Hª Arte EspañOl Moderno Y ContemporáNeo Ped

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    Hª Arte EspañOl Moderno Y ContemporáNeo Ped - Presentation Transcript

    1. UNIVERSIDAD NACIONAL ´ DE EDUCACION A DISTANCIA NOMBRE . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . APELLIDOS . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . CALLE . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ´ POBLACION . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . PROVINCIA . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . C.P. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ˜ HISTORIA DEL ARTE ESPANOL MODERNO Y ´ CONTEMPORANEO ´ PRUEBA DE EVALUACION A DISTANCIA / 1 ´ UNIDADES DIDACTICAS / 1, 2 y 3 N´mero de Expediente u 02525PE01A09
    2. 02525 Historia del Arte Espa˜ol Mod. y Cont. Primera prueba n 1 I. Prueba conceptual1 1. Describa el modelo barroco del templo de Jes´s. u 2. ¿Qu´ se entiende por arquitectura perecible o ef´ e ımera? 1 Pueden ser utiles los siguientes diccionarios de t´rminos art´ ´ e ısticos: Adeline, J.: Vocabu- lario de t´rminos de arte. Madrid, La Ilustraci´n Espa˜ola y Americana, 1881.- Bassegoda, e o n Buenaventura: Glosario de dos mil voces usuales en la t´cnica edificatoria con las respec- e tivas definici´n, etimolog´ sinonimia y equivalencia en alem´n, franc´s, ingl´s e italiano. o ıa, a e e Barcelona, Gustavo Gili, 1972 (obra reeditada en Barcelona, Editorial T´cnicos Asociados, e 1976).- Ceballos Jim´nez, Ignacio: Diccionario de t´rminos art´ e e ısticos, por ..., Laura Gonz´lez a Pujana y Sagrario Cantalejo. Madrid, Imp. Frama, 1978.- Fat´s, Guillermo, y Borr´s, Gonzalo: a a Diccionario de t´rminos de Arte y elementos de Arqueolog´ y Numism´tica. Zaragoza, Ana- e ıa a tole, 1973 (reeditado en Zaragoza, Editorial Guara, 1980).- Janneau,Guillaume: Dictionnaire des termes d’art... (S.l.) Editions Garnier Fr´res (1980).- Madariaga, Luis: Diccionario de e Arquitectura. Madrid, Ed. Tesoro, 1970 (Biblioteca Koel) y Diccionario de Pintura y Dibujo. Madrid, Ed. Tesoro, 1971 (Biblioteca Koel).- Paniagua, J. R.: Vocabulario b´sico de Arquitec- a tura. Madrid, Ed. C´tedra, 1978.- Perouse de Montcl´s, Jean Marie: Principes d’analyse sci- a o entifique: Architecture. M´thode et Vocabulaire. Paris, Imprimiere Nationale, 1972. Minist`re e e des Affaires Culturelles.- Ware, Dora, y Beatty: Diccionario manual ilustrado de Arquitectura. Barcelona, Ed. Gustavo Gili, 1969 (reeditado en 1977).
    3. 02525 Historia del Arte Espa˜ol Mod. y Cont. Primera prueba n 2 3. Ind´ ıquese la disposici´n de un “santuario de peregrinaci´n” portugu´s de la o o e primera mitad del siglo XVIII. 4. ¿Qu´ es el est´ e ıpite? 5. ¿Qu´ es una c´pula encamonada? e u 6. ¿Qu´ son los pasadizos? e
    4. 02525 Historia del Arte Espa˜ol Mod. y Cont. Primera prueba n 3 7. ¿Qu´ es una “portalada”? e 8. Descripci´n de una “hacienda” sevillana. o 9. ¿Qu´ son los pazos? e 10. Def´ ınase la columna salom´nica. o
    5. 02525 Historia del Arte Espa˜ol Mod. y Cont. Primera prueba n 4 11. ¿Qu´ es un camar´ e ın? 12. ¿Qu´ es un transparente? e 13. ¿Qu´ se entiende por relieve pict´rico? e o 14. ¿Qu´ es el “presepe”? e
    6. 02525 Historia del Arte Espa˜ol Mod. y Cont. Primera prueba n 5 15. ¿Qu´ son los elementos postizos? e 16. ¿Qu´ se entiende por “escultura fingida”? e 17. Expl´ ıquese el por qu´ de la supremac´ de la pintura sobre la escultura en e ıa Madrid. 18. Ind´ ıquense las partes de un retablo.
    7. 02525 Historia del Arte Espa˜ol Mod. y Cont. Primera prueba n 6 19. ¿Qu´ es un baldaquino? e
    8. 02525 Historia del Arte Espa˜ol Mod. y Cont. Primera prueba n 7 II. Comentario de dos de los diez libros siguientes: 1. De la introducci´n (p´gs. 41-60) y de la primera parte, La naturaleza de o a la transformaci´n estil´ o ıstica (p´gs. 61-125), del libro de E. W¨lfflin titu- a o lado Renacimiento y Barroco (Madrid, Alberto Coraz´n, 1977). Extensi´n o o m´xima, dos hojas. a 2. De la introducci´n, La cultura del Barroco como concepto de ´poca (p´gs. o e a 21-52), del libro de Jos´ Antonio Maravall, La cultura del Barroco (Barcelona, e Ed. Ariel, 1975). Extensi´n m´xima, dos hojas. o a 3. Del cap´ ıtulo I, Aspectos generales, de la Escultura barroca en Espa˜a, 1600- n 1770 de Juan Jos´ Mart´ Gonz´lez (Madrid, C´tedra, 1983). Extensi´n e ın a a o m´xima, dos hojas. a 4. De la colaboraci´n de Alfonso Rodr´ o ıguez G. de Ceballos, “Los fondos ar- quitect´nicos de la pintura del Siglo de Oro” (p´gs. 223-242), del libro o a titulado “El Siglo de Oro de la Pintura Espa˜ola”, escrito por varios au- n tores (Madrid, Fundaci´n Amigos del Museo del Prado, 1991. Biblioteca o Mondadori BM 22). Extensi´n m´xima, dos hojas. o a 5. De los cap´ıtulos I, Los or´ıgenes y el siglo XVI (p´gs. 15-32) y II, El siglo a XVII (p´gs. 33-58), del libro de Juan Antonio Gaya Nu˜o titulado Histo- a n ria de la Cr´ıtica de Arte en Espa˜a (Madrid, Ibero Europea de Ediciones, n 1975). El comentario no deber´ sobrepasar la extensi´n de tres hojas. F´ a o ıjese especialmente en los p´rrafos dedicados a la literatura arquitect´nica y re- a o flexi´nese sobre la importancia y la influencia de los tratadistas espa˜oles o n en la pr´ctica art´ a ıstica del Barroco. 6. De la introducci´n (p´gs. 21-37) y del cap´ o a ıtulo III, Bernini y Borromini (p´gs. 84-121) del libro de V´ a ıctor L. Tapi´ titulado Barroco y clasicismo e (Madrid, Ediciones C´tedra, 1978). Extensi´n m´xima, dos hojas. a o a 7. De los cap´ıtulos I, II y III (p´gs. 13-65) del libro El concepto de espacio a arquitect´nico desde el Barroco a nuestro d´ (Buenos Aires, Ed. Nueva o ıas Visi´n, 1973), de Giulio Carlo Argan. Extensi´n m´xima, dos hojas. o o a 8. De los cap´ıtulos III (Las pasiones del alma), IV (La visi´n trascendente de o la realidad y la tradici´n aleg´rica) y V (El Espacio) (p´gs. 69-162) del o o a libro de John Rupert Mart´ “Barroco” (Madrid, Xarait Ediciones, 1986). ın, Extensi´n m´xima, dos hojas. o a
    9. 02525 Historia del Arte Espa˜ol Mod. y Cont. Primera prueba n 8 9. Del cap´ ıtulo La arquitectura y el urbanismo (p´gs. 567-669) de A. Bonet a Correa en Historia de Espa˜a, Tomo XXVI. El Siglo del Quijote (1580- n 1680). Vol. II. Las Letras. Las Artes, Ed. Espasa-Calpe, Madrid, 1986. 10. Del cap´ıtulo Pintura y Escultura (p´gs. 671-754) de A. E. P´rez S´nchez en a e a Historia de Espa˜a. Tomo XXVI. El Siglo del Quijote (1580-1680). Vol. n II. Las Letras. Las Artes. Ed. Espasa-Calpe, Madrid, 1986. 11. Del cap´ ıtulo V, Posici´n econ´mica de los artistas (Signos de bienestar. El o o arte a trav´s del dinero. No pagar impuestos), p´gs. 195-214, del libro e a titulado “El artista en la sociedad espa˜ola del Siglo XVII”, por Juan Jos´ n e Mart´ Gonz´lez. (Madrid, C´tedra, 1984). Extensi´n m´xima: tres hojas. ın a a o a
    10. 02525 Historia del Arte Espa˜ol Mod. y Cont. Primera prueba n 9 III. Pruebas de ensayo 1. Redacci´n del tema siguiente: o Coincidencias y diferencias entre las escuelas barrocas de escultura castellana y andaluza. En la redacci´n de esta prueba se tendr´n en cuenta las reproducciones que o a se adjuntan, que deber´n comentarse mediante un an´lisis de las formas. a a Como obra b´sica se recomienda la consulta del libro de Juan Jos´ Mart´ a e ın Gonz´lez titulado Escultura barroca en Espa˜a 1600-1770. (Madrid, C´tedra, a n a 1983). Tambi´n del mismo autor: El artista en la sociedad espa˜ola del siglo e n XVII (Madrid, C´tedra, 1984); Escultura barroca castellana (Tomo I: Madrid, a Fundaci´n L´zaro Galdeano, 1959. Tomo II: Valladolid, 1971); El escultor Gre- o a gorio Fern´ndez (Madrid, Ediciones del Ministerio de Cultura, 1980); El Museo a Nacional de Escultura de Valladolid (Madrid, Everest, 1989). De Mar´ Elena ıa G´mez Moreno: La escultura del siglo XVII (Madrid, 1963. “Ars Hispaniae”). o De R. Otero T´nez: El Barroco y el Rococ´. La escultura. Tomo IV de la Historia u˜ o del Arte Hisp´nico a (Madrid, Ed. Alhambra, 1980).
    11. 02525 Historia del Arte Espa˜ol Mod. y Cont. Primera prueba n 10
    12. 02525 Historia del Arte Espa˜ol Mod. y Cont. Primera prueba n 11 1. Gregorio Fern´ndez: “Cristo Yacente”. a Hacia 1606. Museo Nacional de Escultura de Valladolid. 2. Juan de Mesa: “Jes´ s del Gran Poder”. u 1620. San Lorenzo, Sevilla.
    13. 02525 Historia del Arte Espa˜ol Mod. y Cont. Primera prueba n 12 3. Gregorio Fern´ndez: “Inmaculada”. a Antes de 1620. Encarnaci´n de Madrid. o 4.Alonso Cano: “Inmaculada”. 1655. Catedral de Granada. Facistol del coro.
    14. 02525 Historia del Arte Espa˜ol Mod. y Cont. Primera prueba n 13 5. Pedro de Mena: “Dolorosa”. Catedral de Cuenca. 6. Jos´ Risue˜o (1665-1732): e n “Virgen del Rosario”. Cartuja de Granada.
    15. 02525 Historia del Arte Espa˜ol Mod. y Cont. Primera prueba n 14 7. Gregorio Fern´ndez: “Bautismo de Cristo”. a (Altorrelieve) (Museo de Valladolid). (Hacia 1614). 8. Juan Mart´ ınez Monta˜´s: ne “Adoraci´n de los pastores” o (1609-1613). Retablo de S. Isidro del Campo. Santiponce (Sevilla).
    16. 02525 Historia del Arte Espa˜ol Mod. y Cont. Primera prueba n 15 9. Pedro Rold´n: “Entierro de Cristo” (1679). a Retablo del Hospital de la Caridad de Sevilla. 10. Pedro de Mena: “Mar´ Magdalena”. ıa 1664. Valladolid. Museo Nacional de Escultura.
    17. 02525 Historia del Arte Espa˜ol Mod. y Cont. Primera prueba n 16 11. Pedro Duque Cornejo: “Magdalena”. 1723-1728. Cartuja de Granada. 12. Alonso Cano: “Cabeza de San Pablo”. Catedral de Granada.
    18. 02525 Historia del Arte Espa˜ol Mod. y Cont. Primera prueba n 17 13. Jos´ de Villabrille y Ron: e “Cabeza de San Pablo”. (1707). Valladolid, Museo Nacional de Escultura. 14. Gregorio Fern´ndez: “San Bruno”. a 1634. Museo Nacional de Escultura.
    19. 02525 Historia del Arte Espa˜ol Mod. y Cont. Primera prueba n 18 15. Manuel Pereira: “San Bruno”. 1624-1635. Cartuja de Miraflores de Burgos. 16. Mart´ ınez Monta˜´s: “San Bruno”. ne 1634. Museo de Bellas Artes de Sevilla.
    20. 02525 Historia del Arte Espa˜ol Mod. y Cont. Primera prueba n 19 17. Gregorio Fern´ndez: “Santa Teresa de Jes´ s”. a u 1625. Museo Nacional de Escultura de Valladolid. 18. Pedro de Mena: “San Francisco de As´ ıs”. 1663. Catedral de Toledo.
    21. 02525 Historia del Arte Espa˜ol Mod. y Cont. Primera prueba n 20 19. Juan Mart´ınez Monta˜´s: “San Jer´nimo penitente”. ne o 1609-1613. San Isidoro del Campo. Santiponce (Sevilla).
    22. 02525 Historia del Arte Espa˜ol Mod. y Cont. Primera prueba n 21 2. Redacci´n del tema siguiente: o Evoluci´n tipol´gica de las fachadas de los edificios barrocos espa˜oles. Sus o o n modelos europeos y las aportaciones originales. En la realizaci´n de este tema se analizar´n detenidamente, como ejemplos a o a tener en cuenta, las reproducciones que se publican a continuaci´n, haciendo ver o las diferencias y coincidencias formales existentes entre ellas. Para la realizaci´n de este estudio se recomienda la bibliograf´ siguiente: o ıa – Bonet Correa, Antonio: Iglesias madrile˜as del siglo XVII. 2 a ed. Madrid, n C.S.I.C., Instituto “Diego Vel´zquez”, 1984. a – Bonet Correa, Antonio: La arquitectura en Galicia durante el siglo XVII. 2a ed. Madrid C.S.I.C., Instituto “Diego Vel´zquez”, 1986. a – Bonet Correa, Antonio: Arquitectura barroca en Andaluc´ Barcelona, ıa. Pol´ ıgrafa, 1978. – Kubler, George: Arquitectura de los siglos XVII y XVIII. Madrid, Plus Ultra, 1957. en “Ars Hispaniae”, vol. XIV. – Wittkower, Rudolf: Arte y arquitectura en Italia: 1600-1750. Madrid, C´tedra, 1979. a – Blunt, Anthony: Arte y arquitectura en Francia 1500-1700. Madrid, C´tedra, 1977. a
    23. 02525 Historia del Arte Espa˜ol Mod. y Cont. Primera prueba n 22 Fig. 20 Fig. 21
    24. 02525 Historia del Arte Espa˜ol Mod. y Cont. Primera prueba n 23 Fig. 22 Fig. 23
    25. 02525 Historia del Arte Espa˜ol Mod. y Cont. Primera prueba n 24 Fig. 24 Fig. 25
    26. 02525 Historia del Arte Espa˜ol Mod. y Cont. Primera prueba n 25 Fig. 26 Fig. 27
    27. 02525 Historia del Arte Espa˜ol Mod. y Cont. Primera prueba n 26 Fig. 28 Fig. 29
    28. 02525 Historia del Arte Espa˜ol Mod. y Cont. Primera prueba n 27 Fig. 30 Fig. 31
    29. 02525 Historia del Arte Espa˜ol Mod. y Cont. Primera prueba n 28 3. Comentario sobre la arquitectura de los pintores–arquitectos del barroco en Espa˜ a. n Una de las pol´micas m´s interesantes del barroco espa˜ol es el debate man- e a n tenido entre arquitectos y pintores–arquitectos en la configuraci´n de un nuevo o lenguaje arquitect´nico. Las consecuencias de ese debate han influido notable- o mente, hasta tiempos recientes, en los propios estudios de historia de la arquitec- tura de los siglos XVII y XVIII. Las obras y supuestos te´ricos defendidos por o artistas como Alonso Cano, Vel´zquez, Herrera Barnuevo, Herrera el mozo, etc. a tuvieron unos cr´ıticos permanentes en arquitectos de profesi´n como J. G´mez o o de Mora o Fray Lorenzo de San Nicol´s, entre otros. a Problemas de intrusismo profesional, el estatuto liberal del artista, los nuevos lenguajes figurativos y formales, la figura del artista, el parang´n entre las artes, o son temas que surgir´n, entre otros, a la hora de enfrentarse con este debate de a amplia resonancia y significaci´n para comprender las peculiares caracter´ o ısticas de la arquitectura espa˜ola. n Para realizar el comentario deben utilizarse los estudios, mencionados en la bibliograf´ del programa de la asignatura, de A. Bonet Correa; J.J. Mart´ ıa ın G´nzalez; A. Rodr´ o ıguez de Ceballos y F. Calvo Serraller. Entre los tratados de la ´poca es necesario consultar los de F. Pacheco; V. Carducho y A. Palomino. e Como textos–gu´ para iniciar el comentario se reproducen dos, uno del his- ıa toriador ilustrado E. Llaguno, que tanta influencia tendr´ en la posterior valo- a raci´n de este fen´meno hasta tiempos recientes, y otro de D. Mantuano, pintor– o o arquitecto que particip´ en un concurso para restaurar el Monasterio del El Esco- o rial despu´s del incendio de 1671, compitiendo con otros proyectos de arquitectos e como Gaspar de la Pe˜a; Jos´ del Olmo; Fray Lorenzo de San Nicol´s; Bartolom´ n e a e Zumbigo o el Hermano Bautista.
