Your SlideShare is downloading. ×
Afrodesc cuaderno NO. 4: Los comerciantes y los otros Costa Chica 1650-1820
Upcoming SlideShare
Loading in...5
×

Thanks for flagging this SlideShare!

Oops! An error has occurred.

×
Saving this for later? Get the SlideShare app to save on your phone or tablet. Read anywhere, anytime – even offline.
Text the download link to your phone
Standard text messaging rates apply

Afrodesc cuaderno NO. 4: Los comerciantes y los otros Costa Chica 1650-1820

840
views

Published on

Courtesy of AFRODESC

Courtesy of AFRODESC


1 Comment
0 Likes
Statistics
Notes
  • Be the first to like this

No Downloads
Views
Total Views
840
On Slideshare
0
From Embeds
0
Number of Embeds
1
Actions
Shares
0
Downloads
3
Comments
1
Likes
0
Embeds 0
No embeds

Report content
Flagged as inappropriate Flag as inappropriate
Flag as inappropriate

Select your reason for flagging this presentation as inappropriate.

Cancel
No notes for slide

Transcript

  • 1. Cuaderno de Trabajo No. 4 Document de Travail No. 4 Los comerciantes y los otros. Costa chica y Costa de Sotavento, 1650-1820 Rudolf Widmer Sennhauser México, Junio 2009 Mexico, Juin 2009 AFRODESC http://www.ird.fr/afrodesc/1
  • 2. Los comerciantes y los otros. Costa chica y Costa de Sotavento, 1650-1820 Rudolf Widmer Sennhauser (Instituto Filosófico Pedro Francisco Bonó, Santo Domingo, RD Institut de Recerca Històrica, Universitat de Girona, Girona, Espagne) México, junio 2009, Proyecto AFRODESC www.ird.fr/afrodescTexto original presentado como „Inauguraldissertation der Philosophisch-historischen Fakultätder Universität Bern zur Erlangung der Doktorwürde“. 19932
  • 3. WIDMER SENNHAUSER, Rudolf, 2009. Los comerciantes y los otros. Costa chica y Costa de Sotavento,1650-1820. Cuaderno de Trabajo No. 4 / Document de Travail No. 4, México: Proyecto AFRODESC(Texto original de 1993: Inauguraldissertation der Philosophisch-historischen Fakultät der UniversitätBern zur Erlangung der Doktorwürde)El Programa Internacional de Investigación AFRODESC, “Afrodescendientes y esclavitud: dominación,identificación y herencias en las Américas” está financiado principalmente por la Agencia nacional deinvestigación (ANR) francesa y comprende una docena de instituciones mexicanas, francesas,colombianas y de otros países. Para más información, se puede consultar el sitio webhttp://www.ird.fr/afrodesc/. Las actividades de AFRODESC se llevan a cabo en colaboración estrechacon el Programa europeo de investigación EURESCL « Slave Trade, Slavery, Abolitions and theirLegacies in European Histories and Identities ».3
  • 4. A MIS PADRESA RAMIRO, MASSAMBA, FRITZNEL Y HASSAN A LA MEMORIA DE HOSSEIN4
  • 5. PREFACIOHace un par de meses, Odile Hoffmann, directora del Centro de Estudios Mexicanos yCentroamericanos (CEMCA), me propuso la publicación de este estudio sobre las costasnovohispanas. La oferta me sorprendió, ya que se trataba de una investigación que habíarealizado hace más de quince años. De hecho, fue en 1993 que la Facultad de Filosofía y Letrasde la Universidad de Berna había aprobado el texto como tesis de doctorado. Obtuvo en aquelentonces un summa cum laude y hasta el premio de la Facultad por la mejor tesis del año, pero acontinuación no conseguí el apoyo necesario para la publicación. La Revista Estudios de HistoriaSocial y Económica de América, de la Universidad de Alcalá, aceptó algunos de los capítulos sobrela ciudad de Veracruz como artículos, varias de las monografías municipales que se publicarondurante los años 1990 en el estado de Veracruz utilizaron la información contenida en elestudio: pero la tesis como tal, con su concepto teórico, quedó inédita.La idea básica que guía el estudio es que para conocer una sociedad, y de eso se trata, hay quecomprender la forma en que organiza la propiedad. La Historia no se limita al análisis de lapropiedad, pero no se puede hacer Historia sin analizar la propiedad. Con esta tesis,ampliamente desarrollada por la historiografía agraria catalana, intentaba conocer lassociedades costeñas mexicanas: sociedades con quienes me había familiarizado durante losestudios de maestría en El Colegio de Michoacán a partir de 1985, y que me habían fascinadodesde el primer contacto por su autenticidad: una autenticidad que contrastaba con la culturadel Viejo Continente donde ya en aquel entonces se tomaba café descafeinado y se creía en lasguerras sin muertos (propios).La presente publicación se realiza en el marco de un programa que enfoca la problemática étnicade las Américas. En la medida en que las etnias tienen su historia, en la medida en que el negro yel indio son productos ideológicos de las necesidades materiales del colonizador europeo,productos que a su vez han reacondicionado la organización de las actividades económicas, nopodemos conocerlas sin estudiar la cuestión de la propiedad. La historia del negro mexicano sevincula desde el principio, en el siglo XVI, de múltiples maneras con la historia de la propiedad.De particular interés a ese respecto es, por supuesto, la época revolucionaria de fines del sigloXVIII, principios del XIX: el momento en que las personas revalorizan su dignidad y desmientencon su actitud los discursos legitimadores de los voceros oficiales.Han pasado quince años desde la conformación de este texto. Entretanto me he sumergido enotros medios socioculturales, me he compenetrado con otras situaciones de explotaciones, otrashistoriografías. En la isla de Ayití (o Santo Domingo), no menos conflictiva que las costasmexicanas, he considerado los planteamientos sobre las llamadas ‘guerras de independencia’ deFanon y de la historiografía haitiana, desde los clásicos del siglo XIX hasta los genios del siglo XX,Jean Casimir y Vertus Saint-Louis. A raíz de esas experiencias humanas e intelectuales pondríaen la actualidad los acentos del trabajo algo diferente. Enfatizaría, por ejemplo, la creatividadpropia de los oprimidos. Y, sobre todo, arraigaría todo el estudio de una manera explícita en losconflictos actuales en que la disputa por la historia juega un papel fundamental.Reescribir la tesis hubiera sido una opción, dejarla tal como era la otra. Un camino entremedio,los retoques puntuales, en cambio, sólo habría hecho peligrar la coherencia interna del texto.Como me he alejado de la realidad mexicana en los últimos diez años, y como interesaba5
  • 6. proceder a la publicación sin mucho dilatar, opté por dejar el estudio tal como lo había escrito ensu momento.Al final sólo queda expresar mi gratitud para con Odile Hoffmann y el equipo del proyectoAFRODESC: por tomar la iniciativa de la publicación, y también y sobre todo por la graninversión de tiempo y de energías que hicieron para que esta se realizara. En realidad, había queredactilografiar el texto completo, y han sido los esfuerzos del proyecto AFRODESC, los quepermitieron este inmenso y nada reconfortante trabajo. Sólo me han tocado la revisión y algunoscomplementos. También quisiera dar las gracias a Miguel de Camps Jiménez, gran amigodominicano, intelectual crítico y editor generoso, quien le ha dado una lectura crítica a la nuevaversión. Y con eso invitar a los lectores a que me lean con el mismo espíritu crítico con que leí yleo a los demás.6
  • 7. INTRODUCCIÓN Une certaine idée de la République m’amène à … Jean-Pierre ChevènementEl setecientos novohispano, una época de profundos cambios en todos los ámbitos de la vida, hasido objeto de múltiples estudios históricos a partir de la década de 1970. En la actualidad existeuna amplia bibliografía sobre las regiones agropecuarias, mineras y urbanas del altiplano centraly de occidente, los pueblos de Oaxaca y las haciendas y ranchos de Córdoba. 1 Algunas regiones,empero, han quedado al margen de la fiebre. Las costas del reino, en particular, han encontradomuy poco interés entre los historiadores. Regiones agropecuarias sumamente pobres hasta laactualidad, con algunos polos turísticos e industriales desarrollados desde el centro a partir delos años 1960, las tierras bajas mexicanas no pueden interesar a intelectuales, nacionales oextranjeros, que buscan precoces procesos de industrialización como portadores de lo que ellosentienden por progreso. Por otra parte, al carecer los litorales de México de inditos folclóricos,esa mercancía exótica que tanto fascina a los turistas en los valles centrales de Oaxaca, tampocosuscitan mucho interés entre aquellos investigadores europeos y norteamericanos que seentusiasman con los arcanos de los bailes y de los colores y empiezan a preguntarse por lasbases de la etnicidad.2 Otro motivo susceptible de frenar el interés de los historiadores para lascostas, particularmente importante en una época en que se espera del historiador que seaproductivo: que destaque no por la calidad de sus obras sino por la cantidad de publicaciones, esla difícil localización de las fuentes, la dispersión de los archivos y la falta de guías de consulta.En fin, en nuestra era de la computación en que muchos ya no pueden concebir trabajos que norebosen de complicados cuadros estadísticos (a menudo muy cuestionables), las costas, conpocos datos cuantificables, quedan descalificadas como objetos de análisis.Al proponer un estudio de dos litorales, el Sotavento (los distritos coloniales de la NuevaVeracruz, San Andrés, Cosamaloapan y Acayucan) y la Costa Chica (Acapulco, Igualapa, Jicayán yHuatulco) pretendo desde luego aportar un elemento más al tejido de historias regionales quecubre ya buena parte de la Nueva España del Siglo XVIII. Los costeños de la época noprotagonizaban ninguna revolución industrial, no pertenecían a ninguna vanguardia nacional.No obstante, la importancia de los litorales trascendía claramente el marco local. En efecto, elSotavento y la Costa Chica eran hasta mucho más allá de la colonia los principales proveedoresde algodón de los grandes centros textiles del reino: Puebla, México y Oaxaca. Los dos litoralesproducían también ganado, pescado seco, maderas y, last but not least, hombres para elmantenimiento y el abasto de las naves que entraban en Acapulco y Veracruz, los principalespuertos del reino. Así las cosas, las decisiones de aquellos que controlaban la producción1Véase Pérez Herrero (1990b) para una reciente bibliografía crítica de los estudios regionales sobre laNueva España del siglo XVIII.2Extraña, sin embargo, que los afromestizos de las costas no hayan intrigado más a los antropólogos.Fuera de Aguirre Beltrán (1985) nadie se ha abocado seriamente al estudio de (….)7
  • 8. agropecuaria de Sotavento y de la Costa Chica debían de influir de alguna manera en eldesarrollo del país.3Hay muchas maneras de hacer historia. Podemos concebir la historia del siglo XVIII novohispanoal estilo de Le Roy Ladurie como un gran ciclo agrario cuyas variables fundamentales son lademografía y el producto nacional bruto.4 Al cabo de un gran número de estudios con diversosenfoques conocemos aparentemente bien las cuatro fases de este ciclo. A mediados del sigloXVII, los hombres eran raros, los espacios no explotados abundaban (fase I). Empezó entoncesun ciclo expansivo (fase II), más demográfico que productivo: la población se recuperaba, pero laagricultura comercial seguía rígida y sólo en las minas se observaban progresos. 5 Durante elsegundo y el tercer cuarto del siglo (fase III), la producción a vocación comercial crecíarápidamente. La población, en cambio, empezó a dar signos de debilidad y las tasas decrecimiento iban disminuyendo. La época de las reformas borbónicas (1776-1788), antañoconsiderada como apogeo del ciclo, se nos presenta hoy como el inicio de una larga y profundadepresión productiva que se prolongó hasta mediados del siglo XIX (fase IV).6 Lo que aúnpresenta problema es la cronología exacta del cambio. En Michoacán, Morin observa undesaceleramiento de la expansión después de la crisis de 1760. Pastor, estudioso de la MixtecaAlta, sugiere que el alza secular concluía hasta 1790. 7 Partiendo de las cuentas de las realescajas, Klein y Te Paske proponen las décadas de 1770 o 1780 y la de 1790, respectivamente. 8Coatsworth comprueba que el desarrollo de la producción minera culminaba en el periodo3 En la actualidad conocemos la dinámica de la producción de textiles y el movimiento del comercioexterior, pero ignoramos en gran medida como estos procesos se vinculaban con las estructuras del agrocosteño. Bazant (1963-1964) y Thomson (1986) estudian la producción textil en Puebla. Chance (1982) lade Oaxaca. Los primeros hacen algunas conjeturas sobre los sistemas de comercialización de la fibra en lascostas. Respecto al movimiento del comercio exterior puede verse la reseña crítica de la bibliografía másreciente en Fontana (1988). Las elucubraciones braudelianas de Florescano (1967) sobre la situación enSotavento a fines de la colonia no aportan nada.4 Le Roy Ladurie (1969:345-352). Van Young (1985: 728), cuya obra fundamental (1981) refleja elesquema laduriano, lamenta que éste no tenga más discípulos entre los mexicanistas: un deseo que nocomparto, por supuesto.5 Con respecto a la población, nos apoyamos aquí y a lo largo de este repaso del ciclo económico del sigloen Pérez Herrero (1900a:72-78). Para el desarrollo de la producción en el setecientos, véase Klein/TePaske (1982) y Fontana (1988:96), quienes refutan las tesis de Borah (1955) sobre la crisis del siglo XVII.6 Entre los apologetas de los promotores de las reformas, Gálvez y Carlos IV, destacan por supuestoburócratas y comerciantes de la época: véanse por ejemplo Güemes Pacheco (1986) y Quirós José M.,Memoria sobre los efectos del reglamento de comercio libre, 1808, en: Ortiz de la Tabla (1985: 151-178).Sin embargo, aún historiadores contemporáneos se han dejado seducir por los preámbulos de los decretosreales en que se hace ahínco en la preocupación de los monarcas por sus súbditos, identificandoimplícitamente los intereses del explotador con el de los explotados: Florescano (1976) y Brading(1975:160-167). Véase Fontana (1988) para una crítica mordaz de estas historias.7 Morin (1979: 107-118. 149); Pastor (1987: 223-230. 455-459).8 Klein (1985); Te Paske (1986).8
  • 9. 1775-1779 y conjetura que el resto de la producción seguía pautas parecidas.9 Mientras, elcrecimiento de la población se desaceleraba: a fines del siglo se alcanzaban incluso tasasnegativas. Pérez Herrero pretende que la tendencia se invertía hasta mediados del siglo XIX. Sinembargo, sus propios datos muestran que los años posteriores a 1820 no eran tan negativoscomo las postrimerías de la colonia, a pesar de la irrupción del cólera en la década de 1830. 10Pastor confirma esta impresión al comprobar para Oaxaca la recuperación de las tasas duranteel segundo cuarto del ochocientos. 11 Lo menos que podemos decir actualmente es que la crisisdemográfica ya no se agravó después de la consumación de la independencia.No vamos a discutir aquí la problemática identificación de la dinámica del producto nacionalbruto con el movimiento de las rentas fiscales y eclesiásticas, punto de partida de estashistorias.12 Dejemos por el momento su metodología y centrémonos en la ideología que se hallaimplícita en ellas. Los historiadores que estudian el siglo XVIII en función del crecimiento delproducto nacional bruto o del producto per cápita admiten, quizás sin advertirlo, los supuestosbásicos de la historia liberal: primero identifican el progreso de la sociedad con el crecimientoeconómico y este con la división social del trabajo, manifiesta en la expansión del mercado, luegohacen de este proceso la ley de la historia. 13 La fase IV del ciclo dieciochesco se explica entoncesen términos de fracaso. Este se atribuye al deficiente desarrollo del mercado nacional, vinculadocon “las limitaciones legales impuestas a la movilidad del capital y del trabajo” como dicetajantemente Coatsworth.14 En otras palabras: el régimen político, identificado con la coacción,no ha sido repulsado lo suficiente por el régimen económico, basado en el libre juego de la ofertay la demanda. Nadie más indicado que José María Luis Mora, prócer del liberalismo delochocientos mexicano – poco citado en las obras académicas, por cierto – para aclararnos estepunto. La lista de pecados del régimen colonial es extensa: el despotismo y la arbitrariedad delgobierno; la inseguridad de la propiedad inmobiliaria y su acaparamiento en manos muertas: unsistema fiscal basado en estancos, la imposición de las transacciones y una multitud de ramospoco productivos; las prohibiciones que pesaban sobre varios cultivos, ciertas manufacturas y elcomercio con extranjeros. 15Consideramos que hay que tener mucha cautela en el manejo de la visión liberal de la historia:no sólo porque no nos explica gran cosa sobre las sociedades del pasado sino también y sobretodo porque implica la aceptación del mundo actual como el mejor de los mundo posibles. Elliberalismo presenta el mercado como deus ex machina del bienestar general. Por si la crónica9 Coatsworth (1990b: 47-51) y (1990c).10 Pérez Herrero (1990a: 72-78); Pérez Herrero (1991: 265-266).11 Pastor (1987: 537-538).12 Véase infra, caps. 7. Y 8. Para una crítica de este supuesto.13 Smith (1958: 7-19), prócer del liberalismo, deja muy claro que para él, la división del trabajo es causa dela expansión económica y del progreso social y que el proceso tiene su origen “de una cierta propensión dela naturaleza humana”. Entre los mexicanistas que siguen esta línea de progreso destacan Coatsworth(1900d), Morin (1978), Pérez Herrero (1900) y Van Young (1992d).14 Coatsworth (1990d: 98). Véase también Morin (1978: 302) y Van Young (1992d: 221).15 Mora (1986: I, 169-288).9
  • 10. subutilización y la destrucción masiva y recurrente de capacidades de producción a que procedeel régimen liberal – también y sobre todo en México – no demostrara ya por sí la mentira delpostulado podemos remitir a la experiencia del siglo XVIII. Para empezar observamos unevidente desfase entre los movimientos de población y de producción en el ciclo: un hecho quepor lo menos debería volver pensativo. Más todavía, Tutino sugiere que el campesinadomexicano lograba mejorar su suerte después de la independencia, en plena fase IV, decontracción de la producción y del mercado. 16 Tan equivocado como la identificación delmercado con el bienestar general es la de política y coacción. De aceptarla podríamos pensar queahora que se ha establecido el mercado mundial viviéramos en un régimen puramentecontractual. ¡Una falacia como saben todos aquellos que se ven obligados a vender – o a regalar –su mano de obra o sus productos no para comprar sino para pagar! El régimen liberal – y noimporta si sus apologetas se reclaman del neoliberalismo o del liberalismo social - es tancoercitivo como el régimen colonial, sólo que la coerción se ejerce a otros niveles. “Une certaineidée de la république m’amène à …” empieza ese documento de dignidad humana y civismorepublicano que es la carta con que Jean-Pierre Chevènement renunció el 29 de enero de 1991 alministerio de defensa de la República Francesa. 17 “Una cierta idea de la República, la fe en elhombre como ciudadano, me lleva a rehusar una historia que, por cinismo o frivolidad, justificaatrocidades y me alienta a buscar una alternativa.”Los novohispanistas no destacan precisamente por su espíritu innovador. En realidad soncontados los estudios sobre el periodo colonial que no sean tributarios de los presupuestos delliberalismo, que no parten del crecimiento y del mercado como destinos predeterminados de lahumanidad.18 En mi planteamiento me guío ampliamente de lo que creo haber comprendido delas obras de Josep Fontana y de Rosa Congost.19 En particular, ellos me llevaron a considerar quecualquier estudio histórico debe basarse en el análisis de las relaciones sociales que subyacen alos procesos de producción. Las relaciones se definen a través de derechos: derechos sobrepersonas y cosas, sobre productores, medios de producción y productos. Cuando los derechospermiten la apropiación del trabajo ajeno se convierten en el instrumento legitimador de unarelación de explotación. En este sentido, la explotación es – que quede bien claro – un fenómeno16 Tutino (1990: 198).17 Chevènement (1992: 305).18 Carmagnani (1988) ofrece un inteligente estudio de las estrategias socioeconómicas de los indiosoaxaqueños en el siglo XVIII. La obra no cae en el estructuralismo antropológico propio de otras obras dela llamada etnohistoria como Taylor (1987) o, peor aún, Bartolomé/Barabas (1982). Sin embargo, alsoslayar las contradicciones en el seno de las comunidades, su obra deriva en una justificación de latiranía del régimen de los ancianos. Otro trabajo que revela un esfuerzo por devolverle a la historia sulibertad es el de Rodolfo Pastor (1987) sobre la Mixteca. Por desgracia, el estudio no sólo es empírico ycarece de un planteamiento claro: también es tendencioso en el sentido de que reivindica el papel de laiglesia como defensora del campesinado frente al estado – cuando los propios datos del autor muestranque la iglesia era tan explotadora como el estado. John Tutino (1990) concibe la historia como una luchaentre grupos con intereses antagónicos. La problemática del enfoque consiste en que tiende a soslayar elcarácter objetivo del antagonismo para dar prioridad a la percepción subjetiva que cada uno de los grupostiene de sus intereses.19 Congost (1990); Fontana (1982), (1983a), (1983b) y (1992).10
  • 11. objetivo, mensurable, independiente de la sensibilidad de los explotados. A través de laexplotación, la realización de los derechos, y a través de la respuesta de los explotados a esteejercicio se definen las clases sociales y, por supuesto, también las formas y el volumen de laproducción.20 De esta manera, el desarrollo económico se humaniza, se vuelve un problemasocial: se explica a partir de las iniciativas y contrainiciativas de los hombres, a partir de la luchade clases.El concepto de la lucha de clases implica el concepto del modo de producción: ambos traducen laidea de que la historia se explica a partir de los conflictos que se desarrollan en una sociedad porla voluntad de explotar de unos y la resistencia a dejarse explotar de otros. Las clases se forjan através de la lucha y determinan a través de esta lucha el modo de producción, el modelo de lasociedad. La dinámica de la lucha de clases es la dinámica del modo de producción. Visto así, elmodo de producción es un instrumento auxiliar que permite al historiador organizar los hechosconsignados a través de la documentación. 21 Analizar una sociedad mediante el concepto delmodo de producción significa estar consciente de que “todo producción es apropiación de lanaturaleza por parte del individuo en el seno y por intermedio de una forma de sociedaddeterminada”.22 Durante muchos años, los latinoamericanistas se afanaban por reconocer en losmodos de producción del subcontinente algunos de los famosos prototipos que según ciertocatecismo marxista dilucidan la historia de la humanidad. La época colonial se explicabaentonces en términos de feudalismo, capitalismo o modo de producción asiático.23 En la medidaen que sustituyen la investigación histórica por la elucubración teórica, estos estudios terminanpor ser espejismos. Desde mi punto de vista, los mencionados términos no aportan nada a lacomprensión de los procesos históricos, al contrario: como hay mil acepciones de feudalismo ocapitalismo, contribuyen a crear confusión.Esta manera de ver las cosas permite quitar a la historia su predestinación y devolver al hombresu libertad: la libertad que se manifiesta en la lucha de clases. Para los que creemos con AlejoCarpentier “que la grandeza del hombre est| precisamente en querer mejorar lo que es; es20Las clases nacen, de acuerdo con esta visión, de la lucha de clases. Así entiendo a Thompson (1989a: 37)cuando dice que “las gentes se encuentran en una sociedad estructurada en modos determinados(crucialmente, pero no exclusivamente, en relaciones de producción), experimentan la explotación (o lanecesidad de mantener el poder sobre los explotados), identifican puntos de interés antagónico,comienzan a luchar por estas cuestiones y en el proceso de lucha se descubren como clase, y llegan aconocer este descubrimiento como conciencia de clase. La clase y la conciencia de clase son siempre lasúltimas, no las primeras fases del proceso real histórico”.21 Véase en el mismo sentido Congost (1990: 28-29).22Marx (1989b: 37). M|s explicito es Vilar (1980: 67): “Un modo de producción es una estructura queexpresa un tipo de realidad social total, puesto que engloba, en las relaciones a la vez cuantitativas ycualitativas, que se rigen todas en una interacción continua: (1) las reglas que presiden la obtención por elhombre de productos de la naturaleza y la distribución social de esos productos; (2) las reglas quepresiden las relaciones de los hombres entre ellos, por medio de agrupaciones espontáneasinstitucionalizadas; (3) las justificaciones intelectuales míticas que dan de estas relaciones, con diversosgrados de conciencia y sistematización, los grupos que las organizan y se aprovechan de ellas, y que seimponen a los grupos subordinados”.23Véase Mörner (1975: 40-44) y Van Young (1992c) para revisión de la amplia bibliografía sobre losmodos de producción en la literatura latinoamericana.11
  • 12. imponerse Tareas” se abre entonces un nuevo proyecto de futuro: la superación de laexplotación, la justicia, la paz.24 El crecimiento económico cabe por supuesto en este proyecto,pero no como algo deseable por sí mismo, sino como algo deseable en la medida que beneficia atodos: los que vivimos hoy como los que vivirán mañana.Cabe hacer una última aclaración. El ser humano es, por supuesto, mucho más que un sereconómico. No defiendo de ninguna manera una visión reduccionista del hombre, ni muchomenos. Esta historia no puede extenderse, por falta de fuentes, de espacio y de tiempo, a temascomo la familia, el arte, la religiosidad. Me limito aquí a lo que considero fundamental para unacomprensión acertada del presente y la imaginación de un futuro diferente: una comprensión dela historia como el desarrollo de la explotación y de la lucha contra esta explotación. 25En toda sociedad existe “una determinada producción que asigna a todas las otras sucorrespondiente rango e influencia” señala Marx. 26 El análisis de las relaciones sociales entornoa la tierra no nos revelará la clave de una sociedad industrial, lo mismo que el análisis de lasrelaciones entorno al capital no nos dirá gran cosa sobre el desarrollo de una sociedad agraria.Sólo al enfocar correctamente el estudio lograremos conocer las clases dominantes y las clasesdominadas, explicar como el manejo de los derechos que las primeras realizan sobre lassegundas, sus personas, sus medios de producción o sus productos, determina la evolución de laproducción y, más allá, de la sociedad en su conjunto. Queremos plantear desde ahora que lascostas novohispanas seguían siendo rurales a fines de la colonia: que la tierra seguía siendo laprincipal fuente directa de subsistencia y la principal fuente directa de riqueza.27 Más todavía: losplanteamientos que encontramos en el discurso de los intelectuales del comercio de Veracruzindican que las clases dominantes costeñas – aquellos grupos que lograban acaparar una parteproporcionalmente mayor de los excedentes disponibles – no querían o no podían concebir undesarrollo de sus regiones que no fuera agropecuario. En la Memoria sobre la situación de laagricultura del virreinato de 1809, José María Quirós, intelectual orgánico del comercioVeracruzano, señalaba que la agricultura era “el manantial de las sólidas riquezas, la que hacefelices y opulentos a los Estados, alimenta a los pueblos, anima a las artes, sostiene a losejércitos, facilita ocupación, y hace dichosos a innumerables familias, y el punto en que se apoyatodo el sistema del comercio terrestre y marítimo”. 28 Una primera parte del trabajo se dedica aprofundizar esta tesis a través del análisis del perfil de las poblaciones costeñas.24 Carpentier (1984: 123).25 Véase en este sentido muy particularmente Fontana (1982: 247-263).26 Marx (1989b: 57). Vale la pena recordar la frase entera: “En todas las formas de sociedad existe unadeterminada producción que asigna a todas las otras su correspondiente rango e influencia, y cuyasrelaciones por lo tanto asignan a todas las otras el rango y la influencia. Es una iluminación general en laque se bañan todos los colores y que modifica las particularidades de éstos. Es como un éter particular quedetermina el peso específico de todas las formas de existencia que allí toman relieve.27 Retomamos la definición de la sociedad rural de Congost (1990: 23)28Quirós José María, Memoria sobre la situación de la agricultura en el virreinato (1809), en: Ortiz de laTabla (1985: 179-202. 181).12
  • 13. Enseguida emprenderemos el estudio de las relaciones de los hombres entorno a la tierra. Paraeso partiremos del concepto de derecho tal como lo acabamos de desarrollar. Siguiendo eltrabajo clásico de Pierre Goubert sobre el antiguo régimen europeo distinguimos los derechosdel rey, de los propietarios – un término que habrá que definir –, de la iglesia y de losprestamistas.29 Postulamos que se trataba de derechos de explotar que se ejercían en cada unode los distritos administrativos en que se dividía el reino esencialmente desde la cabecera porun pequeño grupo de personas que se caracterizaban a sí mismas como españoles o comocomerciantes. Los comerciantes eran titulares de una parte importante de las tierras, ellosprestaban a los campesinos – que así llamaremos de aquí en adelante a los productoresfamiliares –, ellos controlaban, a través del arrendamiento o la administración, los impuestosreales y el diezmo eclesiástico.30La Costa Chica y la Costa de Sotavento son conjuntos geográficos, caracterizados por laintercalación entre la sierra y el mar. ¿Son la Costa Chica y la Costa de Sotavento buenas regionespara nuestro propósito? Rosa Congost sugiere como condiciones para el estudio de lasrelaciones sociales que las clases dominantes actúen sobre el área de una manera relativamentehomogénea y endógena.31 En la primera parte planteamos que las costas seguían siendo regionesbásicamente rurales en las postrimerías de la colonia: un indicio de que existía ciertahomogeneidad en las estrategias de las clases dominantes de ambos mares. En la segunda partepostulamos que las estrategias se desarrollaban no por un grupo único sino por un conjunto degrupos relativamente independientes los unos de los otros: los comercios de las sendascabeceras distritales. De confirmarse, esta hipótesis permitirá explicar posibles matices localesen el paisaje agrario y, por supuesto, el desarrollo de la ciudad de Veracruz. En el tercer apartadoplantearemos el problema de la endogeneidad de las decisiones de los explotadores costeños: elproblema de la inserción de las clases dominantes de los distritos costeños en las clasesdominantes del reino. Sustentaremos que el crédito – que no hay que confundir con la usura –establecía vínculos entre cada uno de los grupos regionales y las grandes casas del reino,asentadas en la capital y, durante la segunda mitad del siglo XVIII, también en Guadalajara,Veracruz y Oaxaca.32 Estas grandes casas ejercían también derechos de propiedad fuera de sudistrito; no obstante, las relaciones de producción que las enfrentaban directamente a loscampesinos provincianos eran escasas salvo en el altiplano central y el Bajío. 33Postulamos que las clases dominantes del reino condicionaban el movimiento de la producción através del manejo de sus derechos. En la cuarta parte del trabajo nos abocaremos a la dinámicade las relaciones sociales y a los vínculos entre esta dinámica y el movimiento de la producción.Planteamos que nuestra historia abarca el ciclo de vida de un modelo de explotación. Nuestrahistoria empieza con la consolidación de los comerciantes durante el tercer cuarto del siglo XVIIy termina con su crisis a partir de las postrimerías del siglo XVIII.29Goubert (1969-73: I, 119-133). Un quinto derecho que se realizaba en los reinos europeos, el derechoseñorial, coincidía de este lado del océano con el derecho del rey, único señor de las Indias.30 Brading (1988: 201-255); Hamnett (1986: 26-34); Pastor (1978: 290-307); Van Young (1981: 139-175).31 Congost (1990: 27-28).32 Brading (1975: 135-178) Hamnett (1976); Kicza (1983: 77-99).33 Borchart de Moreno (1984: 128-152).13
  • 14. Hablar de las costas es también hablar de puertos. Acapulco seguía siendo a finales de la coloniaaquella “humilde aldea de pescadores” que encontró Giovanni Francesco Gemelli en 1696. 34Veracruz, en cambio, era una ciudad: un asentamiento cuya población había dejado de trabajar elcampo.35 La producción urbana se realizaba en la Nueva España del setecientos principalmenteen el marco de la economía familiar o en pequeños talleres que formaban parte del sistemagremial.36 La apropiación del trabajo excedente de estas unidades se efectuaba, así planteamos apartir de las reflexiones de Edward P. Thompson sobre las ciudades preindustrialesesencialmente a través del control sobre el abasto. A este mecanismo se añadían la fiscalidadurbana y la propiedad del espacio urbano. 37 Los que manejaban el abasto, arrendaban las casas omonopolizaban las regidurías eran los mismos comerciantes que acaparaban también losexcedentes del campo. Debido a la importancia del abasto, el desarrollo de las relaciones socialesen el agro no podía quedar sin impacto sobre las urbes novohispanas. Dicho de otra manera: lacronología rural tendrá también un significado para el desarrollo de las relaciones deexplotación en la ciudad.Llegó el momento de hablar de las fuentes en que se apoya este trabajo. Para el análisis del perfilde la población tuvimos que apoyarnos básicamente en censos y padrones. Este tipo de fuentespermite captar las dimensiones espaciales de una población. Empero, resulta muy arriesgadoreconstruir la evolución en el tiempo de una población preindustrial con su movimiento enforma de sierra únicamente con cuentas periódicas más o menos espaciadas. 38 Fecundidad ymortalidad, que definen el movimiento natural de una población, se estudian mejor con registrosparroquiales. El problema es que estas fuentes no existen en la debida integridad para el ámbitode las costas. Muchos archivos parroquiales guardan fragmentos de una u otra serie, ningunoestá completo. Aquí usamos documentos archivados en las parroquias del sagrario de Veracruz,de Otatitlán, de Igualapa, de Jamiltepec, de Juquila, de Huaspaltepec y de Pochutla.39Disponemos de un gran número de cuentas de tributarios indios para todo el periodo colonial.Como el tributo era uno de los principales ingresos de la corona en la Nueva España, losfuncionarios reales contaban la población india muy seguido, sobre todo en épocas en que esta34 Gemelli (1976: 7). Con respecto a la situación a fines de la colonia, véase AGN, Padrones 16, ff. 213-221.35 Sobre la situación de Veracruz a fines de la colonia, véase Lerdo de Tejada (1950: I, 365-397). Ladefinición de la ciudad de antiguo régimen como asentamiento donde “la ocupación no agrícola era laprincipal fuente de ingresos” se toma de Hilton (1988c: 107).36La literatura sobre la producción urbana en la Nueva España es muy escasa. Para establecer estas tesisutilizamos Anderson (1988: 217-219); González Angulo (1983); González Angulo/Sandoval Zarauz(1984); Hamnett (1968: 24-25).37 Thompson (1979a y 1979b). Véase en el mismo sentido Hilton (1988b: 79).38Con respecto a la problemática de un análisis basado en este tipo de material, véase Flinn (1989: 85) yVilar (1979-1988: II, 15-17).39Morin (1972a) constituye una buena introducción a la problemática de los registros parroquialesnovohispanos.14
  • 15. crecía.40 Los documentos se conservan en los archivos de las diferentes instancias de gobierno:el archivo del intendente de Oaxaca, el de la audiencia de México, el del consejo de Indias. Allímismo, así que en la Biblioteca Nacional de España encontramos algunos censos y padronescorrespondientes a la segunda mitad del siglo XVIII que abarcan el conjunto de la población: unainnovación que traduce la incipiente reorientación de la fiscalidad real. El primer documento deeste tipo es el censo de Fuenclara (1742-1746). Para la mayoría de los distritos costeñosdisponemos de los informes manuscritos que los respectivos alcaldes mayores mandaban alconsejo de Indias. En los casos de los Tuxtlas y de Jicayan podríamos recurrir a la recopilación deVillaseñor y Sánchez, el Theatro Americano. 41 Otros han advertido ya contra la fiabilidad de lascifras de esta obra y nosotros comprobamos evidentes distorsiones en todas las provincias paralas cuales disponemos también del parte del justicia.42 Más vale entonces quedarse con lo seguroque manejar datos sumamente cuestionables. Otros documentos del mismo género son loscensos realizados por los funcionarios provinciales de la inquisición (1754), los párrocos (1777)y los justicias (1777, 1782, 1803-1806). Los padrones militares de Revillagigedo (1793-1797)sólo alistan a la gente de razón, es decir a los no indios. Las cuentas se encuentran hoy endiferentes ramos del Archivo General de Indias, del Archivo General de la Nación así que de laBiblioteca Nacional de España. Los primeros censos municipales en los flamantes estados deMéxico (1828, 1839, 1834), Oaxaca (1825, 1832) y Veracruz (1830), publicados en los informesde los gobernadores, dibujan un cuadro de la situación después de los cambios que implica lainsurrección de 1812.Las fuentes para las partes II-IV del estudio son obviamente distintas. En la Nueva España delsiglo XVIII, los derechos se ejercían en virtud de títulos, documentos escritos. Como lamaterialización se realizaba a menudo a través de un administrador se producía una grancantidad de cuentas con que estos subordinados justificaban su actuación ante el propietario.Distinguimos arriba entre diferentes derechohabientes. Podemos suponer entonces la existenciade una documentación abundante, aunque diseminada en un gran número de archivos.Sabíamos por la existencia de archivos particulares con información sobre el manejo de lapropiedad de la tierra a fines de la colonia, por ejemplo en San Andrés Tuxtla. Empero, el accesoa estas fuentes resultaba prácticamente imposible por la envidia de ciertos colegas. Por otraparte tampoco podíamos recurrir, como los historiadores del siglo XIX, a los catastros: como elrégimen colonial no imponía la propiedad, tampoco la censaba. Basamos entonces el estudio delos derechos de los propietarios en la documentación que producían el levantamiento dehipotecas y la enajenación por una parte, los litigios por la titularidad por la otra. Las actasnotariales que dan fe de cambios en los títulos de propiedad se encuentran en los archivos de losnotarios. Podemos conjeturar el funcionamiento de notarías en la mayoría de las cabecerasdistritales del siglo XVIII. Sin embargo, sólo en Cosamaloapan se han conservado fondos del sigloXVIII: y esto en un estado tan deteriorado que requieren urgentemente de una profundarestauración. Para Juquila y Jamiltepec localizamos algunos protocolos correspondientes a lasprimeras décadas del siglo XIX. Ahora bien, afortunadamente, no todas las transacciones se40Una lista completa de las fuentes sobre la población novohispana se encuentra en Cook/Borah (1978a:31-68).41 Villaseñor y Sánchez (1743).42Morin (1979: 40) alerta contra los datos del Theatro Americano para los distritos del obispado deMichoacán.15
  • 16. notificaban ante notarios locales. Pronto descubrimos que la suerte de muchas propiedades de laCosta Chica se decidía en las notarías de la ciudad de Oaxaca, que los propietarios de la Costa deSotavento frecuentaban las escribanías de las villas de Córdoba, Orizaba y Xalapa. Los sondeosen el Archivo General de Notarías del Estado de Oaxaca y la Biblioteca Central de la UniversidadVeracruzana – donde se conservan los archivos notariales de las villas coloniales – eran en efectomuy fructíferos. Una segunda manera para suplir la falta de archivos notariales costeños era elrecurso al registro público de la propiedad, establecido en toda la república a raíz de lasreformas liberales de mediados del siglo XIX. En Cosamaloapan, Veracruz, el archivo del registroestá prácticamente completo desde los primeros años. Su estudio permite ciertas conclusionessobre la época colonial, ya sea a través de las mismas actas, ya sea mediante los extensospreámbulos de carácter histórico que las introducen.Con mucho la fuente más importante en nuestro intento de reconstruir la historia del manejo delos derechos de la propiedad eran los archivos judiciales. Allí se ventilaban litigios porusurpación, allí se decidía sobre la legalidad de la expulsión de tal o cual arrendatario. Pudimosconsultar los fondos del teniente de justicia de Tlacotalpan (hoy en día en el Archivo Municipalde Tlacotalpan, Veracruz), de la audiencia de México (en el Archivo General de la Nación, en laciudad de México) y del consejo de Indias (en el Archivo General de Indias, en Sevilla). En elarchivo del ayuntamiento de Veracruz, vocero de los comerciantes del puerto, encontramosinteresantes documentos sobre el problema de la tierra en la Costa de Sotavento.El manejo de los derechos de los prestamistas se documenta en parte en los archivos notariales:quien prestaba montos importantes lo hacía ante notario público para poder demostrar, el casodado, sus derechos sobre los bienes del deudor. Los préstamos pequeños, en cambio, se basabanpor lo general en convenios orales. Algunos salen ocasionalmente en los inventarios post mortemdel archivo del juez de Tlacotalpan o los inventarios de las haciendas incluidos en losexpedientes del ramo de Tierras del Archivo General de la Nación. Más importante para suestudio es, empero, una polémica entorno a las prácticas de los prestamistas, una polémica quedejó abundante material en los archivos de la audiencia de México y del consejo de Indias.La documentación del ejercicio de los derechos de la corona es muy desigual. Muy completos senos presentaban los archivos del consejo de Indias (en el Archivo General de Indias, en Sevilla),de la audiencia y de real hacienda de México (en el Archivo General de la Nación, en la ciudad deMéxico). En cambio, habían desaparecido casi por completo los fondos de los alcaldes mayores yde los intendentes, funcionarios ambos que ejercían derechos en el nombre del rey. Sólopudimos consultar el ya mencionado archivo del teniente de la justicia de Veracruz enTlacotalpan. También los archivos de las repúblicas de indios se perdieron hace mucho. Losderechos que se realizaban en el nombre de Dios sí se documentan, pero por lo general la Iglesiano permite el acceso. De las diócesis que ejercían derechos en las costas coloniales, México,Puebla y Oaxaca, sólo la última se decidió a abrir las puertas a los investigadores: investigadorescon paciencia, habría que añadir.Los derechos de los especuladores urbanos de Veracruz se pueden analizar a través del archivode la institución encargada de ordenar el mercado, el ayuntamiento. Estos mismos papeles, hoyen día en el Archivo Histórico de Veracruz, revelan además el manejo de los derechos delgobierno urbano. Desgraciadamente, el manejo patrimonialista del acervo por parte de losencargados representa también aquí un serio obstáculo para el historiador que no forma partede los íntimos de la dirección.16
  • 17. El trabajo se realizó bajo la dirección del profesor Walther Ludwig Bernecker, catedrático, hastael año pasado de 1992, de la Universidad de Berna. Sin él y su confianza, nada hubiera sidoposible y la amplitud de sus criterios me será siempre un ejemplo a seguir. Junto con sus colegasCarl Pfaff, de la Universidad de Fribourg, y Hans Werner Tobler, del Politécnico de Zürich, elprofesor Bernecker me respaldaba incondicionalmente para que obtuviera una beca de tres añosdel Fonds national suisse de la recherche scientifique. Aprovecho esta ocasión para agradecer aesta institución y muy particularmente a Benno G. Frey, siempre dispuesto a atenderme, suprecioso apoyo.Las deudas intelectuales del trabajo quedan, así lo espero, claras. En primerísimo lugar RosaCongost y Josep Fontana: Els propietaris i els altres e Historia eran verdaderas revelaciones paramí y con cada una de las repetidas lecturas de estas obras descubría nuevos aspectos de lo quedebe ser una historiografía imparcial, crítica y honesta. Rosa Congost, de L’Estudi General deGirona, me acompañaba generosamente con sus observaciones y críticas durante la última fasedel trabajo. También quisiera dejar constancia de los impulsos que recibí de autores como PierreVilar, Edward P. Thompson, Maurice Aymard y Rosario Villari. A la luz del análisis de Congostestudié (y disfruté) además seleccionados textos de Marx, en particular el tercer libro de ElCapital.No puedo tampoco dejar de mencionar a algunos destacados investigadores mexicanos queestaban siempre dispuestos a discutir problemas de toda índole que surgían conforme avanzabala investigación: a Carmen Blázquez, referencia obligatoria de cualquier trabajo sobre temasveracruzanos, a Elsa Malvido, especialista en historia demográfica de México, así que a AngelesRomero Frizzi y Manuel Esparza, profundos conocedores de la campiña oaxaqueña en tiemposde la colonia. Para la investigación en los archivos y las bibliotecas contaba con el precioso apoyode mis amigos Porfirio Santibáñez (Oaxaca), Gustavo Vergara y Romero Cruz (Veracruz).Por fin, quisiera dejar constancia del profundo impacto de la amistad que me une con algunosmexicanos sin rango ni nombre. Ramiro Domínguez Reyes, ejidatario de Igualapa, GRO, memostró desde el día en que le conocí en la plaza de su pueblo, que su casa era mi casa. El afectoque le tenía – y le sigo teniendo – me llevó a preguntar en un momento dado por la historia de supatria chica: la Costa Chica, sin duda una de las regiones más sufridas de México, hoy como ayer.En Veracruz, VER, donde concebí y redacté este trabajo, quedaba una y otra vez impresionadopor la clarividencia que encontraba en muchos de mis amigos del Ejército Mexicano y de laArmada de México. Quisiera recordar muy particularmente a Marco Antonio Hernández, delHospital Militar Regional de Veracruz. En un momento en que me agobiaba las dudas sobre elsentido de mi quehacer hasta el grado de enfermarme, Marco me tendió generosamente su manoamiga. Por fin, Noé Méndez, ese amigo providencial que conocí cuando visité el país por primeravez, en 1982, y que me ha acompañado desde entonces con su generosidad humana La amistadde ellos me ha permitido superarme y dejar una obra que puedo suscribir, a sabiendas de que nohay obra humana que sea perfecta, tranquilamente.17
  • 18. 18
  • 19. Mapas. Organización territorial de la Costa Chica y la Costa de Sotavento durante la colonia(Gerhard 1986)19
  • 20. 20
  • 21. PARTE I. LA IMPORTANCIA DE LA TIERRA21
  • 22. 1. EL CRECIMIENTO DE LAS POBLACIONES COSTEÑASCosta de Sotavento y Costa Chica son términos geográficos: el primero, de origen náutico, seusaba, al igual que su gemelo Costa de Barlovento, desde el siglo XVII o incluso antes paradeterminar la posición de las costas de la Mar del Norte – como decían los españoles cuando sereferían al actual Golfo de México – con respecto al puerto de Veracruz. A fines de la colonia,Costa de Sotavento designaba además de una situación una región que abarcaba la partemeridional del actual estado de Veracruz, en particular el campo jarocho: la campiña aledaña alpuerto de Veracruz, y la cuenca del Papaloapan: el distrito de Cosamaloapan y las partesadyacentes de Veracruz y San Andrés.43 El término de Costa Chica surge por primera vez en lamemoria del gobernador del estado de México de 1831. 44 En una acepción estricta – que es laque encontramos en el documento mencionado – la Costa Chica coincide con la costa al este deAcapulco en cuanto esta pertenece al actual estado de Guerrero, separado a mediados del sigloXIX del estado de México. Hoy en día, el término suele designar una región que abarca también laCosta Sur de Oaxaca.Tanto la Costa Chica como la Costa de Sotavento son regiones que se intercalan entre el mar y lasierra.45 A la planicie del litoral – que alcanza 100-125 kilómetros en la Mar del Norte, pero sólo25 en la del Sur – sigue una terraza poco inclinada de 200 a 600 metros de altura, los altos, queda paso a la montaña. El agua, a través del régimen pluvial y de la hidrografía, es el granorganizador de ambas regiones. La ubicación en la zona intertropical de convergencia implica unaño con dos estaciones: las aguas de mayo a septiembre, las secas de septiembre a mayo. Deacuerdo con la posición en el litoral este y oeste, respectivamente, del continente americano, laCosta de Sotavento recibe mucha más lluvias que la Costa Chica. La Sierra de los Tuxtlas es unade las zonas más húmedas de México. Las diferencias en la precipitación y en el relieverepercuten en la configuración de los sistemas fluviales. Los ríos que desembocan en la Mar delNorte forman complicadas redes y alcanzan profundidades de consideración. Conforme avanzanlas aguas crecen, cambian de rumbo e inundan las tierras bajas del litoral. La captación de losríos de la Mar del Sur es menor, sus recorridos son más cortos. Durante la estación de secas,muchos se estancan al llegar a la planicie costera. Incapaces de perforar los médanos de la playaforman humedales o “chagües”, tierras anegadizas, y algunas lagunas.Nuestro primer problema es el de la importancia de la tierra en la vida de los hombres quevivían en los litorales novohispanos del siglo XVIII. A través de tres análisis parcialesaveriguamos si el trabajo de la tierra era mayoritario y si la producción agropecuariaproporcionaba más ingresos que los otros ramos de la producción. De darse estas condicionespodemos conjeturar, de acuerdo con nuestras hipótesis, que el estudio de la renta de la tierranos dará la clave para la comprensión de las sociedades costeñas de la época.43En la época, se hablaba de las “extracciones de harinas para Sotavento”, las cabeceras de Tlacotalpan,Cosamaloapan y Alvarado. AHV 1813 y 1820, Cuenta anual de la alhóndiga. Respecto al origen del término,véase Siemens/Brinckmann (1976: 272).44 Gobierno del estado de México (1831: 5).45 La caracterización geográfica de las costas se apoya en Sánchez Crispín (1978) y (1983);Siemes/Brinckmann (1976: 272-287); Diccionario Porrúa (1986: II. 1339-1343 y 2086-1091; III, 3105-3110).22
  • 23. TENDENCIAS Y RITMOS DEL MOVIMIENTO DE LA POBLACIÓN.El trabajo con censos y padrones de antiguo régimen requiere de una crítica interna mínima. Losfuncionarios coloniales usaban un complejo sistema de términos étnicos en sus cuentas: nohablaban de habitantes sino de indios, chinos, negros, pardos, mulatos, mestizos y españoles. Paraempezar hay que plantear el problema de los grupos étnicos. Por lo general, la calidad étnica –que tenía implicaciones fiscales y de otro tipo – se heredaba de padre a hijo. Los grupos eranentonces relativamente cerrados, formaban castas.46 Sin embargo, el sistema no era perfecto y elpase individual de una casta a otra no del todo imposible. Un segundo problema, menosimportante para el demógrafo, es el de la acepción de los términos. Observamos algunasdiferencias entre el altiplano y las costas. En la Mar del Sur, los chinos no eran, como señalaHumboldt, descendientes de indios y negros, sino indios filipinos. La diferenciación entre pardosy mulatos, común en algunas partes del reino, no se acostumbraba en las costas: ambos términosdesignaban a los afromestizos, independientemente de si la parte no africana de los progenitoresera indio o española.47 No todos los censos registraban al conjunto de la población. Hastamediados del siglo XVIII, la administración española se interesaba muy particularmente en lascastas sometidas al pago del tributo, indios y afromestizos. Las cuentas de los indios tributariosconstituyen un cuerpo coherente y pueden servir como punto de partida de un estudiodemográfico.48 En el caso de los afromestizos costeños, en cambio, intervenían desde 1650numerosas exenciones fiscales: exenciones que imposibilitan al historiador el establecimiento deseries.49Los censos y padrones generales de la segunda mitad del setecientos computaban por lo generala individuos. Había, sin embargo, algunas excepciones. Los alcaldes mayores de Acayucan yAcapulco entregaban su informe de 1743 contando a tributarios en el caso de los indios, familiasen el de los españoles y afromestizos, su colega de Cosamaloapan se refería sólo a familias.Medio siglo después, el titular del distrito de Acayucan remitía un parte con el número defamilias de los asentamientos de su jurisdicción al consulado de Veracruz. ¿Cómo estandarizar elmaterial? El término de familia es ambiguo en los censos del siglo XVIII y la aceptación de46En este sentido, la novohispana era una sociedad de castas, de cuerpos cerrados. Sin embargo, a veces seaplica el término de castas sólo a los mestizos, pardos y mulatos: aquellos grupos que carecían de lapureza de españoles e indios. Desde este punto de vista, la novohispana era una sociedad con castas. Parauna discusión sistemática de los términos, véase Vilar (1980: 116-119).47Tanto Humboldt (1984: 90) como, más recientemente, Aguirre Beltrán (1972: 153-179) se extiendensobre los términos étnicos. Con respecto a las costas pueden verse por ejemplo el informe del castellanode Acapulco de 1743 en AGI, Indif. Gral. 107.48 Los cambios que se introducían por el artículo 137 de la Ordenanza de Intendentes de 1786 en elsistema del tributo indio no se aplicaban nunca en las jurisdicciones costeñas. Véase infra, cap. 7.49 En su ensayo sobre la evolución de los grupos étnicos durante la colonia, Cook/Borah (1978c: 238) noadvertían las exenciones de los pardos. Sus conclusiones sobre las poblaciones costeñas del siglo XVIIIcarecen, por tanto, de valor científico. En los caps. 6., 7. Y 9. trataremos más ampliamente sobre laproblemática de las castas en el marco de las costas.23
  • 24. cualquiera de las acepciones sería arbitraria. 50 Una vez más preferimos pecar de minuciosos queutilizar datos fantasiosos.Los inicios de lo que podríamos llamar la recuperación colonial de la población costeña sepierden en el tercer cuarto del siglo XVII. Los funcionarios reales y eclesiásticos, siempre atentosa absorber nuevos excedentes, registraron los primeros aumentos de la población india a partirde la década de 1670. En 1674, Cosamaloapan, Acula e Ismatlahuacan pasaron de los 110tributarios que se les atribuían desde la primera mitad del siglo a 220. Tres años después,Cotaxtla duplicó sus anteriores 24 contribuyentes a ahora 50 (cuadro 1.1.). 51En la Mar del Sur, en el distrito de Acapulco, las autoridades efectuaron una primera adaptaciónde las listas de tributarios al alza entre 1664 y 1694. Varias de las parroquias de Igualapa yJicayan superaron a fines del siglo la población tributaria registrada en 1620. En fin, las primerasdécadas del siglo XVIII se caracterizaban en todas partes por un fuerte crecimiento (cuadro1.2.).52 ¿Y la población no india? Disponemos de datos de algunos partidos de la cuenca delPapaloapan que sugieren un fuerte crecimiento de los grupos de españoles y afromestizos paralos mismos años (cuadro 1.3.). 53 Sabemos también que el puerto de Acapulco, asentamientoexclusivamente no indio desde su fundación a mediados del siglo XVI, pasó de 150 vecinos en1646 a 400 familias de morenos, pardos y chinos y 10 de españoles en 1743. 54 Todo indicaentonces que la tendencia alcista no era exclusiva de la población india sino que todos los gruposétnicos se estaban expandiendo. Ir más allá de esta constatación sería pura especulación. Envista del estado actual de nuestros conocimientos sobre las pautas de la evolución nacional, laépoca posterior a 1740 es de un interés muy particular (cuadros 2., 3., 4.).55 ¿Qué nos dicen los50 Véase para una buena discusión Cook/Borah (1978b). No compartimos por supuesto la calculomaníade estos demógrafos que fuerza no sólo los documentos sino hasta su propia argumentación.51 1620-25: Cook/Borah (1980). 1674: AGN, Reales Cédulas Duplicata 28, ff. 54v. 74v. 1677: AGN, RealesCédulas Duplicata 28, ff. 101. 179. 1688: AGI, México 1157, Razón de los pueblos de que se compone lajurisdicción de la Nueva Veracruz, 1688. 1695: AGN, Reales Cédulas Duplicata42, ff. 26. 37v. 1698: AGN,Reales Cédulas Duplicata 42, f. 79v. 1709: AGN, AHH Diezmos 17, ff. 62-99. 1743: AGI, Indif. General 107 y108.521620/1625: Cook/Borah (1980). 1649: AGN, Reales Cédulas Duplicata 14, ff. 145v. 158v. 1664/1690:AGN, Reales Cédulas Duplicata 20, f. 447: Reales Cédulas Duplicata 28, f. 216v. 1706: AGI, México 881.1709: AGN, AHH Diezmos 17, f. 62-99. 1716: AGN, AHH Diezmos 17, ff. 62-99. 1743: AGI, Indif. Gral. 108.53 AGI, México 1157, Relación de las poblaciones del obispado de Puebla, 11/7/1681; AGI, Indif. Gral. 107,t. I, ff. 187-188 y 267-280; AGI, Indif. Gral. 108, t. IV, ff. 123-204v.54 AGI, Indif. Gral. 107, Informe del castellano de Acapulco, 1743; Diez de la Calle (1646: 142).55 1742-1744: AGI, Indif. Gral. 107 y 108. 1746: AGN, AHJ 339, exp. 1. 1752-1754: AGN, Inquisición 937, ff.109-117. 243-238. 278-284. 1756: AGN, HJ 339, exp. 1. 1761: AGN, AHH Diezmos 17, f. 415. 1762-1767:AGN, Tributos 2, exp. 1. 1768: AGN, AHH Diezmos 17, f. 323v: AGN, Tributos 2, exp. 2. 1771: AGN, HJ, 298,f. 81. 1773: AGN, AHH Diezmos 17, f. 238. 1777: AGI, México 2581 y 1588-1591: AGN, Bienes Nacionales401, exp. 8; AGN, Historia 72, f. 197; BNE ms 2450; Siemens, Brinckmann (eds.) (1976: 301). 1778: AGN,AHH Diezmos 17, f. 166v. 1782: AGN, Historia 72, ff. 195-196. 1784-1785: AGN; AHH Diezmos 17, f. 192v;AGN, Tributos 36, ff. 387-462; AGN, HJ 298, exp. 14. 1786: AGN, Tributos 43, ff. 276-285. 1790: AGN,Tributos 37, ff. 81-83. 1792: AGEO, Tesorería Principal 12, exp. 4; 1793: AGN, Historia 523, f. 94; AGN,Padrones 16, ff. 213-321v; AGN, Tributos 37, ff. 81-83. 1794: AGN, Tributos 37, ff. 163-164. 1799: AGN,Tributos 43, ff. 276-285. 1800-1801: AGN, Tributos 37, ff. 163-164 y 43, ff. 276-285. 1803: Apuntes24
  • 25. documentos? ¿Seguían las costas creciendo más allá de esta fecha? ¿En qué medida se justificahablar de crisis demográfica para los años finales del setecientos? Según el número detributarios, la población india del distrito de Acayucan habría crecido en un 70 por ciento entre1743 y 1784; como la parte de los indios en la población total de la región retrocedía, cuandomenos a partir de mediados del siglo, el ritmo de crecimiento de los no indios debía de ser aúnmayor. También en Igualapa observamos un crecimiento bien vigoroso: la población de lospartidos de Ometepec y Cuautepec habría aumentado en un 80 por ciento entre 1743 y 1777. EnJicayan, el número de indios tributarios se triplicaba entre 1743 y 1748. Si la proporción entreindios y gente de razón (españoles, mulatos y mestizos) se transformaba según las pautasobservadas en Acayucan – o también en Igualapa –, la población total de Jicayan debía crecer atasas aún mayores a mediados del siglo XVIII: las estructuras étnicas de los padrones de 1777dejan abierta esta posibilidad. En el resto de los distritos, el avance parece por lo menos no tanneto. Las regiones rurales de la jurisdicción de la Nueva Veracruz sólo lograban un 25 por cientoen el periodo señalado. La población india de Cosamaloapan obtenía un resultado parecido; apartir del análisis de los datos sobre la composición étnica del distrito en 1743 y en 1803conjeturamos que los afromestizos superaban ligeramente este índice. Al cabo de esta revisiónpodemos concluir que las regiones costeñas – con la excepción de Huatulco – pertenecían algrupo de regiones novohispanas que seguían creciendo hasta más allá de 1740. Respecto a lasdimensiones del proceso conviene tener mucha cautela. 56 En realidad, tenemos nuestras dudassobre la verosimilitud de explosiones demográficas como aquella que tenemos que postular,según nuestros daros, en Jicayan, Acayucan o Igualapa – por mucho que Claude Morin hayapropuesto procesos similares en el obispado de Michoacán.57 Más adelante veremos queprocesos migratorios apuntalaban la demografía costeña durante este periodo. Con todo y esono excluimos que las cuentas de mediados del siglo XVIII eran más exactas – que englobaban unporcentaje mayor de la población real – que las épocas anteriores. Así las cosas tampocopodemos decidir si intervenía o no un freno en las tasas de crecimiento a partir de la crisis de ladécada de 1730.En un momento dado, entre 1760 y 1780 – resulta imposible decir más con los documentos quetenemos a la mano –, se produjo un cambio importante en las tendencias a mediano plazo en lamayoría de los distritos. De allí en adelante, el número de indios tributarios se estancabaestadísticos de la intendencia de Veracruz, 1803-1806, en: Chávez Orozco/ Florescano (1967: 115-150);Archivo General del Estado de Oaxaca (1984). 1804: AGN, Tributos 43, ff. 276-285. 1806: Apuntesestadísticos de la intendencia de Veracruz, en: Chávez Orozco/Florescano (1968: 115-150). 1808: AGN,Indios 75, ff. 119-130. 1809: AGN, HJ 223, exps. 1-2. 1818-1819: AHV 1818, Resultado del padrón de estaciudad de la Nueva Veracruz y sus extramuros; Gaceta de México 27/6/1819. 1825-1826: BSMGE,Murguía y Galardí José M., Estadística del departamento de Jamiltepec; Noticia estadística que elgobernador del estado libre y soberano de Veracruz presenta al congreso de la unión, Xalapa, 25/1/1827,en: Blázquez Domínguez (comp.) (1986: I, 1-7). 1830-1832: BGEO, Exposición que el tercer gobernadordel Estado de Oaxaca hace en cumplimiento del art. 83 de la constitución particular del mismo a la cuartalegislatura constitucional, 2/7/1832; Gobierno del Estado de México (1831); Estadística del estado libre ysoberano de Veracruz, en 1831, en: Blázquez Domínguez (comp.) (1986: I, 59-316).56Fontana (1988: 105) advierte con razón contra conjeturas demográficas demasiado optimistas para elperiodo.57Morin (1979: 59) sugiere que la población del obispado aumentó de 315´000 en 1745 a 675´000 en1785, o sea en un 115 por ciento.25
