Capítulo 2   samsara (1); 14 páginas
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  • 1. Samsara (1) 6 A.I.; 13 de marzo Antes de que empezaran las grandes guerras que dieron nombre aRagnaraka, fue hallada una diosa en los lindes donde más tarde seconstruyó Olimpo. Bautizada como Samsara, se convirtió en princesa tras seradoptada por el Rey Adapa, que no tomó esposa. Adapa supo darle buena vida, ya que era el señor del BosqueHelheim, hogar de paz en Edén. Naturaleza y tecnología se combinaban en el inmenso bosque,donde los edificios apenas alcanzaban las copas de los gigantescosárboles que los protegían de climas adversos y de depredadoresgigantes. La jovencísima Samsara desarrolló su poder muy tempranamente:a sus seis años se descubrió que poseía la capacidad de controlar elnumen, la sustancia elemental y mágica que reside en el interior dealgunos seres humanos y les permite moldearla para formular hechizoscomo si ellos mismos fueran elementales. Adapa estaba orgulloso, sabía que había acertado apadrinándola, ycuando fuera viejo, la Princesa reinaría eternamente, tomando sulegado y protegiendo Bosque Helheim. Cuando Samsara cumplió siete años, las noticias anunciaron lallegada de una nave foránea que fue vista en Hades y tras varios viajesestableció una nueva colonia en Raurava que no tardó en convertirseen una metrópolis más tarde conocida como Muspelheim, la ciudad debronce. Los viajeros, que se hacían llamar galoms, eran idénticos a losseres humanos, solo que poseían dos cuernos en sus cabezas que losdiferenciaban de éstos. Hasta la fecha, estos seres habían sidoconocidos solamente a través de leyendas. Al parecer, el laxo de vida de esta especie era tres veces mayorque el de un humano, y por tanto, su forma de envejecer, también eratres veces más lenta. Quizás por eso los bardos hablaban de elloscomo si de inmortales se tratase. 1
  • 2. Por suerte para todos, los galoms llegaron en son de paz, y dehecho, los grandes avances tecnológicos, tanto en medicina como eningeniería, surgieron en aquella época gracias a ellos. Midgard, el lugar donde nacen los dioses para hacerse conseguidores que a su muerte descansarán en el Asgard, es un universocompuesto por seis dimensiones de infinita extensión. Cada dimensión se encuentra paralela al resto de dimensiones,recibiendo cada una de estas el nombre de Planos elementales. El nombre de estas dimensiones se debe a que la enormeextensión de los territorios es completamente plana, con las simplesperturbaciones del terreno debido a las montañas o mares que se hanformado, y, en cada una de ellas, predomina uno de los elementos queabarcan la magia, de manera que, luz, oscuridad, fuego, agua, viento ynaturaleza conforman estos reinos. Sin embargo, en inmensos mundos donde los elementos imperande forma radical sobre el resto, no hay lugar para los humanos, por loque estos solo habitan su propio mundo cuando mueren y van alAsgard. Aquellos que fallecieron sin dios, vagan por el Limboeternamente. El espíritu de supervivencia, no obstante, ha llevado a loshumanos a crear sus civilizaciones en los inestables planoselementales, a pesar de que las proporciones de éstos sean inmensaspara ellos. Edén, el Plano elemental de la luz, donde se halla Olimpo, es ellugar más habitable. Sus tierras prósperas albergan criaturas que, apesar de ser gigantescas, son casi inofensivas, en múltiples ocasionesbenignas, que tratan de convivir con los humanos. No obstante, no todos estos planos son tan agradables. Hades, elPlano elemental de la sombra, posee también estables lugares dondese han erigido inmensas ciudades, pero la energía negativa de lasombra colma de malestar a sus habitantes, de manera que es unmundo dejado a la pobreza, la desesperación y la extinción,continuamente acechado por titánicos seres elementales de la sombra. Los ardientes páramos de Raurava, el Plano elemental del fuego,son roca magmática calcificada, producto de la lava reseca por el pasode los milenios. Los volcanes, ríos y mares de magma candente hacen 2