    30. 02525 Historia del Arte Espa˜ol Mod. y Cont. Primera prueba n 29 1. (Biograf´ de Alonso Cano) ıa “De aqu´ naci´ la delirante secta borrominesca, que difundida inmediatamente ı o en Espa˜a logr´ a´n mayor s´quito que en el pa´ donde tuvo su origen (se refiere n o u e ıs a Italia y a Borromini), principalmente entre pintores y tallistas, que eran los que dise˜aban casi todas las obras de alguna consideraci´n. Si Alonso Cano se n o anticip´ a acreditarla, como se infiere de lo que dice Palomino, podremos dejarle o con su gran m´rito en la pintura y escultura, y dudar que en la arquitectura e merezca elogio. De una vez para siempre quiero a˜adir que yo por mi parte fio muy poco de n la arquitectura de nuestros pintores de casi todo el siglo pasado (el XVII) y aun estoy en la creencia de que se les debe atribuir en gran parte la corrupci´n a que o lleg´ entre nosotros. Se pondera a favor de los pintores la facilidad de hacerse o arquitectos con el ejemplo de algunos italianos, que han sido sublimes en ambas cosas; llegando a asegurar que no ha habido buen arquitecto que antes o al mismo tiempo no haya sido pintor o escultor, sin embargo de que no lo fueron Palladio; Sacamozzi; I˜igo Jones; Juan de Herrera ni otros hombres eminentes”. n E. Llaguno, Noticia de los arquitectos y arquitectura de Espa˜a. Madrid, 1929. n Vol. IV, p´gs. 39–40. a 2. (D. Mantuano, pintor y escen´grafo bolo˜es, experto en quadratura, trabaj´ o n o al servicio del Marqu´s de Heliche y de Felipe IV). e Defendiendo su proyecto, que fue criticado por no ser arquitecto, para El Escorial, escribe en 1672: “. . . los mayores arquitectos han sido pintores, s´lo quiero nombrar o cinco, que fueron Bramante pintor, que suscit´ la buena Arquitectura o despu´s de los Godos; Micala˜e y el Bonaroti; Sebastiano Serlio mi e n paisano; y Jacobo de Vi˜ola tambi´n mi paisano, ejerc´ la pintura, n e ıan como yo, y tenemos muchas obras al fresco en mi patria. . . y ahora el m´s aprobado arquitecto, que hay en toda Italia es el caballero a Bernini; el cual era escultor, y para llegar a la cumbre de la arquitec- tura se dio a la Pintura para ser Arquitecto. . . y en fin s´lo en Espa˜a o n no quieren ser Arquitectos (los pintores). Archivo Hist´rico Nacional, C´mara de Castilla, leg. 16.196. o a
    31. 02525 Historia del Arte Espa˜ol Mod. y Cont. Primera prueba n 30
    32. 02525 Historia del Arte Espa˜ol Mod. y Cont. Primera prueba n 31
    33. CONSULTAS REFERENTES AL CONTENIDO DE LOS TEMAS Y METODOLOG´ DE SU ESTUDIO IA RESPUESTAS DEL PROFESOR ´ EVALUACION PRUEBA OBJETIVA PRUEBA DE ENSAYO Aciertos Errores Omisiones TOTAL TOTAL
    34. UNIVERSIDAD NACIONAL  DE EDUCACION A DISTANCIA NOMBRE . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . APELLIDOS . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . CALLE . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ´ POBLACION . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . PROVINCIA . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . C.P. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ˜ HISTORIA DEL ARTE ESPANOL MODERNO Y ´ CONTEMPORANEO ´ PRUEBA DE EVALUACION A DISTANCIA / 2 ´ UNIDADES DIDACTICAS / 4, 5 y 6 N´mero de Expediente u 02525PE01A09
    35. 02525 Historia del Arte Espa~ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 1 I. Prueba de iniciacin a la investigacin o o Comentario de una obra artstica de cualquier gnero de su localidad o  e provincia o autonoma, correspondiente a las tendencias Neoclsica o de los  a siglos XIX y XX. Este estudio deber hacerse bajo la direccin y el asesoramiento del profesor a o tutor de esta asignatura en su centro Asociado a la UNED, quien le aceptar a el tema y le orientar tanto metodolgicamente como en la posible b squeda a o u documental y bibliogr
    36. ca a que hubiera lugar. a El trabajo, de una extensin entre los 10 y los 25 folios mecanogra
    37. ados, o es independiente a la fecha de entrega de esta evaluacin a distancia nmero o u 2. Deber enviar al Departamento de Historia del Arte de la Sede central de a la UNED una copia o fotocopia del trabajo, siempre, lgicamente, acompa~ada o n de una fotografa o reproduccin de la obra de arte escogida, y de la bibliograf  o a consultada. El estudio tiene que remitirse a dicho Departamento entre los das  15 y 30 de abril de 1995. No se aceptarn los enviados despus de esta fecha a e para que su correccin no se junte con la de las segundas pruebas personales. o La cali
    38. cacin obtenida en este trabajo de iniciacin a la investigacin o o o servir para aumentar la nota de la segunda prueba personal en 0'5, 1, 1'5 y a 2 puntos segn su calidad. Nunca la bajar, excepto cuando sea una copia de u a publicaciones existentes. Estos trabajos no sern devueltos por correo, sino de a forma personal. De ah que se pre
    39. era recibir una copia o fotocopia.  Este trabajo de iniciacin a la investigacin tiene un carcter voluntario. Se o o a cali
    40. car teniendo en consideracin la originalidad del tema elegido, el mtodo a o e empleado, las fuentes bibliogr
    41. cas, literarias y documentales utilizadas, y la a aportacin gr
    42. ca. o a
    43. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 2
    44. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 3
    45. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 4 II. Comentario de uno de los libros siguientes 1. Del captulo \\El siglo XIX\" (pgs. 222-293), del libro Historia de la a pintura francesa, de Pierre Francastel (Madrid, Alianza Editorial, 1970). 2. Del libro de Francisco Jos Len Tello y Virginia Sanz Sanz, titulado e o \\Esttica y teora de la Arquitectura en los tratados espa~oles del siglo e  n XVIII\" (Madrid, C.S.I.C., 1994), se resumir de la pg. 587 a la 635 a a sobre la formacin del arquitecto (\\Teor del arquitecto\"). o a 3. Del cap tulo Los textos y tratados de arquitectura en la Espa~ a ilustrada n (pgs. 55-91) del libro de Carlos Sambricio, La arquitectura espa~ola de a n la Ilustracin, Madrid, 1986. o 4. Del captulo Las vertientes neomedievales (pgs. 195-278) del libro de a Javier Hernando, Arquitectura en Espa~a 1770-1900 (Ed. Ctedra, Ma- n a drid, 1989). 5. Del cap tulo VII, \\El Neogtico\" (pgs. 316-358), del libro de Robin Mid- o a dleton y David Watkin, Arquitectura moderna (Madrid, Aguilar, 1979). 6. Del captulo IV, La crtica a las primeras vanguardias y el rechazo de la  Historia como tradicin (pgs. 187-228), del libro titulado El Siglo XX. o a Entre la muerte del Arte y el Arte Moderno de Alfredo Aracil y Delf n Rodrguez (Madrid, Istmo, 1982. Coleccin Fundamentos, 80). o 7. De la segunda parte, Historicismo (pgs. 57-129), del libro titulado Los a ideales de la arquitectura moderna; su evolucin (1750-1950) de Peter o Collins (Barcelona, Gustavo Gili, 1981 [4a ed.]). 8. De los ep grafes 2 (La persistencia del elemento clsico), 3 (La in uencia a medieval en la prctica arquitectnica) y 4 (En busca de la nueva ciudad a o ortogonal) (pgs. 314-335), de la colaboracin \\Las artes plsticas en a o a Espa~a (1833-1868)\" de Jos E. Garc Melero en el tomo XIV, titu- n e a lado La Espa~a liberal y romntica, de la Historia General de Espa~a y n a n Amrica (Madrid, Rialp, 1983). e 9. Del cap tulo 2 ( L'exemplum virtutis) del libro de Robert Rosemblum, Transformaciones en el arte. Iconograf y estilo entre el Neoclasicismo a y el Romanticismo (Madrid, Taurus, 1986).
    46. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 5 10. Del Captulo titulado \\Artistas espa~oles en Pars\", pp. 515-534, del n  libro \\Pintura y escultura espa~olas del siglo XX (1900-1939 y 1939{ n 1990) de Valeriano Bozal. Madrid, Espasa Calpe, 1992. Summa Artis, v. XXXVI-XXXVII. 11. Del cap tulo 5, \\El romanticismo y la historia\", pp. 111-167, del libro \\El pensamiento romntico y el arte en Espa~a\" de Javier Hernando a n (Madrid, Ctedra, 1995). a 12. Del captulo titulado \\Predicamentos del arte del siglo XX\" (pgs. 13- a 60) del libro de Jess Vi~uales Gonzlez, \\Criterios de valoracin del u n a o arte actual\" (Madrid, U.N.E.D., 1995. Aula Abierta A.A.85).
    47. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 6
    48. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 7 III. COMENTARIOS DE TEXTOS El alumno har uno de los comentarios (A, B y C) que a continuacin se a o publican, pudiendo elegir de entre los tres. No obstante, se recomienda la lectura de los tres ejercicios, pues pueden ser objeto de examen en la prueba presencial. A) Comentario de los textos adjuntos que se re
    49. eren a la consideracin de o las artes medievales, en especial del estilo gtico, durante el \\neoclasicismo o romntico\" y el \\romanticismo\". a En las dcadas
    50. nales del siglo XVIII y en las primeras del XIX se gesta- e ron algunas de las principales coordenadas estticas que mejor suelen de
    51. nir e tpicamente al arte romntico. Una de las ms signi
    52. cativas es el inicio de la o a a revaloracin de los estilos de la Edad Media, sobre todo del gtico, que tanta o o atraccin ejerci durante el diecinueve en la potica y en la prctica del arte. o o e a Tuvo lugar entonces el per odo que muchos historiadores suelen denominar del \\neoclasicismo romntico\", momento en el cual determinados autores han a querido ver un instante de tensin y hasta de contradiccin entre una forma- o o cin, un credo y una voluntad clasicistas y un gusto siempre creciente hacia las o formas medievales. Sin duda, fue el historicismo dieciochesco el principal ins- pirador de esta circunstancia y la historia y la re exin sobre las realizaciones o artsticas del pasado el hilo conductor del per odo extenso que se desarrolla entre 1750 y 1875. En el anlisis de estas fuentes literarias el alumno considerar los aspectos a a siguientes: 1.- Breve comentario general sobre cada texto. 2.- Anlisis y comparacin entre las diferentes clasi
    53. caciones, denominacio- a o nes, cronolog y per as odos que cada uno de los autores establece de la Edad Media en relacin con las usadas en la actualidad. o 3.- >Por medio de qu estilo se codi
    54. ca durante las dcadas
    55. nales del siglo e e XVIII las artes medievales? Raznese la respuesta entresacando prrafos o a signi
    56. cativos de los textos. 4.- >Hay en estos autores una contradiccin real entre su formacin clsica o o a y su gusto hacia el gtico? >Por qu? o e 5.- >Hay una cr tica de la historiograf romntica, personi
    57. cada aqu en a a  Caveda, hacia la neoclsica por no haber visto con claridad la diversidad a de los estilos de la Edad Media? Raznese la respuesta. o
    58. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 8 6.- >Existe una correlacin en Espa~a entre la teor y la prctica arquitec- o n a a tnica goticista durante estos per o odos? Como bibliograf complementaria se recomiendan las publicaciones si- a guientes: { Azcarate , J. M.: \\Valoracin del gtico en la esttica del siglo XVIII\". o o e En \\El Padre Feijoo y su siglo\". Oviedo, 1966. Pp. 525-544. (\\Cuader- nos de la Ctedra de Feijoo\", nm. 18). a u { Henares Cuellar , Ignacio: La teora de las artes plsticas en Espa~a  a n en la segunda mitad del siglo XVIII. Granada, Departamento de Historia del Arte de la Universidad, 1977. Cap. IV. El Oriente y la Edad Media en el historicismo del setecientos. { Garc a Melero o a , J. E.: \\La visin del Romnico en la historiografa espa~ola del Neoclasicismo romntico\". En Espacio, tiempo y forma, n a nm. 1. Madrid, U.N.E.D., 1988, pp. 139-186. Tambin del mismo au- u e tor: \\Realizaciones arquitectnicas de la segunda mitad del siglo XVIII o en los interiores de las catedrales gticas espa~olas.\" En Espacio, tiempo o n y forma, nm 2, serie VII. Madrid, U.N.E.D., 1989. pp. 223{286. \\Es- u piritualidad y esttica: las transformaciones en los exteriores de las ca- e tedrales gticas espa~olas en el siglo XVII\". En Hispania Sacra, nm. o n u 41, 1989, pp. 603{640. Madrid, Centro de Estudios Histricos, C.S.I.C., o 1989.{ \\Bases metodolgicas para el estudio de las transformaciones ar- o quitectnicas de las catedrales gticas\". En IV jornadas de Arte. \\El o o arte en tiempo de Carlos III\", pp. 125{135. Madrid, Instituto \\Diego Velzquez\" del C.S.I.C., 1989. a Desde el punto de vista universal: { Patetta , Luciano: L'Architettura dell'eclettismo. Fonti, teorie, modelli, 1750-1900. Milano, Grabiele Mazzota editore, 1975. ..............................
    59. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 9 { Jovellanos , Gaspar Melchor: Historia y destino de las Bellas Artes en Espa~a. Oracin pronunciada en la Academia de Bellas Artes de San n o Fernando por el ... Barcelona, Imp. de Joaqu Verdaguer, 1840. 64 p. n 17,5 cm. .............................. (: : : ) (P. 10) \\Pero las irrupciones de los septentrionales hicieron de nuevo  Espa~a un teatro de desolacin y de ruinas. Mrida, Tarragona, Itlica, a n o e a Sagunto, Numancia y Clunia, ofrecen todav  los curiosos una idea de la a a magni
    60. cencia romana, y del esp ritu destructor que animaba  los feroces a Wisigodos. Aqu ser preciso, Se~or Excelent  a n simo, interrumpir el curso de nuestra oracin, y pasar de un salto el vac que nos presenta la historia de los conoci- o o mientos humanos. En este vac se hunden  un mismo tiempo la literatura, las o a ciencias, las artes, el buen gusto, y hasta el genio criador que las pod repro- a ducir. Parece que cansado el esp ritu humano de las violentas conclusiones con que la hab a igido el desenfreno y la barbarie, dorm profundamente, ne- an a gado  toda accin y ejercicio, abandonando el gobierno del mundo al capricho a o y la ignorancia. En el espacio de muchos siglos casi no encontramos las artes sobre la tierra; y si de cuando en cuando divisamos algunos de sus monumentos, es tal, que apenas nos libra de la duda de su existencia: as como aquel r que despus  o e de haber conducido penosamente sus aguas por sitios pedregosos y quebrados, desaparece repentinamente de nuestra vista sumido en los abismos de la tierra, y vuelve  brotar despus de trecho en trecho, no ya rico y majestuoso como a e (p. 11) antes era, sino pobre, des
    61. gurado, y con ms apariencias de lago que a de ro. En medio de las tinieblas que cubr la Europa en esta poca triste y me- an e morable, divisamos  Espa~a haciendo grandes esfuerzos para sacudir el yugo a n de la ignorancia, y buscar su ilustracin. En el siglo XII vemos en ella abiertos o estudios pblicos para la ense~anza de las ciencias, y artes liberales: en el XIII u n aparece la lengua castellana despojada de su antigua rudeza, y cubierta ya de esplendor y majestad. Los poetas, los historiadores y
    62. lsofos la cultivaron y o acreditan; y
    63. nalmente, un sabio legislador  quien deben eternas alabanzas a otras ciencias, produce un cdice admirable, que ser perpetuo testimonio de o a los progresos del esp ritu humano en aquel tiempo.
