ailey Gray está cansada de su perfecta vida planificada. Todo sobre su vida ha sido organizado y vivido por las expectativas puestas por sus padres. Es la mejor estudiante de la clase, tiene notas perfectas, los amigos perfectos, un novio perfecto, la vida básicamente perfecta... o así piensan todos. Es entonces cuando se da cuenta que la trayectoria prevista no siempre es el camino elegido. En el día de su graduación ella toma una decisión. Una que cambia todo lo que pensó que sabía acerca de su destinado futuro. En un capricho, ella huye con el rebelde de la ciudad, Dylan Wade, en busca de lo desconocido. * * * Dylan Wade no está tratando de huir de nada. Él sabe lo que quiere y ha estado esperando por años. En una lucha por encontrar lo desconocido, descubren una amistad que una vez conocieron a lo largo de la carretera y sin ninguna preocupación en el mundo. Entre las líneas amarillas y blancas del asfalto en el caliente verano, una chispa les reúne mientras el pasado de Dylan y el futuro de Bailey intentan separarlos. ¿Podría ser que Dylan y su GTO sean exactamente lo que ella necesita en su vida perfectamente planificada? B
  3. 3. 3 Indice Sinopsis 1 Perfectamente Planeado 2 Lo Desconocido 3 Ingenua 4 Lista de cosas por hacer antes de morir 5 Partiendo 6 Mostrar y Compartir 7 Fuera de mi cabeza 8 Cuéntame un secreto 9 Tú no sabes nada 10 Bien Despierta 11 Pistas de Tierra 12 Tatuajes y Cajas 13 Groupies 14 Su tormenta 15 Estoy Aquí 16 Los Hermanos Wade
  4. 4. 4 17 Estupidez 18 Peligroso amor 19 Deseo 20 Mentiras 21 Perdido 22 Verdad 23 Amor Peligroso 24 Arrepentimientos 25 Por mi cuenta Sobre la Autora
  5. 5. 5 1 Perfectamente Planeado Bailey Gray Traducido por ƸӜƷKhaleesiƸӜƷ y Lizzie Corregido por amiarivega uando la luz atraviesa el cielo oscuro, la sensación se desliza más profundamente en los huesos, ya no es un pensamiento, sino un ardiente deseo de querer más, sentir más, amar más. Sentada en el borde de la ventana mirando la salida del sol, sabía que los pensamientos que tenía estaban torciéndose, al igual que los cambios en el cielo. Así como el cielo, un pensamiento, un sentimiento, no pasa así por así, por lo menos no para mí. No lo ves a la primera. No es más que calidez calcificada, una luz en la distancia, completamente humilde a la magnificencia de Helios. Como el alba empieza a sacudir las cenizas de la noche, dejando al descubierto el brillante rojo escarlata de la mañana que se desbocaba en el cielo, una decisión se toma, pero no lo sabes. Hay algo refrescante sobre la salida del sol, es igual de impredecible lo que trae un nuevo día. Hay un momento, un instante, antes de que se despierte sobre la oscuridad, derramando luz dorada sobre los collados, penetrando hasta la selva más profunda, rompiendo las sombras más profundas para iluminarlas. ¿Qué harías por un pedazo de para siempre? ¿Qué harías por amar más, sentir más y vivir más? C
  6. 6. 6 Suspirando, me volví en el alféizar para mirar por encima de mi habitación salpicada de recuerdos de una infancia que no era mía. Todo esto era una infancia que había sido escrita para una niña, pero no para mí. Cuando tienes dieciocho años, sabes que tu futuro se supone que es impredecible, no planificado, y abierto a lo que sea. Eso es al menos que seas yo, Bailey Gray. Me gustaría decir que esta es una historia sobre una chica que tomó el camino menos predecible y que terminó siendo el más adecuado, pero probablemente estaría mintiendo. Esa foto mía en la portada, la que está bañada de mi luz favorita del día es el único campo de margaritas que esta historia tiene. Debajo de él, en las sombras de la luz, había una oscuridad que pronto encontraría, que había asesinado esos campos de margaritas. Diablos, si tuviera que elegir una portada, debería ser oscura con azul hielo ahumado. —Bailey, es el momento de irse. Tomando una respiración profunda, metí mi discurso en mi bolso. Antes de salir de mi habitación, di una última mirada por mi ventana, la misma ventana en la que pasé toda la mañana preguntándome si esta mañana iba a ser mi última allí. No estoy segura de por qué, pero ese instinto, el que yo sentía en lo profundo de mis huesos, me dijo que sería así. Al dar la vuelta en la esquina bajé las escaleras de madera, en las que había corrido muchas veces antes de las clases todas las mañanas. No estaba corriendo ahora, porque el futuro que fue decidido para mí no era uno del que estaba segura ya. Ese era el día de mi graduación de secundaria. Después de pasar los últimos dieciocho años trabajando hacia un objetivo estaba finalmente aquí. Me había graduado de la escuela secundaria con honores. Yo era la mejor alumna de nuestra clase del 2011, que se graduó con notas perfectas, amigos perfectos, novio perfecto y, esencialmente, la vida perfecta.
  7. 7. 7 Una vez pasé tres horas arreglando mi cámara en la playa para fotografiar el atardecer, planeando el momento exacto en que la luz estaría exactamente de la manera que quería para que al final saliera movida. Mi vida era algo similar cuando piensas en ello. Perfectamente planeada y luego la fotografía al final no es remotamente lo que habías planeado. Tal vez es peor o quizás es mejor. La perfección es toda teoría, sin embargo. Es como mirar una fotografía y solo ver lo que la cámara capturó. En el interior, y quizás un poco en el exterior, no podía soportar mi vida. Eso es un eufemismo. En realidad odiaba mi vida. Todo estaba planeado para mí desde que nací. Tuve que ir a un pre-escolar perfecto, la escuela primaria perfecta, la escuela intermedia perfecta y, finalmente, la misma escuela secundaria a la que mis padres fueron, Tumwater High School. La mayoría de los días quería gritar lo predecible que era mi vida realmente. No se me permitía comprar mi ropa por el amor de Cristo. Mi madre, Kimberly Gray, fue jefe de la PTA, en el concejo municipal y jodido bla, bla. Ella me volvía loca pero su madre era aún peor. No podía soportar estar en la misma habitación con una de ellas durante más de diez minutos sin querer estrangularla. Conoces la película Madagascar, donde el pingüino regordete les dice a los otros pingüinos que sonrieran y saludaran. Ese era mi sonreír y saludar. No hacer preguntas, solo sonreír y saludar. Esta teoría ha funcionado bien para mí durante años. Mi padre, Jeff Gray, el alcalde de Tumwater, era tolerable, más que mi madre, pero de nuevo en una habitación con él durante más de diez minutos quería pegarme un tiro, estilo ejecución. Tenía una manera de hablar de ti en lugar de a ti como la mayoría de los políticos. Odiaba eso. Si no quería escuchar lo que tenía que decir, ¿por qué siquiera pregunta? Hacía eso con todo el mundo. Él le preguntaría a mi hermano cómo le fue en el día para al final perderse en sus intereses y luego comenzar a hablar de su propio día. ¿Quién hace eso?
  8. 8. 8 Ahora sé que parece que tengo un montón de frustración reprimida, pero si vivieras en mi casa, lo entenderías. Mi pequeño hermano, Jeb, era genial, pero podía ver que era un modelo de la figura de mi padre y nunca se salía de la línea. A los trece años era de esperar que el chico se metiera en algún tipo de travesuras, pero no, nada. ¿A veces me preguntaba si yo era incluso su hija y poder tener este gran resentimiento? Sin duda, no puede ser normal, ¿no? Al crecer mis padres seleccionaban a mis amigos, a algunas personas no se les permitía estar asociadas con otras y, así, fueron prácticamente empujados por mi garganta. Al igual que mi supuesta mejor amiga, Mercedes Grant. ¿El nombre lo dice todo? Cuando pienso en una Mercedes Grant, pienso en una perra que posee el dinero de papá, ¿no? Así es exactamente como Mercedes era. No era una buena amiga, aunque yo la llamaba mi mejor amiga, y en más de una ocasión la he agarrado mirando a mi novio, Eric. Mercedes era hermosa, con su cabello marrón oscuro y aspecto exótico, que era lo que la mayoría considera sexy y podría tener a cualquier hombre que ella quisiera, incluyendo a mi novio, si lo deseaba. Eric James era otra cosa obligada por mi padre. El padre de Eric y el mío eran los mejores amigos y se reunían todos los domingos para jugar al golf. Esto significaba que Eric fue empujado hacia mí así lo quisiera o no. Una vez en la escuela secundaria Eric me invitó a salir en nuestro primer año y para los estándares de secundaria hemos estado saliendo desde entonces. Era el jugador de fútbol y yo era la porrista de instituto destinad a estar con él, ¿verdad? Eric era buen tipo. Se podría decir eso y estaría de acuerdo contigo. Ya que era el capitán del equipo de fútbol, era el mariscal de campo estelar y
  9. 9. 9 tenía el aspecto de ir con ello, cabello castaño-rubio, ojos chocolate y una coqueta sonrisa llena de vida. —Oh Bailey, tu cabello es un desastre. —Mi madre me miraba, un poco irritada de que mis cabellos largos estuvieran fuera de lugar. No me perdí la nota de orgullo en su voz y eso me molestó por razones que no alcanzaba a comprender. Era mi cabello, pero ella pensaba que era suyo. Una cosa que amaba sobre mí era mi espeso cabello rojo oscuro. Era hermoso, naturalmente con reflejos, pero tenía su propia personalidad, lo cual lo hacía único. Si tuviera que decirlo, era hermosa para los estándares de la mayoría de la gente, pero no pensaba que estaba por encima de cualquier manera. Dondequiera que iba, la gente me miraba, lo que me hacía sentir muy incómoda, pero yo siempre pensaba que me miraban a causa de mi auto o ropas que parecían fuera de lugar para una ciudad del noroeste tan pequeña y con una somnolienta lluvia como Tumwater. A una hora al sur de Seattle, Tumwater no gritaba exactamente dinero, pero había gente que lo tenía. —Está bien mamá —dije secamente con una sonrisa y tratando de ser agradable, recordando mi sonrisa y tácticas de saludo—. Por favor deja de tocarme. —Luce bien querida. Ella se ve hermosa —reconoció mi padre mientras entraba a la cocina donde estábamos paradas. Su traje gris oscuro prensaba a la perfección su forma esbelta y cabello jengibre oscuro a juego con el mío—. Van a llegar tarde si no nos vamos ahora. Mi papá insistía en estar veinte minutos antes en todo. Siempre era así. Imagínense llegar al pre-escolar veinte minutos antes. Era increíblemente extraño tratar de ser la chica genial que llegaba tarde. Nunca fue así. —Estoy lista —les digo con otra sonrisa alcanzando mi toga y birrete en la mesa. Cuando llegamos fuera de la calzada en el BMW de mi padre, miré a través de la calle para ver a mi rebelde vecino entrar en su pedazo de porquería de GTO Pontiac del 68. Supongo que en realidad no era una porquería el auto, era un bonito auto clásico, pero olía a alcohol y quemaba los ojos si te le acercabas demasiado.
  10. 10. 10 Mi padre dijo que era porque usaba gasolina ilegal en él, pero no sabía a ciencia cierta ni me importa para el caso. Dylan Wade, el rebelde, como me refería a él, nunca más me habló y ni siquiera miraba en mi dirección. Creo que he entendido por qué. Dylan y yo éramos amigos cuando éramos más jóvenes. Él fue mi primer beso, un beso que absorbe el resplandor de soles, pero cuando empezó a rebelarse contra su padre cuando su madre murió, fue el fin de nuestra amistad. Mi papá se negó a que me relacionara con él por más tiempo cuando encendió todos los buzones en nuestra calle en la Nochebuena del mismo año en que su madre murió. En realidad, fue una hermosa vista, pero los vecinos no estaban muy contentos. Siempre he pensado que sus bromas eran humorísticas. Al igual que la vez que tomó un sedal transparente y lo ensartó arriba a través de la acera. Nadie podía entender por qué seguían tropezando cerca de su casa. Había convencido a todo el mundo de que echó una especie de hechizo sobre ellos. Me eché a reír. Fue divertido. Siempre he tenido un montón de entretenimiento por Dylan. Tuvimos varias clases juntos, pero rara vez se aparecía a cualquiera de ellas en esos días. Desde que Dylan cumplió dieciocho años en octubre, parecía haber estado metiéndose en más problemas después de haber sido acusado de iniciar un motín en la escuela de baile que se extendió a las calles. También incendió el gimnasio de la escuela, dos veces, y luego, aunque nadie tenía ninguna prueba, casi destruyó el ayuntamiento cuando ató un M80 al auto de John Warner, el Procurador Fiscal del Condado de Thurston. No hubo heridos pero el rumor en la calle es que Dylan Wade hizo eso y nadie lo cuestionó. Era algo que Dylan hubiera hecho. Dylan era bueno en no ser descubierto. Algunos dirán que si ser un criminal fuera una profesión, Dylan Wade tendría una carrera en ello. Me rompía el corazón haber perdido el contacto el uno con el otro, nunca paré de observarlo. A decir verdad, era una “acosadora” cuando se refería a Dylan Wade.
