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  • 1. Otra Oportunidad 1
  • 2. Otra Oportunidad 2
  • 3. Otra Oportunidad ÍNDICEARGUMENTO...................................................................... 4Capítulo 1 .......................................................................... 5Capítulo 2 ........................................................................ 13Capítulo 3 ........................................................................ 20Capítulo 4 ........................................................................ 28Capítulo 5 ........................................................................ 36Capítulo 6 ........................................................................ 45Capítulo 7 ........................................................................ 53Capítulo 8 ........................................................................ 60Capítulo 9 ........................................................................ 67Capítulo 10 ...................................................................... 74 3
  • 4. Otra OportunidadArgumentoNina ha sido la vecina de Adam Spencer toda su vida; su mejor amigapor casi diez años y su novia durante cuatro meses. En su opinión suhistoria es la de un cuento de hadas. A pesar de que Adam sigatratándola casi igual que antes de que fueran novios, a pesar de queella desee besarlo y él no parezca desear lo mismo. Todo cuento dehadas tiene su villano, aunque Nina nunca se imaginó quien sería el deella. 4
  • 5. Otra Oportunidad —¿Te gustaron los pendientes? —, preguntó mi tía Alexis por elteléfono mientras yo me colocaba uno de sus regalos en el lóbulo de laoreja. —Son preciosos —, le aseguré mientras miraba las pequeñaspiedritas decoradas colgar a un lado de mi rostro. Eran hermosos, con undiseño artesanal, traídos directamente del estado de Chiapas, enMéxico. El nuevo lugar residencia de mi tía y su equipo de voluntarios. —Feliz cumpleaños, cariño —. Sonreí ante el reflejo en el espejo,ella lo había hecho de nuevo, siempre con algo especial para mí, se lashabía arreglado para que los pendientes llegaran el día exacto. —¡Gracias, tia! —, contesté feliz, más feliz que nunca. —Espero que pases un día espléndido, trataré de llamarte por lanoche para que me cuentes todos los detalles jugosos —, bajó su tonode voz haciéndolo un susurro chistoso. —¿Sobre qué tía? —, pregunté riéndome y poniéndome algocolorada. —Sobre lo que hará Adam hoy para ti, tiene que ser algo especial,¿no crees? Es el primer cumpleaños que pasarán juntos siendo novios —,recalcó ella mientras yo cerraba los ojos, pensaba igual y solo deimaginarme mi regalo se me ponía la piel chinita y miles de lombrices(no, no mariposas, para mi sonaba demasiado cursi), miles giraban en miestómago. No pude evitar reír. —Te extraño tía —, le aseguré sinceramente. 5
  • 6. Otra Oportunidad —Y yo a ti cariño —, murmuró. Mis padres me regalaron otra cámara fotográfica, con la cual yaeran quince para mi colección. Esta era especial, el lente teníapequeñas ranuras que permitían captar interesantes juegos de luz ysombras. Salí a la escuela con una sonrisa enorme en el rostro y un solopensamiento en la cabeza. “Él”. Adam Spencer había sido mi mejor amigo por muchos años, vivíaa dos casas de distancia y durante mi niñez casi todos las tardescorreteaba su lado. Cuando cumplí quince me di cuenta de que mehabía enamorado de él, era casi inevitable, Adam era perfecto: sucabello rubio siempre un poco más largo del típico corte, sus ojos azulesque parecían brillar cuando reía, su cuerpo alto y fuerte, sin llegar a serexagerado. Pero no era eso lo que me había hecho amarlo tanto, claroque el que me derritiera con solo verlo ayudaba un poco. Él me hacíasentir especial y no rara o friki, no me criticaba por andar siempre conuna cámara en mano. Me entendía y yo lo entendía a él. Estábamoshechos el uno para el otro. Yo lo sabía, por eso dejé que mi tía Alexis me convenciera dedeclararme. Sí, yo me lancé por todo y él, a pesar de su cara de sorpresainicial, me había dicho que sí, ¡él dijo que sí!, de eso hace casi cincomeses, un sueño. La calle en la que vivíamos estaba conformada de lindas casas acada lado de la acera, me encantaba caminar por ella y oler la brisamatutina o el misterioso viento nocturno. Estaba sacando de mi enorme 6
  • 7. Otra Oportunidade inseparable bolso mi nueva cámara cuando un claxon sonó a miespalda, el jeep de Adam aparcó a mi lado. —¿Qué haces? —, preguntó con una ceja arqueada y una mediasonrisa bailando en sus labios. Yo no pude contestarle, de pronto las manos me sudaban, a vecesno podía creer que él me quisiera como yo lo hacía. —Nueva cámara —, le dije levantando mi mano y él por pocorodea los ojos, lo cual me hizo fruncir el ceño, la guardé sin decir nada yme abrió la puerta del copiloto. Me subí sin necesitar más explicación. —Hola —, saludó dándome un beso en la mejilla y yo asentí,todavía algo confusa, por un momento su rostro había sido el mismo deaquellos que consideraban mi deseo de capturar la belleza como algoridículo. Negué con la cabeza intentando despejarme, Adam no era así,no lo era, estaba segura. —¿Qué pasa? —, preguntó mientras yo lo miraba, le sonreí debuena gana y toqué mi pendiente izquierdo. —Mira —, le mostré acariciando las piedritas con mis dedos. —¿Desde cuándo usas aretes tan vistosos? —, preguntó medio enbroma medio en serio. Sonreí moviendo mi cabeza un poco. —La tía Alexis me los mandó como regalo—, le contestéesperando lo que tuviera que decir él sobre mi cumpleaños. —¿Por qué te enviaría un regalo? —, preguntó en cambio. Yo miréhacia el frente mientras nos acercábamos a la escuela. —¿No lo adivinas? —, le repliqué con una sensación extraña quecomenzaba en el fondo de mi estómago. 7
  • 8. Otra Oportunidad —Nin yo renuncié hace mucho tiempo a entender cómo funcionala mente de tu tía —, bromeó mientras yo me esforzaba por sonreír anteel hecho irrefutable de que Adam había olvidado mi cumpleaños. En cuanto estacionó el auto abrí la puerta y bajé en silencio. —¿Mucha prisa? —, preguntó divertido mientras bajaba. —Sí, algo así, ¿nos vemos en el almuerzo? —, pregunté tratando deexcusar mi conducta. En todos los años que habíamos sido amigosAdam no había olvidado esta fecha, aunque nunca era el primero enfelicitarme, tal vez tenía demasiadas cosas en la cabeza y luego lorecordaría. Me esforcé en creer eso. —Hoy no, los chicos quieren aprovechar el tiempo para un partidorápido —, contestó mientras yo asentía, Adam amaba el futbol siemprelo había hecho y no era la primera vez que anteponía eso al almuerzoo… a mí. Cuando llegué a mi primera clase me senté justo al lado de Lara,era difícil describir a mi única amiga en la escuela, sus ojos estabandelineados de negro, su cabello rubio parecía una explosión de rizoshúmedos que caían hasta su camiseta negra con la palabra“RAMONES” en el frente. Ella se divertía diciendo que era genial estarjuntas, el cielo y el infierno. Ella un pequeño demonio y yo un inocenteángel de mejillas rosadas y cabello castaño. No estaba segura si era bueno ser el querubín. —¡Hola señorita cumpleañera! —, saludó Lara, y aunque estabafeliz porque lo recordara aquello solo formó un nudo en mi garganta. —Hola —, le dije mientras ella fruncía el ceño. 8
  • 9. Otra Oportunidad Tenía entre sus dedos con uñas perfectamente pintadas de negro,una cajita de color azul cielo, la miró y luego a mí de nuevo. —¿Qué? —, preguntó mientras yo parpadeaba. —Nada —, traté de sonreír encogiéndome de hombros. La mirada intensa de sus ojos verdes por poco hace que rompa enllanto ahí, en medio del salón de clases, al final ella soltó un bufido pocofemenino y me tendió la cajita. —Tu regalo —, murmuró mientras yo la tomaba y sin siquiera verlole daba un fuerte abrazo. —Gracias —, susurré al tiempo que ella me daba palmaditas en loshombros. —Muestra de cariño pública, ¡puaj! —, bromeó haciéndome reír. —Yo siempre he dicho que el amor no debe ocultarse —, se burlóDaisy Thompson, la capitana del equipo de porristas y mi mayor temorescolar. Siempre me había molestado pero desde que Adam y yoéramos novios eso se había multiplicado; bromas, chistes ofensivos, etc. Lara creía que Adam podía ponerle un alto, pero yo no deseabaser quejumbrosa, eran mis batallas. El profesor llegó justo antes de que Lara le saltara encima. Regresé a casa caminando pues el partido de Adam se habíaalargado más de la cuenta y los dos sabíamos que el futbol no era lomío, aunque dudo que él hubiera puesto mucha atención cuando ledije que me iba, de nuevo el nudo en la garganta pareció hacerseenorme y me esforcé por pensar en las cosas lindas del día. El regalo de Lara había sido una pulsera de colgantes, en ella miamiga, que repelía las muestras de cariño, me había mostrado todo suamor. Había una pequeña cámara, un ángel y un pequeño demonio, 9
  • 10. Otra Oportunidadtambién un perro, que según Lara representaba a Adam, a lo cual yosolo rodé los ojos. También tenía un corazón y un pequeño león juntos,Lara me había explicado que yo tenía un gran corazón y que esorequería ser demasiado fuerte para que pudiera sobrevivir a la maldadde la gente. Era un regalo precioso. Terminé mis deberes a las ocho de la noche y me disponía aducharme cuando mamá llamó desde abajo. Al final de las escalerasella señaló la puerta y me guiñó el ojo. —Es Adam —, murmuró con una risita y desapareció hacia laestancia. Esta vez cuando lo vi no había nerviosismo, quería estar enojadacon él, pero tampoco podía, simplemente no podía, muy en el fondohabía una tristeza honda que había demeritado los colores de todo ellugar. —Hola —, saludó con ambas manos detrás de la espalda. —Hola —, contesté sentándome sin invitarlo en las escaleras delporche, él se unió unos segundos después. Me troné los dedos en un gesto de nerviosismo y él debió notar lapulsera pues la señaló con su dedo índice. —¿Otro regalo? —, preguntó mientras yo asentía sonriendo ante lapulsera y el tintineo que las figuritas provocaban. —Me la dio Lara, ¿puedes creerlo?, tiene un corazón detallista enel fondo —, le dije mientras él suspiraba, una de sus manos tomó la mía 10
  • 11. Otra Oportunidadpara ver más detenidamente las diferentes figuras. Yo quería más quenada y aunque pareciera tonto, tomar su mano y entrelazarla con lamía, pero él la soltó de nuevo. —¿Por qué no me lo dijiste? —, preguntó. —Que yo sepa no funciona así —, le contesté frunciendo el ceño. —Lo siento Nin, tengo muchas cosas en la cabeza y bueno, no esexcusa, pero… —, se calló y me tendió una caja de chocolates. Igual ala que me había regalado los últimos diez años. Como si nada hubieracambiado —. Feliz cumpleaños —, murmuró cuando la tomé y se inclinópara darme un beso en la frente —. ¿Cómo estuvo tu día? —, preguntódespués de varios minutos de un silencio más bien incómodo. —Normal —, murmuré, aunque quise decirle mucho más. «Normalcomo los últimos meses, tú casi me ignoras, Daisy se burló de mí, Larahabló mal de ti y yo me siento cada vez más sola a tu lado…» Sabía que por simple educación debía preguntarle sobre su día, oel partido, o las clases,… pero ya no tenía ganas, la tristeza habíaaumentado en vez de disminuir, no importaba que él lo hubierarecordado. «Estás muy dramática», necesitaba encontrar la forma de noverme como una niña llorona, no frente a él. —¿No me has perdonado verdad? —, preguntó haciendo que lomirara. —No tengo nada que perdonarte —, le aseguré forzándome asonreír. Adam me miró a los ojos por varios segundos y se inclinó hacia mílentamente con algo de impotencia y enojo en sus ojos azules. —Perdón —, murmuró antes de unir mis labios a los suyos. Enrealidad nos habíamos besado pocas veces y a mí no me preocupaba irlentamente, en nosotros funcionaba bien, o de eso trataba de 11
  • 12. Otra Oportunidadconvencerme, pero los pocos besos que habíamos compartido, esos losrecordaba todos, cada mínimo detalle; la forma como él entreabría mislabios, sólo rozando, la forma en que su lengua delineaba mi labioinferior y se separaba justo cuando la mía salía a perseguirlo. Esta vez algo cambió, no pude detener el sollozo de mi garganta yél me atrajo más hacia su cuerpo, había pasado una mano por micintura sin darme cuenta, nuestras lenguas por fin se unieron, titubeantese indecisas. El beso fue tan lento que parecíamos no querer movernos otener miedo de hacerlo, pero al final él se separó y desvío la mirada. —Me tengo que ir —, aseguró dándome otro beso en al frente,dejándome con la caja de chocolates en las manos y deseando que élquisiera besarme más y no únicamente cuando hubiera hecho algo mal. 12
