1   Año de la fe
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1.- Fuerza renovada para modelar el futuro,                                    habla el Papa sobre el Vaticano II(RV).- El...
XII, del que luego nació la Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual. Aquí se tocabael punto de la verdad...
justo hablar también de otras dos grandes religiones — el hinduismo y el budismo —, así como deltema de la religión en gen...
2.- Recordando a Pablo VI en el 50°                                                  aniversario del Vaticano II          ...
solemne apertura de la segunda sesión del Vaticano II, casi un año antes de que apareciera laencíclica. El documento papal...
“congregatio”, “familia”, “comunión” le son familiares a Pablo VI. La palabra “encuentro” legustaba mucho y la usaba ampli...
existió en otros tiempos. Es, precisamente, en Cristo -o sea, en la unión de los miembros a lacabeza y de los sarmientos a...
¿No les parece a ustedes que, después de esta visión de la Iglesia (Iglesia- familia, Iglesia-comuniónde vida, Iglesia-pue...
Como ya dijimos, en la Ut Unum Sint, el papa Juan Pablo II pediría, andando el tiempo, sugerencias,aportaciones, propuesta...
Pablo VI creía en el diálogo. Es por lo que lanza una propuesta en la Ecclesiam Suam, quemantendría siempre en pie a lo la...
He aquí, por tanto, un papa que se sienta, como un discípulo, a escuchar y preguntar (que esto es eldiálogo) con todos los...
laicos, que sostendrían la pirámide sobre sus hombros y cuya tarea sería la de obedecer sin más.El modelo de la Iglesia co...
3.- El Concilio Vaticano II,                                                                           a cincuenta años*  ...
predicación y en su liturgia. Además, el crecimiento de la población se daba, en 1950 en unaproporción de 2 a 1 en estos p...
Entre las limitaciones de su pontificado se puede señalar su estilo centralizador, que lo llevó a decirposteriormente al C...
dominicos, fueron mirados con recelo y sospechas al comienzo, incluso fueron objeto de algunasmedidas restrictivas, y term...
“Constitución” para indicar que se refieren a temas en forma preponderante doctrinales, aunque nocontengan la declaración ...
Obispos, de la Palabra de Dios y el modo en que ha sido entendida en el seno de la Iglesia.Como ejemplo de una verdad de f...
en la propia vida, pero sin un asentimiento “de fe”, como cuando le creemos directamente a Dios, oa Dios cuando habla a tr...
Fecha       Documento promulgado                               Placet   Non      Votos    Total de                        ...
4.- Segunda etapa (29/09/1963 a 4/12/1963)4/12/1963: Clausura de la etapa con el voto final y la promulgación de la Consti...
4.- Vaticano II. Contenido.El gran acontecimiento de nuestra Era Moderna en el ámbito de la Iglesia fue el ConcilioVatican...
Subsidio 50 años del Concilio Vaticano II
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Subsidio 50 años del Concilio Vaticano II

  1. 1. 1 Año de la fe
  2. 2. Indice1 Fuerza renovada para modelar el futuro, el Papa Pag. 3 sobre el Vaticano II2 Recordando a Pablo VI en el 50° aniversario del Pag. 6 Vaticano3 El Concilio Vaticano II, a cincuenta años Pag. 154 Vaticano II. Contenido. Pag. 245 El Concilio Vaticano II, hoy Pag. 316 Reflexiones y datos Pag. 377 EL Concilio y la importancia de contar con un Pag. 43 Magisterio8 A 50 años del Vaticano II: luces y urgentes desafíos Pag. 489 La herencia del Concilio Vaticano II Pag. 54 2 Año de la fe
  3. 3. 1.- Fuerza renovada para modelar el futuro, habla el Papa sobre el Vaticano II(RV).- El texto inédito de Su Santidad Benedicto XVI del Especial del Osservatore Romano, este 11de octubre, en el marco del 50ª aniversario del Concilio Ecuménico Vaticano II, e inicio del Año dela Fe, escrito por el Sucesor de Pedro en Castelgandolfo, en la fiesta del santo obispo Eusebio diVercelli, 2 de agosto de 2012:«Fue un día espléndido aquel 11 de octubre de 1962, en el que, con el ingreso solemne de más de dos mil padres conciliares en la basílica de San Pedro en Roma, se inauguró el concilio Vaticano II. En 1931 Pío XI había dedicado este día a la fiesta de la Divina Maternidad de María, para conmemorar que 1500 años antes, en 431, el concilio de Éfeso había reconocido solemnemente a María ese título, con el fin de expresar así la unión indisoluble de Dios y del hombre en Cristo. El Papa Juan XXIII había fijado para ese día el inicio del concilio con la intención de encomendar la gran asamblea eclesial que había convocado a la bondad maternal de María, y de anclar firmemente el trabajo del concilio en el misterio de Jesucristo. Fue emocionante ver entrar a los obispos procedentes de todo el mundo, de todos los pueblos y razas: era una imagen de la Iglesiade Jesucristo que abraza todo el mundo, en la que los pueblos de la tierra se saben unidos en supaz.Fue un momento de extraordinaria expectación. Grandes cosas debían suceder. Los conciliosanteriores habían sido convocados casi siempre para una cuestión concreta a la que debíanresponder. Esta vez no había un problema particular que resolver. Pero precisamente por estoaleteaba en el aire un sentido de expectativa general: el cristianismo, que había construido yplasmado el mundo occidental, parecía perder cada vez más su fuerza creativa. Se le veía cansado ydaba la impresión de que el futuro era decidido por otros poderes espirituales. El sentido de estapérdida del presente por parte del cristianismo, y de la tarea que ello comportaba, se compendiababien en la palabra “aggiornamento” (actualización). El cristianismo debe estar en el presente parapoder forjar el futuro. Para que pudiera volver a ser una fuerza que moldeara el futuro, Juan XXIIIhabía convocado el concilio sin indicarle problemas o programas concretos. Esta fue la grandeza y almismo tiempo la dificultad del cometido que se presentaba a la asamblea eclesial.Los distintos episcopados se presentaron sin duda al gran evento con ideas diversas. Algunosllegaron más bien con una actitud de espera ante el programa que se debía desarrollar. Fue elepiscopado del centro de Europa — Bélgica, Francia y Alemania — el que llegó con las ideas másclaras. En general, el énfasis se ponía en aspectos completamente diferentes, pero había algunasprioridades comunes. Un tema fundamental era la eclesiología, que debía profundizarse desde elpunto de vista de la historia de la salvación, trinitario y sacramental; a este se añadía la exigenciade completar la doctrina del primado del concilio Vaticano I a través de una revalorización delministerio episcopal. Un tema importante para los episcopados del centro de Europa era larenovación litúrgica, que Pío XII ya había comenzado a poner en marcha. Otro aspecto central,especialmente para el episcopado alemán, era el ecumenismo: haber sufrido juntos la persecucióndel nazismo había acercado mucho a los cristianos protestantes y a los católicos; ahora, esto sedebía comprender y llevar adelante también en el ámbito de toda la Iglesia. A eso se añadía el ciclotemático Revelación – Escritura – Tradición – Magisterio. Los franceses destacaban cada vez más eltema de la relación entre la Iglesia y el mundo moderno, es decir, el trabajo en el llamado Esquema 3 Año de la fe
  4. 4. XII, del que luego nació la Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual. Aquí se tocabael punto de la verdadera expectativa del Concilio. La Iglesia, que todavía en época barroca habíaplasmado el mundo, en un sentido lato, a partir del siglo XIX había entrado de manera cada vez másvisible en una relación negativa con la edad moderna, sólo entonces plenamente iniciada. ¿Debíanpermanecer así las cosas? ¿Podía dar la Iglesia un paso positivo en la nueva era? Detrás de la vaga expresión “mundo de hoy” está la cuestión de la relación con la edad moderna. Para clarificarla era necesario definir con mayor precisión lo que era esencial y constitutivo de la era moderna. El “Esquema XIII” no lo consiguió. Aunque esta Constitución pastoral afirma muchas cosas importantes para comprender el “mundo” y da contribuciones notables a la cuestión de la ética cristiana, en este punto no logró ofrecer una aclaración sustancial. Contrariamente a lo cabría esperar, el encuentro con los grandes temas de la época moderna no se produjo en la gran Constitución pastoral, sino en dos documentos menores cuya importancia sólo se puso de relieve poco a poco con la recepción del concilio. El primeroes la Declaración sobre la libertad religiosa, solicitada y preparada con gran esmero especialmentepor el episcopado americano. La doctrina sobre la tolerancia, tal como había sido elaborada en susdetalles por Pío XII, no resultaba suficiente ante la evolución del pensamiento filosófico y laautocomprensión del Estado moderno. Se trataba de la libertad de elegir y de practicar la religión, yde la libertad de cambiarla, como derechos a las libertades fundamentales del hombre. Dadas susrazones más íntimas, esa concepción no podía ser ajena a la fe cristiana, que había entrado en elmundo con la pretensión de que el Estado no pudiera decidir sobre la verdad y no pudiera exigirningún tipo de culto. La fe cristiana reivindicaba la libertad a la convicción religiosa y a practicarlaen el culto, sin que se violara con ello el derecho del Estado en su propio ordenamiento: loscristianos rezaban por el emperador, pero no lo veneraban. Desde