2HOMECOMINGRichelle Meado esperaba estar de vuelta en Rusia tan pronto. Ciertamente no queríaestarlo.No es que tuviera alg...
3metro noventa en la ventana en clase turista era cruel. Aunque él no se habíaquejado en todo este tiempo. Nunca lo hacía....
4—Esperemos que así sea —dijo, volviéndose para mirar otra vez por la ventana—.Esperemos que así sea.Las únicas cosas que ...
5—¡Dimka!Si un Strigoi hubiera salido y atacado, Dimitri hubiera tenido que responder deforma inmediata. Pero ver a su her...
6bebé, mucho más pequeño, yacía dormido en un moisés. El bebé de Sonya, me dicuenta. Había estado embarazada cuando la hab...
7rostros de su familia se volvieron serios—. Estaba perdido. Más allá de cualquieresperanza. Excepto que… Rose creyó en mí...
8—Pero, ¿cómo pasó eso? —preguntó Sonya, llevándonos tácticamente a aguasmenos peligrosas—. El regreso a dhampir, me refie...
9sobre que su familia tendría que superar la fiesta conmemorativa que antes lehabían dado, y resultó que yo tenía razón.—T...
10—Mi parte favorita fue cuando me abofeteaste para que entrara en razón e hicisteque dejara de sentir pena por mí mismo.—...
11—De ninguna manera —dije. Sus dedos trazaban patrones contra mi cuello,llenando a mi piel con calor—. Has dado algunos a...
12del escenario. También la mayor parte de la conversación era en ruso, pero erasuficiente para mí mirar su rostro. Una ve...
13—¿Olena? ¿Olena? ¿Dónde estás? Tenemos que hablar sobre el Rey Sangriento.Siguiendo la voz, pronto vi a un chico, unos c...
14Henry me echó un único vistazo. No era una mirada del tipo chequeo-para-ver-si-era-sexy, sin embargo. Era más como si es...
15nuestra existencia fuera de conocimiento público, algunas personas de voluntaddébil se lanzarían a la posibilidad de con...
16He hablado con los Guardianes de las ciudades más grandes, pero no dejarán ir asus Moroi. Eso significa que le toca a lo...
17Los murmullos llenaron la habitación cuando todos los ojos se dirigieron a Dimitri.Muchos estaban asintiendo a la declar...
18No iba a ser capaz de hablar en privado con él hasta mucho más tarde. Después detodo, la gente todavía estaba celebrando...
19—Sí, sí, es lo correcto. Me hubiera ofrecido de voluntaria eventualmente.—Suspiré—. Es sólo que odio darle a Yeva una ra...
20—¿Cómo lo sabes?Me encogí de hombros.—Es lo único que tiene sentido. —Removí las hojas de papel—. ¿Tienes un mapasubterr...
21garantizaba la victoria. Sin embargo, ni sus hermanas ni su madre estabantotalmente despreocupadas por enviarlo a enfren...
22La ruta comenzó fácil, pero pronto se convirtió en un desafío mientras la elevaciónaumentaba y más obstáculos aparecían ...
23—Lissa no permitiría que eso ocurriera —dije rotundamente—. Y piensa en todaslas cosas sorprendentes que podríamos apren...
24intenté no mirar a Dimitri mientras desaparecía por una esquina rocosa—.Podríamos, ya sabes, salir por unos perros calie...
25empezó a balbucear en ruso. Mark frunció el ceño e hizo una pregunta, pero nobajó su estaca. El muchacho respondió, sona...
26Él se iluminó.—Entonces estoy a tiempo.Mark suspiró, claramente quedándose sin paciencia con esto.—Chico, esto no es un ...
27—Exactamente —dijo Dimitri. Su mirada estaba en la figura que se alejaba de Ivan,casi imposible de ver ahora, mientras c...
28Un grito ensordecedor estalló en la noche.Me puse de pie en un salto, haciendo una mueca. El problema con la audiciónsup...
29mayor, su vida era más prescindible, lo cual era ridículo. El razonamiento de Dimitriera que él estaba a salvo, gracias ...
30antigua que iba directa al hueso. Además, mientras la edad aumentaba, tambiénaumentaba su velocidad y fuerza.Y hombre, e...
31Eso esperaba. Incapaz de ver, no tenía ni idea de si su sangre brotaba justo enfrente de mí. Encontré su mano y lo ayudé...
32Resultó ser que una de las razones por las que Ivan no había salido cuando ledijimos —aparte de su estúpido sentido de h...
33Gemí.—¡Esto es ridículo! ¡Esa “predicción” no significaba nada! Demonios, podría haberaplicado a Ivan, ya que estuvo a p...
34Besó la parte superior de mi cabeza.—Tenía la sensación de que dirías eso.Fin
35CréditosTraducido por:Dark&roseFlochiLizCLizzieNiiiSheilita BelikovCorregido por:LizzieMajoMarina★ MoNt$3★NiiRevisión:Da...
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  1. 1. 2HOMECOMINGRichelle Meado esperaba estar de vuelta en Rusia tan pronto. Ciertamente no queríaestarlo.No es que tuviera algo en contra del lugar. Era un país muy bonito, conarquitectura con los colores del arco iris y vodka que podría actuar comocombustible para cohetes. Estaba bien con esas cosas. Mi problema era que laúltima vez que había estado aquí, casi había sido asesinada (en varias ocasiones) yhabía terminado siendo drogada y secuestrada por vampiros. Eso es suficiente paraque se pierda el interés en cualquier lugar.Y, sin embargo, cuando mi avión comenzó a dar vueltas para su aterrizaje enMoscú, sabía que volver aquí era, sin duda, lo correcto.—¿Ves eso, Rose? —Dimitri le dio golpecitos al vidrio de la ventana, y aunque nopodía ver su cara, la nota de admiración en su voz me dijo mucho—. San Basilio.Me incliné sobre él, apenas captando un atisbo de la famosa catedral multicolorque se veía más como algo que se encontraría en Candy Land1, no en el Kremlin.Para mí, era otra atracción turística, pero para él, sabía que significaba mucho más.Este era su regreso a casa, el regreso a una tierra que había creído que nuncavolvería a ver bajo el sol, y mucho menos a través de los ojos de los vivos. Eseedificio, las ciudades de este país... no eran sólo postales bonitas para él.Representaban más que eso. Representaban su segunda oportunidad en la vida.Sonriendo, me acomodé en mi asiento. Tenía el de en medio, pero no habíamanera de que pudiera ser más incómodo que el suyo. Poner a un hombre de un1Candy Land: Tierra de dulces.N
  2. 2. 3metro noventa en la ventana en clase turista era cruel. Aunque él no se habíaquejado en todo este tiempo. Nunca lo hacía.—Es una lástima que no tengamos tiempo para quedarnos aquí —dije. Moscú erasólo una escala para nosotros—. Vamos a tener que reservar todo nuestro turismopara Siberia. Ya sabes, tundra. Osos polares.Dimitri se volvió desde la ventana y esperaba ser reprendida por fomentar losestereotipos. En lugar de eso, me di cuenta por su expresión que no habíaescuchado nada después de “Siberia”. La luz de la mañana iluminaba los rasgosesculpidos de su cara y hacía brillar su cabello castaño y lacio. Nada de eso sepodía comparar con el brillo en su interior.—Ha pasado tanto tiempo desde que he visto Baia —murmuró, con sus ojososcuros llenos de recuerdos—. Tanto tiempo desde que los he visto. Crees que...—Me miró, revelando el primer atisbo de nerviosismo que había observado desdeel inicio de este viaje—. ¿Crees que estarán contentos de verme?Apreté su mano y sentí una pequeña punzada en mi pecho. Era tan raro ver aDimitri inseguro sobre algo. Podía contar con mi mano el número de veces que lohabía visto verdaderamente vulnerable. Desde el momento en que nos conocimos,él siempre se había destacado como una de las personas más decididas yconfiadas que había conocido. Siempre estaba en movimiento, nunca temeroso deenfrentarse a cualquier amenaza, incluso si eso significaba arriesgar su propia vida.Aún ahora, si algún monstruo sediento de sangre salía de la cabina del piloto,Dimitri se pondría tranquilamente de pie de un salto y lucharía contra él aunqueestuviera armado sólo con la tarjeta de seguridad en el bolsillo del asientodelantero. Imposible, las terribles peleas no le preocupaban. Pero, ¿ver a su familiadespués de haber pasado un tiempo como un vampiro no-muerto y malvado? Sí,eso lo asustaba.—Por supuesto que estarán contentos —le aseguré, maravillada ante el cambio ennuestra relación. Había comenzado como su estudiante, necesitada de suconfirmación. Me había graduado para convertirme en su amante e igual—. Sabenque estamos viniendo. Demonios, si hubieras visto la fiesta que dieron cuandopensaban que estabas muerto, camarada. Imagínate la que harán cuando seenteren de que en realidad estás vivo.Me dio una de esas pequeñas y raras sonrisas suyas, el tipo que me hacía sentircaliente por todas partes.
