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n 1
I. Prueba conceptual1
1. Describa el modelo barroco del templo de Jes´s.
u
2. ¿Qu´ se entiende por arquitectura perecible o ef´
e ımera?
1
Pueden ser utiles los siguientes diccionarios de t´rminos art´
´ e ısticos: Adeline, J.: Vocabu-
lario de t´rminos de arte. Madrid, La Ilustraci´n Espa˜ola y Americana, 1881.- Bassegoda,
e o n
Buenaventura: Glosario de dos mil voces usuales en la t´cnica edificatoria con las respec-
e
tivas definici´n, etimolog´ sinonimia y equivalencia en alem´n, franc´s, ingl´s e italiano.
o ıa, a e e
Barcelona, Gustavo Gili, 1972 (obra reeditada en Barcelona, Editorial T´cnicos Asociados,
e
1976).- Ceballos Jim´nez, Ignacio: Diccionario de t´rminos art´
e e ısticos, por ..., Laura Gonz´lez
a
Pujana y Sagrario Cantalejo. Madrid, Imp. Frama, 1978.- Fat´s, Guillermo, y Borr´s, Gonzalo:
a a
Diccionario de t´rminos de Arte y elementos de Arqueolog´ y Numism´tica. Zaragoza, Ana-
e ıa a
tole, 1973 (reeditado en Zaragoza, Editorial Guara, 1980).- Janneau,Guillaume: Dictionnaire
des termes d’art... (S.l.) Editions Garnier Fr´res (1980).- Madariaga, Luis: Diccionario de
e
Arquitectura. Madrid, Ed. Tesoro, 1970 (Biblioteca Koel) y Diccionario de Pintura y Dibujo.
Madrid, Ed. Tesoro, 1971 (Biblioteca Koel).- Paniagua, J. R.: Vocabulario b´sico de Arquitec-
a
tura. Madrid, Ed. C´tedra, 1978.- Perouse de Montcl´s, Jean Marie: Principes d’analyse sci-
a o
entifique: Architecture. M´thode et Vocabulaire. Paris, Imprimiere Nationale, 1972. Minist`re
e e
des Affaires Culturelles.- Ware, Dora, y Beatty: Diccionario manual ilustrado de Arquitectura.
Barcelona, Ed. Gustavo Gili, 1969 (reeditado en 1977).
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n 2
3. Ind´
ıquese la disposici´n de un “santuario de peregrinaci´n” portugu´s de la
o o e
primera mitad del siglo XVIII.
4. ¿Qu´ es el est´
e ıpite?
5. ¿Qu´ es una c´pula encamonada?
e u
6. ¿Qu´ son los pasadizos?
e
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n 3
7. ¿Qu´ es una “portalada”?
e
8. Descripci´n de una “hacienda” sevillana.
o
9. ¿Qu´ son los pazos?
e
10. Def´
ınase la columna salom´nica.
o
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n 4
11. ¿Qu´ es un camar´
e ın?
12. ¿Qu´ es un transparente?
e
13. ¿Qu´ se entiende por relieve pict´rico?
e o
14. ¿Qu´ es el “presepe”?
e
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n 5
15. ¿Qu´ son los elementos postizos?
e
16. ¿Qu´ se entiende por “escultura fingida”?
e
17. Expl´
ıquese el por qu´ de la supremac´ de la pintura sobre la escultura en
e ıa
Madrid.
18. Ind´
ıquense las partes de un retablo.
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n 6
19. ¿Qu´ es un baldaquino?
e
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n 7
II. Comentario de dos de los diez libros siguientes:
1. De la introducci´n (p´gs. 41-60) y de la primera parte, La naturaleza de
o a
la transformaci´n estil´
o ıstica (p´gs. 61-125), del libro de E. W¨lfflin titu-
a o
lado Renacimiento y Barroco (Madrid, Alberto Coraz´n, 1977). Extensi´n
o o
m´xima, dos hojas.
a
2. De la introducci´n, La cultura del Barroco como concepto de ´poca (p´gs.
o e a
21-52), del libro de Jos´ Antonio Maravall, La cultura del Barroco (Barcelona,
e
Ed. Ariel, 1975). Extensi´n m´xima, dos hojas.
o a
3. Del cap´
ıtulo I, Aspectos generales, de la Escultura barroca en Espa˜a, 1600-
n
1770 de Juan Jos´ Mart´ Gonz´lez (Madrid, C´tedra, 1983). Extensi´n
e ın a a o
m´xima, dos hojas.
a
4. De la colaboraci´n de Alfonso Rodr´
o ıguez G. de Ceballos, “Los fondos ar-
quitect´nicos de la pintura del Siglo de Oro” (p´gs. 223-242), del libro
o a
titulado “El Siglo de Oro de la Pintura Espa˜ola”, escrito por varios au-
n
tores (Madrid, Fundaci´n Amigos del Museo del Prado, 1991. Biblioteca
o
Mondadori BM 22). Extensi´n m´xima, dos hojas.
o a
5. De los cap´ıtulos I, Los or´ıgenes y el siglo XVI (p´gs. 15-32) y II, El siglo
a
XVII (p´gs. 33-58), del libro de Juan Antonio Gaya Nu˜o titulado Histo-
a n
ria de la Cr´ıtica de Arte en Espa˜a (Madrid, Ibero Europea de Ediciones,
n
1975). El comentario no deber´ sobrepasar la extensi´n de tres hojas. F´
a o ıjese
especialmente en los p´rrafos dedicados a la literatura arquitect´nica y re-
a o
flexi´nese sobre la importancia y la influencia de los tratadistas espa˜oles
o n
en la pr´ctica art´
a ıstica del Barroco.
6. De la introducci´n (p´gs. 21-37) y del cap´
o a ıtulo III, Bernini y Borromini
(p´gs. 84-121) del libro de V´
a ıctor L. Tapi´ titulado Barroco y clasicismo
e
(Madrid, Ediciones C´tedra, 1978). Extensi´n m´xima, dos hojas.
a o a
7. De los cap´ıtulos I, II y III (p´gs. 13-65) del libro El concepto de espacio
a
arquitect´nico desde el Barroco a nuestro d´ (Buenos Aires, Ed. Nueva
o ıas
Visi´n, 1973), de Giulio Carlo Argan. Extensi´n m´xima, dos hojas.
o o a
8. De los cap´ıtulos III (Las pasiones del alma), IV (La visi´n trascendente de
o
la realidad y la tradici´n aleg´rica) y V (El Espacio) (p´gs. 69-162) del
o o a
libro de John Rupert Mart´ “Barroco” (Madrid, Xarait Ediciones, 1986).
ın,
Extensi´n m´xima, dos hojas.
o a
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n 8
9. Del cap´
ıtulo La arquitectura y el urbanismo (p´gs. 567-669) de A. Bonet
a
Correa en Historia de Espa˜a, Tomo XXVI. El Siglo del Quijote (1580-
n
1680). Vol. II. Las Letras. Las Artes, Ed. Espasa-Calpe, Madrid, 1986.
10. Del cap´ıtulo Pintura y Escultura (p´gs. 671-754) de A. E. P´rez S´nchez en
a e a
Historia de Espa˜a. Tomo XXVI. El Siglo del Quijote (1580-1680). Vol.
n
II. Las Letras. Las Artes. Ed. Espasa-Calpe, Madrid, 1986.
11. Del cap´ ıtulo V, Posici´n econ´mica de los artistas (Signos de bienestar. El
o o
arte a trav´s del dinero. No pagar impuestos), p´gs. 195-214, del libro
e a
titulado “El artista en la sociedad espa˜ola del Siglo XVII”, por Juan Jos´
n e
Mart´ Gonz´lez. (Madrid, C´tedra, 1984). Extensi´n m´xima: tres hojas.
ın a a o a
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n 9
III. Pruebas de ensayo
1. Redacci´n del tema siguiente:
o
Coincidencias y diferencias entre las escuelas barrocas de escultura castellana
y andaluza.
En la redacci´n de esta prueba se tendr´n en cuenta las reproducciones que
o a
se adjuntan, que deber´n comentarse mediante un an´lisis de las formas.
a a
Como obra b´sica se recomienda la consulta del libro de Juan Jos´ Mart´
a e ın
Gonz´lez titulado Escultura barroca en Espa˜a 1600-1770. (Madrid, C´tedra,
a n a
1983). Tambi´n del mismo autor: El artista en la sociedad espa˜ola del siglo
e n
XVII (Madrid, C´tedra, 1984); Escultura barroca castellana (Tomo I: Madrid,
a
Fundaci´n L´zaro Galdeano, 1959. Tomo II: Valladolid, 1971); El escultor Gre-
o a
gorio Fern´ndez (Madrid, Ediciones del Ministerio de Cultura, 1980); El Museo
a
Nacional de Escultura de Valladolid (Madrid, Everest, 1989). De Mar´ Elena
ıa
G´mez Moreno: La escultura del siglo XVII (Madrid, 1963. “Ars Hispaniae”).
o
De R. Otero T´nez: El Barroco y el Rococ´. La escultura. Tomo IV de la Historia
u˜ o
del Arte Hisp´nico
a
(Madrid, Ed. Alhambra, 1980).
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1. Gregorio Fern´ndez: “Cristo Yacente”.
a
Hacia 1606. Museo Nacional de Escultura de Valladolid.
2. Juan de Mesa:
“Jes´ s del Gran Poder”.
u
1620. San Lorenzo, Sevilla.
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n 12
3. Gregorio Fern´ndez: “Inmaculada”.
a
Antes de 1620. Encarnaci´n de Madrid.
o
4.Alonso Cano: “Inmaculada”.
1655. Catedral de Granada.
Facistol del coro.
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n 13
5. Pedro de Mena: “Dolorosa”.
Catedral de Cuenca.
6. Jos´ Risue˜o (1665-1732):
e n
“Virgen del Rosario”.
Cartuja de Granada.
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n 14
7. Gregorio Fern´ndez: “Bautismo de Cristo”.
a
(Altorrelieve) (Museo de Valladolid).
(Hacia 1614).
8. Juan Mart´ ınez Monta˜´s:
ne
“Adoraci´n de los pastores”
o
(1609-1613). Retablo de S. Isidro del Campo.
Santiponce (Sevilla).
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n 15
9. Pedro Rold´n: “Entierro de Cristo” (1679).
a
Retablo del Hospital de la Caridad de Sevilla.
10. Pedro de Mena: “Mar´ Magdalena”.
ıa
1664. Valladolid. Museo Nacional de Escultura.
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11. Pedro Duque Cornejo: “Magdalena”.
1723-1728. Cartuja de Granada.
12. Alonso Cano: “Cabeza de San Pablo”.
Catedral de Granada.
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n 17
13. Jos´ de Villabrille y Ron:
e
“Cabeza de San Pablo”. (1707).
Valladolid, Museo Nacional de Escultura.
14. Gregorio Fern´ndez: “San Bruno”.
a
1634. Museo Nacional de Escultura.
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n 18
15. Manuel Pereira: “San Bruno”.
1624-1635. Cartuja de Miraflores de Burgos.
16. Mart´
ınez Monta˜´s: “San Bruno”.
ne
1634. Museo de Bellas Artes de Sevilla.
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n 19
17. Gregorio Fern´ndez: “Santa Teresa de Jes´ s”.
a u
1625. Museo Nacional de Escultura de Valladolid.
18. Pedro de Mena: “San Francisco de As´ ıs”.
1663. Catedral de Toledo.
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19. Juan Mart´ınez Monta˜´s: “San Jer´nimo penitente”.
ne o
1609-1613. San Isidoro del Campo. Santiponce (Sevilla).
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n 21
2. Redacci´n del tema siguiente:
o
Evoluci´n tipol´gica de las fachadas de los edificios barrocos espa˜oles. Sus
o o n
modelos europeos y las aportaciones originales.
En la realizaci´n de este tema se analizar´n detenidamente, como ejemplos a
o a
tener en cuenta, las reproducciones que se publican a continuaci´n, haciendo ver
o
las diferencias y coincidencias formales existentes entre ellas.
Para la realizaci´n de este estudio se recomienda la bibliograf´ siguiente:
o ıa
– Bonet Correa, Antonio: Iglesias madrile˜as del siglo XVII. 2 a ed. Madrid,
n
C.S.I.C., Instituto “Diego Vel´zquez”, 1984.
a
– Bonet Correa, Antonio: La arquitectura en Galicia durante el siglo
XVII. 2a ed. Madrid C.S.I.C., Instituto “Diego Vel´zquez”, 1986.
a
– Bonet Correa, Antonio: Arquitectura barroca en Andaluc´ Barcelona,
ıa.
Pol´
ıgrafa, 1978.
– Kubler, George: Arquitectura de los siglos XVII y XVIII. Madrid, Plus
Ultra, 1957. en “Ars Hispaniae”, vol. XIV.
– Wittkower, Rudolf: Arte y arquitectura en Italia: 1600-1750. Madrid,
C´tedra, 1979.
a
– Blunt, Anthony: Arte y arquitectura en Francia 1500-1700. Madrid,
C´tedra, 1977.
a
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n 22
Fig. 20
Fig. 21
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n 23
Fig. 22
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n 24
Fig. 24
Fig. 25
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n 25
Fig. 26
Fig. 27
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n 26
Fig. 28
Fig. 29
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n 27
Fig. 30
Fig. 31
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n 28
3. Comentario sobre la arquitectura de los pintores–arquitectos del
barroco en Espa˜ a.
n
Una de las pol´micas m´s interesantes del barroco espa˜ol es el debate man-
e a n
tenido entre arquitectos y pintores–arquitectos en la configuraci´n de un nuevo
o
lenguaje arquitect´nico. Las consecuencias de ese debate han influido notable-
o
mente, hasta tiempos recientes, en los propios estudios de historia de la arquitec-
tura de los siglos XVII y XVIII. Las obras y supuestos te´ricos defendidos por
o
artistas como Alonso Cano, Vel´zquez, Herrera Barnuevo, Herrera el mozo, etc.
a
tuvieron unos cr´ıticos permanentes en arquitectos de profesi´n como J. G´mez
o o
de Mora o Fray Lorenzo de San Nicol´s, entre otros.
a
Problemas de intrusismo profesional, el estatuto liberal del artista, los nuevos
lenguajes figurativos y formales, la figura del artista, el parang´n entre las artes,
o
son temas que surgir´n, entre otros, a la hora de enfrentarse con este debate de
a
amplia resonancia y significaci´n para comprender las peculiares caracter´
o ısticas
de la arquitectura espa˜ola.
n
Para realizar el comentario deben utilizarse los estudios, mencionados en la
bibliograf´ del programa de la asignatura, de A. Bonet Correa; J.J. Mart´
ıa ın
G´nzalez; A. Rodr´
o ıguez de Ceballos y F. Calvo Serraller. Entre los tratados de
la ´poca es necesario consultar los de F. Pacheco; V. Carducho y A. Palomino.
e
Como textos–gu´ para iniciar el comentario se reproducen dos, uno del his-
ıa
toriador ilustrado E. Llaguno, que tanta influencia tendr´ en la posterior valo-
a
raci´n de este fen´meno hasta tiempos recientes, y otro de D. Mantuano, pintor–
o o
arquitecto que particip´ en un concurso para restaurar el Monasterio del El Esco-
o
rial despu´s del incendio de 1671, compitiendo con otros proyectos de arquitectos
e
como Gaspar de la Pe˜a; Jos´ del Olmo; Fray Lorenzo de San Nicol´s; Bartolom´
n e a e
Zumbigo o el Hermano Bautista.
02525 Historia del Arte Espa˜ol Mod. y Cont. Primera prueba
n 29
1. (Biograf´ de Alonso Cano)
ıa
“De aqu´ naci´ la delirante secta borrominesca, que difundida inmediatamente
ı o
en Espa˜a logr´ a´n mayor s´quito que en el pa´ donde tuvo su origen (se refiere
n o u e ıs
a Italia y a Borromini), principalmente entre pintores y tallistas, que eran los
que dise˜aban casi todas las obras de alguna consideraci´n. Si Alonso Cano se
n o
anticip´ a acreditarla, como se infiere de lo que dice Palomino, podremos dejarle
o
con su gran m´rito en la pintura y escultura, y dudar que en la arquitectura
e
merezca elogio.
De una vez para siempre quiero a˜adir que yo por mi parte fio muy poco de
n
la arquitectura de nuestros pintores de casi todo el siglo pasado (el XVII) y aun
estoy en la creencia de que se les debe atribuir en gran parte la corrupci´n a que
o
lleg´ entre nosotros. Se pondera a favor de los pintores la facilidad de hacerse
o
arquitectos con el ejemplo de algunos italianos, que han sido sublimes en ambas
cosas; llegando a asegurar que no ha habido buen arquitecto que antes o al mismo
tiempo no haya sido pintor o escultor, sin embargo de que no lo fueron Palladio;
Sacamozzi; I˜igo Jones; Juan de Herrera ni otros hombres eminentes”.
n
E. Llaguno, Noticia de los arquitectos y arquitectura de Espa˜a. Madrid, 1929.
n
Vol. IV, p´gs. 39–40.
a
2. (D. Mantuano, pintor y escen´grafo bolo˜es, experto en quadratura, trabaj´
o n o
al servicio del Marqu´s de Heliche y de Felipe IV).
e
Defendiendo su proyecto, que fue criticado por no ser arquitecto, para El
Escorial, escribe en 1672:
“. . . los mayores arquitectos han sido pintores, s´lo quiero nombrar
o
cinco, que fueron Bramante pintor, que suscit´ la buena Arquitectura
o
despu´s de los Godos; Micala˜e y el Bonaroti; Sebastiano Serlio mi
e n
paisano; y Jacobo de Vi˜ola tambi´n mi paisano, ejerc´ la pintura,
n e ıan
como yo, y tenemos muchas obras al fresco en mi patria. . . y ahora
el m´s aprobado arquitecto, que hay en toda Italia es el caballero
a
Bernini; el cual era escultor, y para llegar a la cumbre de la arquitec-
tura se dio a la Pintura para ser Arquitecto. . . y en fin s´lo en Espa˜a
o n
no quieren ser Arquitectos (los pintores).
Archivo Hist´rico Nacional, C´mara de Castilla, leg. 16.196.
o a
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n 30
02525 Historia del Arte Espa˜ol Mod. y Cont. Primera prueba
n 31
CONSULTAS
REFERENTES AL CONTENIDO DE LOS TEMAS Y METODOLOG´ DE SU ESTUDIO
IA
RESPUESTAS DEL PROFESOR
´
EVALUACION PRUEBA OBJETIVA PRUEBA DE ENSAYO
Aciertos
Errores
Omisiones
TOTAL TOTAL
02525 Historia del Arte Espa~ol Mod. y Cont. Segunda prueba
n 1
I. Prueba de iniciacin a la investigacin
o o
Comentario de una obra artstica de cualquier gnero de su localidad o
e
provincia o autonoma, correspondiente a las tendencias Neoclsica o de los
a
siglos XIX y XX.
