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Autoestima

  1. 1. Autoestima es la conciencia de ser aptos para la vida y lo que vivir implica. Autoestima es lo mismo que autoeficacia, la capacidad para pensar y afrontar los desafíos que la vida nos va presentando. Autoestima es lo mismo que autodignidad, la confianza en nuestro derecho a ser felices, el sentimiento de ser dignos, de merecer, de tener derecho a afirmar nuestras necesidades y a gozar del fruto de nuestros esfuerzos. Autoeficacia y autodignidad. Es decir, poder experimentar que somos competentes para afrontar los desafíos de la vida y tener la conciencia de que somos merecedores de felicidad. Es tener la percepción de nosotros mismos como personas para quienes el logro, el éxito, el respeto, la amistad y el amor son apropiados y consecuencia de nuestra capacidad para resolver todas las situaciones que se nos presentan a lo largo de los años. Autoestima es el derecho a ser tratado con respeto, a tener mis propios sentimientos y a poder expresarlos líbremente, es el derecho a ser escuhado, a expresar mis opiniones. Autoestima es poder tomar decisiones sobre mi vida, es poder pedir lo que quiero y lo que necesito, sabiendo que los demás también tienen el derecho a decir que no. Autoestima es que se acepte la posibilidad de cometer errores y que se me permita aprender de ellos. Autoestima es estar orgulloso de mi propio cuerpo, aceptarlo y cuidarlo. Autoestima es la posibilidad de tener intimidad con uno mismo. Autoestima
  2. 2. <ul><li>El punto clave para tener autoestima es desarrollar la capacidad de responsabilizarse de los sentimientos, pensamientos, deseos, aptitudes, intereses y conductas propios y respetar los de los demás. En la autoestima influyen creencias y sentimientos aprendidos a lo largo de los años. La autoestima es un estado mental interno, pero no es un estado rígido e inamovible, lo creamos a través de la experiencia y podemos modificarlo a través de la experiencia. La autoestima se pierde por aprendizaje (ningún bebé nace sin autoestima) y se recupera también por aprendizaje. Nuestra autoestima repercute en toda nuestra vida, en lo que hacemos y en lo que logramos. Perdemos la autoestima a través de experiencias negativas, críticas recibidas de personas con influencia (padres, profesores, compañeros), como consecuencia de fracasos o como resultado de hábitos de autodesvalorización. El primer paso para recuperar la autoestima es ser conscientes de que el concepto que tenemos de nosotros mismos no concuerda con la realidad. El segundo paso es tomar la decisión de cambiar. El tercer paso es empezar a actuar.  </li></ul>
  3. 3. <ul><li>En el mundo actual se valora el hecho de &quot;ser auténtico&quot;. Como el tomate enlatado o el zumo de naranja, el ser humano tiene que ser también &quot;auténtico&quot;. Decimos &quot;sé tú mismo, no te escondas detrás de una máscara, saca tu verdadero yo&quot;, dando a entender que detrás de cada persona hay un ser completamente definido, estático y maduro, el verdadero, el auténtico, y que lo que mostramos a los demás no son mas que caricaturas de nosotros mismos. Considerar, desde mi punto de vista, que en mi existe una persona perfecta, acabada, completamente madura, real, verdadera, auténtica, es completamente engañoso y falso. Ser persona supone convertirse en persona, hacerse persona, existir en proceso. Es un proceso permanentemente inacabado. Es un proceso dinámico. Hoy no soy la misma persona que ayer. He aprendido de los errores, he descubierto verdaderas joyas en mi interior y en el interior de las personas a las que amo, he sufrido, he gozado, he tenido miedo y he sabido superar dificultades. Soy diferente. Y en cada momento he sido auténtico. Ese soy yo. Hacerse persona es luchar por adaptarnos a los cambios. Lo