LENGUAS DE ESPAÑA

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Descripción de las lenguas de España y sus influencias nacionales e internacionales.

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LENGUAS DE ESPAÑA

  1. 1. LENGUA ESPAÑOLA Y LENGUAS DE ESPAÑA Rafael del Moral Resumen: Muchos estudiantes de español llegan a España y se encuentran con una sorpresa: la lengua que oye hablar no es el español. Desde la constitu- ción de 1978 las lenguas regionales, relegadas hasta entonces a un uso familiar y doméstico, empezaron a salir a la calle con mayor o menor fortuna. El debate acerca del lugar que le corresponden está abierto. La conferencia revisa y justifi- ca las razones que han de llevar a un extranjero a conocer la realidad lingüística del país, y aporta los datos necesarios para su correcta interpretación. Queridos colegas profesores de español, queridos alumnos, queridos amigos: ¿Conocen ustedes algún país del mundo en el que sus fronteras lingüísticas coincidan con las administrativas? ¿Conocen ustedes algún país del mundo donde no existan conflictos entre lenguas en contacto? ¿Conocen ustedes algún país del mundo donde no exista una lengua que eclipse a otra? Pues les diré que son raros o casi inexistentes los países donde las fronteras lingüísticas coinciden con las admi- nistrativas, o los países donde los problemas de bilingüismo no sean importantes, o los países donde una lengua no dificulte el desarrollo de otras. Fronteras lingüísticas y fronteras políticas o administrativas Sucedió con el griego frente a las variadísimas lenguas mediterráneas, suce- dió con el latín frente a la multitud de lenguas del imperio romano (celta, germáni- co, esloveno…), sucedió y sucede con el ruso frente a las decenas de lenguas de las regiones de la antigua unión soviética (tártaro, chuvacho, basquiro, checheno, mor- dovo, cazajo, néncico… ) y sucede hoy con el español frente a las otras lenguas de España (catalán, gallego, vasco…) y también frente a la retahíla de lenguas ame- rindias o precolombinas que siguen hablándose en América: náhuatl, quechua, araucano, yucateco… pero de la convivencia con estas últimas no vamos a hablar 1
  2. 2. hoy. Nos concentraremos, únicamente, en las lenguas que en España están en con- tacto con el español y las influencias mutuas, y las convergencias y divergencias, así como las sorpresas que podría ocasionar en alguno de ustedes que, ignorante de la variedad lingüística, visitara Cataluña, el País Vasco o Galicia, que es donde la convivencia del español parece más enturbiada. En estas regiones, a igual que su- cede en Escocia (Reino Unido) o en Bretaña (Francia) podemos encontrarnos con una amplia información en una lengua no esperada. Y no hablo solo de las indica- ciones geográficas o topónimos que aparecen en las vías públicas sino también en locales públicos, en estaciones y aeropuertos e incluso en museos. La atracción que unos pueblos sienten por otros es tan natural como el rechazo. Por eso a veces podríamos encontrarnos una paradoja en algún rincón de España: la información aparece en la lengua local y… en inglés, que es la lengua internacional… Pero ¿no estamos en España? podríamos preguntarnos… Pues sí, pero los intereses y volun- tades nacionalistas a veces se imponen a los colectivos, y todo eso amparados en conceptos tan estereotipados como la libertad, el respeto, la identidad… Suiza es un país que a veces se toma como ejemplo porque sus cuatro len- guas tienen reconocimiento oficial. Pero en Suiza las lenguas no se sobreponen, no se solapan. Los hablantes de alemán pueden no conocer el francés o el italiano. Si visitamos una catedral en Berna, la capital, podemos encontrarnos la información en alemán, que es la lengua de la ciudad, y en inglés, lengua vehicular de los visi- tantes, pero no en francés, ni en italiano, ni en romanche aunque estas lenguas ten- gan reconocimiento oficial en el país. El roce en la convivencia surge cuando un mismo territorio se ve obligado a utilizar dos lenguas, que son los casos de España. Y de eso vamos a hablar hoy. Pongamos un ejemplo. Hace solo unos días un político catalán era interrogado en televisión por gentes de toda España. Uno de los asistentes le llamó don José Luis, que es el nombre de pila del político, por otra parte nacido en Aragón y así inscrito en el registro civil. El político nacionalista catalán se enfadó muchísimo y le pidió al demandante que lo llamara Joseph Lluis, en catalán. El demandante le pidió humildemente que le permitiera llamarlo en español porque él no sabía pronunciar en catalán. El político, muy airado, le contestó que el se llama Joseph Lluis en Es- paña y en China, y que quiere que todo el mundo lo llame así porque ese es su nombre. La lengua acompaña a los pueblos, y los pueblos se unen con la lengua. La lengua, además, incentiva el nacionalismo, lo prende, lo envenena, lo lanza en bus- ca de una identidad frente a los vecinos que no hablan la misma, y, lo que es peor, frente a quienes detentan el poder político. Unas lenguas, las minoritarias, nos sepa- 2
  3. 3. ran, mientras otras, las universales nos acercan. Son muchos los habitantes de este planeta que desprecian a la sociedad norteamericana con el mismo ímpetu que los vecinos de los romanos rechazaban el poder imperial. Pero ni aquellos, hace tantos siglos, ni los de ahora, renunciaron ni renuncian a enviar a sus hijos a Roma a aprender latín, en los albores de nuestra era, o a Londres o a Estados Unidos a aprender inglés en los tiempos modernos. La humanidad necesita una lengua vehi- cular, una lengua que sirva para el primer contacto entre un japonés y un argentino sin necesidad de interrogarse sobre sus conocimientos. Esa lengua funciona sin que la identifiquemos con el pueblo que la originó o que ahora la usa. Funciona porque la necesitamos. La humanidad ya no se cuestiona si debemos o no aprender espe- ranto. Tenemos lo que tenemos y lo damos por bueno. Lenguas suficientes y lenguas insuficientes Pues bien, hay lenguas que se muestran por sí solas insuficientes para satis- facer las necesidades de comunicación de sus hablantes, sin que ello signifique me- nospreciar a quienes tienen como lengua materna al osético o al vasco. En el lado opuesto, los hablantes de lenguas internacionales como el inglés son tan autosufi- cientes en comunicación que parece no importarles mostrar la arrogancia de ser los más monolingües del mundo, pues son los menos interesados en añadir a la suya cualquier otra por muy hablada y representativa que sea. Citaré, para ejemplificar este principio, la anécdota de un famoso futbolista londinense que jugaba en el Real Madrid, club que tanto representa a los españoles en el extranjero y que tantas veces ha disputado encuentros en estadios de esta ciu- dad. El famoso inglés, que nunca había concedido entrevistas en español porque los periodistas saben inglés, y se complacen en hacérselas en la lengua germana. El conocido jugador, notorio también fuera del campo, se despedía de los aficionados madrileños para jugar en un equipo norteamericano. Sorprendía a los oyentes, y en especial a mi sensibilidad, que después de cuatro años un hombre joven como él ni siquiera fuera capaz de concordar el género cuando al articular cortésmente dos pa- labras en español dijera: muchísimos gracias. Nada que ver con los jugadores de origen eslavo o rumano que en unos meses son capaces de expresarse con un mar- cado acento, sí, pero con absoluta suficiencia. El español, el ruso, el francés, el inglés, el alemán, el italiano y otras muchas lenguas, aunque no muchas más, son autosuficientes, mientras que los hablantes de la mayoría de las lenguas del mundo necesitan ser bilingües o incluso trilingües si quieren satisfacer sus necesidades de comunicación oral o escrita. 3
