La inteligencia humana nuestra mente r. colom y f.j. abad

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La inteligencia humana nuestra mente r. colom y f.j. abad

  1. 1. La inteligencia humana es una capacidad mental muy ge- neral que permite razonar, planificar, resolver problemas, pensar de modo abstracto, comprender ideas complejas, aprender con rapidez y usar la experiencia. En contra de lo que ocasionalmente se supone, la inteligencia humana no es un simple conocimiento enciclopédico, una habilidad académi- ca particular o una pericia para resolver “tests de inteligen- cia”, sino que refleja una capacidad amplia y profunda para comprender el ambiente, es decir, para darse cuenta, dar sen- tido a las cosas o imaginar qué se debe hacer. Tests de inteligencia La inteligencia humana se puede medir, y los tests de inteli- gencia son el modo de evaluación más preciso de hacerlo. Es- to se demuestra mediante los indicadores estadísticos de fia- bilidad y validez. Así, por ejemplo, el coeficiente de fiabili- dad de las medidas médicas de presión sanguínea o de valores de colesterol se sitúan alrededor del 50%, mientras que supe- ra el 90% en las medidas psicológicas de inteligencia. Es importante destacar, no obstante, que los tests de inteli- gencia no miden factores como la creatividad, el carácter o la personalidad, aunque es imperativo tener presente que no es ése su objetivo. Un termómetro mide la temperatura de un ob- jeto, pero no su altura. Valorar un termómetro por la precisión con la que mide la altura carece de sentido, lo mismo que va- lorar un test de inteligencia por la precisión con la que mide algo que no pretende medir. Existen diversos tipos de tests de inteligencia. Algunos in- cluyen palabras o números y requieren un conocimiento cul- tural específico, como por ejemplo el vocabulario. Otros, sin embargo, no apelan a ese conocimiento, basándose en el uso de formas o diseños, en conceptos universales simples como mucho/poco, abierto/cerrado o arriba/abajo. Sin embargo, to- dos estos tests miden una misma inteligencia, una misma ca- pacidad mental muy general. La capacidad general valorada por un extraordinariamente amplio abanico de tests de inteligencia se designa mediante la letra g en cursiva (g). Cualquier test mide g, aunque distintos tests pueden también valorar una extensa serie de capacida- des cognitivas tales como la capacidad verbal, la capacidad numérica o la capacidad espacial. En la última adaptación española de una batería de evalua- ción de la inteligencia internacionalmente reconocida, la esca- la Wechsler para adultos, empleada tanto en el campo psicoló- gico como médico, y compuesta por una amplia serie de sub- tests que miden la capacidad general, la comprensión verbal, el razonamiento perceptivo, la memoria de trabajo y la veloci- dad mental, se demuestra empíricamente la extraordinaria re- levancia del componente general de la inteligencia humana (g). La figura 1 indica que g es 10 veces más relevante que ca- pacidades concretas como la comprensión verbal y 20 veces más relevante que capacidades como el razonamiento percep- tivo, la memoria de trabajo o la velocidad mental. El hecho de que g sea el componente esencial de la inteli- gencia humana —igual que el alcohol etílico lo es de una enor- me variedad de licores— significa que, en la población, los in- dividuos que presentan un alto rendimiento en una determi- nada situación o problema intelectualmente exigente tienden a mostrar también un alto rendimiento en todas las demás si- tuaciones. Asimismo, quienes presentan un bajo rendimiento en una determinada situación intelectualmente exigente tien- La inteligencia humana La inteligencia es un conjunto de capacidades que permiten interpretar el ambiente, no es sólo un conjunto de conocimientos. Se han realizado muchos intentos de medir esta capacidad, que incluso se ha traducido en coeficientes, con el pernicioso efecto por parte de algunos de clasificar a las personas. De hecho, la eterna pugna entre herencia y ambiente ha ocasionado políticas sociales sesgadas y orientadas a destinar recursos a unos grupos sociales sobre otros. R. Colom y F.J. Abad Facultad de Psicología. Universidad Autónoma de Madrid. Madrid. España. Nuestra mente 70 JANO EXTRA NOVIEMBRE 2005. N.º 1.583 .www.doyma.es/jano 6 La inteligencia 4/11/05 13:55 Página 1
