La recuperación de tecnologías andinas
Upcoming SlideShare
Loading in...5
×
 

La recuperación de tecnologías andinas

on

  • 827 views

 

Statistics

Views

Total Views
827
Views on SlideShare
827
Embed Views
0

Actions

Likes
0
Downloads
37
Comments
1

0 Embeds 0

No embeds

Accessibility

Categories

Upload Details

Uploaded via as Adobe PDF

Usage Rights

© All Rights Reserved

Report content

Flagged as inappropriate Flag as inappropriate
Flag as inappropriate

Select your reason for flagging this presentation as inappropriate.

Cancel
  • Full Name Full Name Comment goes here.
    Are you sure you want to
    Your message goes here
    Processing…
  • Es importante la recuperación de las tecnologías andinas, para no forzar o atropellar la relación reciproca hombre-naturaleza, como punto de equilibrio y complementario en el trabajo productivo humano.
    Are you sure you want to
    Your message goes here
    Processing…
Post Comment
Edit your comment

La recuperación de tecnologías andinas La recuperación de tecnologías andinas Document Transcript

  • La recuperación de tecnologías indígenas:Una deuda con nuestros pueblosINFORME FINALManuscrito para la discusión, pendiente de aprobaciónFavor no citar sin la autorización expresa del autor.Alexander Herrera∗Jarallpa, 12 de Julio de 2008∗Doctor en Arqueología, Universidad de Cambridge; miembro fundador del centro de investigación andinaPunku y coordinador del Comité de Ética del Congreso Mundial de Arqueología. Actualmente es ProfesorAsociado del Departamento de Antropología de la Universidad de los Andes, Colombia.
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas2IntroducciónLa admiración por los restos materiales del pasado –las terrazas, los sistemas hidráulicos,los monumentos y las artes de nuestros antecesores indígenas- y la diversidad de papas,maíces y otras docenas de plantas y animales domesticados en Sudamérica a lo largo demás de seis mil años, son una fuente de orgullo e identidad latinoamericanos. La caraopuesta de esta moneda, comúnmente implícita, es la vergüenza por las indignascondiciones de subsistencia que las grandes mayorías en Latinoamérica afrontan, tanto enel campo como en los cinturones de pobreza de las grandes ciudades. Encarar lacontradicción entre la grandeza de un pasado “primitivo” y la pobreza de un presente“civilizado” es un aspecto ineludible del perenne proceso de construcción de identidades,no sólo en los Andes sino en todas aquellas regiones del mundo en las que pueblosoriginarios desarrollaron tecnologías productivas complejas y adecuadas al medio.Superar esta contradicción es una tarea amplia y compleja que implica auscultar la propiahistoria para determinar los orígenes de los retos del presente, a la vez que elaborarpropuestas concretas para afrontarlos.¿Cuáles son los principales retos del presente? La Organización de las Naciones Unidas(ONU) identifica ocho temas clave como Objetivos del Milenio (ODM): (i) la pobrezaextrema; (ii) la educación primaria; (iii) la igualdad entre los géneros; (iv) la mortalidadinfantil; (v) la salud materna; (vi) las enfermedades infecciosas; (vii) la sostenibilidad delmedio ambiente y (viii) el desarrollo (UN, 2005). Aunque el tema del desarrollo esimplícitamente propuesto como la principal vía de solución a los retos anteriores, lahistoria reciente de las políticas de desarrollo en América Latina (por ejemplo Arocena ySenker, 2003) muestra confusiones terminológicas y conceptuales serias que encubrenuna creciente desigualdad. Así, la confusión entre “desarrollo” y “evolución” –cultural,biológica o social- presenta la emergente desigualdad como resultado de un procesoorgánico y natural. Por otro lado, se tiende a confundir procesos sociales, históricamentesituados con promesas y programas políticos y estos, a su vez, con los sueñosindividuales y colectivos de un futuro mejor. El manejo de estas confusionesfrecuentemente forma parte de aquellos procesos políticos de cooptación que subviertenanhelos legítimos.Aclarar los principales conceptos entorno al desarrollo desde una perspectiva histórica delargo alcance ofrece fértiles puntos de partida para indagar sobre la contribución de lasciencias sociales a los procesos de transformación social, tanto para comprenderlos comopara incidir sobre ellos. La arqueología por ejemplo, entiende el desarrollo como la sumade procesos sociales e históricos, enfocando las respuestas culturales ante retos culturalesy climáticos cambiantes. Una amplia gama de complejas tecnologías hidráulicas,arquitectónicas y productivas se hallan imbricadas en milenarios procesos dedomesticación de plantas y animales, así como en una dinámica multiplicidad de paisajesy ecosistemas alterados por la acción humana. En cambio, la transformación intencionalde la sociedad, idea de efectuar “desarrollo” mediante políticas globales, estatales,sectoriales, partidarias o comunales, supone la existencia de doctrinas y proyectos defuturo. A diferencia de los desarrollos sociales del pasado, procesos finitos en busca de
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas3interpretación, las promesas políticas de desarrollo son apuestas por el poder en uncontexto neoliberal basadas en el credo del stewardship –la delegación de poder enmanos de representantes- como base del contrato social. Desde una perspectiva de largaduración, la ecuación de pobreza con subdesarrollo es un fenómeno reciente, surgido enla época de posguerra, por lo que resulta poco útil –incluso absurda- como herramientaconceptual.Los paisajes culturales andinos atestiguan un notable manejo del agua, del suelo, de lapiedra y de los bosques por parte de sus antiguos pobladores originarios. Los caminos,canales, terrazas y corrales antiguos no son, sin embargo, meros relictos del pasado -talcomo propugna la museización exotizante desplegada en aras del turismo receptivo (verpor ejemplo Silverman, 2002). Las prácticas y tradiciones campesinas vinculadas a lautilización de este patrimonio son puentes vivientes entre el pasado y el presente,frecuentemente idealizados pero pocas veces comprendidos. Esta incomprensión, plagadade preconceptos, es uno de los principales retos que la antropología del desarrollo y laarqueología para el desarrollo deben afrontar, aunque para ello sea necesario cuestionartanto la idealización de “lo andino” y su pasado, como la fe en las tecnologías modernasy las actuales doctrinas del desarrollo.El antiguo complejo ferroviario de Uyuni (Provincia de Oruro, Bolivia), hoy convertidoen impactante cementerio de trenes (Figura 1), es un sitio arqueológico de la eraindustrial que materializa la fe en las modernas tecnologías de transporte que guiaba laspolíticas de desarrollo de fines del siglo XIX. La construcción de la línea férrea a la costa,impulsada por el afán de desarrollo de una emergente clase industrial, implicó ladestrucción de algunos de los bosques más altos del mundo –de Keñwa (Polylepistarapacana)-, no obstante su importancia ecológica y acuífera para las extensas punasáridas y saladas de pajonales y tolares del sur andino, reconocida tanto por losespecialistas como por las poblaciones indígenas del presente y el pasado. En laactualidad los bosques altoandinos de Keñwa, parcialmente protegidos en parquesnacionales como el Parque Nacional Natural Sajama (véase Capítulo 3), abarcan menosdel 8% de su área potencial (Fjeldså y Kessler, 1996). Necesitarán siglos para recuperarsede una miopía política pasajera cuyas secuelas, sin embargo, continúan exacerbando lascausas para la migración del campo a las ciudades.La pérdida de diversidad biótica va de la mano con la pérdida de diversidad cultural, puesrepresenta un otro obstáculo para la reproducción de aquellas maneras de relacionarsecon el entorno, surgidas a lo largo de milenarios procesos de desarrollo cultural. En losAndes centrales antes de la conquista, el acceso al agua era considerado más importanteque el acceso a la tierra. Ciertas montañas, glaciares, lagos y manantiales eran sagrados -y en muchos lugares aún lo son- pues eran los lugares de residencia de deidades,ancestros y espíritus cuyas relaciones de parentesco mítico con los humanos legitimabanlas negociaciones entorno al acceso al líquido vital. La introducción colonial de unrégimen jurídico basado en la propiedad exclusiva y excluyente de la tierra; la drásticareducción demográfica en los siglos XVI y XVII y la reubicación forzosa de la poblaciónindígena en pueblos diseñados según los criterios peninsulares de la época, son hitosclave del desarrollo histórico del minifundio en los Andes. Ante el actual períodoclimático más cálido, inicialmente más húmedo en el entorno de los glaciares recedentes,
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas4pero más seco a largo plazo, resulta pertinente reconsiderar aquellas tecnologíashidráulicas autóctonas diseñadas para administrar la disponibilidad de agua, siempreirregular y a veces errática, que caracteriza los regimenes climáticos andinos.No es este el lugar para abordar los múltiples vínculos entre la pobreza, la marginación yla pérdida de la diversidad ecológica y la diversidad cultural. La riqueza social que ladiversidad de frutos de la tierra -la agrobiodiversidad- representa, por ejemplo, es difícil oimposible de medir en dinero. Su surgimiento a lo largo de milenios y su rápida erosiónactual, son el resultado de múltiples y entrecruzadas trayectorias históricas y culturales.Sin embargo, una tarea central es comparar las prácticas culturales y formas deorganización social del trabajo en la creación y mantenimiento de las chakras y loscorrales antiguos, con las prácticas actuales, para dilucidar las condiciones necesarias –ambientales y sociales- para el funcionamiento de las tecnologías indígenas. Al estudiarlas tecnologías indígenas del pasado y el presente con el ánimo de alentar su rescate, esnecesario pensar más allá de los aspectos técnicos e incluir lo social y lo cultural en lapropia definición de tecnología.Forjar la “grandeza del pasado” para apuntalar proyectos políticos nacionalistas ha sidoun objetivo histórico de la arqueología desde su primera infancia como disciplinacientífica en el siglo XIX, en las cortes reales de Berlín, Estocolmo, Copenhague yLondres. Es aún una motivación central de las arqueologías nacionales en todo el mundo.Así, al escribir las “prehistorias nacionales” -aquellas narrativas del pasado indígenaanteriores a la colonización europea promovidas y avaladas por las institucionesdesignadas como guardianes del patrimonio cultural en cada nación-estado, ymaterializadas en currículos escolares y guiones de museo- los arqueólogos “forjamosnación”.La visión de los Andes Centrales como una de las contadas regiones del mundo en quesurgieron “civilizaciones prístinas” (Fried, 1967) se basa en buena medida en unavaloración de sus tecnologías, entendidas como la suma de medios técnicos desplegadospor un sistema cultural para capturar la energía de su entorno (White, 1959; Binford,1962). Aunque “La consecuencia más evidente del progreso tecnológico ha sido el hechode que la especie humana es ahora menos dependiente de la naturaleza no humana, delmedio externo” (Childe, 1960: 148), las nociones de progreso y civilizaciónfrecuentemente implican la creencia en el determinismo tecnológico, parte de lateleología evolucionista arraigada en una visión del mundo anclada en la modernidad. Espor ello que la investigación de la tecnología es central, tanto para el estudio de la historiade la humanidad -a través de la cultura material, es decir, para la arqueología- como parala comprensión de las políticas de desarrollo basadas en la aplicación de tecnologías.Los limitados logros de los intentos de recuperación de tecnologías indígenas ytradicionales impulsados por agencias estatales y organizaciones no gubernamentales(ONG) desde la década del ochenta hacen necesario ampliar el espectro de lainvestigación arqueológica tradicional. Si bien ésta ha comenzado a mostrar la diversidadde formas sustentables en que se aprovechó el agua y el suelo en el pasado, es
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas5indispensable incluir el estudio crítico de estos esfuerzos. Para ello será tambiénnecesario liberar a la arqueología de las políticas y discursos nacionales de turno.El objetivo central de este informe, a diferencia de la gran mayoría de los textosarqueológicos, no es el dar respuestas a preguntas acerca de lo que sucedió en el pasado,sino aprovechar las prácticas tradicionales entorno a la materialidad del pasado, enespecial el uso productivo intensivo y coordinado de microambientes dispersos que tantoasombrara a los primeros europeos, como una fuente de inspiración para abordar losvínculos entre las políticas de desarrollo formuladas a partir de los restos materiales delpasado, la inseguridad alimentaria (cf. FAO, 2005), el pobre manejo del agua, del suelo yde los bosques en los Andes y las identidades campesinas. Para ello, se puntualizaaquellos aspectos y procesos del pasado, que permitan comprender el funcionamiento ydevenir histórico de las tecnologías indígenas, la historia de tres décadas de trabajo sobresu recuperación y los recientes contextos de su apropiación en el ámbito de las políticasde desarrollo rural. Buscamos ante todo, realzar aquellos aspectos sociales, técnicos,ideológicos e históricos que permiten proponer la recuperación de tecnologías indígenascomo una senda para el desarrollo rural digno, autógeno y sustentable.En este trabajo se plantea el estudio de la recuperación de las tecnologías tradicionalescomo parte de estrategias de desarrollo basadas en la valoración del propio legadohistórico. Coincidimos con Arocena y Senker (2003) en que Latinoamérica es pobreporque ha desaprovechado las ventajas tecnológicas existentes, haciendo esfuerzos porimportar tecnologías foráneas antes que construir sobre las bases propias. Sin embargo,entendemos las tecnologías tradicionales como redes complejas de relaciones socialestejidas entre grupos humanos, plantas, animales y el entorno ancladas en la historia, y nocomo objetos externos a la sociedad.La base de este trabajo es el estudio de las tecnologías indígenas en los campos de laagricultura, el pastoreo, la arquitectura y la silvicultura en ocho regiones andinas ubicadasen el ámbito de las actuales repúblicas de Ecuador, Perú, Bolivia y Argentina. Laelección de temáticas y lugares obedece principalmente al afán de ofrecer un panoramaamplio de este campo de estudio. Por ello, incluye zonas en las que actualmente serealizan trabajos de recuperación de tecnologías, como la Península de Santa Elena(Provincia del Guayas, Ecuador), el altiplano del Titicaca (Provincia de Ingavi, Bolivia yRegión Puno, Perú) y el valle del Urubamba o Vilcanota (Región Cusco, Perú); áreas enlas que los trabajos realizados son o fueron incipientes, como el valle alto de Cañete(Región Lima, Perú) y la Cordillera Negra (Región Ancash, Perú); y zonas en las queexiste un notable potencial para la realización de este tipo de proyectos, pero que aún noha sido aún reconocido, como los Valles Calchaquíes (Provincia de Salta, Argentina) y laCordillera Blanca (Región Ancash, Perú).El capítulo dos presenta el marco teórico, basándose en una percepción la tecnología vistacomo un hecho social total. En primer lugar discute la visión de la tecnología, las técnicasy los saberes por parte de campesinos, agrónomos y actores del sector público y ONGdesde una perspectiva antropológica. Seguidamente aborda la evolución del concepto dedesarrollo para puntualizar la falta de claridad teórica y conceptual como un problema
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas6per se – tanto político como de comunicación intercultural. Por último aborda elemergente campo académico de los estudios de Ciencia y Sociedad para mostrar elmanejo moderno del mito de la tecnología.En los capítulos tres, cuatro y cinco se presentan y discuten las tecnologías agrícolas,pastoriles y agroforestales del pasado a partir de su estudio arqueológico y los esfuerzosdesplegados para su recuperación en las ocho regiones estudiadas en Argentina, Bolivia,Ecuador y Perú. La discusión preliminar de las tres distintas modalidades derecuperación, la vía capitalista, la vía campesina y el desarrollo autogestionado da lugar,en el sexto y ultimo capítulo, ofrece una discusión –incompleta y preliminar- de losproblemas y las propuestas y perspectivas emergentes. Este panorama del potencial parala recuperación de tecnologías indígenas enfoca lo rescatable de los “rescatestecnológicos” contrastándolo con la explotación de “capacidades instaladas” en aras delturismo receptivo.Arqueología, tecnología y desarrolloLa evolución del desarrolloEn las primera páginas de Las Venas Abiertas de América Latina, una aliteración deEduardo Hughes Galeano juega con dos significados opuestos, pero usuales ambos, delconcepto de “desarrollo”. Invierte la noción economicista de “evolución progresiva deuna economía hacia mejores niveles de vida”, anclada en el Diccionario de la RealAcademia Española, desde una postura crítica frente al desenvolvimiento de ladesigualdad como algo preformado e intrínseco al proceso histórico de la modernidad. Eltrasfondo es la inserción colonial, y luego imperial, de América Latina como un espaciosubalterno en el mercado mundial iniciada hace poco más de quinientos años.Las actuales críticas al desarrollo son acaso más duras y más sofisticadas que hace tresdécadas, en cuanto tienden a cuestionar las políticas de desarrollo como parte del procesode globalización en su conjunto, entendido como la expansión del modelo económico eideología del capitalismo de libre mercado (Berman, 1989; Escobar, 1992; Max-Neef,1997; Sen, 2000). Sin embargo, los críticos no han logrado mostrar salidas claras alcentenario entrampamiento. En parte esto se debe a que mantienen la teleología implícitaen la acepción de “desenvolver”, vinculada a una metáfora orgánica, que sugiere laexistencia de algo preformado -envuelto o enrollado- que alguien debe desenrollar paraque así logre crecer y “desarrollarse naturalmente”. Nuestra revisión de estas críticas nopretende ser una “arqueología del desarrollo” (Agrawal, 2002). Deseamos más bien,mostrar los caminos por los que podría perderse una bien intencionada arqueología parael desarrollo, antes de abordar el rescate de tecnologías indígenas como un posiblecamino para profundizar y ampliar las libertades de individuos latinoamericanos,específicamente del campesinado andino. Es decir, mostrar las vicisitudes de undesarrollo en el sentido propugnado por Amartya Sen (2000).Desde la perspectiva económica el desarrollo, concebido inicialmente como crecimientoeconómico puro -el desarrollo de las fuerzas productivas planteado por Karl Marx como
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas7eje fundamental de la historia humana- ha recibido numerosos calificativos que buscanresponder a las múltiples críticas de índices nacionales de desarrollo basadosexclusivamente en el crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI), la balanza comercialo el nivel de industrialización. El ineludible vínculo entre desarrollo y pobreza trae acolación el complejo problema de la definición. ¿Qué significa, entonces, desarrollo?El blanco ineludible de las más agudas posturas críticas frente al desarrollo es la nociónde subdesarrollo expresada por el presidente norteamericano Harry S. Truman (1884-1972), líder del partido demócrata en 1949. Según Gustavo Esteva (1992: 7) con eldiscurso de toma de mando del veinte de enero de ese año, dos billones de personasdejaron de ser lo que eran para convertirse en un perverso reflejo de la realidad de unapoderosa y homogenizante minoría. Cincuenta años más tarde, el faro del desarrollo,erigido por los vencedores sobre el montón de ruinas legado por la Segunda Guerramundial, continúa mostrando un camino que muchos declaran equivocado porconsiderarlo “el marco de referencia fundamental para aquella mezcla de generosidad,chantaje y opresión que ha caracterizado las políticas hacia el Sur” (Sachs, 1991: 1). Elque se pretenda vender la fumigación en bosques tropicales con glifosato, herbicidas yhongos como ayuda al desarrollo en el marco del Plan Colombia, es un ejemplo quetiende a darle la razón a quienes ven en la estructura de ideas que el “desarrollo”Trumaniano ejemplifica una sofisticada mentira que debemos tirar por la borda; no sólocomo concepto, sino como una manera de pensar la historia que aún no se ha escrito, esdecir, las representaciones del futuro.Dos de las maneras más influyentes de indexar el desarrollo en la actualidad se hallanencapsuladas en los términos desarrollo social y desarrollo sostenible. El desarrollo sociales un término forjado en reportes de la ONU durante la llamada década del desarrollo(1960-1970) en respuesta a la arbitraria separación conceptual de lo social y loeconómico durante la década de 1950. Apunta a la necesidad de armonizar elplaneamiento económico y social, pero ha dado lugar en la práctica a la difundida ideaque el desarrollo social implica, o se reduce a, reinvertir eventuales ganancias de unaprimera fase del desarrollo en ámbitos sociales -salud, educación y seguridad social, porejemplo- en el futuro cercano. El desarrollo sostenible, en cambio, es un términoambiguo, intencionalmente según algunos observadores, con dos acepciones claramentecontrapuestas. Por un lado recoge preocupaciones ecologistas planteadas desde lasdécadas de 1960 y 1970, en tanto implica "satisfacer nuestras necesidades actuales sincomprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las suyas"(Brundtland, 1987), y es en ese sentido que la recoge la Declaración de Río de Janeirosobre el Medio Ambiente y el Desarrollo de 1992. Por otro lado, sugiere lasustentabilidad del desarrollo per se, es decir, la necesidad que el desarrollo genere másdesarrollo. Esta ambigüedad prevalerte en las acepciones utilizadas, es la que permite losespacios para el lucrativo negocio del desarrollo. Este negocio multimillonario giraalrededor de la compra, venta y financiación de servicios en el mercado capitalista,principalmente “asistencia técnica”. En el participan agentes financieros como el BancoMundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, agentes políticos como los gobiernosnacionales y regionales, organizaciones no gubernamentales de desarrollo (ONGD) eincluso algunas organizaciones indígenas de segunda mano (OSM).
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas8Múltiples intentos de reformar el desarrollo se han inspirado en el “intento de concebir eldesarrollo como un proceso de expansión de las libertades de que disfrutan losindividuos” de Amartya Sen (2000: 55). Se trata de ejercicios econométricos que integranvalores fundamentales, sin anexarlos o postergarlos como “extras”. Así el Programa delas Naciones Unidas para el Desarrollo elabora desde hace casi dos décadas el Índice deDesarrollo Humano (IDH), una mediada por país que integra la esperanza de vida, lastasas de alfabetización y de matrícula en instituciones educativas (primaria, secundaria ysuperior) y el nivel de vida digno, medido en términos del PBI per cápita en dólaresnorteamericanos. Este último punto es quizás el talón de Aquiles de la influyente posiciónminoritaria y reformista de Sen, así como la montaña de críticas y escasez de propuestas,lo son para los llamados post-desarrollistas.Es imposible desligar el metro de su materialidad. El desarrollo, en sus acepcioneseconómicas, es una medida capitalista, difícilmente aplicable a contextos no capitalistas.En este contexto el desarrollo de las fuerzas productivas ha pasado de ser un instrumentoanalítico, para convertirse en un objetivo en si mismo que navega a la deriva, sin másrumbo que la miope maximización de ganancias, o minimización de riesgos o pérdidas acorto plazo.Todo pareciera indicar que “el desarrollo” debe ser desenmascarado como una extensióndel sistema de explotación que profundiza la brecha entre pobres y ricos. Sin embargo, laONU mantiene muy en alto la noción, no sólo en el prólogo a la Declaración Universalde los Derechos Humanos de 1948 sino en programas en curso y nuevos, incluyendotratados de la talla del Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el CambioClimático de 1997, o el Protocolo de Kyoto (ONU, 1998) a la. El Fondo Internacionalpara el Desarrollo Agrícola de las Naciones Unidas es de particular interés en estesentido, pues especifica entre sus objetivos la recuperación de tecnologías tradicionales.¿Acaso la inversión de miles de millones de dólares anuales para enfrentar la pobrezamediante proyectos que generen desarrollo es contraproducente? Esta pregunta no puedeser abordada de cabalidad en este lugar, y el lector interesado deberá consultar lasreferencias citadas. Pero, de ser así, ¿cómo podemos pensar en la recuperación detecnologías indígenas, no capitalistas por definición, a partir de saberes tradicionales y elconocimiento arqueológico sin caer en una trampa cuyo fin último no es ayudar alprójimo sino extender al ámbito global o globalizar, la explotación capitalista mundial?El camino que exploramos aquí parte de la inconmensurabilidad de las economías desubsistencia, fundamento de la trayectoria histórica de la humanidad, y las economías demercado modernas, capitalistas. La crítica de Karl Polanyi (2003) a los modeloscapitalistas, de mercado y de estado por igual, parte del reconocimiento que los mercados“libres” son un invento reciente y único, históricamente ligado al proyecto de lamodernidad, e impulsado por influyentes sectores de la burguesía mercantil europeadesde fines del siglo XVIII.
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas9Tecnologías, técnicas y saberesDifícilmente puede hallarse un mejor ejemplo, reciente y andino, de una promesa deprogreso mediada por el mito de la tecnología que el uso de un tractor como símboloelectoral por parte del ingeniero agrónomo y ex-presidente del Perú Alberto FujimoriFujimori. La fuerza del lema electoral "Honradez, Tecnología y Trabajo" se basaba enuna visión determinista de la tecnología acorde con la cosmología de la máquina: lostractores -símbolos de modernidad a la par de los ferrocarriles del siglo XIX-ineluctablemente transformarán la sociedad para bien. Efectivamente, el gobiernofujimorista dio un giro sin precedentes a la historia económica del Perú, conrepercusiones a largo plazo que incluyen una creciente industrialización y mecanizaciónde las labores agrícolas, la concomitante aceleración de los procesos de proletarizacióndel campesinado, el retroceso de los cultivos autóctonos y el abandono del apoyo estatalen pro de las tecnologías tradicionales.En la usanza vernácula actual, moldeada por la propaganda difundida en los medios decomunicación masiva, la palabra tecnología se refiere a un rango limitado de máquinasque a la vez son bienes de consumo y estatus. Ejemplos son los teléfonos celulares,reproductores de música y computadores personales, en el nivel individual; los trenesbala, satélites y misiles balísticos, en el nivel de estados nacionales. Hoy los propulsoresde las llamadas neotecnologías propugnan y alimentan creencias y esperanzas colectivas–entorno a un mayor control y mejor calidad de vida. Un reciente análisis de suimaginario (Cabrera, 2006) muestra, por ejemplo, como sus representaciones giran másalrededor de etéreas promesas de bienestar que entorno a soluciones técnicas reales aproblemas concretos.Desde la antropología la tecnología no es un agente externo a la socialidad humana, sinoun aspecto de la práctica social y cultural enmarcado en redes de relaciones sociales quese extienden a personas a la vez que involucran objetos y paisajes, todos ellos cargadosde significado. No se trata pues de una simple relación entre un hardware tecnológico yun software cultural. Esta definición antropológica de la tecnología permite enfocar losdivergentes saberes y capacidades de individuos, comunidades y agencias de desarrollo, ala vez que “desfetichizar” la noción de tecnología como un conjunto de objetos ytécnicas.El argumento central en este capítulo es que el recurrente fracaso de los múltiplesproyectos de desarrollo enfocados en la recuperación de tecnologías tradicionales yancestrales se debe principalmente a una visión de la tecnología como algo neutral yexterno a la sociedad. Pfaffenberger (1988) ha caracterizado esta actitud como la de unsonámbulo ya que, como aquél que camina dormido, la sociedad avanza de la mano de latecnología pero soñándola, guiándose sin cuestionamientos de aquella visión estándar quecaracteriza el pensamiento moderno de occidente. Entender la tecnología como unconjunto de objetos, máquinas y técnicas evaluados en términos de su eficacia, sinembargo, deja de lado la inserción en sistemas simbólicos, de los procesos mentales quesubyacen y dirigen nuestras acciones sobre el mundo material (Lemmonier, 1993). Niega,en última instancia, las implicancias de la tecnología en las esferas política, económica,legal y religiosa, y el rol estructurante de la práctica tecnológica -las escogencias de
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas10Lemmonnier (1993). Niega la tecnología como un hecho social total, en el sentido deMarcel Mauss.A lo largo del siglo XX la antropología desarrolló dos enfoques principales para elestudio de la tecnología: el determinismo y el posibilismo (Ingold 1997). El primero,cercanamente asociado al evolucionismo social de teóricos como Lesley White, MarvinHarris y Karl August Wittfogel propone que la tendencia de la evolución tecnológica delo simple a lo complejo –de la punta de piedra, a la flecha, la bala y al misil nuclear- vade la mano con la complejización de las instituciones sociales debido a las demandasimpuestas a la sociedad por los sistemas tecnológicos. Bajo este enfoque, todo cambiosocial trascendente es producto de un cambio tecnológico, medible por la captación deenergía que favorece la adaptación al medio de los sistemas sociales de maneraacumulativa. La invención o adopción de la agricultura de irrigación por gravedad, porejemplo, tendría como consecuencia una jerarquización de la sociedad, llegando inclusoal surgimiento de clases sociales.El posibilismo tecnológico -asociado al relativismo cultural de Franz Boas, AlfredKroeber, Ruth Benedict y Clifford Geertz- en cambio, sostiene que no hay correlaciónnecesaria alguna entre la complejidad tecnológica y social. Las tecnologías sonsimplemente productos de la acción humana que debemos entender en el contextoespecífico de la sociedad que desarrolló cada una en particular. La adopción de tal o cualtecnología por una sociedad determinada facilitará ciertos procesos y actividades -acasoposibilitando el desarrollo de otros procesos y actividades- sin que la evolución social ytecnológica necesariamente vayan juntas en alguna dirección determinada. Así, la culturamaterial de occidente es compleja en su funcionamiento mecánico y por lo general norequiere mayor destreza corporal mientras que su sistema de parentesco es simple. Encambio, los cazadores-recolectores de la Amazonia tienen una cultura material simpleque requiere técnicas corporales muy desarrolladas para su manejo, además de sistemasde parentesco sumamente complejos.El determinismo y posibilismo tecnológicos tienen en común dos supuestos base, sinembargo. En primer lugar, la tecnología se concibe como un sistema de relacionesobjetivo, ubicado fuera del ámbito de lo social, y en segundo lugar, es posible ordenar lastecnologías en una cadena evolutiva de lo simple a lo complejo. La externalización de latecnología se basa en construcciones ideológicas vinculadas al surgimiento delcapitalismo de mercado, lo que Ingold (1997: 107-108, 118-132) ha llamado lacosmología de la máquina (machine theoretical cosmology), noción similar a la “lógicadel industrialismo” de Alf Hornborg (1992) y la “mitología de la tecnología” de BrianPfaffenberger (1988). Al igual que “lo económico”, la categoría de “lo tecnológico” es unproducto conceptual reciente e históricamente situado. Su progresiva separación de lasredes de lazos sociales en que se inserta en sociedades tradicionales es tan solo aparente,pues encubre la transformación de la institucionalidad social a favor de las fuerzas delmercado. En otras palabras, los lazos sociales de la tecnología no se rompen; sino que setransforman en detrimento de las escalas locales de integración social (comunidades ygrupos étnicos) y a favor de instituciones reguladoras de -o reguladas por- el mercado(estados, compañías). La existencia objetiva y externa a la sociedad de algo llamado
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas11tecnología es altamente dudosa, acaso imposible. Representa más bien, uno de los mitoscentrales de la modernidad (cf. Misa et al., 2003). Este mito, sin embargo, no essolamente un aspecto de la fetichización de mercancías. Su análisis ofrece a la vez clavespara entender las dimensiones políticas, económicas, sociales e incluso religiosasimplícitas en la noción de “aplicar tecnologías” en el contexto de proyectos de desarrollo.Desde la perspectiva antropológica el ordenamiento jerárquico de las tecnologías no esotra cosa que una descripción del proceso mismo de externalización (Ingold, 1997: 107-8). Así, el tractor es superior al arado de tracción y éste, a su vez, superior al arado de pie,sólo en términos de su beneficio económico, es decir, de su mayor cercanía al modelosocial y económico industrial capitalista. En términos de la sostenibilidad a largo plazo dela productividad del suelo para la producción agropecuaria en el altiplano del Titicaca,por ejemplo, la superioridad del arado de pie es demostrable (Canahua et al., 2002). Sinembargo, la narrativa maestra de la modernidad, anclada en la cosmología de la máquina,impone la valoración de las otras tecnologías en sus propios términos.Para trascender la mitología de la visión estándar de la tecnología -aquella que aduce quela necesidad es la madre de la invención, que el significado de un artefacto es unacuestión superficial de estilo; y que la historia de la tecnología es una progresión unilinealde las herramientas a las máquinas-, llegar a comprender la importancia evolutiva de lasactividades tecnológicas y reconocer lo auténticamente humano en las diversasactividades tecnológicas es necesario, según Bryan Pfaffenberger (1988), dejarla de ladoy analizar sistemas sociotécnicos. El concepto de sistema sociotécnico (1988: 508) apuntaa una concepción universal de la actividad tecnológica en la que las estructuras socialescomplejas, los sistemas de actividades no verbales, la comunicación lingüística avanzada,los actores sociales y no sociales, y el uso social de los artefactos, son reconocidos comopartes de un complejo simultáneamente adaptativo y expresivo. Si bien es cierto que elsistema sociotécnico de la “era de las máquinas” difiere de sus predecesorespreindustriales, las diferencias han sido exageradas. No se trata de diferenciassustanciales, sino más bien de diferencias contextuales.Los acercamientos arqueológicos recientes al problema de la tecnología se han centradoen su materialidad, específicamente en los vínculos entre lo material y lo cognitivo; latransformación a través del tiempo de su socialidad. El estudio de técnicas demanufactura de cerámica o herramientas de piedra, por ejemplo, ha trascendido laseparación estricta y metodológica entre forma y función por un lado y estilo ysignificado por el otro (cf. Sackett, 1977; Conkey y Hastorf, 1990). El estudio de lamaterialidad reconoce que no todas las sociedades sostienen la separación conceptualentre sapiens y faber que caracteriza el pensamiento occidental, al menos desdeDescartes. En otras palabras, la separación entre los procesos mentales vinculados a laintencionalidad de un diseño -la teoría abstracta del saber- y su ejecución -el desplieguedel conocimiento práctico- no es universal, es una variable cultural.En el caso de proyectos de recuperación de tecnologías, la separación entre el saber y elhacer se replica en aquella división “estratégica” del trabajo, que sostiene las diferenciassociales. El trabajo intelectual es realizado por académicos y técnicos con formaciónuniversitaria mientras que el trabajo práctico, manual y físico por parte de trabajadores y
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas12campesinos. La infundada jerarquización de estas labores, producto de esa división socialdel trabajo, conlleva a una situación perniciosa que no sólo reproduce las diferenciassociales, sino que puede profundizarlas. No sorprende que la no adopción de tecnologíasagrícolas complejas en el altiplano pueda llegar a convertirse en una estrategia deresistencia campesina.Si entendemos la separación cartesiana entre el sapiens y el faber como una estrategiaheurística en cambio, podemos explorar el saber hacer campesino como una visiónintegral de conocimiento abstracto, contextual y práctico. El manejo de la variabilidadtemporal de múltiples ciclos estacionales y de la diversidad espacial agroclimáticarequiere una gama de estrategias de previsión del clima, de coordinación táctica yrepresentación simbólica. Desde esta perspectiva, la tecnología no es un cuerpo deconocimiento acerca de objetos o técnicas para hacer algo de manera más rápida oeficiente. Se trata más bien, de los vínculos sociales existentes tejidos alrededor deobjetos, paisajes y prácticas que les dan significado y justifican su configuración cultural.Por ello, es de especial interés para la arqueología entender las tecnologías antiguas ycomparar los lazos sociales surgidos alrededor de técnicas y objetos en el pasado con lasnuevas prácticas y lazos sociales forjados alrededor de la materialidad ancestral en elpresente.La hazaña histórica del efímero estado Inka no fueron las conquistas bélicas, ni losmonumentos, ni el sistema de caminos, ni las terrazas u objetos suntuarios. Pese a lainnegable proeza inherente a la manufactura de ciertos objetos suntuarios de piedra, metaly fibra, las tecnologías andinas generalmente no se caracterizan por su complejidadtecnomecánica. Más bien, se caracterizan por su capacidad de coordinar y sincronizar enel tiempo y el espacio la realización de tareas complementarias muy diversas, labores enlas que participaban cientos, miles y hasta millones de personas a lo largo y ancho de unespacio ecológico megadiverso de decenas de miles de kilómetros cuadrados (Earls,1982, 2005).La irrupción de la conquista trastoca profundamente los sistemas de producción. Elcolapso poblacional, la introducción de nuevos animales y plantas, la reubicación forzosade la población y la introducción de un régimen jurídico occidental hacen imposiblemantener en pie sofisticados sistemas de manejo hidráulico, de selección de semillas yanimales y de transmisión de conocimientos especializados. Son pocos los investigadoresque han estudiado la riqueza de conocimientos remanentes entorno a la previsión delclima (i.e. Antunez de Mayolo, 2004), la microclimatología (i.e. Earls, 1986), lapedología (i.e. Sandor y Furbee, 1996) y las taxonomías botánicas y zoológicastradicionales andinas (i.e. Tapia, 1994).Los sistemas de conocimiento andinos han sido propuestos en diferentes momentos ylugares y por numerosos investigadores como una “alternativa endógena de desarrollo”(Restrepo, 2004: 14). En parte esto se debe al reconocimiento que antes de lacolonización europea, “la producción (agrícola) por unidad de terreno fue mayor que laactual (…), el consumo por cabeza fue mayor y más equitativo, y mucho más eficiente elsistema distributivo” (Earls, 1989: 12). Por otro lado, tras una vida dedicada al estudio dela agricultura andina, Inka y tradicional el mismo John Earls sentencia “Las estrategias de
