Pablo VI y la autodemolición de la iglesia.

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  • 1. Pablo VI y la autodemolición de la IglesiaPor Pedro Rizo para Minuto DigitalDesde octubre de 2002 ha aumentado notablemente el afán de maquillar la memoria de lospapas conciliares Juan XXIII y Pablo VI, particularmente el último. Es también cruzada dealgunos círculos del Opus Dei que desean a Pablo VI intachable para que la canonización desu Fundador no caiga en sospecha de “error arbitral”, como la de San Jorge y de otros santosdesantificados. Pero todavía muchos católicos se preguntan cómo fue que Pablo VIdenunciara la autodemolición de la Iglesia o, peor, nos advirtiera de su invasión por entespreternaturales, según Ricardo de la Cierva, o el humo de Satanás. Pienso que la respuesta noes tan difícil. Sólo hay que hacer memoria de algunos de sus hechos y dichos de los que eneste artículo seleccionaremos los más destacados.La llegada a la Sede de San Pedro del ex-Pro-Secretario de Estado, Juan Bautista Montini,determinó una auténtica revolución.Ya saben ustedes lo que eso es: que lo que antes era ahora no sea, que lo que estaba arribapase a estar debajo. Pablo VI impulsó un cúmulo de audaces cambios, transformaciones yerrores no superado en la historia de la Iglesia. Piénsese que lo que todos los heresiarcasjuntos no pudieron destruir, en su pontificado lo obtuvieron gratis. Sus lamentos jeremíacossuenan a hueco precisamente porque fue por su gobierno que se justificaron, de modo que nosabemos si interpretarlos más como muestra de la hipocresía farisea recibida en sus genes quecomo patológica inconsciencia. Examinemos algunos.1.- El 20 de marzo de 1965 Pablo VI recibía en audiencia privada a un grupo de dirigentes delRotary Club, oportunidad que aprovechó para elogiar sus métodos asociativos y de captación.Y los objetivos. No importó al Papa que al Rotary Club en todo el mundo se le conoce comofilial de la Masonería.2.- El 7 de agosto de 1965 Pablo VI levantaba al Patriarca Atenágoras la excomunión que en1054 lanzara León IX a los cismáticos orientales. A esta generosidad con la pólvora del rey,es decir con la fe católica, el Patriarca en nada correspondía de sus viejos motivossegregadores. El caso es que, desgraciadamente, al levantar el Papa la excomunión, la IglesiaCatólica aceptaba por primera vez la falsa doctrina de ‘las iglesias hermanas’. Falsa porqueJesucristo fundó una única Iglesia.
  • 2. 3.- Con el Motu proprio “Apostólica sollicitudo”, del 15 de septiembre de 1965, Pablo VIinstituyó las conferencias episcopales, algo que nunca antes existiera en la Iglesia dejurisdicción apostólica. Un grave peligro aparecía claro para las cabezas más avisadas: que elPrimado del Papa se redujera a condición honorífica en una confederación de iglesiasautónomas.4.- El 23 de marzo de 1966, acompañado por el cismático “Arzobispo” (laico) Dr. Ramsey, elPapa Montini visitó la Basílica romana de San Pablo Extramuros y en aquel acto públicocedió al anglicano la bendición a los fieles, incluidos obispos y cardenales. Sin embargo, lopeor no era ese obsequio sino que al abrazar al hereje se contradecía la Bula “Apostolicaecurae”, de septiembre de 1896, en la que León XIII anuló todas las órdenes anglicanas. Otroasunto es la contradicción de hablar con quien no existe, el anulado Ramsey, o hacer de LeónXIII el papa que no existió.5.- Por el Motu proprio “Sacrum diaconatus ordinem”, de 18 de junio de 1967, se admitía aldiaconado a hombres de edad madura, tanto si eran solteros como si estaban casados. Ungesto paternal en apariencia, que al suponer una nueva clasificación de sacerdotes casadosdeterminó que, tres años después, el mismo Pablo VI no supiera cómo frenar la sangría desecularizaciones y solicitudes de liberación del celibato.6.- Con la Constitución Missale Romanum y, más tarde, en el Nuevo Misal, Pablo VI sustituíael antiguo rito romano de la Misa, que se originaba en los tiempos apostólicos, con otranueva, pervertida de inicio. Con el supuesto buen propósito de “aggiornamento” el PapaPablo VI buscó más imitar a los protestantes pero sin obtener la contrapartida de queaceptaran los dogmas esenciales de nuestra fe. Contrariamente, la innovación pastoralconsistió en suprimir o disimular los dogmas católicos que molestaban. Tanto con elloscomo con los judíos.
