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2                                IMPRIMATURHe leído atentamente el folleto “La Santa Misa”, Testimonio de Catalina, Misio-...
3            DEDICATORIA   A Su Santidad, Juan Pablo II, Primer Apóstol de la Nueva EvangelizaciónDe cuyo ejemplo los laic...
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5Ellos dijeron: “Señor, danos siempre de                ese pan.”Jesús, les dijo: “Yo Soy el Pan de Vida.El que viene a mí...
6 TESTIMONIO DE CATALINA SOBRE        LA SANTA MISAEn la maravillosa catequesis con la que el Señor y laVirgen María nos h...
7“Hoy es un día de aprendizaje para ti y quiero queprestes mucha atención, porque de lo que seas te s-tigo hoy, todo lo qu...
8“En el último momento llegas, cuando ya la proce-sión de los celebrantes está saliendo para celebrarla Misa...y vas a par...
9al repetir: “...Por tu inmensa Gloria Te alabamos, Tebendecimos, Te adoramos, Te glorificamos, Te damosgracias, Señor, Di...
10Nuevamente agradecí a Dios por darme la oportunidadde escuchar Su Palabra y le pedí perdón por haber te-nido el corazón ...
11Y es que así lo pide Jesús, que pongamos el corazónen el suelo para que ellos no sientan la dureza, sinoque los aliviemo...
12“Ofrezcan en este momento..., ofrezcan sus penas,sus dolores, sus ilusiones, sus tristezas, sus ale-grías, sus peticione...
13que difícilmente podría compararse a otra. Todasaquellas criaturas celestiales haciendo una reverenciaante el Altar, una...
14ya de la Presencia de Dios” Entonces la vi. Allá jus-tamente a la derecha del señor Arzobispo... un pasodetrás del celeb...
15Santa Misa. Al pie del Altar donde se celebra la Eu-caristía, siempre Me van a encontrar; al pie del Sa-grario permanezc...
16cordia... Ahora dile cuánto lo amas, rinde tu home-naje al Rey de Reyes”Se lo dije, parecía que sólo a mí me miraba desd...
17sobre el lado derecho del hombro Podía contemplar elrostro y los brazos golpeados y descarnados. En elcostado derecho te...
18do perdón y deseo mi paz. Si esa persona merecela paz, la va a recibir y le hará mucho bien; si esapersona no es capaz d...
19Llegó el momento de la comunión de los celebrantes,ahí volví a notar la presencia de todos los sacerdotesjunto a Monseño...
20Debo aclarar que esta persona era una de las señorasde nuestro grupo que la noche anterior no había alcan-zado a confesa...
21aquellos a quienes amaba más que a Mi vida...”Recibí aquella Hostia, que tenía un sabor distinto, erauna mezcla de sangr...
22¿Se dan cuenta ustedes de que Él, el Amor, está p   i-diendo nuestro amor y no se lo damos? Es más, evita-mos ir a ese e...
23Jesús me pidió que me quedara con Él unos minutosmás luego de terminada la Misa. Dijo:“ No salgan a la carrera terminada...
24a sus diversiones. ¿Cuántas familias dicen una vezal mes al menos: “Este es el día en que nos toca ira visitar a Jesús e...
25berlo.La otra cosa de la que habló con dolor el Señor fue de                               las    personas     que      ...
26nos se mueran de hambre teniendo nosotros tanto panen nuestras manos.No podemos mirar que se esté desmoronando nuestraIg...
27los medios y con todos los medios y... ¡abrir las manospara recibir TODO por añadidura; porque es el Patrónque mejor pag...
28Apostolado de la Nueva Evangelización (ANE)           http://www.a-n-e.net       http://www.jesucristovivo.org
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La santa misa

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La santa misa

  1. 1. 1
  2. 2. 2 IMPRIMATURHe leído atentamente el folleto “La Santa Misa”, Testimonio de Catalina, Misio-nera laica del Corazón Eucarístico de Jesús, y no encuentro en él nada contrarioa la Sagrada Escritura ni a la doctrina de la Iglesia; por el contrario, creo since-ramente que es un testimonio de sublime enseñanza sobre el misterio de la SantaMisa. Recomiendo vivamente su lectura y meditación a sacerdotes y laicos parauna mejor comprensión y vivencia del santo Sacrificio del Altar.San Vicente, 2 de marzo de 2004. Mons. José Barahona C. Obispo de San Vicente El Salvador, C.A.