Este estudio deber hacerse bajo la direccin y el asesoramiento del profesor
a o
tutor de esta asignatura en su centro Asociado a la UNED, quien le aceptar a
el tema y le orientar tanto metodolgicamente como en la posible b squeda
a o u
documental y bibliogr
ca a que hubiera lugar.
a
El trabajo, de una extensin entre los 10 y los 25 folios mecanogra
ados,
o
es independiente a la fecha de entrega de esta evaluacin a distancia nmero
o u
2. Deber enviar al Departamento de Historia del Arte de la Sede central de
a
la UNED una copia o fotocopia del trabajo, siempre, lgicamente, acompa~ada
o n
de una fotografa o reproduccin de la obra de arte escogida, y de la bibliograf
o a
consultada. El estudio tiene que remitirse a dicho Departamento entre los das
15 y 30 de abril de 1995. No se aceptarn los enviados despus de esta fecha
a e
para que su correccin no se junte con la de las segundas pruebas personales.
o
La cali
cacin obtenida en este trabajo de iniciacin a la investigacin
o o o
servir para aumentar la nota de la segunda prueba personal en 0'5, 1, 1'5 y
a
2 puntos segn su calidad. Nunca la bajar, excepto cuando sea una copia de
u a
publicaciones existentes. Estos trabajos no sern devueltos por correo, sino de
a
forma personal. De ah que se pre
era recibir una copia o fotocopia.
Este trabajo de iniciacin a la investigacin tiene un carcter voluntario. Se
o o a
cali
car teniendo en consideracin la originalidad del tema elegido, el mtodo
a o e
empleado, las fuentes bibliogr
cas, literarias y documentales utilizadas, y la
a
aportacin gr
ca.
o a
02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba
n 2
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n 3
02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba
n 4
II. Comentario de uno de los libros siguientes
1. Del captulo \\El siglo XIX\" (pgs. 222-293), del libro Historia de la
a
pintura francesa, de Pierre Francastel (Madrid, Alianza Editorial, 1970).
2. Del libro de Francisco Jos Len Tello y Virginia Sanz Sanz, titulado
e o
\\Esttica y teora de la Arquitectura en los tratados espa~oles del siglo
e n
XVIII\" (Madrid, C.S.I.C., 1994), se resumir de la pg. 587 a la 635
a a
sobre la formacin del arquitecto (\\Teor del arquitecto\").
o a
3. Del cap tulo Los textos y tratados de arquitectura en la Espa~ a ilustrada
n
(pgs. 55-91) del libro de Carlos Sambricio, La arquitectura espa~ola de
a n
la Ilustracin, Madrid, 1986.
o
4. Del captulo Las vertientes neomedievales (pgs. 195-278) del libro de
a
Javier Hernando, Arquitectura en Espa~a 1770-1900 (Ed. Ctedra, Ma-
n a
drid, 1989).
5. Del cap
tulo VII, \\El Neogtico\" (pgs. 316-358), del libro de Robin Mid-
o a
dleton y David Watkin, Arquitectura moderna (Madrid, Aguilar, 1979).
6. Del captulo IV, La crtica a las primeras vanguardias y el rechazo de la
Historia como tradicin (pgs. 187-228), del libro titulado El Siglo XX.
o a
Entre la muerte del Arte y el Arte Moderno de Alfredo Aracil y Delf n
Rodrguez (Madrid, Istmo, 1982. Coleccin Fundamentos, 80).
o
7. De la segunda parte, Historicismo (pgs. 57-129), del libro titulado Los
a
ideales de la arquitectura moderna; su evolucin (1750-1950) de Peter
o
Collins (Barcelona, Gustavo Gili, 1981 [4a ed.]).
8. De los ep
grafes 2 (La persistencia del elemento clsico), 3 (La in
uencia
a
medieval en la prctica arquitectnica) y 4 (En busca de la nueva ciudad
a o
ortogonal) (pgs. 314-335), de la colaboracin \\Las artes plsticas en
a o a
Espa~a (1833-1868)\" de Jos E. Garc Melero en el tomo XIV, titu-
n e a
lado La Espa~a liberal y romntica, de la Historia General de Espa~a y
n a n
Amrica (Madrid, Rialp, 1983).
e
9. Del cap
tulo 2 ( L'exemplum virtutis) del libro de Robert Rosemblum,
Transformaciones en el arte. Iconograf y estilo entre el Neoclasicismo
a
y el Romanticismo (Madrid, Taurus, 1986).
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n 5
10. Del Captulo titulado \\Artistas espa~oles en Pars\", pp. 515-534, del
n
libro \\Pintura y escultura espa~olas del siglo XX (1900-1939 y 1939{
n
1990) de Valeriano Bozal. Madrid, Espasa Calpe, 1992. Summa Artis,
v. XXXVI-XXXVII.
11. Del cap
tulo 5, \\El romanticismo y la historia\", pp. 111-167, del libro
\\El pensamiento romntico y el arte en Espa~a\" de Javier Hernando
a n
(Madrid, Ctedra, 1995).
a
12. Del captulo titulado \\Predicamentos del arte del siglo XX\" (pgs. 13-
a
60) del libro de Jess Vi~uales Gonzlez, \\Criterios de valoracin del
u n a o
arte actual\" (Madrid, U.N.E.D., 1995. Aula Abierta A.A.85).
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n 6
02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba
n 7
III. COMENTARIOS DE TEXTOS
El alumno har uno de los comentarios (A, B y C) que a continuacin se
a o
publican, pudiendo elegir de entre los tres.
No obstante, se recomienda la lectura de los tres ejercicios, pues pueden
ser objeto de examen en la prueba presencial.
A) Comentario de los textos adjuntos que se re
eren a la consideracin de o
las artes medievales, en especial del estilo gtico, durante el \\neoclasicismo
o
romntico\" y el \\romanticismo\".
a
En las dcadas
nales del siglo XVIII y en las primeras del XIX se gesta-
e
ron algunas de las principales coordenadas estticas que mejor suelen de
nir
e
tpicamente al arte romntico. Una de las ms signi
cativas es el inicio de la
o a a
revaloracin de los estilos de la Edad Media, sobre todo del gtico, que tanta
o o
atraccin ejerci durante el diecinueve en la potica y en la prctica del arte.
o o e a
Tuvo lugar entonces el per odo que muchos historiadores suelen denominar
del \\neoclasicismo romntico\", momento en el cual determinados autores han
a
querido ver un instante de tensin y hasta de contradiccin entre una forma-
o o
cin, un credo y una voluntad clasicistas y un gusto siempre creciente hacia las
o
formas medievales. Sin duda, fue el historicismo dieciochesco el principal ins-
pirador de esta circunstancia y la historia y la re
exin sobre las realizaciones
o
artsticas del pasado el hilo conductor del per odo extenso que se desarrolla
entre 1750 y 1875.
En el anlisis de estas fuentes literarias el alumno considerar los aspectos
a a
siguientes:
1.- Breve comentario general sobre cada texto.
2.- Anlisis y comparacin entre las diferentes clasi
caciones, denominacio-
a o
nes, cronolog y per
as odos que cada uno de los autores establece de la
Edad Media en relacin con las usadas en la actualidad.
o
3.- >Por medio de qu estilo se codi
ca durante las dcadas
nales del siglo
e e
XVIII las artes medievales? Raznese la respuesta entresacando prrafos
o a
signi
cativos de los textos.
4.- >Hay en estos autores una contradiccin real entre su formacin clsica
o o a
y su gusto hacia el gtico? >Por qu?
o e
5.- >Hay una cr tica de la historiograf romntica, personi
cada aqu en
a a
Caveda, hacia la neoclsica por no haber visto con claridad la diversidad
a
de los estilos de la Edad Media? Raznese la respuesta.
o
02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba
n 8
6.- >Existe una correlacin en Espa~a entre la teor y la prctica arquitec-
o n a a
tnica goticista durante estos per
o odos?
Como bibliograf complementaria se recomiendan las publicaciones si-
a
guientes:
{ Azcarate , J. M.: \\Valoracin del gtico en la esttica del siglo XVIII\".
o o e
En \\El Padre Feijoo y su siglo\". Oviedo, 1966. Pp. 525-544. (\\Cuader-
nos de la Ctedra de Feijoo\", nm. 18).
a u
{ Henares Cuellar , Ignacio: La teora de las artes plsticas en Espa~a
a n
en la segunda mitad del siglo XVIII. Granada, Departamento de Historia
del Arte de la Universidad, 1977. Cap. IV. El Oriente y la Edad Media
en el historicismo del setecientos.
{ Garc
a Melero o a
, J. E.: \\La visin del Romnico en la historiografa
espa~ola del Neoclasicismo romntico\". En Espacio, tiempo y forma,
n a
nm. 1. Madrid, U.N.E.D., 1988, pp. 139-186. Tambin del mismo au-
u e
tor: \\Realizaciones arquitectnicas de la segunda mitad del siglo XVIII
o
en los interiores de las catedrales gticas espa~olas.\" En Espacio, tiempo
o n
y forma, nm 2, serie VII. Madrid, U.N.E.D., 1989. pp. 223{286. \\Es-
u
piritualidad y esttica: las transformaciones en los exteriores de las ca-
e
tedrales gticas espa~olas en el siglo XVII\". En Hispania Sacra, nm.
o n u
41, 1989, pp. 603{640. Madrid, Centro de Estudios Histricos, C.S.I.C.,
o
1989.{ \\Bases metodolgicas para el estudio de las transformaciones ar-
o
quitectnicas de las catedrales gticas\". En IV jornadas de Arte. \\El
o o
arte en tiempo de Carlos III\", pp. 125{135. Madrid, Instituto \\Diego
Velzquez\" del C.S.I.C., 1989.
a
Desde el punto de vista universal:
{ Patetta , Luciano: L'Architettura dell'eclettismo. Fonti, teorie, modelli,
1750-1900. Milano, Grabiele Mazzota editore, 1975.
..............................
02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba
n 9
{ Jovellanos , Gaspar Melchor: Historia y destino de las Bellas Artes
en Espa~a. Oracin pronunciada en la Academia de Bellas Artes de San
n o
Fernando por el ... Barcelona, Imp. de Joaqu Verdaguer, 1840. 64 p.
n
17,5 cm.
..............................
(: : : ) (P. 10) \\Pero las irrupciones de los septentrionales hicieron de nuevo
Espa~a un teatro de desolacin y de ruinas. Mrida, Tarragona, Itlica,
a n o e a
Sagunto, Numancia y Clunia, ofrecen todav los curiosos una idea de la
a a
magni
cencia romana, y del esp ritu destructor que animaba los feroces
a
Wisigodos.
Aqu ser preciso, Se~or Excelent
a n simo, interrumpir el curso de nuestra
oracin, y pasar de un salto el vac que nos presenta la historia de los conoci-
o o
mientos humanos. En este vac se hunden un mismo tiempo la literatura, las
o a
ciencias, las artes, el buen gusto, y hasta el genio criador que las pod repro-
a
ducir. Parece que cansado el esp ritu humano de las violentas conclusiones con
que la hab a
igido el desenfreno y la barbarie, dorm profundamente, ne-
an a
gado toda accin y ejercicio, abandonando el gobierno del mundo al capricho
a o
y la ignorancia.
En el espacio de muchos siglos casi no encontramos las artes sobre la tierra;
y si de cuando en cuando divisamos algunos de sus monumentos, es tal, que
apenas nos libra de la duda de su existencia: as como aquel r que despus
o e
de haber conducido penosamente sus aguas por sitios pedregosos y quebrados,
desaparece repentinamente de nuestra vista sumido en los abismos de la tierra,
y vuelve brotar despus de trecho en trecho, no ya rico y majestuoso como
a e
(p. 11) antes era, sino pobre, des
gurado, y con ms apariencias de lago que
a
de ro.
En medio de las tinieblas que cubr la Europa en esta poca triste y me-
an e
morable, divisamos Espa~a haciendo grandes esfuerzos para sacudir el yugo
a n
de la ignorancia, y buscar su ilustracin. En el siglo XII vemos en ella abiertos
o
estudios pblicos para la ense~anza de las ciencias, y artes liberales: en el XIII
u n
aparece la lengua castellana despojada de su antigua rudeza, y cubierta ya de
esplendor y majestad. Los poetas, los historiadores y
lsofos la cultivaron y
o
acreditan; y
nalmente, un sabio legislador quien deben eternas alabanzas
a
otras ciencias, produce un cdice admirable, que ser perpetuo testimonio de
o a
los progresos del esp ritu humano en aquel tiempo.
02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba
n 10
Por entonces vuelven parecer las bellas artes en Espa~ a, des
guradas
a n e
imperfectas la verdad, mas no por eso indignas de la especulacin de los
a o
a
cionados. La arquitectura especialmente ofrece muchos monumentos dignos
de admiracin por su inmensa grandeza, por el lujo de sus adornos, y por la
o
delicadeza de su trabajo.
Los romanos hab hecho primero ms complicados los principios de este
an a
Arte, a~adiendo los tres rdenes griegos el toscano y el compuesto, y des-
n a o
gurando despus todos los rdenes, con adornos extra~ os. Los griegos del
e o n
bajo imperio empezaron alterar los principios y reglas de proporcin de la
a o
arquitectura antigua; y los rabes y alemanes (p. 12) trabajando imitacin
a a o
de estos griegos; pero sin ning n sistema cierto de proporcin, produjeron dos
u o
especies de arquitectura, la ultima de las cuales se dio impropiamente el
a
nombre de Gtica.
o
Ambas se ejercitaron en Espa~ a con esplendor desde el siglo XIII, y a n
n u
se ven algunas obras, donde se observa confundido el gusto de una y de otra.
Parece que esta arquitectura representa el carcter de los tiempo en que fue
a
cultivada. Grosera, slida y sencilla en los castillos y fortalezas; seria, rica y
o
cargada de adornos en los templos; ligera, magn
ca y delicada en los palacios,
retrataba en todas partes la marcialidad, la supersticin, y la galanter que
o a
distingui los nobles de los siglos caballerescos.
o
Pero sobre todo es admirable en los templos. <Qu suntuosidad!, <qu
e e
delicadeza!, <qu seriedad tan augusta no admiramos todav en las clebres
e a e
iglesias de Burgos, de Toledo, de Len y Sevilla! Parece que el ingenio de
o
aquellos artistas apuraba todo su saber para idear una morada digna del Ser
Supremo. Al entrar en estos templos, el hombre se siente penetrado de una
profunda y silenciosa reverencia, que apoderndose de su esp
a ritu, le dispone
suavemente la contemplacin de las verdades eternas.
a o
Pero examinad las partes de estos inmensos edi
cios la luz de los prin-
a
cipios del arte. <Qu multitud tan prodigiosa de delgadas columnas, reunidas
e
entre s para formar los apoyos de las altas bvedas!, <qu profusin, qu lujo en
o e o e
los adornos! (p. 13), <qu menudencia, qu numiedad en el trabajo!, <qu labe-
e e e
rinto tan intricado de capiteles, torrecillas, pirmides, templetes, derramados
a
sin rden y sin necesidad por todas las partes del templo!, <qu desproporcin
o e o
tan visible entre su anchura, y su elevacin!, <entre las partes sostenidas, y las
o
que sostienen!, <entre lo principal, y lo accesorio!
Lo mismo se puede decir de la pintura y escultura contemporneos. Alguna
a
vez hallamos en las obras de aquel tiempo ciertos rasgos de ingenio, que nos
sorprenden: nobleza en los semblantes, expresin en las actitudes, gentilezas en
o
las formas; grandiosidad en los pliegues; sin que por eso el todo de las
guras
ofrezca nuestros ojos la idea del gusto y la armon que slo puede resultar
a a, o
02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba
n 11
de la ms exacta proporcin. Al lado de una
gura lngida y esbelta, se halla
a o a
tal vez otra enana y reducida. Las edades y los sexos no se distinguen por la
simetr sino por el tama~o de las
guras; y en
n, los movimientos de aquel
a, n
tiempo no nos ofrecen la idea de otra proporcin, que la que determinaba el
o
ojo del artista.
Y ved aqu se~ores, por qu, desde el siglo XII al XV, se hicieron tan cortos
, n e
adelantamientos en las artes. Como en ellas no se segu un sistema
jo de
a
proporciones, sus progresos, tales cuales fuesen nunca pod llevarlos hasta la
an
perfeccin. El artista buscaba la belleza en su idea, y girando continuamente
o
dentro de este c rculo, donde no exist se fatigaba en vano sin encontrarla.
a,
<Cunto mas e
caces hubieran sido sus esfuerzos si saliendo (p. 14) de aquella
a
corta esfera, se hubiera elevado estudiar el bello prototipo de la naturaleza!
a
Pero entre tanto iba llegando el tiempo destinado para la restauracin de
o
las artes. El trato con los griegos refugiados Italia despus de la toma de
a e
Constantinopla por Mahometo, hijo de Amurate II, hab adelantado mucho
a
la instruccin de los italianos y mejorado el arte del dibujo, que ya cultivaban
o
con aplicacin desde el siglo precedente. El clebre Besarion acredit en Italia,
o e o
entre otras obras estimables, los libros de Vitrubio, unico autor en que los
artistas modernos pod estudiar la simetr de los antiguos. Bruneleschi
an a
hall en l las proporciones de la antigua arquitectura, y conduciendo la
o e a
observacin de los antiguos monumentos, arregl el nuevo sistema de edi
car,
o o
que desterr para siempre el gusto brbaro (: : : ).
o a
..............................
Bosarte, Isidoro: Discurso sobre la restauracin de las Bellas Artes en Es-
o
pa~a. Disertacin sobre el estilo que llaman gtico en las obras de Ar-
n o o
quitectura. Madrid, Imp. Viuda de Ibarra e Hijos, 1791. 53 p. 15 cm.
(En \\Gabinete de Lectura Espa~ ola\", nm. III).
n u
..........................
\\La irrupcin de los Godos en las Provincias meridionales acab de arrui-
o o
nar las Artes. Los edi
cios de admiracin y de deleyte no pod hacerse
o an
respetar de unos invasores ignorantes y sin idea; ni ellos sab cmo poner el
an o
pie sin allanar todo el terreno de los que les hab precedido\" (: : : ).
an
02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba
n 12
\\Godos, Ostrogodos, Visigodos, Suevos, Silingos, Hunos, y Normandos
todos se notan con la misma nota de infamia quando se trata de las Bellas
Artes. Luego que el buen gusto apag el hacha, que hab llevado encendida
o a
por Atenas y Roma, y la entreg en manos del error, los invasores invidiosos
o
de la felicidad del Imperio Romano, y de la de sus provincias, se dieron a
trabajar de nuevo como en desquite de lo bueno. El hilo de doctrina se perdi . o
La Cr tica y la Filosof esto es, el uso de la sana razn, que son las que crian,
a, o
y perfeccionan las Artes, se ignoraban de todo punto. De Arquitectura no
hab quedado ms que un libro, y ste no se sab dnde estaba, o no se
a a e o a o
le Nadie pensaba en estudiar los vestigios de la antig edad, ni se deleytaban
a. u
en contemplarla, ni la imitaban, ni la med ni escudri~aban las razones con
an, n
que las obras de los antiguos se hab hecho\" (: : : ).
an
(: : : ) \\En el siglo VI christiano es de creer que suced en esta Provincia del
a
Imperio Romano lo que suced en las dems, que era haberse olvidado hasta
a a
el nombre de la Arquitectura. Cimentarios, que es como si dixsemos obreros
e
u alba~iles y no hab ms arquitectura que la alba~ iler Por las escrituras
n a a n a.
latinas, inscripciones letreros de las Iglesias, y los sepulcros se pod indagar
o a
la historia de nuestros edi
cios hechos en el Imperio de los Godos. Del siglo
VII christiano se dice ser un vestigio de Iglesia cerca de Toledo. Desde el siglo
VIII en que empez el reynado de los Reyes de Len, puede haber ms noticia
o o a
que de los anteriores que fueron propiamente los Godos. Las obras de estos
hechas en algunos pa de su conquista pasan por pesad
ses simas, muy macizas,
y sin hermosura alguna por causa de la total ignorancia del dibuxo. La torre
de San German de los Prados en Par y la de San Pedro, que llaman de
s,
Chartres, se tienen por del siglo VI como dex notado Felibien. La alba~ iler
o n a
sin las luces de la Arquitectura deb ser muy t
a mida y pesada\" (: : : ).