  • 3. 7.- Con el Motu proprio “Matrimonia mixta”, de 31 de marzo de 1970, pretendía hacer másfáciles los matrimonios entre un fiel católico y un cónyuge no católico. La fórmula no pudoser más onerosa para la Iglesia ni más rumbosa con el infiel pues que eximió al cónyuge nocatólico de comprometerse a que sus hijos se bautizaran y educaran en la fe católica. Paracompensar el desequilibrio impuso a los párrocos el deber de informar a la parte no creyentede los compromisos que asumía… ¡la parte católica! (Código de Derecho Canónico, de 1983.c. 1125).8.- Con el Motu proprio “Ingravescente aetatem”, de 22 de noviembre de 1970, Pablo VIreglamentaba que los cardenales con más de ochenta años de edad no participaran en elCónclave. Una medida, como tantas, en que tras la apariencia de practicismo, o si se quiere depiedad, se despreciaba la sabiduría de la edad, consuetudinariamente respetada en la Iglesia, yse apartaba de la Curia, del Cónclave y de las diócesis a los elementos tradicionales quepudieran obstaculizar el desarrollo de la nueva religión.9.- El 14 de junio de 1966, abolió el Índice de libros prohibidos con la nota “Post Litteraapostolicas”. Esta decisión se justificaba “en la libre responsabilidad de los cristianosadultos”. Aparte de ser una penosa dejación del deber de la Iglesia para con sus hijos, a losque dejaba como ovejas sin pastor en un mundo de lobos, la permisión indiscriminada delecturas trajo toda clase de herejías, muchas de ellas firmadas por autores eclesiásticos y, paramayor anarquía, incluso vendidas en librerías católicas.10.- En 1969, con la Instrucción “Fidei custos” permitió que los laicos distribuyeran laSagrada Comunión bajo el pretexto de “especial circunstancia o nuevas necesidades”.11.- Al comienzo de la Instrucción “Memoriale Domini”, redactada en aquel entonces por elmasón Mons. Bugnini, Pablo VI prefiere que la Iglesia no distribuya la Eucaristía en la mano,«por el peligro de profanarla» [y] «por el reverente respeto que los fieles deben a laEucaristía». Pero unas pocas líneas adelante la Instrucción nos sorprende autorizando supráctica allí «donde tal costumbre hubiera sido objeto de abusos».En 10 y 11 se confirman nuevas contradicciones de quienes prefieren legalizar el mal antesque erradicarlo, dando una falsa idea de autoridad para un acto en que ésta ya fue violada.Idas y venidas que superaron la razón de circunstancias extremas, tales que guerras ocatástrofes, para la distribución de la comunión por laicos. Se quiso imponer como cotidiano,con violencia y desprecio a las protestas de los fieles, la comunión distribuida por cualquiera,con especial preferencia por mujeres, en la mano y de pie, contrariamente a las normas de«reverente respeto que los fieles deben a la Eucaristía». Obvio es que esta irreverencia no seproduce en los protestantes pues que no creen en este “misterio de fe” igual que los católicos.