  3. 3. 3 DEDICATORIA A Su Santidad, Juan Pablo II, Primer Apóstol de la Nueva EvangelizaciónDe cuyo ejemplo los laicos recibimos fe, valor y piedad Con inmensa gratitud y amor A todos los sacerdotes:cordón umbilical de Dios con los hombres, que transmitenla gracia divina a través del perdón y de la Con- sagración Eucarística Catalina
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  5. 5. 5Ellos dijeron: “Señor, danos siempre de ese pan.”Jesús, les dijo: “Yo Soy el Pan de Vida.El que viene a mí nunca tendrá hambre,el que cree en mí nunca tendrá sed (...) (Jn 6, 35)Jesús contestó: En verdad les digo: si nocomen la carne del Hijo del Hombre y nobeben su sangre, no viven de verdad. Elque come mi carne y bebe mi sangre, vi-ve de vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día (Jn 6,53-54)“Mi carne es comida verdadera y mi san-gre es bebida verdadera. El que come micarne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Como el Padre, que vive meenvió, y yo vivo por él, así, quien me co-me a mí tendrá de mí la vida (...)(Jn 6,55- 57)(...) “El que coma de este pan vivirá para siempre” (...) (Jn 6, 58)
  6. 6. 6 TESTIMONIO DE CATALINA SOBRE LA SANTA MISAEn la maravillosa catequesis con la que el Señor y laVirgen María nos han ido instruyendo -en primer lu-gar enseñándonos la forma de rezar el Sto. Rosario,de orar con el corazón, de meditar y disfrutar de losmomentos de encuentro con Dios y con nuestra Ma-dre bendita; la manera de confesarse bien- está ladel conocimiento de lo que sucede en la Santa Misay la forma de vivirla con el corazón.Este es el testimonio que debo y quiero dar al mundoentero, para mayor Gloria de Dios y para la salvaciónde todo aquel que quiera abrir su corazón al Señor.Para que muchas almas consagradas a Dios, reavi-ven el fuego del amor a Cristo, unas que son dueñasde las manos que tienen el poder de traerlo a la tierrapara que sea nuestro alimento, las otras, para quepierdan la “costumbre rutinaria” de recibirlo y revivanel asombro del encuentro cotidiano con el amor. Paraque mis hermanos y hermanas laicos del mundo en-tero vivan el mayor de los Milagros con el corazón: lacelebración de la Santa Eucaristía.Era la vigilia del día de la Anunciación y los compo-nentes del grupo nuestro habíamos ido a confesar-nos. Algunas de las señoras del grupo de oración noalcanzaron a hacerlo y dejaron su confesión para eldía siguiente antes de la Santa Misa.Cuando llegué al día siguiente a la Iglesia un pocoatrasada, el señor Arzobispo y los sacerdotes ya es-taban saliendo al presbiterio. Dijo la Virgen con aque-lla voz tan suave y femenina que a una le endulza elalma:
  7. 7. 7“Hoy es un día de aprendizaje para ti y quiero queprestes mucha atención, porque de lo que seas te s-tigo hoy, todo lo que vivas en este día, tendrás queparticiparlo a la humanidad”. Me quedé sobrecogidasin entender pero procurando estar muy atenta.Lo primero que percibí es que había un coro de vocesmuy hermosas que cantaban como si estuviesen lejos,a momentos se acercaba y luego se alejaba la músicacomo con el sonido del viento.El señor Arzobispo empezó la Santa Misa, y al llegar ala Oración Penitencial, dijo la Santísima Virgen:“Desde el fondo de tu corazón, pide perdón al Se-ñor por todas tus culpas, por haberlo ofendido, asípodrás participar dignamente de este privilegio quees asistir a la Santa Misa.”Seguramente que por una fracción de segundo pensé:“Pero si estoy en Gracia de Dios, me acabo de confe-sar anoche”.Ella contestó: “¿Y tú crees que desde anoche nohas ofendido al Señor? Déjame que Yo te recuerdealgunas cosas. Cuando salías para venir aquí, lamuchacha que te ayuda se acercó para pedirte algoy como estabas con retraso, a la apurada, le con-testaste no de muy buena forma. Eso ha sido unafalta de caridad de tu parte y dices no haber ofendi-do a Dios...?”“De camino hacia acá un autobús se atravesó en tucamino, casi te choca y te expresaste en forma po-co conveniente contra ese pobre hombre, en lugarde venir haciendo tus oraciones, preparándote parala Santa Misa. Has faltado a la caridad y has perdi-do la paz, la paciencia. ¿Y dices no haber lastimadoal Señor...?”
  8. 8. 8“En el último momento llegas, cuando ya la proce-sión de los celebrantes está saliendo para celebrarla Misa...y vas a participar de ella sin una previapreparación....””-Ya, Madre Mía, ya no me digas más, no me recuer-des más cosas porque me voy a morir de pesar y ver-güenza- contesté.“¿Por qué tienen que llegar en el último momento?Ustedes deberían estar antes para poder hacer unaoración y pedir al Señor que envíe Su Santo Espíri-tu, que les otorgue un espíritu de paz que eche fue-ra el espíritu del mundo, las preocupaciones, losproblemas y las distracciones para ser capaces devivir este momento tan sagrado. Pero llegan casi alcomenzar la celebración, y participan como si parti-ciparan de un evento cualquiera, sin ninguna pre-paración espiritual. ¿Por qué? Es el Milagro másgrande, van a vivir el momento de regalo más gran-de de parte del Altísimo y no lo saben apreciar.”Era bastante. Me sentía tan mal que tuve más que sufi-ciente para pedir perdón a Dios, no solamente por lasfaltas de ese día, sino por todas las veces que, comomuchísimas otras personas, esperé a que termine lahomilía del sacerdote para entrar en la Iglesia. Por lasveces que no supe o me negué a comprender lo quesignificaba estar allí, por las veces que tal vez habien-do estado mi alma llena de pecados más graves, mehabía atrevido a participar de la Santa Misa.Era día de Fiesta y debía recitarse el Gloria. Dijo nues-tra Señora: -“Glorifica y bendice con todo tu amor ala Santísima Trinidad en tu reconocimiento comocriatura Suya”Qué distinto fue aquel Gloria. De pronto me veía en unlugar lejano, lleno de luz ante la Presencia Majestuosadel Trono de Dios, y con cuánto amor fui agradeciendo
  9. 9. 9al repetir: “...Por tu inmensa Gloria Te alabamos, Tebendecimos, Te adoramos, Te glorificamos, Te damosgracias, Señor, Dios Rey celestial, Dios Padre Todopo-deroso y evoqué el rostro paternal del Padre lleno debondad... Señor, Hijo único Jesucristo, Señor Dios,Cordero de Dios, Hijo del Padre, Tú que quitas el peca-do del mundo...” Y Jesús estaba delante de mí, conese rostro lleno de ternura y Misericordia: “...porquesólo Tú eres Dios, sólo Tú, Altísimo Jesucristo, con elEspíritu Santo...” el Dios del Amor hermoso, Aquel queen ese momento estremecía todo mi ser ...Y pedí: “Señor, libérame de todo espíritu malo, mi cora-zón te pertenece, Señor mío envíame tu paz para con-seguir el mejor provecho de esta Eucaristía y que mivida dé sus mejores frutos. Espíritu Santo de Dios,transfórmame, actúa en mí, guíame ¡Oh Dios, damelos dones que necesito para servirte mejor...!”Llegó el momento de la Liturgia de la Palabra y la Vir-gen me hizo repetir: “Señor, hoy quiero escuchar TuPalabra y producir fruto abundante, que Tu Santo Espí-ritu limpie el terreno de mi corazón, para que Tu Pala-bra crezca y se desarrolle, purifica mi corazón para queesté bien dispuesto.“Quiero que estés atenta a las lecturas y a toda lahomilía del sacerdote. Recuerda que la Biblia diceque la Palabra de Dios n vuelve sin haber dado ofruto. Si tú estás atenta, va a quedar algo en ti detodo lo que escuches. Debes tratar de recordar to-do el día esas Palabras que dejaron huella en ti.Serán dos frases unas veces, luego será la lecturadel Evangelio entera, tal vez solo una palabra, pala-dear el resto del día y eso hará carne en ti porqueesa es la forma de transformar la vida, haciendoque la Palabra de Dios lo transforme a uno”.“Y ahora, dile al Señor que estás aquí para escu-char lo que quieres que El diga hoy a tu corazón”.