  4. 4. Los hablantes centroafricanos, que utilizan la lengua de su tribu, la de la ciu- dad donde se han desplazado, la vehicular del país y alguna lengua europea como el francés o el inglés, son necesariamente plurilingües. Los hablantes de lenguas europeas regionales como el bretón, el alsaciano, el calabrés, el siciliano, el vasco o el gallego, han de utilizar también, según los casos, el francés, el italiano o el español, e igualmente, porque así lo exigen estos tiempos, el inglés. Son los hablantes trilingües. Los hablantes de polaco, alemán, sueco o danés que necesitan casi obligato- riamente añadir el inglés a su formación, necesitan el bilingüismo. Y solo los hablantes de algunas lenguas, muy pocas, pueden permitirse el monolingüismo. Son las lenguas que consideramos autosuficientes. En la cúspide de esta pirámide, los hablantes que tienen al inglés como len- gua materna son, sin duda, como aquel futbolista que se despedía de la afición ma- drileña, los más monolingües del mundo. Lenguas en contacto y desaparición de las lenguas ¿Por qué, pasadas unas generaciones, quienes fueron hablantes de dos len- guas, conservan una, la más útil, y olvidan otra aunque sea la propia? ¿Por qué des- apareció el dalmático a favor del serbocroata, el íbero a favor del latín o el córnico a favor del inglés? Los que analizan estos fenómenos establecen varias fases del proceso. En la fase primaria hay una bilingüización jerarquizada de la comunidad, una distribu- ción de ámbitos de uso. Aumentan las interferencias. Cada una de las lenguas deja de ser usada en unas actividades. Hay una lengua dominante, que interfiere sobre la otra, la dominada. Esto es menos visible en hablantes de más edad y bien percepti- ble en el caso de hablantes jóvenes. Ya no se trata del nivel de competencia en dalmático, íbero o córnico, sino de su comportamiento lingüístico. En muchos ámbitos de la convivencia deja de usarse la lengua tradicional o solo se usa cuando se exige. 4
  5. 5. Le sigue una etapa de decadencia, que se da en el momento en el que el ámbito familiar, en busca de mejor acomodo, deja de transmitir esa lengua a sus hijos. La pérdida, entonces, es imparable. La etapa final es la muerte de la lengua. Son muchos los lugares del mundo en que la base territorial se reduce por el asentamiento de la población inmigrante. Pero más decisivo es el comportamiento lingüístico de la población juvenil. La existencia d e una lengua no implica que se use. Los jóvenes conocen la lengua de sus procreadores, pueden incluso aprender a escribirla, y sin embargo se relacionan con los de su edad en la nueva lengua. ¿Por qué? Hay muchas explicaciones, pero todas ellas se reducen a la utilidad: barrios donde se inicia la preferencia por la lengua de prestigio, oficios y profesiones que se siente más cómodos en una lengua que en otra, imposición inadecuad, prohibi- ciones que provocan la rebeldía, rechazos varios… y, sobre todo, mimetismo con quienes prefieren la unidad a la diversidad. En muy pocas generaciones puede des- aparecer una lengua en contacto. El español y la consideración legal con otras lenguas de España Pero recuperemos nuestra historia. El español es, junto con el chino, el inglés y el hindi, una de las cuatro lenguas mayores de la humanidad. Por su número de hablantes, todas las demás no alcanzan los trescientos millones. Con tan reconocido prestigio, o mejor dicho, a pesar de tan reconocido prestigio, la Constitución Espa- ñola vigente, que se aprobó en 1978, no la llama español, sino castellano, que es un nombre mucho menos universal. ¿Por qué? La razón es clara: ceder prepotencia, preponderancia, digamos, ceder protagonismo frente a las otras lenguas de España. En su artículo tercero el texto constitucional dice: El castellano es la lengua oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla; Las demás lenguas españolas serán tam- bién oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas de acuerdo con sus Esta- tutos; La riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España es un patri- monio cultural que será objeto de especial respeto y protección. La división político-administrativa establece actualmente a España en dieci- siete comunidades autónomas, que son regiones geográficas dotadas de poder local a veces muy amplio, especialmente en el desarrollo de estatutos relacionados con las lenguas. Una de ellas es Asturias, otra Andalucía, otra Madrid, otra Castilla- León, otra Canarias, otra Murcia… Entendiendo, como todo el mundo sabe, que el 5
  6. 6. español o castellano es lengua de uso y propia de todas las Comunidades, habrá que entender que hay Comunidades con otra lengua propia (como Cataluña, Valencia, Baleares, Galicia y País Vasco), cuyos habitantes tienen conciencia de ello, y co- munidades sin esa conciencia de tener una lengua propia. Los Estatutos del País Vasco y de Cataluña se sometieron a sendos referén- dum un año después de la constitución de 1978, y el de Galicia en 1980. En 1983 se celebraron las primeras elecciones autonómicas en trece Comunidades Autónomas. En diciembre del mismo año se aprobó la Ley que permitía la tenencia de canales de televisión propios a las Comunidades. La Constitución española evita en su texto la referencia a naciones históricas, a las que llama “nacionalidades”. En cambio, menciona las cuatro “lenguas españo- las” cuando podrían haberse calificado no de “españolas”, sino de “lenguas de Es- paña” al catalán, al gallego y al vasco. La Constitución establecía que las regiones que en el pasado habían gozado de un Estatuto de Autonomía podían asumir pode- res de autogobierno y redactar, aceptar y regirse por unos nuevos Estatutos. Son las tres Comunidades Históricas de las diecisiete Comunidades Autónomas que com- ponen España: Galicia, Cataluña, y País Vasco. En ellas confluyen varias circuns- tancias: la existencia de una lengua propia, la existencia de una tradición cultural, la existencia de lo que podríamos llamar “una fisonomía propia y característica”. En la redacción de la Constitución se tomaron medidas para expresar la posi- bilidad y la voluntad de restablecer los gobiernos de las tres regiones que durante la Segunda República (1931-1936), periodo previo a la Guerra Civil, habían iniciado procesos que las hubieran llevado a convertirse en Estados con soberanía federal. Sin embargo, el concepto de Comunidad Histórica origina conflictos, desarrolla enfrentamientos, provoca discusiones y es fuente de reclamaciones porque denomi- nación tan atrevida no implica haber sido independiente, reino o nación en algún momento de la historia de España. En cambio, otras Comunidades Autónomas que sí fueron reinos históricos no han sido definidas como “Comunidades Históricas”, por más que la reorganización de la España Autonómica ha permitido que se recu- peren la mayoría de las regiones históricas reconquistadas o nacidas durante la re- conquista, como es el caso de Valencia o de Andalucía. En el siglo XII cuando ya habían desaparecido el reino de Asturias, el reino de León, el reino de Galicia, y el de Navarra, iniciaba su camino otro, el reino de Castilla fruto de políticas de unificaciones territoriales. Por entonces, solo existía, al este, la corona de Aragón. 6
