La cuestión social en la primera decada del sxxi martinetto
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La cuestión social en la primera decada del sxxi martinetto La cuestión social en la primera decada del sxxi martinetto Document Transcript

  • La cuestión social en la primera década del siglo XXI en Argentina: entre laimposibilidad y la esperanza1Alejandra Martinetto, 2008 Según lo planteado por A. Gorz, “ya no hay más crisis: se ha instalado un nuevosistema que tiende a abolir masivamente el “trabajo”. Restaura las peores formas dedominación, de servidumbre, de explotación al obligar a todos a luchar contra todos paraobtener ese “trabajo” que ha abolido”. (Gorz, A., 1998: 11). Más adelante el autor sostiene que hay que aprender a distinguir los contornos deesta sociedad diferente, detrás de las resistencias, disfunciones, los callejones sin salidade los que está hecho el presente. Es necesario que el “trabajo” pierda su centralizad enla conciencia del hombre, en su pensamiento y en su imaginación para poder mirarlo deuna nueva manera; así no se lo pensará más como aquello que tenemos o no tenemossino como lo que hacemos, y tener voluntad para apropiarse nuevamente del trabajo.Gorz hace la diferenciación entre trabajo como actividad autónoma de “transformación dela materia”, entre otros y el trabajo específico propio del capitalismo industrial: “un trabajo al que nos referimos cuando decimos que una mujer <no tiene trabajo> si consagra su tiempo a educar a sus propios hijos, y que <t iene trabajo> si consagra aunque más no sea una fracción de s u tiempo a educar a los hijos de otra persona en una guardería o en un jardín de infantes.” (Gorz, A., Ibidem: 12). El trabajo que se ha abolido por parte del capitalismo, es una construcción socialsegún A. Gorz, que implica una función socialmente identificada y normalizada en laproducción y la reproducción del todo social. Y debe ser identificable por: “las competencias socialmente definidas que pone en funcionamiento según procedimientos socialmente determinados. Un oficio o una profesión son, entonc es, la puesta en obra de competencias institucionalmente certificadas según procedimientos homologados . (Gorz, A. Ibidem: 13). Este tipo de trabajo funcionó, según el autor, durante la época fordista y delEstado de Bienestar, que generaba empleo a medida que crecía la productividad de lasempresas privadas y ésta destruía puestos de trabajo. Este estado keynesianoredistribuía una parte creciente de la riqueza que se producía prestando servicios a esosempleados asalariados. Con la desaceleración de la expansión económica las políticaskeynesianas comenzaron a presentar inconvenientes y el gasto público se hizo cada vezmás importante. Esta situación trae como consecuencia que “el capital se aleja del estado”, enpalabras del autor, dado que se tiende ahora a una mayor flexibilidad, y esa flexibilidad sela proveerá el mercado por sus características propias. Del estado de bienestar se pasa a la globalización, fenómeno cualitativamentenuevo que se hace posible a partir de la coincidencia en el tiempo de tres procesosinterdependientes con su propia lógica interna: la crisis y derrumbe del socialismo real, el1 Selección del trabajo final presentado para el Seminario de maestría: Desigualdades sociales (2004). FCS,UBA 1
  • éxito de las políticas del neoliberalismo y el desarrollo vertiginoso de las nuevastecnologías de la información y de la comunicación (NTIC). La globalización da comoresultado una nueva configuración social que es la que explica Gorz y otros autores, comola época del “fin del trabajo”, tal como lo descrito más arriba. Desde un punto de vista más cercano al desarrollo de las políticas sociales, PierreRossanvallon, hace una lectura diferente de la crisis del estado de bienestar, aunque nocontradictoria con la de Gorz. Según el autor, desde el principio de los años ochenta elcrecimiento de la desocupación y la aparición de nuevas formas de pobreza parecieronvolver el tiempo a etapas precapitalistas. (Rossanvallon, P., 1995). Este autor sostieneque aparece así, “una nueva cuestión social”, donde la exclusión no remite a lascategorías antiguas de la explotación. Para comprender el fenómeno, Rossanvallon plantea tres dimensiones “queconstituyen también tres etapas en la quiebra del Estado de Providencia”. (Rossanvallon,P., Ibidem). Las dos primeras, de orden financiero e ideológico, según el autor: “La crisis financiera s e desencadenó en los años setenta. A partir de ese período los gastos sociales, y en especial los de salud, siguieron creciendo a los ritmos anteriores de 7 a 8% por año, mientras que los ingresos sólo aumentaban de 1 a 3%”... (Rossanvallon, P., Ibidem: 8). Esta diferencia se financió con el aumento de los impuestos, que durante el estadode bienestar se habían mantenido prácticamente estables y que luego en Francia, porejemplo, pasaron del 35% al 45% del PBI entre 1975 y 1985. La crisis ideológica se da sobre todo en los años ochenta. Corresponde a la críticaque se le hace al Estado empresario en cuanto al manejo eficaz de las cuestionessociales, al convertirse en una maquinaria cada vez más burocrática que entraña unacrisis de legitimidad. (Rossanvallon, P., Ibidem). La tercera crisis que define el autor para el estado de providencia, tiene que vercon el orden filosófico. “La