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas13desarrollo de acuerdo al modelo neoliberal no son compatibles con la preservación de lascomunidades campesinas andinas, y por eso son incompatibles con una agricultura viableen la cordillera andina tropical.” (1998: 1). Los saberes andinos forman parte de lasestrategias de subsistencia campesina y son inseparables de las formas tradicionales deorganización social y de su concepción del espacio y el tiempo.Numerosos autores han estudiado y comentado la concepción cíclica del tiempo, elaprovechamiento del espacio mediante enclaves de producción discontinuas, losesquemas de estructuración conceptual basados en opuestos complementarios, lossistemas de parentesco y la conceptualización del entorno como un ente viviente en lassociedades andinas. Por ello, no es éste el lugar para disertar sobre conceptos andinosclave como pacha kuti, la verticalidad, el tinku, el ayllu o las waka y apu. La unidadconceptual panandina que autores como Roberto Restrepo (2004) proponen es dudosa yreductiva en el mejor de los casos, o errónea y homogenizante en el peor. Es necesarioentender los marcos de referencia para el actuar campesino actual como producto de unproceso histórico dinámico y complejo.Los estudios de la ciencia, la tecnología y la sociedadLos estudios de la ciencia, la tecnología y la sociedad, también llamados estudios enciencia y tecnología o simplemente STS -por sus siglas en inglés- son un campoemergente, sobre todo en países con economías emergentes, y nace como un componenteinterno, ético y crítico de “ciencias tecnológicas” como el diseño industrial y lasingenierías. Numerosos observatorios, centros de investigación y grupos de trabajoreconocen que la tecnología, entendida a priori como un medio clave para asegurar elbienestar de la humanidad, no siempre impacta en la sociedad de manera benéfica. Es porello que reflexionan críticamente sobre el rol en la sociedad de diferentes tecnologías,sistemas y procesos tecnológicos, a partir del reconocimiento que la tecnología es unaconstrucción social anclada a un contexto humano (cf. Cutcliffe, 1990; NationalAcademy of Engineering, 2004). Sin embargo, pese a tratarse de un ámbito académicopleno de consideraciones éticas que enfoca la distribución de los beneficios y costos dediferentes tecnologías, la valoración de la tecnología como algo benéfico per se aparececomo dictum pre teórico.En este lugar buscamos mostrar las preocupaciones de STS ¿En qué dirección apuntan lascríticas de este campo científico, a la manera en que se maneja la tecnología en elpresente? ¿Cuáles son sus objetivos implícitos y explícitos? ¿Cuáles son las posibilidadesy limitaciones del acercamiento de STS y cuáles son sus implicancias?Queremos considerar la posibilidad que el campo de STS ofrece críticas constructivasque buscan reformar la base industrial del capitalismo de mercado. Su base es elconsenso -incuestionable desde los parámetros del mito- sobre de la tecnologíafetichizada y alienante en el capitalismo, encapsulada en la imagen de la tecnología comouna potente e irremplazable “locomotora del desarrollo”, representación de profundoarraigo decimonónico. El medio para promover las reformas es el manejo de unsofisticado andamiaje mitológico levantado entorno al fetiche de la máquina y de la
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas14tecnología, andamiaje que naturaliza el mito de la tecnología industrial como salvaciónde la humanidad. Así, las consideraciones éticas entorno a la sustentabilidad ecológica ysocial a largo plazo de sistemas de producción, transporte y telecomunicaciones setransmutan en problemas técnicos para los cuales basta idear una solución tecnológica. Elresultado es la recreación de una tecnología glorificada qua objeto neutral y externo a lasociedad.Una revisión de 17 estudios publicados durante la primera década del presente siglo enScience Technology and Human Values, revista líder en el campo de STS, sugiere laexistencia de una marcada tendencia a reducir el contexto social de la tecnología alcontexto de uso. Asimismo, el estudio de la tecnología como un efecto de redes derelaciones sociales tiende a ser atemporal, es decir, que deja de lado la historia profundade cientos y miles de años a favor de temporalidades cortas. Esto último es quizáscomprensible en vista que el campo de STS en los Estados Unidos cumplirá 40 años en el2009 (Cutcliffe, 1990: 360). Sin embargo, el filtro analítico que preferencia las relacionesentre diseñadores y consumidores –mediadas por el mercado- difícilmente es aplicable asociedades tradicionales y mucho menos a casos prehistóricos. Es decir, no aplica para el99% de la historia de la humanidad.Para el caso de tecnologías agrícolas, por ejemplo, es necesario ir más allá de los objetosy de los sujetos para enfocar la comunidad creadora como una totalidad que abarcasujetos individuales, históricos, políticos y culturales así como lugares y paisajescargados de significados e inmersos en trayectorias históricas específicas. En estecontexto, es útil señalar los trabajos etnográficos modernos que, como Latour hiciera parael difunto proyecto de transporte masivo Aramis (1996), enfocan la labor interactiva ysituada de los inventores, diseñadores, políticos y agentes de prensa como el de unacomunidad. El enfoque en la tecnología como hecho social total es incompatible conmodelos marcados por las doctrinas de libre mercado dado que estos evalúan lacapacidad de agencia de objetos y sujetos en términos de mercancías y relaciones socialesmediadas por el mercado.En este sentido la perspectiva fenomenológica de Verbeek (2006), basada en Heidegger yLatour, es de particular interés como un novedoso acercamiento surgido de los estudiosde ciencia y sociedad para abordar la materialización de la moral. La definición detecnología como los artefactos que median la relación entre los seres humanos y susmundos de vida y experiencia, se vincula a la idea que todo artefacto tiene un guión olibretto inherente, implícito pero significativo que abarca sus aspectos estéticos,simbólicos y –ante todo- morales.Así, un plato descartable de plástico lleva implícito en su guión una decisión moral queprivilegia la comodidad inmediata de un breve -y único- contexto de uso, enmarcado porla compra y el descarte. De este modo se separan y minimizan los procesos previos deproducción y distribución, así como la posterior recolección, transporte y enterramiento oquema del objeto. Este guión de uso es radicalmente distinto a aquél de una vajilla deloza que reclama labores repetitivas, como el lavado, secado y almacenamiento.
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas15El acercamiento a la socialidad de la tecnología a través del concepto de guión contemplalos aspectos normativos inherentes a la tecnología, de manera similar a algunasaplicaciones del concepto de estilo en arqueología. Se podría comparar a un eslabón en lacadena operativa o chaîne opératoire de la cerámica, o de los comportamientos asociadosa una interfaz material entre subsistemas culturales. Sin embargo, a diferencia de losmodelos antropológicos el concepto de guión se enfoca en el diseñador, quien debe seranticipatorio de la acción social dado que la acción de diseñar prescribe comportamientoscon repercusiones éticas y morales. Pensar en el impacto social de una tecnología desdeSTS implica, entonces, distinguir la finalidad y los efectos sobre la comunidad moral, enotras palabras incluir las “externalidades” –los negativos aspectos ecológicos y sociales-en las consideraciones de diseño.El problema de enfocar el contexto de uso, sin embargo, es que reduce el contexto sociala la producción y el consumo, dejando de lado los contextos sociales de producción,distribución, consumo y descarte, así como la tradición de pensamiento en la que seinscriben, es decir, los significados de los objetos. Los protagonistas de este dramatecnológico (cf. Pfaffenberger, 1992) son los diseñadores y consumidores de latecnología. Esta división, sin embargo, desliga al diseñador del consumidor como si noformaran parte de una misma sociedad, los aliena. Así, la discontinuidad reifica ladivisión del trabajo que característica a las sociedades capitalistas.Desarrollo y arqueologíaEl trasfondo de la preocupación por la recuperación de tecnologías esta marcado por dosgrandes hitos. Los paisajes culturales de los Andes y el gran potencial productivo quealbergan y que actualmente se halla en desuso, conforman el primero. El segundo hito esel rotundo fracaso que ha acompañado la gran mayoría de los esfuerzos desplegados eneste campo a partir del conocimiento arqueológico. Hubo oportunidad de constatar lamagnitud de este fracaso en una reciente visita a los campos experimentales de,camellones o suka kollu que Clark Ericsson y Alan Kolata impulsaran, a lo largo de ladécada de 1980 en Huatta, Perú y la Pampa Khoani, Bolivia, respectivamente, ambos enel altiplano del Titicaca.A partir del redescubrimiento arqueológico de esta tecnología abandonada por siglos,posiblemente antes de la expansión Inka, y la demostración experimental que los SukaKollu permiten triplicar e incluso quintuplicar la producción agrícola, programas estatalesy decenas de ONG han promovido la rehabilitación de cerca de 1.000 ha de Suka Kolluso campos elevados en la cuenca del Titicaca en las décadas de 1980 y 1990 en Bolivia yPerú. De este total en la actualidad funcionan menos de 100 ha.Quizás la pregunta que más salta a la vista es ¿Por qué han fallado estos intentos?Aunque probablemente sea más productivo preguntar ¿Qué podemos aprender de estosfracasos? La hipótesis que planteamos es que los fracasos se deben en gran medida a lafetichización de la tecnología, imbricada en la “ideología de la máquina”, que acompañael desarrollo de la modernidad. Aprovechada con fines políticos por actores estatales y nogubernamentales, esta fetichización ha dado cabida a un asistencialismo estéril.
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas16Para empezar, es necesario ubicarnos en el contexto del surgimiento de la preocupaciónpor la recuperación de tecnologías como una alternativa de desarrollo en la que laarqueología puede –y debe-participar activamente. ¿Cómo se inserta esta preocupaciónen la autopercepción de la disciplina arqueológica? La respuesta inicial es que hay grandivergencia de opinión al respecto, desde quienes consideran que los arqueólogos noestamos preparados para abordar la temática del desarrollo –por lo que no deberíamosparticipar (ésta fue la opinión vertida por varios colegas en el foro estudiantil sobrearqueología y desarrollo llevado a cabo en la Universidad Nacional Mayor de SanMarcos UNMSM en el año 2005 (Bazán et al., 2008: 283)- hasta quienes vemos en estaarqueología aplicada, un potencial para ampliar el rango de acción de nuestra disciplina yhacerla más relevante para el presente.Para aclarar estas grandes divergencias, es necesario tratar brevemente el gran giroconceptual que la arqueología ha dado en las últimas décadas. Si bien las definicionesmás recurrentes de ¿qué es la arqueología? gravitan entorno a la idea de la arqueologíacomo “la ciencia del pasado”, y el debate –principalmente anglosajón- entre laarqueología procesual científica de línea dura basada en la filosofía positiva de AugusteComte (Lewis Binford, Colin Renfrew y Michael Schiffer, entre otros) y la arqueologíapost-procesual interpretativa o contextual, basada en la teoría filosófica crítica asociadacon la Escuela de Frankfurt (Ian Hodder, Michal Shanks y Cristóbal Gnecco, entre otros).No es necesario ni posible reseñar aquí un debate que aún continúa, pero es importanteseñalar el objetivo y el resultado centrales de la crítica post-procesual. Su objetivoulterior es distanciarse críticamente del legado colonialista inherente al estudio del “otro”-fundamental para el surgimiento de la arqueología y la antropología en el siglo XVIII-reconociéndola como una extensión de la mentalidad colonial europea. Esta preocupaciónha conducido a la exploración de nuevos cánones ontológicos e interpretativos, desde laobra de Michel Foucault, Pierre Bourdieu y Anthony Giddens hasta la hermenéutica deHans-Georg Gadamer y el realismo crítico de Roy Bhaskar.Este vigoroso desarrollo teórico ha llevado a una mayor preocupación por la teoríaarqueológica y cómo ésta puede incidir sobre la teoría social en su conjunto. Por otrolado, ha enfocado los vínculos, imaginarios y dialécticas, entre el pasado y el presente,ampliando la práctica arqueología para incluir preocupaciones en torno al “pasado en elpresente”. En América Latina, la crítica del positivismo en la arqueología y laantropología, sin embargo, antecede en varias décadas a los debates impulsados por losllamados neo-marxistas en el Reino Unido. En 1974 L.G. Lumbreras publica LaArqueología como Ciencia Social, obra clave de la llamada arqueología sociallatinoamericana (ASL) (Lumbreras, 1974, 2005), conjuntamente con los trabajos deManuel Gándara y Luis Felipe Bate, entre otros (véase Patterson 1984; Politis 2003;Aguirre 2005; Tantaleán 2006). Este libro se basa en su lectura de Vere Gordon Childe,José Carlos Mariátegui y Emilio Choy; y combina elementos del marxismo clásico de lasegunda internacional (Heinrich Cunow, Vere Gordon Childe y Karl Wittfogel) con elmarxismo estructural de Louis Althusser, popularizado en América Latina a partir de laobra de su estudiante chilena, Martha Harnecker. La importancia de resaltar sus raícesteóricas radica en el rol central que la ASL –y otras tendencias marxistas- le concede a la
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas17tecnología como una suerte de marcapasos del progreso de la humanidad. Su inspiraciónes la obra de Childe: “El progreso que la arqueología puede definir confiadamente es elprogreso de la cultura material, del equipo. Gracias al mejoramiento de este último lassociedades humanas han conseguido adaptarse con creciente éxito a sus diversos medios,y posteriormente adaptaron los distintos medios a sus propias y cambiantes necesidades”.(1960: 143).Para Childe, el progreso de la cultura material trae consigo, en última instancia, unacreciente libertad individual. La obtención de alimentos, principal preocupación -supuestamente- de los “salvajes” pre-neolíticos, daría paso a una especialización deoficios y a una gran diversidad de actividades, gracias a la realización de obrastecnológicas que permiten un control más eficaz sobre el medio. “(…) el desarrollo de lacapacidad de hacer y de realizar (…) es un reflejo del desarrollo del conocimiento delmundo. Los procesos técnicos que la arqueología estudia (…) son todos y cada unoaplicaciones de la ciencia, es decir, de un tipo eficiente de conocimiento y experienciasistematizados del mundo exterior.” (Childe, 1960)La introducción de conceptos analíticos del materialismo histórico a la arqueologíalatinoamericana, estuvo enfocada en reintroducir el estudio de los pueblos del pasadocomo un elemento central del marxismo, tal como lo fuera a fines del Siglo XIX. Sinembargo, Lumbreras también sostiene la necesidad de entender la arqueología como unapráctica política en el presente y es precisamente en este punto que los comentaristascontemporáneos hallan inspiración y coincidencias al criticar el imperialismo académico(v.g. Valdieso 2006) y los discursos hegemónicos (v.g. Navarrette 2006).Pese a su éxito como eje articulador de la política cultural del gobierno del generalVelasco Alvarado y a la inspiración que diera a sucesivas generaciones de estudiantes dearqueología, la principal crítica hacia la ASL, sin embargo, se ha centrado en la carenciade propuestas metodológicas concretas para impulsar la transformación social anheladamediante la práctica arqueológica, motivo por el cual hoy se considera una posiciónminoritaria y marginal, incluso en México y en el Perú.Quizás la diferencia fundamental entre las arqueologías latinoamericanas y aquellas deEuropa y Norteamérica, es que las primeras en particular, y aquellas de los países del suren general, conciben su objeto de estudio de manera distinta. En vez de estudiar al otroque se encuentra lejos, estudian prácticas y culturas que forman parte de su propiasociedad. Es en parte por ello que, cuando se habla de recuperación de tecnologías, seentienden cosas muy distintas en Latinoamérica y Europa. En el Reino Unido el términose asocia con la arqueología experimental, el tallado de herramientas de piedra o maderacon técnicas antiguas o la cría de antiguas razas de animales domésticos, por ejemplo. EnLatinoamérica en cambio, se refiere principalmente a tecnologías productivas, como laagricultura, el pastoreo y la silvicultura. Esta divergencia muestra la profundidad delcompromiso social con el presente que la ASL reclama y que –en el Perú- se manifiestaen activos círculos de estudiantes como el Instituto Cultural Runa o la Asociación Supay.
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas18Para concluir esta discusión sobre como encaja en la autopercepción de la arqueología yla recuperación de tecnologías, y entrar de lleno en el ámbito del desarrollo, es necesarioabordar el rol que la arqueología y la antropología le confieren a la tecnología como unpivote del cambio cultural.Arqueología y tecnologíaLa arqueología -entendida como una disciplina especializada en el estudio de la culturamaterial- ha desarrollado un profundo entendimiento de las diversas tecnologíasdesarrolladas por los seres humanos. Gran parte de los más importantes desarrollos anivel teórico, sin embargo, se han llevado a cabo en el vecino campo de la antropología.Así, la teoría del don como prestación total de Marcel Mauss, incide sustancialmente enel carácter mágico de los objetos, acaso de una manera más elocuente que el análisis de lamercancía de Karl Marx.Lo primero que hay que resaltar es la insuficiencia del tratamiento antropológico de latecnología (Dobres y Hoffmann, 1999; Lemmonier, 1993; Pfaffenberger, 1988, 1992a,1992b; Hornborg, 1992; Ingold, 1997); tendencia que la emergente arqueología cognitivaestá en proceso de revertir. Existen tres tendencias básicas en el tratamientoantropológico de la tecnología. En el determinismo tecnológico se privilegia la idea deque todo cambio social es producto de un cambio tecnológico. Esta tendencia espropugnada por Gordon Childe y la Arqueología Social Latinoamericana. Elsonambulismo tecnológico propone grosso modo que “La tecnología no es buena ni mala,todo depende del uso que se le de”. En tercer lugar esta el "posibilismo" tecnológico, enel cual se considera que la tecnología es un producto de la acción humana.El determinismo y sonambulismo por lo general se entremezclan en la “visión estándar”de la tecnología. Esta forma parte constitutiva del pensamiento occidental sobre eldesarrollo de la tecnología y la economía a partir de la "cosmología de la máquina".Recordemos los recurrentes intentos actuales –de amplia cobertura mediática- por buscaren las maquinas (las neo-tecnologías cibernéticas, la biotecnología, etcétera) respuestas alos problemas mundiales de alimentación, salud e incluso para el cambio climático. Deesta manera, algunos comentaristas han visto una transición global en la visión del futurode la humanidad, articulada, inicialmente, por la fe en Dios (Cristianismo), luego por la feen seres humanos (Marxismo, Liberalismo), la cual estaría siendo reemplazada por la feen la tecnología (Climent, 1999: 62).La diferenciación y relación entre las “acciones materiales” y la “mente en acción” no estrivial. Según la visión estándar, la tecnología antecede a la cultura material, es decir, sebasa en la idea de diseño o –dicho de otro modo- la intención de cambiar lo existentesegún un ideal mental. Esta división entre saber y hacer -sapiens y faber- refleja la ideaoccidental de la relación entre el trabajo intelectual y el trabajo manual: el “saber” ligadoa la teoría abstracta y el “hacer”, vinculado al conocimiento práctico. La superioridad deltrabajo intelectual es un prejuicio etnocéntrico que forma parte del bagaje cultural deoccidente. Por ende, la tecnología es una construcción cultural.
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas19El concepto de sistema sociotécnico de Bryan Pfaffenberger (1988, 1992) apunta a unaconcepción universal de la actividad tecnológica humana en la que las estructurassociales complejas, los sistemas de actividades no verbales, la comunicación lingüísticaavanzada, los actores sociales y no sociales, y el uso social de los artefactos, sonreconocidos como partes de un complejo simultáneamente adaptativo y expresivo. Elantropólogo debe hacer a un lado la mitología de la "visión estándar", según la cual lanecesidad es la madre de la invención; el significado de un artefacto es una cuestiónsuperficial de estilo; y la "historia de la tecnología es una progresión unilineal de lasherramientas a las máquinas" para comprender la significación evolutiva de la actividadtecnológica, y para reconocer lo auténticamente humano en diversas actividadestecnológicas (Pfaffenberger (1992 passim). La producción de cosas (objetos, materia) y laproducción de significados es simultánea (Lemmonier, 1993). En las palabras de MarcelMauss: “Al crear el hombre se crea a si mismo. Crea los medios necesarios para subsistir,cosas meramente humanas, e inscribe en ellas su pensamiento. He aquí, elaborada, larazón práctica” (1927).Las tecnologías agrícolas andinasIntroducciónLa agricultura se ha constituido en el pilar de la alimentación humana a lo largo de laactual era geológica, y especialmente durante los últimos 10.000 años. La producciónagrícola y la población mundial han crecido muy significativamente, pero la inseguridadalimentaria continúa planteando un reto, incluso en partes del mundo como los Andes, endonde los pueblos originarios desarrollaron tecnologías agrícolas complejas y efectivaspara manejar los riesgos planteados por un medio ambiente diverso y difícilmenteprevisible.A una escala global y de largo alcance temporal, puede afirmarse que la domesticación deplantas y animales, y la creciente transformación de paisajes por parte de los pueblos queadoptaron la agricultura en distintas partes del mundo, dieron lugar a trayectoriassimilares. Entre los 10000 y 5000 años antes del presente, la mayoría de la poblaciónmundial pasó de sustentarse de una economía apropiativa, centrada en la caza, pesca yrecolección, hacia una economía basada en la producción de alimentos. Estageneralización, conocida aún como la transición entre “salvajismo” y “barbarie” -queprecede a la “civilización”- la expresó claramente Friedrich Engels en “El origen de lafamilia, la propiedad privada y el estado según las investigaciones de Lewis H. Morgan”1(Engels, 1884).No es este el lugar para disertar sobre la teleología evolucionista y el eurocentrismoinherentes al modelo adoptado por Engels hace más de cien años; baste resaltar tresargumentos para ubicarnos en el contexto intelectual del siglo XXI. En primer lugar, elpaso de una economía basada en la caza y la recolección a la agricultura y ganadería no1Título original: Der Ursprung der Familie, des Privateigentums und des Staats im Anschluß an Lewis H.Morgans Forschungen.
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas20ocurre mecánicamente y existe una gran variabilidad cultural entre aquellos lugares delmundo donde ocurrió. La adopción de la agricultura no necesariamente conllevó amejores condiciones de vida. Las zonas particularmente ricas en recursos marinos comola costa oeste y suroeste de Suramérica, permitieron el desarrollo temprano de sociedadespesqueras y marisqueras estables y duraderas como Chinchorro (9000-5000AP) (Arriaza,1995, 2003; Arriaza y Standen, 2002). Más aún, la singular riqueza de recursos marinosen el litoral andino le dio un giro particular a toda la historia de la agricultura en estaregión (ver abajo).En segundo lugar, un sedentarismo marcado –el asentamiento permanente a diferencia dela movilidad de grupos de cazadores- no es una precondición para la agricultura. Lossistemas de agricultura de roza y quema ampliamente difundidos en las zonas tropicaleshúmedas del geotrópico así lo demuestran. La ausencia de agricultura, finalmente,tampoco es una limitante para el desarrollo de sociedades con formas de organizaciónsocial complejas, como puede entreverse de la rica etnohistoria de pueblos como losTlingit, Haida, Tsimshian, Kwakiutl y Nootka de la costa noroeste de Norteamérica. Ladiversidad cultural es una constante en la historia de la humanidad cuyo devenir no hapodido explicarse mediante modelos universales derivados de la evolución lineal, tal ycomo creían pensadores como Herbert Spencer, Edward Taylor y Lewis Morgan.Los avances teóricos y técnicos de la arqueología y antropología a lo largo de los siglosXX y XXI, han mostrado la utilidad heurística de los modelos universalistas para explicarla diversidad cultural del pasado tanto como su insuficiencia empírica. Actualmente,existe una multiplicidad de acercamientos, algunos derivados de la biología –como lateoría moderna darwiniana- y la cibernética -como la teoría de sistemas y la teoría delcaos o de la complejidad-, y otros de las ciencias sociales -como la teoría de la práctica yla estructuración. Por otro lado, la arqueología ha logrado excavar, identificar y fecharevidencias materiales que permiten contrastar las teorías actuales y la cultura materialpretérita, acercándonos así con mejor fundamento al surgimiento de la agricultura en lasdiferentes regiones del planeta. La transformación del paisaje andino y las grandes obrasde infraestructura agrícola en avanzado estado de abandono no son pues restosmoribundos o fósiles de una era pasada; se trata más bien de un patrimonio culturalmaterial, resultado de las trayectorias de desarrollo propias del continente americano,largas y complejas, pero débilmente comprendidas.Los esfuerzos por tecnificar e industrializar la agricultura con fines mercantilesdesplegados a lo largo del siglo XX, no han llevado a un mejor manejo de los suelos y delrecurso hídrico. Más bien han exacerbado la salinización de los campos de cultivo, el usoineficiente de la poca agua disponible, el agotamiento de la fertilidad natural de lossuelos, la erosión de la capa húmica (erosión laminar) (Figura 2), la incisión de ríos yquebradas (cárcavas) y la escasa disponibilidad de agua en el subsuelo (vide Guerrero,2005). Las persistentes y agudas deficiencias nutricionales en el ámbito rural, y elconsiderable –y creciente- volumen de la importación de alimentos básicos ejemplificanla escasa importancia de la agricultura de subsistencia en países como Ecuador, Perú,Bolivia y Argentina. Los principales perjudicados han sido los sectores campesinos,
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas21muchos de los cuales presentan un fuerte arraigo indígena. Una respuesta recurrente hasido -y sigue siendo- el abandono del campo en busca de trabajo en las ciudades.Materialidades, tecnologías y saberes agrícolasEl estudio arqueológico y antropológico de las tecnologías agrícolas andinas antiguas ytradicionales, surge en la década de 1980 en el contexto de las emergentes críticas a losmodelos de desarrollo agrícola enfocados en el volumen y el valor monetario de laproducción (CEPAL, 1965; UNACAST, 1973: 115-135). Esta búsqueda de alternativasconstituye el foco de investigación más antiguo y dinámico dentro del campo de larecuperación de tecnologías indígenas. Sin embargo, los niveles de inversión en el campode las tecnologías autóctonas permanecen muy por debajo de la inversión institucionalfrente al estudio de la adaptación de técnicas foráneas, como el cultivo de especiesgenéticamente modificadas, el riego por aspersión y la mecanización industrializada. Pesea la participación de grupos indígenas y campesinos en la actual gestación -en Bolivia-del Instituto Nacional de Investigación Agrícola y Forestal (INIAF), es poco probableque este patrón histórico sea revertido a corto plazo. Sin embargo, las prognosis del PanelInternacional de Cambio Climático de la ONU (IPCC, por sus siglas en inglés), sugierenun importante aumento de la presión sobre el recurso agua, en tanto los regímenesclimáticos globales que controlan su disponibilidad a nivel local se verán severamentealterados en las próximas décadas. En vista de lo anterior y, especialmente, de lasustentabilidad y adaptabilidad de las tecnologías agrícolas autóctonas desarrolladas a lolargo de milenios2, consideramos oportuno hacer un balance de los esfuerzos por conocery recuperar estas tecnologías originales. Si bien se trata, en primera línea, de una revisiónhistórica crítica, su objetivo ulterior es fomentar la participación de arqueólogos yantropólogos en la formulación de proyectos de desarrollo sustentable en el ámbito ruralandino y aprender de los errores del pasado. La resiliencia de las tecnologías tradicionalesque nacieron del mestizaje de las tecnologías agrícolas mediterránea y andina sienta lasbases para una recuperación ajena al sonambulismo y el determinismo tecnológico.Actualmente, es posible hallar una gran diversidad de sistemas agrícolas en el áreaandina; desde grandes extensiones de monocultivos mercantiles mecanizados orientadoshacia la venta en el mercado internacional –de caña de azúcar, espárragos, arroz yalcachofas, por ejemplo-, hasta amplios sistemas tradicionales que sincronizan, en eltiempo y el espacio, una diversa producción agrícola orientada en primera línea aasegurar un sustento culturalmente adecuado. Sin embargo, la agricultura de subsistenciay la agricultura mercantil no son caras opuestas de una moneda, aunque pueda parecerlodesde una perspectiva economicista. Más bien, se trata de extremos opuestos de unmismo complejo de prácticas sociales, materialidades y procesos históricos vinculados almanejo de la tierra, el agua y la reproducción de ciertas gamas de especies comestibles.Comúnmente, los trabajos sobre la agricultura americana destacan la importancia de lapapa, el maíz, el tomate y el ají, entre muchos otros, para la alimentación de laspoblaciones de Europa y el mundo. No repetiremos este ejercicio, pero sí resultabeneficioso pensar el desarrollo de la agricultura como un compuesto de múltiples2Las tecnologías de pastoreo se abordan en el Capítulo 4, las agroforestales en el Capítulo 5.
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas22trayectorias tecnológicas de largo alcance, algunas de ellas paralelas, pero las másinterrelacionadas, cada una de ella compuesta de elementos tanto materiales –las terrazas,canales, muros, herramientas, semillas, abonos y aditivos- como inmateriales –losconocimientos prácticos y culturales adecuados para su manejo. En un momento dadouna trayectoria tecnológica se caracterizará por una combinación específica de elementos.En los Andes hallamos, por un lado los originales sistemas de producción indígenas -agro-pesqueros, agro-pastoriles y agro-forrajeros-, desarrollados a lo largo de milenios enla vertiente occidental y oriental de los Andes, en las hoyas interandinas y a lo largo de lafranja costera -desértica a híper-húmeda- del litoral del Pacífico. Por otro lado, están lossistemas foráneos, los policultivos mediterráneos -de arraigo árabe-, los sistemas demonocultivos -tecnificados a partir del siglo XX- y, más recientemente, los sistemas demonocultivo de alto rendimiento dependientes de agroquímicos y semillas genéticamentemodificadas.El colapso poblacional ocasionado por la conquista y a introducción de plantas, animalesy herramientas europeas en el continente americano a partir del siglo XVI tuvo unprofundo impacto sobre la agricultura autóctona. Entre las imposiciones de mayortrascendencia destacan la reubicación forzosa de la población indígena en reducciones o“pueblos de indios” -decretada por Francisco de Toledo, Virrey del Perú en 1571 (PorrasBarrenechea, 1963), la demanda de tasas (impuestos) en productos agrícolas europeos ylas sucesivas reformas en los regímenes de propiedad y la administración del uso yacceso al agua y la tierra durante las épocas colonial y republicana. Sin embargo, ladistancia, las condiciones del medio y la presencia de desarrolladas tecnologías agrícolassignificaron que sólo algunos selectos elementos del bagaje agrícola europeo fueranintegrados, algunos por voluntad propia, otros por coerción (Gade, 1992). A lo largo delos últimos cinco siglos, las comunidades indígenas y campesinas han reformado laestructura básica de los sistemas agrícolas precoloniales, pero sin llegar a unasuplantación (Golte, 1980).Así, el arado de tracción castellano en la sierra altoandina se integra tempranamente almanejo sincrónico, integrado y flexible de las múltiples zonas de producción del paisajeandino (Murra, 1972, 1978, 1985; cf. Salomon, 1985) –incluso para el cultivo de terrazasde fondo de valle y laderas. Del mismo modo, algunos cultivos europeos -domesticadosen Oriente Medio y traídos mayormente de Centroamérica- fueron adaptados a lascondiciones bióticas de altura. El trigo, considerado fundamental para una vida digna ycivilizada por la población española, prontamente formó parte de la lista de productosrequeridos en tributo. Sin embargo, un Reparto de Tierras de 1595 ya registra su cultivocomo parte de la producción de autoconsumo indígena, lo que le sugiere que fueadoptado intencionalmente, acaso porque su preparación –en mazamorra- es similar a lade los granos andinos (principalmente maíz, quinoa y kañiwa), porque facilitaba paja yrastrojo para los crecientes pastores indígenas de rebaños de animales europeos, y porquesu cultivo no interfería sustancialmente con el calendario del maíz, cuya zona de cultivo(aproximadamente 2500-3500 msnm) comparte (Gade, 1992). La sociedad andinaencontró espacio para adaptar el haba y la cebada a las altas laderas, junto a lostubérculos (papa, oca y mashwa, principalmente), frijoles (tarwi) y granos altoandinos
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas23(quinoa y kañiwa); y la naranja y el plátano en el fondo de los valles interandinos, dondeaún se cultivan al lado de la batata (camote), del algodón y de la coca (aproximadamente1500-2500 msnm). La caña de azúcar fue un monopolio durante largo tiempo, pues latecnología necesaria no estaba al alcance de los grupos indígenas (Gade, 1992). Si bienconstruyeron trapiches para obtener un fermentado más fuerte que la chicha de maíz -conocido como guarapo- el deseo por azúcar y alcohol fue un aliciente poderoso paraaventurarse en el mercado en metálico controlado por españoles y mestizos.Si bien la colonización europea alteró la trayectoria endógena del desarrollo agrícolaandino, el préstamo bilateral de semillas, técnicas y herramientas no mengua la distinciónentre las tecnologías autóctonas americanas y las tecnologías importadas a lo largo de losúltimos cinco siglos. Así, existe una marcada diferencia en su distribución regional. Lasgrandes extensiones de las fértiles tierras de los valles de la costa peruana, sonmayormente objeto de una explotación mercantil intensa, de propiedad privada y seencuentran mayormente en los valles del litoral del Pacífico y las grandes cuencasinterandinas. Las comunidades tradicionales indígenas y campesinas, tienden a manejarterritorios comunales dispersos en las alturas andinas, ocupando cimas, laderas,quebradas y desiertos marginales, de baja rentabilidad comercial. Sin embargo, al margende los crecientes cultivos arroceros, alcachoferos y esparragueros en el caso del valle deMoche, se mantiene un particular sistema indígena agro-pesquero, tradicional de la costanorperuana, que aprovecha el afloramiento de agua salobre en wachakes (camposhundidos) cavados al lado de la playa para cultivar la totora (Scirpu reparius, Scirpuscalifornicus y Thipha sp; v.g. Muro, 2004) con que los Huanchaqueros awanganan (esdecir unen, “como madre e hijo”) sus famosos caballitos de totora. La recombinación deelementos materiales e inmateriales procedentes de distintas tradiciones, el cultivomecanizado de la kinwa (Chenopodium sp.) o el de la cebolla con chaki taklla (arado depie) en suka kollu por ejemplo, indica que los modos de organización del trabajo son unadistinción significativa. Los derechos de propiedad sobre la tierra, parte de la matrizhistórica sobre la cual se yergue cualquier intento de recuperación, son otro elemento dediferenciación decisivo.En este capítulo, esbozaremos las actuales hipótesis entorno a los orígenes de laagricultura en los Andes como una forma de contextualizar las trayectorias históricas enlas que las tecnologías de riego y manejo del suelo –las presas, represas, canales, terrazasy campos de cultivo tanto cómo la diversidad de plantas y el engranaje de ciclosreproductivos- se hallan insertas. Seguidamente, enfocamos la arqueología y prácticascampesinas tradicionales vinculadas a los campos elevados, las presas y represas y lasterrazas y estudiadas en la costa de Ecuador, la sierra sur, central y norte del Perú, elAltiplano del Titicaca, y el noroeste argentino. Cada sección culmina con una discusióndel estado de la recuperación de la respectiva tecnología y región.La abultada literatura demuestra la notable labor realizada en el altiplano del Tititcaca,donde en la década de 1980 los arqueólogos Clark Erickson y Alan Kolata impulsaran -enPerú y Bolivia, respectivamente- los estudios piloto que demostraran la viabilidad técnicade la recuperación de la tecnología indígena de suka kollu y sorprendieran con altísimosrendimientos en la producción (i.e. Erickson, 1988; Berastain, 1999; Enríquez Salas et al.,
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas242000; PIWA, 1992, 1994, 1996, 1999, 2000, 2000b). La Península de Santa Elena y lacuenca media del Guayas destacan como otra región en que se han realizado numerososestudios arqueológicos, si bien los intentos de recuperación han sido aún pocos y conresultados mixtos (i.e. Knapp, 1988; Stothert, 1995; Fresco, 2003; Marcos, 2002, 2004).Por lo demás, es notoria la primacía de estudios arqueológicos, antropológicos yetnohistóricos a nivel local y la escasez de trabajos de síntesis en castellano (cf. Denevan,2001).La creciente influencia de la agroecología -movimiento intelectual científico en pro de laagricultura orgánica y la agrodiversidad- es notable desde inicios de la década de 1990,pues ha ayudado a cerrar un poco la brecha existente entre los agrónomos e ingenieros,por un lado, y los antropólogos y arqueólogos por el otro. La inclusión en este diálogo delos actores campesinos es aún incipiente.El surgimiento y desarrollo de la agricultura en los Andes centralesEl estudio de restos botánicos microscópicos -polen, fitolitos y carbón principalmente- halogrado completar algunos de los grandes vacíos de la historia de la agricultura en losAndes. El entendimiento de sus orígenes y desarrollo – la transformación de tecnologíasde subsistencia basadas en la pesca, la caza y la recolección, y la adopción de laproducción de alimentos en jardines así como el surgimiento de la agricultura ytecnologías hidráulicas asociadas- ha dado un giro importante con el advenimiento detécnicas de investigación que permiten investigar el registro arqueobotánico en zonashúmedas, pese a la descomposición de materia orgánica.En su importante libro sobre los orígenes de la domesticación en las tierras bajas deltrópico americano, Doris Piperno y Deborah Pearsall sintetizan el estado del arte,diferenciando tres grandes áreas que dieron lugar a tipos originarios de adaptación queincluyen la agricultura: 1) las zonas bajas, cálidas, húmedas y boscosas; 2) la zonaaltoandina y 3) la zona costera (Piperno y Pearsall, 1998). Las autoras vinculan los iniciosde la domesticación de plantas a la horticultura incipiente practicada por grupos socialespequeños asentados en las tierras bajas y húmedas del geotrópico, entre los 9000 y 7000años antes del presente. Siguiendo un modelo evolucionista, basado en la teoría ecológicade forrajeo óptimo, Piperno y Pearsall ligan los orígenes de la domesticación a loscambios climáticos y ecológicos que marcaron la transición entre el Pleistoceno final –conocido como la última era del hielo – y la actual era geológica, el Holoceno (11000-10000 años AP). A la vez, esclarecen antiguas dudas y resaltan algunas particularidadesdel proceso andino.Así por ejemplo, se asumía con frecuencia que la producción de alimentos representabauna respuesta cultural a condiciones de estrés poblacional y presión demográficaprincipalmente. Sin embargo, los restos humanos de las poblaciones que empezaron asembrar las primeras huertas en las tierras bajas del neotrópico hace alrededor de 10.000años –específicamente en el sitio de Las Vegas, en la península de Santa Elena- nomuestran síntomas de estrés nutricional (Ubelaker, 1984, 1995; citado en Piperno yPearsall, 1998: 198). Por ello, descartan la sobrepoblación y el hambre como factoresdecisivos para la domesticación de plantas y la adopción de la producción de alimentos.