    64. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 10 Por entonces vuelven  parecer las bellas artes en Espa~ a, des
    65. guradas  a n e imperfectas  la verdad, mas no por eso indignas de la especulacin de los a o a
    66. cionados. La arquitectura especialmente ofrece muchos monumentos dignos de admiracin por su inmensa grandeza, por el lujo de sus adornos, y por la o delicadeza de su trabajo. Los romanos hab hecho primero ms complicados los principios de este an a Arte, a~adiendo  los tres rdenes griegos el toscano y el compuesto, y des- n a o
    67. gurando despus todos los rdenes, con adornos extra~ os. Los griegos del e o n bajo imperio empezaron  alterar los principios y reglas de proporcin de la a o arquitectura antigua; y los rabes y alemanes (p. 12) trabajando  imitacin a a o de estos griegos; pero sin ning n sistema cierto de proporcin, produjeron dos u o especies de arquitectura,  la ultima de las cuales se dio impropiamente el a  nombre de Gtica. o Ambas se ejercitaron en Espa~ a con esplendor desde el siglo XIII, y a n n u se ven algunas obras, donde se observa confundido el gusto de una y de otra. Parece que esta arquitectura representa el carcter de los tiempo en que fue a cultivada. Grosera, slida y sencilla en los castillos y fortalezas; seria, rica y o cargada de adornos en los templos; ligera, magn 
    68. ca y delicada en los palacios, retrataba en todas partes la marcialidad, la supersticin, y la galanter que o a distingui los nobles de los siglos caballerescos. o Pero sobre todo es admirable en los templos. <Qu suntuosidad!, <qu e e delicadeza!, <qu seriedad tan augusta no admiramos todav en las clebres e a e iglesias de Burgos, de Toledo, de Len y Sevilla! Parece que el ingenio de o aquellos artistas apuraba todo su saber para idear una morada digna del Ser Supremo. Al entrar en estos templos, el hombre se siente penetrado de una profunda y silenciosa reverencia, que apoderndose de su esp a ritu, le dispone suavemente  la contemplacin de las verdades eternas. a o Pero examinad las partes de estos inmensos edi
    69. cios  la luz de los prin- a cipios del arte. <Qu multitud tan prodigiosa de delgadas columnas, reunidas e entre s para formar los apoyos de las altas bvedas!, <qu profusin, qu lujo en  o e o e los adornos! (p. 13), <qu menudencia, qu numiedad en el trabajo!, <qu labe- e e e rinto tan intricado de capiteles, torrecillas, pirmides, templetes, derramados a sin rden y sin necesidad por todas las partes del templo!, <qu desproporcin o e o tan visible entre su anchura, y su elevacin!, <entre las partes sostenidas, y las o que sostienen!, <entre lo principal, y lo accesorio! Lo mismo se puede decir de la pintura y escultura contemporneos. Alguna a vez hallamos en las obras de aquel tiempo ciertos rasgos de ingenio, que nos sorprenden: nobleza en los semblantes, expresin en las actitudes, gentilezas en o las formas; grandiosidad en los pliegues; sin que por eso el todo de las
    70. guras ofrezca  nuestros ojos la idea del gusto y la armon que slo puede resultar a a, o
    71. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 11 de la ms exacta proporcin. Al lado de una
    72. gura lngida y esbelta, se halla a o a tal vez otra enana y reducida. Las edades y los sexos no se distinguen por la simetr sino por el tama~o de las
    73. guras; y en
    74. n, los movimientos de aquel a, n tiempo no nos ofrecen la idea de otra proporcin, que la que determinaba el o ojo del artista. Y ved aqu se~ores, por qu, desde el siglo XII al XV, se hicieron tan cortos , n e adelantamientos en las artes. Como en ellas no se segu un sistema
    75. jo de a proporciones, sus progresos, tales cuales fuesen nunca pod llevarlos hasta la an perfeccin. El artista buscaba la belleza en su idea, y girando continuamente o dentro de este c rculo, donde no exist se fatigaba en vano sin encontrarla. a, <Cunto mas e
    76. caces hubieran sido sus esfuerzos si saliendo (p. 14) de aquella a corta esfera, se hubiera elevado  estudiar el bello prototipo de la naturaleza! a Pero entre tanto iba llegando el tiempo destinado para la restauracin de o las artes. El trato con los griegos refugiados  Italia despus de la toma de a e Constantinopla por Mahometo, hijo de Amurate II, hab adelantado mucho a la instruccin de los italianos y mejorado el arte del dibujo, que ya cultivaban o con aplicacin desde el siglo precedente. El clebre Besarion acredit en Italia, o e o entre otras obras estimables, los libros de Vitrubio, unico autor en que los  artistas modernos pod estudiar la simetr de los antiguos. Bruneleschi an a hall en l las proporciones de la antigua arquitectura, y conduciendo  la o e a observacin de los antiguos monumentos, arregl el nuevo sistema de edi
    77. car, o o que desterr para siempre el gusto brbaro (: : : ). o a .............................. Bosarte, Isidoro: Discurso sobre la restauracin de las Bellas Artes en Es- o pa~a. Disertacin sobre el estilo que llaman gtico en las obras de Ar- n o o quitectura. Madrid, Imp. Viuda de Ibarra e Hijos, 1791. 53 p. 15 cm. (En \\Gabinete de Lectura Espa~ ola\", nm. III). n u .......................... \\La irrupcin de los Godos en las Provincias meridionales acab de arrui- o o nar las Artes. Los edi
    78. cios de admiracin y de deleyte no pod hacerse o an respetar de unos invasores ignorantes y sin idea; ni ellos sab cmo poner el an o pie sin allanar todo el terreno de los que les hab precedido\" (: : : ). an
    79. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 12 \\Godos, Ostrogodos, Visigodos, Suevos, Silingos, Hunos, y Normandos todos se notan con la misma nota de infamia quando se trata de las Bellas Artes. Luego que el buen gusto apag el hacha, que hab llevado encendida o a por Atenas y Roma, y la entreg en manos del error, los invasores invidiosos o de la felicidad del Imperio Romano, y de la de sus provincias, se dieron  a trabajar de nuevo como en desquite de lo bueno. El hilo de doctrina se perdi . o La Cr tica y la Filosof esto es, el uso de la sana razn, que son las que crian, a, o y perfeccionan las Artes, se ignoraban de todo punto. De Arquitectura no hab quedado ms que un libro, y ste  no se sab dnde estaba, o no se a a e o a o le Nadie pensaba en estudiar los vestigios de la antig edad, ni se deleytaban a. u en contemplarla, ni la imitaban, ni la med ni escudri~aban las razones con an, n que las obras de los antiguos se hab hecho\" (: : : ). an (: : : ) \\En el siglo VI christiano es de creer que suced en esta Provincia del a Imperio Romano lo que suced en las dems, que era haberse olvidado hasta a a el nombre de la Arquitectura. Cimentarios, que es como si dixsemos obreros e u alba~iles y no hab ms arquitectura que la alba~ iler Por las escrituras  n a a n a. latinas, inscripciones  letreros de las Iglesias, y los sepulcros se pod indagar o a la historia de nuestros edi
    80. cios hechos en el Imperio de los Godos. Del siglo VII christiano se dice ser un vestigio de Iglesia cerca de Toledo. Desde el siglo VIII en que empez el reynado de los Reyes de Len, puede haber ms noticia o o a que de los anteriores que fueron propiamente los Godos. Las obras de estos hechas en algunos pa de su conquista pasan por pesad ses simas, muy macizas, y sin hermosura alguna por causa de la total ignorancia del dibuxo. La torre de San German de los Prados en Par y la de San Pedro, que llaman de s, Chartres, se tienen por del siglo VI como dex notado Felibien. La alba~ iler o n a sin las luces de la Arquitectura deb ser muy t a mida y pesada\" (: : : ). (: : : ) \\Por estilo gtico,  manera gtica de edi
    81. car se entiende com nmente o o o u aquella que corre desde los tiempos de Carlo Magno hasta la restauracin de las o Artes en el siglo XVI. Pero se debe exceptuar la Iglesia de Aix de la Chapelle, mandada construir por Carlo Magno, seg n se dice, conforme al estilo de la u Arquitectura Romana, para cuyo efecto se traxeron muchas columnas antiguas de Ravena  Aix. Las datas del estilo imperial, que es el que llaman Gtico, a o parece que pueden empezar en los Palacios celebrados, que aquel Emperador hizo edi
    82. car junto  Maguncia, y en Nimega, que se reputaron entonces por a las mejores obras que hab parecido en el espacio de quatro siglos, contando an desde la irrupcin de los Godos en el Imperio. De Alemania pas este estilo o o gtico imperial,  imperial germnico  Italia, Francia, Flandes, Inglaterra, y o o a a Espa~a. Ya no se conoc otra Arquitectura que aqulla. Tuvo, como todas n a e las Artes, su principio, sus aumentos, y sus
    83. nes. Desde el siglo IX hasta el XIII se observa que los edi
    84. cios por lo general no eran muy grandes, ni muy
    85. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 13 adornados; pero desde el siglo XIII en adelante se fueron haciendo edi
    86. cios de mucha capacidad y adorno, como vemos en tantas Catedrales, casas de Cabildo, y Abad de dentro, y de fuera de Espa~ a\" (: : : ). as n (: : : ) \\Los restauradores de las Artes desecharon aquella manera de edi
    87. car, la cali
    88. caron de brbara, como extraviada del buen gusto de la Antig edad, a u y la abolieron enteramente. A los restauradores han seguido las Academias Reales de las Artes en las Naciones donde se han abierto. Para conservar y seguir el gusto de los antiguos Griegos y Romanos se ha trabajado sobre Vitrubio por los Literatos y Artistas en muchas partes. Vitrubio es el  nico u libro que nos ha quedado de la Arquitectura de los antiguos, y debe tenerse como el intrprete de lo que se ve executado realmente en las ruinas de la e Antigedad. A estudiar y contemplar estos preciosos despojos del tiempo es u  lo que se env jvenes Arquitectos  Italia, Espa~oles, Franceses, Ingleses, a an o a n Alemanes. En el d tenemos una bella edicin de Vitrubio en nuestra lengua a o Castellana hecha con la proteccin de S. M. trabajada por espacio de muchos o a~os, y adornada de continuas notas de mucha erudicin por Don Joseph n o Francisco Ortiz, profesor de este noble Arte,  quien ha hecho este se~ alado a n servicio, por el qual todos deben estarle muy agradecidos\" (: : : ). (: : : ) \\La inclinacin  entrelazar, horadar, enredar, piramidar, y aguzar o a los adornos es muy del gusto de los orientales. Los Romanos despreciaron esas afeminaciones, no porque no supiesen hacerlas, sino porque aspiraban  re
    89. nar su gusto por buen camino, quiero decir, por las
    90. guras oportunas, a para hallar la elegancia. No solamente los adornos, sino la
    91. gura total de los edi
    92. cios deb ser agudas segn las ideas de algunas pueblos antiguos de an u Oriente. El fundamento de estas ideas est en las rocas, y en las puntas,  a o cimas de las monta~as, supuesto que la Arquitectura no tiene modelo expreso n en la Naturaleza  quien atenerse. a Bien notorias son las Pirmides que hay en Egipto junto al Cairo, que es a la antigua Men
    93. s. Estos sepulcros de los faraones los vieron los Romanos, los llamaban brbaros por causa de extra~ eza. As Marcial dixo: Barbara a n  pyramidum sileat miracula Memphis. No pudiendo transportar semejantes moles, se llevaron de Egipto los Obeliscos, y los pusieron en espectculo ala pueblo Romano. Muchas agujas de este estilo gtico arrojan unos ciertos botones fuera de o linea, y lo mismo algunas paredes llanas, y aun los arcos muy adornados, que no es fcil determinar lo que signi
    94. can por no dar idea de vegetales conoci- a dos, ni de otros cuerpos, cuya vista nos sea familiar. De estos cuerpecillos salientes diman la voz crestera con que los Espa~oles por alusin  las cres- o  n o a tas signi
    95. caron en el siglo XVI esa especie de adorno quando hablaban de l\" e (: : : ).
    96. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 14 (: : : ) \\Hallada ya la propagacin del gusto artista de algunas Naciones o orientales entre los Europeos en los siglos de la decadencia de la escuela Griega y Romana, hagamos un breve paralelo de la Arquitectura Europea antigua con la que llaman Gtica; la qual aunque ms moderna en su auge  estos tiempos, o a a es ms retirada y extra~a en sus or a n genes para nosotros que la Greco-Romana. Desde Carlo Magno hasta la restauracin de las Artes pueden suponerse o dos pocas de Arquitectura: pues aunque aquel Pr e ncipe hiciese edi
    97. car algu- nos edi
    98. cios sumptuosos, con todo generalmente se nota que las obras eran peque~as hasta el siglo XIII en que la Arquitectura tom un gran vuelo, y n o se construyeron de all adelante las Iglesias y Casas de Ayuntamiento como   a competencia entre las Naciones. Tomemos en consideracin este estilo Gtico, o o  Imperial germnico, que corre en los tres siglos que precedieron  la restau- o a a racin de la Arquitectura. o Estos Arquitectos, seg n parece, no comprehend las causas de la gran- u an diosidad de las obras Romanas, cuyas ruinas estaban viendo, y quer com- an petir. Confundieron la idea de la grandiosidad con la de la magnitud, que son cosas muy diferentes y distintas, como observan bien los cr ticos que escriben de las Artes. No es lo mismo ser grande una obra que ser grandiosa. Las menudencias, la inutilidad, la improporcin, el defecto de Eurritmia, de sime- o tr de decoro, de equilibrio, y de otras partes esenciales del Arte puede hacer a, que una obra sea grande y muy grande, y al mismo tiempo muy mezquina, y nada grandiosa. Muchas veces vemos un grande edi
    99. cio cuyo mrito se re- e duce  dexar un gran vac interior,  entre las paredes, qu es lo de menos a o o e en razn de arte. Aunque la Arquitectura no tenga un modelo expreso en la o Naturaleza, pero tiene un modelo tcito en los cuerpos vivientes perfectos, de a especies acabadas y conclu das en sus formas, que presentan un bello aspecto, llevan los adornos que les conviene, y se ve en ellos la aptitud para hacer bien todas las funciones naturales (: : : )\". (: : : ) \\En lugar de tomar los Arquitectos gticos los troncos de madera o como representados por las columnas, tomaron los bastones,  ramas de los o rboles mismos. Esta disminucin de idea les arruin la conducta del edi
    100. - a o o cio. Subiendo con sus bastones,  ramas arriba, hallaron por necesidad de o analog que los arcos redondos,  semicirculares no ven bien al aspecto, y a, o an admitieron constantemente el vicio contra toda elegancia, formando los arcos apuntados,  que constan de dos porciones de c o rculo. Causa admiracin ver- o los desentenderse por tantos siglos del mejor modelo de los arcos sugerido por la Naturaleza misma en el Arco Iris. Es verdad que en la duracin los arcoso apuntados no ceden: >pero de qu sirve el magisterio de la Naturaleza, si no e se imita?\" (: : : ) (: : : ) \\Un Escritor moderno dice, que estos Arquitectos quer representar an
    101. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 15 en un edi
    102. cio un rbol. Y aunque esta idea no la podamos admitir como a general; pero siempre favorece  nuestro pensamiento: pues la imitacin de los a o rboles como ellos son no es camino para buscar la grandiosidad. El rbol es a a un vegetal de
    103. gura incierta, desunida, y en su pompa lleno todo de
    104. guras errantes y peque~as\" (: : : ). n (: : : ) \\Comparando por ese mtodo el juicio de los Arquitectos antiguos e Griegos y Romanos con los de la edad media, hallamos una disonancia in- cre ble. En la eleccin de cuerpos para adorno que hicieron aquellos antiguos o <qu candor! <qu sensatez! <qu gusto! <qu claridad! Ellos no admitieron e e e e sino cosa que tuviese una forma elegante en la Naturaleza. Y en los adornos arbitrarios y no naturales <cunta precisin, y qunta oportunidad! Estotros a o a de la media edad, o Gticos se complac en las coles rizadas, y otras legum- o an bres embrolladas, en que no hay elegancia alguna, sino complicacin, sutileza, o enredo. Con estos principios no se pod caminar al buen sentido\" (: : : ). a (: : : ) \\Hicieron vichos, monstruos, y grutescos; <pero con qu rigidez de e dise~o, y qunta incertidumbre en las formas! Pusieron tambin en las canales n a e que reciben las aguas llovedizas la
    105. gura humana, degradndola de su dignidad, a y contrahacindola del modo mas indecoroso, y abominable. En cierta parte e tengo oido que se ha quitado modernamente una de estas
    106. guras de las canales, que representaba una muger en forma indecent sima. No s si ser cierto el e a hecho. Tambien tengo oido de otro relieve gtico en cierta parte, en que se o representa un diablo que tira de los cabellos de una persona que estaba en la cama. Comprense estas osad reprehensibles y baxas con la circunspeccin a as o de los Arquitectos paganos, que sin tener el freno de la Moral que tenemos nosotros, nunca hac rid an cula la
    107. gura humana del uno ni del otro sexo\" (: : : ). (: : : ) \\No obstante el extrav y malandanza de las Artes en los siglos que o precedieron  la restauracin, es preciso reconocer la habilidad de aquellos a o Arquitectos en todo lo que es alba~ iler dexando  parte el gusto y
    108. nura n a, a de las invenciones, en que hemos dicho que interviene el entusiasmo potico. e Todos saben la diferencia que haya entre el Alba~ il y el Arquitecto, que viene  n a ser como la que hay entre un curandero y un profesor de medicina,  la que hay o entre un jardinero y un profesor de la Botnica. El alba~il suple la mano del a n Arquitecto en la agregacin de una parte  otra,  en lo que es mera sintaxis, o a o  construccin de obra; y as el Alba~il toca alzar y cubrir con
    109. rmeza seg n o o  n u la aptitud de los materiales entre s y nada mas. Pueblos y Naciones enteras , hay que no saben lo que es Arquitectura, como las hay sin Mdicos, u hombres e  que penetren por principios de ciencia en las causas de las enfermedades, y su remedio. Al Arquitecto toca la invencin del edi
    110. cio, tanto del que se erige para el o
    111. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 16 culto de la Deidad, como el que se hace para alojar con decoro la Naturaleza nuestra humana. Tambien le toca la decoracin, u ornato de el edi
    112. cio, seg n o  u el uso  que se destina, y debe prescribir su idea  los Escultores. Asimismo  a a a los que trabajan solamente en las lineas y pulimento de las super
    113. cies de los cuerpos duros debe ordenarles las medidas. Igualmente es de su obligacin un o conocimiento decidido y nada dudoso de las materias, seg n sus qualidades, u de que ha de constar el edi
    114. cio. Tambin el clculo del coste de l. Pero en e a e lo que menos se piensa com nmente, y es el motivo de arruinarse las Artes, u es la obligacin de estudiar y profundizar en las causas del estilo en todas sus o especies. Al conocimiento super
    115. cial,  de mera prctica de los or o a genes y causas del estilo es preciso que atribuyamos la razn de no agradarnos muchos o edi
    116. cios que vemos, aunque reconozcamos el mucho coste que han tenido, y celebremos sus materiales y tama~ o, u mole. La cr n  tica da con la misma direccin sus punzadas contra los edi
    117. cios y obras de otras Artes que contra o los libros, u obras de ingenio y expresin verbal. Por convenir el estilo literario  o y el artista en unos mismos principios generales, se cali
    118. can de una misma manera. Una obra da tan pronto  conocer como una pluma las virtudes,  los a o vicios que la caracterizan: como la simplicidad,  su contraria la afectacin; la o o precisin,  la super
    119. cialidad; la franqueza,  la mezquindad; la exactitud,  o o o o el desarreglo; la claridad,  el embrollo; la gentileza,  la pesadez; la certeza, o o  el amaneramiento; el decoro,  el destartlo; el nervio,  la languidez; el o o a o juicio,  los disparates; la belleza,  la fealdad; la elegancia,  la sordidez; o o o la sublimidad,  la baxeza; la gracia,  la desgracia; el fuego,  el hielo; la o o o oportunidad,  la impertinencia; el mtodo,  el desorden, & c. Y en nada de o e o esto tiene voto el Alba~ il. n Un cierto ayre de magestad acompa~ a  muchas Iglesias del estilo gtico. n a o Esta qualidad es la que creo que mantiene a
    120. cionados  muchos  este estilo, a a no solo en Alemania, sino en Francia y en Espa~ a; pero esta magestad triste n y adormecida, como la del cipres en el jard depende de un defecto, y no n, de alguna qualidad excelente. Ya han observado los Franceses que las obras godas en Francia son mas altas de techos de lo que deb ser; pues en esa an proceridad y altura consiste ese ayre de magestad melanclica, que  muchos o a agrada. Todos los cuerpos altos son lo mismo en quanto  ese efecto, como es a fcil observar en las altas rocas, en los rboles muy crecidos, y en los cuerpos a a altos de la especie humana. Si se rebaxan un poco las bvedas, desaparecer o a esa magestad, sin mutacin alguna en el estilo. o La osad y animosidad de los Arquitectos Gticos causa admiracin en a o o considerando algunas de sus obras de primor,  principales. La duracin misma o o de ellas, siendo al parecer tan arriesgadas, muestra bien claro la con
    121. anza con que trabajaban\"(: : : ).