crisis filosófica acompaña a la nueva cuestión social. Aparecen dos problemas mayores: la desint egración de los principios organizadores de la solidaridad y el fracaso de la concepción tradicional de los derechos sociales para ofrecer un marco satisfactorio en el cual pens ar la situación de los excluidos”. (Rossanvallon, P., Ibidem: 9, 10). Por lo tanto, el Estado Providencia no puede dar respuesta a estos nuevosfenómenos con las características de su desarrollo tradicional. Rossanvallon hace unparalelo entre la crisis del Estado Bismarckniano y el Estado Providencia: salvando lasdiferencias en tiempo histórico y tipo de estado, ambos llegan a la crisis y a la necesidadde refundar el principio de solidaridad. (Rossanvallon, P., Ibidem: 45). En tanto, Robert Castel, más cercano a la visión de Rossanvallon desde laspolíticas sociales, plantea el problema desde un punto de vista histórico- políticoafirmando que en el comienzo estaban las tutelas y las coacciones que el estadoabsolutista y la organización tradicional de los gremios conspiraban para mantener. Afines del siglo XVIII llegan los poscontratos y la libertad de empresa que el principio de lagobernamentabilidad liberal elaborado por la Ilustración impone en los hechos a través de 2
  • la revolución política. De modo que los encadenamientos de los episodios servirá de basepara comprender las peripecias de la etapa siguiente. Según Castel hay que buscar en lasformas de construcción del estado social los elementos que lo han llevado en laactualidad a la situación de crisis dado que las regulaciones que otorgaban garantías entorno a la relación del trabajo son las que hoy han perdido su poder integrador 2. (Castel,R., 1997: 32) Después de haber hecho este rápido recorrido por las características principalesdel Estado de Bienestar o Providencia (como lo llama Rossanvallon), se puede volver a laidea de la nueva cuestión social, para analizarla como consecuencia de la crisis de eseEstado de Bienestar. Según Castel, durante mucho tiempo el sector asalariado acampóen los márgenes de la sociedad; después se instaló en ella, siguiendo subordinado yfinalmente se difundió hasta imponer su marca en todas partes. El autor afirma: “Pero precisamente en el momento en que parecían haberse impuesto definitivament e los atributos ligados al trabajo para caracterizar el estatuto que ubicaba y clasificab a al individuo en la sociedad, en detrimento de los otros sostenes de la identidad (como la pertenencia familiar o la inscripción en una c omunidad conc reta), precisamente en ese momento, decimos, la centralidad del trabajo ha sido brutalmente cuestionada. ¿Hemos llegado a una cuarta etapa de la historia antropológica del salariado en la que su odisea se convierte en drama?” (Castel, R., Ibidem: 389) Más adelante plantea Castel que la novedad no es solo el repliegue delcrecimiento ni el fin del empleo casi pleno, a menos que se tome a ambos como lamanifestación de la transformación del “gran integrador” que sería el trabajo. El trabajo,asegura, es más que el trabajo y por lo tanto el no- trabajo es más que el desempleo. Lacaracterística más perturbadora es por lo tanto, la reaparición de los “trabajadores sintrabajo”, que ocupan en la sociedad el lugar de supernumerarios, de “inútiles para elmundo”. (Castel, R., Ibidem: 390). Se ve claramente que desde una visión diferente enparte a la de A. Gorz, la caracterización que hace Castel de la relación entre empleo-trabajo y no empleo- no- trabajo, más que el desempleo, crea una nueva relación hombre-trabajo, que trasciende el modelo fordista de empleo. Para el autor, este es un periodo incierto de transición hacia una inevitablereestructuración de las relaciones de producción: habría que cambiar algunas costumbres2 En palabras de Castel: “En efecto, la tarea de la política social consistirá, a partir del siglo XIX, en apuntalaresta estructura demasiado frágil del lib re contrato de trabajo. La lib ertad que favorecía a las empresas erademasiado fuerte, demasiado salvaje, para quienes solo podían sufrirla. La libertad y el individualismotriunfantes llevab an consigo un rostro de sobra, “la individualidad negativa”2 de quienes se encontraban sinvínculos y sin apoyo, privados de toda protección y de todo reconocimiento. El Estado Social se construyócomo respuesta a esta situación. Creyó poder conjurar sus riesgos tejiendo sólidos sistemas de garan tías entorno a la relación de trabajo. De modo que la sucesión ordenada de estos encadenamientos, o más b ien deestas rupturas y sub recomposiciones, representa, si no la vía más corta, por lo menos la más rigurosa parallegar a la problemática contemporánea, en cuanto ésta se refiere principalmente al hecho de que talesregulaciones tejidas en torno al trab ajo han perdido su poder integrador. Desde la sociedad preindustrial hastala sociedad posindustrial se ha producido una inversión total. Antes la vulne rabilidad se originaba en el excesode coacciones, mientras que ahora aparece suscitada por el debilitamiento de las protecciones. Lo que hab ráque exponer es el conjunto de las condiciones de esa inversión. Ellas circunscriben la cuestión social en elmarco de una misma problematización que comienza a tomar forma a mediados del siglo XIV”. (Castel, R.,1997: 32) 3
