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Jack el Destripador y otros asesinos seriales

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Serie de artículos publicados en el blog de criminología Pomboypombo.com referentes a Jack el Destripador y otros homicidas secuenciales

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  • 1. Jack el Destripador yotros asesinos seriales(artículos de PomboyPombo.blogspot.com)
  • 2. 1. Jack el Destripador enfrentado a la grafologíaJACK EL DESTRIPADOR BAJO LA LUPA DE UNA GRAFOLOGA:EL DETALLADO ESTUDIO DE MONICA LAURA ARRA:La doctora en medicina y grafóloga Mónica Laura ArraPortada de la interesante y pionera investigación
  • 3. Dibujo del Inspector de Scotland YardFrederick George AbberlineOtra imagen supuesta del Inspector AbberlineEn el año 2010 salió publicada, por cuenta de Ediciones Dos y Una (BuenosAires, Argentina), la primera edición de la investigación titulada "Jack elDestripador", escrita por Mónica Laura Arra, médica y grafóloga de extensa yprestigiosa trayectoria académica. Desde la solapa del citado libro se nosinforma que la autora es médica recibida en la Universidad de La Plata,especialista en Psiquiatría y Psicología Médica, e integrante en tal carácter delColegio de Médicos de la Provincia de Buenos Aires. También resultaespecialista en Medicina Legal, y perita grafóloga.Fuera de esta reseña profesional, debe añadirse que se trata de una entusiastade los misterios y, en particular, de uno de los más grandes arcanos de la
  • 4. criminología mundial: El enigma sobre cuál fue la identidad del infame asesinoserial victoriano Jack el Destripador.En un valioso esfuerzo Arra intentará develar la antigua incógnita desde laspáginas de su libro. Su trabajo, no cabe vacilar, resultó pionero; no por ser laprimera autora en procurar desentrañar la identidad de ese homicida en seriemediante la aplicación de disciplinas científicas, sino debido al sospechoso quepostula para ocupar el sitial del Ripper, a saber: El Inspector Detective de laPolicía Metropolitana Frederick George Abberline.No puede dejar de destacarse este hecho -que podrá sonar raro al lector-.Mónica Laura Arra, sin duda alguna, fue la primera en proponer al aludidoPolicía victoriano para el cargo del asesino a quien el mismo formalmentepersiguió. Un libro con contenido casi idéntico (sospechosamente idéntico) viola luz pública en su primera edición recién en el mes de julio de 2011. Se tratóde una indagatoria a cargo del perito español José Luís Abad y Benitez. Esaobra gozó -a diferencia del trabajo de Arra- de una muy intensa difusiónmediática en Internet, con declaraciones rimbombantes en diversos medios deprensa,obteniendo de ese modo su virtual "cuarto de hora de fama".Sin embargo, la obra que aquí comentamos resulta claramente anterior en eltiempo, pese a que en el libro del grafólogo español no se hace ningunareferencia a ella. Parece obvio que las posibilidades de que estemos frente auna coincidencia devienen casi imposibles. En fin: extraiga el lector sus propiasconclusiones.Quienes siguen en este blog saben que no estoy de acuerdo con la hipótesisde que el Inspector Frederick George Abberline hubiese sido Jack the Ripper.No voy a cambiar ahora mi postura. Pero igualmente considero que, comoestudioso de este caso criminal, no me debo abstener de tratar -humildemente-de contribuir desde aquí a que se haga algo de justicia, y de que se repare a laautora que realmente trabajó. Esta investigación pionera quedó casi en elanonimato sólo porque la escritora no movilizó recursos mediáticos, adiferencia de los muchos medios que de sobra utilizó el autor del segundo librode tenor prácticamente igual.Ingresando a la investigación de Arra, debe ponderarse que la escritora dedicaun meticuloso análisis grafológico al diario privado del célebre inspector, y locoteja con variados manuscritos atribuidos a Jack the Ripper. Entre ellos, lacarta conocida por su encabezado "Querido Jefe" y la misiva "Desde elInfierno" enviada el 16 de octubre de 1888 a George Akin Lusk, Presidente delComité de Vigilancia de Whitechapel. También se aporta información muyinteresante sobre el Inspector Abberline, destacándose las rarezas y fobias delPolicía, así como lo escaso y contradictorio de los datos que se saben acerca
  • 5. de su vida.Pero el punto más llamativo está dado por el énfasis que la autora le otorga adeterminadas cartas -que fueron escasamente analizadas por otros expertos-dentro del fárrago de correspondencia atribuido al victimario serial deWhitechapel. Se trata de aquellas misivas donde el redactor sugiere serintegrante de las fuerzas del orden. En más de una carta el emisor se jacta deser policía, y alega que precisamente debido a esa investidura era imposibleatraparlo.Entre tales letras resalta una remitida el 6 de octubre de 1888 amenazando altestigo Israel Schwartz -que sorprendió al homicida momentos previos a queultimase a Liz Stride-. Algunas referencias convierten a esa epístola en undocumento sumamente extraño, pues al parecer tan sólo un miembro de lasfuerzas del orden podía disponer de la información que allí se maneja. Tal vezfuera Frederick George Abberline el policía felón.No olvidemos que a pesar de que la opinión que en general se tiene sobre estedetective deviene muy positiva, al punto de que incluso filmes como "FromHell" (2001)- donde es encarnado por Johnny Depp- lo representan como unhéroe, tal vez en verdad el hombre tuviera su lado oscuro.No resulta novedoso recelar de Abberline. Lo esencial, no obstante, radica enque las suspicacias anteriores al libro de Arra no postulaban que el Inspectoren verdad constituyese el asesino al cual persiguió. Más modestamente, esasversiones acusaban al detective de complicidad en los crímenes del otoño deterror de 1888. Más aún, ni siquiera lo indicaban como cómplice, sinosimplemente lo acusaban de dejarse sobornar y de no denunciar al culpablepor haberse dejado tentar y aceptar una fuerte suma de dinero a cambio de susilencio.Fungiendo en este triste rol lo muestran, alternativamente, el fallecidoescritor Stephen Knigth, en su "Jack the Ripper. The final solution" de 1976, yel genial Alan Moore en su From Hell; obra gráfica concluida en 1996 que fueprecursora de la película homónima ya mencionada. 2.
  • 6. MAR 13 JAMES SADLER: andanzas de un sospechoso de haber sido Jack el DestripadorJAMES THOMAS SADLER:PERFIL DE UN SOSPECHOSOEl rostro de James Sadler reflejado en una acuarelaFotografía fúnebre de Frances Coles,víctima y novia del sospechosoCuando en la madrugada del 13 de febrero de 1891 se descubrió el cadáver
  • 7. de Frances Coles -una bonita fémina pelirroja que ejercía la prostitución- los recelossobre quién había sido su asesino recayeron rápidamente en su acompañante habitualde entonces. Aquel hombre era un marinero cincuentón y borrachín de nombre JamesThomas Sadler, con malos antecedentes debido a su alcoholismo habitual y a sutemperamento pendenciero. Para peor, parecía no disponer de una coartada apta a finde justificar su situación a la hora de acontecido el crimen de la chica.Poco antes del deceso de la mujer Sadler la visitó, y se quedó conversando con elladurante largo rato en la residencia para inquilinos donde ésta moraba. Allí el casero lovio por primera vez. Pero al arrendador de la casa de huéspedes le fue fácil reconoceral visitante, pues luego de dejar a su amiga y retirarse el individuo regresó, un par dehoras más tarde, solicitando alojamiento. Se presentó con las ropas maltrechas ymanchado de sangre en sus manos y en su rostro. Alegó, muy descompuesto, queunos gandules le habían apaleado para robarle su reloj de oro. Como se hallaba lejosde su residencia necesitaba imperiosamente hospedarse en la pensión para pasar lanoche. El arrendador le sugirió que se dirigiera al hospital de Whitechapel a curarselas heridas, y se negó a alojarlo, no sólo porque el requirente carecía de dinero parapagar, sino porque lo atemorizó su apariencia: era claro que aquel tipo además dealterado estaba ebrio, y podría traerle problemas.Una vez que al día siguiente el portero de la pensión se enterase de la violenta muertesufrida por su inquilina, no vaciló en aportarle a la policía los datos que sabía acercade aquel sujeto. Tal vez la sangre no fuera suya, sino de la pobre Frances, y eldesastrado aspecto del individuo se debiera a la resistencia agónica ofrecida por lamuchacha al repeler la agresión.Lo cierto fue que pronto se apresó al sospechoso, y lo condujeron a la comisaria de lacalle Leman. En ese reducto policial el detenido repitió su versión sobre el asalto deque fuera objeto, y protestó ser inocente del delito que le endilgaban. Como en el EastEnd del Londres de ese entonces la información corría raudamente, se esparció por elvecindario el rumor de que los polizontes habían echado el guante no sólo al asesinode Coles, sino también al mutilador de rameras que llevaba ya tres años impune.Muchos habitantes tenían entre ceja y ceja a aquel loco. Algunos sufrieron malostratos por parte de la policía en las desesperadas redadas para capturarlo. Otros eranamigos, clientes o chulos de sus víctimas. Ahora tenían la ocasión de tomar venganza,y antes de que lo derivaran al tribunal querían ponerle las manos encima al bastardo.Así fue que cuando los agentes trataron de sacar al arrestado por una puerta lateral, afin de evitar chocarse con el tumulto que rondaba por la entrada principal del edificio,la maniobra fue advertida por los sitiadores que arremetieron buscando hacersejusticia por propia mano con el asustado marino mientras que, al grito de "Asesino" yotros epítetos insultantes, amenazaban con lincharlo. Los policías tuvieron quehacerse fuertes y blandieron sus porras golpeando las cabezas de los atacantes. Lopudieron salvar, pero el hombre resultó una vez más vapuleado, y llegó al tribunal consus ropas nuevamente maltrechas y su rostro amoratado.Las desventuras padecidas por el novio de la meretriz asesinada prosiguieron. Lajusticia, como acto de precaución, mandó encerrarlo en la prisión de Holloway, y
  • 8. seguidamente le instruyeron proceso penal bajo la acusación de haber victimado aFrances Coles. Desesperado el preso pidió auxilio al gremio de los fogoneros al cualpertenecía. Éstos contrataron a Harry Wilson, un hábil abogado que pudo probar lainocencia del encausado en el curso de una encuesta judicial que, no obstante, duraríamás de un mes.Durante el lapso de su reclusión el ambiente en contra del preso se volvió en extremotenso. La prensa sensacionalista no paraba de comunicar a su público que aquél nosólo había matado a su novia prostituta sino que, sin duda alguna, era el tan buscadomatador serial que en 1888 se encarnizó brutalmente con las meretrices deWhitechapel.Finalmente, tras atravesar tantas tribulaciones, las andanzas de James Thomas Sadlerconcluyeron bien. Se lo liberó y consiguió que el periódico Star le pagase unaindemnización por difamarlo y poner su vida en riesgo. Cuando concurrió al despachode su abogado a cobrar la suma que le correspondía, conoció a un industrial queprogramaba un viaje de comercio hacia Sudamérica (en realidad el asunto era másbien turbio, pues se trataba de un contrabando de armas). El comerciante mencionóque en su embarcación estaba vacante un puesto de fogonero. La oferta de inmediatointeresó a Sadler. Pese a que su letrado procuró disuadirlo advirtiéndole que ese viajepodía ser peligroso, el hombre aceptó sumarse a la tripulación de aquel buque. Secerró el trato, y al día entrante el marinero zarpó rumbo a tierras sudamericanas. Fuelo último que se supo de él.Los estudiosos del caso de Jack the Ripper localizaron registros donde constan dospersonas llamadas James Sadler fallecidas en diferentes localidades británicas; en uncaso en el año 1906 y en el otro en 1910. Estos datos, si fuesen veraces, acreditaríanque en algún momento el marino retornó a su patria tras su viaje de 1891 a suelonorteamericano. Pero la realidad es que no se sabe a ciencia cierta si una de esas dosdefunciones corresponde a este antiguo sospechoso, por lo cual su rastro se pierde enla bruma; bruma y opacidad que signó toda su existencia, y de la cual sólo lo sacaríafugazmente su azarosa incursión en la cruenta historia de Jack el Destripador. Publicado 4 weeks ago por Gabriel Pombo 3.
  • 9. MAR 8 El vendedor de uvas en la historia de Jack el DestripadorMATTHEW PACKER:LAS UVAS, EL LAUDANO y JACK THE RIPPERDibujo contemporáneo de Matthew Packer:el comerciante que vendió uvas a Jack el DestripadorLiz Stride y su anónimo acompañantecomprando racimos de uvas a Matthew Packer
  • 10. Cartel publicitario del filme "From Hell"Si algo caracterizó al caso criminal de Jack el Destripador fueron las rarezas y lospequeños enigmas que lo acompañaron.No podía extrañar entonces que las películas estrenadas mucho después de los añejoscrímenes de 1888 se beneficiaran grandemente con las llamativas anécdotas y las muchascuriosidades verificadas en torno.Sonados ribetes mediáticos alcanzó, entre otras, la historia del tendero que relató a lapolicía cómo, en horas previas al doble crimen de la madrugada del 30 de septiembre deaquel año, le habría vendido uvas a un hombre cuya actitud le pareció particularmentesospechosa.Las uvas constituyeron un tópico recurrente en la mitología edificada alrededordel monstruo de Londres. No en vano en la obra gráfica "From Hell" se insiste en que elhomicida serial ofrecía a sus víctimas racimos de esa fruta -que previamente empapaba ennarcotizante laudano- a fin de ganarse su confianza antes de agredirlas. El filmehomónimo retoma el tema de las uvas, y allí podemos observar al Inspector FrederickAbberline -interpretado porJohnny Deep- olfateando y rozando con sus dedos los labiosde las mujeres muertas para comprobar la reciente ingestión de dicho alimento.Cuando en esa película un intrigado Sargento George Godley le pregunta a su superiorpor qué razón siempre hallaban restos de uvas próximos a los cadáveres, un meditabundoInspector Abberline le responde que las uvas se las daba el asesino a las mujeres "paraganarse su confianza". Dado que, presuntamente, dicha fruta salía muy cara por entoncesen el mísero distrito, se especuló que únicamente un cliente rico estaba en condiciones deconvidar con ellas a sus futuras víctimas. Y como, a estar a lo argüido en aquella ficción, lafruta había sido rociada con láudano, el efecto adormecedor consiguiente facilitaba lafaena ultimadora.Empero, todo esto resulta falso. Ni las uvas tenían el precio prohibitivo que se alega, niexisten pruebas de que el victimario las obsequiase a su presas humanas en pos de
  • 11. facilitar su mortífera tarea. Se adujo que en la escena del crimen de CatherineEddowes fueron localizadas cáscaras de uvas, pero tal dato no consta en los registrospoliciales, sino que lo propaló un periódico sensacionalista, y no se volvió a mencionarmás el asunto.Si el mito de las uvas salió de algún lado, cabría estimar que fue a partir de lasdeclaraciones vertidas por un anciano llamado Matthew Packer. Este comerciante lecontó a la policía que en horas precedentes al "doble acontecimiento" se personó acomprarle unos racimos de uvas, a su tienda localizada en la calle Berner, un hombre encompañía de una fémina, a la cual luego reconocería como la infortunada Elizabeth Stride.Mr. Packer describió con minucioso detalle a dicho individuo, y esta descripción circuló deinmediato, siendo ponderada un retrato fidedigno del posible matador.Tiempo más tarde, en un artículo editado en el Evening News el 31 de octubre de 1888, elnegociante narró que había visto de nuevo a ese sujeto merodear cerca de su puesto defrutas y verduras en Commercial Road, y se percató que aquél lo miraba fijamente conexpresión hosca. El sospechoso estaba rondando el negocio con aviesas intenciones, ycuando el frutero salió a enfrentarlo, junto con un lustrabotas que le ofreció ayuda, dichoindividuo huyó subiéndose raudo a un tranvía que transitaba por las proximidades.A modo de colofón de este relato cabe señalar que cuando Matthew Packer ya habíacobrado alguna notoriedad merced a sus declaraciones públicas, dos hombres seallegaron a él y le contaron una curiosa anécdota. Los caballeros pretendían saber cuálera la identidad del asesino a quien la prensa tildaba Jack the Ripper. Aseguraron alverdulero que aquél no era otro sino un primo de ellos venido de los Estados Unidos. Elpariente estaba seriamente trastornado y los aires londinenses no habían hecho más queagudizar su desquicio.Preguntados por Packer sobre qué pruebas tenían de su culpabilidad, le contestaron queel primo mostraba la compulsión de llamar a todo el mundo "Jefe", hábito adquirido entierras norteamericanas. La famosa misiva encabezada "Querido Jefe" sin duda eracreación suya; incluso la caligrafía le pertenecía. El problema consistía en que la policíaandaba muy despistada mientras el peligroso loco continuaba suelto, y con ánimo devengarse de los testigos que dieron datos suyos a las autoridades.El viejo comerciante quedó sumamente impresionado, y se rumoreó que cerró susnegocios durante varios días. Por precaución no salió de su casa por un buen tiempo.Empero, afortunadamente, el "primo americano" no daría señales de vida, y se consideraque en realidad nunca existió. Se habría tratado de una broma que dos pícaros gastaron acosta del bueno de Matthew Packer. (Fuente de esta anécdota: nota editada en el DailyTelegraph el 15 de noviembre de 1888, citada por Stewart Evans y Keith Skinner, Jack elDestripador. Cartas desde el Infierno. ediciones Jaguar, Madrid, España, 2003, pags. 156-158)
  • 12. 4. MAR 2 El vidente que persiguió a Jack el DestripadorROBERT JAMES LEES: UN VIDENTE EN EL CASO DE JACK THE RIPPER Imagen de Robert James Lees en su vejezArriba a la izquierda: Cartel publicitario del filme "Muerte por Decreto"
  • 13. Arriba a la derecha: Dr. William Withey Gull:¿Fue éste el médico acusado por Robert Lees?Robert James Lees fue un psíquico, médium y espiritista cristiano que alcanzó rápida famaen la corte de la reina Victoria. Apenas contaba con dieciseís años cuando fue presentadoante la monarca para mostrarle sus dotes como precoz visionario. Tan grata impresión lecausó a la reina madre y su entorno que continuaría durante muchos años vinculado a lacorte en carácter de médium o vidente, cobrando el correspondiente estipendio por susservicios.En la teoría de la conspiración monárquico masónica se incluye una ançecdota dondeaparece este hombre cumpliendo un papel importante en la historia del homicidaserial Jack the Ripper. Anécdota que fue repetida a través de distintos medios de prensahasta llegar a la pantalla grande en películas como "Muerte por Decreto", donde veremos aRobert Lees colaborando codo a codo con el mítico Sherlock Holmes en la búsqueda delelusivo asesino de meretrices.Según esta añeja formulación, Lees ayudó a las autoridades británicas en lasinvestigaciones en pos de desenmascarar al Ripper. De esta manera, suministraría relatosdescribiendo sus visiones respecto de los crímenes, e informando sobre cuál era el posibleaspecto del criminal y dónde podría éste estar escondido. En una de sus premoniciones,en particular, habría contemplado claramente el rostro del victimario.Sucedió que una tarde viajando en uno de los autobuses tirados por caballos (queconstituían el medio de transporte habitual en el Londres de 1888), y mientras el rodadoavanzaba por Baywater Road, reconoció al Destripador en la persona del hombre queocasionalmente se hallaba sentado a su frente. Se trataba de un individuo decaracterísticas distinguidas que iba vestido de levita y portaba un sombrero de copa.El vidente descendió raudo del transporte colectivo y siguió los pasos de su sospechosohasta verlo entrar en una finca sita en Park Lane. Dicha mansión era propiedad de unafamado médico de la casa real y, aunque en la narración no se aclara, es de presumirque Lees conocía al galeno porque también éste mantenía fluido contacto con la casa realbritánica.
  • 14. Cuando el psíquico requirió el auxilio de la policía fue rechazado en más de unaoportunidad. No obstante, su insistencia produciría frutos, y más adelante lograría que undetective lo acompañase a inspeccionar la casa del facultativo. Una vez allí fueronatendidos por la esposa de aquél, quien al principio se manifestó molesta ante laintromisión, pero finalmente admitió que su esposo venía actuando de forma muy extrañaúltimamente y temía que estuviese perdiendo la cordura. Tras ello accedió a que revisaranlas pertenencias de su marido, y el policía encontró en el maletín de cirujano un cuchillo detrinchar, objeto que obviamente no tenía sentido lógico que estuviera guardado allí.La investigación policial proseguiría avanzando hasta desembocar en la detención delprofesional quien, una vez examinado por sus pares médicos y tras determinarse que sehallaba irremisiblemente fuera de sus cabales, resultaría encerrado en un manicomio porel resto de su vida.Al igual que sucediera con tantas otras, esta incomprobada conjetura sufriría diversosajustes en las ulteriores obras que retomaron el tema. Depurando la versión, se aseguraríaque el anónimo galeno sospechoso gracias a las visiones del espiritista no era otro másque Sir William Withey Gull, el cual efectivamente residía en las cercanías de Park Lane,más concretamente en el número 74 de Grosvenor Square. En su mansión recibiría laimpertinente visita de un detective de Scotland Yard -el Inspector Frederick Abberline,conforme con algunas propuestas- asistido por el médium acusador.La esposa del Dr. Gull se indignó por la intromisión de los extraños que requerían a sucónyuge, pero luego intervendría el propio médico, apaciguando a su esposa yencarándose con los intrusos. Sir William trató de desviar las suspicacias que recaíansobre el príncipe Albert Víctor, paciente suyo al cual trataba por su progresiva sífilis, y decuya identidad como Jack el Destripador el doctor estaba al tanto. Aparentemente trató deatraer -en un gesto de grandeza- esas sospechas hacia sí mismo pretextando que porentonces padecía amnesia, y que en cierta ocasión se había despertado con las mangasde su camisa empapadas de sangre.En fin: que el Dr. Gull constituía el médico oficial de la Corona inglesa por el año 1888 yque se le había encomendado cuidar del enfermo de sangre real deviene unacircunstancia históricamente verificada. El resto pertenece al ámbito de la fabulación, o porlo menos de los hechos no corroborados.En cuanto a Robert James Lees, sin duda le gustaba el circo mediático y, de hecho, de elloque era que se ganaba la vida. Nunca se animó, sin embargo, a afirmar publicamente estaversión, pero dejó que en notas de prensa otros lo hicieran por él. La leyenda de larelación del vidente mancomunado con las autoridades para capturar al Destripadorperduró en el tiempo. Ejemplo de esto es una carta despachada desde el correo ennoviembre de 1889 y que permanece en los archivos de la Policía Metropolitana. StephenKnigth, primordial promotor de la teoria de la conspiración, a través de su taquilleraobra Jack the Ripper: The final solution, Londres, Inglaterra, 1976, pretendió que esamisiva representaba una prueba irrefutable de que Lees integró las pesquisas policiales enpos de dar caza al criminal.En la letra referida un presunto "Jack el Destripador" se burlaba de la policía calificándolos
  • 15. de incompetentes. Aparentemente comenzaba señalando:"Querido Jefe.Ya ves que no me has atrapado todavía con toda tu astucia, con todos tus Lees, con todostus maderos..."Se suponía que si ya por 1889 había cobrado estado público que Lees participó en lainfructuosa búsqueda era claro que bien podía ser cierta la versión según la cual, fundadoen sus visiones, guió al detective hasta la casa del cirujano sospechoso.No obstante, en la magnífica obra Jack el Destripador. Cartas desde el Infierno, escrita porlos expertos Stewart Evans y Keith Skinner (ediciones Jaguar, Madrid, España, 2003) seestudia minuciosamente dicha carta y se descubre la verdad. En realidad allí nodecía "Lees", sino "Tecs", palabra ésta que evoca a un lunfardismo con el cual las clasesbajas del East End londinense calificaban despectivamente a los policías.Por ende, ninguna prueba eficaz avala que el médium participase en la investigación ypersecusión del asesino de prostitutas. A despecho de la falta de evidencias, el mito deque Lees le pisó los talones al Ripper ha perdurado desde que en 1931 se publicase unartículo alusivo bajo el rótulo "El vidente que descubrió a Jack el Destripador".
  • 16. 5. FEB 15 From Hell: Jack el Destripador en el comicPortada de una edición de FROM HELLmostrando al presunto asesino con su cuchilloEl eximio escritor Alan Moore autorde este comic sobre Jack el DestripadorGran actuación de Johnny Deepen el rol de Inspector Frederick Abberline
  • 17. El excelso comic titulado "From Hell" ("Desde el infierno") demostró que aún desde estaclase de literatura se puede dar cima a una obra seria sobre Jack the Ripper y la eravictoriana.La novela gráfica escrita por Alan Moore, con dibujos de Eddie Campbell, sirvió deinspiración a la película homónima estrenada en el año 2001 bajo la dirección delos hermanos Hugues, y contó con las actuaciones protagónicas de JohnnyDeep interpretando al Inspector Abberline, Iam Holm en el doble papel de Jack elDestripador y Dr. Gull, y Heather Graham encarnando a Mary Jane Kelly, entre otrosmagníficos actores y actrices.En su versión original Alan Moore ofrece un prólogo de su obra en el cual se nos muestraa dos ancianos paseando, en el año 1923, por una playa de la localidad inglesaBournemouth, en el curso de un imaginario diálogo. El Inspector Frederick Abberline yel mentalista y médium Robert Lees -pues son ellos los ancianos en cuestión- entrarán enconfidencias, y el primero en abrirse será el psíquico, quien le confesará a su amigo quetodas las visiones que durante su larga vida declaró experimentar no fueron más queinvenciones pergeñadas a fin de sacar provecho económico, o para satisfacer su vanidadde sentirse foco de la atención ajena.Habría comenzado elaborando distintas fábulas con el objeto de sorprender y agradar asus mayores ya desde muy pequeño. Por tal razón, cuando a los dieciseís años fuepresentado ante la corte para exhibir sus dotes a la Reina Victoria, se creyó obligado aseguir el juego simulatorio -ahora estimulado por los beneficios financieros y los halagos-,el cual continuaría representando por el resto de su existencia.Al caer la tarde, Lees acompaña a su amigo de regreso a la casa de éste, quien cada vezmás melancólico se quejará de lo mal que fue tratado por el cuerpo policial años atrás,donde se le mintiera y se le faltara el respeto, según le señala Abberline, aunque sinaclarar a qué se refiere. A su vez, Lees -aunque tampoco se muestra explícito- lepreguntará si no se siente culpable. Por su parte él sí parecería sentirse culpable, a juzgarpor los inquietos comentarios que le formula a su amigo:-¿Porqué dejamos que lo enterraran?- se interrogará.-¡Porque no queríamos que nos cortaran el cuello!- le responderá con énfasis el ancianoex Inspector.Luego sacarán a colación el asunto de un presunto dinero recibido para olvidarse de todolo que sabían; y un abatido Abberline repasará:-Una buena pensión, buenas ropas, una casa cara y bonita en Bournemouth frente almar... No me salió tan mal la cosa, ¿verdad?En su apéndice de notas aclaratorias, Alan Moore explica que algunos indicios avalan queambas personas podrían haber continuado su relación después del año 1888 -en caso deque realmente se hubiesen conocido por aquella fecha-. La sugerencia de que Abberline -yquizás también Lees- hubiese aceptado un soborno para callar cuanto sabía acerca de laidentidad de Jack el Destripador proviene de varios autores, incluido Stephen Knight, peroaquí se postulará sólo por interés literario, aclarándose que no existen pruebas paraconfirmar esa suposición, la cual podría ser tanto falsa como verdadera.
