Economía feminista y soberanía alimentaria: Avances y desafíos.

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La campaña “Cresça” ha definido una importante visión de género al afirmar que las mujeres son actrices fundamentales en el proceso agrícola, especialmente en la agricultura familiar. Este importante papel, no obstante, es invisible, poco reconocido o valorado, tal y como demuestran los datos presentados en varios estudios y ratificados por Oxfam en esta publicación.

En Brasil, las mujeres tienen un papel estratégico en la producción de alimentos en la agricultura familiar, que atiende al 70% del consumo de alimentos de los brasileños. En este sentido, tampoco hay datos de producción separados por género: el trabajo cotidiano de la mujer está considerado como ayuda, a veces inclusive por parte de ellas mismas. El dinero resultante de la venta de sus productos no se ve como fundamental y ni siquiera se contabiliza en la renta familiar. Su producción para alimentar a la familia, pese a estar en la mesa todos los días, no entra en la contabilidad ni como renta de la propiedad ni tampoco como renta de la familia.

La campaña “Cresça” en Brasil da atención preferente a las mujeres; destaca su papel en la producción y el consumo de alimentos, tanto en el medio rural como en el urbano, con el fin de apoderarlas para cambiar el contexto y las relaciones de poder que hacen que su trabajo no sea visible y que les impiden realizarse como mujeres y como “individuas”. Con vistas a alcanzar este objetivo, se realizó este estudio, en colaboración con la organización SOF (Sempreviva Organização Feminista, por sus siglas en portugués), el cual esperamos que contribuya a cuestionar, replantear y, finalmente, cambiar los desequilibrios en las relaciones de poder que impiden que las mujeres se realicen como seres humanos, en especial aquellas relaciones que se manifiestan en torno a la producción y al acceso a los alimentos.

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Economía feminista y soberanía alimentaria: Avances y desafíos.

  1. 1. avances e desafíos ECONOMÍA FEMINISTA Y SOBERANÍA ALIMENTARIA
  2. 2. 130 Miriam Nobre Pacheco Nobre Maysa Mourão Miguel Renata Moreno Tais Viudes de Freitas Bárbara Lopes Monica Corona Analuce Freitas Nucleo-i ECONOMÍA FEMINISTA Y SOBERANÍA ALIMENTARIA avances e desafíos AUTORAS edición COORDinación DESIGN FOTO da capa Gilvan Barreto/Oxfam
  3. 3. 5 PRESENTACIÓN FOTO Gilvan Barreto/Oxfam
  4. 4. 7 Oxfam fue una organización creada en 1942 en respuesta a una crisis alimentaria. Setenta años después, el mundo enfrenta otra crisis; esta vez, una crisis que nos amenaza a todos. La emergencia de 1942 la causó la Segunda Guerra Mundial. La crisis actual, por otro lado, es producto de una injusticia mundial grotesca: aproximadamente mil millones de personas enfrentan el hambre todos los días, al tiempo que los modelos no sostenibles de consumo y producción, de los cuales dichas personas están excluidas, nos han llevado a colisionar con los límites ecológicos del planeta. La campaña “Cresça”, [“CRECE”], de Oxfam, tiene un mensaje simple: otro futuro es posible, y podemos construirlo juntos. A lo largo de los próximos años, una acción decisiva en todo el mundo puede hacer que cientos de millones de personas alimenten a sus familias y eviten que un catastrófico cambio climático destruya su futuro (y el nuestro). Sin embargo, esto solamente será posible si nosotros, colectivamente, interrumpimos nuestro caminar sonámbulo en dirección al desastre ecológico. Esta campaña es un grito de alerta de Oxfam*. La campaña “Cresça” ha definido una importante visión de género al afirmar que las mujeres son actrices fundamentales en el proceso agrícola, especialmente en la agricultura familiar. Este importante papel, no obstante, es invisible, poco reconocido o valorado, tal y como demuestran los datos presentados en varios estudios y ratificados por Oxfam en esta publicación. * http://www.oxfam.org/sites/www.oxfam.org/files/cr-growing-better-future-170611-summ-pt.pdf En Brasil, las mujeres tienen un papel estratégico en la producción de alimentos en la agricultura familiar, que atiende al 70% del consumo de alimentos de los brasileños. En este sentido, tampoco hay datos de producción separados por género: el trabajo cotidiano de la mujer está considerado como ayuda, a veces inclusive por parte de ellas mismas. El dinero resultante de la venta de sus productos no se ve como fundamental y ni siquiera se contabiliza en la renta familiar. Su producción para alimentar a la familia, pese a estar en la mesa todos los días, no entra en la contabilidad ni como renta de la propiedad ni tampoco como renta de la familia. La campaña “Cresça” en Brasil da atención preferente a las mujeres; destaca su papel en la producción y el consumo de alimentos, tanto en el medio rural como en el urbano, con el fin de apoderarlas para cambiar el contexto y las relaciones de poder que hacen que su trabajo no sea visible y que les impiden realizarse como mujeres y como “individuas”. Con vistas a alcanzar este objetivo, se realizó este estudio, en colaboración con la organización SOF (Sempreviva Organização Feminista, por sus siglas en portugués), el cual esperamos que contribuya a cuestionar, replantear y, finalmente, cambiar los desequilibrios en las relaciones de poder que impiden que las mujeres se realicen como seres humanos, en especial aquellas relaciones que se manifiestan en torno a la producción y al acceso a los alimentos.
  5. 5. 9 ECONOMíA FEMINISTA y JUSTIciA E SOBERANíA ALIMENTARia 1
  6. 6. 11 La economía feminista, que forma parte del pensamiento feminista, es una corriente de pensamiento que desde los años 1990 se consolida en el campo de la teoría económica a partir de la crítica de que la economía excluye a las mujeres, su trabajo y su acción económica. Para oponer resistencia a la sociedad de mercado, la economía feminista fue incorporada por organizaciones del movimiento de mujeres en Latinoamérica como una herramienta de análisis sobre la realidad económica de las mujeres, así como para proponer alternativas al modelo dominante. Dar visibilidad a la producción del vivir y al trabajo realizado mayormente por las mujeres para garantizar dicho modelo productivo ha permitido conectar las reflexiones y luchas de las mujeres urbanas con las rurales por la transformación del modelo actual de (re)producción y consumo. Uno de los procesos identificados por la teoría feminista en el pensamiento patriarcal es la creación de falsas dicotomías en todo el campo social: entre cultura y naturaleza, público y privado, trabajo productivo y reproductivo. Además de la separación entre estos elementos, existe una jerarquía y una atribución de papeles a hombres y mujeres. Así, el espacio de la cultura, del mundo público y del trabajo productivo está más valorizado y se considera masculino. A las mujeres, por el contrario, les corresponde el espacio privado, de la naturaleza y del trabajo reproductivo, menos valorado socialmente. El concepto feminista de “división sexual del trabajo” puede explicar la relación y la jerarquía que la sociedad ha establecido para las actividades de hombres y mujeres. Esta división sexual del trabajo es una creación ideológica y cultural que permite la subordinación y desvalorización del trabajo que históricamente y culturalmente se les ha atribuido a las mujeres (trabajo doméstico y de cuidados del día a día relacionado con el mundo “privado” o la vida familiar). En este proceso, se dio una profundización de elaboraciones feministas sobre la economía, tanto con relación a las experiencias de las mujeres en su trabajo cotidiano, como en la acción política para transformar las estructuras de desigualdad. El feminismo cuestiona esa división; expone la relación entre producción y reproducción y critica la visión que reduce la economía a la economía mercantil. El espacio privado y nuestras relaciones personales también son políticas, y el trabajo doméstico y de cuidados del día a día es también economía. Lo mismo ocurre en la agricultura: el trabajo de las mujeres en los huertos, terrenos y en la cría de animales no se reconoce. El modelo de familia en el capitalismo es una idealización y un mito. Parte del principio de que los hombres son los proveedores y las mujeres, las reproductoras. Es un mito porque el capitalismo no puede prescindir del trabajo productivo de las mujeres. Incluso en las familias que no cuentan con salario de mujeres, se producen bienes y servicios para suplir las necesidades. Esto se ve con énfasis en momentos de crisis: si hay desempleo, la casa vuelve a producir bienes (como productos de alimentación, vestuario) y servicios (cuidado de los niños, de ancianos y enfermos). Por ejemplo, a medida que un país se industrializa, las mujeres también se incorporan en la industria y en los servicios. Al recibir un salario, pasan a utilizar más bienes en el mercado; bienes que, antes, se producían en casa. que és la economía feminista El trabajo humano pasó, históricamente, por un proceso de división (el trabajo productivo, que produce bienes o servicios con valor en el mercado, es realizado por los hombres; y el trabajo reproductivo, de manutención de las condiciones de vida, del ambiente doméstico y de los hijos, por las mujeres) y de jerarquización (el trabajo masculino es más valorizado que El femenino). Ese proceso es visto como natural, a partir de una visión de la mujer como madre, que cuida de la casa y de la familia por amor. FOTO Gilvan Barreto/Oxfam “ “
  7. 7. 13 Así, el trabajo ha ocupado un lugar destacado en los estudios feministas, en un esfuerzo permanente por desvelar los mecanismos de reproducción de la desigualdad en las relaciones sociales entre hombres y mujeres. Al mismo tiempo, diversas autoras empezaron a señalar que la teoría económica hace que las mujeres y su contribución económica no sean visibles. También percibieron la necesidad de elaborar nuevos tipos de indicadores, capaces de superar el referente masculino para medir la calidad de vida de la sociedad. El abanico de temas analizados por la economía feminista es amplio y abarca diferentes aspectos de la participación de las mujeres en el mercado de trabajo, las problemáticas sobre las políticas económicas y sus efectos en la vida de las mujeres, la propia definición de trabajo y economía, la relación entre presupuestos públicos y el mantenimiento de los estereotipos y desigualdades de género, la elaboración de políticas públicas orientadas hacia la igualdad, nuevos enfoques y metodologías para la producción de estadísticas, etc. Para ello, se propone una crítica global al paradigma dominante del pensamiento económico, con énfasis En la economía feminista se verifica un esfuerzo por construir otro paradigma que incluya nuevas variables explicativas, metodologías e indicadores que no estén basados únicamente en el mundo masculino, y que una el mundo público al mundo privado, la producción a la reproducción social. En la medida en que las estadísticas convencionales ocultan el ámbito del trabajo no remunerado facilitan que las políticas públicas se elaboren e implementen de forma que se ignoren sus efectos negativos sobre la provisión de cuidados, por ejemplo. en la necesidad de superación de las estructuras dicotómicas que restringen la economía a las fronteras del mercado. La economía feminista lleva al debate teórico la comprensión de que, para cuestionar de hecho la desigualdad, es necesario transformar las estructuras que la organizan. Si en los orígenes de la teoría feminista la crítica era que las mujeres eran consideradas sujetos no políticos por estar relegadas al mundo privado, en la sociedad de mercado la crítica feminista se dirige a la consideración de las mujeres como no agentes económicos. Para la economista feminista Amaia Pérez Orozco, las mujeres pasan de sujetos no políticos a sujetos no económicos. En la medida en que se conquistan derechos, la esfera de la política se desvaloriza, y más desigualdades se consolidan en el terreno económico. La demanda política de derecho al voto y a tener derechos, por ejemplo, ha propiciado que haya derechos formales, aunque no necesariamente en igualdad real. Lo mismo ha ocurrido con otros grupos desiguales frente a los hombres blancos, en el sentido de que “todo privilegio o derecho que se universaliza es un derecho que, automáticamente, se desvaloriza”2 . La organización social del cuidado, ya sea entre hombres y mujeres, o entre el Estado, la familia y el mercado, explica gran parte de las desigualdades existentes —de género y de clase—, objeto de análisis y denuncia de una parte considerable de las investigadoras que se dedican a construir la economía feminista. El hecho de que los empleadores y los formuladores de las políticas económicas consideren el trabajo doméstico y de cuidados como externalidades del modelo económico implica, concretamente, que los costes relacionados con la producción del vivir recaigan sobre las mujeres, ya que no son incorporados ni por quien emplea, ni por el Estado, ni tampoco por los hombres en el entorno doméstico. Además, al no tener indicadores capaces de dar visibilidad y medir este espacio marcado por la desigualdad, la construcción de igualdad no figurará entre los objetivos de la política pública. La economía feminista, en ese sentido, viene intentando contribuir a la construcción de políticas públicas que acaben con la división sexual del trabajo y con la desigualdad entre mujeres y hombres. Dar visibilidad al trabajo doméstico y de cuidados en el análisis económico es una cuestión central para la economía feminista, puesto que es ese trabajo el que garantiza que la fuerza de trabajo se reproduzca. Al ignorar eso, el análisis económico presenta un diagnóstico incompleto del funcionamiento del sistema económico y no es capaz de evaluar la repercusión real de las políticas económicas. “ “ “ “ “ 2 PÉREZ, Amaia (2005). Perspectivas feministas en torno a la economía: el caso de los cuidados. Tesis de doctorado, Universidad Complutense de Madrid.
