Cristales: Manual para mirar el mundo social

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Esta es la segunda edición - 2014 - Está en formato pdf, para imprimirse en tamaño A4, de ese modo está hecho el libro de formato papel.
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La desnaturalización es un ejercicio intelectual apasionante, esencialmente contrahegemónico: obliga a develar el significado de la vida y de la historia que, desde los sectores de poder, se nos impone y conforma nuestro sentido común.
Aquí hay herramientas para pensar la realidad social. Son las lentes ordenadas que fui reuniendo laboriosamente a lo largo de los años con la mirada, el olfato y el oído atentos, expectantes y suspicaces a lo que se nos presenta como realidad unívoca, a sabiendas de que está llena de matices
que la solapan. De allí el título. La primera edición en formato papel se agotó en dos meses. Como el texto es copyleft, aquí va de modo gratuito.

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Cristales: Manual para mirar el mundo social

  1. 1. Cristales. Manual para mirar el mundo social. 1 C r i s t a l e s Manual para mirar el mundo social Raúl Guevara raulguevara@gmail.com
  2. 2. Raúl Alfredo Guevara 2 Guevara, Raúl Alfredo Cristales : manual para mirar el mundo social . – 1ª ed. - Tandil: el autor, 2014. 268 p. : il. ; 21x15 cm. ISBN 978-987-33-5190-7 1. Ensayo Sociológico. Ciencias Sociales. I. Título CDD 301 Fecha de catalogación: 28/05/2014 Nota: 1ª Edición en Ediciones al Margen, La Plata, 2012. Agotada. (ISBN 978-987-618-155-6) Queda hecho el depósito que marca la Ley Nº 11.723 Impreso en Argentina. Cristales. Manual para mirar el mundo social. 3 Copyleft Usted es libre de: Copiar, distribuir y comunicar públicamente la obra Hacer obras derivadas Bajo las condiciones siguientes: Reconocimiento — Debe reconocer los créditos de la obra de la manera especificada por el autor (pero no de una manera que sugiera que tiene su apoyo) No comercial — No puede utilizar esta obra pa- ra fines comerciales. Compartir bajo la misma licencia — Si altera o transforma esta obra, o genera una obra derivada, sólo puede distribuir la obra generada bajo una licencia idéntica a ésta.
  3. 3. Raúl Alfredo Guevara 4 Cristales. Manual para mirar el mundo social. 5 A Mariana, Julieta y Cecilia, mis hijitas queridas
  4. 4. Raúl Alfredo Guevara 6 Cristales. Manual para mirar el mundo social. 7 Agradecimiento primero. Una tarde de octubre la maestra de sexto grado nos avisó que ese era su último día de clase, tomaría licencia para tener su bebé. El grupo estalló de alegría. No por el nacimiento del bebé, sino porque por fin podríamos sacarnos de encima a quien había disfrutado mortificándonos durante meses a cambio de nada. Nada nos dejó en el recuerdo. Ni su nombre. El lunes siguiente se presentó “la suplente” una jovencita rubi- cona, de pelo largo. A pesar de que nuestros bancos, atornillados al piso de madera, impedían cualquier movimiento, ella se las ingeniaba para que trabajáramos en grupo. Un día trajo un proyector de diapositivas, un avance singular pa- ra la época. Y presentaba láminas, y el globo terráqueo, y mapas, y leía poemas de los que no estaban en el libro de lectura. Cierta tarde trajo un Wincofón. Era un pequeño tocadiscos cua- drado de unos cuarenta centímetros de lado. Una especie de símbolo tecnológico para una época que permitiría escuchar, en casa, lo que se oía en la radio: Julio Sosa, Los Wawuancó, Los Beatles, Sandro y los de Fuego. La maestrita trajo un disco simple de vinilo. Ninguno de noso- tros había visto ese aparato, éramos todos hijos de trabajadores que asistíamos, sin saberlo, a la expansión de la oferta de electrodomésti- cos. Fue creando un clima misterioso. Nos dijo que escucharíamos una canción de amor profundo no correspondido. Un hombre podero- so le brindaba todo a su amada, pero ella lo rechazaba mientras él le preguntaba “¿Qué más quieres para ti?” Escuchamos una canción que me inquietó desde entonces: La Cautiva, en la versión de Jorge Cafrune. El hombre poderoso era un Cacique que le cantaba a su amada, una cautiva cristiana, con una ternura que conmueve. El problema es que esa canción rompía todo nuestro imaginario, daba por tierra nuestro sentido común construido durante horas de cine continuado. Hollywood nos había enseñado, pacientemente, que los indios eran salvajes, bárbaros, estúpidos que corrían en círculos,
  5. 5. Raúl Alfredo Guevara 8 golpeándose la boca, alrededor de unas carretas mientras los blancos los asesinaban impunemente. Desde entonces se encendió una luz de alerta en mi conciencia, unos pocos años después llegaron a mis manos los textos de Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortiz, Murray, José María Rosa, Juan José Hernández Arregui, y algunos otros, que devoré con avidez. Durante todo el verano seguí vinculado a aquella maestra normal que se había tomado tan a pecho su trabajo. Me llevaba a nadar al Río de la Plata que todavía no estaba tan contaminado, a la playa que esta- ba al lado del Puerto de Olivos. Me mostraba sus poesías y me esti- mulaba a escribir. Ya hombre, ya maestro, he buscado por años a esa mujer para agradecerle. Hace más de dos décadas fui a su casa de la calle Río de Janeiro, en Buenos Aires, pero ya no vivía ahí. La he buscado en la guía telefónica, y en internet. Pero es difícil, en este país, encontrar a alguien que se llama Mirta Fernández que, además es maestra. Ha marcado mi vida para siempre. Me ofreció los primeros cris- tales para mirar el mundo de manera diferente. A los once años los tomé sin saber lo que podría llegar a ver y desde entonces he incorpo- rado otros, que aquí comparto. Su nombre completo es Mirta Inés Fernández Raffo, si no le lle- ga como agradecimiento, que sirvan estas líneas para homenajearla. Otros agradecimientos. Dado el contenido del primero los que siguen sabrán comprender por qué han quedado relegados. Esto que comenzó como una ponencia de quince páginas en un Congreso de Historia de la Educación en 1996 fue creciendo como documento de cátedra. Por eso, a mis leales y tan queridas compañe- ras de la cátedra de Historia de la Educación, de la Universidad Na- cional de Lomas de Zamora, Zunilda Trinidad y Liliana Cicala, que ponían en juego estas ideas y me presentaban los problemas teóricos y las inconsistencias que provocaban los abiertos debates con los alum- nos, va mi reconocimiento interminable. A una cantidad de alumnos que alguna vez hicieron una o más preguntas sobre algún tema puntual poniéndome en aprietos porque no Cristales. Manual para mirar el mundo social. 9 había pensado sobre ello y me obligaron a hacerlo. Puedo nombrar a unos cuantos sin que ellos sepan que yo pueda recordarlos y mucho menos recordar qué fue lo que preguntaron que me provocara re- flexión: Luciana Zalazar, Valeria Mallo, Johanna Reggi, Lisandro Abrego, Miguel Angel Amarilla, Romina Bifano, Cecilia Díaz, Paola Avalos, Belén Steiman, Lucas Sotelo, Yanil Gutierrez, Victoria Lago, Noelia Perez, Melisa Lopez, Analía Fernández, Florencia Gujis, Ale- jandra Zapunar, Ana Vedovato, Graciela da Costa Torres, Andrea Balke, Maria Paz Casazza, Sabrina D´Elía, Maria Laura Vazquez, Julieta Arias, Celina Stinga, Alondra Cerviño, César Talavera, Gracie- la Salvatierra, Cyntia Petrizzo Ruiz, Fernando Demir, Erika Maris- cal Riveros, Gastón Lecke Luraghi, Lourdes Viamonte Leme, Nata- cha Gutiérrez Alarcón, Pablo Verdún, Mariela Rojas, Paula Peralta, Sergio Perez, Silvia Alejandra Bartel, Victoria Berte, Virginia Paula Rodriguez, Graciela Russo, Micaela Tuñez Baqué, Viviana Giaccone, Romina Irala, Noe Calveyra, Martín Gonzalez Leal. Y tantos otros que mi precaria memoria no ha podido registrar. A los colegas que generosamente leyeron los borradores y me hicieron llegar aportes, dudas, cuestionamientos, datos, respuestas, inquietudes: Marta Piñeiro, Raquel Gail, Valeria di Loreto, Liliana Ghisolfo, Carlos Chino Fernandez, María Rosa Pividori, Juan Ignacio Pividori, Sonia Bauer. Todos ellos me ayudaron a ampliar sustancial- mente el texto. Internet tiene el prodigio de poder contactar colegas de latitudes lejanas y obtener sus respuestas tempranamente. Además nos deja en la Bandeja de Correos Recibidos, la memoria clara de quienes contestaron, de quienes no pudieron hacerlo por estar metidos hasta el cuello en las aulas, como Diana Hamra, Federico Martín Maglio, Ale- jandra Díaz Biglia, Rafael Mazzini. De los que respondieron cuando sólo faltaba escribir estas líneas para comenzar la impresión del libro, y a tantos otros, que acercaron sus palabras de aliento. A mis alumnos del Instituto Superior de Formación Docente Nº 10, que trabajaron con tantas versiones “beta” de “Cristales para mi- rar” tal el nombre original. A Rosana Polifroni y Cristian Lucero del Bondi Nacional y Popular que ponen en juego, cada sábado con alegría, y sin sa- berlo, las categorías que aquí se analizan. Tandil, Julio 2012
  6. 6. Raúl Alfredo Guevara 10 Nota marginal para esta edición. La primera edición de 2012 se agotó en menos de 2 meses. Al poco tiempo se inundó la ciudad de La Plata y la editorial quedó bajo agua. Asumí que una segunda edición obligaría a tipear todo de nue- vo. Su costo era caro para mi gusto. Pensé entonces que mis alumnos deberían tener la oportunidad de adquirir el libro a un precio cercano al costo del mismo texto foto- copiado. Es ocioso aclarar que aquí no hay fin de lucro, por eso el copyleft y el acceso gratuito a la versión digital para quien lo desee. Es esta una segunda edición, aunque es la primera “de autor” como lo estipula la normativa vigente. Tiene algunas correcciones respecto de errores de tipeo y muy pocas cuestiones de forma que han mejorado esta edición. Es una alegría poder brindarlo a un costo muy inferior al de la primera edición, aunque han pasado dos años y, en nuestros países dependientes, endeudados y empobrecidos, eso supone inflación. Y algo más, antes de que “se me pase”. Alguien está enseñando mal el concepto de intelectual orgánico a mis alumnos porque, justa- mente, esos intelectuales son los que sirven al statu quo, los que jamás lo enfrentarían, los que están siempre enfrentados a los pueblos, al servicio de los explotadores, de los imperialismos, del capital sin pa- tria y sin bandera. Del otro lado hay una intelectualidad alternativa y otra contrahegemónica que construye laboriosamente la resistencia deconstruyendo el relato opresor, que discrimina y somete. Lomas de Zamora, 4 de agosto de 2014 Cristales. Manual para mirar el mundo social. 11 Si todo es según el cristal con que se mira, conviene saber qué anteojos y anteojeras nos han puesto, parecidas a esas gafas oscuras que usan muchos nativos con los que logran ignorar los verdes de nuestros campos y los azules de nuestros cielos, acomodados al matiz uniforme adquirido en una casa de óptica. Arturo Jauretche1 Introducción He enseñado, durante años a mis alumnos, que la introducción se escribe al finalizar. Y así es en este caso. Para comenzar escribí un índice que fue modificado una y otra vez. En este texto se vuelcan algunas de las cuestiones escritas en el fragor de la docencia. Comparto mis lentos descubrimientos de zonceras en el más pu- ro estilo jauretcheano. La desnaturalización es un ejercicio intelectual apasionante, esencialmente contrahegemónico: obliga a develar el significado de la vida y de la historia que, desde los sectores de poder, se nos impone y conforma nuestro sentido común. La docencia en tres niveles de enseñanza me ha otorgado expe- riencias y evidencias que, en general, no encontré en los libros. Y ésta fue la idea: no escribir sobre lo que ya está, a menos que resulte nece- sario para transformarlo. Bucear entre palabras que parecen inocentes pero que enmascaran formas de entender el mundo, cosmovisiones, ideologías de dominación de las conciencias. Encontrar las sombras, tras las sombras, como ha dicho de mi Marta Piñeiro. A fines de 2004 me invitaron a participar como columnista del noticiero Eco TV, en el canal de cable de Tandil. La columna se lla- mó "Cristales para mirar la educación" y se emitió cinco minutos to- dos los viernes, alrededor de las 21 horas. La experiencia fue rica y se extendió durante todo 2005. Traté los mismos temas teóricos que en 1 JAURETCHE, Arturo (1957), Los profetas del odio y la yapa: La colonización pedagógica. Peña Lillo Editor, Buenos Aires
