Anoiss Traducciones
—Vamos a quitarte esto —sugirió mientras trabajaba en el lazo alrededor de sucuello.        Él suspiró cuando se lo quitó,...
Prólogo      —Es sólo una pequeña cena.       —Ajá —de pie, Greg Hewitt cogió el auricular del teléfono en la curvaentre s...
—Escucha, necesito irme. Te enviaré una postal desde México. Adiós —Greg colgó antes de que ella pudiera decir algo que lo...
energía después de esos activos días, Greg asaltaría las salas de baile como CocoBongo o el Bulldog café, donde la gente m...
Capítulo 1      —Mmm. ¡Qué bien que huele tu cabello!      —Umm, ¡caramba! Gracias, Bob.       Lissianna Argeneau miró con...
en donde estar solos sin segundas intenciones? Ahora parecía disgustado, comosi ella le hubiera fallado de algún modo por ...
Hambrienta y deshidratada como estaba, lo último que necesitaba era que sucuerpo tuviera que trabajar todavía más.      El...
Demasiado lentamente, Lissianna se dio cuenta repentinamente de quealgo estaba mal. Manteniendo sus dientes sumergidos en ...
rellenados con siliconas para ser algo que realmente no eran, o ser aquello quepensaban que era atractivo. Y cada vez la c...
que había golpeado su cabeza contra el contenedor cuando se apoyó contra él.Idiota. Regresó su atención al Padre Joseph qu...
—Aquí.      Se dio media vuelta cuando su mano se posó sobre uno de sus hombros.      —¿Te escuché bien? ¿Tu Romeo estaba ...
—Debe estar recogiendo tu obsequio —supuso Mirabeau.     —No lo creo —dijo Thomas—. Mencionó algo sobre Lissianna y sucomi...
—Está bien, malcriada.       Thomas enredó su pelo cariñosamente. Era cuatro años mayor que ella yera más como un hermano ...
—Bien, no pensabas que en realidad me gustaba estar colgada de ti, ¿osí? —lo bromeó Lissianna mientras caminaba a su lado....
estaba cerca de ellos. Nunca dejaba de hacer sentir incómodos a los hombres demás edad y Lissianna sospechaba que eso le d...
—La derecha, por detrás, —dijo Mirabeau, y se inclinó para mirar laparte posterior de su pierna derecha.       —Debo haber...
décadas durmiendo allí y conocía su propia habitación cuando la veía. Lo queno sabía era por qué había un hombre adentro. ...
un truco como ese. Así que, regresar y morderlo estaba descartado, perotodavía tenía que ir a por medias buenas.       Aun...
Capítulo 2        Greg miró fijamente la puerta cerrada. No podía creer que alguienacabara de abrirla, detenerse —obviamen...
disculpándose por su comportamiento anormal, y se había ido a casa? No.Había permanecido de pie y esperado mientras la bon...
Los pensamientos de Greg se agitaron cuando la puerta del dormitorio seabrió otra vez. Endureciéndose, tiró de su cabeza h...
interrumpido antes de que pudiera acomodarlo apropiadamente.Probablemente quiso volver y acabar con usted después, pero se...
fuerza. Greg supuso que podía haber mentido; sin embargo era muy malmentiroso—. Pero no quiero estar aquí, y realmente no ...
—Escuche, si usted sólo pudiera desatarme, prometo que me olvidaré detodo esto. No traeré las autoridades o nada por el es...
preestreno a su cena de cumpleaños, más o menos como una lamedura a unpastel antes de que fuera servido.      Está bien, d...
Sonriendo por saberlo, Lissianna deslizó sus dedos de su pecho paracorrer a lo largo de la tela justo encima de su cinturó...
retiró despacio el dedo de su boca y se inclinó hacia adelante para frotar sumejilla fugazmente contra la suya para impreg...
suyo. Era obviamente más alto que ella. Antes de que sus labios alcanzaran sugarganta, sus pelvis estuvieron parejas, y gi...
Lissianna se quedó quieta, sus ojos muy abiertos cuando reconoció la vozde su madre.      Capítulo 3       Replegando los ...
—Lo noté. No podía entrar en sus pensamientos para calmarlo. Deninguna manera. Por eso estaba alimentándome de él. Pensé q...
decir algo. Lissianna había conocido a muchos hombres en sus doscientos añosde vida, y muchos eran mucho más atractivos es...
—Oh —murmuró por fin, lanzando una mirada sorprendida a Gregcuando él hizo eco del "oh" en su mismo tono decepcionado. Eso...
con cada mujer soltera que conocían y Greg continuaba evitando compartir lacama con mujeres, para evitar molestos enredos ...
Encantador, pensó Greg y simplemente deseó que no fueran lentes decontacto. Le molestó que ella sintiera la necesidad de a...
—Eso no es lo que el artículo decía —se opuso la morena, ignorando sudemanda de ser desatado—. En el periódico usted estab...
La cabeza le daba vueltas con diversos pensamientos, Greg cerró sus ojose intentó ordenarlos. Todo lo que estaba sucediend...
Su piel era de un pálido marfil y Greg no tenía problemas imaginando sucuerpo de alabastro estirándose y arqueándose en la...
Capítulo 4       "Oh Señor, Señor. He entrado en el paraíso de los pijamas”.       Lissianna se rió entre dientes de la ex...
ella no usaba pijamas. Tendía a dormir desnuda. Las tres estaban vistiendo ropade dormir prestada de Elspeth y las gemelas...
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Argeneau 01 -_mordisco_rã¡pido[1]

  1. 1. Anoiss Traducciones
  2. 2. —Vamos a quitarte esto —sugirió mientras trabajaba en el lazo alrededor de sucuello. Él suspiró cuando se lo quitó, relajándose un poco sobre la cama, y Lissiannadecidió desembarazarse del suyo también. —¿No está mejor así? —preguntó, deslizando la tela de seda por su cuello. El hombre comenzó a asentir, pero entonces se paró y frunció el ceño hacia ella,mientras desabotonaba los tres primeros botones de su camisa. —Sería mejor aún si me desataras. Lissianna sonrió divertida por el modo en que él estaba luchando contra símismo, entonces intentó distraerlo pasando ligeramente sus dedos por el trozo de pechoque había dejado al descubierto. Para su satisfacción, un escalofrío lo recorrió cuandosus largas uñas arañaron gentilmente su piel desnuda. Aquella tarea de la seducciónestaba resultando ser más fácil de lo que se había temido. —Desátame —él intentaba permanecer firme, pero era obvio que su corazón notenía la voluntad de ir tras el deseo de ser libre. Sonriendo sabiamente, Lissianna movió sus dedos a lo largo de la tela que habíasobre su cinturón. La acción provocativa puso a los músculos de su estómago a galopar y soltó elaliento con un pequeño silbido. —Qué demonios —aspiró—. Hay cosas peores que ser un esclavo sexual. Anoiss Traducciones
  3. 3. Prólogo —Es sólo una pequeña cena. —Ajá —de pie, Greg Hewitt cogió el auricular del teléfono en la curvaentre su cuello y el hombro, manteniéndolo con su barbilla mientras comenzabaa limpiar su escritorio para preparar su marcha de la oficina. La voz de Anne había adquirido un tono persuasivo, lo que era —siempre— una mala señal. Suspirando interiormente, agitó su cabeza mientrassu hermana parloteaba; contándole lo que había preparado para la comida ydemás, todo un esfuerzo para convencerlo de que asistiera. Se percató de queella no estaba mencionando quién más iba a estar en esa pequeña cena, perosospechaba saberlo de antemano. Greg no tenía duda de que serían Anne, sumarido John, y otra amiga soltera que esperaba que se quedara colgada de su —aún soltero— hermano mayor. —¿Entonces? Greg se detuvo y cogió el teléfono con la mano. Obviamente habíaolvidado algo. —Lo siento, ¿qué decías? —Entonces, ¿a qué hora puedes estar aquí mañana? —No iré —antes de que ella pudiera quejarse, añadió rápidamente—: Nopuedo. Mañana estaré fuera del país. —¿Qué? —hubo una pausa, seguida de desconfianza—. ¿Por qué? ¿Adónde vas a ir? —México. Voy de vacaciones. Es por eso que te llamé en primer lugar.Salgo en el primer vuelo de la mañana hacia Cancún—sabiendo que acababa dedejarla desconcertada, Greg permitió que una sonrisa se formara en sus labios, ala vez que hacía malabarismos con el teléfono para ponerse el traje que habíadescartado anteriormente. —¿México? —repitió Anne después de una larga pausa—. ¿Vacaciones? Greg no pudo decidir si su desconcierto era de diversión o sólo un tristecomentario más en su vida hasta la fecha. Esas eran las primeras vacaciones quese había tomado desde que había comenzado las prácticas de psicología hacíaocho años. De hecho, no había ido de vacaciones desde que entró a launiversidad. Era el típico hombre adicto al trabajo, impulsado a lograr el éxito ydispuesto a emplear horas y horas en ello. No dejaba mucho tiempo para lavida social. Hacía mucho que necesitaba esas vacaciones. Anoiss Traducciones
  4. 4. —Escucha, necesito irme. Te enviaré una postal desde México. Adiós —Greg colgó antes de que ella pudiera decir algo que lo detuviera, cogió sumaletín y, rápidamente, escapó de su oficina. No se sorprendió al escuchar el teléfono sonando justo cuando cerró lapuerta, Anne era del tipo persistente. Con una pequeña sonrisa, lo ignoró y semetió las llaves en el bolsillo mientras descendía al vestíbulo para coger elascensor. El doctor Gregory Hewitt estaba ahora oficialmente de vacaciones, y elsaberlo lo relajaba cada vez más a medida que se alejaba de la oficina. De hecho,estaba silbando suavemente mientras se montaba en el ascensor y se girabapara pulsar el botón que marcaba el 3. El silbido murió, sin embargo, y Gregalcanzó instintivamente el panel de controles, sus ojos buscando el botón quemantenía las puertas abiertas, cuando se dio cuenta de que una mujer seapresuraba a través de las puertas del ascensor. No habría necesitadopreocuparse; fue rápida de pies y se las arregló para deslizarse entre ellas justocuando cerraron. Greg permitió que su mano dejara el botón del panel y se apartó un pasoeducadamente para que ella pudiera elegir la planta que quisiera. Le lanzó unacuriosa mirada cuando se puso delante de él, ociosamente, preguntándose dedónde habría salido la mujer. El vestíbulo había estado vacío cuando loatravesó, y no había escuchado ninguna puerta abrirse o cerrarse, pero entoncesse había distraído con pensamientos sobre sus próximas vacaciones. Habíavarias oficinas en la planta además de la suya, y podría ser de cualquiera deellas; pero estaba seguro de no haberla visto nunca antes. Greg apenas había vislumbrado su rostro cuando se montó en elascensor, y gran parte de sus rasgos eran una vaga imagen borrosa en sumemoria, pero sus ojos eran de un atrayente azul plateado. Inusuales y bonitos,serían el resultado de lentes de contacto de color, pensó, e inmediatamenteperdió el interés en ella. Greg podía apreciar a las mujeres hermosas, y no teníaproblema en sacar lo mejor de su apariencia, pero cuando llegaban a ese nivelde artificio para atraer la atención, tendía a darles la espalda. Expulsándola de sus pensamientos, se relajó contra la pared del ascensor,su mente inmediatamente regresó a su viaje. Había planeado gran cantidad deexcursiones; nunca había estado en un lugar como México antes y queríadisfrutar de todo lo que hubiera para hacer. En las abarrotadas playas, élesperaba hacer parasailing, submarinismo y, tal vez, ir en alguno de esos viajesen barco en los que se alimentaba a delfines. También quería ir al Museo Casa Maya, un parque ecológico con unareproducción de cómo los Mayas vivían siglos atrás y senderos por donde sepodían ver los animales del lugar. Después estaba la vida nocturna. Si tenía Anoiss Traducciones