  8. 8. 15 Cómo promover la sostenibilidad de la vida humana Transformar la economía, para las feministas, pasa por desplazar el foco del funcionamiento de la economía y de los análisis del mercado hacia la producción de la vida. Tal perspectiva permite ir más allá de la inclusión de las mujeres en un paradigma marcado por los intereses del mercado y presenta una propuesta analítica y política distinta para la economía. Además, destaca el hecho de que las mujeres siempre han realizado actividades que van más allá del trabajo doméstico y de cuidados, ya sea por medio del trabajo conjunto con otros integrantes de la familia, como en la cosecha, o bien asumiendo largas jornadas de trabajo en las fábricas o en la agricultura. Entretanto, como señala Carrasco3 , el trabajo realizado por las mujeres tanto en el hogar como fuera de este ha permanecido invisible a lo largo del pensamiento económico dominante. Aunque se reconociera el trabajo femenino realizado en el ámbito doméstico, este se consideraba como algo natural, como parte de las atribuciones de las mujeres en nombre del amor y de la familia. Sin embargo, es importante destacar que el reconocimiento del trabajo doméstico y de cuidados como económico no significa incorporarlo a la lógica mercantil. La economía feminista reconoce que este tiene características propias, y está profundamente marcado por una dimensión subjetiva y de provisión de parte de las necesidades humanas4 . Por tanto, la propuesta feminista es la de romper con la lógica dominante de valorar tan solo lo que era considerado productivo; es decir, lo que tiene valor monetario. La economía feminista, en su elaboración, procura recuperar la importante contribución económica de las mujeres a lo largo de toda la historia. La denuncia consiste en señalar que el trabajo doméstico y de cuidados realizado primordialmente por las mujeres es una actividad fundamental para el desarrollo capitalista, puesto que garantiza la reproducción humana y, de esa forma, la reproducción de la fuerza de trabajo, sin contar con que se trata de un trabajo que históricamente las mujeres siempre han hecho de forma gratuita. La individualidad está relacionada con el hecho de que cada persona es única y tiene vivencias específicas. Sin embargo, como destaca la autora, es una individualidad relacional, puesto que cada uno y cada una, con sus especificidades, se relacionan e interactúan en sociedad. Ninguna persona es totalmente independiente de otra ni prescinde de otra, ya que hay una interrelación necesaria entre los seres. El bienestar no se alcanza por medio de la posesión de bienes o riquezas, sino por medio de capacidades reales que las personas tienen para “desarrollar estados positivos de vida”, según palabras de Carrasco, como estar bien alimentada, tener buena salud, participar en la vida en comunidad, entre otras. La perspectiva feminista destaca que el bienestar no incluye tan solo recursos materiales, sino también las relaciones de cuidado y de afecto, que son necesidades que se satisfacen principalmente en el ámbito doméstico. Esta perspectiva pone en evidencia el trabajo de cuidados realizado por las mujeres en casa y lo señala como fundamental para el desarrollo humano. Por tanto, no se trata de una cuestión privada, sino que tiene una importante El concepto de sustentabilidad de La vida humana –o de bien-estar humano- como apunta Carrasco, se refiere a La calidad de vida de las personas, incluyendo hombres y mujeres, considerándolas de modo individual pero no de modo individualista. dimensión política y social, por ser un elemento esencial en garantizar la calidad de vida. De este modo, lo que está en juego es la propuesta de un nuevo paradigma orientador para la sociedad, que no se centre en las ganancias y beneficios privados y la economía de mercado, sino que ponga en el centro de la mesa la preocupación por la vida de las personas y el bienestar humano. Es en este sentido en el que la economía feminista aparece en contraposición a los pensamientos económicos dominantes, que ocultaron a las mujeres y las relaciones de género. La economía dominante tan solo considera las relaciones en las que el dinero circula, como el comercio, el gobierno y el mercado. En contraste, en el ámbito de la economía feminista se introducen otros temas, como el acceso y la distribución, entre hombres y mujeres, de la renta, de la tierra y de los recursos, además de que se piensan y proponen políticas públicas que conduzcan a la eliminación de las desigualdades de género. De esta forma, la economía feminista viene colaborando con la crítica al modelo dominante en la producción agrícola y con la construcción de nuevos paradigmas, como los de la justicia y la soberanía alimentaria. “ “ “ “3 CARRASCO, Cristina (2006). La economía feminista: una apuesta por otra economía. En Maria Jesús Vara (coord.) Estudios sobre Género y economía. Madrid: Ed. Akal. 4 FARIA, Nalu. Economia feminista e agenda de lutas das mulheres no meio rural. En BUTTO, Andrea (org.). Estatísticas rurais e a economia feminista: um olhar sobre o trabalho das mulheres. Brasília: MDA, 2009, p.11-29.
  9. 9. 17 Desde la perspectiva feminista, el punto de partida para entender la desigualdad en el acceso a alimentos de calidad es mirar hacia el proceso conocido como “Revolución Verde”, que viene alterando la forma de producción en el campo. Los países del hemisferio sur exportan sus productos a los países del norte a bajo coste y recurren al uso intensivo de trabajo y de los recursos naturales de su territorio. La producción agrícola orientada a la exportación contribuye a que los países productores de alimentos sean justamente aquellos aislados por la miseria y el hambre, al tiempo que enriquecen a los grandes propietarios y empresas de los países más ricos. La modernización y mecanización de la agricultura, principalmente a partir de la Segunda Guerra Mundial, contribuyó a que se generase un tipo de desarrollo orientado principalmente al mercado; un período conocido como “Revolución Verde”. Además de la maquinaria, también se pasó a hacer uso de productos químicos, como fertilizantes y agrotóxicos. Esta modernización era señalada por los Gobiernos como forma de contribuir a la reducción de la miseria de la población. En Brasil, el período de 1960 a 1980 estuvo marcado por la modernización de la agricultura, por medio de un intenso proceso de industrialización. Aunque la Revolución Verde se consideró un modelo para disminuir el hambre y la pobreza de la población, ya que posibilitaría una mayor producción de alimentos, sus consecuencias fueron otras. ¿Cuál es la lógica del mercado en la agricultura? A lo largo de décadas, la agricultura se ha orientado a la obtención de una productividad creciente, con vistas a mayores beneficios. Tanto en Brasil como a nivel mundial, el modelo agrícola llamado de “Revolución Verde” agravó el hambre al dificultar el acceso a tierras, agua y alimentos, y contribuyó a aumentar la desigualdad entre las naciones. Dada la gran inversión de capital en la modernización de la agricultura, tan solo grandes empresas y grandes propietarios de tierra —además del mercado financiero— se vieron favorecidos. Los pequeños agricultores y sus familias no consiguieron competir con las grandes empresas. Se consideraron “atrasados” el conocimiento y la práctica tradicional de dichos trabajadores, y las grandes empresas descartaron o incluso se apropiaron de su sabiduría sin que ellos pudieran reivindicarla como suya. A partir de la década de 1980, esa política se acentuó con la propagación del agronegocio. Como señalan Campos y Campos 5 , las actividades agropecuarias pasaron a estar, cada vez más, controladas por conglomerados económicos que dominan toda la producción y comercialización de alimentos. Ese proceso reforzó la apropiación de las riquezas naturales y de la tierra por parte de estos grandes grupos y su uso como fuente de acumulación de capital. Así, la decisión sobre qué alimentos producir y cuáles comercializar quedó aún más restringida al dominio de pocos. Actualmente, un pequeño grupo de grandes empresas controlan desde la producción de semillas hasta la comercialización de los productos. En el año 2006, las diez mayores empresas de semillas del mundo controlaban el 57% del mercado comercial de semillas. Según un estudio realizado en 2007 por el Grupo ETC, Monsanto —la mayor de ellas— dominaba el 20% de este mercado. 5 CAMPOS, Christiane S. Soares; Campos, Rosana Soares (2007). Soberania alimentar como alternativa ao agronegócio no Brasil. Revista Electrónica de Geografía y Ciencias Sociales, Vol XI. FOTO Gilvan Barreto/Oxfam “ “
  10. 10. 19 Además, este mismo pequeño grupo de empresas que domina la tecnología de producción de semillas es el que controla la producción de herbicidas. Así, una empresa que produce una determinada semilla resistente a un determinado herbicida obliga a los agricultores que van a usar dicha semilla a utilizar también el herbicida que esta produce, lo que le permite controlar, por tanto, los precios y la producción de toda esta cadena. El control de las semillas por parte de las empresas ha contribuido a la reducción de la diversidad biológica del planeta. Según Febles6 , se estima que, en el siglo XX, hubo una pérdida de tres cuartas partes de las especies cultivadas por la humanidad. Actualmente, tan solo 150 especies garantizan la alimentación de la mayor parte de la población mundial, cuando anteriormente se utilizaban 10.000 especies. La pérdida de la biodiversidad también contribuye al empobrecimiento en la alimentación de la humanidad. En la otra punta de la cadena de alimentos está su distribución y comercialización, también dominadas por un grupo pequeño de grandes empresas transnacionales, que acaban por imponer los tipos de alimentos que se deben producir y consumir, así como su calidad y su precio. Actualmente, los diez mayores supermercados controlan el 24% del mercado mundial. El primero de ellos es la empresa Walmart (de los EE. UU.), la cual, en 2006, controlaba el 8% de este mercado. Los supermercados determinan a los productores el tamaño, el color, la forma y la uniformidad que los productos deben tener. Aquellos que no se ajustan a ese modelo son rechazados por parte de los supermercados, por lo que se descartan, de esa forma, gran parte de los alimentos producidos. El dominio de la cadena de alimentos por parte de las grandes empresas hace que los pequeños productores rurales encuentren muchas dificultades para producir y comercializar sus productos ante la competición desigual en el mercado. Muchos se encuentran al límite de la pobreza y se ven obligados a abandonar su producción y la tierra. Haciendo frente a la crisis ambiental Además de profundizar las desigualdades sociales, el modelo de desarrollo basado en la expansión del crecimiento y de la mercantilización de los procesos sociales y vitales provoca fuertes daños al medioambiente, lo que, a su vez, lleva al recrudecimiento de la pobreza alimentaria. El impulso desenfrenado hacia la máxima productividad degrada y destruye la naturaleza, lo que reduce la biodiversidad de la flora y de la fauna. Uno de sus efectos ha sido la contribución al aumento acentuado de la temperatura de la Tierra, principalmente a través de la emisión de gases de efecto invernadero. Son diversos los modos de liberación de estos gases en la atmósfera a lo largo de la cadena de alimentos. Uno de ellos proviene del uso constante de fuentes de energía en el sector agropecuario, principalmente en su maquinaria, como petróleo, carbón mineral y gas natural, que perjudican al medioambiente y liberan gases contaminantes. Del mismo modo, el uso frecuente de agrotóxicos y de fertilizantes no