  3. 3. 4—Esperemos que así sea —dijo, volviéndose para mirar otra vez por la ventana—.Esperemos que así sea.Las únicas cosas que vimos en Moscú fueron las del interior de su aeropuertomientras esperábamos para tomar el próximo vuelo. Ese nos llevó a Omsk, unaciudad de tamaño medio en Siberia. A partir de ahí, alquilamos un auto e hicimosel resto de nuestro viaje por tierra, ningún avión iba a dónde íbamos. Fue un viajehermoso, con la tierra llena de vida y verdor que demostró que todas mis bromasde la tundra estaban equivocadas. El estado de ánimo de Dimitri osciló entre lanostalgia y la ansiedad mientras viajábamos, y me encontré inquieta por llegar anuestro destino. Entre más pronto llegáramos allí, más rápido vería que no teníanada de qué preocuparse.Baia estaba a poco menos de un día de camino de Omsk y se veía más o menosigual que en mi última visita. Estaba lo suficientemente fuera del camino comopara que la gente rara vez la encontrara por casualidad. Si te hallabas en Baia,había una razón. Y la mayoría de las veces, la razón tenía que ver con el grannúmero de dhampirs que viven allí. Al igual que Dimitri y yo, estos dhampirs eranmitad humano, mitad vampiro. A diferencia de Dimitri y yo, la mayoría de estosdhampirs habían elegido vivir separados de los Moroi —vampiros vivos y quehacían uso de magia—, y en su lugar se mezclaban con la sociedad humana.Dimitri y yo éramos guardianes, comprometidos a proteger a los Moroi de losStrigoi: los vampiros no-muertos y malvados que mataban para sustentar suexistencia inmortal.Los días eran más largos durante esta parte del verano, y la oscuridad apenas habíaempezado a caer cuando llegamos a la casa de la familia de Dimitri. Los Strigoi raravez se aventuraban en Baia, pero les gustaba acechar los caminos que conducían ala ciudad. Los fugaces rayos de la luz del sol garantizaban nuestra seguridad y ledaban a Dimitri una buena vista de la casa. Incluso una vez que él hubo apagado elauto, se quedó sentado durante un largo rato, mirando la vieja estructura de dospisos. Luces roja y dorada la bañaban, dándole la apariencia de algo de otromundo. Me incliné y besé su mejilla.—Hora del espectáculo, camarada. Están esperándote.Se quedó por unos momentos en silencio, y luego asintió determinado y puso laclase de expresión que le había visto llevar en batalla. Dejamos el auto y apenashabíamos llegado a la mitad del patio cuando la puerta se abrió de golpe. Labrillante luz se derramó en las sombras oscuras, y la silueta de una joven apareció.
  4. 4. 5—¡Dimka!Si un Strigoi hubiera salido y atacado, Dimitri hubiera tenido que responder deforma inmediata. Pero ver a su hermana más joven aturdió sus rápidos reflejoscomo un rayo, y sólo pudo quedarse allí cuando Viktoria le echó los brazos alcuello y empezó a pronunciar un torrente de palabras rusas demasiado rápidocomo para que yo las comprendiera.Le tomó a Dimitri unos momentos más de conmoción para cobrar vida, pero luegole devolvió su abrazo feroz, respondiéndole en ruso. Me quedé torpemente allíhasta que Viktoria se fijó en mí. Con un grito de alegría, se acercó y me dio unabrazo tan fuerte como el que le había dado a su hermano. Lo admito, estaba casitan sorprendida como él. La última vez que nos despedimos, Viktoria y yo nohabíamos estado en buenos términos. Le había dejado claro que no estaba deacuerdo con su relación con un determinado hombre Moroi. Ella me había dejadoigualmente claro que no apreciaba mi aporte. Parecía que ahora todo estabaolvidado, y aunque no podía traducir las palabras que decía, tenía la impresión deque estaba agradeciéndome por devolverle a Dimitri.La exuberante llegada de Viktoria fue seguida por el resto de la familia Belikov. Lasotras dos hermanas de Dimitri, Karolina y Sonya, se unieron a Viktoriaabrazándonos a él y a mí. Su madre estaba justo detrás de ellas. El ruso fluyórápido y furioso. Normalmente, una reunión desordenada como esta me habríahecho poner los ojos en blanco, pero en lugar de eso me encontré con los ojosllenos de lágrimas. Dimitri había pasado por mucho. Todos nosotros habíamospasado por mucho, y honestamente, no creía que ninguno hubiera esperadoalguna vez estar compartiendo este momento.Finalmente, la madre de Dimitri, Olena, se recuperó y se rió mientras se limpiabalas lágrimas de los ojos.—Entremos, entremos —dijo, recordando que yo no sabía mucho ruso—. Vamos asentarnos y hablar.A través de más lágrimas y risas, hicimos nuestro camino hasta el interior de la casay la acogedora sala de estar. También era la misma de mi última visita, rodeada decálidos paneles de madera y estantes de libros encuadernados en cuero con títuloscirílicos. Ahí, encontramos a más de la familia. El hijo de Karolina, Paul, miraba a sutío con fascinación. Paul apenas había conocido a Dimitri antes de que este salieraal mundo, y gran parte de lo que el chico sabía, venía de historias que sonaban afantasía. Sentada sobre una manta cercana estaba la hermana bebé de Paul, y otro
  5. 5. 6bebé, mucho más pequeño, yacía dormido en un moisés. El bebé de Sonya, me dicuenta. Había estado embarazada cuando la había visitado antes, ese verano.Estaba acostumbrada a estar siempre cerca del lado de Dimitri, pero este era unmomento cuando sabía que tenía que apartarme. Él se sentó en el sofá, y Karolinay Sonya inmediatamente lo flanquearon, con expresiones que decían que estabantemerosas de dejarlo fuera del alcance de su vista. Viktoria, molesta por haberperdido un asiento de primera, se instaló en el suelo y apoyó su cabeza contra surodilla. Ella tenía diecisiete, solo era un año menor que yo, pero mientras lo mirabacon adoración, se veía mucho más joven. Todos los hermanos tenían pelo castañoy ojos cafés, y hacían un bello retrato mientras se sentaban juntos.Olena corría alrededor, segura de que debíamos estar hambrientos, y finalmentesentándose cuando le aseguramos que estábamos bien. Se sentó en una sillafrente a Dimitri, sus manos entrelazadas sobre su regazo mientras se inclinabahacia adelante con entusiasmo.—Este es un milagro —dijo en un inglés con acento—. No lo creía. Cuando recibí elmensaje, pensé que era un error. O una mentira. —Suspiró con felicidad—. Peroaquí estás. Vivo. El mismo.—El mismo —confirmó Dimitri.—¿Fue la primera historia… —Karolina se detuvo, un pequeño ceño surcando sushermosas facciones mientras escogía sus palabras cuidadosamente—. ¿Fue laprimera historia un error, entonces? ¿No fuiste realmente… realmente un Strigoi?La palabra colgó en el aire por un momento, lanzando una oleada de frío sobre lacálida tarde de verano. Por el espacio de un latido, no pude respirar. Estabarepentinamente lejos de aquí, atrapada en una casa diferente con un Dimitridiferente. Él había sido uno de los no muertos, con piel blanca como la tiza ypupilas bordeadas de rojo. Su fuerza y velocidad habían superado con creces lasque tenía ahora, y él había usado esas habilidades para cazar víctimas y beber susangre. Había sido aterrador… y casi me había matado.Un par de segundos después, comencé a respirar otra vez. Ese Dimitri se había ido.Este, cálido, amoroso, y vivo, estaba aquí ahora. Sin embargo, antes de responder,los oscuros ojos de Dimitri encontraron los míos, y supe que estaba pensando enlas mismas cosas que yo. Ese pasado era una cosa horrible y difícil de superar.—No —dijo él—. Fui un Strigoi. Fui uno de ellos. Hice… cosas terribles. —Laspalabras fueron suaves, pero el tono de su voz habló por legiones. Los radiantes
  6. 6. 7rostros de su familia se volvieron serios—. Estaba perdido. Más allá de cualquieresperanza. Excepto que… Rose creyó en mí. Rose nunca se rindió.—Como lo predije.Una nueva voz resonó en la sala de estar, y todos levantamos la vista para ver a lamujer que había aparecido repentinamente en la puerta. Era considerablementemás baja que yo, pero cargaba el tipo de personalidad que podía llenar unahabitación. Era Yeva, la abuela de Dimitri. Pequeña y frágil, con fino cabello blanco;muchos por aquí creían que ella era una especie de mujer sabia o bruja.Usualmente una palabra distinta venía a mi mente cuando pensaba en Yeva,aunque sonaba muy parecida a “bruja”.2—No lo hiciste —dije, incapaz de detenerme—. Todo lo que hiciste fue decirmeque me fuera de aquí para que así pudiera “hacer algo más”.—Exactamente —dijo ella, con una sonrisa satisfecha en su arrugado rostro—.Necesitabas ir a restaurar a mi Dimka. —Hizo su camino a través de la sala, peroDimitri la encontró en la mitad del camino. Él la envolvió cuidadosamente en susbrazos y murmuró lo que pensé significaba “abuela” en ruso. La loca diferencia ensus alturas lo convertía en una especie de escena cómica.—Pero nunca dijiste que eso era lo que yo iba a hacer —alegué, una vez que ellaestuvo sentada en su mecedora. Sabía que debería dejar pasar el asunto, pero algosobre Yeva siempre me caía mal—. No puedes tomar el crédito por eso.—Lo sé —dijo con firmeza. Sus ojos oscuros parecían taladrarme.—Entonces, ¿por qué no me dijiste qué es lo que tenía que hacer? —exigí.Yeva consideró su respuesta por un momento.—Muy sencillo. Tenías que esforzarte por ello.Sentí mi mandíbula empezar a caer. A través de la habitación, Dimitri captó miatención. No lo hagas, Rose, parecía decir su mirada. Déjalo pasar. Había undestello de diversión en su rostro, así como también algo que me recordaba anuestros viejos días de profesor-alumna. Me conocía demasiado bien. Sabía que ala primera oportunidad, me estaría peleando completamente con su vieja abuela.Es probable que yo perdiera. Con un rápido guiño, me quedé callada. De acuerdo,bruja, pensé. Ganas esta vez. Yeva me lanzó una sonrisa desdentada.2“Bruja”: “Witch” en el original. Juego de palabras con la palabra “bitch” (perra), imposible detraducir al español.