  10. 10. 10Nuevamente agradecí a Dios por darme la oportunidadde escuchar Su Palabra y le pedí perdón por haber te-nido el corazón tan duro por tantos años y haber ense-ñado a mis hijos que debían ir a Misa los domingos,porque así lo mandaba la Iglesia, no por amor, por ne-cesidad de llenarse de Dios...Yo que había asistido a tantas Eucaristías, más porcompromiso; y con ello creía estar salvada. De vivirla,ni soñar, de poner atención en las lecturas y la homilíadel sacerdote, menos.¡Cuánto dolor sentí por tantos años de pérdida inútil,por mi ignorancia!... ¡Cuánta superficialidad en las Mi-sas a las que asistimos porque es una boda, una Misade difunto o porque tenemos que hacernos ver con lasociedad! ¡Cuánta ignorancia sobre nuestra Iglesia ysobre los Sacramentos! ¡Cuánto desperdicio en quererinstruirnos y culturizarnos en las cosas del mundo, queen un momento pueden desaparecer sin quedarnosnada, y que al final de la vida no nos sirven ni paraalargar un minuto a nuestra existencia! Y sin embar-go, de aquello que va a ganarnos un poco del cieloen la tierra y luego la vida eterna, no sabemos na-da, ¡Y nos llamamos hombres y mujeres cultos...!Un momento después llegó el Ofertorio y la SantísimaVirgen dijo “Reza así: ( y yo la seguía) Señor, teofrezco todo lo que soy, lo que tengo, lo que pue-do, todo lo pongo en Tus manos. Edifica Tú, Señorcon lo poco que soy. Por los méritos de Tu Hijo,transfórmame, Dios Altísimo. Te pido por mi fami-lia, por mis bienhechores, por cada miembro denuestro Apostolado, por todas las personas quenos combaten, por aquellos que se encomiendan amis pobres oraciones... Enséñame a poner mi cora-zón en el suelo para que su caminar sea menos du-ro. Así oraban los santos, así quiero que lo hagan”.
  11. 11. 11Y es que así lo pide Jesús, que pongamos el corazónen el suelo para que ellos no sientan la dureza, sinoque los aliviemos con el dolor de aquel pisotón. Añosdespués leí un librito de oraciones de un Santo al quequiero mucho: José María Escrivá de Balaguer y allápude encontrar una oración parecida a la que me e n-señaba la Virgen. Tal vez este Santo a quien me e n-comiendo, agradaba a la Virgen Santísima con aque-llas oraciones.De pronto empezaron a ponerse de pie unas figurasque no había visto antes. Era como si del lado de ca-da persona que estaba en la Catedral, saliera otra per-sona y aquello se llenó de unos personajes jóvenes,hermosos. Iban vestidos con túnicas muy blancas yfueron saliendo hasta el pasillo central dirigiéndosehacia el Altar.Dijo nuestra Madre: “Observa, son los Ángeles de laGuarda de cada una de las personas que está aquí.Es el momento en que su Ángel de la Guarda llevasus ofrendas y peticiones ante el Altar del Señor”En aquel momento, estaba completamente asombra-da, porque esos seres tenían rostros tan hermosos, tanradiantes como no puede uno imaginarse. Lucían unosrostros muy bellos, casi femeninos, sin embargo lacomplexión de su cuerpo, sus manos, su estatura erade hombre. Los pies desnudos no pisaban el suelo,sino que iban como deslizándose, como resbalando.Aquella procesión era muy hermosa.Algunos de ellos tenían como una fuente de oro conalgo que brillaba mucho con una luz blanca-dorada,dijo la Virgen: -“Son los Ángeles de la Guarda de laspersonas que están ofreciendo esta Santa Misa pormuchas intenciones, aquellas personas que estánconscientes de lo que significa esta celebración,aquellas que tienen algo que ofrecer al Señor...”