  2. 2. den a mostrar también un bajo rendimiento en todas las de- más situaciones. Aunque existen algunas excepciones, ésta es la tendencia general: la persona más inteligente es propensa a serlo en la mayor parte de las situaciones y la persona menos inteligente, también. De hecho, en la evaluación clínica de la inteligencia es usual considerar como síntoma de funciona- miento anómalo la presencia de una llamativa discrepancia en- tre el nivel expresado por un individuo en tests que valoran capacidades intelectuales distinguibles. Coeficiente de inteligencia El coeficiente de inteligencia (CI) suele ser el indicador nu- mérico que permite cuantificar, con relativa rapidez, la capaci- dad general o g. La distribución de las personas según el CI, desde el nivel bajo al alto, se puede representar adecuada- mente mediante la curva de Gauss o distribución normal. La figura 2 señala que la mayoría de las personas se sitúan alre- dedor del punto medio (CI = 100). Pocos son muy brillantes o muy torpes: aproximadamente un 3% de la población presenta puntuaciones superiores a 130 (considerado habitualmente como el límite de la superdotación) y el mismo porcentaje tie- ne puntuaciones por debajo de 70 (considerado habitualmen- te el umbral del retraso mental). Relevancia de la capacidad general (g), la comprensión verbal (CV), el razonamiento perceptivo (RP), la memoria de trabajo (MT), la velocidad perceptiva (V) en la medida de la inteligencia. Figura 1. CV 8% RP 4% MT 4% V 4% g 80% JANO EXTRA NOVIEMBRE 2005. N.º 1.583 .www.doyma.es/jano 71 6 La inteligencia 4/11/05 13:55 Página 2
  3. 3. A pesar del encendido debate que se ha producido durante años, dentro y fuera de la comunidad psicológica, actualmente sabemos que, en general, las medidas de CI no están cultural- mente sesgadas en contra de determinados grupos sociales, sino que, por ejemplo, las puntuaciones de CI predicen con si- milar exactitud independientemente de, por ejemplo, la perte- nencia étnica o la clase social. En cualquier caso, la psicología dispone de sofisticados medios analíticos para contrastar, en distintas poblaciones y grupos humanos, el posible sesgo de las medidas de inteligencia. Los miembros de diferentes grupos étnicos o niveles socioe- conómicos se sitúan a todos los niveles de la escala de CI. Las curvas de los distintos grupos o niveles se solapan considera- blemente, pero suelen diferir por el lugar de la curva en el que tienden a agruparse sus miembros. El hecho indiscutible es que determinados grupos presentan mayores puntuaciones promedio que otros y que ese hecho posee fuertes repercusio- nes sociológicas. No existe una respuesta definitiva a la pregunta de por qué son distintas las distribuciones de CI en distintos grupos étni- cos o niveles socioeconómicos. Las razones por las que se pro- ducen estas diferencias entre grupos pueden ser marcada- mente distintas a por qué difieren los individuos dentro de ca- da grupo. De hecho, es erróneo asumir que el motivo por el que algunos individuos en una determinada población tienen un alto CI, mientras que en otros éste es bajo, debe ser el mis- mo por que algunas poblaciones incluyen a más individuos de alto o bajo CI que otras poblaciones. La mayoría de los exper- tos en el campo de la inteligencia humana consideran que el ambiente es importante al separar las curvas de CI de distin- tos grupos sociales, pero también consideran que la genética debe estar implicada. El CI se relaciona intensamente con varios resultados socia- les, económicos, ocupacionales