  7. 7. 8—Pero, ¿cómo pasó eso? —preguntó Sonya, llevándonos tácticamente a aguasmenos peligrosas—. El regreso a dhampir, me refiero.Dimitri y yo nos miramos nuevamente, pero su anterior alegría había desaparecido.—Espíritu —dijo con calma. Esto causó una rápida toma de aire por parte de sushermanas. Los Moroi esgrimían elementos mágicos, pero la mayoría de ellos sólousaban cuatro de los elementos físicos: tierra, aire, agua, y fuego. Recientemente,sin embargo, se había descubierto un muy raro elemento: el espíritu. Seencontraba unido a las habilidades psíquicas y la curación y todavía era algo que amuchos Moroi y dhampir les costaba tiempo aceptar.—Mi amiga Lissa usó el espíritu mientras, uhm, lo apuñalaba con una estaca deplata —expliqué. Mientras que gustosamente atravesaría por todo eso nuevamentecon tal de salvar a Dimitri, la imagen de ser estacado a través del corazón todavíaera un poco preocupante para mí. Hasta el último momento, ninguno de nosotroshabía sabido con seguridad si eso lo mataría o no.Los ojos de Paul se agrandaron.—¿Lissa? ¿Quieres decir la Reina Vasilisa?—Oh, sip —dije—. Ella. —Me resultaba difícil a veces recordar que mi amiga de lainfancia era ahora la reina de todo el mundo Moroi. Pensar en ella causó unpequeño nudo en mi estómago. Su elección al trono hace un par de semanas habíasido controvertida a los ojos de muchos. Algunos de sus enemigos no estaban porencima de la violencia, y dejarla por una semana para venir aquí me poníaextremadamente nerviosa. Sólo fue la garantía de que ella estaría rodeada porguardianes, junto con la necesidad de la familia de Dimitri de ver que él ya no eramás uno de los muertos vivientes, lo que me hizo consentir este viaje.Los Belikov y yo nos quedamos despiertos hasta tarde, respondiendo sus muchaspreguntas. Incluso antes de que él hubiera sido forzado a convertirse en Strigoi,Dimitri había estado fuera de su casa por un tiempo. Siguió tratando de averiguarlo que su familia había pasado todos estos últimos años, pero ellos lo ignoraron.Ellos no consideraban importantes sus propias experiencias. Él era su milagro. Y nopodían tener suficiente de él.Conocía el sentimiento.Cuando Paul y su hermana estuvieron profundamente dormidos en el suelo,finalmente nos dimos cuenta de que ya era hora de que el resto de nosotros nosfuéramos a la cama. Mañana era el gran día. Le había tomado el pelo a Dimitri
  8. 8. 9sobre que su familia tendría que superar la fiesta conmemorativa que antes lehabían dado, y resultó que yo tenía razón.—Todos quieren verte —explicó Olena cuando nos enseñó nuestra habitación. Yosupe que “todos” significaba la comunidad dhampir de Baia—. Tan increíble cómoes para nosotros, lo es incluso más para ellos. Entonces… les dijimos que pasaranmañana. Todos ellos.Le eché una mirada a Dimitri, curiosa por cómo respondería. Él no era del tipo quese regodeaba siendo el centro de atención, sólo podía adivinar cómo se sentíacuando se trataba de los eventos más terribles y traumatizantes de su vida. Por unsegundo, su rostro tenía esa mirada calmada y sin emoción que sobresalía en él.Luego se relajó en una sonrisa.—Por supuesto —le dijo a su madre—. Lo estoy deseando.Olena le devolvió la sonrisa con una de alivio y luego se despidió. Una vez que sehubo ido, Dimitri se sentó en el borde de la cama y descansó los codos sobre susrodillas. Puso la cabeza sobre sus manos y murmuró algo en ruso. No séexactamente lo que dijo, pero supongo que fue algo parecido a “¿En qué me hemetido?”Me acerqué hacia él y me senté en su regazo, envolviendo mis brazos alrededor desu cuello para que pudiera mirarlo a la cara.—¿Por qué tan triste, camarada?—Sabes por qué —dijo, jugando con un mechón de mi cabello—. Voy a tener queseguir hablando sobre… ese tiempo.La simpatía ardió en mí. Sabía que se sentía culpable por lo que había hecho comoun Strigoi y sólo recientemente había aceptado que eso no fue su culpa. Habíasido convertido contra su voluntad por otro Strigoi y no había tenido control de símismo. Aun así, era algo difícil con lo que ponerse de acuerdo.—Es cierto —dije—. Pero sólo van a hablar sobre eso con el fin de descubrir elresto de la historia. Nadie se va a centrar en lo que hiciste como Strigoi. Van aquerer saber cómo volviste. El milagro. Vi a estas personas a principios de año. Telloraban como si estuvieras muerto. Ahora van a celebrar que estás vivo. Es en esoen lo que se enfocarán. —Rocé mis labios contra los suyos—. Sin duda esa es miparte favorita de la historia.Él me acercó.
  9. 9. 10—Mi parte favorita fue cuando me abofeteaste para que entrara en razón e hicisteque dejara de sentir pena por mí mismo.—¿Abofeteé? No es así exactamente como lo recuerdo. —Para ser justos, Dimitri yyo nos habíamos golpeado y pateado muchas veces en el pasado. Era inevitablecon el tipo de estricto régimen de entrenamiento que tenían los guardianes. Peroconseguir que superara sus días como Strigoi… bueno, eso requirió menos degolpear y más de intentar no ser demasiado discutidora mientras él se sanaba porsu cuenta. Y sí, también había habido un incidente que involucraba un cuarto dehotel y quitarse la ropa, pero realmente no creo que eso haya sido todo lo esencialen el proceso de curación.Aun así, cuando Dimitri se tiró hacia atrás y me bajó sobre la cama con él, tuve lasensación de que ese recuerdo en particular estaba fresco en su mente también.—Quizás tienes que ayudarme a recordar —dijo diplomáticamente.—¿“Recordar”, huh? —Envuelta en sus brazos, lancé una mirada ansiosa hacia lapuerta—. ¡Me siento mal por tener nuestra propia habitación en la casa de tumamá! Es como si nos estuviéramos saliendo con la nuestra.Él ahuecó mi rostro entre sus manos.—Son de mente abierta —dijo—. Además, ¿después de todo lo que atravesamos?Creo que muy bien podríamos estar casados, en lo que respecta a ellos.—Tengo esa impresión también —admití. Cuando había venido para su funeral,muchos de los otros dhampir prácticamente me habían tratado como su viuda. Lasrelaciones dhampir no se enfocaban tanto en la ceremonia.—No es mala idea —bromeó.Intenté darle un codazo, lo que era algo difícil, considerando lo entrelazados queestábamos.—Nop. No vayas ahí, camarada. —Amaba a Dimitri más que a nada, pero a pesarde sus ocasionales sugerencias, yo había dejado claro que no tenía la intención decasarme hasta que hubiera un “2” al comienzo de mi edad. Él era siete años mayorque yo, así que el matrimonio era una idea razonable para él. Para mí, a pesar deque no había nadie más a quien quisiera, dieciocho años era demasiado joven paraser una esposa todavía.—Lo dices ahora —dijo, tratando de evitar reírse—, pero uno de estos días cederás.
  10. 10. 11—De ninguna manera —dije. Sus dedos trazaban patrones contra mi cuello,llenando a mi piel con calor—. Has dado algunos argumentos muy convincentes,pero todavía estás a una gran distancia de ganarme.—Ni siquiera lo he intentado todavía —dijo él, en un raro momento dearrogancia—. Cuando quiero, puedo ser muy persuasivo.—¿Sí? Pruébalo.Sus labios se movieron hacia los míos.—Esperaba que dijeras eso.* * *Los invitados comenzaron a llegar temprano. Por supuesto, las mujeres Belikov sehabían levantado incluso antes, mucho antes que Dimitri y yo, quienes estábamostodavía enfrentándonos al cambio de horario. La cocina era un torbellino deactividad, llenando la casa con todo tipo de aromas apetitosos. Era cierto que lacomida rusa no era mi favorita, pero había unos platos, en especial los hechos porOlena, con los que me había encariñado. Ella y sus hijas hornearon y cocinaronenormes cantidades de todo, lo que parecía excesivo ya que casi cada persona quepasó también trajo un plato para compartir. La experiencia fue un espejo delfuneral de Dimitri, salvo que el estado de ánimo era comprensiblemente másoptimista.Al principio, hubo algo de incomodidad por parte de todos. A pesar de sudeterminación por centrarse en lo positivo, Dimitri todavía tenía unos cuantosproblemas superando el hecho de que su tiempo como Strigoi era el foco central.Algunos de los invitados estaban igualmente nerviosos, como si tal vez el resto denosotros hubiera cometido un terrible error y él realmente todavía fuera unasanguinaria criatura no-muerta. Por supuesto, sólo tenían que pasar cerca de cincominutos con él para saber que no era cierto y pronto la tensión se desvaneció.Dimitri conocía a casi todas las personas desde su niñez y se volvió más y másencantado de ver rostros familiares. A su vez ellas estaban más que felices deregocijarse en él siendo salvado.Observé mucho desde los costados. Había conocido a muchos de los visitantesantes, y mientras varios me saludaban, estaba claro que Dimitri tomaba el centro
  11. 11. 12del escenario. También la mayor parte de la conversación era en ruso, pero erasuficiente para mí mirar su rostro. Una vez que él se acostumbró a estar entre susviejos amigos y familia, una tranquila alegría se extendió sobre él. La tensión quesiempre parecía palpitar por su cuerpo se aligeró un poco, y mi corazón se derritióal verlo en tal momento.—¿Rose?Había estado mirando con diversión mientras algunos niños lo interrogaban conmucha seriedad. Volviéndome hacia el sonido de mi nombre, me sorprendí alhallar dos rostros familiares y bienvenidos.—¡Mark, Oksana! —exclamé, abrazando a la pareja—. No sabía que estarían aquí.—¿Cómo no íbamos a estar? —preguntó Oksana. Ella era una Moroi, casi treintaaños mayor que yo pero sin embargo muy hermosa. También era uno de los pocosusuarios del espíritu de los que sabía. Junto a ella, su esposo Mark me sonrió. Él eraun dhampir, lo que hacía a su relación escandalosa y era la razón por la quetendían a no salir. Oksana había usado sus poderes del espíritu para traer deregreso a Mark, después de que fuera asesinado en una pelea, una hazaña decuración que rivalizaba con el retorno de Dimitri de ser Strigoi. Se llamaba serbesado por las sombras.—Queríamos volver a verte —me dijo Mark. Inclinó su cabeza hacia Dimitri—. Y porsupuesto, queríamos ver el milagro por nosotros mismos.—Lo hiciste —dijo Oksana, su dulce rostro lleno de asombro—. Lo salvaste,después de todo.—Y no cómo originalmente lo planeé tampoco —comenté. La última vez que habíavenido a Rusia, mi objetivo había sido cazar y matar a Dimitri, con el fin de salvarsu alma de ese estado oscuro. En ese entonces no tenía conocimiento de quehubiera una alternativa.Oksana se sentía comprensiblemente curiosa sobre el papel del espíritu en lasalvación de Dimitri, y le di tanta información como pude. El tiempo pasó volando.El día dio paso a la tarde, y la gente empezó a sacar el letal vodka que había sidomi perdición la última vez. Mark y Oksana me estaban haciendo una broma sobreque le diera otra oportunidad, cuando una nueva voz de pronto llamó mi atención.El dueño de la voz no me estaba hablando a mí, pero fui inmediatamente capaz dedistinguirle entre el murmullo de la, ya abarrotada, casa, porque estaba hablandoinglés.