  • 26. durante medio siglo en los distritos de Acayucan, Cosamaloapan, Veracruz y probablementetambién San Andrés. Mientras, la parte de los afromestizos en la población seguía en aumento entodos los distritos: un signo de que este grupo continuaba creciendo. Podemos conjeturarentonces que la población en su conjunto observaba una tendencia alcista, aunque lasdimensiones del movimiento habrían sido muy modestas. En las regiones de la Costa Chica, elpanorama era más complicado, aunque fundamentalmente parecido. En Huatulco, el número deindios tributarios se había estancado desde la década de 1740. En algún momento posterior a1767 se inició un periodo de franco declive y en menos de 20 años, el índice se contraía en un 30por ciento. Como el distrito conservaba su carácter indio hasta fines del siglo XVIII podemostomar esta evolución como representativa para la población en su conjunto. En el vecino distritode Jicayan, la tasa de crecimiento de la población era prácticamente cero durante la década de1780. Acapulco registró un verdadero salto del número de indios tributarios entre 1786 y 1794:un aumento del 50 por ciento en sólo ocho años, muy sospechoso a primera vista. Sin embargo,una vez más no podemos descartar algún movimiento de inmigración masiva. Con todo, la crisisno tardó en manifestarse y la ganancia se iba erosionando durante las décadas de 1790 y 1800.La población afromestiza acapulqueña, mayoritaria, parece estancarse durante el último cuartodel siglo. Igualapa era el distrito que mejor se desempeñaba durante el periodo. Por una parteobservamos un crecimiento bastante regular del número de indios tributarios hasta 1800. Peroeso no es todo. De acuerdo con los censos, las estancias ganaderas del litoral – Cruz Grande,Cuajinicuilapa, Juchitán y Maldonado –, asentamientos exclusivamente pardos, lograban uncrecimiento impresionante del 85 por ciento entre 1777 y 1793: mucho, aún si tenemos encuenta los importantes flujos migratorios que llegaban en este periodo a las costas.Después de una recuperación pasajera durante la década de 1790, el número de indiostributarios se contrajo de nuevo, aún en Igualapa, entorno a 1800. Ignoramos si la contracciónera exclusivamente de los indios o si se producían procesos parecidos entre españoles yafromestizos. Con todo, de allí en adelante, el panorama demográfico se iba aclarando. Hacia1810, el crecimiento parece de regreso en las costas. Huatulco, por ejemplo, aumentaba supoblación en un 40 por ciento entre 1803 y 1830. También Jicayan logró superar elestancamiento de los años 1780 en algún momento y alcanzó en 1825 un avance del 20 porciento respecto a 1793. La población de Cosamaloapan crecía un 10 por ciento de 1803 a 1825.Acayucan y los Tuxtlas estaban en auge para mediados de la década de 1810: también aquíignoramos el inicio del proceso. En 1830, el proceso continuaba – muy a pesar de los resultadosdel censo de 1830.58 Así las cosas resulta difícil compartir el escepticismo de Pérez Herreroquien sugiere que la crisis demográfica iniciada a fines del siglo XVIII se prorrogaba hasta muchomás allá de la independencia.59 En las costas, la población inició con toda probabilidad – no nosatrevemos a decir seguridad – un proceso de expansión desde la primera década del siglo XIX.58Estadística del estado libre y soberano de Veracruz, 1830, en: Blázquez Domínguez (comp.) (1986: I, 61-316. 66-68).59 Pérez Herrero (1990: 76).26
  • 27. LAS REVELADORAS CRISIS DEMOGRÁFICAS.El movimiento de la población costeña estaba condicionada por las crisis demográficas de tipoantiguo: hambrunas y epidemias que provocaban periódicamente la multiplicación de la tasa demortalidad regional e hipotecaban el crecimiento a mediano plazo. 60 La estrecha vinculaciónentre crecimiento demográfico y mortalidad catastrófica es un fenómeno que caracteriza amuchas poblaciones de la historia, poblaciones cuya producción es básicamente agropecuaria. 61El estudio del movimiento de la población aporta así un primer indicio de que el fundamento delas sociedades costeñas del siglo XVIII era la producción agropecuaria, de que el estudio de lasrelaciones entorno a la tierra es el enfoque adecuado para nuestro objetivo.Ahora bien, la interpretación de estas crisis aún está en discusión. No podemos descartar en laactualidad la importancia de mutaciones genéticas de los agentes patógenos en el desarrollo dela incidencia de las mortandades.62 Sin embargo, tampoco podemos dejar a un lado laimportancia de la situación alimenticia de la población en la evaluación del fenómeno.63 Aún sino tenemos fuentes que comprobaran que la gente se moría de hambre propiamente dichoqueda el hecho de que las epidemias arrastraban a una población cuya dieta se había vueltoprecaria. Al analizar el impacto de las crisis demográficas de tipo antiguo sobre una poblacióndada hay que tener en cuenta tres factores: el incremento de la mortalidad anual, la frecuenciade las crisis y las dimensiones del área afectada. 64 Ambas costas se veían afligidas pormortandades de car|cter “nacional” a lo largo del siglo XVIII. El c|lculo de la sobremortalidadresulta casi siempre imposible por falta de fuentes adecuadas. Con respecto a la frecuencia, encambio, observamos tendencias muy claras. Podemos distinguir, de hecho, entre un primerperiodo, de 1670 a 1760, más o menos, en que epidemias y hambrunas se presentaban conintervalos de 30 a 40 años y una segunda etapa, de 1760 a 1810, en que las mortandades sesucedían rápidamente con intervalos cada vez menores.Una primera crisis grave se produjo a fines del siglo XVII. Una serie de factores negativosafectaba entonces al conjunto del reino. Para el área poblana, Malvido ha encontrado viruelas(1687-1692), sarampión (1692), peste (1696) y hambrunas (1691 y 1693). 65 La situación eracrítica en todas partes y su majestad instruía al virrey que procurara alivio para los afectadospor las plagas, “castigando con severidad a los que turbaren la quietud pública o lo merecierenpor su obrar y excesos” en clara alusión a los tumultos que las epidemias solían provocar entre60 Flinn (1989: 29-34. 74-97) discute el concepto de crisis demográfica de tipo antiguo.61 Flinn (1989: 27-112) da una buena visión de los aspectos técnicos de un sistema demográfico de estetipo: el sistema demográfico europeo entre 1500 y 1800. Véase también las reflexiones labroussianas deVilar (1982c) sobre el caso francés.62 Véase Ruffié/Sournia (1984) sobre estos problemas.63 Véase en este sentido Flinn (1989: 77-78) Fontana (1988: 96).64 Flinn (1989: 74-76)65 Malvido (1973: 96-101). Véase también García de León (1985:56) quien observa una sobremortalidaden Chiapas en 1692. Pérez Herrero (1990:75) habla de una desaceleración de las tasas de crecimiento enla década de 1690 a nivel “nacional”.27
  • 28. los sobrevivientes por la sobrecarga fiscal. 66 La gran variedad de patologías y la amplitud delterritorio comprobadamente afectado sugieren que también las poblaciones costeñas padecíanbajo el impacto de los males. Datos aislados confirman esta hipótesis. En 1698, las autoridadescorrigieron el número de tributarios de Cosamaloapan, Acula e Ismatlahuacan a la baja, de 234 a151 (cuadro 1.1.). Por los mismos años, la población india de varios pueblos de los distritos deIgualapa y de Jicayan caía hasta más allá de los niveles de 1620 (cuadro 1.2.).Entre 1700 y 1730, el escenario epidemiológico se tranquilizaba. Solamente en el Puerto deVeracruz registramos en 1726 una mortandad que el Cabildo identificaba en una representaciónde 1759 como vómito prieto.67 Humboldt, citando a Ulloa, informa de otros brotes epidémicos defiebre amarilla en la Indias por estos años: 1729 en Santa Marta, 1730 en Cartagena, 1740 enGuayaquil. De acuerdo con los colones españoles de estos puertos se trataba en todos los casosde la primera aparición del flagelo en sus tierras.68 No descartamos entonces que la epidemiaveracruzana de 1726 representaba el primer brote de fiebre amarilla urbana en la NuevaEspaña. Esto no desmiente la opinión del propio Humboldt que sospechaba que el vómito sedaba desde siempre en las Indias. De hecho hay fuertes indicios de que la forma selvática delazote afectaba desde tiempos prehispánicos a la península yucateca. 69 No es nuestra tareaaveriguar posibles vínculos del brote de 1726 ya sea con las mortandades en otros Puertos delCaribe, ya sea con esta endemia casera. Consta que la epidemia se presentaba en la ciudad y quetodas sus manifestaciones posteriores – hasta pasado 1800 – se limitaban a su ámbito:solamente ahí se conjugaban, al parecer colonias de aedes aegypti infectadas por el agentepatógeno y concentración de advenedizos susceptibles de servir de huéspedes.A pesar de la afirmación de Humboldt en el sentido de que los estragos del matlazáhuatl, estaenfermedad misteriosa del indio novohispano eran exclusivos del altiplano, sabemos que laepidemia de 1736-1737 dejó sus huellas no solo en el centro del reino sino también en ampliaspartes de la Costa Chica.70 En la parroquia de Sochistlahuaca se abandonaban entonces 2 de untotal de 12 visitas, en la de Omeotepec 2 de anteriormente 8, en Igualapa 3 de 11. Más al Este, enla alcaldía mayor de Huatulco, la cabecera de Xadani perdía 3 estancias. Al parecer, sólo lospueblos del distrito de Acapulco se salvaban de la matanza.71 Con respecto a la Costa deSotavento carecemos de información sobre el virtual impacto del matlazáhuatl. Los censos de1777, que permiten reconstruir las pirámides de edades de las rancherías acayuquenses y de lospueblos de Ismatlahuacan y San Andrés, sugieren que la población enfrentaba problemas en ladécada de 1730; sin embargo, no podemos sacar conclusiones definitivas.66 AGN, Reales Cédulas Originales 26, f. 34.67AGI, México 2906, Representación de José de Villanueva, apoderado del Ayuntamiento de Veracruz, alConsejo de Indias.68 Humboldt (1984: 574).69 Con respecto a la historia de la fiebre amarilla puede verse la obra fundamental de Bustamante (1958).70 Véase Humboldt (1984: 512-513).71En un informe de 1743 (AGI, Indif. Gral. 107), el castellano de Acapulco señala que los pueblos de sudistrito escaparon “por haverlos preservado la divina providencia de el matlaz|huatl”. Las pérdidas deIgualapa se calculan a partir de la comparación de los censos de 1706 (AGI, México 881) y 1743 (AGI, Indif.Gral. 107). Con respecto a Xadani, véase Gerhard (1986: 127-130).28
  • 29. La década de 1760 marca en ambas costas el inicio de un bloque de epidemias y hambrunas demás de 50 años.72 En febrero de 1757, el cabildo de Veracruz mandó traer en procesión al patrónde la ciudad, San Sebastián, de su ermita a la parroquia para que intercediera ante dios contra“las agudas enfermedades y muertes” que afectaban al vecindario. En 1762, el puerto se debatíacon una epidemia de viruelas.73 El mismo año se registraba un nuevo brote de fiebre amarilla enel puerto, probablemente el primero desde los años 1720. Humboldt indicaba 1775 comotérmino de la mortandad. Sin embargo, por una vez hay que desconfiar del viajero alemán. Por lovisto, este intentaba vincular el final de la epidemia con las mejoras sanitarias de la década de1770. Aceptamos, como menos intencionada, la fecha de 1768 que proporcionan círculoscercanos al comercio veracruzano a inicios del siglo XIX. 74 La crisis de los años 1760 no eraexclusiva de la ciudad. La viruela de 1762 se presentaba, como sugieren los citados censos,también en las áreas rurales de región. La mortandad que se observa en el campo jarocho en1767-1768 representa tal vez una nueva incursión del matlazáhuatl.75 En la Mar del Sur, estapeste llegó en 1762 a Ayutla donde se llevó 67 de los más de 100 tributarios que habíaanteriormente.76 La muerte celebraba triunfos a lo largo y ancho de la Costa Chica. Lasestructuras poblacionales de Ometepec, Tututepec y Cuajinicuilapa mostraban las señas de lassangrías todavía en 1777. En la jurisdicción de Acapulco, la cuenta de tributarios de 1764 arrojóun resultado casi idéntico a la de 1743. ¿Sería que la crisis hubiera consumido el avance de dosdécadas en la población india? En el contexto de la época es muy probable que así sucediera. AHuatulco, la mortandad irrumpió hasta 1768. Frente a un promedio anual de 9 muertos enquinquenio 1760-1764, el libro de defunciones de San Pedro Pochutla registra 22 adultos en1769.77 Más grave aún se vislumbra el impacto de la plaga en la zona chontal. A lo largo de ladécada de 1760, el párroco de San Pedro Huamelula cobraba por 34 a 36 defunciones de adultoscada año; ahora enterró a 52 feligreses en tan solo 5 meses, de noviembre 1768 a marzo 1769. 78Repasamos los principales hitos de la época de la muerte empezando con la Mar del Norte. El día2 de octubre de 1777, las actas de cabildo de Veracruz denunciaron “que pocos de sushabitadores y de la misma guarnición dejan de ser comprendidos en ella (i.e. la epidemia),verific|ndose algunos muertos, hall|ndose los hospitales llenos”. 79 Dos años después, la viruela72Puntos de referencia en el espectro nacional son Morin (1979: 55) para Michoacán y Malvido (1973: 96-101) para el área de Puebla.73AHV, AC 12/11/1762; AHV 1792, Carta del bachiller José de Ávila al Ayuntamiento de Veracruz,Veracruz 9/2/1791.74Véase Humboldt (1984: 533) y AHV 1813. Informe de la comisión encargada de estudiar la salubridaden la ciudad de Veracruz, Veracruz 12/8/1813.75 Apuntes estadísticos de la Intendencia de Veracruz, 1803-1806, en: Chávez Orozco/Florescano(1967:115-150.116).76 AGN, Epidemias 13, ff. 109-116.77 APP, Libros de defunciones.78 APH, Libros de defunciones.79 AHV, AC 2/10/1777.29
  • 30. estaba de regreso, no sólo en el puerto sino también en otras partes de la Costa del Sotavento. 80Una “grande epidemia de calenturas” preocupaba al cabildo en 1781. 81 Paralelamente, unasequía anunciaba la gran hambruna novohispana de 1785 en la ciudad se manifestaban losprimeros problemas de abastecimiento. Con todo, la documentación previene degeneralizaciones: mientras el cabildo de Veracruz y el teniente de Tlacotalpan se apuraban porcomprar maíz, la alcaldía mayor de Cosamaloapan, se libraba de la amenaza. 82 Después de unosaños de calma relativa llegó en 1794 la viruela de Guatemala a Acayucan, Tlacotalpan, Alvaradoy, en 1797, a la misma ciudad de Veracruz.83 Aquí mismo se presentó desde 1794, después deuna ausencia de 26 años el vómito. El azote parece perpetuarse en la ciudad, golpeando unosaños – 1802, por ejemplo – más y otros menos. En 1812 se registraba la primera epidemia fuerade Veracruz, en Alvarado: según los coetáneos a consecuencia de la mayor afluencia de nocosteños a este puerto.84 En 1805, mientras las autoridades de Veracruz se combatían aún con laviruela y el sarampión que hacían su aparición desde 1793 en brotes esporádicos, la langostainvadía la sureña provincia de Acayucan, desplazándose desde ahí hacia el norte. 85 El ciclo decrisis agudas parece cerrarse en 1813 con una última epidemia de viruela. El brote sedesarrollaba en el puerto donde provocaba una sobremortalidad importante, tanto entre losniños como entre los adultos. Al calor de los movimientos poblacionales que originaba lainsurrección de 1812 en el campo jarocho, la epidemia llegó hasta Xalapa. 86 Pasamos a la CostaChica. Las estructuras poblacionales de los asentamientos acapulqueños de 1793 sugieren que lamuerte regresó también a la Mar del Sur antes de que terminara la década de 1770. 1785 era dehambruna en Huatulco, mientras que Igualapa, abundante en granos, padecía de infeccionessumamente mortales.87 Poco después, el turno de la escasez era de Jicayan (1788-1791) yAcapulco (1792–1793).88 Procedente del Istmo llegó en 1796 la viruela a Huatulco; al añosiguiente alcanzó Juquila donde mataba no sólo a recién nacidos sino también a adolescentes yadultos.89 Tampoco perdonaba, como solía suceder en el siglo XVI, a los no indios. En Jamiltepec,80Sobre el curso de la epidemia en la ciudad de Veracruz informan AHV, AC, 4/6/1779; AC 23/6/1779; AC25/11/1779. Una nota en AGNEO, Manuel Franco de Lara 1780, ff. 148v-174v, habla de un brote muymortífero, particularmente entre los indios, en Acayucan a partir de noviembre de 1779.81 AHV, AC 27/8/178182AHV, AC 2/6/1780; AC 18/9/1785; AHV 1786, El Ayuntamiento de Veracruz al virrey, Veracruz2/11/1785. AHT, leg. 4, exp. 4, Orden del gobernador de Veracruz al teniente de Tlacotalpan, Veracruz4/2/1803.83 AHV, AC 30/10/1794; AC 18/2/1797; AC 11/5/1797.84 Humboldt (1984:512.533); Blázquez Domínguez (ed.) (1986: I,259).85AHV, AC 9/10/1803; AHV 1803, El bachiller José de Ávila al Ayuntamiento de Veracruz, Veracruz9/10/1803; AHV 1806, Cuenta de lazareto de virulentos 11/4/1805-16/6/1805; AHT leg. 4, exp. 5, Ordendel gobernador de Veracruz al teniente de Tlacotalpan, Veracruz 4/2/1803.86 AHV, AC 30/4/1813; AC 20/8/1813; AC 26/12/1813.87 AGN, Alhóndigas 15 exp. 7; AGN, General de Parte 65, s/f.88 AGN, Inquisición 1358, f. 233; AN, Historia 578 B, s/f; AGN Tributos 34, ff. 119-15789 AGEO, Real Intendencia II. Leg. 21, exp. 32; AGN, Epidemias 12, ff. 102-119.30
  • 31. el párroco registraba un promedio de 23 defunciones de niños pardos, españoles y euromestizosentre 1792 y 1796. Con la epidemia, sus ingresos por entierros aumentaban vertiginosamente:entre octubre de 1796 y enero 1798 se contaban 45 párvulos fallecidos en el archivocorrespondiente.90 Después de una breve pausa las fuentes señalan la invasión de la langosta porHuatulco en 1806.91 Quizás como consecuencia de una virtual hambruna, la mortalidadaumentaba significativamente entre los adultos de razón de Jamiltepec. El número dedefunciones saltó de un promedio de 39 en el quinquenio de 1801-1805 a más de 55 entre 1806y 1808.92 Cuando menos en el distrito de Acapulco, el ciclo se remató en 1809-1810 con unaimportante sequía y, acto seguido, “una epidemia de fiebres y calenturas”. 93Después de 10 años de calma relativa irrumpieron en 1825 una vez más la viruela y elsarampión en la Mar del Sur como en la del Norte. A una fase endémica seguía hacia 1830 otrobrote epidémico que se prolongó hasta 1834, año del cólera en todo el país. 94 LA IMPORTANCIA DE LA INMIGRACIÓNLas costas del siglo XVIII eran tierras de colonización, o más exacto, de recolonización.Remontamos al siglo XVI. Después de la conquista, y en la medida en que se establecían lospuertos de la Mar del Sur, Huatulco y Acapulco, los ganaderos españoles presionaban a los indiosque resistían a la nueva patología a que se fueran y les cedieran sus tierras. A continuación, losnuevos dueños emprendieron la repoblación al ritmo y en las dimensiones que les convenían,primero a la fuerza, con negros esclavos, luego cada vez más mediante el fomento de lainmigración voluntaria. Hacia 1600, la sustitución de los nativos por inmigrantes se habíaextendido a lo largo de la franja costera de los distritos de Acapulco, Igualapa y Jicayan así quedel futuro partido de Pochutla. La nueva población en estas partes era predominantementeafromestiza: no sabemos si por multiplicación de los primeros “colonos”, por la calidad étnica delas olas siguientes o por la selección del medio. Los indios expulsados, en cuanto sobrevivían, sereasentaban en los pueblos de “los altos”. 95 Con respecto a la Mar del Norte falta la investigacióncorrespondiente. No obstante hay indicios de que los patrones de la evolución no eran muydistintos. La sustitución del indio por el afromestizo, un proceso necesariamente vinculado conmovimientos migratorios, era particularmente completa en el futuro distrito de la NuevaVeracruz. En Alvarado y Tlacotalpan, los inmigrantes, españoles y mulatos, integraron a losindios sobrevivientes en su sistema económico. En Tlalixcoyan, la población autóctonadesapareció en el transcurso de la primera mitad del siglo XVII. En la villa de Medellín, una90 APJa, Libros de defunciones de la gente de razón.91 AGN, Tierras 1371, exp. 2.92 APJa, Libros de defunciones de la gente de razón.93 AGN, Historia 105, exp. 1; AGN, Intendentes 73, exp. 9.94APP, Libros de defunciones. Estadísticas del Estado libre y soberano de Veracruz, 1831, en: BlázquezDomínguez (ed.) (1986:I.67.333-334).95 Véase Widmer (1990: 125-135. 166-181).31
  • 32. fundación española, se constituyó por los mismos años una comunidad india, ya fuera por lacongregación de los restos locales, ya fuera por el traslado de un grupo del altiplano. En su visitapastoral de 1609, el obispo de Puebla observaba a algunos pescadores “de nación griega”,casados con negras y mulatas; años más tarde, el censo de 1688 contaba además de 9 españoles,13 mestizos y 38 negros y mulatos, 34 indios adultos. 96 Tanto en el distrito de la Nueva Veracruzcomo en el de Cosamaloapan observamos como los ganaderos españoles intentaban desalojar alos indios. Su fracaso relativo se explica por la fuerza de los colonos españoles de Alvarado yTlacotalpan: pescadores y madereros que dependían de la disponibilidad de grandes cantidadesde mano de obra india.97 En los Tuxtlas, los inicios de la inmigración de no indios se vinculan conla producción de azúcar por negros esclavos en el ingenio de Cortés.98La emigración traduce una situación de sobrepoblación relativa en los lugares de origen. A partirde 1670 aumentó la presión demográfica en el centro del reino. Los excedentes que segeneraban allí colonizaban en las décadas siguientes el Bajío. 99 Es posible que el cambio en elcentro repercutiera también en mayores aflujos a las costas, pero las fuentes no permitencomprobar esta hipótesis. Será hasta la segunda mitad del siglo XVIII cuando los efectos de lainmigración se comprueban a través de los documentos. Sin embargo, para ese entonces, elcontexto nacional había cambiado – el Bajío había desaparecido como centro de atracción antesde 1760 – y no podemos proyectar hacia atrás las conclusiones sobre el último periodo colonial.Los censos de 1743 indican a través de elevados índices de masculinidad que los asentamientosrurales del distrito de la Nueva Veracruz acogían a un gran número de inmigrantes en estos años(cuadro 5.).100 Las fuentes muestran que, a diferencia del siglo XVI, la inmigración ya no era unfenómeno exclusivo de pardos y españoles, sino que ahora los mismos indios nutrían los flujosmigratorios. En los asentamientos que formaban el partido de Tlalixcoyan, por ejemplo, el índicede los indios era significativamente más elevado que el de los pardos. La importancia de lainmigración india comprueba también que no estamos delante de un cambio en el equilibrioentre campo y ciudad – Veracruz siempre era una ciudad de no indios – sino de migraciones delargo recorrido. El fenómeno no era exclusivo del campo jarocho. El análisis del origen de losnovios en los matrimonios que se contraían en la iglesia de Otatitlan durante el tercer cuarto delsiglo XVIII muestra tendencias muy parecidas (cuadro 6).101 De un total de 70 casamientosregistrados entre 1754 y 1774, 57 correspondían a indios; 13 de los novios, todos avecindadosen las rancherías del partido, declaraban ser originarios de la alcaldía mayor de Teutila o deotros distritos de la posterior intendencia de Oaxaca. Algunos, aunque criados en Otatitlan,recordaban que sus padres habían bajado de la sierra: un indicio de que el flujo procedente deOaxaca existía ya antes de mediar el siglo XVIII. Los 10 pardos que contraían nupcias en el AGI, México 1157, Razón de las villas y pueblos de que se compone la jurisdicción de la Nueva Veracruz.96BNE, ms 6877, Visita pastoral de 1609.97 AGN, Tierras 1867, exp. 4.98 Gerhard (1986: 351).99 Sobre la colonización del Bajío y sus ritmos, véase Tutino (1990: 62-79).100 Fuentes: véase hic supra, nota 13.101 APO, Libros de matrimonios.32
  • 33. periodo señalado habían nacido todos en la región, dos españoles habían inmigrado de lapenínsula.Los padrones parroquiales de 1777 captan la población en un momento en que la afluencia alcampo jarocho seguía vigorosamente. Las demás regiones de Sotavento, en cambio, parecen másbien exportadores de hombres (cuadro 7.).102 La falta de un saldo migratorio positivo no implica,por supuesto, una mayor estabilidad de gente. En las rancherías de Acayucan, por ejemplo, habíamuchos indios originarios de los Tuxtlas y, sobre todo, Tabasco. 103 Al retomar el libro dematrimonios de Otatitlan, constatamos que los inmigrantes seguían construyendo a fines delsiglo XVIII como el 20 por ciento de los novios. Sin embargo, el origen de los flujos y su calidadhabía cambiado. Ya no eran los indios Oaxaqueños los que llegaban a la cuenca del Papaloapan,sino afromestizos y españoles procedentes de las villas, de tabasco y de México (cuadro 8.). 104Los censos levantados entorno a 1800 trasmiten una imagen muy parecida a la de los padronesde 1777 (cuadro 9).105 Con respecto a las rancherías que conformaban las parroquias deMedellín y Tlalixcoyan sabemos que los inmigrantes procedían tanto de tierra fría como de “lascostas inmediatas”. Se trataba de corrientes que, como veremos, alimentaban también los flujoshacia la ciudad cabecera del distrito.106 Para 1830, el campo jarocho había perdido su dinámica.El segundo censo del ahora estado de Veracruz releva en cambio otra zona dinámica: el partido –y ahora cantón – de Huimanguillo. La comparación del desarrollo de Huimanguillo con la delresto de la Costa de Sotavento nos hace conjeturar que los colonizadores salían, por lo menos enparte, de estas regiones (cuadro 10.). 107En la Costa Chica, las zonas más afectadas por las epidemias de la década de 1730 recibíanfuertes contingentes de inmigrantes en los años siguientes. Con respecto al partido de Pochutla,por ejemplo, consta la afluencia de zapotecos de la sierra. 108 Tonameca, un pueblo totalmentepardo a fines del siglo XVII, volvía a indianizarse mediante estas corrientes.109 Los padronesparroquiales de 1777 permiten establecer un cuadro de la situación migratoria durante el tercercuarto del siglo XVIII (cuadro 11.).110 Destacan dos zonas de inmigración: la cuencas del SantaCatarina (Amusgos, Atoyac, Cortijos y Ometepec), y, en menor medida, el área chatina (Juquila yTeotepec). Tanto la cuenca de Santa Catarina como la región chatina pertenecían - excepto el102 Fuentes: véase hic supra, nota 13.103 AGI, México 2590, Padrón del partido de San Martín Acayucan, 1777.104 APO, Libros de matrimonios.105 Fuentes: véase hic supra, nota 13.106AGN, Indif. de Guerra 47B, Reglamento del regimiento de lanceros de Veracruz, 27/10/1779; AGN,Indif. de Guerra 47B, Informe de Nicolás de Monteagudo, 31/1/1799.107Fuentes: véase hic supra, nota 13. Hay que precisar que el cantón de Veracruz abarcaba los distritoscoloniales de Antigua y Nueva Veracruz108 Gerhard (1986: 127-130).109Con respecto a la situación de fines del siglo XVII, véase AGN, Clero Regular y Secular 159, exp. 1. Másarriba señalamos que entorno a 1800, la población de Tonameca ha de haber sido mayoritariamente india.110 Fuentes: véase hic supra, nota 13.33
  • 34. partido de Ometepec - al distrito de Jicayan. Este muestra para el conjunto de la población unsaldo migratorio ligeramente positivo (cuadro 12.).111 La inmigración de hombres que pasabanpor españoles o afromestizos parece un hecho. ¿De dónde salían esas gentes? El análisis de 258matrimonios que se contraían de 1737 a 1777 entre pardos, negros, españoles y mestizos en lacabecera de Santa María Huasolotitlan muestra que el 6 por ciento del total de los espososprocedía de la Mixteca Alta y Baja, el 3 por ciento del Valle de Oaxaca y el 2 por ciento de otraspartes de la Nueva España y de ultramar. 112 En los pueblos amuzgos observamos también elaflujo de indios de la sierra. Sabemos, por ejemplo, de una corriente migratoria del pueblo deSanta Clara Citlaltepec en el distrito de Tlapa a la cabecera de San Juan Bautista Igualapa en losaños 1770.113 En el partido Pochutla – que abarcaba además de la cabecera el vecino pueblo deTonameca – observamos una importante inmigración procedente de la sierra y, por lo mismo,probablemente india. El fenómeno no comprueba, por supuesto, la existencia de un saldomigratorio positivo. Sí nos muestra, empero, la movilidad de la gente (cuadro 13.).114 Laatracción de la Costa Chica continuaba a fines del siglo. En el distrito de Acapulco podemosdistinguir una doble corriente migratoria a estos años. La llegada de indios y mestizos,excedentes del centro, se traducía en la fundación de nuevas rancherías a lo largo del camino deMéxico, reanimado por el auge del comercio perulero: El Ejido, El Limón, La Sabanilla. 115 Másadelante, pero siempre sobre la misma ruta, prosperaba el pueblo de Santiago de DosCaminos.116 La otra vertiente del fenómeno eran las masas de pardos que contribuían alcrecimiento de las rancherías inmediatas al puerto y de los asentamientos del partido de Coyuca(cuadro 14).117 Los padrones militares del distrito de Igualapa dibujan una situación muyparecida (cuadro 15.).118 En Jicayan destaca la continuidad con respecto al tercer cuarto delsetecientos. Para 1793, las relaciones de masculinidad de los españoles, pardos e indios deldistrito eran 109, 110 y 98, respectivamente. Posteriormente, la situación se estabilizaba hastamás allá de la independencia (cuadro 16.). 119 También en el área de Pochutla se mantenían lasgrandes líneas del periodo anterior. La inmigración serrana continuaba, aunque sus dimensioneseran ahora probablemente más reducidas (cuadro 17.). 120Además de inmigración definitiva que hemos abordado hasta aquí existían movimientostemporales. La bajada anual de comuneros de los pueblos serranos al cultivo en las costas era unpatrón común a ambos mares. Las fuentes que manejamos aquí corresponden a la segunda111 Fuentes: véase hic supra, nota 13.112 APH, Libros de matrimonios.113 AGN, Indios 65, f. 44; AGN, Tributos 23, f. 339. Véase también API, Libros de Bautismos.114 APP. Libros de matrimonios.115 AGN, Tributos 25, f. 308.116 AGN, Inquisición 1358, f. 244. G117 Fuentes: véase hic supra, nota 13.118 Fuentes: véase hic supra, nota 13.119 Fuentes: véase hic supra, nota 13.120 APP, Libros de matrimonios.34
  • 35. mitad del siglo XVIII. Sin embargo es muy probable que los flujos fueran mucho más viejos queeso. Los indios de los distritos de Villa Alta y Teutila solían labrar milpas de algodón y de maíz enlas tierras de las haciendas de Cosamaloapan. 121 En la Mar del Sur observamos migracionesanuales de la sierra tlapaneca a la Cuenca del Santa Catarina. 122 Los indios de Tixtla y Chilapasalían en busca de los fértiles humedales de la planicie costera de Acapulco e Igualapa cada vezque las cosechas en sus tierras de temporal, muy expuestas a los vaivenes del tiempo,abortaban.123 A menudo, estas migraciones a tiempo terminaban por convertirse en migracionesdefinitivas. Los registros matrimoniales de Igualapa y Otatitlan demuestran que muchosserranos terminaban por casarse con doncellas costeñas.124 También existían flujos temporalesde la costa a la sierra y al altiplano, vinculados no con el sustento sino con la necesidad deprocurarse reales con que pagar los reales tributos. Estos movimientos se desarrollaban enregiones como Igualapa donde los comuneros carecían de productos comercializables y lasoportunidades de trabajar temporalmente en una explotación no familiar eran limitadas. 125 LAS COSTAS, TIERRAS INSALUBRES.Desde el punto de vista étnico, la población costeña se componía de una mayoría india y de unaimportante minoría – que era mayoría en muchas partes de la franja costera - afromestiza(cuadro 2.). La inmigración de españoles y euromestizos era, hablando en términosdemográficos, insignificante. En casi todas las cabeceras eclesiásticas de la Costa China existíangrupos minúsculos de inmigrantes españoles y mestizos desde el siglo XVI. 126 Será hasta lasegunda mitad del siglo XVIII y sólo en algunos puntos estratégicos - Acapulco, Pinotepa del Reyy Jamiltepec - que estos grupos llegarán a constituir un mínimo del 5 por ciento de la poblacióntotal. En la Mar del Norte, sólo Alvarado, Tlacotalpan, Coatzacoalcos y Veracruz atraían desde elsiglo XVI a importantes contingentes de españoles y mestizos. En su visita pastoral de 1609, elobispo de Puebla registraba en Alvarado a 20 y en Tlacotalpan a 12 vecinos españoles. 127 En elsiglo XVIII surgían nuevos núcleos de españoles y mestizos en Cosamaloapan y Chacaltianguis.La gente fina de las ciudades del altiplano mostraba una evidente reticencia a trasladarse a lastierras bajas. En su discurso sobre las costas destaca no sólo el tema de la insalubridad de laregión, sino también un prejuicios con tintes raciales poco velados. Todo el reino era un país desalvajes, por supuesto. Pero había de salvaje a salvaje. No había que confundir, señalabaHumboldt haciéndose eco de estas preocupaciones, al indio, símbolo de humildad y de121 AGI, Indif. Gral. 107, Informe del alcalde mayor de Cosamaloapan, 1743. AGN, Industria 8, exp. 14.122 AGN, Indios 65, f. 44.123 AGN, Epidemias 13, ff. 120-159.124 APO, Libros de Matrimonios. API, Libros de Matrimonios.125Para la situación en la Igualapa de fines del siglo XVIII, véase un informe del subdelegado en AGN,Tributos 54, ff. 194-199. Véase también infra, cap.13.126 Widmer (1990: 59-63).127 BNE, ms 6877.35
  • 36. subordinación, con el agresivo negro.128 Refiriéndose a la vida de los administradores españolesde la hacienda de San Marcos José Moctezuma, abogado de la ciudad de México, exclamó en1793: “En este feliz país deberían habitar los administradores. Deberían exponer su salud a losrigores de aquel clima infernal, enemigo mortal de la humana naturaleza. Debían mandar asubyugar a una gente inculta, bárbara y atrevida como lo es toda la que habita aquellos remotosdesiertos, con riesgo de su vida, debían vivir separados del trato racial de las gentes”. 129 Enrealidad, José Donato de Austria, el crítico secretario del gremio de los comerciantesveracruzanos para 1802, tenía razón al señalar que sólo “superando el interés los riesgos de lavida y las incomodidades del clima” decidían los españoles mudarse a las costas. 130¿Qué tan fundadas eran las quejas sobre el clima costeño? Hace ya años que Morin pudocomprobar en Michoacán lo que Humboldt había sugerido para el conjunto del reino: que lamortalidad normal, es decir las tasas que se observaban en años sin desastres extraordinarios,era mucho más elevada en tierra caliente que en el altiplano.131 Evidentemente, la culpa no eradel clima, de las miasmas, como sospechaban los viajeros de los siglos XVII y XVIII, sino de losvectores de microorganismos que prosperaban particularmente bien en las áreas tropicales.Ahora bien, Humboldt sugiere también la existencia de una mortalidad diferencial entre loscosteños por nacimiento y los advenedizos. Señala que es “opinión muy común” en la región “deque los individuos acostumbrados desde su niñez a los grandes calores de las costas mexicanasy a las miasmas que contiene la atmosfera, llegan a una feliz ancianidad”. 132 Pero no sólo laaclimatación, también la genética era susceptible de establecer diferentes patrones demortalidad en las costas. En la patología regional de la época destacan las “fiebresintermitentes”, un término que abarca no sólo las diversas formas de paludismo, sino tambiénotros fenómenos patológicos.133 Pueblos africanos desarrollaban a través de su historia unaprotección hereditaria contra algunos de los microbios que provocan el paludismo: lahemoglobina S. El precio de la inmunidad relativa era una sobremortalidad infantil en los casosen que ambos procreadores eran portadores de la mutación sanguínea. 134 En la actualidad, elfenómeno se observa en las poblaciones de ambas costas.135 Podemos conjeturar que lahemoglobina S llegó con los esclavos africanos a la Nueva España. Aunque es muy peligrosoproyectar la actual situación epidemiológica al pasado concluimos que existe por lo menos la128Hablando de los mulatos novohispanos, Humboldt (1984: 90) señala que estos “se hacen distinguir porla violencia de sus pasiones y por una particular volubilidad de la lengua”. Con respecto a los indios, encambio, dice (1984: 64) que “sufren con paciencia las vejaciones a que todavía se hallan frecuentementede parte de los blancos”.129 AGN, Tierras 1213, José Moctezuma a la Audiencia, s/f.130 AGI, México 2509, José Donato de Austria a Miguel Cayetano Soler, Veracruz 28/12/1802.131 Humboldt (1984: 40-41); Morin (1979: 69).132 Humboldt (1984: 529).133 Humboldt (1984: 29).134 Ruffié/Sournia (1984: 49-54).135 Información facilitada por los doctores Inocencio Amador, IMSS, Cosamaloapan, VER, y ThomasSteinemann, Hospital de la Amistad, Ometepec, GRO.36
  • 37. posibilidad de que los africanos y los afromestizos llevaban cierta ventaja sobre los españoles,euromestizos e indios en regiones palúdicas como Veracruz.37
  • 38. 2. EL FENOMENO DEL ESPACIOConstatamos una tendencia alcista en el movimiento demográfico del siglo XVIII, a nivel delreino como a nivel de las regiones costeñas. El crecimiento puede repercutir ya sea en laconquista de nuevos espacios, ya sea en la concentración del hábitat y la formación de ciudades.Las costas se inscriben en un proceso de desconcentración nacional, manifiesto en lainmigración masiva de hombres procedentes de la sierra y del altiplano, y reproducen estemovimiento a nivel regional mediante el éxodo de los pueblos y la multiplicación de lasrancherías. La urbanización es un fenómeno temporal y geográficamente muy marginal. CRECIMIENTO Y CONQUISTA DEL ESPACIO.A lo largo de la colonia existían intensivos movimientos migratorios entre pueblos y rancherías,asentamientos compactos y hábitat disperso. En el siglo XVI observamos como la presión de loscolonos españoles obligaba a los indios a concentrarse a algunos pueblos seleccionados. Elmovimiento culminó entorno a 1600 en la segunda ola de congregaciones organizadas por lacorona. Para mediados del siglo XVIII, la dirección de los flujos se había invertido. Las relacionesde masculinidad de los asentamientos del partido de Acayucan en 1777 indican que tanto losindios como los afromestizos se iban de los pueblos (cuadro 18.). 136 Con respecto a los indiosobservamos índices desde 82 en Soteapan hasta 100 en Sayultepec; los pardos, presentesúnicamente en la cabecera de San Martín Acayucan, muestran una relación 75. Las rancherías,asentamientos exclusivos de pardos, se distinguen por un índice sumamente alto de 121. Losafromestizos se trasladaban cuando menos en parte a las rancherías del partido. También esposible que poblaran las riberas de los ríos de la vecina doctrina de Huimanguillo donde sedesarrollaba en estos tiempos el cultivo del cacao. ¿Y los indios? Ningún asentamiento de laregión muestra índices migratorios constantes. En la ciudad de Veracruz, virtual destino de losmigrantes, los indios de Sotavento brillan por su ausencia. Planteamos dos hipótesis: o bien elindio cambiaba de casta al establecer su nuevo hogar o bien fundaba rancherías fuera delalcance de los empadronadores.En la cuenca del Papaloapan se repite el mismo escenario. Sabemos que los indios deTlacotalpan emigraban y se avecindaban ya sea en Saltabarranca, en la jurisdicción de SanAndrés, ya sea en el distrito de Cosamaloapan, particularmente en las rancherías del partido deChacaltianguis.137 Los mismos asentamientos recibían con toda probabilidad también una partede los excedentes de los pueblos del partido de Cosamaloapan. Otros cosamaloapeños semarchaban hacia Tlalixcoyan y Medellín.138136 Fuentes: véase supra, cap. 1., nota 13.137AGN, Clero Regular y Secular 188, ff. 115-137; AGN, Tierras 1185, exp. 9; AHT, leg. 2, exp. 20, Ordenesdel gobernador de Veracruz al teniente de Tlacotalpan, 28/3/1787 y 27/1/1787.138 AGI, México 1974, Solicitud de los comerciantes de San Martín Cosamaloapan, 1791.38
  • 39. Las tendencias aquí delineadas se mantenían durante la primera década del siglo XIX. Así loconfirma, para Acayucan, el párroco de la cabecera. 139 En el distrito de Cosamaloapanconstatamos elevadísimas relaciones de masculinidad en las rancherías sujetas a la cabecera –entre las que destaca San Cristóbal -, en Chacaltianguis, Tesechoacán y Tlacojalpan, tres pueblosen cuyos términos caen numerosísimos asentamientos dispersos (cuadro 19.). 140 El distritocomo tal era – probablemente también eso una herencia de las postrimerías del setecientos –exportadores de hombres: hombres que se iban, si persistían los flujos del siglo anterior, a lasrancherías del rió Jamapa. Los datos que corresponden al censo de 1830 muestran casi todosíndices de masculinidad muy bajos (cuadro 20). 141 Con todo observamos cierta continuidad delas tendencias con respecto a los años entorno a 1800. Destacan, por una parte, los índicesparticularmente negativos de las tres cabeceras distritales. Por otra parte, se confirman laszonas dinámicas: las rancherías de Acayucan, Otatitlan, Medellín y Tlalixcoyan. Las fuerzascentrífugas seguían siendo decisivas hasta mucho más allá de la independencia.Para la Mar del Sur, nuestra documentación es menos sistemática. Con todo observamostambién aquí cierta preferencia para algunas rancherías: los Cortijos (cuadros 14. Y 16.), El Ejidoo las Ventas del camino real de México a Acapulco (cuadro 15.). Su crecimiento se apoyaba contoda seguridad no sólo en la inmigración de pardos, españoles y mestizos foráneos. Queremospensar, a partir de lo que constatamos en la Costa de Sotavento y de las tasas de masculinidad delos indios de muchos partidos (cuadros 11. y 16.), que también existían flujos de los mismospueblos costeños hacia las rancherías.No todas las comarcas abandonadas en algún momento de la colonia se recuperaban en el sigloXVIII. El auge de la piratería en ambos mares provocaba importantes corrientes migratorias delos litorales al interior durante la segunda mitad del siglo XVII. En el distrito de Huatulco, elmovimiento se confundía con los intercambios entre la sierra y la franja costera. Astata seabandonó en 1680 a causa del peligro inglés: 20 años después se refundó más lejos de la mar.Santa María Huatulco, cuya parroquia se trasladó en 1680 al flamante pueblo de San Miguel delPuerto y en 1699 a Piñas en la alcaldía mayor de Miahuatlán, se destruyó en 1687 por corsarios.También este pueblo se volvió a erigir al cabo de algunos años en un lugar más seguro. 142 En laMar del Norte, la inseguridad se traducía en el traslado de los pueblos de Cosoleacaque,Tecominhuacan, Mecatepec y Huimanguillo de sus asentamientos originales sobre la playa alinterior. Los españoles avecindados en el puerto de Alvarado, al resentir la creciente inseguridadde estos años se mudaban sucesivamente a Tlacotalpan.143 La administración y los colonosintervenían probablemente también en el caso de los pueblos indios: temiendo de que losexportados se unieron a los enemigos foráneos creaban un desierto humano en las virtualeszonas de contacto.139 AGN, Clero Regular y Secular 207, exp. 11140 Fuentes: véase supra, cap. 1, nota 13.141 Fuentes: véase supra, cap. 1, nota 13.142 AGN, Indios 42, f. 90: Gerhard (1986: 127-130).143 Trens (1947: II, 364. 367-368).39
  • 40. LA MARGINALIDAD DEL FENÓMENO URBANO. LA CIUDAD DE VERACRUZ.Las ciudades novohispanas se concentraban en el altiplano. Las costas, en cambio, eran regionessumamente rurales. Hasta el rápido desarrollo del puerto de Acapulco desde los años 1960,Veracruz era el único centro urbano en el área. La ciudad se construyo a partir de 1599 portraslado de la Antigua a la playa frente a San Juan de Ulúa. Una estimación de 1681 atribuía aVeracruz 1’000 vecinos, mitad españoles y mitad negros y mulatos. 144 Un padrón presentado elmismo año por el párroco confirmaba y especificaba estos datos. El cura contaba 984 hombreslibres, 473 muchachos de uso de razón, 1’000 mujeres libres y 523 mujeres esclavas, o sea 2’980individuos, correspondientes a 622 familias en 780 casas. 145 Otro censo, fechado en 1743,arrojaba 4’530 habitantes en 1’612 casas – probablemente un término para familias. 146 En 60años, la ciudad crecía y rebasaba el recinto enmurallado. El documento de 1743 menciona dehecho por primera vez el barrio de San Sebastián, un arrabal con 47 casas y 134 individuos. Conrespecto a la población total del puerto, las dimensiones del crecimiento serían más bienmodestas entre 1681 y 1743. Al evaluar los datos del padrón de 1681 hay que considerar que elcura contaba probablemente no habitantes sino ovejas. De ser así, el número 2980 nocomprendería a los niños pequeños - aunque sí a los hombres esclavos, aparentementeolvidados. Independientemente de la edad a que el niño pasaba a ser muchacho de razón, lapoblación de Veracruz se habría ubicado entonces desde 1861 sensiblemente por arriba de los3’000 individuos. Ignoramos el impacto de las crisis novohispanas de la década de 1690 sobrela población del puerto y la afluencia de foráneos. Por lo tanto es imposible saber si la modestiadel crecimiento en el período analizado resulta de una secuencia auge-crisis-auge o de unmovimiento continuo.Una tabla del p|rroco elaborada en 1745 registraba a 4’790 habitantes. 147 La ganancia conrespecto a 1743 era mínima, alrededor del 5 por ciento en diez años. Cuarenta años después, elpadrón de 1791 atribuía 4’033 habitantes al recinto amurallado, otro, fechado 1793, 586 alarrabal.148 Diríamos entonces que la población se mantenía a los niveles alcanzados a mediadosdel siglo. Ahora bien, este mismo año de 1791, el ayuntamiento señalaba que la ciudad ibacreciendo.149 Podemos desconfiar de la afirmación del cabildo, empeñado en obtener el permisosuperior para ensanchar el recinto amurallado. Sin embargo, pasado 1800, el auge era unhecho. Humboldt estimaba la población del puerto en 1804 en 16’000 individuos, Lerdomencionaba la cifra de 20’000 para 1807. 150 Se trataba de un crecimiento malsano, de burbuja,144 AGI, México 1157, Relación de las poblaciones del obispado de Puebla, 1681.145 AGI, México 1157, Razón de las villas y pueblos de que se compone la jurisdicción de la NuevaVeracruz, 1681.146 AGI, Indif. Gral. 108, IV, ff. 123-204v.147 AGN, Inquisición 937, ff. 234-238.148AHV 1792, Padrón de la ciudad de Veracruz, 1792; AGN, Indif. de Guerra 47B, Padrón general deblancos, mestizos, pardos y morenos libres del distrito asignado a la primera escuadra del cuerpo delanceros de Veracruz, 1793.149 AHV, AC 1/1/1791.150 Humboldt (1984: 520); Lerdo de Tejada (1950: II, 207-208).40
  • 41. y a los pocos años – a partir de 1816, como veremos enseguida - se invirtió la tendencia. Unpadrón establecido por el ayuntamiento a fines de 1810 registraba ya tan sólo a unos 14000habitantes.151 El censo de 1818 contaba a 8’934 individuos, el de 1830 apenas a 6828. 152Veracruz vivía al ritmo de la inmigración. Además de la inmigración procedente del altiplano yde la sierra existían sendos sistemas de flujo y reflujo con ultramar y el campo jarocho. Losprimeros colonos eran europeos, criollos, euromestizos, africanos y afromestizos. En una visitade 1609, el obispo de Puebla observaba que la Nueva Veracruz “es toda de vecinos españoles(que) tienen muchos negros y negras esclavos y muchos otro libres”. 153 La inmigración españoladestacaba por sus dimensiones - únicas en el ámbito de las costas - a lo largo de los siglos XVII yXVIII. El censo de 1791, por ejemplo, indica que entre el 85 y el 90 por ciento de los españoles yeuromestizos mayores de 16 años que se registraban como vecinos del recinto amuralladohabían nacido fuera de la ciudad (cuadro 21.). 154 Gracias a estas aportaciones foráneas, la ciudadconservaba su carácter español hasta fines de la colonia. En 1681, el obispo de Puebla calculabaque la mitad de los habitantes de Veracruz eran españoles. 155 El padrón de 1791 muestra queespañoles y mestizos seguían reuniendo juntos más del 60 por ciento de la poblaciónintramuros. El censo de 1818, una cuenta que abarca toda el área urbana, es decir incluyendo losextramuros, registra al 43 por ciento de la población como españoles.156 ¿De dónde venían losinmigrantes? El contingente más numeroso, más de dos terceras partes de los censados,procedía de Europa. El segundo grupo más importante con alrededor el 8 por ciento era el de losoriginarios del centro del reino, el área poblano y la capital. Le seguían los cordobeses, xalapeñosy orizabenses con un 4 por ciento. El 10 por ciento restante se distribuía entre Oaxaca, la Costade Sotavento y el Caribe. Con respecto a las españolas y euromestizas, los datos son muchomenos completos (cuadro 22.).157 Sin embargo creemos no equivocarnos mucho al afirmar queel grupo era en su inmensa mayoría nativo del lugar. El segundo contingente en importanciaprocedía de las villas, en particular de Xalapa. Seguían el centro del reino y los pobladoscosteños, de una manera destacada Tlacotalpan. Las europeas, cuyo número está comprobado,eran una ínfima minoría de menos del 5 por ciento. El análisis de los libros matrimoniales de laparroquia porteña permite extender la encuesta en el tiempo (cuadros 23. y 24.).158 Destaca lacontinuidad de la inmigración europea. Con todo parece que la importancia relativa de estacorriente disminuyó poco antes de 1800 con el aumento de la afluencia de criollos del altiplano.151El padrón de 1813 está perdido; el dato procede de una comunicación del ayuntamiento de14/12/1813, en: AHV 1813, Exp. sobre la creación de un nuevo cuerpo militar.152AHV 1818, Padrón de la ciudad de Veracruz y sus extramuros, 28/5/1818; Estadística del estado libre ysoberano de Veracruz, 1831, en: Blázquez Domínguez (ed.), (1986: I, 59-317. 265).153 BNE, ms 6877.154 AHV 1791, Padrón de la ciudad de Veracruz, 1791.155 AGI, México 1157, Relación de las poblaciones del obispado de Puebla, 1681.156 AHV 1817, Estado General de la población de la ciudad de Veracruz, 13/2/1817.157 AHV 1791, Padrón de la ciudad de Veracruz, 1791.158APV, Libros de matrimonios. Respecto al análisis de movimientos migratorios a través de actasmatrimoniales, véase Garden (1975: 105-111).41
  • 42. La tasa de españoles y euromestizos originarios del puerto se mantenía constantementealrededor del 10 por ciento. En la procedencia de las mujeres del grupo observamos también elaumento de los flujos del altiplano en detrimento de las veracruzanas. Al aumentar lainmigración, las nativas ya no podían satisfacer las necesidades de los recién llegados y esosfomentaban el traslado de doncellas del centro y de las villas.La primera inmigración no española o euromestiza era africana y afromestiza: esclavos yesclavas cuyos traslados se decidían por sus amos, pero también – el informe de prelado poblanocitado arriba lo demuestra - mulatos libres. Desconocemos los ritmos de esta inmigración. De serciertas las informaciones que nos proporcionan los documentos de 1681, la proporción denegros y afromestizos sobre el conjunto de la población urbana habría bajado del 50 al 30 porciento antes de 1743. ¿Un fenómeno vinculado con la inmigración? Quizás. Retomamos elpadrón de 1791 para el estudio de la procedencia de los flujos a fines del siglo XVIII (cuadros 21.y 22.). La mitad de los hombres mayores de 16 años que se clasificaban en estas categoríasétnicas había nacido fuera del recinto. Entre los lugares de origen destacan el centro del reino,las villas, el Caribe, los asentamientos rurales del distrito de la Nueva Veracruz y Guinea,probablemente un término genérico para el continente africano. Los datos correspondientes alas mujeres dan un cuadro algo diferente. Las mulatas libres eran prácticamente todasoriginarias de Veracruz y de las costas adyacentes. Solamente las esclavas se habían traído detierras más lejanas: el altiplano, el Caribe o África. El censo de 1791 refleja la situaciónmigratoria anterior al gran despegue de la ciudad. Este se debió no a la inmigración de tierraslejanas, sino al abandono del campo jarocho. 159 El movimiento culminó, según parece, con lainsurrección entre 1812 y 1815. La ciudad fungía en ese entonces como refugio no sólo para losespañoles asentados en las cabeceras rurales sino también para todos aquellos jarochos que noquerían comprometerse con los rebeldes. En 1816, por ejemplo, el puerto acogió tan sólo delpueblo de La Antigua a unas 70 familias. 160 Los refugiados se quedaban por lo general en losextramuros. Estos alcanzaron a mediados de 1815 un vecindario de 3’000 habitantes.161 Con laestabilización de la situación en el campo empezó el éxodo de la ciudad y, en particular, de losextramuros. De acuerdo con Lerdo, estas quedaban prácticamente desiertas en 1820. 162 Losindios y las indias empadronados en 1791 eran prácticamente todos foráneos (cuadro 21.). 163Los contingentes más fuertes venían del centro, de las villas, de Oaxaca y de la Costa deBarlovento. En la medida en que los lugares de origen de estas migraciones coincidían conaquellos de los flujos que llegaban a las partes rurales del distrito podemos conjeturar que elfenómeno no cobraba vigor antes del siglo XVIII. El 10 por ciento que representaban los indiosen 1791 con respecto al conjunto de la población intramuros no será una constante sino el puntoculminante de un proceso.159 AHV 1810, Instrucción del ayuntamiento de Veracruz para su diputado a Cortés, 1810; Apuntesestadísticos de la Intendencia de Veracruz, 1803-1806 (1968: 118-119).160Anónimo (1960: 22). Véase también AHV 1813, Exp. sobre la amnistía. Respecto a los españoles puedeverse también el comentario del mencionado Anónimo (1960: 3) – el cura de La Antigua – sobre la huídadel cura y de sus allegados de Medellín en mayo de 1812.161 AHV 1815, Exp. sobre la escuela de los extramuros.162 Lerdo de Tejada (1950: II, 207-208).163 AHV 1791, Padrón de la ciudad de Veracruz, 1791.42
  • 43. Veracruz mostraba altos índices de población flotante: un fenómeno vinculado con su funciónde puerto y que se observa por este motivo también en Acapulco. Podemos distinguir entre dosgrupos de gentes que seguían patrones de migración temporal. Por una parte los arrieros, loscomerciantes y sus agentes. Con respecto al Acapulco de fines del siglo XVIII, Humboldt estimabaque la población se doblaba de 4,000 a 9,000 personas durante la feria de la Nao de Chinacuando filipinos y novohispanos celebraban sus contrataciones.164 En Veracruz, las actividadescomerciales abarcaban no sólo una temporada corta sino la mayor parte del año. También aquíobservamos la gran importancia numérica de la población flotante. Para 1807, un año comercialrelativamente bueno, Lerdo habla de 15’510 transeúntes - y eso sobre una poblaciónpermanente evaluada por el mismo autor en 20’000. 165 Con la dramática caída de las actividadesportuarias en la segunda década del siglo XIX, el índice habrá bajado sensiblemente. Entorno en1850 se estimaba que la población flotante de Veracruz era de 10 – 12’000 personas al año. 166 Atodo esto habría que añadir el personal de las guarniciones de la plaza y de San Juan de Ulúa:1’000 a 1’500 soldados durante el siglo XVIII, considerablemente más durante las guerrasnapoleónicas.167La ciudad de Veracruz tenía fama de ser particularmente mortífera. ¿Hay que distinguir entreuna mortalidad rural y otra urbana? La imagen tradicional de las ciudades preindustriales quesólo lograban crecer gracias a una inmigración constante está superada en la actualidad. Ahorasabemos que eran estos inmigrantes los que hacían que el balance entre mortalidad y fertilidadfuera negativo en muchos asentamientos urbanos. 168 Veracruz no habrá sido ninguna excepción.En el puerto, la gente hacinada como denunciaba Humboldt, quizás algo manipulado por elcomercio local que presionaba sobre el gobierno del reino para que le permitiera proceder alensanchamiento del recinto. “La población de Veracruz es demasiado crecida en proporción conla pequeña extensión de terreno que ocupa la ciudad: 16’000 habitantes est|n encerrados en unespacio de 500’000 metros cuadrados… Como la mayor parte de las casas no tienen más que unpiso alto, resulta que entre la gente común vive crecido número de personas en una mismahabitación. Las calles son anchas, derechas… pero como la ciudad esta circuida con una murallaalta, la circulación del aire es nula”. 169 Aparentemente, las miasmas consumían aún en años nodenunciados como epidémicos los nacimientos. Una estadística elaborada por el párroco en1817 cuenta en el trienio 1814–1816 1’231 bautismos y 2’209 entierros. Sin embargo, 1’314 delas muertes acontecían en hospitales, es decir, en lugares que solían acoger a gente que estabade paso por el puerto.170 En la apreciación de la mortalidad hay que tomar en consideración unsegundo momento. La mortalidad veracruzana del primer cuarto del siglo XIX refleja el impactodel vómito prieto. En 1802, un año en que el mal estaba relativamente calmado, alrededor de la164 Humboldt (1984: 156).165 Lerdo de Tejada (1950: II, 207).166 Lerdo de Tejada (1950: II, 592).167 Véase infra, cap. 9., con respecto a las estructuras de defensa de los puertos novohispanos.168 Véase Flinn (1989: 39-40).169 Humboldt (1984: 520).170AHV 1817, Estado general de bautismo, casamientos y entierros en la parroquia de Veracruz, 1813-1816, 13/2/1817.43
  • 44. mitad de los 959 muertos iban a su cuenta. 171 Ahora bien: el vómito sólo atacaba a los noconnaturalizados con el medio del puerto, en particular los recién llegados y la poblaciónflotante de arrieros, soldados y marineros.172 La estadística del cura y la etiología del vómitosugieren que el movimiento natural de la población portuaria era susceptible de arrojar unsaldo positivo por lo menos en el largo plazo.171 Humboldt (1984: 529).172 Humboldt (1984: 526. 536).44
  • 45. 3. LA IMPORTANCIA DEL TRABAJO Y DE LA PRODUCCION DE LA TIERRA.El crecimiento de las poblaciones costeñas está condicionado por la irrupción periódica de lascrisis de tipo antiguo y repercute en la conquista del espacio mucho más que en procesos deurbanización. Estas características del movimiento demográfico indican que estamos tratandocon sociedades cuyas economías eran profundamente rurales: sociedades en las cuales el trabajode la tierra eran mayoritario y procuraba más ingresos y rentas que el resto de los ramosproductivos. Revisemos la situación en los diferentes distritos a fines de la colonia e inicios de laépoca independiente.Con respecto a la Costa de Sotavento partimos de los informes que diferentes funcionarios realesestablecieron en 1803 en contestación a un cuestionario de la intendencia.173 El subdelegado deCosamaloapan era tajante. “Sus habitantes, escribía, se ocupan generalmente en labrar, otros enservicio de sus haciendas de ganado mayor y algunos ranchos cortos de la misma especie… Losartesanos son tan pocos que aun para lo preciso de la comodidad humana se carece de talesauxilios”.174 En términos parecidos se pronunciaban sus colegas de San Andrés Tuxtla yAcayucan.175 Las partes correspondientes al distrito de la Nueva Veracruz dejan entrever quetambién los habitantes de los pueblos de Medellín y Tlalixcoyan se empleaban principalmente enla labranza. De los alvaradeños, el teniente de justicia señala que de dedicaban básicamente a lapesca.176 Los habitantes de extramuros de la ciudad cabecera y de las rancherías inmediatastrabajaban en las carbonerías y los cultivos de hortalizas – aunque también había quienesvendían su fuerza de trabajo como carreteros o cargadores en el puerto. 177 Con respecto aTlacotalpan sabemos por la tradicional importancia del corte de maderas en los bosques de lacuenca del Papaloapan.178 Bajo el rubro de obrajes, los informantes mencionaban sólo algunasfábricas de cal y ladrillo: una en Cosamaloapan, seis en Tlacotalpan, cuatro diferentes rancheríasinmediatas a la ciudad cabecera. Se trataba de manufacturas de poco capital, dispersas y, en lamedida en que cocían barro explotado en las riberas fluviales en hornos calentados con leña quese recogían en los manglares de la playa, claramente vinculadas con la tierra. Apuntes estadísticos de la intendencia de Veracruz, 1803-1806, en: Chávez Orozco/Florescano (1967:173115-150).174 Apuntes estadísticos de la intendencia de Veracruz, 1803-1806 (1967: 115-150. 133).175Apuntes estadísticos de la intendencia de Veracruz, 1803-1806, en: Chávez Orozco/Florescano (1967:131. 143). El subdelegado de Acayucan señala que “la ocupación común y general (es la) de milperos”. Sucolega de los Tuxtlas relata que “los habitantes todos, tanto los de esta Villa como de toda la jurisdicción,se ocupan generalmente en la agricultura”, por si quedaran dudas añade que “no hay f|brica ni obrajeninguno en toda la jurisdicción”. Apuntes estadísticos de la intendencia de Veracruz, 1803-1806, en: Chávez Orozco/Florescano (1967:176115-150. 128)177 AGN, Indif. de Guerra 47B, Informe de Monteagudo, 31/1/1799.178 Siemens/Brinckman (1976: 296-197). Véase también AHT, leg. 5, el teniente de Tlacotalpan alintendente de Veracruz, 24/11/1806.45