este punto de vista, se puedeafirmar que el cristianismo trajo al mundo con su nacimiento el principio de la libertad de religión.Sin embargo, la interpretación de este derecho a la libertad en el contexto del pensamientomoderno en cualquier caso era difícil, pues podía parecer que la versión moderna de la libertad dereligión presuponía la imposibilidad de que el hombre accediera a la verdad, y desplazaba así lareligión de su propio fundamento hacia el ámbito de lo subjetivo. Fue ciertamente providencial que,trece años después de la conclusión del concilio, el Papa Juan Pablo II llegara de un país en el quela libertad de religión era rechazada a causa del marxismo, es decir, de una forma particular defilosofía estatal moderna. El Papa procedía también de una situación parecida a la de la Iglesiaantigua, de modo que resultó nuevamente visible el íntimo ordenamiento de la fe al tema de lalibertad, sobre todo a la libertad de religión y de culto.El segundo documento que luego resultaría importante para el encuentro de la Iglesia con lamodernidad nació casi por casualidad, y creció en varios estratos. Me refiero a la Declaración“Nostra aetate” sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas. Inicialmente setenía la intención de preparar una declaración sobre las relaciones entre la Iglesia y el judaísmo,texto que resultaba intrínsecamente necesario después de los horrores de la Shoah. Los padresconciliares de los países árabes no se opusieron a ese texto, pero explicaron que, si se quería hablardel judaísmo, también se debía hablar del islam. Hasta qué punto tenían razón al respecto, lohemos ido comprendiendo en Occidente sólo poco a poco. Por último, creció la intuición de que era 4 Año de la fe
  5. 5. justo hablar también de otras dos grandes religiones — el hinduismo y el budismo —, así como deltema de la religión en general. A eso se añadió luego espontáneamente una breve instrucción sobreel diálogo y la colaboración con las religiones, cuyos valores espirituales, morales y socioculturalesdebían ser reconocidos, conservados y desarrollados (n. 2). Así, en un documento preciso yextraordinariamente denso, se inauguró un tema cuya importancia todavía no era previsible enaquel momento. La tarea que ello implica, el esfuerzo que es necesario hacer aún para distinguir,clarificar y comprender, resulta cadavez más patente. En el proceso derecepción activa poco a poco se fueviendo también una debilidad deeste texto de por sí extraordinario:habla de las religiones sólo de un modopositivo, ignorando las formasenfermizas y distorsionadas dereligión, que desde el punto de vistahistórico y teológico tienen un granalcance; por eso la fe cristiana hasido muy crítica desde el principiorespecto a la religión, tanto hacia elinterior como hacia el exterior.Mientras que al comienzo delconcilio habían prevalecido los episcopados del centro deEuropa con sus teólogos, en el curso de las fases conciliares se amplió cada vez más el radio deltrabajo y de la responsabilidad común. Los obispos se consideraban aprendices en la escuela delEspíritu Santo y en la escuela de la colaboración recíproca, pero lo hacían como servidores de laPalabra de Dios, que vivían y actuaban en la fe. Los padres conciliares no podían y no querían crearuna Iglesia nueva, diversa. No tenían ni el mandato ni el encargo de hacerlo. Eran padres delConcilio con una voz y un derecho de decisión sólo en cuanto obispos, es decir, en virtud delSacramento y en la Iglesia del Sacramento. Por eso no podían y no querían crear una fe distinta ouna Iglesia nueva, sino comprenderlas de modo más profundo y, por consiguiente, realmente“renovarlas”. Por eso una hermenéutica de la ruptura es absurda, contraria al espíritu y a lavoluntad de los padres conciliares.En el cardenal Frings tuve un “padre” que vivió de modo ejemplar este espíritu del Concilio. Era unhombre de gran apertura y amplitud de miras, pero sabía también que sólo la fe permite salir al airelibre, al espacio que queda vedado al espíritu positivista. Esta es la visión a la que quería servir conel mandato recibido a través del Sacramento de la ordenación episcopal. No puedo menos queestarle siempre agradecido por haberme llevado a mí — el profesor más joven de la Facultadteológica católica de la universidad de Bonn — como su consultor a la gran asamblea de la Iglesia,permitiéndome frecuentar esa escuela y recorrer desde dentro el camino del concilio. En estevolumen se han recogido varios escritos con los cuales, en esa escuela, he pedido la palabra.Peticiones de palabra totalmente fragmentarias, en las que se refleja también el proceso deaprendizaje que el concilio y su recepción han significado y significan aún para mí. Espero que estasdiversas contribuciones, con todos sus límites, puedan ayudar en su conjunto a comprender mejor elconcilio y a traducirlo en una justa vida eclesial. Agradezco de corazón al arzobispo Gerhard LudwigMüller y a sus colaboradores del Institut Papst Benedikt XVI. el extraordinario empeño que hanpuesto para la realización de este volumen».Castelgandolfo, en la fiesta del santo obispo Eusebio di Vercelli,2 de agosto de 2012Traducción: LOsservatore Romano (PLJR - Radio Vaticano) 5 Año de la fe
  6. 6. 2.- Recordando a Pablo VI en el 50° aniversario del Vaticano II Un camino que sigue abierto EDUARDO DE LA HERA BUEDO Delegado de Ecumenismo de la Diócesis de PalenciaINTRODUCCIÓNEn la ciudad de Brescia (en el norte de Italia) se encuentra el Instituto Pablo VI, un centro derecogida de datos sobre la persona del papa Montini. En Brescia se respiran aires montinianos portodas partes. Brescia, como se sabe, es la patria norteña de Pablo VI, donde él nació y recibió suformación juvenil. Aunque, para ser más exactos, él nació a ocho kilómetros de Brescia, en elpueblo de veraneo de sus padres, Concesio.Pues bien, a la ciudad de Brescia se dirigía, el domingo 8 de noviembre de 2009, el papa BenedictoXVI para honrar la figura de este gran Papa que fueGiovanni Battista Montini.En la plaza llamada así, de ‘Pablo VI’, en el atrio dela catedral, bajo una lluvia intensa y un cielo gris, elpapa Ratzinger, a quien precisamente Montini ensu momento había ordenado obispo, se refirió a élcomo un “apasionado de la Iglesia”.Es verdad. Si por algo se puede resumir la vida de PabloVI, es por esto mismo: por haber sido “un apasionado dela Iglesia”. Recogía en este contexto Benedicto XVIuna cita del propio papa Montini: “Podría decir quesiempre he amado a la Iglesia (...), y que por ella, nopor otra cosa, me parece haber vivido. Pero quisiera quela Iglesia lo supiera”1.“¿Qué se puede añadir a palabras tan altas e intensas?”,decía el papa Ratzinger en Brescia. “Solo quisierasubrayar esta última visión de la Iglesia pobre y libre(...)”, añadía el Papa actual.decía también: “Pablo VI dedicó todas sus energías alservicio de la Iglesia, siendo lo más conforme posible asu Señor Jesucristo, de modo que, al encontrarla, elhombre contemporáneo pudiera encontrar a Jesús,porque de Él tiene necesidad absoluta”2.Conciencia, renovación, diálogo: estas son las tres palabras claves, elegidas por Pablo VI paraexpresar sus “pensamientos dominantes” -como él los define- al comenzar su ministerio.Desde el comienzo de su ministerio, Pablo VI sentó ya las bases de lo que quería para la Iglesia:conciencia, renovación y diálogo. Cuando nos disponemos a celebrar el cincuentenario de laapertura del Concilio Vaticano II, cuyas sesiones él mismo continuó tras la muerte de Juan XXIII,recordaremos aquí su figura y revisaremos hasta qué punto se ha cumplido o no esa triple propuestasuya a lo largo del último medio siglo de andadura eclesial.Las tres palabras tienen que ver con la Iglesia: toma de conciencia de lo que ya es la Iglesia (y de loque está llamada a ser con más empeño); renovación y reforma permanentes, promovidas por elConcilio (en el que él tuvo desde el principio de su ministerio puestos los ojos); y diálogo {ad intra yad extra) o “coloquio”, tal y como él llama al diálogo. La palabra “coloquio” introduce un matizfamiliar y cercano, importante, porque es muy difícil dialogar desde fuera.Estos son, precisamente, los tres grandes capítulos de la encíclica Ecclesiam Suam, su primeraencíclica programática, aparecida en el Ferragosto romano de 1964, con un tema único: los“caminos de la Iglesia”3. Y estas son, también, las tres grandes líneas de fuerza que compendian elprimer gran discurso que el papa Montini dirige a la asamblea conciliar (y al mundo entero) en la 6 Año de la fe