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas25Por otro lado, se asumía que los primeros asentamientos asociados a la domesticación yla producción de alimentos en los Andes centrales se ubicaban en los valles principales(Smith, 1995; citado en Piperno y Pearsall, 1998: 209). Sin embargo, las investigacionesde Tom Dillehay en el alto valle de Zaña, Perú, indican un patrón de asentamientodescendiente e integrado. Las ocupaciones más tempranas –del Período PrecerámicoMedio (8400-6000AP)- se ubican en las quebradas de la parte alta del valle (alrededor de1000 msnm) (Dillehay et al., 1992, 2005); mientras que las primeras ocupaciones de lasllanuras ribereñas recién se registran en el Período Precerámico Tardío (5000-3800AP)antes del advenimiento del uso de la cerámica. Recientes investigaciones en los valles deSupe, Huaura y Pativilca sugieren que estos no serían casos aislados, observándose losinicios de la complejidad social institucionalizada en estos contextos (Aguilar, 2006).Una de las más discutidas particularidades en el surgimiento del proceso culturaltemprano en los Andes, es la importancia de los recursos marinos (Moseley 1975, 1992).Piperno y Pearsall (1998) encuentran suficiente evidencia para apoyar la hipótesis que elaprovechamiento de recursos terrestres inicialmente complementó una dietafundamentalmente marina a lo largo de la desértica costa oeste de Suramérica, recalcandola reconocida importancia de plantas industriales como el algodón –para cuerdas, redes ytextiles- y el mate – para flotadores y recipientes. Este rol subsidiario recién habríacambiado con el advenimiento del fenómeno de El Niño, alrededor de 7000 a 5000AP(Piperno y Pearsall, 1998: 81-82, 267-280; cf. Sandweiss et al., 1996).Otra particularidad es que más de la mitad de las más de cien especies de plantasdomesticadas que los primeros europeos conocieron en el siglo XVI -casi todasplenamente desarrolladas a inicios de la era cristiana- son probablemente oriundas de lastierras bajas, cálidas y húmedas de Centro- y Suramérica (Piperno y Pearsall, 1998: 1,109-166). Sustentando las ideas expresadas hace décadas por Carl Sauer, Julio C. Tello yDonald Lathrap; Piperno y Pearsall encuentran que las primeras alteracionesmorfológicas en los restos de plantas comestibles –tubérculos principalmente - datan dehace 9000 años e indican un cultivo sistemático en pequeñas huertas o jardines caseros,es decir, horticultura. Las primeras evidencias directas de agricultura -de roza y quema-datan de 7000 años AP, por lo que se puede hablar de las primeras chakras: campos parala propagación y cosecha de plantas seleccionadas. Una implicancia importante de estatemprana introducción de especies es que indica una alta movilidad e interacción entrelos grupos sociales asentados en las tierras bajas tropicales y en los valles costeños einterandinos.Piperno y Pearsall (op. cit.) argumentan la necesidad de segregar conceptualmente losorígenes de la producción de alimentos -posible a través de un manejo de los recursossilvestres que puede o no llevar a alteraciones genéticas en especies como las palmas defrutos comestibles (v.g. Morcote-Ríos et al., 1998)- de los orígenes de la agricultura, puesestos dos procesos no necesariamente se suceden uno a otro. La horticultura, al igual quelos sistemas económicos de corte marítimo mencionados líneas arriba, no es un estadoeconómico inferior o transitorio. La agricultura, entendida como el cultivo en campos
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas26preparados para favorecer el predominio de especies comestibles, más bien representa unextremo a lo largo de un continuum, con la horticultura al extremo opuesto.Las evidencias obtenidas mediante el análisis de restos botánicos microscópicos apuntanhacia las zonas ecológicamente más benignas, sin heladas y con lluvias estacionalespredecibles como la cuna de la domesticación y la horticultura en Suramérica, alrededorde 10.000 años antes del presente. Procesos similares se suceden poco después, durante laparte final del Período Arcaico (12.000-5.000AP) en los valles interandinos y del litoraldel Pacífico así como en las zonas de vegetación de lomas, lugares en dondeposiblemente se cultivaron tubérculos como papa (Solanum tuberosum), oca (Oxalistuberosa) y olluco (Tropaleum tuberosum), granos cómo la quinua (Chenopodiumquinoa), diferentes especies de leguminosas (Cannavalia Sp., Phaseolus Sp.), entremuchos otros alimentos y plantas medicinales y utilitarias (v.g. resumen y bibliografía enKaulicke, 1994).Hasta el momento, sólo se han identificado campos de cultivo asociados a pequeñoscanales de regadío hacia desde Precerámico Medio (5.000-3.000AP) en el alto Zaña(Dillehay et al., 2005), pero es posible inferir de los restos botánicos recuperados dediferentes sitios arqueológicos con evidencia de cultivos tempranos -Las Vegas y RealAlto en la costa de Ecuador (Stothert, 1988; Marcos, 2005); La Paloma (Quilter, 1992),Los Gavilanes (Bonavía, 1982), Caballete (Haas et al 2004) y Caral (Shady y Leyva2003) en la costa de Perú, y los sitios de Guitarrero (Lynch, 1980), Kotosh (Izumi ySono, 1963) y La Galgada (Grieder et al., 1988) en la sierra, por ejemplo- que lastecnologías desplegadas fueron diversas. Incluyeron la agricultura de secano tanto comoel aprovechamiento de inundaciones estacionales y –posiblemente- el uso de pequeñoscanales o acequias. La agricultura intensiva y de irrigación, probablemente se desarrollóen zonas menos áridas que las tierras bajas húmedas del neotrópico, acaso en los vallesinterandinos de las hoyas del Santa y Marañón, como sospechaban Tello (1923) yMacNeish (1969), y -de forma paralela- en los valles-oasis del litoral del Pacífico. En estesentido, es importante recalcar que la interacción a larga distancia a lo largo de losAndes, entre pisos térmicos y zonas ecológicas similares probablemente fue frecuente,duradera y de gran importancia en épocas tempranas. Las relaciones trasversales y elaprovechamiento de los pisos ecológicos densamente contiguos que caracterizan lasvertientes andinas (cf. Murra, 1972), en cambio, aumentan en importancia con eladvenimiento de sociedades más especializadas –marítimas, agrícolas y pastoriles- apartir del Período Inicial (ca. 4000-2800AP).Sin embargo, la investigación de la irrigación y de las tecnologías hidráulicas complejasen los Andes ha tendido a centrarse en las obras monumentales de las sociedades tardíasde la costa y sierra centroandinas y son aún pocos los estudios entorno a sus inicios (v.g.Zimmerer, 1995; Dillehay et al., 2005). La evidencia disponible sin embargo, indica quela construcción de los primeros canales de contorno para riego por gravedad pudo ocurrirentre 6500 a 5400 años AP (Dillehay et al., 2005). Los sistemas de irrigación quecaracterizan los valles de la árida costa centroandina probablemente estaban plenamentedesarrollados hace 4000 años (Burger, 1992; Haas et al., 2004). Por ello, podemos decirque al momento de la invasión europea la tradición indígena de agricultura intensiva conirrigación tenía cuando menos 3500 años de antigüedad.
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas27Los campos elevados y su recuperaciónLos campos elevados antiguos, hallados desde la Guyana hasta el oriente Boliviano, hanpermitido identificar una tecnología indígena multifuncional, típica de áreas anegablesque facilita altas tasas de rendimiento agrícola en zonas difícilmente utilizables de otromodo. Como su nombre lo indica se trata de áreas de cultivo elevadas por la mano delhombre, rodeadas por amplios canales. No se trata solamente de sistemas integrados dedrenaje e irrigación, pues además facilitan el enriquecimiento del suelo con nutrientes, ycrean hábitats para animales comestibles y alteran las condiciones agroclimatológicas.Esta cualidad es particularmente importante en zonas de altura, donde las heladasrepresentan un gran riesgo para la agricultura. Sin embargo, la gran diversidadmorfológica existente sólo se explica en parte por las diferencias ambientales. Existendiferencias temporales y regionales, a la vez que preferencias culturales, incluso a nivelmicro-regional. En éste lugar se discuten tres áreas: la sierra norte del Ecuador, la costadel Guayas y el altiplano Peruano-Boliviano, aunque existen campos elevados en otrasregiones del área de estudio -el litoral peruano y los Llanos de Mojos, entre otros.Enfocamos de manera particular los intentos de recuperación en el área circunlacustre delTiticaca, porque los estrepitosos fracasos e inesperados éxitos tras más de 20 años deexperimentación, sugieren lecciones importantes para la recuperación de tecnologíastradicionales a nivel global.Una de las más impresionantes áreas de campos de cultivo en zonas anegables deAmérica del Sur, es la parte central de la cuenca del Guayas, Ecuador. A partir de sudescubrimiento casual en 1965 por Jeffrey Parsons, arqueólogo pionero y gran impulsordel estudio de sistemas de cultivo en los Andes y la Amazonía (Denevan, 2001: 230), elEcuador, conjuntamente con Perú y Bolivia, se ha constituido en uno de los países focalesen términos de la investigación entorno a sistemas agrícolas precoloniales,específicamente los jagüeyes, albarradas o reservorios (detention ponds) de la áridaPenínsula de Santa Elena (Marcos, 2004) y los campos elevados ubicados en la sierranorte, en los alrededores de Guayaquil y en la costa las provincias de El Oro yEsmeraldas.Los campos elevados de Quito y CayambeAunque la existencia de sistemas de campos elevados en la sierra norte del Ecuador eslargamente conocida, su descripción y estudio se inician recién en la década de 1970(Ryder, 1979; Knapp y Ryder, 1983; Batchelor, 1980; Gondard y López, 1983; Knapp yDenevan, 1985; Knapp, 1991). Denevan (2001: 234) calcula que existen 2.000ha decampos registrados, anotando que es muy probable que grandes extensiones esténcubiertas por ceniza volcánica y otros sedimentos. Batchelor (1980) describe lamorfología de los campos y de las construcciones asociadas en la sierra de Cayambe,diferenciando los Campos Lineales Acanalados -que Denevan (1970) considerara comouna forma rudimentaria de drenaje- hallados al oeste del camino entre Cayambe y Ayoray al oeste de la Hacienda San José (Batchelor, 1980: 676) de los campos represados en elvalle del rio Granobles. Un grupo bien conservado de estos terraplenes arqueados seobserva en la Hacienda La Tola (Batchelor, 1980: 678). Se trata principalmente de
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas28terraplenes de 2 a 4m de ancho en la parte superior del lomo, con 3 a 5m entre los surcos-de aprox. 1m de profundidad- (Denevan, 2001: 234) indica una de amplitud de ondamáxima de 9m) y entre 300 y 900m de longitud, construidos en etapas sucesivas,comenzando desde arriba hacia la porción central de la pendiente (Echevarría, 2004:685).Para las regiones ocupadas en el siglo XVI por los grupos étnicos Carangue, Cayambe yQuitu, Echevarria (2004) propone la construcción de campos elevados a partir del año700 de nuestra era, es decir, unos 1300 años atrás. Estas tecnologías agrícolas se habríandifundido ampliamente entre los años 1000 y 1250 de nuestra era (Echevarria, 2004).Denevan (2001:234) menciona el hallazgo -en el centro de la ciudad de Quito- de camposelevados superpuestos, lo más antiguos y pequeños, acaso temporales, de por lo menos1700 años atrás.Experimentos de rehabilitación conducidos por Knapp (1991: 159) sugieren que elcontrol de heladas fue una función importante de los campos elevados de la sierra nortedel Ecuador, ya que las temperaturas en la superficie de los campos experimentales -ennoches de helada- son hasta 1.3º C superiores a aquellas de las áreas planas circundantes.Los campos arqueados de Cayambe, en cambio, habrían facilitado la retención einfiltración de agua con fines de irrigación en la época seca (Batchelor, 1980: 678-682).La asociación de estos campos elevados con tolas con rampa en sitios como Hacienda LaVega, Paquiestancia, Pinsaqui y Sigsicunga (Echevarria, 2004: 192, véase también:Villaba, 1998; Knapp y Mothes, 1998) sugiere la posibilidad de un cambio radical en elsistema agrícola que Echevarría interpreta en términos de cambios sociales que habríanllevado a un mayor rendimiento en la producción agrícola y a la jerarquización de lasociedad, dando así una muestra de la visión determinista de la tecnología (véaseCapítulo 1). Para el caso de Cayambe, Batchelor (1980) concluye que la actual red dedistribución de agua de riego en el valle no difiere sustancialmente del sistemaprecolonial (Batchelor, 1980: 682), lo que sugiere una alta resiliencia de las prácticasasociadas al uso de tecnologías hidráulicas, incluso frente a cambios socio-políticosradicales como la conquista española y las reformas republicanas. A partir de su revisiónde datos etnohistóricos y topónimos de la sierra de Pichincha, Imbabura y Carchi,Caillavet (2004: 216) sugiere que las voces pixal / pajal así como pifo / pifu / biafo sereferían a la agricultura de humedad, específicamente al cultivo en camellones dediversas formas. El hecho que se trata de voces no quechuas, idioma introducido en estaregión alrededor del siglo XV, subraya la antigüedad de estas tecnologías agrícolas,diseñadas para lidiar con la humedad.La literatura registra pocos intentos de recuperación de estos campos por parte de lapoblación local, Knapp (1988) menciona experimentos en Chillogallo, al sur de Quito; enSan Pablo, al sureste de Otavalo y en Cayambe, pero hay más eferencias a los camposexperimentales –transitorios- construidos por investigadores (i.e. Knapp, 1991). Sinembargo, Denevan (2001, 234) menciona que el cultivo tradicional de papa y maíz en lazona se realiza en wachunkuna, caballones o lomos de tierra, y que los campesinosutilizan zanjas para drenar los campos. Estos “minicamellones” presentan una amplitudde onda muy inferior a la de los campos elevados antiguos- 0.75-1m a diferencia de 3-
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas299m. Sin embargo, las experiencias en el Altiplano del Tititcaca sugieren que los saberes yprácticas asociadas a esta tecnología “empobrecida” encierran claves importantes paracualquier intento de recuperación promisorio.Los campos elevados de la cuenca del GuayasEn los alrededores de Guayaquil, en las llanuras aluviales estacionalmente inundadas delas cuencas de los ríos Daule, Babahoyos, Guayas y afluentes, existen aproximadamente50.000ha de campos elevados abandonados, sin incluir áreas colmatadas, destruidas oinundadas (Denevan y Mathewson, 1983). Esta gran extensión incluye nueve patrones otipos de camellones distintos (op. cit. p. 170), por lo que representa uno de los complejosagrotecnológicos precoloniales más importantes del continente, y está siendo destruidopor la creciente urbanización, el cultivo mecanizado de arroz, la ganadería y por unmanejo inadecuado -a inexistente- de las inundaciones estacionales. El actual descuidodel drenaje de las llanuras, proceso en que los campos elevados jugaron un importantepapel durante siglos, fomenta una sedimentación descontrolada que ya ha comenzado aponer en aprietos el tránsito fluvial en la ciudad de Guayaquil.Según De Fontainieu (2006), la construcción de campos elevados en la cuenca media delGuayas, los camellones, dataría del periodo de Desarrollos Regionales (350-750A.D.);mientras que en la cuenca baja todos los sitios asociados con camellones -salvo Peñón delRío- corresponderían al Periodo de Integración (750-1532A.D.). Jorge Marcos, encambio -en base a Parsons y Schlemon (1982, 1987; citado en Marcos, 2006: 39)-, esenfático al proponer una fecha de 4000 años antes del presente para los primeros camposelevados de la cuenca baja, añadiendo que: “[…] para la época Chorrera (c. 800 -300a.C.) ya se habían construido la mitad de los campos de camellones y la mayoría de lasalbarradas [jagüeyes] que encontraron los españoles que llegaron a estos parajes duranteel siglo XV” (Marcos, 2006: 39). Ésta sustancial divergencia merece una explicación.En primer lugar, es notablemente difícil fechar obras antiguas de infraestructura agrícolapor su misma naturaleza. Los campos elevados y jagüeyes son espacios en donde la tierraes periódicamente removida para contrarrestar la erosión, de modo que el materialcultural que pueda hallarse en una excavación –escaso debido a la ausencia de áreas deasentamiento- no necesariamente guarda relación con el evento de construcción bajoestudio. Lo mismo puede decirse de los restos orgánicos y de carbón, que además puedenverse afectados por flujos de agua en el suelo, movimientos telúricos y bioperturbaciónpor parte de roedores, reptiles o insectos. Una manera de atacar este problema ha sidomediante el fechado de las estructuras asociadas a las obras de ingeniería antiguas. Sinembargo, los terraplenes y montículos cercanos a jagüeyes o circundados por camposelevados, pueden ser anteriores, contemporáneos o posteriores, y bien puede darse unacombinación de estas relaciones. A diferencia de las terrazas y otras estructurashidráulicas con muros de piedra es notoriamente difícil establecer una asociación claraentre los campos de cultivo y las zonas de ocupación. La presencia de cerámica Valdiviatemprano en los muros de jagüeyes en el distrito de Muey, por ejemplo (Marcos, 2004),sólo permite determinar un terminus post quem, una fecha límite durante o después de lacual fue construido.
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas30Un resumen de los resultados publicados permite darnos una idea de los márgenestemporales de esta tecnología. Stemper (1993) investigó en las zonas de Yumes, Colimes,Palestina, Santa Lucia y Daule, en el valle del río Daule y los campos elevados deCerritos y Colimes. Concluye que los primeros campos fueron construidos entre los 2200y 2400AP, aunque la intensificación agrícola –hasta 3.7t/ha de maíz en la cosecha de laépoca de lluvias y más de 5t/ha anuales- es posterior, entre 2200 y 2100AP, concomitantecon el surgimiento de los primeros curacazgos (1993: 122). Este marco temporal coincidegrosso modo con la propuesta de De Fontainieu (2006: 73) para el área Colombo-Ecuatoriana de Tumaco-La Tolita, donde Los camellones están asociados con sitios deperíodo Inguapi 2, correspondiente a la fase clásica de la cultura La Tolita –Tumaco(2300 - 1700AP). Cabe anotar, sin embargo, que los campos elevados de la depresiónMomposina, el área cultural Zenú en Colombia, probablemente fueron construidosmucho antes – hasta 2800AP (Plazas et al., 1993).Una función fundamental de los campos elevados del Guayas fue sin duda la posibilidadde reclamar y aprovechar para la agricultura áreas periódicamente inundadas, ricamentefertilizadas por sedimentos aluviales del pie de monte andino. La necesidad de manejarlas corrientes de agua favoreció una población dispersa, asentada sobre plataformasadyacentes a bloques de camellones. Su productividad –alrededor de 12 t/ha de yuca y5,7t/ha de maíz al año-, fue demostrada inicialmente por los campos experimentalesconstruidos, a inicios de la década del ochenta, para estudiar alternativas al monocultivoarrocero, por colaboradores de la ESPOL bajo la dirección de Jorge Marcos (Muse yQuintero, 1987; cf. Marcos, 1981; Álvarez, 1984). Pese a estos alentadores resultados, larecuperación de campos elevados no se ha incentivado. La utilización de estas llanuraspara el cultivo de arroz aprovecha una tecnología de aprovechamiento de suelosanegables de origen asiático, mientras que los camellones de Peñón del Río –entremuchos otros- han sido destruidos por la expansión urbana.Diferentes interpretaciones entorno a los camellones del Guayas se han sucedido desdeque Parsons (1969) reconociera la función agroeconómica de estos grandes conjuntos deplataformas, canales y camellones. En términos generales éstas se sitúan en el continuumde los modelos denominados top-down y bottom-up, dependiendo de si la construcciónfue el resultado más bien rápido de acciones dictadas por un poder central (de arribaabajo) o si, en cambio, fueron el resultado paulatino de acciones comunales conjuntas. Elgrado de regularidad en la distribución de los camellones y los patrones de distribuciónde montículos y plataformas de vivienda son las líneas de evidencia articuladas conmayor frecuencia para sustentar interpretaciones sobre las políticas económicas delpasado. Sin embargo, dadas las dificultades inherentes al fechado de campos de cultivo(como expusimos líneas arriba), no hay aún una interpretación definitiva y no debedejarse de lado la posibilidad que las distintas formas de campos elevados tambiénreflejen respuestas culturales a condiciones hidráulicas o ecológicas específicas de cadamicro-región. Resulta probable que ciertos grupos de camellones hallan sido el productode largos procesos de construcción comunal, mientras que otros fueron construidos demanera más bien rápida a instancias de un poder central (véase discusión en Bandy,2005).Según Delgado (2002: 36), la fertilidad natural del suelo en la parte baja de la cuenca del
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas31Guayas, alrededor de los poblados de Milagro, Taura, Durán y Yaguachi, es baja y sóloun 16% del área es adecuada para la agricultura sin modificación o tratamientoantropogénico. Su estudio concluye que el poblamiento de esta zona fue más bien rápidoy tardío, con una marcada tendencia a la centralización de sitios habitacionales -asignados a la cultura Milagro-Quevedo (Período de Integración)- alrededor de los másgrandes conjuntos de tolas, como Jerusalén (Figura 3). Este patrón de asentamiento, lesugiere la existencia de una fuerza centrípeta alrededor del poder político de los curacas(2002: 198). La necesidad de congregar poblaciones estaría dada por los requerimientosde mano de obra para la construcción y el mantenimiento de las tolas y de los sistemasagrícolas. Para el Guayas, Mathewson (1987: 259-262) estima que una persona podíamover 1m³ de tierra seca y 2m³ de tierra húmeda por día, por lo que sugiere que el inicioy el fin de la temporada seca eran las mejores épocas para la construcción de camellones.Sin embargo, es importante recalcar que no se encuentran conjuntos de campos elevadosalrededor de las concentraciones de tolas más significativas, como Jerusalén (Delgado,2002; y observación personal) y Churute (Buys y Muse, 1987; citado en: Mathewson,1987: 287)3.En la actualidad sólo una pequeña minoría de la población ecuatoriana reconoce laprofunda transformación precolonial de la que ha sido objeto el paisaje del Guayas. Másallá del interés de académicos, estudiantes y alguna gente interesada –acaso inspirada porlos pequeños pero importantes campos experimentales realizados por la ESPOL- enconsiderar la recuperación de esta tecnología indígena, es evidente que algunospobladores rurales marginales han reconocido la alteración del paisaje, pues laaprovechan activamente. Sobre la carretera Guayaquil-Durán, por ejemplo, es posible verrestos de campos elevados -en muy mal estado de conservación- que son aprovechadospor campesinos sin tierras como áreas de asentamiento. En los restos de los terraplenesantiguos, practican una agricultura simple de roza y quema (Figura 4).Mientras tanto, los sedimentos arrastrados por las inundaciones que los antiguospobladores aprovecharan para fertilizar los campos elevados de la cuenca del Guayas, sehan convertido en un problema. La creciente sedimentación del río Guayas ha afectadonegativamente la navegación, dificultando la entrada y el anclaje de barcos de grancalado y haciendo inutilizables siete de los once muelles existentes a lo largo del río, alpunto que este fuera declarado en emergencia por el presidente Noboa en el año 2003. Alo largo de las últimas décadas el estado Ecuatoriano y la ciudad de Guayaquil haninvertido millones de dólares en estudios y dragado, con resultados poco convincentes(i.e. Mercurio, 2005; Expreso, 2007).Una de las principales causas de este problema, conjuntamente con la deforestación en laparte alta de la cuenca, probablemente es la creciente destrucción y erosión del paisajetransformado a lo largo de siglos en función de necesidades de drenaje específicas. Así, larecuperación de las tecnologías indígenas de la cuenca del Guayas ofrece una vía alternapara enfrentar, no solo la sedimentación fluvial, sino la marginalización de ampliossectores de la población.3Para sustentar esta aseveración Mathewson (1987: 287) cita a Marcos (1981) pese a que este trabajo noincluye referencias a Churute o Jerusalén.
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas32Los suka kollu de la cuenca del Lago TiticacaLos 1.200km² (120.000ha) de suka kollu -también conocidos como waru waru,camellones o campos elevados- abandonados que aún se observan en el altiplano delTiticaca, entre los 3.800 y 3.900m de altura, representan la mayor extensión dehumedales de altura habilitados para la agricultura en el continente americano (Ericsson,2000). Fueron construidos -y abandonados- antes de la llegada de los Inka a la región enel siglo XV, y eran una importante fuente de productos agrícolas para los pueblos de lacultura Tiwanaku (200-1200 AD), sustentando altas densidades poblacionales (Erickosn,1993; Bandy, 2004; Janusek, 2005).Desde su redescubrimiento en la década de 1960, y en especial desde la década de 1980,los suka kollu se han convertido en uno de los sistemas agrícolas antiguos más estudiadosdel continente. Los principales debates académicos, han girado entorno a los orígenes,crecimiento y abandono de esta tecnología. Dos posiciones han dominado la discusión,hasta hoy irresuelta. Ambas están de acuerdo en que se trata de sistemas diseñados paraintensificar la producción agrícola en un medio ambiente difícil. Según la hipótesisvertical (top-down) de Alan Kolata (v.g. 1993, 1996), la construcción de este gran sistemareflejaría la creciente centralización del estado indígena Tiwanaku, que habría impulsadola intensificación como estrategia para sustentar una creciente burocracia. La hipótesishorizontal (bottom-up) de Clark Erickson (v.g. 1988, 1993, 1999), en cambio, sostieneque la intensificación tuvo orígenes locales, campesinos y que las comunidades o ayllusdecidieron invertir su trabajo en la construcción y el mantenimiento de estos sistemas enausencia de mecanismos de coerción estatal. Para deslindar estas hipótesis, losinvestigadores se han dado a la difícil tarea de precisar las fechas de construcción yabandono así como el ritmo de crecimiento del sistema (ver campos elevados del Guayas,arriba), determinar la inversión de mano de obra necesaria para la construcción y elmantenimiento, las tasas de producción agrícola y los beneficios agroecológicos delsistema.Esta antigua tecnología indígena - conocida como suka kollu en aymara y waru waru enquechua-, ha generado un importante volumen de proyectos de desarrollo orientados a surecuperación a partir de su redescubrimiento arqueológico en la década del ochenta. Pesea los altos rendimientos demostrados -11 a 22t/ha de papa (De la Torre y Burga 1986: 76)y a las reiteradas loas de estos esfuerzos (i.e. Denevan, 2001; Restrepo, 2004) lasentrevistas realizadas a fines de 2007 con técnicos peruanos y bolivianos que participaronen estos proyectos arrojaron un estimado de abandono de un 90% de lasaproximadamente 420ha recuperadas en las últimas dos décadas (Alipio Canahua,comunicación personal, 2007; Cesar Díaz, comunicación personal, 2007). El colapso deestos proyectos a los pocos años de la retirada de las agencias -gubernamentales, mixtas uONG- sugiere serias limitaciones conceptuales y de comunicación, entre agrónomos ypersonal técnico, antropólogos y arqueólogos, y las comunidades locales.Parece irónico que pese a los esfuerzos invertidos por comprender la organización socialque dio lugar y permanencia a los suka kollu en el pasado, no haya sucedido lo mismo enel presente. La primera ola de proyectos de reconstrucción, en la década de 1980, secaracterizó por el asistencialismo. Demostrando una visión determinista de la tecnología,
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas33se procedió a recuperar los camellones pagando la mano de obra local con dinero oherramientas, aplicando los resultados de las investigaciones en Huatta a nivel regional,con la aparente convicción que las altas tasas de productividad llevarían automáticamentea la socialización de la tecnología. La planificación de las intervenciones del ProyectoInterinstitucional de Waru Waru (PIWA), por ejemplo, fue centralizada, burocrática ydébilmente concertada. Ante la aguda escasez de fuentes de ingresos monetarios, lascomunidades campesinas tienden a aceptar cualquier oportunidad laboral. Esta coerciónestructural es congruente con la marcada orientación vertical que caracterizó ladiseminación del conocimiento -y que recuerda el modelo top-down. Un ejemplo de ello,es la existencia de dos tipos de cartillas –ambas excelentes – una para personal técnico yotra para los campesinos locales.La experimentación y las altas tasas de abandono de camellones reconstruidos en lasáreas de intervención de los grandes proyectos orientados a una producción mercantil –estatales y de las ONG- (Figura 5), a la vez que la apropiación social de esta tecnología anivel de familias extendidas y en algunas comunidades para una agricultura desubsistencia, dan pie para inclinarse por la hipótesis horizontal, al menos en lo querespecta a las vías para rehabilitación actual.La distribución de suka kollu se concentra alrededor del lago en las zonas planas delanillo circunlacustre y áreas anegables hacia el norte, oeste y sur del lago. El 92% se hallaa menos de 30km del mismo (Denevan, 2001: 256). De modo similar a lo que sucede enel Guayas, es posible determinar diferentes patrones en distintas zonas. Denevan(2001:258-262) diferencia seis patrones principales: damero abierto, terraplenesirregulares, ribereño, lineal, escalonado y en forma de peine. Por su extensión, sedestacan las áreas alrededor de los poblados de Huatta, entre Paucarcolla y Juliaca; al surde Pomata; sobre el río Desguadero y en la Pampa Khoani, entre Tambillo y Aygachi,aunque en general su distribución es bastante dispersa con numerosos parches más bienpequeños que aprovechan áreas pantanosas, incluso las pequeñas hendiduras en el terrenollamadas q´otañas (ver abajo). Sin embargo, cabe recordar que muchas áreasprobablemente han sido destruidas por inundaciones y sedimentación y el uso del aradomecanizado.Al momento de la conquista, buena parte del paisaje altiplánico había sido transformadoen áreas productivas, agrícolas y pastoriles; creando una cuenca antropogénica de57.000km², en la que no sólo encontramos campos elevados, sino también grandesextensiones de terrazas –aproximadamente 500.000ha-, huertas hundidas, qocha o pozas–distribuidas en un área de 530km² (Flores Ochoa et al., 1986, 1996; Ericsson, 2000),pastizales de regadío o bofedales artificiales (Palacios Ríos, 1977, 1981, 1996), así comoríos, quebradas y manantiales modificados, canales, caminos, reservorios, muros,corrales, jardines, cementerios, torres funerarias o chullpa, templos, santuarios yasentamientos (véase Ericsson, 2000).Basado en la excavación de diferentes tipos de camellones antiguos en el área de Huatta,Erickson (1988, 1993, 1996) concluye que los primeros camellones fueron construidosalrededor de los 3000 años AP (fines del Período Inicial o inicios del Formativo); su
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas34distribución en toda la cuenca se habría dado ya durante el Período Intermedio Temprano(2200-1400AP). Luego de un posible hiato en la construcción y el uso de suka kollu entrelos 1600 y 1000 años AP, se sucedió una segunda fase de construcción, que asocia a losseñoríos aymaras entre los 1000 y 500 AP. Esta fase culminó abruptamente con laprofunda reorganización de los sistemas productivos y de asentamiento, causada por lallegada de los Inkas y la posterior desestructuración colonial de los grupos étnicos.Fechar el abandono de esta tecnología es tan o más difícil que determinar su origen. Elsilencio de las crónicas sugiere que las poblaciones del altiplano no la practicaron durantela colonia, posiblemente debido al énfasis en la ganadería de llamas y alpacas desde antesde la conquista, el colapso poblacional y -quizás- factores climáticos. Sin embargo, ypese al énfasis en el “total olvido” que se repite en la literatura académica, los comunerosde la comunidad campesina Caritamaya (CCC, Distrito de Ácora, Puno), aprovechan susconocimientos y experiencias de cultivo en wachus – chacras con surcos más profundos ylomos más altos que lo habitual aunque mucho más angostos y bajos que los camellonesantiguos por lo que sus efectos de termorregulación son limitados- en los suka kollu quemantienen como parte de su aynuqa.Las aynuqa son una singular tecnología andina de producción agrícola “suave”, muycompleja y de considerable profundidad temporal. La labor colectiva de las familias queparticipan con su trabajo y su semilla, continuamente transforman espacios en el paisajeen campos con altas tasas de producción, desplegando un denso mosaico social vivido.La CCC sostiene cuatro aynuqa, que varían en su ubicación, extensión (aproximadamente10 a 50ha), características hídricas, de suelo y microclimáticas. Un reciente censo deagrobiodiversidad en una de ellas, arrojó más de 100 variedades de papa (Canahua et al.,2002). La producción se reparte, principalmente para el autoconsumo familiar a lo largodel año, aunque se tiende a vender una parte en el mercado de la producción, usualmentelos frutos más grandes de la primera cosecha.Una de las aynuqa de Caritamaya se encuentra actualmente en el sector Titijo, y fue allídonde tuve el privilegio de observar y participar en la recuperación de tecnologíasindígenas. Por invitación de Sandino Quimper, jóven dirigente de la comunidad, pudeparticipar en la challa -consagración e inicio simbólico- de una de las grandes empresasagrícolas comunales de la campaña 2007-2008.Llegamos tarde y la reunión parecía estar concluyendo. Más allá de los relictos de losantiguos suka kollu que ondulan la pampa al lado de la carretera, se divisaba una manchade gente rodeada por bicicletas. Sentados a lo largo de tres warus -como los llaman conafecto los mayores que participaron en la primera ola de entusiasmo emprendedor pagadacon dinero en efectivo, semilla o herramienta por agencias del estado y las ONG- (Figura6) los representantes de unas cien familias, escuchan atentamente a sus oradores. Porturnos, parados frente a la “mesa” divinatoria y de ofrenda a la pachamama que lesayudará a tomar las decisiones estratégicas necesarias, recuerdan, reflexionan, critican,instruyen y exhortan a su comunidad a participar con brío y orgullo en la tarea comunal.Sobre el lomo del suka kollu central una chakitaklla, el arado de pie emblemático de lamilenaria tradición agrícola andina, marca un segundo centro de la reunión.
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas35Tras exponer, por invitación de Sandino, nuestro interés en la recuperación de tecnologíasindígenas y de comparar la frialdad de imponentes obras hidráulicas abandonadas al calorde una comunidad viva, dos equipos de voluntarios empezaron a demostrar larehabilitación del suka kollu central. Cada equipo constó de una línea de tres hombresque con sus chakitaklla cortaban arcos en la dura tierra superficial que una, dos o tresmujeres iban volteando, ayudando a las palancas en el momento preciso para luegoromper los terrones más grandes con mazas o rawqana. A ritmo pausado, con precisacoordinación -y acompañados por el trago y la hoja de coca infaltables en momentosfestivos- diez personas rehabilitaron dos metros lineales de Suka Kollu en poco más dequince minutos.Así, para cuando escribo estas líneas, un diminuto espacio de las planicies anegablesalrededor del Titicaca habrá sido transformado en un “reloj solar”. Más conocidas comoqutaña o qucha, se trata de campos elevados circulares, irrigados y drenados por un canalcentral, que aprovechan leves depresiones del terreno. Los benéficos efectos térmicos yedáficos reducen considerablemente el riesgo de una mala cosecha. Por ello, las Aynuqason usadas no sólo como espacio de producción de autoconsumo, sino como un gransemillero en rotación permanente, compartido por las familias de la comunidad queparticipan activamente en ellas.En resumen, la tecnología ancestral recuperada por los comuneros de Caritamaya noreplica los camellones antiguos ni se ciñe a los manuales técnicos; reinventa la tecnologíaen términos propios, incluso rebautizándola. Al igual que la adopción espontánea porparte de agricultores individuales (Pari et al., 1989: 35-36; Erickson y Brinkmeier, 1991;PIWA 1994: 52) la tecnología de los suka kollu es apropiada a partir de los saberestradicionales y dentro de un marco de referencia cultural propio. La diferencia radica enque su adopción como parte de la estrategia comunal aynuqa, sugiere una socializaciónprofunda y duradera (Figura 7). Esto es muy relevante en vista de la latente preocupaciónpor la sustentabilidad, el mantenimiento anual y los periodos de descanso (UNEP 1997).Así, los cálculos de costos de rehabilitación por hectárea -250-2.000 USD para andenessegún Gonzáles de Olarte y Trivelli (1999)- no proveen índices comparativos adecuados,pues presumen la inversión de mano de obra asalariada cuando es posible demostrar quela rehabilitación tiende a funcionar mejor en contexto comunales, cuya lógica antepone lasubsistencia y el manejo de riesgos a largo plazo, a la producción mercantil.Un aspecto significativo del caso de Caritamaya, es que el diálogo entorno a larehabilitación de tecnologías se dio en la lengua aymara. En él participó activamente elingeniero puneño Alipio Canahua, veterano en la rehabilitación de camellones. Adiferencia de los grandes proyectos auspiciados por el PELT en la década de los ochenta,su ingerencia en Caritamaya fue mínima. A nivel técnico facilitó acceso a equipos degeometría, niveles y cintas métricas para determinar la dirección de los flujos de agua y lamejor orientación del canal central. A nivel económico, actuó como interlocutor con laONG italiana Slow Food Movement, quien facilitó un incentivo inicial de USD 8.000.-en el año 2005, principalmente para el pago y traslado de los técnicos y alquiler deequipos de topografía. Para el 2007, se puede concluir que la rehabilitación de tecnologíaancestral en Caritamaya forma parte de un proceso comunitario, autogestionado y