  • 4. 12.- Encíclica Populorum progressio (El Progreso de los pueblos). Según esta encíclica, laIglesia ya no debe centrar sus energías en ganar almas para Cristo y llevarlas a la vida eterna,sino que todos nuestros esfuerzos han de aplicarse a la acción social para promover unhumanismo integral. El Papa se despachó a gusto contra el sistema capitalista cuando ya sehabía rodeado de asesores como Sindona y Marcinkus, entre otros, mezclando a la Iglesia eninversiones poco recomendables. Por ejemplo, en una gran empresa italiana fabricante depreservativos.13.- Al aprobar el nuevo “Rito de las exequias” Pablo VI aceptaba la cremación de loscadáveres bajo el supuesto de que no se eligiese «por motivaciones anticristianas». Como sifuera fácil saberlo. Esas intenciones anticristianas fueron siempre negar la resurrección de losmuertos como postulan los doctrinarios masónicos. Este nuevo rito, contrario a la tradiciónapostólica fue ni más ni menos que favor de Pablo VI a las Logias cuyos socios por ocultar sucondición solían pedir tierra sagrada para sus deudos. Según el Papa, este gesto fue «a modode camino de reconciliación».14.- Puede suponerse que incluso el más débil creyente desea morir asistido por un sacerdote,expirar con un crucifijo en las manos, ser enterrado con su escapulario o su hábito decofrade… En cambio, qué extraña cosa que en las exequias de Pablo VI su ataúd carecía delmínimo símbolo cristiano. Y no solo esto, que al cadáver se le colocó en el suelo según lasnormas judías de duelo. (Cfr. ‘Regole hebraiche di lutto’, Carucci ed. Roma 1980, p. 17.)Novedad repetida en otros casos notables, como fue con el prelado del Opus Dei, Mons.Álvaro del Portillo y el papa Juan Pablo II.Terminaré incluyendo un comentario que pudiera ser oportuno. Con todo el respeto a lajerarquía apostólica pero con todo el derecho, y deber, de bautizado afirmo que en la Iglesiaactual se evidencia una pérdida muy grave del sentido sobrenatural, de despiste sobre sufundación objetivada en nuestro rescate del pecado y en la perdurabilidad de nuestras vidas.Obviando esta fundamental promesa nos hemos girado hacia sólo la añadidura del “ciento poruno en este mundo”, disimulando como bien social o falso humanitarismo este sucio fraude alEvangelio.
  • 5. Por esta pérdida de lo fundamental, y por inconsciente compensación, muchos católicosnecesitan hacer del papa un ídolo mediático, idealizarlo como si fuera el Aga khan al quepesar en oro. Y olvidarnos de su identidad de representante de Cristo (cuya divinidad debeproclamar frente a sus seculares enemigos); no viendo en él al administrador que gerenciapara su señor – ata y desata – la hacienda que le fue confiada (redimirnos del pecado por suinmolación); y tampoco al mayordomo que usa para su amo las llaves con que guarda deladrones la casa (la vida eterna). A tal absurdo llega esta idolatría que sus enfermos seviolentan a sólo ver bienes donde la historia los niega, y a no ver los males que se evidencianen sus escombros.No es serio responsabilizar de esto al Espíritu Santo, como si por privilegio de la FIFA losgoles que le metan al Real Madrid jamás suban al marcador. Con esta falsificación de la fe setraspasan al Espíritu Santo compromisos impropios de su asistencia, y se otorga al papa unainfalibilidad imposible… aunque instrumentable. En la definición dogmática, la asistenciaprometida señala limitaciones como, por ejemplo, en la advertencia de que «[…] no fueprometido a los sucesores de Pedro el Espíritu Santo para que por revelación suyamanifestaran una nueva doctrina, sino para que, con su asistencia, santamente custodiaran yfielmente expusieran la revelación transmitida por los Apóstoles, o depósito de la fe.» (cfr. Dz1836.)Porque para el fiel más párvulo es claro como el agua que cuando Pedro negó a Jesús, fuePedro quien le negaba y no el Espíritu Santo. Que cuando Judas le vendió al Sanedrín, no fueinspirado por el Espíritu Santo sino por su personal frustración política. Que en el incidentede Antioquía, no fue el Espíritu Santo el que exigió la circuncisión sino los judíos, y quetampoco en él se inspiró Simón Pedro para complacerles, sino en su personal debilidad. Asífue, sin secuestro de teologías, las cuales muchas veces sólo son encajes intelectuales querespaldan el corporativismo de un clero sin Gracia. Lo seguro es que del Espíritu Santoprocedieron las lágrimas de contrición en San Pedro; o que por él le llegaría a Judas elremordimiento que luego malogró suicidándose. Y, sin discusión, sí que fue el Espíritu Santoel que inspiró a la Iglesia, en la persona de San Pablo, la reprensión a San Pedro afeándoleque sometiera el conocimiento de Cristo a las exigencias judías de la previa circuncisión.(Hch 15, 1; Ga 2, 11-14) Un acto aquél muy importante pues que fijó en los cristianos su totalindependencia de supuestos hermanos mayores y desmontó la primacía del AntiguoTestamento. Por tanto, salvo mejor opinión, este episodio de la Historia de la Iglesia patentaprioridades doctrinales y coloca en sus justos límites la infalibilidad pontificia, como arribasubraya la referencia magisterial.