estático, lo fijo, lo estable, es muerte. Mi rostro ha cambiado, y han cambiado mis manos y mi voz. No soy el mismo que antes. Pero siempre he sido yo. Y ahora sigo siéndolo. Buscamos el amor, el ser correspondidos, el ser aceptados. No podemos admitir la indiferencia y hacemos cualquier cosa por ser valorados por los demás. Incluso estamos dispuestos a mentir sobre nosotros mismos con tal de que alguien nos quiera. &quot;Temo decirte quién soy, porque si yo te digo quién soy, puede que no te guste cómo soy, y eso es todo lo que tengo&quot;. Estamos dispuestos a ser unos impostores de nosotros mismos con tal de ser aceptados. Fíjate en los adolescentes, son capaces de cualquier cosa, incluso de renunciar a su dignidad, con tal de ser aceptados por su grupo de iguales. Pero incluso cuando nos ponemos máscaras, cuando interpretamos personajes inexistentes o cuando jugamos juegos de poder, seguimos siendo nosotros mismos, los auténticos, los verdaderos. Las máscaras pueden engañar, pero no cambian nuestra identidad. El problema está en que llegamos a creernos nuestras propias mentiras o las mentiras que algunas personas nos dicen sobre nosotros, y perdemos todo sentido de la identidad y de la integridad. Llega un momento en que nos es difícil distinguir entre lo que realmente somos, dentro de ese proceso de desarrollo continuo, y lo que pretendemos aparentar. Y esa es la base sobre la que perdemos la autoestima. </li></ul>
  4. 4. <ul><li>Numerosas personas tienen sentimientos de inseguridad, inutilidad, culpa y miedo, dudas sobre sus capacidades y de estar equivocados como personas. Creen que no tienen derecho a la felicidad ni posibilidades de desarrollarse como personas. Pero la autoestima no es un todo o un nada. La autoestima es cuestión de grados. Yo no conozco a nadie que no tenga un mínimo de autoestima, una base sobre la que crear el inicio de una autoestima alta. Puedo sentirme amado por mi familia y, sin embargo, tener una baja autoestima. Puedo ser muy competente en mi trabajo y ser apreciado profesionalmente y tener, sin embargo, una autoestima baja. Puedo tener éxito en el amor o en los negocios y tener, sin embargo, una autoestima por los suelos. Porque la autoestima no tiene nada que ver con la realidad, sino con la autoconciencia sobre mi mismo. Mi vida puede ser magnífica en todos los aspectos y aún así considerarme desgraciado. Porque si la autoestima es tener la conciencia de ser apto para la vida, de tener la capacidad para enfrentarme a todos los desafíos de la vida, de saber que puedo confiar en mi mismo, nadie puede generar esa experiencia, excepto yo mismo. La autoestima no la crea el aplauso de los demás, ni ser buena o mala persona, ni tener muchas capacidades, ni ganar mucho o poco dinero. La autoestima no está fuera de nosotros, no es posible generar una autoestima alta esperando que sean los demás quienes nos la proporcionen. La autoestima no es competitiva, no es comparable con cosas exteriores. La autoestima es un estado de conciencia interno. </li></ul>
  5. 5. <ul><li>La autoestima no depende de los demás, sino de la conciencia que tienes sobre ti mismo. Es decir, la autoestima depende del conocimiento que tengas sobre ti. Este conocimiento abarca los sentimientos, los deseos, los pensamientos y las aptitudes que tienes ante ti mismo y ante la vida; abarca el aprender a no rechazar tu propia experiencia; abarca el no mantener contigo mismo una relación basada en la rivalidad; abarca la autoexpresión en la acción, es decir, la autoafirmación. Vivir con autoestima es lo mismo que vivir conscientemente. Vivir conscientemente es la base de la autoconfianza y del autorespeto. Los seres humanos utilizamos la inteligencia de manera automática. No ocurre lo mismo con la conciencia. La conciencia es una elección, una decisión