  • 46. Una serie de informes encargada en 1831 por el gobierno del ahora estado libre y soberano deVeracruz capta la situación económica al término de la primera década de vida independiente.La riqueza de los distritos sotaventinos se seguía apoyando en la labranza, la cría de ganadomayor, vacuno sobre todo, la explotación de los bosques y la pesca costera y fluvial. 179 Con todono descartamos cierto avance de la producción manufacturera en los distritos de Cosamaloapany San Andrés. En San Martín Cosamaloapan se había establecido para la fecha del reporte unasegunda fábrica de cal y ladrillo. Además se hablaba ahora de fábricas de aguardiente de caña yde fábricas de panela en esta jurisdicción. Una de las fábricas de la cabecera producía, según eso,azúcar de mediana calidad.180 Sabemos por la importancia tradicional de la producción deaguardientes, mieles y panela en toda la Costa de Sotavento. Sin embargo, los informes de 1803aún mencionaban exclusivamente trapiches, alambiques y palenques, dejando entrever que setrataba de unidades relativamente modestas. Carecemos de información más detallada alrespecto, pero no descartamos que el cambio de la terminología indique también un cambio enla organización de la producción.181 Con respecto a San Andrés habría que destacar elestablecimiento de una fábrica de cal y ladrillo.El informe sobre el ex – distrito de la Nueva Veracruz, ahora incorporado al cantón de Veracruz,comprende una estadística sobre la actividad de habitantes. Los datos sugieren que los quedependían directamente de la tierra, labradores y pescadores, eran minoría en Alvarado yTlacotalpan (cuadro 25).182 Ahora bien, esta impresión se debe a que había en ambosasentamientos nutridos grupos de jornaleros. Una comparación del documento con el censodemográfico incluido en el mismo informe muestra que el funcionario encargado del expedienteregistraba a todos los hombres mayores de 15 años que eran difíciles de clasificar comojornaleros. ¿Qué hay detrás de este término? En la época, la palabra designada a grupos dehombres que combinaban el trabajo de la tierra con la venta de jornadas de faena: la diferenciaentre campesino y jornalero no era tajante. 183 Podemos conjeturar entonces que en los puertosde la cuenca, la importancia del campesinado era mayor de lo que parece a primera vista. Contodo, el papel de los artesanos tlacotalpeños y de los canoeros y domésticos alvaradeños – estosúltimos vinculados con el comercio local – es innegable. El cuadro refleja el desarrollo particularque tenían ambos asentamientos durante la década anterior a raíz de la habilitación deTlacotalpan como puerto de altura en 1820 y el traslado temporal del comercio veracruzano aAlvarado en 1823-1824.184 El auge de las actividades portuarias favorecía seguramente elasentamiento de artesanos y la conversión de labradores en jornaleros. La estructuraocupacional de 1831 será entonces bastante distinta de la que prevalecía en las postrimerías dela colonia. Ahora bien, ¿qué actividades se escondían detrás del término artesano? Queremos179Estadística del estado libre y soberano de Veracruz, 1831, en: Blázquez Domínguez (comp.) (1986: I,59-316; 61-120; 231-238; 251-270).180Estadística del estado libre y soberano de Veracruz, 1831, en: Blázquez Domínguez (comp.) (1986: I,59-316, 231-238).181 Véase infra, cap.13, con respecto a la evolución del sector azucarero en el siglo XVIII.182Estadística del estado libre y soberano de Veracruz, 1831, en: Blázquez Domínguez (comp.) (1986: I,59-317. 267).183 Véase el estudio de Di Tella (1973: 93) sobre el caso de Guanajuato en 1825.184 Lerdo de Tejeda (1853: 21. Documentos 30-31).46
  • 47. pensar que entre los artesanos alvaradeños y tlacotalpeños seguían sobresaliendo monteros,hacheros y aserradores: cortadores de madera y por tanto trabajadores de la tierra. Otro grupoque destacaban eran los fabricantes: los trabajadores de las curtidurías.185 También una parteimportante de los jornaleros habrá ganado su sustento en el monte. 186 No cabe duda de que latierra seguía siendo el medio de trabajo de las masas de Tlacotalpan y Alvarado para 1830.También en la Mar del Sur, las masas se dedicaban al trabajo de la tierra como informó BenitoPérez al cabo de un viaje a los distritos de Igualapa y Jicayan en 1973. 187 Los padrones militaresde este año para Acapulco, Igualapa y Huatulco permiten afinar el análisis en cuanto a la gentede razón.188 En la mayoría de los asentamientos se registraban exclusivamente labradores; en lasestancias de ganado mayor solía haber además algunos vaqueros. En las cabeceras másimportantes: Ayutla, Cuautepec, Huamelula, Igualapa, Ometepec y Pochutla, observamos a unpuñado de funcionarios, comerciantes y artesanos. También en el puerto de Acapulcopredominaban los labradores (cuadro 26.).189 En el informe que acompaña al padrón, elcastellano deja entrever que incluso los operarios y los artesanos salían en las aguas a lasrancherías aledañas a sembrar sus milpas.190 Acapulco era, no cabe duda, un asentamiento decarácter rural en que prácticamente todo el vecindario trabajaba la tierra y aprovechaba, unosmás, otros menos, las oportunidades que ofrecían las actividades portuarias en las secas paraganarse algún jornal. Los únicos profesionales del puerto eran, y aún eso queda por averiguar, lossoldados de la guarnición del fuerte de San Diego.Una estadística elaborada por Murguía y Galardí en 1826 para el distrito de Jicayan abarca todala población.191 Las estructuras son idénticas a las que observamos en 1793 entre la gente derazón de Acapulco, Igualapa y Huatulco. De un total de 66 pueblos recensados, sólo 9 tenían unapequeña colonia de artesanos. Entre estos destacaban Jamiltepec, la cabecera, con 16, Pinotepadel Rey con 14 y Huasolotitan con 11; en el resto: Amusgos, Cacahuatepec, Juquila, Nopala,Pinotepa de Don Luis y Zacatepec, su número era igual o inferior a 5. A los artesanos habría quesumar por supuesto un grupito de comerciantes y uno que otro funcionario con sus sirvientes.Además sabemos de una docena de trapiches en Los Amusgos, Cacahuatepec, Jamiltepec, Juquilay Tututepec: establecimientos que eran cuando menos algunos casos comparables con las185 Véase Di Tella (1973: 93) para el término de fabricantes.186 La importancia de la madera para la economía tlacotalpeña de los años 1830 se documenta en elinforme que acompaña la estadística: Estadística del estado libre y soberano de Veracruz, 1831, en:Blázquez Domínguez (comp.) (1986: I, 59-317. 257). Véase también Alafita Méndez, Corzo Ramírez,Domínguez Pérez (1989: 42) quienes señalan que aún a mediados del siglo XIX, maderas, palo de moral,maderas de cedro y caoba así que madera blanca constituían, junto con pieles, tabaco, algodón, azúcar ymaíz, los pilares del comercio exterior de la región.187 AGN, Tributos 34, ff. 160-173.188 AGN, Padrones 12, ff. 55-69; AGN, Padrones 16, ff. 222-332; AGN, Padrones 18, ff. 228-280v.189 AGN, Padrones 16, ff. 222-332.190 AGN, Padrones 16, ff. 213-221.191BiSMGE, Murguía y Galardí José M., Estadística del Estado libre y soberano de Guajaca, 1826, vol. I,Departamento de Jamiltepec.47
  • 48. fabricas de cal y ladrillo de la Costa de Sotavento. Pero eso nada cambia en el hecho de quetambién los de Jicayan seguían siendo en su inmensa mayoría agricultores al terminar el primercuarto del siglo XIX.¿Qué relación existía entre el artesanado y la tierra? Vimos el caso de Tlacotalpan, veamos ahorala situación en Jicayan (cuadro 28). 192 Podemos distinguir entre tres tipos de artesanos. Losplateros y los carpinteros trabajaban materias primas que se encontraban como tales en elcampo: la madera de los bosques y la plata de las minas serranas. Los albañiles, silleros,talabarteros, tejedores y zapateros trabajaban materias primas agropecuarias yatransformadas. Los insumos: cal, cuero curtido y algodón hilado, se producían, como veremos ensu lugar, en el marco de la economía familiar del campesinado local. Teniendo en cuenta lasituación del transporte en la época es poco probable que los artesanos recurrieran a laimportación de sus materas primas. También este grupo dependía entonces, en última instancia,de la organización del trabajo de la tierra. Quedan, por fin, los herreros, panaderos y sastres. Lascondiciones climatológicas y geológicas de las costas obligaban a la importación de hierro y trigodel altiplano, convirtiéndolos por este sólo hecho en artículos dedujo. Los sastres trabajabanseguramente las telas foráneas traídas por los comerciantes para su propio uso. Con todo, nopodemos excluir que no hayan cosido también mantas de producción local. En Jicayan, al igualque en Tlacotalpan – y seguramente en el resto de los distritos costeños – aún los que no sededicaban principalmente al trabajo de la tierra dependían estrechamente de la organización deeste trabajo, no ya por el problema de las salidas, sino simplemente por la cuestión de losinsumos.Para el análisis de las estructuras productivas de la ciudad de Veracruz disponemos de doscensos. El primero, levantado en 1791 por el ayuntamiento de la ciudad, abarcaba sólo el recintoamurallado. El segundo, parte del ya mencionado informe de 1831 sobre el distrito de Veracruz,extendía la cuesta a los extramuros. 193 Partimos del segundo documento. Establecimos arribaque en Tlacotalpan y Alvarado se contabilizaban a todos a todos los hombres mayores de 15años que no tenían un oficio fijo como jornaleros. En la ciudad de Veracruz, en cambio, seconsideraba que la población económicamente activa englobaba a todos los habitantes mayoresde 15 años, hombres como mujeres. Aplicamos el mismo criterio al padrón de 1791 (cuadro28).194 La continuidad salta a la vista. Veracruz era un asentamiento de comerciantes, artesanos,domésticos y jornaleros. Sabemos además por la importancia de los destacamentos militares en192BiSMGE, Murguía y Galardí José M., Estadística del Estado libre y soberano de Guajaca, 1826, vol. I,Departamento de Jamiltepec AHV 1791, Padrón de la ciudad de Veracruz, 1791; Estadística del estado libre y soberano de Veracruz,1931831, en: Blázquez Domínguez (comp.), (1986: I, 59-317. 267).194 El padrón de 1791 comprende cuatro listas nominales con sus respectivos resúmenes,correspondientes a los cuatro cuadros en que se dividía el recinto amurallado. El término de jornalero seencuentra sólo en los resúmenes, pero el criterio según el que se calcula el número de los individuospertenecientes a esta categoría varía. Juan Manuel Muñoz, encargado del primer cuadro, clasifica a todoslos hombres que encabezan a una familia sin tener algún oficio determinado como tales. Sebastián Pérez yPedro Garay, responsables de los cuadros II y IV, registran a toda la población masculina mayor de 7 añosy que no ostentaba algún oficio como jornaleros. En el cuartel III, Juan Vargas registraba bajo estacategoría a los hombres mayores de 16 años y que no tenían alguna ocupación específica.- Los datos delcuadro 29 se apoyan exclusivamente en las listas nominales.48
  • 49. San Juan de Ulúa y en la misma ciudad, grupos que ningunos de los censos toma en cuenta deuna manera sistemática.El padrón de 1971 permite además especificar las actividades de los artesanos del puerto(cuadro 29).195 Los grupos importantes eran aquellos que se dedicaban a la construcción civil onaval (32,5%), la producción de vestimenta (29,9 %) y alimentos (13,5%), la prestación deservicios de aseo personal (6,1 %) y de transporte urbano (7,5%). De acuerdo con estos datos, laproducción de Veracruz se centraba a fines del siglo XVIII en la satisfacción de necesidadesbásicas de la población con un significativo sector vinculado con actividades portuarias. Setrataba en su inmensa mayoría de oficios terminales que utilizaban como insumos materiasprimas y artículos semiterminales procedentes de fuera, muy particularmente del campojarocho. La madera de los carpinteros, toneleros y torneros había sido previamente preparadapor los macheteros tlacotalpeños quienes traían tablas y hastas a la ciudad. 196 Hasta fines de ladécada de 1790 funcionaban fábricas de cal y ladrillo en los extramuros y las rancheríascercanas al puerto. De allí en adelante, los albañiles porteños dependían de la producción de lacuenca del Papaloapan, Cosamaloapan y sobre todo Tlacotalpan. 197 Zapateros, talabarteros ysilleros trabajaban con toda seguridad cueros curtidos en la cuenca. Sabemos, en efecto, detenerías en Tlacotalpan, y sabemos también que cuando menos una parte de los cueros allícurtidos se llevaban a Veracruz. 198 Ignoramos, en cambio, la suerte del proyecto en queFrancisco López de la Peña proponía en 1779 el establecimiento de una curtiduría en losextramuros de la ciudad.199 Por fin podemos conjeturar que también el mimbre de loscanastilleros y las piedras de los pedreros procedían del hinterland inmediato de la ciudad. Aestas materias primas habrá que añadir el sustento, la alimentación de las masas urbanas: lahortaliza de extramuros y de Medellín, el pescado de Boca del Río y de Alvarado, los toros de lacuenca, el maíz de los Tuxtlas y de Cosamalopan. 200 El abasto de la ciudad de Veracruz - y con elabasto el desarrollo urbano en su conjunto - dependía así en gran manera del campo jarocho.¿Era Veracruz un centro artesanal cuya producción abastecía las regiones rurales circundantes?En principio, los artesanos de la vestimenta podían trabajar para la exportación. Sin embargo, losdatos sobre el distrito de Jicayan sugieren que todas las cabeceras del país tenían a su sastre y suzapatero. El único mercado de los artesanos de Veracruz era entonces con toda seguridad laciudad. Veracruz dependía del campo, pero el campo no dependía de Veracruz: esta es laconclusión fundamental que podemos sacar de este breve análisis.195 AHV 1791, Padrón de la ciudad de Veracruz, 1791.196 AHT, leg. 1, exp. 9, Autos principiados en demanda por María del Rosario de las Nieves contra quien enellos consta, 1777; AHT, leg. 5, El teniente de Tlacotalpan al intendente de Veracruz, 24/11/1806.197AHV 1791, Exp. sobre los hornos de cal; Apuntes estadísticos de la intendencia de Veracruz, 1803-1806, en: Chávez Orozco/Florescano (1967: 115-150. 116).198Aguirre Tinoco (1975: 3-9); Estadística del estado libre y soberano de Veracruz, 1831, en: BlázquezDomínguez (comp.) (1986: I, 59-317. 257). Con respecto al transporte de cueros tlacotalpeños a Veracruz,véase por ejemplo AGN, AHH, Entradas de Barlovento y Sotavento, 1814.199 AHV 1779, Exp. sobre el establecimiento de una curtiduría extramuros, 26/3/1779.200AHV 1762, Exp. sobre la escasez de semillas; AHV 1810, Instrucciones para el diputado a Cortes, 1810.Sería injusto si no mencionáramos que el puerto también importaba semillas del distrito de Xalapa: AGI,Gral. 108, IV, ff. 123-204. 325-352.49
  • 50. PARTE II. LOS PROPIE TARIOS Y SUS DERECHOS50
  • 51. 4. LOS DERECHOS SOBRE LA TIERRALos títulos sobre la tierra eran, de acuerdo con nuestra hipótesis, la clave de las sociedadescosteñas hasta mucho más allá de la colonia. Tener un título significaba tener un derecho sobreel producto de la tierra. En la medida en que el titular del derecho y el productor directo eranpersonas distintas, el derecho legitimaba una situación de explotación.En la Nueva España había una multiplicidad de derechos y de titulares de derechos. El productorse insertaba entonces en una complicada red de compromisos y el producto de la tierra serepartía entre diferentes personas físicas y morales. La red de derechos sobre la producción delcampo traducía una relación de fuerzas entre diferentes grupos sociales. Su definiciónremontaba a la segunda mitad del siglo XVI. En el siglo XVIII observamos el desarrollo de unaintensa lucha por su interpretación: una lucha que llevó a cambios en el discurso legitimador yque culminó una primera vez en 1821 con la eliminación de uno de los titulares. LA CORONA SOBRE EL ORIGEN DE SUS DERECHOS.En la década de 1780, la corona española sacaba del reino novohispano una renta anual deaproximadamente 20 millones de pesos.201 Esta renta era la materialización de derechos. Losregalistas del siglo XVIII sabían sobre el origen de estos derechos. Fabián de Fonseca y Carlos deUrrutia, burócratas de la corte del virrey Revillagigedo II (1789-1794), encargados de revisar lasbases de la real hacienda, asentaban: “Siendo m|s conforme a los principios elementales ytrillada regla de derecho que los reinos y provincias que se unen e incorporan a otros, debengobernarse y regirse por unos mismos principios y establecimientos, exijían la razón y la justiciaque los dominios de América incorporados por derecho de conquista y otros en la corona deCastilla, admitiesen los mismos establecimientos y auxiliasen con iguales servicios a sumetrópoli, a la que deben en gran parte su conservación y felicidad”. 202 Era en virtud del derechode conquista que la corona explotaba sus Indias. En algún momento de suma inspiración, losmismos autores preferían sustituir el concepto de conquista - que sonaba ya muy feo en oídosque empezaban a ser sensibles para el discurso sobre la inviolabilidad del derecho de propiedad- por el de traspaso. Al hablar del tributo indio explicaban que Moctezuma – el penúltimo“emperador” azteca – lo había cedido voluntariamente a la corona de Castilla.203 Como voz de suamo no mencionaban por supuesto la Bula Inter Caetera como título de propiedad. Los Borboneseran lo suficientemente reyes como para precisar de una sanción religiosa que hubiera podidocomprometer su aureola o, peor todavía, sus mismos derechos.204 El pasaje de Fonseca y Urrutia201 Humboldt (1985: 545). Fonseca/Urrutia (1845: II, 6). Con respecto a los autores de la monumental Historia General de Real202Hacienda, véase Güemes Pacheco (1986: 65).203 Fonseca/Urrutia (1845: I, 412).204Esta misma visión se encuentra también en Payno (1869: 162-163): “el rey que conquistaba una tierracuyos habitantes no conociesen o no profesasen la religión cristiana, decía este liberal decimonónico en suTratado de la propiedad, los consideraba por sólo este hecho como esclavos, y el territorio todo, lodeclaraba propiedad de la corona”. Como buen liberal que era, Payno condenaba por supuesto lo que51
  • 52. contiene todavía un tercer elemento legitimador de las rentas reales: se trataba, señalaban, decontribuciones destinadas a ayudar a la corona a cumplir con sus funciones administrativas, dedefensa, etc. Se intentaba así convertir la renta en el pago de servicios. La alusión a la supuestautilidad de la corona indica que los burócratas sabían que la argumentación histórica era puroadorno y que para justificar las exacciones reales ante los colonos del siglo de las luces hacíafalta convencerles de las bondades del régimen de la corte de Madrid. En efecto, en 1821 seproclamaría la independencia muy a pesar de los derechos adquiridos en 1521. LOS DERECHOS DEL FUNDO Y DE LA MERCED.En virtud de la conquista, la corona pretendía ser dueña de todos los derechos sobre las tierrasnovohispanas. Un derecho se realiza ya sea a través del trabajo del titular, ya sea mediante laexplotación del trabajo de terceros. Para que sus derechos se materializaran, la coronanecesitaba que sus tierras se labraran. Es esta la idea que encontramos implícitamente en undiscurso que Vicente Basadre, entonces secretario del consulado de Veracruz, pronunció en1801: “Poca o ninguna utilidad rinden al Estado las provincias fértiles, si les faltan brazos quecultiven, fomenten y beneficien los seres con los que la sabia naturaleza ha enriquecido losterrenos situados entre trópicos”.205 En parte, la mano de obra se encontraba ya en el lugar y erasólo cuestión de organizarla de manera que su trabajo rindiera óptimamente para el nuevodueño del país: las comunidades de indios. La corona no disimulaba que la dotación de lascorporaciones de indios con tierras, su aparente composición con los pobres, se tenía queentender en términos de rendimiento: “Siendo justo y muy de mi Real Piedad mirar por losindios, que tantas injusticias y molestias tengo noticia padecen, a vista de ser los que mástributan, utilizan y fertilizan mi Real Corona” rezaba reveladoramente una real cédula de1687.206Los fundamentos del régimen de propiedad de las comunidades tal como lo encontramos en elsiglo XV111 se echaban a partir de mediados del siglo XVI. Con tal de optimizar el control sobrelos indios, la corona decidió en 1551 sacarlos del monte donde habían vivido tradicionalmente,dispersos, asentados en sus milpas, y reducirlos en pueblos de tipo español. Una ordenanza en1567 reconocía a cada uno de estos pueblos un territorio mínimo, llamado fundo legal: un prediocircular con un radio de 500 varas (418 metros) alrededor del asentamiento. Tres años despuésse repitió una real cédula de 1560 que protegía además los derechos de propiedad de lospueblos en las tierras que habían abandonado a raíz de la orden de 1551. 207 A fines del sigloconsideraba una violación contra el sagrado derecho de propiedad. Así hablaba de “los actos criminales yabsurdos” de la conquista. – Mora (1986: I, 171) e historiadores modernos como Florescano (1986ª: 23-25), en cambio, muestran que la bendición papal era en el momento de la conquista un auténtico título depropiedad, al igual que el derecho de conquista.205Basadre Vicente, Memoria sobre la introducción de colonos, 1801, en: Ortiz de la Tabla (1985: 45-60.47).206 La cédula real de 4/6/1687 se reproduce en Florescano (1986a: 43-45).207 Las leyes de 1551 y 1570 se reproducen en De la Maza (1893: 11-17). Con respecto a la ordenanza de1567, véase Florescano (1986a: 42-43). La ley de 1560, se retoma en la Recopilación (1987: II) como ley 9.Tit.3. lib. VI.52
  • 53. XVII, en 1687, el rey trató de introducir dos cambios de envergadura. Por una parte dispuso queel fundo legal era un derecho no sólo de los pueblos ya existentes, sino también de “los que enadelante se fundasen y poblasen”, por la otra mandó ampliar el fundo legal en 100 varas. Ante laoposición de los colonos españoles tuvo que dar marcha atrás, por lo menos con respecto alsegundo punto, en 1695: las 600 varas no se medirían como estaba previsto desde la última casadel asentamiento indio, sino desde la iglesia, es decir desde su centro.208 En 1754, la coronaafirmó una vez más el derecho de las comunidades sobre el fundo. Explícitamente llamó arestituirles las tierras que les hubieran sido usurpadas y a concederles mayores extensiones deexigirlo el aumento de población.209De acuerdo con la legislación, la dotación tenía que hacerse en tierras útiles. La Recopilación de1680 retomaba una ley que establecía que “los sitios en que se han de formar pueblos yreducciones tengan comodidad de aguas, tierras y montes, entradas y salidas y labranzas y unejido de una legua de largo donde los indios pueden tener sus ganados sin que se revuelvan conotros de españoles”.210Para evitar que las tierras con que se había dotado a los indios se traspasaran a otras castas o seconcentran en pocas manos, la corona se veía obligada a reglamentar también las formalidadesde su enajenación. Desde 1571 se promulgó una que determinaba que los indios podían vendersus bienes raíces exclusivamente en almoneda pública y en presencia de la justicia real. 211 Sinembargo, poco ayudaba la vigilancia del justicia si este actuaba en connivencia con losinteresados. Ante la gravedad de la situación, la corona procedió en 1781 a ampliar la legislaciónexistente fijando que “por ningún caso ni con pretexto alguno se ejecuten ventas, préstamos,empeños, arrendamientos ni otro género de enajenación de tierras de indios… entendiéndosedicha prohibición aún entre los mismos indios de los unos a los otros, y con especialidad a losespañoles, mestizos, mulatos y cualquiera otras castas y familias … sin que… intervenga licenciade mi superior gobierno, juzgado general de naturales o real audiencia, calificada la necesidad yutilidad y seguidos todos los trámites dispuestos por las leyes con precedente audiencia delseñor fiscal”.212Los indios no eran los únicos que obtenían títulos de propiedad de la corona. Para enfrentar lahecatombe que sufrían los aborígenes a raíz de la conquista, la corona trataba de canalizar apobladores peninsulares hacia sus dominios americanos. Entre los que “rinden utilidad alestado” explotando o haciendo explotar derechos de propiedad transferidos por este estadoencontramos, en las costas dieciochescas, también a cofradías, caciques, indios particulares yespañoles. En todos estos casos, la transferencia de derechos se llamaba “mercedación”, el título“merced”.Durante el siglo XVI, la merced solía ser graciosa, haciéndose creer así al conquistador quefiguraba entre los primeros derechohabientes que se le estaba pagando para su trabajo. Desde208 La ley de 1687 se reproduce en Florescano (1986a: 43.45), la de 1695 en De la Maza (1893: 28-30).209 Fonseca/Urrutia (1845: IV, 409-415).210 Recopilación (1987: II, ley 8. tit. 3 libro VI).211 Ley de 24/5/1571, en: De la Maza (1893: 18).212 Instrucción real de 23/2/1781 en: De la Maza (1893: 42-45).53
  • 54. 1600, más o menos, la tierra ya no se regalaba, sino se remataba en pública almoneda al mejorpostor.213 Los pregones y el remate se celebraban en la cabecera del distrito en que se ubicabanlas tierras y bajo la responsabilidad del justicia local. Podemos conjeturar que el remate solíaser más bien una formalidad y el precio a menudo muy simbólico, ya fuera porque faltabanpostores acaudalados, ya fuera porque las justicias procedían en complicidad con losinteresados. Sospechoso resulta, por ejemplo, un remate que se celebró en 1704 en el puerto deAcapulco. Por sólo 500 pesos, Juan Hurtado de Mendoza obtenía allí el dominio de un inmensoterreno de siete leguas ubicado al norte del puerto. Aunque el fiscal, consultado por el virreyantes de la extensión del título correspondiente, protestara señalando que el terreno valíacuando menos 1’000 pesos y que era preferible no venderlo que regalarlo, el trato se hizo entérminos previstos.214La corona era titular de todos los derechos de propiedad sobre los baldíos sin importar suorigen: tierras que nunca se habían enajenado a terceros, o tierras que se habían reincorporadoal fundo real. Teóricamente y hasta mediados del siglo XVIII, todos los títulos de propiedadrequerían de la confirmación real. Empero, muchos propietarios sólo tenían títulos extendidospor alguna autoridad local: el virrey o los ayuntamientos. Ante la prioridad de la colonización, elrey hacía la vista gorda durante mucho tiempo. Sin embargo, al imponerse las urgenciasfinancieras, la corona decidió terminar el período de gracia. Desde 1591 la corte emitió unacédula en que pedía la presentación de todos los títulos de propiedad en Madrid: una formalidadque incluía, por supuesto, el pago de los derechos transferidos.215 Todavía en 1735, una realcédula vino a afirmar el derecho exclusivo de la corte de Madrid en materia detitularizaciones.216 El proceso de la confirmación real implicaba enormes gastos accesorios,gastos que a menudo excedían el precio que se había pagado en el remate. Muchos se absteníanentonces de pedir la aprobación real y se encontraban con títulos defectuosos. En 1754, la coronacedió ante las presiones de los colonos y facultó a los presidentes de las audiencias a comisionarjueces subdelegados para este asunto.217 Posteriormente, en la ordenanza de intendentes, lamercedación de las tierras se delegó a los nuevos funcionarios. 218 El viraje en la política demercedación no era, por supuesto, un acto de pura complacencia para con los colonos.Simplemente resultaba del entendimiento de que un labrador que sabía por la precariedad desus títulos no invertía nada en sus tierras, con lo que la producción – y sobre todo el rendimientode los derechos reales – se estancaba.219 A fines de la década de 1780, un informe de la audiencia213 Florescano (1986a: 32-33).214 AGN, Mercedes 65, ff. 130-132v.215 Real cédula de 1/11/1591, en: Fonseca/Urrutia (1845: IV, 399). Véase también Florescano (1986a: 34).216El contenido de la cédula de 24/11/1735 se deduce de su revocación, la cédula de 5/10/1754. Esta sereproduce en Fonseca/Urrutia (1845: IV, 409-415).217 Real cédula de 5/10/1754, en: Fonseca/Urrutia (1845: IV, 409-415).218 Fonseca/Urrutia (1845: IV: 416).219Fonseca/Urrutia (1845: IV: 409). El texto de la cédula de 1754 es muy claro al respecto. Muchos nopueden costear el proceso de la confirmación real, señala. “A que es consiguiente hallarse sin culturamuchos sitios y tierras que abastecerían con su labor y crías de ganado las providencias, y el que otraspersonas se mantengan en terrenos usurpados por defecto de títulos, sin darles sobre la cultura toda lalabor correspondiente por temor de ser denunciados y procesados sobre ello, de que igualmente resulta54
  • 55. de México estimaba que muchos habían aprovechado las cedulas de 1754 y 1786 y que exceptoen zonas muy lejanas del centro no quedaban ya realengos.220Con tal de aumentar su atractivo para colonos, el rey decidió renunciar al cobro de un censosobre las tierras mercedadas. Para evitar para sus mercedes fueran objeto de especulacióninmobiliaria y quedaran sin producir, su majestad condicionaba sin embargo la plena asunciónde los derechos inherentes a la merced a que el beneficiado viviera en su tierra durante cuatroaños y la trabajara de acuerdo con su solicitud. Si había pedido tierras para criar ganado, leincumbía poblarlas de animales, si su petición se refería a tierras de labriego, tenía quecultivarlas. Sólo si cumplía con este deber, el colono adquiría la facultad para vender las tierras“y hacer de ellas a su voluntad libremente, como cosa suya propia”. 221 LA PRIVATIZACIÓN DE LAS TIERRAS DE REPARTIMIENTO EN LAS COMUNIDADES DE INDIOS.La mayoría de los pueblos costeños tenían, como veremos enseguida, títulos de propiedad. Enprincipio, la propiedad correspondía a la comunidad y se administraba por el gobierno indio, larepública. La república decidía sobre el uso de las tierras que disponía. Una parte se asignaba alos comuneros para que éstos formaran su explotación familiar, las tierras de repartimiento, otrase retenía bajo su administración directa: ejidos, bosques y pastos abiertos a todos, milpas delcomún, tierras labradas entre todos, y terrenos que se arrendaban a terceros. La parteproporcional de cada uno de estos terrenos era flexible.222Con respecto a las tierras de repartimiento, Pastor ha sugerido que en los pueblos de la MixtecaAlta existía originalmente una diferencia jurídica entre el solar, posesión patrimonial delcomunero, y la milpa, una parcela explotada en régimen de usufructo y que debía revertir alfondo común al finar el beneficiado. Desde el siglo XVII, sigue el autor, la milpa se ibaprivatizando, se heredaba y se vendía: la diferencia con el solar se iba perdiendo. El derecho decompra preferencial para la parentela que se mantenía hasta el final de la colonia era de pocaimportancia en comunidades en que todos eran parientes en algún grado. En el siglo XVIII, lasparcelas cambiaban de mano con tanta facilidad que se puede hablar de un mercado de tierrasperjuicio a mi Real Hacienda, así en carecer del producto de sus rentas, como del que por consiguientedimana al común y al estado de la labranza y crianza”.220 Informe Ladrón de Guevara, 11/11/1789, en: Fonseca/Urrutia (1845: IV, 420-423).221 Véase la ley de 18/6/1513 en: De la Maza (1893, 3-4). “Es nuestra voluntad, que se puedan repartir yrepartan casas, solares, caballerías, y peonías a todos los que fueren a poblar tierras nuevas en los pueblosy lugares, que por el gobernador de la nueva población les fueren señalados … y los aumenten y mejoren,atenta la calidad de sus servicios, para que cuiden de la labranza y crianza; y habiendo hecho en ellas sumorada y labor, y residiendo en aquellos pueblos cuatro años, les concedemos facultad para que de allíadelante, los puedan vender, y hacer de ellos a su voluntad libremente, como cosa suya propia”.222 Florescano (1986a: 65); Pastor (1987: 143-146).55
  • 56. intracomunitario.223 El control de la república sobre las tierras de repartimiento se reducía asíen muchos casos a la atestiguación y la legalización de los contratos entre los comuneros. Elderecho de reversión que intervenía a la muerte de un comunero era poco menos que letramuerta. Significativo resultará el hecho que la república de San Francisco Tuxtla utilizaba en losaños de 1770 parte de sus fondos para comprar lotes que iban quedando por la muerte de sushijos para resignarlos de nuevo.224 Sólo dos causas justificaban la confiscación de un terreno porel gobierno local: el endeudamiento del comunero para con la república o terceros o algún actocriminal que se castigaba con la expulsión del culpable del pueblo. 225 Resulta imposible analizarestos procesos de privatización en las costas. Tampoco podemos evaluar el avance de laconcentración de los derechos sobre las tierras de labriego en el seno de las comunidades en quetenía que derivar. LA DISCUSIÓN SOBRE EL CARÁCTER DE LA MERCED.La corona cedía algunos de sus supuestos derechos a terceros con tal de poder realizar otrosderechos: la alcabala, el tributo y el servicio miliciano, principalmente. Ahora bien, paraoptimizar el rendimiento de estas rentas, el rey se reservaba el derecho de reversión de lasmercedes. Esta forma legal se invoca sobre todo para presionar a los titulares de mercedes a quecumplieran con su obligación de trabajar realmente las tierras que les hubieran sido otorgadas.Una real cédula de 1805 por ejemplo determinaba que se daría el plazo de un año “para que losdueños de tierras, dentro de él, poblasen y cultivasen las incultas y baldías, con apercibimientode que de lo contrario caerían del dominio, y se rematarían y aplicarían a los que lasdenunciasen”.226 En algunos momentos, la corona consideraba también la posibilidad dereasignar tierras mercedadas a comunidades cuyo fundo se juzgaba insuficiente. La recopilaciónde leyes de Indias de 1681, por ejemplo, retomaba una cédula que había establecido: “y porque alos indios se habrán de señalar y dar tierras, aguas, y montes si se quitaren a españoles se lesdar| justa recompensa en otra parte”. 227La eficiencia del derecho de revocación era prácticamente nula. Los dueños de las mercedes seconsideraban de facto propietarios de lus utendi et abutendi y explotaban las tierrasindependientemente de lo que les mandaba la corona a través de sus reales cédulas. Sobran223 Pastor (1987: 147-148. 178-181). Van Young (1992f: 288-289) distingue en su estudio sobre lascomunidades de la región de Guadalajara entre las tierras de repartimiento por una parte, aquellas que losindios ricos acaparaban mediante la compra por la otra. Ahora bien, en vista de las aportaciones de Pastorsugeriríamos que también las parcelas que se transferían mediante la venta formaban en realidad parte delas tierras de repartimiento: que se trataba de tierras de repartimiento privatizadas. Como la privatizaciónnunca fue sancionada por la corona, estas transacciones no se registraban, como observa el mismo VanYoung, ante las autoridades españolas.224 AGN, Hospital de Jesús 373, exp. 8.225 Pastor (1987: 179).226 AHV 1807, Bando del virrey de 27/7/1807.227 Recopilación (1681: ley 14, tít. 19, libro 6).56
  • 57. ejemplos parta demostrar que los colonos españoles dejaban sin explotación alguna, amplísimosterrenos.228 Los mismos propietarios no escondían la situación. En el inventario de la haciendade San Marcos establecido por su administrador en 1780 se habla de un terreno de cuandomenos 1,5 leguas como de “llanuras las cuales no se han sembrado jam|s por lo que no se puededar razón si ser|n o no fructíferas”. 229 Este es el telón de fondo sobre el cual hay que ver lacédula de 1805, este es el telón de fondo sobre el cual hay que evaluar sus posibles resultados.También en sus intentos de transferir tierras de algún latifundio a una comunidad de indios, lacorona era poco exitosa. Cuando mucho lograba una transferencia temporal: la comunidad eraposesionada de sus derechos, pero al poco tiempo, el dominio había revertido a su dueñoanterior. Así sucedió en Medellín a finales del siglo XVII, así sucedió cien años después allí mismoy en Tlacotalpan.230 En el siglo XVII mandaban, y lo veremos a lo largo de este trabajo, lostitulares de mercedes, no el rey.Los regalistas del siglo XVIII consideraban el derecho de reversión de la merced como unaemanación del dominio directo, un derecho de propiedad que, decían, seguía en manos del reymás allá de la cesión del título al vasallo. A la merced correspondía, de acuerdo con la visiónoficial, el dominio útil. “Las tierras de este continente son de regalía, el dominio directo dellastoca y pertenece a la potestad legítima”, declaraba en 1789 Juan Mariano Ladrón de Guevara,asesor jurídico del gobernador de Veracruz. 231 No menos claro resulta un dictamen del abogadoJosé Sánchez Pizarro de 1759: todas las tierras son de “real patrimonio y regalía tanto que sinembargo de que se hayan mercedado a los particulares vasallos, siempre mantiene Su Majestadel dominio radical de ellas, y por eso cada que vacan se incorporan y se consolidan a su realcorona por derecho de reversión”.232Ahora bien, los coetáneos, propietarios y no propietarios de los títulos reales, consideraban queestos comportaban la cesión de todos los derechos territoriales. Miguel Ruiz de Allende,arrendatario de Los Cortijos, señalaba desde mediados del siglo XVIII que el dueño de lahacienda poseía el dominio directo de las tierras. La afirmación se hacía en un escrito dirigido alvirrey sin provocar reacción alguna: quizás un signo de que inclusive en la corte de Méxicoexistía inseguridad sobre el carácter de los derechos de la corona. 233 A fines del siglo se hablabaya, por lo menos en los círculos del comercio de Veracruz, de propietarios de bienes raíces: así,sin complemento alguno. Ni los defensores de la propiedad ni sus detractores se referían a lossupuestos derechos de propiedad del rey. 234228 Véase infra, cap. 13.229 AGN, Tierras 1213, Inventario de la hacienda de San Marcos de 1780.230AGN, Tierras 1110, exp. 4: AHV 1813, Exposición de Joaquín Sánchez Boado al consejo de regencia,21/5/1812.231 AGN, Tierras 1185, exp. 9.232 AGN, Tierras 1867, exp. 4233 AGN, Mercedes 80, ff. 32-34v.234Véanse Parecer del Consulado de Veracruz sobre la solicitud de privilegio que pide Juan B. del Río parabeneficiar ixtle, 1804, en: Chávez Orozco/Florescano (1967: 151-185. 171) y José M. Quirós, Memoriasobre el fomento agrícola de la intendencia de Veracruz, 1807, en: De la Tabla (1985: 131-150. 135).57
  • 58. La constitución de 1824 consagrará los derechos adquiridos mediante merced como derechos depropiedad absoluta. Con todo concederá en el artículo 120 el derecho de expropiación alpresidente de la república previo acuerdo del senado: una restricción que relativiza obviamenteel carácter absoluto de la propiedad.235 UNA RESTRICCIÓN MÁS AL DERECHO DE LOS TERRATENIENTES: LOS ESTANCOS REALES.De acuerdo con los regalistas del siglo XVIII, la corona era dueña del dominio directo sobre todaslas tierras del reino. Esto le daba el derecho de definir los derechos del dominio útil. Vimos sufracaso en el caso del derecho de reversión. Analicemos aquí el éxito de sus intentos de imponerel monopolio sobre la producción de sal y tabaco, dos importantes productos costeños.Desde el siglo XVI, la corona protegía los derechos de los indios sobre las salinas y trataba deimpedir que estas cayeran en manos de los españoles. 236 Yacimientos menores como los deJaltipan y de San Andrés en Sotavento o de Astata, de Pinotepa del Rey y de Huasolotitlan en laMar del Sur se explotaban en el siglo XVIII y hasta más allá de la independencia de los indios. 237Por lo menos las salinas de Astata eran, en los años 1720, propiedad de la república; conrespecto a los demás no sabemos si se regían por el gobierno indio o por particulares. ¿Éxito dela corona? No necesariamente. En vista del contexto histórico sugerimos más bien que lasituación reflejaba la fuerza de los grupos dominantes de estos pueblos, si por acaso sucapacidad de llegar a acuerdos con los dueños de las grandes haciendas costeñas quenecesitaban la sal para sus hatos.En un informe de 1771, Gálvez recomendó que todas las salinas que no fueran absolutamentenecesarias para el sustento de los indios se rigieran por estanco.238 La idea del estanco no eranueva: durante un breve periodo, de 1686 a 1692, las salinas de la Mar del Norte se habíanexplotado en monopolio real.239 Ignoramos si la corona siguió las sugerencias de Gálvez. 240Sabemos, sin embargo, que las importantes Salinas de San Marcos – que abastecían las minas de235 Payno (1869: 118-119).236 Véase la providencia real de 23/4/1589, en: Fonseca/Urrutia (1845: IV, 7-11).237 Véanse AGN, Hospital de Jesús 121, exp. 27 (San Andrés, 1776); AGN, Tierras 1131, exp. 1 (Astata1721); ACO, Diezmos Jamiltepec XXIV (Pinotepa del Rey y Huasolotitlan, 1822); Estadística del estadolibre y soberano de Veracruz, 1831, en: Blázquez Domínguez (comp.) (1986: I, 59-316. 89) (Jaltipan,1830).238 Informe de Gálvez, 1771, en: Fonseca/Urrutia (1845: IV, 130-139).239 Fonseca/Urrutia (1845: IV, 62-73).240La Nueva Ordenanza de Intendentes de 1803, suspendida en 1804, antes de que llegara a aplicarserealmente, dispuso en el art. 159 que las salinas que no fueran necesarias a los indios se administrarancomo propios del rey. Véase Fonseca/Urrutia (1845: IV, 139-140).58
  • 59. Sultepec y vendían cargamentos en las ciudades de Cuernavaca y México – se seguíanexplotando en los años 1780 por el dueño de la hacienda, según parece sin gravamen alguno. 241En 1764, la corona estableció el monopolio sobre la comercialización del tabaco en la NuevaEspaña. Para controlar la producción se restringió el área de cultivo a las jurisdicciones deCórdoba, Orizaba y Zongolica. La república independiente mantenía el monopolio hasta 1833. 242¿En qué medida afectaba la nueva legislación a las costas? En Acayucan, el cultivo de tabaco erabastante común en el siglo XVI. 243 En 1831, la Estadística del estado libre y soberano de Veracruzmenciona huertas de tabaco “de considerable valor” en el distrito.244 También en la Costa Chicaencontramos cultivos de tabaco antes y después de la prohibición. Durante la primera mitad delsiglo XVIII, las comunidades de los distritos de Acapulco, Jicayan y probablemente Igualapacultivaban y comercializaban la hoja. 245 En Acapulco, el cultivo florecía de nuevo a mediados delsiglo XIX.246 Consideramos que el tabaco nunca fue realmente erradicado, ni en la Costa Chica nien Sotavento. Esta interpretación explicaría no sólo la prosperidad del cultivo poco después – oaún antes – de la abolición del monopolio, sino también las repetidas ordenes de la corte deMéxico en que se amenazaba a los indios que cultivaran tabaco fuera de los distritos de permisocon penas de hasta 30 días de cárcel.247 LOS MAYORAZGOS Y EL MARQUESADO DEL VALLE.La nueva España tenía su nobleza, o mejor dicho: sus noblezas. Había una nobleza india,reconversión de los caciques prehispánicos 248. Pero había también una nobleza española,nutrida desde fines del siglo XVI por los acaparadores de mercedes.249 Su nobleza se manifestabaen las prerrogativas de un mayorazgo: un título que “supone vinculación de bienes que nopueden ser divididos ni enajenados, sino que deben pasar íntegros a uno de los sucesores quepor lo común es el primogénito de la casa”. 250 Establecer un mayorazgo era una manera deimpedir la disipación del patrimonio a la muerte del titular. La institución del mayorazgo murió241 AGN, Tierras 1213, Inventario 1780 y Cuentas del albaceazgo.242 Véase Walker (1990) con respecto a la legislación.243 Relación de Coatzacoalcos (1570), en: Acuña (1984: Antequera I, 113-127).244Estadística del estado libre y soberano de Veracruz, 1831, en: Blázquez Domínguez (comp.) (1986: I,59-316. 72).245 Villaseñor y Sánchez (1746: I, 186-190. 370-371; II, 159-165.).246 Del Toro/Liquidano/De la Barrera (1859: 411).247AHT leg. 5, El intendente de Veracruz al teniente de Tlacotalpan, 19/7/1806; AHT leg.5, El teniente deTlacotalpan al intendente, 8/11/1806.248 Véase hic infra respecto a los cacicazgos costeños.249 Florescano (1986a: 48-58). Véase también Ladd (1984).250 Mora (1986: I, 211).59
  • 60. con la colonia: por ley de 27 de septiembre de 1820, las cortes españolas suprimieron la fórmulajurídica: tres años después, el congreso mexicano confirmó en un decreto esta decisión.251Varios latifundios de ambas costas formaban parte de mayorazgos novohispanos: la hacienda deUluapan era patrimonio de los marqueses del mismo nombre, Santa Fe pertenecía a los condesde Santiago y marqueses de Salinas, Los Cortijos era una de tantas propiedades de losmariscales de Castilla.252El marquesado del Valle, fundado por Cortés y el titular del distrito de los Tuxtlas, merece unamención especial.253 Los marqueses tenían, a diferencia de otros titulares de mayorazgos, lafacultad de mercedar las tierras que les habían sido otorgadas: ejercían, así parecería, el dominiodirecto sobre sus tierras. Sin embargo, no disfrutaban este derecho a solas, ya que también lacorona concedía mercedes sobre tierras de marquesado. Otra diferencia – quizás también éstamás de carácter teórico que práctico – respecto al resto de los mayorazgos era que elmarquesado era en principio – y hasta el decreto de las cortes de 1811 sobre la reversión detodos los derechos jurisdiccionales a la corona – titular del señorío jurisdiccional; eso noobstante, tanto el tributo como la alcabala eran derechos reales en el siglo XVIII. 254 LAS ESTRUCTURAS DE LA PROPIEDAD A FINES DE LA COLONIA.En un país donde la corona era fuente de todo derecho, todo aquel que quería ejercer derechosde propiedad precisaba de un título real. Ahora bien, no todos los que actuaban comopropietarios tenían los títulos necesarios. La apropiación de facto de un terreno y la sanción realeran de hecho, dos procesos distintos. Entre ambos podían transcurrir décadas, sobre todo si elsupuesto propietario actuaba en connivencia con los funcionarios reales. Al extinguirse entornoa 1600 el pueblo de Cuahuitlan en la cuenca del Santa Catarina, las tierras debían dereincorporarse, de acuerdo con la ley de reversión, a los realengos, Sin embargo, en realidad, unode los vecinos, la hacienda de Los Cortijos, empezó a ejercer los derechos de propiedad sobre losbaldíos. La composición con la real hacienda se iniciaba hasta la década de 1760, en un momentoen que las relaciones entre el latifundista y el justicia real empezaban a hacer crisis.255La segunda mitad del siglo XVIII era una época de arduas disputas por derechos de propiedad y,sobre todo en sus inicios, de la composición de muchos títulos defectuosos. Ahora, si partimos dela situación de facto en el campo costeño podemos decir que las estructuras de la propiedad251 Dublán/Lozano (1876: I, 528. 662).252 Véase infra, cap. 5., cuadro 33.253 García Martínez (1969: 95-101. 101-110) analiza detalladamente la situación legal del marquesado.254Anteriormente, de 1707 a 1726, en 1734 y a partir de 1808, el mayorazgo fue “secuestrado”, es decirpuesto bajo administración directa de la corona. García Martínez (1986: 82-86).255 AGEO, Alcaldías Mayores leg. 2, exp. 33.60
  • 61. permanecían relativamente estables en estos años. La situación en las costas era entoncescomparable con la de otras regiones, la Nueva Galicia o el Valle de Oaxaca, por ejemplo. 256En el distrito de la Nueva Veracruz, la propiedad se repartía, como una de las facciones delcomercio del puerto repetía hasta la saciedad, entre siete haciendas de ganado mayor:Buenavista, Cuyucuenda, El Novillero, Santa Fe, Toluca, Paso del Toro, y Paso de Ovejas. 257 Lasinstituciones de gobierno local se tenían que contentar con pequeños pedazos. La república deTlacotalpan disponía de un terreno de una legua de largo y media de ancho sobre el Papaloapan.Tierras de humedad en exceso, pero nada más. Hacia fines de la temporada de aguas, el río solíadesbordarse año por año, convirtiendo toda la región en un inmenso pantano. Las tierras deTlacotalpan se prestaban entonces a la labranza de maíz, frijol y verduras en las secas, peropermanecían vedadas durante las aguas. De esta manera, las tierras no se podían aprovecharpara cultivos como el algodón o la cría de ganado mayor, pilares de la economía familiar en lastierras bajas novohispanas.258 El ayuntamiento de Veracruz tenían sus ejidos en el sur de laciudad, a ambos lados del río Tenoya: tierras de gran valor tanto para la agricultura como para laganadería pero, según parece, de limitada extensión.259 El tercer gobierno local, la república deMedellín, carecía de bienes territoriales.260El distrito de San Andrés constituía básicamente una sola propiedad de inmensas dimensiones.Para 1830 había además del latifundista seis personas que poseían algunas caballerías de tierrasy el pueblo de Catemaco – no queda claro si en calidad de república – que tenía la propiedad deuna hacienda de ganado mayor. 261También en Cosamaloapan predominaba en 1831 claramente la gran propiedad no vinculadacon funciones gubernamentales. Las haciendas de San Juan Zapotal (42 leguas o 73’8710hect|reas), Santa Catarina Uluapan o Mata de Agua (14 leguas o 24’570 hect|reas), Santa AnaChiltepec, San Agustín Guerrero (8 leguas o 14’040 hect|reas), San Nicolás Zacapesco y SantoTomas de las Lomas acaparaban muchas leguas de tierras llanas con abundante pasto y muchaarboleda.262 Entre los latifundios se enclavaban las tierras de las repúblicas de indios. Al estudiar256Véase Van Young (1981: 294-297) y Taylor (1972: 200-201). La tesis de Florescano (1986a: 122-123)en el sentido de que la expansión de las haciendas sobre las tierras de los indios continuaba en el sigloXVIII parece cada vez menos sostenible.257AHV 1775, Informe sobre los Betlemitas 1775; AHV 1802, José Gutiérrez de Cubas al rey, 16/2/1802;AHV 1813, Joaquín Sánchez Boada al consejo de regencia, 21/5/1812; Apuntes estadísticos de laintendencia de Veracruz, 1803-1806, en: Chávez Orozco/Florescano (1967: 115-150. 118-120);Siemens/Brinckmann (1976: 195-197).258 AGN, Tierras 1867, exp. 4; Siemens/Brinckmann (1976: 196-197).259AHV 1793, Querella de varios vecinos extramuros sobre los daños que dicen les hacen los ganadosvacunos del teniente José M. Quirós.260AGN, Tierras 1110, exp. 4; AGN, Tierras 1185, exp. 9; AHV 1813, Joaquín Sánchez Boada al consejo deregencia, 21/5/1812.261Estadística del estado libre y soberano de Veracruz, 1831, en: Blázquez Domínguez (comp.) (1986: I,59-316. 113-119).262 BNE ms 2449, Descripción del curato de San Juan Bautista Chacaltianguis, 1777; Estadística del estadolibre y soberano de Veracruz, 1831, en; Blázquez Domínguez (comp.), (1986: I, 59-316. 238).61
  • 62. el registro de la repartición de los bienes comunales – que se llevaba a cabo hasta el últimocuarto del siglo XIX – descubrimos que Acula, Cosamaloapan, Chacaltianguis, Ixmatlahuacán,Otatitlan , Sochiapan y Tlacojalpan tenían todos sus títulos. Cuando menos en los casos deIzmatlahuacán, Sochiapan y de Tlacojalpan – donde se menciona un ejido de media legua –, losderechos no se restringían al fundo legal. Ni para Amatlán ni para Tesechoacán encontramos ladocumentación respectiva. Este último pueblo estaba cercado de haciendas: de acuerdo con unadiligencia de 1733, los tesechoacanos carecían en aquel entonces de tierras. En vista de lasituación general que prevalecía durante la segunda mitad del siglo en la región consideramospoco probable que las consiguiera más adelante. 263Con respecto a Acayucan disponemos de una información bastante minuciosa para el año de1831 (cuadro 30).264 De las tierras apropiadas, comunidades de indios y de rancheros ocupabanentonces casi las dos terceras partes. Los pueblos de Mecayapan y Soteapan eran con mucho losterratenientes más grandes del distrito. Las tierras de las repúblicas comprendían, al igual quelas de las haciendas, bosques y pastos. A excepción de la propiedad de Tejistepec de la que secomentaba que era “lo m|s pésimo para la agricultura ya que eran potreros cenagosos”, todosposeían tierras de labor; con respecto a Chinameca, por ejemplo, se especificaba que la terceraparte de sus seis leguas eran tierras de labor, de Sayultepec se decía que “su terreno… es lomejor que puede hallarse para la agricultura”. Los pueblos y las rancherías que carecían depropiedades explotaban baldíos.265 Se trataba de una ocupación de facto del terreno,comparable, desde el punto de vista jurídico, a la situación de los pueblos que reclamaban tierraspero carecían de títulos.266 Ignoramos si subsistían para ese entonces tierras del estado – losrealengos de la colonia pasaban con la independencia a manos del gobierno mexicano – sobre lasque no se ejercía alguna forma de derecho de propiedad de parte de terceros.Varias haciendas acaparaban los fértiles llanos de Coyuca en el distrito de Acapulco. Se trataba,según parece, de unidades medianas: Nuestra Señora del Buen Suceso, quizá la mayor, ejercíasus derechos sobre alrededor 8 leguas cuadradas. 267 Los pueblos de indios circundantes, Coyuca,263RPPC 1872-1873, f. 43, Diligencias sobre la posesión de la hacienda de Uluapan, 1733; RPPC 1874-1875. Acuerdo entre el pueblo de Ismatlahuacán y la hacienda de La Estanzuela; RPPC 1876-1877, ff.15.20.22v.35, Registro de la parcelación de las tierras comunales de Ismatlahuacán, 1877; RPPC 1878-1879, f. 3, Registro de la parcelación de las tierras comunales de Sochiapan y Latani: RPPC 1887-1888, f.13v Acuerdo entre el ayuntamiento y los comuneros de Chacaltianguis sobre el reparto de las tierras decomunidad, 1888; RPPC 1891, Registro de la parcelación de las tierras comunales de Tlacojalpan, 1887;RPPC 1892, f. 30v, Registro de la parcelación de las tierras comunales de Otatitlan, 1892; RPPC 1892, f.34v Registro de la parcelación de las tierras de Cosamaloapan, 1892; RPPC 1892, f.40, Registro de laparcelación de las tierras de Acula, 1892.264Estadística del estado libre y soberano de Veracruz, 1831, en: Blázquez Domínguez (comp.) (1986: I,59-316. 63-111).265Estadística del estado libre y soberano de Veracruz, 1831, en: Blázquez Domínguez (comp.) (1986: I,59-316. 91. 94. 111).266 Con respecto a Mecayapan, por ejemplo, el encargado del informe, señala que de los propios quedisfruta “se cree son baldíos del estado, porque no se presentan documentos ningunos que aseguren laposesión: Estadística del estado libre y soberano de Veracruz, 1831, en: Blázquez Domínguez (comp.)(1986: I, 59-316. 91).267 AGN, Tierras 3624, exps. 9.13.14.62
  • 63. Tixtlancingo y Texca, ocupaban realengos: probablemente tierras de menor calidad, ya que deotra forma, así pensamos, hubieran sido denunciados y apropiadas por los hacendados de lazona.268 La ciudad de los Santos Reyes nunca había constituido su ayuntamiento y carecía por lomismo de tierras comunales.269 Eran sus vecinos quienes disponían de sus solares a títuloparticular. Del lado de la Costa Chica, en las planicies entorno a las lagunas de Nahuala y de SanMarcos, se extendía la hacienda de San Marcos. De dimensiones gigantescas: 144 leguas o252’720 hect|reas, abarcaba no sólo el oriente de la jurisdicción de Acapulco sino también laparte occidental de la de Igualapa. 270 Ignoramos la superficie de muchos latifundios costeños,pero es evidente que sólo Los Cortijos era susceptible de competir con San Marcos. Los pueblosde Cacahuatepec y de Tixtlancingo habían quedado absorbidos por el monstruo y carecíandurante el siglo XVIII de derechos de propiedad.271De las 31 repúblicas de indios del distrito de Igualapa, sólo Igualapa, Cuilutla, Cuitlapa, Jalapa ySochitonala ejercían derechos de propiedad territorial. Este último poseía un terreno inmensode 40 leguas por títulos expedidos por Carlos I y Felipe II. La mayor parte del territorio deldistrito se repartía, sin embargo, entre seis terratenientes particulares.272En 1793, el subdelegado de Jicayan afirmó en un informe que “todos los pueblos de mayorpoblación se hallan sin tierras”.273 Quizás habría que poner el acento en lo de mayor población,ya que sabemos que si existían repúblicas, aunque no de las más importantes, que tenían títulos:Iscapa, Ixtapa, Ixpantepec, Mialtepec, Minas, Yolotepec, Juchiatengo, Lachao, Tepenixtlahuaca yQuiahije, cuando menos.274 Con todo, hablando en términos generales, también Jicayan serepartía entre media docena de grandes terratenientes.275Las repúblicas de los pueblos más importantes de la jurisdicción de Huatulco: Huatulco,Pochutla, Tlacolula y Huamelula, eran todas propietarias de terrenos más o menos extensos.Pero también pueblos más pequeños como Tonameca, Cuistepec o Astata poseían derechos. 276 Elpanorama de la propiedad se complementaba en la parte occidental del distrito con la haciendade Apango, en la región chontal con varias unidades de tamaño quizás más bien modesto.277268 AGN, Indios 73, ff. 160-164; AGN, AHH leg. 404, exp. 6; AGN, Tierras 3624, exp. 14.269 AGN, AHH, Media Annata 25, exp. 1270 AGN, Tierras 1213, Inventario 1780.271 AGN, Indios 101, f. 106. Véase también Del Toro/Liquidano/De la Barrera (1859: 425. 428).272 AGN, Historia 578B, ff. 85-93.273 AGN, Civil 206, exp. 1. Informe del subdelegado de Jamiltepec, 1793.274 AGNO, Protocolos Juquila 1896, ff. 178v-186; AGNO, Protocolos Jamiltepec 1822-1824, 10/3/1824.275 AGN, Indios 69, f. 85v; AGN, Tierras 1875, exp. 3; AGN, Tierras 192, exp. 5; AGN, Tierras 191, exp. 3.276AGN, Tierras 612, exp. 3; AGN, Tierras 1384, exp. 1; AGEO, Alcaldías Mayores, Exps. Sin clasificar, Exp.sobre un pleito por tierras entre Cuistepec y San Andrés, 1762.277 AGN, Tierras 2951, exp. 64; AGN, Tierras 192, exp. 7.63
  • 64. LA CRONOLOGÍA DEL PROCESO DE APROPIACIÓNEl surgimiento y el desarrollo de los grandes matrimonios costeños se vincula con dosfenómenos: la conquista por una parte, la decadencia de los pueblos de indios por la otra. Laapropiación de las costas se realizaba desde la conquista, se aceleraba durante la segunda mitaddel siglo XVI y culminaba durante el primer cuarto del siglo XVII.Por reales cédulas de 1529 y 1533, la corona estableció el marquesado del Valle, el mayorazgode Hernán Cortes. Entre las tierras que se concedieron al conquistador estaban las de la futuraalcaldía mayor de los Tuxtlas. 278 Muchos de los antiguos caciques reconvertían por los mismosaños sus derechos ancestrales en derechos de propiedad de tipo español. Con respecto a loscaciques de la Mixteca Alta se ha señalado que estos se apropiaron en un primer momento sólolo que había sido en tiempos prehispánicos tierras de palacio, tierras cuyo producto estabadestinado al mantenimiento del gobierno.279 En la Costa Chica se afirmaban varios señoríosamusgos y mixtecos: Jicayan, Ometepec, Huehuetlan-Quetzala (probablemente heredero delcacicazgo de Igualapa) y Sochistlahuaca en el distrito de Igualapa, Tututepec-Jamiltepec,Amusgos, Cacahuatepec y Pinotepa de Don Luis en Jicayan.280 Respecto a Sotavento sabemos depatrimonios territoriales de los señoríos coloniales de San Andrés y Putlancingo. 281 Noexcluimos que también otros de los señores náhuas y popolucas de los distritos de Acayucan yCosamaloapan sobrevivían como terratenientes en el siglo XVI.La segunda mitad del siglo XVI y los primeros años del siglo XVII eran una época de grandescambios en la propiedad territorial en la mayoría de los distritos costeños. El proceso sevinculaba estrechamente con la expansión de la ganadería.282 En la Costa Chica, los primerostítulos se concedieron en Huatulco entre 1540 y 1570. En Acapulco, Igualapa y Jicayan, elproceso no arrancó hasta la década de 1580. Las últimas mercedes se extendieron en los años1610.283 Carecemos de un estudio sistemático sobre la Mar del Norte. Con todo, en lo querespecta a la Nueva Veracruz y Cosamaloapan, no cabe duda de que los ganaderos se apropiabandel suelo – de facto o con las reales cédulas precisas – antes de que terminara el primer cuartodel siglo XVII. Cuando la ciudad de Veracruz se trasladó a su sitio actual entorno a 1600, ya noexistían realengos de consideración en la zona y la dotación de la urbe con ejidos era más bienreducida.284 Un visitador real observaba por los mismos años que cuatro de los cinco pueblosque dependían de la república de Tlacotalpan estaban rodeados de estancias de ganado mayor y278 García (1969: 95-101).279 Pastor (1987: 76-85. 169).280Con respecto a los cacicazgos del distrito de Igualapa, véase AGN, Historia 578B, f. 85. Para los señoríosdel distrito de Jicayan remitimos a Smith (1973: 84-88. 185-191) y las fuentes que se citan allí.281Véase AGN, Hospital de Jesús 121, exp. 10, respecto a los de San Andrés y Aguirre Beltrán (1974: IV, 8)respecto a los de Putlancingo.282 Véase infra, cap. 12., respecto al desarrollo de la ganadería en los distritos costeños.283 Widmer (1990: 116-120) contiene una lista de todas las mercedes concedidas en las jurisdicciones dela Costa Chica.284 AHV 1793, El ayuntamiento de Veracruz al virrey, 12/1/1793.64