  • para encontrar una configuración estable. Se trataría de una mutación completa de larelación hombre- trabajo y, en consecuencia, de la relación hombre- mundo: habría queinventar una manera totalmente distinta de habitar este mundo, o resignarse alApocalipsis. (Castel, R., Ibidem: 390). Periodo de transición que deviene después de una crisis. Y él piensa que lo que hahecho esta “crisis” fue barrer con una cierta representación del progreso, muy cara alhombre del estado de bienestar. Esta idea de progreso viene de la mano del estadosocialdemócrata, asociado a la concepción plena del Estado Social. Todo estado modernose ve más o menos “obligado” a “hacer lo social”, para paliar las disfunciones que elpropio estado capitalista genera y lograr cohesión entre los grupos sociales. Se hallandentro del mismo estado de bienestar, entonces, las contradicciones que se van a hacervisibles en la crisis. Castel lo caracteriza del siguiente modo: “En tal sentido, habría que empezar por desembarazarse de la molesta celebración de los Gloriosos Treint a. No solo porque ella pretende embellecer un periodo que, entre guerras coloniales e injusticias múltiples, incluyó numerosos episodios poco gloriosos, sino sobre todo porque, al mitificar el crecimiento, invita a atascars e en por lo menos tres características del movimiento que arrastraba ent onces a la sociedad salarial: su incompletad, la ambigüedad de algunos de sus efectos, el carácter contradictorio de otros.” (Castel, R., Ibidem: 392/3). El autor aclara más adelante cada uno de estos tres puntos. Para el primero: sucarácter inacabado, plantea que con los años de pérdida de crecimiento, elendeudamiento podía hacer caer a estado de precariedad a muchos asalariados. “Pero yaantes de este momento eran virtualmente vulnerables: su destino estaba concretamenteligado a un progreso del que ellos no controlaban ninguno de los parámetros”. (Castel,R., Ibidem: 395). En cuanto al punto de la ambigüedad, el autor afirma que el desplieguede protecciones tuvo ciertos efectos perversos, que generó un malestar que estalló, porejemplo, en el mayo del 68‟ francés. “A partir de ese movimient o nace una sociología crítica vigorosa en torno a t res temáticas principales: evidenciar la reproducción de las desigualdades, sobre todo en los ámbitos de la educación y la cultura; denunciar la perpetuación de la injusticia soci al y la explotación de la fuerza de trabajo; rec hazar el tratamiento reservado de ciertas categorías de la población (presos, enfermos mentales, indigentes...) como indigno de una sociedad demócrata”. (Castel, R., Ibidem: 397). El tercer punto que destaca Castel tiene que ver con una contradicción másprofunda que el percibe en el funcionamiento del Estado social de los años decrecimiento. El funcionamiento de los servicios públicos es bien conocido como“burocrático” o “tecnocrático”, pero, según el autor, ha sido menos advertido su correlatoparadójico, a saber: “que este funcionamiento produce al mismo tiempo efectosindividualizantes temibles. Los beneficiarios de los servicios quedan en un mismomovimiento homogeneizados, enmarcados por categorías jurídico- administrativas, yprivados de su pertenencia concreta a colectivos reales”. (Castel, R., Ibidem: 398). De tal manera que la llamada “crisis” deviene del mismo desarrollo del estadosocial, según lo descrito por Castel. A los ojos de Gorz, en cambio, es muy fuerte el 4
  • componente de desarrollo económico del capitalismo y su relación con el Estado. Cuandocambia la relación de los capitalistas con el Estado para dar cabida al nuevo estadoneoliberal, se destruyen los puestos de trabajo, se flexibiliza al máximo la relación paraque el mercado pueda regir. Contraponiéndose a Rifkin 3 que pregoniza el “fin del trabajo”,el autor hace una salvedad en los usos de la palabra 4 para poder recuperar, según suvisión el “verdadero trabajo” (Gorz, A. Ibidem. 12) Por la homologación de las competencias, de los procedimientos y de lasnecesidades que implica, el “trabajo” es un poderoso medio de socialización, denormalización, de estandarización, que reprime o limita la invención, al creación laautodeterminación individuales o colectivas de normas, de necesidades y decompetencias nuevas. La facilidad con el neoliberalismo se impuso a partir de fines de losaños setenta encuentra una de sus causas en esto: el rechazo cada vez más extendido,aún para la clase obrera, de la normalización propia del fordismo y de la “dictadura sobrelas necesidades”, propia de la burocratización propia del estado de bienestar: los“ciudadanos” se habían convertido en “administrados”; se ve la dominación del aparatodel Estado sobre los ciudadanos, transformados en “clientes” de éste. (Gorz, A. Ibidem.14). Gorz retoma la pregunta que se hace Lester Thurow: ¿Cómo puede funcionar elcapitalismo cuando el capital más importante, el capital saber, no tiene más propietario? 5.Según el autor, el Capitalismo ofrece dos respuestas por el momento: La primera: la “empresa individual” en la cual el “hombre” se trata a si mismo comocapital y se valoriza a si mismo en tanto que tal. Retoma la idea de Rifkin de los elite ofKnowledge workers, que componen una fracción del 4% de norteamericanos activos queganan entre ellos tanto como la mitad (51%) de la totalidad de los salarios. Estospersonajes crearán un mundo a su medida y se retirarán cada vez más de las zonascomunes de actividad. La segunda respuesta es la propuesta por las grandes compañías: tomanposesión del “capital humano”, restableciendo relaciones precapitalistas, casi feudales, devasallaje y de pertenencia. (Gorz, A. Ibidem. 