  7. 7. Deben ustedes saber que cada uno de los diecisiete gobiernos autónomos que forman el Estado español actual tiene Consejería de Educación, Consejería de Cul- tura, Consejería de Universidades y otras muchas de ámbito cultural y lingüístico que facilita el desarrollo de las lenguas regionales. En las tres Comunidades en las que hay dos lenguas propias y oficiales existe una Comisión de Política Lingüística o una Dirección General de Política Lingüística; es decir, un organismo que vela por la normalización de la lengua oficial y, no se asusten… esa lengua no es el cas- tellano… La autonomía de las Comunidades ha fortalecido la conciencia de pertenecer a una entidad, y ha reforzado un cierto sentimiento de identidad con un territorio autosuficiente. Eso explicaría que, en un plazo de tiempo relativamente corto, hayan aumentado los buscadores y portales de Internet en gallego, en catalán y en vasco, y en mucha menor medida en aragonés y también en otras lenguas en las que se desarrolla el sentimiento de poseer una expresión lingüística suficientemente di- ferenciada, o suficientemente arraigada en una lengua que tuvo entidad aunque lue- go quedara absorbida por otra. Así, si alguien busca y se encuentra que alguien habla del extremeño como lengua, que no se sorprenda… es difícil localizarlo, pero alguien ha concebido su existencia… Y qué le vamos a hacer. Cuando mis alumnos me preguntan algo tan elemental como qué es una lengua, tengo que decirles que hay una lengua allí donde sus hablantes dicen que existe… No podemos pasarnos toda la vida discutiendo… Y puestos a atajar una cuestión, más vale concluirla me- diante el respeto, que es la manera más pacífica de hacerlo, aunque consideremos que desde el punto de vista científico la realidad es bien distinta. Estos hechos han llevado a modificar los planteamientos que se hicieron en la Constitución. Así, en agosto de 2001 España acogió la Carta Europea de las Lenguas minoritarias, para aplicarla no sólo a las lenguas oficiales (catalán, gallego y vasco), sino también a las lenguas protegidas por los correspondientes Estatutos de Autonomía. Lenguas de España que no han alcanzado la mayoría de edad Hablemos brevemente, y en primer lugar, de las lenguas de España que no alcanzaron la mayoría de edad o que permanecen, por diversos motivos, deshila- chadas, sin color inequívoco de identidad ni señas que las identifiquen con peso social o político. Se trata del aranés, del aragonés y del asturiano o bable. 7
  8. 8. Es el aranés una variedad del gascón, que a su vez es variedad del occitano o provenzal, dialecto del latín extendido por el sur de Francia y que los franceses llaman popularmente, a todos en su conjunto, patois. Es propia del Valle de Arán, que pertenece al territorio de la provincia de Lérida de la Comunidad Autónoma de Cataluña. En el siglo XII este territorio francés entró a formar parte de la Corona de Aragón y Cataluña. En el siglo XIV a Arán se le concedieron un conjunto de privi- legios que en el XIX fueron abolidos. La comunidad autónoma de Cataluña se los devolvió en su Estatut d’Autonomia de 1979, cuyo artículo 3 dice: L’aranès, varie- tat de la llengua occitana i pròpia d’Aran, és oficial a la Vall d’Aran. També ho són el català i el castellà. Por una Ley de Régimen especial del año 1990, en el Estatut Especiau d’Aran se reconoce el aranés como “varietat dela lengua occitana è pròpia d’Aran”. El aranés es la lengua de aprendizaje de los escolares entre 3 y 7 años, y la lengua vehicular en todos los centros de educación infantil y primaria. Existe una Oficina de Foment de L’Aranès (OFE), y se ha establecido un Certificat sobre co- neixement d’aranès. Tal privilegio y respeto debe ser único en el mundo si conside- ramos que los hablantes de aranés no superan las cuatro mil almas. El aragonés, si realmente existe de manera propia y definida, es lengua lati- na desarrollada en el territorio histórico de Aragón. El artículo 7 del Estatuto de la Comunidad Autónoma de Aragón, que cuenta con las ciudades de Huesca, Zarago- za y Teruel, dice así: “Las diversas modalidades lingüísticas de Aragón gozarán de protección como elementos integrantes de su patrimonio cultural e histórico.” Existe un Consello d’a fabla aragonesa, con sede en la ciudad de Huesca. A partir de los años setenta sus miembros han contribuido a la elaboración de una lengua aragonesa común, a la que llaman “la fabla”. Su presidente, Francho Nagore, es autor de una Gramática de la lengua aragonesa. No cuento esto como anécdota, sino como un verdadero punto de reflexión. No hay un censo que precise cuántos hablantes tiene el aragonés, aparte de que hay que distinguir entre el que sabe que la lengua existe y la conoce… y la distingue, y el que la utiliza. Se estima que son unos doce mil. Recordemos que el aragonés fue, en sus orígenes, lengua vecina del castellano y que luego quedó reducida a su territorio inicial porque no ganó terreno a los árabes del sur. Más tarde quedaría anulada por su cercanía con el castellano y la escasa voluntad de sus hablantes por singularizarla. Prefirieron, sin 8
  9. 9. duda, olvidar sus características iniciales y adoptar el castellano como instrumento d e comunicación de mayor eficacia. El asturiano-leonés o bable es el resultado de la evolución del latín en el an- tiguo reino de Asturias y lengua propia de aquellos parajes. Fue luego lengua del reino de León, donde se había trasladado la corte. La Comunidad Asturiana cuenta con más de un millón de habitantes, 50.000 de los cuales se considera que son hablantes de asturiano. La enseñanza del asturiano en la Educación Primaria no empezó hasta 1984. Hasta 1996 no hubo, en la universidad, estudios de asturiano y, mucho menos, de filología asturiana. Existe una Academia de la Llingua Asturiana, fruto de cuyos trabajos es el Diccionariu de la llingua Asturiana con 50.000 palabras. La Academia difunde no- ticias y novedades a través de Les Anuncies, con formato electrónico. De su Boletín Oficial, Lletres Asturianes, y con un Coceyu pol Estudiu y Proteición de la Llingua Asturiana. En 1998 se aprobó una Llei d’Usu y Promoción del Bable/Asturianu. Existe además una Xunta pola defensa de la Llingua Asturiana. Aranés, aragonés y asturiano tienen, como pueden observar, fuerte apoyo político como resultado de una demanda social, aunque esta sea minoritaria. Parece que nadie puede oponerse hoy al desarrollo de unos sentimientos que la propia or- ganización democrática del Estado Español ha propiciado. Añadiremos a ello con- flictos de solución más aguda: ¿Cómo llamar a la lengua de Asturias: bable, astu- riano o leonés…cuando sus hablantes se debaten en irreconciliable lucha? ¿Cómo resolver la división entre los que consideran lengua al valenciano y los que lo tie- nen por variante interna del catalán y, en consecuencia, por dialecto? Lenguas de España oficiales en sus respectivos territorios Mientras decidimos cómo resolver estos problemas, pasemos a las lenguas que hubieran podido correr la misma suerte que el español si las situaciones históri- cas hubieran sido distintas. Son las llamadas lenguas de las Comunidades Históri- cas, el vasco, cuyos hablantes que no parecen superar el millón, son bilingües con el español o con el francés; el gallego que puede alcanzar los dos millones y medio de hablantes; y el catalán, usado como lengua materna por unos siete millones de personas. 9