solo provoca la contaminación del suelo y del agua, sino que perjudica a diversas especies de flora y fauna, pudiendo incluso eliminarlas. La desforestación de los bosques también contribuye a la liberación de dióxido de carbono y, de esa forma, a la elevación de la temperatura del planeta. Asimismo, cabe destacar que el modelo vigente de distribución y comercialización de productos y alimentos también lleva al aumento de la emisión de gases contaminantes. El modo como dicho modelo está organizado actualmente obliga a que los productos recorran largas distancias hasta llegar a los grandes centros de distribución, lo que conlleva el uso de un gran número de vehículos que emiten gases contaminantes. De la misma forma, los consumidores también acaban recorriendo largas distancias para tener acceso a los productos y alimentos, y adquirirlos. O sea, es una lógica que enriquece tanto a los grandes empresarios como lleva a la degradación ambiental. Así, el desarrollo de una agricultura orientada al mercado y el control de toda la cadena de alimentos concentrado en manos de una minoría han contribuido a agravar las condiciones de vida de los pequeños productores, campesinos e indígenas; aumentar la dependencia de los agricultores con relación a los insumos externos en las producciones; reducir la biodiversidad; causar daños al medioambiente, y perjudicar la soberanía y el derecho de la población sobre los alimentos. La problemática del hambre no se ha resuelto; al contrario, las desigualdades que la rodean se han intensificado. En ese sentido, el debate sobre la cuestión alimentaria en un futuro próximo está a la orden del día y aparece como un desafío a nivel mundial. Según Chonchol7 , el debate actual se polariza en dos tesis principales. Por un lado, están aquellos que piensan que el crecimiento de la producción no conseguirá responder a las necesidades establecidas por el modo como las sociedades vienen desarrollándose. Así, para estos, el aumento demográfico, el mayor patrón de consumo debido al enriquecimiento poblacional, la degradación ambiental (como las pérdidas de recursos en aguas y tierras, la desertificación, la desforestación, etc.) y la expansión urbana, entre otros factores, dejan al sistema productivo en jaque. Por el otro lado del debate, están aquellos que piensan que los progresos tecnológicos —como las biotecnologías, el uso de organismos genéticamente modificados y las técnicas de valorización y recuperación de los recursos naturales— y el progreso en los sistemas de producción, orientados a la sostenibilidad de los recursos, permitirán que el crecimiento de la producción se adapte al crecimiento de las necesidades. El hecho es que el patrón de consumo sostenido por algunos países desarrollados hace insostenible cualquier modelo de producción de alimentos, ya que, si la población mundial consumiera lo mismo que un ciudadano de los Estados Unidos, se necesitarían cinco planetas Tierra para satisfacer a todo el mundo. 6 FEBLES,Nelson Alvarez (2006). Las semillas en la tierra germinan y se multiplican. En Ya es tiempo de Soberanía Alimentaria. Biodiversidad, sustento y culturas (compendio). 7 CHONCHOL, Jacques (2005). A soberania alimentar. Revista Estudos Avançados, 19 (55): 33-48.
  11. 11. 21 La intrincada realidad de la alimentación El paradigma de producción provisto por la Revolución Verde tuvo impactos en el acceso de la población a alimentos y recursos naturales. En Brasil, parte de la población vive una fuerte limitación en cuanto al acceso a alimentos, agua y tierra, ya sea en el campo como en la ciudad. La producción es capaz de alimentar a toda la población, pero el sistema productivo está compuesto por pocos grupos que dominan y controlan la producción y distribución de alimentos, lo que hace que gran parte de la población, aunque sea productora de alimentos (como los pequeños productores agrícolas), tenga un acceso limitado o reducido a ellos. Según datos del Gobierno federal de Brasil, 16,27 millones de personas se encuentran en situación de extrema pobreza en el país, lo que representa el 8,5% del total de la población brasileña. La población rural representa el 15,6% de la población brasileña; sin embargo, esta cifra representa casi la mitad de los que se encuentran en extrema pobreza, que son el 46,7%. Por otra parte, la población urbana representa el 84,4% de la población total y el 53,3% de aquellos en situación de pobreza extrema8 . La pobreza puede entenderse no solo con relación a la renta, sino también como la privación de los fines o necesidades básicas y de los medios necesarios para resolver tales necesidades. Según Naila Kabeer9 , el combate a la pobreza implica no sólo garantizar el acceso al mercado de trabajo, sino también la garantía de derechos. Entre tales derechos se encuentran el acceso al agua, al suelo, a los servicios de salud, a los espacios sociales y culturales, como forma de garantía de una vida digna. Así, para entender la desigualdad en el acceso a alimentos de calidad es necesario analizar la forma como diferentes segmentos de la población acceden a los recursos. Como se ha visto, el acceso a recursos económicos está relacionado con la satisfacción alimentaria y es uno de los campos en los que se mantiene la desigualdad entre hombres y mujeres. Incluso con mayor escolaridad, las mujeres tienen una renta inferior a la de los hombres. Los datos de la Encuesta Nacional por Muestra de Domicilios (PNAD, por sus siglas en portugués) de 2009 muestran que las mujeres ocupadas recibían, aproximadamente, lo equivalente al 70,7% de la renta masculina, siendo esta diferencia aún mayor entre aquellos insertados en el mercado informal (el 63,2%). La división sexual del trabajo parece que se acentúa aún más en el medio rural. De acuerdo con Melo y Di Sabbato, la participación femenina en la producción se da como miembro de la familia, o sea, su actividad está considerada complementaria a la del marido. Las mujeres realizan sobre todo las actividades relacionadas con el trabajo doméstico, orientadas al autoconsumo y sin remuneración. Además, cuando estas reciben un salario, su trabajo en el medio rural presenta una mayor estacionalidad e inestabilidad —es decir, está más sometido a las fluctuaciones de demanda por producción— y una menor remuneración. Es de destacar que las mujeres rurales reciben alrededor de la mitad de la renta media obtenida por las mujeres en el medio urbano. El uso del tiempo también evidencia la condición desfavorecida de las mujeres. Según datos de la PNAD, en 2009, las mujeres gastaban, de media, 26,6 horas semanales en los quehaceres domésticos, mientras que los hombres dedicaban tan solo 10,5 horas a esta actividad (IBGE, 2010). Los números del Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA, por sus siglas en portugués) muestran que en familias mayores y domicilios rurales, la desproporción en la división del trabajo doméstico aumenta. En familias con ningún hijo, el 94% de las mujeres y el 54,6% de los hombres se dedican a quehaceres domésticos. Con cinco o más hijos, el cuidado es responsabilidad del 95,7% de las mujeres y del 38,8% de los hombres. En áreas rurales, ese número cae al 34,3% de los hombres. O sea, el trabajo doméstico continúa siendo una responsabilidad primordialmente femenina10 . El acceso limitado a recursos 8 Perfil de la extrema pobreza en Brasil elaborado por el Ministerio de Desarrollo Social con base en los datos preliminares del censo 2010, elaborado por el IBGE. Disponible en <http://www.mds.gov.br/saladeimprensa/noticias-1/2011/maio/11.05.02_Nota_Tecnica_Perfil_A.doc/ at_download/file. / 9 KABEER, , Naila (1998). “Tácticas y compromisos: nexo entre género y pobreza”. En Arriagada, Irma; Torres, Carmen (editoras): Género y pobreza: nuevas dimensiones. Ediciones de las mujeres. / 10 IPEA (2011). Retrato das Desigualdades de Gênero e Raça, 4.ª edición. Consulta: 10/06/2013. Disponible en <http://www.ipea.gov.br/retrato/>. FOTO Gilvan Barreto/Oxfam
  12. 12. 23 Los datos recogidos por la PNAD, realizada por el IBGE en 200911 , contribuyen a que identifiquemos la desigualdad con relación al acceso y a la calidad de los alimentos consumidos. Esta encuesta intentó identificar la condición de seguridad alimentaria de los brasileños: En esta encuesta, la PNAD registró un total de 58,6 millones de domicilios particulares en Brasil en 2009, de los cuales el 69,8%, o 40,9 millones, estaban en situación de seguridad alimentaria (SA). En estos domicilios vivían 126,2 millones de personas, lo que Situación de seguridad alimentaria Descripción Seguridad alimentaria Los residentes de los domicilios tienen acceso regular y permanente a alimentos de calidad, en cantidad suficiente, sin comprometer el acceso a otras necesidades esenciales. Seguridad alimentaria leve Preocupación o incertidumbre con relación a los alimentos en el futuro; calidad inadecuada de los alimentos provocada por estrategias que pretenden no comprometer la cantidad de alimentos. Seguridad alimentaria moderada Reducción cuantitativa de alimentos entre los adultos o ruptura en los patrones de alimentación provocadas por la falta de alimentos entre los adultos. Seguridad alimentaria grave Reducción cuantitativa de alimentos entre los niños o ruptura en los patrones de alimentación provocadas por la falta de alimentos entre los niños; hambre (cuando alguien se queda el día entero sin comer por falta de dinero para comprar alimentos). Límites del acceso a alimentos equivale al 65,8% de los residentes en domicilios particulares de Brasil. Los 17,7 millones de domicilios particulares restantes (el 30,2%) se encontraban en algún grado de inseguridad alimentaria (IA); en ellos vivían cerca de 65,6 millones de personas. 11 Disponible en <http://www.ibge.gov.br/home/estatistica/populacao/seguranca_alimentar_2004_2009/pnadalimentar.pdf>. La prevalencia de domicilios con personas en situación de IA leve se estimó en un 18,7%, o, en valores absolutos, en 11 millones de domicilios, en los que vivían 40,1 millones de personas (el 20,9% de la población residente en domicilios particulares). La proporción de domicilios particulares con residentes que vivían en situación de IA moderada fue de un 6,5% (equivalente a 3,8 millones). En estos hogares, había 14,3 millones de personas (el 7,4% de los residentes) conviviendo con limitación de acceso cuantitativo a los alimentos. Del total de domicilios, un 5% de ellos (2,9 millones) se clasificaron como IA grave, restricción alimentaria en la cual por lo menos una persona había registrado alguna experiencia de hambre en el período analizado. Esta situación afectaba a 11,2 millones de personas (el 5,8% de los residentes de domicilios particulares). El área rural fue la que presentó las mayores tasas de inseguridad alimentaria. Con relación a la IA moderada y grave, el 6,2% y el 4,6% de los domicilios del área urbana, respectivamente, se encontraban en tales situaciones, mientras que los porcentajes fueron del 8,6% y el 7% en el área rural. También se constató la desigualdad referente al acceso a alimentos con relación a las grandes regiones brasileñas. Las regiones norte y nordeste registraron, respectivamente, un total del 40,3% y el 46,1% de los domicilios en inseguridad alimentaria. Por otro lado, en las regiones sudeste y sur, el 23,3% y el 18,7% se encontraban en esta situación. Según los datos de la PNAD, la prevalencia de IA moderada o grave fue mayor en domicilios que tenían una mujer como persona de referencia. Entre los domicilios cuya persona de referencia era del sexo masculino, el 10,2% se encontraban en dicha situación, mientras que ese porcentaje fue del 14,2% si la persona de referencia era del sexo femenino. Si la composición domiciliaria incluía a menores de 18 años, la prevalencia de IA moderada o grave fue del 11,5%, si la persona de referencia era del sexo masculino, y del 17,5%, si era del sexo femenino. “ “