  12. 12. 12“Ofrezcan en este momento..., ofrezcan sus penas,sus dolores, sus ilusiones, sus tristezas, sus ale-grías, sus peticiones. Recuerden que la Misa tieneun valor infinito por lo tanto, sean generosos enofrecer y en pedir.”Detrás de los primeros Ángeles venían otros que notenían nada en las manos, las llevaban vacías. Dijo laVirgen: -“Son los Ángeles de las personas que e s-tando aquí, no ofrecen nunca nada, que no tieneninterés en vivir cada momento litúrgico de la Misa yno tienen ofrecimientos que llevar ante el Altar delSeñor.”En último lugar iban otros Ángeles que estaban mediotristones, con las manos juntas en oración pero con lamirada baja. -“Son los Ángeles de la Guarda de laspersonas que estando aquí, no están, es decir delas personas que han venido forzadas, que han ve-nido por compromiso, pero sin ningún deseo departicipar de la Santa Misa y los Ángeles van tristesporque no tienen qué llevar ante el Altar, salvo suspropias oraciones”.“No entristezcan a su Ángel de la Guarda.... Pidanmucho, pidan por la conversión de los pecadores,por la paz del mundo, por sus familiares, sus veci-nos, por quienes se encomiendan a sus oraciones.Pidan, pidan mucho, pero no sólo por ustedes, sinopor los demás.”“Recuerden que el ofrecimiento que más agrada alSeñor es cuando se ofrecen ustedes mismos comoholocausto, para que Jesús, al bajar, los transfor-me por Sus propios méritos. ¿Qué tienen que ofre-cer al Padre por sí mismos? La nada y el pecado,pero al ofrecerse unidos a los méritos de Jesús,aquel ofrecimiento es grato al Padre.”Aquel espectáculo, aquella procesión era tan hermosa
  13. 13. 13que difícilmente podría compararse a otra. Todasaquellas criaturas celestiales haciendo una reverenciaante el Altar, unas dejando su ofrenda en el suelo,otras postrándose de rodillas con la frente casi en elsuelo y luego que llegaban allá desaparecían a mi vis-ta.Llegó el momento final del Prefacio y cuando laasamblea decía: “Santo, Santo, Santo” de pronto,todo lo que estaba detrás de los celebrantes desapare-ció. Del lado izquierdo del señor Arzobispo hacia atrásen forma diagonal aparecieron miles de Ángeles, p e-queños, Ángeles grandes, Ángeles con alas inmensas,Ángeles con alas pequeñas, Ángeles sin alas, comolos anteriores; todos vestidos con unas túnicas comolas albas blancas de los sacerdotes o los monaguillos.Todos se arrodillaban con las manos unidas en oracióny en reverencia inclinaban la cabeza. Se escuchabauna música preciosa, como si fueran muchísimos coroscon distintas voces y todos decían al unísono junto conel pueblo: Santo, Santo, Santo...Había llegado el momento de la Consagración, el mo-mento del más maravilloso de los Milagros... Del ladoderecho del Arzobispo hacia atrás en forma tambiéndiagonal, una multitud de personas, iban vestidas conla misma túnica pero en colores pastel: rosa, verde,celeste, lila, amarillo; en fin, de distintos colores muysuaves. Sus rostros también eran brillantes, llenos degozo, parecían tener todos la misma edad. Se podíaapreciar (y no puedo decirlo por qué) que había gentede distintas edades, pero todos parecían igual en lascaras, sin arrugas, felices. Todos se arrodillaban tam-bién ante el canto de “Santo, Santo, Santo, es el Se-ñor...”Dijo nuestra Señora: -“Son todos los Santos y Bien-aventurados del cielo y entre ellos, también estánlas almas de los familiares de ustedes que gozan
  14. 14. 14ya de la Presencia de Dios” Entonces la vi. Allá jus-tamente a la derecha del señor Arzobispo... un pasodetrás del celebrante, estaba un poco suspendida delsuelo, arrodillada sobre unas telas muy finas, transpa-rentes pero a la vez luminosas, como agua cristalina, laSantísima Virgen, con las manos unidas, mirando aten-ta y respetuosamente al celebrante. Me hablaba des-de allá, pero silenciosamente, directamente al corazón,sin mirarme.-“¿Te llama la atención verme un poco más atrásde Monseñor, verdad?. Así debe ser... Con todo loque Me ama Mi Hijo, no Me Ha dado la dignidadque da a un sacerdote de poder traerlo entre Mismanos diariamente, como lo hacen las manos s a-cerdotales. Por ello siento tan profundo respetopor un sacerdote y por todo el milagro que Diosrealiza a través suyo, que me obliga a arrodillarmeaquí.”¡Dios mío, cuánta dignidad, cuánta gracia derrama elSeñor sobre las almas sacerdotales y ni nosotros, ni talvez muchos de ellos estamos concientes!Delante del altar, empezaron a salir unas sombras depersonas en color gris que levantaban las manos haciaarriba. Dijo la Virgen Santísima: -“Son las almas ben-ditas del Purgatorio que están a la espera de lasoraciones de ustedes para refrescarse. No dejende rezar por ellas. Piden por ustedes, pero no pue-den pedir por ellas mismas, son ustedes quienestienen que pedir por ellas para ayudarlas a salir pa-ra encontrarse con Dios y gozar de Él eternamen-te.”-“Ya lo ves, aquí Estoy todo el tiempo... La gentehace peregrinaciones y busca los lugares de Misapariciones, y está bien por todas las gracias queallá se reciben, pero en ninguna aparición, en nin-guna parte Estoy más tiempo presente que en la