    122. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 17 (: : : ) \\Durante aquel estilo de edi
    123. car se descubren algunos grandes genios, aunque dirigidos por mal camino. Com nmente se da la palma de las obras u Gticas  la Catedral de Strasburgo, Capital de la Alsacia. Yo he visto aquella o a Catedral, y pienso que las obras grandes de aquel estilo que hay en Espa~ a n no ceden  la de Strasburgo. Este es negocio de medidas y comparaciones de a cosas parecidas. Erwin de Steinbach fue su principal Arquitecto. La torre es lo mas particular de aquel edi
    124. cio. La nave del Coro se asegura ser de casi 120 pies de altura, y la torre midiendo desde el suelo de 480 pies. En medio de la celebridad de la Iglesia de Strasburgo nuestro parecer de solo a
    125. cionado, por no ser nuestra profesin la Arquitectura, es que el mejor edi
    126. cio Gtico es la o o Catedral de Ulm,  Ulma en el Imperio. Si aquel Arquitecto hubiera seguido o la Arquitectura tendr la Alemania su Arquitecto que oponer  Paladio en a a Italia, y en Espa~a  Herrera\" (: : : ). n a (: : : ) \\Suele dudarse si quando hay que a~ adir obra  un edi
    127. cio Gtico n a o se ha de seguir la conformidad en el estilo,  se ha de hacer la a~adidura o n segn el buen gusto. Las obras que se han a~ adido  la Catedral de Milan son u n a conformes al goticismo de la fundacin. Este exemplar dentro de Italia ser o a capaz de hacer valancear el juicio, si no visemos dentro de aquella Catedral e la famos sima estatua de San Bartolom, la mas mezquina y miserable de la e tierra, con la inscripcin mas arrogante y soberbia que pudiera jactarse; pues o dice con palabras que signi
    128. can lo que estas: No me hizo Fidias, ni Praxiteles, ni Lisipo, sino fulano de tal, en tal a~ o. Del cual nombre y fecha yo no quiero n acordarme. Por el contrario los restauradores de las Artes a~ ad y exornaban las n an obras viejas del estilo antiquado seg n las mximas de los rdenes antiguos de u a o Arquitectura, y los adornos del buen gusto. Pero como las dudas no se han de resolver por casos, sino por razones, pongamos aqu con la posible brevedad las  que nos ocurren  favor de la opinin de los restauradores. 1. Los principios a o seguros del Arte, y las mximas del buen gusto deben mantenerse una vez a hallados, y no se deben posponer  caprichos u antojos inciertos. 2. Los a  tres rdenes de Arquitectura Griega bien executados tocan en el sumo de la o elegancia y magestad. 3. Estos tres rdenes de Arquitectura son muchos o centenares de a~os anteriores al estilo gtico, que ha pretendido iniquamente n o tiranizarlos y obscurecerlos, y lo ha logrado por espacio de ocho siglos. 4. Por la manutencin y lustre de estos tres rdenes de Arquitectura han trabajado o o los hombres de talento desde el siglo XVI ac, y siguen trabajando con todas a las luces de la cr tica; por el estilo gtico nadie se interesa y todos lo han o dexado. 5. Las a~adiduras segn el buen gusto greco-romano  las obras n u a gticas no pueden perjudicarlas, ni desgraciarlas, por quanto son mejores que o ellas. 6. En a~adiendo nuevas obras al Gtico, ir renaciendo el edi
    129. cio seg n n o a u
    130. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 18 el buen arte. 7. Por la imitacin del estilo gtico no hay mas razn que la o o o conformidad con una cosa mala. Y siendo esta razn unica y endeble, deben o  prevalecer seis fuertes que hemos dado contra una aca\" (: : : ). ............................ Caveda , Jos: Ensayo histrico sobre los diversos gneros de arquitec- e o e tura empleados en Espa~a desde la dominacin romana hasta nuestros d n o as. Madrid, Imp. de D. Santiago Saunaque, 1848, XII, 544 p., 3 h. 27 cm. ............................ (: : : ) \\He seguido, sin gu una senda nueva y dif por largo tiempo a, cil, cubierta de tinieblas, donde las exigencias del clasicismo y el orgullo enciclo- pdico dejaron como extraviada y perdida la verdad histrica, cuando con e o sobrada con
    131. anza presum haberla descubierto asegurando su triunfo. Por an desgracia, conced ms en el siglo XVIII  las vanas teor que  los hechos ase a a as, a materiales, y ms al escepticismo intolerante de la poca, que a las tradiciones a e y venerables recuerdos de nuestros padres\" (: : : ). (: : : ) \\No se hizo as en el siglo XVIII, y los nombres gratuitamente con-  cedidos a los estilos arquitctonicos, fueron tan varios  inconducentes, como e e eran vagas  indeterminadas las propiedades y carcteres  que se refer e a a an. Suponiendo Llaguno Amirola que la manera de construir de los Godos, con- tinuada por los Reyes de Asturias y Len, se conserv hasta el siglo XI, al o o apoyarse en las ideas de su tiempo para
    132. jar el origen de la arquitectura ojival en el Imperio de Carlo Magno, supone que tres siglos hab adquirido ya, all a  donde naciera, todas las buenas cualidades que la caracterizan, y la designa con el nombre general de gtico-germnica, advirtiendo que posteriormente o a se la llam tambin mazoner crester obra nueva y gtico-moderna, para o e a, a, o distinguirla de la greco-romana. No ms acertado, y con la misma confusin a o de ideas, su comentador Cen Bermdez, quiso que se llamase arquitectura a u ultramarina, en el concepto de que hab sido importada de la Palestina y de a la Siria, por los cruzados. As era como estos escritores, que con tan noble  empe~o se propon ilustrar los anales de nuestra arquitectura, siguiendo las n an opiniones equivocadas de su poca, comprend en un mismo per e an odo diversos estilos arquitectnicos, y creyndolos uno slo, daban a todos ellos el mismo o e o nombre comn e inoportuno, que ni se aven con el objeto que designaba, no u a con las cualidades que la historia del arte le concede.
    133. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 19 Ni es de extra~ar que en tiempo anteriores, cali
    134. case Ponz de antiguallas n gticas, los monumentos de esas escuelas, cuando Bosarte mucho despus no o e encontr para ellas una denominacin ms propia y adecuada. o o a Otras apreciaciones de las artes, tanto dentro como fuera de Espa~ a, se n contentaron con llamar gticas antiguas las construcciones anteriores al si- o glo XI, y gticas modernas  las posteriores  esa poca: divisin absurda y o a a e o nomenclatura completamente gratuita, que prueban no fueron entonces bien comprendidas, ni en su justo valor apreciadas sus cualidades esenciales. Entrado ya el siglo XIX, y hecha la conveniente aplicacin de la arqueolog o a al examen de los monumentos arquitectnicos, se llam Lombardo en Italia, o o Normando en Francia, Sajn en Inglaterra, Teutnico en Alemania, Gtico o o o antiguo y an Bizantino en Espa~ a,  aquel gnero de arquitectura que, pre- u n a e cediendo al ojival, continu desde el siglo VIII hasta el XIII, uno mismo en el o fondo, pero diverso en los detalles, seg n los per u odos que hubo de recorrer, y las revoluciones sociales, que ms o menos afectaron sus formas. Mejor estu- a diados y comprendidos al
    135. n sus monumentos, conocida su decadencia y sus or genes, y bien determinados sus cambios y derivaciones, se ha conseguido en nuestros d una clasi
    136. cacin ms oportuna de las escuelas que produjo, la as o a cual, poniendo en olvido las nomenclaturas admitidas hasta entonces, autoriz o otras ms conformes con la Historia del Arte. Mr. de Gerville, ilustrado por a los datos de que sus antecesores carec despus de muy detenidas indaga- an, e ciones, fue el primero que design con el nombre de romnico, el estilo propio o a de los edi
    137. cios anteriores al siglo XII. Parec que, derivado del romano, ya ale bastardo y corrompido, y conservando una gran parte de sus principales ca- racteres, le conven esta denominacin, y por espacio de diez y seis a~ os los a o n arquitectos y arquelogos la admitieron por unanimidad. Ultimamente estu- o diado el arte en todas partes donde dej notables se~ales de su existencia, y o n
    138. jada con mayor precisin la analog que media entre las ideas y las pala- o a bras que las expresan, ya no pareci este t o tulo tan exacto y cumplido. As  en las instrucciones formuladas por la Comisin central de las Artes y monu- o mentos de la Francia, como en la Revista de la Arquitectura que redact M. o Albert Lenoir, se distinguieron muy acertadamente los edi
    139. cios constru dos desde el siglo IV hasta el XI, de los que les sucedieron hasta el XIII. Llamaron sus autores estilo latino al de los primeros, porque le consideraron como una continuacin del romano del Bajo Imperio; y romnico al de los segundo,  o a a semejanza del romance vulgar, as denominado por derivarse del idioma del  Lacio, ya notablemente adulterado y corrompido. Pero si no hubo ms que a una sola opinin para designar con el ep o teto de latina, la arquitectura anterior al siglo XI, no sucedi lo mismo con el romnico, aplicado  la que le sucedi, o a a o y fue precursora de la ojival. Hse cre que no puede ajustarse bastante a do
    140. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 20  todas las condiciones y circunstancias de la construccin  que se re
    141. eren; a o a que hasta general  indeterminado, solo conviene  una parte de sus propie- e a dades especiales, y que no cali
    142. ca del mismo modo el conjunto de las fbricas. a Otros hubo despus, que llevados del orientalismo que stas respiran, y atentos e e solo  muchos de sus detalles conocidamente neo-griegos, no dudaron dar  su a a arquitectura el nombre de bizantina\" (: : : ). (: : : ) \\As es como ni completamente romana, ni del todo neo-griega, esta  escuela en parte latina y en parte oriental, viene  legitimar el nombre de a romano-bizantina\" (: : : ). (: : : ) \\Sent amos que nuestra opinin di
    143. era aqu de la de Batissier, en su o  Historia del Arte Monumental. Ci~ndose este juicioso escritor  los monu- ne a mentos de la Francia, es uno de los que, sin apartarse del parecer de Mr. Ger- ville, adopta, como l, para esta arquitectura el nombre de romnica. Fndase e a u principalmente en que si bien re ne propiedades caracter u sticas del romano y del bizantino, participa tambin de otras, pertenecientes al estilo rabe y al e a lombardo. Pero no puede dudarse que el primero se deriva en gran parte del bizantino, y que el segundo ni es original, ni disimula su procedencia latina. Se considera como un hecho histrico, que si uno y otro ejercieron alguna in- o uencia en la formacin de la arquitectura de los siglos XI y XII, no por eso lo o comunicaron un nuevo carcter, una vez que conforme con sus or a genes, slo le o ofrecieron detalles del gusto neo-griego y del romano, mucho antes conocidos\" (: : : ).
    144. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 21 B) Comentario de los textos siguientes: Anlisis comparativo de los textos siguientes sobre el Transparente de la a Catedral de Toledo, que pertenecen a tres pocas y formas distintas de consi- e derar el Barroco: el primero es un fragmento de la Relacin de los solemnes o aparatos, magn 
    145. cos afectuosos festejos y aclamaciones festivas con que en la ciudad imperial de Toledo ... se celebr la colocaci n de Christo Sacramen- o o tado... a el nuevo Transparente (Toledo, Pedro Marqus, 1732), de Francisco e Javier de Casta~ eda; el segundo pertenece al tomo V del famoso Viage de n Espa~a (Madrid, 1776), de Antonio Ponz, y el tercero al libro titulado Toledo n en la mano,  descripci n histrico-art o o o stica de la magn
    146. ca catedral y de los dems clebres monumentos (Toledo, Severiano L pez Fando, 1857), de Sisto a e o Ramn Parro. o Fjese en los puntos siguientes: 1) Diferencias entre estos tres textos en su valoracin del Transparente y o del arte barroco, indicndose las causas histricas, culturales y art a o sticas que las motivaron en cada una de las  pocas. e 2) >Quin fue Antonio Ponz? Cite a otros escritores tericos y eruditos en e o la Historia del Arte de la Ilustracin espa~ ola. o n 3) >Qu importancia tuvo durante le romanticismo la literatura art e stica? Tipos de libros sobre Arte que entonces se publicaron. El grabado en las publicaciones del romanticismo y su incidencia en la pr ctica art a stica. 4) Hgase un estudio comparativo entre este transporte de la Catedral de a Toledo y el de San Juli n de la Catedral de Cuenca de Ventura Rodr a guez.
    147. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 22 1. Francisco Javier de Casta~ eda: Relacin de los solemnes aparatos, n o magn
    148. cos afectuosos festejos y aclamaciones festivas con que en la ciudad  imperial de Toledo ... se celebr la colocacin de Christo Sacramentado ... a o o el nuevo magn
    149. co Transparente. Toledo, Pedro Marqus, 1732.  e 84.1. Es ste (el templo catedralicio) uno de los de la plana mayor, que se veneran e en Europa. Su fbrica toda de piedra de siller tan diestramente ajustada en los a a, enlaces que la techumbre texen, que viendo abierta la ventana, que al Transparente da luz, no hay quien no admire en la destreza del arte, haber podido deshacer tanto maridaje sin ruina. Su proporcionada bella simetr se divide en cinco naves, que a forman tan espaciosas las columnas, que a no deshacer la confusin la proporcin o o hermosa que guardan, pudiera servir de sagrado laberyntho. Son hasta n mero de u cuarenta y ocho, haciendo la nave principal perfecta cruz, en cuya superior extre- midad, se admira el altar mayor, tan magn 
    150. co, como magestuoso, a quien sirve de tapete y peana el coro, que en
    151. las de bru~ ido nogal, labradas a delicada
    152. ligrana, n forma con las columnas de jaspe, que las divide, un vistoso maridaje (pgs. 1 y 2). a 84.2. Diestro art
    153. ce destin su Eminencia (Cardenal Astorga) en su traviesa  o inventiva, aunque obediente a las generales reglas [...] saliese la obra en todo tan perfecta, que compitiendo en ella lo singular, lo proporcionado y lo precioso, se alzase con el nombre de unica. A esto que se ve logrado, concurri con la destreza  o de D. Narciso Thom, que fue el maestro de este bello Promontorio, la tierra de esta e nuestra pennsula de Espa~a [...].  n El oro para los sobrepuestos de bronce, escudos, cornisas y medallones, que todos estn dorados de molido, >a quin poda deberse, que a la
    154. neza de quien emprend a e  a su hermosura? [...]. El mrmol blanco dio Gnova, siendo este gnero solo, el que pudo mendigar a e e Espa~a en tanto como se admira. P sose, pues, por la obra la execucin del hermoso n u o Transparente,
    155. ndole a la acertada conducta y discret a simo celo del Se~or Don n Fernando Merino [...] (p. 7). 84.3. Planta el pedestal de esta hermosa mchina sobre un pavimento de estrellas a blancas, que con las sombras de jaspe y mrmol negro claro, equivocan al ms a a advertido en la perspectiva que forman; ci~ndola dos faxas de mrmol blanco de ne a Gnova, la una que frisa con el zcalo del pedestal y la otra, que le divide de el de e o la iglesia, guardando los dos los movimientos que el todo. Sobre este agraciado pavimento se levantan dos pedestales rectos de seis pies de altura que distan veinte y dos; en cada uno se advierten vistosos resaltos en que plantan a cada lado de la columna traspilastras, moviendo del ngulo de el que mira a adentro (que es obtuso) en l nea curva una cuarta parte de c rculo con unin cncava o o de ambos lados: al que mira a fuera, cuyo ngulo es recto, se une un muro que goza a de una tercera parte de c rculo y otro resalto sobre que planta una pilastra [...]. 84.4. Sobre esta mesa plantan dos ni~ os de mrmol, a quien adornan alas de n a
    156. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 23 bronce, recibiendo el peso y macizo de dos columnas que a diez pies de alto, sirven de vistoso adorno a un nicho [...]. Gzase este nicho, concha de la singular Margarita (Mar que a in uencias del o a) Divino Soberano Sol cuaj el Alba de su oriente en el inmenso mar de la gracia [...]. o Las columnas principales de este primer cuerpo son dos, que se elevan diez y ocho pies, tan parecidas en el material de que se componen, adorno que las pule, basas, capiteles y cimacios a las que forman el referido nicho [...] Sobre este medio sienta el Trono del Transparente, para cuya formacin se des- o prendi, sin duda, todo el cielo, en cuatro semic o rculos, que componen en el todo oval
    157. gura, son tantos los ngeles, las nubes, y las rfagas que a proporcin las a a o rompen, que forman el ms vivo dise~o de la gloria [...]. a n 84.5. Sobre la cornisa, que
    158. naliza en este rompimiento y le sirve de imposta, mueve un gnero de arco, compuesto de tres l e neas curvas, que se unen con rara forma, uniendo y cerrando el rompimiento, en cuyo centro se mira un saln de o architectura drica, puestas en tanto rigor las l o neas oblicuas y perspectivas que a la visual
    159. ngen notable distancia. Nace el frontis del pa n y corona de la cornisa, formando dos arrugones, que o imitan lo grutesco, unas como bolutas, en que sientan dos ngeles a quien el bronce a dio alas para mantener un dorado targetn de siete pies de ancho y cinco de largo, o en que a medio relieve grav la gubia el portentoso milagro, nunca bastante pon- o derado bene
    160. cio, con que se goza esta primada iglesia ha de haber baxado a ella la Emperatriz de los cielos, para vestir una sagrada Casulla a Capelln Ildefonso. a 84.6. Termina toda la obra en tres estatuas de las tres Teologales Virtudes [...]. 84.7. Concurri a su adorno, el mismo sagrado celo que dispuso el de la antece- o dente casa y queriendo sobresalir por especial en algo, visti todas las paredes de su o ambito de lienzos, en que los ms diestros pinceles de la Europa hicieron mani
    161. esto  a del primor a que pudo llegar el arte de la pintura. En unos se admiraba la alegr que Jordn tuvo en sus gustosas ideas; en otros a, a la seriedad apacible de Miguel Angel; en otros los extra~ os hermosos coloridos de n que us Dominico Grego, disc o pulo del nunca bastantemente celebrado Ticiano [...].