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas36exitoso. He allí su logro sustantivo.Presas, represas y su recuperaciónPensar en presas en la actualidad, inevitablemente evoca imágenes de espejos de aguarepresados por altos muros de concreto, como aquellos de la represa de Assuan en el Niloegipcio; grandes plantas hidroeléctricas como las que actualmente se construyen en TresGargantas, sobre en el Yangzi chino; y de desplazamiento masivo, destrucción delpatrimonio arqueológico y fuerte impacto ambiental, como recalcan los opositores delgran proyecto Ilusu, sobre el Eufrates kurdo. Es necesario borrar estas imágenes paraaprehender las presas y represas de la región andina como estrategias originales demanejo de la disponibilidad del agua.En primer lugar, es necesario recalcar que la disponibilidad de agua es notoriamenteirregular en la zona andina tanto en el tiempo como en el espacio. Por ello que el uso depresas para retener agua y sedimentos tiende a complementar la modificación de lassuperficies de cultivo mediante terrazas para formar sistemas agro-pastoriles integrados anivel de cuenca. Ante la presente agudización de la irregularidad hídrica, las presas,represas y reservorios antiguos han empezado a merecer una mayor atención por parte delos especialistas (i.e. Herrera, 1998; Denevan, 2001; Ericsson, 2000; Salomón, 1998;Lane, 2005, 2006, 2007); pese a que algunas ya han sido reconstruidas sin tener en cuentala tecnología hidráulica antigua.Cuatro razones principales ayudan a explicar la escasez de investigaciones entorno a laspresas andinas. En primer lugar, persisten dudas entorno a la efectividad delrepresamiento como una estrategia para el manejo de cuencas mediante la recarga delacuífero subterráneo y la alimentación de la napa freática (Denevan, 2001; Scarborough,2003; cf. Lane, 2005). En segundo lugar, muchas represas –las más grandes- han seguidoen uso continuo a lo largo de la era colonial y republicana, por lo que han sido objeto deremodelaciones que dificultan reconocer su antigüedad e historia constructiva; cuando laspresas de piedra y barro son revestidas de cemento, por ejemplo. Muchas otras, máspequeñas, se hallan en zonas remotas, cercanas a las cabeceras de las cuencas ubicadaspor encima de los 4500msnm y lejanas de los pueblos actuales. En tercer lugar, hay ungran número de presas difíciles de reconocer como tales, porque no forman espejos deagua y almacenan la mayor cantidad de agua en el subsuelo, aprovechando la geología.Las presas filtrantes de la alta Cordillera Negra, por ejemplo, no fueron diseñadas para laagricultura, sino para el pastoreo. Por ello, han escapado la atención de arqueólogos yantropólogos hasta hace poco o han sido mal interpretadas como represas de aguacolmatadas. Finalmente, existen represas estacionales de gran antigüedad que siguensiendo utilizadas y mantenidas por comunidades indígenas asentadas en lugares áridos,como las penínsulas de la Guajira en Colombia y Santa Elena en Ecuador. Mientras quelas primeras no han sido objeto de investigación antropológica significativa, sino deproyectos de recuperación por parte del estado, las últimas han sido objeto de un recientee importante estudio arqueológico y antropológico orientado a alentar su recuperación(Marcos, 2004; Alvarez, 2004). Sólo es posible especular que el escaso interés en estossistemas, se debe a profundos cambios en las estructuras económicas regionales -a favorde la ganadería, la cría de camarones y el comercio e industria- que han hecho de la
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas37agricultura una actividad marginal.Fuentes etnohistóricas del siglo XVI mencionan la construcción de represas por orden dedeidades y con la intervención de ancestros míticos, indicando una importanciaconsiderable en la época precolonial. En la sierra de Huarochirí, por ejemplo, la wakaCollquiri construye, con ayuda de sus ayudantes humanos Llacsamisa y Rapacha -ancestros del pueblo de Concha- “una muralla grande” sobre el lago de Yansacocha ymarca en ella los cinco niveles que indicarían a Llacsamisa y sus descendientes cuandoabrir las diferentes exclusas para irrigar sus sementeras (Taylor, 1999: 419). A partir desu estudio de estas y otras fuentes, Salomon (1998) recientemente redescubrió y excavóparte de esta represa –hoy llamada Yanascocha. La documentación de litigios indígenaspublicada por Rostworowski (1988), permite identificar otras en la sierra central del Perú.Hacia el sur, Donkin (1979) identificó presas asociadas a sistemas de terrazasprecoloniales en Sabandia y Characoto, ubicadas en Arequipa. En el noroeste Argentino,las características de un puente identificado por Raffino (Cornejo, 2001) le sugieren aLane (2005: 179) que se trataría de una presa que, a la vez, servía de camino.La escasez de presas a lo largo de la cordillera central de los Andes probablemente sevincula a la presencia de abundantes glaciares, pues las aguas provenientes del deshieloofrecen fuentes de agua estables que hacen menos urgente la construcción de represasque la de reservorios de menor envergadura. Algo similar ocurre en la vertiente orientalde la cordillera oriental, donde los niveles de precipitación son altos. Sin embargo,existen restos de extensos sistemas hidráulicos antiguos en la árida cuenca interandina delalto Marañón, incluyendo la represa de Huegroncocha ubicada por encima del poblado deYauya (Figura 8). Los reportes de represas en la zona costera son escasos –destaca lamención de tajamares en las quebradas del alto valle de Chira (Regal, 1970: 40)-, adiferencia de los numerosos reservorios adyacentes a campos de cultivos que parecenrepresentar la forma preferida de almacenar agua en la antigüedad (Farrington, 1980;Netherly, 1984).La antigüedad de las presas y represas andinas es difícil de determinar con precisión apartir de la evidencia disponible. Engel (1976, citado en Denevan, 2001: 143) ha sugeridoque los agricultores tempranos utilizaban presas de desviación para irrigar áreas cercanasa las desembocaduras de ríos costeños. Sin embargo, la mayoría de las represasidentificadas en la literatura datan de los últimos siglos antes de la conquista, aunque esprobable que muchas de ellas hallan sido construidas y remodeladas a lo largo de siglos.Las presas de control de avenidas (check dams), construidas perpendicularmente al cursodel agua para frenar la velocidad -y potencial fuerza destructiva- de las quebradasestacionales, son las más antiguas que se pueden fechar con alguna certeza. Estas retienensedimentos y humedad que favorecen una vegetación más rica y duradera a lo largo de laépoca seca. Su presencia en las pequeñas quebradas que cruzan las extensas necrópolisdel sitio arqueológico de Awkismarka / Pueblo Viejo, en las faldas occidentales de laCordillera Blanca, sugieren una fecha coetánea con la ocupación del sitio, que se iniciaalrededor de 2200 años AP (Herrera, en prensa). La asociación de la presa deHuegroncocha, que alimenta un extenso sistema de irrigación que incluye múltiples
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas38reservorios y áreas de terrazas, con estructuras -funerarias y ceremoniales- del PeríodoIntermedio Temprano y el Horizonte Medio, sugiere una antigüedad de 2000 años AP,aunque su apariencia actual probablemente se vincula a la ocupación Inka en esta zona(Herrera, 1998).Los jagüeyes de la península de Santa ElenaLas albarradas o jagüeyes son presas de tierra en forma de arco halladas en zonas áridas,desde la costa norte del Perú (Antúnez de Mayolo, 1986: 176; citado en Denevan, 2001:160) hasta la Guajira (Vergara, s.f.), que capturan agua de lluvias y escorrentería para laagricultura, el pastoreo y su uso doméstico y recreativo (Figura 9). El almacenamiento deagua eleva el nivel freático, recarga los acuíferos y alimenta una rica vegetación que dalugar a ecosistemas antropogénicos de gran diversidad biótica. Su funcionamiento esnotorio en los años en que el fenómeno de El Niño (ENSO) ocasiona una precipitaciónmuy superior a la normal. En estos años, los jagüeyes se llenan al máximo, dejan pasar elexcedente y represan agua que revierten durante meses, alimentando la napa freáticalentamente. Bajo las áridas condiciones climáticas de la Península, caracterizadas porbosques y matorrales secos tropicales, los jagüeyes presentan un aspecto de oasis.El registro más completo procede de la Península de Santa Elena, Ecuador, donde hansido objeto de un reciente estudio interdisciplinario en el que se ha determinado laexistencia de 369 estructuras hidráulicas –antiguas y recientes-, de las cuales 252 (68%)son jagüeyes tradicionales en funcionamiento, aunque con una gran variabilidad encuanto a la regularidad de su mantenimiento (Marcos, 2003; Alvarez, 2004). Pese alconocimiento y prácticas tradicionales, los intentos recientes por recuperar jagüeyes conmaquinaria pesada han obtenido resultados negativos (Figura 10) debido al incipienteconocimiento de las características propias a estas estructuras hidráulicas indígenas.La primera mención escrita de los jagüeyes de la Península de Santa Elena, fue realizadapor el célebre y tergiversado conquistador y cronista español Agustín de Zárate. En su“Historia del descubrimiento y conquista del Perú”, anota que “La tierra es muy seca,aunque llueue a menudo; es de pocas aguas dulces que corren, y todos beuen de pozos deaguas o de aguas rebalsadas que llaman agüeyes” (sic.) (Zárate, 1995 [1555]: 34). Elfechado de muestras de carbón procedentes de jagüeyes excavados en la comuna deMuey demuestra una ocupación a partir de la fase Engoroy medio (2500AP), hasta el550AP (Marcos, 2006:99). Sin embargo Marcos (1982, 1995, 2000), considera probableque su construcción se inicie alrededor de 3.800AP -durante la fase Valdivia VIII delFormativo tardío-, cuando se intensifica la producción agrícola. A diferencia de muchasáreas de terrazas y campos elevados, los jagüeyes han continuado en uso a lo largo de lasépocas colonial y republicana. Actualmente, la rehabilitación periódica -anual- se hacemás difícil en aquellos lugares en que la organización comunal se debilita, al punto queesta labor comunal - crucial para la “buena salud” de los jagüeyes- se ha convertido, enalgunos sectores, en un castigo alternativo para crímenes menores (Álvarez, 2004).El tamaño de los jagüeyes, depende en buena medida de las superficies de escorrentía. Enlas zonas bajas y planas, éstas podrán ser más grandes dado que la velocidad del agua
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas39efectúa una presión menor que en las zonas de pendiente pronunciada. Según los estudiosde campo de la ESPOL (Marcos, 2004), la gran variabilidad interanual en la velocidaddel agua no fue adecuadamente considerada en la construcción de tapes en los cauces delos ríos o esteros por parte de distintas entidades gubernamentales, lo que ha significadola destrucción del 69% de estas estructuras hidráulicas modernas. “Del trabajo deingeniería hidráulica de INERHI de 1965 no queda mucho en la Península, salvo lasrepresas del Azúcar y San Vicente […]. Otra gigantesca obra de ingeniería hidráulica quetiene problemas, es la del trasvase de agua del río Daule hacia la represa de Chongón y lared de canales de riego implementada por CEDEGE […]” (Marcos, 2004).En cambio, Marcos y su equipo hallaron que los jagüeyes más antiguos tienden a ser losmejor conservados. ¿Acaso estos se vuelven mas sólidos con el tiempo? La respuesta,afirmativa, parece vinculada al hecho que los aparcamientos de suelo se realizan lenta,periódica y sistemáticamente sobre los muros antiguos. La compactación paulatina decapas delgadas de tierra arcillosa y humus superpuestas regularmente le da másresistencia a los muros, haciendo también más lenta la infiltración (Marcos 2004).Resulta muy probable que este descanso de la capas de tierra se decisivo para mejorar laspropiedades de los muros, de manera similar a lo que sucede en la fabricación de adobesy tapiales. Las muy difundidas prácticas de “descansar la tierra” antes de su uso,construcciones y vasijas, indica un conocimiento indígena de los principios deautoorganización en silicatos laminares, el material plástico que predominan en tierrasarcillosas.Presas y represas en la Cordillera NegraEn la alta y árida Cordillera Negra del noroccidente peruano se han identificado más detreinta presas y reservorios arqueológicos (Freisem, 1998; Herrera, 2005; Lane, 2005); locual ha permitido un estudio a profundidad de su distribución, diferencias morfo-tecnológicas y antigüedad (Lane, 2005). Sin embargo, la rehabilitación de represas enesta y otras zonas del Ande han avanzado a un paso más acelerado que el estudio delorigen y características de los sistemas hidráulicos indígenas. La escasa comunicaciónentre los diferentes actores sociales -los directivos y técnicos de las instituciones estatalesy las ONG, las comunidades locales y los investigadores- ha derivado en la ejecución degrandes obras de poca duración. Es demostrable que los reservorios y presas de cementotienen una vida útil de años y hasta décadas, mientras que algunos de sus homónimosprecoloniales continúan en funcionamiento luego de cinco o seis siglos sinmantenimiento.La distribución de presas y reservorios en la Cordillera Negra pone en evidencia unmanejo integrado de cuencas hídricas similar en escala al modelo para el manejo decuencas (watershed-management), desarrollado en EEUU a inicios del siglo XX ydifundido en todo el mundo, desde la década del setenta, por los estrategas de la FAO yCEPAL (Salas, 1989; citado en Freisem, 1998). Las presas de gravedad se ubican en laspartes más altas de la Cordillera, algunas por encima de los 5.000m de altura y represanagua en depresiones naturales o lagunas extendidas. En las cabeceras de los valles, porencima del área cultivable (4.000msnm), se hallan presas filtrantes o de colmataje,compuestos por sólidos muros de retención diseñados para retener sedimentos que a su
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas40vez crean humedales artificiales, algunos de considerable extensión. Estas presasfiltrantes revisten particular interés, debido a su asociación directa con el pastoreo dealpacas, actividad recientemente reintroducida a la región por proyectos de desarrolloimpulsados por las ONG y el Estado, que se discuten más adelante. La zona agrícola bajoirrigación, caracterizada por terrazas, canales y reservorios se encuentra por debajo de lasrepresas de limo, alrededor de los 3800msnm. La diferencia principal, es la organizaciónsocial de su manejo. Tradicionalmente, las modalidades de manejo de la cuenca, sonnegociadas entre los diferentes grupos locales, mientras que la visión moderna implica laexistencia de un poder central de decisión y control. La presencia de un sitioadministrativo Inka en la Cordillera Negra sugiere que estos modelos de manejo nonecesariamente son mutuamente excluyentes.La ocupación agrícola de la Cordillera Negra se remonta a los albores de la era cristiana(2000AP) -Período Intermedio Temprano- (Lau, 2002; Lane, 2005, Herrera, 2005),aunque existen indicios de ocupación anterior (Mejía Xesspe, 1957). En la cuenca alta delrío Nepeña, los asentamientos más importantes, como Pichiu y Huascar, se ubican cercade laderas amplias, fértiles y fáciles de irrigar a partir de manantes o pukios locales. Laintensa y continua ocupación de los bolsones agrícolas contrasta con la ocupación de laspartes más altas, más bien extensa y de poca profundidad. Si la colonización tardía de lapuna fue iniciativa de los grupos de agricultores asentados valle abajo, o si se trató de unainmigración que condujo al asentamiento de grupos de pastores desplazados, es aúnmateria de estudio (Duviols, 1973; Herrera, 2005; Lane, 2005; cf. Parsons et al., 2000).Los asentamientos del Horizonte Medio ubicados sobre el límite superior del áreacultivable -el ecotono suni-puna- en la vertiente oriental de la cordillera sugieren unacreciente importancia económica de la actividad pastoril.La gran inversión de trabajo en infraestructura hidráulica sugiere, por otro lado, lacooperación de grupos de beneficiarios, acaso incluyendo los agricultores asentados enlas partes medias y bajas de los valles. Fuentes etnohistóricas relatan la participación depobladores yunga -de las partes bajas- en los trabajos de mantenimiento de acequias enlas partes altas como retribución por el derecho de uso de aguas provenientes de lasmontañas tutelares de los pobladores de las alturas. Estos convenios interétnicos eranmaterializados simbólicamente mediante entierros y ofrendas y actualizados mediante laveneración común y recurrente de ancestros y lugares sagrados.Terrazas, canales y su recuperaciónAl igual que las terrazas arroceras del sureste asiático, las terrazas agrícolas andinas, opata en quechua, se han convertido en un emblema, un símbolo de identidad para laregión. Su amplia distribución -desde Argentina y Chile hasta Colombia (Denevan,2001)- va de la mano con una diversidad de formas. Masson (1986: 208) estimó laexistencia de 1.000.000 de hectáreas de terrazas en el Perú, cifra posteriormente revisadaentre 500.000 y 600.000ha (Masson, comunicación personal; citada en Denevan, 2001:175). La cifra dada por el Instituto Nacional de Recursos Naturales (INRENA, 1996) esde poco menos de 300.000ha, diferenciando ocho grados de conservación -desde andenesbien conservados con uso permanente (5.3%) hasta derruidos sin uso agrícola (15.7%)-cifra que excluye terrazas sin muros de piedra. A diferencia de la creciente importancia
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas41global de los antiguos sistemas de terrazas y canales para el cultivo de arroz en el Asia, latecnología indígena asociada al cultivo de maíz en los Andes se halla en decadencia.Pese a su importancia simbólica, a los efectos benéficos para la agricultura y a múltiplesesfuerzos por impulsar su recuperación, la tendencia al abandono de terrazas persiste, conpocas excepciones (Fonseca y Meyer, 1979; Masson et al., 1996; Rodríguez y Kendall,2001; Kendall, 1997; Gonzales de Olarte y Trivelli, 1999). El abandono está ligado afactores como la disponibilidad de agua, cambios demográficos y migración, ladisponibilidad de fuerza de trabajo, el acceso a mercados, el régimen de tenencia detierras, la erosión de los conocimientos tradicionales vinculados a su uso ymantenimiento y -especialmente- a la desestructuración de las comunidades campesinascuya labor colectiva coordina estos sistemas agrícolas complejos.Denevan (2001: 175-182) diferencia cuatro tipos o formas básicas: las presas de controlde avenidas (check dams) y terrazas de fondo de cauce (cross channel terraces); lasterrazas en ladera (sloping field terraces); los andenes, takanes o bancales (benchterraces) y las terrazas de fondo de valle (broad field bench terraces). Los dos tiposulteriores tienden a ser para irrigadas y se caracterizan por muros -de piedra o tierra- másbien altos, superficies de cultivo planas que permiten una adecuada distribución del aguay una sucesión de tierra y cascajo para facilitar el drenaje. Las anteriores aprovechan elagua de lluvia y escorrentería y se caracterizan por superficies de cultivo inclinadas quese adecuan al contorno de las laderas o cauces de quebradas estacionales. En todos loscasos la acumulación de suelo y el aprovechamiento eficiente del agua disponible sonconstantes clave.Los orígenes de las terrazas de cultivo andinas probablemente se remontan al tercermilenio antes de nuestra era. Brooks (1998), sugiere una fecha alrededor de 4400AP paraterrazas de secano en el valle del Colca, Arequipa, mientras que Grieder (1988) proponeuna fecha ligeramente posterior -entre 4350 y 3345AP- para las terrazas con riego en elvalle del río Tablachaca, Ancash. La relativa simpleza con la cual es posible modificarpendientes hace probable que su invención independiente se halla dado en distintoslugares, por lo que la amplia distribución de terrazas en los Andes no es necesariamenteel resultado de difusión cultural. En este acápite enfocamos dos ejemplos que representanextremos opuestos en términos de la investigación, el interés público y los intentos derecuperación: el valle del Urubamba o Vilcanota en Cusco (Perú) y los VallesCalchaquíes en Salta (Argentina).La noción de paisaje cultural, usual en los actuales textos de arqueología, antropología,geografía, estudios sobre el patrimonio y turismo, entre otros, fue acuñada a raíz delencuentro con los valles Cuzqueños por el geógrafo americano Carl Ortwin Sauer en ladécada de 1950 (Gade, 1999). Gracias a los esfuerzos de sucesivas panaca a lo largo delos siglos XV y XVI -las familias de élite encargadas del culto a las momias de Inkasdifuntos (Rostworowski, 1989), la región del Cusco, y la cuenca del río Vilcanota enparticular, presentan una gran cantidad de andenes y terrazas irrigados de elaboradamanufactura -23.675ha según la aproximación del INRENA (1996)-, muchos conhistorias de uso sostenido a lo largo de las eras colonial y republicana. Desde la década
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas42de 1970, e incluso antes, el curso medio del valle del Urubamba, más conocido por elnombre acuñado por la industria del turismo: “el valle sagrado de los Inkas”, se haconvertido en la epítome de un paisaje cultural, por lo que ha suscitado un alto grado deinterés académico (i.e. Regal, 2005 [1970]; Bolin, 1980; Barreda, 1983; Sherbondy,1986; Bauer, 1998).En cambio, los áridos valles Calchaquíes presentan comparativamente pocas terrazas enlos fondos de los valles y en las laderas. Su apariencia rudimentaria disimula sistemas deregadío complejos que aprovechaban de manera eficiente la escasa pluviosidad y el aguadel deshielo estacional del nevado Cachi. Sin embargo, pese al evidente retroceso de lafrontera agrícola, no han merecido atención académica ni ocupan un lugar significativoen la memoria colectiva.Terrazas y canales en Cusco, PerúEl valle del Urubamba y sus laderas profundamente transformadas por la construcción deterrazas y canales, es para muchos la epítome de un paisaje andino. A la sombra de lanevada montaña tutelar, las terrazas y los canales describen un paisaje artificial,tecnológico a la vez que estético. Sus antiguos pobladores controlaron el agua,fertilizaron los suelos y adecuaron la rotación de cultivos -enfocada en el maíz-, enfunción de los pisos térmicos (altura), las variaciones locales en la disponibilidad de agua(sombras de lluvia, quebradas y manantiales estacionales), pestes y probablemente elflujo de nutrientes en el suelo (Donkin, 1979; Earls y Silverblatt, 1981; Earls, 1986, 1989;Denevan, 2001). Sin embargo, la monumentalidad de la transformación indica unamotivación colectiva superior a la mínima necesaria para lograr un control similar sobrelas complejas variables ecológicas y agroclimáticas que caracterizan la agricultura dealtura.El complemento de sacralidad y tecnología en los paisajes agrícolas Inka, tanto en elvalle del Urubamba como en todo el Tawantinsuyu, materializa una posición política,reclamando y sustentando de manera simbólica derechos de uso en relación al paisajevivido. En otras palabras, las relaciones sociales entre grupos humanos asentados en unmismo valle se hallan inscritas en el paisaje. El mensaje inscrito en las monumentalesterrazas del Urubamba se vincula a los poderosos derechos de uso excluyente queejercían los cultos a las momias ancestrales de los gobernantes Inka veneradas en Yucay(Huayna Capac), Ollantaytambo (Pachakuti) y Macchu Picchu (Topa Inga Yupanqui), esdecir, las panacas de la élite Inka (véase Niles, 1999).En su estudio de la irrigación Inka, Farrington (1980) describe el canal de Quishuarpata,ubicado en el valle de Cusichaca, al norte de la ciudad de Cusco para ejemplificar estatecnología hidráulica. Bordeado por bloques canteados de andesita, este canal de de 80cmde ancho y 30cm de profundidad presenta una gradiente promedio de 13% con seccionesde hasta 64% a lo largo de sus 6km de recorrido. El canal de Quishuarpata se alimenta deun río a 3500msnm, pero recoge agua de tres quebradas. El control de la velocidad delagua es una de sus características principales.
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas43La historia antigua de la agricultura en terrazas en la zona de Cusco es una materia deestudio incipiente, acaso por el énfasis en la investigación de la breve ocupación Inka.Estudios bioarqueológicos de una columna de polen extraída del Lago Marcacocha, en elvalle del Patacancha, tributario del Urubamba, indican que el uso agrícola intenso de lazona se remonta a más de 4000años AP (Chepstow-Lusty et al., 1998; Chepstow-Lusty yJonson, 2000). Las recientes excavaciones en Kasapata, Cusco (Bauer, 2007) hallaronrestos humanos en un pequeño poblado pre-agrícola muy temprano -6500-5100AP- cuyopatrón de patologías sugiere una paulatina adopción del sedentarismo, acaso vinculado auna horticultura incipiente (Sutter y Cortez, 2007). Los resultados de Chepstow-Lusty etal. (1998), sugieren una deforestación inicial relativamente rápida y amplia, ligada a unaadopción generalizada de la agricultura en la región. Esta primera fase agrícola, de tresmilenios de duración, daría paso a una segunda fase caracterizada por un incrementosustancial de la población de altura, después del año 1100 AD, según los fechados delvalle del Patacancha. Otros investigadores han notado cambios similares en los patronesde asentamiento en la sierra central y norcentral del Perú (Seltzer y Hastorf, 1991;Herrera 1998), y es probable que estos se hallen vinculados a una importante fase decambio climático que precedió el asenso del Tawantinsuyu. En términos de la tecnologíautilizada es menester señalar que las terrazas del valle de Cusichaca probablementeincluyen tierra traída del fondo de los valles (Keeley, 1985:563; citado en Denevan,2001: 38).La buena conservación, monumentalidad, uso continuo e interés público en las terrazasInka del valle del Urubamba, han despertado gran interés por su mantenimiento yrecuperación desde la época colonial. Así lo indican las ordenanzas del virrey Toledo(1569-1581) relativas a la reparación de las terrazas o andenes (Regal 2005: 49). En laactualidad, predominan dos orientaciones marcadamente distintas. La refacción deterrazas a gran escala por parte del Estado peruano se ha centrado en áreas de interésturístico y monumentos nacionales declarados. Grandes extensiones de terrazas alrededorde Chinchero, Pisac y Machu Picchu, especialmente, así como buena parte de Moray yChoquequirao, han sido refaccionadas por personal del Instituto Nacional de Cultura –Cusco, utilizando técnicas tradicionales para la factura de los muros. Sin embargo, sólouna diminuta fracción se halla bajo cultivo ocasional, en parte debido a que no se prestóla misma atención a la refacción de los suelos.En cambio, las labores de restauración de terrazas y canales de la ONG Cusichaca Trusten el valle de Cusichaca -afluente del Urubamba en su parte media, entre Cuzco y MachuPicchu- y otros lugares de la sierra sur, se han centrado en la rehabilitación de sistemas deterrazas para el cultivo mercantil por parte de las comunidades locales, utilizando paraello técnicas tradicionales y modernas. Estos trabajos, dirigidos por Ann Kendall, quieninvestiga la agricultura Inka desde la década de 1970, abogan por la necesidad decapitalizar el paisaje, en sus propias palabras: “La rehabilitación de canales y terrazasdepende de que tanto el suelo como el agua se conviertan en capital natural, es decir,capitales o inversiones que pueden ser valorizados en los mercados.” (Rodríguez yKembell, 2001: 2). El énfasis en la recuperación por la vía mercantil, una de las tres víasdiferenciadas en el estudio económico de Gonzáles de Olarte y Trivelli (1999), toca untema de fundamental importancia para las decisiones de los actores locales entorno al
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas44mantenimiento y refacción de sistemas de terrazas: los derechos de propiedad sobre elagua y la tierra y la inserción de la producción en un contexto de mercado.Terrazas y canales en el noroeste Argentino (Salta)Una visita a los Valles Calchaquíes (Departamento de Cachi, Provincia de Salta) enSeptiembre y Octubre de 2007, permitió verificar el escaso trabajo realizado sobretecnologías indígenas en el noroeste argentino (NOA), incluso en regiones de aridezextrema -como el entorno del nevado de Cachi- que poseen sistemas hidráulicoscomplejos en buen estado de conservación.El régimen de hacienda del siglo XX, heredero de la tradición colonial, se halla en unacoyuntura de parcelación, especialmente fuerte en Cachi y alrededores. Hasta hace poco,la tierra era concebida por los arrendatarios y puesteros como el medio para laautosubsistencia familiar, mientras que los hacendados devengaban ingresos del trabajode los arrendatarios y de la venta en el mercado de la producción de las tierras noarrendadas. Los proyectos productivos de los nuevos propietarios intensifican laproducción agrícola destinada al mercado -local, nacional e internacional-, invirtiendogran esfuerzo en hacer productivas tierras antes no destinadas a tal fin. Sin embargo,existe una explosión de tensiones entorno al agua dado que el régimen de parcelación noreglamenta, por ejemplo, los turnos de riego para cada propietario ni su uso hotelero. Elincremento en el uso de pozos particulares para satisfacer la creciente demanda,conjuntamente con el retroceso glaciar, auguran un episodio de escasez. Las tecnologíasindígenas demuestran un manejo diferente de este paisaje, ofreciendo alternativas demanejo que aún no han sido consideradas seriamente.Terrazas y canales precoloniales en CachiLos restos materiales del pasado del noroeste argentino (NOA) en general, y de los vallesCalchaquíes en particular, se hallan íntimamente ligados al desarrollo de la arqueologíaen Argentina y han atraído el interés de investigadores desde el siglo XIX (Tarragó,2003). Sucesivos investigadores argentinos y extranjeros han localizado y registradositios con infraestructura hidráulica antigua, terrazas agrícolas y posibles corrales enCachi, Molinos, Quebrada Arteaga, Quebrada El Toro y La Campana, entre otros(Baldini, 2003 y comunicaciones personales de Christian Vitry y Antonio Mercado). Sinembargo, el interés académico por las terrazas y canales precoloniales de la zona deCachi sólo surge a inicios de la década de 1970, durante el breve período de influencia dela arqueología social –marxista- en Argentina, previo al golpe de estado militar de 1976.El énfasis teórico en los modos de producción del pasado dio lugar a un fuerte interés porestudiar la materialidad de la agricultura indígena, incluyendo la entonces novedosaperspectiva ecológica. Sin embargo, la represión y censura afectaron duramente todos losámbitos del quehacer académico e intelectual argentino, e incluyeron la desaparición dela imprenta de un texto clave: los manuscritos de las actas del III Congreso Nacional deArqueología Argentina de 1974 (Tarragó, 2003: 33-34).
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas45Los estudios realizados antes y después de esta época generalmente vinculan los sistemasde terrazas y canales a la ocupación Inka, debido a la fuerte influencia quechua en estaregión entre 1470 y 1530. Cabe poca duda, sin embargo, que los grupos indígenas de lazona -hablantes de la lengua cacán, llamados diaguitas o calchaquíes por los españoles yautodenomidados paziocas o pacciocas-, desarrollaron sistemas agro-pastoriles propios.Al igual que la historia de los grupos indígenas Cachis, Chicoanos Opulares, Payogastas,Takigastas, Atapsis, Ampaxis, Escoipes, Luracataos y Humanaos, entre otros, sussistemas de manejo técnico del paisaje aún son poco conocidos4.Las terrazas y sistemas de riego indígenas fueron abandonadas en su totalidad durante laera colonial, aunque es posible que algunas partes continuaran en uso. Los ChicoanosOpulares, habitantes de la parte norte del valle de Calchaquí, probablemente fueron losúltimos habitantes indígenas del extenso sitio de Las Pailas – aproximadamente 700haaterrazadas casi en su totalidad (Figura 11). El sitio presenta una ocupación continua de1700 años de duración (Baldini 2003). Los Chicoanos Opulares son forzosamentetrasladados por los españoles a la reducción Jesuita en Valle del Erma alrededor del año1700.Las tecnologías indígenas en el noroeste argentinoPese a la buena preservación y a la creciente presión sobre el agua y la tierra en la regiónSalteña, no ha habido esfuerzos por rehabilitar los sistemas de producción antiguos, alparecer la idea simplemente no ha surgido. Sin embargo, hay que destacar recientesesfuerzos de recuperación de memoria impulsados por el Programa Social Agropecuario(PSA) del Ministerio de Agricultura (comunicación personal Christian Vitry, 2007).Según el Ing. Ramiro Ragno -quien realizó investigaciones en este sentido en la zonalimítrofe de Salta y Jujuy desde la Universidad Nacional de Salta y trabajó con elInstituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) en la recuperación de acequias enlas zonas de Nazareno, Iruya y Santa Victoria Oeste, en las nacientes del río Paraná -,hasta hace 20 años el estado Argentino afectó negativamente las formas de organizacióny comunidades indígenas para favorecer el latifundismo. Es recién después de la eramilitar que se da una inyección de asistencialismo, lo cual crea nuevas dependenciasentre ciertos sectores sociales, dividiendo a la población entre aquellos beneficiados porlos intendentes y concejales de turno y los demás. El problema puntualizado parajustificar la reciente intervención estatal en Nazareno, intervención que rompe latradición histórica del control y manejo local del recurso acuífero, es la sobrecarga depastoreo. Sin embargo, la identificación del problema estaría errada, pese a estar basadaen datos “científicos”, dado que existe una profunda incomprensión del funcionamientode los sistemas agropastoriles tradicionales.Desde la perspectiva campesina, el problema central actual en Nazareno en particular y elNOA en general, es la lucha por títulos de propiedad comunal. Así, la comunidad deNazareno busca la adjudicación de títulos de propiedad a partir de la herencia de lafallecida Sra. Hortensia Figueroa de Campero, última propietaria de la Finca SantaVictoria Oeste, sin herederos reconocidos. Escribía Gregorio Caro Figueroa en 1970 que4Para un acercamiento a los paisajes simbólicos véase: Gonzáles y Vitry, 2006.
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas46“El dilatado feudo de Santa Victoria, de 213.000 hectáreas y que representa más de lamitad de la superficie total del departamento del mismo nombre, era arrendado al ingenioazucarero de Patrón Costas y proporcionaba únicamente mano de obra para la zafraazucarera. […] es un fundo […] sin ningún tipo de explotación, y sin indicios de cambiosmínimos dentro del sistema [económico feudal].” El reconocimiento de la propiedadcomunal a las comunidades podría ser una manera de empezar a saldar la deuda históricadramáticamente descrita en la “Historia de la gente decente en el norte argentino” (CaroFigueroa, 1970; cf. Caro Figueroa, 2006).Una demanda más inmediata por parte de las comunidades visitadas por Ragno, es la deasistencia técnica y educación. El Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI),institución en que las comunidades tienen una participación autogestionada,nominalmente es la institución estatal encargada. Sin embargo, el Instituto Provincial deAsuntos Indígenas (IPAI) de Salta fue intervenido -hace ya varios años- por presuntoscasos de malversación de fondos, lo cual cortó la autonomía local para desarrollarpolíticas concretas.Siguiendo un patrón ampliamente difundido en el área andina, las comunidadescampesinas tradicionales del NOA tienden a elegir a sus voceros a quienes “hablan bien”.Sin embargo, estas personas no actúan en representación. El contrato social indígena nocontempla la noción de delegados – encargados. Por ello, las autoridades tienden aconsiderar la negociación con las comunidades indígenas como un proceso difícil y pocoefectivo, incluso ineficiente.El sistema de manejo tradicional en Santa Victoria es un sistema vertical que abarcadesde los 1500m hasta los 4000m de altura. Los pueblos como Nazareno, Iruya y Pocayase ubican alrededor de los 2500m, pero las caminatas hacia las partes bajas son de dosdías y de un día para las partes altas. Cada comunero es propietario de un mosaico dechacras de secano y de riego, estas últimas concentradas entre los 2000 y 2500msnm. Lasuperficie de pastoreo se maneja a nivel comunal, aunque esta dividida por familias, cadauna de ellas mantiene entre dos y cuatro puestos para esta actividad comunal.La concentración de la precipitación anual de 500 a 600mm entre enero y marzo, de lamano con las fuertes pendientes, hace necesario tener reservas de agua y sistemas decanales (Figura 12). Los encargados de las bocatomas de agua para cada canal principalson llamados tomeros. En esta zona5, se trata de un cargo no político, ni religioso; lostomeros son elegidos y convocan a tareas de limpieza y refacción según las necesidades.En este contexto, la demanda comunal a los técnicos del INTA era cemento. Sinembargo, los técnicos consideraban que 20km de reparación de acequias en cemento erademasiado trabajo por lo que sugirieron utilizar tubos. La comunidad inicialmente seresistió, especialmente los pobladores mayores. “Los abuelos no querían entubar”recuerda Ragno, quién resumió sus objeciones en dos frases: El agua debe mirar al cieloy El agua se pierde en la cañería. Cabe detenerse brevemente sobre estos argumentos5En las antiguas haciendas de la Provincia de Cachi los tomeros eran los encargados de las bocatomas decada una de las haciendas (Lane, 2007, ms.)
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas47para comprenderlos a cabalidad, pues la concepción del agua como un ente animado y lanoción de pérdida merecen alguna explicación dado que puede ser difícil –desde unaperspectiva moderna y occidental- entender que el agua pueda “mirar” o “perderse” entubos de cerámica, cemento o PVC diseñados precisamente para canalizar agua demanera invisible y sin dejar escapar nada6.La vista al cielo, en primer lugar, puede ser interpretada como una alusión a la necesidadde oxigenar el agua. Dada la antigua y arraigada costumbre de utilizar el agua de lasacequia para el uso y consumo familiar, podríamos pensar que los abuelos expresabanuna preocupación por la salud comunal, y no necesariamente una visión romántica yconservadora –más acorde con el Romanticismo Europeo que con el pensamiento andino-que el agua debe fluir así porque siempre fluyó así.En segundo lugar, el agua canalizada en un tubo o acequia de cemento se pierde en elsentido en que se va, y no se queda. Continúa sin mojar la tierra y las chacras a su paso.No se trataría pues, de una pérdida en términos de filtración y pienso que aquí radica elproblema central. Desde la perspectiva andina –acaso una perspectiva compartida portodos los pueblos indígenas americanos que practican la agricultura- la filtración no esnecesariamente una pérdida, es una constante. Pese a la escasa investigación arqueológicasobre sistemas de riego por infiltración, los ejemplos conocidos indican una ampliadifusión en el tiempo y en el espacio, así como altos niveles de sofisticación.Una observación adicional de Ragno, da sustento a una interpretación animista. Lacomunidad de Nazareno no tocó los ojos de agua y vertientes, no se perforó pese a que –según los ingenieros- podían bajar hasta 0.5m para aumentar el caudal. La sacralidad delos manantiales en los Andes centrales radica en un sistema de creencias que concibe latierra como una entidad viviente, la pachamama. Las aberturas en la corteza terrestre –manantiales, cuevas, cavernas y abrigos rocosos entre otros- son entradas o espacios deacceso que comunican el mundo de los vivos –el kay pacha- con el mundo inferior de losmuertos –uku pacha. Así, perforar un ojo de agua constituye un ultraje a la pachamama.Desde una perspectiva occidental, también puede argumentarse que este tipo deperforaciones altera los flujos subterráneos de agua de manera negativa, dado que ayudana bajar el nivel de la napa freática y, por ende, la cantidad de agua disponible en elsubsuelo de una cuenca.En las zonas más altas de Nazareno no fue necesario utilizar tubos puesto que lascomunidades son más fuertes, consolidadas y capaces de mantener en funcionamiento lossistemas de canales antiguos, de edad e historia desconocidas. Sin embargo, ellos tambiénenlozaron con cemento algunos sectores de los canales, siguiendo un rediseño del trazonegociado entre las comunidades y los agentes de la intervención estatal. Así, incluyerontramos abiertos de hasta 200m de largo, con infiltración controlada y acceso al agua paralas familias vecinas. Esta creativa solución aprovecha una importante característica de laagricultura en los Andes: el manejo y control de la erosión mediante la modificación dependientes y cursos de agua. A la vez, responde a un problema de creciente actualidad:6Dado que las entrevistas no fueron conducidas por el autor ni han sido transcritas o grabadas, se trata deun ejercicio necesariamente especulativo.
