La influencia valórica española en el ejército de Chile (Álvaro Reydet Pantoja)
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La influencia valórica española en el ejército de Chile (Álvaro Reydet Pantoja) La influencia valórica española en el ejército de Chile (Álvaro Reydet Pantoja) Document Transcript

  • LA INFLUENCIA VALÓRICA ESPAÑOLA EN EL EJÉRCITO DE CHILE: OLVIDADA, Y SIN EMBARGO PRESENTE POR ÁLVARO REYDET PANTOJA Desde la llegada de los primeros españoles a estos territorios, ya sea con el periodo de descubrimiento con la expedición de Hernando de Magallanes en 1520, luego con Diego de Almagro en 1536 y finalmente con Pedro de Valdivia en 1541 con la cual se inicia la conquista; la historia de Chile, ha estado fuertemente ligada a su ejército, del cual sus miembros fueron y son un fiel reflejo de las tradiciones e idiosincrasia nacional. La esencial del militar chileno se expresa en códigos profundamente ligados a las virtudes, valores, jerarquía y disciplina militares. Estas y muchos otros elementos que se mantienen desde los orígenes de nuestro ejército, y aun hoy siguen ejerciendo influencia en nuestra vida profesional, es casi desconocida por gran parte de la población, y aunque no muchos reconozca. Esta tradición, es un legado de la primera influencia militar extranjera: la española. De esta manera, el presente trabajo busca difundir el aporte español que hasta hoy en día se mantiene presente en el Ejército de Chile. Desde el descubrimiento de América en 1492, uno de los imperios que trajo al nuevo mundo la mayor cantidad de elementos modernos fue sin duda el español, tales como normas jurídicas, administrativas, lengua y religión entre otras. Pero fue definitivamente la actividad militar la que generó más cambios, no solo como un ente de fuerza, sino que también como uno civilizador. Dentro de este ámbito y con la continua expansión del Imperio español era necesaria la utilización de un ejército, el cual debía ser disciplinado y eficaz en el cumplimiento de las distintas misiones. Además, ante los grandes territorios que aún se mantenían sin descubrir ni conquistar. Esto generó una constante necesidad de ir expandiéndose, por lo cual se requería de una mayor cantidad de contingente militar. La problemática no se generaría por el personal en cuestión, ya que una gran cantidad de gente estaba dispuesta a emigrar a los nuevos territorios por el deseo de generar riquezas fácilmente, sino que por el hecho de que este personal debía ser entrenado y preparado para poder formar parte de las distintas unidades que serían desplegadas. Bajo esta lógica es que nace en el año 1603 el Real Ejército de Chile mediante Real Cédula de Felipe III, con el establecimiento de un ejército de carácter permanente1 , esto a raíz de los graves levantamientos indígenas que habían estado ocurriendo en el último tiempo. Cabe mencionar que está hecho se enmarca en la Guerra de Arauco, conflicto entre la población de 1 Estado Mayor General de Ejército (1980). Historia del Ejército de Chile. Talleres de Impresos Vicuña, Santiago de Chile. Tomo I, página 59.