  • 13. Otra Oportunidad ertenecí al periódico escolar por dos años, todas las fotografías en el eran mías, al verlo impreso sentía una clase de pertenencia con la escuela que no lograba con nadamás. Había quedado con Adam de buscarlo después de entregar eltrabajo sobre el concurso de química que se había llevado a cabo haceunos días. —Gracias por traerlas hoy, Nina —, me dijo Peter con una sonrisa. Era el encargado del periódico, un chico alto de cabello negro yojos enmarcados en gafas de montura gruesa sobre una nariz perfecta,dándole un aire intelectual y misterioso, la mayoría podría considerarlointelectual, pero sabía que había al menos unas cuantas chicas muertaspor él. Aunque solo tenía ojos para una. —No es problema, la fecha de entrega era mañana así que no mepediste un imposible —, le aseguré mientras tomaba mi mochila ycomenzaba a caminar hacia la puerta. —Nina —, llamó removiendo varios papeles de espaldas a mí.Sabía que me preguntaría. —¿Cómo está Lara? —, preguntó apresuradamente, con una flordelicada hecha de papel tornasol en su mano. Peter Smith estabacolgado por mi amiga, lástima que ella lo considerara un aburridocome-libros. 13
  • 14. Otra Oportunidad —Bien, ella está bien, estoy segura que lo comprobaste tu mismo—, le dije con una sonrisa y él sonrió también, sus ojos negros brillaron ynegó con la cabeza. —Soy un caso ¿verdad? —, preguntó mientras yo me encogía dehombros. —Todos lo somos a veces-, le contesté. Me miró un momento tomando mi mano y colocándome la flor enella. —¿Para Lara? —, pregunté incrédula, hasta Peter tenía que saberque eso no sería del agrado de nuestra querida demonio. —Es para ti, feliz cumpleaños...atrasado —, contestó haciéndomesonreír y sí, sonrojándome un poco, me sorprendía que aún después deuna semana se hubiera preocupado por el detalle. —Gracias, es hermosa —, le aseguré y por fin me despedí saliendohacia el pasillo. Caminé hacia la cancha de futbol mirando la flor, me detuve enuna de las esquinas de las gradas, noté como el entrenamientoacababa y Adam era rodeado por Daisy y otras dos chicas más, de lasque no estaba muy segura cuales eran sus nombres. Otro chico llegó yabrazó a una de las chicas desconocidas dándole un beso antes de irhacia los vestidores. Daisy jugaba con su larga coleta rubia mientras seacercaba a Adam, le dijo algo al oído y él solo le sonrió mientras tocabacasi imperceptiblemente el cabello de ella. Un nudo se me atascó en la garganta y de no ser porque él sedespidió con la mano y caminó hacia los vestidores, no sé que hubierahecho, lo más probable, salir de ahí llorando sin poder evitarlo. Esperésentada en las gradas mirando la flor aún en mis manos, la cual habíaarrugado ligeramente, por suerte no había perdido su forma. Trataba de 14
  • 15. Otra Oportunidaddejarlo pasar, pero solo una imagen de ellos dos juntos me llenaba deincertidumbre, si él me viera como la miraba a ella tal vez no habríaproblema, pero no era así, a mí me seguía viendo como a su hermanamolestosa o su amiga extraña, a ella, como la chica de diecisiete conlargas piernas y sonrisa coqueta que ofrecía mucho más de lo que yoquizás podría ofrecer. —¿Qué tienes en la mano? —, preguntó Adam a mi espalda, mesobresalté y guardé la flor en la mochila. —Nada —, le dije mirando hacia el frente, se sentó a mi lado ytrató de tomar mi mochila. Lo miré sintiéndome extraña, solo necesitaba irme a mi casa.Señaló la mochila de nuevo. —Es sólo un regalo de cumpleaños de Peter —, sonreí mientrasfruncía el ceño. Pero al final solo se masajeó su nuca un momento y selevantó. —Vamos —, murmuró mientras yo sonreía sin humor, ¿qué habíaesperado?, ¿qué hirviera de celos como yo un momento antes? Adamno era así, «al menos no conmigo». De camino a nuestra calle, traté de disfrutar de nuestros momentosjuntos, pero él estaba más callado de lo usual y ya había agotado laconversación básica así que saqué mi cámara y bajé el cristalesperando alguna imagen interesante que capturar. —Nina, por favor —, murmuró entre dientes mientras yo tomabauna fotografía de dos niños esperando pasar en un alto del semáforo. Me giré con una sonrisa y la cámara en mano. —Tenía que tener esa imagen —, le aseguré mientras él rodeabalos ojos —. Adam —, llamé y él se giró para ser captado por mi lente. 15
  • 16. Otra Oportunidad Me reí de su cara de sorpresa justo antes de que arrancara el autoapretando la mandíbula. —¡Ya basta! —, dijo molesto y yo fruncí el ceño mirando la cámaraen mi regazo. —No es la primera vez que lo hago —, argumenté —Pues quizás es la primera vez que admito que no me gusta,¿nunca lo has pensado?, vas con tu camarita sin pedir permiso a nadie.¿Qué te da derecho a fotografiarnos? —, terminó mientras yoparpadeaba para alejar las lágrimas que se agolpaban en mis ojos. Los siguientes minutos antes de llegar al frente de mi casa sehicieron interminables e incómodos, por fin cuando aparcó yo guardé lacámara que aun permanecía entre mis manos y acomodé la mochila enmi costado mientras ponía una mano en la manija de la puerta. —Lo siento —, murmuró casi sin voz y yo cerré los ojos, esta vez nosolamente había sido indiferencia, esta vez se había comportado comotodos sus “amigos”, criticando lo que yo amaba. —Siempre he tomando fotos Adam, pero no te preocupes novolveré a tomarte ninguna, soy capaz de entender las cosas, ¿sabes? —,le murmuré mientras él se pasaba una mano por el cabello. —Nin —, me llamó pero yo solo abrí la puerta y bajé. —No te preocupes, nos vemos mañana —, le aseguré cerrando elauto y me giré dándome cuenta que era la primera vez que medespedía sin un tibio beso en la mejilla. 16
  • 17. Otra Oportunidad Hice mi tarea después de cenar, ya había oscurecido cuandoterminaba el reporte de la clase de literatura inglesa. Me cambié lapijama y me puse a mirar las últimas fotografías que había revelado en laescuela, casi siempre juntaba cuatro rollos, uno por semana y miraba lastomas. Había sacado dos el mes pasado de mi novio, al menosoficialmente eso era, mi novio, aunque ya no estaba muy segura, Adamni siquiera se comportaba como uno, no del modo en que yo deseaba,no del modo en el que un chico enamorado se comportaba. Una de las fotografías era de él terminando un entrenamiento,otra, mi favorita, era una de la que no se había dado cuenta, la habíatomado desde lejos, él estaba enfrente de su casa casi perdido en suspensamientos. El teléfono sonó distrayéndome, algunas fotografías cayeron alsuelo mientras me levantaba de la cama para contestar. —Mi papá es un imbécil —murmuró Adam molesto al otro lado dela línea. Todo dentro de mí se revolvió: enojo, alegría, amor, frustración ytristeza. Para Adam seguía siendo la mayor confidente, pero quizás no lamejor novia, me daba miedo que lo notara y que se diera cuenta que lefuncionaba mejor como amiga solamente, quizás su cariño y el mío noeran iguales. —¿Por qué? —, le pregunté sentándome en la cama mirando lasimágenes en el colchón. —Está saliendo con Ana Straford —, contestó entre dientes. —¿La bibliotecaria? —, pregunté por reflejo, entendía la reacciónde Adam, él y su papá habían sufrido mucho cuando su madre murió,justo una semana después de que él cumpliera nueve. 17
  • 18. Otra Oportunidad Y aunque comprendía la reacción de Adam, no podía negar quesu padre merecía otra oportunidad de rehacer su vida. Esperaba que Adam lo entendiera poco a poco. —¿Te lo dijo él? —, pregunté ante su silencio —Sí, salió con ella en una cita, dice que es la primera, pero enrealidad no creo que él no se la haya jodido —, murmuró con tonohosco. —Adam —, le regañé cerrando los ojos. —Lo siento, es solo que estoy molesto —, aseguró mientras yomiraba de nuevo las fotografías, particularmente la de él sentado en suporche. —Voy a tu casa —, le informé antes de colgar. Me puse unos pants y una sudadera antes de bajar hacia la sala. Mamá me permitió salir con la condición de que no tardara másde media hora, obvio omití el hecho que sólo estaría mi novio en sucasa, aunque ¿a quién le debería importar?, hace mucho tiempo yosabía que la relación de los dos no era de esas de los libros en que losenamorados no pueden despagar sus manos uno del otro. Suspiré antemis pensamientos, caminando por la calle, el viento ligero despeinó unpoco mi cabello mientras lo miraba sentado en el porche. —¿Cómo estás? —, pregunté de pie frente a él, a unos pasos. Seencogió de hombros sin mirarme. Sonreí con tristeza, aún estaba dolidacon él, pero lo quería demasiado para mantener la distancia, me sentéa su lado. —Jamás pensé que él pudiera conocer a otra mujer —, susurró. —Lo sé —contesté sin saber muy bien que decir. —¿Por qué? —, preguntó, aunque parecía que no eran para mí susinterrogantes, así que elegí no contestar, solo me quedé a su lado. 18
  • 19. Otra Oportunidad Nos quedamos muchos más minutos de los que me habíanpermitido, en el silencio nocturno, la brisa movía nuestros cabellos perono importaba, yo sabía que él necesitaba sacarlo, pues tampoco seríajusto para el señor Spencer encontrar a su hijo demasiado molesto aúncomo para entablar una conversación honesta. Ellos necesitabanhablar. Adam suspiró y giró su rostro mirándome con una pequeña sonrisa.Levantó su mano y enredó un dedo en mi cabello castaño, un juego dela mente cruel me hizo recordar la forma en que él había hecho casi lomismo a Daisy. —¿Y tu mochila?, son inseparables —dijo un poco divertido, sudedo siguió rozando mi cabello haciendo la situación insoportable, melevanté zafándome de su tenue agarre. —Es tarde, nos vemos mañana —, me despedí girándome. Su mano tomó la mía haciendo que me detuviera, me girélentamente para encontrarlo muy cerca de mí, Adam se veía confuso yun tanto molesto. Por un segundo, uno casi imperceptible, sus ojos sedesviaron a mis labios, podría jurarlo, después regresaron paraencontrarse con mis ojos. —Adiós, Nin, es bueno tener una amiga como tú —, murmuró yambos nos tensamos justo cuando las palabras salieron de sus labios. Hubieran sido las palabras perfectas para una noche en el porche,de no ser porque era su novia y no solo su vieja amiga de la infancia. 19
  • 20. Otra Oportunidad uando llegamos al restaurante de comida rápida en el centro, aún no podía creerlo. Adam señaló una mesa y yo asentí mientras caminábamoshacia ella.Me senté antes de que él señalara la gran hamburguesa del paqueteespecial. —Quiero una de esas, ¿y tú? —, preguntó. —Igual, gracias —, le sonreí y lo miré dirigirse hacia la caja parapedir nuestra comida. Era difícil seguir molesta, aún dolía comenzar a entender queesperaba demasiado de él, más de lo que quería admitir, pero no iba adesperdiciar mi tiempo a su lado, aún más si había sido idea de Adam. Parecía que era como decía la tía Alexis, después de unatormenta el cielo está más azul, hoy había sido uno de esos días buenos;Lara había pegado un chicle en el cabello de Daisy, tal y como ella lohabía hecho con una chica de primero el día anterior, todos oímos loslloriqueos de la porrista mientras llamaba a sus amigas para que fueran asu casa a ayudar con la emergencia, Peter me había propuesto algoestupendo y Adam parecía diferente hoy, a pesar de que no habíamoshablado sobre la noche de hace tres días, todo parecía mucho mejor. —¿En qué piensas? —, preguntó a mi espalda. 20
  • 21. Otra Oportunidad —Estoy contando todas las calorías que esta comida me dejará —,dije en mi mejor acento inglés y él se echó a reír sentándose frente a mí—. Deben ser muchas—, le aseguré remilgada y él volvió a reír, haciendoque deseara besar sus labios entreabiertos. Parpadeé tratando de alejaresos pensamientos, no era el momento, ni el lugar y quizás tristemente, élno pensará en los míos. Para un beso se necesitaban dos. Iba por mi tercera gran mordida cuando él terminó de contarmesobre el entrenamiento, con un entusiasmo quizás demasiado perfecto.Sabía que los problemas con su papá aún no se habían arreglado perono habíamos vuelto a hablar de eso. Respiré hondo dejando lahamburguesa sobre el papel. —¿Hablaste con él? —, pregunté. Ambos sabíamos a quien merefería. Tardó bastante tiempo en contestar, antes mordió su propiahamburguesa, bebió un trago de refresco y miró por la ventana. —No, no más de lo esencial, ¿podemos cambiar de tema? —,peguntó mientras sentía como si me hubiera lanzado lejos. Asentí distraídamente y busqué en mi mente algo para llenar elsilencio. —Peter me contó sobre un concurso de fotografía, es a nivelseccional, está tratando de convencerme para que entre —, le dije conuna sonrisa sincera en el rostro al recordar el entusiasmo del enamoradode Lara. —Pues parece que ya te convenció —, dijo sin mirarme antes devolver a dar otra mordida a su comida. Su tono no dejaba lugar a una contestación cordial. —¿Sabes lo que le pasó a Daisy hoy? — preguntó de repentemientras yo fruncía el ceño. El concurso de fotografía había sido 21
  • 22. Otra Oportunidaddescartado por la porrista, miré la mitad de mi hamburguesa, perdí elapetito —No, sí…creo que sí —, contesté al final y él sólo me miró por unmomento. —¿Qué es lo que crees que le pasó? —, preguntó. —Tal vez alguien le puso un chicle en el cabello — murmuréenfurruñada. Lo miré cuando él bufó. —Por Dios Nina, ¿le pegaste un chicle en el cabello? — preguntómolesto. —Me he perdido, ¿cuándo he dicho que fui yo? — repliqué. —Pareces culpable — aseguró. No pude contar con eso, para bien o para mal él me conocíamejor que nadie y aunque pareciera culpable, me dolía que estuvieratan molesto por algo que le había pasado a Daisy. —No he sido yo, ha sido…Lara y si me preguntas, se lo merecía,ella le hizo lo mismo a una chica de primero ayer —, terminé mientras élse limpiaba los labios con la servilleta. —Vaya, no conocía tus instintos vengativos—, murmurólevantándose. Lo vi ir hacia los sanitarios mientras le contestaba con lavoz entrecortada. —Y yo no sabía que Daisy tenía un protector — murmuré sin que élpudiera escucharme ya, mirando hacia la ventana. Me dejó en mi casa con un adiós tibio. Titubeé al abrir la puerta dela camioneta y a pesar de que una parte de mí se odiara por ello, meacerqué a él y le di un beso en la mejilla al bajar del jeep. 22