(: : : ) \\Por estilo gtico, manera gtica de edi
car se entiende com nmente
o o o u
aquella que corre desde los tiempos de Carlo Magno hasta la restauracin de las o
Artes en el siglo XVI. Pero se debe exceptuar la Iglesia de Aix de la Chapelle,
mandada construir por Carlo Magno, seg n se dice, conforme al estilo de la
u
Arquitectura Romana, para cuyo efecto se traxeron muchas columnas antiguas
de Ravena Aix. Las datas del estilo imperial, que es el que llaman Gtico,
a o
parece que pueden empezar en los Palacios celebrados, que aquel Emperador
hizo edi
car junto Maguncia, y en Nimega, que se reputaron entonces por
a
las mejores obras que hab parecido en el espacio de quatro siglos, contando
an
desde la irrupcin de los Godos en el Imperio. De Alemania pas este estilo
o o
gtico imperial, imperial germnico Italia, Francia, Flandes, Inglaterra, y
o o a a
Espa~a. Ya no se conoc otra Arquitectura que aqulla. Tuvo, como todas
n a e
las Artes, su principio, sus aumentos, y sus
nes. Desde el siglo IX hasta el
XIII se observa que los edi
cios por lo general no eran muy grandes, ni muy
02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba
n 13
adornados; pero desde el siglo XIII en adelante se fueron haciendo edi
cios
de mucha capacidad y adorno, como vemos en tantas Catedrales, casas de
Cabildo, y Abad de dentro, y de fuera de Espa~ a\" (: : : ).
as n
(: : : ) \\Los restauradores de las Artes desecharon aquella manera de edi
car,
la cali
caron de brbara, como extraviada del buen gusto de la Antig edad,
a u
y la abolieron enteramente. A los restauradores han seguido las Academias
Reales de las Artes en las Naciones donde se han abierto. Para conservar
y seguir el gusto de los antiguos Griegos y Romanos se ha trabajado sobre
Vitrubio por los Literatos y Artistas en muchas partes. Vitrubio es el nico u
libro que nos ha quedado de la Arquitectura de los antiguos, y debe tenerse
como el intrprete de lo que se ve executado realmente en las ruinas de la
e
Antigedad. A estudiar y contemplar estos preciosos despojos del tiempo es
u
lo que se env jvenes Arquitectos Italia, Espa~oles, Franceses, Ingleses,
a an o a n
Alemanes. En el d tenemos una bella edicin de Vitrubio en nuestra lengua
a o
Castellana hecha con la proteccin de S. M. trabajada por espacio de muchos
o
a~os, y adornada de continuas notas de mucha erudicin por Don Joseph
n o
Francisco Ortiz, profesor de este noble Arte, quien ha hecho este se~ alado
a n
servicio, por el qual todos deben estarle muy agradecidos\" (: : : ).
(: : : ) \\La inclinacin entrelazar, horadar, enredar, piramidar, y aguzar
o a
los adornos es muy del gusto de los orientales. Los Romanos despreciaron
esas afeminaciones, no porque no supiesen hacerlas, sino porque aspiraban
re
nar su gusto por buen camino, quiero decir, por las
guras oportunas,
a
para hallar la elegancia. No solamente los adornos, sino la
gura total de
los edi
cios deb ser agudas segn las ideas de algunas pueblos antiguos de
an u
Oriente. El fundamento de estas ideas est en las rocas, y en las puntas,
a o
cimas de las monta~as, supuesto que la Arquitectura no tiene modelo expreso
n
en la Naturaleza quien atenerse.
a
Bien notorias son las Pirmides que hay en Egipto junto al Cairo, que es
a
la antigua Men
s. Estos sepulcros de los faraones los vieron los Romanos,
los llamaban brbaros por causa de extra~ eza. As Marcial dixo: Barbara
a n
pyramidum sileat miracula Memphis. No pudiendo transportar semejantes
moles, se llevaron de Egipto los Obeliscos, y los pusieron en espectculo ala
pueblo Romano.
Muchas agujas de este estilo gtico arrojan unos ciertos botones fuera de
o
linea, y lo mismo algunas paredes llanas, y aun los arcos muy adornados, que
no es fcil determinar lo que signi
can por no dar idea de vegetales conoci-
a
dos, ni de otros cuerpos, cuya vista nos sea familiar. De estos cuerpecillos
salientes diman la voz crestera con que los Espa~oles por alusin las cres-
o n o a
tas signi
caron en el siglo XVI esa especie de adorno quando hablaban de l\" e
(: : : ).
02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba
n 14
(: : : ) \\Hallada ya la propagacin del gusto artista de algunas Naciones
o
orientales entre los Europeos en los siglos de la decadencia de la escuela Griega
y Romana, hagamos un breve paralelo de la Arquitectura Europea antigua con
la que llaman Gtica; la qual aunque ms moderna en su auge estos tiempos,
o a a
es ms retirada y extra~a en sus or
a n genes para nosotros que la Greco-Romana.
Desde Carlo Magno hasta la restauracin de las Artes pueden suponerse
o
dos pocas de Arquitectura: pues aunque aquel Pr
e ncipe hiciese edi
car algu-
nos edi
cios sumptuosos, con todo generalmente se nota que las obras eran
peque~as hasta el siglo XIII en que la Arquitectura tom un gran vuelo, y
n o
se construyeron de all adelante las Iglesias y Casas de Ayuntamiento como
a
competencia entre las Naciones. Tomemos en consideracin este estilo Gtico,
o o
Imperial germnico, que corre en los tres siglos que precedieron la restau-
o a a
racin de la Arquitectura.
o
Estos Arquitectos, seg n parece, no comprehend las causas de la gran-
u an
diosidad de las obras Romanas, cuyas ruinas estaban viendo, y quer com- an
petir. Confundieron la idea de la grandiosidad con la de la magnitud, que son
cosas muy diferentes y distintas, como observan bien los cr ticos que escriben
de las Artes. No es lo mismo ser grande una obra que ser grandiosa. Las
menudencias, la inutilidad, la improporcin, el defecto de Eurritmia, de sime-
o
tr de decoro, de equilibrio, y de otras partes esenciales del Arte puede hacer
a,
que una obra sea grande y muy grande, y al mismo tiempo muy mezquina,
y nada grandiosa. Muchas veces vemos un grande edi
cio cuyo mrito se re- e
duce dexar un gran vac interior, entre las paredes, qu es lo de menos
a o o e
en razn de arte. Aunque la Arquitectura no tenga un modelo expreso en la
o
Naturaleza, pero tiene un modelo tcito en los cuerpos vivientes perfectos, de
a
especies acabadas y conclu das en sus formas, que presentan un bello aspecto,
llevan los adornos que les conviene, y se ve en ellos la aptitud para hacer bien
todas las funciones naturales (: : : )\".
(: : : ) \\En lugar de tomar los Arquitectos gticos los troncos de madera
o
como representados por las columnas, tomaron los bastones, ramas de los
o
rboles mismos. Esta disminucin de idea les arruin la conducta del edi
-
a o o
cio. Subiendo con sus bastones, ramas arriba, hallaron por necesidad de
o
analog que los arcos redondos, semicirculares no ven bien al aspecto, y
a, o an
admitieron constantemente el vicio contra toda elegancia, formando los arcos
apuntados, que constan de dos porciones de c
o rculo. Causa admiracin ver-
o
los desentenderse por tantos siglos del mejor modelo de los arcos sugerido por
la Naturaleza misma en el Arco Iris. Es verdad que en la duracin los arcoso
apuntados no ceden: >pero de qu sirve el magisterio de la Naturaleza, si no
e
se imita?\" (: : : )
(: : : ) \\Un Escritor moderno dice, que estos Arquitectos quer representar
an
02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba
n 15
en un edi
cio un rbol. Y aunque esta idea no la podamos admitir como
a
general; pero siempre favorece nuestro pensamiento: pues la imitacin de los
a o
rboles como ellos son no es camino para buscar la grandiosidad. El rbol es
a a
un vegetal de
gura incierta, desunida, y en su pompa lleno todo de
guras
errantes y peque~as\" (: : : ).
n
(: : : ) \\Comparando por ese mtodo el juicio de los Arquitectos antiguos
e
Griegos y Romanos con los de la edad media, hallamos una disonancia in-
cre ble. En la eleccin de cuerpos para adorno que hicieron aquellos antiguos
o
<qu candor! <qu sensatez! <qu gusto! <qu claridad! Ellos no admitieron
e e e e
sino cosa que tuviese una forma elegante en la Naturaleza. Y en los adornos
arbitrarios y no naturales <cunta precisin, y qunta oportunidad! Estotros
a o a
de la media edad, o Gticos se complac en las coles rizadas, y otras legum-
o an
bres embrolladas, en que no hay elegancia alguna, sino complicacin, sutileza,
o
enredo. Con estos principios no se pod caminar al buen sentido\" (: : : ).
a
(: : : ) \\Hicieron vichos, monstruos, y grutescos; <pero con qu rigidez de
e
dise~o, y qunta incertidumbre en las formas! Pusieron tambin en las canales
n a e
que reciben las aguas llovedizas la
gura humana, degradndola de su dignidad,
a
y contrahacindola del modo mas indecoroso, y abominable. En cierta parte
e
tengo oido que se ha quitado modernamente una de estas
guras de las canales,
que representaba una muger en forma indecent sima. No s si ser cierto el
e a
hecho. Tambien tengo oido de otro relieve gtico en cierta parte, en que se
o
representa un diablo que tira de los cabellos de una persona que estaba en la
cama. Comprense estas osad reprehensibles y baxas con la circunspeccin
a as o
de los Arquitectos paganos, que sin tener el freno de la Moral que tenemos
nosotros, nunca hac rid an cula la
gura humana del uno ni del otro sexo\"
(: : : ).
(: : : ) \\No obstante el extrav y malandanza de las Artes en los siglos que
o
precedieron la restauracin, es preciso reconocer la habilidad de aquellos
a o
Arquitectos en todo lo que es alba~ iler dexando parte el gusto y
nura
n a, a
de las invenciones, en que hemos dicho que interviene el entusiasmo potico. e
Todos saben la diferencia que haya entre el Alba~ il y el Arquitecto, que viene
n a
ser como la que hay entre un curandero y un profesor de medicina, la que hay
o
entre un jardinero y un profesor de la Botnica. El alba~il suple la mano del
a n
Arquitecto en la agregacin de una parte otra, en lo que es mera sintaxis,
o a o
construccin de obra; y as el Alba~il toca alzar y cubrir con
rmeza seg n
o o n u
la aptitud de los materiales entre s y nada mas. Pueblos y Naciones enteras
,
hay que no saben lo que es Arquitectura, como las hay sin Mdicos, u hombres
e
que penetren por principios de ciencia en las causas de las enfermedades, y su
remedio.
Al Arquitecto toca la invencin del edi
cio, tanto del que se erige para el
o
02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba
n 16
culto de la Deidad, como el que se hace para alojar con decoro la Naturaleza
nuestra humana. Tambien le toca la decoracin, u ornato de el edi
cio, seg n
o u
el uso que se destina, y debe prescribir su idea los Escultores. Asimismo
a a a
los que trabajan solamente en las lineas y pulimento de las super
cies de los
cuerpos duros debe ordenarles las medidas. Igualmente es de su obligacin un o
conocimiento decidido y nada dudoso de las materias, seg n sus qualidades,
u
de que ha de constar el edi
cio. Tambin el clculo del coste de l. Pero en
e a e
lo que menos se piensa com nmente, y es el motivo de arruinarse las Artes,
u
es la obligacin de estudiar y profundizar en las causas del estilo en todas sus
o
especies. Al conocimiento super
cial, de mera prctica de los or
o a genes y
causas del estilo es preciso que atribuyamos la razn de no agradarnos muchos
o
edi
cios que vemos, aunque reconozcamos el mucho coste que han tenido, y
celebremos sus materiales y tama~ o, u mole. La cr
n tica da con la misma
direccin sus punzadas contra los edi
cios y obras de otras Artes que contra
o
los libros, u obras de ingenio y expresin verbal. Por convenir el estilo literario
o
y el artista en unos mismos principios generales, se cali
can de una misma
manera. Una obra da tan pronto conocer como una pluma las virtudes, los
a o
vicios que la caracterizan: como la simplicidad, su contraria la afectacin; la
o o
precisin, la super
cialidad; la franqueza, la mezquindad; la exactitud,
o o o o
el desarreglo; la claridad, el embrollo; la gentileza, la pesadez; la certeza,
o o
el amaneramiento; el decoro, el destartlo; el nervio, la languidez; el
o o a o
juicio, los disparates; la belleza, la fealdad; la elegancia, la sordidez;
o o o
la sublimidad, la baxeza; la gracia, la desgracia; el fuego, el hielo; la
o o o
oportunidad, la impertinencia; el mtodo, el desorden, & c. Y en nada de
o e o
esto tiene voto el Alba~ il.
n
Un cierto ayre de magestad acompa~ a muchas Iglesias del estilo gtico.
n a o
Esta qualidad es la que creo que mantiene a
cionados muchos este estilo,
a a
no solo en Alemania, sino en Francia y en Espa~ a; pero esta magestad triste
n
y adormecida, como la del cipres en el jard depende de un defecto, y no
n,
de alguna qualidad excelente. Ya han observado los Franceses que las obras
godas en Francia son mas altas de techos de lo que deb ser; pues en esa
an
proceridad y altura consiste ese ayre de magestad melanclica, que muchos
o a
agrada. Todos los cuerpos altos son lo mismo en quanto ese efecto, como es
a
fcil observar en las altas rocas, en los rboles muy crecidos, y en los cuerpos
a a
altos de la especie humana. Si se rebaxan un poco las bvedas, desaparecer
o a
esa magestad, sin mutacin alguna en el estilo.
o
La osad y animosidad de los Arquitectos Gticos causa admiracin en
a o o
considerando algunas de sus obras de primor, principales. La duracin misma
o o
de ellas, siendo al parecer tan arriesgadas, muestra bien claro la con
anza con
que trabajaban\"(: : : ).
02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba
n 17
(: : : ) \\Durante aquel estilo de edi
car se descubren algunos grandes genios,
aunque dirigidos por mal camino. Com nmente se da la palma de las obras
u
Gticas la Catedral de Strasburgo, Capital de la Alsacia. Yo he visto aquella
o a
Catedral, y pienso que las obras grandes de aquel estilo que hay en Espa~ a n
no ceden la de Strasburgo. Este es negocio de medidas y comparaciones de
a
cosas parecidas. Erwin de Steinbach fue su principal Arquitecto. La torre es
lo mas particular de aquel edi
cio. La nave del Coro se asegura ser de casi 120
pies de altura, y la torre midiendo desde el suelo de 480 pies. En medio de la
celebridad de la Iglesia de Strasburgo nuestro parecer de solo a
cionado, por
no ser nuestra profesin la Arquitectura, es que el mejor edi
cio Gtico es la
o o
Catedral de Ulm, Ulma en el Imperio. Si aquel Arquitecto hubiera seguido
o
la Arquitectura tendr la Alemania su Arquitecto que oponer Paladio en
a a
Italia, y en Espa~a Herrera\" (: : : ).
n a
(: : : ) \\Suele dudarse si quando hay que a~ adir obra un edi
cio Gtico
n a o
se ha de seguir la conformidad en el estilo, se ha de hacer la a~adidura
o n
segn el buen gusto. Las obras que se han a~ adido la Catedral de Milan son
u n a
conformes al goticismo de la fundacin. Este exemplar dentro de Italia ser
o a
capaz de hacer valancear el juicio, si no visemos dentro de aquella Catedral
e
la famos sima estatua de San Bartolom, la mas mezquina y miserable de la
e
tierra, con la inscripcin mas arrogante y soberbia que pudiera jactarse; pues
o
dice con palabras que signi
can lo que estas: No me hizo Fidias, ni Praxiteles,
ni Lisipo, sino fulano de tal, en tal a~ o. Del cual nombre y fecha yo no quiero
n
acordarme.
Por el contrario los restauradores de las Artes a~ ad y exornaban las
n an
obras viejas del estilo antiquado seg n las mximas de los rdenes antiguos de
u a o
Arquitectura, y los adornos del buen gusto. Pero como las dudas no se han de
resolver por casos, sino por razones, pongamos aqu con la posible brevedad las
que nos ocurren favor de la opinin de los restauradores. 1. Los principios
a o
seguros del Arte, y las mximas del buen gusto deben mantenerse una vez
a
hallados, y no se deben posponer caprichos u antojos inciertos. 2. Los
a
tres rdenes de Arquitectura Griega bien executados tocan en el sumo de la
o
elegancia y magestad. 3. Estos tres rdenes de Arquitectura son muchos
o
centenares de a~os anteriores al estilo gtico, que ha pretendido iniquamente
n o
tiranizarlos y obscurecerlos, y lo ha logrado por espacio de ocho siglos. 4. Por
la manutencin y lustre de estos tres rdenes de Arquitectura han trabajado
o o
los hombres de talento desde el siglo XVI ac, y siguen trabajando con todas
a
las luces de la cr tica; por el estilo gtico nadie se interesa y todos lo han
o
dexado. 5. Las a~adiduras segn el buen gusto greco-romano las obras
n u a
gticas no pueden perjudicarlas, ni desgraciarlas, por quanto son mejores que
o
ellas. 6. En a~adiendo nuevas obras al Gtico, ir renaciendo el edi
cio seg n
n o a u
02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba
n 18
el buen arte. 7. Por la imitacin del estilo gtico no hay mas razn que la
o o o
conformidad con una cosa mala. Y siendo esta razn unica y endeble, deben
o
prevalecer seis fuertes que hemos dado contra una
aca\" (: : : ).
............................
Caveda , Jos: Ensayo histrico sobre los diversos gneros de arquitec-
e o e
tura empleados en Espa~a desde la dominacin romana hasta nuestros d
n o as.
Madrid, Imp. de D. Santiago Saunaque, 1848, XII, 544 p., 3 h. 27 cm.
............................