y educativos. De hecho, se po- see una amplia evidencia sobre la relación del CI con más de sesenta fenómenos relevantes en términos sociales. Algunos de estos son el rendimiento académico, el rendimiento en cur- sos de formación ocupacional, el rendimiento laboral, el nivel de salud física, la genialidad, la estatura, la longevidad, los in- gresos, el sentido del humor, la vulnerabilidad a los acciden- tes, el alcoholismo, la delincuencia, la impulsividad, la mortali- dad infantil, el liderazgo, la elección de pareja, la miopía, la respuesta a la psicoterapia, las preferencia en la dieta, las ha- bilidades motrices, la histeria o el hábito de fumar. No existe ningún otro rasgo humano que se aproxime siquiera a esta ci- fra. Actualmente está fuera de duda el hecho de que las medi- das de CI poseen una gran importancia práctica y social. Una de las relaciones más llamativas es la observada entre inteligencia y salud o bienestar físico. En un estudio en el que participaron 20.000 personas, se observó una correlación de 0,4 entre inteligencia y salud, mientras que la correlación en- tre el nivel socioeconómico familiar (SES) y la salud fue de 0,2. Sin embargo, cuando se calculó la correlación entre SES y salud, controlando estadísticamente el efecto de las diferen- cias de inteligencia, el resultado fue de 0,07. Cuando se calcu- ló la correlación entre inteligencia y salud, controlando esta- dísticamente el efecto de las diferencias socioeconómicas que separan a las familias, el resultado fue de 0,33 (fig. 3). Es de- cir, la inteligencia personal se relaciona con la salud indepen- dientemente de la influencia de las variables socioeconómicas, mientras que el nivel socioeconómico no se relaciona con la salud cuando se controla el efecto de la inteligencia personal. En términos epidemiológicos, la influencia de la inteligencia humana no se puede seguir ignorando (tabla I). Un alto CI supone una ventaja en la vida, dado que práctica- mente todas las actividades requieren algún tipo de razona- miento y de toma de decisiones. Y, a la inversa, un bajo CI su- pone una desventaja, especialmente en ambientes desorgani- zados. Por supuesto, un alto CI no garantiza el éxito en la vida, y tampoco un bajo CI garantiza el fracaso en las situaciones vi- tales. Existen muchas excepciones, pero el éxito en nuestra sociedad favorece a los individuos con CI alto. Las ventajas prácticas de tener un CI alto aumentan a medida que las situaciones se hacen más complejas (novedosas, ambi- guas, cambiantes, impredecibles o con muchas alternativas de actuación). Por ejemplo, un alto CI es generalmente necesario para mostrar un buen rendimiento en ocupaciones complejas (profesiones cualificadas, gestión), supone una ventaja conside- rable en ocupaciones moderadamente complejas (aviones, poli- cía y administración), pero representa una ventaja algo menor en las situaciones que sólo exigen tomar decisiones simples y re- solver problemas sencillos (trabajos de baja cualificación). Las diferencias en inteligencia no son, por supuesto, el úni- co factor que influye en el rendimiento educativo, el entrena- miento o las ocupaciones complejas, pero sí suelen ser el fac- tor más importante. Cuando ya se ha seleccionado a los indivi- duos, entre personas de alto o de bajo CI, de modo que apenas difieren en éste, como por ejemplo en la universidad, otras in- fluencias cobran importancia. Algunos rasgos de personalidad, talentos, aptitudes, capacidades físicas o el nivel de experien- cia, son relevantes para lograr un rendimiento óptimo en de- terminadas ocupaciones, pero tienen una aplicabilidad más re- ducida (o desconocida) a distintas tareas y situaciones com- parativamente con la inteligencia. Relaciones del coeficiente de inteligencia (CI) y el nivel socioeconómico (SES) con las diferencias de salud. Los valores del círculo corresponden a las relaciones controlando el efecto de la relación entre el CI y el SES. Figura 3. CI SES 0,40 0,20 0,07 0,33 Salud Representación de una distribución normal.Figura 2. µ−4σ µ−3σ µ−2σ µ−1σ µ µ+1σ µ+2σ µ+3σ µ+4σ Curva normal de Gauss 72 JANO EXTRA NOVIEMBRE 2005. N.º 1.583 .www.doyma.es/jano 6 La inteligencia 4/11/05 13:55 Página 3