  7. 7. Raúl Alfredo Guevara 12 clase, con un público más amplio. Sentí entonces la obligación de allanar el vocabulario, de hablar con sencillez, pero sin resignar con- ceptos. En 2010, con un grupo de compañeros fundamos el Bondi Nacional y Popular, para ofrecer formación política a los jóvenes que se apresuraban a participar en la primavera democrática que estamos viviendo. Derivamos en un programa de radio los días sábados. En 2011 en FM Pasión desde el mediodía y en 2012 en FM Nitro por la mañana. Allí discuto al aire estos conceptos semanalmente. En este texto no están todos los temas que traté en televisión o en la radio. Quedan en el tintero cuestiones sobre el sistema educativo provincial, la universidad pública, las gestiones municipales en educa- ción, la cotidianidad de lo educativo más allá de las instituciones esco- lares que con certeza publicaré dentro de un tiempo. Este libro, se propone brindar herramientas para pensar la reali- dad social: no son nuevas, no revolucionan la teoría social. Son las lentes ordenadas que fui reuniendo laboriosamente a lo largo de los años con la mirada, el olfato y el oído atentos, expectantes y suspica- ces a lo que se nos presenta como realidad unívoca, a sabiendas de que está llena de matices que la solapan. De allí el título. Tiene más pretensiones didácticas que teóricas. Por eso juega permanentemente con la elaboración de teoría, con la cita erudita y con el ejemplo cotidiano. Sin embargo mi lectura detenida de los textos de Gramsci me ha permitido organizar varios capítulos de este trabajo con sus instrumentos de análisis. Me ha llevado mucho tiempo sistematizar, para mí mismo, estos conceptos desperdigados en las Ciencias Sociales que abracé hace 40 años. Las preguntas oportunas de mis alumnos me permitieron explo- rar cuestiones que nunca imaginé. Ciertamente deben ser muchas más las que no entendí, o aquellas en que no supe percibir la profundidad que encerraban. No siempre estamos alertas a las demandas de los ocasionales interlocutores. Esta es una profesión tan solipsista que acostumbra el oído a la propia voz. La mente solo acepta “lo que está escrito” como única fuente posible de conocimiento valedero. Cierta vez, intercambiando sobre estos temas en la Universidad del Centro con Claudia Van der Horst, ella afirmó con certeza:"Detrás de todo esto está la hegemonía". Y fue revelador. Esa constatación terminó de organizar los borradores y darle el soporte teórico que andaba bus- cando a tientas. Hace tiempo marchó con su familia a Holanda, en Cristales. Manual para mirar el mundo social. 13 una de esas tantas diásporas de jóvenes trabajadores que sufren nues- tros países del tercer mundo. Vaya mi agradecimiento a la distancia. Aquí me he preguntado reiteradamente ¿Dónde está escrito? ¿Quién lo escribió? ¿Cuándo? ¿Por qué? La mayoría de los textos que pasan por las manos de nuestros es- tudiantes no fueron escritos ni en su localidad ni en su provincia y, si están escritos en su país, la imprenta suele situarse en la capital de ese país. Los autores son mayoritariamente hombres blancos urbanos que pertenecen a los sectores medios y altos de la sociedad. Esta obra guarda una unidad. Su estructura está definida por el índice, si se sigue el orden numérico de los capítulos se estará proce- diendo de un modo deductivo. Es decir se irá de lo general a lo parti- cular, de los conceptos primeros a sus materializaciones, de las ideas a los hechos. Cada capítulo tiene una constante interacción entre la idea y el ejemplo que presento en recuadros, gráficos, imágenes y notas al pie. Cito autores textualmente en algunas ocasiones porque explican mejor que yo lo que quiero decir. Las citas se encuentran en recua- dros con línea simple. Aunque hay cientos de lecturas detrás de todo esto he tratado de no presentar un collage ecléctico como los que en muchos casos se utilizan para protegerse recurriendo a la autoridad de otros. Puede leerse también desde un camino diferente, es decir del ejemplo a la idea. En los recuadros de doble línea, con letra cursiva hay ejemplos prácticos. El libro admite, lecturas independientes de los capítulos. En los Capítulo 1 a 4 propongo al lector que se mire a sí mismo y vea a “el Otro” explicando las cuestiones de poder que subyacen en las relaciones humanas. El “académico” nombre del Capítulo 4 res- ponde a las preguntas insidiosas “¿por qué no? ¿Quién se opone?”, al fin y al cabo de eso se trata la Contrahegemonía. Su título es sólo anecdótico y por pura diversión. Este capítulo no estaba en el diseño original del libro. En el segundo cuatrimestre de 2009 me tocó, en la Universidad de Lomas de Zamora, un grupo de alumnos excepcional- mente inquisitivo y el intercambio me forzó a darles respuestas. De los 120 inscriptos, 55 asumieron el compromiso de aprender activamente partiendo de sus demandas e intereses y con claros plan- teos sobre lo que querían saber. Sin pudores, sin temor a exponerse,
  8. 8. Raúl Alfredo Guevara 14 con el placer solidario de compartir preguntas, respuestas, hallazgos. Me exigieron un trabajo intelectual que me devolvió las ganas de en- señar y la certeza de que podría hacerlo nuevamente, después de más de 30 años en el oficio. Internet fue un aliado. Entre clase y clase se aclaraban dudas como si se tratara de una cursada virtual. Cuestiones que yo creí suficientemente claras en el Documento de Cátedra que está en la génesis de este texto, resultaron ser herméti- cas, de imposible o difícil comprensión, y otras eran tan ambiguas que se prestaban a un abanico de interpretaciones propias de la cultura massmediática de videoclip en que vivimos. El Capítulo 5 resultó como natural desdoblamiento del anterior. ¿Qué es lo alternativo? Alternativo y revolucionario... ¿son sinóni- mos? En el Capítulo 6, luego de la profundización de algunas nociones atravesadas sustancialmente por la omnipresente hegemonía, pido al lector que tome partido. En el Capítulo 7 me pregunto ¿qué mirar? y ofrezco mis “crista- les”. Los Capítulos 8, 9 y 10 ponen en juego aquellos conceptos que al principio presenté con intención exclusiva, y casi esencialmente, didáctica pero no escolar. Quieren ser disparadores que dejen expues- tas, descarnadamente, algunas cuestiones que la ideología ha incorpo- rado en el sentido común para que ni siquiera podamos permitirnos dudas. La única condición para abordar estas lecturas es tener la dis- posición necesaria para superar ciertos dogmas escolares con la mayor apertura intelectual. Aquí se muestran con crudeza cuestiones que “siempre han sido así” y que “no podrían ser de otro modo”. Sin em- bargo solo se trata de la ideología que los maestros y los medios de comunicación difunden a-críticamente generación tras generación incluso afirmando “yo no tengo ideología política” y “lo que difundo es objetivo”. Por eso, si quien lee estas líneas se dedica a la docencia, trabaja en un medio de comunicación o es un lector que prefiere lo concreto, lo cotidiano como camino para llegar a la abstracción compleja, le sugeriría que comenzara por leer estos capítulos (8, 9 y 10) inmedia- tamente después de esta apresurada introducción. Cristales. Manual para mirar el mundo social. 15 Una vez interpretados estos temas se verá favorecida la com- prensión del material teórico que aparece en el resto del libro y se obtendrá mayor provecho. Esta prevención la tomo habida cuenta de mi experiencia con la lectura de Paulo Freire y su Pedagogía del Oprimido cuando estudiaba magisterio. Ese texto lleno de conceptos que no aparecían en el diccionario de uso corriente y mucho menos en el vocabulario que manejábamos los politizados estudiantes de enton- ces me obligó a cerrar el libro que encontré tan ajeno a mis intereses. Tuve que posponer su lectura por años. Allí comprendí que no estaba escrito para ser leído por los oprimidos, al menos no en su etapa de conciencia alienada y mucho menos por lectores que habíamos sido formados para reproducir el orden establecido y la ideología dominan- te. El capítulo 10, aunque breve, merece la atención de los que creen que la educación es un bien en sí, para los que no se atreven a cuestionar la obligatoriedad ni a imaginar una sociedad sin escuelas. El capítulo 11 es una reflexión de final abierto. Todo este trabajo pretende ser una provocación. Aunque tiene algo de texto académico y algo de material de difusión, está escrito para un público amplio y tiene una intención íntima de que pueda ser leído y comprendido por estudiantes de carreras docentes, maestras en ejercicio, periodistas, y militantes sociales. Por eso, a los que se fasti- dian cuando hay cuestiones teóricas por delante y cierran el libro sin avanzar, los invito a saltear el capítulo que los aburre en la certeza de que en el siguiente o en el otro encontrarán algún cristal puesto ahí, intencionadamente desperdigado, para que cada lector pueda apropiar- se del que le guste. Por razones de extensión debí excluir de esta edición las conside- raciones, que trabajo en mis clases, sobre la relación Hegemonía- Tiempo-Espacio. Seguramente terminarán en un pequeño libro que pueda desarrollar mejor los borradores que hoy quedan fuera. Mi muy querido amigo, el cura villero Jorge Goñi, me enseñó en mi adolescencia -con su testimonio de vida y con su compromiso- que para poder ver, inexorablemente, el primero de los cristales debe per- mitirme dudar de todo lo establecido. Escuchar y mirar en silencio con profunda atención y recién después actuar en consecuencia.