  • 23. Otra Oportunidad A fin de cuentas, mi corazón no entendía, seguía queriéndoloigual. Subí a mi habitación y deseé poder hablar con la tía Alexis, deseépoder pedirle consejo, que me dijera que hacer, que me dijera queestaba equivocada y que mis temores eran infundados. Pero ella estabalejos y yo me sentía sola, así que llamé a Lara y la invité a ver unapelícula, saltándome el hecho de que necesitaba hablar con alguien. Ella llegó media hora después, con su habitual look roquero y susvoz educada saludando a mamá, sólo por eso mis padres no se oponíana nuestra amistad, Lara era más ladrido que mordida, casi siempre. —¿No se suponía que tenías una cita sorpresa o algo así? —preguntó ella cuando coloqué el DVD de la película que habíamosescogido, una de zombis, pues ella había ganado el derecho a elegir. “Zombieland” se inició mientras yo me encogía de hombrossentándome a su lado. —No duró mucho —, admití. La película seguía pero en realidad ninguna de las dos estabaponiéndole mucha atención. —Nina, ¿puedo decirte algo sinceramente? —preguntó ellapresionando pausa en el control con una de sus uñas negras. —Puedes y supongo que lo dirás —, le dije forzando una sonrisa yella entrecerró los ojos. —No te hagas la graciosa conmigo—, comenzó —. Nina debesalejarte de Adam—, terminó en voz baja y aquello fue como un baldede agua helada. —¿Cómo puedes decirme eso? —, pregunté molesta. —No estoy diciendo que lo dejes, si se te nota a leguas que muerespor ese idiota, el punto es que él no se ha dado cuenta de lo que tiene, 23
  • 24. Otra Oportunidadcariño y eso a la larga te hará infeliz-, terminó casi apenada y yo neguécon la cabeza. —Él me quiere —, argumenté deseando que fuera verdad. —Querer y ser consciente de ello no es lo mismo — aseguró Laramientras suspiraba y tomaba el control de la TV —. Mira solo piénsalo,¿sí? No me gustaría verte sufrir porque tendría que golpearle y esoameritaría suspensión y mi mamá me la tiene jurada- bromeóhaciéndome reír un poco, puso el play y terminamos la película ensilencio. No pude conciliar el sueño esa noche, cada hora que pasaba mehacía más bolas la cabeza, no fue hasta casi el amanecer que fui capazde tomar una decisión. Tenía que hablar con Adam y contarle todas misdudas, al fin de cuentas aun éramos los mismos amigos de siempre y siquería que nuestro noviazgo fuera verdadero para ambos tenía quehablar con él y decirle lo que me molestaba, y me lastimaba, si él mequería, todo irá mejor… ¿o no? Adam me esperaba fuera de mi casa aprimera hora, me subí al auto y él me dio un beso fugaz en la mejilla. Talvez ese hubiera sido un buen momento para hablar con él perosencillamente no encontraba las palabras, él se veía casi incómodo a milado, como si no supiera que hacer conmigo, lo que era doloroso puestan solo unos meses antes, cuando éramos “sólo amigos”, no había unmomento de silencio tortuoso. Cuando llegamos a la escuela, yo suspiré sabiendo que habíadejado pasar un momento, iba a abrir la puerta cuando él me llamó. —¿Puedes hacerme un favor? —, preguntó con una media sonrisa. —Claro — contesté confusa. —Hoy no más chicles, no es que me oponga a que seas unavengadora enmascarada, es que no me gustaría que Daisy te hiciera 24
  • 25. Otra Oportunidadniñerías —, dijo pasando un dedo por mi nariz casi de manera juguetona,su dedo por poco rozó mis labios antes de alejarse. Mi estómago estaba lleno de lombrices como hacía días no losentía, por un momento estuve segura de que podríamos resolver lo quefuera que nos estuviera pasando, pues él sabía cómo era Daisy de bruja,yo le importaba, y lo más extraordinario de todo, por un momento élhabía vuelto a ver mis labios, no podía estar imaginándolo. Las clases pasaron a un ritmo normal y sin mayores incidentes,salvo el hecho de que Peter me interceptara en el pasillo cuando ibacon Lara a nuestra clase. Lara bufó y Peter se pasó una mano por elcabello, siendo objetivos el chico era atractivo y tenía el ligeropresentimiento que ella pensaba lo mismo, por eso le huía tanto. Peter me preguntó sobre el concurso y yo le dije que entraría másemocionada de lo que lo había estado anteriormente, las cosas conAdam irían para mejor, estaba segura y eso era suficiente para querermirar todo con un lente diferente. Le mandé un mensaje a Adam para saber si se quedaría aentrenar, pero no me contestó, supuse que si ya estaba entrenando novería el móvil en un buen rato así que me dispuse a ir a las canchasdespués de clases, para mi sorpresa no había ningún equipo entrenandoahí. 25
  • 26. Otra Oportunidad Caminé hacia el estacionamiento, golpeándome mentalmentepor no comprobar primero si su auto aún estaba ahí, para mi alivio eljeep seguía aparcado en el mismo lugar donde lo habíamos dejado, asíque me encaminé de nuevo hacia las canchas, empezaría a buscarlodesde ahí. Un chico que también estaba en el equipo, era casi seguro, mesaludó al pasar y yo lo detuve torpemente. —Disculpa, ¿has visto a Adam? — pregunté mientras él me sonreía. —Claro, eres la chica que vive cerca de su casa, ¿cierto? —preguntó mientras yo me esforzaba en devolverle la sonrisa. ¿Así eracomo ellos me veían? O ¿Así era como Adam me reconocía? El chico me indicó que seguía en los vestidores, el entrenamientohabía sido más temprano. Le di las gracias tragando el nudo que asfixiaba mi voz y caminéhacia las canchas, entré al pasillo de los vestidores y me detuve justo alescuchar las voces, un poco antes de llegar a la esquina que girabarumbo a las regaderas. —Daisy, tengo que irme —, murmuró Adam en voz baja. —Sí, sí, tienes que recoger a tu amiguita —, contestó ella riendo. —Dai, sabes que no me gustan estos juegos —, replicó él. —No son juegos, es la pura verdad, ella sólo es eso, una amiga,aunque no entiendo por qué, que tú le hagas creer otra cosa esdiferente —, terminó Daisy mientras yo me tapaba los labios con unamano, como si de pronto pudiera gritar y que ellos se dieran cuenta queestaba escuchando. —No voy a hablar de esto contigo —, replicó él. 26
  • 27. Otra Oportunidad —Sólo contéstame algo Adam, dime: ¿Por qué?, creía quenosotros nos divertíamos antes, y creía que habías dicho que no queríasuna “relación”, que estábamos genial con los besos en tu auto y todoeso, pero de pronto un día ella llega proclamando que es tu novia y tú loaceptas…y me dices que nosotros solo podemos ser amigos,sencillamente no lo entiendo — Daisy había comenzado a subir la voz. Sentía las lágrimas en mis mejillas, sentía como mojaban mi mano.Esperé deseando correr y alejarme pero sintiendo que mi cuerpo sequebraba, incapaz de moverme. —Ella me lo pidió, me pidió que…fuéramos novios, sin que yo loesperara, sin que me dejara tiempo para pensar, solo sabía que nopodía herirla —, comenzó Adam en voz baja —. Así que no me importa silo entiendes o no, fue la opción más sencilla, ser novio de Nina por unosmeses la haría feliz, ella no se merecía decirle que yo no la quiero. Me agaché y ya no fui capaz de escuchar la respuesta de Daisy,casi hincada avancé hacia la salida del túnel y corrí hasta elestacionamiento reprimiendo los sollozos que amenazaban conasfixiarme. Corrí y corrí alejándome de la escuela y de mis sueños, de micuento de hadas y de mi príncipe. Alejándome del villano… Logré parar de llorar antes de entrar a mi casa, sabía que tendríalos ojos rojos y una parte de mi mente ya trabaja en una excusa mientrasque la otra registraba el sonido del móvil llamando. Lo saqué de mimochila y por primera vez, desvié una llamada de Adam Spencer. 27
  • 28. Otra Oportunidad —¿Cómo estás tía? —, pregunté al teléfono con la primera sonrisasincera en días, tal vez si tenía la oportunidad lograría unirme comovoluntaria y me iría de la ciudad, esa sería lo mejor. Era mucho mássencillo que enfrentarme a todo lo demás. —Yo estoy genial, mucho más bronceada que antes, deberíasverme- dijo con una sonrisa en su voz mientras yo apenas alzaba lascomisuras de mis labios. —Me alegro mucho —, murmuré. —¿Te alegras de que me haya tostado toda la espalda? —,preguntó burlona. —No, no de eso, lo siento —, dije sonriendo. —¿Cómo estas cariño?, tu mamá dijo que estás enferma pero teoyes perfectamente para tener la gripe — acusó. Me maldije por no cuidar los detalles, la tía Alexis no creería que unresfriado que me había incapacitado de ir a la escuela por tres días sequitaría de la noche a la mañana. —¿Me creerías si te digo que sucedió un milagro? —, susurré conlos ojos cerrados. —Cuéntame Nina — pidió mi tía con voz suave. Me limpié una lágrima que recorría mi mejilla tan solo de pensar enpronunciar las palabras. —Adam no me quiere — fue todo lo que pude decirle. —Cariño, ¿estás segura? —, preguntó con voz escéptica. 28
  • 29. Otra Oportunidad —Lo escuché cuando lo decía tía, y yo sólo no puedo verlo, noahora, me duele demasiado —, terminé. —Sé que debe dolerte mucho Nina, pero esconderte nosolucionará nada, debes enfrentarlo y preguntarle, al menos haz que lodiga en tu cara, haz que diga que no te quiere, a ver si se atreve —, dijomi tía Alexis como una guerrera llamando a la batalla, me hizo reír entrelágrimas —. Quizás lo sorprendas y te sorprendas—, murmuró. Me despidió haciéndome prometer que no seguiría fingiendoresfriados sólo para huir de los problemas. Pasé el día "recuperándome",mirando por la ventana la mayor parte de la tarde y recordando laspalabras de la tía Alexis: " Haz que diga que no te quiere". A pesar de que el solo hecho de tenerlo enfrente me hacía querercorrer en dirección contraria, la verdad es que deseaba que tuviera elvalor de decírmelo en la cara, que tuviera el valor de decirme que mehabía hecho un favor, quería que él se sintiera tan mal como yo mehabía sentido. Una parte de mí gritaba que eso no era suficiente, pues yo estabaherida muy en el fondo. Yo lo quería, por eso dolía tanto. ¿Y si pudiera hacer que él dijera lo contrario? Que admitiera que me quería, que sentía algo por mí, lo que fuera,solo lo justo para que yo pudiera lastimarlo igual a como él me habíalastimado. Miré como el cielo fue volviéndose oscuro hasta que la nochecayó por completo mientras mi mente seguía trabajando, mi corazón sehabía rendido demasiado lastimado para discutir. Le estaba dejando todo a mi cabeza. ¿Podría hacerlo? ¿Quería hacerlo? 29
  • 30. Otra Oportunidad Sabía en el fondo que lastimar a Adam me lastimaría a mí peroaún así me pasé la siguiente hora buscando el mejor conjunto de ropacon el que pudiera volver a la escuela.Justo antes de ir a dormir mi móvil sonó, él había llamado a la casa estosdías, pero gracias a que yo se lo había pedido, mamá había contestado y le había informado que no era necesario que me visitara. Contesté respirando hondo, mirando la falda sobre el cobertor —¿Hola? — murmuré. —¿Nina? ¿Cómo estás?, te escuchas mejor— dijo Adamprecipitadamente. —Sí, ya estoy mejor, un poco— contesté con voz monótona.El silencio al otro lado de la línea fue de varios segundos. —¿Irás a la escuela mañana? — preguntó finalmente. —Supongo, sólo fue un resfriado Adam, no quedé inválida —,contesté cortante. —No te oyes como tú — admitió después de un rato. —Quizás porque tengo sueño, nos vemos mañana — susurré entredientes. —Buenas noches Nin — alcancé a escuchar antes de colgar lallamada, enterrar el rostro en mi almohada y prometerme que sería laúltima vez que lloraría por él. Me las arreglé para salir casi media hora antes de mi casa para laescuela y así estar segura que no me encontraría a Adam de camino. 30
  • 31. Otra Oportunidad Me dirigí a mi primera clase y me senté a esperar que Lara llegara,dudaba que ella se hubiera tragado del todo lo del resfriado. —¿Fue gripe o cambio de cerebro? — preguntó al llegar hastanuestra mesa. Sonreí sin poder evitarlo, si la había sorprendido a ella ya eraganancia. —Es solo una falda — argumenté rodeando los ojos.-Añadiendo pequeños detalles como que tus zapatos permiten ver lasuñas pintadas de tu pies, el brillo labial y tu cabello perfectamentealaciado; sí, es sólo una falda- terminó ella entrecerrando los ojos. -¿Mevas a decir a qué se debe el cambio?- preguntó después de unosminutos de trivialidades. —¿No me veo bien? — pregunté algo temerosa. —Nina, muero de ganas de verle la cara al idiota de tu novio, peroúnicamente deseo que no lo hayas hecho por él, todo esto debe ser porti, ¿lo entiendes verdad? — preguntó mientas yo me salvaba decontestar ante la entrada del profesor. Después de algunas clases noté a más de una personamirándome, casi sin disimular, la discreción no es el fuerte de unadolescente. Finalmente encontré a Lara justo a la entrada de lacafetería, tomamos nuestra comida y nos sentamos en una de las mesasapartadas. —Ojalá vieras su cara, ¡no vayas a voltear! —murmuró ella minutosdespués mientras yo me quedaba a medio camino de girar mi cabeza. Sabía a quién se refería. Me esforcé por relajar mi postura. —Te ha seguido con la mirada desde que veníamos caminando —, dijo mi amiga con una sonrisa engreída—. Felicidades has dejado conla boca abierta a Adam Spencer- declaró Lara antes de fruncir el ceño. 31