  15. 15. 15Santa Misa. Al pie del Altar donde se celebra la Eu-caristía, siempre Me van a encontrar; al pie del Sa-grario permanezco Yo con los Ángeles, porque Es-toy siempre con Él.”Ver ese rostro hermoso de la Madre en aquel momentodel “Santo”, al igual que todos ellos, con el rostro res-plandeciente, con las manos juntas en espera de aquelmilagro que se repite continuamente, era estar en elmismo cielo. Y pensar que hay gente, habemos per-sonas que podemos estar en ese momento distraí-das, hablando... Con dolor lo digo, muchos varonesmás que mujeres, que de pie cruzan los brazos, co-mo rindiéndole un homenaje de pie al Señor, deigual a igual.Dijo la Virgen: “Dile al ser humano, que nunca unhombre es más hombre que cuando dobla las rodi-llas ante Dios”.El celebrante dijo las palabras de la “Consagración”.Era una persona de estatura normal, pero de prontoempezó a crecer, a volverse lleno de luz, una luz so-brenatural entre blanca y dorada lo envolvía y se hacíamuy fuerte en la parte del rostro, de modo que no p o-día ver sus rasgos. Cuando levantaba la forma vi susmanos y tenían unas marcas en el dorso de las cualessalía mucha luz. ¡Era Jesús!... Era Él que con SuCuerpo envolvía el del celebrante como si rodearaamorosamente las manos del señor Arzobispo. En esemomento la Hostia comenzó a crecer y crecer enormey en ella, el Rostro maravilloso de Jesús mirando haciaSu pueblo.Por instinto quise bajar la cabeza y dijo nuestra Seño-ra: “ No agaches la mirada, levanta la vista, contém-plalo, cruza tu mirada con la Suya y repite la ora-ción de Fátima: Señor, yo creo, adoro, espero y Teamo, Te pido perdón por aquellos que no creen, noadoran, no esperan y no Te aman. Perdón y Miseri-
  16. 16. 16cordia... Ahora dile cuánto lo amas, rinde tu home-naje al Rey de Reyes”Se lo dije, parecía que sólo a mí me miraba desde laenorme Hostia, pero supe que así contemplaba a cadapersona, lleno de amor... Luego bajé la cabeza hastatener la frente en el suelo, como hacían todos los Án-geles y bienaventurados del Cielo. Por fracción de unsegundo tal vez, pensé qué era aquello que Jesús to-maba el cuerpo del celebrante y al mismo tiempo esta-ba en la Hostia que al bajarlael celebrante se volvía nueva-mente pequeña. Tenía yo lasmejillas llenas de lágrimas, nopodía salir de mi asombro.Inmediatamente Monseñor dijolas palabras consagratorias delvino y junto a sus palabras,empezaron unos relámpagosen el cielo y en el fondo. Nohabía techo de la Iglesia ni pa-redes, estaba todo oscuro so-lamente aquella luz brillante enel Altar.De pronto suspendido en elaire, vi a Jesús, crucificado, dela cabeza a la parte b aja delpecho. El tronco transversalde la cruz estaba sostenido por unas manos grandes,fuertes. De en medio de aquel resplandor se despren-dió una lucecita como de una paloma muy pequeñamuy brillante, dio una vuelta velozmente toda la Iglesiay se fue a posar en el hombro izquierdo del señor Arzo-bispo que seguía siendo Jesús, porque podía distinguirSu melena y Sus llagas luminosas, Su cuerpo grande,pero no veía Su Rostro.Arriba, Jesús crucificado, estaba con el rostro caído
  17. 17. 17sobre el lado derecho del hombro Podía contemplar elrostro y los brazos golpeados y descarnados. En elcostado derecho tenía una herida en el pecho y salía aborbotones, hacia la izquierda sangre y hacia la dere-cha, pienso que agua pero muy brillante; más bieneran chorros de luz que iban dirigiéndose hacia los fie-les moviéndose a derecha e izquierda. ¡Me asombra-ba la cantidad de sangre que fluía hacia del Cáliz. Pen-sé que iba a rebalsar y manchar todo el Altar, pero nocayó una sola gota!Dijo la Virgen en ese momento: “-Este es el milagrode los milagros, te lo He repetido, para el Señor noexiste ni tiempo ni distancia y en el momento de laconsagración, toda la asamblea es trasladada al piedel Calvario en el instante de la crucifixión de J e-sús.¿Puede alguien imaginarse eso? Nuestros ojos no lopueden ver, pero todos estamos allá, en el momentoen que a Él lo están crucificando y está pidiendo per-dón al Padre, no solamente por quienes lo matan, sinopor cada uno de nuestros pecados: “¡Padre, perdó-nalos porque no saben lo que hacen!”.A partir de aquel día, no me importa si me toman comoa loca, pero pido a todos que se arrodillen, que tratende vivir con el corazón y toda la sensibilidad de queson capaces aquel privilegio que el Señor nos conce-de.Cuando íbamos a rezar el Padrenuestro, habló el Se-ñor por primera vez durante la celebración y dijo:“Aguarda, quiero que ores con la mayor profundi-dad que seas capaz y que en este momento, traigasa tu memoria a la persona o a las personas quemás daño te hayan ocasionado durante tu vida, pa-ra que las abraces junto a tu pecho y les digas detodo corazón: “En el Nombre de Jesús yo te perdo-no y te deseo la paz. En el Nombre de Jesús te pi-
  18. 18. 18do perdón y deseo mi paz. Si esa persona merecela paz, la va a recibir y le hará mucho bien; si esapersona no es capaz de abrirse a la paz, esa pazvolverá a tu corazón. Pero no quiero que recibas ydes la paz a otras personas cuando no eres capazde perdonar y sentir esa paz primero en tu cora-zón.”“Cuidado con lo que hacen” – continuó el Señor -“Ustedes repiten en el Padrenuestro: perdónanosasí como nosotros perdonamos a los que nos ofen-den. Si ustedes son capaces de perdonar y no olvi-dar, como dicen algunos, están condicionando elperdón de Dios. Están diciendo perdóname única-mente como yo soy capaz de perdonar, no másallá.”No sé cómo explicar mi dolor, al comprender cuántopodemos herir al Señor y cuánto podemos lastimarnosnosotros mismos con tantos rencores, sentimientosmalos y cosas feas que nacen de los complejos y delas susceptibilidades. Perdoné, perdoné de corazón ypedí perdón a todos los que me habían lastimado algu-na vez, para sentir la paz del Señor.El celebrante decía: “....concédenos la paz y la uni-dad...y luego: “la paz del Señor esté con todos uste-des....”De pronto vi que en medio de algunas personas que seabrazaban (no todos), se colocaba en medio una luzmuy intensa, supe que era Jesús y me abalancé prácti-camente a abrazar a la persona que estaba a mi lado.Pude sentir verdaderamente el abrazo del Señor enesa luz, era Él que me a brazaba para darme Su paz,porque en ese momento había sido yo capaz de perdo-nar y de sacar de mi corazón todo dolor contra otraspersonas. Eso es lo que Jesús quiere, compartir esemomento de alegría abrazándonos para desearnos SuPaz.