  11. 11. 11 ¿Cómo podía no serlo? Dylan era Dylan. Fue mi primer amor. Incluso a los siete años sabía que lo amaba. Fue mi primer beso, el único chico que importaba allí en el pasado cuando el chicle de sandía y los olores de verano eran mis únicos pensamientos. Cada pensamiento de mi infancia tenía a Dylan en él. Cada recuerdo tenía un lazo a él de alguna manera. Una vez que llegamos en el Colegio de San Martín, donde se estaba celebrando nuestra graduación, Eric me encontró con su brillante sonrisa que hizo que la mayoría de las chicas de nuestra escuela se ruborizara. Dejó de funcionar en mí hace unos años. —Oye nena, ¿estás lista para tu discurso? —¿No es así siempre? —le respondí con una sonrisa falsa. Yo era buena en sonrisas falsas. Mientras hablaba, sentí un subidón en mi instinto y mis mejillas se ruborizaron de ira, una ira que nunca entendía. Tal vez tenía que ver con la graduación y más que ver con lo que venía después de la graduación. No estoy segura. —Sí… eres perfecta —respondió dándome un abrazo—. ¿Estás lista para el lago esta noche? Besé su mejilla, con movimientos automáticos y controlados. —Claro, ¿cuándo nos vamos? Algo me pasó cuando besé su mejilla. No sentí nada. No sentía una chispa o cualquier tipo de conexión con él. ¿No se supone que debería sentir algo? —Justo después de la ceremonia —respondió Eric mirando por encima de su hombro a Mercedes caminando hacia nosotros. El plan para nosotros era ir a Lake Washington, un lugar en el que festejamos a menudo en el fin de semana con nuestros amigos para celebrar la graduación. El padre de Eric tenía una casa flotante que mantenía allí. Después de la graduación, estaba todo listo para asistir a Dartmouth en el otoño con Mercedes. Eric estaría en la Universidad de Notre Dame unas
  12. 12. 12 trece horas de distancia y una parte de mí estaba bien con eso. Sinceramente, no estaba segura de que nuestra relación podría pasar más allá de este verano y menos aún a gran distancia. Kasey Henley, el novio de Mercedes, que realmente me encantaba, se iba a la Universidad de Washington con una beca de fútbol. Kasey era el chico más simpático de esta escuela y tenía problemas como todo el mundo. Creo que eso es lo que lo hacía tan real y agradable. Sabías que no era perfecto. En nuestro segundo año Kasey tuvo una multa cuando se dirigía a casa de una fiesta y casi perdió su licencia por ella y, a su vez, casi no obtuvo la beca. La realidad se impuso y Kasey trabajó duro y demostró que podía cambiar su vida y lo hizo, a pesar de los problemas en los que se metió y ahora se dirigía a la universidad con una beca completa para jugar al fútbol para UW. Todo el mundo tenía planes para la universidad, incluyéndome, pero en el fondo no quería ir a la universidad. No entiendo la presión para ir a la universidad. ¿Era porque eso era lo que la sociedad quería? ¿Había algo que decir para aquel diploma en oposición sobre la experiencia del entrenamiento laboral? ¿Qué ofrecía el colegio que aquella experiencia no hacía? Incluso con mis pensamientos de hoy, no pasó mucho tiempo antes de que me encontrara dando pasos hacia el gimnasio para dar mi discurso. El único problema era que tiré el único discurso que había preparado. A mí no me parecía lo suficientemente bueno ya. Cuando me acerqué al podio, vi a mis abuelos con sus sonrisas brillantes. Mis padres, mi hermano, Eric, Mercedes, Kasey y el resto de nuestros amigos superficiales. En la parte de atrás del gimnasio vi a Dylan Wade, mi amigo perdido de la infancia. He visto a Dylan casi todos los días desde que teníamos tres años de edad, pero hoy me fijé en él, realmente lo he observado, fumando un cigarrillo mientras el humo salía de su boca y nariz después de cada bocanada. Estábamos dentro del gimnasio de San Martín y estaba fumando un cigarrillo. Muy Dylan. Su rodilla doblada, con el pie apoyado en la pared, con
  13. 13. 13 la cabeza inclinada hacia delante con una mano en el bolsillo y la otra sosteniendo el cigarrillo. Eso no fue lo que me llamó la atención. Lo que me llamó la atención hacia él era su comportamiento y el hecho de que no llevaba una toga como el resto de nosotros. Dylan siempre ha actuado un poco extraño, un poco solitario, pero hoy estaba de pie con tanta calma, mirándome fijamente, como si estuviera tratando de abrir un hoyo a través de mí. No estaba inquieto como normalmente lo estaba, estaba actuando normal para los estándares de Dylan. Su cabello castaño todavía tenía sus habituales indomables olas en el frente y su ropa, sus pantalones de franela generalmente oscuros enrollados hasta los codos y su camiseta vintage, tenía el mismo aspecto desgastado que siempre, pero él estaba diferente. Lo miré de vuelta preguntándome qué estaría pensando. Nosotros no nos miramos mucho en estos días. Honestamente, no podía evitar mirarlo preguntándome qué estaba viendo. A través de los años, lo más que le he oído decir era "Vete a la mierda", y por lo general se dirigía a los profesores, al llegar a clase, o a otros estudiantes que trataban de hablar con él. A Dylan no le gustaba que la gente le hablara, nunca lo hacía, incluso cuando éramos pequeños. No hablaba mucho. ¿Así que, qué lo hacía diferente hoy? No estaba segura, pero el día me trajo de vuelta de mis pensamientos. Todos aplaudieron cuando me anunciaron como la mejor estudiante y quería poner los ojos en blanco en cuan ridículo era todo. ¿Cómo llegué a ser la mejor estudiante? Mirando alrededor por respuesta, todo el mundo seguía aplaudiendo a excepción de Dylan. La cabeza inclinada al suelo, tomó otra calada a su cigarrillo antes de cambiar su mirada hacia la puerta y luego de vuelta al escenario.
  14. 14. 14 —Gracias a todos. —Sonreí y tomé una respiración profunda para prepararme. Tenía un discurso planeado pero una vez que llegué al pódium, nada vino a mi mente mientras miraba a Dylan, todavía fumando su cigarro. Mirándolo a él haciendo lo que quería, cuando lo quería, quería desesperadamente eso. Quería sentir la libertad que él sentía, libertad impredecible. Quería estar fuera de control y quería ser rebelde. Quería una salida del sol, un sol de ópalo que goteaba desde el cielo, con un nuevo día en el que todo era posible y la puesta de sol era desconocida. Dylan nunca había sido predecible, incluso a una edad joven, sabía eso, pero últimamente era aún más impredecible pero también persuasivo, tenía un ambiente para él de esa manera. Recuerdo estar en el Baile de Bienvenida a principios de año cuando esa revuelta estalló toda sobre Dylan consiguiendo una pelea con Jensen Williams, otro jugador de fútbol. Fue entonces cuando Dylan empezó a provocar a los otros estudiantes con gritos y empujones. Lo hacía a propósito. Lo sabía muy bien. Atrayendo a la multitud de estudiantes y amando cada minuto de ello, lo vi de cerca esa noche. Dylan podría incitar a casi cualquier persona, él lo sabía, y trabajaba eso a su favor la mayor parte del tiempo. Mi corazón estaba latiendo rápidamente en mi pecho mientras yo estaba allí en busca de una respuesta y, entonces, mientras tomaba miradas de admiración de mis compañeros y padres, me quebré, el momento antes de que la oscuridad se volviera luz, el momento en que todo era imprevisible. No podía seguir con esto. No podía ser esta persona que querían que fuera. —Todo el mundo espera que yo venga y de un discurso acerca de cómo llegué a donde estoy por todo mi trabajo duro y eso puede ser cierto. Yo trabajo duro. Pero no estoy tan segura de que lo hice por mí misma. Lo hice porque mis padres querían eso de mí. Lo hice porque era lo que se esperaba de mí y lo que fui empujada a hacer. Los ojos de mis padres se ampliaron y mi padre se movió incómodo, mirando alrededor de la habitación. La dura línea de sus labios confirmó mi
  15. 15. 15 pensamiento de que estaba viendo rojo. A Jeff Gray no le gustaban las sorpresas. Aunque no quería mirarlo, miré a Dylan. Algo reservado, sonrió pasándose la mano sobre la barba de su definida mandíbula pareciendo divertido, pero escondiéndolo bien. Después de otra respiración profunda, continué. —No voy a quedarme aquí y dar una conferencia a todos de que, con mucho esfuerzo, ustedes pueden lograrlo también. Bueno, pueden si lo desean. Pueden tenerlo todo. Yo no quiero nada de eso. Si creía que los ojos de mis padres estaban muy abiertos antes, parecía que estaban a punto de tener un maldito ataque al corazón ahora. Fue una gran sensación. —La verdad es que toda mi vida ha sido planeada para mí. ¿Sabían que ni siquiera podía comprar mi propia ropa interior? Mi mamá hace eso por mí —dije con una sonrisa. Mi papá, quien había salido disparado de su silla con vergüenza, había llegado al estrado entonces y agarrado mi brazo. Esforzándome para hablar por el micrófono, tenía que decir una parte más que era importante. —Parece que no tengo tiempo, pero solo quería decir una última cosa a todo el mundo... ¡jódanse! Con una reverencia, sonreí y batí mi cabello sobre mi hombro y me despedí con un ademán de la multitud. Miré de regreso a los aturdidos y muy abiertos ojos de la audiencia y volví a sonreír. Mi madre estaba llorando gruesas lágrimas falsas mientras mi hermano me miraba con curiosidad, como si hubiera perdido la cabeza. Eric estaba mirándome junto con Mercedes. Kasey estaba sonriendo como si estuviera orgulloso y Dylan estaba ahora temblando de risa en el fondo de la sala, obviamente divertido por mi arrebato. Mi papá me llevó fuera del estrado solo para tirar de mí hacia adelante tratando de sacudir las tonterías de mí.
  16. 16. 16 —¡Qué está mal contigo señorita! —ladró encaminándome detrás del estrado lejos de los demás. Grandes cortinas drapeadas alrededor de nosotros bloqueando mí vista de la multitud hacia la derecha. —¿Qué? —Traté de hacerlo sonar genial dando a mis ojos azules una chispa sobre la apariencia. Podría haber funcionado, excepto por la idea de que yo estaba tratando de hacerlo sonar genial después de que casi me estaba riendo. Una sonrisa amenazaba en cualquier momento y antes que él hablara, yo estaba sonriendo. —No me digas “qué” a mí Bailey Ann. Has avergonzado a toda la familia con ese pequeño truco de los tuyos. ¿Qué te ha pasado? Tiré mi brazo. —¡Tal vez esta era yo todo el tiempo! —le respondí, enojada de que estaba haciendo una gran cosa de esto—. No tienes ni idea de quién soy. Conoces a la hija que quieres conocer. —No, esa no es la hija que yo crié. —Por el eco de su voz, podía decir que esto no tenía nada que ver con el arranque y más que ver con el hecho de que alguien lo había humillado—. La hija que crié no le faltaría al respeto a su familia de esta manera. Ya está. Él lo dijo. Era una vez más acerca de él y no a mí. —No sabes qué clase de hija has criado. Ni siquiera me conoces. Conoces a la hija que quieres conocer. Me has planeado como si fuera una especie de juguete para ti. Bueno, sabes qué, ¡estoy cansada de esto! —Me atraganté, al borde de las lágrimas ahora—. No voy a ser más tu marioneta. Nunca quise esto. Nunca quise nada de esto. Yo no quiero esta vida. Ellos podrían tener a su hija perfecta, pero esa no era yo y yo no lo haría más. Corrí hacia el estacionamiento. Eric me agarró antes de que pudiera alcanzarlo, su cara con la misma decepción–conmoción que todos los demás tenían.