  10. 10. El vasco, o eusquera que es como prefieren llamarlo sus hablantes, incluso cuando hablan español, es lengua de los por pobladores de la península ibérica an- teriores a la invasión de Roma. Otras lenguas de aquellas épocas como el íbero des- aparecieron, y solo el vasco sobrevivió contrariamente al pronóstico natural y al augurio de muchos lingüistas. Diversos estudios para aclarar su origen han fracasado. Ni la hipótesis de considerarla heredera de las antiguas lenguas bereberes norteafricanas ha tenido explicación, y tampoco el intento de emparentarla con lenguas caucásicas como el georgiano. La mayor dificultad es la carencia de datos. El primer texto escrito en vasco es del siglo XVI, un tratado sobre la propia lengua con título en latín que deja pensar que sus hablantes fueron primero bilingües con la lengua de Roma, y des- pués con el castellano, en su dominio lingüístico del sur, y con el francés en su do- minio del norte. La lengua llegó al siglo XX dialectalizada. Algunos hablantes de una región no se entienden con la vecina. De suma importancia fue la labor de la Real Acade- mia de la Lengua Vasca o Euskaltzaindia, constituida legalmente en 1919 y que goza de reconocimiento oficial y social. Su finalidad es la investigación de la len- gua, el desarrollo de su uso social y el establecimiento de una norma de uso por encima de las variantes. Tal necesidad alcanzó el consenso en 1968. Desde enton- ces el euskera batua o vasco unificado es la norma escrita para todos sus hablantes. El País Vasco, llamado Euskal Herria en vasco, dispone desde 1979. de un Estatuto de Autonomía en el que se definen dos lenguas como propias, el castellano y el euskera. Desde 1960, más o menos clandestinas, funcionaban las escuelas pri- vadas en las que regían los principios de la euskaldunización, es decir, tanto el in- terés por el conocimiento y uso del euskera, como la conservación de las propias tradiciones. Son las ikastolas. La introducción de la lengua euskera en los centros escolares ha ido en aumento. Y desde el curso de 1979-1980 se han venido ofre- ciendo tres modelos de educación. Se han ido generalizando los que garantizan una vasconización o euskaldunización más intensa. El Gobierno Vasco se propone que la situación de normalidad para el euskera abarque su uso para el desarrollo de las actividades laborales, profesionales, cultu- rales y políticas; su uso para la relación del individuo con la Administración, y el derecho a recibir en esa lengua los contenidos informativos de todo tipo de medios de comunicación. 10
  11. 11. Con el fin de conseguir la difusión del uso de la lengua vasca, en 1991 se es- tablece un Plan piloto de euskaldunización de las empresas. Ocho años más tarde, en 1999, se aprueba en Plan de Política Lingüística. De la Consejería de Cultura del Gobierno Vasco depende un Consejo Asesor del Euskera. Los objetivos de este organismo son: la transmisión familiar de la lengua, extender el uso de la lengua, y completar y reforzar el corpus léxico del euskera. En enero de 2003 el gobierno regional vasco promulgaba la necesidad de sa- car el euskera a la calle y extender su uso social. Parece como si ocurriera algo pa- recido a lo que se ha detectado que ocurre en territorios como la Bretaña francesa o la Escocia británica: una cosa es que el hablante haya aprendido bretón, escocés o euskera, y otra cosa muy diferente que use esas lenguas o que haga de ellas su canal de expresión habitual en todas las circunstancias comunicativas. La posibilidad de que el vasco sustituya al español en todas las necesidades comunicativas, en espe- cial la publicaciones bibliográficas, la prensa y los medios de comunicación social, son escasas porque la mayor parte de la población si bien tiene conocimientos pasi- vos de la lengua vasca, no tiene suficiente destreza para convertirla en útil para to- das las necesidades inmediatas de la cotidianeidad. Las fronteras lingüísticas del vasco, que no se extienden mucho más de la mitad del territorio autonómico, sí alcanzan a la Comunidad Autónoma vecina, la de Navarra, donde desde el año 2000 un la ley define el uso del vascuence. Menos fortuna tiene en su dominio francés. Allí los jóvenes ni tienen interés en utilizar la anciana lengua de sus padres, ni se muestran interesados en practicarla, trasmitirla o perpetuarla. Ni los romanos impusieron el latín ni los castellanos el español en aquel te- rritorio vascófono. Sus propios hablantes aprendieron a utilizar la lengua que más convenía a sus intereses, que es lo que ha sucedido siempre en todos los lugares del mundo. Voces críticas se alzan en la actualidad contra quienes obligan a utilizar el vasco a quienes nunca ni tenido la intención de utilizarlo o de aprenderlo, ni desean estudiarlo o practicarlo. El gallego es el resultado del latín hablado en la provincia romana de Galicia. Con la conquista imperial, el latín desplazó a las inconsistentes lenguas celtas de la región. En el siglo III se formó en aquel dominio una provincia romana, la Gaelica, de la que forman parte los territorios del norte del Duero. Desaparecido del impe- rio, y con la llegada de un pueblo germánico, los suevos, cambiaron las condiciones políticas al establecerse un reino independiente en el noreste español. Tal vez la 11
  12. 12. consecuencia más clara para el latín de aquella zona fue la del aislamiento con otras partes de la península que siguieron recibiendo influencia de Roma. La posterior invasión árabe y la fragmentación en las luchas de la reconquista, de las largas gue- rras contra los invasores, hicieron que Galicia, desde el oeste peninsular, avanzara en forma de columna de norte a sur. Por eso desde el siglo VIII se puede hablar de dos códigos de comunicación distintos: el latín como lengua alta, y el romance ga- llego como lengua baja. A finales del siglo XI se constituye entre los ríos Miño y Mondego el Conda- do Portucalense. En 1139 se declara independiente: es el reino de Portugal. Este nuevo país emprende la reconquista de dominios árabes y su corte se va trasladando cada vez más hacia el sur: primero Coimbra, luego Santarem, y finalmente Lisboa. Las relaciones con los hermanos del norte quedan prácticamente cortadas porque Galicia sigue la suerte política del reino de León y después del de Castilla. Aisladas entre sí, el portugués entra en contacto con las poblaciones mozárabes que va so- metiendo y evoluciona de manera distinta. Separado del gallego se convierte, siglos después, en una lengua internacional. En el siglo XIII, tras un proceso de generalización en la vida diaria y conse- cuentemente en la administración, se convierte el gallego en lengua normal de co- municación en todas las capas sociales, y consecuentemente en lengua de cultura. Consigue, además, el favor de las literaturas de toda la península: Martín Codax, Arias Nunes, Alfonso Eanes, el rey de Castilla, Alfonso X, el Sabio, el rey de Por- tugal, Don Dionis escriben en gallego. Le lengua está en su periodo de esplendor y podemos decir que es para la península, excepto Cataluña, lo que el provenzal a las cortes francesas e italianas. La poesía gallega medieval, recopilada en cancioneros, goza de un prestigio extendido por toda la península. En el siglo XV trovadores castellanos como Gómez Manrique siguen emple- ando el gallego, pero este siglo marca también el final de su dominio porque el cas- tellano empieza a introducirse a través de la iglesia primero, después en las capas altas de la sociedad y luego va ganando terreno como lengua de difusión cultura. Los Reyes Católicos, que se habían inspirado en principios unitarios, promueven la unidad étnica y sociológica. Las culturas periféricas empiezan a quedar relegadas y sin que nadie lo solicite ni lo imponga, el gallego deja de escribirse. Hacia la mitad del siglo XVI ya no hay documentos en gallego, y aunque na- die lo ha prohibido, no existe como lengua culta. Reduce su ámbito a las zonas ru- rales y a los habitantes menos afortunados de las ciudades. Se empieza a considerar como una lengua de campesinos. Los gallegos emigran en busca de empleos mo- 12