  19. 19. 19Llegó el momento de la comunión de los celebrantes,ahí volví a notar la presencia de todos los sacerdotesjunto a Monseñor. Cuando él comulgaba, dijo la Vir-gen:“Este es el momento de pedir por el celebrante ylos sacerdotes que lo acompañan, repite junto a Mí:Señor, bendícelos, santifícalos, ayúdalos, purifíca-los, ámalos, cuídalos, sostenlos con Tu Amor...Recuerden a todos los sacerdotes del mundo, orenpor todas las almas consagradas...”Hermanos queridos, ese es el momento en que debe-mos pedir porque ellos son Iglesia, como también losomos nosotros los laicos. Muchas veces los laicosexigimos mucho de los sacerdotes, pero somos inca-paces de rezar por ellos, de entender que son perso-nas humanas, de comprender y valorar la soledad quemuchas veces puede rodear a un sacerdote.Debemos comprender que los sacerdotes son perso-nas como nosotros y que necesitan comprensión, cui-dado, que necesitan afecto, atención de parte de noso-tros, porque están dando su vida por cada uno de n o-sotros, como Jesús, consagrándose a él.El Señor quiere que la gente del rebaño que le haencomendado Dios ore y ayude en la santificaciónde su Pastor. Algún día, cuando estemos al otrolado, comprenderemos la maravilla que el Señor hahecho al darnos sacerdotes que nos ayuden a sal-var nuestra alma.Empezó la gente a salir de sus bancas para ir a comul-gar. Había llegado el gran momento del encuentro, dela “Comunión”, el Señor me dijo: -“Espera un mo-mento, quiero que observes algo...” por un impulsointerior levanté la vista hacia la persona que iba a reci-bir la comunión en la lengua de manos del sacerdote.
  20. 20. 20Debo aclarar que esta persona era una de las señorasde nuestro grupo que la noche anterior no había alcan-zado a confesarse, y lo hizo recién esa mañana, antesde la Santa Misa. Cuando el sacerdote colocaba laSagrada Forma sobre su lengua, como un flash de luz,aquella luz muy dorada-blanca atravesó a esta perso-na por la espalda primero y luego fue bordeándola enla espalda, los hombros y la cabeza. Dijo el Señor:“¡Así es como Yo Me complazco en abrazar a unalma que viene con el corazón limpio a recibirme!”El matiz de la voz de Jesús era de una persona con-tenta. Yo estaba atónita mirando a esa amiga volverhacia su asiento rodeada de luz, abrazada por el Se-ñor, y pensé en la maravilla que nos perdemos tantasveces por ir con nuestras pequeñas o grandes faltas arecibir a Jesús, cuando tiene que ser una fiesta.Muchas veces decimos que no hay sacerdotes paraconfesarse a cada momento y el problema no está enconfesarse a cada momento, el problema radica ennuestra facilidad para volver a caer en el mal. Por otrolado, así como nos esforzamos por ir a buscar un salónde belleza o los señores un peluquero cuando tenemosuna fiesta, tenemos que esforzarnos también en ir abuscar un sacerdote cuando necesitamos que saquetodas esas cosas sucias de nosotros, pero no tener ladesfachatez de recibir a Jesús en cualquier momentocon el corazón lleno de cosas feas.Cuando me dirigía a recibir la comunión Jesús repetía:-“ La última cena fue el momento de mayor intimi-dad con los Míos. En esa hora del amor, instaurélo que ante los ojos de los hombres podría ser lamayor locura, hacerme prisionero del Amor. Ins-tauré la Eucaristía. Quise permanecer con ustedeshasta la consumación de los siglos, porque MiAmor no podía soportar que quedaran huérfanos
  21. 21. 21aquellos a quienes amaba más que a Mi vida...”Recibí aquella Hostia, que tenía un sabor distinto, erauna mezcla de sangre e incienso que me inundó entera.Sentía tanto amor que las lágrimas me corrían sin poderdetenerlas...Cuando llegué a mi asiento, al arrodillarme dijo el Señor:-“Escucha...” Y en un momento comencé a escuchardentro de mí las oraciones de una señora que estabasentada delante de mí y que acababa de comulgar. Lo que ella decía sin abrir la boca era más o menos así:“Señor, acuérdate que estamos a fin de mes y que notengo el dinero para pagar la renta, la cuota del auto,los colegios de los chicos, tienes que hacer algo paraayudarme... Por favor, haz que mi marido deje de bebertanto, no puedo soportar más sus borracheras y mi hijomenor, va a perder el año otra vez si no lo ayudas, tieneexámenes esta semana....... Y no te olvides de la vecinaque debe mudarse de casa, que lo haga de una vez por-que ya no la puedo aguantar... etc., etc.De pronto el señor Arzobispo dijo: “ remos” y obvi a- Omente toda la asamblea se puso de pie para la oraciónfinal. Jesús dijo con un tono triste: -“¿Te has dadocuenta? Ni una sola vez Me ha dicho que Me ama, niuna sola vez ha agradecido el don que Yo le Hehecho de bajar Mi Divinidad hasta su pobre humani-dad, para elevarla hacia Mí. Ni una sola vez ha di-cho: gracias, Señor. Ha sido una letanía de pedi-dos... y así son casi todos los que vienen a recibir-me.”“Yo He muerto por amor y Estoy resucitado. Poramor espero a cada uno de ustedes y por amor per-manezco con ustedes..., pero ustedes no se dancuenta que necesito de su amor. Recuerda que Soyel Mendigo del Amor en esta hora sublime para elalma.”