que tomamos en cada momento de nuestra vida. Decidimos ver o estar a oscuras, decidimos ampliar nuestra conciencia o reducirla, decidimos vivir conscientemente o vivir inconscientemente. Decidimos conocer o vivir en el desconocimiento. Decidimos ser leales a la verdad o vivir en la mentira. Decidimos ser independientes o vivir en la dependencia. Decidimos asumir riesgos o vivir en la comodidad. Decidimos ser honestos o vivir deshonestamente. Decidimos estar en la plenitud del presente o vivir en un mundo de fantasías. Decidimos aprender de nuestros errores o vivir en el fracaso. Se trata de pequeñas decisiones que vamos tomando constantemente, minuto a minuto, a lo largo de nuestra existencia. La autoestima es el grado de reputación que conseguimos sobre nosotros mismos, independientemente de la idea que los demás puedan tener sobre nosotros. Puedo engañar a los demás, pero es más difícil engañarme a mi mismo. Minuto a minuto decido sobre la conciencia de mi mismo, y minuto a minuto voy creando una idea que va arraigando sobre mi identidad. Vivir conscientemente significa tener conciencia de todo lo que me afecta, mis conductas y mis acciones, mis sentimientos y emociones, mis valores y metas. Vivir conscientemente es saber que lo que hago es consecuencia de mis decisiones y que me hago responsable de sus consecuencias. </li></ul>
  6. 6. <ul><li>La base sobre la que se sustenta la autoestima es la conciencia sobre uno mismo. Quiero incidir sobre qué significa vivir conscientemente. La parte más importante de vivir conscientemente radica en tener libertad de pensamiento. Tener libertad de pensamiento es pensar de forma independiente de lo que los demás puedan pensar. Muchas personas creen que piensan, pero lo único que hacen es repetir las opiniones ajenas. Tener libertad de pensamiento es tener opiniones propias sobre nuestra vida, sobre nuestras relaciones, sobre nuestros valores, sobre nuestro trabajo. No podemos pensar a través de la mente de otra persona. Podemos, eso sí, aprender de ellas, llegar a nuestras propias conclusiones aprendiendo de los demás. Pensar con libertad no es repetir lo que otros nos dicen. Tampoco es imitar lo que otros hacen. El mundo actual está estructurado con la finalidad de limitar nuestra capacidad de libertad de pensamiento. Por eso existen tantas personas a la deriva. Desde el poder nos dictan cómo tenemos que vestirnos, qué tenemos que comer, qué películas son las interesantes, qué libros son oportunos para nosotros. Las televisiones, las radios y la prensa piensan por nosotros. Los politicos, a  veces, piensan por nosotros. Nos dicen lo que está bien y lo que está mal. Y eso que ellos piensan que es lo mejor para nosotros lo convierten en leyes.  Y nosotros, como ovejitas, nos lo creemos, creemos que eso es lo mejor para nosotros. Libertad de pensamiento consiste en plantearnos si eso que nos dicen los demás —no sólo los antes mencionados, sino también nuestra pareja ,nuestros familiares, nuestros amigos o compañeros de trabajo— es realmente lo que nosotros hemos decidido pensar después de reflexionar internamente. La mayor parte de los adolescentes se sienten seguros adoptando las opiniones y los valores de su grupo de iguales. No piensan por sí mismos, no tienen libertad de pensamiento, son manipulados y guiados por los grupos de presión mediáticos y económicos. El adolescente que piensa por sí mismo es arrinconado y marginado. ¿Cuántos adolescentes tienen la autoestima alta? Así, empiezan a fumar, por ejemplo, sin ser conscientes de las consecuencias que eso tiene para su salud. Y seguirán fumando toda su vida mientras no se planteen por si mismos si esa decisión que tomaron siendo jóvenes y estando influenciados por la presión de los demás, sigue siendo válida después. Libertad de pensamiento es ser