  • la Capitanía General de Chile y los indígenas Mapuches el cual tuvo una duración aproximada de tres siglos, entre 1536 y 1818, pero con diferentes grados de intensidad. La situación había empeorado a tal punto que le había costado la vida en el año 1598 al gobernador Oñez de Loyola, además estaban las recurrentes incursiones de piratas y corsarios que asolaban para saquear e incendiar las ciudades costeras de Chile y ponían en peligro las riquezas enviadas por el Virreinato del Perú a España. El nuevo gobernador Alonso de Ribera, comentó al rey que la fuerza chilena “estaba tan mal disciplinada que su proceder y estilo de guerra más parece confusión y barbarismo que milicia española”2 , aunque reconoce que llegado el momento, luchaban con un valor “demencial”. De esta manera reformó, disciplinó al ejército y creó una línea defensiva en el río Bío Bío que favoreció el desarrollo de la vida colonial chilena con seguridad. La Guerra de Arauco, una de las más legendarias de América Hispana, definió las características sociales, económicas y religiosas de nuestro país, junto a la estructura identitaria militar chilena que fue dada por la promulgación en 1768 de la “Real Ordenanza de Carlos III”, que estructuró y reguló los ejércitos hispanoamericanos durante varios siglos. En la América hispana el método para desarrollar las normas éticas de comportamiento era con leyes escritas, que regulaban todo acto dentro del ámbito militar, de una forma similar al concepto análogo de derecho dentro de la sociedad. Este “método” se establecerá bajo el código de una ordenanza, la cual regulaba la profesión militar. En cuanto al conocimiento necesario para proceder con eficiencia estas serán creadas con una clara intención de homogeneizar las acciones militares además de darle un carácter disciplinario. Entre estas pueden ser mencionadas las de Hernán Cortés en 1520, Felipe II en 1573 o una de las más célebres como la de Carlos III en 1768 conocida como "Reales Ordenanzas para el Régimen, Disciplina, Subordinación y Servicio de sus Exércitos", la cual es parte integral del espíritu de las nuevas ordenanzas que se crearan en las nuevas naciones en el periodo de emancipación en Hispanoamérica. De esta manera se puede reconocer que dentro del espíritu de muchos ejércitos en Hispanoamérica aún persisten las normas éticas del comportamiento militar vigentes desde aquella época3 . La nueva ordenanza impuso un criterio revolucionario en aquella época, pero que luego será validado con la revolución francesa: los privilegios de nacimiento deberían pasar a segundo plano, siendo el mérito el vehículo fundamental de ascenso y reconocimiento en el ejército. Este nuevo criterio será una de las causas de su vigencia de más de 200 años. Esto se traduce en el incentivo de que cada soldado puede llevar en su mochila el bastón de mariscal. Como la ordenanza pretendió ser un instrumento de educación, siguiendo los procedimientos educativos de la ilustración usó el método de la reiteración para inculcar en los oficiales el 2 Arancibia, Patricia (2007). El Ejército de los Chilenos. Editorial Biblioteca Americana, Santiago de Chile, página 29. 3 Las ordenanzas eran textos que contenían las disposiciones oficiales sobre lo militar, editadas en imprentas autorizadas por el rey, con un tiraje limitado y acceso muy restringido. Ellas se transformaron en el compendio de todo el saber militar, y en particular la de 1768, formó el carácter y la esencia del militar colonial chileno, pues buscó definir cada una de las personalidades de las distintas escalas jerarquizadas, presentarles todas o la mayor parte de las situaciones a las que se deberán enfrentar y la manera de reaccionar y comportarse en cada caso, por lo que se escribió con una finalidad eminentemente educativa.
