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La neurociencia La neurociencia Document Transcript

  • 1792765976 <br />UNIVERDIDAD NACIONAL DE CAJAMRCA<br />FACULTAD DE C.E.C.A <br />ESCUELA ACADEMICO PROFESIONAL DE ECONOMIA<br />TEMA: “ LA NEUROCIENCIA”<br /> CURSO:METODOS Y TECNICAS DE ESTUDIO<br /> DOCENTE: ALEX MIGUEL HERNANDEZ TORRES<br /> ALUMNA: MARIÑAS CABRERA KELIN YANIRA<br /> CICLO:2011_I<br /> GRUPO:”A”<br />LA NEUROCIENCIA<br />La neurociencia estudia la estructura y la función química, farmacología, y patología del sistema nervioso y de cómo los diferentes elementos del sistema nervioso interactúan y dan origen a la conducta.El estudio biológico del cerebro es un área multidisciplinar que abarca muchos niveles de estudio, desde el puramente molecular hasta el específicamente conductual y cognitivo, pasando por el nivel celular (neuronas individuales), los ensambles y redes pequeñas de neuronas (como las columnas corticales) y los ensambles grandes (como los propios de la percepción visual) incluyendo sistemas como la corteza cerebral o el cerebelo, y ,por supuesto, el nivel más alto del Sistema Nervioso.En el nivel más alto, la neurociencia se combina con la psicología para crear la neurociencia cognitiva, una disciplina que al principio fue dominada totalmente por psicólogos cognitivos. Hoy en día la Neurociencia Cognitiva proporciona una nueva manera de entender el cerebro y la conciencia , pues se basa en un estudio científco que aún a disciplinas tales como la neurobiología, la psicobiología o la propia psicología cognitiva, un hecho que con seguridad cambiará la concepción actual que existe acerca procesos mentales implicados en el comportamiento y sus bases biológicas.La neurociencia explora campos tan diversos, como:<br />La operación de neurotransmisores en la sinapsis;<br />Los mecanismos biológicos responsables del aprendizaje;<br />El control genético del desarrollo neuronal desde la concepción;<br />La operación de redes neuronales;<br />La estructura y funcionamiento de redes complejas involucradas en la memoria, la percepción, y el habla.<br />La estructura y funcionamiento de la conciencia.<br />Otras áreas relacionadas con la neurociencia son:<br />Neurotecnología<br />Neuroanatomía<br />Neurofisiología<br />Neurología<br />Neuropsicología<br />Psicofarmacología<br />Neurolingüística<br />Neurociencia computarizada<br />Neuroeconomía<br />Neurodesarrollo<br />Neurociencia cognitiva<br />Neurociencia aplicada<br />En el presente discurso, examinaré el cerebro humano para conocer cómo las neurociencias cognitivas tratan de entender y explicar las experiencias religiosas y espirituales. En las últimas décadas, ha habido una enorme cantidad de nuevas investigaciones y comprensiones acerca del cerebro humano en funcionamiento. Nuevas herramientas muy potentes nos han permitido examinar la función del cerebro humano sano y, recientemente, estas técnicas han sido también utilizadas para estudiar las funciones cerebrales de monjes budistas. Si miramos dentro del cerebro humano lo primero que se aprecia son las estructuras a gran escala: en la parte exterior del cerebro está la corteza cerebral, o neocortex, que incluye las áreas del lóbulo frontal, el lóbulo parietal, el lóbulo occipital y el lóbulo temporal y, por su puesto, estas áreas están divididas en dos hemisferios, derecho e izquierdo, con una ancha banda de fibras nerviosas conocida como cuerpo calloso, que conecta las dos mitades. Si analizamos el neocortex, descubrimos el mesocortex y las estructuras subcorticales del sistema límbico, incluidos el tálamo, la amígdala, el hipocampo y el cerebelo, que están conectados al tronco cerebral y a la médula espinal. Las imágenes del cerebro humano se han convertido en icónicas en nuestra cultura del siglo XXI. Mucho de lo que conocemos acerca de las funciones especializadas de las diferentes regiones del cerebro procede de la observación de los cerebros de supervivientes de lesiones cerebrales traumáticas o de infartos. En ambos casos, los neurocientíficos han relacionado la destrucción de ciertas áreas del cerebro, debida a hemorragias o lesiones, con la pérdida de funciones mentales particulares, por ejemplo, de pérdida del control motor o de la capacidad de habla (como en el caso de la afasia). Curiosamente, la memoria parece estar distribuida por todo el cerebro y no se localiza en ninguna región particular.  