conscientes de lo que ocurre con nuestra vida, con nuestros hábitos, con nuestras conductas. Hay áreas de la vida en las que somos más conscientes que en otras. En algunas áreas no somos nada conscientes, pensamos por repetición o por imitación. Ser conscientes es pensar líbremente. Más libertad de pensamiento significa más conciencia, y cuanta más conciencia tengo, más seguro estoy de mi propia mente, más respeto tengo por mis valores y eso me lleva a tener más autoconfianza y más autorespeto. ¿En qué aspectos de tu vida deberías ser más consciente? Si piensas, por ejemplo, que en el área de pareja no dispones de suficiente libertad de pensamiento, ¿qué vas a hacer hoy mismo para ser más consciente de tu relación? ¿En qué deberias ser más plenamente consciente en tu relación de pareja? ¿Hacia dónde te llevará ser más consciente de tu relación de pareja? </li></ul>
  7. 7. <ul><li>La autoestima está basada en vivir conscientemente a través de tener un pensamiento en libertad. Esto se apoya en la idea de la autoaceptación. Autoaceptarse, aceptarse a sí mismo, está basado en dar importancia a la necesidad de saber, de conocer, de comprender, eliminando la idea de aprobación o desaprobación. Si aceptamos lo que sentimos o lo que somos en cualquier circunstancia, podemos ser conscientes de nuestra experiencia y, de esta forma, ser responsables de nuestras opiniones, de nuestras acciones, de cualquiera de nuestras elecciones. &quot;Aceptar&quot; no significa necesariamente &quot;gustar&quot;. Aceptar es ponerme en comunicación con mi propia experiencia sin juicios de valor, sin rechazo, sin negación. Aceptar es reconocer que los hechos son los hechos, que las cosas son como son. Aceptar es tener respeto por la realidad. Puede haber partes de mi cuerpo, por ejemplo, que no me gustan. Si las acepto sin juicios de valor podré acercarme a la realidad y podré pensar cómo cambiar. &quot;Acepto mi cara, mis manos, mis piernas tal como son, forman parte de mi, no las rechazo, las respeto&quot;. La autoestima no tiene ninguna relación con nuestro aspecto físico. Lo que sí afecta a nuestra autoestima es la voluntad para aceptarnos como somos. La fuerza de la autoestima se potencia cuando no tratamos de negar la realidad. Esto no quiere decir que no luchemos por cambiarla. Sólo podemos cambiar la realidad cuando sabemos exactamente cómo es y la aceptamos. La realidad es que tenemos sentimientos. Son sentimientos de todo tipo: amor, odio, envidia, ira, miedo, inseguridad... Tener la autoestima alta es aceptar que tenemos esos sentimientos en momentos determinados, no negarlos, no huir de ellos, no resistirnos. Aceptar los sentimientos es aumentar la autoceptación. Si no podemos aceptar un sentimiento, si hay una resistencia a aceptar un pensamiento, si existe un rechazo hacia un recuerdo, lo mejor que podemos hacer es aceptar esa resistencia, aceptar ese rechazo. Si aceptamos el rechazo, ese sentimiento, ese pensamiento, ese recuerdo, comenzará a debilitarse hasta desaparecer. Si luchamos contra ellos, crecerán de forma incontrolada. No podemos superar un miedo cuya realidad negamos. No podemos aceptar una parte de nuestro cuerpo cuya existencia rechazamos. No podemos curar un dolor del que huimos. No puedo perdonarme algo que he hecho si niego que lo he hecho. No puedo cambiar algo que no acepto de mí mismo si niego que exista. ¿Qué sentimientos te cuesta aceptar? ¿Qué emociones consideras negativas? ¿Qué pensamientos tratas de negar? ¿Qué partes de tu cuerpo rechazas? ¿Qué necesidades o deseos tienes eliminados? ¿Cómo puedes empezar hoy a aceptar todo eso? Autoaceptación es admitir que lo que siento, pienso y hago es resultado de mi mismo en el momento en que ocurre. El cambio comienza con la autoaceptación. ¿Quién puede cambiar algo que niega que exista? </li></ul>