  13. 13. destos: criados, mozos de servicio y labradores. Se descalifica lo gallego, que se convierte en tópico. En ocasiones los gallegos niegan su origen y en su deseo de ser considerados se hacen pasar por portugueses. A esta situación de decadencia se suma en 1780 la obligatoriedad de la ense- ñanza en lengua castellana. Llegan a Galicia catalanes y leoneses que promueven la industria y el comercio, pero que usan como lengua el castellano. La burguesía se incorpora a la lengua del progreso, el español. En el siglo XIX no cesa el proceso de desgallegización o retroceso de la len- gua. La población de nivel más bajo no logra hablar castellano, aunque desearía hacerlo para su integración. Se produce entonces, impulsado por el romanticismo, una reacción en favor de las lenguas regionales. En 1863 se publica Cantares Ga- llegos de Rosalía de Castro, libro de la lengua del pueblo, la hablada, que desde hace más de dos siglos no se escribe. En 1880 se publica Follas novas, también en gallego. Junto a Rosalía de Castro, formando el trío de poetas del renacimiento del gallego, Eduardo Pondal y Curros Enriquez. Se convierte así el gallego, en los albores del siglo XX, en una lengua litera- ria normal, que se cultiva en poesía, y menos en prosa. Desde 1907 se usa en los mítines de los partidos galleguistas y se va imponiendo en toda clase de actos públicos. En el estatuto de 1936, inicio de la Segunda República, se reconoce la cooficialidad con el castellano, pero la guerra civil frena repentinamente el cambio. En los años 1940 se escribe en el exilio, en los años 19550 se promueve una nueva difusión cultural del castellano en los medios de comunicación y sobre todo en ra- dio y televisión. A fines de los 60 hay una fuerte reacción, y ya en 1970 se vuelve a hablar de las lenguas vernáculas. En 1978 se le reconoce al gallego la oficialidad en el artículo II de la constitución que se desarrolla en el Estatuto de Galicia de 1981 que dice, entre otras cosas, en su art. 5: Nadie podrá ser discriminado por causa de la lengua. Durante la década de los ochenta las clases sociales más elevadas hablan, es- criben y piensan en castellano; el campesinado, los marineros, los obreros, la pe- queña burguesía lo hacen en gallego, pero escriben en castellano. La situación ha cambiado mucho en la década de 1990, en la que la integración de la lengua en la vida diaria parece irreversible. La actual Comunidad Autónoma de Galicia tiene alrededor de tres millones de habitantes. El 95% de sus habitantes tienen el gallego como lengua materna y la consideran su lengua de uso, su lengua propia. Sin embargo, parece, según todos 13
  14. 14. los indicios, que se tiende a la pérdida en la transmisión intergeneracional. Los jóvenes, que son los que marcan el futuro, optan por alternar el uso de las dos len- guas, y aunque no está claro, los parece que prefieren el uso del castellano. Se ha desplegado en las últimas décadas cierto enfrentamiento entre quienes defienden como norma lingüística la tendencia portuguesa. Son los llamados lusis- tas. Cuanto más se acerque al portugués más asegurada estará su fortaleza y más se alejará de la influencia del castellano. La Real Academia Gallega y la Junta de Ga- licia, que es el gobierno autonómico, defienden, por el contrario, la regalleguiza- ción de la lengua. En 1970 la Academia fijó una norma de unificación. En 1971 se creó el Instituto da Língua Galega y en 1977 publicó las Bases prá unificación das normas lingüísticas do galego. En 1980 surgió la Associaçom Galega da Língua, que publica la revista trimestral Agália. El mismo año la Consejería de Educación y Cultura de la Junta publicó unas nuevas normas para la normalización. En 1983, finalmente, el Gobierno Autonómico aprobó y dio rango de oficiales a las Normas ortográficas e morfolóxicas do idioma galego. El Gobierno Autónomo de Galicia pone en práctica una política de conoci- miento y difusión de la lengua a través de las cátedras universitarias, de los cursos de lengua gallega que se dan en las otras autonomías y de los lectorados. En lengua gallega, aunque en edición bilingüe, se editan El Correo Gallego / O Correo galego, en (Santiago de Compostela, El Ideal Gallego en La Coruña, y A Nosa Terra, Nuestra tierra, semanario digital únicamente en gallego. El catalán ha despertado desde siempre el interés de filólogos y sociolingüis- tas. Mi última sorpresa fue hace poco, cuando una profesora rusa de esta universi- dad, me mostró de manera inequívoca sus conocimientos de la lengua catalana. Luego comprobé con qué orgullo los catalanistas citan a Moscú como unos de los enclaves del mudo donde se estudia su lengua… No me sorprendería que hubiera entre el público gente que la habla… También atrae su antigüedad y la fuerza de su persistencia, la solidez del sen- timiento que hacia ella experimentan sus hablantes, así como la calidad de los auto- res que han escrito en ella, tanto en el campo de la crónica histórica, como de la poesía y de la narrativa. Se habla catalán en España, unos siete millones, repartidos en las comunida- des autónomas de Cataluña, Baleares, buena parte de la Valenciana, y en una franja 14
  15. 15. de la zona oriental de la Comunidad Autónoma de Aragón. También se habla en Francia en boca de unos 250.000 franceses que viven en la provincia de los Pirine- os Orientales, el llamado Rosellón, región anexionada por el país vecino en 1659. Y, como resto de la expansión por el mediterráneo, se haba igualmente en Italia, en boca de unos 30.000 ciudadanos de un barrio de la ciudad de Algero, en la isla de Cerdeña. Y en un estado más, en Andorra, donde cuenta con unos 20.000 hablantes y es también es lengua oficial. Unos cientos de miles de hablantes más la utilizan en Cataluña, Valencia y Baleares como segunda lengua de comunicación. El domi- nio del catalán-valenciano-balear ocupa unos 60.000 kilómetros cuadrados, que es un territorio mayor que el que alberga a lenguas como el danés, o a países como Holanda, Suiza o Bélgica. Según el lugar donde se habla puede llamarse rosellonés, leridano, valenciano, mallorquí, menorquí, ibicenco y alguerés. Se trata de una lengua románica que se ha conservado aunque no se ha ense- ñado regladamente, que se ha hablado aunque no se haya sabido escribir. El ca- talán, por esa razón, ha llegado al siglo XX, y lo ha traspasado, con una disociación entre su versión oral y su versión escrita, con una gama de realizaciones que van de la más ortodoxa a la más libre, en la cual las interferencias resultado del contacto con el castellano son constantes. En