  17. 17. 17 —¿Qué fue eso? ¡Te das cuenta de la cantidad de problemas en que vas a estar! —Él también alcanzó mi brazo tratando de redirigirme de nuevo a la escuela. —Vamos Eric. Voy a salir de aquí. —Sacudiéndome a distancia, traté de correr pero me alcanzó. Mientras trataba de escapar, y trataba de no tropezar en las enormes escaleras que conducen al estacionamiento, no tenía ni idea de a dónde iba, pero tenía que salir de allí y pensar. —Bailey, ¿qué se te ha metido? —gritó Eric—. Esto es una locura. Detente y habla conmigo nena. El problema era que no quería hablar y en los diez años que había conocido Eric, yo nunca lo había oído levantar la voz. Regresando, me quedé mirándolo, parpadeando varias veces mientras Mercedes y Kasey se apresuraban a la zona de estacionamiento también. Se quedaron atrás solo porque Kasey mantuvo a Mercedes en el lugar, sus brazos alrededor de su pecho mientras luchaba por liberarse. —¿Sabes qué está mal conmigo Eric? —le pregunté cuando encontré mi voz—. Estoy cansada de vivir de esta manera. —Suspiré y le miré a los ojos—. No puedo hacerlo. ¿Crees sinceramente que puedes ir a la universidad y esto funcionaría entre nosotros? —hablé lentamente tratando de hacerlo escucharme. El problema era que no me escuchaban. Ni siquiera sé por qué lo preguntaron porque no estaban buscando una respuesta de mi parte. Por lo menos no la que yo tenía para ellos. —Estoy harta de esto. Así que esta soy yo enloqueciendo supongo. —Lancé mis brazos en el aire—. No puedo seguir con esto. No puedo ser esa persona que solo se sienta de regreso… —Yo iba a continuar, pero fui interrumpida por el ensordecedor rugido del motor de Dylan y los gritos de su padre mientras el auto retumbaba.
  18. 18. 18 Entrecerrando los ojos por el sol filtrado a través de la gruesa capa de algodón, mis ojos los encontraron en la distancia en una acalorada conversación. Su padre, Ken Wade, continuó gritándole hasta que Dylan se acercó amenazadoramente saliendo del auto y se acercó a su padre, que aparentemente acababa de tocar una fibra sensible. —¡Jódete! —gritó Dylan—. ¡No sabes nada de mí! Fue entonces cuando empezaron a hablar pero no podía entender nada de lo que decían. Fuera lo que fuese, Dylan no estaba de acuerdo con él y estaba a centímetros de su cara gritando de nuevo. De repente, Ken sacó su brazo hacia atrás y golpeó a su hijo en la cara. —¡Desagradecido pedazo de mierda! —gritó de pie junto a él—. Yo te di todo lo que necesitabas, ¿y así es como me pagas? Dylan no se movió. Su expresión era ilegible, pero en guardia mientras miraba a su padre, con su respiración incluso sorprendentemente controlada No sé qué me poseyó para hacer eso, pero corrí hacia ellos. Si tuviera que adivinar, el mismo impulso que me tuvo diciéndole a todos los que me ayudaron a ser exitosa que se jodieran. Claramente no mucho de mi sentido común estaba presente hoy. —¡No le pegue! —grité empujando contra el pecho de Ken. Mis esfuerzos no hicieron nada viendo que él estaba en algo así como 1.82 m. Por qué sentía la necesidad de participar en esto estaba más allá de mí, pero lo hice de todos modos. Una vez más, el sentido común se había ido. —Bailey tienes que mantenerte al margen de esto. Esto es entre mi hijo y yo, y tú ya te has metido en suficientes problemas por un día —advirtió Ken agarrando mi brazo. También me tiró lejos. Yo tenía un montón de tirones sucediéndome. Estaba a punto de decir algo más cuando Dylan volvió a hablar.
  19. 19. 19 —No la toques. —Estaba furioso, creando distancia entre su padre y yo. Eric me alcanzó llevándome a su pecho, sus brazos protectoramente alrededor de mi cintura. Volviéndome, miré a Dylan, sorprendida por su reacción. Esta era la primera vez que lo oía hablar en no sé cuánto tiempo, años quizá. Sus ojos, azules helados como el invierno, encontraron los míos y en ese momento, me olvidé del mundo que me rodeaba. En su lugar, nos vi jugando como niños. Nos vi haciendo pasteles de lodo, ensuciándonos, nadando en el Black Lake y mi primer beso en las vías del tren con él y el sabor de su goma de sandía. Nos vi de la forma en que debería haber sido cuando nada más importaba, sino un camino de tierra que conducía a ninguna parte. Pero no éramos más eso. No podía ser. ¿O podía? ¿Podría ser que había algo más ahí afuera para mí? ¿Podría ser mi salida del sol por fin impredecible? —Vamos Bailey. —Eric me apretó en su pecho con un apretón firme en mis brazos. En todo lo que podía centrarme era en los ojos de Dylan. Parecía estar tan perdido como yo. En ese momento, éramos dos niños buscando un escape. Dos niños queriendo esa impredecible salida del sol. Las cejas de Dylan se juntaron mientras parecía considerar algo y luego inclinó la cabeza sobre el Pontiac en marcha, con una expresión indescifrable. ¿Quería que entrara? Luego se hizo un poco más claro para mí cuando lo pronunció:
  20. 20. 20 —Ven conmigo. Fue entonces cuando Eric tomó un firme agarre en mí. Sus ojos buscaron mi cara por algo, una emoción, una respuesta que nunca encontraría. —Bailey, vamos. Empujando contra su pecho, traté de encontrar mi voz. —No, suéltame Eric. No lo hizo y se mantuvo fuerte. —No voy a dejarte arruinar todo. —Creo que ella te pidió que la dejes ir —dijo Dylan, la ira chispeando, mientras empujaba el pecho de Eric una vez. La mano de Eric se deslizó de mí con el movimiento—. Si quieres mantener el brazo del millón de dólares, te sugiero que la dejes ir. —No te metas en esto Wade —advirtió Eric dando un paso hacia Dylan—. Esto es entre mi novia y yo. Cerca de la puerta del conductor ahora, Dylan abrió la puerta, con las cejas levantadas, y sin pensarlo, salté frenéticamente arrastrándome por el asiento al del pasajero junto a su guitarra. —Sí, bueno —Dylan sonrió—, parece que ella quiere dar un paseo. Con una naturalidad que parecía más burlesca que amenazante, Dylan entró al auto conmigo. Eric dio un paso atrás sabiendo que Dylan no dudaría en correr sobre él. Una vez que mi respiración volvió a la normalidad me di cuenta de lo que acababa de hacer. Estoy loca. Esto es tan loco. Esto es increíble. Solo me metí en el auto de un extraño. Él no era un extraño. Lo conocía de casi toda mi vida, pero yo realmente no lo conocía más. Podría haber matado a alguien y yo no lo habría sabido.
  21. 21. 21 Tal vez me iba a matar. Has visto demasiado Mentes Criminales. Me dije a mí misma tratando de relajarme. Eso no hizo nada. Mis ojos se dirigieron a Dylan, que estaba mirando la carretera. Con la adrenalina corriendo a través de mí, me sentí como si hubiera robado un banco y no podía dejar de temblar. Era como la vez que bebí diez Red Bulls para mantenerme de pie en los exámenes parciales. No pude dormir durante una semana. ¿Cómo estaba tan tranquilo Dylan? Todavía estábamos en la ciudad, a un kilómetro del Black Lake. Cuando cruzamos las vías del tren, él me miró, con su labio sangrando, desde donde su padre le dio un puñetazo. Visiblemente enojado, pasó su mano izquierda a través de su labio, limpiándose la sangre y luego volvió a mirar a la carretera antes de limpiar la sangre en sus jeans. Antes de que supiera, estábamos sentados frente a mi casa. Dylan no miró hacia mí cuando comenzó a hablar con una voz ronca que me sobresaltó. —Deberías entrar. El sonido de él hablando parecía extraño para mí. —No quiero —discutí. Tal vez realmente no me quiere con él. Tal vez no quería ir a ninguna parte conmigo. Realmente no puedo culparlo. Debido a mi familia, yo prácticamente actué como si pensara que no estuvo vivo los últimos ocho años. —No deberías meterte en más problemas. Entra —exigió. —No. Dylan suspiró.
  22. 22. 22 —¿Qué estás haciendo conmigo? —preguntó cuidadosamente, sacudiendo su cabeza—. Solo vete. —No sé lo que estoy haciendo —le dije—. No lo sé, pero sí sé que quiero irme, a cualquier lugar, contigo. Se quedó en silencio por un momento. Sus ojos buscaron los míos, como si pensara que le estaba haciendo una pregunta. Abrió la boca y luego hizo una pausa, como si estuviera decidiendo lo que quería decir. Fue entonces cuando cambió su expresión, suavizada, mientras hablaba en voz baja. Sus manos se apretaron alrededor del volante, sus maltratados nudillos se pusieron blancos y volvió a mirar a través del parabrisas. —Ve dentro… —¡NO! —lo interrumpí. Los ojos de Dylan barrieron los míos y me miraron, su rostro adoptó un filo solemne. —Entra… Empecé a decir algo más, pero él me hizo callar con sus dedos. —Toma lo que necesites, pero que sea rápido, equipaje de estilo fugitivo. Tus padres estarán aquí pronto. ¿Qué diablos es el estilo fugitivo? ¿Debería preguntar? No, no preguntes solo ve dentro. Asentí y llegué a la puerta, su mano alcanzó mi brazo y tiró ligeramente. —¿Estás segura de que quieres hacer esto? —preguntó, vacilante—. Si te marchas ahora… —Estoy segura, Dylan —le aseguré y corrí dentro de mi casa antes de que pudiera decirme que no otra vez. Ahora, ¿qué debo empacar?
  23. 23. 23 Ropa, ropa interior... ¿qué más? Cámara, definitivamente debía agarrar eso. Me preguntaba qué era el estilo de equipaje fugitivo. Lanzando todo esto en mi bolso, me volví a mi computadora. Sabía que no tenía tiempo para buscar en Google o lo habría hecho. Con la esperanza de que eso significara solo lo necesario, me fui con eso. —Solo lo necesario —me gritaba a mí misma—, solo lo necesario. Empaqué todo lo que creía que era esencial y nada más. Hice a agarrar mi teléfono, pero dejé mi ordenador portátil y iPad en mi escritorio sabiendo que ninguno de esos artículos sería el estilo fugitivo. Después de eso, fui a mi alijo de dinero de emergencia que había escondido en un cerdo de peluche que tenía en mi cama de mi trabajo el verano pasado. Ese dinero era lo único que mis padres no sabían que tenía. Con mi equipaje de estilo fugitivo y mis habilidades para correr, estaba de vuelta en el auto de Dylan en dos minutos. Vi el auto de mi padre entrando en la urbanización justo cuando lo hacíamos directo en el Black Lake Boulevard. Volví a mirarlos en el espejo lateral, los brazos de mi madre agitándose a su alrededor frenéticamente mientras mi padre gritaba. Literalmente me podía imaginar la conversación que estaba ocurriendo en ese auto ahora mismo. Fue entonces cuando mi mente comenzó a revolverse y me pregunté si había hecho la decisión correcta. ¿Había jodido todo sin remedio? ¿Pero realmente quería reparar una vida que nunca quise? Dylan no dijo nada hasta que llegamos al semáforo en Trosper Road. Cuando el semáforo se puso en verde, el auto delante de nosotros comenzó a moverse y Dylan me miró mientras fácilmente atravesaba la intersección. —¿Norte o sur? —preguntó esperando que yo lo mirara. Qué pregunta más cargada era. El auto detrás de nosotros tocó la bocina y Dylan sonrió esperando por mi respuesta. Salida del sol, puesta de
  24. 24. 24 sol, planificado y no planificado, predecible, espontáneo, todo tenía un significado. Solo que yo no sabía cuál era ese significado. —Sur —le contesté. Dylan sonrió dejando que sus ojos vagaran por delante de mi cara. Naturalmente, esto me avergonzó y mis mejillas quemaron. —Sur será Ojos Marrones —dijo haciendo una salida en la interestatal 5. No estoy segura de qué me emocionaba más justo en este momento. La idea de ir al sur, con Dylan Wade, o él llamándome Ojos Marrones, mi apodo de la infancia que me dio cuando tenía tres años.