  13. 13. 25 Prevalencia de seguridad alimentaria y de inseguridad alimentaria moderada o grave en domicilios particulares y domicilios particulares con por lo menos un residente de 18 años o más de edad, según el sexo de la persona de referencia del domicilio. Brasil, 2009. Además de la dificultad de acceso a los alimentos, hay fuertes desigualdades en lo que se refiere a los gastos y a la calidad de los alimentos consumidos entre la población brasileña. Entre los gastos de consumo en Brasil, los mayores gastos corresponden a la vivienda, seguidos por los referidos a alimentos y transporte. La población rural destina el 27,6% de sus gastos a la alimentación, mientras que la población urbana presenta un gasto menor (el 19%). Otra diferencia está en el tipo de alimento consumido según el área. En los domicilios rurales, la media per cápita/día de consumo fue mucho mayor para alimentos como arroz, alubias, boniato, mandioca, harina de mandioca, mango, mandarina, pescados frescos, pescados salados y carnes saladas. Por otro lado, en los domicilios urbanos prevaleció el consumo de productos terminados (comida rápida) o procesados, como pan de sal, galletas rellenas, yogures, batidos, bocadillos, aperitivos fritos y asados, pizzas, refrescos, zumos y cervezas (IBGE, 2011). Cuestionadas sobre la suficiencia con relación a los alimentos, el 64,5% de las familias brasileñas respondieron positivamente, frente al 35,5% de las que afirmaron que la cantidad de alimentos consumidos era insuficiente o eventualmente insuficiente. Cabe resaltar que hubo una mejora significativa en este sentido en comparación con la encuesta anterior de 2002/2003, en la que ese último porcentaje fue del 53%. No obstante, la insatisfacción por la cantidad de alimentos consumida es mayor en las áreas rurales. En ellas, el 45,6% de las familias mencionaron algún grado de insuficiencia de la cantidad de alimentos consumidos , mientras que en las áreas urbanas ese porcentaje fue del 34%, aproximadamente. % Hombres Hombres Domicilios particulares Domicilios particulares con por lo menos un residente de 18 años de edad o más MUjeRES Seguridad alimentaria Inseguridad alimentaria moderada o grave Fuente: IBGE, Diretoria de Pesquisas, Coordenação de Trabalho e Rendimento, Pesquisa Nacional por Amostra de Domicílios 2009. MUjeRES 71,9 10,2 65,6 14,2 65,9 11,5 17,5 55,9 FOTO Gilvan Barreto/Oxfam
  14. 14. 27 Las mujeres enfrentan una profunda desigualdad en el acceso a la tierra. Los datos del Censo Agropecuario de 2006 del IBGE muestran que la proporción de establecimientos en los que las responsables son mujeres en condición de propietarias, del 75,9%, es ligeramente inferior a la de los hombres, del 76,3%, y prácticamente igual en el caso de los asentados sin titulación definitiva (del 3,6% y el 3,7%, respectivamente). Sin embargo, las mujeres son más precarias entre los precarios. En condición de arrendatarios, la proporción de establecimientos en los que las responsables son mujeres es del 2,4%; la mitad de la de los hombres, Área media de los establecimientos según la condición del productor y el sexo del responsable del establecimiento Condición del productor Mujer (ha) Hombre (ha) Proprietario 33,17 84,19 Asentado sin titulación definitiva 24,33 31,26 Arrendatario 13,89 41,03 Aparcero 8,02 14,43 Ocupante 7,98 16,53 Fonte: IBGE, Censo Agropecuário 2006. La tabla de arriba revela una de las formas de desigualdad en el acceso de las mujeres a la tierra, que es el hecho de ser responsables de unidades menores. El área media de las propietarias representaba menos del 40% de la de los propietarios, y el área media de las arrendatarias representaba el 34% de la de los arrendatarios. A esto hay que sumar las evidencias de estudios empíricos que indican que las mujeres están en áreas con menores condiciones de producción y acceso a la comercialización12 . Desde los años 1980, una serie de alteraciones en la legislación y en las políticas públicas vienen intentando disminuir esa discrepancia. La Constitución de 1988 ya preveía una titulación conjunta para hombres y mujeres de las tierras destinadas a la reforma agraria. Sin embargo, la ausencia de la titularidad conjunta y obligatoria generaba prácticas culturales en las que las mujeres estaban subordinadas al padre, al marido o al hermano. Una orden de 2003 del Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria (Incra13 , por su acrónimo en portugués) vuelve obligatoria la titulación conjunta en caso de casamiento o unión de hecho. Aun así, una diferencia significativa persiste, si se consideran las diferentes iniciativas llevadas a cabo en los últimos años para eliminar las barreras al acceso de las mujeres a la tierra en los procesos de selección de beneficiarios y en las La lucha constante por el acceso a la tierra que es del 4,7%. La situación se invierte en la condición de productores sin área: un 8,1% para las mujeres frente a un 4,5% para los hombres. El acceso desigual de las mujeres a la tierra es aún más evidente si observamos el área media por condición del productor. Los establecimientos en los que las mujeres son las responsables tienen áreas medias inferiores a la mitad del área media de los establecimientos en los que los hombres son los responsables en condición de propietarios y arrendatarios, y próximas a la mitad en los casos en los que son aparceros y ocupantes. políticas de apoyo a los asentamientos de reforma agraria. En la condición de asentados la diferencia es menor; el área media de los establecimientos en los que la mujer es responsable equivale al 78% del área media de los administrados por hombres. Si se considera que los lotes en los proyectos de asentamiento tienen áreas iguales, esta diferencia de área debe indicar una menor presencia de las mujeres en las regiones de mayor módulo fiscal, como las regiones norte y centrooeste. La desigualdad en el acceso a la tierra también se explica por factores culturales. Un estudio realizado por Maria José Carneiro señala que, a pesar de la igualdad establecida por el Código Civil, sigue habiendo códigos de costumbre que ponen los intereses de la familia por encima de los individuales. Al estudiar la herencia de tierras entre agricultores de origen italiano en Rio Grande do Sul, la autora constató que las hijas normalmente no heredan la tierra en caso de que el padre muera. Tanto la viuda como las hijas se ven obligadas a ceder su parte en favor de los hombres, para garantizar el mantenimiento de la unidad del patrimonio. “Su parte [la de las mujeres] en la herencia se reduce al ajuar y a algunos bienes para la casa, si se casan con un agricultor, o se destina a su mantenimiento en la ciudad mientras estudia y se prepara para entrar en el mercado de trabajo urbano”, afirma la investigadora. 12 CARNEIRO, 2001, p. 49; DOSS; GROWN; DEERE, [s.d.], p. 6 13 Incra - Instituto Nacional de Colonização e Reforma Agrária, responsável federal pela gestão territorial rural. FOTO Gilvan Barreto/Oxfam
  15. 15. 29 Dada la falta de sostenibilidad del modelo hegemónico de producción y de consumo, nuevas corrientes surgen para oponerse a este y proponer nuevos caminos. Los movimientos sociales reforzaron su unión en el enfrentamiento al agronegocio y en la defensa de la soberanía alimentaria. Dentro de esta lucha común se reúnen movimientos de trabajadores rurales, indígenas, campesinos, movimientos sociales urbanos y movimientos de mujeres, entre otros. Este principio comprende el derecho de la población a alimentos saludables y culturalmente adecuados, producidos con métodos sostenibles, y la autonomía de la población para definir sus propios sistemas agrícolas y alimentarios; es decir: qué, cuánto y cómo producir y consumir. La soberanía alimentaria defiende que las necesidades y formas de vida de Promoviendo la soberanía alimentaria Carneiro añade que en el caso de las mujeres solteras puede hacerse una excepción. Como se entiende que esas mujeres renunciaron al casamiento para atender a las demandas familiares, las solteras reciben una pequeña parcela de tierra para garantizar su subsistencia. Sin embargo, dicha parcela es menor en tamaño y calidad que la destinada a los hombres14 . Incluso con la posesión conjunta, la decisión sobre el uso de la tierra también se ve influenciada por las relaciones de género. A partir de tabulaciones del Censo Agropecuario 2006, hechas por Nobre15 , se puede verificar que, en el caso de varios productos, los establecimientos en los que la mayor parte de la fuerza de trabajo es femenina registran una comercialización menor de la de aquellos en que la fuerza de trabajo mayoritaria es masculina. Varias agricultoras declaran que reciben presión de sus maridos para utilizar la mayor parte del área (si no toda) para la siembra comercial, mientras que 14 CARNEIRO, Maria José. “Acesso à terra e condições sociais de gênero: reflexões a partir da realidade brasileira”. Quito, 2006. / 15 NOBRE, Miriam: Censo Agropecuário 2006 – Brasil: uma análise de gênero. In Butto, Andréa, Dantas, Isolda, Hora, Karla.: As Mulheres nas estatísticas agropecuárias: experiências em países do sul. MDA, Brasília, 2012. 16 O Seminário Nacional Mulheres e Agroecologia aconteceu entre 28 a 30 de abril de 2006 em Belém com a participação de cerca de 150 mulheres e foi preparatório ao II Encontro Nacional de Agroecologia ocorrido em Recife em junho do mesmo ano. ellas presionan por mantener el terreno productivo. Hay que considerar el impacto de la prevalencia del autoconsumo para la autonomía económica de las mujeres. Incluso autoras, como Carrasco, que valorizan la contribución económica de las mujeres mediante su trabajo y disponibilidad permanente para el cuidado reconocen que los ingresos monetarios son absolutamente necesarios en nuestra sociedad para acceder a los recursos vitales. Participantes del Seminario Nacional de Mujeres y Agroecología16 afirmaron que este dilema también está presente en las familias de agricultores agroecológicos. En su relación con el mercado, las mujeres informaron de situaciones en que las agricultoras vendían miel para comprar azúcar refinado o vendían pollo de corral para comprar pollo congelado. Así, no podían disfrutar de los alimentos de buena calidad que producían. Se temía que el incentivo a la comercialización contribuyera a un empeoramiento de la seguridad alimentaria de las familias. La soberanía alimentaria es un concepto construido, y presentado en 1996, por Vía Campesina, un movimiento internacional que reúne a millones de campesinos(as), pequeños(as) productores(as), comunidades sin tierra, indígenas, emigrantes y trabajadores(as) agrícolas. aquellos que producen, distribuyen y consumen alimentos estén en el centro de esos sistemas, y no a expensas de los intereses del mercado y de las grandes empresas. La soberanía alimentaria insiste en la necesidad de cambiar el punto de vista político para alcanzar la seguridad alimentaria y el derecho a la alimentación. También afirma el cambio en las relaciones de poder y sitúa a aquellos que sufren injusticias en el acceso a los alimentos en el centro de las políticas. Cabe resaltar que los conceptos de soberanía alimentaria y de seguridad alimentaria no son sinónimos. El término “seguridad alimentaria” — concepto utilizado, sobre todo, por instituciones gubernamentales— surgió después de la 1.ª Guerra Mundial, vinculando principalmente la cuestión “ FOTO Gilvan Barreto/Oxfam
