Romancero gitano
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Romancero gitano Romancero gitano Document Transcript

  • ROMANCERO GITANORomance de la luna, lunaA Conchita García LorcaLa luna vino a la fraguacon su polisón de nardos.El niño la mira, mira.El niño la está mirando.En el aire conmovidomueve la luna sus brazosy enseña, lúbrica y pura,sus senos de duro estaño.Huye luna, luna, luna.Si vinieran los gitanos,harían con tu corazóncollares y anillos blancos.Niño, déjame que baile.Cuando vengan los gitanos,te encontrarán sobre el yunquecon los ojillos cerrados.Huye luna, luna, luna,que ya siento sus caballos.Niño, déjame, no pisesmi blancor almidonado.El jinete se acercabatocando el tambor del llano.Dentro de la fragua el niño,tiene los ojos cerrados.Por el olivar venían,bronce y sueño, los gitanos.Las cabezas levantadasy los ojos entornados.Cómo canta la zumaya,¡ay, cómo canta en el árbol!Por el cielo va la lunacon un niño de la mano.Dentro de la fragua lloran,dando gritos, los gitanos.El aire la vela, vela.El aire la está velando.
  • ReyertaA Rafael MéndezEn la mitad del barrancolas navajas de Albacete,bellas de sangre contraria,relucen como los peces.Una dura luz de naiperecorta en el agrio verdecaballos enfurecidosy perfiles de jinetes.En la copa de un olivolloran dos viejas mujeres.El toro de la reyertase sube por las paredes.Ángeles negros traíanpañuelos y agua de nieve.Ángeles con grandes alasde navajas de Albacete.Juan Antonio el de Montillarueda muerto la pendientesu cuerpo lleno de liriosy una granada en las sienes.Ahora monta cruz de fuego,carretera de la muerte.El juez con guardia civil,por los olivares viene.Sangre resbalada gimemuda canción de serpiente.Señores guardias civiles:aquí pasó lo de siempre.Han muerto cuatro romanosy cinco cartaginesesLa tarde loca de higuerasy de rumores calientescae desmayada en los muslosheridos de los jinetes.Y ángeles negros volabanpor el aire del poniente.Ángeles de largas trenzasy corazones de aceite.
  • Romance sonámbuloA Gloria Giner y Fernando de los RíosVerde que te quiero verde.Verde viento. Verdes ramas.El barco sobre la mary el caballo en la montaña.Con la sombra en la cinturaella sueña en su barandaverde carne, pelo verde,con ojos de fría plata.Verde que te quiero verde.Bajo la luna gitana,las cosas la están mirandoy ella no puede mirarlas.Verde que te quiero verde.Grandes estrellas de escarcha,vienen con el pez de sombraque abre el camino del alba.La higuera frota su vientocon la lija de sus ramas,y el monte, gato garduño,eriza sus pitas agrias.¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...?Ella sigue en su baranda,verde carne, pelo verde,soñando en la mar amarga.Compadre, quiero cambiarmi caballo por su casa,mi montura por su espejo,mi cuchillo por su manta.Compadre, vengo sangrandodesde los puertos de Cabra.Si yo pudiera, mocito,este trato se cerraba.Pero yo ya no soy yo,ni mi casa es ya mi casa.Compadre, quiero morirdecentemente en mi cama.De acero, si puede ser,con las sábanas de holanda.¿ No veis la herida que tengodesde el pecho a la garganta?Trescientas rosas morenaslleva tu pechera blanca.Tu sangre rezuma y huelealrededor de tu faja.Pero yo ya no soy yo.Ni mi casa es ya mi casa.Dejadme subir al menoshasta las altas barandas,¡Dejadme subir!, dejadmehasta las altas barandas.Barandales de la lunapor donde retumba el agua.Ya suben los dos compadreshacia las altas barandas.Dejando un rastro de sangre.Dejando un rastro de lágrimas.Temblaban en los tejadosfarolillos de hojalata.Mil panderos de cristal,herían la madrugada.Verde que te quiero verde,verde viento, verdes ramas.Los dos compadres subieron.El largo viento dejabaen la boca un raro gustode hiel, de menta y de albahaca.¡Compadre! ¿Dónde está, dime?¿Dónde está tu niña amarga?¡Cuántas veces te esperó!¡Cuántas veces te esperara,cara fresca, negro pelo,en esta verde baranda!Sobre el rostro del aljibe,se mecía la gitana.Verde carne, pelo verde,con ojos de fría plata.Un carámbano de lunala sostiene sobre el agua.La noche se puso íntimacomo una pequeña plaza.Guardias civiles borrachosen la puerta golpeaban.Verde que te quiero verde.Verde viento. Verdes ramas.El barco sobre la mar.Y el caballo en la montaña.