  12. 12. 13—¿Olena? ¿Olena? ¿Dónde estás? Tenemos que hablar sobre el Rey Sangriento.Siguiendo la voz, pronto vi a un chico, unos cinco años mayor que yo, tratando deforzar su paso entre la multitud hasta donde Olena estaba parada cerca de su hijo.La mayoría le prestó poca atención, pero unos pocos se callaron y lo miraron consorpresa, la cual compartí. Él era humano… el único ser humano aquí, por lo quepodría decir. Los seres humanos y los dhampirs eran prácticamente indistinguiblesunos de otros, pero era una habilidad de mi raza ser capaz de decir si era uno uotro.—Olena. —Sin aliento, el chico humano extendió la mano hacia Olena y me dio laprimera visión clara de él. Había recortado pulcramente su cabello negro y vestíaun traje gris muy remilgado, que de alguna manera mejoró su estructuradesgarbada. Cuando giró su cabeza de cierta manera, la luz captó una de susmejillas, dejando al descubierto un tatuaje de lirio dorado. Y eso es lo queexplicaba su presencia. Era un Alquimista.Olena había estado charlando con una vecina y finalmente se volvió cuando elAlquimista dijo su nombre tres veces más. La madre de Dimitri permaneciósonriente y agradable, pero capté el más leve atisbo de desesperación en sus ojos.—Henry —dijo—. Me alegro de verte de nuevo.Se ajustó las gafas de montura metálica.—Tenemos que hablar sobre el Rey Sangriento. —Cuanto más hablaba, más podíadistinguir un leve acento. Era británico, no americano como yo.—Este no es el momento —dijo Olena. Hizo un gesto hacia Dimitri, quien miraba aHenry en un intenso escrutinio—. Mi hijo está de visita. No ha estado aquí en años.Henry le hizo a Dimitri un guiño cortés pero tajante a modo de saludo y luego sevolvió hacia Olena.—Nunca es el momento. Cuanto más tiempo dejemos esto de lado, más gente va aser herida. Ya sabes que otro hombre fue asesinado ayer por la noche.Esto hizo que varias personas que estaban cerca guardaran silencio. También mellevó a caminar para estar junto a Dimitri y Olena.—¿Quién fue asesinado? —exigí—. Y ¿quién está haciendo la matanza?
  13. 13. 14Henry me echó un único vistazo. No era una mirada del tipo chequeo-para-ver-si-era-sexy, sin embargo. Era más como si estuviera tratando de decidir si valía lapena responderme. Al parecer, no. Su atención regresó a Olena.—Tienes que hacer algo —dijo.Olena alzó sus manos.—¿Por qué crees que yo puedo hacerlo?—Porque eres... bueno, eres del tipo de lo que se considera un líder por aquí.¿Quién más va a organizar a los dhampirs para atender esta amenaza?—No dirijo a nadie —dijo Olena, sacudiendo la cabeza—. Y la gente de aquí... aellos desde luego no se les puede pedir que entren en batalla en cualquiermomento.—Pero ellos saben cómo luchar —respondió Henry—. Todos somos entrenados,aunque no lleguemos a ser guardianes.—Estamos capacitados para defender —le corrigió ella—. Ciertamente, aquí todoel mundo saldría a la calle si un Strigoi invadiera nuestra ciudad. Sin embargo, nosalimos a buscar problemas. Bueno, excepto los No Prometidos. Pero todos estánlejos en estos momentos. Una vez que regresen en otoño, estoy segura de quefelizmente harán esto para ti.Henry suspiró con frustración.—¡No podemos esperar hasta el otoño! Los shumanos se están muriendo ahora.—Los humanos son demasiado estúpidos para mantenerse alejados de losproblemas —dijo una mujer dhampir de cabello canoso.—Este llamado Rey Sangriento es sólo un simple Strigoi —añadió otro hombre quehabía estado escuchando—. Nada especial. Los humanos necesitan, simplemente,permanecer lejos, y se irán.No sabía exactamente lo que estaba pasando aquí, pero las piezas estabanempezando a unirse. Los Alquimistas estaban entre los pocos humanos que sabíande la existencia de los vampiros y los dhampirs. A pesar de que a menudo vivíamose interactuábamos con los humanos, mi clase generalmente hacía un excelentetrabajo para ocultar nuestra verdadera naturaleza. Los Alquimistas creían que todoslos vampiros y dhampirs eran oscuros y perversos y que la humanidad estabamejor sin contacto con ellos. Del mismo modo, los Alquimistas temían que si
  14. 14. 15nuestra existencia fuera de conocimiento público, algunas personas de voluntaddébil se lanzarían a la posibilidad de convertirse en inmortales Strigoi y corrompersus almas. Como resultado, los Alquimistas nos ayudaban a permanecer ocultos ytambién ayudaban a encubrir las muertes de los Strigoi y otros asuntos feos quecausaban esos monstruos. Sin embargo, al final del día, los Alquimistas dejabanclaro que estaban ayudando a los seres humanos primero y a nosotros en segundolugar. Por lo tanto, si hay algo por ahí amenazando a su clase, no era de extrañarque Henry estuviera tan alterado.—Empieza por el principio —dijo Dimitri, dando un paso hacia adelante. Habíaescuchado pacientemente hasta ahora, pero incluso él tenía límites cuando alguienestaba tratando de ordenar a su madre ir de aquí para allá—. Que alguien expliquequién es este Rey Sangriento y por qué está matando a humanos.Henry le dio a Dimitri una evaluación similar a la que me había dado. Sólo que,aparentemente, Dimitri aprobó.—El Rey Sangriento es un Strigoi que vive al noroeste de aquí. Hay algunas colinascon varias cuevas y senderos sesgados, y ha fijado su residencia allí. No sabemosexactamente en qué cueva, pero la evidencia sugiere que es muy antiguo y muypoderoso.—Y eso... ¿es por lo que se está alimentando de excursionistas humanos que seextravían cerca? —pregunté.Henry parecía sorprendido de que hubiera hablado, pero al menos esta vezrespondió.—No hay extraviados involucrados. Ellos lo buscan. Toda la gente de estos pueblosson supersticiosos e ilusos. Han construido una reputación legendaria sobre él… ledieron ese nombre de Rey Sangriento. No entienden completamente lo que es, porsupuesto. De todos modos, todo lo que tiene que hacer es esperar, porque de vezen cuando, a alguien se le mete en la cabeza que él será el que derrote al ReySangriento. Se lanzan de cabeza a esos caminos montañosos… y no vuelven nuncamás.—Estúpidos —dijo la mujer que había hablado antes.Me inclinaba a estar de acuerdo.—Tienes que hacer algo —repitió Henry. Esta vez, él estaba mirando a todo elmundo mientras hablaba, desesperado por encontrar ayuda donde quiera quepudiera conseguirla—. Mi gente no puede matar a este Strigoi. Tienes que hacerlo.
  15. 15. 16He hablado con los Guardianes de las ciudades más grandes, pero no dejarán ir asus Moroi. Eso significa que le toca a los locales.—Tal vez las palabras eventualmente lleguen a muchos sitios y los seres humanosse mantengan alejados —dijo Olena, razonable.—Podemos mantener la esperanza de que eso ocurrirá, pero no es así —dijoHenry. Algo en su manera de hablar me hizo pensar que lo había explicado muchasveces. Si no tuviera tal actitud arrogante, casi sentiría lástima por él—. Y antes deque alguien lo sugiera: no, no creo que ningún humano vaya a tener suerte y mataral Rey Sangriento, tampoco.—Por supuesto que no.La habitación se había quedado prácticamente en silencio en este punto, pero laentrada de Yeva aseguró que se mantuviera así. ¿Cómo es que siempre parecíacomo si hubiera salido de la nada? Se adelantó, con un bastón retorcido que,sospechaba, mantenía en la mano sólo para atizar a la gente. Se concentró enHenry, pero parecía satisfecha de haber conseguido la atención de todos losdemás.—Sólo alguien que ha recorrido el camino de la muerte puede matar al ReySangriento. —Hizo una pausa dramática—. Lo he visto en el futuro.De las expresiones reverentes que esto suscitó, era obvio que nadie más iba acuestionarla. Como de costumbre, lo hice yo.—Oh, por el amor de Dios —dije—. Eso podría significar cientos de cosasdiferentes.Henry estaba frunciendo el ceño.—Tengo que estar de acuerdo. Recorrer el camino de la muerte podría sercualquier cosa... alguien que ha estado a punto de morir, alguien que ha muerto,cualquier guerrero o luchador que…—Dimka —dijo Viktoria. Ni siquiera la había notado parada cerca de nosotros.Unas pocas personas habían estado delante de ella, pero ahora se hacían a un ladomientras hablaba—. La abuela se refiere a Dimka. Él ha recorrido el camino de lamuerte y ha vuelto.