  • 6. Parece que la beatificación de Pablo VI ha de lograrse contra viento y marea. Ya beatificadoJuan XXIII, nada más queda él para laurear al Concilio Vaticano II. Al santificar a los papasconciliares se canonizará también esas cabezas de dragón que son las mentiras nominadasliberalismo (masónico), democratismo (modernista), antropocentrismo (revolucionario), másel materialismo histórico, el progresismo y el comunismo impulsados ya desde suconvocatoria. Faltos de razones más consistentes, se acude al sentimentalista argumento deque “realmente Pablo VI sufrió mucho”, en chocante tesis que reivindicaría méritos para elmismo Belcebú, criatura en eterno tormento. Pero lo que de la biografía de Pablo VI nosqueda es que, aun si dijéramos que quiso hacer el bien pese a que “por humana debilidadinvoluntariamente hizo algún mal”, lo paradójico de su reinado, quizás lo preternatural es queel bien lo hizo muy mal y el mal lo hizo bastante bien.Jurar y no jurarHace unos dias la cadena de Tv Digital Plus pasó la película “Las sandalias del pescador”. Noes una obra de arte, su ritmo es lento, la interpretación de oficio, sin pasión, el tema muysujeto a la pompa eclesial… Pero el acierto de mezclar documentales con ficción acaban poratrapar el interés. Era ya la madrugada cuando Anthony Quin, el papa de la película, iba a sercoronado…El juramento de un pontífice en su coronación excita alguna consideración. Acabo de leer queéste se registra ya en la elección del papa San Agatón, del año 678, aunque su origen sesupone más antiguo, muy probablemente en el comienzo de la era constantiniana. Parece quetodos los papas lo hicieron, inclusive S. S. Pablo VI. ¿Qué intención tenía este juramento que,según me han dicho, Juan Pablo II fue el primero que no lo hizo?Su texto en latín me lo han traducido así:«Yo prometo:No cambiar nada de la Tradición recibida, y en nada de ella, tal como la he hallado,guardada por mis predecesores gratos a Dios, y no inmiscuirme ni alterarla ni permitirinnovación alguna.Por el contrario juro con afecto ardiente, como su sucesor fiel de verdad, salvaguardarreverentemente el bien transmitido, con mi máximo esfuerzo.Juro expurgar todo lo que está en contradicción con el orden canónico, si apareciere tal;juro guardar los Sagrados Cánones y Decretos de nuestros Papas como si fueran laordenanza divina del Cielo, porque soy consciente de Ti, cuyo lugar tomo por la Gracia deDios, cuyo Vicariato poseo con Tu sostén, y sujeto me sé a severísima rendición de cuentasante Tu Divino Tribunal acerca de todo lo que confesare.