  • La casada infielA Lydia Cabrera y a su negritaY que yo me la llevé al ríocreyendo que era mozuela,pero tenía marido.Fue la noche de Santiagoy casi por compromiso.Se apagaron los farolesy se encendieron los grillos.En las últimas esquinastoqué sus pechos dormidos,y se me abrieron de prontocomo ramos de jacintos.El almidón de su enaguame sonaba en el oído,como una pieza de sedarasgada por diez cuchillos.Sin luz de plata en sus copaslos árboles han crecidoy un horizonte de perrosladra muy lejos del río.Pasadas las zarzamoras,los juncos y los espinos,bajo su mata de pelohice un hoyo sobre el limo.Yo me quité la corbata.Ella se quitó el vestido.Yo el cinturón con revólver.Ella sus cuatro corpiños.Ni nardos ni caracolastienen el cutis tan fino,ni los cristales con lunarelumbran con ese brillo.Sus muslos se me escapabancomo peces sorprendidos,la mitad llenos de lumbre,la mitad llenos de frío.Aquella noche corríel mejor de los caminos,montado en potra de nácarsin bridas y sin estribos.No quiero decir, por hombre,las cosas que ella me dijo.La luz del entendimientome hace ser muy comedido.Sucia de besos y arenayo me la llevé del río.Con el aire se batíanlas espadas de los lirios.Me porté como quién soy.Como un gitano legítimo.La regalé un costurerogrande, de raso pajizo,y no quise enamorarmeporque teniendo maridome dijo que era mozuelacuando la llevaba al río.
  • Prendimiento de Antoñito el Camborio en el camino de SevillaA Margarita XirguAntonio Torres Heredia,hijo y nieto de Camborios,con una vara de mimbreva a Sevilla a ver los toros.Moreno de verde lunaanda despacio y garboso.Sus empavonados buclesle brillan entre los ojos.A la mitad del caminocortó limones redondos,y los fue tirando al aguahasta que la puso de oro.Y a la mitad del camino,bajo las ramas de un olmo,guardia civil camineralo llevó codo con codo.El día se va despacio,la tarde colgada a un hombro,dando una larga torerasobre el mar y los arroyos.Las aceitunas aguardanla noche de Capricornio,y una corta brisa, ecuestre,salta los montes de plomo.Antonio Torres Heredia,hijo y nieto de Camborios,viene sin vara de mimbreentre los cinco tricornios.Antonio, ¿quién eres tú?Si te llamaras Camborio,hubieras hecho una fuentede sangre con cinco chorros.Ni tú eres hijo de nadie,ni legítimo Camborio.¡Se acabaron los gitanosque iban por el monte solos!Están los viejos cuchillostiritando bajo el polvo.A las nueve de la nochelo llevan al calabozo,mientras los guardias civilesbeben limonada todos.Y a las nueve de la nochele cierran el calabozo,mientras el cielo relucecomo la grupa de un potro.