  16. 16. 17Los murmullos llenaron la habitación cuando todos los ojos se dirigieron a Dimitri.Muchos estaban asintiendo a la declaración de Viktoria. Escuché a un hombredecir:—Dimitri es el indicado. Está destinado a matar al Rey Sangriento.Estaba bastante segura de que era el mismo hombre que se había burlado antes yhabía dicho que el Rey Sangriento no era nadie especial. Otros estaban deacuerdo.—Yeva Belikova ha declarado que es así —dijo otra persona—. Nunca estáequivocada.—¡Eso no es lo que ella dijo! —grité.—Lo haré —dijo Dimitri, con resolución—. ¡Le daré un fin a ese Strigoi!Los aplausos estallaron, por lo que nadie me oyó decir:—¡Pero no tienes que hacerlo! Nunca dijo que lo hicieras.Corrección: una persona me había oído. Dimitri.—Roza —dijo, su voz a través del creciente ruido. Era sólo una palabra, pero comoocurría a menudo, él se las arregló para transmitir un millar de mensajes en lamisma, la mayoría de los cuales se podría resumir como “Hablaremos más tarde”.—Me gustaría ir contigo —dijo Mark. Se irguió en toda su estatura—. Si meaceptas. —A pesar de su cabello canoso, Mark todavía era delgado y musculoso,con una mirada que decía que era más que capaz de patear un culo Strigoi.—Por supuesto. Sería un honor —dijo Dimitri gravemente—. Pero eso es todo.Esta última parte fue añadida porque repentinamente la mitad de la sala quería ircon él. Ellos habían puesto los ojos en blanco ante la solicitud inicial de Henry,pero con Dimitri a bordo ahora, se acababa de llegar a este estado de odiseaheroica.—¿Y yo qué? —pregunté secamente.Una sonrisa tembló en los labios de Dimitri.—Pensé que era un hecho.
  17. 17. 18No iba a ser capaz de hablar en privado con él hasta mucho más tarde. Después detodo, la gente todavía estaba celebrando su regreso a la vida, y ahora estaba estegrupo de aclamaciones. El único más impaciente que yo, creo, era Henry. Estabasatisfecho de haber conseguido por fin ayuda, pero estaba claro que queríaempezar a repasar la logística y los planes con Dimitri en este momento. Esoobviamente no iba a suceder, y por fin, Henry salió y dijo que volvería mañana.Era casi media noche cuando los invitados restantes partieron y Dimitri y yoregresamos a nuestra habitación. Estaba agotada, pero todavía tenía energíasuficiente para darle un escarmiento.—Sabes, Yeva no dijo específicamente que debías ser tú quien matara a este ReySangriento —dije, cruzando mis brazos para verme imponente—. Viktoria, y todoslos demás, saltaron a esa conclusión.—Lo sé —dijo Dimitri, ahogando un bostezo—. Pero alguien tiene que matarlo.Incluso si esos humanos están lanzándose a eso ellos mismos, la amenaza necesitaser removida. Mi madre tiene razón en que los damphir de por aquí estánmayormente enfocados en la defensa. Tú y yo somos los únicos que hemos pasadopor un entrenamiento de guardianes completo. Y Mark.Asentí lentamente.—Por eso dijiste que él podía venir. Pensé que había sido porque fue el primero enpedirlo, no como esos otros aspirantes a celebridad que intentan colgarse de tugenialidad.Dimitri sonrió y se sentó en la cama.—Esas personas pueden pelear. Pelearían hasta la muerte si sus hogares fueranatacados. ¿Pero para entrar a una batalla? Mark es el único de ellos al queescogería. Y todavía no es rival para ti.—Bueno —dije, sentándome a su lado—. Esa es la cosa más inteligente que heescuchado en toda la noche. —Otro pensamiento me golpeó—. Mark puede sentira los Strigoi también. —Era un efecto colateral de ser traído de regreso de entre losmuertos—. Huh. Supongo que esto podría ser lo suficientemente loco parafuncionar.Dimitri besó la parte superior de mi cabeza.—Admítelo. No te molesta ir detrás de este Strigoi. Es lo correcto de hacer. Inclusosi lo están haciendo por voluntad propia, inocentes están muriendo por su culpa.
  18. 18. 19—Sí, sí, es lo correcto. Me hubiera ofrecido de voluntaria eventualmente.—Suspiré—. Es sólo que odio darle a Yeva una razón más para que crea quecontrola el destino del universo.Él rio entre dientes.—Si planeas ser parte de esta familia, entonces es mejor que te acostumbres a ello.* * *Dimitri y yo no teníamos los efectos de una resaca con los que lidiar,afortunadamente, pero ninguno de nosotros estuvo demasiado emocionadocuando Henry apareció con las primeras luces del amanecer para que pudiéramos“ponernos manos a la obra”. Como los otros Alquimistas que había conocido,Henry no era del tipo de los que se ensuciaban las manos. No tenía ningunaintención de ir con nosotros a encargarnos de este Rey Sangriento. Al igual que losotros Alquimistas, Henry estaba nadando en papeleo y planes.Nos trajo un montón de mapas y diagramas del área cavernosa que el ReySangriento habitaba, así como cada reporte que los Alquimistas tenían sobre losavistamientos y ataques. Los Alquimistas amaban los reportes. Olena nos preparó atodos un café extremadamente fuerte que sabía, sólo ligeramente, menos tóxicoque el vodka regional, pero la cafeína del café recorrió un largo camino paraayudarnos a despertar y hacer estrategias.—No es una región tan grande —remarcó Henry, tocando uno de los mapas—. Noentiendo por qué nadie jamás puede encontrarlo a la luz del día. Esta área es losuficientemente pequeña para que alguien pudiera registrar cada cueva en un día.Sin embargo, todos terminan atrapados ahí de noche y los asesinan.Mi mente giró de regreso a otro grupo de cuevas, al otro lado del mundo.—Las cuevas están conectadas —dije lentamente, trazando los puntos que unmapa utilizaba para marcar las entradas—. Puedes buscar todo el día y jamásencontrarlo porque él se mueve bajo tierra.—Brillante, Roza —murmuró Dimitri con aprobación.Henry parecía sorprendido.
  19. 19. 20—¿Cómo lo sabes?Me encogí de hombros.—Es lo único que tiene sentido. —Removí las hojas de papel—. ¿Tienes un mapasubterráneo? ¿Alguien hizo alguna vez un… no lo sé… un estudio geográfico oalgo? —Parecía como si cualquier otra representación del área estuviera aquí:imágenes satelitales, dibujos topográficos, análisis de minerales… todo menos unaidea de lo que estaba ocurriendo bajo la superficie. Henry lo confirmó.—No —admitió con timidez—. No tengo nada como eso. —Entonces, como parasalvar la cara de los Alquimistas y su estilo usualmente meticuloso, agregó—:Probablemente porque nadie jamás hizo uno. Si existiera, lo tendríamos.—Eso va a ser una desventaja —reflexioné.—No tanto —dijo Dimitri, terminando lo último de su café—. Tengo una idea. Enrealidad no creo que tengamos que ir bajo tierra. Especialmente con Mark.Encontré sus ojos y sentí una sacudida de electricidad saltar entre nosotros. Partede lo que nos unía era un amor mutuo a la emoción y al peligro. No era que lobuscáramos, exactamente, pero cuando había una necesidad de respuesta, lo dosestábamos siempre listos para asumir lo que fuera necesario. Sentí esa chispaencenderse entre nosotros mientras esta tarea se aproximaba, y de repente tuveuna buena idea de cuál era su plan.—Audaz movimiento, camarada —bromeé.—No para tus estándares —respondió.Henry miró de uno a otro, entre nosotros, totalmente perdido.—¿De qué están hablando?Dimitri y yo sólo sonreímos.* * *Por supuesto, no hubo demasiadas sonrisas cuando partimos antes del amanecerel día siguiente. La familia de Dimitri mostró una conflictiva mezcla de confianza ynerviosismo. Ostensiblemente, la proclamación de Yeva de que Dimitri triunfaría
  20. 20. 21garantizaba la victoria. Sin embargo, ni sus hermanas ni su madre estabantotalmente despreocupadas por enviarlo a enfrentar a un antiguo y poderosoStrigoi, con un largo historial de asesinatos. Las mujeres lo bañaron con abrazos ybuenos deseos, todo mientras que, Yeva nos miraba de forma petulante yconocedora.Mark estaba con nosotros, pareciendo duro y listo para la batalla. Henry dijo quelos damphir de Baia eran “locales” para el Rey Sangriento, pero ese era un términorelativo, ya que las cuevas estaban a unas buenas seis horas de viaje de distancia.Éramos simplemente los más cercanos, ya que las cuevas están en un área remotacon poca civilización circundante. De hecho, parte de la duración del viaje fue unresultado de que las carreteras de esa región estuvieran tan mal mantenidas.Llegamos a las cuevas cerca del mediodía, lo que iba de acuerdo a nuestro plan.Era un lugar desolado y, en realidad, solo un pequeño bache en lo que a elevaciónse refería, difícilmente capaz de competir con rangos mucho más grandes como lasMontañas Ural más al oeste. De todas formas, era más alto y pronunciado que lamayoría de las tierras bajas circundantes, con riscos rocosos que iban a requerir unpoco de footing. Ninguna de las cuevas era visible desde donde habíamosestacionado el auto, pero un pequeño sendero, algo usado, serpenteaba entrealgunos de los acantilados. Por lo que había visto en el mapa de Henry, este guiabahacia el corazón del complejo.—No hay nada como una buena escalada —dije alegremente, colgando mimochila en mi hombro—. Estas podrían ser casi unas vacaciones, si no fuera por laparte de que, ya sabes, podríamos morir.Mark levantó una mano para proteger sus ojos del sol, mientras nos contemplaba aDimitri y a mí.—Algo me dice que ustedes son la clase de personas cuyas vacaciones siempreterminan de esa forma.—Es verdad —dijo Dimitri, saliéndose del camino—. Además, estamos a salvo hoy.Tenemos la garantía de mi abuela, ¿recuerdan?Puse mis ojos en blanco ante la nota de burla en su voz. Dimitri podía amar yreverenciar a Yeva, pero sabía que él no estaría contando con ninguna vagaprofecía para realizar esta tarea. Su fe estaba en la estaca de plata que cargaba ensu cinturón.