  • 32. Otra Oportunidad—¿Qué? —pregunté.—Se fue —gruñó. Llegué a pensar que todo aquel “plan” sobre vengarme había sidosolo otro de mis sueños imposibles, justo antes de que su mensaje llegarauna clase antes de salir: “te llevo a casa”. Era todo lo que él había escrito. Mi cuerpo se estremeció de puronerviosismo, pero tristemente las lombrices habían desparecido de miestómago. Llegué a su jeep antes que él, solo un momento antes, Peter mesaludó con la mano a varios autos de distancia y yo le correspondí conuna sonrisa. —No parece que hubieras estado enferma— dijo Adam a miespalda y por su tono de voz, la molestia era evidente. Me giré con lamejor sonrisa que pude. —¿También quieres un justificante? —, pregunté en broma y él solonegó con la cabeza, medio sonriendo y murmuró que subiera al auto. Miré por la ventana la mayor parte del camino, reuniendo fuerzas. —Deberías tomarte una foto — susurró él finalmente y yo fruncí elceño mirándolo. —¿Por qué? — pregunté genuinamente confusa. —¿Cómo lo dices?, es algo digno de capturar en una imagen…Aunque sinceramente, no entiendo a qué se debe el cambio — terminó. — A ver si entendí bien, ¿me estás diciendo que me veo bien peroque piensas que debe haber un motivo detrás? — inquirí mientras élsonreía. —¿No fue un muy buen cumplido, verdad? — preguntó con unasonrisa. 32
  • 33. Otra Oportunidad —No buscaba uno- dije encogiéndome de hombros y noté sumirada sin que me permitiera mirarlo de frente. —¿Te aburriste estos días? — preguntó. —No, la verdad es que estuve pensando mucho- admití rezandopara que la voz me saliera firme para las siguientes palabras. -¿En qué pensabas? “¡Bingo!”. —Cosas…como por ejemplo, ¿por qué nunca lo hemos hecho? —pregunté con voz neutra, él dio un volantazo inofensivo pero aún así mehizo tensarme por completo. —Porque somos novios y se supone queestamos deseosos por hacerlo, ¿no? — terminé justo cuando él girabapara avanzar por nuestra calle. —¿En eso pensabas estos días? — preguntó en voz baja sinmirarme. —Sí, ¿tú qué piensas?... ¿por qué no lo hemos hecho? — preguntéesperando que aunque me impidiera terminar con mi plan, él me dijerala verdad: “Porque no te quiero Nina”. —No lo sé — contestó en cambio. Sus ojos buscaron los míos y porun momento no fui consciente de nada más. —Supongo que no importa, ¿cierto? — pregunté mientras mecolocaba la mochila y tomaba la manija de la puerta. —Espera —, murmuró. Me estremecí cuando su mano tomó mihombro, sus dedos se deslizaron hasta mi cuello y me giró lentamente, depronto él estaba demasiado cerca, demasiado. —Adam, yo... No pude terminar pues él me estaba besando; un beso real, unbeso apasionado como en mis mejores sueños, sus manos enmarcabanmi rostro y su lengua buscaba que yo la dejara entrar entre mis labios. Sin 33
  • 34. Otra Oportunidadpoder evitarlo quise probarlo, por un momento olvidé todo y solo pudesentirlo, las lombrices habían regresado, "traidoras", todo mi cuerpoparecía vibrar, nuestros labios se rozaron una y otra vez mientras nosprobábamos. Él murmuró mi nombre bajito y eso regresó todo de golpe, comoun choque eléctrico. Me separé de sus labios y me miró, sin soltarme,pegando su frente a la mía, sin siquiera notar lo tensa que estaba miespalda. —Te extrañé —murmuró con los ojos cerrados y yo no pude evitarodiarlo en ese momento, ¿no era suficiente con estar haciéndome unfavor?, ¿tenía que mentirme también? Me alejé obligándolo a soltar mi rostro y me despedí rápidamenteentrando a mi casa. Quizás era verdad que si jugabas con fuego podrías quemarte,¿cómo iba a hacer que él dijera que me quería para luego dañarlo sicon un solo beso yo me olvidaba de todo?, ¿si con un solo beso todo loque sentía por él inundaba mi cerebro y aún herido mi corazóncomenzaba a latir como loco? Era imposible, casi suicida. Estaba decidida a alejarme de él y olvidarme de venganzasabsurdas que solo lograrían destruirme un poco más. Me pasé la tarde en la habitación evitando a mamá y su sonrisacómplice después de que hubiera admitido que nos había visto por laventana. Estaba a punto de ducharme cuando sonó el móvil. Me obligué acontestar la llamada de Adam pues lo había dejado sonar hasta elquinto timbre y no colgaba. —¿Puedes venir? — preguntó sin más. Yo parpadeé, mirando mihabitación pensando en un “no” sin poder pronunciarlo. 34
  • 35. Otra Oportunidad —¿Por qué? — pregunté en cambio. —Por favor Nina —, pidió casi molesto. Yo cerré los ojos aunque fuiincapaz de callar a mi corazón. —Sólo necesito hacerles creer que me voy a dormir, no haymanera de que me dejen salir, es bastante tarde, ¿está bien?- terminémientras él murmuraba la hora seguida de una maldición. Él dijo algomás en voz baja y luego colgó, fruncí el ceño al móvil y pensé en nomoverme de la habitación, pero supe que eso sería imposible, lo cualdemostraba que jamás podría dañarlo como él había hecho conmigo,lo quisiera o no. 35
  • 36. Otra Oportunidad i escapada duró más de lo estimado… Me despedí para “irme a la cama” después de que mamá corroborara que había cenado algo ligero,acomodé la cama de tal manera que pareciera ocupada y esperé unosminutos más antes de ir al patio trasero y salir por la puerta posterior, tuveque rodear una calle antes de poder llegar a la casa de Adam. Esperaba encontrarlo en el porche, pero el frente de su casaestaba en complete oscuridad. Me coloqué la mochila firmementecontra mi hombro, pensando interiormente que era algo ilógico haberlatraído y me acerqué hasta tocar a la puerta. Él abrió segundos después yme miró casi molesto. —Pensé que no vendrías — murmuró haciendo un gesto con lamano para que pasara, me quedé estática en el porche. —¿Y tu papá? — pregunté en voz baja.-Muy buena pregunta- se burló y se alejó de la puerta, obligándome aseguirlo dentro. Cerré la puerta a mis espaldas y respiré hondo, Adam iba subiendolas escaleras de su casa de dos en dos. Dos minutos, sólo necesitaba que alguien lo escuchara, comosiempre. Además ya estaba debidamente comprobado que Adam seríael último hombre al que le interesaría tenerme en su habitación. Medetuve en el marco de la puerta, él se había sentado en la orilla de lacama, enterrando el rostro entre sus manos. 36
  • 37. Otra Oportunidad —¿Dónde está? — pregunté en voz baja. Ambos sabíamos quehablaba de su padre. —Va a pasar la noche con la bibliotecaria- gruñó Adam sinmirarme. Suspiré comprendiendo todo. Al menos su actitud de esta noche.Me acerqué lentamente hasta llegar a su lado, me senté junto a él,dejando una cierta distancia. —Tu padre ha estado solo mucho tiempo- murmuré mientras él reíasin humor negando con la cabeza. —No trates de justificarlo. Había tratado de convencerme de quepodría enamorarse de nuevo, pero que toda la relación con esa mujerse desarrollaría paso a paso, con suerte yo ya no estaría para verlo, peroesto no se trata de amor, se trata de que él encontró alguien con quienfollar —, terminó entre dientes. Me quedé callada, sintiendo mis mejillas enrojecer. Moví mis piernas incómoda en el silencio siguiente, eso parecióllamar su atención, sus ojos recorriendo la piel expuesta por la faldahaciendo que se me pusiera la piel chinita y que para mi sorpresa laslombrices regresaran moviéndose en mi estómago. —Debería irme — murmuré. Él levantó la vista por fin, sus ojos parecían confusos, enojados…ydolidos. —Nina, te necesito — susurró casi sin voz. —¡Qué novedad! — repliqué levantándome, lo escuché moversecuando caminé hacia la puerta.Adam siempre me necesitaba como necesitaría a una mascota. —¿Qué? — murmuró deteniéndome y forzándome a girarme ymirarlo. Estaba demasiado molesta y confusa para callarme. 37
  • 38. Otra Oportunidad —Siempre es sobre lo que tú necesitas —, le expliqué en voz muybaja, él me miró por largos segundos en silencio, con sus ojos azulesobservándome intensamente, jamás me había mirado así. —¿Qué es lo que tú necesitas Nina? — murmuró, con su pulgaracariciando mi mejilla. A ti, quise contestarle, pero sólo cerré los ojos un momentonegando con la cabeza. —No importa, quizás ya deberías saberlo ¿no? — murmuré. —Quizás sí —, aseguró contra mis labios antes de besarme.Una de sus manos sujetó mi rostro mientras que la otra sostenía miespalda, acercándome a él, como si temiera que pudiera dejarlo. Ojalá hubiera podido. Sin embargo me quedé y lo besé igual, con todo lo que sentía porél saliendo por cada poro de mi piel, todo parecía más caliente yluminoso, murmuró mi nombre entre nuestros labios y me besó de nuevo,su lengua entró en mi boca, acarició mi paladar y tentó a la mía, comosi necesitara que también ahí nos tocáramos, su mano en mi espaldabajó mucho más hasta encontrar la orilla de mi falda mientras que laque permanecía en mi rostro bajó marcando a fuego un camino haciami pecho. Me tensé solo un momento, antes de que él moviera su palma,con la presión justa para hacerme temblar, hice un ruido agudo contrasu boca, él sonrió bajando, dejando mis labios y encontrando mi cuello.Parecía que nada más importaba que seguir sintiendo todas esassensaciones y que no podía tener suficiente, acaricié su cabello y sushombros, deseando poder quitarle la camisa que llevaba, pero no lohice, sólo me concentré en el calor de su piel que traspasaba a tela.Su beso se volvió más exigente y sus manos más furtivas, las sentía entodos lados, una de ellas bajo mi blusa acariciando mí estómagoalocando a las lombrices, la otra estaba tocando mi ropa interior. 38
  • 39. Otra Oportunidad —Adam— murmuré entre un gemido y una advertencia, él negóbesándome y su mano se alejó sólo un poco de mis muslos y decidió queambas estaban mejor contra mis pechos, aquello se sentía tan extraño,decadente y casi perfecto que no pude encontrar las palabras paradecirle que se detuviera, casi sin darme cuenta mi blusa estaba en elpiso y solamente la delgada tela del sostén separaba su piel de la mía. —Adam — advertí de nuevo cuando él se había quedado estáticomirándome, fue demasiado tarde, en un movimiento, él bajó las copaspara poder dejar mis pechos libres; me estremecí de miedo, ansiedad yexpectación, sus labios murmuraron algo que no pude distinguir y susmanos acariciaron mi piel casi con extremo cuidado, mis piernas sesentían de gelatina, miré como su boca se acercaba a ellos, debíadetenerlo pero estaba paralizada. —Nina — susurró antes de besar el valle entre mis pechos, cerré losojos mordiéndome los labios, debí haber perdido la noción del tiempopor un segundo, pues me sobresaltó cuando me abrazó de nuevo y noshizo girar hacia la cama. El contraste entre el suave colchón a mi espalda y su cuerpo sobreel mío era tan diferente a cualquier cosa que hubiera experimentadoantes. Sus manos recorrían mis piernas mientras me miraba intensamente. —Tócame Nin, por favor — murmuró mientras me besaba denuevo, enredé las manos en su cabello pero a pesar de su sonido deaceptación aquello no parecía ser suficiente, así que bajé a su camisa ysin darme cuenta comencé a desabrochar los botones, iba casi aterminar cuando se rió ante mi estremecimiento cuando rozó con lapunta de sus dedos la tela en mi entrepierna. —Desde que llegaste yo también he pensado en por qué no lohemos hecho—, susurró con una sonrisa casi infantil, como si estuvierafeliz con decirlo, pero aquello sólo me recordó todo por lo que yo había 39
  • 40. Otra Oportunidaddecidido terminar con él, dejarlo libre, liberarlo de su carga, quisedetenerlo pero solo logré arquear mi espalda cuando sus dedosacariciaron mi sexo húmedo apartando la tela, sentía demasiado calor,no podía pensar con claridad, me quitó la ropa interior mientras yoformaba puños con los extremos de su camisa. —Adam — jadeé mientras el introducía un dedo en mí y luego dos.Mi cerebro gritaba detente, mi corazón lloraba sigue. —Nina dime que sí, déjame — pidió, aunque sin esperar respuestapues volvió a besarme y separó mis piernas con las suyas, sentí suerección a pesar de no poder verla, su cuerpo caliente rozando el mío. —Adam, yo…— murmuré contra sus labios con los ojos vidriosos.¿Sigue o detente? Jamás lo hubiera podido decidir, él tampoco me dejó. Comenzó a entrar en mí, lento, con el rostro tenso y la mirada fijaen mis ojos, me tensé mordiéndome los labios y aferrándome a sushombros. —Relájate, por favor Nin, déjame amarte — murmuró mientras laslágrimas salían de mis ojos y mi mente se rendía ante el corazón. Sólo por estos minutos, dejaría que él me amara su manera. El dolor entre mis piernas llegó casi repentinamente y así se fue,dejando sólo una extraña e incómoda sensación, me besó de nuevo,solo fugazmente y enterró el rostro en mi cuello. —Tócame Nin — pidió contra mi piel mientras yo pasaba mismanos por su espalda abrazándolo. —Bésame — sollocé mientras él maldecía y unía nuestros labios,saliendo de mí y entrando de nuevo, lentamente, la sensación no eraplacentera ni dolorosa, más bien extraña, pero sus labios pronto meimpidieron que pusiera atención a sus movimientos, besó mis labios, micuello y mis pechos, lamió mis pezones y los chupó, haciéndome arquear 40