  • Muerte de Antoñito el CamborioA José Antonio Rubio SacristánVoces de muerte sonaroncerca del Guadalquivir.Voces antiguas que cercanvoz de clavel varonil.Les clavó sobre las botasmordiscos de jabalí.En la lucha daba saltosjabonados de delfín.Bañó con sangre enemigasu corbata carmesí,pero eran cuatro puñalesy tuvo que sucumbir.Cuando las estrella clavanrejones al agua gris,cuando los erales sueñanverónicas de alhelí,voces de muerte sonaroncerca del Guadalquivir.Antonio Torres Heredia.Camborio de dura crin,moreno de verde luna,voz de clavel varonil:¿Quién te ha quitado la vidacerca del Guadalquivir?Mis cuatro primos HerediasHijos de Benamejí.Lo que en otros no envidiaban,ya lo envidiaban en mí.Zapatos color corinto,medallones de marfil,y este cutis amasadocon aceituna y jazmín.¡Ay, Antoñito el Camborio,digno de una Emperatriz!Acuérdate de la Virgenporque te vas a morir.¡Ay Federico García,llama a la guardia civil!Ya mi talle se ha quebradocomo caña de maíz.Tres golpes de sangre tuvoy se murió de perfil.Viva moneda que nuncase volverá a repetir.Un ángel marchoso ponesu cabeza en un cojín.Otros de rubor cansadoencendieron un candil.Y cuando los cuatro primosllegan a Benamejí,voces de muerte cesaroncerca del Guadalquivir.
  • Thamar y AmnónPara Alfonso García-Valdecasas.La luna gira en el cielosobre las sierras sin aguamientras el verano siembrarumores de tigre y llama.Por encima de los techosnervios de metal sonaban.Aire rizado veníacon los balidos de lana.La sierra se ofrece llenade heridas cicatrizadas,o estremecida de agudoscauterios de luces blancas.Thamar estaba soñandopájaros en su gargantaal son de panderos fríosy cítaras enlunadas.Su desnudo en el alero,agudo norte de palma,pide copos a su vientrey granizo a sus espaldas.Thamar estaba cantandodesnuda por la terraza.Alrededor de sus pies,cinco palomas heladas.Amnón, delgado y concreto,en la torre la miraba,llenas las ingles de espumay oscilaciones la barba.Su desnudo iluminadose tendía en la terraza,con un rumor entre dientesde flecha recién clavada.Amnón estaba mirandola luna redonda y baja,y vio en la luna los pechosdurísimos de su hermana.Amnón a las tres y mediase tendió sobre la cama.Toda la alcoba sufríacon sus ojos llenos de alas.La luz, maciza, sepultapueblos en la arena parda,o descubre transitoriocoral de rosas y dalias.Linfa de pozo oprimidabrota silencio en las jarras.En el musgo de los troncosla cobra tendida canta.Amnón gime por la telafresquísima de la cama.Yedra del escalofríocubre su carne quemada.Thamar entró silenciosaen la alcoba silenciada,color de vena y Danubio,turbia de huellas lejanas.Thamar, bórrame los ojoscon tu fija madrugada.Mis hilos de sangre tejenvolantes sobre tu falda.Déjame tranquila, hermano.Son tus besos en mi espaldaavispas y vientecillosen doble enjambre de flautas.Thamar, en tus pechos altoshay dos peces que me llaman,y en las yemas de tus dedosrumor de rosa encerrada.Los cien caballos del reyen el patio relinchaban.Sol en cubos resistíala delgadez de la parra.Ya la coge del cabello,ya la camisa le rasga.Corales tibios dibujanarroyos en rubio mapa.¡Oh, qué gritos se sentíanpor encima de las casas!Qué espesura de puñalesy túnicas desgarradas.Por las escaleras tristesesclavos suben y bajan.Émbolos y muslos jueganbajo las nubes paradas.Alrededor de Thamargritan vírgenes gitanasy otras recogen las gotasde su flor martirizada.Paños blancos enrojecenen las alcobas cerradas.Rumores de tibia aurorapámpanos y peces cambian.Violador enfurecido,Amnón huye con su jaca.Negros le dirigen flechasen los muros y atalayas.Y cuando los cuatro cascoseran cuatro resonancias,David con unas tijerascortó las cuerdas del arpa.