  21. 21. 22La ruta comenzó fácil, pero pronto se convirtió en un desafío mientras la elevaciónaumentaba y más obstáculos aparecían en nuestro camino. Tuvimos que escalaralrededor de rocas y manejar algunas partes difíciles donde el camino casi habíadesaparecido, forzándonos a aferrarnos a las paredes rocosas. Cuando alcanzamoslo que aparentemente era el centro del complejo, estuve sorprendida de ver lonivelada que estaba. Acantilados se levantaban a nuestro alrededor, como siestuviéramos en una especie de fortaleza, pero esta área proveía una pequeñadosis de tranquilidad. No estaba cansada —los damphir son resistentes, despuésde todo—, pero sí contenta de que hubiéramos alcanzado nuestro destino.Y ahí fue donde… nos detuvimos.Nos instalamos en el suelo, clasificando los contenidos de nuestras mochilas, yprocedimos más o menos a descansar durante el resto del día. A pesar del vientoque soplaba aquí, la temperatura todavía era cálida-veraniega, y este sería casi unescenario perfecto para un picnic. Es cierto, la roca erosionada y la vegetacióndispersa eran difícilmente idílicas, pero extendimos una manta y comimos unalmuerzo consistente de la fabulosa comida de Olena. Cuando terminamos, merecosté junto a Dimitri, mientras Mark comenzaba a tallar un trozo de madera.Mantuvimos un flujo constante de conversaciones triviales. Todo esto era parte delplan también. Luego de que Henry dijo que los seres humanos aventureros habíanido de caza y terminado muertos, nos dimos cuenta que esta era la forma fácil dehacerlo: ir y ser atrapados dentro de las cuevas que este Rey Sangrientoobviamente conocía mejor que nosotros. No íbamos a hacerlo. Nos quedaríamosen la intemperie, sin hacer ningún esfuerzo por ocultar nuestra presencia. Si bienlos Strigoi amaban la sangre humana, ellos amaban la sangre de los Moroi y losdamphir mucho más. No había forma de que este Strigoi fuera capaz deignorarnos mientras estuviéramos en su territorio. Si la violación no lo atraía, elatractivo de nuestra sangre lo haría. Eventualmente vendría tras nosotros cuando laoscuridad cayera, y pelearíamos con él bajo nuestros términos.—Mark, tú y Oksana deberían venir a Estados Unidos —dije—. Lissa amaríaconocerlos y hablar sobre el espíritu. Muchas personas lo harían.Mark no levantó la vista de su talla.—Ese es el problema —dijo con buen humor—. Estamos preocupados de quedemasiadas personas lo quieran, ahora que todos están interesados en el espíritu.No queremos convertirnos en experimentos científicos.
  22. 22. 23—Lissa no permitiría que eso ocurriera —dije rotundamente—. Y piensa en todaslas cosas sorprendentes que podríamos aprender. El espíritu parece ser capaz dehacer algo nuevo cada día. —Antes de saberlo, mi mano encontró la de Dimitri.Salvándolo, el espíritu ya había hecho la cosa más espectacular que mis ojoshubieran podido ver.—Ya veremos —dijo Mark—. A Oksana le gusta su privacidad, pero sé que tienecuriosidad por…Dimitri se sentó rápidamente desde su posición de descanso, instantáneamenterígido y enfocado en esa manera que tenía de estarlo. Mark se había quedado ensilencio tan pronto cuando Dimitri se movió, y ahora yo me senté también. Mimano fue a mi estaca, y vi las manos de los chicos hacer lo mismo. Incluso mientraslo hacía, la parte lógica en mí decía que no había necesidad… no cuandoestábamos afuera a plena luz del día. Lo que sea que hubiera asustado a Dimitri noera Strigoi, pero el instinto era difícil de apartar. Su mirada cayó en una enormepila de rocas y cantos rodados que estaban cerca de un acantilado. Sin decirpalabra, lo apuntó y luego tocó su oreja. Mark y yo asentimos en señal decomprensión.Bajando la mirada a uno de los mapas de Henry que habíamos dejado abierto,inmediatamente vi la formación de rocas que Dimitri había indicado. Era grande yextensa, con lo que parecía ser un pequeño espacio entre este y el acantilado. Sihabía algo escondido y espiándonos, sería posible moverse furtivamente detrás dela formación y atrapar a los espías sin que lo supieran. Toqué mi pecho y apunté ala formación en el mapa. Dimitri sacudió su cabeza y tocó su pecho en su lugar. Lofulminé con la mirada y comencé a protestar, pero entonces él hizo un gesto entreMark y yo. En esa extraña manera que teníamos de pensar de forma similar algunasveces, inmediatamente supe lo que Dimitri estaba diciendo. Mark y yo habíamosestado hablando cuando Dimitri escuchó lo que fuera que lo había sobresaltado.Necesitábamos continuar con eso para así mantener la cubierta y sorprender a lapotencial amenaza. A regañadientes, asentí mi derrota a Dimitri.Se arrastró lejos, silencioso como un gato, y me volví hacia a Mark y traté derecordar lo que habíamos estado hablando. Estados Unidos… había estadotratando de convencerlo de que debían visitarlo por alguna razón. Hablar.Necesitaba hablar y crear una distracción. Así que frenéticamente solté lo primeroque me vino a la mente.—Así que, sí, Mark... si, um, vengan a visitarnos... podemos salir a comer y puedesprobar la comida americana. Ya no más repollo. —Solté una risa incómoda e
  23. 23. 24intenté no mirar a Dimitri mientras desaparecía por una esquina rocosa—.Podríamos, ya sabes, salir por unos perros calientes. No te preocupes… en realidadno son perros. Es sólo un nombre. Son esas cosas que pones la salchicha enpanecillos, ese es una especie de pan, y luego los complementa con otras cosas y…—Sé lo que es un perro caliente —interrumpió Mark. Su tono era ligero por el biende nuestro observador, pero su estaca había sustituido el cuchillo de tallar.—¿En serio? —pregunté, legítimamente sorprendida—. ¿Cómo?—No somos tan remotos. Tenemos televisión y películas. Además, he dejadoSiberia, sabes. He estado en los Estados Unidos.—¿En serio? —No lo sabía. Sabía muy poco acerca de su historia, en realidad—.¿Has probado un perro caliente?—No —dijo. Sus ojos estaban puestos en el lugar en que Dimitri habíadesaparecido, pero brevemente se posaron en mí—. Me ofrecieron uno... pero noparecía muy apetitoso.—¡Qué! —exclamé—. Blasfemia. Son deliciosos.—¿No son comprimidos de partes animales? —presionó.—Bueno, sí... Creo que sí. Pero es sólo la salchicha.Mark negó con la cabeza.—No lo sé. Algo simplemente no está bien acerca de un perro caliente.—¿No está bien? Creo que quieres decir tan bien. Son como el…Mi indignación fue interrumpida por un grito, recordándome que había habidootro propósito aquí además de mi defensa de uno de los más grandes alimentosen el universo. Mark y yo nos movimos como uno, los dos corriendo a granvelocidad por encima de la pila de rocas y hacia la fuente del ruido. Allí, nosencontramos con Dimitri fijando en el suelo a un chico que se retorcía en unachaqueta de cuero y desgastados vaqueros azules. No podría decir mucho más deél porque Dimitri tenía el rostro del sujeto presionado contra el suelo. Al vernos,Dimitri aflojó su agarre a fin de que el chico pudiera mirar hacia arriba. Cuando lohizo, vi que era de mi edad… y humano.Miró entre Mark y yo… o, más exactamente, miró entre las estacas de plata que losdos reteníamos. Ojos azules grisáceos se abrieron de par en par, y el cautivo
  24. 24. 25empezó a balbucear en ruso. Mark frunció el ceño e hizo una pregunta, pero nobajó su estaca. El muchacho respondió, sonando casi en pánico. Dimitri bufó y losoltó por completo. El humano se alejó tambaleante, sólo para tropezar y caer detrasero en el suelo. Mark hizo algunos comentarios en ruso, a los que Dimitrirespondió con una carcajada.—¿Podría alguien decirme qué está pasando? —exigí—. ¿En Inglés?Para mi sorpresa, no fue uno de mis colegas el que respondió.—¡Tú... eres americana! —exclamó el chico, mirándome con asombro. Hablaba conun acento fuerte—. ¡Sabía que la reputación del Rey Sangriento se habíaextendido, pero no sabía que había ido tan lejos!—Bueno, no es así. No exactamente —le dije. Me di cuenta entonces que tantoDimitri como Mark habían apartado sus estacas—. Simplemente resulta que estabaen el vecindario.—Te lo dije —dijo Dimitri, hablándole al humano—. Este no es lugar para ti. Veteahora.El chico negó con la cabeza, haciendo que su revoltoso cabello rubio parecieramucho más desordenado.—¡No! Podemos trabajar juntos. Todos estamos aquí por la misma razón. Estamosaquí para matar al Rey Sangriento.Encontré los ojos de Dimitri inquisitivamente, pero no recibí ayuda.—¿Cuál es tu nombre? —le pregunté.—Ivan. Ivan Grigorovitch.—Bueno, Ivan, soy Rose, y si bien apreciamos el ofrecimiento de ayuda, tenemosesto bajo control. No hay necesidad de que te quedes.Ivan me miró con escepticismo.—No parecía que lo tuvieran bajo control. Parecía que estaban teniendo un día decampo.Reprimí una mueca.—Estábamos, uh, justo a punto de entrar en acción.