  5. 5. energía después de esos activos días, Greg asaltaría las salas de baile como CocoBongo o el Bulldog café, donde la gente medio desnuda danzaba con músicaobscena. El alegre ding del ascensor expulsó los pensamientos de mujeres bailandomedio desnudas, mientras ponía su atención sobre el panel de las puertas. El P3se iluminó. Planta 3 de parking. Su planta. Saludando educadamente a su compañera, salió del ascensor y comenzóa andar a través del gran garaje casi vacío. Con mujeres medio desnudas aúnbailando en la periferia de su mente, a Greg le tomó un minuto percatarse delsonido de pasos detrás de él. Echó una rápida mirada sobre su hombro para verde quién se trataba, y entonces dejó de preocuparse. En concreto, el sonido era el tap tap de unos tacones; secos y rápidos,resonando en el espacio vacío. La mujer obviamente había aparcado también enesa planta. Su mirada se movió ausente sobre el espacio vacío en donde sesuponía que debía estar su coche. Pero se quedó fija en una de las columnas alpasar junto a ella. Las grandes letras negras de P1 pintadas, lo confundieron.Los niveles del parking 1 y 2 estaban reservados a visitantes de las distintasoficinas de negocios del edificio. Él había aparcado en la P3 y estaba seguro deque el panel de luces del ascensor había mostrado P3 cuando miró… peroaparentemente se había equivocado. Se detuvo y comenzó a volver por dondehabía venido. Esta es la planta correcta. Allí está aparcado el coche. —Sí, por supuesto —murmuró Greg, y continuó. Caminó a grandeszancadas hacia el solitario vehículo. No fue hasta que abrió el maletero que un pensamiento irrumpió en sumente, dándose cuenta de que el pequeño deportivo rojo no era suyo. Élconducía un BMW azul oscuro. Pero tan pronto como ese pensamiento—con surespectiva alarma— se reafirmó en su mente, se esfumó como la niebla bajo elefecto de la brisa. Relajándose, Greg colocó su maletín en el maletero, se montó en él, se lasapañó para meterse en ese pequeño espacio, y cerró la puerta. Anoiss Traducciones
  6. 6. Capítulo 1 —Mmm. ¡Qué bien que huele tu cabello! —Umm, ¡caramba! Gracias, Bob. Lissianna Argeneau miró con atención los alrededores del oscuroestacionamiento que estaban cruzando; aliviada al ver que estaban solos. —¿Pero crees que podrías sacar tu mano de mi culo? —Dwayne. —¿Qué? Ella echó un confuso vistazo hacia su apuesto rostro. —Mi nombre es Dwayne —explicó él con una abierta sonrisa. —¡Oh! —suspiró—. Bien, Dwayne, ¿podrías sacar tu mano de mi culo? —Creí que te gustaba. Su mano estaba firmemente plantada sobre su nalga izquierda,apretando de una manera total pero a la vez amistosa. Resistiendo el impulsode aporrearlo en la cabeza y arrastrarlo a los arbustos como el neandertal queera, forzó una sonrisa. —Me gustas, pero esperemos hasta llegar a tu automóvil si quieres. —¡Oh! Sí. Mi automóvil —interrumpió—. Sobre eso… Lissianna dejó de caminar para mirarlo a la cara, sus ojos seentrecerraron con desconfianza ante la incomodidad que pasó repentinamentepor su expresión. —¿Qué? —No tengo automóvil —admitió Dwayne. Lissianna sintió que su cerebro parpadeaba mientras intentaba aceptarnoticias. En Canadá, todos los mayores de veinte años tenían un automóvil.Bien, prácticamente todos. Está bien, quizás ésa fuera una exageración, pero lamayoría de los machos solteros en edad de tener citas tenían ruedas. Era comouna norma tácita o algo por el estilo. Antes de que pudiera hacer comentarios, Dwayne añadió: —Pensaba que tú tendrías uno. Sonaba casi como una acusación, notó Lissianna frunciendo el ceño. Enalgunos aspectos, el movimiento feminista realmente no le había hecho ningúnfavor a las mujeres. ¿Dónde se habían ido los días en que él, como el hombre,habría tenido el vehículo o asumido la responsabilidad de conseguirles un lugar Anoiss Traducciones
  7. 7. en donde estar solos sin segundas intenciones? Ahora parecía disgustado, comosi ella le hubiera fallado de algún modo por no tener un automóvil. —Tengo automóvil —dijo poniéndose a la defensiva—. Pero vine hastaaquí con mi primo. —¿El pollito con pelo rosa? —No. Ése es mi amigo, Mirabeau. Thomas es el que conducía —contestóLissianna distraídamente mientras consideraba el problema. No tenía ningúnautomóvil y Thomas había cerrado con llave el Jeep cuando habían llegado.Supuso que podía regresar a la barra, encontrar a Thomas y pedirle prestadassus llaves; pero realmente, Lissianna no quería usar su Jeep para… —Bien, aquí está bien. No me molesta la naturaleza. Lissianna sacudió sus pensamientos cuando la agarró por las caderas y laapretó contra él. Ella se apoyó instintivamente, poniendo un poco de espacio entre lamitad superior de sus cuerpos, pero eso no hizo nada para evitar que susmitades inferiores se ajustaran. Había quedado repentinamente claro que laidea de la naturaleza realmente no molestaba a Dwayne. En realidad, la durezaque la presionaba indicaba que la idea lo había excitado. Era, obviamente, un tipo excitable, decidió Lissianna. Ella misma no veíacuál era el atractivo de la naturaleza, por lo menos no durante un inviernocanadiense. —¡Vamos! Abandonando sus caderas, Dwayne la agarró de la mano y la llevórápidamente al fondo del estacionamiento. Fue hasta que la arrastró detrás delmontón de grandes recipientes metálicos de basura en la esquina trasera que sedio cuenta de sus intenciones. Lissianna se tragó un sarcástico comentario sobre su naturalezaromántica y simplemente decidió agradecer que estuvieran a principios delinvierno. Que no hubieran tenido todavía la primera nevada y que hiciera elfrío suficiente para que no hubiera ningún olor a comida en estado deputrefacción de los contenedores. —Esto es bueno. Dwayne apoyó su espalda contra el frío metal de uno de loscontenedores y se apiñó a su lado. Lissianna suspiró interiormente, deseando no haber dejado su abrigodentro. Era más inmune al resfriado que una persona corriente, pero nototalmente. El metal frío en su espalda estaba extrayendo todo el calor de suinterior, obligando a su cuerpo a esforzarse más para mantenerse tibio. Anoiss Traducciones
  8. 8. Hambrienta y deshidratada como estaba, lo último que necesitaba era que sucuerpo tuviera que trabajar todavía más. El repentino y torpe asalto a su boca la forzó a concentrarse en el tema deinmediato y la convenció de que era tiempo de tomar el control de la situación.Haciendo caso omiso del sondeo ondulante de su lengua contra sus labioscerrados, aferró sus dedos sobre el frente de su chaqueta y lo retorció,vapuleándolo contra el costado del recipiente un poco más fuerte de lo quehubiera querido mientras intercambiaba lugares con él. —¡Guau! —dijo entre dientes con sus ojos brillando—. Una mujersalvaje. —¿Esa es la forma en que tú lo haces? —preguntó secamente Lissianna—.Entonces vas a adorar esto. Liberando su abrigo, pasó una mano en el pelo sobre su nuca y lo agarrópor cortos cabellos. Tirando de su cabeza para ladearla, dirigió su boca a sucuello. Dwayne murmuró con placer cuando movió ligeramente sus labios atodo lo largo de su vena yugular. En cuanto encontró el mejor lugar para suspropósitos, Lissianna abrió su boca y aspiró por la nariz mientras sus colmillosse deslizaban hasta alcanzar su completa y afilada longitud para luegohundirlos en su cuello. Dwayne dejó escapar un pequeño grito entrecortado mientras se dejabair con sus brazos apretados alrededor de ella, pero eso solamente duró brevesmomentos. Pronto empezó a relajarse contra el frío contenedor mientrasLissianna le enviaba las sensaciones que estaba experimentando, como lasatisfacción cuando la sangre corría hacia arriba a través de sus dientes ydirectamente a su sistema, la mareante precipitación cuando su organismo semovió ansiosamente para absorber dicha ofrenda La única descripción que podía haber utilizado para explicar esa reaccióninicial era la manera en que un bote se inclinaba hacia el agua cuando todos abordo se precipitaban a un lado de la cubierta. El cuerpo de Lissianna tenía esamisma reacción cuando su sangre hambrienta se precipitaba para absorber lasangre nueva, corriendo desde cada rincón de su cuerpo hacia su cabeza, allugar donde sus dientes estaban chupando lo que su cuerpo tandesesperadamente necesitaba. Eso causaba la no del todo desagradablesensación de que su cabeza entraba en éxtasis. Imaginaba que era similar a laexperiencia de tomar una droga. Solamente que esto no era una droga, era lavida de Lissianna. Escuchó a Dwayne dar un pequeño gemido de placer. Éste se hizo ecodel silencio que ella experimentaba cuando los chispazos de su cuerpocomenzaban a disminuir lentamente. Anoiss Traducciones
  9. 9. Demasiado lentamente, Lissianna se dio cuenta repentinamente de quealgo estaba mal. Manteniendo sus dientes sumergidos en su cuello, empezó arevisar su mente. No tardó mucho en encontrar el problema. Dwayne no era tan sano como aparentaba. A decir verdad, muy pocascosas sobre él eran lo que parecía. Por sus pensamientos supo que la protuberancia que presionaba su bajovientre era un pepino que había metido dentro de sus pantalones, sus hombrosanchos eran resultado del relleno bajo su chaqueta, y el atractivo bronceado quelucía venía de una botella. Lo utilizaba para esconder la palidez natural causadapor la… anemia. Lissianna arrancó su boca con una maldición, sus dientes se deslizandorápidamente de regreso a su puesto de descanso mientras lo miraba furiosa.Solo fue el instinto lo que le hizo pasar por su cabeza el pensamiento de quetenía que cambiar sus recuerdos sobre la cita. Estaba tan enfadada con esehombre... Y con Mirabeau también, decidió. Después de todo, había sido su amigoel que había insistido que se llevara al tipo fuera para un mordisco rápido.Conociendo a su madre, estaba segura de que tenía algo preparado para ella,por eso Lissianna había querido esperar hasta llegar a su fiesta de cumpleañospara comer, pero Mirabeau —y su prima Jeanne— se habían preocupado deque su palidez llevara a que Marguerite Argeneau le pusiera una intravenosaen el momento en que llegara a casa. Cuando Dwayne había empezado revolotear a su alrededor, Lissiannahabía permitido que Mirabeau la convenciera de que lo sacara para unmordisco rápido. Y ahora podría tener un problema. Había tardado algunosmomentos en darse cuenta de que había algo que estaba mal, luego un parminutos más para encontrar la información de que era anémico. Solamenteesperaba no haber tomado demasiada sangre de él en ese tiempo. Terminando con sus recuerdos, Lissianna echó el ojo a Dwayne conpartes iguales de irritación y preocupación. A pesar de su bronceadoenfrascado, el hombre parecía pálido, pero por lo menos todavía estaba sobresus pies. Poniendo su mano a su muñeca, tomó su pulso y se relajó un poco.Aunque estaba un poco acelerado, era fuerte. Debería estar bien antes demañana por la mañana. Dwayne no se sentiría bien durante un tiempo, sinembargo, pero, después de todo, no era ni más ni menos de lo que se merecíapor andar de un lado a otro inflado y cubierto para echarle el lazo a una chica.Idiota. Las personas podían ser tan tontas, pensó con irritación. Como niñosjugando a vestirse con ropa de grandes fingiendo ser mayores de lo querealmente eran, los adultos andaban de un lado a otro inflados, encorsetados o Anoiss Traducciones