(: : : ) \\He seguido, sin gu una senda nueva y dif por largo tiempo
a, cil,
cubierta de tinieblas, donde las exigencias del clasicismo y el orgullo enciclo-
pdico dejaron como extraviada y perdida la verdad histrica, cuando con
e o
sobrada con
anza presum haberla descubierto asegurando su triunfo. Por
an
desgracia, conced ms en el siglo XVIII las vanas teor que los hechos
ase a a as, a
materiales, y ms al escepticismo intolerante de la poca, que a las tradiciones
a e
y venerables recuerdos de nuestros padres\" (: : : ).
(: : : ) \\No se hizo as en el siglo XVIII, y los nombres gratuitamente con-
cedidos a los estilos arquitctonicos, fueron tan varios inconducentes, como
e e
eran vagas indeterminadas las propiedades y carcteres que se refer
e a a an.
Suponiendo Llaguno Amirola que la manera de construir de los Godos, con-
tinuada por los Reyes de Asturias y Len, se conserv hasta el siglo XI, al
o o
apoyarse en las ideas de su tiempo para
jar el origen de la arquitectura ojival
en el Imperio de Carlo Magno, supone que tres siglos hab adquirido ya, all
a
donde naciera, todas las buenas cualidades que la caracterizan, y la designa
con el nombre general de gtico-germnica, advirtiendo que posteriormente
o a
se la llam tambin mazoner crester obra nueva y gtico-moderna, para
o e a, a, o
distinguirla de la greco-romana. No ms acertado, y con la misma confusin
a o
de ideas, su comentador Cen Bermdez, quiso que se llamase arquitectura
a u
ultramarina, en el concepto de que hab sido importada de la Palestina y de
a
la Siria, por los cruzados. As era como estos escritores, que con tan noble
empe~o se propon ilustrar los anales de nuestra arquitectura, siguiendo las
n an
opiniones equivocadas de su poca, comprend en un mismo per
e an odo diversos
estilos arquitectnicos, y creyndolos uno slo, daban a todos ellos el mismo
o e o
nombre comn e inoportuno, que ni se aven con el objeto que designaba, no
u a
con las cualidades que la historia del arte le concede.
02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba
n 19
Ni es de extra~ar que en tiempo anteriores, cali
case Ponz de antiguallas
n
gticas, los monumentos de esas escuelas, cuando Bosarte mucho despus no
o e
encontr para ellas una denominacin ms propia y adecuada.
o o a
Otras apreciaciones de las artes, tanto dentro como fuera de Espa~ a, se n
contentaron con llamar gticas antiguas las construcciones anteriores al si-
o
glo XI, y gticas modernas las posteriores esa poca: divisin absurda y
o a a e o
nomenclatura completamente gratuita, que prueban no fueron entonces bien
comprendidas, ni en su justo valor apreciadas sus cualidades esenciales.
Entrado ya el siglo XIX, y hecha la conveniente aplicacin de la arqueolog
o a
al examen de los monumentos arquitectnicos, se llam Lombardo en Italia,
o o
Normando en Francia, Sajn en Inglaterra, Teutnico en Alemania, Gtico
o o o
antiguo y an Bizantino en Espa~ a, aquel gnero de arquitectura que, pre-
u n a e
cediendo al ojival, continu desde el siglo VIII hasta el XIII, uno mismo en el
o
fondo, pero diverso en los detalles, seg n los per
u odos que hubo de recorrer, y
las revoluciones sociales, que ms o menos afectaron sus formas. Mejor estu-
a
diados y comprendidos al
n sus monumentos, conocida su decadencia y sus
or
genes, y bien determinados sus cambios y derivaciones, se ha conseguido en
nuestros d una clasi
cacin ms oportuna de las escuelas que produjo, la
as o a
cual, poniendo en olvido las nomenclaturas admitidas hasta entonces, autoriz o
otras ms conformes con la Historia del Arte. Mr. de Gerville, ilustrado por
a
los datos de que sus antecesores carec despus de muy detenidas indaga-
an, e
ciones, fue el primero que design con el nombre de romnico, el estilo propio
o a
de los edi
cios anteriores al siglo XII. Parec que, derivado del romano, ya
ale
bastardo y corrompido, y conservando una gran parte de sus principales ca-
racteres, le conven esta denominacin, y por espacio de diez y seis a~ os los
a o n
arquitectos y arquelogos la admitieron por unanimidad. Ultimamente estu-
o
diado el arte en todas partes donde dej notables se~ales de su existencia, y
o n
jada con mayor precisin la analog que media entre las ideas y las pala-
o a
bras que las expresan, ya no pareci este t
o tulo tan exacto y cumplido. As
en las instrucciones formuladas por la Comisin central de las Artes y monu-
o
mentos de la Francia, como en la Revista de la Arquitectura que redact M. o
Albert Lenoir, se distinguieron muy acertadamente los edi
cios constru dos
desde el siglo IV hasta el XI, de los que les sucedieron hasta el XIII. Llamaron
sus autores estilo latino al de los primeros, porque le consideraron como una
continuacin del romano del Bajo Imperio; y romnico al de los segundo,
o a a
semejanza del romance vulgar, as denominado por derivarse del idioma del
Lacio, ya notablemente adulterado y corrompido. Pero si no hubo ms que a
una sola opinin para designar con el ep
o teto de latina, la arquitectura anterior
al siglo XI, no sucedi lo mismo con el romnico, aplicado la que le sucedi,
o a a o
y fue precursora de la ojival. Hse cre que no puede ajustarse bastante
a do
02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba
n 20
todas las condiciones y circunstancias de la construccin que se re
eren;
a o a
que hasta general indeterminado, solo conviene una parte de sus propie-
e a
dades especiales, y que no cali
ca del mismo modo el conjunto de las fbricas.
a
Otros hubo despus, que llevados del orientalismo que stas respiran, y atentos
e e
solo muchos de sus detalles conocidamente neo-griegos, no dudaron dar su
a a
arquitectura el nombre de bizantina\" (: : : ).
(: : : ) \\As es como ni completamente romana, ni del todo neo-griega, esta
escuela en parte latina y en parte oriental, viene legitimar el nombre de
a
romano-bizantina\" (: : : ).
(: : : ) \\Sent
amos que nuestra opinin di
era aqu de la de Batissier, en su
o
Historia del Arte Monumental. Ci~ndose este juicioso escritor los monu-
ne a
mentos de la Francia, es uno de los que, sin apartarse del parecer de Mr. Ger-
ville, adopta, como l, para esta arquitectura el nombre de romnica. Fndase
e a u
principalmente en que si bien re ne propiedades caracter
u sticas del romano y
del bizantino, participa tambin de otras, pertenecientes al estilo rabe y al
e a
lombardo. Pero no puede dudarse que el primero se deriva en gran parte del
bizantino, y que el segundo ni es original, ni disimula su procedencia latina.
Se considera como un hecho histrico, que si uno y otro ejercieron alguna in-
o
uencia en la formacin de la arquitectura de los siglos XI y XII, no por eso lo
o
comunicaron un nuevo carcter, una vez que conforme con sus or
a genes, slo le
o
ofrecieron detalles del gusto neo-griego y del romano, mucho antes conocidos\"
(: : : ).
02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba
n 21
B) Comentario de los textos siguientes:
Anlisis comparativo de los textos siguientes sobre el Transparente de la
a
Catedral de Toledo, que pertenecen a tres pocas y formas distintas de consi-
e
derar el Barroco: el primero es un fragmento de la Relacin de los solemnes
o
aparatos, magn
cos afectuosos festejos y aclamaciones festivas con que en la
ciudad imperial de Toledo ... se celebr la colocaci n de Christo Sacramen-
o o
tado... a el nuevo Transparente (Toledo, Pedro Marqus, 1732), de Francisco
e
Javier de Casta~ eda; el segundo pertenece al tomo V del famoso Viage de
n
Espa~a (Madrid, 1776), de Antonio Ponz, y el tercero al libro titulado Toledo
n
en la mano, descripci n histrico-art
o o o stica de la magn
ca catedral y de los
dems clebres monumentos (Toledo, Severiano L pez Fando, 1857), de Sisto
a e o
Ramn Parro.
o
Fjese en los puntos siguientes:
1) Diferencias entre estos tres textos en su valoracin del Transparente y
o
del arte barroco, indicndose las causas histricas, culturales y art
a o sticas
que las motivaron en cada una de las pocas.
e
2) >Quin fue Antonio Ponz? Cite a otros escritores tericos y eruditos en
e o
la Historia del Arte de la Ilustracin espa~ ola.
o n
3) >Qu importancia tuvo durante le romanticismo la literatura art
e stica?
Tipos de libros sobre Arte que entonces se publicaron. El grabado en las
publicaciones del romanticismo y su incidencia en la pr ctica art
a stica.
4) Hgase un estudio comparativo entre este transporte de la Catedral de
a
Toledo y el de San Juli n de la Catedral de Cuenca de Ventura Rodr
a guez.
02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba
n 22
1. Francisco Javier de Casta~ eda: Relacin de los solemnes aparatos,
n o
magn
cos afectuosos festejos y aclamaciones festivas con que en la ciudad
imperial de Toledo ... se celebr la colocacin de Christo Sacramentado ... a
o o
el nuevo magn
co Transparente. Toledo, Pedro Marqus, 1732.
e
84.1. Es ste (el templo catedralicio) uno de los de la plana mayor, que se veneran
e
en Europa. Su fbrica toda de piedra de siller tan diestramente ajustada en los
a a,
enlaces que la techumbre texen, que viendo abierta la ventana, que al Transparente
da luz, no hay quien no admire en la destreza del arte, haber podido deshacer tanto
maridaje sin ruina. Su proporcionada bella simetr se divide en cinco naves, que
a
forman tan espaciosas las columnas, que a no deshacer la confusin la proporcin
o o
hermosa que guardan, pudiera servir de sagrado laberyntho. Son hasta n mero de u
cuarenta y ocho, haciendo la nave principal perfecta cruz, en cuya superior extre-
midad, se admira el altar mayor, tan magn
co, como magestuoso, a quien sirve de
tapete y peana el coro, que en
las de bru~ ido nogal, labradas a delicada
ligrana,
n
forma con las columnas de jaspe, que las divide, un vistoso maridaje (pgs. 1 y 2).
a
84.2. Diestro art
ce destin su Eminencia (Cardenal Astorga) en su traviesa
o
inventiva, aunque obediente a las generales reglas [...] saliese la obra en todo tan
perfecta, que compitiendo en ella lo singular, lo proporcionado y lo precioso, se
alzase con el nombre de unica. A esto que se ve logrado, concurri con la destreza
o
de D. Narciso Thom, que fue el maestro de este bello Promontorio, la tierra de esta
e
nuestra pennsula de Espa~a [...].
n
El oro para los sobrepuestos de bronce, escudos, cornisas y medallones, que todos
estn dorados de molido, >a quin poda deberse, que a la
neza de quien emprend
a e a
su hermosura? [...].
El mrmol blanco dio Gnova, siendo este gnero solo, el que pudo mendigar
a e e
Espa~a en tanto como se admira. P sose, pues, por la obra la execucin del hermoso
n u o
Transparente,
ndole a la acertada conducta y discret
a simo celo del Se~or Don
n
Fernando Merino [...] (p. 7).
84.3. Planta el pedestal de esta hermosa mchina sobre un pavimento de estrellas
a
blancas, que con las sombras de jaspe y mrmol negro claro, equivocan al ms
a a
advertido en la perspectiva que forman; ci~ndola dos faxas de mrmol blanco de
ne a
Gnova, la una que frisa con el zcalo del pedestal y la otra, que le divide de el de
e o
la iglesia, guardando los dos los movimientos que el todo.
Sobre este agraciado pavimento se levantan dos pedestales rectos de seis pies de
altura que distan veinte y dos; en cada uno se advierten vistosos resaltos en que
plantan a cada lado de la columna traspilastras, moviendo del ngulo de el que mira
a
adentro (que es obtuso) en l nea curva una cuarta parte de c rculo con unin cncava
o o
de ambos lados: al que mira a fuera, cuyo ngulo es recto, se une un muro que goza
a
de una tercera parte de c rculo y otro resalto sobre que planta una pilastra [...].
84.4. Sobre esta mesa plantan dos ni~ os de mrmol, a quien adornan alas de
n a
02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba
n 23
bronce, recibiendo el peso y macizo de dos columnas que a diez pies de alto, sirven
de vistoso adorno a un nicho [...].
Gzase este nicho, concha de la singular Margarita (Mar que a in
uencias del
o a)
Divino Soberano Sol cuaj el Alba de su oriente en el inmenso mar de la gracia [...].
o
Las columnas principales de este primer cuerpo son dos, que se elevan diez y
ocho pies, tan parecidas en el material de que se componen, adorno que las pule,
basas, capiteles y cimacios a las que forman el referido nicho [...]
Sobre este medio sienta el Trono del Transparente, para cuya formacin se des-
o
prendi, sin duda, todo el cielo, en cuatro semic
o rculos, que componen en el todo
oval
gura, son tantos los ngeles, las nubes, y las rfagas que a proporcin las
a a o
rompen, que forman el ms vivo dise~o de la gloria [...].
a n
84.5. Sobre la cornisa, que
naliza en este rompimiento y le sirve de imposta,
mueve un gnero de arco, compuesto de tres l
e neas curvas, que se unen con rara
forma, uniendo y cerrando el rompimiento, en cuyo centro se mira un saln de o
architectura drica, puestas en tanto rigor las l
o neas oblicuas y perspectivas que a
la visual
ngen notable distancia.
Nace el frontis del pa
n y corona de la cornisa, formando dos arrugones, que
o
imitan lo grutesco, unas como bolutas, en que sientan dos ngeles a quien el bronce
a
dio alas para mantener un dorado targetn de siete pies de ancho y cinco de largo,
o
en que a medio relieve grav la gubia el portentoso milagro, nunca bastante pon-
o
derado bene
cio, con que se goza esta primada iglesia ha de haber baxado a ella la
Emperatriz de los cielos, para vestir una sagrada Casulla a Capelln Ildefonso.
a
84.6. Termina toda la obra en tres estatuas de las tres Teologales Virtudes [...].
84.7. Concurri a su adorno, el mismo sagrado celo que dispuso el de la antece-
o
dente casa y queriendo sobresalir por especial en algo, visti todas las paredes de su
o
ambito de lienzos, en que los ms diestros pinceles de la Europa hicieron mani
esto
a
del primor a que pudo llegar el arte de la pintura.
En unos se admiraba la alegr que Jordn tuvo en sus gustosas ideas; en otros
a, a
la seriedad apacible de Miguel Angel; en otros los extra~ os hermosos coloridos de
n
que us Dominico Grego, disc
o pulo del nunca bastantemente celebrado Ticiano [...].
02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba
n 24
2. Antonio Ponz: Viage de Espa~a en que se da noticia de las cosas ms
n a
apreciables, y dignas de saberse, que hay en ella. Madrid, por D. Joachn
Ibarra, Impresor de Cmara de S. M., 1772-94. 18 vol. (Del tomo dedicado a
a
Madrid y a los sitios reales prximos. Madrid, 1776).
o
44 Hay dos obras muy principales dentro de este Templo, y entre s tan diversas,
que la una es argumento claro del buen gusto de quien le mand hacer, y de los
o
famosos profesores que en ella trabajaron, y la otra no parece que se ide sino o
para afear perpetuamente este magn
co edi
cio. As es el celebrado Transparente
colocado en el respaldo de la capilla mayor, el qual consiste en una mquina enorme
a
de mrmoles, que harto mejor tra para ser un borrn verdadero de esta Iglesia:
a do o
y de aqu adelante aun parecer mas feo con el nuevo altar de S. Ildefonso que tiene
a
enfrente.
45 Todo lo que all no es mas que una arquitectura desatinada, y brbara, en que
a
se ven mezclada algunas estatuas harto comunes, que acaso se hicieron en Carrera
mismo, en donde hay ciertos Escultores ocupados en rebajar, y desbastar las piedras,
que han de ser conducidas, seg n las medidas que este propsito les envan. Se
u a o
ocupan al mismo tiempo en hacer estatuas, jarrones, y otras cosas, con las quales
comercian, y se hace de sus infelices o
cinas un gran surtido de jardines, y palacios
en todas partes de Europa. Los referidos Escultores abrazan igualmente estatuas de
gran costo, y empe~ o, y quanto se les pide, saliendo regularmente sus obras como
n
de sugetos atentos unicamente la ganancia.
a
46 El mencionado promontorio, no s con qu razn llamado Transparente, lo
e e o
dirigi, y execut un tal Narciso Tom, que como otros, sin verlo verdaderamente,
o o e
ha sido tenido en este siglo por hombre de gran mrito en Toledo. Pas por Pintor,
e o
Escultor, y Arquitecto; y hubiera pasado por Maestro de Capilla, seg n la buena
u
crtica de su tiempo. No solamente hizo mani
esta su miserable habilidad en la
quimrica arquitectura con que arm el Transparente, sino en una cupulilla, que
e o
sobre el mismo pint. o
47 Lo mas particular de esta historia es, que se celebr el descubrimiento de la
o
expresada mquina con grandes
estas, corrida de toros, etc. Yo no s si contribuira
a e
a esta obra el Sr. Arzobispo, que entonces era de Toledo; pero ser disculpable el
a
Santo Prelado, si no acert en una empresa de tanto empe~ o, acaso porque no
o n
tendra la mano profesor de quien pudiese formar mejor concepto. As sera muy
a
util, que otros Se~ores en obras de esta clase no oyesen sino quien tuviese buen
n a
gusto, inteligencia en las bellas Artes; porque es gran lstima gastar doscientos
e a
mil ducados, como dicen en Toledo que cost el Transparente, sin ning n provecho,
o u
y con gran descrdito. Antes de acabar mi relacin del Transparente, sepa V. que lo
e o
menos malo que all hay son las estatuas, que se traxeron de Italia; pero la nuestra
Se~ora del medio, que supongo ser del referido Tom, la qual est sentada con el
n a e a
Ni~o en los brazos, es
gura sin gentileza, ni hermosura. A los lados de la misma hay
n
02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba
n 25
dos baxos relieves, de bronce, y baxo del uno est escrito: Narcisus Tome hujus S.
a a
Ecclesiae Prim. Architec, mayor totum opus per se ipsum marmore, jaspide, aere
fabrefac, delineav. sculp. simulque depinx.
48 Basta lo dicho de la obra del Transparente para que todos sepan lo que es,
y esto ser muy fcil cualquier sugeto de alguna discrecin, si lo compara con la
a a a o
hermosa capilla de nuestra Se~ ora del Sagrario, de que voy decir V. alguna cosa.
n a a
3. Sisto Ramn Parro: Toledo en la mano, o descripcin histrico-artstica
o o o
de su magn
ca catedral y de los demas clebres monumentos... Toledo, Imp.
e
y Lib. de Severiano Lpez Fando, 1857, 2 vols. (Vol. 1, pgs. 139-156).
o a
PARRAFO 7.