el proceso de normalización ha sido necesaria una labor terminológica concienzuda para no tener que recurrir al léxico del espa- ñol en diversos y numerosos sectores profesionales. Cataluña recibió una tardía influencia latina frente a territorios del sur de la península ibérica. En sus costas se habían asentado una serie de colonias griegas. Después de la romanización, el catalán se extiende por el litoral este de la península y las islas a la vez que las conquistas. Cuando el Reino de Aragón y el Condado de Cataluña se unen en 1137 el catalán se convierte en lengua de la administración, y lo será hasta el siglo XV. En sus orígenes, la lengua usada en la región para la poes- ía lírica fue el provenzal. El escritor Ramón Llull que vivió entre el siglo XIII y el XIV (1235-1315), natural de Mallorca, en las islas Baleares, de vida apasionada y turbulenta, repleta de azares y misterios, dio un impulso a la normalización lingüística de la lengua. Escribió, por primera vez en una lengua románica, obras filosóficas y teológicas, y estrictamente literarias, de proporciones casi inimaginables. Se conservan 246 li- bros auténticos, sobre todo en catalán, pero también en latín y en árabe, y su obra poética en la lengua de moda del momento, el provenzal. Él solo, sin organismos ni colaboraciones, se bastó para colocar el catalán medieval a una altura envidiable y fue una suerte que así lo hiciera y que dejara en ella un sutilísimo buen gusto y una inteligencia excepcional. La difusión de sus libros fijó los patrones del catalán lite- 15
  16. 16. rario que en el siglo XIV será reglamentado por la Cancillería Real. Su fama no ha disminuido a lo largo de los siglos. La literatura catalana alcanza su edad de oro en los siglos XIV y XV con poetas como Auxias March, y prosistas como Martorell o Bernat Metge. A princi- pios del siglo XVI, cuando Cataluña y Aragón son integrados en la corona de Casti- lla, el catalán pasa a un segundo plano y durante tres siglos vive eclipsado por el castellano, lengua que sirve a los escritores del momento, como Juan Boscán, para redactar su obra literaria. El catalán en Cataluña Aragoneses y catalanes conservaron sus fueros hasta 1713, fecha final de las luchas por la sucesión de la corona que había dejado vacante el último rey de la di- nastía de los Austrias, Carlos II. El reino de Aragón y los condados catalanes no habían apoyado la candidatura borbónica del rey Felipe V, y en represalia perdieron sus derechos tradicionales, entre ellos los favores de la corona hacia el catalán. Desde comienzos del siglo XIX e impulsado por el renacimiento de los na- cionalismos europeos, se revaloriza y regenera el catalán en poetas como Aribau, Oda a la patria, Verdaguer, L'atlantida, y en dramaturgos como Angel Guimerá, que debe su fama a una serie de piezas dramáticas representadas por todo el mundo, entre ellas La reina jove. Joan Maragall es la voz catalana de la generación de 1898. Después de la Guerra Civil (1936-1939) el catalán vivió sometido a fuertes presiones políticas. Ajeno al favor oficial, ignorado por las instituciones, su uso fue perseguido. No hubo publicaciones en catalán entre los años 1939 y 1941. En 1946 se publicaron 12 títulos, en 1968, en proceso de recuperación, aparecieron 520. Numerosos escritores catalanes como Juan Goytisolo, Juan Marsé o Eduardo Men- doza prefirieron el castellano para difundir su obra. Aparte de haber sido una lengua nada o poco estudiada en extensos periodos de la historia y al margen de que un sector de la burguesía catalana optara por el uso del castellano debido al sentimiento de que esa lengua confería mayor prestigio a sus hablantes, el catalán convive con el español propio de las extensas comunida- des de la emigración. Aquella emigración que se inicia a fines del siglo XIX con motivo del impulso urbano y económico de las Exposiciones Universales, pero que se renueva en los años 1950 y 1960 con el desarrollo urbanístico y el peso de diver- sas industrias. 16
  17. 17. El año de despegue de la lengua catalana es el 1978 favorecido por la Consti- tución Española que le otorga su cooficialidad con el castellano. El texto legal se- ñala a su variedad catalana en Cataluña, a la valenciana en la Comunidad Autóno- ma de Valencia y a la balear en las islas Baleares, sin entrar en más consideracio- nes. En 1983 se aprobó eba la Llei de Normalització Lingüística de Catalunya. Cinco años más tarde se aprueba la Llei de Política Lingüística. Esto implica el es- tablecimiento del catalán como lengua propia de Cataluña. Se establece, asimismo, que el catalán se usará en la Administración, en la enseñanza pública y en los me- dios de comunicación institucionales. En el año 2002 se publicaron tres volúmenes con el título Gramàtica del català contemporani. A partir de entonces la enseñanza pública es en lengua catalana. El término “inmersión” se ha usado para describir el aprendizaje del catalán por parte de los niños que pertenecen a una familia castellanohablante. Además, y es esta la situación contemporánea, la comunidad recibe inmigra- ción tanto de África como de la América hispanohablante. El reto es, ahora, la inte- gración lingüística de estas comunidades que, por lo que respecta a la segunda, tie- ne un canal de comunicación abierto a través del castellano. Los sociolingüistas son conscientes de que las ciudades juegan un papel in- novador y, a la vez, homogeneizador. En ellas se dan procesos de integración, que son unificadores, y procesos de especialización que son diversificadores. El centro político y administrativo de Cataluña, Barcelona, tenía 544.000 habitantes en el año 1900. En 1975, un 35% de la población era de fuera, había llegado a la ciudad. Barcelona es el espacio donde se articulan y conviven las dos lenguas. Según datos de 1991, un 95’34 % entiende el catalán; un 70’05 % sabe el catalán, y un 40’06 % sabe escribir el catalán. La situación actual se presta a diferentes interpretaciones. Puede parecer que el uso del catalán aumenta, por cuanto es la lengua vehicular de la Administración y del Gobierno. Pero a partir de hechos ocasionales como los contratos para el do- blaje de películas, la rotulación de empresas y comercios o la actividad de la judica- tura se desprende que el catalán dista de estar normalizado, o sea, de estar a la par del castellano. 17