  7. 7. solemne apertura de la segunda sesión del Vaticano II, casi un año antes de que apareciera laencíclica. El documento papal ve la luz un 6 de agosto de 1964. Y la apertura de la segunda sesiónconciliar fue un 29 de septiembre de 1963 (casi un año antes). Se pueden poner en paralelo para verlas coincidencias, no casuales, entre la encíclica y el trascendental discurso de apertura de lasegunda sesión del Concilio, solo tres meses después de la elección de Montini como papa4. Todo unprograma pastoral.En torno a estos tres quicios (conciencia de lo que está llamada a ser la Iglesia, renovación ydiálogo) quisiera yo que girara este Pliego de Vida Nueva. ¿En qué momento de estas tres grandespropuestas (“conciencia eclesial”, “renovación o reforma eclesiales” y “diálogo ad intra y ad extra”nos encontramos hoy día? ¿Qué tareas, a mi juicio, quedan pendientes todavía después del VaticanoII?TOMAR CONCIENCIA DE LO QUE ESTÁ LLAMADA A SER LA IGLESIA La Ecclesiam Suam (1964) se subtitula así: Los caminos de la Iglesia. Más exactamente: Sobre los caminos que la Iglesia católica debe seguir en la actualidad para cumplir su misión. Esto de los “caminos” a Pablo VI le gustaba mucho, puesto que su visión del hombre, su concepción humanista, era la misma de Gabriel Marcel (y de otros muchos pensadores del momento): el ser humano lo es en tanto que “caminante” (homo viator). Así pues, ¿cuáles son los caminos de la Iglesia? ¿A qué está llamada la Iglesia por voluntad de Cristo? ¿Qué se espera de ella? ¿Hacía qué metas debe tender, si quiere ser fiel a su Maestro y Señor? ¿Qué caminos debe recorrer, sin apearse ni un segundo? La Iglesia está llamada a ser una familia: el “Pueblo del encuentro” Una familia se construye por la comunión fraterna, por elencuentro gozoso de todos sus miembros en un mismo pueblo o una misma congregado. La familiade Jesucristo se construye por la aceptación de la Palabra de Dios, por compartir unos mismossacramentos (y muy especialmente la Eucaristía), y por obedecer a aquellos pastores que Cristo hapuesto al frente de su grey.La Iglesia está llamada a ser un Pueblo del encuentro. Es el nuevo Pueblo de Dios en continuidadcon el Pueblo de Israel. Pueblo elegido. Pueblo de la alianza. Pueblo de los grandes destinos. No esque Pablo VI se prodigue demasiado en utilizar la imagen bíblica del “Pueblo de Dios”. Al menos, enla Ecclesiam Suam no aparece apenas, pero sí aparece el término bíblico congregatio (ES, 24). Y,sobre todo, aparece, “cuerpo de Cristo”. Y aunque en el n. 38 de la encíclica hace alusión de paso ala Iglesia como Pueblo de Dios, fue sobre todo el Vaticano II el que, en Lumen Gentium -como essabido- empleó más esta imagen de la Iglesia como Pueblo: pueblo del éxodo, pueblo peregrino,pueblo del encuentro entre todos los ciudadanos del Reino de Dios, plebs Dei, según lo que dice la Primera carta de Pedro: “Los que antes erais no pueblo, sois ahora pueblo de Dios...” (1 Pe 2,10). El Pueblo de Dios es uno. Pastores y fieles pertenecen a la misma familia. No hay compartimentos estancos en esta comunidad o familia llamada Iglesia. Pablo VI insistía mucho en lo que él llamaba el senso della Chiesa, que no es otro que el sentido de pertenencia a la misma familia. Pastores y fieles, dentro de un mismo e idéntico Pueblo, deben sentirse corresponsables. En una palabra, vivir la comunión eclesial es una exigencia que toca a todos: a la jerarquía y al laicado5. Después de que, una vez votada en el aula conciliar, se aprueba la Lumen Gentium, Pablo VI empleará el título de Pueblo de Dios referido a la Iglesia con bastante profusión. No antes, para no influir en los padres conciliares. Así pues, en la Iglesia, los términos “pueblo del encuentro”, 7 Año de la fe
  8. 8. “congregatio”, “familia”, “comunión” le son familiares a Pablo VI. La palabra “encuentro” legustaba mucho y la usaba ampliamente y en diversas direcciones:Encuentro de la Iglesia, nuevo Pueblo de Dios, con el Pueblo de la antigua Alianza, el Pueblo judío.La Iglesia se ve a sí misma en línea de continuidad con el Pueblo de Israel.San Pablo hablará del “nuevo Israel”(cf. Flp 3, 5; Ef 2,12; Rm 9, 6.31). Cristo, derribando fronteras, “ha hecho de los dos pueblos unosolo” (Ef 2,14). Pienso que, en el capítulo este de las relaciones Iglesia-Pueblo de Israel se haprofundizado bastante en los últimos años. A pesar de los altibajos en el diálogo interreligioso conlos judíos, sin embargo, hemos llegado a niveles importantes de relación y compenetración. A PabloVI se deben algunas de las primeras aproximaciones en el diálogo interreligioso con los judíos6.Los cristianos, discípulos del Señor, viven un encuentro entre sí y con sus pastores. Unas Iglesiasparticulares se encuentran con otras. Y todas, con la Sede de Pedro. Dice Lumen Gentium: “Dentro de la comunión eclesial, existen legítimamente las Iglesias particulares con sus propias tradiciones, sin quitar nada al primado de la Sede de Pedro. Este preside toda la comunidad de amor, defiende las diferencias legítimas y, al mismo tiempo, se preocupa de que las particularidades no solo no perjudiquen a la unidad, sino que más bien la favorezcan” (LG, 13). Todos realizamos, en comunión, encuentro profundo con Cristo Jesús, Maestro y Señor, único Pastor y ‘Episcopus plebis Dei’, como proclama bellamente el mosaico del arco quesepara el presbiterio del resto del templo en la basílica de Santa María Maggiore de Roma (siglo V).Por eso, el leitmotiv que, en su primera parte, repite constantemente la encíclica Ecclesiam Suames este: “Iglesia, únete más a Cristo; redobla tu fidelidad a Él. Así es como podrás profundizarmejor en el conocimiento de ti misma”.Llamada a ser “comunión de vida”Este descubrimiento del misterio de Cristo en el corazón de la Iglesia conduce a descubrir quetambién la Iglesia “es misterio”. Es precisamente “misterio de comunión y de unidad”.La comunión en la Iglesia es ya una realidad, pero también es un reto, un permanente desafío,sobre todo frente a la división.Hoy, como entonces, existe ese resquebrajamiento en el interior de la propia Iglesia católica, ytodavía no disfrutamos de la perfecta unidad de comunión entre todas las otras Iglesias cristianas.El papa Montini partía teológicamente del único Maestro y Señor; de la única cabeza que da unidadal cuerpo (cf. LG, 7); de la única cepa de cuya comunión viven los sarmientos de la vid (cf. Jn 15,1-5; LG, 6), para llevarnos después a descubrir la unidad de la Iglesia. Una Iglesia diversa en susmiembros, de estilos variados, aunque en armonía y compenetración por el amor.Las consecuencias de este proceso, llamado “cristocéntrico”, me parecen trascendentales para elcamino hacia la unidad de los cristianos y para una labor de profundización en la comunión eclesial,tan necesaria hoy en todos los ámbitos y manifestaciones de la Iglesia católica.Es verdad que la “comunión” no está reñida con la “diversidad”, siempre que esta no sirva depretexto para introducir serias fisuras y divisiones en el Cuerpo de Cristo. Claro, que la llamada a la“comunión” tampoco debe servir para imponer una sola voz, una misma sensibilidad y una ausenciade diálogo en todo aquello que sea opinable y objeto de debate. Mucho menos, para volver a lavieja tentación del “ordeno y mando”.Si los cristianos (tanto los católicos entre sí como en sus relaciones con los otros cristianos, aún “noen perfecta comunión”) encuentran en el misterio de Cristo la raíz de su comunión, tendrán quehacer un esfuerzo por remitirlo todo a Él. Este razonamiento evita un “eclesiocentrismo” exageradoy, por supuesto, una excesiva e imperiosa polarización centrista en la Iglesia católica romana, comovm 8 Año de la fe
  9. 9. existió en otros tiempos. Es, precisamente, en Cristo -o sea, en la unión de los miembros a lacabeza y de los sarmientos a la vid- donde los cristianos encontrarán la unidad plena de comunión,que urgentemente necesitan, para testimoniar el Evangelio. Pero siempre -insisto- con la miradapuesta en Cristo y no en los “intereses” de ninguna de las Iglesias cristianas, que, como diceChristian Duquoc, siempre serán “Iglesias provisionales”7.Le parecía a Pablo VI que, si se buscaba “un concepto o definición más pleno de Iglesia” -primerobjetivo que él trazó para el Concilio-, se habría dado un paso importante de cara a la unidad de loscristianos. Y él lo encontró en lo de Ecclesia, communio (“Iglesia, comunión”).Pero, con esta definición de Iglesia, no solo se habrían dado pasos hacia la unidad tan urgente de loscristianos, “para que el mundo crea” (Jn 17, 21); sino que también -le parecía al Papase habrían cambiado la óptica y el punto de mira de la Iglesia en su relación con la sociedad y el mundo. Nunca más una Iglesia de condenas o anatemas, sino una Iglesia fiel a Cristo, testimoniándole a Él en el día a día. Y también una Iglesia comprensiva, misericordiosa, dialogante con el mundo de su tiempo. Esta “comunión fraterna”, según Pablo VI, hay que irla trabajando en los siguientes niveles de Iglesia: En primer lugar, entre los propios fieles, en el seno de cada una de las Iglesias. La Iglesia es comunión de fieles, encuentro de hermanos. En segundo lugar, entre las Iglesias particulareso locales. La Iglesia es una comunión de las Iglesias esparcidas por el mundo (y habrá que hacercomunión o encuentro, primero y ante todo, con las que están más cerca). De tal manera quedebemos tomar conciencia de la Iglesia universal a partir de las Iglesias locales en las que cada unovive su fe. Porque, efectivamente, “las Iglesias particulares están formadas a imagen de la Iglesiauniversal”. Y solo “en ellas y a partir de ellas existe la Iglesia católica, una y única” (LG III, 23).En tercer lugar, la comunión fraterna se realiza en la comunión de los obispos entre sí, y con elObispo de Roma. La Iglesia es una comunión de obispos. De aquí surge la colegialidad y lasinodalidad (aspectos en los que, a mi juicio, se debe seguir profundizando y yendo cada vez máslejos). Hacer caminos juntos: esto es precisamente la sinodalidad. El papa Juan Pabloen la encíclica Ut Unum Sint, decía que el “obispo de Roma pertenece a su colegio [al colegio de losobispos] y ellos son sus hermanos en el ministerio” y “lo que afecta a la unidad de todas lascomunidades cristianas forma parte obviamente del ámbito de preocupaciones del primado” (UUS,95). Añadía: “Estoy convencido de tener al respecto una responsabilidad particular, sobre todo alconstatar la aspiración ecuménica de la mayor parte de las comunidades cristianas y al escuchar lapetición que se me dirige de encontrar una forma de ejercicio del primado que, sin renunciar deningún modo a lo esencial de su misión, se abra a una situación nueva” (Ibid.).En el n. 96 pedía una ayuda no retórica: “Tarea ingente que no podemos rechazar y que no puedollevar a término solo...”