El Trasparente
Esta obra de Narciso Tom, clebre por lo mucho que en su tiempo la elogiaron,
e e
y no menos famosa por lo much simo que despus se ha escrito vituperndola, es
e a
acaso el unico ejemplar que ofrece esta Catedral del tan combatido churriguerismo,
que no fue otra cosa mas que la corrupcin del gusto en las artes, con especiali-
o
dad en la arquitectura, cuando habiendo tocado el apogeo de su perfeccin en el o
siglo XVI comenzaron declinar en el XVII y llegaron en principios del XVIII
a a
su ms lastimosa decadencia. Parece que ha tenido este monumento la estrella de
a
meter ruido desde que fue inaugurado, pues habindose celebrado su aparicin con
e o
grandes solemnidades religiosas y profanas, funciones de iglesia y procesiones de
extraordinaria magni
cencia, iluminaciones, convites, fuegos arti
ciales y hasta co-
rridas de toros, se escribi una obra exprofeso para perpetuar la memoria de tan
o
ponderado acontecimiento por un D. Francisco Javier de Casta~ eda, y se ocuparon
n
despus lenguas y plumas en su elogio, pintndole y admirndole como una verda-
e a a
dera maravilla durante bastantes a~ os, hasta que apuntando de nuevo la aurora del
n
renacimento del buen gusto en la ultima mitad del siglo inmediato, comenzaron las
censuras sustituir los elogios, pero tan exageradas y acerbas las unas como exce-
a a
sivos y ciegos haban sido los otros; de maravilla y portento de las artes, se convirti
o
casi repentinamente en feo borrn y padrn de ignominia de las mismas; la perla
o o
02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba
n 26
de la Catedral, seg n sus encomiadores, se troc en piedra de escndalo para los
u o a
censores: y seguramente que, como dice con su distinguido criterio y sano juicio el
Sr. Marqus de Pidal en un escrito que public despus de un viage que hizo esta
e o e a
ciudad monumental no h muchos a~os, ni ha merecido el pobre trasparente tan
a n
escesivos encomios ni tan destemplados vituperios. Pertenece en efecto la malaa
escuela, al extravagante gusto churrigueresco, con todo el c mulo de hojarascas y
u
toda la desali~ada confusin que constituyen el carcter esencial de esa malhadada
n o a
secta artstica (si se nos permite la expresin); sin embargo no carecen varios de sus
o
detalles de algunas dotes que reclaman cierta indulgencia para el todo de la obra,
no para alabarla nunca, pero al menos para no suscribir lo que D. Antonio Ponz
a
en su \\Viage de Espa~ a\" dice de ella, y lo que otros viageros han escrito despus
n a e
acaso por solo espritu de imitacin. La imparcialidad oblig al Sr. Amador de los
o o
Ros templar tambin sus enojos contra nuestro trasparente, sin dejar por eso de
a e
criticarle en su Toledo Pintoresca: nosotros decimos con l, que la conservacin de
e o
ese monumento con sus bellezas y defectos, es muy interesante para la historia de
las artes que estara incompleta si no ofreciese egemplares de este gnero, para que
e
conocidos prcticamente los vicios, procuren huir de ellos los artistas, no faltando
a
nunca las reglas del buen gusto. Por lo dems, una iglesia que como la de Toledo
a a
contiene en su recinto muestras de todos los gneros y de todos los per
e odos y alter-
nativas que han recorrido las artes desde principios del siglo XIII hasta el presente,
nos atrevemos decir que deba tener tambin un ejemplar churrigueresco que ofre-
a e
cer al estudioso artista, pero ejemplar grandioso, magn
co y (como si dijramos)
e
jefe de obra en ese mal gusto que engendr la decadencia de las artes. Tal es el
o
clebre trasparente, cuya detallada descripcin, segn indica con razn el autor de
e o u o
la Toledo Pintoresca es poco menos que imposible; daremos sin embargo una ligera
idea de l nuestros lectores.
e a
Haba el Cabildo dispuesto construir en el reverso respaldo del altar mayor un
o
retablo transparente que dejase ver el interior del camar del sagrario, que como
n
hemos dicho antes estaba desde la reforma hecha en el presbiterio por el Sr. Cisneros,
en el mismo sitio que ahora ocupa, si bien el local no era tan grande ni tan lujoso en
materia y forma como el que dejamos ya descrito cuando en los d de la octava del
as
Corpus y en las misas de renovacin sube el Preste renovar Su Divina Magestad.
o a a
Para ejecutar este acuerdo, se fueron acopiando y disponiendo materiales dignos y
ricos, destinando para el nuevo altar, entre otras cosas, varias estatuas que el Sr.
Cardenal Portocarrero hab hecho traer de Gnova algunos a~os antes, que son
a e n
precisamente los unicos materiales extranjeros que se emplearon en esta suntuosa
obra, pues tuvo el Cabildo Primado el laudable patriotismo de que todo lo dems a
fuese espa~ol, como ya haba sucedido con la insigne capilla de Nuestra Se~ ora del
n n
Sagrario que se construy en tiempo del Sr. Sandoval y Rojas. <Ojal hubiera tenido
o a
tan buen acierto en la eleccin de director para la obra!; pero esto no es culpa sino
o
de la poca desgraciada que corr entonces para las artes. Mrmoles y bronces son
e a a
los materiales de que est fabricado el trasparente, y excepcin de las mencionadas
a a o
02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba
n 27
estatuas del blanco de Gnova, que su tiempo se~alaremos, los dems todos son de
e a n a
canteras espa~olas, como Cabra, Montesclaros, Urda, Estremoz, Granada, Tortosa,
n
San Pablo, Saelices, Torrubia, etc. Encontrbase todo preparado para emprender la
a
construccin cuando vino la Silla Primada de Toledo, desde la mitra de Barcelona,
o a
el Sr. D. Diego de Astorga y Cspedes, que apenas tom posesin del Arzobispado
e o o
mand comenzar los trabajos, y as se veri
c bajo la inmediata inspeccin del
o o o
Dignidad de Maestre-escuelas, Obrero mayor de esta iglesia D. Fernando Merino
y Franco, teniendo su Eminencia el gusto de ver terminada la obra y de colocar
por su propia mano el Sant simo Sacramento en el nuevo sagrario (constru donde
do
estaba el antiguo que forma parte integrante de este monumento, seg n ya le dejamos
u
descrito, el da 9 de Junio de 1732, con grandes funciones y festejos).
Lo primero que se nota al llegar al sitio donde se erigi esta mquina, es un
o a
pavimento especial, separado del embaldosado general de la iglesia por dos fajas de
mrmol blanco que siguen los per
les y recortes de este solado propio, compuesto de
a
estrellas de mrmol blanco simtricamente embutidas en fondo negro, de la misma
a e
clase de piedra. En medio de esta especie de alfombra se hace un gran rompimiento
para la sepultura del Prelado que coste la obra, cuyo enterramiento est cubierto
o a
con una magn
ca plancha de cobre de amplias dimensiones, trabajada por Isidoro
Espinosa en 1735 seg n la nota de letra menuda que se lee al pie de ella en su
u
angulo izquierdo: sobre esta lpida, hay en gruesos caracteres dorados la inscripcin
a o
siguiente:
HIC JACET EMM. DD. DIDACUS DE ASTORGA ET CESPEDES,
ARCHIEP. TOLET. PRIMUS PRAESUL EXCELLENTISSIMI
TITULO DECORATUS: QUI HANC ARAM AERE PROMOVIT
ZELO DICAVIT, PER QUEM STAT VICTUS MISERIS VITAE
STAT REGIA MENSA: EVEHAT ATQUE MAGIS
SUBJACET IPSE THRONO.
Que quiere decir en castellano:
Aqu yace el Emmo. Sr. D. Diego de Astorga y Cspedes, Arzobispo de Toledo,
e
y el primer Prelado que fue condecorado con el t tulo de Excelentsimo. (1) El
cual coste este altar con su dinero, y le consagr y dedic con mucho celo. De l
o o o e
penda el alimento de los pobres, quienes tena una mesa abundante y rgia, y est
a e a
postrado los pies del trono para impetrar del Alt
a simo mayores socorros.
Al frente, y en el centro de la concavidad que forma el retablo, se ostenta la
mesa de altar sobre una grada tarima de una cuarta de alta, y de mrmol blanco
o a
con embutidos de otros colores, formando dibujos imitando una bonita alfombra:
e
tambin la mesa altar es de mrmoles diferentes que sobre fondo blanco
guran
e o a
ores y ramos, constituyendo un verdadero y lind simo mosico, imitando un
a e
frontal de seda, bordado, cuyo marco y franjas son de bronce cubierto de oro molido:
02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba
n 28
el tablero y costados son de preciosa taraca de jaspes riqusimos, y el ara del mrmol
e a
oriental que hemos dicho al hablar de la del altar mayor. El retablo, que en cuanto su
orden ( por decir su desrden) especial de arquitectura permite distinguir, consta de
o o
dos cuerpos, y se levanta todo l sobre un zcalo de 6 pies de altura, de jaspes verdes
e o
mezclados de blanco con la mas extravagante confusin, dejando empero algunos
o
claros rompimientos en uno y otro lado de la mesa de altar para unos recuadros
o
de otro jaspe riqusimo y de moteado muy
no que imita al gata. Tiene este zcalo
a o
un pedestal que resalta cada costado, de la misma altura que l, distantes entre
a e
s 22 pies, cuyo hueco cncavo como se ha dicho, ocupan la mesa de altar y los dos
o
recuadros laterales ya descritos, y la parte esterior de estos pedestales se estiende
a
el mismo zcalo en una especie de faldn, como arrugado, de diferentes mrmoles,
o o a
gurando estr forrado de la misma piedra blanca que se descubre trozos en las
a a
revueltas que v formando ese faldn que abraza toda la anchura del retablo en una
a o
estensin de 44 pies, siendo de 66 la altura total del monumento.
o
Fndase el primer cuerpo sobre este zcalo general de la manera mas caprichosa,
u o
pues al paso que plomo de los dos mencionados pedestales se levantan dos grandes
a
columnas de 18 pies de altas con su correspondiente grueso, y encima de los resaltos
que para este efecto tienen aquellos interior y esteriormente se alzan tambin otras
e
tantas pilastras arrimadas las columnas, vemos que descansan sobre la misma mesa
a
de altar dos ni~os angelitos de mrmol blanco con alas de bronce dorado para
n o a
sostener las columnas entre las que se forma el nicho u ornacina del centro, y que de
la cabeza de un serafn que haya cada lado de la propia mesa nacen dos especies de
a
arbotantes del dicho mrmol blanco que se estienden por ambos costados
gurando
a
arrugones y aletas y confundindolo todo. Las dos grandes columnas mencionadas,
e
son, como lo dems del retablo, de mrmoles y bronces, teniendo de este metal las
a a
basas y capiteles (que consisten en cabezas de sera
nes, que es lo que abunda por
todas partes) y lo que se descubre de sus netos, pero envuelto en nubes y rleos del
o
mrmol blanco, de modo que solo se aparecen trechos las columnas y sus pilastras
a a
adherentes, pues sin duda el pensamiento del buen Narciso Tom fue ocultar la
e
mayor parte de esta mole entre nubes, para que mas bien se adivinase lo cubierto
por lo poco que se v, que no ofrecer desde luego al espectador el retablo entero.
e
Los dos ngeles ni~os, que hemos dicho asientan sobre el altar, sustentan el peso
a n
de dos columnas con basas y capiteles tambin caprichosos de bronce, y de lo mismo
e
son los cimarios y hasta las estr que dejan veces descubiertas las nubes que
as a
todo lo tapan: de una otra columna corre una imposta de mrmol blanco que
a a
tiene por clave la cabeza de un seraf sobre la cual hay un canecillo que recibe la
n,
cornisa. Entre estas columnas, que tienen tambin sus pilastras y contrapilastras
e
del mrmol moteado que imita al gata, se forma un nicho de los mismos jaspes con
a a
jambas iguales, cerrado por dos semic rculos y en su hueco colocaron una estatua de
Nuestra Se~ora bastante mayor que el natural, con el Ni~ o Dios en el brazo izquierdo
n n
cogiendo con la mano derecha el velo cendal que cubre su cabeza: est sentada
o a
sobre un trono de bronce, y la sostienen varios ngeles y cabezas de sera
nes, todo
a
02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba
n 29
lo cual es de mrmol blanco de Gnova escogido, as como los bronces empleados
a e
en el retablo estn dorados de molido. En los dos espacios que median uno y
a a
otro lado de este nicho hasta las columnas grandes que limitan la parte cncava,
o
entre multitud de ngeles y nubes que por all se estienden, hay dos huecos de
gura
a
irregular, pero mas altos que anchos, ocupados por dos bajos relieves de bronce
que no carecen de mrito si se les considera aisladamente y sin relacin al sitio que
e o
ocupan. Representa el de la derecha del espectador (que es la izquierda del altar o
sea el lado de la Epstola) el encuentro de Abigail con David, cuando airado este
contra Naval, marido de aquella, se dirig con sus tropas hcia su casa para castigar
a a
la ofensa que le haba hecho, y la prudente esposa le sali al camino con pan y vino
o
en abundancia para el ejrcito y se le ofreci arrodillndose y pidindole el perdn
e o a e o
de su consorte. Al pi del medalln se le una targeta del mismo metal, que dice
e o e
as:
TEMPERAVIT ABIGAIL IN ITINERE FUROREM DAVID
ADVERSUS NAVAL, OFFERENS PANEM ET VINUM...
ADORA VIT EUM... ET REDIDIT IN PACE IN DOMUM SUAM.
(I. Reg. 25).
Que signi
ca:
Abigail templ la ira de David contra Naval en el camino, ofrecindole pan y
o e
vino... le prest respeto y reverencia... y se volvi en paz su casa. (Libro I de los
o o a
Reyes, 25).
Estn all de una parte David con trage de guerrero, y tras l grandes masas
a e
de tropas agrupadas, y de la otra Abigail arrodillada rodendola algunas criadas
a
que han sido portadoras de varios canastos de pan y jarrones de vino que se ven
esparcidos por el suelo: hcia el ngulo inferior de la derecha, seg n se mira, hay
a a u
grabada la inscripcin siguiente en letras menos gruesas.
o
NARCISUS A THOME HUJUS S. ECCLESIAE PRIM.
ARCHITEC. MAJOR, TOTUM OPUS PER SE IPSUM, MARMORE,
JASPIDE OERE FABREFAC. DELINEAVIT, SCULP.
SIMULQUE DEPINX.
Es decir:
Narciso Tom, Arquitecto mayor de esta Santa Iglesia Primada, deline, esculpi
e o o
y a la vez pint por s mismo toda esta obra compuesta y frabricada de mrmol, jaspe
o a
y bronce.
02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba
n 30
El relieve del otro lado representa al referido David recibiendo del sacerdote
Achimelec la espada de Goliat y el pan consagrado: su pie hay otra targeta como
a
la del anterior, que dice:
VENIT DAVID AD ACHIMELEC SACERDOTEM, ET DEDIT EI
SANCTIFICATUM PANEM ET GLADIUM GOLIAT...
PORRO VIA HAEC HODIE SANCTIFICABITUR.
(I. Reg. XXI)
Que en castellano signi
ca:
Vino David al sacerdote Achimelec, quien le dio el pan santi
cado y la espada
de Goliat... Este camino, pues, se santi
car hoy. (Libro I de los Reyes, 21).
a
De las columnas para afuera hasta concluir el ancho del retablo, hay otras dos
como solapas envueltas por los faldones y nubes que digimos al hablar del zcalo,o
y en medio de esta confusin se abren dos ornacinas nichos tan irregulares como
o o
todo lo demas, y en ellas hay colocadas dos estatuas del mrmol blanco de Gnova y
a e
bastante mayores del tama~ o natural, que representan la del costado del Evangelio,
n
o sea la izquierda del espectador, Santa Leocadia, y la del de la Ep
a stola Santa
a
Casilda, siendo el resto de dichas solapas de diversos mrmoles y jaspes bizarramente
a
entremezclados con las nubes, arrugas y alentocillos. La cornisa de este primer
cuerpo sigue la misma caprichosa confusin, viniendo por el centro descansar
o a
sobre cabecitas de sera
nes, mucho mas abajo de lo que piden los capiteles de las
grandes columnas de donde arranca, y parece como si se cayera arruinada en pedazos
ocultos por los consabidos nubarrones, angelotes, etc.
Sobre las columnas grandes de los ngulos y sus pilastras adjuntas asienta, por
a
cima del cornisamento, dos estatuas colosales de 7 pies y medio de altas, que
a
guran San Eugenio la del lado del Evangelio y San Ildefonso la de la Ep
a stola,
ambos de Ponti
cal con bculos de bronce, y ambas de mrmol blanco de Gnova;
a a e
con lo cual y otras varias cabezas de sera
nes, de las que nacen y se estienden por
los muros laterales espumas blancas, nubes y aletas arrolladas, termina este primer
cuerpo divisin de la obra, quedando mucho mas alta por los costados donde estn
o o a
las columnas y estatuas de los Santos Arzobispos que por el centro en que baja casi
hasta tocar en la clave de la ornacina de la V rgen que hemos visto encima de la
mesa del altar.