  • 3. difícil la construcción de los reinos humanos, que conviven con lainquietud de ser arrollados por las erupciones o el ataque de los titanesde fuego, tan fácilmente irritables. Las civilizaciones de la helada Atlántida, el Plano elemental delagua, construyeron sus ciudades sobre las inmensas masas de hieloque forman sus continentes, y coexisten con la incansable lluvia y laslargas nevadas que congelan los restos de mar que aún permiten lacirculación de navíos. Cuentan las leyendas que algún día Atlántidaserá un páramo infinito de hielo que aislará la vida marítima de loshumanos y que congelará las plantas, matando al ganado y dejandolugar al hambre; entonces los viejos titanes retomarán su plano paraellos solo. El reino de Tellus, el Plano elemental de la naturaleza, es unenorme paraíso natural donde la vegetación cubre con rapidezcualquier tipo de construcción. Es un mundo que posee vida propia yconsume todo aquello que crea que le ataca, cubriéndolo de flora; porlo que los humanos se organizan en grandes tribus y llevan a cabo unaforma de vida cuasi primitiva, cohabitando en muchos casos conanimales o con los pacíficos titanes de los bosques. Y el más inhabitable de todos es Eolo, el Plano elemental delviento, donde ráfagas incesantes remueven asteroides que, de no serpor la elevada tecnología alcanzada, que mantienen unidos estosfragmentos de roca mediante puentes de acero artificiales, se perderíanen el inmenso vacío que es este reino gris y sin fondo. Se calcula que el equilibrio de especies es de mil quinientoshumanos por cada titán, una cifra que revela con claridad que lasproporciones de los planos están hechas a medida para ellos, que sedesplazan más rápidamente que sus conquistadores de carne y hueso. La inconsistente superficie de los planos ha llevado a los humanosa construir ciudades que albergan varios millones de habitantes en laszonas más seguras, llegando a considerarse pequeñas aquellas queposeen menos de cinco decenas de millones. Las construcciones son, en su mayoría, edificios altísimos que seyerguen en busca del cielo; esto se debe a que aprovechan todoterritorio habitable al límite. 3
  • 4. Los viajes de un lugar a otro dentro de un mismo plano puedendurar varios días, semanas, y en ocasiones incluso meses. No obstante,cada plano elemental posee cinco portales dimensionales que losmantienen conectados entre sí. Esto no quiere decir que losdesplazamientos de un plano a otro sean rápidos, ya que a vecesalcanzar un portal dimensional puede llevar igualmente un periodolargo de tiempo. Los mapas elaborados por cartógrafos y científicos delimitan unplano no porque éste acabe, sino porque la exploración más allá deesos límites ha supuesto viajes de décadas que no han encontrado nadamás, ni siquiera con la instalación de telescopios e incluso satélites. La salida y puesta de los soles, inmensas masas esféricas de fuegoque surcan los cielos sin sentido, iluminan con periodicidadmatemática los planos elementales, siguiendo rutas que son unmisterio por la distancia que se marcan entre ellos mismos, reguladapor las horas. Los soles viajan en grupos, así que nunca hay un número exactosobre los cielos. Cuando un sol, o un grupo de estos, está demasiadolejos para iluminar, es cuando llega la noche, hasta que aparece unonuevo. No se sabe el destino de estos astros, lo que es seguro es que cadasol solo es visto una vez, y cuando se marcha, se pierde en las infinitasdimensiones del plano elemental. Cada plano elemental tiene unas horas de iluminación diferentes alas del resto, siendo Hades el que más tiempo pasa a oscuras, llegandoa abarcar meses de eterna penumbra por la ausencia de soles. Las estrellas son más misteriosas aún, pues se cree que en ellasreside el alma de los héroes caídos, que observan desde el Asgard asus seguidores en vida, y se han convertido en el objeto de muchosrezos, considerando a su hermanas fugaces como el paso de diosesantiguos que quieren ser recordados y la gente les pide deseos en ellapso que las ven, que ellos toman como rezos. Y así es Midgard. El Asgard es un misterio que ni siquiera los dioses mundanosconocen hasta que culminan con su evolución al morir. 4