  9. 9. Raúl Alfredo Guevara 16 Al fin y al cabo, si todo es “según el cristal con que se mira”, brindo aquí los míos, en la indisimulada intensión de que otros quieran compartirlos. Raúl Alfredo Guevara Tandil, julio de 2012 Cristales. Manual para mirar el mundo social. 17 Capítulo 1. El Otro 1. Consideraciones preliminares Los criterios de cientificidad de las Ciencias Sociales difieren de los de otras áreas. Si bien, con el afán de que parezcan más serias, les han aplicado miradas desde algún sector de las Matemáticas, o prove- nientes de las Ciencias Biológicas y Naturales, puede afirmarse que estas ciencias son siempre provisorias, como todas las ciencias, que en ámbito del saber intenta aproximarse a la verdad, siempre relativa, circunstanciada temporalmente. Hay hechos objetivos pero su inter- pretación dependerá, como veremos, de los “cristales con que se mi- re”, lo que explica el título de este trabajo. Las Ciencias Sociales son consideradas un área de saber en el ámbito educativo y, como tal, un espacio interdisciplinario de pro- ducción e interacción desde las múltiples perspectivas de saberes que - explicando los hechos, sucesos y acontecimientos humanos- se com- plementan. Como me apunta Carlos (Chino) Fernández, la especifici- dad de lo social está en lo “relacional” (cuando del Otro se trata), no tanto en la percepción que se tiene del otro desde Uno mismo. Aun- que los sistemas educativos han preferido circunscribir las Ciencias Sociales a la Historia y la Geografía, debemos considerar otras disci- plinas, que tienen como objeto de estudio la sociedad o “lo social” aunque en algunos casos, su estatus de ciencia es más controvertido. Así Antropología, Economía, Etnografía y Etnología, Sociología, Socio - Lingüística, Psicología Social, Arqueología, Demografía, Eco- logía humana, Geografía humana, Derecho, Pedagogía, Urbanismo, Ciencias de la Comunicación, Ciencia Política, Didáctica, Filosofía, Teología, Semiótica, Semiología, Sociología jurídica, Trabajo Social. El núcleo de lo social, si bien es el “hombre” genéricamente o “la humanidad”, lo es siempre colectivamente. Por tal motivo se las de- signa ciencias del hombre, ciencias humanas o simplemente “humani-
  10. 10. Raúl Alfredo Guevara 18 dades”. Al decir de Foucault2 , las ciencias humanas no han existido siempre, tienen apenas unos doscientos años en la cultura occidental. Se pretende explicar el fenómeno social desde diversos ámbitos disci- plinares que en su especialización suelen perder de vista la comple- mentariedad. Cada explicación lleva, de suyo, una ideología, una cosmovisión, una forma de ver el mundo. En todos los tiempos y en todas las latitudes, los grupos humanos han necesitado identificarse e identificar a otros. Llámense aldea, aso- ciación, banda, burgo, caserío, casta, ciudad, clan, colectividad, co- munidad, estado, familia, gremio, grupo, horda, linaje, nación, país, provincia, pueblo, reino, señorío, sociedad, tribu, villorrio, o como sea, la cuestión de la “otredad” ha atravesado a la humanidad. De eso trata este texto, de los Otros y Nosotros. De la Hegemo- nía que se impone y que convence. De la Resistencia que se le enfren- ta tibiamente o con la tenacidad propia de la intransigencia que, opo- niéndose, construye contrahegemonía. Se interpelará al lector reiteradamente: ¿quiénes somos? ¿Quié- nes creemos ser? ¿Quiénes decimos que somos? ¿En qué “nosotros” nos incluimos y quiénes quedan fuera de él? 2. La definición de El Otro Ya en 1966 Foucault planteaba el tema. La historia de lo Mismo es la historia del orden de las cosas, de aquello que, para una cultura, es a la vez disperso y aparente y debe, por ello, distinguirse mediante señales y recogerse en identidades. Lo Otro es lo que no se compren- de, lo que se desconoce o se conoce de modo incompleto y, por ello, lo que se teme. Es el motivo para estar alerta, dispuesto a defenderse, a atacarlo o a resistirlo si es necesario. En el recuadro reproducimos la explicación que Foucault da de su libro. Afirma que el disparador que lo motivó en una de sus obras precursoras fue un texto de Jorge Luis Borges3 , quien cita cierta enci- clopedia china donde está escrito que: 2 FOUCAULT, Michel.(1984) Les mots et les choses. Una archéologie des sciencies humai- nes. Editions Gallimart. Paris, 1966. En castellano, Las palabras y las cosas. Una arqueología de las ciencias humanas. Planeta Agostini, Barcelona. 3 BORGES, Jorge Luis. ( 1960) El idioma analítico de Jhon Wilkins en Otras Inquisiciones, Emecé Editores, Buenos Aires p.160 Cristales. Manual para mirar el mundo social. 19 (…)los animales se dividen en: a) pertenecientes al Emperador, b) embalsamados, c) amaestrados, d) lechones, e) sirenas, f) fabulosos, g) perros sueltos, h) incluidos en esta clasificación, i) que se agitan como locos, j) innumerables, k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, l) etcétera, m) que aca- ban de romper un jarrón, n) que de lejos parecen moscas. Michel Foucault4 explica, de este modo, lo que provocó en él ese inquietante texto: (...) de la risa que sacude, al leerlo, todo lo familiar al pen- samiento -al nuestro: al que tiene nuestra edad y nuestra geo- grafía-, trastornando todas las superficies ordenadas y todos los planos que ajustan la abundancia de seres, provocando una larga vacilación e inquietud en nuestra práctica milenaria de lo Mismo y de lo Otro. (...)En el asombro de esta taxinomia, lo que se ve de golpe, lo que, por medio del apólogo, se nos muestra como encanto exótico de otro pensamiento, es el límite del nuestro: la imposi- bilidad de pensar esto. (...)No son los animales «fabulosos» los que son imposibles, ya que están designados como tales, sino la escasa distancia en que están yuxtapuestos a los perros sueltos o a aquellos que de lejos parecen moscas. Lo que viola cualquier imaginación, cualquier pensamiento posible, es simplemente la serie alfabé- tica (a, b, c, d,) que liga con todas las demás a cada una de es- tas categorías. La cuestión del Otro, como veremos, no es menor para una com- prensión cabal de las Ciencias Sociales. La necesidad de autoafirma- ción, la pretensión cultural de comprender el mundo desde nuestra particular cosmovisión hace que veamos a lo diverso como lo Otro, el Alter. Los siguientes apartados tratarán de elucidar o poner de mani- fiesto un territorio del saber de límites y horizontes difusos, escurridi- zos, que incomoda desde hace décadas a un número creciente de inte- lectuales que, aunque enuncian principios democráticos, siempre tie- 4 FOUCAULT, Michel. Op. Cit
  11. 11. Raúl Alfredo Guevara 20 nen límites ideológicos o afectivos que les trazan fronteras impermea- bles a la comprensión de la humanidad como un todo. Estados Unidos invade Irak para terminar con la “tiranía” de Sadam Husseim previniendo el uso de un enorme arsenal de armas químicas que poseería ese país, establecer la democra- cia y la libertad y extender los beneficios de la civilización. Rápidamente apresan a Husseim y no encuentran armas químicas. No obstante siguen ocupando Irak. Instalan un go- bierno títere y gobiernan despóticamente sin consultar al pue- blo irakí. Administran los riquísimos recursos petroleros del país, quebrantan los más elementales derechos humanos, bom- bardean y balean a civiles, secuestran, encarcelan, torturan, violan. Si esto es la civilización, la democracia y la libertad... segu- ramente los “beneficiados” estarán dispuestos a renunciar a tan “sabrosos” beneficios al punto que cuando se cumplieron dos años de la invasión se realizó una multitudinaria marcha en Bagdad pidiendo el fin de la ocupación militar. La democratización sin “demos” parece ser una constante en el pensamiento y en el hacer de lo que conocemos como “occidente”. Lo Otro está fuera de “nuestra” comunidad, nación, sexo, edad, clase social, hábitat, territorio, cultura, incluso está fuera de nuestro tiempo. Lo Otro es lo extraño, lo insólito, lo singular, lo original, lo “desusa- do”, lo infrecuente, lo inconcebible, lo inexplicable, lo exótico, lo sorprendente, lo inverosímil, lo absurdo, lo “anormal”, lo raro, lo ridículo, lo extravagante, lo inadecuado, lo ajeno, lo distinto, lo dife- rente, lo diverso, lo extranjero, lo opuesto, lo contrario, lo inadapta- ble, lo impropio, lo incorrecto, lo “inmoral”, lo demás... Lo Otro puede estar fuera o dentro mismo de nuestro espacio de relación so- cial. Aunque no hay exhaustividad en la enunciación precedente, ob- sérvese de qué modo nuestra lengua ha producido infinidad de adje- tivos para calificar y aún clasificar en una taxinomia social dicotomi- zante a todo lo que esté fuera, en el plano colectivo, de lo Nuestro y de lo Ajeno, y en el plano individual de lo Suyo y de lo Mío. No te- Cristales. Manual para mirar el mundo social. 21 nemos una identidad unívoca. Adquirimos identidad por medio de una constelación de afinidades constitutivas de nuestra cultura, mati- zada por variables más o menos precisas, a la vez que por adversida- des confrontativas extendidas, desplegadas en todas las direcciones de nuestra vida de relación. Las variables que pigmentan nuestra cultura, que intentaré des- menuzar seguidamente, se combinan para naturalizar los arbitrarios culturales. Todos los calificativos que pueden aplicarse a lo Otro, a lo que intranquiliza y hasta causa temor por su proximidad y por su incomprensible tozudez en permanecer distinto, se refieren tanto a los extranjeros como a los que, conviviendo en una misma comunidad, incluso en una misma familia, resultan incomprensibles para “Uno”. El loco (del latín, Locus: lugar) es alguien “fuera de lugar”, el que no se comporta como “Uno” y tiene la preocupante alteridad de estar comprendido en el Mismo universo. Todo lo que Uno no puede comprender es designado “locura”. La locura es ajena, es lo Otro: (...) lo que para una cultura, es a la vez interior y extraño y debe, por ello, excluirse (para conjurar un peligro interior), pe- ro encerrándolo (para reducir su alteridad) 5 Se aplica del mismo modo a culturas y civilizaciones vecinas, atribuyéndoles incluso el monopolio del mal, demonizándolas. Toda sociedad o grupo que se maneje con lógicas diferentes de las nuestras puede llegar a causar terror. En occidente se ensalza la Resistencia Francesa a la ocupación nazi alemana de la Segunda Guerra Mundial. Ésta, aún con escasos recursos, utilizó todos los medios a su alcance mientras el territorio estuvo ocupado: sabotaje, terrorismo, guerrilla, obstrucción, falta de colaboración, hostilidad. No sólo en Francia un número significativo de civiles se mostró dispuesto a dar la vida para expulsar al invasor, los guerrilleros yugoeslavos, soviéticos e italianos comparten la gené- rica designación de partisanos rodeada de un ennoblecedor folklore gracias a que todos estuvieron en el bando que derrotó al nazismo. Su comportamiento se califica como “heroico”, “noble”, “ejem- plar”. 5 FOUCAULT, Michel. Op. Cit.
  12. 12. Raúl Alfredo Guevara 22 Los partisanos en general y la Resistencia Francesa en particu- lar, son el ejemplo a imitar. Pero cuando los argelinos resistieron la ocupación colonial francesa, años después, con la misma actitud que los patriotas franceses habían mostrado contra los expansionistas ale- manes, ni más ni menos, se designó “delincuencia terrorista” al patrio- tismo argelino. Hay una moral que no es genérica, no se aplica a todas las situa- ciones. Sólo designa el bien cuando éste nos favorece, nos protege, nos beneficia. Esa misma actitud es “inmoral” cuando la practica el Otro con / contra Nosotros. Dice AUGE que no existen (...) sociedades que, de un modo más o menos estricto, no hayan definido una serie de relaciones “normales” (instituidas y simbolizadas) entre generaciones, entre primogénitos y cade- tes, entre hombres y mujeres, entre aliados, entre linajes, entre grupos de edades, entre hombres libres y cautivos, indígenas y extranjeros, etc. 6 El Otro es “objeto” de sentido. Se hace palpable cuando noso- tros le atribuimos entidad, lo identificamos, lo hacemos visible. A la vez es “sujeto”, lo que el Otro elabora como propio, lo que confronta individual o colectivamente con Uno. Esta certeza que tenemos de la existencia de Otra identidad y Otra subjetividad -que se proyecta interdictando nuestras verdades, certidumbres y creencias-, es lo que nos inquieta, nos da curiosidad y nos atemoriza sucesiva o simultáneamente. Para comprender como operan estas configuraciones de imagina- rios múltiples debemos bucear en el concepto de hegemonía que es, en este texto, la gran categoría de análisis que atraviesa todos los con- ceptos ordenadores que aquí se desarrollarán. 6 AUGÉ, Marc. (1996) El sentido de los otros. Paidós, Barcelona Cristales. Manual para mirar el mundo social. 23 Capítulo 2. Hegemonía 1. Una definición La Hegemonía es una construcción dinámica y activa que cuen- ta con la complicidad o la anuencia de quienes no se resisten y acep- tan pasivamente, “naturalmente” la vida que “el destino” les tiene asignada. Es un término griego que proviene de hegemon: guía. En senti- do extenso significa guiar, conducir, encauzar, encaminar, gobernar. En la Antigua Grecia servía para designar la supremacía política y la dirección militar que la ciudad-estado más importante (hegemónica) ejercía en una confederación permanente o temporaria de ciudades. La terminología política actual utiliza el concepto para designar el grado avanzado de influencia que permite a un Estado convertirse en el conductor ejerciendo la dirección de las relaciones internaciona- les, de la política interna, de las relaciones sociales de clase, de géne- ro, de etnias, de colectividades, de nacionalidades, de ciudadanos y habitantes. Esa conducción hegemónica se concreta a través del con- senso y, si resulta necesario, la coerción. Desde aquí se definirá la preponderancia de la acción hegemóni- ca de los grupos de poder. Antonio Gramsci ha definido de modo sagaz la Hegemonía. Él explicó que un Bloque histórico es una situación histórica global en la que podemos distinguir por una parte una estructura social de clases, que depende directamente de las fuerzas productivas y, por la otra, una superestructura ideológica y política. El Bloque Histórico forma una totalidad compleja en cuyo seno Gramsci distingue dos esferas esenciales: la Sociedad Política en la superestructura, que agrupa al aparato del estado; y la Sociedad Civil, es decir, la mayor parte de la estructura. La sociedad civil provee de contenido ético y moral al estado desde el ejercicio de su hegemonía cultural y política.