  10. 10. rellenados con siliconas para ser algo que realmente no eran, o ser aquello quepensaban que era atractivo. Y cada vez la cosa se ponía peor. Se preguntaba por qué no comprendían que sus verdaderas identidadeseran suficientemente buenas, y si no lo eran, entonces lo mismo daba porquetratar disfrazar lo que eran no haría en definitiva que lo fueran. Lissianna puso en Dwayne el recuerdo de que había decidido salir atomar aire porque no se había sentido bien. Se aseguró de ordenarle que se quedara allí hasta que se sintiera mejor,luego debía tomar un taxi hasta casa, luego tuvo que cerrar sus ojos mientrasterminaba de borrarle la memoria. Una vez segura de que había hecho el trabajoapropiadamente, Lissianna lo dejó balanceándose sobre sus pies y se alejó delos contenedores hacia la playa de estacionamiento. —¿Lissi? Una figura oscura cruzó el terreno hacia ella. —Padre Joseph. Alzando una ceja, Lissianna cambió de dirección para encontrarse con elhombre mayor. El reverendo era su jefe en el refugio donde trabajaba durante elturno de noche. Un Bar no era el tipo de lugar que soliera frecuentar. —¿Qué está haciendo aquí? —Bill dijo que había un nuevo niño en la calle. No cree que tenga más dedoce o trece años y es más que seguro que ha estado comiendo de losrecipientes de basura. Pensé en ver si podía encontrarlo y convencerlo de veniral refugio. —¡Oh! Lissianna echó un vistazo a su alrededor. Bill era uno de los habitualesdel refugio. A menudo los dirigía hacia las personas que podían necesitarayuda. Si había dicho que había un nuevo niño en la calle, entonces lo había.Bill era de fiar con tales cosas. Y el Padre Joseph era igual de fiable respecto asalir a buscar a tales animales extraviados con la esperanza de llegar a ellosantes de que hicieran algo muy grave o estúpido, o se dejaran arrastrar en lasdrogas o la prostitución. —Ayudaré —observó Lissianna—. Probablemente esté por aquí en algúnlugar. Yo… —No, no. Ésta es tu noche libre —dijo el Padre Joseph, luego frunció elceño antes de continuar—. Además, no llevas ningún abrigo. ¿Qué estáshaciendo aquí sin un abrigo? —¡Oh! —La mirada de Lissianna se deslizó a los recipientes de basuraque sonaron tras ellos. Una lectura rápida a los pensamientos de Dwayne le dijo Anoiss Traducciones
  11. 11. que había golpeado su cabeza contra el contenedor cuando se apoyó contra él.Idiota. Regresó su atención al Padre Joseph que miraba atentamente hacia losrecipientes y habló rápidamente para distraerlo. —Olvidé algo en el automóvil de mi primo. Era una flagrante mentira, y Lissianna esperaba que el hombre nohubiera notado desde dónde venía con exactitud, sinceramente esperaba quepensara que había estado en el pequeño Mazda negro estacionado junto a loscontenedores. No queriendo mentir más de lo necesario, frotó sus brazos, yañadió: —Dios, usted tiene razón, aquí está haciendo frío. —Sí —Sus ojos miopes la miraban con preocupación—. Sería mejor quevolvieras adentro. Asintiendo con la cabeza, Lissianna le deseó buenas noches y se apresuróa escapar. Cruzó rápidamente la playa de estacionamiento y solo disminuyó lavelocidad cuando llegó al interior del bullicioso y abarrotado Bar. Thomas noestaba por ningún lado, pero —gracias a las puntas teñidas de fucsia en su pelodel color del ébano— Lissianna no tuvo ningún problema para descubrir aMirabeau en la barra con Jeanne. —Bien, te ves… —Mirabeu vaciló mientras Lissianna los alcanzaba, yluego finalmente terminó diciendo—: Igual. —¿Qué ocurrió? —Anémico —escupió la palabra con fastidio. —Pero parecía tan sano… —protestó Jeanne. —Hombros rellenados y bronceado de frasco —dijo—. Y eso no es todo. —¿Qué más podía haber? —preguntó Mira con sequedad. Lissianna hizo una mueca. —Tenía un pepino dentro de sus pantalones. Jeanne lanzó una incrédula risita tonta, pero Mirabeau gimió, y dijo: —Debe haber sido un pepino inglés, el hombre parecía inmenso. Lissianna lo miró boquiabierta. —¿Miraste? —¿Tú no? —contestó. Jeanne se echó a reír, pero Lissianna sólo agitó la cabeza y echó unvistazo a los alrededores de la barra. —¿Dónde está Thomas? Anoiss Traducciones
  12. 12. —Aquí. Se dio media vuelta cuando su mano se posó sobre uno de sus hombros. —¿Te escuché bien? ¿Tu Romeo estaba luciendo un pepino dentro de suspantalones? —preguntó divertido mientras le daba un afectuoso apretón en elhombro. Lissianna asintió con la cabeza con aversión. —¿Puedes imaginarlo? Thomas soltó una risa. —En realidad, lo triste es que sí puedo. Antes las mujeres rellenaban sussostenes, ahora los hombres rellenan sus bóxers —agitó la cabeza—. ¡Quémundo es este! Lissianna sintió que una renuente sonrisa tiraba de la comisura de suslabios y entonces se rindió, permitiendo descender su irritación. No estabademasiado molesta porque Dwayne hubiera lucido un pepino; de todos modosno había estado interesada en sus boxers. Demonios, ni siquiera había queridorealmente sacarlo para un mordisco. Simplemente estaba enojada por lapérdida de tiempo y el hecho de haber usado la sangre que le quedaba paramantenerse tibia, energía que la sangre débil del hombre no había alcanzado areponer. Estaba, si era posible, aún más hambrienta que lo que había estadoantes de ir fuera. Todo lo que la excursión había logrado había sido abrir suapetito. —¿Cuánto falta para que podamos ir a casa? —preguntó esperanzada. Sus primos y Mirabeau habían decidido sacarla a bailar antes de dirigirsea la fiesta de cumpleaños que su madre estaba preparando para ella. Lissiannahabía estado feliz con la idea en ese momento, pero eso había sido cuandosimplemente había estado hambrienta. Ahora estaba hambrienta y ansiosa porllegar a la fiesta y aprovechar la ofrenda que su madre sin duda tenía a mano.En ese punto hasta aceptaría una intravenosa, lo que era decir bastante.Lissianna odiaba ser alimentada por vía intravenosa. —Son apenas pasadas las nueve —anunció Mirabeau mirando su reloj depulsera—. Marguerite nos dijo que no debíamos llevarte hasta después de lasdiez. —Hmm —la boca de Lissianna se retorció contrariada—. ¿Alguno deustedes tiene alguna idea de por qué la fiesta comienza tan tarde? —Tía Marguerite dijo que tenía que recoger algo para ti en la ciudadantes de la fiesta, y que no podía hacerlo hasta después de las nueve —observóThomas—. Luego tiene que conducir de regreso, de todos modos —se encogióde hombros—. Ninguna fiesta comienza antes de las diez. Anoiss Traducciones
  13. 13. —Debe estar recogiendo tu obsequio —supuso Mirabeau. —No lo creo —dijo Thomas—. Mencionó algo sobre Lissianna y sucomida. Sospecho que está recogiendo un postre especial o algo. —¿Un postre especial? —preguntó Jeanne interesada—. ¿En la ciudad?¿Después de las nueve? Su mirada se deslizó hacia la expresión ilusionada de Lissianna cuandosugirió: —¿Un Mordisco Dulce? —Debe serlo —Lissianna estuvo de acuerdo en ello, sonriendo con gustoante el panorama. Había heredado el amor por los dulces de su madre y nada la satisfacíade la misma manera que un Mordisco Dulce, que era el término con el que sereferían a los diabéticos no diagnosticados que andan de un lado para otro conniveles de glucemia peligrosamente altos. Era un gusto infrecuente, aún másinfrecuente por el hecho de que después siempre ponían en la mente de lapersona la idea de llamar a su médico para hacerse un análisis de sangre, lo quepor lo tanto retiraba de la carta a ese Mordisco Dulce en particular. —Ése podía ser eso —comentó Thomas—. Explicaría la buena voluntadde Tía Marguerite de conducir desde las afueras de Toronto al centro. Odiaconducir en la ciudad y en general lo evita como la plaga. —Si condujera ella —comentó Mirabeau—. Pudo haberle pedido aBastien que enviara para ella uno de los automóviles con chofer de la compañía. Thomas agitó su cabeza ante la mención del hermano de Lissianna, lacabeza de las empresas Argeneau. —Nope. Ella iba a conducir y no estaba feliz por ello. Lissianna se movió impacientemente, y preguntó: —Así que, ¿cuánto tiempo hasta que podamos irnos? Thomas vaciló. —Bien, es viernes por la noche, y el tráfico podría ser malo, con todostratando de librarse de la ciudad por el fin de semana—dijo pensativamente—.Supongo que podríamos salir en otros quince minutos y no arriesgarnos a llegardemasiado adelantados. —¿Y si partimos ahora y conduces despacio? —sugirió Lissianna. —No soy tan aburrido, ¿o sí? —preguntó divertido. —No tú. Este lugar. Es como una carnicería —dijo Lissianna arrugandola nariz. Anoiss Traducciones
  14. 14. —Está bien, malcriada. Thomas enredó su pelo cariñosamente. Era cuatro años mayor que ella yera más como un hermano mayor que sus propios hermanos, pero era porqueellos habían sido criados juntos. —Salgamos. Haré todo lo posible por conducir despacio. —Sí, está bien —dijo Jeanne Louise con un bufido—. Como si algo asífuera a ocurrir alguna vez. Lissianna sonreía mientras recogían sus abrigos y se dirigían hacia lasalida. Thomas era una especie de demonio de velocidad, y sabía que JeanneLouise tenía razón. No tenía duda de que llegarían temprano y enfadarían a sumadre. Era un riesgo que estaba dispuesta a correr. Lissianna había olvidado todo sobre el Padre Joseph cuando habíasugerido que partieran, pero no había ninguna señal de él cuando caminaronhacia el Jeep de Thomas. Se había rendido, o proseguido su búsqueda en otrolugar. Su próximo pensamiento fue para Dwayne, y Lissianna echó un vistazohacia los contenedores mientras Thomas conducía frente a ellos, su mirada teníala capacidad de escudriñar entre las sombras, pero tampoco había ningunaseñal de él. También había partido. Estaba un poco sorprendida ante su rápida recuperación, pero se encogióde hombros y dejó el tema a un lado. No estaba tendido inconsciente en mediode la playa de estacionamiento así que obviamente se las había arreglado parapedir un taxi. El tráfico no era malo después de todo. Habían esquivado lo peor de él yhabían logrado un buen tiempo para llegar a la residencia de su madre en lasafueras de Toronto. Demasiado bueno. —Llegamos con media hora de antelación —dijo Jeanne Louise desde elasiento trasero cuando Thomas estacionaba el Jeep detrás del pequeñodeportivo rojo de Marguerite. —Sí —echó un vistazo a la casa y se encogió de hombros—. Estará deacuerdo con ello. Jeanne Louise resopló. —Tú quieres decir que estará de acuerdo con ello tan pronto como tú ledediques tu encantadora sonrisa. Deberías permanecer siempre alrededor deTía Marguerite. —¿Por qué piensas que me gustaba colgarme de Thomas cuando éramosmás jóvenes? —preguntó Lissianna divertida. —¡Oh! ¡Ya veo! —rió Thomas cuando salió del vehículo—. Así que porfin se conoce la verdad. Solamente te gusto por mi habilidad con tu madre. Anoiss Traducciones
  15. 15. —Bien, no pensabas que en realidad me gustaba estar colgada de ti, ¿osí? —lo bromeó Lissianna mientras caminaba a su lado. —Malcriada —le dio un juguetón tirón de pelo cuando se reunió con ella. —¿Ese no es el automóvil de tu hermano Bastien? —preguntó Mirabeaumientras salía desde el asiento trasero y cerraba de golpe la puerta del Jeep. Lissianna echó un vistazo hacia el Mercedes oscuro y asintió con lacabeza. —Eso parece. —Me pregunto si alguien más está aquí —murmuró Jeanne Louise. Lissianna se encogió de hombros. —No veo otros automóviles. Pero supongo que Bastien podría haberorganizado que un par de la compañía recogieran y dejaran caer a los invitados. —Si lo hizo, dudo que alguien haya llegado aún —dijo Mirabeaumientras se dirigían hacia la puerta principal—. Sabes que no está de modallegar puntual. Solamente los gansos pasados de moda llegan a tiempo. —Supongo que eso nos convierte en gansos pasados de moda —comentóLissianna. —Nah. Somos sólo marcadores de estilo —anunció Thomas y todosrieron. Bastien abrió la puerta principal cuando se acercaron. —Me pareció escuchar un automóvil. —¡Bastien, muchacho! —lo recibió Thomas con alborozo, y se acercóinmediatamente para darle al hombre mayor un abrazo que lo dejó mudo de lasorpresa—. ¿Qué tal va todo? Lissianna mordió su labio para evitar reírse y echó un vistazo haciaJeanne Louise y Mirabeau, y se volvió rápidamente cuando vio que tambiénestaban teniendo problemas para controlar sus expresiones ante el cambiorepentino en Thomas. Había pasado de ser un tipo común y corriente a ser untipo que vive en la luna en el tiempo que dura un latido. —Sí… Bien… Thomas. Hola. Bastien se las arregló para desprenderse de su exuberante primo másjoven. Como de costumbre, parecía incómodo y no completamente seguro decómo tratar al hombre de menor edad. Era por eso que Thomas actuaba así,sabía que sus dos hermanos mayores —de cuatrocientos y seiscientos años—tendían a tratarlo como un crío y eso nunca dejaba de molestarlo. Serconsiderado como poco más de un niño cuando se tienen más de doscientosaños puede ser muy molesto y es por eso que actuaba como un asno cuando Anoiss Traducciones