  16. 16. 31 En este sentido, el concepto de “soberanía alimentaria” surge como una estrategia para transformar el modelo actual, ya que defiende el derecho de la población y la autonomía local con relación a los sistemas alimentarios, y también cuestiona los modelos hegemónicos de producción, distribución y consumo de alimentos. Por lo tanto, esta es una propuesta de carácter amplio, que abarca la defensa de una reforma agraria justa, el control territorial, los mercados locales, la biodiversidad, la autonomía, la salud y la calidad de vida. Uno de sus principios fundamentales es el fortalecimiento de la producción y del consumo local de alimentos. Existe la preocupación de garantizar el uso de la tierra, de las aguas, de las semillas y de la biodiversidad a los pequeños productores, lo que se hace posible quitando el poder a los conglomerados económicos. alimentaria a la capacidad de producción de cada país. En su definición, la seguridad alimentaria y nutricional se comprende como la garantía del derecho de todos al acceso a alimentos básicos, en cantidad suficiente, sin que eso impida la satisfacción de otras necesidades esenciales, basada en prácticas alimentarias saludables para contribuir, de esa forma, a una existencia digna en un contexto de desarrollo integral de la persona humana. Tal concepto aborda la cuestión alimentaria a partir de la posibilidad económica y social de obtener alimentos y de la calidad de los alimentos consumidos, principalmente con relación a la calidad nutricional. Sin embargo, puede ser que esto no cuestione el tipo de sistema de producción, lo que favorece al agronegocio y el uso de transgénicos y agrotóxicos, en algunos casos. Al defender la autonomía local, la soberanía alimentaria contribuye también aportando propuestas de nuevas formas de circulación y de distribución de alimentos por medio de circuitos que acerquen a productores y consumidores para, de esa forma, reducir las intermediaciones entre ellos y reforzar sus alianzas. Además, destaca la importancia de consumir productos de temporada o que se hayan cultivado o criado en lugares próximos y en armonía con el medioambiente. De la misma forma, la soberanía alimentaria propone cambios, no solo en los modelos de producción de alimentos, sino también en los de consumo. El consumo debe dejar de basarse en productos industrializados y comidas rápidas (fast-foods) — valorizados en la sociedad actual porque se destina mucho tiempo al ámbito productivo—, y empezar a centrarse en una alimentación de calidad. Para ello, se vuelve también necesario que se establezcan políticas públicas orientadas a la calidad alimentaria y que atiendan colectivamente a la población, como los restaurantes populares. La soberanía alimentaria se destaca como una de las respuestas más promisorias y eficaces a la crisis alimentaria, climática y social en la que el mundo está inmerso actualmente. Además de afirmar el derecho de todos los pueblos a la alimentación, propone el desarrollo regional y mundial de un modelo sostenible, el cual pasa necesariamente por la búsqueda de igualdad en sus múltiples dimensiones: social, económica, étnica/racial, de género, etc. FOTO Gilvan Barreto/Oxfam
  17. 17. 33 POLÍTICAS PÚBLICAS 2
  18. 18. 35 El papel del Estado es crucial en el enfrentamiento y combate a las desigualdades sociales, tan fuertes y visibles en Brasil. En un país donde el hambre y la pobreza aún forman parte de la realidad de millones de brasileños, se hacen urgentes acciones que promuevan una ruptura en las condiciones de miseria en las que vive parte de la población. Muchas de esas acciones surgen a partir de la iniciativa de la sociedad civil y de movimientos sociales, que buscan alternativas para disolver la lógica de contrastes sociales, como las que se realizan en el campo de la soberanía alimentaria. Sin embargo, la actuación del Estado es fundamental, tanto para fortalecer esas iniciativas como para hacer realidad y garantizar que las transformaciones ocurran en una sociedad más justa e igualitaria. La heterogeneidad que marca la realidad brasileña presenta desafíos especiales a las políticas públicas que buscan combatir las desigualdades. Las acciones emprendidas por el Estado pueden tener diferentes diseños y, por consiguiente, diferentes impactos en función de su alcance, objetivo, tiempo de duración y capacidad de transformación, entre otros. Así, analizaremos las acciones emprendidas por el Estado en el enfrentamiento al hambre y a la pobreza, intentando comprender sus límites, avances y desafíos, y de qué modo promueven cambios en la condición de vida de las personas, una transformación en la sociedad y un camino hacia la igualdad. El hambre no se limita tan solo a la falta de acceso a alimentos, sino que también implica (re)pensar su sistema de producción y distribución, así como romper con la lógica que reproduce, en nuestra sociedad, las desigualdades socioeconómicas, el machismo, el racismo, entre otros. “ “ FOTO Gilvan Barreto/Oxfam
  19. 19. 37 Las políticas públicas de combate a la pobreza encuentran tres desafíos principales. El primero es impedir que las personas mueran de hambre. El segundo es garantizar a las personas oportunidades para que salgan de la situación de pobreza, lo que puede llevarse a cabo a través de programas de generación de renta, microcrédito y promoción del desarrollo sostenible local, como hace la agricultura familiar. El tercero es impedir que las personas vuelvan a estar en situación de pobreza, lo que es posible a partir de políticas sociales como el seguro de desempleo y la seguridad social, entre otras. Desde el año 2003, el Gobierno federal viene poniendo en práctica una serie de medidas para enfrentar el problema del hambre y de la miseria en Brasil, tanto en área rurales como urbanas, como los programas Bolsa Família [Subsidio para la familia], Fome Zero [Hambre cero] y Brasil Sem Miséria [Brasil sin miseria]. Desde su implementación, crece el debate y el número de estudios que aúnan esfuerzos para analizar sus alcances y limitaciones. El efecto de tales medidas, así como de la actuación de movimientos sociales que presionan por esas acciones, se viene reflejando en encuestas o estudios nacionales. Los datos recogidos por la Encuesta de Presupuestos Familiares (POF, por sus siglas en portugués), realizada por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE, 2010b), muestran una sensación de mejora de las familias con relación a la alimentación consumida. Según esta encuesta, en 2008/09, el 64,5% de las familias declararon tener la cantidad de alimentos suficiente para llegar a fin de mes, mientras que, en 2002/03, ese número era del 53%. En lo que se refiere a investigar si las familias consumían (siempre, a veces o casi nunca) su alimento preferido, la encuesta también muestra una mejora: mientras que en 2002/03 el 73,2% declararon alguna insatisfacción, ese porcentaje fue del 65% en 2008/09. Entretanto, a pesar de que las familias sienten una mejora con relación a los años anteriores, el problema del hambre aún es una realidad de gran parte de las familias brasileñas. Según datos del propio Gobierno federal, actualmente aún son 16 millones los brasileños que viven en situación de extrema pobreza. Algunos programas abarcan la totalidad del territorio nacional (aunque haya directrices específicas para el campo y la ciudad), como es el caso del Plan Brasil Sem Miséria, del Programa Bolsa Família y del Programa Fome Zero. Otros programas están orientados directamente al medio rural. Entre ellos, se destacan las iniciativas dedicadas al fomento de la agricultura familiar, que incluyen preceptos de agroecología, soberanía alimentaria y economía solidaria. El Programa Nacional de Agricultura Familiar (Pronaf) y el Programa de Adquisición de Alimentos (PAA), entre otros, tienen un importante papel. Del mismo modo, algunos programas incorporan un enfoque hacia las relaciones de género en sus directrices, con vistas a promover cambios en la vida de las mujeres. Otros programas, aunque no están directamente orientados a las mujeres, acaban teniéndolas como objetivos principales. Así, intentaremos introducir en nuestro análisis cómo las relaciones de género se incorporan en esas políticas y cuáles son los desafíos que aún tienen que enfrentar en lo que respecta a la igualdad entre los sexos. Políticas de enfrentamiento al hambre y a la pobreza FOTO Gilvan Barreto/Oxfam
  20. 20. 39 El Plan Brasil Sem Miséria está dirigido a los 16 millones de brasileños (indicados por el Censo 2010 del IBGE) que viven en situación de extrema pobreza en el país; es decir, aquellos que viven en hogares con una renta de hasta 70 reales por persona. Según datos del propio Gobierno federal, las acciones del plan, que incluyen algunas orientadas específicamente a las áreas rurales y otras, a las áreas urbanas, se realizan en conjunto y se suman a otros programas existentes, como el Programa de Adquisición de Alimentos (PAA) y el Programa Bolsa Família. En las áreas rurales, el 47% de la población se beneficia del plan. Para esta parte de la población, las estrategias están orientadas al aumento de la producción del agricultor y de la comercialización de sus productos, lo que se lleva a cabo a través de la oferta de asistencia técnica, el fomento para la adquisición de insumos y semillas, la garantía de acceso al agua mediante la construcción de cisternas y otros sistemas, y la garantía de comercialización de los productos (a través del PAA y del incentivo de compra por parte de otras instituciones, como universidades y hospitales). Por otro lado, las estrategias dirigidas a la población en extrema pobreza en las áreas urbanas, según el propio Gobierno federal, son el acceso a una ocupación y la generación de renta. Así, el plan ofrece cursos de formación profesional para capacitar a esta población; realiza la intermediación entre la población y las empresas con el fin de garantizar la inserción en el mercado de trabajo; busca la ampliación de la política de microcrédito y el fomento y fortalecimiento de la economía popular y solidaria. En 2012, el Gobierno federal lanzó el Programa Brasil Carinhoso [Brasil Cariñoso], que se suma al conjunto de acciones del Plan Brasil Sem Miséria, orientado a las familias que tengan hijos de hasta 6 años de edad y que vivan en extrema pobreza en el país. Su propuesta tiene el objetivo de garantizar que todas las familias con por lo menos un hijo en esa franja etaria supere el valor de 70 reales por persona, además de pretender ampliar su acceso a guarderías y a educación, y promover una mejora en los cuidados de salud (garantía de vitaminas alimenticias, acceso a medicamentos, etc.). Experiencias de políticas públicas, programas y acciones en Brasil para combatir la miseria FOME ZERO Plan Brasil Sem Miséria Programa Bolsa Família El programa Fome Zero es una estrategia del Gobierno federal que busca el enfrentamiento directo del problema del hambre en el país. Sus acciones pretenden garantizar el derecho a una alimentación adecuada de toda la población, afianzadas en los preceptos de seguridad alimentaria y nutricional. Las acciones del programa Fome Zero se realizan en conjunto con programas y acciones impulsados por los Gobiernos federal, estatales y municipales, e incluyen la garantía de acceso a alimentos, el fortalecimiento de la agricultura familiar, la generación de renta y estrategias de movilización y de articulación social. En términos de género, se puede identificar, entre las acciones de carácter de emergencia priorizadas por el programa, una acción centrada plenamente en las mujeres: el combate a la desnutrición materno infantil. Para hacer efectiva esta acción, el proyecto de Fome Zero tiene como principales propuestas: i) el suministro de productos alimenticios, como la leche, y de nutrientes básicos, como hierro y vitaminas, para los niños inscritos en la red de salud y asistencia social, con vistas a universalizar los programas ya existentes; ii) el diagnóstico precoz y el tratamiento de la desnutrición, acompañados de orientaciones nutricionales y del seguimiento por parte de los equipos de salud de las evoluciones tanto del niño como de su familia; iii) el fortalecimiento del Sistema de Vigilancia Nutricional (Sisvan) como instrumento para identificar, registrar, visitar y orientar a las familias con relación a su salud y alimentación; y iv) programas de incentivo y orientación para el amamantamiento materno (Instituto Cidadania, 2001). A pesar de la reconocida importancia de la medida, no se puede afirmar que sea una iniciativa de género, puesto que el empoderamiento y la autonomía de las mujeres no son los propósitos de esa acción; se trata de solucionar un problema que involucra a la mujer como agente fundamental de la reproducción social. El aspecto de género solo parece estar presente en el Programa Cartão Alimentação [Tarjeta de alimentación] (PCA), una modalidad de transferencia de renta presente entre las acciones específicas del programa Fome Zero. El PCA ha seguido la tradición iniciada por otros programas de esa naturaleza al dar preferencia a la mujer para recibir este recurso. Además de consolidar esa orientación, el PCA la amplió, ya que no vincula la priorización de la mujer a su condición de madre17 . 