  25. 25. 25 2 Lo Desconocido Bailey Grey Traducido por Maru Belikov y atenea Corregido por Lizzie on las ventanas abajo y el frío aire del suroeste de Washington soplando a través de mi cabello, Dylan y yo hicimos el recorrido. Mientras el sol se ponía alrededor de nosotros, parecía, y no estaba completamente segura, que ambos buscábamos algo y ninguno sabía lo que era. En todos los escenarios que había soñado sobre huir de casa, nunca imaginé que Dylan estaría conmigo. Siempre pensé que me iría sola y quizá viajaría a Seattle. No podía más que pensar sobre lo que estaba haciendo con Dylan, como no lo conocía, pero Dylan tampoco me conocía. Ahora éramos dos extraños. Pero éramos dos extraños detrás de lo mismo, independencia. No tenía idea de lo que el mañana traería o los siguientes diez minutos y por primera vez en mi vida, estaba bien con eso. No quería tener que responder a nadie. Quería cometer errores. Quería meterme en problemas. Quería tener dieciocho. No podía pensar en una sola razón para regresar ahora pero podía pensar en miles de razones para seguir adelante. C
  26. 26. 26 Dylan estuvo callado la mayor parte. Ocasionalmente cambiaba la lista de canciones de su iPod pero aparte de eso, decía poco. Su mano derecha estaba sobre el volante, su izquierda contra la ventana torciendo su cabello en bucles. Quería preguntarle por qué decidió venir conmigo después de ocho años de no hablarnos. Quería preguntarle por qué su papá lo golpeó… pero no lo hice. Había tanto sobre Dylan que continuaba siendo un misterio. Sabía suficiente sobre Dylan Wade como para no preguntar. Una vez cuando estábamos en química, Wesley Kennedy, un tímido chico nerd le preguntó sobre un tatuaje sobre su brazo y la respuesta de Dylan fue golpearlo en el hombro y decirle que se metiera en sus propios asuntos. Conociendo ese lado de Dylan, de ninguna manera le preguntaría algo hasta que él lo hiciera. Había sido un tiempo desde que me había fijado en Dylan. Recuerdo que cuando éramos niños él siempre fue hermoso para los estándares de chicos. Ambos Dylan y su hermano, Drew, quien se fue de casa a los dieciséis, eran la fantasía de la mayoría de las chicas en la ciudad, debido a su misterio. Ahora, a los dieciocho, Dylan parecía que había tomado una apariencia más masculina. Su mandíbula era definida, las tonalidades ocres profundas resaltaban los puntos rubios por el sol de verano y el tono rojizo de la barba de su mandíbula. Su cabello tenía una apariencia descuidada en el frente, muy parecido a James Dean. Él era alto y delgado, pero musculoso. Sus antebrazos tenían tatuajes que no podía leer ya que los mantenía usualmente ocultos la mayor parte del tiempo por una sudadera pero sabía que estaban ahí. Su amigo Landon Neel era un artista de tatuajes y más o menos tenía a Dylan como su lienzo. Mientras yo descaradamente miraba su cuerpo, sus ojos parpadearon del camino para encontrarse con los míos. ¿Dios, podría haber sido más obvia? Imaginé que él iba a decir algo listillo pero en lugar de eso, él apartó la mirada rápidamente.
  27. 27. 27 Tratando de romper la incomodidad, decidí preguntarle a dónde íbamos. —¿A dónde deberíamos ir? Él no giró su cabeza pero la inclinó a un lado, sus ojos seguían en el camino. —Creo que la pregunta es ¿a dónde quieres ir? —Esto no es solo sobre mí, Dylan —dije subiendo mis piernas y envolviendo mis brazos alrededor de ellas—. No soy la única en el auto. Él estaba callado, contemplándolo, por unos cuantos segundos luego se movió en el asiento descansando su brazo alrededor de la parte trasera de su asiento inclinando su cuerpo hacia mí. —¿Ciudad por ciudad entonces? —Él sonrió con una calidez que encontré confortante cuando asentí—. Iremos a Medford esta noche y decidiremos a partir de ahí. —Bien —estuve de acuerdo. Luego pensé sobre mi vida de vuelta en casa. Parte de mí estaba nerviosa. ¿Cómo no podría estarlo? Por dieciocho años, seguí las reglas y hoy, destruí cualquier confianza que mis padres tuvieran en mí. Al demonio, con esa hazaña, tendría suerte si todavía tenía mi beca para Dartmouth. —Probablemente debería llamar a mis padres cuando nos detengamos. Dylan no dijo nada y para ser honesta, no estaba esperando que lo hiciera. Después de diez minutos, miró hacia mí, entrecerrando los ojos por el sol filtrándose a través del parabrisas. —No siempre tienes que seguir las reglas. —Eso dices tú. —Me reí sintiéndome más segura con mi decisión de irme—. ¿Cuántas veces has sido arrestado?
  28. 28. 28 —Dejé de contar hace unos años. —Se rió, finalmente riéndose. No me sorprendía en lo más mínimo que Dylan no supiera cuantas veces había sido arrestado. Para un chico como Dylan, ser arrestado no significaba nada, porque solo conseguía ser atrapado cuando era perezoso. Más importante, se sentía bien escuchar reír a Dylan otra vez. Después de que su madre muriera cuando era más joven, una parte de Dylan también murió. Lauren, su mamá quien había sido asesinada en un accidente automovilístico unas semanas antes de navidad por un conductor ebrio cuando él tenía diez años, era probablemente la mujer más cautivadora y dulce que había conocido. No recuerdo mucho sobre ella, era un recuerdo distante que se desvanecía cada día, pero si recordaba que olía como galletas y siempre quería tomar un bocado de ella. Dylan siempre había sido cercano a su mamá. Así que cuando fue alejada de él, tan de repente, fue difícil. Dado a que mis padres eran idiotas pretenciosos la mayor parte del tiempo, no podía llegar a comprender lo que Dylan pasó al perderla. Estaba a punto de anochecer cuando llegamos a Medford, Oregón. El una vez cielo azul estaba salpicado con un púrpura y rosado a través del horizonte, el final de otro día. La iluminación era perfecta en la distancia, así que lancé unas cuantas fotos por la ventana sabiendo que podrían ser borrosas, pero decidí intentarlo de todos modos. Justo como un amanecer, un atardecer podía crear colores hermosos. Mi parte favorita sobre el atardecer era la manera en que lanzaba unos hermosos rayos dorados de luz sobre todo alrededor. El constante cambio de luz podría hacerte ver y sentir lo que nunca antes viste. No me gustaba todo siendo planificado. Me gustaba lo desconocido, lo inesperado, y el misterio de no conocer donde dormiría esta noche o que mañana podría estar en cualquier otro lugar. Mis ojos estaban en todas partes ahora, bebiendo cada detalle como si pudiera ver adónde iba mi vida, a donde quería ir y a dónde esperaba que
  29. 29. 29 fuera, en algún lugar, a cualquier lado y quizá a nada en específico. Tampoco podía evitar el nerviosismo creciendo en mis huesos. Con las ventanas aun abajo, un temblor corrió a través de mí. Todavía tenía puesto mi vestido, por quien sabe qué razón. El delgado material de poliéster no era exactamente cálido una vez que la temperatura cayó. Dylan lo notó y se estiró por una sudadera en el asiento trasero. —Aquí —dijo extendiéndomela—. Puede que apeste pero al menos es algo. Mientras se deslizaba sobre mis hombros, el olor de jazmín y limón con lo que parecía jabón y cigarrillos me envolvieron. Cuando lancé otra mirada hacia Dylan, mi piel entrando en contacto con la capucha de su sudadera, un lado de su boca se detuvo en una media sonrisa cuando se dio cuenta de mi madriguera en la sudadera negra. Examinándola, note el símbolo Oakley en el frente y las deshilachadas mangas indicando que usaba esto muy a menudo. Vimos un hotel Western así que Dylan se detuvo en el estacionamiento. Estaba un poco vacilante en salir del auto, su GTO negro brillaba bajo la farola que zumbaba con miles de bichos volando alrededor de ella. Él no dijo nada mientras se acercaba a la parte trasera del auto donde yo estaba esperando. Abriendo el maletero, con una mano, él se estiro dentro por un bolso negro que asumí tenía su ropa dentro. Tomando el bolso en su mano izquierda, él colocó la guitarra en el maletero antes de cerrarla. Sabía que Dylan tocaba y quería preguntarle si todavía lo hacía pero entonces otra vez, no lo hice. Parecía personal y no estaba segura que estuviéramos en cosas tan personales aun. Como dije, ninguna palabra había sido dicha en años hasta hoy. Caminamos al lado del otro hasta la entrada, grandes puertas de cristal se abrieron mientras un enjambre de aire viciado se precipitaba a mis sentidos.
  30. 30. 30 —¿Cuántas habitaciones les gustarían? —preguntó la mujer detrás del mostrador, mirando boquiabierta hacia Dylan y luego hacia mí, y luego de regreso a Dylan mientras entornábamos los ojos a las brillantes paredes detrás de ella. Conmigo llevando un vestido y cabello recogido en un desordenado moño, estoy segura que teníamos escrito fugitivos sobre todo nosotros. Dylan sonrió, ajustando su bolso sobre su hombro, y miro hacia mí mientras hablaba. —Creo… —Una habitación está bien —le dije a la mujer ignorando a Dylan. Así que primero, escapo con el rebelde de la ciudad y ahora empiezo a sugerir que compartamos una habitación de hotel. Si los planes de Dylan eran asesinarme, parecía que ahora tenía su oportunidad. Para qué dañar la logística de ello. Si iba a morir de esta forma, lo iba a hacer bien. Estirándome por la billetera de mi bolsa, saque algo de efectivo cuando Dylan colocó su mano sobre la mía. Le di una mirada extraña porque, mientras me agarraba la mano, se quedó mirando por lo que parecieron unos cinco minutos cuando la mujer aclaró su garganta. —¿Cómo estarán pagando? —Yo pagaré —insistió él deslizando su tarjeta de crédito a través del mostrador de granito. No queriendo hacer una escena, no discutí pero obviamente le pagaría. No había manera de que él pagara todo esto solo. Tan pronto como nos metimos en el ascensor, le ofrecí cien dólares. —Aquí. —¿Para qué es eso? —Él no lo tomo y en lugar de eso, metió sus manos en los bolsillos.
  31. 31. 31 —La habitación. —El ascensor olía como humo rancio y ropa sucia. Tomó todo lo que tenía para no atragantarme y creo que Dylan sabía eso por la forma en que las esquinas de su boca se torcieron en una sonrisa—. No puedo dejarte que pagues todo tu solo. —Si puedes y lo harás —insistió Dylan observando los números de cada piso parpadear mientras los pasábamos—. No aceptaré tu dinero. —Bueno. —Tragué tratando de no oler nada, lo que claramente era la acción equivocada. Una vez que abrí mi boca, era como si ahora pudiera saborearlo, mucho peor—. ¿Cómo se supone que voy a pagarte? Él se rió encogiéndose de hombros y miró a sus pies. —Acepto favores sexuales. ¿Él dijo qué? No fue hasta ese momento que nos dimos cuenta que no éramos los únicos en el ascensor. El humo rancio y la ropa sucia era en realidad una persona de pie detrás de nosotros quejándose sobre vulgares adolescentes. Dylan y yo logramos evitar reírnos hasta que salimos del ascensor pero antes de que incluso las puertas se cerraran, ambos estallamos en risas. —¿Viste su rostro? —jadeó Dylan entre risas. Me tomó un minuto ser capaz de responder porque estaba riendo tan fuerte que mi costado dolía. —¡Pensé que ella estaba a punto de tener un ataque al corazón! —me las arreglé para decir después de unas cuantas respiraciones—. Pero diablos, ¿Ese olor era ella? Todo lo que Dylan pudo hacer fue asentir entre su risa. Continuamos con las ocasionales risitas mientras hacíamos nuestro camino a la habitación solo para encontrar que tenía una sola cama en lugar de dos. A parte de solo ser una cama, estaba agradecida que no oliera como la mujer. Las paredes color crema destacaban en lo dorado y la alfombra verde a cuadros y la cama de color rojo.
  32. 32. 32 Debimos habernos quedado mirando a esa maldita cama por unos buenos cinco minutos. Sé lo que estás pensando. Aquí está una chica que, en papel, tiene una beca en una universidad de la Ivy League, tenía la vida perfecta, y ahora aquí estaba ella durmiendo en habitaciones de hotel con extraños y maldiciendo como un marinero. El problema es que siempre he dicho groserías, solo que nunca cerca de nadie. Y tan lejos como va mi cerebro, todo eso es cierto pero hablando conmigo, nunca lo sabrías. Yo no creía en hablar por encima de otros o tratar de usar palabras que no eran otras que el profesor de inglés no pudiera entender. Dylan fue el primero en hablar sobre la cama. —Puedo dormir en el sofá. —Él señaló sobre su hombro a la esquina de la habitación hacia un sofá naranja que lucía como si quizá pudieran encajar sus piernas pero no el resto de él. Moví mis manos alrededor. —No seas tonto —le dije tratando de no dejarle saber cuan nerviosa estaba—. Podemos compartir. Otra vez, si iba a asesinarme esta noche, sería fácil para él. —Si eso es lo que quieres. Lanzando mi bolso sobre la cama, Dylan hizo lo mismo. Ambos encendimos nuestros teléfonos y estaba un poco asombrada de ver que tenía dieciocho mensajes de voz. Nueve eran de mi papa, tres de Mercedes, y siete de Eric. También tenía trece mensajes, diez de Eric, y tres de Mercedes. ¿Dónde estás? Te iré a buscar. Dime dónde. – Eric. ¿En serio te fuiste de la ciudad con Dylan Wade? ¿Qué estás pensando? No puedo creer que nos abandones así y por Wade de todas las personas. Gracias por pensar solo en ti. – Mercedes.