16). Estos dos ejes y su relación con la idea de trabajo propuesta por estos autores,son los que retomaré luego para el análisis del perfil de los estudiantes universitarios.3 Gorz se refiere en este apartado al libro de Jeremy Rifkin (1999): El fin del Trabajo. Nuevas tecnologíascontra puestos de trabajo: el nacimiento de una nueva era. Buenos Aires, Paidos.4 Queriendo negar el “fin del trabajo” en nombre de su necesidad y de su permanencia en el sentidoantropológico o filosófico, demostramos lo contrario de lo que querríamos demostrar: precisamente en lasrealidades virtualizadas de la economía de lo inmaterial. Si deseamos salvar y perpetuar ese “verdaderotrabajo” es urgente reconocer que el verdadero trabajo no está más en el “trabajo”: el trabajo, en sentido depoiesis, que se hace, (o no está más que de manera cada vez más rara) en el “trabajo” en sentido social, quetenemos. No demostraremos la perennidad necesaria de la “sociedad del trabajo” invocando su carácterantropológicamente necesario. Por el contrario: es preciso que salgamos del “trabajo” y de la “so ciedad deltrabajo” para volver a encontrar el gusto y la posibilidad del trabajo “verdadero”. A su manera, que no es lamía, Rifkin no dice otra cosa: dice que el “trabajo” cuyo fin anuncia deb erá ser reemplazado por actividadesque tengan otras características.”. (Gorz, A. Ibidem. 12)5 Lester Thurow: (citado por André Gorz): The Future of Capitalism . William Morrow, New York, 1995 5
  • Cómo se vive esta nueva cuestión social en Argentina Hasta acá se han citado autores europeos que responden a una realidad que sibien es muy diferente de la de América Latina, tiene componentes que sirven para elanálisis regional. De todas maneras, resulta importante poder contar con el aporte deautores locales que brindan elementos para analizar las particularidades de la región y enespecial de Argentina. Dentro del marco regional, Argentina se podría considerar como uno de los casosmás exitosos por el alcance y rapidez de los cambios hacia el modelo neoliberal. (LoVuolo, 1998). El indicador más notable de este fenómeno es que la economía pasó de unproceso hiperinflacionario en 1989-90, a una tasa de inflación casi nula en los años 93-98. Pero este indicador constituye solamente el dato más conocido de un proceso deprofunda transformación de los principios de organización social que podr ía ser uno de losmás llamativos de América Latina y del mundo. Algunos de estos cambios los constituyen,para Lo Vuolo, los siguientes: la privatización de prácticamente todas las empresaspúblicas que prestaban servicios de uso económico masivo (teléfonos, gas, electricidad,agua, transporte, siderúrgicos); promoción y apertura al libre movimiento de capitales;reducción abrupta de aranceles a la importación y remoción de la mayoría de las barrerasno tarifarias, con lo cual la economía se abrió totalmente al comercio exterior, al tiempoque avanzó en la conformación de un acuerdo comercial de preferencias con paísesvecinos (Mercosur); desde comienzos de 1991 se implementa la Ley de Convertibilidadentre la moneda local y el dólar, ligándose la oferta monetaria con una cobertura casiplena de las reservas del Banco Central y cierta proporción de los títulos en monedaextranjera emitidos por el gobierno; fuerte cambio de precios relativos a favor de bienes yservicios comercializables; re- programación de la deuda externa comprometiéndose alcumplimiento estricto de pagos en el contexto del Plan Brady, junto con nuevoendeudamiento que aumentó a más del doble el monto de comienzos de la década del‟80; cambios profundos en la legislación laboral, reduciendo la estabilidad en el puesto detrabajo, incorporando figuras de empleo por tiempo parcial y limitado (promocionadasfiscalmente), bajando los costos de contratación y despido, aliviando lasresponsabilidades del empleador frente a accidentes laborales y quiebras de empresas. Todas las políticas sociales se vieron afectadas por la promoción e imposición detransformaciones en sus formas de funcionamiento, degradación de sus fuentes definanciamiento, cambios en la administración, en el régimen de acceso y el tipo debeneficios. (Lo Vuolo, ídem.). Según el autor: “Estos cambios y otros no detallados, son los que modifican profundamente el régimen de Estado de Bienestar que Argentina tuvo vigente por casi cuatro décadas, con las particularidades propias de los arreglos institucionales que tuvieron lugar en ese lapso. Desde la óptica de Pierson (1995), Argentina durante las presidencias de Carlos S. Menem (1989-1999), sería el caso latinoamericano más afín con las “revoluciones neoconservadoras” anglosajonas (Retrechment del EB de Reagan y Tatcher en USA e Inglaterra respectivamente). (Lo Vuolo, íbidem.) Se da como un ejemplo de desmantelamiento extremo: 6