  22. 22. 22¿Se dan cuenta ustedes de que Él, el Amor, está p i-diendo nuestro amor y no se lo damos? Es más, evita-mos ir a ese encuentro con el Amor de los Amores, conel único amor que se da en oblación permanente.Cuando el celebrante iba a impartir la bendición, laSantísima Virgen dijo: “Atenta, cuidado... Ustedeshacen un garabato en lugar de la señal de la Cruz.Recuerda que esta bendición puede ser la últimaque recibas en tu vida, de manos de un sacerdote.Tú no sabes si saliendo de aquí vas a morir o no yno sabes si vas a tener la oportunidad de que otrosacerdote te de una bendición. Esas manos consa-gradas te están dando la bendición en el Nombrede la Santísima Trinidad, por lo tanto, haz la señalde la Cruz con respeto y como si fuera la última detu vida.”¡Cuántas cosas nos perdemos al no entender y al noparticipar todos los días de la Santa Misa! ¿Por qué nohacer un esfuerzo de empezar el día media hora antespara correr a la Santa Misa y recibir todas las bendicio-nes que el Señor quiere derramar sobre nosotros?Estoy consciente de que no todos, por sus obligacio-nes pueden hacerlo diariamente, pero al menos dos otres veces por semana, sí y sin embargo tantos esqui-van la Misa del domingo con el pequeño pretexto deque tienen un niño chico o dos o diez y por lo tanto nopueden asistir a Misa... ¿Cómo hacen cuando tienenotro tipo de compromisos importantes? Cargan contodos los niños o se turnan y el esposo va a una hora yla esposa a otra hora, pero cumplen con Dios.Tenemos tiempo para estudiar, para trabajar, para di-vertirnos, para descansar, pero NO TENEMOS TIEM-PO PARA IR AL MENOS EL DOMINGO A LA SANTAMISA
  23. 23. 23Jesús me pidió que me quedara con Él unos minutosmás luego de terminada la Misa. Dijo:“ No salgan a la carrera terminada la Misa, quéden-se un momento en Mi Compañía, disfruten de ella ydéjenme disfrutar de la de ustedes...”Había oído a alguien de niña decir que el Señor per-manecía en nosotros como 5 o 10 minutos luego de lacomunión. Se lo pregunté en ese momento:- Señor, verdaderamente, ¿cuánto tiempo te quedasluego de la comunión con nosotros?Supongo que el Señor se debió reír de mi tontera por-que contestó: “Todo el tiempo que tú quieras tener-me contigo. Si me hablas todo el día, dedicándomeunas palabras durante tus quehaceres, te escucha-ré. Yo estoy siempre con ustedes, son ustedes losque Me dejan a Mí. Salen de la Misa y se acabó eldía de guardar, cumplieron con el día del Señor yse acabó, no piensan que Me gustaría compartir suvida familiar con ustedes, al menos ese día.”“Ustedes en sus casas tienen un lugar para todo yuna habitación para cada actividad: un cuarto paradormir, otro para cocinar, otro para comer, etc. etc.¿Cuál es el lugar que han hecho para Mí? Debe serun lugar no solamente donde tengan una imagenque está empolvada todo el tiempo, sino un lugardonde al menos 5 minutos al día la familia se reúnapara agradecer por el día, por el don de la vida, pa-ra pedir por sus necesidades del día, pedir bendi-ciones, protección, salud... Todo tiene un lugar ensus casas, menos Yo”.“Los hombres programan su día, su semana, susemestre, sus vacaciones, etc. Saben qué día vana descansar, qué día ir al cine o a una fiesta, a visi-tar a la abuela o los nietos, los hijos, a los amigos,
  24. 24. 24a sus diversiones. ¿Cuántas familias dicen una vezal mes al menos: “Este es el día en que nos toca ira visitar a Jesús en el Sagrario” y viene toda la fa-milia a conversar Conmigo, a sentarse frente a Mí yconversarme, contarme cómo les fue durante el úl-timo tiempo, contarme los problemas, las dificulta-des que tienen, pedirme lo que necesi-tan....¡Hacerme partícipe de sus cosas!?. ¿Cuántasveces?”“Yo lo sé todo, leo hasta en lo más profundo desus corazones y sus mentes, pero me gusta queme cuenten ustedes sus cosas, que Me hagan par-tícipe como a un familiar, como al más íntimo ami-go” ¡Cuántas gracias se pierde el hombre por nodarme un lugar en su vida!”Cuando me quedé aquel día con Él y en muchos otrosdías, fue dándonos enseñanzas y hoy quiero compartircon ustedes en esta misión que me han encomendado.Dice Jesús:“Quise salvar a mi criatura, porque el momento deabrirles la puerta del cielo ha sido preñado con de-masiado dolor...” “Recuerda que ninguna madreha alimentado a su hijo con su carne, Yo He llega-do a ese extremo de Amor para comunicarles misméritos.”“La Santa Misa Soy Yo mismo prolongando Mi viday Mi sacrificio en la Cruz entre ustedes. Sin los mé-ritos de Mi vida y de Mi Sangre, ¿qué tienen parapresentarse ante el Padre? La nada, la miseria y elpecado...”“Ustedes deberían exceder en virtud a los Ángelesy Arcángeles, porque ellos no tienen la dicha derecibirme como alimento, ustedes sí. Ellos bebenuna gota del manantial, pero ustedes que tienen lagracia de recibirme, tienen todo el océano para be-