  16. 16. estaba cerca de ellos. Nunca dejaba de hacer sentir incómodos a los hombres demás edad y Lissianna sospechaba que eso le daba a Thomas cierta ventaja. Sushermanos siempre lo subestimaban debido a sus prejuicios. Sufriendo ella ese mismo prejuicio, Lissianna podía compadecerse deThomas. Tampoco dejaba nunca de disfrutar observando cómo sus hermanosmayores se retorcían de malestar. —Así que, ¿dónde es la fiesta, muchacho? —preguntó Thomasvivazmente. —No ha empezado aún —dijo Bastien—. Tú eres el primero llegar. —No, tú fuiste el primero en llegar —lo corrigió Thomas alegremente, yluego agregó confidente—: no sabes qué aliviado me hace sentir eso. Porque sihubiéramos sido primeros, Mirabeau dijo que habríamos parecido gansospasados de moda. Pero no lo fuimos. Tú lo fuiste. Lissianna tosió para cubrir el bufido de risa que se las arregló paraescapársele cuando su hermano reconoció que acababa de ser llamado gansopasado de moda. Cuando recuperó el control de sí fue consciente de queBastien permanecía rígido, erguido y al aparecer un poco enojado. Tuvocompasión de él, y preguntó: —Así que, ¿dónde está mamá? ¿Ya podemos entrar, o tenemos queesperar otros quince minutos aquí? —Oh, no. Entra —rápidamente Bastien se hizo a un lado para dejarlospasar—. Yo recién llego, y mamá fue a cambiarse para la fiesta después dedejarme entrar. Debería bajar en algunos minutos. Tal vez deberías esperar enla sala de juegos hasta que baje. Ella no desea que veas las decoraciones hastaque todos estén aquí. —Está bien —dijo Lissianna mostrándose de acuerdo mientras pasaba asu lado para entrar. —¿Quieres jugar a un partido de pool, muchacho? —preguntó Thomasalegremente mientras seguía a Lissianna al interior de la casa. —¡Oh!... Eh… No. Gracias, Thomas; tengo que estar atento a la llegadastempranas hasta que mamá esté lista. —Bastien se volvió para regresar al salónmientras hablaba—. Le diré que tú estás aquí. —Me ama, —dijo Thomas divertido mientras Bastien desaparecía en elsalón, entonces abrió sus brazos para guiarlos hacia la puerta cerrada a laderecha del salón—. Vamos. A jugar. ¿Alguien es apto para un partido de pool? —Jugaré, —dijo Mirabeau, y luego añadió—, Lissi, tienes una corrida entus medias. —¿Qué? —Lissianna se detuvo y miró detenidamente sus piernas. Anoiss Traducciones
  17. 17. —La derecha, por detrás, —dijo Mirabeau, y se inclinó para mirar laparte posterior de su pierna derecha. —Debo haberme enganchado con algo junto a los basureros, —farfullóLissianna contrariada cuando descubrió la larga corrida que atravesaba a lolargo de su pantorrilla derecha. —¿Basurero? —preguntó Thomas con interés. —No preguntes, —dijo secamente, luego hizo una mueca de irritación yse enderezó—. Tendré que ir a cambiar mis medias antes de que la fiestaempiece. Afortunadamente, mami insistió en que dejara ropa de repuesto aquíen mi viejo cuarto cuando me mudé. Debo tener un par de medias. Vamosgente, vayan a jugar. —Vuelve rápido, —gritó Thomas mientras ella trotaba ligeramente hastaarriba de las escaleras. Lissianna simplemente saludó con la mano por sobre el hombro cuandollegó al descanso y se dirigió por el pasillo hacia su dormitorio, pero estabapensando que era un buen consejo. Marguerite Argeneau no iba a estardemasiado complacida de que hubieran llegado temprano, pero Thomasconseguiría de cualquier irritación que pudiera sentir inicialmentedesapareciera rápidamente. Solo por esa razón sería mejor que se encontraracon Thomas y los otros cuando se encontrara con su madre. —Cobarde, —se reprendió Lissianna. Tenía más de doscientos años yestaba más allá de la edad en que debería tener que preocuparse por hacerenfadar a su madre. —Sí, claro, —farfulló Lissianna, reconociendo que probablementetodavía se preocuparía por eso cuando tuviera seiscientos. Todo lo que teníaque hacer era mirar a sus hermanos para saber eso. Eran independientes, teníanuna fuerte personalidad y… Bien… Simplemente eran viejos y todavía sepreocupaban por complacer o disgustar a Marguerite Argeneau. —Debe ser una cosa de familia, —decidió mientras abría la puerta a lahabitación que había sido suya hasta hace poco, y donde todavía dormíaocasionalmente cuando se quedaba demasiado tarde como para volver a casaantes del amanecer. Lissianna empezó a entrar en la habitación, pero sus pasos se detuvierony sus ojos se abrieron con sorpresa al ver al hombre sobre la cama. —¡Oh! Me equivoqué de cuarto, —dijo entre dientes antes de cerrar lapuerta otra vez. Solo cuando estuvo de nuevo en el pasillo se quedó mirando hacia todaspartes sin comprender cuando se dio cuenta de que no había entrado en lahabitación equivocada. Ese era su viejo dormitorio. Había pasado algunas Anoiss Traducciones
  18. 18. décadas durmiendo allí y conocía su propia habitación cuando la veía. Lo queno sabía era por qué había un hombre adentro. O, más importante, por quéestaba atado estirado todo a lo largo de la cama. Lissianna consideró el tema por un momento. Su madre no habríaalojado a un pensionista, y si lo hubiera hecho, indudablemente nuca lo habríahecho sin mencionárselo a sus hijos. Ni lo hubiera puesto en el viejo cuarto deLissianna, una habitación que todavía usaba en las infrecuentes oportunidadesen que se quedaba. Además, el hecho de que estuviera atado a la cama dejabade lado la posibilidad de que la suya hubiera sido una visita voluntaria. Igual que el lazo alrededor de su cuello, pensó Lissianna mientrasrecordaba el alegre lazo rojo que medio se había aplastado contra su barbillacuando había intentado mirarla. Lo que finalmente le permitió relajarse fue darse cuenta de que tenía queser la sorpresa especial para la que su madre había traído de la ciudad. ElMordisco Dulce que Jeanne Louise había sugerido. Sin embargo, según pensóLissianna, el hombre en su cama parecía bastante sano, pero entonces, acasopuedes saberlo hasta que te encuentras lo suficientemente cerca como para olerel aroma dulzón de un diabético. En efecto, el tío era una torta de cumpleaños caminado. Y una que se veíade rechupete, decidió, recordando su oscura mirada. Sus ojos habían sidoagudos e inteligentes, su nariz recta, su barbilla fuerte… Y su cuerpo había sidoalgo bonito también. Le había parecido alto, delgado y musculoso, allí estiradosobre la cama. Por supuesto, después de su experiencia con Dwayne, Lissiannasospechaba que podía haber algo de relleno bajo la chaqueta que llevaba. Nohabía buscado pepinos, pero el hombre no parecía lucir un bronceadoembotellado o parecido anémico por lo demás, más aún, su madre no era dadaa cometer un error del tipo que ella había cometido antes. Marguerite se habríaasegurado de que fuera exactamente lo que quería darle a su hija, y Lissiannaestaba pensando que probablemente Jeanne Louise tenía razón, y era undiabético sin tratar. Nada más tenía sentido. Su madre no necesitaba conducirtodo el camino hasta la ciudad simplemente para traer a una persona sanaestándar cuando podía haber pedido una pizza y pasado al niño del delivery aLissianna, que es lo que generalmente hacía. Así que, era un dulce para comer, razonó, y sintió el hambreremordiendo su estómago. A Lissianna no le hubiera molestado darle unmordisco ahora mismo. Sólo una probada para sacarla de un apuro hasta sumadre se lo diera en realidad. Pero acabó con esa idea rápidamente. Sin Thomasno podría conseguir sacar a su madre de su mal humor malo si Lissianna hacía Anoiss Traducciones
  19. 19. un truco como ese. Así que, regresar y morderlo estaba descartado, perotodavía tenía que ir a por medias buenas. Aunque Lissianna sabía que probablemente debería simplementeregresar a la sala de juegos sin ellas, lo cierto era que —siendo que la sorpresaya estaba arruinada— era absurdo andar de un lado para otro con las mediasrotas toda la noche. Estaba aquí, y solamente tardaría un momento en agarrarun par de repuesto de aquellas que había dejado para un caso de emergencia. Anoiss Traducciones
  20. 20. Capítulo 2 Greg miró fijamente la puerta cerrada. No podía creer que alguienacabara de abrirla, detenerse —obviamente sobresaltado por verlo—disculparse y luego cerrar la puerta mientras él permanecía tendido como unidiota, demasiado sorprendido para decir o hacer algo. No había tenido muchaoportunidad de reaccionar y mucho menos de calmarse… Los músculos del cuello empezaron a dolerle por el esfuerzo demantener la cabeza levantada para mirar hacia la puerta con ojos de miope. Con un suspiro de derrota, Greg la dejó caer sobre la almohada yempezó a mascullar entre dientes, resoplando sobre su propia estupidez. Esa noche había llegado a la conclusión de que era un completo idiota.Greg nunca había pensado en sí mismo como un idiota. A decir verdad, sehabía considerado siempre algo inteligente, pero eso fue antes de que sehubiera metido en el maletero de un automóvil extraño y encerrado a sí mismodentro para ningún buen propósito en el que pudiera pensar. —Definitivamente un movimiento idiota —anunció Greg, pero entoncesquizás loco sería una mejor descripción. Un estúpido se habría encerrando enun maletero por casualidad. Trepar al interior y cerrarlo tranquilamente eramás del estilo de una locura inexplicable. Y estaba empezando a hablarse a símismo, señaló. Sí, parecería que había perdido su afiance sobre la cordura. Nopodía evitar preguntarse exactamente cuándo se había vuelto loco, y cómo. Quizás la locura era contagiosa, ponderó. Quizás se había contagiado deuno de sus clientes. Aunque Greg no tenía de ese tipo de clientes a quienes sehabría diagnosticado como locos. Se encargaba principalmente de tratar fobiasen su práctica, aunque trataba con algunos pacientes que estaban, por decirlo dealgún modo, en apuros. Supuso que podía haber tenido dentro todo el tiempolas semillas de la locura, y esta noche habían brotado simplemente en uncompleto ataque de demencia. Ésa era una teoría. Tal vez la locura corría en lafamilia. Debería consultar con su madre al respecto, le preguntaría si tenían unloco o dos en la historia familiar. Sólo que no era el montañismo dentro del maletero lo que molestaba aGreg, que había sido solamente la primera de sus locas acciones de esta noche,y una que había lamentado tan pronto como la cerradura de maletero habíahecho clic en su sitio. Había permanecido tendido en la oscuridad,acalambrándose en ese reducido espacio, llamándose a sí mismo con todos lossinónimos existentes de estúpido por lo menos media hora cuando el automóvilse había detenido frente a esa casa. Entonces el automóvil había parado, elmaletero se había abierto y ¿qué había hecho? ¿Había salido de su escondite Anoiss Traducciones
