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  • 1. SIMPOSIUM INTERNACIONAL “CONSTRUCCIÓN DE UNA NUEVA MASCULINIDAD, POR UNA VIDA LIBRE DE VIOLENCIA” Muy buenos días a todas y todos ustedes, Quiero agradecer al General Valentín Romano López, Secretario de de Seguridad Pública del Estado de Durango por la invitación a este simposium. Asimismo, saludo a las distinguidas personalidades que el día de hoy nos acompañan en este panel, y felicito de manera muy especial a las y los funcionarios involucrados en el Programa Esmeralda, mismo que hoy cumple 4 años de ser un programa exitoso en el estado de Durango, para brindar atención y protección a personas en situación de violencia. 2010, es un año representativo en la vida de las y los mexicanos, la conmemoración del bicentenario de la Independencia de México y el Centenario de la Revolución, son motivo de orgullo, de alegría y de reflexión. El fin último de estos movimientos, se ha cimentado en el principio de la libertad, en la posibilidad de establecer un Estado garante de prerrogativas para las y los ciudadanos que conforman la soberanía nacional. Esta semana, conmemoramos el Día Internacional de la Mujer, y resulta ser una valiosa oportunidad de reconocer los avances y señalar los retos que hemos encontrado en el camino hacia la igualdad y la erradicación de la violencia contra las mujeres. Actualmente, la Convención para la Eliminación de todas las formas de Discriminación en contra de la Mujer (CEDAW), la Convención de Belém Do Pará, la Plataforma de Acción de Beijing y los Objetivos del Milenio, integran el marco jurídico básico en que las mexicanas y mexicanos nos hemos comprometido a trabajar para lograr la igualdad 1
  • 2. entre mujeres y hombres y erradicar la violencia en contra de las mujeres y las niñas. A través de la armonización legislativa y la institucionalización de la perspectiva de género, contamos con una Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre Violencia, cuyo objetivo principal, es prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres, a través de la coordinación en los 3 niveles de gobierno. Esta Ley ha servido como un marco general, para que los Estados establezcan sus propias leyes en la materia, sin embargo la operatividad de las leyes no se implementa si no existe un reglamento de la misma. La semana pasada, tuve la oportunidad de participar en la revisión de la Plataforma de Acción de Beijing en la Sede de Naciones Unidas, en la Ciudad de Nueva York. En este acto, México refrendo los compromisos internacionales, regionales y hemisféricos, suscritos en materia de los derechos humanos de las mujeres, en donde las mexicanas y mexicanos reiteramos nuestra voluntad y disposición para continuar colaborando con los organismos y mecanismos internacionales, estrechando lazos de cooperación en el intercambio de experiencias exitosas, buenas prácticas hacia la igualdad y lecciones aprendidas, en materia de género con otros países. La violencia contra las mujeres y las niñas representa una inaceptable violación a las garantías fundamentales de todo ser humano. Según la última Encuesta Nacional de las Dinámicas de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) que emitió el INEGI en 2006, Durango ocupa desfortunadamente el cuarto lugar nacional en violencia de género. El problema de la violencia contra las mujeres no debemos resolverlo las mujeres, es una responsabilidad compartida entre mujeres y hombres. No obstante, el tema que hoy nos ocupa, atiende a la construcción de una nueva masculinidad que se funde en la idea de una vida libre de violencia. Dicha masculinidad no es una posición fija, sino condicionada. Condicionada por la clase, la edad, la raza y la orientación sexual, no es una posición exclusiva de los hombres, ya que las mujeres también las reproducimos. 2
  • 3. La construcción social de los varones, al igual que las mujeres, está pautada por una cultura patriarcal. Por ello, la construcción masculina se apuntala en áreas relativas al poder, asignando roles para las mujeres como el cuidado de los hijos y del hogar, dejándolas apartadas de la toma de decisiones. Hoy por hoy casi 6 millones de hogares, son encabezados por una mujer, y los roles socialmente asignados son obsoletos. Actualmente las mujeres hemos tenido que dejar nuestros hogares para salir a trabajar y dado que, la sexualidad del hombre se socializa con la procreación, ubicándolo en el núcleo familiar como “el proveedor” y jefe de la familia, esto deriva en la aceptación de la supremacía masculina para obtener el control de su propia experiencia, y que si admitieran cierta inseguridad al respecto de ella, su identidad masculina se vería amenazada. Es posible que cuando esto sucede, se sientan débiles y la situación termine en frustración y consecuentemente violencia hacia las y los miembros de su familia. Al mismo tiempo, los adolescentes varones aprenden conductas de sus padres y repiten patrones socioculturales. Por ejemplo: “los hombres no lloran, los hombres deben ser valientes, audaces, fuertes”. La violencia entre los jóvenes, resulta entonces, una forma de relacionarse y encontrar su identidad (ser hombres de verdad), generando delincuencia, adicciones, suicidios, incluso enfermedades como la depresión; lo que representa un problema social, que debe ser atendido por las autoridades y la sociedad civil en conjunto. La construcción de nuevas masculinidades es un tema urgente, que debe integrarse en la agenda pública del país, y debe estar cimentada a partir de bases sólidas que reconozcan la igualdad de derechos entre mujeres y hombres, la igualdad de oportunidades al competir por empleos y profesiones, la comprensión adecuada de la paternidad y la maternidad responsables, la conciliación de la vida laboral y familiar, la participación de las mujeres en la vida política y la igualdad de salarios, el desarrollo de una cultura de respeto y dignificación del papel de las mujeres en la sociedad y la familia, el fortalecimiento de 3
  • 4. las capacidades de las mujeres y el mejoramiento de sus condiciones de salud y nutrición para reducir la morbilidad y la mortalidad materna prevenibles, el acceso a la justicia y la no violencia en contra de las mujeres. La construcción de nuevas masculinidades que no reflejen violencia en contra de las mujeres, debe partir de la búsqueda de espacios que permitan reflexionar a los hombres mismos, acerca del dolor, la frustración, y la impotencia que se derivan de la exigencia que la sociedad impone para ser considerado “masculino”; esto permitirá ir más allá del sentimiento de culpabilidad por ser “hombre violento”, así como otorgar seguridad encontrando un equilibrio sobre las emociones y conductas, ya sean pasivas-activas, fuertes o débiles. Desde el ámbito legislativo y en el campo de las políticas públicas deben estimularse estrategias que: • Sensibilicen a las y los que toman decisiones, en cuanto a la importancia de favorecer la participación de los hombres en el cuidado y la crianza de las y los hijos, el cuidado de la salud, en el trato respetuoso y democrático en las relaciones de parentesco. En la importancia de la participación de los hombres para la digna inclusión de los niños y las niñas en la sociedad; • Que Incluyan en la educación de las niñas y los niños, la prevención de la violencia; • Revisar que los medios de comunicación no reproduzcan esteriotipos que propicien y legitimen la violencia, la autoridad y los privilegios masculinos; • Promover en las instituciones públicas, en las empresas y organizaciones civiles, el diseño de políticas que desarticulen los mecanismos que favorezcan la dominación y el control masculinos y evaluar estas políticas a través del impacto en el desarrollo de la igualdad entre mujeres y hombres y la no violencia. Concluyo, dejando a todas y todos ustedes éstas reflexiones e invito a las y los asistentes a pensar que “el reconocimiento de la igualdad 4
  • 5. entre los géneros, significa el desarrollo pleno, libre y responsable que fortalece a una sociedad democrática hacia el bien común”. Muchas Gracias. 5