  13. 13. Raúl Alfredo Guevara 24 El Bloque Histórico es la articulación orgánica entre Superes- tructura Ideológica y la Estructura Económica o Material de una So- ciedad. La hegemonía puede tener crisis en su interior. Luchas internas. Si las clases subalternas toman partido contra los sectores más retrógrados, pueden tomarse ventajas y mejorar sus condiciones mate- riales de vida. Tal el caso de la Ley de Medios de Comunicación que se debatió en Argentina durante 2009. No apoyarla era estar del lado de la derecha que pretendía conservar la Ley de la dictadura genocida y garantizar la concentración de la Opinión Publicada de poderosos grupos concentrados, que insiste en presentarse como Opinión Públi- ca. Sin embargo, la lucha fue al interior de la hegemonía. Una crisis de hegemonía debería poner a los/las marginados/as en una posición de debate y confrontación que ponga en peligro, al menos, los privilegios de género y de clase que se tienen en este Blo- que Histórico. La hegemonía será entonces la ideología de los grupos dirigentes y de la “clase fundamental” al decir de Gramsci quien sostiene que para ser sólidamente establecida, necesita que la Sociedad Civil y la Sociedad Política estén igualmente desarrolladas y orgánicamente ligadas: de esta manera la clase dominante podrá utilizarlas alternativa y armoniosamente para perpetuar su dominación. 2. Ideología predominante Como el objeto central de este libro es la Hegemonía se impone una definición de Ideología. Destutt de Tracy7 propuso el término como la ciencia que estu- dia las ideas, su carácter, origen y las leyes que las rigen, así como las relaciones con los “signos” que las expresan. Un término recuperado por Marx8 , para quien: No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia 7 DESTUTT DE TRACY, Antoine-Louis-Claude. (1796) Mémoire sur la faculté de penser, París. 8 MARX, Karl. (1859) Contribución a la crítica de la economía política. Londres Cristales. Manual para mirar el mundo social. 25 Su tesis está centrada en la función que cumplen los modos de producción que rigen el complejo sistema de relaciones sociales. Puesto en valor por múltiples investigadores de las Ciencias Sociales se han incorporado otras miradas. La Ideología es la amalgama de explicaciones que dan cuenta del mundo social. Es una determinada conciencia social que expresa los intereses enfrentados o complementarios de géneros (sexos), naciones, etnias, clases sociales. Allí se encierran los valores colectivos, sus creencias y sus representaciones que definen el lugar que ocupan en la sociedad como sus deseos de permanecer en él o modificarlo. Es tan consustancial con el ser social que los individuos excep- cionalmente asumen que su comportamiento es siempre ideológico. La ideología trasciende cualquier organización política partidaria por- que es el modo, no necesariamente consciente y explícito, de percibir el mundo y de actuar en consecuencia. 2.1. Dirección ideológica de la sociedad. Siguiendo a Gramsci reconocemos los niveles de articulación de la ideología dominante. 2.1.1. Ideología propiamente dicha. Es la concepción del mundo que se manifiesta implícitamente en el arte, en el derecho, en la actividad económica, en los valores socia- les asumidos colectivamente, en todas las manifestaciones de la vida intelectual y colectiva. Sólo las ideologías “orgánicas”, vale decir ligadas a una clase fundamental, son esenciales. 2.1.2. Estructura ideológica. Está formada por organizaciones que crean y difunden la ideolo- gía. Con el desarrollo de la hegemonía la ideología se extiende a todas las actividades del grupo dirigente. Esta crea una o más capas de inte- lectuales que se especializan en cada uno de los aspectos de la ideolo- gía de ese grupo. 2.1.3. Material ideológico. Son, por un lado, los instrumentos técnicos de difusión de ideo- logía Sistema Escolar, Medios de Comunicación Masiva, Bibliotecas, Redes Sociales. Por otro lado, las Organizaciones políticas, sociales y culturales de acción directa para incidir en el gobierno: ONG, Centros
  14. 14. Raúl Alfredo Guevara 26 culturales, Centros de Estudio, Centros de Jubilados, Comedores, Me- renderos, Asociaciones Civiles, Agrupaciones políticas, Peñas folkló- ricas, Iglesias. 3. Intelectuales. Por su parte, para mantener el ejercicio de la dirección ideológi- ca, política y cultural del bloque histórico, se recurre a intelectuales que, cuando no pertenecen a la clase dominante, son sus empleados. Desde este punto de vista son el vínculo orgánico entre la estructura material y la superestructura ideológica. Forman una capa social diferenciada -no una clase-, ligada a la estructura, a las clases fundamentales en el campo económico, encar- gada de elaborar y administrar la superestructura que le dará a esta clase homogeneidad y la dirección del bloque histórico9 . Aquí se re- conoce el carácter dialéctico del vínculo orgánico. Las clases subalter- nas se ven obligadas a “importar” sus intelectuales. La “conciencia de clase” de sus intelectuales corre peligro y los dirigentes de las clases dominantes intentarán permanentemente integrar estos intelectuales a la clase política, recurriendo al “transformismo”. Si no lo logran no tendrán miramientos respecto de su aniquilación con diferentes niveles de profundidad: asesinato, cárcel, exilio, ostracismo, censura, desem- pleo, difamación, hasta llegar a la estigmatización, instalando en el Sentido Común alguna calumnia que desprestigia, deshonra y denigra al oponente y quitando entidad a cualquier confrontación o enuncia- ción discordante. Una clase adquiere homogeneidad solamente después de la crea- ción de una capa de intelectuales que ejerce la hegemonía. Son los Intelectuales Orgánicos. Su trabajo permite reemplazar la coerción por el consenso. En los gráficos que se presentan más abajo se trata de representar lo que Gramsci explicaba desde las cárceles de Mussolini. La catego- ría de los intelectuales tradicionales está formada por capas sociales 9 Allí están los Ministros de Economía, los gerentes de Bancos, los asesores que se forman en sus universidades en carreras de grado o en postgrados y especializaciones. La dirigencia política, la docencia universitaria, los comunicadores sociales, los artistas reconocidos, los diseñadores del curriculum escolar, entre otros. El “transformismo” que menciona es un térmi- no tomado de Darwin para explicar que las especies van cambiando y adaptándose. Sólo sobre- vive el más apto. En este caso el intelectual orgánico. Cristales. Manual para mirar el mundo social. 27 homogéneas, organizadas en castas, que dirigían la sociedad civil del antiguo bloque histórico y cuya absorción es más difícil. Cuando se consolida un nuevo bloque histórico los intelectuales orgánicos se ocuparán de la absorción -mediante la búsqueda de con- sensos- y la cooptación corporativa de los intelectuales tradicionales, que provienen del bloque histórico superado. (Figura 1) Simultáneamente proceden a la liquidación de toda producción de los antiguos dirigentes y de los intelectuales tradicionales no absor- bidos en los ámbitos estratégicos vinculados con la Filosofía, espe- cialmente en los campos del Derecho y del Arte en todas sus mani- festaciones. Se les hace imprescindible el dictado de nuevas normas encuadradas en una nueva moral, una ética diferente y una estética distintiva que se expresa en un nuevo arte. Figura 1. Intelectuales En cuanto a la función de los intelectuales en la superestructura, Gramsci 10 distingue: 10 Para abordar el pensamiento Gramsciano se ha consultado: GRAMSCI, Antonio. (1967) La formación de los Intelectuales, Grijalbo, México. GRAMSCI, Antonio.(1976) Cartas de la Cárcel. Cuadernos para el diálogo, Madrid.
  15. 15. Raúl Alfredo Guevara 28 • Gran Intelectual o Creador: de la nueva concepción del mundo en las distintas ramas: ciencia, filosofía, arte, de- recho, ética, moral, etc. • Organizador: actúa especialmente en el aparato buro- crático del Estado, es un administrador de la ideología. • Educador o Difusor: actúa básicamente en la sociedad civil, en la escala inferior de la jerarquía de esta capa social. Si bien su rol es irrelevante en la sociedad política, resulta indispensable su tarea para consolidar el consenso. Gramsci asigna un rol fundamental al sistema educativo en el se- no del bloque histórico y le asigna a la escuela la función de hegemo- nía desde el momento en que busca la unidad del principio educativo, unidad entre instrucción y trabajo, entre educación e instrucción, entre la capacidad técnica y la adquisición de la capacidad de dirigente. Esto ha sido así en todas las sociedades del Siglo XX, sin importar su orientación política ni sus inclinaciones religiosas. Puede afirmarse que la centralidad ocupada por la escuela desde fines del Siglo XIX ha sido desplazada, a principios del Siglo XXI a un ámbito de mera contención y reproducción de relaciones sociales en una sociedad donde el sistema de producción no tiene lugar para incorporar a los, cada vez más, numerosos egresados. En su lugar la televisión y las llamadas industrias culturales ocupan el más insistente y pertinaz medio de educación masiva. Capaces de atravesar regiones, países, clases sociales, etnias, establecen pautas de comportamiento, cosmovisiones, y particularmente sentido común, que connota valores, concepciones de justicia y parámetros de belleza. El consenso es, en gran medida, su obra. Y es esencial, para ac- ceder a la Hegemonía tener control sobre los medios de la información y la comunicación. Por eso un Estado que se proponga respaldar su hegemonía sobre la soberanía popular deberá garantizar la democrati- zación y la universalización de las nuevas tecnologías de la informa- ción y la comunicación. GARCÍA HUIDOBRO, Juan Eduardo. (1984) Gramsci: Educación y Cultura. En Cuadernos de Educación, Cooperativa Laboratorio Educativo, Caracas PORTELLI, Hughes. (1985) Gramsci y el Bloque Histórico. Siglo XXI Editores, México, 12ª edición. Cristales. Manual para mirar el mundo social. 29 Algunos elementos que nos permiten rescatar las elaboraciones gramscianas están vinculados a la superación de su mirada estricta- mente clasista signada por su pensamiento económico y político. Figura 2. Sociedad Política – Sociedad Civil A la luz de recientes producciones en el ámbito de las Ciencias Sociales, hoy se afirma que la hegemonía no es sólo de clases en el Bloque Histórico. Existe en primer lugar, una hegemonía de género en las socieda- des patriarcales que cuentan con el consenso de la mayoría de las mu- jeres. También hay una hegemonía de los sectores urbanos en las sociedades con escasa población rural que fue expulsada durante el siglo XX hacia los suburbios de las ciudades industriales. La incorpo- ración de maquinarias y tecnologías que supusieron nuevas lógicas de producción y los procesos de concentración de la tierra en manos de corporaciones capitalistas dejan despoblado el hábitat rural. En Latinoamérica se observa una hegemonía de los grupos étni- cos emparentados con ancestros europeos y especialmente asociados a las clases hegemónicas. Estos aspectos serán retomados en detalle en los Capítulos 7 y 8.