  33. 33. 33 ¿Has perdido la cabeza? No puedo creer que solo te vayas así. ¿Esto quiere decir que terminamos? De seguro parece de esa forma y después de cuatro años. Esto es tan inmaduro. – Eric. Quizá había perdido la cabeza pero estaba bien con eso. Quizá si habíamos terminado, y también estaba bien respecto a eso. Sentado directamente enfrente de mí sobre el sofá naranja, Dylan se rió desplazándose a través de sus propios mensajes de texto. —¿De qué te estás riendo? —pregunté, sin apartar mi vista del teléfono y borrando los mensajes de texto, no intentó responder. —Todos estos mensajes de Eric. —Su mano voló extendiéndome su teléfono—. Que cretino. Mi primer pensamiento fue por qué él tenía el número de Eric. Ellos no eran amigos. Dylan siempre había pasado el rato con Landon Neel y Danny Wells, su mejor amigo. A parte de ellos, nunca lo he visto con nadie más mucho menos con Eric. Como amigos, ellos serían el par menos probable. ¿Cómo pudiste ser tan estúpido sobre esto? – Papá. Genial hombre. ¡Qué manera de joder con el bombón de la ciudad! Llámame. Necesito detalles. – Landon. ¡Mejor que no la lastimes! – Eric. El último no era algo que esperaba ver y tenía que preguntarme sobre qué tipo de novio era Eric James. ¿Cuánto tiempo has estado durmiendo con ella? No puedo creerlo. –Eric. Y luego la confirmación vino. Su celular sonó con otro mensaje de Eric. ¿Le contaste sobre Mercedes? No le digas. Por favor. Pero sé que lo favores no significan nada para ti. – Eric. Le entregué su teléfono pero no dije nada al principio. Confundido por mi respuesta, él leyó el último mensaje que claramente no tenía que ver.
  34. 34. 34 Ojos aprensivos brillaron con pesar, abrió la boca como si fuera a decir algo, pero se detuvo sabiendo que su respuesta no significaría nada si no era la verdad —Voy a hacerte algunas preguntas, Dylan. Y quiero respuestas sinceras —demandé. Él me dio un asentimiento así que continúe. Se sentía como si todo estuviese pasando al mismo tiempo. Mis latidos estaban en mis oídos, mi corazón en la garganta, lista para mentiras que sabía estaban a punto de ser reveladas—. ¿Eres amigo de Eric James? —No. —¿Cómo tienes su número? —Destrocé las ventanas de su auto el año pasado en una fiesta. —Él finalmente miro hacia mí y en el fondo un temor que sabía siempre estaba allí se presentó como el monstruo que podía ser—. Mi papá me hizo pagar por los daños así que le di mi número para el presupuesto. Créeme, no fue mí elección. —¿Por qué le hiciste eso a su auto? Él tragó bajando sus ojos a la cama. —Él es un maldito idiota, por eso. —¿Qué te hizo? —Solo déjalo estar. —Él trató de levantarse de la cama pero agarré su brazo y lo hice volver abajo—. Nada de lo cual tengas que preocuparte. —¿Qué hizo? Fulminando con la mirada al suelo, él ladeó su cabeza. —Vi algo que él no quiso que yo viera. Esto me enojó entonces jodí su auto. Fin de la historia. —Él lo dijo con un encogimiento como si esto no fuera tan grande. Era grande. Yo podía ver que él ocultaba algo bajo las sombras de su mirada fija y profundamente abajo, yo sabía lo que era, y quise que él lo dijera en voz alta. No era ingenuo pero los signos estaban allí. Eric era demasiado
  35. 35. 35 controlado y responsable para un chico de dieciocho años. Yo sabía que él tenía que tener una falla en algún sitio. —¿Qué viste? ¿Qué hizo Eric? Dylan se recostó abajo en la cama y se inclinó adelante para descansar sus codos en sus rodillas. Las mangas de su camisa de franela permanecían enrolladas revelando los tatuajes otra vez. Quise preguntar que eran pero no lo hice. —Realmente quieres oír esto —golpeando su cabeza, él me miró—, ¿o solo quieres oírlo porque necesitas una razón de apartarte de Eric? No seré la razón por lo que lo haces. No dije nada así que él siguió. —¿Lo amas? —susurró. ¿Amé a Eric? La respuesta era simple. Después de hoy, era evidente que no lo hice. No lo amé y no creo que yo alguna vez lo hiciera. Para ser honesta contigo, Dylan había robado una parte de mi corazón cuando éramos niños y no había ningún modo que yo pudiera amar a otro chico de la manera que lo hice con él. Aunque la vida hubiera cambiado completamente yo no estaba segura de que estaba enamorado de Dylan, no cambiaba el hecho de que él tenía una parte, solo él. Eric era solo otra pieza de mi planeada vida. ¿Cómo podría amar algo que fue forzado? Yo no lo conocía. Yo conocía la versión planeada que fue presentada ante mí. —No —dije contemplando el teléfono en mi mano. Mi visión se enturbió con lágrimas, la alfombra a cuadros del cuarto del hotel me aturdió cuando los colores verdes y dorados se mezclaron. Justo como las mentiras que había dicho, los patrones se revelaron—. No lo hago. Las esquinas de la boca de Dylan se inclinaron. —Lo atrapé acostándose con Mercedes Grant detrás del estadio de fútbol. Rompí las ventanas de su auto.
  36. 36. 36 Pensé que el sentimiento que cayó sobre mí, pinchando mi piel sería tristeza pero no lo era. El pinchazo que sentí era una mezcla de emociones que nunca había sentido antes. Confuso sí pero mucho más cuando pensaba en por qué Dylan destrozó su auto. Ya no estaba preocupada por Eric en absoluto. Lo que me preocupaba era por qué un chico al cual no hice caso todos estos años sintió la necesidad de defenderme. —¿Por qué? —pregunté tratando de no mirar la extraña alfombra más tiempo. Cuando miré a su cara sus ojos dijeron todo, él lo hizo por mí. Yo no sabía que lloraba hasta que Dylan quitó las lágrimas lejos de mí. Un silencio se había extendido en todas partes del cuarto aparte del zumbido del aire acondicionado funcionando mal. Funcionó durante una ronda y golpeó hasta que se apagó. Cuando él habló, su voz se sintió forzada admitiendo algo que él no quería decir. —Yo estaba enojado. —Él tomó un aliento desigual y fijó su atención a sus manos—. Durante ocho años he esperado que vieras lo que estaba delante de ti. Cada uno te lavó el cerebro pensando que Eric James era lo mejor para ti. —Dylan, yo… —No —interrumpió Dylan alcanzando mi teléfono que dejó caer en el suelo a sus pies—. Olvida que dije algo. Llama a tus padres. —Tengo una pregunta más. —Dylan me dio una cabezada para seguir. Preocupación evidente en sus ojos por lo que yo iba a preguntarle—. ¿Qué le dijiste a Eric sobre ello? —Nada, estoy seguro que el bate en su parabrisas lo dejo claro. ¿Cómo creyó Eric que yo no averiguaría sobre esto? Esto probablemente habría llevado tiempo Dylan no lo diría en mensajes de texto pero yo no era estúpida. He sabido durante años que mi vida no era lo que parecía ser. ¿Hice algo sobre ello? No. Ahora sí y esto es en qué me concentré.
  37. 37. 37 Más pensaba en ello, más enojada estaba. En mi mente, yo sabía que esto pasaba entre Eric y Mercedes. La peor parte era que Eric y yo no habíamos tenido sexo, sin embargo él tenía un lío con ella, o tal vez ella no era la primera. El pensamiento se rebelaba a mí. Enojada, decidí llamar a Eric primero y dar a su culo tramposo una parte de mi mente. Para un poco de privacidad, fui al balcón y cerré la puerta detrás de mí. Dylan me miró caminar fuera y luego se fue al cuarto de baño con una toalla. Sonó una vez antes de que él atendiera. —¿Bailey dónde estás? ¿Estás bien? ¿Te hizo daño? —Ah, dame un descanso. No actúes tan inocente. —Yo estaba real y completamente orgullosa de mí. Parecía que yo tenía todas las clases de coraje hoy—. ¿Cómo está Mercedes? Cualquier chica, y no me preocupa quien sea, tiene un lado rencoroso. Estando en la escuela secundaria, averiguas rápidamente que todas ellas lo tienen. El mío comenzaba a mostrar su fea cara. —¿De qué estás hablando? —Él francamente pareció alarmado, lo que incluso me enojó más. —No me des esa basura, Eric. —Incapaz de estarme quieta, comencé a pasear por el balcón—. Sé sobre ti y Mercedes. ¿Con quién más has estado? ¿Déjame adivinar, Jessica también? —Él está mintiendo. —Eric afirmó tropezando con sus palabras—. Nunca dormí con ella. Él está diciéndote esa mierda así jodes con él. Me reí amargamente apretando mi teléfono fuertemente. Se sintió como que yo trataba de estrangular mi teléfono para compensar la incapacidad de estrangular a Eric. —Solo demostraste mi punto ahí mismo. Nunca dije sobre qué yo sabía.
  38. 38. 38 —No hice nada que ella no pidiera. —La voz de Eric era aguda como si él indicara algo obvio—. Y por qué no le preguntas a Dylan sobre Mercedes. Él ha llegado a conocerla bastante bien también. —¿Guau, entonces es por eso, porque ella te lo pidió? —pregunté ignorando su comentario sobre Dylan—. Vamos Eric, eres más elegante que ese Sr. Excitante. —Durante los años de jugar fútbol su vida entera, Eric había conseguido el apodo de Sr. Excitante por su capacidad en el campo. Yo siempre había odiado ese apodo y nunca lo había usado. —Esto no es lo que parece, Bailey. —Eric soltó sus palabras rápido sabiendo que yo colgaría en cualquier momento—. Solo vuelve y podemos hablar de esto. No tires cuatro años por un tipo como Dylan Wade. —Esto no tiene absolutamente nada que ver con Dylan y lo sabes. No hay nada de lo cual tengamos que hablar más. Eric gimió. —¿Entonces qué, vas solo a escaparte con Wade ahora? Esto es tan infantil. Bailey, no puedes… —Guarda tu mierda para alguien más. Presioné el botón de finalizar y sorprendentemente, me sentí mejor. El saludo de mi papá no era mucho mejor. —¡Escucha aquí Bailey Ann Gray, trae tu culo a casa ahora mismo! ¿Te das cuenta en la situación en la cual me has puesto ahora? ¿Entiendes el calor que estoy recibiendo por la incapacidad de controlar a mi propia hija? Vuelve. —Sería un poco difícil de hacer, papá. Estoy en México —mentí mirando el Escalade en el estacionamiento debajo intentando estacionar en un lugar compacto. —¿Qué te ha dicho él? —Yo podía oír a mi mamá presionando en el fondo—. Esto es una locura. Regresa aquí.
  39. 39. 39 —Él no me dijo nada —le dije tratando de permanecer firme en que yo no volvía solo porque papi lo dijo—. Le pedí irme. —¡Vienes a casa ahora mismo! —No papá, no voy. Tengo dieciocho años y puedo tomar mis propias decisiones. Él hizo una pausa durante un momento y dijo las palabras que nunca esperé que él dijera: —Bien, tenlo a tu modo, Bailey. Si no estás en casa mañana por la mañana, no te molestes en volver. No toleraré este tipo de comportamiento en mi casa. —¿Quieres decir que a la primera que te genero un problema me desheredas? —Me reí—. Esto es impresionante. Salgo con el tipo perfecto en tu mente porque él es lo que apruebas, bien sabes que, el tipo perfecto ha estado jodiendo con mi llamada mejor amiga. Escogí la escuela a la que quisiste que fuera porque la aprobaste, bien adivina qué, no me preocupa más. No voy. —Si vas a escaparte con el delincuente de ciudad Dylan Wade, entonces sí, te desheredaré. —Él clarificó en un tono que reconocí siendo usado con miembros del ayuntamiento—. No toleraré este tipo de comportamiento de mi hija. —Bien, desherédeme alcalde Gray. —Sin otra respuesta, tiré mi teléfono del balcón al Escalade que todavía no había entrado en el estacionamiento. Dylan había terminado con su ducha y ahora se sentaba en la cama, teléfono en mano, vestido en un par de jeans y sin camisa. Mi mirada fue a los tatuajes primero de sus brazos y pecho y luego al resto de su apariencia tonificada. Era evidente que él trabajaba o tenía un muy buen metabolismo. —Oye —él dijo, preocupado cuando cerré la puerta corrediza de cristal detrás de mí.