    162. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 24 2. Antonio Ponz: Viage de Espa~a en que se da noticia de las cosas ms n a apreciables, y dignas de saberse, que hay en ella. Madrid, por D. Joachn Ibarra, Impresor de Cmara de S. M., 1772-94. 18 vol. (Del tomo dedicado a a Madrid y a los sitios reales prximos. Madrid, 1776). o 44 Hay dos obras muy principales dentro de este Templo, y entre s tan diversas,  que la una es argumento claro del buen gusto de quien le mand hacer, y de los o famosos profesores que en ella trabajaron, y la otra no parece que se ide sino o para afear perpetuamente este magn 
    163. co edi
    164. cio. As es el celebrado Transparente  colocado en el respaldo de la capilla mayor, el qual consiste en una mquina enorme a de mrmoles, que harto mejor tra para ser un borrn verdadero de esta Iglesia: a do o y de aqu adelante aun parecer mas feo con el nuevo altar de S. Ildefonso que tiene  a enfrente. 45 Todo lo que all no es mas que una arquitectura desatinada, y brbara, en que  a se ven mezclada algunas estatuas harto comunes, que acaso se hicieron en Carrera mismo, en donde hay ciertos Escultores ocupados en rebajar, y desbastar las piedras, que han de ser conducidas, seg n las medidas que  este propsito les envan. Se u a o  ocupan al mismo tiempo en hacer estatuas, jarrones, y otras cosas, con las quales comercian, y se hace de sus infelices o
    165. cinas un gran surtido de jardines, y palacios en todas partes de Europa. Los referidos Escultores abrazan igualmente estatuas de gran costo, y empe~ o, y quanto se les pide, saliendo regularmente sus obras como n de sugetos atentos unicamente  la ganancia.  a 46 El mencionado promontorio, no s con qu razn llamado Transparente, lo e e o dirigi, y execut un tal Narciso Tom, que como otros, sin verlo verdaderamente, o o e ha sido tenido en este siglo por hombre de gran mrito en Toledo. Pas por Pintor, e o Escultor, y Arquitecto; y hubiera pasado por Maestro de Capilla, seg n la buena u crtica de su tiempo. No solamente hizo mani
    166. esta su miserable habilidad en la  quimrica arquitectura con que arm el Transparente, sino en una cupulilla, que e o sobre el mismo pint. o 47 Lo mas particular de esta historia es, que se celebr el descubrimiento de la o expresada mquina con grandes
    167. estas, corrida de toros, etc. Yo no s si contribuira a e  a esta obra el Sr. Arzobispo, que entonces era de Toledo; pero ser disculpable el a Santo Prelado, si no acert en una empresa de tanto empe~ o, acaso porque no o n tendra  la mano profesor de quien pudiese formar mejor concepto. As sera muy  a   util, que otros Se~ores en obras de esta clase no oyesen sino  quien tuviese buen  n a gusto,  inteligencia en las bellas Artes; porque es gran lstima gastar doscientos e a mil ducados, como dicen en Toledo que cost el Transparente, sin ning n provecho, o u y con gran descrdito. Antes de acabar mi relacin del Transparente, sepa V. que lo e o menos malo que all hay son las estatuas, que se traxeron de Italia; pero la nuestra  Se~ora del medio, que supongo ser del referido Tom, la qual est sentada con el n a e a Ni~o en los brazos, es
    168. gura sin gentileza, ni hermosura. A los lados de la misma hay n
    169. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 25 dos baxos relieves, de bronce, y baxo del uno est escrito: Narcisus  Tome hujus S. a a Ecclesiae Prim. Architec, mayor totum opus per se ipsum marmore, jaspide, aere fabrefac, delineav. sculp. simulque depinx. 48 Basta lo dicho de la obra del Transparente para que todos sepan lo que es, y esto ser muy fcil  cualquier sugeto de alguna discrecin, si lo compara con la a a a o hermosa capilla de nuestra Se~ ora del Sagrario, de que voy  decir  V. alguna cosa. n a a 3. Sisto Ramn Parro: Toledo en la mano, o descripcin histrico-artstica o o o  de su magn
    170. ca catedral y de los demas clebres monumentos... Toledo, Imp.  e y Lib. de Severiano Lpez Fando, 1857, 2 vols. (Vol. 1, pgs. 139-156). o a PARRAFO 7. El Trasparente Esta obra de Narciso Tom, clebre por lo mucho que en su tiempo la elogiaron, e e y no menos famosa por lo much simo que despus se ha escrito vituperndola, es e a acaso el unico ejemplar que ofrece esta Catedral del tan combatido churriguerismo,  que no fue otra cosa mas que la corrupcin del gusto en las artes, con especiali- o dad en la arquitectura, cuando habiendo tocado el apogeo de su perfeccin en el o siglo XVI comenzaron  declinar en el XVII y llegaron en principios del XVIII  a a su ms lastimosa decadencia. Parece que ha tenido este monumento la estrella de a meter ruido desde que fue inaugurado, pues habindose celebrado su aparicin con e o grandes solemnidades religiosas y profanas, funciones de iglesia y procesiones de extraordinaria magni
    171. cencia, iluminaciones, convites, fuegos arti
    172. ciales y hasta co- rridas de toros, se escribi una obra exprofeso para perpetuar la memoria de tan o ponderado acontecimiento por un D. Francisco Javier de Casta~ eda, y se ocuparon n despus lenguas y plumas en su elogio, pintndole y admirndole como una verda- e a a dera maravilla durante bastantes a~ os, hasta que apuntando de nuevo la aurora del n renacimento del buen gusto en la ultima mitad del siglo inmediato, comenzaron las  censuras  sustituir  los elogios, pero tan exageradas y acerbas las unas como exce- a a sivos y ciegos haban sido los otros; de maravilla y portento de las artes, se convirti  o casi repentinamente en feo borrn y padrn de ignominia de las mismas; la perla o o
    173. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 26 de la Catedral, seg n sus encomiadores, se troc en piedra de escndalo para los u o a censores: y seguramente que, como dice con su distinguido criterio y sano juicio el Sr. Marqus de Pidal en un escrito que public despus de un viage que hizo  esta e o e a ciudad monumental no h muchos a~os, ni ha merecido el pobre trasparente tan a n escesivos encomios ni tan destemplados vituperios. Pertenece en efecto  la malaa escuela, al extravagante gusto churrigueresco, con todo el c mulo de hojarascas y u toda la desali~ada confusin que constituyen el carcter esencial de esa malhadada n o a secta artstica (si se nos permite la expresin); sin embargo no carecen varios de sus  o detalles de algunas dotes que reclaman cierta indulgencia para el todo de la obra, no para alabarla nunca, pero al menos para no suscribir  lo que D. Antonio Ponz a en su \\Viage de Espa~ a\" dice de ella, y  lo que otros viageros han escrito despus n a e acaso por solo espritu de imitacin. La imparcialidad oblig al Sr. Amador de los  o o Ros  templar tambin sus enojos contra nuestro trasparente, sin dejar por eso de  a e criticarle en su Toledo Pintoresca: nosotros decimos con l, que la conservacin de e o ese monumento con sus bellezas y defectos, es muy interesante para la historia de las artes que estara incompleta si no ofreciese egemplares de este gnero, para que  e conocidos prcticamente los vicios, procuren huir de ellos los artistas, no faltando a nunca  las reglas del buen gusto. Por lo dems, una iglesia que como la de Toledo a a contiene en su recinto muestras de todos los gneros y de todos los per e odos y alter- nativas que han recorrido las artes desde principios del siglo XIII hasta el presente, nos atrevemos  decir que deba tener tambin un ejemplar churrigueresco que ofre- a  e cer al estudioso artista, pero ejemplar grandioso, magn 
    174. co y (como si dijramos) e jefe de obra en ese mal gusto que engendr la decadencia de las artes. Tal es el o clebre trasparente, cuya detallada descripcin, segn indica con razn el autor de e o u o la Toledo Pintoresca es poco menos que imposible; daremos sin embargo una ligera idea de l  nuestros lectores. e a Haba el Cabildo dispuesto construir en el reverso  respaldo del altar mayor un  o retablo transparente que dejase ver el interior del camar del sagrario, que como n hemos dicho antes estaba desde la reforma hecha en el presbiterio por el Sr. Cisneros, en el mismo sitio que ahora ocupa, si bien el local no era tan grande ni tan lujoso en materia y forma como el que dejamos ya descrito cuando en los d de la octava del as Corpus y en las misas de renovacin sube el Preste  renovar  Su Divina Magestad. o a a Para ejecutar este acuerdo, se fueron acopiando y disponiendo materiales dignos y ricos, destinando para el nuevo altar, entre otras cosas, varias estatuas que el Sr. Cardenal Portocarrero hab hecho traer de Gnova algunos a~os antes, que son a e n precisamente los unicos materiales extranjeros que se emplearon en esta suntuosa  obra, pues tuvo el Cabildo Primado el laudable patriotismo de que todo lo dems a fuese espa~ol, como ya haba sucedido con la insigne capilla de Nuestra Se~ ora del n  n Sagrario que se construy en tiempo del Sr. Sandoval y Rojas. <Ojal hubiera tenido o a tan buen acierto en la eleccin de director para la obra!; pero esto no es culpa sino o de la poca desgraciada que corr entonces para las artes. Mrmoles y bronces son e a a los materiales de que est fabricado el trasparente, y  excepcin de las mencionadas a a o
    175. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 27 estatuas del blanco de Gnova, que  su tiempo se~alaremos, los dems todos son de e a n a canteras espa~olas, como Cabra, Montesclaros, Urda, Estremoz, Granada, Tortosa, n San Pablo, Saelices, Torrubia, etc. Encontrbase todo preparado para emprender la a construccin cuando vino  la Silla Primada de Toledo, desde la mitra de Barcelona, o a el Sr. D. Diego de Astorga y Cspedes, que apenas tom posesin del Arzobispado e o o mand comenzar los trabajos, y as se veri
    176. c bajo la inmediata inspeccin del o  o o Dignidad de Maestre-escuelas, Obrero mayor de esta iglesia D. Fernando Merino y Franco, teniendo su Eminencia el gusto de ver terminada la obra y de colocar por su propia mano el Sant simo Sacramento en el nuevo sagrario (constru donde do estaba el antiguo que forma parte integrante de este monumento, seg n ya le dejamos u descrito, el da 9 de Junio de 1732, con grandes funciones y festejos).  Lo primero que se nota al llegar al sitio donde se erigi esta mquina, es un o a pavimento especial, separado del embaldosado general de la iglesia por dos fajas de mrmol blanco que siguen los per
    177. les y recortes de este solado propio, compuesto de a estrellas de mrmol blanco simtricamente embutidas en fondo negro, de la misma a e clase de piedra. En medio de esta especie de alfombra se hace un gran rompimiento para la sepultura del Prelado que coste la obra, cuyo enterramiento est cubierto o a con una magn
    178. ca plancha de cobre de amplias dimensiones, trabajada por Isidoro  Espinosa en 1735 seg n la nota de letra menuda que se lee al pie de ella en su u angulo izquierdo: sobre esta lpida, hay en gruesos caracteres dorados la inscripcin  a o siguiente: HIC JACET EMM. DD. DIDACUS DE ASTORGA ET CESPEDES, ARCHIEP. TOLET. PRIMUS PRAESUL EXCELLENTISSIMI TITULO DECORATUS: QUI HANC ARAM AERE PROMOVIT ZELO DICAVIT, PER QUEM STAT VICTUS MISERIS VITAE STAT REGIA MENSA: EVEHAT ATQUE MAGIS SUBJACET IPSE THRONO. Que quiere decir en castellano: Aqu yace el Emmo. Sr. D. Diego de Astorga y Cspedes, Arzobispo de Toledo,  e y el primer Prelado que fue condecorado con el t tulo de Excelentsimo. (1) El  cual coste este altar con su dinero, y le consagr y dedic con mucho celo. De l o o o e penda el alimento de los pobres,  quienes tena una mesa abundante y rgia, y est  a  e a postrado  los pies del trono para impetrar del Alt a simo mayores socorros. Al frente, y en el centro de la concavidad que forma el retablo, se ostenta la mesa de altar sobre una grada  tarima de una cuarta de alta, y de mrmol blanco o a con embutidos de otros colores, formando dibujos  imitando una bonita alfombra: e tambin la mesa  altar es de mrmoles diferentes que sobre fondo blanco
    179. guran e o a ores y ramos, constituyendo un verdadero y lind simo mosico,  imitando un a e frontal de seda, bordado, cuyo marco y franjas son de bronce cubierto de oro molido:
    180. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 28 el tablero y costados son de preciosa taraca de jaspes riqusimos, y el ara del mrmol e  a oriental que hemos dicho al hablar de la del altar mayor. El retablo, que en cuanto su orden ( por decir su desrden) especial de arquitectura permite distinguir, consta de  o o dos cuerpos, y se levanta todo l sobre un zcalo de 6 pies de altura, de jaspes verdes e o mezclados de blanco con la mas extravagante confusin, dejando empero algunos o claros  rompimientos en uno y otro lado de la mesa de altar para unos recuadros o de otro jaspe riqusimo y de moteado muy
    181. no que imita al gata. Tiene este zcalo  a o un pedestal que resalta  cada costado, de la misma altura que l, distantes entre a e s 22 pies, cuyo hueco cncavo como se ha dicho, ocupan la mesa de altar y los dos  o recuadros laterales ya descritos, y  la parte esterior de estos pedestales se estiende a el mismo zcalo en una especie de faldn, como arrugado, de diferentes mrmoles, o o a
    182. gurando estr forrado de la misma piedra blanca que se descubre  trozos en las a a revueltas que v formando ese faldn que abraza toda la anchura del retablo en una a o estensin de 44 pies, siendo de 66 la altura total del monumento. o Fndase el primer cuerpo sobre este zcalo general de la manera mas caprichosa, u o pues al paso que  plomo de los dos mencionados pedestales se levantan dos grandes a columnas de 18 pies de altas con su correspondiente grueso, y encima de los resaltos que para este efecto tienen aquellos interior y esteriormente se alzan tambin otras e tantas pilastras arrimadas  las columnas, vemos que descansan sobre la misma mesa a de altar dos ni~os  angelitos de mrmol blanco con alas de bronce dorado para n o a sostener las columnas entre las que se forma el nicho u ornacina del centro, y que de  la cabeza de un serafn que haya  cada lado de la propia mesa nacen dos especies de  a arbotantes del dicho mrmol blanco que se estienden por ambos costados
    183. gurando a arrugones y aletas y confundindolo todo. Las dos grandes columnas mencionadas, e son, como lo dems del retablo, de mrmoles y bronces, teniendo de este metal las a a basas y capiteles (que consisten en cabezas de sera
    184. nes, que es lo que abunda por todas partes) y lo que se descubre de sus netos, pero envuelto en nubes y rleos del o mrmol blanco, de modo que solo se aparecen  trechos las columnas y sus pilastras a a adherentes, pues sin duda el pensamiento del buen Narciso Tom fue ocultar la e mayor parte de esta mole entre nubes, para que mas bien se adivinase lo cubierto por lo poco que se v, que no ofrecer desde luego al espectador el retablo entero. e Los dos ngeles ni~os, que hemos dicho asientan sobre el altar, sustentan el peso a n de dos columnas con basas y capiteles tambin caprichosos de bronce, y de lo mismo e son los cimarios y hasta las estr que dejan  veces descubiertas las nubes que as a todo lo tapan: de una  otra columna corre una imposta de mrmol blanco que a a tiene por clave la cabeza de un seraf sobre la cual hay un canecillo que recibe la n, cornisa. Entre estas columnas, que tienen tambin sus pilastras y contrapilastras e del mrmol moteado que imita al gata, se forma un nicho de los mismos jaspes con a a jambas iguales, cerrado por dos semic rculos y en su hueco colocaron una estatua de Nuestra Se~ora bastante mayor que el natural, con el Ni~ o Dios en el brazo izquierdo n n cogiendo con la mano derecha el velo  cendal que cubre su cabeza: est sentada o a sobre un trono de bronce, y la sostienen varios ngeles y cabezas de sera
    185. nes, todo a
    186. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 29 lo cual es de mrmol blanco de Gnova escogido, as como los bronces empleados a e  en el retablo estn dorados de molido. En los dos espacios que median  uno y a a otro lado de este nicho hasta las columnas grandes que limitan la parte cncava, o entre multitud de ngeles y nubes que por all se estienden, hay dos huecos de
    187. gura a  irregular, pero mas altos que anchos, ocupados por dos bajos relieves de bronce que no carecen de mrito si se les considera aisladamente y sin relacin al sitio que e o ocupan. Representa el de la derecha del espectador (que es la izquierda del altar  o sea el lado de la Epstola) el encuentro de Abigail con David, cuando airado este  contra Naval, marido de aquella, se dirig con sus tropas hcia su casa para castigar a a la ofensa que le haba hecho, y la prudente esposa le sali al camino con pan y vino  o en abundancia para el ejrcito y se le ofreci arrodillndose y pidindole el perdn e o a e o de su consorte. Al pi del medalln se le una targeta del mismo metal, que dice e o e as:  TEMPERAVIT ABIGAIL IN ITINERE FUROREM DAVID ADVERSUS NAVAL, OFFERENS PANEM ET VINUM... ADORA VIT EUM... ET REDIDIT IN PACE IN DOMUM SUAM. (I. Reg. 25). Que signi
    188. ca: Abigail templ la ira de David contra Naval en el camino, ofrecindole pan y o e vino... le prest respeto y reverencia... y se volvi en paz  su casa. (Libro I de los o o a Reyes, 25). Estn all de una parte David con trage de guerrero, y tras l grandes masas a  e de tropas agrupadas, y de la otra Abigail arrodillada rodendola algunas criadas a que han sido portadoras de varios canastos de pan y jarrones de vino que se ven esparcidos por el suelo: hcia el ngulo inferior de la derecha, seg n se mira, hay a a u grabada la inscripcin siguiente en letras menos gruesas. o NARCISUS A THOME HUJUS S. ECCLESIAE PRIM. ARCHITEC. MAJOR, TOTUM OPUS PER SE IPSUM, MARMORE, JASPIDE OERE FABREFAC. DELINEAVIT, SCULP. SIMULQUE DEPINX. Es decir: Narciso Tom, Arquitecto mayor de esta Santa Iglesia Primada, deline, esculpi e o o y a la vez pint por s mismo toda esta obra compuesta y frabricada de mrmol, jaspe  o  a y bronce.