  4. 4. Influencia de los factores genéticos en la inteligencia Los individuos difieren en inteligencia debido a factores tanto ambientales como hereditarios. Las estimaciones de la in- fluencia de la herencia van desde 0,4 a 0,8 (en una escala de 0 a 1). Esto implica que, en términos relativos, la genética des- empeña un papel más importante que el ambiente en la pro- ducción de las diferencias individuales de inteligencia, aunque las estimaciones pueden cambiar en distintos contextos cultu- rales o a través de las generaciones. Desde esta perspectiva, suele comprenderse mal el hecho de que, si todos los ambien- tes fuesen iguales para todo el mundo, la influencia de la he- rencia sería del 100%, dado que todas las diferencias de CI que se observasen tendrían necesariamente un origen genéti- co. Las variaciones en la estimación cuantitativa de la influen- cia de los factores genéticos y ambientales constituyen índices sobre el impacto de las mejoras sociales. Es importante destacar, además, que el hecho de que el CI sea altamente heredable, no significa que el ambiente carezca de relevancia. Nadie duda de que los individuos no nacen con niveles intelectuales fijos e inmodificables. Sin embargo, el CI se estabiliza gradualmente durante la infancia, y generalmente cambia poco desde ese momento de la vida. Los estudios de adopción son un método idóneo para sepa- rar la relevancia del efecto de los factores genéticos y ambien- tales sobre la inteligencia. Uno de los estudios más renombra- dos corresponde al Proyecto de Adopción de Colorado. Se es- tudió una serie de niños desde que contaban 1 año de edad hasta que llegaron a sus 16 años. Se consideraron 245 madres que dieron a sus niños en adopción nada más nacer, los padres adoptivos de las familias que acogieron a esos niños, y, natu- ralmente, a los propios niños adoptados. También se estudió a 245 padres y sus niños naturales, es decir, familias de control en las que no había niños adoptados. Estas familias de control se emparejaron con las familias adoptivas en una serie básica de características sociodemográficas, es decir, se eligieron fa- milias de control comparables a las familias adoptivas. La inteligencia se evaluó en cuatro momentos de la vida de los niños: a los 3 años, entre los 7 y los 10 años, entre los 12 y los 14 años, y a los 16 años. A esas edades se correlacionó la inteligencia de los niños con sus padres adoptivos y con sus padres naturales. Asimismo, se correlacionó la inteligencia de los padres y sus hijos naturales en las familias de control. La figura 4 presenta los valores de correlación para los niños y sus padres adoptivos a las edades reseñadas. La semejanza en inteligencia entre los niños adoptados y sus padres adoptivos es nula: los niños no se parecen en abso- luto en su nivel intelectual a sus padres adoptivos, a ninguna de las edades. ¿Cuáles son esos valores en las familias de con- trol, es decir, en las familias en las que no hay hijos adopta- dos? (fig. 5). Al calcular el grado de semejanza intelectual entre los pa- dres y sus hijos naturales, cuando ambos han convivido en el mismo hogar, se observa que la correlación menor es de 0,19, Algunos ejemplos del papel que desempeña la inteligencia en la salud El coeficiente de inteligencia (CI) valorado a los 11 años de edad predice la mortalidad y la independencia funcional 60 años después Los cuatro posibles mecanismos que relacionan el CI con la longevidad presentan una agenda para la futura investigación. El CI valorado a los 11 años de edad puede: 1. Ser una expresión de daños ocurridos durante el período perinatal o la infancia 2. Ser un indicador de la integridad del organismo como un