  40. 40. 40 —Mi papá me desheredó —dije esto despreocupadamente al principio como si no importara, pero para mí, significaba algo. ¿Cómo no podría? —Imagínate —se quejó Dylan tirando una camisa sobre su cabeza. No tengo ni idea por qué pero el sonido de la voz de Dylan fue mi punto de ruptura. Como una rotura de presa, me eché a llorar. La clásica fugitiva apareció ahí mismo. Tan pronto como la mierda golpeó, me quebré. Dylan vaciló y luego se movió para consolarme pero él pareció incómodo haciéndolo. —Lo siento. —Fue la única cosa que él me dijo. Lloré incluso más fuerte. Toda mi vida yo había hecho cosas para todos los demás y en el momento en que decidí hacer algo para mí, mi familia me desheredó. La vida que yo creía que conocía con Eric era una mentira y él había cometido el acto más irrespetuoso de falsedad que alguien podría hacer. Mi único pensamiento era ¿cómo confío en alguien ahora? Y esto rápidamente fluyó en que ahora no tenía nada para volver. Dylan no dijo nada más y me sostuvo hasta que yo dejara de llorar. Girando lejos para mirarlo, sus ojos todavía sostenían la preocupación explorando mi cara mientras cepillaba el cabello que se pegaba a mis mejillas pegajosas. —¿Quieres que te lleve de vuelta? —preguntó, con vacilación, sus ojos buscando en los míos cualquier indicación de lo que quería—. Lo haré si eso es lo que quieres. —No tengo nada allí a lo que quiero volver. —Limpié las lágrimas de mi cara intentando salir de mi llanto—. ¿Llamaste a tu papá? Él meneó su cabeza, la tristeza volvió. —No.
  41. 41. 41 —¿Vas a hacerlo? Él ladeó su cabeza otra vez. —No hay ninguna razón. —¿Te desheredó también? Protegido por un frente cauteloso, él miró el suelo y no dijo nada. Frotando su cuello, la frustración aliviada. —Él me desheredó mucho antes de esto. Yo tenía un sentimiento de que aquella declaración tenía un sentido más profundo, pero decidí darle su espacio y no meterme en algo que yo no entendía y no era capaz de entender. Había un lado de Dylan que yo nunca podría llegar a conocer, el lado que guardaba sus miedos profundamente dentro. Alcancé mi billetera dentro de mi bolso para ver cuánto dinero en efectivo tenía, sabiendo malditamente bien que mis tarjetas de crédito no funcionarían ahora. Conté para mí mientras Dylan con cuidado miraba lo que yo hacía. —Tengo un poco más de novecientos dólares. ¿A qué distancia crees que podemos irnos con esto? Él se rió y meneó su cabeza. —Tú no financias esta aventura, yo lo haré. —Aunque riéndose, sus pautas fueron marcadas. —Rechazo dejarte pagar este viaje entero. Sus cejas vacilaron y yo podría contar entonces que él decidía si ser sucio o no. Él no gana. —Siempre hay favores sexuales, que… Perforé su hombro por sus suposiciones lascivas y le di el dinero. —Insisto en pagar mi mitad del viaje.
  42. 42. 42 Empujando el dinero de vuelta a mí, negó con su cabeza. —Tengo más que suficiente dinero. Cuando cumplí dieciocho mi fondo fiduciario entró. —No tomaré el dinero de tu fondo fiduciario. Eso es tuyo para la universidad o algo así. No era un secreto alrededor de la ciudad que Dylan y su hermano tenían un fuerte fondo fiduciario de cuando su madre murió. Aún rechacé dejarlo usar aquel dinero en esta aventura. —No voy a la universidad. —Él sonrió con satisfacción como si la posibilidad de él yendo a la universidad fuera ridícula—. Parece que estamos de vuelta a aquellos favores sexuales. —Él sugirió y se inclinó atrás en la cama y colocó sus manos detrás de su cabeza. Para hacer su punto más claro, él guiñó e hizo gestos hacía levantando sus caderas ligeramente. Qué pervertido. Precisamente entonces yo no estaba más preocupada por ser asesinada. Profundamente él era demasiado bobo para cometer un delito tan grave como un asesinato. Al menos esto es lo que yo me decía. Recostándome al lado de él, él me miró y confesé sobre mi reacción temperamental. —Tenemos que usar tu teléfono de aquí en adelante. —¿Dónde está el tuyo? —Bajo un Escalade afuera. —Genial. —Él se apoyó en sus codos. Sus pies pendieron del borde de la cama—.¿Tienes hambre? —Realmente sí, muerta de hambre. Quitándose de la cama, él se puso una camiseta limpia de su bolso en el suelo y luego pasó su franela por encima de ella. Noté que todas sus camisas fueron colocadas con esmero en su bolso donde mi bolso se veía como si el huracán Katrina lo había embalado.
  43. 43. 43 —Levántate. Te llevo a cenar. —Él me dijo andando alrededor de la cama y estando de pie cerca de la puerta—. Sugiero que te cambies esa ridícula túnica. No voy a cenar con la valedictorian. —Yo creía que parecía caliente en ello. —Sugerí girando alrededor intentando recordar mis movimientos de ballet cuando yo era más joven. Buen coqueteo. Dylan no dijo nada durante un momento entonces miré hacia atrás a él preguntándome si incluso notó mis movimientos y él sonrió con satisfacción manteniendo sus ojos bajos. —Estoy de acuerdo —masculló suavemente y se giró a la puerta. No esperé a que dejara el cuarto antes de que me quitara mi túnica. Por lo general yo no habría hecho algo valiente pero lo hice para molestarlo por los comentarios de favores sexuales. Me desnudé hasta mi sujetador y ropa interior. Cuando di un vistazo en su dirección, noté que él todavía estaba parado en la puerta poniéndose sus zapatos. Claramente, él no lo había notado aún, entonces paré por un segundo fingiendo revolver mi lío por el que pasó un huracán y luego saqué algunos pantalones cortos de mezclilla y una camiseta de mi bolso. Cuando giré antes de que me pusiera mi camisa, noté que él me miraba ahora, pero no dijo nada. Me reí entre dientes caminando hacia él. —¿Qué? ¿Puedes sugerir que yo realice favores sexuales contigo pero no puedo desnudarme delante de ti? —pregunté, guiñándole. —No, por supuesto desnúdate —dijo él ofreciendo su propio guiño—. Esto hará aquellos favores sexuales más fáciles.
  44. 44. 44 3 Ingenua Bailey Gray Traducido por Esti y Little Jade Corregido por Marina012 egún lo prometido, Dylan me llevó a cenar a un pequeño restaurante mexicano que encontramos por la calle, a una corta distancia a pie. Yo pedí fajitas de carne y él pidió lo mismo. Lleno de conmoción, el restaurante proporcionó una buena distracción al mundo que yo ahora enfrentaba. Cada vez que pasaba el camarero deseaba que tuviéramos la edad suficiente para ordenar bebidas. Después de todo, me vendría bien una. Nunca había bebido antes, pero realmente quería saber la razón de tanto alboroto. —Realmente me vendría bien un trago —le dije a Dylan, reprimiendo un suspiro cuando vi otra bandeja de lo que parecían ser margaritas. —¿Has bebido antes alguna vez? —No —admití, avergonzada de que había vivido una vida demasiado protegida—. ¿Tú? —Esa es una pregunta tonta. —Y si conocieras a Dylan, sabrías que era una pregunta tonta—. ¿Quieres una cerveza? —Solo tenemos dieciocho. —Me pareció extraño que tuviera que recordárselo—. No nos van a vender cerveza. S
  45. 45. 45 —Claro que lo harán. —Él llamó a una camarera. Efectivamente, con una sonrisa de Dylan ella vino corriendo—. Oye, ¿podemos conseguir dos Corona1? —Claro, cariño —le dijo la camarera, demasiado mayor para estar coqueteando con un muchacho de dieciocho años, con una sonrisa que él le devolvió con un guiño. Él jugaba su juego—. Se las traeré enseguida. ¿Puedo ofrecerte algo más? —No —Dylan sonrió de nuevo, sus ojos usualmente azul invernal estaban fundidos y entonces supe que él sabía cómo utilizar a las personas cuando era necesario—, eso es todo. —No es justo... has jugado con ella. —¿Jugado? —Me miró como si le hubiese herido, pero esbozó una sonrisa a pesar de todo. —¿Cuándo tomaste tu primera cerveza? —le pregunté cambiando de tema levemente. —A los once. —Jesús, comenzaste joven, ¿eh? Se encogió de hombros, mirando por la ventana. —¿Drogas? Dylan miró de la ventana hacia mí y luego de nuevo a la ventana. —¿Qué pasa con ellas? —¿Las has probado? Un asentimiento fue todo lo que tuve, sin detalles, solo un movimiento de cabeza. Aunque no era como si estuviera esperando detalles. Conocía lo suficiente a Dylan como para saber que no conseguiría ningún detalle. 1 Corona: Marca de cerveza.
  46. 46. 46 —¿Quieres jugar un pequeño juego? —sugerí. La camarera volvió con las cervezas y las puso en el centro de la mesa junto con una canasta llena de nachos y un pequeño cuenco de salsa. —Depende de qué tipo de juego sea. —Dylan alcanzó los nachos y salsa colocados entre nosotros en la mesa y empezó a comer. Yo hice lo mismo. —Veinte preguntas. —Solo si voy yo primero —aclaró masticando lentamente. Durante un momento, miré su mandíbula, el apretamiento de los músculos y la chispa en su mirada. Me sentía a gusto con él. —Me parece bien —indiqué con la mano—, puedes comenzar. Esperó a que yo tomara un trago de mi cerveza, sonriendo cuando arrugué la cara por lo amargo de ella, pero de todos modos, me la tragué. No pediría otra nunca. Cuando pensé en el juego de las veinte preguntas, y sabiendo cómo había sido mi vida, estaba segura de que podía adivinar algunas de sus preguntas. También sabía un par de preguntas que quería hacerle. —¿Qué fue lo que viste en Eric James? Lo digo en serio, Bailey, sí, él puede lanzar una espiral media, pero joder, y él es Eric James por el amor de Cristo. —Dylan me miró como si hubiera estado saliendo con el diablo durante los últimos cuatro años. Después de los acontecimientos de hoy, tal vez lo había estado. No estaba segura de cómo responder, así que le dije la verdad. —Honestamente, salí con él porque era lo que se esperaba de mí. —Eso es mentira —dijo Dylan con calma pero sus palabras tenían sentido—. Siempre tenemos elección. Considerando la oportunidad, no habría elegido a alguien como Eric James para pasar mi vida. Éramos completamente opuestos en todos los
  47. 47. 47 sentidos y cuando lo veía casi todos los días, y veía la vida que viviríamos, el pensar en elegirlo a él, me daban ganas de gritar. Nos vi viviendo en un suburbio del infierno con dos hijos y uno en camino, un perro y una valla blanca donde la esposa tenía sueños pero no los perseguía porque estaba encerrada en casa jugando a la esposa perfecta. Esa no era yo. Crecí alrededor de eso y para mí eso era un infierno pintado en mi mente. Si yo hubiera previsto la vida perfecta para mí, sería imprevisible y nunca planificada. Quería llegar tarde, fotografiar el mundo, quedarme en cama todo el día, no cepillar mi cabello, vestir con jeans con agujeros en ellos y pintar con esmalte negro mis uñas solo porque podía. Dylan negó con la cabeza y volvió a meter en la salsa otro nacho para mojarlo. —No puedo creer que lo follaras —murmuró empujando otro nacho en su boca—. Pensé que tendrías mejor gusto que eso. Justo mientras él decía eso, yo había tomado un trago de mi cerveza. Él estaba ahora usando esa bebida. —¿Qué acabas de decir? —Me ahogué todavía tosiendo, la cerveza saliendo de mi nariz que después me hizo toser. Mirándome enojado, procedió a limpiar la cerveza de su camisa. Fue entonces cuando pensé para mí misma que su bolso perfectamente embalado podría haber sido algún tipo de trastorno obsesivo-compulsivo. Los ojos de Dylan no tenían ningún ápice de diversión cuando habló. —Obviamente me escuchaste. —¿Qué te hace pensar que estaba durmiendo con él? Debo admitir que soné un poco amarga. —No se puede dormir con un tipo como Eric James y esperar que guarde silencio acerca de cómo te desfloró, ¿verdad? —contestó, irritado y negándose a mirarme. En cambio, sus ojos se centraron en la distancia por encima de mi hombro, donde una pareja de unos treinta años estaban sentados
  48. 48. 48 en el bar, riendo y completamente cómodos. La situación era exactamente lo contrario de lo que estaba pasando con nosotros—. No pensé que fueras una maldita ingenua. Fue entonces cuando perdí la razón, justo ahí, en un borrón de palabras, pero creo que dije algo parecido a esto. —¡No esperaría que un tipo como Eric James guardara silencio si hubiese sucedido en realidad! —le grité, probablemente demasiado alto para el restaurante—. Nunca me lo follé. —Hundiéndome nuevamente en la cabina, refunfuñé un poco más a mí misma, pero perdiendo fuerza mientras cruzaba los brazos sobre mí pecho—. Ese hijo de puta. Ahora lamentaba haber destruido mi teléfono. Quería darle a Eric un latigazo verbal por esta mierda. Mi vida podría haber sido planeada, pero siempre había sido el mismo tipo de persona. No me gustaba que la gente creyera mentiras sobre mí y no supiera la verdad. Tal vez esto venía de mi educación por ser la hija del Alcalde, pero alguien creyendo una mentira sobre mí era aplastante. —¿No tenías idea? —Dylan me miró sorprendido de que yo no supiera de los rumores que Eric había difundido sobre mí o Mercedes en realidad. ¿Cómo pude haber sido tan ingenua al respecto? Dylan tenía razón. Era ingenua ya sea que quisiera admitirlo o no. —¿Cómo puedes realmente creer eso? Él negó con la cabeza pasándose la mano por el cabello y colocándola en la parte posterior de su cuello de nuevo, un movimiento que hacía a menudo, pero parecía aliviar la frustración que sentía. —No entiendo por qué estás enojada conmigo. Has estado saliendo con él durante los últimos cuatro años, es increíble que no te hayas acostado con él ya. La gente hace eso, salen y tienen sexo. —¿Es por eso que me pediste que viniera contigo? ¿Porque crees que soy fácil o algo así?