  • 5. Además del Midgard y el Asgard, existe el Shambhalla, unadimensión misteriosa a la que tan solo parece poder llegarse a travésde la mente y que algunos creen que es solo una concepción, donderesiden los seres de complejidad superior que dan sentido al vastouniverso que ellos mismos han creado. Midgard, Asgard y Shambhalla conforman la tríade del universodenominado Ragnaraka. Por si fuera poco, las dificultades terrenales de Midgard estánalimentadas por las guerras entre aquellos que pretenden colonizar losreinos elementales. Guerras entre ellos mismos. A pesar de ser considerado como un líder político por la fama quetenía la ciudad que reinaba, Adapa se mantuvo al margen de lasnegociaciones con los galoms, pues una terrible enfermedad abordó asu hija adoptiva. Cuando cumplió los nueve años, Samsara degeneraba físicamente,lo que llevó a tener que adaptarle varios implantes cibernéticos paraque pudiera moverse. Su padre envejeció más aquellos años de lo quelo había hecho en toda su vida. Cuando la noticia de que la Princesa Samsara había enfermadorecorrió todo Midgard, Pandora, la Emperatriz de los galoms,comunicó personalmente una visita a Bosque Helheim para expresarsu respeto hacia la princesa. Este anuncio causó gran conmoción en Midgard. - Va a venir a verte la Emperatriz –le sonrió su padre. - Dicen que es maga –comentó divertida la niña, que no conocía lagravedad de su padecimiento. Samsara siempre había tenido el pelo muy corto, de un castañointenso, sin llegar a oscuro. Los rayos de luz que entraban por laventana hacían brillar su cabello y durante algunos instantes parecíaque su enfermedad desaparecía. Sus ojos eran demasiado inocentes, siempre expectantes, siempreabiertos de par en par y observando cada detalle. Cuando su padre se marchó, incorporó su débil cuerpo hastasentarse sobre la cama. Miró por la ventana. 5
  • 6. En aquel entonces los edificios, a pesar de ser grandes, no lo erantanto como lo serían en el futuro, así que la Princesa, desde undoceavo piso alcanzaba a ver la pista de aterrizaje donde esperaba quefuera recibida la Emperatriz. <<Seguro que es hermosa. –Pensaba en Pandora-. Y poderosa. Lallaman Emperatriz; incluso mi padre, que es Rey>>. En la pista de aterrizaje, soldados formados del ejército de BosqueHelheim protegían al Rey Adapa, que aguardaba. Samsara se sorprendió al ver que Pandora venía sola, pilotandoella misma una lujosa nave, de una tecnología muy superior a la queconocían. <<No tiene séquito, como mi padre. –Parecía decepcionada-. A lomejor “Emperatriz” es otra palabra que utilizan los galoms>>. Comparar a Pandora, una mujer joven, seria, poseída por laseguridad en sí misma, y elegante incluso en la distancia, con el ReyAdapa, un hombre que rozaba los sesenta años y envejecía porminutos, gordinflón y con una larga y descuidada barba canosa,cambió el concepto de la niña. <<Rebosa energía>>. Observó desde la ventana las mutuas muestras de cortesía que semostraban, como grandes señores que eran ambos. <<Mi padre sigue siendo el Rey. –Se sonrió a sí misma: aún sentíaorgullo por él-. Y yo la Princesa>>. Se dejó caer sobre la cama y aguardó la visita de la Emperatriz. Contempló su brazo izquierdo, pura mezcla de hierro y cablesconectados a sus nervios. Se sentía incómoda por el cableado que mantenía estables susconstantes vitales, conectado a su cerebro, pulmones y corazón. La niña se fiaba demasiado de la tecnología, y pensaba quesencillamente no había otro medio de subsistencia. No se comparabacon otra gente, sana y enérgica, sino que asumió el papel que le tocabavivir en el momento que empezó a palidecer. Cuando sonó la puerta, entraron dos guardias seguidos de supadre, y después, Pandora. En aquel momento verificó el enormeparecido entre los galoms y los humanos, pues hasta el habla era 6