todo 3. Ser un predictor de la realización de conductas saludables (p. ej., evitar daños o no fumar) 4. Ser un predictor de la selección o creación de ambientes saludables (p. ej., elegir ocupaciones no peligrosas) Desgraciadamente, la mayor parte de la información a la que el ciudadano medio tiene acceso proviene de los medios de comunicación, y no directamente de los médicos. Raramente se les visita y prácticamente nunca se conversa con él sobre la propia salud Los medios procuran hacer un trabajo apropiado para evitar la falta de información del ciudadano, pero esa estrategia de comunicación supone que ese ciudadano ve la televisión y, lo que es más importante, que comprende correctamente lo que se le dice Sin embargo, cuando se estudia el impacto “real” de ese tipo de programas televisivos, se comprueba que al menos un tercio de la población no ve esos programas o no comprende adecuadamente los mensajes La Sociedad Americana de Psicología señaló en su informe de 1996 sobre la salud que “7 de las 10 causas principales de muerte incluyen factores que se pueden modificar haciendo las cosas bien, es decir, comportándose adecuadamente y tomando decisiones saludables sobre el modo de actuar” (p. 5) Además, la mortalidad “se puede reducir sustancialmente si las personas bajo riesgo cambian únicamente cinco modos de actuar: seguir los consejos médicos (p. ej., uso de medicamentos contra la hipertensión), seguir una dieta saludable, evitar el hábito de fumar, hacer ejercicio y no tomar drogas y alcohol” (p. 15) Aunque las enfermedades crónicas no se pueden curar, generalmente se pueden prevenir, sus daños se pueden minimizar y también es posible ralentizar su desarrollo. La prevención exige ver por adelantado y actuar siguiendo hábitos que mejoren la salud. Especialmente importante es seguir los consejos médicos y una dieta sensata, hacer ejercicio, no fumar ni tomar drogas o beber en exceso Además, las personas deben poseer y usar información sobre qué significa una dieta y un estilo de vida saludable, hacerse revisiones periódicas y saber valorar cuándo determinados síntomas son lo suficientemente relevantes como para visitar al médico Tabla I. Correlación de la inteligencia entre los niños y sus padres adoptivos, cuando los niños tienen distintas edades. Figura 4. 1,0 0,8 0,6 0,4 0,2 0,0 –0,2 3 7-10 12-14 16 Edad (años) JANO EXTRA NOVIEMBRE 2005. N.º 1.583 .www.doyma.es/jano 73 6 La inteligencia 4/11/05 13:55 Página 4
  5. 5. un valor mucho más alto que en cualquiera de los casos co- rrespondientes a los padres adoptivos y sus hijos adoptados. Se observa también que la correlación entre los padres y sus hijos naturales a los que ellos mismos han criado va aumen- tando con el paso de los años, es decir, a medida que los niños se hacen mayores: la correlación pasa de 0,19 cuando los ni- ños cuentan 3 años, a 0,31 cuando llegan a los 16 años. Es po- sible, por tanto, que el contacto entre padres e hijos produzca, a la larga, una mayor semejanza entre ellos en su nivel intelec- tual. Saber si esta interpretación es apropiada exige una eviden- cia más: el grado de semejanza intelectual entre las madres y sus hijos naturales dados en adopción al nacer con los que nunca han convivido. La figura 6 muestra que, aunque las ma- dres no han convivido jamás con sus hijos dados en adopción, su parecido intelectual reproduce el observado en las familias de control en las que los padres crían a sus hijos naturales desde el momento de su nacimiento. El parecido entre las ma- dres y sus hijos dados en adopción va aumentando con el paso de los años, a medida que los niños se hacen mayores: los va- lores pasan de 0,12 cuando los niños cuentan 3 años, a 0,38 cuando tienen 16 años. A continuación se presentan las consecuencias del Proyecto de Adopción de Colorado. En primer lugar, la semejanza en in- teligencia entre los padres adoptivos y sus hijos adoptados es prácticamente nula, sea cual sea la