  • - En uno de los EB más desarrollados de América Latina. - A diferencia del paradigmático caso chileno, se corresponde con un ambiente de plena vigencia de las instituciones formales, típicas de la democracia liberal. - Las políticas de retracción son aplicadas por una coalición de poder conducida por el mismo partido político y gran parte de las fuerz as políticas y sociales respons ables del desarrollo del tradicional EB. (Lo Vuolo, íbidem.) También resulta imprescindible aclarar que la aplicación de políticas neoliberalespor parte del Estado argentino no comienzan con los gobiernos de Menem, sino que tienesu origen en la última dictadura militar, durante la cual se implementó, una vez más, lapolítica del libre marcado, logrando una invasión de productos importados, en detrimentode la industria nacional, a la vez que se realizaba la primera transferencia de servicios alas provincias (sobre todo en los sectores salud y educación) sin la correspondientetransferencia de presupuesto para gestionarlos. Este modelo, implementado por Martinezde Hoz, siguió vigente en la década siguiente y se profundizó al constituirse un gobiernoneoconservador (Carlos Menem) en alianza con grupos económicos dominantes en elpaís llevando a cabo una política económica neoliberal, de acuerdo a las consignas quelos organismos internacionales de crédito aconsejaban para nuestro país. Es importante resaltar la importancia del manejo de los recursos simbólicos sin loscuales este plan no habría tenido éxito, ya que el gobierno logró generar un consensogeneral que amparó el proceso de profunda reforma sin presentar demasiadas críticas oconflictos hasta el año 1997 6. Dentro del marco de las formas en que se impuso la retracción del Estado deBienestar y a los fines de este trabajo, resulta interesante analizar los datos referidos almercado de trabajo, distribución del ingreso y pobreza, para focalizar en un punto que esde por si, central en los análisis de este periodo. Durante los años ‟80, el desempleo abierto7 en Argentina pasó del 2,6% al 7,5% yel subempleo horario (visible) cambió en el mismo orden (ver cuadro 3 en el Anexo I). Latasa de actividad aumentaba muy poco. Desde un punto de vista macro- económico estose explicaría principalmente por la recesión, el PBI a precios del mercado de 1990 fue deun 9% inferior al de 1980 y un 20% menor si se lo mide por habitante. La diferencia con el comportamiento en la década del ‟90 es muy grande. En elciclo expansivo de la economía de 1990 a 1994, el PBI creció casi un 35%, pero elnúmero de ocupados solo aumentó entre un 6 y un 7%, y el empleo “pleno” (no contando6 Con respecto a este punto, se pueden recordar los aportes que I. Wallerstein realizó al caracterizar elcapitalismo histórico, en el cual la acumulación de capital ha supuesto siempre una tendencia generalizada ycreciente hacia la mercantilización de todas las cosas. Por lo tanto, la expansión y generalización del universomercantil impacta no sólo en la realidad de las “cos as materiales” sino también en la materialidad de laconciencia. (Gentili, 1997). De esta manera, los sujetos en la medida que introyectan el valor mercantil y lasrelaciones mercantiles como patrón dominante de interpretación de los mundos posibles, aceptan el mercadocomo aquel ámbito en el cual “naturalmente” los individuos pueden desarrollarse como personas humanas(Gentili, ídem).7 Los datos consignados en el presente trabajo se basan en las informaciones de Lo Vuolo: Op. Cit. y deMonza, A. (2002). Se pueden ver los cuadros con los datos en el Anexo I. 7
  • los subocupados)8 creció un 1,5% anual. Este aumento inicial corresponde al aumento detrabajo cuentapropista, ya que el trabajo asalariado se estancó. A partir de 1992 cayó elempleo de tiempo completo, lo que hace que parte del incremento observado al principio,se deba explicar por el aumento de la subocupación horaria. (Lo Vuolo, ídem.) Laocupación total dejó de crecer a mediados de 1993, y comenzó a reducirse fuertementedesde mediados de 1994 para llegar a un punto de estancamiento en 1995, según lo quesostienen Beccaria y López en un trabajo de 1996 9. Para comprender el crecimiento de la tasa de actividad en la década del ‟90, esnecesario observar los fenómenos de los distintos grupos que conforman la PEA(población económicamente activa) 10. La tendencia ascendente del grupo “mujerescentrales” (entre 25 y 59 años), responde en parte a cambios previsibles en los arreglosfamiliares (Pautassi, 1995)11 y a la búsqueda de independencia económica, aunque elmotivo más importante es el deterioro de las condiciones de trabajo del “jefe de familia”,que obliga a salir al mercado a la fuerza de trabajo secundaria. Otros problemas delmercado de trabajo en Argentina son, según Beccaria y López: caída de la ocupación totaldesde 1993-1994; crecimiento del trabajo informal; caída de ocupaciones de tiempocompleto; aumento del empleo en comercios y servicios, junto con caída en la industriamanufacturera; creciente peso relativo de trabajadores con mayor educación y abandonodel sistema educativo cada vez más tempranamente; incremento de la durac ión media dela desocupación; aumento de la tasa de desocupación de los jefes de hogar; aumento delas horas trabajadas por los empleados “plenos” y aumento del llamado “riesgo dedesempleo”. Siguiendo a los mismos autores, las explicaciones de la nueva situación delmercado de trabajo argentino deberían buscarse en una compleja combinación defenómenos que incluyen: el particular proceso de transformación productiva que derivó enexpulsión de planteles por aceleración de la productividad, e incorporación de tecnologíasdominantes intensivas en el