  • 7. similar. Solo la diferenciaban los enormes cuernos enroscados quetenía en ambas sienes. Las largas ropas aterciopeladas de Pandora, su pintura de ojospurpúrea, así como las uñas negras y diversas joyas que poseía, ledaban un aspecto esotérico; sin embargo su presencia irradiabaseguridad y quietud. Sus ojos violetas parecían absorber la energía decuanto miraba, y un agradable y fuerte perfume de moras la envolvíacon mesura. Pandora también la observó a ella: estaba conectada a variasmáquinas con cables que le salían de la cabeza; poseía implantesmecánicos en brazos y piernas, incluso en parte del pecho paramantener estable su respiración. Era una imagen desagradable, losabía bien. <<Así no parezco una princesa…>>. - Mis respetos, Samsara, me llamo Pandora –se presentó laEmperatriz. Su voz era sibilina, tal como había imaginado. - Encantada –titubeó la niña, que no esperaba que se le dirigieratan cortésmente. - Permitidme que le haga un examen –pidió Pandora, dedicandouna mirada rogadora al Rey. Adapa alzó su mano, señalándole que podía hacerlo. De su lustrosa túnica, Pandora extrajo un artefacto esférico yplagado de runas. - ¿Qué es eso? –preguntó Samsara al verla. - Querida Princesa –sonrió Pandora-, esto es la Esfera de Tartarus,un producto de la tecnomagia que utilizamos en mi reino natal. Nosayudará en vuestra recuperación, espero. Con naturalidad, Pandora situó sus dedos sobre la esfera y éstaproyectó la imagen holográfica de un hexágono. Desde el centro de lafigura surgió una mancha que se extendió hasta cubrirla entera ysobrepasarla. - Alucinante… -La galom parecía sorprendida. - ¿Qué sucede? –comentó su padre, tan esperanzado comoinquieto. - ¿Tenéis idea de cuánto poder posee vuestra hija? –dijo Pandora.En su voz existía un toque de sorpresa y seducción-. Con el 7
  • 8. entrenamiento adecuado su enfermedad no tardará en mermar. Nuncahabía visto nada igual, jamás… sobrepasa los límites de los seisnúmenes… es extraño que esta enfermedad la invada. De haber nacidoen mi reino, ya habría sido curada hace tiempo. El Rey y la Princesa intercambiaron miradas de esperanza. Habíansido largos años, y muy duros. Quizás la llegada de los galoms hubiera sido un milagro deaquellos dioses a los que su padre decía que rezaba todas las noches. De repente, y rompiendo con la calma que empezaba a reinar,Samsara gritó de dolor, llevándose la mano a las costillas. La máquinade las pulsaciones cardíacas comenzó a chirriar en señal de alarma, yen cuestión de segundos un grupo de médicos había rodeado lacamilla. - ¡Apartaos! –dijo en tono imperativo Pandora, con tal matiz desuperioridad que impidió a los médicos proseguir. La voz de Pandora resonó en el cerebro de Samsara. Sabía que eraimposible llevarle la contraria a la Emperatriz, tal era el furor quemanifestaba. De las manos de Pandora surgieron unos pequeños filamentos casietéreos, intangibles, pero muy brillantes. Aquello era magia pura, numen moldeado y convertido extraídode su interior, con la rapidez de un elemental, materializado. Cuando posó la mano sobre su costado, los filamentos parecieronpenetrar en su interior, y la calma la invadió. Sintió un extraño frío que le recorrió arterias, venas y nervios,neutralizando el daño de los órganos, reestructurando el tejido celular.Antes de que pudiera darse cuenta, el dolor había desaparecido. - Gracias… -suspiró la Princesa. Adapa estaba atónito, y no pudo más que tomarle la mano cuandovio que estaba estable. Parecía nervioso, se lo veía en los ojos. - Gracias… mil gracias –dijo Adapa, mirando a la Emperatriz,emocionado por lo que acababa de presenciar-. Sois una verdaderasanta, nadie había sido capaz de calmar estos dolores. No sé cómoagradecéroslo. 8