El segundo cuerpo arranca de la cornisa del primero siguiendo rigurosamente
los macizos as como los resaltos de este: principia por una especie de pedestal de
jaspe dorado, de 4 pies de alto, sobre el cual se dejan ya ver otras dos columnas
de 13 pies y medio, cuyo ornato es de mrmol blanco, cabezas de sera
nes sus
a
capiteles, y de bronce toda la parte del neto que los nubarrones dejan descubierta,
estando perpendiculares las de abajo; asimismo nacen de sobre las pilastras y
a
02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba
n 31
contrapilastras del primer cuerpo, otras del propio gnero en este segundo, desde
e
cuyos resaltos en la parte esterior sale otra especia de solapa muro de mrmol que
o a
imita al gata, el cual va rodear el pilar de la fbrica de la nave que sirve de l
a a a mite
al retablo, y sube hasta por cima del capitel de la pilastra, que es como en las otras
una cabeza de serafn de la que arrancan y se estienden plumas, arrugones y demas
nubes esplicadas que van rematar en otro seraf que recibe el vuelo de la cornisa
a n
de este segundo cuerpo. Por supuesto que lo mismo es en un lado que en el otro; y
en medio de este confuso adorno se forma una targeta en cada costado que ostenta
en el uno el escudo de armas de los Merinos, y en el otro el de los Francos, ambos
de bronce dorado. Viniendo ahora la parte interior cncava del retablo, arriman
a o o
a las contrapilastras otros adornos de mrmol blanco, en los que se ven dos ni~ os
a n
de la misma materia con alas de bronce abrazando los escudos dorados molido de
a
Benedicto XIII que era Sumo Pont
ce cuando se haca la obra, en un lado, y del
Arzobispo Astorga y Cspedes que la costeaba, en el otro.
e
En el centro se hace un rompimiento de 14 pies de ancho y 13 de alto, bajando
hcia l todo el cornisamento seg n reglas de perspectiva, y obedeciendo al mismo
a e u
tiempo el movimiento que tambin en el primer cuerpo vimos ten la cornisa hcia
e a a
abajo: alrededor de este centro hay una confusin inesplicable de sera
nes, rayos,
o
nubes y aletoncillos que cierran el hueco en forma circular,
anquendole los cuatro
a
arcngeles de mrmol de Gnova y dimensiones del natural, San Miguel la derecha
a a e a
del crculo (izquierda del que mira), San Gabriel al otro lado, San Rafael arriba
volando con la cabeza hcia abajo y San Uriel en la parte inferior arrodillado con el
a
incensario, que es de bronce dorado como los dems atributos bien conocidos de los
a
otros tres. Este valo es el que d nombre de trasparente todo el retablo, porque
o a a
est abierto la luz que de la gran ventana de enfrente (que luego describiremos)
a a
entra iluminar el camarn del Sagrario, y solo le cierran unos cristales por donde
a
se trasparenta su interior, pero delante de la vidriera se forma un sol de bronce que
estiende sus rfagas entre nubes, ngeles y los mencionados arcngeles, de modo que
a a a
es un verdadero caos en que la vista se cansa y se confunde sin poder hacerse cargo
de lo que v sino cuando ya se ha mirado muchas veces y est habituada penetrar
e a a
por ese laberinto de objetos api~ ados en tan corto espacio.
n
Por encima de este sol, centro y punto cardinal de toda la mquina, se forma
a
una especie de saln drico, construdo con tan buena perspectiva que pesar de
o o a
que solo tiene 4 pies de fondo, parece de mucha mayor distancia por estr sus muros
a
y bveda per
lados de mrmol oscuro de Saelices, que favorece en gran manera para
o a
gurar los lejos: las pilastras de esta pieza son de mrmol blanco, y los entrepa~ os
a n
del jaspeado que imita al gata, y lo mismo el cornisamente sobre el que se hace una
a
bveda por arista en perspectiva: en este saln se representa la ultima cena en que
o o
se v a Cristo rodeado en la mesa de los doce Apstoles, todas
guras mayores del
e o
natural y del mrmol blanco de Torrubia. El frntis del cornisamente de este cuerpo
a o
segundo por encima del saln cenculo, nace de los costados formando unas volutas
o o a
de arrugones y grotescos, en los que asientan dos angelotes con alas de bronce, que
02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba
n 32
mantienen un gran targetn del propio metal, en que estn las armas de la Catedral,
o a
esto es, la Descensin de Nuestra Se~ora poner la casulla San Ildefonso, de medio
o n a a
relieve, siendo las dimensiones del escudo 4 pies de ancho por 2 y medio de alto.
A los estremos de esta coronacin hay dos porciones de c
o rculo aparentando como
un frntis roto, en cuya concavidad plantan dos ngeles que reciben el vuelo de la
o a
cornisa, que es circular y nace de unas cabezas de sera
nes; terminando toda la obra
en su mayor altura con las estatuas de las tres virtudes teologales, de mrmol de a
Gnova y de 8 pies de altas, sentando en el centro de la F sobre una nube de jaspe
e e
que sale de encima del escudo de armas de la Catedral, y ambos lados sobre los
a
macizos de las columnas de los ngulos, la Caridad y la Esperanza.
a
Para dar luz esta obra, tuvo Narciso Tom el atrevimiento de taladrar la
a e
bveda que la cubre y es precisamente el punto cntrico del empuje de todas las
o e
naves del templo que vienen morir, digmoslo as, en esta clave de todo el edi
cio,
a a
que ya sabemos forma semic rculo por esta parte. El xito, mas felz de lo que
e
poda esperarse de tan osada empresa, vino convertir en alabanzas lo que hab
a a
sido vituperio si hubiera acontecido la ruina que se tem por algunos inteligentes y
a
habiendo salido bien con su proyecto, la temeridad misma que hubo pudo haber o
en ponerlo por obra, fue un motivo de aplauso para el ingenio que (seg n entonces
u
se deca) tuvo la grandeza de concebirlo y la habilidad de ejecutarlo.
Como el rompimiento de esta bveda para buscar luces al trasparente es una
o
cosa, tal vez la unica, que los profesores alaban en este sitio, y prescindiendo de los
errores arquitectnicos en que el mal gusto de aquella poca hizo incurrir Narciso
o e a
Tom, le consideran como maestros en arquitectura en vista de cmo calcul, convin
e o o o
y ejecut ese pensamiento arrogante, vamos describirle con las mismas palabras
o a
facultativas que usa el autor del libro que se public entonces por Casta~ eda y que
o n
probablemente seran suministradas al escritor por el mismo Tom, pues aquel era
e
profano al arte. \\Se rompi la bveda desde la clave de las aristas hasta el formero
o o
que hace frente al nuevo altar, dejando intacto lo dems que baja unirse con
a a
su coronacin (la del altar se entiende). Planta mirando Oriente; y en la parte
o a
opuesta, sobre el salmer que ten las dos aristas que se cortaron en los ngulos,
an a
mueve un arco de piedra berroque~ a, suplemento de ellas, que sube obedeciendo la
n
gura circular de los dos arcos formeros de las otras bvedas que miran al Norte y
o
Medioda, abrazndolos, como lo restante de la bveda, hasta hacer clave con las
a a o
aristas que quedaron salvas. El formero que hac frente, se cort desde el salmer del
a o
nuevo arco, formando con l un anillo circular desnivelado en su asiento, causando
e
admiracin los mas prcticos que un arco de 20 pies de dimetro sostenga el
o a a a
gravsimo peso de la bveda, (teniendo su forma y asiento tan irregular, porque es
o
de lo ms difcil del arte, hacer
rme un cuerpo fuera de los plomos que levanta
a
sobre el anillo), cuya forma es circular por el lado que mira Oriente y por el
a
opuesto, se estiende 6 pies mas, sienta sobre el arco que hace el anillo, cargando sus
macizos sobre los arcos que hacen estribos, que nacen de la bveda de la tercera
o
nave, haciendo empuje esta segunda, y forma en su planta sobre ellos ngulos
a a
02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba
n 33
rectos para el sitio en que rompe la ventana de 22 pies de alto por 14 de ancho, que
recibe las primeras luces del Oriente. La
gura de esta ventana es de una jamba
en cada lado que
naliza en curva, unindose un semicrculo, cuyos macizos y
e a
salmeres reciben dos columnas, la una puesta en su plomo, y la otra desplomada,
a cuyo pi hay un grupo de ngeles que parece trabajan y se afanan por ponerla
e a a
plomo, rindose de su afn los que hay al pie de la otra nivelada que y lograron
e a a
el objeto de su tarea: el cornisamente de esta ventana sigue sobre las columnas
por el mismo rden que el de toda la obra: Hay para mayor admiracin de los
o o
inteligentes arquitectos (a~ ade el libro que vamos extractando) al ver la valent
n a
de este rompimiento, en el arco que sostiene la bveda, todo revestido de nubes,
o
angeles y sera
nes, cuatro estatuas doradas, tama~ o natural, en sus salmeres, que
n
representan los Profetas mayores que en targetones publican realizando el misterio
que predijeron (el de la sagrada Eucarist entre ellos se v un ngel en actitud
a), e a
de llevar el comps como un maestro de capilla dos coros de los mismos que con
a a
diversos instrumentos ocupan los ngulos; y en la clave del anillo hay otro ngel
a a
volando que sostiene la lmpara por medio de una cadena barreta de hierro que
a o
sale de sus manos, y de que pende aquella\".
Rstanos decir algo de las pinturas, puesto que nuestro Narciso Tom era un
e e
estuche, como suele decirse, que por s mismo deline, esculpi y tambin pint este
o o e o
monumento. Consisten en algunos frescos que representan pasages del antiguo y
nuevo Testamento alusivos al misterio de la sagrada Eucarist como que toda la
a,
obra est dirigida realzar el sagrario en donde se custodia el pan de los ngeles.
a a a
En el espacio que se forma desde la clave del arco de la bveda de la nave tercera
o
hasta el rompimiento principio del esplicado anillo por donde penetran las luces de
o
su gran ventana, dando frente al altar, est representada la prisin de Benjamn por
a o
haberse hallado en su saco costal robada (mandada poner all por su hermano Jos
o e
para tener pretesto de quedarse con l en Egipto): se ven los costales con el trigo
e
que los hermanos de Jos le compraron sin conocerle, y los egipcios que de rden
e o
de este registran los sacos en busca de la copa que suponen robada por Benjam n
puesto que fu hallada en su costal. Alrededor hay una letra que esplica el pasage
e
con los testos siguientes:
IMPLE SACCOS EORUM FRUMENTO CUANTUM CAPERE POSSUNT.
(Genes. cap. 44. v. 1.o ).
INVENIT SCYPHUM IN SACCO BENJAMIN.
(Genes. cap. 44. v. 2).
02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba
n 34
Que quiere decir en castellano:
Llena de trigo sus sacos todo lo que quepan. (Libro del Gnesis, cap. 44 v. 1.x)
e
Hall la copa en el saco de Benjamn. (El mismo libro y cap
o tulo, v. 12).
En la cpula del rompimiento anillo hay pintados algunos pasages de Jedeon
u o
y principalmente el sue~ o del pan subcinericio (
gura antigua del Sant
n simo Sacra-
mento) que bajaba sobre los madianitas, cuyo ejrcito se v acampado por una y
e e
otra parte; y encima est la inscripcin alusiva este asunto, que dice as
a o a :
VIDEBATUR MIHI QUASI SUBCINERITIUS PANIS
IN CASTRA MADIAN DESCENDERE.
(Judic. cap. 7.o , v. 13).
HIC EST PANIS QUI DE COELO DESCENDIT.
(Joann, cap. 6.o , v. 59).
Es decir: Parecame que bajaba sobre el campamento de los medianitas un pan
subcinericio. (Libro de los Jueces, cap. 7.o , v. 13)
Este es el pan que baja del Cielo. (S. Juan, cap. 6.o v. 59)
Ultimamente hay pintado en la parte de la bveda que qued intacta desde la
o o
clave hasta el remate coronamiento del retablo, otro pasage que representa la
o
visin que el evangelista San Juan re
ere en los cap
o tulos 4.o y 5.o de su Apcalipsis,
o
con el mar, el arco iris, el trono y el anciano, circundados de los veinte y cuatro que
rinden adoracin al Cordero cuando nadie pudo abrir los sellos del libro que tiene
o
el anciano, alusivo tambin al misterio de la sagrada Eucarist
e a.
Toda esta obra, inclusa la del sagrario, su camar y escalera, que ya se describi
n o
al hablar del altar mayor, y se hizo al mismo tiempo como parte integrante de ella,
cost la elevadsima suma de 1.492.881 rs. 28 mrs. vn., que exceden cerca de 15.000
o
duros los 200.000 ducados que generalmente se asegura haber tenido de costa (2).
a
NOTAS
(1) Desde este Prelado gozan los Arzobispos de Toledo el tratamiento de Excelencia solo por su dignidad,
aunque carezcan de toda otra condecoracin t
o o tulo que lleve consigo este dictado.
(2) Me he detenido tal vez demasiado en la descripcin del transparente, porque habindose hablado
o e
tanto y tan contrariamente acerca de esta clebre obra, he cre
e do que no ser en fadosa mis lectores una
a a
explicacin algo detallada de ese monumento que tanto han ponderado unos y censurado otros, sin que
o
ninguno de estos ultimos se haya tomado el traba jo de rese~ arle.
n
02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba
n 35
C) Comentario de los documentos y de las reales cdulas siguientes:
e
Comentario introductorio
A
nales del a~o 1777 el rey Carlos III decret dos reales rdenes, que
n o o
impresas en forma de cartas circulares, fueron enviadas al Consejo de Castilla,
y a los Obispos y dems autoridades eclesisticas. Se ped en ellas que en
a a a
adelante no se hicieran obras p blicas de cierta consideracin, sin que antes se
u o
enviaran los proyectos a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando
para su censura. As se realiz la ya casi vieja aspiracin borbnica de cen-
o o o
tralizacin de la prctica art
o a stica en la Academia, que desplaz poco a poco
o
al Consejo de Castilla y a los Gremios como organismos pol tico y profesio-
nal intermediarios en la formacin de los artistas y en la realizacin de esa
o o
prctica.
a
Estas disposiciones estuvieron precedidas por una serie de representaciones
en 1768 de los acadmicos al rey, aqu publicadas, en las que se ped ese
e a
control. Se criticaba la degradacin del arte espa~ol en los ultimos a~os por
o n n
la prctica barroca. Se deseaba imponer un nuevo clasicismo, el lenguaje
a
acadmico, que depurara las formas, desornamentndolas, y que incorporaba
e a
a Espa~a a las tendencias art
n sticas internacionales entonces ms novedosas.
a
Las reales cartas circulares de 1777 fueron el origen de la creacin en 1786
o
de la Junta de Comisin de Arquitectura en la Academia. La gran cantidad
o
de proyectos llegados a este centro de las Bellas Artes propici su fundacin en
o o
tiempos de la secretar de Antonio Ponz, quiz el inspirador de estas medidas.
a a
Constitu casi exclusivamente por arquitectos su misin era la centralizacin
da o o
en este organismo de los proyectos arquitectnicos de obras pblicas para su
o u
censura, aprobndolos, corrigindolos o reprobndolos por completo. Esta
a e a
junta, creada por Carlos III, tuvo una gran importancia durante el reinado de
Carlos IV, pues no se pod hacer ninguna obra p blica de consideracin, sin
a u o
que antes se aprobaran sus dise~ os. n
Pero dicho control nunca logr ser totalmente efectivo, aunque la labor de
o
la Junta de Comisin de Arquitectura de la Academia fue siempre muy con-
o
siderable. Se realizaban muchos edi
cios importantes sin que sus proyectos
llegaran antes a la Academia para su censura. Todo ello propici las denun-o
cias de los arquitectos acadmicos de las provincias contra los maestros de
e
obras, alba~iles y canteros, que, titulndose arquitectos, no hab sido exa-
n a an
minados en ese centro, y ejerc ilegalmente la profesin, realizando labores
an o
constructivas al margen de la Academia.
02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba
n 36
DOCUMENTOS
1777, 10 agosto
Representacin al Rey de los consiliarios de la Academia de San Fernando.
o
En las actas de la junta particular, la directiva y constituida por los con-
siliarios, de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando del d 10 de
a
agosto de 1777,
rmadas por el \\literato\" Antonio Ponz como secretario de
este centro, se indica:
\\Despus le dos representaciones, una dirigida a S. M. y la otra al Sor.
e
Protector; la primera para evitar en cuanto sea posible los abusos, que se
cometen por todas partes de la Monarqu en materia de Arquitectura, y la
a
otra para dar cuenta de una Academia establecida en Sevilla, sin noticia de la
de San Fernando, y contra sus estatutos\". (A.A.S.F.: 3/123, fol. 77 y ss.):
Academia de San Fernando.
Junta particular de 10 de Agosto de 1777.
Conde de Abrantes. Conde de Fernn Nnez. Marqus de la Florida.
a u~ e
Conde de Montalvo. D. Manuel Dilitala. D. Antonio Ponz, Secretario.
Se~or:
n
La Real Academia de San Fernando, cada d ms desvelada en discutir
a a
medios para que las Bellas Artes lleguen al grado de reputacin, correspon-
o
diente al impulso que la ben
ca mano de V. M. les est dando, ha parado
e a
siempre, y con particularidad su consideracin en la Arquitectura la cual
o a
vuelve ahora los ojos, como que es ella la que da las primeras ideas de la cul-
tura, o rusticidad de las Naciones, las caracteriza de lo uno, o de lo otro por
muchos siglos, proporcin de lo que duran sus producciones.
a o
Aunque el nuestro de (f. 2, rev.) jar la mejor memoria a los venideros por
a
lo que respecta a las grandes empresas de V. M. en las obras p blicas, es tal el
u
nmero de fbricas disparatadas que se han hecho en todas las Provincias de
u a
la monarqu y an se hacen, que parece imposible dejen de ofuscar aquellas
a u
la multitud de stas; como si cada cual tuviese derecho de llevar adelante sus
e
antojos con desdoro del p blico, de la Religin, de la edad presente y de S. M.
u o
mismo; todo por pura ignorancia. Se hace una ofensa a S. M. con afearle sus
Ciudades y Reyno, a la religin, en llenar los Templos de objetos indecorosos
o
y ridculos, a la edad presente en imprimirle tantas y tan (f. 2 anv.) torpes
se~ales que la desacrediten, y al p blico en poner delante de su vista un sin
n u
n de cosas, que en lugar de inducirle a conocer y estimar lo bueno, le dejan
con su ceguedad, y en la radicada costumbre de apreciar lo malo, sin contar
02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba
n 37
ahora los inmensos caudales que por todo el Reino se consumen en mantener
este aprobio de la Nacin.
o
La Academia se ha valido de varios medios para atajar tan gran desorden,
pero desenga~ada de que nada ha bastado, propone a V. M. el unico, y al
n
parecer ms e
caz que al presente le ocurre, cuya ejecucin no puede encontrar
a o
ninguna di
cultad, resistencia, ni disgusto en las Personas(f. 2, rev.) a quien
se haya de proponer, antes bien ser tenido por uno de los ms dignos de la
a a
Religin y piedad de V. M. de su amor a los vasallos, y de su incomparable
o
celo por la instruccin y adelantamiento de los mismos.
o
Todas las obras de consideracin, a excepcin de las que V. M. ordena, las
o o
mandan ejecutar los Reverendos Obispos, los Cabildos Eclesisticos, las Co-
a
munidades religiosas, los Ayuntamientos de ciudades, los Capitanes generales,
Audiencias, Intendencias, corregidores, &c..
Las que mandan hacer los Prelados, y Comunidades Eclesisticas, se re
e-
a
ren por lo comn a objetos de piedad, cuales son fbricas de Templos, altares
u a
y todo gnero de ornato y utensilios de los mismos (fol. 3, anv.) Templos.
e
Slo porque stos son las casas de Dios, se deb poner el mayor cuidado
o e a
de que cuando hay en ese recinto fuese conforme en lo que es capaz el enten-
dimiento humano a la Dignidad del Se~ or que all se adora, fuente de toda
n
sabidur de todo buen orden, grandeza, y armon
a, a.
Son tambin los templos los edi
cios ms se~alados de Ciudades y Pue-
e a n
blos, donde se supone hallar lo ms digno y apreciable de las mismas, y todo
a
caminante que por ellas transita, lo primero que desea, y le ocurre es ver la
Catedral, o las Iglesias de ms consideracin que en aquella Ciudad, Pueblo o
a o
Comarca se encuentran.