  21. 21. disculpándose por su comportamiento anormal, y se había ido a casa? No.Había permanecido de pie y esperado mientras la bonita morena del ascensorsalía del automóvil para reunirse con él, la había seguido —dócil como uncorderito— al interior de esa inmensa casa y luego a esa habitación. Greg había estado tan alegre y confiado como un niño de cinco añoscuando había trepado en la cama —sin que siquiera se lo pidiera— y preparadoa sí mismo para que ella lo atara. Greg le había devuelto su sonrisa cuandohabía moldeado su mejilla y anunciado: —Mi hija va a amarlo. Usted es el mejor regalo de cumpleaños que lehaya dado nunca. Después de que había dejado la habitación, había permanecido tendidoallí, su mente vacía por algunos momentos antes de que la situación en la queestaba hubiera empezado a hacer mella. Greg había pasado el tiempo desdeentonces en perpleja contemplación de lo que había ocurrido. Su propiocomportamiento —sin mencionar el de la mujer— no tenía sentido. Era como sihubiera perdido, temporalmente, la razón. O el control de sí mismo. Incapaz desolucionar el dilema, había centrado sus pensamientos en incumbencias másinmediatas, como lo que iba a ocurrir ahora que estaba allí. «Mi hija va a amarlo. Usted es el mejor regalo de cumpleaños que le hayadado nunca». Estas palabras —junto con el hecho de que Greg estaba,actualmente, atado despatarrado sobre una cama— lo habían hecho temerprimero que fuera algún regalo caído del cielo más bien de naturaleza sexual.Un esclavo sexual, quizás. Esa posibilidad inmediatamente lo había hechoimaginarse cautivo por alguna criatura inmensa y fea con una horriblecomplexión y vello facial. Porque, con seguridad, solamente alguien con muypoco atractivo necesitaría que un hombre fuera raptado y atado a su cama paraobtener relaciones sexuales en el clima sexualmente libre de hoy en día. Justo cuando Gregory había empezado a hiperventilar con el horrorimaginado, se dio una bofetada mental. La mujer —la madre— no podía tener más de veinticinco o treinta años alo sumo. Seguramente ninguna hija suya sería lo suficientemente mayor comopara querer un esclavo sexual. O incluso saber qué hacer con uno, además, porqué alguien lo querría a él como esclavo sexual, se había preguntado. Greg tenía una alta autoestima, y sabía que era atractivo, pero no era unaestrella de rock o un bello modelo GQ. Era un psicólogo que se vestía con trajesconservadores, tenía un corte de pelo conservador, y llevaba una vidaconservadora, fundada alrededor del trabajo, su familia y ese tipo depequeñeces. Bien, su trabajo, su familia e intentar escaparse de las citas a ciegasque organizaban sus hermanas, tías, y su madre, se corrigió irónicamente. Anoiss Traducciones
  22. 22. Los pensamientos de Greg se agitaron cuando la puerta del dormitorio seabrió otra vez. Endureciéndose, tiró de su cabeza hacia arriba para mirar conatención hacia la puerta para ver que era la mujer de hacía un momento. Leechó el ojo con un interés precavido. Excepto por su largo pelo rubio, se parecíaa la morena que lo había traído aquí. Era hermosa, con labios llenos, una caraovalada, una nariz recta, y los mismos ojos azul plata que su homóloga morena.Obviamente, compraban sus lentes de contacto en el mismo lugar. No, decidió Greg. Los ojos no eran exactamente los mismos. Eran delmismo color y forma, pero los ojos de la morena habían sostenido una tristeza ysabiduría que había desmentido la juventud de su piel y sus rasgos. Esta mujercarecía de eso. Los ojos de la rubia eran claros, impasibles ante el pesar o laverdadera pena. Eso la hacía parecer más joven. Sin embargo la rubia era, obviamente, pariente de la morena, pensó Gregcuando la observó caminar hacia el tocador que estaba contra la paredadyacente a la cama y abrir un cajón. Probablemente su hermana, adivinó. Dejóque sus ojos se posaran en el breve y ajustado vestido negro que llevaba, no sepodía negar que tenía una buena figura, y la idea que cruzó por su mente fueque era casi una lástima que fuera demasiado vieja para ser la hija de la morena.No le habría molestado ser su regalo de cumpleaños… sus ojos se giraron antesus propias ideas caprichosas. Greg la observó cerrar el tocador y esperó conexpectación a que le brindara su atención, pero no lo hizo. Para su absolutoasombro, ella simplemente caminó hacia la puerta para, obviamente, salir de lahabitación sin prestarle ninguna atención. Greg estaba tan escandalizado que suboca se abrió y cerró dos veces antes de que se las arreglara para conseguirexpresar un simple: —Discúlpeme. La rubia se detuvo en la puerta y giró para mirarla con los ojosentrecerrados con curiosidad. Greg forzó una sonrisa formal y preguntó: —¿Usted cree que tal vez podría desatarme? —¿Desatarlo? Pareciendo sorprendida por el pedido, se trasladó a la cabecera paramirarle detenidamente. —Sí, por favor —dijo firmemente, notando la manera en que su miradase deslizó sobre sus manos. Greg sabía que sus muñecas estaban rojas ydesgarradas por tirar de sus ataduras. Su estado pareció confundirla y afligirla. —¿Por qué mamá no lo calmó? No debería haberlo dejado de este modo.¡Qué…! —se detuvo y parpadeó, entonces el reconocimiento se expresó en sucara—. ¡Oh! Por supuesto. La llegada temprana de Bastien debe de haberla Anoiss Traducciones
  23. 23. interrumpido antes de que pudiera acomodarlo apropiadamente.Probablemente quiso volver y acabar con usted después, pero se olvidó. Greg no tenía ni la más mínima idea de lo que estaba hablando, exceptoque parecía pensar que su madre lo había traído ahí, y él sabía que,efectivamente, estaba equivocada. —La mujer que me trajo aquí era demasiado joven para ser su madre. Separecía a usted, pero tenía cabello oscuro. ¿Su hermana tal vez? —adivinó. Por alguna razón sus palabras la hicieron sonreír. —No tengo ninguna hermana. La mujer a quien usted está describiendoes mi madre. Es más vieja de lo que parece. Greg aceptó esto con un poco de incredulidad, entonces sus ojos seabrieron ante las ramificaciones de lo que estaba diciendo. —Entonces, ¿soy su regalo de cumpleaños? Asintió con la cabeza despacio, inclinó su cabeza, y dijo: —Ésa es una sonrisa extraña. ¿Qué está pensando usted? Greg estaba pensando que era el más afortunado hijo de puta vivomientras su mente se ajustaba automáticamente a las situaciones que habíaimaginado más temprano de una mujer grande y fea que se desnudaba y setrepaba sobre él. Él mismo se permitió disfrutar de la fantasía por un momento, pero sedio cuenta de que su cuerpo lo estaba disfrutando demasiado, unaprotuberancia perceptible estaba creciendo en sus pantalones. Dio una sacudidaa su cabeza. Aún cuando le pareciera tan encantador pensar en cómo pudieraser pasar una noche como el esclavo sexual de esta mujer, tenía planes —unviaje lleno de las playas arenosas, palmeras, y mujeres medio desnudas quedarían vueltas sobre una pista de baile—. Y ya estaba pagado. Ahora… Si después de su viaje esta mujer quisiera mantener una cita dela manera normal, entonces podría atarlo a una cama y terminar el asunto conél… Bien, a Greg le gustaba considerarse un tipo atento. Además, en este caso,pensaba que ser un esclavo sexual no podría ser tan malo. Se dio cuenta de quesus pensamientos estaban pasando a áreas que era mejor dejar de lado porahora, Greg les dio una patada mental y forzó una mirada severa sobre su cara. —El rapto es ilegal. Sus cejas se alzaron. —¿Mami lo raptó? —No exactamente —admitió, recordando cómo se había metido en elmaletero bajo su propio incentivo. El rapto, en general, requería ser llevado a la Anoiss Traducciones
  24. 24. fuerza. Greg supuso que podía haber mentido; sin embargo era muy malmentiroso—. Pero no quiero estar aquí, y realmente no tengo ni idea de por quéme metí en el maletero del automóvil de su madre. No es algo que hagageneralmente, pero nunca tengo… La voz de Greg se arrastró cuando se dio cuenta de que la rubia no loestaba escuchando. Por lo menos, no parecía hacerlo. Estaba mirando su cabezacon concentración y con un gesto cada vez más fruncido. También se estabaacercando a la cama, aunque sospechaba que era una acción subconsciente.Parecía completamente concentrada en su pelo, pero entonces agitó su cabezacon evidente frustración, y habló entre dientes: —No puedo leer su mente. —¿No puede leer mi mente? —repitió despacio. Agitó su cabeza. —Ya veo… Y… Eh… ¿Ése es un problema? —preguntó—. Quiero decir,¿puede leer generalmente las mentes de las personas? Asintió con la cabeza, pero era un movimiento ausente, suspensamientos estaban obviamente en otra parte. Greg trató de hacer caso omiso de la decepción que repentinamente loasaltó cuando reconoció que la mujer estaba enojada, o por lo menosdesilusionada como si pensara que realmente podía leer mentes. Supuso que nodebería estar sorprendido. La madre no podía ser exactamente normal, o nopermitiría que hombres extraños se metieran en su maletero, porque habíaestado detrás de él y tuvo que haberlo visto trepar allí. Alguien más habríacorrido gritando por el guardia de seguridad del edificio en lugar de llevarlo asu casa con ella. Al parecer la demencia estaba corriendo endémica esta noche. El primerejemplo había sido su comportamiento, después el de la morena, y ahora larubia que pensaba que podía leer mentes. Le hizo preguntarse si no habíaalguna suerte de demencia en toda la ciudad. Quizás hombres por todo Torontose estaban metiendo en maleteros y dejando que los ataran a la cama. Era,quizás, alguna especie de droga soltada en la represa de agua de la ciudad; unaconspiración terrorista para incapacitar a los hombres de Canadá. Por otro lado, quizás esto no era más que un extraño sueño, y lo quesucedía realmente era que todavía estaba trabajando en su escritorio, la cabezafuera de servicio y profundamente dormido. Greg decidió que ésa era laposibilidad más probable. Proveía una explicación más satisfactoria de supropio comportamiento inexplicable. Por supuesto, nada de eso importabarealmente. Dormido o despierto, enojado o no, estaba aquí, e incluso si era unsueño, quería apartarse de esa casa. Tenía un vuelo que alcanzar. Anoiss Traducciones
  25. 25. —Escuche, si usted sólo pudiera desatarme, prometo que me olvidaré detodo esto. No traeré las autoridades o nada por el estilo. —¿Las autoridades? —repitió la rubia—. ¿Se está refiriendo a la policía? Parecía sorprendida por la posibilidad. Como si no se le hubiera ocurrido. —Bien, sí —dijo Greg con el ceño fruncido—. Está bien, así que vine aquíaparentemente de forma voluntaria —admitió de mala gana—. Pero ahoraquiero irme a casa, y si usted no me desata, es confinamiento a la fuerza, y ése síes un delito. Lissianna empezó a mordisquear su labio inferior. Había tratado deentrar en los pensamientos del hombre para calmarlo y controlarlo como habíahecho antes con Dwayne, como su madre debería haber hecho antes de dejarlo,pero no podía alcanzar sus pensamientos. Era como si hubiera una paredimpenetrable alrededor de su mente y, aunque había oído hablar de esto, nuncahabía tropezado ella misma con esa situación. Lissianna nunca había conocido aningún mortal al que no hubiera podido leer y controlar. Aunque sí habíatropezado con personas individuales con las que tenía dificultad en leer ycontrolar. Generalmente, esa dificultad disminuyó o desapareció totalmente encuanto comenzó a alimentarse de ellos. Inclinó su cabeza y echó el ojo a su obsequio, debatiéndose sobre si debíatratar de tomar de él para que fuera más fácil acceder a sus pensamientos ycalmarlo. El único problema con eso era que si no podía acceder, ni siquiera unpoco a sus pensamientos, Lissianna no podría protegerlo de experimentar eldolor cuando sus dientes se hundieran por primera vez en su cuello. Aunque... Mirabeau le había contado sobre haberse enfrentado con una situaciónsimilar una vez. Había dicho que había besado y acariciado al hombre,relajándolo, y se las había arreglado para pasar a sus pensamientos en cuantosus dientes se hundieron en él. Lissianna consideró el tema brevemente. Nunca antes había seducido anadie. Habiendo nacido y criado en la Inglaterra georgiana, su vida habíaestado algo protegida, y cuando la sociedad se había vuelto más liberal yahabían pasado los primeros cincuenta años de su vida. Sus padres estaban tanarraigados en los viejos valores y viejas creencias que era difícil que cambiarany se modernizaran. Mientras su madre podría haberle permitido más libertad,su padre nunca se habría girado a la sociedad. Aún así, no podía simplemente dejar allí a ese hombre angustiado,decidió Lissianna. Además, no debería molestarle el darle un pequeño Anoiss Traducciones