  • 41. Otra Oportunidadla espalda, mientras una de sus manos enmarcaba mi rostro la otradesapareció entre nuestros cuerpos. —Vamos Nin, déjate llevar hermosa — susurró mientras su dedosencontraba mí clítoris, pulsante y necesitado, fueron como choqueseléctricos, gemí y me retorcí mientras él comenzaba a moverse másrápido, de pronto mis caderas acompasaban sus movimientos, sólo porun segundo todo desapreció, solamente quedó su calor y una sensaciónde dicha en mi pecho un segundo antes de oírlo gruñir mi nombre ysepararse para que no eyaculara dentro de mí. —Sentí como la cama se movía cuando él se acostó a mi lado.Los párpados me pesaban tanto que sólo pude abrazarme a mi mismajusto antes de que él me atrajera a su pecho, el calor de su cuerpo ysentir su respiración me hizo cerrar los ojos, a pesar de mis disminuidasganas de alejarme ya… Evadir a Adam en la escuela fue más difícil de lo que habíapensando pues, para mi sorpresa, él me estaba buscando. Cuando me desperté por la noche, casi dos horas después, elmiedo a que mis papás se dieran cuenta me hizo salir corriendocolocándome la ropa en el camino, sin siquiera despedirme de él. Después, en la seguridad de mi habitación todo lo que quedófueron sentimientos de desilusión, tristeza y pérdida, ni siquiera haberestado con él era un buen recuerdo y no me refería al sexo, que habíasido más bien confuso con tintes de electrizante locura, era la seguridadde que jamás podría recordar esos momentos con cariño, sin la duda, sinel enojo, sin la deslealtad.A fin de cuentas, si él había sido capaz de estar conmigo por hacerme 41
  • 42. Otra Oportunidadfeliz, ¿dónde dejaba eso los sentimientos por los cuales yo no habíapodido detenerlo? Yo lo había hecho por amor, él por amistad.Tuve que tomar medidas drásticas los últimos tres días: Salía temprano decasa, me quedaba de voluntaria en el periódico por las tardes, lo quePeter consideraba una bendición y no hacía preguntas por ello. CuandoAdam llamaba para preguntar si regresábamos juntos a casa, yo ledecía que ya estaba ahí, sólo para observarlo irse desde uno de lossalones. Solamente una vez fue a buscarme a mi casa, y por suerte mispadres no estaban, así que elegí no salir. Lara sospechaba que algo pasaba y cuando llegó a clase, hacesólo unos minutos, mi amiga estaba segura de ello solamente con verme. —Tu novio consiguió mi número, ¡y llamó a mi casa! — exclamómolesta. —Regularmente así es como funciona, número igual a llamada —murmuré. —No te hagas la listilla conmigo Nina, ¿me dirás que estápasando? —, preguntó mirando hacia la entrada del salón, casi podíajurar que le pedía al cielo que el profesor no entrara aún. —Es sólo que no quiero hablar con él, aún no — contesté alejandola mirada hacia mis manos. —¿Pero tienes pensado hablar con él? — inquirió. —Sí—, admití más para mí que para ella. —¿Sobre qué? — preguntó. —Quiero terminar — admití ante su cara de perplejidad. 42
  • 43. Otra OportunidadLogré escaparme de nuevo de que él me llevara a casa después de laescuela, pero no pude hacer nada con sus llamadas al móvil. Después de la sexta estaba a punto de volverme loca.Tomé el celular dispuesta a apagarlo, pero me di cuenta que solo erauna excusa para aplazar algo que me dolería demasiado, aunque teníaque hacerlo. Contesté con las manos temblando un poco. —¿Hola? — murmuró con voz ansiosa al otro lado de la línea-—.¿Nina? — siguió en el mismo tono. —Voy para tu casa, espérame en el porche por favor — pedí, elsolo hecho de entrar otra vez a aquel lugar me llenaba de muchossentimientos, la mayoría eran demasiado intensos y atemorizantes, untanto dolorosos. Adam iba de un lado para otro al frente de su casa cuando por finllegué hasta ahí, se detuvo al verme y sin más caminó apresuradamentehacia mí y se detuvo cuando estuvimos a sólo un palmo de distancia,pareció dudar antes de enmarcar mi rostro y darme un beso en loslabios, corto pero tan diferente a todos los anteriores besos. Era casi como si atesorara el simple roce. —¿Quieres pasar? — preguntó. —No, vengo a hablar contigo un momento— contestéseparándome un poco, Adam me miró y se masajeó la nuca antes deasentir. —Si es sobre… la… ya sabes, lo siento si te asusté, fue egoísta de miparte, lo siento, debí hacerlo más… especial y… mejorará, lo juro. —No es como si yo me hubiera negado — susurré, ambossabíamos que no había tenido mucha elección, por parte de él o de micorazón. La realidad es que no me arrepentía de perder mi virginidad 43
  • 44. Otra Oportunidadcon Adam, a fin de cuentas había sido mi mejor amigo por años, erauna… adecuada despedida. —¿Entonces no quieres hablar de eso? — inquirió. —No, no quiero hablar de eso — acepté respirando hondo, miré lacasa a sus espaldas y luego a él . —Estoy rompiendo contigo, Adam. 44
  • 45. Otra Oportunidad eter manejaba un Honda Civic del 95, el cual amaba con una adoración que casi competía con la que sentía por Lara. Cuando se estacionó afuera de mi casa, sonreí al ver el color blanco del auto. Salí de la casa despidiéndomerápidamente y evitando las preguntas que seguramente mi mamá yaestaba pensando y subí al asiento del copiloto. —Gracias por venir- le dije a modo de saludo y él asintió sonriendoun poco. —Sabes que no habría forma de que no lo hiciera Nina, sólo queaún no entiendo el porqué- replicó mientras yo miraba por la ventana, auna cierta distancia ya, un jeep se estacionaba frente a mi casa.Por esa razón. Adam parecía otra persona los últimos días, no podía entendercualquiera de sus actos, pensé que cuando por fin fuera libre él estaríafeliz, pero comenzaba a parecer un extraño paciente de una droga quelo ponía cada vez más furioso, durante la última semana todos habíancomentado su ceño fruncido sin ninguna razón aparente. No le había comentado a nadie más que a Lara sobre la nocheque rompí mi relación con Adam, esa noche me había sentidotemerosa de su reacción. Y, un tanto poderosa, él no lo había aceptadodel todo, no al instante, cuando le solté que estaba terminando algocambió en su mirada como si escuchara algo imposible, parpadeóvarias veces antes de sonreír negando. —Es una broma —dijo en voz baja, yo negué y le contesté furiosaporque no me tomaba en serio. 45
  • 46. Otra Oportunidad —Somos mejor como amigos ¿no crees?, estaba equivocada, laverdad es que pensaba que te quería, pero no era real — le expliqué yúnicamente yo sabía cuánto me había dolido decir esa mentira. Adam me miró y comenzó a negar de nuevo con la cabeza.Me fui alejando de su porche mientras él parecía estar en shock, cuandolevantó la vista había más de diez pasos entre nosotros. —¿Nina? — llamó pero yo sólo miré hacia la calle y me alejé unpoco más. —Es tarde, tengo que irme —, le dije antes de salir corriendo.Gritó mi nombre una y otra vez hasta que llegué a mi casa, sabía que losvecinos habían escuchado, pero pareció no importarle, pensé que seríacapaz de seguirme, pero no lo hizo. —¿Y bien? — me preguntó Peter devolviéndome al presente, medi cuenta que ya estábamos en la escuela, me sonrojé al haber olvidadopor completo que iba acompañada y lo miré apenada. —Lo siento, estaba pensando en tonterías —, admití mientras él memiraba un momento, sus ojos negros parecían agudos, ávidos deinformación. —¿Adam y tú están peleados? —, preguntó y yo miré hacia losautos que empezaban a llegar al estacionamiento escolar.¿No se había enterado de que rompimos ya? —Algo así — admití, sin querer hablar con Peter de algo que aúnescocía dolorosamente. 46
  • 47. Otra Oportunidad —Mira, si necesitas alejarte hasta que se le bajen los humos sóloavísame, recoger a alguien me hace sentir importante — bromeó y yo reímientras bajábamos del auto. —Apuesto que sentirías mucho más que importancia si mañanarecogiéramos ambos a Lara — le propuse y él se acercó a mí y pasó unbrazo por mis hombros. —Inteligente y hermosa, espero que él lo sepa — murmuró y yodesvié la mirada tratando de recomponer la sonrisa, miré sobre mihombro cuando Peter bajó su mano a mi cintura e hizo un ruidito con lagarganta, a unos pasos Adam nos fulminaba con la mirada. —Eso no era necesario —, le susurré a Peter y él sonrió mirándomeantes de alejarse un poco. —Es cosa de chicos —, dijo al despedirse y perderse en el pasillorepleto de estudiantes. No volví a ver ni siquiera de reojo a Adam, mi corazón loagradeció, pero mi cabeza no dejaba de pensar en él, en su mirada, ensu voz llamándome esa noche, sonaba desesperado, lleno de temor.Moví la cabeza intentando despejarme, le dije a Lara que pasaríamospor ella al despedirnos a la salida de la escuela, ella comenzó aamenazar nuestra amistad mientras yo reía. Cuando llegué a casa mamá me sonrió y me preguntó sobre elchico del auto blanco. Su entusiasmo terminó cuando mencioné portercera vez que estaba loquito por cierta chica rubia y rebelde.Sabía que mis papás estaban preocupados, esperando que yo medeprimiera después que le dijera a la tía Alexis en su siguiente llamadaque había terminado con Adam. Ellos no podían entenderlo. Dolía,mucho, pero no de la forma que mi familia creía, dolía porque yo aún lequería, porque a pesar de todas sus mentiras no había un botón que tedesenamorara de alguien, no era así de sencillo, recordaba losmomentos buenos cuando menos lo esperaba, recordaba sus besos y 47
  • 48. Otra Oportunidadsus manos por la noche, sintiéndome extraña, pero al tenerlo de frenteúnicamente lograba oír las misma palabras: “…yo no la quiero”. Al siguiente día, a propósito, tomé el asiento trasero del auto dePeter mientras Lara era obligada a no ser grosera e ir junto al conductor.Para mi sorpresa ellos permanecieron callados, a pesar de misconstantes intentos de plática, cuando llegamos a la escuela, nadie semovió. —¿Han oído hablar de la palabra tensión? — pregunté saliendodel auto. Ellos permanecieron donde estaban, antes de cerrar la puertatrasera volví a meter la cabeza y los miré. —Un consejo, digan exactamente lo que están pensando en estemomento, el uno del otro, sólo digan la verdad — murmuré antes decerrar, comencé a caminar y sonreí cuando me di cuenta que ningunode los dos salía del auto. Tuve que esperar hasta el almuerzo para ver a Lara en la entradade la cafetería, restregándose las manos en el pantalón y mordiéndoseel labio. —Cuéntame — le sonreí y ella gruñó. —Esto es tu culpa— dijo mirando hacia el pasillo. —¿Esperamos a alguien? — pregunté divertida y ella me mirófinalmente, en sus ojos había una vulnerabilidad poco vista. —Invité a Peter a almorzar con nosotras— confesó mientras yoaplaudía emocionada sin poder evitarlo, ella rodeó los ojos y volvió amirar hacia el pasillo. —¿Qué le dijiste? — quise saber emocionada por ella, ojalá Lara sípudiera tener su cuento de hadas. 48
  • 49. Otra Oportunidad —¿En el auto?..., que me encantaban sus lentes…— admitió entredientes. Solté una carcajada. —¿Y él? —seguí con el interrogatorio. —Que amaba a RAMONES —susurró en voz baja. Peter llegó unos minutos después, con bandejas en mano nossentamos en una de las mesas de la esquina, él se colocó a mi lado,frente a Lara. Sus miradas era divertidas, entre la timidez, el cariño y laincertidumbre, no era como si se hubieran declarado o fueran amigos nimucho menos novios, pero al menos habían dado un paso juntos…Saqué la cámara de mi bolso sin poder evitarlo y enfoqué el perfil dePeter, haciéndolo reír. Lara nos miró divertida antes de fruncir el ceño, aldarme cuenta seguí su mirada sólo para observar a Adam a mediocamino de nuestra mesa, parecía haberse quedado estático despuésde que tomara la foto, sin pensarlo me giré dándole la espalda y al finalLara exclamó un “se fue” bajo y contundente, permitiéndome respirar denuevo. Volvimos a las clases después de que Peter intentara saber quepasaba entre mi “novio” y yo, sus preguntas cesaron cuando Lara leexplicó que yo había terminado con él, Peter frunció el ceño y sedisculpó excusándose con el argumento de que no lo había escuchadopor ningún lado. Me parecía extraño que nadie se hubiera dado cuenta,que nadie lo supiera, obviamente algunos en el almuerzo habíancomentado la extraña actitud de Adam, pero todos parecían confusos ymolestos conmigo, como si hubiera hecho algo mal. Iba hacia mi última clase cuando él se presentó frente a mí, sindejarme avanzar otro paso. Miré sus ojos azules fugazmente, traté deesquivarlo pero tomó mi brazo suavemente, muy diferente a su miradadura, casi violenta. —No te vayas— pidió en voz baja cerrando los ojos y me alejé desu agarre asintiendo. 49