  49. 49. 49 —¿Qué? —Él se resistió, casi ahogándose con sus palabras—. ¿Fácil? No creo que seas fácil. —Me di cuenta de que se estaba enojando—. Maldita sea, ¿de verdad crees que soy tan idiota? Si alguien debería estar preguntando intenciones aquí, debería ser yo. ¿Por qué viniste conmigo, Bailey? ¿Fue porque querías o porque querías molestar al Alcalde y a tu precioso jugador de fútbol? —No pensé que fueras un idiota hasta ahora. —Me incliné hacia delante, mis codos descansando sobre la mesa acercándome a él. Él hizo lo mismo, pareciendo tan enojado como yo—. Y tú eres un idiota si crees que hice esto debido a quien es mi padre. La mayor parte del restaurante notó nuestra conversación y no dejaban de mirarnos. Yo no diría que nos gritábamos, pero estábamos cerca. —Está bien. —Él tiró su servilleta y terminó su cerveza de un trago antes de golpearla hacia abajo. El sonido me hizo saltar—. Te voy a llevar de regreso a tu vida perfecta esta noche. —Su mano se movió hacia fuera mientras echaba el brazo hacia arriba—. Levántate, vámonos. Lo miré como si estuviera loco, tal vez lo estaba, y él me miró como si estuviera hablando muy en serio. —Maldita sea, ¡no! —Me senté de nuevo frustrada—. Eres un imbécil, sí, pero eres el primer maldito imbécil que se ha preocupado por lo que yo quería y lo que tenía que decir. Así que vamos a continuar con esto —hice señas alrededor de nosotros—, sea lo que sea, y sigamos adelante. No voy a volver. Soné como una niña y me sentí aún más como una cuando lo miré. Me miraba mientras yo trataba de regular mi respiración. Antes de darme cuenta, se estaba riendo. —¿Por qué te estás riendo de mí? Una sonrisa se apoderó de él. —Tus ojos se iluminan con un fuego que no he visto desde que éramos niños cuando estás enojada.
  50. 50. 50 No es que fuera demasiado divertido, pero me eché a reír también. —Lo siento, perdí los estribos. Tienes razón, la mayoría de las chicas lo hacen hoy en día. —Pero me alegra. —Él hizo una pausa, aclarándose la garganta—. Que no lo hayas hecho, ya sabes, acostarte con él. Quiero decir, mierda, esto es increíblemente raro así que me callaré ahora. —Con una sonrisa, él dejó de hablar. Era la primera vez que lo había visto luchar por las palabras. Hasta que nuestra comida llegó, continuamos con nuestro juego, pero pasando de las acusaciones y los pensamientos de irnos. —Siguiente pregunta, esa pregunta contó como dos, así que te quedan dieciocho, haz que valgan la pena, idiota. Dylan asintió como diciendo que estaba de acuerdo conmigo. —Está bien, si pudieras ir a cualquier parte del mundo, ¿a dónde irías? —preguntó. —Nebraska. —Es una broma, ¿verdad? —No, me gusta Nebraska… maíz, granjas, ¿qué más se puede pedir? Sacudiendo la cabeza con una sonrisa divertida, tomó otro trago de su segunda cerveza cuando llegaron nuestras humeantes fajitas. Continuamos haciendo preguntas al azar a lo largo de la comida cuando me hice la valiente y pregunté sobre su pasado sexual, del cual yo moría por saber. La mayoría de las chicas en la escuela, y admito que estaba en esa lista, habíamos soñado con Dylan Wade y controlar su lado rebelde. Naturalmente, yo quería saber qué era verdad y qué no lo era. También quería algunas imágenes para mí. Dylan era sexy. No digo más. No era la primera chica, buena o no, que soñara con ser inclinada sobre ese GTO y ser un poco manoseada. —¿Es cierto que tuviste sexo con Haven Jennings en el escritorio de la señora Drake en detención?
  51. 51. 51 Sus ojos me miraron de soslayo, con la nariz arrugada en lo que parecía ser disgusto. —No. Me gustó su respuesta. Haven Jennings, llevaba un vestuario en su mayoría negro, maquillaje gótico, era espeluznante y tenía tantos piercings en su cuerpo que podría ser un aspersor. Ella era una de esas chicas que esperabas que comenzara un culto y luego sacrificara su cuerpo a la energía más alta en que ella creía. —¿De qué discutían tu papá y tú antes de irnos? Tomando una tortilla del recipiente rojo cubierto a mi izquierda, agarré la mezcla de carne y pimientos e hice un taco. Di un mordisco y esperé su respuesta. Dylan lamió la salsa picante de su pulgar mientras se preparaba su propio taco. —Paso. —No se puede pasar en veinte preguntas —le dije—. Creo que es una especie de regla. Otra sonrisa tiró de sus labios como si estuviera sosteniendo un secreto. Me hizo recordar a él cuando era un niño y se burlaba de mí. —Sí se puede, Ojos Marrones. —No, no puedes —discutí, sumergiendo mi taco en crema agria y tratando de no sonreír. Degustando el sabor, me di cuenta que había pasado mucho tiempo desde que había disfrutado tanto algo. Mi dieta en casa consistía en pollo, vegetales y arroz integral. Si nunca volvía a comer arroz integral, sería demasiado pronto. No quería decir que no tuviera mi escondite donde guardaba el chocolate, porque lo tenía. —En mi versión sí puedes. —Por su tono cortante, entendí que no valía la pena discutir—. Juégalo a mi manera, o no juguemos.
  52. 52. 52 Decidida a no empujar más mi suerte, dejé de presionarlo. Luego de empaparlo en cerveza, mi suerte esta noche estaba probablemente agotándose. Nunca quise admitirlo, pero de tanto en tanto tenía actitudes de una niña malcriada. Como, por ejemplo, ahora. También entendí, en solo unas horas con Dylan Wade, que esto no funcionaría si quería seguir en este viaje con él. Dylan no lidiaba con malcriadas. Cuando ser malcriada no funcionó, probé haciendo pucheros. Eso tampoco funcionó. Dylan se rió de mi pobre exhibición y, eventualmente, yo también terminé riéndome. Él tenía ese tipo de risa. Si la escuchabas, también te reías. Terminamos nuestra comida, Dylan pagó como había insistido, y caminamos de vuelta al hotel. Los autos pasaban y la noche parecía estar en su máxima potencia. Las parejas estaban tomadas de la mano, mientras que otros caminaban al lado del otro como si solo fueran amigos, algo parecido a nosotros. ¿Ahora éramos amigos? Tenía tantas preguntas girando en mi mente y ninguna respuesta. Era uno de esos momentos en donde quería soltar todo lo que retenía dentro pero no quería alejarlo. Tenía la tendencia de hablar de más cuando estaba nerviosa y vomitar las palabras era como su hermano gemelo maligno. Para el momento en que volvimos al hotel, apenas podía mantener los ojos abiertos, así que decidimos dormir un rato y decidir a dónde iríamos por la mañana. Me gustaba la idea de no saber a dónde iríamos mañana o al día siguiente. Mientras arreglábamos como íbamos a dormir, dejé de sentirme cansada. —Puedo dormir en el piso —ofreció, sintiendo mi nivel de ansiedad crecer por la situación, mientras me lavaba los dientes junto a él en el pequeño baño. Cuando nos paramos lado a lado, apenas podíamos movernos para lavarnos los dientes.
  53. 53. 53 —Si prometes no asesinarme mientras duermo, no me molestará dormir a tu lado. —No sabía exactamente por qué, pero realmente no me importaba. Me sentía a salvo con Dylan. Me sentía como si él jamás fuera a permitir que algo malo me pasara. Más que nada, me sentía, con las mentiras que ahora eran una realidad para mí, sola y estando Dylan aquí, me confortaba. —No planeo asesinarte. —Dylan se encogió de hombros, y puso su cepillo de dientes dentro de su respectivo contenedor antes de limpiar el agua salpicada que estaba en el lavamanos. Mientras observaba su rutina nocturna, estaba cada vez más convencida de que tenía algún trastorno obsesivo-compulsivo de la limpieza. Todo tenía su lugar en el bolso. Casi esperaba que también estuviera etiquetado. No lo estaba. Tan pronto como volvimos del restaurante, se despojó de su camiseta manchada de cerveza y la tiró, confirmando mi teoría de que sufría de TOC. Quería preguntarle, pero no quería ofenderlo. Mi hermano pequeño era igual de meticuloso y organizado, y encontraba tierno que tan metodológicos eran sobre todo, tanto Dylan como Jeb. Parte de mí extrañaba a Jeb y esperaba que lo estuviera haciendo bien. Él era un buen chico y odiaba ver como recibía algo de la porquería de mis decisiones. Mi padre siempre había sido duro con él, y yo pensaba que Jeb era perfecto porque él sentía que debía serlo, no porque quisiera. ¿Qué chico de trece años querría hacer todo lo que sus padres le dicen? Ninguno que yo conociera. Una vez que nos metimos en la cama, ambos nos pusimos a mirar el techo, sin mirarnos, como si fuera una película. Rompiendo el silencio, el aire acondicionado volvió a encenderse, ahogando el sonido que hacia el cartel de neón que estaba afuera, y que iluminaba la habitación con un tinte verdoso. Cuando se apagó, Dylan se giró para enfrentarme, apoyándose en su codo. —No terminé de hacer mis preguntas.
  54. 54. 54 Ahogué mi risa porque sabía cómo iba a terminar esto. Alguno de los dos se ofendería por una pregunta, haría un escándalo y, otra vez, no terminaríamos este tonto juego. —De acuerdo, pero debo hacer mi pregunta primero —dije, sonriendo. Al enfrentarlo, nuestros cuerpos estaban a menos de treinta centímetros de distancia cuando noté un extraño pulso, bombeando entre ambos. Sentía una atracción por Dylan, eso lo sabía, pero algo más estaba presente. Sin vergüenza, Dylan observó mi cuerpo. Mis mejillas se sonrojaron agradecidas por la poca luz. —Las mismas reglas se aplican a mí —agregó, devolviendo su sonrisa infantil. —Bien. ¿Quién fue tu última novia? Parte de mí, la chica de secundaria, se sentía ridícula solo por hacerle esa pregunta, como si estuviéramos jugando a girar la botella. También odiaba que tuviera que recurrir a ese tonto juego para llegar a conocer al chico con el que jamás tendría que haber dejado de hablar, en primer lugar. Sombras danzaron sobre sus mejillas mientras pestañeaba, sus ojos permanecieron cerrados. —Hubo chicas que eran amigas. —Sus ojos se abrieron—. Pero nunca tuve una relación con ellas. —¿Nunca? —pregunté, sorprendida, ya que pensaba que había salido con Sarah Thomas el verano pasado. Negó con la cabeza, pero no respondió. —¿Qué hay sobre Sarah? —pregunté, confundida aún. La vi algunas veces en su casa y en la escuela más que una vez. Además, Mercedes había mencionado que los había visto besándose en el pasillo. Dylan levantó la vista de la manta con la que había estado jugando por los últimos minutos, pero no se enfocó en nada particular.