  • 18. En el desarrollo de la trama aparecen en forma algo marginal el pintor Walter Sickert yel príncipe Albert Víctor, y se repite la consabida historia donde este último conoce a AnnieCrook, su casamiento, y el nacimiento de la bebé de ambos, Alice Margaret, en el hospitalde Marylebone por el mes de abril de 1885. Pero el personaje cardinal de la historia serádecididamente el Dr. William Withey Gull, en cuyas extrañas razones para convertirse en elcriminal de Whitechapel se buceará brillantemente en esta narración gráfica.En 1871 el galeno fue elegido médico personal de Albert, el príncipe de Gales, padre deAlbert Víctor e hijo de laReina Victoria. Se alega que el cargo de médico oficial de laCorona británica se le asignó al Dr. William Gull gracias a la influencia de sus amigos en lamasonería, integrantes del gobierno. También se describe, de manera muy pintoresca, laordalía de iniciación como maestro masón del protagonista del cómic. Podemos advertirlas referencias que se formulan respecto de presuntos secretos de la masonería; porejemplo, la consigna mediante la cual un masón requiere auxilio a otro en situacionesproblemáticas: "¿No hay ayuda para el hijo de la viuda?".Más adelante vemos como el matador le plantea esa consigna al jefe máximo de la PolicíaMetropolitana, Sir Charles Warren, conminándolo a que le deje el campo libre para llevar acabo su tarea ultimadora sobre las peligrosas meretrices alineadas contra la Corona.Asimismo observaremos el ataque cardíaco que en el año 1887 afectó al facultativo,produciéndole ligeras lesiones físicas pero severos trastornos psíquicos. El desordencerebral le habría provocado afasia, enfermedad peculiarizada por causar a sus víctimastoda clase de extrañas alucinaciones.Se dedica un capítulo entero a los paseos que, en un carruaje guiado por el cocherocómplice John Netley, efectuará el cirujano visitando lugares de Londres en los quepercibe símbolos y significados místicos, así como contenidos masónicos; por ejemplo, lacatedral de Hawksmoor con su impresionante campanario. La erudicción que el guionistadenota al ofrecer estas descripciones al lector prueba un profundo conocimiento de lahistoria británica en general y de la ciudad de Londres en particular.Del estado febril de la mente del Dr. William Gull, y del papel que considera le ha sidodeparado por el destino, dejan constancia las siguientes palabras que éste dirige a sufuturo cómplice, según pone en su boca Alan Moore:-Nuestra historia ya está escrita Netley. Está escrita con sangre que ya hace tiempo sesecóLuego, tal cual era de esperar, se llevan a efecto los asesinatos. A veces, el médicomatará a su presa dentro del propio carruaje, iniciando tranquilamente la disección ritualpara después, una vez concluida su macabra faena, trasladar los cuerpos con ayuda delcochero hasta los distintos sitios donde finalmente éstos serán hallados.Igualmente, le corresponde un rol destacado en la trama al Inspector Frederick Abberline,presentado aquí como uno de los pocos policías que verdaderamente tenían deseos defrenar la matanza y capturar al sádico criminal. Una anécdota, en apariencia marginal, queterminará siendo trascendente en esta ficticia propuesta, está dadda por la relación másbien platónica que Abberline sostendrá con una joven prostituta que le dice llamarseEmma, y con la cual comparte ginebras en las tabernas de Whitechapel. Emma noresultaría ser el auténtico nombre de esta mujer, a la cual el Inspector -quien también leproporciona un nombre falso a ésta- accederá a prestarle el dinero que sutilmente aquella
  • 19. le requiere. La cita donde al fin iría a producirse el encuentro amoroso entre Fredericky "Emma" se difiere para el 9 de noviembre de ese año de 1888.Esa mañana el policía concurrirá a verla al pub luciendo su mejor traje, pero sólo paracomprobar indignado que la fémina faltó a la cita y le dejó, a cambio, una carta dedespedida y disculpa. En el apéndice explicativo de From Hell el autor nos informa que"Fair Emma" y "Ginger", entre otros, eran apodos a través de los cuales se daba a conocerante sus clientes Mary Jane Kelly.En las viñetas que cierran el cómic, se nos ofrece la -obviamente- ficticia ascención delespíritu del Dr. William Gull tras su muerte en el hospicio donde concluyera sus días, yvemos cómo los dioses paganos que habría idolatrado durante su existencia, lo trasladanpor el aire y le hacen contemplar una escena en un pueblito de Irlanda. Allí se encontrarácon una joven mujer rodeada de niñas -una de las cuales es Alice Margaret, la supuestabebé real- quien, al percibir la presencia del espectro, aferra a las infantes y lo amenazaagitando el puño, al tiempo que le grita:-En cuanto a tí, viejo demonio... Sé que estás ahí, pero a éstas no te las llevas. Lárgate ya,¡Vuelve al infierno y déjanos en paz!Y es que quizás no hubiera sido Mary Jane Kelly quien fue destrozada en la míserahabitación del número 13 de Miller´s Court. Tal vez en verdad -al menos así lo quiere elsentimiento- una de las signadas como víctimas del Destripador pudiera haberlo burlado.El pequeño habría derrotado al gigante pese a la tremenda desproporción de las fuerzasen pugna. 6.
  • 20. FEB 11 El Loco del Hacha y Jack el DestripadorLA TEORIA SEGUN LA CUAL EL LOCO DEL HACHA DE AUSTINY JACK EL DESTRIPADOR FUERON UNA MISMA PERSONAJAMES MAYBRICK: este sospechoso a la identidad de Jack the Rippertambién podría haber sido El Loco del Hacha de AustinRecreación de un Loco del Hacha
  • 21. La historia criminal registra dos casos paradigmáticos en los cuales a un anónimo y ferozultimador se lo tildó con el mote de "El Loco del Hacha".El más conocido de los eventos refiere al llamado "Loco del Hacha de Nueva Orleans"(u Hombre del Hacha de Nueva Orleans).Se trató aquí de un victimario impune que operó en aquella ciudad estadounidense, y cuyasecuencia de sangre abarcó de mayo de 1918 a octubre del año siguiente. Fue tristementefamoso por su saña, y gracias a una truculenta carta donde se definía como un demonio einvocaba que sus crímenes estaban inspirados en la música de jazz.Menos reputados y mediáticos que los crímenes antes mencionados, resultaron loscometidos por "El Loco del Hacha" de la también norteamericana ciudad de Austin. Estemisterioso asesino fue el causante de una ola de homicidios salvajes, macabros e impunesacontecidos en las postrimerías de 1884 y durante el año 1885.Nunca se capturó ni desenmascaró al culpable de tales fechorías, pero muchos añosdespués de estos sucesos se barajó un nombre por demás sorprendente: James Maybrick.Doblemente asombroso deviene este candidato si consideramos que igualmente resultónominado a haber sido el hombre que se ocultaba bajo el mucho más infame seudónimodelictivo de Jack el Destripador. El sospechoso procedía de una antigua y respetablefamilia que a la fecha de su nacimiento -24 de octubre de 1838- llevaba sesenta añosinstalada en la ciudad de Liverpool. De hecho, fue el primogénito, porque Williams, elprimer hijo del grabador de metales William Maybrick y su esposa Susannah, falleciócuando apenas contaba con tres años de edad. A James le sucedieron Michael, nacido en1841, quien de adulto se convirtió en un célebre compositor, Thomas, nacido en 1846, yEdwin venido al mundo en 1851, estos dos últimos hermanos se inclinaron, igual queJames, por la actividad comercial.El camino profesional tomado por Maybrick fue el comercio algodonero, notablementeincrementado en Inglaterra a raiz de la Guerra Civil Norteamericana que provocó granescasez de algodón. Esta coyuntura tornó el negocio de compra-venta abierto a los hábilesespeculadores, actividad en la que este comerciante destacaba por condiciones innatas.James Maybrick viajó bastante, y los Estados Unidos de Norteamércia configuró uno desus destinos favoritos. En 1880, durante el curso de uno de esos frecuentes periplosmarítimos, se ennovió con Florence Chandler, de diecinueve años; joven hermosa yadinerada proveniente de una noble familia de Mobile, Alabama. Pero también se alegaque el individuo habría estado en suelo de Norteamérica a fines de 1884 y durante 1885,más en concreto en la sureña ciudad de Austin.Una de las más entusiastas propagandistas a la hora de identificar a James Maybrick conJack el Destripador esShirley Harrison. Esta escritora redactó los comentarios aldenominado "Diario de Maybrick"; vale decir, el manuscrito supuestamente hallado por eldesocupado liverpoolense Michael Barrett en 1991, el cual entre 1992 y 1993 vio supublicación y generó enorme revuelo, pues se pretendía que aquellas letras eran obra delmismísimo Jack the Ripper, que habría impreso allí su confesión póstuma.
  • 22. Advirtiendo un sabroso filón, la autora publicó en 2004 una nueva indagatoria vinculada alasunto: "The american connection"- ("La conexión americana"), editorial John BlakePublishing, Londres, Inglaterra.En dicho libro se esgrime presunta evidencia de que Maybrick se habría encontradopresente -como ya se dijo- en la ciudad de Austin, Estado de Texas, Estados Unidos, afinales de 1884 y durante 1885. La noticia en sí misma muy escasa trascendenciasrevestiría, si no fuese porque en la citada metrópoli tuvo lugar una retahíla deestremecedores asesinatos con mutilación que la posteridad recuerda como "La matanzade Austin".La historia cuenta que un homicida en serie deambuló por las calles de Austin dejando unreguero de sangre a su paso.El arma asesina: un hacha.En su mayoría las víctimas resultaron jóvenes mujeres afrodescendientes que laborabande empleadas domésticas en fincas emplazadas en los suburbios, aunque por excepciónuno de los muertos lo constituyó un hombre, novio de una de aquellas, el cual,según seconjetura, fue ultimado tras salir en defensa de la chica.La inicial presa humana laconformó Mollie Smith, victimada el 30 de diciembre de 1884. A esta fémina leacompañaron al siguiente año, en trágico desenlace, Eliza Shelley, el 6 de mayo, MaríaRamey, el 29 de agosto, Gracie Vance y Washington Orange, ambos el 27 de septiembre,Susan Hancock y Eula Phillips, las dos el 24 de diciembre de 1885.Jamás se supo la identidad de aquel despiadado ejecutor múltiple. Se detuvo a tressospechosos, pero sólo uno de ellos -William Sydney- fue conducido a juicio y, al cabo,devino exonerado por ausencia de pruebas. ¿Se trató de "trabajos tempraneros" de Jackel Destripador?Aunque publicaciones contemporáneas a esos crímenes sostuvieron que tal extremo eraprobable, y que el matador de Whitechapel era idéntico en su accionar al que, un lustroantes de los homicidios victorianos, finiquitase a siete mujeres y a un hombre en Austin, escasi seguro que ello no fue así. Ni la elección de la clase de víctimas, ni el modusoperandi utilizado coinciden.No obstante, en el libro de Shirley Harrison se explora la eventualidad de que Maybrick,por razones mercantiles, hubiese arribado a esa ciudad norteamericana en esas fechasexactas -hecho no comprobado y que más bien se arguye como una posibilidad- y,mezclando los negocios con la vesania criminal, dedicase su tiempo libre entre unaoperación mercantil y otra a perpetrar, hacha en mano, esas espantosas crueldades.¡Pobre James Maybrick! No le permiten descansar en paz.Algunos ripperólogos insisten en transformarlo en un monstruo.
  • 23. 7. JAN 7 El fenómeno del asesino serial a través de la historiaASESINOS SERIALES: EVOLUCION HISTORICAEl fundador de la secta de los asesinos:Hassan Ibn SabbahLuís Alfredo Garavito:uno de los más prolíficos homicidas secuenciales
  • 24. Asesinos grupales:Miembros de la "Familia Manson"La palabra "asesinos" deriva de "hashishin" -adictos al consumo del haschis que matabanbajo la influencia de esa droga- y refiere a los miembros de una secta musulmana queperpetraba homicidos por motivaciones religiosas acatando órdenes de sus jefes yprofetas.En particular, seguían fanaticamente a Hassan Ibn Sabbah, el cual pasó a la historiacomo "El Viejo de la Montaña" -pues encaramado en la cima del macizo Elburz habíafortificado su inexpugnable castillo de Alamut ("Nido de Aguila")- y fue un líder ismailita quearribó a ese sitio en el año 1090 al mando de unas menguadas huestes que cada vez sefueron volviendo más poderosas.Sin embargo, quienes se han constituido en épocas actuales en azote de sus semejantesno son aquellos míticos ejecutores, sino personajes cuyo motivo para ultimar devienemenos claro pues, a diferencia de los acólitos del Viejo de la Montaña, saben bien que noirán al paraíso gracias a sus actos fatales. Otra compulsión mucho más oscura y personallos guía.Aunque el fenómeno del crimen en serie no es reciente, sino que goza de larga y tristedata, podemos afirmar sin titubeos que esta realidad se acentuó de manera alarmante ennuestra sociedad contemporánea.¿Cómo define la criminología a un homicida serial o secuencial?De acuerdo a una clasificación básica puede sostenerse que un asesino serial es aquelque comete tres acciones letales diferentes con inervalos fríos (cool-off). En cada una deéstas puede producir más de un homicidio. Habitualmente cada criminal de esta especieposee una conducta ritualizada que le es propia, y que mantiene sin modificacionesdurante la retahíla de crímenes.Esto permite dividirlos en dos grandes categorías: asesinos en serie
  • 25. organizados y asesinos en serie desorganizados.Igualmente configura una particularidad inherente al comportamiento asumido por estaclase de matadores el hecho de que usualmente observan de manera fiel un patrónespecífico en su forma de finiquitar. Aún cuando pueden operarse algunas variaciones enel concreto modo de eliminar a una u otra víctima, en lo esencial se advierte un comúndenominador delator de que el crimen fue llevado a cabo por la mano de un mismoatacante.La incapacidad para detenerse una vez emprendida la saga terminal conforma unapeculiaridad que los teóricos resaltan en la actitud del homicida secuencial. Ningunaconsideración de orden moral frena al perpetrador una vez que se ha lanzado a larealización de su raid vesánico. Ni siquiera ponderaciones de sentido común, o lanecesidad de obrar con cautela a fin de evitar la aprehensión inminente determinan que eldelincuente se abstenga de asesinar.Sólo dejará de matar si lo capturan, se enferma o se muere, o si un hecho externo ajeno asu voluntad -por ejemplo, ser apresado en el curso de la comisión de otro delito- le priva dellevar a término sus violencias. Su compulsión no se debe a factores aleatorios, pues nodepende tanto de la sociedad en que vive, sino que está básicamente configurada por sucarga génetica, según la opinón predominante de los modernos especialistas en elfenómeno de la criminalidad seriada.Se ha sustentado que los finiquitadores en cadena nunca se suicidan antes de seraprehendidos, y que rara vez lo hacen en la cárcel. Aunque con ecos de la vieja escuelalombrosiana, expertos del prominente calibre de la Dra. Helen Morrison han enfatizado queel ultimador serial lo es ya en el vientre de su madre durante el embarazo, que lo es enestado de feto, y aún desde que el espermaozoide fecunda al óvulo y establece lacomposición de un nuevo ser. Los genes originarían un cerebro trastornado y enfermo contendencia a generar un asesino en serie (cfe:Morrison, Helen, Mi vida con los asesinos enserie, traducción de Gema Deza Guil, editorial Océano, Barcelona, España, pag. 305)La lista de matadores secuenciales modernos es muy extensa, y no se avizora que sevaya a detener en un futuro próximo. En la Edad Media esta incapacidad para comprenderlos crímenes en serie hizo que éstos se atribuyeran a hombres lobos o a vampiros. Antesde la era freudiana las causas sobrenaturales constituían la única explicación para losasesinatos extremadamente violentos que incluían desangramientos y otrasmonstruosidades semejantes. El pueblo creía que tales desmanes únicamente sejustificaban merced a la presencia de elementos demoníacos y a la intervención deentidades malignas.Pese a que ya en la antigua Roma hubo criminales en cadena, el paradigmático casode Jack el Destripador en la Inglaterra victoriana de postrimerías del siglo XIX sueletomarse como el primer caso que gozó de fuerte resonancia mediática.En varios de los más espectaculares episodios la lúgubre trascendencia de los mismos fuecausada por la brutal crueldad empleada por el agresor. En otras situaciones, en cambio,lo que primó consistió en la cantidad desproporcionada de muertes cobradas en laemergencia. En algunos victimarios seriales prevalece la psicopatía, mientras que en otrosla razón de sus delitos descansa en el impulso sexual. Hay asesinos en serie que buscan
  • 26. ejercer dominio sobre la víctima, pero también hay aquellos que sólo se interesan por elcadáver, y que matan procurando ocasionar el menor dolor o terror posible sobre suspresas humanas.La mayoría de los homicidas secuenciales actúan en solitario. Por caso: Luís AlfredoGaravito, Ted Bundy, Peter Sutcliffe, Henri Landrú, John Wayne Gacy, Andrei Chikatilo, ymuchos otros más. Pero, igualmente, existen oportunidades donde se trata de un grupoque comete los crimenes seriales. Ejemplo típico de asesinatos perpetrados por un gruporesultaron los homicidios del clan de hippies liderado por el lunático Charles Mansonconocido con el mote de "La Familia Manson".
  • 27. 8. DEC 16 La conspiración policial para encubrir a Jack el DestripadorDESDE THOMAS CUTBUSH AL CORONEL CONDERCoronel Claude Reignier Conder: oficial de inteligencia británica nominado a habersido Jack el DestripadorUn nuevo candidato a asumir la identidad del elusivo Jack el Destripador ha aparecido enel horizonteripperiano (y van...). Se trata, en esta oportunidad, de un militar que revistabaen la inteligencia británica y fue contemporáneo a los homicidios de Whitechapel. Paramás datos, conforme parece, era buen amigo del Comisionado de la Policía MetropolitanaSir Charles Warren. Su nombre: coronel Claude Reignier Conder.El creador de la llamativa teoría es Tom Slemen, prolífico escritor de ficciones vinculadas alos géneros de suspenso y de terror. En conjunción con el criminólogo Keith Andrews,desarrolla la conjetura de que el prenombrado coronel Conder y Jack theRipper. constituían la misma persona.
  • 28. Tom Slemen: novelista que se pasa al ensayo y denuncia al coronel Conder¿Las pruebas que aportan estos escritores?No parecen ser muy efectivas. Señalan que Conder era un militar de inteligenciapreparado en misiones cuasi suicidas y entrenado para matar. Habría desempeñado unpapel clave en la persecusión de los rebeldes irlandeses que en la era victorianajaqueaban al imperio de la Gran Albión a fuerza de bombas y atentados.Aseguran que el coronel era íntimo del máximo jefe de la Policía Metropolitana deentonces, el general Charles Warren. Los dos militares fueron compañeros de estudios enel colegio de Chelteham (de hecho los restos de Claude Conder reposan en el cementeriode esa ciudad desde 1927).Otras aventuras habrían hermanado a Warren y Conder. Es sabido que el primero,además de su vasta y prestigiosa carrera castrense, actuó como arqueólogo. De acuerdodestacan, en escavaciones arqueológicas practicadas en Oriente Medio, Warren fueasistido por Conder, y también trabajaron buscando tesoros y reliquias en el casi míticotemplo del rey Salomón en Jerusalén.
  • 29. El general Charles Warren en una fotografíadonde se lo aprecia vestido de civilUna vez que Sir Charles se percató de las pistas rituales que el verdugo de ramerasdejaba adrede en las escenas de los crímenes, se valió de su poder a fin de desactivar lamarcha de la indagatoria policial destinada a capturar al responsable de las atrocidades.Entre tales indicios se cuentan los anillos quitados a Annie Chapman y la prolija colocaciónde monedas en torno a su cadáver. Señal más diáfana aún la configuró el mensaje pintadosobre la pared de la calle Goulston, donde se imprimiera la enigmáticapalabra "Juwes" que el general Warren mandó borrar en forma perentorea.La conspiración policial- militar se impuso para embozar los crímenes que ensangrentaronaquel otoño de 1888. Sir Charles se negó a perseguir a su colega y amigo. Empero, sudesidia no se debíó únicamente a lealtad y camadería, sino a saber que el coronel Condercumplía con órdenes superiores al eliminar ceremonialmente a las meretrices.¿Motivos? No quedan claras las razones de los asesinatos. No olvidemos que TomSlemen, el propulsor de esta hipótesis conspiranoica, constituye un novelista dedicado aproducir cuentos de suspenso y de terror que en esta emergencia innova e incursiona enel terreno de la pesquisa histórica. Y, a decir verdad, el suministro de pruebas sólidas y deargumentos lógicos no parece representar su fuerte.No deviene la primera vez que se maneja una teoría propugnando que una conspiraciónde la policía dejó impune los crímenes del matador serial victoriano. La versión delencubrimiento policial surgió inicialmente en el año 1894, cuando fue redactadoun memorandum de circulación policial interna por cuenta de un connotado mandamás deScotland Yard: Sir Melville Leslie Macnaghten.
  • 30. Sir Melville Macnagthen: fue sospechadode participar en un encubrimiento policialEl memorandum escrito por dicho jefe se hizo famoso y sirvió a fin de echar luz sobre trespresuntos sospechosos (Druitt, Ostrog y Kosminsky), pero en realidad esas notas sólotuvieron por móvil la intención de exculpar a un demente llamado Thomas Cutbush, quiena la sazón era objeto de virulentos ataques por el periódico sensacionalista The Sun, enlos cuales se lo sindicaba de ser el ejecutor de las prostitutas mutiladas por Jack.El tío del desequilibrado Thomas fungía de Superintendente en el Scotland Yard de esaépoca y, sabedor de la culpabilidad de su sobrino, lo habría protegido. Charles Cutbush, elpresunto encubridor, contó con el auxilio de camaradas y de jerarcas para evitar que elescándalo no manchase a las autoridades inglesas.De allí que la policía habría preferido desviar las sospechas (a travesdel memorandum realizado por Sir Melville Macnagthen) y se enfocaron en un suicida dehábitos extraños: Montague John Druitt, que se había arrojado a las aguas del río Támesispoco después del último homicidio consumado por el Destripador. Al menos así sepretende en"Jack: the Myth", ensayo fruto del ingenio creativo de la escritora A.P. Wolf,que fuese editado en el año 1993.Vale expresar, pues, la teoría de la conspiración policial, con su carga de ocultamiento depruebas y de deliberado desvío de sospechas, no resulta cosa inédita. Ahora, Tom Slemenrepite en su formulación las tesis conspiranoicas de sesgo militar-policial, cuando proponeal desconocido coronel Claude Reignier Conder para ocupar el sitial reservado al sádicoasesino del este de Londres. Nada nuevo bajo el sol.
  • 31. DEC 8 ¿Y si Vincent Van Gogh hubiese sido Jack el Destripador? LA INSOLITA TEORIA DE DALE LARNER Autoretrato del genial Vincent Van GoghDale Larner: este escritor y pintor estadounidensees el propulsor de la inédita hipótesis
  • 32. Por internet se viene, desde el pasado año de 2011, propagandeando la inminentepublicación de "Vincent alias Jack", obra de no ficción en la cual se planteará que elsobresaliente pintor impresionista Vincent Van Gogh(nacido en Paises Bajos el 30 demarzo de 1853 y fallecido en Francia el 29 de julio de 1890) habría sido -además de unorate genial- nada menos que el terrible y elusivo Jack the Ripper.El artífice de este ingenio lo configura un pintor y escritor afincado en Jacksonville, denombre Dale Larner. Desde su sitio web, y a través de videos colgados en la web, elnorteamericano promociona su sensacional conjetura: Jack el Destripador y Vincent VanGogh fueron una misma y única persona, lo cual es tanto como afirmar que el bien y el malestán unidos, y que la brillantez artística y la vesanía criminal han quedado encarnados enun sólo individuo. A ciento veinticuatro años de consumados aquellos horrendosasesinatos saldría a luz la verdad, según pretende esta versión de la historia.Vincent Van Gogh vino al mundo -conforme anticipamos- el 30 de marzo de 1853, siendohijo del pastor protestante Theodurus Van Gogh y de la ama de casa Anne CornélisCarbentus. Contaba con treinta y cinco años al tiempo en que sucedieron los crímenes delotoño de terror en el este de Londres.No resulta éste el espacio apropiado para siquiera bosquejar la biografía de tan conocidoartista, por lo que a los efectos de esta nota nos limitamos a adelantar que todos losbiógrafos están contestes en que Vincent se hallaba en Arles (sur de Francia) durante elaño de los homicidios victorianos. Residía en su "casa amarilla", pues de ese color era lafachaba de la vivienda que alquilaba, y donde soñaba con montar un atellier dondeintegraría a muchos otros pintores impresionistas.De hecho en 1888, tras insistentes cartas exhortantes, logró que su amigo y mentor, el nomenos genial Paul Gaugin, se trasladase hasta Arles y aceptara compartir con él aquellafinca a la cual arribó el 21 de octubre de ese año. Los lugareños vieron juntos a ambosartistas retratando sitios históricos de esa localidad y haciendo proyectos, hasta que el 23de diciembre se dio cita el drama. De acuerdo consigna la versión oficial, presa de uno desus empujes psicóticos y luego de una discusión cuyo motivo sigue siendo confuso, VanGogh esgrimiendo una navaja de muelle amenazó con matar a Gaugin.El episodio no culminó en agresión, pero al parecer cuando más tarde Vincent recobró suscabales se sintió tan culpable que decidió amputarse, a modo de castigo, el lóbulo de suoreja derecha. Que continuaba bajo el influjo del desquicio quedó muy claro siconsideramos que, acto seguido, se dirigió al burdel en que laboraba Rachel, su prostitutafavorita, y le ofreció como regalo el sangrante trozo de órgano.De la circunstancia de que las meretrices jugaron un rol preponderante en la existencia delmalogrado esteta da cuenta que años atrás, en 1882, convivió con una de ellas, a la cualrecogió de las calles hambrienta y con un hijo en camino. Se vio forzado a cortar larelación pues, a estar a los dichos de la mujer, su hermano Theo (que le enviabaregularmente las remesas con que el indigente Vincent se mantenía) se oponía a esosamoríos. Además, Clasina María Hornik -que así se llamaba aquella-, apodada "Sien",trasmitió las enfermedades venereas de gonorrea y de sífilis a su protector.
  • 33. Retrato de "Sien" a cargo de Vincent Van Gogh¿Esta desgracia habría generado en el pintor un afán de venganza y un odio acérrimocontra las prostitutas?. Tal vez -si en verdad hubiera sido el victimario de aquellas, comopostula Dale Larner- allí podría residir un móvil que, sumado a la desintegración psíquicaque fue sufriendo este hombre, explicaría que hubiera llegado a convertirse en el homicidaserial más famoso de la historia.Pero toda la formulación parece disparatada. Sin entrar a realizar mayores críticas: ¿cómoexplica Dale Larner que Vincent Van Gogh estuviera en el este de Londres, cuando todoslo ubican viviendo en el sur de Francia en 1888?.Bueno, tendremos que aguardar a la publicación del libro para saberlo, pues no informa deello en su sitio web ni en sus videos promocionales. En estos últimos sí proporciona unapista de cómo fue que concibió la responsabilidad criminal de Vincent: Lo hizo tras analizaruna de las obras pictóricas más célebres producidas por el artista titulada"Los lirios".
  • 34. Una de las muchas versiones de "Los lirios",donde el pintor habría dejado claves de su culpabilidadEn el aludido cuadro -atento es dable apreciar en sus videos- el acusador cree advertir quese dibujó el rostro y otras partes del cuerpo de la infortunada víctima Mary Jane Kelly. Osea, el investigador recurre a la noción de que hay mensajes crípticos plantados adrede, amanera de gestos satíricos, en las pinturas de Vincent Van Gogh. Propone que si sabemosleer inteligentemente esos "mensajes ocultos" descubriremos por fin al taimado asesino deWhitechapel. Pero, honestamente, debe uno gozar de una muy frondosa imaginación parapoder "ver" a la patética Mary Jane Kelly escondida dentro de esa pintura.Es de lamentar que el autor que venimos citando no exponga sus ideas en forma denovela, confinándolas exclusivamente en el terreno de la ficción, donde lo estrafalario -siestá presentado con destreza- reviste la virtud de tornar interesante y atractiva a unalectura. El paso que amenaza con dar Dale Larner deviene mucho más peligroso porqueanuncia claramente que él cree a pies juntillas en lo que pregona, y que lo suyo constituyóuna ardua investigación, una sólida hipótesis científica.Todo apunta, sin embargo, a que dentro del ámbito de la no ficción esta tan arriesgadateoría quedará empantanada naufragando en medio de la burla y el descrédito. Pero, enfín, para dejar sentada una opinión definitiva no tenemos más remedio que aguardar a queel escritor cumpla con su "amenaza", y que su libro acusando a Vincent Van Gogh dehaber sido Jack el Destripador quede finalmente a disposición del público.
  • 35. 9. OCT 25 La verdadera historia de Jack el DestripadorUN CUENTO "ESCALOFRIANTE" escrito por Gabriel Pombo.Aquel otoño de 1888 había sido espantoso para los habitantes de Londres.Y no porque la niebla y el frío resultasen más agobiantes que de costumbre, pues al malclima los ciudadanos británicos estaban acostumbrados.Lo que llenaba de terror a la población inglesa consistía en unos sucesos mucho másmacabros.No era para menos. Desde aquel mes de agosto los periódicos no paraban de informarque en los barrios bajos del este de la capital -sobre todo en el maltrecho distrito deWhitechapel- un maníaco venía asesinando a mujeres de vida alegre.Los crímenes tuvieron su inicio en la noche del 7 de agosto cuando Martha Tabran murióviolentamente, tras recibir treinta y nueve puñaladas.A esa desdichada la acompañaron en fatídico destino Mary Ann Nichols, el 31 de agosto,Annie Chapman, el 8 de septiembre, Elizabeth Stride y Catherine Eddowes, ambasdurante la madrugada del 30 de ese mes y -después de una engañosa interrupción- lajoven y bella Mary Jane Kelly el 9 de noviembre.
  • 36. Algunas de las víctimas de Jack el DestripadorCon cada nuevo homicidio el ejecutor se tornaba más feroz y más convencido de quenunca lo iban a detener.La espantosa lista de víctimas, lejos de concluir, proseguía agrandándose, y la policíabritánica -la famosa Scotland Yard- se mostraba impotente para capturar al sádicodelincuente.Por si fuera poco, esa tarde se volvió inesperadamente sombría: una falla en el sistema defarolas a gas, que por entonces iluminaba a la Inglaterra gobernada por la reina Victoria,sumergió a los londinenses en la más tétrica de las penumbras.
  • 37. La reina Victoria era monarca de los ingleses en 1888Ese atardecer, el asesino que la prensa bautizaba con el alias de "Jack el Destripador"estaba decidido a atacar de nuevo.Se vistió muy despacio con elegantes ropas oscuras: pantalón, camisa y saco negro, ycorbatín de seda gris. Por último, tras echar encima de sus hombros una amplia capa, secubrió la testa con su sombrero de copa favorito.Salió de su residencia con paso firme, casi presuroso, sin olvidar llevar consigo el maletínde cuero -similar al que usaban los médicos de esa época- en cuyo interior escondía unjuego de cuchillos de recia empuñadura que, con mucho esmero, acababa de afilar.Una vez que avanzaba sobre las adoquinadas calles llamó su atención la cerradaoscuridad que inundaba todo a su alrededor, aunque aún faltaba bastante para que cayerala noche.¡Maldito apagón!, se dijo contrariado.Esperaba que la ausencia de luz no perjudicara el trabajo en las tabernas. Allí era dondesolía ir a beber una copas, y desde las barras de esos antros escudriñaba a las prostitutas.