  • 65. que en Cosamaloapan, el vacuno había invadido el mismo fundo legal. 285 En todos lados, elganado expulsaba al indio y los ganaderos se apropiaron los derechos de las repúblicas. Lasleyes de 1551 y 1570 que protegían estos derechos no se aplicaban casi nunca. En los años 1670o, a más tardar, durante el tercer cuarto del siglo XVIII se confirmaban estos derechosformalmente sin que supiéramos de solicitudes rechazadas.Entorno a 1700 constatamos una serie de cambios de envergadura en las estructuras de lapropiedad. Por una parte se reapropiaban las tierras que habían quedado sin dueño con lasepidemias de la década de 1690. Con respecto al área chontal estamos en una época clave: enrealidad parece que la república de Huamelula – en tanto que responsable de la cofradía delRosario –, pero también indios a título particular, adquirían entonces la titularidad sobreamplios terrenos, recreando así un espacio exclusivamente – o casi – indio.286 Otroscoleccionaban títulos sueltos y establecían nuevos latifundios. Aprovechando su poderjurisdiccional, Miguel Gallo, alcalde mayor de Acapulco, se forjaba el latifundio de San Marcos. 287Un tercer fenómeno que se observa es la mercedación de realengos en pleno proceso deexplotación no a los productores – como en las composiciones – sino a terceros. De factopodemos hablar de expropiaciones, ya que el dominio real no se manifestaba en una renta, peroel dominio particular sí. En El Peregrino, El Camarón y Dos arroyos, puntos sobre el camino realde Acapulco a México, rancheaban desde un momento determinado del siglo XVII colonos. Sintítulo formal, pero con permiso de los alcaldes mayores del punto se dedicaban a una agriculturade subsistencia y actividades relacionadas con la arriería como la cría de ganado mular ycaballar.288 En 1701, Juan Hurtado de Mendoza, uno de los favoritos del mencionado Gallo, se lasarreglaba para titular un terreno de siete leguas que incluía las citadas rancherías. 289Los caciques habían heredado de sus ancestros prehispánicos ciertos derechos de carácterjurisdiccional sobre los pueblos de sus señoríos. En la Mixteca Alta intentaban desde fines delsiglo XVII, según se ha dicho, convertir estos derechos en derechos de propiedad de tipoespañol.290 Observamos por estos años algunos movimientos en los mayorazgos caciquiles de laCosta Chica que podrían eventualmente interpretarse de esta manera. Los titulares de Pinotepade Don Luis adquirieron la propiedad de algunos terrenos de la república de su lugar deresidencia, Pinotepa del Rey.291 En Zacatepec se armó un conflicto entre la república y uno de lospretendientes al cacicazgo de Tututepec, Jacinto de Guzmán por la renta de un terreno.292Empero, también hay indicios de continuidad en las relaciones entre caciques y pueblos. Larepública de Pinotepa de Don Luis solicitó en 1709 la composición de su título sobre las tierras285 AGN, Tierras 1867, exp. 4286 AGN, Tierras 192, exp. 7.287 AGN, Tierras 1213; AGN, Tierras 2953, exp. 171.288 AGN, Mercedes 65, f. 84.289 AGN, Mercedes 65, ff. 130-132v.290 Pastor (1987: 169-170).291 AGN, Tierras 1875, exp.3.292 AGN, Tierras 192, exp. 5. Con respecto a Jacinto de Guzmán, véase AGN, Vínculos 272, exp. 9.65
  • 66. del pueblo ante las autoridades reales, reservando sin embargo los derechos de la cacica, MaríaSalmerón. La república gozaba evidentemente del derecho de propiedad tal como lo concebíanlas autoridades españolas y tenía por tanto derecho a la composición a su nombre. 293 Diferentese presentaba la situación en Sotavento. Al extinguirse la familia de los caciques de Putlancingoen algún momento del siglo XVII, la república de Cosamaloapan logró imponerse como herederade su patrimonio.294 Los caciques de San Andrés por su parte renunciaron en 1723 a todos losderechos que ejercían sobre las tierras de Elvira y de Otapan: tierras que constituían, segúnparece, todo su patrimonio.295Los conflictos que surgían durante la segunda mitad del siglo XVIII entre repúblicas yparticulares tenían sus raíces casi todos en los procesos de 1600 o 1700. La república deTlacotalpan reclamaba desde 1750, más o menos, que la hacienda de El Zapotal le devolviera losfundos legales de los pueblos que se le habían incorporado en 1601: fundos que habían sidoabsorbidos entonces por el latifundio.296 Los Cortijos defendían por los mismos años lo queconsideraba sus derechos sobre las tierras del pueblo de Cuahuitlan, extinguido en 1601. Frentea un alcalde mayor que los quería adjudicar en propiedad a los colonos que las explotaban. 297 EnCoyucan se enfrentaban la república de San Nicolás y el dueño de la hacienda de la Concepciónpor la propiedad de las tierras que explotaban los comuneros. El gobierno local consideraba queera un sucesor de los derechos del antiguo pueblo de San Miguel Coyuca, extinto en el transcursodel siglo XVII. Empero, la hacienda lograba convencerla – por métodos que podemos imaginar –que estos derechos le competían a ella. 298 La república de Cacahuatepec, sin tierras propias comoseñalamos, protestaba ya muy a fines del siglo contra la usurpación de que había sido víctima entiempos de Miguel Gallo.299 El que todos estos conflictos se desataran o se agravaran durante lasegunda mitad del siglo XVIII no puede considerarse un hecho gratuito. Veremos, en realidad,que los propietarios se lanzaban durante estos años a una verdadera ofensiva contra los quedependían del acceso a sus tierras porque carecían de tierras o porque las que tenían eraninsuficientes para satisfacer sus necesidades. Esta ofensiva se legitimaba por los derechosadquiridos, usurpados o comprados, mucho antes. LOS DERECHOS DEL AYUNTAMIENTO DE VERACRUZ.Para evitar que los colonos le arrebataran el control – y la explotación – de los indios, la coronaprohibía que la gente de razón se avecindara en pueblos. Aunque la legislación demostró desde293 AGEO, Alcaldías Mayores, Exps. sin clasificar, Exp. sobre la solicitud de confirmación de la propiedad detierras por la república de Pinotepa de Don Luis, 1709.294 Aguirre Beltrán (1974: IV, 8).295 AGN, Hospital de Jesús 121, exp. 10.296 AGN, Tierras 1867, exp. 4.297 AGEO, Alcaldías Mayores leg. 2, exp. 33.298 AGN, Tierras 3624, exp. 9 y passim: AGI, Indif. Gral. 107, Informe del alcalde mayor de Acapulco, 1743.299 AGN, Indios 101, f. 106.66
  • 67. el siglo XVI su ineficiencia, la ficción se mantenía hasta fines de la colonia. De acuerdo con lavoluntad real, los españoles, mestizos y mulatos tenían que asentarse en villas y ciudadesgobernadas por ayuntamientos de tipo castellano. En el siglo XVI se fundaron varias villas: En LaCosta Chica San Luis, a un lado del pueblo de Acatlán, y Segura de la Frontera, junto a Tututepec:En la costa de Sotavento, la villa del Espíritu Santo, Coatzacoalcos. Las primeras se despoblaron alos pocos años, esta llegó hasta mediados del siglo XVII.300 Acapulco llevaba a fines del siglo XVIIIel título de ciudad de los santos reyes, supuestamente concedido por Felipe II. Sin embargo, elasentamiento no se regía nunca por cabildo, sino estaba al mando del justicia del distrito.301La única ciudad costeña era, de hecho, la Nueva Veracruz, establecida por traslado de la ahoraAntigua a partir de 1599 y confirmada por la cédula real de 1615. 302 La ciudad consistía en unrecinto amurallado 1252,5 sobre 660 varas y sus suburbios.303 Además, la corona concedió alayuntamiento la titularidad sobre algunos terrenos extramuros, los ejidos. Éstos se extendíandel lado sur del asentamiento.304 De acuerdo con la Ordenanza del nuevo descubrimiento ynueva población (1573), el recinto y los ejidos tenían que abarcar cuando menos una leguacuadrada.305 Durante la segunda mitad del siglo XVIII, el ayuntamiento pretendía que esta leynunca se había cumplido y que la ciudad no disponía de los ejidos que le correspondían: unapretensión que no se deja verificar a estas alturas. 306300 Trens (1947: I, 364); Widmer (1990: 59-62)301 AGN, AHH, Media Annata 25, exp. 1: AGN, Historia 432, exp. 6.302 Trens (1947: I, 294-295).303 AHV 1810, El ayuntamiento de Veracruz al virrey, 29/9/1810.304AHV 1793, Querella de varios vecinos extramuros sobre los daños que dicen les hacen los ganadosvacunos del teniente José M. Quirós, 1793.305 Florescano (1986a: 35).306 AHV 1810, Instrucciones del ayuntamiento de Veracruz para su diputado a Cortes, 1810.67
  • 68. LOS DERECHOS DE LA IGLESIA.Al hablar de los diferentes derechos sobre la tierra hay que mencionar también los títulos de laiglesia. En principio, estos se fundamentaban en lo que podríamos llamar el derecho divino: elderecho del creador, a quien la iglesia decía representar, sobre su obra. En la Nueva España – yen las Indias en general –, la situación era sin embargo más compleja.Los regalistas de la era de Carlos III argumentaban que la corona ejercía en la Nueva España nosólo los derechos inherentes al trono, sino también aquellos que se suponía dios había cedido ala iglesia. La absorción real de estos se apoyaba en el derecho de conquista por una parte y, nohabía en este caso como ni porque negarlo, a las concesiones del sumo pontífice, vicario deCristo. Este pensamiento se refleja claramente en la apreciación del diezmo, derecho de dios porantonomasia, por el visitador José de Gálvez. En un informe de 1771, el inspirador de lasreformas de Carlos III escribía: “El supremo derecho de la conquista temporal y espiritual deambas Américas, y las concesiones apostólicas, dieron a nuestros reyes católicos el absolutodominio de los diezmos en el universal patronato de todas las iglesias, que por su piedad yliberalidades se fueron erigiendo en estos grandes imperios”. 307 Ahora bien, para que la iglesiapudiera cumplir con sus tareas, la corona había transferido graciosamente el dominio útil dealgunos de estos derechos divinos a las diócesis novohispanas, conservando, sin embargo, eldominio directo de todos ellos. Históricamente, los golillas de la corte estaban en lo cierto comoveremos más adelante. LOS DERECHOS DE LOS PRESTAMISTAS.El crédito produce intereses. Cuando se presta a un productor agropecuario o a un terrateniente,los intereses constituyen una forma de renta de la tierra. El que presta exige garantías: bienesdel destinatario del préstamo o bienes del fiador de éste. Un propietario puede ofrecer sustierras como garantías. Ahora bien, sabemos que en las costas los menos poseían títulos depropiedad. En el caso de los comuneros esto no parece haber impedido la constitución decréditos hipotecarios. Pastor señala en efecto que en la Mixteca Alta, los comerciantes podíanobligar desde el siglo XVII a la república a confiscar y rematar las tierras del deudor moroso. 308No excluimos que algo parecido se podía dar también en las rancherías donde el prestamista era307 Informe de José de Gálvez, 1771, en: Fonseca/Urrutia (1845: III, 217-222. 218).308 Pastor (1987: 179).68
  • 69. a menudo, sobre todo a partir de las postrimerías del siglo XVIII, el titular de las tierras.Podemos conjeturar que también los bienes – el ganado por ejemplo – servía como garantías enlos préstamos rurales. Así las cosas podemos concluir que el crédito rural establecía un derechotemporal sobre la tierra – o, si acaso, los aperos con que se trabajaba la tierra.69
  • 70. 5. LOS COMERCIANTES PARTICULARES, PROPIETARIOS Y USUREROSEn las cabeceras de los distritos novohispanos vivían pequeños grupos de españoles. Lahistoriografía suele hablar de comerciantes cuando se refieren a estos grupos. ¿Qué hay detrásde este término inocente? En tiempos de la colonia, ser comerciante podía significar, como ennuestros días, ser intermediario entre colegas; sin embargo, por lo general, los ingresos delcomerciante novohispano (sobre todo si se trataba de un tratante provinciano) eran renta de latierra. La ley del comercio es “comprar barato para vender caro”. 309 Comprar barato significabaadquirir mercancías locales a través de la usura, del arrendamiento de tierras, del trabajo dejornaleros reclutados con frecuencia a través de alguna forma de la renta, vender carodeshacerse de artículos de importación y de producción nacional a precios de monopolio.310 LOS PROPIETARIOS.Empezamos el estudio del reparto del producto agropecuario de las costas entre los rentistascon el análisis de lo que Pierre Goubert ha llamado la renta propietaria.311 Consideramos que eltérmino de propietario no carece de cierta ambigüedad. Todas las rentas derivaban, en últimainstancia, de derechos de propiedad. La corona ejercía el derecho de conquista sobre el reino, laiglesia el derecho de su dios sobre su creación, el censualista y el prestamista el derecho delpropietario de una hipoteca, los titulares de fundos, ejidos y mercedes el derecho concedido porla corona sobre una parte de la tierra. Pero casi todas las rentas podían entenderse tambiéncomo pagos por la prestación de servicios. Al hablar de la renta propietaria nos referimos eneste trabajo a la realización de los derechos de los que poseían (o pretendían poseer) ejidos ymercedes. La exacción era aquí la materialización de un derecho que no tenía otro justificanteque el orden establecido.Instituciones de gobierno local y medio centenar dos personas físicas y morales ejercíanderechos de propiedad en las costas del siglo XVIII. Podemos distinguir entre ausentistas quevivían por lo general en las grandes ciudades del altiplano, grupos de españoles avecindadas enlas cabeceras distritales, instituciones eclesiásticas, caciques e indios naturales (cuadro 31.) 312Todos ellos decidían, a través del manejo de sus derechos, sobre el desarrollo de las costas.309 Marx (1990: III, 318).310 Véase en el mismo sentido, aunque con un enfoque diferente, Pérez Herrero (1983: 98): “Loscomerciantes novohispanos no sólo estaban estrechamente ligados al comercio exterior en su doblevertiente de la Mar del Sur (Acapulco) y de la Mar del Norte (Veracruz), sino también al interno, a lasinversiones en la minería, manufacturas, fianzas, especulación urbana, etc. No eran sólo comerciantes tal ycual se entiende el término hoy en día, sino m|s bien hombres de negocios”.311 Goubert (1969-1973: I, 124-127).312Los datos correspondientes a 1777 se tomaron todos de Siemens/Brickmann (1976: 299), aquellos quese refieren a 1831 de Estadística del estado libre y soberano de Veracruz, 1831, en: Blázquez Domínguez(comp.) (1986: I, 59-316). Además se utilizaban las siguientes fuentes. Apango: AGN, Tierras 2951, exp.64; AGNEO, Tomás José de Romero 1810, ff. 21-31. Buenavista: AGN, Tierras 776; AGN, Tierras 1154, exp.70
  • 71. Analizamos primero la importancia de los propietarios foráneos en los distritos costeños. En laMar del Norte, el grupo era relativamente importante en los Tuxtlas, en la Nueva Veracruz y enCosamaloapan. Sus tierras solían estar vinculadas y muchos tenían algún título de nobleza.Destacan, por supuesto, los titulares del marquesado del Valle. El mayor y más antiguo de losmayorazgos del reino, propietario de todo el distrito de los Tuxtlas, pertenecía desde el sigloXVII a los duques de Monteleone. Sicilianos, los señores administraban sus dominiosnovohispanos por medio de un gobernador que residía en la capital del reino. En la NuevaVeracruz, las haciendas de El Jato, Santa Fe y La Estanzuela, tenían durante mucho tiempodueños ausentistas. El Jato pertenecía al mayorazgo que había sido fundado por un tal JuanSarmiento y su esposa. En 1746, la titular de la propiedad, Rosa Isabel de Alfaro, estabaregistrada como vecina de Manila. El mayorazgo de Santa Fe era una de las propiedades de losmarqueses de Salinas, una acaudalada familia que residía en la capital del reino. La Estanzuela,en fin, formaba parte del imperio de los Rivadaneyra, ganaderos avecindados en La puebla. Conrespecto a Cosamaloapan sabemos que dos de las cinco haciendas pertenecían en el siglo XVIII ala nobleza capitalina: Uluapan era de los marqueses del mismo nombre, San Nicolás Sacapescode los condes de Medina. Ambos linajes eran de reciente creación: Diego de Estrada y Galindorecibió el título de primer marqués de Uluapan en 1710, Juan M. de Medina y Torres el de primerconde de Medina hasta 1776. Para ese entonces, las dos familias, durante mucho tiempoavecindadas en las cabeceras costeñas, vivían en el altiplano: los Estrada en Guadalajara, losMedina y Torres en México.3136; AHV 1773, Exp. sobre el abasto de carne; AHV 1803, Informe de José Gutiérrez de Cubas. 16/2/1802;AHV, AC 1/6/1804. Copala: AGN, Mercedes 49, f. 26; AGN, Mercedes 64, f. 113v; AGN, Tierras 2953, exp.171; AGN, Historia 578B, f. 85. Cortijos: AGN, Historia 578 B, f. 85; Ladd (1984: 279); Peña (1983: 44).Cuyucuenda: AGN, Industria 8, exp. 14; ANO 1761, exp. 16; AHV 1810, Exp. sobre el abasto de carne; AHV,AC 22/9/1809; Gaceta de México 8/8/1786. Chiltepec: AGN, Hospital de Jesús 121, exp. 20; AHV, AC28/4/1809; Aguirre Beltrán (1974: I, 23). Estanzuela: AGN, Tierras 494, exp. 1; AGN, Tierras 1867, exp. 4;Aguirre Beltrán (1974: I, 26). Guerrero: ACO, Diezmos Chacaltianguis XXVId; AGN, Industria 8, exp. 14;Aguirre Beltrán (1974: I, 33). Jato: AGN, Tierras 754; AHV 1810, Exp. sobre el abasto de carne. Lomas:AGN, Tierras 499, exp. 1; AGN, Templos y Conventos 15, exp. 5; ANC 1692, 22/12/1692. Nopalapan: ACO,Diezmos Chacaltianguis XXVId; Aguirre Beltrán (1974: I, 22). Nuestra Señora del Buen Suceso: AGN,Tierras 3624. Paso de Ovejas: Anónimo (1960: 3); Trens (1955: II, 447). San Felipe Michiapan: AGNEO,Manuel Franco de Lara 1780, ff. 148v-174v; Aguirre Beltrán (1974: I, 35). San Jerónimo: AGN, Mercedes57, f. 7. San Marcos: AGN, Tierras 1212, exp. 4; AGN, Tierras 2953, exp. 171; Hart (1988: 229). San NicolásSacapesco: AGN, Tierras 1867, exp. 4; ACO, Diezmos Chacaltianguis XXVId; LAdd (1984: 228-238). SanNicolás, Huatulco: AGEO, Alcaldías Mayores 8, exp. 13. San Pedro de Huamelula: ACO, Diezmos del rumbode Piñas VIIa. Santa Catalina de los Jara: AGI, México 2590, Padrón de Acayucan, 1777. Santa Catalina delos Ortizales: Aguirre Beltrán (1974: I, 35). Santa Fe: AHV 1811, Exp. sobre la venta del mayorazgo deSanta Fe; Ladd (1984: 300). Solcuautla: AGI, México 2590, Padrón de Acayucan, 1777; AGN, Tierras 704,exp. 4; AGN, Tierras 955, exp. 10; AHT leg. 5, El teniente de Tlacotalpan al intendente de Veracruz,15/6/1807; AHV 1810, Exp. sobre el abasto de carne. Toluca: AGN, Tierras 754; AHV 1775, Informe sobrelos Betlemitas; AHV 1810, Exp. sobre el abasto de carne. Tunilla: AHV 1811, Informe sobre la venta delmayorazgo de Santa Fe; Lerdo de Tejada (1950: II, 147). Tuxtla: Informe sobre el estado de laadministración pública . . . 25/12/1844; en: Blázquez Domínguez (comp.), (1986: I, 409-453. 440); GarcíaMartínez (1969: 120-129). Uluapan: RPPC 1872-1873, f. 43; RPPC 1887-1888, f. 13v; Aguirre Beltrán(1974: I, 13-15). Zapotal: AGI, México 1157, Razón de las villas y pueblos de que se compone lajurisdicción de la Nueva Veracruz; AGN, Tierras 1867, exp. 4; AGN, Clero Regular y Secular 188, ff. 115-137.313 Ladd (1984: 288. 310).71
  • 72. También entre los propietarios de la Mar del Sur había ausentistas, particularmente en eldistrito de Igualapa. Desde fines del siglo XVI, Mateo de Mauleón vinculó sus tierras en la cuencadel Santa Catarina para fundar la hacienda de Los Cortijos. Mauleón vivía una gran parte de suvida en la región; pero a él sucedieron con su yerno los posteriores mariscales de Castillas:nobles que tenían propiedades a lo largo y ancho del reino y que residían, desde luego, en lacapital.314 La hacienda de Copala, entre Los Cortijos y San Marcos, parece haberse transferidoentre vecinos de La Puebla a lo largo del siglo. San Marcos, el tercer latifundio de la zona, contierras tanto en Acapulco como en Igualapa, se vendió en 1778 por los herederos de JuanEusebio Gallo a Francisco Palacio y Castillo, un comerciante de la capital. Entre 1791 y 1799, losderechos de propiedad se ejercían por los anteriores administradores, José Francisco Cosio yGregorio González. Después, San Marcos regresó a la familia de Palacio y Castillo. En el distritode Huatulco, algunos derechos se ejercían pasado 1800 desde Oaxaca. Ignoramos cuando y comoCopala y las explotaciones de Jicayan y Huatulco terminaban en manos de los ausentistas. Contodo podemos concluir que, en comparación con la Costa de Sotavento, había pocos propietariossureños que incorporaban – y seguramente habría que decir lograban incorporar – a sus familiasen el circulo exclusivo de las casas que operaban desde el centro del reino. Sólo Mauleónvinculaba sus tierras, sólo entre sus descendientes encontramos a capitalinos que ostentabanademás títulos de nobleza. Miguel y Juan Eusebio Gallo iban quizás por este camino, aunquetardíamente, pero el tiempo se les hacia corto y los herederos del último mostraban poco interésen la lejana propiedad. En la Costa Chica, y muy particularmente en Jicayan y Huatulco, larealización de la propiedad no era, quizás, un negocio tan prometedor como en Sotavento.En las cabeceras de Cosamaloapan, Acayucan y Veracruz existían grupos de propietariosparticularmente. Los cosamaloapeños sobresalen por su temprana aparición. Antonio deEspinoza era en 1584 administrador del marquesado del Valle en los Tuxtla. Al abandonar elcargo obtuvo un total de 15 sitios de ganado mayor para él y sus hermanos en la cuenca delPapaloapan, terrenos que poblaba con el ganado que sacaba del mayorazgo. A mediados del sigloXVII, los Espinoza eran ya dueños de las haciendas de Chiltepec y del Pedregal y tenían derechossobre la mitad de la hacienda de Otapan. También los Luyando son mencionados desde fines delsiglo XVII como colonos de la cuenca. Con las mercedes que obtenían en aquel entoncesconstruían la hacienda de Guerrero. Hay indicios de que la familia seguía en Cosamaloapan hastafines de la colonia.315 Los Villaseca se registraban a fines del siglo XVII como dueños de SanNicolás Sacapesco; durante el primer cuarto del siglo XVIII ejercían también la propiedad sobreel Zapotal. En la década de 1730, los Villaseca desaparecieron como propietarios. Con ellos, elgrupo cosamaloapeño perdía dos de las cinco haciendas que había explotado anteriormente.Después, la situación se estabilizaba hasta pasado 1800 cuando por lo menos una de las tresunidades restantes – ignoramos la situación de Las Lomas – fue adquirida por foráneos. Losúltimos años de la colonia marcan, sin duda alguna, la desaparición de Cosamaloapan comocabecera de propietarios.También en el vecino Acayucan se iba forjando en grupo de terratenientes locales desde fines delsiglo XVI. La hacienda de Santa Catarina de los Ortices, por ejemplo, era fruto de los esfuerzos de Con respecto a los orígenes del mayorazgo de Mateo de Mauleón puede verse De la Peña (1983: 44-46.314202-204). Ladd (1984: 279) lleva el árbol genealógico de la familia de los mariscales de Castilla.315De ACO, Diezmos Chacaltianguis XXVId, deducimos que Manuel Luyando administraba su hacienda sinintermediario alguno.72
  • 73. Juan López de Ortiz y sus hermanos: colonos españoles que coleccionaban títulos desde antes de1600. El setecientos vio el auge de los Franyuti. El primero, Juan B. Franyuti, llego en unmomento dado de la primera mitad del siglo de Cádiz a la cabecera. Al redactar su testamento en1757, Franyuti ya era dueño de Cuatotolapan. Uno de sus dos hijos, el bachiller José AnselmoFranyuti, compró en 1775 un pedazo de la hacienda de los Ortices, gravemente endeudados, yestableció el latifundio de San Felipe Michiapan. Pasado 1800, Bernardo Franyuti, hijo – ¿onieto? – del matrimonio de María Aurelia, hermana de José Anselmo, con José Quintero, adquirióademás Nopalapan y El Calabozo. Mencionamos la crisis de los Ortiz en los años 1770. TambiénDiego Fontanes, dueño de Solcuautla, parece en problemas desde mediados del siglo XVIII. En1757 debía una cantidad desconocida a Juan B. Franyuti, veinte años después. Solcuautla erapropiedad de un tal Fernando Fernández. Otras familias no ampliaban sus propiedades en estosaños pero conservan lo que tenían: los Torre - ¿parientes de los condes medina? - y los Jara,seguían en 1830 como dueños de Santa Catalina de los Jara y de San Antonio, respectivamente,haciendas que ya poseían en la década de 1770. Acayucan se explotaba según parece a lo largode la colonia y hasta más allá de la independencia por los acayuquenses.Durante mucho tiempo, las grandes casas de Veracruz carecían de propiedades rurales. Laprimera hacienda registrada a nombre de un porteño era la de Toluca. Durante una bueno partela primera mitad del siglo XVIII, el latifundio se explotaba por Martin de Goycoechea, delcomercio de Veracruz. En 1746 falleció Goycoechea y su albacea y heredero, el tambiénveracruzano Miguel de Ormaechea y Goycoechea, vendió la explotación a su colega Gaspar SáenzRico. Este la donó de inmediato al convento de Belén. Otro convento porteño, el colegio de SanFrancisco Javier, era dueño, quizás desde su establecimiento en el siglo XVII, de la hacienda dePaso de Ovejas. Un tercero, San Agustín, había adquirido El Zapotal en 1735. Diez años después,el bachiller Antonio Erauzo, con toda probabilidad avecindado en Veracruz, consiguió lahacienda de Buenavista. En 1767 se expulsaron los jesuitas y en un momento dado, su haciendade Paso de Ovejas pasó a remate. Pasado 1800, la hacienda era propiedad de la casa de FranciscoArrillaga. Ahora bien, la consolidación de Veracruz como ciudad de propietarios era posterior a1800. Eran las compras de Remigio Fernández, José Domingo Izaguirre, Pérez de Limia,Fernández de la Huerta y el mismo ayuntamiento las que hacían del puerto el punto dereferencia obligada para la explotación de los derechos de propiedad no solo en su distrito sinotambién en el vecino Cosamaloapan.En la Mar del Sur había propietarios en Acapulco, algunas cabeceras de Igualapa y Jicayan asíque en Huamelula. Vecinos del puerto de Acapulco participaban desde el siglo XVI en el repartode las tierras del distrito. El mismo grupo heredaba durante la primera mitad del siglo XVII losbienes de la moribunda comunidad de Coyuca. 316 Estas pequeñas y medidas propiedadessobrevivían por lo menos en parte hasta el siglo XVIII.317 En la parte oriental del distrito, encambio, los Gallo las absorbían pasado 1700.Entre los que recibían mercedes en el marco de la segunda repartición de la tierra costeñafiguraban algunos vecinos de Ayutla, Jamiltepec y Pinotepa del Rey.318 Posteriormente se316 Véase al respecto Widmer (1990: 116).317Véase además de las fuentes citadas en la nota 4 de este capítulo el Informe del castellano de Acapulcode 1743, en: AGI, Indif. Gral. 107, ff. 109-110.318 AGN, General de Parte 31, f. 50; AGN, Mercedes 59, f. 198v; AGN, Mercedes 65, f. 18v. 2v. 2.73
  • 74. pierden sus huellas y solo para Ayutla se documenta la residencia de propietarios españoles afines del siglo XVIII. Con respecto a los caciques sabemos que uno que otro se traslado en unmomento dado al altiplano: María de los Ángeles, por ejemplo, titular de Jicayan de Tovar amediados del siglo XVIII, estaba casada en Tehuacan.319 Sin embargo, la mayoría de los señoresindios seguían residiendo en los pueblos de la costa. Los caciques de Los Amuzgos y Tututepec,por ejemplo, establecían sus contratos con terceros aún en la década de 1820 ante el notario dePinotepa del Rey: un signo de que pasaban cuando menos una parte del año en las costas. 320 Unúltimo grupo local que ejercía derechos de propiedad individuales en la región era el de losindios enriquecidos de Huamelula. LOS PROPIETARIOS EN LAS CLASES DOMINANTESEn un análisis muy meticuloso sobre los propietarios de la región de Guadalajara en el sigloXVIII, Van Young ha demostrado que el terrateniente como tal no existía. Los propietarios erancasi siempre intermediarios, usureros, mineros o rentistas eclesiásticos. 321 Para el Bajío, Bradingha encontrado que durante mucho tiempo, los propietarios de las grandes haciendas sereclutaban entre los intermediarios y usureros: a partir de 1780 se les juntaban los mineros. 322Los pequeños y medianos propietarios españoles de la Mixteca Alta eran, como señala Pastor,usureros que fungían por lo general también como agentes de la administración real. 323 Conrespecto a las grandes casas de la capital, Kicza ha insistido en que no se las puede dividir enterratenientes e intermediarios ya que todos ocupaban puntos en una línea continúa. 324El hecho de que prácticamente todos los propietarios con derechos en las costas residían o bienen las cabeceras distritales o bien en las grandes ciudades del centro, sedes del resto de losrentistas, es un primer indicio de alto grado de su imbricación en las redes que unían las clasesdominantes del reino. En efecto, sólo Valerio de Jara y Fernando Fernández, propietariosacayuquenses en los años 17770, vivían en su propiedad.Los vínculos entre los terratenientes y la minería eran escasos. Sólo los marqueses de Uluapandisponían de importantes ingresos procedentes de esta rama de la economía del reino.325 Muchomás numerosos eran aquellos que combinaban la propiedad con el intermediarismo y la usura.Sabemos que los más exitosos de los latifundistas avecindados en las costas pertenecían a estegrupo: los Franyuti de Acayucan, los Goycoechea, Sáenz Rico, Fernández, Arrillaga e Izaguirre de319 Véase AGN, Civil 212, exp. 3 con respecto a María de los Ángeles.320 AGNO, Protocolos Jamiltepec 1822-1825, 12/4/1824; AGNO, Protocolos Jamiltepec, 1827-, 12/3/1827.321 Van Young (1981: 139-175).322 Brading (1988: 201-255). Véase también Tutino (1990: 63-65).323 Pastor (1988: 290-302).324 Kicza (1983: 165-173). Véase en el mismo sentido Ladd (1984).325 Ladd (1984: 117).74
  • 75. Veracruz.326 Los estudios sobre los comerciantes de la capital sugieren que también muchos delos terratenientes ausentistas se dedicaban a alguna forma de intermediarismo, que el caso dePalacio y Castillo no era ninguna excepción.327Tan importante como el intermediarismo y la usura era para muchos el acceso a los puestos enla administración real. Estas actividades no eran excluyentes, al contrario: en su lugar veremosque ser justicia o recaudador de impuestos significaba casi siempre ser usurero. Entre losterratenientes que tenían también algún puesto en la administración real destacan por supuestolos Gallo. Pero también hay que mencionar a Gabriel de Tejada, teniente de justicia en Ayutla, aBernardo Franyuti, arrendatario de las alcabalas de Acayucan, a José Sánchez García, tesorero dela real caja de Acapulco.328 Respecto a los ausentistas podríamos citar los casos del decimotercermariscal de Castilla, Francisco de Paula Gorráez y Medina, regidor del aventamiento capitalinodurante la segunda mitad de siglo XVIII, o el de Juan M. de Medina y Torres, primer conde deMedina, quien fungía como tesorero de la casa de la moneda en la década de 1770. 329Tampoco hay que menospreciar los vínculos entre la iglesia y los propietarios. La propiedadeclesiástica como tal, de menos muertas, estaba muy restringida en las costas. Convienediferenciar entre aquellas instituciones que adquirían tierras en el marco de una rigurosapolítica de inversiones y aquellas que se quedaban con propiedades a raíz del endeudamientoexcesivo del dueño para con ellas. Entre los primeros sobresalían los conventos de San FranciscoJavier, Belén, San Agustín y, quizás, San Francisco de Veracruz. 330 Otros propietarioseclesiásticos de la misma categoría eran algunas cofradías locales. La del Rosario de los indios deHuamelula adquirió amplios terrenos durante el primer cuarto del siglo XVIII. 331 En la década de1760 se remataban dos veces 7 caballerías y media en la jurisdicción de Acayucan en lascofradías del Rosario y del Santísimo Sacramento, respectivamente. 332 Diferente era el caso delconvento de la Limpia Concepción de México. Este había prestado sumas de consideración aPablo Carrasco, fundador de Nuestra Señora de Buen Suceso en Coyuca. En 1703, los sucesoresde la hacienda estaban tan endeudados que no podían cumplir más con sus compromisos. Así seprocedió al remate de la propiedad. Como no había postor, las monjas se veían obligadas aquedarse con las tierras – que, dicho sea de paso, ya no producían nada para ese entonces. Algo326Véase el testamento de Juan B. Franyuti en AGN, Tierras 955, exp. 10. Con respecto a los veracruzanosremitimos a AGN, Tierras 754 y AGI, México 2943, Caja real de Veracruz 1800, Enteros a título dealcabalas.327Respecto a los comerciantes capitalinos remitimos a Kicza (1983: 165-173) y Pérez Herrero (1987:293-294).328AGN, General de Parte 58, f. 40v (Tejeda); AGI, 2044A, Caja real de México 1765, Enteros a título dealcabalas (Franyuti); AGN, Tierras 3624 (Sánchez García).329 Ladd (1984: 279. 288).330En AHV 1810, Exp. sobre el abasto de carne, se menciona al convento de San Francisco comopropietario de una hacienda. Sin embargo carecemos de otros datos al respecto.331 AGN, Tierras 612, exp. 3.332AGI, México 2045 B, Cuenta de la real caja de México, 1766. El bachiller Miguel Antonio de Barburenentera dos veces 127 pesos por el remate de tierras en las cofradías del Rosario y del SantísimoSacramento.75
  • 76. parecido puede haber sucedido con Cuyucuenda que estaba gravada con censos por más de30’000 pesos a favor de una obra pía en la catedral angelina cuando su propietaria, AnaMagdalena de Aguirre, la quería vender en 1756. Treinta años después, la obra pía había tomadoposesión de Cuyucuenda. Pero no todo lo que poseía la iglesia puede considerarse como demanos muertas. Había eclesiásticos que poseían tierras a título particular. A veces formabanparte de una dinastía y a su muerte, las propiedades se quedaban dentro del linaje: así JoséAnselmo Franyuti o José Eusebio Gallo, quizás también José Antonio Bravo. LA ESTABILIDAD DE LA PROPIEDAD.Había familias que conservaban sus propiedades durante generaciones. Este era, por supuesto,el caso de los mayorazgos. Santa Fe pertenecía en posesión de la casa de los marqueses deSalinas hasta su desvinculación por la audiencia en 1810. 333 El mayorazgo de Juan Sarmientodebía de perder sus derechos sobre El Jato en algún momento de la segunda mitad del sigloXVIII, los Rivadaneyra desaparecieron como propietarios antes de que culminara el tercercuarto.334 Ahora bien, la estabilidad no era exclusiva de los mayorazgos. Los Estrada y losMedina y Torres se transferían sus títulos en el seno de la familia durante más de cien años sinnecesidad de mayorazgo. Mas espectacular todavía resulta el caso de los Gómez de Espinoza deCosamaloapan que conservaban Chiltepec desde la primera ola de mercedación hasta pasado1800. Otra familia que se perpetuaba en la propiedad era la de los Franyuti de Acayucan. Casoscomo estos nos hacen dudar de la afirmación de Brading de que la reglamentación de lahacienda en el imperio español no permitía la consolidación de la propiedad territorial. 335También la mayoría de los caciques mixtecos y amusgos conservaban (a diferencia de susmalogrados colegas de Sotavento) su patrimonio a fines de la colonia, con todo y los continuospleitos por la herencia.336 En Igualapa seguían en los años 1790 los señoríos de Huehuetán,Ometepec y Sochistlahuaca; sólo habría desaparecido, en algún momento de la segunda mitaddel siglo XVIII el mayorazgo de los de Jicayan.337 Los caciques de Los Amusgos y de Jamiltepec,por su parte, aún administraban sus bienes en los años 1820. 338333 El mayorazgo se menciona desde el siglo XVIII: AGN, General de parte 65, s/f.334 Las circunstancias en las que se daban estos cambios quedan poco claras: en tanto que mayorazgos, lastierras de El Jato y de La Estanzuela no podían venderse sin permiso especial de la audiencia; resulta,empero, que no sabemos nada sobre los respectivos trámites.335 Brading (1988: 207).336Pastor (1987: 84-85. 167-168) analiza la problemática de la sucesión en los linajes caciquiles desde elsiglo XVI para la Mixteca Alta. La documentación reunida por Smith (1973: 185-191) muestra que estaproblemática existía también en los cacicazgos del distrito de Jicayan. Para Igualapa, véase por ejemploAGN, Tierras 1084, exp. 7.337AGN, Historia 578 B. La última mención del patrimonio del mayorazgo de Jicayan que encontramosdata de 1768: AGN, Civil 212, exp. 3.338 AGNEO, Protocolos Jamiltepec 1822-, 21/3/1825; 27/7/1825.76
  • 77. Ahora bien, no todos los propietarios mostraban la misma capacidad como explotadores ymuchos naufragaban pronto. Aunque puede haber ventas relacionadas con la falta de herederosdirectos consideramos que la estabilidad indica por lo general la alta rentabilidad de losderechos que se vinculaban con el titulo mientras que una época en que se acumulan las ventassugiere más bien una crisis de esta forma de explotación. Nuestros datos no permiten unacercamiento estadístico al problema en las costas. Con todo podemos hacer algunas conjeturas.Hasta mediados del siglo XVII parece prevalecer una relativa inestabilidad de la propiedad.Varias haciendas cuya estabilización en el periodo siguiente indica inequívocamente susposibilidades de desarrollo se vendían a cada rato: El Zapotal, por ejemplo, o Nuestra Señora delBuen Suceso, quizás también Las Lomas, Toluca y Buenavista. Ahora bien, tampoco hay queabsolutizar este cuadro. Si había explotaciones con problemas, había también otras queprosperaban. Consta que tanto los Porras Aparicio y los Rivadaneyra como los Estrada y losMedina y Torres figuraban entre aquellos españoles que llegaban desde fines del siglo XVI a lacuenca del Papaloapan para apoderarse de las tierras. Al haber acumulado un mínimo deriquezas, estos provincianos decidieron trasladarse a las ciudades del centro para tomar su lugarentre las grandes familias del reino que residían allí. Algo parecido puede haber sucedido con losdueños de El Jato y de las haciendas de Santa Fe. La relativa importancia de los ausentistas en laNueva Veracruz y Cosamaloapan del siglo XVIII reflejaría entonces por una parte el éxito devarios propietarios en el siglo XVII, por la otra la atracción que la capital ejercía sobre losexplotadores provincianos en esta época. La posibilidad de avanzar gracias a la realización dederechos de propiedad no era exclusiva de Sotavento: basta con evocar el éxito de San Marcos.La segunda mitad del siglo XVIII se nos presenta como una época de consolidación de lapropiedad: ya mencionamos algunos casos de haciendas que lograban pasado 1750 superar susanteriores problemas. Aún los Ortiz, en serios problemas durante los años 1770, lograbansanear su propiedad con la venta de un pedazo de Santa Catalina.A partir de 1800, las perspectivas de la propiedad ya no eran tan halagüeñas. Disponemos de ladocumentación necesaria para 19 haciendas. De estas, 14 se enajenaban antes de 1835. Elmovimiento parece en gran medida anterior a la Insurrección, ya que por lo menos 7 unidadescambiaban de dueño en la primera década del siglo XIX. San Marcos y San Nicolás seguían antesde que consumiera la independencia. Sólo Uluapan y los terrenos del marquesado del Valle sevendían comprobadamente después de 1821. Para El Calabozo, Nopalapan y La Tunillaignoramos la cronología exacta de los cambios. Otros datos vienen a reforzar la imagen de crisisde la propiedad. Juana Méndez, dueña de Apango, quería vender sus derechos desde antes de1810. Como no encontraba postor tenía que arrendar la propiedad bajo condiciones que quizásno eran las que más le beneficiaban. 339 También en la Mar del Sur, María Petrona Hernández,cacica de los Amusgos, vendía parte de su patrimonio en 1827. 340 Una ruptura con respecto alperiodo anterior es innegable.Esto sentado resulta interesante observar que los titulares de las 5 propiedades quesobrevivieron la tormenta pertenecían todas al grupo de Acayucan: a los Franyuti, los Jara, losOrtiz y los Torres. Los Franyuti, junto con algunos veracruzanos, figuraban también entre losprincipales compradores de tierras. En la Costa Chica, los propietarios de más residencias eran339 AGNEO, Manuel Franco de Lara 1810, ff. 21-31v.340 AGNEO, Protocolos Jamiltepec 1827, s/f, 12/3/1827.77
  • 78. quizás los Vargas, caciques de Huehuetán. 341 La crisis eliminaba a muchos pero a otros lespermitía conquistar posiciones, posiciones que revelarían su importancia hasta mucho después. EL ARRENDAMIENTO DE TIERRAS.Una parte importante de las tierras costeñas se explotaba por no propietarios.342 Al respectopodemos distinguir entre dos tipos de unidades: las milpas, parcelas que integrabanexplotaciones familiares, y las haciendas. Las milpas se solían ceder sin escritura alguna y portiempo indefinido. Según las necesidades del terrateniente, pero también según la relación defuerzas entre este y los no propietarios, el canon se estipulaba en reales, en especie o en trabajo.Unidades mayores, haciendas o ranchos, se cedían mediante un contrato formal que estipulabala duración y el censo, regulaba los derechos sobre las mejoras en la explotación y obligaba aveces al no propietario a realizar ciertas labores. 343 Mientras prácticamente todo el mundo teníaacceso a las milpas, sólo algunos, en particular los españoles, los comerciantes, podían cumplircon los requisitos para el arrendamiento de terrenos mayores.El arrendamiento era una forma de realizar la propiedad y establecía una relación entre unexplotado: el arrendatario, y un explotador: el propietario. En la medida en que habíacomerciantes en el primer grupo y en el segundo podían surgir roces y hasta rupturas en el senodel grupo de los españoles que, de acuerdo con nuestra tesis, formaban las clases dominantes enlas costas. Ahora bien, al estudiar la dinámica de las relaciones sociales veremos que por muygraves que fueran las tensiones entre comerciantes-arrendatarios y comerciantes-propietarios,en el momento decisivo, durante la insurrección, ambos grupos luchaban en el mismo bando. Lapropiedad por sí sola no explica todas las solidaridades y los antagonismos en las sociedadescosteñas de la época colonial. USURA Y USUREROS.La inmensa mayoría de los costeños eran campesinos, pequeños productores. Para pagar losimpuestos, los derechos jurisdiccionales y las obvenciones eclesiásticas necesitaban conseguirreales, dinero en efectivo. Cosechas abortadas y el carácter cíclico del calendario agrícolaobligaban al pequeño productor casi siempre a emprestar los reales. Según la conveniencia delprestamista, el crédito se devolvía con los debidos intereses en la forma de excedentes de laexplotación familiar del campesino, de dinero en efectivo o de fuerzas de trabajo.341Según Hart (1988: 237), la cacica Ambrosia de Vargas poseía aún en los años 1830 un patrimonio queiba desde Azoyú hasta Cuajinicuilapa.342 Véase infra, caps. 12-14.343Existe una amplia literatura sobre las posibles diferencias entre hacienda y rancho. Véase Van Young(1981: 109-113) para una discusión reciente de las diferencias teóricas. Aquí utilizamos los términos, talcomo lo propone Van Young, como partes de un contínuum: una hacienda era una explotaciónseguramente mayor que un rancho.78
  • 79. No soslayamos que había campesinos enriquecidos que practicaban la usura. 344 Sin embargo, losgrandes usureros eran los españoles asentados en las cabeceras distritales, los propietariosentre ellos. Hasta mediados del siglo XVIII, estos grupos actuaban bajo el control del alcaldemayor que era una especie de usurero mayor. Durante el tercer cuarto del siglo XVIII, empero, elfuncionario real quedó marginado del negocio usurero; con eso, los comerciantes particularescolocaban sus fondos cómo y dónde querían. LA ADMINISTRACIÓN DE LOS EJIDOS DE LA CIUDAD DE VERACRUZ.El ayuntamiento de Veracruz era titular de terrenos inmediatos a la ciudad: los ejidos. En el sigloXVIII, estos terrenos se fraccionaban sucesivamente. Las parcelas se cedían a los vecinos que lodeseaban contra el pago de un censo anual: un peso por cada vara que medía el frente del predio.La cesión era a perpetuidad y la cuota se mantenía a lo largo de la época colonial. 345 Estascaracterísticas hacían de los ejidos los terrenos más codiciados de la jurisdicción de la NuevaVeracruz, sobre todo durante la segunda mitad del setecientos cuando los propietarios de lasmercedes de los terrenos circunvecinos no dejaban de aumentar las rentas. No cuesta imaginarque conforme crecía la competencia por las tierras ejidales, los grupos que controlaban elayuntamiento – y que eran, como pronto veremos, los grandes comerciantes porteños – lasacaparaban para sus propios fines.344En el cap. 12. justificamos el uso del término de usura para el crédito rural en la Nueva España. En loscaps. 10., 12. y 13. Analizaremos detalladamente la evolución del negocio usurero.345 AHV, AC 13/11/1807. AHV 1807, Exp. sobre la solicitud de Antonio Membrilla: AHV 1807, Exp. sobre ellitigio entre el ayuntamiento y Juan de Guisasola: AHV 1807, Exp. sobre la solicitud de Rodrigo García.79
  • 80. 6. LA REPÚBLICA DE INDIOS Y LA ECONOMIA PÚBLICA DE LOS PUEBLOSCon la conquista y la subsiguiente colonización, los españoles transformaban a los náhuas,popolucas, tlapanecos, mixtecos, amusgos, chatinos, zapotecos y chontales en indios. Estos indiosse organizaban en pueblos: un término que habrá que definir con más exactitud en este capítulo.Cada pueblo formaba un pequeño mundo con dos elementos fundamentales: las economíasfamiliares de los comuneros y la economía pública, los bienes del común administrados por larepública, el gobierno indio.La imagen de las comunidades campesinas igualitarias es un producto de cierta historiografíaque proyecta al pasado lo que no se atreve a postular para el futuro. 346 Con respecto a los indiosnovohispanos bastaría con recordar los comentarios de Humboldt sobre aquellos indios “quebajo la capa de miseria ocultan riquezas considerables”: los Axcotlan, Sarmiento y Romeros deCholula, los Xochipiltécatl de Huejotzingo o los Tecuanuegas de Los Reyes, todos con caudales de160 a 200,000 pesos.347 En el seno de los pueblos se iban reproduciendo las relaciones deproducción y de explotación que encontramos a nivel regional. Entre los sendos comuneros, anivel de las economías familiares, se desarrollaban pronto formas de usura y, aunque el régimenjurídico de los pueblos desconocía la propiedad privada, de renta propietaria.¿Cuáles eran las funciones de las repúblicas de indios? ¿Quiénes tenían acceso al gobierno indio?¿Cómo evolucionaba la economía pública de las comunidades a través del tiempo? Estos son losproblemas que abordamos en este capítulo. ADMINISTRACIÓN Y JERARQUÍA SOCIALA fines del siglo XVI e inicios del siglo XVII, la mayoría sino todos los señoríos tradicionalesperdían el derecho de levantar tributos entre los naturales. 348 Al poner el gobierno universal delos pueblos en manos de la república, una real cédula de 1618 daba definitivamente al traste conel régimen de los caciques.349 Parece, empero, que algunos de los caciques mixtecos y amusgosseguían ejerciendo ciertos derechos simbólicos sobre las comunidades de su antiguo señorío. Larepública de Pinotepa de Don Luis, encabezada por el gobernador don Pedro García, procedió en1709 a la composición de sus tierras. En la solicitud, el gobierno indio señalaba que su pueblopertenecía al cacicazgo de Tlacamama-Pinotepa, a la sazón en manos de doña María Salmerón, yañadía que la merced real tenía que entenderse salvado el derecho “de dicho cacicazgo que sereduce tan solamente al reconocimiento que tenemos de atender a dicha doña María como346Un ejemplo, seguramente el más inteligente, de este tipo de literatura es Carmagnani (1988). Ejemplosde obras más sensatas, aunque más toscas, son Pastor (1987) y Van Young (1992f).347 Humbold (1985: 69).348Véase Widmer (1990: 161-164) para la Costa Chica y Aguirre Beltrán (1974: IV, 7-8) con respecto a laCosta de Sotavento.349 Véase Pastor (1987: 89-90) con respecto a la cédula de 1618.80
  • 81. señora del (i.e. del pueblo) sin contribución alguna, por avernos querido aser esta venía”. 350 Losderechos de la cacica sobre Pinotepa no se dejan captar con el concepto de propiedad strictusensu ya que la merced se extendía a nombre exclusivo de la república. Como la cacica noformaba parte de esta república ni vivía en los términos del pueblo tampoco podemos hablar deun derecho derivado de algún cargo en el gobierno local. Se trataba de un derechoconsuetudinario cuyas implicaciones reales son difíciles de evaluar. 351Durante la segunda mitad del siglo XVIII, el número de funcionarios de las repúblicas de indiospodía ser muy elevado. La lista del gobierno de Tlacotalpan para 1786 comprendía 34 nombres,la de 1790 hasta 40 – y eso en una comunidad que no rebasaba 500 cabezas. 352 En San AndrésTuxtla, se contaban en 1776 28 funcionarios por una población india de 915 personas. 353 Ahorabien, no todos los miembros de la república de pueden considerar como gobernantes.Carmagnani distingue entre cargos honorífico o de prestigio y cargos bajos o de servicio, nosotrospreferimos hablar de puestos de decisión y de cargos de ejecución.354 La posición de máscategoría era la gubernatura: le seguía de cerca la alcaldía. Gobernadores y alcaldesadministraban los bienes comunales y eran responsables – con sus bienes – de la entrega deltributo real. Para fortalecer su posición, el rey les había dotado de poderes jurisdiccionales sobreel común. Ambos tenían derecho, en el siglo XVIII, al uno por ciento de lo que recaudaban atitulo de tributo real como compensación para sus esfuerzos.355 La regiduría se considerabacomo un oficio honorífico: sin embargo sus titulares dependían cuando menos en la recaudaciónde los derechos del rey de las autoridades superiores. Abajo en la jerarquía se situaban losalguaciles así como los topiles y tequitlatos, policías judiciales y fiscales, respectivamente. 356No todas las comunidades tenían su propia gubernatura, en algunas faltaba hasta la alcaldía. Delas 30 repúblicas que tenía el distrito de Igualapa en los años 1770, sólo Ayutla, Cosoyoapan,Cuapinolas, Cuautepec, Igualapa, Ometepec y Sochistlahuaca contaban con un gobernadorpropio; en el resto de los pueblos, la jerarquía llegaba hasta la alcaldía. 357 Medio siglo antesobservamos en el área de Juquila diez repúblicas que se componían nada más de un regidor yde un alguacil mayor.358 Detrás de estas situaciones se escondían relaciones de dependencia: las AGEO, Alcaldías Mayores, Exps. sin clasificar, Exp. sobre la confirmación de las tierras de Pinotepa de350Don Luis, 1709.351Quizás este derecho se pueda comparar con los honores que recibían los señores de Sochistlahuaca aúna inicios de este siglo por parte de sus antiguos súbditos. Como se nos ha dicho en este pueblo amusgo, alvisitar el cacique había que observar ciertas formas, entre otras cosas había que llevarle regalos.352 AHT, leg. 2, exp. 9, Exp. sobre la elección de la república de Tlacotalpan, 30/11/1785; AHT, leg. 3, exp.4. Exp. sobre la elección de la república de Tlacotalpan, 20/11/1789.353 Medel y Alvarado (1963: I, 112).354 Carmagnani (1988: 196-197).355 Carmagnani (1988: 217).356 Con respecto a la jerarquía interna de las repúblicas, véase Pastor (1987: 95-101).357 AGN, Propios y Arbitrios 10.358 AGN, Indios 50, f. 18-21v.81
  • 82. repúblicas con gobernador tenían jurisdicción sobre aquellas que se regían por un alcalde; laautonomía de los pueblos cuyo gobierno se resumía en una regiduría era, como veremosenseguida, prácticamente cero. Llamamos a los primeros cabeceras, a los segundossubcabeceras y a los terceros sujetos.Las repúblicas eran cuerpos electos. En una elección hay quienes eligen, quienes son electos yquienes atestiguan o controlan el proceso. Carmagnani ha sugerido que los comuneros de cadapueblo elegían a sus respectivas autoridades locales: el gobernador, en cambio, hubiera sidoelecto por representantes de todas las repúblicas sometidas a la jurisdicción del puesto.359 Estaforma se daba en algunas partes como demuestran los ejemplos que aduce el autor. Empero,también existían otras formas. Nicolás de Zarate, gobernador de Juquila, relata así su reelecciónen 1724. “Digo que habiéndose juntado los naturales de dicho pueblo (Juquila), el día primerode noviembre como es costumbre, en sus casas de comunidad para la elección de gobernador,alcaldes y demás oficiales de república de dicha jurisdicción, guardando las solemnidades que entodo se acostumbran, todos a una voz, nemine discrepante, me reelixieron por tal governadorpara el año próximo de setecientos y veinte y quatro; y aunque agradeciéndoles la elecsión quede mi persona hicieron les dije que reconociesen si persona suo libio la hallavan de másconfianza, concluyeron que no querían otra.” 360 La república de Juquila comprendía no sólo losfuncionarios de la cabecera, sino también los regidores y alguaciles mayores de sus 10 sujetoscomo indica el mismo documento. Sin embargo, la elección se nos presenta como un asuntoexclusivo de los comuneros de la cabecera. Los sujetos debían de carecer así de cualquierorégano jurisdiccional electo autónomamente.De acuerdo con el reglamente de Felipe II, la asamblea de la que surgía la república tenía quecelebrarse bajo la dirección del cura párroco del partido.361 El acta de la elección se enviaba alalcalde mayor para que la transmitiera al virrey. De acuerdo con las leyes de indias, sólo hacíafalta la confirmación por el virrey; eso no obstante, en la práctica se concedía también al justicialocal el derecho de aprobación. 362 En el marco del empuje regalista de la segunda mitad del sigloXVIII, la corona concedió en 1786 la presidencia de las elecciones al justicia real; el derecho de laconfirmación pasó de virrey al intendente. Sin embargo, el cambio habrá sido lento y parcial. Laelección de la república de Tlacotalpan de 1790, por ejemplo, se atestiguaba por el cura y eljusticia.363 Los funcionarios real y eclesiástico tenían múltiples posibilidades de manipular laelección. Las elecciones guiadas son difíciles de comprobar. Pero existían maniobras mas burdas.Un desesperado vicario de Juquila hizo en 1724 falsificar el acta de la elección para imponer a suprotegido.364 Para invalidar la reelección de Sebastián Gregor como gobernador de Ometepec,Juan Vicente de Rajas, alcalde mayor de Igualapa, desenterraba una real cedula de 1747 en quese prohibía la reelección inmediata de los altos funcionarios indios. Sin embargo, el verdadero359 Carmagnani (1988: 192).360 AGN, Indios 50, f. 18-21v.361 Pastor (1987: 88). Véase los procesos de confirmación de las elecciones en Juquila (1724) en AGN, Indios 50, ff. 18-21v, y362Ometepec (1768) en AGN, Indios 60, ff. 272-275v.363 AHT, leg. 3, exp. 4, Acta de la elección para la república de Tlacotalpan, 1789.364 AGN, Indios 50, ff. 18-21v.82
  • 83. motivo del justicia real no era el celo por cumplir con sus deberes sino el hecho de que SebastiánGregor y su bando se le habían opuesto en varias ocasiones durante su primer mandato. 365 En elpeor de los casos, el alcalde mayor podía destituir a un gobernador rebelde por cualquierbagatela: siempre existía algún pretexto legal que justificaba la intervención, siempre habíatambién un bando dentro de la misma comunidad que esperaba su turno. José de Toca y Herreray Juan Francisco de Soldevila, dos alcaldes mayores del distrito de Tuxtla en los años 1720,hacían y deshacían las repúblicas de Santiago y San Andrés como más les convenía. 366Con respecto a la elegibilidad hay que distinguir entre los cargos de ejecución y los puertos deregidor, alcalde y gobernador. A los primeros podía acceder cualquiera: para los segundos seexigía – hasta 1786 – el carácter de principal del candidato. Carmagnani ha demostrado, comopensamos de una manera contundente, que para los indios existían dos tipos de principales: losnobles por nacimiento – entre que para los indios existían dos tipos de principales: los noblespor nacimiento –entre estos los caciques – y los nobles de carrera. Estos eran por su origenmacehuales, comuneros sin títulos de abolengo; su ascenso se explicaba por méritos, por haberservido en todos los cargos bajos de la administración india.367Casi todos los caciques y principales del altiplano central perdieron el poder político con elestablecimiento de las repúblicas entre 1580 y 1640. Los señores naturales de la Mixteca Alta ydel Valle de Oaxaca, en cambio, se convirtieron a fines del siglo XVI en gobernadores. 368 Conrespecto a los señores amusgos y mixtecos de la Mar del Sur sabemos que muchos quedaronmarginados del gobierno local desde fines del siglo XVI, entre ellos los titulares de Igualapa y deOmetepec.369 En otras cabeceras, empero, el fenómeno del gobernador – cacique no eradesconocido en el siglo XVII: Pablo de Ávila y María Salmerón, por ejemplo, combinaran durantemuchos años cacicazgo y gubernatura de Los Amusgos y de Pinotepa del Rey,respectivamente.370 Los electores de la cabecera de Tututepec y de sus sujetos de Jamiltepec,Tetepec, Huaspaltepec y Huasolotitlan por su parte eligieron en 1675 a su cacique, Juan CortésSalazar, para gobernador de la comunidad.371 Ahora bien, consta que aún en estas cabeceras notodos los caciques eran gobernadores ni todos los gobernadores caciques. 372 El caso de MaríaSalmerón que debía tanto el cacicazgo como la gubernatura al decidido apoyo de la repúblicasugiere que el ascenso de los señores naturales en la jerarquía comunitaria se explicaba, por lo365 AGN, Indios 60, ff. 272-275v.366 AGN, Civil 43, ff. 244-278.367 Carmagnani (1988: 194-197). Pastor (1987: 201-208) admite implícitamente la existencia deprincipales de oficio pero no consigue conceptualizar la observación368 Pastor (1987: 81-82. 166); Taylor (1977: 35-65).369 Widmer (1990: 160).370 AGN, Indios 16, f. 36; AGN, Tierras 116, exp. 4; AGN, Tierras 1875, exp. 3.371 AGN, Indios 25, f. 82.372 Señalamos dos casos concretos. AGN, Tierras 191, exp. 3: en 1701, Diego de Ávila es cacique de LosAmusgos, pero no gobernador. AGN, Tierras 1875, exp. 3: a mediados del siglo XVII, Juan Vásquez ocupabadurante varios años la gubernatura de Pinotepa, mientras el titular del cacicazgo, Pedro Salmerón, estabasin cargo administrativo.83