. Parece un ejercicio de humildad. Por aquí pueden abrirse todavía caminosinexplorados.Y finalmente, en cuarto lugar, la comunión eclesial en cuanto tal, según el papa Montini, constituyeel modelo de comunión entre pueblos y naciones. No que el mundo deba configurarse a imagen ysemejanza de la organización eclesial, no; sino que, mediante la Iglesia, el mundo de todos lostiempos debería ser invitado permanentemente a ser familia solidaria, pueblos hermanados,comunidades vivas en camino. Pablo VI hacía suyo el texto de los profetas de la Vieja Alianza:“Como estandarte levantado, como señal orientadora de pueblos y naciones” (Cf. Is 11,12; 5, 26; Jr5,15-17; 6, 22-30). Son imágenes elocuentes y significativas. Pablo VI las emplearía repetidas veces,al igual que lo hace el Vaticano II para hablar de la Iglesia como signo o señal de universal comunión(SC, 2)8. 9 Año de la fe
  10. 10. ¿No les parece a ustedes que, después de esta visión de la Iglesia (Iglesia- familia, Iglesia-comuniónde vida, Iglesia-pueblo del encuentro), aún queda mucho camino abierto (camino ecuménico ycamino misionero)? Por cierto, habrá que seguir profundizando en la exhortación apostólicapostsinodal Evangelii Nuntiandi de Pablo VI, documento que sigue siendo ampliamente citado, ysobreel que volverán una y otra vez, a buen seguro, los obispos en el próximo Sínodo ya anunciado sobre la Nueva Evangelización de los pueblos. Un camino abierto, para nuestras Iglesias locales y para nuestras parroquias. Una parroquia, hoy, no puede ser ya por más tiempo un mero centro administrativo o burocrático de lo religioso, sino una verdadera comunidad de comunidades misioneras, abiertas, con el mensaje de Cristo siempre a punto. Parroquias aglutinadoras, unificadoras de distintos movimientos o grupos eclesiales vivos y activos, dinámicos y evangelizadores. Precisamente, en esta hora secular del mundo, un mundo descristianizado, convertido ya en auténtico terreno de misión. RENOVAR REFORMAR LA IGLESIA Toda la segunda parte de la Ecclesiam Suam está dedicada al tema, tan querido por Pablo VI, de la renovación y reforma de la Iglesia9. ¿Renovar o reformar? La palabra “reforma”, todavía hoy, parece que a algunas personas (especialmente, entre los católicos) les evoca conflictos de otras épocas (por ejemplo, los del siglo XVI con la Reforma protestante). Pablo VI no eludía la palabra“reforma”, a la que siempre quería dar su justo significado dentro de la Iglesia católica10.En la encíclica la empleó, al menos, hasta seis veces, y en su magisterio posterior volvió sobre ellaen innumerables ocasiones.Pero permítaseme una observación, aunque solo sea de paso: en la redacción de la encíclica -que,según se sabe, él hizo en italiano-, usa el término “reforma”, distinguiéndolo del de rinnovamento,o su equivalente latino renovatio. Pues bien, curiosamente, la palabra “reforma”, en la encíclica,fue siempre traducida al latín por renovatio, y no por la que me parece que correspondería mejor aloriginal, salido de su pluma, y que sería reformatio.Me parece, pues, que en la versión más oficial latina de la encíclica no se respetaba un matiz que síaparecía en la versión italiana que Pablo VI había redactado. Probablemente, alguienposteriormente quiso “suavizar”, en la “versión oficial latina”, una expresión que podría habersonado, en los piadosos oídos de algunos católicos (o miembros de la Curia, tal vez), a músicaestridente o excesivamente fuerte. ¿Qué duendes, sin duda bien intencionados, pero probablementemás papistas que el papa, se infiltraron en la última redacción de la Ecclesiam Suam paraenmendarle al mismísimo Papa su clara intención reformista?Cualquiera que sea la explicación que se quiera dar, lo que nos interesa, sobre todo, es dejar claroaquí que, efectivamente, Pablo VI distinguía en la encíclica -y todavía más en su posteriormagisterio- entre renovación y reforma, dando un matiz más general y de conversión interior a lapalabra renovación y dejando, en cambio, el término reforma, que nunca rehusó, para cuando sehablara de cambiar algunas estructuras de la Iglesia o modificar el Código de Derecho Canónico.Creo honestamente que todavía no se han extraído todas las consecuencias prácticas que, para elecumenismo, no menos que para el diálogo con el mundo de nuestros días, encierra este principiode los Padres de la Iglesia: Ecclesia semper reformando. 10 Año de la fe
  11. 11. Como ya dijimos, en la Ut Unum Sint, el papa Juan Pablo II pediría, andando el tiempo, sugerencias,aportaciones, propuestas y ayudas para reformar el modo concreto de ejercer el Primado dejurisdicción en la Iglesia. Así parece desprenderse de esta pregunta que es un ruego: “La comuniónreal, aunque imperfecta, que existe entre todos nosotros, ¿no podría llevar a los responsableseclesiales y a sus teólogos a establecer conmigoy sobre esta cuestión [la “cuestión delejercicio del Primado”] un diálogo fraterno,paciente, en el que podríamos escucharnosmás allá de estériles polémicas, teniendopresente solo la voluntad de Cristo para suIglesia, dejándonos impactar por sugrito ‘que ellos también sean uno en nosotros,para que el mundo crea que tú me hasenviado’ (Jn 17, 21)?”11.Una Iglesia amada, antes que pensada ycriticadaPablo VI amaba, primero; y estudiaba, después.Por este orden. Esta fue su norma. La practicócon las personas, y la hizo realidad con elmisterio de la Iglesia. No rechazaba la críticaa la Iglesia, cuando se hacía desde elamor. Pero pedía una Iglesia amada y servida ensus arrugas y defectos de madre...Precisamente, desde el amor que élprofesaba a la Esposa de Cristo y, tal vez,simplificando un poco, el papaCon el ortodoxo Atenágoras en JerusalénMontini clasificaba o dividía en tres las actitudes que cabe adoptar frente a la Iglesia: laindiferencia, la crítica (que puede ser destemplada o constructiva) y el enamoramiento12 (no seentienda en sentido romántico).En primer lugar, estarían los indiferentes. Los llama el papa Montini “vagabundos en el desierto delmisterio”. Son los que no se preocupan por la cuestión religiosa. Piensan que la “cuestión religiosa”es una cuestión menos importante, apenas tiene relieve. Hoy, aparentemente, muchos andan poraquí. Consideran, tal vez, que la fe se ha ido difuminando en la sociedad.0 que es algo tan íntimo y subjetivo, que no es necesario vivirlo dentro de ninguna comunidadeclesial. Y mucho menos con repercusiones en la esfera de lo público...En segundo lugar, estarían los críticos: estos pueden ser positivos, unos; negativos, otros. Actitudesta muy de moda. Quizá más todavía en tiempos del papa Montini, con toda la contestaciónpostconciliar. Cree ver el Papa -como decimos- dos categorías distintas de crítica: positiva, una;negativa, la otra. Los críticos positivos se orientan hacia la verdad. Contemplan la Iglesia en toda suprofundidad. La quieren más bella, más acorde con las enseñanzas de Jesús. Hubo en la historiagrandes “reformadores”, que, sin salirse de la Iglesia, la impulsaron hacia una presencia de Cristomás viva y eficiente en medio del mundo.En tercer lugar, se sitúan -lejos de romanticismos estériles- los enamorados de la Iglesia. Son losque aman a la Iglesia como es: divina y humana, misteriosa y contingente, sublime y defectuosa,carismática e institucional. Cree el Papa ver a la Iglesia “perfecta en el pensamiento de Cristo (cf.Ef 5, 27), pero perfectible en nuestra experiencia y deseo”13. No es necesario evadirse hacia elsueño de una Iglesia meramente carismática, exenta de instituciones u organizaciones humanas.Como veremos enseguida, solo hay una Iglesia. Y esta es carismática e institucional, invisible yvisible. Del amor a la Iglesia surge el deseo de la renovación personal -la de sus miembros- y el de lareforma de sus estructuras e instituciones. Del amor a la Iglesia, del fervor y de la entrega, surge laIglesia misma.Por tanto, la visión que algunos han dado de Pablo VI como la de un reformista conservador o comola de un maquillador de rostros eclesiales, para que todo continúe siendo igual, no se correspondeal ímpetu renovador que este Papa imprimió a la Iglesia de Cristo.DIALOGAR PARA CONSTRUIR 11 Año de la fe