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas48múltiples declaraciones de derechos de propiedad sobre el agua.Podemos concluir, que el genio colectivo y la creatividad campesina aprovechan latradición como fuente de soluciones híbridas en aquellos lugares donde hallan el espaciopolítico necesario para negociar con efectividad. La fiesta de la diversidad celebradaregularmente en Nazareno, por ejemplo, materializa los logros en premios otorgados a lasfamilias con mayor cantidad de variedades de productos, aproximadamente 24 porfamilia. Mientras tanto, el Ministerio de Turismo de la Provincia de Salta (GPS 2008),promociona los paisajes naturales y culturales de la región, transformados a la usanzamediterránea por el cultivo de frutas, en especial la vid. El rol de lo prehispánico en eldiscurso oficial tiende a limitarse al enriquecimiento de fiestas folclóricas tradicionalesmediante la asociación con “los ritos prehispánicos propicios (sic.) de las cosechas y lasdeidades de la tierra (sic.!) vinculados estrechamente a la Pachamama”(http://www.turismosalta.gov.ar, recuperado el 11-2-08).DiscusiónLas drásticas alzas en los precios mundiales de los productos agrícolas que forman labase de la alimentación mundial han dado lugar a una crisis alimentaria, forzando unaurgente discusión en torno a las formas en que se produce, distribuye y consumen losalimentos. En su reciente Informe sobre el Desarrollo Mundial titulado Agricultura parael Desarrollo el Banco Mundial y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento(2007) hacen énfasis en la agroindustria como un agente clave para la seguridadalimentaria, repitiendo el dictum según el cual la industrialización es la única formaviable de intensificación. Por ello, prevén una consolidación de las corporacionestransnacionales de alimentos y –tácitamente- una reducción en el número de agricultores.Sin embargo, los altos niveles de subsidios que la agroindustria recibe en la UniónEuropea y Estados Unidos, contrastan con la mayor productividad, eficiencia ysustentabilidad ecológica que los agricultores del mundo logran aplicando técnicas yconocimientos tradicionales, sin recibir incentivo o apoyo alguno para ello. Se abre puesante nosotros un panorama distorsionado.Las tecnologías agrícolas andinas presentadas en este capitulo tienen una milenariaprofundidad temporal. Algunas de ellas, como los jagüeyes de la Península de SantaElena, posiblemente se vinculan incluso a los procesos originales de domesticación deplantas y animales, hace más de 5000 años atrás. Desde entonces incontablesgeneraciones de campesinos indígenas han logrado transformar el paisaje,domesticándolo y adaptando sus tecnologías a condiciones sociales y ambientalescambiantes. La aproximación desde su materialidad, esencialmente arqueológica, pone enevidencia cómo, cuándo y dónde sucedieron estos cambios, con lo que ilumina la raíz delos problemas culturales específicos de cada época y región.Los intentos por lograr una recuperación sostenida de campos elevados son más bienrecientes y han obtenido resultados mixtos. Sin embargo, existe una importante base deinformación entorno a la distribución, características formales y orígenes de estastecnologías, sus aspectos hidráulicos y agroecológicos, así como su agrobiodiversidad.
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas49Por otro lado existe un amplio corpus de saberes y tradiciones campesinas –aún pocoestudiados- que permiten considerar factible la recuperación de campos elevados. Elsurgimiento de los movimientos indígenas en el Ecuador y su importancia en la actualcoyuntura política sugieren la posibilidad de una mayor decisión política para impulsar lainvestigación y el desarrollo de las tecnologías indígenas en aras de recuperar lascapacidades instaladas del pasado para beneficio de la seguridad alimentaria depoblaciones marginales -como aquellas que hoy habitan las llanuras aluviales anegablesdel Guayas y Esmeraldas, entre otros. Sin embargo, es conveniente encarar y aprender delos errores cometidos en el pasado reciente en Perú y Bolivia, a la vez que auscultar condetenimiento aquellos casos en que los campos elevados recuperados han pasado a jugarun rol importante como semilleros comunales y espacios de producción de autoconsumo,en particular las aynuqa.La escasez de intentos por recuperar presas y represas antiguas se debe en parte a la débilformación en tecnologías andinas que caracteriza la gran mayoría de facultades deingeniería en las universidades de los países andinos. Esta situación conduce a laelaboración de proyectos enfocados en represar grandes cantidades de agua para lairrigación. A diferencia de los sistemas autóctonos, que aprovechan la infiltración ymanejan los niveles y flujos freáticos según las condiciones y posibilidades locales, lainfiltración es considerada un problema que debe afrontarse mediante la construcción dereservorios y canales impermeables, lo cual aumenta el estrés sobre muros de concretoque no pueden ser reparados utilizando la mano de obra y materiales localmentedisponibles. Por ello es frecuente ver presas y represas recientes convertidas en sitiosarqueológicos (Figura 13), mientras que muchas de las presas construidas antes de laconquista siguen ofreciendo importantes beneficios, pese a su parcial colapso (verFiguras 17 y 18).El fracaso de los tenaces intentos de recuperación de jagüeyes en la península de SantaElena -por el Proyecto Desarrollo de los Pueblos Indígenas y Negros del Ecuador(PRODEPINE) con el apoyo de la Federación de Comunidades del Guayas (FEDECOM-G) y la Universidad Estatal de la Península de Santa Elena (Figura 14) - puede atribuirse,irónicamente, a la fe y el entusiasmo que la maquinaria pesada –trenes, tractores,montacargas y camiones- suscita entre quienes han visto en la histórica negación delacceso a las máquinas una barrera para su desarrollo. El jagüey destruido en Chanduy,ejemplifica el potencial destructivo de la maquinaria pesada. La remoción de las capasarcillosas sedimentadas a lo largo de siglos aumentó la permeabilidad, por lo que larepresa se secó rápidamente. La tala de la vegetación aceleró el proceso de desertificacióny la remodelación –para hacer espacio para un campo deportivo-, implicó la reubicaciónde la estructura afectando negativamente su cuenca de captación. Futuros intentos derecuperación deberán incidir más en la parte social de esta tecnología, poniendo enrelieve la importancia de la cooperación comunal regular y el estatus e importancia de laesforzada labor manual que mantiene viva la original tecnología americana tejidaalrededor de los jagüeyes. Un primer paso, difícil pero prometedor, sería la rehabilitaciónde los jagüeyes afectados con la participación activa de los ingenieros, técnicos ytrabajadores directamente responsables.Los intentos por recuperar la tecnología hidráulica en la Cordillera Negra, en cambio, se
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas50han limitado a aprovechar el lugar de presas antiguas para levantar presas modernas. Unejemplo, es la presa de Pacarinancocha, reconstruida en la década de 1970 sobre las basesde una presa indígena cuyas características nunca fueron registradas (Figura 15). El usode concreto significó un gran esfuerzo financiero y logístico, lo que a la vez que dificultael mantenimiento por parte de la población local. Severamente agrietada en la actualidad,sigue siendo una importante fuente de agua para irrigación en el valle de Jimbe. Sinembargo, dada la alta incidencia sísmica en la zona, esta “recuperación” constituye unriesgo creciente para las poblaciones ubicadas en la parte baja de la cuenca.El alcalde de un distrito predominantemente indígena en la Cordillera Negra, explicó unaspecto conceptual adicional referente al uso de ciertos materiales con estas palabras: “Sila obra no lleva cemento no vale”. Es innegable que como materiales constructivos lapiedra y el barro tienen actualmente un estatus asociado más bien bajo frente al cementoy el concreto reforzado con varillas de hierro. Sin embargo, el hecho que se trata debienes comerciales -insertados en la lógica de mercado- también evita a las autoridades lanecesidad de crear consenso entorno a la realización de una obra, pudiendo prescindir dela participación activa de todos los beneficiarios. Esto rompe de plano con tradiciones delargo arraigo (Golte, 1980b). Además, el uso de materiales locales hace imposible el pagode comisiones por ventas.La recuperación de terrazas y canales antiguos ha sido una preocupación constante,irresuelta desde la era colonial. En uno de los pocos trabajos al respecto desde unaperspectiva económica Gonzáles de Olarte y Trivelli, a partir de un estimado para lareconstrucción de 1ha de andenes en los departamentos de Cusco, Lima y Cajamarca,llegan a la conclusión que “los campesinos de Cusco y Cajamarca estarían incapacitadospara la reconstrucción puesto que su simulación de flujo de ingresos indica que inclusocon un interés de 10%, efectuarían el pago [de USD 3.143 por hectárea] enaproximadamente nueve años” (1999: 122-123); pese a una productividad mayor -13%en promedio por unidad de tierra- comparada con las tierras sin terrazas. No viene al casodiscutir las problemáticas econométricas específicas que subyacen estos cálculos, enparte porque las principales ya han sido puntualizadas por Rodríguez y Hervé (2001) y enparte porque el resultado es evidente. Bajo las condiciones de mercado imperantes lareconstrucción de andenes por la vía mercantil es una tarea poco lucrativa. Durante laúltima década los precios de los principales productos agrícolas altoandinos, a excepciónde la quinua, han tendido a la baja. Esto presiona al campesinado hacia la ganadería o alabandono de la actividad agropecuaria. Sin embargo, los cálculos de rentabilidad de laagricultura de altura ofrecen una visión peligrosamente sesgada y cortoplazista de laagricultura de subsistencia tradicional, en tanto dejan de lado las múltiples“externalidades positivas” como la salud nutricional de las poblaciones locales, el manejosustentable de los suelos y de las cuencas hídricas, la agrobiodiversidad y el derecho a laautodeterminación cultural.Para finalizar cabe mencionar que la sustentabilidad agropecuaria se fundamenta, segúnMiguel Altieri (1987), en el desarrollo y aplicación de tecnologías apropiadas yaccesibles, la conservación de los recursos productivos –la tierra y el suelo-, el desarrollode las capacidades locales, la investigación participativa, un mercado justo y estabilidadpolítica. Si a esto le sumamos algunos de los balances de la situación hídrica y agrícola
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas51que señalan un uso ineficiente del agua, la falta de una adecuada infraestructura dedistribución y aforo, la gran cantidad de tierras con problemas de salinización (en Perúca. 300.000ha), la escasez de organizaciones de regantes con planes de mantenimiento ymejoramiento de la infraestructura y los elevados costos de los grandes proyectos deirrigación (USD 7.405.000.000.- para diez “proyectos especiales”en Perú) (Prialé, 2005),la recuperación de tecnologías indígenas emerge como una alternativa factible y de bajocosto. Es necesario que la insistencia en tecnificar la agricultura de riego, capacitar a losactores locales y realizar inversiones públicas subsidiarias eficientes no se limite areproducir aquellas costosas tecnologías que benefician principalmente a la agroindustria.
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas52Las tecnologías del pastoreo andino[A]uía en los tiempos pasadostan gran cantidad del ganadoy ouejas y carneros,que no tiene quenta…Pedro Cieza de Leon (1995 [1554]: 234)IntroducciónEl pastoreo, es una actividad económica que crece a escala global, en la medida que lademanda de carne para el consumo humano directo viene aumentando vertiginosamenteen el mundo, desde el fin la segunda guerra mundial. Este proceso va de la mano con unaalarmante tasa de extinción de especies domésticas, considerada por la FAO como unindicador de riesgo para la seguridad alimentaria del mundo. Mientras los sistemaspecuarios industrializados se expanden, frecuentemente a costa de la roza y quema debosques nativos, los pastores y agricultores tradicionales que mantienen las especies yrazas de animales mejor adaptadas a las condiciones locales, se han visto relegados. Eneste sentido, los pastores tradicionales de llamas (Lama glama) y alpacas (Lama pacos)en los Andes no son una excepción.El retroceso del pastoreo de camélidos, es un proceso que continúa sin tregua desde elmomento de la conquista europea. Las llamas y las alpacas son los dos animalesoriginarios más importantes domesticados en el área andina, junto con dos razas de perro(Canis familiaris – viringo y peludo), el cuy, curí o cobayo (Cavia porcellus) y el patonegro o muscovy duck (Cairina moschata). Actualmente, el consumo de carne decamélidos se da principalmente en el ámbito rural, en forma de carne deshidratadaconocida por su nombre indígena como charki o charque. Si bien el estatus socialasociado al consumo de alpaca se encuentra en transformación, gracias en parte apropuestas gastronómicas de la cocina novoandina, el estigma de la carne de llama como“carne de pobre” persiste, no obstante, entre la población urbana de estratos superiores.Las llamas y alpacas no son consideradas razas domésticas en riesgo, pues se mantienenen niveles estables desde el siglo XX, aunque muy por debajo de la población anterior alcolapso de mediados del siglo XVI. Se estima que existen alrededor de 3.750.000 alpacasy 3.300.000 de llamas en Suramérica, la mayoría de alpacas en Perú (3.192.870,equivalente al 87%) y de llamas en Bolivia (2.300.000, equivalente al 90%),respectivamente (FIDA et al., 1999; SPAR, 2005). Los camélidos silvestres, el Guanacoy la Vicuña, tampoco se hallan amenazados por la extinción, aunque las actualespoblaciones remanentes, ampliamente dispersas en cinco países y estimadas en un totalde 571.237 y 160.638 individuos respectivamente, podrían declinar rápidamente sin losactuales esfuerzos de conservación (FAO, 1997).La actual distribución de los camélidos domesticados en los Andes de Ecuador, Perú,Bolivia, Chile y Argentina, es el resultado de presiones directas e indirectas. Es más
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas53difícil exagerar la importancia económica y simbólica de las “ovejas de la tierra” durantelos siglos anteriores a la conquista, que sobredimensionar la severidad del colapso de losrebaños durante las décadas de 1530 a 1580 (Flannery et al., 1989). Proveídos de pocasdefensas ante nuevos vectores infecciosos y contagiadas por las garrapatas de las ovejascastellanas (Psoroptis equi variedad Ovis) (Flannery et al., 1989: 102-103), en uncontexto radical de desarticulación social, la caída poblacional de camélidos fuevertiginosa. Las llamas costeras probablemente fueron las primeras en sucumbir ante laspandemias. Los rebaños remanentes de llamas y alpacas fueron trasladados a las partesmás altas y frías –por encima de los 3800msnm- como medida de refugio, donde se lesencuentra principalmente en la actualidad. Según Flores Ochoa (1980: 65) “los limitesmarginales de llamas y alpacas reflejan la marginalidad a la que se ha sometido a laspoblaciones que las pastorean”.Entre las principales presiones indirectas está la adopción local de la oveja (Ovis ariessp.) durante la era colonial. Este proceso no sólo se debe a la imposición, sin embargo,sino a la selección, adaptación e incorporación activa de esta especie al sistema deproducción agropastoril tradicional andino (Gade, 1992). Inicialmente, la demanda detributo en productos de ovejas “de Castilla” – para la producción textil en los obrajes delos encomenderos, principalmente- fue sin duda un aliciente importante. Sin embargo, lascaracterísticas mismas de la lana, más abundante, grasosa y fácil de trabajar, y el colapsopoblacional de las llamas y alpacas significaron un interés indígena por diversificar laproducción pastoril.Del mismo modo, la adopción local del caballo (Equus caballus sp.), el burro y la mula(Equus asinus sp.) tuvieron aspectos impositivos y de elección conciente. La mayorcapacidad de carga promedio de los equinos frente a los camélidos –aproximadamente100 a 150kg versus 20 a 40kg- fue un rasgo atrayente en el contexto colonial temprano,especialmente si se tienen en cuenta la alta mortandad humana y las crecientes demandasde la mano de obra indígena (Gade, 1992). Sin embargo, la pobre adaptación de losequinos a las condiciones bióticas de altura y al escarpado terreno montañoso, significóque las llamas mantuvieran un rol central como animal carguero en las minas hasta laépoca republicana, cediendo finalmente a la introducción de vehículos automotores en laprimera mitad del siglo XX.El valor utilitario de los camélidos usualmente se asocia al rol de la llama como animalde carga, y al de la alpaca como animal lanero. Si bien esta distinción es correcta agrandes rasgos, es reductiva e históricamente imprecisa. En primer lugar, las alpacas sípueden llevar carga. En su monumental introducción al estudio de los camélidos andinos,Bonavía (1996) reúne evidencia que demuestra que las alpacas eran usadas como animalde carga en el siglo XVI. Aunque su capacidad de carga es inferior a la de la llama, unaalpaca entrenada puede ser usada como animal de carga a pequeña escala para distanciascortas (Flores, 1975a: 11, citado en Bonavía, 1996: 514). Es importante recordarentonces, que los pastores de alpacas del presente pueden contar con un potencial decarga significativo.
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas54En segundo lugar, existen dos principales razas de llamas, las laneras (thunpa o chaku) ylas de carne (ccala o qala) – posiblemente las mismas “ouejas Llamas” y “carnerosUrcos” mencionados por Cieza de Leon en el siglo XVI (1994, Primera Parte, CapítuloCXI, pp. 294-5). Las llamas laneras -actualmente halladas principalmente en las punas deBolivia y Argentina- proveen una fibra menos uniforme y más gruesa que las alpacasactuales. Sin embargo, la evidencia etnohistórica y arqueológica indica que hasta hace1000 años existían variedades de llamas laneras -hoy extintas- productoras de un vellónmas fino y uniforme que el de las alpacas actuales. Las extraordinarias momias de llamasy alpacas excavadas en el sitio El Yaral, ubicado a 50km de distancia y 1000m de alturasobre el nivel del mar en Moquegua, Perú (Wheeler et al., 1995), indican que las actualesrazas de alpaca -Suri y Huacaya- tienen un vellón mas grueso y menos uniforme que el dealgunas de las razas antiguas. El colapso de la tecnología pastoril indígena, incluyendolos templos y cultos en cuyos nombres se mantenían rebaños de color uniforme, porejemplo, explica porqué la diversidad de llamas y alpacas del presente es un pálidoreflejo del pasado. “Las momias de El Yaral indican que durante el siglo XVI pudo haberocurrido un extenso cruzamiento entre las llamas y las alpacas y que ello haya jugado unrol más importante en la formación del ganado actual de lo que se ha sospechado”(Wheeler et al., 1995: 473; citado en Bonavía 1996: 194).En cuanto a la capacidad de carga de un llamo carguero o capón, se estima en unpromedio de entre 24 y 36kg para viajes de hasta 15 a 20km, dependiendo de lascondiciones del terreno y el volumen de la carga, entre otros (Bonavía, 1996: 501-515).Sin embargo, el detallado recuento de fuentes coloniales e históricas, sugiere a Bonavía(1996: 501-508) la posibilidad que antes de la conquista las llamas cargaban hasta 10kgmás en promedio, y que eran capaces de recorrer distancias pico mucho mayores, dehasta 50km. El estudio zooarqueológico de restos óseos de camélidos es una de las pocasmaneras de profundizar sobre esta probable aseveración.Mas allá de su valor utilitario, la importancia tradicional de los camélidos se deriva de lamilenaria historia de la manufactura y uso de complejos tejidos como medios decomunicación y distinción social (Murra, 1965), así como a la importancia simbólica delsacrificio ritual de animales de distintos colores (Flannery et al., 1989: 112: ver también:Rowe, 1946; Garcilazo 1966 [1604]: 360). Además de su reconocida calidez, y unaamplia gama de colores naturales, la lana de camélido recibe mejor los tintes naturalestradicionales, aunque es más corta y menos resistente a la tensión, que la fibra de algodón(Gossypium barbadense); una planta que también fue domesticada en la región. Por ello,para los textiles precoloniales de la más alta calidad, llamados kumpi (cumbi, cumbe) enlos siglos XVI y XVII, los tejedores indígenas combinaban resistentes tramas de algodóncon vívidas urdimbres de lana teñida. Textiles diversos y lana, además de charki y chuñu(papa criodeshidratada), figuraban entre los productos altoandinos típicos de lascaravanas de llamas tradicionales hasta el siglo XVIII (ver abajo).Sin embargo, el valor de los camélidos en la actualidad es medido principalmente entérminos de su valor comercial. Así por ejemplo, el Primer Informe Nacional sobre laSituación de los Recursos Zoogenéticos del Perú indica que: “En el año 2001, laproducción mundial de fibra de alpaca fue de 3.900 t, de las cuales el Perú produjo
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas553.399t. El valor bruto de la producción ascendió a US $ 16.370.000 (DGIA, 2003). El90% de la producción de fibra de alpaca es destinada al mercado internacional y el 10% ala artesanía e industria textil nacional En el mismo año, la producción de fibra de llamaalcanzó las 7.131t con un valor bruto de la producción de US $ 1.900.000 (DGIA, 2003)”(FAO, 2004). Al mismo tiempo, los alpaqueros están entre los miembros más pobres dela sociedad peruana. Los intermediarios captan una gran parte del valor en la cadena deproducción, lo que deja a los productores con unos precios muy bajos por su fibra. Ni lasintervenciones estatales en el mercado de las fibras ni los esfuerzos de múltiples ONG alo largo de las últimas décadas han logrado mejorar la situación de los pastores, debido engran parte al poder político y económico de empresas e intermediarios (Fairfield: 2008).El surgimiento y desarrollo de las tecnologías del pastoreo en los Andes centralesLa transformación masiva del paisaje altoandino, como consecuencia de la domesticaciónde camélidos es un reciente y discutido descubrimiento. En la conferencia Tansley de1977, el botánico, biólogo y ecólogo del paisaje Heinz Ellenberg propuso, en contra delas influyentes afirmaciones de Carl Troll, que el aspecto actual de la puna –ampliasestepas de gramíneas con pequeños parches de vegetación arbustiva y arbórea en laderasy quebradas de difícil acceso- es el resultado de milenios de impacto humano. Lascaracterísticas bióticas de las especies arbóreas andinas, kishwar (Buddleja incana sp.) ykeñwa o quenoal (Polylepis Spp.) más bien sugerían que la cobertura boscosa debería sermucho mayor. En su charla, desestimó como determinantes los factores climáticosinclinándose a favor del factor humano - el consumo de leña y el uso de fuego para lacreación intencional de pastizales- como factor explicativo principal de la azarosadistribución de los bosques altoandinos (Ellenberg 1979). Troll (1931) en cambio, habíahecho hincapié en el correlato entre la distribución de camélidos y la expansión Inka yargumentado que las estepas de gramíneas eran la condición natural de la puna altoandina(Troll, 1943, 1959, 1968; ver también Cierjacks, 2007).Los resultados del amplio y detallado estudio de la distribución de bosques de keñwa(Polylepis Spp.) en los Andes realizado en la década pasada por el ornitólogo Jon Fjeldsåy el botánico Michael Kessler: “apoyan la opinión del ecólogo alemán Ellenberg, segúnla cual el bosque de Polylepis representa la vegetación natural en grandes partes de losAndes. Solo áreas a elevaciones mayores de 4.100 a 4.500m y planicies con suelossalobres o inundables probablemente siempre carecieron de cubierta boscosa” (1996:15).Indican que la reducción en la cubierta ha sido dramática: del área potencial de55.000km² de bosques de keñwa en Bolivia, solo alrededor del 10% permanece conbosque, mayormente con vegetación arbustiva y muy abierta en la árida cordilleraoccidental, mientras que en el Perú posiblemente menos del 3% del bosque potencial hasobrevivido (Kessler, 1996). La tasa de destrucción, sin embargo se incrementódramáticamente con la conquista. Gade (1999) calcula que el 50% esta destrucción se dioa lo largo de los 10.000 años de ocupación humana de los Andes, mientras que la otramitad se da en la últimos 500, después del colapso de los sofisticados sistemas agro-pastoriles indígenas. La conservación de los parches remanentes de bosques de keñwa sedebe en parte a prácticas tradicionales de manejo, más o menos sustentables, insertas enla poco explorada historia de las tecnologías agroforestales indígenas (véase siguiente
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas56capítulo).Para empezar a evaluar el impacto ecológico de la caza y cría de camélidos antes de lacolonización, y comparar el impacto de estas prácticas con las prácticas de pastoreo delganado introducido, algunas de ellas a todas luces destructivas y no sustentables a largoplazo -como el pastoreo de cabras en los bosques secos ubicados en escarpados vallesinterandinos-, pasaremos a revisar la historia del pastoreo en los Andes. Iniciamos estarevista con los procesos de domesticación y la expansión del pastoreo; seguidamenteresaltamos el rol de los camélidos en las culturas de nuestra zona de interés primario -lasierra norcentral del Perú- a partir de la evidencia arqueológica. Finalmente, abordamosla era colonial y republicana para detenernos en el presente, específicamente en lascomunidades en que se han venido ejecutando proyectos de reintroducción de camélidosen las últimas dos décadas. Si bien puede decirse que son un éxito, en el sentido que losrebaños se han asentado y crecen, es menester recalcar el rol activo de las comunidadesde pastores de la Cordillera Negra por transformar los esfuerzos dirigidos a lamercantilización, e integrar la cría de alpacas en su sistema tradicional de produccióndiversificada y de base amplia, cuyo objetivo primordial es asegurar la subsistencia yneutralizar los múltiples riesgos que afrontan la actividades agropecuarias de altura.Pese al rol emblemático de la llama y la alpaca y a la reconocida importancia económicadel pastoreo andino, el estudio de su domesticación es incipiente. En primer lugar, se hacaracterizado más por la conjetura que por estudios de la evidencia zooarqueológica, losrestos óseos, fibras y tejidos hallados en yacimientos arqueológicos (Bonavía, 1996). Así,se ha venido asumiendo largamente que la domesticación inicial se llevó a cabo en lacuenca del lago Titicaca (Bennet y Bird, 1949; Murra, 1965; Lynch, 1983; Mujica, 1985)o en la sierra de Ayacucho (Wing, 1977), aún cuando la evidencia no es concluyente eneste sentido. Estudios arqueológicos en la sierra central de Peru (Rick, 1983), en elnoroeste Argentino (Yacobaccio, 2001) y el norte de Chile (Dransart, 2002) más biensugieren la posibilidad que la domesticación de camélidos surgió de manera paralela eindependientemente en estas tres áreas.En segundo lugar, el estudio de la domesticación de camélidos ha tendido a aplicarmodelos de domesticación desarrollados para estudiar la domesticación de animales enEurasia (Bonavía, 1996), ignorando así las especificidades del proceso culturalamericano. Mientras que los ancestros silvestres de la oveja, la cabra, la res y el cerdo sonmás grandes que sus “primos” domesticados, no sucede lo mismo con los camélidos. Elguanaco (Lama guanicoe) y la llama, son similares en tamaño y lo mismo sucede con lavicuña (Lama vicugna) y la alpaca, por lo que su diferenciación zooarqueológica esnotoriamente compleja7. Existe además una gran variabilidad en la calidad de la fibra,tanto en y entre los camélidos silvestres como en y entre los domésticos. Es por ello, quela compasión de las curvas de supervivencia de poblaciones de camélidos y el aumentorelativo de las especies domesticadas frente a las silvestres, determinadas a partir de laexcavación de asentamientos humanos de larga ocupación, sea una de las líneas deevidencia hoy consideradas más contundentes para estudiar la domesticación de7Ver discusión sobre el estudio de dientes de camélidos en Wheeler et al., 1995, Wing, 1977.
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas57camélidos. En otras palabras, la observación directa de cambios morfológicos tiende a sermás equívoca que la evidencia indirecta del uso de los animales: su obtención por mediode la cacería especializada -actividad que favorece la matanza de animales machos yjóvenes- o el aprovechamiento de mandas controladas o “proto-rebaños”, actividad queconlleva a una mayor mortandad de animales muy jóvenes y viejos, por ejemplo.El ejemplar estudio de los restos óseos del abrigo rocoso de Telarmachay, en la puna deJunín, realizado por Lavallée y colegas (Lavallée y Julien, 1980-1981), ha proporcionadouna base de datos sólida sobre la cual se ha establecido un modelo para la domesticaciónde camélidos en la sierra central del Perú alrededor de 6000 años AP. Los primerospobladores del abrigo de Telarmachay arribaron alrededor de 9000 años AP y fuerongrupos trashumantes o nómadas que practicaban una cacería generalizada, enfocada enungulados. A partir de los 7200 años AP, practicaron una cacería especializada, y loscamélidos domésticos recién aparecen en el registro arqueológico alrededor de los 6000años AP. Sin embargo, es sólo a partir de los 5500 años AP que Lavallée halla evidenciasde pastoreo sistemático (Lavallée 1993).La organización social y los patrones de residencia de los grupos humanos quedomesticaron los primeros camélidos, son aún débilmente comprendidos. Sin embargo,es probable que los abrigos y cuevas con evidencia de ocupación temprana en la sierracentral del Peru ubicados por encima de los 4000m -como Telarmachay, Uchkumachay(Wheeler et al., 1976), Pachamachay (Rick, 1983) y Tres Ventanas (Engel, 1966)- nosean sitios de ocupación permanente, sino mas bien campamentos periféricos,estacionales o temporales, asociados a campamentos base ubicados en los vallesinterandinos, estrategia que implica conocer en detalle la estacionalidad de múltiplesecozonas. Sin embargo, los modelos basados en la trashumancia estacional (Lynch, 1970)permanecerán siendo especulativos hasta que se identifiquen y estudien sitios deresidencia permanente coetáneos con el proceso de domesticación. En este sentido,Bonavía (1996: 234) acota que la mayor frecuencia y variedad de puntas de piedra –artefactos útiles para defender incipientes rebaños- alrededor de los 6000 años AP,coincide con la presencia de huesos de puma y gato montes y de animales con rasgos dedomesticación en Telarmachay.Para una mejor comprensión de los factores que favorecieron no solo el origen desistemas de manejo para tener animales “a la mano” cuando fuera necesario, sino eldesarrollo del pastoreo y el agropastoralismo en los Andes en general, es menesterprofundizar sobre la historia a largo plazo de las relaciones territoriales y simbólicas entrelos valles y las alturas. Como veremos a continuación, la diversidad cultural quecaracteriza la historia indígena de los Andes, incluso en valles y regiones vecinos, obligaa considerar raíces históricas profundas, distintas e interdependientes de las culturas conpreponderancia pastoralista y aquellas con preponderancia agrícola, pese a que ambascohabitaron largamente espacios vecinos y cercanos.El pastoreo de llamas y alpacas en la sierra norte del Perú
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas58La actual escasez de camélidos en la sierra norte del Perú no sólo contrasta con lasgrandes recuas de cientos y miles de llamas y alpacas en la zona nuclear de sudistribución, sino también con la gran cantidad de corrales y bofedales artificialesabandonados y la ubicuidad de restos óseos de camélidos en sitios arqueológicos, muchasveces mezclados con restos humanos8. Esta situación es típica de regiones tan apartadas,como la sierra del norte del Perú y el noroeste Argentino (Goebel, 2002) y sugiere laposibilidad de una recuperación de tecnologías pastoriles de gran amplitud e impactoregional.Pese a la escasez de estudios que enfoquen la arqueología del pastoreo de maneraespecifica, los acercamientos etnográficos (i.e. Browman, 1990; Kuznar, 1995) ynumerosos estudios arqueológicos han arrojado información que permite establecer laimportancia de los camélidos en el pasado de la sierra norte del Perú. En el sitio deChavín de Huantar, la producción y el consumo de charki se remonta a 3000 años AP,por ejemplo (Burger, 1992). Representaciones en cerámica de personajes ricamenteataviados conduciendo camélidos (Figura 16), algunos de ellos tocando antaras (Eisleb,1988; Bonavia 1996: Fotografía 22, entre otros) atestiguan su importancia ceremonial enla primera mitad del primer milenio de nuestra era en el Callejón de Huaylas yalrededores. Por otro lado, su uso como animal de carga9se halla plasmado en vasijasmodeladas que datan de 1800 a 1200 años atrás (Bonavía 1996: Fotografías 7, 10, 12- 15,18, 29, 30 y 45), entre las que se encuentran numerosos ejemplos realizadas en estiloscosteños, incluyendo Moche y Nazca. La aparente escasez de representaciones decamélidos en la cerámica serrana de periodos posteriores contrasta con el difundido usode su fibra para vestimentas, la recurrente presencia de huesos de camélidos en contextosmortuorios y la asociación de numerosos centros administrativos Inka con grandescorrales.En la Cordillera Negra, los corrales antiguos -muchos abandonados y algunos otrosesporádicamente utilizados- forman parte del paisaje (Figura 17). Se encuentranampliamente dispersos por encima de los 3800m, aunque se hallan mejor conservados enla puna, por encima de los 4000m. Esta distribución sugiere una población de camélidosimportante y un uso sistemático de los pastizales de altura en el pasado. Sin embargo, ladisponibilidad de pastos forrajeros en la parte alta de esta sección de la cordilleraoccidental de los Andes, y la explotación economía agro-pastoralista de la vertienteoccidental de los Andes en su conjunto, está supeditada a la errática estacionalidad de laslluvias. El 68% de las precipitaciones anuales –alrededor de 400mm a 800mm al año10-8Nos referimos por una parte, a las evidencias halladas durante la prospección de monumentos funerarioscolectivos - chullpa y machay- en las cabeceras del río Nepeña (Herrera 2005; Lane 2005) y hacemosalusión a la excavación de una ofrenda conteniendo restos óseos mixtos de camélidos, cuyes y humanos enla kancha ceremonial EXII del sitio arqueológico de Keushu (Castellanos y Villalobos, en prensa).9Las representaciones de personas sobre camélidos no deben interpretarse en el sentido que se trataría deanimales de monta. Los casos conocidos por el autor más bien sugieren la humillación de individuos,probablemente prisioneros vencidos, un tema común en la iconografía Moche. Su representación comocarga sugieren una despersonalización de los personajes.10En el valle de Nepeña existe una única estación hidrológica, ubicada en la parte baja del río, cerca a laazucarera Agroindustrias San Jacinto (283msnm). Datos meteorológicos son escasos para la secciónsemidesértica del valle e inexistentes para la parte alta del valle (ONERN 1972).
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas59tiende a concentrarse en tres a cuatro meses del año, y la época de lluvias varía entreDiciembre y Mayo. La tremenda variación interanual se desprende de las fluctuacionespico del volumen de descarga del río Empeña; alrededor de 12 millones de metroscúbicos en 1990 y 260 millones de metros cúbicos en 1925, influenciadas entre otros porel fenómeno del Niño o ENSO (Haas y Dillon, 2003). Las principales respuestasculturales para afrontar la varianza en la disponibilidad de pastos en el pasado -mas alláde los movimientos estacionales que caracterizan el pastoreo en todo el mundo- fueron elmanejo de bofedales naturales y su ampliación y creación mediante la construcción depresas y reservorios11.Inicialmente interpretados como reservorios de agua colmatados o como presas deprevención de waykos (o aluviones), los bofedales artificiales de la Cordillera Negra sonhoy reconocidos como parte de extensos sistemas hidráulicos que buscan retener el aguade escorrentería mediante su acumulación en represas y reservorios de agua y limo conmúltiples propósitos (Lane, 2005, 2006; Lane y Contreras, 2006). Uno de los principalesobjetivos de las represas y reservorios de limo es propiciar el crecimiento de unavegetación perenne rica en las plantas suaves típicas de los humedales de altura (porejemplo. Ditichia spp. y Calamagrostis spp.). El fomento de vegetación de bofedales esclave para el pastoreo de camélidos y especialmente de alpacas durante la época seca,pues esta marca un cuello de botella alimentario y por ende una limitante importante parael desarrollo histórico del pastoreo.Uno de los más extensos bofedales artificiales de la Cordillera Negra es Kollpa (Figura18), ubicado sobre el rio Huinchos, en el distrito de Pamparomás y registradoinicialmente en 1999 por Lane y Herrera, conjuntamente con el vecino sitioadministrativo Inka de Initaurán y una serie de asentamientos y corrales vecinos. La presamide poco menos de 100m de largo, 5.4m de altura y hasta 11m de ancho en la partemedia. Represa un área de 28.5ha (Figura 18). Pese a la notoria falta de mantenimiento,que está secando este bofedal, su uso actual para el pastoreo de vacunos, bovinos ycamélidos es intenso. Es compartido por las comunidades de Cajabamba Alta, Breque yPutaca, y existen tensas rivalidades entorno a la negociación de los derechos de uso.Estos conflictos se vinculan en parte al hecho que el ganado también se alimenta con ellimo, probablemente para aprovechar su riqueza mineral, y que –aparentemente- no hayotras kollpa o reservorios de sedimentos con las mismas propiedades alimenticias en lazona.La importancia del gran bofedal artificial de Kollpa durante la epoca Inka se deduce de lacercanía de Initiaurán, el mayor sitio administrativo Inka conocido en la Cordillera Negra(Lane y Contreras 2006). Este sitio presenta dos kallanka, una plaza central, caminos, unazona para la manufactura de chuñu; campos de cultivo cercados (Lane y Contreras 2006)y una hilera de torres funerarias (chullpa) en pobre estado de conservación –probablemente anterior a la época Inka. Sin embargo, sería erróneo asociar el pastoreointensivo de camélidos a la expansión Inka, pues la creación de bofedales artificiales esun proceso largo que implica un cuidado atento a los procesos de sedimentación, una11Si bien es probable que se deba incluir el cultivo de plantas forrajeras, la evidencia es insuficiente paraconfirmar la sugerente propuesta de Lane (2005), reiterada en Lane y Contreras (2006).