  • 84. menos en algunas ocasiones, no en función de su propia fuerza sino por la fuerza de lasinstituciones que les apoyaban. A fines del siglo XVII. La época dorada de los caciques mixtecos yamusgos pertenecía, así parece, al pasado.Con respecto a los señores nahuas y popolucas de Sotavento sabemos que ni el caso deCosamaloapan ni la de Putlancingo sobrevivieron los cambios de fines del siglo XVI. En losTuxtlas, empero, había aún en las postrimerías del setecientos un nutrido grupo de gentes quelos documentos de la época caracterizaban como caciques. El padrón de San Andrés de 1777, porejemplo, registraba al seis por ciento de la población del partido como cacique. Miembros deestas familias caciquiles ocupaban a lo largo del siglo XVIII altos cargos en la republica. MateoIsidoro y Agustín Miguel se sucedían en la gubernatura en los años 1720. Miguel Tapia eraalcalde en 1750, José de la Cruz Peaga gobernador en 1797. Ahora bien, consta que aun en SanAndrés, no todos los gobernadores eran caciques. En efecto sabemos que desde 1720, un talMateo Juárez, hombre de origen macehual –aunque podía reclamar, tal vez la cualidad deprincipal de carrera –logro desplazar a los señores tradicionales de la gubernatura gracias alapoyo del justicia de turno.En la Mixteca Alta, el ocaso de los caciques permitió el ascenso de los principales de abolengo enel gobierno republicano. Sin embargo, conforme avanzaba el siglo XVIII se iban imponiendo cadavez más macehuales que escalaban la jerarquía comunitaria. Desde antes de 1800, losprincipales tradicionales habían desaparecido de las republicas. Hay un hecho que deja entreverque la rivalidad entre los principales de abolengo y los de carrera se daba desde tempranotambién en la lucha por la gubernatura de Juquila. 373 El primero se encabezaba por Nicolás deZárate, principal de abolengo y gobernador saliente. Su padre, José de Zárate, había ocupado elpuesto durante más de treinta años hasta que muriera a inicios de la década de 1680; inclusohabía usurpado el título de cacique. 374 Al frente del bando opuesto estaba un anciano de origenmacehual llamado Juan de la Cruz. Zárate había salido electo debidamente en la asamblea, peroel vicario del lugar intrigaba para imponer a Juan de la Cruz, evidentemente un hombre de suagrado. Ante la ausencia del justicia, Zárate se dirigió en una carta al virrey y consiguió que sereconociera su elección. Teniendo en cuenta los problemas que enfrentaban los caciques de SanAndrés durante estos mismos años no descartamos que los procesos estudiados por Pastor sedaban también en las costas: que también aquí se iba preparando el relevo de la noblezahereditaria – caciquil o no – por macehuales, principales de carrera, a partir del primer cuartodel siglo XVIII.El posible relevo de la nobleza de abolengo por una nobleza de carrera en el control de lasrepúblicas podría explicarse o bien por el fortalecimiento previo de cuando menos una parte delos macehuales, o bien por la intervención de los funcionarios españoles. Quizás habría quecombinar ambas hipótesis. Primero se enriquecían los macehuales, luego, para afianzar suriqueza con el control de las instancias jurisdiccionales, se aliaban con los alcaldes mayores y loscuras. De ser así debía de haber desde el siglo XVII mecanismos que permitían elenriquecimiento individual al margen de la comunidad. Esto por su parte indicaría que loscomuneros empezaban desde temprano a escapar al control real de la república. Carecemos de373 AGN, Indios 50, ff. 18-21v.374 AGN, Indios 28, f. 132.84
  • 85. pruebas para fundamentar estas conjeturaciones, pero veremos otros indicios en este sentido alo largo de este capítulo.375Para las grandes mayorías de los macehuales, el posible relevo en el mando no implicaba unamayor participación en los asuntos de gobierno. Ellas seguían siendo plebe para los republicanosy los principales.376 La política india seguía siendo un asunto de camarillas que se combatían yque se mantenían en los puestos según las alianzas que lograban establecer con las autoridadesespañolas. Lo que cambiaba era el carácter de los protagonistas.377 Durante el siglo XVI, la luchahabía sido entre diferentes aspirantes al cacicazgo, durante el siglo XVII y la primera mitad delsiglo XVIII se enfrentaban nobles tradicionales y principales de carrera, conforme avanzaba eltiempo se desarrollaban los pleitos entre facciones de macehuales, principales de carrera. ¿Quédiferencia hay, en efecto, entre la ya citada elección de Nicolás Zarate a gobernador de Juquilapara 1724 y la de la república de Tlacotalpan para 1790 como la describe el acta? “Elección parael gobierno de naturales que hacemos y celebramos a 20 de noviembre de 180 para el siguienteaño de 90, estando congregados los antiguos del cabildo actual y pasado que se han efectuado anuestra (¿invitación?) y en presencia del Señor D. Isidro Vicente Carlín, teniente en este partido,y el Sr. Cura Párroco por S. M., D. Juan Manuel Torres, y en la parte más pública de nuestraaudiencia conformados, con la aclamación del común de indios que componen plebe”.378 Unaunanimidad sospechosa en ambos casos, una elección guiada por manos invisibles para elhistoriador pero muy sensibles para los que sufrirían las consecuencias de su elección al añosiguiente. LA JERARQUÍA TERRITORIAL DE LA POLÍTICA INDIALas comunidades del siglo XVIII se organizaban por redes de dependencia que se pueden captarcon los términos de cabeceras, subcabeceras y sujetos. Formalmente, la jerarquía se manifestabaen el rango que ostentaban los funcionarios que estaban al frente de las sendas repúblicas. Ungobernador presidía el gobierno de la cabecera, un alcalde el de la subcabecera, un simpleregidor el sujeto.379 Tener un alcalde significaba tener cierta autonomía en la recaudación de lostributos reales. En Ixcapa, el estatus de subcabecera implicaba a inicios del setecientos que sualcalde tenía el derecho de acompañar al gobernador de la cabecera, Tlacamama, cuando este Véase infra, cap. 12., para los mecanismos que permitían a algunos el enriquecimiento al margen de la375comunidad.376El término plebe se aplica desde el siglo XVII por los republicanos y los nobles de abolengo al común.Véase por ejemplo AGI, México 600, El cacique de Tlacamama y otros gobernadores y caciques delobispado de Oaxaca al virrey, 1/12/1662. Véase también infra, el acta de la elección de la república deTlacotalpan de 1790.377No entendemos como Pastor (1987:203) puede hablar de un “régimen m|s o menos democr|tico” alreferirse a las repúblicas controladas por los macehuales.378 AHT, leg. 3, exp. 3, Acta de elección de la república, 1789.379 Pastor (1987:95).85
  • 86. recorría la comunidad para realizar los derechos del rey. 380 En el distrito de Igualapa, losalcaldes de las subcabeceras ‘enteraban’ – así rezan las fuentes – a fines del siglo XVIIIindependientemente de los respectivos gobernadores el tributo de sus pueblos. 381 No sabemosen cambio de ningún regidor que desempeñara funciones en la recaudación del tributo real.Entorno a 1790 había 57 comunidades en Jicayan; 28 tenían el estatus de cabecera, el restoestaba en algún grado de dependencia con aquellas. Esto sentado consta que todas y cada una delas repúblicas tenía su economía pública, su caja de común. 382 De allí deducimos que cuandomenos las subcabeceras – nuestra documentación no nos dice si existían sujetos para eseentonces en la región – administraban sus propios recursos. 383 Queda la pregunta si los últimosactuaban bajo la supervisión del gobernador de la cabecera o de una manera totalmenteindependiente. Sea como sea, consta que los comuneros de las subcabeceras y de los sujetos sefiscalizaban no sólo por su propio gobierno sino también por los respectivos gobiernossuperiores. Carmagnani ha demostrado que estas exacciones podían ser de consideración y queconsistían tanto en reales como en jornadas de trabajo. 384 En gubernaturas muy extendidas a laprestación de trabajo en la cabecera podía ser una obligación muy pesada. Los comuneros de lasubcabecera de Chayuco y de sus sujetos de San Cristóbal Nutatiu y Santa María Nutío, porejemplo, tenían que recorrer de doce a dieciséis leguas para dar el tequio en la cabecera deTututepec.385 Los de Ixcapa caminaban cinco leguas para acudir a las milpas de la república deTlacamama.386La estructura territorial de las comunidades estaba sometida a cambios a través de los siglos. Entérminos generales podemos hablar de una tendencia al fraccionamiento, a la multiplicación delos entes autónomos. La Costa de Sotavento era quizás muy fragmentada desde tiemposprehispánicos. Al norte del Papaloapan había siete señoríos náhuas: Amatlán, Cosamaloapan,Putla, Otatitlán, Putlancingo, Tlacotalpan, Tlalixcoyan y Santiago Tuxtla; al sur de dicho ríoexistía una serie de cacicazgos popolucas entre los cuales destacaba el de Huaspaltepec. 387 Elestablecimiento de las encomiendas y más tarde las congregaciones llevaron a la desaparición demuchos sujetos. Tlacotalpan, por ejemplo, acogió en 1601 a cuatro de sus estancias; una quinta,Alvarado, era ya en ese entonces asentamiento de españoles. 388 Otros sobrevivieron,emancipándose en un momento dado. San Andrés se separó junto con su sujeto de Catemaco en380 AGN, Indios 47, f. 19.381 AGN, Propios y Arbitrios 10.382 AGN, Propios y Arbitrios 23, f. 29v; AGEO, Tesorería Principal, leg. 12, exp. 4.383Carmagnani (1988:208) afirma que sólo las cabeceras tenían sus cajas de común, y que estascentralizaban todos los recursos de la jurisdicción de la cabecera.384 Carmagnani (1988:210-211).385 AGN, Indios 58, ff. 84v-88.386 AGN, Indios 47, f. 19.387 Aguirre Beltrán (1974:II, 41-44); Gerhard (1986:87-90.140-144.340-352.369-372).388 AGN, Tierras 1867, exp.4.86
  • 87. 1718 de la cabecera de Santiago. 389 Jaltipan, aún a mediados del siglo XVIII subcabecera deTenantitlán, tenía un gobernador propio en 1807. 390En la Costa Chica del siglo XV, la cabecera de Tututepec controlaba un gran número de pueblosentre la cuenca del Santa Catarina y la bahía de Huatulco. 391 La conquista española significabauna primera desmembración de la unidad.392Posteriormente, el proceso avanzaba a gotas. En ladécada de 1570 afectaba a la cabecera de Sochistlahuaca, a fines del siglo XVIII, la tendenciasegregacionista se acentuaba. Una primera ola de erecciones de nuevas cabeceras se observaentorno a 1720, otra en la década de 1750 (cuadro 32).393La argumentación de los solicitantes era siempre la misma: estaban cansados de la explotaciónpor la cabecera. Para las mayorías importaba desde luego si tenían que caminar varias leguaspara prestar sus jornadas obligadas o si podían trabajar en las inmediaciones de suasentamiento. Pero seguramente hay que ir más allá en la evaluación del fenómenoemancipador. Pastor observa el mismo proceso en la Mixteca Alta y lo relaciona con presiones delos colonos españoles. Al fragmentarse las comunidades, aduce, estas se debilitaban y se volvíanmás manipulables.394 Coincidimos en principio con esta visión de las cosas; pensamos, empero,que hay que ir más lejos: a las presiones externas respondían presiones nacidas en el seno de lascomunidades. Señalamos arriba la posibilidad de que se produjera a partir del primer cuarto delsiglo XVIII un relevo en el control de la república y especulamos que el proceso se tenía quevincular con el fortalecimiento previo de algunos macehuales. Esta segunda hipótesis essusceptible de aclarar también el fenómeno de la fragmentación de las repúblicas que se iniciódurante la misma época. Para aquellos comuneros de los pueblos dependientes que lograbanacaparar tierras y enriquecerse, el estatus de su grupo significaba una contínua sangría derecursos por una parte, un obstáculo al pleno control sobre los bienes comunales por la otra.Como particularmente doloroso habrían sentido la cesión de mano de obra a la cabecera: manode obra que ellos mismos muy bien podían utilizar, probablemente, en sus propiasexplotaciones. La ola de solicitudes de la década de 1720 bien podía reflejar entonces laafirmación de un grupo de indios enriquecidos. Este enriquecimiento se vinculaba talvez con lacrisis demográfica de fines del siglo XII que facilitaba el acaparamiento de tierras: está allí elejemplo ya mencionado de los comuneros de Huamelula que compraban tierras del extintopueblo de Pijutla no a título de la comunidad sino a título individual. La nueva efervescenciaepidemiológica de los años 1730 interrumpió el proceso – se necesitaba un mínimo decomuneros para pedir la autonomía – pero al mismo tiempo creó las bases para suaceleramiento y culminación en la década de 1750.389 Medel y Alvarado (1963:I,84-85.112-113).390 Villaseñor y Sánchez (1746:I,366-369); AGN, Clero regular y secular 207, exp. 11.391 Widmer (1990:33-39).392 Widmer (1990:63-64).393AGN, Indios 38, ff. 68.279; Indios 47, ff. 19.249-254.254-258v.259-264; Indios 50, f. 378; Indios 56, ff.84-88.320; Indios 58, ff. 144v-147; Indios 60, ff. 131.147v.157.394 Pastor (1987:176)87
  • 88. LA CAJA DE COMUNIDADLa república ejercía, en nombre del común, derechos sobre las tierras y los comuneros delpueblo. Las rentas que producían estos derechos se enteraban en la caja de la comunidad, unainstitución establecida a mediados del siglo XVI.395 Hasta el tercer cuarto del siglo XVIII, lasrentas consistían básicamente en el producto de las explotaciones del común: explotaciones quese trabajaban como mostraremos enseguida con mano en obra reclutada a través de losderechos fiscales de la republica sobre los comuneros. A partir de los años 1770, lasexplotaciones del común empezaban a disolverse y la contribución en trabajo se ibasustituyendo por un impuesto en reales. La fiscalidad ordinaria se podía extender a discreciónmediante derramas: contribuciones en trabajo, productos o reales. Estos ingresos podíancompletarse con la venta de mano de obra fiscal y el arrendamiento de tierras del común.396Las obligaciones del común eran múltiples. Al alcalde mayor y al cura debían sustento yservicios. Ambas autoridades tenían además derecho a sus residencias: las casas reales y laiglesia y sus anexos, respectivamente. A los indios incumbía también el mantenimiento de loscaminos en los tramos que caían en los términos de su pueblo. 397 Trámites ante las autoridadessuperiores: quejas contra los excesos de algún funcionario real o eclesiástico, solicitudes por ladotación con tierras, etc., causaban gastos extraordinarios que solían ser consideración. Más allá,la economía pública de las comunidades tenía que costear su propio funcionamiento y, de serposible, acopiar provisiones para hambrunas y epidemias.El producto que arrojaba la economía pública solía ser mayor a las obligaciones. Así seacumulaban fondos en las cajas: las 31 repúblicas de Igualapa disponían en 1786 de 4’600 pesos,las 57 del distrito de Jicayan en 1789 de 4’222 pesos, los 13 gobiernos de Huatulco este mismoaño de 3’238 pesos.398 En principio, este ahorro colectivo podía invertirse en préstamos a loscomuneros – con o sin fines lucrativos – o a terceros.399 Sin embargo, también podía servir comocapital usurario a disposición de la república o, el caso dado, del cura o del alcalde mayor. 400Durante mucho tiempo, el manejo de los fondos se supervisaba por el párroco. A partir demediados del siglo XVIII, empero, observamos el intento de la corona de acaparar el controlsobre los caudales comunales. En 1758, el alcalde mayor de Igualapa ordenó a las repúblicas desu distrito que para cualquier gasto superior a 20 pesos procuraran el permiso del virrey.401 Esmuy probable que se trataba de un nuevo reglamento que se aplicaba en todo el reino. En ladécada de 1780, la corona iba todavía más lejos y mandó que los fondos se transfirieran a las395 Véase Gibson (1967: 196-224) y Pastor (1987: 90-95) sobre el origen de las cajas.396 Véase Infra, cap. 13., con respecto al comportamiento de la república como propietaria.397 AGN, Subdelegados 26, exp. 5 (Igualapa, 1790).398 AGN, Propios y Arbitrios 24, ff. 29v.31; Gaceta de México, 7/11/1786.399 Carmagnani (1988: 130-132).400Pastor (1987: 93-94). Carmagnani (1988: 119-132) presupone desde luego la honestidad de losfuncionarios.401 AGN, Indios 58, f. 340. Véase también Pastor (1987: 200).88
  • 89. cajas reales y de allí al Banco de San Carlos. Además determinó que cada vez que se juntarán de200 a 300 en las cajas, estos tendrían que depositarse en la citada institución. No extraña que losréditos prometidos del 4 por ciento no se pagaran nunca. 402Sabemos que había realmente transferencias considerables de las de las cajas comunales a realhacienda desde mediados de la década de 1780: dejamos abierto si eso se debía a la presiónfiscal de la corona o a que las clases dominantes de los pueblos se sentían solidarios con lacorona.403 Con todo, hay indicios de que muchas repúblicas seguían conservando unaconsiderable liquidez. Las pequeñas comunidades de Acapulco manejaban en 1803 ahorros porun total de m|s de 3’500 pesos.404 Las cajas acayuquenses, sometidas al régimen de lastransferencias desde antes de 1790, podían contribuir en 1795 con 1’500 pesos a las donacionesal rey.405 Tres factores pueden explicar la sobrevivencia de las cajas durante los últimos 50 añosde la Colonia. Para empezar hay que considerar la posibilidad de que los fondos disponibles seadministraran ahora con criterios de eficiencia: que los préstamos se concedían a los que podíanpagar los réditos comunes en la época y no a los que necesitaban un crédito blando parasobrevivir, por ejemplo. También es posible que se multiplicaran los contratos dearrendamiento sobre las tierras comunales, aprovechando de esta manera el alza del valor de latierra a fines del siglo XVIII. En fin, no podemos descartar una mayor presión fiscal sobre loscomuneros. Fuera cual fuera la solución adoptada por las repúblicas, los que salían perdiendoeran los comuneros pobres: los que dependían del crédito barato y del acceso a los montes ybosques comunales, los que sudaban por cada real que se les pedía. Así las cosas, los pobresveían cada día menos la utilidad de los lazos comunitarios. Los cambios en el régimen de laeconomía pública durante el último cuarto del siglo XVIII eran a todas luces susceptibles demotivar el debilitamiento de los lazos comunitarios y de contribuir, en un momento dado, aléxodo de los pobres del pueblo. LA FISCALIDAD COMUNITARIADurante mucho tiempo, la economía comunitaria se apoyaba básicamente en el producto deexplotaciones propias: las milpas y los ranchos del común, por lo menos en Astata y Soconuscotambién las salinas.406 Para eso no importaba, según parece, si el pueblo poseía tierras o no.Podemos pensar que mientras un pueblo ejercía derechos de propiedad, estas unidades seestablecían en sus tierras. En pueblos que carecían de títulos, las tierras se tomaban en402 Pastor (1987: 200. 260).403AGN, Historia 326, ff. 1-10 (Acayucan); AGN, Propios y Arbitrios 24, f. 29 (Jicayan) y Gaceta de México,7/11/1786 (Igualapa). Véase también las transferencias de fondos de las repúblicas acapulqueñas a la cajareal de la capital en los años 1790 en AGI, México 2062-2071, Caja real de México, 1796-1802.404 AGN, AHH 404, exp. 6.405AGI, México 2937, Caja real de Veracruz, 1795. Carmagnani (1988: 130-132) sugiere que ladescapitalización de las cajas se compensaba con ingresos monetarios adicionales.406AGN, Tierras 431, exp. 1; Estadística del departamento de Acayucan, 1831, en: Blázquez Domínguez(comp.) (1986: I, 61-120. 88).89
  • 90. arrendamiento. Esta última solución debía de ser bastante común en los pueblos igualapeños. Deacuerdo con un informe del Justicia, sólo 4 pueblos del distrito tenían tierras en propiedad para1789. Sin embargo, quince años antes, cuando menos 28 repúblicas labraban una milpa, 9 deellas tenían también un rancho de ganado mayor. 407El comunero debía a la comunidad cierta cantidad de jornadas de trabajo cada año: el tequio.Para la labranza de las milpas y el pastoreo de los hatitos, la república recurría básicamente aeste derecho. Los días fijados por el gobierno, todos los obligados se juntaban para acudir a loslabores. Pero el llamado no era sólo para trabajar, sino también para comer. La repúblicaorganizaba tanto el trabajo como la comida. Hay indicios de que no se comía tan mal en esosdías. Los que acudían en 1783 a la siembra del maíz en la milpa del común de Ayutla, porejemplo, se repartían una vaca entera. 408Las comunidades que tenían milpas sembraban, durante el último cuarto del siglo XVIII, maíz, aveces también algodón. Sólo en Pochutla encontramos una nopalera con grana. 409 Se trataba sinexcepción alguna de cultivos comunes en las regiones costeñas: los mismos que encontramostambién en las milpas de los particulares. En principio, la producción se destinaba a la venta:empero, también se usaba para alimentar a los comuneros los días del tequio y, tal vez, los díasde fiestas: de allí quizás la predominancia del maíz. En las pequeñas comunidades del distrito deAcapulco se producía a fines del siglo XVIII exclusivamente maíz en la milpa del común. 410 Nosabemos a cuanto ascendían las deducciones antes de la venta. Pero sí vemos que en años en quelas condiciones meteorológicas no eran muy desfavorables, la milpa dejaba un producto quedividido por el número de comuneros arrojaba de entre 4 reales y 1 peso por unidad doméstica.A partir del último cuarto del siglo XVIII se discutía sobre el arrendamiento o la disolución delas explotaciones comunitarias. Muchas milpas se abandonaban efectivamente en este periodo.En el distrito de Igualapa, el proceso estaba en marcha desde la década de 1770, en Acapulco, elcambio se producía, según parece, entorno a 1800. 411 Las grandes cabeceras del distrito deJicayan, Pinotepa del Rey, Jamiltepec y Juquila, habían abandonado el cultivo comunitario antesde 1800; aún lo practicaban, empero, comunidades pequeñas y marginales como los tres Jicayan,Jicaltepec, Chayuco y Santa María Nutío. 412 Con respecto a la costa de Sotavento sabemos que lascomunidades tuxtlecas abandonaban la milpa en la década de 1780. Para 1800, Santiago, SanAndrés y Catemaco habían renunciado a esta costumbre ancestral. 413 Sin embargo, en otras407 AGN, Historia 578B, f. 85; AGN, Propios y Arbitrios 10.408 AGN, Propios y Arbitrios 10, Cuenta de la comunidad de Ayutla, 1783.409Véase AGN, Hospital de Jesús 373, exp. 3 para los Tuxtlas, AGN, Propios y Arbitrios 10, para Igualapa yACO, Diezmos del rumbo de Piñas 1797, VIIa, para Huatulco. Hay datos aislados sobre Jicayan en ACO,Diezmos de la colecturía de Jamiltepec, 1802, XXIV.410 AGN, AHH 404, exp. 6.411Véase AGN, Propios y Arbitrios 10, para Igualapa. Con respecto a Acapulco remitimos a la serie decuentas anuales de los bienes comunales de los pueblos del distrito en AGN, AHH 404, exp. 6. Allí seobserva como las grandes fluctuaciones en los ingresos, reflejo de la variación en las cosechas,desaparecen a partir de 1800.412 ACO, Diezmos de la colecturía de Jamiltepec, 1802.413 AGN, Hospital de Jesús 373, exp. 3; ACO, Diezmos Chacaltianguis XXVI, d.90
  • 91. partes de la intendencia de Veracruz, la institución sobrevivió hasta más allá de 1800. Lascomunidades cosamaloapeñas de Otatitlan, Tlacojalpan y Chacaltianguis, por ejemplo, seguíanlabrando sus algodonales comunales en 1806. 414Desde mediados del siglo XVII, los comuneros que querían podían convertir el tequio en tesque,el real y medio de comunidad. Ahora, el tesque se generalizaba. En efecto, con el abandono de lamilpa de común, el tequio que se había invertido allí se sustituyó por una exacción en reales.Observamos tasas variadas, aunque ninguna excedía el jornal de día y medio: una real y medioen las comunidades de Acapulco, dos reales en el distrito de Igualapa, cuatro reales en losTuxtlas.415¿Cómo interpretar el abandono de la milpa del común? Carmagnani sugiere que todo se debía alas presiones de las autoridades coloniales. 416 Sabemos, en efecto, que existía una orden virreinalde 1782 en que se mandaba disolver las milpas. Consta también que las intendencias repetíanesta orden en 1805.417 Sin embargo, el proceso como tal parece bastante independiente de lo quese decidía en la corte de Madrid. En efecto, un simple vistazo a la cronología comprueba que lacorona tenia poco que ver en todo eso. A esto se añade que por lo menos en las comunidades deIgualapa, la iniciativa para la disolución partía claramente de las mismas comunidades, enconcreto de las repúblicas.418 Consideramos entonces con Pastor que eran las mismas clasesdominantes indias las que propiciaban el cambio. 419 No cuesta mucho adivinar sus motivos. Elcultivo de las milpas significaba la pérdida de un gran número de días de trabajo en épocas clavedel año agrícola para los rentistas que dependían de la disponibilidad de un ejército dejornaleros. Para los pobres, los que dependían de la venta de su fuerza de trabajo, el tequiosignificaba la renuncia a unos jornales que eran quizás más altos que los que se pagaban duranteel año. Podíamos decir entonces que la disolución de la milpa revela la culminación del procesode diferenciación social en el seno de las comunidades. De ser así, se explicaría también porqueel proceso era más temprano en algunas comunidades que en otras.A fines del siglo XVI, muchas comunidades establecían ranchos de ganado mayor. 420 Por lomenos en la Costa Chica, estos ranchos seguían funcionando por lo general a fines de la colonia414ACO, Diezmos Chacaltianguis XXVI d. Véase también AHT, leg. 5, Circular del intendente de Veracruz alos subdelegados de la intendencia, 4/4/1805. De acuerdo con el escrito, la disolución de la milpa no sehabía efectuado aún en la mayor parte de los distritos de la intendencia.415 AGN, AHH 404, exp. 6; AGN, Hospital de Jesús 373, exp. 3; AGN, Propios y Arbitrios 10.416 Carmagnani (1988: 128).417 AHT, leg. 5, Circular del intendente de Veracruz, 4/4/1805. Véase también Pastor (1987: 244).418AGN, Propios y Arbitrios 10. Véase en particular una carta de 1777 de la república de Sochistlahuaca alalcalde mayor de Igualapa.419 Pastor (1987: 244-245).420 Véase Widmer (1990: 180) para el proceso en la Costa Chica. No analizamos el proceso en Sotavento.Sin embargo parece que el fenómeno era bastante general en el reino. Véase Gibson (1967: 196-224) parael altiplano central o Pastor (1987: 93) para la Mixteca Alta.91
  • 92. (cuadro 33.).421 También estas unidades se explotaban en gran medida a través del tequio. Alfinalizar las aguas se componían los corrales; mas adelante, pero siempre en las sacas sereparaban las casas del rancho y se herraban los animales nuevos. 422 En total se reclamaban tresdías de trabajo por año a todos los comuneros. Para pastar el ganado hacían falta vaqueros detiempo completo. En los ranchos de Jicayan, estos se reclutaban por periodos de un año y contrael pago de una pequeña remuneración, según parece entre los mismos comuneros. 423 Del ranchode la comunidad de Tecoanapa se nos dice en 1805 que “en cuanto a los vaqueros, no se les hapagado nunca, pues su trabajo lo han hecho de balde; lo mismo sucede con los hijos que van abuscar y recoger sal para aquerenciar el ganado”.424 Podemos suponer que estos sirvientesrecibían por lo menos el sustento. Sabemos, en efecto, que la comunidad de Tonala daba unaración anual de 5 fanegas de maíz al que cuidaba sus 200 reses. 425Los esquilmos de los ranchos se gastaban en el mantenimiento de la explotación, la fiesta delpueblo y el aumento del ahorro colectivo. El alcalde de Tututepec, por ejemplo, vendió en 178021 reses al teniente para el abasto de Acapulco: el producto se enteró en la caja del común. 426 Delrancho de Ayutla se sacaba cada año una vaca para los que sembraban maíz en la milpa delcomún y otra para el vaquero. En Tecuanapa, la república contribuía cada año con 2 vacas delrancho del común para la fiesta de San Juan Bautista.427A fines del siglo XVIII había voces que pedían el arrendamiento de los ranchos a particulares. Aligual que muchos de sus colegas de la intendencia de Oaxaca, el subdelegado de Jicayan, JoséMaría Antuñez, propuso en 1796 que se arrendaran todas estas explotaciones. Oaxaca apoyabael proyecto, pero no sabemos si este llegó a concretizarse mientras duraba la colonia. 428Las explotaciones comunitarias no sólo tenían una función fiscal. También servían parafortalecer los lazos intracomunitarios entre explotadores y explotados. Es cierto que losprincipales gozaban de la exención del tequio en virtud de las funciones que desempeñaban ohabían desempeñado en algún momento de su vida. Pero los días de trabajo comunitario, alhaber terminado las labores, la crema y nata del pueblo alcanzaba a los comuneros y compartíacon ellos la comida. En los ranchos de Jicayan se ofrecían entonces tortillas, panela, pan,chocolate, chile y una o dos vacas: alimentos que muchos comuneros sólo habrán comido en421 AGN, AHH 404, exp. 9; AGN, Propios y Arbitrios 10; ACO, Diezmos Jamiltepec XXVI; BGEO, Esposición(sic) que el tercer gobernador del estado hace en cumplimiento del art. 83 de la constitución particular delmismo a la cuarta legislatura constitucional, al abrir sus segundas sesiones ordinarias el 2/7/1832.422 AGN, Propios y Arbitrios 24, ff. 393-399v.423 AGN, Propios y Arbitrios 24, ff. 393-399v.424 AGN, AHH 404, exp. 9.425 AGN, Propios y Arbitrios 10.426 AGN, Propios y Arbitrios 10, f. 233.427 AGN, AHH leg. 404, exp. 6.428Véase AGN, Propios y Arbitrios 24, ff. 393-399v, para el proyecto de Antuñez. La sobrevivencia de losranchos del común se documenta en BSMGEO, José M. Murguía y Galardí, Estadística del Estado deGuajaca, la parte, 1826, ff. 70-77.92
  • 93. estos días de tequio.429 No debía de importar mucho en estas ocasiones que los que pagaban lacomilona eran en última instancia los mismos comuneros (a quienes se pedía su contribución através de derramas). Lo que contaba era la convivencia.Para los funcionarios españoles de la segunda mitad del siglo XVIII, poco interesados, comoveremos, en el mantenimiento de las comunidades, las fiestas representaban un derroche inútil.Los comuneros ricos, en cambio, sabían, que estas comedias eran necesarias si no queríanperder el control sobre su mano de obra desposeída. Favorecían la liquidación de la milpa cuyalabranza les molestaba, pero se oponían, desde luego, a la disolución del rancho común. LA ESTRATEGIA DE LAS COFRADÍASHacia 1800 existían cofradías en muchos, quizás en la mayoría de los pueblos costeños (cuadro34.).430 Podemos conjeturar que su fundación se remontaba como en el resto del obispado deOaxaca a la primera mitad del siglo XVIII.431 La Cofradía del Santísimo de Jamiltepec se erigió en1732, la del Rosario de Texca en 1745, las de la Asunción de Cacahuatepec y de San Miguel deCoyuca antes de 1760.432Hay buenas razones para considerar que los bienes de las cofradías formaban parte de laeconomía pública del pueblo. 433 Pastor ha señalado que la iniciativa para la fundación de unacofradía partía por lo general de la república. 434 La república mantenía también a menudo uncontrol muy directo sobre los bienes de las cofradías, sobre todo si se trataba de hermandades,instituciones no debidamente confirmadas por el obispo. La administración y el manejo de losbienes de las cofradías del distrito de Acapulco, al parecer todas sin titulo oficial, estaba enmanos de los párrocos y de las repúblicas. 435 También los 15 animales del rancho del santo deMinas estaban “en cabeza de los oficiales de la república”. 436 Pero también en las cofradías que seadministraban debidamente por un mayordomo observamos la sombra de los republicanos. En429 AGN, Propios y Arbitrios 24, ff. 393-399v.430AGEO, Obispado leg. 18, exp. 24; AGEO, Diezmo del rumbo de Piñas 1797, VIIa; AGEO, Diezmo de lacolecturía de Jamiltepec 1802, XXIV; AGI, México 2588, Visita pastoral del obispo Ortigoza a su diócesis,1778-1782; AGN, Hospital de Jesús 121, exp. 27; AGN, Propios y Arbitrios 10; AHT leg. 5, El teniente deTlacotalpan al intendente de Veracruz, 29/9/1806; Informe del cura de San Mateo Piñas, 1803, en:Archivo General del Estado de Oaxaca (ed.) (1984: I, 179-181).431 Carmagnani (1988: 134); Pastor (1987: 247).432AGI, Visita pastoral del obispo Ortigoza a su diócesis, 1778-1782; AGN, AHH leg. 404, exp. 6; AGN,Historia 578, Rafael de García al castellano de Acapulco, 7/2/1790; AGN, Indios 73, ff. 198-203.433 Carmagnani (1988: 132-144); Gibson (1967: 129-132); Pastor (1987: 246-259).434 Pastor (1987: 248).435AGN, AHH leg. 404, exp. 6. Con respecto a la falta de títulos véase allí mismo y AGN, Historia 578, Rafaelde García al castellano de Acapulco, 7/2/1790.436 AGN, Propios y Arbitrios 10.93
  • 94. algunas partes, el administrador de los bienes se elegía directamente por el gobierno indio. 437 Enla cofradía de las Benditas Ánimas de Tuxtepec, el colegio electoral se encabezaba en la década1810 por los miembros actuales y pasados del gobierno indio y comprendía a todos loscomuneros del pueblo.438 Aún en los casos en que el mayordomo se elegía conforme a losdesignios de las autoridades eclesiásticas – “proponiendo el rector (cura) tres sujetos de enterasatisfacción para los oficios de los cuales elegir|n los hermanos el que juzgaren m|s a propósito”– podemos conjeturar que el elegido salía del mismo circulo que ponía a los funcionarios de larepública debido al hecho de que el cura presidía tanto la asamblea que elegía a los republicanoscomo la que destinaba al mayordomo. En realidad, el mismo jerarca eclesiástico que defendía laaplicación de este reglamento también preconizaba que la selección tenía que hacerse deacuerdo con la república.439Había cofradías con y otras sin registro formal. En las cofradías oficializadas, la jurisdicciónsuprema residía no en el cura sino en el obispo. Este revisaba, con ocasión de sus visitaspastorales, la contabilidad y se llevaba sus derechos. Los curas, en evidente connivencia con lasrepúblicas, trataban por lo mismo de evitar la erección formal de los institutos. 440 En la MixtecaAlta, Pastor observa que las cofradías no registradas ante el diocesano desaparecían durante lasegunda mitad del setecientos. De acuerdo con su hipótesis, la ofensiva de los funcionariosreales contra los bienes de la iglesia hubiera obligado a los párrocos a buscar la protección de losobispos.441 Sabemos que los curas costeños se peleaban, al igual que sus colegas de la sierra, conlos obispos y los alcaldes mayores. Sabemos también que estos últimos aumentaban la presiónsobre los párrocos durante la segunda mitad del siglo XVIII. 442 Empero, carecemos de noticiassobre cambios en el estatus de las cofradías.La organización del trabajo en los ranchos no queda muy claro. Todas las cofradías tenían susranchos a cargo de un mayoral que trabajaba con la ayuda de un número determinado desirvientes. La cofradía de la Natividad de Tixtlancingo empleaba en 1803 para su rancho con casi300 cabezas a dos vaqueros, Antonio Nicolás e Ignacio Francisco: por sus apellidosevidentemente indios.443 Ahora bien, en la detallada cuenta que el mayordomo de la Natividadhabía presentado para el año anterior no aparece ningún asiento sobre remuneraciones. Sólo semencionan 8 pesos 4 reales que se enteraron en las reales cajas por el tributo de los vaqueros. 444437 Carmagnani (1988: 139).438 APO, Libro de misas y aniversarios de la cofradía de las benditas ánimas de este pueblo de Tuxtepex, f.3.439En su visita a Acayucan en 1779, el obispo Ortigoza defendía la aplicación del reglamento citado. Al añosiguiente, en Ometepec, añadía que el nombramiento del mayordomo tenía que hacerse de acuerdo con larepública. Véase AGI, México 2588, Visita pastoral del obispo Ortigoza, 1778-1782.440Pastor (1987: 249). Carmagnani (1988: 133) no entiende que la oficialización de la cofradía enfrentabaa curas y obispos.441 Pastor (1987: 249).442 Véase infra, caps. 8. y 13., sobre los conflictos entre los curas y el resto de los rentistas.443 AGN, Indios 73, ff. 160-164.444 AGN, Indios 73, f. 166.94
  • 95. También las cofradías indias de Cuautepec y de San Cristóbal no gastaban, de acuerdo con lacuenta de 1776, ningún real para remunerar a sus vaqueros y sólo pagaban el tributo paraellos.445 Podemos pensar que encargarse del ganado de una cofradía era una manera de cumplirpara con ella: que los vaqueros eran hermanos pobres que pagaban con trabajo lo que los demáspagaban con reales. Pero hay todavía otra posibilidad. En vista de los lazos muy estrechos entrelas cofradías y las comunidades no podemos excluir, de hecho, que la república cedía a lacofradía el tequio de algunos de sus hijos, hijos que eran desde luego también hermanos.Los ingresos de las cofradías derivaban por una parte de los esquilmos de los ranchos: la ventade ganado y, el caso dado, de leche. 446 La cofradía de las Benditas Ánimas de Ayutla, dueña detres mulas aparejadas, registraba también ingresos como fletera. 447 El otro pilar de lasinstituciones era las aportaciones directas de los hermanos. El Rosario de Texca recaudaba, ya lovimos, contribuciones anuales en reales a sus hermanos.448 La cuenta de las Benditas Ánimas deAyutla para 1776 alista cuantiosas limosnas (un término muy ambiguo, por cierto, ya que puededesignar tanto una aportación voluntaria como una cuota asignada): 7 arrobas de algodón, 3cargas de sal y 20 pesos en reales.449De acuerdo con los documentos oficiales, los recursos de la cofradía se destinaban en primerlugar al culto, al cura y a las comilonas de los hermanos. La cuenta de Nuestra Señora de laNatividad de Tixtlancingo para 1803 es clara. 450 De un gasto total de 637 pesos, 515 seempleaban en la compra de un cáliz y ornamentos para la iglesia, 53 pesos pagaban al cura porconcepto de misas y control del libro del instituto, otros 53 pesos se gastaban en la fiesta de latitular para cohetes y comida, a 16 pesos se elevaba el costo de la explotación del rancho. Los515 pesos gastados en objetos sagrados se sacaban de los ahorros; el resto de los pagos, 122pesos, se podía costear con el ingreso anual. Si consideramos sólo lo que podemos llamar elgasto ordinario de la Natividad, vemos que el 14 por ciento se invertía en el rancho y el resto serepartía por partes iguales entre el común y el cura. Tenemos todavía otra cuenta para el mismoaño, la de Nuestra Señora del Rosario de Texca. 451 De los 180 pesos a que ascendían los gastos,103 se destinaban al culto: compra de cera, copal y ornamentos, 48 se gastaban en la fiesta, 10eran para el cura y 19 para el mantenimiento del rancho. El documento no deja entrever en quémedida se recurría a sobrantes de años anteriores. Todos estos gastos hubieran incumbido, deno existir la cofradía, a la caja del común.Durante la segunda mitad del siglo XVIII, algunas cofradías de indios poseían considerablescaudales monetarios. Carmagnani ha sugerido que estos fondos se empleaban en préstamos ahermanos, pero también a terceros. Según el, los primeros conseguían los reales a buen precio445 AGN, Propios y Arbitrios 10.446 Véase, por ejemplo, la cuanta de la Natividad de Tixtlancingo para 1802, en: AGN, Indios 73, ff. 166.447 AGN, Propios y Arbitrios 10.448 AGN, Propios y Arbitrios 10.449 AGN, Propios y Arbitrios 10.450 AGN, Indios 73, f. 166.451 AGN, Indios 73, f. 144.95
  • 96. mientras que los segundos pagaban tasas de interés usurarias. 452 Observamos que habíarealmente cofradías que colocaban sus ahorros en las explotaciones de los hermanos.Sabemos, por ejemplo, que las cofradías de San Andrés de Huaspaltepec y de Santa Catarina deMichoacán habían empleado en 1770, 173 y 388 pesos, respectivamente, para que sus miembrospudieran asemillar las nopaleras. En 1780, los préstamos aún no habían sido devueltos. 453Sabemos también que las siete cofradías de Moloacán e Ishuatlán en el partido de Ocuapanhabían prestado a partir de 1766 un total de 6’291 pesos al cura del vecino partido de Acayucany a los hacendados más destacados del distrito: los Fernández y los Quintero. 454 Ignoramos lascondiciones bajo las cuales los hermanos de San Andrés y de Santa Catarina habían tenidoacceso a los fondos de su cofradía. Sabemos, en cambio, que la tasa de interés que se aplicaba enMoloacán e Ishuatlán era la preferencial del 5 por ciento anual. Así las cosas resulta difícilaceptar la distinción carmagnaniana entre una cofradía que actuaba como beneficencia (parasus hermanos) y una cofradía que tenía mentalidad de comerciante (para extraños). La cofradíase controlaba de cerca por el cura párroco y el cura párroco decidía sobre la colocación de susahorros. En este sentido resulta significativo que los préstamos de las cofradías de Moloacán eIshuatlán se concedían no por los mayordomos sino por el cura y el delegado diocesano. Resultatambién significativo que los destinatarios de los créditos debían todos réditos por 4-9 años. Nocuesta imaginar que las cofradías concedían a veces créditos blandos a sus hermanos: pero nopara aliviar su suerte sino para ayudarles a seguir pagando las obvenciones parroquiales.Las cofradías indias florecían en el siglo XVIII oaxaqueño. Sobre el significado de la prosperidadexisten dos opiniones encontradas. Pastor afirma que el fenómeno se debía a la transferencia debienes comunales a las cofradías, que el enriquecimiento de las cofradías iba paralelo alempobrecimiento del común.455 Carmagnani, en cambio, sostiene que el crecimiento de lascofradías de ninguna manera perjudicaba a los bienes comunales. El proceso reflejaba, según él,más bien la expansión económica, la creciente capacidad de ahorro de los pueblos.456 Es muyprobable que en algunos casos se haya dado, como sugiere pastor, la transferencia de bienescomunales a la cofradía. La república de Chacaltianguis, por ejemplo, poseía un hato de ganadoen los años 1710. Un siglo después, este hato parece haber dejado de existir; sin embargo habíaahora dos cofradías ganaderas. 457 Con todo, esto no era quizás la vía más común de estableceruna explotación cofradial. Disponemos en efecto de indicios en el sentido de que la acumulaciónde riquezas en las arcas de las cofradías manifiesta a fines del siglo, reflejaba en muchos casos unproceso autónomo con respecto a la economía del común. Así consta que el origen de los bienesde las cofradías era a veces una donación – por supuesto más o menos voluntaria – departiculares. La cofradía del Rosario de Texca, por ejemplo, “tuvo principio… en la unión devarios de aquel vecindario que a fin de proporcionar el mayor culto a la imagen de la santísimavirgen con la advocación referida, concurrieron en la iglesia de su pueblo a insinuación del cura,452 Carmagnani (1988: 141-142).453 AGI, México 2588, Visita pastoral del obispo Ortigoza, 1778-1782.454 AGEO, Obispado leg. 18, exp. 24.455 Pastor (1987: 248).456 Carmagnani (1988: 132-144).457 AGN, Tierras 499, exp. 1; ACO, Diezmos Chacaltianguis XXVI d, 1803, Vacas dadas al cuchillo.96
  • 97. bachiller don Francisco Morales, el día 15 de septiembre de 1945; y bien inteligenciados delobjeto piadoso a que aspiraban los deseos del párroco, dieron voluntariamente suconsentimiento para establecer la hermandad espiritual, contribuyendo cada uno con dos realespara el asiento y otros dos al año”. 458 El testimonio es fidedigno, ya que se daba por un oficialreal en un momento en que la corona intentaba recuperar los bienes de las cofradías con elpretexto de que estos eran en realidad bienes del común usurpados por los curas. En el caso dela cofradía del Santísimo de Jamiltepec se conservaban a fines del siglo XVIII documentos quecomprobaban que ésta tenía su origen en la donación de un rancho que hizo en 1725 un talNicol|s Carrillo de Albornoz a la república “con el piadoso fin de que administrado este ranchopor el gobierno y la república se invirtiesen sus esquilmos en lo que fuere necesario al cultodivino del Santísimo Sacramento”. Siete años después, el obispo Calderón de Oaxaca erigióformalmente la cofradía.459También resulta interesante ver que todos los ranchos de cofradía para los cuales disponemosde los datos respectivos se ubicaban a fines de siglo XVIII no en tierras comunales sino en tierraspropias – tituladas o no – o tierras arrendadas a terceros. La república de Huamelula compró en1708 tres sitios de ganado a dona Josefa de Espina Altamirano para la cofradía del Rosario de suparroquia.460 Dos cofradías del distrito de Acayucan, una consagrada al Santísimo y otra a lavirgen de Rosario, disponían desde 1766 de 7 leguas y media cada una. 461 Los ranchos de lascofradías de Coyuca, Tesca y Tixtlancingo se ubicaban a fines del siglo XVIII en las tierrasrealengas.462 Algunas cofradías de indios de Jamiltepec, por fin, arrendaban tierras aparticulares.463 Fundar una cofradía implicaba así en muchos casos – para decir lo menos –extender el asiento territorial del pueblo.¿De donde partió la iniciativa para la fundación de las cofradías? En principio, podemosconjeturar la importancia del cura. Entre el ministro de dios y el del rey existía una evidentecompetencia por la explotación del pueblo. Una de las manzanas de la discordia era el repartodel producto de los ranchos del común. Podemos imaginar entonces que en un momento dado,los curas oaxaqueños se juntaban con las repúblicas y conseguían que se establecieran unidadesde explotación fuera del alcance de los alcaldes mayores. Ahora bien, la mano del cura y lainspiración de la república por el espíritu santo no explican todo.Queremos plantear que la cofradía constituía también una estrategia republicana para potenciarlos recursos indios. Por supuesto no coincidimos con Carmagnani en su visión idílica delproceso, su identificación de los intereses de la república con los del común.464 Las repúblicas no458 AGN, Indios 73, ff. 198-203.459 AGI, México 2588, Visita pastoral del obispo Ortigoza, 1778-1782.460 AGN, Tierras 612, exp. 3.461AGI, México 2045 B, Cuentas de la caja real de México, 1766. El bachiller Miguel Antonio Barburenentera 127 pesos a nombre de cada una de las mencionadas cofradías por remate de tierras.462 AGN, Indios 73, ff. 160-164; AGN, AHH, leg. 404, exp. 6.463 AGN, Indios 71, ff. 34-36.464 Carmagnani (1988: 132-144).97
  • 98. estaban por encima de sus comunidades, sino inmersas en sus luchas. Explotando la fe, losgrupos que manejaban las repúblicas acumulaban la riqueza común y aumentaban (siempre ycuando se entendían con el cura) su libertad de acción frente a los comerciantes españoles. Lacofradía era de hecho un mecanismo para maximizar la captación de excedentes producido porlas familias y ponerlas al servicio de unos cuantos. 465Por otra parte no habrá que menospreciar el papel de las cofradías para el fortalecimiento de lasociedad india. La congregación de todos los hermanos en los oficios solemnes y la convivenciaen las fiestas patronales, actos costeados con el producto de la cofradía, debían de construirlazos sentimentales entre los explotadores y los explotados. LOS DISTINTIVOS DE LOS INDIOS RICOSLa sociedad india nunca era una sociedad igualitaria: siempre había principales por un lado,plebe por el otro. Más adelante, al estudiar la dinámica de las relaciones de producción en lascostas, veremos como estos principales y los que aspiraban a alcanzarlos practicaban lapropiedad y la usura. Podemos conjeturar que entre todos ellos debía de haber lazos desolidaridad – o quizás habría que hablar más bien de complicidad: alianzas matrimoniales, porejemplo. Empero, seguramente había mucho más, quizás todo un catálogo de signos deidentificación que distinguían al grupo frente a los demás. No cualquiera podía tener una yegua oaún una mula en la época: andar cabalgando debía ser entonces signo de cierto bienestar. Otrosigno de distinción era seguramente el idioma español, accesible sólo a una minoría. En finpodemos pensar en el lugar que cada quien ocupaba en la misa dominical – donde las primerasbancas se reservaban para los principales – o en el orden en que se atendía a los que acudían alas fiestas: había mil ocasiones en la vida de cada día en que se mostraba quién era quién.La diferenciación más importante, una diferenciación que estaba quizás incluso reglamentadapor las leyes o costumbres, se daba en la vestimenta. Desde el siglo XVI, los caciques mixtecos yamusgos empezaban a usar ropa de españoles mientras el resto de los indios vestían calzón ycamisa.466 En el siglo XVIII, la ropa seguía siendo un signo de clase. Al describir la vestimenta delos indios de Jamiltepec en la década de 1770, el p|rroco del lugar señala: “El traje de los indioses unos calzones anchos de manta, llanos, esto es de lienzo de algodón y cotón: de lo mismo unacamisa ancha que llega a la cintura sin puños ni cuello y un ceñidor también de algodón, conremate de encaje ordinario, un panito en la cabeza en lugar de virrete; los pies se calzan decacles a modo de abarcas y usan sombrero. Este es el traje regular. Pero los indios que llegan atener cargo de república visten a modo de españoles antiguos con zapatos, medias, calzones,camisa, gab|n (que en España llaman valenciana), armador, capote, sombrero, etc.”. 467 Para eseentonces ya no era necesario ser cacique para vestirse de español: bastaba con alcanzar algunode los puestos de la república. Este hecho debía de ser por sí sólo un aliciente para hacer carrera.Mientras hacían meritos, los indios ricos amenizaban sus camisas con adornos que no465 Véase, en el mismo sentido, Van Young (1992f: 291, nota 43).466 Widmer (1990: 161).467 BNE, ms 2450, Informe del cura de Jamiltepec, 1777.98
  • 99. cualquiera podía adquirir. Escuchamos al párroco de Huasolotitlan: “Los trajes de los indios sonunos cotones blancos y calzones anchos, tejidos de algodón y algunos los listan de hilo decaracol o algodón coyote, pero son raros. Se ciñen también con un paño de hilo de algodón consus barbas y suelen algunos echarles en la punta flores de seda. Y los que tienen posibles tienenpaños en el pescuezo de hiladillo o de seda y cacles de cuero en los pies, pero estos sólo las usanpara ir al monte; las mantas para estos ropajes son tupidas y para el trabajo y para el día de lafiesta usan tupidas pero delgadas y buenas”.468468 BNE, ms 2449, Informe del cura de Huasolotitlan, 1777.99
  • 100. 7. LA FISCALIDAD REAL. LA CORONA Y SUS FUNCIONARIOSCorona es un término que designa a una institución completa. Con respeto a las rentas querecaudaba en la Nueva España podemos distinguir entre las exacciones que se destinaban, enprincipio, a las cajas reales por un lado, los derechos que se asignaban a sus funcionarioslocales, los alcaldes mayores, por el otro. Planteamos de entrada dos problemas. Loscomerciantes y las repúblicas administraban sus derechos desde la misma área productiva. Elrey en cambio vivía alejado del campo y dependía de un ejército de intermediarios:intermediarios que debían de quedarse con una parte de la renta y de los que podemosconjeturar que determinaban a través de la interpretación que hacían de las órdenes de lostitulares formales el impacto real de los derechos. El estudio de este problema es fundamental yaque nos permite ver hasta qué grado la corona controlaba efectivamente su reino, hasta quégrado sus decisiones eras susceptibles de determinar el rumbo de la sociedad novohispana.El mantenimiento de una parte de los funcionarios reales iba directamente a cargo de losfiscalizados. Además consta que era común y corriente que los funcionarios practicaran por sucuenta la usura. ¿Qué sentían los campesinos al llevar pollos, huevos y verduras a la casa delalcalde mayor? ¿Qué sentían cuando le entregaban la cosecha como pago de los préstamos queles había hecho durante el año agrícola? Rabia mezclada con resignación, probablemente. Pero¿rabia contra el funcionario o rabia contra la corona en cuyo nombre este pretendía actuar? EL PROBLEMA DE LAS RENTAS REALES EN EL REINO DE LA NUEVA ESPAÑAEl reino novohispano se dividía en una serie de distritos fiscales, distritos cuyos linderos solíancoincidir con aquellos de las alcaldías mayores. Las rentas recaudadas se enteraban en las cajasreales. Hasta mediados del siglo XVIII, la caja matriz de la ciudad de México capitalizabaprácticamente todas las rentas del reino. Sólo en los puertos de Veracruz y Acapulco se habíanestablecido cajas sufragáneas que administraban los ingresos de la fiscalización del movimientoportuario.469 Ambas servían básicamente para pagar los sueldos de los empleados reales yorganizar los envíos de fondos a Filipinas por un lado, el Caribe y la península por el otro.Deficitarias, dependían ampliamente de las transferencias de la caja de México. A partir demediados del siglo XVIII, las cajas portuarias empezaban a administrar también las rentas que serecaudaban en los distritos aledaños. A fines de la década de 1780, la regionalización de la realhacienda culminaba con la apertura de nuevas cajas en Puebla y Oaxaca. 470El análisis de las cuentas de las cajas reales demuestra que los ingresos de la corona en susdominios novohispanos aumentaban considerablemente a lo largo del siglo XVIII. 471 Losprincipales estudiosos del tema: Te Paske, Coatsworth y Pérez Herrero coinciden en que el469Véase Fonseca/Urrutia (1845: IV, 451-535 y V, 536-696) con respecto a las tareas de las cajas deAcapulco y Veracruz.470 Te Paske/Klein (1988: II, 14-16).471 Las cuentas de las cajas se publicaron por Te Paske /Klein (1988).100
  • 101. crecimiento de la renta fiscal no refleja, por lo menos durante el último cuarto del siglo, elmovimiento de la producción.472 Donde empiezan las divergencias es en la interpretación delfenómeno.Coatsworth sostiene que los ingresos de la corona aumentaban por la eficiencia del aparatofiscal, es decir debido a la presión que la corte de Madrid ejercía sobre su reino novohispano. 473Tendríamos así, al estado por un lado, a los contribuyentes novohispanos por el otro. Ahora bien,el mismo Coatsworth admite un desfase entre el alza de las rentas reales y los esfuerzos de lacorte. De acuerdo con sus cálculos, el crecimiento de la masa fiscal del reino alcanzó las mayorestasas durante la primera mitad del siglo XVIII; los esfuerzos fiscales de la corona, las llamadasreformas borbónicas, en cambio, culminaron hasta los años 1760-1790. La tesis de Coatsworthcae por el peso de las evidencias que él mismo reúne.Más recientemente, Pérez Herrero ha insistido en la necesidad de distinguir en la contabilidadreal entre las rentas ordinarias – en particular el tributo, la alcabala y la fiscalización de laminería – por una parte, las donaciones y los préstamos por la otra.474 En principio, elmovimiento de las primeras era susceptible de traducir la capacidad de presión del aparatofiscal de la monarquía. La recaudación de donaciones y préstamos, en cambio, era imposible sinla colaboración de los contribuyentes. El valor real de las rentas ordinarias sólo aumentabamarginalmente durante la época de las reformas borbónicas. Donaciones y prestamos, empero,crecían vertiginosamente a fines del siglo gracias a la colaboración de las clases dominantes delreino. Entre estas y la corona debía de existir entonces, concluye Pérez Herrero, un amplioconsenso. En efecto, de otra forma no podríamos explicar el hecho de que Gálvez, principalimpulsor de las reformas borbónicas en la Nueva España, confiara la administración derealhacienda en Veracruz a Pedro Antonio Cosió, prócer del comercio porteño. 475 Tampococomprenderíamos por que el grupo seguía controlando cargos centrales de la caja real en elpuerto.476 El consenso entre las clases dominantes de la monarquía se explica fácilmente: setrataba de la complicidad de los explotadores. Los explotadores novohispanos precisaban laprotección política y militar de la corona y de su ejercito contra los explotados y los rivalesforáneos, la corona necesitaba los ingresos coloniales para cubrir sus crecidos gastos y evitarreformas en los reinos peninsulares. 477 Conforme avanzaba la segunda década del siglo XIX, los472 Coatsworth (1990b); Pérez Herrero (1991: 252-265); Te Paske (1986: 321-326).473 Coatsworth (1990b: 39).474Pérez Herrero (1991: 252-265). El autor incluye en los ingresos ordinarios la masa común, los ramosparticulares, ajenos y especiales así que algunas rentas coyunturales como los juros, la consolidación devales reales y los depósitos en el Banco de San Carlos. La inclusión de los llamados ramos coyunturales enlos ingresos ordinarios es evidentemente discutible; pero su eventual exclusión del grupo no cambia ennada el carácter de la tesis.475 AGI, México 1250, Constancia de Pedro Ildefonso de Trujillo sobre el trabajo de Cosío, 7/9/1769.476Véanse por ejemplo los vínculos que se establecen en 1805 entre el nuevo tesorero de la real caja deVeracruz y seis comerciantes porteños mediante la fianza que estos conceden para que aquel puedaacceder al puesto: ANX, Protocolos 1805, f. 782.477Véase Fontana (1988: 98-100) con respecto a la relación entre la política fiscal de la corona en lascolonias y su impotencia frente a los rentistas peninsulares.101
  • 102. lazos de la necesidad que ataban a los rentistas novohispanos a la corona española se ibandebilitando. La posibilidad de un levantamiento de los explotados del reino quedó conjurada conla culminación de la reorganización del agro a raíz de la insurrección de 1810. Mientras, el pactocolonial, el carácter exclusivo de las relaciones entre la península y la Nueva España, se ibaconvirtiendo en un obstáculo para la reconstrucción del reino y la expansión del comercioexterior. Las clases dominantes novohispanas iban perdiendo el interés en seguir manteniendo ala corona española y se oponían a la espera del momento oportuno para cortar los lazos.La fiscalidad real era sumamente compleja como reconocían las mismas autoridades. Sinembargo había rentas que eran más importantes que otras. En áreas no mineras como las costas,estas rentas principales, omo las llamaba el virrey Revillagigedo, eran la alcabala, el tributo y, apartir de fines del siglo XVIII, las donaciones y los préstamos.478 Analizamos estos tres ramos a laluz de las tesis de Pérez Herrero. LA ALCABALAEl principal gravamen sobre la circulación era la alcabala. El impuesto se cobraba, comoescribían Fonseca y Urrutia, “de todo lo que se vende o permuta”. 479 El pago correspondía enprincipio al vendedor, aunque, en caso de que este se mostrara incapacitado, el recaudadorpodía también demandar al comprador.480 Como el entero tenía que hacerse en dinero enefectivo y como en el reino no circulaban monedas menores de un cuarto de real, la alcabala sesuprimía cuando la cantidad a enterar no alcanzaba este monto mínimo.La recaudación de la alcabala iba a cargo de hombres de confianza de real hacienda. Paracumplir con sus funciones, los recaudadores se proveían de algunas competenciasjurisdiccionales. José de Zavaleta, titular de la renta en el distrito de Veracruz en la década de1720, por ejemplo, podía nombrar a alguaciles “con vara alta de justicia” y con poder decompeler a los paseantes a pagar la alcabala. 481 Frente a los alcaldes mayores, los recaudadoresde la alcabala actuaban con un amplio margen de autonomía. Los justicias tenían estrictamenteprohibido entremeterse en el cobro del derecho. Si observaban alguna irregularidad tenían quedenunciarla ante las autoridades de real hacienda. 482¿Quién pagaba alcabala? Señalamos la entrada de dos grupos que gozaban de ampliasexenciones: la iglesia y las comunidades de indios. El asunto es complejo. Los clérigos estabanexentos. El derecho tampoco se vencía al vender la iglesia los bienes recaudados a título dediezmo. Empero, si estos mismos bienes se vendían por algún arrendatario o por el productor478 Con respecto a Revillagigedo, Véase Güemes Pacheco (1986: 65-66).479 Fonseca/Urrutia (1845: II, 5). Los detalles sobre el cobro de la alcabala se toman de la Instrucción de alcabalas, por el lic. José480Mariano de Arce y Echagaray, 31/3/1794, en: Galván Rivera (1853: I, 205-252. 218-240).481 AGI, México 867, Arrendamiento de la alcabala de Veracruz, 1723. Instrucción de alcabalas, por José Mariano de Arce y Echagaray, 31/3/1794, en: Galván Rivera (1853:482205-252).102
  • 103. diezmado, sí se causaba alcabala. Los indios no pagaban impuesto “de todos los frutos de sucrianza y labranza en tierras propias o que tuvieran en arrendamiento, ni de todo lo que fueresuyo y de su industria, o de lo que vendieren de otros indios, ni de los géneros que trabajarenobras que hicieren para ganar su vida y expandieren de su cuenta”. 483 Al vender artículos deterceros, en cambio, el indio pagaba alcabala: por supuesto siempre y cuando se le podíacomprobar que la mercancía que llevaba no era suya. Gozaban de exención también las semillas,maíz y fríjol, que se vendían en los mercados y las alhóndigas para el abasto público o que sedaban a los jornaleros de las haciendas a cuenta de jornal. 484Esto sentado podemos distinguir a través del análisis de lo que queda de la contabilidadalcabalatoria de los distritos costeños entre tres tipos de transacciones que causaban alcabala: laintroducción y venta de productos de importación, la venta de productos de la tierra y la ventade bienes raíces.485 La alcabala que producían los artículos de importación se pagabaesencialmente por los grandes comerciantes de las cabeceras que tenían los necesarioscontactos con el exterior y sus allegados. Por otra parte resulta lógico que sólo podía pagaralcabala sobre tierras y casas quien tenía títulos de propiedad sobre estos bienes. Máscomplicado es el caso de la imposición de la circulación de la producción local. Los grandesproductores pagaban sus alcabalas directamente. También había uno que otro pequeñoproductor que arreglaba personalmente sus adeudos por la venta de maíz, ganado o panela conel recaudador. La casi totalidad de los campesinos de razón, empero, dejaba el pago alcomprador de sus excedentes, el gran comerciante.Había dos maneras de pagar la alcabala. Por lo general el entero se realizaba en el momento dela venta, de acuerdo con el valor que el recaudador atribuía a la mercancía. Los trapiches ytiendas al detalle, en cambio, solían imponerse por anticipado mediante la aplicación de unacuota fija llamada iguala. En el caso de los trapiches y trapichillos, el sistema podía dar lugar atasas de imposición sumamente graves. Miguel del Corral, encargado oficial en la aclaración delas causas de la rebelión de Acayucan de 1787, señalaba en su informe que a los pardostrapicheros de este distrito se les exigía la alcabala no de la panela que producían – y, sesuponía, vendían – sino de las matas de que se componían sus cañaverales. El conteo se realizabatemprano, cuando la caña empezaba a madurar. Si la caña no producía lo que se había calculadopodía resultar una tasa alcabalatoria del veinte o hasta del cuarenta por ciento. 486Resulta imposible evaluar la importancia relativa de las diferentes transacciones que causabanalcabala y de las formas de pago a través del tiempo y del espacio. En Cosamaloapan y Acayucanse gravaban en el siglo XVIII más la importación y su menudeo que la venta de productos locales;483Instrucción de alcabalas, por el lic. José Mariano de Arce y Echegaray, 31/3/1794, en: Galván Rivera(1853: 205-252. 224).484 Instrucción de alcabalas, por el lic. José Mariano de Arce y Echagaray, 31/3/1794, en: Galván Rivera(1853: 205-252). Señalamos aquí que las exenciones, en particular la de los indios, impiden tomar laalcabala como índice del desarrollo de la circulación. Más adelante veremos la fluctuante importancia delos intercambios indios.485Véanse los libros con las cuentas anuales de la alcabala en AGN, AHH. Consultamos Acayucan 1780,1818 y 1819; Cosamaloapan 1730, 1781, 1786, 1804, 1819 y 1820; Huatulco 1784, 1788, 1802 y 1819;Igualapa 1786; Jicayan 1809.486 AGN, Historia 326, Exp. sobre la rebelión de Acayucan, 1787.103