  25. 25. 26Él se iluminó.—Entonces estoy a tiempo.Mark suspiró, claramente quedándose sin paciencia con esto.—Chico, esto no es un juego. ¿Tienes algo como esto? —Sacó su estaca de platade nuevo, asegurándose de que la punta reflejara la luz. Ivan se quedóboquiabierto—. No lo creo. Déjame adivinar. Tienes una estaca de madera, ¿no?Ivan enrojeció.—Bueno, sí, pero soy muy bueno…—Muy bueno en conseguir que te maten —declaró Mark—. No tienes lashabilidades o las armas para esto.—Enséñame —dijo Ivan con entusiasmo—. ¡Te lo dije, estoy dispuesto a ayudar! ¡Eslo que he soñado… ser un famoso cazador de vampiros!—Este no es un viaje de campo —dijo Dimitri. Al igual que Mark, ya no encontrabaa Ivan muy cómico—. Si no te vas ahora mismo de esta área, te sacaremosnosotros mismos.Ivan se puso en pie.—Puedo... puedo irme... pero ¿están seguros de que no quieren mi ayuda? Sé todolo que hay que saber sobre los vampiros. Nadie en mi pueblo ha leído tanto comoyo…—Vete —dijeron Mark y Dimitri al unísono.Ivan se fue. Los tres miramos mientras corría por el sendero, hacia donde tuvo queabrirse paso a través de obstáculos rocosos con el fin de volver a salir a la carreteraprincipal.—Idiota —murmuró Mark. Bajó la estaca de nuevo y caminó de vuelta hacia dondehabía estado sentado antes. Después de unos momentos, Dimitri y yo lo seguimos.—Me siento un poco mal por él —comenté—. Parecía tan... no sé, entusiasta. Perotambién comienzo a entender por qué Henry estaba tan molesto. Si todos los otroshumanos “expertos” sobre los vampiros que vienen aquí son como él, puedo verpor qué están consiguiendo ser asesinados.
  26. 26. 27—Exactamente —dijo Dimitri. Su mirada estaba en la figura que se alejaba de Ivan,casi imposible de ver ahora, mientras caminaba alrededor de un afloramiento depiedra—. Con suerte regresará a su pueblo y se inventará alguna historia fantásticade cómo mató al Rey Sangriento por sí mismo.—Cierto —le dije—. El hecho de que lo hagamos nosotros sólo servirá para apoyarsu historia cuando las personas vengan hasta aquí y no vean a más vampiros.Aun así, mientras acomodaba de nuevo nuestro campamento improvisado, nopude olvidar la mirada celosa en los ojos de Ivan cuando había mencionado mataral Rey Sangriento. ¿Cuántos otros habían llegado con esa misma actitud ingenua?Era desalentador. Había crecido con la idea de que luchar contra los Strigoi era undeber y una responsabilidad. No era algo que trataras como un juego.Mark y yo finalmente retomamos nuestro debate sobre los perros calientes, paragran diversión de Dimitri. Él tendía a estar de acuerdo con Mark, lo que me parecióchocante. Sólo podía culpar a la cocina con la que habían sido criados para pensartal equivocación. Sin embargo, a pesar de lo convencional de la conversación,podía sentir la tensión dentro de todos nosotros cuando el sol comenzó a moversehacia el horizonte. Las estacas de plata habían vuelto, e incluso antes de caer lanoche, nuestros ojos estaban constantemente escaneando nuestro entorno.Sombras oscurecían las paredes de piedra que nos rodeaban, convirtiéndolas enalgo misterioso y siniestro.Habíamos traído un par de linternas eléctricas y las encendimos una vez que sehizo demasiado oscuro para ver con comodidad. Como dhampirs, nonecesitábamos tanta luz como los seres humanos, pero necesitábamos algo. Laslinternas emitían solo lo suficiente para ayudar a nuestros ojos, sin cegarnos anuestra periferia, como una fogata haría. Pronto, el cielo estuvo completamenteoscuro, y sabíamos que habíamos entrado en el momento en que el Strigoi podíacaminar libremente. Ninguno de nosotros dudaba de que él viniera por nosotros.La pregunta era si iba a esperar y tratar de desgastarnos o atacar de repente.Mientras más tiempo pasaba, parecía como si fuera a ser lo primero.—¿Sientes algo? —le susurré a Mark. Aquellos que eran besados por las sombrassentían náuseas cuando un Strigoi estaba cerca.—Todavía no —murmuró él.—Deberíamos haber traído malvaviscos —bromeé—. Por supuesto, entonceshubiéramos tenido que encender una fogata con seguridad…
  27. 27. 28Un grito ensordecedor estalló en la noche.Me puse de pie en un salto, haciendo una mueca. El problema con la audiciónsuperior es que los ruidos fuertes son muy ruidosos. Mis compañeros se pusieronde pie también, estacas listas. Mark frunció el ceño.—¿Algún truco Strigoi?—No —dije, moviéndome hacia donde el grito se había originado—. Ese fue Ivan.Mark maldijo en ruso, algo a lo que me había acostumbrado con Dimitri.—Nunca se fue —dijo Mark.Dimitri me agarró del brazo para hacerme reducir la velocidad.—Rose, está en una de las cuevas.—Lo sé —le dije. Ya había averiguado eso y me volví hacia Dimitri—. Pero, ¿quéotra opción tenemos? No podemos dejarlo ahí.—Esto es exactamente lo que queríamos evitar —dijo Dimitri con gravedad.—Y probablemente una trampa tendida por el Rey Sangriento —agregó Mark,justo mientras otro grito sonaba—. Él nos quiere, pero es demasiado inteligentepara salir a buscarnos.Hice una mueca, sabiendo que Mark tenía razón.—Pero eso también significa que probablemente no va a matar a Ivan deinmediato. Él sólo va a meterse con él para atraernos. Hay una posibilidad de quepodamos salvar a Ivan. —Tiré mis manos al aire cuando nadie respondió—.¡Vamos! ¿Pueden realmente dejar a ese chico inepto allí para morir?No, por supuesto que no. Dimitri suspiró.—Aquí es donde podríamos haber usado un mapa de las cuevas. Mejor paramontar una emboscada.—No tanto lujo, camarada —le dije, caminando hacia la cueva—. Tenemos que irpor la puerta principal. Al menos Mark puede advertirnos.Entonces, el debate se desató entre los tres sobre quién dirigiría y quién iría elúltimo cargando una linterna. Dimitri y Mark vinieron con argumentos pococonvincentes sobre por qué debían ir por delante de mí. Mark fue con que, como el
  28. 28. 29mayor, su vida era más prescindible, lo cual era ridículo. El razonamiento de Dimitriera que él estaba a salvo, gracias a la profecía de Yeva. Eso era aún más ridículo, yyo sabía que sólo estaba diciéndolo para protegerme. Sin embargo, al final, fuirechazada y terminé detrás de ellos.Una oscuridad más profunda que la noche nos envolvió mientras entrabamos. Lalinterna nos ayudó un poco, pero sólo iluminaba una corta distancia delante denosotros mientras entrabamos más y más en lo desconocido. Ninguno habló, perotenía la sensación de que todos estábamos pensando lo mismo. Los gritos habíancesado. Podría significar que Ivan estaba muerto. Seguramente significaba que elRey Sangriento quería llevarnos tan lejos en las cuevas como fuera posible.El problema llegó cuando alcanzamos una bifurcación en el túnel. No sólosignificaba que teníamos que elegir un camino, sino que también significaba queel Rey Sangriento tenía el potencial para regresar en la dirección opuesta sobrenosotros.—¿Por dónde? —murmuró Dimitri.Eché un vistazo entre las dos opciones. Una de ellas era estrecha, pero eso nosignificaba nada. Líneas de pensamiento llenaron la cara de Mark, y luego él indicóel túnel más largo.—Aquí. Es débil, pero puedo sentirlo allí.Los tres nos adelantamos y el túnel pronto creció más y más, finalmentedesembocando en una gran “sala” con otros tres túneles alimentándose dentro deella. Antes de que ninguno de nosotros tuviera la oportunidad de preguntar adónde ir, algo pesado se estrelló contra mí y me tiró al suelo. La linterna voló de mimano y milagrosamente rodó, sin romperse.El instinto me hizo seguir el ejemplo. No tenía ni idea de dónde estaba miatacante, pero rodé lejos tan pronto como golpeé el suelo de la cueva. Fue unabuena decisión, porque medio segundo más tarde, tuve mi primera visión del ReySangriento. Las historias eran ciertas. Era viejo. Es cierto que los Strigoi noenvejecían una vez que volvían, y a simple vista, este tipo tenía el aspecto dealguien en sus cuarenta y tantos años. Como todos los Strigoi, tenía la piel blanca yel horrible aspecto de la muerte en él. Si la luz hubiera sido un poco mejor, sabíaque hubiera visto el rojo en sus ojos también. Su largo bigote y cabello hasta loshombros eran negros con rayas grises, luciendo como algo que verías en los díasimperiales de Rusia. Pero era más que el anticuado corte de cabello lo quemarcaba su edad. Había algo sobre los Strigoi que podías sentir, una maldad