  12. 12. Pablo VI creía en el diálogo. Es por lo que lanza una propuesta en la Ecclesiam Suam, quemantendría siempre en pie a lo largo de su pontificado. Son sus famosos círculos de interlocutores:La Iglesia, “experta en humanidad”, quiere dialogar con los hombres de cada época, allí dondeestén, y en la situación que se encuentren. Apostar porel diálogo es sentarse a escuchar, dejarse interpelar, provocar respetuosamente, y formularrespetuosamente muchas preguntas.La Iglesia establece un círculo más cercano de interlocutores, el de los que creen en Dios, los quehan abrazado algunas de las grandes religiones monoteístas: hebreos, musulmanes, los seguidoresde las grandes religiones afroasiáticas. ¿En qué momento nos encontramos en lo que se refiere aldiálogo interreligioso?3- El diálogo con las Iglesias y comunidades cristianas, todavía separadas o no en perfectacomunión. Mucho camino se ha hecho desde Juan XXIII hasta Benedicto XVI, pasando por Pablo VI, elConcilio Vaticano II y Juan Pablo II. Quanta est nobis via?, se preguntaba Juan Pablo II en la UtUnum Sint (UUS, III).El diálogo dentro de la propia Iglesia católica romana. Diálogo que a Pablo VI le llevó, entonces, porla “calle de la amargura”, y que -a mi modo de ver- sigue siendo un gran reto, un desafío aún hoydía, en que vemos grupos, sectores y bloques enteros de Iglesia enfrentados, reticentes, un tantoatrincherados en las propias posiciones.¿Estamos en la etapa del postdiálogo?En el décimo aniversario de la muerte de Pablo VI (celebramos el 33° aniversario el 6 de agosto de2011), se reunieron -bajo los auspicios de la Scuola di formazione teológica di Bassano del Grappa-estudiosos del pensamiento, de la figura y obra del papa Montini. Fue un encuentro provechoso14.Monseñor Giuseppe Colombo, prestigioso teólogo, presidente de la Facultad Teológica de Italia Septentrional, habló del sensus Ecclesiae (del sentido de la Iglesia) en Pablo VI. La opinión de Colombo era, entonces, la siguiente: “(...) No es fácil volver al tiempo del diálogo, hoy que vivimos en el tiempo del postdiálogo”15.Después de la caída de los muros de la Guerra Fría, se opina, más que se dialoga. La pasión por eldiálogo parece cosa de tiempos pasados. Tiempo gris el nuestro. Tiempo de opiniones. Todasiguales. Todas respetables. Opiniones confrontadas, a veces pretexto para la polémica. En estecontexto histórico, a Colombo le parecía que la Ecclesiam Suam corría el riesgo de pasar por laencíclica de los años 60: los años en los que el diálogo era una necesidad vivida y compartida. Elchoque o confrontación de las ideologías así lo requería. Pero, ¿qué ocurre hoy, cuando lasideologías parecen haber desaparecido? ¿Estamos en la época de proclamar certezas? ¿No esnecesario ya contrastar verdades?Algunos creemos que es necesario recuperar el talante, el estilo, en el que está escrita la EcclesiamSuam: el de la humildad de los pastores de la Iglesia que se sientan a dialogar con el mundo de hoy,con creyentes y no creyentes, además de buscar entendimiento con los hijos de la Iglesia, y, en elcaso de los obispos, con los hermanos en el episcopado. Así lo ha entendido, de cara a los nocreyentes, Benedicto XVI, quien ha promovido el foro conocido como el Atrio de los Gentiles.Recuperar el estilo dialogante como una permanente actitud de IglesiaPablo VI había roto ya con el viejo modelo de Iglesia y había apostado por otros modelos como losdel teólogo de Friburgo Charles Journet. Él mismo se mostraba dispuesto a ir aggiornando la viejaeclesiología. 12 Año de la fe
  13. 13. He aquí, por tanto, un papa que se sienta, como un discípulo, a escuchar y preguntar (que esto es eldiálogo) con todos los miembros de la Iglesia también con aquellos que, fuera de la Iglesia, lacontemplan como un referente importante en medio de los conflictos y problemas del mundopostmoderno.¿Buenas intenciones? ¿Palabras? ¿Deseos colgados de las nubes? No debiera ser así. Por eso, tododiálogo está pidiendo plataformas concretas.La vida nuestra de cada día, tan movida hoy; las emigraciones; la presencia de misioneros ennumerosos países reclaman una colaboración práctica: jornadas de estudio, intercambios teológicos,reuniones de oración y comunicación de experiencias religiosas, acciones humanitarias y caritativas,esfuerzos en pro de la paz y de la justicia...Es mucho lo que queda por hacer en lo que se refiere a la toma de conciencia y a la coordinación detodo lo relativo al desarrollo social y económico de pueblos y países enteros.La búsqueda de la verdad ya se está haciendo realidad en el estudio común que están llevando acabo las distintas asociaciones judeo-cristianas o cristiano-musulmanas, y que no hay que dejar dealentar. Cuando se creó el Secretariado para los no cristianos, muchas iniciativas de estasasociaciones fueron secundadas por la Santa Sede.El “lenguaje respetuoso” es otro de los presupuestos del diálogo en el camino de construcción deunas relaciones positivas en el campo interreligioso. Se han ido eliminando, poco a poco,expresiones que pudieran resultarmolestas o hirientes. Al hablar, porejemplo, de los judíos, fuerondesapareciendo palabras que podíanresultar insultantes, como “deicidas”,“pérfidos”, etc. El espíritu del Vaticanoera precisamente este.Resulta significativo que, en los diálogosbilaterales y multilaterales llevados acabo por las Iglesias, así como en eltrabajo realizado por Fe y Constitución-el brazo teológico del CEI (ConsejoEcuménico de las Iglesias)-, sobresalensiempre los mismos grandes núcleostemáticos de la teología, quepreocupan a los ecumenistas y a laspropias Iglesias: Justificacióny gracia, Ministerio ordenado,Bautismo, Eucaristía. Pero, sobre todo,el modelo, el tipo de reunificaciónfinal que se persigue. ¿Hacia dónde nosencaminamos con la tarea ecuménica?¿Qué modelo de unidad perseguimosunos y otros? Cuando hablamos de la una y única Iglesia de Jesucristo, ¿cómo entienden esta unidadlos teólogos de una confesión y los de otra? Son cuestiones que se van dilucidando, gracias al estudioy profundización de los teólogos.Desde hace ya muchos años, en el campo cristiano, se ha venido haciendo una teología ecuménica:es decir, una reflexión conjunta entre todas las Iglesias cristianas sobre algunos de los contenidosfundamentales de nuestro credo. Con los acentos propios de cada confesión, recogiendo matices ysensibilidades propios de cada Iglesia, pero con el empeño serio de llegar a convergenciasdoctrinales sobre temas que en el pasado fueron motivo de discordia.CONCLUSIÓNLo más importante de la encíclica Ecclesiam Suam sigue siendo que, detrás de su estilo dialogante,hay un modelo de Iglesia que el Papa propone. Un modelo que ya no tiene que ver con el de la“Iglesia piramidal”: una Iglesia en la que las responsabilidades se van diluyendo o esfumandoconforme se va descendiendo por la pendiente de la pirámide en la que en la cúspide están lospastores de la Iglesia, en el vértice el Papa, hasta llegar a la base en que se situarían los fieles, los 13 Año de la fe
  14. 14. laicos, que sostendrían la pirámide sobre sus hombros y cuya tarea sería la de obedecer sin más.El modelo de la Iglesia como communio (ierarchica communio) es otro modelo distinto al queestábamos acostumbrados antes del VaticanoEste modelo (el de Iglesia como “Pueblo del encuentro” o el de “familia corresponsable”) sigueabierto a ulteriores profundizaciones teológicas y prácticas.Nos parece, efectivamente, que todavía resta mucho camino abierto en una visión de la Iglesiacomo “comunión de Iglesias”. Dios quiera que lo vayamos recorriendo en el presente ya, para forjarel futuro. También, para que nuestra Iglesia católica siga ejerciendo la misión y función que lecompeten, al lado de las otras Iglesias cristianas (aún no en perfecta comunión), en el mundoconcreto que nos ha tocado en suerte y por el que Cristo se entrega, cada día, sin reservas. 14 Año de la fe
  15. 15. 3.- El Concilio Vaticano II, a cincuenta años* Pbro. Dr. Alejandro W. BUNGESUMARIO: I.- Contexto histórico del Concilio. 1.- Fin del colonialismo. 2.- Rápida industrialización.3.- La televisión. II.- El “fin de cristiandad”. III.- Orientaciones teológicas y pastorales entre 1940 y1960. 1.- La teología. 2.- La pastoral. IV.- Documentos del Concilio. 1.- Tipos de documentos. 2.-Valor magisterial de los documentos. 3.- Documentos conciliares. V.- Apéndice: Algunas fechas entorno al Concilio. El 11 de octubre de 1962 se inauguró el Concilio. Ese día fue un punto culminante de un largo camino de preparación, pero sobre todo el inicio de un acontecimiento eclesial que marcó el profundamente a la Iglesia del final del siglo pasado y de lo que llevamos recorrido del presente. Servirá recorrer de una sucinta sus hitos principales, para comprender su relevancia trascendental. I.- Contexto histórico del Concilio Cuando surge el Concilio no hay, como en el caso de otros anteriores, errores doctrinales o prácticas morales que necesiten una corrección urgente. No hay situaciones destacadas que exijan una toma de posición. Sin embargo, Juan XXIII decía el 6 de enero de 1962 a las Comisiones preparatorias, en vísperas de la inauguración del Concilio, una frase que recién después pudo entenderse en todo su sentido:“El Concilio constituye una nueva epifanía, y es esperado no sólo por los católicos, sino también porlos hombres de todo el mundo; la Iglesia se encuentra en el umbral de una nueva época”. Podemosver esta nueva situación al menos en tres hechos importantes, como son el fin del colonialismo, laaceleración de la industrialización y la aparición de la televisión.1.- Fin del colonialismoEl fin del colonialismo en África y Asia tiene consecuencias mucho más visibles, en el mundo y en laIglesia, que el de América en el siglo pasado. Algunas fechas de la independencia de países en Áfricay Asia son: Indonesia en 1945, Filipinas en 1946, India en 1948, nacimiento de Israel en 1948, Libiaen 1951, Argelia en 1962 (¿1957?), Marruecos en 1956, Sudán en 1956, Ghana en 1957, Congo en1960, Kenya, Uganda Madagascar.La presencia del Tercer Mundo en el concierto de las naciones cambia en forma muy rápida. Para laIglesia nace también la dificultad de la inculturación, es decir, expresar su fe en las culturas hastaese momento dominadas y sepultadas por la europea, que la Iglesia usaba también en su * Es la primera parte de la Conferencia inaugural del Curso “Parroquia y nueva evangelización: a cincuenta años delConcilio”, dado por la Facultad de Derecho Canónico de la Pontificia Universidad Católica Argentina, del 28 al 30 deagosto de 2012, que será publicada en su integridad en el AADC 18 (2012). 15 Año de la fe