  18. 18. La mayor parte de la prensa se vende en español, así como otras publicacio- nes periódicas. Pero la prensa local simultanea la edición en español con la edición en la otra lengua. El diario Avui, que se publica en Barcelona subvencionado por los poderes públicos autonómicos aparece solo en catalán. El Periódico de Cata- lunya, tiene dos ediciones, una en catalán y otra en español. Y no sabemos cuál se vende más. El periódico no quiere dar cifras. A pesar de la escolarización en catalán, de la gratuidad de los cursos de ca- talán, del índice de telespectadores de los canales de lengua catalana, se vienen oyendo voces que auguran que el catalán es una lengua que no sólo está en peligro de extinción, sino que es una lengua que ya está en proceso de extinción. Muchos son los estudios que auguran que en un par de siglos desaparecerán el 90% de las lenguas. El catalán en la Comunidad Valenciana La Comunidad Valenciana, con más de 4 millones de habitantes, tiene dos lenguas autóctonas: el catalán (o valenciano) y el castellano. El valenciano es una variedad interna del catalán. Se le conoce, en la Comunidad, como valenciano o valencià, y con este nombre se lo menciona en el Estatut d’Autonomia, sancionado en 1982. Esta modalidad es el resultado de la extensión hacia el sur del catalán en época medieval. El sistema educativo en Valencia tiene tres niveles idiomáticos: la inmersión lingüística, la incorporación progresiva de la lengua autóctona, el valenciano, y el caso en el que el estudiante cursa sólo la asignatura de valenciano. Debe tenerse en cuenta que en esta Comunidad hay zonas claramente de lengua castellana, de modo que es incluso posible solicitar la exención de cursar la enseñanza del valenciano. Además, en una de las tres provincias de la Comunidad, la de Alicante, el número de alumnos extranjeros matriculados en la Enseñanza pública es muy elevado. No nos referimos a hijos de inmigrantes, sino a hijos de extranjeros que viven de modo definitivo. Esta cifra alcanza los 36.600 estudiantes en el curso de 2002-2003. Recientemente se ha creado la Acadèmia Valenciana de la Llengua (AVLL). Tarea primordial, y no exenta de dificultades, ha sido, para la Academia, adoptar un acuerdo que establezca las bases fundamentales de la lengua valenciana. En princi- pio serán las Normas de Castellón de 1932 y las recogidas en la Llei d’Ús del Va- lencià, aprobadas por las Cortes Valencianas en 1983 las que constituirán los pila- res del proceso de normativización del valenciano. En junio del año 2001 se nom- 18
  19. 19. braron los miembros de la Acadèmia Valenciana, y en julio a su Presidente. En no- viembre del año siguiente, 2002, se publicó el decreto del Gobierno Valenciano por el que se aprueba el reglamento de la Acadèmia Valenciana de la Llengua (AVL). Las posturas ante la lengua han sido muy encontradas. Para la Real Acade- mia de Cultura Valenciana (RACV), institución pública fundada por la Diputació de Valencia en 1915, el valenciano es una lengua románica más, hablada por más de dos millones de personas en el histórico Reino de Valencia. Está incluida en la Carta Europea de Lenguas Minoritarias y, por el contrario, no se reconoce como lengua por parte de los que ven el valenciano como una variedad interna del ca- talán. El modo más inmediato de actuación contra la postura de la Acadèmia Va- lenciana de la Llengua ha sido la puesta en marcha de la página Valencianlangua- ge.com. Hasta cierto punto, el vertiginoso crecimiento económico de esta Comunidad explica el deseo común de conservar la independencia respecto de la vecina Comu- nidad Catalana. No debe extrañar que se prefiera sostener que se habla valenciano a reconocer que se habla catalán, o una variedad de catalán. Las fuerzas políticas y culturales de esa Comunidad son encontradas. Y en la Comunidad Valenciana es más que evidente que la cuestión lingüística es, al margen de una cuestión particu- lar de cada uno, una cuestión política. Algo parecido, pero que ya no provoca con- troversia, sucede con el serbocroata que, siendo la misma lengua es llamado croata por quienes la escriben con el alfabeto latino y serbio por quienes usan el cirílico. Y también con el hindi, llamado urdu en Pakistán, donde se escribe con el alfabeto árabe y no con el devanagari. El catalán en la Comunidad de las Islas Baleares La Comunidad de las Islas Baleares tiene setecientos cincuenta mil habitan- tes. El Estatuto de la Comunidad se aprobó en 1983. La situación lingüística en las Islas es peculiar, por cuanto se conserva la lengua autóctona, el mallorquín, varie- dad del catalán (la reconquista de las Baleares tuvo lugar entre 1229 y 1235; la de Valencia en 1238), en ámbitos rurales, en tanto que aumenta el número de hablan- tes de otras lenguas, concretamente del alemán. Se estima que la cantidad de ale- manes que se desplaza a Baleares en sus vacaciones ronda los tres millones. Una parte del territorio de Mallorca está en manos alemanas, una parte que oscila entre el 30 y el 50%. A principios de los años 60 empieza a editarse un diario en lengua inglesa, el Majorca Daily Bulletin, que tira en la actualidad 4.000 ejemplares. Una tirada mucho más espectacular es la del semanario en lengua alemana Mallorca 19
  20. 20. Magazin, con 35.000 ejemplares, una sexta parte de los cuales se recibe en Alema- nia. El primer diario en catalán es Balears (1996). Desde hace años, las Baleares reciben los canales de televisión catalanes y valencianos, lo que ha contribuido a acortar la distancia de comunicación. La estancia veraniega de los reyes de España ha favorecido la formación de un ambiente deportivo, cultural y social que tiene su expresión verbal en castellano, más que en catalán. El catalán en Andorra Andorra es un pequeño país de 50.000 habitantes. El Principado de Andorra tiene una Constitución promulgada en abril de 1993. El Gobierno de Andorra dis- pone de un Servei de Política Lingüística del Ministeri d’Afers Socials i Cultura. Hasta 1982 no existían escuelas andorranas, y la educación recaía en institu- ciones que seguían los modelos educativos francés y español. Después de esa fecha se organizaron las escuelas maternales andorranas, con el catalán como lengua vehicular. Se han realizado encuestas para conocer el ámbito de conocimiento y uso de la lengua catalana. Datos recogidos en 1999 indican que el catalán es la lengua ma- terna de un 35% de la población de Andorra, en tanto que el castellano lo es de un 43% (un 11% es de lengua materna portuguesa). Se organizan cursos de catalán y hay un movimiento de dinamización de la lengua. Con todo, por ser Andorra un lugar de turismo, sobre todo en invierno con sus pistas de esquí, y de comercio, se ha creado una infraestructura hotelera y de servicios de restauración que se nutre de personal inmigrado, no siempre dispuesto a aprender y a utilizar la lengua catalana. Además, para los portugueses residentes en Andorra, desde el curso 2000-2001 existen cursos de enseñanza de portugués, en virtud de un Convenio de Coopera- ción Educativa entre Portugal y Andorra. El catalán en el dominio francés del Rosellón En los dominios franceses la lengua no tiene el mismo auge. Allí sus hablan- tes no han sentido la necesidad de establecer un estatuto peculiar para la lengua. Hasta 1976 no se creó en Perpiñán, la ciudad más importante de aquel dominio, la primera escuela para la enseñanza del catalán, y desde 1982 llega tímidamente a la 20
