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Y la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era el contrario… pero enseguida Jesús les habló diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! Mateo 14:24-27...

Y la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era el contrario… pero enseguida Jesús les habló diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! Mateo 14:24-27
Tal vez te sientas como los discípulos, con tu vida en medio del caos, siendo azotada, con todo en contra, pero tranquilo, ten fe, Dios está contigo, por lo que no debes temer.
Esta es una reflexión de cómo nos sentimos cuando estamos en medio de la prueba, cuando recibimos aquella noticia que nos devasta y nos desorienta; es una reflexión acerca de la lucha entre las emociones y las convicciones; y es un mensaje de esperanza ante la desesperanza, pues Dios, aunque no lo sientas, está contigo y te ama.

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En el momento de la prueba En el momento de la prueba Document Transcript

  • …pues mi refugio eres tú, en el día malo. Jeremías 17:17 En el momento de la prueba Innumerables veces nos encontramos ante situaciones difíciles, aquellos momentos por los cuales nadie querría pasar y que sin embargo, forman parte de la vida. La muerte, las separaciones, las deudas, en fin, muchas situaciones que generan valles de sombras por los que comenzamos a atravesar, que además de ser oscuros, son solitarios. Por más que nos encontremos rodeados de personas que intentan ayudarnos, que se desesperan por ver que sus intentos de ayuda son infructuosos, nos sentimos solos. Sin embargo, la oscuridad y la soledad no son los únicos sentimientos adversos que encontramos; la angustia, la desesperación, la tristeza, la rabia, el enojo, etc., son ingredientes que también se encuentran en esta mezcla de sentimientos y sensaciones que nos invaden. Estos procesos que enfrentamos van dejando diversas heridas en nuestro interior, sentimos el corazón desgarrado e incluso podemos sentir como la sangre brota y esto produce aún mayor dolor. Ponerse en pie, luego del golpe estrepitoso no es sencillo, a pesar de nuestra aparente fortaleza, nos sentimos como bebés recién nacidos, con la única necesidad de encontrar algo o alguien en quien nos podamos refugiar y poder tener un momento de paz; anhelamos poder respirar sin que este simple hecho, nos genere más dolor del que ya podemos sentir. Nos limitamos a vivir día a día, segundo a segundo, los planes y proyectos trazados se esfuman como niebla arrastrada por un potente viento: miramos hacia delante y existe nada; miramos atrás y sólo existen recuerdos que penetran en nuestras heridas, provocando aún más sufrimiento, sólo se puede vivir pensando en el ahora, por el momento, nada más importa. Nuestra mente divaga a una velocidad vertiginosa, miles de preguntas se agolpan como una multitud se agolparía ante la puerta de escape de un edificio en llamas. ¿Por qué a mí? ¿Tiene algún sentido todo esto? ¿Dónde está Dios cuando lo necesito? ¿Por qué permitió Él que esto pasara? Nos sentimos igual que Job, intentando buscar a Dios (Job 23:3-4), intentando hallar aquellas respuestas que, pensamos, pondrían un poco de aceite en nuestras heridas y le darían sentido a este proceso. Pero Dios no está, o al menos eso es lo que creemos, nos sentimos solos y nos sentimos tristes y sentimos que Dios ya no tiene memoria de nosotros. Sin embargo, justamente allí es donde se encuentra el problema. Intentamos “sentir” a Dios, y como no lo sentimos, entonces creemos estar solos. En estos procesos de dolor, en los que nuestras emociones se encuentran agitadas y revueltas como el mar en medio de un huracán, precisamente en lo que menos podemos confiar es en ellas (Jeremías 17:9), es de vital importancia poder entender esto, dado que constituye el primer paso para la restauración y la sanidad. Es necesario recurrir no a nuestro corazón, sino a nuestra mente, a las promesas de Dios que por mucho tiempo hemos memorizado, pero que ahora cobran vida; el conocimiento de nuestra identidad en Cristo y el propósito de Dios para nuestras vidas, se tornan imprescindibles para comenzar la difícil tarea de ponerse de pie. Sin embargo, hay otro aspecto que es igual de importante y necesario, aunque a veces sea poco entendido: Es necesario que seamos honestos ante Dios. No podemos pretender que Dios desconoce todo aquello que sentimos producto de las situaciones adversas, mas nos parece impropio confesar aquellos sentimientos negativos, expresamos el dolor y la alegría, pero somos incapaces de manifestarle a Dios nuestro enojo. Oh, Jehová, fortaleza mía y fuerza mía, y refugio mío en el tiempo de la aflicción…Jeremías 16:19
  • …pues mi refugio eres tú, en el día malo. Jeremías 17:17 ¿Por qué será que tememos decirle a Dios lo enojado que estamos por la situación que nos está aconteciendo? ¿Acaso el no decirle lo que nos pasa nos hace mejores cristianos? Al contrario, pues queremos que Dios nos ayude a ponernos en pie, pero no queremos que vea nuestro interior, porque tal vez esto sea pecado. Nada se puede ocultar a Dios, no hay conocimiento que escape a su presencia. Nuestra angustia es conocida por Dios (Salmos 142:3), él nos conoce tan bien, que antes de que emitamos palabras, para él éstas ya le son conocidas (Salmo 139:4). Entonces, ¿Cuál es el beneficio de no compartir todo aquello que nos acontece con Dios? ¿Cuál es el premio de cargar nosotros mismos con todo el dolor, la rabia, la pena, la ira? Dios nos dice claramente en su palabra que echemos sobre él nuestra carga y que él nos sustentará (Salmo 55:22a), así como también nos dice que echemos toda nuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de nosotros (1 Pedro 5:7). Pero lo más maravilloso es que producto de estas decisiones de ser sinceros y de confiar en la Soberanía y el Poder de Dios, existen promesas. En el Salmo 55:22b encontramos que el Señor nos dice: “No dejará para siempre caído al justo” “Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca” 1 Pedro 5:10 Una vez que nos hemos puesto en pie, comenzará el proceso de limpieza y de sanidad; la caída, el golpe, nos ha provocado que estemos sucios y heridos, sin embargo Dios quiere que seamos hijos fortalecidos y que aprendamos a vivir esperando y confiando en él, pero nuestra espera no es pasiva, debe ser dinámica, de contacto con Dios; debe ser constante, para poder conocer la voluntad de él, y para poder dar los pasos adecuados y tomar las decisiones correctas en el tiempo siguiente. ¿Cuál es la voluntad de Dios para nuestras vidas? ¿Cómo desea él que afrontemos los momentos difíciles? El Señor nos responde claramente estas preguntas en el siguiente texto: “Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y que no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto” Jeremías 17:7-8 Esta es la forma en que nos quiere Dios, como hombres y mujeres fuertes, que sean capaces de resistir el día malo y salir victoriosos, no por nuestras fuerzas, sino por medio de aquél que nos amó. Romanos 8:37. Eric Dinamarca G. Oh, Jehová, fortaleza mía y fuerza mía, y refugio mío en el tiempo de la aflicción…Jeremías 16:19