17 PRATES, Ceres A.; NOGUEIRA, M. Beatriz. Os programas de combate à pobreza no Brasil e a perspectiva de gênero no período 2000-2003: avanços e possibilidades. 2005. Disponível em http://www.eclac.org/publicaciones/xml/9/22229/lcl2309p.pdf Un programa considerado relevante en la política del actual Gobierno de Brasil, y que se vincula al plan de erradicación de la miseria en el país, es el Programa Bolsa Família. Este programa es parte de las políticas de transferencia de renta, que tienen como objetivo mejorar la condición de vida de las personas más pobres o extremadamente pobres. Sin embargo, se considera que esta mejora no debe llegar solo con la transferencia de renta, sino que a ella se debe sumar el desarrollo y la ampliación de servicios sociales básicos. Con relación a la transferencia de renta, hay cinco tipos de beneficios que involucran a las familias pobres o extremadamente pobres, a causa de que los valores varían de acuerdo con la situación y la composición familiar (dependiendo, por ejemplo, del número y la edad de los hijos). Un informe reciente divulgado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) señala que, desde 2003 a 2009, hubo una reducción del 36,5% de la pobreza en Brasil, o sea, en ese período, 27,9 millones de personas salieron de esa condición. Según el
  21. 21. 41 “ Según definición del Gobierno federal brasileño, el Programa Bolsa Família contienen tres ejes principales: la transferencia de renta, como medida inmediata para aliviar el problema de la pobreza; las eventualidades, ya que se trata de garantizar el acceso a derechos básicos como educación, salud y asistencia social, y los programas complementarios. informe, la valorización del salario mínimo en el país y el Programa Bolsa Família han contribuido a la mejora de esos indicadores. Algunos estudios señalan que el Programa Bolsa Família contribuye a mitigar la situación de pobreza de las familias, pero aisladamente no consigue causar la ruptura del problema. El trabajo de Maria Ozanira Silva18 sobre el Bolsa Família indica que los programas que transfieren mensualmente el valor de un salario mínimo, como es el caso del Beneficio de Prestación Continuada y del Seguro Social Rural, son los que más han contribuido para reducir la desigualdad y la pobreza en Brasil. Según la OIT, las rentas provenientes de la recepción de asistencia social y del beneficio de prestación continuada (BPC) fueron responsables de alejar de la pobreza a 23,1 millones de personas en Brasil en 2009. El beneficio de prestación continuada (BPC) integra la política de asistencia social y está destinado a las personas de 65 años de edad o más y a las personas portadoras de deficiencias que vivan con familias cuya renta familiar per cápita sea inferior a un cuarto de un salario mínimo. El beneficio consiste en un salario mínimo para cada beneficiario, y puede haber uno o más por familia. O sea, es una transferencia de ingresos destinada a aquellas personas que comprueben que no tienen medios para cubrir su propia subsistencia o ser mantenida por su familia. Según datos del Ministerio de Desarrollo Social (MDS), en 2012, 3,6 millones de personas fueron beneficiadas por el BPC en Brasil; de estos, 1,7 millones eran ancianos y 1,9 millones eran personas con deficiencia. Un análisis más específico sobre el Programa Bolsa Família permite observar elementos en cuanto a su proceder frente a la pobreza en Brasil, considerando el modo como ha modificado las condiciones de las familias brasileñas, incluso las de las mujeres. 18 SILVA, Maria Ozanira da S. O Bolsa Família: problematizando questões centrais na política de transferência de renda no Brasil. Ciência & Saúde Coletiva, 12(6):1429-1439, 2007. “ Aunque el Programa Bolsa Família no esté dirigido específicamente a las mujeres, en la práctica, ellas han sido las principales beneficiarias, ya que se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad social, además de ser las principales cuidadoras de las familias. Ellas también se han convertido en el objetivo del programa porque se considera que suelen destinar mejor que los hombres los recursos en pro del hogar y la familia. “ FOTO Gilvan Barreto/Oxfam
  22. 22. 43 “ “El acceso a la renta, posibilitado por medio del programa, ha contribuido no solo a la mejora de la situación social de las familias, sino que también ha elevado el poder de compra de las mujeres y, consecuentemente, de las familias en lo que se refiere a la cantidad y calidad de bienes y productos. Para algunas familias, esa es la primera experiencia de acceso a una renta mensual. Según la encuesta sobre el programa realizado por la organización Agende – Ações em Gênero, Cidadania e Desenvolvimento [Acciones en Género, Ciudadanía y Desarrollo] y por el Nucleo de Estudios e Investigaciones sobre la Mujer de la Universidad de Brasilia, al exigir la documentación para el registro de los beneficiarios, el Programa contribuyó a promover la ciudadanía de una parte de la población que anteriormente, en muchos casos, no era poseedora de al menos un documento oficial que la identificase. De la misma forma, el estudio señala que el aumento del consumo también representa un beneficio para el municipio en su conjunto, en la medida en que estimula el desarrollo de la economía local19 . Las políticas públicas dirigidas a las mujeres rurales Al final de los años 1980 y en los años 1990, la búsqueda por la autonomía económica y social de las mujeres rurales ganó fuerza, por intermedio de los movimientos de mujeres del campo y de las auto organizaciones de mujeres rurales. Esos movimientos y organizaciones comenzaron a reivindicar el reconocimiento de las mujeres como agricultoras, el acceso igualitario a la tierra en la reforma agraria y derechos sociales, centrándose en el acceso a la previsión social. Tras el reconocimiento como agricultoras por el Gobierno de Brasil, las mujeres pasaron a reivindicar su inclusión en el denominado “bloc de notas de los productores rurales”20 y el derecho de afiliarse a los sindicatos locales, para buscar de manera igualitaria los derechos a las políticas públicas y la tierra. Con la realización de la Marcha das Margaridas21 , de las manifestaciones de Vía Campesina y en los “8 de marzo”, las reivindicaciones de las mujeres rurales pasaron a tener mayor visibilidad, pues son eventos de gran movilización nacional, estableciendo así un diálogo promisorio y continuo con los gestores públicos hacia la implementación de políticas públicas para las agricultoras familiares. Con el reconocimiento de la existencia de las desigualdades de género en el campo, el gobierno federal brasileño instituyó políticas públicas de acceso igualitario a la tierra, programa para la emisión de la documentación básica de las mujeres rurales y apoyo a la producción y su comercialización. Se instituyó también la Secretaría de Políticas para Mujeres (SPM), con jerarquía Aunque exista esa mejora, el programa no proporciona una mayor participación de las mujeres en actividades sociales y económicas y en los espacios públicos. Gran parte de las beneficiarias siguen realizando las actividades restringidas a la esfera doméstica —como la casa, el jardín o el barrio—, sin que haya un incentivo para que puedan participar en otros espacios públicos, políticos y sociales. 19 AGENDE – Ações em Gênero, Cidadania e Desenvolvimento e Núcleo de Estudos e Pesquisas sobre a Mulher da Universidade de Brasília. O programa bolsa família e o enfrentamento das desigualdades de gênero. (S/d) Disponível em <http://www.ipc- undp.org/doc_africa_brazil/Webpage/missao/Pesquisas/PESQUISA_MULHER.pdf>. Acesso em 22/10/2010. 20 É um documento fiscal de produtor rural, autorizado pela Sefa (Secretaria Estadual da Fazenda). O Bloco de Notas Fiscais dos Produtores Rurais é o documento necessário para que o produtor rural pessoa física possa comercializar seus produtos (aqueles oriundos de seu trabalho em sua propriedade. Ex.: milho, soja, feijão, pinus, eucalipto, frangos, bovinos, etc.). / 21 A Marcha das Margaridas teve quatro edições, a primeira em 2000 e as outras em 2003, 2007 e 2011. Esta misma investigación indicó que las mujeres advierten que han ampliado su autoridad en el seno de la familia gracias a su mayor poder de compra, lo que permite que negocien posiciones en el espacio doméstico. Ellas sienten ampliar su autonomía económica al no depender del dinero de sus maridos o compañeros, lo que los lleva a valorizar su contribución a la economía doméstica. De esta forma, aunque no sea su objetivo, el programa lleva al aumento de la autoestima y al aumento de poder de las mujeres, lo que posteriormente tiende a contribuir a que cambien las relaciones de género en el seno de la familia y en la sociedad. Por lo tanto, el acceso a la renta debe ser protegido en conjunto con el acceso a otros derechos y servicios sociales (como a la educación, guarderías, restaurantes colectivos, entre otros), que posibiliten a las personas —y, señalamos, a las mujeres— , no solo romper con la situación de pobreza y miseria en la que se encuentran, sino también romper con la lógica de las relaciones de género, que responsabilizan exclusivamente a las mujeres por el trabajo doméstico y de cuidados. FOTO Gilvan Barreto/Oxfam