  • 50. Otra Oportunidad —Adam, yo no quiero hablar, no ahora, ni aquí —, susurré, noentendía por qué él no podía seguir con su vida, ya sin ninguna cargaque soportar, por qué no me dejaba en paz, por qué me seguíarecordando que era tan tonta como para seguir amándole. —Necesito decirte… muchas cosas— argumentó él mientras yonegaba. —No me interesan— le respondí mientras él cerraba los ojos denuevo, tensando su mandíbula —. Llegaré tarde a mi clase— dijedespués de unos segundos, se acercó un poco más, traspasando ladistancia normal, sentí su respiración, olí su suave colonia deportiva. —¿Sales con ese idiota? — preguntó molesto. Suponía que elidiota era Peter. No respondí. —Nina, necesito hablar contigo, no lo entiendo, ¡yo no quieroentenderlo!, tú no puedes simplemente alejarte, no puedes…— susurrótomando mi rostro entre sus manos, mis ojos se llenaron de lágrimas queme esforcé por no derramar, su rostro se acercó un poco y el solo pensaren que sus labios me tocaran era entrar al cielo para ser expulsada alinfierno al segundo siguiente. —Suéltame, por favor— murmuré mientras él maldecía y se alejabamirándome a unos pasos de distancia. Lo siento Nin, yo…— comenzó pero se calló, y miró hacia el pasilloya vacío y se giró alejándose con pasos largos. No volvió a buscarme en el resto de la semana, apenas lo habíavisto a distancia, siempre serio y… triste, con sus amigos del equipoalrededor pero aún así un poco aparte. Lara decía que estaba confuso,que por primera vez él no había sido quien decidía y tomaba el control yeso era lo que lo tenía desconcertado, quería creer eso, tenía quehacerlo porque la otra idea que se formaba en mi cabeza era absurda;él no podía estar así porque le doliera perderme, no podía dolerle si nome quería. 50
  • 51. Otra Oportunidad El viernes en el almuerzo llegué mucho antes que Lara y Peter asíque esperé en el pasillo de la cafetería mientras varios alumnos pasabana mi lado, Daisy me miró al entrar y se rió de algo que les murmuró a suspompones andantes. Minutos después mi estómago gruñía y los tórtolos no-novios, noaparecían.Oía voces acercarse y luego de la nada un golpe en la espalda y unlíquido frío contra mi piel, grité sin poder evitarlo y me giré para ver a lasporristas reírse mientras mi ropa seguía mojándose, otros se empezaron ajuntar a nuestro alrededor riéndose de la estudiante con refrescoencima, mis ojos comenzaron a picar, sabía que Daisy había sido lacausante, eran sus clásicas bromas, pero hasta que escuché su vozcerca mientras me levantaba no estuve completamente segura. —Ni se te ocurra llorarle a tu noviecito, quizás te das cuenta que élno quiera decirme nada feo a mí— por un momento pensé que se habíahecho una idea errónea y se refería a Peter, pero ella siguió: —Adam sólo está contigo por lástima, pero me encargaré de eso,tú tienes que estar con tus amigos extraños, ese cuatro ojos es perfectopara ti, él no— terminó mientras yo la miraba, dolida y sorprendida apartes iguales. ¿Daisy no sabía que habíamos terminado?, miré a los estudiantesreunidos alrededor luego a Lara que se acercaba siendo contenida porPeter. ¿Nadie lo sabía? Los murmullos cesaron cuando Adam alejó a Daisy de mí. —¡Lárgate, a ver si maduras un poco! — le gruñó en voz bajamientras ella fruncía el ceño y se iba, todos comenzaron a dispersarsemientras él apartaba el cabello de mi cara —. ¿Quieres que te lleve a tucasa? — preguntó mirando mi blusa mojada y manchada. 51
  • 52. Otra Oportunidad —Yo la llevo— cortó Peter mientras me alejaba de Adam. Lara metomó del brazo y dimos dos pasos más hasta que no pude evitar girarme,él seguía de pie mirándonos a mitad del pasillo. —Deberías decirle que ya no somos nada, quizás así me deje enpaz. Él no dijo nada y yo seguí caminando mientras me esforzaba porno volverme de nuevo y preguntarle ¿Por qué?, ¿por qué no le habíadicho a nadie que era libre?… 52
  • 53. Otra Oportunidad —¡Lara, tu hermano llegó! — gritó la madre de mi amiga desde laplanta baja, ella pegó un brinco de la cama al suelo y me miró con unaenorme sonrisa que pocos teníamos la dicha de observar. —Vamos, vamos- me apresuró arrastrándome hacia las escaleras,me sentía algo fuera de lugar, Zack, el hermano de Lara, era cuatro añosmayor que nosotras, por lo cual aunque lo vi varias veces antes de quese fuera a la universidad, no habíamos hablado mucho. Regresaba estefin de semana para el cumpleaños de su madre, un viaje rápido de solotres días. Quizás no me correspondía estar aquí para el encuentro familiarpero después del chasco en la escuela, de la vergüenza y la rabia, soloquería estar en un lugar seguro donde pudiera esconderme, la casa demi amiga me había parecido perfecta. Lara y Peter me habían llevado a mi casa, estaba sola al mediodía así que sólo tomé un cambio de ropa y le dejé una nota a mamá.Bajé las escaleras detrás de mi amiga la cual abrazó a un hombre alto,con el cabello rubio ceniza y los ojos verdes idénticos a los de Lara, lesonrió y despeinó su cabello alborotado antes de notarme.Zack Dawson había cambiado desde a ultima vez que lo vi, parecía másalto, más adulto y mucho más guapo también, aunque él siempre habíahecho honor al termino “el hermano bueno de mi mejor amiga”. —Nina— saludó sorprendiéndome un poco porque recordarasiquiera mi nombre. —Hola— murmuré medio sonriendo, antes de fruncir el ceño a lascejas levantadas de cierta rubia. 53
  • 54. Otra Oportunidad Me uní a la cena de festejo y miré a la señora Dawson partir elpastel, al final Lara dejó a sus padres en la sala y nos sacó hasta elporche para platicar, o más bien a oír hablar a Zack sobre la experienciauniversitaria. —Suelta todos los detalles jugosos — le pidió su hermana mientrasél sonreía rodeando los ojos. —¿Crees que estoy loco?, sería darte ideas— argumentóhaciéndome reír, él me miró cómplice. —Más bien no quieres admitir que eres un tipo aburrido que no salea fiestas— le gruñó su hermana mientras él reía. —¿Parezco aburrido? — me preguntó juguetón y yo solo meencogí de hombros divertida. —He aprendido que no se puede juzgar a la gente solo por lo quepuedes ver— le dije y él asintió mirándome un poco más atentamente. —Siempre supe que Nina te ganaría en ser inteligente— le bromeóa su hermana mientras mi amiga asentía totalmente de acuerdo.Hablamos un poco más entre bromas y recuerdos mientras por unmomento me olvidaba de todo lo que había pasado en las últimassemanas, por un momento mi pecho se volvía más ligero, era como estaren paz y poder bajar a guardia. —¿Tienes novia? — le preguntó Lara mientras él arqueaba unaceja. —Hasta crees que responderé a eso— murmuró Zack. —No te estoy diciendo que me digas si te acuestas con alguien,solo si sales con alguien— explicó su hermana haciendo que ambos nossonrojáramos a pesar de que ella siguiera tan fresca como una lechuga. —¿Cómo la soportas? — me preguntó. 54
  • 55. Otra Oportunidad —Es parte de su encanto— le respondí mientras él levantaba supuño y yo lo chocaba divertida. A pesar de no querer irme, el cielo hacía mucho que habíaoscurecido. —Ya es muy tarde— le dije a Lara mientras ella asentía algodescontenta porque era hora de que fuera a casa, la realidad es quehacía mucho que no me reía tanto. —¿Te llevo a tu casa? — preguntó Zack mientras yo miraba a Lara.Sí, era una cobarde pero él era atractivo y simpático y yo no me sentíabien, ellos veían solo la cáscara de Nina, lo de adentro aún seguíarecluido, herido e indefenso. Aún seguía queriendo a Adam yodiándome por ello. —Perfecto, tú la llevas y yo le ayudo a mamá a recoger— propusoLara mientras yo la miraba con los ojos entrecerrados. Zack condujo la Explorer hasta mi casa, los primeros minutos fueronen silencio más bien debido a mi timidez. —Y bien, ¿algo qué me cuentes sobre mi hermana?, algo que sirvacomo soborno me vendría bien— dijo sonriendo. —Le gusta el editor del periódico de la escuela, es un chico muysimpático y a él también le gusta— le dije, sintiéndome un poquitochismosa, bien, se lo merecía por mandarme a solas con su hermano,además no era como si ella pudiera negarlo, cada vez Peter lograbaacercase más. En vez de burlase, Zack solo sonrió. —Me alegro— murmuró mientras yo sonreí igual. —También yo— le contesté. De nuevo hubo un silencio de varios minutos. 55
  • 56. Otra Oportunidad —¿Y a ti te gusta alguien? — preguntó mientras yo miraba por laventana. —Sí, pero para que sea algo bueno deben de ser dos, ¿o no? —susurré sin girarme hacia él. —Que lástima…por él— dijo al fin haciéndome reír. —Un gran cumplido pero innecesario, no soy la reina de la escuelao algo así— admití. —¿Y a quién diablos le importa?, la verdad está en el mundo real,detrás de las porristas y los equipos de debate, todos somos solopersonas, y tú eres una persona bella e interesante— replicó Zack antesde aparcar frente a mi casa. Lo miré creyendo cada una de sus palabras por un segundo, eraimposible no creerle a sus ojos. —Gracias por traerme— murmuré mientras él sonreía y me quitabaun mechón de cabello del rostro. —Espero verte de nuevo antes de irme, tal vez podríamos hablarmás, cuando vivía aquí casi nunca lo hicimos— explicó, pensaba en unarespuesta justo antes de verlo fruncir el ceño. —¿Quién es?—, preguntó mirando hacia mi casa. Me girédeseando que no fuera quien yo pensaba. Adam nos miraba a sólo unos pasos de mi porche. No contesté ala pregunta de Zack y él no insistió, bajó de la camioneta y abrió mipuerta para ayudarme a hacer lo mismo. —Gracias— murmuré de nuevo mientras él echaba otro vistazohasta el chico malhumorado que nos observaba a cierta distancia. —¿No tendrás problemas? — preguntó y yo sonreí sin humor, nomás que los que ya había tenido. 56
  • 57. Otra Oportunidad —No, no te preocupes, estoy en casa— le susurré antes que élasintiera y subiera a la camioneta, alejándose lentamente como si aúnno estuviera completamente convencido que fuera buena ideadejarme a solas con Adam. —¿Por qué no solo puedes dejarme en paz? — murmuré cuandoAdam caminó hacia mí, él negó, acercándose todavía más, yo ya notenía fuerzas para alejarme, ya no entendía nada.Tomó mis brazos, sin presionar, solo para sentir el calor de sus manos através de mi blusa. —No quiero— dijo en voz baja, dolida. —Adam no sé por qué ahora te comportas así- admití bajando lamirada hacia su camisa arrugada. —¿No lo sabes?, odio verte tomándole fotos a ese idiota, odio verque otro se despida de ti, ni siquiera sé quién es ese…me muero decelos, si eso era lo que querías conseguir, lo hiciste, lo hiciste- murmuróantes de unir nuestros labios, tan rápido que solo fui consciente delmovimiento cuando su boca rozaba la mía, a pesar de sus palabras y eltono de su voz, su beso era delicado, lento, casi perfecto, mi estómagodio un vuelco, las lombrices se movieron, aún dudosas, sus manossubieron a mi rostro mientras me acariciaba la piel de mis mejillas, me dicuenta que estaba llorando pero él no desistió… y yo tampoco, pues noeran lágrimas de rabia o dolor, eran lágrimas de rendición, mi cuerpo notenía nada que hacer cuando el suyo estaba cerca, culpen al corazón.Me abrazó mientras yo me sostenía de sus hombros. ¿Cómo luchas contra eso? Ni siquiera mi mente ya podía argumentar que él no me quisiera,esto era diferente, él era diferente, y eso imposibilitaba máspensamientos. —Te quiero Nina, te quiero— murmuró contra mis labios, antes devolver a besarme, esta vez no correspondí el beso consciente de esas 57
  • 58. Otra Oportunidadúltimas palabras, se alejó unos segundos después, cuando por fin alcémis ojos hacia los suyos, su mirada era vidriosa, sus ojos anegados delágrimas sin derramar. —¿Cómo puedes seguir mintiendo? — susurré tragando el nudo demi garganta. —Yo no…— comenzó antes de que yo negara poniendo dosdedos contra sus labios, a pesar de estar casi abrazados, sentía el airehelado a mi alrededor. —No lo digas, no vuelvas a decir que me quieres, si alguna veznuestra amistad significó algo para ti— terminé mientras me disponía aentrar a la casa, él me detuvo, sujetando mi mano y atrayéndome denuevo hasta estar lo suficientemente cerca para que tomara mi rostroentre sus manos. —Te quiero — gruñó mientras yo sollozaba. —Eso no fue lo que le dijiste a Daisy — murmuré sin poderdetenerme, él se quedó estático un momento y su agarre se aflojó losuficiente como para que pudiera alejarme unos pasos. —¿Por qué no me dijiste que tú no me querías?, no era tan difícil,no me hubiera muerto Adam, era una posibilidad que yo tenía muypresente, pero me engañaste- le dije con las palabras saliéndome aborbotones. —Nin… —Al final hubiera aceptado que sólo podías ser mi amigo, peroahora he perdido hasta esa parte de ti, ¿nuestra amistad no te impidióburlarte de mí de esa manera? —¡No quería lastimarte!, eras muy importante para mí, perojamás…jamás había pensado en ti de esa forma— explicó el con la vozextraña. 58
  • 59. Otra Oportunidad Negué incrédula, no podía estar hablando en serio.Vi movimiento en una de las cortinas del frente de mi casa, no faltabamucho para que mamá saliera si seguíamos así. —Adiós Adam— susurré mientras me alejaba unos pasos, su manono me detuvo y aquello me sorprendió pues una parte de mí esperabaque lo hiciera, al final solo su voz me impidió dar otro paso. —Ya no estoy mintiendo, ojalá pudieras creerme— murmuró y mecostó todo lo que me quedaba dentro para continuar caminando y nogirarme de nuevo. 59