  • 38. "Taberna en Whitechapel": pintura de Gustave DoréCuando las mujeres se marchaban con algún cliente las acechaba sigilosamente, yaguardaba que el ocasional compañero de aquellas se retirase. Instantes después, porsorpresa, sin darles tiempo a oponer la menor resistencia, se abalanzaba sobre ellas y lescercenaba la garganta.Esta noche no sería la excepción- pensó, y una cruel sonrisa se dibujó en su rostro.Sin embargo, esta vez Jack, quien usualmente apenas bebía alcohol, precisaba un tragode whisky. No lo necesitaba a fin de infundirse coraje antes de matar, pues para él la vidahumana nada significaba.Deseaba ingerir una generosa ración de licor antes de ponerse a conversar con un extrañoal cual contarle las ideas que rondaban por su cabeza. Quería jactarse de sus tristeshazañas, y anunciar a otros las maldades que, en un futuro cercano, planeaba cometer.-Uno será muy asesino, pero es un ser humano al fin y al cabo- se dijo.La ocasión le venía de perillas porque no se veía nada a causa del apagón, por lo cualnadie lo iría a reconocer ni podría, por ende, denunciarlo.Llegaría a una taberna, pediría al cantinero que le sirviera un trago, y hallaría a algúnparroquiano a quien hacer partícipe de sus confidencias y, de paso, pegar un gran susto.Caminó y caminó, hasta advertir unas luces muy tenues cuyo reflejo le permitió vislumbraruna entrada. Una taberna abierta y oscura, sin duda.Ingresó, y enseguida oyó el parloteo de varias personas dialogando. Voces masculinastodas ellas, ninguna voz femenina alcanzó a percibir.Tal cosa era normal porque a esa hora tan temprana las mujeres de vida alegre aún nocomenzaban su labor. Sólo había hombres: marineros, oficinistas aburridos, y obreros quecansados de su jornada en las fábricas acudían a las cantinas para relajarse bebiendolicor.Tropezó en medio de la penumbra con una silla sobre la cual se sentó, al tiempo que sequitaba su sombrero de copa.-¡Boby!- llamó con voz autoritaria.Cuando no conocía el nombre del tabernero nunca le fallaba requerir ser atendido por
  • 39. algún empleado que se llamara Boby, dado que el diminutivo de Robert era muy común enla Inglaterra victoriana.No fue diferente esta vez, y de inmediato escuchó el rumor de unos pasos aproximarse.- ¿Qué se le ofrece mister?- Pues que me sirvan una jarra de cerveza.¡No! mejor sírveme un vaso de whisky. Escocéspor supuesto. Esta noche tengo muchas ganas de hablar con alguien, y beberme unwhisky será un buen comienzo- hizo una pausa mientras procuraba distinguir entre lassombras las facciones de su interlocutor.-En realidad mister, no creo que aquí podamos ayudarlo. Si usted busca con quien hablardeberá dirigirse a otro sitio- fue la fría respuesta.Jack hirvió en cólera. Era hombre de pocas pulgas al cual le disgustaba que locontradijesen.-Claro que me servirás, cantinerito de cuarta- rugió con mal humor. -Me traerás el tragoque te ordeno, y me escucharás muy atento, te guste o no.-realizó un paréntesis a fin dedar más énfasis a sus amenazas- ¿Sabes con quién estás tratando mocito? Pues nadamenos que con el tipo al cual todos llaman Jack el Destripador. No necesito aclararteporqué me apodan así. ¿No crees?Las rudas palabras del criminal parecieron surtir efecto. El sujeto anónimo pareció tragarsaliva, y cambiando de tono le dijo respetuosamente:-Disculpe usted. Con esta tremenda oscuridad uno no puede saber con quien estátratando. Claro que haremos todo lo posible por servirlo- repuso, y con un gesto rápido desu mano llamó a un compañero.Cuando unos pasos se aproximaron Jack oyó que el primero le decía al otro:-El señor es Jack el Destripador. Nos hace el honor de visitarnos. Ve a la trastienda enbusca de una botella de scotch, de la máxima calidad.Más calmado, al comprobar que sus órdenes eran obedecidas, el delincuente prosiguió:-Bien muchacho, así está mejor... Bueno, como te decía, no sé porqué razón, peromientras caminaba rumbo a esta taberna me vinieron una enormes ganas de hablar conalguien, con un desconocido. Y ahora que te has puesto amable creo que te elegiré a tipara hacerte algunas confesiones...Jack pudo sentir que la respiración de su anónimo oyente se tornaba más pesada... Estepobre cantinerito debe estar muerto de miedo, ja, ja - pensó, y esa idea lo puso de ánimoalegre.Siempre resultaba bueno sentirse distendido en aquellas noches cuando se aprestaba asalir a "trabajar" provisto de sus filosos cuchillos.Consideraba cosa positiva la adrenalina que le corría al oír los gritos de sus víctimas, ymientras emprendía la huída por las estrechas callejuelas burlando a los estúpidospolicías. No obstante, sabía que soportar mucho stress era malo para su salud.- Lo escucharé con toda la atención que usted se merece- respondió suavemente el otro.- Bien Boby, te contaré porqué maté a la primera. A esa gorda fea, la cual- al día siguienteleyendo los periódicos- supe que se llamaba Martha Tabran. Yo estaba en la taberna "ElAngel y La Corona" y me aprontaba para retirarme cuando la mujer iba saliendo del brazocon un guardia de la Torre de Londres. Un muchachito que -se veía a la legua- estabagozando de su día franco, y al cual no se le ocurrió mejor idea que gastarse la paga conuna apestosa como esa.¿Sabes? La muy furcia estaba borracha, y al pasar me dio un pisotón. Sé que lo hizo sinquerer. Pero, ¡por mil diablos! ¡cómo me dolió!, me apretó justo la uña encarnada. Bueno,claro que no decidí matarla sólo por eso. Pero la seguí hasta la calle para insultarla a ella yal mequetrefe que tenía por cliente, y al aproximarme logré verle bien la cara...y ahí fueque me vinieron unas ganas bárbaras de cortar su grueso pescuezo. ¿Quieres saber
  • 40. porqué?-No me puedo imaginar. Dígamelo mister-Pues porque la cretina era idéntica a mi tía Etelvina. La muy zorra de mi tía que me hacíala vida imposible cuando yo era chico. La vieja hace años que está muerta. De niñosiempre quise vengarme de ella, pero se murió antes de que yo llegase a ser adulto. Yahora, al verle el rostro bajo la luz de aquella farola a gas a Martha Tabran, supe que mi tíase había reencarnado en ella.Esa fue la primera vez que lo hice. Treinta y nueve tajos le pegué. Tuve que darle tantospara liquidarla porque el puñal lo llevaba desafilado.Después de esa vez siempre voy preparado y llevo al menos un par de cuchillos bienafiladitos, ja, ja.-Y a las demás mujeres: ¿También las asesinó porque se parecían a su tía?-No te hagas el chistoso Boby... Las maté porque le agarré el gustito a la sangre, ja,ja.Además, con lo idiota que es nuestra policía de seguro nunca me van a atrapar,-No tengo el gusto de compartir su mala opinión sobre la policía de Londres.-¿Y tú que sabes de eso infeliz?- como ya hemos dicho al criminal no le agradaba que locontradijeran- Aquí en Inglaterra todos los policías son idiotas, ¿me oyes? Y dicho sea depaso: ¿para cuándo el whisky?-Disculpe mister, mi compañero demora porque fue hasta la bodega a buscar un whiskyacorde a la calidad de un distinguido visitante como usted.-Bueno, pero que no tarde. Me muero de ganas por beber un buen trago. Como te veníacontando, una vez que uno le agarra la mano a esto de cortar cuellos y destripar ya no sepuede parar- hizo una interrupción teatral para asustar a su interlocutor, y remató:-Y esta noche, cuando salga de esta taberna, pienso despachar a un par de prostitutasmás, por lo menos.Se quedó aguardando el efecto que surtían sus amenazas. El tipo a esta altura debehaberse hecho encima de los pantalones , ja,ja, supuso, mientras saboreaba la agradablesensación de causar miedo.Sin embargo, un nuevo comentario de "Boby" volvió a sacarlo de sus casillas.-Como ya le dije, pienso que la policía de acá no es tan tonta como usted cree. Es más,me parece que su carrera criminal ha terminado, y que ya no podrá asesinar a ningunamujer más- le retrucó con inesperada serenidad el otro.-Claro que seguiré despanzurrando prostitutas a diestra y siniestra. ¡No dejaré de matarlashasta que me harte!- bramó el homicida múltiple.¿Quien se piensa este desgraciado que es?- se dijo-. Como me siga llevando la contrariaabriré mi maletín, tomaré uno de mis cuchillos y le rebanaré el cuello. Lástima que nopuedo verlo con esta maldita oscuridad...Pero antes de que pudiera ejecutar movimiento alguno escuchó a su oponente repetir:-Le aseguro que su carrera criminal ha terminado y que ya no volverá a lastimar a nadiemás- el timbre del otro sonaba curiosamente muy seguro.Tanta rabia le provocó esa afirmación y el tono con que la misma fue dicha que, porinstinto, Jack adelantó sus manos con ambos puños crispados amenazando hacia lassombras, hacia donde provenía la voz de aquel impertinente fastidioso.-¿Cómo te atreves a decirme que ya no podré volver a matar a quien a mí se me antoje?-rugió totalmente fuera de sí el Destripador.-Porque usted no se encuentra dentro de una taberna. ¡Estas son las oficinas de la jefaturade policía de Scotland Yard!- le espetó secamente el agente, al tiempo que cerraba un parde esposas en torno a las muñecas del atónito asesino en serie.
  • 41. Cuerpo de policía de la época de Jack el Destripador 10.
  • 42. OCT 25 Médicos forenses en los crímenes de Jack el DestripadorAUTOPSIAS Y OPINIONES FORENSES EN LOS ASESINATOS DE JACK THE RIPPERDr. George Bagster Phillips: Fue el galeno que participó en más autopsias de lasvíctimas canónicas.Dr. Frederick Gordon Brown:Médico forense de la Policía de la Ciudad de Londres
  • 43. Dr. Thomas Openshaw: Examinó el famoso trozo de riñónDr. Thomas Bond: Intervino en la autopsia de Mary Kelly y opinó que el asesino noostentaba siquiera los conocimientos de un matarifeDesde el comienzo fueron motivo de encendida polémica, y de arduo dilema, loseventuales conocimientos clínicos que pudiera poseer el criminal que durante el otoño de1888 se encarnizara con las prostitutas del East End londinense.Un puñado de médicos forenses participaron en autopsias, así como en la elaboración dereportes vinculados a las víctimas atribuidas a aquel homicida serial. Descuella entre todosesos profesionales el Dr. George Bagster Phillips, médico forense de la PolicíaMetropolitana. Resultó lógico que este galeno apareciera en forma preponderante, en tantola mayoría de los asesinatos ocurrieron dentro de la jurisdicción asignada a la Policía de laMetro para la cual revistaba.La excepción la conformó el homicidio perpetrado contra Catherine Eddowes a primerashoras de la madrugada del 30 de septiembre de 1888 en la Plaza Mitre, pues ese crimencayó bajo la competencia de la Policía de la City de Londres. Debido a esta circunstanciajurídica, el médico forense encargado de aquella autopsia devino el cirujano oficial de la
  • 44. Policía de dicha ciudad: Dr. Frederick Gordon Brown.También le cupo una actuación subrayable al médico Thomas Bond. Este profesional seencargó, junto al Dr. George Bagster Phillips, de elaborar el informe de la autopsiarealizada al destrozado cuerpo de Mary Jane Kelly.Pero más llamativo aún fue que Bondredactó (a solicitud de Scotland Yard) un reporte suministrando el perfil criminológico de laplausible la personalidad que tendría el matador múltiple.En tal sentido, este cirujano representó un precursor en cuanto a los modernos estudios deperfilación criminal que practican el FBI y otras instituciones policiales y, por ende,precedió a emblemáticos expertos en materia de perfiles homicidas como, porejemplo, Robert K. Ressler. También se recuerda a dicho galeno debido a sus comentariosenfáticos de que el victimario de aquellas infelices mujeres no había acreditado ostentarsiquiera los rudimentos de disección que cabría esperar en un carnicero o en un matarife.Otro médico que tuvo un papel de interés, y pasó a la historia relacionado con Jack elDestripador, fue el Dr. Thomas Openshaw. Este prestigioso patólogo examinó y dio suparecer respecto del trozo de riñón que llegó por correo, dentro de una caja de cartóndirigida al Presidente del Cómité de Vigilancia de Whitechapel, el 16 de octubre de 1888.Openshaw ratificó la naturaleza humana de aquel órgano, y el hecho de que el mismopertenecía a un mujer de cuarenta a cuarenta y cinco años de edad, la cual estabaaquejada, en un estadio avanzado, por una enfermedad característica en los alcohólicos.Sin embargo, preguntado acerca de si aquella víscera casaba con la de Kate Eddowes (aquien dos semanas atrás el asesino le quitase su riñón izquierdo) el especialista se mostródubitativo, y más bien dejó entrever que el órgano no pertenecía a dicha occisa, sino quepodría haberle sido extraído a un cadáver dispuesto para la disección; o sea, tal vez eltruculento obsequio sólo constituyese una broma gastada por un estudiante de medicina acosta del entonces mediático George Akin Lusk, que presidía el grupo de perseguidoresciviles del mutilador de Whitechapel.Presionados por los jueces en las encuestas judiciales donde debían aportar su testimonio,y acosados por los periodistas, estos médicos se defendieron como pudieron. Conexcepción del Dr. Thomas Bond, todos los citados (y otros más) dieron a entender que elferoz maníaco disponía de algún grado de conocimiento anatómico. Aunque no loafirmaron rotundamente, tras sus palabras se trasuntaba la sospecha de que elperpetrador era un colega médico, o un estudiante de cirugía muy diligente, o bien ( en laúltima de las hipótesis) podría tratarse de un carnicero o de un matarife particularmenterápido y habilidoso a la hora de usar el cuchillo.
  • 45. 11. OCT 8 El torso de la calle Pinchin: ¿Otro asesinato de Jack el Destripador?EL EXTRAÑO CASO DEL TORSO DE LA CALLE PINCHIN:¿OTRO CRIMEN DE JACK THE RIPPER? El agente William Pennett realizó el macabro hallazgo
  • 46. El forense Frederick Gordon Brownse encargó de la autopsiaAún resonaban con insistencia los ecos del llamado "Otoño de Terror" de 1888. El entranteaño de 1889 parecía ir dejando en el olvido aquellos sórdidos crímenes irresueltos. Laexcepción se había verificado en el mes de julio, cuando lejos de Whitechapel -coto decaza del asesino serial- perdió en forma trágica su vida la prostituta Alice McKenzie, aquien, conforme a la clase de heridas que provocaron su deceso, pronto se la descartócomo posible víctima del mismo maníaco operante en el año anterior.Pero 1889 estaba destinado a deparar nuevos sobresaltos a la policía británica. El 10 deseptiembre de ese año fue hallado un cadáver femenino con sus miembros amputadosbajo el arco ferroviario de la calle Pinchin, esquina Blackchuch Lane, en San George en eleste, zona aledaña al distrito de Whitechapel.El agente William Pennett fue el policía que al cual le cupo realizar el hallazgo, en el cursode una acción de un grupo de uniformados de la división G, comandado por el InspectorCharles Ledger de la Policía Metropolitana. En las pesquisas emprendidas de inmediatointervinieron los Sargentos George Godley, Stephen White y William Trick. Pero a pesardel celo y del esfuerzo expuesto por estos detectives, quienes recorrieron pensiones,tabernas y alojamientos de mal vivir en busca de información, no se localizaron datosaptos para develar la identidad de la occisa.La tarea principal la llevó a cabo el forense Frederick Gordon Brown que efectuó laautopsia sobre aquellos restos humanos. También se recabó la opinión de los doctoresGeorge Bagster Phillips y Thomas Bond, los cuales habían participado en autopsias yreportes de necropsias realizados a varias de las víctimas canónicas del Destripador. La
  • 47. labor médica desplegada resultó muy concienzuda, pero tampoco echó mayor luz sobre elcaso. Sólo se pudo constatar que la difunta era una mujer morena y robusta que rondabalos treinta y cinco años.Lo más relevante consistió en que todos los profesionales actuantes estuvieron de acuerdocon que en el caso del "Torso de la calle Pinchin" el victimario (si realmente se hubieratratado de un homicidio) empleó un método de eliminación del cadáver muy distintoal modus operandi que utilizaba el ejecutor de 1888. La presunta víctima había sidodesmembrada pero no eviscerada, pues no le habían removido ni sustraído órganos aaquel cuerpo cercenado. Los miembros que nunca se hallaron devinieron aserradoscuando la mujer ya estaba muerta.Además, se concluyó que el trabajo de mutilación fue emprendido dentro de una casa uotro lugar cerrado donde el matador -sin la premura de un ataque consumado en la calle-dispuso de tiempo y de medios para llevar a término su abominable faena, lo cualconstituía otra de las diferencias con los tradicionales asesinatos del verdugo deprostitutas victoriano. Y, por último, al desconocerse la identidad, estaba claro que nopodía afirmarse con certeza que la finada ejerciera el oficio más viejo del mundo.La prensa, a despecho de los rápidos desmentidos oficiales, propaló la versión de que eltorso hallado en la calle Pinchin bien pudo constituir otra obra del asesino de Whitechapel.La idea no prosperó, ante la falta de aval médico y por la notoria disimilitud con loscrímenes atribuidos a Jack the Ripper. El amputado cuerpo pudo ser material clínico delcual se deshicieron estudiantes de medicina, y esta fue la posición que prevaleció.Pese a todo, nunca se descartó totalmente que hubiera sido una lúgubre broma de unasesino, aunque éste no fuera necesariamente Jack el Destripador.
  • 48. Viajando en el tiempo para atrapar a Jack el Destripador: Una ingeniosa teoríaLA METICULOSA INVESTIGACION DE EDUARDO CUITIÑO El matemático uruguayo Eduardo Cuitiño autor de novedosa teoría sobre Jack el Destripador Algunas pruebas grafológicas de la caligrafía del máximo sospechoso
  • 49. Presunta y única fotografía conocida del Dr. Frederick Gordon Brown que le fueratomada en 1899 mientras posaba junto a un grupo de policías de la comisaria deMoor Lane (imagen de abajo)En la madrugada del 26 de julio de 1882 la joven Ann Bisoph se retiró de su casa en elMile End, zona distante del pobre distrito de Whitechapel, luego de una violenta disputacon su marido. Sin duda, iba muy perturbada a causa de ese enfrentamiento marital y noadvirtió la presencia de un sujeto que sigilosamente la seguía y, sin mediar palabras, laembistió desde atrás acuchillándola en el cuello. La agresión no fue mortal, y alertados por
  • 50. los gritos de la víctima acudieron vecinos y policías. Un agente fue a buscar al esposo dela mujer y lo llevó detenido. A su vez, un vecino reconoció a un médico de treinta años quetransitaba por allí y le pidió socorro.El galeno, que también era obstetra y por entonces trabajaba humildemente en el LondonHospital de Whitechapel, brindó los primeros auxilios a la agredida y días más tarde,convocado a la encuesta judicial, aportó su testimonio. Resultaron muy llamativas susdeclaraciones, en tanto opinó que la fémina se había autoinfligido las heridas, y que lasmismas (en cualquier caso) no eran graves. Puesto que el marido de Ann Bishop fueexonerado por el juez actuante, nunca se desenmascaró al agresor de la mujer, y eltestimonio del obstetra, poniendo en entredicho la credibilidad de la denunciante, ayudó aque no se llevase a cabo una pesquisa policial seria.El médico testificante se llamaba Stephen Herbert Appleford, y constituye el primordialsospechoso que postula la teoría presentada por el matemático uruguayo EduardoCuitiño en su investigación novelesca: "Viajando en el tiempo para atrapar a Jack elDestripador", texto disponible en formato digital en la web a través de la editorial Amazón.Algunos especialistas (por ejemplo, Trevor Marriott, creador de "Jack el Destripador.Investigación del siglo 21", editorial John Blake Publishing, Londres, Inglaterra, 2007)rescataron a Ann Bishop de los registros, y la nominaron como una primeriza víctima nofatal de Jack the Ripper. Posee su lógica que el infame asesino haya ido avanzando enun "in crescendo" de vesanía en su conducta, y que sus iniciales acometidas deviniesenfrustradas, y ejecutadas a manera de torpe ensayo. "La práctica hace al maestro", y esterefrán popular se torna aplicable incluso a los homicidas secuenciales, tal cual nos lodemuestran modernos casos que la criminología analiza.El atentado que venimos reseñando opera a guisa de punto de partida en la investigaciónde Eduardo Cuitiño quien, transitando por el ámbito de una atractiva novela, permite allector descubrir sus impactantes conjeturas acerca de la identidad del exteminador derameras victoriano. Appleford, en esta hipótesis, funge de principal ejecutor. Hace lasveces del "Jack el Destripador" que conoce la historia criminal. Pero no hubiera obtenidosus lúgubres triunfos sin la complicidad de otros dos perpetradores; en especial, del másconnotado de ambos: el cirujano que revistaba para la Policía de la ciudad deLondres Frederick Gordon Brown.Brown, a diferencia de Appleford, no representa un personaje marginal en la historiaoficial ripperiana. Por el contrario, todos los libros de estudio en la materia recogen suactuación como realizador de autopsias de víctimas canónicas y colaborador en exámenesclínicos de otras occisas. Su mayor logro radicó en elaborar el informe de la necropsiasobre el cuerpo de la cuarta presa humana tradicional de Jack el Destripador, CatherineEddowes, mutilada en la Plaza Mitre durante la madrugada del 30 de septiembre de 1888.En el análisis clínico que practicó al cadáver de aquella víctima, este forense dejóconstancia de que estaban ausentes el útero y el riñón izquierdo. Además, pormenorizó enforma exhaustiva la entidad de las mutilaciones infligidas, el tipo de arma que suponía sehabía empleado para provocarlas, y el orden en el cual -conforme su parecer- se habríanproducido aquellas laceraciones.Al declarar en la encuesta judicial subsecuente, respondiendo a una pregunta delprocurador Crawford, el cirujano dio a entender que sólo una persona con avanzadosconocimientos de anatomía humana era capaz de ocasionar esas heridas con tantarapidez (aproximadamente en cinco minutos y a oscuras). Destacó que, si bien algunosórganos como los intestinos eran bastante fáciles de ubicar y retirar, para extirpar el riñónera necesario poseer gran destreza. Se debía tener en cuenta que el matador lo había
  • 51. cortado limpiamente, a pesar de que dicho órgano se halla recubierto por una gruesamembrana que dificulta su localización.Precisamente, este reporte tan minucioso y sugestivo induce los recelos del autor. ¿Quémejor manera de saber con tanta certeza cómo fueron las secuencias de aquellasmutilaciones que haber sido el perpetrador, o el cómplice, del asesinato?. A su vez, Browny Appleford eran cuñados, en tanto la hermana del último estaba casada con el primero.También llama la atención en el ensayo que ambos galenos se convirtieran, a su turno, enpresidentes de la muy prestigiosa Sociedad Médica Hunteriana.Los homicidios cometidos por Appleford habrían abierto el camino para el ascenso de sucuñado, quien adquirió fama gracias a practicar las mediáticas autopsias. Brown, por suparte, cooperaría en la mejoría socio-financiera de su pariente político. Dato no pocorelevante, si consideramos que la frustración económica que experimentaba el jovenAppleford (contaba con 36 años en 1888 cuando acaecieron los crímenes más resonantes)configuró uno de los motores de su accionar letal, sumado a su odio a las prostitutas, enconsonancia con su perfil de "asesino misionero".Frederick Gordon Brown tenía una hermana de nombre Frances, de 56 años en 1891. El24 de abril de aquel año una veterana prostituta británica de la misma edad, reciénarribada a Nueva Jersey, resultó brutalmente masacrada sobre el lecho de un míserohotel. Este cruel deceso fue estimado un homicidio tardío consumado por Jack elDestripador a su paso por los Estados Unidos de Norteamérica. La meretriz sabría de lassórdidas andanzas de su hermano y su concuñado. Los cómplices temían que la mujer,creyéndose lejos de su alcance, se aprestase a delatarlos, y por tal razón decidieroneliminarla. La difunta era conocida bajo el apodo de "Vieja Shakespeare", en lugar de suverdadero nombre la llamaban Carrie, y su apellido era Brown.El libro de Eduardo Cuitiño deviene pródigo en la aplicación de diversas ciencias; desdematemáticas y estadística, hasta cálculo de probabilidades y grafología. Y a lo largo de susdoscientas ochenta páginas el lector tendrá ocasión de sorprenderse con sus argumentosy deducciones, ya sea que comparta o no las arriesgadas conclusiones que en ese texto leson ofrecidas.Estamos en presencia de una obra polémica, innovadora y transgresora. Un valerosoesfuerzo investigativo que insumió al escritor dos años de estudio, esculcando en la webnumerosos datos e informaciones que le posibilitaron el armado de esta teoría discutible(como todas) pero rica en méritos. En un gesto de honestidad intelectual el autor noasegura que los candidatos por él postulados constituyan el esquivo asesino que aterrorizóa Londres. Eduardo Cuitiño nos habla de probabilidades, de perfiles criminales. Propone,eso sí, que resulta extremadamente alto el grado de aproximación que arroja su tesis.Sin ingresar a la materia científica, la cual escapa al dominio de quienes (como quienescribe estas líneas) somos legos en las ciencias, no se puede dejar de valorar, sinembargo, que la información suministrada en esta obra es veraz, y que la forma en que elescritor plantea su teoría la vuelve por demás entretenida y novedosa.El texto elaborado por este matemático conforma un esfuerzo intelectual digno de serpuesto de relieve; a la vez, que implica una aportación legítima que bien debiera hacersede un espacio dentro de la muy vasta literatura ripperológica.
  • 52. 12. SEP 20 El carretero que no fue Jack el DestripadorOTRA TEORIA SIN FUNDAMENTO ALGUNO:CHARLES CROSS HABRIA SIDO JACK THE RIPPERA las 3,45 de la madrugada del 31 de agosto de 1888 el agente John Neildescubre el cuerpo de Polly Nichols que minutos atrás fuera hallado por Charles Cross Buck Row, la sórdida zona donde apareció el cadáver
  • 53. Mary Ann Nichols, presunta víctima del carretero Charles CrossLas teorías e hipótesis sin fundamento pretendiendo determinar y "descubrir" la identidaddel esquivo asesino serial Jack el Destripador no paran de salir a la luz pública.Prácticamente no transcurren un par de meses sin que otro libro, ensayo o artículoperiodístico aparezca presentando una nueva conjetura al efecto.Ahora le toca el turno a un par de supuestos expertos británicos, a saber: ChristerHolmgren y Edward Stow. Circula en Internet que estos dos estudiosos (que con todorespeto diré que no tengo el gusto de tener de ellos la menor noticia previa) postulan latesis de que Jack the Ripper no fue otro sino el carretero Charles Cross.El carretero Cross, quien según los ripperólogos Colin Wilson y Robin Odell, (JED,Recapitulación y Veredicto, Editorial Planeta, España, Barcelona, 1989) tenía por nombrede pila George, pero al cual otros autores designan por el nombre de Charles, fue elprimero en toparse, en la sórdida zona de Buck Row, con el mutilado cadáver de la inicialpresa humana (canónica) atribuida a Jack el Destripador: Mary Ann ("Polly") Nichols.Las pruebas de la culpa de este casi anónimo individuo se fundarían en que fue visto allado (agachado) de la inerme víctima por el segundo hombre que arribó a la escena delcrimen (Robert Paul), quien al igual que él laboraba en el mercado de Billinsgate. Charles(George) Cross trabajaba para una compañía y transitaba regularmente determinadotrayecto rumbo a ese mercado con su carretón arrastrado por uno o más caballos, el cualconstituía un medio usual de transporte en la Inglaterra victoriana.De esta circunstancia, quienes lo postulan como flamante candidato, infieren que enrealidad el carretero acababa de asesinar a la mujer y que fingió haberse aproximado porcuriosidad hasta el exámime cuerpo. Al darse cuenta de la cercana presencia de RobertPaul, muy hábilmente habría disimulado y le pidió ayuda a su compañero.-Hey, ven a ver a esta mujer, parece que está borracha.- habría exclamado.A lo cual el otro, aproximándose, le respondió algo así:-No creo que esté borracha, esta tipa parece muerta.