uso del capital; abrupta apertura externa, sin apoyos a lareconversión, con expulsiones de empresas del mercado; programas de retiro de empleopúblico (incluyendo los ajustes en las empresas privatizadas); cambios de preciosrelativos y en las tasas de rentabilidad entre actividades; las políticas de desregulación delmercado de trabajo y la propia estrategia seguida por el gobierno para “promover” elempleo; el deterioro de los beneficios de las políticas sociales; mayor inestabilidad en elpuesto de trabajo y en los ingresos. Dentro de este esquema es importante resaltar elpapel de la precarización laboral. Al respecto, Ferrari y López plantean que l a idea deprecariedad queda, según algunos autores, englobando situaciones muy cercanas a lasreferidas por conceptos de sector informal, subocupación y pobreza (Ferrari, A. y López,N., 1993). Esta fue una vía muy esclarecedora por la conexión importante que existe entre8 Ver Cuadro 3 del Anexo I9 Citado Lo Vuolo, R. (1998)10 Ver cuadro 2 del Anexo I11 Citado Lo Vuolo, R. (1998) 8
  • la no registración y la presencia de situaciones atípicas en las condiciones de trabajo. Detodas maneras, los autores remarcan que este abordaje tiene sus limitaciones para captarlas expresiones de la precariedad, dado que hay trabajadores que se consideranprecarios por las características de su contrato, a pesar de estar debidamente registrados.(Ferrari y López, Ibidem). Otro aspecto a tener en cuenta es el comportamiento de las remuneraciones altrabajo y su impacto sobre la distribución del ingreso, al analizar los cambios. En unprincipio, el Plan de Convertibilidad permitió una recuperación respecto de los pisos realesde los trabajadores durante la hiperinflación, pero la tasa de crecimiento deremuneraciones se desaceleró en 1993 y cambió a negativa a partir de mediados de1994. Desde ese momento y por lo menos hasta 1996 los salarios reales promedio de laeconomía y el sector industrial se estacionaron en un valor un 25% menor al de 1986(Monza, A., 2002). Los comportamientos del mercado de trabajo se reflejaron en la distribución delingreso. Entre 1980 y 1991, y dada la hiperinflación, la participación en el ingreso del 40%más pobre de los preceptores del Gran Buenos Aires cae del 17,1% al 14,1% mientrasque la del 10% más rico crece del 28,7% al 35,9%. Ya en el Plan de Convertibilidad 12, ycon el efecto conjunto del fuerte crecimiento del ingreso global y la estabilización del valorde la moneda, aumentó el valor absoluto del ingreso de todos los estratos. Pero alanalizar esta información se aprecia que el crecimiento fue desigual: entre los meses deoctubre de 1991 y 1994, el ingreso familiar per cápita real del décimo más pobre soloregistra un 5,3% de crecimiento, mientras que el décimo más rico llega al 13,7%.(Barbeito y Rodríguez, E., 1995)13. Por lo tanto, a mediados de los „90 se observan índices casi tan regresivos comola hiperinflación; en 1994-1995, los cuatro décimos más bajos de la distribuciónmostraban una participación menor que la que tenían en 1991 14. La cuestión es que eneste periodo no se debe al aumento acelerado de los precios como ocurrió durante lahiperinflación, sino que está ligado a un proceso de proceso de reestructuración delmercado laboral, que muestra nuevos factores estructurales de inserción de las personasen dicho mercado. Paralelamente a este proceso, se produjo un aumento en el número de hogarescon ingresos inferiores al valor de la línea de pobreza. A partir de del piso del 13% de1993, este valor comienza a crecer nuevamente 15. Pero no sólo es importante verificareste dato sino observar los cambios en su estructura, en los procesos de reproducción yen los modos en que la pobreza afecta la estructura social en su conjunto. El cambio más importante que se puede observar en esos años y que continúadándose en la actualidad, es el aumento de lo que Castel llama zonas de “desafiliación12 Ver cuadro 1 del Anexo I13 Citado Lo Vuolo, R. (1998)14 Ver cuadro 1 del Anexo I15 Ver cuadro 1 del Anexo I 9
  • social” y de “vulnerabilidad” (Castel, 1997). Según el autor, existe una sólida correlaciónentre el espacio ocupado por la división del trabajo y la participación en las redes socialesy los sistemas de asistencia social que “protegen” al individuo frente a los riesgos de laexistencia. De allí la posibilidad de construir lo que el autor llama metafóricamente las“zonas” de cohesión social. La asociación trabajo estable- inserción relacional sólidacaracteriza una zona de integración. Por el contrario, la ausencia de participación en todaactividad productiva y el aislamiento relacional conjugan sus efectos negativos paraproducir la exclusión, o más bien la desafiliación. Mientras tanto, la vulnerabilidad sociales una zona intermedia, inestable, que conjuga la precariedad del trabajo con la fragilidadde los apoyos de proximidad. (Castel, 1997)Análisis del perfil de los estudiantes universitarios: Si tomamos en cuenta las afirmaciones de Daniel Filmus respecto de la mayorprobabilidad de conseguir empleo a mayor nivel educativo alcanzado (Filmus, D., 1998),resulta importante analizar el perfil de los estudiantes universitarios para verificar quesectores sociales son los que pueden permanecer en ese nivel y lograr un título de gradoque los habilite a conseguir un mejor trabajo. La finalidad de esta sección