  16. 16. Raúl Alfredo Guevara 30 La hegemonía se manifiesta como una concepción del mundo. Es producida desde el poder y difundida en diferentes grados cualita- tivos entre todas las capas sociales que quedarán ligadas por: • Filosofía • Sentido Común • Religión • Folklore Son tomadas en este texto, una y otra vez, como potentes instru- mentos de análisis para comprender el mundo social. 4. Filosofía Desde los sectores de poder se define lo justo, lo bello, lo bueno, lo que está bien, lo deseable, en una palabra: el Deber Ser. De allí deviene el derecho, se hacen leyes en consecuencia. Del mismo modo se definirá el arte, lo artístico, “las artes”. Se establece también qué es ético. Desde ese lugar se establece una moral social e individual pres- criptiva. La filosofía occidental11 se presenta triunfante al mundo globali- zado. Reconoce su origen en una sociedad patriarcal, urbana, de pro- pietarios aristocráticos que enunciaban una democracia en la que el “demos” solo estaba formado por ellos mismos. No eran “pueblo” las mujeres, ni los extranjeros, tampoco los pobres, ni los esclavos. El saber más excelso, la mayor producción intelectual, científica y tecnológica está sometida a la elaboración cuidadosa del grupo de Grandes Intelectuales que articulan todos los conocimientos de la so- ciedad y definen qué saberes pueden difundirse y cuáles tienen uso restringido en los sectores hegemónicos. Con tal motivo la escritura fue patrimonio exclusivamente mas- culino en las sociedades que la desarrollaron, las mujeres que ingresa- ron a ese mundo fueron excepcionales. Incluso, el latín, como lengua culta masculina, es un caso interesante, se mantuvo en el ámbito de lo religioso y de la filosofía clásica durante toda la Edad Media europea 11 Para este apartado se han consultado: A.A.V.V. (1984) Historia del Pensamiento, Ediciones Orbis - Hyspamérica, Buenos Aires FERRATER MORA, J. (1994) Diccionario de Filosofía – Editorial Ariel SA, Madrid ABBAGNANO, Nicola (1963) . Diccionario de Filosofía – Fondo de Cultura Económica , México. Cristales. Manual para mirar el mundo social. 31 y la iglesia católica lo mantuvo hasta el Concilio Vaticano II (1962- 65) siendo la lengua oficial del mismo. Con propósitos estratégicos vinculados a lo religioso, lo militar, lo financiero, lo político y hasta de reserva de los recursos naturales se ha creado la criptografía.12 El nombre proviene del griego kryptos = escondido, y graphein = escribir. Las élites han hecho uso de la Criptografía desde el inicio de la historia humana, en todas las latitudes. Se construye un saber edificado en autores identificables que se volverán cita obligada, fuente indiscutible, el lugar erudito adonde recurrir una y otra vez, para profundizar o para disentir. Toda la dialecticidad del pensamiento occidental se manifiesta en un lenguaje presidido por la presentación lógica de las ideas, por la problematización de la vida cotidiana y de lo trascendente, del univer- so, la naturaleza, la esencia, el origen; el caos, el orden, la virtud, la sustancia, el destino, el fin último de la existencia. La filosofía se presentará como una elaboración erudita de algu- nos autores excepcionales, pero también como una producción colec- tiva, como un corpus de ideas de cuidada coherencia y articulación en el tiempo. Se presentará con una pretenciosa objetividad perenne que la mantenga ajena de sospechosas parcialidades. Ha sido una discipli- na masculina, urbana, aristocrática, oligárquica y progresivamente heredada por las burguesías blancas dominantes. 4.1. Lo Justo. Desde corrientes filosóficas del Derecho se muestra la evolución histórica de las preocupaciones de los grupos hegemónicos por definir lo que llaman Derecho Natural y Derecho Positivo. Buscan aunar Verdad y Justicia. En la actualidad se reabre una y otra vez el debate entre la vali- dez ética y la validez jurídica desde diferentes modelos que son toma- 12 Estados Unidos fundó en 1977, el National Bureau of Security (NBS), cuando se creó el protocolo DES por la International Business Machines (IBM). Después de 21 años, se sustituyó por TRIPLEDES, y en 2002 se puso en circulación el Advanced Encription Standard (AES). Estos mecanismos para encriptar conocimientos estratégicos son utilizados por bancos y go- biernos, se consideran vital es para la de seguridad y los negocios. Los mayores desarrollos en este tipo de investigación los realiza el sector militar y luego se transfieren a usos civiles para absorber parte de los gastos.
  17. 17. Raúl Alfredo Guevara 32 dos con liviandad por los medios de comunicación, sin embargo dan cuenta de confrontaciones al interior de la hegemonía, están en debate: iusnaturalismo, formalismo ético, realismo, galantismo, positivismo legalista. Este pequeño apartado sólo se propone llamar la atención sobre una disputa al interior del bloque hegemónico y mostrar que los inte- lectuales involucrados no se proponen fundar un nuevo derecho, de- ntro de lógicas diferentes. Se proponen ajustar el derecho a perspecti- vas más acordes con la evolución de la sociedad asociados a una concepción más general, inexistente en otras épocas, de Derechos Humanos. Este Derecho “alternativo” no supone reinventar las bases en que se sustenta todo el Derecho. 4.2. Lo Bello. La Estética es el dominio de la Filosofía que estudia el arte y sus cualidades, tales como la belleza y lo eminente. Define, por opo- sición, lo feo y la disonancia. El occidente ha definido arte como actividad o producto en los que el ser humano manifiesta ideas y emociones: su visión del mundo. Desde la hegemonía se han caracterizado diferentes manifesta- ciones, hoy consideradas clásicas, según la clasificación de Bellas Artes usada en la antigua Grecia: Primera la arquitectura Segunda la danza Tercera la escultura Cuarta la música Quinta la pintura Sexta la poesía (y la literatura) A esta primera clasificación se le han incorporado otros elementos: • El séptimo es la cinematografía. • El octavo es la fotografía, aunque algunos autores plan- tean que es otra manifestación de la pintura. • El noveno es la historieta, resistida por quienes argu- mentan que es una “pasarela” entre la pintura y el cine. Reclaman su incorporación: la televisión, el teatro, la moda, la publicidad, la animación, los videojuegos. Quienes se desempeñan en esos ámbitos se autodenominan ar- tistas y son reconocidos como tales. Eso les permite afirmar que sus actividades son nuevas expresiones de arte. Hay una consideración también de las Artes Menores que están vinculadas con los sentidos menores: gusto, olfato y tacto: gastrono- mía, perfumería. 4.3. Lo Bueno. La hegemonía define el bien y los valores que éste resume. Se considera a la Ética como la rama del conocimiento que estudia tanto las causas que producen el Bien como aquellas que producen el Mal, sugiriendo conductas que favorezcan el logro del primero y rechacen el segundo. Al respecto hay divergentes posturas filosóficas: • La teoría metafísica: el Bien es la realidad perfecta o suprema y es deseable como tal. • La teoría subjetiva: el Bien es lo deseado o lo que gusta. El pensamiento de occidente ha seguido estas miradas discordan- tes: lo absoluto y lo relativo. Aunque predomina en la actualidad la segunda, no se han saldado estas cuestiones. Para el hombre moderno, que mira a la ciencia y a la razón con gran respeto, es difícil encontrar argumentos adecuados que justifiquen la teoría absoluta del bien y del mal. La postura relativista supone, incluso, que las actitudes básicas del hombre, tales como el amor y el odio, que se asocian casi siempre al bien y al mal, respectivamente, producirán efectos distintos según las épocas y las sociedades en las cuales se produzcan, algo que no resulta fácil aceptar. Si no existe actitud mejor que otra, tampoco de- bemos esforzarnos por adoptarla. Un debate similar puede encontrarse respecto de las miradas acerca del destino. Las posturas deterministas, fatalistas, plantean la existencia de un Destino prefijado, aunque desconocido. Sostienen que nada puede hacerse para cambiar un futuro impuesto por alguna entidad superior. Esta perspectiva es esencialmente conservadora ya que sirve a los grupos de poder para dar una explicación de sus privi- legios. “Soy rico, blanco, varón, porque era mi destino, y si tu desti-
  18. 18. Raúl Alfredo Guevara 34 no hubiera sido ser como yo, se hubiera cumplido, pero te tocó ser pobre, mestiza, mujer, porque era tu destino y contra eso no se puede luchar”. Se cargan todos los elementos de clase, de etnia, y de género como condicionantes de una desigualdad que los beneficiarios de esta sociedad de clases, de blancos y patriarcal no buscaron. La misma que no tienen motivos para cambiar, “porque siempre ha sido así”. Por otro lado hay quienes sostenemos que el futuro debe cons- truirse, que el individuo o las comunidades inciden directamente en sus vidas si toman las riendas de las mismas. El destino es un invento de los poderosos, justamente, para que los sometidos no se esfuercen, no perseveren, no decidan libremente sobre sus vidas. Para que aprendan de entrada que nada vale la pena. Que les to- có esta vida y que nada pueden, ni deben, hacer para cambiarla. Y lo que viene fruto del propio esfuerzo se explica mágicamente por el “destino”. Ciertamente hay cosas que nos condicionan desde que nacemos, pero el pequeño margen de elección que nos queda es lo que hace la diferencia. Es un pensamiento mágico que debemos abandonar para hacer- nos cargo de nuestras vidas y nuestras acciones solidariamente con quienes compartimos este penoso tránsito. Para ganarnos la dignidad de vivir en plenitud. Cantares Antonio Machado Caminante, son tus huellas el camino y nada más; caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace camino y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante no hay camino sino estelas en la mar… Es esencialmente una postura libertaria que permite imaginar un futuro mejor a construirse. Propone levantar la mirada, desafiar las profecías de los poderosos, para concebir un futuro con una humani- dad que nos equipare. Cristales. Manual para mirar el mundo social. 35 La filosofía proveerá verdades: racionalidad, fundamento, legi- timidad, procedencia, justicia, justificación, equidad, evidencia, natu- ralidad, normalidad, certeza, incuestionabilidad. Resulta interesante la explicación que otorga Nietzche13 sobre la construcción de la moral. 