  • 54. Cabe preguntarse empero: ¿Cómo hizo Cross para esconder las manchas de sangre quenecesariamente debían impregnar sus manos y su ropa, tras mutilar a la mujer?.Nadie tuvo entonces por sospechoso a este hombre, el cual declaró en la encuesta judicialcomo mero testigo, y ni la policía ni la prensa le prestaron mayor atención.Se sostiene asimismo en la nueva teoría que el sujeto suministró un nombre falso y enrealidad no se llamaría Cross. En fin: cabe esperar las pruebas de tal afirmación, pero,aunque así fuese, parece ser un salto muy arriesgado el que dan los flamantes postulantesa develar el misterio ripperiano cuando concluyen que este hombre ocultó su apellidoporque en verdad era Jack el Destripador. (¿Nadie se dio cuenta? ¿Tan tonta era la policíay la justicia británica de aquella época?)Otra presunta evidencia que apunta sobre Charles Cross como homicida de Whitechapelestaría dada porque sería más lógico que el Ripper fuera un sujeto gris, común y corrienteque, debido a esa misma opacidad, se mantuvo para siempre impune.En lo personal -como ya saben los seguidores de este blog- no estoy de acuerdo con queel notorio asesino constituyese un personaje de alta alcurnia o famoso, ni que fuesepolítica o socialmente destacado. Me inclino, en cambio, por que el culpable mostraba elperfil de un individuo común. Un psicópata sin brillo, pero astuto, taimado e inteligente, sinembargo. No creo que sólo la buena suerte y la casualidad le concedieran su impunidad, adespecho de haberse generado, en pos de su aprehensión, la mayor búsqueda policial deaquel tiempo.Ciertamente un trabajador con un empleo estable como era Cross llena el requisito de noser excepcional, sino común, anodino y corriente; pero de ahí a pretender que losescenarios de los crímenes coincidían con la ruta que recorría en su labor cotidiana, y quede tanto en tanto (para distraerse quizás) perpetraba un asesinato brutal, parecería que esllevar las cosas demasiado lejos en lo que a fantasía se refiere.En fin: Charles Cross, el trabajador de mercado tuvo la desgracia de encontrarse con elpatético cadáver de Mary Ann Nichols esa neblinosa mañana del 31 de agosto de 1888.Llegó un poco antes que un compañero de labor. Narró ante la prensa y en la encuestajudicial que detuvo su carro, y que se bajó de él porque un bulto le cerraba el paso en lacalle. Creyó que se trataba de una lona alquitranada que podría serle de utilidad para sutrabajo.El testigo aseguró que al aproximarse a la figura yacente en las sombras comprendió queno se trataba de una lona caída, sino del cuerpo inerte de una mujer. Insistió en que,minutos más tarde en compañía de Robert Paul, advirtió con horror que la fémina estabamuerta, que la habían asesinado. Espantado salió presuroso junto a su compañero enbusca de un policía, a quien informarle del trágico descubrimiento.Durante 124 años nadie puso en duda su versión de aquellos hechos. Y todo pareceindicar que no ha surgido prueba alguna que permita poner en tela de juicio ahora lo que elgris carretero afirmó una y otra vez tanto tiempo atrás. 13.
  • 55. SEP 9 La misteriosa muerte de Mary Jane KellyMARY JANE KELLY: EL MAS ENIGMATICO DE LOS CRIMENES COMETIDOS PORJACK EL DESTRIPADOR Sin duda la joven y bella irlandesa pelirroja de ojos azules conocida por los motesde "Ginger", "Fair Emma" o "Jeannette" Kelly resulta la víctima deJack the Ripper cuyamuerte arroja mayores incógnitas.El 8 de noviembre de 1888, penúltimo día en la existencia de esta mujer, su casiadolescente vecinaLizzie Albroock había acudido hasta su pieza a visitarla, y allíemprendieron una ánimada plática que fue interrumpida bruscamente por Mary Kelly,quien le aconsejó a su oyente: "Hagas lo que hagas, no termines como yo", palabrassombrías y premonitorias si las hay.El testigo más relevante que informó respecto a las horas postreras vividas por la jovenmeretriz fue George Hutchinson, el cual en una tardía denuncia declaró haber visto a lachica caminando del brazo con un cliente muy particular. El deponente describió conminucia el aspecto de aquel sujeto, a quien calificó como "extranjero, posiblemente judío".Tras la defunción de Mary Kelly uno de los testimonios registrados en la encuesta judicialdevendría especialmente conflictivo. Se trató del vertido por un sastre de la calle Dorsetllamado Maurice Lewis. Este caballero insistió que conocía muy bien a la fallecida y alhombre que fuera hasta pocos días antes su concubino -Joseph Barnett- al cual élidentificaba por el apodo de "Danny". Señaló que vio a ambos de jarana y bebiendo licoren la taberna "The Horn o´Pienty" en compañía de una vecina de nombre Julia Venturney.Lo preocupante de esa deposición se centró en la hora en que el testigo aseguró haberobservado al alegre trío, a saber: las diez de la mañana del 9 de noviembre de 1888.Ocurre que -de atenernos a los reportes forenses- la infeliz muchacha ya había sidobrutalmente masacrada horas atrás y, desde entonces, su destrozado cadáver debíairremisiblemente estar yaciendo encima del tétrico camastro de la habitación sita en elnúmero 13 de la pensión de Miller´s Courts.El testimonio del sastre se sumó a otro que dio no pocos quebraderos de cabeza a losinvestigadores: el aportado porCaroline Maxwell. Pese a ser contradichas sus afirmacionesen la instrucción judicial, la mujer se mostró muy sólida en sostener que se había vistocara a cara con Mary Jane Kelly después de cuándo aquella debía estar muerta. Elencuentro se habría producido entre las 8 y las 8 y 30 del aludido 9 de noviembre en laesquina de Miller´s Courts. La declarante repitió que no le quedaba la más mínima dudaacerca del horario porque su esposo siempre regresaba de trabajar a las ocho de lamañana.A la testificante le llamó la atención comprobar que la atractiva prostituta se hallaba con su
  • 56. ánimo sumamente decaído, dando indicios de obvios síntomas de malestar, por lo cual leofreció ron a fin de levantarle el espíritu en el curso de una breve conversación. Tambiénindicó que, una hora más tarde, la volvió a contemplar hablando con un individuo en elclub Britannia, popularmente conocido como el "Ringers" en honor al apellido delpropietario de ese establecimiento.Caroline suministró un recuento detallado tanto del aspecto que exhibía aquel hombrecomo de la ropa que vestía en ese momento la fémina. La presunta Kelly lucía una faldaoscura, corpiño de terciopelo y un chal marrón. Maxwell expresó que dicha vestimenta erahabitual en Mary, y reiteró que en esa segunda emergencia tampoco se había equivocadoal identificarla. El inspector Frederick Abberline interrogó personalmente a la testigo, lacual se mantuvo inflexible en sus aseveraciones.Estas curiosas versiones testimoniales dieron pie a la suspicacia. Por ejemplo, en unadudosa versión, se atribuyó al inspector Abberline haber consultado con un médicollamado Thomas Dutton si no era posible que Mary Jane Kelly hubiese sido finiquitada poruna mujer que escapó del teatro del crimen usando las ropas de su víctima para disimular,y que fuera a ésta a quien los testigos confundieran aquella mañana con la occisa.Otras conjeturas más estrafalarias aún se formularon, aunque fueron presentadas a travésde obras de ficción. En"The Michaelmas girls" ("Las muchachas de San Miguel"), publicadaen 1975, el autor John Barry Brooks propuso que aquellos testimonios no estabanequivocados ni eran falsos. Efectivamente fue Mary Jane Kelly la mujer a la cual vieron lostestigos en horas tan tardías de esa mañana.¿La explicación?: la chica no fue la víctima cuyo mutilado cuerpo halló la policía en lalóbrega habitación. Por el contrario, Mary -con la asistencia de un cómplice masculino-constituía la victimaria, y el lacerado cadáver pertenecía a una pordiosera a la cual elperverso dúo atrajo con engaños. En consecuencia, Mary y su compinche fueron losresponsables de los crímenes atribuidos a Jack el Destripador.En el mundo de los hechos reales la policía concluyó, sin embargo, que los testigos Lewisy Maxwell se habían confundido en cuanto al horario o con respecto a las personas quecreyeron ver. No quedaba otra opción que considerar erróneos estos testimonios. Elinforme de la autopsia redactado por los médicos forenses George BagsterPhillips y Thomas Bond precisaba con exactitud el tiempo en que acaeció el óbito, el cualquedó fijado, como mucho, próximo a la hora cinco de la madrugada del 9 de noviembre.
  • 57. AUG 25 Tipología de asesinos serialesTIPOS DE ASESINOS EN SERIE:VISIONARIO, MISIONERO, HEDONISTA y LUJURIOSO El "Hijo de Sam", ejemplo de asesino visionario "Jack the Ripper", tal vez fue un asesino misionero
  • 58. Richard Ramirez puede ser conceptuado de asesino hedonista o de asesinosatánico -subespecie dentro de los asesinos misioneros-, pues exhibió rasgosinherentes a ambos tiposTheodore "Ted" Bundy, prototípico asesino sexual clasificable dentro del grupo delos asesinos lujuriosos
  • 59. Dentro de las variadas formas de clasificar a los criminales seriales está aquella queanaliza la razón por la cual matan, es decir: la que atiende a los móviles que guían suconducta homicida.Lo habitual es que tales razones -o falta de ellas- se sepan recién cuando los victimariosson capturados, y tras entrevistas y exámenes que los psicólogos, los psiquiatras forensesy otros peritos les realizan en la cárcel. El modus operandi utilizado sirve, asimismo, paradeterminar esos motivos propulsores de las matanzas en cadena. Tales estudios hanpermitido sub clasificar a los asesinos enserie en varias categorías o tipologías.Siguiendo una tradicional proposición criminológica, los homicidas secuenciales puedencatalogarse dentro de cuatro perfiles o tipos, a saber:EL ASESINO VISIONARIOResulta tal aquel homicida que llega al crimen luego de creer oír voces en su interior, oimagina visiones que lo impelen a cometer sus fatídicos actos.En algunos casos estos fenómenos que experimenta se deben a graves cuadros deesquizofrenia. Esta clase de perturbado es capaz, no obstante, de separar su vida habitualde sus crímenes, dado que no se siente en absoluto responsable de ellos.Un ejemplo de tal psicopatía lo representa David Berkowitz, quien alcanzara oscuracelebridad bajo el alias de "El Hijo de Sam". Este abominable matador aterrorizó a lapoblación de Estados Unidos durante la década de los años setenta de la pasada centuria.Ultimaba a balazos a parejas de enamorados que se abrazaban en sus coches a la salidade cines o de reuniones bailables. Los homicidios los llevaba a cabo cumpliendo -segúnadujo- los dictados impartidos por un demonio milenario que había llegado a gobernar sumente y a quien reconocía cómo "Sam", el cual le transmitía, por intermedio del perro deun vecino, las órdenes de salir a las calles a asesinar.El asesino visionario perpetra sus atrocidades poseído por un estado de trance. Pero unavez atravesada esa mórbida etapa literalmente "despierta", y puede luego regresar aatender sus ocupaciones e intereses habituales.Las voces y-o visiones que percibe se recrudecen después de inferir cada desmán. Pormás que el sujeto afectado se resista termina por sucumbir y obedecelos "mandatos" implacables que recibe.EL ASESINO MISIONEROEn esta hipótesis, el criminal secuencial se siente embargado por la creencia de que debehacer algo en favor de la sociedad. Se considera un elegido, y está persuadido de que susvíctimas merecen la muerte. Su creencia de estar embarcado en una misión desaneamiento moral que lo trasciende determina que su autoestima crezca.Aunque es discutible, el casi mítico Jack el Destripador podría ser catalogado de asesinomisionero. Al menos esta fue una de las primeras conjeturas que se elaboraron paraexplicar las motivaciones de sus crueles asesinatos sobre prostitutas, a quienes tal vezconsideraba lacras sociales que debían desaparecer bajo su mano vengadora.
  • 60. El victimario misionero a veces ataca a miembros de cierto grupo etáreo o racial,basándose en traumas de su infancia donde se vio amenazado por integrantes de esecolectivo sobre el cual -ahora que es adulto- descarga su venganza, usualmenteexagerando la importancia de las ofensas recibidas, si es que las mismas en verdadexistieron.Se puede incluir dentro de este elenco a los llamados "asesinos satánicos", que se venimbuidos por la obligación de asesinar para, de tal suerte, obtener una alta recompensapor cuenta de entidades demoníacas o de carácter supra natural.Muchos ejemplos hay de asesinos que podrían conceptuarse satánicos, aunque caberesaltar que estos psicópatas generalmente presentan también rasgos inherentes a otrascategorías. Por caso, Richard Ramirez. Este perturbado fue un ultimador en cadena quese proclamó servidor de Satán, aun cuando su comportamiento sádico de recreación en eltormento infligido a sus víctimas lo encuadra igualmente dentro del sub grupo de loshomicidas hedonistas.EL ASESINO HEDONISTAEste tipo de homicida serial innova con cada asesinato puesto que le excitan los desafíos.El homicidio representa para él una fuente de goce que se torna adictivo, en tanto necesitarepetir la satisfacción alcanzada, viéndose compelido a buscar regularmente nuevaspersonas a quienes agredir.Se recrea percibiendo la agonía que hace sufrir al objeto de su crimen, y alarga elmomento del deceso de éste con el fin de regodearse en su tortura.Es corriente que introduzca elementos místicos o rituales durante la consumación de susfechorías, pudiendo hurtar prendas usadas por sus víctimas, e incluso extraer órganos alos cadáveres, a manera de trofeos con los cuales buscará reproducir el placer sentido enel acto de matar.EL ASESINO LUJURIOSOEste elenco criminal abarca a los asesinos sexuales. Estos acostumbran vejar y violar asus presas mientras permanecen con vida, y también, tras el fallecimiento de éstas,practican sobre los cadáveres lúgubres actos de necrofilia y de profanación.Tal vez el arquetípico asesino sexual de tiempos modernos lo haya constituido elnorteamericano Theodore "Ted" Bundy quien fue ejecutado, tras serle impuesta la penamáxima por la comisión de catorce feminicidios precedidos de violación.Los asesinos lujuriosos devienen individuos incapaces de concretar una relación carnalnormal y de mantener vínculos estables, y -al igual que los homicidas hedonistas- sesolazan con el suplicio a que someten a los objetos de su agresión y pugnan por conseguirla mayor satisfacción posible a través del dolor y del terror que provocan.Al matador serial lujurioso también se lo conoce como "controlador", en tanto su disfrute loobtiene a raíz de la malsana sensación de dominio sobre sus presas humanas, cuyasumisión y sojuzgamiento absoluto procura ejercer.
  • 61. 14. AUG 1 Las mujeres que no fueron Jack el DestripadorDE MARY ELEANOR PEARCEY A ELIZABETH WILLIAMS:MUJERES ACUSADAS DE HABER SIDO JACK EL DESTRIPADOR"Lizzie" Williams: la fémina más recientemente acusada de haber sido Jack elDestripador.
  • 62. Mary Eleanor Pearcey: asesina ejecutada poco después de los crímenes deWhitechapelElizabeth "Lizzie" Williams, esposa del afamado médico galés de la casa realbritánica John Williams es la última candidata presentada para ocupar la esquiva identidadde Jack the Ripperen su versión femenina. Así se sostiene en una obra de recienteaparición donde, con peregrinos argumentos, se la postula como asesina de las prostitutasmutiladas durante el otoño europeo de 1888.Se pretende que Lizzie disponía de algunos esenciales conocimientos de anatomía ydisección gracias a ser cónyuge de un connotado cirujano, y que sus móviles paraasesinar y amputar fincaban en el cerril odio que sentía hacia las prostitutas, porque éstaspodían concebir hijos mientras que ella era infértil. Asimismo se sugiere que la víctimaMary Jane Kelly era amante de su esposo, etc, etc...Vale decir, todas las alegaciones utilizadas a fin de fundar la responsabilidad de esta mujercarecen de cualquier base, devienen disparatadas, y en verdad cuesta creer que laformulación continúe -hasta el momento en que se escriben estas líneas- circulando contanta insistencia a través de Internet, a despecho de tratarse de una hipótesisnotoriamente absurda.Debe subrayarse, empero, que no es novedoso culpar a una mujer de haber constituido elhomicida serial designado"Jack el Destripador". Estas conjeturas siempre han sido
  • 63. estrafalarias, y en este caso la proposición no es diferente de otras antiguas nominacionesque también fueron ridículas.Viendo la fotografía de la cónyuge del galeno John William, y advirtiendo su frágilconstitución, bastaría con ello para descartarla cómo plausible homicida. Pues si algocaracteriza al brutal matador en cuestión es que debía tratarse de una persona quegozaba de gran vigor y fuerza muscular. Cabe recordar que precisamente el tema de lafortaleza física desplegada por quien perpetró los ataques conformó uno de los débilesargumentos esgrimidos a fin de culpar -años después de su ejecución- a una jovenbritánica contemporánea a los crímenes del Ripper llamada Mary Eleanor Pearcey.Esta muy peligrosa fémina consumó sus homicidios en el año 1890, llevando a término eldespiadado acuchillamiento de la esposa e hijo del hombre que por entonces era suamante. El 23 de diciembre de aquel año, Mrs. Pearcey, contando a la sazón con sóloveinticuatro años, subiría al cadalso de la prisión de Newgate expiando la culpa impuestapor sus violentos crímenes. Las fotografías que de ella se conservan la retratan como unachica delgada, de rostro poco agraciado y hombruno, en el cual resalta una amplia yprominente dentadura.Se llevó a la tumba varios secretos. Entre éstos, el motivo que la impulsó a realizar uncríptico mensaje que en periódicos de Madrid, España, su abogado hiciera publicar encumplimiento de la última voluntad manifestada por su defendida. El texto de dichocomunicado mentaba: "Para M.E.C.P último pensamiento de M.E.W. No te hetraicionado". Esta extraña acción de la condenada a muerte se interpretó como un avisodejado a un cómplice haciéndole saber que, pese a las presiones recibidas, mantuvo laboca cerrada y no delató ante la policía la participación de aquél en los asesinatos que laenviaron a la horca.Nunca se acusó formalmente durante su proceso penal a Mary Eleanor Pearcey, lamatadora de la época victoriana, de haber resultado la pretensa "Jill la Destripadora". Supostulación para tan oscuro cargo exclusivamente se debió a especulaciones muyulteriores a su trágico deceso.Desde el mundo de la ficción se propuso a varias mujeres para el papel de haber sido Jackel Destripador. Uno de los libros más destacados se editó en 1939 y tuvo por autor alperiodista australiano William Stewart. Su título fue "Jack el Destripador: Una nuevateoría".En la trama del mismo la criminal resultaba ser una partera u obstetra de tremendapotencia física. La comadrona de marras era muy torpe en la práctica de su oficio, y susabortos solían concluir fatídicamente con el fallecimiento de sus pacientes. Para cubrir lashuellas de sus errores letales la mujer comenzó a mutilar los cuerpos sin vida de aquellas,fingiendo que se trataba de los bestiales homicidios cometidos por un loco. La prensa, ensu afán de vender periódicos, fabricó el mito del asesino "Jack el Destripador", extremoque fue aprovechado por la partera -quien seguía matando involuntariamente a sussucesivas pacientes prostitutas- a fin de desviar de sí las sospechas y la investigaciónpolicial.Dos años antes -en 1937- se había publicado el libro de Edwind Woodhall "Cuando enLondres caminaba el terror". Aquí una ficticia modista rusa (Olga Tchkersoff ),de
  • 64. descomunal fuerza, era la asesina que en las brumosas noches se vestía de hombre yultimaba a las meretrices. Y es que Olga estaba furiosa con las prostitutas por haberinducido en el viejo oficio a su inocente hermana menor, la cual murió de una septicemiatras un aborto mal realizado. Mary Jane Kelly, según esta versión, fue la inductora quecondujo por el mal sendero a la hermana de la modista, y ello determinó que ladesquiciada vengadora desfigurase con mayor saña el cuerpo de aquella infortunada.Tiempo más tarde, en una sucesión de artículos editados en agosto de 1972 por elperiódico The Sun, un ex policía de nombre Arthur Butler insistió con la teoría de WilliamStewart aportando mayores presuntos datos. Según Butler, la innominada partera contabacon un cómplice masculino que fue el encargado de consumar los crímenes. Y ello porque,de acuerdo con esta formulación, además de mediar errores abortivos que provocaron losdecesos de las meretrices, al menos dos de las posibles víctimas del Destripadorperecieron a manos de este compinche.Se pretendió que Emma Elizabeth Smith chantajeaba a la partera amenazándola condenunciarla a las autoridades si no le pagaba una gruesa suma de dinero a cambio de susilencio. Las prácticas abortivas eran castigadas duramente por la legislación inglesa de laépoca, y la desesperación por evitar una denuncia que suponía largos años de cárcelindujo a la amenazada mujer al asesinato de la chantajista. Su amigo la eliminó, y entreambos apalearon con ferocidad a esta fémina, la cual fallecería el 3 de abril de 1888 en elhospital de Whitechapel tras sufrir una barbárica golpiza.Igual desgracia recayó el 7 de agosto de ese año sobre Martha Tabram, quien resultóvictimada mediante múltiples cuchilladas por el sanguinario cómplice de la obstetra. Larazón argüida aquí fue que Martha acompañó a una joven compañera de oficio de nombreRossie para que la partera le ejercitase un aborto. La chica desapareció presa de latorpeza ejecutiva de la comadrona. Como Tabram los importunaba, con sus insistentespreguntas acerca del paradero de su amiga, decidieron ultimarla.Estos homicidios se consideraron labor de un criminal demente y salvaje. El "Asesino deWhitechapel" al cual más adelante se bautizaría "Jack el Destripador". Luego sobrevinouna retahíla de errores abortivos que precipitaron a la muerte a las ´victimas "canónicas",desde "Polly" Nichols a Mary Jane Kelly, y las amputaciones post mórtem infligidas a loscadáveres tuvieron por finalidad hacer creer a los investigadores que aquellos óbitos porfallidos abortos en realidad constituían la abominable faena de un matador de prostitutas.En fin: tal cual cabe advertir, tras este breve repaso, las muestras de fantasía literariadonde se atribuye a mujeres la condición de haber sido Jack the Ripper ya han recorridoun largo y azaroso camino, y no parecería que el libro en el cual se responsabiliza a lacónyuge del médico John Williams resulte ser la última perla de este collar.
  • 65. 15. JUL 26 Asesinos satánicos: Daniel y Manuela RudaASESINANDO POR SATANAS: DANIEL Y MANUELA RUDA La pareja de desequilibrados con su excéntrico atuendoManuela Ruda en su juicio haciendo una señal satánica
  • 66. En el año 2001 en la pequeña localidad alemana de Bochum tuvo efecto un extraño yhorroroso crimen. A lo largo de su sensacional proceso penal, ventilado al siguiente año,los acusados -el joven matrimonio formado porDaniel y Manuela Ruda- trataron dejustificar la razón de su delito invocando haber recibido órdenes superiores provenientes -según ellos- del propio Demonio.También mencionaron frases de famosos ocultistas como Anton Lavey y Alesteir Crowley,buscando de tal suerte ofrecer una perturbada explicación a su brutal homicidio. Y es queel salvaje asesinato perpetrado por los cónyuges Ruda configuró uno de los másrepugnantes y vesánicos que la mente humana soporta imaginar.La presa humana del desalmado dúo devino ultimada en el mes de julio de 2001. Se tratóde Frank Haagen, de treinta y tres años, compañero de trabajo y amigo de Daniel Ruda.Los agresores lo habían invitado a su casa a pasar una velada nocturna, pero en ciertomomento Daniel lo atacó de improviso con un martillo, aporreándolo repetidamente en lacabeza. Manuela colaboró impidiendo la huida del atontado y desesperado Haagenasestándole frenéticas cuchilladas en el corazón antes de que éste pudiera trasponer lapuerta en entrada.Mientras su amigo agonizaba caído sobre el piso de la sala de estar, tras la tormenta degolpes y tajos padecida, los sádicos procedieron a quemarle la espalda con cigarrillos ybebieron la sangre que manaba copiosamente desde las numerosas heridas abiertas. Seocuparon de dejar impresas en la piel de la fallecida víctima las marcas de la estrella decinco puntas o pentagrama. En unas notas halladas entre sus pertenencias al momento deser capturados la policía encontró párrafos que explicaban esta conducta en cuanto a lossangrientos grabados.Allí se describía el valor místico del pentagrama o telegramatón como símbolo dedominación del espíritu sobre los elementos de la naturaleza. El matrimonio Rudacompartía la creencia de que cuando se imprimía, sobre la piel de una víctima, esesímbolo mágico dibujado con la punta hacia abajo, se invocaba y obtenía la protección delos tenebrosos. De acuerdo refirieron los homicidas a sus aprehensores, elpentagrama: "Es la Estrella Flamígera, es el verbo hecho carne, y cuando su rayo apuntahacia abajo representa al Macho Cabrío"En su consiguiente juicio criminal estos enajenados insistieron en que actuaron dirigidospor las palabras de sus guías espirituales en materia demoníaca inspirándose, enparticular, en las ideas propugnadas por los aludidos profetas esotéricos Anton Lavey yAlesteir Crowley.No dieron muestra alguna de arrepentimiento porque estaban convencidos de haberobrado a modo de vehículo de irresistibles fuerzas que los trascendían. La mujer, con latesta rapada y una cruz invertida tatuada encima de su calva, proclamó: "¡No fue unasesinato! ¡Fue la ejecución de una orden! ¡Satán nos lo ordenó! Simplemente tenía queser hecho. Nosotros queríamos que la víctima sufriera bastante antes de morir".
  • 67. Ambos desquiciados aseguraron estar persuadidos que una vez fallezcan se trasmutaránen vampiros, alcanzando así la vida eterna. En una de las sesiones de su causa judicialManuela rogó que cerrasen las ventanas del tribunal porque no podía tolerar la claridad dela luz solar, puesto que ella era una criatura de la noche. También relataron haber vividodurante largo tiempo en Escocia e Inglaterra, y detallaron cómo conocieron a vampirosreales en Londres.Acostumbraban vagar en horas nocturnas por los cementerios en ruinas y por los bosques.Habrían dormido dentro de ataúdes enterrados, y disfrutaron con esa sensación. Laasesina, en especial, refirió que dos años antes de cometer el crimen había pactado con elDiablo, a quien entregó su alma en estricto acatamiento de los compromisos asumidos. Eldemencial asesinato por el cual fueron condenados representaba parte ineludible delconvenio satánico arribado con el Príncipe de las Tinieblas.El tribunal provincial de Bochum no tardó en pronunciar sentencia. Se sancionó a laperturbada pareja a purgar un total de quince años de cárcel, así como a recibirtratamiento psiquiátrico hospitalario hasta que muestren síntomas de recuperación de susseveros trastornos mentales; progreso que daría la impresión de resultar muy pocofactible, a la luz de los hechos.Sin embargo, algunas de las respuestas brindadas por los encausados al contestarpreguntas del fiscal no parecieron sugeridas tanto por la locura cuanto por el cinismo. Porejemplo, Daniel Ruda se declaró inocente y requirió que lo dejaran en libertad en formainmediata alegando constituir una mera herramienta del Maligno.En apoyo de su petición el imputado ofreció a jueces y jurados el pérfido razonamiento deque: "Cuando un borracho provoca un accidente de tránsito, a nadie se le ocurriría acusaral automóvil".
  • 68. 16. JUL 19 Alesteir Crowley. ¿Agente demoníaco, místico, charlatán? El presunto iluminado vestido con su particular atuendoAlesteir Crowley en clásica fotografía
  • 69. Un juvenil Crowley portando su exótica ornamentaDe casi todo se ha acusado a Alesteir Crowley.¿Agente de Lucifer, místico, charlatán?. Talvez fue un poco de cada una de estas cosas. Personaje extraordinario del siglo XX, sinembargo, este hombre dejó su singular impronta sobre las sociedades ocultistas.En una de las más recientes acusaciones que se le endilgan lo imputan de ser elresponsable de la sucesión de misteriosas muertes acaecidas luego del descubrimiento dela tumba del faraón Tutankamón.Edward Alexander Crowley vino a este mundo el 12 de octubre de 1875 en el seno de unafamilia inglesa acomodada (su padre fue un magnate cervecero). El dinero que heredó desu acaudalado progenitor le posibilitó llevar una existencia de leyenda, aunque con elandar el tiempo supo acrecentar sus arcas por méritos propios, ya que decenas deseguidores solventarían sus emprendimientos mesiánicos.Fue igualmente un poeta y un escritor radical, además de mago, drogadicto y bisexual. Laprensa lo fustigaría con acritud aplicándole epítetos tales como "El hombre más malvadodel mundo" y "La gran bestia 666". Definió a su doctrina esotérica "Iluminismo científico",método que, conforme adujo, cuando deviene utilizado e interpretado adecuadamente,sintetiza la sabiduría humana suprema. Los mensajes crípticos de sus teorías resultarondifundidos por conducto de la revista The Equinox -El Equinocio-.Entre otras curiosidades, se cuenta que Alesteir fue quién le sugirió al líder WinstonChurchill el empleo del símbolo de la "V" de la victoria, mediante la exhibición de los dedosmayor e índice de la mano derecha. Durante la Segunda Guerra Mundial se presentó ante
  • 70. la opinión pública como un patriota inglés, y apoyó a los soldados en lucha remitiéndolespanfletos con inflamados poemas y pentagramas místicos que -de conformidad pretendía-garantizaban el triunfo bélico de las fuerzas armadas aliadas.Logró comandar la antigua asociación hermética Golden Dawn, no sin antes chocar contramiembros prominentes de la misma. Por caso, el literato William Butler Years, y S.L. MacGregor Matthers. En dicha entidad Crowley principió a ejercitar ceremoniales exóticos,inspirándose en las instrucciones de un remoto manuscrito del siglo XV conocido por elnombre de "El libro de la magia sagrada de Merlín el Mago".Lo radiaron de esa secta por causa de sus actitudes rebeldes y contestatarias, pero prontofundaría la Astrum Argentum. También actuó con singular brillo dentro de la renombradaorden ocultista OTO (Ordo Templis Orientalis), sociedad másónica rosacruz para la cualredactó los textos de una misa gnóstica.Años más tarde, se retiró a Escocia donde instaló una magnífica mansión emplazada a lasorillas de lago Nees, a la cual bautizó: "Palacio de Boleskine". Observaba la manía decambiarse de alias y, entre los muchos que utilizó al cabo de su luenga vida, se cuentanlos de Conde Vladimir Svareff, Master Terrino, Príncipe Chiog Kim, Baphomet, y LordBoleskine.En el correr de su estadía en Norteamérica, una vez concluida la Primera Guerra Mundial,estrechó relaciones con personas de variopinta opción sexual para -según alegara-reforzar así el alcance y poderío de sus ceremoniales gnósticos. En este país conoció a susegunda esposa, Leah Hirsing, a quien calificó herméticamente "Mujer Escarlata", y la cualcontó con la Baronesa Vittoria Cremers como su primordial asistente.Estando en Italia fundó la llamada Abadía Thelema, en la ciudad de Cefalú, Sicilia. Allí sededicó a organizar a un reducido grupo de devotos con los cuales consumaba orgíassexuales en pos de potenciar la eficacia de sus rituales mágicos. El régimen fascistade Benito Mussolini lo expusó de esa nación, tras el escándalo desatado a raíz de lamuerte de un adepto a la orden, debida a intoxicación por la ingesta estupefacientes.Aparte de ese trágico hecho, las autoridades itálicas lo consideraron un espía británico y,pese a que dicha acusación era falsa, el propio Crowley se encargó de propalarla con elobjeto de auto promocionarse.Ya había despertado -gracias a sus actitudes excéntricas- la atención pública desdetiempo atrás. Por ejemplo, en el transcurso del año 1901 se encontraba residiendo enMéxico cuando se enteró del fallecimiento de la reina Victoria. Acto seguido, delante detestigos, se puso a bailar una pretendida danza ceremonial azteca, al tiempo queexclamaba jubiloso que por fin vendría la era de la luz. Y es que, conteste con la opiniónde este seudo profeta, la anciana monarca representaba el símbolo del más arcaicooscurantismo y de la máxima intolerancia política, social y religiosa. En aquel paíscentroamericano, asimismo afirmó haber descubierto y perfeccionado un sistema centradoen fórmulas alquímicas que le permitía volverse invisible.Poco después, avanzando el año 1904, sacó a publicidad el primigenio de sus ensayos delargo aliento, a saber: "El libro de la Ley", cuyo principio crucial consistía en "Haz lo quequieras", de consuno con el cual no existe otra ley por encima de la voluntad individual. Através de ese trabajo literario desarrolló una intensa apología a la libertad sexual, así como
  • 71. al consumo sin trabas de las drogas, los alucinógenos, y al ejercicio de las prácticasmágicas. Todo ello se relaciona con lo que dio en llamarse "Cultura Thelémica",manifestación social que, de hecho, configuró un adelanto temporal almovimiento hippie operante en Estados Unidos por la década sesenta de la pasadacenturia.Para las sociedades demoníacas la obra y el ejemplo proporcionado por este gran adeptoconformó una fuerte influencia de la cual daría cuenta, años más adelante, la fundación dela denominada "Iglesia de Satán", a cargo deAnton Lavey, en California, la cual lo tuvo poruno de sus más fecundos mentores.El extravagante iluminado murió en plena ruina económica durante el decurso del año1946 en una casa de huéspedes situada en la localidad de Hasting, condado de Sussex,Gran Bretaña, a consecuencia del agravamiento de una enfermedad asmática crónica. Deacuerdo comentó la enfermera que lo atendiese en sus instantes postreros, sus últimaspalabras fueron: "A veces me odio a mí mismo".