  • 9. - No me deis las gracias a mí, dádselas al inventor de la esfera, ami maestro Tartarus –respondió Pandora, aún contemplándola confascinación, como si aliviarle el dolor hubiese sido un meropasatiempo-. Princesa Samsara ¿qué sabéis sobre el poder que resideen vos? –curioseó la galom. - Sé utilizar conjuros de nivel básico, no he tenido tiempo paradesarrollar mis poderes –respondió dulcemente-. Pero me gustaríamanejar el numen como tú. - Cariño, háblale con más respeto, es la Emperatriz… - No importa –sacudió la cabeza Pandora-. Soy yo quien está envuestro palacio. - ¿Tú tienes un palacio, Emperatriz? - Puedes llamarme Pandora –respondió en un tono que parecíahumilde-. Pero sí, de momento tengo un pequeño palacio enMuspelheim ¿habéis oído hablar de mi ciudad? La niña asintió. Cuando la presencia de Pandora se había vuelto cómoda, lahabitación quedó vacía de médicos y la guardia real permaneció en lapuerta, dejando un espacio de intimidad. - ¿Cuántos conjuros conocéis? –indagó Pandora. Parecía presa dela curiosidad. - Dos o tres de cada tipo de numen –respondió Samsara-. Sinembargo del numen de agua controlo una cantidad mayor. - ¿Sabéis cómo les llamamos en mi reino natal a los usuarios delnumen de agua? –preguntó Pandora, recibiendo una negación porparte de Samsara, que meneaba la cabeza de lado a lado-.Hidromantes. - Vaya… ¿y a los de fuego? - Piromantes. - Qué interesante… ¿está muy avanzada la magia allí? - Mucho más que aquí –respondió con seguridad arrebatadora-.Nosotros manipulamos la magia como si fuéramos elementales; aveces incluso mejor, ya que utilizamos la tecnología como medio paracanalizarla, grabando runas en muchos aparatos. Es lo que llamamostecnomagia. –La galom le pareció más orgullosa de los suyos de lo 9
  • 10. que su padre lo había estado los últimos años-. Algunos dicen queutilizamos la magia de los dioses, y vos sois una diosa ¿no es así? Samsara asintió. - ¿Cómo se llama tu reino? –quiso saber la niña. - Es el Tártaro, y se halla en las regiones exteriores del territorioal que vosotros llamáis Hades –explicó Pandora, a la vez queintercambiaba miradas con Adapa-. Yo podría enseñaros los secretosque poseéis en vuestro interior –continuó con su conversaciónanterior-. Gozáis de un poder que desconocéis, una energía que podríasanar pueblos enteros, combatir ejércitos e incluso reparar desastresnaturales… Samsara se fascinó. No podía creer que aquella señora hubierapodido valorar tan rápidamente un potencial que ella misma noconocía. - ¿Cómo… cómo sabes nuestro idioma? –Samsara esperaba queaquellos foráneos hablaran de forma extraña, así que le sorprendiómucho. - El habla es un don de los entes, Princesa –respondió Pandora-.Sé que habréis oído esa leyenda que relata que un ser llegó hasta elcontinente Lágrima de Namtar con el primer humano y sabía la lenguade un reino lejano. Puede que ese reino fuera el Tártaro y que yaalguien viniera hasta aquí entonces –relató con indiferencia-.Seguramente la lengua que aquí conocéis naciera en mi reino. <<No solo es hermosa y poderosa: también es lista. Y sabia>>. - ¿Y cómo es el Tártaro? –indagaba curiosa la niña. - El Tártaro es tan grande como la región de Hades, y está vacíode titanes, todo construido –Pandora hacía gala de las infraestructurasde su reino-. Está presidido por Tartarus, nuestro maestro. - ¿Y también hay otro Raurava allí, y otro Eolo, y otra Atlántida?–quiso saber Samsara. - No. –Ladeó la cabeza como si estuviese decepcionada por noresponder satisfactoriamente-. No existen las conexiones con el restode planos elementales que hay aquí –Parecía herida en el orgullo-.Desde que llegamos comenzamos nuestras investigaciones enRaurava, e incluso planeamos hacer habitable Eolo. 10