  • 7. Juro a Dios Todopoderoso y a Jesucristo Salvador que mantendré todo lo que ha sidorevelado por Cristo y todo lo que los primeros concilios y mis predecesores han definido ydeclarado.Juro que mantendré, sin merma de la misma, la disciplina y el rito de la Iglesia. Pondré fuera de la Iglesia a quienquiera que ose ir contra este juramento, ya sea algúnotro, o yo mismo.Si yo emprendiere actuar en cosa alguna de sentido contrario, o permitiere que así seejecutare, Tú no serás misericordioso conmigo en el terrible Día de la Justicia Divina. Enconsecuencia, sin exclusión, sometemos a severísima excomunión a quienquiera —ya seaNos, u otro— que osare emprender novedad alguna en contradicción con la constituidaTradición evangélica y la pureza de la Fe Ortodoxa y Religión Cristiana, o procurarecambiar cosa alguna con esfuerzos opuestos, o se conviniere con aquellos queemprendiesen tal blasfema aventura.»(LIBER DIURNUS ROMANORUM PONTIFICUM)Primera reflexión.- Es su ley y principal mandato guardar la Tradición y la doctrina de lospapas predecesores.Segunda reflexión.- La necesidad de este juramento supone que los papas pueden fallar. Másaun, que pueden estar muy lejos de la fe católica o mediatizados por compromisos contrariosal bien de la Iglesia. Por eso, ahora lo comprendemos, en las letanías menores de Pascua delos antiguos misales se incluía esta rogativa:«Que te dignes mantener en tu santa religión al Soberano Pontífice y a todas las órdenes de lajerarquía eclesiástica, te rogamos nos oigas.»(Misal completo para los fieles, Vicente Molina, S.J., Edit. Hispania S.A. Valencia, 1947) Seadicho sin oponernos al dogma de que por delegación divina, en materia de fe y costumbres, sevuelven infalibles apoyados en la Tradición de los Apóstoles.Tercera reflexión.- El juramento pivota sobre el orden sacerdotal. En estos días en que losprogresistas protestan al Papa por su acercamiento a la Fraternidad tradicionalista de Mons.Lefebvre (casi innombrable en las conversaciones) hemos de recordar que los papas hacíanjura de mantener «sin merma de la misma, la disciplina y el rito de la Iglesia.» Y este detallenos muestra que la Iglesia toda, incluida la progresista, tiene una gran deuda con la FSSPXcuya batalla contra los revolucionarios fue defender la Misa de siempre y, consecuentemente,el sacerdocio católico.En un alarde de poder el progresismo triunfante se ha atrevido a prescindir de juramento tanantiguo. Y no solamente éste de la coronación de un pontífice sino el antimodernista con elque San Pío X fortaleció las conciencias de todos los sacerdotes. Ambos todavía realizadospor los papas Juan XXIII y Pablo VI. Al convertirse, por la fuerza de otro papa, en libre oelectivo el primer efecto ha de ser, innegablemente, la vulneración de sus objetivos. Ysancionar la nueva misa de los tres papas anteriores a Benedicto XVI, ese grosero remedo deoficio protestante, supuesto memorial de banquete, asamblea del pueblo… de Dios. Cualquiercosa menos Santo Sacrificio que la Iglesia siempre ofreció al Altísimo en sus altares. Y aquíes donde nos encontramos con las secuelas más destructivas. Al desaparecer el sentido deSacrificio o, como menos, ocultarlo y reducirlo, ya no se confiesa ni se hace patente ladivinidad de Cristo. Lo cual, en proporción al agravio a su divinidad, nos trae la seguradestrucción del sacerdocio católico. He ahí por qué Lutero acertó al asegurar que si se destruíala Misa se destruiría la Iglesia.