  21. 21. enseñanza universitaria. Por lo demás, los jóvenes prefieren, con mucho, el francés. Aquella variedad del catalán figura entre las lenguas en peligro inminente de extin- ción. Otros intentos de identificación lingüística Y como me gustaría que quedaran claras las cuestiones lingüisticas que pre- tendo describir en esta conferencia, me gustaría terminas poniendo luz a quienes alguna vez han oído hablar del extremeño, del murciano, del andaluz o del canario. Estas cuatro lenguas, o mejor dicho, estos cuatro nombres que parecen de lenguas, no son sino modos de nombrar distintas hablas de la lengua española o castellana. Extremeños, murcianos, andaluces y canarios se entienden perfectamente. Se adue- ñan, sin embargo, de algunas características fónicas y léxicas que los identifican, pero aprenden la misma lengua escrita y en el desarrollo de su español culto apenas si se aprecian diferencias. Se enfrentan estas variedades, eso sí, a lo que podríamos llamar español del norte, que forma una continuidad que se extiende hasta el sur de Madrid en la que las tendencias conservadoras se imponen frente a las innovacio- nes de las hablas del sur. Se llama extremeño al castellano hablado en algunas zonas de la Comunidad Autónoma de Extremadura, lindante con Portugal. En realidad la zona comparte algunos rasgos sureños, pero difícilmente podríamos identificarlos como propios, aunque algunas publicaciones se empeñen en describir su existencia. Se distingue el murciano por alguna influencia aragonesa, y otros rasgos an- daluces, pero pocos son capaces de definir de manera clara su identidad. Más que de andaluz, propio de la Comunidad Autónoma de Andalucía, cabr- ía hablar de las hablas andaluzas. Se trata de una diversificado conjunto de hablas o variedades lingüísticas que presentan una notable complejidad fonética y léxica en comparación con el castellano. Por encima de las variedades acogidas al andaluz occidental (Sevilla) y de las variedades acogidas al andaluz oriental (Granada), se tiende a la formación de una variedad regional estándar, un andaluz culto” También se ha estandarizado un modelo de pronunciación divergente del estándar nacional que responde a un prestigio basado en una conciencia histórica, social y cultural. Tanto en el caso del extremeño como en el del andaluz está planteándose, en el ámbito de las Enseñanzas Medias, el dilema de si conviene reconvenir a los estu- diantes en sus pronunciaciones “regionales” o “locales”, con lo que se les hace pro- 21
  22. 22. pensos a tener sentimientos de inferioridad lingüística, o si se les enseña a conside- rar su modo de hablar como el propio de la Comunidad, de la región o del lugar. Problema añadido, en este caso, es el de la falta de correspondencia entre oralidad y escritura. Esta distancia, tan habitual en lenguas como el Inglés o el francés, es in- frecuente en Español y dificulta la enseñanza y el aprendizaje de la norma escrita de la lengua. Consideramos también habla andaluza, por otra parte, al llanito o yanito, modalidad de los gibraltareños del Peñón. En los sonidos se distingue algo del an- daluz del Campo de Gibraltar, y en el léxico muestra abundantes préstamos del inglés. Gibraltar cuenta con unos 30.000 habitantes, el 70% de ellos desciende de personas de origen italiano y español. Hay grupos minoritarios importantes: indios, marroquíes, judíos sefarditas, malteses y, claro está, personal militar británico. Pocos se interesaron por el llamado canario hasta que en 1988 se recogieron por primera vez más de quinientos títulos de estudios sobre el español de las islas Canarias. El interés de los estudiosos canarios, tradicionalmente y hasta más allá de la primera mitad del siglo XX, se centró más en las manifestaciones folclóricas, en la formación histórica del archipiélago, en sus contactos comerciales con Europa, en los movimientos migratorios hacia América que en la realidad lingüística de las islas. De una parte estaban los trabajos sobre la lengua antigua, vehiculadora de los mitos autóctonos anteriores a la incorporación del archipiélago a la corona de Cas- tilla. De la lengua primitiva, el guanche, que se supone emparentada con la lengua bereber, no hay más datos que los testimonios de la toponimia y de la antroponi- mia. De otra parte han aumentado las investigaciones sobre el “canario” o el “es- pañol canario”, modalidad lingüística del español. De otra parte más, los rasgos del español de Canarias son de sumo interés, por cuanto son muchos los filólogos y lingüistas que hablan de un continuum que va del español metropolitano; de este al español canario; del canario al español antillano y, de ahí, al español “americano”. Por otra parte, la abundante emigración de canarios a Venezuela ha favorecido el contacto permanente entre las dos comunidades lingüísticas. De la Universidad canaria de La Laguna depende un Instituto de Estudios Canarios. Y se ha creado una Academia Canaria de la Lengua. La existencia de un Gobierno Insular, de los Cabildos, de la Casa-Museo Pérez Galdós, y de la activi- dad de los dos centros universitarios, así como la elección de las islas como sede de importantes reuniones internacionales dedicadas a la investigación lingüística han 22
  23. 23. contribuido a una eclosión de los estudios sobre esa modalidad de la lengua españo- la. Cualquier ciudadano del mundo que mire a España se dirá señalando el mapa con el dedo: aquí se habla español. Pero si visitamos alguna página de Internet podríamos leer que las lenguas de España son quince… ¿Han contado ustedes las que hemos citado aquí…? Pues cuéntenlas con el nombre de sus variedades y ob- tendrán la cifra, y tal vez más… Las lenguas son instrumentos de comunicación y son muy pocas las que cuentan con una identidad indiscutible. El sueño de una len- gua para la humanidad está lejano, pero mientras tanto lenguas como el español, el francés o el ruso cuentan con una fuerza de cohesión extraordinaria. Esa fuerza no es el resultado de las políticas lingüísticas, sino la fuerza de la sociedad que las sus- tenta. Y los hablantes elegimos las lenguas que más nos convienen, y los que estáis aquí habéis elegido, acertadamente, según creo, el español, que es una lengua co- herente y sólida y capaz de unir a los cientos de personas que en el mundo la utili- zamos. Muchas gracias Moscú, 31 de octubre de 2007 23
  24. 24. Bibliografía BOSSONG, G. - BÁEZ DE AGUILAR GONZÁLEZ, F. (eds.), Identidades Lingüísticas en la España Autonómica, Vervuert-Iberoamericana, Frankfurt -Madrid, 2000 ETXEBARRIA AROSTEGUI, M., El bilingüismo en el Estado Español, Bilbao, Ediciones FVB, 1995 ETXEBARRIA ARSTEGUI, M., La diversidad de lenguas en España. Madrid, Espasa Calpe, 2002 GARCÍA DE LA CONCHA, V. (coord.), El castellano actual en las comunidades bilingües de Espa- ña. Salamanca, Junta de Castilla y León, 1986. GARCÍA MOUTON, P., Lenguas y dialectos de España, Madrid: Arco Libros, 1994 JUÁREZ BLANQUER, A. (ed.). Las lenguas románicas españolas tras la Constitución de 1978, Granada, Ediciones TAT, 1988 LODARES, J. R.. El paraíso políglota: historias de lenguas en la España moderna contadas sin prejuicios, Madrid, Taurus, 2000 MORENO CABRERA, J. C., La dignidad e igualdad de las lenguas. Crítica de la discriminación lingüística, Madrid, Alianza, 2000 MORAL, R. DEL, Diccionario de las Lenguas del Mundo, Madrid, Espasa, 2002 SALVADOR, G., Lengua española y lenguas de España, Barcelona, Ariel, 1987 SIGUÁN, M., España plurilingüe, Madrid, Alianza, 1992 SIGUÁN, M., Bilingüismo y lenguas en contacto, Madrid, Alianza Editorial, 2001 TURELL, M. (Ed.), Multilinguism in Spain, Clevendon, 2001. 24
  25. 25. LENGUA ESPAÑOLA Y LENGUAS DE ESPAÑA Rafael del Moral (MGIMO, Moscú, octubre de 2007) (Guía para el seguimiento) 1. Fronteras lingüísticas y fronteras políticas o administrativas 2. Lenguas suficientes y lenguas insuficientes 3. Lenguas en contacto y desaparición de las lenguas 4. El español y la consideración legal con otras lenguas de España 5. Lenguas de España que no han alcanzado la mayoría de edad:  El aranés  El aragonés  El asturiano-leonés o bable 6. Lenguas de España oficiales en sus respectivos territorios:  El vasco o eusquera  El gallego  El catalán en Cataluña en la Comunidad Valenciana en la Comunidad Balear en la provincia francesa del Rosellón 7. Otros intentos de identificación lingüística:  El extremeño  El murciano  El andaluz  El canario Conclusiones 25

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