260 - En mi peregrinación a través de las numerosas morales, más delicadas y más groseras, que hasta ahora han dominado o continúan dominando en la tierra, he encontrado ciertos rasgos que se repiten juntos y que van asociados con regularidad: hasta que por fin se me han revelado dos tipos bá- sicos y se ha puesto de relieve una diferencia fundamental. Hay una moral de señores y hay una moral de esclavos; - me apre- suro a añadir que en todas las culturas más altas y más mez- cladas aparecen también intentos de mediación entre ambas morales, y que con más frecuencia todavía aparecen la confu- sión de esas morales y su recíproco malentendido, y hasta a ve- ces una ruda yuxtaposición entre ellas - incluso en el mismo hombre, dentro de una sola alma. Las diferenciaciones mora- les de los valores han surgido, o bien entre una especie domi- nante, la cual adquirió consciencia, con un sentimiento de bienestar, de su diferencia frente a la especie dominada - o bien entre los dominados, los esclavos y los subordinados de todo grado. En el primer caso, cuando los dominadores son quienes definen el concepto de “bueno”, son los estados psíquicos ele- vados y orgullosos los que son sentidos como aquello que dis- tingue y que determina la jerarquía. El hombre aristocrático separa de sí a aquellos seres en los que se expresa lo contrario de tales estados elevados y orgullosos: desprecia a esos seres. Obsérvese enseguida que en esta primera especie de moral la antítesis “bueno” y “malo” es sinónima de “aristocrático” y “despreciable”: -la antítesis “bueno” y “malvado” es de otra proceden cia. Es despreciado el cobarde, el miedoso, el mez- quino, el que piensa en la estrecha utilidad; también el descon- fiado de mirada servil, el que se rebaja a sí mismo, la especie 13 NIETZCHE; Friedrich.(1885) Más allá del bien y del mal. Trad. Andrés Sánchez Pascal (1983) Ediciones Orbis, Buenos Aires
  19. 19. Raúl Alfredo Guevara 36 canina de hombre que se deja maltratar, el adulador que por- diosea, ante todo el mentiroso: - creencia fundamental de todos los aristócratas es que el pueblo vulgar es mentiroso. “Nosotros los veraces”- éste es el nombre que se daban a sí mismos los nobles en la antigua Grecia. Es evidente que las calificaciones morales de los valores se aplicaron en todas partes primero a seres humanos y sólo de manera derivada y tardía a acciones: por lo cual constituye un craso desacierto el que los historiado- res de la moral partan de preguntas como: “¿por qué ha sido alabada la acción compasiva?” La especie aristocrática de hombre se siente a sí misma como determinadora de los valo- res, no tiene necesidad de dejarse autorizar, su juicio es: “lo que me es perjudicial a mí, es perjudicial en sí”, sabe que ella es la que otorga dignidad en absoluto a las cosas, ella es crea- dora de valores. Todo lo que conoce que hay en ella misma lo honra: semejante moral es autoglorificación. En primer plano se encuentran el sentimiento de la plenitud, del poder que quie- re desbordarse, la felicidad de la tensión elevada, la conscien- cia de una riqueza que quisiera regalar y repartir: - también el hombre aristocrático socorre al desgraciado, pero no, o casi no, por compasión, sino más bien por un impulso engendrado por el exceso de poder. El hombre aristocrático honra en sí mismo al poderoso, también al poderoso que tiene poder sobre él, que es diestro en hablar y en callar, que se complace en ser riguroso y duro consigo mismo y siente veneración por todo lo riguroso y duro. “Wotan me ha puesto un corazón duro en el pecho”, se dice en una antigua saga escandinava: ésta es la poesía que brotaba, con todo derecho, del alma de un vikingo orgulloso. Esa especie de hombre se siente orgullosa cabalmen- te de no estar hecha para la compasión: por ello el héroe de la saga añade, con tono de admonición, “el que ya de joven no tiene un corazón duro, no lo tendrá nunca”. Los aristócratas y valientes que así piensan están lo más lejos que quepa imaginar de aquella moral que ve el indicio de lo moral cabalmente en la compasión, o en el obrar por los demás, o en el désintéresse- ment [desinterés]; la fe en sí mismo, el orgullo de sí mismo, una radical hostilidad y una ironía frente al “desinterés” for- Cristales. Manual para mirar el mundo social. 37 man parte de la moral aristocrática, exactamente del mismo modo que un ligero menosprecio y cautela frente a los senti- mientos de simpatía y el “corazón cálido”. - Los poderosos son los que entienden de honrar, esto constituye su arte peculiar, su reino de la invención. El profundo respeto por la vejez y por la tradición - el derecho entero se apoya en ese doble respeto -la fe y el prejuicio favorables para con los antepasados y desfavo- rables para con los venideros son típicos en la moral de los po- derosos; y cuando, a la inversa, los hombres de las “ideas mo- dernas” creen de modo casi instintivo en el “progreso» y en “el futuro” y tienen cada vez menos respeto a la vejez, esto delata ya suficientemente la procedencia no aristocrática de esas “ideas”. Pero lo que más hace que al gusto actual le resulte ex- traña y penosa una moral de dominadores es la tesis básica de ésta de que sólo frente a los iguales se tienen deberes; de que, frente a los seres de rango inferior, frente a todo lo extraño, es lícito actuar como mejor parezca, o “como quiera el corazón”, y, en todo caso, “más allá del bien y del mal” -: acaso aquí ten- gan su sitio la compasión y otras cosas del mismo género. La capacidad y el deber de sentir un agradecimiento prolongado y una venganza prolongada - ambas cosas, sólo entre iguales -, la sutileza en la represalia, el refinamiento conceptual en la amistad, una cierta necesidad de tener enemigos (como cana- les de desagüe, por así decirlo, para los afectos denominados envidia, belicosidad, altivez - en el fondo, para poder ser buen amigo): todos ésos son caracteres típicos de la moral aristocrá- tica, la cual, como ya hemos insinuado, no es la moral de las “ideas modernas”, por lo cual hoy resulta difícil sentirla y tam- bién es difícil desenterrarla y descubrirla. 5. Sentido Común Simultáneamente, la Ideología dominante construye e instala el Sentido Común. En las mismas áreas que se definen desde el campo de la filoso- fía, pero ahora con lenguaje más simple, más directo, y apelando a la gestualidad social. Es el “deber ser”, lo Justo, lo Bello y lo Bueno, puesto en acto.
  20. 20. Raúl Alfredo Guevara 38 En este ámbito aparecen las mismas disputas que se hallan en ciernes en el apartado anterior y además se configuran puntos de vista que no han sido contemplados desde los ámbitos de definición ideoló- gica. La Ideología Dominante naturaliza, aquí, todas las prácticas pa- triarcales, clasistas, racistas y urbanizadoras. Determina lo que los Intelectuales Difusores deben propagar, en forma de noticias “relevantes” que preocuparán a la población. Instala temáticas sociales siguiendo una lógica política y económica con de- signios que minimizan el conflicto social. Establece preguntas y respuestas admitidas y aceptables. Califica y clasifica, de un modo persistente y continuo, configu- rando el consenso sobre los lugares comunes que constituyen el Senti- do Común, lo que “la gente piensa”, lo que “la ciudadanía manifiesta”. Así mismo define los contenidos mínimos que deberán enseñarse en cada nivel del sistema educativo y configura una verdadera agenda mediática sobre los temas de actualidad que deberán aparecer en cada coyuntura y el modo “políticamente correcto” de encararlos. En esta maraña de dominación ideológica, se configura la falsa conciencia de quienes hacen gala de la información de que disponen y difunden como meros intermediarios acríticos. Docentes, periodistas, locutores, analistas (políticos, económicos, sociales, educativos, cultu- rales, etc...) operan como divulgadores incapacitados ideológicamente para ofrecer resistencia a un sistema que también los explota y los instrumentaliza desde el convencimiento que les provee el consenso enunciado. La dirección Ideológica se consolida como Sentido Co- mún cuando se hace saber social (“todo el mundo sabe que es así”). 5.1. Algunos ejemplos de Sentido Común. Patriarcal: cuando aparece un bebé abandonado la “sociedad” acusa despiadadamente a la madre, no se escuchan voces que acusen al padre que ya había abandonado el bebé en el vientre de su madre. (Género). Clasista: cuando a la salida de un baile se pelean adolescentes de los sectores populares la prensa informa que “los vándalos dieron rienda suelta a una barbarie incontrolable”, mientras que si la disputa es en- Cristales. Manual para mirar el mundo social. 39 tre adolescentes jugadores de Rugby la prensa dice que los “ jóvenes se excedieron un poco en los festejos”. Racista: en Argentina el componente poblacional de origen afro es escaso o está muy oculto y escondido. El calificativo despectivo “ne- gro” no refiere a algún componente étnico del destinatario sino a su pertenencia a las clases pobres. El componente indígena es mayor. Tres millones de argentinos urbanos dicen de sí mismos que tienen sangre guaraní y hablan dicha lengua. Pero ninguno se reivindica indígena y reniegan de su pertenencia si les es dado mimetizarse. Urbana: tanto la escuela como los Medios de Comunicación tienen el claro propósito de “civilizar” transmitiendo normas de urbanidad. Se dice del campesino que es “atrasado”. Se impondrá una política de la historia desde la denominación misma de las ciudades y pueblos, calles y lugares geográficos vincu- lados más a la religión y los personajes de las castas dominantes que a la geografía, la toponimia o la historia del lugar. Esto era advertido por Arturo Jauretche en sus incontables charlas a militantes políticos y sociales. Para sostener este aserto recurrí a la Guía de Códigos Pos- tales que asignó el Correo Argentino a cada localidad de la Provincia de Buenos Aires. Los resultados, aunque previsibles para mí, resultaron asombrosos. En una variedad de nombres obvios que llamaré “criollos” y de terratenientes propietarios de las tierras en que se erigen los poblados se nota la fuerte presencia de la Iglesia Católica, no sólo desde la Conquista y en el período administrado por España, sino también durante la consolida- ción del país a partir de las sucesivas campañas militares pa- ra despojar a los nativos de la mano de las Fuerzas Armadas. Así encontramos nombres de: **** 16 Gobernantes (especialmente gobernadores y algún presidente de la nación), **** 24 Profesionales (abogados e ingenieros); **** 74 Originarios, (Tapalqué, Tandil,...)