  • 104. la venta de bienes raíces era poco importante como productor de alcabala (cuadro 35). 487 Ahorabien, las exenciones y la importancia del consumo de productos de importación podían causarvariaciones en este cuadro a través del tiempo y del espacio. Independientemente de todo esoresulta claro que la alcabala se pagaba esencialmente por los comerciantes. Sin embargo, pagarimpuestos no significa necesariamente costearlos. De hecho, en la medida en quemonopolizaban el abasto urbano y gozaban de derechos sobre la tierra, los comerciantes podíantransferir la carga fiscal a las masas rurales y urbanas. El consumidor urbano y el campesino nopagaban alcabala pero si costeaban el impuesto real. En concreto, para el campesino, la alcabalase manifestaba bajo la forma de la usura y de la renta propietaria. Los comerciantes no sólosabían neutralizar el impuesto: de acuerdo con nuestro planteamiento tenían también losmedios para regular su producto. Veamos a continuación los mecanismos de control.En el siglo XVIII, la corona buscaba desesperadamente aumentar el producto de la alcabala. Paraeso recurría a tres tipos de medidas. Empezamos el análisis con las manipulaciones de la tasa. Elimpuesto equivalía por lo general al 6 por ciento del valor de la mercancía; empero, en la décadade 1740 y de nuevo entre octubre de 1780 y julio de 1791, la tasa se elevó al 8 por ciento con elpretexto de que los contribuyentes tenían que apoyar a la corona en sus guerras. 488 Lasactividades bélicas justificaban también una última serie de aumentos a partir de 1810 quellevaban la tasa real al 16 por ciento. Era hasta después de la independencia, en 1821, cuando seregresó al 6 por ciento tradicional.489La corona ensayaba también cambios en los mecanismos de cobro. Sabemos de dosexperimentos de cierta relevancia para las costas. Durante siglos se había cobrado en Veracruzla alcabala del 6 por ciento sobre todas las ventas que se realizaban en el recinto amurallado.Con tal de aumentar la eficiencia de la captación, el visitador real Gálvez ordenó en 1767 elestablecimiento de un nuevo impuesto del 4 por ciento sobre todas las mercancías que entraranen la ciudad. El comercio novohispano protestó sin demorar. En respuesta, las autoridadesredujeron la tasa al 3 por ciento y exentaron los efectos que llegaban en las flotas y las harinasque se extraían del reino. Las mercancías que se vendían en la ciudad seguían pagando la tasatradicional del 6 por ciento.490 Una década después de este experimento, en 1780, se desató unconflicto entre el virrey Mayorga y los comerciantes de Oaxaca. El funcionario real trataba dereformar la fiscalización de los artículos que los oaxaqueños adquirían mediante adelantos al487 AGN, AHH Alcabalas Acayucan 1780; AGN, AHH Cosamaloapan 1730 y 1781.488Instrucción de alcabalas, por el lic. José Mariano de Arce y Echagaray, 31/3/1794, en: Galván Rivera(1853: I, 205-252. 219). La primera etapa del aumento se inicia en 1744, la segunda es efectiva del20/10/1780 al 27/7/1791.489Morin (1979: 149) señala que la tasa de la alcabala aumentó al 8 por ciento entre 1810 y 1816. Pérez yComoto (1818: 24), sin embargo, hace constar que la alcabala “extraordinaria y eventual que refunde en síel pago del empréstito de 20 mio. de pesos a que está afectada por hipoteca especial, la contribuciónextraordinaria de guerra y el derecho de convoy” ascendía al 16 por ciento. Pérez Herrero (1991: 264)señala que esta alcabala del 16 por ciento se seguía cobrando hasta la independencia.490AGI, México 1368, Exp. sobre la alcabala de Veracruz. No queda claro en el expediente si el 6 por cientocon que se gravaban las mercancías que se vendían en el recinto amurallado se añadía a partir de 1767 al3 por ciento de entrada o si las ventas locales estaban exentas de este nuevo impuesto.104
  • 105. campesinado. Los detalles del asunto quedan confusos. Queda claro, empero, que el comercioterminó por imponer su punto de vista.491Un último conjunto de iniciativas reales se encaraba con el control de los comerciantes sobre larecaudación. Desde fines del siglo XVI, la alcabala se solía rematar en pública subasta al mejorpostor. Durante 7-9 años, el arrendatario tenía el derecho de evaluar las mercancías que setransferían en su distrito y de cobrar la alcabala correspondiente. 492 El precio base de la subastase fijaba de acuerdo con los libros de cuenta que el arrendatario se comprometía a llevar.493 Elcontrol de real hacienda sobre esta contabilidad era mínimo. Por consiguiente, losarrendamientos debían de estar subevaluados. ¿Quiénes eran los arrendatarios? En la Costa deSotavento, los comercios de Acayucan, San Andrés y Cosamaloapan controlaban los respectivosalcabalatorios a lo largo de la primera mitad del siglo XVII. Por lo general, el arrendamiento sehacía a título colectivo; pero también había arrendatarios individuales como Juan B. Franyuti enel distrito de Acayucan.494 No descartamos que esta última forma era nada más una variante dela primera y que el titular individual jugaba sólo el papel de comisionado de sus colegas. Entrelos arrendatarios del distrito de la Nueva Veracruz identificamos a comerciantes porteñosasociados con hombres de la capital del reino: así durante el periodo de 1723-1732 cuando laadministración estaba a cargo de José de Zavaleta, regidor perpetuo del puerto, y Francisco deAguirre, su suegro, vecino de la ciudad de México. 495En la Costa Chica se hacía sentir el peso de los comercios de México y Oaxaca. La alcabala deAcapulco se recaudaba a veces directamente por comerciantes de la capital. 496 En Jicayan eIgualapa, probablemente también en Huatulco, se alternaban administradores, funcionarios dereal hacienda, y arrendatarios que pertenecían en más de una ocasión al comercio de la ciudadde Oaxaca.497Desde los años 1740, la corona redujo la duración de los contratos de arrendamiento a 5 años. 498A partir de 1750, varios distritos se sometieron al control directo de real hacienda y alarrendatario siguió un administrador. Mas los cambios no eran aún muy firmes. Entorno a 1770reaparecieron asentistas en todas las jurisdicciones. Fue hasta 1778 cuando la corona estableció491 Hamnett (1976: 97-100).492 Fonseca/Urrutia (1845: II, 1-10).493 AGI, México 867, Arrendamiento de la alcabala de Veracruz, 1723.494 AGI, 2044A, Real caja de México 1744, enteros a título de alcabalas; AGN, Civil 43, ff. 244-278.495 AGI, México 867, Arrendamiento de la alcabala de la Nueva Veracruz, 1723.496AGN, General de Parte 31, f. 200v: Remate de la alcabala de Acapulco por el periodo 1738-1743 enEsteban de la Puente, vecino de la ciudad de México.497AGEO, Alcaldías Mayores, leg. 11, exp. 21: Leonardo Saenz de Morales, vecino de Oaxaca, aparece comojuez administrador de las reales alcabalas de Jicayan e Igualapa en 1699; AGN, General de Parte 43, f. 1v:José Antonio Pérez de Viña, vecino de Oaxaca, es asentista de la alcabala de Jicayan en 1759.498 Véase AGI, México 2044-2050, Cuentas de la caja real de México, 1739-1777, enteros a título dealcabalas, para este párrafo.105
  • 106. definitivamente la recaudación directa de las alcabalas en todos los distritos.499 Los nuevosfuncionarios cobraban un sueldo fijo – entre 100 pesos anuales en los Tuxtlas y 200 pesos enAcapulco – y una comisión de por lo general el 14 por ciento sobre la masa recaudada. 500 Muchosde los administradores eran viejos vecinos de sus distritos. De los administradores de Jicayan,Francisco Rionda era comerciante, Bernardo Zamorrátegui ganadero y capitán de la caballeríamiliciana del distrito, Tomás de la Serrada comerciante y propietario de trapiches y ranchos.501En Igualapa, Jacinto Ledos cambiaba hacia 1790 de la subdelegación a la administración dealcabalas.502 El arrendatario de las alcabalas de Acapulco en 1766, Luis Moreno, vecino delpuerto y mayordomo de la cofradía del santísimo sacramento sita en su parroquia, reapareció en1780 como administrador de la renta.503 El administrador de la renta de Acayucan para 1786,Juan García Amoroso, se había empadronado en el censo de 1777 como vecino de la cabecera. 504Las clases dominantes costeñas seguían controlando la alcabala a fines del siglo XVIII.La información sobre la evolución del producto de la alcabala en los distritos costeños es muyfragmentaria. La única serie completa es la de la Nueva Veracruz (cuadro 36). 505 Podemosobservar la caída y la recuperación del producto de la renta durante la segunda mitad del sigloXVII, el repentino crecimiento entorno a 1700, la evolución errática de las primeras décadas delsetecientos, el vigoroso desarrollo a partir de 1750 y el estancamiento de los años 1790.Tratamos de interpretar estos datos. Consideramos que el movimiento del producto de laalcabala era el resultado de dos procesos. Como impuesto sobre la circulación, el producto de laalcabala se vinculaba evidentemente con la dinámica de las actividades comerciales. Sinembargo, entre el movimiento de la circulación y aquel del producto de la renta se interponía lalucha de clases: la lucha entre contribuyente, recaudador y corona. ¿Hasta qué grado controlabala corona el movimiento del producto de la alcabala? Distinguimos tres periodos de fuertecrecimiento de la renta: los años entorno 1700 y las décadas de 1750 y 1780. El primer auge delproducto de la renta, quizás el más pronunciado, se producía en un momento caracterizado porla impotencia total de la monarquía española. El segundo empezó veinte años antes de queGálvez llegará al puerto, el tercero una década después de la memorable visita del prócer de losgolillas de la corte de Carlos III. No todo podía depender entonces de las políticas diseñadas por499 Fonseca/Urrutia (1845: II, 89).500 Fonseca/Urrutia (1845: II, 96-118).501Véanse AGI, México 2045B, caja real de México, entero de 10 pesos por una licencia de herrar ganado a22/7/1767 y AGN, General de Parte 57, ff. 62v. 105. 198 con respecto a Zamorrátegui; AGI, México 2065-2066, caja real de México 1795-1796, enteros a título de alcabalas, y AGN, AHH leg. 72, exp. 9 paraSerrada: AGEO, Tesorería principal, leg. 7, exp. 5 y AGN, Subdelegados 37, exp. 45, con respecto a Rionda.502 AGN, Tributos 34, ff. 35-47; AGN, Subdelegados 26, exp. 5.503 AGI, México 2110 y 2112, caja real de Acapulco, 1767 y 1780, enteros a título de alcabalas.504AGI, México 2590, Padrón de Acayucan, 1777; AGI, México 2931, caja real de Veracruz 1786, alcabalasforáneas.505AGI, Contaduría 878-889, 891; AGI, México 2923-2942. Los datos se han deflacionado con índices deprecios basados en Garner (1985). Para la segunda mitad del siglo XVII se usaba la tabla I, para el sigloXVIII la tabla III (AV9).106
  • 107. la corona. El movimiento del producto de la renta debía de determinarse principalmente a travésde la evolución de los intercambios y de la disposición de los comerciantes de pagar los debidosimpuestos.Veamos también los datos para el resto de los distritos (cuadro 37).506 En términos generales seconfirman los dos aumentos de los años 1750 y 1780; excepto en Jicayan e Igualapa, la década de1770 se caracterizaba por el estancamiento del producto de la renta. En principio, la cronologíade las alzas coincide con aquella de la implantación del sistema de recaudación poradministradores. Ahora bien, si empujamos el análisis descubrimos que las cosas no eran tansencillas. Constatamos, por ejemplo, que el producto de las alcabalas jicayenses y tuxtleca seguíacreciendo en los años 1770 aunque los respectivos comercios locales arrendaban el impuesto alo largo de la década.507 Una vez más se confirma que las iniciativas de la corte de Madrid noexplican la historia del reino novohispano.Terminamos con una última reflexión. Resulta imposible reconstruir la dinámica del fraudefiscal. Consta, empero, que los comerciantes ejercían los controles precisos para realizar elfraude. Este hecho debería de volvernos cuando menos pensativos ante los intentos dereconstruir la dinámica del índice mágico que es para algunos el producto naciona bruto a partirdel movimiento del producto de las rentas fiscales. En vista del desarrollo general de lassociedades costeñas es probable que los aumentos de la alcabala en los años 1750 y 1780tradujeran avivamientos reales de los intercambios.508 Empero, nos guardamos de postular unacorrelación automática entre ambos procesos. LOS ESTANCOS REALESEl rey no solo imponía el comercio: también actuaba él mismo cómo comerciante. Desde el sigloXVI existían los estancos de naipes y de pólvora. 509 Durante la segunda mitad del siglo XVIII, elsistema se desarrollaba. En 1764 se dispuso el estancamiento de la venta de tabaco, en 1779 elde la nieve. En 1765 se estableció además el monopolio real sobre el correo.510 Se trataba deartículos y de servicios que tenían una gran demanda. El discurso oficial de que no se imponíanbienes “necesarios a la vida humana” constituía entonces una verdad a medias. 511 No menoshipócrita resulta la legitimación a través de la preocupación de su majestad por la moral de susvasallos. Con respecto al estanco de naipes, por ejemplo, Fonseca y Urrutia señalaban que este sedebía a que “a los soberanos toca privativamente contener los perjuicios (que con el abuso de sulibertad en las materias lícitas originan a su sociedad los vasallos, mejorar y arreglar con útiles y506AGI, México 2046-2070, 2110-2118, 2131-2132, 2139-2144, 2923-2943. Con respecto al proceso dedeflación, véase supra, nota 34.507 AGI, México 2046B-2050B. Caja real de México 1770-1777.508 Véase infra. Cap. 11., respecto a la dinámica socioeconómica de las costas.509 Fonseca/Urrutia (1845: II, 266-272, 295-319).510 Fonseca/Urrutia (1845: II, 353-439; IV, 392-397). Véase también Humboldt (1984: 542).511 Fonseca/Urrutia (1845: II, 354).107
  • 108. convenientes estatutos sus costumbres e inclinaciones, y reducir a más recomendables objetossus prodigalidades y desperdicios”.512 No queremos aquí discutir la eficiencia de los monopoliosni su rentabilidad. En cambio sí nos interesa mostrar que también el éxito de los estancosdependía en última estancia de la voluntad de las clases dominantes del reino. En efecto, sirevisamos la lista de los administradores de los estancos en las cabeceras costeñas encontramosque todos eran reconocidos comerciantes. Este era el caso, por ejemplo, de Zenón Añorve, JoséReguera, José García y Juan Fernando Romay, administradores del estanco del tabaco enOmetepec, Ayutla, Juquila y San Andrés Tuxtla, respectivamente. 513 También Juan GerónimoRodríguez Estevez, durante 12 años administrador de correos en Pinotepa del Rey, pertenecía ala crema y nata del lugar.514 A veces, los administradores de los monopolios coincidían con losrecaudadores de la alcabala. Gaspar Venancio Domínguez, por ejemplo, se responsabilizaba enlos años 1770 de las alcabalas, del tabaco, de los naipes y de la pólvora en su natal Ometepec. 515La lista podría prolongarse infinitamente. Como también para la administración de losmonopolios se requería de fiadores, es decir de amigos acaudalados que se arriesgaban parauno, era muy difícil que las clases dominantes perdieran el control sobre el negocio. EL TRIBUTO INDIOLa fiscalización de las comunidades era sumamente sencilla, ya que se resumía en una solaexacción. Desde la conquista esta se solía caracterizar como tributo, un término con una fuenteconnotación denigrativa como reconocía la misma corona en un momento dado.516El tributo se cobraba por el justicia al titular de las tierras de comunidad, la república de indios.Esta era responsable de la recaudación entre los sendos comuneros. El importe del tributo secalculaba de acuerdo con el número de comuneros o tributarios. Este se determinaba por uno delos comisarios de real hacienda que recorrían periódicamente el reino. 517 En sus cuentas seguiaban por normas establecidas a mediados del siglo XVI. Los indios casados se registrabancomo tributarios completos, los solteros y viudos como medios tributarios. No se matriculabanlos caciques y sus hijos mayores, los miembros de la república (mientras ejercían sus funciones),los ancianos e incapacitados.518512 Fonseca/Urrutia (1845: II, 297).513AGN, Criminal 306, f. 281v; AGN, General de Parte 58, ff. 40v.46; AGN, Subdelegados 26, exp. 5; AGEO,Tesorería principal leg. 11, exp. 4.514 AGN, Subdelegados 37, exp. 45, ff. 257-260.515 AGN, General de Parte 53, s/f; AGN, Tributos 34, ff. 13-33.516 Al restaurar el tributo en 1814, Fernando VII mandó que se cambiara el término de tributo acontribución, por tener aquel una “nota denigrativa”: AGI, México 1144, Exp. sobre el restablecimiento delos tributos, 1814.517 Con respecto a los comisarios, véase Güemes Pacheco (1986: 67-68).518 Cook/Borah (1978a:36-38).108
  • 109. La exacción que se recaudaba generalmente por tercios cada cuatro meses consistía en el tributopropiamente dicho y tres impuestos accesorios: el medio real de ministros para el juzgadogeneral de indios, el medio real de hospital para el hospital de indios de la ciudad de México y,hasta la primera mitad del siglo XVIII, el medio real de fábrica para la construcción de lascatedrales de Puebla, México y Oaxaca. 519 Originalmente, la renta se había pagado en productosde la tierra. Pero a partir de 1561, las artesanías y los frutos se iban sustituyendo por reales. Casitodas las conmutaciones se realizaban antes de que terminara el siglo XVII. El último pueblocosteño que se sometió al proceso era Zacatepec que enteraba su tributo aún en los años 1760en algodón hilado.520 En el siglo XVIII, las tasas variaban considerablemente. 521 Los indios deTixtlancingo y Coyuca pagaban en 1786 24 reales, los de Cacahuatepec 20,5 reales, los deTecuanapa 16,5 reales y los de San Marcos 12 reales. 522 En las jurisdicciones de Jicayan eIgualapa, la cuota era uniformemente de 16,5 reales. 523 En el distrito de Acayucan había unpueblo cuya cuota era de 16 reales, en los demás cada tributario pagaba 16,5 reales. 524 Losindios de Tlacotalpan y de Medellín contribuían con 14 reales por tributario. 525El tributo era una forma de explotación y provocaba como tal la respuesta de los explotados.Entre estas destacaban el aplazamiento de la boda – los solteros sólo pagaban medio tributo – yel ocultamiento en el monte o en jurisdicciones aledañas.526 La corona trataba de contrarrestarlo que consideraba fraude. Durante la segunda mitad del siglo XVIII, las cuentas de tributarioseran cada vez más frecuentes y más sistemáticas.527 Para cerrar el escape del solterío semovilizaba primero la iglesia para que exhortara a los jóvenes a casarse. Así no extraña que elobispo Ortigoza de Oaxaca repitiera a lo largo de su visita pastoral de 1780-1782 a los párrocosque no permitieran “que los tratados de casar vivan en una misma casa, ni dilaten el contraer susmatrimonios”.528 En 1786, los golillas de la corte recurrieron a medidas más drásticas ydispusieron que en adelante todo hombre de 18 a 50 años se considerara como tributariocompleto, independientemente de su estado civil.529 Mas Madrid no era la Nueva España. En elaltiplano se perciben algunos intentos de implantar la reforma a principios del siglo XIX.530 Con519 Fonseca/Urrutia (1845: I, 519-520. 536-538; VI, 211-212).520 AGI, México 2044B y 2044C, Caja real de México 1761-1763, enteros a título de tributos, Jicayan.521 Güemes Pacheco (1986: 66-67).522 AGN, Tributarios 25, exp. 15.523AGEO, Tesorería Principal, leg. 12, exp. 4; Fonseca/Urrutia (1845: I, 450). De acuerdo con Gibson(1967: 213), en el valle de México se manejaban tasas de 13-22, 5 reales en el siglo XVIII.524 Fonseca/Urrutia (1845: I, 450).525 Fonseca/Urrutia (1845: I, 450).526 AGI, México 2588, Visita del Obispo Ortigoza a su diócesis, 1781, AGN, Tributos 54, ff. 104-199.527 Cook/Borah (1978: 38).528 AGI, México 2588, Visita del obispo Ortigoza a su diócesis, 1781.529 Cook/Borah (1978a: 38).530 Gibson (1967: 212).109
  • 110. respecto a las costas, regiones alejadas de los centros administrativos del reino, es muy dudosoque la nueva legislación se haya aplicado alguna vez. 531El tributo cumplía una doble función en la realización de los derechos reales. Por una parteconstituía una renta, procuraba un ingreso. Pero más allá de la materialización directa, el tributoobligaba al indio a producir excedentes. Estos alimentaban la circulación y producían, en unmomento dado, al venderse por un no indio, alcabala. Ahora bien, pagando el tributo, los indiosquedaban exentos de todos los demás impuestos reales. Desde fines del siglo XVIII había quienesse preguntaban si los 2-3 pesos que se recaudaban por tributario equivalían a lo que hubieragenerado, por ejemplo, la extensión de la alcabala a los indios. Abad y Queipo se refería consarcasmo al impuesto: “Si en la aritmética de real hacienda hay casos en que tres y dos no soncinco, el presente es ciertamente uno de ellos”. 532 Pero el tributo tenía más inconvenientestodavía. La exención del comunero de la alcabala daba lugar a todo género de fraudes, ya que losindios fungían como hombres de paja de los españoles y mestizos.533A todo eso se sumaba el paulatino declive de la importancia del tributo como pilar de realhacienda. Desde la conquista, la renta había sido uno de los ramos mayores de real hacienda.Entre mediados del siglo XVII y los años 1780 representaba alrededor del 10 por ciento delingreso total de la caja matriz de México.534 De allí en adelante, su parte bajaba para constituir afines del siglo menos del 1 por ciento de la masa fiscal total. El movimiento se debía no sólo alaumento de las demás rentas fiscales, sino también a una caída real del producto del tributo. Entérminos absolutos observamos una primera caída hacia 1790, otra antes de 1800. Es probableque el fenómeno se debiera a los crecientes problemas en la recaudación. En efecto semultiplicaban en ese entonces las otorgaciones de prórrogas para comunidades que se debatíancon epidemias y hambrunas. Estas prórrogas conducían a la acumulación de adeudos de lasrepúblicas con los justicias y de estos con real hacienda.535Por decreto de 26 de mayo de 1810, la primera regencia abolió el tributo de indios. 536 Al añosiguiente, el virrey Venegas determinó por iniciativa propia que como compensación seextendiera la alcabala a todas las transacciones entre los indios. De regreso en el poder,Fernando VII y su círculo trataban de restaurar la legislación anterior. Desde noviembre de1814, el consejo de indias recomendaba sustituir la alcabala por el tributo. Aquella era, decía,“mucho m|s odiosa a los indios”. En real decreto de 14 de enero de 1815, el rey mandórestablecer el tributo tal como se cobraba hasta1808; para quitar la “nota denigrativa” al531Las cuentas de tributarios (cuadro 3.) muestran una gran continuidad entorno a 1800. Sólo en Jicayanobservamos un aumento significativo.532Abad y Queipo Manuel, Representación sobre la inmunidad personal del clero, en: Moreno García(1986: 123-134. 128).533AGI, México 1780, Informe de Francisco Antonio Villarasa Rivera, ministro tesorero de las reales cajasde Oaxaca, 22/4/1793.534 Slicher van Bath (1988: 172).535 Pastor (1987: 210-211). Con respecto a las costas puede verse el caso de Juquila en AGEO, RealIntendencia II, leg. 21, exp. 32.536 AGI, México 1144, Exp. sobre el restablecimiento del tributo para los indios, 1814.110
  • 111. impuesto se cambiaba su nombre de tributo a contribución. Así, el tributo desapareceríadefinitivamente hasta la consumación de la independencia y el establecimiento de una nuevalegislación fiscal. EL REPARTIMIENTO DE INDIOSEn el siglo XVI, los pueblos costeños sufrían enormemente con la movilización de los hombrespara la construcción de caminos y de las infraestructuras portuarias de Veracruz y Acapulco. Enel siglo XVIII, el trabajo forzado como forma de tributación seguía siendo importante para lagente de razón, reclutada para las milicias y la armada real. 537 El recurso a la fuerza de trabajo delos indios, en cambio, era mínimo. Así parece que ninguna de las comunidades localesparticipaba en las grandes obras que la corona emprendía en ese entonces en Veracruz y susalrededores. La situación se explica menos por un cambio en las estrategias de la corona que porlas nuevas necesidades de los comerciantes de la región. Significativo resulta un episodio de1762. Ante el peligro – o con el pretexto del peligro – de una inminente invasión inglesa, el virreyordenó a los justicias de Cosamaloapan, Acayucan y los Tuxtlas que mandaran 600 indios para lareparación de San Juan y la fortificación de Antón Lizardo. Para los terratenientes de Sotavento,esta medida significaba privarse de una mano de obra barata por un tiempo indefinido. Seoponían y lograban que la orden se revocara. 538 DONACIONES Y PRÉSTAMOSLas donaciones a su majestad se establecieron desde la guerra de sucesión española. 539 En la cajade real hacienda de Veracruz, por ejemplo, se enteraban desde 1706 16,946 pesos a este título;de 1708 a 1715 seguían otros 15,995 pesos. 540 En la guerra de siete años y conflicto hispano-ingles de los años 1760 se recaudaban en dicha caja 23,713 y 7,715 pesos, respectivamente. 541 Apetición expresa de la corte, el ayuntamiento de Veracruz liberó en 1776 50,000 pesos para laconstrucción de una fragata para la armada real en Tlacotalpan. 542 En los años 1780 cuando laindependencia de las colonias de América del Norte volvió a enfrentar las cortes de Londres yMadrid, las contribuciones de los súbditos novohispanos ya no eran “a la medida de las fuerzasde cada uno” sino de acuerdo con cuotas de 2 pesos por vecino español y de la mitad por castas e537 Véase infra, cap. 9.538 AGN, Indif. de Guerra 532A, Alonso Blasco y Vargas al virrey, 30/9/1762.539Remitimos también al artículo fundamental de Marichal (1990) sobre donativos y préstamos a fines delsiglo XVIII.540 Te Paske/Klein (1988: I, 32-37).541 Te Paske/Klein (1988: I, 51. 60).542 AHV 1795, El ayuntamiento de Veracruz al virrey, 23/12/1795.111
  • 112. indios.543 Esta vez se juntaban 20,617 pesos a través de las cajas de Veracruz. 544 Las campañasde 1787 y 1793-1797 tenían carácter voluntario y reportaban, en lo que a Veracruz se refiere,110’105 y 127’320 pesos, respectivamente. 545 En 1799 Madrid recurría una vez más a losdonativos obligatorios. Los datos que corresponden al distrito de Igualapa muestran que al igualque en los años 1780-83 se manejaban cuotas mínimas. Los vecinos de razón de las cabecerasparroquiales y los pardos de Huehuetlan contribuían uniformemente con un peso, los sirvientescon cuatro reales. Algunos personajes destacados aportaban montos mayores: José Antonio deIbarra, prócer del comercio de Ometepec enteraba 25 pesos, otros mercaderes de 2 a 6 pesos. 546En la intendencia de Veracruz, por su parte, se recogieron en tres años 140,556 pesos.547 Sólocinco años después de esta campaña nacional, el virrey Iturrigaray pidió al ayuntamiento deVeracruz le informara sobre sobrantes que podría regalar al rey. En respuesta, el cabildo ofreció2,000 pesos.548 La caja real del puerto registró este año donativos por 14,049 pesos: un hechoque sugiere que al donativo colectivo se añadían otros particulares. 549 En 1808-1809, la coronaapeló una vez más al patriotismo de los novohispanos, organizando una colecta nacional en quese aplicaban, según parece, cuotas mínimas forzosas. Las cajas de Acapulco recaudaron 5,212pesos entre los vecinos de razón y los indios laboríos –los indios comuneros estaban, por lovisto, exentos – de los distritos de Acapulco y Zacatula, las de Veracruz 138,899 pesos. 550 La cajamatriz de México continuaba registrando donativos en los años siguientes: podemos conjeturarentonces que las campañas seguían también en las costas.551Los datos más completos sobre donativos son los que corresponden a las cajas de Veracruz. Alcomparar los productos de las colectas voluntarias de 1787 y 1793-1797 con los de las forzosasde 1781-1788 y 1799 observamos que el llamado de 1781-1783 era el que menos reportaba: losdemás rendían casi igual. Diríamos entonces que el producto de las colectas no dependía de sucarácter: que no era la corona la que determinaba el éxito o el fracaso de las campañas, sino lasclases dominantes novohispanas a través de su desempeño como recaudadores y de susdonativos extraordinarios.También los préstamos empezaban desde el siglo XVIII. Al respecto hay que distinguir entre loscaudales que los próceres del puerto suplían desde 1786 a corto plazo y, según parece, sininterés a la caja real para sus obligaciones cotidianas: adelantos que se devolvían realmente, por543 Fonseca/Urrutia (1845: II, 439-454).544 Te Paske/Klein (1988: I, 70-72).545 Te Paske/Klein (1988: I, 76. 84-93).546 Gaceta de México 28/9/1799.547 Te Paske/Klein (1988: I, 94-96).548 AHV 1805, El virrey al ayuntamiento de Veracruz, 9/4/1805; AHV 1805, el ayuntamiento de Veracruzal virrey, 17/8/1805.549 Te Paske/Klein (1988: I, 99-100).550AGI, México 2116, Caja real de Acapulco 1808-1809; Te Paske/Klein (1988: I, 101-102). El dato paraVeracruz comprende el sólo año de 1808, ya que la cuenta de 1809 se perdió.551 Te Paske/Klein (1988: II, 208-222).112
  • 113. lo menos hasta 1800, y los préstamos a fond perdu que eran de hecho donativos disfrazados.Estos últimos eran muy raros antes de 1800. En 1762, el visitador Gálvez tomó de un fondomunicipal destinado a la construcción de un acueducto del río Jamapa a la ciudad 90’207 pesos.En 1795, ante un llamado del virrey Branciforte, el ayuntamiento contribuyó con 28,000 pesos,dos años después, el consulado añadió otros 100,0000 pesos. 552En 1809, el gobierno virreinal lanzó el préstamo patriótico, una iniciativa mediante la que seintentaba recapitalizar las arcas reales, exhaustas por las masivas exportaciones de plata a lametrópoli después del golpe de estado de 1808. 553 En la ciudad de Veracruz, el préstamoascendió a 402,000 pesos: el cabildo juntó 100,000 pesos entre los regidores, el consuladoprorrateó el resto entre sus miembros. El dinero se devolvió hasta dos años después, en 1812. 554El cuatrienio 1812-1815 era un periodo de préstamos forzosos cuya liquidación era dudosa apesar de la promesa del virrey Venegas en el sentido de que la corona cumpliría religiosamentetodos los compromisos con sus acreedores internos y externos. De hecho, las bonitas palabrasdel primer representante de la corona en la Nueva España eran una especie de captatiobenevolentiae, ya que introducían un escrito del primero de diciembre de 1812 en que seordenaba al ayuntamiento de Veracruz juntar 300’000 pesos y entregarlos en la caja real comopréstamo.555 A inicios de 1815, el virrey Calleja exigió nuevos préstamos de carácter forzoso alas principales ciudades del reino.556 A Veracruz se asignaron 400,000 pesos. Al igual que suscompañeros de la capital, los comerciantes del puerto consiguieron que se formara una junta delpréstamo forzoso de 400,000 pesos. El consejo se componía de nueve miembros – cincocomerciantes, dos religiosos en representación de los conventos porteños y el cura párroco – yera presidido por el gobernador. En una misiva del primero de julio de 1815, los consejerossolicitaron al presidente que obtuviera del virrey una reducción de la cuota hasta un montomínimo de 100’000 pesos. Según sus planes, estos se podían obtener no en la ciudad sinomediante la imposición del algodón que se cosechaba en los distritos de Sotavento, de lassemillas que se conducían de allí a la ciudad y de la importancia de géneros extranjeros desde LaHabana.557 No sabemos si el punto de vista del comercio terminó por imponerse o no.No sólo el gobierno del reino, también las autoridades de la intendencia esperaban que loscomerciantes del puerto les sacaran con préstamos de sus apuros financieros. Para granjearsesimpatías, el gobernador interino José M. Soto estableció desde mayo 1812 una junta dearbitrios, un consejo asesor en asuntos de la hacienda local. La institución se integraba por tresmiembros del ayuntamiento, otros tres del consulado, el prior y los cónsules de este cuerpo, losjefes de las oficinas de hacienda, el asesor letrado de de la intendencia y el fiscal. 558 A inicios defebrero de 1813, el gobernador de la plaza pidió un primer préstamo de 15,000 pesos para la552 AHV 1795, EL ayuntamiento de Veracruz al virrey, 23/12/1795. Véase también Hamnett (1978: 29).553 Hamnett (1978: 29).554 AHV 1809, Exp. sobre el préstamos patriótico; AHV 1812, Exp. sobre el préstamo patriótico.555 AHV 1813, El gobernador Urrutia al ayuntamiento de Veracruz, 22/2/1812.556 Hamnett (1978: 97-98).557 AHV 1815, La junta del préstamo forzoso al gobernador presidente, 1/7/1815.558 Lerdo de Tejada (1950: II, 102).113
  • 114. caja real del puerto. Tropas realistas habían llegado y su comandante Juan José de Olazabalexigía dinero y abasto. La presión militar no dejaba otra salida que el cumplimiento de lasórdenes.559 Olazabal, destinado a la región para limpiarla de las gavillas de insurgentes que ladominaban, seguían con su política chantajista. A 12 de marzo del mismo año de 1813 pidióotros 50,000 pesos, esta vez directamente al ayuntamiento. El cabildo, cuyos miembros estaban,en tanto que comerciantes, cada vez más acongojados por el bloqueo de las comunicacionesdirectas entre el puerto y la capital, decidió juntar 65,000 pesos, más de lo pedido, entre aquellosvecinos que aún no habían pagado su cuota del préstamo forzoso de 1812. 560 Paralelamente, elconsulado estaba a cargo de un préstamo para la caja real del lugar: un préstamo que,significativamente, no iba a producir nada.561Con la tranquilización sucesiva de los diferentes frentes a partir de 1816 desaparecieron lasdonaciones y los préstamos forzosos. Con todo persistía el problema del endeudamiento público,a nivel nacional como a nivel local, y muchos de los préstamos hechos en los años de la guerranunca se reembolsaron.562Los préstamos gravaban, en lo que eran las costas, casi exclusivamente al comercio de Veracruz.Consta su control absoluto sobre la situación: cuando le interesaba, las aportaciones erancuantiosas, cuando no, no había fondos por más que las autoridades presionaran. LA FISCALIDAD NOVOHISPANA: UN PACTO ENTRE LA CORONA Y LAS CLASES DOMINANTES DEL REINOA través del análisis de los principales aspectos de la fiscalidad en las costas queda claro que elque determinaba el producto de las rentas reales era el comercio, en particular el comercio delpuerto de Veracruz. Los comerciantes concedían a la corona aquella parte del producto regional– que era, en las costas, producto del trabajo campesino – que consideraban necesaria para quela corona pudiera crear y mantener condiciones favorables a sus negocios. 563 Así las cosaspodemos descartar que la política de la corona haya tenido un impacto decisivo en el desarrollodel reino: este se decidía aquí, a través de la lucha entre los campesinos y sus explotadoresnacionales.Veamos un último ejemplo de la capacidad de decisión real de los comerciantes. Por órdenes dela metrópoli, Calleja estableció en bando de 15 de diciembre de 1813 la contribución directaextraordinaria para atender a las urgentes necesidades del Estado.559 AHV, AC 5/2/1813, 8/2/1813, 12/2/1813.560 AHV, AC 12/3/1813.561 AHV, AC 27/8/1813.562 Hamnett (1978: 108-117).563También Marichal (1990: 884-885, nota 7) parece admitir implícitamente que las aportaciones de lasclases dominantes del reino a la monarquía nacían más de su interés en mantener los lazos con la coronaque del control que esta hubiera podido ejercer sobre ellas.114
  • 115. La nueva exacción se pagaría, así se preveía, sobre ventas, ganancias y productos.564 Al recibir laorden por conducta del gobernador en cabildo de 11 de marzo de 1814, los regidores decidieron“obedecerla y no cumplirla”. 565 En una carta secreta al consejo de regencia, el cuerpo insistía nosólo en su incapacidad de pagar sino también en la anticonstitucionalidad de la medida.566Ante las protestas que llegaban de todas partes, el virrey elaboraba un nuevo proyecto: lasubvención temporal de guerra. La reacción de los supuestos causantes era tan virulenta como enel caso de la contribución directa. El cabildo de Veracruz volvió a negar el cumplimiento. 567 Dehecho, el impuesto nunca se cobró realmente. 568 LAS INVERSIONES DE REAL HACIENDA EN LAS COSTAS NOVOHISPANASLa importancia de la corona como motor de las economías costeñas no era mayor que el de sucontrol sobre la renta de la tierra. En efecto, los proyectos financiados por real hacienda eranpoco y se limitaban a los puertos de Acapulco y Veracruz –aunque, a través de la demanda dematerias primas podía haber repercusiones sobre las regiones rurales. En la medida en que lacorona carecía de la infraestructura necesaria para las obras precisaba del apoyo de loscomerciantes. Podemos conjeturar que los comerciantes de Acapulco y, sobre todo, de Veracruzse servían a grandes tajadas en estas obras públicas. A los grandes proyectos se añadían, porsupuesto, las remuneraciones de la burocracia de las cajas reales y de los destacamentos detropas regulares. También estos gastos se encontraban en los dos puertos.La clave del puerto de Acapulco era el fuerte de San Diego, construido en el siglo XVII con indiosrepartidos de los pueblos costeños y maestros artesanos que acudían de las ciudades delaltiplano.569 El complejo nunca era muy impresionante. En 1767, el viajero Paul-Marie Françoisde Pagés describía San Diego como “un viejo fuerte mal conservado y poco considerable”. 570 Unadécada después, en 1776, un terremoto acabó no sólo con la Ciudad de los Santos Reyes:también dejó severos daños en el fuerte. 571564 Hamnett (1978: 90-91. 97).565 AHV, AC 11/3/1814.566Lerdo de Tejada (1950: II, 104-106). La carta nunca se entregó ya que llegó después del golpe de estadode Fernando VII que terminó con el régimen constitucional. El representante del ayuntamiento deVeracruz consideraba entonces mejor desaparecer un escrito en que se hacía alusión a la carta magna.567 AHV, AC 23/2/1815.568 Hamnett (1978: 97).569 Widmer (1990: 109).570 Pagés (1983).571 AGN, Filipinas 11, ff. 197-207; AGN, Reales Cédulas Originales 108, exp. 105 y 141, exp. 7.115
  • 116. Reparaciones eran inevitables. Las obras se realizaban de 1777 a 1779, según parece conjornaleros que trabajaban bajo la dirección del ingeniero Ramón Panon. Las obras debían de serimportantes, ya que a raíz de ellas la corona construía también nuevos hornos de cal y ladrillo. 572Pasado 1780, Rafael Vasco, castellano interino, construyó un muelle. El mismo funcionarioimpulsó también la reparación del camino del puerto a la capital. Las autoridades del reino notardaron en aprobar el plan y desde 1783 se iniciaron las obras en el tramo de Dos Caminos aAcapulco. Los trabajadores, alrededor de 100 a mediados de la década, se reclutaban entre losarrieros de los ranchos que acompañaban al camino: gente que sufría crónicamente desubempleo en los meses de seca, después de la salida de la nao del puerto.573En la década de 1790 culminó la fiebre constructora de los castellanos. En varias ocasiones seplanteaba la construcción de puentes sobre el Papagayo y el Mezcala, dos ríos que solían cortarel camino Acapulco-México en las aguas. Todos los proyectos fracasaban a más tardar cuandotenían que demostrar su aptitud en el terreno.574 En el puerto continuaban mientras lareparación de San Diego, siempre con mano de obra remunerada. 575 En 1792 empezó larenovación del palacio, la residencia del castellano, tres años después se iniciaron los trabajospara un campo santo.576 También observamos intentos para mejorar el medio: el secado de laLaguna del Castillo y la ruptura de un corte en la montaña al noroeste del asentamiento, la Abrade San Nicolás.577 En todas estas obras se recurría, según parece, a presidiarios.578En la Mar del Norte, real hacienda cubría básicamente los gastos causados por el fuerte de SanJuan. Sabemos de obras de renovación en el fuerte en 1727, obras que se llevaron a cabo conpeones libres y 160 forzados.579 En 1762 se reparó San Juan y se fortificó Antón Lizardo: dosobras de gran envergadura como indica el fuerte presupuesto de 2,786 mio. de pesos. 580 Elempeño en la adaptación de las obras de defensa a los nuevos tiempos culminó entre 1775 y1790. Los materiales de construcción se producían en parte en manufactura propias, en parte secompraban a terceros. Cerca de Tlacotalpan, en tierras de la hacienda de El Zapotal, se establecióla fábrica de Santa Rita, hornos de cal y ladrillo.572 AGI, México 2112, Caja real de Acapulco.573 Gaceta de México, 27/3/1787.574 AGN, Inquisición 1358, ff. 227-229; Humboldt (1984: 464).575 AGI, Caja real de Acapulco, 1797-1799; AGN, Historia 383, ff. 116. 128.576 AGN, Obras públicas 32, ff. 228-235 y 41, ff. 289-318; AGN, Inquisición 1358, f. 233.577 AGN, Historia 384, ff. 178-179; Humboldt (1984: 516).578 AGN, Historia 384, ff. 178-179.579Lerdo de Tejada (1950: I, 294). El trabajo como forzado era uno de los castigos que se imponían en losjuzgados del reino.580 Lerdo de Tejada (1950: I, 305-306).116
  • 117. Primero, la fábrica iba a cargo de un administrador que era responsable de los forzados que lacorona ponía a su disposición. Más adelante, Santa Rita se arrendó a particulares. 581 También lamadera procedía de la cuenca. En este caso, el suministro se organizaba mediante contratas conel comercio tlacotalpeño.582 LA JURISDICCIÓNLa corona delegaba algunas facultades jurisdiccionales a los alcaldes de los ayuntamientos y delas repúblicas de indios: las que se necesitaban para que pudieran realizar sus propios derechos.Las competencias que importaban para la recaudación del tributo y de la alcabala por su parte seconcentraban en manos de los respectivos responsables: el alcalde mayor tenía las facultadesnecesarias para controlar las repúblicas de su distrito, el recaudador de la alcabala aquellas quehacían falta para forzar el pago de vendedores recalcitrantes.El papel jurisdiccional del alcalde mayor no se agotaba en el control sobre la recaudación deltributo. Él era el justicia por antonomasia, responsable de lo que hoy en día se llama seguridadpública: el mantenimiento de un clima social que permitiera la materialización de los derechos.Los coetáneos sabían muy bien por la importancia de una represión selectiva y bien aplicada. Alhaberse controlado el tumulto de Acayucan en 1787, varios vecinos de la cabecera escribieron aljuez comisionado que la causa m|s profunda del estallido había sido el “abandono en laadministración de justicia” por parte del alcalde mayor. “De su fatalísimo gobierno, acusaban, yningún castigo a los más enormes delitos ha provenido el general insolentismo, libertinaje yninguna subordinación, con que casi todos (los indios) han estado viviendo y viven, sin el másmínimo temor a la Justicia, al Rey ni a Dios, hasta llegar a cometer los horrendos atentados,insolencias y tropelías que son notorias”. 583Los alcaldes mayores se designaban por el virrey; sólo los titulares de Acapulco y de Veracruz –que eran también gobernadores de San Diego y de San Juan, respectivamente – obtenían sunombramiento en la corte de Madrid.584 Con el establecimiento de las intendencias, unidadesadministrativas intermedias entre el reino y la alcaldía mayor, el control formal del justicia setrasladó a partir de 1786 del nivel nacional al nivel regional. El justicia, ahora llamadosubdelegado, ya no se nombraba por el virrey, sino por el titular de la intendencia. El intendenteproponía al virrey una terna de la que este tenía que escoger al nuevo funcionario. 585 Lasjudicaturas costeñas se ocupaban ahora en Oaxaca (Huatulco y Jicayan), México (Acapulco y,581 AHT, leg. 1, exp. 15, Ordenes que debe observar el comandante del destacamento destinado en loshornos de cal y ladrillo, 6/4/1777. Respecto al arrendamiento, véase Apuntes estadísticos de laIntendencia de Veracruz, 1803-1806, en: Chávez Orozco/Florescano (1967: 115-150. 134).582 AHT, leg. 5, El teniente de Tlacotalpan al intendente de Veracruz, 24/11/1806.583AGN, Historia 326, Joaquín de Hoyos, Manuel Savón de Oliveros y Álvaro de Guzmán al juezcomisionado en el tumulto de Acayucan de 1787.584 Israel (1980: 45-46).585 Véase el caso de Cosamaloapan en 1801, en: AGN, Subdelegados 6, ff. 205-215. 263-285.117
  • 118. hasta 1792, Igualapa), Puebla (Igualapa a partir de 1792) y Veracruz (todos los distritossotaventinos).En un principio, el justicia cobraba una remuneración fija de 300 a 500 pesos anuales en lascajas reales. Este sueldo se suprimió en algún momento después de 1720. 586 A partir de 1786 seintrodujo un nuevo sistema de recompensa: el funcionario podía quedarse ahora con el 5 porciento de los tributos que recaudaba, los derechos de judicatura y, en Cosamaloapan, unimpuesto sobre los puestos de mercado en tiempos de feria. En la mayoría de los distritoscosteños, el rendimiento de los tres ingresos era totalmente irrisorio. En 1790, ascendía a 116pesos en Acapulco, 1’400 en Acayucan, 255 en Cosamaloapan, 69 en Huamelula y 428 enJicayan.587Aún si algunos de estos datos pecaban seguramente de modestia – al fin y al cabo, losintendentes dependían de la información que les proporcionaban los mismos subdelegados,evidentemente interesados en la subevaluación de sus rentas – nos dan una idea de laproblemática. Con la abolición del tributo se estableció de nuevo un ingreso fijo: a partir de 1811se distribuían cada año 70’000 pesos entre los 211 subdelegados que tenía el reino en aquelentonces: una solución que significaba una remuneración media – ignoramos como se distribuíael monto – de poco más de 300 pesos.588De contar nada más con estas rentas, las judicaturas costeños hubieran sido poco atractivas y lostitulares unos pobretones. Resultaría entonces inexplicable como Gaspar de Morales, alcaldemayor de Jicayan entorno a 1770, juntaba una fortuna de m|s de 300’000 pesos durante eldesempeño de sus funciones.589 Los justicias tenían evidentemente otros ingresos.Sabemos en efecto que obtenían, legitimados por la corona o no, varios servicios y pagos de lascomunidades de indios de sus respectivos distritos. Por ley tenían derecho a alojamiento en lacabecera: las casas reales, a construir y a mantener por la república. 590 Los gobiernos indiostenían también la obligación de comisionar sirvientes y procurar los alimentos necesarios. 591 Enprincipio, ambas servidumbres se remuneraban. Sin embargo, los abusos eran constantes, sevolvían costumbre y terminaban por adquirir fuerza de ley. 592 Cuando recorrían su distrito, los586 Hamnett (1976: 32); Pastor (1987: 264).587 AGI, México 1979, Exp. sobre subdelegados.588 AGI, México 1144, Exp. sobre subdelegados.589 AGI, México 1872, Carta anónima al rey, 19/8/1777.590 AGN, Propios y Arbitrios 24, f. 289.591 AGN, Indios 50, f. 210v.592Cuando la república de Tlacamana acusa en 1810 al teniente de alcalde mayor en Pinotepa de exigirleabusivamente cada semana cinco hombres y cuatro mujeres para su servicio, este contesta “ que él nuncaha exijido este servicio de por fuerza que desde que es encargado se lo han dado por costumbreinveterada”. Véase AGEO, Real Intendencia II, leg. 34, exp. 21. Casos parecidos en AGN, Indios 69, f. 146(Igualapa 1792) e Indios 19, f. 227v (Igualapa 1661).118
  • 119. alcaldes mayores solían exigir el mantenimiento a las repúblicas que visitaban. Ademáscobraban un derecho por la revisión de la contabilidad de las cajas de común. 593Las grandes fortunas se adquirían, empero, a través de la usura, el préstamo a tasas usurarias alcampesino. Durante mucho tiempo, el alcalde mayor era el principal usurero en su distrito.Ahora bien, a partir de mediados del setecientos, los comerciantes particulares empezaron amarginar a los funcionarios del negocio usurero. 594 Con eso, los ingresos del justicia ibantambaleando. ¿Cuál era la respuesta de los justicias ante la nueva situación? En términosgenerales podemos decir que los funcionarios reales recurrían en mayor medida a su poderjurisdiccional. En algunas partes observamos mayores exigencias en servicios. Gabriel de Tejada,teniente de Ayutla entorno a 1780, exigía mano de obra para sus explotaciones agropecuarias,Pedro Pablo Vélez, subdelegado de Acayucan en vísperas de la Insurgencia, vendía esta mano deobra a los hacendados del distrito.595 Otra posibilidad de aumentar las rentas sin necesidad degrandes inversiones previas consistía en el cobro de derechos judiciales arbitrarios. FranciscoArvelo y Suárez, subdelegado de Huatulco entorno a 1800, exigía a cualquiera que se lepresentaba para que le administrara justicia un peso antes de empezar las averiguaciones. 596Los alcaldes mayores solían nombrar a tenientes. Dotados con poderes jurisdiccionales, lostenientes precisaban de la confirmación por la audiencia. 597 El número de tenientes era variableen el tiempo y en el espacio. A mediados del siglo XVIII, el titular de Jicayan tenía ayudantespuestos en Pinotepa del Rey, Tututepec, Juquila y Teotepec. 598 El justicia de Igualapa tenía unapoderado en Ayutla.599 El teniente de Huatulco asistía al igual que su superior alternativamenteen Huamelula, Tlacolula y Huatulco. 600 En los Tuxtlas existían en los años 1720 cinco puestos deteniente.601 Estos tenientes eran, desde luego, una carga adicional para los pueblos donderesidían.En principio, el poder del justicia no era ilimitado. El que se sentía agravado podía levantar unaqueja ante la audiencia y más allá ante el consejo de Indias y el rey. Pero estos procedimientosimplicaban gastos. Para empezar había que costear una delegación que fuera a la corte deMéxico y planteara allí el caso. Si la queja procedía, la audiencia nombraba a un comisionadocuyo mantenimiento y cuya remuneración iban a cargo de los solicitantes. Al quejarse los indiosde Jicayan en 1651 contra su alcalde mayor, la audiencia comisionó a un funcionario a la costa.En la orden correspondiente, el virrey le daba un plazo de 15 días para el cumplimiento de su593 AGN, Tierras 3668, exp. 2.594 Véase infra, caps. 10. Y 13.595 AGN, Clero Regular y Secular 207, exp. 11; AGN, General de Parte 58, ff. 62-65v.596 AGN, Tierras 1384, exp. 1.597 AGN, Civil 43, ff. 244-278. no. 36.598 AGN, Alcaldes Mayores 6, ff. 158-161.599 AGN, Alcaldes Mayores 10, ff. 258-261.600 AGN, Alcaldes Mayores 10, ff. 246-249v.601 AGN, Civil 43, ff. 244-278.119
  • 120. misión y le concedía un sueldo de 7 pesos diarios.602 Más caro les salía a las comunidades de losTuxtlas una queja contra su justicia depositada en 1732 en la corte: el comisionado, el alcaldemayor de Cosamaloapan, se llevaba 600 pesos – y eso sin que los solicitantes quedaransatisfechos.603 En realidad, parece que las comisiones terminaban por lo general sin resultado.Muchos indios, temiendo las previsibles represalias del alcalde mayor después del retiro delvisitador preferían no hablar. Además era de público conocimiento que los justicias se encubríanmutuamente, ya que todos cometían los mismos abusos. En algunos casos, los mismos gobiernosindios, cuya dependencia del alcalde mayor se acrecentaba en la medida en que se deteriorabasu asiento económico, traicionaban a sus comuneros.604602 AGN, General de Parte 10, f. 47.603 AGN, Civil 43, ff. 244-278, no. 5.604 Véase el caso de la comunidad de Igualapa en 1793: AGN, Indios 69, f. 168v.120
  • 121. 8. LAS RENTAS DE LAS INSTITUCIONES ECLESIASTICAS.Hace ya más de diez años, Arnold Bauer analizó en un artículo que sigue siendo básico la granvariedad de rentas eclesiásticas en los reinos indianos: el diezmo, las limosnas, los derechosparroquiales, el producto de bienes raíces, de cofradías, de censos y depósitos. 605 No todas lasrentas gravaban de la misma manera los diferentes grupos sociales ni todas beneficiaban almismo grupo de rentistas. En efecto, la iglesia distaba de ser una institución homogénea: por unlado estaban el obispo y la curia diocesana, por el otro los curas párrocos. Habrá que plantearentonces en cada uno de los casos las relaciones sociales que se establecían a través de la renta.Ahora bien la iglesia no consumía todo el producto de sus rentas. Una parte de las exacciones secanalizaba en forma de préstamos hacia los comerciantes. Al analizar el comportamiento deestos grupos ante la iglesia y sus derechos no hay que perder de vista este hecho crucial: uno detantos factores que muestran la funcionalidad de las instituciones eclesiásticas por loscomerciantes del reino.606 EL DIEZMOBajo la cobertura del nombre de dios, diferentes instituciones eclesiásticas realizaban diferentesderechos. El diezmo era, de facto, un derecho de las curias episcopales. Por decreto de 5 defebrero de 1541, Carlos I había dividido la masa diezmal de las diócesis novohispanas en cuatropartes. Una se asignaba al cabildo, otra al obispo. De las restantes dos se formaban novenos:cuatro novenos correspondían a los curas párrocos, dos a la corona y tres a la fábrica de templosy hospitales. Sin embargo, aprovechando su control sobre la recaudación, el obispo y el cabildocatedralicio acaparaban pronto todo, excepto los dos novenos reservados para la corona. 607 Losdiezmos costeños nutrían así de facto la curia de Oaxaca y, en menor grado, las de puebla y deMéxico.608De acuerdo con el planteamiento oficial, el diezmo era el derecho de dios sobre los productos dela tierra. Pagaban diezmo los dueños de las unidades de producción: los campesinos quetrabajaban sus explotaciones familiares, pero también los grandes arrendatarios y loslatifundistas que administraban una reserva. Los no comuneros, gente de razón o institucionesque cualquier etnia, diezmaban su producción al 10 por ciento. El tabaco pagaba el 8 por ciento,el azúcar el 5 por ciento, la panela y productos lácteos como el queso el 4 por ciento. 609 Losindios pagaban el diezmo pío o diezmo de aves, una tasa anual de 1-2 reales por casado o605 Bauer (1986).606 Véase infra, cap. 10, con respecto a las actividades prestamistas de la iglesia.607 Bauer (1986: 15-21).608Respecto a la distribución de los partidos costeños entre los diferentes obispados, véase hic infra,cuadro 43.609 Borah (1955: 510).121
  • 122. viudo.610 En años malos diezmaban entonces hasta por lo que diosito no les había dado. Con todo,pagando los 2 reales, los indios quedaban exentos del diezmo en cuanto labraban productosamericanos en sus propias tierras. Ahora bien, si trabajaban en tierras no comunales o porcuenta de terceros, aunque se tratara de una cofradía, si tenían que pagar el diezmo, por lomenos en el arzobispado de México. 611 En productos del viejo continente se les aplicaba elmismo reglamento que a los comuneros.En principio, el diezmo se cobraba en especie. Pastor observa en la Mixteca Alta como esta formade pago se sustituía desde el primer cuarto del siglo XVIII por dinero en efectivo. 612 En las costasde inicios del siglo XIX, empero, el diezmo seguía siendo en gran medida un impuesto enespecie.613 Los principales productos costeños: las crías de ganado mayor, el maíz y el algodón,causaban casi siempre un pago en mercancía. El pago de reales sólo se acostumbraba en eldiezmo pío y los derechos sobre el sacrificio de vacas, sobre las frutas – de cierta importanciapor la amplia difusión del cultivo de sandías – y sobre la panela.Desde el siglo XVI, los obispados venían perfeccionando el funcionamiento de la clavería, laoficina responsable del diezmo.614 La recaudación del diezmo de indios tenía que efectuarsedirectamente por la clavería. Borah sugiere que esta disposición de la corona implicaba, por lomenos en el obispado de Oaxaca, que se renunciara a la materialización del derecho en áreasmuy alejadas del centro.615 Sin embargo, consta que el diezmo de aves se cobraba a más tardar ainicios del siglo XVIII en todas las parroquias de la Mar del Sur.616 No sabemos quienes seencargaban del asunto pero podemos pensar que eran los mismos curas párrocos. Para larecaudación del diezmo de la gente de razón, el obispado se dividía en distritos. Las parroquiasde Sotavento que formaban parte de la diócesis de Oaxaca, por ejemplo, se agrupaban amediados del siglo XVIII en un sólo distrito llamado “Costa del Norte”. 617 La realización delderecho en los diferentes distritos se subastaba en pública almoneda en la capital delobispado.618610Estadística del estado libre y soberano de Veracruz, 1831, en: Blázquez Domínguez (comp.) (1986: I,59-316. 73).611 Fonseca/Urrutia (1845: III, 197-204).612 Pastor (1987: 223-225).613ACO, Diezmos Chacaltianguis XXVId; ACO, Diezmos Jamiltepec XXIV; AGEO, Obispado, elg. 14, exps. 30 y31; AGEO, Real Intendencia I, leg. 2, exp. 39.614 Borah (1955: 500. 504).615 Borah (1955: 500).616AGI, México 881, Lázaro Antonio Guerrero, contador mayor de la santa iglesia catedral de Oaxaca,certifica el número de indios que pagan diezmo de aves, 22/8/1706.617Borah (1955: 504) afirma que había desde mediados del siglo XVII dos distritos de recaudación en laregión: Acayucan y la Costa del Norte. ACO, Libros de Clavería, 1737-1755, empero, comprueba queentorno a 1750, toda la región sotaventina perteneciente a Oaxaca seguía formando un solo distrito.618 Con respecto a los distritos oaxaqueños, véase Borah (1955: 503-504).122
  • 123. Los arrendatarios del diezmo eran, según parece, mayoritariamente laicos. De los cincocontratistas que explotaban el distrito oaxaqueño de la costa del Norte entre 1738 y 1755, sólouno era eclesiástico. También en la Costa Chica predominaban los no eclesiásticos entre losarrendatarios.619 ¿Quiénes eran los laicos que arrendaban los diezmos? Pedro de Irigoyen,arrendatario del diezmo de Jamiltepec, Tututepec y Huasolotitlan entorno a 1740, había sidoanteriormente alcalde mayor de la jurisdicción de Jicayan. 620 Diego Fontanes, arrendatario de laCosta del Norte durante la misma época, era vecino de Acayucan y propietario de la hacienda deSolcuautla.621 José Quintero, quizás el último arrendatario del diezmo de los partidosoaxaqueños de Sotavento, era yerno de Juan B. Franyuti y dueño de la hacienda deCuatotolapan.622 Hay entonces indicios en el sentido de que los que recaudaban –y por tantotambién controlaban- el diezmo eran los comerciantes asentados en las sendas cabecerasdistritales.Varias eran las estrategias que ensayaba la iglesia en el siglo XVIII para forzar el aumento delrendimiento de la renta diezmal. Parte fundamental de su política era la sistematización delcobro a través de la subdivisión de los distritos diezmales, un proceso que culminó en Oaxaca enlos años 1770. En vísperas de la insurgencia, la Mar del Norte se dividía en las colecturías deAcayucan, San Andrés y Chacaltianguis, la del Sur en las de Ometepec, Cortijos, Jamiltepec,Juquila y Piñas.623Las claverías tendían también a reinterpretar el derecho. Se ha señalado que cada vez másespecies animales y vegetales se consideraban como de origen europeo y que la lista de losproductos indios que estaban exentos se volvía insignificante. 624 Por nuestra parte observamoscomo la mitra de Oaxaca ponía la mira en la imposición de la grana y del ganado. El colorante,cuyo origen americano no causaba duda alguna, era uno de los pilares ancestrales de laeconomía de las comunidades del obispado; en el siglo XVIII surgieron también algunosproductores españoles.625 En principio, ni unos ni otros pagaban diezmo. En 1702 y 1715, laCoria episcopal lanzó sendas iniciativas para imponer la producción india, con mucho la másimportante: ambas abortaron ante la oposición de la audiencia y del consejo de indias,respectivamente. En 1740, empero, el obispo Montaño consiguió imponer un 4 por ciento a losproductores de razón.626 En 1773, el cabildo catedralicio impuso medio diezmo, es decir el 5 porciento, a la grana de los indios. Sin embargo, ante la intervención de la audiencia la medida tuvoque ser revocada poco después. 627 En 1780, uno de los sucesores de Montaño, Ortigoza, publicó619 ACO, Libros de Clavería, 1737-1755. Véase también AGN, General de Parte 7, f. 236.620 Con respecto a Irigoyen, véase AGN, Reales Cédulas Originales 64, ff. 307-314.621 AGN, Tierras 955, exp. 10.622 AGNEO, Manuel Franco de Lara 1771, f. 43v.623 Borah (1955: 507).624 Borah (1955: 510).625 Véase infra, cap. 11., respecto a la grana.626 Hamnett (1976: 37-38. 93-96.)627 AGI, México 2693, Los cosecheros de grana de la intendencia de Oaxaca al rey, 22/7/1806123