  • convencimiento de que ni su nacimiento ni su antigüedad lo deben librar del cumplimiento fiel de sus obligaciones. De igual manera, determina las obligaciones, deberes y derechos correspondientes a cada grado, jerarquizando el ejército y disciplinándolo. Hasta hoy, estos conceptos siguen vigentes en el Ejército de Chile, inculcados y fortalecidos constantemente en el régimen interno de las diversas unidades. Sin embargo, y para hacerla extensiva a todos los que ejercen la profesión militar, éstas se debieron reglamentar y definir claramente, hasta mediados del siglo XX a través de la Ordenanza General del Ejército, y actualmente en el Reglamento de Disciplina para las Fuerzas Armadas. Este reglamento expresa qué formación, cualidades morales y éticas son las que debe reunir todo militar para poder actuar de la forma más acorde a lo establecido dentro de los ejes de acción de ejército chileno. Lo que se intenta explicar es el momento en que el ámbito de las virtudes se transformó en uno de los ejes más importante dentro de la formación del militar chileno. Las normas incluidas en las Ordenanzas a lo largo de los años, especialmente desde la Ordenanza de Carlos III, radica en el hecho de que estas incluyen conceptos que pueden trascender en el tiempo y pueden ser fácilmente interpretados, como lo serán los preceptos morales que el soldado y los mandos han de tener presentes en todo momento y circunstancia, para obrar mediante el sentido de disciplina, la subordinación y el actuar virtuoso de cada uno de los miembros del ejército. Sera desde este minuto en que se incorporara el espíritu del militar, la cual no se aprecia en las antiguas ordenanzas. Estas comprenden un conjunto de virtudes que el militar debe poseer y además deberá estar capacitado para inculcar y transmitir a los soldados. Serán elementos de tal importancia que estos serán inculcados de forma voluntaria o forzosa por lo menos durante el periodo en que permanezca como soldado de ejército. Este conocimiento no podrá negarse al punto de señalar que: “Desde que se le siente en su plaza, ha de enterársele de que el valor, prontitud en la obediencia y gran exactitud en el servicio, son objeto a que nunca ha de faltar, y el verdadero espíritu de la profesión”4 Las ordenanzas se pueden clasificar dentro de tres áreas, como lo fueran las ordenanzas– organización, las ordenanzas– código moral y la ordenanza–compilación legislativa. De las tres la que más se destaca y más trascendencia tiene a lo largo de los años es la moral, ya que esta no se veía fuertemente influenciada por lo cambios tecnológicos o cambios sociales que marca cada época. Bajo esta situación se observó que el ejército español utilizado en América cumplía con las necesidades de la corona de ser disciplinado y eficiente en las situaciones que se les requiriese y por lo mismo no fue necesario cambiar estas ordenanzas; inclusive en los periodos de emancipación se puede señalar que los ejércitos que se enfrentaban tenían distintas visiones o ideas políticas, pero en esencia los conceptos militares de sus ejércitos tales como moral, táctica, organización, entre otras eran exactamente los mismos, por lo cual 4 Ordenanzas de S.M. para el régimen, disciplina, subordinación y servicio de sus exercitos. En Madrid, en la oficina de Antonio Marín, impresor de la Secretaría de despacho Universal de la Guerra. Año de 1768.
  • se debían guiar en cuanto a las habilidades de cada comandante durante la batalla para que se pudiese declarar a un ganador específico. Otra idea que permite entender porque se siguió utilizando estas ordenanzas fue el hecho de que éstas exaltan la idea básica del cumplimiento del deber y de que debía realizar cada una de las parte, ya sea oficial, sargento o soldado para el cumplimiento de éste. Estas mismas normas nos eran confusas, por el contrario eran sumamente claras para explicar el deber del militar en todo momento y circunstancia. Por lo cual para los ejércitos era más fácil adecuarse a lo ya probado, conocido y entendido que algo nuevo que no necesariamente tendría el éxito que si tenían las ordenanzas. También se debe reconocer que en todos lados las conformaciones de los ejércitos eran hechos por personas de distintas formaciones culturales, personales y específicamente profesionales. Es por esto que el ejército era conformado tanto por oficiales con una gran educación en muchas aéreas y con gran experiencia en el combate, como también por campesinos, con poca educación y cultura, los cuales serían los soldados del ejército. Esta es la explicación por la cual un reglamento simple de entender a ambos extremos de la escala social ayudará a la continuidad de la ordenanza. Será este hecho el que determinará que la ordenanza española se mantenga posterior al período emancipador. Ya estableciendo la importancia general que les dio a los distintos Ejército en América las Ordenanzas de España, se debe comprender la forma en que afectó específicamente