  23. 23. 45 La creación del Programa Organización Productiva de Mujeres Rurales fue una iniciativa muy importante para que las mujeres pudiesen alcanzar su autonomía económica y social. El programa facilita el acceso de las mujeres a las políticas de comercialización y de organización productivas por medio de la difusión de los principios de la economía feminista y solidaria, con el objetivo de fortalecer a las organizaciones productivas de trabajadoras rurales, incentivando el intercambio de informaciones, conocimientos técnicos, culturales, organizacionales, de gestión y de comercialización y valorizando los principios de la economía solidaria y feminista, para posibilitar el acceso de las mujeres a las políticas públicas de apoyo a la producción y comercialización. “ “ de ministerio, y la Asesoría Especial de Género, Raza y Etnia (Aegre), que hoy se ha transformado en la Dirección de Políticas para Mujeres Rurales y “Quilombolas” [habitantes de los refugios de esclavos negros] (DPMRQ), parte del Ministerio de Desarrollo Agrario (MDA). Para garantizar la ampliación e inclusión de las mujeres rurales en las políticas públicas, el Gobierno federal brasileño estableció una estrategia firmando la integración de algunos planes y programas del MDA, como el II Plan Nacional de la reforma Agraria (PNRA), el Programa Nacional de Fortalecimiento de la Agricultura (Pronaf), el Programa Nacional de Desarrollo Sostenible de Territorios Rurales, el Programa Brasil Quilombola y el Programa Nacional de Asistencia Técnica y Extensión Rural. Se distingue la ampliación del presupuesto para las políticas públicas destinadas a las mujeres en los Planes Plurianuales (PAA) de 2004-2008 y de 2008-2011. El gobierno federal brasileño estableció, en 2003, la obligatoriedad, independientemente del estado civil de la pareja, de la titulación conjunta de la tierra en los lotes de los asentamientos de la reforma agraria. Otra medida, en 2007, dio preferencia a las mujeres jefes de familia en la Sistemática de Clasificación de las Familias Beneficiarias de la Reforma Agraria y determina que, en caso de separación, el lote se quede con las mujeres, siempre que permanezcan con la custodia de los hijos. El Programa Nacional de Documentación de la Trabajadora Rural (PNDTR)22 garantiza la emisión de la documentación civil y laboral gratuitamente para las mujeres rurales. Tales documentos se emiten en reuniones colectivas de ayuda mutua para ese fin, que también orientan e informan a las mujeres sobre sus derechos y políticas públicas de la agricultura familiar y de la reforma agraria. La Política Nacional de Asistencia Técnica (PNATER), en 2004, incorporó en su contenido cuestiones de relaciones de género. Pasaron a ser tenidas en cuenta las necesidades de las mujeres en la selección de financiamiento de proyectos y, también, en las orientaciones metodológicas. Esa política se propone reconocer y estimular la participación de las mujeres en la elaboración de proyectos, derribando la noción de trabajo de las mujeres como ayuda, y valorizar y perfeccionar los conocimientos existentes en las prácticas de las mujeres. En 2003, después de las reivindicaciones de los movimientos de mujeres para generar una línea específica de financiamiento que impulsase su autonomía económica, el acceso de ellas al Pronaf fue ampliado, con la obligación de la titularidad conjunta como criterio para el crédito, y se creó una línea especial de crédito: el Pronaf Mujer. 22 O PNDTR é uma ação fundamental para a inclusão social das trabalhadoras rurais, seja na reforma agrária, seja na agricultura familiar, uma vez que possibilita a emissão gratuita de documentos civis, trabalhistas e de acesso aos direitos previdenciários, por meio de mutirões itinerantes de documentação. O programa também realiza ações educativas para esclarecer as beneficiárias sobre o uso de documentos, apresentar políticas públicas e orientar quanto ao seu acesso. FOTO Gilvan Barreto/Oxfam
  24. 24. 47 En los últimos años ha crecido el número de mujeres rurales atendidas por la Asistencia Técnica, pero las mujeres todavía enfrentan una serie de dificultades para tener acceso a esos servicios. Los datos del Diagnóstico sobre la Implementación de las Políticas Públicas para la Igualdad de Género del Ministerio de Desarrollo Agrario (MDA) señalan que las principales dificultades enfrentadas por grupos productivos de mujeres son la falta de información sobre cómo proceder y adónde ir, la falta de continuidad en la oferta del servicio y la dificultad de que no se consideren la realidad y el conocimiento de las mujeres en la elaboración de proyectos productivos. Por medio del análisis hecho por Miriam Nobre23 , se observa que en los establecimientos conducidos por hombres reciben más atención de la Asistencia Técnica. Mientras los hombres reciben alrededor del 22 %, las mujeres suman solamente el 11% de la atención recibida. “Para que estuviesen en el mismo nivel de los establecimientos en que los responsables son hombres, más de 66.000 establecimientos conducidos por mujeres deberían ser contemplados”, afirma Nobre. La ausencia de asistencia técnica y la falta de preparación de los equipos técnicos para realizar proyectos con las mujeres rurales implica que ellas no accedan a otras políticas públicas, como crédito y participación en programas de compra de alimentos. Del mismo modo, se hace necesaria una calificación de los equipos técnicos de las prestadoras de Ater (Asistencia Técnica y Extensión Rural) sobre las relaciones desiguales de género, división sexual del trabajo y organización productiva de grupos de mujeres rurales, para que esos equipos puedan modificar su visión sobre la familia, la estructura de la unidad de producción y las relaciones de poder y jerarquía de los hombres sobre las mujeres. Esas cuestiones deben ser tenidas en cuenta a la hora de elaborar un proyecto para la gestión de las áreas productivas de la unidad familiar. Es evidente que, si hay un trabajo de formación y articulación con las mujeres rurales, con equipos técnicos y gestores(as) públicos(as), habrá también mayor acceso de las mujeres a las políticas de Ater. La Dirección de Políticas para Mujeres Rurales del MDA ha elaborado un proceso de diálogo con las mujeres rurales y los gestores de la política de Ater para el estudio de demandas. Las principales demandas están relacionadas a la gestión de los emprendimientos, organización interna, normalización de los grupos y adecuación a las normas de vigilancia sanitaria para la comercialización de los productos. Los grupos también presentaron demandas de formación de liderazgos y sobre género y políticas públicas como un medio para la construcción de la autonomía social, política y económica de las mujeres rurales. Desde la existencia de la ley de Ater en 2010, se vuelve obligatoria la realización, cada cuatro años, de una conferencia nacional. Asimismo, la política de Asistencia Técnica pasa a tener mayor control social, y las conferencias territoriales, regionales, provinciales y nacionales pasan a ser espacios potenciales para que las mujeres presenten sus demandas y propuestas, y que sean garantizados los servicios de asistencia técnica y extensión rural. Los desafíos enfrentados por las mujeres rurales en el acceso a las políticas públicas del MDA Asistencia Técnica y Extensión Rural (Ater) 23 NOBRE, Miriam: ibidem FOTO Gilvan Barreto/Oxfam
  25. 25. 49 Estas cuestiones están interrelacionadas. De tal forma, las medidas para superarlas deben ser tomadas de manera conjunta, para promocionar la real inclusión de las trabajadores rurales a las políticas de crédito. Más allá de esto, la falta de información sobre las posibilidades de acceso hace que las mujeres no participen en los procesos decisivos y económicos de la familia, predominando así el dominio masculino en los procesos productivos. Otro aspecto que afecta el acceso de las mujeres al crédito es la insolvencia de la unidad familiar, impidiendo así el acceso a otras líneas de crédito Pronaf. En algunos casos las mujeres no tienen conocimiento de endeudamientos, porque sus maridos hacen uso de los recursos del Pronaf conforme a sus deseos sin tener en cuenta la opinión de las mujeres. Otra de las dificultades del acceso de las mujeres a los financiamientos es el temor de no conseguir pagar el financiamiento y quedar endeudadas. En el diagnóstico sobre la implementación de las políticas públicas para la igualdad de género del MDA, el temor de no conseguir pagar la deuda fue citado por el 18,4% de los grupos productivos de mujeres Desde la implementación del Pronaf, el número de mujeres con acceso a ese tipo de crédito va en aumento. En el período de 2004 a 2006, el rendimiento femenino creció un 31,5 %. No obstante, aún hay algunos desafíos para ser enfrentados, pues se ha constatado que son pocas las mujeres que alcanzaron líneas de financiamiento en Brasil. Eso ocurre por diversos motivos, entre ellos, la falta de información de las mujeres sobre el crédito y sus accesos, la desigualdad en las relaciones de género, la falta de asistencia técnica, la dificultad para localizar técnicos que las asistan en la elaboración de proyectos y en el control de su ejecución, la poca información de los agentes financieros locales y de la Asistencia Técnica, y la dificultad con la emisión de la Declaración de Aptitud al Pronaf (DAP)24 . La falta de información sobre las líneas de crédito existentes y de cómo acceder a ellas es uno de los grandes obstáculos localizados por las mujeres. En distintas oportunidades, ellas no saben que el crédito concedido a su marido es para la unidad familiar y que debe ser discutida en familia la mejor forma de utilizarlo, pues es muy común oír que el Pronaf para unidad familiar es el “crédito del hombre”. Algunas veces, aun siendo la mujer la titular del crédito, es el hombre quien decide cómo será utilizado. También hay casos en que la mujer accede al crédito porque el marido está endeudado y no puede contraer otra obligación; aun así, son los hombres los que deciden el uso de ese recurso y sus rendimientos. Programa de Fortalecimiento de la Agricultura Familiar (Pronaf) 24 Criada pela Secretaria da Agricultura Familiar (SAF)/MDA, a DAP é utilizada como instrumento de identificação do agricultor familiar para acessar políticas públicas, como o Pronaf. Para obtê-la, o agricultor familiar deve dirigir-se a um órgão ou entidade credenciado pelo MDA, de posse do CPF e de dados acerca de seu estabelecimento de produção (área, número de pessoas residentes, composição da força de trabalho e da renda, endereço completo). A > Dificultad para la obtención de documentación de la propiedad con el Incra; B > Ausencia de equipos técnicos para la emisión de la Declaración de Aptitud al Pronaf; C > Altas tasas de insolvencia de los municipios, lo que hace que los bancos suspendan la realización de nuevos contratos de crédito en esos municipios; D > Demora en la liberación de los recursos de los proyectos aprobados, que muchas veces no coincide con el calendario agrícola de la región; E > Falta de recursos, según los bancos, para el Pronaf Mujer; F > Bancos sin funcionarios suficientes para analizar los proyectos; G > Demasiada burocracia para acceder al financiamiento, que entorpece todas las etapas para la obtención del crédito. rurales entrevistados como una de las barreras para acceder al Pronaf. Otro aspecto relacionado con la falta de información es el poco conocimiento del crédito Pronaf Mujer por parte de los agentes financieros de los municipios y de la Asistencia Técnica local, que, muchas veces, no saben lo que puede ser financiado por esa línea. Algunos técnicos de la Asistencia Técnica orientan a las mujeres sobre el acceso al crédito Pronaf Mujer con información del año de su creación, cuando el crédito estaba unido a las actividades productivas del lugar, reforzando así que el crédito de la unidad familiar sea del hombre, a pesar de que esa línea especial sea de la mujer. Otra dificultad encontrada es el número insuficiente de técnicos de campo para realizar la tarea de atención a las mujeres, tanto para la elaboración de los proyectos como en el seguimiento de la producción. Las principales cuestiones de la matriz operacional, que dificulta el acceso al Pronaf, son aspectos orientados hacia la dificultad en obtener la documentación necesaria para la efectividad de los contratos, las reglas, la burocracia y la falta de personal en las agencias bancarias, como se detalla a continuación. “ “ Otra cuestión importante para resaltar es que, incluso entre las mujeres que poseen conocimientos de los procedimientos para acceder al crédito, muchas señalan las dificultades en desplazarse de sus casas hasta el órgano responsable de la asistencia técnica o al banco.
