Lección 13 para el 28 de junio de 2014
“Y le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró en un momento todos
los reinos de la tierra. Y le dijo el diablo: A ti ...
“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos,
de donde también esperamos al Salvador,
al Señor Jesucristo” (Filipenses 3:20)...
“¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No
erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlte...
“Dios, en su amor y su justicia, ha provisto un
único camino –uno solo– para que el ser humano
pueda ser salvado de la sep...
“Después recibirán el reino los santos del Altísimo, y poseerán
el reino hasta el siglo, eternamente y para siempre” (Dani...
E.G.W. (El conflicto de los siglos, cp 30, pg. 493)
“Y el postrer enemigo que será
destruido es la muerte”
(1ª de Corintios 15:26)
“Porque la paga del pecado es
muerte…” (Rom...
“Y el Señor me librará de
toda obra mala, y me
preservará para su reino
celestial. A él sea gloria
por los siglos de los
s...
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2T2014 Lección 13 - El Reino de Cristo y Su Ley - Presentación

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2T2014 Lección 13 - El Reino de Cristo y Su Ley - Presentación

  1. 1. Lección 13 para el 28 de junio de 2014
  2. 2. “Y le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra. Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy” (Lucas 4:5-6) Desde la caída de Adán y Eva, cada ser humano a tenido que decidir entre ser leal al “reino de Cristo” (Ef. 5:5) o someterse a la “potestad de Satanás” (Hch. 26:18) En su victoria tenemos la seguridad y la promesa de vida en el Reino eterno de Dios, cuando “el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido” (Dan. 2:44) Jesús mismo tuvo que decidir entre obtener de la mano de Satanás los reinos de este mundo, o ser leal a la Ley de Dios.
  3. 3. “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo” (Filipenses 3:20) En el terreno espiritual, no existe una doble ciudadanía. O somos ciudadanos de este mundo o ciudadanos del reino de los cielos. Dios nos invita a definir nuestra lealtad y tomar una decisión: “A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia” (Dt. 30:19) Nuestra conducta, por tanto, no debe regirse por la moralidad de esta tierra, sino por la ley moral del reino de los cielos. Los que hemos decidido ser ciudadanos del reino de los cielos, somos “extranjeros y peregrinos sobre la tierra” (Heb. 11:13), anhelando una patria “mejor, esto es, celestial” (Heb. 11:16)
  4. 4. “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (1ª de Corintios 6:9-11) ¿Quiénes pueden obtener la ciudadanía del reino de Dios, según 1ª de Corintios 6:9-11 y Apocalipsis 22:14-15? No pueden obtener la ciudadanía: • Los pecadores no arrepentidos (injustos, fornicarios, idólatras, adúlteros, homosexuales, ladrones, avaros, borrachos, blasfemos, estafadores, espiritistas, homicidas, …) Pueden obtener la ciudadanía: • Los que han sido lavados (sus pecados han sido perdonados) • Los que han sido justificados (han sido declarados justos en el juicio) • Los que han sido santificados (han sido transformados por el poder del Espíritu Santo) La Ley de Dios nos enseña cómo debe ser nuestra vida como ciudadanos del cielo. Por la gracia, el poder y el amor de Dios, todos los que deseen pueden ser hechos aptos para el reino.
  5. 5. “Dios, en su amor y su justicia, ha provisto un único camino –uno solo– para que el ser humano pueda ser salvado de la separación eterna de Dios y del cielo: la fe en Cristo y, mediante él, la obediencia a su ley. Cuando el Espíritu de Dios opera en el corazón humano, nunca nos lleva a despreciar la ley de Jehová; por el contrario, iluminados por su divina influencia, veremos con reverencia la majestad de sus requerimientos, lo terrible que es el pecado, y las inevitables penalidades que caerán sobre el transgresor” E.G.W. (Signs of the Times, 15 de diciembre de 1887)
  6. 6. “Después recibirán el reino los santos del Altísimo, y poseerán el reino hasta el siglo, eternamente y para siempre” (Daniel 7:18) La Biblia nos habla de un “sueño eterno”, del cual no se despierta… hasta la resurrección (Jer. 51:57; Ap. 20:4-5) y un “fuego eterno” que no se apagará… hasta ser consumido (Mt. 25:41; Jud. 7; Mal. 4:1) ¿Qué seguridad tenemos, pues, de que el reino eterno no tendrá fin? Dios es el único Ser eterno (1Tim. 6:16), todos los demás seres tienen la eternidad condicionada a su lealtad a Dios. A causa de la rebelión, tanto Satanás y sus ángeles como la humanidad perdieron la eternidad. Cuando Jesús nos dé vida eterna en su Segunda Venida, la retendremos para siempre, ¿por qué? Porque Dios ha prometido que la rebelión no se levantará por segunda vez (Nahum 1:9)
  7. 7. E.G.W. (El conflicto de los siglos, cp 30, pg. 493)
  8. 8. “Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte” (1ª de Corintios 15:26) “Porque la paga del pecado es muerte…” (Romanos 6:23 pp) ¿Por qué no existirá la muerte en el reino eterno? La muerte es la consecuencia natural de violar la Ley moral de Dios. En el reino eterno, los principios de la Ley moral de Dios seguirán existiendo. Seguirán escritos en nuestros corazones como lo están aquí (Heb. 8:8-13) La diferencia, por supuesto, es que aquellos principios nunca se violarán allí como ha ocurrido aquí. “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” (Apocalipsis 21:4)
  9. 9. “Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial. A él sea gloria por los siglos de los siglos. Amén” 2ª de Timoteo 4:18

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