  • 124. el edicto sangriento, estableciendo el diezmo completo del 10 por ciento sobre la grana española.Una vez más, la audiencia se interpuso.628 No obstante eso, en 1806, los jueces hacedores dediezmos de la catedral retornaron a la carga. A raíz de una nueva protesta de los cosecherosespañoles ante el rey, el consejo de indias volvió a oponerse a la rapiña eclesiástica. 629 Otrocampo de acción predilecto del obispo y de su casa era el diezmo sobre el ganado. Las crías seimponían, según parece desde el establecimiento del diezmo en el reino, al 10 por cientohabitual. A partir de la década de 1770, empero, los jueces hacedores de diezmos pretendíancobrar además entre un peso (en Acayucan y Jicayan) y un peso y medio (en Igualapa) por cadavaca que se mataba.630 Varios problemas se vinculan con este impuesto sobre las vacas decuchillo. Para empezar no queda muy claro si se trataba de un impuesto nuevo o sólo delaumento de una exacción ya existente. Tampoco sabemos si el cambio se instrumentó de unamanera arbitraria por la curia oaxaqueña o si la corte lo había debidamente aprobado. En fin, laoposición contra la innovación – fuera del carácter que fuera – era tan fuerte que se justifica lapregunta si el obispo logró imponerse realmente. Según parece, las principales victimas de lareforma eran los productores que sacrificaban vacas amachorradas o viejas para el consumo delos vaqueros. Los primeros en quejarse eran los pequeños ganaderos pardos del distrito deAcayucan. Su descontento alarmó, en el crítico contexto de la rebelión india de 1787, a lasautoridades reales del distrito y provocó una indagación sobre la legalidad del impuesto. 631 Ainicios de los años 1790, el turno fue de los criadores de Jamiltepec, también ellos gentemodesta.632 En 1803, el recaudador de diezmos del distrito de Chacaltianguis denunció en unacarta a los jueces hacedores de Oaxaca que los propietarios de las haciendas de Guerrero.Chiltepec, Uluapan, Nopalapan y San Nicolás, todos comerciantes muy renombrados, rehusaronel pago de la pensión sobre las vacas de cuchillo. 633 En 1815, la intendencia de Oaxaca atendiópor segunda vez una protesta de la comunidad de Huamelula por la diezmación de susrebaños.634 Una vez más, la curia logró irritar al conjunto de la sociedad con su insaciablecodicia.Una última faceta de la política eclesiástica respecto al diezmo era la generalización de laadministración directa durante el tercer cuarto del setecientos.635 En la archidiócesis, el últimoarrendamiento se venció en 1782. En los obispados de Puebla y Oaxaca observamos628 Hamnett (1976: 37-38. 93-96).629 Hamnett (1976: 37-38. 93-96).630Respecto al diezmo sobre la ganadería pueden verse AGN, Historia 326, ff. 1-58 (Acayucan 1777);AGEO, Real Intendencia I, leg. 6, exp. 30 (Jicayan 1793); ACO, Diezmos Chacaltianguis XXVId(Chacaltianguis 1803); AGEO, Real Intendencia II, leg. 25, exp. 17 (Huamelula 1815).631 AGN, Historia 326, ff. 1-58.632 AGEO, Real Intendencia I, leg. 6, exp. 30.633 ACO, Diezmos Chacaltianguis XXVId.634 AGEO, Real Intendencia II, leg. 25, exp. 17.635 Borah (1955: 507-509).124
  • 125. arrendamientos aún a fines del siglo.636 Ahora bien, no hay que confundir la sustitución delsistema de recaudación con la sustitución de los recaudadores. En realidad parece que losadministradores se reclutaban, al igual que los arrendatarios, entre los comerciantes locales. 637El diezmo de Tlalixcoyan y de Medellín se recaudaba en los años 1797-1803 por Francisco Pérezde Limia, un comerciante de la ciudad de Veracruz; a este siguió el ideólogo del consuladoporteño, José M. Quirós.638 Miguel de Esquina, tlacotalpeño de origen pero con fuertes interesesen Cosamaloapan, recibió en 1809 su nombramiento como colector del distrito deChacaltianguis. Sus tres fiadores eran todos de Tlacotalpan. 639 En los años 1790, laadministración del diezmo de Ometepec estaba a cargo de José Antonio Ibarra, uno de loscomerciantes más destacados de la cabecera. 640Las grandes haciendas de la Mar del Sur intentaban obtener la colecturía en sus respectivasparroquias durante el último cuarto del siglo XVIII: evidentemente una manera de estrechar elcontrol sobre el conjunto de la producción en los términos del latifundio. A partir de 1777, losdueños de San Marcos arrendaban remetidamente los diezmos de Ayutla antes de perder elcontrato en la década de 1790 a Juan Francisco Perales, vecino y teniente de justicia en lacabecera parroquial.641 Más tarde, en 1809, observamos como uno de los arrendatarios de LosCortijos solicitó la administración de la renta en el partido del mismo nombre. 642Disponemos de las series diezmales del siglo XVIII para las colecturías de Ometepec. LosCortijos, Jamiltepec y Juquila por una parte, el obispado de Oaxaca en su conjunto por la otra636Véase, por ejemplo, AHT, leg. 3, exp. 12, el bachiller Diego José Vasconcelos, cura de Santiago Tuxtla, alteniente de justicia de Tlacotalpan, 19/12/1790. En una disputa por el cobro del diezmo en Saltabarranca,Vasconcelos llama a los recaudadores de su parroquia arrendatarios. Respecto a Puebla remitimos a losarrendamientos de los diezmos de Ayutla documentados en AGN, Tierras 1213.637 Pastor en Pastor et alii (1979: 20) sugirió que los curas adquirían cierto protagonismo en larecaudación de los diezmos durante la segunda mitad del siglo XVIII. En Pastor (1988: 225), en cambio, elautor ya no mantiene aquella tesis sugiriendo ahora que los que controlaban el diezmo eran loscomerciantes. Apuntes estadísticos de la intendencia de Veracruz, 1803-1806, en: Chávez Orozco/Florescano (1967:638117).639 AGEO, Real Intendencia II, leg. 37, exp. 36.640 AGN, Subdelegados 26, exp. 5; para las actividades comerciales de Ibarra, véase AGEO, Real IntendenciaII, leg. 37, exp. 26, f. 121.641 AGN, Tierras 1213, Cuentas de los albaceas de Francisco Palacios y Castillo; AGN, Indif. de Guerra 289-B, ff. 1-40.642 Durante la década de 1790, la recaudación del diezmo se realizaba por destacados vecinos de LosCortijos y de Pinotepa, quizás hombres de paja: AGEO, Real Intendencia I, leg. 2, exps. 30, 31, 39; AGN,Indif. de Guerra 289 B, Lista de efectivos de las compañías de milicias de la 4ª división de la Mar del Sur.En 1809, el arrendatario de Los Cortijos, con fianza del comerciante más renombrado de Pinotepa, JuanGerónimo Estevez, solicitaba en Oaxaca la adjudicación de la recaudación: AGEO, Real Intendencia II, leg.37, exp. 26, f. 68.125
  • 126. (cuadro 38).643 En ambos casos observamos un establecimiento del producto de la renta durantela primera mitad del siglo, un crecimiento sostenido en el tercer cuarto y una fuerte contraccióndurante el último cuarto. ¿Cómo interpretar las series? El diezmo era un impuesto sobre laproducción: más exactamente sobre la producción agropecuaria no india. En principio nopodemos descartar entonces que la curva diezmal traduzca el desarrollo del sector primario. Sinembargo, entre el producto de la tierra y la renta mediaba una relación de explotación, mediabala lucha de clases. En esta lucha estaban involucrados tres grupos: los productores, losrecaudadores y la alta jerarquía eclesiástica. La dinámica de la renta que percibían las oficinasdiocesanas reflejaba el movimiento de la producción pero no de una manera inmediata, directa,sino refractado por la lucha de clases.El conflicto entre el propietario de la renta y los recaudadores se manifiesta a través de lasreformas administrativas emprendidas por la diócesis de Oaxaca durante la segunda mitad delsiglo XVIII. Buscamos en vano un posible impacto positivo de estas medidas sobre elrendimiento del diezmo. De hecho, aquellas entraban en su fase de apogeo con la década de1770, exactamente cuando empezó a contraerse el producto de la renta. La capacidad del obispoy de su cabildo de imponer un desarrollo de la renta que le favoreciera era prácticamente nula.Con respecto a las relaciones entre el campesinado y los recaudadores percibimos algunossignos de mayor tensión a partir de mediados del siglo XVIII. Al parecer, el rechazo de losproductores hacia el diezmo iba en aumento. En 1804, José M. Quirós calificaba a los indios y lagente de color de “malísimos pagadores del diezmo”. 644 Dos años después, la diócesis de Oaxacavolvió a imprimir una carta pastoral del obispo Montaño de 1740 en que el dignatarioamenazaba a los defraudadores con la ira de dios.645 En fin, en 1810, el viajero español Tomás deComyn quedó profundamente impactado por un sermón del vicario de Tesechoacán en que seinterpretaba la insurrección de Hidalgo como una plaga lanzada por dios sobre “aquella parte dela ingrata grey que dejó de satisfacer a la santa iglesia los debidos diezmos”.646De acuerdo con nuestro planteamiento, la producción agropecuaria no india empezó a declinarhasta 1790.647 Difícilmente podemos atribuir la contracción del producto del diezmo a partir dela década de 1770 a este factor. Consideramos entonces que la decadencia de la renta de lajerarquía eclesiástica traducía más que nada el creciente distanciamiento entre el clero y el restode la sociedad colonial: un fenómeno que analizaremos enseguida. Las masas ya no creían en elclero y este dejaba de ser funcional para los comerciantes – y la corona.La agonía del diezmo era muy prolongada y la renta logró sobrevivir la independencia, aunqueya muy debilitada. Los novenos reales, tres desde 1805, se asignaron primero al gobiernofederal, a partir de 1824 a los ejecutivos estatales. En 1833, una ley terminó con la obligación643Pastor et alii (1979: 66-69). Los datos se han deflacionado con índices de precios basados en la tabla III(AV9) de Garner (1985). Apuntes estadísticos de la intendencia de Veracruz, 1803-1806, en: Chávez Orozco/Florescano (1967:644117).645 Borah (1955: 511).646 Poblet/Pacheco/Delgado (1992: II, 148).647 Véase infra, cap. 11.126
  • 127. civil de pagar diezmos.648 Esta resistencia a morir indica que si bien una creciente hostilidadcontra el derecho, esta sólo avanzaba paulatinamente.El diezmo era sin duda alguna una de las rentas más pingües del reino. Ahora bien, ¿cuál era laimportancia del diezmo en comparación con otras rentas? Hay algunos datos que sugieren que afines de la colonia el diezmo rendía bastante menos que la propiedad. La hacienda de San Marcosse arrendaba en el sexenio 1771-1777 por 1,500 pesos anuales. En el trienio siguiente de 1777-1779, empero, el obispado de Puebla cedía los diezmos del partido de Ayutla que comprendía lasrancherías de la hacienda por una renta anual de tan sólo 380 pesos. 649 Veamos un segundo caso.A fines del siglo XVIII, en 1797 y 1798, la hacienda de Apango pagaba un promedio de 47.5 pesosanuales a titulo de diezmos. En 1810, cuando la propiedad se encontraba bastante deteriorada,la dueña de Apango arrendó la hacienda por nueve años contra el pago de 225 pesos cada año. 650En ambos casos, el diezmo representaba como el 25 por ciento de la renta propietaria. Si SanMarcos y Apango reflejan la situación general en las costas tendríamos un elemento más paraafirmar la preeminencia de los comerciantes en el reino. LA LUCHA POR EL CONTROL DEL DIEZMO A FINES DEL SIGLO XVIIIA pesar de su declive, el diezmo seguía siendo una renta apetecible a fines del siglo XVIII. Con talde aumentar su control sobre la masa diezmal de los que consideraba su coto privado, elcomercio de Veracruz procuraba durante la segunda mitad del siglo XVIII la erección de unobispado en la Mar del Norte. 651 La nueva diócesis con cabecera en la ciudad de Veracruz teníaque abarcar, de acuerdo con estos planes, las costas de Barlovento y de Sotavento así que laregión de las tres villas: Córdoba, Orizaba y Xalapa. De llevarse a cabo, la erección del nuevoobispado hubiera privado la curia angelina de sus diezmatorios más productivos. De allí que losobispos de La Puebla y su cabildo se oponían desde un principio a los planes de los comerciantesporteños. Pasado 1800, estos consiguieron el apoyo del intendente local y del virrey y elproyecto parecía concretarse. Empero, los que así pensaban se veían pronto defraudados. Enefecto, Manual Ignacio González del Campillo, a la sazón obispo poblano, se mostró un jugadorparticularmente hábil, desbarató las maquinaciones del comercio e impuso, mediante una tácticadilatoria, el statu quo. En 1815, la corte de Madrid, hacedora de obispados en sus dominios,seguía deliberando y pidiendo informes sobre la conveniencia de erigir un obispado en la Mardel Norte.Otro proyecto, cuyo patrocinio no que muy claro, preveía el establecimiento de un obispadoindependiente en Acapulco. 652 También aquí las cosas maduraban hacia 1800. Puebla no sólo648 Bauer (1986: 13-60). Véanse también Ward (1981: 220) y Staples (1976: 97-126).649 AGN, Tierras 1213.650AGNEO, Tomás José Romero 1810, ff. 21-31v; ACO, Cuaderno de diezmos del rumbo de Piñas, 1797-1798.651 AGI, México 1803, Exp. sobre la erección de nuevos obispados.652 AGI, México 1803, Exp. sobre la erección de nuevos obispados.127
  • 128. apoyaba sino incluso fomentaba los planes. No tenía por que oponerse ya que los ocho partidos –entre los cuales estaba Ayutla – que se le pedían para formar el nuevo obispado aportaban muypoco a sus ingresos. También México estaba dispuesto a contribuir cediendo Acapulco. FrayAntonio de San Miguel, titular de Michoacán, a cuya diócesis se pidió renunciara a los partidosdel distrito de Zacatula, en cambio, se opuso con firmeza. En la memoria en que daba su punto devista manifestaba la convicción de que la nueva diócesis sería incapaz de sobrevivir por lacortedad de sus recursos. Una real cédula de 23 de febrero de 1802 erigió formalmente elobispado de Acapulco. Por razones que ignoramos, al mandato real nunca siguieron actoscorrectos. LAS BULAS DE SANTA CRUZADALa iglesia era muy imaginativa cuando se trataba de materializar los derechos quesupuestamente le habían sido concedidos por dios. Uno de los mecanismos básicos paraconvertir el tesoro de gracia que pretendía administrar en dinero sonante eran las bulas desanta cruzada: títulos cuya compra hacía al portador partícipe de ciertas gracias divinas.Cuatro eran las bulas que se comercializaban en el reino.653 Con mucho la más importante era labula común de vivos, un papel de una validez de dos años y que daba derecho a obtener un ciertonúmero de indulgencias. Desde 1685, la adquisición de esta bula era obligatoria para los adultos.El precio del papel variaba de acuerdo con el comprador. La tarifa mínima que se aplicaba a losindios y los demás grupos marginados era de dos reales; los españoles pagaban un peso y losnobles y los oficiales reales dos pesos. En la práctica, la venta de las bulas venía a ser unimpuesto per cápita, una especie de tributo disfrazado.De acuerdo con un breve de Gregorio XIII de 1578, la corona tenía derecho al producto entero dela venta de bulas.654 Ahora bien, como la iglesia novohispana controlaba la recaudación y laadministración de la renta, ella decidía en última instancia sobre las cantidades que se enterabanen las reales cajas.655 Una real cédula de 1751 intentó revertir esta situación y maximizar elcontrol de la corona sobre el derecho. El documento determinó, en particular, que la recaudaciónde la bula, antes en manos de clérigos, tenía que realizarse por los justicias reales.656 Sinembargo, el nuevo sistema demostró pronto su inviabilidad. En 1767, el visitador José de Gálvezpublicó un nuevo reglamento. Este se confirmó en 1786 por la ordenanza de intendentes y regíala materialización del derecho durante el resto de la colonia. La administración de la bula estabaahora a cargo de un tesorero, nombrado para cada obispado por el virrey: el superintendente del653Instrucción de García Herreros sobre la bula de santa cruzada, 1783, en: Fonseca/Urrutia (1845: III,316-332).654Instrucción de García Herrero sobre la bula de santa cruzada, 1783, en: Fonseca/Urrutia (1845: III,316-332).655 Fonseca/Urrutia (1845: III, 263-269).656 Real Cédula de 12/5/1751, publicado por el virrey Revillagigedo I en 1752, en: Fonseca/Urrutia (1845:III, 269-289).128
  • 129. producto de la limosna de la bula de santa cruzada.657 Basado en los censos parroquiales, eltesoro enviaba cada dos años la cantidad de documentos que calculaba podían venderse a lospárrocos de su distrito. Estos hacían la publicación de la bula y se responsabilizaban de la ventay del envío del producto al tesorero. Su trabajo se les recompensaba con el cinco por ciento delproducto. LA LUCHA POR LA DISTRIBUCIÓN DE LAS RENTAS DE LA IGLESIA NOVOHISPANA.En el siglo XVI, los pontífices, autonombrados dueños de las iglesias erigidas y por erigir, habíanconcedido amplios derechos sobre las rentas de que tenía que disponer el clero novohispano deacuerdo con las prácticas de la época a la corona de Castilla. Conforme se iban consolidando, losobispados del reino arrebataban sin embargo una gran parte de estos de estos derechos a lacorte.Desde 1501, Alejandro VI había concedido a los reyes de Castillo el derecho de “cobrar y llevarlos diezmos de todos los vecinos y moradores” de las Indias, justificando lo que en realidad erauna capitulación como recompensa para los gastos en la propagación de la fe. 658 Ya en 1541, elrey redujo su parte a dos novenos de la mitad del diezmo. Estos se solían arrendar por realhacienda a los obispados.659 En 1638, Felipe II decidió que también la recaudación se realizarade allí en adelante sin intervención alguna de los oficiales reales.660 El control sobre la rentadiezmal escapaba entonces de facto a la administración real.Las reformas que se introducían a mediados del siglo XVIII en la recaudación y la administraciónde las bulas sugieren que la corona estaba conciente de que no era la única beneficiaria de larenta. Con respecto a las mesadas, un impuesto que se cobraba desde 1637 cada cinco años – ocada vez que había vacantes – sobre los emolumentos de las parroquias, es evidente que realhacienda dependía casi enteramente de la información que le facilitaban los obispados.661 Lomismo se puede decir de las vacantes, el derecho de la corona al conjunto de las rentas de unobispado mientras este estaba vacante. 662A partir de mediados del siglo XVIII, la corona lanzó una contraofensiva. Mencionamos losintentos para aumentar la renta de las bulas. Por un real decreto de 1760, efectivo a partir de1777, la mesada eclesiástica se convirtió en media anata – seis mesadas – en aquellos beneficioscuyos emolumentos excedían los 300 ducados (425 pesos).663 Otra orden real pretendía en 1786657 Reglamento para el cobro de la bula de santa cruzada, 1767, en: Fonseca/Urrutia (1845: III, 309-313).658 La bula de Alejandro VI se reproduce en Fonseca/Urrutia (1845: III, 137-138).659Informe de José de Gálvez, 1771, en: Fonseca/Urrutia (1845: III, 217-222. 219). Véase también Bauer(1986: 13-15).660 Borah (1955: 500).661 Véase Fonseca/Urrutia (1845: III, 90-115) para las mesadas.662 Véase Mora (1986: I, 252) para el derecho de vacantes.663 Fonseca/Urrutia (1845: III, 90-135).129
  • 130. aumentar el control de real hacienda sobre la renta diezmal. 664 En 1804, en fin, el rey aumentósu parte en el diezmo a tres noveno (de la mitad del producto total).Hasta 1785, el producto de los derechos que la corona cobraba sobre las rentas eclesiásticas delreino permanecía estable (cuadro 39.). 665 En el quinquenio de 1786-1790 observamos unaumento significativo. El nuevo nivel se mantenía, con altibajos importantes, hasta 1815 cuandose terminan nuestras fuentes. Ahora bien, en vista de la importancia total de la corona paraimponerse en la Nueva España podemos conjeturar que la mayor fiscalización de las rentaseclesiásticas era imposible sin la connivencia de las clases dominantes del reino. Estas,dispuestas a contribuir a la salvación de la monarquía española mientras su escudo les hacíafalta, le entregaban una parte mayor de los ingresos de la iglesia. INSTITUCIONES Y RENTAS EN LOS CURATOS RURALESLa unidad eclesiástica de base era la parroquia. Una parroquia consistía en una cabecera, sededel cura titular, y las visitas, asentamientos sufragáneos. Estos podían atenderse desde lacabecera o dotarse con un vicario permanente. En este último caso se hablaba de vicaríaforánea.666 La renta del bajo clero se extraía en gran medida directamente del campesinado.Como reconoce Fray Antonio de San Miguel, el ya mencionado obispo de Michoac|n, es “la partemas miserable del pueblo (la) que con sus brazos y sus pequeñas pero frecuentísimascontribuciones viene a formar el fondo general con que se construyen los templos, se mantieneel culto y se sustenta el clero secular y regular”. 667 Revisamos aquí los diferentes ingresos de loseclesiásticos rurales.Los curatos novohispanos eran beneficios. Hasta el siglo XVII, los titulares tenían derecho a unaremuneración por parte de real hacienda: un monto relativamente modesto de 150 pesos en lamayoría de las parroquias de la Mar del Sur durante la segunda mitad del seiscientos. Con elvirrey marqués de Casafuerte (1722-1734) desapareció este sueldo. En los partidos de losTuxtlas, la remuneración iba a cargo del marquesado del Valle y seguía pagándose aún en ladécada de 1780.668En lo esencial, el cura vivía de su partido. En las cabeceras con repúblicas de indios, los titulares,párrocos o vicarios foráneos, tenían derecho a casa y a sustento por parte del gobierno local. Laobligación podía ser muy gravosa, ya que los eclesiásticos solían rodearse de amigos yayudantes. Veamos la situación en los partidos de Jicayan tal como la presentan los censos de664 Orden real de 25/11/1786, en: Fonseca/Urrutia (1845: III, 249-259).665Te Paske/Klein (1988: II). Los datos se han deflacionado con índices de precios basados en la tabla III(AV9) de Garner (1985).666 Gibson (1967: 106-107).667San Miguel Antonio de, Memorial sobre la situación económico-social de la Nueva España, 18/6/1804,en: Moreno García (1986: 205-230. 208).668 Real Cédula de 14/7/1786, en: Fonseca/Urrutia (1845: III, 201).130
  • 131. 1777. Los titulares de Juquila y Los Amusgos vivían sólo con su vicario. 669 En la casa delbeneficiado de Atoyac se contaban cinco personas: el párroco, un vicario, un subdiácono y dospersonas que eran probablemente sirvientes permanentes.670 El párroco de Pinotepa de DonLuis daba hospedaje al vicario y a un hermano de este, al maestro de escuela, tres huérfanos, unasirvienta y una esclava.671 Los derechos de los curas eran muy amplios. Pasado 1800, larepública de Pochutla subministraba a su pastor maíz, chile, sal, huevos, dos pollos al día y unavela cada noche: además constaban sus derechos a un sacristán, dos muchachos de cocina, dosmolenderas y un zacatero.672 En Los Cortijos, un partido que carecía de indios, existíanobligaciones de los administradores de la hacienda – que no de los dueños – y de los rancherosarrendatarios.673A todo esto se añadían los emolumentos de la parroquia, los derechos que el cura cobraba comorecompensa para sus servicios. La mayoría de estos derechos se regían por arancelesdiocesanos, aprobados por el rey; pero aún donde existía un reglamento abundaban lasexcepciones. Por una parte existían ciertos derechos que se vencían automáticamente en ciertosmomentos del año. En el obispado de Puebla, la misa dominical pro populo causaba un derechode 4 pesos, según parece sobre la república de la cabecera. 674 Sin embargo, en la vicaría deCacahuatepec, sufrag|nea del p|rroco de Ayutla, el titular recaudaba “en ciertos tiempos delaño” un real por familia en vez de la tarifa fija.675 En las diócesis de México y Oaxaca, estas misasdominicales no producían estupendio alguno mientras se celebraban en la iglesia de la cabecera.Pero no por eso los feligreses salían mejor librados. De acuerdo con el arancel de 1703 delobispado de Oaxaca, en vigor a lo largo de XVIII, cada feligrés mayor de 18 años y que no hubieracumplido los 60, tenía que enterar un real seis veces al año. 676 Pero a menudo había más todavía.En 1780, el obispo Ortigoza, de visita pastoral – y los feligreses habrán sabido lo que se escondíadetrás del término – en Huasolotitlan, autorizó al párroco a cobrar, según parece a la repúblicade la cabecera, 6 pesos en las festividades de la Asunción, de San Miguel, del Rosario, de Jesús(sic), de San Nicolás, de San Agustín, de San Gregorio, de Guadalupe y de San Felipe. 677Los derechos que se causaban por bautismo, casamientos y entierros eran la obra vertiente delos emolumentos parroquiales destinados al titular. Al respecto observamos que las tarifas para669 AGI, México 2591, Padrones de Juquila y de Los Amusgos, 1777.670 AGI, México 2590, Padrón de Atoyac, 1777.671 AGI, México 2590, Padrón de Pinotepa de Don Luis, 1777.672 AGN, Tierras 1371, exp. 2. AGI, México 2588, Visita pastoral del obispo José Gregorio Alonso de Ortigoza de Oaxaca a su diócesis,6731779-1782.674 AGN, General de Parte 58, ff. 62-65v.675 AGN, Historia 319, exp. 15. AGI, México 2588, Visita pastoral del obispo José Gregorio Alonso de Ortigoza de Oaxaca a su diócesis,6761779-1782, Santiago Tuxtla. AGI, México 2588, Visita pastoral del obispo José Gregorio Alonso de Ortigoza de Oaxaca a su diócesis,6771779-1782.131
  • 132. indios eran menores que las que se aplicaban a la gente de razón. El arancel que regia en elobispado de Oaxaca durante el siglo XVIII, por ejemplo, fijaba que los indios pagaran 3 realespara un bautismo, 4 reales para un entierro y 4 pesos para un casamiento. Las tarifas para lagente de razón eran de 1, 2 y 6 pesos, respectivamente.678Tampoco hay que olvidar las limosnas más o menos inducidas. Entre estas destacaban aquellasque concedían en forma de misas. Manuel Antonio Alarcón, un comerciante tacotalpeño deorigen andaluz que había acumulado una fortuna de más de 30,000 pesos, establecía en sutestamento de 1762 que de su caudal que estimaba en 25,000 pesos se pagaran 5 misas cantadascon su vigilia y 200 misas rezadas. Para el cura, esto significaba un ingreso extra de 200 pesos. 679Su viuda, Ana María Hernández Palacios, testamentó en 1773. En el documento mandaba que seimpusieran 200 pesos de su caudal – de poco más de 10,000 pesos – en una finca segura paraque con su producto anual de 10 pesos se celebrara una fiesta sin sermón el día de San JuanNepomuceno.680 La costumbre de fundar misas sobre el lecho de muerte era probablementebastante general, no sólo entre los ricos, sino aún entre los pobres. No todos podían dar comoAlarcón, pero todos podían dar algo.Había clérigos rurales que eran titulares de una capellanía: con tal de que decían unadeterminada cantidad de misas recibían una renta. Sabemos de cuatro capellanías establecidasdurante la segunda mitad del siglo XVIII.681 Su producto anual era de 50 a 150 pesos. Pareceríaentonces que una capellanía para sí sola no daba para vivir y que el beneficiado necesitabaingresos adicionales. Ahora bien, Brading ha afirmado, hace años, que las obligaciones comocapellán impedían al titular el desempeño de otras funciones eclesiásticas.682 Puede que estosucedía a veces. Pero también sabemos de casos en que el beneficio se combinaba con algunaforma de vicariato. A fines del siglo XVIII había una capellanía en las haciendas de San NicolásSacapesco y Nopalapan. Jurídicamente, las haciendas pertenecían a la vicaria foránea deTesechoacán. No obstante, el capellán tenía derecho no sólo a la renta propia de su beneficiosino también a dos tercios de los emolumentos que producían las haciendas. 683Los fundadores de capellanías pertenecían desde luego a las clases dominantes: para estableceruna fundación se necesitaban fondos, fondos cuya acumulación no estaba al alcance de todo elmundo. En una región agropecuaria, estos fondos eran en última instancia renta de la tierra. Elterrateniente podía gravar su propiedad con un censo. Juan B. Franyuti, por ejemplo, establecióen 1754 un censo de 1500 pesos sobre su hacienda de Cuatotolapan. 684 Si se trataba de uncomerciante sin tierras podía poner disposición de la iglesia cierta cantidad de dinero para que678 AGI, México 2588, Visita pastoral del obispo Ortigoza de Oaxaca a su diócesis, 1779-1782679 AHT, leg. 1, exp. 1, Testamentaría de Manuel Antonio Alarcón, 1762.680 AHT, leg. 2, exp. 3, Testamentaría de Ana M. Hernández Palacios, 1773.681AGNEO, Manuel Franco de Lara 1773, f. 337; AGNEO, Manuel Franco de Lara 1780, f. 148v; AHT leg. 1,exp. 1, Testamentaría de Manuel Antonio de Alarcón, 1762; AGN, Tierras 955, exp. 10.682 Brading (1981).683 AGEO, Obispado leg. 2, exp. 29.684 AGN, Tierras 955, exp. 10.132
  • 133. ella lo invirtiera de manera tal que produjera la renta anual del 5 por ciento con que se pagaba albeneficiado. Este era el caso del ya mencionado tlacotalpeño Manuel Antonio Alarcón: en sutestamento donó 3000 pesos para que se fundara con esto principal una capellanía. 685La administración de la capellanía, la inversión del capital y el nombramiento del beneficiado, seentregaba a veces al juzgado de capellanías diocesano. Pero a menudo, el fundador la reteníapara su familia o para instituciones cercanas a ella. Veamos el caso de Manuel Alarcón. Elcapellán tenía que leer cada año quince misas en días de fiesta en la iglesia de San Miguel deTlacotalpan, ubicada en el barrio de los indios. Para el patronato nombraba en primer lugar a sumujer, en segundo lugar a sus hijos y en tercer lugar, por si la familia se extinguiera, elmayordomo de la cofradía del Santísimo Sacramento. Además señalaba que la renta tenía queasignarse de preferencia a uno de sus hijos si estos escogieran la carrera eclesiástica. Medianteeste tipo de capellanías, la familia del fundador se garantizaba evidentemente cierto controlsobre el clero local. LAS COFRADÍASUna última institución susceptible de aumentar las rentas de los clérigos rurales eran lasasociaciones religiosas de los fieles. Arriba analizamos las cofradías de indios. Complementamosaquellas páginas con el estudio de las cofradías de la gente de razón.Por la falta de fuentes no podemos evaluar la importancia real de las cofradías de españoles ypardos para el presupuesto del clero rural. Consta, empero, que estas instituciones eran, al igualque sus pares indios, mucho más que una fuente de ingresos del cura. Careciendo deinstituciones representativas propias, españoles y afromestizos libres habrán sentido desde uninicio la necesidad de organizarse entorno a un culto propio. Sabemos que tanto la cofradía de LaSoledad de Tlalixcoyan que arropaba a españoles, negros y mulatos como las cofradías deespañoles de Tlacotalpan y de Cosamaloapan ya estaban floreciendo durante el primer cuartodel siglo XVII.686 Veamos estos últimos casos.687 Ambas cabeceras eran pueblos de indios dondelos lugares de honor en la misa dominical correspondían a la república de indios. Las cofradíasdel Santísimo Sacramento y de la Concepción, respectivamente, permitían a los comerciantesespañoles mantener un lugar de culto exclusivo: el santuario de Nuestra Señora de la Concepciónen Cosamaloapan, la capilla de la Candelaria en Tlacotalpan. Ambos templos destacaban por suriqueza – la virgen de la Concepción tenia a fines del siglo XVIII joyas por 12,000 pesos – frente alas lúgubres iglesias parroquiales. Los lazos cofradiales fortalecían evidentemente la cohesióninterna de las clases dominantes regionales y les permitían actuar como grupo de presión frentea las autoridades del reino, pero también frente a grupos rivales. Seguramente eran una piezaclave en la lucha de clases de la época colonial. En este sentido vemos las cofradías españolascomo sustitutos del ayuntamiento en cabeceras rurales que no cumplían con los requisitos parael establecimiento de un gobierno municipal.685 AHT, leg. 1, exp. 1, Testamentaría de Manuel Antonio Alarcón, 1762.686 BNE, ms 6877, Visita pastoral de 1609; BNE, ms 6877, Visita pastoral de 1618.687 AGN, Templos y Conventos 15, exp. 5: AHT, leg. 1, exp. 1, Testamentaría de Cristóbal González, 1767.133
  • 134. Las entradas de las cofradías de españoles consistían en las contribuciones y limosnas de loscofrades por una parte, el producto de las inversiones del fondo existente por la otra. LaConcepción de Cosamaloapan, por ejemplo, tenía un rancho de ganado mayor y actuaba comoprestamista.688 El Rosario de Alvarado levantaba a fines del siglo XVIII un impuesto sobre todoslos barcos que pasaban por la desembocadura del Papaloapan, quizás por arrendamiento dealgún derecho real.689 LA CONSTRUCCIÓN DE LOS TEMPLOSCada pueblo, independientemente de si era cabecera parroquial o visita, tenía un templo. Enmuchos casos se trataba de edificios sumamente sencillos, con paredes de caña y techo de paja:locales “terrizos, húmedos y lóbregos con los altares y adornos ridículos y estrafalarios” comocomentaban los señores del cabildo de Veracruz en 1810. 690 Sólo en las grandes cabecerasexistían iglesias de cal techados de ladrillo.La historia de la construcción sagrada tenía sus altibajos. Un primer auge se dio, quizás, duranteel tercer cuadro del siglo XVII. En 1656 se reconstruyó la parroquial de Igualapa, supuestamentedestruida por un rayo, en 1668 siguió la de Sochistlahuaca, en 1678 el templo de Jicayan. 691Mucho mejor documentado es la ola de construcciones del último cuarto del siglo XVIII. En losaños 1770 se construyeron nuevos templos de material en Alvarado, Boca del Río y Pochutla. 692Durante la década siguiente empezaron las obras en Jamiltepec y. probablemente, también enPinotepa del Rey y Juquila.693 Entorno a 1800 se inició la recaudación de fondos para proyectosen Cosamaloapan, San Andrés y Ometepec.694Los costos que implicaban la construcción y el mantenimiento del edificio y de los ornamentosincumbían principalmente a los feligreses. En pueblos de indios, la república ponía la mano deobra, probablemente reclutada a través del tequio, y los materiales de construcción que existían688AGN, Templos y Conventos 15, exp. 5. Véase infra, cap. 5., para la importancia de las cofradías comoprestamistas.689 AHV 1791, Juicio de Residencia de Bernardo Troncoso, 1791.690 AHT 1810, Instrucciones para el diputado a Cortes, 1810, 66-69.691 AGN, Indios 21, f. 35; Indios 23, ff. 27. 193; Indios 24, f. 146; Indios 25, f. 272v.692Véanse el proyecto de la república de Pochutla en AGN, Indios 60, ff. 270-271v y AGN, Indios 62, ff. 13-14. Con respecto a Alvarado y Boca del Río, véase Apuntes estadísticos de la intendencia de Veracruz,1803-1806, en: Chávez Orozco/Florescano (1968: 115-150. 117).693En su visita a la Costa Chica, el obispo Ortigoza mandó elevar nuevos templos en Pinotepa del Rey,Juquila y Jamiltepec: AGI, México 2588, Visita pastoral del obispo Ortigoza, 1778-1781. La parroquia deJamiltepec se terminó en 1798: AGN, Indios 71, ff. 34-36. Véanse AGN, Templos y Conventos 15, exp. 5, para Cosamaloapan: AGN, Subdelegados 26, exp. 5, para694Ometepec; Medel y Alvarado (1965: 145-147) para San Andrés.134
  • 135. en sus tierras.695 Para los gastos monetarios – el salario de arquitectos, maestros artesanos ymateriales como el hierro – se utilizaban los fondos del común y de las cofradías.696 Realhacienda cedía además la cuarta parte del producto del tributo para el tiempo que duraban lasobras, siempre y cuando estas fueran aprobadas por el virrey. El noveno del diezmo quecorrespondía a la fábrica de las parroquias, en cambio, no se solía entregar.697A estos fondos se añadían a menudo limosnas más o menos voluntarias. En la cabecera deOmetepec, el subdelegado Francisco Paris impulsó desde su acceso a la judicatura del distrito afines de la década de 1780 la reconstrucción de la parroquial. Para juntar fondos convocó a losvecinos a una junta “y persuadiéndolos con el mejor modo que pudo se suscribieron con diversascantidades que ascienden a 2,588 pesos 4 reales”. Al terminar su primer periodo en el puestohabía reunido más de 3,000 pesos.698 ¿Quiénes eran los que contribuyeron de esta forma a lasconstrucciones? Queremos pensar que las familias acaudaladas. En San Andrés, la obra iniciadaen 1799 se debía de hecho en gran parte a los donativos de cinco grandes familias. 699 También lanueva parroquia de Cosamaloapan se costeaba, según el proyecto conjunto de cura ycomerciantes, por las limosnas y el ahorro colectivo de los últimos. 700 ¿Cuál era el interés de losrentistas rurales en la erección de nuevos templos? El caso de Cosamaloapan permiteprofundizar. La parroquia era, más que un lugar de devoción, un escenario de exhibición deriqueza y de poder. En Cosamaloapan, pueblo de indios, este teatro se controlaba como vimospor la república. Ahora bien, el nuevo templo reuniría, según la voluntad de sus promotores, laparroquia y el santuario de su patrona, la milagrosa virgen de la Concepción. Una de las metasinconfesas de don Antonio Fernández y de sus amigos del comercio de Cosamaloapan era, comomuy bien veían los indios, la conquista de la parroquia y de sus lugares de honor: los quemandarían en la futura iglesia serían los que la habían costeado y dotado de una imagenmilagrosa. Pero había más todavía. La construcción de una iglesia era una oportunidad paraenriquecerse. En una reveladora carta, el párroco, aliado de los comerciantes, informaba alvirrey que después de mucho pensar estos habían decidido establecer fábricas de cal y ladrillopara las obras. “A m|s de las ganancias que de por si ofrecen estas oficinas a los que se empleenen ellas, a mis feligreses les franquean mayores ventajas, porque muchos de los operarios que seocupan en ellas, así para transportar sus materiales como para beneficiarlos, sacrificaránvoluntariamente su trabajo sin otra remuneración que la que esperan de esta milagrosaseñora”.701 El caso de Cosamaloapan deja pensativo. No descartamos que las construcciones dePinotepa del Rey, Jamiltepec, Ometepec y San Andrés, todos los pueblos de indios conimportantes núcleos de españoles, reprodujeran este mismo modelo.695 AGN, Indios 60, ff. 270-271v (Pochutla 1768).696AGI, México 2588, Visita pastoral del obispo Ortigoza 1778-1781 (Juquila 1781); AGN, Indios 101, f.118 (Tesca 1792).697AGN, Indios 24, f. 146 (Sochistlahuaca 1668); AGN, Indios 60, ff. 270-271v (Pochula 1768). Véasetambién AHV 1810, Instrucciones para el diputado a Cortes. 1810, 66-69.698 AGN, Subdelegados 26, exp. 5.699 Medel y Alvarado (1965: 145-147).700 AGN, Templos y Conventos 15, exp. 5.701 AGN, Tempos y Conventos 15, exp. 5, El cura de Cosamaloapan al virrey, 7/1/1796.135
  • 136. LOS MAESTROSComo una especie de ayudante del cura surgió en el siglo XVIII la figura del maestro de escuela.Los primeros proyectos de la corona para apuntar – o controlar – las actividades educativas delcura con un personaje no eclesiástico se discutían a fines del siglo XVI. 702 En el siglo XVIII, lacorona retornó a la carga. En 1717, el rey encargó al obispo de Oaxaca el establecimiento deescuelas en que los indios aprendieran castellano. 703 Desde entonces, los diocesanos ordenabana los curas cuando les instituían que tuvieran “escuelas cada uno en su partido para queaprendieran los feligreses la ley de Dios y la lengua castellana”. 704 En la década de 1770 seemitieron los edictos decisivos respecto a las escuelas.Los primeros establecimientos se documentan en las costas desde inicios del siglo XVIII.705 Hacia1780, todas las cabeceras de ambas costas tenían su escuela.706 Con respecto a las visitas, lasituación variaba mucho. En 1786, 13 de los 15 pueblos de la jurisdicción de Huatulco tenían supropio maestro; en la parroquia de Juquila, en cambio, la relación respectiva era de 3 a 9 en1777.707Hasta fines del siglo XVIII, el control del maestro incumbía a la iglesia. 708 Sin embargo, pasado1780 se perciben matices. Cuando el virrey quería información sobre el estado de la instituciónen situación más compleja. La corte no impuso ningún modelo: sólo prohibió que se gravaran lasrentas reales.709 En pueblos como Tlacotalpan cuyos vecinos manejaban propios, maestro y localse pagaban del producto de estos fondos.710 La primera escuela del puerto de Acapulco,establecida en 1782, se costeaba por contribuciones voluntarias de los pulperos.711 Como suelesuceder, los donadores se cansaban con el tiempo, los ingresos enflaquecían y la escuela terminópor cerrar sus puertas. Por iniciativa del cura, el expediente se volvió a abrir en 1790. Apoyadopor el justicia, el cura propuso volver a la imposición de las tiendas, pero ahora con cuotas fijasde 2 pesos mensuales. El virrey aprobó el proyecto y la escuela se restableció en 1792. Unmaestro daba lecciones de doctrina cristiana: a los que le pagaban les enseñaba además leer y702 Gibson (1967: 149).703 AGN, Indios 40, f. 258.704 AGEO, Obispado, leg. 10, exp. 8, Tututepec 1732.705AGEO, Alcaldías mayores, Exp. sobre la solicitud de confirmación de la propiedad de tierras de Pinotepade D. Luis, 1709.706 AGI, México 2588, Visita pastoral del obispo Ortigoza a su diócesis, 1779-1782.707 AGN, Historia 495, ff. 44-59; AGI, México 2591, Padrón de Juquila 1777.708Véase la discusión sobre la interpretación de la real orden de 22/2/1778 sobre el establecimiento deescuelas en: AGN, Clero Regular y Secular 207, exp. 11.709 AGN, Historia 498, ff. 54-83.710 AHT, leg. 5, exp. 6, Landero a la junta municipal de Tlacotalpan, 25/10/1805.711 AGN, Historia 478, ff. 54-83.136
  • 137. escribir. Pero el experimento era poco duradero: desde abril de 1793, los pulperos dejaron depagar sus contribuciones y la escuela volvió a cerrar. LA JURISDICCIÓN ECLESIÁSTICAPara realizar sus derechos y para cumplir con la obligación de asegurar que su grey siguieravenerando al dios que aureolaba al rey, la iglesia necesitaba un mínimo de poder coercitivo. Dehecho lo tenía, aunque a menudo escasamente definido. Podemos distinguir entre tresinstancias: el cura párroco, el vicario foráneo y el provisorato diocesano.En virtud de las decisiones del tercer concilio provincial mexicano, sancionadas por el rey, elcura tenía, según parece, jurisdicción suficiente para castigar delitos menores de los indios conazotes. Al preguntarle el obispo de Oaxaca sobre la aplicación de la pena de azotes en su partido,el titular de Acayucan le contestó en 1784: “los delitos que generalmente hablando castigan conazotes en los indios los curas son la embriaguez, el amancebamiento, el maltratamiento de susmujeres y la falta de asistencia a la doctrina cristiana y al santísimo sacrificio de la misa en losdomingos y dem|s días festivos en que est|n obligados”. Algunos p|rrocos recurrían también aeste castigo cuando los indios les faltaban de respeto o no pagaban sus obvenciones.712 Laejecución de la pena estaba a cargo de los topiles, los policías judiciales de los gobiernos indios.Si el cura quería aplicar sanciones mayores, arresto o multa, por ejemplo, hacía falta la sentenciadel alcalde mayor.713 Frente a españoles y mulatos, las competencias reales del cura eranprobablemente más restringidas, ya que sus policías, indios, no podían proceder contra gente derazón.Varios partidos formaban una vicaría foránea. La función del vicario foráneo estaba vinculadacon una de las parroquias. El cura de la ciudad de Veracruz, por ejemplo, era vicario foráneo deVeracruz, San Juan de Ulúa. Medellín, Tlalixcoyan, Alvarado, Tlacotalpan, Cosamaloapan,Amatlán, Cotaxtla y Nautla, el de Jamiltepec de la cabecera del distrito, de Tututepec,Huasolotitlan, Pinotepa del Rey, Pinotepa de Don Luis, Atoyac y Los Cortijos. 714 Como el curap|rroco, pero a un nivel superior, el vicario for|neo entendía en “todas las causas matrimoniales,civiles, criminales mixtas y de todas las demás que se puedan ofrecer así de indios como deespañoles, y de otras cualesquiera personas estantes y habitantes en los dichos beneficios y suspartidos, y de todas las causas de idolatría, hechicería, pactos, supersticiones y demás viciosopuestos a nuestra santa fee catholica.”715 Abundaban, como veremos, los conflictos entrepárrocos y alcaldes mayores por sus respectivos derechos. Empero no observamos ningún litigioque involucrara al vicario foráneo como tal. La institución quedaba, como parece, al margen delas grandes luchas de la época.712 AGI, México 2588, Carta del párroco de Acayucan al obispo de Oaxaca, 5/2/1784.713 Véase el comentario de Ortigoza sobre la situación en Santiago Tuxtla, citado en la nota 66.714AHV 1806, Exp. sobre el nombramiento de José Ignacio de la Puente como nuevo vicario foráneo deVeracruz, 1806; AGEO, Obispado, leg. 10. Exp. 8.715 AGEO, Obispado, leg. 10, exp. 8.137
  • 138. En la cúspide de la judicatura eclesiástica se ubicaba el provisorato. Su jurisdicción abarcaba laformación de los aranceles, la administración de las obras pías y capellanías, así que lasdispensas matrimoniales. El provisorato era también la corte que juzgaba al clero secular, foradopara con los tribunales reales. 716Pero la iglesia poseía todavía un instrumento más para controlar las conciencias y, a través delas conciencias, la realización de sus derechos: la inquisición. Mora captaba estupendamente lafunción del tribunal en la maquinaria eclesi|stica al abordar el negocio de las bulas. “El clero,escribía, predicaba y persuadía en el confesionario la necesidad indispensable de la bula, y comonadie podía decir lo contrario, pues la inquisición estaba alerta para castigar este crimenpolítico-religioso, no había ningún medio de desengaño”. 717 EL EMPOBRECIMIENTO DEL CLERO RURAL A FINES DEL SIGLO XVIIIDe regreso de una visita pastoral que le había llevado entre 1778 y 1782 a todos los curatos de ladiócesis, el obispo Ortigoza de Oaxaca denunció que la cortedad de sus rentas impedía a muchosclérigos rurales vivir con la debida “decencia”.718 Veinte años después, el ayuntamiento deVeracruz confirmaba la pobreza de los clérigos destacados a los pueblos de indios y lasrancherías de afromestizos.719 Humboldt, por su parte, señalaba que una parte del clero “gime enla última miseria”.720 El fenómeno parece indiscutible a fines del siglo XVIII.721De acuerdo con el análisis de Ortigoza, una de las principales causas de la situación queprevalecía en su tiempo era el rezago del arancel oaxaqueño, formado en 1703 y mantenidodesde entonces sin cambio alguno. El argumento es de peso. En efecto, sí observamos elmovimiento del nivel de los precios del maíz en el reino observamos que este se duplicaba en ladécada de 1780 con respecto a la de 1700. 722Existían varias respuestas posibles al problema. La corona multiplicaba los llamados a losobispos a que entregaran, conforme a derecho, cuatro novenos de la mitad del producto deldiezmo a las parroquias: en 1764 emitió una cédula en este sentido, en 1786 retomó la idea en laOrdenanza de Intendentes.723 También el ayuntamiento de Veracruz pedía que se aplicara la716 Mora (1986: I, 264-266)717 Mora (1986: I, 268).718 AGI, México 2587, Informe del obispo Ortigoza sobre su visita pastoral, 20/11/1784.719 AHV 1810, Instrucciones para el diputado a Cortes, 53-65.720 Humboldt (1984: 85).721 Véase también Brading (1981) quien estudia el caso del obispado de Michoacán.722 Para los precios del maíz nos basamos en Garner (1985: tabla 3).723 AHV 1803, Exp. sobre el partido de Medellín; AHV 1810, Instrucciones para el diputado a Cortes, 53-65.138
  • 139. ley.724 Parece que las presiones que se ejercían desde dentro y fuera de la iglesia sobre obispos ycurias surtían efecto en Valladolid y Guadalajara, pero no en el resto de las diócesis del reino. 725Ortigoza, por ejemplo, no mencionaba en ningún momento esta posibilidad. Para él, la soluciónal problema consistía en la adaptación del arancel, nada más.Los curas, directamente afectados, no esperaban a que las altas jerarquías se movieran. Elmismo Ortigoza reconocía que muchos clérigos introducían arbitrariamente nuevos derechos. Eltitular de Igualapa, por ejemplo, no observaba arancel alguno sino se llevaba cuanto quería. Sucolega de Pinotepa del Rey obligaba a sus ovejas a guardarle el hato de ganado y a cultivarle lamilpa sin recompensa alguna. 726 Nicolás Caparro, cura interino de Sochistlahuaca a mediados dela década de 1780, hacía trabajar a los indios de balde en su trapiche. 727 Manuel Merino, vicariode Cacahuatepec por los mismos años, se aprovechaba del hecho de que el partido siempre sehabía regido por “costumbre” y no por arancel escrito para aumentar sus rentas.728 Todas estasmedidas constituían respuestas espontáneas de los clérigos a la contracción del producto de susrentas tradicionales.Otro fenómeno susceptible de repercutir en el empobrecimiento del clero rural era, siempre deacuerdo con Ortigoza, la disminución del número de indios. En las costas el movimiento distabade ser catastrófico – a excepción de Huatulco – y las pérdidas se compensaban en gran medidacon el crecimiento de la población afromestiza. Ahora bien, los asentamientos que capitalizabaneste crecimiento eran las rancherías. La creciente dispersión del hábitat ponía la iglesia ante undilema: o bien aceptaba que las ovejas se le escapaban al monte y dejaban de pagar los derechosque reconocían, lo veremos en seguida, como derechos a explotar, o bien aumentaba el numerode clérigos y corría el riesgo de que la renta no crecía proporcionalmente con el número de losque tenían que vivir de ella.Desde la conquista, la Nueva España se venía cubriendo de una red de partidos eclesiásticoscada vez más densa. A mediados del siglo XVII había una decena de curatos en la Costa Chica, lamitad en el distrito de Jicayan, otra decena en Sotavento (cuadro 40.). 729 Un siglo despuéscontamos alrededor de quince partidos eclesiásticos en cada una de las costas. A partir del724 AHV 1810, Instrucciones para el diputado a Cortes, 53-65.725 AHV 1803, Exp. sobre el partido de Medellín.726 AGI, México 2587, Visita pastoral del obispo Ortigoza a su diócesis, 1779-1782.727 AGN, Indios 82, ff. 46-65.728 AGN, Historia 319, exp. 15.729Con respecto a las estructuras a mediados del siglo XVII nos apoyamos en Gerhard (1986: 40. 89. 128.143. 154. 351. 379. 190). Para la dinámica posterior recurrimos donde eso era posible a fuentes primariasque corregían en más de una ocasión (Teotepec, Los Cortijos) los datos de Gerhard. Véanse las primerasmenciones de los curatos de Coyuca (1690) en: AGN, Reales Cédulas Duplicata 33, f. 352; Los Cortijos(1732) en: AGEO, Obispado, leg. 10, exp. 8; Teotepec, también llamado Yeytepec, y Juquila (1704), en:AGNO, Diego Díaz Romero 1700-1704, f. 120v; Tlalixcoyan (1743) en: AGI, Indif. Gral. 108, t. IV, ff. 123-204v; Amatlán (1772) en: AGI, México 2047, Caja real de México 1772, Mesadas eclesiásticas. Cuilutla (?)(1777) en: AGI, México 2579, Padrón del partido de Cuilutla 1777. Soteapan y Otatitlan se mencionan porprimera vez en la Estadística del estado libre y soberano de Veracruz, 1831, en: Blázquez Domínguez(comp.) (1986: I, 59-316. 90: 235-236).139
  • 140. último cuarto del setecientos se congelaban las estructuras parroquiales en la Mar del Sur; enSotavento se establecieron otros dos partidos pasado 1800. La mayor parte de los partidos quese erigían en el siglo XVIII contaban con escasos indios: las erecciones de Coyuca, Los Cortijos,Cotaxtla, Rinconada y Tlalixcoyan reflejan claramente el interés de la iglesia por recuperar lasmasas rancheadas. Sin embargo, los partidos seguían siendo muy extensos y pocos cumplían conla real cédula de 1764 que mandaba que se estableciera un partido cada cuatro leguas (22kilómetros).730 La parroquia de Los Cortijos, por ejemplo, se componía en 1802 de ochoasentamientos que se situaban hasta 12 leguas de la cabecera. En Juquila, el trapiche de SantaAna, la visita más retirada, estaba a 16 leguas de la parroquial de Santa Catarina. 731Una alternativa a la división de los partidos era el aumento de la clerecía en cada uno de ellos. Ensu recorrido por la diócesis, Ortigoza ordenaba a varios párrocos que contrataran a un númerosuficiente de vicarios. ¿Podría ser que había partidos sobrecargados de clérigos, contratados porpresiones del obispo? No lo sabemos. No descartamos, de cualquier manera, que había párrocosque concebían a los vicarios más como carga que como ayuda: párrocos que sabían que el virtualcrecimiento del producto de las rentas del partido a través de una vigilancia más estrecha sobrelas ovejas era menor que la expansión de los gastos que implicaba el mantenimiento de uneclesiástico adicional. Ahora bien, la necesidad de dotar a las parroquias con vicarios tambiénpodía ser un arma del cura contra el obispo en la lucha por el diezmo. Marcos Pérez de Vargas,titular de Medellín, por ejemplo, solicitó en 1802 tres vicarios para su extenso curato al obispode Puebla. Como sus feligreses eran tan pobres “que no podían contribuir aún con los derechosparroquiales” pedía se les entregaran los cuatro novenos que correspondían. Al parecer, elobispo se hacía el sordo y Pérez, quizás animado por el comercio del vecino puerto de Veracruz –que litigaba por los mismos años la erección del obispado de la Mar del Norte –, se dirigió al rey.Este mandó instruir un expediente que tuviera en cuenta sus órdenes de 1764. 732La mejor solución para todos, obispos y curas, era sin duda la congregación de los rancheros. Elclérigo destacado a Coyuca solicitó desde 1690 al virrey que compelara a los rancheros de LaSabana a que se congregaran en un pueblo o a que se trasladaran ya fuera a Coyuca, ya fuera aAcapulco.733 Cien años después, Ortigoza retomó la idea en su informe al virrey. No deberíapermitirse, señalaba, que hubiera pueblos de indios con menos de 100 familias. Los párrocos deHuasolotitlan y de Azoyú lanzaron iniciativas concretas: el primero propuso congregar a lospardos que vivían esparcidos en los bajos de Chicometepec, el segundo quiso que los rancherosde Juchitán formaran un pueblo. 734 En la medida en que también los justicias se quejaban en susinformes sobre la imposibilidad que cobrar el tributo a los pardos rancheados en la costa, laaudiencia apoyaba las propuestas.735 Sin embargo, tenemos la sospecha de que las denuncias delos subdelegados sólo se destinaban a camuflar su estrecha connivencia con los supuestosevasores fiscales. En efecto, cuando se trataba de sacar adelante un proyecto concreto como el730 AHV 1803, Exp. sobre el partido de Medellín.731 Pérez (1888: anexo).732 AHV 1803, Exp. sobre el partido de Medellín.733 AGN, Reales Cédulas Duplicata 33, f. 352.734 AGN, Tributos 34, ff. 160-173; AGN, Inquisición 1223, ff. 172-250.735 Véase el informe del comisionado Benito Pérez de 1793 en: AGN, Tributos 34, ff. 119-157.140
  • 141. de Juchitán, el apoyo del justicia era más que tibio: no convenía, simplemente, que los pardosentraran en la esfera de otro explotador. Como resultado, los juchitecos nunca se congregaron.736 LA CREDIBILIDAD DEL CLEROSegún Ortigoza, los indios de antes “no eran tan maliciosos y veneraban m|s a los curas”. 737 Laafirmación nos obliga a plantear el problema de la credibilidad del clero. No todos loseclesiásticos hubieran estado de acuerdo con la afirmación de Ortigoza; él mismo no debía deestar consciente de las implicaciones de esta pequeña frase. En una representación de 1799,Manual Abad y Queipo, alto funcionario de la curia diocesana de Michoacán, sugería que losclérigos eran los únicos dignatarios del reino que gozaban de la confianza de las clasesexplotadas. La sociedad novohispana se componía según el también juez de testamentos,capellanías y obras pías, de tres clases: españoles, indios y castas.738 Los españoles, alrededor del10 por ciento de la población, tenían “casi toda la propiedad y riquezas del reino”. Los indios ylas castas, la inmensa mayoría, eran sus criados, sirvientes o jornaleros. “Por consiguienteresulta entre ellos y la primera clase aquella oposición de intereses y de afectos que es regularen los que nada tienen y los que lo tienen todo, entre los dependientes y los señores. La envidia,el robo, el mal servicio de parte de los unos: el desprecio, la usura, la dureza de parte de losotros”. Así las cosas, la cohesión social, la unidad entorno a las leyes y al monarca, estaban enpeligro. “La primera clase tiene el mayor interés en la observancia de las leyes que le aseguran yprotegen su vida, su honor y su hacienda o sus riquezas contra los insultos de la envidia y asaltosde la miseria. Pero las otras dos clases que no tienen bienes, ni honor, ni motivo alguno deenvidia para que otro no ataque su vida y su persona, ¿qué aprecio harán ellas de las leyes quesólo sirven para medir las penas de sus delitos: ¿qué afección, qué benevolencia pueden tenerlos ministros de la ley, que sólo ejercen su autoridad para destinarlos a la cárcel, a la picota, alpresidio o a la horca?”. La conclusión del eclesi|stico es tajante: no hay “otro medio que puedaconservar estas clases (los indios y las castas) en la subordinación a las leyes y al gobierno que elde la religión conservada en el fondo de sus corazones por la predicación y el consejo en elpublico y en el confesionario de los ministros de la iglesia. Ellos son, pues, los verdaderoscustodios de las leyes y los garantes de su observancia. Ellos son también los que deben tener ytienen en efecto más influjo sobre el corazón del pueblo, y los que más trabajan en mantenerloobediente y sumiso a la soberanía de V.M.” El escrito de Abad y Queipo tiene evidentes tintesapologéticos. Ahora bien, la contrarreforma en el expendio de las bulas de 1767 sugiere quehasta los golillas de la corte, al igual que Carlos III regalistas a ultranza, crecían en la influenciade los párrocos sobre su grey. En un informe de 1771, el virrey Bucareli, por cierto también deextracción eclesi|stica, no dejaba lugar a dudas: “Lo cierto es que ningunas manos son tanpropias como las de los curas para espender los sumarios de la santa cruzada, así por que está736 AGN, Inquisición 1223, ff. 172-250.737 AGI, México 2587, Informe del obispo Ortigoza sobre su visita pastoral, 20/11/1784.738Abad y Queipo Manuel, Representación sobre la inmunidad personal del clero, reducida por las leyesdel nuevo código en la cual se propuso al rey el asunto de diferentes leyes, que establecidas, harían la baseprincipal de un gobierno liberal y benéfico para las Américas y para su metrópoli, 1799, en: Moreno García(1986: 123-135. 123-126).141
  • 142. anexo a su ministerio persuadir a los fieles de quienes son pastores que no se priven del grannúmero de indulgencias concedidas a la bula, cuanto porque la grosera ignorancia de los indios yotros de la ínfima plebe distingue muy poco o nada las bulas del papel sellado, si su espendio loven cometido a personas seculares”.739El mundo real se reflejaba probablemente más en las palabras de Ortigoza que en los discursosde Bucareli y Abad y Queipo. Veamos un ejemplo de la poca referencia que los indios tenían parasus ministros. En febrero de 1776 llegó a la cabecera de Santiago Ayutla su nuevo párroco, elBachiller Miguel Manuel Valverde. Quizás sin conocimiento previo de la zona, Valverde queríahacer valer sus derechos a como diera lugar. Pronto se desató un conflicto entre los indios y elcura por el pago de las misas dominicales y el control de la asistencia. La situación sedeterioraba rápidamente. El día primero de junio de 1777 la tensión culminó cuando unadiscusión entre el cura y los indios derivó en una refriega. 740 Aunque resulta difícil evaluar losalcances de la riña sí es evidente que los indios mostraban poco respeto para su pastor. Elproblema no era exclusivo de los indios. El informe de un clérigo destacado en los años 1780 aLos Cortijos no deja lugar a dudas. Su trabajo era totalmente inútil, se quejaba el ministro, “por laindolencia y falta de fe y religión de aquellos feligreses que viven olvidados de sus almas,entregados a todo genero de vicios, sin respeto ni obediencia al ministro”.741 Al abrir losexpedientes de la inquisición encontramos más elementos que indican que no sólo en los pueblosde indios sino también en las rancherías de pardos había un rechazo muy amplio contra losclérigos y sus derechos. Luisa, la esposa del primer teniente de justicia de Acapulco, denunció en1779 ante el cura del puerto a Ramón Panon, natural de Ibiza, capitán de ingenieros destinadosal reparo del fuerte de San Diego, en los términos siguientes. “Iba la que declara con el delatado amisa y le dijo lo siguiente: vamos a misa, que hoy tenemos muchas indulgencias los esclavos delrosario por ser domingo. A lo que él respondió: ríase v.m. de eso, los señores de Roma andan conesas churlas por arrancarnos las pesetas. A lo cual respondió la que declara: pues vamos a rezarla estación, ganaremos la indulgencia plenaria. A lo que él dijo: aun eso sí, pero todo lo demás escuento”.742 Puede que el cura inducía el testimonio, puede también que Luisa exageraba lassupuestas declaraciones de Panon con tal de conseguir su condena por el tribunal de lainquisición. Ahora bien, si el clérigo o la testigo querían que su denuncia surtiera efectonecesitaban acusarle de un delito verosímil. De allí que concluimos que debía de haber costeñosque consideraban que los funcionarios eclesiásticos eran nada más estafadores, que lo queimportaba en el cielo era la fe y no el pago de los derechos de la iglesia. El fenómeno no eraexclusivo de lugares muy concurridos como Acapulco. Andrés Ruiz, mulato, oriundo y vecino deHuasolotitlan, declaró en 1788 ante el cura de Jamiltepec lo siguiente. “Que un día dentro de lacuaresma de este año, estando en las salinas llamadas Monroy del curato de Huasolotitlan conun cuñado suyo llamado Mariano Gutiérrez y Bartolo de Luna, mulato del mimo pueblo, viudo deCecilia, platicando los tres, le preguntó su dicho cuñado a Bartolo que por qué no se confesaba. Yrespondió: que no quería confesarse con los padres ni decirles los pecados, que eran tambiéncomo él, que tenían hijos y mujer, y para qué se había de confesar si luego se había de volver consu dama. Que su dicho cuñado le dijo que por qué no oía misa: usted ni oye misa. A lo cual739 Informe Bucareli, 1771, en: Fonseca/Urrutia (1845: III, 313-316).740 AGN, General de Parte 58, ff. 62-65v. Véase también AGN, Indios 66, f. 136v.741 AGN, General de Parte 65, s/f.742 AGN, Inquisición 1187, ff. 291-307.142