Si la Academia hubiese (f. 3 rev.) de referir a V. M. los despropsitos,
o e
indignos ornatos con que las Catedrales mismas y las iglesias ms conspicuas
a
de Espa~a se han afeado de ms de un siglo a esta parte, creciendo siempre el
n a
delirio hasta nuestro tiempos: la multitud de fbricas sagradas que con indeci-
a
bles gastos se han ejecutado desde sus fundamentos en toda la Monarqu sin a,
regla ni concierto por personas enteramente negadas a lo que es Arquitectura;
si fuera posible saber los millones de pesos, que en los ms feos y horribles en-
a
tusiasmos se han consumado, y a n se consumen, no podr menos de faltarle
u a
V. M. el sufrimiento.
a
Apenas hay Iglesia (f. 4 anv.) incluyendo en primer lugar las de Madrid,
que en todo, o en gran parte, no est llena de semejantes borrones, y si su
e
Arquitectura logr hacerse en mejor edad con arreglo, y arte, se halla hoy tan
o
desconocida y cargada de despropsitos, que solamente los ojos de un vulgo
o
acostumbrado a ello pueden sufrirlos. V. Majestad mismo los habr notado,
a
pues no pueden haberse ocultado a su vista muchos de ellos. La Academia
02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba
n 38
los est viendo ejecutar cont
a nuamente sin poder atajarlos, porque los que
ordenan, y ejecutan estas cosas, se creen en pleno derecho de gastar su dinero,
ejercitar su o
cio en cuanto les da la gana, como si lo tuvieran para (f. 4
o
rev.) desacreditar al p blico, y profanar en cierto modo la religiosidad y decoro
u
de los templos, y aunque como se ha dicho, todo debe atribuirse a una crasa
ignorancia, sta es la que la Academia desea combatir, y destruir mediante los
e
auxilios que espera de V. M.
Hasta la edad del se~or Emperador Carlos V no cedi Espa~a en la mag-
n o n
ni
ciencia de sus templos, y dems edi
cios pblicos, a cuanto se hac en los
a u a
otros Reinos de Europa, as en la regularidad de aquella Arquitectura llamada
Gtica, generalmente recibida, y admirada, como en los ornatos con que la
o
enriquec dan testimonio de ello todas las Catedrales, se~ aladamente (f. 5
an, n
anv.) las de Toledo, Burgos y Len que en aquella l
o nea se consideraron mara-
villosas, y algunos Monasterios antiguos. Despus las Catedrales de Palencia,
e
Segovia, Jaen, Salamanca y otras.
Reestablecido que fue en Italia el mejor, ms notable, y ms grandioso
a a
modo de edi
car, que usaron los Griegos, y Romanos, fue Espa~ a de las pri-
n
meras que adoptndolo ostent su grandeza, y
no gusto en la construccin
a o o
del Escorial, del Alczar y del Hospital de San Juan Bautista en Toledo, del
a
Palacio de Aranjuez, y del que se quem en Madrid, de la Catedral de Valla-
o
dolid, de las Iglesias del Carmen, San Jernimo, y otras en la misma Ciudad,
o
(f. 5 rev.) de la Catedral, Alczar y Chanciller de Granada, de la Lonja de
a a
Sevilla, y de otros muchos edi
cios.
Dur despus la buena escuela entre los Disc
o e pulos que dejaron aquellos
grandes Profesores por espacio de algunos a~ os, e hicieron gran n mero de
n u
obras, entre las cuales fueron muy notables muchas Iglesias de Toledo, Va-
lladolid, Alcal, y otras partes. En Madrid, la que hoy es casa de los Reales
a
Consejos, los conventos de San Felipe el Real, la Trinidad, la Encarnacin, San
o
Isidro, y algunas ms. a
Toda esta regularidad, que generalmente se observ en Espa~a, di
n en
o n o
el reinado (f. 6 anv.) del Sor. Felipe IV y se puede asegurar que en la obra
ejecutada entonces de la Crcel de Corte, y alguna otra, espir la idea de la
a o
Arquitectura. Desde aquel tiempo, no se ha de decir fue decayendo, sino que
casi repentinamente desapareci, y como si todos hubieran perdido la razn,
o o
se entregaron a ideas frenticas, e increibles desatinos, que parece imposible
e
pudiesen ocurrir a entendimiento humano, si no las estuviesemos viendo: se
fueron llenando los Templos de monstruosos adornos y altares, y para decirlo
mejor de Pinares sin n mero, que en esto se consumieron con gran detrimento
u
de la Nacin, desperdiciando asimismo montes (f. 6 rev.) de oro en dorarlos,
o
con que se hizo ms visible su extravagancia y fealdad.
a
02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba
n 39
No solamente fue continuando este desenfreno y licencia de edi
car arbi-
trariamente, y sin ning n principio de arte ni razn; pero de tal modo fue
u o
creciendo y acreditndose desde el principio de este siglo, y tales eran y tan
a
generales los aplausos que se daban a semejantes obras, y a sus Art
ces, que
los pocos inteligentes de la verdadera Arquitectura, se vieron en la dura ne-
cesidad de enmudecer, so pena de ser tenidos por insensatos, y de caer en la
indignacin (f. 7 anv.) del vulgo.
o
Los abortos del arte que en dicha Espa~ a se pusieron a la vista del mundo,
n
fueron tantos, y tan considerables por todas las Ciudades del Reino, as en los
templos como fuera de ellos, que es imposible dar la menor idea; basta decir,
que a cualquier parte que se vuelva la vista, se presentan a montones. Muy
se~aladas son las Iglesias de Madrid, y de Espa~ a donde cierta clase de mons-
n n
truosidades, no haya ofuscado lo que hab de bueno en las mismas ejecutado
a
en mejor tiempo, y lo que es peor, donde tales obras no se hayan considerado
como despreciables antiguallas, entre (f. 7 rev.) gando muchas a las llamas, y
a los podrideros; tanto puede la preocupacin, y la licencia, cuando no se la
o
pone algn freno. En cuanto a las dems obras pblicas de Madrid que tienen
u a u
relacin con aquella edad y donde pudieron so~ arse disparates, que igualasen
o n
a las fachadas del Hospicio, de San Sebastin, de Santo Toms, de la puerta
a a
Atocha, de la Merced, de Porta Coeli, de Monserrate, y otras que por nuestra
desgracia existen, como tambin a las que en el feliz Reinado de V. Majestad
e
se han destru do, entre ellas la fachada de la Casa de esta Academia, y la
Puerta de San Vicente. (f. 8 anv.).
Conociendo pues el Se~ or Felipe V Augusto Padre de V. M. que era pre-
n
ciso desterrar tanto abuso y disparate de entre sus vasallos, volver a su estado
regular la important sima arte de la Arquitectura, y promover sus dos com-
pa~eras y hermanas, Pintura, y Escultura, concibi la grande idea de fundar
n o
esta Academia, y efect vamente le di principio con un Junta preparatoria;
o
pero habiendo fallecido aquel gran Monarca, no se pudo ver cumplido tan
importante pensamiento hasta el Reinado (f. 8 rev.) del Sor. Fernando VI
Augusto hermano de V. M., quien con suma benignidad estableci la Acade-
o
mia, concedindole Dotacin, Privilegios, y Leyes con que gobernarse.
e o
Desde aquella feliz poca para las Artes, se espaci una luz, que desde luego
e o
hizo ver cuan neciamente se hab estimado en Espa~ a las obras que hubieran
an n
desacreditado a una Nacin que enteramente careciese de cultivo: Se observ
o o
alguna regularidad en una u otra cosa de las que se hac y tambin fueron
an, e
laudables algunas fbricas de entonces, como dirigidas por el camino del Arte.
a
La Academia no omiti diligencia, ya con premios, ya enviando Pensionados
o
Roma, (f. 9 anv.) y comprando los mejores libros de Arquitectura para
a
facilitar los progresos de esta Arte. Us de sus Privilegios, tuvo competencias
o
02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba
n 40
y disputas, para que no se hiciesen las extravagancias que antes; pero no
fueron bastantes sus fuerzas para impedirlo, y con igual libertad y desacierto,
se continu en fabricar por todas partes.
o
Despus del feliz arribo de V. M. a Espa~ a, y a vista de tantas, y tan
e n
insignes obras como de su Real Orden se han emprendido y llevado a efecto,
as en Madrid como en los sitios Reales, y en varias partes del Reino, parec
a
que no solamente hab de tener
n el psimo (f. 9 re.) modo de edi
car, sino
a e
que generalmente se hab de aborrecer con tales ejemplos aquellas ideas
an
monstruosas, pero ni esto ha bastado para desarraigarlas, particularmente en
las Provincias en donde la ignorancia, juntamente con los feos ejemplares que
tienen a la vista, van produciendo otros muchos, sin que al desorden se le vea
trmino, ni la Academia pueda esperar el fruto de sus desvelos.
e
Y pues a V. Majestad no solamente Espa~ a, y se~aladamente la Academia
n n
deber reconocerle, y le reconoce por principal restaurador de la mejor, y ms a
arreglada Arquitectura, considerando (f. 10 anv.) las obras que por su man-
dado han sido hechas, sino que la misma Italia donde ms
orecen las Bellas
a
Artes confes lo propio en varios escritos p blicos, mediante las utiles, magni
-
o u
cas, y arregladas obras con que ennobleci la Ciudad y Reino de Npoles, llega
o a
a sus Reales pies, con la mayor con
anza, y expone a V. M. su pensamiento,
para que de una vez se ponga remedio en todas las obras que se hayan de ha-
cer en el Reino, y en lugar de aumentarse los disparates contra la reputacin o
Nacional, y los ejemplos que V. Majestad est dando, no se cometan ms en
a a
adelante.
Todas las obras de consi(f. 10 rev.) deracin (que son de las que unicamente
o
se trata) siendo eclesisticas, las mandan hacer, como queda dicho, los Prelados
a
y Cabildos Eclesisticos, y ninguna que promueve, o costea la piedad de los
a
eles en cualquier parte que sea, como son Iglesias, Capillas, Ermitas, Altares,
&c. se hacen sin permiso de los ordinarios. Lo mismo respect vamente, pasa
entre los Regulares, que sin consentimiento de los Prelados, nada de esto se
ejecuta.
Si son fbricas profanas, o seculares, las ordenan los Capitanes Generales,
a
Audiencias, Intendentes, Ayuntamientos, Corregidores, y otros Magistrados;
y ha(f. 11 anv.) blando antes de las que pertenecen a Eclesisticos, el remedio
a
que la Academia juzga ms natural, y que a su parecer ser mejor recibido,
a a
para que en adelante hagan sus fbricas, y ornatos de Iglesias con acierto, es
a
que V. M. se digne escribir a los Reverendos Obispos, y Cabildos, manifest n- a
doles el Amor que le merece el decoro de los Templos, el dolor que le causa
saber los grandes caudales que se han consumado y consumen en des
gurarlos
con extravagancias y ornatos ajenos, y a n indignos de las casas donde es ado-
u
rado el verdadero Dios, autor de todo buen orden, y armon el mal nom(f. 11
a;
02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba
n 41
rev.)bre que queda para la edad futura de los que dirijen o costean fealdades,
cargando las iglesias y altares de monstruosos follajes, tallas y otros caprichos
quimricos.
e
Que enardecido V. Majestad de un justo celo por el decoro de la Religin, o
y porque se le preste al se~ or el exterior culto con decencia y dignidad debida,
n
exorte V. M. a los Reverendos obispos, Cabildos, y Prelados Regulares &c.
que pues mantiene V. M. en esta Corte la Real Academia de San Fernando
para que por medio de sus desvelos lleguen al estado de perfeccin en Espa~a
o n
las Bellas Artes, y entre ellas la Arquitectura como tan importante y necesaria;
y que siendo dif (f. 12 anv.) que los sujetos que ordenan y costean en las
cil
Provincias obras relativas a la misma (bien que instru dos en las materias msa
esenciales a sus destinos), puedan tener todas las luces necesarias para acertar
en sus buenas intenciones, procuren remitir por medio de sus Apoderados los
dibujos de planes, alzados y cortes de fbricas, capillas, altares, &c. a la
a
misma Academia, la cual graciosamente y sin inters alguno, los examinar, y
e a
con el maior celo dir su sentir, sobre la exactitud, errores, defectos de dichos
a o
dibujos; si son dignos de llevarse a ejecucin, y no sindolo, de los medios, que
o e
se podrn practicar para que lo sean, dejando a cada uno la entera libertad de
a
ocupar a sus Arquitectos o Maestros (f., 12 rev.), y sin llevar otro
n, que el que
las obras se hagan con regularidad, y razn; pues debe suponer V. Majestad
o
que todos quieren lo mejor, cuando se trata de gastar sus caudales, y que no
habr quien no agradezca mucho, mayormente entre personas tan dignas, el
a
que V. Majestad les indique el verdadero camino de acertar.
Por lo que respecta a los Magistrados, Audiencias y Ayuntamientos del
Reino, que ordenan, o costean las dems obras pblicas, puede V. Majestad
a u
mandarles, que se conformen con la expresada providencia para la cual hay
tantas razones, como el que no se afeen las Ciudades a tanta costa, en lugar
de ennoblecerlas, no (f. 13 anv.) se desacredite al p blico con estos partos de
u
la ignorancia, ni se dejen ms reliquias de esta clase, que infaliblemente han
a
de desacreditar la edad que las produjo.
Los o
cios ms serviles, y Artes mecnicas tienen sus veedores para que
a a
las manufacturas se trabajen conforme a ley, y seg n prescriben las reglas del
u
Arte. No se permite publicar libros, sin que conste al Consejo de V. M. ser
dignos del pblico, y a un escritor que no supiese los principios de la materia
u
de que trata, se le negar dicha licencia.
a
Siendo pues estas cosas ms pasajeras, menos permanentes, y sin compara-
a
cin no tan costosas como las que (f. 13 rev.) produce la Arquitectura, parece
o
muy conforme a toda razn, poner el mayor cuidado en su acierto, y si puede
o
ser, en su profesin.
o
Por tanto juzga la Academia, que no se podr dar mejor prueba del celo,
a
02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba
n 42
por el decoro de los templos, para que se consiga la hermosura y conveniencia
de las Ciudades, cultura de la Nacin, y ultimamente para que la Arquitectura
o
llegue con ms brevedad a perfeccionarse, como la condescendencia de V. M.
a
con esta splica de la Academia, en que no tiene la menor parte su deseo de
u
hacer ms memorable por este camino el Reinado de V. M. (f. 14 anv.) y la
a
edad presente.
Y si V. M. hallase razonable la representacin de la Academia, y fuese su
o
voluntad condescender a ella; a~ adir que supuesto no haber Ciudad en el
n a,
Reino, que no tenga en sus Altares retablos, mani
este V. M. su voluntad
o
de que acabase de una vez la mala usanza, y peculiar de Espa~ a de fabricarlos
n
en madera, cuya materia es frgil, corruptible, menos propia de tan digno
a
destino, de corta duracin, y ultimamente, expuesta a incendios, de que se
o
pod citar muchos, y muy funestos ejemplos; se re(f. 14 rev.) parar en
an a
esta parte el gran destrozo de pinares, que con gran perjuicio de la nacin se
o
ha hecho y se est haciendo, y se ahorrar el consumo de tanto oro en un sin
a a
n de mquinas informes de que estn llenos los Templos.
a a
V. Majestad mismo ha ense~ ado que ste es el verdadero y decente modo de
n e
fabricarlos, costeando muchos, y subministrando piedras y bronces para otros,
sin que le haya ocurrido gastar madera en dichas obras. Si el Altar mayor del
Escorial fuese de madera, como es de mrmoles y bronces, estar despus de
a a e
doscientos y veinte a~ os que se hizo, carcomido, ennegrecido, y roto en muchas
n
partes, como sucede a casi (f. 15 anv.) todos los de madera de aquella edad,
pero las piedras y bronces de que se form estn hoy como si se acabara de
o a
hacer, y durar as millares de a~os, si de propsito no se destruye, y aniquila.
a n o
Por tanto, no debe admitirse por escusa de que los de madera son me-
nos costosos, porque promontorios de stos, hay en Madrid, y muy modernos
e
que han costado doblado, que si se hubieran hecho de bronce y de mrmoles,
a
y ultimamente aunque hubieran costado ms, se lograrn las ventajas de su
a a
decencia, limpieza, tensura y duracin. En varias partes se va introduciendo
o
esta prctica, aunque muy lentamente fuera de Madrid. (f. 15 rev.) y para
a
radicarla, se necesitar siglos; pero manifestando V. M. su voluntad, es in-
an
dubitable que se ver cumplida muy en breve.
a
Esto es lo que la Academia expone V. Majestad, deseosa de cumplir con
a
lo que le dicta su celo, y el
n de su establecimiento, que es promover por todos
caminos el adelantamiento de las Bellas Artes, y ver efectuadas las piadosas
intenciones de V. Majestad. Queda
nalmente a los pies de V. M. rogando
al Cielo conserve su Real Persona para felicidad de la Nacin. Madrid, 14 de
o
Agosto de 1777.
Remitida en 14 de Agosto de 1777.
02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba
n 43
En las actas de la junta particular del d 29 de Noviembre de 1777 Antonio
a
Ponz dice lo siguiente:
\\Se convoc esta Junta para dar cuenta en ella de una resolucin de
o o
S. M., y despus de haber le el acuerdo de la antecedente, ma-
e do
nifest una carta que me dirigi el Sor. Protector, cuyo contenido
e o
es el que sigue:
\\En vista de la representacin que la Academia de San Fernando
o
hizo con fecha 14 de Agosto acerca del desorden que se advert en
a
los edi
cios pblicos, y se~aladamente en la fbrica de las Iglesias
u n a
y retablos de ellas, me ha mandado S. M. pasar al Gobernador
del Consejo el papel del que incluyo copia, y dirigir a los Arzobis-
pos, Obispos, y dems Prelados del Reino, la Carta Circular que
a
acompa~a.
n
Cuide V. S. de dar cuenta de estas providencias dirigidas al fomento
de las Artes, en la primera Junta que celebre la Academia, y ruego
a Dios guarde a V. S. ms. as. como deseo.
San Lorenzo el Real, a 23 de Noviembre de 1777
El Conde de Floridablanca
Sor. D. Antonio Ponz.\" \"
(La carta publicada a continuacin se present a la junta particular de
o o
la Academia del d 29 de Noviembre de 1777. Esta real orden la envi el
a o
Conde de Floridablanca, Secretario del Consejo de Castilla y Protector de la
Academia, al consiliario Manuel Ventura de Figueroa, que hac las veces de
a
viceprotector de este organismo. A.A.S.F.: 3/123, actas, fol. 98 anv. y ss).
Ilmo. Sor.:
A pesar de la proteccin que merece al Rey el estudio de las tres Nobles
o
Artes, y se~aladamente el de la Arquitectura de que dependen la solidez, co-
n
modidad, proporcin y hermosura de los edi
cios, es tanta la irregularidad que
o
se advierte en la mayor parte de los que hoy se hacen, que noticioso de ello S.
M. ha resuelto dar nuevas providencias que a
ancen la acertada prctica de la
a
Arquitectura, y evite se contin e el lastimosos abuso de ella.
u
Para evitar se malgasten caudales en obras p blicas, que debiendo servir
u
de ornato, (f. 1 rev.) y modelo, existen solo como monumentos de deformidad,
de ignorancia, y de mal gusto, quiere S. M. que el Consejo prevenga a todos
los Magistrados, y Ayuntamientos de los Pueblos del Reino, que siempre que
02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba
n 44
se proyecte alguna obra p blica consulten a la Academia de San Fernando,
u
haciendo entregar al secretario de ella con la conveniente explicacin por es-
o
crito, los dibujos de los planes, alzados, y cortes de las Fbricas que se ideen,
a
para que examinados atenta, breve, y gratu tamente por los Profesores de Ar-
quitectura advierta la misma Academia el mrito, errores que contengan los
e o
dise~os, e indique el medio ms proporcionado para el acierto.
n a
Al expedir el Consejo las rdenes que desea el Rey, convendr tenga pre-
o a
sente la adjunta copia de Carta Circular, que me ha mando S. M. dirigir a
todos los Obispos, o Cabildos, y Prelados exhortndolos a que recurran en
a
la forma indicada a la Academia de San Fernando siempre, que mediten se
ejecute en las iglesias cualquiera obra de entidad.