  26. 26. preestreno a su cena de cumpleaños, más o menos como una lamedura a unpastel antes de que fuera servido. Está bien, deseaba darle un poquito más que una lamida, pero sólo unmordisco rápido, lo justo para aliviar su hambre, se aseguró. Bien, claro, pensaba Lissianna peculiarmente. Este hombre se veía tanatractivo que se sentiría tentada a dejarlo seco, una tentación de rechupete queno había sentido en décadas. —La soga está muy ajustada. Sacada de sus pensamientos por su queja, Lissianna echó un vistazo asus muñecas, otra vez hacia las rozaduras y sintió que su incertidumbre sedispersaba. Le habían enseñado que era de mala educación jugar con su comidao permitir que sufriera innecesariamente. Y este hombre estaba sufriendo. Erasu deber entrar en su mente y calmarlo. Era su culpa que no pudiera hacerlo dela manera normal y fuera a tener que probar las medidas más extremas. Mente hecha y conciencia aplacada, Lissianna se estableció a un costadode la cama. —Usted no debe luchar, y mucho menos preocuparse. Odio que seangustie de esta manera. La miró furioso, como si lo ofendiera que supiera que estaba disgustado.O quizás sólo estaba furioso porque no lo estaba desatando como le habíapedido. —No va a conseguir nada con esto —sugirió, y apoyó las medias quehabía colocado sobre su regazo con el propósito de trabajar en el lazo alrededorde su cuello. Él suspiró cuando fue retirado, relajándose un poco sobre la cama,y Lissianna decidió que también le quitaría la corbata. —¿Así está mejor? —preguntó deslizando la tela de seda por su cuello. El hombre empezó a asentir con la cabeza, pero se detuvo y frunció elceño cuando ella desató los tres botones superiores de su camisa. —Sería aún mejor si usted me desasiera. Lissianna sonrío divertida por la manera en que estaba luchando contraella, trató de distraerlo, entonces, pasando sus dedos por la extensión de pechoque se había revelado. Para su satisfacción, un pequeño escalofrío lo atravesócuando sus largas uñas chirriaron suavemente de un lado a otro de su pieldescubierta. Este asunto de la seducción estaba resultando ser mucho más fácilde lo que había temido. O quizás era sólo una persona con talento innato, pensóLissianna, y se preguntó si debía estar preocupada sobre esa posibilidad. —Desáteme —estaba tratando de ser firme, pero era obvio que sucorazón ya no estaba, completamente, detrás del deseo de ser libre. Anoiss Traducciones
  27. 27. Sonriendo por saberlo, Lissianna deslizó sus dedos de su pecho paracorrer a lo largo de la tela justo encima de su cinturón. La acción provocadora provocó que se le tensaran los músculos delestómago, y su respiración salió en un pequeño silbido. —¡Qué demonios! —susurró—. Hay cosas peores que ser un esclavosexual. Lissianna parpadeó con sorpresa ante su comentario y decidió que lohabía relajado lo suficientemente. —¿Cual es su nombre? —Greg —limpió su garganta, y dijo más firmemente—: Dr. GregoryHewitt. —Doctor ¿eh? —levantó una mano para acariciarlo ligeramente hastaarriba de su pecho otra vez, observando la manera en que sus ojos cayeroninmediatamente de su cara para seguir a la acción—. Bien, Doctor… Usted esun hombre muy apuesto. Cambió su mano de lugar hacia su cabello, pasándola ligeramente através de las hebras finas y oscuras, maravillándose por lo suaves que eran. Sumirada fija se deslizó a sus profundos ojos marrón oscuro y a los firmescontornos de sus labios mientras consideraba el siguiente movimiento. Era unhombre atractivo. En su tiempo, había visto a hombres que eran más apuestos,pero había algo en éste que resultaba aún más atractivo para ella. Su mirada sedeslizó por las arrugas sobre su frente, y sus dedos las siguieron, pasandoligeramente por las líneas para frotarlas. —¿Le molestaría mucho si lo beso? —preguntó suavemente. Dr. Gregory Hewitt no respondió, sólo la miró con ojos que se le habíanoscurecido con interés cuando permitió que su dedo se moviera empujado porla corriente a sus labios y tropezó ligeramente con los blandos contornos.Cuando su boca se extendió repentinamente para chupar su dedo con un tibiocalor, ella tomó eso como su permiso, pero Lissianna no se movió, sus ojos queencontraron y sostuvieron su mirada con fascinación mientras notaba el fuegoarder allí. Entonces chupó el dedo que se encontraba en el interior de su boca,su lengua deslizándose a lo largo de los costados de su dedo mientras lo hacía,y Lissianna lanzó un pequeño y sobresaltado gritito de sorpresa. Tenía más de doscientos años de edad y nunca se le hubiera ocurridoque un dedo era una zona erógena, pensó Lissianna débilmente, mientras que elmismo fuego que ardía en sus ojos empezaba a crecer dentro de ella, peromucho más al sur de su cuerpo. Gregory Hewitt era un hombre peligrosamente distrayente, y decidióque sería mejor recuperar el control de la situación. Con esa intención, Lissianna Anoiss Traducciones
  28. 28. retiró despacio el dedo de su boca y se inclinó hacia adelante para frotar sumejilla fugazmente contra la suya para impregnarse de su saludable olor. Laacción había sido instintiva, un depredador evaluando el olor de su presa. Elsuyo era un aroma muy condimentado y oscuro que le encantaba. Lissianna sonrío débilmente, entonces pasó sus labios contra su mejillapara seguir todo el camino hacia los labios masculinos. Los presionó allífirmemente y luego los frotó suavemente de un lado a otro. Los labios de Gregory Hewitt se veían firmes y duros, pero se sentíanblandos al tacto. Lissianna continuó simplemente frotando sus labiossuavemente sobre los de él, disfrutando de la caricia erótica, hasta que éllevantó su propia cabeza en un esfuerzo para hacer más profundo el beso. Cuando ella deslizó su lengua para recorrer con ella el largo pliegue en ellugar dónde sus labios se encontraban, el abrió los suyos para dejarla resbalaren su interior. Sus ojos se abrieron con sorpresa ante las sensaciones que la asaltaroncuando se introdujo en él. Lissianna había sido besada durante los pasados doscientos años muchasveces, incontables incluso si es que iba a ser honesta. Algunos besos habían sidobienvenidos y algunos robados, algunos disfrutados y otros no, pero éstebeso… Su lengua estaba tibia, mojada, y firme mientras se movía ásperamentejunto a la suya. Sabía a caramelo de menta, café y otra cosa que no pudoidentificar inmediatamente, pero realmente Lissianna no se quería tomar eltrabajo de hacerlo. Dejó que sus ojos se cerraran y se deleitó en las sensacionesque la agobiaban. Lo que había empezado como parte de un intento de seducir a GregoryHewitt terminó seduciéndola a ella. Lissianna se encontraba absorta en el beso cuando su lengua la llenó,introduciéndose y extendiéndose a través de su boca con una demanda que lahizo estremecerse. Por un momento, su propósito fue totalmente olvidado.Cambió de lugar y deslizó sus piernas sobre la cama con el propósito de quedartendida a su lado, sus piernas se entrelazaron con las suyas incluso cuando susdedos se enredaron y quedaron cautivos en su pelo. Ella intuyó cómo tiraba de sus ataduras pero realmente solo fueconsciente de ello a medias, hasta que él giró su cabeza para romper el beso ygimió: —Desátame. Quiero tocarte. Lissianna estaba tentada, pero hizo caso omiso del pedido y se concentróen besar un camino descendente por su mejilla, su cuerpo que se movía bajo el Anoiss Traducciones
  29. 29. suyo. Era obviamente más alto que ella. Antes de que sus labios alcanzaran sugarganta, sus pelvis estuvieron parejas, y giró sus caderas, incitándose a símismo contra ella, incrementando inmediatamente las sensaciones de ambos.Su quejido era a la vez frustrado y excitado cuando sus labios se movieron a lolargo de su garganta y se movió con impaciencia debajo suyo hasta que ellaencontró la yugular y dejó salir sus dientes para adentrarse profundamente ensu piel y en la vena que ésta cubría. Greg se puso rígido con la conmoción, pero se relajó rápidamente con unlargo quejido mientras Lissianna empezaba a alimentarse, y el placer estallódentro de su mente y comenzó a transmitirse fuera a él. Esta era unaexperiencia completamente diferente a la que había tenido con Dwayne.Normalmente, no sentía el alimentarse como una experiencia erótica, perohabitualmente Lissianna no tenía tampoco que seducir a su anfitrión. Sólotomaba el control de su mente e iba al punto. Esta vez era diferente. Estaba excitada, él estaba excitado, y la sangre queingresaba a montones a su cuerpo era un cordel que conectaba su emoción,haciéndola rebotar entre ellos e incrementándola de algún modo cuando sumente se abría a ella. Pero Lissianna no estaba manteniendo el control esta vez,no estaba enviando su control, sino recibiendo el suyo. Era como un fantástico caleidoscopio de colores. Las emociones y lospensamientos inundaban su mente en olas que estallaban en nuevas olas.Pasión, deseo, inteligencia, generosidad, honor, valor… Lissianna tenía unaventana abierta levemente a su alma, y en ésos pocos momentos aprendió mássobre él de lo que podía haber logrado con cientos de conversaciones. No habíamentiras, no había medias verdades, o evasivas que trataran de impresionarla.Era sólo él allí, entonces todo eso fue empujado por una avalancha de deseo. Lissianna olvidó todo sobre sus intenciones de calmarlo, se olvidó detodo, excepto del hambre que se estaba desencadenando en su cuerpo: tanto lavieja necesidad por la sangre como la nueva necesidad por el placer que leestaba dando. En ese momento, con sus cuerpos entrelazados, ambos gimiendo,arqueándose y retorciéndose, solamente este hombre parecía capaz satisfacer suhambre, y Lissianna podría, muy probablemente, haberse perdido hasta elpunto de vaciarlo si la voz de Thomas no hubiera alcanzado su oído,distrayéndola. —No veo por qué estás tan disgustada. Sólo se acercó para buscarmedias nuevas —su voz sonaba amortiguada por la puerta, pero había crecidoen volumen, mientras ésta se abría para luego cerrarse repentinamente, seguidade un breve silencio. Muy breve. —¡Lissianna Argeneau! Anoiss Traducciones
  30. 30. Lissianna se quedó quieta, sus ojos muy abiertos cuando reconoció la vozde su madre. Capítulo 3 Replegando los colmillos, Lissianna liberó el cuello de Greg Hewitt y,sintiéndose culpable, echó un vistazo encima de su hombro. La visión de Thomas y su madre mirándola fijamente con los ojosdesorbitados desde la puerta era suficiente para hacerla ponerse rápidamentede pie. Sus manos se movieron para enderezar su ropa y su cabello. —¡No puedo creer esto! —Marguerite caminó a través del cuarto—.Entrando a hurtadillas por aquí y desenvolviendo tus regalos, ¡antes de tucumpleaños, como si tuvieras doce en lugar de doscientos! ¿En qué estabaspensando? —Bien, técnicamente es su cumpleaños, Tía Marguerite —apuntóThomas, cerrando la puerta. Lissianna dio a su primo una sonrisa de agradecimiento, pero dijo: —Yo no entré a hurtadillas aquí. Simplemente subí para ponermemedias limpias —las sacó fuera de la cama, y agregó—: Y no los desenvolví. Marguerite miró intencionadamente el suelo. Después echó un vistazo alsuelo para ver el lazo desatado y olvidado allí. Lissianna hizo una mueca y admitió: —De acuerdo, lo desaté, pero sólo porque él estaba enojado y odiabadejarlo angustiado —hizo una pausa inclinando su cabeza y dijo—: Entiendoque la llegada de Bastien te interrumpió antes de que pudieras ponerlo en unserio contratiempo. Él estaba disgustado por ser secuestrado y exigió serdesatado cuando llegué aquí. —No lo secuestré —dijo Marguerite ofendida. Entonces pasando deLissianna al Dr. Gregory Hewitt, agregó—: No te secuestré, te pedí prestado —volvió su atención a Lissianna—. Y no lo sometí a un completo contratiempo. —¿En serio? —sus cejas se arquearon por la sorpresa, y Lissianna lanzóuna mirada llena de confusión de su madre al hombre que se encontraba en lacama—. No parece estar bebido. Marguerite suspiró, algo de su tensión comenzaba a abandonarla. —Sí, bueno, él parece tener una mente fuerte. Lissianna asintió. Anoiss Traducciones