    189. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 30 El relieve del otro lado representa al referido David recibiendo del sacerdote Achimelec la espada de Goliat y el pan consagrado:  su pie hay otra targeta como a la del anterior, que dice: VENIT DAVID AD ACHIMELEC SACERDOTEM, ET DEDIT EI SANCTIFICATUM PANEM ET GLADIUM GOLIAT... PORRO VIA HAEC HODIE SANCTIFICABITUR. (I. Reg. XXI) Que en castellano signi
    190. ca: Vino David al sacerdote Achimelec, quien le dio el pan santi
    191. cado y la espada de Goliat... Este camino, pues, se santi
    192. car hoy. (Libro I de los Reyes, 21). a De las columnas para afuera hasta concluir el ancho del retablo, hay otras dos como solapas envueltas por los faldones y nubes que digimos al hablar del zcalo,o y en medio de esta confusin se abren dos ornacinas  nichos tan irregulares como o o todo lo demas, y en ellas hay colocadas dos estatuas del mrmol blanco de Gnova y a e bastante mayores del tama~ o natural, que representan la del costado del Evangelio, n o sea la izquierda del espectador,  Santa Leocadia, y la del de la Ep  a stola  Santa a Casilda, siendo el resto de dichas solapas de diversos mrmoles y jaspes bizarramente a entremezclados con las nubes, arrugas y alentocillos. La cornisa de este primer cuerpo sigue la misma caprichosa confusin, viniendo por el centro  descansar o a sobre cabecitas de sera
    193. nes, mucho mas abajo de lo que piden los capiteles de las grandes columnas de donde arranca, y parece como si se cayera arruinada en pedazos ocultos por los consabidos nubarrones, angelotes, etc. Sobre las columnas grandes de los ngulos y sus pilastras adjuntas asienta, por a cima del cornisamento, dos estatuas colosales de  7 pies y medio de altas, que a
    194. guran  San Eugenio la del lado del Evangelio y San Ildefonso la de la Ep a stola, ambos de Ponti
    195. cal con bculos de bronce, y ambas de mrmol blanco de Gnova; a a e con lo cual y otras varias cabezas de sera
    196. nes, de las que nacen y se estienden por los muros laterales espumas blancas, nubes y aletas arrolladas, termina este primer cuerpo  divisin de la obra, quedando mucho mas alta por los costados donde estn o o a las columnas y estatuas de los Santos Arzobispos que por el centro en que baja casi hasta tocar en la clave de la ornacina de la V rgen que hemos visto encima de la mesa del altar. El segundo cuerpo arranca de la cornisa del primero siguiendo rigurosamente los macizos as como los resaltos de este: principia por una especie de pedestal de  jaspe dorado, de 4 pies de alto, sobre el cual se dejan ya ver otras dos columnas de 13 pies y medio, cuyo ornato es de mrmol blanco, cabezas de sera
    197. nes sus a capiteles, y de bronce toda la parte del neto que los nubarrones dejan descubierta, estando perpendiculares  las de abajo; asimismo nacen de sobre las pilastras y a
    198. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 31 contrapilastras del primer cuerpo, otras del propio gnero en este segundo, desde e cuyos resaltos en la parte esterior sale otra especia de solapa  muro de mrmol que o a imita al gata, el cual va  rodear el pilar de la fbrica de la nave que sirve de l a a a mite al retablo, y sube hasta por cima del capitel de la pilastra, que es como en las otras una cabeza de serafn de la que arrancan y se estienden plumas, arrugones y demas  nubes esplicadas que van  rematar en otro seraf que recibe el vuelo de la cornisa a n de este segundo cuerpo. Por supuesto que lo mismo es en un lado que en el otro; y en medio de este confuso adorno se forma una targeta en cada costado que ostenta en el uno el escudo de armas de los Merinos, y en el otro el de los Francos, ambos de bronce dorado. Viniendo ahora  la parte interior  cncava del retablo, arriman a o o a las contrapilastras otros adornos de mrmol blanco, en los que se ven dos ni~ os  a n de la misma materia con alas de bronce abrazando los escudos dorados  molido de a Benedicto XIII que era Sumo Pont 
    199. ce cuando se haca la obra, en un lado, y del  Arzobispo Astorga y Cspedes que la costeaba, en el otro. e En el centro se hace un rompimiento de 14 pies de ancho y 13 de alto, bajando hcia l todo el cornisamento seg n reglas de perspectiva, y obedeciendo al mismo a e u tiempo el movimiento que tambin en el primer cuerpo vimos ten la cornisa hcia e a a abajo: alrededor de este centro hay una confusin inesplicable de sera
    200. nes, rayos, o nubes y aletoncillos que cierran el hueco en forma circular, anquendole los cuatro a arcngeles de mrmol de Gnova y dimensiones del natural, San Miguel  la derecha a a e a del crculo (izquierda del que mira), San Gabriel al otro lado, San Rafael arriba  volando con la cabeza hcia abajo y San Uriel en la parte inferior arrodillado con el a incensario, que es de bronce dorado como los dems atributos bien conocidos de los a otros tres. Este valo es el que d nombre de trasparente  todo el retablo, porque o a a est abierto  la luz que de la gran ventana de enfrente (que luego describiremos) a a entra  iluminar el camarn del Sagrario, y solo le cierran unos cristales por donde a  se trasparenta su interior, pero delante de la vidriera se forma un sol de bronce que estiende sus rfagas entre nubes, ngeles y los mencionados arcngeles, de modo que a a a es un verdadero caos en que la vista se cansa y se confunde sin poder hacerse cargo de lo que v sino cuando ya se ha mirado muchas veces y est habituada  penetrar e a a por ese laberinto de objetos api~ ados en tan corto espacio. n Por encima de este sol, centro y punto cardinal de toda la mquina, se forma a una especie de saln drico, construdo con tan buena perspectiva que  pesar de o o  a que solo tiene 4 pies de fondo, parece de mucha mayor distancia por estr sus muros a y bveda per
    201. lados de mrmol oscuro de Saelices, que favorece en gran manera para o a
    202. gurar los lejos: las pilastras de esta pieza son de mrmol blanco, y los entrepa~ os a n del jaspeado que imita al gata, y lo mismo el cornisamente sobre el que se hace una a bveda por arista en perspectiva: en este saln se representa la ultima cena en que o o  se v a Cristo rodeado en la mesa de los doce Apstoles, todas
    203. guras mayores del e o natural y del mrmol blanco de Torrubia. El frntis del cornisamente de este cuerpo a o segundo por encima del saln  cenculo, nace de los costados formando unas volutas o o a de arrugones y grotescos, en los que asientan dos angelotes con alas de bronce, que
    204. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 32 mantienen un gran targetn del propio metal, en que estn las armas de la Catedral, o a esto es, la Descensin de Nuestra Se~ora  poner la casulla  San Ildefonso, de medio o n a a relieve, siendo las dimensiones del escudo 4 pies de ancho por 2 y medio de alto. A los estremos de esta coronacin hay dos porciones de c o rculo aparentando como un frntis roto, en cuya concavidad plantan dos ngeles que reciben el vuelo de la o a cornisa, que es circular y nace de unas cabezas de sera
    205. nes; terminando toda la obra en su mayor altura con las estatuas de las tres virtudes teologales, de mrmol de a Gnova y de 8 pies de altas, sentando en el centro de la F sobre una nube de jaspe e e que sale de encima del escudo de armas de la Catedral, y  ambos lados sobre los a macizos de las columnas de los ngulos, la Caridad y la Esperanza. a Para dar luz  esta obra, tuvo Narciso Tom el atrevimiento de taladrar la a e bveda que la cubre y es precisamente el punto cntrico del empuje de todas las o e naves del templo que vienen  morir, digmoslo as, en esta clave de todo el edi
    206. cio, a a  que ya sabemos forma semic rculo por esta parte. El xito, mas felz de lo que e  poda esperarse de tan osada empresa, vino  convertir en alabanzas lo que hab  a a sido vituperio si hubiera acontecido la ruina que se tem por algunos inteligentes y a habiendo salido bien con su proyecto, la temeridad misma que hubo  pudo haber o en ponerlo por obra, fue un motivo de aplauso para el ingenio que (seg n entonces u se deca) tuvo la grandeza de concebirlo y la habilidad de ejecutarlo.  Como el rompimiento de esta bveda para buscar luces al trasparente es una o cosa, tal vez la unica, que los profesores alaban en este sitio, y prescindiendo de los  errores arquitectnicos en que el mal gusto de aquella poca hizo incurrir  Narciso o e a Tom, le consideran como maestros en arquitectura en vista de cmo calcul, convin e o o o y ejecut ese pensamiento arrogante, vamos  describirle con las mismas palabras o a facultativas que usa el autor del libro que se public entonces por Casta~ eda y que o n probablemente seran suministradas al escritor por el mismo Tom, pues aquel era  e profano al arte. \\Se rompi la bveda desde la clave de las aristas hasta el formero o o que hace frente al nuevo altar, dejando intacto lo dems que baja  unirse con a a su coronacin (la del altar se entiende). Planta mirando  Oriente; y en la parte o a opuesta, sobre el salmer que ten las dos aristas que se cortaron en los ngulos, an a mueve un arco de piedra berroque~ a, suplemento de ellas, que sube obedeciendo la n
    207. gura circular de los dos arcos formeros de las otras bvedas que miran al Norte y o Medioda, abrazndolos, como  lo restante de la bveda, hasta hacer clave con las  a a o aristas que quedaron salvas. El formero que hac frente, se cort desde el salmer del a o nuevo arco, formando con l un anillo circular desnivelado en su asiento, causando e admiracin  los mas prcticos que un arco de 20 pies de dimetro sostenga el o a a a gravsimo peso de la bveda, (teniendo su forma y asiento tan irregular, porque es  o de lo ms difcil del arte, hacer
    208. rme un cuerpo fuera de los plomos que levanta a  sobre el anillo), cuya forma es circular por el lado que mira  Oriente y por el a opuesto, se estiende 6 pies mas, sienta sobre el arco que hace el anillo, cargando sus macizos sobre los arcos que hacen estribos, que nacen de la bveda de la tercera o nave, haciendo empuje  esta segunda, y forma en su planta sobre ellos ngulos a a
    209. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 33 rectos para el sitio en que rompe la ventana de 22 pies de alto por 14 de ancho, que recibe las primeras luces del Oriente. La
    210. gura de esta ventana es de una jamba en cada lado que
    211. naliza en curva, unindose  un semicrculo, cuyos macizos y e a  salmeres reciben dos columnas, la una puesta en su plomo, y la otra desplomada, a cuyo pi hay un grupo de ngeles que parece trabajan y se afanan por ponerla   e a a plomo, rindose de su afn los que hay al pie de la otra nivelada que y lograron e a a el objeto de su tarea: el cornisamente de esta ventana sigue sobre las columnas por el mismo rden que el de toda la obra: Hay para mayor admiracin de los o o inteligentes arquitectos (a~ ade el libro que vamos extractando) al ver la valent n a de este rompimiento, en el arco que sostiene la bveda, todo revestido de nubes, o angeles y sera
    212. nes, cuatro estatuas doradas, tama~ o natural, en sus salmeres, que  n representan los Profetas mayores que en targetones publican realizando el misterio que predijeron (el de la sagrada Eucarist entre ellos se v un ngel en actitud a), e a de llevar el comps como un maestro de capilla  dos coros de los mismos que con a a diversos instrumentos ocupan los ngulos; y en la clave del anillo hay otro ngel a a volando que sostiene la lmpara por medio de una cadena  barreta de hierro que a o sale de sus manos, y de que pende aquella\". Rstanos decir algo de las pinturas, puesto que nuestro Narciso Tom era un e e estuche, como suele decirse, que por s mismo deline, esculpi y tambin pint este  o o e o monumento. Consisten en algunos frescos que representan pasages del antiguo y nuevo Testamento alusivos al misterio de la sagrada Eucarist como que toda la a, obra est dirigida  realzar el sagrario en donde se custodia el pan de los ngeles. a a a En el espacio que se forma desde la clave del arco de la bveda de la nave tercera o hasta el rompimiento  principio del esplicado anillo por donde penetran las luces de o su gran ventana, dando frente al altar, est representada la prisin de Benjamn por a o  haberse hallado en su saco  costal robada (mandada poner all por su hermano Jos o  e para tener pretesto de quedarse con l en Egipto): se ven los costales con el trigo e que los hermanos de Jos le compraron sin conocerle, y los egipcios que de rden e o de este registran los sacos en busca de la copa que suponen robada por Benjam n puesto que fu hallada en su costal. Alrededor hay una letra que esplica el pasage e con los testos siguientes: IMPLE SACCOS EORUM FRUMENTO CUANTUM CAPERE POSSUNT. (Genes. cap. 44. v. 1.o ). INVENIT SCYPHUM IN SACCO BENJAMIN. (Genes. cap. 44. v. 2).
    213. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 34 Que quiere decir en castellano: Llena de trigo sus sacos todo lo que quepan. (Libro del Gnesis, cap. 44 v. 1.x) e Hall la copa en el saco de Benjamn. (El mismo libro y cap o  tulo, v. 12). En la cpula del rompimiento  anillo hay pintados algunos pasages de Jedeon u o y principalmente el sue~ o del pan subcinericio (
    214. gura antigua del Sant n simo Sacra- mento) que bajaba sobre los madianitas, cuyo ejrcito se v acampado por una y e e otra parte; y encima est la inscripcin alusiva  este asunto, que dice as a o a : VIDEBATUR MIHI QUASI SUBCINERITIUS PANIS IN CASTRA MADIAN DESCENDERE. (Judic. cap. 7.o , v. 13). HIC EST PANIS QUI DE COELO DESCENDIT. (Joann, cap. 6.o , v. 59). Es decir: Parecame que bajaba sobre el campamento de los medianitas un pan  subcinericio. (Libro de los Jueces, cap. 7.o , v. 13) Este es el pan que baja del Cielo. (S. Juan, cap. 6.o v. 59) Ultimamente hay pintado en la parte de la bveda que qued intacta desde la o o clave hasta el remate  coronamiento del retablo, otro pasage que representa la o visin que el evangelista San Juan re
    215. ere en los cap o tulos 4.o y 5.o de su Apcalipsis, o con el mar, el arco iris, el trono y el anciano, circundados de los veinte y cuatro que rinden adoracin al Cordero cuando nadie pudo abrir los sellos del libro que tiene o el anciano, alusivo tambin al misterio de la sagrada Eucarist e a. Toda esta obra, inclusa la del sagrario, su camar y escalera, que ya se describi n o al hablar del altar mayor, y se hizo al mismo tiempo como parte integrante de ella, cost la elevadsima suma de 1.492.881 rs. 28 mrs. vn., que exceden cerca de 15.000 o  duros  los 200.000 ducados que generalmente se asegura haber tenido de costa (2). a NOTAS (1) Desde este Prelado gozan los Arzobispos de Toledo el tratamiento de Excelencia solo por su dignidad, aunque carezcan de toda otra condecoracin  t o o tulo que lleve consigo este dictado. (2) Me he detenido tal vez demasiado en la descripcin del transparente, porque habindose hablado o e tanto y tan contrariamente acerca de esta clebre obra, he cre e do que no ser en fadosa  mis lectores una a a explicacin algo detallada de ese monumento que tanto han ponderado unos y censurado otros, sin que o ninguno de estos ultimos se haya tomado el traba jo de rese~ arle.  n
    216. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 35 C) Comentario de los documentos y de las reales cdulas siguientes: e Comentario introductorio A
    217. nales del a~o 1777 el rey Carlos III decret dos reales rdenes, que n o o impresas en forma de cartas circulares, fueron enviadas al Consejo de Castilla, y a los Obispos y dems autoridades eclesisticas. Se ped en ellas que en a a a adelante no se hicieran obras p blicas de cierta consideracin, sin que antes se u o enviaran los proyectos a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando para su censura. As se realiz la ya casi vieja aspiracin borbnica de cen-  o o o tralizacin de la prctica art o a stica en la Academia, que desplaz poco a poco o al Consejo de Castilla y a los Gremios como organismos pol tico y profesio- nal intermediarios en la formacin de los artistas y en la realizacin de esa o o prctica. a Estas disposiciones estuvieron precedidas por una serie de representaciones en 1768 de los acadmicos al rey, aqu publicadas, en las que se ped ese e  a control. Se criticaba la degradacin del arte espa~ol en los ultimos a~os por o n  n la prctica barroca. Se deseaba imponer un nuevo clasicismo, el lenguaje a acadmico, que depurara las formas, desornamentndolas, y que incorporaba e a a Espa~a a las tendencias art n sticas internacionales entonces ms novedosas. a Las reales cartas circulares de 1777 fueron el origen de la creacin en 1786 o de la Junta de Comisin de Arquitectura en la Academia. La gran cantidad o de proyectos llegados a este centro de las Bellas Artes propici su fundacin en o o tiempos de la secretar de Antonio Ponz, quiz el inspirador de estas medidas. a a Constitu casi exclusivamente por arquitectos su misin era la centralizacin da o o en este organismo de los proyectos arquitectnicos de obras pblicas para su o u censura, aprobndolos, corrigindolos o reprobndolos por completo. Esta a e a junta, creada por Carlos III, tuvo una gran importancia durante el reinado de Carlos IV, pues no se pod hacer ninguna obra p blica de consideracin, sin a u o que antes se aprobaran sus dise~ os. n Pero dicho control nunca logr ser totalmente efectivo, aunque la labor de o la Junta de Comisin de Arquitectura de la Academia fue siempre muy con- o siderable. Se realizaban muchos edi
    218. cios importantes sin que sus proyectos llegaran antes a la Academia para su censura. Todo ello propici las denun-o cias de los arquitectos acadmicos de las provincias contra los maestros de e obras, alba~iles y canteros, que, titulndose arquitectos, no hab sido exa- n a an minados en ese centro, y ejerc ilegalmente la profesin, realizando labores an o constructivas al margen de la Academia.