  • 72. 17. JUL 13 Jack el Destripador en el teatro uruguayoJACK EL DESTRIPADOR EN EL TEATRO URUGUAYO:UNA ORIGINAL Y TALENTOSA APUESTA. Cartel publicitario de la obra teatral Daniel Salomone: Guionista y director
  • 73. La actriz María Inés Caramelli interpreta a una de las víctimasEn estas vacaciones de julio viene teniendo cabida una original y talentosa versión teatralsobre Jack el Destripador. Un prometedor y juvenil elenco artístico de la Compañía TeatralAventura asume el desafío de adaptar al particular ambiente del Castillo Pittamiglio unaversión libre de los crímenes y la identidad del asesino serial más enigmático de la historia.Daniel Salomone es el guionista y director responsable de esta escenificación, y posee elgran mérito de capitalizar, con inusual destreza, un corto elenco compuesto por losactores Román Indart (que personifica a un ficticio reportero obsesionado por Jack),y Fabián Bragunde, y por las actrices Noelia, María Inés Caramelli y Fernanda Prieto,quienes fungen en el rol de víctimas.¿Cómo con apenas cinco protagonistas puede llevarse adelante la convincenterepresentación de un caso criminal donde intervinieron, en la vida real decenas, y hastacentenares, de personajes?La explicación la proporciona la pericia del director, el cual maneja a la perfección lostiempos y los cambios de escenario. Cabe destacar que en el teatro del Castillo Pitamigliolos espectadores van recorriendo distintas salas en una peregrinación por los sórdidos ymuy logrados ambientes de ese recinto dotan de intenso dinamismo a la acción.Poco importa que el guión refleje una hipótesis creíble respecto a la identidad del matador.Se trata de una versión libre y su virtud consiste, precisamente, en eso. La puesta enescena mantiene la atención del espectador mediante ingeniosos ardides teatrales yprolijas interpretaciones. Durante algo más de una hora el espectador se sentiráparticipante, y le costará sustraerse a la atmósfera de una recreación que lo irá alejandodel Uruguay actual y lo transportará al brumoso Londres victoriano de fines del siglo XIX.Una taberna-burdel constituye el epicentro del drama. Allí se recordarán las muertes deMary Ann Nichols y de Annie Chapman, para posteriormente concretarse los decesos deElizabeth Stride, Catherine Eddowes y Mary Jane Kelly a manos del Destripador. En mediode la tragedia un atribulado periodista se enamora de una de las chicas y emprende supersonal búsqueda del homicida, el cual es representado -en esta atractiva ficción- comoun fantasma enmascarado.En suma: una obra disfrutable y plena de mérito. Una demostración de que jóvenesactores uruguayos pueden personificar con soltura un drama emblemático en los analesdel horror de la criminología mundial.
  • 74. JUN 30 Asesinos seriales de la antigüedad: Gilles de RaisLOS ANTIGUOS Y HORRIBLES CRIMENES DE GILLES DE RAIS El Barón Gilles de Rais en su gallardo esplendorRepresentación de Juana de Arco y su fiel Escudero Gilles de RaisUno de los primeros -o tal vez el primero- de los asesinos en serie que registra la historialo configuró el Barón Gilles de Rais, motejado como "Barba Azul". Se trató de un personajecasi mítico al cual se consideró un héroe medieval de los franceses, dado que fue unnotable guerrero en la lucha de su pueblo contra los británicos, llegando incluso a sernombrado Escudero de la gran heroína y visionaria cristiana Juana de Arco.Empero, lastimosamente, de muy poco le valdrían estos méritos y las altas prendaspersonales que en apariencia lo engalanaban, pues había un costado oscuro dentro deeste hombre, y ese lado siniestro se fue apoderando cada vez más de él con el andar del
  • 75. tiempo.El individuo que estaría destinado a constituirse en uno de los criminales secuenciales másespantosos de todos los tiempos tuvo su nacimiento en el año 1404 en el castillo deChampctocé, región cercana a la actual ciudad de Nantes, Francia, y creció en el seno deuna ilustre familia (Laval-Montmorency). Su madre, Marie de Craon, formaba parte de unade las prosapias más poderosas y acaudaladas del reino. Su padre, a su vez, era un nobleque se destacó por su carrera militar al servicio del rey de Francia.Cuando muere asesinado su progenitor en la batalla de Azincourt en 1415, y ulteriormentefallece su madre, Gilles de Rais pasa a ser el exclusivo heredero de una enorme haciendafamiliar que abarcaba desde Gran Bretaña hasta Poitou, y desde Maine hasta Anjou.Quedaría bajo su control, pues, una riqueza y un poderío inmensos para esa época, loscuales sólo cedían frente a la opulencia y fuerza bélica del propio rey francés.Tras quedar huérfano, su educación pasó a manos de su abuelo materno, Jean de Craon,aristócrata despótico y violento. A partir de temprana edad, Gilles ingresó bajo las órdenesdel monarca galo Carlos VII y fue sumando honores militares ganados en los campos debatalla hasta alcanzar el grado de Mariscal de ejércitos franceses.Cuando Juana de Arco resultó capturada por los ingleses y, posteriormente, ejecutada, suEscudero volvió desconsolado a sus posesiones, abandonando para siempre la vidacastrense. En sus castillos se dedicó a la nigromancia y a la búsqueda de la piedra filosofalde los alquimistas. Para ello contrató a Preslatti, un presunto mago y alquimista italianoque lo vinculó a la magia negra y a las prácticas de hechicería, como forma de conseguir lapreciada y esquiva piedra filosofal.Gilles De Rais seguía gastando ingentes cantidades de dinero sin encontrar la ansiadacontraprestación, así que, desesperado, aceptó el consejo de Preslatti de celebrar misasdemoníacas donde, a cambio de la obtención de poderes supremos, suscribió un pactocon Satán. El Príncipe de las Tinieblas -conforme aduciría el Mariscal- lo conminó asacrificar niños.Luego de realizada su primera ofrenda al Maligno, el noble adquirió el gusto por la sangrey, secundado por sus subordinados, empezó a seducir infantes de clase baja, a los cualesatraía mediante la promesa de que servirían de criados en sus posesiones. Una vez dentrode sus castillos, el enajenado los haría asesinar sádicamente. Arrancaría las cabezas delas jóvenes víctimas, no sin antes sujetarlas a inenarrables tormentos y vejámenes. En suulterior proceso se estimó que había victimado a más de doscientos niños y adolescentes,por más de que nunca se determinó con certeza la cifra exacta.Los rumores de estos homicidios seriales llegaron a oídos del Obispo de Nantes, Jean deMalestroit, el cual ordenó que se abriera una investigación de los hechos. En lugar deconducirse con prudencia, al saber que estaba bajo vigilancia, esa noticia enfureció alaristócrata tornándolo desafiante. El día de Pentescostés el Barón irrumpió en una misa,penetrando en la Iglesia de Saint Etienne de Mer Norte montado a caballo y al mando desesenta hombres armados. En esa ocasión, hizo prisionero al Fraile Jean de Le Ferón,religioso que -días atrás- lo había acusado de comprar ilegalmente un terreno.En definitiva, aquel insensato acto de violencia se convertiría en su perdición porque -por
  • 76. más que la justicia gala de entonces no le concedía mayor importancia a las denuncias pordesapariciones de niños y adolescentes plebeyos- una cosa muy diferente era atentar enperjuicio de la dominante Iglesia Romana. Así fue como el 13 de septiembre de 1440 elObispo de Nantes atribuyó oficialmente al Barón Gilles de Rais los cargos de herejía,asesinato de menores, pactos demoníacos, y numerosos delitos contra natura.Dos días después, las tropas monárquicas lo detuvieron sin que ofreciera resistencia. Eljuicio se formalizó durante un mes en el castillo de Nantes. Aunque al principio el arrestadonegó la responsabilidad que se le imputaba y trató con desprecio a sus interrogadores,más tarde -ante el temor de ser torturado por la Inquisición- cambió de parecer, y sedeclaró culpable de haber inferido muerte, sodomizado, y sometido a suplicio a -al menos-trescientos niños.El 22 de octubre de 1440 el reo pidió públicamente perdón por sus desmanes y, cuatrodías más adelante, sería ahorcado junto a dos cómplices. En atención a su calidad denoble los jueces mandaron que sólo fuera quemada una parte de su cuerpo -y no latotalidad del cadáver, cual era la costumbre-, y sus restos fueron incinerados. Antes de sersegada su vida, el condenado recibió la asistencia espiritual que había solicitado a manerade última voluntad.
  • 77. 18. JUN 25 Pablo Borrás y sus homicidios: Un caso uruguayo de Spree KillerPABLO BORRAS Y SUS CRIMENES:LA FAENA DE UN "SPREE KILLER"El 5 de marzo de 2008 un brutal asesinato múltiple llevado a cabo a cuchilladas enperjuicio de cuatro personas en una lejana estancia del Departamento de Colonia se erigióen tapa de portada de todos los periódicos uruguayos. Escasos días más tarde caeríanpresos los participantes de la matanza, incluido el único ejecutor personal e ideólogo de laacción: un sujeto de 31 años llamadoPablo Cesar Borrás, pariente de dos de las víctimas.El móvil fue el robo. Pablo imaginaba hacerse con una abultada cantidad de dinero -doscientos mil dólares aproximadamente- que suponía ocultos en la estancia "La Teoría",asiento del establecimiento comercial quesero de su abuela Alicia Schewyn, de 72 años.El rápidamente confeso victimario actuó movido por una mezcla de afán de rapiñaeconómica y sed de venganza. Al parecer, desde pequeño su abuelo le contaba historiasde acuerdo con las cuales la rama de su familia a la que pertenecía la señora Schewynhabía estafado a los parientes directos del muchacho, apropiándose de valiosas tierrasemplazadas en la feraz localidad de Nueva Helvecia.Borrás era enfermero y vivía en concubinato con la madre de una menor hija suya de 9años. Aquellos que lo trataban no lo conceptuaban peligroso, si bien era de talantetaciturno y dado a explosiones de mal genio. Se pasó un año rumiando y planeando lospormenores de su ataque al establecimiento de su abuela.La tardanza en concretar la tropelía no se debió tanto a la inseguridad o la vacilación dequien hasta ese entonces sólo había incurrido en el modesto delito de hurto de energíaeléctrica, que dos años atrás le valiera una corta condena. La verdadera dificultad radicóen conseguir cómplices determinados a embarcarse en aquella peligrosa aventura. Peropor el mes de febrero de 2008 ya había convencido a cuatro jóvenes para que lo asistieranen su empresa delictiva.A ninguno de sus compinches el futuro asesino le confió abiertamente su propósito dematar, sino que se limitó a tentarlos con un apetitoso cebo destinado a inducirlos a laacción: los supuestos doscientos mil dólares que su abuela guardaba en un cofre. Sinembargo, los secuaces deberían haber comprendido que su cabecilla estaba resuelto aasesinar cuando se negó a aceptar la sugerencia de ir munidos de capuchas que evitaranla identificación.
  • 78. Deviene posible que los embriagantes efectos de la cocaína, que consumieron horas antesde subirse a las motocicletas que los conducirían a la escena del crimen, fuera la causa deque sus seguidores no advirtieran la ostensible intención homicida que animaba a su líder.Aparentemente el jefe de la pandilla, quien no frecuentaba la estancia desde hacía más dequince años, creía que sólo iría a hallar allí a su abuela, a la cual había decidido ultimar. Larealidad consistió en que esa tarde, cuando los asaltantes llegaron al casco de la estancia,los salió a recibir Daniel Bentancourt, de 42 años, responsable de la producción quesera yconcubino de la hija de la dueña, Alicia Borrás Schewyn, prima de Pablo Borrás.Tras un escueto intercambio de palabras el mandamás de la banda encañonó aldesprevenido encargado y, acto seguido, a su prima, quien había salido a ver qué pasaba,y le ordenó a sus subalternos que los amarrasen a un árbol. Lo propio se hizo acontinuación con el peón de 74 años Higinio Mesa. A la anciana dueña, por su parte, laataron en la misma silla desde donde miraba televisión en la cocina de la estancia. Contodos los presentes reducidos los malhechores se pusieron a buscar dinero localizandoúnicamente una cifra próxima a los veinte mil dólares.La decepción del cabecilla era notoria. En particular pensó que Daniel Bentancourt -quienlo trató de apaciguar entregándole un billete de cien y otro de veinte dólares que, según leaseguró, era todo cuanto tenía- se estaba burlando de él. Esa mal interpretada resistenciapareció ser el detonante de la tragedia porque, seguidamente, muy excitado Borrásexclamó a sus compañeros: ¡Estamos hasta las manos! ¡Nos vieron y tenemos quematarlos a todos!Como ninguno de ellos se decidía, el asesino puso manos a la letal faena por sí mismo.Degolló a Daniel Bentancourt y, luego, infiriendo feroces incisiones con su cuchilla deveinte centímetros de hoja, le segó la vida a su abuela, a su prima Alicia -que estabaembarazada- y al anciano peón Higinio Mesa.No le resultó nada difícil a la policía de Colonia atrapar, pocos días después, al múltiplematador y a sus secuaces; ya que estos últimos fueron tan torpes que, no bien huyeron, sededicaron a comprar costosos equipos deportivos y electrodomésticos, exhibiendo detodas las maneras posibles los cuatro mil dólares que la fechoría le había reportado a cadauno.Al victimario se le condenó a cumplir la sanción máxima que admite el Código Penaluruguayo, a saber: treinta años de penitenciaría, más quince años de medidas deseguridad. Sus tres cómplices directos fueron condenados en calidad de coautores por eldelito de homicidio especialmente agravado, y se los envió a purgar su castigo al penal deLibertad junto con el ejecutor. Otro sujeto recibió una condena menor como encubridor, lacual cumple en la cárcel de Piedra de los Indios en el Departamento de Colonia.Pablo Borrás -sin duda- no podría ser catalogado como un asesino serial. Tampoco es unhomicida masivo, pese a haber arrancado múltiples vidas durante el curso de su únicoaccionar criminal. Su vesánica conducta encuadra en el concepto de asesino itinerante uoportunista; o sea, conforme lo estimarían los expertos en criminología, se trataclaramente de un "Spree Killer".Su intención, además de robar y vengarse, consistía en finiquitar a una única víctima a la
  • 79. cual había elegido desde mucho tiempo atrás. Al toparse en la estancia con la presenciade otras tres personas decidió asesinarlas, para impedir ser denunciado por éstas. 19. JUN 23 Pablo Goncalvez y los crímenes de CarrascoPABLO GONCALVEZ Y LOS CRIMENES DE CARRASCO (Segunda y última parte)María Victoria Williams: La última víctima
  • 80. Dr. Rolando Vomero, uno de los jueces de la causaPablo Goncalvez conducido a la Sede JudicialLAS PRUEBAS QUE LO INCRIMINARONUna vez enterada la opinión pública que este joven era reputado el matador de las chicasAndrea Castro y María Victoria Williams, se propaló el rumor de que el tercer homicidioque le fuera atribuido (el de Ana Luisa Miller) no constituía obra suya, sino que se lohabían endilgado, a fin de resolver de hecho un misterio que venía, desde largo tiempo,manteniendo en jaque a los investigadores. Aún al presente estos recelos persisten. Bastaleer los blogs de internet que tratan sobre el caso para comprobar que muchoscomentarios de usuarios (generalmente anónimos) sostienen la inocencia de PabloGoncalvez con respecto a este asesinato en particular.Sin embargo: ¿con qué pruebas contó el magistrado de esa causa penal para imputarletambién la consumación de este óbito?
  • 81. Una evidencia convictiva muy sólida se cristalizó cuando se llevó a cabo la reconstruccióndel crimen de Ana Luisa Miller. Al escenario fatal acudió el sospechoso, junto con lapolicía, el juez, el fiscal y los abogados de su defensa.El cadáver había sido descubierto yaciendo sobre las dunas de la playa de Solymar, aescasos metros de la prefectura naval. El asesino no intentó ocultar a la víctima y, menosaún, sepultarla. El exánime cuerpo quedó en una postura arrollada debido a que fuelanzado desde un pequeño terraplén, cayendo luego de ser empujado por la abierta puertadel acompañante del vehículo en que lo transportaron.Aquel coche (propiedad de la muchacha) quedó estacionado de determinada manera, yfotografías forenses tomadas a las huellas producidas por sus neumáticos así lodenotaban. Vale decir, que el rodado no podía quedar detenido de cualquier manera paracoincidir con la forma en que se encontró el cadáver, y desde dónde el mismo fueraarrojado. Al iniciarse la reconstrucción forense el indagado solicitó al juez que lo autorizaraa conducir el automóvil policial que lo había trasladado hasta allí y, después de maniobrarcon él, lo posicionó con precisión en el lugar, y de la forma, en que se efectuó en el acto dedesembarazarse del cuerpo del delito, según los registros del expediente penal.Esta acción la realizó por iniciativa propia el encausado, ante testigos y con las garantíaslegales. No parecería válido aducir que se estuviera frente a una prueba "plantada", uobtenida mediante apremios. Se trataba, a su vez, de una evidencia de aquellas que "sóloel culpable podía conocer".En el dorso de las manos y sobre los puños de esta joven, la autopsia, a cargo del Dr.Guido Berro, constató marcas coincidentes con las huellas que imprimieron en su piel lasligaduras que le fueron practicadas previo a trasladarla inconsciente hasta la playa deSolymar donde se la ultimara. Pablo Goncalvez declaró haberla atado valiéndose de loscordones de sus zapatos náuticos. Tales cordones consisten en unas delgadas tirillas decuero, aptas para dejar trazas semejantes a las detectadas sobre los puños y el dorso delas manos de la desafortunada mujer.En los otros dos casos las pruebas se mostrarían también concluyentes.El sepultado cuerpo de la adolescente Andrea Castro lucia una corbata a franjas blancas yverdes anudada en su cuello. No resultó estrangulada por medio de dicha prenda, sino quefue sofocada manualmente hasta serle quitada la vida. La colocación de la corbataentrañaba una ritualidad inherente a un crimen ejecutado por un homicida secuencial.Implicaba una suerte de "marca personal" o "sello" impreso por el victimario sobre su presahumana.Pues bien, durante el allanamiento de la vivienda del sospechoso -legitimado por ordenjudicial y con garantías procesales- se incautó una fotografía de niño de Pablo Goncalvezportando una corbata análoga. Más aún, se ubicaron otras prendas de igual corte ysimilares colores. Todas componían una colección expedida por una fábrica inglesacerrada treinta años atrás y propiedad del diplomático Hamlet Goncalvez, padre delindagado. Estas prendas se vendían en conjuntos de tres, y faltaba una de ellas dentro deljuego. Este dato apunta, con un grado de probabilidad casi absoluta, a que la corbatarestante no podría ser otra sino la encontrada en torno al cuello de la infortunada víctima.En cuanto al crimen de María Víctoria Williams, fue determinante la proximidad entre lafinca del encausado y el inmueble donde residía la chica. La joven desapareció en el cortotramo que discurría de su domicilio a la parada del ómnibus, cuando esa lluviosa mañanadel 8 de febrero de 1993 se dirigía a su trabajo. No se advirtieron signos de lucha ni se lavio subir al automóvil de algún extraño, lo cual hubiera sido contrario a los recatados
  • 82. hábitos de esta muchacha. María Víctoria no se iría con un extraño, pero sí (en gestosamaritano acorde a su noble personalidad) aceptaría ingresar a la casa de su vecino,quien le urgiera a ayudarlo pretextando que su anciana abuela había sufrido un ataque.Asimismo, en deposiciones formuladas a la policía el requerido manifestó haber arrojadopertenencias de sus víctimas en un baldío sito en el barrio de Maroñas, a saber: una libretade notas de Andrea Castro, así como una agenda parcialmente quemada y un monederode María Victoria Williams. En presencia del juez Dr. Rolando Vomero y de integrantes dela Policía Técnica, tales recaudos se recogieron del sitio previamente indicado.Por último, cabe recordar que el detenido confesó la comisión de los asesinatos en sedepolicial y luego ratificó -aportando profusos detalles- sus relatos frente al juez, el fiscal y elactuario del juzgado; y en presencia de sus dos iniciales abogadas defensoras. Se desdijoposteriormente, después de cambiar de patrocinio legal, y mantiene esa negativa hasta elpresente. 20. JUN 19 Pablo Goncalvez y los crímenes de CarrascoPABLO GONCALVEZ y LOS CRIMENES DE CARRASCO(PRIMERA PARTE)
  • 83. El imputado en prisiónSu rostro de aire intelectualEl detenido conducido al JuzgadoSEMBLANZA DE PABLO GONCALVEZ y BREVE RESEÑA DE
  • 84. LOS HOMICIDIOS QUE SE LE ATRIBUYEN.Pablo José Goncalvez Gallarreta nació en España, en Bilbao (Viscaya) el 6 de marzo de1970 cuando su padre, el diplomático Hamlet Goncalvez, cumplía funciones representandoa nuestra nación ante la Madre Patria. Desde sus nueve años se afincó en Montevideo, enel barrio Carrasco.No obstante, parte de su niñez y su adolescencia la pasó fuera de Uruguay debido a lalabor diplomática de su progenitor, conociendo varios países, a saber: Suecia, Brasil,Paraguay y Perú. En nuestro país cursó la primaria en el colegio Christian Brothers.Culminó sus estudios en el liceo público no. 15 de Carrasco, y posteriormente ingresó a laFacultad de Ciencias Económicas. Su padre falleció el 16 de julio de 1992, hecho quehabría repercutido en la eficacia de sus estudios, mermando su normalmente altorendimiento curricular.Hasta mediados de 1991 tenía novia estable. En su amplia casa sita en la calle Lieja habíainstalado un taller de reparaciones de motos en sociedad con otro joven.Su inicial entredicho con la ley lo tuvo al ser denunciado por una empleada de veintiochoaños de la desaparecida mutualista Cima España. La denunciante adujo haber sidoviolada por el joven, tras ser amenazada con un revólver y luego amarrada al asiento delacompañante del vehículo de aquél por medio de un juego de esposas. Ese día era feriadoy no había locomoción pública, por lo cual ella aceptó la invitación del conductor, quien seofreciera a acercarla hasta su trabajoComo prueba la mujer presentó la cédula de identidad del acusado, pero el muchachologró salir indemne al declarar que la relación sexual fue consentida, y que ella le habíahurtado la billetera. Fue cuestión de palabra contra palabra. No quedó registradoantecedente penal, pero la policía tomó conocimiento del hecho, y esa tacha enfocaría lassospechas rumbo a la persona de Pablo Goncalvez cuando, tiempo más adelante,comenzaron las pesquisas emprendidas a raíz de una retahíla de homicidios.A pesar de que terminó constituyendo el último de los crímenes en resolverse, el primerode ellos en orden cronológico lo representó el cometido contra Ana Luisa Miller Sichero.Ésta era una muchacha de veintiséis años, hermana de la renombrada tenista PatriciaMiller, licenciada en historia y docente en ejercicio. Residía en Carrasco junto a sus padresy dos de sus hermanas. Estaba de novia con Hugo Sapelli, ingeniero de veintinueve años.Su cadáver apareció denotando signos de haber padecido una muerte mediantesofocación, con hematomas en el rostro y arrojado sobre las dunas de la playa de Solymara escasos metros de la prefectura naval, próximo a la hora 8 del 1 de enero de 1992. Lahabían conducido hasta ese sitio trasladándola en su propio coche, el cual horas mástarde resultó abandonado por su agresor a una cuadra de donde se asentaba el domiciliode Pablo Goncalvez.La segunda víctima la conformó Andrea Gabriela Castro Pena, de quince años. Vivía consus padres en Malvín, y cursaba cuarto año de secundaria en el liceo no.20. La asesinaronel domingo 20 de septiembre de 1992 luego de salir del club bailable England. También
  • 85. devino victimada en el interior de un coche, y falleció a consecuencia de la asfixiaprovocada por un agresor que aplicó sobre su garganta enérgicas maniobras desofocación.A manera de ritual, su matador le enroscó alrededor del cuello una corbata a franjasblancas y verdes. Cabe destacar que en una fotografía de niño el luego imputado lucía unaprenda semejante a aquella, y en el allanamiento de su morada localizaron juegos decorbatas de la misma marca y estilo.El cuerpo sin vida de la adolescente se descubrió parcialmente sepultado bajo la arena deuna playa en el balneario de Punta del Este, yaciendo dentro de una precaria tumba que elperpetrador cavó con sus propias manos.La última presa humana fue María Victoria Williams, de veintidós años. Era oriunda delDepartamento de Salto, y por entonces residía a una cuadra de la casa del ulteriormentecondenado. Desapareció el 8 de febrero de 1993. Estaba aguardando el ómnibus para ir asu trabajo.Según la versión que en un primer momento proporcionó Pablo Goncalvez a la policía y aljuez de esa causa -Dr. Rolando Vomero-, la vio desde la ventana de su residencia y,cediendo ante un abrupto impulso, salió a la calle a abordarla. La excusa: la abuela delvictimario estaba "enferma", había sufrido un repentino "infarto", se encontraba desmayaday no reaccionaba. El nieto necesitaba auxilio urgente, y la solidaria chica aceptóacompañarlo presurosa.Una vez dentro de la casa, su vecino le habría pedido que tomara el teléfono a fin decomunicarse con la emergencia, mientras él subía al segundo piso para "reanimar" a laanciana. Cuando la joven intentó realizar la llamada resultó agredida por la espalda y, alcabo de un desesperado forcejeo, terminó siendo reducida a través de una férreamaniobra de sofocación manual que le hizo perder la consciencia. Acto seguido, suofensor le colocó una bolsa de nylon en la cabeza y la ató a su cuello, asegurando de esaforma el óbito. 21. JUN 10 Andrei Chikatilo: El "Hannibal Lecter ruso"SEMBLANZA DE ANDREI CHIKATILO:
  • 86. El mayor asesino en serie rusoImpresionante imagen del homicida serial Andrei Chikatilo
  • 87. En los bosques de Rostov aparecieron los cadáveres de algunas víctimasEl rostro de un juvenil Chikatilo, cuando nada hacía presagiar el monstruo en que seconvertiríaAndrei Romanovich Chikatilo nació el 16 de octubre de 1936 en Ucrania, estado integrantede la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y, con el correr del tiempo, gozódel infame mérito de ser reputado el peor asesino en serie ruso de la época moderna. Sulista mortuoria incluye cincuenta y tres homicidios, y fueron hallados cincuenta y doscadáveres de sus víctimas.Encontrado culpable por la referida cifra de homicidios y también, en algún caso, por elconexo delito de violación, resultó condenado a muerte, y finalmente ejecutado, medianteun disparo en la nuca que le fuera propinado en su celda, en el año 1994. Se trataba de unhombre de familia de apariencia normal, casado y con dos hijas.Su asesinato primerizo lo cometió en el año 1978, cuando ya contaba con mas´decuarenta años, y su presa humana la constituyó una niña a la cual quiso violar, pero sunatural impotencia se lo impidió, por lo que encauzó en el apuñalamiento y en la visión dela sangre el único desahogo posible a sus perversos instintos.Otro individuo sobre el cual recaían antecedente penales a causa de un anterior homicidio-Alexander Kravchenko- terminó, por trágico error, siendo condenado a muerte en su lugary, gracias a ello, el verdadero culpable pudo eludir a la justicia ya en su inicial crimen.