  29. 29. 30antigua que iba directa al hueso. Además, mientras la edad aumentaba, tambiénaumentaba su velocidad y fuerza.Y hombre, este tipo era rápido. Se había abalanzado sobre el lugar en el que habíacaído, golpeando con fuerza más que suficiente para romperme el cuello. Al verque me había perdido no desperdició un momento en venir tras de mí a mi nuevolugar, y me apresuré a escapar. Yo era rápida, pero no tan rápida como él, y seagarró de mi manga. Antes de que pudiera tirar de mí hacia él, Dimitri y Markestaban en su espalda, obligando al Rey Sangriento a liberarme. Mis compañeroseran buenos —entre los mejores— pero les tomó hasta la última gota de suhabilidad mantener el ritmo con él. Esquivó cada golpe de sus estacas con lafacilidad, sin esfuerzo, de un bailarín.Me puse en pie, lista para participar y ayudar, cuando escuché un gemidoprocedente de uno de los túneles. Ivan. Yo quería unirme a la refriega, pero Dimitriy Mark acababan de parar algunos de los ataques del Rey Sangriento, obligando atodo el grupo a moverse hacia el otro lado y poniendo a mis amigos entre elStrigoi y yo. Con la no obvia apertura para mí, tomé la decisión de rescatar alinocente y confiar en las habilidades de Dimitri y Mark. Aún, mientras me movíahacia la bifurcación del túnel, eché una mirada inquieta de nuevo a Dimitri. Una vezmás, me acordé de hace mucho tiempo, en otros túneles. Fue allí que Dimitri habíasido mordido y forzado a convertirse en un Strigoi. El pánico se apoderó de mí,junto con una irracional e intensa necesidad de ir tirarme en frente de Dimitri.No, me dije a mí misma. Dimitri y Mark pueden manejar esto. Hay dos de ellos ysólo un Strigoi. No es como la última vez. Otro gemido de Ivan me impulsó a laacción. Por lo que sabía, podía estar desangrándose en alguna parte. Cuanto máspronto llegara a él y lo ayudara, era más probable que sobreviviera. Ir tras élsignificaba abandonar la linterna, ya que Dimitri y Mark la necesitaban más que yo.Además, este túnel era suficientemente estrecho para que yo pudiera estirarme ytocar ambos lados con mis manos, dándome un cierto grado de orientaciónmientras entraba en la oscuridad.—¿Ivan? —lo llamé, medio asustada de tropezar con él.—Aquí. —Vino una voz de respuesta. Estaba sorprendentemente cerca, ydesaceleré mi paso, alargando mis brazos frente a mí con la esperanza de sentirlo.Momentos más tarde, le toqué el cabello y la frente. Me detuve y me arrodillé.—Ivan, ¿estás bien? ¿Puedes levantarte? —le pregunté.—Yo... eso creo…
  30. 30. 31Eso esperaba. Incapaz de ver, no tenía ni idea de si su sangre brotaba justo enfrente de mí. Encontré su mano y lo ayudé a levantarse. Se apoyó pesadamentecontra mí, pero parecía tener el control de sus piernas, lo que tomé como unabuena señal. Lentamente, nos dirigimos de nuevo hacia la pelea, nuestrasmaniobras torpes en el estrecho túnel. Cuando salimos a la luz, estuve consternadaal ver al Rey Sangriento todavía vivo.—Descansa aquí —le dije a Ivan, moviéndolo hacia la pared. Él no estaba en tancrítica condición como había temido. Él lucía como si el Rey Sangriento—literalmente— lo hubiera tirado unas cuantas veces, pero ninguno de los cortes ymagulladuras parecía fatal. Esperaba que él se sentara, entonces yo podría añadirmi fuerza a la pelea, pero en cambio, los ojos de Ivan se agrandaron cuando vio labatalla. Con una energía que no había creído posible, saltó hacia adelante con suridícula estaca de madera y la apuntó a la espalda del Rey Sangriento.—¡No! —le grité, corriendo tras él.Su estaca no perforó la carne, por supuesto. Ni siquiera hirió al Rey Sangriento. Loque sí causó, sin embargo, fue que el Strigoi hiciera una pausa por un segundo ylanzara a Ivan a distancia. Él voló a través de la cueva, aterrizando con fuerza contrauna pared. En el transcurso de ese latido, Dimitri y Mark actuaron con impecableeficiencia, sin palabras. El pie de Dimitri serpenteó y golpeó las piernas del ReySangriento desde debajo de él. Mark se lanzó hacia adelante, hundiendo su estacaen el corazón del anciano Strigoi. El Rey Sangriento se congeló, y todos nosotrossostuvimos una respiración colectiva mientras una expresión de conmoción totalcruzaba su rostro. Entonces la muerte se apoderó de él, y su cuerpo se desplomóhacia adelante.Exhalé en alivio y de inmediato miré primero a Dimitri, necesitando asegurarme deque estuviera bien. Pero por supuesto lo estaba. Él era mi sorprendente dios de labatalla. Haría falta más que un poco de súper resistente Strigoi —incluso uno conun dramático nombre— para derribarlo. Mark parecía igual de bien. Al otro lado dela cueva, Ivan parecía aturdido pero por otro lado ileso. Él nos miraba conasombro, y sus ojos se iluminaron cuando encontró mi mirada. Sostuvo su estacade madera en el aire en una especie de saludo burlón y sonrió.—De nada —dijo.* * *
  31. 31. 32Resultó ser que una de las razones por las que Ivan no había salido cuando ledijimos —aparte de su estúpido sentido de heroísmo— era que no tenía mediospara salir. Algunos amigos de su pueblo lo habían dejado, con la intención devolver en dos días para ver si estaba vivo o muerto. Apenas podíamos dejarlo allíen un estado tan trillado, así que hicimos el viaje de dos horas para llevarlo a casa.Todo el tiempo, Ivan se mantuvo yendo sobre cómo había salvado a Dimitri y Marken el último momento y la forma en que se habrían encontrado con una muertesegura si no fuera por él.Señalar que fue sólo un golpe de suerte que no hubiera conseguido matarlosparecía inútil a estas alturas. Lo dejamos hablar y todos nos sentimos aliviadoscuando llegamos a su pueblo, un lugar que hacía que Baia luciera como la Ciudadde Nueva York.—A veces escucho informes de otros vampiros —nos dijo mientras salía delauto—. Si quieren formar parte del equipo de nuevo, voy a dejar que venganconmigo la próxima vez también.—Anotado —dije.La única persona más exasperante que Ivan era Yeva. Después de cinco minutoscon ella, estaba deseando de pronto estar de vuelta en el auto con él.—Entonces —dijo, sentándose en su mecedora en la casa Belikov como si fuera untrono—. Parece que estaba en lo cierto.Me desplomé en el sofá junto a Dimitri, huesos cansados y deseando poder dormirdurante unas doce horas. Mark ya se había ido a casa, con Oksana. Sin embargo, yotenía agallas suficientes en mí para discutir de nuevo.—En realidad, no —repliqué, tratando de mantener una sonrisa petulante en micara—, dijiste que Dimitri mataría al Rey Sangriento. Él no lo hizo. Mark lo hizo.—Dije que uno de quienes habían caminado en la carretera de la muerte tendríaéxito —dijo—. Mark se ha enfrentado a la muerte y sobrevivió.Abrí la boca para negarlo, pero ella tenía razón.—Está bien. Pero cuando Viktoria dijo que Dimitri lo haría, no lo negaste.—No lo confirmé tampoco.
  32. 32. 33Gemí.—¡Esto es ridículo! ¡Esa “predicción” no significaba nada! Demonios, podría haberaplicado a Ivan, ya que estuvo a punto de morir a causa del Rey Sangriento.—Mis profecías ven muchas cosas —respondió Yeva, la cual en realidad no teníarespuesta a todo—. La siguiente es particularmente interesante.—Uh-huh —dije—. Déjame adivinar. “Un viaje”. Eso podría significar que Dimitri yyo nos vamos a casa. O que Olena irá a la tienda de comestibles.—En realidad —dijo Yeva—, veo una boda en el futuro.Viktoria había estado escuchando el intercambio con diversión y juntó las manos.—¡Oh! ¡Rose y Dimka!Sus hermanas asintieron con entusiasmo.La miré con incredulidad.—¿Cómo puedes decir eso? ¡Eso puede significar cualquier cosa también! Alguienen la ciudad probablemente se esté casando en estos momentos. O tal vez seráKarolina, ¿no dices que lo estás tomando en serio con tu novio? Si se trata de mí yDimitri, pasarán años a partir de ahora, lo cual, por supuesto, podrás reclamar quepreveías ya que era “el futuro”.Sin embargo, nadie me estaba escuchando más. Las mujeres Belikov ya estabancharlando animadamente sobre los planes, especulando si la boda sería aquí o enlos Estados Unidos, y lo bonito que sería ver a Dimitri “finalmente sentandocabeza”.Gemí de nuevo y me apoyé en él.—Increíble.Dimitri sonrió y puso su brazo alrededor de mí.—¿No crees en el destino, Roza?—Seguro —le dije—. Sólo que no en las locas y vagas predicciones de tu abuela.—No suena tan loco para mí —bromeó.—Estás tan loco como ella.
  33. 33. 34Besó la parte superior de mi cabeza.—Tenía la sensación de que dirías eso.Fin
  34. 34. 35CréditosTraducido por:Dark&roseFlochiLizCLizzieNiiiSheilita BelikovCorregido por:LizzieMajoMarina★ MoNt$3★NiiRevisión:Dark&rose y LizzieDiseño:PaovaleraBookzinga Foro¡Visítanos!www.bookzinga.foroactivo.mx

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