  • 60. Otra Oportunidad a llamada por la tarde, al siguiente día a la declaración de Adam, fue lo único que me hizo separarme de la cama y del mando a distancia del televisor, mi mamá había tratadode hablar conmigo sobre la “conversación” con él pero yo habíalogrado que me dejara en paz, prometiéndole que sólo necesitabatiempo, que estaría mejor y si no se lo diría. —¿Hola? — contesté mientras más pasaba una mano por elcabello, la coleta que me había hecho estaba casi desapareciendo. —¿Cómo pudiste decirle a Zack sobre Peter? Eso debería ser uncódigo de amigas o algo así, Nina— se quejó Lara mientras yo cerrabalos ojos. —Lo siento, no quise causarte problemas— murmuré. —¿Qué pasa? — preguntó con el tono de voz ya sin ningún enojofalso. —Nada— contesté. En el silencio que siguió agradecí que Zack no hubiera dicho nadasobre quien me esperaba el día anterior fuera de la casa. —Te oyes…triste, mucho más que los últimos días— admitiómientras yo sonreí en aceptación, los “últimos días” era yo contra elengaño de Adam, ahora era yo contra el Adam que me había dichoque me quería y que no estaba mintiendo. Era yo contra la parte de mímisma que quería creerle y la parte que ya no quería sufrir más, noquería ser la que siempre regresara, la que siempre estaba ahí. 60
  • 61. Otra Oportunidad —¿Qué te dijo tu hermano sobre Peter? — pregunté llevando laconversación hacia terrenos más seguros, no quería hablar de Adamcon Lara ni con nadie. —Me amenazó con decirle a mamá que estaba enamorada si nole daba su teléfono- contestó. —¿Tienes el teléfono de Peter? — inquirí con una tenue sonrisa. —Sí, bueno, el punto es que Zack le llamó y le propuso quefuéramos mañana al cine, los cuatro— propuso. —¿Eso me incluye a mí?- pregunté sin muchas ganas. —Por favor Nina, no puedes dejarme sola, no con Zack como untonto tercer acompañante- exclamó mientras yo reía un poco. —Me deberás una — le dije y ella se rió. —Tampoco seas tan dramática— replicó antes de decirme la horay el lugar del encuentro y colgar. Dejé el teléfono y apagué el televisor deseando poder dormir unpoco. El domingo por la tarde, después de ducharme y cambiarme,pensaba que podría tomar el teléfono y excusarme con los hermanosDawson pero al final no pude hacerlo, ya le había dicho a mamá sobrela salida al cine y me lo estuvo recordando hasta que me despedí para irla plaza comercial donde había quedado con Lara. Veinticinco minutos después, especificados por Laraposteriormente, tres pares de ojos me observaron caminar hacia ellos. 61
  • 62. Otra Oportunidad —Hola a todos— sonreí tenuemente mientras Lara miraba el reloj. —Pensé que no vendrías— murmuró. —Yo pensé que no vendría- admití, haciéndola bufar y girarsehacia las taquillas del cine, Peter siguió a mi enfurruñada amiga y Zackme miró divertido. —Sólo tú puedes decirle eso a la cara y permanecer con vida—admitió mientras yo me encogía de hombros. —Beneficios de mejor amiga, supongo- murmuré al tiempo que élme miraba perdiendo la sonrisa del rostro. —¿Estás bien? — preguntó serio.Respiré hondo señalando hacia la fila de la cual Lara estaba saliendo yacon boletos en mano. —Sí, bien, lo mejor que se puede, ¿vamos? Zack me siguió sin decir nada más. No me sorprendió nada que la película fuera un conjunto degolpes, autos destrozados y hombres con pistola, típico gusto de laspelículas de Lara y al parecer ninguno de los dos hombres había estadoen desacuerdo. A su favor debía admitir que la trama no era una basura comootras tantas películas que me había visto obligada a ver con ella.Cuando finalmente salimos de la sala, Zack me detuvo tenuemente consu mano en el brazo alejándome un poco de Lara y Peter. —¿Podrías seguirme la corriente?, Lara quiere estar a solas conPeter aunque nunca lo admitiría- aseguró en mi oído haciéndomesonreír. —¿No se supone que eres el hermano celoso? — inquirí divertida. —No les voy a dar más de veinte minutos— me dijo entre dientes yyo reí sin poder evitarlo, Lara se giró hacia nosotros enarcando una ceja. 62
  • 63. Otra Oportunidad —¿Creen que podrían seguir un rato sin nosotros? — preguntó Zackcon toda la inocencia de un elefante. Rodeé los ojos junto a Lara pero al final ella fue jalada por Peterhacia una tienda de video juegos, esos dos eran un caso.Miré a Zack que los siguió con los ojos hasta que desaparecieron dentrode la tienda. —¿Puedo preguntarte algo?- dijo de pronto haciéndome fruncir elceño. —Puedes— le dije sin decirle si le iba a contestar o no, sonriómirándome. —El chico que esperaba en tu casa era tu vecino, ¿no? A Laranunca terminó de caerle bien, lo recuerdo— admitió mientras yo mediosonreía. —Sí, ella odiaba que yo lo considerara perfecto, ella tenía razón,no lo era— confesé mientras él fruncía el ceño. —¿Qué pasó? — preguntó. Miré alrededor y caminé hacia las mesas en el centro de la plaza,tomé una silla en una de las tablas de la esquina.Le solté todo, lo decorosamente posible, sin siquiera mirarlo, era máscomo dejar todo salir y él,… él escuchó hasta el final, a pesar que notécomo apretaba su puño en ocasiones. —Nina, mi hermana tiene razón él no es perfecto, es un idiota—dijo al terminar de contarle lo que me había dicho Adam el viernes por lanoche.Yo bajé la cabeza, era fácil decirlo, pero eso no cambiaba lossentimientos o aclaraba mi mente o me permitía dejarlo todo atrás yseguir. —Lo siento, sé que eso no soluciona nada, ¿tú lo quieres no? —preguntó mientras yo cerraba los ojos un momento —. Te diré un secreto 63
  • 64. Otra OportunidadNina— murmuró segundos después acercándose un poco, inclinándosecontra la mesa, esa mirada traviesa me hizo sonreír, Zack era tanespecial y tan diferente al chico que yo quería que ni siquiera podíaolvidar que el azul intenso era el que hacía que las lombrices en miestómago temblaran, el azul, no el verde—. A los hombres tienen queenseñarnos a querer, la mayoría del tiempo somos un asco para eso—me di cuenta que lo decía en serio y eso me hizo fruncir el ceño, quisepreguntarle que era lo que él había hecho mal, pero al final no pude,sólo fui capaz de sentir su mano cuando tomó la mía—. Eres especialNina, no eres como las demás, por eso Lara te quiere tanto, porque ellatampoco es falsa o pretenciosa, no te digo que lo excuses porque él seaun hombre y eso le dé derecho a ser idiota, únicamente te pido querecuerdes que puedes tener todo lo que te propongas, todo— terminómientras su otra mano acariciaba mi mejilla. —¿Por qué no pude quererte a ti? — pregunté sin poderdetenerme y él se rió acercándose hasta besar mis labios suavemente. —Supongo que no funciona así— admitió mientras de la nada élera empujado lejos. El sonido de la silla al rechinar y de maldicionesentrecortadas mezcladas con otros jadeos convirtió los siguientessegundos en un caos. Parpadeé confusa antes de ver como Zack lograba colocarseencima de otro cuerpo… —¡Adam! — oí el grito del señor Spencer detrás de mí, estabaacompañado de su reciente novia. Al final él y otro hombre lograron separarlos, estaban másdesarreglados que heridos. —¿Qué te pasa hijo? — preguntó su padre, mirándomefugazmente, tenía la ligera sospecha de que el señor Spencer hacia esapregunta sólo por decir algo. 64
  • 65. Otra OportunidadZack se alejó del hombre que lo sujetaba y miró de nuevo hacia Adamantes de acercarse. —Iré a buscar a mi hermana, antes de que llegue y forme unespectáculo mayor- susurró mientras yo asentía—. Te esperamos en laentrada— terminó antes de alejarse. —Estoy bien— le dijo Adam a su padre antes de soltarse de suagarre.Miré al señor Spencer con una disculpa sin palabras y luego me alejésabiendo sin duda que él me seguiría.Caminé hasta llegar a la entrada de los sanitarios, un pasillo largo ytenuemente despejado. —¿Quién es? — preguntó Adam recargándose contra la paredfrente a mí. —Podría no contestarte, ¿sabes?, no tienes ninguna razón parapreguntar. —Lo sé— admitió al final en voz tan baja que pensé que había sidomi imaginación—. No te he pedido perdón por haberte mentido cuandoviniste a mi casa pidiéndome que fuera tu novio- murmuró mientras yo lomiraba abrazándome a mí misma. —Las palabras no cambian nada— le murmuré y él se acercólentamente. —No, no lo hacen, lo que hice nunca podré borrarlo- comentócerca, haciéndome sentir el aire que salía de su boca al expulsar suspalabras. ¿Cuándo se había acercado? - Pero te necesito, creo que tenecesitaré siempre… —comenzó— Y necesito que me des otraoportunidad— terminó alzando mi barbilla haciendo que lo mirara. —No seré infeliz nunca más, no quiero— le dije cuadrando loshombros, mirando dentro de sus ojos azules. Sorprendida de lo muchoque creía en esas palabras. 65
  • 66. Otra Oportunidad Adam tragó visiblemente y después esbozó una tenue sonrisa, seacercó besándome la mejilla, solo un roce apenas perceptible. —No lo serás, lo prometo— susurró antes de alejarse sin otrapalabra más. 66
  • 67. Otra Oportunidad No lo serás… ¿Eran palabras de despedida? ¿Debería sentirme feliz? Porque hacía muchas semanas que no recordaba sentir el pechoburbujeante de felicidad como cuando tomas una Coca-Cola muy fría.De hecho desde hacía días ya no sentía nada, estaba congelada a laespera de algo que me sacara de mi entumecimiento. No deseaba sentir otra vez ese dolor agudo o la rabia hacia él,pero quería sentir algo, cualquier cosa que me dijera que estabaavanzando y no que todos me estaban dejando atrás. Alguien golpeó mi brazo haciéndome recordar que estaba enmedio del pasillo repleto de estudiantes. Todos se movían a la siguiente clase, avanzando, ¿entonces porqué yo no podía hacerlo? Comencé a caminar sin casi notarlo, con la mente aún en suspalabras. Una despedida, había sido una despedida, debía serlo si despuésdel torbellino de días de tenerlo apareciéndose casi hasta debajo de laalfombra, de pronto Adam me había dejado en paz. Cuatro días, casi una semana sin siquiera un intento deconversación, lo había visto fugazmente a lo lejos, y él aparte de unamedia sonrisa en respuesta no había intentado nada más. De nuevo,¿debería sentirme feliz por eso? La lógica gritaba que sí, pero me estaba 67
  • 68. Otra Oportunidadcansando de ser tan racional. ¿De qué servía pensar con la cabeza si nome sentía mejor? Un grito agudo captó mi atención a lo lejos, otro chico volvió agolpear mi brazo impaciente por acercase a mirar lo que sea quehubiera pasado, di la vuelta hacia el pasillo de donde había provenidoel femenino y aturdidor sonido antes de pararme en seco, la gente seestaba amontonando alrededor de una Daisy completamente llena depintura amarilla, era como si se hubiera echado un bote encima, ella sequejaba entre maldiciendo y lamentándose, dando pequeños grititossobre la calidad de su ropa y sus zapatos, yo estaría más preocupadapor sus libros que estaban en igualdad de condiciones. Parecía que la típica broma abre casillero había tenido una nuevavíctima, salvo que hacía mucho que no veía que sucediera. Todos comenzaron a murmurar, a reírse y hasta a alabar al genioque lo había planeado, comencé a reírme sin poder evitarlo, sé quedebía de contenerme, pero al final casi era justicia divina, además lapintura jamás había matado a alguien, quizás con la esperanza quehasta la hiciera más humilde. Negué con la cabeza alejando los pensamientos vengativos yestaba por girarme y alejarme de ahí cuando Adam se hizo espacioentre los estudiantes amontonados. Se acercó a Daisy con cara seria y mirada crítica, observó alcasillero y suspiró, aquello parecía casi un acto teatral. 68
  • 69. Otra Oportunidad —Nadie puede escaparse de una inocente broma, ¿verdad Dai?-dijo mientras todos rompían a reír, ella gruñó apretando los dientes y sealejó con otras porristas siguiéndola apresuradas, Adam no hizo caso delas burlas hacia la chica llena de pintura, sólo miró alrededor como sibuscara algo y al final sus ojos se encontraron con los míos, aquello fuesuficiente para saber que él había sido. Alejó sus ojos y despuésdesapareció entre el mar de estudiantes que ya iba tarde a clases,alguien jalonó de mis hombros obligándome a girarme. —¿Qué pasó? siempre me pierdo todo— murmuró Lara mientrasyo reía sin saber muy bien por qué. —Nina, ¿qué pasó? — preguntó de nuevo. —No lo sé— admití totalmente sincera. Al final mi amiga se terminó enterando por las más de docepersonas que presenciaron la creación artística de cierto bromista, Laraestaba que desfallecía de gusto y no lo ocultaba, tanto que cuandoPeter se unió a nosotras en el estacionamiento para llevarnos, mi amigasonrió y sin más tomó su cuello con una mano y le dio un ligero perodefinido beso en los labios. —¿Y eso por qué? — le preguntó Peter acomodándose los lentessin ocultar la enorme sonrisa en su rostro. —Lo de Daisy no será la única cosa buena en mi día, ¿no has oídoeso de que cuando pasan cosas buenas haz cosas buenas? Y todoeso— murmuró ella algo nerviosa haciéndome sonreír. Ojalá Zack hubiera podido quedarse un poco más y ver esto. Cosas buenas, tal vez. 69