  21. 21. Raúl Alfredo Guevara 40 **** 110 Militares especialmente de alto rango (generales, al- mirantes, coroneles, etc) **** 241 Católicos (santos, santas y vírgenes). Estos datos tienen propósitos ilustrativos. Una búsqueda más detallada daría cuenta de las nominaciones vinculadas a la oligarquía terrateniente. La “verdadera” música será “clásica”, y se enseñará en “conser- vatorios” con fines reproductivos de virtuosismo. Nótese que las ins- tituciones no se llaman “creatorios”, aunque se espera que la función propia del artista sea la creación. Las artes plásticas se expondrán en museos y plazas, o en galerías de arte, ése es su lugar “natural”. La literatura, en prosa o como poesía tendrá su ámbito destacado. Se entronizan autores y “queda bien” conocerlos, al menos de nombre. Borges, era una leyenda viviente en Buenos Aires hacia el final de sus días, decía - con ironía y lucidez- que él era el escritor más vendido y también el menos leído. La historieta, que reúne al dibujo y al guión, es una “manifesta- ción” que tiene dificultades aún para ser considerada arte menor. Sin embargo ha servido durante gran parte del siglo pasado como difusora del sentido común junto a la fotonovela y al radioteatro. Durante el siglo XX se incorporó la fotografía y el “séptimo ar- te”, el cine. Aquí también ya hay “clásicos” y esta calificación com- porta una aceptación y exaltación desde la cultura hegemónica. Hoy, abiertamente insertos en industrias culturales, son instrumentos esen- ciales para la propagación de ideología. Se utiliza desde la imagen hasta la iconografía que, reformulada, viene asociada a los medios informáticos. Algunos artistas que confrontaron fuertemente con lo establecido en cada época fueron vistos como “snobs”, irreverentes, díscolos, sin embargo siempre estaban vinculados de una u otra forma con los sec- tores de poder político, religioso, económico o militar. Desde hace algunas décadas se rescatan, en el arte, las manifes- taciones precolombinas -otrora marginadas y destruidas sistemática- mente- que son reproducidas con un estatus de artesanía reproductiva y conservacionista, en manos de “artesanos” y “manualistas” de los Cristales. Manual para mirar el mundo social. 41 sectores populares que se muestran incapaces de crear nuevas formas, originales, para confrontar con “lo deseable” que les ha sido asignado. Sus lugares serán ferias y plazas públicas a la intemperie, se los exime de impuestos y se les permite desempeñarse como trabajadores cuentapropistas que no tendrán ningún tipo de cobertura social ni aportarán a los institutos de previsión social para proveerse una jubila- ción. Este estado de marginalidad evita que pueda surgir algún artista popular destacado y que el talento se desperdicie en pequeñas produc- ciones en serie de llaveros, cacharros, cinturones, bijouterie de alam- bre, fuentes de madera, carteras y sandalias; que les permiten subsistir malamente en un entorno cultural que los hace sentir libres de las ata- duras del sistema burgués con la ingenua ilusión de que “no les han podido imponer sus pautas”. En la quimérica ilusión de mantenerse fuera del régimen burgués opresivo no perciben que justamente ese sistema les ha asignado el rol social que desempeñan. En fronteras difusas se moverán los artesa- nos y los manualistas que se dedican a Alfarería, Arcilla sintética, Artesanía del hierro, Bisutería, Cantero o "picapedrero", Carretería, Cerámica y porcelana, Cestería, Damasquinado, Ebanistería, Esparto, Glíptica, Marquetería o Taracea, Marroquinería, Metalería, Realiza- ción de vidrieras, Talabartería, Tapicería, Tejido, Orfebrería, Vidrio soplado, pintura, escultura, tallado, carpintería artística, dibujo, gra- bado. A su vez, el “verdadero” arte creativo será producido por las clases dominantes que conducen Salones de Arte, Museos, Galerías y Muestras de lo más variadas y entronizan a sus propios artistas. Marihuana libre, sandalias, camisolas, cabello largo, ras- tas, aros y piercing en cualquier lugar del cuerpo, pulseras, ta- tuajes, polleras largas y camisolas “hindúes” en las mujeres, forman parte del “fashion” que los artesanos consumen y que con ingenuidad oponen al oficinista o a quien sigue la moda impuesta desde los medios, como prototipo del sometido por el orden burgués que cumple horarios y compra artículos en cuo- tas en un consumismo que lo tiene atrapado. En octubre de 2008 el diario cubano Granma informaba sobre la falta de maestros en la isla. En las ferias de artesano podían encon-
  22. 22. Raúl Alfredo Guevara 42 trarse muchos ex-maestros. Manifestaban que allí ganaban lo mismo, con dos ventajas: no tenían que hacerse cargo de los niños y tenían contacto con el turista extranjero que les proveía divisas para vivir mejor en un país de economía esquizofrénica, dual, ilusoria, que está promoviendo la salida individual bajo la retórica hegemónica y con- servadora de La Revolución. En este caso sí, el ambiente de los arte- sanos es un ámbito para servirse del sistema y burlarlo. 5.2. Elementos que construyen el Sentido Común “Popular” Una fuente interesante de expansión del Sentido Común la cons- tituyen los refranes populares, en sus múltiples manifestaciones: sen- tencia, máxima, proverbio, dicho, aforismo, fábula, moraleja, frase, precepto, apotegma. Como podrá verse, la frontera entre unos y otros es muy lábil, sin embargo así se transmiten y tienen el mismo propó- sito: la construcción y la consolidación el Sentido Común. Todos se proponen dejar alguna enseñanza o afirmar una verdad que apunta al consenso, sobre virtudes deseables, el destino, la salida individual, el pragmatismo, la viveza “criolla”, una forma de picardía ventajera, de malicia asociada más a la travesura que a la maldad. Siempre hay lugar tanto para la esperanza como para la fatalidad. Con el propósito de servir como disparador para analizar la con- formación de nuestro Sentido Común presenté cuatro ejemplos por rubro. Es un conglomerado de “saberes populares”. El lector se en- cuentra en un lugar cultural privilegiado. Puede aportar en cada uno de los apartados aquí enunciados. Refranero Popular: • Haz bien sin mirar a quien. • Hombre prevenido vale por dos. • No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. • No hay mal que por bien no venga. Aforismos (en general tienen autor célebre): • Quieres ser rico? Pues no te afanes en aumentar tus bienes, sino en disminuir tu codicia. Epicuro • El que ha dejado de ser amigo es porque no lo ha sido nunca. Seneca Cristales. Manual para mirar el mundo social. 43 • Hay derrotas que tienen más dignidad que la misma vic- toria. Jorge Luis Borges • El rico no es siempre sabio, pero el sabio siempre es ri- co. Tales de Mileto Proverbios: • Disfruta hoy, es más tarde de lo que crees. Proverbio chino. • Quien no comprende una mirada tampoco comprenderá una larga explicación. Proverbio árabe. • Vale más una pizca de discreción que un manojo de co- nocimiento. Proverbio italiano. • La paciencia es un árbol de raíz amarga pero de frutos muy dulces. Proverbio persa. Fábula / Moraleja: Cada Fábula conlleva una moraleja, las más célebres son las de Esopo • La hormiga y la cigarra (o el escarabajo) • La liebre y la tortuga • La zorra y las uvas • El joven pastor anunciando al lobo Preceptos: Están enmarcados dentro de mandamientos religiosos, los que presento a continuación son aceptados por el judaísmo, el cristia- nismo, el islamismo, y el budismo. • No matar. • No robar. • No tener malas conductas sexuales. • No mentir. Dichos populares: • Contento como perro con dos colas. • Cortito como patada de chancho. • Desorientado como Adán en el día de la madre. • Más aburrido que bailar con la hermana.
  23. 23. Raúl Alfredo Guevara 44 Apotegmas: • Respeta a tus mayores. • No te burles de las desgracias ajenas. • El saber no ocupa lugar. • Es preferible la peor Democracia a la mejor Dictadura Frases célebres: • Yo sólo sé que no sé nada. Sócrates • El hombre es bueno, pero si se lo vigila es mejor. Juan Perón • El sabio no dice nunca todo lo que piensa, pero siempre piensa todo lo que dice. Aristóteles • Es Preferible morir de pie, a vivir de rodillas. Ernesto “Che” Guevara Sentencias: Aquí se presentan las del Viejo Vizcacha y de Martín Fierro pero pueden encontrarse sentencias desde la Edad Media europea. • Cada Lechón en su teta es el modo de mamar. Vizcacha. • Los que no saben guardar son pobres aunque trabajen. Vizcacha. • Si la vergüenza se pierde, nunca se vuelve a encontrar. M. Fierro. • La ocasión es como el fierro: se ha de machacar calien- te. M. Fierro. Máximas: • A buen entendedor, pocas palabras, de Plauto. • A grandes males, grandes remedios, de Hipócrates. • De dos males, el menor, de Platón en el Fedro. • El amor es ciego, de Platón. 5.3. La disputa al interior del Sentido Común Quiero llamar la atención sobre algunas disputas, referidas al destino y al comportamiento social. Se dan en el pensamiento hege- mónico de manera dialéctica y es así como sostienen su poder. Postu- lados opuestos, irreconciliables, que dejan la amarga percepción de la Cristales. Manual para mirar el mundo social. 45 ambigüedad de un doble standard, una moral bipolar, para consumo de las masas. Podríamos llamarlos optimismo-pesimismo. El pensamiento optimista presenta una mirada esperanzada: to- do es susceptible de cambio si me lo propongo. • Al que madruga, Dios lo ayuda • Siempre que llovió paró • No hay mal que dure cien años (en una versión política se agrega: ni pueblo que lo resista) La perspectiva pesimista confronta esa mirada con acidez, sar- casmo, ironía: no importa lo que haga, todo está prefijado fatalmente: • No por mucho madrugar se amanece más temprano • Sobre llovido, mojado • Al perro flaco no le faltan pulgas. El llamado a la solidaridad: • Haz bien sin mirar a quién La convocatoria al individualismo egoísta: • La caridad bien entendida empieza por casa Debería destacarse que también han cumplido un rol fundamen- tal en la construcción del imaginario infantil una cantidad de cuentos de hadas buenas, brujas malas, madrastras muy malvadas, niños des- obedientes, hijos abandonados por padres muy pobres, niñas pobres buenas y bellas que se casan con príncipes ricos y hermosos, etc... En la actualidad, desde Disney con sus dibujos animados hasta las animaciones computarizadas, se transmiten valores masivamente para receptores de muy temprana edad. La mayoría de los padres no están en condiciones de incidir demasiado en su análisis. El cuento de la Cenicienta es el preferido de las telenovelas. La jovencita marginal de origen suburbano o rural que trabaja como sir- vienta, sufre los malos tratos de las mujeres jóvenes de la casa pero alguien perteneciente a la clase social que la explota se fijará en ella y luchando contra “viento y marea” contra la “incomprensión social” se casará con ella y la convertirá en una “verdadera señora”. Del mismo modo, dependiendo del origen de la familia, han cir- culado todo tipo de leyendas que conforman un acervo cultural y un imaginario colectivo que no analizaremos aquí.
  24. 24. Raúl Alfredo Guevara 46 El sentido común se encargará de hacer apropiar a la sociedad civil los conceptos derivados de la Filosofía, como incuestionables, para que resulte impensable dudar de ellos y mucho menos pretender dar vuelta el sistema de pensamiento imperante (subvertirlo). Su principal función es mantener cohesionado el consenso cultural. 6. Religión Se le hace necesario a cualquier Estado hegemónico contar con el respaldo de alguna religión oficial u oficiosa. Que provea de un andamiaje imprescindible de complementación a lo intelectual y, en su defecto, alguna estructura ideológica que se sustente en dogmas - ocupando el lugar de la religión- para sostener un imaginario colectivo de pertenencia que ayude a la amalgama social, como ha sido el caso del stalinismo y su politburó. Las religiones parten de dogmas de fe que no pueden ser puestos en duda. Desde allí construyen un sistema de creencias lógicamente articulado con auxilio de la filosofía y para su difusión se valen del sentido común. Cada religión monoteísta se funda en su intolerancia hacia otras religiones. Todas sostienen que hay una única verdad: la suya. Un único Dios: el suyo. En nuestra cultura, usualmente Dios se escribe con mayúscula para resaltar su relevancia. A todos los que adopten ese sistema de creencias se les convencerá de que, en realidad, ya habían sido elegidos por dios. No es el hombre quien elige a su dios. Toda religión se asienta sobre un primer dogma de fe que no puede ser cuestionado: la existencia de un Dios creador de la Tierra, por tanto ajeno a ella, extra - terrestre, previo, precursor de toda forma de vida. Si este primer dogma no se acepta se derrumba por completo el sistema de creencias articulado por la teología. Tienen una explica- ción del origen y del devenir. A su vez, la ciencia no puede demostrar la no-existencia de un ser superior creador, aunque plantee sus dudas. Tanto la teoría del Big - Bang como la teoría de la Evolución se encuentran en la imposibilidad de demostrar sus hipótesis del comien- zo de la historia del universo o de las especies en nuestro planeta. La primera sostiene que el universo procede de un primer gran estallido hace millones de años y que somos espectadores de una lenta expan- Cristales. Manual para mirar el mundo social. 47 sión continua; la segunda propone mirar la naturaleza como una evo- lución permanente con la adaptación de las especies al mundo que las rodea y la sobrevivencia de los más aptos, el hombre sería la cúspide en esta evolución biológica. No hay como demostrar esas teorías, por lo tanto comparten el mismo estatus dogmático que cualquier otro dogma religioso, aunque admiten su vulnerabilidad. La explicación del primer principio es pura especulación. Figura 3. Big Bang - Creacionismo - Evolucionismo La Figura 3 es un Gráfico comparativo que, aún forzado, repre- senta el Creacionismo religioso, la Teoría Física del Big Bang y la Teoría Biológica del Evolucionismo. Algunos teólogos han intentado acercar los avances de las espe- culaciones científicas a las explicaciones religiosas.