  31. 31. —Lo noté. No podía entrar en sus pensamientos para calmarlo. Deninguna manera. Por eso estaba alimentándome de él. Pensé que podríapermitirme unir su mente con la mía y aliviarlo —explicó Lissianna. —Eso parece haber funcionado bien —comentó Thomas con diversión—.Aunque no diría que se alivió exactamente. Lissianna siguió su mirada hacia la entrepierna del hombre, en dóndeuna erección estaba haciendo presión contra sus pantalones. Pero en ese mismoinstante, la carpa de los mismos se desinfló. —Nada de pepinos entonces —comentó Thomas ligeramente, yLissianna tuvo que morder sus labios en una risita nerviosa. Aclarando su garganta, murmuró: —Lo siento, madre. No quise estropear la cena de cumpleaños quetenías planeada. Realmente no quería; quiero decir, ya puede no ser unasorpresa, pero verdaderamente no tuve mucho, solo un rápido mordisco. Unmordisco pequeño, en realidad. Podría alimentarme mucho más —su miradahambrienta estudió al hombre en la cama, su cuerpo cosquilleó ante la idea dealimentarse nuevamente de él. —Él no es tu cena del cumpleaños. Lissianna a regañadientes dejó de comerse con los ojos a su regalo decumpleaños y se volvió hacia su madre con confusión. —¿Qué? —Él no es tu cena de cumpleaños —repitió ella—. Ordené comida chinapara ti. El muchacho de la entrega debería estar aquí pronto. —Oh —no disimuló su desilusión. A Lissianna le gustaba la comidachina, pero nunca acababa de satisfacerse. Una hora después, tendría hambrede nuevo. Sin embargo, Gregory Hewitt habría sido robusto y apetitoso, habríasido totalmente un atiborrante y satisfactorio estofado, al lado del caldo diluidode Dwayne. También habría sido un placer, en maneras que ella no habíaesperado. Esa noche, Lissianna había sentido un poco de la excitación que sushuéspedes normalmente sentían y le transmitían cuando se alimentaba de ellos.La excitación que ella nunca realmente entendía, o la que nunca habíaexperimentado; excepto, claro, de segunda mano, solamente observando. Esta vez no había sido capaz de permanecer ajena y atenta. Al seducirlo,aparentemente, se había seducido a sí mima… O quizás, él había sido el seductor, pensó. Recordando los labiosmasculinos, guió uno de sus dedos a su boca. No es que se hubiera tomado mucho tiempo seduciendo. Él realmenteera el hombre más atractivo que ella había conocido alguna vez, y eso ya quería Anoiss Traducciones
  32. 32. decir algo. Lissianna había conocido a muchos hombres en sus doscientos añosde vida, y muchos eran mucho más atractivos estéticamente, pero ellos sólo lahabían dejado fría. Había algo sobre éste que la atraía aunque… y también olíamuy bien. Y esos pocos instantes en los cuales sus mentes se habíanfusionado… Lissianna ciertamente no había intentado leer o controlar suspensamientos como pretendía. Había estado ocupada disfrutando delmomento, pero desde la breve conexión, ella había recibido una imagen de sumente. Era una mezcla de confusión, deseo, inteligencia, y una honestidad ycarácter que la atrajeron. Consciente del silencio que había caído encima del cuarto, Lissiannalanzó una mirada alrededor. El hombre que ahora llenaba sus pensamientosestaba descansando en la cama, mirándola fijamente con silenciosa fascinación. Lissianna pensó que eso era interesante. Por otro lado, su madre y primotambién estaban mirándola fijamente con concentrado interés y ella no podíaevitar pensar que eso no podría ser algo bueno. No había estado guardando suspensamientos, comprendió con incomodidad y no tenía ninguna duda de queel par simplemente se había entrometido en sus reflexiones del placer que ellahabía experimentado con Greg Hewitt. —¿Entonces? —preguntó Lissianna abruptamente, ansiosa de quitar lospensamientos de su madre de aquéllos que habían estado flotando en su propiamente. Thomas ayudó preguntando: —Si él no es su cena de cumpleaños. ¿Para qué sirve? —¿Disculpa? ¿Cena de cumpleaños? —bramó Greg. Él estaba másboquiabierto que horrorizado. Al parecer, no había entendido la conversaciónque continuaba en torno a él al principio. Ahora lo había entendido y estabadisgustado por todo de nuevo. Ella se habría tomado el tiempo necesario paraaliviarlo, pero su madre habló, distrayéndola. —Él es tu regalo de cumpleaños, pero no la cena —cuando Lissianna lamiró tan fija e inexpresivamente, suspiró y cruzó el cuarto para tomar su mano—. Se suponía que era una sorpresa que iba a ser presentada en la fiesta, perocomo ya has desenvuelto tu regalo, puedo explicarlo. Querida, éste es Dr.Gregory Hewitt. Él es un psicólogo, quién se especializa en fobias y lo trajeaquí para curarte. Feliz Cumpleaños. El Dr. Gregory Hewitt era psicólogo, razonó Lissianna lentamente. Nohabía pensado preguntar qué clase de doctor era cuando había preguntado sunombre y él había dicho Dr. Gregory Hewitt. Ahora lo sabía. Él era unpsicólogo para curar su fobia. Anoiss Traducciones
  33. 33. —Oh —murmuró por fin, lanzando una mirada sorprendida a Gregcuando él hizo eco del "oh" en su mismo tono decepcionado. Eso incentivó a sucuriosidad. Su propia desilusión estaba basada en el hecho de que ella más bienprefería mordisquearlo antes de tratar algo tan desagradable como su fobia,pero parecía que él no estaba menos complacido con la idea que ella. Greg suspiró interiormente. Supuso que no debería estar defraudadopor el anuncio de la morena. ¿Debería alegrarse de que no fuera un esclavosexual o… la cena? Todavía estaba intentando ordenar eso. Lissianna, como lamorena se había dirigido a la rubia, había pensado que él era su cena decumpleaños. ¿Él? ¿La cena de cumpleaños? La idea era suficiente para derribar cada unode los perturbadores y lujuriosos pensamientos en su cabeza. ¿La cena de cumpleaños? ¿Eran caníbales? Buen Dios, ella había pellizcado su cuello después de besarlo, perosimplemente un pequeño pellizco, luego ella había decidido chupar, sin dudadándole un gran chupón que se pasaría una semana intentando esconder, oquizá más. Greg no estaba seguro. Había tenido un chupón sólo una vez antes, y eso era cuando fue unadolescente. No podía recordar cuánto tiempo había pasado para quedesapareciera. Tampoco recordaba que había sido tan agradable como el de estaexperiencia. Sin embargo hubiera aceptado feliz que la rubia lamiera su cuellotodo lo que ella quisiera, o cualquier otra parte del cuerpo que ella recibiera conagrado. Ser la cena de cumpleaños, de todas formas, no parecía bastanteagradable. Querido Dios, dejarlo subir en la cajuela del auto de un caníbal.Realmente prefería el escenario de esclavo sexual. Definitivamente sonaba másagradable. Greg rodó sus ojos y tuvo que sacudir su cabeza mentalmente paradispersar sus propios pensamientos. Estaba sonando como un lunáticodesesperado. De hecho, eso no estaba lejos de la verdad. A pesar de los grandesesfuerzos casamenteros de su familia, no había tenido sexo por casi un año.Aunque las mujeres con que su familia tendía a emparejarlo eran preciosas,ninguna de ellas había despertado demasiado interés en él, por lo menos no elsuficiente para arrastrar su atención fuera del trabajo por algún tiempo. Esto no había preocupado mucho a Greg; tenía una vida llena yocupada. Siempre se dijo que el día que encontrara una mujer tan fascinantecomo su carrera, sería el día en el que sabría que había encontrado a la SeñoritaCorrecta. Mientras tanto, su familia —nunca optimista— continuaba liándolo Anoiss Traducciones
  34. 34. con cada mujer soltera que conocían y Greg continuaba evitando compartir lacama con mujeres, para evitar molestos enredos con amigos de la familia quepodrían causar resentimientos. Eso significaba que estaba restringido a brincarsexualmente con mujeres que él lograba conocer por su cuenta, cuando noestaba escoltando a las amigas de su familia a varias comidas o funciones. La última vez que Greg había logrado empezar una relación conalguien, había sido con una fría rubia psiquiatra de British Columbia. Se habíanconocido en la conferencia de salud mental el invierno pasado, había ido poruna bebida después de una de las conferencias, entonces él la habíaacompañado de vuelta a su cuarto, ella lo había invitado, y muy educada yclínicamente tuvo sexo con él. Había sido frío, funcional y horrorosamenteaburrido… más bien como tomar Metamucil. Consiguió hacer el trabajo, limpiólas cañerías, pero le dejó un mal sabor en la boca. Greg estaba relativamenteseguro de que esta rubia no le dejaría un mal sabor en su boca. También estabaseguro de que ella haría mucho más que limpiar sus cañerías. —¿Lo trajiste aquí para tratar mi fobia? Greg lanzó una mirada a la rubia cuando ella hizo la pregunta, notandopor primera vez que ella también parecía más bien defraudada por las noticias. —Sí, cariño. —¿Él no es…? —No —interrumpió firmemente la morena, entonces frunció el entrecejoante la obvia falta de entusiasmo de la rubia por su regalo—. Querida, ésta esuna buena causa. Pensé que estarías agradecida. Pensé que era perfecto. Élpuede curar tu fobia, permitiéndote vivir una vida normal. Una sin la molestiadel cuidado nocturno o el riesgo de ir tropezando a casa borracha dos o tresveces por semana. Las cejas de Greg se arquearon e intentó deducir mentalmente qué tipode fobia podría llevar a alguien a emborracharse. —Bueno —la morena se volteó hacia él con una deslumbrante sonrisa—.Hágalo. Greg la miró inexpresivamente. —¿Disculpe? —Cure a mi Lissianna de su fobia —dijo pacientemente. Greg giró de la expresión expectante de esos sabios ojos viejos a los ojosmás luminosos de la hija. Eran tan azules y claros como un cielo sin nubes, perocon el mismo brillo de plata metálico que los de la madre. Anoiss Traducciones
  35. 35. Encantador, pensó Greg y simplemente deseó que no fueran lentes decontacto. Le molestó que ella sintiera la necesidad de algo artificial para agregara su belleza. —No son lentes de contacto —anunció la morena de repente, haciendoque Greg diera un respingo. Seguramente ella no había leído sus pensamientos. ¿O sí? —¿Qué es lo que no son lentes de contacto? —indagó la rubia, mirándoloa él y a su madre con confusión. —Tus ojos, cariño —explicó la morena, entonces dijo a Greg—: A pesarde tus anteriores pensamientos, nuestro color de ojos es natural. No estoysegura de si ellos incluso tienen lentillas de contacto del color de nuestrosojos… todavía —agregó secamente. —Natural —murmuró Greg con fascinación, mirando fijamente laluminosidad en el color de ojos de la hija. Fue entonces que su mente absorbiólentamente sus palabras. ¿A pesar de sus anteriores pensamientos? ¿Ella no quisodecir en el ascensor? La morena asintió. —Sí, en el ascensor. —¿Puedes leer su mente? —Lissianna parecía más molesta quesorprendida, notó él y recordó que eso había pensado cuando ella se habíaquejado del hecho de que no podía leer su mente. Ahora, la morena parecíaestar haciendo precisamente eso. Greg no podía decidir si él estaba durmiendoy soñando todo esto, perdiendo la cabeza e imaginando todo esto, o si estabadespierto, sensato, y la mujer realmente estaba leyendo a su mente. Peor aún,no podía decidir cual de esas opciones prefería. No quería estar durmiendoporque eso significaría que Lissianna no era nada más que una fantasía quehabría imaginado, y no estaba contento con la idea de que nunca la vería fuerade sus sueños. Perder la cabeza no era una buena alternativa, pero la idea de lamorena siendo capaz de leer su mente era un poco desconcertante…Especialmente desde que su mente estaba llena de pensamientos lujuriosossobre su hija. —¿Entonces? — incitó la morena. Soñando o no, parecía que tendría que tratar con el asunto. Greg agitó sucabeza. —Señora, curar una fobia no es como tomar una píldora. Tarda algúntiempo —le informó. Y luego, preguntó un poco menos paciente—: ¿Podríadesatarme, por favor? Anoiss Traducciones