  • 88. Continuaría sumando agresiones hasta llegar a perpetrar -tal cual hemos señalado-cincuenta y tres horribles asesinatos.Las carencias del sistema penal y policial soviético dieron alas al trastornado, quiendurante largo tiempo creyó que podía salir impune. El sujeto varias veces fue estimadocomo serio sospechoso, e indagado por las autoridades; aunque logró escapar del peligromerced a una circunstancia casi increíble.La policía buscaba a un ejecutor con determinado grupo sanguíneo en atención al tipo desemen que los médicos forenses habían detectado en los cuerpos de las víctimas, y estehombre constituía uno de esos muy raros casos -literalmente uno en un millón- donde noconcordaba el grupo sanguíneo con el de su esperma. Dado que lo usual consistía enobtener una muestra de sangre del sospechoso, y compararla con las muestras seminalesque disponían del asesino, al no casar las mismas el individuo era puesto en libertad. Susuerte cambió un día -tras otra de sus reiteradas detenciones, pues a menudo losorprendían merodeando por el escenario de los crímenes- cuando a un avispadodetective se le ocurrió que, para mayor seguridad, debía extraerse una muestra de semende Andrei Chikatilo.Una vez practicado dicho examen, y ante el asombro de la policía, se comprobó que sugrupo sanguíneo y el de su esperma eran diferentes, y que su semen efectivamentecoincidía con el hallado en los cadáveres. La pieza que faltaba para incriminar alescurridizo depredador por fin aparecía, y el rompecabezas había sido completado.Esta persona, contra lo que pudiera creerse, no era un demente declarado ni muchomenos, sino que aparentaba ser un ciudadano modelo. A la inversa de lo que podríaesperarse de un marginal desorientado, llevaba una existencia clásica y era miembro delentonces dominante Partido Comunista Soviético. Fungió de maestro en variasinstituciones educativas -aunque al menos dos veces lo expulsaron por conductaindecorosa- y luego desempeñaría el cargo de gerente en más de una fábrica.Precisamente, su trabajo le permitía recorrer bajo las órdenes de sus patronos el inmensopaís.Fue durante sus paradas laborales -especialmente en la ciudad de Rostov, lo cual le valióel innoble mote de"Carnicero de Rostov"- mientras aguardaba la salida de los trenes paravolver al calor de su hogar, donde se dedicaba a seducir con algo de dinero, o por mediode la promesa de darles comida en su "dacha" -casa de campo soviética- a prostitutas,vagabundos, e incluso niños, a los cuales ultimaba con inaudita saña en los bosques deRostov y otras localidades.Conforme le enseñó a los pesquisas, a través de muñecos durante las reconstruccionesforenses de sus tropelías, su método a la hora de finiquitar observaba una pauta regular.Siempre blandía el cuchillo con su mano izquierda, y se conservaba a prudente distanciadel objeto de su agresión, a fin de evitar mancharse con la sangre. Sin embargo, eldepredador mutaba sus tácticas de abordaje letal de acuerdo con la clase de presas queen cada oportunidad escogía.Si se trataba de infantes el asesino los tentaba con chicles, dulces o hipotéticos regalos desellos, videocasetes, o deliciosas comidas que les iría a preparar en su "dacha" imaginaria,siempre situada en la otra punta del camino del bosque. El verdugo había tomado cursos
  • 89. de educación a nivel universitario y trabajó con niños durante muchos años. Quedo claroque, pese a haber fracasado como profesor, sabía muy bien que cosas debía prometer asus víctimas para facilitar el éxito de sus ataques.Si, por el contrario, la víctima elegida era una mujer de baja moralidad o una meretriz, elhomicida le ofrecía dinero o alcohol a efectos de que lo acompañasen a algún sitioapartado. En ocasiones se limitaba a ofrecerles un encuentro sexual. La potencia viril queaparentaba tener el matador las inducía a aceptar gustosas su propuesta sin, por cierto,imaginarse el cruel desenlace que les estaba deparado.Al igual que Jack el Destripador hiciera en Londres a fines del siglo XX, el psicópata rusotambién mostraba el hábito de extraer órganos a los cuerpos de aquellos a quienesferozmente acuchillaba. Y sucedió que, en medio de su extraordinario proceso penal, elultimador serial confesó que consumía esas partes internas humanas, cumpliendo de esemodo con un extraño y místico ritual. Asimismo, este sanguinario maníaco puede serasociado con el Ripperbritánico por el hecho de que, cuando acometía sus desmanes, loscuchillos configuraban su exclusiva herramienta mortal. Fue localizada una terroríficacantidad de estas armas blancas al requisarse su vivienda.De aquí que el sádico comportamiento criminal de Andrei Chikatilo nos recuerda en estepunto los ecos de la conducta del mutilador victoriano quien, en una de sus burlonascartas, se lamentaba por haber extraviado uno de sus "bonitos cuchillos" en el curso desus letales incursiones. JUN 7 Cayetano Santos Godino. El infanticida argentino LA SORDIDA HISTORIA DEL PETISO OREJUDO
  • 90. Cayetano Santos Godino mostrando las cuerdas con que amarraba a losinfortunados niños.Portada del filme "El niño de barro" inspirado en las tristeshazañas del juvenil asesino.Cayetano Santos Godino nació el 31 de octubre de 1896 en Buenos Aires, capital deArgentina, fruto del matrimonio de dos humildes inmigrantes calabrases: Fiore Godino yLucía Ruffo. Tenía siete hermanos: Josefa, Julia, Rosa, Margarita, Antonio, Bambina yJosé. Su progenitor, quien laboraba de farolero, era alcohólico y castigaba a su esposa ehijos. Para peor, había contraído sífilis años antes de nacer el futuro infanticida,
  • 91. padecimiento que contribuyó a la debilidad física y psíquica que signó a la criatura. Otrosrasgos representativos del muchacho los constituirían su muy escasa estatura y dosprominentes apéndices auditivos que le valdrían los apodos de "El Oreja" o "El PetisoOrejudo", alias este último destinado a ser notoriamente recordado en las más negraspáginas del delito.Durante su niñez estuvo varias veces al borde de la muerte por causa de diversasenfermedades; en especial, debido a un agudo cuadro de enteritis. No fue el único hijo deaquella pareja de italianos pobres que sufriría graves afecciones. Su hermano Antonio eraepiléptico y, además, siguiendo el mal ejemplo de su padre, se convirtió en un bebedorirrecuperable. Más tarde se sumaría a Fiore en los castigos aplicados sobre su hermanomenor.Entre sus cinco y diez años el ya por entonces muy peligroso chico asistió a diferentesescuelas de las cuales invariablemente terminaba siendo expulsado, en razón de supésima conducta y de su temperamento intolerable. Raramente concurría a las clases ysolía desperdiciar el tiempo vagando por su barrio.Su primer acometimiento criminal lo llevó a cabo con apenas ocho años el 28 deseptiembre de 1904, cuando atacó a Miguel Paoli de veintiún meses. Ese día,aprovechando un descuido de la madre del infante, lo tomó de la mano y se dirigió con élhasta un baldío próximo a uno de los conventillos que tiempo atrás la familia Godino Ruffohabía ocupado. Llegado a ese lugar golpeó con sus puños al chiquito y lo arrojó sobre unmontón de basura y espinas que allí se acumulaban. Por fortuna, un vigilante de lacomisaría local que recorría la zona se percató de lo que estaba ocurriendo, y frenó laagresión llevándose consigo a ambos menores hasta la estación de policía.Al año entrante Godino repitió su modo de operar y, tras tomar de la mano a una vecinitallamada Ana Neri, la condujo hasta un baldío sito en las calles Loria y San Carlos.Depositó a la niña en el suelo, y con una pesada piedra trató de aplastarle el cráneo. Unpolicía lo sorprendió y salvó a la criatura. Llevaron al ofensor a la comisaría, peroinsólitamente lo dejaron libre esa misma noche.Cayetano tenía un socio con el cual cometía pequeños hurtos (Alfredo Tersi). Era su únicoamigo, lo cual no impidió que, en un arranque de ira, apalease bárbaramente al hermanitode su cómplice, golpeándolo en la cabeza con saña, ataque que estuvo a punto decostarle la existencia al herido.En marzo de 1906 (con menos de diez años) el chico captura en la esquina de las callesJosé María Moreno y Rivadavia a una niña de dieciocho meses y la encamina hacia unterreno baldío. Allí la asfixia hasta quitarle la vida. Luego sepulta el cadáver en una zanja ylo cubre con latas, escombros y basura. Este inicial asesinato no trascendió, y recién seríaconfesado por el matador luego de su arresto.Con diez años el infantil maníaco se lanza a una vertiginosa escalada de violencia. Suspadres no pueden con él, y se destaca por torturar animales y producir incendios. Hsstiadopor los continuos problemas que le trae su hijo, el farolero Fiore lo denuncia a lasautoridades, y se lo recluye en un reformatorio en la Alcaldía Segunda División durantedos meses a partir del 5 de abril de 1906. Una vez salido del correccional, lejos deregenerarse, proseguirá con su sucesión de crímenes.
  • 92. El 9 de septiembre de 1908 secuestra en la puerta de su hogar a Severino Caló deveintidós meses. Lo conduce hacia una acequia de caballos donde sumerge al infantedentro de una tina procurando ahogarlo. Un empleado se percata de la dramática situacióny alerta al dueño del corralón. Entre ambos hombres trabajosamente sacan del agua alniño y aprehenden al atacante, quien intentaba escapar. Detenido en la comisaría, al díasiguiente lo devuelven a su madre.El 15 de septiembre de ese año quema al menor de veinte meses Julio Botte, aplicándoleun cigarro encendido en uno de sus párpados. Logra huir, pero varios vecinos lo identificany se vuelve conocida su peligrosidad. Se libra de tener que enfrentar a la justicia porquelos progenitores de la víctima no lo denuncian.El 14 de diciembre el juez de turno ordena su encierro en la colonia para menoresinfractores de Marcos Paz, correccional donde permanecerá recluido a lo largo de tresaños. Allí aprende a escribir toscamente y, asimismo, se adiestra en la práctica de nuevosdelitos. Además, los castigos de que resulta objeto lo tornan más irrecuperable aún, ycuando recobra su libertad su sed de sangre está en apogeo. El 17 de enero de 1912provoca un incendio en el corralón situado en las calles Corrientes y Pueyrredón. Ocultotras un árbol contempla la intensa labor de los bomberos y disfruta con el caos creado.El 26 de enero de 1912 tiene efecto el suceso policial que el periodismo de la épocacalificó "El crimen de la calle Pavón". Arturo Laurora de trece años fue la víctima, y sucadáver apareció dentro de una casa deshabitada emplazada en dicha calle. Cuandotiempo después se capturó a Cayetano se pensó que era culpable de ese homicidio, puesllegó a confesar la comisión del reato. No obstante, prevalece la teoría de que eldesgraciado Laurora fue ejecutado por "La mano negra", organización delictiva dedicada altráfico de mujeres y adolescentes.El posterior ataque del Petiso Orejudo devino el 7 de marzo de aquel año contra la niñaReyna Bonita Vainicoff de cinco años. El joven criminal lanzó fórforos encendidos sobre elinflamable vestido que lucía la pequeña, la que en breves segundos se convirtió en una teaardiente. Fueron estériles los esfuerzos de un valiente vigilante que se arrojó encima deella tratando de apagar el fuego con una manta. La desgracia se cebó ese día con lafamilia Vainicoff recayendo también sobre el abuelo de la nena. El anciano vio a lo lejos asu nieta envuelta por las llamas y cruzó la calzada corriendo sin mirar para socorrerla, altiempo que un automóvil lo atropelló segándole la vida en el acto.El 8 de noviembre siguiente Godino rapta, mediante engaños, al menor Roberto Russo enla puerta de la casa de éste. En un baldío de la calle Quinto Bocayuba lo agrede cuandopreviamente lo había amarrado con cuerdas que portaba a tal fin. Fue sorprendido en suataque y detenido, pero una vez más escapó impune. Luego de sólo sufrir cuatro días dearresto el magistrado dispuso su liberación el 12 de noviembre. El error judicial costaríacaro a la sociedad. El 16 de noviembre el diabólico adolescente agredió a la niña CarmenGhittoni, a quién había conducido hasta un baldío de las calles Chiclana y Funes. Lacercana presencia de un policía salvo a la menor, y el ofensor huyó sin poder concretar sumalvado objetivo.A fines de noviembre el delincuente prende fuego a dos galpones, pero los siniestrosalcanzan escasa magnitud. Estos atentados frustrados configuran el preludio del más
  • 93. escalofriante de los asesinatos consumados por el infanticida. La víctima será JesualdoGiordano. El 3 de diciembre de 1912 el psicópata observa al chiquito jugando en la puertade su casa en Progreso 2585. Lo tienta prometiéndole entregarle caramelos, y logra que loacompañe a hacer un "mandado". Conduce al infante al recodo que une a un muro con laochava de un portón sito en Catamarca y calle 25 de noviembre de 1889. Tras extraer desus ropas unas cuerdas lo ata e intenta estrangularlo. El niño se resiste con desesperacióny, ante la resistencia, el agresor toma una pesada piedra y le aplasta el cráneo. Sale delcubículo y en el recorrido de regreso a su casa ve sobre la acera un gran clavo. Se hacedel mismo y vuelve al lugar del crimen. Para asegurar la muerte de la víctima, usa a modode martillo la piedra que había empleado para golpearlo, y le introduce el clavo en elcráneo.Un niño de nueve años de apellido Peluso y una niña de siete llamada Antonia de Riciinforman a la policía que vieron a Gesualdo mientras era llevado por un chico de cortaestatura y grandes orejas. Los policías ya saben de quien se trata, y en la madrugada del 4de diciembre de 1912 lo aprehenden en el conventillo donde vive con sus padres. Lanoche anterior el pequeño monstruo había asistido al velatorio del niño Giordano, y seaproximó al féretro a fin de comprobar la marca dejada por el clavo en el cráneo deldifunto.La justicia lo consideró en primera instancia como inimputable, aunque por razones deseguridad se lo mantuvo encerrado en el Hospicio de las Mercedes, donde perpetró variasagresiones graves contra menores allí internados. Un año más tarde, en la segundainstancia del proceso, el juez de alzada Dr. Ramos Mejía confirmó la sentencia de noimputabilidad legal. El juvenil infanticida había sido declarado irresponsable para elderecho penal y los informes médicos parecían avalar esa resolución. Pero el 12 denoviembre de 1915, cediendo ante el clamor e indignación de la prensa y el público, lostribunales reabrieron su causa. Se declaró finalmente que al momento de cometer suscrímenes era plenamente consciente y, a partir de tal revisión, fue condenado aconfinamiento por tiempo indeterminado en una cárcel común, tal cual si fuera adulto.El 28 de marzo de 1923 lo trasladan a la prisión de Ushuaia en la gélida localidad sureñade Tierra del Fuego. Allí el preso será el habitante de la celda número 90. Desde 1935hasta su fallecimiento el 15 de noviembre de 1944 estuvo enfermo afectado pornumerosas dolencias.Resultó brutalmente apaleado en aquella prisión al menos dos veces. La leyenda cuentaque pereció de resultas de las lesiones originadas por una última paliza a manos de suscompañeros de cautiverio. Los reclusos trataron de lincharlo en venganza por habertorturado y dado muerte a dos gatitos que eran sus mascotas predilectas.Sin embargo, este rumor nunca fue ratificado. De acuerdo con el reporte del penal deUshuaia, obrante en el archivo del servicio penitenciario, el reo expiró en el hospitalcarcelario a consecuencia de una hemorragia interna derivada de una úlceragastrointestinal que lo aquejaba desde años atrás. Según otras versiones, murió detuberculosis, o por complicaciones a raíz de una pulmonía. 22. JUN 4 Carlos Robledo Puch: El Angel de la Muerte
  • 94. Su juvenil aspecto ocultaba a uno de los peores asesinos.Esta foto muestra su envejecimiento a causa de una larga prisión.
  • 95. El joven criminal recapturado tras su breve fuga.Carlos Eduardo Robledo Puch Habendank recibió por cuenta de la prensa y del público elalias criminal de "El Angel de la Muerte" o "El Angel Negro" (conforme se titula un reciente libro que le dedicó el periodista Rodolfo Palacios (Editorial Aguilar, Buenos Aires, Argentina, 2010). Hizo honor a esos lúgubres apodos, pues ya antes de cumplir sus veinte años habíaasesinado a once personas, aunque es posible que su cuenta mortuoria devenga aún más elevada.Nació el 22 de enero de 1952 en Olivos, Buenos Aires, Argentina, en el seno de un hogar de clase media, siendo sus progenitores Víctor Elías Robledo Puch y Aida Josefa Habendank."A los veinte años no se puede estar sin coche y sin plata", se excusaría el muchacho ante el juez instructor de su causa penal, explicando las motivaciones que lo indujeron a consumar sus homicidios. No constituyó esa la única muestra de desparpajo exhibida por el matador múltiple a lo largo de su proceso. Preguntado por el magistrado sobre el motivo por el cual acribilló abalazos a dos cuidadores mientras éstos dormían cuando -junto con un cómplice - irrumpió para robar en un club nocturno, contestaría: "¿Y qué quería Ud que hiciera? ¿Que los despertara?Cinismo, desprecio por la vida humana -salvo por la suya propia-, desconcertante sangrefría y distanciamiento total con respecto a sus salvajadas, caracterizaron la conducta de este joven delincuente. Y que su existencia era la única que le preocupaba quedó patentizado en más de unaocasión. La única oportunidad en que, tras su primera detención, logró escaparse, eludió durante dos días la búsqueda policial. Sin embargo, dio pruebas de paupérrima organización y cautela.
  • 96. Un grupo de agentes, previamente alertados por una denuncia anónima, localizaron al prófugo quien -aparentemente ajeno al riesgo que corría- se hallaba sentado terminando su almuerzo en un coqueto restaurante de comidas alemanas emplazado en Olivos. Al ver ingresar a los uniformados que se dirigían rumbo a su mesa sintió miedo por su vida. Levantó sus brazos, al tiempo de muy agitado exclamaba: "¡No me tiren. Soy Robledo Puch!", luego de lo cual se entregó mansamente. Sabía que la fuerte difusión mediática que había adquirido su nombre lo protegía. Continúa confinado en el presidio de Sierra Chica hasta el instante en que se escriben estas líneas. No se ha arrepentido, y protesta alegando que la notoriedad alcanzada lo perjudica. También se queja de su juicio, al cual califica de ilegal. "Conmigo no hubo una prueba, una huella ¿Cristo fue culpable de algo? ¡Si no pecó nunca! Ahora, si lo dice Robledo Puch, es un cínico que no está arrepentido. Yo no digo que soy inocente. Soy un condenado, pero quisiera saber algún día en qué se basaron aquellos que me juzgaron", declaró el recluso en una entrevista. Este chico perteneciente a la clase media, cuyo padre fungía de gerente en la fábrica General Motors, y que desde sus quince años asistía con regularidad a misa, y tomaba clases de piano y solfeo, no parecía en absoluto destinado a erigirse en un despiadado y prematuro homicida. No obstante, la providencia tendría para él otros planes y adoptó, a manera de hado fatídico, la encarnación de una mala compañía: Jorge Antonio Ibañez.Este último muchacho era un ladrón profesional algunos años mayor que Carlos Eduardo. Fue él quien le impartió sus primerizas clases prácticas de malviviente despertando en el jovencito el gusto por el dinero fácil, y la enfermiza pasión por el peligro que una vivencia al margen de la ley es capaz de provocar sobre las personalidades no consolidadas. Junto a su maestro en el delito emprendió una secuencia de robos de escasa magnitud,destacándose en esta etapa el atraco a una joyería, donde por vez inicial esgrimió un arma de fuego con la cual amenazó a los empleados, mientras su socio vaciaba la caja fuerte. El 14 de febrero de 1969 hurtó una motocicleta estacionada en la escuela de Artes yOficios de la Plata. A causa de este incidente sus padres se enteraron de las inclinaciones delictivas de su hijo, dado que resultó detenido durante tres semanas en un establecimiento destinado a menores infractores. Al salir del correccional prosiguió con sus actividades ilícitas, y en compañía de Ibañez perpetró varios asaltos, donde su socio llevó la voz cantante en base a su mayorexperiencia como "levantador" de los automóviles que emplean para darse a la fuga luegode consumar cada acto criminal. Ocasionalmente, el propio padre de Ibañez los asiste ensus incursiones, al punto tal de que este hombre devendría procesado en la misma causa criminal. En la noche del 9 de mayo el dúo de atracadores escaló por la pared lindera de una estación de servicio. Acto seguido, saltaron hacia el techo de un negocio de venta de repuestos automotricesdesde donde sorprendieron al encargado de apellido Bianchi y a su cónyuge, los cuales - por entero ajenos al peligro- dormían separados sobre sendos catres. En una cuna ubicada entre ambos lechos descansaba la hijita del matrimonio.Sin mediar palabra, ni aguardar a que sus víctimas despertaran, Robledo Puch les disparó
  • 97. a quemarropa dos tiros en la cara a cada uno. El hombre falleció al instante y la esposa quedó agonizante. En tal estado Ibañez procedió a violarla. Los agresores se dieron al escape creyendo que el infeliz matrimonio había muerto, pero la mujer sobrevivió.A pesar de sus graves heridas, se arrastró por el piso unos cuarenta metros hasta llegar a la estación de servicio donde pudo dar aviso a la policía.Ya en el hospital, brindó una descripción de sus atacantes señalando que uno de ellos era un joven con cabello largo, rubio y ondulado. El 15 de mayo de 1971 la peligrosa pareja de ladrones incurre en un nuevo atentado, ahora contra la boite"Enamour" sita en Olivos. A los fondose de ese boliche bailable discurría un jardín aledaño al río y por allí, en esa desapacible noche otoñal, los delincuentes entraron a través de una ventana. Una vez adentro, comprueban que yacen dormidos los encargados del lugar, Pedro Nastronardi y Manuel Godoy. Nuevamente, a traición y haciendo gala de impresionante sangre fría, el juvenil psicópataacribilla a los durmientes con una ráfaga de explosivos que atraviesan sus cráneos. Ambos agredidos expiraron de inmediato. Otro delincuente novato se une a la pequeña y mortífera banda. Se trata de Héctor Somoza, de diecisiete años, ladrón ocasional que, a su vez, laboraba de cadete en la panadería de su madre. Ahora fue Carlos Eduardo quién se encargó de iniciar en el delito al bisoño compinche, y lo adiestró en el uso del revólver. La pandilla prosiguió concretando hurtos y rapiñas de menguado importe. El 24 de mayo de 1971 copan el supermercado "Tanty". En este caso, el sereno -de nombre Juan Scattone- estaba despierto y salió al cruce intentando ahuyentar a losintrusos. Pero no iba armado, y fue presa fácil para la frialdad vesánica de Robledo Puch, quién le descerrajó dos disparos que le perforaron la mejilla izquierda eliminándolo en el acto. Consumada la agresión fatal, los criminales abrieron la caja registradora repartiéndose el dinero. Antes de huir destaparon una botella de Whisky y brindaron en festejo por su sangriento éxito. El 13 de junio de aquel año, mientras los delincuentes circulaban por la avenida delLibertador en un automóvil marca Dodge, modelo Polara, de color amarillo, avistaron a una llamativa prostituta callejera. Ibañez pidió a su socio que frenase la marcha para abordar a la joven Higinia Eleuteria Rodríguez. Se bajó del rodado y, pistola en mano, obligó a la chica a subir. Tomaronrumbo hacia la avenida Panamericana hasta arribar a la localidad de Pilar, y se detuvieron en la banquina. Arrojaron a su víctima sobre la acera donde el socio la agredió sexualmente. Finalizado el violento coito Robredo Puch la ejecutó a mansalva mediante disparos con su revólver calibre 22. Al alejarse sufren una colisión, tras la cual descienden raudamente dejando el coche abandonado. El vehículo nunca fue recuperado y se piensa que acabó en un desarmadero. Los matadores retornaron tranquilamente a su barrio de Olivos tomando un colectivo. El 24 de junio vuelven a atacar, ahora en la zona de Vicente López. Frente al club nocturno "Katoa", y bajo amenazas con sus armas de fuego, conminan asubir a su coche a una atractiva modelo de veintitrés años llamada Ana María Dinardo, la
  • 98. cual recién salía de visitar la casa de su novio. La muchacha se resiste a la violaciónintentada por Ibañez, y termina siendo ejecutada por los dos asesinos, quienes le disparan simultáneamente con sus pistolas y se dan a la fuga.El 5 de agosto de ese año, un automóvil hurtado por los criminales padece un accidente al estrellarse violentamente en la provincia de Entre Ríos. Se localizó el cadáver de Ibañez dentro del vehículo, con el cráneo destrozado, y se llegó a sospechar que, por razones desconocidas, Robledo Puch habría segado la vida de su socio y fingido el accidente. El 15 de noviembre de 1971 Carlos Eduardo y su secuaz superviviente -Héctor Somoza- se introducen en un supermercado del barrio de Boulogne. Violentando la claraboya deltecho, y sirviéndose de unas cuerdas, descienden hasta el interior del negocio y se dirigen hacia el dormitorio ocupado por el sereno Raúl del Bene. El depredador dispara con su pistola calibre 22 a la cara del empleado provocándole el deceso de manera instantánea. En la noche del 17 de noviembre del mismo año, el dúo se abre paso a la fuerza en la agencia de automotores "Pasquet" sita en la avendida del Libertador. Allí Robledo Puch finiquita a balazos al sereno Juan Carlos Rosas. El 25 de noviembre, el victimario y su cómplice penetran en la automotora Puigmartu y Compañía situada en la calle Santa Fé de la localidad bonaerense de Martínez.Ambos atracadores, muñidos con sus consabidos revólveres calibre 22, ingresan al salón donde -tras aporrearlo ferozmente a golpes con las culatas- dejan exánime al sereno Bienvenido Serapio Ferrini, al cual el ejecutor remata a balazos.El 3 de febrero de 1972, abordan la ferretería industrial Masseiro Hermanos en la localidad de Carupa. A tal fin escalaron por una ventana y, al estar dentro, encuentran al sereno haciendo uso del baño.El implacable ultimador acciona dos veces el gatillo y le dispara a quemarropa en el cráneo asesinando al trabajador, que fallece de forma inmediata. Pero la mayor novedad consistió en qué al día siguiente, cuando los policías arribaron al local, se llevaron la sorpresa de hallar el cuerpo de una segunda víctima desconocida. Esta vez el verdugo también había acabado con la vida de su cómplice, a quien le descerrajó un balazo en pleno rostro.La cara y las manos del muchacho aparecieron con terribles quemaduras causadas por elfuego del soplete que Robledo Puch utilizó a fin de forzar la caja de caudales. Valiéndose de la misma herramienta quemó a su cómplice, mientras éste estaba todavía con vida, según determinó la autopsia. En un bolsillo del pantalón del muerto se localizó la cédula de identidad de aquél, que su asesino había olvidado quitarle.Así fue que, prontamente, el desconocido cadáver resultó identificado como perteneciente a Héctor Somoza, de sólo dieciocho años, y con antecedentes penales por ilícitos menores. Este descuido terminó siendo fatal para el asesino en serie, porque se indagó a los compañeros habituales del fallecido, los cuales aportaron los datos que delataron a su compinche y jefe. Cinco días después del doble crimen, los agentes policiales rodearon la finca donde
  • 99. moraba el joven criminal de cabello rubio ondulado y, a través de un altavoz, le impartieron la orden de entregarse. Carlos Eduardo, de veinte años recién cumplidos, salió con sus manos en alto y fue capturado sin ofrecer resistencia. Lo trasladaron por orden judicial al penal de Sierra Chica, establecimiento penitenciario desde donde protagonizó una evasión en el mes de junio de 1973. Se mantuvo suelto únicamente durante un par de días. Fue aprehendido -como ya señalamos- en un restaurante de Olivos, y se lo condujo de nuevo a la misma cárcel. En ella sigue confinado hasta el presente, y se encuentra alojado dentro del pabellón carcelario número siete, en un espacio reservado a los reclusos homosexuales. Sólo se le conoció una novia durante sus días de libertad, y está comprobado que no participó activamente en las violaciones de las mujeres a las cuales implacablemente victimó. 23. MAY
  • 100. 31 Ted Bundy: El seductor sádico HISTORIA DE UN SADICO: Los crímenes de Ted BundyElegante y seductor: Clásica imagen de Theodore Robert "Ted" Bundy El cadáver del asesino serial
  • 101. Conjunto de fotografías de víctimas de BundyUna chica que hacía autostop constituyó la inicial presa humana de Theodore RobertBundy. Prosiguiendo su frenesí vesánico el psicópata agredió el 4 de enero de 1974 a JoniLenz, a quien introdujo una barra de hierro en la vagina. La muchacha sobreviviómilagrosamente. Menos suerte tendrían siete estudiantes de las universidades de Utah,Oregon y Washington, que desaparecieron durante el verano de ese año. Todas eranjóvenes blancas de larga melena oscura peinada con raya al medio.Los primeros restos óseos se descubrieron en aquel agosto, y pertenecían a Janice Ott y aDenise Nanslund. Los testigos describieron a un sospechoso que avistaron mientrashablaba con las víctimas. Llevaba un brazo enyesado y les había pedido ayuda para subirunos trastos a su coche. El mismo modus operandi de pérfido engaño fue utilizado contraotras desaparecidas, sólo que a veces el desconocido portaba un brazo en cabestrillo, y enotras ocasiones lucía una pierna escayolada.El 18 de octubre de 1974 el cuerpo de una joven de diecisiete años fue hallado con signosde estrangulamiento, sodomía y violación. Era hija de un policía de Utah. A esa altura yano cabían dudas. Cundió la alarma pública y se supo que un asesino en serie acechaba alas féminas. Se diseñó un retrato robot que salió publicado en los diarios de mayorcirculación de Estados Unidos. Un amigo de Meg Sander -antigua novia de Ted- lodenunció a las autoridades, luego de advertir su semejanza con el retrato robot. Pero por
  • 102. entonces Bundy estaba bien conceptuado y la acusación se desestimó.El 8 de agosto de aquel año el homicida sexual cometió su primer error serio. Pretendióasesinar a Carol DaRonch, de dieciocho años, haciéndose pasar por policía de civil. Lachica se subió al coche del supuesto agente pero pronto desconfió. El agresor intentóesposarla, forcejearon, y ella consiguió arrojarse del vehículo en marcha. Antes de que elcriminal volviera en pos de su presa, una pareja que transitaba por la zona en su automóville brindó auxilio. La víctima en estado de shock fue trasladada a la comisaría donde aportólas señas de su atacante.Bundy había fallado esa vez, pero no cejó en su empeño criminal. Cary Campbell fue supróxima víctima el 12 de enero de 1975. Tiempo después, el cadáver de la mujer seríaencontrado con trazas de violación y el cráneo destrozado. En la región donde se localizóaquel cuerpo pronto fueron descubiertos otros dos cadáveres. Pertenecían a quienes envida fueran Susan Rancourt y a Linda Healy, y mostraban signos de haber sufrido unamuerte brutal. Meses después, en Colorado, se ubicaron otros cinco cuerpos femeninoscon trazas de similar vandalismo.El 16 de agosto de 1975 el maníaco conducía su automóvil y no se detuvo frente a unacomprobación policial de rutina. Lo persiguieron y, tras arrestarlo, detectaron dentro de surodado elementos sospechosos que justificaban conducirlo ante un Juez, pues en elinterior del baúl guardaba una barra de hierro, una máscara de esquí, unas cuerdas, y unrollo de alambre. Pensaron al principio que se trataba de un ladrón.Sometido el 2 de octubre a una ronda de identificación lo desenmascararon como elagresor de Carol DaRonch, y también como el sujeto que fuera observado con variasvíctimas momentos previos a sus decesos. Antes de comenzar su proceso criminal logrófugarse. Lo capturaron de inmediato, aunque más tarde volvió a evadirse.En el intervalo que duró su vida de prófugo continuó violando y matando. Atacó a jóvenesmujeres en una residencia estudiantil, y luego vejó y asesinó a una adolescente de doceaños. Una vez más lo aprehendieron y lo llevaron a juicio. En el curso del procedimientopenal pidió, y obtuvo, el derecho a patrocinarse por sí mismo.Disfrutaba con sus actuaciones mediáticas y al sentirse centro de la atención pública. Noobstante, poco podía hacer para evitar la condena. Las pruebas en su contra resultabanaplastantes. Entre otras evidencias, un odontólogo forense demostró que su dentaduracasaba exactamente con las marcas de los salvajes mordiscos impresos en las nalgas deuna víctima. Hallado culpable se lo condenó a la pena capital por catorce homicidiosespecialmente agravados.Durante su encierro trató de retrasar al máximo el instante de su ejecución. Pretendióhaber perpetrado más asesinatos que los acreditados. Suministró datos falsos e inventódetalles, a fin de ganar tiempo con la frustrada búsqueda de esas posibles víctimas. Llegóal colmo de proponer ayudar a la policía en la resolución de otros asesinatos serialescuando el caso de los "crímenes del Río Verde" -una secuencia de homicidios violentoscontra prostitutas- tenía desconcertados a los investigadores.Su hora final llegó el 24 de enero de 1989. Luego de varias apelaciones y alargaderas, TedBundy expiró ejecutado en la silla eléctrica. A los psiquiatras que le examinaron durante suúltima estadía carcelaria les aseguró que mataba para vengarse de su madre, y que elegíaa sus víctimas por su parecido con una antigua novia que lo había despreciado.