  55. 55. 55 —Ella no era mi novia, solo una amiga. —¿Te acostaste con ella? —solté antes de poder detenerme. No era como si no quisiera saber, porque moría por saberlo. Parecía que las dos cervezas me habían convencido de decir lo que pensaba. A pesar de que habíamos perdido contacto por mucho tiempo, no me detenía de estar curiosa sobre su vida. Si el nombre de Dylan era dicho en una conversación, yo prestaba atención. Dylan rodó sobre sí mismo, para apoyarse sobre su espalda y mirar el techo. Llevó sus manos a su cara, las corrió a través de su cabello y las dejó apoyadas sobre su rostro, donde estuvieron por un momento. Suspiró duramente. Sus ojos ardían en los míos como el día de la graduación, su voz no más alta que un suspiro. —Sí. Sonreí. —¿Así que los rumores son ciertos? Sobre Haven, y esa chica Jenna y tú en los vestidores de los chicos. Oh, y esa historia sobre la hija del policía, Lindsey. ¿Qué hay sobre esa chica en detención? ¿Cuál era su nombre? Ah, sí, Lexi. Dylan gruñó rodando sobre su espalda y tapándose con la manta por encima de su cabeza. —Detente. Cuando no pude dejar de reírme ante su inesperado cambio de humor, rodó sus ojos dramáticamente. —Quizá debería dejar algunas cosas en claro, ¿no? —Sí, yo creo que muchas cosas. —Sarah, ella era solo una amiga. Su mamá tenía cáncer y estaba pasando por un momento difícil así que salimos un par de veces. Cuando su madre entró en recuperación, no la volví a ver. Después Haven… nunca pasó nada. Aunque una tarde la encontré en mi habitación. —Se estremeció ante el
  56. 56. 56 recuerdo—. Así que, Jenna. Nosotros… —Dylan se rió levemente ante el recuerdo que estaba segura, no quería saber, y continuó—: Ella... eh… trató de darme sexo oral, pero eso solo terminó conmigo corriendo fuera de su auto. —¿Cómo es que pasó eso? —pregunté, imaginando que pudo haber pasado para que él saliera corriendo. —Ella tenía aparatos —aclaró, haciendo una mueca ante el recuerdo—. La peor experiencia del mundo. —Ya veo. ¿Y Lindsey? —Sí. —¿Y Lexi? Él pareció contemplar eso por un minuto y luego sonrió suavemente. —Solo digamos que yo le hice cosas a ella, pero ella nunca me tocó. Asentí, absorbiendo todo lo que me había dicho. Parte de mí se preguntaba qué esperaba él de mí, si pensaba que iba a acostarme con él. Admito que la idea ya había cruzado mi mente. —¿Cuántas? —No estaba sorprendida de que Dylan ya se hubiese acostado con unas cuantas chicas. Él tenía el aspecto que las chicas adoraban. Ellas querían al chico malo. Dylan desvió la mirada. —No lo sé. Cuatro o cinco, supongo. »Mi turno —dijo, de repente—. ¿Eric y tú hicieron algo más que besarse? —No, soy virgen. No hicimos nada más que besarnos. Aparentemente, no fue lo mismo con Mercedes. —Tomé una respiración honda, temblorosa—. No puedo culparlo. Ella es hermosa, pero nunca esperé que fuera tras ella. Dylan rompió en risas, sus ojos entrecerrados, divertido. —Estás bromeando, ¿cierto? —soltó sarcásticamente.
  57. 57. 57 —No, no estoy bromeando. Mercedes es engreída, sí… pero no puedes negar que es linda y tiene un cuerpo increíble. —No, ella es una perra. —Colocó su mano en mi mejilla. Su dedo trazó mi labio inferior, jadeé ante su contacto y sus cejas se juntaron—. Tú eres hermosa, y Eric es un maldito estúpido. Mis ojos buscaron los suyos por una respuesta en el hielo que encontré. Si miraba muy de cerca, me hacían acordar a un glaciar por su belleza. —No tienes que decir eso. Brevemente, su mirada se deslizó de mis ojos a mis labios, y luego de vuelta, pensé que quizás me iba a besar. Una gran parte de mí esperaba que lo hiciera. Él parpadeó lentamente, molesto de que tuviera que explicarse. —Es cierto, Ojos Marrones. —Irrelevante. —Mi mirada fue hacia sus labios, queriendo sentirlos contra los míos—. Apenas nos conocemos después de tanto. Era la verdad y él lo sabía. Las personas que conocíamos cuando éramos pequeños habían desaparecido, y lo habían hecho por un largo tiempo. Ya no era la perfecta niña pequeña de diez años que corría en un vestido de flores y se quejaba por las políticas de nuestro estado. En algún lugar de todo eso, me convertí en mí misma pero más envuelta en la afiliación, todavía era la pequeña niña que pensaba que sería presidente algún día. A pesar de que ya no quería ser presidente, todavía tenía ese tipo de determinación en mi interior. Dylan, él no había cambiado. Así que suponía, que de cierta manera, aún lo conocía, pero no lo hacía. Envuelta en la afiliación, perdí el contacto con la realidad y los que me rodeaban. Su cara estaba llena de compostura, quizá una practicada indiferencia que yo había visto muy seguido a través de los años. Él mantuvo su mano en mi mejilla y se acercó a mí. Su expresión facial cambió entre conflictiva y
  58. 58. 58 emocional, algo que jamás había visto antes, pero también estaba el deseo ardiendo en su interior, el cual reconocía porque también lo sentía. Se acercó más y antes de que pudiera reaccionar, sus labios presionaron mi frente. Quedándose más de lo que esperaba, se alejó y encontró mi mirada. —Eres hermosa. ¿Recuerdan cuando dije que cuando estaba nerviosa mi charla tenía una gemela malvada? Luego de ese beso, ella apareció. —Tuve el mayor enamoramiento contigo cuando éramos pequeños —solté y luego me tapé la boca, mis ojos bien abiertos. Dylan había sido mi primer beso cuando teníamos siete y no creía que lo hubiera superado totalmente—. También te acechaba en la primaria y la secundaria. Era como si fuera una paparazzi o algo. También tenía visiones de ti manoseándome en el capó de tu auto. ¿Qué me había poseído? Allí fue cuando volví a taparme la boca con la mano para prevenir que salieran más cosas sin sentido. Era la única manera de detenerme. Los ojos de Dylan se volvieron serios por un momento y luego giró sobre su espalda, gruñó y lentamente subió la manta hasta su cabeza. —Me estás matando. Riendo, me giré también y me quedé mirando el techo. Terminamos hablando la gran mayoría de la noche, pero con Dylan estando ahí había algunos temas que no podíamos tocar. Era difícil tener conversaciones con él. Podías ver literalmente como se cerraba en una conversación cuando el tema cambiaba. Era como un interruptor para él. Eventualmente, en la primera noche por mi cuenta, me dormí al lado de un chico con el que jamás esperé volver a hablar y, aún menos, dormir junto a él. Si quería lo desconocido y espontáneo, ya sabía de qué se trataba.
  59. 59. 59 4 Lista de cosas por hacer antes de morir Bailey Gray Traducido por mariaozuna y carmen170796 Corregido por Marina012 e desperté en la mañana mientras el sol se asomaba a la sala a través de las finas cortinas marrones. Me tomó un momento recordar dónde estaba y qué estaba haciendo aquí. Al crecer, nunca se me permitió dormir hasta tarde y cuando vi la hora, me asusté al pensar que mi madre estaría empujando a través de mi puerta en cualquier momento con su fachada molestamente alegre. Solo que yo no estaba en mi habitación. Ni siquiera estaba en mi casa. Los recuerdos de ayer y anoche vinieron a mi mente. No podía creer que confesé en un momento de estupidez que yo estaba enamorada de él cuando éramos niños y en secreto tenía algo por los chicos malos. Estúpida de mí. M
  60. 60. 60 Me estiré un poco. La cama no era cómoda así que mi espalda estaba dolorida y rígida. Me di cuenta de que estaba en el borde de la cama, apenas colgando por lo que fui a desplazarme más al centro, pero una vez más fui empujada fuera de la cama mientras Dylan gemía a mi lado. Traté de alejarme de él y mantener mi lugar en la cama, no funcionó. Aterricé en el suelo, agitando los brazos, las piernas pataleando mientras trataba de agarrarme. Dylan oyó el golpe y se inclinó sobre el borde de la cama. —¿Por qué estás en el suelo? —Idiota —le respondí con un toque amargo en mi voz mientras me levantaba del suelo, frotando mi culo. Dylan balanceó sus piernas por el lado de la cama y se quedó allí por un momento, mirando por la ventana. Su cabeza colgaba y se apartó de la cama alcanzando sus cigarrillos en sus jeans cuidadosamente doblados sobre la silla junto a la cama y luego salió al balcón, riendo. Yo lo observaba de cerca, admirando la forma en que sus músculos de la espalda se flexionaban mientras caminaba y los tatuajes que no sabía que estaban allí en su espalda. No estaba segura de lo que todos ellos eran, pero eran hermosos. Nada parecía ser demasiado colorido sino que en su lugar había tonos más oscuros de negro, gris, rojo y algunos con un azul marino. Debe haberme notado mirándolo fijamente, porque antes de abrir la puerta, se volvió y sonrió con suficiencia. Avergonzada, miré a mis pies colgando a un lado de la cama, notando que necesitaba pintar las uñas de mis pies. Mi madre se habría horrorizado si los hubiera visto. Cada sábado por la mañana mi madre, Mercedes y su madre Teresa nos reuníamos para lo que llamaban “Sábado de Spa” en Toscana Spa Santuario de Olimpia. Aunque se especializaban en una felicidad Zen, como ellos lo llamaban, era una tortura para mí y hoy, al ser sábado, estaba aliviada de no tener que asistir.
  61. 61. 61 Después de recuperar un poco la compostura, me dirigí hacia el balcón donde Dylan estaba apoyado en la barandilla. Humo ondulaba a su alrededor mientras tomaba una profunda calada a su cigarrillo, su atención cautivada por la calle de abajo. Sus músculos y espalda tatuada me distrajeron. Estaba de espaldas a mí, así que traté de descifrar cuáles eran las formas y la escritura que los rodeaban. Había uno por su columna vertebral que parecía ser una especie de escritura en un idioma extranjero. En el momento en que abrí la puerta corrediza, el calor de la mañana me golpeó. Fue un cambio agradable de las frescas mañanas de Puget Sound. A pesar de que no habíamos ido muy lejos, el clima en el sur de Oregon era notablemente diferente. Dylan me miró por encima del hombro cuando la puerta deslizante hizo clic contra el marco de metal. Su sonrisa estaba presente cuando sus ojos recorrieron mi cuerpo, observando mis pantalones cortos de algodón negro y la pequeña camiseta sin mangas. Desde que me estaba examinando, yo hice lo mismo notando que no llevaba mucho más que un par de pantalones cortos de entrenamiento Nike azul marino con la banda elástica de los calzoncillos bóxer blancos asomando por la parte superior. Sentándome en la silla de plástico junto a la puerta, atraje mis piernas hasta el pecho. —¿A dónde hoy? Dylan levantó una ceja y luego apagó el cigarrillo contra la barandilla, arrojándolo al abismo. —Te lo dije —sonrió, pero no era una sonrisa la que tenía—, ciudad por ciudad. —Está bien... ¿qué ciudad hoy? —¿San José? —sugirió, levantando las cejas de nuevo. —Está bien. —Me puse de pie—. ¿Puedo ducharme primero?
  62. 62. 62 Sus ojos brillaban alegremente, pero no había más que la sonrisa que él estaba llevando adelante. —¿Puedo unirme? —preguntó, viéndose completamente serio. —Nop. —Estoy jugando —murmuró riendo cuando yo sacudí mi culo un poco hacia él mientras cerraba la puerta. El coqueteo y las burlas eran aún más evidentes esta mañana después de nuestras confesiones, pero también eran agradables. Hay algo acerca de coquetear con alguien con quien te sientes cómoda. Era juguetonamente refrescante. No estaba segura hacia donde nos iba a llevar esto, pero fue agradable no saber por una vez. Cuando todo estaba planeado para ti, la espontaneidad y lo desconocido es algo que vale la pena vivir. Pensé en Eric un poco y luego sacudí esos pensamientos a un lado. Después de haber desperdiciado cuatro años con él, no estaba dispuesta a perder ningún otro momento en él. Aunque solo estuviera pensando. Yo no podía dejar de pensar en él y Mercedes juntos. La idea era repugnante. Dylan se quedó en el balcón mientras tomaba mi ducha. Una vez que terminé, me vestí con un par de pantalones cortos de mezclilla y una camiseta de los Rolling Stones que mi madre nunca aprobaría que usara, y apiñé mi cabello mojado en un moño desordenado. Mírame, vistiendo con mi ropa, coqueteando, demonios, incluso pensé en pedirle a Dylan un cigarrillo para completar mi transformación. Sonriendo en el espejo, por fin sentí que había cortado las cuerdas. Cuando abrí la puerta del baño Dylan estaba esperando en la cama, todas sus cosas estaban prolijamente al lado de él. Me reí y él me fulminó con la mirada porque sabía que me había dado cuenta de que era muy metódico. Una parte de mí quería llegar a más, tirar su ropa en el suelo y ver el pánico alzarse. —No tardes mucho, dulzura —dije mientras él me empujaba pasándome para entrar en el cuarto de baño.
  1. A particular slide catching your eye?

    Clipping is a handy way to collect important slides you want to go back to later.

×