Cuando examinamos más profundamente el cerebro, bajo las lentes de potentes microscopios, vemos que está compuesto por muchísimas neuronas. Hay diferentes tipos de éstas en el cerebro y por todo nuestro sistema nervioso, en el resto del cuerpo, pero todas ellas comparten una estructura básica. El cuerpo celular contiene el núcleo y los orgánulos. De él salen muchas dendritas y axones que conectan unas neuronas con otras. Este laberinto de conexiones culmina en la sinapsis, que vincula cada neurona con cientos o miles de otras neuronas. Las neuronas producen cargas eléctricas en forma de iones químicos, dirigidos por diversos productos químicos neuronales producidos endogénamente porcerebro.  El número de neuronas de nuestro cerebro es aproximadamente el mismo que el número de estrellas presentes en la Vía Láctea. El cerebro pesa 1,5 kilos, lo que representa el 2% del peso del cuerpo humano. Aún así consume el 15% de las pulsaciones cardiacas, el 20% del oxígeno del organismo, y alrededor del 25% de la glucosa que consumimos. Sólo para cubrir las necesidades de nuestro cerebro necesitamos alrededor de 0,1 calorías por minuto. Con actividad intelectual, esta cifra puede aumentar hasta las 1,5 calorías por minuto. Desde un punto de vista biofísico y evolutivo, el cerebro humano es un objeto de lujo. En el nacimiento, resulta difícil que pase a través de la pelvis femenina, lo que a menudo provoca la muerte del niño o de la madre. Durante la vida, requiere de una cantidadextradealimentoycuidados. Los neurocientíficos están desarrollando actualmente diagramas algorítmicos de flujos que representan los procesos neuronales. Algo simple como dedicarse a reflexionar pone en marcha complejas series de acciones, reacciones y retroalimentaciones (Newberg 2006). Por suerte, no necesitamos ser conscientes de ninguno de estos procesos para tener cerebros perfectamente funcionales, que nos permitan realizar cada día actividades mentales complejas y simples. Vale la pena detenerse un momento, sin embargo, para pensar que el objeto más complicado en el universo conocido se encuentra justo aquí, entre nuestras orejas.  Resulta difícil reconocernos a nosotros mismos –nuestras experiencias subjetivas, pensamientos, emociones y actividades cotidianas- en esta descripción neurológica del cerebro. Normalmente no somos conscientes de los módulos cognitivos de nuestro cerebro. Los neurocientíficos cognitivos y los filósofos de la mente se refieren a este hecho como la “grieta explicativa”. Nuestras descripciones físicas acerca de cómo funciona el cerebro a nivel neuronal, sobre la anatomía del cerebro, y sobre los procesos neurológicos, no se parecen a nuestras experiencias subjetivas como personas con cerebros que tienen estados mentalesyemocionalescomplejos. Tampoco existe una definición neurológica de la conciencia. No poseemos artefactos que puedan medir la presencia o la ausencia de conciencia. Esto hace también referencia al “difícil problema” de los estudios sobre la conciencia. Podemos analizar los cerebros y aprender todo tipo de cosas interesantes y prácticas sobre ellos, sus funciones y disfunciones, pero eso no nos acerca a la comprensión de lo que es la experiencia consciente subjetiva ni de cómo el cerebrolacrea. Algunos son optimistas y creen que estamos cerrando esta “grieta explicativa”, que pronto comprenderemos el “código neuronal” y que seremos capaces de traducir el “lenguaje computacional” del cerebro a “aplicaciones informáticas” de la conciencia humana. Ciertamente, se han hecho muchos progresos en el conocimiento de las funciones cerebrales. Los científicos han probado, testado, medido, diseccionado y registrado muchísimos cerebros, tanto humanos como animales. También han desarrollado una notable farmacología con nuevos medicamentos para tratar la depresión, la esquizofrenia y otras enfermedades. Los progresos en la neurociencia despiertan muchas otras cuestiones filosóficas interesantes, que necesariamente se superponen con las preocupaciones religiosas y teológicas. En primer lugar, está la cuestión del reduccionismo, y hasta donde puede éste llegar. Si podemos reducir ciertos fenómenos mentales, como las experiencias místicas de iluminación, a procesos neurológicos, ¿significaría esto que hemos explicado adecuadamente la experiencia y podemos desecharla ya? ¿Qué pasa si inventamos maneras de estimular este tipo de experiencias en el futuro? Si el cerebro es un sistema determinista, entonces, ¿cómo podemos hablar del libre albedrío, la responsabilidad moral o la creatividad? Si la personalidad está intrínsecamente ligada al cerebro químicamente, ¿rechazaríamos el dualismo entre cerebro y mente, cuerpo y alma? ¿En el tratamiento de enfermedades mentales se supondría “perder el tiempo” emplear terapias habladas y pasaríamos a tratamientos sólo farmacológicos? ¿Adoptarán las neurociencias cognoscitivas valores asumidos y perspectivas que son más ideológicos que empíricos? ¿Y que pasa con los temas bioéticos que