  25. 25. Raúl Alfredo Guevara 48 ¿Se contraponen tanto estas disquisiciones sobre el origen? Se ha dicho también que la teoría del Big Bang tiene connota- ciones teológicas al igual que las teorías de la Evolución. Es cierto que hay quienes tienen una visión religiosa de la cien- cia: existen personas que ‘‘creen’’ y personas que ‘‘no creen’’ en el Big Bang y en la evolución natural. La Iglesia Católica proclamó oficialmente en 1951 que la teoría del Big Bang estaba de acuerdo con la Biblia. Ante la afirmación de los científicos de que la expansión del universo duraba millones de años y lo mismo ocurría con las especies se hace insostenible la versión bíblica del génesis en que se relata que todo fue creado en seis días. A todas luces imposible de sostener em- píricamente dejando como única salida el dogma. Quizá la gran pregunta que emparentó la visión de la Biblia y la de los teóricos del Big Bang es: ¿Cuánto dura un día de Dios? Y se sigue una explicación comparativa que busca más los puntos de contacto que los de fricción. Cada día del Creacionismo se remite a millones de años del Big Bang y a miles de años en el Evolucionismo. Incluso en la explica- ción que como introducción otorga la Biblia traducida, presentada y comentada para las comunidades cristianas de Latinoamérica, de Edi- ciones Paulinas14 , se da una explicación religiosa de ambas teorías científicas y luego dicen: Durante siglos la mayoría de los hombres pensaron que Dios había creado todo al comienzo y después el mundo se había guardado más o menos igual. Había puesto al Sol, la Tie- rra, las estrellas cada uno en su lugar, y seguían dando vueltas siempre iguales. Acabamos de ver que esta idea ya no vale. También pensaron que Dios había hecho “el” hombre, “el” caballo, “la” oveja, “el” león, y cada uno había tenido descen- dientes iguales a él. Ahora sabemos que no es así, sino que la creación de Dios se hace de a poco y se van formando especies nuevas. 14 LA BIBLIA LATINOAMERICANA. (1974) Ediciones Paulinas, Barcelona Texto avalado por obispos católicos de Latinoamérica que da respuestas a las insidiosas pregun- tas: “Si Dios es todopoderoso: ¿por qué necesitó seis días? ¿por qué necesitó descansar el sépti- mo día?” Cristales. Manual para mirar el mundo social. 49 (...)Hace mil millones de años, el mundo de los seres vivien- tes era un mundo “niño” con plantas y animales primitivos que hoy no existen. No existían animales con cuatro patas, ni aves, y por supuesto no había hombres. Pero de ellos nacieron por una serie de transformaciones y crecimientos otros seres vi- vientes, los que hoy conocemos y componen un mundo de los seres vivos mejor organizados, más desarrollado que el del co- mienzo. Así pues, no hubo “una” creación, sino que la crea- ción empezada iba a proseguir su camino con las fuerzas que Dios había puesto en ella. 7. Folklore. Este es el nivel más bajo en el que opera la ideología dominante. Aquí se han naturalizado elementos que se entrelazan con lo nacional, la patria. Un especie de patrimonio intangible a conservar contra todo lo que viene de afuera. Lo externo, con sus costumbres ajenas, atentaría contra el “verdadero” ser nacional. Sin embargo nada se deja al azar. Toda referencia al folklore remite a su etimología FOLK = Pueblo y LORE = Saber. La palabra Folklore aparece publicada por primera vez el 22 de agosto de 1846 en la revista “The Atheneum”, de Londres, en una carta firmada con seu- dónimo. Su autor, William John Thoms, sostiene que los usos, cos- tumbres, ceremonias, supersticiones, baladas, proverbios, etc. del “tiempo viejo”, hacen parte del Folklore. La Ideología dominante ha instalado, para complementar sus dispositivos de dominación, una percepción del folklore o de lo fol- klórico convenientemente articulada con el sentido común y hasta con lo religioso. Esto se halla vinculado a diferentes manifestaciones del “arte autóctono”, del “arte popular”, se les reconocerá alguna sabidu- ría empírica, no sistemática, propia de un arte menor. Se le asigna una función reproductiva de saberes ya establecidos, de tradiciones in- amovibles para luego dejar entrever que, en el fondo, es decadente. En los ámbitos de circulación de la Alta Cultura lo folklórico será sinónimo de ordinario, común, vulgar, deslucido. Tomando diferentes definiciones, todas concuerdan en su base empírica y en que se trata de un conjunto de tradiciones populares,
  26. 26. Raúl Alfredo Guevara 50 canciones, leyendas, usos, costumbres, ceremonias, creencias, etc... típicas de una comunidad, de un país, de una región. Algunos estudiosos del Folklore - sin negar que sea el saber del pueblo - lo definen desde posturas ciertamente conservadoras y lo ven como un fenómeno estático, observable y reproducible. Es decir que no sería un saber en acto, en dinámica construcción, y el pueblo sería ajeno a su propia construcción cultural No se percibe como una manifestación dinámica de cultura que el propio pueblo elabora, reelabora, crea y recrea. Además se remite a un imaginario contexto rural, hoy despoblado. Un ejemplo: El folklore se dedica al estudio de la cultura tradicional ru- ral y aldeana. Se representa con mayor pureza en el campo, pero la mayor intensidad de su vida cultural se da en la aldea o en la villa, alimentados desde este punto de vista por la ciudad provinciana. Sus últimas manifestaciones aparecen en la ciu- dad antigua y en la urbe cosmopolita se va agotando. Al "FOLK" le son extraños los conceptos y experiencias del progreso, la patria, el estado, etc. Este proceso de nacionaliza- ción es eminentemente urbanizador y destructor de la autono- mía, autosuficiencia regional que desemboca en la formación social dominada por la uniformidad internacional que se llama "masa". 15 Es sorprendente el planteo que transcribimos porque no presenta rubor al escindir el saber -por un lado- del pueblo -por otro-. El Fol- klore es tal, para esa visión, en tanto sea rural. De lo que se infiere que en nuestras sociedades cada vez más urbanas y suburbanas el pueblo pierde su saber tradicional y es incapaz de producir nuevas formas culturales, nuevas costumbres que se constituyen en nuevas tradiciones, aunque más dinámicas. Si el Folklore solo es posible en el campo, y la emigración, seguida de urbanización, deja al ámbito rural sin pueblo, los depositarios de ese saber tradicional son los terra- tenientes, la oligarquía rural, es decir: ellos como custodios del saber 15 AMORETTI, María J. Introducción al Folklore. en Biblioteca Electrónica Calle52.com.ar, La Plata.http://www.calle52.com.ar/be/mlc/000000320010524.html Cristales. Manual para mirar el mundo social. 51 del pueblo, son el pueblo. Claro que ya habrá que pensar en cambiarle el nombre y llamarlo “Oligofolk” o para no salirnos del inglés “folk- few” o, para no resignar el sentido, “folkbest” o “aristofolk”. La filosofía hace su desembarco en formas sutiles pero explíci- tas. En el caso argentino el gaucho se ha extinguido hacia 1880. Sin embargo se sostiene un imaginario rural vinculado a su pretendida nobleza, a la suma de valores desinteresados y a los ideales de liber- tad y justicia que el mismo encarnaría. Una especie de prototipo del ser argentino. Al punto que cualquier acción solidaria desinteresada es descripta como hacer una gauchada. En ese imaginario se reúne Lo Justo y Lo Bueno. Pero es detrás de Lo Bello donde se solapará la hegemonía. 7.1. El arte menor. Para cada arte con reconocimiento presentará un arte menor telúrico: • Para la arquitectura: presentará el rancho de adobe y paja como prototípico de la sencillez, la frugalidad, el apego a la tierra, el desinterés por los bienes ajenos (la propiedad del patrón) y la poca exigencia del gaucho. Lo que lo hace un hombre confiable y ejemplar. • Para la danza se presentará una variedad, según las re- giones, en las que predomina la energía del varón y la gracilidad de la mujer. El mandato de género se verá aquí. Al punto que el malambo, danza enérgica, que re- meda un galope, es considerado una danza masculina. • Para la escultura no existe un equivalente folklórico a menos que se consideren algunos altares populares. • La música va de la mano con la danza. Porque lo que no ha podido desprender la hegemonía es que el pueblo sencillo no concibe la música si no pasa por su cuerpo. Ambas manifestaciones suelen presentarse como “lo fol- klórico” ya que los festivales folklóricos (nacionales, provinciales, regionales, locales) que se realizan, reúnen especialmente a músicos, bailarines y público. En aso- ciación, también se realizan grandes eventos con exhibi- ción de destrezas rurales para el manejo de ganado va-
  27. 27. Raúl Alfredo Guevara 52 cuno y caballar: doma, carreras de caballos, competen- cias para enlazar vacunos o equinos, etc. • Para la pintura probablemente Molina Campos sea el abanderado de lo que podría llamarse pintura gauchesca y por extensión folklórica. • Para la poesía (y la literatura). Éste es un ámbito muy extenso y excede en todo las modestas pretensiones de este Manual. Es muy prolífica la producción. Sin em- bargo debe destacarse que se presenta como prototipo de la cultura folklórica al Martín Fierro. El mejor ejemplo de una literatura que reúne las enseñanzas que se preten- den transmitir dentro de una trama de racismo indiscri- minado (contra el indio, contra el negro, contra el inmi- grante). La oralidad está en manos de payadores e im- provisadores varios. Un lugar interesante es el que tiene la moda. Se han entronizado ciertos estereotipos regionales que se asocian a diferentes atuendos y colores. En Argentina la mayor difusión esta en la ropa de los hom- bres: sombrero, camisa, pañuelo, chaleco o corralera, poncho, calzon- cillo cribado y chiripá o bombacha de campo (pantalón holgado), cin- to o rastra, botas (de potro o de zapatería) o alpargatas sin medias. Para la mujer la vestimenta es más sencilla. El cine, la historieta y la fotonovela tuvieron su momento de auge hasta principios de la década de los ´70. Los grupos hegemónicos estipulan ciertas danzas y composicio- nes musicales. Mediante los medios de difusión encumbran autores, compositores e intérpretes, aunque se cuidan muy bien de denominar- los artistas, en todo caso le agregará el calificativo popular para dife- renciar cualquier manifestación del pueblo del verdadero arte. 7.2. Reproducción y estereotipos. Para garantizar su difusión recurren a la creación de instituciones como Asociaciones de Fomentos y Peñas Tradicionalistas que intenta- rán conservar a fuerza de copiar. Están en un nivel de educación in- formal y como la asistencia y el aprendizaje son voluntarios se instala la idea de que lo que allí se transmite es tan valioso que la juventud no debería perderlo. En este ámbito para poder justificar alguna innova- Cristales. Manual para mirar el mundo social. 53 ción en la danza se habla de danza estilizada, y el nuevo folklore será interpretado por jóvenes con aspecto de rockeros, que utilizan instru- mentos eléctricos originalmente construidos para ser utilizados en otros géneros musicales. Se justifican afirmando que intentan respetar “la esencia” del folklore, y que nada tienen que ver con otra música.16 No se aprenden esas danzas en los hogares. Incluso ya se han institucionalizado Profesorados de Folklore y de Danzas Nativas otorgando certificaciones institucionales que operan como habilitacio- nes profesionales para ejercer como expertos. Al leer los borradores de “Cristales”, mi amiga Marta Piñei- ro, que “es del palo” del folklore me dice “si esto fuera verdad, la gente joven no saldría a bailar hasta en los pasillos cuando viene un folklorista de fuste. A Peteco Carabajal lo siguen los jóvenes, A Rally Barrionuevo también.” Mientras escribía estas polémicas afirmaciones sabía que este es uno de los aspectos más controversiales del libro, porque al desentra- ñar la escala menos racional de la Hegemonía se movilizan sentimien- tos encontrados. Causa dolor cultural el sólo hecho de pensarlo. Y esa es la intención, precisamente, compartir mi dolor al descubrirlo y darle su dosis al lector. Respecto de los bailarines, en 2011 asistí a una presentación del Raly en la Fiesta del Ternero de Ayacucho, daba gusto ver bailar, con enorme regocijo a cientos de parejas de jóvenes de pelo largo, aritos, en zapatillas y ropa tipo “hip-hop”,…en 2012 asistí a un recital del Peteco en la Villa Gesell con idéntica intervención juvenil. En ambos casos se reprodujo lo mismo que veo en los bailarines de Salsa y de Tango. Aunque puedan prescindir de la ropa “adecuada” no prescin- den de la formación “académica” en las peñas. Todos respetan la estructura, aunque la “estilicen” (palmas, primera, giro, segunda, zapa- 16 En el caso argentino el gato, el escondido o el triunfo -por citar algunas- son danzas que se generalizan al país y tienen origen en alguna región particular. En la práctica se han olvidado y no representan el sentir ni el interés popular. Esto es fácil de verificar. Salga a la calle y encues- te el lector a las primeras diez personas que encuentre. Pregunte de dónde son esas danzas, si puede identificar una, su nombre o su melodía, o su coreografía. Saque después sus conclusio- nes.

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