    219. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 36 DOCUMENTOS 1777, 10 agosto Representacin al Rey de los consiliarios de la Academia de San Fernando. o En las actas de la junta particular, la directiva y constituida por los con- siliarios, de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando del d 10 de a agosto de 1777,
    220. rmadas por el \\literato\" Antonio Ponz como secretario de este centro, se indica: \\Despus le dos representaciones, una dirigida a S. M. y la otra al Sor. e  Protector; la primera para evitar en cuanto sea posible los abusos, que se cometen por todas partes de la Monarqu en materia de Arquitectura, y la a otra para dar cuenta de una Academia establecida en Sevilla, sin noticia de la de San Fernando, y contra sus estatutos\". (A.A.S.F.: 3/123, fol. 77 y ss.): Academia de San Fernando. Junta particular de 10 de Agosto de 1777. Conde de Abrantes. Conde de Fernn Nnez. Marqus de la Florida. a u~ e Conde de Montalvo. D. Manuel Dilitala. D. Antonio Ponz, Secretario. Se~or: n La Real Academia de San Fernando, cada d ms desvelada en discutir a a medios para que las Bellas Artes lleguen al grado de reputacin, correspon- o diente al impulso que la ben
    221. ca mano de V. M. les est dando, ha parado e a siempre, y con particularidad su consideracin en la Arquitectura  la cual o a vuelve ahora los ojos, como que es ella la que da las primeras ideas de la cul- tura, o rusticidad de las Naciones, las caracteriza de lo uno, o de lo otro por muchos siglos,  proporcin de lo que duran sus producciones. a o Aunque el nuestro de (f. 2, rev.) jar la mejor memoria a los venideros por a lo que respecta a las grandes empresas de V. M. en las obras p blicas, es tal el u nmero de fbricas disparatadas que se han hecho en todas las Provincias de u a la monarqu y an se hacen, que parece imposible dejen de ofuscar aquellas a u la multitud de stas; como si cada cual tuviese derecho de llevar adelante sus e antojos con desdoro del p blico, de la Religin, de la edad presente y de S. M. u o mismo; todo por pura ignorancia. Se hace una ofensa a S. M. con afearle sus Ciudades y Reyno, a la religin, en llenar los Templos de objetos indecorosos o y ridculos, a la edad presente en imprimirle tantas y tan (f. 2 anv.) torpes se~ales que la desacrediten, y al p blico en poner delante de su vista un sin n u
    222. n de cosas, que en lugar de inducirle a conocer y estimar lo bueno, le dejan con su ceguedad, y en la radicada costumbre de apreciar lo malo, sin contar
    223. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 37 ahora los inmensos caudales que por todo el Reino se consumen en mantener este aprobio de la Nacin. o La Academia se ha valido de varios medios para atajar tan gran desorden, pero desenga~ada de que nada ha bastado, propone a V. M. el unico, y al n  parecer ms e
    224. caz que al presente le ocurre, cuya ejecucin no puede encontrar a o ninguna di
    225. cultad, resistencia, ni disgusto en las Personas(f. 2, rev.) a quien se haya de proponer, antes bien ser tenido por uno de los ms dignos de la a a Religin y piedad de V. M. de su amor a los vasallos, y de su incomparable o celo por la instruccin y adelantamiento de los mismos. o Todas las obras de consideracin, a excepcin de las que V. M. ordena, las o o mandan ejecutar los Reverendos Obispos, los Cabildos Eclesisticos, las Co- a munidades religiosas, los Ayuntamientos de ciudades, los Capitanes generales, Audiencias, Intendencias, corregidores, &c.. Las que mandan hacer los Prelados, y Comunidades Eclesisticas, se re
    226. e- a ren por lo comn a objetos de piedad, cuales son fbricas de Templos, altares u a y todo gnero de ornato y utensilios de los mismos (fol. 3, anv.) Templos. e Slo porque stos son las casas de Dios, se deb poner el mayor cuidado o e a de que cuando hay en ese recinto fuese conforme en lo que es capaz el enten- dimiento humano a la Dignidad del Se~ or que all se adora, fuente de toda n  sabidur de todo buen orden, grandeza, y armon a, a. Son tambin los templos los edi
    227. cios ms se~alados de Ciudades y Pue- e a n blos, donde se supone hallar lo ms digno y apreciable de las mismas, y todo a caminante que por ellas transita, lo primero que desea, y le ocurre es ver la Catedral, o las Iglesias de ms consideracin que en aquella Ciudad, Pueblo o a o Comarca se encuentran. Si la Academia hubiese (f. 3 rev.) de referir a V. M. los despropsitos,  o e indignos ornatos con que las Catedrales mismas y las iglesias ms conspicuas a de Espa~a se han afeado de ms de un siglo a esta parte, creciendo siempre el n a delirio hasta nuestro tiempos: la multitud de fbricas sagradas que con indeci- a bles gastos se han ejecutado desde sus fundamentos en toda la Monarqu sin a, regla ni concierto por personas enteramente negadas a lo que es Arquitectura; si fuera posible saber los millones de pesos, que en los ms feos y horribles en- a tusiasmos se han consumado, y a n se consumen, no podr menos de faltarle u a  V. M. el sufrimiento. a Apenas hay Iglesia (f. 4 anv.) incluyendo en primer lugar las de Madrid, que en todo, o en gran parte, no est llena de semejantes borrones, y si su e Arquitectura logr hacerse en mejor edad con arreglo, y arte, se halla hoy tan o desconocida y cargada de despropsitos, que solamente los ojos de un vulgo o acostumbrado a ello pueden sufrirlos. V. Majestad mismo los habr notado, a pues no pueden haberse ocultado a su vista muchos de ellos. La Academia
    228. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 38 los est viendo ejecutar cont a nuamente sin poder atajarlos, porque los que ordenan, y ejecutan estas cosas, se creen en pleno derecho de gastar su dinero,  ejercitar su o
    229. cio en cuanto les da la gana, como si lo tuvieran para (f. 4 o rev.) desacreditar al p blico, y profanar en cierto modo la religiosidad y decoro u de los templos, y aunque como se ha dicho, todo debe atribuirse a una crasa ignorancia, sta es la que la Academia desea combatir, y destruir mediante los e auxilios que espera de V. M. Hasta la edad del se~or Emperador Carlos V no cedi Espa~a en la mag- n o n ni
    230. ciencia de sus templos, y dems edi
    231. cios pblicos, a cuanto se hac en los a u a otros Reinos de Europa, as en la regularidad de aquella Arquitectura llamada  Gtica, generalmente recibida, y admirada, como en los ornatos con que la o enriquec dan testimonio de ello todas las Catedrales, se~ aladamente (f. 5 an, n anv.) las de Toledo, Burgos y Len que en aquella l o nea se consideraron mara- villosas, y algunos Monasterios antiguos. Despus las Catedrales de Palencia, e Segovia, Jaen, Salamanca y otras. Reestablecido que fue en Italia el mejor, ms notable, y ms grandioso a a modo de edi
    232. car, que usaron los Griegos, y Romanos, fue Espa~ a de las pri- n meras que adoptndolo ostent su grandeza, y
    233. no gusto en la construccin a o o del Escorial, del Alczar y del Hospital de San Juan Bautista en Toledo, del a Palacio de Aranjuez, y del que se quem en Madrid, de la Catedral de Valla- o dolid, de las Iglesias del Carmen, San Jernimo, y otras en la misma Ciudad, o (f. 5 rev.) de la Catedral, Alczar y Chanciller de Granada, de la Lonja de a a Sevilla, y de otros muchos edi
    234. cios. Dur despus la buena escuela entre los Disc o e pulos que dejaron aquellos grandes Profesores por espacio de algunos a~ os, e hicieron gran n mero de n u obras, entre las cuales fueron muy notables muchas Iglesias de Toledo, Va- lladolid, Alcal, y otras partes. En Madrid, la que hoy es casa de los Reales a Consejos, los conventos de San Felipe el Real, la Trinidad, la Encarnacin, San o Isidro, y algunas ms. a Toda esta regularidad, que generalmente se observ en Espa~a, di
    235. n en o n o el reinado (f. 6 anv.) del Sor. Felipe IV y se puede asegurar que en la obra ejecutada entonces de la Crcel de Corte, y alguna otra, espir la idea de la a o Arquitectura. Desde aquel tiempo, no se ha de decir fue decayendo, sino que casi repentinamente desapareci, y como si todos hubieran perdido la razn, o o se entregaron a ideas frenticas, e increibles desatinos, que parece imposible e pudiesen ocurrir a entendimiento humano, si no las estuviesemos viendo: se fueron llenando los Templos de monstruosos adornos y altares, y para decirlo mejor de Pinares sin n mero, que en esto se consumieron con gran detrimento u de la Nacin, desperdiciando asimismo montes (f. 6 rev.) de oro en dorarlos, o con que se hizo ms visible su extravagancia y fealdad. a
    236. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 39 No solamente fue continuando este desenfreno y licencia de edi
    237. car arbi- trariamente, y sin ning n principio de arte ni razn; pero de tal modo fue u o creciendo y acreditndose desde el principio de este siglo, y tales eran y tan a generales los aplausos que se daban a semejantes obras, y a sus Art 
    238. ces, que los pocos inteligentes de la verdadera Arquitectura, se vieron en la dura ne- cesidad de enmudecer, so pena de ser tenidos por insensatos, y de caer en la indignacin (f. 7 anv.) del vulgo. o Los abortos del arte que en dicha Espa~ a se pusieron a la vista del mundo, n fueron tantos, y tan considerables por todas las Ciudades del Reino, as en los  templos como fuera de ellos, que es imposible dar la menor idea; basta decir, que a cualquier parte que se vuelva la vista, se presentan a montones. Muy se~aladas son las Iglesias de Madrid, y de Espa~ a donde cierta clase de mons- n n truosidades, no haya ofuscado lo que hab de bueno en las mismas ejecutado a en mejor tiempo, y lo que es peor, donde tales obras no se hayan considerado como despreciables antiguallas, entre (f. 7 rev.) gando muchas a las llamas, y a los podrideros; tanto puede la preocupacin, y la licencia, cuando no se la o pone algn freno. En cuanto a las dems obras pblicas de Madrid que tienen u a u relacin con aquella edad y donde pudieron so~ arse disparates, que igualasen o n a las fachadas del Hospicio, de San Sebastin, de Santo Toms, de la puerta a a Atocha, de la Merced, de Porta Coeli, de Monserrate, y otras que por nuestra desgracia existen, como tambin a las que en el feliz Reinado de V. Majestad e se han destru do, entre ellas la fachada de la Casa de esta Academia, y la Puerta de San Vicente. (f. 8 anv.). Conociendo pues el Se~ or Felipe V Augusto Padre de V. M. que era pre- n ciso desterrar tanto abuso y disparate de entre sus vasallos, volver a su estado regular la important sima arte de la Arquitectura, y promover sus dos com- pa~eras y hermanas, Pintura, y Escultura, concibi la grande idea de fundar n o esta Academia, y efect vamente le di principio con un Junta preparatoria; o pero habiendo fallecido aquel gran Monarca, no se pudo ver cumplido tan importante pensamiento hasta el Reinado (f. 8 rev.) del Sor. Fernando VI Augusto hermano de V. M., quien con suma benignidad estableci la Acade- o mia, concedindole Dotacin, Privilegios, y Leyes con que gobernarse. e o Desde aquella feliz poca para las Artes, se espaci una luz, que desde luego e o hizo ver cuan neciamente se hab estimado en Espa~ a las obras que hubieran an n desacreditado a una Nacin que enteramente careciese de cultivo: Se observ o o alguna regularidad en una u otra cosa de las que se hac y tambin fueron an, e laudables algunas fbricas de entonces, como dirigidas por el camino del Arte. a La Academia no omiti diligencia, ya con premios, ya enviando Pensionados o  Roma, (f. 9 anv.) y comprando los mejores libros de Arquitectura para a facilitar los progresos de esta Arte. Us de sus Privilegios, tuvo competencias o
    239. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 40 y disputas, para que no se hiciesen las extravagancias que antes; pero no fueron bastantes sus fuerzas para impedirlo, y con igual libertad y desacierto, se continu en fabricar por todas partes. o Despus del feliz arribo de V. M. a Espa~ a, y a vista de tantas, y tan e n insignes obras como de su Real Orden se han emprendido y llevado a efecto, as en Madrid como en los sitios Reales, y en varias partes del Reino, parec  a que no solamente hab de tener
    240. n el psimo (f. 9 re.) modo de edi
    241. car, sino a e que generalmente se hab de aborrecer con tales ejemplos aquellas ideas an monstruosas, pero ni esto ha bastado para desarraigarlas, particularmente en las Provincias en donde la ignorancia, juntamente con los feos ejemplares que tienen a la vista, van produciendo otros muchos, sin que al desorden se le vea trmino, ni la Academia pueda esperar el fruto de sus desvelos. e Y pues a V. Majestad no solamente Espa~ a, y se~aladamente la Academia n n deber reconocerle, y le reconoce por principal restaurador de la mejor, y ms a arreglada Arquitectura, considerando (f. 10 anv.) las obras que por su man- dado han sido hechas, sino que la misma Italia donde ms orecen las Bellas a Artes confes lo propio en varios escritos p blicos, mediante las utiles, magni
    242. - o u  cas, y arregladas obras con que ennobleci la Ciudad y Reino de Npoles, llega o a a sus Reales pies, con la mayor con
    243. anza, y expone a V. M. su pensamiento, para que de una vez se ponga remedio en todas las obras que se hayan de ha- cer en el Reino, y en lugar de aumentarse los disparates contra la reputacin o Nacional, y los ejemplos que V. Majestad est dando, no se cometan ms en a a adelante. Todas las obras de consi(f. 10 rev.) deracin (que son de las que unicamente o  se trata) siendo eclesisticas, las mandan hacer, como queda dicho, los Prelados a y Cabildos Eclesisticos, y ninguna que promueve, o costea la piedad de los a
    244. eles en cualquier parte que sea, como son Iglesias, Capillas, Ermitas, Altares, &c. se hacen sin permiso de los ordinarios. Lo mismo respect vamente, pasa entre los Regulares, que sin consentimiento de los Prelados, nada de esto se ejecuta. Si son fbricas profanas, o seculares, las ordenan los Capitanes Generales, a Audiencias, Intendentes, Ayuntamientos, Corregidores, y otros Magistrados; y ha(f. 11 anv.) blando antes de las que pertenecen a Eclesisticos, el remedio a que la Academia juzga ms natural, y que a su parecer ser mejor recibido, a a para que en adelante hagan sus fbricas, y ornatos de Iglesias con acierto, es a que V. M. se digne escribir a los Reverendos Obispos, y Cabildos, manifest n- a doles el Amor que le merece el decoro de los Templos, el dolor que le causa saber los grandes caudales que se han consumado y consumen en des
    245. gurarlos con extravagancias y ornatos ajenos, y a n indignos de las casas donde es ado- u rado el verdadero Dios, autor de todo buen orden, y armon el mal nom(f. 11 a;
    246. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 41 rev.)bre que queda para la edad futura de los que dirijen o costean fealdades, cargando las iglesias y altares de monstruosos follajes, tallas y otros caprichos quimricos. e Que enardecido V. Majestad de un justo celo por el decoro de la Religin, o y porque se le preste al se~ or el exterior culto con decencia y dignidad debida, n exorte V. M. a los Reverendos obispos, Cabildos, y Prelados Regulares &c. que pues mantiene V. M. en esta Corte la Real Academia de San Fernando para que por medio de sus desvelos lleguen al estado de perfeccin en Espa~a o n las Bellas Artes, y entre ellas la Arquitectura como tan importante y necesaria; y que siendo dif (f. 12 anv.) que los sujetos que ordenan y costean en las cil Provincias obras relativas a la misma (bien que instru dos en las materias msa esenciales a sus destinos), puedan tener todas las luces necesarias para acertar en sus buenas intenciones, procuren remitir por medio de sus Apoderados los dibujos de planes, alzados y cortes de fbricas, capillas, altares, &c. a la a misma Academia, la cual graciosamente y sin inters alguno, los examinar, y e a con el maior celo dir su sentir, sobre la exactitud, errores,  defectos de dichos a o dibujos; si son dignos de llevarse a ejecucin, y no sindolo, de los medios, que o e se podrn practicar para que lo sean, dejando a cada uno la entera libertad de a ocupar a sus Arquitectos o Maestros (f., 12 rev.), y sin llevar otro
    247. n, que el que las obras se hagan con regularidad, y razn; pues debe suponer V. Majestad o que todos quieren lo mejor, cuando se trata de gastar sus caudales, y que no habr quien no agradezca mucho, mayormente entre personas tan dignas, el a que V. Majestad les indique el verdadero camino de acertar. Por lo que respecta a los Magistrados, Audiencias y Ayuntamientos del Reino, que ordenan, o costean las dems obras pblicas, puede V. Majestad a u mandarles, que se conformen con la expresada providencia para la cual hay tantas razones, como el que no se afeen las Ciudades a tanta costa, en lugar de ennoblecerlas, no (f. 13 anv.) se desacredite al p blico con estos partos de u la ignorancia, ni se dejen ms reliquias de esta clase, que infaliblemente han a de desacreditar la edad que las produjo. Los o
    248. cios ms serviles, y Artes mecnicas tienen sus veedores para que a a las manufacturas se trabajen conforme a ley, y seg n prescriben las reglas del u Arte. No se permite publicar libros, sin que conste al Consejo de V. M. ser dignos del pblico, y a un escritor que no supiese los principios de la materia u de que trata, se le negar dicha licencia. a Siendo pues estas cosas ms pasajeras, menos permanentes, y sin compara- a cin no tan costosas como las que (f. 13 rev.) produce la Arquitectura, parece o muy conforme a toda razn, poner el mayor cuidado en su acierto, y si puede o ser, en su profesin. o Por tanto juzga la Academia, que no se podr dar mejor prueba del celo, a
    249. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 42 por el decoro de los templos, para que se consiga la hermosura y conveniencia de las Ciudades, cultura de la Nacin, y ultimamente para que la Arquitectura o  llegue con ms brevedad a perfeccionarse, como la condescendencia de V. M. a con esta splica de la Academia, en que no tiene la menor parte su deseo de u hacer ms memorable por este camino el Reinado de V. M. (f. 14 anv.) y la a edad presente. Y si V. M. hallase razonable la representacin de la Academia, y fuese su o voluntad condescender a ella; a~ adir que supuesto no haber Ciudad en el n a, Reino, que no tenga en sus Altares  retablos, mani
    250. este V. M. su voluntad o de que acabase de una vez la mala usanza, y peculiar de Espa~ a de fabricarlos n en madera, cuya materia es frgil, corruptible, menos propia de tan digno a destino, de corta duracin, y ultimamente, expuesta a incendios, de que se o  pod citar muchos, y muy funestos ejemplos; se re(f. 14 rev.) parar en an a esta parte el gran destrozo de pinares, que con gran perjuicio de la nacin se o ha hecho y se est haciendo, y se ahorrar el consumo de tanto oro en un sin a a
    251. n de mquinas informes de que estn llenos los Templos. a a V. Majestad mismo ha ense~ ado que ste es el verdadero y decente modo de n e fabricarlos, costeando muchos, y subministrando piedras y bronces para otros, sin que le haya ocurrido gastar madera en dichas obras. Si el Altar mayor del Escorial fuese de madera, como es de mrmoles y bronces, estar despus de a a e doscientos y veinte a~ os que se hizo, carcomido, ennegrecido, y roto en muchas n partes, como sucede a casi (f. 15 anv.) todos los de madera de aquella edad, pero las piedras y bronces de que se form estn hoy como si se acabara de o a hacer, y durar as millares de a~os, si de propsito no se destruye, y aniquila. a  n o Por tanto, no debe admitirse por escusa de que los de madera son me- nos costosos, porque promontorios de stos, hay en Madrid, y muy modernos e que han costado doblado, que si se hubieran hecho de bronce y de mrmoles, a y ultimamente aunque hubieran costado ms, se lograrn las ventajas de su  a a decencia, limpieza, tensura y duracin. En varias partes se va introduciendo o esta prctica, aunque muy lentamente fuera de Madrid. (f. 15 rev.) y para a radicarla, se necesitar siglos; pero manifestando V. M. su voluntad, es in- an dubitable que se ver cumplida muy en breve. a Esto es lo que la Academia expone  V. Majestad, deseosa de cumplir con a lo que le dicta su celo, y el
    252. n de su establecimiento, que es promover por todos caminos el adelantamiento de las Bellas Artes, y ver efectuadas las piadosas intenciones de V. Majestad. Queda
    253. nalmente a los pies de V. M. rogando al Cielo conserve su Real Persona para felicidad de la Nacin. Madrid, 14 de o Agosto de 1777. Remitida en 14 de Agosto de 1777.