es, por lo tanto,ilustrar la situación social actual de Argentina a través del ejemplo del acceso a laeducación universitaria. Para ésto, se tratarán de encontrar los patrones de nivel deingreso, nivel de instrucción propia y de los padres y acceso a las nuevas tecnologías delos estudiantes de la UBA para determinar la pertenencia a distintos grupos sociales porparte de los alumnos, teniendo en cuenta los métodos de medición de pobreza paraverificar la composición del alumnado. Una vez definidos sintéticamente los métodos más utilizados para medir lapobreza, con las limitaciones del caso, es importante mostrar la situación económico-social de Argentina entre los años 1996 y 2000, para pasar luego a realizar el análisis delos datos censales de la UBA. Como ya se mencionó más arriba, este periodocorresponde a un ciclo de crecimiento económico (hasta 1998) con aumento de ladesigualdad social verificada a través del aumento de la brecha de ingresos para losquintiles 1º y 5º de ingresos 16 (o sea el grupo de menor nivel de ingresos contra el grupode mayor nivel de ingresos). A partir de 1998 se comienza a dar una desaceleración en elcrecimiento hasta llegar a un estancamiento y baja del mismo en éste periodo hasta el2002 por lo menos. Según los datos publicados por el INDEC (cuadro 1 del Anexo I), entre los años1996 y 2000 no hubo un gran aumento de la brecha de pobreza en GBA, ya que desdeoctubre de ‟94 hasta mayo de ‟95 sube casi un 4%, para dar un nuevo salto importanteentre mayo de 2001 y mayo de 2002 en que pasa del 42% al 53,4%, aumentando en másdel 10%. Es importante tener en cuenta este dato ya que se relaciona directamente con el16 Ver Cuadro 1 del Anexo I 10
  • aumento de la exclusión social, que alcanza a más de la mitad de la población, generandosituaciones sociales inéditas para nuestro país. En cuanto a los niveles de ocupación generales, el nivel de desocupación deoctubre de 1996 era del 17,3%, uno de los valores históricos más altos de la tasa17. Paraoctubre de 2000 se había logrado una baja, ubicándose en un 14,7% de desocupados.,aunque el valor seguía siendo muy alto. Si se toma la subocupación horaria (de aquellosque demandan por más horas de trabajo), en octubre de 1996 había un 8,5% de lapoblación en esa situación 18. Sumando este indicador al de desocupados, da un total de25,8% de la PEA con problemas de ocupación (desocupado o subocupado). En cuanto alos valores de octubre de 2000, la subocupación demandante era de 9,3% de la PEA, quesumado al valor de desocupados, da un total de 24% de la PEA con problemas deocupación. Se confirma así lo explicitado más arriba acerca de la situación económico-social que se vivía en esta etapa: crecimiento económico, aumento de los niveles dedesocupación y de la brecha de pobreza. En cuanto a los niveles de instrucción generales, a partir de los datos ofrecidos porel INDEC y tomados del Censo 1991, se puede observar que para el total del país, losvalores de 1991 19 dan un porcentaje del 51,29% para aquellas personas mayores de 15años con primario completo o incompleto, un 30,71% con secundario completo oincompleto y un 13,58% con nivel terciario- universitario completo o incompleto. Para el Censo del 200120, los datos son los siguientes: para la población mayo del15 años, el nivel máximo alcanzado a esa fecha era de: un 42,19% con primario completoo incompleto; un 37,13% con secundario completo o incompleto y un 6,73% con nivelterciario no universitario completo o incompleto. Para el nivel universitario, sumaba un12,52% de la población con el nivel completo o incompleto. Se observa una baja en elnivel primario pero se deben tener en cuenta los posibles errores por la toma del censo2001 que trajo aparejado un conflicto entre el entonces gobierno de Fernando De la Rúa ylos docentes que se negaron a participar del proyecto del censo. En el nivel medio hay unpequeño aumento de población mientras que en el nivel terciario, como en 1991 no sediferenciaba no universitario de universitario, se puede generalizar que hubo aumento departicipación de la población en ese nivel educativo, sumando un 19,25% en los datos de2001.A modo de cierre: ¿Hay una nueva cuestión social en Argentina? Volviendo ahora a la cuestión social que introdujera al principio del trabajo, ¿cuáles la relación que veo entre el nivel de estudios alcanzado, el cambio de rol del Estado, elcambio en las políticas sociales, sobre todo la educación y la recomposición del tejidosocial?17 Ver Cuadro 3 del Anexo I18 Ver Cuadro 3 del Anexo I19 Ver Cuadro 7 del Anexo I20 Ver Cuadro 9 del Anexo I 11