  36. 36. —Eso no es lo que el artículo decía —se opuso la morena, ignorando sudemanda de ser desatado—. En el periódico usted estaba citado diciendo quelos nuevos tratamientos pueden ser sumamente eficaces y la mayoría de lasfobias pueden curarse en sólo unas sesiones, algunas personas sólo necesitabanuna. Greg dejó salir el aire en un lento suspiro, ahora entendiendo el motivopor el que había llegado hasta allí. La morena obviamente había leído laentrevista que él había hecho para el periódico, un artículo especial sobre lasfobias. Había salido el último fin de semana. —Eso es verdad, algunas fobias se tratan fácilmente —comenzó,intentando permanecer tranquilo y… bueno… paciente, pero la situación eratan anormal. Él estaba atado a una cama, en nombre de Dios, y ellos tresestaban de pie actuando como si eso fuera absolutamente normal. Gregsimplemente no podía abstenerse por completo de la irritación—. Ya sabes, lamayoría de las personas hace una cita para verme —estalló, pero intentórazonar nuevamente—: Y voy a volar a Mexico mañana de vacaciones. Haycosas que necesito hacer antes. Apreciaría que usted me desatara y mepermitiera salir de aquí. Realmente no tengo tiempo para esto. El silencio apenas había empezado al terminar su última palabra cuandohubo un toque en la puerta. Ésta se abrió y una joven mujer asomó su cabeza ylos miró. Era otra morena, bonita y con su cara en forma de corazón. Le lanzóuna mirada curiosa, y luego volvió la atención a la madre. —Tío Lucian está aquí, Tía Marguerite. —Oh, gracias Jeanne Louise —la madre, Marguerite, inmediatamentecomenzó a empujar a Lissianna y a Thomas hacia la puerta, diciendo—: Todostrataremos con esto más tarde. No debemos dejar a todos esperando. ¿Jeanne,ha llegado ya Etienne? —Sí. Estaba entrando cuando yo subía las escaleras —la mujer abrió lapuerta para que ellos pudieran salir—. También ha llegado la orden de comidachina. Puse al muchacho de la entrega en la despensa hasta que estés lista paraél. Aunque, probablemente no deberías dejarlo demasiado tiempo esperando. —No. Bueno justo bajábamos a la fiesta y todo comenzará —anuncióMarguerite cuando ella, seguida de Lissianna y Thomas, salió al vestíbulo—.Lissianna puede abrir sus otros regalos después y… —la puerta se cerróimpidiendo que oyera el resto de la frase de la mujer. Greg miró fijamente la superficie de madera con asombro, incapaz creerque ellos lo habían dejado simplemente allí, atado a la cama. Esto era unalocura. Locos. Anoiss Traducciones
  37. 37. La cabeza le daba vueltas con diversos pensamientos, Greg cerró sus ojose intentó ordenarlos. Todo lo que estaba sucediendo y cómo escapar de ello. Apesar de sus propias acciones en llegar él mismo allí, estaba comenzando aconsiderarse un secuestrado. Sin embargo, no estaba siendo chantajeado y noera ninguna cena. Eso era bueno, se dijo. ¿Lo era? Estaba ahí para tratar una fobia. Francamente, Greg pensó que la familiaentera necesitaba el tratamiento… y no por las fobias, pero que así fuera. Elloslo querían para tratar una fobia, y él quería ser liberado. ¿Ciertamente allí habíaalguna oferta que podría aceptar? Si así fuera, estaría absolutamente de acuerdoen tratar a la encantadora Lissianna y prometer no informarlos a lasautoridades, si lo dejaban en libertad. Entonces él iría directamente a la estaciónde policía. O no. Greg estaba un poco desconcertado con el problema de lo que queríahacer en este momento. Parte de él estaba furioso y deseoso de ir a la policía conla acusación de que había sido retenido en contra de su voluntad y asísucesivamente, pero en verdad, Lissianna estaba por recaer en el cuarto ybesarlo y acariciarlo como ella había estado haciendo, con eso, pensó, podríaolvidarse rápidamente de su enojo. Greg sospechó que la mayoría de esto era parte, claramente, de una viejafrustración sexual. Dejando de lado la frustración, él principalmente estaba confundido porlos eventos de la noche. Además, no podría ir a la policía. ¿Qué podría decirles? «Hola, mi nombre es Dr. Hewitt y esta noche subí a un cajuela de un autoextraño por mi propia voluntad, me encerré con llave para viajar a una casa extraña,entonces bajé y voluntariamente participé de dichas premisas, yendo incluso a subir lasescaleras y recostarme para ser atado a la cama. Pero mierda, no me desataron cuandoyo lo pedí y ahora quiero cobrármelas». Oh sí, eso funcionaría más que bien, pensó Greg irónicamente. Él sereiría fuera de la estación de policía. Además, realmente no quería traer problemas a estas personas. Bien, porlo menos no quería traer problemas a Lissianna. Greg lamió sus labios cuando recordó el toque y el sabor de ella. La habíasentido tan bien abrazada contra él y había hecho esos pequeños murmulloseróticos de placer cuando se habían besado. Si sus manos no hubieran estadoatadas, la habría rodado bajo él, la habría despojado de cada retazo de ropa queella llevara y habría usado sus manos y su boca en su cuerpo para sacar más deesos pequeños murmullos. Anoiss Traducciones
  38. 38. Su piel era de un pálido marfil y Greg no tenía problemas imaginando sucuerpo de alabastro estirándose y arqueándose en la cama cuando él cerrara suboca encima de un pezón erecto y pasando su mano por sus costillas, hacia suplano estómago para escabullirse entre sus piernas y encontrar su húmedadulzura. Ella estaría caliente y sensible a su toque y después de que él lahubiera hecho gritar con la liberación, una o dos veces, subiría a encima de ellay empujaría… Greg gimió en voz alta con frustración y dispersó sus fantasías cuandosintió la dolorosa queja de su entrepierna. De acuerdo, ésa había sido unaestúpida jugada. Ahora, estaba más frustrado que nunca. Suspirando, alzó su cabeza para ver hacia la puerta cerrada,preguntándose cuando regresaría Lissianna o si lo haría. Había deducido que éldebería estar en su cuarto, o ella no hubiera ido a buscar las medias. Así que,tarde o temprano tendría que volver. Quizás después de la fiesta, pensó Greg cuando notó el tenue sonido de lamúsica viniendo desde abajo. La fiesta estaba evidentemente en marcha. La fiesta de cumpleaños de Lissianna, recordó y se preguntó cuántosaños tendría. Había supuesto que tenía cerca de veinticinco o veintiséis. Unosbuenos diez años más joven que él. ¿La diferencia de edad le molestaría? Esepensamiento era preocupante. Ella podría pensar que él era demasiado viejopara ella y no repetir los besos de esa noche. Comprendiendo hacia dónde se dirigían sus pensamientos, Greg se diootro sacudón mental. ¿Qué estaba pensando? Estaba atado a una cama yretenido en contra de su voluntad. Había pedido ser desatado, pero nadie loescuchó. Todavía yacía ahí, su mente consumida con nada más que la rubia ybonita Lissianna. Necesitas tener tus prioridades, se dijo firmemente. ¿Qué tal tratar de soltartey escapar de aquí? Tienes que tomar un avión por la mañana, ¿sabes? Ignorando el hecho de que se estaba hablando a sí mismo, Greg inclinósu cabeza atrás para ver las ataduras que iban desde sus muñecas a los postesde la cama. Anoiss Traducciones
  39. 39. Capítulo 4 "Oh Señor, Señor. He entrado en el paraíso de los pijamas”. Lissianna se rió entre dientes de la expresión cómica de Thomas cuandoél entró en la sala donde ellos estaban teniendo su improvisada post fiesta decumpleaños, “su fiesta pijama”. Ninguno conducía después de beber, Thomashabía decidido dormir aquí, lo que significaba que Lissianna, Jeanne Louise yMirabeau también estaban quedándose. Con los dormitorios ocupados porvarios parientes más viejos alojados durante el día, habían sido relegados a lossofás en la sala más grande… junto con sus primas Elspeth y sus hermanasgemelas Victoria y Julianna. Las tres muchachas habían volado desde Inglaterracon su madre Martine para asistir a la fiesta y planeaban visitarlos por un parde semanas. —¡Thomas! —Jeanne abrió la boca de repente—. ¿Qué estás usando? —¿Qué? ¿Esto? —Thomas agarró sus brazos e hizo un giro lento. Estabacubierto del cuello a los tobillos por un pijama ajustado de Spiderman—.Bastien fue bastante bueno al proporcionarme el pijama más guay —pronunciócansinamente—. ¿No les gusta? El tipo tiene una radical preferencia en pijamas,para ser un viejo gruñón. —No son de Bastien —Lissianna rió entre dientes—. Eran una bromapara Etienne cuando él estaba ayudando a programar un videojuego basado enalgún cómic. —Yo no sabía eso —dijo Thomas con una mueca—. Bastien estaba másavergonzado de mis efusivos cumplidos por su elección de pijamas. Lissianna compartió una mueca con él, imaginando cómo Bastien debíade haber reaccionado cuando él comprendió cómo su pequeño esfuerzo poravergonzar a Thomas había salido al revés. Él se mortificaría pensando quecualquiera podría creer que vestía pijamas como éstos para dormir. —Sin embargo, no me importa. Son cómodos —comentó, entonces posósus manos en sus caderas para mirar al resto y dijo galantemente—: En cuanto austedes señoras, parecen un arco iris de encantadoras flores. Lissianna se miró, luego a las otras mujeres en sus camisones. JeanneLouise y Mirabeau no tenían ninguna ropa en casa de la madre de Lissianna, y Anoiss Traducciones
  40. 40. ella no usaba pijamas. Tendía a dormir desnuda. Las tres estaban vistiendo ropade dormir prestada de Elspeth y las gemelas. El trío aparentemente tenía algocon los “baby-dolls”, esto era todo lo que habían tenido para prestarles. A pesar de todo, la descripción de Thomas era adecuada. Ella estabavistiendo un camisón rosa pálido de encaje, Elspeth estaba de rojo, Victoria decolor durazno, Mirabeau de verde menta, Julianna de azul celeste, y JeanneLouise vestía de lavanda. Las reunías y casi hacían un arco iris. —Así que… —Thomas se lanzó hacia el catre que se había sacado paraél. Acomodando su almohada en una sólida pelota donde él podía apoyarse, lasmiró a todas con interés—. ¿Qué pasa en las fiestas de pijamas? Todas las muchachas rieron por su ávida expresión a la vez quecomenzaron a elegir sus propios sitios, dos chicas por cada uno de los tres sofásen el cuarto. En un momento ya estaban instalados y mirándose unos a otros. —No me mires a mí—dijo Mirabeau cuando Thomas lanzó una miradaen su dirección—. Yo tengo más de cuatrocientos años; no tenían fiestas depijamas ni siquiera cuando yo era una niña. No estoy segura si ellos teníanpijamas, siquiera. No sé lo que pasa. Lissianna se rió entre dientes, y dijo con fastidio: —Más de doscientos años y todavía considerado un niño. —Nosotros siempre lo seremos para mamá y tía Marguerite —dijoElspeth serenamente—. Presumo que es relativo. Nosotros somos niñoscomparados con ellos. —Pero ancianos comparados con los mortales —señaló Lissiannainfelizmente. Ella estaba considerando sus doscientos dos años. Loscumpleaños podrían ser un coñazo cuando eras más viejo que el país dondevivías. Canadá se convirtió en país en 1867, por ese tiempo, Lissianna tenía yasesenta y nueve años; viejo para un mortal, pero no para un vampiro como lamayoría de los mortales los llamaría. Éste no era un término al que su especie legustara. Los vampiros fueron pensados para ser criaturas desalmadas con unaaversión al ajo, al agua bendita y a la luz del sol. Hasta donde ella supo, sugente era no más desalmada que una persona común. En cuanto a las tressupuestas armas usadas para combatir a los vampiros, ni el ajo ni el aguabendita los herirían. La luz del sol era otra cuestión, ellos no estallarían enllamas si salían afuera, pero hacía la vida más fácil el evitarlo. Realmente, la única cosa que la sociedad tenía razón sobre los vampirosera su longevidad, fuerza y la habilidad para leer y controlar mentes… oh, yellos necesitaban alimentarse de sangre. Anoiss Traducciones

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