  16. 16. predicación y en su liturgia. Además, el crecimiento de la población se daba, en 1950 en unaproporción de 2 a 1 en estos pueblos respecto a los países desarrollados, y crecía de 3 a 1 en 1970, yllegará a ser de 5 a 1 en el 2000.2.- Rápida industrializaciónLos descubrimientos de la ciencia y su aplicación por parte de la técnica dan un fortísimo impulso ala industria y crece muy rápidamente la renta anual en los países industrializados. Esto lleva a unrápido crecimiento del nivel de vida. Comienzan, entonces, a manifestarse todos los síntomas quedespués nos permitirán caracterizar a la “sociedad de consumo”. Además, y junto con esto, crecenen todo el mundo las grandes ciudades y se vacía el campo.3.- La televisiónEn ese tiempo de cambios, la aparición de la televisión (año 1953 en Italia) permite también unrápido conocimiento y propagación de los nuevos hábitos y cambios de mentalidad. Funciona comoun factor multiplicador en un proceso de transformación ya por sí mismo suficientementeacelerado. Cambia el ritmo de vida, el día se alarga (todos se quedan “viendo televisión”). Crecenlas necesidades (que son siempre relativas, no necesidades absolutas). Se modifica la familiaporque se reduce el número de sus componentes y se multiplican las evasiones, se reduce el diálogofamiliar. Los valores que priman son los de lo “lo útil”, lo que “funciona”.En definitiva, el mundo ya no tiene las características de poco tiempo atrás, en el que, con sus másy sus menos, se había logrado una cierta síntesis entra la vida y el Evangelio, y en el que la Iglesia tenía su lugar como guardiana de los valores evangélicos en una sociedad que se estructuraba fundamentalmente a través de ellos. La Iglesia deja de ser escuchada cuando aplica el Evangelio a lo económico, lo político, lo social. La situación que presentaba la organización política, social y religiosa de occidente antes de todos estos cambios se expresaba sintéticamentediciendo que se trataba de una “cristiandad”. Una organización política, social y religiosaimpregnada del espíritu cristiano, si no en toda la profundidad que este espíritu puede alcanzar, almenos en sus formas. Pero la transformación ocurrida hizo surgir irremediablemente la pregunta:¿es posible todavía hablar de “cristiandad”, o es éste un concepto que hay que considerar superado?II.- El “fin de cristiandad”Pío XII (1939-1958) fue un gran Papa, de una gran actividad, desarrollada en numerosos campos,sobre todo a través de su magisterio, que se extiende a variadísimos temas y que revela con un granesfuerzo por llegar con la enseñanza y la predicación de la Iglesia a todas las nuevas situaciones queplanteaban los cambios que vivía el mundo. Dio un gran impulso renovador a las ciencias teológicasy bíblicas 1. 1 Cf. Encíclicas Mystici Corporis, sobre la Iglesia, y Divino Afflante Spiritu, sobre el estudio de la Escritura, entre otras. 16 Año de la fe
  17. 17. Entre las limitaciones de su pontificado se puede señalar su estilo centralizador, que lo llevó a decirposteriormente al Cardenal Domenico TARDINI que “no quería colaboradores sino ejecutores”.Mantuvo vacante el puesto de Secretario de Estado después de la muerte del Cardenal Luigi MAGLIONE (+1944), y quienes fueron a partir de allí sus secretarios, Mons. Domenico TARDINI y Mons. Giovanni Battista Enrico Antonio Maria MONTINI, no fueron Obispos durante el desarrollo de ese oficio. Esto lo llevó a un cierto aislamiento. Tenía una clara visión de lo que significaban los cambios que se vivían, pero prácticamente ningún diálogo con los Obispos, y por eso mismo perdía el contacto directo con las nuevas situaciones. Esto se ve, por ejemplo, en el concordato con España firmado en 1953, donde se reconocen y se reivindican las prerrogativas de la Iglesia frente al Estado españolcomo si se estuviera en plena cristiandad (no tardó en ser modificado, en 1976). De la mismamanera, la prohibición de dar los sacramentos (excomunión) a los miembros del partido comunistadecretada el 30 de junio de 1943 mostraba la actitud de defensa desesperada de la cristiandad sinconexión con la realidad, ya que fue una medida totalmente ineficaz (no disminuyeron ni losafiliados ni los votantes del partido).Pero además debe señalarse que, según resulta de los estudios más actualizados ya desde el año1948 Pío XII había pensado en la convocatoria de un Concilio para la Iglesia universal, aunque no seconsideró con la energía suficiente para realizarla, pensando que le correspondería hacerlo a unPapa más joven. Quiso Dios que en realidad fuera Juan XXIII, elegido para el oficio primacial amenos de un mes de cumplir los 77 años, que lo convocó menos de tres meses después de haberasumido su oficio.III.- Orientaciones teológicas y pastorales entre 1940 y 1960Rastreamos aquí, de una manera sólo indicativa, algunos impulsos renovadores de la Iglesia que seventilaban en los ambientes académicos y pastorales.1.- La teologíaEl pensamiento teológico en el período indicado abarca un amplio espectro que puede resumirse endos posiciones fundamentales: una orientación más abierta en la periferia, una posición más cautaen el centro (Vaticano y centros de estudios de Roma). Pero dentro de ese período se fue dandoclaramente una evolución. Muchos intentos de renovación que al principio son muy resistidosterminan siendo las ideas fundamentales en la teología renovada del Concilio 2.Algunos autores, como DE LUBAC 3 o DANIÉLOU 4 entre los jesuitas y CONGAR 5 y CHENU 6 entre los 2 Una publicación de R. AUBERT, La théologie catholique au milieu du XXe siècle, Tournai-Paris, 1954, presenta unexcelente resumen de las posiciones teológicas del momento, que parece, sin embargo, una presentación de la teologíapostconciliar. Hasta tal punto se reflejó en el Concilio el pensamiento renovador de los años que lo precedieron. 3 Fue retirado de la enseñanza por sus superiores en 1950 (después de la publicación de la Encíclica Humani generis el 12de agosto de 1950) y sus libros fueron retirados de las bibliotecas jesuitas (en 1946 había escrito Surnaturel; en 1953 publicóMéditations sur lEglise, libro que impactó mucho a Montini, después Papa Pablo VI que lo leía continuamente). 17 Año de la fe
  18. 18. dominicos, fueron mirados con recelo y sospechas al comienzo, incluso fueron objeto de algunasmedidas restrictivas, y terminaron siendo redactores o inspiradores de algunos de los documentosdel Concilio.De la misma manera, la interpretación del papel del hermano mayor en la parábola del hijo pródigoen un libro del P. MAZZOLARI 7, prohibido por el Santo Oficio, es asumida por JUAN PABLO II en laEncíclica Dives in misericordia.También podemos mencionar a MARITAIN 8, filósofo laico francés, promotor de la autonomía de loslaicos en su actuación temporal y política, aunque las críticas del Card. OTTAVIANI y del P. MESSINEO 9no prosperaron y no hubo para él sanciones ni prohibiciones.2.- La pastoralEn lo pastoral se dieron algunos pasos novedosos, como el intento de los sacerdotes obreros(Francia, desde 1945), frenados desde Roma a partir de 1953 y más firmemente en 1959.Los pedidos más intensos de renovación apuntaban a la reforma de la liturgia, al uso de las lenguasvernáculas en las celebraciones de la Misa y demás Sacramentos, un mayor diálogo con los otroscristianos, la reforma del Índice de los libros prohibidos, la simplificación del hábito eclesiástico, laintroducción del diaconado permanente para hombres casados, el respeto por la libertad de loslaicos en cuestiones políticas y su mayor participación en el gobierno de la Iglesia, el control de losnacimientos, la guerra y el armamento atómico 10.Como se ve fácilmente al analizar los documentos conciliares, prácticamente todos estos asuntospresentados por las Conferencias episcopales, los Obispos y los organismos consultados al prepararel temario del Concilio, fueron después temas tratados en el aula Conciliar y campo de decisionestrascendentes.IV.- Documentos del ConcilioConviene tener presente algunos datos relevantes en cuanto a los frutos documentales del ConcilioVaticano II.1.- Tipos de documentosLos documentos promulgados por el Concilio Vaticano II se agrupan en tres tipos, que indican cadauno un grado de importancia y solemnidad diferente.Aparecen en primer lugar las Constituciones, que son los documentos más importantes, por suextensión y por los temas que tratan. La primera, Sacrosanctum Concilium, sobre la Liturgia,además de ser el primer documento promulgado por el Concilio, fue el único hasta la finalización dela tercera sesión. Hay también dos Constituciones llamadas dogmáticas: Lumen gentium, sobre laIglesia, y Dei Verbum, sobre la revelación. Se agrega el adjetivo “dogmática” al sustantivo 4 Su artículo Les orientations présentes de la pensée religieuse, publicado en 1948 en Etudes, y sus libros (entre ellosDialogues avec les marxistes, les existentialistes, les Protestants, les Juifts, lHindouisme, también de 1948), fueron retiradosde las bibliotecas jesuitas después de la publicación de la Encíclica Humani generis. 