  • Se puede coincidir con Gorz en cuanto a la cuestión del fin del trabajo tomando losniveles de desempleo, subempleo pobreza y exclusión que se manejan en la actualidadpara nuestro país. También se verifica lo planteado por Castel en cuanto al tema de ladesafiliación si analizamos los niveles de exclusión social que generan situaciones nuevaspara gran cantidad de grupos sociales que se ven alejados de los beneficios no solosociales ligados a la condición de asalariado, sino también de compartir los mismosespacios que la población “incluida”. Dentro de los servicios a los que no pueden accederse encuentra la educación ya que aunque sigue existiendo la escuela pública se da hoyun proceso de fragmentación tan grande en el sector, que las escuelas que normalmenteatienden a la población más afectada por la pobreza, son aquellas más desprotegidas,con más problemas edilicios y con maestros peor preparados que no pueden darrespuesta a las necesidades de la población, sumado a que la escuela se ha convertidoen un espacio de atención social donde lo más importante es que los alumnos puedanacceder a un plato de comida. En cuanto a los otros niveles educativos, generalmente lapoblación excluida no accede a la escuela media ni a la universidad, o ingresa peroabandona los estudios en los primeros años. Tomando el análisis de Wacquant para ilustrar la situación, creo que las políticasllevadas a cabo por el estado en materia educativa en los últimos 25 años, han fomentadosituaciones que hoy parecen producto solamente del aumento de los niveles de pobreza.Esto no es así; o por lo menos la situación actual no se desenlaza solamente por elaumento de la pobreza. Hay otros factores que determinan profundos cambios en lacomposición social y, sobre todo, en la relación de los diferentes grupos sociales entre si. Según los datos obtenidos en el breve ejemplo de los estudiantes de la UBA se veque es muy probable que haya pocos alumnos pertenecientes a grupos socialesexcluidos. Se advertía un nivel posible de desocupación menor al 16% para los padres delos estudiantes, pero la situación podría ser subsanada por los ingresos de los propiosalumnos o de sus madres. Por otra parte hay un 3,5% de becados en 1996 y el valor subelevemente a un 4,5% en 2000, lo cual no es representativo para los valores totales. Apartir de estos datos se puede pensar que es muy probable que en general estos alumnospertenezcan a grupos sociales llamados “integrados”. Pero hay una cuestión importante a tener en cuenta que es el nivel devulnerabilidad de estos sectores que dependen del salario para poder mantener el statussocial alcanzado. Para el año 1996, tomando los indicadores desde obreros sincalificación hasta los profesionales universitarios (todos los grupos que dependerían engeneral de un salario) constituyen casi el 52% de los estudiantes; para la categoría padresel valor ascendía al 66% y para la categoría madres era del 44%. Los valores para el año2000 de los estudiantes que trabajaban, el 85% dependía de un salario mientras que paralas categorías padre y madre los valores se mantienen. Podemos concluir por lo tanto,que más de la mitad de los estudiantes pertenecerían a sectores que viven de susingresos mensuales (aunque el valor del ingreso sea variable). 12
  • El concepto de vulnerabilidad ha sido trabajado por varios autores; por ejemplo,Rossanvallon y Fitoussi en su trabajo de 1997 lo definen como la sensación deinseguridad de los sectores medios de perder su trabajo y en consecuencia los niveles devida alcanzados. Queda fuera de la finalidad del presente trabajo indagar en lassensaciones de los estudiantes y sus familias respecto de la ins eguridad social, pero sinos basamos en las encuestas que existen sobre el tema, sabemos que más de la mitadde la población de GBA pone en primer lugar el tema de inseguridad, teniendo en cuentaque a la inseguridad por la vulnerabilidad en su posición social se suma la inseguridad porhechos de violencia relacionados con robos, secuestros, etc. Si tomamos ahora lo que plantea Castel, encontramos también elementos quesirven para el análisis de los sectores que estamos describiendo. El autor plantea que laclase obrera industrial había sido integrada durante los años de crecimiento junto con lacategoría de empleados, sobre todo los menos calificados, jóvenes de origen popular queantes habrían pasado sin problemas del aprendizaje o del fin de la escolaridad al empleoestable, etc. (Castel, R.: 2003) Incluso más allá del desempleo masivo que existe hoy endía, el autor señala un concepto importante que es la descalificación masiva que afectaespecialmente a los sectores populares. Por ejemplo, con la desindustrialización masiva,diplomas como el certificado de aptitud profesional o el certificado de enseñanza industrial(correspondientes a los certificados de la escuela media técnica en Argentina), que anteseran herramientas seguras de integración en el mundo del trabajo, se devaluaronconsiderablemente. Según plantea Castel, en el mejor de los casos estos gruposconstituirán los peones de una economía mundializada. En el peor de los casos,devenidos “inempleables”, sus miembros podrían ser condenados a sobrevivir en losintersticios de un universo social recompuesto sólo a partir de las exigencias de laeficiencia y del rendimiento. (Castel, R.: 2003) Se puede decir, por lo tanto, que este grupo está “integrado”, pero a la vez,seguramente, parte del mismo pertenece a los sectores “vulnerables”, que hoy tienenocupación pero que no saben que podría pasar mañana. En este punto es importante,entonces, volver al concepto de “trabajo” tal como lo planteaban Gorz o Castel y quetomamos al principio del análisis. Si la propuesta en pensar en un trabajo que se relacionecon el desarrollo integral del ciudadano, necesitamos elaborar salidas alternativas a lasituación de desocupación, pobreza y exclusión actual en Argentina, para poder pensaren una recomposición de la fragmentación social a través del desarrollo de los niveleseducativos y la elaboración de nuevas relaciones de trabajo que integren a los sectoresexcluidos. 13