surgen en el contexto de la neuromedicina? Ésta es sólo una corta lista de cuestiones, algunas de las cuales revisaremos más adelante. La “cuestión difícil” aún está ahí: ¿qué es la conciencia? ¿Podemos reparar la “grieta explicativa” entre neurociencias y experiencia subjetiva? Y, ¿cuál es, en particular, la naturaleza de la experiencia religiosa desde la perspectiva neurocientífica? La ciencia no necesita resolver todos estos problemas filosóficos. Es decir, ésta no es una labor científica, sino más bien de filósofos duchos en ciencia y de teólogos. La ciencia puede y debe continuar caminando lentamente siguiendo sus vías metodológicas. Las neurociencias adelantan formulando pequeñas cuestiones y fabricando experimentos para intentar resolverlas. Las bases neurológicas de las experiencias religiosas y espirituales son realmente una interesante cuestión, y han sido recientemente objeto de muchas fascinantes investigaciones llevadas a cabo en laboratorios, así como de debate en academia y medios de comunicación. 1.Estudiosbasadosenenfermedadesylesiones Como ya hemos mencionado, muchos descubrimientos acerca del cerebro se han producido gracias al estudio de enfermedades y lesiones cerebrales. Por ejemplo, podría haber una relación entre la enfermedad mental y la religión en el caso de la esquizofrenia, que provoca episodios psicóticos a menudo con contenido religioso. De hecho, durante décadas, la comunidad psiquiátrica ha clasificado todo contenido religioso como ilusorio o neurótico en su Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSMMD). Por suerte, ya no es así. La comunidad psiquiátrica ha acabado reconociendo que las manifestaciones religiosas entre pacientes pueden ser un signo de fuerza, un recurso para sanarse, y no necesariamente una patología. Hay un enorme interés en el papel del lóbulo frontal en la experiencia religiosa. Lesiones traumáticas en esta área tienen un profundo efecto en la personalidad de los individuos, en la capacidad de controlar los impulsos, y en complejos procesos de pensamiento. La base del conocimiento, sin embargo, no funciona sola. Forma parte de una compleja red. V.S. Ramachandran, un neurocientífico de la Universidad de California en San Diego, se ha centrado en la epilepsia del lóbulo temporal izquierdo, frecuentemente asociado a visiones religiosas durante ataques epilépticos y a la preocupación sobre asuntos religiosos en el intervalo entre ataques. Ramachandran especula que San Pablo, Mahoma, y otros profetas y videntes estaban afectados por la epilepsia del lóbulo temporal izquierdo. Existen otros defectos mentales que se manifiestan en individuos por lo demás mentalmente sanos. Por ejemplo, la parálisis del sueño. Probablemente muchos de ustedes habrán tenido la experiencia de despertarse por la noche y ser incapaces de moverse, y con la fuerte sensación de que hay alguien más en la habitación. No es una grata experiencia. Esa “presencia en la habitación” se percibe normalmente como un demonio o algo terrorífico. Esta experiencia es tan común que ha recibido varios nombres y tiene diversas explicaciones mitológicas en diversas culturas del mundo. Los neurocientíficos tienen ahora una etiología para la parálisis del sueño, pero cualquiera puede imaginarse cómo este trance u otros similares pueden dar lugar a creencias religiosas en demonios, fantasmas o el diablo (Hufford 1982). Hay otro desorden neurológico más que merece la pena mencionar. La sinestesia es la mezcla de impresiones de sentidos diferentes. Un sinestético puede, por ejemplo, oír colores, ver sonidos, y percibir sensaciones gustativas al tocar un objeto con una textura determinada. Quizá uno entre mil humanos tiene una forma de sinestesia en diversos grados. No es necesariamente desagradable. De hecho, en lugar de verse como una enfermedad, puede ser considerada una capacidad mental. Como cabría esperar, muchos artistas tienen sinestesia. La sinestesia podría asociarse a funciones mentales mucho más comunes que usamos cada día: la habilidad para hacer y usar metáforas. Una metáfora es la combinación de dos cosas dispares para crear un nuevo significado. Shakespeare escribió que “el tiempo es un mendigo”, y ahora tenemos una nueva penetración en el tiempo. Notarán ustedes que he usado diversas metáforas de las ciencia computacional para iluminar las neurociencias –código neuronal, “máquina de lenguaje” neuronal, “software” mental, etc.- La ciencia también utiliza las metáforas. En un sentido, todo lenguaje humano se deriva de las metáforas. La religión podría considerarse algo así como las confabulaciones metafóricas de la sinestesia, viendo la naturaleza y oyendo la voz de Dios o de Buda en todas las cosas.<br />