  25. 25. 25berlo.La otra cosa de la que habló con dolor el Señor fue de las personas que hacen un hábito de su encuentro con Él. De aquellas que han perdido el asombro de cada encuentro con Él. Que la rutina vuelve a ciertas per- sonas tan tibias que no tienen nada nuevo que decirle a Jesús al recibirlo. De no pocas almas consagradas que pierden el entu- siasmo de enamorar- se del Señor y hacen de su vocación un oficio, una profesióna la que no se le entrega más que lo que exige deuno, pero sin sentimiento...Luego el Señor me habló de los frutos que debe darcada comunión en nosotros. Es que sucede que haygente que recibe al Señor a diario y que no cambia suvida. Que tienen muchas horas de oración y que hacemuchas obras, etc. etc. Pero su vida no se va transfor-mando y una vida que no se va transformando, no pue-de dar frutos verdaderos para el Señor. Los méritosque recibimos en la Eucaristía deben dar frutos de con-versión en nosotros y frutos de caridad para con nues-tros hermanos.Los laicos tenemos un papel muy importante dentro denuestra Iglesia, no tenemos ningún derecho a callarnosante el envío que nos hace el Señor como a todo bauti-zado, de ir a anunciar la Buena Nueva. No tenemosningún derecho de absorber todos estos conocimientosy no darlos a los demás y permitir que nuestros herma-
  26. 26. 26nos se mueran de hambre teniendo nosotros tanto panen nuestras manos.No podemos mirar que se esté desmoronando nuestraIglesia, porque estamos cómodos en nuestras Parro-quias, en nuestras casas, recibiendo y recibiendo tantodel Señor: Su Palabra, las homilías del sacerdote, lasperegrinaciones, la Misericordia de Dios en el Sacra-mento de la confesión, la unión maravillosa con el ali-mento de la comunión, las charlas de tales o cualespredicadores.En otras palabras, estamos recibiendo tanto y no tene-mos el valor de salir de nuestras comodidad, de ir auna cárcel, a un instituto correccional, hablarle al másnecesitado, decirle que no se entregue, que ha nacidocatólico y que su Iglesia lo necesita, ahí, sufriente, por-que ese su dolor va a servir para redimir a otros, por-que ese sacrificio le va a ganar la vida eterna.No somos capaces de ir donde los enfermos termina-les en los hospitales y rezando la coronilla a la DivinaMisericordia, ayudarlos con nuestra oración en ese mo-mento de lucha entre el bien y el mal, para librarlos delas trampas y tentaciones del demonio. Todo moribun-do tiene temor y el solo tomar la mano de uno de ellosy hablarle del amor de Dios y de la maravilla que lo es-pera en el Cielo junto a Jesús y María, junto a sus se-res que partieron, los reconforta.La hora que estamos viviendo, no admite filiacionescon la indiferencia. Tenemos que ser la mano larga denuestros sacerdotes para ir donde ellos no pueden lle-gar. Pero para ello, para tener el valor, debemos recibira Jesús, vivir con Jesús, alimentarnos de Jesús.Tenemos miedo a comprometernos un poco más ycuando el Señor dice: “Busca primero el Reino deDios y lo demás se te dará por añadidura”, es el to-do hermanos. Es el buscar el Reino de Dios por todos
  27. 27. 27los medios y con todos los medios y... ¡abrir las manospara recibir TODO por añadidura; porque es el Patrónque mejor paga, el único que está atento a tus meno-res necesidades!Hermano, hermana, gracias por haberme permitidocumplir con la misión que se me ha encomendado:hacerte llegar estas páginas.La próxima vez que asistas a la Santa Misa, vívela.Sé que el Señor cumplirá contigo la promesa deque “Nunca más tu Misa volverá a ser la de antes”,y cuando lo recibas: ¡Ámalo!Experimenta la dulzura de sentirte reposando entrelos pliegues de Su costado abierto por ti, para de-jarte Su Iglesia y Su Madre, para abrirte las puertasde la Casa de Su Padre, para que seas capaz decomprobar Su Amor Misericordioso a través de es-te testimonio y trates de corresponderle con tu pe-queño amor.Que Dios te bendiga en esta Pascua de Resurrec-ción.Tu hermana en Jesucristo Vivo,CatalinaMisionera laica del Corazón Eucarístico de Jesús Apostolado de la Nueva Evangelización (ANE) (Última revisión, Mérida, abril de 2003) www.a-n-e..net www.jesucristovivo.org Rivasgrana@a-n-e.net Calle 1H No.104 y 20 Col. México Norte, C.P. 97128 Telf: (52) (9) 944-05-40 Fax: (52) (9) 948-17-77 Mérida, Yucatán, México
  28. 28. 28Apostolado de la Nueva Evangelización (ANE) http://www.a-n-e.net http://www.jesucristovivo.org

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