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas60remoción selectiva de sedimentos y mantenimiento y expansión de la arquitecturahidráulica. Es decir, una compleja y concertada inversión de mano de trabajo. Lasexcavaciones de Lane (2005) en Yurakpecho demuestran la presencia de grupos depastores en esta zona durante el Periodo Intermedio Tardío, siglos antes de la llegada delos Inkas a la sierra de Ancash. Sin embargo, no se ha presentado aun evidencia algunapara argumentar la construcción de represas en esta zona antes de 1400 años AP (contraSamaniego 1981).Hasta el momento, se han identificado cinco represas de limo en las cabeceras del ríoNepeña12, con una superficie total de 372ha. Sin embargo, la superficie de bofedalesartificiales en esta parte de la Cordillera Negra es mucho mayor. Tres sistemas dequebradas aterrazadas que forman reservorios de limo entre los 3900 y los 4400m fueronrecientemente estudiados por Lane (2005: 196) en los valles de Breque, Chorrillos yRicococha. Los reservorios de limo se caracterizan por terrazas curvas de 7 a 20m delargo, 50 a 200cm de altura y entre 60 y 120cm de ancho en su parte central, y acumulansedimentos y humedad, derivando el agua hacia los lados de los valles. Por ellofrecuentemente se hallan cubiertos de vegetación y sedimentos, al punto que los muros aveces son difíciles de ver. Esta acumulación sugiere, que en el pasado parte del sedimentoera retirado para aprovecharlo como fertilizante, al igual que hoy sucede con el estiércolacumulado en los corrales.Siguiendo un índice de capacidad de carga por hectárea de bofedal, como los 3.25animales por hectárea sugeridos por Browman (1990), podemos comenzar a dimensionaren el orden de miles a las recuas y manadas y de alpacas que existieron en esta pequeñaporción del alto Nepeña. Para precisar estimaciones es menester realizar reconocimientossistemáticos detallados, pues en la Cordillera Negra las características topográficas devalles cercanos, o incluso vecinos, pueden variar significativamente13.En resumen, podemos afirmar que el pastoreo de llamas y alpacas en la sierra norte delPerú alcanzó una intensificación notable gracias al desarrollo de tecnologías hidráulicaspara la expansión de bofedales, y comenzó a decaer dramáticamente como resultado de ladesarticulación colonial. El uso de llamas como animal carguero en las minas de la altaCordillera Blanca, continuó hasta la era republicana, Su última documentación conocidaes en la década de 1930, en la mina Vesubio en Huallin (Provincia de Asunción, Ancash)(Kinzl y Schneider 1956). En la actualidad sólo algunas pocas comunidades tradicionalesde la región de los Conchucos mantienen pequeños rebaños, entre ellas Caninacoj en elalto Ashnocancha (Provincia de San Luis). Los rebaños dispersos en la sierra de Ancashmarcan la actual frontera norte del área de distribución continua de camélidos en losAndes centrales.12Ademas de Kollpa (Co-1), nos referimos a Tsakikocha 1 (Uc-2) y Tsakikocha 2 (Pa-5), Oleron Cocharuri(Cho-2) y Wankacocha (Rac-1) – descripciones en Lane 2005 y Herrera, et al., 2004; ver también: Freisem1998). Las represas de agua son igualmente abundantes.13El encañonado curso superior del río Loco, por ejemplo, presenta una densidad menor de infraestructurapastoril, pero un número significativamente mayor de terrazas agrícolas que el vecino valle de Huinchos,cuyo corte trasversal es mas bien en U (y no en V).
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas61La recuperación de las tecnologías del pastoreo en la sierra de AncashLas diferentes experiencias de reintroducción de camélidos en la Cordillera Blanca y enla Cordillera Negra, ponen en evidencia la tensa superposición de visiones de los diversosactores involucrados: el estado, las ONG y las comunidades campesinas y organizacioneslocales. Sin embargo, los escasos reportes disponibles en la Internet -única fuente abiertade información al respecto- reflejan débilmente las realidades sociales en cada localidad yprestan escasa atención a las realidades culturales e históricas específicas.La reintroducción de llamas en el extremo sur de la Cordillera Blanca a fines de la décadade 1990, se asocia con un pequeño y publicitado proyecto que apuntaba a impulsar elturismo receptivo de montaña entre el pueblo de Olleros y el sitio arqueológico de Chavínde Huántar, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en 1985. LaAsociación de Servicios Auxiliares de Montaña Sector Olleros-Chavín (ASAM)mantiene alrededor de diez llamas que se alquilan para caminatas o treks turísticos(Oscanoa, Vega y Orellana s.f. http://www.condesan.org/e-foros/cdpp/CDPP32.htm). Lasllamas en tenencia de la ASA fueron facilitadas por una ONG local (CEDEP) con elcompromiso de devolver los animales cuando estos se hayan multiplicado. Auspiciado yfinanciado mediante un convenio entre la Unión Europea y Prom Perú -“entidad estatalcreada en 1993 con el propósito de difundir la imagen y realidad del Perú en el extranjeroy promover así la inversión, el turismo, la cultura y el intercambio” (Promperú 2005: 39)-el proyecto ha tenido un impacto esencialmente local. No hemos tenido noticia deintentos por replicar la experiencia en otros lugares. Sin embargo, la idea inicial –conseguir llamas para cobrar a los turistas por el derecho de tomar fotos (Promperú 2005:9)- no es nueva. Hallamos llamas y alpacas en alquiler “para la foto” en ciudades desdeLa Paz hasta Bogotá. Se trata, en ambos casos, de diferentes formas de mercantilizar loexótico. Sin embargo, la manera de ensalzar las expectativas del visitante en potencia enel citado brochure “Trekking pre-incaico (sic.) de Olleros a Chavín” despliegapreconceptos eurocéntricos, incluso racistas, promoviendo una auto-exotización queademás de ser deshonesta, no propicia la integración social.La reintroducción de alpacas en la Cordillera Negra, en cambio, forma parte de unesfuerzo más amplio, pero menos conocido, por mejorar la calidad de vida de laspoblaciones altoandinas. Así, “El Programa de Repoblamiento de Alpacas (ConvenioFONCODES-FONAFOG) distribuyó, entre los años 1991 y 1996, aproximadamente25000 cabezas del departamento de Puno a Junín, Cerro de Pasco, Cajamarca, LaLibertad y Ancash” (FAO 2004: 20). Sin embargo, la visión plasmada en los pocosreportes técnicos y de seguimiento – escasez probablemente vinculada a la subsumacióndel Fondo Nacional para el Fomento de la Ganadería (FONAFOG) y del Fondo Nacionalde Compensación y Desarrollo Social (FONCODES) a otras dependencias estatales comoparte de las reformas estructurales de la década de 1990- no concuerda con las narrativasde las personas entrevistadas.Según el Ing. Miguel Orellana (comunicación personal, Marcará, Agosto 2000) elproyecto de Redoblamiento de Llamas y Alpacas (RALL) fue inicialmente financiado porla cooperación belga e impulsado en Ancash por CEDEP (véase CEDEP 1996, 1997a,
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas621997b). Un ex-presidente de la comunidad campesina Vencedores de Cajabamba, queparticipó en el proceso de reintroducción, indicó que tres poblados de la zona del Altovalle de Empeña recibieron alpacas hacia 1990 como parte de un proyecto a medianoplazo (5 años). Tras un largo viaje en tren y camión la mayoría de los animales traídosdesde Puno se adaptaron rápidamente a la Cordillera Negra. Los cursos de capacitacióninicialmente trataban el manejo de los rebaños; luego pasaron al procesamiento dederivados - desde tejidos y alpargatas hasta salchichas. Según Orellana, la fase decreación de mercados del proyecto se vio trunca pues el proyecto fue saboteado por ordendel entones Ministro de Agricultura Ing. Absalón Vasquez –actualmente en prisión-,quien habría incitado a la quema del nuevo centro de documentación de CEDEP14–igualmente financiado por la cooperación belga- para forzar el retiro de esta ONG yentrar en el negocio de la reintroducción de alpacas a mayor escala desde el mismoMinisterio. Informantes de Cajamba Alta, confirmaron que en el año 2002 o 2003,llegaron unas veinte alpacas “de la Union Europea” a Cajabamba Alta. Poco después sedesató una epidemia que acabó no solo con las alpacas recién llegadas sino que décimo ala mitad el rebaño establecido y que ya empezaba a alcanzar las 300 cabezas. EnCajabamba Alta se presume que el pobre control zoosanitario habría sido la causa.A la fecha, la reintroducción de alpacas en la Cordillera Negra no ha dado lugar a unmercado significativo, ni de fibra ni de carne, ni local ni regional. La mayor parte de lasalpacas reintroducidas no duraron mucho y en dos de las tres comunidades beneficiadaslos animales fueron sacrificados y se volvieron a extinguir en menos de 10 años. Elinusitado éxito de la reintroducción en Cajabamba Alta parece radicar en la integraciónde las alpacas al sistema de producción comunal, donde son destinadas principalmente alautoconsumo –de carne, fibra y cuero; en ese orden de importancia- y como una forma deahorro colectivo. La lana en bruto y los ponchos terminados son designados comoproductos para la venta en el mercado sólo cuando la necesidad y la oportunidad sepresentan de la mano. Es notable que la venta de ponchos es asunto de cada familia,mientras que la negociación de la lana es asunto comunal. Cuando los comuneros deCajabamba Alta fueron presionados por oficiales del Ministerio de Agricultura paravender su producción de fibra de alpaca en pie a un precio fijo que considerarondemasiado bajo, prefirieron no trasquilar sus alpacas.Aunque sería prematuro sacar conclusiones globales a partir de un caso sugerente, peroaislado y aún poco estudiado, deseamos sugerir que la capacidad de autoorganizaciónparte de la resignificación del pastoreo de camélidos por parte de los pastores. Estaresignificación incluye múltiples narrativas, incluyendo las historias –hoy cuasi míticas-acerca de aquél viaje original de los jóvenes y emprendedores líderes que viajaron hastala altiplanicie del Titicaca para traer las primeras alpacas; y los lugares importantes delpaisaje simbólico en que duermen, pastan, se marcan y sacrifican los animales. EnCajabamba Alta existe, por ejemplo, una clara tendencia a ubicar los corrales modernospara alpacas cerca o al lado de las antiguas tumbas colectivas chullpa pues, como explicóel entonces presidente de la comunidad, los awilitus -o ancestros- que habitan estas14Probablemente se refiere al “Centro de Difusion de Tecnologia Altoandina - CEDTA" ubicado en elparaje Patococha, distrito de Ticapampa, provincia de Recuay. La comprobación independiente de laversion de Orellana no ha sido posible en el marco de esta investigación.
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas63“casitas” ayudaban a cuidar los rebaños (Herrera y Lane, 2006: Figura 3; cf. MamaniCondori 1996).DiscusiónLos actuales esfuerzos por desarrollar la camelicultura y contrarrestar el retroceso de lasespecies bandera del Ande, se han centrado en la alpaca, con miras a mantener ydesarrollar las ventajas comparativas del Perú como primer país alpaquero del mundo.Las estrategias desplegadas van desde la ampliación de mercados de fibras, lana yderivados, hasta la implantación de microchips en individuos de alta “calidad genética”para evitar el trafico ilícito15. La intensificación de la producción de fibra con finesmercantiles es una tarea que el estado y una multitud de ONG han asumido con énfasis enla sierra sur del Perú (regiones de Arequipa, Apurimac, Ayacucho, Cusco, Huancavelicay Puno) y el suroccidente Boliviano (regiones de Oruro yPotosí). La justificación de estasintervenciones se tiende a basar en la extrema pobreza de los pastores y la “bajaproductividad” del ganado (i.e. MARENASS, 2005). Tácita o intencionalmente, estasestrategias buscan transformar los sistemas de producción tradicionales para fortalecer laproducción de alpaca con fines mercantiles.Los resultados hasta el momento han sido mixtos. La continuación del conflicto armadoen Cachemira, en la frontera de India y Pakistán, ha significado un estancamiento de laproducción en la zona de pastoreo tradicional del principal competidor natural de la fibrade alpaca en el mercado mundial, la lana de cabras Pashmina (Capra aegagrus variedadhircus), y un desplazamiento de la zona de producción hacia China y Australia. Sinembargo, las fibras sintéticas, la creciente producción de lana de alpaca en Australia,Canadá, Estados Unidos, Nueva Zelanda y el Reino Unido, entre otros, así como laespeculación en los mercados de fibras agroindustriales, pintan un panorama incierto parala producción mercantil.Una lectura arqueológica y antropológica sugiere, más bien, que los magros logros de losesfuerzos por “generar desarrollo” a partir de la explotación mercantil del pastoreo decamélidos -pese a la inversión de recursos estatales- indicados por los altos niveles demalnutrición, analfabetismo, cobertura de salud e ingreso per capita entre pastorestradicionales altoandinos, así como por el continuo retroceso de los camélidos,especialmente de la llama y el guanaco- sugieren la existencia de inconsistenciasconceptuales profundas. Su común denominador es el débil y ahistórico desarrolloconceptual del vínculo entre la tecnología indígena del pastoreo y los modelos dedesarrollo centrados en la producción de excedentes para el mercado. La amplitud yprofundidad de la brecha entre la explotación comunal con fines de subsistencia comoparte de un sistema agropastoril anclado a un paisaje vivido y cargado de significadosculturales y los modos de producción y conceptualizacion biologicista típicos de laganadería industrial, explica en parte el magro éxito mercantil de los diversos esfuerzos15Esta iniciativa para alpacas laneras es auspiciada por el Consejo Nacional de Camélidos Sudamericanos(CONACS), órgano del Ministerio de Agricultura del Perú y se ha limitado inicialmente a 276 individuos.(FUENTE).
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas64por reintroducir alpacas en antiguas áreas de pastoreo hoy desprovistas de alpacas, comola sierra norte del Perú, y algunas de las consecuencias no anticipadas.La reciente adopción de alpacas por parte de comunidades tradicionales asentadas enzonas ganaderas de gran antigüedad, reviste interés y promesa por tres motivosprincipales. El primero es que numerosas comunidades indígenas y campesinas hanmantenido complejas formas de organización social de producción agro-pastoril en pisostérmicos complementarios, no obstante la extinción local de los camélidos andinos. Lareinserción de estos animales en sistemas establecidos, es una respuesta a crecientespresiones sobre los recursos, especialmente la tierra. La versatilidad y originalidad de lasrespuestas prácticas desarrolladas por grupos de campesinos indígenas organizados,contrasta marcadamente con su estigmatización como “tradicionales” y “atrasados.”En segundo lugar, las sofisticadas tecnologías indígenas desarrolladas para el manejo, laintensificación y expansión de la actividad pecuaria a lo largo de milenios sonirreductibles a “costumbres ancestrales” y “restos materiales”. Estos últimos incluyenejemplos monumentales de infraestructura hidráulica en funcionamiento parcial,incluyendo cientos –y probablemente miles- de hectáreas de bofedales artificiales. Lareutilización de estos espacios transformados confronta a los actores con su pasado deuna manera directa y positiva. La práctica de las tecnologías indígenas del pastoreoarticulan el patrimonio cultural –material e inmaterial- manteniéndolo vivo mediante sutransformación.Finalmente, la orientación mercantil de la “reintroducción” de alpacas propugnada por losdiferentes gestores del desarrollo activos en la zona de estudio, no encaja con las formaslocales de organización social del trabajo. El rechazo tácito de la imposición demuestraque la adopción táctica de camélidos por parte de los actores locales –con fines, objetivosy estrategias propios- es la única con forma de repoblamiento viable a mediano y largoplazo. Es menester recordar que se trata de un proceso reciente que viene tomadodiferentes caminos y énfasis, desde la explotación microempresarial para el turismo,hasta el autoconsumo de carne y la producción de fibra a nivel comunal. Cabe hacer unaevaluación real y detallada del impacto de cada una de las reintroducciones, para lograrun mejor panorama de un gran número de procesos históricos paralelos, pues elcrecimiento de los hatos y rebaños es silencioso, a la vez que transformador.
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas65Las tecnologías agroforestales andinasA diferencia de la gran llanura Amazónica, donde encontramos decenas de tipos debosque y aprovechamiento nativos -incluyendo bosques cultivados por el hombre ycaracterizados por una alta proporción de plantas útiles (cf. p.ej. Denevan 2001)- en lacosta y las cordilleras andinas es raro hallar extensiones continuas y significativas debosque nativo. Por lo general, se encuentran parches dispersos de reducida extensión,frecuentemente en laderas escarpadas y poco accesibles. El paisaje arbóreo serrano actualse caracteriza más por los eucaliptos y pinos -importados en la época republicana- quepor los árboles nativos. Sin embargo, la actual escasez de bosques en los Andes es elresultado directo de la acción humana a lo largo de milenios.La capacidad de los bosques andinos para regular los flujos de aguas de lluvia, alimentarla napa freática, manejar la erosión de suelos, mejorar la retención de sedimentos ynutrientes en el suelo, además de la variada producción de madera, frutos, plantasmedicinales, aromáticas y forrajeras, es ampliamente reconocida (p.ej. Fjeldsa y Kessler1996; Valdieso 1996). Por ello, la constatación del impacto humano sobre el paisajeandino ha tenido consecuencias profundas para la investigación. No obstante, la historiadel uso y manejo de los bosques andinos es una preocupación académica reciente. Elmito del paisaje americano prístino, según el cual se pensó -durante mucho tiempo- queel paisaje andino siempre fue como es actualmente (Denevan 1992) ha sidoperniciosamente influyente. La marginalidad de su estudio frente al interés por las selvastropicales de las tierras bajas de las cuencas del Océano Pacifico y de los ríos Amazonasy Orinoco se desprende fácilmente de la escasez de publicaciones y es recién con elresurgimiento del interés por temas ambientales en la década de 1970 que se inicia unproceso de estudio y reevaluación de esta equivocada hipótesis romántica (excepcionesincluyen: Yacovleff y Herrera 1934 y Strong 1955).El estudio de la historia del medio ambiente por parte de geógrafos y arqueólogosinteresados en la ecología del pasado, y preocupados por la cobertura boscosa de lasserranías andinas, ha permitido, en primer lugar, describir los impactos de las distintasformas de aprovechamiento sobre los bosques; principalmente a partir del análisis decambios en la composición de las lluvias de polen depositadas y preservadas en lagosaltoandinos como el lago Junín (Wright 1980, Wright y Bradbury 1975) y la laguna dePaca (Hansen et al. 1994) en la sierra central del Perú y la laguna Marcacocha en la sierrade Cusco (Chepstow-Lusty et al. 1997, 1998, 2003; Chepstow-Lusty y Winfried 2000).En segundo lugar, los cambios climáticos se han venido integrando en lasinterpretaciones arqueológicas del pasado. Sin embargo, se ha dado mayor énfasis a lasperturbaciones de corta duración, cíclicas y cataclísmicas ocasionadas por el fenómeno deEl Niño (p.ej. Sandweiss et al., 1996, 1997; Shimada et al., 1991), que a los procesoslentos y de largo alcance. Persisten por ello, grandes lagunas de conocimiento en torno alas respuestas culturales a condiciones de cambio climático en el pasado, especialmenteaquellos procesos culturales de transformación del paisaje que involucraron el manejo debosques y la siembra de árboles para estabilizar y enriquecer el entorno.Breve historia del manejo de los bosques andinos
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas66A grandes rasgos y en base a la limitada evidencia disponible, es posible diferenciarcuatro principales etapas históricas vinculadas al retroceso de los bosques andinos; etapascada vez más cortas pero de un impacto creciente. Las dos primeras se remontan a laépoca precolonial. La fase inicial abarca la historia de los primeros pueblos, dedicados ala cacería, pesca y recolección, que transformaron el paisaje prístino utilizando el fuegopara propiciar la cacería y favorecer la propagación de determinadas especies animales yvegetales. Esta etapa inicial, tuvo entre 6.000 a 8.000 años de duración (aprox. 12.000 a5.000 AP), pues la adopción de la agricultura fue marcadamente dispareja en los Andes.Es probable que la deforestación de la puna, ligada a una estrategia centrada en propiciarla caza de cérvidos y camélidos, se inicie en ésta fase, antes que la deforestación de losvalles interandinos y costeros.Los pueblos organizados de agricultores y pastores profundizaron la transformacióninicial para ampliar su frontera productiva, desarrollando estrategias de manejo debosques aún débilmente comprendidas. Sin embargo, las prácticas agroforestales y depropiciación de bofedales (ver capitulo 4) identificadas para los últimos siglos deocupación originaria demuestran la importancia que los pueblos indígenas daban almanejo y cuidado de ecosistemas clave, así como una alta sofisticación de estastecnologías del paisaje. Las fuentes etnohistóricas ofrecen algunas pautas concretas sobrelas formas que tomaba el manejo indígena de los bosques andinos.En primer lugar, sabemos de la existencia de prácticas agroforestales andinas, puesdiferentes pueblos sembraban árboles en el pasado. El cronista andino Joan de SantacruzPachacuti Yamqui Salcamaygua (citado en Chepstow Lusty y Winfield 2000) , porejemplo, refiere entre las dedicaciones de Viracocha Inca Yupanqui, el plantar alisos(Alnus acuminata), kishwar (Polylepis spp.), chachacoma (Escallonia spp.) y molles(Shinus molle). En segundo lugar, existen palabras distintas para designar árbolessilvestres y sembrados en el quechua del siglo XVI. Esta diferenciación entre árbolessembrados mallki y árboles silvestres sacha es sugerente, pues indica que la práctica desembrar árboles sea de gran antigüedad (Chepstow Lusty y Winfield 1999: 323). A nivelsimbólico es importante recordar que la palabra mallki era también utilizada paradesignar los bultos mortuorios conteniendo restos humanos momificados de ancestrosdestacados (Sherbondy 1986). Si bien la metáfora árbol-ancestro recuerda en algo lafigura del “árbol genealógico” proveniente de Europa, las implicancias cosmológicas demallki en el mundo andino son distintas. Los ancestros mallki se hallan estrechamentevinculados a las montañas, su lugar de residencia simbólica (Gose 1993). Como losbosques nativos se hallan principalmente en las laderas de altas montañas, es posible queel uso de la metáfora mallki destacara la relación de los ancestros, las montañas y losbosques como elementos clave del ciclo del agua y que estos lugares estuvieranimplícitos en las prácticas de veneración de ancestros vinculadas a la propiciación delluvias mucho antes de los Inkas.Las trayectorias históricas de las formas de manejo indígena del paisaje se interrumpenabruptamente el siglo XVI, dando lugar a una tercera y acelerada etapa de retroceso delos bosques andinos. Pese al colapso poblacional, la tasa de destrucción de bosques se
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas67incrementa dramáticamente, debido principalmente a la demanda de carbón de molle yhuarango (Prosopis spp.). Las crónicas no dejan duda que la disminución de bosquesestaba directamente vinculada a las demandas de combustible para herrarías, ladrilleras,la manufactura de cal, panaderías y cocinas de tipo mediterráneo, dando lugar a unasituación alarmante, incluso para los peninsulares de la época. La escasez de leña escitada por Henostroza como uno de los motivos que impulsaron a Francisco Pizarro aabandonar Hatun Xauxa y trasladar la capital del Virreinato del Perú a Lima en 1535(Henostroza 1965). Ese mismo año el Cabildo de Lima, alarmado por el avance de ladeforestación, ordena la siembra de nuevos árboles (Rostworowski 1981). La repeticiónde la orden el año siguiente, al parecer tampoco dio resultado pues ya para 1539 Salazarde Villasante (citado en: Rostworowski 1981) anota que la deforestación alcanzaba tresleguas a la redonda de la ciudad (ca. 17km). Esto no es sorprendente, pese a multascrecientes (Rostworowski 1981), si tenemos en cuenta que la cantidad de leña utilizadapor una familia española en un día podía suplir las necesidades de una familia indígenadurante un mes (Cobo 1897 [1639]; cf. Beresford Jones 1996: 42-49; Chepstow-Lusty yWinfield 2000: 322-323).El impacto de la colonización marca esta tercera fase histórica de retroceso de losbosques andinos, el cual ha sido particularmente dramático para los bosques de los vallesde la costa desértica del litoral Pacifico. Los primeros cronistas europeos describen unaamplia cobertura boscosa en todos los valles, cuya frondosidad y belleza en la década de1530 son elocuentemente descritas por Pedro Cieza de León. Los peninsulares coinciden,que los bosques costeros eran dominados por el huarango, árbol erróneamenteidentificado como emparentado con el algarrobo de la península ibérica (Ceratoniasiliqua). Este error persiste (Vildoso 1996), lo cual ha entorpecido significativamente elreconocimiento de una gran diversidad de especias endémicas del género Prosopis,algunas de ellas muy especializadas y en riesgo de extinción (véase:http://www.kew.org/scihort/tropamerica/peru/news.htm). Según Yacovleff y Herrera(1934), D’ Antoni y Solbrig (1977) y Vildoso (1996) el nombre quechua del huarango,Thaccu o Taco (sic.)16, significaría “el árbol”, lo cual sería indicativo de su ancestralimportancia; económica, ambiental y simbólica. Algo similar podría deducirse de ong, sunombre en el idioma Yunga (Rostworowski 1981), voz posiblemente emparentada conhuarango17.Los valles de Ica, Nasca, Guambacho (Nepeña), Casma, Chicama, Guadalupe (¿?) yCatacaos son identificados por Cobo como los más ricos en bosques de huarango, ademásde distinguir “cinco o seis especies de árboles que llaman guarango que producen frutoscomestibles similares a los algarrobos (…) Los frutos del guarango son buenos paracomer y los Indios hacen harina y pan de ellos. En algunas partes, los nativos tienenpoco sustento que estos frutos” (1897 [1653]). Pese a una gran cantidad dereferencias sobre los múltiples usos y bondades de los frutos, la madera, la resina, la16T’aku o taku según la grafía quechua estándar moderna.17Es posible que la voz “huarango” se derive de una contracción de la voz castellana “vara” y la vozYunga “ong”, utilizada para designar maderos rectos -de ong- que los europeos buscaban para susconstrucciones, a diferencia de las retorcidas y nudosas ramas y horcones utilizados para casas y cercastradicionales.
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas68hojarasca (poño) y la fauna asociada a los bosques de huarango (ver p.ej. Beresford-Jones1996), el interés de los cronistas no parece haberse extendido a las formas indígenas de sumanejo. Sin embargo, dada la tremenda importancia de los bosques para la ocupaciónhumana en uno de los desiertos más áridos del planeta, cabe poca duda de la existencia deprácticas agroforestales indígenas de profundo arraigo.La última y actual fase de impacto humano sobre los bosques andinos se inicia con laindustrialización a fines del siglo XIX. Se trata, sin lugar a dudas, de la más devastadora.Sin embargo surgen a la par, ya en el siglo XIX, los primeros intentos por salvaguardarlos relictos de bosque en parques y reservas naturales controladas por el estado. Elejemplo más dramático probablemente es el uso masivo de leña nativa para alimentar lascalderas de las locomotoras y para los durmientes de las líneas férreas impulsadas por lasjóvenes republicas andinas a fines del siglo XIX. Buena parte de ellas hoy se hallancubiertas por el desierto (Vildoso 1996) o simplemente abandonadas (Fig. 1).Las relaciones de carga marítima a lo largo del siglo XIX incluyen numerosas referenciasal transporte de carbón de huarango hacia Lima (Rostworowski 1981). Un estimadoconservador sugiere que unas 200.000 hectáreas de bosque fueron destruidas en la costadel Perú entre 1950 y 1980 (Grados y Cruz 1996). No hemos logrado hallar aúnestimados de las tasas de deforestación para la sierra, pero la situación en las zonas yregiones mineras, conectadas por trenes fue sin duda similar.El crecimiento poblacional y las mayores demandas de combustible y de madera para laconstrucción han dado paso a la necesidad de reforestación y a la implantación de lasilvicultura con especies foráneas mencionada líneas arriba. La reforestación con pinos yeucaliptos, impulsada a gran escala por el estado y ONGs desde mediados del siglo XX,ha permitido reducir significativamente la presión sobre los bosques nativos, resolviendouna aguda demanda de combustible, especialmente en el ámbito rural. El crecimiento deárboles nativos es lento en comparación con las especies exóticas. Así, mientras unkeñwal produce entre 2 y 3m³ de madera al año un eucalipto puede producir 10m³(Fjeldsa y Kessler 1996:43).Sin embargo, los negativos efectos ecológicos de pino y –especialmente- el eucaliptolimitan su utilidad para el control de la erosión a largo plazo (Poore y Fries 1987;Lisanework y Michelsen 1993, citados en Fjeldsa y Kessler 1996:43). Los eucaliptosconsumen mucho agua; hasta 500 litros diarios para un árbol maduro. Sus hojascontienen componentes tóxicos, especialmente fenoles, que penetran en el suelo eimpiden la germinación de otras plantas, y no favorecen la anidación de aves. Por lomismo, no favorecen la formación de suelos orgánicos y reducen la cantidad de nutrientesen el suelo. Las hojas y tallos jóvenes no sirven como forraje y la formación de gotasgrandes en las hojas puede incluso acentuar la energía de impacto, incrementando elefecto erosivo de la lluvia. Adicionalmente, la monocultura de eucalipto facilita lapropagación de pestes, afectando la rentabilidad de la silvicultura. Sin embargo, elprincipal efecto nocivo probablemente es el social. A diferencia de la leña de árbolesnativos, considerada un bien común, la leña de eucalipto es considerada un biencomercial, lo cual afecta negativamente el tejido social, en tanto reduce la solidaridad
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas69entorno al mantenimiento y protección –necesariamente colectivos- de los bosquesnativos remanentes (Fjeldsa y Kessler 1996: 43-44).Es posible, como lo sugiere el geógrafo americano Daniel Gade (1999), que la mitad delretroceso de bosques andinos, de su estado prístino a su estado actual, se haya dado en losúltimos 500 años (fases 3 y 4), mientras que la otra mitad habría sido causada por diezmilenios de ocupación indígena (fases 1 y 2). Estudios recientes en el valle de Cuzqueñode Patacancha, mayormente desprovisto de bosques ya hacia hace mas de 4000 años,indican que el siglo XX ha sido el mas devastador de la historia para el aliso -yposiblemente otras especies nativas- (Chepstow-Lusty et al. 2003) a la vez que sugierenque este cambio se debe principalmente, no a la introducción de pinos y eucaliptos per se,sino al el marcado retroceso de las formas comunales de tenencia y manejo de bosques(Chepstow-Lusty y Winfield 2000).Prácticas agroforestales andinasDe cara al panorama poco alentador presentado líneas arriba, la investigación entorno alas prácticas agroforestales en el pasado encierra un potencial considerable. En términosde la investigación es un campo incipiente, joven y amplio. La evidencia directa –paleoecológica-de practicas agroforestales andinas, data principalmente de la década de1990 y se limita a los estudios realizados sobre columnas de sedimentos, como aquella -de 6.3m de largo- extraída de la recientemente colmatada laguna de Marcacocha, ubicadaa 3300m de altitud en el valle de Patacancha18. Los análisis a alta resolución del polen ylos sedimentos depositados en el fondo de esta laguna, sugieren a los investigadores delequipo liderado por el botánico británico Alex Chepstow-Lusty (2000, 2004) que el alisofue utilizado para reforestación a gran escala desde el año 1100 de nuestra era,aproximadamente. Esto concuerda a grosso modo con los resultados obtenidos porHansen y colegas (1994) en la laguna de Paca, en la sierra central del Perú. Sin embargo,para responder inquietudes en torno a las tecnologías agroforestales particulares a unaépoca o región determinadas será necesario realizar más estudios en lagunas cercanas azonas agrícolas.La promesa del estudio con vistas a mejorar las presentes prácticas agroforestales, encambio, se desprende de la necesidad de alternativas de manejo, urgida no sólo por elcontinuo retroceso de los bosques, sino también por los acelerados procesos dedegradación de suelos que actualmente se vive en los Andes (Barrantes 2005). Sinembargo, no hemos logrado tener noticia de estudio alguno en este sentido. Por elloofrecemos -a modo de ejemplo- algunas observaciones en torno a dos sistemasagroforestales indígenas en los escarpados valles interandinos del alto Marañón, casual ytentativamente identificados durante las labores de prospección arqueológica realizadaspor el autor.18La gran mayoría de estudios palinológicos en los Andes se han realizado en lagunas de altura, por encimadel limite de bosques y cultivos y han enfocado la historia ambiental en escalas temporales geológicas, másque históricas y culturales.
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas70El alto MarañónEl estrecho y ramificado valle del río Ashnocancha, en la región de los Conchucos, secaracteriza por ser seco y sumamente empinado, a la vez que objeto de un intenso usoagrícola, principalmente entre los siglos VI y XVI de nuestra era. El estrecho lecho delvalle abarca principalmente la estrecha franja de transición entre las ecozonas Quechua yYunga, entre los 2500 y 2000m, por lo que este se ve afectado por la sombra de lluviaproyectada por las altas montañas circundantes.La cobertura vegetal dominante es arbustiva, con relictos de bosques en galería a lo largode los cursos de agua, dominados por el molle pero incluyendo árboles de los génerosRosacea (lloque) y Bombacacea (pati)19. En las colinas y laderas secas se encuentranparches de tara (Caesalpina spp.), algunos de ellos extensos. Dispersos en el paisaje sehallan parches de árboles frutales –cítricos, palta (aguacate), chirimoya y lúcuma,principalmente, algunos de los más extensos abandonados recientemente, luego de lascrecidas ocasionadas por el evento de El Niño de 1998-1999.La prospección arqueológica reveló la existencia de dos antiguos sistemas de camposaterrazados en la estrecha terraza aluvial de fondo del valle; antaño estos eran irrigadosmediante canales que recogían y derivaban las aguas de escorrentería para y de losescasos manantiales locales, para reunirlas en quebradas estacionales parcialmenteencauzadas con muros de piedra. Así, pese a su aridez aparente y marginalidad actual, elpaisaje del bajo Ashnocancha da cuenta de la profunda importancia agrícola de losreducidos parches de fondo de valle ubicados en la ecozona Yunga para las culturasMarañón e Inka, entre los 1400 y 570 años AP (Herrera 1998, 1995, 2007). Elreconocimiento también reveló, que esta importancia continuó durante las eras colonial yrepublicana. Las haciendas asentadas en la zona, mantenían sombríos frutícolas en elfondo del valle, incluso reutilizando las terrazas precoloniales. Algunos de estos enclavesde producción se mantienen en uso luego de la reforma agraria de 1969, pero la tendenciaal abandono continúa hasta la actualidad.No obstante lo anterior, la actual dispersión de las especies arbóreas en la parte baja delvalle del Ashnocancha no se deduce fácilmente de la evidencia disponible en torno a lasprácticas frutícolas republicanas y coloniales. El Sr. Franciso Samaritano, conocedorcampesino del caserío de Huagllapuquio (Distr. San Nicolas, Prov. Carlos F. Fitzcarrald),indicó por ejemplo, que los árboles de chirimoya (Anonácea spp.), lúcuma (Pouterialucuma) y palta (Persea americana) ubicados en las empinadas quebradas al oeste delpueblo (c. 3000m), producen fruta sin que nadie tenga memoria de la siembra de árbolesfrutales en esos lugares.Considerando el evidente impacto humano y la antigüedad de la transformación delpaisaje, es posible que los árboles en las quebradas representen poblaciones que se handispersado a partir de los relictos de un sistema agroforestal centrado entorno a laproducción frutícola en las empinadas quebradas estacionales que alimentaban lossistemas de terrazas, hoy abandonados. Restos de encauzamiento observados en el sitio19Informantes locales adicionalmente señalaron la presencia del árbol waraulla en la ladera media. Enausencia de muestras botánicas, la identificación taxonómica ha resultado imposible.
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas71arqueológico de Yangón, indican que la incisión de algunas quebradas manejadasintensamente hasta la época Inka, ha avanzado 5m desde la conquista.El segundo sistema agroforestales indígena que hemos identificado tentativamente, fueinicialmente considerado como un bosque natural. Un descanso en las labores deprospección permitió percibir la existencia de un parche de bosque de tara (Tinctoriaspp.) de más de una hectárea de extensión en la confluencia de los ríos Arma yAshnocancha. Más adelante notamos que algunos campesinos locales practican larecolección de vainas para venderlas en grandes costales a pequeños comerciantesitinerantes de tara. El volumen de producción exacto es desconocido, pero pudimosobservar camiones de cinco toneladas cargados exclusivamente con vainas tara. Lasemilla de la tara es rica en taninos y gomas (hidrocoloides), por lo que tiene múltiplesusos tradicionales e industriales, como medicina, para la curtiembre y la industriaalimenticia, por ejemplo.La reevaluación inicial de la hipótesis arrojó la posibilidad que se tratase de unaplantación reciente o colonial. Sin embargo, no hemos hallado mención de la siembra detara ni hay mención en los documentos coloniales consultados. Dada la larga e intensaexplotación indígena de la ecozona Yunga, consideramos que la revisión debeprofundizarse, pues resulta probable que los parches de tara del valle del Ashnocanchaobedezcan a una práctica agroforestal indígena hasta ahora desconocida.DiscusiónEn la actualidad el uso de combustibles fósiles ha reemplazado largamente ladependencia de la leña. El valor de los bosques se asocia, principalmente, con su rolecológico, en un contexto de calentamiento global y acelerada pérdida de coberturaboscosa que pone en relieve los múltiples esfuerzos de conservación en la cuencaamazónica, última gran extensión de bosque continuo del planeta. Sin embargo, lapostura de los agentes del desarrollo como el Banco Mundial, continúa enfatizando lacomercialización de madera y pulpa de celulosa como un promisorio motor económicopara impulsar las economías de los países pobres del trópico. Los resultados de laspolíticas alentadas por esta visión de corto plazo, han sido poco alentadores hasta elmomento. La extracción ilegal de madera -impulsada por las demandas de un mercadocreciente y una oferta decreciente- ha superado las capacidades de control de los estados,resultando no sólo en la perdida de ingresos formales, sino en repetidos abusos de losderechos humanos de poblaciones indígenas y tradicionales, llegando incluso adesplazamientos forzados y cruentas guerras por los bosques en Brasil y Colombia, porejemplo. La urgencia impuesta por los atropellos recurrentes y el cambio climáticogalopante impulsan la exploración de alternativas para un manejo de los bosques nativosque incluya, pero vaya más allá, de la conservación de la biodiversidad per se.El panorama en la región andina esta marcado por la ausencia de planes de manejo ycuidado de los pocos parches de bosque andino remanentes. Así, se estima que alrededorde 200.000ha de bosques silvestres son destruidas en Bolivia cada año, mientras que losesfuerzos de reforestación apenas superan las 1.000ha (Camino Velozo 1987). Por otro