  • 8. Expliquemos esto. El sacerdote católico ante la Nueva Misa, al difuminarse el sacrificio notaque “trabaja” en un marco seudo-protestante, ambigüedad que le desidentifica.Insensiblemente se aficiona a ser un pastor. “­­-No, por Dios.” “-Haga una prueba. Dígaleusted a un cura progresista que su principal misión es ofrecer el Santo Sacrificio y leresponderá algo parecido a esto: ¡Hombre, no! Hay más sacramentos, y en el sacerdociomuchos más cometidos. Por ejemplo, de orientación moral, humanitarios y de justiciasocial…» Pues ahí lo tienen. Justo lo que diseñó Lutero para su reforma. Sigamos pensando.La importancia del sacerdocio queda perfectamente distinguida en las diversas intensidades de“virtud sacerdotal” de los sacramentos. Así, preguntémonos: ¿En cuál sacramento es elsacerdote verdaderamente indispensable? ¿En el del Bautismo? No, puesto que basta el deseoy creer los artículos del Credo para que el neófito sea bautizado por un fiel cualquiera. ¿El deConfirmación? Tampoco. Puede alcanzarse la salvación sin recibirlo. ¿El del Matrimonio?Aquí los contrayentes son los ministros del sacramento. ¿El de Penitencia o Confesión de lospecados? Es una vía de perdón y gracia que administra el sacerdote pero, a diferencia del deEucaristía, su eventual dificultad se suple a través de una contrición sincera. ¿La Extrema
  • 9. Unción? Es gran consuelo para el moribundo pero no indispensable para su salvación; bastaun verdadero arrepentimiento.Solamente en la Eucaristía es imprescindible el sacerdocio. El sacramento del Orden esintrínsecamente sacerdotal, esto es, de relación con Dios. El Orden se recibe directamente delmismo Jesucristo, a través de la Iglesia. Por la imposición de manos de su obispo, diciendo laoración ritual, esta consagración sobrenatural da al sacerdote un carácter celestial y eternosuperior al de los ángeles. (Una distinción que incomoda a muchos, muchísimos curas yprelados.) Vemos, pues, que es el Orden Sacerdotal el que tiene condición completa denecesidad para la Iglesia: así para hacer más sacerdotes, para consagrar el pan y el vinoeucarísticos… y para ofrecer el sacrificio incruento de la Víctima, Cristo Jesús, que se come yse destruye.En el diccionario de la RAE, y en su entrada ‘Sacerdote’, se dice:« 1. Hombre dedicado y consagrado a hacer, celebrar y ofrecer sacrificios. 2. En la ley degracia, hombre consagrado a Dios, ungido y ordenado para celebrar y ofrecer el sacrificio dela misa.» Es más, en el ritual de la ordenación sacerdotal el obispo subraya al ordenando quela consagración se le transmite «para ofrecer el sacrificio».De modo que los que degeneraron la misa de su genuina condición de culto, sacrificio,quitaron del mundo lo más preciado que la Iglesia le había dado: el sacerdote.Pieza fundamental de la Iglesia pues que sólo él puede actuar en la misa, y ofrecer en nombrenuestro el Sacrificio. Sacrificio que convierte en altar todo lugar donde se celebra la misa. Elolvido de esta condición sacerdotal, única y principal, por causa de lo deslavazadas que sonlas “eucaristías” del Novus Ordo, deviene en esas parodias que afortunadamente no se atrevena nombrar “misas”. Será porque esa palabra del latín tiene sentido de envío. Así, cuando elsacerdote decía: “Ite missa est”, señalaba a los asistentes que su ofrenda, la de la Iglesia,había sido enviada a Dios. Que el sacerdote había cumplido su misión. Los obispos siguencon la misa montiniana aun a sabiendas de que se aleja impresionantemente del culto católicotradicional. Y con ellos muchos fieles que se creen tradicionalistas. En la Misa Nueva tantoel celebrantes como los asistentes ignoran la presencia de Cristo o actúan como si loignorasen; asisten sin reverencia, sacerdote y todos con morcillas de fórmulasespontáneas, palmadas y jaculatorias vulgares… Mejor no pensar en tantas ladinasparodias de misa católica que guardan, aparente, una concha que saben vacía de la perla quela singulariza.