al Ejército de Chile y los que trascendieron en el tiempo, sobre todo los principios militares que se enmarcan dentro de las áreas tales como la moral y las virtudes. Estos principios significaron la creación de un modelo y mentalidad del militar en donde la ética y el cumplimiento estricto del deber es un elemento centrar de orgullo personal para el militar chileno. Estas ideas aún se ven reflejadas en el actual Reglamento para las Fuerzas Armadas, en donde incluso se pueden observar algunos artículos como se verán a continuación que extraen de una forma muy similar lo dicho en las antiguas Ordenanzas. Dentro de estos casos, el que se plasma en el artículo nº 1 de las órdenes generales para oficiales sostiene que “Todo militar se manifestará siempre conforme del sueldo que goza, y empleo que exerce… pero prohíbo a todos, y cada individuo de mis exercitos, el usar, permitir, ni tolerar a sus inferiores las murmuraciones”5 . En este mismo sentido si se realiza una comparación con el Reglamento de disciplina para la Fuerzas Armadas, en cuanto al capítulo I: De los deberes militares Art. 2 y Art. 5 declara que: “Todo militar debe manifestarse siempre conforme con el sueldo que recibe y el empleo que ejerce.” Y en el siguiente artículo: “Todo inferior que hable mal de un superior comete falta grave; si tuviese quejas de él las hará presente a quien corresponda y por ningún motivo dará mal ejemplo con sus murmuraciones.”6 Es en este sentido que se logra vislumbrar una clara similitud entre distintos artículos de la Ordenanza y el Reglamento de Disciplina en cuanto al comportamiento que debe tener en 5 Salas López, Fernando (1992) Ordenanzas Militares en España e Hispanoamérica. Colecciones Mapfre 1492, España. Página 255. 6 Reglamento de Disciplina para las Fuerzas Armadas (reimpresión). Año 2006.
  • militar en relación a sus superiores y al hecho de que no debe en ningún momento realizar algún tipo de murmuraciones. Además el hecho de que el sueldo recibido por un militar no es el fin último del este, por lo cual se entiende que la carrera militar está ligada directamente con el ámbito de servicio a la patria y el sueldo es solo un medio de subsistencia necesario. Sustentándonos en el hecho de que desde el principio del Reglamento de Disciplina de las Fuerzas Armadas se guía en parte en las antiguas Ordenanzas, se puede adentrar más en los elementos más abstractos como son el caso de las virtudes, el honor, amor al servicio y al cumplimiento del deber como también el sentido del mérito. Siguiendo esta línea y tomando como ejemplo el Art. 3 de la Real Ordenanza se expresa que: “El único medio para hacerse acreedores al concepto, y estimación de sus gefes… es el cumplir exactamente con las obligaciones de su grado; el acreditar mucho amor al servicio, honrada ambición y constante deseo de ser empleados en las ocasiones de mayor riesgo, y fatiga, para dar a conocer su valor, talentos y constancia.”7 Tomemos como ejemplo comparativo lo descrito en el actual Reglamento para las Fuerzas Armadas Artículo 6, en cuanto a que: “El militar debe tener presente que el único medio de hacerse acreedor al buen concepto y estimación de sus jefes es el cumplimiento exacto con las obligaciones de su grado, el de acreditar mucho amor al servicio, honrada ambición y constante deseo de ser empleado en las ocasiones de mayor riesgo y fatiga, dar a conocer su valor, talento, preparación y constancia. Tanto en la paz como en la guerra, el militar debe demostrar gran espíritu de sacrificio, ajeno a todo propósito egoísta.”8 Será en cuanto a estos dos ejemplos que se puede apreciar que desde sus inicios lo que hace acreedor de estima y buena reputación dentro del ámbito militar, es el cumplimiento del deber y sus respectivas obligaciones y entendiendo este cumplimiento como un sacrificio en todo ámbito danto el todo para demostrar el verdadero valor y talento de la persona sin considerar su nombre. De hecho, esta directriz está definida claramente en el acto de fundación de la Academia Militar, hoy Escuela Militar, cuando el general O’Higgins sostuvo que “Para ser Oficial de Ejército no se exigen más pruebas de nobleza que las verdaderas que forman el mérito, la virtud y el patriotismo". Cabe además mencionar que lo único que se logra apreciar en cuanto a un verdadero cambio en cuanto a los 2 artículos es el hecho de que en la actualidad se incluye la visión del ejercito en estado de paz y no solo en el ámbito bélico, algo natural entendiendo los nuevos ejes de acción que guían nuestro ejército. Finalmente se debe destacar un ejemplo en donde se destaca el valer militar como es en el caso del Art. 12 de la antigua Ordenanza el cual señala que: “El militar, cuyo propio honor, y espíritu no lo estimula a obrar siempre bien, vale muy poco para mi servicio: el llegar tarde a su obligación,… el contentarse regularmente con hacer lo preciso de su deber, sin que su propia 7 Salas, Op. Cit. Página 256. 8 Reglamento, Op. Cit.