  8. 8. <ul><li>El paso más importante y decisivo a la hora de tener una autoestima alta consiste en admitir, no sólo lo que hemos visto hasta ahora  —el autoconocimiento y la aceptación de nosotros mismos— sino el hecho de que hay muchas cosas dentro de nosotros que nos gustan. Las personas tienen miedo a admitir que hay muchas cosas buenas en ellas que son de su agrado. Puede haber cosas que nos gustan más que otras, quizás ciertos aspectos físicos, quizás ciertas actitudes o rasgos de la personalidad. Todas las personas tienen cosas propias que les gustan. Las personas con la autoestima baja &quot;saben&quot; que dentro de ellas hay muchas cosas que les gustan, pero no lo admiten, pensando que si lo hacen serán malos o serán rechazados por los demás. &quot;¿Qué pensarán de mi los demás si supieran que me gusto a mi mismo?&quot; &quot;Soy un egocéntrico si creo que en mi interior hay cosas que me gustan&quot; &quot;Debe ser una alucinación egoísta pensar que pueda haber algo dentro de mi que me atrae positivamente&quot; Es fácil confundir autoaceptación con egoísmo. La mala interpretación de las religiones tienen mucho que ver con esto. Nos han enseñado que tenemos que amar a los demás más que a nosotros mismos. Pero no es posible amar a los demás si primero no nos amamos a nosotros. No puedo demostrar respeto por otras personas si previamente no me respeto a mi mismo. No puedo, por ejemplo, ayudar a un amigo si no lo acepto, con sus virtudes y sus defectos. No puedo ayudarme a mi mismo si no me acepto. Aceptarme a mi mismo indica una actitud por la que soy consciente de que estoy vivo, de que existo, de que formo parte de la existencia. Admitir que hay cosas en mi interior que me gustan supone tener que cambiar mi postura ante la vida, ante los demás y, sobre todo, ante mi mismo. Esta autoceptación es el inicio de admitir la responsabilidad de vivir conscientemente. </li></ul>
  9. 9. <ul><li>Tal como hemos visto hasta ahora, la autoestima consiste en tener un buen concepto de nosotros mismos, independientemente de las características de nuestro cuerpo, de que seamos hábiles o no en determinados aspectos, o de que seamos o no aceptados por determinadas personas. Esto quiere decir que tú no eres ni tus capacidades, ni tu conducta. Tampoco eres el resultado de la percepción que otras personas puedan tener de aspectos exteriores a ti, como tus capacidades o tus conductas. Hacer una evaluación de capacidades o de conductas requiere una pregunta previa: &quot;¿quién y con qué parámetros se juzgando una conducta o una capacidad determinada? Una conducta en una cultura es inapropiada, mientras la misma conducta en otra cultura es admirada socialmente. Una capacidad es valorada positivamente en un grupo social, mientras es rechazada en otros. Lo importante es cómo juzgas tú tus conductas y tus capacidades, no cómo las juzgan los demás. Cuando permitimos que sean otros quienes juzguen nuestras capacidades o nuestras conductas, el resultado es que nos culpabilizamos por pensar o sentir algo que no es admitido por otros. Si eres un ser humano honesto y con plena conciencia sobre lo que está bien o lo que está mal, no necesitas que nadie te lo diga. Si tú no ves nada malo en tu conducta, ¿quién puede condenarla? ¿Quién tiene derecho a juzgarte? Si eres un ser humano honesto y con plena conciencia sobre lo que está bien y lo que está mal, no puedes seguir culpabilizándote a ti mismo por el hecho de que tus criterios no sean compartidos por algunas otras personas. Una cosa es lo que piensas o sientes y otra muy distinta es lo que te dices sobre lo que piensas o sientes. Y es mucho más diferente todavía lo que otros te dicen sobre lo que piensas o sientes. No quiero decir que la moral sea algo subjetivo o que todos los valores sean adecuados. Es evidente que