5 Su libro Vraie et fausse réforme dans lEglise, que presenta la necesidad de una continua reforma en la Iglesia, poniendoen San Francisco la figura del verdadero reformador y en Lutero y Calvino la del falso, publicado en 1950, fue prohibido ensu publicación italiana y en las siguientes ediciones francesas. 6 Su libro Une école de théologie: Le Saulchoir, lugar en donde desarrollaba sus clases en el escolasticado de losdominicos, publicado por primera vez en 1937, fue puesto en el Índice en 1942. 7 P. MAZZOLARI, La più bella avventura e le sue “dissaventure”, retirada de circulación por la prohibición impuesta porel Santo Oficio. Lo mismo puede decirse del libro de Mons. PASCHINI, Vita di Galileo, cuya publicación fue suspendida porel Santo Oficio por tiempo indefinido (en 1942), y que fue posteriormente citado por Gaudium et Spes, el documento delConcilio sobre la Iglesia en el mundo actual (de 1964), al hablar sobre la autonomía de las ciencias. 8 Cf. sus obras El primado de lo espiritual (1927) y El humanismo integral (1936), y las voces de sus críticos, A.OTTAVIANI, Deberes del Estado católico con la religión, Madrid (1953) y A. MESSINEO, Lumanesimo integrale, Civ. Catt.(1956) págs. 449-463. 9 Cf. nota anterior. 10 Cf. G. MARTINA, El contexto..., págs. 54-55. 18 Año de la fe
  19. 19. “Constitución” para indicar que se refieren a temas en forma preponderante doctrinales, aunque nocontengan la declaración de ningún nuevo “dogma de fe” de la Iglesia. Por último, encontramos unaConstitución llamada “pastoral”, sobre la Iglesia en el mundo moderno, Gaudium et spes, llamadacon ese adjetivo para indicar que trata sobre la respuesta evangelizadora, es decir, pastoral, de laIglesia a la realidad del mundo moderno.Continúan los Decretos que, a partir de las afirmaciones más doctrinales de las Constituciones,aplican la reflexión del Concilio a variados temas de la actividad de la Iglesia, adecuándolos a lasnuevas situaciones (Christus Dominus, sobre el ministerio de los Obispos, Presbyterorum ordinis,sobre la vida y el ministerio de los sacerdotes, Optatam totius, sobre la formación de lossacerdotes, Perfectae caritatis, sobre la renovación de la vida religiosa, Apostolicam actuositatem,sobre el apostolado de los laicos, Orientalium ecclesiarum, sobre las Iglesias orientales católicas, Adgentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia, Unitatis redintegratio, sobre la relación con las religiones cristianas no católicas y Inter mirifica, sobre los medios de comunicación social). Por último encontramos las Declaraciones en las que el Concilio se refiere a temas que no son de exclusiva incumbencia de la Iglesia sino que interesan de un modo o de otro a toda la comunidad humana (Dignitatis humanae, sobre la libertad religiosa, Gravissimum educationis, sobre la educación y Nostra aetate, sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas). 2.- Valor magisterial de los documentos Algunos se preguntan, incluso con cierta ansiedad, si los documentos del Concilio, al menos las Constituciones, que son los más importantes, sondogmas de fe. Para responder a esta pregunta hay que tener en cuenta la finalidad para la que fueconvocada el Concilio, tantas veces afirmada por los Papas Juan XXIII y Pablo VI: el“aggiornamento” de la Iglesia, la acomodación de la vida y la misión de la Iglesia a las nuevassituaciones que presenta el mundo moderno.No hay, entonces, definición de “nuevos dogmas” en el Concilio, en ninguno de sus documentos.Esto no significa que no haya en sus documentos dogmas de fe. Porque muchos dogmas que han sidodefinidos en momentos anteriores aparecen en los documentos conciliares, no como cosas nuevas,pero sí como contenidos de la fe, que pertenecen al depósito definido de la misma. Son dogmas defe no en virtud de su aparición en los documentos del Concilio, sino desde antes del mismo.Por otra parte, no todo el contenido de la fe de la Iglesia está definido como “dogma”. Se utilizaesta palabra para referirse a determinados contenidos de la fe que han sido declaradossolemnemente en un acto magisterial concreto de la autoridad suprema de la Iglesia, el Papa o unConcilio ecuménico.El contenido de la fe abarca no solamente las definiciones dogmáticas (éstas, por otra parte, sonmuy pocas a lo largo de los 20 siglos de vida de la Iglesia) sino también el Credo, y toda laenseñanza magisterial de la Iglesia a través de la predicación ordinaria y constante, por parte de los 19 Año de la fe
  20. 20. Obispos, de la Palabra de Dios y el modo en que ha sido entendida en el seno de la Iglesia.Como ejemplo de una verdad de fe no definida como dogma podríamos citar la afirmación másimportante de la fe cristiana, sin la cual, dice San Pablo, “vana es nuestra fe” (1 Cor 15,14). Es laresurrección de Jesucristo. Nunca ha sido definida dogmáticamente, sin embargo esto no significaque no forme parte de nuestra fe. Es más, sin ella, toda nuestra fe deja de tener sentido.Sencillamente hay que decir que nunca se hizo necesaria definirla solemnemente como un dogma,ya que siempre estuvo presente en la fe y la vida de la Iglesia. Y así muchas otras verdades denuestra fe pertenecen a ella sin estar solemnemente definidas.Esto nos lleva a considerar las diversas formas de intervención de los encargados de enseñar elcontenido de la fe en la Iglesia. Esta misión fue confiada por Jesucristo a los apóstoles al modo deun “Colegio” (cf. la expresión, de uso corriente entre nosotros, “colegas”), al frente del cual puso aPedro, como Cabeza. Ese Colegio apostólico es continuado en el tiempo por el Colegio episcopal,del que forman parte todos los Obispos en comunión con el Papa, que cumple la función de“Pedro”, es decir, Cabeza del Colegio episcopal.Cristo confió al Colegio apostólico, con Pedro a la cabeza del mismo, la misión de enseñar ycustodiar todo el contenido de la fe, que llamamos “depósito” de la fe. Esa misión reside ahora enel Colegio episcopal, con el Papa como cabeza.Esta misión la ejerce la autoridad suprema de la Iglesia en forma solemne a través de la Cabeza delColegio, el Papa, o cuando se reúnen todos los Obispos en un Concilio Ecuménico, o incluso sinreunirse, pero manteniendo la comunión con el Papa y entre sí, enseñan todos una misma doctrina.En cualquiera de estas formas de enseñar, el Papa por su cuenta o todos los Obispos reunidos en elConcilio (con el Papa, porque si no está el Papa no hay Concilio) o dispersos por el mundo yenseñando una misma doctrina, si se proclama la enseñanza con un acto definitivo, es decir, seenseña que una doctrina sobre la fe o las costumbres (la moral) debe sostenerse en formadefinitiva, se pone en juego la infalibilidad de la Iglesia. La enseñanza resulta irreformable e infalible. Cuando es el Papa el que habla de esta manera se dice que habla “ex cathedra” (desde la cátedra, desde su función de enseñar como cabeza de la Iglesia). Por esta razón, cuando el Papa o todos los Obispos en el Concilio o dispersos por el mundo, cada cual en su diócesis, utilizan este modo de enseñar los fieles, deben creer esa doctrina con “fe divina y católica”. Esta es una expresión que sirve para decir que cuando reciben una enseñanza de este tipo los fieles deben responder creyéndole a Dios y a la Iglesia, através de la cual Dios se expresa.De todos modos, el Papa y los Obispos no enseñan sólo de esa manera. Hay una forma máscotidiana, más habitual, en la que predican el contenido de la fe. Y siguen siendo Pastores de supueblo, auténticos Pastores. Por eso, a esa forma más cotidiana de enseñar las verdades de la fe yde la moral se lo llama “magisterio auténtico”, verdadero magisterio o enseñanza de la Iglesia.No es un magisterio infalible, es probable que algunas cosas enseñadas de este modo seanmodificadas o mejor determinadas a lo largo del tiempo. Pero eso no significa que los fieles puedanno atender a ese magisterio. Deben prestarle un “asentimiento religioso”, de la inteligencia y de lavoluntad. Es decir, se debe asentir a esta enseñanza, aceptándola con la inteligencia y asumiéndola 20 Año de la fe