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas72lado en el Perú, uno de los principales consumidores de carbón de huarango, son laspollerías, restaurantes especializados en preparar suculentos pollos a la brasa.Recientemente declarado “Patrimonio Cultural de la Nación”, el pollo a la brasa peruano,continúa una tradición depredadora arraigada durante la época colonial, dado que noexisten aún planes de silvicultura o manejo agroforestal que permitan vislumbrar un usosostenible de los decrecientes bosques de huarango de la costa del Pacífico andino.La revisión del emergente campo de estudio de las tecnologías agroforestalesprecoloniales deja entrever que los pueblos del pasado reconocían la importancia de loque los ecólogos denominan los “servicios ambientales” de los bosques andinos. Algunosde los estudios señalados en este capítulo, han surgido de -y se entrecruzan con-esfuerzos de conservación de la biodiversidad. Sin embargo, la evidencia arqueológica,histórica y etnográfica aún no ha sido aprovechada por aquellos proyectos e iniciativas dedesarrollo que se esfuerzan por integrar componentes de manejo de bosques osilvicultura.El manejo de los bosques por parte de los pueblos del pasado, y de algunas comunidadescampesinas tradicionales del presente, es parte integral de sistemas agro-silvo-pastorilesmás amplios, integrados por el uso compartido de recursos de disponibilidad limitada,como el agua y la leña. Es de esperar que los niveles de control centralizado y los gradosde libertad de cada sistema socio-técnico, variarán para cada sistema individual, según lascondiciones ecológicas, sociales e históricas específicas. Seria equivocado recaer en eldeterminismo tecnológico y esperar que las investigaciones futuras develen un ‘sistemaagroforestal andino’ único e inmanente.ConclusionesA lo largo de este informe he intentado de mostrar como la recuperación de tecnologíasandinas permite tender puentes entre el pasado y el presente. Sin embargo, también se hahecho evidente que la manera de concebir las sociedades indígenas del presente –diversas, complejas y débilmente comprendidas- afecta nuestra comprensión de sudesarrollo histórico en el pasado. De manera similar, los análisis –y prejuicios- en torno alos pueblos andinos del presente, afectan las propuestas políticas imbricadas endesarrollos a futuro. Así, aunque el ocaso de la modernidad ha fracturado las narrativasque buscaban explicaciones holísticas de estos pasados, presentes y futuros, persiste unaperniciosa tendencia a naturalizar la pobreza, el “subdesarrollo” y la desigualdad comoresultados de un proceso evolutivo, biológico y único. La historia de la tecnología andinaque esbozamos en estas páginas busca trascender estas teleologías, poniendo en tela dejuicio la fetichización de la que son objeto las tecnologías mecanizadas, en pro de unamirada más justa, acaso más objetiva, de la tecnología como un hecho social total.La recuperación de tecnologías andinas no sólo ofrece una amplia gama de “técnicas” y“capital natural mejorado” para una producción agro-silvo-pastoril sustentable yeficiente. Altas y sostenidas tazas de rendimiento agrícola, por ejemplo, se asocian almejoramiento lento y paulatino de (i.) los suelos –al propiciar horizontes con mayor
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas73contenido orgánico, acondicionar el drenaje en campos inclinados y aplicarestratégicamente ciclos de descanso (barbecho sectorial) y rotación de cultivos; (ii.) delos sistemas de almacenamiento y distribución de agua –al manejar la infiltración paradirigir la permeabilidad puntual de canales y reservorios y elevar la napa freática; y (iii)del germoplasma –al propiciar una creciente diversidad de semillas de plantas adaptadasa la amplia gama de condiciones ecológicas posibles a nivel local, incluyendocondiciones de helada y sequía extremas20. Agua, suelos y semillas, son tan sólo loselementos materiales de tecnologías que necesariamente imbrican saberes, mentalidadesy costumbres, sin embargo, a su vez anclados en formas culturales de relacionarse con elespacio y organizarse socialmente.Recuperar las tecnologías andinas, implica fortalecer la identidad cultural, laindependencia económica y la capacidad organizativa de las comunidades andinas. No setrata de románticos y miopes llamados por retornar a un pasado glorioso, como aquellafamosa exhortación a buscar un Inca por parte de los incipientes estados andinos deinicios del siglo XIX. La inconmensurabilidad de las condiciones políticas y económicasdel presente y el pasado, en particular en lo concerniente al rol regulador de la sociedadpor parte de los mercados “libres” puntualizado por Karl Polanyi a inicios del siglo XX,es puesta en relieve por la reciente ola de tratados internacionales de comercio “libre”.Por ello, hemos buscado repensar los vínculos entre el desarrollo y las tecnologías delpasado para aprender de los errores y aciertos del pasado. La tarea siguiente, demasiadoambiciosa para el espacio disponible en este acápite, será reinventar estos procesos a laluz de estos análisis.Por lo anterior, me centraré aquí en tres temáticas centrales que se desprenden de losresultados presentados en este informe, para mapear un terreno futuro e incierto, a la vezque ofrecer algunas pautas que puedan servir como guía de ruta para el futuro. Acaso elpunto más importante, es reconocer que existen cientos, si no miles de individuos ycomunidades – indígenas y campesinos, tanto como técnicos y académicos, hacendados ycompañías nacionales y transnacionales- que a diario experimentan con la hibridación detecnologías andinas. Para lograr una recuperación de las tecnologías andinas que generedesarrollo, es decir, una revitalización del conjunto productivo de prácticas, saberes yobjetos para ampliar las libertades de los individuos y comunidades que constituyen lasociedad andina, y evitar que los saberes y recursos culturales se reduzcan a una canterade insumos para desarrollar la producción mercantil, será necesario desarrollar y aplicarestrategias políticas que permitan comenzar a saldar aquella deuda histórica con nuestrospueblos que se remonta a la quema de los mallkis ancestrales durante la era colonial.Cabe recordar en este contexto, que la erosión de las tecnologías indígenasconstantemente profundiza relaciones de dependencia. Las presiones constantes, incluyenlas agresivas estrategias de mercadeo para la venta de insumos agrícolas y semillas“mejoradas”, la “ayuda” técnica para el “desarrollo” por parte de agencias estatales y20Es posible que la domesticación de plantas y animales originarios, entendida como un proceso largo yhabitual, continúe en algunas comunidades indígenas y tradicionales pero no hemos hallado investigacionesconcretas al respecto.
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas74ONG, y los bajos precios de los productos andinos en los mercados nacionales einternacionales.Arqueología y desarrollo en teoríaUno de los puntos más sorprendentes que se desprende de la presente revisión de lasaplicaciones prácticas del conocimiento acerca del pasado que la arqueología produce, esla escasez de referentes teóricos adecuados para esta tarea. Específicamente, es menesteratender a la tensión entre los acercamientos pragmáticos e idealistas al desarrollo – lasvías “mercantil” y “campesina” de Gonzáles de Olarte y Trivelli (1999). El primermodelo, dominante, toma el capitalismo de mercado como marco de referencia básico,mientras que el segundo se estructura entorno a comprensiones antropológicas de laseconomías campesinas de subsistencia. La escasez de razonamientos y discusiones entorno a estos modelos es una de las múltiples razones por las que la práctica arqueológicaha sido tan poco efectiva en sus esfuerzos por tender una mano a aquellos campesinostradicionales o indígenas que viven alrededor de los sitios que investigamos, y quefrecuentemente participan en las excavaciones.Sin pretender salvar estas grandes brechas en estas líneas, consideramos pertinenterealizar una breve recapitulación de la discusión a lo largo de las últimas tres décadas, yponer sobre el tapete para la discusión dos conceptos que consideramos clave paraprofundizar sobre la relación entre arqueología y desarrollo: paisaje y patrimonio.Surgida del deseo de voltear la mirada de la arqueología del pasado hacia el presente, laarqueología latinoamericana en la década de 1970 abrazó el materialismo histórico apartir de los planteamientos de Vere Gordon Childe, el más influyente arqueólogo delsiglo XX. El énfasis investigativo en las contradicciones internas de las sociedades delpasado – el surgimiento de la desigualdad social y del estado- y el estudio del desarrollode sus fuerzas productivas iba de la mano con una marcada sensibilidad hacia el rol delarqueólogo como productor de conocimiento y, por ende, como actor político en elpresente. En los Andes, el estudio de sistemas hidráulicos y terrazas bajo este enfoque, ala par del estudio antropológico de las estrategias campesinas en el presente, dio paso connaturalidad a los llamados por una intervención estatal en pro de su recuperación. Sinembargo, estos procesos, iniciados en la década de 1980, han sido acompañados porcontados arqueólogos. En parte, esto probablemente se debe a que los arqueólogostienden a estar poco preparados a nivel teórico para este tipo de intervenciones. Persisteaquella teleología discursiva, enraizada en el determinismo tecnológico mecanicista, queotorga al desarrollo de las fuerzas productivas la primacía como aspecto estructurante dela historia humana. Nos referimos a las bases intelectuales del “evolucionismo” marxistaclásico hasta mediados del siglo XX. Realzar la importancia de los aspectos ideológicosde la tecnología, acaso siguiendo los lineamientos del estructuralismo francés, sería sinduda un paso importante, aunque posiblemente no sea suficiente para resolver este punto.Consideramos que es menester pensar el vínculo entre arqueología y desarrollo como unconjunto de prácticas sociales e históricas, a la vez que situadas. Para ello, es necesariauna base teórica amplia, enfocada en la materialidad de la arqueología dispersa en elpaisaje, es decir, en espacios culturalmente transformados a lo largo de siglos, que son
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas75afectados por el ser humano a la vez que estos influyen sobre el. Reconocer las diferentestrayectorias de uso –fechar terrazas y canales, por ejemplo- es un reto metodológico querepresenta tan sólo una parte del problema. Es menester reconocer también lacontemporaneidad y superposición de significados, a la par que las contradiccionessurgidas de la existencia de regímenes de significación distintos, tanto en el pasado comoen el presente. Dado que la presencia de intereses y grupos de poder disímiles no es unfenómeno históricamente reciente, el estudio arqueológico de los espacios y prácticas denegociación resulta particularmente promisorio en este sentido.Otro concepto importante para enfocar los vínculos entre arqueología y desarrollo y que –como el lector acucioso habrá notado con sorpresa- hemos optado no usar en estaspáginas lo entrecruzado y contradictorio de sus acepciones es la noción de patrimonio.Entre las múltiples confusiones conceptuales, podemos destacar la etimología deltérmino. En su uso popular no son pocos quienes consideran que deriva de patria, en elsentido de estado nación. Sin embargo, son las legislaciones nacionalistas las que tiendena darle esta acepción, otorgando al estado la potestad absoluta, por encima de lapropiedad privada y colectiva de la tierra, y los derechos de uso consuetudinarios yancestrales, incluso de la propiedad intelectual. En realidad el término deriva depatrimonio, en el sentido de aquello que ha de heredarse. Para el caso de las tecnologíasindígenas, estas acepciones son en sumo problemáticas, incluso si restringimos ladefinición a los aspectos materiales de la tecnología –las terrazas, semillas yherramientas, por ejemplo- pues para poder hablar de un patrimonio es necesario nombrara un fallecido. Desde esta perspectiva, hablar de “patrimonio cultural de la nación” niegala existencia de lo indígena en la actualidad, dándolo por muerto. Este es, efectivamente,el tenor de buena parte de la legislación de patrimonio en Argentina y Perú, por ejemplo,tenor que es objeto de múltiples y entrecruzadas contestaciones que no cabe discutir eneste lugar.Si en cambio tomamos una postura más abierta, que responda a las difíciles preguntasentorno a quiénes legan legítimamente a quiénes de una manera generosa, pensando porejemplo en el beneficio de todos, acaso dando prioridad a los más necesitados, nosacercamos a los actuales discursos políticos y pragmáticos de patrimonio. La necesidadde proteger los restos materiales del pasado, entonces, pasa de ser una justificación parala intervención de actores poderosos a un plano utilitarista, sin detrimento de lo anterior.Según esta postura, es menester aprovechar, explotar los “recursos culturales” enbeneficio de la comunidad, ya sea la nación, la región, el distrito o la parroquia, pues lasnecesidades del presente son apremiantes. He aquí el punto de anclaje conceptual dequienes bogan por impulsar el turismo en aras del desarrollo.La realidad, sin embargo, demuestra que si bien el juego con los preconceptos del turistaextranjero funciona -en el sentido que la auto-exotización del pasado y presentepromociona el turismo receptivo de manera efectiva- el grueso los beneficios–las divisas-no “chorrean” a las comunidades locales asentadas cerca a sitios arqueológicosimportantes, como Sipán, Túcume o Sicán, en la costa norte del Perú. Son, en cambio,recursos pasajeros captados principalmente por las agencias de viaje, hoteles, aerolíneas ypor el fisco. En vista que los dueños, directivos y guías de las empresas de turismo rara
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas76vez son miembros de las comunidades locales y que incluso tienden a evitar trabajar conlos comedores y alojamientos comunitarios donde estos existen –el caso de la isla deTaquile es notorio en este sentido- resulta forzado argumentar que la venta ocasional dedulces y artesanías, el trabajo de cocina o limpieza en un hotel equivalen a un desarrollosustentable, sostenible y digno, a la par con la grandeza del pasado que el patrimoniocultural atestigua.En vista de las múltiples ramificaciones de las contradicciones esbozadas, es necesarioimpulsar una vigorosa discusión teórica y conceptual en torno a las diferentes acepcionesde patrimonio y sus consecuencias para las diferentes visiones de lo que constituye eldesarrollo. Un punto de partida importante es el análisis de los entrecruzados intereses delas diferentes dependencias del estado, las empresas privadas, los investigadores, lascomunidades locales y los grupos indígenas. Seguidamente habrá que desarrollar yaplicar herramientas conceptuales adecuadas a una situación histórica compleja y ensumo particular. Las traducciones de trabajos acerca de la situación de heritage oKulturerbe en otros países, informativa en tanto ilumina conceptos emparentados,difícilmente ofrecerá alternativas endógenas de desarrollo basadas en el patrimoniocultural andino.Comunicación y empoderamientoOtra temática que se desprende de los resultados presentados en este informe es que lacomunicación entre los diferentes actores sociales y políticos, necesaria para una exitosarecuperación de tecnologías, constituye un problema. A riesgo de simplificar, podemosdecir que persiste una marcada tendencia vertical en la relación entre los agentes deldesarrollo, el estado, la iglesia, las ONGD nacionales e internacionales, los técnicos yespecialistas, los investigadores -arqueólogos, ecólogos, antropólogos, lingüistas, entreotros- y las comunidades locales. Persiste una tendencia a hablarle a las comunidades,decirles lo que deben hacer, en vez de propiciar diálogos horizontales que tomen encuenta las asimetrías del poder y las particularidades culturales de los distintos agentes.Cabe ante todo, abrir espacios para que los agentes locales –comunidades, parcialidades,sectores y hermandades, por ejemplo- desarrollen visiones de futuro propias, que guíenlas políticas de desarrollo desde abajo.Por su concepción propia e historia, los estados –incluyendo los gobiernos regionales ylocales- así como y la iglesia católica han tendido a buscar soluciones o alternativas para“sus” ciudadanos y feligreses, entre ellos los que consideran más necesitados. En esteproceso, la contratación de especialistas –con frecuencia consultores independientes uONG-, juega un papel fundamental en la generación de los proyectos de desarrolloconcretos. Estos agentes, por lo general se encuentran desligados de los contextos locales.Frecuentemente vienen a conocerlos por intermedio de los mismos contratantes. De estamanera existe el riesgo, particularmente agudo en casos en los que hay urgencia porgenerar un proyecto específico, que los consultores y ONG adopten -parcial o totalmente-las formas de ver y entender la historia y situación local prefiguradas por la situación depoder desde la cual actúan el estado y la iglesia, sin mencionar la posible existencia deprejuicios propios. La consultación con los actores locales, pasa a segundo plano, un paso
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas77obligado, para asegurar el éxito de la implementación de las ideas generadas “arriba”. Laconsultación con los investigadores, por otro lado, es innecesaria pues sus resultadosestán disponibles en textos y publicaciones. En todo caso, su consulta forma parte de latarea de investigar “antecedentes”.La visión vertical del desarrollo esbozada líneas arriba recuerda la discusión sobre losmodelos verticales y horizontales para explicar el surgimiento de los camellones en ellago Titicaca. Consideramos que existe suficiente evidencia de los fallidos y exitososproyectos de rehabilitación para inclinarse a favor de un modelo de corte horizontal. Eneste contexto, es interesante remarcar el gran giro dado en Bolivia por del Programa deSuka Kollus (PROSUKO), el cual pasó de ser una de las tantas ONGD involucradas en larehabilitación e campos elevados por la vía asistencialista en las décadas de 1980 y 1990,a una ONG dedicada a la transmisión horizontal de saberes campesinos para la gestión deriesgos y facilitar el acceso a micro-créditos (com. pers. Eddy Morales, octubre de 2007).El eje de su labor es la capacitación de “técnicos agrónomos indígenas” o yapuchiris, lacual se limita a facilitar el uso de herramientas de comunicación efectivas –cámarasfotográficas, grabadoras y computadoras para realizar presentaciones multimedia con elprograma Powerpoint - para difundir conocimientos entre asociaciones de productorespara mejorar las tasas productivas (Fundación Agrecol Andes y PROSUKO, 2006). Así,han ayudado a recuperar saberes aymaras en torno a diferentes bioindicadores para laprevisión del clima y el uso de “caldos” de hierbas para tratar cultivos afectados por laheladas, entre otros. Es interesante notar que la demanda de los “servicios” ofrecidos porlos yapuchiris –pagaderos al contado o crédito- raras veces gira en torno a larehabilitación del hardware productivo -terrazas y camellones- siendo de mayorimportancia la demanda de conocimientos prácticos aplicables a situaciones concretas.Consideramos que el éxito de los programas iniciados por PROSUKO se debe en buenamedida al uso del idioma aymara, en tanto ayuda a nivelar las asimetrías del poder másextremas y contribuye al empoderamiento de los actores locales.Desfetichizar la tecnologíaA lo largo de este informe he buscado mostrar que la valoración negativa de lastecnologías indígenas y tradicionales responde a condiciones históricas particulares y essostenida por la fetichización de las tecnologías mecanizadas. Se trata de un procesolargamente preteórico, cercanamente vinculado a las profundas raíces en la modernidadde la ciencia occidental. Tal y como Lemmonier (1993) y otros han recalcado, latecnología es irreducible a un conjunto de “cosas”, “saberes” o “maneras de hacer”divorciado de su contexto social, histórico y cultural específico. La tecnología es unhecho social total que involucra los aspectos económicos y políticos de los objetos y suuso productivo tanto como sus facetas sociales, religiosas y culturales. Es por ello quepreferimos la definición de tecnología como un conjunto de prácticas sociales, imbricadoen redes sociales tejidas alrededor de objetos, lugares en el paisaje y conocimientosculturales específicos.Pese a los crecientes esfuerzos por destronar el mito de la superioridad de la agriculturaindustrializada desde diferentes ángulos –incluyendo la agroecología, las reivindicaciones
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas78indígenas, los derechos campesinos, la inseguridad alimentaría y el movimiento en pro deun comercio justo, entre otros- es menester reconocer que su existencia justifica -a la vezque se basa en- profundas asimetrías de poder.Para finalizar, deseo exponer a quienes tengan interés por aplicar prácticas productivasdel pasado en el presente los beneficios de mirar y aprender del presente. Comunidadeslocales e individuos han reinventado las tecnologías recuperadas por “especialistas”, yofrecidas por agentes del desarrollo como recetas listas para usar. En algunos casossimplemente no las han aceptado. En otros, han logrado adaptarlas con éxito según susdeseos y necesidades, mostrando en ello una sorprendente originalidad. Finalmente,existen individuos, familias y comunidades que actualmente están reinventandotecnologías adaptadas a sus necesidades, basadas en su propio patrimonio y experiencias.Los investigadores y agentes del desarrollo aún tienen un largo camino que recorrer paraconectarse con estas instancias indígenas de reapropiación de la cultura material delpasado. Un paso importante es reconocer que –a diferencia de los contextos urbanos enque se halla inserta la mayoría de los agentes del desarrollo- la subsistencia y lasustentabilidad a largo plazo, tienen precedencia frente al dinero en el ámbito rural.La razón principal es que los acercamientos a la tecnología son cándidos, en el mejor delos casos. El determinismo tecnológico se halla profundamente enraizado en laarqueología. La fetichización de la tecnología es característica de la misma modernidadde la cual surgen las disciplinas académicas de la arqueología, la antropología y lasociología. He allí una parte esencial del problema, en tanto se trata de una visióncompartida con ingenieros y muchos otros profesionales. Si bien existe la urgentenecesidad de invertir en la investigación y el desarrollo de las tecnologías andinas, esmenester pasar a encarar el posibilismo tecnológico para evitar los errores del pasado.La práctica tecnológica por parte de algunas comunidades indígenas en la actualidad, encambio muestra maneras simples y efectivas en las que es posible desfetichizar lastecnologías del pasado mediante su resignificación e incorporación en paisajes habitadosy cargados de significado. Reconocer la importancia de estos procesos es la clave para elfuturo de la recuperación de las tecnologías andinas.
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas79BIBLIOGRAFIAAcselrad, Henri 2006. "Las políticas ambientales ante las coacciones de laglobalización".Alimonda. Los tormentos de la materia. Aportes para una ecologíapolítica latinoamericana. (Buenos Aires: CLACSO, Consejo Latinoamericano deCiencias Sociales).Agrawal, Arun 2002. "El conocimiento indígena y la dimensión política de la clasificación." enRevista internacional de ciencias sociales(173).Aguilar Díaz, Miguel 2006 "Surgimiento de las Sociedades Complejas en los Andes Centrales.Una Perspectiva desde el Valle de Huaura, Perú.", Monografía para optar el TítuloProfesional de Licenciado en Arqueología, Universidad Naional Federico Villarreal,Lima.Altieri, Miguel (eds.) 1987. Agroecology. The Scientific Basis of Alternative Agriculture.(Boulder, CO: Westview).Alvarez, Silvia G. 1984 "Informe preliminar Proyecto Tecnologia Agricola". AID/ESPOL-EDAArea Antropologica,Alvarez, Silvia G. (eds.) 2004. Comunas y comunidades con sistemas de albarradas.Descripciones etnograficas.(Quito: Abya-Yala-ESPOL).Antunez de Mayolo, Santiago E. 2004. Sistema precolombino de prevision del clima. (Lima:Impresiones Benito).Arce, Juan 1990. "Problemática alpaquera".Guerrero Figueroa y Blanco Aguilar. La alpaca en elnorte peruano: II encuentro alpaquero. (Lima: Equipo de desarrollo agropecuarioCajamarca. EDAC - Centro de investigación, educación y desarrollo. CIED - Consejonacional de ciencia y tecnología. CONCYTEC).Arocena, Rodrigo y Peter Senker 2003. "Technology, Inequality, and Underdevelopment: TheCase of Latin America." en Science, Technology & Human Values. 28(1).Arriaza, Bernardo 1999. Beyond death: the Chinchorro mummies of ancient Chile. (WashingtonSmithsonian Institution Press).Arriaza, Bernardo 2003. Cultura Chinchorro. Las momias más antiguas del mundo. (Santiago:Editorial Universitaria).Arriaza, Bernardo y Vivien Standen 2002. Muerte, Momias y Ritos Ancestrales. (Arica:Ediciones Universidad de Tarapacá).Aunger, Robert 2003. "Technology as the anthropology of cultural practice." en CurrentAnthropology. 44(4).Avendaño, Diego y Joana Cervilla 2007. "Tierra de Todos." en Pontificia Universidad Católicadel Perú. PUCP. 1(12).Ayala, Patricia, Sergio Avendaño y Ulises Cárdenas 2003. "Vinculaciones entre una arqueologíasocial y la comunidad indígena de Ollagüe (región de Antofagasta, Chile)." en Chungara,Revista de Antropología Chilena. 35(2).Baldini, Lidia 2003. "Proyecto arqueología del valle Calchaquí central (Salta, Argentina). Síntesisy perspectivas." en Anales Nueva Época. 6Bandy, Matthew S. 2005. "Energetic efficiency and political expediency in Titicaca Basin raisedfield agricolture." en Journal of Anthropological Archaeology. 24Barbero, Jesús Martin 2005. "Tecnología y Sociedad." en Revista de Estudios Sociales(22).Barbieri, Katherine 1996. "Economic Interdependence: A Path to Peace or a Source of InterstateConflict?" en Journal of Peace Research. 33(1).Barreda, Luis 1983. "Evolución del pastoreo y de la agricultura en el área de Cusco, vista desde laarqueología".Fries. Evolución y tecnología de la agricultura andina. (Cusco: Institutoindigenista interamericano - IICA/CIID).Batchelor, Bruce E. 1980. "Los camellones de Cayambe en la sierra de Ecuador." en AmericaIndigena. XL(4).
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas80Bauer, Brian S. 1998. The sacred landscape of the Inca : the Cusco ceque system. (Austin:University of Texas Press).Bauer, Brian S. (eds.) 2007. Kasapata and the Archaic period of the Cuzco ValleyMonographs.(Los Angeles: Cotsen Institute of Archaeology at UCLA ).Berastain, Juan Pablo 1999. Waru waru: Cultura y desarrollo en el altiplano del Titicaca. (Puno,Perú: PIWA-PELT).Beresford-Jones, David 2000 "Putting the Tree back into the Landscape: Towards Reconstructingthe Pre-Hispanic Prosopis Forests of the Peruvian South Coast", Ph.D., University ofCambridge, CambrigeBerman, Marshall 1989. Todo lo sólido se desvanece en el aire: la experiencia de la modernidad.(México: Siglo XXI Editores).Bolin, I. 1987 "The organization of irrigation in the Vilcanota Valley of Peru", Tesis doctoral(Ph.D.), University of Alberta, EdmontonBolivia, Gobiernos de Perú y 1999. Fomento del uso de tecnologías adecuadas para laproducción agropecuaria sustentable del altiplano de Perú y Bolivia. (La Paz, Bolivia).Bonavia, Duccio 1996. Los Camelidos sudamericanos (Una introduccion a su estudio). (Lima:Institut Francais d Etudes Andines, Universidad Peruana cayetano Heredia, ConservationInternational).Bouchard, J.F. y P. Usselmann 2006. "Espacio, medio ambiente y significado social de loscamellones andinos".Valdez. Agricultura Ancestral. Camellones y Albarradas. (Quito:IFEA-Abya Yala).Browman, David L. 1990. "High altitude camelid pastoralism of the Andes".Galaty y Johnson.The world of pastoralism. Herdings systems in comparative perspective. (Guilford:Belhaven).Brundtland, G.H. (eds.) 1987. Our common future.(Oxford: O.U.P.).Brush, Stephen B. 1980. "Environment and native andean agricolture." en América Indigena.XL(1 ).Burger, Richard 1992. Chavin and the Origin of Adean Civilization. (Londres: Thames andHudson).Cabrera, Daniel H. 2006. Lo tecnológico y lo imaginario. Las nuevas tecnologías como creenciasy esperanzas colectivas. (Buenos Aires: Biblos).Caillavet, Chantal 2004. "Campos elevados en el norte de Ecuador. La historia y los desafios delmanejo autoctono de los ecosistemas del altiplano y los llanos tropicales".RestrepoArchila. Saberes de vida: por el bienestar de las nuevas generaciones. (Bogota: Siglo delHombre - UNESCO).Calle Escobar, Rigoberto 1982. Producción y mejoramiento de la alpaca. (Lima: Banco Agrariodel Perú).Campana, Cristobal 1983. La vivienda Mochica. (Trujillo: Varese).Canahua, Alipio, Mario Tapia, Antonio Ichuta y Zacarias Cutipa 2002. "Gestion del espacioagricola y agrobiodiversidad en papa y quinua en las comunidades campesinas dePuno".Pulgar-Vidal, Zegarra y Urrutia. Sepia IX. (Lima: Seminario permanente deinvestigación agraria; Fundación Mac Arthur Grant; Oxfam GB; Consorcio deinvestigación económica y social; Care Puno).Canziani Amico, José 2007. "Paisajes culturales y desarrollo territorial en los Andes." enArquitectura y Ciudad. Cuadernos. 5(Edicion.Digital_001).Capriles Flores, José M. 2003. "Arqueologia e identidad etnica: el caso de Bolivia." en Chungara,Revista de Antropología Chilena. 35(2).Carbajal Zegarra, Martín 1990. "Nuestra alpaca: alternativa y tecnología".Guerrero Figueroa yBlanco Aguilar. La alpaca en el norte peruano: II encuentro alpaquero. (Lima: Equipode desarrollo agropecuario Cajamarca. EDAC - Centro de investigación, educación ydesarrollo. CIED - Consejo nacional de ciencia y tecnología. CONCYTEC).
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas81CARE-Perú 2005. Memoria Institucional. (Lima).Cari Choquehuanca, Angel y Ciro Camacho Arce 1992. Principios tecnicos para lareconstruccion y produccion agricola en waru waru. (Puno: PIWA-PELT/INADE-IC/COTESU).Carman, John 2002. Archaeology & Heritage. An Introduction. (London, New York:Continuum).Caro Figueroa, Gregorio 1970. Historia de la gente decente en el norte argentino de Güemes aPatron Costas. (Buenos Aires: Ediciones del Mar Dulce).Caro Figueroa, Gregorio 2006 "A cuarenta años de Historia de la Gente Decente." en Iruya.com.En <http://www.iruya.com/content/view/10819/230/>Casas, Rosalba 1991. "La biotecnología y su incidencia en los problemas ambientales enMéxico." en Revista Mexicana de Sociología. 53(2).Cash, David W. 2001. "In Order to Aid in Diffusing Useful and Practical Information:Agricultural Extension and Boundary Organizations." en Science, Technology & HumanValues. 26(4).Castañeda, Segundo 1990. "Problemática alpaquera".Guerrero Figueroa y Blanco Aguilar. Laalpaca en el norte peruano: II encuentro alpaquero. (Lima: Equipo de desarrolloagropecuario Cajamarca. EDAC - Centro de investigación, educación y desarrollo. CIED- Consejo nacional de ciencia y tecnología. CONCYTEC).CEDEP 1996 "Repoblamiento de alpacas altoandinas en la Cordillera Negra del Callejon deHuylas, de la Provincia de la Region Chavin". Puno.CEDEP 1997 "Evauacion sobre la crianza de alpacas en la comunidad campesina CajabambaAlta". Puno.CEDEP 1997 "Experiencia de repoblamiento de alpacas en la Sierra de Ancash". Puno.CENTRO-AGUA s.f. "Normas Indigenas Y Consuetudinarias Sobre La Gestion Del Agua EnBolivia".CEPAL 1965. Problemas y perspectivas de la agricultura lationamericana. (Buenos Aires: Solar/ Hachette).CERESIS, (Centro Regional de Sismología para América del Sur). s.f. "Proyecto: ReforzamientoSismo-Resistente de Viviendas de Adobe Existentes en la Región Andina." en<http://www.ceresis.org/proyect/adobe.htm >.Chepstow-Lusty, A., K. Bennett, J. Fjeldså, A. Kendall, W. Galiano y A. Tupayachi Herrera1997. "When two worlds collide: comparing human impact on fragile ecosystems beforeand after the Inca." en Tawantinsuyu(3).Chepstow-Lusty, Alex y Per Jonsson 2000. "Inca Agroforestry: Lessons from the Past." enAMBIO. 29(6).Chepstow-Lusty, A., CHENGYU WENG y MARK B. BUSH 2004. "Holocene changes ofAndean alder (Alnus acuminata) in highland Ecuador and Peru." en Journal ofQuaternary Science. 19(7).Chepstow-Lusty, A. J., K.D. Bennett, J. Fjeldsa, A. Kendall, W. Galiano y A. Tupaychi Herrera1997. "When two worlds collide: Comparing human impact on fragile ecosystems beforeand after the Inca." en Tawantinsuyu. 3Chepstow-Lusty, A. J., K. D. Bennett, Fjeldsa J., A. Kendall, W. Galiano y A. Tupayachi Herrera1998. "Tracing 4,000 years of environmental history in the Cuzco area, Peru, from thepollen record." en Mountain Research and Development(18).Chepstow-Lusty, A. J., Michael R. Frogley, Brian S. Bauer, Mark B. Bush y Alfredo TupaychiHerrera 2003. "A late Holocene record of arid events from the Cuzco region, Peru." enJournal of Quaternary Science(18).Chichilnisky, Graciela y Sibila Seibert 1984. "Necesidades básicas, recursos no renovables ycrecimiento en el contexto de las relaciones Norte-Sur." en Desarrollo Económico.24(94).
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas82Cierjacks, Arne 1995 "Environmental and human influences on tropical treeline formation:Insights from the regeneration ecology of Polylepis spp. in the Páramo de Papallacta,Ecuador", Doctor, Universität Halle, Wittenberg.CIID, Centro Internacional de Investigacion para el Desarrollo (eds.) s.f. Nuevas casas resistentesde adobe. Cartilla de difusion n.3: Pontificia Universidad Catolica de Peru).Climent Sanjuán, Víctor 1999. Producción y crisis ecológica. (Barcelona: Universitat deBarcelona).Cobo, Bernardo de 1891-1893 (1653). Historia del Nuevo Mundo. . (Sevilla).Coello, Javier 2006. Escuela de Kamayoq: Promoviendo mercados de asistencia técnica pecuariade campesino a campesino para el alivio de la pobreza en la sierra del Perú. SolucionesPrácticas-ITDG ).Colajanni, Antonino 2002. "Etnodesarrollo".Serje, Suaza y Pineda. Palabras para desarmar.(Bogotá: Ministerio de Cultura - Instituto Colombiano de Antropología e Historia).CONACS. s.f. "Plan Estratégico Regional De Camelidos Domesticos Region Puno. Versiónpreliminar." en<http://www.conacs.gob.pe/images2/Plan%20Estrategico%20de%20Puno.doc >.CONACS, Consejo Nacional de Camélidos Sudamericanos. s.f. "Mejoramiento de Sistemas deCrianza. Repoblamiento de Alpacas.", en <http://www.conacs.gob.pe/pcdsis2.htm>.Conkey, M. y Hastorf, C. 1990. "Introduction".Conkey. The Uses of Style in Archaeology.(Cambridge: Cambridge University Press).COSUDE 2007 "Yapuchiris, Ofertantes Locales de Servicios de Asistencia Tecnica.Sistematizacion de una experiencia del Altiplano Norte". PROSUKO-UNAPA, La Paz.Cowen, M.P. y Shenton R.W. 1996. Doctrines of development. (London-New York: Routledge).Cutcliffe, Stephen H. 1990. "The STS Curriculum: What have we learned in twenty years?" enScience, Technology & Human Values. 15(3).Dalby, Simon 2002. "Security and ecology in the age of globalization." en ECSP Report.8(summer).DAltroy, Terence N., Ana Maria Lorandi, Veronica I. Williams, Milena Calderari, Christine A.Hastorf, Elizabeth DeMarrais y Melissa B. Hagstrum 2000. "Inka Rule in the NorthernCalchaqui Valley, Argentina." en Journal of Field Archaeology. 27(1).Davalos, Pablo 2005. "Movimientos Indigenas en America Latina: El derecho a lapalabra".Davalos. Pueblos indigenas, Estado y Democracia. (Buenos Aires: CLACSO).Davalos, Pablo (eds.) 2005. Pueblos indigenas, Estado y Democracia.(Buenos Aires: CLACSO).De Fontainieu, Anne Rose 2006. "Los camellones, un campo de observacion".Valdez.Agricultura Ancestral. Camellones y Albarradas. (Quito: IFEA-Abya Yala).De La Torre, Carlos y Manuel Burga (eds.) 1986. Andenes y camellones en el Perú andino.(Lima:Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología).Del Campo, P; F. Luebert y S. Teillier 2005. "Asociaciones vegetales de la laguna de Batuco.Región Metropolitana. Chile." en Chloris Chilensis. Año 8 No 1Delgado, Florencio 2002 "Intensive agriculture and political economy of the Yaguachi chiefdomof Guayas Basin, coastal Ecuador", Ph.D., Pittsburgh University, Pittsburgh.Delgado, Florencio 2006. "Organizacion de la produccion de los camellones de la baja cuenca delGuayas durante la ocupacion de los Chonos".Valdez. Agricultura Ancestral. Camellonesy Albarradas. (Quito: IFEA-Abya Yala).Delgado-Espinoza, Florencio 2002 "Intensive Agriculture And Political Economy Of TheYaguachi Chiefdom Of Guayas Basin, Coastal Ecuador", Doctor of Philosophy,University of Pittsburgh, Pittsburgh.Delgado-Espinoza, Florencio 2006. "Organizacion de la produccion de los camellones de la bajacuenca del Guayas durante la ocupacion de los Chonos".Valdez. Agricultura Ancestral.Camellones y Albarradas. (Quito: IFEA-Abya Yala).Denevan, William M. 1980. "Tipologia de configuraciones agricolas prehispanicas
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas83" en América Indigena. XL(4).Denevan, William M. 2001. Cultivated landscapes of native Amazonia and the Andes. (Oxford -New York: Oxford University Press).Denevan, William M. 2006. "Una perspectiva historica sobre el descubrimiento de CamposElevados (Camellones) prehispanicos en Sud America".Valdez. Agricultura Ancestral.Camellones y Albarradas. (Quito: IFEA-Abya Yala).Denevan, William Maxfield, Kent Mathewson y Gregory Knapp 1987. Pre-hispanic AgriculturalFields in the Andean Region. (Oxford: B.A.R.).DGIA 2003. Estadística Agraria Trimestral. Octubre-Diciembre, 2002. . (Lima: DirecciónGeneral de Información Agraria. Ministerio de Agricultura.).Diaz, P.P. 1992. Sitios arqueológicos del Valle Calchaquí (lY). (Cachi, Argentina: MuseoArqueolgico de Cachi).Díaz Zeballos, César y Emiliano Velásquez Coaquira 1992. "Inventario de infraestructurasagrícolas andinas en Puno, Perú".Palao. Avances deinvestigación sobre la tecnología de Waru Waru. I. Infraestructura. (Puno: ProgramaInterinstitucional de Waru Waru, Convenio PELT/INADE - IC/COTESU).Dillehay, Tom, Herbert H. Eling y Jack Rossen 2005. "Preceramic irrigation canals in thePeruvian Andes." en Proceedings of the National Academy of Science. 102(47).Dillehay, Tom, Jack Rossen y Patricia Netherly 1992. "Ocupación del Precerámico Medio en lazona alta del Valle de Zaña: ¿innovación o aculturación?".Bonavia. Estudios dearqueología peruana. (Lima: FOMCIENCIAS).DIRCETUR, Dirección Regional de Comercio Exterior y Turismo. s.f. "Puente Inka deQeswachaka." en <www.dirceturcusco.gob.pe/provincias/canas >.DIRCETUR, Dirección Regional de Comercio Exterior y Turismo. s.f. "Qeswachaka." en<http://www.dirceturcusco.gob.pe/inventario/puente-qeswachaka>.Domínguez, Diego y Pablo Sabatino 2006. "Con la soja al cuello: crónica de un país hambrientoproductor de divisas".Alimonda. Los tormentos de la materia. Aportes para una ecologíapolítica latinoamericana. (Buenos Aires: CLACSO, Consejo Latinoamericano deCiencias Sociales).Donkin, R.A. 1970. "Pre-Columbian Field Implements and Their Distribution in the Highlands ofMiddle and South America." en Anthropos. 65(3/4).Donkin, R.A. 1979. Agricultural Terracing in the New World. (Tucson: Wenner-Gren Foundationfor Anthropological Research Inc.).Dos Reis, Sylvia M. 1991. "Maia Market Dependency as Subsistence Strategy: The SmallProducers in Sapeaçu, Bahia." en Bulletin of Latin American Research. 10(2).Earls, john 1982. "La Coordinación de la Producción en el tawantinsuyu".M. Lajo. Agricultura yAlimentación. (Lima: PUCP).Earls, John 1986. "La evolución ecológica de la administración Inca".De La Torre y Burga.Andenes y camellones en el Perú andino. (Lima: Consejo Nacional de Ciencia yTecnología).Earls, John 1989. Planificación Agrícola Andina: bases para un manejo cibernético de sistemasde andenes (Lima: Ed. Universidad del Pacífico y COFIDE).Earls, John 1998. "Aportes del conocimiento y las tecnologías andinas en el contexto de la aldeaglobal".Acevedo. Desarrollo e Interculturalidad en la Zona Andina. (Lima: Escuela parael Desarrollo). Documento 13.Earls, John 1998. "Aportes del conocimiento y las tecnologías andinas en el contexto de la aldeaglobal, Lima.".Acevado. Desarrollo e Interculturalidad en la Zona Andina. .Earls, John. 2005. "The Andes and the evolution of coordinated environmental control." IRICSPaper >.