  • 103. 24. MAY 27 Peter Sutcliffe: El Destripador de Yorkshire PETER SUTCLIFFE: EL DESTRIPADOR DE YORKSHIRE Imagen de Peter William Sutcliffe. "The Yorkshire Ripper"La parafernalia del crimen: Conjunto de armas requisadas al homicida. Fotografías de abajo: El depredador luego de ser atacado en la cárcel
  • 104. Muy altos atronaron los ecos del recuerdo que las pérfidas andanzas de Jack elDestripador dejaron instaladas en la memoria colectiva de los británicos cuando, en ladécada de mil novecientos setenta, se supo de la existencia de un asesino secuencial que,al igual que su notable antecesor, se caracterizó por mutilar sañudamente a las féminasque finiquitaba, y cuyas despiadadas hazañas mantuvieron en vilo a la población del ReinoUnido.Peter William Sutcliffe se llamaba el mortífero psicópata y, según pretendió -luego de seraprehendido-, asesinaba en la creencia de oír voces que así se lo ordenaban, mientrasllevaba a cabo su labor de enterrador en el cementerio de su natal pueblo de Bingley,situado a doscientas millas al norte de Londres. Una tarde, cuando ejercía su fúnebrelabor, Peter escuchó la voz por primera vez. Se inquietó, y dejó caer la pala con la cualvenía cavando un hoyo para introducir en la tierra el ataud que yacía a sus pies. Siguió eleco, y llegó a identificar de dónde procedía aquel llamado: venía desde la vetusta tumbade un hombre polaco fallecido muchos años atrás.La voz luego se tornó más clara y comenzó a darle consejos, a la vez que lo trataba condeferencia y calidez. Al final de esa jornada mística el joven regresó a su casaenteramente cautivado por esa extraña experiencia. Definió a aquellos sonidos como "Lavoz de Dios", y pensaba que éste lo había elegido para realizar una misión. Al correr de losdías, supo de qué trataba ese cometido: la voz ahora ya no era amable, sino que lemandaba que debía volverse violento y liquidar a todas las rameras posibles, en tantoéstas desvergonzadas eran responsables por la mayoría de las lacras sociales.Aún cuando proclamó que sólo quería eliminar a prostitutas para librar al mundo de lacorrupción, no vaciló en ultimar a mujeres que claramente no ejercían ese oficio. Bastabaque éstas despertasen su deseo de agredirlas y de matarlas. Tal fue el caso de UpadhyaBandara, joven médica oriunda de Singapur, quien se hallaba de paso por Inglaterragozando de una beca. Tampoco se justificó que victimase a Jayne Mc Donald, chica dedieciséis años, empleada de una tienda, ni a Barbara Leach, estudiante de la universidadde Bradford.A pesar de su trastorno psíquico el criminal dejó traslucir suma astucia antes y durante susataques, los cuales, aunque eran brutales, iban precedidos por un minucioso estudio delterreno, y sabía cómo escapar luego de cada acometida. Siempre portaba consigo lasarmas fatales, lo cual da cuenta de planificada organización a la hora de llevar a término
  • 105. los desmanes.A despecho de la intensa cacería emprendida para atraparlo, su captura se debió a labuena suerte de la policía. El 2 de enero de 1981 el sargento Bob Ring y el agente RobertHides se apersonaron al conductor de un automovil mal aparcado. Dentro del vehículo,sentada en el asiento del acompañante, estaba una prostituta. Al chequear la matrícula loscustodios comprobaron que las placas visibles habían sido torpemente adosadas encimade las placas originales, lo cual sugería que el coche era robado. Antes de su arresto elinfractor se desembarazó de las armas, con las cuales planeaba matar a la meretriz,arrojándolas bajo una pila de hojas secas de árbol. Una vez derivado a la comisaría otraspruebas incriminaron al acusado. Allí podía apreciarse un retrato robot del Destripador deYorkshire. Sus asombrados captores no podían dar crédito al chocante parecido queadvertían entre esa imagen y la cara del hombre a quien instantes atrás habían detenidopor el muy menor delito de hurto.No versarían sobre el robo de un coche las preguntas que comenzaron a formularle losinvestigadores, sino por su participación en calidad de autor de alevosos homicidios. PeterSutcliffe cayó en gruesas contradicciones. Después de un maratónico interrogatorio queduró dieciséis horas, acabó confesando plenamente su culpa y aportó certeros detalles desus sádicas tropelías. En primera instancia, la corte que lo juzgó lo condenó a purgarcadena perpetua bajo el cargo de trece homicidios acreditados.Fue llevado a un presidio de alta seguridad donde quedó confinado a partir del mes demayo de 1981. Pero sólo permaneció preso allí durante un año y cuatro meses. Losmédicos psiquiatras que lo examinaron concluyeron que debía pasar a residir en uninstituto destinado a enfermos mentales, y es en el hospital inglés de Broadmoor dondeaún hoy en día prosigue confinado, luego de haber sido transferido desde la prisión deParkhurst. Para la integridad física de este maníaco resultó una bendición su traslado alhospicio, porque en la cárcel común su vida corría serio riesgo.La más grave de las agresiones que sufriera fue a manos de dos indignados compañerosde celda, quienes lo apalearon con saña provocándose heridas en su cabeza y rostro, yestuvo al borde de perder un ojo. La razón de su definitiva internación, y de su previoencarcelamiento, lo constituyeron sus desalmados crímenes. Para consumarlos empleabaun arsenal de instrumentos improvisados muy dispar. Acometía tanto con martillos ycuchillos como con cortafierros y sierras metálicas. Sin embargo, su arma letal favoritaeran los destornilladores, cuyas puntas afilaba y blandía a guisa de puñales.Su encarnizamiento devenía tan atroz que en una autopsia los forenses lograron contarcincuenta y dos puñaladas infligidas al cadáver de turno. Aunque de baja estatura era muyfornido, y el frenesí que lo dominaba cuando emprendía sus asaltos lo tornaba en extremopeligroso. Merodeaba alrededor de sus presas humanas y, en el momento propicio, lasaporreaba con un martillo hasta romperles el cráneo. Cuando podía, derribaba a la mujerpateándola tan ferozmente con su botas de cuero que las marcas de las suelas quedabanimpresas en la piel. Una vez que la víctima estaba indefensa, tendida en el piso, eltrastornado la remataba asestándole golpes en la cabeza y, acto seguido, le infería hondoscortes en el vientre con un cuchillo o mediante un agudo destornillador.En ciertas ocasiones, sustrajo órganos a los cadáveres, crueldad que le valió el motede "Destripador", al cual se adicionaba el nombre de la británica ciudad de Yorkshire,teatro de aquellas inhumanas matanzas.
  • 106. 25. MAY 21 John Haigh: El señor del ácidoJOHN GEORGE HAIGH: EL VAMPIRO DE LONDRES o EL SEÑOR DEL ACIDO Atildado y cínico: John Haigh, el asesino del baño de ácidoLa señora Durand Deacon, una de las víctimas.
  • 107. En la fotografía de abajo:el criminal detenido por la policíaJohn George Haigh asesinó a seis personas adineradas para robarlas, luego de pergeñarsendas estafas. Su modus operandiultimador consistía en introducir los cadáveres dentrode amplios recipientes metálicos, y sumergirlos en un corrosivo baño de ácido sulfúricocon el objeto de diluir todo rastro de los organismos. Esta innoble práctica de exterminio levalió el apodo de "Señor del ácido". Otro seudónimo delictivo con que el periodismo lobautizó fue "Vampiro de Londres", pues concretó sus atentados en la capital inglesa, y sejactó de haber probado la sangre de sus víctimas.El crimen que precipitaría la caída en desgracia de este victimario, y pondría al descubiertosu serie mortuoria, lo representó el consumado en perjuicio de una elegante y obesa damade sesenta y nueve años llamada Olivia Durand Deacon. Esta señora fue vista por últimavez durante la mañana del 18 de febrero de 1949 cuando acudía a una cita con el atildadoMr. Haigh. El caballeroso estafador condujo a la fémina hasta su fábrica instalada en lalocalidad de Crawley, Sussex, con el pretexto de finiquitar los detalles del ficticio negociode manufactura de uñas postizas, en el cual le había propuesto invertir a la acaudaladaOlivia.Resultó el propio Haigh quien, acompañado de una amiga de la desaparecida -la señoraConstantine Lane-, se presentó el 20 de febrero de ese año ante las autoridadesdenunciando la extraña ausencia de su futura socia. El hombre se apresuró a informar queMrs. Durand Deacon no había concurrido al encuentro fijado, y que tampoco volvió nuncaa ponerse en contacto con él. Luego de chequear los antecedentes del denunciante losinvestigadores supieron que aquél era responsable de estafas y timos varios contra
  • 108. mujeres, y este dato determinó que el sujeto fuera citado nuevamente a declarar.En su testimonio el sospechoso afirmó ser director de la empresa Hurslea Product Limited.Pronto se comprobó que esa aseveración era otra de sus falsedades. Lo único ciertoradicaba en que el pretenso empresario arrendaba un espacioso almacén y depósito quedicha firma tenía instalado en la calle Leopold. El gerente de la empresa declaró a lapolicía que John Haigh rentaba ese depósito alegando ser ingeniero, y lo usaba paratrabajo experimental no especificado.El 28 de febrero de 1949 la policía obtuvo orden judicial para revisar el recinto, y en elmismo se ubicaron pruebas que culpabilizaban al individuo. Hallaron varias bombonasmetálicas con etiquetas que indicaban "ácido sulfúrico". También localizaron una bombamanual, un par de guantes de goma y un delantal manchado de sangre, a la vez queadvirtieron salpicaduras sanguinolentas esparcidas sobre la entrada de tierra. Máscomprometedor aún fue el hallazgo de un revolver calibre 38 con rastros de haber sidousado recientemente.Otro documento en apariencia inofensivo -pero que terminaría siendo vital- fue un reciboexpedido por una tintorería en pago por la limpieza de un abrigo de lana persa propiedadde la desaparecida Olivia. Más tarde su supo que las costosas joyas de la dama fueronentregadas a una casa de empeños donde su sedicente socio las había vendido.Mediaban evidencias suficientes para llevar a juicio al sospechoso.El 28 de febrero de ese año el ya factible culpable fue conducido a la misma comisaríadonde escasos días atrás se presentase voluntariamente para denunciar la desapariciónde su asociada. Enfrentado a las pruebas el indagado admitió haberse apropiado de losbienes de la mujer. Trató de ganar tiempo y endosó a los investigadores una versiónfantástica acerca de un supuesto chantaje en se vio implicado, y del cual se excusaba desuministrar más datos para no verse obligado a involucrar a personas inocentes.Pero la confianza del criminal en salir impune estaba cifraba en la ausencia del cuerpo deldelito. Así se lo confesó directamente a los agentes que lo habían detenido: ¿Cómopodrán demostrar que la he matado si no queda ningún rastro de ella?, les preguntó.El matador cometía un grave error, pues aunque hizo desaparecer el cuerpo de su sociamediante el ácido, no todo había desaparecido. Una pericia en el macabro depósito,dirigida por el patólogo Keigh Simpson, acreditó la presencia de una dentadura postizaintacta, unos cálculos biliares, y los fragmentos óseos de un pie de la víctima, que habíanresistido la corrosión a que fueran sometidos. Con pruebas suficientes se inició el procesopenal. La defensa del depredador se aferró al único argumento que le pareció potable:invocar el desequilibrio mental de su patrocinado.El acusado hizo todo lo posible por librarse fingiéndose orate, y alegó creerse un vampiroque bebía la sangre de sus víctimas. Cabía ya hablar de víctimas en plural, dado quepronto se descubrió que Haigh había repetido su esquema ultimador años atrás. Se supode otros cinco decesos, cuyas víctimas desaparecieron aniquiladas a consecuencia delbaño de ácido que el estafador y asesino les propinaba.El inicial homicidio databa de 1944 y fue concretado en desmedro de William Mc Swan,opulento empresario. A este asesinato le siguió el perpetrado contra los parientes del
  • 109. difunto, los jóvenes Donald y Ami Mc Swan en 1946. A su vez, en 1948, el matrimonioformado por el doctor Archibald Henderson y su esposa Rosalie correría igual destino.El victimario adujo haber bebido ritualmente sorbos de sangre de todos estos cadáveres, alos que luego desintegró sumergiéndolos en ácido sulfúrico. Casi parece de más acotarque la defensa basada en enajenación mental no tuvo éxito. Todo indicaba que JohnGeorge Haigh estaba lúcido al momento de inferir sus desmanes. El motivo de suscrímenes consistió en una mezcla de afán de lucro y de perverso placer.En la mañana del lunes 10 de agosto de 1949, en acatamiento de la sentencia impuesta, elresponsable de las criminales desapariciones fue colgado hasta morir. La ejecuciónpública la llevó a cabo Mr. Pierrepoint, el cual era el más célebre de los verdugos oficialesde Gran Bretaña por aquellos tiempos, cuando todavía imperaba la pena capital en esepaís.
  • 110. 26. MAY 18 Henri Landrú: El "Barba Azul" francésHENRI LANDRU: LA INCREIBLE HISTORIA DEL "MATAVIUDAS" Clásica imagen del criminal Henri Desiré Landrú
  • 111. El asesino de señoras en una caricatura de la época.- En la fotografía de abajo: Laejecución pública de LandrúEl pasado siglo XX ha sido, ya desde sus albores, extremadamente pródigo en materia dehomicidas en cadena. Un ejecutor francés que mereció el mote de "Barba Azul" loconstituyó Henri Desiré Landrú. Este hombre menudito y de apariencia sosegada resultóser, no obstante, un muy prolífico matador serial que victimó a diez mujeres y a unmuchacho -hijo de una de sus infortunadas amantes-, y el suyo es recordado como uno delos nombres más tristemente destacados dentro de los anales del delito.El móvil que lo impulsaba a emprender sus fechorías era de carácter económico, puesultimaba para extraer beneficios financieros de las cándidas féminas a las cuales estafaba.En realidad, les provocaba la muerte en procura de impedir ser delatado una vez que lasmujeres timadas se percatasen de haber sido burladas en su buena fe por su prometido. Yes que el individuo las conocía por conducto de anuncios matrimoniales en los cuales sepresentaba como un solitario caballero poseedor de considerable fortuna en busca de unabuena compañera y, tras relacionarse con aquellas que acudían a las galantes citas,lograba hacerles bajar la guardia ganándose su confianza merced a promesas de
  • 112. matrimonio.Henri Desiré Landrú, también apodado el "Mataviudas", nació el 12 de abril de 1869 en elámbito de una familia respetable y de menguados recursos. A sus veinte años dejóembarazada a una prima, Marie Catherine Remy, y se casó con ella. Viviría con su esposay sus hijos hasta el término de su existencia llevando una doble vida. Por un lado, era unesposo ejemplar que proveía a las necesidades de su prole. Pero también poseía unaparte secreta donde se dedicaba a los timos apropiándose del dinero y de los bienes delas víctimas que engatusaba. Nunca se supo a ciencia cierta si su cónyuge y sus hijos erancómplices conscientes de sus delitos. En todo caso, cuando andando el tiempo se juzgó aLandrú, el fiscal se mostró clemente y no levantó cargos contra la familia del acusado.Entre los años 1902 a 1904 incurrió en la comisión de algunos delitos de magra monta quelo condujeron a la cárcel. Su primera pena se le aplicó el 21 de julio de 1904 al ser halladoresponsable de una estafa. Tras este castigo se le impondrían otras sanciones leves,siendo la última pronunciada el 26 de julio de 1914, en víspera de que Alemania declarasela guerra a Francia. Dicha condena no la purgó efectivamente, sino que fue juzgado inabsentia al no poder ser ubicado. La Primera Guerra Mundial estaba a punto de estallar, yproblemas de mayor envergadura acuciaban al gobierno galo, por lo cual su justicia no semolestaba en perseguir a pequeños embaucadores.Mientras permanecía recluido a raíz de uno de aquellos procesamientos recibió la ingratanoticia de que su anciano padre se había suicidado colgándose de un árbol, al no podersuperar el dolor moral y el bochorno producido por la indecorosa conducta de su hijo. Noobstante, el mozo no recapacitó sino que -como vimos- una vez liberado de suconfinamiento volvió a las andadas. Ya por entonces había refinado su modusoperandi delictivo, y se entregó en cuerpo y alma a la innoble tarea de estafar a señorasincautas. La denuncia que radicó una de sus despechadas enamoradas le valió el último ymás prolongado de esos períodos a la sombra.En su nueva estadía en la cárcel el prisionero rumió su venganza contra aquellas ingratasque eran capaces de conducirlo a tan comprometida situación, y adoptó una resoluciónimplacable: para terminar con las denuncias debía acabar con la existencia de lasdenunciantes. Se juró que así obraría en el futuro. A partir de allí perfeccionó su técnicadefraudatoria. Comenzó a poner publicaciones en las secciones de los periódicos dondelos usuarios de ambos sexos buscaban encuentros amorosos. En esos artículos sepromocionaba como un viudo de mediana edad y cómodo pasar financiero deseoso derestaurar su vida relacionándose con una dama de condición semejante.Arribó el año 1914, y con él la Primera Guerra Mundial a la cual su patria se volcaría delleno. El horrible conflicto bélico que costó la existencia a millones de seres humanos yaparejó tantas desgracias devendría, paradójicamente, un ciclo de bonanza e impunidadpara este refinado malhechor. Y es que la policía francesa estaba demasiado ocupadaatendiendo problemas más graves y urgentes que las denuncias por las misteriosasdesapariciones de unas cuantas divorciadas o viudas.El criminal intuía que al concluir la conflagración terminaría asimismo su anonimato. Ahorasí los pesquisas estarían en condiciones de ocuparse de su persona, y de poco le serviríanlos numerosos alias que usaba para despistar y las tretas de las cuales se valía a fin deborrar sus huellas. Tanto es así que cuando su joven amante Fernande Segret -única
  • 113. mujer a la cual parece haber amado y cuya vida respetó- le anunció emocionada que laguerra había por fin concluido, Henri Landrú -cabizbajo y con tono de voz sombrío- lecontestó. "Sé que ahora no lo puedes llegar a comprender, pero esa es la peor noticia quepodrías haberme dado, querida mía"Cierta madrugada de 1919 oficiales de policía golpearon a la puerta de la vivienda parisinadel número 76 de la calle Rochechouart que el ultimador compartía con su novia. Henri,recién levantado, se vistió con prontitud y atendió al detective jefe que le exhibió la ordenjudicial de arresto. Con amable firmeza negó cada una de las acusaciones que los agentesle formularon delante de su atónita amante, la cual no podía dar crédito al ver cómo sellevaban detenido al hombre con quien escasos momentos antes compartía el lecho.El galante verdugo tenía un defecto que a la postre lo condujo a su perdición. Era tanmeticuloso que hasta el mínimo acontecimiento lo anotaba en una serie de pequeñaslibretas de apuntes. En ellas podía leerse desde las compras de comestibles hasta lasfechas cuando hizo desaparecer a una docena de desprevenidas mujeres y a un chico,cuyos nombre había consignado. Todas las prometidas del abominable novio acabaroncon sus cuerpos desmembrados, y sus restos fueron incinerados dentro del horno de unaamplia cocina económica que el verdugo tenía instalada en su chalet de campo en lalocalidad de Gambias. Abundantes datos de sus homicidios estaban relacionados conpulcra caligrafía en las páginas de aquellas delatoras libretitas, y conformaron la primordialprueba esgrimida por la acusación fiscal.El 30 de noviembre de 1921 el jurado regresó a la sala de justicia con el veredicto, y suportavoz leyó en voz alta la fatídica e inapelable decisión. Horas previas a su muerte elpenado rechazó cortésmente los servicios que el Capellán de la cárcel le ofreció paradescargar su conciencia, mientras los guardias esperaban fuera de la celda a fin deencaminarlo hacia el patíbulo. "Debo acompañar a estos señores", se excusó ante elreligioso y, luego de hacer una pausa, con tono melodramático añadió: "La muerte es unadama y no resulta propio de un caballero hacerla esperar" En la gélida mañana del 25 defebrero de 1922 la cabeza guillotinada del "Barba Azul" caería dentro de un canasto en lasala de ejecuciones de una cárcel cuyo frente daba al palacio de Versalles.En el curso de su última estadía en prisión se había transformado en un fenómenomediático tan extraordinario que, en tanto aguardaba su triste destino, el reo recibiódecenas de cartas escritas por admiradores de ambos sexos, y por mujeres que leofrecían amor y le solicitaban matrimonio.
  • 114. 27. MAY 13 TORSO: El descuartizador de ClevelandHorror en Cleveland: Los crímenes de "Torso" Agentes policiales desenterrando macabros hallazgos Mutilado cadáver femenino de una anónima víctima del descuartizador
  • 115. El médico Frank Sweeney fue el principal sospechoso. Fotografía de abajo: Elcélebre Elliot Ness, que persiguió sin éxito al sanguinario psicópata
  • 116. Un tenebroso asesino en serie aterrorizó a la población de los barrios bajos de Cleveland,estado de Ohio, Estados Unidos, durante la década del treinta en el pasado siglo. Losperiódicos lo calificaron con el seudónimo de "El descuartizador de Cleveland", en atencióna la zona donde cometía sus agresiones, y debido al desmembramiento que infligía sobrelos organismos de sus víctimas. Más sencillamente se lo conoció como "Torso" a causa dela extraña y cruel manía que manifestaba, a saber: de los cadáveres sólo aparecían lostorsos, pues a todos ellos les habían aserrado cuidadosamente sus miembros y, además,aparecían decapitados.Los crímenes de Cleveland comenzaron en el año 1934 y el descuartizador jamás fuecapturado. Su perfil concuerda con el de un sádico. Los periódicos también tildaron a esteimplacable psicópata "El loco carnicero de Kinsbury Rum", y entre los meses deseptiembre de 1934 y agosto de 1938 asesinó a una docena de hombres y mujeres, en sumayor parte prostitutas y vagabundos. Decapitaba a las víctimas, y en seis casos lacabeza nunca fue encontrada. En dos ocasiones mató a dos personas a la vez,desmembrando los cuerpos.Elliot Ness, el célebre Policía vencedor del hampa de Chicago, llegó a ocupar el cargo deDirector de Seguridad Pública de Cleveland desde 1935, luego de alcanzar notoriedadgracias a sus brillantes triunfos contra la delincuencia organizada. En declaracionesformuladas a la prensa el jerarca expuso su parecer de que el criminal debía ser unhombre alto y fuerte que poseía un coche y, probablemente, era propietario de una casadonde podía tozar y disponer de los cadáveres sin ser molestado.Las investigaciones practicadas revelaron la existencia de un sujeto cuyas característicasse ajustaban a dicha descripción. Desde los años de la denominada "Gran DepresiónNorteamericana" la localidad de Kinsbury Rum próxima al río en Cleveland se nutrió deabundante cantidad de vagabundos y desocupados que hallaban allí un precario refugio.Esta población iba en aumento al estar en ruta de paso de los ferrocarriles, en cuyasestaciones descendían en número creciente pasajeros desalojados de las grandesciudades.El 5 de septiembre de 1934 fue encontrado el que se llamó "Torso Playero", o sea, uncadáver de mujer decapitado con muñones cercenados a la altura de las rodillas. Nuncafueron rescatados ni la cabeza ni los brazos. la autopsia sugirió que el cuerpo había sidoconservado durante un tiempo en cal. También se motejó a estos restos humanos con elsobrenombre de "La dama del lago".Precisamente un año más tarde, en septiembre de 1935, dos adolescentes se toparon conun segundo cadáver al fondo de una pendiente conocida como "La colina del asno". Setrataba del cuerpo desnudo -excepto por unos calcetines negros que enfundaban losmuñones de las piernas- de un varón caucásico cuyas piernas estaban estiradas y susbrazos yacían a los costados. Lo habían decapitado, sus extremidades estabancercenadas y los genitales arrancados.Al revisar el área los policías detectaron otro cadáver mutilado de igual manera, pero enpeor estado, que mostraba marcas en las muñecas, en indicio de haber sido atado antesde fallecer. Otra señal, más terrible todavía, era que los músculos del cuello estaban
  • 117. retractados, lo que significaba que el hombre se hallaba vivo y consciente cuando lodecapitaron. El cercenamiento fue producto de una sucesión de violentos golpesasestados con un cuchillo en extremo filoso.Dos meses después de arreciar esta ola de crímenes se designó a Elliot Ness para elpuesto de Investigador Principal de la Oficina de Seguridad Pública de Cleveland. En aquelcargo emprendió una decidida campaña para limpiar la corrupción en la policía y en loscuerpos de bomberos locales, y atacar al juego clandestino. A partir del hallazgo del cuartocuerpo despedazado el jerarca se involucró de lleno en la labor. Se ofreció unarecompensa de un millón de dólares a quienes aportaran datos aptos para capturar alhomicida, suma sideral por ese entonces.El ulterior cadáver desmembrado pertenecía al sexo femenino y apareció dentro de unacesta. Uno de los muslos iba envuelto en papel de un periódico editado el día anterior yfaltaban partes del cuerpo, incluida la cabeza. La testa de otra víctima fue descubierta pordos niños de color que paseaban por Kingbury Rum, y estaba oculta dentro de la tela dedos pantalones cortados. Al siguiente día se localizó el resto del cuerpo a unos quinientosmetros de distancia. Se identificó al occiso como un varón joven, alto, deaproximadamente veinte años y con varios tatuajes. Lo habían decapitado mientras aúnvivía.El público estaba aterrorizado. La ausencia de miembros tornaba imposible laindividualización al no existir huellas dactilares ni registros dentales para cotejar. Otracuriosidad del asunto radicó en las cartas remitidas presuntamente por el asesino, lascuales se consideró que provenían de bromistas de mal gusto.El 22 de julio de 1936 una joven de diecisiete años halló otro cadáver desnudo ycercenado que había sido arrojado a un barranco. Cerca de allí se ubicó ropa barata,indicio de que el muerto era un pordiosero que podía estar residiendo provisoriamente enuno de los míseros campamentos afincados en ese lugar. Algunos borrachos yvagabundos describieron a un hombre sospechosos y, en base a estos relatos, se trazó unretrato robot.El 10 de septiembre de ese año un menesteroso literalmente se tropezó con un torsohumano al cual le faltaban la cabeza y los brazos. Los restos habían sido lavados en unacloaca. Según determinó la autopsia, el desmembrado difunto apenas llevaba cinco horasmuerto.En total, al atroz verdugo se le atribuyeron doce homicidios de mujeres y hombres, y sólodos víctimas resultaron identificadas. Hubo varios sospechosos, aunque ninguno de ellosfue enjuiciado. La infructuosa búsqueda duró diez años y los últimos cadáveresaparecieron en 1938. Se especuló por el Juez del condado, Samuel Gerber, que elmatador era un médico, o disponía de conocimientos clínicos sobre disección, y quedrogaba a sus presas antes de ultimarlas.Elliot Ness devino muy criticado por usar tácticas propias de "Los Intocables". Ordenóprender fuego a un asentamiento de desocupados emplazado en la zona. Ardieronbodegas y casas de madera en Kinsbury Rum durante una noche en la cual la policíaarrestó a los lugareños. Esta acción despertó indignación popular, y se dijo que susmétodos brutales delataban frustración ante el fracaso. Más de sesenta sujetos fueron
  • 118. detenidos en esa ocasión, aunque finalmente todos tuvieron que ser dejados en libertadpor ausencia de pruebas.Se apresó, poco tiempo más tarde, a un cirujano que padecía desórdenes mentalesllamado Frank Sweeney, e incluso lo habrían sometido a torturas, pero no mediabanpruebas eficaces de que fuera el asesino. Los crímenes cesaron cuando el acosadomédico se internó por su cuenta en un hospital psiquiátrico. Algunos pensaron que elauténtico criminal aprovechó la oportunidad buscando que se culpase a este hombre en sulugar.El afamado jerarca policial dimitió en 1942 e, insólitamente, se volvió adicto al alcohol pesea haber sido enemigo acérrimo de los traficantes de whisky durante los años de ladepresión. Incluso sufrió un accidente de automóvil mientras conducía en estado etílico.Una década más tarde, el ex jefe recibió en su domicilio tarjetas postales enviadas por elpresunto culpable, donde éste se burlaba y amenazaba con reiniciar la retahíla sangrienta.El casi mítico Elliot Ness falleció el 16 de mayo de 1957, siendo el caso del Asesino delTorso el único que no logró resolver en su larga y destacada carrera en la lucha contra elcrimen.Portada del libro HISTORIAS DE ASESINOS. Texto extraído de dicha obra, pags. 91 a98.