  21. 21. en la propia vida, pero sin un asentimiento “de fe”, como cuando le creemos directamente a Dios, oa Dios cuando habla a través del magisterio infalible de la Iglesia.En los documentos del Concilio, en el que se reunieron convocados por el Papa los Obispos de todoel mundo, encontramos una manera solemne de ejercerse el magisterio de la Iglesia. Podemos decirque hay allí magisterio infalible, cada vez que se asumen definiciones o se repiten afirmaciones dela fe de la Iglesia proclamadas anteriormente. No hay “definiciones nuevas”, no se utilizó elmagisterio infalible para enseñar cosas nuevas, hasta ese momento no enseñadas, pero sí seretomaron muchas afirmadas anteriormente. Y además, se realizó extensamente magisterioauténtico, es decir, enseñanzas que hacen los Obispos como Pastores.Estas enseñanzas del Concilio tienen además la importante cualidad de ser el fruto de un trabajointenso en el que estuvieron presentes y activos, de un modo o de otro, más de 2000 Obispos de laIglesia fundada por Jesucristo hace casi 2000 años, sucesores de los apóstoles, a quienes debemosnuestra fe (a los apóstoles y a los Obispos, sus sucesores). Magisterio auténtico, entonces, perosolemne.Todos los documentos del Concilio pertenecen a la enseñanza de todo el Colegio episcopal. Aunquehayan intervenido más unas manos que otras en su preparación, incluso aunque hayan participadoen su preparación muchas personas que no eran Obispos, una vez que son votados y promulgadospor el Concilio, son un acto de su exclusiva autoridad. Sin embargo, y a título de curiosidad 11, vamosa presentar los diversos documentos del Concilio y los resultados de las votaciones finales con lasque se llegó a su promulgación.Para interpretar adecuadamente el cuadro que sigue hay que tener en cuenta que “placet” significaun voto afirmativo al documento y “non placet” significa un voto negativo. El documento con másvotos negativos es Inter mirifica, sobre los medios de comunicación social, en el que llegan al 7,7 %.Esto puede ser entendido si se considera que fue debatido muy rápidamente y votado antes de quepudiera ser perfeccionado suficientemente, ante la urgencia de terminarlo en la primera etapa delConcilio.En las 4 grandes Constituciones el porcentaje de votos negativos es llamativamente bajo: 0,18 %para Sacrosanctum Concilium, sobre la Liturgia, 0,23 % para Lumen gentium, sobre la Iglesia, 0,25 %para Dei Verbum, sobre la divina revelación y 3,13 % para Gaudium et spes, sobre la Iglesia en elmundo moderno. También aquí, en el último documento votado por el Concilio, vemos el resultadode los apuros: ante la urgencia de terminar dentro de los plazos previstos, es la constitución conmayor número de votos negativos, 75. Son pocos, en relación al número de votantes (2.391), peroquizás hubieran sido menos si se hubiera podido discutir durante más tiempo algunos detalles,seguramente objetados por quienes dieron su voto negativo.3.- Documentos conciliares Fecha Documento promulgado Placet Non Votos Total de placet nulos votantes 4/12/63 Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre 2.147 4 1 2.152 la Liturgia 4/12/63 Decreto Inter mirfica, sobre los medios de 1.960 164 7 2.131 comunicación social 21/11/64 Constitución dogmática Lumen gentium, sobre 2.151 5 0 2.156 la Iglesia 21/11/64 Decreto Orientalium ecclesiarum, sobre las 2.110 39 0 2.149 Iglesias orientales 21/11/64 Decreto Unitatis redintegratio, sobre las 2.137 11 0 2.148 Iglesias cristianas no católicas 28/10/65 Decreto Christus Dominus, sobre el ministerio 2.319 2 1 2.322 pastoral de los Obispos 11 La curiosidad es una característica de la persona humana que, cuando se da en el sexo femenino, alcanza el rango devirtud. 21 Año de la fe
  22. 22. Fecha Documento promulgado Placet Non Votos Total de placet nulos votantes 28/10/65 Decreto Perfectae caritatis, sobre la vida 2.321 4 0 2.325 religiosa 28/10/65 Decreto Optatam totius, sobre la formación 2.318 3 0 2.321 de los presbíteros 28/10/65 Declaración Gravissimum educationis, sobre la 2.290 35 0 2.325 educación 28/10/65 Declaración Nostra aetate, sobre las religiones 2.221 88 1 2.310 no cristianas 18/11/65 Constitución dogmática Dei Verbum, sobre la 2.344 6 0 2.350 revelación 18/11/65 Decreto Apostolicam actuositatem, sobre el 2.340 2 0 2.342 apostolado de los laicos 7/12/65 Declaración Dignitatis humanae, sobre la 2.308 70 6 2.384 libertad religiosa 7/12/65 Decreto Ad gentes, sobre la actividad 2.394 5 0 2.399 misionera 7/12/65 Decreto Presbyterorum ordinis, sobre los 2.390 4 0 2.394 presbíteros 7/12/65 Constitución pastoral Gaudium et spes, sobre 2.309 75 7 2.391 la Iglesia y el mundo modernoV.- Apéndice: Algunas fechas en torno al ConcilioTambién resulta útil tener presente algunas fechas que señalan los momentos principales en lapreparación y la realización del Concilio.1.- Etapa antepreparatoria25/01/1959: Juan XXIII anuncia a los Cardenales, en la Basílica de San Pablo Extramuros, su propósitode convocar un Concilio.17/05/1959: Se constituye una Comisión antepreparatoria, presidida por el Cardenal Tardini.18/06/1959: Carta del Cardenal Tardini a todos los Cardenales, Arzobispos, Obispos, Oficinas de laCuria romana, Superiores Generales de las órdenes religiosas, Universidades católicas, facultadesteológicas, para pedir sugerencias y temas para el Concilio (contestaron el 77 % de los preguntados,1998 respuestas).29/06/1959: Encíclica Ad Petri cathedram indicando los fines del Concilio.2.- Etapa preparatoria5/06/1960: Motu proprio Superno Dei nutu que instituye las 15 Comisiones y Secretariadospreparatorios del Concilio.25/12/1961: Constitución Apostólica Humanae salutis convocando el Concilio para 1962.2/02/1962: Motu proprio Cocilium fijando la fecha de apertura para el 11/10/1962.7-8/1962: Envío a los Obispos de todo el mundo de los primeros textos disponibles con los temas delConcilio para que pudieran estudiarlos antes de su viaje a Roma.3.- Primera etapa (11/10/1962 a 8/12/1962)11/10/1962: Ceremonia solemne de apertura del Concilio, con discurso del Papa.8/12/1962: Clausura de la primera etapa.3/06/1963: Muerte de Juan XXIII.21/06/1963: Elección de Pablo VI.27/06/1963: Pablo VI anuncia que la segunda etapa se iniciará el 29 de septiembre(¡inmediatamente!).14/09/1963: Se convoca a los Padres conciliares y se nombran 4 Cardenales para dirigir los trabajos delConcilio. 22 Año de la fe
  23. 23. 4.- Segunda etapa (29/09/1963 a 4/12/1963)4/12/1963: Clausura de la etapa con el voto final y la promulgación de la Constitución sobre laLiturgia, Sacrosanctum Concilium y el decreto sobre los medios de comunicación social, Inter mirifica.5.- Tercera etapa (14/09/1964 a 21/11/1964)14/09/1964: Misa concelebrada de apertura y discurso de Pablo VI (la reinstauración de laconcelebración es uno de los frutos del Concilio).21/11/1964: Clausura de la etapa con voto final y promulgación de la Constitución dogmática sobre laIglesia, Lumen gentium y los decretos sobre el ecumenismo (Unitatis redintegratio) y las Iglesiasorientales (Orientalium Ecclesiarum).28/08/1965: Pablo VI anuncia la apertura de la etapa final el 14/9.6.- Cuarta etapa (14/09/1964 a 8/12/1965)14/09/1965: Misa concelebrada de apertura y discurso de Pablo VI.15/09/1965: El Papa instituye el Sínodo de los Obispos con la Constitución Apostólica Apostolicasollicitudo.28/10/1965: Voto final y promulgación de los decretos sobre el oficio pastoral de los Obispos (ChristusDominus), la renovación de la vida religiosa (Perfectae caritatis), la formación sacerdotal (Optatamtotius) y de las declaraciones sobre educación cristiana (Gravissimum educationis) y sobre lasrelaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas (Nostra aetate).18/11/1965: Voto final y promulgación de la Constitución dogmática sobre la divina revelación (DeiVerbum) y del decreto sobre el apostolado de los laicos (Apostolicam actuositatem).7/12/1965: Ultima sesión pública, con voto final y promulgación de la Constitución pastoral sobre laIglesia en el mundo moderno (Gaudium et spes), los decretos sobre la vida de los presbíteros(Presbyterorum ordinis) y las misiones (Ad gentes) y la declaración sobre la libertad religiosa(Dignitatis humanae).8/12/1965: Ceremonia solemne de clausura del Concilio, al aire libre, en la plaza de San Pedro. 23 Año de la fe
  24. 24. 4.- Vaticano II. Contenido.El gran acontecimiento de nuestra Era Moderna en el ámbito de la Iglesia fue el ConcilioVaticano Segundo, convocado por el Papa Juan XXIII y seguido y clausurado por el Papa PabloVI.Se pretendió que fuera una especie de "agiornamento", es decir, una puesta al día de laIglesia, renovando en sí misma los elementos que necesitaren de ello y revisando el fondo y laforma de todas sus actividades. Proporcionó una apertura dialogante con el mundo moderno, incluso con nuevo lenguaje conciliatorio frente a problemáticas actuales y antiguas. Ha sido el concilio más representativo de todos. Constó de cuatro etapas, con una media de asistencia de unos dos mil Padres Conciliares procedentes de todas las partes del mundo y de una gran diversidad de lenguas y razas. Papa Juan XXIII La reforma interior Paulo VI de la vida eclesiástica y la búsqueda de un camino nuevo para tratar de conciliar a los cristianos separados de la unidad católica de la Iglesia. Fue convocado por el Papa Juan XXIII en 1962 y clausurado por el Papa Paulo VI en 1965. Se propuso actualizar la vida de la Iglesia sin definir ningún dogma. Trató de la Iglesia, la Revelación, la Liturgia, la libertad religiosa, etc. Recordó el Concilio la llamada universal a la santidad. El Concilio Vaticano II es el hecho más decisivo dela historia de la Iglesia en el siglo XX.El Concilio se convocó con el fin principal de: - Promover el desarrollo de la fe católica. - Lograr una renovación moral de la vida cristiana de los fieles. - Adaptar la disciplina eclesiástica a las necesidades y métodos de nuestro tiempo.Tras un largo trabajo concluyó en 16 documentos, cuyo conjunto constituye una toma deconciencia de la situación actual de la Iglesia y define las orientaciones que se imponen.Las características del Concilio Vaticano II, son Renovación y Tradición.Los 16 Documentos del Concilio Vaticano II1. Cuatro Constituciones.Constitución: es un documento que posee un valor teológico o doctrinal permanente.A ) La Iglesia, "Luz de las naciones". "Lumen Gentium".La Iglesia es el pueblo de Dios, en el cual todos los cristianos son responsables y solidarios.María es madre en la Iglesia. 24 Año de la fe

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