S. M. me manda participarlo todo a V.S.I. para que haciendo presente
al Consejo, providencie ste, tengan el debido efecto tan sabias y provecho-
e
sas intenciones, prometindose S. M. que el Consejo celar su ms puntual
e a a
observancia.
Dios guarde a V. Ilma. muchos a~ os como deseo.
n
San Lorenzo el Real, a 23 de noviembre de 1777.
Sor. Conde de Floridablanca. Sor. Dn. Ventura de Figueroa.
(Antonio Ponz en las actas de esa misma junta particular del 29 de no-
viembre de 1777 dice lo siguiente (A.A.S.F.: 3/123, fol. 99 anv.{101 anv.)):
\\De la carta impresa que el Sr. Protector ha escrito de Orden de S. M. a
todos los Arzobispos, Obispos, y dems Prelados Eclesisticos del Reino, me
a a
envi S. E. un ejemplar cuyo contenido es el siguiente:
o
\\Despus de haber promovido el Rey en sus dominios el estudio de las tres
e
nobles Artes, Pintura, Escultura y Arquitectura, ya fomentando en Madrid
el instituto de la Academia de San Fernando, y ya fundando en otras partes
del Reino distintas Academias, o Escuelas, a las cuales ha facilitado toda su
proteccin y auxilios as a expensas del Real Erario, ha sabido y observado por
o
s mismo S. M. que no se coge todo el fruto que de tan utiles establecimientos
deb esperarse, viendo emprender, y llevar a efecto varias obras costosas,
a
de poca duracin y de ninguna hermosura, expuestas a muchos riesgos, y
o
censuradas de los inteligentes nacionales, y de la emulacin extranjera.
o
Entre tantos da~os, como por tal descuido, se han presentado a la conside-
n
racin de S. M., han llamado singularmente su religiosa y soberana atencin,
o o
las tristes y dolorosas experiencias que se repiten continuamente (fol. 99 rev.)
en los Sagrados Templos, en que por lo frgil y combustible de las materias
a
de que se componen los retablos, adornos y techumbres de los ms de ellos, y
a
por no adaptar exactamente su forma a las reglas del Arte, y del buen gusto,
unos perecen lastimosamente entre las llamas, como acaba de suceder en el
02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba
n 45
antiqusimo, y precioso monumento de Santa Mar de Covadonga; y sucedi
a o
pocos a~os ha en la Parroquia de Santa Cruz de Madrid, habiendo estado a
n
riesgo de lo mismo la Iglesia de Sto. Toms; y otros desdicen de la magestad
a
de aquellos lugares en que damos culto al omnipotente, y veneramos los ms a
sublimes objetos de la Religin.
o
La reverencia, seriedad, y decoro debido a las casas de Dios, la permanente
slida inversin de los dones que la piedad christiana franquea para la mayor
o o
decencia de ellas, la reputacin misma de los sujetos constituidos en dignidad,
o
y de los cuerpos que mandan o permiten la ejecucin de tales obras, y en
o
suma la necesidad de poner trmino a tan lastimosos ejemplares, han movido
e
al nimo de S. M. adems de haber providenciado lo conveniente, respecto
a a
a las obras pblicas, profanas, a man-(fol. 100 anv.) darme escribir a V en
u
su Real nombre, y excitar por lo que mira a las sagradas el ardiente celo de
V. para que en adelante cuide de no permitir se haga en los Templos de su
distrito y jurisdiccin obra alguna de consecuencia sin tener fundada seguridad
o
del acierto, el cual jams podr veri
carse sino se toman precauciones para
a a
evitar se edi
que contra las reglas y pericia del Arte.
A este
n, teniendo presente el Rey lo que sobre el particular le ha expuesto
la Academia de San Fernando, comprende no puede haber medio ms obvio a
y e
caz que el de que se consulte a la misma Academia por los Arzobispos,
Obispos, Cabildos, y Prelados, siempre que stos, ya sea a propias expensas,
e
o ya empleando caudales con que la piedad de los
eles contribuya, dispongan
hacer obras de alguna entidad. Convendr, pues, que los Directores, o Art
a
ces
que se encarguen de ellas, entreguen anticipadamente a aquellos superiores los
dise~os con la correspondiente explicacin, y que los Agentes, o Apoderados
n o
respectivos, presenten en Madrid a la Academia los dibujos de los planes,
alzados, y corte de las fbricas, capillas, y altares que se ideen, ponindolos
a e
en manos del Secretario, para que examinados con atencin, y brevedad, y sin
o
el menor dispendio de los interesados, advierta la propia Academia, el mritoe
o errores que contengan, e indique el medio que conceptue ms adaptable al
a
logro de los proyectos, que se formen con proporcin al gasto que quieran y
o
puedan hacer las personas que lo costeen.
Adems encarga S. M. a V. que en la ejecucin excuse cuanto sea dable
a o
emplear maderas, especialmente en los retablos y adornos de los altares, puesto
que apenas hay ciudad en el Reino, en cuyas cercan no abunden mrmoles,
as a
u otras piedras adecuadas; mediante lo cual, no slo se evitar gran parte del
o a
riesgo de los incendios (mayormente si se redujere el n mero de luces a lo que
u
pide el decoro del Templo, y dicta la devocin seria, y majestuosa practicada
o
en las Catedrales, y en las Capillas de S. M.) sino tambin se reformar el
e a
enorme infructuoso gasto de los dorados, expuestos a ennegrecimiento y digno
02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba
n 46
ejercicio de las Artes con monumentos de materias permanentes, pudiendo en
caso necesario suplir muy bien los estucos, por los mrmoles y jaspes.
a
El Rey con
a del celo de V. no me.{(fol. 101 anv.)nos que de sus luces, y
de las serias re
exiones que debe merecerle el asunto, tomar e
cazmente a su
a
cargo concurrir a que se efectuen tan justos deseos, como tambin a que cuanto
e
en los lugares sagrados ejecute no slo la Arquitectura, sino las dos Artes sus
o
compa~eras, Escultura y Pintura, sea correspondiente a la sublimidad de la
n
Religin, y al mayor esplendor y majestad del culto.
o
Ultimamente encarga el Rey a V. para complemento de lo que va enun-
ciando, que V. mani
este y encomiende a ese Cabildo, y a las Comunidades
que dependan de V. las intenciones de S. M. a
n de que contribuyan por
su parte a que estas vayan efectundose, en el
rme concepto de que sern
a a
sumamente gratas a S.M. las pruebas que espera le den todos en promover tan
sabias y provechosas providencias.
Dios guarde a V. muchos a~ os como deseo
n
El Escorial, 29 de noviembre de 1777.
El Conde de Floridablanca\".
(Actas de la Junta Ordinaria de la Real Academia de Bellas Artes de San
Fernando del 2 de Abril de 1786. A.A.S.F.: 85/3, fols. 9{10):
\\Di cuenta despus de otra carta asimismo del Sr. Protector, y es como
e
sigue: \\Conociendo el Rey la necesidad absoluta que hay de que se mejore en
el Reino la polic de las obras pblicas, as en su forma y aspecto, como en su
a u
solidez, remediando en cuanto sea posible los absurdos que comenten algunos
ignorantes ansiosos de ganancias que se cali
can de Profesores de Arquitectura,
mand al Consejo remitiese a la censura de la Academia de las tres nobles
e
Artes los proyectos de las citadas obras que se propusiesen en los Pueblos. El
Consejo lo ha ejecutado as y siendo muchos los expedientes que ha remitido,
,
se halla S. M. informado de que sobrecargan al Secretario de la Academia de
manera que por s slo no le ser posible darles expedicin con la brevedad
o a o
que conviene en un asunto como este de general importancia. Para precaver
el atraso y facilitar dicha expedicin ha resuelto S. M. que establecindose
o e
formalmente en la Academia una Comisin compuesta de los Directores y
o
Tenientes de Arquitectura, y de los Arquitectos Acadmicos de mrito que
e e
parezca agregar, a
n de que en ella se vean, examinen, y forme dictamen
sobre los proyectos de obras p blicas que remita el Consejo, o del consejo a
u
la Academia otros cuerpos autorizados, haga en ella las veces de Secretario
para todos estos asuntos, y los dems que la Academia remita al examen de
a
dicha Comisin Don Josef Moreno, segundo Director de Matemticas de la
o a
misma Academia, conservndole este empleo, su ejercicio y el sueldo que por
a
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n 47
l goza, y aumentndole cuatro mil reales por sueldo de Vicesecretario, y mil
e a
para gastos de o
cio quedando a cargo del Secretario de la Academia Don
Antonio Ponz, los dems asuntos relativos a ella, y sirviendo la Secretar en
a a
sus ausencias y enfermedades el referido Vicesecretario. Lo participo a V.S.
para que la Academia lo ponga en ejecucin, pasando desde luego a dicho
o
Vicesecretario los expedientes que haya de la referida especie, y ejecutando lo
mismo con los dems que en adelante ocurra. Dios guarde a V. S. muchos
a
a~os. El Pardo, a 22 de Marzo de 1786. El Conde de Floridablanca. Sor.
n
Marqus de la Florida. La junta que oy con toda atencin esta providencia la
e o o
obedeci inmediatamente y acord que se formase la Junta de Comisin, y que
o o o
se pasasen los expedientes que hubiese en mi poder, remitidos por el Consejo
para que en ella se vean y examinen\".
Se aconseja la lectura del siguiente libro como bibliograf complementaria
a
para realizar este comentario:
Bedat, Claude: La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (1744{
1808). Madrid, Fundacin Universitaria Espa~ ola { Real Academia de
o n
Bellas Artes de San Fernando, 1989.
Vase el cap
e tulo II de la tercera parte, \\El papel de la Academia en el
desarrollo del arte en Espa~ a\", pgs. 371{398.
n a
Asimismo:
Garc Melero,
a Jos Enrique: Arquitectura y burocracia: el proceso del
e
proyecto en la Comisin de Arquitectura de la Academia (1786{1808)\".
o
Madrid, U.N.E.D., 1991. En Espacio, tiempo y forma, n m. 4, pp.
u
283{348.
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n 49
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n 50
IV. Anlisis comparativo entre estas reproducciones de cuadros espa~ oles del
a n
gnero histrico pertenecientes a pocas y estilos diferentes. Tngase en cuenta
e o e e
los puntos siguientes: A) Diferencias y coincidencias en el tratamiento de las
formas: dibujo, colorido, perspectiva, composici n, etc. B) Diferencias en el
o
empleo y en el signi
cado de los temas. C) Indique las fuentes literarias y
la bibliograf que utilizar para profundizar en el estudio de la pintura de
a a
historia del siglo XIX. Para realizar este ejercicio cons ltese la bibliograf
u a
siguiente:
~
Vinuales Gonzalez, u n a
Jess: \\La pintura de historia en Espa~ a. Tipolog y
clasi
cacin\". En Espacio, tiempo y forma, nm. 2, 1988, pp. 239{258.
o u
Madrid, U.N.E.D., 1988.
Garc Melero,
a Jos Enrique: \\Pintura de historia y literatura art
e stica en
Espa~ a\". En Fragmentos, nm. 6, 1985, pp. 50{71. Madrid, Ministerio
n u
de Cultura, 1985.
Reyero, Carlos: \\Imagen histrica de Espa~ a (1850{1900)\". Madrid, Es-
o n
pasa Calpe, 1987. (Espasa Arte, 3).
Reyero, Carlos: \\La pintura de historia en Espa~ a\". Esplendor de un gnero
n e
en el siglo XIX. Madrid, Ctedra, 1988.
a
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n 53
V. La arquitectura racionalista en Espa~ a
n
El objeto de esta prueba es el anlisis y el estudio de la arquitectura racio-
a
nalista espa~ola y de sus contradicciones. En este sentido se han seleccionado
n
tres textos que pueden servir como indicadores de otras tantas posibles ten-
dencias de la vanguardia arquitectnica de los a~os veinte. Se adjunta tambin
o n e
una bibliograf bsica sobre este tema:
a a
{
Benevolo, L.: Historia de la arquitectura moderna.
Barcelona, Ed. Gustavo Gili, 1987.
{ Flores, C.: Arquitectura espa~ola contempornea.
n a
Madrid, Ed. Aguilar, 1961.
{ Domenech, L.: Arquitectura espa~ola contempornea.
n a
Barcelona, Ed. Blume. 1968.
{ Bohigas, O.: Arquitectura espa~ola de la Segunda Repblica.
n u
Barcelona, Tusquets, 1970.
{ Sola-Morales, I. de: Eclecticismo y vanguardia.
Barcelona, Ed. Gustavo Gili. 1980.
{ Sambricio, C.: Cuando se quiso resucitar la arquitectura.
Murcia, Librer Yerba, 1983.
a
{ Sambricio, C.: \\Arquitectura\", en Historia del Arte Hispnico VI.
a
Madrid, Alhambra, 1980.
TEXTOS
{ Torres Balbas, L.: \\Las nuevas formas de la arquitectura\", en Ar-
quitectura, Organo O
cial de la Sociedad Central de Arquitectos, n. 14,
a~o II (junio de 1919), pginas 145-148.
n a
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n 54
Y es que la arquitectura clsica, la que levanta los edi
cios de nuestras
a
ciudades, es un arte viejo y en plena decadencia. Es in til querer resucitarle.
u
Otras formas bell simas que contemplamos diariamente, constituyen la ver-
dadera arquitectura de la hora actual y tienen la sugestiva modernidad que
anhelan nuestros esp ritus.
Son las que pudiramos llamar de la arquitectura dinmica: los grandes
e a
trasatlnticos de curvas graciosas y enrgicas, los acorazados formidables, las
a e
locomotoras gigantescas que parecen deslizarse por las prader los aeropla-
as,
nos que imitan como casi todas las anteriores las formas de la naturaleza.
Ellas, unidas a las de los viaductos y puentes metlicos, las modern
a simas
estaciones de ferrocarril y las enormes fbricas constru
a das durante la guerra,
hacen que nuestra poca pueda compararse arquitectnicamente a la de los
e o
templos griegos y las catedrales gticas.
o
Los futuros historiadores de la arquitectura debern se~alar el comienzo
a n
de una nueva era en la que mientras agonizan las formas tradicionales de
una arquitectura basada fundamentalmente en principios estticos, surgen esas
e
otras formas de una belleza tan moderna y tan grande, de la arquitectura del
movimiento, propia de los tiempos presentes. El pasado, son la piedra y la
madera, materiales con los que no tenemos ya nada que decir; el porvenir est a
en el hierro, el cobre y el acero. Y notemos,
nalmente, que las obras de esta
arquitectura moderna ofrecen la misma lgica constructiva, igual razonamiento
o
de sus formas que el mejor templo griego y la catedral gtica ms pura, y que,
o a
como stos, son obras colectivas, cuyos autores permanecen en el annimo.
e o
{ Garc Mercadal, F.: \\Clsico renacentista: sus relaciones con la arqui-
a a
tectura moderna', en Arquitectura, 1924, pp. 150-152.
\\: : : El clasicismo no puede desecharse. Tronar contra el clsico es una men-
a
tecatez. Hoy por hoy, por todas partes, en los Estados Unidos, en Alemania,
donde sea, cuando queremos conseguir riqueza, serenidad, tenemos que recu-
rrir al consabido entablamento descansando sobre las consabidas columnas de
tantos pies de dimetro por tantos m dulos de altura\".
a o
\\Como nuestro amigo, admiramos sin reparos las obras clsicas griegas
a
o las romanas, tan diferentes de aqullas; la de los colosos del Renacimiento,
e
remozadoras de las anteriores; pero, sin embargo, en esta a
rmacin de nuestro
o
amigo creemos ver un error de perspectiva. Ser preciso analizar el camino, los
a
or
genes de nuestros conocimientos clsicos. De nuestra actividad escolar, algo
a
ms de lo anteriormente se~ alado se relacionaba con el clsico. En la escuela
a n a
02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba
n 55
hemos cre hacer clsico, unas veces copiadas y calcadas por las generaciones
do a
que nos anteceden... nunca se nos hab dicho que el clasicismo, ms que como
a a
un estilo, deb considerarse como un l
a mite, como la aspiracin a la perfeccin
o o
de la obra; nadie nos dijo que no hay arquitectura clsica ni no clsica, que
a a
no hay ms que arquitectura buena o arquitectura mala; que sin hacer ms
a a
entablamentos y columnas pod amos tambin aspirar a lo clsico, proyectando
e a
con serenidad, sin virtuosismo (esa cosa tan peque~ a a la que, a veces, se
n
da tanta importancia), pensando con medida y sobre las medidas, estudiando
y comparando las relaciones de unas con otras; la Euritmia, con sus ejes de
simetr principal y secundaria, las relaciones entre stos, la ponderacin de
a e o
macizos y huecos; que al ahorrar y huir de lo superior ser el camino unico
a
que nos pod conducir a la so~ada perfeccin clsica\".
a n o a
{ Lacasa, L.: Europa y Amrica: bajo y sobre el racionalismo de la
e
arquitectura (1929).
\\La postguerra ha tra con gran insistencia, en el lenguaje arquitectnico,
do o
la palabra racionalismo. Bajo esa palabra han empezado a
orecer en toda
Europa obras que aprueban una vez ms el poder constructivo de la palabra.
a
El racionalismo es algo ms que una serie de principios constructivos y
a
estticos; es nada menos que un sistema moral, una tica nueva, aunque si
e e
releemos la lmpara de la verdad en aquel libro de Ruskin, tan lejano ya de
a
nosotros, veremos que sus palabras, aderezadas con unos cuantos standard y
ripolin, pudieran muy bien servir en las proclamas del papel couch que nos
e
acaba de presentar cierto articulista arquitectnico.
o
Los racionalistas son puritanos, no ceden a los fciles atractivos del arte
a
histrico; plantean, con el corazn limpio y la cabeza serena, sus problemas en
o o
planta, y luego, sin concesiones al pasado, sin el menor temblor sentimental,
levantan sus muros, cubren con sus terrazas y dejan plantada su obra, la obra
de la verdad.
Nadie puede protestar de un ideal tan noble como el racionalismo, puesto
que es una cosa as como el ba~o del Jordn de la arquitectura\".
n a
CONSULTAS
REFERENTES AL CONTENIDO DE LOS TEMAS Y METODOLOG DE SU ESTUDIO
IA
RESPUESTAS DEL PROFESOR
EVALUACION PRUEBA OBJETIVA PRUEBA DE ENSAYO
a a
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Aciertos
a a
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Errores
a a
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Omisiones
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