  • 70. Otra Oportunidad Al día siguiente toda la escuela comentaba sobre Daisy y el coloramarillo entre mezclado en cada broma posible, en cierto modo lleguéhasta sentir pena por ella, justo antes de que la viera ponerle el pie a unchico de primero en el almuerzo. A veces las personas no madurannunca. Justo después de la salir de la cafetería caminé hasta mi casillero, yme detuve en seco con la puertecilla abierta mirando el sobre encimade mis cosas, un sobre que tenía mi nombre escrito con una letra quereconocía demasiado bien. Lo guardé de inmediato en mi bolso como sicorriera el riesgo de desaparecer, perderlo o que alguien más seapoderara de él. Mi corazón latía rápidamente y las lombrices se movían inquietas. Las últimas clases debía darlas por perdidas, ya que por más que lointenté no podía dejar de pensar en lo que mi bolso resguardaba. Estaba un poquito enojada conmigo misma, no debía de estar tanimpaciente y por todo lo que tenía, no debía hacerme ilusiones. Esto noera un cuento de hadas, era real. Finalmente después de saludar a mamá y subir tropezando lasescaleras, llegué a mi habitación sin apenas recordar habermedespedido de Peter y Lara, dejé mi bolso en la cama y saqué el sobrecerrando los ojos. No lo serás… 70
  • 71. Otra Oportunidad Respiré hondo rompiendo el sobre y sacando la hoja de papelescrita a mano. Comencé a leer, mirando su letra y arrugándolo un poco sinquerer. Hola Nin Necesito decirte muchas cosas, pero lo creas o no,dudo que fuera posible hacerlo mirándote de frente, lo heintentado, pero simplemente no puedo. Siempre digo las cosas como no quiero decir, ¿lo ves? Me costó mucho darme cuenta lo malo que fueengañarte, ¿puedes creerlo? Creía que era lo mejor, en esemomento parecía lo mejor, pues aceptar que tenía miedo eraalgo que no cabía en mi cabeza. La verdad es esa Nin, tenía miedo y estabaconfundido, muy confundido, una cosa es intuir que tú mequerías y otra recibir tu cariño sin saber qué hacer con él. No voy a darte más excusas porque sólo sería darmuchas vueltas a lo mismo y como dijiste, las palabras nocambian nada. Pero hay algo que tienes que tener muy en claro. Yo te quiero, te he querido desde hace mucho tiempo,pero el querer y el estar consciente de ello son cosas muydistintas. 71
  • 72. Otra Oportunidad Pues te puedo decir cuando ha sucedido cada unade ellas en mí, y no fue al mismo tiempo. ¿Sabes cuando comencé a quererte? El día que mamá murió, tú estabas ahí, llegaste alhospital y te quedaste a pesar de que yo estaba molestocon todos, no sé si tú recuerdes lo que me dijiste, pero yo sí,dijiste que mamá siempre estaría conmigo mientras yo larecordara, algo muy parecido dijo papá cuando hablamossobre…su novia. Ese día comencé a quererte. Pero me di cuenta hasta mucho tiempo después y sólopuedo terminar pidiéndote perdón por ello, no sé si seademasiado tarde, la realidad es que pensar en eso no mellevaría a ningún lado, no sin antes pedirte de nuevo otraoportunidad. Por favor. Adam P.d: El día que me di cuenta que te quería te tomé una fotografía, revisa tusnegativos de estas últimas semanas. Parpadeé alejando las lágrimas que comenzaba a formarse en misojos y guardé de nuevo la carta en el bolso, abrí mi buró levantándomede la cama y tomé los dos rollos fotográficos que tenía de ese mes. 72
  • 73. Otra Oportunidad Sin siquiera contestar a la pregunta de mamá, grité que volvía a laescuela y salí de mi casa convencida de una sola cosa más: Quizás nofuera un cuento de hadas, pera la realidad tal vez tampoco estuvieratan mal, si lograbas avanzar. 73
  • 74. Otra Oportunidad o era la primera vez que pensaba que de haber leído la carta en la escuela, hubiera revelado las fotografías muchísimo más rápido. Al final, dos horas después apenas terminaba de tenerfrente a mí todas las tomas, miraba muchas que recordaba habercaptado pero no podía distinguir una especial, una donde yo fuera elfoco. Repasé con la mirada de nuevo las imágenes que había en lamesa y colgando; nada, nada sobre mí en el pasillo, en la escuela, en elporche o… Ahí estaban. Había cuatro fotografías mías. ¿Cómo no lashabía notado antes? No eran lo que yo esperaba, algunas ni siquiera mostraban mirostro por completo; era yo pero tenía los ojos cerrados, el cabelloenmarcando mi rostro o tapándolo ligeramente y mis labiosentreabiertos, una de las fotografías incluso alcanzaba a captar la pieldesnuda de mi hombro y el cabello esparcido sobe su cama.Él las había tomado después de que me quedara dormida esa noche.No podía dejar de mirarlas, no podía dejar de recordar, lo bueno y lomalo, y no podía dejar de pensar en que necesitaba dejarlo todo atrás.Necesitaba una despedida. —Sólo promete que si llama dirás que estoy ahí— repetí al móvil, sinaliento. —Nina, no creo que… —Solo promételo— insistí mientras caminaba hacia la casa deAdam. 74
  • 75. Otra Oportunidad —Lo prometo— gruñó Lara y colgué la llamada, con la seguridadde que aquel gesto me costaría bastante caro pero lo pagaría.Lo que hacía ya iba más allá de un lento razonamiento el cual mi amigame haría hacer. Miré su porche, la quietud y el silencio, hacía poco habíaanochecido, no era muy temprano pero tampoco muy tarde, el auto desu papá no estaba y aquello no podía clasificarlo como algo bueno oalgo malo. ¿Acaso importaba? El viento fresco erizó mi piel o quizás fue el nerviosismo.Había caminado tan rápido de la escuela hasta allí, más de lo que habíacaminado en semanas, que apenas tenía aire, mis pies dolían y mismanos sudaban. Me acerqué hasta tocar su puerta, dos veces, y esperé.Los segundos parecían horas, podía sentir cada latido de mi corazón entodo mi cuerpo. Él abrió la puerta por completo mirándome fijamente, sus ojosazules mostraban sorpresa y algo más, ¿alivio?, ¿alegría? —Nin— murmuró en voz muy baja, soltando el aire retenido.Entré sin esperar invitación, cerró la puerta de nuevo y nos quedamos enla entrada con el silencio y la expectación rodeándonos. —Nina, yo…— comenzó de nuevo pero yo miré alrededorcaptando su atención. —¿Qué buscas? — preguntó confuso. —¿Y tu papá? — repliqué mientras él fruncía el ceño. —Pasará la noche con…, va con ella un noche a la semana—terminó. 75
  • 76. Otra Oportunidad Me acerqué un poco mientras Adam alzaba la mano acariciandomi mejilla como si no pudiera detenerse. —Necesito terminar con todo esto— murmuré y un gesto de dolorapenas perceptible pasó por su rostro—. Necesito tener un recuerdobueno, sincero, libre y sin secretos para dejar todo atrás- seguí diciendo yesperando que él comprendiera, al final me conocía demasiado bien,tenía que entenderlo. —Nin, no creo que…— comenzó de nuevo antes de que yocolocara dos dedos en sus labios, la sensación me causó unestremecimiento. —Ahora yo te necesito, Adam— terminé mientras él cerraba losojos y tomaba la mano que aún estaba en su boca entre la suya. Memiró un momento antes de apretar nuestro agarre y caminar hacia lasescaleras, llevándome con él. Su habitación estaba justo como la recordaba de la última vez,solo que en esta ocasión al entrar no sentía la opresión, el miedo y lasganas de salir corriendo; yo quería esto, era el final de semanasconfusas, dolorosas y duras. Miré la playera de Adam y me acerqué mientras él movía nuestrosdedos entrelazados, cuando tomé la orilla de la prenda con mi manolibre se quedó muy quieto y solo respiró profundamente antes de que yola quitara, observé las líneas de su torso, la forma de sus músculos que semarcaban solo parcialmente en su cuerpo. 76
  • 77. Otra Oportunidad Me separé un poco y llevé mis manos hacia mi propia blusa,sacándola por mi cabeza rápidamente, él me miró y sus ojos calentaroncada poro de mi piel, el corazón parecía salirse de mi pecho y laslombrices habían perdido la cordura. Lentamente se acercó de nuevo, su piel se sentía caliente contrala mía, sus labios lentamente llegaron hasta los míos, besandosuavemente y lento, muy lento. No hablamos porque sabía, ahora, que él entendía, nadie máspodría hacerlo, pero él sí. Nuestras manos trabajaron juntas en los pantalones ajenos,batallamos con los botones y riéndonos de nerviosismo y expectación,nos besamos de nuevo deshaciéndonos de los estorbosos vaqueros yaen los tobillos al caminar. Casi sin darme cuenta estábamos sobre su cama, aún con la ropainterior, enmarcó mi rostro con sus manos y me besó, llevando su lenguadentro de mi boca, tentando a la mía. Comencé a gemir, sin controlarlos sonidos que salían de mi boca, mientras sentía su cuerpo presionar elmío y una de sus manos delinearlo con extrema delicadeza y lentitud. —Te quiero— susurró en mi oído y yo solo bebí de ese sonido, noestaba preparada para las palabras pero estaba dispuesta a grabarcada una de las sensaciones. Mis manos fueron a su cabello, los mechones rubios que tantoamaba, busqué otro beso febril y húmedo, un tanto desesperadomientras podía sentir su excitación contra mi cadera. Me estremecí, la humedad entre mis piernas aumentaba y unpequeño latido se alojaba justo ahí, cada vez más insistente.Recorrí su espalda con las manos hasta llegar a la orilla de su ropainterior, se estremeció contra mí y su boca marcó un camino de besoshasta mi cuello y mucho más abajo, besó mis pezones por sobre la teladel sostén y deseé que lo quitara, pero no lo hizo. Llegó hasta mi vientre 77
  • 78. Otra Oportunidadbesando y jugando con mi ombligo, su lengua se divertía bailando conmi piel, haciéndome cosquillas, haciéndome sentir bonita y comogelatina, todo al mismo tiempo. Finalmente besó mi ropa interior haciendo que gimiera bajito sunombre, volvió a acostarse sobre su costado, a mi altura. Busqué otrobeso fugaz que me dio de buena gana dejándome ir al minuto siguientemirado cada uno de mis movimientos, me quité el sostén lentamente;primero los tirantes, luego el broche, todo seguido por sus intensos ojosazules. Me recosté de nuevo sobre el colchón y esperé casi temblando,no por miedo, por dudas o sensaciones nuevas, lo esperé a él y todo loque significaba. Adam enganchó la orilla de mi ropa interior con suspulgares y la bajó antes de hacer lo mismo con la suya, se alejómurmurando algo entre dientes que no pude distinguir y regresócolocándose un condón. Me quedé medio hipnotizada mirándolo mientras se recostaba denuevo. Un final y un inicio. Abrí mis piernas lentamente y él acercó unamano acariciando con sus dedos mi humedad, esparciéndola,haciéndome cerrar los ojos con las sensaciones. Colocó un dedo dentrode mí y me acarició tan íntimamente como nadie lo había hecho, nisiquiera él, unió otro dedo, haciéndome retorcer y murmurar su nombreuna y otra vez. Presionó la punta de su erección contra mí y algo se desató entrenosotros, miré hacia sus ojos mientras asentía y él entraba en mí, ambosnos tensamos, jadeamos y nos enredamos mientras nuestras caderasparecían tener vida propia. No había nada doloroso, extraño o loco en ello. Me sentía viva, aflor de piel y era maravilloso. Me sujeté a su cuerpo mientras mis caderas luchaban por alcanzarlas suyas, escondí mi rostro en su cuello y grité su nombre amortiguado,mientras mi mente explotaba y finalmente todo quedaba en el pasado, 78
  • 79. Otra Oportunidaden el fondo, el más bello recuerdo de un nuevo comienzo. Después de que todo se quedara quieto y silencioso de nuevo,mucho después de que él hubiera jalado las sábanas sobre nosotros y yome rindiera al cansancio y la sensación de regocijo en mi cuerpo, nosquedamos abrazados, sin decir nada, hasta que el sueño me venció.Cuando me desperté, afuera estaba casi amaneciendo y dos ojos azulesme miraban con una ternura nueva y a la vez vieja en ellos.Le sonreí sin poder evitarlo y él me correspondió. —Hola —, murmuró Adam y yo le besé. —Hola —dije y después de unos segundos con los ojos cerradoscontinué—, tengo que irme. —Lo sé — admitió mientras nos separábamos y comenzábamos avestirnos. Odié que él sólo se tuviera que poner unos pantalonesdeportivos.Finalmente vestida y con mi bolso colgando del brazo lo miré desde elmarco de la habitación, Adam me sonrió antes de bajar las escaleras.Me llevó en el jeep hasta la casa de Lara, el camino fue silencioso yextrañamente pacífico. Antes de que me despidiera, cierta incertidumbre cruzó sus ojos. —¿Nina? — preguntó y yo saqué una de las fotografías que élhabía tomado. Se la tendí mientras él la tomaba mirándome, abrí lapuerta por mi propia cuenta y me detuve justo antes de salir. 79
  • 80. Otra Oportunidad —Tienes tu oportunidad, conquístame — murmuré bajando delauto con esa palabras a modo de despedida.Lo miré de nuevo mientras él sonreía de oreja a oreja. —Lo haré —, dijo en voz suficientemente alta. Ambos reímos casitontamente y justo en ese momento empezamos juntos algo más. Fin …o tal vez solo el principio. 80
  • 81. Otra OportunidadTe invitamos a visitar el sitio oficial de Otra Oportunidad en: www.otraoportunidad.tk 81
  • 82. Otra Oportunidad Te © Is licensed under a Creative Commons © Reconocimiento-NoComercial- SinObraDerivada 2.5 México License. Primera edición: Junio de 2011 Diseño y Fotocomposición: Liss, G.S Depósito legal; MCN:C1AHL-TWQKJ-2F9CK Copyright :: All Rights Reserved Registered :: Wed Jun 22 22:07:57 UTC 2011 Title :: Otra Oportunidad Category :: eBook MCN :: C1AHL-TWQKJ-2F9CKRevisado y editado por: Rosario Zaragoza (larosadelasrosas) y Erica Castelo (ericastelo) de BetasFanfiction ~ Mundofanfiction.com 82
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