  • 143. respondió: no quiero oír misa de esos hediondos, que no necesitaba oír misa de esos hediondos.Y diciéndole que cómo no necesitaba oír misa les respondió: también son pecadores como yo,como había de bajar Dios del cielo real y verdaderamente en manos de un hediondo. Queentonces le dijeron: usted no creerá que haya Dios; usted es como el indio: pone usted en dudaque hay Dios. Que respondió: que creía que había Dios pero que no creía que bajaba real yverdaderamente en las manos de ese hediondo”.743 También aquí encontramos unanticlericalismo bastante virulento junto con una confesión de fe que resulta mucho más formalque la que se atribuía a Panon.Ortigoza presenta la problemática relación entre campesinos y clérigos como resultado de unproceso propio del setecientos. Sin embargo, el rechazo contra la iglesia y sus derechos eramucho más viejo. Con respecto a los indios se ha afirmado que el inicial entusiasmo para losevangelizadores – que se confundían quizás con libertadores – se desvanecían desde antes deque mediara el siglo XVI. 744 Incluso la agresión física contra el cura no era nada nuevo.Remitimos, por ejemplo, al tumulto de los indios de Jamiltepec de 1694. Los motivos deldescontento eran idénticos a los que encontramos en Ayutla cien años después: los derechosparroquiales. Entre las acusaciones contra el cura destacaban la alteración del arancel, serviciosexagerados, el repartimiento de limosnas obligatorias para costear la reedificación del templo yla excesiva demanda de sacristanes y alguaciles. 745 Los afromestizos por su parte no teníannunca nada que agradecer al clero. Cuando el vicario de Coyuca denunciaba en 1690 que losnegros y mulatos asentados en La Sabana vivían “como olvidados de la ley de Dios, pues muereel que muriese dellos jamás llaman ministro que los confiese ni reconocen administracióneclesi|stica” describía con toda seguridad un estado que venía perpetuando desde laintroducción de los primeros esclavos en el Nuevo Continente.746Con todo y esa continuidad no descartamos una mayor conflictividad entorno a los curas y susderechos a partir del último cuarto del siglo XVIII. Una de las razones sería la mencionadaimposición de nuevos gravámenes por los clérigos. El campesinado se oponía desde luego a loscambios. Por motivos que veremos en otra parte, los justicias lo apoyaban a menudo en susprotestas.747 La complicidad entre la república y el funcionario real se puede considerar, enefecto, como la otra raíz de la mayor conflictividad entorno al cura.743 AGN, Inquisición 1196, ff. 213-236.744 Israel (1980: 23. 55-63).745 AGN, Indios 32, ff. 191v.210; AGN, Reales Cédulas Duplicata 40, ff. 178v. 180v. 204. 206. 210.746 AGN, Reales Cédulas Duplicata 33, f. 352.747 Véase infra, cap. 13., sobre la creciente conflictividad entre curas y justicias a partir de mediados delsiglo XVIII.143
  • 144. 9. LA DEFENSA COMO REALIZACIÓN DE DERECHOSLa explotación se basa, en última instancia, en una relación de fuerzas. Donde los derechos secuestionan, ya sea por los explotados, ya sea por los que codician desde fuera, deciden en unmomento dado las armas. El costo de la defensa de la explotación carga, por supuesto, sobre losmismos explotados. En las costas novohispanas, este hecho esta particularmente claro ya que ladefensa de los derechos de la corona era ella misma, en gran medida, una forma de realizar estosderechos.El dispositivo defensivo de la Nueva España se concebía en función de una doble amenaza: “Elejército de este reino, en sus diferentes clases, es un objeto de la primera atención, porque miraa su defensa en cuanto a amigos exteriores y a su resguardo interior para mantener el buenorden y la tranquilidad” reflexionaba el virrey Marquina en 1803. 748 La principal preocupaciónde la corona española era, sin duda alguna, la amenaza de su dominio por parte de extraños, enconcreto de la corona de Inglaterra. Era en gran medida el desarrollo de esta amenaza la quedeterminaba la dinámica del ejército novohispano. Como el enemigo tenía que llegar por mar, lascostas eran de una importancia capital para la defensa del reino. Durante el siglo XVII, laamenaza se materializaba en la piratería, el saqueo de asentamientos. Conforme avanzaba elsiglo XVIII, la posición de la monarquía española se volvía cada vez más crítica. Los ingleses seempeñaban en impulsar el contrabando, privándola de los ingresos que proporcionaban losderechos sobre el comercio transoceánico. Pero además surgía el espectro de una invasiónformal y del arrebato definitivo del dominio sobre el reino más crediticio de las Indias. EL EJÉRCITO REGULAREl rey temía particularmente los ataques a Veracruz y Acapulco, puertos por donde transitabancada año los tesoros que se enviaban marenfuera? y que eran, además, las puertas de entrada alcentro del país.749 Los fundadores se protegían por sendos fuertes: San Diego en Acapulco, SanJuan de Ulúa en Veracruz. El primero nunca dejó de ser “un viejo fuerte mal conservado y pococonsiderable”.750 Aún después de la ampliación de la década de 1780 seguía siendo “un cuadradofortificado que… podr| resistir a lo m|s ocho días si fuere atacado con fuerzas suficientes”. 751San Juan de Ulúa estaba mejor provisto, aunque su dependencia del abasto desde la cuidad lohacía sumamente vulnerable.752748 Berenguer de Marquina (1986: 24).749El virrey marqués de Mancera (1986: 29) señala con respecto a Veracruz en la instrucción para susucesor, redactada en 1673: “La ciudad de Veracruz ha sido y ser| siempre el blanco de la codicia de lasnaciones enemigas, considerándola único imperio de Nueva España, y tránsito y garganta de sus tesorosopulentos”.750 Pagés (1983: IV).751 Berenguer de Marquina (1986: 25).752 Berenguer de Marquina (1986: 24).144
  • 145. Tanto en Veracruz como en Acapulco había guarniciones de tropa regular. En San Diego, elnúmero de soldados nunca era muy elevado: alrededor de 60 hombres a fines del siglo XVII, uncentenar hacia 1750, una compañía en los años 1790. 753 En Veracruz existían dosdestacamentos: uno en San Juan, otro en la plaza, la ciudad. Debido a la cortedad del espaciodisponible, los efectos de San Juan no habrán variado mucho. En 1754 el cura del fuerte contaba122 artilleros más 60 soldados de la guarnición urbana que se turnaban cada mes. 754 La dotaciónde la guarnición urbana, en cambio, estaba sometida a grandes cambios. Durante la primeramitad del siglo XVII, la defensa de la ciudad estaba a cargo de 400 infantes; entorno a 1650, elpresidio quedó desierto hasta que el virrey marqués de Mancera lo restableció a fines de ladécada de 1660 asignándole 300 hombres. 755 A mediados del siglo XVIII, la dotación habíaaumentado a 766 soldados.756 El año de 1775 marcó un hito en la historia de la defensa deVeracruz. Este año se elaboró un nuevo plan defensivo que preveía guarnecer sólo el fuerte deSan Juan, dejar libre de tropas a la ciudad y tender un cordón defensivo en el interior,acuartelando tropas en Xalapa, Perote y Orizaba. Ante la protesta de los comerciantesveracruzanos que temían por sus bienes en caso de un ataque inglés, el esquema nunca fueimpuesto en su totalidad y en los años críticos del último periodo colonial, la ciudad recibíasiempre, al igual que Acapulco, refuerzos foráneos: así, la guarnición de la plaza contaba en 17982’486 soldados, al año siguiente 4,230, en el 1807 2,742. 757El cambio en la estrategia defensiva de 1775 se apoyaba en reflexiones sobre las elevadas bajasque las enfermedades tropicales causaban entre las tropas estacionadas en Veracruz.758 Estasituación reflejaba evidentemente la composición de las compañías. Durante mucho tiempo, lossoldados del ejército regular eran por lo general españoles peninsulares. A partir de los años1790, cuando las necesidades de la península llevaban a la repatriación de numerososcontingentes, se recurrió cada vez más a criollos y mestizos, gente nacida en el reino. Ahora bien,como el oficio de soldado era poco prometedor, las autoridades organizaban levas forzosas entrelos vagos y los delincuentes menores de las ciudades del altiplano.759 Así las cosas, la inmensamayoría de las tropas destacadas a las costas procedían de tierras lejanas y carecían de lasdefensas contra la fiebre amarilla o el paludismo. Para remediar esta situación, el virreyRevillagigedo II, gran protector de los intereses del comercio porteño dentro y fuera del reino,estableció en 1793 el batallón fijo de la plaza de Veracruz: una unidad de 503 plazas en tiempode paz y 777 en el de guerra.760 Su reclutamiento debía de hacerse, así decía el proyecto, entre753AGI, Indif. Gral. 107, Informe del Castellano de Acapulco, 1743; AGN, Padrones 16, ff. 213-221; AGN,Reales Cédulas Originales 36, ff. 56-59; Relación de Juan de Ortega y Montañés, 1697, en: Hanke (1976: V,132-148. 144-145).754 AGN, Inquisición 937, ff. 234-238.755 Mancera (1986: 29-30).756 AGN, Inquisición 937, ff. 234-238.757 Archer (1983: 59-108) analiza detalladamente la cambiante estrategia militar del gobierno virreinal.758 Berenguer de Marquina (1986: 25). Véase también Archer (1986: 59-108).759 Véase Archer (1983: 283-296) sobre el reclutamiento de las tropas regulares.760AGN, Historia 367, García Dávila al virrey, 9/3/1803; Güemes Pacheco (1986: 49). Véase tambiénArcher (1983: 23-58).145
  • 146. los pardos y morenos de Sotavento: gente inmune a los miasmas del puerto. Ahora bien, comolos jornales que se pagaban para ese entonces en la región eran mucho más elevados que lasremuneraciones que quería pagar la corona, también las filas del fijo terminaban por llenarsemayoritariamente con hombres que se reclutaban a la fuerza en el centro del reino.Mucho más importante era la contribución de las poblaciones costeñas a la armada real.Sotavento había sido seguramente desde siempre un reservorio de marinos, pero ignoramos lasprácticas y los posibles reglamentos de los primeros tiempos. Fue hasta 1776 cuando la coronasistematizó el reclutamiento de sus marinos en el reino, estableciendo la matrícula del mar. Deacuerdo con el reglamento, todos aquellos hombres que trabajaban en el mar o en los ríos:marineros, pescadores, buceadores, calafates o carpinteros, tenían que matricularse y podían serllamados –contra paga – a servir en los buques del rey por el tiempo que la corona loconsiderara necesario. Por razones administrativas, se establecían dos provincias de matrícula:una de San Blas, otra en Veracruz; Acapulco formaba parte de la primera, Boca del Río, Alvaradoy Tlacotalpan pertenecían a la segunda. 761 La matrícula se abolió una primera vez bajo elrégimen constitucional en 1812; Fernando II la restableció en el marco de la restauración; seríahasta 1820 cuando el reglamento desapareció definitivamente por una decisión de las Cortes. 762 LAS RAZONES DE SER DE LAS MILICIAS.El ejército regular se costeaba por real hacienda (o por el conjunto de los contribuyentes delreino). Con tal de minimizar estas deducciones de la renta que le procuraban la Nueva España, lacorona procedió desde mediados del siglo XVII al establecimiento de cuerpos milicianos entodos los distritos costeños del reino. En el reclutamiento se observaban principios étnicos.Fuera de los puertos de Acapulco y Veracruz donde se podían reclutar compañías de españoles –una en Acapulco, dos en Veracruz –, la corona recurría a los pardos, sólo en el distrito deHuatulco a los indios.763La tarea principal de las milicias era la defensa de las costas, los milicianos se alternaban en laocupación de las vigías establecidas en puestos claves. Al descubrir una nave que se acercaba ala playa tenían que avisar a su comandante, el justicia del distrito. Este tomaba las medidasadecuadas a su interés.764 En realidad, la ocupación de la playa ha de haber sido un negocioredondo para el jefe militar ya que le permitía controlar e imponer el contrabando en beneficiopropio. En tiempos de guerra el funcionario movilizaba a los hombres que consideraba fuesennecesarios, las armaba – en cuanto había armas a su disposición – y les destacaba a los lugaresdel virtual desembarco: puntos estratégicos que podían caer dentro o fuera de su jurisdicción. 765761 AHV 1778, Exp. sobre la matrícula de mar.762 AHV 1812, Circular del consejo de regencia, 14/1/1812; Dublán/Lozano (1876: I, 535).763AGN, Indif. de Guerra 47B, Representación del coronel Armona, 10/7/1780; AGN, Reales CédulasDuplicata 30, f. 215. AGN, Tributos 34, ff. 110-117; AGN, General de Parte 54, s/f; Relación de Juan de Ortega y Montañés,7641697, en: Hanke (1976: V, 132-148. 144-145).765 AGN, Tributos 34, ff. 160-173.146
  • 147. En el siglo XVIII, estas mismas milicias se desempeñaban también como policía al servicio deljusticia: conducían a presos, arrestaban a delincuentes y recaudaban tributos. 766En la represión de los motines de la segunda mitad del setecientos, la importancia de las miliciasvariaba mucho. Al temer el estallido de un tumulto en 1750, el arancel mayor de los Tuxtla pedíatropas de caballería e infantería en Veracruz. 767 En el motín de Acayucan de 1787, las miliciastampoco entraban en acción – según el encargado de la averiguación por falta de organización yarmamento.768 En Tlacotalpan, en cambio, los amotinados se dispersaban al sólo sonido delmotor con que el justicia convocaba a las milicias. 769 También en Jicayan se preveía el empleo delas milicias en posibles rebeliones por parte de las autoridades a fines del siglo XVIII y losmilicianos pardos de Puerto Escondido proclamaban en 1791 que “notorio es… que la gentecosteña es por naturaleza altanera y que sin exageración parece que le es congénito el orgullo; y¿quién sino la compañía de milicianos la ha contenido siempre dentro de los límites de lasubordinación y el respeto?” 770 MILICIAS Y TRIBUTACIÓNVarios conflictos se vinculan con la formación y el desarrollo de las milicias. Empezamos con lalucha de los negros y pardos, eje de los cuerpos hasta fines de la colonia, por sacudirse el yugodel tributo. En principio, de acuerdo con reales cédulas de fines del siglo XVI, pardos y negroslibres tenían que pagar, al igual que los indios, la talla. Esta se cobraba por el alcalde mayor yconsistía en el siglo XVIII en 20 reales por casado.771 En las jurisdicciones de la Costa deSotavento, los morenos se exentaron desde 1667 del pago del tributo como recompensa para susservicios.772 En el Mar del Sur, menos estratégico, sólo los milicianos pardos y chinos deAcapulco y, tal vez, Jicayan, se liberaron desde el siglo XVII. 773 Sus compañeros de Igualapaconsiguieron en 1734 la reducción del tributo en la mitad –un hecho que les era ocultado por su766 AGN, Tributos 34, ff. 110-117; AGN, Padrones 16, ff. 213-221.767 Medel y Alvarado (1963: 97-102).768 AGN, Historia 326, ff. 1-10.769 AHT, leg. 2, exp. 1, Exp. sobre la rebelión de 1783.770AGN, Indif. de Guerra 289B, Informe de Pedro de Laguna, 1/7/1796; AGN, Tributos 4, ff. 110-117.Véase también la declaración de los pardos del distrito de Jicayan de 1772 en el sentido de que estabanpronto “para contener los alborotos de los indios” en AGN, General de Parte 54, s/f.771AGEO, Tesorería principal, leg. 12, exp. 4. Respecto a los orígenes de la fiscalización de los pardos en elsiglo XVI, véase Cook/Borah (1978a: 49-50).772 AGN, Indif. de Guerra 47B, Representación del coronel Armona, 10/7/1780; El coronel Armona alalcalde mayor de San Andrés, 1/9/1780; AGN, Historia 326, Exp. sobre la rebelión de Acayucan, 1787. AGN, Tributos 25, exp. 15; AGN, Tierras 3624, exp. 9; Relación de Juan de Ortega y Montañés, 1697, en:773Hanke (1976: V, 132-148. 144-145).147
  • 148. alcalde mayor hasta 1751 – y en 1761 la abolición total.774 Los milicianos indios de Pochutla,Tonameca, Huatulco y Xadani obtuvieron después de mucho insistir la reducción del tributo enuna cuarta parte en 1720.775Durante mucho tiempo, las milicias carecían de una organización formal, de cuadros,entrenamiento y armamento. En la práctica, se consideraba a todos aquellos que los librosparroquiales registraban como pardos – o, en Huatulco, indios – como milicianos. El valor militarde los cuerpos era entonces mínimo, el trueque del tributo por el servicio el mal negocio para lacorona. Sobresaltados por la invasión inglesa de La Habana en 1762, los responsables de lamonarquía empezaron sin demorar la reforma de las milicias. En la Mar del Sur, las autoridadesplanteaban la reducción de los efectivos a cuerpos manejables. Pero reducir significativa excluir.Como la separación de las milicias implicaba recaer en la odiosa condición de tributario, losmorenos se oponían a las reformas. Su experiencia era inequívoca: en 1746, el agente del fiscohabía pretendido la matriculación de muchos pardos en Jicayan, pretextando de que no todospodían considerarse como milicianos. 776 Con todo y la resistencia, el coronel Pedro Zarrióconsiguió imponer en 1767 el establecimiento formal de tres compañías en este distrito aunquesólo después de haber accedido a aumentar los efectivos de cada uno de los cuerpos de los 50hombres previstos a 100. Aquellos que se excluían tenían que pagar tributo a partir de 1771. Dosaños después, la reforma se implantó también en Igualapa. 777En Sotavento, los cambios arrancaron con la reducción de la compañía de lanceros de la NuevaVeracruz a cinco escuadras de 156 hombres cada una por el gobernador Félix de Ferraz en 1767.Hasta 1777, las reformas se habían extendido a los distritos de San Andrés y Cosamaloapan; sóloen Acayucan se mantenía aún a fines de los años 1780 el viejo sistema. 778 Ahora bien, adiferencia de lo que sucedía en la Mar del Sur, las reformas en Sotavento no implicaban, segúnparece, la recaída de una parte de los pardos al estado tributario: las cuentas de tributarios defines del siglo XVIII demuestran, que, para esas fechas, los pardos y morenos no pagaban la tallaen ninguno de los distritos sotaventinos.779 Es posible que el conjunto de los pardos de la Mar delNorte se siguiera considerando como una fuerza de reserva, pero tampoco descartamos que lasolución reflejara la preocupación de la corona por la lealtad de ese importante estrato de lapoblación en una de las áreas más amenazadas de la monarquía.¿Hasta dónde los tributos de los pardos no exentos se recaudaban realmente? En 1791, elsubdelegado de Jicayan, González de Meza, planteó ante real hacienda la imposibilidad derecaudar la talla entre los afromestizos de su jurisdicción por la pérdida de las cosechas. Elvirrey accedió a perdonar el tributo de aquel año. 780 En 1801, Jacinto Ledos, encargado del774 AGN, Tributos 34, ff. 1-12.775 AGN, Indios 44, ff. 63v-64v; AGN, Tributos 34, ff. 160-173.776 AGN, General de Parte 54, s/f.777 AGN, Tributos 34, ff. 13-33.778AGN, Indif. de Guerra 47B, Reglamento del regimiento de lanceros de Veracruz, 27/10/1779; AGN,Historia 326, Exp. sobre la rebelión de Acayucan, 1787; Siemens/Brinckmann (1976: 323-324).779 AGN, Tributos 43, exp. 9.780 AGN, Tributos 34, ff. 119-157.148
  • 149. empadronamiento fiscal de negros y mulatos de Igualapa, solicitó a sus superiores que no se leobligara a registrar a los rancheros del distrito. Como confirmaban los recaudadores de losdiferentes impuestos reales en sendos escritos, era prácticamente imposible fiscalizar a losmorenos de Cuajinicuilapa, Copala y las demás rancherías. Solamente en los pueblos, Ometepec,Igualapa, Cuautepec y Ayutla, “donde los negros eran m|s dóciles y obedientes” se podía pensaren el cobro. La corona decidió entonces que se alistara sólo a los civilizados y que se intentarareducir a los demás a pueblos formales.781 Diez años después, Fernández del Campo,subdelegado del vecino distrito de Jicayan donde no se había aplicado el reglamento de 1801,insistió una vez más en la desobediencia de los pardos. En su respuesta, los funcionarios de realhacienda le regañaron y le mandaron cobrar a como diera lugar.782 Empero, a los pocos meses, elvirrey dispuso la abolición de todos los tributos.783 ¿Cómo interpretar la correspondencia entrelos justicias y real hacienda por una parte, el impacto real de las decisiones de la corte sobre elsistema fiscal por la otra? No descartamos que los funcionarios reales sugieran recaudando eltributo mientras se quejaban. Sabemos que el fraude era una práctica corriente entre losrecaudadores de la Costa Chica del siglo XVIII.784 Con todo consideramos como muy probableque la recaudación del tributo de negros y mulatos se volvía cada vez más difícil en el últimocuarto del siglo XVIII.La exención del tributo no implicaba ser libre de impuestos personales. Para costear los gastosde la tropa, principalmente los jornales que se pagaban a los vigías los días que estaban deguardia, los oficiales cobraban contribuciones a los milicianos.785 Con las reformas del sigloXVIII, la adquisición de uniformes y armamento, estos derrames se mostraban insuficientes. EnVeracruz, el gobernador Carrión dispuso en 1779 que los gastos adicionales se financiaran concontribuciones de real hacienda. 786 En la Mar del Sur, la corona era menos espléndida con lasmilicias. Los oficiales y los soldados españoles de Jicayan establecían hacia 1780 un ranchocuyos esquilmos sustituían los anteriores derrames. El rendimiento del hatito no era nadadesdeñable y antes de que terminara la década, el alcalde mayor y el capitán de la compañíapleiteaban por su distribución.787 Las unidades de pardos de la región eran probablementeincapaces de proceder a tamañas inversiones. Así, las autoridades imponían un arbitrio regularde 4 reales anuales a todos los milicianos no españoles. 788 Los pardos consideraban que laexacción era una especie de tributo y, temiendo por su incipiente emancipación social, la781 AGN, Civil 1783, exp. 3.782 AGEO, Tesorería principal, leg. 4, exp. 29.783 AGI, México 1144, Exp. sobre el restablecimiento del tributo de indios.784Entre 1734 y 1761, los justicias de Igualapa recaudaban el tributo entero a los pardos a pesar de suexención parcial; AGN, Tributos 34, ff. 1-12. Véase también una denuncia del cura de Azoyú en el sentidode que los alcaldes mayores de Igualapa cobraban tributos excesivos y los ocultaban a real hacienda a lolargo de los años 1780: AGN, Historia 76, exp. 16.785 AGN, General de Parte 57, f. 105.786 AGN, Indif. de Guerra 47B, Reglamento del regimiento de lanceros de Veracruz, 27/10/1779.787 AGN, General de Parte 57, ff. 62v. 105. 198. 234.788 AGN, Indif. de Guerra 289B, Informe Laguna, 1/7/1796.149
  • 150. rechazaban. Al inspeccionar Jicayan e Igualapa en 1796, el teniente coronel Laguna suspendió elcobro del impuesto y mandó que por ahora cada compañía sembrara una milpa de una fanega demaíz. Ante el fracaso de la primera cosecha, el subdelegado de Igualapa propuso gravar a todoslos pardos no milicianos con un impuesto adicional de un peso anual. 789 Ignoramos si el proyectoprosperaba. MILICIAS Y CASTAS: PARDOS Y ESPAÑOLESLas milicias eran el lugar donde se cristalizaban las castas fiscales como grupos sociales ychocaban. Desde el siglo XVI, los comerciantes españoles de Veracruz y Acapulco rehusabanjuntarse con los tributarios morenos y organizaban sus propias compañías.En el siglo XVIII, estos cuerpos se multiplicaban. En la Costa de Sotavento existían para 1777compañías de españoles en Santiago y San Andrés Tuxtla. Es muy probable que posteriormentese formaran otras en las cabeceras de Acayucan, Cosamaloapan y Tlacotalpan. 790 En la Mar delSur había compañías de caballería española en Igualapa y Jicayan. 791 El rechazo de los españolesa servir en un mismo cuerpo con pardos podía llevar a situaciones absurdas. La escasez deespañoles y mestizos en la Costa Chica obligaba a los grupos dominantes a blanquear a unnúmero más o menos importante de pardos para completar sus compañías. Así en Igualapadonde el establecimiento de la compañía de caballería de españoles de Ayutla en 1780 se debía ala ambición de Gabriel de Tejada. Tejada ocupaba diferentes puestos en la administración deldistrito: durante un tiempo fungía como teniente del alcalde mayor, después administraba lasrentas reales. En un momento dado logró formar un cuerpo de 45 españoles en un pueblo quetenía sólo 8 blancos según la matrícula que él mismo había elaborado en tanto que teniente. Enprevisión de que el sucesor del alcalde mayor – con cuya connivencia había actuado – podíadescubrir y denunciar la manipulación, Tejada sometió su tropa en violación abierta de las leyesal justicia del vecino distrito de Acapulco. Al producirse el relevo en la alcaldía igualapeña en1781 se desató de inmediato una ardua lucha entre Tejada y el nuevo justicia. El funcionariodenunciaba el proceder de Tejada y este animaba a sus españoles a que no olvidaran que comotales se les tenía que tratar de don.792El recelo contra el otro no era exclusivo de los españoles, por lo menos en la Costa Chica. En1793, José Ignacio Flury estableció en su calidad de comandante de la 4ª división de milicias dela Mar del Sur la compañía de pardos de Huasolotitlan. Cuando quería nombrarle oficiales yestos resultaban ser españoles, los recién reclutados se rebelaron gritando “de que no queríanoficiales españoles que los mandasen sino los de su color”. Flury logró controlar el alboroto y, alcastigar a los cabecillas, restableció la calma. 793 Puede que había entre los rancheros pardos789 AGN, Indif. de Guerra 289B, Informe Laguna, 1/7/1796.790 Siemens/Brinckmann (1976: 323-324).791 AGN, Indif. de Guerra 289B, Estado de la 4ª división de milicias de la Mar del Sur, 31/1/1795.792 AGN, Tributos 34, ff. 35-47; AGN, General de Parte 61, s/f; AGN, Historia 578B, 89-93.793 AGN, Indif. de Guerra 289B, Flury al virrey, 10/2/1795.150
  • 151. algunos acomodados, los cabecillas de los informes oficiales: gente que aspiraba a ser oficial yque aprovechaba redes clientelares para promoverse. Empero, eso no era todo. Los afromestizoscarecían desde el siglo XVI de estructuras políticas susceptibles de representar sus interesesfrente a las autoridades del reino. El establecimiento de las milicias abría nuevas perspectivas,sobre todo después de la formalización de los cuerpos en el siglo XVIII. El reclamo de oficialesreclutados entre ellos mismos puede interpretarse, consideramos, como el reclamo derepresentantes institucionales. En realidad, en la medida en que los pardos lograban penetrarlos mandos medios de la jerarquía militar – los grados de cabo y sargento – estos se convertíanen sus voceros. Los tenientes de las compañías de pardos de Ometepec, por ejemplo,denunciaron en 1773 ante el virrey que el alcalde mayor del distrito aún no había puesto envigor la real orden de 1761 que concedía a los milicianos la exención del tributo.794 José Ávila, unnegro de Juchitán que llegó hasta el grado de teniente, defendió 20 años después los bienes de lacofradía de su rancho contra los abusos del cura de Azoyú.795Los pardos lograban ocupar los mandos medios de los cuerpos que se reclutaban entre ellos,pero los escalafones altos, capitán, teniente y subteniente, eran prácticamente vedados a noespañoles: cuando menos después de las reformas del siglo XVIII. Las listas de la oficialidad de la4ª división de la Mar del Sur muestran que de 31 capitanes, tenientes y subtenientes, 25 erannativos del altiplano –principalmente de la ciudad de Oaxaca – o de la península: 4 de los 6originarios de la región pertenecían comprobadamente a familias españolas; de 2 no pudimosaclarar la etnia.796 El caso José Ávila, ya mencionado, se explica por la gran amistad – comosiempre basado en el negocio y la explotación de los demás – entre el negro y el alcalde mayorde Igualapa, Francisco Terán.También los campesinos no indios de la Costa de Sotavento defendían sus intereses a través delos mandos inferiores de las milicias en que quedaban enrolados. 797 También aquí, la altaoficialidad era coto privado de los españoles y sólo en las milicias no reformadas de Acayucanlos puestos de mando se ocupaban por pardos.798 Con todo y eso, parece que los rancherossotaventinos no habían desarrollado una conciencia étnica beligerante que los opusiera a losespañoles como tales. El problema básico en la región: el problema entorno al cual sedesarrollaba la lucha de clases, era la tierra y las masas rancheras se descubrían menos comopardos o negros que como campesinos que carecían de tierras. Consideramos que estadiferencia entre las dos costas se explica en gran medida por la solución radical que se dio desdeel siglo XVII al problema del tributo pardo en las regiones sotaventinas. Mientras el tributo y elseudotributo – las contribuciones milicianas – favorecían la formación de un frente pardo en la794 AGN, Tributos 34, ff. 13-33. Véase también la denuncia que presentaban el alférez, el sargento y el cabode las milicias pardas de Puerto Escondido en 1791 contra el alcalde mayor de Jicayan: AGN, Tributos 34,ff. 110-117.795 AGN, Inquisición 1223, ff. 172-250.796AGN, Indif. de Guerra 289B. Para la etnia de los costeños, véase AGI, México 2589, Padrón de SantiagoPinotepa, 1777. Véase, por ejemplo, un escrito del cabo mestizo de los lanceros de Jamapa en que este solicitó en 1807797que se dotara a los de su cuerpo con tierras propias: AGN, Tierras 1382, exp. 4.798AGN, Indif. de Guerra 47B, Listas de los individuos veteranos de las compañías 1ª, 2ª, 3ª, y 4ª de loslanceros de Veracruz, 1780; Siemens/Brinckmann (1976: 323-324).151
  • 152. Costa Chica: un frente que se manifestaría con todo vigor a la hora de la Insurgencia de 1810, laexención generalizada de los pardos sotaventitos del tributo frenaban el desarrollo de esta líneade la lucha de clases en la mar del norte. MILICIAS Y JURISDICCIÓNHasta la segunda mitad del siglo XVIII, el alcalde mayor era no sólo justicia sino también capitána guerra de sus milicias. Todavía en 1767, el virrey marqués de Croix confirmó al alcalde mayoren el mando de las tropas y en el derecho de proponer a los capitanes.799 En los años 1780,justicia y ejército se separaron y se creó el cargo de comandante de milicias. Con eso, el alcaldemayor perdió la mano de obra miliciana que usaba antes sin pagar nada para cobrar tributos orealizar funciones policiacas.800 Los comandantes le prestaban a sus gentes, pero contra el pagode jornales elevados de 3 y 4 reales para soldados y sargentos, respectivamente. Los alcaldesmayores establecían entonces ministros de barrio o patrullas en los pueblos, una especie depolicías a su servicio exclusivo. 801 Pero el cambio más drástico no era el establecimiento de uncuerpo policiaco adicional – ya existía la santa hermandad – con la corrupción propia de unatropa seguramente mal pagada. Como los militares gozaban desde las reformas de 1760 delfuero militar, la privación del alcalde mayor del mando le quitaba también la jurisdicción sobrelos pardos alistados y sus mandos españoles.802El amplio carácter del control del oficial sobre su tropa y su autonomía con respecto al alcaldemayor por el fuero hacía que el mando de las milicias reformadas fuera un objeto muy apeteciblepara las clases dominantes locales. En realidad sobran indicios de que estos grupos controlabanpronto los cuerpos de ambas costas. Veamos la lista de los oficiales de la 4ª división de la Mar delSur correspondiente a 1795 (cuadro 41.).803 De 10 capitanes, 6 pertenecían comprobadamente alcomercio de la cabecera de sus respectivos distritos. En el rango de teniente encontramos a losmismos grupos. En la Mar del Norte, la situación no era diferente. Así constatamos que Miguel deEsquina, miembro de unas de las familias más renombradas del comercio de Tlacotalpan, eracapitán de la 3ª compañía de la 3ª división de la Mar del Norte, correspondiente a su pueblonatal.804 También Antonio Fernández, coetáneo de Esquina y prócer del comercio de la cabecera799 AGN, Tributos 34, ff. 35-47.800 AGN, Indif. de Guerra 289B, Informe Laguna, 17/7/1796.801AGN, Indif, de Guerra 289B, Conflicto entre Perales, teniente de Igualapa, y Flury, comandante demilicias, 1795.802 AGN, Indif. de Guerra 289B, Informe Laguna.803 La lista de los oficiales se encuentra en AGN, Indif. de Guerra 2289B. Con respecto a la biografía de losoficiales, véanse AGEO, Real Intendencia II, leg. 35, exp. 16 para Ibarra; AGN, AHH 72, exp. 9 paraGayangos, Calleja, Candiani, Montoya y Gómez; AGN, General de Parte 79, s/f, para Montalban, AGNEO,José Ignacio Salgado 1796-1797, ff. 25-25v, para Egusquira; AGI, México 2052B, Caja real de México, 1780,Enteros para licencias para herrar ganado, para Sánchez Pareja.804 AGN, Subdelegados 6, ff. 263-285.152
  • 153. de Cosamaloapan ostentaba el grado de capitán de milicias.805 El control sobre los rancheros – ysu producción – no era el único atractivo de los altos rangos militares. El titular podía encauzarademás la adquisición de uniformes, armamentos e instrumentos musicales así que laconstrucción de los cuarteles de manera que beneficiaran a sus negocios y gozaba del fuerofrente al justicia del distrito.806Algo diferente se presentaban estos problemas en el campo inmediato a la ciudad de Veracruz,los partidos de Medellín y de Boca del Río. Desde la fundación de la ciudad y el establecimientodel ayuntamiento, uno de los regidores, el alcalde provisional, ejercía allí derechosjurisdiccionales. Las reformas de los gobernadores Ferraz (1967) y, sobre todo, Carrión (1779)que introdujeron el fuero de los lanceros amenazaban con restringir el control de las clasesdominantes del puerto sobre los campesinos. A estos golpes se añadió el establecimiento delfuero para todos los marineros, pescadores, calafates y carpinteros en la matrícula de 1777. 807Ante esta situación, el alcalde provincial denunció desde 1780 el aumento de la delincuencia, enparticular el robo de ganado, al amparo de los diferentes fueros.808 MILICIAS Y TRABAJO RURAL. EL CASO DEL CAMPO JAROCHOEl reclutamiento de milicianos y de marinos significaba una punción sobre la fuerza del trabajorural. Debido a la importancia estratégica del puerto de Veracruz, el problema se presentaba contoda agudeza en el campo jarocho. Desde los años 1780 se conjugaban allí los primeros efectosde la matrícula con la prolongación del acuartelamiento de los milicianos a raíz de la guerraentre las coronas de España y de Inglaterra por la independencia de los Estados Unidos (1779-1783).809De los 600 lanceros que subsistían en 5 compañías después de unas reformas introducidas porel gobernador Carrión en 1779, la mitad estaba casada y tenía su ranchito. 810 Según parece sedaban muchos casos en que todos los hombres adultos de una familia dada estaban adscritos aalguna unidad miliciana o naval. Con tal de poder continuar la explotación de la tierra, estoscampesinos necesitaban desertar – y sabemos que muchos lo hacían – o abandonar el campo.Muy pocos podían pagar a suplentes: sabemos que antes de 1806 se pagaban 10 pesosmensuales, de allí en adelante los montos subían a hasta 30 pesos. 811805 AGN, Templos y Conventos 15, exp. 5.806 Véase Vega Juanino (1986: 120-126).807 AHV 1778, Exp. sobre la matrícula de mar.808 AGN, Indif. de Guerra 47B, Troncoso al virrey, 7/7/1780.809 AGN, Indif. de Guerra, Representación de Armona, 5/4/1781.810 AGN, Indif. de Guerra 47B, Lista de los efectivos de la 1ª, 2ª, 3ª y 4ª compañía de lanceros, 1780.811AGN, Indif. de Guerra 47B, Representación de Armona, 10/7/1780; AHV 1810, Instrucción delayuntamiento de Veracruz al diputado a Cortes.153
  • 154. Para aquellos que dependían más de la venta de fuerza de trabajo que del trabajo de sus cultivospara sobrevivir, el reclutamiento no representaba un problema mayor. Los días que estabanacuartelados recibían la comida y un sueldo de dos reales: una remuneración que correspondía,según parece, a los jornales que se pagaban en los trabajos de campo hasta fines del siglo. 812Muchos se llevaban a su familia cuando iban camino a la ciudad: algunos para que las muchachasy mujeres trabajaran como domésticas en las casas de los comerciantes, otros para que sededican a mendigar o, como decían sus enemigos de clase, robar.813La absorción de mano de obra rural por el servicio miliciano afectaba a todos los que dependíande la contratación de jornaleros o peones para el trabajo de sus tierras. Entre estos seencontraban también muchos comerciantes del puerto. Desde 1780, el comercio organizó laresistencia con el apoyo del clero y de una parte de los oficiales profesionales. 814 Este mismoaño, la coalición de los rentistas veracruzanos consiguió que el virrey dispusiera que seredimensionara el tiempo del acuartelamiento de los lanceros. 815Cada vez que los representantes de la corona en Veracruz respondían a un peligro exterior conel acuartelamiento de las milicias: en la guerra de la corona española con la convención francesa(1793-1796) o en los repetidos enfrentamientos con Inglaterra (1796-1802 y 1805-1808), serepetía el escenario de los años 1780 y los rentistas del campo jarocho se rebelaban en bloquecontra el acaparamiento de la mano de obra disponible. 816812 Respecto a los jornales en el campo jarocho, véase infra, cap. 14.813 AGN, Indif. de Guerra 47B, Representaciones de Gregorio José Suárez, vicario foráneo de Veracruz, yAdrián Félix Troncoso, regidor y alcalde provincial del campo de Veracruz, 1780; AHV 1810, Instruccióndel ayuntamiento de Veracruz al diputado a Cortes.814 AGN, Indif. de Guerra 47B, Representación de Armona, 10/7/1780.815 AGI, México 1510, el virrey Mayorga a Gálvez, 5/10/1780.816 Véase infra, cap. 14.154
  • 155. PARTE III. CLASES DOMINANTES REGIONALE S Y CLASES DOMINANTES NACIONALES EN EL REINO NOVOHISPANO155
  • 156. 10. CRÉDITO E INTERCAMBIOSPequeños grupos de propietarios, usureros y recaudadores de impuestos y diezmos dominabany explotaban desde las cabeceras distritales al campo inmediato. Los sendos grupos decomerciantes provincianos se insertaban en una red que cubría todo el reino. ¿Cuál era el lugarde las clases dominantes de las costas en esta red? Abad y Queipo afirmó en 1808 que ni el cincopor ciento de los 200,000 mercaderes del reino operaban con caudales propios y que todos losdemás dependían de alguna forma de crédito.817 ¿A qué grupo pertenecían los costeños? ¿Cuálera el origen de los fondos que permitían a algunos decidir sobre el desarrollo de sus respectivasregiones? LAS FUENTES DE CAPITALCuatro eran los fondos con que operaban los hombres del dinero avecindados en las costas:caudales propios, bienes ajenos bajo su administración, capital social y préstamos.818 Pocosabemos sobre el volumen de los capitales propios con que se iniciaban los negocios en lascostas. No todos disponían sin duda de los 30,000 pesos que declaraba tener Diego de Moralescuando consiguió la alcaldía mayor de Huamelula en 1770. 819 Diego Sánchez, uno de loscomerciantes algodoneros que actuaban desde Tlacotalpan durante la segunda mitad del sigloXVIII, sevillano de origen, tenía un capital de 300 pesos cuando se casó en 1779 con RosalíaGarcía, española nacida a orillas del Papaloapan.820 El gaditano Juan B. Franyuti, exitosocomerciante de la cabecera de Acayucan, empezó con nada más 500 pesos.821Había novias que no aportaban más que las arras al matrimonio. En su testamento redactado en1812, Tomas Morán, uno de los corredores del puerto de Veracruz, señalaba que estaba casadoen segundas nupcias con Juana Giveli; ella no había traído nada al matrimonio y él le habíaconsignado arras por 3,000 pesos.822 La fortuna de Ana María Hernández Palacios, por ejemplo,se resumía en los 500 pesos que le entregó su novio, el comerciante tlacotalpeño ManuelAntonio Alarcón, al desposarla a inicios de los años 1730. 823 Sin embargo, en muchos casos, unmatrimonio logrado proporcionaba dotes maravillosos: caudales que se podían emplear sinpagar ningún tipo de interés. A veces, la dote venía nada más a sumarse a la opulencia previa del817 Abad y Queipo Manuel. Escrito presentado a don Manuel Sixto Espinoza, del consejo de estado ydirector único del príncipe de la paz en asuntos de real hacienda dirigido a fin de que se suspendiese enlas Américas la real cédula de 26 de diciembre de 1804, en: Moreno García (1986: 160-174. 165).818 Peña (1983: 112-134). Véase también AGI, México 1872, El obispo de Oaxaca al rey, 21/8/1778.819 AGNO, Manuel Franco de Lara 1770, f. 291.820 AHT, leg. 2, exp. 10. Testamentaría de Diego Sánchez, 1795.821 AGN, Tierras 955, exp. 10.822 ANX, Protocolos 1813/1814, f. 66.823 AHT, leg. 1, exp. 1. Testamentaría de Manuel Antonio Alarcón, 1765.156
  • 157. novio. Este era el caso del ya mencionado Diego de Morales quien recibió de su suegro, AntonioIbarra de Corvera, prohombre del comercio oaxaqueño, 10,000 pesos para la boda. 824 Otrasveces, las aportaciones de la muchacha superaban significativamente el capital del novio. Alhaber fallecido Manuel Antonio Alarcón en 1765, Ana María Hernández de Palacios volvió acasarse en 1767. Mientras ella llevó toda su herencia, más de 12,000 pesos, al nuevomatrimonio, su segundo esposo, Pedro Caldelas, apenas juntó 400 pesos en reales y algunasalhajas.825 El que fuera alcalde mayor de Igualapa a inicios del siglo XVIII, Juan de Mier y Alveas,no aportó absolutamente nada al matrimonio con María de Zubira Javier, hija de un comerciantede Cartagena. Ella, en cambio, recibió de sus padres una dote de 9-12,000 pesos en bienes yalhajas.826 Juan Montañés, un joven malagueño que había llegado sin gran cosa al puerto deVeracruz, se volvió de repente un hombre de categoría cuando se casó en 1765 con AnastasiaJaviera de Náteras, hija del escribano público y de cabildo de la ciudad: además de una dote demás de 3,700 pesos, su suegro le concedió en el contrato matrimonial también un préstamo de1’500 pesos para que pudiera comprar su sucesión. 827También un albaceazgo era susceptible de ampliar temporalmente las bases de un negocio.Sebastián Fernández de Bobadilla y Andrés Gil de la Torre, albaceas y administradores ad bonade Nicolás de Pinte, concedieron en 1779 un préstamo de 10,000 pesos por tres años y al 5 porciento al ayuntamiento de Veracruz.828 Mientras estos préstamos se hacían a terceros, porcontrato y ante notario, la ganancia correspondía desde luego a la testamentaría. Empero ¿seobservaban estas formas cuando el albacea tomaba un préstamo de la herencia para su propiouso? Había casos de abuso evidente, facilitados por las distancias y la cohesión de los gruposlocales. Juan B. Franyuti era albacea, fideicomisario y tenedor de bienes de Santiago de Muralla,un comerciante genovés que falleció en Tabasco. A pesar de la voluntad testamentaria deMuralla, Franyuti se quedó con el conjunto de sus bienes hasta su propia muerte. Más todavía:Muralla había sido por su parte albacea y tenedor de bienes de su compatriota y compañero enlas andanzas por la Mar del Norte, Agustín de Oñeto. Los herederos de Oñeto se enteraron hastala muerte de Franyuti en 1764 donde habían quedado los bienes de su pariente. 829Administrar fondos reales, eclesiásticos, municipales o comunitarios podía significar, comoveremos al analizar el funcionamiento del ayuntamiento de Veracruz, suplir una escaseztemporal con dinero particular: un hecho que implicaba que no cualquiera podía acceder a estoscargos. Sin embargo, las mismas funciones administrativas permitían también en periodosdeterminados utilizar los reales en custodia para negocios propios del titular. Los curas, porejemplo, utilizaban las arcas de las cofradías de indios para hacer sus repartimientos. 830Podemos conjeturar que los alcaldes mayores y las repúblicas hacían lo mismo con los reales del824 AGNEO, Manuel Franco de Lara, 1770, f. 291.825 AHT, leg. 2, exp. 3, Testamentaría de Ana María Hernández Palacios, 1773.826 AGNEO, Diego Benaias 1704, f. 476.827 AHX, Protocolos 1727, ff. 71-94.828 AHV, AC 5/11/1779.829 AGN, Tierras 955, exp. 10.830 Pastor (1987: 155).157
  • 158. tributo antes de su entrega a real hacienda. En los puertos de Acapulco y Veracruz, los ricosfondos de las sucursales de real hacienda debían de suscitar la codicia de aquellos privilegiadosque tenían acceso a ellos. 831 Sabemos, por ejemplo, que en Acapulco, donde los caudales en plataamonedada eran escasísimos, los tenientes de los castellanos, responsables de la caja durante laslargas ausencias de los oficiales hacendísticos (que sólo asistían en tiempos de la feria), pagabana los soldados del fuerte de San Diego no en reales sino en ropa: un sistema que les permitía, através de la manipulación de los precios, apropiarse partes de los caudales del rey. 832 LA ASOCIACIÓN CON EL GRAN COMERCIO DEL REINOLos explotadores costeños vivían en regiones básicamente agropecuarias. La tierra determinabael ciclo y la coyuntura de sus negocios. Para sobrevivir en tiempos muertos y en años decosechas abortadas resultaba fundamental disponer de alguien que garantizaba la liquidez delnegocio, cualquiera que fuera su carácter. Existían dos posibilidades: el costeño podía ya fuerabuscar alguna forma de asociación con uno de aquellos 400 grandes comerciantes del reino queno debían nada a nadie, ya fuera solicitar préstamos a uno de los señores del dinero.Respecto a los préstamos podemos distinguir entre el crédito comercial por una parte, eldepósito y el censo por la otra. El primero se concedía a tasas variables. Durante la primeramitad del siglo XVII se manejaban premios del 12 al 14 por ciento; a inicios del siglo XIX, el quehacía sus compras a crédito pagaba un sobreprecio del 15 por ciento. 833 Los censos y depósitosse regían por la pragmática del 7 de octubre de 1621 que había bajado el tipo de interés del 7 al5 por ciento.834 En el siglo XVII existía una clara diferencia entre los hombres de trato,mercaderes que concedían crédito comercial, y señores de censos, rentistas que prestaban al 5por ciento contra garantías hipotecarias: abogados, instituciones eclesiásticas, la nobleza yciertos fondos públicos.835 Los primeros buscaban la rentabilidad, los segundos la seguridad. Afines del siglo XVIII, la iglesia seguía muy activa en este negocio. Para ese entonces había ademásde censos depósitos. El depósito, una forma de crédito desarrollada durante la segunda mitaddel siglo XVII como respuesta de la iglesia a la falta de fincas imponibles, se concedía contrafianza.836 En principio, este tipo de préstamo se daba a plazo fijo, pero en la práctica la iglesia noinsistía en la devolución mientras el deudor pagaba los intereses. El censo no conocía por su831De la Peña (1983: 119) ha insistido en la importancia de las tesorerías reales y municipales en la NuevaEspaña del siglo XVIII como circuitos de numerario en reales.832 AGN, Civil 1138, Exp. sobre las cajas de Acapulco, 1767.833Con respecto al siglo XVII, véase De la Peña (1983: 127). Para el siglo XIX nos apoyamos en Abad yQueipo Manuel. Escrito presentado a don Manuel Sixto Espinosa, del consejo de estado y director únicodel príncipe de la paz en asuntos de real hacienda dirigido a fin de que se suspendiese en las Américas lareal cédula de 26 de diciembre de 1804, en: Moreno García (1986: 160-174. 165).834 De la Peña (1983: 127).835 De la Peña (1983: 124).836 Lavrín (1985: 33-40). Véanse también Lavrín (1973), Tutino (1974: 505-506) y Bauer (1986).158
  • 159. misma naturaleza plazos y podía redimirse cuando más le convenía al censatario. 837Instituciones eclesiásticas – y habrá que ver cuáles – eran indudablemente la fuente principal delcrédito al 5 por ciento en el siglo XVIII. Con todo, no descartamos que también los comerciantesviejos que “no dan mayor extensión a su giro y acumulan en plata las utilidades anuales por seis,ocho o diez años que sobreviven” de que habla Abad y Queipo en 1809 invertían una parte desus caudales en este tipo de negocios.838Algunos comerciantes provincianos estaban asociados en compañías formales con las grandescasas del reino para la explotación conjunta de las masas rurales. 839 Veamos por ejemplo elcontrato mediante el cual el capitalino Francisco Palacio y Castillo, arrendatario de San Marcospara el periodo de 1771-1778, se asoció con su administrador, José Aguilar Palomar. Aguilar era,como pequeño ganadero de Petatlan en el distrito de Zacatula, buen conocedor de los problemasde la ganadería y del medio costeño. Palacio y Castillo ponía la hacienda y un capital de 4,600pesos destinado al surtimiento de una tienda de abarrotes. El capitalino se comprometía ademása pagar las deudas de Aguilar que ascendían a 1,300 pesos. Este por su parte aportaba todos susbienes: básicamente unas cabezas de ganado vacuno. El arrendatario se obligaba también allevar un libro de contabilidad y a no aceptar compromisos con terceros. El contrato estipulabaque del producto del negocio se substraerían el arrendamiento y los gastos de mantenimiento.La ganancia neta se dividiría por partes iguales entre ambos socios. 840 El contrato comparte conotros de su género dos cláusulas fundamentales: la prohibición unilateral de entablar negocioscon terceros que gravaba sobre el socio provinciano por una parte, un reparto de los beneficiosque, teniendo en cuenta su aportación, era relativamente ventajoso a este por la otra. 841 Sabemosque estas compañías existían, pero ignoramos la importancia real del fenómeno en el ámbitocosteño.Fundamental para el acceso a los caudales de las grandes casas del reino eran los vínculosfamiliares. Las relaciones comerciales se establecían, en realidad, de preferencia entre parientes.Los comerciantes costeños eran en muchos casos hijos, primos o hermanos de aquellos de lasgrandes ciudades. Ejemplar resulta quizás el caso de Juan de Mier y Alveas. Su hermano,Fernando de Mier y Alvaes, era caballero de la orden de Santiago y vivía en la ciudad de México;su primo, Cosme de Mier y Estrada, era miembro del comercio de Oaxaca.842 Donde no habíalazos familiares, estos podían establecerse mediante un contrato matrimonial, como enseña la837Manuel Abad y Queipo, Representación a nombre de los labradores y comerciantes en Valladolid deMichoacán en que se demuestran con claridad los gravísimos inconvenientes de que se ejecute en lasAméricas la real cédula de 26 de diciembre de 1804, en: Moreno García (1986: 136-159. 145).838 Abad y Queipo Manuel. Escrito presentado a don Manuel Sixto Espinosa, del consejo de estado ydirector único del príncipe de la paz en asuntos de real hacienda dirigido a fin de que se suspendiese enlas Américas la real cédula de 26 de diciembre de 1804, en: Moreno García (1986: 160-174. 165).839 Véanse también Brading (1975: 135-178) y Kicza (1983: 77-99).840 AGN, Tierras 1213.841Kicza (1983: 80) señala que los comerciantes capitalinos casi siempre prohibían a sus sociosprovincianos mantener relaciones con terceros pero que les concedían un tercio o la mitad de lasganancias.842 AGNEO, Diego Benaias 1704, f. 476.159
  • 160. historia de Diego de Morales y de su suegro, el capitán Ignacio Ibañez de Corvera. 843 Otraposibilidad era el compadrazgo. Sabemos así que Juan B. Franyuti, el mencionado prócer delcomercio acayuquense, era compadre del poblano Juan de Thema, uno de sus principalescorresponsales foráneos.844Señalamos que la asociación formal con una de las grandes casas del reino implicaba por logeneral la renuncia al establecimiento de relaciones comerciales con terceros. Esta exclusividadno se estipulaba, desde luego, en los préstamos. De hecho observamos que muchos explotadorescosteños – y diríamos que la inmensa mayoría – se enlazaban con diferentes habilitadores.Veamos, a título de ejemplo, la lista de los compromisos que asumía Juan de Mier y Alveas en eltestamento que redactó en 1704 en la ciudad de Oaxaca (cuadro 42.).845 Es posible que las casasde Oaxaca, Puebla y México con las que trataba el funcionario estuvieran vinculadas entre ellas.Con todo, la posibilidad de multiplicar los compromisos ha de haber aumentadoconsiderablemente la libertad de acción del deudor. Un caso parecido es el de Juan B. Franyuti.Al redactar su testamento en 1757, el comerciante estaba en tratos con Manuel Llantada Ibarrade México, Gabriel Aleja de Orizaba y Juan de Thema y Domingo de la Vega de Puebla. Con todosllevaba una cuenta corriente abierta. 846 LA RENTABILIDAD DE LA DEUDAEn la instrucción que dejó en 1794 a su sucesor, el virrey conde de Revillagigedo reflexionabasobre el precio del dinero en la Nueva España. Según el funcionario, el premio legal del 5 porciento era demasiado elevado e impedía el desarrollo adecuado de la agricultura y del comercioen el reino.847 Sabemos que en la península, una pragmática había bajado en 1750 el tipo deinterés de los créditos hipotecarios del 5 al 3 por ciento.848 ¿En qué medida influenciaban lasaltas tasas de interés el comportamiento de los rentistas? ¿En qué medida frenaban el desarrollode sus rentas?Disponemos de algunos datos respecto a las ganancias de los comerciantes-usureros durante laúltima etapa colonial. Tomás Ricarte, alcalde mayor de San Andrés a mediados del siglo XVIII,admitía ganancias de 7-8 por ciento en el comercio de algodón: “La cota del precio de los843 AGNEO, Manuel Franco de Lara 1770, f. 291.844 AGN, Tierras 955, exp. 10.845 AGNEO, Diego Benaias 1704, f. 476.846 AGN, Tierras 955, exp. 10.847Güemes Pacheco (1986: 42-43). Textualmente, Revillagigedo escribió: “Cuando un individuo puedasacar un 5 por 100 de su caudal, sin trabajo y con seguridad es menester que gane el 8 a lo menos si ha detrabajar y arriesgarlo, y así sería necesaria una real determinación en que quedase el premio legalreducido a un 2 ½ por 100, si se quiere dar a esta agricultura y comercio interior y a sus fábricas unfomento…”848 Congost (1990: 99).160
  • 161. aviadores es un 5 por ciento por el suplemento del dinero y 2 ½ de compra y remisión”. 849 Otrosdatos sugieren, empero, que las ganancias eran mucho más elevadas. Andrés Antonio Rodríguezquien deservía por los mismos años Huatulco, señalaba que “con las quiebras y riesgos que sonnotorios y se dan por sentados podrá dicho alcalde mayor avanzar la respectiva utilidad de unveinte y cinco por ciento libres, así en la distribución de géneros como de reales”.850 En Huatulco,provincia granera, el tinte se compraba al campesino a 12 reales: en la ciudad de Oaxaca, que erael mercado principal del colorante a lo largo de la colonia, valía por ese entonces de 16 a 18reales. De acuerdo con Rodríguez, entre 1 y 3 reales, o sea entre el 10 y el 30 por ciento, iban en“costos menores y derechos, con m|s la encomienda de su consignación”. 851 Teniendo en cuentaestos hechos podemos conjeturar que en Jicayan, donde el productor sólo recibía 10 reales porlibra – y donde, debido a la mayor producción, los gastos adicionales eran relativamentemenores –, el colorante era un negociazo para quien lo comercializara. 852 Toda esta informaciónse nos proporciona por los mismos usureros, interesados en minimizar la importancia de susbeneficios. Si prestamos atención a los enemigos de la usura, el panorama cambia. El cura deCuautepec acusó en 1777 al cajero del alcalde mayor de prestar a los indios un peso para que ledevolvieran 12 reales.853 El intendente Mora y Peysal refería en un extenso informe sobre lo queconsideraba abusos de los justicia que el repartimiento de ganado les dejaba ganancias de 75-80por ciento.854 Aún si estos datos estuvieran exagerados podemos partir de ganancias promediasmayores al 20 por ciento. Cuarenta años después, en un contexto muy diferente, loscomerciantes particulares de Cosamaloapan admitían que la habilitación de los campesinosalgodoneros de su distrito les procuraba ganancias libres del 25 por ciento. 855Consta que los usureros de toda especie, alcaldes mayores como tratantes particulares, obteníanganancias muy por encima del 5 por ciento que les costaban los préstamos. Para ellos valía sinduda alguna la pena endeudarse. ¿Y para los propietarios? Brading y Van Young han sugerido ensendos trabajos que los latifundios del Bajío y de la región de Guadalajara redituaban alrededordel 5 por ciento en el siglo XVIII y a inicios del siglo XIX.856 Si admitimos, como lo hace Brading,de que los arrendamientos de haciendas enteras permiten evaluar su rédito podemos conjeturarque la situación de las unidades costeñas era parecida a la de sus pares del Bajío y de la NuevaGalicia. Nuestra Señora del Buen Suceso de Coyuca se compró en 1703 por 2,000 pesos; el849 AGN, Subdelegados 34, ff. 243-250. El término de aviador – o habilitador – se aplicaba al prestamista.850 AGN, Subdelegados 34, ff. 111-114v.851 AGN, Subdelegados 34, ff. 111-114v.852 El ya citado anónimo al obispo de Oaxaca de 1777 afirmaba que la grana se pagaba en toda la diócesis a12 reales la libra; “solamente en la costa de Jicayan se reparte a diez reales”. Véase AGI, México 1872. Hayque añadir que el precio de la grana en Oaxaca se ubicaba para ese entonces al mismo nivel que a fines dela década de 1750.853 AGN, General de Parte 58, f. 40v.854Con respecto a la afirmación de Mora y Peysal, véase AGI, México 1974, Informe de Mora y Peysal alvirrey, 12/4/1790.855 AGI, México 1974, Exp. sobre repartimientos.856 Brading (1988: 166-167); Van Young (1981: 224-235).161
  • 162. primer contrato de arrendamiento se estableció sobre una renta anual de 40 pesos. En 1751 seisaños antes de la venta de la hacienda en 2,200 pesos, la renta subió a 50 pesos. 857 San PedroApango tenía en 1810 un valor hipotecario de 4,500 pesos; el contrato de arrendamiento que sesuscribió este mismo año ante un notario de Oaxaca estipulaba una renta de 225 pesos. 858 Estosignifica que bajo ciertas condiciones podía ser rentable adquirir una hacienda con créditohipotecario. En efecto, en un contexto en que la demanda de tierras en arrendamiento o deproductos agropecuarios empujaba la renta propietaria, el rédito de una hacienda pronto eramayor al 5 por ciento de inversión inicial. Como carecemos de ejemplos que permitirían ilustrarla idea pasamos a construir uno. “A” compra la hacienda “X” en 1,000 pesos mediante un créditohipotecario por la misma cantidad. Esto implica el pago de una renta anual de 50 pesos alacreedor. “X” est| arrendada en el momento del traspaso, procurando el rédito usual del 5 porciento, es decir 50 pesos. En un primer momento, el prestamista absorbe así la renta propietaria.Ahora bien, a los dos años de haber adquirido “A” la hacienda se vence el contrato delarrendatario. Hay mucha demanda de tierras, los candidatos al arrendamiento no dejan de pujary “A” logra imponer un aumento de 20 pesos a su renta. El nuevo rédito de la propiedad es de 7por ciento del capital inicial. “A” puede aprovechar el aumento de su renta de dos formas. Si asíle conviene puede cobrar año con año la renta de 70 pesos, dar los 50 pesos al prestamista yquedarse con los 20 restantes. Mas también puede capitalizar la renta y vender la propiedad en1,4000 a que asciende ahora su valor. Del producto, 1,000 pesos son del prestamista – que estálibre de exigir el pago del principal – y 400 del propietario. De seguir la segunda variante, “A”realiza en dos años una ganancia de 400 pesos sin gastar un sólo real. En nuestro ejemplotrabajamos con un terrateniente que arrienda su