  • 119. 28. MAY 6 H.H. HOLMES. El doctor torturadorLA HISTORIA DE H.H.HOLMES EL MEDICO TORTURADORFotografía del sádico médico que se hacía llamar H.H.HOLMES.El castillo del horror donde el psicópata atormentaba a sus víctimas.
  • 120. Abajo: inocentes víctimas del asesino: Los hijos de Benjamín Pitizel .Herman Webster Mudget nació en el año 1860 en la localidad de Gilmanton, Norteamérica, en una familia honesta y puritana. A muy temprana edad manifestó un interés enfermizopor las mujeres que lo transformó con el tiempo en un obseso sexual y en un sádico. A los dieciocho años se casó con una joven adinerada, Clara Louering. Se aprovechó de la fortuna de su mujer para concluir sus estudios de medicina y obtenersu doctorado con honores en la Universidad de Michigan. Una vez cumplido su objetivo, y dejando a su cónyuge en la ruina, huye y se instala en la casa de huéspedes de una respetable y hermosa viuda que lo mantiene gracias a la renta de su pequeño hotel. Sin embargo, no conforme con los beneficios que recibe, transcurrido cierto tiempo elfuturo victimario múltiple también abandona a esta mujer y se instala durante un año en elestado de Nueva York donde pasa a ejercer su profesión de médico. Finalmente se radicaen al ciudad de Chicago, donde prevaleciéndose de su imagen de hombre distinguido, alto y elegante consigue muchas conquistas amorosas. En sus redes cae una joven bonita y millonaria, Myrta Belknap, pero la chica no corresponde a sus galanteos, razón por la cual, para evitar que se descubra que sigue casado, Mudget decide cambiar su nombre por el de doctor H.H.Holmes. Con su nueva identidad logra desposar a la muchacha. Se transforma en bígamo y, de tal suerte, estafa a la familia de su nueva esposa en cinco mil dólares, cantidad descomunal para aquellaépoca. Con ese dinero mal habido manda edificar una residencia palaciega en la localidad de Wilmette. Entre tanto, y siguiendo su impulso amoroso y su irrefrenable codicia, obtiene el cargo de gerente de una farmacia en Englewood, cuya dueña es una viuda a la cual engatusa fácilmente. Mudget/Holmes se convierte en su amante y logra que ella le deposite su confianza. Valiéndose de un ardid tuvo en su poder la contabilidad del negocio, lo cual le permitió falsificar los libros contables y apropiarse de los fondos. Una vez culminado con éxito el plan delictivo se adueña directamente de la totalidad de los bienes, y hace desaparecer a su incauta enamorada, en lo que posiblemente representaría su inicial homicidio. En el año 1893 estaba próxima a verificarse una importante exposición en Chicago, llamada "La primera feria mundial", y el doctor Holmes pensó que esa devendría la oportunidad de su vida, pues dicho evento iba a atraer a numerosa cantidad de mujeres jóvenes, atractivas, solteras y millonarias. Por medio de una sucesión de estafas compró un terreno y emprendió la construcción de un fastuoso hotel que semejaba una fortaleza medieval (que luego se conoció como "El castillo Holmes").
  • 121. El criminal diseñó personalmente el interior del lugar, dado que las compañías que habían iniciado las trabajos edilicios abandonaron la empresa. De esa forma Herman Webster Mudget resultó el único que conocía los escondrijos de la imponente estructura. Las habitaciones contaban con trampas y puertas corredizas que desembocaban en un laberinto de pasillos secretos, y en las paredes de éstos había mirillas disimuladas desdedonde el vesánico galeno observaba a sus desprevenidas invitadas deambular por la finca. Debajo de los pisos de madera instaló una conexión eléctrica que le posibilitaba, a través de un panel indicador dispuesto en su oficina, rastrear a sus futuras víctimas. Manejaba, además, grifos para bombear gas, los cuales, conectados a las habitaciones, le permitían eliminar a varias mujeres sin tener que moverse de su sitio.Cuando tiempo más adelante los errores incurridos por el terrible cirujano determinaron su aprehensión, los policías que allanaron aquella extraña morada en busca de pruebas se llevarían una sorpresa rayana en el estupor. Descubrieron que el "castillo" había sidoutilizado como cámara de torturas y sala de ejecuciones. Encontraron cámaras herméticas dentro de las que se podía bombear gas, un horno muy grande capaz de contener un cuerpo humano, cubas con ácido, así como habitaciones equipadas con instrumental quirúrgico de disección, y toda la parafernalia de la tortura. Este aberrante artificio estuvo concluido un año antes de inaugurarse la exposición deChicago, el 1 de mayo de 1893, y el doctor Holmes puso en funcionamiento su mansión de los horrores llevando hasta ella a todas las jóvenes solas y ricas que conocía en la feria. Procuraba que éstas residieran en estados alejados a fin de evitar la inoportuna visita de parientes y amigos. Muchas de las féminas fueron atraídas hasta ese recinto mediante promesa de matrimonio, y luego el médico las forzaba bajo tortura a firmar poderes en sufavor donde le cedían toda su fortuna. A otras chicas las asesinaba con el objeto de cobrar los seguros cuyas pólizas obligaba a transferirle. En el macabro hotel las víctimas eran ultrajadas, sometidas a tormento y, finalmente, asesinadas. Acto seguido, el psicópata transportaba los cadáveres sobre montacargas ylos trasladaba hacia los sótanos, donde los disolvía en grandes piletas con ácido sulfúrico o los cremaba dentro de una enorme estufa. Otro método de eliminación consistía en sumergir despojos humanos en cal viva. Todos los artilugios obrantes en el sórdido palacete estaban preparados con el fin de saciar los perversos instintos de su dueño. Había construido una habitación en cuyo interior guardaba abundante cantidad de instrumentos de suplicio. Entre ellos -y aunque parezca increíble- instaló una máquina para hacer cosquillas en los pies, con la cual mataba de risa a quienes así atormentaba. Antes de desembarazarse de los organismos solía desmembrarlos o despellejarlos para practicar bestiales experimentos. Las ganancias que le reportaba su hotel mermaron pronunciadamente al terminar la exposición, por lo que se vio en la necesidad de buscar otras salidas a fin de sanear su empobrecida economía. Elucubró entonces prender fuego al último piso de su mansión, con el propósito de que la compañía de seguros tuviera que pagarle una cuantiosa indemnización de sesenta mil dólares de aquella época. El proyecto delictivo se frustró pues la empresa aseguradora indagó a fondo y constató el fraude.Al quedar en descubierto, se fugó hacia Texas. En esa ciudad cometió varias estafas que lo condujeron por primera vez a la cárcel. Salió bajo fianza y tramó una nueva
  • 122. defraudación. Junto con un cómplice llamado Benjamín Pitizel ideó un plan. Su compañero debía contratar un seguro de vida en la ciudad de Filadelfia y, transcurrido un tiempo prudencial, la esposa de este hombre se presentaría reclamando la prima. Antes la mujer debía concurrir a la policía llevando consigo un cadáver anónimo, previasmente desfigurado, pretendiendo que era el de su infeliz marido muerto en un incendio.No obstante, tal cual era de suponer, el médico se resistió a compartir las ganancias con la beneficiaria. En realidad, su plan siempre consistió en asesinar a su cándido socio fingiendo un accidente, y presentarse él directamente a requerir el importe del seguro. También proyectaba deshacerse de la señora Pitizel y sus dos hijos. Una vez concretadoel homicidio contra su socio, se dirigió a la morgue pretendiendo ser un amigo del occiso y pidió reconocer el cuerpo. Luego buscó a la viuda para que fuese a cobrar el dinero de la poliza.Lo que el estafador no tuvo en cuenta fue que un ex compañero de celda -quien estaba al tanto del complot- iría a delatarlo. La compañía de seguros se negó a abonar, contrató a investigadores privados y denunció el fraude a las autoridades. Los inquisidoresemprendieron una minuciosa pesquisa hasta que el doctor Holmes confesó ser el autor de los crímenes de Pitizel y de sus hijos menores. Aunque muchos policías mancomunaronesfuerzos en pos de la resolución del enigma, el investigador que tuvo el mérito de revelar el caso fue Frank Geyer, quien trabajaba para la renombrada agencia de detectives Pinkerton contratada entonces por la aseguradora. Una vez iniciado su proceso penal Mudget/Holmes sorprendió a fiscales y jueces por suhabilidad para manipular y mentir. Acosado por la esposa de Pitizel a fin de que confesara ser el matador de su marido y de sus hijos trató de disuadirla escribiéndole una melodramática carta, donde terminaba exhortándola:"Ud. me conoce bien señora. No puede creerme capaz de asesinar a niños inocentes sin ningún motivo"El pérfido reo se divertía adjudicándose asesinatos que no había consumado de personas que aún estaban con vida en ese tiempo. De paso, mientras se comprobaba si la información era verídica, lograba retrasar la dilucidación de su juicio criminal. No existeuna cifra segura del número de muertes que provocó. Aunque en unas memorias escritas durante el lapso en que estuvo recluido previo a sus ejecución confesó ser culpable dehaber cometido veintisiete homicidios, las pruebas forenses recogidas en su fúnebre hotel apuntan a que la sumatoria de víctimas podría haber excedido las ciento cincuenta. El "doctor torturador" -alias con el cual lo tildó el periodismo de aquellos tiempos- fue condenado a perecer en la horca por el tribunal de Filadelfia y la sentencia se llevó a efecto el 7 de mayo de 1896. Contaba con la edad de treinta y seis años al momento de acaecer su forzado deceso. * Texto extraído de "Historias de Asesinos" del autor, editorial Carlos Alvarez, Uruguay, 2010, ISBN 978-9974-611-38-2, pags.35 a 39. Portada del libro "Historias de Asesinos"
  • 123. 29. APR 30 Jack el Destripador y la reforma social JACK EL DESTRIPADOR COMO REFORMISTA: TEORIA IRONICAComo un espíritu maligno y vengador ("Némesis de la negligencia") fuerepresentado el criminal por la prensa contemporáneaEl dramaturgo George Bernard Shaw postuló irónicamente la teoría del asesinoreformista
  • 124. El dramaturgo y escritor George Bernard Shaw, contemporáneo a los asesinatos de Jackel Destripador, apuntó, entre otros conceptos, en una carta dirigida alperiódico Star publicada el 24 de septiembre de 1888: "...mientras nosotrosconvencionales Social Demócratas, desperdiciábamos nuestro tiempo en educación,agitación y organización (de las clases bajas) cierto genio independiente tomó el asunto ensus manos y mediante el simple asesinato y destripamientos de cuatro mujeres convirtió ala prensa propietaria en una forma inepta de comunismo...".Shaw hablaba en broma, pero en el fondo no le faltaba alguna razón: lastimosamentetuvieron que acaecer aquellas espantosas muertes para que el pueblo y la sociedadbritánica se despertara, comprendiera la enorme gravedad del drama instalado en susregiones marginales, y adoptase medidas de emergencia a fin de paliar tandesesperanzadora situación.Ocurrió que la masacre cometida en el paupérrimo distrito de Whitechapel y sus aledañospor aquel psicópata victoriano -en tanto emprendió su matanza durante el otoño de 1888,en pleno reinado de la Reina Victoria- revistieron, paradojalmente, algún efecto positivo. Almenos sirvieron a modo de llamado de atención para el gobierno inglés de la época hacialos profundos problemas sociales existentes en el país por entonces más poderoso delmundo. Ello no se hubiera conseguido de no ser gracias a la intensa difusión mediáticaque se le confirió al asunto, y por la tremenda conmoción que esos luctuososacontecimientos generaron.Al poco tiempo, se formarían fundaciones benéficas para auxiliar a los sumergidos de losbarrios bajos, y se aliviarían las condiciones miserables en que malvivían los pobladoresde los suburbios pobres de la zona este de Londres, como el distrito de Whitechapel,donde tuvieron cabida los homicidios. Aún sin habérselo propuesto, Jack el Destripadorlogró sacudir poderosamente a la opinión pública, al punto de dejar al desnudo la miseria ypromiscuidad reinante en los arrabales londinenses. Su tétrica irrupción en escenafomentó la noble labor que venían emprendiendo instituciones caritativas, como el CentroComunitario de "Toynbee Hall" dirigido por el reverendo Samuel Barnett y su esposa.Así sería como -de esa retorcida forma- el atroz criminal devino un reformador positivo desu sociedad o, al menos inconcientemente, cumplió con dicha función. Pese a que casiseguramente se trató de una noción errada, la hipótesis de un "Jack reformista" contó consus adeptos desde el inicio y la prensa no se tomó precisamente a broma los comentariosirónicos del dramaturgo.De tal manera, por ejemplo, el fallecido escritor estadounidense Tom Cullen, en su muydocumentado libro"Otoño de Terror", inicialmente publicado en el año 1964, presenta alRipper fungiendo en el rol de enajenado reformista de su comunidad cuando expresa>."...qué mejor escenario paa sus crímenes que el East End de Londres, suponiendo quedesease despertar la conciencia pública con respecto a la injusticia social... ¿Qué mediomejor para provocar el horror que enfrentar a tales multitudes con manchas de sangre aúnno secas sobre la calzada?... opino que la evidencia interna del caso indica el empleo delosa sesinatos como un medio de protesta social. La prueba radicaría en la reforma que losasesinatos pudieron traer consigo..." (Otoño del Terror, Editorial Ultramar, Barcelona,españa, 1993, pp. 234.).
  • 125. También la autora Judit Walkowitz en su ensayo "La ciudad de las pasionesterribles",ediciones Cátedra,Valencia, España, 1992, pp.428 se hace eco de la teoríareformista, al contar una anécdota que, de ser verídica, apuntala esa tesis. Según parece,una desapacible noche de otoño de 1888 una honesta madre de familia se vio obligada ainternarse por las callejuelas del distrito rumbo al Hospital de Londres, sito en corazón deWhitechapel -y en cuyos alrededores ya se habían consumado algunos homicidios- a finde obtener medicinas para su marido enfermo. A mitad de camino la señora fueinterceptada por un individuo de recia constitución física y aspecto respetablequien: "...después de interrogarla sobre el tipo de emergencia médica que la forzaba a salirde su casa, el hombre misterioso se había dado cuenta de que era "pobre" pero "honrada"y la había dejado ir. A la mañana siguiente se encontró el cuerpo mutilado de unaprostituta a unos doscientos metros de distancia..."Incluso reputados científicos de aquel momento, por caso el médico psiquiatra ForbesWinslow, propusieron que el victimario actuaba movido por una religiosidad enfermiza.Este alinenista victoriano estimaba que el matador constituía: "...un desorientado condogmáticas convicciones religiosas creído de estar llamado a cumplir en la tierra undestino aniquilador (de prostitutas) asignado por Dios...", y así se lo manifestó a la prensa.Pero parece muy claro, no obstante, que las razones del asesino no eran altruistas.Aunque la desconcertante compulsión que lo llevaba a matar una y otra vez continúasiendo objeto de polémica hasta nuestros días, ciertamente habría que descartar cualquierinterés moral detrás de sus destructivos actos.
  • 126. 30. APR 29 Jack el Destripador: Modus operandi y legado criminal El asesino atacando a una víctima según una viñeta contemporáneaEl criminólogo Robert Ressler también expresó su opinión sobre el modusoperandi de Jack the Ripper.
  • 127. Según el eminente criminólogo Robert Ressler la policía se equivocó al diseñar un perfilpara Jack el Destripador y buscar a éste entre individuos de clase alta, cuando el tipo devíctimas y los lugares donde perpetraba sus agresiones señalaban, sin sombra de dudas,que el ejecutor debía pertenecer a la misma zona donde vivían sus asesinadas y ser declase social baja.También consideró que el asesino era desorganizado en su modus operandi, pues setrataba de: "...un hombre perturbado, y cada vez más perturbado con cada nueva víctima.La intensificación de la violencia, las amputaciones y el desorden general que reinaba enel lugar de los hechos eran buena prueba de ello..." (Robert Ressler, "Dentro delmonstruo", Alba editorial, Barcelona, España, 2003, pp.77 y 78)Aunque cabe coincidir con Robert Ressler en que predomina en el modo de operar de estedelincuente un sesgo desorganizado hay, sin embargo, algunas facetas de sus asesinatosque desconciertan, y determinan que pueda ser catalogado como un victimario serial detipo mixto, en el cual confluyen rasgos propios del homicida desorganizado junto conrasgos inherentes al organizado.Resultan aspectos propios de un accionar organizado, la planificación concienzuda yrigurosa de sus ataques. Conocía a la perfección el terreno y sabía dónde se localizabancada una de las posible vías de escape. Asimismo, era evidente que portaba consigo unoo más cuchillos a la hora de acometer sus tropelías; patrones conductuales, todos ellos,sólo dables en un asesino organizado.La paradoja consistió en que efectuaba igualmente actos de jaez casi ritual que claramentese asignan al comportamiento de los matadores en cadena desorganizados. El másnotorio de estos actos residía en las extensas y salvajes mutilaciones que infería postmórtem a los cadáveres. En los crímenes del Destripador no se aprecia el ingrediente debrutalidad y sadismo previo a ocasionar la muerte a las agredidas.No se solazaba en provocarles agonía, ni las sometía a un intenso terror. Se cree que lasdesgraciadas rameras fallecían en forma rápida y "eficaz", merced a un limpio y certerotajo asestado de izquierda a derecha en sus gargantas, con un fuerte y afilado cuchillo queles cercenaba la vena yugular. Tal vez las mujeres habían sido previamente desmayadas,por medio de una enérgica maniobra de estrangulamiento que tenía por objeto hacerlesperder la consciencia para facilitar el corte decisivo pero, al mismo tiempo, ese diestroaccionar conllevaba el efecto de ahorrarles sufrimiento y pánico.El criterio más aceptado se inclina por que Jack the Ripper no era un sádico, no seregodeaba infligiendo miedo o dolor a sus presas humanas mientras estas permanecíancon vida, sino que su primordial interés radicaba en la extracción de órganos, a fin deconservarlos cual si constituyesen trofeos, o para ingerirlos en el marco de un impíoceremonial místico o caníbal.Empero, ya fuese que predominara en él la organización o la desorganización criminal, delo que hay consenso es que se trataba de un conocedor del terreno o coto de caza en elcual operaba. Perpetró sus ataques dentro de un estrecho perímetro equivalente a pocomás de una milla cuadrada, en el distrito de Whitechapel y sus aledaños.Tanto si residía o no en los barrios marginales de Londres, se tornó patente que dominaba
  • 128. perfectamente la configuración de las calles y la localización de los albergues, pensiones ytabernas allí existentes. En particular conocía la manera de evadirse una vez concluidocada avance letal. Estaba al corriente de todos los callejones y las calles que terminabansin salida, y sabía cómo huir desde un patio a otro.En definitiva: ¿Era un ultimador serial organizado?, y gracias a tal talento pudo mantenerseimpune por siempre. O, por el contrario, ¿Fue un asesino secuencial desorganizado? Ylogró el anonimato sólo a causa de su buena suerte, o por ser encarcelado por otrosdelitos, o por fallecer tiempo más tarde.En cuanto atañe a la historia conocida, baste con recordar que durante el transcurso delaño 1889 se fue bajando el telón del drama protagonizado por el criminal y sus víctimas.Aún cuando nuevas mujeres morirían de forma sospechosa, la policía se negó a creer quesus decesos resultaran obra del mismo victimario del año anterior.Mucho se ha fustigado a Scotland Yard, pero vale quebrar una lanza a favor de esa señerainstitución. Nunca buscaron un chivo expiatorio para enjugar su responsabilidad por nohaber podido capturar al verdadero homicida. Y eso que los manicomios de aquelentonces rebozaban de candidatos que pudieron sin dificultad haber sido acusados, ypasar por culpables plausibles.Con el andar del tiempo, otras noticias sensacionalistas ocuparon el puesto dejado por suscrímenes, y la ominosa sombra del Destripador se fue diluyendo paulatinamente. Más nosucedería así con su aciago recuerdo, el cual se instaló dentro del inconsciente colectivocomo arquetipo del terror. Un mundo conmocionado y una sociedad británica aterrorizadaquedaban como testimonio de la locura sanguinaria de Jack.
  • 129. 31. APR 22 Jack el Destripador. ICONO DEL TERROR JACK EL DESTRIPADOR: UN LEGADO DE TERRORImágenes: Arriba. Portada de la edición en inglés de "Gente del abismo". Abajo: Fotografía del insigne escritor Jack London.
  • 130. Representación popular de Jack the RipperLas difuntas que encontraron su patético destino bajo el cuchillo de aquel depredador deestertores del siglo XIX sufrieron la desgracia de haber habitado dentro de uno de lossectores urbanos más conflictivos y miserables de la capital inglesa: el East End; y másprecisamente, en el sumergido distrito de Whitechapel (literalmente: "Capilla Blanca", enhonor a la iglesia homónima allí emplazada). Dicho segmento de la populosa urbe británicafue calificado indistintamente con los motes de "El abismo" o "El infierno", observándoseaquí la nomenclatura que a su respecto acuñase el insigne escritor norteamericano JackLondon.En el año 1902 el artista decidió ir a convivir durante un período con los desamparados enlas callejuelas y los albergues situados en los suburbios de la Inglaterra victoriana pararedactar, cimentado en sólido conocimiento de primera mano, su impresionante alegato dedenuncia social contra las infrahumanas condiciones de vida en el Este de Londres("Gente del Abismo", Jack London)La escabrosa celebridad adquirida por el asesino serial Jack el Destripador se construyó alo largo de un lapso inferior a las diez semanas. De hecho, desde el 31 de agosto de 1888-óbito de la primera víctima canónica- pasando por la llamada "Noche del dobleacontecimiento", y al cabo de aquel octubre, donde su matanza devino novedad deportada en los rotativos británicos, se consolidó su reinado de terror.A partir de la fatal madrugada del 30 de septiembre de ese truculento año, la prensa y elpúblico se enterarían del alias que se había puesto a sí mismo el criminal. Y aún cuando alpresente existen pertinaces recelos de que el inquietante seudónimo se lo atribuyeronperiodistas sedientos por vender noticias, lo cierto fue que en todo el orbe se llegó aidentificar por medio de aquel pegadizo apodo a ese homicida sin parangón.
  • 131. Esas escasas semanas fueron suficientes para que el mundo contara con un nuevo iconodel miedo. Y, tras transcurrir un mes de octubre bajo una tensa calma precursora detempestad, el pánico escalaría hasta sus cotas más elevadas. El 9 de noviembre de 1888el desmembrador concretó la más espeluznante de sus malévolas hazañas cuando en elamanecer de ese día destrozó a Marie Jeannette Kelly, en el interior de un lóbregocuartucho que aquella atrayente cortesana rentaba en la pensión de Miller´s Court, en elnúmero 26 de la calle Dorset.Luego saldría para siempre de escena, esfumándose tan abruptamente cuán repentinahabía devenido su irrupción. Dejaría detrás de sí la sangrienta estela de un puñado dehechos acreditados y las semillas de una persistente leyenda que, de tanto prolongarse enel tiempo, pareciera no alcanzar nunca su fin.
  • 132. 32. APR 6 Los rostros de Jack el DestripadorEN BUSCA DE UN ROSTRO PARA JACK THE RIPPERImágenes:Jack el Destripador según un retrato robot, y la investigadora Laura Richards
  • 133. Modernos estudios en la confección de perfiles psicológicos sobre la identidad ypersonalidad que quién pudo haber sido Jack el Destripador determinaron que, el 20 denoviembre del año 2006, un grupo de expertos en criminalística reconstruyera el contornofacial de ese mítico ultimador en serie.A tal fin se valieron de los testimonios que consideraron más fiables, porque describían asospechosos observados con las víctimas en momentos previos a los atentados de Jack.De allí estos investigadores policiales construyeron una imagen robot de cómo podríahaber lucido el rostro del escurridizo homicida, y recrearon su plausible aparienciafisonómica.Laura Richards, Jefa del Comando de Crímenes Violentos de Scotland Yard fue laencargada de coordinar a un calificado equipo que incluyó a patólogos, historiadores yespecialistas en la elaboración de análisis criminales, entre otros peritos.La evidencia recopilada indujo a estimar que el perpetrador debía contar, en el tiempo enque ejecutó la carnicería, con una edad promedial de entre veinticinco y treinta años, ymedir entre el metro sesenta y el metro setenta de estatura.Además, debía gozar de complexión robusta, portar un poblado bigote negro, lucir cejasespesas y una faz angulosa con acentuados pómulos.Su exterior parecería irreprochable, y para su entorno social daría la impresión de ser unapersona perfectamente cuerda. Aunque en realidad era capaz de alcanzar las cotas deviolencia más explosivas y sobrecogedoras.La apariencia de normalidad que exhibía el sujeto se habría erigido en un factor crucial a lahora de no despertar sospechas, imposibilitando así su captura.El equipo de teóricos concluyó que resultaba casi seguro que el finiquitador morase enforma permanente en la región donde se cometieron las fechorías, pues probablemente setratase de uno de los tantos ocupantes de aquellos atestados edificios sitos en losalrededores de las populosas calles Dorset y Flower and Dean.Los pesquisantes que compusieron su perfil físico coincidieron en señalar que, si lasautoridades a cargo hubiesen contado con la tecnología forense moderna, Jack eldestripador no habría podido escapar impune al accionar de la justicia.El ex Comisario de Scotland Yard, John Grieve, concuerda que si en el presente seefectuase una indagatoria reuniendo todas las descripciones testimoniales se daría con eltipo de fisonomía que tenía la persona buscada por la policía.A partir de ese rostro compuesto podría irse con certeza tras el victimario, en tanto lasautoridades ya disponían de una cara completa sobre la cual centrar su labor. Todosospechoso dotado de tales rasgos fisonómicos sería detenido e indagadoexhaustivamente comprobándose sus coartadas. Cualquier fragilidad de las mismaspondría a los inquisidores en camino firme, y el auténtico culpable no podría eludir sucondena.El citado ex Jefe alabó la profesionalidad del trabajo encabezado por la Jefa LauraRichards, y manifestó que su grupo de peritos llegó más lejos de lo que nadie habíalogrado antes, al punto tal que, si la policía de aquella época hubiese dispuesto de esediagrama psicológico y físico del criminal, les habría bastado con salir a tocar las puertasde las casas del distrito y forzosamente hubiesen aprehendido al responsable.El retrato robot que dio la vuelta al mundo incluye los aludidos rasgos faciales y, en suconjunto, la impresión que provoca es que no se trataba de un ciudadano inglés, y nisiquiera de un anglosajón.Por cierto que no se parece en nada al clásico rostro británico. Por el contrario, el retratorefleja la fisonomía de un extranjero. Representa la faz de uno de los tantos inmigrantesrusos, polacos o judíos, que en las postrimerías del siglo XIX pululaban en los barriospobres ingleses.