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas84Echevarria Almeida, José 2004. "Sistema de campos elevados (ridged fields) en la sierra norte delEcuador".Restrepo Archila. Saberes de vida: por el bienestar de las nuevasgeneraciones. (Bogota: Siglo del Hombre - UNESCO).Ellenberg, H. 1979. "Mans influence on tropical mountain ecosystemas in South America." enJournal of Ecology. 67El-Peruano 2006. "Rescate. Iniciativa Del Inc En Huaraz Promueve Intercambio Comunal." en ElPeruano - Diario OficialEnríquez Salas, Porfirio, Alcides Huamnani Peralta y Charles Mendoza Mollocondo 2000.Impacto socioeconómico de los waru waru en las familias campesinas. (Puno, Perú:PIWA-PELT).Erickson, Clark 1985. "Applications of Prehistoric Andean Technology: Experiments in Raisedfield agriculture, Huatta, Lake Titicaca, Peru, 1981-1983".Farrington. PrehistoricIntensive Agriculture in the Tropics. (Oxford: British Archaeological Reports,International Series). 232.Erickson, Clark 1986. "Agricultura en camellones en la cuenca del Lago Titicaca: Aspectostécnicos y su futura".Torre y Burga. Andenes y camellones en el Perú Andino: Historiapresente y futuro. (Lima: Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología).Erickson, Clark 1986. "Waru waru: Una tecnología agrícola del altiplano prehistórico".Torre yBurga. Andenes y camellones en el Peru Andino: Historia, presente y futuro. (Lima:Moscazul - Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología).Erickson, Clark 1987. "The Dating of Raised Field Agriculture in the Lake Titicaca Basin ofPeru".William M. Denevan. Pre Hispanic Agricultural Fields in the Andean Region.(Oxford: British Archaeological Reports, International Series). 359.Erickson, Clark 1988. Investigación arqueológica del sistema agrícola de los camellones en lacuenca del lago Titicaca del Perú. (Puno, Perú: PIWA).Erickson, Clark 1988. "Raised Field Agriculture in the Lake Titicaca Basin: Putting AncientAndean Agriculture Back to Work." en Expedition - The University Museum, Universityof Pennsylvania, Philadelphia. 30(3).Erickson, Clark 1992. "Prehistoric Landscape Management in the Andean Highlands: RaisedField Agriculture and its Environmental Impact." en Population and Environment. 13Erickson, Clark 1993. "The social organization of prehispanic raised field agriculture in the LakeTiticaca basin." en Research in Economic Anthropology. Supplement 7 - Economicaspects of water management in the prehispanic New WorldErickson, Clark 1998. "Applied Archaeology and Rural Development: Archaeologys PotentialContribution to the Future".Whiteford y Whiteford. Crossing Currents: Continuity andChange in Latin America. (Upper Saddle, NJ: Prentice-Hall).Erickson, Clark 1999. "Agricultura en camellones prehispánicos en las tierras bajas de Bolivia:Posibilidades de desarrollo en el trópico húmedo ".Jiménez-Orsornio y Rorive. Loscamellones y chinampas tropicales: Memorias del Simposio-Taller Internacional sobreCamellones y Chinampas Tropicales. (Mérida: Ediciones de la Universidad Autónomo deYucatán).Erickson, Clark 1999. "Neo-environmental determinism and agrarian collapse in Andeanprehistory." en Antiquity. 73(281).Erickson, Clark y William Balée (eds.) 2006. Time and Complexity in Historical Ecology: Studiesin the Neotropical Lowlands.(NY: Columbia University Press).Erickson, Clark y Kay L. Candler 1989. "Raised Fields and Sustainable Agriculture in the LakeTiticaca Basin".Browder. Fragile Lands of Latin America: Strategies for SustainableDevelopment. (Boulder: Westview Press).Erickson, Clark L. 2000. "The Lake Titicaca Basin. A Precolumbian built landscape".Lentz.Imperfect Balance Landscape Transformations in the pre-Columbian Americas. (NewYork: Columbia University Press).
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas85Erickson, Clark L. 2003. "Agricultural Landscapes as World Heritage: Raised Field Agriculturein Bolivia and Peru".Teutonico y Matero. Managing Change: Sustainable Approaches tothe Conservation of the Built Environment. (Los Angeles: Getty Conservation Institute).Erickson, Clark L. 2006. "El valor actual de los Camellones de cultivo precolombinos:Experiencias del Perú y Bolivia".Valdez. Agricultura ancestral. Camellones y albarradas(Lima: Ediciones Abya-Yala / IFEA / IRD / Banco Central del Ecuador / INPC / CNRS /Embajada de Francia en Ecuador / Universidad París I). Tomo 3.Erickson, Clark L. 2006. "Intensification, Polilitical Economy, and the Farming Community. InDefense of a Bottom-Up Perspective of the Past".Marcus y Stanish. AgriculturalStrategies. (Los Angeles: Cotsen Institute).Erickson, Clark L. s.f. Investigacion arqueologica del sistema agricola de los camellones en lacuenca del Lago Titicaca del Peru. (Puno, Peru: Centro de Informacion para elDesarrollo (CID)-Proyecto Interinstitucional de los Waru Waru (PIWA)).Escobar, Arturo 1995. La invención del tercer mundo: construcción y deconstrucción deldesarollo. (Barcelona: Grupo Editorial Norma).Escobar, Arturo 1997. "Antropología y desarrollo." en Revista Internacional de CienciasSociales(154).Escobar de la Cruz, Gustavo 1990. "Estado de la producción alpaquera de la región Chavin,Ancash".Guerrero Figueroa y Blanco Aguilar. La alpaca en el norte peruano: IIencuentro alpaquero. (Lima: Equipo de desarrollo agropecuario Cajamarca. EDAC -Centro de investigación, educación y desarrollo. CIED - Consejo nacional de ciencia ytecnología. CONCYTEC).Esteva, Gustavo 1992. "Development".Sachs. The development dictionary: a guide to knowledgeas power(London & New Jersey: Zed Books).Esteve, GabrielAlomar 1960. "Ensayo de Glosario en Español de Términos de SociologíaAplicada al Planeamiento Ecológico." en Revista Mexicana de Sociología. 22(1).Expreso 2007. Especial Río Guayas. Expreso. Guayaquil.Faber, Daniel 1992. "The Ecological Crisis of Latin America: A Theoretical Introduction." enLatin American Perspectives. 19(1).Fabián V., F., F. Quevedo Iturri y Arroyo Vergara 1993 "Trips asociados al cultivo de espárrago,algodón, cebolla y su manejo en el valle de Cañete. Estación Experimental Cañete (Peru).Resumen de investigaciones apoyadas por FUNDEAGRO [Fundación para el Desarrollodel Agro] 1988-1992". FUNDEAGRO [Fundación para el Desarrollo del Agro], Lima.Fairfield, Tasha 2008 "La política del sector pecuario y los pobres del medio rural en Perú." enVivir del Ganado. Iniciativas de políticas pecuarias en favor de los pobres. En<http://www.fao.org/ag/againfo/projects/en/pplpi/docarc/wp32.pdf> acceso 1 mayo de2008.FAO. 2004. "Perú: Primer Informe Nacional Sobre La Situación De Los Recursos Zoogenéticos.">.Fjeldså, Jon 2002. "Polylepis forests. Vestiges of a vanishing ecosystem in the andes." enEcotropica. 8(2).Fjeldså, Jon y Michael Kessler 1996. Conserving the biological diversity of polylepis woodlandsof the highland of Peru and Bolivia. A contribution to sustainable natural resourcemanagement in the andes. (Copenhagen: NORDECO).Flores Ochoa, Jorge, M.P. Paz Flores y W. Rozas 1986. "La agricultura en lagunas (qochas)".DeLa Torre y Burga. Andenes y camellones en el Perú andino. (Lima: Consejo Nacional deCiencia y Tecnología).Flores Ochoa, Jorge, M.P. Paz Flores y W. Rozas 1996. "Un (re) descubrimiento reciente: laagricultura en lagunas temporales (qocha) en el Altiplano".Morlon. Comprender laagricultura campesina en los Andes Centrales. Peru - Bolivia. (Lima: IFEA-CBC).
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas86Fontaine, Guillaume 2003. El precio del petróleo : conflictos socio-ambientales y gobernabilidaden la Región Amazónica. . (Quito, Ecuador: FLACSO ; IFEA).Freisem, Claudia 1998 "Vorspanische Speicherbecken in den Anden: Eine Komponente derBewirtschaftung von Einzugsgebieten das beispiel Nepenatal", Diplomarbeit,Technische Universitat, Berlin.Fresco, Antonio 2003. "Manejo del agua en el antiguo Ecuador." en Revista Espanola deAntropologia Americana.Gade, Daniel 1972. "Bridge types in the Central Andes." en Annals of the Association ofAmerican Geographers. 62(1).Gade, Daniel 1992. "Landscape, system and identity in the post-conquest Andes." en Annals ofthe Asociation of Anerican geographers. 82(3).Gade, Daniel 1999. "Deforestation and Reforestation in the Central Andean Highlands".Gade.Nature and Culture in the Andes. (Madison, Wisconsin: University of Wisconsin Press).Gade, Daniel W. 1999. Nature and culture in the Andes. (Madison, Wisconsin: University ofWisconsin Press).Gaitán Pajares, Evelio 1990. "Antecedentes de los camélidos en Cajamarca".Guerrero Figueroa yBlanco Aguilar. La alpaca en el norte peruano: II encuentro alpaquero. (Lima: Equipode desarrollo agropecuario Cajamarca. EDAC - Centro de investigación, educación ydesarrollo. CIED - Consejo nacional de ciencia y tecnología. CONCYTEC).Galeano, Eduardo 1994 [1971]. Las venas abiertas de América Latina. (Mexico: SIGLO XXI-EAN).Garaycochea, Ignacio, Claudio Ramos y Pierre Morlon 1996. "Infraestructuras agrícolas:¿vestigios del pesado o técnicas del futuro? 2.3. La arqueología aplicada al desarrollo: lareconstrucción de camellones precolombinos en el Altiplano".Morlon. Comprender laagricultura campesina en los Andes Centrales. . (Lima: IFEA-CBC).Gelles, Paul H. 2002. Agua y poder en la sierra peruana. La historia y politica cultural del riego,rito y desarrollo. (Lima: Pontificia Universidad Catolica).Gil Garcia, Francisco M. 2002. "Acontecimientos y regularidades chullparias: más allá de lastipologías. Reflexiones en torno a la construcción del paisaje chullpario." en RevistaEspañola de Antropología Americana. 32Goebel, Barbara 2002. "La arquitectiura del pastoreo: Uso del espacio y sistemas deasentamiento en la Puna de Atacama (Susques)." en Estudios Atacameños(23).Golte, Jürgen 1980. La racionalidad de la Organización Andina. (Lima: Instituto de EstudiosPeruanos).Golte, Jürgen 1980b. "Notas sobre la agricultura de riego en la costa Peruana." en Allpanchis.14(15).Gondard, Pierre y Freddy Lopez 1983 "Inventario arqueologico preliminar de los Andesseptentrionales del Ecuador". Ministerio de Agricultura y Ganaderia-PRONAREG-ORSTOM, Quito.Gonzales de Olarte, Efraín y Carolina Trivelli 1999. Andenes y desarrollo sustentable. (Lima:IEP-CONDESAN).Gose, Peter 1993. "Segmentary state formation and the ritual control of water under the incas." enComparative Studies in Society and History. 35(3).Gose, Peter 1993. "Segmentary State Formation and the Ritual Control of Water Under theInkas." en Comparative Studies of Society and History (35).Grieder, Terence y Alberto Bueno 1988. La Galgada: A Preceramic Culture in Transition.(Texas: University of Texas Press).Guerrero Barrantes, Juan 2005. Soil Degradation: Erosion and Salinity of Peru. (Lima: CountryEnvironmental Análisis (CEA - PERU)).Haas, Jonathan, Creamer, Winifred y Alvaro Ruíz 2004. "Dating the Late Arcahic Occupation inthe Norte Chico Region, Peru." en Nature. 432
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas87Haas, Jonathan y M. O. (eds) Dillon 2003. "El Niño in Peru: Biology and culture over 10,000years." en Fieldiana, Botany. 34Hansen, B.C.S., Seltzer, G.O. y Wright Jr., H.E. 1994.. 1994. "Late Quaternary vegetationalchange in the central Peruvian Andes. ." en Palaeogeography, Palaeoclimatology,Palaeoecology. 109Healy, Kevin 1992. "Back to the future. Etnodevelopment Among the Jalq’a of Bolivia." enGrassroots Development. 16(2).Hecht, Susanna 1987. "The Evolution of Agroecological Thought".Altieri. Agroecology. TheScientific Basis of Alternative Agriculture. (Boulder, CO: Westview).Henestrosa, J de 1965 (1582) "La descripción que se hizo en la provincia de Xauxa por lainstrucción de S. M. que a la dicha provincia se invió de molde. En: . RelacionesGeographicas de Indias - Perú. .Herrera, Alexander 1998 "Die Veränderung vorspanischer Siedlungsstrategien im südlichenYanamayobecken, Callejón de Conchucos, Peru", Freie Universität Berlin, Berlin.Herrera, Alexander 2003. "La serpiente de oro y los Inkas: la ocupación Inka en el alto Marañóny el puerto balsero de Pogtan." en Boletin de Arqueología PUCP. 7.Herrera, Alexander 2005 "Territory and Identity in the pre-Columbian Andes of Northern Peru",Doctor of Philosophy, University of Cambridge, Cambridge.Herrera, Alexander y Mario Advìncula 2001 "Proyecto de Investigación Arqueológico Paurarku.Informe Preliminar Temporada de Campo 2000". Instituto Nacional de Cultutra, Lima.Herrera, Alexander, Kevin Lane y Mario Advìncula 2002 "Proyecto de InvestigaciónArqueológico Paurarku: informe preliminar de las labores realizadas durante latemporada de campo 2001". Instituto Nacional de Cultura, Lima.Hervé, Dominique, José Barrio y Cecilia Gianella s.f. Implicaciones del deterioro de las terrazasagricolas para su rehabilitacion. Cuenca alta del rio Cañete.Hornborg, Alf 1992. "Machine fetichism, value, and the image of unlimited good: towards athermodynamics of imperialism." en Man. 27(1).INEI, Instituto Nacional de Estadistica e Informatica 1997 "El Productor Agropecuario:Condiciones de Vida y Pobreza".Ingold, Tim 1997. "Eight themes in the Anthropology of Technology." en Social Analysis. 40(1).INRENA, Instituto Nacional De Recursos Naturales 1996 "Estrategia Nacional Para LaConservación De Humedales En El Perú". Ministerio De Agricultura Lima, Perú.Janusek, John Wayne y Alan L. Kolata 2004. "Top-down or bottom-up: rural settlement andraised field agricolture in the Lake Titicaca Basin, Bolivia." en Journal ofAnthropological Archaeology. 23Kaulicke, Peter 1994. Los orígenes de la civilización andina. Arqueología del Perú. (Lima:Editorial Brasa S.A.).Kendall, Ann 1997. Restauración de sistemas agrícolas prehispánicos en la sierra sur, Perú.(Cusco: Cusichaca Trust).Kendall, Ann 2001. "Restauración con tecnología tradicional y apropiada de irrigaciónprehispánicas y sistemas de andenes agrícolas en los Andes". XII Congreso peruano delhombre y la cultura andina, Ayacucho Perú, UNSCH - Universidad nacional de SanCristóbal de Huamanga.Kendall, Ann s.f. "Tecnologia Tradicional Andina: Construccion y Rehabilitación de Sistemas deAndeneria".Keulartz, Jozef, Maartje Schermer, Michiel Korthals y Tsjalling Swierstra 2004. "Ethics inTechnological Culture: A Programmatic Proposal for a Pragmatist Approach." enScience, Technology & Human Values. 29(1).Knapp, Gregory 1988. Ecologia cultural prehispanica del Ecuador. (Quito: Banco Central delEcuador).
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas88Kosok, P 1965. Land, Life and Water in Ancient Peru. . (New York: Long Island UniversityPress).Lane, Kevin 2006. "Through the looking glass: re-assessing the role of agro-pastoralism in thenorth-central Andean highlands." en World Archaeology. 38(3).Lane, Kevin 2007. Manejo del agua en las quebradas Las Arcas. Informe preliminar. Manchester,University of Manchester.Lane, Kevin y Alexander Herrera in press (2005). "What are those Pishtaku doing here ?Research Note on Archaeological Survey in the Andes of Northcentral Peru." enArchaeological Review from Cambridge(15).Lane, Kevin y Alexander Ch. Herrera W. 2005. "Archaeology, Landscapes and Dreams: Science,Sacred Offerings, and the Practice of Archaeology." en Archaeological Review fromCambridge. 20(1).Lane, Kevin, Alexander Ch. Herrera W. y Caludia Grimaldo 2004 "Proyecto de InvestigaciónArqueológico Paurarku Informe Preliminar de Labores Temporada de Campo 2002-3".Instituto Nacional de Cultura, Lima.Lane, Kevin J. 2005 "Engineering the Puna: the hydraulics of agro-pastoral communities in anorth-central peruvian valley", PhD, University of Cambridge, Cambridge.Lane, Kevin J. 2006. "Through the looking glass: re-assessing the role of agro-pastoralism in thenorth-central Andean highlands." en World Archaeology. 38(3).Lemonnier, Pierre 1993. "Introduction".Lemonnier. Technological choises: transformation inmaterial cultures since the neolithic. (London: Routledge).Lumbreras, Luis G. 1974. La arqueología como ciencia social. (La Habana: Casa de lasAmericas).Macneish, Richard 1969 "First Annual Report of the Ayacucho Archaeological-BotanicalProject". The National Science Foundation, Massachusetts.Marcos, Jorge Gabriel 2003. "La investigacion interdisciplinaria como método de análisis de losprocesos de producción en las sociedades precolombinas." en Revista Española deAntropología Americana. ExtraordinarioMarcos, Jorge Gabriel (eds.) 2004. Las albarradas en la costa del Ecuador: Rescate delconocimiento ancestral del manejo sostenible de la biodiversidad.(Guayaquil: CEAA-ESPOL).Marcos, Jorge Gabriel s.f. [1981] "Proyecto arqueologico y etnobotanico "Penon del Rio".Informe Preliminar y Planteamiento de Continuacion". ESPOL, Guayaquil.Marcos, Jorge Gabriel y Martin Bazurco Osorio 2006. "Los camellones, un campo deobservacion".Valdez. Agricultura Ancestral. Camellones y Albarradas. (Quito: IFEA-Abya Yala).Masson, Luis, Carmen Felipe-Morales y Pierre Morlon 1996. "Infraestructuras agrícolas:¿vestigios del pasado o técnicas del futuro? 2.1. La rehabilitación de andenes ".Morlon.Comprender la agricultura campesina en los Andes Centrales. Peru - Bolivia. (Lima:IFEA-CBC).Mathewson, Kent 1987 "Landscape, Change and Cultural Persistence in the Guayas Wetlands,Ecuador", PhD, University of Wisconsin, Madison.Max-Neef, Manfred 1997. "Desarrollo sin sentido." en Actualidades administrativas(96).Mercurio, El 2005. Preocupa sedimentación del Guayas. El Mercurio. Cuenca.Misa, Thomas J., Philip Brey y Andrew Freenberg (eds.) 2003. Modernity and Technology.(Cambridge, MA y London, England: The MIT Press).Morcote-Ríos, Gaspar, Gabriel Becerra, Dany Mahecha, Carlos Franky y Inés Cavelier 1998."Las palmas entre los grupos cazadores-recolectores de la amazonia colombiana." enCaldasia. 20(1).Morlon, Pierre (eds.) 1996. Comprender la agricultura campesina en los Andes Centrales. Peru -Bolivia.(Lima: IFEA-CBC).
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas89Moseley, Michael 1975. Maritime Foundations of Andean Civilization. Cummings).Moseley, Michael 1992. "Maritime Foundations and Multilinear Evolution: Retrospect andProspect." en Andean Past. 5Murra, John Víctor 1996. "Valorización de la diversidad ecológica. 1. El control vertical de unmáximo de pisos ecológicos y el modelo en Archipiélago".Morlon. Comprender laagricultura campesina en los Andes Centrales. Peru - Bolivia. (Lima: IFEA-CBC).Nicholas, George P. y Kelly P. Bannister 2004. "Copyrighting the Past? Emerging InteectualProperty Rights Issues in Archaeology." en Current Anthropology. 45(3).Nielsen, Axel, Justino Calcina y Bernardino Quispe 2003. "Arqueología, turismo y comunidadesoriginarias: una experiencia en Nor Lípez (Potosí, Bolivia)." en Chungara, Revista deAntropología Chilena. 35(2).Niles, Susan 1999. The Shape of Inca History: Narrative and Architecture in an Andean Empire.(Iowa: University of Iowa Press).ONU 1998. Protocolo de Kyoto de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre CambioClimático: 25.ONU 2003. Conferencias de la ONU sobre el medio ambiente. Unidas.ONU s.f. Agenda 21. (UNDESA), Division for Sustainable Development.ONU s.f. Carta de las Naciones Unidas y Estatuto de la Corte Internacional de Justicia. Pública,Servicios de Información Pública: 98.Pachacuti Yamqui Salcamaygua, Joan de Santa Cruz 1993. Relación de antiguedades deste reynodel Piru. (Lima y Cusco: Institut français détudes andines. IFEA - Centro Bartolomé deLas Casas. CBC).Palacio, German 1998. "La naturaleza en disputa: tierra, territorio y biodiversidad".ECOFONDO.La manzana de la discordia. (Bogota: Tercer mundo).Patrick, Larry L. 1980. "Los origenes de las terrazas de cultivo." en America Indigena. XL(4).Patterson, T. C. 1984. "Social archaeology* in *Latin America* an appreciation. ." en AmericanAntiquity 59Pfaffenberger, Bryan 1988. "Fetishized objects and humanized nature: towards an anthropologyof technology." en Man (N.S.). 23Pfaffenberger, Bryan 1992. "Social Anthropology of Technology." en Annual Reviews ofAnthropology. 21Pfaffenberger, Bryan 1992. "Technological Dramas." en Science, Technology and Human Values.17(3).Piperno, Doris y Deborah Pearsall 1998. The Origins of Agriculture in the Lowland Neotropics.(San Diego: Academic Press).PIWA (eds.) 1992. Avances de investigacion sobre la tecnologia de waru waru.(Puno:PELT/INADE - IC/COTESU).PIWA 1994 Microclimatologia en el agroecosistema de waru waru. Avances de investigacion.(Puno: INADE/PELT-COTESU).PIWA 1996. Efectos de los incentivos en las posibilidades de adopción de la tecnología waruwaru. (Puno: PIWA-PELT).PIWA 1999. Perspectiva de género en la extención de la tecnología waru waru. (Puno, Perú:PIWA-PELT).PIWA (eds.) 2000. Evaluacion agroeconomica comparativa de la produccion agricola en waruwaru y pampa en un ciclo productivo. (Puno: INADE/PELT-COSUDE).PIWA (eds.) 2000b. Investigaciones agroeconomicas en la tecnologia waru waru.(Puno:INADE/PELT-COSUDE).Plata, Juan José s.f. "Globalización, tecnología y medio ambiente: Teoría y práctica de lanegación de la madre." en Revista hojas económicas - Universidad Central - Bogota
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas90Plazas, Clemencia, Ana María Falchetti, Juanita Sáenz Samper y y Sonia Archila 1993. Lasociedad hidráulica Zenú. Estudio arqueológico de 2.000 años de historia en las llanurasdel Caribe colombiano. (Bogotá: Banco de la República).Polanyi, Karl 2003. La gran transformacion. Los origenes políticos y economicos de nuestrotiempo. (Mexico: FCE).Porras Barrenechea, Raúl 1963. Fuentes Históricas Peruanas. Apuntes de un CursoUniversitario. (Lima: Instituto Raúl Porras Barrenechea, Universidad Nacional Mayor deSan Marcos).PRATEC (eds.) 1989. Crianza de llamas y alpacas. (Lima: Proyecto Alpacas. PAL - Proyectoandino de tecnologías campesinas).Prialé, Miguel 2005. Política y Estrategia de Riego en el Perú. Taller: Irrigación y desarrollo ruralen el Cono Sur: Desafíos y oportunidades. Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, ComisiónTécnicamultisectorial - Ministerios De Agricultura, Vivienda, Economía y Finanzas,Junta Nacional De Usuarios.Proyecto-ALPACAS 1988 "Informe tecnico". Proyecto Alpacas Cotesu/IC, Puno.Ravines, R. (eds.) 1978. Tecnologia Andina. (Lima, Peru: Instituto de Estudios Peruanos -IITINT).RBGK. 2008. "Restauración de hábitat y uso sostenible de los bosques secos del sur del Perú, enhttp://www.kew.org/scihort/tropamerica/peru/huarango.htm recuperado el 26 de mayodel 2008.Regal Matienzo, Alberto 2005 [1970]. Los trabajos hidráulicos del Inca en el antiguo Peru.(Lima: Instituto Nacional de Cultura de Peru).Restrepo Archila, Roberto Arturo (eds.) 2004. Saberes de vida: por el bienestar de las nuevasgeneraciones. (Bogotá: Siglo del Hombre - UNESCO).Rodríguez, Abelardo y Dominique Hervé 2001. "Comentario del libro Andenes y desarrollosustentable. Efraín Gonzales de Olarte y Carolina Trivelli (1999). Instituto de EstudiosPeruanos / Consorcio para el Desarrollo Sostenible de la Ecorregión Andina, Lima, 219p." enRodríguez, Abelardo y Ann Kendall 2001. "Restauración agrícola en los Andes: aspectos socio-económicos de la rehabilitación de terrazas en regiones semi-áridas". II Encuentro sobreHistoria y Medio Ambiente, Huesca, España, Instituto de Estudios Altoaragoneses.Sachs, Wolfgang (eds.) 1991. The Development Dictionary: A Guide to Knowledge as Power(London and New Jersey: Zed Books).Sackett, James 1977. "The Meaning of Style in Archaeology: A General Model. ." en AmericanAntiquity. 42(3).Sandor, J.A. y L. Furbee 1996. "Indigenous knowledge and classification of soils in the Andes ofsouthern Peru." en Journal of the Soil Science Society of America 60Sandweiss, D.H., J.B. Richardson, III, E.J. Reitz, H.B. Rollins, K.A. Maasch 1996."Geoarchaeological evidence from Peru for a 5,000 BP onset of El Niño." en Science.273Sandweiss, D.H., J.B. Richardson, III, E.J. Reitz, H.B. Rollins, and K.A. Maasch 1997."Determining the beginning of Niño: Response." en Science,. 276Scarborough, V. L. 2003. The Flow of Power: Ancient Water Systems and Landscapes. (Santa Fe,Nuevo México: A School of American Research Resident Scholar Book. SAR Press).Sen, Amartya 2000 [1999]. Desarrollo y libertad. (Bogotá: Planeta).Sevilla-Callejo, Miguel y Rafael Mata-Olmo 2007. "Introducción a las dinámicas territoriales enel área oriental del Parque Nacional y ANMI Cotapata (La Paz, Bolivia)." en Ecología enBolivia. 2(42).Shady, Ruth y Carlos Leyva 2003. La Ciudad Sagrada de Caral-Supe. Los Orígenes de laCivilización Andina y la Formación del Estado Prístino en el Antiguo Perú. (Lima:Instituto Nacional de Cultura).
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas91Sherbondy, Jeanette 1969. "El regadio en el area andina central: ensayo de distribucióngeográfica." en Revista de Antropología Americana. 4Sherbondy, J.E. 1986. Malki: Ancestros y cultivo de árboles en los Andes. (Lima: Proyecto FAOHolanda / INFOR / GCP / PER / 027 / NET.).Silverman, Helaine 2002. "Touring ancient times: The present and Presented Past inContemporary Peru." en American Anthropologist. 104(3).Smith, B. D. 1995a. The Emergence of Agriculture. (New York: Scientific American Library).Smith, B. D. 1995b. "The origins of agriculture in the Americas." en Evolutionary Anthropology.3Smith, Claire y Heather Burke 2003. "In the Spirit of the Code".Vitelli, Zimmerman y Hollowell-Zimmer. Ethical Issues in Archaeology. (Walnut Creek: AltaMira Press).Spriggs, Matthew 1991. "Facing the nation: Archaeologists and Hawaiians in the era ofsovereignty." en The Contemporary Pacific(Fall).Stemper, David M. 1993. The Persistence of Prehispanic Chiefdoms on the Rio Daule, CoastalEcuador - La persistencia de los cacicazgos prehispanicos en el Rio Daule, Costa delEcuador. University of Pittsburgh).Stolton, Sue y Bernward Geier 2002. "The Relationship between Biodiversity and OrganicAgriculture. Defining Appropriate Policies and Approaches for Sustainable Agriculture,UNEP and Council of Europe.Stonich, Susan C. 1989. "The Dynamics of Social Processes and Environmental Destruction: ACentral American Case Study." en Population and Development Review. 15(2).Stothert, Karen E. 1988. "La prehistoria temprana de la península de Santa Elena, Ecuador;Cultura Las Vegas." en Miscelánea Antropológica Ecuatoriana, Serie Monográfica. 10Stothert, Karen E. 1995. "Las albarradas tradicionales y el manejo de aguas en la Peninsula deSanta Elena." en Miscelanea Antropológica Ecuatoriana. 8Sutter, Richard C. y Rosa J. Cortez 2007. "Analysis of human skeletal materials from the site ofKasapata".Bauer. Kasapata and the archaic period of the Cuzco Valley. (Los Angeles:Cotsen Institute of Archaeology at UCLA).Tapia, Mario 1994. "Conservación y uso de los recursos fitogenéticos andinos para un desarrolloagrícola sostenido".Dancourt, Mayer y Monge. SEPIA V. (Lima: Seminario permanentede investigación agraria; Universidad Nacional de San Agustín; Centro de apoyo ypromoción del desarrollo agrario).Tarragó, Myriam 2003. "La arqueologia de los valles Calchaquies en perspectiva historica." enAnales. Nueva Epoca. 6Tolles, E. Leroy, Edna E. Kimbro y William S. Ginell 2005. Guías de planeamiento e ingenieríapara la estabilización sismorresistente de estructuras históricas de adobe. (Los Angeles:The Getty Conservation Institute).Troll, Carl 1931. "Die Geographischen Grundlagen der andinen Kulturen und des Incareiches."en Ibero Amerikanisches Archiv. V(3).Troll, Carl 1943. "Die Stellung der Indianer- Hochkulturen im Landschaftsaufbau der tropischenAnden." en Zeitschrift der Gesellschaft für Erdkunde zu Berlin(3/4).Troll, Carl 1959. Die tropischen Gebirge. Ihre dreidimensionale klimatische undpflanzengeographische Zonierung. (Bonn).Ubelaker, D. H. 1984. "Prehistoric human biology of Ecuador: Possible temporal trends andcultural correlations".Cohen. Paleopathology at the Origins of Agriculture. (Orlando:Academic Press).Ubelaker, D. H. 1995. "Biological research with archaeologically recovered human remains fromEcuador: Methodological issues.".Stahl. Archaeology in the Lowland American Tropics.(Cambridge: Cambridge University Press).UNACAST, Comité Asesor de las Naciones Unidas sobre la aplicacion de la ciencia y latecnologia al desarrollo 1973. Plan de acción regional para la aplicación de la ciencia y
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas92la tecnología al desarrollo de América Latina. (Santiago: CEPAL, Fondo de CulturaEconómica).UNEP, (United Nations Environment Programme) - International Environmental TechnologyCentre 1997. Source Book of Alternative Technologies for Freshwater Augmentation inLatin America and the Caribbean.Urday Concha, Fidel 1989. "Uso de la tierra, visión y estrategia campesina del manejo de pastosnaturales".campesinas. Crianza de llamas y alpacas. (Lima: PRATEC).Valderrama, Andrés y Javier Jimenez 2005. "Tecnología, Cultura y Resistencia." en Revista deEstudios Sociales(22).Valdez, Francisco (eds.) 2006. Agricultura ancestral. Camellones y albarradas Colección «Actasy Memorias» del IFEA.(Lima: Ediciones Abya-Yala / IFEA / IRD / Banco Central delEcuador / INPC / CNRS / Embajada de Francia en Ecuador / Universidad París I).Valdez, Francisco 2006. "Drenajes, camellones y organizacion social. Uso del espacio y poder enLa Tola, Ecuador".Valdez. Agricultura Ancestral. Camellones y Albarradas. (Quito:IFEA-Abya Yala).Van der Hammen, Thomas 1996. "Biodiversidad en el tiempo y en el espacio." en CESPEDESIA.21(67).Vasquez, Arturo 1990. "Economías campesinas de las comunidades alpaqueras".GuerreroFigueroa y Blanco Aguilar. La alpaca en el norte peruano: II encuentro alpaquero.(Lima: Equipo de desarrollo agropecuario Cajamarca. EDAC - Centro de investigación,educación y desarrollo. CIED - Consejo nacional de ciencia y tecnología. CONCYTEC).Vasquez, Arturo 1990. "Elementos de un plan de gobierno sobre la alpaca".Guerrero Figueroa yBlanco Aguilar. La alpaca en el norte peruano: II encuentro alpaquero. (Lima: Equipode desarrollo agropecuario Cajamarca. EDAC - Centro de investigación, educación ydesarrollo. CIED - Consejo nacional de ciencia y tecnología. CONCYTEC).Verbeek, Peter-Paul 2006. "Materializing Morality: Design Ethics and Technological Mediation."en Science, Technology & Human Values. 31(3).Vergara González, Otto s.f. "Introducción a la Colombia Amerindia " Publicación digital en lapágina web de la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República recuperadoenero 27, 2008>.Vernon, Catherine 1994. "Common cultural property. The Search for Rights of ProtectiveIntervention." en Case Western Reserve Journal of International Law. 26Vilchez, Juan 1990. "El instituto nacional de investigación agraria y agroindustrial. INIAA y suacción en torno a la alpaca".Guerrero Figueroa y Blanco Aguilar. La alpaca en el norteperuano: II encuentro alpaquero. (Lima: Equipo de desarrollo agropecuario Cajamarca.EDAC - Centro de investigación, educación y desarrollo. CIED - Consejo nacional deciencia y tecnología. CONCYTEC).Vitelli, Karen D. y Chip Colwell-Chanthaphonh 2006. Archaeological Ethics. (Lanham, MDAltaMira Press).Vreeland, James M. Jr. 1999. "The revival of colored cotton." en Scientific American. 280(4).Weber, Edward J. y Martìn Mujica 2001 "Lessons from Twenty Years of Research Support in theCentral Andes". Evaluation Unit and Minga Program Initiative InternationalDevelopment Research CentreWeinstein, Jeremy M. s.f. "Autonomous recovery and international intervention in comparativeperspective". Center for Global Development,Wright, H.E. 1980. "Enviromental History of the Junín Plain and the nearby mountains".Rick.Prehistoric hunters of the high Andes. (New York, Academia Press).Wright, H.E. y P.J. Bradbury 1975. "Historia ambiental del cuaternario tardío en el area de laplanicie de Junín - Perú." en Revista del Museo Nacional. XLIWylie, Alison 1997. "Contextualizing ethics: comments on ethics in canadian archaeology byRobert Rosenswig." en Journal Canadien dArchéologie(21).
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas93Wylie, Alison 2005. "The Promise and Perils of an Ethic of Stewardship".Meskell y Pells.Embedding Ethics. (London: Berg Press).Zaldívar, Victor Bretón Solo de 2000-2001. "Capital social, etnicidad y desarrollo: algunasconsideraciones críticas desde los andes ecuatorianos." en Boletín de AntropologíaAmericana. 37Zamosc, León 1990. "Luchas campesinas y reforma agraria: la sierra ecuatoriana y la costaatlántica colombiana en perspectiva comparativa." en Revista Mexicana de Sociología.52(2).Zegarra, J.M. 1978. "Irrigacion y tecnicas de riego en el Peru precolombino".Ravines. TecnologiaAndina. (Lima: Instituto de Estudios Peruanos - IITINT).Zimmerer, Karl S. 1995. "The origins of Andean irrigation." en Nature(378).Zimmermann, Larry 1995. "Regaining Our Nerve: Ethics, Values and TransformingArchaeology".En: Lynott y Wylie. Ethics in American Archaeology: Challenges for the1990s. (Washington, DC: Society for American Archaeology).
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas94Figura 1 El complejo ferroviario de Uyuni (Oruro, Bolivia), sitio arqueológico de latemprana era industrial latinoamericana. (Foto: Harald Thomas).Figura 2 La erosión y la salinización se vinculan a la sobreexplotación y ladesestructuración de sistemas de manejo integrados (Yungay, Perú).
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas95Figura 3 Ganado pastando alrededor de un montículo artificial o tola en el sitioarqueológico de Jerusalén (Guayas, Ecuador). Se aprecian los surcos característicosde la agricultura mecanizada.Figura 4 Reocupación de camellones antiguos para la agricultura de subsistencia alas afueras de Guayaquil (Guayas, Ecuador).
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas96Figura 5 Adelia Cuela, regidora del distrito de Huatta (Puno, Perú), muestra loscampos elevados de Chuqñakota, rehabilitados en las décadas de 1980 y 1990 a raízde las investigaciones del arqueólogo norteamericano Clark Erickson. La últimasiembra -de cebada para forraje- se realizó en el 2003. Entre las causas delabandono señaló las políticas de fomento a la ganadería -para la venta de leche,carne y fibra- y la agricultura mecanizada; así como la parcelación individual detierras en desmedro de la propiedad y el manejo comunales.Figura 6 Sentados sobre un waru precolonial, las autoridades de la ComunidadCampesina Caritamaya (Puno, Perú) consagran la faena agrícola de 2007-2008 enuna de las aynuqa comunales con un “pago” u ofrenda a la madre tierra opachamama.
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas97Figura 7 Aynuqa también se traduce como festín o convite. En él participan losmiembros de la comunidad que trabajan y se benefician de la faena comunal,compartiendo la gran diversidad de los diferentes productos que cada familiasiembra y cosecha en las ayunuqa. Lo más importante es que todos se sientansatisfechos.Figura 8 Fotografía aérea de la represa de Wigrunkocha (Yauya, Perú). En la crestamontañosa por encima de la laguna (lado inferior) y entre las dos bocatomas se
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas98aprecia una alta densidad de restos arqueológicos que abarcan desde los 3000 añosantes del presente hasta la época Inka.Figura 9 El imponente jagüey o albarrada de San Javier es frecuentemente visitadopor bañistas de la comuna de Tugaduaja y alrededores (Santa Elena, Ecuador).Cuenta con un canal alimentador y un rebose o desfogue. La vegetación arbóreaforma parte del conjunto y propicia la diversidad biótica local.Figura 10 El fallido rediseño de la albarrada de Enyamuco -para crear áreas deesparcimiento en la comuna de Manantial (Cantón Sta. Elena, Guayas, Ecuador)-implicó la remoción con maquinaria pesada de las capas de sedimentos arcillosos
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas99asentadas a lo largo de siglos de trabajo manual, así como de buena parte de lavegetación arbórea.Figura 11 El sitio arqueológico de Las Pailas, al pie del Nevado Cachi, implica unade las más grandes extensiones de terrazas agrícolas del noroeste argentino (Salta,Argentina). El sistema de riego por infiltración subterránea, no sólo se asemeja a lossistemas de riego de otras culturas originarias, sino a aquellos utilizados por algunasde las compañías vitivinícolas recientemente asentadas en la zona.
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas100Figura 12 La incisión de quebradas estacionales en el sitio arqueológico de LasPailas ha puesto al descubierto una acequia subterránea. La ausencia de lajas depiedra en la parte baja indica que el sistema de canales buscaba propiciar lainfiltración (Foto: K. Lane).Figura 13 Reservorio de cemento construido en una quebrada estacional, roto porla presión de las avenidas luego de menos de una década de uso (ComunidadCampesina Cruz de Mayo, Huaylas, Perú). A diferencia de las quebradas
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas101aterrazadas de piedra antiguas –que dejan pasar el agua y retienen humedad-, losreservorios de cemento son difíciles de reparar.Figura 14 Letrero alusivo a la recuperación de jagüeyes (Guayas, Ecuador). Elénfasis en el volumen de almacenamiento en líquido no contempla la reservaacuífera en el subsuelo. Sin embargo, la mayoría de los pozos de agua actualmenteen uso en la Península de Santa Elena se excavan en la base de jagüeyes “secos”.Figura 15 La presa de concreto de Pacarinancocha, construida sobre las bases deuna represa antigua que elevaba el nivel de agua en la laguna, presenta rajaduraspreocupantes. Su nombre, “laguna del origen” o “del surgimiento”, sugiere una
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas102importancia simbólica considerable y de larga data (Distrito de Pamparomás,Huaylas, Perú).Figura 16 Vasija escultórica de estilo Recuay (1800 a 1400 años AP) representandoun personaje ricamente ataviado que conduce un animal carguero (¿llamo capón?).El pastoreo de camélidos en la sierra norte de Perú, zona largamente desprovista dellamas y alpacas, jugó un rol muy importante en el pasado (altura 16cm; colecciónAraya, Caraz).Figura 17 Corrales antiguos (al centro, lado izquierdo) por encima del gran bofedalartificial de Kollpa (aprox. 600 AP). Por encima del grupo de corrales se yergue una
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas103tumba colectiva chullpa, mientras que en la parte baja se halla una pequeñaestancia de pastores. La represa se encuentra al lado inferior izquierdo (Valle deHuinchos, Cordillera Negra, Perú. Foto: K. Lane).Figura 18 El río Huinchos actualmente corta la presa de Kollpa. Originalmente lacascada discurría sobre la roca madre (en la foto, lado derecho), a la cual seencuentran ancladas esta y otras represas de limo del alto Nepeña. Los canales dedesfogue ubicados a distintas alturas hacen que el muro actúe como un gigantescocolador reteniendo los sedimentos que, a su vez, retienen la humedad del bofedal.
  • Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas104Figura 19 El rebaño de alpacas de la comunidad campesina Vencedores deCajabamba comenzó con seis animales traídos de Puno hacia 1996 (CordilleraNegra, Perú. Foto: K. Lane).