  • 11. - Entonces… ¿en el Tártaro siempre es de noche? –curioseó laprincesa, que le resultaba espeluznante aquel lugar que imaginaba. - Me temo que una gran parte del tiempo, sí. Es el plano de lasombra, recordad –expuso la Emperatriz-. Pero nuestra tecnología nospermite tenerlo iluminado continuamente. Había un halo de seducción en las palabras de la galom, algo de loque la princesa no parecía darse cuenta, pero percibía que no era bienrecibido en los oídos de su padre. - Si no hay portales… -dudó Samsara- ¿cómo conocéis laexistencia de otros planos? - Es la magia –respondió misteriosamente la mujer-. En el Tártarohay magos tan poderosos que pueden abrir durante algunos segundosportales hacia las otras dimensiones. - Es muy raro que nazcan allí usuarios de númenes diferentes delde la sombra ¿no? –se extrañó Samsara-. Me refiero a que, siendo tanlejana la distancia hasta los portales… es difícil que tú nacieras conlos seis númenes… - Mi maestro y yo bebimos del grial de Pangea –sonrió triunfadorala Emperatriz. Samsara sabía que Pangea era un mundo de leyenda, unlugar donde los dioses y los humanos compartían un poderinimaginable por igual. La Princesa alucinaba. En el Tártaro existían poderes que ella nisiquiera podía soñar. Lo que en el mundo que ella conocían no podíahacerse ni con magia ni con tecnología, ellos podían conseguirlo porambos medios. - ¿Si yo soy una diosa significa que algún día seré tan fuerte comolos de Pangea o el Tártaro? –quiso saber Samsara, que había perdidoesperanzas en su vida terrenal. - Lo seréis aún más. Pero no tenéis por qué esperar a crear vuestroasgard. Vuestro padre lo sabe. La mirada que Pandora dirigió a su padre era afilada. - ¿Y si el Tártaro es tan próspero por qué habéis venido aquí? –ASamsara le resultaba muy extraño aquello. - Eso es porque los galoms nos guiamos a través de seres deinteligencia superior –Dijo sin dudarlo Pandora-. Canalizamos la 11
  • 12. energía de los entes que llega desde Shambhalla, y nos envíanmensajes a través de la Esfera de Tartarus. - ¿Y qué mensajes os trajeron hasta aquí? - Eso no es realmente importante –Respondió con un gestoinsípido-. Lo que realmente nos llamó la atención es que los mensajesapuntaran a vos. - ¿A mí? –Aquello removió su curiosidad interior aún más. - Los entes no se equivocan –aseguró Pandora-. Cuando alguiennos da una señal, acudimos a ella. - ¿Porque estoy enferma y vais a curarme en el Tártaro? Un brillo de satisfacción se vislumbraba en aquellos ojos violetasde la Emperatriz. - Eso por supuesto –respondió. Por su mirada diría que su mentetrabajaba a toda velocidad-. Viviréis eternamente, un don que no se leconcede a cualquiera y con el que muchos soñamos. Es una clara señaldivina el que a parte de ser diosa alberguéis los seis númenes envuestro interior. >Pero la magia no puede ser utilizada por cualquiera –prosiguió,haciendo ahínco en estas palabras, que pronunció con cierto gradoautoritario-; por eso debéis aprender a usarla como es debido. >Los resultados de un mal uso de la magia son similares a los dela medicina –aseguró-. Incluso sería posible que vuestra enfermedadse deba a una acumulación de numen caótico que se ha encargado dedestruir a otros númenes. Samsara se miró las manos y recordó los hechizos que habíautilizado, sin pararse a pensar. - Toda la magia que he utilizado ha sido leyéndola de libros. Loslibros no se equivocan ¿no? –Estaba asustada, y sabía que su padre noentendía de magia-. Tú eres todopoderosa, dímelo. - Jajaja –rió, tratando de fingir una modestia que se eclipsaba porun claro orgullo palpable-, no soy todopoderosa, Princesa. Solo soyalguien que erra por Midgard en busca de respuestas. Quizás vos medeis más de lo que yo puedo ofreceros. La mirada de la Princesa se torció y pareció triste un momento.Los ojos se le llenaron de lágrimas. 12