edad de los niños, a pesar de que los hijos adoptados han crecido en un hogar creado a imagen y semejanza de los padres adoptivos. En segundo lu- gar, la semejanza en inteligencia entre los padres y sus hijos naturales, en las familias convencionales en las que los prime- ros crían a los segundos, aumenta a medida que los niños se hacen mayores. Además, esta semejanza es siempre mucho mayor que en el caso de las familias adoptivas. En tercer lu- gar, la semejanza en inteligencia entre las madres y sus hijos naturales dados en adopción al nacer, con los que nunca han convivido, replica el grado de semejanza observado en las fa- milias convencionales. Finalmente, el grado de parecido inte- lectual entre padres e hijos no depende de que vivan en el mismo hogar. El parecido entre los padres y sus hijos natura- les es exactamente el mismo, vivan o no vivan en el mismo ho- gar. En suma, las condiciones del hogar poseen una nula in- fluencia en el desarrollo de la inteligencia de los niños. Las di- ferencias que separan a las familias son irrelevantes para comprender las diferencias de inteligencia que separan a los niños. Esta evidencia excluye, naturalmente, los casos extre- mos de familias abusivas o ambientes gravemente deprimidos. Es importante subrayar, en cualquier caso, que las diferen- cias genéticamente causadas no son necesariamente irreme- diables. Ejemplos que lo demuestran son la diabetes, la visión alterada o la fenilcetonuria. Tampoco se puede sostener que son necesariamente remediables las diferencias causadas am- bientalmente. Ejemplos que los demuestran son los daños físi- cos, los venenos y algunas enfermedades. Ambas se pueden prevenir hasta cierto punto. Conclusiones La inteligencia humana es el factor psicológico de mayor rele- vancia sociológica. La psicología dispone de instrumentos para valorarla con extraordinaria precisión en los ámbitos educati- vo, empresarial o clínico. Profesionales como los médicos po- drían obtener enormes beneficios de atender a los conoci- mientos acumulados por los psicólogos sobre el efecto que po- seen las diferencias de inteligencia que separan a los ciudadanos. Comprender las consignas médicas, seguir un plan de tratamiento o valorar el efecto a medio plazo sobre la propia salud de una determinada intervención, requiere razo- nar, planificar, resolver problemas, pensar de modo abstracto, comprender ideas complejas, aprender con rapidez y usar la experiencia, es decir, requiere inteligencia.J Bibliografía recomendada Andrés-Pueyo A, Colom R. Ciencia y política de la inteligencia en la sociedad moderna. Madrid: Biblioteca Nueva; 1998. Colom R. Psicología de las diferencias individuales. Teoría y práctica. Madrid: Pi- rámide; 1998. Colom R. En los límites de la inteligencia. Madrid: Pirámide; 2002. Deary IJ, Der G. Reaction time explains IQ’s association with death. Psychol Sci. 2005;16:64-9. Gottfredson LS. Intelligence: is it the epidemiologists’ elusive “fundamental cau- se” of social class inequalities in health? J Personality Social Psychology. 2004;86:174-99. Gottfredson LS. Life, death, and intelligence. J Cognitive Education, and Psychology. 2004;4:23-46. Gottfredson LS, Deary IJ. Intelligence predicts health and longevity, but why? Current Directions in Psychological Science. 2004;13:1-4. Vallejo-Nágera A, Colom R. Tu inteligencia. Cómo entenderla y mejorarla. Ma- drid: Aguilar; 2004. Correlación de la inteligencia entre los niños y sus padres en familias de control en las que no hay niños adoptados cuando los niños tienen distintas edades. Figura 5. 1,0 0,9 0,8 0,7 0,6 0,5 0,4 0,3 0,2 0,1 0,0 3 7-10 12-14 16 Edad (años) Correlación en inteligencia entre las madres y sus hijos biológicos dados en adopción al nacer, a medida que los niños se van haciendo mayores. Figura 6. 1,0 0,9 0,8 0,7 0,6 0,5 0,4 0,3 0,2 0,1 0,0 3 7-10 12-14 16 Edad (años) 74 JANO EXTRA NOVIEMBRE 2005. 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