  • voluntad adelante cosa alguna…, son pruebas de grande desidias, e inaptitud para la carrera militar.”9 Esta argumentación se mantiene más de doscientos años después en nuestro ejército, cuando defendemos lo expresado en el artículo 15 de nuestro reglamento: “Los militares que sean negligentes en el cumplimiento de sus obligaciones tienen muy poco valer militar. Son demostraciones de negligencia, entre otras, llegar tarde a sus obligaciones, dar excusas, contentarse con hacer lo estrictamente indispensable y no propender a su propia cultura y preparación.”10 Se desprende de lo anterior que, si queremos seguir la carrera militar, como chilenos debemos guiarnos siempre por los valores y virtudes militares tales como el honor, la abnegación y la lealtad entre otros, y bajo este ámbito el cumplimiento de nuestras obligaciones, ya que son éstas las que nos permiten obrar en base al bien. Lo que se debe destacar en cuanto a los dos artículos es el hecho de que el militar chileno nunca se debe conformar con dar cumplimiento con lo que es estrictamente necesario sino que además debe buscar la realización de esa obligación de la mejor forma posible o siendo lo más eficiente posible. De esta manera, podríamos incorporar un sinnúmero de ejemplos más: las obligaciones del capitán de impartir justicia en su unidad (plenamente vigente en las Escuelas Matrices y unidades regimentarias del ejército), las obligaciones del centinela, incluso manteniendo las palabras que debe emplear en su puesto de guardia (“Llamará a su cabo si alguien no responde por tres veces al Alto, quién vive!; Defenderá su puesto con fuego y bayoneta hasta perder la vida”) las obligaciones del alférez, teniente, coronel, etc. Vemos así la vigencia de ciertos códigos de conducta propiciados por el modelo español que hoy en nuestro ejército se viven día a día; es cierto que el paso de los años sumado a las nuevas estrategias, tácticas y tecnologías causaron y seguirán causando grandes modificaciones a las ordenanzas e inclusive la creación de reglamentaciones enmarcadas dentro del derecho militar, doctrina, estrategias, propios de los nuevos escenarios en los que se desenvuelve el Ejército de Chile, pero estos códigos transversales a la jerarquía militar difícilmente se modificarán, pues son parte de la esencia y tradición que todo ejército moderno debe poseer, y en particular nuestro ejército, donde la formación moral o ética de cada miembro es una parte fundamental del entrenamiento, ya que la formación militar debe estar enmarcada dentro de virtudes inherentes a los líderes ya sea lealtad, disciplina, espíritu de cuerpo, honor, etc. Esto es precisamente lo que mantiene la vigencia de un código tan antiguo, y al mismo tiempo tan moderno, que se nos presenta con claras similitudes entre las antiguas ordenanzas y el actual Reglamento de Disciplina, que demuestran que ciertos valores militares eran, son y muy posiblemente seguirán siendo la esencia de los ejército en toda Latinoamérica y especialmente en el Ejército de Chile. 9 Salas, Op. Cit. página 258. 10 Reglamento, Op. Cit.