    254. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 43 En las actas de la junta particular del d 29 de Noviembre de 1777 Antonio a Ponz dice lo siguiente: \\Se convoc esta Junta para dar cuenta en ella de una resolucin de o o S. M., y despus de haber le el acuerdo de la antecedente, ma- e do nifest una carta que me dirigi el Sor. Protector, cuyo contenido e o es el que sigue: \\En vista de la representacin que la Academia de San Fernando o hizo con fecha 14 de Agosto acerca del desorden que se advert en a los edi
    255. cios pblicos, y se~aladamente en la fbrica de las Iglesias u n a y retablos de ellas, me ha mandado S. M. pasar al Gobernador del Consejo el papel del que incluyo copia, y dirigir a los Arzobis- pos, Obispos, y dems Prelados del Reino, la Carta Circular que a acompa~a. n Cuide V. S. de dar cuenta de estas providencias dirigidas al fomento de las Artes, en la primera Junta que celebre la Academia, y ruego a Dios guarde a V. S. ms. as. como deseo. San Lorenzo el Real, a 23 de Noviembre de 1777 El Conde de Floridablanca Sor. D. Antonio Ponz.\" \" (La carta publicada a continuacin se present a la junta particular de o o la Academia del d 29 de Noviembre de 1777. Esta real orden la envi el a o Conde de Floridablanca, Secretario del Consejo de Castilla y Protector de la Academia, al consiliario Manuel Ventura de Figueroa, que hac las veces de a viceprotector de este organismo. A.A.S.F.: 3/123, actas, fol. 98 anv. y ss). Ilmo. Sor.: A pesar de la proteccin que merece al Rey el estudio de las tres Nobles o Artes, y se~aladamente el de la Arquitectura de que dependen la solidez, co- n modidad, proporcin y hermosura de los edi
    256. cios, es tanta la irregularidad que o se advierte en la mayor parte de los que hoy se hacen, que noticioso de ello S. M. ha resuelto dar nuevas providencias que a
    257. ancen la acertada prctica de la a Arquitectura, y evite se contin e el lastimosos abuso de ella. u Para evitar se malgasten caudales en obras p blicas, que debiendo servir u de ornato, (f. 1 rev.) y modelo, existen solo como monumentos de deformidad, de ignorancia, y de mal gusto, quiere S. M. que el Consejo prevenga a todos los Magistrados, y Ayuntamientos de los Pueblos del Reino, que siempre que
    258. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 44 se proyecte alguna obra p blica consulten a la Academia de San Fernando, u haciendo entregar al secretario de ella con la conveniente explicacin por es- o crito, los dibujos de los planes, alzados, y cortes de las Fbricas que se ideen, a para que examinados atenta, breve, y gratu tamente por los Profesores de Ar- quitectura advierta la misma Academia el mrito,  errores que contengan los e o dise~os, e indique el medio ms proporcionado para el acierto. n a Al expedir el Consejo las rdenes que desea el Rey, convendr tenga pre- o a sente la adjunta copia de Carta Circular, que me ha mando S. M. dirigir a todos los Obispos, o Cabildos, y Prelados exhortndolos a que recurran en a la forma indicada a la Academia de San Fernando siempre, que mediten se ejecute en las iglesias cualquiera obra de entidad. S. M. me manda participarlo todo a V.S.I. para que haciendo presente al Consejo, providencie ste, tengan el debido efecto tan sabias y provecho- e sas intenciones, prometindose S. M. que el Consejo celar su ms puntual e a a observancia. Dios guarde a V. Ilma. muchos a~ os como deseo. n San Lorenzo el Real, a 23 de noviembre de 1777. Sor. Conde de Floridablanca. Sor. Dn. Ventura de Figueroa. (Antonio Ponz en las actas de esa misma junta particular del 29 de no- viembre de 1777 dice lo siguiente (A.A.S.F.: 3/123, fol. 99 anv.{101 anv.)): \\De la carta impresa que el Sr. Protector ha escrito de Orden de S. M. a todos los Arzobispos, Obispos, y dems Prelados Eclesisticos del Reino, me a a envi S. E. un ejemplar cuyo contenido es el siguiente: o \\Despus de haber promovido el Rey en sus dominios el estudio de las tres e nobles Artes, Pintura, Escultura y Arquitectura, ya fomentando en Madrid el instituto de la Academia de San Fernando, y ya fundando en otras partes del Reino distintas Academias, o Escuelas, a las cuales ha facilitado toda su proteccin y auxilios as a expensas del Real Erario, ha sabido y observado por o  s mismo S. M. que no se coge todo el fruto que de tan utiles establecimientos   deb esperarse, viendo emprender, y llevar a efecto varias obras costosas, a de poca duracin y de ninguna hermosura, expuestas a muchos riesgos, y o censuradas de los inteligentes nacionales, y de la emulacin extranjera. o Entre tantos da~os, como por tal descuido, se han presentado a la conside- n racin de S. M., han llamado singularmente su religiosa y soberana atencin, o o las tristes y dolorosas experiencias que se repiten continuamente (fol. 99 rev.) en los Sagrados Templos, en que por lo frgil y combustible de las materias a de que se componen los retablos, adornos y techumbres de los ms de ellos, y a por no adaptar exactamente su forma a las reglas del Arte, y del buen gusto, unos perecen lastimosamente entre las llamas, como acaba de suceder en el
    259. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 45 antiqusimo, y precioso monumento de Santa Mar de Covadonga; y sucedi a o pocos a~os ha en la Parroquia de Santa Cruz de Madrid, habiendo estado a n riesgo de lo mismo la Iglesia de Sto. Toms; y otros desdicen de la magestad a de aquellos lugares en que damos culto al omnipotente, y veneramos los ms a sublimes objetos de la Religin. o La reverencia, seriedad, y decoro debido a las casas de Dios, la permanente slida inversin de los dones que la piedad christiana franquea para la mayor o o decencia de ellas, la reputacin misma de los sujetos constituidos en dignidad, o y de los cuerpos que mandan o permiten la ejecucin de tales obras, y en o suma la necesidad de poner trmino a tan lastimosos ejemplares, han movido e al nimo de S. M. adems de haber providenciado lo conveniente, respecto a a a las obras pblicas, profanas, a man-(fol. 100 anv.) darme escribir a V en u su Real nombre, y excitar por lo que mira a las sagradas el ardiente celo de V. para que en adelante cuide de no permitir se haga en los Templos de su distrito y jurisdiccin obra alguna de consecuencia sin tener fundada seguridad o del acierto, el cual jams podr veri
    260. carse sino se toman precauciones para a a evitar se edi
    261. que contra las reglas y pericia del Arte. A este
    262. n, teniendo presente el Rey lo que sobre el particular le ha expuesto la Academia de San Fernando, comprende no puede haber medio ms obvio a y e
    263. caz que el de que se consulte a la misma Academia por los Arzobispos, Obispos, Cabildos, y Prelados, siempre que stos, ya sea a propias expensas, e o ya empleando caudales con que la piedad de los
    264. eles contribuya, dispongan hacer obras de alguna entidad. Convendr, pues, que los Directores, o Art a 
    265. ces que se encarguen de ellas, entreguen anticipadamente a aquellos superiores los dise~os con la correspondiente explicacin, y que los Agentes, o Apoderados n o respectivos, presenten en Madrid a la Academia los dibujos de los planes, alzados, y corte de las fbricas, capillas, y altares que se ideen, ponindolos a e en manos del Secretario, para que examinados con atencin, y brevedad, y sin o el menor dispendio de los interesados, advierta la propia Academia, el mritoe o errores que contengan, e indique el medio que conceptue ms adaptable al a logro de los proyectos, que se formen con proporcin al gasto que quieran y o puedan hacer las personas que lo costeen. Adems encarga S. M. a V. que en la ejecucin excuse cuanto sea dable a o emplear maderas, especialmente en los retablos y adornos de los altares, puesto que apenas hay ciudad en el Reino, en cuyas cercan no abunden mrmoles, as a u otras piedras adecuadas; mediante lo cual, no slo se evitar gran parte del o a riesgo de los incendios (mayormente si se redujere el n mero de luces a lo que u pide el decoro del Templo, y dicta la devocin seria, y majestuosa practicada o en las Catedrales, y en las Capillas de S. M.) sino tambin se reformar el e a enorme infructuoso gasto de los dorados, expuestos a ennegrecimiento y digno
    266. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 46 ejercicio de las Artes con monumentos de materias permanentes, pudiendo en caso necesario suplir muy bien los estucos, por los mrmoles y jaspes. a El Rey con
    267. a del celo de V. no me.{(fol. 101 anv.)nos que de sus luces, y de las serias re exiones que debe merecerle el asunto, tomar e
    268. cazmente a su a cargo concurrir a que se efectuen tan justos deseos, como tambin a que cuanto e en los lugares sagrados ejecute no slo la Arquitectura, sino las dos Artes sus o compa~eras, Escultura y Pintura, sea correspondiente a la sublimidad de la n Religin, y al mayor esplendor y majestad del culto. o  Ultimamente encarga el Rey a V. para complemento de lo que va enun- ciando, que V. mani
    269. este y encomiende a ese Cabildo, y a las Comunidades que dependan de V. las intenciones de S. M. a
    270. n de que contribuyan por su parte a que estas vayan efectundose, en el
    271. rme concepto de que sern a a sumamente gratas a S.M. las pruebas que espera le den todos en promover tan sabias y provechosas providencias. Dios guarde a V. muchos a~ os como deseo n El Escorial, 29 de noviembre de 1777. El Conde de Floridablanca\". (Actas de la Junta Ordinaria de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando del 2 de Abril de 1786. A.A.S.F.: 85/3, fols. 9{10): \\Di cuenta despus de otra carta asimismo del Sr. Protector, y es como e sigue: \\Conociendo el Rey la necesidad absoluta que hay de que se mejore en el Reino la polic de las obras pblicas, as en su forma y aspecto, como en su a u  solidez, remediando en cuanto sea posible los absurdos que comenten algunos ignorantes ansiosos de ganancias que se cali
    272. can de Profesores de Arquitectura, mand al Consejo remitiese a la censura de la Academia de las tres nobles e Artes los proyectos de las citadas obras que se propusiesen en los Pueblos. El Consejo lo ha ejecutado as y siendo muchos los expedientes que ha remitido, , se halla S. M. informado de que sobrecargan al Secretario de la Academia de manera que por s slo no le ser posible darles expedicin con la brevedad  o a o que conviene en un asunto como este de general importancia. Para precaver el atraso y facilitar dicha expedicin ha resuelto S. M. que establecindose o e formalmente en la Academia una Comisin compuesta de los Directores y o Tenientes de Arquitectura, y de los Arquitectos Acadmicos de mrito que e e parezca agregar, a
    273. n de que en ella se vean, examinen, y forme dictamen sobre los proyectos de obras p blicas que remita el Consejo, o del consejo a u la Academia otros cuerpos autorizados, haga en ella las veces de Secretario para todos estos asuntos, y los dems que la Academia remita al examen de a dicha Comisin Don Josef Moreno, segundo Director de Matemticas de la o a misma Academia, conservndole este empleo, su ejercicio y el sueldo que por a
    274. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 47 l goza, y aumentndole cuatro mil reales por sueldo de Vicesecretario, y mil e a para gastos de o
    275. cio quedando a cargo del Secretario de la Academia Don Antonio Ponz, los dems asuntos relativos a ella, y sirviendo la Secretar en a a sus ausencias y enfermedades el referido Vicesecretario. Lo participo a V.S. para que la Academia lo ponga en ejecucin, pasando desde luego a dicho o Vicesecretario los expedientes que haya de la referida especie, y ejecutando lo mismo con los dems que en adelante ocurra. Dios guarde a V. S. muchos a a~os. El Pardo, a 22 de Marzo de 1786. El Conde de Floridablanca. Sor. n Marqus de la Florida. La junta que oy con toda atencin esta providencia la e o o obedeci inmediatamente y acord que se formase la Junta de Comisin, y que o o o se pasasen los expedientes que hubiese en mi poder, remitidos por el Consejo para que en ella se vean y examinen\". Se aconseja la lectura del siguiente libro como bibliograf complementaria a para realizar este comentario: Bedat, Claude: La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (1744{ 1808). Madrid, Fundacin Universitaria Espa~ ola { Real Academia de o n Bellas Artes de San Fernando, 1989. Vase el cap e tulo II de la tercera parte, \\El papel de la Academia en el desarrollo del arte en Espa~ a\", pgs. 371{398. n a Asimismo: Garc Melero, a Jos Enrique: Arquitectura y burocracia: el proceso del e proyecto en la Comisin de Arquitectura de la Academia (1786{1808)\". o Madrid, U.N.E.D., 1991. En Espacio, tiempo y forma, n m. 4, pp. u 283{348.
    276. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 48
    277. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 49
    278. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 50 IV. Anlisis comparativo entre estas reproducciones de cuadros espa~ oles del a n gnero histrico pertenecientes a pocas y estilos diferentes. Tngase en cuenta e o e e los puntos siguientes: A) Diferencias y coincidencias en el tratamiento de las formas: dibujo, colorido, perspectiva, composici n, etc. B) Diferencias en el o empleo y en el signi
    279. cado de los temas. C) Indique las fuentes literarias y la bibliograf que utilizar para profundizar en el estudio de la pintura de a a historia del siglo XIX. Para realizar este ejercicio cons ltese la bibliograf u a siguiente: ~  Vinuales Gonzalez, u n a Jess: \\La pintura de historia en Espa~ a. Tipolog y clasi
    280. cacin\". En Espacio, tiempo y forma, nm. 2, 1988, pp. 239{258. o u Madrid, U.N.E.D., 1988. Garc Melero, a Jos Enrique: \\Pintura de historia y literatura art e stica en Espa~ a\". En Fragmentos, nm. 6, 1985, pp. 50{71. Madrid, Ministerio n u de Cultura, 1985. Reyero, Carlos: \\Imagen histrica de Espa~ a (1850{1900)\". Madrid, Es- o n pasa Calpe, 1987. (Espasa Arte, 3). Reyero, Carlos: \\La pintura de historia en Espa~ a\". Esplendor de un gnero n e en el siglo XIX. Madrid, Ctedra, 1988. a
    281. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 51
    282. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 52
    283. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 53 V. La arquitectura racionalista en Espa~ a n El objeto de esta prueba es el anlisis y el estudio de la arquitectura racio- a nalista espa~ola y de sus contradicciones. En este sentido se han seleccionado n tres textos que pueden servir como indicadores de otras tantas posibles ten- dencias de la vanguardia arquitectnica de los a~os veinte. Se adjunta tambin o n e una bibliograf bsica sobre este tema: a a {  Benevolo, L.: Historia de la arquitectura moderna. Barcelona, Ed. Gustavo Gili, 1987. { Flores, C.: Arquitectura espa~ola contempornea. n a Madrid, Ed. Aguilar, 1961. { Domenech, L.: Arquitectura espa~ola contempornea. n a Barcelona, Ed. Blume. 1968. { Bohigas, O.: Arquitectura espa~ola de la Segunda Repblica. n u Barcelona, Tusquets, 1970. { Sola-Morales, I. de: Eclecticismo y vanguardia. Barcelona, Ed. Gustavo Gili. 1980. { Sambricio, C.: Cuando se quiso resucitar la arquitectura. Murcia, Librer Yerba, 1983. a { Sambricio, C.: \\Arquitectura\", en Historia del Arte Hispnico VI. a Madrid, Alhambra, 1980. TEXTOS { Torres Balbas, L.: \\Las nuevas formas de la arquitectura\", en Ar- quitectura, Organo O
    284. cial de la Sociedad Central de Arquitectos, n. 14, a~o II (junio de 1919), pginas 145-148. n a
    285. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 54 Y es que la arquitectura clsica, la que levanta los edi
    286. cios de nuestras a ciudades, es un arte viejo y en plena decadencia. Es in til querer resucitarle. u Otras formas bell simas que contemplamos diariamente, constituyen la ver- dadera arquitectura de la hora actual y tienen la sugestiva modernidad que anhelan nuestros esp ritus. Son las que pudiramos llamar de la arquitectura dinmica: los grandes e a trasatlnticos de curvas graciosas y enrgicas, los acorazados formidables, las a e locomotoras gigantescas que parecen deslizarse por las prader los aeropla- as, nos que imitan como casi todas las anteriores las formas de la naturaleza. Ellas, unidas a las de los viaductos y puentes metlicos, las modern a simas estaciones de ferrocarril y las enormes fbricas constru a das durante la guerra, hacen que nuestra poca pueda compararse arquitectnicamente a la de los e o templos griegos y las catedrales gticas. o Los futuros historiadores de la arquitectura debern se~alar el comienzo a n de una nueva era en la que mientras agonizan las formas tradicionales de una arquitectura basada fundamentalmente en principios estticos, surgen esas e otras formas de una belleza tan moderna y tan grande, de la arquitectura del movimiento, propia de los tiempos presentes. El pasado, son la piedra y la madera, materiales con los que no tenemos ya nada que decir; el porvenir est a en el hierro, el cobre y el acero. Y notemos,
    287. nalmente, que las obras de esta arquitectura moderna ofrecen la misma lgica constructiva, igual razonamiento o de sus formas que el mejor templo griego y la catedral gtica ms pura, y que, o a como stos, son obras colectivas, cuyos autores permanecen en el annimo. e o { Garc Mercadal, F.: \\Clsico renacentista: sus relaciones con la arqui- a a tectura moderna', en Arquitectura, 1924, pp. 150-152. \\: : : El clasicismo no puede desecharse. Tronar contra el clsico es una men- a tecatez. Hoy por hoy, por todas partes, en los Estados Unidos, en Alemania, donde sea, cuando queremos conseguir riqueza, serenidad, tenemos que recu- rrir al consabido entablamento descansando sobre las consabidas columnas de tantos pies de dimetro por tantos m dulos de altura\". a o \\Como nuestro amigo, admiramos sin reparos las obras clsicas griegas a o las romanas, tan diferentes de aqullas; la de los colosos del Renacimiento, e remozadoras de las anteriores; pero, sin embargo, en esta a
    288. rmacin de nuestro o amigo creemos ver un error de perspectiva. Ser preciso analizar el camino, los a or genes de nuestros conocimientos clsicos. De nuestra actividad escolar, algo a ms de lo anteriormente se~ alado se relacionaba con el clsico. En la escuela a n a
    289. 02525 Historia del Arte Espa~ ol Mod. y Cont. Segunda prueba n 55 hemos cre hacer clsico, unas veces copiadas y calcadas por las generaciones do a que nos anteceden... nunca se nos hab dicho que el clasicismo, ms que como a a un estilo, deb considerarse como un l a mite, como la aspiracin a la perfeccin o o de la obra; nadie nos dijo que no hay arquitectura clsica ni no clsica, que a a no hay ms que arquitectura buena o arquitectura mala; que sin hacer ms a a entablamentos y columnas pod amos tambin aspirar a lo clsico, proyectando e a con serenidad, sin virtuosismo (esa cosa tan peque~ a a la que, a veces, se n da tanta importancia), pensando con medida y sobre las medidas, estudiando y comparando las relaciones de unas con otras; la Euritmia, con sus ejes de simetr principal y secundaria, las relaciones entre stos, la ponderacin de a e o macizos y huecos; que al ahorrar y huir de lo superior ser el camino unico a  que nos pod conducir a la so~ada perfeccin clsica\". a n o a { Lacasa, L.: Europa y Amrica: bajo y sobre el racionalismo de la e arquitectura (1929). \\La postguerra ha tra con gran insistencia, en el lenguaje arquitectnico, do o la palabra racionalismo. Bajo esa palabra han empezado a orecer en toda Europa obras que aprueban una vez ms el poder constructivo de la palabra. a El racionalismo es algo ms que una serie de principios constructivos y a estticos; es nada menos que un sistema moral, una tica nueva, aunque si e e releemos la lmpara de la verdad en aquel libro de Ruskin, tan lejano ya de a nosotros, veremos que sus palabras, aderezadas con unos cuantos standard y ripolin, pudieran muy bien servir en las proclamas del papel couch que nos e acaba de presentar cierto articulista arquitectnico. o Los racionalistas son puritanos, no ceden a los fciles atractivos del arte a histrico; plantean, con el corazn limpio y la cabeza serena, sus problemas en o o planta, y luego, sin concesiones al pasado, sin el menor temblor sentimental, levantan sus muros, cubren con sus terrazas y dejan plantada su obra, la obra de la verdad. Nadie puede protestar de un ideal tan noble como el racionalismo, puesto que es una cosa as como el ba~o del Jordn de la arquitectura\".  n a
    290. CONSULTAS REFERENTES AL CONTENIDO DE LOS TEMAS Y METODOLOG DE SU ESTUDIO IA RESPUESTAS DEL PROFESOR  EVALUACION PRUEBA OBJETIVA PRUEBA DE ENSAYO a a a a Aciertos a a a a Errores a a a a Omisiones a a a a a a a TOTAL a a a TOTAL a a

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