  26. 26. 51 El Programa Nacional de Alimentación Escolar, realizado por el Ministerio de Educación, es otro mecanismo para contribuir al desarrollo de la agricultura familiar y la mejora nutricional y alimentaria. Este programa existe desde 1955 y garantiza recursos financieros para la adquisición de alimentos a los alumnos de la red de educación básica matriculados en escuelas públicas o filantrópicas de Brasil. La Ley nº 11.947, del 16 de junio de 2009, determina que un mínimo del 30% del total verificado por el Fondo Nacional de Desarrollo de la Educación (FNDE) para la alimentación escolar sea usado directamente en la adquisición de la agricultura familiar y del emprendedor familiar rural o de sus organizaciones. La producción de los alimentos debe respetar la cultura, las tradiciones y los hábitos alimentarios saludables, sea contribuyendo al crecimiento y desarrollo de los alumnos, o mejorando sus condiciones de aprendizaje, y “el apoyo al desarrollo sustentable, con incentivos para la adquisición de diversidad de géneros alimenticios, producidos en el ámbito local y preferentemente por la agricultura familiar y por los emprendedores familiares rurales, priorizando las comunidades indígenas tradicionales y sobrevivientes de “quilombos” (aldeas formadas por descendientes de esclavos negros)”25 . El Programa de Adquisición de Alimentos de la Agricultura Familiar (PAA) parte de dos puntos importantes: el reconocimiento de la producción alimentaria por la agricultura familiar y el derecho del ciudadano a tener una alimentación adecuada y de calidad. La agricultura familiar es responsable de una gran parte de la producción de alimentos del Brasil y responde por el 87% de la producción de mandioca, el 70% del frijol y el 46% del maíz. Las familias que producen para el PAA y también consumen esos alimentos obtuvieron mejoras en la calidad de la alimentación, principalmente aquellas que se encuentran en situación de pobreza y de inseguridad alimentaria. El programa garantiza inversiones para insumos y la comercialización de los productos; por lo tanto, la capacidad productiva de los agricultores aumenta, y su renta, también. El aumento de la producción y de la comercialización crea una nueva dinámica social, intensificando la relación entre el campo y la ciudad y generando mayor movimiento de dinero en el mercado local. A pesar de los grandes avances, existen algunos desafíos que el programa debe superar, principalmente en lo que respecta a las mujeres rurales. El PAA tiende a observar la unidad familiar y no la composición familiar y la situación de sus miembros. Esa lógica acaba encubriendo el trabajo productivo de las mujeres. Los movimientos de mujeres están provocando cambios en relación con la importancia de las agricultoras en la familia y en la sociedad, posibilitando que aparezcan cada vez más beneficiadas del programa. El Gobierno federal brasileño, en 2011, alteró los procedimientos de acceso al PAA para ampliar la participación de las mujeres. La intervención de mujeres pasa a ser considerada criterio de primacía en la selección y ejecución de propuestas, en todas las modalidades y por todos los operadores del PAA. Fue definido que al menos un 5% de la asignación presupuestaria anual del PAA debe ser destinada a las organizaciones compuestas por un 100% de mujeres u organizaciones mixtas con participación mínima de un 70% de mujeres en la composición total. En relación con las modalidades de Compra Directa Local con Donación Simultánea y de Incentivo a la Producción y al Consumo de Leche, será exigida la participación de, al menos, un 40% y un 30% de mujeres, respectivamente, del total de productores abastecedores. Programa Nacional de Alimentación Escolar (Pnae) 25 Lei nº 11.947, de 16 de junho de 2009, publicada no Diário Oficial da União, nº. 113, quarta-feira, 17 de junho de 2009. Disponível em <http://www.fnde. gov.br/component/k2/item/3341-resolução-cd-fnde-nº-38-de-16-de-julho-de-2009?highlight=YToxOntpOjA7czo0OiJwbmFlIjt9>. Acesso em 24/07/2013. Programa de Adquisición de Alimentos de la Agricultura Familiar FOTO Gilvan Barreto/Oxfam FOTO Gilvan Barreto/Oxfam
  27. 27. 53 En los últimos años, hubo crecimiento de emprendimientos económicos de grupos de mujeres rurales en diversas regiones del país, representando una alternativa de generación de ingresos delante de las transformaciones en los procesos productivos. La mayor parte de esos emprendimientos es informal, con poco acceso a los procedimientos legales, lo que dificulta su inserción en el mercado formal. Otros problemas encontrados son operacionales y estructurales, como la falta de capital de trabajo, la dificultad de garantizar el desarrollo de los productos y su divulgación, y la inexistencia de transporte y rutas adecuadas para optimizar la distribución de la producción. La falta de documentación necesaria para comercializar, como la factura de venta y la certificación de la vigilancia sanitaria, también es un inconveniente. La carencia de infraestructura, base y maquinarias para producir también es una dificultad real. Sin condiciones concretas para garantizar una producción permanente y de calidad, los grupos temen que al asumir más desembolsos en relación con los impuestos generados por la formalización pueda llevarlos al endeudamiento. Otro gran escollo sin salida se refiere a la falta de capacitación para la gestión del emprendimiento y de procedimientos técnicos que puedan ser incorporados, como, por ejemplo, un instrumento eficaz de registro de las ventas y rendimientos obtenidos. Se ha observado que hay una tendencia de que cuanto menor sea el tamaño de un emprendimiento, mayor es la participación relativa de las mujeres. Las mujeres predominan largamente en los emprendimientos con menos de 10 socios (un 63%) y los hombres, en los emprendimientos con más de 20 socios (un 60% en emprendimientos de economía solidaria [EES] de 21 a 50 socios y un 66% en EES con más de 50 socios). Los emprendimientos representados por mujeres identificados por medio del Sistema de Informaciones de la Economía Solidaria (un 97,9 %) reciben hasta un salario mínimo y la gran mayoría (un 83,7%), tan solo medio salario mínimo. Solo el 11% accedieron al financiamiento para la producción (Faria, 2011)26 . Encuestas realizadas por la Dirección de Políticas para Mujeres Rurales y “Quilombolas” (DPMRQ), del MDA, entre 2005 y 2009, identificaron 920 grupos productivos de mujeres rurales en prácticamente todos los estados de Brasil, parte de ellos ya con acceso al PAA. Mientras tanto, una investigación realizada recientemente por Siliprandi y Cintrão (2011)27 constató un bajo porcentaje de mujeres beneficiadas con los convenios, lo que demuestra que el PAA todavía no ha logrado captar formalmente más mujeres, en sus diversas modalidades de operaciones. Una de las razones de la baja participación de las mujeres en el PAA tal vez sea la forma organizativa que prioriza el programa; generalmente sindicatos, asociaciones y cooperativas. Esas modalidades de organización más formales procuran tener solo un asociado por familia, en general el marido, “jefe de familia”, como representante de los intereses de los otros miembros. Como los grupos de mujeres comprometidos en actividades económicas suelen caer en la informalidad, hay más dificultades para acceder a políticas como el PAA y el Pnae, porque no consiguen competir con organizaciones formales y más estructuradas, con una llegada anticipada a los mercados. Para facilitar el acceso de las mujeres a las políticas públicas de apoyo a la producción y a la comercialización, y fortalecer sus organizaciones productivas, fue creado en 2008 el Programa de Organización Productiva de las Mujeres Rurales (POPMR). Sin embargo, para que se cumpla el acceso al programa es necesario garantizar una asistencia técnica calificada, en condiciones de atender a cada individuo en la unidad familiar con sus especificidades. En todas las regiones de Brasil, los grupos de mujeres producen para el autoconsumo, al mismo tiempo que buscan caminos para calificar su capacidad de organización productiva, observando su inserción en mercados locales y regionales, especialmente en aquellos que valoran la producción agroecológica realizada por las mujeres. En 2006, las mujeres eran responsables del 16,4% de la ocupación en la horticultura/fruticultura, mientras los hombres representaban apenas el 8,1%. Estos datos son importantes al manifestarse una mayor participación de las mujeres en las actividades de autoconsumo y en actividades agrícolas o no agrícolas que no reciban remuneración, en términos monetarios. Programa Organización Productiva de Mujeres Rurales 26 FARIA, Nalu. Mulheres rurais na economia solidária. In: Butto, Andréa; Dantas, Isolda: Autonomia e Cidadania: Políticas de Organização Produtiva para as Mulheres no Meio Rural. MDA, 2011. / 27 Siliprandi, E. & Cintrão, R. As mulheres agricultoras e sua participação no Programa de Aquisição de Alimentos (PAA). In Butto, Andréa; Dantas, Isolda. Autonomia e Cidadania: Políticas de Organização Produtiva para as Mulheres no Meio Rural. MDA, 2011. FOTO Gilvan Barreto/Oxfam
  28. 28. 55 El surgimiento de algunas políticas como el Programa de Adquisición de Alimentos (PAA) y el Programa Nacional de Alimentación Escolar (PNAE), constitutivos de una Política Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional, han personalizado alternativas importantes para la generación de ingresos para grupos productivos de mujeres mediante la estrategia de las compras gubernamentales. El machismo y las relaciones de poder también influye en las organizaciones productivas de mujeres. Son comunes los relatos de mujeres que declaran que al marido o compañero “le gusta llegar y encontrarla en casa, que se siente más seguro cuando sabe que ella se queda en casa, o que ´eso´ —refiriéndose al grupo— no va a aportar nada”. El bajo incentivo de la familia también desalienta a las mujeres para asumir una actividad productiva que exija más tiempo, para administrar y producir, que el tiempo usual dedicado a las actividades productivas en armonía con las tareas del hogar. Por último, la falta de políticas públicas y sociales, como las de salud y de socialización de personas ancianas y las guarderías, es un impedimento real para que las mujeres no se dediquen más a las actividades productivas. “ “ FOTO Gilvan Barreto/Oxfam FOTO Gilvan Barreto/Oxfam
  29. 29. 57 Los obstáculos que aún tenemos que superar La búsqueda del incentivo y fortalecimiento de la agricultura familiar intenta facilitar el acceso a los alimentos y productos a la población tanto rural como de la ciudad. Mientras, algunas amenazas aún son encontradas. Una de ellas consiste, de acuerdo con los productores rurales, en las dificultades de competir con los grandes productores agroindustriales, de comercializar sus productos y de generar ingresos. Muchas de las productoras reanudan el autoconsumo del grupo familiar o fijan un espacio de venta mucho más reducido y limitado. De esta manera, acentúan la importancia de la capacitación y el resguardo de la inversión, del incentivo a la compraventa de productos agroecológicos y de los que provienen de la agricultura familiar, la prioridad en la adquisición de esos productos por organismos e instituciones, y la constitución de redes y espacios de comercialización. La legislación específica de alimentos también es una barrera para muchos pequeños productores, que trabajan de modo tradicional o artesanal. Las exigencias para la certificación sanitaria, que incluyen la infraestructura que la producción familiar no consigue atender, hacen que muchos productos circulen en el mercado informal. Un gran desafío es la elaboración de políticas y alternativas para la población urbana y refuerzo de la relación campo-ciudad. En los centros urbanos predominan los grandes establecimientos de distribución de productos y alimentos, en perjuicio de los pequeños comercios de ventas. Cabe recordar que esos grandes establecimientos dominan toda la cadena de producción de alimentos, desde las semillas hasta la distribución, y ponen imposiciones sobre lo que se va a comer y lo que se va a producir a todos los demás agricultores y a toda la población. Del mismo modo, aún son escasas las iniciativas dirigidas a la producción de alimentos en medio urbano. Hay programas que buscan garantizar la alimentación a la población que vive en las ciudades, aproximando a los consumidores urbanos a los productores del medio rural, pero la comercialización todavía está restringida a la ferias, que muchas veces son periódicas y no permanentes, y están ubicadas en algunos barrios específicos, lo que hace que tengan un público limitado. En ese sentido, un camino necesario para hacer efectivas tales políticas es la ampliación de esos espacios de intermediación entre productores y consumidores. El propósito es articular acciones y potencializarlas como un desafío al sistema agroalimentario controlado por las corporaciones. Por otro lado, la existencia de políticas públicas de apoyo a la producción y comercialización de la agricultura familiar abre la posibilidad de profundizar experiencias que combinen iniciativas públicas gubernamentales y de movimientos sociales que sean alternativas al mercado corporativo. No obstante, el mayor desafío es la constitución de políticas encaminadas hacia la ruptura de la división sexual del trabajo y de la desigualdad entre hombres y mujeres. El carácter contradictorio del Programa Bolsa Família es un buen ejemplo de la dificultad en atacar tanto la separación como la jerarquización del trabajo productivo y reproductivo. Al colocar a las mujeres como administradoras de los recursos recibidos, el programa, por un lado, promueve la autonomía de las mujeres en el uso del dinero, creando un sentimiento de valorización entre las beneficiadas. Por otro lado, refuerza el papel tradicional de la mujer como responsable por los cuidados de la familia. “ La concurrencia de movimientos rurales y urbanos puede democratizar el sistema alimentario siempre que se desmantele el monopolio de las corporaciones agroalimentarias y se promuevan sistemas agroecológicos, establecidos y socialmente justos (Holt-Giménez e Shattuck, 2011, p.321). “ FOTO Gilvan Barreto/Oxfam

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