la moral no es lo que un individuo piense que es moral. Tampoco es moral porque un grupo específico lo crea. Pero yo parto del principio de que la mayor parte de los seres humanos tenemos un concepto de ética común, independientemente de nuestro origen, de nuestras ideas religiosas o de nuestra ideología política. Y este principio moral común es el que dice que lo único inapropiado es aquello que nos perjudica a nosotros mismos o a los demás. Lo que quiero decir es que la mayor parte de las culpabilidades no tienen su origen en que conculquemos algún principio moral universal, sino que tienen su origen en que nos dejamos llevar por las valoraciones de los demás sobre nosotros, no por nuestros propios criterios. </li></ul>
  10. 10. <ul><li>¿Y qué ocurre cuando actuamos en contra de nuestros propios convencimientos? Cuando actuamos en contra de nuestros propios principios estamos atentando contra nuestra propia integridad personal. ¿Qué es la integridad personal? Es la integración de nuestro entorno, de nuestras conductas, capacidades, creencias y valores en un todo coherente. Cuando nuestra conducta y nuestros valores están alineados de forma coherente, entonces decimos que tenemos un sentido de integridad personal. El sentido de la integridad personal nos da seguridad en nosotros mismos y aumenta nuestra autoestima. Cuando no están alineados, entonces estamos poniendo en dificultades nuestra autoconciencia y perdemos el respeto por nosotros mismos. Es difícil comprender las conductas de un ser humano mientras no comprendemos en profundidad que esas conductas tienen algún sentido para ese ser humano. Si no conocemos el contexto, su mundo interior, sus sentimientos, sus valores, nos perdemos su modelo del mundo, oculto tras su conducta. La conducta no es la persona. Yo quiero que me quieran por mi identidad, no por mis conductas, porque a veces me equivoco en mis conductas. Tampoco quiero que me quieran por mis capacidades, ni por mis creencias o por mis valores. Si yo tuviera otras capacidades, otras creencias u otros valores, yo seguiría siendo la misma persona. Es muy importante diferenciar la identidad de las conductas. Si soy capaz de distinguir de forma compasiva y comprensiva que mis conductas no representan mi identidad (aún sabiendo que algunas de mis conductas están equivocadas), si consigo ser para mi mismo un buen amigo al que puedo perdonar muchas equivocaciones y al que puedo comprender incluso cuando su conducta no es la que yo hubiera deseado en él, entonces podré establecer conmigo mismo un pacto por el que podré sentir remordimientos por mis decisiones equivocadas, pero no autocondena ni culpabilidad. También podré mejorar mis conductas futuras, cambiar mis decisiones en el futuro. De esta manera podré analizar cuáles fueron los sentimientos y motivos que me hicieron actuar de esa forma equivocada y poner en marcha nuevas decisiones a partir de ahora. Cuando un ser humano actúa, lo hace siempre con la intención de sobrevivir, de satisfacer sus necesidades, de protegerse, de huir del miedo o del dolor, de mantener el equilibrio. A veces nos equivocamos y las consecuencias son peores que la enfermedad. Podemos culpabilizarnos. O podemos aprender de la experiencia. Esto no significa que no acepte mi responsabilidad. Si aprendo de la experiencia y acepto mi responsabilidad, podré reconocer mi error, podré reparar el daño causado a mi mismo o a los demás, podré autoperdonarme y, como consecuencia, podré cambiar mi conducta en el futuro. Sólo si analizo las razones por las que he obrado así, podré evitar volver a caer en el mismo error en el futuro. Si aprendo a comprenderme y a perdonarme, mi conducta será mejor a partir de ahora. Gracias Ricardo Ros por tus comentarios </li></ul>
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