  • 13. - He leído en un libro que mi enfermedad es una maldición queme han echado los elementales de sombra o de la naturaleza, porqueno quieren que los humanos gobiernen sobre ellos –explicó la niñacon un halo de inocencia y culpabilidad-. Pero yo no quiero gobernarsobre ellos, yo quiero todos, juntos… - No podemos –la interrumpió Pandora. En aquel momento leresultó muy siniestra, y hablaba con una dureza tal propia de unenemigo-. Los elementales pueblan Midgard desde sus inicios y nosven como extranjeros. No son como nosotros: vos me recibís envuestro palacio de buen grado, y ellos, en un mundo tan gigantesco,no son capaces de aceptar a unos pocos de nosotros. –La ira se lederramaba del alma y casi se volvía tangible-. Esos titanes esperan quemuramos para ir a nuestro lugar y dejarlos en paz. Pero no le daremosesa satisfacción. No podemos esperar a llegar a un asgard para serfelices, sino que hemos de alcanzarlo antes. Hacer de Midgard nuestroasgard, donde podamos vivir en armonía con el resto de especies. - Ejem… -carraspeó su padre-. Mi hija es demasiado pequeña paraentender esos asuntos. La guerra no es asunto suyo. - Eso mismo pensábamos nosotros –respondió Pandora conseveridad, equilibrando su tono de voz-. Pero no todos tenemos queluchar, pues para eso contamos con un ejército de valientes, y con laexperiencia, y por supuesto, con nuestra tecnología. Samsara meditó unos instantes, y Adapa la contempló. - Hemos nacido para luchar. –Fue lo que concluyó la Princesa-.Algunos libramos nuestra propia batalla contra la enfermedad, peroalgún día la enfermedad nos matará a menos que acabemos nosotroscon ella. –Miró a Pandora y ésta le asintió-. Pero la magia, ese caosque dices que se crea en mi interior, es porque el cuerpo humano noestá hecho para la magia ¿verdad? –Pandora entrecerró los ojos enseñal de observación. La Princesa era demasiado lista para ser solouna niña-. ¿Cómo sabremos, entonces, si la enfermedad de Midgardno somos nosotros, en lugar de los elementales? Aquello dejó sin palabras a la Emperatriz, en incluso su propiopadre se quedó perplejo ante la reflexión. - Nadie merece que le ataquen, de la misma manera que nadiemerece la pobreza –respondió la pensativa galom-. Pero vivir sin un 13
  • 14. hogar verdadero, morando en lugares deshabitados y ser atacados porseres primitivos y arrogantes… si ese es nuestro destino, si ese es eldestino que los entes nos han brindado, entonces no podemosaceptarlo de brazos cruzados. >Por eso nuestro Imperio no rinde cuentas a los entes, y tampocose doblega ante los titanes, por poderosos que estos sean. - Pero hay magos que han pactado con titanes ¿no es así? –Samsara estaba confusa ¿Pandora quería explorar la magia o acabarcon ella? - Solo aquellos incapaces de valorarse a sí mismos. Loselementales tienen su magia, los animales dientes y garras. Lahumanidad tiene el don de la tecnología. –Su voz pausada estabacargada de cavilaciones, y su repuesta había sido estudiada por laseguridad que desprendía-. No conozco ningún elemental que utilicela tecnología ¿por qué íbamos nosotros a necesitar de ellos si ademássomos capaces de hacer magia? <<¿Y si existe algún elemental capaz de manipular la tecnología?–No se atrevió a preguntarlo-. Yo… no quiero guerras. Solo quierocurarme, esa es mi guerra>>. Aquella tarde concluyó sin mayores elucubraciones políticas oéticas. Todo se limitó a una charla sobre la magia con la Emperatriz,observada directamente por su padre. Los asuntos de estado llegaron al anochecer, cuando en el gransalón del trono se preparó una cena privada para Adapa y Pandora. - Ahora debemos despedirnos, Princesa –le dijo la galom-. Pero esmuy posible que volvamos a vernos. - Eso espero –le sonrió. La Emperatriz se despidió besándola en la frente. Cuando los vio desaparecer por la puerta, la Princesa se quedó denuevo a solas con sus pensamientos, con sus esperanzas resucitadas. <<Eso espero>>. Año 0; 1 de enero 14